Leyenda de amor y muerte

Tema en 'Fanfics Abandonados de Inuyasha Ranma y Rinne' iniciado por monse, 29 Septiembre 2010.

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    monse

    monse Guest

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    Leyenda de amor y muerte
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    Leyenda de amor y muerte

    Es la primera vez que escribo esperi que les guste. es sessh&kag
    CAPITULO I
    Habían llegado al castillo a través de la selva de Bohemia, en un viaje plagado de sorpresas y maravillas, en el que cada rincón arrancaba exclamaciones al pequeño grupo. Kagome, en silencio, había visto como ante ellos desfilaban bosques, profundos valles cortados por corrientes de agua que destellaban al sol, lagos hermosos como arrancados de una leyenda. Todo el paisaje respiraba una calma milenaria que sobrecogió desde el principio a la bella dama.
    Luego, el castillo había brotado en medio de un valle alzándose soberbio y sólido en una pequeña loma que dominaba todo el entorno. Kagome calculo que la edificación tenía por lo menos quinientos años, pero se mantenía solidamente alzada, insensible al tiempo.
    Ahora, en el amplio salón donde habían sido introducidos, sus tres compañeras de viaje y su representante contemplaban asombrados todo cuanto se ofrecía a su vista.

    -¡Como me gustaría vivir en un sitio así!- era Kana con un suspiro, sentada en el sitio que presidía la estancia.

    - Tanta antigüedad abruma- fue la practica respuesta de Rin.

    - Si – Sango, la mas decidida, alta y de cabello castaño – pero reconoce que hace falta muchísimo dinero para mantener todo esto.

    - Esperemos entonces que el señor barón de Karlovy-Varos sea generoso a la hora de pagarnos Miroku, soltó una risita luego de decir aquello -. Porque la verdad, de entrada, no me parece que este asunto esté demasiado claro.

    Kagome se aparto de sus cuatro compañeros para deambular distraídamente hacia la galería que se podía ver a través de una puerta; una hilera de retratos se encontraban colgados a todo lo largo de la pared. En la otra pared, pequeños balcones góticos se abrían sobre un patio interior rodeado de cipreses. La luz del atardecer daba a la galería un tinte misterioso, los personajes pintados en los cuadros parecían, bajo aquella luz, impasibles soldados a la espera del ataque de enemigo.
    Había muchas mujeres allí retratadas casi todas ellas de cabellos castaño y claros ojos de mirada lejana. Deteniéndose ante cada uno de los lienzos, Kagome advirtió que en todos ellos había una nota común, un mismo collar que adornaba el cuello de las mujeres. Esplendido y tan valioso como la abundancia de piedras preciosas que adornaban los vestidos, indicio de una riqueza y una importancia sin limites.

    - No las envidie. Ninguna pudo ser feliz.

    Giro sobresaltada, al escuchar la voz que había sonado inesperada a su espalda. Enmarcado en una puerta, un hombre la contemplaba sombríamente.

    - La he asustado – dijo el, tras un momento de silencio.
    Y sin esperar a que ella respondiera, avanzo un par de pasos para mirarla más de cerca. Hubo un instante en que por sus pupilas cruzo una violentísima ráfaga de sorpresa. Pero se rehizo en seguida, antes de que Kagome pudiera preguntarse a que se debía tan fugitiva expresión.

    - ¿Es usted el… el barón, el dueño del castillo?

    Sin responder, estaba a su lado. Que ardiente y extraña la mirada que poso en ella. Era alto y esbelto, tenso como un muelle, con una elegancia de movimientos y una cabellera larga y plateada que se movía a la cadencia con el viento. Tenia unos ojos ámbar que semejaban al mas puro oro, revueltos en aquel instante por algo interior que amenazaba con desbordarse, con romper la barrera en que intentaba mantenerlo cerrado.

    - ¿Por qué precisamente usted? – preguntó, muy bajo.

    Ella solo pudo balbucear:
    - No sé a lo que se refiere.

    - ¿No lo sabe? – Kagome se sintió violentamente sujeta por una mano que parecía un cepo de hierro - ¡Ah, no lo sabe! ¿Mi hermano no le explico nada?

    - ¡Suélteme! – pero por más esfuerzos que hizo no pudo desprender su muñeca de aquellos dedos de acero que la mantenían sujeta - ¿Quién se ha creído que es?

    - Sesshomaru Taisho, Hermano mayor del barón de Karlovy-Varos – fue la seca respuesta.

    Y sin que Kagome pudiera impedirlo, fue llevada hacia el extremo de la galería. Las maneras de aquel hombre no eran violentas, pero en cambio su fuerza parecía portentosa. A punto de protestar por la forma en que era tratada, dominada al mismo tiempo por algo que no pudo precisar pero que emanaba del desconocido, se hallo súbitamente ante el retrato que finalizaba la galería. Los ojos de Sesshomaru Taisho parecían aun más fríos cuando la coloco frente a él.

    - ¡Mire! ¿Lo comprende ahora?

    Desde el fondo del lienzo, una mujer los contemplaba con sus misteriosos ojos chocolate, sensualmente envuelta en un bellísimo vestido entretejido con oro y plata. En torno a ella, como un ruedo de nube, flotaba el velo blanco que sujetaba sobre su cabeza con una sobria toca de castellana medieval; pero ni siquiera aquel tocado era capaz de borrar la incitante invitación que parecía presidir su gesto, aquella especie de punto misterioso y a la vez provocador que dormía en el pliegue de sus labios. Desde su garganta, hacia la profundidad perfecta de su escote, se derramaba en cascada el fulgor del collar, como intentado competir con el brillo de sus ojos.
    Con todo, fue aquel rostro lo que hizo que Kagome se quedara sin aliento, contemplando el cutis marfileño que sobresalía por entre el tul y la seda de la toca, la sensual sombra de su sonrisa, el reflejo de su apasionado temperamento en la curva de la barbilla, aquella especie de sutil invitación al amor que se desprendía de toda ella y la perfección de la mano que como desmayada sobre la falda, mantenía entre los dedos una rosa roja. Solamente pudo murmurar:

    - Soy… yo

    - ¡No, no es usted! – casi fue un grito, inmediatamente contenido, vuelta la voz a su normalidad por un poderoso esfuerzo de voluntad -. Pero se le parece tanto, tanto que… ¡Se le parece demasiado!

    - Su hermano envió una fotografía a la agencia para que buscaran una modelo lo mas parecida posible a…

    - A ella – terminó Sesshomaru. Se mantuvo en silencio, mirándolas alternativamente, del cuadro a su rostro, de su rostro al cuadro. La boca masculina que parecía sugerir la sensualidad de un beso interminable, se plegaba en una sola apretada línea -. ¿Puedo pedirle un favor?

    La expresión de Sesshomaru era seca y no sugería en absoluto la de un inesperado galanteo, pero no obstante se sintió inquieta. Algo, una sombra, una invisible presencia, parecía compartir con ellos la galería en que se encontraban.
    Tampoco esperó él a que la joven contestara. Se inclino un poco sobre ella, dominándola con la tensión de su estatura, y Kagome se sintió empequeñecida ante el vertiginoso fondo de sus ojos.

    - Váyase de aquí. No pregunte nada, no quiera saber cosas que jamás podría comprender. Pero márchese ahora, cuando aún es tiempo. ¿Lo hará?

    De sus palabras parecía desprenderse una atmósfera agobiante que la envolvió de pronto. Tuvo durante cinco segundos que le parecieron eternos, la sensación de que una tragedia estaba a punto de desencadenarse entre aquellas paredes. Pero nada ocurrió. Hizo un leve movimiento con la cabeza, denegando.

    - No puedo permitirme el lujo de elegir. He esperado alguna clase de trabajo durante varios meses y no deseo romper ahora este contrato. Me arriesgaría a que la agencia no volviera a contar conmigo.

