Explícito Infame

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 8 Abril 2019.

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    Fersaw

    Fersaw The Fersaw is back!!!

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Infame
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    22
     
    Palabras:
    3668
    Capítulo 20: La balada del justiciero

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)

    05 de marzo del año 1120. Reino de Evenns, Región de Chatton.

    El mundo nunca deja de moverse, y en ocasiones sucesos importantes acontecen al mismo tiempo. Regresamos horas atrás de este mismo día, cuando el grupo de Vand aun no llegaba a la ciudad de LaPerl. En las sombras del anonimato se fraguaba un plan a simple vista sencillo, pero, de concretarse tendrá terribles consecuencias para cierta familia oligarca.

    Una vereda de tierra atraviesa serpenteante una zona accidentada y de grandes prados verdes en los que pocos arboles sobresalen. No estamos lejos de la ciudad de LaPerl, la urbe se puede vislumbrar en la distancia como una silueta opulenta y gigantesca. No parece haber nadie cerca, aunque si miramos en sentido o puesto hay grandes granjas y una villa cerca en los inicios de una zona boscosa. El cielo no puede ser más hermosos esta mañana, carece casi por completo de nubes y el sol irradia poderoso con su vital luz, los frescos vientos que recorren la zona resguardan a las personas del calor.

    La vereda es transitada a paso lento por un solitario jinete. El equino de bello pelaje marrón trota apaciguado mientras su amo mira un mapa con suma atención.

    El hombre que cabalga baja el mapa revelando su identidad. Su faz denota juventud ante la ausencia de arrugas o marcas, o vello facial. Su cabello de color negro es ligeramente largo y se encuentra perfectamente peinado hacia atrás, sin un solo mechón rebelde sobre su frente. Sus ojos oscuros rebosan de jovialidad, sobre estos se posan un par de cejas pobladas y negras, pero a la vez delineadas, la sutiliza y forma de su rostro lo dotó de atractivo ante los ojos femeninos, atractivo que va de la mano con su porte delgado y alto, no tan alto 1.80, de estatura.

    Su humanidad es cubierta por una gabardina café cerrada y asida con un cinturón de cuero grueso del cual cuelga una espada elegante y larga con empuñadura de plata que se mantiene dentro de una funda de cuero con bellos grabados, un par de cuchillos cuelgan al lado contrario del cinturón. Sus piernas visten pantalones negros ceñidos a sus torneados mulos, sus pies son resguardados por botas de cuero con grebas de hierro en las pantorrillas. Una bufanda roja se adhiere alrededor de su cuello, una prenda atípica de esta época del año pero que no parece incomodarlo.

    –Debo estar cerca de la ruta norte –Murmura en voz baja–. Si, esa ciudad de allí debe ser LaPerl.

    Una sombra en el cielo lo sigue de cerca, pero a él no parece sorprenderlo, un sonido similar a un graznido, más bien un rugido muy agudo se escuchó. El jinete, ante eso, solo extendió su brazo derecho para que una pequeña criatura se pose sobre este.

    –¿Qué viste Nazil? –Cuestionó el hombre a la criatura sobre su brazo.

    Se trata de un majestuoso, hermoso y soberbio dragón enano. De la raza Espiga Negra, una raza alóctona en estas tierras. Se caracterizan por un cuerpo pequeño, cuello largo y cola aún más larga, una envergadura no tan extensa como otros dragones. De la cabeza a la cola mide tan solo cincuenta centímetros, mismos que tiene de envergadura. Su coraza externa es de escamas negras opacas y una afilada cresta de púas que se extiende desde su cabeza hasta la punta de la cola, sus armas principales son sus afiladas garras, de hasta cinco centímetros, en las patas delanteras, mismas con las que se unen las membranas que forman sus alas. Sus fauces que se componen de plas óseas similares al pico de un ave el cual es tan rígido y afilado que puede cortar lo suficientemente fuerte como para arrancar dedos de un solo mordisco. Finalmente, en la parte superior de su diminuto cráneo emergen un par corto de cuernos, bajo estos se hayan sus ojos completamente rojos, solo con un punto negro que es la pupila.

    –Nada relevante, Sef. –Habló el pequeño dragón.

    ¿Un dragón que habla? No es algo propio de esta raza, ni siquiera de la especie. Es gracias a un artilugio implantado en el pecho de la criatura, similar a una gema de color azul. Esto le dotó no solo de la habilidad de hablar sino de una conciencia casi humana. Aunque esto es algo más complejo de explicar.

    –Espera, creo que si vi algo. Un grupo de soldados acorralaron a un grupo de personas cerca de unas enormes rocas… nada relevante –Se rio al final.

    –¿Soldado molestado a personas? Porque no me sorprende. Me da mucha curiosidad –Agitó las riendas de su corcel para que aumentara la velocidad.

    –¿Por qué siempre debes inmiscuirte y joder a los soldados de cada región? –Cuestionó el dragón volando a la par de su compañero.

    –Ya me conoces –Rio el humano.

    No muy lejos de su ubicación, cerca de unas grandes rocas, sucedía lo que Nazil avisó. Un grupo de cuatro personas, entre ellas dos niños, eran acorralados por un escuadrón de soldados armados con lanzas, su armadura es escasa destacando únicamente el casco de hierro de pésima calidad.

    Hay que aclarar en este punto que el reino de Evenns tiene dos clases de soldados. Las Legiones que son los ejércitos bajo el mando estricto del rey y su ministro de guerra, al cual se le denomina Gran General, estos ejércitos se componen de diez mil hombres cada uno y existen diez legiones oficialmente. Luego están los soldados regionales, estos son creados, administrados y dirigidos por las familias regentes de cada región, existen para mantener el control y seguridad interna y su costo debe ser solventado por la familia permitente. Estos ejércitos tienen, por ley, un límite máximo de elementos el cual es de tres mil.

    Es de esperarse que una familia tan adinerada como los Dumont tenga el máximo posible de soldados, y torciendo las leyes se puede obtener un mayor numero. Sin embargo, es de esperarse que los hombres y mujeres que entran no sean honorables todos. Eso es justo lo que ocurría en este momento.

    Los indefensos civiles estaban únicamente provistos con túnicas de colores grises y poco equipaje en bolsos de cuero. Uno de ellos permanecía al frente tratando de hablar con esos soldados, mientras que detrás de él otra persona resguardaba en sus brazos a dos pequeños niños.

    –Vaya, vaya, no me esperaba toparme con esto esta mañana, un grupo de inmigrantes –Decía el líder del escuadrón, un hombre de apariencia ruda y edad avanzada, mirando al encapuchado frente a él con una perversa sonrisa.

    –Señor, si lo que busca es dinero me temo que no tenemos ya nada, hemos sido asaltados dos veces en el camino –Afirmó el hombre mostrando su rostro al levantar su mirada.

    Ojos brillantes, piel pálida y colmillos superiores alargados, un miembro de la raza de los vampiros. El capitán sonrió aún más, luego miró a los otros tres. Eran una mujer y dos niños, también vampiros debido a sus pieles y las capuchas que utilizan para resguardarse del sol. Ella era de belleza considerable y los pequeños tendrían entre tres y siete años, un niño y una niña respectivamente. El miedo se notaba en sus miradas de ojos brillantes e inocentes, mientras que su madre, los abrazaba para protegerlos.

    –Vampiros, ahora entiendo el motivo de la peste a podrido –Se burló el soldado, haciendo reír a sus compañeros–. Es una pena, pero tienen que pagar peaje para transitar en estos caminos. Seré flexible, denme cualquier cosa de valor.

    –Ya se lo dije, señor, no tenemos nada, solo nuestras ropas y algunos suministros médicos en nuestro equipaje, somos vampiros y necesitamos filtro de sol para deambular de día, nada que pueda servirles a ustedes. En verdad, no queremos problemas solo estamos huyendo de nuestro país por causa de la guerra civil.

