Los Guardianes de la Aldea Crepuscular

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por Saged, 22 Julio 2012.

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    Saged

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    Título:
    Los Guardianes de la Aldea Crepuscular
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    1173
    Introducción

    Es mi primer Fanfic, escribo para divertirme mientras estudio y echar a volar la imaginación, no espero una obra maestra pero si algo medianamente divertido.
    La historia tratara sobre un par de jóvenes que salen de una aldea perdida en las montañas para aprender del mundo exterior, en el capitulo I se presentan a grandes rasgos los elementos que darán origen a la trama, en el II y III se comenzarán a presentar los personajes, y a partir del IV comienzan las aventuras y desventuras de los jóvenes que serán los protagonistas de la historia.
    No se asusten si en el capitulo I no hay ningún pokemon, a partir del segundo habrá al menos uno.

    Capitulo I, La Aldea Crepuscular.

    Era la última tarde de invierno de aquel año, la nieve cubría elegantemente la copa de los arboles y aún pavimentaba de la misma forma los caminos del pueblo, se podían ver a lo lejos algunas aves volando hacia el horizonte volviendo tras haber migrado buscando el calor de tierras lejanas y el sol ya comenzaba a descender, dándole al cielo un tinte anaranjado que desde la perspectiva de los habitantes la Aldea Crepuscular, marcaba el fin de la infancia de la nueva generación de aldeanos que aquel día se disponía a comenzar su prueba para ser Guardian, todos los mayores de doce años participaban, pero solo dos obtendrían el derecho a salir del pueblo en esta generación para comenzar un largo viaje de autodescubrimiento y aprendizaje, los otros jóvenes que pasaran las pruebas se convertirían en los guardianes de la aldea durante los siguientes cincuenta años, como dictaba la antigua tradición que había pasado a través de las cincuenta y dos generaciones de aldeanos que habían vivido en las alturas de la Aldea Crepuscular hasta aquel momento.

    La Aldea quedaba en lo alto de las montañas de la región de Johto y muy pocas personas conocían acerca de la existencia de este lugar debido a lo difícil que era el llegar allí y a que los aldeanos ocultaban su existencia del resto del mundo como una forma de mantener intactas las tradiciones y costumbres ancestrales de su pueblo, no existían caminos ni huellas que guiaran a los visitantes hacia la aldea y como estaba en lo alto de las montañas y rodeada de una densa vegetación, su localización era casi imposible. La tradición dictaba que una vez cada cincuenta años en la última tarde del invierno del año, los jóvenes aldeanos participaban en una serie de eventos para convertirse en los guardianes de la localidad, ellos servirían durante cincuenta años hasta que les tocara educar a la siguiente generación, proteger el Templo Mayor era el motivo de la existencia de la aldea y muy pocos de los habitantes del lugar sabían que se ocultaba tras sus muros, pero nadie era capaz de dudar de la importancia de la misión que sus antepasados les habían encomendado.

    Aquella tarde los treinta jóvenes mayores de doce años que se atrevieron a inscribirse para las pruebas se acercaron al Templo, muchos se inscribieron por las presiones que sus padres ejercieron sobre ellos para subir el estatus social de la familia, otros fueron por curiosidad o por las ganas de conocer el mundo que se extendía a los pies de las montañas que su pueblo protegía, el Guardián de mayor edad les dio un discurso sobre la importancia de aquella prueba, y los valores que se necesitaban para ser útil a la comunidad. Todos los jóvenes escucharon con interés y respeto, para cuando la ceremonia había terminado la ansiedad se podía sentir en el aire, el Sacerdote mayor entonces dio un golpe a la gran campana que se encontraba en el centro del Templo y dio inicio a las pruebas.

