One-shot de Pokémon - La leyenda del aroma de la muerte

Tema en 'Fanfics Terminados Pokémon' iniciado por Hygge, 14 Noviembre 2018.

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    Hygge

    Hygge Luminary of the stars

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    Escritora
    Título:
    La leyenda del aroma de la muerte
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Tragedia
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2124

    LA LEYENDA DEL AROMA DE LA MUERTE

    Cuenta la leyenda que, tiempo ha, existió un pueblo alejado de la gracia de Arceus que vivía en la más absoluta desdicha. El rey que dominaba aquellas tierras no sentía un ápice de lástima o de remordimiento, y dado que debía repartir sabiamente su riqueza entre varias tierras a las que hacer prosperar debidamente, que no eran pocas, conociendo así la precaria situación en la que aquella zona se encontraba, optó por abandonar a su suerte a todo aquel pueblo sumido en la desgracia. Era consciente que hacer crecer una zona asentada en una tierra árida y sin productos que exportar a los mercaderes le costaría un esfuerzo y un coste que se negaba a invertir, por lo que optó por la vía más sencilla, ignorando los gritos desesperados que imploraban por ayuda.

    Fue así como lentamente, el pueblo comenzó a perder los ya de por sí ínfimos recursos con los que contaban, y los hombres hacían largas caminatas cada día para poder recoger agua del río que transcurría en las inmediaciones del bosque negro, aquel en el que nadie tenía el ánimo suficiente de adentrarse. Los Pokémon, criaturas aún desconocidas e imponentes para aquel pobre y desdichado pueblo, convivían en las profundidades de la maleza, ajenos a la vida que los humanos llevaban en el exterior. Ninguno de ellos, ni humano ni pokémon, deseaban establecer contacto entre ellos. Conocían su existencia, y a pesar de la curiosidad que les atraía a saber más sobre ellos, mantenían los límites del bosque negro como la línea que nadie debía cruzar.

    Por ello aquel que cruzaba dicho límite podía sufrir cualquier clase de destino, dejado en manos de la raza dominante que protegiese dicha zona.

    Pero en una de sus incursiones en búsqueda de agua y sustento para su pueblo, un grupo de viajeros con varios niños entre sus filas lograron avistar a una colonia de criaturas nunca antes vistas. Criaturas de motivos florales, con hojas decorando su cuerpo y una mirada penetrante en sus rostros, observaron a aquellos humanos adentrarse en su hogar con un aura de tristeza permanente en sus rostros. Tristeza que llegó a anidar en el corazón de uno de aquellos diminutos seres, y apenado por aquella desdicha que asolaba el alma de aquellos visitantes, no pudo evitar seguirles la pista hasta su hogar, para descubrir el motivo de aquella desgracia.

    El pequeño que años de investigación más tarde recibiría el nombre de Bounsweet se escondió en el saco de uno de los niños, ocultando su diminuto cuerpecito rosado ante la mirada de aquellos extraños, sin saber realmente qué haría si le descubriesen en su territorio. Guiado por una empatía que superaba lo que dictaba su razón, se dejó llevar hacia el hogar de aquel niño. Allí pudo descubrir que no parecían vivir felices como lo hacía su familia en el bosque, donde todos siempre portaban su mejor sonrisa y jugaban día y noche entre ellos.

    Allí todo se sentía angustiante y pesado. Pero, ¿por qué sería?

    Bounsweet, sin ser capaz de aguantar más aquella situación, salió de su escondite y comenzó a girar su pequeño cuerpecito, soltando una fragancia tras de sí que tenía un efecto extraño para aquella familia sorprendida. La casa se llenó de un aroma dulce que calmó sus corazones apesadumbrados, y lejos de sentir rechazo ante aquella visita tan inesperada, no pudieron si no agradecer al pequeño por aquella muestra de aquel poder que parecía curarlo todo.

    El pokémon, feliz de haber alegrado los rostros de aquellos tristes humanos, se colocó en un pequeño estante y a modo de ambientador continuó desprendiendo aquella fragancia por toda la casa.

