Explícito Infame

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 8 Abril 2019.

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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    359
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Infame
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    310
    PROLOGO

    El maravilloso reino de Evenns, joya del noreste, una de las naciones más grandes del mundo, llamado también el reino más pacífico y próspero del mundo. Que gran mentira.

    La corrupción, la intolerancia, la codicia, la envidia y la depravación es lo que rige desde la sombras a este gran reino. Su basto terreno está dividido en dieciséis regiones las cuales son gobernadas y administradas por una élite de nobles, las nueve familias, aquellas quienes pueden rivalizar en poder y dinero con el mismo rey.

    Estas familias han gobernado todo el territorio de Evenns desde hace siglos bajo la autorización de la corona, solo así se podría gobernar con firmeza un territorio tan grande. Para afianzar su dominio las familias han recurrido a la creación de milicias privadas donde los héroes son los principales guerreros. Estos grupos tenían el precepto de proteger y defender a las familias y sus propiedades, sin embargo hoy se han corrompido.

    Un nuevo negocio surgió para las opulentas familias, misiones pagadas por el estado o los pueblos, misiones que sus guerreros pueden cumplir. Cazarrecompensas, pacificación, captura o recuperación de mercancías, eliminación de criaturas peligrosas, escolta y, la peor de todas, el asesinato pagado.

    Este reino está corrupto y los nobles, la corona, el ejército y la iglesia tienen todo el poder en sus manos. Tanto poder ha dañado la mente y la consciencia de estas personas, ahora un grupo de ellos mira y codicia un poder aun mayor pero terriblemente oscuro y destructivo.​

    El destino está por cambiar la vida de un hombre y solo los dioses sabrán cuál es su verdadera misión en este mundo, aunque no sabemos que dios lo guiará.


    Advertencia, esta historia contiene: Gore, Violencia explicita, Tortura, Sexo explicito, Muerte de personajes, Temas sugestivos, Temas religiosos ficticios y Lenguaje altisonante o vulgar.
     
  2. Threadmarks: Capítulo 1: Vand
     
    Fersaw

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    Aries
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    Infame
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    4162
    Cuentan los rumores que existe un guerrero muy singular en las regiones céntricas del reino. Es el hombre más alto e imponente que muchos han visto.

    Su larga cabellera negra se funde con la capa de piel de lobo negro que siempre lleva en su espalda, su oscura mirada hace temblar al más valiente hombre o mujer. Cabalga entre las estepas, valles y bosques a lomos de un extraño bisonte de color blanco, una bestia enigmática y exótica.

    El guerrero deambula entre los pueblos y ciudades buscando misiones y dinero. Cada que entra en una posada la gente se queda muda ante su sombría presencia que emula y recuerda las leyendas de ángeles negros enviados a matar humanos.

    Nadie es capaz de acercarse a él para hablar, y aquellos que lo logran no podrán compartir palabra alguna con este misterioso hombre pues odia y aborrece cualquier tipo de contacto.

    En la batalla no le teme a nadie ni a nada, muestra una impiedad y violencia digna de un demonio.
    A este sujeto parece gustarle asesinar de formas barbáricas.

    Condenado una oscuridad y soledad perpetua es como ha decidido vivir por convicción propia. Él no lo sabe, pero ambos dioses conspiran para que su destino cambie al mundo.

    ¿Qué dios ganará y guiará a este hombre? Averígualo en Infame

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    Capítulo I: Vand

    25 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    La noche se cierne soberana en el cielo del reino de Evenns, nos encontramos en una de las dieciséis regiones en las que se divide todo el territorio más precisamente en la región de Chatton, un territorio donde imperan los grandes y espesos bosques. Es aquí donde comienza nuestra historia.

    Una pequeña e improvisada vereda es testigo de la desesperación con la que un hombre corre. Jadeando cansado y acelerado mira en todo momento sobre su hombro con gran temor.

    –¿D-donde se metió ese psicópata? –Se decía así mismo mientras corría.

    Aquel hombre de vestimenta andrajosa muestra atributos impropios de un humano su piel es pálida y sus ojos rojos, además de sus colmillos que lo delatan como miembro de la temida y odiada raza de vampiros. Aun siendo de la raza que en algún momento se alzó como la raza suprema es él quien corre despavorido de un atacante misterioso.

    –¡No lo veo! –Se dijo así mismo deteniéndose abruptamente para mirar en todas direcciones en busca de su agresor y tomar un poco de aire. Sacó de sus ropajes un par de cuchillos con los que se preparó para defenderse–. ¿Dónde estás cobarde hijo de perra?

    Una enorme y pesada hacha surcó el aire girando a toda velocidad hasta impactar violentamente en el hombro del vampiro. Tal fue la fuerza que este terminó incrustado a un árbol y con el hombro a medio cercenar. Un gritó cargado de dolor resonó en todo el bosque mientras la sangre, un tanto más oscura que la de los humanos, empapaba la ropa del vampiro.

    –¡Mierda, mierda! –Gritaba desesperado pues el más mínimo movimiento le causaba un terrible dolor–. ¡Vale, vale ya, me rindo, me rindo!

    En eso apareció el atacante de entre la maleza. Una figura imponente y atemorizante, un gigante le llamarían por su estatura que supera a la de la mayoría de los hombres aunada a su enorme musculatura. Una larga cabellera lacia recorre su espalda con un prefecto color negro y puntas blancas, sus ojos oscuros rebosan seriedad y frialdad que ven con desprecio al vampiro herido, posee una larga y espesa barba negra que adorna con unas trenzas.

    El negro es el color de su ropa, sobre su espalda una capa de piel de lobo negro le protege del frio, sus pies son cubiertos por botas de cuero sobre las cuales un par de grebas de hierro solido le protegen, su manos son cubiertas por guantes de cuero y sus antebrazos portan brazales de hierro sólido.

    –¿Qué hiciste con mi hermano? –Cuestionó el vampiro mirando con miedo a aquel hombre–. ¡¿Qué hiciste con mi hermano?! ¡Maldito monstruo!

    El barbudo no dijo nada solo levantó su mano mostrando la cabeza cercenada de otro vampiro.

    –…¡Hijo de puta! –Grito impactado viendo la cabeza de su hermano. Haciendo un gran esfuerzo se zafó del hacha dejando en su hombro una herida muy profunda y huesos rotos–. ¡Te haré pagar por esto malnacido monstruo!

    Tomó uno de sus cuchillos y dejando de lado el dolor e inundado por la ira se lanzó para atacar al asesino.

    –¡Muere cerdo hijo de puta…! –Se acercó al asesino con el cuchillo en alto.

    Su enemigo fue más rápido al tomar una pequeña hacha de su cinturón y en fugaz movimiento le cortaba el antebrazo. El vampiro quedó en shock al ver su brazo volar por el aire terminando por caer de rodillas al instante mientras su sangre se regaba por el suelo.

    –Odio a los vampiros –Gruñó en voz baja el gigante–. Odio a los bandidos, a los ladrones y a los mentirosos como tú –Tomó firmemente el cabello del vampiro alzando su cabeza para dejar expuesto su cuello. Levantó su mano con el hacha pequeña y en un feroz movimiento le cortó la cabeza de un tajo.

    La noche recién caía y dos vidas eran cegadas por este hombre. La solicitud requería las cabezas de ambos vampiros, literalmente, así que se las llevó consigo metiéndolas en un saco.

    Se dirigió a la vereda donde había dejado a su mascota la cual también le servía para transportarse.

    –Apenas me alejó y te duermes, Holgazán –Dijo mirando a su mascota mientras consigo llevaba un cofre y el saco.

    Frente a él se hallaba dormido un majestuoso y exótico bisonte blanco, una criatura muy poco común. Es mucho más grande que un bisonte común, posee patas más fuertes y robustas, unos cuernos más largos, y un pelaje blanco como la nieve.

    –¡Oye, Holgazán, despierta! –Bastó con alzar un poco la voz para que el bisonte despertara de su apacible sueño bramando un poco.

    La criatura, como buena mascota, se acercó a su amo para mostrar su afecto frotando su cabeza contra el pecho de este y luego lamer su rostro.

    –Vale, sí, mucho amor –Dijo con seriedad a pesar de que es claro el afecto que le tiene al animal–. Volvamos a ese jodido pueblo.

    Montó el pequeño cofre en la montura del bisonte y luego subió a el llevando el saco asido a su cinturón.

    Fue un viaje corto solo algunos minutos a través de la vereda hasta llegar a un modesto y humilde pueblo a la orilla de un grande per pacifico rio. A esas horas de la noche ya casi nadie había por la calles salvo uno que otro soldado que vigilaban la tranquilidad. Serian estos militares quienes mirarían arribar al cazarrecompensas a lomos de su bisonte, una visión atípica que les llamó la atención.

    –Qué demonios miran, imbéciles –Susurró para sí mismo frunciendo el ceño.

    Durante su trayecto se topó con un grupo singular de personas. Carentes de uniformidad en sus atuendos pero si en el hecho de que todos llevan armas y armaduras, estos son los famosos Campeones y no son tan diferentes al sombrío hombre que monta al bisonte pues también trabajan para el mejor postor, aunque ellos suelen tener otros principios.

    –Allí está otra vez ese sujeto, creí que ya no volvería –Susurró una guerrera de ese grupo a sus compañeros denotando desprecio.

    –¿A quién habrá matado en esta ocasión? –Preguntó otro de ellos.

    –¿Cómo sabes que viene de matar? –Cuestionó una chica algo sorprendida por tal aseveración.

    –Porqué sus armas están llenas de sangre al igual que ese saco que cuelga de su cintura. Ese sujeto solo elige misiones donde tenga que matar a alguien, da miedo.

    Sin mirarlos o prestarles atención siguió su curso hasta un establecimiento muy poco concurrido pero sobre todo de la mala fama. A este tipo de lugares se les denomina Tiendas Ocultas, no por que estén realmente ocultas, si no porque allí se venden cosas muy extrañas y se realizan negocios que pondrían en duda el honor y prestigio.

    La entrada a dicho establecimiento era resguardada por dos feroces licanos, hombres mitad humano mitad lobo, aunque siempre predominan los rasgos humanos. El cazarrecompensas bajó de su bisonte llevando consigo el saco y el cofre.

    –Se me antoja una chuleta de bisonte –Dijo uno de los licanos mirando a Holgazán mientras se lamia los labios y mostraba sus cuatro colmillos afilados.

    –Se me antoja agregar una cabeza más a este saco –Comentó el gigante mirando de reojo al licano con cara de pocos amigos.

    El guardia se ofendió y se acercó encarando al cazarrecompensas mientras gruñía y mostraba sus largos colmillos en señal de amenaza. De poco sirvió pues el enorme humano no se intimidaba aún era más alto y corpulento. Fue el otro guardia quien se encargó de alejar su compañero y evitar una pelea.

    –Cálmate. Él es un amigo del jefe, déjalo en paz –Ordenó a su compañero para que permitirá al humano entrar–. Lamento esto, señor Gaztard.

    Vand pasó de ellos e ingreso en el establecimiento.

    Solo con entrar se presentía lo extraño y bizarro que es el lugar. Escasa luz de velas y candelabros a penas iluminan el lugar, el cual era bastante amplio y ordenado con decenas y decenas de estantes y anaqueles de madera. Los primeros artículos no eran nada fuera de lo común, aparentemente, entre jarrones, pinturas, armas y armaduras de diversos estilos y materiales, el problema son las etiquetas que advierten de sus naturalezas tales como “Objeto maldito” u “Objeto poseído”

    Un par de metros más adelante empiezan las cosas exóticas o raras, pieles de animales, cabello de mujer y hombre, frascos con sangre de animales, criaturas muy pequeñas, órganos en líquidos extraños, garras, cuernos, colas, y muchas plantas atípicas. Todo esto se usa comúnmente para la alquimia o los rituales. Al final del lugar había una larga mesa de madera y tras de ella un hombre sentado y mirando fijamente al cazarrecompensas.

    Una singular forma de vestir lo caracteriza siendo todo su cuerpo cubierto por un burka en color negro con diferentes telas rojas y amarillas a manera de adornos sobre su pecho, la parte superior del burka solo nos deja ver sus ojos amarillos.

    Yabbhabi, mío amigo –Saludó cortésmente levantando sus manos cubiertas por guantes de seda negra con anillos de oro y plata–. Vand Gaztard, mi apreciado campeón, has regresado más rápido de lo esperado, seguro ese par de vampiros no fue un problema para usted.

    –Que importa, cumplí la misión y quiero mi paga –Dejó sobre la mesa el sacó con las cabezas y un oficio de misión el cual es el documento por el cual a un guerrero se le encomienda una misión.

    –Lo veo y lo aprecio –Rio el extraño hombre abriendo el saco para cerciorarse de la encomienda y por suerte fue fructífera–. Si, son ellos, los dos bribones que me robaron hace un par de días –Con una pluma especial firmó el documento y lo selló con uno de sus anillos–. Veo que también tienes contigo un cofre, deduzco quieres venderme su contenido.

    –Si –Dijo é abriéndolo–. Platos, vasos y cubiertos de porcelana, plata y bronce. Este par llevaba ya un par de meses asaltando gente por la vereda, ahora su botín es mío.

    –Y es un placer para mi comprarlo todo, incluido el cofre –Dijo levantándose de la silla.

    –Ustedes los coleccionistas compran cualquier cosa –Afirmó Vand satisfecho pero incapaz de sonreír.

    –Es un don y una habilidad, nosotros sabemos dónde y cuándo vender cualquier cosa. Si algo puede tener valor, por más mínimo que sea, un coleccionista lo comprará y lo venderá –Enunció una frase–. Te ofrezco cien denares por todo esto, más los cien de la misión, ¿qué os parece?

    –Esto es plata y porcelana, debe valer más –Frunció el ceño inconforme por la oferta del coleccionista.

    –Es robada –Respondió al instante el del burka haciendo sus ojos brillar–. Compramos cualquier cosa, pero los artículos ilegales o de dudosa procedencia tienen una penalización, señor Gaztard.

    –…bien, acepto el trato, doscientos denares –Gruñó algo molesto, pero igual aceptó.

    El coleccionista sonrió satisfecho y se retiró por un momento a otra habitación para contar el dinero que entregaría a Vand. El gigante se quedó esperando y viendo las tantas mercancías que allí hay. Todo era por mucho extraño para cualquiera que no concurriera estos establecimientos. Aun así un artículo destacó entre todos.

    En una repisa había un cofre de hierros sólido, muy tosco y de apariencia pesada, grandes cadenas lo rodeaban y enormes candados lo aseguraban, además tenía sobre sí muchos sellos mágicos. La curiosidad hizo a Vand acercarse, fue pues que el cofre comenzó a emitir una extraña luz verde que invadió los ojos del cazarrecompensas pareciendo controlarlo.

    Vand se acercó a la repisa y extendió su mano en busca de ese misterioso cofre. Hasta que una mano salió de la nada deteniendo el brazo del gigante.

    –Me temo que este articulo ya tiene un comprador, señor Vand –Advirtió con seriedad el coleccionista haciendo brillar su ojos con mayor intensidad.

    Vand reaccionó extrañado por su actuar tan repentino y el fulgor del cofre de apagó.

    –¿Qué es esa cosa? –Preguntó él mirando al coleccionista.

    –Es el artículo más valioso que venderé en toda mi vida –Reveló el hombre de los ojos amarillos mientras regresaba a su asiento y dejaba sobre la mesa una bolsa con monedas–. Eso es un Fragmento de Pecado Capital.

    La sola mención de tal objeto hizo entender al hombre de con capa de lobo que era algo relacionado con la magia negra o algo más siniestro.

    –¿Y eso que es? –Fue la siguiente pregunta de Vand.

    –Me temo que no puedo revelarlo –Rio el coleccionista ante la ignorancia del humano–. Fue la más grande colaboración con mis colegas alrededor del mundo la que me permitió hacerme con este artículo tan extraño y valioso. Solo puedo decirle, porque confió en usted, que el precio de ese pequeño objeto asciende al millón de denares.

    –¡¿Un millón de denares?! –Ni siquiera la seriedad y frialdad de Vand pudo ocultar su tremenda sorpresa ante esa suma tan exorbitante.

    –Bueno, es obvio que no será cualquier persona quien lo comprará. Aquí tiene su dinero, ¿desea algo más?

    –No –Tomó su bolsa de dinero y se dispuso a irse del lugar, no sin antes dedicar una mirada más a ese cofre que le causaba mucha curiosidad–. No creo que sea tan buen a idea guardar algo tan valioso en este lugar –Advirtió al coleccionista.

    Todo aquel que ose robar a los coleccionistas tendrá un terrible final –Enunció el extraño hombre haciendo brillar una vez más sus ojos.

    –Lo que sea –Musitó par sí arqueando la ceja. Sin más se retiró del lugar.

    Uno de los guardias semihumanos le gruñó pero Vand pasó de él. Se acercó a su apreciado bisonte y juntos se dirigieron al lugar más concurrido de todo el pueblo.

    Posada del héroe así se llaman estos singulares lugares donde los guerreros, aventureros y viajeros pasan las noches, comen, se reúnen, buscan misiones o hacen transacciones monetarias. A un lado hay un pequeño granero en el cual Holgazán pasaría la noche.

    El lugar estaba lleno de jóvenes y veteranos guerreros quienes disfrutaban de la calidez y alegría que allí hay. La comida caliente y cerveza fría es ordenada sin cesar y todo es animado por un grupo de músicos y juglares que entonan canciones divertidas a ritmos pegadizos. Hay un pequeño espacio en el centro del lugar donde dos viejos hombres ataviados con armaduras pesadas no se niegan al ritmo y bailan de forma cómica divirtiendo a los comensales.

    Todo era diversión, risas y música hasta que las puertas de abrieron y cierto guerrero vestido con piel de lobo entró. Como si vieran a un monstruo todos se callaron al instante ante la presencia de Vand Gaztard. No era nuevo en ese lugar pero no tiene buena fama en el mismo.

    Despreocupado por las miradas que cayeron sobre él cual lluvia avanzó por el lugar hasta llegar al mostrador donde están los auxiliares, aquellos que atienden y administran este y otros recintos similares. Los murmullos no se hicieron esperar, sobre todo entre los más jóvenes, mientras que los veteranos ven con malos ojos y miradas serias la presencia del cazarrecompensas.

    “Mírenlo, es él, el Gigante Sombrío” “Seguro viene de matar a algún pobre diablo” “No me gustara toparme con ese demente en el bosque por la noche” “Sus armas están llenas de sangre otra vez” “Lo vi entrar a la tienda oculta” “¿Hace tratos con los coleccionistas? Qué vergüenza, no tiene honor” “Deberían negarle el acceso aquí, solo insulta este lugar con su presencia” Era lo que la gente decía en voz baja acerca de él sin saber que era consiente de todo lo que decían sobre él y lo poco que le importaba.

    Vand se acercó al mostrador donde una joven elfa debía atenderle, pero la pobre chica no podía ocultar el nerviosismo que le causaba la presencia del gigante.

    –S-señor Gaztard, es un gusto verle de nuevo –Saludó cortésmente fingiendo una sonrisa–. ¿En qué puedo ayudarle?

    –Quiero depositar este dinero en mi soul –Entregó la bolsa de dinero, el oficio de misión y una pequeña tarjeta.

    Esta tarjeta se llama soul, sirve para almacenar el dinero de los guerreros afiliados a la posada del héroe y otros gremios de similares funciones: En ella se plasma una imagen de su dueño, Vand, su nombre completo, edad, descripción y datos físicos, cantidad de misiones realizadas con éxito y fallidas, teniendo cero en fallidas, cuánto dinero tiene almacenado.

    Pero más abajo hay dos estadísticas muy importantes: Objetivos no racionales eliminados y Objetivos racionales eliminados. La primera hace referencia a animales, criaturas y bestias eliminadas por el usuario, en el caso de Vand tenemos veinte, la segunda hace referencia a personas asesinadas la cual tiene la preocupante cifra de doscientos. Puede que tenga afinidad por matar personas.

    La joven hizo la transacción mediante un pedestal mágico el cual registró el movimiento en las cuentas de la posada y alteró el valor monetario en la soul, luego guardó el dinero en una habitación especial. Finalizado el movimiento le entregó la tarjeta a su dueño.

    –Listo, la transacción ha sido exitosa, ¿puedo ayudarlo en algo más…?

    –No –Respondió tajante y se fue a la habitación para buscar un ansiado descanso.

    Había muchas habitaciones en esa gran posada pero él ya había rentado una previamente. Se encerró en ella y solo su soledad le acompañó. Las horas pasaron mientras el Gigante Sombrío disfrutaba de esa soledad a la que tanto se ha acostumbrado, sentado en una silla leía un pequeño libro a la tenue luz de una única vela.

    No hay luz de luna esta noche, el cielo es cubierto por negras nubes que presagian una lluvia torrencial, la brisa del viento entra por las ventanas de la habitación y juega con las cortinas. Dicho lugar es solo iluminado por la tenue luz de una pequeña vela junto al hombre que no se intimida por la penumbra que le rodea. Ya se ha acostumbrado a las caricias de las sombras cada noche

    Un murmullo ininteligible llega hasta sus oídos, no se asusta pues lo conoce. Los vientos dejan de soplar al instante al igual que la vela se apaga sin motivo aparente sumiendo todo el entorno en oscuridad asfixiante. Vand se levantó de la silla y se acerca a la ventana para ver algo que ya espera.

    La vista daba directo al bosque que rodea el pequeño pueblo. Todo parecía tranquilo y común hasta que entre la maleza una grotesca y mórbida criatura salió.

    –Estas aquí, como siempre, siguiendo mis pasos –Un escalofrió recorrió al cazarrecompensas, su piel se erizó y un sudor frio comenzó a emanar de su piel a pesar del frio nocturno.

    Es una cabra su pelaje tan negro como la noche misma, los cuernos que nacen en su cabeza son grises agrietados, largos y retorcidos. Sus patas delanteras deberían ser pesuñas pero este ser escapa a la compresión, son manos humanas de uñas largas y pútridas con las que camina, las patas traseras son piernas cortas y deformes, su cola es una larga serpiente negra con gris que se enrolla y frota contra las patas de la criatura en todo momento, su lengua es bífida y escapa de su boca cada cierto momento junto a un líquido oscuro que mata toda planta que toca, finalmente la criatura depende de un perturbador tercer ojo situado en su frente para mirar directamente a Vand, los otros dos son solo cuencas vacías tan negras como un abismo.

    –¿Me seguirás hasta el día de mi muerte? Mórbido emisario de la oscuridad, Rargoroth –Bastaron un par de segundos mirando al ojo de la criatura para que los ojos de Vand se tornaran carentes de voluntad cual esclavo poseso–. ¿Cuántas vidas más debo tomar para que te alejes de mí para siempre? ¿O es que solo la muerte me alejará de tu custodia?

    La cabra solo señaló con su cabeza en dirección al bosque. Pero en ese momento tocaron a la puerta de la habitación. Vand salió abruptamente de su transe frotándose los ojos, la vela de la habitación se encendió sola y cuando él volvió a mirar la cabra había desaparecido.

    –Señor Gaztard –Llamó una mujer desde fuera–. Lamento molestarlo a estas horas, pero debo hablar con usted.

    El cuerpo de Vand estaba ligeramente paralizado por eso tardó un poco en llegar a la puerta y abrirla. La figura enorme y saliente de una gran oscuridad asustó a la elfa quien dio un pequeño chillido y retrocedió.

    –P-perdone, s-señor Gaztard –Se disculpó por su reacción.

    Era otra auxiliar, esto lo delataba su uniforme, también era elfa aunque un poco mayor que los demás. Aun así era una mujer muy hermosa de cabellos rubios y ojos verdes los cuales requieren de unos elegantes anteojos para ver bien.

    –¿Qué quieres, mujer? –Su voz era gruesa y grave delatando molestia.

    –V-verá. Debía esperar que los demás auxiliares y héroes se fueran para poder hablar con usted –Reveló susurrando–. Hoy por la mañana una chica vino aquí, me pidió que la ayudara a contactar campeones que no sirvieran a ninguna familia, y, pues usted es el único que no pertenece a…

    –No me importa, no soy un campeón –Interrumpió y se dispuso a cerrar la puerta pues no hallaba interés en la conversación.

    –¡Espere! –Llamó para que no cerrara la puerta–. Ella aseguró que haría un trato con los guerreros que lograra encontrar –La mención de una posible recompensa captó la atención del Gigante Sombrío–. Solo hay un pequeño inconveniente más, señor –Agregó con un poco de vergüenza.

    –Habla –La miró de reojo.

    –Ella dijo que iría al pueblo al otro lado del bosque pero que volvería aquí por la tarde, no lo ha hecho así que me preocupa un poco que algo le pudiera pasar. Usted sabe que el bosque es peligroso…

    –No me importa –Una vez más su interés desapareció.

    –Por favor, señor Gaztard –La elfa se mostró preocupada por la chica en cuestión–. Ella es muy joven y se le notaba inocente e incauta, en verdad no me gustaría que algo malo le pase. Traté de advertirle pero ella dijo que tenía que ir y que confiaba en sus escoltas…

    –Si tiene escoltas no me necesita, ahora deja de molestarme –Gruñó molesto por la insistencia de la elfa.

    –¡Ella está en peligro, lo sé! –Alzó la voz.

    El gigante se molestó y se acercó a ella asustándola y acorralándola contra una pared. La elfa tembló y estuvo a punto de gritar, ella misma se tapó la boca para evitarlo.

    –Deja de molestarme, no me importa lo que le pase a esa chica. Además, ¿cómo sabes que está en peligro? –Sus oscuros y salvajes ojos recorrían el cuerpo de la mujer como un depredador apunto de atacar.

    –Vi a un grupo de bandidos seguir su carreta cuando se adentró en el bosque –Confesó agachando la mirada por el miedo que ese hombre le causaba, el temblor en sus piernas y manos la delataba–. Le avisé a otro guerreros pero cuando un grupo estaba dispuesto a ir a ayudarla un capitán de la familia Dumont se acercó y les dijo algo que los convenció de no ir. No sé quién es ella, pero no quieren que nadie la ayude, todos los héroes que vienen aquí sirven a alguna familia, excepto usted. Por eso se lo pido, ayúdela por favor –Hizo una reverencia lo cual era una forma de pedir algo con mayor ímpetu.

    Vand gruñó molesto, pero también dubitativo entre si debía hacerlo o no, al final se decidió-

    –Bien, lo haré –fue lo único que dijo.

    Continuara…
     
    Última edición: 9 Abril 2019
  3. Threadmarks: Capítulo 2: Doncella en problemas
     
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    Capítulo 2: Doncella en problemas

    25 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    Una enorme sombra entra en un establo ataviado con su equipo de batalla, se encamina hasta el bisonte de blanco pelaje y con un pisotón en el suelo lo saca de su descanso.

    –Es hora, Holgazán, volvemos al bosque –Ordena el Gigante Sombrío a su mascota quien no duda en levantarse y salir del establo.

    Minutos después por la vereda se ve al guerrero alejarse a lomos de su fiel mascota adentrándose en la oscuridad del bosque con el objetivo de encontrar a esa chica de quien la elfa le habló.

    Sin que lo supiera desde la distancia, en una de las habitaciones de la posada, aquella mujer le veía alejarse aunque la sonrisa que articulaba delataba malas intenciones, quizás un engaño.

    –Caíste en la trampa, la próxima vez que nos veamos te estarán buscando por todo el reino. Solo espero que el señor Vitto haya hecho ya su trabajo –Musitó para sí misma mientras cerraba las cortinas de la habitación.

    Horas atrás, por la tarde del mismo día.

    En este momento esta misma elfa se encontraba teniendo una reunión privada con un hombre bastante particular en esa misma habitación.

    –¿Lo harás? –Cuestiona un hombre a la elfa.

    Este hombre no es cualquier persona ni cualquier guerrero, en esta región se lo conoce bien, su nombre es Vitto Leblanc, un campeón veterano y esto lo delatan las canas a los lados de su oscura cabellera. Su porte elegante y rudo lo delatan como un miembro de una familia, la familia Dumont para ser más específicos, algunas mujeres le consideran un galán, no es que sea guapo se debe más a su habilidad con las palabras. No es un hombre musculoso ni delgado es más bien robusto, aunque su armadura de bronce sólido y con bellos grabados lo hacen ver diferente. Sus ojos cafés miran con un toque de salacidad a la bella elfa con la que habla. En él destaca más que nada su poblado y negro bigote, lo cual es un orgullo para este campeón, no por nada su mote más conocido es El mostacho.

    –Señor Leblanc, por favor no me pida eso, en verdad no quiero tener nada que ver con ese sujeto, le tengo mucho miedo como para acercarme y mucho más de noche que no hay otros auxiliares ni guerreros en la posada –Respondía con temor ante la petición de aquel hombre, incluso agachando la mirada.

    –Vamos, vamos preciosa, no tienes por qué preocuparte –Sonrió coqueto mientras se acercaba a ella–. Sé que es más monstruo que persona, pero ni él se atrevería atacar a nadie dentro de la posada, no tienes que preocuparte por eso.

    –¿Está usted seguro de eso? –Levantó la mirada para toparse con una sonrisa segura y ladina.

    –Completamente, primor. Solo tienes que convencerlo para que vaya al bosque a la media noche, solo eso –Repitió el plan–. No solo te ganaras una buena cantidad de denares, si no también el favor de la familia Dumont y eso, preciosa, vale mucho –Decía mientras acariciaba la mejilla de la elfa.

    –B-bueno, supongo que tiene razón, después de todo la familia Dumont controla esta región y no estaría mal trabajar para ellos –Sonrió convencida al tiempo que las caricias del hombre la hacían sonrojarse y erizaban su piel.

    –Así se habla, primor –Le sonrió al tiempo que la tomaba por la cintura y la atraía hacia él de repente–. ¿Qué tal si tú y yo pasamos juntos el resto del día y te enseño cosas que nadie más puede?

    –S-señor Vitto –Dijo sonriendo y mordiéndose el labio.

    De regreso al presente. Nos hayamos a la mitad del bosque, un descampado es la locación de una terrible escena. El campo es cubierto por cadáveres asesinados de forma violenta pues su sangre tiñe la verde grama, estos hombres eran en vida los fieles escoltas de cierta joven que por esos bosques deambula, ahora yacen muertos la mayoría de ellos, pues unos cuantos fueron capturados por los agresores.

    –Ocho muertos, y cuatro capturados, señor esa fue una buena pelea, ¿no cree? –Recuenta las bajas un asesino de pésima apariencia, similar a un vagabundo, a esta clase de gente se les llama bandidos y no son más que delincuentes de la peor calaña.

    –¿Capturados? –Replica pensativo el mismísimo Vitto mientras con un paño limpiaba la sangre de la punta de su bella lanza de acero y plata–. Hoy no habrá capturados, muchachos.

    –¿Entonces qué hacemos con ellos, señor? –Pregunta el bandido, quien posiblemente sea el líder del grupo.

    –Decapítenlos con una hacha –Sentenció el del bigote con seriedad en la mirada y poco aprecio por la vida.

    Tanto los cuatro capturados como los mismos bandidos se sorprendieron al escuchar la orden. Ni siquiera los criminales están acostumbrados a matar sin motivos.

    –S-Señor Vitto, ¿No sería mejor venderlos como esclavos o usarlos como sirvientes? Además ¿Por qué decapitarlo con un hacha? Sería más rápido y fácil cortarles la garganta –Cuestionó el líder bandido sin entender el porqué de la orden.

    –Trabajar con bandidos ignorantes siempre es un fastidio –Musitó el campeón mientras suspiraba–. Tenemos que hacer que esto parezca causado por el Gigante Sombrío, idiota. Ese sujeto jamás deja a nadie con vida y le fascina decapitar a sus enemigos, por eso. Ahora cállate y haz lo que te ordené, y rápido, porque ya quiero largarme de este apestoso bosque.

    Los bandidos, que eran seis, se miraron entre sí y asintieron para acatar las órdenes de su jefe. Fijándose pues en los cuatro escoltas capturados y que estaban esposados y tirados en el suelo.

    –Maestra –Susurró un joven a una mujer–. ¿A dónde huyó la señorita Lily? Tenemos que ir por ella ya.

    –Lo sé, Rafael, pero ¿Cómo? Estamos atrapados, tenemos que salir de aquí para poder rescatarla –Respondió la mujer al joven. Este par era de esos cuatro capturados antes mencionados.

    Él sin dudas es el más joven de todos, se le nota en la cara y el fisco. Su ojos cafés miran con temor una forma de escapar de allí, golpes lleva sobre la cara que despeinaron su corto cabello castaño, además de dejar moratones sobre sus mejillas, que por cierto, será joven pero sin dudas el chico es apuesto, carece de altura pero se nota de complexión atlética, su piel es blanca lo que le resalta más lo golpes. Viste ropas comunes en colores rojo y negro además de escasa protección de bronce. Este chico solo tiene dieciocho años de edad, pero está lejos de ser un simple adolecente, es un guerrero.

    Por otro lado la mujer a la que se dirige no es tan joven, ronda los veinticuatro años. Ella es una guerrera de mayor nivel y su físico lo demuestra, su cuerpo es atlético con músculos marcados pero sin llegar a perder la belleza de la figura femenina, de hecho, sus perfectos abdominales y torneadas piernas son bastante atractivas, sus brazos no son tan gruesos pero se detallan bien sus músculos, digamos que su busto le ha provocado burlas por su escaso tamaño, aunque a ella poco le importa. Su cabellera es roja y ligeramente larga, su blanca piel hace destacar sus verdes y fieros ojos, las esméralas palidecerían de belleza ante los orbes de esta mujer. Sus labios poseen un apreciable y encantador tono rosa.

    Esta hermosa mujer viste ropas del mismo color que el joven, cambiando el pantalón por una falta negra, ella está mejor pertrechada llevando una armadura de hierro completa, entre peto, brazales, hombreras y grebas.

    –Señora Lena, no podemos dejar que esos cerdos de mierda pongan sus sucias manos sobre la señorita Lily, debemos…

    Uno de los bandidos se acercó y le propinó un pistón en la cara al chico, haciéndolo callar.

    –Cierra la puta, pendejo –Exclamó aquel despreciable hombre mientras reía.

    –Perro de mierda –Gruñó enojada la mujer al ver a su aprendiz recibir tal golpe, pero solo se llevó una bofetada por eso.

    Los bandidos solo reían y Vitto se preocupaba por limpiar la sangre que manchó su armadura. Uno de los criminales tomó a uno de los escoltas separándolo del grupo.

    –¡Ran! ¡Ran! –Exclamaba Lena al ver a su compañero ser llevado lejos de ellos.

