Explícito Infame

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 8 Abril 2019.

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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    317
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Infame
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    310
    PROLOGO

    El maravilloso reino de Evenns, joya del noreste, una de las naciones más grandes del mundo, llamado también el reino más pacífico y próspero del mundo. Que gran mentira.

    La corrupción, la intolerancia, la codicia, la envidia y la depravación es lo que rige desde la sombras a este gran reino. Su basto terreno está dividido en dieciséis regiones las cuales son gobernadas y administradas por una élite de nobles, las nueve familias, aquellas quienes pueden rivalizar en poder y dinero con el mismo rey.

    Estas familias han gobernado todo el territorio de Evenns desde hace siglos bajo la autorización de la corona, solo así se podría gobernar con firmeza un territorio tan grande. Para afianzar su dominio las familias han recurrido a la creación de milicias privadas donde los héroes son los principales guerreros. Estos grupos tenían el precepto de proteger y defender a las familias y sus propiedades, sin embargo hoy se han corrompido.

    Un nuevo negocio surgió para las opulentas familias, misiones pagadas por el estado o los pueblos, misiones que sus guerreros pueden cumplir. Cazarrecompensas, pacificación, captura o recuperación de mercancías, eliminación de criaturas peligrosas, escolta y, la peor de todas, el asesinato pagado.

    Este reino está corrupto y los nobles, la corona, el ejército y la iglesia tienen todo el poder en sus manos. Tanto poder ha dañado la mente y la consciencia de estas personas, ahora un grupo de ellos mira y codicia un poder aun mayor pero terriblemente oscuro y destructivo.​

    El destino está por cambiar la vida de un hombre y solo los dioses sabrán cuál es su verdadera misión en este mundo, aunque no sabemos que dios lo guiará.


    Advertencia, esta historia contiene: Gore, Violencia explicita, Tortura, Sexo explicito, Muerte de personajes, Temas sugestivos, Temas religiosos ficticios y Lenguaje altisonante o vulgar.
     
  2. Threadmarks: Capítulo 1: Vand
     
    Fersaw

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    Aries
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    Acción/Épica
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    3
     
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    4162
    Cuentan los rumores que existe un guerrero muy singular en las regiones céntricas del reino. Es el hombre más alto e imponente que muchos han visto.

    Su larga cabellera negra se funde con la capa de piel de lobo negro que siempre lleva en su espalda, su oscura mirada hace temblar al más valiente hombre o mujer. Cabalga entre las estepas, valles y bosques a lomos de un extraño bisonte de color blanco, una bestia enigmática y exótica.

    El guerrero deambula entre los pueblos y ciudades buscando misiones y dinero. Cada que entra en una posada la gente se queda muda ante su sombría presencia que emula y recuerda las leyendas de ángeles negros enviados a matar humanos.

    Nadie es capaz de acercarse a él para hablar, y aquellos que lo logran no podrán compartir palabra alguna con este misterioso hombre pues odia y aborrece cualquier tipo de contacto.

    En la batalla no le teme a nadie ni a nada, muestra una impiedad y violencia digna de un demonio.
    A este sujeto parece gustarle asesinar de formas barbáricas.

    Condenado una oscuridad y soledad perpetua es como ha decidido vivir por convicción propia. Él no lo sabe, pero ambos dioses conspiran para que su destino cambie al mundo.

    ¿Qué dios ganará y guiará a este hombre? Averígualo en Infame

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    Capítulo I: Vand

    25 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    La noche se cierne soberana en el cielo del reino de Evenns, nos encontramos en una de las dieciséis regiones en las que se divide todo el territorio más precisamente en la región de Chatton, un territorio donde imperan los grandes y espesos bosques. Es aquí donde comienza nuestra historia.

    Una pequeña e improvisada vereda es testigo de la desesperación con la que un hombre corre. Jadeando cansado y acelerado mira en todo momento sobre su hombro con gran temor.

    –¿D-donde se metió ese psicópata? –Se decía así mismo mientras corría.

    Aquel hombre de vestimenta andrajosa muestra atributos impropios de un humano su piel es pálida y sus ojos rojos, además de sus colmillos que lo delatan como miembro de la temida y odiada raza de vampiros. Aun siendo de la raza que en algún momento se alzó como la raza suprema es él quien corre despavorido de un atacante misterioso.

    –¡No lo veo! –Se dijo así mismo deteniéndose abruptamente para mirar en todas direcciones en busca de su agresor y tomar un poco de aire. Sacó de sus ropajes un par de cuchillos con los que se preparó para defenderse–. ¿Dónde estás cobarde hijo de perra?

    Una enorme y pesada hacha surcó el aire girando a toda velocidad hasta impactar violentamente en el hombro del vampiro. Tal fue la fuerza que este terminó incrustado a un árbol y con el hombro a medio cercenar. Un gritó cargado de dolor resonó en todo el bosque mientras la sangre, un tanto más oscura que la de los humanos, empapaba la ropa del vampiro.

    –¡Mierda, mierda! –Gritaba desesperado pues el más mínimo movimiento le causaba un terrible dolor–. ¡Vale, vale ya, me rindo, me rindo!

    En eso apareció el atacante de entre la maleza. Una figura imponente y atemorizante, un gigante le llamarían por su estatura que supera a la de la mayoría de los hombres aunada a su enorme musculatura. Una larga cabellera lacia recorre su espalda con un prefecto color negro y puntas blancas, sus ojos oscuros rebosan seriedad y frialdad que ven con desprecio al vampiro herido, posee una larga y espesa barba negra que adorna con unas trenzas.

    El negro es el color de su ropa, sobre su espalda una capa de piel de lobo negro le protege del frio, sus pies son cubiertos por botas de cuero sobre las cuales un par de grebas de hierro solido le protegen, su manos son cubiertas por guantes de cuero y sus antebrazos portan brazales de hierro sólido.

