Digimon Hopeless [Oneshot]

Tema en 'Fanfics de Anime y Manga' iniciado por Nienor, 1 Mayo 2010.

  1.  
    Nienor

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    Hopeless [Oneshot]
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    Hopeless [Digimon]

    Ah, no sé qué es esto. Supongo que una consecuencia de la falta de sueño, exceso de estrés y humor melancólico. Ahí está, no espero nada con él.

    Título: Hopeless
    Serie: Digimon 01/02
    Pareja: Fraternal Takeru/Yamato o TK/Matt (fraternal o como quieran verlo.). Implícito Taito.
    Summary: En una fracción de tiempo desee que este fuera como aquel mundo y que mi fe sola pudiera sanarte. Infantil, lo sé.
    Advertencias. No está beteado, me hago cargo de los errores que pueda contener y del exceso de parloteo, también.
    Clasificación: K+
    Palabras: 835 o algo parecido a eso.

    Hopeless

    Al final; aquella sonrisa tuya logró darme coraje y la fuerza necesaria para cumplir, aquel brío que nunca supe apreciar hasta que lo hube perdido. Pero, ¿Acaso pretendías que yo lo imaginase?

    Nunca creí que pudieses albergar tanta templanza y refrenar el miedo en una delicada sonrisa que significaba nada y demasiadas cosas al mismo tiempo. Cuando las palabras cortaron el silencio del nosocomio con la terrífica sentencia, no te quebraste. En el momento en que Mimi y Yolei rompieron a llorar sonoramente y Kari pugnó por no imitarlas, jamás caíste en la típica desesperación de quien lo ha perdido todo. Les sonreíste tratando de calmarlas, mirándonos a cada uno en repetitivos roces invisibles, casi jurándonos que todo iba a salir bien al final.

    Por primera vez en mucho tiempo, nuestros padres zanjaron sus diferencias para ayudarte; mamá se abrazo a tu cuello musitando miles de disculpas que nada podrían hacer. Te hería verla así, lo sé, pero nunca te permitiste demostrar lo que realmente rasgaba tu voz; le sonreíste aún, alegando que no importaba ya y que no la odiabas en absoluto. Papá se limitó a contemplarte desde su lugar, mudo; supongo que no me creerías si te contara que lo escuché suplicar a algún ser omnipotente que no te arrancase de nuestro lado.

    La esperanza es lo mío, sí. Mas el crecer me había enseñado bien que el creer en un milagro a la larga terminaría hiriendo con mayor profundidad. Pese a ello, en un segundo quise esperar que sucediese; en una fracción de tiempo desee que este fuera como aquel mundo y que mi fe sola pudiera sanarte. Infantil, lo sé.

    A pesar de las diarias visitas e innumerables arranques de culpa, ni una sola vez perdiste las frases dulces de consuelo, cual mantra extraño al que sólo tú hallabas sentido verdadero. Sora fue la última, junto con Tai. Recuerdo perfectamente su mirada perdida y el rostro destrozado en gemidos ausentes, ella te amaba aún, ahora, y es muy probable que no vaya a superarlo pronto. ¿Qué le dijiste entonces, qué términos gentiles susurraron tus labios con el propósito de no entristecerla? No lo sé, no me dejaste permanecer allí pero, no es justo culparte por eso.

    Ya sabía bien la razón de lo extremo en su agonía. Miles de ruegos podrían fluir de su boca antes que correspondieses aquellos sentimientos, no podías.

    Taichi, Tai. Le dedicaste tus últimas caricias, las promesas infundadas desconocidas por cualquiera además de mí. Largo tiempo transcurría antes que nuestro valeroso líder accediera a dejarte, era casi doloroso. Yo no me daba licencia de demostrar mi desasosiego, pero Tai tenía permitido manifestar su pesar cada día y a cada hora. Ambos habríamos de extrañarte de igual forma, únicamente él podría jactarse de haber distinguido al menos una muestra de afecto palpable de tu parte.

    No quería estar allí. El aroma a estéril nublaba el resto de mis extenuados sentidos impidiéndome respirar con normalidad; rechazando mis esfuerzos, el pitido molesto del cuarto llevaba a mis ojos llanto imposible de ser vertido. Me imploraste miles de veces que no derramase una sola lágrima por ti, instándome a sonreír siempre y ser feliz. ¿Cómo pretendías garantizar de esa forma mi dicha? Tu promesa de estar siempre conmigo se rompía a pedazos, sin nada a mano con qué repararlos.

    ‘Te quiero, hermanito. No te preocupes por mí.’

    Lo juraste. Me prometiste estar siempre conmigo, acunarme cuando me sintiese vacío y confortarme cuando más te necesitase. Supongo que recordarlo implicaría muchas cosas, entre ellas un remordimiento injusto que no pensaba hacerte pasar. Te aseguré que cuidaría bien de los otros y evitaría decir algo a Gabumon hasta que el momento llegara. Supongo que no puedes soportar el despedirte de él ahora.

    La energía escapaba de tus manos, no encontraba ya razones para negar tu evidente deterioro. Una o dos horas diarias eran tu límite para hablar conmigo, velaba tu sueño tomando fuertemente tu mano y repitiendo incesante que estaría allí hasta que tu corazón dejase de latir. Nuestros amigos parecían preparados para ello, papá y mamá anhelaban que tu sufrimiento cesase y si era aquel el modo...

    ‘Es lo mejor, TK. Ya no hay otra manera.’

    A pesar de todo, sonreías. La palabra final en esa tarde de junio no pudo derrumbar la débil fortaleza sostenida por obligación. Y mi universo caía despedazado ante tus ojos cerrándose: las promesas fútiles de Taichi, la culpa marcada a fuego en mamá, miradas y gestos atribulados. ¿Cómo lo supiste? Nunca podré entenderlo por completo. Últimamente no charlabas demasiado y me pareció extraño que te esforzases en despertar sólo para repetir que me querías.

    Suspiraste, perdiendo la sonrisa. Al comprender, gemí en silencio sin consentir en gritar por ayuda. También te quiero, respondí entre sollozos, consciente que en este momento lo sabrías ya a la perfección.

    E imito aquella bien amada sonrisa, dejando fallecer allí lo que resta de esperanza. No puedo ni deseo aferrarme a la triste ilusión de un nuevo encuentro.

    Adiós.’
     
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