    El hombre forcejeó contra su captor pero entre dos lo sometieron arrodillándolo e inclinando su cabeza sobre un tronco, otro bandido se acercó por un lado con un hacha de leñador, su objetivo era decapitar al hombre quien al ver el arma fue invadido por el pánico comenzando a suplicar por su vida.

    –Callen ya a ese insecto –Ordenó con despreció el señor Vitto.

    –¡No, por favor, no, no! –Gritaba el indefenso hombre.

    –¡Detengan esta locura, no tiene que hacer esto, si es dinero lo que quieren podemos dárselos! –Intervino Lena buscando salvar la vida de su subordinado.

    De nada sirvieron sus alegatos. El hacha descendió fugaz seccionando la cabeza de ese hombre en un solo movimiento. Los bandidos no sentían remordimiento alguno mientras que los tres escoltas restantes temblaron al prever su destino si no escapaban.

    A cierta distancia de donde esto ocurría otra situación no muy diferente de presentaba. En la oscuridad del bosque se vislumbra una figura femenina correr con vehemencia entre los matorrales cual si su vida dependiera de eso, y es que así es, pues detrás de ella dos bandidos más le persiguen.

    –¡Ayuda, Ayuda por favor! –Gritaba aquella chica con todas sus fuerzas.

    Las lágrimas de miedo y desesperación emanan a raudales de sus fascinantes ojos color plata y surcan sus blancas mejillas, su larga y lacia cabellera platinada ondea bruscamente y se ve manchada de tierra, hojas y pequeñas ramas debido a constantes tropiezos. Por suerte su complexión le ayuda y la hace más ágil pues es delgada y de baja estatura, en parte debido a su edad, diecinueve años.

    No obstante su atuendo no le ayuda, este consta de un vestido sencillo y sin mangas en color azul cielo, que hace un bello juego con sus ojos y blanquecina piel, su piernas son cubiertas y adornadas con medias blancas, antes calzaba unas bellas zapatillas, sin embargo debió despojarse de ellas para poder correr por el accidentado bosque, lo cual ya había lastimado sus delicados y pequeños pies, pero el miedo es mayor ante la presencia cada vez más cercana de sus perseguidores.

    Esta encantadora y agraciada joven, a quien miles de mujeres envidiaron su belleza natural, era acosada por dos burdos, andrajosos y salvajes hombres quienes no pararían hasta atraparla. Ambos eran bastante corpulentos y algo obesos pero conocían bien el terrero y no parecían tener mala condición pues cada vez estaban más cerca de atraparla.

    –Ven aquí hermosa, ven con nosotros –Decía uno de ellos mirando con sátiros ojos.

    –Me encantan los juegos previos, sobre todo cuando debo atrapar a una preciosa chica para luego cogerla –Agregó el otro, quien jadeaba pero no aminoraba su paso.

    –¡P-por favor déjenme en paz! –Suplicó ella tratando de sacarles ventaja, cosa que no lograba y su respiración advertía la carencia de fuerzas inminente.

    Con un salto uno de los hombres logró atrapar a la chica derribándola de forma ruda y rodando por el suelo con ella, un grito atravesó el bosque delatando su posición.

    –Te atrapé, te atrapé preciosa –Reía emocionado aquel perverso sujeto mientras la sometía con su fuerza.

    –¡No, no suéltame, suéltame! –Gritaba ella removiéndose con desespero en busca de una salida. Sus lágrimas y llanto solo aumentaron–. ¡Auxilio, auxilio, Rafael, Lena, por favor!

    –Cállate ya, maldita sea, aun cuando nos hiciste correr por todo e-el puto bosque gritas como loca, deja de hacer esto más difícil y coopera –Esto lo dijo el otro mientras jadeaba agotado.

    –Que linda se ve, es como una gatita atrapada –Comentó el primero mientras la tomaba con firmeza del cabello haciéndola gritar de dolor–. Me encantan las gatitas como tú –Susurró lamiendo la mejilla de la chica.

    –¡Por favor, por favor no me hagan daño, se los suplico! –Imploró la chica con asco y miedo ante tal muestra de depravación–. S-si lo que quieren es dinero se los puedo dar lo juro, no tienen por qué hacer esto.

    –Esta estúpida cree que puede pagarnos más que el señor Vitto…–Alegó el otro hombre.

    –¡Cállate idiota! –Reprochó el primero a su compañero–. No digas el nombre de nuestro jefe, pendejo.

    –Que más da que lo sepa, igual la vamos a matar –Se encogió de hombros despreocupado–. Aunque la verdad es un gran desperdicio matar a una preciosura como esta.

    –¿Desperdicio? ¿Quién te dijo que no voy a aprovechar esto? –Sonrió el primer bandido con lujuria en la mirada.

    –¿Q-que me van a hacer? –Preguntó asustada mirándoles temblando ante esas sonrisas impropias de un hombre honorable–. N-no.

    Con fuerza el primer sujeto destrozó el vestido que cubría a la inocente chica obligándola a mostrar su cuerpo solo cubierto ahora por la ropa interior, un conjunto blanco como sus medias además de un elegante ligero. Acto seguido la colocaron boca abajo con fuerza imposibilitándole el moverse.

    –¡Auxilio! –Gritó una vez más con todas sus fuerzas entre un agónico llanto inundado de terror y desesperación, suplicando a dios que alguien llegara en su ayuda.

    –Como grita esta puta, debería cerrarle el hocico de un golpe –Gruñó el primer hombre mientras se bajaba el pantalón–. Tranquila ahora te daré motivos para gritar de verdad.

    Entre risas e insultos que buscaban mitigar los lloriqueos y gritos de la chica todo parecía aciago para esta inocente joven que sería mancillada por un par de cerdos carentes de honor que se hacen llamar hombres.

    Las manos del primer bellaco tomaron las bragas de ella con intenciones de quitarlas, mismo momento en que las negras nubes cubrían la luna apagando la única fuente de luz. Algo extraño pasó en ese momento, un mugido se escuchó en la distancia llamando la atención de los bandidos.

    –¿Una vaca? –Cuestionó el primero mirando a todos lados para descifrar la dirección de la que proviene el sonido.

    –No hay vacas en los bosques idiota –Respondió su compañero tapando la boca de la chica al instante para evitar que alguien la oyera.

    –No soy tarado, se lo que escuché y claramente fue un mugido –Replicó el primero dejando de lado sus ruines intenciones para con la chica.

    Un viento frio recorrió el lugar erizando las pieles de los hombres, y la de la chica quien poca ropa le quedaba. Las nubes siguieron su curso liberando lentamente la luz de la luna otra vez. Entre los arbustos cercanos emergió una sombra de gran estatura llamando la atención de los bandidos.

    –¿Quién anda allí? –Exigió el primero subiéndose el pantalón y sacando un cuchillo–. Si valoras tu vida será mejor que te…

    Un miedo propio de un ser cobarde lo recorrió en un solo segundo al reconocer quien era aquel. Sus manos temblaron. El segundo sujeto no veía de quien se trataba, estaba más enfocado en aprisionar a la chica para que no hablara ni escapara.

    Se escuchó el filo de un arma entre las sombras y en un parpadeo un hacha de mano voló por los aires clavándose de forma brutal y mortal en la frente del primer bandido. Cayó al suelo con el cráneo a medio partir y con hacha incrustada en él. El otro bandido y la chica se paralizaron ante tal acción.

    Fue entonces que emergió de entre las sombras de los matorrales el autor de ese asesinato. El Gigante Sombrío es como lo llaman, la capa de piel de lobo lo delata al igual que su enorme hacha que cuelga en su espalda, cabello largo oscuro y esa frondosa barba negra y como olvidar esa fría mirada que atemoriza a cualquiera.

    –¿Quién diablos eres tú maldito? –Gruñó furiosos el bandido, al parecer no lo conocía.

    Con mayor vileza soltó a la chica para luego propinarle un rodillazo directo al muslo haciéndola caer al suelo adolorida e incapaz de levantarse por un tiempo. La verdad es que poco le importó eso a Vand, pues su mirada estaba fija en el bandido restante.

    –Esto te costará caro imbécil, nadie se mete con un miembro de mi grupo y vive para contarlo –Amenazó el bandido mientras desenfundaba una espada de baja calidad y pésimo cuidado. Sin pensarlo se lanzó corriendo hasta Vand.

    La chica miraba lo que ocurría y poco podía entender pues desconocía quien era ese barbudo tan imponente, lo único que sabía es que le causaba aún más terror que los bandidos, trataría de escapar pero el dolor en su pierna se lo impedía además que el frio nocturno atosigaba su semidesnuda piel.

    El bandido fijó al inmutable gigante, dio un gran salto y arrojó un corte descendente sobre él. El choque de metales resonó por el bosque y un fragmento de espada voló por el aire. La espada del bandido se partió ante los gruesos y pesados brazales de hierro de Vand. El puño de Vand emitió un fulgor oscuro que erizó la piel del bandido, no pudo hacer nada ante el brutal puñetazo que el barbudo le impactó en el abdomen.

    Ni siquiera pudo gritar pues la respiración le era imposible, los ojos casi saltan de sus cuencas y las piernas cedieron al instante arrodillándolo, instantes después su estómago regresó su contenido vomitando y tosiendo en un afán por respirar.

    –Odio a los bandidos –Susurró con desprecio el gigante. Levantó su mano sobre el indefenso sujeto–. Fuego negro

    Enuncia liberado una llamarada negra desde su mano la cual cubrió por completo al hombre prendiéndolo en fuego. Estos incautos bandidos se toparon con una persona con un aprecio aún menor por la vida. Los gritos de desesperación y agonía inundaron el bosque, trató de correr o rodar por el suelo pero nada acaba con esa llama.

    Los ojos oscuros de Vand ahora se fijaron en la chica quien miraba temblando aterrada lo que ocurría, al parecer tal nivel de violencia era algo nuevo para sus ojos. Vand caminó hasta ella, cual si no viera aun hombre si no aun enorme ángel negro, tal fue el miedo que no pudo controlarse y terminó por orinarse.

    –¿Tú eres Lily Adevane? –Preguntó Vand mirándola con fría mirada.

    Ella no tenía voz para responder solo alcanzó a asentir moviendo la cabeza.

    –Escuché que necesitabas un campeón que no sirva a ninguna familia para trabajar –Explicó él sin notar, o sin importarle, el miedo de la chica–. Me interesa

    Continuara…
     
  4. Threadmarks: Capítulo 3: Fuerza sombría
     
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    Capítulo 3: Fuerza sombría

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)

    25 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    Unos minutos después de lo sucedido con la joven Lily. Ella podía respirar tranquila pues entendía que ese enorme hombre no tiene perversas intenciones. Ahora que puede sentirse segura comienza a llorar debido a la situación de la que apenas logró escapar, tiembla asustada solo de pensar en lo que pudo ocurrirle y lo que ese par de sujetos le pudieron haber hecho.

    Frente a ella el Gigante Sombrío le mira arqueando una ceja pues no hace más que sollozar, hasta el punto que comienza a impacientarse.

    –M-muchas gracias señor –Balbucea mientras trata de calmarse–. Esos hombre querían…querían…

    –¿Vas a seguir llorando? –Interrumpió tratando de no alzar la voz, pues ya con su voz normal basta para asustar.

    –N-no puedo evitarlo, e-estaba muy asustada. Todo ha ido de mal en peor desde que salí de casa, cada lugar al que voy no hallo más que problemas, y ahora esto. Un grupo de bandidos nos atacaron y mataron a la mayoría de mis escoltas, apenas logré escapar –Confesó solo aumentando más su llanto mientras frotaba sus ojos. Se nota que no es solo por lo que acaba de ocurrir la chica viene acarreando estrés y penas desde hace algún tiempo.

    –No me cuentes tu vida –Alegó cruzado de brazos–. Mira niña no creas que esto lo hice como caridad yo cobro hasta por mover un dedo –Alzó la voz para que ella lo mirara, y lo logró aunque fue porque la asustó–. Me dijeron que buscas a alguien para trabajar y me interesa, así que comienza a hablar o me largo.

    –Está bien, está bien –Respiró hondo y se levantó.

    La pobre estaba vestida solo con su ropa interior y sus medias, lo cual le causa vergüenza ante la presencia de un hombre, además que el frio de la noche no ayuda y, bueno, la impresión de ver a Vand hizo que se meara encima. Para su suerte el interés de ese hombre en su bella figura era nulo.

    –Disculpe, pero, tendrá algo para cubrirme, no me gusta deambular así –Solicitó ella cohibida.

    Vand suspiró impaciente y molesto, para luego despojarse de su capa y dársela a la chica. Es de piel de lobo negro bastante pesada y grande. Bastó para cubrirla por completo. Vand se quedó solo con su camisa negra de manga larga, peto de hierro y hombreras de cuero.

    –Es bastante pesada –Trató de romper el hielo y de suavizar el frio semblante del hombre–. Muchas gracias señor… –Espero que él se presentara.

    –Vand Gaztard –Respondió tajante.

    –Es un honor, usted es un campeón, ¿verdad? –Por fin pudo dejar atrás el miedo y relajarse.

    –Algo así, lo soy pero no sirvo a ninguna familia, tal como usted busca, ¿no?

    –Sí, es justo lo que busco. Verá un grupo de bandidos no atacaron, no sería nada raro de no ser porque con ellos iba un campeón, estoy casi segura de que sirve a alguna familia, aunque no sé a cuál. Mis hombres se quedaron luchando y me pidieron que escapara, yo les prometí que conseguiría ayuda lo más pronto posible pero ese par comenzó a seguirme –Relataba ella pero fue interrumpida.

    –Menos palabras –Interrumpió–. Dime que quieres que haga y cuanto me vas a apagar.

    –…Pues, pues –No sabía que responder, además que bastaba con escucharlo alzar la voz para intimidarse–. Ya sé. Mis hombres se quedaron luchando cerca de mi carruaje, si usted los salva puedo darle…Hmmm, pues.

    –No tienes dinero, ¿verdad? –Afirmó apretando los puños–. Esa puta elfa me las a va a pagar cuando la vuelva ver –Dio media vuelta con intenciones de irse.

    –¡Espere, no puede irse! –Llamó ella tomándolo del brazo. Al instante el agitó su brazo zafándose bruscamente.

    –¡Nadie me dice que hacer, niña! –Alzó la voz haciendo a Lily retroceder–. Si no tienes dinero no esperes que te ayude. Que tenga las habilidades de un campeón no significa que me comporte como uno, yo no hago caridad, trabajo para el mejor postor.

    –Por favor, señor Vand. Haré lo que sea pero debe ayudar a mis escoltas…

    –Son solo escoltas, niña, les pagas para que mueran por ti…

    –¡No es cierto! –Ahora era ella quien alzaba la voz, cosa que solo enfadó al Gigante–. Ellos son mis amigos, sé que su trabajo es protegerme, pero no puedo dejar que mueran… no puedo.

    –Poco me importa su vida y la tuya, niña. Ahora piérdete antes que se me agote la paciencia –Estaba ya al borde de estallar de ira y quizás hacerle daño a Lily, se notaba por como apretaba los puños.

    A pesar de eso, y el miedo interno, la chica haría lo que sea para salvar a sus escoltas y veía en Vand esa oportunidad. Le vió alejarse y rápidamente pensó en como convencerlo.

    –¡Una lanza de acero con plata y un collar con una esmeralda! –Dijo llamando la atención de Vand. Logró que él se detuviera y le mirara con interés–. El sujeto que nos atacó tiene una lanza de acero y plata, y en mi carruaje dejé unas pocas joyas, entre ellas un collar con una esmeralda, si me ayudas a salvar a mis escoltas, esa será tu paga. A-además tengo otro trabajo que podría interesarte, pero primero debes hacer eso –Intentó sonar segura y no asustada.

    –¿Una lanza de plata y un collar con esmeralda? –Musitó para sí pensando cuanto ganaría con eso–. Solo con el collar son unos 200 denares, el coleccionista comprará ambas –Supo que era un buen trato, volvió la mirada a Lily, quien esperaba haberlo convencido–. Trato, guíame a donde están tus escoltas y deja que me encargue.

    Una enorme sonrisa se dibujó en los dulces labios de Lily. Es pues que lo guió a través del bosque de regreso al campo de batalla.

    Es a aquel descampado donde regresamos. Los bandidos, bajo órdenes del malvado Vitto Leblanc, terminaban de cortar la cabeza del segundo escolta. Ahora solo quedaban los otros dos, la mujer de nombre Lena y el joven de nombre Rafael.

    –Rafael –Susurró su maestra con ira en la mirada al ver como trataban los cuerpos de ex compañeros–. Cuando veas que me levanto quiero que rompas las cadenas y escapes en la misma dirección que lo hizo la señorita Lily, yo los distraeré.

    –¿Qué? Usted no puede hacer eso, ese hombre ya la venció una vez, ¿Qué cambiará ahora? –Cuestionó el chico incrédulo ante lo que su mentora decía.

    –No cambiaré nada, tonto. Solo te daré la oportunidad de escapar y salvar a nuestra señora. Sé que no puedo luchar contra él pero puedo detenerlo por unos minutos, mismos que tú…

    –No dejaré que haga eso, n-no puedo dejar que la lastimen. Sé que no soy fuerte pero puedo pelear a su lado, juntos tal vez podamos…

    –No, no podemos, Rafael, entiéndelo. Ese bastardo es demasiado fuerte. Deja de cuestionar a tu maestra y haz lo que te ordeno –Le miró con ojos serios y autoritarios, ante eso el chico no tienen nada que alegar aun con lo poco que la idea pueda agradarle.

    Uno de los bandidos se acercó a ella con intenciones de ser la siguiente en ser ejecutada. Lena solo sonrió de lado y en un solo movimiento rompió las cadenas, se levantó y saltó sobre ese infeliz pateándolo con fuerza en la cara.

    –¡Ahora Rafael! –Ordenó a su discípulo–. Beso de dragón

    La mujer fue capaz de arrojar una bola de fuego desde su boca con la cual cubrió en llamas al bandido cercano, llamas que se propagaron con facilidad por sus ropajes y el sujeto comenzó a correr de un lado para otro tratando de apagarlas. Un par de bandidos se acercaron por los lados intentando atacarla con sus lanzas pero ella las esquivó con facilidad tomando una con su mano para luego patear al sujeto y quitársela. En ese momento la lanza se cubrió de fuego que no la quema a ella.

    –Es hora del segundo asalto idiotas –Amenazó molesta.

    –Vaya, vaya, parece que la mujer tiene ganas de jugar otra vez –Rio Vitto de forma egocéntrica mientras agitaba su lanza–. Estos estúpidos no entienden que deben respetar a un guerrero superior como yo.

    Por otro lado Rafael hacia todo lo que podía para romper las cadenas con la facilidad que lo hizo su mentora, pero no podía, al parecer el chico no tiene la misma fuerzas. Comenzó a desesperarse pero no lograba nada.

    Lena daba una cátedra de cómo usar una lanza a esos pobres bandidos patéticos. Uno arrojó una estocada que ella logró esquivar y contraatacó clavando su lanza en el vientre bajo del agresor, que además lo quemó por dentro debido al fuego del arma, el grito de dolor no pudo ser mayor al tiempo que cae al suelo. Otro atacó por detrás usando una espada pero ella le vió acercarse, giró rápidamente y lo golpeó en un costado con la parte inferior de la lanza, el golpe fue muy furo y lo hizo doblarse, acto seguido arroja la lanza de forma horizontal cortando la garganta.

    –No son nada si ese imbécil no los ayuda, ¿verdad? –Aseguró mirando de forma retadora a Vitto, quien solo sonreía viendo como sus bandidos caen.

    Una bola de fuego más capturó a otro bandido prendiéndole fuego. Ahora la mujer estaba rodeada pero eran los bandidos los que le miraban con miedo, aunque eran más ella los acabaría de no ser porque escuchó un grito que llamó su atención.

    –Lo haces bien pero me temo que ya se acabó esta rabieta tuya –Dijo Vitto quien tomó a Rafael como rehén tomado por el cabello y presa de las cadenas que no pudo romper, amenazaba con cortarle el cuello–. Baja tu arma ahora o el niño tendrá el cuello abierto.

    –L-lo siento maestra, no, no pude escapar –Dijo con vergüenza.

    –Rafael –Musitó preocupada por el chico. No tuvo más opción que soltar su lanza, acto seguido la encadenaron otra vez y con un puñetazo la tiraron al suelo.

    –Muchachos, recuerdan lo que dije de no hacer depravaciones –Llamó Vitto a los bandidos que sometieron a Lena–. Olvídenlo, hagan con ella lo que quieran antes de matarla.

    Los bandidos sonrieron de forma perversa mientras que Lena y Rafael temblaron.

    –No, no lo haga, por favor, haré lo que sea pero no la… –Trató de intervenir el chico pero Vitto lo soltó y le dio fuerte rodillazo en el estómago que lo hizo arrodillarse.

    –¿Has visto lo que cerdos como esos le hacen a la mujeres? –Le susurró Vitto a Rafael mientras lo tomaba por el cabello y le alzaba la mirada.

    –Maldito –Gruñó el chico impotente y sin poder hacer nada.

    Los bandidos sometieron a Lena, tuvieron que hacerlo todos porque ella es más fuerte que cada uno. Los insultos, golpes y palabras de vulgares no faltaron. La colocaron boca abajo obligándola a levantar sus caderas.

    –¡Suéltenme malditos cerdos, los voy a matar a todos! –Gritaba haciendo todo lo que podía para zafarse, era inútil.

    –Como grita esta perra –Alegó uno de ellos levantándole la falda para darle un fuerte azote en los glúteos, pero contuvo el dolor, no les daría ese placer.

    –Parece que la zorra quiere hacerse la ruda, no importa, te haremos gritar –Se carcajeó otro de ellos tomándola por el cabello y levantando su rostro.

    –Creen que son los primeros –Alegó sonriendo de lado mientras le escupía la cara a ese infeliz–. Ustedes no son suficientemente hombres para hacerme sentir algo. Eso que tienen entre las piernas seguro se lo clavan entre ustedes –Se burló para luego recibir una bofetada.

    –Vamos a ver qué tan fuerte eres puta. Te haremos gritar hasta que te quedes sin voz –Amenazó el que estaba detrás de ella mientras se bajaba el pantalón y acto seguido le bajaba las bragas a Lena, negras por cierto.

    La mujer tembló al verse desprovista de ropas que cubrieran su intimidad, tragó nerviosa y apretó los puños. Ella es más fuerte que esos desgraciados, no les dará el gusto, no la verán suplicar ni llorar. Cerró los ojos y se preparó para eso.

    La penetración fue brusca y dolorosa, se mordió los labios para no gritar. El cerdo la tomó por las caderas para ser aún más violento en sus movimientos.

    –¿Te gusta, te gusta? –Se burlaba el bandido mientras mordía y lamia la oreja de la pelirroja.

    –E-eso quisieras, cerdo –Alcanzó a responder entre dientes–. Con ese maní que llamas pene no me haces nada –Incluso logró fingir una risa aun con el dolor y ardor que le causaba.

    –Ya veremos, zorra –La jaló del cabello con fuerza haciéndola quejarse un poco.

    El abuso siguió más, las manos de los cerdos en cuerpo de hombre tocaban de forma lasciva cada parte del cuerpo de esa noble mujer. Más que dolorosa la situación era terriblemente humillante y asquerosa, pues debía sentir de cerca los hedores de esos bandidos que poca higiene podían tener, además que algunos aprovecharon para besarla a la fuerza.

    El primero fue retirado por otro de sus compañeros que sin previo a viso penetró violentamente a Lena, esta vez el dolor fue más agudo y la hizo gritar. Este hombre era todavía más salvaje, ella no pudo con este dolor y comenzó a gritar en cada embestida tratado de alejarse, pero los otros la retenían.

    –Ahora sabrás lo que es un hombre de verdad –Le susurró este mientras le azotaba los glúteos con sus grandes manos y le arrancaba varios alaridos.

    –Mierda, mierda, no otra vez –Se quejó apretando los ojos al sentir como se humedecían y un hilo de sangre surcaba su entrepierna–. Por favor Rafael no mires, no me veas de esta forma.

    –Diles que se detengan, por favor, paren ya con esto –Susurró Rafael a Vitto que lo obligaba a ver a su apreciada maestra ser violada–. Por favor, ella no se merece esto –Se pudo escuchar que el chico era quien lloraba. Lágrimas de impotencia surcaban sus mejillas

    –Los campeones inferiores como ella deben entender que retar a un guerrero superior tiene sus penitencias, mírala, estoy seguro que está gozando con tanto miembros para darle placer. Es una puta…

    –Ella no es así –Susurró apretando los dientes, la ira se propagaba por sus venas y un fulgor rojo emana de sus ojos–. ¡Ella no es así!

    –¿Qué te pasa pendejo?... –Un dolor invadió Vitto obligándolo a soltar a Rafael.

    Las cadenas se rompieron y el puño del chico impactó el abdomen del Mostacho haciéndolo caer arrodillado.

    –¡Te dije que pararas esto! –Rafael arrojó otro puñetazo al rostro de Vitto tirándolo al suelo.

    El grito llamó la atención de los bandidos, que se aterraron al ver ese brillo inhumano en los ojos del joven, brillo que era una advertencia que iría a por ellos. Soltaron a Lena y tomaron sus armas tan rápido como pudieron. Rafael comenzó a correr hacia ellos, dándole la espalda a Vitto, terrible error.

    –Así que ese mocoso también es un campeón, y no solo eso, tiene un Plus el muy bastardo –Se dijo así mismo Vitto mientras levantaba con sangre escurriendo por su boca–. A este lo mato yo personalmente, como se atreve a golpearme.

    Rafael corría hasta lo bandidos que le esperaban con sus lanzas y espadas levantadas

    –¡Rafael detente! –Advirtió Lena.

    El chico levantó una de sus manos y creó un enorme escudo mágico que sirvió para embestir a los cuatro bandidos pasando sobre ellos sin problemas, las lanzas y espadas que trataron de detener el escudo solo se partieron. Sin embargo esa habilidad del chico tiene un límite tiempo y terminó por desaparecer.

    –¡Rafael cuidado! –Lena pudo ver a Vitto acercarse por detrás.

    ¡Lanza fugaz! –Una lanza mágica se creó en su mano y la arrojó con fuerza.

    Rafael no pudo hacer nada esa lanza lo atravesó por un por detrás justo en un costado. En ese momento el brillo de sus ojos desapareció y sucumbió ante el dolor cayendo. La lanza desapareció dejando la herida abierta y sangrante.

    –¡No, no, no, Rafael! –Lena trató de acercarse al chico pero un bandido la tomó del cabello.

    –¡Basta ya de tonterías, mátenlos a los dos como sea! –Ordenó Vitto limpiando la sangre de su boca con un pañuelo.

    –Ese maldito niño jodió la diversión –bufó el que tenía a Lena por el cabello.

    Sacó un cuchillo y se dispuso a matarla con ayuda de otro bandido. Uno más se acercó con un cuchillo al indefenso y herido Rafael. Hasta que dos hachas de mano volaron por el aire a gran velocidad clavándose de forma mortal en los craneanos de dos infelices matándolos al instante.

    Todas las miradas se dirigieron al origen de esas hachas. Allí estaba Vand, imponente y serio como siempre y su lado la joven y encantadora Lily.

    –El Gigante Sombrío –Musitó sorprendido Vitto–. Esa estúpida elfa lo envió antes de tiempo.

    –Mi señora Lily –Dijeron al mismo tiempo Lena y Rafael, aliviados de verla sana y salva.

    –¡Dios mío, Rafael! –Exclamó Lily al ver al chico en el suelo y sangrando.

    Rápidamente Lena dio un codazo en los testículos al bandido a su lado, se levantó y le conectó un rodillazo en la cara dejándolo inconsciente. Rompió las cadenas otra vez, reacomodó su ropa y se acercó corriendo a Rafael igual que Lily.

    El último bandido intentó burdamente atacar a Lena por la espalda, una llamarada de fuego negro fue arrojada sobre él apresándolo y cubriéndolo. Obviamente fue Vand quien lo había hecho, se acercó Lily, Lena y Rafael para darles algo. Era un rollo de vendas verdes.

    –Son vendas elficas, detendrán el sangrado lo suficiente para llevarlo con un sanador –Dijo Vand colocándose frente a Vitto–. Igual se las voy a cobrar.

    –¿Mi señora, quien es ese sujeto? –Preguntó Lena mirando dudosa a Vand.

    –No es momento para juzgar, él me salvó y va a ayudarnos. ¿Rafael que fue lo que pasó?

    –Estoy bien, mi señor, me alegra que usted esté a salvo –Dijo completamente despreocupado por su propio estado–. Maestra, usted está…

    –Estoy bien, Rafael, tu eres el que importa ahora –Interrumpió antes que dijera lo que le hicieron. Entre las dos se encargaron de cubrir la herida del chico con el vendaje mágico.

    Por otro lado los dos campeones, Vand y Vitto, cruzaban miradas y mostraban sus armas, El Mostacho agitaba su lanza de un lado a otro mientras sonreía retador, El Gigante Sombrío mostró su enorme hacha, tan grande que usaba ambas manos para empuñarla.

    –Vand, Vand, Vand, siempre supe que algún día seria yo quien te asesinara. Por mucho tiempo anhele que me dieran esa misión. Voy a cortar tu cabeza y la clavaré en la punta de mi lanza. Todos en el gremio me verán como un héroe.

    –Odio a los campeones, sobre todo a los que atacan a gente débil. ¿Por qué atacaste a estas personas? Creí que los imbéciles adinerados y orgullos de servir a una podrida familia eran un poco más honorables –Respondió con su mirada fría puesta sobre Vitto.

    –No lo entenderías, eres demasiado estúpido para razonar lo que mis amos planean –Respondió riendo un poco–. Solo eres un peón en este ajedrez.

    –¿Amos? Siempre supe que eras como un animal, solo los animales tienen amos –Alegó él, logrando ofender a Vitto.

    –Te haré pagar, pendejo y luego mataré a esos tres –Amenazó Vitto acercándose a Vand corriendo.

    –Me temo que me van a pagar por evitarlo, y si te mato esa linda lanza será mía –Tomó su arma con firmeza y espero que se acercara.

    Vitto comenzó las hostilidades arrojando una estocada directa, Vand la desvió y pateó el pecho del lancero haciéndolo retroceder, luego arrojado un corte horizontal maniobrando el hacha con una mano. Vitto se agacha evitándolo, golpea con el asta de la lanza el abdomen de Vand y lo aleja. El Mostacho salta al frente intentando otra estocada más rápida, Vand debe retroceder.

    Fuego negro –Levanta la mano y expulsa una llamarada.

    Vitto salta a un lado tan rápido como puede. Pero el fuego alcanza su capa prendiéndola rápidamente, debe quitársela para evitar que lo queme.

    –Maldición, sabía que el fuego negro es peligroso pero no pensé que tanto –Se dice así mismo.

    Vand toma la ofensiva. Salta contra su rival buscando partirlo con su hacha, la fuerza del ataque es innegable, el lancero decide esquivarla. El arma del Gigante se clava en el suelo y deja su defensa abierta por un momento, Vitto aprovecha y le da un puñetazo en la cara obligándolo a soltar su hacha y dejarla allí.

    Lanza fugaz –Creo una lanza mágica en sus manos y la arroja a Vand.

    El Gigante se cubre con sus gruesos brazales que detienen la lanza y la desaparecen. Vitto se aproxima lanzando más y más estocadas, todas impactan los brazales pero obligan a Vand a retroceder y alejarse más de su arma.

    –Con ese enorme cuerpo eres demasiado lento Vand, no me vas a vencer –Se burla el lancero sin cesar sus ataques y sin respuesta de su enemigo.

    Entre todos los ataques el Gigante logra atrapar la lanza con su mano y abre la defensa de Vitto. El puño de Vand se cubre de energía negra, el Mostacho sabe que está indefenso así que levanta su otra mano y libera una fuerte ventisca que logra alejar a su agresor un par de metros.

    –¡Trágate esto, Punta explosiva! –Empuña con dos manos la lanza y dispara desde la punta una esfera de energía a gran velocidad.

    Vand alcanza a cubrirse con sus brazales pero cuando la esfera los toca estalla arrojando al barbudo por el suelo.

    –No puede ser, vamos Vand, tu eres más fuerte –Dijo Lily mientras veía la pelea y extrañamente se preocupaba por el Gigante Sombrio.

    –Vitto es un campeón de nivel 4, mi señora, no creo que ese barbudo pueda vencerlo –Comentó Lena, quien aseguraba la venda alrededor de Rafael.

    Vand emergió de la nube de humo que creó la explosión, tosió un poco y nada más, esos brazales no pueden ser ordinarios.

    –Hijo de puta, ¿Cómo estas de pie después de eso? –Alegó incrédulo Vitto.

    –Eres tan pendejo y orgulloso que crees que las peleas se ganan solo con fuerza física –Respondió Vand levantando su mano para mostrar uno de los brazales el cual dejó ver unas runas que brillaban. Sin duda estaban encantados.

    –Maldito tramposo –Sonrió de lado–. Eso no te hará ganarme, yo tengo más honor que tú…

    Vand extendió su mano en dirección a su hacha, la cual también mostró las runas en el mango, acto seguido el arma viajó sola hasta regresar a las manos de su dueño.

    –Te voy a meter el honor y esa lanza por el culo –Exclamó Vand y comenzó a correr hasta Vitto.

    –Ven aquí maldito, te mostraré quien es Vitto Leblanc –Esperó que Vand estuviera los suficientemente cerca para disparar la punta explosiva otra vez.

    Ahora Vand se adelantó y arrojó su hacha para interceptar el disparo detonándolo antes de tiempo.

    Sombra de Holgazán –Enunció el Gigante al tiempo que corría en otra dirección y activaba una de sus habilidades

    –Joder –Maldijo Vitto pues ahora una nube de humo cubriendo a su enemigo. Extrañamente vió a Vand correr a un lado alejándose de él–. ¿Qué diablos hace?

    Era un engaño, pues del humo emergió un clon del bisonte Holgazán hecho de energía oscura. Vitto no tuvo oportunidad de evitarlo. Esto lo embistió violentamente llevándoselo entre los cuernos, uno de los cuales le perforó un costado. La bestia terminó por estrellar a Vitto contra un enorme árbol para luego desaparecer como humo negro.

    –E-eso fue impresionante –Dijeron Lena y Lily estupefactas.

    –Ese sujeto es muy fuerte, que bueno q-que está de nuestro lado –Sonrió Rafael mientras tosía un poco de sangre.

    La armadura de Vitto estaba fragmentada debido al impacto, además de tener una herida perforante en un costado y la sangre escapaba también por su boca. Aun así alcanzó a retener su lanza en sus manos y levantarla fijando a Vand.

    –¡M-muerte, maldito! ¡M-Muro de lanzas! –Canalizó más de su energía para crear una gran cantidad de lanzas las cuales fueron disparadas contra Vand.

