Long-fic de Pokémon - Las más andanzas y travesías del Mightyena errante (Segundo tomo)

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Donna, 11 Marzo 2018.

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  1. Threadmarks: Capítulo primero: de cómo el Mightyena errante vuelve a sus desvanecimientos de andante, y de la donosa encomienda que le fue dada con el propósito de reanudar sus aventuras.
     
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    Las más andanzas y travesías del Mightyena errante (Segundo tomo)
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    2205
    Las más andanzas y travesías del Mightyena errante

    SEGUNDO TOMO:
    que contiene la segunda parte de sus aventuras

    Prólogo
    Cuatro generaciones se han reído de sus fechorías y sandeces antes de que a alguno se le ocurriera preguntar, quién y qué clase de pokémon era ese tal Mightyena errante cuyo nombre está en la página de título; y era demasiado tarde para una respuesta satisfactoria a la pregunta cuando se propuso agregar las aventuras del cachorro en la edición de Sinnoh publicado en la biblioteca de Ciudad Canal en 1939. Todos los rastros de la personalidad del cachorro ya había desaparecido. Cualquier tradición flotante que pueda alguna vez existido, transmitidas por hombres que lo conocieron, hace tiempo que se extinguieron, y de otro registro no había ninguno; para fines del siglo XIX, cuando sus aventuras aún eran jóvenes y poco conocidas, eran incrédulos en cuanto a "los hombres de la época", cuales reprochaban acerca de su veracidad y patria.

    Pues no podrán, por lo menos, dejar de confesar tenemos ambos un fin, que es desterrar la perniciosa lectura de los vanos libros de tan ordinaria gente rústica y ociosa; que, a pesar suyo, cada uno de ellos tenían diferentes versiones de la misma historia en el molde, y no solo escribían sus hechos, sino que pintaban sus mas mínimos pensamientos y niñerías, por mas falacias que fuesen.

    Como casi es comedia toda la historia del cachorro Mightyena, no puede ni debe ir sin prólogo; y así, sale al principio de esta segunda parte de sus hazañas, que el que en su primera parte puso el autor en su novela, si bien no poco ingeniosa, más satírica que ejemplar.

    SONETO: Del Mightyena errante para el Mightyena errante

    Soy Mightyena, el erran-
    Oriundo de Dagáa y de muy buen talan-
    De mi fueron las más grandes hazañas y sande-
    Y enmendé mil agravios y reve-

    Siempre fui presto en mi ejerci-
    A pesar de que mi juicio era un bulli-
    Fui valiente y regalado andan-
    Y enano para mi fue todo gigan-​

    Capítulo primero: de cómo el Mightyena errante vuelve a sus desvanecimientos de andante, y de la donosa encomienda que le fue dada con el propósito de reanudar sus aventuras. [​IMG]

    Después de haber sido llevado el cachorro Mightyena en un buque mercantil a su lugar en la hacienda, junto a sus secuaces, fue metido en una caballeriza con una muy gruesa soga entre las patas. Y para que volviera a huir, le encomendaron a sus hermanos que lo cuidasen.

    Dos algunos días de su encerramiento, el cachorro comenzó a rogar a su hermana Bárbara, que le contase algunas buenas historias con las que pudiese entretener aquellos setecientos años que él pensaba que iba a durar su maleficio. La cual, por consejo de su otro hermano, Antonio, le contaron la historia del dragón Pokémon que creó la región de Teselia junto a dos héroes gemelos. Mas, luego, vino una yunta de Rapidash y contáronle la fantástica leyenda de Kyogre, Groudon y Rayquaza que habían oído mencionar por un anciano de Monte Pírico en la taberna.

    Para ese tiempo el cachorro se holgaba cada vez más con aquellas historias. Le gustaba demasiado la leyenda del trío de las nubes, pero decía que no tenía que ver con la de los espadachines místicos, que con sus cuernos partieron a la mitad a un descomunal gigante. Decía muy bien de Reshiram y de Zekrom, aunque no estaba bien con las heridas que estos recibían a causa de sus enfrentamientos. Mejor estaba con el majestuoso y altísimo Ho-Oh, que con sus dos alas de acero, acometía a los que, a pesar suyo, se osaban en probar su valía.

    Sucedió pues, en este tiempo, que, dándole al cachorro en el mes de agosto una calentura de las que los físicos llaman de cópula, vino a fijarse en su bonita aunque algo mojigata hermana, cual tenía la mala fortuna de ser la única Mightyena hembra en la hacienda; y atinaba así a perseguirse el rabo y a acertar malogradas piruetas para llamar a su atención.