    –Vamos, seguro tienen algo interesante entre sus pertenecías algunas monedas –Insistió borrando su sonrisa. Se acercó y le susurró algo–. Esa mujer puede pagarnos con su cuerpo, también, seguro que sabe cómo satisfacer hombres.

    –¡Como se atreve! –Exclamó el vampiro empujándolo ante tal ofensa.

    El viejo soldado respondió con un puñetazo certero a la nariz del vampiro que lo tiró al suelo y lo hizo sangrar debido a la fuerza y el guantelete de metal que cubre su puño.

    –¡Hija! –Llamó la mujer.

    –¡Papi! –Gritó la niña. Se soltó de los brazos de su madre y corrió hasta su herido padre. Otro de los soldados intervino tomándola por el cabello con fuerza y jalándola bruscamente.

    –¡Suéltala! –El vampiro trató de levantarse, pero dos soldados lo patearon en el costado y la cara con sus pesadas botas.

    La niña, asustada y dolida comenzó a llorar clamando por sus padres. Su asustada madre intentó hacer algo, pero otro de esos soldados la tomó por detrás, obligándola a soltar al niño, que también comenzó a llorar ante la situación tan violenta. El padre fue sometido y la madre puesta contra la roca.

    –Nunca he cogido con una vampira, ¿será divertido? –Murmuró un soldado manoseando a la indefensa mujer.

    -¡Basta, suéltenme! –Las lascivas manos de ese cerdo llegaron a su entrepierna lastimándola por la falta de gentileza–. ¡Por favor, basta!

    –¡Hijos de puta! –El vampiro, incapaz de hacer algo, pues dos bellacos los retenían y lo golpeaban en más ocasiones, no podía hacer más que gritar.

    –Asquerosos vampiros, creen que pueden deambular por nuestras tierras como si nada –Se burló el viejo tirando al suelo a la pequeña como si de un animal se tratase, para luego sin piedad abofetearla–. ¡Cierra la boca, escoria!

    Una sombra se movió detrás de ese desgraciado. Volvió su mirada para ver de qué se trataba para recibir el filo de una espada atravesándole el estómago hasta salir por la espalda. Todo en menos de un segundo, dejando un silencio abrumador entre los demás que presenciaron ese fugaz movimiento.

    –Solo pensaba en darles una paliza por imbéciles –Susurró Sef tomando por el cuello al soldado mientras clavaba más su arma a través de su cuerpo–. Pero golpear a una niña es algo que no puedo tolerar.

    Lo empujó sacándole el filo del cuerpo y derribándolo. La sangre no se hizo esperar para teñir el pasto con su rojo carmesí. Aún con vida el infame soldado trató de moverse arrastrándose, así que Sef le clavó la espada otra vez a través de la espalda hasta clavarlo al suelo. Puso su bota sobre la cabeza del soldado para aplastarlo y que no pudiera gritar.

    –¡Ahora, pedazos de mierda, suéltenlos! –Ordenó Sef a los atónitos soldados.

    Estos, sin entender como había pasado todo tan rápido obedecieron. Los vampiros se juntaron alejándose de esos hombres, aunque este nuevo no les causaba tanta confiesa debido a su violenta aparición, la madre cubrió los ojos de sus hijos para que no vieran lo que podría ocurrir. Los tres soldados, ahora juntos levantaron sus lanzas de forma amenazante

    –¿Quién eres? –Cuestionó uno de ellos frunciendo el ceño–. ¡Suelta al capitán!

    –No, no lo haré –Objetó Sef mirándolo con odio presionándole más la cabeza contra la tierra, aunque este agitaba sus brazos el menor movimiento causaba un terrible dolor debido a la espada que lo atravesaba–. Tienen cinco segundos para largarse.

    –Ni lo sueñes…

    –Respuesta equivocada –Alegó Sef.

    Una sombra negra bajó desde el cielo a gran velocidad. Se posó sobre la espalda de ese soldado clavándole sus afiladas garras profundo en su carne para luego cortarle la oreja con sus cortantes fauces y emprender el vuelo antes que el soldado pudiera siquiera reaccionar. Se arrodilló gritando de dolor y soltando sangre desde su mutilada oreja.

    –¡Tiene un maldito dragón! –Exclamó otro de los soldados mirando al cielo esa figura negra elevándose muy alto.

    –¡Pagaras por esto! Nadie se mete con la familia Dumont y vive para contarlo –Amenazó otro de ellos viéndose forzado a retirarse ante el miedo.

    Sef sonrió ante la amenaza, sacó su espada de la espalda del capitán y luego la volvió a clavar a hora en el cuello de este dándole muerte de una vez por todas. Al final los tres cobardes restantes dejaron en el suelo sus armas y salieron huyendo tras la muerte de su capitán. Solo quedó Sef y la familia de vampiros quienes lo miraban con temor.

    –No se asusten, no tengo malas intenciones con ustedes –Dijo él tranquilamente mientras limpiaba el filo de su arma con un paño.

    –¿Q-quien es usted? –Pregunto aun atemorizado el padre, cubriendo tras de sí a su familia.

    –Mi nombre es Sef, soy un justiciero –Se presentó tendiendo su mano al vampiro–. Veo que ustedes no son de este reino.

    –No, vinimos del Reino Damarvak. La guerra civil se ha salido de control y nos obligó a dejar nuestro hogar –Suspiró con pesar, luego estrechó la mano de su salvador–. Muchas gracias por ayudarnos, señor Sef, de no ser por usted esos desgraciados se habrían salido con la suya. No quiero imaginar lo que hubieran hecho.

    –Si, estas mierdas creen que pueden abusar de las personas solo por llevar uniforme por eso yo y mi gente disfrutamos humillarlos –Sacó de sus ropajes otro paño y se lo ofreció al padre para limpiarse la cara que tenía cubierta de sangre ante los golpes de esos hombres.

    –Gracias –Lo tomó y limpió su rostro–. Sé que lo vampiros no somos bienvenidos en los reinos humanos, pero le aseguro que nosotros nunca hemos lastimado a nadie ni bebido sangre otra persona, solo de vacas y…

    –Relájate, conozco bien a los vampiros, no todos son iguales –Dijo con voz amigable.

    La pequeña niña se acercó a su padre y miró al Sef con curiosidad. El humano bajó su mirada para toparse con los ojos brillantes de la niña, quien se asustó y se cubrió tras su padre.

    –Tranquila pequeña –Se agachó hasta estar a su altura–. Yo no soy como esos hombres –Dijo con voz gentil.

    La pequeña se asomó mostrando su inocente rostro mancillado por la marca de la bofetada que ese maldito le propino. Aun siendo una raza tan temida como los vampiros la pequeña mostraba una belleza cándida cual muñeca de porcelana.

    –Eres muy bonita –Sonrió Sef–. ¿Son tu familia? –Preguntó al padre.

    –Así es, señor –Sonrió él acariciando la cabeza de su hija, para luego cargarla–. Mi nombre es Hubar, mi esposa es Dalia, y ellos son mis hijos, Niria y Dall.

    –Muchas gracias por su ayuda, señor –Dijo la madre con una voz agradecida he hizo una reverencia, ahora confiando en ese desconocido guerrero.

    –No es nada. Díganme, ¿cómo se ganaban la vida en su hogar? –Preguntó con una sonrisa apacible, conocer a una familia como ellos le trae hermosos recuerdos.

    –Bueno, mi esposa y yo somos herboristas, señor –Respondió el padre.

    –¿Herboristas? –Repintió pensativo–. Si van al norte, hacia esas villas –Señaló en la distancia pequeños asentamientos–. Allí pueden conseguir trabajo en sembradíos y jardines de alquimia, normalmente están llenos de semihumanos que son más amables con los extranjeros. También les recomiendo que se mantengan alejados de las grandes ciudades, están atestadas de soldados como estos.

    –Entendido, muchas gracias de nuevo, señor Sef.