    Hermandad maldita –Gruñó Vand usando su cuarta habilidad. Esta creó dos clones de él mismo hechos de energía negra los cuales le protegieron de todas las lanzas para luego desaparecer–. ¿Eso es todo lo que tienes? Creí que eras un guerrero superior –Se burló.

    –M-mi mejor ataque –Gruñía Vitto levantándose conteniendo la sangre en su herida–. Nadie nunca había salido ileso de mi mejor ataque –El miedo se hizo presente en ese deleznable campeón.

    –Quiero esa lanza –Levantó su mano y disparó su llamarada negra.

    Vitto no pudo escapar y fue presa de ese fuego, el cual se propagó desde su brazo. La desesperación y el dolor fueron expresados mediante gritos. Aquel orgulloso campeón soltó su arma y comenzó a correr alejándose mientras se quemaba.

    –No te iras, maldito –Vand se preparó para lanzarle su hacha.

    –¡Señor Vand, detrás de usted! –Alertó Lily.

    El último bandido intentó atacar por detrás a Vand. Corría con un cuchillo en mano, pero entonces un mugido se escuchó entre los arbustos y el hermoso Holgazán llega para ayudar a su amo, aunque no lo necesita pero igual se agradece. El bisonte alcanzó al bandido y lo embistió con todas sus fuerza arrojándolo por el aire con decenas de fracturas.

    –Lo logró, ese barbudo logró vencer a Vitto, no lo puedo creer. ¿Quién es él? –Preguntó Lena incrédula a Lily.

    Vand se acercó junto a su querido bisonte para apoderarse de esa lanza de plata, ya Vitto estaba demasiado lejos y perdido en los bosques o quizás el fuego ya lo habría matado.

    –Su nombre es Vand, Vand Gaztard –Sonrió enormemente la bella Lily fijando con sus platinados ojos a ese sujeto, viendo más que a un hombre una esperanza para su familia–. Y será el nuevo campeón de la familia Adevane.

    Vand regresó hasta ellos y solo dedicó unas palabras con su fría mirada.

    –¿Dónde están las joyas?

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
  5. Threadmarks: Capítulo 4: Lady Lily
     
    Fersaw

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    Capítulo 4: Lady Lily

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)

    25 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    El verde pasto del bosque es manchado con la sangre de hombres que yacen muertos aquí, bandidos y escoltas perecieron en este campo hace unos momentos. Ahora ya nadie deambula por aquí, la joven Lily, junto a Vand y sus escoltas sobrevivientes, lograron salir victoriosos de este encuentro y ahora regresan al pueblo más cercano. Para esto, el bisonte Holgazán fungió como caballo para tirar del carruaje de la joven.

    No obstante no son los únicos sobrevivientes de la batalla, hay alguien más que pese a su derrota salvó la vida de la fuerza del Gigante Sombrío. Ahora lo encontramos tirado cual moribundo a los pies de un árbol viejo y con la mitad de su cuerpo en el agua de un arroyo.

    –M-maldito, maldito monstruo –Balbuceaba con poca energía–. C-como pudo vencerme a mí un guerrero superior. Esto no se quedará así, ¡Esto no puede quedar así! –Gruñe apretando los dientes.

    La luz de la luna escapa a las negras nubes e iluminan al hombre en el agua. Es Vitto, pero ya no es el que alguna vez fue un galante y apuesto hombre de edad madura. La mirad de su rostro está quemada por completo mostrando una aterradora imagen de carne cocida y piel ennegrecida, su ojo no escapó al castigo quedando completamente blanco y ausente de visión, su cabello negro perfectamente peinado ahora ha desaparecido casi en su totalidad y aquel bigote que lo enorgullecía también.

    –No voy a descansar hasta cortar la cabeza de ese malnacido y esa zorra de cabello platinado –Haciendo un esfuerzo motivado por la ira levanto su brazo izquierdo del agua señalando al cielo. Su brazo estaba igual de quemado que su rostro y parte de su pecho. El dolor debía ser tal que estaba delirando–. ¡Me escuchaste, Vand Gaztard, yo te asesinaré así sea lo último que haga! –Exclamó señalando a la luna y haciendo un juramento para sí mismo. Acto seguido se desvaneció.

    El grupo se encontraba en una de las habitaciones de la posada donde Vand había estado horas atrás. A pesar de las horas de la madrugada que eran los tres permanecían despiertos en la habitación pues habían solicitado cuanto antes la ayuda de un par de sanadores.

    En la cama Rafael era atendido por el viejo hombre ataviado con túnica blanca y una cruz roja en su pecho. Los sanadores son expertos en el tratamiento de heridas y enfermedades, siendo la alquimia su mayor herramienta. A su vez una mujer de edad madura curaba las heridas de los delicados y pequeños pies de Lily, ella se había lastimado al escapar de ese par de hombres de quien Vand le salvó. Mientras tanto Lena miraba por la ventana con un serio semblante. Lily volvió a vestirse y los escoltas se despojaron de sus armaduras.

    –¿Dónde está el señor Vand? –Preguntó Lily mientras vendaban sus pies–. Desde que llegamos salió y no ha regresado.

    –Se fue con el collar y la lanza a un extraño edificio –Explicó Lena que miraba desde la ventana–. Disculpe que diga esto mi señora pero, ¿por qué le dio el collar que su hermano le regaló?

    –Es lo que le prometí como paga por su ayuda, es lo más valioso que tenía conmigo –Suspiró con pesar por perder algo tan apreciado–. Era muy lindo y fue un regalo de cumpleaños, pero era lo único que podía hacer para salvarlos a ustedes.

    –Lamento mucho que tuviera que hacerlo, mi señora. Si tan solo hubiera podido hacer frente a ese maldito sujeto esto no habría ocurrido, le pido disculpas –Dijo Rafael mientras el sanador vendaba su torso con gruesas telas blancas.

    –No te preocupes por eso, Rafael, lo que importa es que ustedes están bien, al menos ustedes sobrevivieron los demás…p-pues no pude salvarlos –Se refería a los demás escoltas que perecieron ante los bandidos y Vitto. La chica agachó la mirada y sus ojos se humedecieron–. ¿Por qué ese campeón nos atacó? No lo entiendo.

    –Yo tampoco –Agregó Lena dubitativa–. Cuando nos capturaron mencionó algo de que tenía que parecer que el Gigante Sombrío lo hizo, luego cuando Vand apareció dijo que lo habían enviado antes de tiempo. No sé por qué pero ese hombre no me agrada, hay un aura muy oscura y siniestra a su alrededor, no deberíamos relacionarnos ni relacionar a su familia con él –Sugirió Lena con los brazos cruzados mirando a Lily.

    –Concuerdo con usted, maestra –Agregó Rafael–. El señor Vand es muy fuerte pero también misterioso, no digo que no nos convenga que se una a la familia, pero al menos deberíamos averiguar más de él

    –Disculpen que intervenga –Habló la sanadora–. ¿Mencionaron al Gigante Sombrío y a un sujeto llamado Vand?

    –Sí, ¿Usted sabe quién es el Gigante Sombrío? –Cuestionó Lena.

    –Claro, es alguien conocido en esta región. Vand Gaztard y el Gigante Sombrío son la misma persona, es un campeón sin señor, y de muy mala reputación por cierto.

    –¿Son la misma persona? –Se dijo así misma Lena sorprendida–. Vitto quería que nuestras muertes parecieran causadas por él, ¿Por qué?

    –Perdonen ustedes, pero como sanadores al servicio del clero no debemos inmiscuirnos en asuntos competentes a los campeones o las familias –Intervino el viejo hombre con cierto nerviosismo en su voz–. El muchacho está listo, tuvo bastante suerte, ese vendaje elfico le salvó la vida. Ahora está fuera de peligro y bastará con algunos días de reposo para que se recupere.

    –Muchas gracias, en verdad creí que no saldría de esta –Agradeció Rafael con una leve sonrisa opacada por el dolor aun latente.

    –No es nada, es nuestro trabajo. Nos retiramos –Tomó sus cosas e hizo un gesto con la mirada a su compañera, para luego dirigirse a la salida.

    –Espere –Llamó Lily–. ¿Ustedes conocen al señor Vand? ¿Qué pueden decirme de él y por qué dicen que tiene mala reputación?

    –Señorita, como dije antes, no podemos hablar acerca de los campeones salvo con autoridades del reino, es parte de nuestro reglamente –Insistió el viejo hombre.

    –Pues que conveniente, entonces comienza a hablar, sanador –Sonrió de lado la pelirroja Lena.

    –Soy lady Lily Adevane, mi familia gobierna la región de Green Valley, y actualmente soy la líder de la familia, eso me convierte en una autoridad del reino –Dijo con firmeza y orgullo la joven acompañado de una sonrisa.

    –Por dios, disculpe mi insensatez mi lady, no teníamos idea que estábamos en presencia de un miembro de una de las familias. Le pido me disculpe si le falté al respeto –Sorprendido y avergonzado hizo una reverencia junto a la mujer que le acompañaba.

    –No se preocupe por eso, señor. Basta con que responda y me diga lo que sabe acerca del señor Vand Gaztard –Insistió ella.

    –Bueno, está bien. Vand Gaztard es el único campeón sin señor que existe en esta región, nadie sabe de dónde vino pero no es de aquí, llegó hace algunos años y comenzó a trabajar en la posada del héroe solicitando misiones, aunque lo siniestro es que solo pide misiones donde tenga que matar personas.

    –El sujeto es muy fuerte, ¿Por qué la familia regente de esta región no lo recluta? –Preguntó Rafael.

    –Puede que sea fuerte, sin embargo el sujeto está algo loco. Algunos campeones afirman a verlo visto hablando solo y deambulando por los bosques en plena oscuridad, dicen que habla con un ángel negro o algo así –Agregó la mujer con temor mientras apretaba su collar con un símbolo religioso–. Nunca se ha acercado a la iglesia, se dice que adora a-al dios del inframundo.

    –Maldición, lo que faltaba un Cultista Oscuro, sabía que había algo raro con él –Bufó Lena con desprecio.

    –Aunque siendo sinceros tampoco nos consta que sea un Cultista Oscuro. Todo lo que se sabe de él son rumores, mi lady, jamás nadie se le acerca, no habla con nadie a menos que sea necesario y siempre trabaja solo. Aunque puedo asegurar que nunca ha atacado a nadie dentro de la posada o en el pueblo, a pesar que se enoja con facilidad.

    –Entonces puede que no sea una mala persona, solo alguien solitario –Sugirió Lily.

    –No obstante de lo que si estoy seguro es que hace tratos con un coleccionista, le he visto entrar a su tienda con cosas y salir con bolsas de dinero.

    –Qué vergüenza, un campeón que hace tratos con un coleccionista carece de todo honor y respeto –Alegó Lena frunciendo el ceño–. Mi señora, no debemos reclutarlo, es lo mejor para el prestigio de la familia, de hacerlo solo acarreará problemas.

    –No olvides que necesitamos a otro campeón cuanto antes –Objetó Lily pensativa sobre todo lo que los sanadores le dijeron sobre Vand.

    –Podríamos ir a otra región y buscar campeones sin amo, mi señora –Sugirió Rafael.

    –Ya no hay tiempo, no solo se trata de encontrar a otro campeón, necesitamos aun campeón de alto nivel que pueda representar a la familia, además la reunión es en pocos días. Necesitamos un campeón más si queremos tener el respeto y la ayuda de las otras familias –Explicó Lily.

    En el momento en que la joven mencionó “alto nivel” Lena desvió la mirada y frunció el ceño con algo de molestia. Los dos sanadores se retiraron de la habitación apenas pudieron y un largo silencio se hizo presente entre los tres.

    –No sé cómo lo haré pero convenceré al señor Vand de unirse a la familia Adevane –Afirmó Lily levantándose–. Ya es tarde, hablaré con él mañana por la mañana, por ahora descansemos. Nos vemos mañana, descansen.

    Dicho esto Lily salió de la habitación, la cual era para Rafael y Lena pues ella dormiría en otra. Rafael se despidió con cortesía mientras que Lena lo hizo con seriedad en su voz.

    –Maestra, ¿pasa algo? –Cuestionó el joven a su mentora.

    –No quiero a ese sujeto en la familia, no traerá nada bueno, lo sé –Respondió molesta–. No me agrada y sé que hay algo malvado en él.

    –Lo sé, su apariencia es bastante sombría –Sonrió Rafael levantándose con mucha dificultad, pues el mínimo movimiento del abdomen le causa dolor–. Aun así, quizás lo estemos juzgando mal y no sea una mala persona como dice la señorita Lily.

    –¡Que puede saber ella! No es más que una niña igual que tú, ustedes no saben nada del bien o el mal –respondió más molesta aun.

    –Maestra usted tampoco es tan mayor solo nos lleva seis años…–Rió él.

    –¡Que dijiste, Rafael! –La mirada furica de Lena se posó sobre el chico intimidándolo–. No me hablas de mi edad y de lo que sé, a diferencia de ustedes yo comencé a luchar por mi vida a los doce años y he pasado por mucha mierda desde entonces, yo sé más de este mundo que ustedes juntos.

    –L-lo siento, maestra, no quería ofenderla –Se disculpó agachando la cabeza.

    –Lo que sea, no es hora de discutir. Regresa a tu cama y descansa, necesitamos que te recuperes cuanto antes –Verlo así bajó su enojo rápidamente, pocas veces le hablaba así a su discípulo.

    Lena se acercó a su cama caminando con una molestia debido a una dolencia en su zona intima producto del abuso de los bandidos, Rafael lo notó y se sintió culpable por eso. Se acercó a ella y la abrazó por detrás.

    –Rafael, ¿qué haces, muchacho? –Cuestionó extrañada por el gesto.

    –Perdóneme, maestra. Por mi culpa esos cerdos abusaron de usted, si hubiera sido más fuerte la habría protegido, lo siento mucho –Hablaba con pesar y molestia, él realmente se sentía culpable de eso.

    –Oye, tranquilo. Lo que pasó no fue tu culpa, yo tampoco pude defenderme y soy la maestra. Solo olvida lo que viste, ¿vale? –Sonrió ella mirándole sobre el hombro. Se dio media vuelta para corresponder al abrazo del chico–. Siempre te preocupas más por otros que por ti mismo, tú estuviste a punto de morir.

    –Lo sé, es solo que…

    –Es solo que nada, olvidemos lo que pasó y descansemos por hoy –Ordenó soltándolo y recostándose en su cama.

    Rafael le miró y sonrió, no es secreto lo mucho que aprecia a esa mujer al punto, quizás, de verla como una hermana mayor. El chico se recostó en su cama y no tardó en caer dormido. Las horas pasaron y el día llegó.

    26 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    A las primeras horas de la mañana Lily y Lena se despertaron para reunirse con Vand, Rafael habría ido también de no ser porque ambas mujeres le ordenaron guardar reposo. No les fue difícil encontrar al Gigante Sombrío que estaba en el restaurante de la posada desayunando, solo, como era costumbre. Lily se acercó con una linda sonrisa.

    –Señor Vand, buenos días –Saludó sentándose en la misma mesa, Vand solo le miró con su fría mirada, Lena hizo lo mismo que su señora, pero miraba con seriedad al barbudo–. Anoche ya era algo tarde así que decidí esperar a hoy para hablar con usted.

    –Me dijeron que tenías un trabajo para mí. ¿Qué quieres que haga y cuanto me vas a pagar? –Preguntó él mientras comía un pedazo de carne y lo arrancaba con sus dientes del hueso.

    –Eso no está un poco crudo –Arqueó la ceja Lena.

    –Término medio –Respondió mientras miraba a Lily–. ¿Qué quieren que haga y cuanto me van a pagar?

    –Primero quería agradecerle por salvarnos anoche, en verdad se lo agradezco mucho, señor Vand –Sonrió e hizo una reverencia–. Sobre el trabajo que solicito. Verá, no se lo dije ayer pero soy miembro de una familia, aunque supongo que lo notó por mi apellido…

    –No, no recuerdo tu apellido –Interrumpió mientras bebía de su tarro de cerveza y el líquido empapaba un poco su frondosa barba.

    –Hmmm...Si, supongo que no. Como decía, soy de la familia Adevane, actualmente soy la líder y estoy buscando campeones que no sirvan a otras familias, hasta ahora solo lo hemos conocido a usted.

    –No me cuentes tu vida, niña –Bajó el tarro mirando con seriedad a Lily–. No me importa quién eres o de dónde vienes, dime que quieres que haga y cuanto me pagaras.

    –Más respeto para mi señora, idiota. Le estás hablando a una lady del reino no a una cualquiera –Intervino Lena ofendida por la forma en la que Vand le hablaba a Lily.

    –Estoy hablando con ella, no contigo mujer, cállate y no te metas –Respondió ahora fijando a Lena con su mirada oscura.

    –Como te atreves a…–Lena apretó los dientes.

    –Por favor, no se peleen. Lena deja que yo me encargue –Intervino Lily, logrando apaciguar a su campeona–. Iré al grano señor Vand. Mi familia necesita un campeón como usted así que le ofrezco un contrato de vasallaje para que nos sirva…

    –No me interesa –Respondió tajante mientras comía otro trozo de carne–. Ahora lárguense.

    –…E-espere, ¿por qué no? –Cuestionó Lily sorprendida–. Usted dijo que estaba interesado…

    –No –Interrumpió otra vez, lo que solo molestaba más a Lena–. Yo estaba interesado en un trabajo pagado e individual, la elfa que me contactó me dijo que tú buscabas campeones para un trabajo no para reclutarlos. Yo no le pertenezco a ninguna familia y nunca le serviré a alguna de por vida.

    –Bueno, podemos negociar un plazo de unos diez o cinco años si está usted está de acuerdo –Sugirió ella pensando que el tiempo era el problema.

    –¡Dije que no, niña, yo no soy esclavo de ninguna familia! –Alzo la voz y golpeó la mesa asustando a Lily sacándole un grito.

    Los pocos comensales que allí había se sorprendieron por el golpe de la mesa y el grito de Lily. Al instante Lena se puso de pie empuñando su espada sin sacarla de la funda.

    –¡Modera tu puto lenguaje ante mi señora, imbécil! –Advirtió la pelirroja a Vand.

    –¿O qué? –Cuestionó él–. ¿Me vas a atacar aquí? Por eso no sirvo a las familias, convierten personas en esclavos, en perros guardianes sin voluntad propia –Negó con la cabeza mirando con desprecio a Lena–. ¿Quieren que los proteja, quieren que mate a sus enemigos, quieren que cuide sus propiedades, quieren que los escolte? Lo hago, pero me pagan por cada acción y me largo en el momento que yo quiera.

    –Era de esperarse de un miserable sin honor como tú, ahora entiendo por qué todos te miran con desprecio en este lugar. No mereces llamarte campeón ni entrar en esta posada, pedazo mierda –Insultó Lena aferrándose a su espada conteniéndose para no sacarla pues sería un delito.

    –Saca esa espada y haré que te la tragues –Advirtió Vand levantándose de su mesa–. No voy a discutir con ustedes, me largo.

    Dejó sobre la mesa unas monedas y salió del lugar ante las serias y juzgantes miradas de los campeones y comensales allí presentes, además de los auxiliares. Lena suspiró para calmarse, la mujer estaba realmente furiosa.

    –Se lo dije, mi señora, ese imbécil no es digno de servir a su familia, será mejor irnos y buscar campeones en otro lugar… –Sugirió a Lily.

    –No, lo necesitamos a él –Respondió y salió corriendo detrás de Vand, seguida por Lena–. ¡Señor Vand, señor Vand, espere, por favor! –Llamó saliendo de la posada y siguiéndolo hacia el establo.

    –¡Déjame en paz, niña! Ya te dije que no me interesa tu trato, lárgate –Gruñó él mirándola sobre su hombro.

    –Espere, creo que podemos llegar a un acuerdo –Se acercó y lo tomó por el brazo.

    Vand reaccionó agitando su brazo para soltarse, sin embargo su fuerza fue demasiada y terminó por tirar a Lily al suelo bruscamente. En ese momento la fría mirada del Gigante mostró arrepentimiento, él no quería lastimarla en ningún momento, pero la diferencia de fuerzas era abismal.

    –L-lo siento, no quería…–No quiso hacer eso, y ver a esa grácil chica en el suelo no le agradó, aunque en poco recuperó su típica actitud–. ¡Te lo advertí niña, ahora déjame en paz!

    –Está bien, sé que no era su intensión…–Por suerte Lily entendió lo que pasó.

    –¡Como te atreves! –Se escuchó el grito de Lena acercándose a toda velocidad.

    La campeona saltó por encima de su señora arrojando una patada al Gigante, Vand se cubrió con sus brazales, aunque la fuerza de la pelirroja lo hizo retroceder

    –¡Lena, ¿qué haces?! –Exclamó Lily sorprendida.

    –¡¿Cómo te atreves a tocar a mi señora, malnacido?! –Lena ya no podía tolerar más la insolencia del Gigante, en ese momento su espada se cubrió de fuego.

    –¡Detente ahora, mujer, no me interesa pelear contra ti! –Advirtió Vand apretando los puños.

    –Lena, detente ahora. Fue un accidente, él no quería…

    –¡Beso de dragón! –Arrojó una bola de fuego desde su boca intentado acertar en Vand.

    El gigante saltó a un lado ágilmente esquivando el fuego, en ese momento Lena se acercó a gran velocidad por un costado intentado corte, una vez más los brazales protegieron al Gigante bloqueando la espada. Pero el impactó soltó ascuas que lastimaron un poco la cara e Vand.

    –¡Pelea bastardo de mierda! –Exclamó la pelirroja.

    –¡Se acabó mi paciencia! –Fue la respuesta del Gigante apretando los puños que mostraron energía oscura.

    –No puede ser –Suspiró Lily asustada.

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
  6. Threadmarks: Capítulo 5: El truhan y el enano
     
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Capítulo 5: El truhan y el enano

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)
    26 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    La mañana era fresca y relajada en el pequeño pueblo cerca del gran bosque. Como todos los días las humildes gentes salían de la calidez de sus hogares para realizar sus labores cotidianas, algunos de ellos son agricultores, otros artesanos y otros tantos comerciantes que se reúnen en el mercadillo central para comerciar con diferentes mercancías. Es en esta zona donde nos topamos con dos figuras discrepantes con el populacho, una más que la otra.

    El de la izquierda es un hombre alto y delgado, portador de una larga cabellera oscura y un excelso y excéntrico bigote, sus ladinos ojos cafés miran a detalle a cualquier chica bella que frente a él se cruce. Viste una larga y elegante gabardina de cuero bajo la cual porta una camisa de algodón blanca, sus piernas son cubiertas por un pantalón café y calza unas elegantes botas de cuero. En su espalda cuelga una excelente ballesta de madera de lujo y acero pulido así como en su cinturón un par de dagas.

    El de la derecha es completamente diferente a su compañero, carece de altura pues pertenece a la raza de los enanos, y con sus 1.50 metros es considerado un enano alto. Su complexión es robusta y maciza, su cabellera es oscura y larga perfectamente atada en una trenza, su barba no es la excepción pues cuenta con diferentes trenzas adornadas con amuletos de oro y plata. Porta una ligera armadura de hierro y ropajes ligeros, en su espalda cuelga un pesado y formidable mazo de hierro y acero.

    –¿Por qué? –Cuestionó el enano en voz baja a su acompañante.

    –¿Por qué, que? Colega –Replicó despreocupado mientras disfrutaba de una dulce manzana.

    –¿Por qué tenías que robar esa manzana? ¿No puedes dejar de robar? –Le susurró mirando que nadie les espiara–. Desde que estamos juntos no haces más que robar a cualquier pobre diablo distraído.

    –Vamos Mith, no exageres, solo lo hago cuando tengo la necesidad –Respondió riendo mientras arrojaba el hueso de la fruta al tejado de una casa–. Por cierto, tengo estos cincuenta denares, ¿Qué hacemos con ellos? –Mostró una pequeña bolsa de monedas.

    –¿También robaste eso? –Alegó sorprendido y arrebatándole la bolsa–. Por dios, Lindol, no harás más que meternos en problemas con tus tonterías. Deja ya de hacerlo, maldición.

    –Vamos, no seas tan aguafiestas, amigo. Este mundo de los oportunistas y aquellos que estamos dispuestos a todo por lo que deseamos –Respondió quitándole la bolsa al enano–. Debes divertirte un poco más, ¿no crees?

    –Lo único que creo es que el capitán nos quiere arrancar la cabeza desde que nos conoció y no haces más que darle motivos para hacerlo. Deja ya de buscarnos problemas y hagamos lo que se nos encomendó, ¿quieres?

    –Que aburrido –Bufó de lado cruzándose de brazos–. Por cierto, ¿qué debemos hacer?

    –¿Cómo es que eres un campeón? –Suspiró el enano–. Tenemos que localizar al coleccionista con quien nuestros señores harán el famoso trato, encontrarlo y vigilarlo, por algún motivo quieren información acerca de sus escoltas, esa es nuestra misión.

    –¿Por extraño que sea? Eso no es extraño Mith, es obvio lo que quieren hacer nuestros señores –Dijo Lindol sonriendo.

    –¿De qué hablas? –Alegó el enano sin entender.

    –No tienen intención alguna de hacer un trato con el coleccionista, le quieren robar –Aseguró el ballestero.

    –No digas tonterías, Lindol. De un truhan como tú puedo esperar cualquier cosa, pero no de la líder de una familia y menos de la líder de la familia más importante del reino, lady Anya y lord Ivan jamás harían algo así, dieron su palabra al coleccionista y la palabra de un noble es sagrada –Negó el enano incluso algo ofendido.

    –No me digas que todos los enanos son tan inocentes como tú –Se carcajeó Lindol–. Que tonto eres amigo, los nobles de este reino, como de la mayoría, son gente de lo peor y por lo que he escuchado la familia Valentine es bastante mierda…

    –Cuidado con tus palabras, Truhan –El enano dio un salto logrando tomar la solapa de la camisa de Lindol para luego jalarlo hacia abajo y encararlo, no es sorpresa que el enano sea mucho más fuerte–. Que seamos amigos no significa que vaya a tolerar tus insolencias para con nuestros señores, antes que nada somos campeones al servicio de la familia Valentine así que les debemos respeto.

    –Oye, oye, Enano, relájate, sabes que solo lo digo en broma no en serio –Podían ser amigos pero conocía bien al enano como para intimidarse un poco.

    –Tu nunca hablas en serio, Truhan –Lo soltó–. Como sea, ¿de dónde sacas que la familia Valentine es mala?

    –Eso no fue una broma, Mith. Sabes bien que tengo oídos muy buenos y desde que llegamos a este reino me he topado con algunos rumores acerca de ellos –Respondió mientras se acomodaba la camisa–. Cada uno peor que el otro.

    –Pues no deberías creer chismes sin sentido, es obvio que mucha gente les tiene envidia y por eso hablan mal de ellos.

    –Un chisme que se repite en diferentes ciudades y ocasiones no puede ser mentira, Mith –Alegó Lindol.

    –Una mentira dicha mil veces se vuelve realidad –Contradijo el enano afanado en defender el honor de sus señores.

    –Piensa lo que quieras –Sonrió Lindol.

    En ese momento vieron como la gente comenzaba acercarse a cierta zona del pueblo para ser testigos de un atípico acontecimiento, una pelea entre campeones en pleno pueblo y frente a la Posada del Héroe.

    –¿Qué estará pasando allí? –Cuestionó el enano quien debido a sus dimensiones no podía ver lo que había al otro lado de la muchedumbre.

    –Parece que un par de infelices están peleando por algún motivo, creo que son un hombre y una mujer –Respondió Lindol sonriendo cual si fuera un espectáculo–. Ven, vamos a disfrutar el show.

    El Truhan y El Enano se acercaron a la gente para ver lo que ocurría, Mith tuvo que subirse a unos barriles para poder ver bien el combate.

    –Te dije que no quería pelear, mujer –Exclamaba con furia el Gigante Sombrío esquivando los estoques propinados por su enemiga.

    –Nadie le falta al respeto a mi señora y vive para contarlo, imbécil –Replicó la bella pelirroja Lena.

    La mujer saltó al frente arrojando un estoque, pero el Gigante lo desvía sin problemas con sus pesados brazales, acto seguido embiste a la mujer con su hombro tirándola al suelo bruscamente pero sin lastimarla.

    –¿Eres un perro? –Cuestionó Vand mirando a la mujer–. Solo los perros atacan cuando ofenden a sus amos.

    –¡Cierra el hocico, maldito! Beso de dragón –Desde su posición arrojó una bola de fuego desde su boca obligando a Vand a retroceder para evitarla.

    –Vaya, esa mujer sabe pelear, me gustan las chicas rudas –Comentó Lindol sonriendo y detallando la bella figura de Lena.

    –Esto es una ridiculez, esa mujer no tiene oportunidad contra ese monstruo, deberíamos detener esto –Alegó el enano preocupado por la situación, decidido a intervenir.

    –Oye, oye, oye –Llamó el bigotudo deteniendo a su compañero–. No sé cómo son las cosas en tu reino, amigo, pero aquí no se interviene en una pelea de campeones si no tienes nada que ver, es de muy mala educación, ¿entiendes?

    –No… pero si entiendo que las costumbres de este reino son diferentes –Bufó reconsiderando su acción.

    –Por lo que puedo ver ese hombre debe ser el famoso Gigante Sombrío de la región de Chatton, un campeón sin amo y de nivel Erit, ella no sé quién es pero no parece tan fuerte.

    –¿Qué es eso de Erit? –Preguntó Mith.

    –¿No lo sabes? Es el último nivel de un campeón, ya sabes, los cinco niveles: Yun, Ich, Dai, Ban y Erit. Son los cinco niveles que un campeón debe dominar para ser considerado un Maestro o un campeón completo.

    –Jamás había escuchado de esoComentó el enano sorprendido.

    –¿A caso no se lo enseñan a todos los campeones enanos? –Arqueó la ceja Lindol.

    –Te recuerdo que existimos extremadamente poco campeones enanos, uno por cada cien mil de enanos –Se cruzó de brazos algo ofendido–. Como sea, háblame más de eso niveles.

    –No es nada complicado, cada nivel es representado por una habilidad que el campeón desarrolla, la primera es Yun, la cual es la primera habilidad que un campeón desarrolla en su vida, esta se activa sola en cualquier momento que el campeón lo desee. Ich, Dai y Ban son habilidades más fuertes que requieren de una conjuración, y luego está Erit la cual se considera la habilidad más poderosa de un campeón –Explicó Lindol tranquilamente.

    Lena esquiva el puñetazo de Vand moviéndose a un lado desde donde intenta con corte horizontal, una vez más los brazales del Gigante detienen la espada de la mujer, la desvía y la toma por el cuello firmemente. Lena salta y le conecta una patada en la cara a Vand logrando que la suelte y retroceda.

    –¡No quiero destrozarte! –Gruñó el Gigante molesto–. Tienes suerte que no tengo mis armas aquí…

    –¿Sin ellas no eres nada? –Se burló Lena–. No eres tan fuerte sin tu hacha, gigante imbécil

    –¡Lena, ya basta detente! –Decía Lily tratando de detener la pelea.

    –Hazle caso a esa niña, no quieres seguir esto –Advirtió una vez más el gigante.

    Lena se acercó una vez más a toda velocidad hasta encarar a Vand y comenzar una andanada de ataques veloces y contundentes, pero por más que ella se esfuerce todos los cortes terminan por ser bloqueados por los poderosos brazales de Vand.

    –Esa chica sí que sabe manejar una espada, me pregunto si es diestra en el manejo de otras cosas –Sonrió de lado Lindol.

    –¿Una habilidad que se activa por si sola? ¿Ich, Dai, Ban? –Musitaba el enano–. Oye, entonces yo soy de nivel Ban, tengo cuatro habilidades en total –Comentó el enano.

    –¿En serio? Pues felicidades, solo debes encontrar tu Erit para ser un campeón completo, la verdad me sorprende que no sepas esas cosas a tu edad –Arqueó la ceja el ballestero.

    –¡Es increíble! Sabía que era fuerte, pero no pesé que tanto –Obvió las palabras de su compañero debido a su emoción.

    –Oye, no te emociones, amigo. Que seas un Erit no significa que seas un campeón muy poderoso, muchos campeones dominan las cinco habilidades y tiene que seguir entrenando para ser fuertes, no se trata de cuantas habilidades tienes si no de como las usas, eso define a un campeón poderoso.

    –¿Y tú cuantas tienes? Que yo sepa…

    –¡Solo tengo tres, vale! No comiences a joder con es. Callate y disfruta la pelea, ¿quieres? –Exclamó ofendido.

    –Truhan débil, presumes de ser fuerte e inteligente pero hasta un enano como yo es superior, deberías tratarme con más respeto –Se burló el enano.

    –Primero me como mi ballesta, y nunca he presumido de ser fuerte pero si soy más, mucho más, inteligente que tú, enano…

    Un puñetazo sonó en el área seguido de la exclamación del pueblo. Bastó un puñetazo de Vand para que Lena callera arrodillada de dolor conteniendo su abdomen.

    –Te lo advertí, mujer –Dijo con frialdad el Gigante mientras la tomaba por el cabello para levantarla y acto seguido conectarle un rodillazo en el vientre.

    La mujer hizo todo lo posible para no sucumbir a pesar que sus piernas temblaban y le costaba respirar. Vand no se detuvo y la tomó por el cuello levantándola con facilidad, Lena trató de patearlo en la cabeza otra vez, en esta ocasión Vand detuvo su patada con uno de sus brazales dándole un terrible dolor en la pierna a la pelirroja. Finalmente la levantó y la arrojó con fuerza contra el suelo, sacándole un grito.

    –Patética, ¿y tú sirves a una familia? –Dijo Vand con desprecio.

    A pesar del dolor en su espalda, abdomen y pierna, la mujer no se daba por vencida. Arrastrándose intentó tomar su espada otra vez, pero el Gigante lo anticipó y la pateó lejos de ella, la tomó por el cabello levantándola otra vez.

    –Yo no necesito un arma para masacrar a un o una imbécil presumida y estúpida como tú –Le susurró el Gigante, Lena le arrojó un puñetazo a la cara, si le dolió a Vand, pero lo contuvo–. Estúpida, no puedes dejar de lastimarte, ¿verdad? –Otro puñetazo por parte de ella pero el Gigante ni se inmuta–. Después de la paliza que te pusieron anoche, vienes a mí para pelear –De nada sirve y ella le da un golpe aún más fuerte logrando sacarle un pequeño hilo de sangre de entre los labios al Gigante, pero no hay muestra de dolor–. Después de que esos cerdos de violaron sigues en pie de guerra.

    –…¿C-como sabes eso? –Lena se sorprendió ante la mención de ese suceso.