    El padre de aquel hogar optó por acompañar al pequeño a su casa una vez sintió la necesidad de regresar, antes de que el sol cayese en el horizonte por completo, y sintiendo que estaba en deuda por hacer su día un poco mejor, decidió ocultarle de la mirada del pueblo en caso de que sintieran rechazo ante su presencia. Se despidieron en la línea que delimitaba la entrada al bosque, y tras agradecerle una vez más a aquella milagrosa criatura, sintiendo cierta lástima por ver terminada aquella aura apacible que había reinado por primera vez en su hogar, ambos se marcharon hacia sus respectivos caminos.

    Bounsweet observó fijamente a aquel humano marcharse en la distancia, y tuvo una fugaz idea que le hizo sonreír de la emoción. Raudo como el viento se reunió con los de su especie, así como con sus respectivas evoluciones, y les hizo saber sobre la precaria situación a la que se veían obligados a convivir aquel grupo de humanos del exterior. Les contó sobre el efecto que su visita tuvo en ellos, y de lo felices que se veían tras su ayuda, y les hizo saber lo completado que se sintió haciendo feliz a alguien más por primera vez en su existencia.

    Algunos pokémon se negaron a la simple idea de encontrarse con aquellos humanos, de ir a sus tierras, temiendo ser atacados por irrumpir con el pacto que ambas especies habían estado cumpliendo con ciertos altibajos. Aquella especie, a su vez, contaba con multitud de depredadores y temía ser atacada si salían de su escondite. Pero Bounsweet estaba decidido en que haría felices no solo a aquella familia, si no a todo un pueblo entero. Y muchos, guiados por aquel afán por hacerles llegar aquellas fragancias que desprendían de su cuerpo, decidieron que lo intentarían.

    Y así fue.

    Al día siguiente, cientos de Bounsweet comenzaron a sobrevolar las cabañas de todas aquellas familias, irradiándoles su alegría y tranquilidad, haciéndoles saber que todo estaría bien. Y a pesar del desconcierto ante aquella llegada imprevista, el efecto tranquilizador de aquel aroma disipó cualquier intención de echarles del lugar. Aquella había sido la primera interacción entre humanos y pokémon de aquel rincón del vasto mundo, y seguiría siendo así durante mucho más tiempo.

    Con el tiempo, los Bounsweet se convirtieron en un elemento fundamental en cada hogar. Era aquella criatura que alegraba la casa, que les daba esperanzas para continuar, y que les hacía sentir mejor. Se ganaron el cariño de los humanos, y la relación se volvió más profunda entre ellos. Ofrecían su ayuda siempre y cuando cumpliesen un pequeño pacto: protegerles del exterior desde el momento en que cayese la noche. El momento en el que podían ser atacados por depredadores.

    El pacto fue aceptado.

    Poco a poco, los Bounsweet pidieron ayuda a sus amigos del bosque, y fue así como gracias a los pokémon que portaban el preciado y valioso don del agua, y aquellos que eran capaces de traerles bayas y alimentos del propio bosque, lograron mejorar lentamente la situación de aquel pueblo que pronto empezó a sentir los primeros destellos de un verdadero futuro lleno de esperanza.

    Con los años, el pueblo creció y su gente pudo iniciar comercios con otras tierras, creciendo su poder adquisitivo y agrandando así sus propios dominios. Crearon un lago gracias a los pokémon de agua para poder tener su sustento, fertilizaron las tierras para cultivar y cosechar todo lo necesario para su subsistencia. Todo a su alrededor comenzaba a prosperar como nunca antes lo había hecho, y llegaron a un punto en el que su poder fue tal, que lograron deshacerse del yugo de aquel rey egoísta para convertirse en una especie de república en la que todos colaboraban con todos para poder salir adelante.

    Las generaciones se iban sucediendo, y el equilibrio entre humanos y pokémon fue conservándose hasta entonces.