    La familia de vampiros se despidió más que agradecidos por la ayuda de aquel desconocido sujeto, no solo por salvarlos sino además por el consejo. En su travesía no se habían topado con un humano tan amble. Es pues que una vez que ellos se alejaron Nazil descendió del cielo posándose sobre el hombro de su compañero.

    –¿Siempre tienes que ser tan amable? Incluso con los vampiros –Cuestionó el dragón.

    –No tengo nada en contra de ninguna raza, no soy esa clase de idiota. Además, sabes que disfruto patear los culos de la oligarquía y sus lacayos –Afirmó enfundando su arma y con un silbido llamó a su fiel corcel–. Debemos seguir nuestro camino.

    –Solo eran un cuarteto de ratas, nada que supusiera un reto –Dijo el dragón riendo–. Aunque devorar esa oreja me produjo mucha hambre, amigo. ¿Crees que haya ardillas cerca de aquí?

    Así es como funciona esta pareja tan singular. Un humano diestro en el uso de la espada larga que combina su estilo veloz y certero con la cooperación centellante de su fiel dragón parlante de garras segadoras. Es así que ante este par muchos han caído entre los cuales figuran incluso campeones. Como leales al movimiento de los Justicieros se han dedicado a minar el poderío de las familias regentes lentamente y es precisamente eso lo que los trae a esta región.

    Algunas horas más tarde, ya por el ocaso, ambos llegaron a una posada situada a la mitad de una carretera, este lugar era concurrido por viajeros y mercaderes, aunque ahora no se encontraba en su mejor momento, pocos comensales había. Sef permaneció un largo rato sentado en una mesa en solitario, comiendo cosas pequeñas y bebiendo cerveza mientras por la ventana vigilaba a Nazil, que cazaba en los alrededores del establecimiento devorando pequeños roedores.

    –Si no llegan a tiempo no podremos prepararnos a tiempo, es tonta licana como siempre es una impuntual –Murmuró Sef mirando la entrada de la taberna cada cierto tiempo.

    El alcohol y el cansancio hicieron mella en sus energías obligándolo a tomar la habitación que alquiló. A penas entrar en la humilde pieza abrió la ventana para que fiel dragón pudiera entrar. Nazil se había dado un gran festín que muestran los resquicios de sangre y pelaje entre sus garras y fauces. La maldición de los dragones es que después de comer grandes cantidades se duermen irremediablemente.

    Sef hizo lo mismo, dio por sentado que las personas que esperaba llegarían hasta el amanecer, aunque eso lo enfureciera un poco no había nada más que hacer, la puntualidad es algo muy importante para este guerrero. Se hecho en la cama y cerró los ojos entregándose al sueño que poco duraría.

    Cerca de la media noche, cuando la oscuridad impera, la puerta de la habitación se abrió en sumo silencio para dar paso a una sombra que ingresó cuidadosamente para no causar la más mínima perturbación. En la penumbra se podía vislumbrar la silueta del invasor. No era alta y resaltaba la figura de una mujer de curvas marcadas y atributos considerables, su cabello es corto y alborotado como una melena y sus ojos de color azul que brillan ligeramente a través del velo negro. Susurra algo ininteligible seguido de una discreta risilla.

    Avanza como el viento y con una habilidad impropia de un humano se sube a la cama para luego colocarse sobre Sef y con sus rostros a escasos centímetros. La luz de la luna entra por la ventana junto a la puerta revelando la identidad de la mujer, su cola y sus orejas la delatan como semihumana de la sub raza licano

    –Ahora eres mío –Murmuró sonriendo a mas no poder y mostrando sus colmillos blancos como perlas.

    –¿Qué diablos haces, Melina? –Cuestionó Sef sin moverse ni abrir los ojos.

    –¿Qué? ¿Sabías que estaba aquí? –Alegó sorprendida.

    –No es difícil sentir tu aroma –Sonrió de lado abriendo los ojos.

    –¿Debo ofenderme o halagarme? –Arqueo la ceja gruñendo.

    En run rápido movimiento Sef la tomó por la cintura y la giró recostándola sobre la cama y colocándose sobre ella, Melina trató de defenderse y recuperar su posición anterior, pero el humano la tomó por las muñecas aprisionándola con su fuerza, dejándola indefensa.

    –Es un halago, tu aroma es delicioso, cachorrita –Se acercó a ella para susurrarlo con una voz coqueta y grave.

    –V-vale, tus ganas esta vez, ya suéltame y no me llames cachorrita, idiota –Tembló ante ese gesto que erizó sus orejas caninas y ruborizó su semblante.

    –Cometiste un terrible error Melina, viniste a la habitación de un hombre sola y a la mitad de la noche, ¿Qué crees que puede pasar? –Insistió con su faceta coqueta, para luego dar una suave mordida en la oreja de la licana.

    Tal gesto activó receptores, no de dolor, en el cuerpo de la chica, apretó con fuerza sus labios para no soltar un agudo gemido, aunque la forma en la que su cuerpo se tensó la delató causando una sonrisa victoriosa por parte de Sef.

    –T-te estás propasando, Sef –Murmuró sin poder mirarlo y jadeando ligeramente.

    –Siempre dices eso, tú también te propasas a veces y a mí no me molesta –Bajo y habló frotando sus labios con el cuello de Melina.

    –N-nos están esperando, Sef –Alegó desesperada con sus mejillas terriblemente enrojecidas.

    –Tienes razón –De un salto se alejó de ella y se levantó de la cama. No es un misterio la afición que algunos hombres tienen por jugar con los momentos eróticos–. Debemos prepararnos para la misión de mañana –Dijo tranquilamente.

    –S-sí, así es –Suspiro Melina sentándose sobre la cama y tratando de relajar su ímpetu–. ¿Estás listo para este golpe?

    –Nunca he estado más listo para algo, Melina. No solo le voy a callar la boca a mi hermano, también daremos un golpe contundente a una de las familias más poderosas del reino. A partir de mañana todos temerán en serio a los Justicieros.

    Ella se levantó y se dispuso a salir de la habitación, pero Sef no lo permitiría. La tomó por la cintura y la colocó contra la pared acorralándola para luego plantarle un beso cargado de deseo. Melina no se resistió y correspondió aferrándose a ese hombre con brazos y piernas.

    –Estamos listos –Dijo ella con una enorme sonrisa cuando separaron sus labios.

    –Los haremos pedazos, a todos y a todas, no quedará nadie con vida –Agregó Sef sonriendo.

    La sonrisa que se dibujó en sus labios ante esas palabras no parecía precisamente la de un gallardo y orgullo protector del pueblo, mas bien rebosaba un ansia oscura de cruda venganza que es evocada en un deseo de sangre por derramar. Nunca se ha dicho que los Justicieros sean buenas personas, no del todo.

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
  2.  
    Fersaw

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    Aries
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    Infame
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    Acción/Épica
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    22
     
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    6713
    Capítulo 21: Cadena de oro

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)

    05 de marzo del año 1120. Reino de Evenns, Región de Chatton.

    Las altas horas de la noche eran testigos de la nada fortuita reunión entre el justiciero Sef y la semihumana Melina. Ambos bajaron de la habitación a la taberna de la posada donde otra reunión aguardaba. El lugar, otrora vacío, se encontraba atestado con personas encapuchadas quienes al ver a Sef descubrieron sus rostros e hicieron una leve reverencia coreando al unisonó el título de “capitán”. No había características físicas que los unieran a todos, humanos, elfos, semihumanos incluso un par de vampiros conformaban este grupo tan irregular el cual solo era caracterizado por una cosa, sus ideales.

    –Cincuenta valientes justicieros, todos aquí reunidos para seguir tus ordenes, capitán –Dijo Melina a Sef con una enorme sonrisa.

    Sef avanzó entre todos saludándolos de mano para demostrar aprecio y respeto a sus subordinados. Ninguno se negó a tal gesto. Con la orden del capitán los tarros de cerveza no se hicieron esperar siendo repartidos entre todos los conminados. Él tomó asiento en una silla frente a todos, acompañado de Melina a su diestra.