    –Crees que no noté la sangre en tu entrepierna cuando te vi. ¿Cómo tienes fuerza para seguir adelante? ¿No sabes rendirte? –Cuestionó mirándola con despreció–. Por eso odio a los campeones que sirven a una familia, se vuelven estúpidos ante su “honor” y arriesgan sus vidas sin motivo.

    –¿Crees que debo rendirme cuando un imbécil me golpea, cuando me vencen, cuando abusan de mí? –Alegó mirándole con seriedad apretando sus manos en el brazo del Gigante–. Lo siento, pero yo nunca me rindo, yo no he aprendido a agachar la cabeza ante la derrota y creo que nunca lo haré. Así seas tú, un campeón o un grupo de cerdos, nadie puede mantenerme en el suelo ¡Yo nunca me rindo! ¡Arremeter fénix!

    Las palabras de Lena sorprendieron al gigante logrando distraerlo por un segundo, mismo en el que Lena se cubrió por completo de fuego obligando a Vand a soltarla debido al calor, en ese momento ella le arroja una veloz patada a la cara quemándolo ligeramente y haciéndolo retroceder.

    El leve ardor de la quemadura trajo terribles recuerdos a la mente de Vand obligándolo a romper su inhibición y atacar con todo a Lena pues era consumido por un trauma del pasado. Su puño emanó energía negra y lo arrojó sobre la mujer a toda velocidad. La técnica que Lena usó le brindó una mejora de velocidad que le permitió esquivar el ataque, el cual impactó el suelo destrozándolo, lo que asustó a los testigos y alertó a los guardias y campeones cercanos.

    Lena atacó por un costado saltando y dándole codazo en la cien a Vand, el Gigante no pudo evitarlo debido a la velocidad de la mujer.

    –No me vas a quemar otra vez maldita perra –Musitó el Gigante con furia, pero no se refería a Lena más bien a un recuerdo que el dolor le traía.

    –Eso lo veremos…–El puño de Vand voló cerca de la cabeza de Lena quien apenas logró esquivarlo, en ese momento su fuego desapareció.

    Otro ataque del Gigante llegó al instante golpeándola en el costado, Lena gritó y amenazó con caer, sin piedad otro puño llegó a ella conectando su rostro sin piedad. La fuerza la estrelló contra la pared de la posada. Pero Vand, fuera de sí, no cesaba y fue hasta ella tomándola por el cuello para arrojarla con furia hasta estrellarla contra el suelo.

    –Te gusta, perra, te gusta lastimarme, ahora es mi turno puta –Gritaba el Gigante absorto de lo que pasaba y perdido en un viejo rencor.

    Lena estaba en mal estado, la sangre escapaba por su boca junto a una cortada en su mejilla y, posiblemente, una costilla rota. A un así la mujer trató de alcanzar su espada una vez más.

    –N-no me vas a vencer, monstruo –Se decía así misma mientras tomaba su arma–. Yo nunca me rendiré ante nadie.

    Una sombra se posó sobre ella, miró sobre su hombro para ver al Gigante levantar su puño y amenazar con aplastarla sin piedad. Solo pudo cerrar los ojos y esperar el ataque, el cual nunca llegó, solo sintió algo sobre ella y un sonido de choque. Al abrir los ojos pudo ver a Rafael sobre cubriéndola con su cuerpo y con su escudo de energía que había detenido el puño de Vand.

    –¿E-está bien maestra? –Preguntó el joven apretando los dientes debido al dolor de su herida y el rápido movimiento que hizo.

    –R-Rafael –Musitó sorprendida.

    El puño de Vand se cargó de energía una vez más, pero en ese momento la pequeña Lily se puso frente a él cubriendo a sus campeones y mirando con seriedad al Gigante, a pesar de la diferencia de tamaño la chica no mostraba temor.

    –Atácame –Dijo con firmeza Lily–. Atácame y vuélvete el monstruo que todos creen que eres.

    La mirada iracunda del Gigante cambió en ese momento al verla a ella tan firme y decidida frente a él, su puño bajó y su energía desapareció. Las miradas de la gente caían sobre él de forma infame, mirándolo como un monstruo, como criminal incluso, los murmullos no se hicieron esperar juzgándolo y tachándolo de maldito por atacar así a Lena. Y los campeones que había allí simplemente le miraban con rencor, algunos de ellos con sus armas desenfundadas.

    –¡Que me ven! –Exclamó con fuerza a la gente asustando a la mayoría–. ¡¿Ahora yo soy el malvado? Ustedes estaban mirando lo que pasaba y no se atrevieron a hacer nada!

    –Será mejor que te vayas, Gigante Sombrio –Dijo con seriedad un campeón de elegante armadura mientras sacaba su espada, y era secundado por otros más–. Tu presencia aquí siempre ha sido una molestia para todos, pero ahora nos das motivos para expulsarte del gremio por atacar a otro campeón sin razón.

    –Eso no es cierto –Intervino Lily–. Él actuó en defensa propia…

    –Usted no hable, lady Lily, nosotros nos encargaremos –Esto lo dijo otro hombre que portaba un uniforme militar y era secundado por varios soldados–. Señor Vand Gaztard, usted estaba bajo advertencia desde la última vez que causó disturbios en el pueblo, esta es su última advertencia, lárguese del pueblo ahora o me veré forzado a arrestarlo –Amenazó aquel hombre.

    En un solo segundo decenas de soldados llegaron junto a varios campeones que amenazaban a Vand. Junto al pueblo todos miraban juzgantes y despreciando a aquel hombre, quien solo se llenaba más de furia, no podía hacer nada ante un odio colectivo como ese, después de todo no era la primera vez.

    –Como si necesitara de su patético pueblo –Gruñó apretando con furia sus puños, deseando solo por un momento atacarlos a todos–. Váyanse a la mierda y púdranse en su miseria.

    Dio media vuelta y se dirigió al granero donde estaba su mascota.

    –Señor, Vand, espere por favor, hablemos una vez más –Pidió Lily al verlo montar su bisonte y dirigirse a la salida del pueblo, le habría seguido de no ser por que un soldado la detuvo.

    –Esto puede ser interesante –Musitó Lindol desde la distancia siendo testigo de todo lo que pasaba y maquinando, como siempre, sacar provecho de la situación–. Esa chica es una lady, debe pertenecer a alguna familia.

    –¿Qué estas planeando Lindol? –Preguntó el enano con curiosidad ante la sonrisa de su compañero–. Esa sonrisa tuya me da escalofríos.

    –Nunca lo sé, pero veo dinero en esta situación. Por ahora ve a vigilar al coleccionista, yo iré a la posada a conseguir información valiosa –Dicho esto se separó sin dar explicación.

    –Oye, espera ¿información de qué? –Pero no hubo respuesta, El Truhan solo se alejó dejando solo a su compañero.

    Al ver al Gigante alejarse del pueblo la gente se dispersó volviendo a sus labores, en pocos minutos solo quedaron Lily y sus campeones en el lugar. Lena había dejado de lado su enojo y pudo entender la tontería que cometió, Rafael, a pesar de su herida estaba preocupado por ella y permanecía a su lado.

    –M-mi señora –Llamó Lena agachando la mirada con vergüenza.

    –¿Ya estas contenta, Lena? –Cuestionó Lily enojada, de las pocas veces que se ha visto a esa linda y amable jovencita enojada–. Por tus tonterías perdimos la única posibilidad de contratar a un nuevo campeón para la familia.

    –Lo siento mucho mi señora –Respondió ella arrodillándose para pedir perdón–. Le juro que no fue mi intensión causar esto, e-es que me dejé llevar por mi enojo y no pude contenerme.

    –Nunca puedes contenerte, Lena. Levántate –Ordenó con firmeza, a pesar de su dulce voz.

    Lena se levantó con ayuda de Rafael debido a sus lesiones y heridas, no obstante lo que más le dolía era haber decepcionado a su señora, apenas tuvo el valor para verla a los ojos, topándose con los llorosos y bellos ojos platinados de Lily.

    –No solo iniciaste una pelea con el señor Vand, hiciste que lo echaran del pueblo, desobedeciste mis órdenes a pesar de que te repetí una y otra vez que te detuvieras, pero lo que más me molesta, Lena, es que te pusiste en riesgo a ti misma aun sabiendo que no tenis oportunidad de ganar. Eres mi mejor campeona, mi guardaespaldas, mi consejera y sobre todo mi mejor amiga, y aun así me desobedeciste y arruinaste todo –Regañó molesta y triste–. Quiero que sepas que estoy muy decepcionada de ti, tú eres la única persona que no puede fallarme y lo sabes.

    –M-mi señora –Titubeó dolida por esas palabras pero sabía que tenía razón, se mordió el labio para no quebrar su voz–. Lo siento, lo siento mucho, le juro que no volverá a suceder, se lo prometo.

    –Por ahora no me prometas nada –Desvió la mirada–. Rafael, gracias por salvarla, fuiste muy oportuno pero te hiciste daño a ti mismo, otra vez.

    –Usted sabe que jamás dejaré que las lastimen aunque mi cuerpo termine destrozado –Respondió fingiendo una sonrisa pues el dolor no cesaba en su herida.

    –Quiero que los dos se vayan de inmediato a la iglesia para que los curen y cuando vuelvan hablaremos sobre qué hacer ahora –Ordenó con firmeza, Lena trató de disculparse otra vez, pero Lily no estuvo dispuesta a escucharla.

    Un par de horas pasaron. Lily estaba dentro de la posada sentada en una mesa bebiendo un frio jugo, perdida en sus pensamientos sobre qué hacer ahora que pensaba perdida su oportunidad de hablar con Vand pues no sabría dónde encontrarlo.

    –Si tan solo supiera donde encontrar al señor Vand, quizás podría hablar con él, disculparme por lo ocurrido y tratar una última vez de hacer un trato –Musito jugando con su bebida meneándola de un lado a otro.

    –¿Dijo Vand? –Se escuchó una voz detrás de ella.

    Lily volvió su mirada para toparse con Lindol El Truhan que le miraba con una amble sonrisa tratando de parecer confiable.

    –¿Disculpe? –Cuestionó ella.

    –Disculpe mi atrevimiento mi lady, no era mi intención pero escuché que quería encontrar al señor Vand Gaztard, el Gigante Sombrio, si me lo permite, quizás pueda ayudarla –Sonrió de forma segura.

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
  7. Threadmarks: Capítulo 6: Familias
     
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    Capítulo 6: Familias

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)

    26 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    Las horas pasaron y el medio día llegó a la región. ¿Qué había pasado? Pues el grupo de Lily y sus escoltas se había desintegrado teniendo a Lena y Rafael por un lado, mientras que Lily cayó en las manos del Truhan Lindol quien maquinaba formas de sacar provecho de la situación de la joven de cabellos platinados y clara inocencia.

    En el centro del pequeño pueblo se encuentra la iglesia erigida en honor a la fe de Azmon, dios supremo y principal deidad de la religión del reino de Evenns. Es en este santo recinto donde los campeones Lena y Rafael se encontraban después de ser atendidos por los clérigos del lugar. Ambos se tomaron un momento sentados en las bancas para conversar tras el tratamiento.

    –¿Todo bien? –Preguntó Rafael a su mentora mientras se sentaba a su lado–. Por suerte no fue nada grave lo mío, solo se me abrió la herida, como duele –Sonrió tratado de amenizar el momento al notar la seriedad de la pelirroja.

    –Sí, solo golpes y una fractura, estaré bien en un par de semanas –Respondió de forma tajante, sin demostrar dolor y con la mirada agachada–. Fue una estupidez, ¿verdad?

    –¿El qué? –Alegó él sin entender.

    –Enfrentarme al Gigante Sombrío, solo ahora me doy cuenta del tamaño de la estupidez que hice –Suspiró con pesadez mientras se revoloteaba el cabello–. ¿Cómo pude pensar que podría contra ese sujeto? Él humilló y venció a Vitto, no tenía oportunidad en su contra.

    –Bueno, me temo que es verdad, maestra. Pero no se sienta mal, entiendo que dudara o quisiera ver que tan fuerte es el señor Vand, pero quizás se le pasó la mano y se volvió una pelea de verdad. Me alegra que no pasara a mayores sus lesiones, por suerte llegué a tiempo….

    –No era una prueba –Objetó apretando los puños–. Yo en verdad quería vencerlo, es ridículo, pero es la verdad, estaba tan molesta que me lancé sin pensarlo buscando ganarle.

    –¿Pero molesta por que? Sé que el señor Vand no es alguien agradable ni amable, pero tampoco hizo nada en su contra.

    –…Por envidia –Lo dijo con voz baja y frustración al apretar los dientes–. Lo hice por envidia.

    –Me temo que no entiendo, maestra…

    –¡Por lo que dijo la señorita Lily! Si, por como nuestra señora elogiaba a ese imbécil y se empeña en contratarlo diciendo que necesita un campeón superior, nunca ha dicho eso de mi a pesar de todos los años que llevo trabajando para la familia Adevane y a pesar que realmente soy la campeona más fuerte de la familia ahora. Solo piensa en conseguir a alguien más fuerte –El enojo no había pasado y ahora era que se desahogaba con alguien diciendo lo que sentía.

    –Maestra –Suspiró Rafael, entendiendo su pesar. Se acercó a ella y colocó su mano en su hombro en señal de apoyo–. No debe ver las cosas así, la señorita Lily lo hace porque realmente necesitamos campeones cuanto antes y se emocionó al conocer al señor Vand siendo tan poderoso y no teniendo señor, pero ella la valora mucho a usted, son mejores amigas y es su consejera…

    –¡Lo sé! –Exclamó alzando la voz llamando la atención de algunas personas allí en la iglesia–. Y aun así le fallé, no estoy molesta con ella, ni siquiera con él, no es su culpa que sea más fuerte que yo, estoy molesta conmigo misma porque le fallé a mi señora cuando más me necesitaba, y sobre todo porque con todos los años que he luchado no consigo hacerme más fuete, no puedo mejorar, es como si mi poder se hubiera estancado y así no puedo servirle a mi señora, por eso necesita mejores campeones, por mi culpa por no ser más fuerte.

    –Maestra por favor, no diga eso, usted no es débil es una campeona fuerte y valiente, está pasando por un bloqueo de energía por eso su poder no aumenta pero pronto podrá salir de eso…

    –¡Llevo cinco años con este puto bloque, Rafael! cinco años sin que mi poder aumente, es demasiado tiempo muchacho –Interrumpió ella mirando con fieros ojos al chico que solo buscaba animarla.

    –Quizás…

    –Como sea, que más da, mi trabajo es servir a la familia Adevane y lo haré con poco o con mucho poder –Se levantó–. Regresemos con la señorita Lily, debo pedirle disculpas por mis acciones y no quiero hablar de esto otra vez, ¿entendiste?

    Rafael asintió preocupado pero el estado de ánimo de ella pero sin alegar más. Ambos dejaron la iglesia rápidamente para retornar a la posada donde creían estaría su señora.

    Cerca de la iglesia, en el concurrido mercadillo de la localidad se hallaba el enano, Mith, quien por órdenes de sus superiores tenía la misión de vigilar y analizar la seguridad con la que el coleccionista que allí residía contaba, órdenes que por cierto seguía dudando pero que igual tenía que acatar. Es pues que el enano estaba sentado en unos barriles mientras comía una hogaza de pan y mantenía la mirada fija en la tienda del coleccionista.

    –Seis licanos bien pertrechados y armados hasta los dientes con hierro y acero de calidad –Se decía así mismo analizando a los escoltas del coleccionista–. Se ven fuertes y aguerridos, ¿habrá algún campeón entre ellos? No lo creo, hasta donde sé existen extremadamente pocos campeones semihumanos –Dio una gran mordida a su pan–. Espero que el capitán no venga hoy, si se entera que el idiota de Lindol no está aquí como lo ordenó se pondrá bastante violento –Hubo temor en sus últimas palabras.

    Todo parecía tranquilo en el lugar. Estoico y leal permaneció allí por una hora más vigilando hasta detallar y memorizar las armas y equipo de los escoltas e incluso intuir sus habilidades y técnicas de pelea.

    –E-esto ya está muy aburrido, iré a descasar en la posada del héroe y regresaré en un rato, dudo que algo más pasé –Bostezó y de un salto bajó del barril para estirarse un poco.

    –¿Dónde está el ballestero? –Se escuchó una serena pero imponente voz tras del enano.

    No tuvo siquiera que voltear para reconocer quien era, sorpresa y miedo a partes iguales fueron la reacción del enano ante la presencia de aquel hombre. Lentamente miró sobre su hombro para asegurarse.

    –C-capitán Fedric –Titubeó el enano tragando nervioso y fingiendo una sonrisa–. Q-que alegría verlo, señor.

    –¿Dónde está tu compañero? –Insistió sin atender al saludo del enano.

    Ante él se erigía autoritario y firme un hombre relativamente joven, de piel clara, talla alta y complexión atlética con clara experiencia en combate que le dotó de un cuerpo sólido y ágil a partes iguales, su mirada de azules ojos se clava certera en los del enano, no expresa ninguna emoción. Es de cabello rojo oscuro, el cual lleva peinado escuetamente de un lado a otro. La frente es de mediana longitud, conjunto al grosor de las cejas y por debajo, su nariz aguileña es de regular grosor, por sobre los labios seguros conformando una quijada de yunque. El rostro carente de expresión de este hombre carece de vello y posee una cicatriz, la cual va desde el borde bajo de la mejilla izquierda, pasa en diagonal por sobre la nariz.

    Viste ropajes sucios por sus travesías y pernoctar a la intemperie, usa botas de montaña de cuero, calzas de regular grosor color castaño, por debajo de una túnica roja y encima de todo eso lleva una capa de viajero holgada color granate, la cual tiene capucha. En su cintura se pueden apreciar dos armas asidas a su cinturón, una de ellas es una espada larga y de peso considerable, mientras que la otra es un boomerang de acero y cualidades mágicas.

    –L-Lindol, él pues… él fue a hacer un trabajo que le pedí v-volverá pronto, señor no se preocupe –Sonrió y rio de forma nerviosa.

    –Yo no estoy preocupado –Respondió con desinterés–. El que debería estar preocupado es tu compañero, ya le he tolerado muchas faltas, pero esta será diferente, espero que no regrese, por su bien.

    –Capitán, en serio, él está aquí en el pueblo volverá pronto se lo aseguro –Dijo el Enano tratando de defender a su compañero con nulos resultados.

    –A mí no me engañas, enano, yo mismo lo vi salir del pueblo en compañía de una jovencita, no sabía que tu amigo tenia esas perversiones –Se aconchó en una pared para vigilar personalmente la tienda del coleccionista–. Si sigues protegiéndolo tanto tú compartías el castigo.

    –Mierda –Bufó Mith al verse descubierto–. Capitán, disculpe, pero ¿Por qué vigilamos al coleccionista antes del trato? ¿Es por seguridad? Si es así no creo que él intente algo en contra de nuestros señores, todo el mundo sabe que lo coleccionistas son extremadamente honorables.

    –Su nombre es Trigésimo Quinto, los coleccionistas usan un número como nombre –Explicó Fedric–. Nuestros señores ordenaron que vigiláramos y eso es todo lo que debemos saber, lo hacemos y punto.

    La duda no hacía más que acrecentar en el enano pues las palabras del capitán le hacían recordar las que horas antes el truhan le había comentado acerca de la reputación de la familia a la que sirven, los Valentine. Y la presencia del capitán tan pronto advertía que algo podría ocurrir.

    Viajamos a las afueras del pueblo, justo en el intricado y cerrado bosque, el cual podría ser transitado sin problemas si se siguen los caminos empedrados hechos por el reino, no obstante, nos hayamos fuera de ellos, siguiendo las veredas de los cazadores, campesinos y bandidos. Es por estos rumbos que El Truhan Lindol guiaba a la incauta Lily bajo la promesa de ayudarla a encontrar a Vand y hablar con él otra vez pues el ballestero afirmaba ser amigo de Vand, cosa por demás falsa.

    –¿Y desde cuando conoce usted al señor, Vand? –Preguntaba con curiosidad la joven chica.

    –Desde hace algunos años, yo y el vinimos juntos a esta región a buscar trabajo –Afirmo con tal seguridad que parecía decir la verdad, mientras caminaba al frente de ella para que no notara la burlona sonrisa que sus labios dibujaban.

    –Ya veo –Respondió ella sonriendo también–. Espero poder convencer al señor Vand de ayudarme, sé que tuvimos problemas por causa de Lena pero creo que si hablo con él podremos llegar a un acuerdo.

    –Disculpe que me meta, señorita, pero ¿a qué se debe su insistencia en contratar a Vand? –Como buen espía Lindol no desaprovecha ninguna oportunidad para averiguar algo.

    –Verá, mi familia no está en una buena situación, casi no tenemos campeones, de hecho solo tenemos tres y me temo que, aunque son valientes y leales, no soy suficientemente fuertes para hacer frente a los problemas de mi región, es por eso que necesito aun campeón realmente fuerte como el señor Vand, además, si las otras familias se enteran que tengo tan pocos campeones trataran de quitarnos nuestros derechos como familia regente de Green Valley, si eso pasa no tendremos más tierras y quedaremos en la pobreza –Explicó con temor.

    –Sí, la pobreza es una mierda, lo sé –Musitó Lindol con un semblante serio quizás ante recuerdos.

    Siguieron caminando un poco más de tiempo hasta llegar a un pequeño descampado, donde Lindol se detuvo sin más, haciendo por ende que ella también se detuviera.

    –¿Pasa algo señor Lindol? –Cuestionó ella.

    –¿Escuchó eso? –Dijo él mirando en la distancia mientras lentamente tomaba su ballesta la cual previamente había cargado.

    –¿Escuchar qué? –Alegó mirando en todas direcciones, menos a Lindol.

    –Esto –Sonrió de forma maliciosa y rápidamente disparó un virote que se clavó en un árbol detrás de Lily–. Saeta Parpadeante

    Con este conjuro Lindol se teletransportó en un instante a la posición del virote teniendo una vista perfecta de la espalda de Lily, donde disparó otro virote.

    Aguja Somnífera –Este virote no era común estaba hecho de energía. El virote se clavó certero y profundo en la nuca de Lily, activando por completo su efecto.

    –S-señor L-Lindol –Ella ni siquiera había visto lo que pasaba cuando recibió el segundo virote, el cual la desmayó al instante, terminando por caer al suelo.

    –Vaya, vaya, creo que cada vez soy más rápido –Dijo el Truhan riendo mientras se acercaba a la chica inconsciente e indefensa en el suelo. Se arrodilló a su lado para acariciar suavemente el cabello de Lily y detallar mejor su rostro–. Dios, vaya que eres preciosa, carajo, no me imagino lo que cualquier otro sujeto te haría –No obstante una sonrisa perversa se dibujó en sus labios–. Pero yo no soy de esa clase de sujetos, para tu suerte, a mí solo me importa otra cosa.

    Fue pues que se fijó en el collar de plata con un dije en forma de flor que la chica portaba en su cuello además una pulsera y de su pequeño bolso donde llevaba dinero. Tras despojarla de sus pertenecías el truhan se limitó a recostarla contra un árbol y sin meditación alguna la abandonó a su suerte siendo ya tarde y con la noche a pocas horas de caer, la joven tardaría un par de horas de despertar.

    –¿Q-que me pasó? –Murmuraba mientras escapaba lentamente a su inconciencia con un dolor de cabeza considerable.

    Lo primero que notaria seria la ausencia de luz solar y la presencia de la tenue luz de luna, un viento frio recorrió el lugar haciéndola tiritar de frio y abrazarse a sí misma.

    –¿Cómo anocheció tan rápido? –Tartamudeo debido a la brisa helada. Comenzó a mirar en todas direcciones en busca de aquel hombre de bigote y cabello largo, su ausencia seria la haría entender–. Fue él, ¿Que me hizo? ¡Señor Lindol, ¿Señor Lindol está allí?!

    No hubo respuesta que no fueran los sonidos de la naturaleza. A penas levantarse sentiría que algo le hacía falta en su indumentaria, se trata de aquel collar que el Truhan le había robado.

    –¡No, no puede ser, el collar de mi hermana, no! –Una molestia que pocas veces había conocido se apoderó de ella obligándola a gritar de frustración y maldecir a aquel hombre que la había engañado–. ¡Maldito ladrón, porque me hizo esto!

    La situación no podía ser peor para Lily, y no paraba de empeorar. Lleva a cuestas un trajín complicado desde el momento en que por necesidades decidió dejar las comodidades y lujos de su hogar a los que toda la vida estuvo acostumbrada. Un largo viaje en difíciles condiciones que no paraba de aumentar, perdida de dinero, el asesinato de sus escoltas, su casi violación, y cuando pensó que por fin encontraba al campeón que podría salvarla se topó con un hombre de paciencia mínima y gran avaricia, para luego su mejor amiga y principal campeona destrozar las posibilidades de negociación con él, ahora, por confiar en un desconocido, estaba perdida en medio del bosque, sin dinero y perdiendo un objeto muy valioso. Todo esto terminó por quebrar su otrora firme voluntad.

    –¿Por qué? –Gimoteo cayendo de rodillas sobre la grama, hizo lo posible para no soltar lágrimas pero estas escaparon solas de sus platinados orbes–. ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil? ¿Por qué no puedo hacer algo bien por una sola vez? ¿Por qué no puedo encontrar a alguien que pueda ayudarme y no trate de perjudicarme? –Se llevó las manos a los ojos para secar sus lágrimas mientras sollozaba–. Mamá, hermanito, lo siento pero no puedo, no puedo hacer esto, nunca encontraré a un campeón que nos ayude, no podré salvar a la familia y no podré encontrar a Rebecca –Su voz se quebró y un nudo en la garganta ante los recuerdos de su hermana mayor que no le permitieron seguir hablando, solo pudo desahogarse con un tierno pero a la vez triste llanto.

    Y las cosas parecían no mejorar para Lily, absorta en su pesar no notó como dos sigilosos y peligrosos lobos se acercaron a ella agazapados con intenciones de cazar, un aullido por parte de uno advirtió a la chica se alzó la mirada asustada, palideciendo al ver a esos canes mirarla cual presa.

    –Dios, no, por favor –Dijo aterrada y paralizada de miedo cuando los lobos mostraron amenazantes los colmillos–. Dios, por favor dios ayúdame, ¡ayuda!

    Intentó retroceder, pero los lobos no reducían la distancia y la seguían. Lily terminó por acorralarse contra un gran árbol. Pero cuando la situación parece más oscura siempre hay un pequeño haz de luz que puede aclarar hasta el peor momento. En el caso de la chica que comenzaba a temblar de miedo, quizás cerca de mearse encima otra vez, su haz de luz fue un bisonte de gran tamaño y pelaje blanco que no podía ser otro si no el mismo Holgazán, mascota de Vand. El bisonte tranquilamente deambulaba por el bosque comiendo hierba y fue eso lo que lo llevó hasta esa zona.

    –El bisonte del señor Vand –Susurró Lily sorprendida, y de alguna forma aliviada.

    El bisonte alzó la mirada para toparse con la joven y los dos lobos que la amedrentaban, mugió ligeramente para captar la atención de los canes, raspó el suelo con su pezuña a manera de provocación. Uno de los lobos pensó que podría dominar al gran bisonte y se lanzó hacia él corriendo a toda velocidad, no sabía con quien se estaba metiendo.

    Pocas veces se ve a algo del tamaño de Holgazán moverse a gran velocidad, esta es una de esas. El bisonte giró dándole la espalda al lobo y lanzo unas patadas formidables con sus patas traseras recargándose en las delanteras por un instante. La fuerza fue tal que el pobre lobo voló por el aire hasta estrellarse en el follaje de un árbol y de ahí caer dando tumbos entre las rapas hasta estrellarse con el suelo. El bisonte mugió con fuerza para asustar al otro lobo, que no tardó en echarse a correr escapando.

    Todo quedó en silencio por un momento, después de todo pasó en cuestión de segundos. Lily vió al lobo inerte en el suelo y luego al bisonte quien tranquilamente se acercó a ella. Por fin, un poco suerte después de tanta desdicha. Lily se lanzó a abrazar agradecida al bisonte, acariciando su cabeza mientras le agradecía a él y a dios. El bisonte, amante de los mimos humanos, frotó su cabeza con el pecho de ella suavemente.

    –Bisonte, si tú estás aquí el señor Vand debe estar cerca, ¿verdad? –Preguntó mirando los ojos marrones del animal–. ¿Puedes llevarme con el señor Vand?

    Como si de alguna manera le hubiera entendido Holgazán se echó en el suelo y con su cabeza hizo un gesto para indicarle a Lily que lo montara, ¿tenía otra opción? Ya había confiado en un desconocido y le robó, quizás si confiaba en un animal no le iría mal. No fue fácil subirse al lomo de Holgazán pero lo logró, su trajín tardaría algunos minutos a través del bosque hasta una pequeña cueva cerca de un bello y calmo lago. Al entrar supo que estaba en el lugar correcto pues vió el equipaje de Vand allí dentro y su gran hacha, pero no vió al campeón.

    –¿Dónde está el señor Vand, Bisonte? –Preguntó con su dulce voz mientras bajaba de su lomo.

    Holgazán solo mugió levemente a manera de respuesta incompresible para un humano normal mientras se recostaba a un lado de una improvisada cama de hojas, posiblemente hecha por Vand.

    –¿Puedo recostarme sobre ti? Es que tu pelaje es muy cálido y hace mucho frio –Solicitó con educación, a pesar que hablaba con un animal, las cosas se tornaban cada vez más raras.

    Holgazán no se opuso y Lily se recostó sobre él para no pasar frio. El bisonte no tardó en dormirse, Lily hizo todo lo posible para no caer dormida otra vez y ver a Vand pero las horas esperando así como lo cómodo que resultaba Holgazán no ayudaron y cayó presa del sueño.

    27 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    Los rayos del sol se asomaron discretamente por la entrada de la cueva hasta caer sobre la faz de Lily, quien se removió adormilada para evitarlos, aunque ya comenzaba a despertar.

    –Bisonte –Musitó semidormida–. ¿Ya llegó el señor Vand?

    –Su nombre es Holgazán –Se escuchó una gruesa e inconfundible voz masculina cerca de ella.

    Lily abrió los ojos rápidamente al escucharlo. Allí estaba ese buscado hombre frente a ella, de pie y carente de ropajes, si, estaba desnudo.

    –¿Por qué me estas siguiendo niña? –Cuestionó Vand con su típica seriedad.

    Estaba alegre de volver a verlo para poder hablar con él, no obstante otra cosa fue lo que cruzó la mente de la chica al vislumbrarlo. Vand estaba mojado y desnudo, con líneas de agua recorriendo su piel de forma lenta y sensual, claramente se había bañado en el lago cercano. Usaba una tela a manera de toalla pasándola lenta pero rigurosamente por su cuerpo.

    Músculos y más músculos era aquel hombre de gran tamaño, sus brazos gruesos y duros como el acero remarcan algunas venas a cada movimiento, su pecho plano y grande daba una impresión de fortaleza sin igual muchas mujeres querrían pasar la noche sobre ese hombre, abdominales perfectamente marcados por los cuales desciende el agua lentamente debido al goteo en su barba y cabellera larga, sus piernas eran unos auténticos robles por su dureza y tamaño, una patada de Vand podría ser mortal, y ni hablar de lo que entre sus piernas cuelga, pocas mujeres han visto un miembro tan grande y muchas desearían a un marido así de dotado.

    La chica estaba paralizada de la impresión al verle así, quizás nunca había visto a un hombre desnudo, siendo el primero un monumento a la masculinidad y virilidad, su blanco rostro se tornó tan rojo como un tomate y segundos para después desmayarse.

    –¿Y a esta que le pasa? –Alegó Vand arqueando la ceja.

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
    Última edición: 15 Mayo 2019
  8.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

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    Capítulo 7: La situación de los Adevane

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)
    27 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    Algunos minutos pasaron, que realmente no fueron muchos, para que la joven Lily despertara de su desfallecimiento infundido por la imagen desnuda del Gigante Sombrío. Para su suerte lo primero que vió al despertar fue a Vand sentando sobre unas rocas medio vestido, pues solo llevaba el pantalón y las botas.

    –Por fin despiertas, niña –Llamó él mientras comía un pedazo de carne seca que llevaba entre los labios pues sus manos estaban ocupadas afilando su gran hacha.

    –L-lo siento, e-es que me tomó por sorpresa verlo desnudo, señor Vand –Respondió avergonzada y agradeciendo que se hubiera vestido.

    –¿Acaso soy el primer hombre que vez denudo? –Cuestionó arqueando la ceja–. Vaya que es un niña –se dijo así mismo.

    –Pues claro que sí –Respondió sonrojada–. Por favor, no quiero hablar de eso.

    –Como sea. ¿Ha que has venido, y como me encontraste? Seguro esa bola de pelos blanca te trajo aquí, ¿Verdad? –Alegó algo molesto con su mascota. El bisonte Holgazán seguía plácidamente dormido ajeno a lo que ocurría en la cueva con su amo y la chica–. Le haces honor a tu nombre.

    –Sí, fue Holgazán quien me encontró cuando estaba perdida en el bosque –Sonrió acariciando el lomo del bisonte que usó para dormir.

    –Parece que tienes afición por meterte en problemas, niña. ¿Qué rayos hacías en el bosque, y donde están ese par de que tienes por escoltas?

    –Cometí un terrible error ayer. Confié en un sujeto que me dijo que podía traerme hasta aquí con usted, pero ese canalla solo me robó y me abandonó en el bosque. Cuando desperté era de noche y un par de lobos se acercaron para atacar, por suerte Holgazán apareció y me salvó, luego me trajo hasta aquí –Explicó ella con pesar y algo de miedo ante su triste andanza.

    –Vaya que eres inocente. Una niña como tú tiene suerte de seguir con vida, en esta puta región todo el mundo intenta robarte o joderte, sobre todo en los jodidos bosques que rebosan de bandidos –Agregó mirando de forma seria a Lily. Para Vand era increíble que alguien fuera tan… inocente, por no usar otra palabra.

    –Sí, es lo que he notado desde que llegué aquí, al parecer la situación económica y social está muy mal en esta región, hay mucha pobreza y delincuentes por todos lados. ¿Es que acaso la familia regente de esta región no hace nada?

    –¿Acaso vives en otro mundo? Ninguna familia regente hace nada. Todos son una parda de imbéciles tiranos avariciosos que solo usan a la gente como herramientas para conseguir lo que quieren, nada les importa menos que la vida más allá de sus castillos, palacios y mansiones. Todos son cerdos avaricias, lascivos y crueles –No había que ser perspicaz para notar que las palabras del Gigante eran influenciadas por recuerdos.