    Pero pronto, las raíces que les dieron el empujón necesario para poder conseguir todo lo que tenían comenzaron a dejar de importar, a difuminarse con el tiempo. Dejaron de agradecer cada día por lo que tenían, y olvidaron lo que aquellas criaturas pacíficas y benevolentes habían ayudado a sus antepasado a construir todo con lo que contaban ahora. Comenzaron a ser meros ambientadores de hogar, a cosificarlos, a acostumbrarse a verlos en el alféizar de la ventana decorando su hogar porque así había sido siempre. Y los pequeños seguían con su tarea desconcertados, sin sentir si de verdad estaban ayudando a aquellos humanos, o simplemente se estaban aprovechando de su existencia.

    Todo comenzó a decaer cuando comenzaron a comerciar con las fragancias de los Bounsweet. Aquellos aromas desconocidos en las tierras más lejanas eran pagadas por una gran cantidad de dinero, y pronto el egoísmo y la avaricia comenzaron a dominar a los humanos. A despertar lo peor de ellos.

    Hasta que el pacto entre los pokémon y los humanos fue roto por completo.

    Una buena noche, la ventana del alféizar en el que los Bounsweet se encontraban dejaron de permanecer abiertas en un descuido. Quedaron aislados de la seguridad de su hogar, en la interperie, y las criaturas de la noche no tardaron en despertar. A pesar de que los Bounsweet intentaban correr, dando saltitos como buenamente podían para intentar escapar de los pokémon depredadores, exclamando con aquella vocecita dulce algo que nadie lograría interpretar como un grito de auxilio, nadie acudía en su ayuda. Simplemente sonreían al ver a unas criaturitas tan tiernas jugar con otros pokémon.

    Hasta perderse en la distancia.

    Hasta ser devorados por completo.

    Pero eran tantos los pokémon que adornaban la aldea, que la ausencia de unos cuantos pasaba completamente desapercibida. Nadie relacionó los charcos de aquella sustancia carmesí en las afueras del pueblo, ni los restos de piel rosada con el número de Bounsweet restantes en el pueblo. Pero las criaturas tenían miedo, porque ellos sí sabían lo que había sucedido. Pero a pesar de esto, a pesar de intentar regresar al bosque tras explicar con señas que no podían permanecer más tiempo allí, los humanos ignoraron sus súplicas.

    Creyendo ilusamente ser la especie dominante, obligaron a los pequeños a permanecer en sus hogares a la fuerza, continuando sus descuidos nocturnos y dejando así que más y más Bounsweet perecieran en el silencio de la noche.

    Y así, el pueblo se tiñó de una sangre invisible a sus ojos. Y es que cuando algo no les afectaba directamente, no parecían querer concienciarse de dicha situación.

    Por ello, los Bounsweet supieron que ya no podían continuar así.

    Querían dejar de ser unos esclavos de sus intenciones egoístas, ellos solo habían venido a ayudar. ¿Y así se lo pagaban? La venganza se sirve en un plato frío, tan frío como su alma.

    Pero como eran criaturas pequeñas e inofensivas, nadie sospecharía de sus verdaderas intenciones. Continuaron brindando paz y tranquilidad con sus aromas al pueblo entero, hasta que llegaba la noche. Durante la noche, el aroma que desprendían cambiaba. En él se reflejaban todas las almas inocentes que cayeron por un pensamiento ególatra, egoísta, por el ansia de obtener más y más beneficios.

    Por tomar el brazo de aquel que te daba su mano.

    Durante la noche desprendieron una fragancia que, combinada con ciertos aromas, podía resultar difícil de respirar en grandes cantidades. Por ello, se aseguraron con ayuda de otros pokémon de cerrar las ventanas. Desprendieron aquellas partículas en su interior, danzando por las casas sin aquella sonrisa característica, ahora con un brillo diferente en sus ojos. El brillo de aquel que cargaba en su interior un gran resentimiento por el hombre.