    - Siempre hay ocasiones para una mujer tan bella como usted.

    - No es así como me he planeado el porvenir.

    Sesshomaru de espaldas a la joven, estuvo unos momentos contemplando la pintura. Las manos cruzadas a la espalda y la boca apretada; cuando se volvió, Kagome hubiera dado cualquier cosa por saber que hacia brillar tan intensamente el ámbar de sus ojos.

    - Váyase – y a su espalda, la mujer desconocida pareció acentuar su sonrisa

    - Lo siento, señor Taisho. Creo recordar que fue su hermano quien nos contrato, y también quien busco una persona de mis características. Usted, no figura para nada en el acuerdo.

    - Puede que lo sienta dentro de poco.

    - No soy tan niña como para no saber defenderme.

    Y le sostuvo la mirada, fija y duramente. Así en silencio, la pausa se alargo entre ellos y el aire se volvió sólido como un diamante. La intensidad de aquella mirada la hizo temblar, pero oculto su temblor alzando la cabeza con seca altivez. Fue consciente del examen que aquellas pupilas la sometían. Recorriendo su rostro milímetro a milímetro, deslizándose sobre su figura de modelo. Una dolorosa emoción parecía abrirse paso en el rostro del hombre, pero fue violentamente ahogada.

    - ¡Demasiado igual! – repitió. Y no dio otra explicación a su frase.

    Como si de pronto aquella escena se hubiera prolongado demasiado, dio media vuelta y la dejo en medio del corredor, entre las sombras que avanzaban con rapidez.
    Al sentirse sola, Kagome dejo escapar de golpe el aire que durante unos instantes había retenido en los pulmones. Tuvo que apoyarse en la pared porque sentía que el corazón se le salía sin que supiera bien el motivo.
    “Me he visto en situaciones mas extrañas y desagradables. ¿Por qué ese hombre me a puesto tan nerviosa?”
    Desde el fondo del retrato, la misteriosa mujer continuaba sonriendo lejana y quietamente, la rosa roja en la mano, los ojos buscando los suyos. Kagome hubiera querido hacerle muchas preguntas, pero sabía que la quieta figura del óleo no respondería a ninguna.
    Pensativa, despacio, regreso al salón donde se encontraban los demás.
     
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    monse

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    Re: Leyenda de amor y muerte

    aqui otra vez molestando, espero algun comentario, se que no es buena, pero por lo menos aganmelo saber. ;)

    CAPITULO II

    Cuando Hinuyasha Taisho, barón de Karlovy-Varos, entró en la estancia, Kagome pensó que jamás había visto un hombre tan hermoso como aquél; era muy alto, tenía el cabello negro y los ojos color ámbar, y aquellos ojos, cuando se posaron en ella, tuvieron de pronto una violenta y apasionada ráfaga que la hizo sentirse, sin saber por qué, extremadamente importante ante él. Sesshomaru, inexpresivo, camino tras su hermano y quedó el fondo, observándoles a distancia como si no formara parte del momento, como si su mente estuviera a muchos kilómetros de allí.

    - ¿Por qué nos ha contratado? – era Miroku, que desde el primer momento se había autonombrado el protector del grupo. Los ojos claros de Hinuyasha tuvieron un reflejo de risa que pasó enseguida -. No me negara que parece muy extraño el que solamente quiera cuatro señoritas y un caballero.

    - Quiero que representen una obra de teatro – fue la respuesta. Su voz era profunda y educada, pero se advertía que estaba acostumbrada a dar órdenes -. Una obra que yo mismo eh escrito.

    - ¿Habrá muchos invitados? – Sango, la decidida, esbelta y hermosa como una diosa griega.

    - Únicamente nosotros. Sólo Sesshomaru será espectador, lo demás seremos los personajes de la obra, incluyéndome a mi mismo.

    Hubo un instante de silencio. Durante casi diez segundos, ninguno pudo decir nada, las cuatro jóvenes se quedaron con la boca abierta, mirando a Hinuyasha como si acabara de volverse loco. Miroku, solo pudo balbucear, luego de la pausa:

    - Pe-pero… ¡Es… inaudito!

    - ¿Por qué? – Hinuyasha dio varios pasos a lo largo de la estancia, con las manos cruzadas en la espalda, observándolos uno por uno. Se detuvo especialmente junto a Kagome y a la joven le pareció que sus ojos parecían explorarle sus pensamientos, buscando una afirmación a su plan -. ¡Mis antepasados lo hubieran aprobado, ellos siempre supieron vivir conforme a su rango!

    ¡Qué oscura mirada tuvieron los ojos de Sesshomaru! Comparándolos, Kagome pensó que diferentes eran los dos hermanos, como la noche y el día, uno parecía ser hijo de la luz y el otro de las tinieblas. Ambos la miraban en aquel momento con dos expresiones totalmente diferentes, y aquel sentimiento de importancia aumentó, parecían estar diciéndole, en silencio, que ella era la pieza clave de aquel disparatado y loco plan.
    Hinuyasha inesperadamente, hablando sólo para Kagome, preguntó:

    - ¿No les parece que quien tiene el poder puede permitirse el lujo de cualquier capricho… cualquiera? – y sin esperar respuesta, añadió – Mi mayordomo les enseñara las habitaciones. Serán avisados para la cena. Y les ruego que vistan con los trajes que he preparado para la presentación. Será una apasionante, si, apasionante cena medieval.
    Kagome sentía que él estaba diciendo en realidad cosas muy distintas a las palabras que pronunciaban sus labios, había algo más tras sus frases, algo mucho mas hondo. Al final de la enorme estancia, el delgado y serio rostro de Sesshomaru, impasible como una esfinge le producía aquella sensación jamás sentida antes.
    Con una ligera inclinación únicamente destinada a Kagome, Hinuyasha se encamino hacia la puerta, era notorio que la entrevista había terminado, pero se detuvo un instante en el umbral para dejar que un sirviente entrara con otra reverencia y les indicara con un silencioso ademán una puerta distinta a la que Hinuyasha ocupaba.
    Kagome por un instante sintió también sobre si la mirada de aquel hombre y se pregunto, intrigada, que edad podría tener. Era alto y esbelto casi señorial ¿Treinta y ocho, cuarenta años? Arrogante y hermético, hubiera podido pasar en cualquier parte por un verdadero noble. Antes de salir de la estancia Kagome enfrento a Hinuyasha:

    - ¿Qué cuenta en su obra, barón?

    - Es… una vieja historia medieval – y cruzó un momento su mirada con la de Sesshomaru -. Una oscura leyenda de amor… y de muerte.

    Kagome, sintió de pronto que el frió de las paredes de piedra le llegaba al alma, salió la ultima del grupo y se hizo remolona junto a un mueble, fingiendo estar muy interesada en examinar un candelabro. Dentro del salón la voz de Sesshomaru sonó tensa, casi chirriante:

    - Estás loco, Hinuyasha. ¡Esta bien que te de por escribir, ya que no tienes otra mayor preocupación, pero hacer venir también a Kagura… es demasiado!

    La risa de Hinuyasha estuvo ausente de alegría.
    - Querido hermano… te recuerdo que quien tiene aquí todos los derechos, incluso el de ponerte a mitad del bosque… soy yo. ¿O es que tienes tan mala memoria como para…?

    - ¡Basta! – Sesshomaru parecía estar conteniendo un grito de rabia y de humillación -. ¡Te digo únicamente que hacer venir a Kagura es un error… del que puede ser que te arrepientas muy pronto!

    - Puede ser. Pero será interesante verla reaccionar ante la historia que he escrito. ¿Por qué no te has molestado en leerla?

    - Ya me enteraré de su contenido cuando la vea representada - fue la tensa respuesta.

    Kagome percibió después de un largo y molesto silencio que ninguno de los dos hermanos parecía dispuesto a romper.
    Dejó cuidadosamente el candelabro en el mueble y se volvió, los ojos del mayordomo la contemplaban quieta y fijamente.