    –¡Eso no es cierto! –Objetó Lily alzando su voz, notándose ofendida por primera vez desde que conoció a Vand–. No todas las familias son así. Los Adevane siempre hemos velado por el bienestar de nuestra región y hacemos lo que sea para mantener bien a nuestra gente, solo tienes que ir a Green Valley para ver lo que hacemos por…

    –¡Me importa un carajo! –Interrumpió irritado por que le alzara la voz, bastó que él hablará con firmeza para cohibir a Lily–. No me interesa si las familias son todas jodida o hay alguna que no, yo no tengo un hogar ni una familia a la que regresar y cuidar, voy a cualquier región por mas mierda que sea para hacer dinero y ya, quizás no conozco Green como se llame, pero si algo te puedo asegurar, niña, es que todas las regiones que he visitado son la misma porqueria por culpa de la familia regente a la pertenece.

    –B-bueno, quizás tenga razón –Respondió ella agachando la mirada–. No conozco todas las regiones del reino, solo mi hogar, esta región y el Estado Real.

    Vand miró a la chica asustada y una vez mas no pudo evitar arrepentirse por ser tan rudo. Hacía mucho tiempo que no conocía a una mujer tan linda, gentil, amable e inocente como ella, de forma que había olvidado por completo como tratarlas.

    –Lo que sea –Dijo suavizando su voz–. ¿Dime a que has venido? Aunque puedo adivinarlo, desde ahora te digo que no me interesa unirme a tu familia como un campeón, así que puedes largarte ya.

    –Sé que nuestra conversación de ayer terminó muy mal por culpa de mi escolta, y le pido una disculpa por los agravios que le causó –Se acercó a él sentándose en una roca a su lado–. Pero vine aquí para que pudiéramos hablar a solas y llegar a un acuerdo.

    –¿Un acuerdo? –Le miró de reojo dejando su arma de lado con interés.

    –Antes que nada déjeme contarle mi historia y lo que le ofrezco, luego podrá decidir si acepta o no, si no está de acuerdo le prometo que no volveré a molestarlo y me iré –Esbozó una linda sonrisa al final, sonrisa que pocos hombres podrían ignorar pues rebosaba belleza, candidez y algo de esperanza.

    –Está bien, habla –Desvió la mirada ante esa sonrisa.

    –Mi nombre es Lily Adevane, soy la segunda hija de tres. Mi hermana mayor se llama Rebecca y mi hermano menor Johans. Nuestro padre fue juzgado hace años por traición, desde entonces mi madre tomó el mando de la familia, sin embargo ella enfermó y ya no puede ocuparse de todo así que mi hermana mayor tomó el mando. Aunque no lo parezca nuestra familia es de las tres familias regentes más pobres del reino, la mayoría tienen más de dos regiones bajo su mando, pero nosotros solo tenemos una, eso no es algo que nos avergüence, hacemos nuestro trabajo con alegría y dicha, ayudamos al pueblo, les damos la seguridad y bienestar que debemos.

    –…No me cuentes tu vida –Susurró Vand rodando los ojos.

    –Pero todo se ha vuelto muy difícil desde que mi madre enfermó, nuestra región ha sufrido constantes ataques de bandidos y saqueadores que menguaron nuestras tropas. Antes también contábamos con un grupo de campeones fuertes y honorables no obstante uno a uno han sido asesinados y no sabemos a ciencia cierta quién lo ha hecho. En cuestión de meses nos quedamos con pocos campeones, fue entonces mi hermana decidió que saldría a pedir ayuda de otra familia, la familia Dumont –Aquí Lily hizo una pausa y apretó sus puños–. Entonces alguien la atacó a ella y sus escoltas, los asesinaron a todos y ella desapareció –Lo ojos de Lily se humedecieron ante el recuerdo de aquella masacre.

    –¿La mataron? –Preguntó Vand con cierto interés.

    –No, no la mataron –Respondió tratando de no llorar–. La raptaron porque jamás encontraron su cuerpo pero si un rastro que llegaba hasta un rio donde había un muelle, fueron los Justicieros, ellos la raptaron, lo sé.

    –¿Los Justicieros? –Preguntó Vand ante ese nombre que le parecía familiar–. Ya he escuchado ese nombre antes, ¿Quiénes son?

    –Son un grupo de rebeldes que están en contra de todas las familias y la oligarquía del reino, han perpetuado muchos atentados contra la nobleza, incluso asesinando a algunos miembros de familias, yo estoy segura que fueron esos desgraciados los que se llevaron a mi hermana y que aun la tienen, debo encontrarla cuanto antes, antes que le hagan algo, por eso necesito su ayuda, señor Vand –Los preciosos ojos platinados de Lily emanaron un par de lágrimas que evocaban su desesperación y temor.

    –¿Exactamente qué quieres que haga? Me tomaría mucho tiempo investigar donde la tienen además que sería algo muy costoso.

    –Por eso vine a esta región, habrá una fiesta organizada por la familia Dumont en unos días, miembros importantes de las demás familias van a asistir, allí les pediré que me ayuden, pero para eso debo ganarme su respeto y demostrar que la familia Adevane también es poderosa. El poder de una familia depende de cuatro cosas: Riqueza, Territorio, Ejército y Campeones. Mi familia solo tiene tres campeones, y debo admitir que no son muy fuertes, pero si usted se uniera a nosotros seguro me ganaría su respeto y su ayuda.

    –Yo no me voy a unir a tu familia como un campeón, ya te lo había dicho, y mucho menos para ganarme la aceptación de una parda de miserables nobles con corazones de piedra y hielo…–Objetó Vand.

    –No tiene que unirse a la familia como tal, solo tienen que parecerlo. Lo contrataré en calidad de mercenario, le pagaré por todo lo que tenga que hacer, se lo prometo.

    –…Eso suena mejor –Le miró de reojo mientras acariciaba su larga barba–. ¿De cuánto dinero hablamos?

    –…Hmmm, b-bueno… la verdad es que no tengo dinero aquí y ahora –Agachó la mirada–. P-pero tengo algo muy valioso que puedo ofrecerle.

    –¿Qué puedes darme si no tienes dinero? Sabes que niña será mejor que te vayas, me estas colmando la paciencia y no voy a…–Se levantó dispuesto a alejarse.

    –Oro blanco –Dijo ella interrumpiéndolo. Se levantó e hizo un esfuerzo por no intimidarse ante el tamaño del Gigante–. Le ofrezco oro blanco a cambio de sus servicios, un lingote por un mes servicio.

    La mirada Vand rápidamente regresó a aquella niña, sus ojos y boca expresaban sorpresa e incredulidad ante lo que ella le ofrecía.

    –¿Oro blanco? ¿Tú tienes oro blanco? –Tenia lo ojos bien abiertos cual si viera la oportunidad de su vida.

    –S-sí, mi familia es dueña de una mina de oro blanco. En todo el reino de Evenns existen solo cuatro regiones en las que se puede hallar ese metal, la mía es una de ellas y nuestra mina es la más grande del reino.

    –Dime que no es una broma, niña –Vand se acercó a ella mirándola fijamente–. Júrame por tu vida que me estás diciendo la verdad.

    –S-se lo juro señor, Vand, mi familia tiene esa mina, aunque de momento está inactiva por falta de trabajadores podemos hacerla funcionar otra vez con un préstamo que pediré a las otras familias –Aseguró sonriendo un poco nerviosa, pero era por la mirada de Vand.

    –Oro blanco, el metal más valioso de todos, un lingote de oro blanco vale lo mismo que cincuenta lingotes de oro. Con un solo lingote podría conseguir más de cincuenta mil denares –Se decía así mismo hablando en voz baja–. Por algo tan valioso te vendería mi alma –Dijo a Lily con seriedad.

    –N-no es para tanto, señor Vand –Rio nerviosa pues la broma y la mirada del Gigante no eran tan agradables en ese momento–. E-entonces, ¿Tenemos un trato?

    –Sí, tenemos un trato –Recobró su seriedad y se cruzó de brazos mirando a la chica–. Seré tu mercenario, haré lo que necesites, pero, escúchame bien, no soy tu perro ni tu esclavo, si no recibo el lingote al finalizar el mes me voy a enfurecer mucho ¿Entendiste niña?

    Lily tuvo una extraña fusión de sentimientos, las palabras finales del Gigante sin duda la asustaron y ella sabía por qué, no obstante, después de meses de buscar y buscar por el reino un campeón poderoso que quisiera ayudarla por fin lo encontraba. Veía en ese hombre una esperanza de salvar y ayudar a su familia, sobre todo, a su querida hermana desaparecida. Fue pues que la alegría pudo más que el temor y en pocos segundos una sonrisa se dibujó en sus dulces y rosados labios, su gentileza pudo aún más y sin pensarlo saltó hacia él abrazándolo.

    –¡Muchas gracias, señor Vand, muchas gracias! –Exclamó emocionada–. Por fin todo valió la pena, toda esta desventura dio frutos. Le prometo por mi apellido que no lo defraudaré y le pagaré con creces su ayuda, se lo juro.

    –…¿Qué haces, niña? –Cuestionó el Gigante arqueando una ceja y mirando desconcertado la acción de Lily, cabe mencionar que la diferencia de altura hacia que la cabeza de la chica quedara en el pecho del Gigante.

    –Es que estoy muy feliz, señor Vand, no sabe todo lo que pasé para conocer a alguien como usted y que se uniera a mí –Respondió mirándole con una gran sonrisa carente de maldad en su totalidad.

    –No, ¿Por qué me abrazas? –Cuestionó cual si la acciones le fuera completamente nueva y extraña.

    –P-perdone, no pensé que le molestaría, lo siento –Lo soltó creyendo que había ofendido al Gigante.

    –No fue molesto, fue extraño –Desvió la mirada para acercarse a su bisonte–. Como sea, volvamos al pueblo cuanto antes, seguro tus escoltas te estarán buscando como locos.

    –¡Por dios! es verdad, me olvidé por completo de Rafael y Lena, deben estar muy preocupados –Exclamó Lily acordándose que salió sin avisarles a ellos.

    –¡Holgazán, hora de despertar! –Exclamó golpeando el suelo frente al bisonte, quien se levantó bruscamente mugiendo en señal de amenaza quizás pensando que algo malo estaba ocurriendo–. ¡A mí no me hablas así, bola de pelos! Es hora de irnos.

    El bisonte bostezó y frotó su cabeza con el pecho de su dueño, quien puede ser frio y serio pero nunca le niega una caricia a su mascota las cuales el bisonte ama. Tan rápido como pudieron se prepararon cogiendo todas sus cosas del lugar y salieron de la cueva a lomos del bisonte y con dirección al pueblo.

    –Agárrate bien, niña. Iremos un poco más rápido –Advirtió Vand acelerando a Holgazán con una suave patada en su costado.

    –S-sí. Disculpe, me llamo Lily, no tiene que decirme “niña” tengo dieciocho años, ya no soy una…

    –Lo que sea, niña –Interrumpió dándole a entender que poco le importaba.

    Lily solo suspiró, era raro, le agradaba esa personalidad tan fría, seria e irrespetuosa, sin llegar a ser grosero o malo, simplemente algo raro, jamás se había topado con alguien así.

    De regreso en la posada del héroe. Lena y Rafael no podían estar en peor situación, los dos se encontraban en la habitación pensando donde buscar a Lily, estaban terriblemente preocupados y cansados al apenas dormir por la ausencia de su señora y su paradero.

    –Si algo le pasa a la señorita Lily jamás podré perdonármelo, ella es mi responsabilidad, ¡No puedo volver a fallarle! –Decía Lena sentada al borde de una cama y llevándose las manos al cabello alborotándolo.

    –Debe haber algún lugar donde no hallamos buscado, maestra. Tal vez si le preguntamos alguien, alguien tuvo que verla –Decía Rafael caminando de un lado a otro–. ¿Q-que tal si los Justicieros se la llevaron como a lady Rebecca?

    –¡No digas eso, Rafael! E-eso no pudo pasar, no, no pudo pasar –El miedo de que ese grupo secuestrara a su señora invadió a Lena–. S-si ellos la tienen jamás la encontraremos, por favor, dios, no permitas que algo así ocurra, te lo suplico.

    –¡Ya sé! –Exclamó el joven teniendo una idea. Rápidamente se acercó a la ventana para divisar un edificio al otro lado–. Allí hay una tienda de coleccionista, quizás podemos pedirle ayuda, escuché que son buenos encontrando gente… en ocasiones, aunque habrá que pagarle bien.

    –No me agrada la idea de hacer negocios con esa gente, pero si es para hallar a la señorita Lily le vendería mi alma. Vayamos entonces –Suspiró dejando de lado su honor y convicciones con tal de ayudar a su señora.

    –Un momento –Dijo el chico viendo en otra dirección–. No puede ser, están juntos –Sin explicar nada salió de la habitación corriendo a toda velocidad.

    –¿Qué? ¿Quiénes están juntos? Espérame Rafael, ¿De qué hablas? –No le fue tan fácil seguirlo debido al dolor de sus heridas, dolor que el chico parecía ignorar pues también estaba herido.

    Los dos campeones bajaron hasta la salida del gremio donde se toparon con Vand, Holgazán y Lily en la entrada, Rafael sintió un gran alivio y se acercó a su señora para saber si estaba bien, hasta que Lena apareció por un lado empujándolo y acercándose a Lily antes que él.

    –¡Señorita Lily! –Exclamó sonriendo como nuca. Sin pensarlo se acercó a la joven abrazándola con fuerza a pesar de sus heridas

    –L-Lena –Alegó ella sorprendida por la efusividad de la chica, aunque siendo su mejor amiga no le sorprendió después de lo que hizo, así que correspondió al gesto abrazándola también.

    –Estábamos muy preocupados por usted, ¿Está bien? ¿Le pasó algo? ¿Dónde estaba? ¿Tiene hambre o sed? Dígame quien se atrevió a llevársela y acabaré con su vida de inmediato…–En eso su mirada fijó al Gigante sobre el Bisonte, quien le miraba tambien–. ¡Tú, otra vez tú! –Formulando en su mente que Vand era el culpable su mano empuñó su espada.

    –¡No, Lena! –Intervino Lily de forma tratando de sonar autoritaria y tomando la mano de su amiga–. No hagas otra tontería, ¿vale? El señor Vand no tuvo nada que ver con mi desaparición, fue culpa de un hombre que me engañó, me asalto y luego me abandonó en el bosque –Explicó mirándola a los ojos.

    –¿Qué? ¿Quién hizo tal cosa? –Cuestionó la pelirroja mirando a su señora, fijando la ausencia de su preciado collar–. ¡Robó el collar de su hermana!

    –Me temo que sí –Afirmó Lily con pesar–. Por suerte no pasó de eso gracias a Holgazán y al señor Vand. Y debo decirles que él ha aceptado unirse a nosotros.

    –¿En serio? –Cuestionó Rafael sorprendido–. Vaya, no pensé que eso pasaría, pero supongo que mientras más seamos es mejor, ¿No lo cree maestra? –Miró a Lena, quien guardó silencio y agachó la mirada.

    –…Si, supongo –Respondió en voz baja.

    –Lena, quiero que le pidas una disculpa al señor Vand por su transgresión de ayer –Exigió Lily mirando a su escolta con seriedad.

    –¿Una disculpa? –Musitó desviando la mirada y apretando los puños.

    –Poco me importa su disculpa, lo que necesito es que nos demos prisa y nos larguemos de aquí –Comentó Vand.

    –Sí, tiene razón –Dijo Lily mirándole–. Tomemos nuestras cosas y sigamos de camino a la ciudad capital de la región.

    –Entendido, señorita –Asintió Rafael entrando a la posada para recoger su equipaje seguido de Lily.

    Por un momento Lena y Vand quedaron solos en la entrada de la posada, el silencio parecía agradar al Gigante Sombrío quien bajó de su bisonte para estirarse un poco, pero el silencio fue interrumpido por la pelirroja.

    –¿Por qué aceptaste? –Le preguntó frunciendo el ceño y cruzándose de brazos–. Tu no tenías intensiones de unirte, ¿Qué te hizo cambiar de opinión, Gigante?

    –A ti que te importa –Fue la respuesta de Vand mostrando su desinterés, mientras acariciaba la cabeza de Holgazán.

    –Idiota –Susurró Lena mordiéndose el labio para no gritar–. Ahora trabajamos juntos, ¿entiendes? Si aceptaste unirte tienes que ayudarnos…

    –Te equivocas, pelirroja. Primero que nada yo no voy a ayudarte, yo voy a ayudar a esa niña, si alguien intenta matarte poco me importará. Y segundo, tú y yo no somos iguales, yo aquí soy un mercenario que va aganar una fortuna por seguir a esa niña y cuidarla, en cambio tú eres una esclava con collar de “honor”

    –¿Qué tienes en contra de los campeones que servimos a una familia? –Fue la siguiente pregunta de Lena acercándose para encarar al Gigante.

    –Que son imbéciles, la mayoría. Sirven a una familia y acatan sus órdenes sin dudarlo sin importar lo que tengan que hacer. Eso es lo que tengo en su contra, que son solo armas sin mente y carentes de voluntad –Respondió frunciendo el ceño y clavando su fiera mirada en ella.

    –Eso es mentira, no todos son así, yo…

    –Me importa una mierda quien eres, si dices ser diferente a mí no me importa. No te mato solo porque esa niña te aprecia a pesar de que eres una inútil, débil, e irritante mujer loca que tiene envidia de otros porque son más fuertes.

    –¿C-como sabes eso? –Los ojos de Lena se abrieron a más no poder al verse descubierta por el Gigante.

    –¿Crees que soy idiota como tú? He visto cómo te molestas cuando la niña habla de mí, se identificar cuando alguien tiene envidia. Despreocúpate, cuando cumpla mi misión, sea cual sea, me largaré y volverás a ser la campeona más fuerte de esta familia, aunque claro, realmente no lo eres.

    –…–¿Qué podía alegar contra eso? Sea lo que sea, duela cuanto duela ese bastardo barbudo tenía la razón–. ¿Haces esto por dinero? –Cambió el tema y cambió su tono de voz suavizándolo.

    –Si –Respondió tajante–. Aun así siempre cumplo mi palabra, así que no te preocupes.

    –Mira, Lily es una jovencita muy inocente, poco conoce de la violencia y las atrocidades del mundo. Hasta hace algunos meses ella era una doncella que vivía tranquila y feliz en la mansión de su familia absorta de los problemas de la nación.

    –Si no me lo dices no me doy cuenta –Rodó los ojos sarcástico–. Yo diría ingenua.

    –Como quieras verlo, el punto es que ella necesita que la cuiden y le enseñen como es el mundo de verdad. Yo sé que las demás familias no la ayudarán, aunque ella se aferra a creer que sí.

    –¿Por qué no lo harían? –Preguntó extrañado.

    –Por qué la Triple Alianza, formada por las tres familias más poderosas, Valentine, Dumont y Danksworth, odian a Los Marginados, las tres familias más débiles, Schell, Al-habbí y Adevane. Ella va a necesitarte más de lo que crees y confiará en ti porque ella es así, es amable, gentil y alegre, incapaz de desconfiar de alguien y menos si en algún momento la ayudó. Solo no la defraudes, Gigante.

    Lena no dijo más y se dispuso a irse al interior de la posada, dejando sorprendido, confundido y dubitativo a Vand. Antes de irse, le miró sobre el hombro para hacer una última pregunta, que era la que más le interesaba.

    –¿Alguna vez has hecho un Conteo de Energía? Ya sabes, el ritual para medir tu poder –Había intriga en su mirada, aunque trataba de parecer seria.

    –Hace algunas semanas –Respondió despreocupado.

    –¿Y cuál es tu poder?

    12,000pe –Dijo como si algo común o sencillo fuera.

    Los ojos de Lena se abrieron a más no poder, terminando por tragar saliva y entrar en la posada sin mas.

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
  9.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Capítulo 8: Justicieros y El Truhan

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)

    27 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    La noche se cierne sobre el cielo del mundo una vez más. Nos hayamos aun en aquel pequeño pueblo del que horas atrás Vand, en compañía de Lily y sus escoltas, partió rumbo a la capital de la región de Chatton, lugar donde se llevará a cabo una reunión de la nobleza. Es aquí donde cierto hombre de cabello largo y frondoso bigote salía de la posada del héroe enarbolando una sonrisa ladina y mezquina originada por la bolsa de dinero que obtuvo como fruto de hurto el día anterior.

    –Joder, que aún no me acaba todo el dinero, deben quedar como 200 denares aun –Se reía mirando la bolsa mientras caminaba por las vacías calles en dirección a un prostíbulo. A pesar de la paz que parecía regir el lugar aquel hombre jamás sale sin su ballesta en la espalda y un carcaj de virotes colgando en su cintura–. Hoy Lindol lo va a pasar muy bien con unas cuantas chicas tetonas y cariñosas.

    Mientras seguía su camino iluminado únicamente por la luz de la luna y las pocas luces que emanan de algunas casas no se percató de la presencia de cierto campeón de su misma familia que le seguía escondido entre las sombras.

    –Así que aquí estás, Truhan –Murmuraba para sí mismo el capitán Fedric quien seguía a Lindol escondido detrás de unas cajas en plena penumbra–. En verdad odio tener que trabajar con gente tan codiciosa y sin respeto como tú.

    Lindol dio vuelta en una esquina. Fedric tuvo que hacer lo mismo para seguirle, sin embargo, al hacerlo el Truhan había desaparecido. El capitán se quedó inmóvil por un instante para pensar en donde se había metido su objetivo. Lindol estaba sobre un edificio, mirando desde arriba a Fedric, era obvio que se percató que lo seguían aunque no sabía quién era hasta ahora.

    –Así que el capitán vino personalmente a darme un escarmiento por desobedecer las órdenes de nuestro “señores”, eso debería enorgullecerme –Se decía así mismo sonriendo y pensando que lo había engañado. Cargó un virote en su ballesta avivadamente–. Que pena, hasta aquí llegó, capitán.

    Estuvo a punto de disparar su arma de no ser por un extraño sonido que llegó hasta él captando su atención. Alzó la mirada para toparse de lleno con el boomerang metálico de Fedric que se impactó con fuerza en su frente haciéndolo gritar y perder el equilibrio, terminando por caer al suelo, justo frente al capitán quien al mismo tiempo recuperaba su boomerang.

    –Por favor, ¿creíste que caería en tu trampa? Truhan –Suspiró Fedric acercándose al adolorido ballestero.

    –¡D-dios, dios como duele esa mierda! –Se quejaba removiéndose en el suelo, llevándose las manos al frente para contener la sangre que emanaba por un corte.

    –Ese es ahora el menor de tu problemas –Sonrió Fedric llevando su mano a la empuñadura de su espada. Lindol trató de levantarse y escapar pero una fuerte patada del capitán lo estrelló contra el edificio cercano.

    –E-espere capitán, espere –Trató de alegar, pero recibió otra patada directa al rostro–. S-señor, ¿por qué hace esto?

    –¿En verdad tengo que hablar de eso ahora? Tú sabes bien lo que hiciste, Lindol. ¿Por qué abandonaste tu posición? Tenías la orden estricta de vigilar al coleccionista junto con El Enano y no lo hiciste, preferiste irte con esa niña al bosque para yo no sé qué –Otro puñetazo directo a la cara del Truhan lo tiraba al suelo boca abajo, obligándolo a escupir la sangre acumulada.

    –E-espere, señor, espere, yo puedo explicarle lo que ocurrió, solo e-escúcheme –Alegó levantándose con dificultad, al tiempo que discretamente sacaba una daga de sus ropajes.

    –Está bien, dime qué tontería vas a inventar para justificar tus perversiones –Respondió sonriendo de lado notando lo que tramaba.

    El Truhan se giró ágilmente intentando apuñalar por sorpresa a Fedric en el abdomen. De poco sirvió, pues él le vió venir y sin problemas detuvo la mano de Lindol. Con fuerza le dio un cabezazo contundente que le rompió la nariz al Truhan obligándolo a soltar su arma y retroceder. Fedric saltó hacia adelanta pateándolo en el pecho de con tal fuerza que lo tiró al suelo.

    –A parte de pervertido, idiota y traicionero. En verdad no veo siquiera diversión en pelear contigo, eres solo un pedazo de mierda pegado a mi bota que debo limpiar. Acabemos con esto para que me pueda ir a dormir ya –Desenvainó su espada y se acercó a Lindol pateándolo en un costado para ponerlo boca abajo. Lo toma con firmeza del cabello para levantar su cabeza y exponer su cuello.

    –P-por favor, por favor…t-tenga piedad, capitán –Suplicó con temor ante una muerte, más al sentir la hoja contra su cuello–. ¡Por favor, no me mate se lo suplico, haré lo que usted quiera!

    –…Quiero que mueras, así que hazlo entonces –Sonrió Fedric preparando para degollarlo.

    –Esperen un momento –Se escuchó una voz detrás de ellos interrumpiendo la faena.

    El capitán, extrañado, volvió su mirada sobre su hombro para ver quién era el inoportuno. Se topó con la figura encapuchada de un hombre, no muy alto y de complexión delgada que solo deja ver su rostro pues todo su cuerpo es cubierto por una túnica café. Su faz muestra que ya no es un hombre joven, posee cabelló largo y lacio, perfectamente atado en una coleta baja, en un extraño color azul oscuro, ojos rasgados amarillos y de tez blanca con facciones que anticipan que este hombre proviene de las tierras orientales. Como arma porta un sable de bronce en su cintura, brillante y elegante.

    Al verlo Fedric se sorprendió y la expresión en su rostro no lo ocultó mirando incrédulo su presencia y dejando de lado sus intenciones de matar a Lindol, aunque mantuvo su pie sobre la espalda del Truhan para no dejarlo escapar mientras se dirigía a aquel sonriente hombre.

    –¿Hang-Fu? –Cuestionó seriedad–. ¿Qué hace el arma más poderosa de los Dumont, aquí?

    –¿Arma más poderosa? –Replicó riendo un poco mientras se acercaba a ellos con las manos en la espalda–. No sabes como aborrezco que me llamen así, muchacho. Aunque, modestia aparte, admito que sí, soy el arma más poderosa de la familia Dumont.

    –¿Qué haces aquí? –Insistió Fedric mirándole sin pestañear.

    –Yo debería preguntar lo mismo, Ráfaga Roja, ¿Qué hace un campeón tan importante para los Valentine en estas tierras qué no son suyas? ¿A caso están planeando algo? –Encaró a Fedric, y a pesar de la ligera diferencia de altura El Oriental se notaba más relajado que él.

    –Los Valentine jamás harían nada en contra de sus aliados –Respondió con firmeza Ráfaga Roja–. Si estoy aquí es por motivos económicos de mi familia, motivos que nada tienen que ver con la tuya, no obstante no es algo que dos campeones deban discutir es cosa de nuestros señores. Solo te digo que la familia Dumont no se verá afectada por nuestra estancia aquí.

    Hang-Fu, le miró con prudencia por unos instantes, como si buscara mentiras o temor en las palabras y semblante de aquel campeón, pero no hubo atisbo de nada. Al final el silencio se rompió por la risa del Oriental que pasa de Fedric y para mirar a Lindol, quien era testigo de la presencia de esos fuertes hombres.

    –Tranquilo, Fedric, yo sé que ustedes jamás nos traicionarían, aunque igual debía preguntar –Afirmó él tranquilamente–. Mi presencia aquí sin embargo si te va a afectar.

    –¿A qué te refieres? –Cuestionó Fedric.

    –¿Este hombre es al que todos llaman el Truhan? –Puso su pie sobre la cabeza de Lindol aplastándola un poco haciéndole gruñir. Fedric asintió–. Bien. Verás, mi estimado amigo, este hombre debe saber el paradero de una jovencita de cabellos platinados y ojos del mismo color, me informaron que lo vieron salir al bosque con ella.

    –Sí, eso es verdad. ¿Quién es esa chica? –Inquirió Fedric con curiosidad.

    –Es bueno que no lo sepas –Susurró para sí mismo Hang-Fu–. No puedo decirlo, pero es importante que yo la encuentre cuanto antes para mis señores ellos tienen motivos privados del por qué. También se dice que un campeón que estaba con ella atentó contra la vida de un compañero mío, Vitto LeBlanc, y lo dejó muy mal –Esto último no lo dijo con una sonrisa, si no con una mirada seria que advertía rencor.

    –¿El Mostacho? No me sorprende que alguien quisiera matar a ese petulante bigotudo soberbio –Agregó Fedric suspirando–. ¿Qué tiene que ver este idiota con eso?

    –Que él me dirá dónde encontrar a la chica de cabellos platinados, y luego ella me dirá dónde encontrar al hombre que casi mata a mi compañero. Y si, es un imbécil petulante, soberbio, débil y muy estúpido, pero para bien o para mal, es mi compañero y yo no permito que nadie atente contra ellos –Afirmó con seriedad mirando a Fedric.

    –…Lo que sea –Rodó los ojos alejándose de Lindol–. Su vida no me importa, has lo que te plazca con este pedazo de mierda, solo no lo dejes vivo al final, ¿quieres?

    –Vaya, este idiota debió hacer algo muy malo para que poco te importe su vida ¿O es que los Valentine tiene tantos campeones que no les importa perder a uno?

    –Ambas –Afirmó Fedric guardando su espada–. Somos la familia con más campeones, no lo olvides –Dio media vuelta para irse.

    –La cantidad no indica calidad, amigo, no lo olvides –Respondió Hang-Fu sonriendo de lado al verle irse, a lo que Ráfaga Roja no respondió.

    Fedric se fue y quedaron solo Hang-Fu y Lindol. El Oriental le pidió a Lindol que se levantara y lo siguiera al bosque, era obvio que si intentaba algo para escapar él no dudaría en atacarlo sin piedad, y para menor intento se encargó de destrozar la ballesta de Lindol y tirar sus virotes lejos, le colocó grilletes en las muñecas.

    –Esa cosa era una antigüedad, ¿lo sabias? –Alegó el ballestero caminando con cierta molestia por los golpes que Ráfaga Roja le dio en dirección al bosque.

    –Estoy casi seguro que la robaste de algún lugar, era una ballesta muy bonita para alguien de tu calaña –Respondió tranquilamente empujando a Lindol para que se apresurara.

    –¿Qué vas a hacer conmigo? Ya te dije que no sé dónde está la chica, solo la abandoné en el bosque después de robarle, quizás está muerta –Decía Lindol mirando sobre su hombro a Hang.

    –Estás mintiendo, lo sé. Así que te llevaré al bosque para sacarte la verdad de formas poco agradables, no quiero molestar a las personas del pueblo con tus gritos. Puedes intentar escapar si quieres…

    –¿Para terminar con esa espada clavada en mi pecho? No gracias, soy un ladrón profesional porque siempre espero el momento adecuado para hacer mis movimientos, por no hacer insensateces. Pero contigo, el famoso Oriental de la familia Dumont debo ser más cauteloso –Dijo con seriedad impropia de él mientras seguía el camino.

    –¿Te enorgulleces de ser un ladrón? Qué vergüenza. ¿Esperas el momento adecuado? ¿Es que acaso planeas escapar de mí? Eres muy osado al advertirme de eso.

    –Cometiste un grave error, amigo. Me salvaste del capitán quien estaba a punto de matarme, eso me deja libre otra vez para intentar escapar, aunque sea de ti.

    –¿Entiendes que si intentas algo de cortaré en dos antes que te des cuenta? –Advirtió el captor extrañado e inquieto por la seguridad de su cautivo.

    –Como se ve que no me conoces –Sonrió de lado mirando al suelo, más precisamente una de sus botas en la cual había un virote escondido–. Lo único que puede atraparme es la muerte, he escapado de soldados, guardias, prisiones e incluso piratas durante años…

    –¿Y has escapado de un campeón como yo?

    –Te sorprenderías –Rio el Truhan mirándole de reojo–. Puedo ser un campeón débil, pero mi astucia es superior a la mayoría de mis rivales, el poder no lo es todo.

    –Ya lo veremos cuando te esté… –De la nada se detuvo y tomó a Lindol del hombro para detenerlo también.

    –¿Qué pasa? –Preguntó Lindol al no escucharlo hablar, entonces su mirada se dirigió al frente, justo al bosque.

    –¿También los puedes ver? creen que están ocultos –Afirmó Hang-Fu analizando el entorno y la oscuridad del bosque–. Son seis.

    –Sí, los veo, nos están esperando, es una trampa aunque es probable que te busquen a ti y no a mí –Sugirió el Truhan.

    –Lo dudo mucho, nadie sabe que yo vine aquí. ¿A quién más le has robado? –Preguntó Hang-Fu, empuñando su espada.

    Dentro de las sombras del bosque había, efectivamente, seis personas escondidas con túnicas negras que vigilaban a Fu y a Lindol.

    –Mi señora, creo que nos vieron –Susurró un joven a otro de los encapuchados.

    –Era de esperarse, ese maldito Oriental es demasiado hábil como para caer en una trampa como esta –Respondió la voz de una mujer, quizás joven, a su compañero.

    –¿Qué hacemos ahora? Si ese hombre es tan poderoso como dicen no creo que podamos capturar al Truhan –Cuestionó otro de los encapuchados.

    –No vamos a perder esta oportunidad, el Truhan es el único que sabe dónde encontrar a Lily Adevane, cueste lo que cueste lo capturaremos. Haremos lo siguiente, primero los separamos, luego aseguran al Truhan mientras yo me encargo de detener al Oriental…

    –¿Usted sola? ¿En verdad cree poder vencerlo? –Alegó sorprendido uno de sus compañeros.

    –Quizás no pueda vencerlo pero él tampoco me podrá vencer a mí, así que después de asegurar al Truhan tendrán que ayudarme a escapar. ¿Entendieron?

    –No lo sé, creo que es demasiado arriesgado mi señora, lo mejor será…

    –¡No hay tiempo, vamos! –Ordenó saltando de la maleza y corriendo hacia los enemigos–. ¡Entréganos al Truhan!

    –Lo vez, te dije que venían por ti –Sonrió Hang-Fu, pateando con fuerza el muslo de Lindol obligándolo a caer al suelo paralizándole la pierna, luego desenfundó su espada.

    –¡Hijo de perra, eso no era necesario, maldición! –Se quejó por el dolor. Luego miró a los encapuchados salir del bosque–. ¿Qué mierda hice ahora, porque todos quieren capturarme? ¿A-acaso esa niña era alguien importante?

    –¿Quién osa inmiscuirse en asuntos de la familia Dumont? –Preguntó de forma autoritaria el Oriental colocándose en guardia.

    –¡Muerte a las familias Regentes, larga vida al pueblo de Evenns! –Gritó aquella mujer corriendo con vehemencia hacia Fu.

    –Justicieros, debí suponerlo –Se dijo así mismo Hang con desprecio–. ¡Su revolución no tiene sentido campesinos! ¡Corte certero!