    La primera prueba consistía en que cada joven tomara una Apricorn y la tallara para hacer su primera Pokebola sin preparación alguna, la mayoría de las pokebolas que aquellos jóvenes tallaron quedaron mal hechas o simplemente no funcionaban y por eso muchos se rindieron antes de tiempo, sus rostros estaban llenos de frustración. En esa generación nadie pudo cumplir con lo pedido pero solo aquellos que perseveraron en su tarea hasta el final fueron pasados a la segunda ronda debido a que la prueba no medía las habilidades artesanales del futuro guardián, sino que la perseverancia. Todos los jóvenes que pasaron la prueba, obtuvieron una pokebola hecha por el artesano del pueblo como premio, la cual tendría que ser usada en la siguiente tarea.

    La segunda prueba consistía en que los jóvenes se fueran al Bosque Negro y atraparan un Pokemon el cual sería su compañero por el resto de su vida, no era una tarea sencilla debido a que el bosque era un tenebroso lugar donde los arboles eran tan altos que la luz solar jamás traspasaba sus copas, la oscuridad era tal que las personas perdían la noción del tiempo y muchos jóvenes se rendían porque no podían soportar el vivir sin luz solar. El bosque estaba poblado por Pokemon de distintas especies, algunos más peligrosos que otros y los jóvenes debían capturarlos usando los recursos que encontraran en el bosque y la pokebola entregada tras la primera prueba. Para aumentar el temor que los jóvenes sentían en aquel momento estaban las muchas leyendas orales que los aldeanos contaban sobre los horrores que habitaban aquel tenebroso bosque, monstruos que no dudarían en alimentarse de aquellos niños que entraran en su territorio y no tuvieran el valor suficiente como para enfrentárseles, arboles que se movían como seres vivos y que atrapaban entre sus raíces a los incautos asfixiandolos hasta morir, o los malditos insectos que habitaban las partes más húmedas del bosque, los cuales se pegaban a la piel y dejaban horribles marcas que duraban para toda la vida. Estas historias estaban inscritas en lo más profundo del subconsciente de los aldeanos, y con el paso de las generaciones ya ninguno de ellos se atrevía a dudar de su certeza ya que nadie entraba a aquel tenebroso lugar, solo los jóvenes que pasaran la primera prueba una vez cada cincuenta años. Al entrar en la oscuridad permanente la mayoría de los jóvenes entraban en pánico, ya que no podían ver más allá de medio metro y las historias se hacían cada vez más reales en sus mentes por cada paso que daban al interior del Bosque Negro, el terror dominaba completamente a la mayoría, solo pocos podían superar el peso que las historias de sus abuelos ejercían sobre sus frágiles mentes.

    Ya habían transcurrido dos días desde que los jóvenes entraron al bosque y nadie había salido aún, los padres se agruparon a la entrada del bosque preocupados, con la esperanza de que fuera su hijo o hija el primero o primera en salir del mítico bosque. Algunos prepararon una fogata para señalarles el camino, contando historias sobre lo que sus abuelos habían visto cuando les tocó realizar la prueba. Historias tenebrosas que eran capaces de asustar hasta a los adultos más serios.
     
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    Capitulo II: Hideo, Hirose y Arima

    Hideo era uno de los jóvenes más populares de la aldea, su largo y suave cabello negro caía sobre sus hombros con delicadeza pero sin hacerlo parecer afeminado, sus ojos, negros y alegres siempre habían demostrado una energía incontenible que contagiaban a todos a su alrededor y su complexión atlética llamaba la atención del sexo opuesto, a sus quince años era el favorito para llevarse el primer lugar en las pruebas y si bien él era bastante humilde, el apoyo que había recibido hasta este momento por parte de sus congéneres lo obligaban a rendir al 110%.

    El joven siempre triunfaba en lo que se proponía, pero en este momento debía enfrentar su mayor temor, la oscuridad.

    Y es que a pesar de haber pasado la primera prueba tallando una Apricorn elegantemente y sorprendiendo a muchas de las chicas que solían estar encaprichadas de su persona, él siempre había temido el momento de entrar en el Bosque, de hecho no quería pasar la prueba y realizo el tallado de la forma más descuidada posible sin lograr evitar la perfección en su trabajo, luego de empezar la segunda prueba, al dar los primeros pasos en la oscuridad absoluta el terror se apoderó de su persona, esto sumado a las historias contadas por su Abuelo sobre los terrores que habitaban el bosque convirtió la prueba en un verdadero infierno para Hideo.