    –¿Qué hiciste con mi hermano? –Cuestionó el vampiro mirando con miedo a aquel hombre–. ¡¿Qué hiciste con mi hermano?! ¡Maldito monstruo!

    El barbudo no dijo nada solo levantó su mano mostrando la cabeza cercenada de otro vampiro.

    –…¡Hijo de puta! –Grito impactado viendo la cabeza de su hermano. Haciendo un gran esfuerzo se zafó del hacha dejando en su hombro una herida muy profunda y huesos rotos–. ¡Te haré pagar por esto malnacido monstruo!

    Tomó uno de sus cuchillos y dejando de lado el dolor e inundado por la ira se lanzó para atacar al asesino.

    –¡Muere cerdo hijo de puta…! –Se acercó al asesino con el cuchillo en alto.

    Su enemigo fue más rápido al tomar una pequeña hacha de su cinturón y en fugaz movimiento le cortaba el antebrazo. El vampiro quedó en shock al ver su brazo volar por el aire terminando por caer de rodillas al instante mientras su sangre se regaba por el suelo.

    –Odio a los vampiros –Gruñó en voz baja el gigante–. Odio a los bandidos, a los ladrones y a los mentirosos como tú –Tomó firmemente el cabello del vampiro alzando su cabeza para dejar expuesto su cuello. Levantó su mano con el hacha pequeña y en un feroz movimiento le cortó la cabeza de un tajo.

    La noche recién caía y dos vidas eran cegadas por este hombre. La solicitud requería las cabezas de ambos vampiros, literalmente, así que se las llevó consigo metiéndolas en un saco.

    Se dirigió a la vereda donde había dejado a su mascota la cual también le servía para transportarse.

    –Apenas me alejó y te duermes, Holgazán –Dijo mirando a su mascota mientras consigo llevaba un cofre y el saco.

    Frente a él se hallaba dormido un majestuoso y exótico bisonte blanco, una criatura muy poco común. Es mucho más grande que un bisonte común, posee patas más fuertes y robustas, unos cuernos más largos, y un pelaje blanco como la nieve.

    –¡Oye, Holgazán, despierta! –Bastó con alzar un poco la voz para que el bisonte despertara de su apacible sueño bramando un poco.

    La criatura, como buena mascota, se acercó a su amo para mostrar su afecto frotando su cabeza contra el pecho de este y luego lamer su rostro.

    –Vale, sí, mucho amor –Dijo con seriedad a pesar de que es claro el afecto que le tiene al animal–. Volvamos a ese jodido pueblo.

    Montó el pequeño cofre en la montura del bisonte y luego subió a el llevando el saco asido a su cinturón.

    Fue un viaje corto solo algunos minutos a través de la vereda hasta llegar a un modesto y humilde pueblo a la orilla de un grande per pacifico rio. A esas horas de la noche ya casi nadie había por la calles salvo uno que otro soldado que vigilaban la tranquilidad. Serian estos militares quienes mirarían arribar al cazarrecompensas a lomos de su bisonte, una visión atípica que les llamó la atención.

    –Qué demonios miran, imbéciles –Susurró para sí mismo frunciendo el ceño.

    Durante su trayecto se topó con un grupo singular de personas. Carentes de uniformidad en sus atuendos pero si en el hecho de que todos llevan armas y armaduras, estos son los famosos Campeones y no son tan diferentes al sombrío hombre que monta al bisonte pues también trabajan para el mejor postor, aunque ellos suelen tener otros principios.

    –Allí está otra vez ese sujeto, creí que ya no volvería –Susurró una guerrera de ese grupo a sus compañeros denotando desprecio.

    –¿A quién habrá matado en esta ocasión? –Preguntó otro de ellos.

    –¿Cómo sabes que viene de matar? –Cuestionó una chica algo sorprendida por tal aseveración.

    –Porqué sus armas están llenas de sangre al igual que ese saco que cuelga de su cintura. Ese sujeto solo elige misiones donde tenga que matar a alguien, da miedo.

    Sin mirarlos o prestarles atención siguió su curso hasta un establecimiento muy poco concurrido pero sobre todo de la mala fama. A este tipo de lugares se les denomina Tiendas Ocultas, no por que estén realmente ocultas, si no porque allí se venden cosas muy extrañas y se realizan negocios que pondrían en duda el honor y prestigio.

    La entrada a dicho establecimiento era resguardada por dos feroces licanos, hombres mitad humano mitad lobo, aunque siempre predominan los rasgos humanos. El cazarrecompensas bajó de su bisonte llevando consigo el saco y el cofre.

    –Se me antoja una chuleta de bisonte –Dijo uno de los licanos mirando a Holgazán mientras se lamia los labios y mostraba sus cuatro colmillos afilados.

    –Se me antoja agregar una cabeza más a este saco –Comentó el gigante mirando de reojo al licano con cara de pocos amigos.

    El guardia se ofendió y se acercó encarando al cazarrecompensas mientras gruñía y mostraba sus largos colmillos en señal de amenaza. De poco sirvió pues el enorme humano no se intimidaba aún era más alto y corpulento. Fue el otro guardia quien se encargó de alejar su compañero y evitar una pelea.

    –Cálmate. Él es un amigo del jefe, déjalo en paz –Ordenó a su compañero para que permitirá al humano entrar–. Lamento esto, señor Gaztard.

    Vand pasó de ellos e ingreso en el establecimiento.