    Contemplaron cómo lentamente los rostros de aquellos humanos se iban desfigurando, cómo iban adquiriendo tonalidades moradas que reflejaban la falta de oxígeno en su organismo. Observaron, ocultos entre los estantes, cómo aquellos que lograron despertar a tiempo intentaban respirar fallidamente, y buscaban con angustia la salida, percatándose de que esta estaba debidamente obstruida. Caían al suelo, perdiendo la fuerza de sus cuerpos, implorando por un poco de oxígeno con desesperación.

    La sangre se heló en sus venas al descubrir a los Bounsweet observarles en medio de la oscuridad. Ya no habían disculpas que sirviesen. Era hora de pagar por todos aquellos pokémon que perdieron la vida por su culpa.

    La venganza de los Bounsweet acabó con la mayor parte de los habitantes de aquel pueblo, y aquellos que sobrevivieron acabaron marchándose de allí, aterrorizados. El terreno acabó siendo renombrado como "el pueblo de la muerte", un lugar donde ni los pokémon parecían querer habitar. Los Bounsweet regresaron al bosque, decididos a no volver a confiar en los humanos nunca más.

    Por ello recuerda estas páginas que han sido transmitidas de generación en generación, querido lector, pero cuya moraleja continúa siendo válida en nuestros días y lo seguirá siendo hasta el fin de los tiempos. Nunca te aproveches de aquel que quiera ayudar, y asegúrate de responder debidamente a su gesto. No quieras acabar siendo como aquel pueblo perdido.

    Aunque, quién sabe, quizás ya lo hayas hecho.

    ¿Hueles la fragancia? Yo sí.
     
    Última edición: 14 Noviembre 2018
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    kmastersmash

    kmastersmash Iniciado

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    poke origenes pero mas siniestro, por cierto que buen escenario, pero todos en el pueblo se volvieron asi? absolutamente todos? uhm, el mundo pokemon en tiempos mas antiguos parecian que los pokemon y humanos eran bastante unidos, aunque en la pelicula de arceus se veian varios como esclavos supongo que habia algunos donde pasaban estas cosas
     
    Última edición: 14 Noviembre 2018
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    Poisonbird

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    Hello. Ando leyendo los cortos del concurso. Y leí esto (duh), y quisiera comentar qué me pareció y tal.

    A ver, cómo lo digo... no es mal escrito, pero... no me llegó a gustar, la verdad. La moraleja es buena, el desarrollo es decente y eso... pero aunque el desarrollo y la sucesión de acontecimientos era bastante lógico, se me hizo p r e d e c i b l e. Quizá esperaba algo que evocara más pavor y respeto a la naturaleza desde que la actividad era de relatos de "terror". Pero nop. Solo hizo que mi fe en la humanidad se fuera un poco por los suelos... porque me hizo recordar que hay muchos ingratos en este mundo [?].

    Pero el tópico está ahí. Se me hacen incontables los reinos que han sucumbido por su propia ansia de riqueza; de personas que se pierden por el oro. Era cuestión de tiempo que los Bounsweet acabaran con tomar venganza con sus propias armas. Ahora, si me dejara de hostias y me pusiera en plan académico, te diría que está bien. Tiene inicio, nudo, final; reflejas parte de la naturaleza humana, te hace pensar "¿hasta qué punto podría ser esto real?"... como digo, como fábula está muy bien porque la narración es tolerable; pero para algo que entre en la categoría de "terror"... hmmmm... no lo veo. Es más una fábula tipo "no seas ingrato, lagarto" o "cosechas lo que siembras". ¿Pero algo que evoque pavor? Me temo que no.

    Vale, tal vez no esté diciendo nada nuevo. Pero la verdad, no veo que sea la gran cosa. Tampoco es como si le hubieras puesto en la categoría de "horror", así que meh.

    Conste que estoy siendo parcial aquí. Objetivamente no está mal; pero a mí no me ha llegado. Pero en fin, congratz. No lo hiciste mal.

    Cheerio~!
     
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