    –Se que no es nada fácil lo que os he pedido –Abrió Sef la conversación tras un largo trago a su bebida–. También sé que algunos deben estar temerosos de las repercusiones que esto acarreará, no solo con la maldecida oligarquía, si no por parte el comandante de nuestro batallón, mi hermano –Sentenció con seriedad agachando la mirada.

    Un silencio inundó el lugar ante esas palabras. La imagen de aquel hombre se hizo presente en las mentes de todos esos guerreros y no para bien. Un hombre severo, autoritario y con una disciplina de hierro vociferando maldiciones a los oídos de los justicieros tras desobedecer una orden y seguir al capitán Sef en una misión que él no autorizó.

    –Yo también temo al comandante Vehemen, no por nada es uno de los comandantes más estrictos entre todos los justicieros, el segundo más apreciado por el Gran Líder –Agregó sonriendo con ironía–. No quiero que esto se malinterprete. Respeto a mi hermano, como hombre, como guerrero y como superior, él es mejor líder de lo que cualquiera de aquí, incluyéndome, puede llegar a ser. Sin embargo, en esta ocasión, creo que él se ha equivocado al no tomar esta oportunidad que se nos ha presentado, una que yo no voy a desaprovechar.

    –El comandante Vehemen no es un hombre que arriesgue a sus hombres ni sus planes sin más. Él siempre va a lo seguro, pero es precisamente eso lo que en ocasiones evita que logremos nuestros objetivos –Agregó Melina con seriedad en su fino mirar–. Ese hombre ha hecho mucho por todos nosotros, pero esta vez tenemos que desobedecer sus órdenes por un bien mayor –Miró entonces a Sef–. Mataremos a Dean Dumont, y marcaremos una diferencia en esta batalla contra la oligarquía.

    El silencio se hizo presente en la sala, una sensación de locura inundó a todos los presentes que desconocían el plan, los cuales eran la mayoría. Murmullos discrepantes comenzaron a recorrer entre las personas, todos cuestionando la inteligencia del capitán. La duda estaba emergiendo entre las filas de los justicieros. Por suerte muchos estaban plenamente de acuerdo con la idea.

    –Día a día la injusticia, la corrupción y la maldad se gestan en la región de Chatton, personas inocentes, gentes buenas y humildes son destrozadas y aplastadas por el yugo insaciable de la familia Dumont. Niños, hombres, mujeres y ancianos, a ellos no les importa nada, nunca le ha importado derramar la sangre de los inocentes, robarles a los pobres, abusar de los débiles. No tiene alma, no tienen corazón y no tienen perdón. ¡Deben ser castigados!

    Las palabras resonaron en los odios de los espectadores. Los murmullos de desaprobación comenzaron a desaparecer y las miradas cayeron sobre Sef suavizándose. Melina sonríe, sabe que comienzan a confiar en Sef, en su capitán.

    –Nuestra informante han arriesgado su propia vida para ofrecernos esta información. Dean Dumont regresa a su hogar después de una larga travesía en otras regiones, llegará mañana por la mañana por la ruta norte y su escolta está solo conformada por cincuenta personas, es probable que haya campeones y mercenarios de elite, es probable que sea un misión suicida, pero no hemos tenido una oportunidad como esta para atacar a un miembro tan importante de una de las tres familias de la Alianza Dorada, hasta ahora esas familias han escapado a la furia de los justicieros, y creo que ya es hora de que sientan todo nuestro rencor –Guardó un momento de silencio y acabó su cerveza–. No soy nadie para ordenarles seguirme, no soy esa clase de líder, siéntanse libres de irse hoy mismo si lo desean. Ya es tarde para seguir hablando, mañana, antes de que el sol aparezca por el horizonte tomaré mi caballo y cabalgaré hacia la ruta del norte, quien desee seguirme será bienvenido.

    Sin decir más se encaminó a las escaleras que dan a las habitaciones. No sin antes mirar sobre hombro a todos los guerreros allí reunidos a quienes había dejado sin palabras. Y dedicó una frase.

    –“Ni el ejército más grande y mejor entrenado puede vencer a un pueblo sediento de sangre y justicia” –El lema de los justicieros. Y con esto el capitán se retiró a su habitación dejando la taberna en sumo silencio.

    Él no lo vio, pero si escuchó el clamor de esos guerreros vociferando su nombre una y otra vez seguidos de maldiciones a la familia Dumont y amenazas de muerte. Los cincuenta guerreros allí reunidos acordaron que seguirían a Sef en tan difícil misión y que darían sus vidas por cortar la cabeza de aquel opresor. Minutos después Melina alcanzó a Sef en su habitación, encontrándolo recostado sobre su cama mirando por la ventana sumido en sus pensamientos. Sin pensarlo se lanzó sobre él abrazándolo llena de emoción.

    –¡Lo hiciste increíble Sef! Sabía que lograrías convencerlos, eres increíble –Decía con emoción la semihumana abrazando a su amante con fuerza.

    –¿T-tú crees? –Se notaba que estaba muy nervioso tras su discurso–. No lo sé, creo que mi hermano lo habría hecho mejor.

    –¡Eso que importa Sef! –Objetó ella–. Tú lo hiciste muy bien, los convenciste a todos. Estoy segura que mañana ninguna se negará a seguirte, eres gran líder.

    –Espero que no te equivoques –Suspiro relajando sus temores en los ojos de esa hermosa semihumana cernida sobre él que lo miraba sonriendo e incluso agitando un poco su cola. Llevo su mano a la mejilla de Melin para acariciarla–. Si no fuera por ti no podría hacer esto, cachorrita.

    –No me llames así –Rio acercándose a él para besarlo suavemente. El hombre la envolvió en sus brazos y la recostó a su lado haciendo más deliciosa esa unión.

    –¿Quieres? –Preguntó ella con un tono meloso, separándose solo un poco de los labios de su amante.

    –Sabes que no podría negarme, pero hoy no, debemos estar listos para mañana y cada gramo de energía será necesario –Respondió él.

    –Si, tienes razón, mañana haremos temblar a la familia Dumont –Dijo ella acomodándose a un lado de su amante y acurrándose en su pecho–. Estamos listos.

    Juntos, con el calor de su amante como cobija, se perdieron en el sueño en pocos minutos. Para solo unas cuantas horas después despertar con la imagen de la madrugada previa al crepúsculo. Sin dilación se equiparon y armaron para la encomienda del día de hoy. El dragón Nazil voló hasta el hombro de su compañero, ahora tres, bajaron y salieron de la posada para toparse de lleno con un batallón completo de Justicieros aguardando la llegada de su capitán. Como lo vaticinó la licana, ninguno osó abandonar la misión, no es mentira que muchos de ellos conocen las atrocidades y abusos cometidos por la familia Dumont y no están dispuestos a permitir que sigan ocurriendo.

    Al ver al capitán subir a su caballo todos replicaron la acción, cabe decir que algunos debían compartir el transporte pues no todos contaban con un caballo personal. El hombre de la bufanda marcó la ruta y todos les siguieron veloces y sagaces, cruzaron como el viento la carretera hacia el norte, el fuego brotaba de las miradas de todos esos guerreros.

    Unas horas después del amanecer el destino estaba preparado y los dados de esta azarosa estrategia fueron arrojados. El lugar para la emboscada fue una vereda empedrada que cruza una pequeña zona boscosa, grandes y frondosos árboles repartidos a ambos lados del camino, tan altos y grandes que forman casi un túnel sobre esa senda, ofrecen una gran posibilidad junto con los verdes matorrales que crecen en el suelo.