    Agitó su espada liberando un corte que se extendió por el aire a toda velocidad buscando cercenar a la mujer. No obstante en un ágil y fugaz movimiento saltó por el aire dejando detrás su túnica que fue cortada por el ataque del Oriental.

    –Es rápida –Dijo Fu siguiéndola con la mirada.

    La mujer saltó hasta llegar a la cima de una casa desde donde miró provocadora a su enemigo. La luna la iluminó para poder ser vista bien. Posee una piel blanca y tersa, su estatura seria promedio al igual que el tamaño de su busto, no obstante, posee una complexión atlética que la delata como guerrera poseedora de un físico encantador y quizás sensual, sobre todo su plano y marcado abdomen. Su faz es digna de alabanzas y poemas, porta el cabello corto y alborotado en un curioso color blanco, unos grandes y redondos ojos azules son las gemas principales de su rostro, labios rosados que dibujan una sonrisa soberbia. Pero hay algo más en su físico que no se puede encontrar en humanos y es su larga cola canina que brota al final de su columna, sus orejas en la parte superior de su cabeza como las de un lobo, el brillo en sus ojos, las uñas alargadas negras por naturaleza y más fuertes que las de un humano, finalmente los colmillos superiores e inferiores alargados.

    Aquella Semi-humana, de la rama de los lobos, viste poca ropa. Un top de cuero y piel, brazales de hierro, una falda corta de cuero que llega a la mitad de sus muslos, más abajo unas botas de piel protegidas por grebas de hierro.

    –Joder, que hermosa lobita –Comentó Lindol mirándola desde el suelo sonriendo encantado–. Quiero acariciarle la barriga un rato.

    –Esa velocidad, ya es escuchado de una justiciera así –Susurró Fu mirándola y dibujando una sonrisa tambien–. Dime, ¿Tú eres la famosa Colmillo Veloz de quien se habla en las regiones del norte?

    –Vaya, parece que mi fama me precede –Se rió con una carcajada orgullosa–. ¡Así es, sirviente de la oligarquía, yo soy Melina, Colmillo Veloz! ¡La justiciera que ha cortado la garganta de esclavos como tú para defender a los inocentes y al pueblo de Evenns!

    –¿Me llamaste esclavo? –Objetó Fu arqueando la ceja.

    –Qué lindo nombre, Melina… me gusta –Sonrió el Truhan clavando su lasciva mirada sobre ella, recorriéndola de pies a cabeza.

    –¡Exijo que nos entregues al Truhan ahora si quieres evitar un combate contra nosotros! –Exigió ella.

    –¡¿Yo que les hice, no les he robado a ustedes?!... No aun… ¡¿Por qué ahora todos quieren capturarme?! –Exclamó el Truhan.

    –Cierra la boca. Tu estas bajo mi resguardo hasta que tenga que matarte –Afirmó Fu–. Si quieren capturar a este sujeto tendrán que venir a por él y quitármelo.

    –Que bien, eso me gusta –Sonrió aún más haciendo brillar sus ojos–. ¡Yo no uso armas! –Dio un gran salto y se precipitó hacia Fu.

    Lindol se levantó con dificultad, pero Fu lo golpeó obligándolo a caer otra vez al suelo, al tiempo que lo empujaba alejándolo. Melina cayó frente a él intentado arañarlo con sus afiladas garras, Fu, retrocedió de un salto..

    –Ven aquí, cachorrita, vamos a jugar –Provocó Fu a su rival sonriendo y caminando de lentamente hacia un lado mientras agitaba su sable.

    La chica salta una vez más hacia su rival intentando cortarlo, pero este saltó a un lado para luego arrojar otra vez su Corte Certero, la chica lobo salta evitándolo y se acerca él ágilmente arrojando rápidos cortes, los cuales Fu debe bloquear con su sable o retroceder para evitarlos. Ve su momento y la patea en el pecho haciéndola retroceder.

    –¿Quieres que me ponga rudo o así está bien? –Se burló Fu–. Afinidad Certera –Enunció, acto seguido un fulgor verde comenzó a emanar de su cuerpo.

    Melina contuvo su ataque para analizar y prever lo que él haría con esa nueva técnica. Entonces Fu tomo la ofensiva arremetiendo con velocidad mejorada. Cortes y estocadas hostigaban a Melina haciéndola retroceder en cada uno, su mirada estaba atenta a cada movimiento del sable enemigo para prever los ataques. No obstante se fijó solo en el arma logrando llevarse un puñetazo en la cara que no vió venir. La mujer retrocede por el golpe que la aturdió, pero es atacada por una fuerte patada que la aleja de su enemigo.

    Movimiento Certero –Enunció Fu para hacer gala de una de sus mejores habilidades. Todo su cuerpo brilló volviéndose solo un haz de luz que se movió por el aire a gran velocidad hasta proyectarse contra ella.

    Lobo Ágil –Exclamó ella en para aumentar mucho su velocidad por un segundo y poder esquivar el ataque de Fu saltando al tejado de un edificio cercano. La velocidad fue tal que apenas se vió su movimiento, logrando superar la velocidad del Movimiento Certero del Oriental.

    Fu se materializó otra vez detrás de donde debió estar su objetivo, notando que había fallado, volvió su mirada detrás de sí para ver a Melina en el tejado. La mujer también le miró, entiendo que su rival tenía bien merecida su fama como guerrero de elite. Pero no se daría por vencida. Las garras de la chica y sus colmillos aumentaron de tamaño por la activación de su primera habilidad.

    –Así que ese es tu Yun, aumento de velocidad y agilidad. Bien, veamos que tanto cambias, cachorrita, creo que me puedo quedar a jugar contigo otro rato –Sonrió esperando el ataque de la semihumana.

    Melina saltó alto en al aire para luego caer a toda velocidad intentando aplastar a Fu, quien la esquivó. El Colmillo Veloz, haciendo gala de una velocidad impresionante, se acercó a su enemigo intentando cortarlo con sus alargadas y afiladas garras. Fu logró esquivarla a primera arremetida, la segunda estuvo cerca de cortarlo en el pecho, intenta un contra ataque con su Corte Certero, pero ella salta a un lado y lo esquiva, para luego contraatacar con un puñetazo a la cara del Oriental, que no falla y logra desequilibrarlo.

    –Te tengo –Susurra ella sin darle cuartel. Ahora Fu usa su espada para poder bloquear los arañazos de su enemiga pues esquivar es imposible, en cada ataque él retrocede y su defensa merma.

    Mientras tanto Lindol observa todo desde el suelo y a una distancia prudente, aunque parece incauto ante lo que pasa en verdad está tratando de zafarse de los grilletes. Dos hombres encapuchados se acercaron a él tomándolo por los brazos para levantarlo.

    –Tú vienes con nosotros, Truhan –Dijo uno de ellos.

    –Joder, ¿me pueden decir qué carajo les hice a ustedes? –Alegó fingiendo temor mientras dejaba que lo levantaran.

    –No es lo que hiciste, es lo que sabes. Tú nos dirás dónde está la chica de cabellos platinados con la que te vieron ayer –Respondió el otro mientras se lo llevaban.

    –Así que es por la chica –Repitió pensativo–. Qué bien, gracias por la información, idiotas.

    Vió su oportunidad y la tomó. Sus manos ya no estaban retenidas por los grilletes, solo lo fingió para que ellos se confiaran. Se liberó golpeando a uno en los testículos y al otro le dio contundente cabezazo en la nariz. Con los dos incapacitados por un momento tomó el virote en su bota para llenarlo con su energía.

    Fu esquiva un ataque de su enemiga y ve su oportunidad para golpearla y alejarla, arroja un Corte Certero que falla otra vez. En eso su mirada fija al Truhan, libre y con una enorme sonrisa en sus labios. El Oriental deja de lado su combate contra Colmillo Veloz y va tras Lindol.

    –¡Ni se te ocurra Truhan o te mato! –Advirtió.

    –Lo siento, señor Fu, le dije que esperaría mi oportunidad y ya está aquí –Con todas sus fuerza arrojó el virote cual si fuera una pequeña lanza, buscando que se alejara y se perdiera entre los edificios del pueblo.

    –¿Qué fue eso? –Cuestionó él viendo el virote alejarse. No sabía que planeaba pero sabía que era una treta así que usó su Movimiento Certero, volviéndose un haz de luz que viajó a toda velocidad hasta Lindol.

    –¡No vemos, señor Fu! Saeta Parpadeante –Y con esto el Truhan desaparece teletransportandose hasta donde sea que el virote haya caído.

    Fu vio a su objetivo irse sin siquiera poder alcanzarlo. Volviendo a su forma humana en medio de aquel par de adoloridos Justicieros que intentaron atacarlo. El fracaso era, quizás, la cosa que más enfurecía a Hang-Fu y por culpa de esos Justicieros había fracasado una misión importante para sus amos. Los dos Justicieros intentaron atacarlo con sus espadas, antes que siquiera las desenfundara el sable del Oriental les había cortado las gargantas en un corte giratorio fugaz.

    –Por su culpa, fallé –Gruñó agitando su espada para quitarle la sangre de la hoja. Un fulgor verde emanó de su cuerpo de forma frenética–. Los acabé a todos, justicieros de mierda.

    –Parece que este sujeto está enfurecido –Musitó Melina intimidada–. Maldición, con el Truhan libre de nada servirá enfrentarme a este malnacido, lo mejor será…

    Apenas pudo reaccionar al Corte Certero que arrojaron sobre ella, lo evitó teniendo que tirarse al suelo. Apenas se levantó y su enemigo ya estaba frente a ella atacándola, sus garras bloquearon el primer ataque, el segundo también pero le abrió la defensa para que una patada le impactara la cara y la estrellara contra un muro casi pariéndolo. Cayó de rodillas contenido el dolor mientras la sangre escapaba por sus rosados labios.

    –Maldita semihumana, por tu culpa mi presa escapó, me las pagaras –Culpó el Oriental tomándola del cabello para asestarle un rodillazo directo a la cara y luego otra patada que la arrojaba por el suelo dando tumbos.

    –E-es más fuerte de lo que pensé –Titubeó adolorida mientras trataba de levantarse. Miró sobre su hombro para verlo caer sobre ella intentando aplastarla.

    Por suerte rodó en el último momento para escapar de ese pisotón que destrozó el empedrado del suelo y levantó una nube de polvo. Melina logra incorporarse como puede pero otro Corte Certero se cierne sobre ella, incapaz de esquivarlo intenta bloquearlo con sus brazales de hierro, estos apenas lograron salvar sus brazos, pues fueron cortados y ella se llevó cortes profundos en sus antebrazos.

    –¡Maldición! –Exclamó adolorida por el daño y el ardor. La sangre brotó de sus heridas cubriendo sus brazos y parte de su ropa–. J-joder, joder, esto no está bien… ¡Ha!

    Un dolor aun mayor la invadió. Por estar distraída ante el dolor de sus brazos no vió a Fu volverse un haz de luz que se movió hasta ella cortándola en un costado de la cintura, un corte muy profundo que comenzó a sangrar intensamente y la hizo caer arrodillada.

    –Esto es lo que pasa cuando una parda de “Defensores del Pueblo” se enfrentan al poder de una familia como la mía –Dijo Fu materializándose detrás de ella.

    –T-tengo que salir de aquí antes que este loco me mate –Se dijo así misma mientras gemía de dolor y contenía la sangre en su costado, que ahora se sumaba al que escapa por sus antebrazos.

    –¿Lista para morir, perra? –Amenazó agitando su espada.

    –V-ven por mi bastardo –Retó levantándose con dificultad, al tiempo que de reojo miraba a sus compañeros restantes y les hacia un gesto.

    Fu usó una vez más su Movimiento Certero para acabar con la vida de Melina, ella escapó usando su Lobo Ágil para moverse a mayor velocidad y alejarse. Los otros justicieros arrojaron bombas de humo a esa zona para cegar momentáneamente a Fu tras su materialización. Esto les funcionó y les permitió a ellos y Melina escapar del lugar de regreso al bosque, corriendo tanto como podían.

    –Ese sujeto es demasiado fuerte, mi señora, asesinó a nuestros compañeros en un solo ataque –Decía uno de ellos.

    –Ahora entiendo por qué es el arma más poderosa de la familia Dumont, mierda –Se quejó corriendo mientras trataba de vendar sus brazos, vendas que estaba ya empapadas de sangre–. Estoy segura que se hombre debe tener más de 10,000pe. Por ahora debo atender estar heridas, luego seguiremos la búsqueda de Lily Adevane. ¡Joder! A este paso me voy a desangrar.

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
  10.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Acción/Épica
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    Capítulo 9: Los Valentine

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)
    28 de abril del año 1120. Reino de Evenns, región de Chatton.

    Tras la noche ajetreada y violenta que se suscitó en el pequeño pueblo el sol por fin se alza en el cielo trayendo calor y el día con. Era muy temprano por la mañana cuando alguien tocó a la puerta de la habitación en la que se encuentra Mith, El Enano. El robusto y rudo hombre de baja estatura recién se despertaba recien y su alborotada melena negra lo demostraba pues estaba muy alborotada.

    –Y-ya voy, ya voy –Respondió ante el tocar constante de su puerta mientras apenas salía de la cama.

    Se encaminó solo vestido con una camisa manga larga y sus pantalones para abrir la puerta. Grande fue su sorpresa al toparse con su autoritario e intimidante capitán, Fedric. Quien por el contrario estaba ataviado con su equipo de combate. Su seria mirada advertía algo.

    –Mith –Llamó con firmeza–. ¿No crees que ya es tarde para que sigas pegado a las sabanas?

    –C-capitán, disculpe. Me temo que debí quedarme dormido, lo siento. Estaré listo en un par de minutos para, bueno, para lo que solicite, señor –Se disculpó avergonzado por su indisciplina algo impropio de él–. Aunque ayer no nos mencionó a Lindol y a mí que vamos a hacer el día de hoy, solo nos pidió que nos preparáramos temprano.

    –Lindol –Musitó entrando en la habitación detallando cada rincón causando intriga en el enano–. El Truhan es un estorbo y una pérdida de dinero para la familia Valentine además que desobedeció mis órdenes así que me dispuse a eliminar a esa escoria.

    –¡¿Qué?! –Exclamó el enano sorprendido.

    –Lo que oíste –Afirmó Fedric mirándole sobre el hombro frunciendo el ceño–. La familia Valentine no perdona las traiciones y omisión de órdenes directas, así que El Truhan se volvió un estorbo por eliminar. Sin embargo un reconocido miembro de la familia regente de esta zona, los Dumont, acudió justo en ese momento para solicitarme su custodia.

    –Capitán ¿No cree que fue algo exagerado sentenciar a alguien a muerte solo por desobedecer una sencilla orden? con todo respeto, pero me parece un injusticia terrible –Dijo Mith acercándose al capitán–. No obstante, sus palabras me hacen pensar que no lo asesinó.

    –No te equivocas, enano –Sonrió de lado pasando de él y siguió mirando la habitación cual si buscara algo o a alguien–. Lindol resultó más astuto y hábil de lo que pensamos, logró escaparse de la custodia del campeón en cuestión y desapareció por el pueblo, eso ocurrió durante la noche. Aunque intentamos buscarlo no hubo resultado alguno, así que pensé, la única persona que puede ayudar a ese sujeto es el enano que fue su compañero y amigo –Se acercó a Mith y lo miró a los ojos–. ¿Me equivoco en esta suposición?

    –…Completamente, mi señor –Fue la respuesta del enano. Había verdad en sus palabras, cosa que el capitán notó–. No estoy de acuerdo con que Lindol sea castigado así, no obstante, tampoco lo he ayudado.

    –Te creo, ustedes los enanos son demasiado orgullosos y tienen un honor tan fuerte como su hierro, sé que antes que ayudar a tu “amigo” está tu lealtad a la familia que te acogió desde que llegaste a este reino –Sonrió y pasó de él con dirección a la salida–. Tienes diez minutos para prepararte, nuestros señores están por llegar y la verdadera misión aguarda –Dicho esto se retiró del lugar.

    –Si…capitán –Dijo con desanimo pensando en que ocurrió con Lindol, lo cual ciertamente le preocupaba–. Mierda, mierda…Mierda. Lindol, te dije que no hicieras tonterías, ahora el capitán te tiene entre ceja y ceja. ¿Pero, que quería la familia Dumont con Lindol? ¿Les habrá robado? No, Lindol es un truhan muy inteligente, sabe con quién meterse. ¿Dónde estará ahora? Mientras más lejos esté del capitán mejor.

    Se acercó a la mesa donde dejó sus cosas y comenzó a vestirse mientras seguía meditando la situación de su amigo, y si, podía ser Lindol un bellaco sinvergüenza pero también era un amigo para Mith y eso lo mantenía intranquilo.

    –Sé que Lindol no es una buena persona es un ladrón, un mentiroso, un estafador y muchas otras cosas, pero no es alguien tan malo, hasta donde sé y lo conozco jamás ha lastimado a nadie para hacer sus fechorías siempre prefiere esperar la oportunidad correcta antes que usar la violencia –Se colocó su armadura de hierro en el pecho y tomó las grebas para colocarlas en sus piernas–. Además es la única persona que me ayudó cuando llegué a este reino, él y nadie más me tendió la mano cuando nadie más lo hacía, me ayudó a salir de ese calabozo donde le metieron injustamente. En fin, supongo que aunque lo desee no puedo hacer nada por él ahora, mi misión es más importante, ¿recuerdas? Ganar suficiente renombre y fama para que se me otorguen tierras donde mi gente pueda vivir.

    Dicho esto se terminó de preparar para salir completamente pertrechado y armado con su pesado mazo de hierro. Dejó la habitación para minutos después reunirse abajo con el capitán Fedric, quien estaba en compañía de otros soldados, posiblemente no campeones. No obstante la cantidad fue lo que desconcertó al enano pues eran por lo menos diez soldados.

    –Capitán, ¿pasa algo? –Cuestionó acercándose al superior quien ensillaba su caballo.

    –No, nada fuera de lo establecido, enano. ¿Por qué lo preguntas? –Respondió sin mirarlo.

    –Es que no entiendo por qué necesitamos tantos soldados para una simple compra con un coleccionista… –En ese momento Fedric se volvió hacia él tapándole la boca.

    –Nadie aquí debe saber que vamos a ir con un coleccionista, ¿entiendes? Nadie debe saber que nuestros señores hacen tratos con esa gente, enano. Que sea la última vez que siguiera lo mencionas –Le susurró mientras miraba en otras direcciones.

    La mirada del Enano denotó intriga, ¿si nadie debía saberlo porque lo hacían? Algo no estaba bien y Mith lo presentía, prefirió no decir ni hacer nada más se limitó a asentir. Nada más sucedió después de eso, el grupo de dos campeones se preparó para ir al sitio de la reunión el cual no se les había revelado hasta ese momento y resultaba ser a la mitad del bosque. Para aumentar la sorpresa e intriga de Mith durante el trayecto se encontraron con otro grupo de soldados que se anexaron al grupo, sumando ahora veinte.

    –Mi señor, todo está listo, el coleccionista salió de su local con el paquete y todos sus escoltas, le seguimos la pista hasta que ingresó al bosque. Decidimos no seguirlo para no levantar sospechas, ¿Dónde nos encontremos con nuestros señores Iván y Anya? –Preguntó uno de esos soldados a Fedric.

    –Ya estamos cerca, deberíamos ver su carroza y a sus escoltas detrás de esa pequeña loma –Aseguró confiado Fedric.

    –¿Escoltas? ¿Vendrán más soldados? –Musitó para sí mismo Mith–. Algo no está bien.

    Al final de la vereda se toparon un el grupo antes mencionado, entre los cuales se podía vislumbrar a un par más de campeones. Todos los guerreros permanecían vigilantes alrededor de un carruaje extremadamente elegante y lujoso al punto de tener diseños de oro sólido y plata, una madera oscura de alta calidad con relieves muy artísticos, cristales tintados que impiden ver el interior de dicho vehículo, el cual resulta más grande que la mayoría de carruajes, cabe mencionar la finura a la que pertenecen el par de equinos que tiran del mismo. El grupo de Fedric se acercó y se unieron a los escoltas del carruaje.

    –Hasta que apareces, capitán Fedric –Saludó uno de los campeones el cual se hallaba sentado sobre el techo del carruaje con un arco muy grande en sus manos.

    Este parecía ser bastante joven y apuesto debido a su piel clara, sus ojos azules, su cabello rubio perfectamente peinado y su atlética complexión, además de estar pertrechado con armaduras ligeras propias de un arquero.

    –A ti no te importa lo que haga o deje de hacer, Eliseo –Respondió con seriedad el capitán bajando de su caballo–. ¿Nuestros amos?

    –Esperándote –Se escuchó otra voz. Esta de una mujer que permanecía o a un lado del carruaje recargada en el y cruzada de brazos. Esta chica poco se puede ver de ella pues viste una túnica negra y una capucha que cubren todo su cuerpo, solo se vislumbra su piel pálida y cabello largo negro.

    –Veo a un pendejo como Eliseo allí sentado a ti Aya, la rara, y a nuestros amos allí dentro. Pero no veo al bastardo creído y arrogante de Leonardo, debería estar aquí protegiendo a nuestra señora Anya –Comentó con cierta molestia en sus palabras.

    –Carajo, Fedric, amigo. ¿En verdad tanto de dolió que lo aligera a él y no a ti como su guardaespaldas personal? –Cuestionó Eliseo riendo ante la rabieta del castaño.

    –Lo que me duele es no poder destrozar tu linda cara –Respondió mirándole con ojos asesinos ante las risas de Eliseo que no cesaban.

    –¿Así se comporta mi capitán favorito? –La voz de una mujer de hizo presente en ese momento, y bastó eso para que Fedric dejara de hablar y mirara al frente.

    Frente a él y saliendo del carruaje estaba aquella mencionada y respetada mujer, Anya Valentine, la líder de la familia Valentine, la familia más poderosa y adinerada de todo el reino. Y Anya era el reflejo de tal opulencia.

    De estatura normal esta bella mujer es portadora de una larga y sedosa cabellera rubia ceniza que deja suelta para adornar perfectamente su faz, blanca, tersa, delicada y sin una sola imperfección una oda a la belleza femenina con un par de orbes azules por ojos, labios cubiertos por un labial rojo oscuro que le dan un toque coqueto y maduro a su apariencia. Delgada y con atributos envidiables que sabe destacar con su vestimenta atrevida y elegante en colores rojo con negro.

    –Mi señora, disculpe mi lenguaje tan vulgar, no era mi intensión ofenderla –Se disculpó Fedric arrodillándose ante ella al instante.

    –Tranquilo, cariño, no me ofendes –Respondió riendo un poco y acercándose a él hasta colocar su suave y delicada mano, adornada con anillos de oro y un esmalte de uñas rojo carmesí, sobre la cabeza de Fedric brindando una suave caricia en el cabello castaño del capitán–. Pero no me gusta que mi mejor y más confiable campeón hable así.

    –M-mi señora –suspiró mordiendo su labio ante la caricia que lo erizó–. Yo…

    –Sé que no te gustó mucho mi decisión con Leonardo, pero es porque él es diferente a ti, cariño –Fedric alzó la mirada y ella acarició su rostro–. Yo te necesito para hacer trabajos difíciles, rudos, de esos que solo un guerrero con tu poder y fuerza pueden. Leonardo aún es demasiado joven, debe seguir entrenando para llegar a ser tan fuerte como tú, ¿lo entiendes, Fedric? –La voz de aquella fémina era tan suave que fácilmente podía calmar al fiero Fedric, y más si lo adulaba de tal forma.

    –Sí, mi señora, lo entiendo –Fue la respuesta del guerrero ante las palabras y mimos de Anya.

    –¿Terminaron? Porque ya es tarde y tenemos un trato que hacer –E hizo su aparición el otro miembro de la familia.

    Iván, hermano menor de Anya. El parentesco es innegable, mismo color de cabello, de piel, de ojos e incluso sus facciones son similares. Este joven caballero viste ropajes elegantes aunque igual lleva algunas piezas de armadura, de la mayor calidad obviamente, una capa de piel y un sable en su cintura. Su semblante, a diferencia del de su hermana, no es tan amigable para con sus campeones, para él son solo sirvientes.

    –¿Celoso hermanito? –Rió Anya por la reacción de este.

    –Mi señor Iván, me alegra verlo. Mi grupo está listo para la misión –Informó Fedric con respeto.

    –Parece que te falta un hombre, el de bigote y cabello largo, como sea que se llamara, ¿dónde está? –Cuestionó Iván acercándose a los guerreros de Fedric, quienes hicieron una reverencia, incluso Mith.

    –Lindol Almonte, El Truhan, mi señor. Desobedeció mis órdenes y al parecer tenía problemas con la familia Dumont. Me propuse ejecutarlo pero Hang-Fu, el Oriental, acudió para solicitarme que se lo entregara, no obstante ese sujeto logró escapar, posiblemente esté lejos ya, huyendo como la rata traicionera que es.

    –Qué vergüenza y asco –Gruñó Iván escupiendo al suelo como ofensa a Lindol–. Cuando volvamos a casa le podremos precio a su cabeza, aquel que defrauda a los Valentine es hombre muerto.

    –Bueno, ya, dejemos esos asuntos para después. Por ahora tenemos algo muy importante que hacer y es el trato con el coleccionista. Me temo que ya vamos a tarde –Interrumpió Anya con una sonrisa y voz amable–. Hermano, Fedric, ya saben cómo procederemos, ¿de acuerdo?

    Ambos asintieron y se pusieron en marcha. El carruaje se quedó allí solo cuidado por un par de soldados. Anya e Iván avanzaron junto a Fedric, Eliseo, Aya y Mith, el enano fue encomendado a cargar un cofre pequeño en el cual claramente había dinero por el sonido de su interior, ¿Cabria un millón de denares en un cofre tan peqeño?. Los demás soldados se dividieron en dos grupos y se escondieron cerca del lugar de la reunión rodeándolo. Mith no pasó por alto esto y ya sospechaba lo que podría ocurrir, solo esperaba equivocarse.

    El lugar de la reunión era un decampado donde ya estaba el coleccionista, Trigésimo Tercero, el mismo con el que antes Vand había tenido tratos. Un coleccionista no es un simple mercader así que es todo menos un confiado llegó acompañado de su propia escolta, semihumanos, todos de la raza licano, altos, fuertes e intimidantes.

    –Era de esperarse de un coleccionista, son gente deleznable, seguro intentará traicionarnos, que bueno que venimos preparados –Dijo Eliseo riendo.

    –Los coleccionistas son famosos por su honor y su palabra. Quizás previó que también nosotros veníamos con mucha gente y solo quiere ser precavido –Comentó Mith caminando detrás con el cofre.

    –Nadie te preguntó, enano, así que guarda silencio –Reprendió Fedric–. Ese idiota claramente no sabe con quienes está jugando. Cree que esos perros podrán salvarle la vida.

    –Por ahora quiero que guarden silencio y no hagan nada hasta que demos la orden, ¿de acuerdo? –Ordenó Iván caminando al frente junto a su hermana.

    –¿Orden? ¿Cuál orden? –Preguntó Mith sin entender.

    –Que guardes silencio –Insistió Fedric.

    Ambos grupos estaban ahora cara a cara, los dos hermanos al frente con sus campeones detrás, el coleccionista y sus escoltas.

    –Buen día, mis señores. Veo que han venido con más escoltas de lo esperado. Espero que haber tomado la misma precaución no les incomode –Saludó el coleccionista haciendo una reverencia.

    –Supongo que no, siempre y cuando sea una precaución y no algo diferente –Respondió Iván con seriedad y brazos cruzados, detallando a los escoltas licanos.

    –No pretendo prolongar demasiado esta reunión, hagamos el trato y ya. ¿Tienes el artículo? –Cuestionó la hermana mayor dejando de lado su anterior actitud amable y suave por una más seria.

    –Claro que sí –Chasqueo los dedos y uno de sus escoltas se acercó mostrando aquel cofre de hierro que hace algunos días el Gigante Sombrío vió en la tienda del coleccionista.

    Lo tomó en sus manos y los candados se abrieron al instante con el simple tacto de él, las cadenas se desvanecieron dejando que el cofre pudiera ser abierto, lo cual hizo lentamente. Un destello verde emitía el artículo allí dentro, los ojos de ambos hermanos literalmente brillaron reflejándolo y pudieron ver pues el contenido del cofre. Una pequeña gema verde en forma de diamante y de apariencia cristalina en la cual algo parecía moverse dentro como si una pequeña criatura existiera en su interior. Una extraña energía atemorizante emanaba de la gema erizando la piel de quienes la miraban, ambos hermanos esbozaron enorme sonrisas.

    –Un Fragmento de Pecado Capital, del pecado de la Envidia, para ser más precisos. Un objeto por demás oscuro, sacrílego y poderoso. ¿Saben ustedes como se consigue un Fragmento de Pecado Capital? –Los ojos del coleccionista brillaron en amarillo.

    –Es preciosa, creo que jamás había visto una gema tan hermosa como esta –Dijo Anya casi hipnotizada por la piedra.

    –Un Fragmento de Pecado Capital, por dios. Esto es algo demasiado oscuro, demasiado –Musitó Mith literalmente temblando y con miedo ante los motivos que podrían tener ese par para adquirir algo así–. Esto es un sacrilegio.

    –Ilústranos –Respondió Iván al coleccionista sin dejar de mirar la gema–. Ustedes son versados en estos temas tan… “misteriosos” ¿no?

    –Para crear un Fragmento de Pecado Capital es necesaria una persona, una persona tan contaminada por el pecado mismo que su vida se base en él, codicioso, envidioso, lascivo, etcétera. Cuando alguien ha dedicado su vida entera al pecado su alma se contamina, entonces puede forjarse un Fragmento de Pecado Capital extrayéndole el alma y usándola en un ritual donde siete personas más darán sus almas para unirlas a la principal, contaminándose todas con el pecado y esto dará lugar al Fragmento de Pecado Capital en cuestión. Una fuente de magia extremadamente poderosa y de propiedades completamente desconocidas incluso para mí –Explicó Trigésimo Tercero hablando lentamente para que todos le escucharan con atención.

    –Es perfecta, justo lo que necesitamos, la primera –Susurró Iván a su hermana mientras miraba de forma perversa al coleccionista.

    –Bien, ya comprobaron la mercancía –Cerró el cofre haciendo aparecer las cadenas y candados–. Ahora quiero ver el dinero, el millón de denares.

    –Esto es un sacrilegio –Susurró Mith para sí mismo agachando la mirada–. Esas cosas son demasiado oscuras y malignas, esto no está bien, no está nada bien… Lindol tenía razón.

    –¿Qué coño dices, Enano? –Cuestionó Eliseo mirándole de reojo ante sus murmullos.

    –Me temo que no tenemos con nosotros el dinero que habíamos acordado –El hermano menor sonrió empuñando el sable en su cintura y colocándose frente a su hermana–. Pero igual nos llevaremos la mercancía. ¿Verdad muchachos? Decide, coleccionista, ¿la vida o el cofre? –Desenvainó el sable apuntando a Trigésimo Tercero con una petulante sonrisa.

    –¿Osan robarle a un coleccionista? –Fue la respuesta de aquel hombre de ojos amarillos–. Tal infamia pocas veces sucede y no es buena idea –Sus ojos brillaron al tiempo que sus escoltas sacaban sus armas–. Los coleccionistas siempre cobramos las deudas.

    –Payaso arrogante, se nota que no tiene idea con quienes está hablando –Rió Anya de forma hilarante. Volvió su mirada a sus campeones, principalmente a Fedric–. Cariño, tráeme ese cofre y no dejes a nadie con vida, ¿de acuerdo? –Ambos hermanos decidieron tranquilamente dejar el lugar retirándose caminando despreocupadamente.

    –Como ordene, mi señora –Fue la respuesta del capitán mientras su poderosa espada dejaba su funda–. Acabemos con esto rápido.

    –¿Esperen? ¿Qué significa esto? Se suponía que estábamos aquí para hacer un trato no para robarle a este sujeto –Alegó el Enano mirando a sus compañeros sorprendido–. Esto no está bien, nuestros amos dieron su palabra…

    –Cállate y pelea –Gruñó Fedric.

    El coleccionista solo chasqueó los dedos para que sus fieros guerreros se lanzaran al combate. Los campeones decidieron separarse para tomar distancia y encargarse de los enemigos.

    Eliseo, El Gran Arquero. Su arma es un gran arco de madera oscura y sus flechas son más grandes que la mayoría. El joven sonrió tranquilo al ver a cercarse a uno de esos semihumanos. Con delicadeza tomó una flecha de su carcaj y la cargo.

    –Me dan asco los semihumanos, creo que disfrutaré matándolos –Susurró mientras apuntaba, cosa que le tomó a penas un segundo–. Balista –La flecha fue disparada y durante el trayecto aumentó su tamaño, el impacto fue tan brutal que travesó por completo el pecho del guerrero matándolo al instante–. Uno.

    Dos guerreros con hacha lo rodearon y trataron de atacar desde diferentes direcciones. El arquero rápidamente disparó otra flecha a uno de ellos, este logró esquivarla con suerte, pero la flecha desplegó una cadena mágica que atrapó al semihumanos por el cuello y lo ancló al suelo. Al instante lanzó otra flecha al cielo.

    AcribillarLa flecha estalló en la altura liberando decenas de ajugas que avasallaron al otro semihumanos clavándose por todo su cuerpo e incluso perforando sus extremidades hasta abatirlo en un charco de sangre–. Dos.

    El primero se liberó de la cadena mágica después de tirar de ella un par de veces, era demasiado tarde otra Balista lo atravesó por la espalda, eso no lo derribó, volvió hacia su enemigo e intentó acercarse a pesar del agujero en su costado y el raudal de sangre que emanó de él. Eliseo sonrió de forma maléfica y corrió hacia él también a una velocidad increíble.

    –V-ven aquí maldito, te voy a partir en dos –El semihumano hizo gala de una resistencia tenas y empuñó su mandoble con ambas manos, esperando el momento para cortar al campeón del arco.

    Arrojó el corte horizontal tan rápido y fuerte como pudo, Eliseo fue más rápido y saltó por encima de él quedando justo detrás, el semihumano intentó girar para defenderse, usando su arco como arma la cuerda adquirió un filo aterrador y en un veloz movimiento le cortó el cuello al rival obligándolo a caer arrodillado mientras se desangraba y pugnaba por respirar.

    Hilo Cortante –Sonrió agitando su arco para quitarle la sangre–. Tres.

    La velocidad y agilidades de Eliseo eran admirables ante las cuales tres enemigos más cayeron logrando contar hasta seis. Seis semihumanos que perecieron ante sus flechas y el filo de su arco sin que el Gran Arquero siguiera fuera golpeado o alcanzado una sola vez.

