Colección de Pokémon - La melodiosa Misdreavus y otros cuentos de terror.

Tema en 'Fanfics Terminados Pokémon' iniciado por Donna, 2 Marzo 2018.

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  1. Threadmarks: I - La melodiosa Misdreavus
     
    Donna

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    La melodiosa Misdreavus y otros cuentos de terror.
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    Horror
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    3
     
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    1040
    La melodiosa Misdreavus

    Nadie en su defecto ha presumido en descifrar su interior, y solo aquel conocedor de su maléfico vocablo hará visible la gruta que va hacia el pórtico; su entrada permanece decorada con piedras de un color mosaico y desde el subsuelo seres furtivos susurran su terrible cántico. Reina allí un gran alboroto de risas, gritos y llantos; donde los concurrentes aprenden los artes de la lujuria y el sortilegio. Cuentan las antiquísimas y no menos temidas leyendas de las más intrincadas arboledas de Teselia que, desde que hubo algún loco quien diera parte a tales historias, moraba una joven y muy bien agraciada Misdreavus con una voz tan dulce como el arrullo de un pájaro y cuyo canto era tan llamativo y fascinante que incitaba a cualesquier que lo oyera a una inexorable atracción, que, sin dar parte de ello, eran seducidos y anulados de todo apego a la razón; así lo declara el proverbio: “En presencia del deseo, los ojos no son menos elocuentes que los labios”. Muchos de ellos, aún en días presentes, cercanos jamás le volvieron a ver ni oír.

    Todos le tenían miedo a aquella traviesa espectro. Ni siquiera el río, con ser tan caudaloso, se atreve a incomodarla. Ella camina sobre las aguas, como los santos. Si se encuentra en un bosque de espinos, las mortales púas de los árboles, horrorizadas, se apartan para dejarla pasar. Ni siquiera se atrevían a rozar sus errabundos cabellos ni las engalanadas perlas de esa fantasma. Una montaña inmensa, de hierro y piedra, le fabrica un túnel. Luego que ha pasado se cierra al instante.

    Medianoche había llegado, impávida e imperturbable. La fantasma empezaba a carraspear, y de allí a poco, con chispa y fervor, recitaba los primeros desvaríos de la noche, y ansí, como se tiene dicho, comenzaba tan a gusto a cantar, que parecía que ni siquiera el diablo se osaba en detenerla, si apareciera solo para ello.

    Daba la casualidad, que justo esa misma noche por aquellas arboledas se aventuraba un cazador de los de rifle de aire y alforja henchida, atravesando las empinadas ravinas por donde concluye la floresta; partió en dirección a la quebrada y despidióse de su infértil esposa. Ni brujos ni Gurkhas osaban imponerle temor, y ni siquiera una chispa de licor había vertido de su petaca.

    Oscuras cañadas desvelaban los arroyuelos y el paisaje comenzaba a tornarse grisáceo, algunos Purrloin aguardaban detrás de la maleza esperando la justa oportunidad para robar.

    …allí, donde la espectro tarareaba tan a gusto.

    Un antiguo cementerio pagano rodeaba por completo los bordes de la ravina y allí descansaban los restos musgosos de un sacerdocio; su entrada estaba decorada con cañadas fantásticamente inclinadas y desde su interior, la espectro aguardaba susurrando su libidinoso cántico.

    Se oyó el aleteo de los Murkrow que huían despavoridos, y en su acervo se dibujó una sutil figura que brillaba entre la penumbra. El cazador se dejó llevar por la seducción de aquel donoso canturreo, que, como una madre que deposita una suave caricia sobre su hijo, lo atraía.

    Pero un hombre no tiene ese poder sobrenatural. Nadie allí le teme a un hombre. Él, con su instinto, sabe de donde provenía ese canto.

    Llegó al río más caudaloso del bosque y le pidió:

    “¡Río! ¡río! ¡déjame pasar puesto a que quiero llegar donde ese maravilloso canto!”
    “Sí, cómo no” le dice el río “pero esto no es gratis. Algo debes darme a cambio. Quiero tus ojos”

    El cazador se los da y el río permite que el camine por sus aguas.