    Solo con entrar se presentía lo extraño y bizarro que es el lugar. Escasa luz de velas y candelabros a penas iluminan el lugar, el cual era bastante amplio y ordenado con decenas y decenas de estantes y anaqueles de madera. Los primeros artículos no eran nada fuera de lo común, aparentemente, entre jarrones, pinturas, armas y armaduras de diversos estilos y materiales, el problema son las etiquetas que advierten de sus naturalezas tales como “Objeto maldito” u “Objeto poseído”

    Un par de metros más adelante empiezan las cosas exóticas o raras, pieles de animales, cabello de mujer y hombre, frascos con sangre de animales, criaturas muy pequeñas, órganos en líquidos extraños, garras, cuernos, colas, y muchas plantas atípicas. Todo esto se usa comúnmente para la alquimia o los rituales. Al final del lugar había una larga mesa de madera y tras de ella un hombre sentado y mirando fijamente al cazarrecompensas.

    Una singular forma de vestir lo caracteriza siendo todo su cuerpo cubierto por un burka en color negro con diferentes telas rojas y amarillas a manera de adornos sobre su pecho, la parte superior del burka solo nos deja ver sus ojos amarillos.

    Yabbhabi, mío amigo –Saludó cortésmente levantando sus manos cubiertas por guantes de seda negra con anillos de oro y plata–. Vand Gaztard, mi apreciado campeón, has regresado más rápido de lo esperado, seguro ese par de vampiros no fue un problema para usted.

    –Que importa, cumplí la misión y quiero mi paga –Dejó sobre la mesa el sacó con las cabezas y un oficio de misión el cual es el documento por el cual a un guerrero se le encomienda una misión.

    –Lo veo y lo aprecio –Rio el extraño hombre abriendo el saco para cerciorarse de la encomienda y por suerte fue fructífera–. Si, son ellos, los dos bribones que me robaron hace un par de días –Con una pluma especial firmó el documento y lo selló con uno de sus anillos–. Veo que también tienes contigo un cofre, deduzco quieres venderme su contenido.

    –Si –Dijo é abriéndolo–. Platos, vasos y cubiertos de porcelana, plata y bronce. Este par llevaba ya un par de meses asaltando gente por la vereda, ahora su botín es mío.

    –Y es un placer para mi comprarlo todo, incluido el cofre –Dijo levantándose de la silla.

    –Ustedes los coleccionistas compran cualquier cosa –Afirmó Vand satisfecho pero incapaz de sonreír.

    –Es un don y una habilidad, nosotros sabemos dónde y cuándo vender cualquier cosa. Si algo puede tener valor, por más mínimo que sea, un coleccionista lo comprará y lo venderá –Enunció una frase–. Te ofrezco cien denares por todo esto, más los cien de la misión, ¿qué os parece?

    –Esto es plata y porcelana, debe valer más –Frunció el ceño inconforme por la oferta del coleccionista.

    –Es robada –Respondió al instante el del burka haciendo sus ojos brillar–. Compramos cualquier cosa, pero los artículos ilegales o de dudosa procedencia tienen una penalización, señor Gaztard.

    –…bien, acepto el trato, doscientos denares –Gruñó algo molesto, pero igual aceptó.

    El coleccionista sonrió satisfecho y se retiró por un momento a otra habitación para contar el dinero que entregaría a Vand. El gigante se quedó esperando y viendo las tantas mercancías que allí hay. Todo era por mucho extraño para cualquiera que no concurriera estos establecimientos. Aun así un artículo destacó entre todos.

    En una repisa había un cofre de hierros sólido, muy tosco y de apariencia pesada, grandes cadenas lo rodeaban y enormes candados lo aseguraban, además tenía sobre sí muchos sellos mágicos. La curiosidad hizo a Vand acercarse, fue pues que el cofre comenzó a emitir una extraña luz verde que invadió los ojos del cazarrecompensas pareciendo controlarlo.

    Vand se acercó a la repisa y extendió su mano en busca de ese misterioso cofre. Hasta que una mano salió de la nada deteniendo el brazo del gigante.

    –Me temo que este articulo ya tiene un comprador, señor Vand –Advirtió con seriedad el coleccionista haciendo brillar su ojos con mayor intensidad.

    Vand reaccionó extrañado por su actuar tan repentino y el fulgor del cofre de apagó.

    –¿Qué es esa cosa? –Preguntó él mirando al coleccionista.

    –Es el artículo más valioso que venderé en toda mi vida –Reveló el hombre de los ojos amarillos mientras regresaba a su asiento y dejaba sobre la mesa una bolsa con monedas–. Eso es un Fragmento de Pecado Capital.

    La sola mención de tal objeto hizo entender al hombre de con capa de lobo que era algo relacionado con la magia negra o algo más siniestro.

    –¿Y eso que es? –Fue la siguiente pregunta de Vand.

    –Me temo que no puedo revelarlo –Rio el coleccionista ante la ignorancia del humano–. Fue la más grande colaboración con mis colegas alrededor del mundo la que me permitió hacerme con este artículo tan extraño y valioso. Solo puedo decirle, porque confió en usted, que el precio de ese pequeño objeto asciende al millón de denares.

    –¡¿Un millón de denares?! –Ni siquiera la seriedad y frialdad de Vand pudo ocultar su tremenda sorpresa ante esa suma tan exorbitante.

    –Bueno, es obvio que no será cualquier persona quien lo comprará. Aquí tiene su dinero, ¿desea algo más?

    –No –Tomó su bolsa de dinero y se dispuso a irse del lugar, no sin antes dedicar una mirada más a ese cofre que le causaba mucha curiosidad–. No creo que sea tan buen a idea guardar algo tan valioso en este lugar –Advirtió al coleccionista.

    Todo aquel que ose robar a los coleccionistas tendrá un terrible final –Enunció el extraño hombre haciendo brillar una vez más sus ojos.

    –Lo que sea –Musitó par sí arqueando la ceja. Sin más se retiró del lugar.

    Uno de los guardias semihumanos le gruñó pero Vand pasó de él. Se acercó a su apreciado bisonte y juntos se dirigieron al lugar más concurrido de todo el pueblo.