    Veinte justicieros se escondieron en la derecha, otros veinte en la izquierda, cinco más atacarían por detrás ubicándose escondidos metros atrás de la zona. Mientras tanto, el capitán y su fiel amante permanecían al frente escondidos detrás de una carreta, mientras que otros cinco justicieros fingirían ser monjes tratando de repararla, la cual servía para bloquear el avance. Desde el cielo una sombra pequeña y negra vigila con sus rojos ojos toda la zona, nada se escapa a la visión aguda de un dragón enano, nada, pues son capaces de ver pequeños roedores incluso a un kilómetro de distancia. Y a esa altura es fácil confundirlo con un ave. El dragón desciende y se posa en el brazo de Sef para informar de lo avistado.

    –Están cerca. Cuatro carruajes, el tercero es el más lujoso y pequeño debe ser el objetivo, el primero y el segundo debe transportar a muchos escoltas, el ultimo solo lleva esclavos y suministros. Al frente avanzan ocho jinetes pesados, por su equipo deduzco que son mercenarios, otros cuatro al final del convoy y cuatro más a cada lado. No puedo calcular cuantos son en total, todos están dentro de los primeros dos carruajes. Diez minutos para su llegada.

    –Veinte jinetes pesados alrededor –repitió Sef pensando. Llamó a uno de los guerreros junto a él, joven y muy delgado–. Que los alquimistas ataquen al primer carruaje con todo, allí deben estar sus mejores soldados. Los arqueros deben acribillar a los jinetes que cabalgan a los lados y al frente. Quiero que el grupo de la retaguardia ataque por detrás a los jinetes que protegen el final.

    Esas fueron las órdenes y el pequeño joven, de sub-raza licano, corrió a hacia los demás grupos para informar. La mirada de Sef rebosa de seriedad, no hay cabida para bromas, ni errores. Cada vida de su grupo depende de su estrategia, es su primera vez al mando de una emboscada, y el temblor en la mano que empuña la espada lo demuestra.

    –Todo saldrá bien, no temas –Susurró Melina acercándose por detrás tomando su mano con cariño, tratando de elevar su ánimo y calmar sus dudas.

    La miro y asintió. Solo era cuestión de tiempo a partir de ahora. Como avisó el dragón negro en diez minutos la diligencia estaba ingresando en la zona. Al frente marchan gallardos lanceros a caballo, dotados de pesadas y brillantes armaduras de acerco con casi ningún agujero del cual poder abusar, largas lanzas de puntas afiladas y caballos protegidos con cota de malla.

    Detrás de estas dos carretas cubiertas y tiradas por cuatro caballos cada una, debe haber diez soldados y dos cocheros en cada una. Mas atrás se encuentra el carruaje del objetivo, no es difícil deducirlo, hecho de acero brillante con relieves de oro y madera fina con cristales tintados de negro para no poder ver el interior, el estandarte de la familia Dumont a los lados, un solo cochero que manipula dos caballos pura sangre de gran belleza.

    Al final la más grande carreta, que solo lleva suministros y un grupo de cuatro personas, civiles y posiblemente esclavos, los golpes en sus cuerpos y las ropas rotas los delatan. Cuatro jinetes atrás, a la izquierda y a la derecha. Una fuerza aproximada de cuarenta y ocho soldados, aunque cabe la posibilidad de que haya un par más escondidos.

    Avanzaron por la vereda debiendo detenerse al tener el camino bloqueado por una vieja carreta rota. Esta era rodeada por cinco hombres encapuchados y con el símbolo de la iglesia en sus túnicas. Un soldado bajó de su corcel y se acercó a ellos.

    –¡Que significa esto! –Exclamó alzando la voz de forma tosca–. Quiten esta porquería del camino para que pasemos.

    –N-no podemos, señor, está rota hemos tratado de moverla, pero no podemos. Es muy pesada –Dijo el Justiciero disfrazo de monje e incluso fingiendo ser un anciano.

    –¡Me importa una mierda! –Respondió empujándolo y tirándolo al suelo–. O la quitan ahora o la hacemos pedazos –Aquel sujeto con mínima educación se atrevió a sacar su espada ante un monje, bueno él creí que era un monje.

    Allí comenzó todo. Una sombra negra voló pasando a pocos metros del convoy y haciendo su típico sonido, algo entre un graznido y un rugido. Era la señal dada por Nazil.

    –¿Un dragón enano? –Se distrajo el mercenario mirándolo.

    Colmillo Veloz saltó por encima de la carreta, pues se escondió detrás de esta junto a Sef. Dos monjes atacaron clavando dagas en las corvas del insolente soldado arrodillándolo. Melina lo tomó por detrás y clavó sus afiladas garras en la garganta del soldado para luego arrancar un pedazo de su tráquea, esas zarpas fueron capaces de destrozar la cota de malla que resguardaba el cuello.

    Sef saltó parándose sobre la carreta y empuño su espada al cielo coreando una orden que sería secundada por Melina y los falsos monjes a todo pulmón.

    –¡Muerte a la oligarquía!

    –¡Justicieros! –Respondieron los jinetes alertado a todo el convoy.

    El cuerpo del primer soldado cayó a manos de Melina. En ese mismo momento se puso en marcha toda la estrategia de Sef. Sobre los árboles había cuatro alquimistas, personas conocedoras de la magia alquímica usada en batalla, dos a cada lado del camino, quienes atacaron con cargas ígneas.

    Frascos de una sustancia rojiza que al romperse liberan una llama capaz de prenderle fuego casi a cualquier cosa, la tela y madera del primer carruaje no fueron difíciles de encender en llamas abrazadoras que luego caían sobre los incautos soldados en su interior antes que pudiera siquiera salir.

    Los siguientes fueron los arqueros montados entre las ramas y mimetizados con atuendos verdosos y cafés, liberaron andanadas de flechas sobre los cocheros que no tardaron en perecer al ser los menos protegidos, sin embargo, los jinetes pesados gozaban de una armadura que podía hacer rebotar las flechas. Los soldados del segundo carruaje descendieron justo cuando la infantería de los justicieros salió de los arbustos para enfrentarse a ellos atacando por ambos lados.

    Lanzas y escudos, espadas y hachas, casi nada de armadura, esa era la realidad de los Justicieros, no están provistos del mejor equipo, pero esta carencia es compensada con experiencia y sobre todo odio ciego hacia los sirvientes de la maldecida oligarquía. Sin temor cargaron con las lanzas en alto contra esos mercenarios. Los caballos fueron los primeros en caer apuñalados en el cuello o los costados: quítale el cabello a un jinete y lo vencerás dicen.

    Los falsos monjes, junto con el grupo de la retaguardia formaban un grupo de asesinos, hombres y mujeres expertos en el uso de dagas y cuchillos, poseedores de una agilidad y velocidad abrumadora, normalmente son vampiros o elfos quienes dominan este estilo de combate. Arrojan cuchillos y se acercan por la espalda de los mercenarios para acuchillarlos en los costados, articulaciones o el cuello que son las zonas blandas de las armaduras. La batalla se trabó y encarneció en poco tiempo.

    Sef y Melina avanzaron también ejecutando a diestra a todo aquel se posará frente a ellos. La espada larga del guerrero se mueve como el viento esquivando arremetidas de lanzas y ataques de espadas, bloqueándolas para luego atacar las articulaciones con una precisión sorprendente, pues su espada tampoco es capaz de perforar el blindaje de esos jinetes. El dragón Nazil es la pareja perfecta para el hombre del bufanda, atacando por la espalda para distraer o lastimar a los enemigos pues sus fauces dotadas rasgan las corazas como un abrelatas a pesar de que son de acero, cuatro tres jinetes sucumbieron ante esa dupla de human-dragón.

    Colmillo Veloz, una campeona formidable y sagaz, se topó con dos soldados que la atacaron con lazas y estocadas que buscaban mantenerla a la distancia al vislumbrar que no posee armas, ella no las necesita. Bastaron las garras de Melina y agiles movimientos para cortar las puntas de las lanzas volvieran solo varas de madera. Se acercó a uno de ellos de un salto pateándolo con fuerza en la cara para dejarlo fuera de combate, el otro desenvainó su espada cerca de cortarle el cuello a la chica, pero ello se agachó, desde allí saltó embistiendo a ese infeliz para derribarlo, una vez en el suelo sus garras cortaron la cota de malla y luego el cuello.