    Ahora enfocamos a Aya, Centella Sanguinaria y el titulo no es para nada exagerado. Esta joven no usa arma alguna pues sus habilidades les permiten luchar solo con sus manos y el dominio de un elemento, la electricidad. Perméense inmóvil mientras tres semihumanos la rodean. Cubierta por su túnica y capucha no se puede ver ni sus manos ni sus rostro.

    –¿Te vas a rendir, mujer? Podemos evitar esta masacre, no podrás contra nosotros –Advirtió uno de ellos, el más grande y rudo del grupo.

    –Pueden huir si lo desean, no tengo ánimos para perseguirlos y quizás el capitán los perdone si corren muy rápido –Respondió ella muy tranquila.

    –Esta quien se cree que es, un licano jamás huye de un combate –Espetó ofendido otro de ellos golpeado su pecho en señal de molestia–. ¡Te haremos pedazos!

    –Siempre tienen que ser tan tontos como para pelear, es obvio que son mitad animales –Suspiró con aburrimiento fijando al enemigo que se acercaba rápidamente–. Arañas Electircas.

    Levantó una de sus manos y arrojó una pequeña esfera de electricidad, el licano la esquivó tirándose al suelo, pero otra le siguió y esta sí logró darle, su nombre era araña porque al tocar a un objetivo liberaba varios rayos que electrocutaban al rival haciéndolo parecer presa de una araña. El licano se retorció y gritó por el suelo al ser electrocutado.

    –¡Maldita perra, pagaras por eso! –Exclamó otro de los licanos acercándose junto al más grande.

    –Patéticos y estúpidos. Disparo positivo –Levantó su mano hacia uno de ellos y disparó una cuchilla de electricidad que casi decapita al licano, pero este la esquivó ágilmente, otra fue disparada y la esquivó tirándose al suelo.

    –Parece que no es tan hábil como presume, podemos con ella –Aseguró el tercer licano estando frente a ella y arrojando el primer ataque con su hacha.

    Aya salta a un lado esquivándolo, el licano arremete con otro pero ella se aleja de un salto, le arroja un Disparo Positivo pero el licano lo esquiva, cosa que la molesta aunque no lo demuestre.

    –Eres mía, perra –Sonríe saltando sobre ella intentado partirla. Un sonido eléctrico subsiguió a la acción y el hacha cayó al suelo.

    Espada Relámpago –Enunció con poca ganas la chica. Una espada eléctrica había emergido de su mano cubriendo todo su brazo derecho un momento antes y con ella atravesó el abdomen del licano no solo lacerándolo si no además quemando su interior, la muerte llegó casi al instante y el cuerpo se estrelló contra el suelo. La túnica de la chica se comenzó a teñir de sangre sin que a ella le importara.

    El primer licano aprovechó eso para llegar por detrás y aprisionarla con su fuerza además de levantarla del suelo.

    –Te tengo, maldita, ahora no podrás escapar –Decía riendo el licano creyendo que la había sometido.

    –Joder, en verdad me estas tocando, que asco tendré que quemar esta túnica después un asqueroso semihumano la tocó –Objetó sin mostrarse sorprendida o asustada. Todo su cuerpo se cubrió de electricidad envolviendo al enemigo también.

    El licano la soltó debido al choque eléctrico, momento que ella aprovechó para crear una nueva espada y atravesarle el pecho sin piedad. Tuvo solo un instante para agacharse y evitar la estocada del último licano, la cual terminó por clavarse en el cuerpo de su compañero. Aya rodó por el suelo para tomar distancia y apenas pudo lanzó un disparo positivo que no falló y cercenó ambos brazos del licano agresor.

    El hombre cayó al suelo estupefacto al ver sus miembros amputados y las heridas cauterizadas debido a la electricidad. El dolor fue inenarrable liberado en un agónico grito de dolor que poco duró pues Aya le bridó la muerte cortándole la cabeza con otro Disparo Positivo.

    –Maldito ruidoso, odio los gritos –refunfuño con una frialdad aterradora.

    El capitán, el intimidante y poderoso Fedric. Se mantiene de pie e inmóvil a pesar de tener a cinco enemigos rodeándolo. Su espada reposa sobre su hombre empuñada con la derecha mientras que la izquierda empuña su boomerang, su serio semblante recorre a los enemigos y no demuestra nada.

    –Acabemos con esto rápido, quiero que ataque todos al mismos tiempo y prometo que sus muertes serán rápidas. ¿Entendieron? –Lo dijo como si fuera una orden.

    –Este pendejo quien se cree que es.

    –Los campeones en verdad son muy arrogantes, cree que tiene oportunidad contra cinco enemigos, debe estar loco o ser demasiado arrogante.

    –¡Me aburro! ¿Empiezan ustedes o empiezo yo? –Insistió frunciendo el ceño.

    –Démosle una lección, yo me quedaré con esa bonita espada.

    Al mismo tiempo los cinco se acercaron a Ráfaga Roja rodeándolo sin darle opción de salir o espacio para esquivar. Las espadas y hachas se levantaron para tratar de mutilarlo. Antes que eso pasara una corriente de aire a presión emergió de Fedric con tal fuerza que arrojó a los enemigos por el suelo haciéndolo perder sus armas.

    –¿Q-que fue eso? N-ni siquiera se movió solo sentí una fuerte ventisca –Tartamudeó uno de ellos incrédulo por lo que ocurrió.

    –No sé por qué esperaba algo diferente –Musitó Fedric arrojando su boomerang al cielo con gran fuerza. Uno de los enemigo fue el primero en levantarse y tomar sus arma–. Propulsar

    Una corriente de viento emanó de la espalda de Fedric impulsándolo hacia aquel enemigo a gran velocidad y con la espalda en alto logrando una escotada certera que lo atravesaba en el abdomen. Fedric le da un cabezazo y lo hace retroceder sacando su espada de sus desgarradas entrañas, gira y le corta la cabeza antes que siguiera pueda gritar.

    Dos enemigos se avecinaron por detrás de Fedric corriendo desesperados por lograr atacarlo, este logró verlos sobre su hombro y supo que podría matarlos fácilmente. De la nada su boomerang bajó del cielo golpeando la cabeza de uno de ellos con una fuerza impresionante para algo tan pequeño pues perforó el casco del licano y le hizo una herida severa en la cabeza para luego volver a la mano de su dueño. Su compañero se detuvo al verlo caer arrodillado gritando de dolor.

    Espiral de Viento –Enunció el capitán. Un torrente de aire ascendente emergió detrás del licano empujándolo violentamente hasta Fedric que se limitó a esperarlo con la espada en alto. La terrible hoja atravesó el pecho de licano cercenando directamente el corazón.

    Fedric saca el arma del cuerpo muerto el cual es empujado al suelo cual objeto sin valor, luego se impulsa con su técnica de Propulsar hacia el herido licano y le corta la cabeza con un mandoble eficaz y brutal. Una vez más arroja el bumerang al aire. Ahora solo quedan dos licanos que le miran con temor y sin tener idea de cómo hacerle frente.

    Torbellino –Levantó su mano de la cual emergió un torrente de viento abrumador que arrojó a uno de ellos cual si fuera de trapo hasta estrellarlo violetamente contra un árbol probablemente partiéndole unos huesos.

    Solo quedó uno el cual intentó escapar inundado por el miedo de ver a sus compañeros muertos en tan poco tiempo. El boomerang descendió clavando una de sus puntas en el hombro derecho del aterrado guerrero haciéndolo caer y rodar por el suelo. Fedric se acercó a él y lo patea en las costillas para hacerlo quedar boca arriba.

    –¡P-por favor, por favor tenga piedad mi señor, se lo suplico! –Berreo presa del miedo y el dolor aquel licano quien era muy joven.

    –¿Piedad? No hay piedad para los enemigos de la familia Valentine –Fue la respuesta de aquel impío capitán.

    –¡No, no por favor! ¡No! –Y el filo de la hoja de abre paso a través de la carne y el hueso hasta apuñalar el corazón del enemigo.

    Un par más de guerreros aparecieron detrás de Fedric con intenciones de pelear, o con intenciones de morir como él dice.

    Ante tal muestra de poder y brutalidad cierto campeón de otra raza agregaba otra característica a la descripción de estos actos, traición. Eso era lo que el enano pensaba al ver a sus compañeros asesinar a los escoltas del coleccionista. El Enano sentía que estaba rodeado de criminales pues para él esto no era más que un asalto además que sus amos, los hermanos Valentine, habían faltado a su palabra al no cerrar el trato acordado con Trigésimo Tercero. Para Aya, Fedric y Eliseo no era nada fuera de lo normal, solo seguían ordenes, demás que dos de ellos mostraban cierta aversión hacia los semihumanos, para Mith esto era inconcebible el honor y el valor de la palabra esa algo demasiado valiosos para los Enanos y ahora su honor estaba en duda al ser parte de esto.

    –No, yo no soy un criminal, yo no soy un traidor, yo no seré parte de esta barbarie –Decía Mith aferrándose con firmeza a sus mazo–. ¿Por qué hacen esto? ¿Por qué? Dimos nuestra palabra, nuestros amos dieron su palabra, ¡maldición! –En eso un licano se colocaba detrás de Mith con intenciones violentas pateándolo con fuerza por la espalda derribándolo–. Espera, yo no soy parte de esto, yo no voy a pelear… –El hacha del enemigo amenazó con matarlo pero logró bloquearla con su mazo para luego desviarla.

    Mith rodó por el suelo alejándose y volviendo a incorporarse, el licano se lanzó otra vez intentando cortarlo, pero el enano lo esquiva y lo golpe en el abdomen con el mazo haciéndolo caer al suelo tosiendo adolorido. Mith le miró indefenso, fácil sería matarlo, pero el Enano no es como sus compañeros, él no es un asesino.

    –¡Mith! –Llamó el capitán que luchaba contra un licano con un brazo cortado. El Enano le miró al instante–. ¡Mata al coleccionista, rápido!

    Trigésimo Tercero sabía que sus escoltas estaban acabados y que los refuerzos que tenía ocultos en el bosque habían sido neutralizados también, aun así tenía un as bajo la manga y de sus ropajes sacó una pequeña bengala amarilla con un símbolo. Mith se acercó a él y lo amenazó con el mazo.

    –Baja eso, ahora, no te lastimaré –Ordenó el Enano. Hubo un duelo de miradas entre Mith y Trigésimo Tercero.

    El enano seguía dudando acerca de lo que hacía y eso lo aprovechó su enemigo cuando la mirada del Enano fue a su capitán por un solo segundo. Lo pateó en el pecho alejándolo y luego activó la bengala susurrando algo que lanzó una luz hasta el cielo donde estalló dibujando con fuego el número treinta y tres seguido de dos espadas cruzadas. Esto era un código y un aviso que podía verse en decenas de kilómetros a la redonda.

    Puño Roca –Mith golpeó el suelo con el mazo para luego una bola de roca emerger y golpear al coleccionista en el pecho con tal fuerza que lo arrojo contra un árbol. Miró esa extraña señal en el cielo, no podía ser algo bueno–. Mierda, creo que tardé demasiado…

    El Enano cayó al suelo presa de un dolor agudo en la cabeza, solo sintió una herida, un hilo de sangre y dolor. Volvió la mirada solo para recibir una patada en toda la cara que lo regresaba al suelo, viendo frente a él al capitán con el boomerang en la mano.

    –¡Te di una orden, ¿Por qué no lo mataste antes que lanzara la puta señal? Enano de mierda!

    –C-capitán yo… –Trató de levantarse pero otra patada lo tiró boca abajo además de aturdirlo.

    Vió a Eliseo acercarse al licano que ante golpeó con su mazo y le asqueó la forma tan fría en la que lo ejecutaba el Gran Arquero a pesar de las suplicas del enemigo. Dejó de lado su duda y temor cambiándolo por odio y humillación, miró su mazo a su lado y lo empuñó con firmeza levantándose para encarar al capitán.

    –Así que nos traicionas, indigno de un Enano, esperaba más de ti pero eres igual al bigotudo de la ballesta –Suspiró Fedric.

    Eliseo disparó una flecha hacia Mith, el Enano la vió sin problemas y la detuvo con su mazo destrozándola, luego goleó el suelo y le arrojó una roca a Eliseo pero este la esquivó. Fedric trató de cortarlo con su espada pero el brazo derecho del enano de recubrió de hierro y logró detenerla.

    –Yo no traicioné a nadie, capitán. Ustedes carecen de honor y palabra, además que son unos asesinos y ladrones –Desvía la espada de Fedric y esquiva el golpe que este intentó darle–. Yo no seré parte de una familia con tal moral.

    –Qué bueno que lo aclaras –Gruñó Fedric molesto por lo que dijo–. Nadie que me llame asesino o ladrón logra sobrevivir.

    Eliseo intentó con una Balista, pero el mazo del enano pudo destrozarla también, lo cual frustró al Gran Arquero. Aya intervino acercándose por detrás. Mith la vió acercarse e intentó golpearla pero ella lo esquiva. El enano cometió un terrible error pues le dio la espalda a Fedric. Una poderosa patada tiraba al enano al suelo una vez más. Trató de incorporarse pero un puñetazo del capitán se lo impidió, trató una vez más pero otro devastador puño lo noqueaba además de tirarle un diente e hinchar parte de su cara.

    –¡Pedazo de mierda! –Exclamó Fedric dándole dos puñetazos más.

    –Vamos, Fedric, acaba con esto y mátalo, no necesitamos un imbécil como él en las filas, seguro nuestros señores ni se acordarán de un miedoso como este –Sugirió Eliseo sonriendo ante el castigo de Mith.

    –Tengo una mejor idea –Dijo Fedric mirando a Mith con desprecio–. Se lo llevaremos a mi señora Tatiana, seguro que le gustará tenerlo en sus mazmorras.

    –Joder, pobre Enano, conocerá la verdadera definición de dolor. Que más da, ¿Ya acabamos? –Preguntó Aya despreocupada.

    –Sí. Llévense al Enano yo tengo algo que hacer aun –Dijo mirando al coleccionista herido y tratando de levantarse–. Yo llevaré el cofre.

    Los dos campeones asintieron y se llevaron a Mith, bueno, se lo llevó Eliseo. Fedric se impulsó con su Propulsar hasta llegar al coleccionista y atravesarlo con su espada clavándolo a un árbol.

    –Aceleraré tu muerte si respondes ¿A quién le mandaste esa señal? –Lo tomó por el cuello para mirarlo a los ojos.

    –M-malditos Valentine, pagarán caro este ultraje –Respondió con dificultad mientras la sangre escurría por sus labios debido a la hemorragia en su estómago–. N-nadie le r-roba a un coleccionista y vive para contarlo Siempre cobramos nuestras deudas.

    –¡Responde, carajo! –Clavó más la espada en el estómago hasta atravesar el árbol también.

    –T-todos los coleccionistas de la región v-verán esa señal, sabrán que los Valentine nos traicionaron y robaron algo muy valioso –A pesar del dolor y la muerte inminente él parecía reírse e hizo brillar sus ojos–. E-escucha mis palabras Fedric Galerna, nosotros no descansaremos hasta no ver a tu familia Valentine en la miseria y a tus amos muertos…

    –Nadie pondrá sus manos sobre mis señores, mucho menos sobre mi señora Anya –Apretó con fuerza el cuello de Trigésimo Tercero para que no hablara más–. No tengo más nada que hablar contigo, basura –La espada abandonó sus entrañas y terminó por cortarle la cabeza. Sus ojos brillaron incluso después de muerto por unos segundos.

    Fedric tomó el dichoso cofre y se dispuso a irse de regreso con sus amos. No sin antes mirar a su alrededor en el bosque pues una extraña sensación de ser observado le invadió por unos momentos. No divisó ningún enemigo así que lo ignoró y se retiró.

    Escondido entre los aboles más altos se hallaba nada más y nada menos que el Truhan mirando todo lo que ocurrió desde el inicio. No podía evitar dibujar seriedad y preocupación en su rostro.

    –Sabía que los Valentine eran unos hijo de puta desgraciados, pero robar a los coleccionistas, mierda. Además se trata de un Fragmento de Pecado Capital, poco se de esas cosas pero es magia muy antigua y muy oscura –Musitaba saltando entre las ramas asegurándose de que se habían ido–. El pobre Mith no tenía nada que hacer con esta parda de asesinos a sueldo, es demasiado recto e ingenuo. Tranquilo amigo aguarda e iré por ti, no dejaré que esos locos te maten.

    De regreso en el carruaje de los hermanos Valentine estos seguían esperando el regreso de sus campeones con el cofre. Anya bebía una copa del mejor vino mientras admiraba el bello paisaje del bosque, por otro lado, Iván permanecía a su lado sin hablar y de brazos cruzados.

    –¿Por qué tan callado, hermanito? –Preguntó ella con una dulce voz mirándole de reojo.

    –Por nada –Respondió tajante.

    –Por favor, algo te pasa, a mí no me puedes engañar, tonto –Rió ella mirándolo y acurrucando su cabeza en el hombro de él–. ¿Me dirás que te pasa?

    –…Fedric Galerna, eso me pasa –Respondió apretando los dientes–. No crees que eres demasiado “cariñosa” con él –Anya le miró sorprendida y no pudo evitar reírse aún más–. Eso no fue un chiste, Anya.

    –¿Estás celoso de Fedric? Qué lindo eres, Iván, me encanta que te pongas así –Dijo mirándolo y acariciando su cabello–. Tranquilo, hermanito el solo es un campeón más, lo apreció porque es muy bueno, quizás de los mejores que tenemos pero anda más.

    –Pues no lo parece, Anya. He visto cómo te mira, como te adula y lo detesto, sé que te desea, no se merece tu aprecio, solo es un campeón, un sirviente, un arma que… – Anya posó uno de sus dedos sobre los labios de su hermano para que no hablara

    –Me encanta verte así, en serio Iván, me encanta –Susurró con una voz melosa mientras mordía su labio inferior. De la nada se sentó a horcajadas sobre las piernas de su hermano–. Sabes que solo hay un hombre que me importa –Sus suaves manos recorrieron las mejillas de su hermano menor mientras que sus ojos se cruzaban y rebosaban una cosa, deseo.

    –L-lo sé, pero me molesta… –Iván se perdió en los preciosos e hipnóticos ojos azules de Anya y antes que dijera algo más ella lo calló besándolo con pasión.

    –Solo te amo a ti, hermanito, y nadie más –Afirmó sonriéndole–. Ya tenemos el primer Fragmento, es el inicio del plan de nuestro padre, es ahora que debemos estar más unidos, ¿lo entiendes?

    –Sí, lo entiendo, Anya –Suspiró acariciando la cintura de ella lentamente–. Yo también te amo, hermana –Fue la respuesta de él contagiándose de esa sonrisa cómplice para después unirse en otro beso aún más duradero.

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
  11.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Capítulo 10: La balada del pirata

    (Opening: Are you dead yet – Children of bodom)

    Entre todas las regiones que componen el inmenso Reino de Evenns existe una la cual se alza como la región más importante, Nestia. La única que no es dirigida por alguna de las familias sino que es dominio personal de su majestad el rey. En disparidad con dicho honor, Nestia es la región más pequeña del reino y fuera de sus bellas campiñas solo existe una sola gran ciudad, la cual se enaltece como la más significativa, grande y antigua de todo el reino, porta con gran orgullo el nombre del primer rey de Evenns, Antares. Capital del reino, hogar del rey y sede del gobierno. También se la llama “La Ciudad Inmortal” “La Ciudad Antigua” o “La Ciudad Invicta” Esto último porque jamás ningún enemigo ha logrado conquistarla.

    Situada en una llanura verde de la región se erige la sede del gobierno y poder de este magnífico reino. Puede haber grandes urbes por todo el mundo, incluso en otras regiones, pero ninguna se compara en magnitud a la ciudad Antares. Construida hace ochocientos años por el primer reinado hoy aloja a un millón de personas dentro de sus colosales murallas de diez metros de altura por tres de grosor construidas con solida roca.

    La mayoría de los edificios son de madera y adoquín, de los cuales existen de todos los tamaños, grandes, pequeños, altos. La ciudad destaca por no tener acceso a un rio o un lago pues sus ciudadanos se abastecen de agua mediante decenas de pozos así como mediante un complejo sistema de acueductos que culminan en grandes fuentes públicas. Las grandes y amplias calles son vigiladas estrictamente por la Guardia Local, el ejército y ciertas zonas por la Guardia Real. El origen de la riqueza de esta urbe no es otro que el comercio de objetos de calidad y obras de arte, lo mejores artesanos del reino residen en esta ciudad.

    Entre todos los miles de edificios que existen aquí algunos destacan por sus tamaños y diseños de mayor complejidad, el más alto, sin contar los habidos en el Distrito Real, es La Gran Catedral Sacra la cual es considerada el edificio más hermoso de la ciudad, tan importante es que tiene su propio distrito donde la Guardia Real y los Guardias Sacros, una orden de monjes guerreros, custodian las reliquias que en su interior y a las figuras más importantes de la religión residentes allí.

    El edificio más extenso se ubica al este de la ciudad, tan amplio es que se le considerado un distrito, este complejo está rodeado por murallas pues en sus decenas de kilómetros cuadrados contienen diferentes edificaciones, se trata de La Real Academia Militar, es en estas instalaciones donde se forja a los oficiales, generales y estrategas del mañana. Aquí también se instruye a los campeones al servicio del estado. Sí, no todos los campeones venden sus servicios o su voluntad a las familias, algunos prefieren servir a su nación.

    Un proyecto muy curioso nació aquí por parte de los ministros. Se buscó formar a un grupo diferente de militares, a este proyecto se le llamó Gendarmería Ministerial, un grupo de elite de campeones bajo el mando único del Ministerio de Justicia y que tienen por misión investigar, encontrar y encarcelar criminales de renombre.

    01 de marzo del año 1120. Reino de Evenns, Region de Nestia, Antares.

    El día es soleado como todos los de la primavera, a esta hora todos los cadetes se encontraban en el centro de la plaza principal tomando su entrenamiento de combate. Jóvenes, tanto hombres como mujeres, vivaces, animados y con dedicación repasaban la lección del uso del escudo y la espada ante las órdenes del sargento instructor que les mira con autoridad.

    Desde la distancia bajo la sombra de un frondoso árbol un grupo de personas les observan rememorando sus tiempos como cadetes mientras hacen bromas burlándose de los jóvenes y fanfarronean sobre ser superiores. Se trata de oficiales y campeones del ejército que suelen reunirse allí para descansar o esperar órdenes. Es un grupo de uno diez o doce de entre los cuales solo una persona se mantenía en silencio, una joven mujer. Sus platinados e hipnóticos ojos, que hacen un perfecto y bello juego con su blanca piel, se posan fijamente sobre el libro que lee en silencio. Puede escuchar a sus compañeros hablar pero decide no interactuar con ellos pues las burlas hacia los novatos le desagradan, prefiere ignorarlos mientras echa para atrás un rebelde mecho de su larga cabellera azabache, lleva su dedo a sus labios rojizos para humedecer la yema y poder cambiar la página.

    El día no podía ser más apacible para esta joven, sin contar a los presumidos soldados cerca. La lectura de novelas románticas y poesía le fascinaba, no obstante su descanso se vió truncado cuando una sombra se posó sobre ella y la voz de un hombre se dirigió a su persona.

    –Teniente –Llamó un soldado ataviado con lanza y escudo–. El general quiere hablar con usted ahora mismo.

    La mujer alzó la mirada escuchando atentamente las palabras del soldado, su rostro no expresó ninguna sorpresa solo asintió suspirando con pesadez, cerró el libro y sin despedirse de sus “compañeros” fue a reunirse con su superior. Sus ropajes la delatan, no es militar, tampoco es cadete: viste una camisa negra manga larga ceñida a su perfecta figura femenina que suele llamar la atención de los hombres que le miran pasar, hasta que su seria mirada los ataca y los intimida, más abajo porta un pantalón ligeramente holgado que finaliza con botas de piel marrones cubiertas con grebas de acero pulido.

    La teniente tuvo que ir al edificio principal de la academia, el más grande del complejo, para reunirse con el general que sitúa su oficina en la última planta. Tocó la elegante puerta de forma educada antes de pasar.

    –¿Es usted, Tess? –Se escuchó desde dentro la voz de un hombre–. Puedes pasar.

    La chica abrió la puerta e ingresó a la oficina del general. Amplia y refinada, con libreros a los lados rebosantes de conocimiento en sus páginas, una gran mesa con el mapa del reino en el centro rodeada por sillas de madera de alta calidad. Más adelante un gran escritorio de roca en el cual estaba aquel militar sentando mientras leía unas cartas.

    –¿Me mandó llamar, general Rotten? –La joven se acercó al escritorio e hizo una reverencia ante su superior mientras preguntaba el motivo de su llamado con su hermosa y suave voz.

    –¿Desde cuando eres tan respetuosa, niña? –Arqueó la ceja Rotten bajando las cartas para mirarla directamente, extrañado por la cortesía de esa joven a quien conocía bien–. Relájate que estamos solos, no tienes que ser tan educada –Volvió la mirada a la hojas–. Sabes que me molesta que todos me traten como una puta maravilla. Solo soy un anciano en una oficina, con medallas de oro y un uniforme ridículo.

    –Tú siempre tan alegre, ¿no tío? –Respondió ella riendo por la reacción de aquel hombre.

    –He tenido una mañana de mierda, como todas en esta maldita semana. Me duele la espalda, me duele una muela, me está matando la resaca, las putas familias no dejan de causar maldito problemas, el ministerio no deja de joder para que haga algo y la estúpida de mi secretaria me sirvió el té frio, si, es una mierda de día y apenas va a la mitad… gracias por preguntar –Respondió suspirando mientras firmaba las hojas que leía–. ¿Qué tal el tuyo, Tess?

    –Supongo que mejor, al menos no me duele la espalda –No podía evitarlo, reía cada que lo oía quejarse. Tomó asiento frente al escritorio–. Pero bueno, supongo que me llamaste por algo importante y no solo para quejarte con alguien.

    –No, para eso tengo a tu tía y a mi otra mujer –Sonrió metiendo las cartas en un sobre.

    –Oye, eso fue cruel, sabes que no…

    –Relájate, era broma. Ninguna mujer se fijaría en un anciano como yo, además sabes que amo a tu tía más que a nada en este mundo –Dejó el sobre en la mesa y se recargó mejor en su silla–. Soy como una semilla, niña, la tierra me reclama ya.

    –No digas eso, sabes que no me gusta que hables así, tío –Interrumpió un poco más seria–. Además no estás tan viejo, si de algo sirve, no te vez tan diferente que en ese cuadro.

    Sonrió señalando una pintura de aquel hombre en su juventud. Alto, fornido, joven, gallardo, a lomos de un hermoso corcel negro, portador de una brillante armadura de acero y en sus manos el estandarte del reino, cerniéndose como un héroe sobre las huestes enemigas destrozadas en el suelo, lo que le daba un tono algo oscuro a la pintura.

    –Dios, La Guerra del Sol Poniente, aquellos días de gloria me parecen tan lejanos –Suspiró con nostalgia perdiéndose en aquella pintura de tan alta calidad–. No te voy a aburrir con historias viejas, te has de preguntar por qué te hice venir.

    –Supongo que me tienes alguna misión, ¿verdad?

    –Así es, hija –Tomó de su escritorio un conjunto de hojas y se las entregó. La primera era un afiche de se busca.

    –¿Por fin iremos tras algún noble corrupto o miembro del gobierno?

    –Que más desearía yo, sin embargo me temo que por ahora eso no se puede, los nobles corruptos son quienes nos dan las ordenes –Terminó riendo–. Se trata de un bandido, un pirata para ser exactos, no te confíes este bastardo es un campeón y un Lord Pirata, así que no lo tendrás fácil.

    –Nada que no pueda manejar, tío –Afirmó tranquila mientras revisaba las hojas–. Esto es en la región de Paraikos.

    –Pues claro, es una región con costa –Respondió irónico.

    –Lo sé, solo que, nunca me habías enviado tan lejos –No es que estuviera molesta o intimidada, al contrario sentía que iría a una misión realmente importante–. Debe ser un hijo de perra muy peligroso, ¿verdad? –Una sonrisa se dibujó en sus preciosos labios.

    –Sí, la verdad es que sí. Es un criminal de Nivel Cinco, ha hecho muchos destrozos a los intereses del reino –Suspiró dubitativo–. Creí que ya era momento de que te enviara a misiones de elite…

    –Por fin –Se levantó ella–. Te prometo que no te fallaré, atraparé a ese bandido y lo traeré ante la justicia cuanto antes.

    –Oye, espera. Debes saber que tendrás que colaborar con la familia regente de esa región, capturar a ese pirata es complicado –Aclaro antes que ella se fuera–. Sé que esa idea no te gusta así que puedes rechazarla si…

    –¿Rechazarla? Por supuesto que no, tío. Aborrezco a las familias, son corruptos, avariciosos y egoístas, pero esta vez el cumplimiento de la ley está de por medio. No será grato, ni ameno, pero si debo colaborar con ellos para arrestar a un bandido de alto nivel lo haré –Aseguró la joven con decisión y gallardía.

    –Sabía que no te negarías… te pareces tanto a tu padre –Musitó agachando la mirada por un momento. Con cierta dificultad se levantó pues para su andar dependía de un bastón debido a una lesión en su rodilla derecha. Se acercó a ella y le miró por un instante.

    Su mente rememoraba la imagen de una pequeña niña triste y desolada llorando aferrada al casco de su padre, una niña que en poco tiempo lo había perdido todo, a su padre, a su madre, su hogar e incluso su forma de vida. Un lazo de sangre compartía esa niña con el general y fue eso lo que lo llevó a acogerla bajo su tutela. Nunca lo dijo con palabras pero si con sus acciones, aquella niña se volvió en poco tiempo su hija pues como tal la llegó a amar y apreciar, le dio todo lo que ella quería para cumplir el sueño que tuvo, ser una soldado ejemplar como algún día lo fue su padre. El recuerdo de su mejor amigo, el padre de la niña, le convenció y apoyó ese sueño. Años han pasado desde aquello y hoy esa pequeña se ha convertido en toda una mujer, hermosa, inteligente, preparada, fuerte y valiente, pero por encima de todo, justa y respetable.

    –¿tió, pasa algo? Te has quedado callado de repente –Cuestionó ella ante la mirada perdida y la sonrisa nostálgica del general.

    –Me recuerdas tanto a él, Tessa, eres todo lo que tu padre habría querido que fueras, estoy seguro –Respondió apacible el viejo hombre.

    –Por favor –La sonrisa nostálgica se contagió en ella–. Sabes que él no quería que yo fuera soldado.

    –Eso decía, sin embargo, yo sé que si lo quería muy en el fondo –Se acercó y posó su mano sobre su hombro–. Esta vez estarás sola, Tess, no podré ayudarte ni aconsejarte durante la misión, aun así sé que eres más que capaz de hacer frente y tomaras las decisiones correctas, yo te instruí, te adiestré, te enseñé todo lo que se debe saber del combate, eres mi alumna en todo sentido… menos en uno.

    –¿En uno?

    –Y es por lo que más admiro de ti porque yo no te enseñé eso y es tu sentido de justicia inquebrantable y perfecta. En tus manos las leyes se cumplen como deben ser y ese es el trabajo de un Gendarme Ministerial, que la justicia llegue a todos de igual forma. Sé que esto es difícil, casi imposible, igual te lo prometo, Tess, algún día tú y yo llevaremos esa justicia a los criminales que arruinaron la vida de tu padre y lo condenaron. Por qué: La justicia es la reina de las virtudes y con ella se sostiene la igualdad y la libertad…

    Por qué la justicia es perfecta, sino lo fuera, no sería justicia.

    –Te deseo la mejor suerte en tu misión, Tess –Finalizó el general acercándose para abrazarla con apego y cariño.

    –Gracias por todo lo que has hecho por mí y por la confianza que pones en mis manos, no te voy a decepcionar tío –Respondió correspondiendo al gesto.

    –…Joder que ya me he puesto sentimental, sabes que lo detesto –rio para soltarla y regresar a su escritorio–. Te recomiendo te prepares, una diligencia del ejercito sale en tres horas rumbo a la capital de Paraikos, allí podrás viajar a la costa.

    –Sí, tienes razón. Iré a prepararme, nos vemos en unas semanas, volveré con ese sujeto en una jaula –hizo una reverencia y se retiró.

    –Cuídate, Tessa… cuídate mucho mi niña –Susurró mirándola sobre su hombre mientras salía.

    01 de marzo del año 1120. Océano de Gasko.

    El sol brilla con fuerza en el inconmensurable océano Gasko, el más grande del mundo ubicándose al este del Reino de Evenns. Todo parecía tan calmo y azul hasta que se pudo divisar a una embarcación surcar sus calmas aguas a toda vela aprovechando los fuertes vientos que se presentaban ese día.

    El barco de grandes dimensiones y tonalidades oscuras en sus maderas viaje por el océano carente de una bandera nacional o de alguna insignia que lo adjunte a alguna armada, en el mástil ondea amenazante la bandera negra y la imagen de una calavera roja con colmillos de tiburón, sus grandes y flamantes velas no son blancas, son rojas carmesí e impulsan con fuerza al navío de batalla. Sobre la cubierta todo era un alboroto ante las órdenes de una mujer desde el timón.

    –¡Dense prisa ratas de mar, quiero que este barco se mueve más rápido que un puto tiburón! ¡¿Me estáis escuchando?! ¡El enemigo a un no está en nuestras fauces! ¡¿Quiénes somos?! –Exclamaba con firmeza mientras con una mano dominaba el timón como toda una experta.

    –¡Los Tiburones Rojos! –Gritaron los miembros de la tripulación con euforia mientras trabajaban en la velocidad de la nave.

    La mujer, poseedora de una larga cabellera café en rastas y atada e una coleta baja sonrió emocionada por el grito de sus compañeros, con sus labios pintados de negro enarboló una sonrisa soberbia que adornaba a la perfección su fino rostro de piel morena y ojos verde esmeralda. Viste una camisa de tela blanca con una tela roja en la cintura, pantalones de cuero y botas del mismo material con un pequeño tacón. En su cinturón cuelgan dos hachas de mano que intimidan por las muescas de batalla y manchas de sangre seca.

    Soltó el timón para bajar al camarote del capitán. A pesar de ser una fémina de gran belleza por su figura delgada y atlética, se ganó a sangre y fuego el respeto de la tripulación quienes ya habían aprendido a respetarla, por propia seguridad, pues a más de diez había destrozado solo con sus puños. Llegó pues a las puertas del camarote principal del barco y se adentró en ella.

    –¿Capitán? ¿Está listo? El objetivo está a tiro de piedra, con un ágil movimiento podremos alcanzarlos para tirar los arpones y el ancla… ¿Capitán?