    - Señorita, ¿No esta cansada del viaje, no desearía poder ducharse? – era una clara invitación para que abandonara la cercanía de la puerta y le siguiera.

    Asintió despacio despegándose del mueble, siguiendo al criado.
    Sus compañeros estaban varios metros mas lejos, contemplando unos tapices y esperando que se les uniera. En silencio, Kagome dejó que el mayordomo fuera indicando a cada uno la habitación designada. Cuando todos habían sido ya acomodados, la joven se halló ante la puerta final de un largo corredor.

    - Su habitación, señorita. Espero le resulte cómoda.

    Era la mejor de las estancias, un dormitorio enorme, lujoso, con un dosel sobre la amplia cama y dos ventanas ojivales al fondo, al otro lado de la vidrieria se divisaba el profundo panorama del bosque, envuelto en la magia del atardecer.
    Sorprendida se volvió al criado, que permanecía quieto como si aun tuviera algo que decirle, estremecida, pensó de pronto que era odio lo que había en el fondo de sus pupilas.

    - ¿Por qué la mejor para mi?

    - Fue una orden del barón. Vendré a avisarle para le cena, señorita. Me llamo Aymar y estoy a su servicio para cualquier cosa que necesite.

    Era sorprendente que no hubiera dicho aquello a ninguna de sus compañeras y ni siquiera a Miroku.

    - Aymar… el retrato de la galería, el de la mujer que tanto se parece a mí… es moderno. ¿Por qué ella esta vestida con traje de época?

    - Esa no es pregunta que yo pueda responderle, señorita. Y le sugiero que tampoco se la haga al señor barón. A él no le gustan las personas demasiado curiosas y… es usted demasiado igual, demasiado parecida a “ella”.

    Giró, con impecable cortesía y la dejó a solas, confundida y sin saber qué pensar de todo aquello.
     
  3.  
    katica

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    Re: Leyenda de amor y muerte

    hola!
    wow que historia tan interesante, esta como misteriosa jaja: quien sera la del retrato que es igualita a kagome?, sera su antepasado? y k historia tienen guardada sess e inuyasha
    tienes muy buena redaccion y me encanta el vocabulario que usas
    Una Cosa: no se escribe Hinuyasha, es Inuyasha , no se si sera parte del nombre de la historia pero esk se ve raro y es mala ortografia escribirlo asi, es lo unico k te digo ^^
    de resto todo esta muy bn, continua la historia porfa
     
  4.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    Re: Leyenda de amor y muerte

    Guau, en verdad es un muy buen fic (bastante OoC) pero muy intrigante. Aunque InuYasha es menor que Sesshoumaru al parecer tú lo has puesto mayor (Eso da miedo) Y Sesshoumaru conserva mucho su carácter, pero esa clase de arrebatos son mas dignos de mi Inu-hermoso. Te recomiendo cuidar de eso, InuYasha es el arrebatado y a pesar de ser un UA no debes cambiar las personalidades de los personajes, cometas tanto Ooc onegai

    Dato importante: no es Hinuyasha sino InuYasha ¿acaso nohas leido otros fics?
     
  5.  
    monse

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    Re: Leyenda de amor y muerte

    hola pues aqui dejando otro capitulo. Gracias por sus comentarios y respecto a lo de Inuyasha, se que fue un error grave pero ya lo corregì. bueno algunas notas "---" pensamientos del personaje.

    CAPITULO III

    Descubrir el contenido de la habitación resulto una aventura incomparable para Kagome que durante varios minutos la hizo olvidar lo extraño de la situación y el raro capricho de Inuyasha. El dormitorio se prolongaba al fondo en una pequeña estancia, una especie de gabinete y en un servicio totalmente moderno en el que nada faltaba. Varias clases de jabón de tocador, el gel junto a la ducha, los cepillos con mango de plata… todo parecía invitarla a usarlos. Se duchó y mientras el agua caliente corría sobre su cuerpo, trato de analizar la actitud de los dos hermanos.

    “Inuyasha es un señor feudal. Esta acostumbrado a mandar, se nota a primera vista. Pero Sesshomaru es tan… misterioso” Kagome quedo un instante pensativa, con la esponja en el aire, al recordar un pequeño detalle. “Sesshomaru dijo ser el hermano mayor. Pero entonces ¿Por qué el titulo lo ostenta el segundo?” La frase de Inuyasha pareció flotar un momento sobre su pensamiento “Te recuerdo que quien tiene aquí todos los derechos… soy yo.”

    Renuncio a averiguar. Por otra parte, solo deseaba terminar aquel trabajo, cobrarlo y marcharse del castillo.
    Se envolvió en la gran toalla azul y descalza cruzo el servicio hacia el dormitorio, donde había dejado la ropa. El ruego de Inuyasha, sobre el atuendo de cada uno, acudió entonces a su memoria.

    “Eso quiere decir que mi vestido debe de estar en alguno de los arcones que hay aquí”

    Miro en dos de ellos, pero estaban vacíos. Una leve capa de polvo en su fondo indicaba que se hallaban así desde hacia mucho tiempo. El tercero se encontraba cerrado, pero tenía la llave puesta en la cerradura. No hubo problema alguno, giro como si el mecanismo se encontrara recién engrasado. La tapa era pesada pero la alzo con facilidad.
    Dejándola sin aliento, ante la vista del maravilloso vestido que yacía allí, perfectamente doblado. El pesado tejido salpicado de oro, las mangas abollonadas surcadas de pedrería, el alto talle que hacia resaltar el busto, unido casi al profundo escote bordado de pedrería, nada de aquello le era desconocido, porque lo había visto antes, era el mismo vestido que llevaba la misteriosa dama del cuadro.
    Sobre él, junto al vaporoso velo de la toca medieval, igual que una mancha de sangre que salpicara el blanco tul, una rosa de tela, tan perfecta que hubiera podido tomarse por natural, mostraba el contraste de su intenso color rojo. Y aun sobre todo ello, destellando con su fulgor de siglos, se encontraba el collar, como una cascada que se deshizo en mil colores al ser herida por la luz.
    Sintió algo extraño, imposible de definir al contemplarlo, como un fuego interior que le abraso el rostro y corrió rápidamente por sus venas. Cuando alzo la joya en sus manos, temblando de emoción, tuvo el presentimiento de que no era un collar lo que sostenía sino una cadena que la ataba de alguna forma a la mujer del retrato.
    El aviso de Aymar para la cena llegó cuando se encontraba calzándose los primorosos chapines de terciopelo bordado que hacían juego con el vestido. Un instante, antes de salir, se contemplo en el espejo de cuerpo entero del lujoso baño. Sorprendida pensó de pronto que no era ella la criatura que observaba en el cristal, sino la misma mujer del cuadro que había cobrado inesperada vida. Por instinto sin que su voluntad hubiera intervenido para nada, había colocado la toca sobre sus cabellos castaños de la misma forma que la mujer del cuadro, un poco inclinada hacia el rostro, presas las mejillas en la banda de seda que la sujetaba bajo la barbilla. Se dio cuenta de pronto que sus ojos, su nariz, su boca, parecían de aquella forma mucho mas iguales a los de aquella misteriosa dama.
    Caminó en la dirección que Aymar le indicaba, por oscuros corredores y salones inmensos que parecían no terminar nunca. A través de un arco, una escalera de piedra sin barandal llevaba al piso bajo se escuchaba cerca la risa de Sango y los comentarios extasiados de Rin y Kana, mezclados con la voz de otra mujer y la de Miroku.
    Iba a descender, cuando una voz susurro a su espalda, apasionadamente:

    - ¡Kikio…!

    Se volvió lentamente, reconociendo la voz de Sesshomaru.
    - Soy Kagome…- repuso con un hilo de voz.