    Pero a pesar de eso, avanzaba, un paso tras otro hacia el interior de aquella pesadilla, temblando, sudando frío, apretando los dientes y esperando que nada malo sucediera. De pronto, comenzó a escuchar voces profundas que en un idioma desconocido y arcaico lo aterrorizaban. Hideo comenzó a correr muerto de miedo hacia la profundidad del bosque buscando huir de los terrores que ahora le gritaban en ese idioma infernal cada vez más fuerte, luces verdaceas iluminaban el lugar que estaba a unos cientos de metros en la dirección que estaba corriendo, el joven se dió cuenta de aquello y trató de devolverse, pero cuando se dió vuelta lo que vio hizo que mojara rápidamente sus pantalones.

    Unos ojos rojos brillaban en la oscuridad y eran el origen de las voces que lo atormentaban, no tenían cuerpo y estaban rodeados por una horrible aureola violeta, eran muchos de aquellos seres y al ver al joven atemorizado comenzaron a reírse burlonamente y a rodearlo, Hideo trató de juntar todo el valor posible para enfrentar sus miedos, tomo una rama y la lanzó hacia sus enemigos pero fue inútil ya que el objeto lanzado atravesó el cuerpo de aquella bestia infernal sin hacer daño alguno. Las risas se hacían cada vez más fuertes y ahora no eran solo ojos rojos rodeados de la aureola violeta, sino que también unas llamas verdes comenzaban a expandirse desde los "cuerpos" de los seres, quemando levemente las ropas de Hideo, quien luego de ser dominado completamente por el miedo perdió el conocimiento.

    ______________​
    La niña estaba usando toda su concentración para que sus movimientos no causaran ruidos, sus ojos ya se habían acostumbrado a la falta de luz natural y ya no tropezaba con las ramas traicioneras, durante todo el tiempo que llevaba en el bosque no había encontrado ningún otro ser vivo, pero a ella no le daba miedo, a pesar de las historias de sus abuelos, del silencio abrumador existente en las profundidades del bosque, de la oscuridad, y de lo desconocido, simplemente porque su vida ya había sido bastante difícil hasta este momento, y el miedo era un lujo que no podía permitirse.

    Hirose había cumplido recientemente sus 12 años y llevaba tres días perdida en la oscuridad, se guiaba por su instinto entre los arboles y trataba de evitar a toda persona o animal que escuchara cerca suyo, en una de sus manos llevaba un bastón que había confeccionado a partir de un árbol caído con el cuchillo que había escondido entre sus ropas violando todo reglamento de la prueba y que había enterrado cerca de los remanentes de aquel árbol solo por si acaso, sus ropas consistían en unos pantalones largos y una túnica ancha que la protegía de la humedad del bosque, dentro de la túnica llevaba la pokebola que alojaría a su compañero de toda la vida si tenía éxito, y ella como nunca hoy estaba segura de que triunfaría.

    En aquel entonces era una chica delgada, algo débil comparada con otras mujercitas de su edad, nunca había sido la más brillante en la escuela del templo de la aldea y nunca había destacado por ser muy popular entre los suyos, su pelo negro y hosco llegaba hasta sus hombros y contrastaba con la delicadeza de las otras niñas, no era más alta que sus contemporáneas y sus ojos café oscuros siempre habían tenido una mirada triste.

    Hace seis años su padre las había abandonado a ella y a su madre para convertirse en un entrenador Pokemon contrariando las tradiciones de su pueblo, debido a aquello la familia de Hirose era muy mal mirada en la aldea y ella había tenido una infancia triste y solitaria, no tenía amigos de su edad y su madre era la única persona que podía hacerla sonreír, cuando supo sobre la prueba comenzó a entrenarse para ser una de los Guardianes de la Aldea Crepuscular para reivindicar a su familia y darle felicidad a su madre en sus últimos años, en esta prueba ella demostraría que el pecado de su padre no era motivo suficiente para que la ignoraran como lo había hecho hasta este momento, no, desde ahora la respetarían a ella y su madre.

