L♥DK [l-dk] algunas cosas no cambian

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por rhapsodic, 22 Mayo 2015.

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    rhapsodic

    rhapsodic кучко. Comentarista empedernido

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    Escritor
    Título:
    [l-dk] algunas cosas no cambian
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    958
    Título: Algunas cosas no cambian.
    Tipo: One-Shot.
    Fandom: L♥DK.
    Pareja: Shuusei Kugayama & Aoi Nishimori.
    Advertencias: No es nada del otro mundo, pero te puede sangrar la nariz (?) No creo que cuente como lime porque no iban a... ya saben, pero la clasificación es sólo para estar seguros.
    N/A: Otro escrito asquerosamente viejo.

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    Algunas cosas no cambian
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    Las cosas entre ellos definitivamente habían cambiado, ¡habían cambiado muchísimo! Shuusei ahora era distinto con ella, era más atento, más caballero y más atrevido, más indecoroso y mucho más pervertido de lo que era antes de confesársele. Ahora él parecía querer devorarla completa; sus miradas se lo decían todo.

    Shuusei le sonreía más a menudo, y le tomaba la mano cuando caminaban juntos. Él, el príncipe de la escuela tenía ojos para ella solamente y eso era tremendamente maravilloso. En ocasiones Kugayama pretendía besarla en público, en medio de la calle mientras todos los peatones los observaban y ella, siendo así de tímida como era, se sonrojaba muchísimo y parpadeaba alarmada, dispuesta e indispuesta a recibir los labios masculinos sobre los suyos. Era entonces cuando Shuusei sonreía y se alejaba sólo un poco, comprendiendo que para ella todo aquello era nuevo.

    —Es normal que nos besemos, somos novios ahora —lo escuchó decirle en medio de la cancha de básquet, disimulando su cercanía con la chica—. No tiene nada de malo que mostremos nuestro afecto.

    —Lo sé pero, aún así… Me da mucha vergüenza —murmuró apenada y cabizbaja. El pelinegro encestó el balón y pasó una de sus manos por su cabello oscuro, con su mirada negruzca fija hacia adelante.

    Se encontraban totalmente solos en la cancha; hacía ya bastante rato que no había nadie en la escuela a excepción de algunos empleados encargados de la limpieza. Aoi yacía de pie a unos cuantos metros del joven, observando el suelo como si se tratase de la cosa más interesante del mundo; verdaderamente estaba apenada por no ser capaz de acostumbrarse a la mágica situación que vivía.

    Shuusei caminó con parsimonia hasta las bancas y se sentó, dispuesto a cambiarse la camisa… Era lógico, estaba algo sudado y se sentía acalorado. Aoi se sonrojó al dirigir la mirada hacia el pelinegro y darse cuenta de que pretendía desnudarse así como así. Bueno, ella de cierta forma estaba algo acostumbrada a verlo desnudarse frente a ella –no completamente sino de torso-, pero igualmente seguía colorándose como una tonta ante la idea de apreciar su ancho e interminable pecho desnudo. Tragó en seco y se giró inmediatamente, evitando mirarlo a toda costa.

    Una sonrisa algo imperceptible se posó en el rostro del chico en cuanto se percató de la vergüenza que arraigaba a su novia completamente, tanto, que su sonrojo le llegaba hasta el cuello –el cual yacía descubierto debido a que ella mantenía su cabello recogido en un moño alto-. Unas increíbles ganas de besarla lo invadieron sin misericordia y, naturalmente se levantó y caminó hacia ella, tomándola de la cintura desde atrás.

    Aoi se puso roja a más no poder; sentir el torso desnudo del joven contra su espalda aún por encima de la ropa era… estimulante.

    —¿Q-Qué haces? —le preguntó algo nerviosa, evitando girarse y encontrarse en aprietos. El suave bufido de Shuusei hizo que la piel se le pusiera de gallina.

    —Quiero un beso —admitió con toda la honestidad y la tranquilidad del mundo—. Aoi, quiero un beso… —repitió de nueva cuenta, esta vez susurrándoselo al oído con voz suave y a la vez ronca, acariciando los brazos de la fémina con parsimonia.

    —Shuusei, yo… —trató de hablar, sin embargo él no se lo permitió. El pelinegro besaba su oreja y, a veces, lamía la carne caliente como si fuese un animal. La castaña sólo podía soltar suaves suspiros, tensándose un poco ante la sensación que la invadía con tanto esmero—. No… ¿qué te pasa? —protestó bajito e intentando apartarse, él se detuvo pero no se alejó de ella.

    —Nada, solamente te abrazo —respondió él, observándola con inocencia. Aoi se sonrojó y frunció un poquito el ceño—. Y te toco, solamente eso.

    —P-pero, ¡no estamos en el apartamento! —Alzó tantito la voz al sentir de nueva cuenta la lengua de él recorrer desde su oreja a su cuello, mordiendo suavemente la piel que veía al descubierto. Gimió un poco al sentir las grandes manos de Shuusei internarse debajo de su camisa, palpando su tórax suavemente—. Shuu… —Fue volteada repentinamente, sintiendo el sabor de los labios del pelinegro sobre los suyos, besándola con ahínco, sosteniéndola de la espalda y apegándola más a su cuerpo. La fémina abrió un poco sus labios y jadeó tratando de coger algo de aire; Kugayama aprovechó ese gesto para introducir su lengua en su boca y … ¡Demonios!Pensó Aoi, ¡él sí que besaba bien!

    Luego de unos cuantos minutos en los que Nishimori se mantuvo roja como un tomate, Shuusei se separó de ella, sonriéndole con las cejas alzadas y sin camisa.

    —Te quiero —dijo él contento, aunque sin perder esa tranquilidad que era característica en el muchacho. La chica bajó un poco la mirada y sonrió quedamente, sintiéndolo apartarse de ella.

    —Yo también —La castaña presentía que, definitivamente, entre ellos todo marcharía bien. Él la quería y aunque ella no fuese una experta confesándosele a las personas, también lo amaba, y mucho.

    Su rostro se desfiguró ante la presencia de dos palmas grande sobre sus pequeños pechos.

    —No, no han crecido nada —Musitó Shuusei mientras apretaba los montículos en sus manos ligeramente, evidentemente inspeccionado su tamaño.

    —¡Déjame! —gritó roja de vergüenza, dando un salto que la llevó muy lejos del príncipe. Sí, algunas cosas no cambiarían por mucho que se quisieran.

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    —fin—.
     
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    Tarsis

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    Omg, Karo. ¿Sabes hace cuanto que leímos ese manga y los desgraciados no lo han seguido? Me enamoré de Shuusei por ti hace mucho, jajajaja. Excelente escrito, me encanta la picardía de él, como la hace sonrojarse hasta querer que la trague la tierra, pero a la vez siente el orgullo de ser en ella, en quien se fijan sus ojos.


    Lo amé. <3
     
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