    Pero él se encontraba a menos de tres metros de distancia, mirándola con una intensidad que era casi dolorosa, devorando su esbelta figura que erguida en su ropaje de terciopelo, cubierta de pedrería, parecía llenar de recuerdos el ambiente que les rodeaba.
    En su mano, la rosa parecía un grito de agonía; sorprendida, Kagome sintió como si quemara entre sus dedos, y la soltó con brusquedad.

    - Kikio…- repitió Sesshomaru. Y se inclino para recoger la flor, entregándosela lentamente.

    Fue un instante mágico. Prendida de aquellas pupilas ambarinas, Kagome se sintió transportada a un mundo que no era el suyo, metida en la personalidad de una mujer de la que solo conocía su aspecto exterior. El roce de los dedos masculinos fue como el de una llama más abrasadora aún que la rosa, y se hundió, como un remolino, en el tobogán de aquella mirada. Sin darse cuenta ella misma, con los labios entreabiertos, parecía pedir a gritos ser besada mientras seguía contemplando el rostro del hombre inclinado sobre el suyo.
    ¡Qué misterioso y atractivo le pareció de pronto! Sintió su aliento muy cerca, percibió el acelerado ritmo de su respiración… La mano de Sesshomaru seguía allí, sujetando la suya, sosteniendo aún la rosa.

    -Kikio, Kikio… ¡Ha sido tanto tiempo…!

    Y aquella mano estuvo de pronto en su rostro, acariciándola lentamente, recreándose en cada una de sus facciones, la sintió resbalar por sus mejillas, detenerse en la curva ansiosa de la boca, deslizarse más abajo del mentón hacia el cuello, buscando el palpitante busto femenino que latía de pronto demasiado aprisa. Kagome, incapaz de moverse, ahogadas sus protestas por una fuerza superior a sí misma que de pronto la dominó y la hizo insignificante a sus propios ojos, permaneció quieta entre sus brazos, bajo el poder de su mirada que tan distinta era a la del hombre visto en la galería de los retratos.

    -Ahora estas aquí… por fin…

    Sintió acercarse su boca, y en la oscuridad que los envolvía ya totalmente, junto al muro de piedra de la escalera, un beso ansioso y desgarrado cayó sobre ella, haciéndole olvidar los besos de otros hombres recibidos antes de entonces; besos dados furtivamente, al amparo de un baile en cualquier discoteca sin otra trascendencia que dejarse llevar por el tumulto del momento. Aquel fue totalmente distinto, y por serlo la dejo tan desconcertada que durante cinco segundos sus pensamientos fueron solamente una pagina en blanco, sin ninguna palabra escrita en la superficie, sin una sola idea que destellara.
    Fue como abandonarse en medio de un mar embravecido y dejarse anular por el rugido de la tormenta y el silbido del viento. Las manos de Sesshomaru, ansiosas, habían prendido su cintura, se deslizaban por su espalda y su escote, enloquecidamente. Sintió sus labios abandonando su boca, buscando la suave curva del cuello. El vaporoso velo estorbaba y con un brusco movimiento, Sesshomaru le arranco la toca, arrojándola el suelo. Kagome se sintió besada con pasión ya desbordada, primero en el cuello y luego en un hombro que él dejó al descubierto; un hombro marfileño y terso que se estremeció al contacto de la caricia.

    “¡Esto no puede ser…! ¡Estoy loca, estoy loca si permito que siga adelante”

    Pero aprisionada entre aquellos brazos de hierro, casi sofocada entre el tenso cuerpo del hombre y la pared, apenas si pudo balbucear con voz temblorosa:

    -Soy Kagome… ¡Déjeme…!

    La última palabra fue ahogada por otro beso apasionado, largo como la noche que los envolvía. Las voces de las chicas le llegaban de pronto muy lejanas, como si estuvieran al otro lado del mundo.
    Apenas si las podía ya escuchar, todo en aquel pequeño rincón en que ambos se encontraban, la empujaba aun tiempo sin medida, a una época distinta de la que no podía precisar ni el año ni el día. Lo supo desde el primer momento, que no era ella, Kagome Higurashi, a quien Sesshomaru besaba y acariciaba con salvaje deseo, sino a aquella otra mujer del cuadro, a Kikio, de la que no sabía nada, salvo el nombre y el rostro. Sentíase a punto de desfallecer cuando él aflojo su abrazo, jadeante. Por unos instantes, sus bellos ojos la contemplaron dominada y rendida, y un brillo de… ¿de victoria?... los cruzó. Y luego de forma incomprensible, con el rostro tirante como si le costara un enorme esfuerzo dominarse, retrocedió dos pasos y quedó contemplándola sin hacer el menor ademán para ayudarla a recomponer su vestido.
     
  6.  
    katica

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    Re: Leyenda de amor y muerte

    wow!
    sin palabras....jajajajaja
    k emocionante!
    que habra pasado entre sess y kikio? (se escucha raro eso jajajaja no estouy acostumbrada a un sessxkikio)
    me imagino el vestido de kagome y debio ser muy belllo jejejeje
    porfa conti!!!!
     
  7.  
    monse

    monse Guest

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    Re: Leyenda de amor y muerte

    CAPITULO IV
    Apoyada en la pared, con el pelo revuelto, el escote del vestido bajado sobre su hombro, pálida como la muerte, Kagome le sostuvo no obstante la mirada. Quería gritarle que era un cobarde y un miserable, que estaba dispuesta a marcharse en aquel mismo instante, pero no pudo pronunciar una sola palabra. Ante ella, Sesshomaru se mantuvo unos segundos aún inmóvil, mirándola, sólo mirándola, como si quisiera traspasar su frente y adivinar el mar de pensamientos que inundaba a la joven. Y después, ella vio cómo toda aquella tensión del rostro masculino desaparecía, de qué forma se apagaba el brillo de sus ojos, como si hubiera comprendido que nada era según parecía, que ella no era Kikio, que la escena no había sido sino una mascara creada por su propia imaginación, y en unos pocos momentos, el rostro de Sesshomaru Taisho fue solamente el de un hombre cansado y lleno de amargura, rebosante de una tristeza que lo envolvió como un manto y cuyo aroma alcanzó a la confundida Kagome y la hizo sentir una oleada de piedad sin saber siquiera el hecho que la motivaba.
    Como una sombra, de pronto, Sesshomaru dio media vuelta y la dejó sola sin pronunciar palabra. Temblando aún, Kagome recogió la toca, colocándola de nuevo con manos temblorosas, recompuso el orden de su vestido y del collar violentamente desplazado por las caricias varoniles, y trató de recuperar el aliento para dirigirse al comedor. Los sonidos, las voces que charlaban y reían alegremente, recuperaron de pronto su volumen habitual y volvieron a retumbar a lo largo de los muros.
    Guiada por la luz que se divisaba al fondo, Kagome bajó la escalera y se dirigió hacia las risas y las voces, caminando aún temblorosa y como sonámbula. Escucho el tintineo de las copas, el suave rumor del vino al ser servido por un Aymar impasible. Se detuvo unos instantes en el umbral, temiendo que algo en su expresión pudiera delatar la turbación que aún sentía.
    Fue consciente de que todas las conversaciones cesaban de golpe, media docena de rostros sorprendidos se volvieron hacia ella en medio de un silencio. Al fondo, Aymar estuvo a punto de dejar caer la botella de vino que sostenía en la mano.
    Luego, de entre toda aquella masa de rostros, destaco el de una mujer que no reconoció la cual lanzó casi un alarido de sorpresa:

    - ¡Kikio!

    Nuevamente aquel nombre. Kagome avanzó un paso y se halló con que otra figura también vestida con ropajes de época, se le enfrentaba.
    Una mujer espléndida, de cabellera castaña como la suya, envuelta en brocado verde y plata. Sin ser exactamente igual a la mujer del retrato, tenía con ella ese vago aire de semejanza que caracteriza a los parientes cercanos.
    Se sintió observada milímetro a milímetro, entre la sorpresa y la admiración.