    Posada del héroe así se llaman estos singulares lugares donde los guerreros, aventureros y viajeros pasan las noches, comen, se reúnen, buscan misiones o hacen transacciones monetarias. A un lado hay un pequeño granero en el cual Holgazán pasaría la noche.

    El lugar estaba lleno de jóvenes y veteranos guerreros quienes disfrutaban de la calidez y alegría que allí hay. La comida caliente y cerveza fría es ordenada sin cesar y todo es animado por un grupo de músicos y juglares que entonan canciones divertidas a ritmos pegadizos. Hay un pequeño espacio en el centro del lugar donde dos viejos hombres ataviados con armaduras pesadas no se niegan al ritmo y bailan de forma cómica divirtiendo a los comensales.

    Todo era diversión, risas y música hasta que las puertas de abrieron y cierto guerrero vestido con piel de lobo entró. Como si vieran a un monstruo todos se callaron al instante ante la presencia de Vand Gaztard. No era nuevo en ese lugar pero no tiene buena fama en el mismo.

    Despreocupado por las miradas que cayeron sobre él cual lluvia avanzó por el lugar hasta llegar al mostrador donde están los auxiliares, aquellos que atienden y administran este y otros recintos similares. Los murmullos no se hicieron esperar, sobre todo entre los más jóvenes, mientras que los veteranos ven con malos ojos y miradas serias la presencia del cazarrecompensas.

    “Mírenlo, es él, el Gigante Sombrío” “Seguro viene de matar a algún pobre diablo” “No me gustara toparme con ese demente en el bosque por la noche” “Sus armas están llenas de sangre otra vez” “Lo vi entrar a la tienda oculta” “¿Hace tratos con los coleccionistas? Qué vergüenza, no tiene honor” “Deberían negarle el acceso aquí, solo insulta este lugar con su presencia” Era lo que la gente decía en voz baja acerca de él sin saber que era consiente de todo lo que decían sobre él y lo poco que le importaba.

    Vand se acercó al mostrador donde una joven elfa debía atenderle, pero la pobre chica no podía ocultar el nerviosismo que le causaba la presencia del gigante.

    –S-señor Gaztard, es un gusto verle de nuevo –Saludó cortésmente fingiendo una sonrisa–. ¿En qué puedo ayudarle?

    –Quiero depositar este dinero en mi soul –Entregó la bolsa de dinero, el oficio de misión y una pequeña tarjeta.

    Esta tarjeta se llama soul, sirve para almacenar el dinero de los guerreros afiliados a la posada del héroe y otros gremios de similares funciones: En ella se plasma una imagen de su dueño, Vand, su nombre completo, edad, descripción y datos físicos, cantidad de misiones realizadas con éxito y fallidas, teniendo cero en fallidas, cuánto dinero tiene almacenado.

    Pero más abajo hay dos estadísticas muy importantes: Objetivos no racionales eliminados y Objetivos racionales eliminados. La primera hace referencia a animales, criaturas y bestias eliminadas por el usuario, en el caso de Vand tenemos veinte, la segunda hace referencia a personas asesinadas la cual tiene la preocupante cifra de doscientos. Puede que tenga afinidad por matar personas.

    La joven hizo la transacción mediante un pedestal mágico el cual registró el movimiento en las cuentas de la posada y alteró el valor monetario en la soul, luego guardó el dinero en una habitación especial. Finalizado el movimiento le entregó la tarjeta a su dueño.

    –Listo, la transacción ha sido exitosa, ¿puedo ayudarlo en algo más…?

    –No –Respondió tajante y se fue a la habitación para buscar un ansiado descanso.

    Había muchas habitaciones en esa gran posada pero él ya había rentado una previamente. Se encerró en ella y solo su soledad le acompañó. Las horas pasaron mientras el Gigante Sombrío disfrutaba de esa soledad a la que tanto se ha acostumbrado, sentado en una silla leía un pequeño libro a la tenue luz de una única vela.

    No hay luz de luna esta noche, el cielo es cubierto por negras nubes que presagian una lluvia torrencial, la brisa del viento entra por las ventanas de la habitación y juega con las cortinas. Dicho lugar es solo iluminado por la tenue luz de una pequeña vela junto al hombre que no se intimida por la penumbra que le rodea. Ya se ha acostumbrado a las caricias de las sombras cada noche

    Un murmullo ininteligible llega hasta sus oídos, no se asusta pues lo conoce. Los vientos dejan de soplar al instante al igual que la vela se apaga sin motivo aparente sumiendo todo el entorno en oscuridad asfixiante. Vand se levantó de la silla y se acerca a la ventana para ver algo que ya espera.

    La vista daba directo al bosque que rodea el pequeño pueblo. Todo parecía tranquilo y común hasta que entre la maleza una grotesca y mórbida criatura salió.

    –Estas aquí, como siempre, siguiendo mis pasos –Un escalofrió recorrió al cazarrecompensas, su piel se erizó y un sudor frio comenzó a emanar de su piel a pesar del frio nocturno.

    Es una cabra su pelaje tan negro como la noche misma, los cuernos que nacen en su cabeza son grises agrietados, largos y retorcidos. Sus patas delanteras deberían ser pesuñas pero este ser escapa a la compresión, son manos humanas de uñas largas y pútridas con las que camina, las patas traseras son piernas cortas y deformes, su cola es una larga serpiente negra con gris que se enrolla y frota contra las patas de la criatura en todo momento, su lengua es bífida y escapa de su boca cada cierto momento junto a un líquido oscuro que mata toda planta que toca, finalmente la criatura depende de un perturbador tercer ojo situado en su frente para mirar directamente a Vand, los otros dos son solo cuencas vacías tan negras como un abismo.