    Estando en esto, descubrió el cachorro alrededor de quince Miltank que en un corral estaban, y llenósele el corazón de alegría al ver una en particular que, como estaba acostada panza arriba, parecía una altísima y refulgente montaña rosada. Y en verla, dijo:

    — Este es el día en el cual se ha de ver lo bien que me tiene guardada mi suerte, las cuales hazañas quedaran honradamente escritas en días futuros. Porque aquella montaña que tan imponente se alza será escalada sin mayor dificultad por mis fuertes garras, y con la que, llegado su día, seré eternamente bautizado como el Mightyena alpinista de montañas rosadas.

    Comenzó entonces el cachorro a treparse de la barriga del pokémon, mientras que este no daba propósito alguno en reprocharle; aunque con cada paso que el cachorro daba resbalábase echándose hacia atrás. Con esto, el Miltank comenzó a reír a causa de las cosquillas que las patas del cachorro causábanle al pisarla, y tanto tuvo que reírse que se echó para un costado aplastando así al pobre cachorro, que se vio a si mismo tan maltrecho y derrotado que se le revolvió todo el buche.

    Al darse cuenta de lo sucedido, Bárbara acudió a ayudarle.

    — ¿Que te ha pasado, hermano, que estas tan maltrecho?

    — Agradezco, Bárbara, esa buena voluntad que tiene en socorrerme. Puesto a que en el sinfín de días que estuve en la destemplanza, jamás había cometido semejante osadía; maldito sea el ruin momento en el que, aquel sabio marinero brujo, mi contrario, me echó este maleficio que no soy capaz de revocar por mismo, y el cual perdurará durante mil ciento veinticinco años en todo mi linaje y descendencia.

    Maravillose mucho Bárbara de oírle decir que había desencantado princesas y muerto gigantes, y comenzó a tenerle por pokémon que le faltaba algún poco de juicio; y así, para enterarse de ello, le dijo:

    — Mucha razón has de tener, y digo esto porque cuando nuestra madre, estando ya en sus últimas, dijo haber tenido la visión de un marinero con una muy puntiaguda vara de madera; y que, pronunciando algunos vocablos raros, algo como: brandabarbarán brabadám rabarám, dejó caer sobre ella un fulgente polvillo amarronado.

    En eso llegó su hermano Antonio, que, habiendo escuchado aquello, agregó:

    — ¡Eso no es nada! Pues yo, un día mientras estaba deambulando en la taberna, vi entrar a un hombre vistiendo una elegante túnica morada y un gorro de marinero. Y así como entró, le preguntó a Erin si tenía un poco de vinagre y aguamiel para destilar una de sus mortales pócimas envenenadas.

    Y con esto, sus hermanos comenzaban a inventarle historias, todas cuantas imaginaban en ese momento, acerca del sabio marinero brujo. En resolución, tanto se había encolerizado el cachorro, que volvió nuevamente a sus antiguos desvanecimientos; y de allí a poco, comenzó a dar voces, diciendo de esta manera:

    — ¡Que les digo! Aquello no fue más que un conjuro, del más falaz e hipócrita género humano. Ese sabio marinero brujo, mi enemigo, me tiene envidia, porque sabe que sus artes y letras no se igualan a mi fuerte brazo, y por esto procura hacerme todos los sinsabores que puede; y mándole yo que mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado.

    — ¿Quién duda de eso? — dijo Bárbara— . Pero ¿No será mejor estarse pacífico en su caballeriza, y no irse por el mundo a buscar revanchas, sin considerar que muchos van por lana y vuelven trasquilados?

    — ¡Oh hermana mía — respondió el cachorro— , y cuán mal que estás en la cuenta! Primero, rasguñaré y maldiré a cuantos osaren en tocarme solo la punta de mi cola.

    No quisieron los dos replicarle más, porque vieron que se le encendía la cólera.

    Fue con mucha ligereza el cachorro a meterse en la caballeriza andando tan rabioso, tan atrevido, tan arrebatado, que la cólera le reventaba por las ancas. Y así, en ver al Combusken, su secuaz, le dijo:

    — Quiero, amigo Combusken, como ves según son los agravios que pienso deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar y abusos que mejorar y deudas que satifacer, quiero pedirte, de rodillas si es necesario, que me acompañes en esta mi segunda salida que tan merecido se lo tiene el mundo; y que en esta, se cumplan todos nuestros deseos de venganza y de la gobernación de alguna isla que por alguna de nuestras indómitas batallas obtengamos.