    - Tú… ¡tú no eres Kikio!

    - Claro que no, querida- fue la tranquila respuesta de Inuyasha desde la presidencia de la mesa. Y al mirarlo un momento, Kagome advirtió que también el vestía como un caballero antiguo-. Se llama Kagome.

    - ¿Qué significa todo esto? ¡Tú me dijiste que vendría a una fiesta medieval! ¡Y nada más al llegar me encuentro con la hostilidad de Sesshomaru y ahora… con… con esto!

    Despacio, Inuyasha fue hacia las dos mujeres, siempre sonriendo, con aquella imperturbable galantería que parecía presidir todos sus movimientos. Cuando se inclino hacia la otra mujer, Kagome vio cómo ella parecía encogerse un poco, acaso esperando un golpe que no llegó ni fue siquiera iniciado.

    - Kagura, Kagura…- como quien habla a un niño pequeño- ¿Cuándo aprenderás que es mi voluntad en Karlovy-Varos? Yo soy el dueño.

    Kagura se mordió los labios con fuerza, pareció luchar contra algún fuerte sentimiento de rabia, y finalmente volvió a su sitio sin decir nada. Inuyasha, entonces, inclinándose ante Kagome, le ofreció su brazo para conducirla al lugar que le habían designado. Sorprendida, advirtió que su puesto era el otro cabezal de la larga mesa, como si fuera dueña del castillo, sentada frente al barón. Pero no dijo nada y ocupó el sitio que Inuyasha le ofrecía.
    Seguía el silencio, como si nadie fuera capaz de romperlo. Las tres chicas, vestidas igualmente a la antigua, mantenían la boca abierta y no parecían capaces de reaccionar ante la resplandeciente presencia de su compañera. Miroku, grotescamente vestido de bufón, agitó el gorro con cascabeles que parecían querer taparle media cara y comentó:

    - Estás… preciosa. ¡Preciosa! ¡Igual que la mujer del cuadro!

    Kagura le envió una venenosa mirada desde el lado contrario de la mesa, pero Miroku agitó de nuevo el gorro y los cascabeles llenaron el silencio con su alegre sonido.

    - ¡Ah, mi señora Kagura, no me mire de esa forma tan cruel! ¡Los bufones los divertimos, hacemos mas agradables sus malos momentos…! ¿Quién nos impide, entre chiste y chiste, decir alguna vez la verdad?

    Inuyasha río con una fuerte carcajada:
    - ¡Bien! Como verás, Kagura, he hecho una buena elección. ¡Será una gran representación teatral! Incluso… es posible que alguien salga beneficiado y pueda contar con mi padrinazgo para conseguir lo que tanto desea.

    Miraba a Kagome. Ella, en silencio bajo la vista. La invitación de aquellas pupilas, la petición que sus palabras encerraban, se le aparecía con claridad. Prefirió concentrarse en su plato y en la copa de vino que la temblorosa mano de Aymar le sirvió. Hubo un largo rato de silencio en el que todos parecieron muy ocupados en comenzar a cenar, observándose unos a otros. Luego, los nuevos pasos rompieron el silencio, y la voz de Sesshomaru a espaldas de Kagome:

    - Siento haberme retrasado.

    A su pesar, Kagome alzo la vista. La voz había sido totalmente normal, fría y contenida. Mientras avanzaba se estremeció, Sesshomaru vestía de negro, un correcto traje moderno que le hacía parecer más alto y esbelto. Sobre la camisa blanca se anudaba una impecable corbata. Cuando su mirada se encontró con la de Kagome, ella lo vio de pronto tan lejano y cerrado en sí mismo como en la galería de los retratos, un hombre de ojos fríos y rostro delgado que se inclino hacía ella y sonrió apenas con la comisura de los labios.

    - Es usted olvidadiza, Kagome. Esa no es buena cualidad para una actriz.

    - ¿Olvidadiza… yo?- sorprendida.

    No sabía lo que él deseaba decirle con aquellas palabras, ni tampoco era capaz de comprender el estremecedor fondo de sus ojos, se sintió empequeñecida ante él. Desvió la vista, incapaz de sostener su mirada.
    Sesshomaru con voz impersonal y amable, repuso:

    - Su vestido está incompleto. Tal vez deseó retocarse ante algún espejo y olvido sobre un arcón algo muy importante.

    Y sin añadir nada más, muy despacio, puso sobre la blancura del mantel la roja rosa. Sin aliento, Kagome comprendió que llevada de la extraña fuerza del momento vivido junto a él, había perdido incluso la noción de sus propios movimientos y que la rosa había vuelto a caer al suelo sin que supiera bien el momento en que había sucedido.

    - Gracias – dijo únicamente, con voz casi inaudible.

    Y se quedó contemplando la pulida superficie de su plato como si hubiera en él algo muy interesante.
    Fue consciente de que las pupilas de Sesshomaru chocaban con las de Inuyasha, en un mudo reto que no pudo entender pero que pareció congelar el aire de la estancia. Intento aislarse en el interior de sus propios pensamientos. El tenso momento de pausa fue finalmente roto por Inuyasha, que hizo un comentario intrascendente hacia Kana, sentada a su lado.
    Fue una cena que pareció alargarse hasta la eternidad. De lado a lado de la mesa, Kagome sentía constantemente las pupilas de Sesshomaru fijas en ella, una mirada que la inquietaba profunda e inexplicablemente. El parecía estar enviándole un mudo mensaje, alzaba la vista del plato y allí estaban sus ambarinos ojos, clavados en ella, fija y duramente. Intentaba buscar a Aymar con la mirada para pedir mas vino y Sesshomaru se adelantaba a su seña, haciendo que el mayordomo la atendiera inmediatamente. Las conversaciones de fondo parecían solamente un runrún sin importancia, como el sonido de un mosquito que revolotease junto a ellos sin producir apenas otra cosa que una leve molestia.
    Apenas si pudo responder un par de veces, distraídamente a los comentarios de sus compañeras. Durante minutos que le hicieron eternos, solamente la mirada de Sesshomaru pareció tener importancia. Aquel susurro, aquel grito contenido, flotaba entre ellos sin que nadie más pudiera escucharlo. “¡Kikio…!” y un beso que la había aturdido, que la había dejado indefensa por unos instantes, hasta el punto de perder nuevamente la flor sin darse cuenta de ello. ¿Qué poder, qué magnetismo tenían aquellas manos que la habían acariciado y aprisionado, qué fuerza se desprendía de la boca que había besado la suya? No hubiera podido contestar a todas aquellas preguntas, pero bajo su mirada sintiéndose inquieta como jamás lo estuviera ante la admiración de otro hombre.
    Respiró aliviada cuando sirvieron el postre y todos se levantaron luego para tomar café y licores en otro salón. Sin que nadie la viera, evitando buscar a Sesshomaru con la mirada, evitando incluso el pensar en él, Kagome se escabulló en busca de aire fresco para sentirse a solas, lejos de aquella inquietante observación que parecía estar desnudándola sin necesidad de tocarla.
     
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  8.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Re: Leyenda de amor y muerte

    Mmmm…. Siento que no me convence la manera de actuar de Inu (Siento escalofríos de él O.o) Aunque es misteriosa la forma en que Sesshoumaru actúa y más con Kagome que no sabe ni que pensar. Tienes una muy buena narración llena de detalles, me amenizas mucho aunque te recomendaría que revisaras los espacios antes de pegar el texto y enviarlo. Seguramente lo copias de Word y hay ocasiones en que la página suprime los espacios sin darnos cuenta.
     