    –Oficial… Llevamos meses siguiendo ese barco desde que salió de la costa de Isam-Hir –Musitó una voz en la oscuridad del camarote–… ahora por fin lo tenemos a nuestro alcance.

    –Así es, capitán. Su plan ha salido a la perfección de principio a fin, hemos destruido su flota un barco a la vez, ahora, solo queda el navío insignia y dentro de él nuestro objetivo. El Sabio del Desierto.

    –Cunado ponga mis manos sobre ese sujeto y lo entregue a la familia Black obtendré mi ansiada recompensa –La voz del hombre se cargó de emoción y abrió de golpe las cortinas del camarote dejando la luz entrar–. El dinero suficiente para llevar a cabo mi ansiada venganza.

    Aquel capitán era digno portador del título de Lord Pirata. Relativamente alto, usuario de una larga cabellera negra que cae suelta sobre su espalda, larga y poblada barba es adornada por trenzas a los lados de los labios que hacen más severos sus azules ojos. Su cuerpo fornido y atlético es cubierto por una gabardina negra con el símbolo de la bandera del barco en su espalda, al llevarla abierta se puede ver su duro pecho y sus perfectos abdominales, Su pantalón es negro al igual que sus botas las cuales son cubiertas por grebas de hierro sólido. En su cinturón porta un par de hachas de mano.

    –Estoy ansiosa por acompañarlo a destruir a esa familia que tanto odia, capitán –Respondió ella acercándose a un estante para empuñar una pesada y elegante hacha de guerra la cual entregaría a ese hombre.

    –Claro que estará a mi lado, oficial, usted no puede separase de mí un solo segundo –Afirmó el capitán tomando su arma con firmeza mirándose en el reflejo del metal–. Imagina el terror que infundiré en todos los marineros del Gasko cunado sepan que una sola tripulación destruyó una flota esclavista de Isam-Hir. Todos se van a cagar de miedo con solo escuchar el nombre de Athorn Gakovid, capitán del Calavera Sangrienta y los Tiburones Rojos.

    –El Lord Pirata más temido del océano Gasko –Agregó ella mirando con sus preciosos ojos a aquel hombre cual si viera a un héroe, un ídolo… o un amante.

    –¡No perdamos más el tiempo, mi querida y hermosa oficial! –La miró con una sonrisa y luego se encaminó a la salida–. El tiempo apremia a quienes lo toman.

    Ambos salieron del camarote y solo faltó ver a su capitán para que toda la tripulación de rudos, salvajes y veteranos marineros se cuadraran ante él con respeto.

    –Caballeros. Por fin estamos a un solo paso de terminar esta larga y extenuante misión que nos ha mantenido lejos de nuestro hogar por tres largos meses, lo sé, no ha sido fácil y hemos ya perdido a muchos apreciados compañeros, sin embargo, debo pedirles un último es fuerzo para finiquitar esta lucha –Avanzó entre las filas mirándolos a cada uno con firmeza y autoridad–. Frente a nosotros está el navío insignia de los esclavistas del desierto, y dentro de él se encuentra nuestro objetivo, el sabio, por el cual la familia Black del Reino de Evenns nos va a pagar una fortuna. ¿Quieren saber cuál es el precio de ese sujeto y por qué decidí tomarme tres meses para capturarlo?

    Todos asintieron con gran curiosidad y emoción pues ya con antelación les advertía que era una suma increíble.

    –Esos nobles dementes y corruptos nos van a pagar, óiganlo bien, ¡75,000 denares por el sabio!

    Un grito animado fue exclamado por cada miembro entre risas, algunos golpes y sombreros que volaron por los aires. Hasta que el vigía desde la cima del mástil llamó.

    –¡Capitán están a tiro, 80 metros! –Avisó aquel hombre portador de un catalejo.

    –Perfecto –Sonrió Athorn–. ¡A sus posiciones, todos, no quiero errores! sé que no tengo que decirlo, ¡Pero quiero ese barco inutilizado ya!

    A la orden del capitán todos los hombres tomaron sus posiciones para iniciar el ataque. Lo primero era aminorar el avance de la nave enemiga, la cual era más pequeña que el Calavera Sangrienta. Un largo cañón situado en la proa sobre cubierta era el iniciador de la táctica. La recamara fue llenada de polvos negros traídos de oriente, luego se cargaron dentro decenas de abrojos de hierro terriblemente afilados. Al grito de “Fuego” el arma detonó disparando cual tormenta los metales en su interior. El objetivo eran las velas del barco enemigo las cuales fueron destrozadas por los abrojos desgarrándola e inutilizándolas. Y claro, algunos marineros enemigos resultaron heridos ante la andanada afilada.

    Con las velas desgarradas el barco enemigo perdió el impulso de los vientos casi al instante. Ahora el poderoso e imponente Calavera sangrienta se acerca a su objetivo lo suficiente para usar sus segundas armas y paralizar el barco por completo.

    Bajo cubierta en la proa del barco se ubican dos cañones más, estos más largos y estilizados que disparan otra clase de proyectil. El grito de “Fuego” es la orden para que detonen disparando dos enormes arpones que atraviesan el casco enemigo y se aferran cual canchos a la estructura, acto seguido por la borde del barco pirata son arrojadas dos anclas que están conectadas a los arpones por enormes y pesadas cadenas de hierro. Con esto no hay forma que el barco esclavista pueda siquiera moverse pues quedó anclado al fondo del mar sacudiéndose estrepitosamente. No fue difícil para los Tiburones Rojos emparejar su nave a la del enemigo y un solo grito enardeció a la tripulación al ver a sus adversarios cara a cara preparados para defenderse, aunque inundados por el terror de la vista de los sanguinarios piratas.

    –¡Al abordaje! –Se escuchó una y otra vez sin cesar entre los bandidos del oceano.

    Los monstruos del mar comenzaron a saltar de un barco a otro, con una agilidad envidiable, otros ocuparon cuerdas para arrojarse sobre las velas enemigas y atacar desde arriba. Estos guerreros del mar carecen completamente de armadura o protección alguna, la mayoría solo visten pantalones y chalecos de tela, sus armas no son de calidad entre sables, hachas, martillos, cuchillos, mazas y ganchos. ¿Cómo una parda de bandidos puede lidiar contra una compañía de esclavistas? Sencillo, su salvajismo no parangón y la mayoría cuentan con mucha experiencia en escaramuzas.

    Los esclavistas, hombres fuertes y mejor armados con lanzas de hierro, sables y escudos de mimbre hacían lo que podían contra las acometidas de los piratas, no obstante, no estaban preparados para un combate tan irregular y la clara desventaja numérica. Las lanzas son esquivadas por los agiles piratas que con un gancho jalan el escudo de mimbre para abrir la defensa y apuñalar una y otra vez, es lo que se necesita para matar a los mercenarios. La sangre no tardó en recorrer la madera del barco entre algunos miembros amputados, pedazos de piel arrancados y gritos de agonía, emoción y terror.

    –Te veo en el puente –Dijo Athorn a la oficial. Sin decir nada el capitán se quitó la gabardina y arrojó por la borda sumergiéndose las aguas Gaskas.

    –Sí, mi capitán –Sonrió tomando la gabardina de ese hombre, para luego olfatearla con anhelo y frotarla contra su rostro. Tomó sus hachas de mano y arrojándose gallarda al combate saltando al otro barco fácilmente.

    –¿Te perdiste, niña o eres la putita de estos bandidos? ¿Tienes miedo? –Se rio uno de los esclavistas, claramente un oficial por su mejor armamento.

    Los mercenarios creyeron que esa única mujer seria pan comido e incluso bromearon sobre ella, craso error les haría ver la oficial. Uno de ellos arremetió con una estocada de lanza, ella solo se agachó desviando la lanza con una hacha y con la otra le cortaba la pierna a la altura del tobillo pues el escudo no cubría esa zona, el hombre asustado y herido cayó al suelo gritando, miro a su enemiga para luego recibir un hachazo certero en la garganta.

    Otro la atacó por la espalda con un sable, ella reaccionó al verlo de reojo agachándose para esquivar el corte, él hombre hostiga con un ataque vertical pero ella rueda por el suelo evitándolo, el sable se clava en la madera del barco, la oficial sonríe, sabe que ese sujeto está muerto ya. Lo patea en el pecho con fuerza elijándolo de su arma, las hachas se mueven y él trata de detenerla con su propio brazo lo que solo causa que se lo amputen, la otra hacha se movió horizontal abriéndolo el vientre de forma visceral.

    El rostro de princesa de la oficial es manchado por la sangre enemiga en todo su esplendor. Dos hombres quedan frente a ella y son ellos quienes tiemblan ante esa sanguinaria mujer ahora.

    –¿Que pasó, putitas? ¿Me tienen miedo? –Se burló ella agitando sus armas.

    Ambos mercenarios se miraron entre sí por un solo instante, ella aprovechó eso. Arrojó una de sus hachas clavándola en el escudo del de la izquierda, la fuerza lo hizo retroceder, luego saltó sobre el otro pateando su escudo para alejarlo, esquiva la estocada quedando a su lado donde lo golpea con el hacha en el costado lacerándolo violentamente. De reojo ve al otro soldado acercarse con su lanza en alto, ella sonríe y rueda por el suelo esquivando el ataque, el cual termina atravesando a su compañero por el costado. La sorpresa del mercenario es tal que se distrae sin ver a la oficial. Todo terminó con ella arrojando su hacha y clavándola en el cráneo del último enemigo. Ni siquiera fueron capaces de tocarla, así de superior era esa mujer.

    Desde la zona del timón el capitán, junto a sus oficiales, miraba atónito a su tripulación ser masacrada, paralizados de miedo no vieron al capitán Athorn escalar por la popa del barco en silencio hasta subir allí.

    –¡Hola, colega! –Llamó Athorn con su pesada hacha en mano.

    El capitán volvió la mirada dando un salto por la sorpresa, un par de oficiales se colocaron frente a su superior con sus sables para defenderlo.

    –¿Q-que es lo que quieren? Este barco no lleva mercancías ni nada de valor –Alegó el capitán sudando frio ante ese atemorizante sujeto.

    –Claro que sí, de hecho, llevan algo extremadamente valioso, al menos para la familia Black. Entréguenme al sabio y le diré a mis hombres que paren la masacre.

    –¿El sabio? –Replicó sorprendido el capitán–. ¿Cómo saben ustedes que transportamos al sabio? No tienen idea de lo que se meten, ese hombre debe ser llevado de inmediato al Reino Blurgg, es un asunto de la corona vampírica…

    –Sí, bueno, verás yo soy un pirata –Rio con sarcasmo mientras levantaba su mano en dirección a ellos–. Me importa un culo a donde lo llevan, lo quiero.

    –No te voy a entregar nada, maldito pirata de hijo de…

    ¡Lanza del Norte! –Exclamó Athorn.

    Una columna de hielo solido emergió en un instante empalando violentamente a uno de los oficiales, por suerte para ese hombre, lo mató al instante al atravesarle la cabeza. El capitán y los demás oficiales se paralizaron de terror al ver tan brutal escena.

    –E-es u-un c-campeón, un campeón pirata –Dijo uno de ellos soltando su arma y tirándose al suelo en señal de rendición. Otro oficial hizo lo mismo dejando solo al capitán y a uno más de pie.

    –Hombres sabios, seguro han aprendido que cuando tu enemigo es tan fuerte no debes desafiarlo –Agregó Athorn soberbio y con el hacha sobre el hombro–. Dame al sabio, lo repetiré otra vez.

    –Malditos cobardes, levántense y pelean que para eso les pago hijo de perra –Gruñó el capitán pateando con desprecio a sus oficiales rendidos.

    –¡Por Mahand y el Gran Imperio del Desierto! –Gritó el único oficial de pie arrojándose a pelear con el sable en mano.

    Athorn abrió su boca y sopló con fuerza liberando una ventisca gélida que paralizó al valiente soldado por el frio tan repentino, incluso escarcha se creó en la madera del timón. Ese es el Yun, de Athorn: Aliento de la Tundra.

    –¡Tu, tu dios y tu nación se pueden ir al carajo, idiota! –Gritó el Lord pirata agitando su arma con furia cercenando la cabeza de aquel hombre de un solo tajo–. En el mar no hay dioses ni imperios –Finalizó mirando al capitán con enojo–. Me estoy aburriendo y ya casi todos tu hombres están muertos, ¡Dame al puto sabio!

    El capitán enemigo miro sobre su hombro atestiguando la masacre de la que su gente era víctima, luego miró al campeón frente a él, tragándose su orgullo asintió y soltó su arma aceptando la derrota.

    –Así se hace, colega, así se hace –Sonrió victorioso el Lord Pirata–. ¡Oficial! –Exclamó como orden.

    –¡Ratas, basta con la carnicería hemos ganado! –Gritó ella mientras degollaba al último soldado con su hacha.

    La emoción se apoderó de la tripulación, riendo y gritando maldiciones de victoria, todos bañados de rojo carmesí y algunos heridos. Bestias de mar eran llamados por los humillados, vencidos y asustados soldados restantes, por lo menos dos tercios de la tripulación perecieron. Ahora solo quedaba asegurarlos y quizás robarles algo de valor si es que lo tenían, así como rescatar y llevar al barco los cuerpos de los compañeros caídos.

    Athorn junto a su apreciada e inseparable oficial bajaron al interior del barco con el capitán que los guiaría hasta la celda en las que se haya el ansiado objetivo de tan ardua misión, El Sabio del Desierto. Los llevó pues hasta la última celda en el nivel más bajo del barco, donde incluso un poco de agua se filtraba. No era una celda como las otras, esta estaba completamente cerrada y la puerta era de acero sólido.

    –Tanta seguridad para un sabio, no creo que sea alguien tan peligroso –Comentó la oficial.

    –Es un sabio, linda, esa gente alberga secretos y trucos por centenas, la seguridad nunca está de más –Respondió Athorn esperado que abrieran la puerta.

    –Dicen que no fue fácil capturarlo, desconozco si es peligroso, solo se nos ordenó tenerlo encerrado durante todo el viaje –Comentó el capitán–. Saben que esto es algo demasiado peligroso incluso para piratas, este barco debía llegar a las costas de Blurgg la próxima semana…

    –¡Cállate el hocico perro, son asuntos nuestros! –Discutió la oficial golpeando al hombre en la cabeza–. No hablas si mi capitán no te lo permite.

    –Tan linda como siempre –Rio Athorn acariciando el cabello de ella y alborotándolo un poco.

    La puerta se abrió ante ellos dejando ver el interior de la celda. El lugar era básicamente una caja de acero sólido y en el centro una silla de metal pegada al suelo, sentado en ella, el sabio. Ataviado con una túnica gris, sucia y roída, descalzo y hediondo debido al aislamiento, contenido por grilletes en manos y tobillos, así como cadenas que lo aseguran a la silla, lo más impresionante es la máscara de hierro que lleva sobre la cabeza, de manera que no puede ver, oír u hablar y apenas puede respirar.

    –Carajo, a ustedes les gustan los juegos rudos –Dijo Athorn arqueando la ceja–. Más te vale que sea el sabio –Advirtió al capitán tomándolo por el cuello.

    –S-se lo aseguro, señor él es el sabio.

    –Bien –Una gran sonrisa se dibujó en su rostro mientras caminaba hacia aquel hombre mirándolo a detalle, viendo en él una fortuna y un futuro–. Envuélvanlo que me lo llevo.

    Tan rápido como inició todo terminó. Los piratas se llevaron al sabio a su barco, robaron lo que pudieron, luego soltaron al barco enemigo cortando las cadenas de los arpones y avanzaron hacia el horizonte, perdiéndose en la inmensidad del océano. En el timón el capitán mismo dirigía la nave con dirección al puerto más cercano, aun en su rostro se enarbola la sonrisa con al que vió al sabio.

    –Capitán, el sabio está asegurado en la celda, puse a cuatro hombres para que lo vigilaran –Informó la oficial acercándose a su superior–. Aunque admito que ese sujeto es demasiado raro, no dice ni hace nada, solo se deja llevar, vaya, no ha hecho un solo ruido.

    –Estoy feliz, oficial –Interrumpió Athorn con la mirada perdida en el horizonte–. Estoy terriblemente feliz, creo que no me había sentido así en mucho tiempo.

    –Sí, puedo notarlo, señor, y me alegra mucho verlo así –La oficial, amiga muy cercana de Athorn entendía lo que él estaba pensando y sintiendo, era como llegar al final de un largo viaje.

    –Fijaré el rumbo hacia Bahía Paraíso, allí haremos el trato con el representante de la familia Black que nos dará nuestra fortuna a cambio del sabio.

    Dejó el timón en manos de otro hombre trazando el curso, estaba ya por retirarse pero decidió acercarse a la oficial para susurrarle algo.

    Las horas pasaron rápidamente en el mar, a pesar de que su navío era veloz surcando las aguas el puerto al que se dirigen aún está a varios días de distancia. Para la noche la luz de la luna es lo único que ilumina el inmenso y poderoso océano el cual se presentaba calmo acompañado de una brisa refrescante. A Estas horas la mayoría de los miembros de la tripulación retozaban plácidamente bajo cubierta, algunos heridos debido al combate. Solo el vigía, el timonel y un puñado de piratas seguían despiertos vigilando la calma, entre ellos la oficial. La morena tenía permiso de descansar, era la oficial primera, la mano derecha del capitán, tiene más libertades, aun así deambulaba por la cubierta con dirección al camarote del antes mencionado.

    –¿Señor? –Llamó ella ingresando en la habitación.

    El lugar era iluminado cálidamente por un candelabro en el techo y otros en las paredes. El escritorio en el centro, estantes y libreros a los lados, un bello y gran tapete oriental adorna el suelo. El lugar estaba en silencio hasta que la puerta del baño se abrió y de allí salió Athorn Gakovid, semidesnudo solo vistiendo su pantalón. Aquel hombre era un pirata pero no por ello carecía de atractivo, todo lo contrario, es bastante a puesto debido a sus facciones rudas y su físico atlético donde destacan sus perfectos abdominales y brazos musculosos, a pesar de su larga barba y cabellera su torso carece de vello.

    –Tranquila Elif, puedes dejar los formalismos por ahora –Dijo él con un tono suave y coqueto mientras se acercaba al escritorio y donde hay botella de vino–. Prefiero que seamos más sinceros cuando estamos solos, más si es en una noche tan hermosa.

    –¿Y esto? –Respondió llevando sus verdes ojos al hombre presente ante ella, devorándolo con la mirada, denotándolo al morderse el labio inferior–. Juraría que dijiste “Nada de perversiones mientras estemos en altamar”

    –Sí, lo dije –Sirvió dos copas de aquel licor–. Pero sabes que suelo contradecirme ocasionalmente. Además hoy no es una noche cualquiera, linda –Se acercó y le dio la copa–. Hoy es la noche.

    –Realmente te puso de humor capturar al sabio, Athorn, hace años que no te veía tan animado –Tomo la copa y sin meditación dio un gran trago–. Delicioso. ¿por qué me pediste que viniera a esta hora?

    –Por qué solo contigo puedo celebrar sin inhibiciones esta victoria –Da un trago a la copa y luego rellena las dos–. Para todos los demás miembros de la tripulación esto no es más que un robo donde ganar dinero, pero tú sabes perfectamente que esto es el principio de algo más grande para mí.

    –Claro que lo sé, ¿pero crees que el dinero será suficiente después de repartirlo entre todos?.

    –Elif, mi querida primer oficial –Tomó suavemente su rostro–. No llegué al puesto de Lord Pirata abusando y defraudando a mi tripulación. Esta larga misión a través del Gasko no ha sido fácil. Iniciamos hace meses con una fuerte y numerosa tripulación, ochenta bestias de mar vinimos y en cada escaramuza hemos perdido compañeros –Suspiró alejándose de ella para mirar al mar mediante el enorme ventanal en la parte posterior del camarote–. Hoy solo quedamos cuarenta, Elif –Dijo con pesar e incluso decepción–. Nunca me enorgulleceré de perder hombres, sin embargo, es algo que se debe afrontar y mi ley jamás será omitida bajo ninguna circunstancia –Volvió la mirada a la morena junto a él–. El botín se reparte a partes iguales entre todos los miembros de la tripulación, incluidos el capitán y la oficial.

    –Aprendiste muy bien como ser un capitán respetable –Susurró ella agachando la mirada, luego bebió del vino en su copa–. Aun así, ¿Crees que con nuestra parte será suficiente para tu venganza?

    –¿Nuestra parte? –Cuestionó Athorn–. Tú no tienes que invertir tu dinero en mi venganza.

    –¿Tú venganza? –Alegó arqueando la ceja–. Por favor Athorn, crees que me voy a quedar en este barco por meses esperando a que vuelvas de cumplirla, claro que no idiota, yo voy contigo a donde sea no me importa que sea una montaña o un desierto, tu y yo siempre debemos estar junto. Después de años escuchándote hablar de esa venganza y lo que harías, tus planes para conseguir dinero y todo eso, ¿crees que me lo voy a perder?

    Finalizó cruzándose de brazos con su seria pero cautivadora mirada. Athorn solo guardó silencio, mirándola fijamente a los ojos, perdido en ese verde perfecto con el que brillan sus orbes.

    –¿Existe en este mundo mujer más perfecta que la dama frente a mí? –Fue la respuesta del capitán sonriendo de lado cautivado por sus palabras y belleza.

    –Ya vas a empezar con tu poesía barata… –objetó rodando los ojos y desviando la mirada.

    –No la hay –Intervino él acercándose rápidamente a ella, tomándola con firmeza por la cintura para acerarla rodeándola con su fuerte brazo–. Quién fuera un barco para naufragar en lo más profundo de tu mirada y perderse eternamente en tus hermosos ojos, pues a pesar de la condena se viviría feliz.

    Sin más la besó. Sus labios se unieron en una danza de necesidad, deseo y sabor a vino, ella no se negó o sorprendió, no sería la primera vez. A los pocos segundos se separaron solo unos centímetros juntando sus frentes, jadeando ambos con los ojos cerrados.

    –Hijo de perra, sabes cuánto me encanta ese jodido vino –Dijo ella lamiéndose los labio y también lamiendo los de él también.

    –El vino se muere de envidia al verte, porque tus labios son más dulce y…

    –Déjate de estupideces –Interrumpió llevando su mano a la entrepierna de Athorn tomando con un poco de fuerza su miembro hasta hacerlo gemir–. No soy una de las putas con las que te acuestas, yo soy tu verdadera mujer, idiota. La única que te hace volverte loco de verdad y sabe cómo complacerte, la que decide cuando y donde coges –Se acercó para morderle la oreja–. Mi capitán.

    –Joder, porque me excitas tanto cuando eres así de ruda. –Jadeo sonriendo encendido al sentir esa ruda mano femenina en sus genitales y la mordida lo hizo temblar.

    La oficial sabia como complacer a Athorn, lo que le gusta y como le gusta. Con su mano estimulaba el ya duro miembro del capitán quien se limitaba a disfrutar y suspirar con los ojos cerrados. No tardó el hombre en iniciar sus juegos llevando sus manos a la retaguardia de Elif apretando y amasando sus duros y redondos glúteos.

    –El capitán está emocionado –Susurró ella sonriendo complacida–. Hazlo más fuerte.

    Se separó de él por un momento, mismo que él aprovechó para quitarse el pantalón y quedar completamente desnudo ante su amante. Mostraba su virilidad ante ella, envidiable, firme y de tamaño intimidante para alguna inocente, no para la oficial.

    –Y pensar que todos los Urgik eran así –Halagó la mujer hipnotizada–. Sus mujeres jamás les eran infieles.

    –Por algo los Urgik somos una raza superior, Elif. Y solo un hombre superior puede satisfacer a una mujer como tú Presumió Athorn acercándose a ella hasta acorralarla contra el escritorio–. Quítate la ropa o te la arranco.

    Al instante la blusa blanca abandonó el cuerpo de la fémina junto a sus pantalones y botas quedando envuelta solo por su ropa interior de color blanca. Antes que ella pudiera seguir Athorn la tomó con firmeza dándole vuelta e inclinándola sobre la mesa, su carnoso trasero fue víctima de un azote de la mano del capitán que le arrancó un gemido alto.

    –Hijo de perra –Alegó después intentando parecer enojada, el rubor en sus mejillas decía lo contrario.

    –Esto es tu culpa por volverme loco –Se aferró a ella y con las manos apretó sus tetas mientras besaba su cuello con vehemencia.

    –Sí, sí, rudo, ¡Se mi maldito Urgik salvaje! –Suspiraba sonriendo ante las toscas caricias de aquel hombre.

    Con la mano en la espalda de ella la puso contra la mesa y con la otra le bajó las bragas de un solo movimiento, añadiendo otra nalgada en sus glúteos para hacerla chillar una vez más.

    –A qué esperas, Athorn, hazlo ya, te quiero dentro –Ordenó enloquecida mirándole sobre el hombro mientras sacudía provocativa sus caderas.

    –¿Así? –Sonrió lúbrico por sus palabras.

    Quiso jugar con ella, hacerla suplicar ser fornicada. No la complació penetrándola prefirió frotar su pene entre los húmedos labios haciéndola mojarse aún más, calentándola para que perdiera la cordura y sobre todo para desesperarla. Son su endurecido falo de carne podía abarcar todo el órgano de su amante y culminar con su punta en el sensible clítoris, estimulándolo.

    –T-te odio cuando haces e-eso, maldito hombre –Alegó con la voz entrecortada por los jadeos al tiempo que arañaba la mesa–. ¡Hazlo ya!

    –¿Así le habla a tu capitán? –Insistió haciendo más lento y tortuoso el movimiento.

    –¡Me voy a correr, maldita sea! –Advirtió apretando los ojos y tratando de cerrar las piernas, que solo causo que el pene del capitán se apretara entre sus genitales rozándose más–… ¡Por favor capitán, cójame ya, por favor!

    El deseo pudo más que el orgullo, esas eran las palabras que Athorn esperaba. La liberó de su sometimiento para tomarla por las caderas y penetrarla en un solo movimiento clavando en su sensible intimidad toda su dura espada llegando tan profundo como pudo. El grito de dolor y placer pudo ser demasiado alto, de no ser porque él le tapó la boca a tiempo. Con ese salvaje movimiento la hizo llegar a su orgasmo.

    –Uno a cero, Elif, gano la primera ronda de la noche –Rio soltándola y sin moverse en su interior para permitirle tomar aire.

    –T-te odio –balbuceaba agitada y temblando. Se deshizo de su sostén para quedar completamente desnuda–. P-pero esto aún no termina, idiota –Hecho su cabello para atrás, separó un poco las piernas y levantó más sus caderas.

    Era una seudo competencia el sexo entre estos dos, cada uno pugnaba por hacer correr al otro. No hizo falta que Athorn hiciera algo pues Elif inició la ronda moviendo sus cadera de adelante hacia atrás lento pero fuerte clavándose ella misma en la estaca de carne. Los gemidos no se hicieron esperar por voz de la mujer, aun con todas las noches juntos no podía acostumbrarse del todo a él, por otro lado el hombre respiraba acelerado mordiendo su labio para no jadear y es que esos movimientos enloquecen a cualquiera.

    –Sí, así te gusta, ¿verdad? Te gusta que yo me m-mueva sobre tu pene –Decía mientras con una mano estimulaba sus erectos pezones y con la otra su clítoris para aumentar el goce.

    –Me encanta verte hacerlo, me vuelves loco, Elif. Tu interior es lo mejor que hay en este mundo.

    –Perro degenerado –Rio, entre gemidos. Entonces sus sensuales movimientos se tornaron más fuertes y rápidos, meneando sus caderas en círculos arrancando gemidos a su amante–. P-pero haz… ¡Dios!... Haz olvidado algo de esta competencia nuestra, Athorn.

    –¿A-así, que cosa? –Cerró los ojos levantando la mirada ante ese éxtasis de placer. Apretando las nalgas de ellas con sus manos.

    –Q-que yo puedo correrme tantas veces como quiera y tú solo una, por eso siempre gano –Apoyó sus codos en la mesa para afianzarse mejor y moverse más fuerte. Hasta que él la detuvo tomándola por la cintura–. E-eso es trampa…

    En un solo movimiento se salió de ella, la giró recostándola en la mesa boca arriba, quedando ella con sus piernas sobre los hombros del capitán. La mirada de Athorn se volvió seria y lujuriosa, las bromas quedaban de lado en este momento, solo había cabida para el placer.

    –Me encanta perder –Enunció segundo antes de penetrarla otra vez arrancándole un grito.

    Ahora el capitán dirige el acto, cuando ella lo hace él disfruta, ahora ella es la victima del deseo de su pareja. Salvajes embestidas son las armas que arrancan gritos, gemidos y maldiciones a la morena. No tardó la fémina en alcanzar su segundo orgasmo, sin embargo, él no se detuvo y aumento la velocidad de su bombeó para hacerla berrear pues esos alardeos cargados de gozo eran el combustible de la lujuria de Athorn. Tal era de salvaje el acto que entre los gritos de ella y jadeos de él había un coro obsceno de carnes chocando, la pelvis del hombre y el trasero de la mujer.

    Ella buscó abrir las piernas, colocándolas a los lados de la cadera de él, para jalarlo de la barba hacia abajo y poder besarlo. Quizás había amor, era la base de lo que pasaba, no obstante el beso era pura lujuria más bien es una danza entre sus lengua dentro de la boca de él, siendo la de ella la que ganaba.

    Sus cuerpos tenían voluntad propia, las piernas de él eran la base del movimiento, sus manos la abrazaban con firmeza pegándola a su cuerpo, las piernas de ella se aferraban alrededor del torso masculino para no alejarse ante las embestidas, una de sus manos acariciaba la larga cabellera negra del capitán y la otra le arañaba la espalda.

    Cual agua en el fuego ambos estaban hirviendo por la pasión, y como el agua debían llegar a un punto de ebullición llamado orgasmo. Las uñas de Elif se clavaron en la piel de Athorn y se aferraron a su cabello mientras ocultaba su cara en el cuello y contenía el grito volviéndolo un gemido muy agudo mientras impregnaba con su esencia a su pareja. Para evitar complicaciones, el capitán sacó su pene segundos antes para correrse sobre su vientre vertiendo en ella toda su caliente semilla. Todo quedó en silencio por unos segundos pues ambos trataban de recuperar el aliento sin soltarse.

    –¿Gané? –Preguntó ella con débil voz.

    –Siempre ganas, preciosa –Respondió riendo agitado.

    –Qué bueno, porque me siento agotada…

    –¿Quién dijo que ya terminó? La luna sigue en el cielo, cariño –Advirtió mordiéndole la oreja y besando su cuello.

    –…Dios mío, maldito Urgik –Tembló aferrándose a él–. Un día de estos me vas a matar.

    Y así como el capitán dijo esto solo fue el comienzo de una larga, y salvaje, noche de liberación sexual. Sería difícil calcular cual fue el marcador final, solo se puede decir que ambos acabaron fulminados pero muy satisfechos.

    02 de marzo del año 1120. Océano Gasko.

    Amanece y los rayos del sol inundan el camarote del capitán. La cama estaba perfectamente ubicada junto al ventanal, permitiendo que la luz natural iluminara vivaz el camarote. Ambos amantes yacían desnudos y abrazados entre la sabana, húmedas de sudor y otros fluidos, a pesar de estar despiertos desde hace un rato no tenían intenciones de separarse de esa calidez que se daban mutuamente.

    –¿Entonces cuando nos paguen por entregar al sabio comenzaras a reclutar gente para tu venganza? –Preguntó ella mientras acariciaba el pecho de Athorn.

    –Primero tendré que recolectar mucha información, han pasado años desde que estuve en el reino de Evenns salvo las veces que tocábamos puerto para vender mercancías. Estoy seguro que mucho ha cambiado desde aquellos años.

    –Por lo que sé, declarar la guerra a una de las familias es algo muy grave son poderosas e influyentes.

    –Lo sé, sin embargo, algo que recuerdo bien que mi madre me enseñó es que las familias nunca se ayudan entre sí, su envidia y egoísmo es tal que no les molesta ver a otro caer en desgracia, me aprovecharé de eso –Sonrió mirando por la ventana el gran cielo. Las blancas nubes le hacían recordar el cabello de su progenitora todos los días–. Que blanco más hermoso –Musitó para sí mismo.

    –Entiendo. Aun así, una familia no será fácil de vencer, seguro tienen campeones fuertes en sus filas y soldados a su servicio que los defenderán a capa y es espada –Agregó ella mirándolo con cierta preocupación.

    –Lo sé, Elif. He pasado mi vida pensando en esto, en como regresaría a Evenns con mucho dinero y hombres para aplastar a esos maldito, me he entrenado por años para ser tan poderoso como pueda serlo para poder hacer frente a sus campeones. Mi Conteo de Energía arrojó 10,000pe, estoy en la elite, creo que puedo hacerles frente. Además te tengo a ti para masacrar a los soldados convencionales –La miró con una enorme sonrisa, besando su frente–. Ya me imagino verte cubierta de sangre y con decenas de soldados a tus pies.

    –Idiota –Rio halagada. Se movió colocándose sobre él–. Sabes que estaré a tu lado, Athorn, así vayas al mismo infierno me bañaré con la sangre de ángeles negros si debo hacerlo. Y como tal iré contigo en esta misión, te ayudaré a cortar la cabeza de tus enemigos.

    –No puedo pedir una compañera y amante perfecta, porque ya la tengo –Llevó sus manos la cintura de ella acariciándola y deleitándose con ese fino e hipnótico rostro de ojos esmeralda, claro, acariciando sus suaves pechos–. Esos malditos pagaran caro por haber traicionado y exterminado a mi pueblo.

    –Merecen todo lo que les haremos, merecen ahogarse en su propia sangre. Con mis hachas contaré la piel de todas las doncellas de la familia, un corte sobre cada una por cada azote que le dieron a tu madre en aquella plaza.

    –Cien –Sentenció con rencor en la mirada–. Cien cortes harás en sus débiles pieles, sus carnes recibirán el castigo de mi pobre madre, pero no les daré el gusto de morir rápido. Los voy a torturar a todos de las formas más bestias que pueda imaginar. Convertiré a las mujeres de la familia en las zorras de los peores bandidos que encuentre, mutilaré a los hombres frente a los padres mientras animales comen de sus cuerpos. Pero al líder, a ese hijo de puta que traicionó a mi padre, lo arrastraré con ganchos al infierno y su cabeza adornará el mascaron de mi barco.

    –¡Seremos la perdición de esos malditos, Athorn!

    –Ya anhelo quemar su puta mansión y ciudad. Los mataré a todos, no quedará un solo ser con su asqueroso apellido en este mundo, exterminaré a los Adevane.

    Continuara…

    (Ending: Nemesis – Arch Enemy)
     
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