    Llegó al infranqueable bosque de espinos:

    “¡Bosque! ¡bosque! ¡déjame pasar puesto a que quiero llegar donde ese maravilloso canto!”

    “No hay problema” le dice el bosque, que había tenido un buen día “Dame tus piernas y te abro el camino”

    El cazador da sus piernas y los espinos se apartan.

    Llegó a la montaña de hierro y piedra y repite el pedido. Da la feliz casualidad que ese día la montaña estuvo con un ánimo de lo más bonachón:

    “Por cumplirse hoy cincuenta años del glorioso momento en que Federico el Grande invadió Sajonia, no sólo voy a dejarte pasar sino que te pediré una insignificancia a cambio: dame tus manos”

    El cazador, con sus dientes, se corta las manos y se las entrega.

    Sabe bien que el cántico viene de un claroscuro. Y entonces así, ciego, sin piernas ni manos, se internó sobre la hierba arrastrándose como podía.

    Tenía razón porque allí, exactamente en el medio del desolado, estaba ella, siempre majestuosa y altísima. ¡No lo podía clasificar! ¡pasaba, sin más ni menos, de los versos más sublimes, a la prosa más excelsa!

    La espectro sonrió, con respeto y asombro, puesto que en los miles de años que venía haciendo aquel horrible trabajo, nunca había visto tanta abnegación. Ella lo miró durante un rato; luego susurro con una sonrisa:

    "No puedo evitar cierta piedad por tí... eres tan jóven... Eres un muchacho apuesto, y no te causaré daño. Pero, si alguna vez le cuentas a alguien (aún a tu madre) lo que viste esta noche, lo sabré y acudiré a matarte... ¡Recuerda esas palabras!

    Con esto, mientras cantaba su voz se aflautaba hasta parecer un gemido del viento; entonces se disipó, convirtiéndose en una niebla blanca y rutilante que ascendía hasta los cielos y desapareció, trémula, de entre los árboles.

    Entonces el joven cazador recobró el don del movimiento y de la vista; se incorporó de un salto y miró alrededor. Pero la espectro no estaba en ninguna parte, y la neblina inundaba frenéticamente el bosque.

    …lo había seducido, empujándolo a una vida de terror

    A la venida, pequeñas casas de labor adornaban a lo largo los remotos ramales; el cazador, enajenado, estúvo deambulando por las colinas durante semanas y en su cabeza repetíanse las mismas imágenes de islas fuertemente cubiertas en limo.

    Los árboles que rodeaban las peñascosas veredas tenían un aspecto raquítico y enfermizo, y los aldeanos bailaban a sus arrabales riendo a través de sus bocas torcidas.

    El aún podía escuchar su voz; la escuchaba por doquier.

    Donde corrían las caudalosas corrientes.

    Y donde el viento soplaba corroyendo las finas arboledas.

    Aquel canto, seguramente, era encantador.
     
    Última edición: 12 Marzo 2018
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    Allister

    Allister Caballero del árbol sonriente

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    Escribes demasiado bonito la verdad, me encantó tu estilo y claro que la historia también, tiene ese toque como de fábula antigua, de verdad escribes de lo mejor.
     
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    ¡Por todos los dioses del olimpo! Hace tiempo que no leía un cuento de terror tan bueno y eso que busqué hasta en libros xD.

    Realmente me gustó tu estilo, es, como decirlo, antiguo pero que no llega a aburrir en los parrafos largos que suelen ser los más tediosos de leer. Misdreavus no es presisamente un pokémon que me llame la atención pero me gustó esa... "maldición" por decirlo de alguna manera.
    Y aquí fue cuando sentí que todo se iba al carajo para el tipo, ¿tan grande era su deseo que se automutiló sin más? Wow O_o

    Y a pesar de haber recuperado sus ojos y extremidades el simple hecho de que aún sigue escuchando su canto... no quiero imaginar si esto lo lleva a la completa locura.