    –¿Me seguirás hasta el día de mi muerte? Mórbido emisario de la oscuridad, Rargoroth –Bastaron un par de segundos mirando al ojo de la criatura para que los ojos de Vand se tornaran carentes de voluntad cual esclavo poseso–. ¿Cuántas vidas más debo tomar para que te alejes de mí para siempre? ¿O es que solo la muerte me alejará de tu custodia?

    La cabra solo señaló con su cabeza en dirección al bosque. Pero en ese momento tocaron a la puerta de la habitación. Vand salió abruptamente de su transe frotándose los ojos, la vela de la habitación se encendió sola y cuando él volvió a mirar la cabra había desaparecido.

    –Señor Gaztard –Llamó una mujer desde fuera–. Lamento molestarlo a estas horas, pero debo hablar con usted.

    El cuerpo de Vand estaba ligeramente paralizado por eso tardó un poco en llegar a la puerta y abrirla. La figura enorme y saliente de una gran oscuridad asustó a la elfa quien dio un pequeño chillido y retrocedió.

    –P-perdone, s-señor Gaztard –Se disculpó por su reacción.

    Era otra auxiliar, esto lo delataba su uniforme, también era elfa aunque un poco mayor que los demás. Aun así era una mujer muy hermosa de cabellos rubios y ojos verdes los cuales requieren de unos elegantes anteojos para ver bien.

    –¿Qué quieres, mujer? –Su voz era gruesa y grave delatando molestia.

    –V-verá. Debía esperar que los demás auxiliares y héroes se fueran para poder hablar con usted –Reveló susurrando–. Hoy por la mañana una chica vino aquí, me pidió que la ayudara a contactar campeones que no sirvieran a ninguna familia, y, pues usted es el único que no pertenece a…

    –No me importa, no soy un campeón –Interrumpió y se dispuso a cerrar la puerta pues no hallaba interés en la conversación.

    –¡Espere! –Llamó para que no cerrara la puerta–. Ella aseguró que haría un trato con los guerreros que lograra encontrar –La mención de una posible recompensa captó la atención del Gigante Sombrío–. Solo hay un pequeño inconveniente más, señor –Agregó con un poco de vergüenza.

    –Habla –La miró de reojo.

    –Ella dijo que iría al pueblo al otro lado del bosque pero que volvería aquí por la tarde, no lo ha hecho así que me preocupa un poco que algo le pudiera pasar. Usted sabe que el bosque es peligroso…

    –No me importa –Una vez más su interés desapareció.

    –Por favor, señor Gaztard –La elfa se mostró preocupada por la chica en cuestión–. Ella es muy joven y se le notaba inocente e incauta, en verdad no me gustaría que algo malo le pase. Traté de advertirle pero ella dijo que tenía que ir y que confiaba en sus escoltas…

    –Si tiene escoltas no me necesita, ahora deja de molestarme –Gruñó molesto por la insistencia de la elfa.

    –¡Ella está en peligro, lo sé! –Alzó la voz.

    El gigante se molestó y se acercó a ella asustándola y acorralándola contra una pared. La elfa tembló y estuvo a punto de gritar, ella misma se tapó la boca para evitarlo.

    –Deja de molestarme, no me importa lo que le pase a esa chica. Además, ¿cómo sabes que está en peligro? –Sus oscuros y salvajes ojos recorrían el cuerpo de la mujer como un depredador apunto de atacar.

    –Vi a un grupo de bandidos seguir su carreta cuando se adentró en el bosque –Confesó agachando la mirada por el miedo que ese hombre le causaba, el temblor en sus piernas y manos la delataba–. Le avisé a otro guerreros pero cuando un grupo estaba dispuesto a ir a ayudarla un capitán de la familia Dumont se acercó y les dijo algo que los convenció de no ir. No sé quién es ella, pero no quieren que nadie la ayude, todos los héroes que vienen aquí sirven a alguna familia, excepto usted. Por eso se lo pido, ayúdela por favor –Hizo una reverencia lo cual era una forma de pedir algo con mayor ímpetu.

    Vand gruñó molesto, pero también dubitativo entre si debía hacerlo o no, al final se decidió-

    –Bien, lo haré –fue lo único que dijo.

    Continuara…
     
    Última edición: 9 Abril 2019
  3. Threadmarks: Capítulo 2: Doncella en problemas
     
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    Capítulo 2: Doncella en problemas

    25 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    Una enorme sombra entra en un establo ataviado con su equipo de batalla, se encamina hasta el bisonte de blanco pelaje y con un pisotón en el suelo lo saca de su descanso.

    –Es hora, Holgazán, volvemos al bosque –Ordena el Gigante Sombrío a su mascota quien no duda en levantarse y salir del establo.

    Minutos después por la vereda se ve al guerrero alejarse a lomos de su fiel mascota adentrándose en la oscuridad del bosque con el objetivo de encontrar a esa chica de quien la elfa le habló.

    Sin que lo supiera desde la distancia, en una de las habitaciones de la posada, aquella mujer le veía alejarse aunque la sonrisa que articulaba delataba malas intenciones, quizás un engaño.

    –Caíste en la trampa, la próxima vez que nos veamos te estarán buscando por todo el reino. Solo espero que el señor Vitto haya hecho ya su trabajo –Musitó para sí misma mientras cerraba las cortinas de la habitación.

    Horas atrás, por la tarde del mismo día.

    En este momento esta misma elfa se encontraba teniendo una reunión privada con un hombre bastante particular en esa misma habitación.

    –¿Lo harás? –Cuestiona un hombre a la elfa.