    De pronto, desde lo alto de uno de los árboles, un bulto se lanzó con mucha fuerza sobre su espalda, Hirose no alcanzo a gritar y su cuerpo ya se encontraba recostado boca abajo en el lecho de hojas que constituía el suelo del Bosque Negro, el bastón había caído un poco más lejos y ella con el dolor que sentía no podía ponerse de pie, luego algo se enrollo en su pierna y comenzó a jalarla con rumbo desconocido, la niña, intentando demostrar el menor miedo y tratando de aplacar el dolor que aún sentía, trataba de aferrarse a las raíces que encontraba, a las ramas caídas de los arboles pero la fuerza que la arrastraba era mayor a la que ella usaba para intentar zafarse de aquel monstruo desconocido. Hirose nunca en su vida había sentido tanto miedo, y ahora lloraba de impotencia ya que no podía mover las piernas y aquella entidad desconocida la estaba arrastrando lentamente en medio de la oscuridad hacia un lugar desconocido, se había rendido, no lograba nada tratando de librarse de la bestia si solo podía mover sus débiles brazos, la impotencia dominaba su corazón y la rabia que primeramente sentía ahora era sustituida por una gran pena, el sentimiento de que había fracasado en su vida, una vez más. Cerró sus ojos y se encomendó a los espíritus de sus ancestros. Ya nada podía hacer. “Madre discúlpame” fueron las últimas palabras que susurró al viento húmedo que no transportaría sus palabras hacia su único ser querido, la única persona que lloraría su muerte. Un sinnúmero de ojos la rodeaban mientras era arrastrada lentamente...
    ________​
    Arima era un joven alto y delgado, de pelo castaño y tez morena, una rareza para el común de los aldeanos, sus ojos negros como la noche demostraban que él era un joven serio y distante, pero no era que el joven se sintiera superior a los demás, solo sentía que su destino era diferente, era una herramienta al servicio de su gente, una herramienta que aún no encontraba su uso. Desde que él tenía memoria entrenaba directamente bajo la tutela del maestro del Templo Mayor de la Aldea Crepuscular y era un prodigio en las artes marciales, la caligrafía y en la poesía, no era conocido entre los suyos debido a que todos en la aldea ignoraban su existencia gracias a que había vivido toda su vida dentro del Templo, algo extraño en un pueblo tan pequeño donde todos se conocen, y algo que sorprendió a todos cuando Arima se presentó entre todos los jóvenes para dar la prueba, muchos pensaron que era un extranjero y tuvo que intervenir uno de los sacerdotes del pueblo para que lo dejaran tomar la prueba. Había sido el único que había logrado completar la primera prueba de forma más o menos satisfactoria y ahora se encontraba en medio de la oscuridad, sentado con las piernas cruzadas, escuchando…esperando… ​
    De pronto un fuerte ruido se hizo oír en las cercanías, Arima sonrió, se puso se pie y corrió rápidamente hacia la fuente del sonido, algo pesado pero pequeño había caído en su trampa, comenzó con las tácticas que había leído en los pergaminos del Templo y lanzó su Pokebola sin saber cual era el Pokemon que había caído en la trampa, no importaba, su amigo de toda la vida estaba predestinado por sus ancestros y lo aceptaría, fuera quien fuera.​
    El joven fue el primero de su generación en salir del bosque, al tercer día. Cuando salió hizo salir al Pokemon que lo acompañaría de ahora en adelante. Todos los mayores que se encontraban en la entrada del bosque se sorprendieron cuando vieron lo que el joven había atrapado ya que nunca en la historia de la aldea se había registrado un hecho como este. Arima, con sus 14 años había atrapado un Larvitar sin usar nada más que su ingenio. El joven sonreía satisfecho y agradecía a sus ancestros por haberlo premiado con un Pokemon tan grandioso como el que ahora lo miraba con curiosidad.​
     
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    Capitulo III Ladrón Negro y Polinia

    Chitose sonreía de satisfacción, durante toda la noche anterior siguió a un oscuro pokemon volador a través de las profundidades del bosque y parecía que la ave había esforzado en extremo en alejarla de su aldea porque ahora se sentía completamente perdida, pero no importaba, lo había atrapado, el esfuerzo había valido la pena.