    Voy a seguir esto, ¡quiero leer más cuentos tuyos! :3
     
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    Donna

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    Muchas gracias por los comentarios <3
    Me alegra que el cuento haya gustado, procurare dar lo mejor en los próximos relatos, pronto vendrán más.
    ¡Nos leemos, bichitos!
     
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    Thranduil

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    :O!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Me encantó el relato, el misticismo que le aporta tu enriquecido y bien manejado vocabulario, darle personalidad a objetos inanimados y la manera de contarlo (lo que me recuerda a esos libros de terror que me hacían leer en el colegio y nunca entendí) fueron esenciales para transmitirle al lector toda la magia y misterio que rodean a Misdrevus.

    Creo que me gustó todo, no encontré error. Realmente muy bueno.
     
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  6. Threadmarks: II - El poni ensillado
     
    Donna

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    El poni ensillado

    Era aquel un potro joven y enérgico que había empezado con todas las ventajas que puede deparar la vida. Ferviente y de tez robusta, no había asno ni rocín, por más aptitudes que tuviera, que corriera como él; sus patas traseras tenían pezuñas tan duras como el diamante con las cuales hacía retumbar el suelo en coces; no existían pistas para sus expertos saltos, más escuchar el ritmo de su galope era, en efecto, una verdadera holganza para los apostadores.

    Con esto, el potro se iba haciendo cada vez más fuerte y su majestuosa corrida divertía hasta al más hastiado sastre; trotaba a la vista de todos, arrancaba de golpe, deteníase, trotaba de nuevo husmeando el viento, para por fin lanzarse a todo galope, teniendo una loca carrera que parecía imposible de superar y que superaba a cada momento. Allí iba el Ponyta, errándole a la mismísima muerte es sus arranques, empeñando su inquieto espíritu en sus cascos y carrera.

    Pero, aunque guardaban las apariencias, reinaba siempre en el potrillo cierta ansiedad. El dinero nunca era suficiente. Su domador tenía una pequeña renta, mas no bastaba para conservar la posición social que debía mantener. El domador había vivido siempre de las carreras como de entrenar a sus borricos. Tenía buenas perspectivas, pero esas perspectivas nunca se materializaban. Y aunque conservaba su apariencia, persistía siempre la punzante sensación de la escasez de dinero.

    Por ello, aquel joven corcel de apetito nunca saciado, fue desde siempre un golpe de suerte y lucro para su entrenador. Las recurrentes órdenes que recibía le brotaban en la mente como un susurro, el cual oía, bajando la cabeza, con cada espectáculo que daba. Puesto a que tenía a todas horas aquel secreto murmullo que inundaba su morada y linaje: “¡Hace falta más dinero!” Sin embargo nadie lo decía en voz alta. El rumor estaba en todas partes, y por lo tanto nadie lo formulaba abiertamente, así como nadie dice: “Estamos respirando”, a pesar de que lo hacemos sin cesar.

    En efecto, en cada carrera que el joven potro daba, perdía una pizca de su libertad. Comenzaba el trote como siempre con las narices de fuego y la cola en arco; hacia resonar la tierra en sus arranques, para lanzarse por fin a escape a campo traviesa, en un verdadero torbellino de ansia, polvo y tronar de cascos. Y por premio, henchidos zurrones de dinero que su entrenador recibía contento.

    Con esto, el Ponyta estaba cansado. Su velocidad era, sin duda, la misma de siempre, y era el mismo el espectáculo de su admirada carrera. Pero no poseía ya la libertad de correr de otros tiempos. Aquel vibrante deseo de tenderse a fondo, que antes el joven potro entregaba alegre por un montón de halagos y mimos, ahora precisaba de un puñado de cebada las más noches que su avaricioso entrenador le ofrecía, si es que estaba de buenas.

    Fue en un día de aquellos en el que el potrillo se decidió en poner fin a su sufrimiento.

    Aquel mismo domingo, cuando su domador llegó al término de su alocado viaje, echó pie a tierra y se plantó ante el potro, contemplando fijamente su cabeza gacha. La boca roja del pokémon estaba levemente abierta, y sus grandes ojos tenían un resplandor vidrioso. El domador ensilló al poni.