    Este hombre no es cualquier persona ni cualquier guerrero, en esta región se lo conoce bien, su nombre es Vitto Leblanc, un campeón veterano y esto lo delatan las canas a los lados de su oscura cabellera. Su porte elegante y rudo lo delatan como un miembro de una familia, la familia Dumont para ser más específicos, algunas mujeres le consideran un galán, no es que sea guapo se debe más a su habilidad con las palabras. No es un hombre musculoso ni delgado es más bien robusto, aunque su armadura de bronce sólido y con bellos grabados lo hacen ver diferente. Sus ojos cafés miran con un toque de salacidad a la bella elfa con la que habla. En él destaca más que nada su poblado y negro bigote, lo cual es un orgullo para este campeón, no por nada su mote más conocido es El mostacho.

    –Señor Leblanc, por favor no me pida eso, en verdad no quiero tener nada que ver con ese sujeto, le tengo mucho miedo como para acercarme y mucho más de noche que no hay otros auxiliares ni guerreros en la posada –Respondía con temor ante la petición de aquel hombre, incluso agachando la mirada.

    –Vamos, vamos preciosa, no tienes por qué preocuparte –Sonrió coqueto mientras se acercaba a ella–. Sé que es más monstruo que persona, pero ni él se atrevería atacar a nadie dentro de la posada, no tienes que preocuparte por eso.

    –¿Está usted seguro de eso? –Levantó la mirada para toparse con una sonrisa segura y ladina.

    –Completamente, primor. Solo tienes que convencerlo para que vaya al bosque a la media noche, solo eso –Repitió el plan–. No solo te ganaras una buena cantidad de denares, si no también el favor de la familia Dumont y eso, preciosa, vale mucho –Decía mientras acariciaba la mejilla de la elfa.

    –B-bueno, supongo que tiene razón, después de todo la familia Dumont controla esta región y no estaría mal trabajar para ellos –Sonrió convencida al tiempo que las caricias del hombre la hacían sonrojarse y erizaban su piel.

    –Así se habla, primor –Le sonrió al tiempo que la tomaba por la cintura y la atraía hacia él de repente–. ¿Qué tal si tú y yo pasamos juntos el resto del día y te enseño cosas que nadie más puede?

    –S-señor Vitto –Dijo sonriendo y mordiéndose el labio.

    De regreso al presente. Nos hayamos a la mitad del bosque, un descampado es la locación de una terrible escena. El campo es cubierto por cadáveres asesinados de forma violenta pues su sangre tiñe la verde grama, estos hombres eran en vida los fieles escoltas de cierta joven que por esos bosques deambula, ahora yacen muertos la mayoría de ellos, pues unos cuantos fueron capturados por los agresores.

    –Ocho muertos, y cuatro capturados, señor esa fue una buena pelea, ¿no cree? –Recuenta las bajas un asesino de pésima apariencia, similar a un vagabundo, a esta clase de gente se les llama bandidos y no son más que delincuentes de la peor calaña.

    –¿Capturados? –Replica pensativo el mismísimo Vitto mientras con un paño limpiaba la sangre de la punta de su bella lanza de acero y plata–. Hoy no habrá capturados, muchachos.

    –¿Entonces qué hacemos con ellos, señor? –Pregunta el bandido, quien posiblemente sea el líder del grupo.

    –Decapítenlos con una hacha –Sentenció el del bigote con seriedad en la mirada y poco aprecio por la vida.

    Tanto los cuatro capturados como los mismos bandidos se sorprendieron al escuchar la orden. Ni siquiera los criminales están acostumbrados a matar sin motivos.

    –S-Señor Vitto, ¿No sería mejor venderlos como esclavos o usarlos como sirvientes? Además ¿Por qué decapitarlo con un hacha? Sería más rápido y fácil cortarles la garganta –Cuestionó el líder bandido sin entender el porqué de la orden.

    –Trabajar con bandidos ignorantes siempre es un fastidio –Musitó el campeón mientras suspiraba–. Tenemos que hacer que esto parezca causado por el Gigante Sombrío, idiota. Ese sujeto jamás deja a nadie con vida y le fascina decapitar a sus enemigos, por eso. Ahora cállate y haz lo que te ordené, y rápido, porque ya quiero largarme de este apestoso bosque.

    Los bandidos, que eran seis, se miraron entre sí y asintieron para acatar las órdenes de su jefe. Fijándose pues en los cuatro escoltas capturados y que estaban esposados y tirados en el suelo.

    –Maestra –Susurró un joven a una mujer–. ¿A dónde huyó la señorita Lily? Tenemos que ir por ella ya.

    –Lo sé, Rafael, pero ¿Cómo? Estamos atrapados, tenemos que salir de aquí para poder rescatarla –Respondió la mujer al joven. Este par era de esos cuatro capturados antes mencionados.

    Él sin dudas es el más joven de todos, se le nota en la cara y el fisco. Su ojos cafés miran con temor una forma de escapar de allí, golpes lleva sobre la cara que despeinaron su corto cabello castaño, además de dejar moratones sobre sus mejillas, que por cierto, será joven pero sin dudas el chico es apuesto, carece de altura pero se nota de complexión atlética, su piel es blanca lo que le resalta más lo golpes. Viste ropas comunes en colores rojo y negro además de escasa protección de bronce. Este chico solo tiene dieciocho años de edad, pero está lejos de ser un simple adolecente, es un guerrero.

    Por otro lado la mujer a la que se dirige no es tan joven, ronda los veinticuatro años. Ella es una guerrera de mayor nivel y su físico lo demuestra, su cuerpo es atlético con músculos marcados pero sin llegar a perder la belleza de la figura femenina, de hecho, sus perfectos abdominales y torneadas piernas son bastante atractivas, sus brazos no son tan gruesos pero se detallan bien sus músculos, digamos que su busto le ha provocado burlas por su escaso tamaño, aunque a ella poco le importa. Su cabellera es roja y ligeramente larga, su blanca piel hace destacar sus verdes y fieros ojos, las esméralas palidecerían de belleza ante los orbes de esta mujer. Sus labios poseen un apreciable y encantador tono rosa.