    La sangre surcaba el empedrado suelo como un vil rio de rojo, el sonido de los metales y los gritos enardecía el lugar haciendo huir a todos los animales silvestres, el fuego seguía consumiendo la carreta mientras las vidas eran segadas una tras otra en ambos bandos. Los mercenarios no eran simples gatitos, también saben defenderse y lo hacen.

    Como era de esperarse había un par más soldados diferentes a los demás, son campeones famosos en la región que viajaban junto con Dean en su carruaje. La escolta personal de Dean Dumont está conformada por Héctor, El Leñador. Famoso por despreciar las armaduras y luchar únicamente con un pantalón y botas, así es con el torso desnudo y empuñando dos hachas de mano, no es alguien alto, de hecho, de es baja estatura, 1.65, pero su físico es cien por ciento musculo y mucho bello corporal, su cabello es corto y su piel es morena donde destacan muchas cicatrices.

    Luego está Misty, La Metálica, este mote se lo ganó debido a la extraña mascara de metal que siempre lleva sobre su rostro, sobre la cual únicamente hay dos aberturas para los ojos y nada más, su figura es muy delgada y un alto alta, su cabello es rojo y corto, casi como el de un hombre, es envuelta en un traje de cuero negro y ceñido sobre el cual porta muchas dagas y cuchillos los cuales es capaz de controlar con su mente debido a sus habilidades.

    Él arremete con violencia pura destrozando escudos y lanzas con sus hachas. Ella se mantiene inmóvil manipulando sus cuchillos para atacar los Justicieros desprevenidos. No tardaron en llamar la atención de Sef y Melina.

    –¡Melina, encárgate de esa enmascarada, el mastodonte enano es mío! –Ordenó Sef.

    –Será un placer –Sonrió ella limpiando la sangre de sus garras.

    –¡Héctor, enano de mierda! –Llamó Sef tras decapitar a un soldado, cruzando miradas con el campeón enemigo que también ejecutaba a un Justiciero con sus hachas.

    –¡Hijo de puta! –Exclamó El Leñador, sin mediar palabras se lanzó corriendo hacia Sef. Era muy rápido, más de lo que Sef supuso.

    Héctor saltó en el último momento tomando por sorpresa a Sef quien solo pudo bloquear con su espada el ataque de las hachas. La fuerza derribó al capitán justiciero haciéndolo rodar por el suelo en busca de distancia. A penas se levantó un látigo le atacó cortándole la mejilla. Una de las habilidades del Leñador es hacer crecer lianas muy finas desde sus manos.

    Usando esa misma habilidad lanzó lianas a las piernas de Sef atrapándolas y derribándolo, luego lo jaló hacia él retrayendo las lianas y buscando matarlo con una de sus hachas que fue detenida por la espada de Sef.

    –¿Qué pasa, no eres un campeón? –Cuestionó haciendo presión con su arma. Un solo brazo de Héctor hacia tal fuerza sobre el capitán que debía usar ambos y apenas poder igual la fuerza de su agresor–. ¿Entonces como crees que me vas a ganar inútil?

    –No, no necesito ser un campeón para matarte –Gruñó mirando por un segundo al cielo–. Tengo mis trucos.

    Nazil bajó en picada desde el cielo clavando sus garras con fuerza en la espalda de Héctor, debió elevarse antes que este se defendiera, llevándose entre las garras pedazos de piel arrancada. El Leñador gritó ante ese horrible ataque soltando a Sef. La sangre no se hizo esperar regándose por todos lados pues la herida era severa en su espalda. Un hombre sin armadura es una presa fácil para el peligroso Nazil.

    –¡Maldición! –Gritaba Héctor a todo pulmón.

    Sef atacó entonces arrojándole un cuchillo, pero a pesar de la herida el campeón no es presa fácil, con su hacha desvió el cuchillo. Sacó otra liana e intentó atrapar a Sef, pero este esquivo el ataque y la cortó. Corrió a rápido haca el enemigo, esquivó sus hachazos, demostrando que era más hábil con las armas que Héctor, en un ágil movimiento se colocó detrás de su enemigo para apuñalarlo por la espalda. Una coraza de madera emergió al instante salvándolo de la mortal estocada y atrapando la espada del capitán. El Leñador giró raídamente cerca de cortarle la cabeza a su enemigo quien debió abandonar su arma para salvarse.

    –Tu gusta mi Yun, Tortuga de Madera, puedo crear placas de madera sobre mi piel para protegerme –Rio el campeón con soberbia, sacándose la espada de Sef y tirándola lejos.

    –No puedo superar sus habilidades –Musitó Sef esquivando los siguientes ataques frenéticos del Leñador.

    Sacó otro cuchillo de su cinturón y se defendió, siendo más rápido podía esquivar el hacha y atacar con el cuchillo, pero si golpeaba la piel esta se recubría de madera un momento antes. Tenía que buscar una nueva estrategia y sin dudas la tenía. Se distrajo y recibió un poderoso puñetazo en el pecho. Todo el brazo de Héctor se convirtió en un trozo de madera contundente que arrojó a Sef por el aire. El golpe fue suficiente para llenarle la boca de sangre y dificultarle respirar por unos momentos, muy cerca de romperle el esternón, un dolor terrible lo invadió al capitán.

    No fue suficiente para vencerlo. Sacó de su gabardina una pequeña tarjeta muy singular que arrojó al cielo, justo antes que una liana le atrapara la pierna y lo jalara hacia Héctor que lo recibió con una patada en el costado, con la pierna convertida en madera, la sangre escapó aún más por la boca del justiciero y una costilla estuvo cerca de ceder ante ese impacto.

    –No eres rival, imbécil, ¿acaso te crees que eres un Lancerit? –Se carcajeó arrojando su liana como un látigo sobre la espalda de Sef arrancándole un grito y rasgando su ropa–. Los Lancerit son un chiste. Después de matarte me encagaré de ese puto dragón.

    –Lancerit –Gruñó Sef tratando de levantarse–. Yo soy uno.

    Lancerit es un término usado para referirse a personas normales que son capaces de pelear y matar a campeones haciendo uso de su inteligencia y herramientas diversas. Y Sef era justo eso, por años estrenó su habilidad con la espada y los puños, estudió artes mágicas para crear estrategias y trucos que sirvieran para hacer frente a los orgullosos campeones.

    La tarjeta que arrojó al cielo fue atrapada por Nazil quien sabía perfectamente lo que debía hacer. Volando a su máxima velocidad, una autentica saeta viviente. Pasó entre las piernas de Héctor sin que este lo previera cortándolo en el muslo interior con la tarjeta. Sin embargo, la liana de Héctor rompió el aire y logró alcanzar a Nazil atrapándolo por la cola para luego estrellarlo contra un árbol con rudeza. Ante de eso Nazil arrojó la tarjeta para que Sef la atrapara.

    –Maldita lagartija de mierda, cuando la atrape la voy a asar y me la voy… un momento, ¿Qué era eso que tenía y con lo que me cortó? –Miró entonces la mano de Sef.

    –La soberbia de los campeones es su maldición –Afirmó Sef con una enorme sonrisa, a pesar de estar todo golpeado y sangrante. En su mano sostenía una Karte, tarjetas mágicas cubiertas de runas que en conjunto crean hechizos complejos pero poderosos–. Seguro que ya conoces esta Karte.

    –N-no puede ser. Wir-sind-gleich –Tembló el campeón ante ese guerrero ordinario. Corrió entonces hacia Sef con una desesperación palpable–. ¡Te matare!

    Karte-Aktiviert –La carta brilló por un momento activando el hechizo.