    — ¡Vamos! —ordenaba quedamente al fogoso corcel— ¡Llévame a donde está la suerte! ¡Anda, llévame!

    Y ya montado en él, el jinete azotaba al Ponyta en el pescuezo con la fausta que había adquirido recientemente. Sabía que el pokémon, si él lo obligaba, lo llevaría adonde estaba la suerte. Montaba entonces de nuevo y reanudaba su furioso galope, con el deseo de llegar, por fín, a donde quería.

    Pero el potro se limitaba a galopar con furia y en silencio. El domador se contentaba con mirarlo desde allí arriba, trotando tan majestuoso, con sus ojos azules y sus llamas bien vivas… Había en ellas un extraño fulgor.

    Quería con demasía el potro que su brío y coraje fueran tan ardientes como sus llamas, pero, por el miedo que le infundía ese pertinaz ser, no lo eran.

    Él quería sentir en orgía arder sus labios y cabeza; él quería sentir ese fuego que corría por las venas hirvientes como la lava de un volcán cada vez que trotaba, cuyos vapores caliginosos turban y trastornan el cerebro y hacen ver visiones extrañas. Quería que cada paso que daba quemara como un hierro candente, y lo apartara de su jinete con disgusto, con honor, hasta con asco. Porque entonces, esa cólera que se avivaba al compás de su llama, le estaba ofreciendo el tan ansiado tesoro de la libertad.

    Y con esto, el joven potro ofrecía de balde el espectáculo de su velocidad; mientras que, atrás en el camino, abandonadas yacían la ennegrecida y chamuscada montura junto a su jinete, ardiendo con el mismo fervor con el que sus deseos ardían.
     
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    Thranduil

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    :o!!!!!!!!!!!!!!!!! Si entendí bien, el ponyta se vengó del domador, debo decir que no esperaba que lo hiciese de esa manera, desde la parte que dijiste que estaba viejo, pensé que se tiraría con él de un barranco o cualquier otra cosa donde muriesen los dos. Pero encuentro que fue perfecto, quemarlo con su propia crin, realmente muy bueno.

    No sé qué más comentar, sería lo mismo que en el escrito anterior, siguen la misma línea de suspenso y terror a la antigua, pero adaptado a la modernidad, llevando el mundo pokémon a términos más de la vida real, pero conservando la esencia de los pokémon protagonistas. Espero pronto un nuevo cuento. Ciao.
     
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    Muchas gracias por darme su opinión, cielo. Me coplace mucho que le hayan gustado los escritos y admiro el darse un tiempito para comentar ;-)
    Nos leemos!
     
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  9. Threadmarks: III - Umbreon x Espeon
     
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    ¡Viernes de poké-cuento!

    Umbreon x Espeon

    Eran estos tres cachorros Eevee tan juguetones y vivarachos como los de su especie acostumbran ser en tan risueña edad. Sin embargo, el constante transitar de bestias y cazadores pokémon, de los cuales ignoraban el peligro al que se exponían hasta que tomaron el consejo de algunos moradores de la zona, comenzaron a disgregarse cada uno a un sitio y paraje distinto. La mayor de los cachorros, una Eevee tan honrada como lista, terminó por habitar en los arrabales del boquete gigante en Teselia, donde evolucionó a una renegrida y muy bonita Umbreon.

    Una gran opresión y tristeza moraban en aquella oscura criatura de anillos amarillos desde que su prometido, un Zorua con quien había pasado graciosísimos y preciosos años, había fallecido luego de que, no con pequeños regalos de pistos ni cosas sustanciales, fue atacado por un Hydreigon de quien lastimosamente no pudo socorrer. Aquellas imágenes, remembranzas, gritos, aullidos y cuchilladas se le venían a la memoria en las solitarias noches —que eran las más del año— como un fugaz y sonoro recuerdo que jamás pudo revocar; jamás se perdonaría el hecho de no haber podido amparar al único pokémon en el mundo que había demostrado un inexorable y sincero afecto hacia ella.

    Desde entonces, su rutina diaria solo se limitaba a la caza y a la mera supervivencia personal. Había olvidado por completo el ejercicio del entrenamiento que tan ocupada le tenía días pasados, en compañía de su prometido.