    Esta hermosa mujer viste ropas del mismo color que el joven, cambiando el pantalón por una falta negra, ella está mejor pertrechada llevando una armadura de hierro completa, entre peto, brazales, hombreras y grebas.

    –Señora Lena, no podemos dejar que esos cerdos de mierda pongan sus sucias manos sobre la señorita Lily, debemos…

    Uno de los bandidos se acercó y le propinó un pistón en la cara al chico, haciéndolo callar.

    –Cierra la puta, pendejo –Exclamó aquel despreciable hombre mientras reía.

    –Perro de mierda –Gruñó enojada la mujer al ver a su aprendiz recibir tal golpe, pero solo se llevó una bofetada por eso.

    Los bandidos solo reían y Vitto se preocupaba por limpiar la sangre que manchó su armadura. Uno de los criminales tomó a uno de los escoltas separándolo del grupo.

    –¡Ran! ¡Ran! –Exclamaba Lena al ver a su compañero ser llevado lejos de ellos.

    El hombre forcejeó contra su captor pero entre dos lo sometieron arrodillándolo e inclinando su cabeza sobre un tronco, otro bandido se acercó por un lado con un hacha de leñador, su objetivo era decapitar al hombre quien al ver el arma fue invadido por el pánico comenzando a suplicar por su vida.

    –Callen ya a ese insecto –Ordenó con despreció el señor Vitto.

    –¡No, por favor, no, no! –Gritaba el indefenso hombre.

    –¡Detengan esta locura, no tiene que hacer esto, si es dinero lo que quieren podemos dárselos! –Intervino Lena buscando salvar la vida de su subordinado.

    De nada sirvieron sus alegatos. El hacha descendió fugaz seccionando la cabeza de ese hombre en un solo movimiento. Los bandidos no sentían remordimiento alguno mientras que los tres escoltas restantes temblaron al prever su destino si no escapaban.

    A cierta distancia de donde esto ocurría otra situación no muy diferente de presentaba. En la oscuridad del bosque se vislumbra una figura femenina correr con vehemencia entre los matorrales cual si su vida dependiera de eso, y es que así es, pues detrás de ella dos bandidos más le persiguen.

    –¡Ayuda, Ayuda por favor! –Gritaba aquella chica con todas sus fuerzas.

    Las lágrimas de miedo y desesperación emanan a raudales de sus fascinantes ojos color plata y surcan sus blancas mejillas, su larga y lacia cabellera platinada ondea bruscamente y se ve manchada de tierra, hojas y pequeñas ramas debido a constantes tropiezos. Por suerte su complexión le ayuda y la hace más ágil pues es delgada y de baja estatura, en parte debido a su edad, diecinueve años.

    No obstante su atuendo no le ayuda, este consta de un vestido sencillo y sin mangas en color azul cielo, que hace un bello juego con sus ojos y blanquecina piel, su piernas son cubiertas y adornadas con medias blancas, antes calzaba unas bellas zapatillas, sin embargo debió despojarse de ellas para poder correr por el accidentado bosque, lo cual ya había lastimado sus delicados y pequeños pies, pero el miedo es mayor ante la presencia cada vez más cercana de sus perseguidores.

    Esta encantadora y agraciada joven, a quien miles de mujeres envidiaron su belleza natural, era acosada por dos burdos, andrajosos y salvajes hombres quienes no pararían hasta atraparla. Ambos eran bastante corpulentos y algo obesos pero conocían bien el terrero y no parecían tener mala condición pues cada vez estaban más cerca de atraparla.

    –Ven aquí hermosa, ven con nosotros –Decía uno de ellos mirando con sátiros ojos.

    –Me encantan los juegos previos, sobre todo cuando debo atrapar a una preciosa chica para luego cogerla –Agregó el otro, quien jadeaba pero no aminoraba su paso.

    –¡P-por favor déjenme en paz! –Suplicó ella tratando de sacarles ventaja, cosa que no lograba y su respiración advertía la carencia de fuerzas inminente.

    Con un salto uno de los hombres logró atrapar a la chica derribándola de forma ruda y rodando por el suelo con ella, un grito atravesó el bosque delatando su posición.

    –Te atrapé, te atrapé preciosa –Reía emocionado aquel perverso sujeto mientras la sometía con su fuerza.

    –¡No, no suéltame, suéltame! –Gritaba ella removiéndose con desespero en busca de una salida. Sus lágrimas y llanto solo aumentaron–. ¡Auxilio, auxilio, Rafael, Lena, por favor!

    –Cállate ya, maldita sea, aun cuando nos hiciste correr por todo e-el puto bosque gritas como loca, deja de hacer esto más difícil y coopera –Esto lo dijo el otro mientras jadeaba agotado.

    –Que linda se ve, es como una gatita atrapada –Comentó el primero mientras la tomaba con firmeza del cabello haciéndola gritar de dolor–. Me encantan las gatitas como tú –Susurró lamiendo la mejilla de la chica.

    –¡Por favor, por favor no me hagan daño, se los suplico! –Imploró la chica con asco y miedo ante tal muestra de depravación–. S-si lo que quieren es dinero se los puedo dar lo juro, no tienen por qué hacer esto.

    –Esta estúpida cree que puede pagarnos más que el señor Vitto…–Alegó el otro hombre.

    –¡Cállate idiota! –Reprochó el primero a su compañero–. No digas el nombre de nuestro jefe, pendejo.

    –Que más da que lo sepa, igual la vamos a matar –Se encogió de hombros despreocupado–. Aunque la verdad es un gran desperdicio matar a una preciosura como esta.

    –¿Desperdicio? ¿Quién te dijo que no voy a aprovechar esto? –Sonrió el primer bandido con lujuria en la mirada.