  9.  
    monse

    monse Guest

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    Leyenda de amor y muerte
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    Re: Leyenda de amor y muerte

    hola, gracias a las que apoyan mi fic. checare cada detalle que me hacen llegar, y espero pronto subir la conti. gracias
     
  10.  
    Shana Tenshi

    Shana Tenshi Guest

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    Leyenda de amor y muerte
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    Re: Leyenda de amor y muerte

    Bueno no soy una especialista pero estoy de acuerdo con Izayoi sama Inuyasha me re asusta y esta un poco dispersa la historia poruqe al principio no entendia bien que hacian Kagome y sus amigos ahi y tampoco quienes eran pero dentro de todo esta muy buena la idea y no hay tanta falta de ortografía.
    En cuanto a mi gusto es muy buena la historia y estaria bueno que la expliques mejor en algunas cosas fuera de eso todo bien.
    Besitos Ahome
     
  11.  
    doncella

    doncella Entusiasta

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    Hola!!!!
    Esta historia está muy buena,lo que mas me llama la atención es la actitud de inuyasha,see parece un poco a la de sesshomaru,pero muy misterioso que sera el secreto que hay tras esa mujer que se parece a kagome,y porque sesshomaru esta obsesionado con ella,bueno esperemos que a kagome no le pase nada malo y que pronto descubra el misterio de porque esta en esa casa.
    Bueno espero que pongas pronto la conti.
    Bye.
     
  12.  
    rhapsodic

    rhapsodic кучко. Comentarista empedernido

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    Hola, me complace decirte que soy nueva en tu Fic ^^
    ¡Valla! Me encantan los Sessho&Kagome! (Creo que son tan provocativos!) Tu fic està muy bien narrado, muy profundo... Es genial, lo unico que te aconsejarè es que si es posible pongas un tamaño de letra.. Digamos un poquitin mas grande, me ha costado leerlo. Pero por otra parte todo esta bien!
    ¡Ay! Sesshomaru se puso todo besucòn! (¿Kagome es la reencarnaciòn de Kikyo? ¡Genial!)
    En fìn, ya quiero leer la continuaciòn, seguirè tu Fic en lo posible...
    ¡Bye!
    AnnaKagome D' Taisho.
     
  13.  
    monse

    monse Guest

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    Leyenda de amor y muerte
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    CAPITULO V.

    El patio rodeado de cipreses tenía un pozo en el centro. Bajo la luna, parecía un decorado fantasmal para una película de terror. Un denso silencio se filtraba sobre el lugar, y apenas el rumor de los árboles al ser mecido por el viento era capaz de romper aquella quietud. Bajo la luz de la luna, encajes de sombra y claridad se proyectaban en las losas cuadradas del suelo. Olía a hierba mojada y a bosque en vísperas de tormenta.

    - No se mueva por favor.

    Quedó quieta súbitamente, junto al brocal, sintiendo que el corazón se le quedaba un instante paralizado para emprender inmediatamente un galope desenfrenado. La voz de Sesshomaru Taisho, tan leve como el mismo soplo del viento, había sonado a su espalda.
    Se volvió, despacio. La luna le dio en el rostro y destello un instante sobre el collar que descansaba en su garganta.

    - Espero que se disculpe por lo sucedido hace rato- se atrevió a decir, despacio, inmóvil.

    Recortada sobre el fondo oscuro del patio, iluminada en aquel instante por un claro rayo de luna, parecía una imagen del pasado nacida de un conjuro mágico. Sesshomaru, despacio, avanzó hacia ella y se la quedó mirando con una dolorosa fijeza que la estremeció.

    - Debería estar con los demás, en el salón. Pero me alegro que haya decidido salir.

    Kagome sintió que le temblaba la mano que había apoyado en el brocal del pozo al escuchar el tono con que él había dicho aquello. ¡Qué suplicante era su voz, qué susurro apenas y qué apasionado sin embargo! Tuvo por unos momento el deseo de correr al interior del castillo para reunirse con los demás, abandonar aquel lugar para no encontrase a solas con él, envueltos los dos en la primera luna de la noche.
    Y no obstante, permaneció quieta y como fascinada, mirándole, sin hacer el menor movimiento cuando él alzó una mano y le acariciaba despacio la mejilla.

    - Soy Kagome- repuso ella entonces, muy bajo, sin apartar su mirada.

    Trataba de hurtársela y no podía, como si una fuerza superior a la suya la mantuviera así, quieta, mirándole, por encima de su propia voluntad.

    - Lo sé – y centellearon sus pupilas en la quietud de la recién comenzada noche -. Es Kagome, una actriz contratada por mi hermano.

    - Usted me ha confundido con otra.

    - Ya le dije que se parecía demasiado. ¿O no lo recuerda?

    Súbitamente, Kagome retrocedió un paso. El estaba demasiado cerca, había una tensión extraña en su mano. Prendida de su mirada, latiéndole el corazón más rápidamente de lo que hubiera deseado sin comprender bien el motivo, Kagome susurro:

    - Váyase… Quiero estar sola…

    - Sí – repuso él alargando mucho el monosílabo. Se inclinó un poco, hasta casi rozarla con su rostro. Era tal la profundidad de sus ojos que Kagome sintió como si el corazón se le convirtiera en un pequeño grano de trigo arrojado al viento de la tempestad -. Sí, me voy… Solo vine a… a devolverle su rosa. Nuevamente la olvido, sobre la mesa- y le tendió por segunda vez la flor.

    A Kagome le temblaron los dedos cuando él deliberadamente, le rozó la mano. Los dedos masculinos parecían arder.

    - Gracias.

    - Kagome, si usted quisiera… - y se detuvo de pronto, mirándola con cierta ansiedad, como si de su respuesta dependiera algo muy importante para él.

    Ella cerró los ojos, temblorosa. Sabia, adivinaba lo que Sesshomaru iba a decirle, la pregunta, la solicitud que no había pronunciado. Negó con la cabeza, sin mirarle, sin atreverse a abrir los ojos que había cerrado para evitar aquella especie de fascinación que él ejercía hacia ella. Una voz interior, fuerte y profunda parecía decirle que él necesitaba aquella noche de algo más que de soledad. Pero luchó contra la fuerza que parecía impulsarla a decir que si sin medir las consecuencias.

    - Váyase… - repitió quedamente, casi en un suspiro.

    Sesshomaru se irguió de pronto, alentando con fuerza. Unos momentos la contemplo, apretando los labios, tenso. Luego sin una sola palabra, giró sobre sus talones y se marcho rápidamente, como si huyera, hasta fundirse en las sombras.
    Cuando Kagome abrió los ojos, él ya no estaba. Se sintió, sin saber bien porque, extrañamente desolada.
    Estuvo mucho rato inmóvil en medio del patio, envuelta por la noche que era cada vez más densa y oscura.
    Más tarde, sin que supiera bien cuanto tiempo había transcurrido, una ráfaga de viento hizo mover las copas de los cipreses, y un largo trueno retumbo a lo largo de las montañas. Aterrada volvió al interior con las manos frías, y busco en la penumbra el camino de su habitación. A lo largo de las oscuras galerías, pequeñas luces rojizas imitando candiles de aceite iluminaban de trecho en trecho. Nada se escuchaba ya, y pensó que sus compañeras se habían retirado a descansar desde hacia tiempo. Un nuevo trueno retumbo más cercano y sintió que el viento le revolvía las faldas en torno a las piernas con violencia. Destello la luz de un relámpago, y apresuro el paso, intentando llegar cuanto antes a su dormitorio. Nunca había sido asustadiza, pero las tormentas la impresionaban un poco.
    Se hallaba en medio de un salón, también escasamente iluminado, cuando un violentísimo relámpago lleno el cielo, sintió un estruendo espantoso que restallaba sobre su cabeza, como si el universo entero se hubiera rasgado, de forma casi simultánea se apagaron todas las luces, y se encontró a oscuras en medio del salón, con el corazón latiendo violentamente ante el susto. Un grito lejano de alguna de sus compañeras le llegó con claridad y luego escucho el violento aguacero que descargaba con todas sus fuerzas contra los muros de piedra.
    Intento orientarse a la luz del siguiente relámpago. Así paso a paso, fue cruzando la estancia. Al otro lado, la oscuridad del castillo la sobrecogió. Por entre el enredo de corredores y escaleras, de relámpago en relámpago, fue avanzando lentamente hasta hallarse en la galería a la que daban sus habitaciones. Palpando las puertas y contándolas, pudo finalmente dar con la suya. Al abrir la puerta una violenta ráfaga de viento le dio en el rostro, la tormenta había franqueado la ventana y corrió a cerrarla. Luego con la frente apoyada en los cristales, mirando aquella tempestad que rompía el paisaje estuvo mucho rato, quieta y pensativa, tratando de ordenar sus pensamientos.
    Lo que en un principio se había presentado como un trabajo más, un nuevo escalón que podía llevarla a conseguir parte de cuanto se había propuesto se le presentaba de pronto como un cúmulo de situaciones que no terminaba de entender.
    Durante la cena, Kagura aviase dedicado a mirar alternativamente a Inuyasha y Sesshomaru, como si el secreto de cuanto ocurría en Karlovy-Varos no fuera un secreto para ella. Ninguno de los dos hombres pareció hacerle el menor caso. Pero Kagome creyó advertir en los ojos de la mujer una expresión muy parecida al odio.
    Y luego, estaba Sesshomaru… Pensativa y lentamente, fue hacia la sombra imprecisa que era la cama, al fondo de la estancia. Habían cesado ya los relámpagos y la habitación no era otra cosa que una gran masa de oscuridad.