    Es, pues, que una tarde de invierno de aquellas que llaman blancas, y estando ella arropada en su caverna en un profundo estado de sueño, despertóle una helada ventisca nívea que en el rostro le había soplado. Escuchó entonces un apresurado trote que se avecinaba hacia su refugio; el resplandor de la nieve iluminó a un Espeon que se había refugiado en su caverna a causa de la embravecida tormenta, el cual rogó hasta el cansancio a su dueña para que le dejase pasar allí el rato que la inestable tormenta durara. Como aquella Umbreon era una pokémon de muy buena voluntad y empeño, no opuso negativa alguna.

    El pokémon rosado se le acercó hasta arroparse muy cerca de ella, casi hasta rozarle con el rostro. Umbreon intuyó que se debía al intenso frío que este sentía, y no era para menos, ya que a pesar de los tantos trapos y vestigios indumentarios con los que se había arropado, de vez en cuando recurrentes escalofríos le venían de súbito; ella advirtió que aquel era un pokémon hermoso, aunque lucía acongojado y de muy mala traza. Ella le devoró un rato con sus ojos, luego susurró con una sonrisa:

    — No puedo evitar sentir cierta nostalgia al estar contigo… Verte me recuerda a mi infancia junto a mis hermanos, de los cuales no he sabido nada desde que nos separamos. Y, desde que Zorua dejó este mundo, nunca más he vuelto a sentir la sensación que da la calidez de un cuerpo ajeno.

    Y, tras pronunciarlas, volvió a dormirse como hace rato lo estaba, disfrutando ahora de aquella momentánea compañía cual hace tiempo echaba de manos.

    Hacia el alba se disipó la tormenta; y al despertar, halló que el Espeon ya no estaba. Pensó, sin embargo, que como nunca había visto a aquel pokémon en los arrabales del boquete, sin duda este había estado de paso cuando le pilló el mal tiempo. Sucedió, pues, que la pokémon siniestro había quedado por mucho tiempo enferma a causa del frío padecido esa noche terrible, y, apenas se repuso, volvió a emprender su faena: todas las mañanas, a solas, se adentraba en las arboledas, de donde regresaba al atardecer con sus bayas y algún sencillo botín de añadidura.

    Un atardecer del invierno siguiente, mientras regresaba a su cueva, encontró al mismo Espeon que acertó en viajar por el mismo camino. Era peripuesto, enjuto, y de pelaje muy engalanado, y respondió al saludo de la hembra con una voz altiva y cautivadora. El caminó junto a ella y comenzaron a platicar. El pokémon dijo llamarse Ciarán, dijo además que hacía poco había perdido a sus padres y que iba en viaje hacia Pueblo Ocre, donde tenía unos parientes pobres que acaso lo ayudaran a conseguir comida y refugio. El extraño pokémon pronto sedujo a la Umbreon: cuanto más lo miraba, más hermoso le parecía. El joven Espeon le preguntó si no estaba comprometida, y ella respondió, con una carcajada, que estaba libre. A su vez, ella le preguntó a Ciarán si él estaba emparejado o comprometido; él le contestó que, si bien solo tenía que mantenerse a sí mismo, aun no había considerado la cuestión de emparejarse, puesto a que era muy joven… Luego de estos y demás coloquios, prosiguieron su camino en silencio.

    Cuando hubieron llegado a la caverna, ambos se habían cobrado un mutuo afecto; y entonces Ciarán le rogó a la Umbreon que le permitiese alojarse en su refugio por esa noche. Tras una tímida vacilación, ella accedió, dándole la más cálida de las bienvenidas y preparándole un platillo del bien remojado y mejor cocido Magikarp.

    Ya de noche, cuando la hembra y su compañero estaban somnolientos, Ciarán meditaba a la luz de su gema; y Umbreon, observándolo, le dijo:

    — Al verte allí, evoqué algo extraño que me aconteció en mi temprana juventud. En esa ocasión, estaba emparejada con un pokémon tan comedido y hermoso como tú… en realidad, se te parecía mucho…

    Ciarán respondió, sin alzar los ojos:

    — Háblame de él… ¿Dónde lo conociste?