    Mientras caminaba tranquilamente por el bosque fue atacada por aquella ave negra, el pokemon no buscaba dañarla pero le robó el broche que su abuela le había regalado y que había pertenecido a la familia durante generaciones. Debía recuperar el broche como fuera, no importaban las consecuencias.

    Así fue como comenzó a perseguir al ave de negro plumaje durante horas, al comienzo podía distinguirlo entre las ramas de los arboles pero al pasar de las horas solo podía seguirlo por el sonido que hacia al mover sus alas ya que el bosque se volvía más y más oscuro, muchas veces se había sentido perdida ya que no habían sonidos ni ningún indicio que le diera la ubicación del pokemon, había pensado en rendirse puesto que era imposible que encontrara a un ave negra en un bosque tan oscuro como el plumaje del ladrón pero cuando esos pensamientos circulaban por su mente una sombra, un aleteo, el ruido de los arboles delataban a su presa. Con el tiempo logró acostumbrarse a esta persecución y ya se sentía como una cazadora experimentada, ese sentimiento hacía que su situación fuera menos desesperanzadora y la animaban a seguir. Pasadas varias horas el bosque volvió a ser menos oscuro y ella logró identificar al ave tratando de dormir en lo alto de una rama, el broche de su familia estaba en el pico de su presa, tomó una piedra del tamaño de su mano, la enrolló en su obi, la hizo girar un par de veces sobre su cabeza para luego lanzar el proyectil en una trayectoria perfecta para dar justo en el blanco, el cansado pokemon cayó al suelo del bosque junto al broche, Chitose esbozo una sonrisa malévola y lanzó su pokebola capturándolo en el acto, luego de guardar la esfera de madera entre sus ropas se sentó a descansar en el suelo del bosque, había sido una larga carrera y ella tenía mucho sueño, se iba a recostar para dormir un poco pero recordó las leyendas de demonios y fantasmas que habitaban el bosque, no era prudente arriesgarse. Se puso se pie y llamó a su nuevo pokemon.

    ¡Sal, Ladrón Negro! – dijo Chitose en un tono triunfal, usando las dos primeras palabras que se le vinieron a la mente para darle un nombre a su pokemon en el acto y esperando que le hiciera caso.

    ¡KROOOOOOOOOOOOOWWWWWWW¡ - gritó el ave mientras extendía sus alas en un gesto desafiante y mirando fijamente a su ama a los ojos.

    —Desde ahora seremos amigos, compañeros, y estaremos juntos en esta misión, no importa lo que haya sucedido entre nosotros en el pasado, tratemos de aprender el uno del otro para juntos, ser los mejores – expresó la joven empleando el tono más amigable que pudo usar. El pokemon la miró atentamente unos segundos, realizó un pequeño salto de aprobación y Chitose se agachó para acariciar a su nuevo amigo, acto seguido el ave negra realizó otro pequeño salto, le volvió a quitar su broche y salió volando rápidamente en dirección a la aldea, la joven se enfado y trató de llamarlo de vuelta a su pokebola sin resultado mientras lo perseguía.

    Al quinto día los mayores de la aldea vieron salir del bosque a una joven alta, delgada de cabello negro y largo, con unos hermosos ojos pardos, grandes ojeras y vestida con un kimono café persiguiendo a un ave negra que volaba bien bajo como si estuviera burlándose de ella, Chitose le gritaba enfadada que volviera a su pokebola, pero el pokemon se esforzaba en evadir sus ordenes dando giros en el aire y saltos cortos cuando aterrizaba, finalmente la joven se desmayó de cansancio y dejo caer su pokebola. Ladrón Negro se acercó a su ama, presiono el sello del objeto tallado y desapareció tras entrar en la esfera de madera. Chitose abrió sus ojos y sonrió.