    - Sesshomaru…- repitió el nombre en voz alta, confundida por su actitud.

    La noche que la envolvía parecía menos densa que sus pupilas. ¿Qué pensamientos latían tras el muro atormentado de su frente, qué sentimientos albergaba su corazón?
    Sentiase aún aturdida. Aquel beso sorpresivo la hacia sentir el calor de sus labios, la sensación de su contacto ansioso y apasionado. “¡Kikio!”, la había llamado. Luego, junto al pozo, le había parecido de pronto un ser desamparado que suplica una limosna.
    Comenzó a quitarse la ropa con dedos lentos. Recordaba los de Sesshomaru, su ansia, su prisa… la forma en que luego se había contenido apenas rozando su rostro… ¡Qué poder de seducción tenían sus manos, que fortaleza! Se deslizo entre las sabanas con un estremecimiento. Le ardía la piel y los labios ante el recuerdo, la estremecía aquel conjunto de sentimientos que no podía explicar con claridad.
    Cerró los ojos cansada. En su mente se mezclaba confusamente el viaje, la galería de los retratos, el rostro de aquella mujer desconocida tan parecida a ella misma, la sonrisa de Inuyasha… y los ojos de Sesshomaru.
    Los ojos de Sesshomaru Taisho, apasionados y revueltos, dominándola con más fuerza aún que sus propias manos, buceando en su interior con la intensidad de un taladro. Como quien da vueltas a una noria, cerraba los ojos y el continuaba allí, casi tan sólido como si alargase la mano y pudiera tocarlo.
    Se quedó dormida preguntándose una y otra vez qué sentía él, que pensaba, y que tenía que ver la misteriosa Kikio del retrato.
     
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  14.  
    rhapsodic

    rhapsodic кучко. Comentarista empedernido

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    ¡Waaa! me encantó!
    Vaya, eres muy poética, tienes un don para esto (?
    La verdad querida, me gustó mucho, Sesshomru, me encanta cuando lo hacen así de sexy y misterioso *-*
    Y, yo no conozco a Kikiko, yo conozco es a Kikyo... ¿Si?
    Bueno, me despido...
    ¡Bye! ¡Continúala pliss!
     
  15.  
    monse

    monse Guest

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    Leyenda de amor y muerte
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    2021
    CAPITULO VI

    No la despertó la luz del día, ni tampoco ninguna clase de ruido. Todo se encontraba en el más absoluto silencio, cuando una especie de presentimiento cruzó la frontera del sueño y golpeo el fondo de su conciencia, alzo los parpados. Aquella especie de luz difusa que la envolvía ni siquiera podía llamarse luz, la noche había dejado paso a una leve penumbra que convertía el contorno de las cosas en líneas borrosas.
    El rostro de Sesshomaru Taisho se le apareció en cambio muy claro. Lo vio de pronto inclinado hacia ella, a muy poca distancia, con una rara expresión en aquellas apasionadas pupilas que había presidido el último segundo de su conciencia despierta antes de dormirse. Solamente su rostro, sus ojos ardientes tapando cualquier otra cosa de cuantas la rodeaban.

    - ¿Qué…?

    Su primer impulso fue incorporarse, recordó de inmediato que ante la oscuridad del castillo y no poder encontrar su pijama estaba semidesnuda, y se tapo con premura los hombros que surgían sobre la altura de la colcha.
    El seguía mirándola, quieto, sentado en el borde del amplio lecho. Su mano derecha estaba en aquel momento apoyada en la colcha de damasco rojo. El hubiera parecido una estatua de no ser por el brillo intenso de sus ojos.

    - Ahora ya no puedes negarte – dijo. Su voz fue un susurro apasionado que la hizo estremecer -. ¡Yo sabía que esto tenía que ocurrir, lo sabía…!

    - ¡Váyase! – fue todo lo que pudo decir, sin moverse, conciente de lo indefensa que se encontraba.

    Era algo más que su presencia inesperada lo que sentía a su lado en aquel momento. Ni siquiera pregunto como se había atrevido a entrar en su habitación durante la noche, ni tampoco cuales eran sus intenciones, una espesa atmósfera de deseo parecía desprenderse de su inmovilidad junto a ella. Lo podía leer en su mirada, en la quietud aparentemente tranquila de su mano, en el leve temblor de sus sensuales labios. La leve penumbra la dejo percibir que se cubría con un batín, y a través de la prenda entreabierta vio clarear la piel de su esbelto y formado cuerpo

    - Kagome…- la llamaba así por primera vez, con una voz que parecía salida del pozo de la angustia -. Kagome… te necesito.

    - Váyase…- repitió.

    Apenas se escucho así misma. Sentiase como presa de un sortilegio del que no podía escapar. Le hubiera bastado un grito, un solo grito, para que todo el castillo se conmocionara, para que sus compañeras apareciesen inmediatamente, dejando en evidencia al hombre. Mas permaneció callada, aferrada a la colcha, asomando sobre el un rostro casi tan blanco como la propia sabana. No podía saber que era aquella especie de peso que apretaba su garganta impidiéndole pedir socorro, ni porque nunca se había sentido tan confusa ante un hombre.
    La mano de Sesshomaru se movió hacia ella. A través de las ropas de la cama, sintió el peso de sus dedos, recorriéndola despacio a todo lo largo.

    - Ahora no… -dijo tan despacio como su caricia, con un tono muy tenue que la hizo estremecer nuevamente-. ¡Ahora ya se cual es la respuesta a todas mis preguntas!

    Hubiera querido hundirse bajo el colchón para evitar su proximidad, pero tampoco hizo nada para escapar, ni siquiera para evitar el movimiento masculino, que tiro despacio de la sabana para dejarla sin protección alguna. Hizo un pequeño amago de resistencia que casi fue simbólica, y maldijo aquella especie de temblor que estaba agitando su corazón sin que pudiera evitarlo.

    “¡No puedo dejar que lo haga, no quiero nada que ver con él! ¡Busca solamente el capricho de este momento; cuando yo me valla, me olvidara…!” Pero seguía quieta.

    Los dedos de Sesshomaru acariciaron su piel. En la penumbra, no la miraba, parecía querer hundirse en sus ojos, únicamente en sus ojos, mientras recorría despacio su cuerpo inmóvil.