    Entonces Umbreon le refirió sobre todo lo que había pasado con aquel Zorua, le contó el episodio de la reyerta contra el Hydreigon, y describió, entre un torrente de lagrimas, la muerte de su pareja. Y añadió:

    — Esa fue la única vez, en el sueño o en la vigilia, que vi una criatura tan desmesurada como aquel Hydreigon. Yo le tenía miedo… mucho miedo, sin embargo traté en acometerlo, pero aun así, mis esfuerzos fueron inútiles. Jamás me perdonaré el hecho de no haber podido amparar al único pokémon en el mundo que había demostrado un inexorable y sincero afecto hacia mí.

    Ciarán estalló en un pesado llanto, se levantó, se irguió ante Umbreon y le gritó:

    — ¡Era yo… yo… yo! ¡Era Zorua! ¡No fuiste capaz de defenderme… a pesar de todos los ratos que pasamos juntos! ¡Estuve a la destemplanza durante meses y tú me diste por muerto sin siquiera una migaja de predisposición en hallarme! ¡Eres una cobarde! Y ahora, mejor que te cuides muy, muy bien, porque si alguna vez me entero que te has emparejado, acudiré a matarte.

    Mientras gritaba, de a poco su ilusión fue desvaneciéndose hasta revelarse como un Zoroark; entonces huyó, convirtiéndose en un pokémon volador cual no recuerdo con toda fidelidad, ascendiendo hasta el espeso follaje, y desapareció, aun sobresaltado por sus sollozos, de entre los árboles.
     
  10.  
    Thranduil

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    :O!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! En un principio pensé que era uno de sus hermanos, luego pensé que podría ser Zorua reencarnado, pero nunca pensé en ese final, sin duda esa es tu mejor cualidad a la hora de narrar, los giros inesperados. Y debo decir que me encanta que me sorprendan cuando leo una historia, supongo que a todos les gusta eso, siempre y cuando sea una sorpresa acorde al argumento, no esas sorpresas porque si. Tu vocabulario sigue igual de amplio, aveces al leerte recuerdo palabras que no me acordaba que existían o conozco otras de las que no sabía. No leemos. Ciao.
     
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  11.  
    Mori

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    Vengo a dar mi pequeño comentario del primer relato :3

    Me sostendré de este fragmento ya comentado. Yo creo que a penas escucho el canto entro en una locura extrema, el nunca estuvo en sus sentidos, por eso hizo tal barbarie, pero bueno ¿Quien se negaría al bello canto de lo desconocido, más si llega a él como logro de sacrificio y obtiene el reconocimiento? Pobre señora del cazador, otra mujer más que queda sola porque su pareja decidió seguir sus instintos innatos, aunque, tal vez, a ella le hubiera afectado por igual, ahí yo me pregunto ¿Esta Misdreavus tenía una compacion y gustó más por los hombres que por las mujeres o los trataba a todos por igual? Nunca lo sabremos.

    Lo que si está claro es que Misdreavus dentro de toda su maldad si guarda compacion, lo que se esperaría de un fantasmita de apariencia tan infantil como lo es Misdreavus, ya que está pudiendo dejar morir al hombre sin ojos ni extremidades, pudriéndose en un bosque, les devolvió las extremidades y ojos, dándole la posibilidad de volver a una vida "normal" (en una de esas, pudo haber vuelto con su señora) Pero bueno, puede que también se haya vuelto loco, se haya muerto de hambre o se lo comieran vivo una manada de Houndoom con sus pequeños Hondour que alimentar, de eso no se encargara Misdreavus, ya que lo que ocurre recaería en su culpa, ella ya hizo lo suficiente dándole la oportunidad de salvarse.

    Me ah encantado el escrito y manera de narrar, de más que tiene referencias cultos por ahí metidas que no entendí, pero bueno.
    Muy buen relato, me recuerda al estilo de los hermanos Grimm XD pero bueno, estos son aún más perturbadores.
     
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