    —Definitivamente seremos grandes amigos – susurró mientras se ponía de pie para luego acercarse al grupo de gente que la había estado observando alegremente y que ahora le ofrecía comida.

    Luego volvió a su hogar donde pudo dormir finalmente, al levantarse era la mañana del séptimo y último día para terminar la segunda prueba, le dio hambre y caminó hacia la cocina donde vio a su padre sentado en la mesa tras haber preparado el desayuno para ambos, Chitose se sentó frente a él y lo interrogó sobre lo acontecido con el resto de los jóvenes que habían realizado la prueba, su padre le contó con pocos detalles acerca de que hasta ahora habían cumplido satisfactoriamente con la prueba cinco jóvenes además de ella:

    Arima, quien era un desconocido para la mayoría en la aldea, al parecer había atrapado un raro Larvitar sorprendiendo a todos, además él había sido el primero volver del bosque al tercer día.

    Susumu, hijo de los pescadores del Templo, él había atrapado un Psyduck y había salido del bosque al amanecer del cuarto día abrazado junto a su hermano gemelo, Negishi.

    Negishi había atrapado un Spinarak, al parecer había tenido un accidente durante el desarrollo de la segunda prueba y ahora cojeaba. Según Susumu. mientras exploraban el bosque su hermano había caído en una cueva subterránea tras tropezar con la rama de un árbol, había sido en esa cueva donde había atrapado a su pokemon y se habría fracturado la pierna al caer.

    Tomose, una joven siempre había sido de las mejores atletas de la aldea volvió al atardecer del cuarto día, cuando salió del bosque vieron a un Pidgey volando a su alrededor mientras ella cantaba en voz baja una canción de cuna, había atrapado un Gligar dentro de una de las cuevas existentes en el bosque y el Pidgey se había hecho su amigo en el trayecto de vuelta.

    Mori, uno de los amigos de infancia de Chitose y uno de los jóvenes más populares de la aldea había vuelto del bosque un poco después que Tomose y había atrapado un Caterpie, muchos se decepcionaron de Mori por el Pokemon que había atrapado y el joven se había encerrado en su hogar tras darse cuenta de ello.

    —¿Mori se encuentra muy mal padre? – Preguntó Chitose mirándolo a los ojos mientras levantaba su taza de té para tomar luego un sorbo y luego agregar - ¿No se sabe nada aún de Hideo?

    —No ha salido de su casa en todos estos días, dicen que es probable que se retire de la prueba debido a su fracaso al atrapar un pokemon poderoso, en cuanto a Hideo, no, nada aún, ojala aparezca hoy o de lo contrario será descalificado – dijo su padre mientras se levantaba y comenzaba a limpiar la mesa- podrías ir a ver a Mori, creo que sería importante para él si vas a verlo.

    Tras ayudar a su padre a limpiar las cosas fue corriendo a ver a Mori, en el camino pensaba en el miedo que Hideo le tenía a la oscuridad, factor importante en el probable fracaso de su amigo en la prueba y en el orgullo dañado de su otro amigo tras atrapar un débil Caterpie, sus dos compañeros se encontraban en problemas y ella haría todo lo posible para lograr ayudar al menos a uno. Al llegar a la casa de Mori y escalar con esfuerzo el gran muro de piedras que llevaba al patio del hogar como le era costumbre desde que era una niña pequeña, al caer al interior de la vivienda y caminar hacia donde escuchaba la voz de su amigo, lo observó gritar con ímpetu a una gran mariposa que volaba por el patio de la residencia:

    —Polinia, ¡vuela bajo y usa confusión sobre los objetivos! – dicho esto, el pokemon que todos decían que era inútil y una vergüenza para su amigo se disparó volando bajo contra unos troncos de arboles y usando sus poderes psíquicos los expulsó violentamente hacia el muro de piedra, Chitose aplaudió emocionada y Mori le hizo una reverencia al percatarse de la presencia de su amiga, luego se acercó a ella y la abrazó con ternura. Polinia volaba alrededor de los jóvenes enamorados.
     
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