Otro Los tres perros.

Tema en 'Relatos' iniciado por Sekai, 14 Noviembre 2018.

  1.  
    Sekai

    Sekai Equipo administrativo Líder de Betas Comentarista empedernido Editor Gráfico Talco's Crew Eternal Blue Cinnamon roll ♡

    Leo
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    Escritora
    Título:
    Los tres perros.
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    810
    Para el reto 14 de la actividad de Rahzel.
    14. ¿Qué fue lo último que soñaste? Convierte ese sueño en una historia.

    Esto lo soñé hoy, lol. Incluso lo grabé para poder recordarlo (porque no pude escribirlo).

    Lo escribí escuchando una canción, pero no la usé de base. La dejo de todas formas.





    Los tres perros




    Cierro la puerta del pequeño apartamento en el que vivimos y comienzo a caminar hacia el supermercado que se encuentra a una cuadra de distancia. Mi madre me sigue los pasos.

    Antes de entrar, ella repara en un grupo de chicos con sus bicicletas y me hace un gesto para que los observe. Son tres niños y una niña, de unos once años. Primero creo que están jugando, pero luego caigo en cuenta de lo que está sucediendo realmente. Están hostigando a la chica y esta se encuentra al borde del llanto; sin embargo… pasamos de largo y entramos al establecimiento.

    Luego de hacer las compras que debíamos, salimos del lugar con unas pocas bolsas. Conversamos trivialidades entre nosotras, pero me detengo un momento al ver que los chicos continúan cerca de la entrada, pero la niña ya no están con ellos.

    Continuamos caminando y cerca de la esquina, veo a la chica. Tiene los ojos llorosos y sostiene entre sus brazos un pequeño bulto, tardo en darme cuenta de que se trata de un gato de pelaje claro.

    Le cedo las bolsas a mi madre y me acercó a la niña. Noto que intenta hacerse pequeña en su lugar, temerosa.


    —¿Es tuyo? —pregunto haciendo el ademán de acariciarlo, cosa que ella me permite. El gato parece tan atemorizado como ella, pero mi tacto lo relaja.


    No responde pero señala al grupo de niños cerca del supermercado. Mi madre observa cada acción pero, sorprendentemente, no hace comentario alguno.
    Entiendo que debió encontrarlo antes de toparse con ellos.


    —Querían hacerle daño —murmura con voz entrecortada. Temo que se eche a llorar.


    —Llévatelo a casa y cuídalo —atino a responder.


    —¿Cómo?


    Recuerdo que anda en bicicleta como los demás.


    —Puedes meterlo en una cajita y hacerle unos agujeros para que pueda respirar —digo y vuelvo a acariciar al animal—. En el supermercado te pueden dar una.


    Cuando voltea la vista hacia allí noto el miedo en sus ojos.


    —Quieren matarlo —vuelve a murmurar.


    —Acompáñanos entonces, creo que en casa podríamos tener una caja que sirva para este pequeño.


    Duda un momento pero finalmente decide acompañarnos.

    Mamá abre la puerta y la invita a pasar. Dejamos las bolsas en el suelo y con ayuda de la chica comienzo a buscar una caja apropiada, sin embargo, todas son muy pequeñas para él. Las grandes están ocupadas por las cosas de la mudanza. Había olvidado que pronto nos moveríamos a otro apartamento.

    Con el rabillo del ojo veo que mamá sale y deja un pequeño bolso en el pasillo.


    —¡No dejes eso ahí! ¿No ves que se lo pueden llevar? —Da un respingo ante mi regaño, pero no hace caso a lo que le digo. Vuelvo a ver a la niña nuevamente para dirigirme a ella—. Parece que no hay nada que nos sirva por acá, pero en un momento solucionaré eso.

    Le dedico una sonrisa y eso parece tranquilizarla. Me observa silenciosa mientras intento armar una caja más grande con dos pequeñas, aunque me cuesta trabajo.


    —¡Hola, hace tiempo no te veíamos por aquí! —Mi madre saluda a alguien de repente y cuando levanto la vista para averiguar de quién se trata, siento una presión horrible en el pecho.


    Es un hombre alto, de complexión algo atlética y tiene la piel rojiza cubierta por tatuajes y perforaciones subcutáneas. Da la sensación de estar cubierto de escamas.
    En el extremo de una correa lleva un gran perro negro, que recuerda a un rottweiler, sin sus marcas características.

    Cuando nota que lo observo, el hombre descubre los dientes en una extraña sonrisa maliciosa, que me recuerda a los dientes descubiertos de una hiena. Se me eriza cada vello del cuerpo y noto que al pequeño gato que sostiene la chica le pasa lo mismo.

    Mi mirada regresa a su compañero canino y detecto algo que se me escapó a primera vista. Tiene ojos amarillentos y las pupilas excesivamente contraídas, como si fuese un gato.
    El hombre silva y acuden dos perros más, grandes pero más esbeltos que el que sostiene con la correa y de un blanco puro.


    —Estos animales me son absolutamente leales —dice con voz profunda—. Me protegerían de lo que fuese y harían cualquier cosa por mí.


    Una sensación desagradable me recorre el cuerpo, porque me doy cuenta que estamos en una trampa mortal.
    Ese hombre, esa criatura, y sus pobres seguidores caninos, no nos dejarán salir del diminuto apartamento.
     
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    cindyhyuuga

    cindyhyuuga Usuario común

    Escorpión
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    Muy bueno, hubo partes donde la narrativa se percibía de manera mal acomodada, pero la substancia es buena, más ese final. :<3:
     
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    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
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    Wow, ésto no es un simple sueño, ¡es una pesadilla! Me dio escalofrío leerlo. Primero no me dio nada de confianza esos niños molestando a la pequeña y todavía menos cuando la niña muestra ese gatito; pensé lo peor y hasta me dije a mí misma que no pasara algo terrible... y mientras continuaba leyendo estuve en suspenso porque no sabía como iba a terminar y ¡mira! la sorpresa que me encuentro ante la presencia de semejante ser traído desde el mismísimo infierno.

    Uff, un final aterrados. Buen relato pero estremecedor relato.
     
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