    Wir-sind-gleich. Esta Karte posee un conjuro que anula las habilidades del campeón objetivo, para esto debe la carta ser impregnada con la sangre del objetivo. Este efecto solo ha de durar entre tres y diez minutos y esto depende del poder del campeón.

    Justo antes que llegara a Sef las habilidades de Héctor fueron anuladas. Sef esquivó el ataque del hacha y conectó un rodillazo al abdomen del campeón, luego un puñetazo y una patada directa a la cara logrando derribarlo y herirlo.

    –El principal problema de los campeones es que dependen demasiado de sus habilidades y se olvidan de entrenar el cuerpo y la destreza con armas. Nosotros. “la gente normal” estamos obligados a dominar todo lo que podamos para pelear –Decía Sef recuperando su espada.

    Héctor se levantó con una de sus hachas y atacó por la espalda. El capitán lo esquivó y le propino un codazo en la nariz. La verdad es que Héctor resultaba incluso algo torpe sin el uso de sus habilidades y es que todo su estilo se basa en eso. Quizás contra otro justiciero si podría luchar, pero no contra un maestro de la espada como Sef. Además, cometió el terrible error de desesperarse y atacar con todo mientras que el Justiciero solo esquivaba y lo golpeaba, antes de que llegaran los cinco minutos Héctor estaba extenuado y respirando por la boca. Atacó una vez más con ambas hachas que Sef esquivo saltando a un lado para propinarle un poderoso puñetazo en la cara derribándolo.

    La sangre escapaba de sus labios ante las piezas dentales desencajadas y los constantes cortes en mejillas labios, su nariz estaba destrozada de forma que la respiración era difícil, sus pómulos estaban hinchados y morados. Sef se alejó dando por finalizad la pelea.

    –¿A-a dónde vas cobarde? –Alegó Héctor escupiendo sangre, y un diente.

    –A ajusticiar a tu amo, tú ya estás muerto –Fue su respuesta.

    –Mis habilidades van a regresar en cinco minutos y te haré mierda –Amenazó levantándose tambaleándose.

    –Lo dudo mucho –Se escuchó una voz detrás de él. El campeón se volteó para mirar a un enfurecido dragón enano parlante–. Me toma dos segundos matar una ardilla y cuatro matar un toro, a un humano lo puedo hacer pedazos en menos tiempo.

    Miedo impregnó al otrora soberbio campeón. Esas garras negras afiladas como navajas y esas fauces que corta huesos y metal diezmaron su valor y lo hicieron salir huyendo. Nazil estaba furioso y lo siguió posándose sobre su cabeza propinando un picotazo que le abrió el cráneo de un solo golpe y lo derribó, una vez derrumbado era presa fácil para ser desgarrado y destrozado, primero buscó los ojos los cuales reventó con sus fauces, las manos que buscaban alejarlo fueron mutiladas por las garras y las mordidas del dragón, era un hombre fuerte pero agotado y sin poderes no era nada. La sangre y los gritos solo alimentaron la sed de sangre de ese pequeño ser que sin dudas había salido dolido del golpe con el árbol.

    Al tiempo que eso ocurrió la hermosa Colmillo Veloz también lidiaba con su propio problema. La Metálica, una campeona que siempre usa una máscara de metal luchaba contra un par de justicieros que hacían frente a los cuchillos voladores con sus escudos, mismos que estaban a punto de sucumbir con las constantes a arremetidas que mellaban la madera. Sin que lo notara por los árboles se movía ágil la figura delgada y canida de Melina hasta situarse sobre Metálica y saltar sobre ella.

    Misty la vio llegar y esquivo el ataque, cuatro dagas volaron hacia Melina rápidamente, pero la licana fue más veloz y saltó de regreso a la rama colgándose con un solo brazo, mostrando una gran fuerza en sus extremidades. Se columpió y ganó impulso para saltar contra Misty de nuevo, en el aire usó sus garras para desviar un par de cuchillos. Esta vez es tuvo muy cerca de herirla, pero la enmascarada se movió hacia un lado. Melina se paró sobre sus manos y girando la derribó usando sus piernas. La semihumana se abalanzó sobre la enmascarada montándola para ejecutarla.

    –Te tengo –Aseguró Melina levantado sus garras.

    –Eso crees –Respondió Misty.

    Melina desconocía que los cuchillos no era lo único que ella podía controlar. El Yun de Misty es Metal Control, le permite controlar con la mente objetos pequeños de metal. Entre estos su propia mascara, la cual proyectó hacia Melina golpeándola en la cara. La licana retrocedió aturdida y sangrando por ese golpe tan sorpresivo.

    Misty se levantó de un salto sacando dos nuevos cuchillos de su cinturón, se acercó a Melina logrando herirla en la pierna y la espalda.

    –Eso es todo lo que tienes estúpida perra –Amenazó Misty agitando sus cuchillos para quitarles la sangre.

    –No soy una Hund, estúpida –Gruñó Melina a pesar de la sangre y recuperando su postura de combate–. Soy una licana. ¡Lobo Agil!

    –Me importa una mierda, todos los semihumanos son iguales –Aseguró Misty encogiéndose de hombros.

    La velocidad y agilidad de Colmillo Veloz se volvió superior, moviéndose de un lado a otro esquiva los cuchillos que no dejan de acosarla, aunque se llevó un par de cortes. Misty debe retroceder, pero mientras use su Yun no puede hacer movimientos bruscos, en poco tiempo la licana estaba sobre ella. Misty liberó los cuchillos y se arrojó a un lado esquivando el ataque de Melina.

    –No huyas perra –Se burló Melina.

    Misty usó al máximo su Yun, todos los cuchillos que tenía los liberó y los hizo girar a su alrededor a manera de defensa, Melina debió pensar en una nueva forma de atacar. Eran al menos seis cuchillos girando a gran velocidad.

    –Vamos, atácame –Retó la enmascarada, aunque por dentro sabía que era una medida desesperada.

    Melina no se preocupó. Se colocó en posición de batalla, con las manos y pies en el suelo, se concentró para calcular el ataque y el movimiento preciso. Melina es una campeona de alto nivel, muchos han caído ante ella e incluso un campeón de la talla del Oriental probó de las garras de esta licana.

    Manada –Enunció Melina.

    Todo pasó en un segundo, o menos. Un clon emergió de Melina atacando a Misty, obviamente los cuchillos defensivos se clavaron brutalmente en este clon haciéndolo desaparecer, pero fue justo en ese lapso, en el que los cuchillos se clavaron en el clon, que Melina atacó usando la velocidad mejorada del Lobo Ágil. Saltó hacia Misty y rodó por el suelo, escapando del área de protección de los cuchillos, para lograr clavarle las diez garras de sus manos en el abdomen a Misty. Perforaron el cuero del traje y la piel como si fueran mantequilla. Misty soltó en ese momento el grito más fuerte de toda su vida, todo su control se desvaneció y llevó sus manos las muñecas de Melina en un intentando detenerla.

    –¡Para! –Gritaba Misty inundada por un dolor aterrador, usando toda su fuerza, que no es mucha, para detener las manos de Melina que seguían perforándola–. ¡Por favor!

    –No hay piedad para la oligarquía y sus sirvientes –Sentenció Melina sonriendo de lado.

    Sacó sus garras bruscamente, aumentando las heridas, y le propinó un fuerte puñetazo en la cara derribándola. La sangre que escapaba por las laceraciones era espantosa e incluso la evisceración era posible con tales heridas.

    Melina estaba a punto de finiquitarla, pero el destino se inmiscuyó. El ultimo jinete cargó por esa zona en busca de la cabeza de Melina, esto la alertó. Esquivó la punta de la lanza y se prendió de la cota de malla del caballo para trepar y colocarse detrás del jinete, allí fue fácil desgarrarle la garganta con sus garras y tirarlo del caballo para tomar el control de este. Cuando volvió la mirada a su presa Misty ya no estaba, la mujer de la máscara había huido. No le sería difícil a Melina seguir el rastro de sangre que se escapaba por el bosque, sin embargo, algo más llamó su atención.