    Y diciendo y haciendo esto, y ante la positiva de el Combusken ante su pedido, el cachorro se colocó un cojín en el lomo, se ató —ayudado por su secuaz — un paño en el pellejo y se sujetó un pequeño bolsón de paja en la barriga.

    — ¿Qué te parece, amigo? ¿Estanme bien? ¿No te admiras de mi gallardía y brava postura?

    Esto decía paseándose por el aposento, haciendo piernas y continentes, pisando de carcaño y levantando más la voz y haciéndola más gruesa, grave y reposada. Tras lo cual le vino luego, súbitamente, un accidente tal en la fantasía, que, alzando con mucha presteza sus afiladas garras, se fue acercando con notable cólera al Combusken, diciendo:

    — ¡Espera, Blaziken maldito e infernal! ¡Verás, que de un golpe solo puedo partir, no solamente a ti, sino a los diez más fieros gigantes que la nación gigantea jamás produjo!

    El polluelo que le vio venir para sí tan desaforado, comenzó a correr por el aposento, y, metiéndose detrás del pesebre, andaba alrededor de el huyendo de la furia del cachorro. El cual decía, dando muchas cuchilladas a tuertas y derechas por el aposento, cortando muchas veces los cojines, mantas y bolsones de la caballeriza:

    — Mightyena, amigo mío, por todas cuantas espinas tiene el Cacturne, por el altísimo Lugia y, lo que más es, nuestro creador Arceus que tenga compasión, piedad, lástima y misericordia de mi ánima pecadora.

    Embravecíase más con esto el cachorro, diciendo:

    — ¡Oh soberbio! ¿Ahora piensas con tus blandas palabras y ruegos aplacar la justa ira que contigo tengo? ¡Vuelve, vuelve los marineros y pokémon que contra ley y razón en este tu pantano tienes! ¡Vuelve los grandes tesoros que tienes usurpados, las doncellas que tienes encantadas y la maga encantadora causadora de todos estos males!

    — Señor, ¡pecador de mí! — decía el asustado polluelo —; que yo no soy princesa ni marinero, ni esa señora maga que dice, sino el pollastre de Combusken, su secuaz y amigo. ¡Desventurada de la madre que me parió y de quien me metió aquí!

    — Sácame aquí luego —añadía con más cólera el embravecido Mightyena—, sanos y salvos y sin lisión ni detrimento alguno los pokémon que te digo; que después quedará tu vil y superba persona a mi merced, dándoteme primero por vencido.

    — ¡Sí haré, con todos los diablos! —dijo el Combusken—. Esconda sus colmillos y guarde sus temible garras primero; que yo le traeré luego no solamente todos los pokémon que hay en el mundo, sino al mismo Xerneas y Keldeo, cada y cuando usted quiera.

    Tranquilosóse el cachorro con mucha pausa y gravedad, quedando molido y sudado de tanto dar cuchilladas en la pobre caballeriza, cuyos cojines y bolsas de cebada dejó hechos una criba; y lo mismo hiciera del pobre Combusken si pudiera alcanzarle.

    Levantó entonces el cachorro la vista a su amigo, diciendo:

    — ¿Qué te parece, amigo Combusken? Quien hace esto en un aposento, cerrado con un pokémon solo como tú, mejor lo hiciera en una campaña con un ejército de hombres, por bravos que fuesen.

    —Lo que me parece —dijo el Combusken—, que si estas experiencias quiere hacer muchas veces conmigo, me echaré con la carga.

    El Mightyena le respondió:

    — ¿No ves, amigo mío, que todo era fingido, no más de por darte a entender mi grande esfuerzo en el combatir, destreza en el derribar y maña en el acometer?

    Luego de estos absurdos, ambos mentecatos fueron gustosos a cenar, listos ya para emprender su ansiada salida.

    Acabado de comer, el cachorro llamó a sus demás secuaces y escapóse de la caballeriza, el cual, ayudado por los pokémon que allí estaban, se salió de la hacienda con una presteza increíble, despedido por sus hermanos con esperanzas de verle en el puerto, adonde le había ofrecido el acudir para apadrinarle sin falta en el desafío. Emprendió también Combusken su huida, y, echando en sus alforjas, por mandado de Bárbara, los relieves de paja y cebada que de los pesebres habían sobrado, que no eran pocos, envueltos en un mantél, se despidieron, con mil aleluyas, disparates y promesas de su futura gobernación de Dagáa; y, tras esto, cargó en su lomo las alforjas con sus repolludas viandas, arreándole aprisa para ir, como él decía, en busca de aquella inacabable aventura, jurando eterna venganza contra su enemigo el marinero, y que con tantas ganas comenzaron a caminar que parecía que no ponían las patas en el suelo.