    –¿Q-que me van a hacer? –Preguntó asustada mirándoles temblando ante esas sonrisas impropias de un hombre honorable–. N-no.

    Con fuerza el primer sujeto destrozó el vestido que cubría a la inocente chica obligándola a mostrar su cuerpo solo cubierto ahora por la ropa interior, un conjunto blanco como sus medias además de un elegante ligero. Acto seguido la colocaron boca abajo con fuerza imposibilitándole el moverse.

    –¡Auxilio! –Gritó una vez más con todas sus fuerzas entre un agónico llanto inundado de terror y desesperación, suplicando a dios que alguien llegara en su ayuda.

    –Como grita esta puta, debería cerrarle el hocico de un golpe –Gruñó el primer hombre mientras se bajaba el pantalón–. Tranquila ahora te daré motivos para gritar de verdad.

    Entre risas e insultos que buscaban mitigar los lloriqueos y gritos de la chica todo parecía aciago para esta inocente joven que sería mancillada por un par de cerdos carentes de honor que se hacen llamar hombres.

    Las manos del primer bellaco tomaron las bragas de ella con intenciones de quitarlas, mismo momento en que las negras nubes cubrían la luna apagando la única fuente de luz. Algo extraño pasó en ese momento, un mugido se escuchó en la distancia llamando la atención de los bandidos.

    –¿Una vaca? –Cuestionó el primero mirando a todos lados para descifrar la dirección de la que proviene el sonido.

    –No hay vacas en los bosques idiota –Respondió su compañero tapando la boca de la chica al instante para evitar que alguien la oyera.

    –No soy tarado, se lo que escuché y claramente fue un mugido –Replicó el primero dejando de lado sus ruines intenciones para con la chica.

    Un viento frio recorrió el lugar erizando las pieles de los hombres, y la de la chica quien poca ropa le quedaba. Las nubes siguieron su curso liberando lentamente la luz de la luna otra vez. Entre los arbustos cercanos emergió una sombra de gran estatura llamando la atención de los bandidos.

    –¿Quién anda allí? –Exigió el primero subiéndose el pantalón y sacando un cuchillo–. Si valoras tu vida será mejor que te…

    Un miedo propio de un ser cobarde lo recorrió en un solo segundo al reconocer quien era aquel. Sus manos temblaron. El segundo sujeto no veía de quien se trataba, estaba más enfocado en aprisionar a la chica para que no hablara ni escapara.

    Se escuchó el filo de un arma entre las sombras y en un parpadeo un hacha de mano voló por los aires clavándose de forma brutal y mortal en la frente del primer bandido. Cayó al suelo con el cráneo a medio partir y con hacha incrustada en él. El otro bandido y la chica se paralizaron ante tal acción.

    Fue entonces que emergió de entre las sombras de los matorrales el autor de ese asesinato. El Gigante Sombrío es como lo llaman, la capa de piel de lobo lo delata al igual que su enorme hacha que cuelga en su espalda, cabello largo oscuro y esa frondosa barba negra y como olvidar esa fría mirada que atemoriza a cualquiera.

    –¿Quién diablos eres tú maldito? –Gruñó furiosos el bandido, al parecer no lo conocía.

    Con mayor vileza soltó a la chica para luego propinarle un rodillazo directo al muslo haciéndola caer al suelo adolorida e incapaz de levantarse por un tiempo. La verdad es que poco le importó eso a Vand, pues su mirada estaba fija en el bandido restante.

    –Esto te costará caro imbécil, nadie se mete con un miembro de mi grupo y vive para contarlo –Amenazó el bandido mientras desenfundaba una espada de baja calidad y pésimo cuidado. Sin pensarlo se lanzó corriendo hasta Vand.

    La chica miraba lo que ocurría y poco podía entender pues desconocía quien era ese barbudo tan imponente, lo único que sabía es que le causaba aún más terror que los bandidos, trataría de escapar pero el dolor en su pierna se lo impedía además que el frio nocturno atosigaba su semidesnuda piel.

    El bandido fijó al inmutable gigante, dio un gran salto y arrojó un corte descendente sobre él. El choque de metales resonó por el bosque y un fragmento de espada voló por el aire. La espada del bandido se partió ante los gruesos y pesados brazales de hierro de Vand. El puño de Vand emitió un fulgor oscuro que erizó la piel del bandido, no pudo hacer nada ante el brutal puñetazo que el barbudo le impactó en el abdomen.

    Ni siquiera pudo gritar pues la respiración le era imposible, los ojos casi saltan de sus cuencas y las piernas cedieron al instante arrodillándolo, instantes después su estómago regresó su contenido vomitando y tosiendo en un afán por respirar.

    –Odio a los bandidos –Susurró con desprecio el gigante. Levantó su mano sobre el indefenso sujeto–. Fuego negro

    Enuncia liberado una llamarada negra desde su mano la cual cubrió por completo al hombre prendiéndolo en fuego. Estos incautos bandidos se toparon con una persona con un aprecio aún menor por la vida. Los gritos de desesperación y agonía inundaron el bosque, trató de correr o rodar por el suelo pero nada acaba con esa llama.

    Los ojos oscuros de Vand ahora se fijaron en la chica quien miraba temblando aterrada lo que ocurría, al parecer tal nivel de violencia era algo nuevo para sus ojos. Vand caminó hasta ella, cual si no viera aun hombre si no aun enorme ángel negro, tal fue el miedo que no pudo controlarse y terminó por orinarse.

    –¿Tú eres Lily Adevane? –Preguntó Vand mirándola con fría mirada.

    Ella no tenía voz para responder solo alcanzó a asentir moviendo la cabeza.

    –Escuché que necesitabas un campeón que no sirva a ninguna familia para trabajar –Explicó él sin notar, o sin importarle, el miedo de la chica–. Me interesa

    Continuara…
     
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