    La batalla había terminado. Cadáveres regaban el empedrado suelo y los verdes matorrales titando el verde y el gris con rojo sangre, miembros amputados adornan la oda a la masacre seguida de los gritos de dolor y los desgarres moribundos de hombres y mujeres al borde de la muerte o terriblemente heridos.

    No se puede negar que es una derrota para los escoltas de Dean Dumont, es difícil contar, pero solo tres o cuatro sobrevivieron, entre ellos Misty quien escapó moribunda. Los que lograron salvarse del combate perecerían ejecutados por las estocadas de los Justicieros. No todo era miel sobre hojuelas para los Justicieros, esos mercenarios eran buenos guerreros que diezmaron a los cincuenta guerreros a solo dieciocho, tristemente, pero con orgullo los cadáveres de los aliados fueron recuperados.

    Sef avanzó hasta el carruaje principal, pero al abrirlo notó la ausencia del objetivo, el muy bastardo se había escapado por la puerta contraria solo dios sabe hace cuanto tiempo. El miedo y la furia invadieron al capitán, el fracaso se vislumbró al final de todo y las muertes tendría un valor nulo también, treinta y dos buenos hombres y mujeres masacrados entre lanzas y espadas para que al final Dean Dumont siguiera con vida corriendo por el bosque como una liebre aterrada.

    Pero el destino siempre está activó y suele moverse en todas direcciones. Un grito femenino vino desde el bosque llamando la atención de los Justicieros. Sef y dos más avanzaron en esa dirección topándose nada más y nada menos que a Dean Dumont tirado en el suelo luchando contra una mujer histérica que trataba de apuñalarlo con un cuchillo de queso.

    Los Justicieros se acercaron para quitársela de encima, la chica seguía pugnando por matarlo gritándole maldiciones y amenazas. Es notable el rencor y odio de esa joven, quien no tendría más de veinte años, se trata de una esclava marcada por la locura y degeneración de ese cerdo oligarca. El joven Dumont se levantó solo para regresar al suelo por un puñetazo de Sef.

    El más joven de la familia Dumont con solo veinte cuatro años, delgado y de piel clara como sus hermanos, cabello castaño y largo hasta los hombros de tipo rizado como el de su hermana, aunque no tanto. Es delgado y como buen rico viste soberbias prendas con filamentos de oro y pieles exóticas.

    –¡¿Qué significa esto?! –Alegó el joven Dean ofendido, tal era su arrogancia que no tenía miedo, al menos no del todo–. ¿No saben quién soy yo?

    –Si, un cerdo de mierda que vive en una mansión de oro y sangre de inocentes –Respondió Sef golpeándolo una vez más.

    La suerte estaba echada, el escape era imposible. Dos Justicieros tomaron a Dean, quien seguía aturdido por el puñetazo del capitán y con la boca rota. Regresaron a la zona de la masacre donde los demás habían recuperado a los aliados y apilaban los cadáveres enemigos. Cuando vieron llegar al cerdo oligarca la emoción se apoderó de ellos y con gritos y maldiciones a la familia Dumont lo recibieron. Algunos tuvieron el gusto de acercarse y golpearlo, entre ellos los esclavos que fueron liberados lograron tener un poco de dulce venganza pateándolo en el estómago, abofeteándolo y con puñetazos en las costillas. Él solo trataba de protegerse, pero sus captores se lo impedían aprisionándole las manos a la espalda con cuerdas. La lagrimas escaparon de sus ojos ante el dolor y el miedo

    Lo arrodillaron frente a todos y frente al capitán y Melina, quien se colocaba una venda alrededor de las heridas de forma torpe, no podía perderse de este dulce final por nada del mundo.

    –Señores, amigos, compañeros de armas. Se que esto ha sido una afrenta difícil y de un alto costo en sangre –Decía Sef tomando por el cabello a Dean, este trató de hablar, pero de nuevo lo golpearon para que callara–. Hoy, no solo la sangre de nuestros compañeros será vengada, sino la de muchos inocentes que han sufrido del poder de estos cerdos, abusos, robos, torturas, humillaciones y violaciones, ¡el día de hoy será la sangre de estos cerdos la que se derrame, y este es el primer golpe contundente de los Justicieros hacia la oligarquía!

    –Espera amigo, oye, espera, p-podemos hablar, ¡podemos hablar! ¡¿Cuándo dinero quieres?! ¡le puedo dar mucho dinero a todos, lo juro! –Suplicaba desesperado el joven Dumont–. ¡Los puedo hacer ricos a todos!

    –La justicia no tiene precio –Le susurró Melina, para luego darse el gusto de darle un puñetazo en el estómago–. ¡Tráiganla!

    –¡¿Traer que?! ¡¿Qué van a hacer?! –Murmuró con escasa voz el asustado chico–. Tengan piedad por favor.

    Un joven Justiciero se acercó con una bolsa de tela de la cual sacó una larga cadena hecha de oro puro. Las risas secundaron al ver la cara de Dean sorprendido por la belleza del objeto y no de lo que harían con ella.

    –Robamos muchas caravanas de esta región y otras para forjar esta belleza, supongo que tu asquerosa y viciada mente se interesa más por el oro y no por lo que es –Afirmó Sef–. ¡Súbanlo!

    Desde la rama de un árbol dos Justicieros levantaron Dean, quien trataba de escapar a ese agarre, pero era imposible, le ataron las manos a la espalda, los tobillos y lo amordazaron. La cadena de oro fue asegurada a la rama del árbol y luego alrededor del cuello de Dean. El miedo era visible en sus ojos, trataba de soltarse, pero era imposible.

    Sef miró con orgullo su obra, un miembro de una familia poderosa a su merced y punto de ser ejecutado, no obstante, decidió dejar este honor a otra persona. La joven que minutos ante intentó asesinar por su cuenta a Dean se acercó a Sef.

    –Un trato es un trato, Lira –Dijo Sef a la joven–. Sin tu información no habríamos podido lograr esto, la causa está en deuda contigo. De momento con lo único que puedo recompensarte es con esto, morirá a tu orden.

    –Por años esperé tanto poder hacer algo contra este desgraciado –Masculló ella mirando con un odio terrible a Dean–. Me habría gustado tenerlo a él y a la zorra degenerada de su hermana. Solo tenia catorce años cuando ellos…–El dolor de las memorias revivió sobre su piel, las lagrimas de odio escaparon de sus azules ojos–. Cuando ellos…t-todo lo que me hicieron. Quiero matarlos a todos.

    –Todo a su tiempo, todos pagarán su maldad ante nosotros –Afirmó Sef, abrazándola para calmarla. Curiosamente ese gesto hizo a Melian fruncir el ceño, aunque prefirió no hacer nada–. A tu orden –Le susurró Sef.

    –Dean Dumont –Murmuró Lira mirándolo a los ojos, él estaba aterrado y llorado también–. Todo el dolor que me causaste, por fin podré verte sufrir a ti... ¡Mátenlo! –Ordenó la chica degustado cada segundo, cada silaba de esa frase que enunció haciendo realidad su más anhelado sueño: ejecutar al hombre que la esclavizó y por años abusó de ella.

    Los dos Justicieros del árbol acataron la orden y empujaron a Dean. Con las manos atadas y las piernas inmovilizadas calló siendo sostenido por la cadena en su cuello. No podía hablar, no podía gritar ni siquiera hacer ruido alguno su cuello estaba completamente obstruido. La cara pronto se tornó morada por la ausencia de oxígeno y el constante bamboleo creado por sus movimientos de desesperación cesó a los pocos minutos. Cuando quedó inmóvil todo había terminado.

    Dean Dumont había muerto ese seis de marzo por la mañana, mientras sus hermanos mayores aguardaban jubilosos su regreso al hogar de la familia. Sef, el autor de tal acción, no imaginaba todo lo que su ataque desataría después esta ejecución. Para bien y para mal.

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
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