    Viéndoles los pokémon de la hacienda salir tan gustosos, cuando advirtieron que ya estaban lo suficientemente lejos para no ser oídos, comenzaron a reír con tantas ganas que despertaron a todos los cuidadores y laburantes.
     
    Última edición: 20 Marzo 2018
  2. Threadmarks: Capítulo segundo: de cómo el Mightyena errante y el Combusken su secuaz salieron por segunda vez en busca de aventuras, de noche, y de lo que en el camino de esta famosa salida les sucedió.
     
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    Las más andanzas y travesías del Mightyena errante (Segundo tomo)
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    1315
    SONETO: De Combusken su secuaz para el Mightyena errante.

    Mightyena errante, honrado cachorro irlandés,
    correría notable de un bribón descarado,
    que por ser ingenioso siempre fue denostado
    soñador endiablado, pedante y provocador.
    Tu, que por tu locura te condenaste,
    y por tu misma locura te liberaste,
    nunca a la aventura olvidaste,
    ni a tu ferviente corazón desechaste.
    Moraste joven, de cachorro andante,
    y a las bestias más indómitas enfrentaste,
    y a tu fantasía en todo punto accidentaste.
    Al tuyo no igualo mi mérito,
    ni de tus hazañas murmuro desdeño,
    pues, al igual que tu, perdí mi ingenio.
    ¡tus proezas anhelo, oh, gran Mightyena!​

    Capítulo segundo: de cómo el Mightyena errante y el Combusken su secuaz salieron por segunda vez en busca de aventuras, de noche, y de lo que en el camino de esta famosa salida les sucedió.[​IMG]

    El sabio escritor James Joyce relata sobre esta segunda salida del Mightyena errante y su secuaz Combusken de esta manera:

    Tres horas antes de que el rojo sol esparciese sus rayos sobre la tierra salieron de su lugar el errabundo cachorro Mightyena y el Combusken: el uno, armado de todos sacos y cojines puestos en todo el cuerpo, con gentil talante y postura, y Combusken, con unas muy buenas alforjas encima y una pequeña bolsa de lana en donde llevaba su maíz para comer en el camino.

    Salidos de lugar, dijo el cachorro a su secuaz:

    — Ya ves, amigo mío, como en nuestra salida todo se nos muestra favorable, pues, como ves, la luna resplandece y está clara; no hemos topado en lo que hasta aquí hubimos andado cosa de que podamos tomar mal presagio, tras que nadie nos ha sentido salir. En, fin, hasta ahora todo viene resultando a la perfección.

    — Es verdad —dijo el polluelo—; pero me temo que, en echándonos menos en el lugar, han de salir en nuestra busca el hacendado y sus labriegos esbirros, y, topándonos, a pesar nuestro nos han de volver a la hacienda agarrados por el pellejo o metidos en una jaula, como el mes pasado; y tal fuese, que sería peor la caída que la recaída.

    — ¡Oh, viejo cobarde! —dijo el cachorro—. Juro por la encomienda que se me ha otorgado, que solo por eso que has dicho, y para que entiendas que no puede caber temor alguno en mi corazón, estoy por volver al lugar y desafiar en singular batalla, no solamente al hacendado, sino a cuantos hacendados, labriegos, campesinos, aldeanos, curas, empleados, brujos, terratenientes y beneficiados tiene toda hacienda en el mundo. ¿Es posible, amigo mío, que tan pobre opinión tienes de mi, y que nunca has echado de ver el valor de mi persona, las invencibles fuerzas de mi zanca, la inaudita ligereza de mis patas y el valor intrínseco de mi ánimo?

    En estos coloquios iban ambos, cuando vio el Mightyena por el camino una figura que brillaba entre la penumbra, que, como estaba todo oscuro, no se dejaba ver con claridad. Era de noche, como se ha dicho, oscura, y ellos acertaron a entrar entre unos árboles altos, cuyas hojas, movidas por el blando viento, hacían un temeroso y manso ruido, de manera que la soledad, el sitio y la oscuridad causaba horror y espanto.