    - Desde el primer momento, allá en la galería de los retratos, supe que serias algo importante para mi… ¡Es como la respuesta a todas mis horas de silencio y de soledad, vagando como un loco por los corredores llamándola…!- estaba muy cerca, hablaba casi sobre sus labios, pero no la besaba. Parecía recrearse en aquel momento de quietud, precursor tal vez de un violento estallido de pasión-. Luego, cuando te encontré con aquel vestido… ¡Perdóname por haberme comportado de aquella forma!

    “¡Y que es lo que estas haciendo ahora, sino algo mil veces peor!”, estuvo a punto de gritarle.

    El, acariciándola de abajo hacia arriba, había llegado a su garganta, sintió sus dedos que le buscaban la nuca, que la sujetaban con posesiva firmeza. Su otro brazo se había deslizado bajo ella, aprisionando su espalda. Supo que no podía escapar de aquel cerco aunque lo intentara, y por unos momentos sintió miedo de sus pupilas, de aquel fuego que veía brillar en la oscuridad muy cerca, inclinado sobre ella como para devorarla. Había dejado de llover y en medio del espantoso silencio que se cernía sobre el castillo, la respiración masculina, parecía ocupar el universo entero.
    ¿Qué oscuro pensamiento le había llevado hasta su habitación en medio de la noche, para robar como un ladrón lo que cualquier hombre le hubiera pedido cara a cara?

    - ¡Kagome, Kagome…! ¡Eres tan igual y sin embargo tan distinta…!

    No se comportaba como un ladrón. Kagome se había encontrado a lo largo de su vida con muchos hombres audaces que intentaron su conquista, pero ninguno había llegado a comportarse con aquel aire supremo de dueño y señor con que Sesshomaru se conducía. En medio del abrazo, ella lo sintió deslizarse a su lado sobre las sabanas, estrecharla más fuertemente, con su boca ansiosa pegada a su piel, recorriéndola, de nuevo aquella locura que ya había sentido una vez, como un río largo tiempo contenido que se desborda. Durante mucho tiempo había pensado que su primera entrega estaría llena de amor, llena de felicidad y de luz, y lo sobrio de aquel momento furtivo, el inexplicable comportamiento de Sesshomaru, el opresivo silencio que reinaba sobre ellos, la hizo reaccionar bruscamente. Se rompió aquella especie de encantamiento que la había mantenido quieta y casi sometida, anulada bajo el brillo de las pupilas masculinas, el roce de su piel, la presión de su cuerpo contra el suyo, encendió dentro de ella un remoto deseo de defensa, una lejana reacción que debía haberse producido antes.

    - ¡Déjeme…!- lo dijo en un susurro, pero intensamente.

    Con toda la energía de que fue capas bajo la lluvia de besos y de caricias con que él había comenzado a recorrerla apasionadamente.

    - ¿Dejarte? ¡No! ¡Eres mía desde el primer momento en que nos miramos! ¡Lo sabes, como sabes también que no permitiré que te marches!

    ¿Marcharse? La palabra puso en su mente la idea de que aquello era la única solución que podía evitar una escena desagradable con el resto de sus compañeros. ¿Pero como podía marcharse así, en ropa interior, sabiendo que él no le daría tiempo suficiente para ponerse siquiera una bata?
    Lucho por desprenderse de él. Sesshomaru estrecho el cerco de sus brazos, y callo sus protestas con un beso en la boca, largo, profundo, que le corto la respiración. Un beso teñido de espantosa desesperación mezclada con un fuerte aliento de esperanza. Como si aquel momento fuera a cambiar el futuro.

    - ¡No, no! ¡Cobarde, Suélteme!

    Le araño con todas sus fuerzas en la espalda, escucho casi dentro de su boca el gemido de dolor de Sesshomaru, y aquel leve aflojamiento de su abrazo fue suficiente para que, ágil y flexible, se zafara con un rápido movimiento, arrojándose de la cama. Su temblorosa mano fue de inmediato hacia la colcha, tiró de ella y se cubrió, temblando.

    - ¡Váyase de aquí…! – retrocedió cuando él se alzo sobre la sabana, rescatando también su batín que yacía en el suelo - ¡No quiero nada de usted, no quiero! ¡Su posición no le permite hacer precisamente lo que reprocha en su hermano, tomar lo que le apetece en el momento que lo considere conveniente!

    Sesshomaru, despacio, se había atado nuevamente la prenda en torno al cuerpo. Se la quedo mirando, quieto como una sombra en la oscuridad, destacándose borroso sobre las sabanas revueltas por la corta lucha. Kagome no pudo ver de su figura otra cosa que el brillo de sus pupilas, y unos momentos después el de sus dientes en una risa que no era risa y pareció en cambio un sollozo.

    - ¡Todas las mujeres son iguales! – dijo contenidamente. Hablaban los dos en voz muy baja, como si hubieran hecho el común acuerdo de que nadie pudiera escucharlos -. Primero promesas… ¡Para volver atrás en el momento en que se les antoja!

    - Yo no le he prometido nada… ¡Nada! – se defendió.

    Estuvo a su lado en un instante, sujetándola por la muñeca con tremenda fuerza, aquella misma mano que unos momentos antes la acariciaba apasionada, era de pronto un cepo de hierro en torno a su muñeca. Kagome sintió una rara congoja apretándole la garganta. Se maldijo interiormente porque pese a todo, su presencia la turbaba y la hacia sentir mil cosas extrañas, agudizadas súbitamente por aquel momento recién vivido, por aquel contacto enervante de su piel contra la suya.

    - ¡Se puede prometer de muchas maneras! Pero si lo que quieres es sacar alguna clase de provecho de esta situación, si intentas beneficiarte… ¡Bien! ¡Será mejor que hablemos y pongamos todo esto en claro! ¡La verdad es que no he debido confiar en algo aparentemente tan fácil!

    Lo vio desplazarse a través del debilísimo amanecer que se filtraba por la ventana, encendiendo primero un candelabro, después otro. A la tambaleante luz de las velas, Kagome vio entonces cuando la rodeaba como si cada mueble, cada perfil, emergiera del fondo de una pesadilla, la cama desecha, con un dosel dorado y carmesí, los muebles, una ventana con vidrios emplomados, los objetos personales distribuidos por toda la estancia, unos libros en la estantería… Se arrebujo en la colcha que la envolvía, súbitamente helada.

    - Dios mío… - musitó. Y se dejo caer en una silla de tijera, incapaz de permanecer en pie.

    Los ojos de Sesshomaru relucían fieramente cuando se volvió hacia ella.
    - ¿Qué ocurre ahora?

    Ante la aspereza de su voz, Kagome no pudo oponer la menor energía, era como si de pronto la hubieran vaciado totalmente. No supo si enfrentar su mirada o desviarla hacia el suelo, si hablar o permanecer en silencio, abrumada de vergüenza, heladas sus manos y ardientes las mejillas.

    - No… no es mi habitación… - tartamudeo, pesadamente.

    Siento mucho la tardanza pero aqui estoy de nuevo con la continuciòn, espero les guste nos vemos pronto.
    Besitos
     
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  16.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Uff xD Una vida sin haber venido... Me parece muy interesante tu historia, buena narrativa (aunque a veces sobrecargada en ciertos puntos) no sé si sea OoC pero sesshoumaru se me hace muy ¿enloquecido? ¿atravancado? ¿desquiciado? xD No sabría como describirlo exacatamente. Y una cosa ¿No es su habitación? (Dice que no y se va a meter a otra ¬.¬) Eres una malpensada, seguro que es otra cosa ¬.¬ Bueno, de todos modos espero la siguiente parte ahora que he vuelto (Pero solo con medio cuerpo) ¿EH? (ES que no te cabe la otra miutad) ¡Pero si no soy gorda! (ESo es lo que dices...) ¡Yuuko!
     

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