    Digo que oyeron unos gruñidos que a compás con cierto crujir de hierros y cadenas, eran acompañados de furiosos rugidos que pusieran pavor a cualquier otro corazón que no fuera el del cachorro. Supieron enseguida que aquellos quejidos y malestares eran, de alguna forma, causados por la figura que iba avecinándose, cual tenía una prominente altura y unos brazos tan largos como los del luchador Mienshao. Tan pronto como la vio, dijo el cachorro:

    — Esta, sin duda, Combusken, debe ser la grandísima y peligrosísima aventura que he esperado por tanto tiempo, donde será necesario que yo demuestre todo mi valor y esfuerzo; porque ves allí, amigo Combusken, donde se descubre un desaforado Hydreigon, a quien pienso desafiar en una batalla y dejarle inmensas e innumerables heridas. Así que detén tu andar y quédate, y espérame aquí hasta tres días no más, en los cuales si no volviere puedes tú volverte a la hacienda, y desde allí, por hacerme honores y buena obra, dirás a Bárbara y a Antonio que su valiente hermano murió por acometer cosas que le hicieron digno de poder llamarse andante.

    Cuando el Combusken oyó las palabras de su amigo, comenzó a llorar con la mayor ternura del mundo y a decirle:

    — Yo no sé porque quieres tu acometer esta tan temerosa aventura. Ahora es de noche y no nos ve nadie, bien podríamos torcer el camino y desviarnos del peligro, aunque no nos vaya a suceder nada extraordinario durante tres días; y pues, ¡no hay nadie quien nos vea, y que nos pueda notar de cobardes!

    — ¡Falacias dices! ¿Acaso no ves, amigo Combusken —respondió el cachorro— que tengo ante mis patas la aventura con la que podré probar el valor de mis zancas?; si tienes miedo, ¡quítate de aquí, mientras que yo entro con él en indómito combate!

    Y, dicho esto, el cachorro comenzó a aligerarse por sobre las planicies, imaginándose las mil y una maneras en las que a aquella temerosa bestia iba a derrotar; pero era materia de grande risa verle correr, porque, como tenia sujetado un bolsón de paja en la barriga a modo de armadura, esta era tan grande que dificultaba el andar de sus patas traseras, haciendo que se menease de un lado a otro y corriera tan despacio que parecía que estaba de jugarreta.

    — ¡Pues tan pronto como llegue me lo habréis de pagar!

    Y al decir esto, embistió a todo golpe contra la figura que estaba delante; y dándole un cabezazo, le volvió la suerte con tanta furia, que se hizo pedazos rodando muy maltrecho por el campo, quedando sus tantas armaduras desligadas. Pronto notaron que la figura se trataba de nada más y nada menos que de un Lucario, que, cargando sobre su espalda unos copiosos y muy gruesos tablones de madera, parecían las tres salvajes cabezas de un Hydreigon; y los demás gruñidos y quejidos que oían eran a causa de la pesada carga con la que el pobre pokémon estaba lidiando.

    Estaban los tablones de madera ardiendo en el suelo, junto al Lucario que derribó el cachorro, y, tan pronto como el Mightyena pudo levantarse, aunque cojeando y muy maltrecho, se llego hacia él. Y poniéndole una pata sobre el rostro, le dijo que se rindiese: si no, que le mataría.

    Estaba su secuaz colgado de sus palabras, sin habla alguna, cuando vio llegar a toda prisa a una Liepard, que, como era de noche, no notaron que venía junto al Lucario, la cual, al llegar, exclamó con mucha cólera:

    — ¡Oh tu!, ¡quienquiera que seas!, ¡atrevido cachorro!, ¡que llegas de esa manera a vulnerar a mi muchacho!, ¡mira lo que haces!, ¡y no lo toques si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento!

    — ¡Yo no he sido! — replicó sin más el cachorro— que su hermosura me basta para semejante escusa, pues, quitándole yo la vida a aquel hydreigon demostraría el coraje suficiente como para tomar la pata de alguna bonita hembra que de este bosquejo proceden. Y quiero que sepa usted que yo soy un andante de Dagáa conocido como el Mightyena errante, y que es mi oficio y ejercicio el andar por el mundo enderezando tuertos y vengando agravios.

    — No sé como pueda ser eso de enderezar tuertos —respondió el malherido Lucario—, pues a mí de derecho me has vuelto tuerto, dejándome una pata quebrada, la cual no se verá derecha en varios días; y el agravio que has vengado ha sido el de dejarme muy agraviado, de modo que me quedaré agraviado para siempre; y harta desventura ha sido toparme con vos que vas buscando aventuras.
     
    Última edición: 20 Marzo 2018
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