Explícito de Pokémon - Gen Bersérk: Plegaria

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Velvet, 19 Mayo 2019.

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  1. Threadmarks: Prólogo: Deseo Impulsivo
     
    Velvet

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    2014
    Gen Bersérk


    Oh, gran Señor de los Cielos,
    concédenos nuestros deseos.
    Pues grande es tu misericordia,
    así como justa es tu Sentencia.
    [​IMG]

    Prólogo: Deseo Impulsivo.


    [1/4]
    —¿Vas a intentar capturarlo?

    —Aún no lo he decidido.

    Cruzándose de brazos, la chica del gorro escarlata se quedó observándolo con una expresión condescendiente, casi burlona. La nieve se acumulaba en el techo de la galería a las afueras del Centro Pokémon, el único lugar de Ciudad Snowbelle donde uno podía quedarse en el exterior por más de cinco minutos sin morirse de una hipotermia.

    Sin embargo, a su vecina de Vaniville no parecía importarle en lo más mínimo el clima. Sintió un leve escalofrío al ver sus piernas y brazos completamente descubiertos. ¿Acaso no tenía frío?

    —¿Qué pasa? —preguntó, un tanto molesto al percatarse de su mirada.

    —No sabía que el Campeón de Kalos era un cobarde, eso es todo— replicó con mordacidad—. Yo sólo te digo: si tardas mucho en tomar una decisión, quizás alguien se te adelante…

    —No estoy siendo un cobarde. Y sabes muy bien por qué no quiero hacerlo. Wulfric sólo quiere que lo dejemos en paz.

    El líder se los había dicho. En la Villa Pokémon al sur de la ciudad, pasando la ruta 20 y aquel condenado bosque, se encontraba una extraña bestia. Escondida en una cueva, su único deseo el de vivir en tranquilidad.

    “La mayoría de los Pokémon que viven aquí son fugitivos – escaparon de gente que los trataba de una manera horrible. Algunos de ellos, sin embargo… son tan increíblemente fuertes que incluso ellos mismos se percataron de que no había lugar en el mundo exterior para ellos.”

    —Es sólo que no creo que tu compañía sea algo perjudicial para él. Ella también es una bestia, y sin embargo no la veo muy infeliz estando bajo tu cuidado. ¿Cuánto más vas a entrenarla?

    Ambos miraron hacia el campo de batalla en el patio trasero. Uno de sus Pokémon practicaba sus ataques de fuego con una potencia tan temible que mantenía el ambiente entero despejado de nieve . Frente a ella, su oponente no paraba de transformarse continuamente frente a sus ojos.

    —No he visto ningún progreso en sus ataques en varias semanas. Realmente creo que hemos alcanzado el límite de sus capacidades. ¿Tú crees…?

    —Definitivamente —lo interrumpió ella sin dudarlo—. Ha estado en esa cueva desde nuestra carrera por las medallas, y tú no te has detenido ni un instante desde el primer día.

    Mewtwo no tiene ninguna oportunidad frente a ustedes.



    [2/4]
    El reflejo de la luna se asomaba por la ventana de su habitación. Solo y en silencio, sujetaba la Pokéball de su miembro más fuerte del equipo. Sólo tenía que atravesar el bosque y entrar en aquella pequeña gruta al oeste de la villa. Pero había algo en su interior que se lo impedía. Deseaba hablar con Wulfric para finalmente tomar una decisión, pero no había encontrado ni un rastro del líder en toda la semana que se había pasado estancado en Snowbelle. Era casi como si el destino lo estuviera obligando a tomar la decisión por su cuenta.

    Capturarlo. No capturarlo. ¿Cuál era la mejor opción? No hacerlo era la opción moralmente correcta, respetando la opinión de Wulfric. Sin embargo, atraparlo significaría una adición increíble a la fuerza de su equipo. Había tratado de convencerse de que iba a dejarlo tranquilo, pero las palabras de Serena no paraban de resonarle en su cabeza.

    Si no lo atrapaba él, alguien más lo haría. Y los rumores de que un extraño Pokémon se encontraba escondido más allá de los Bosques Errantes habían comenzado a filtrarse lentamente: las súbitas emergencias en el Centro Pokémon eran la clara prueba de ello.

    Golpeó la esfera contra su frente un par de veces, juntando el coraje para hacerlo. Y finalmente se levantó. En medio de la noche y con la luz de su Pokémon como única guía, se adentró en el bosque. Era curioso como el frío de la ciudad parecía desaparecer en el mismo momento en que se alejaba de ella. Quizás el mismo Wulfric mantenía la ciudad helada con sus Pokémon, para así espantar a los entrenadores de aventurarse demasiado hacia el sur.

    Había algo inquietante en aquel lugar. La última vez que había tenido esa sensación había sido en la arboleda al sur de Ciudad Laverre. Sin embargo, en aquella ocasión el ambiente tenebroso era el atractivo del lugar, junto con la casa encantada.

    Las llamas de Fuego Fatuo de su Pokémon no ayudaban a tranquilizarlo. Volando sobre sus cabezas de una forma un tanto espeluznante, ambos avanzaban de forma lenta pero segura por el laberíntico follaje. Y en un último giro hacia el oeste, un enorme claro se abrió frente a sus ojos.

    La Villa Pokémon no era tan inquietante como el bosque, pero aún así la ausencia de sus habitantes mantenía a ambos atentos hasta al más mínimo sonido. Pasando una pequeña colina hacia el norte, se encontraba la pequeña gruta en la que supuestamente Mewtwo descansaba.

    —Mantente alerta, chica —masculló, mientras se asomaba con suma lentitud en la entrada.

    Realmente deberían haber venido de día. Pensó que quizás sorprenderlo en medio de la noche haría que sus movimientos sean un poco más torpes.

    Qué equivocado que estaba.




    [3/4]
    Lo único que alcanzo a divisar fue un par de ojos brillando en la oscuridad, acercándose a una velocidad demencial en dirección a su cara, antes de que saliera volando hacia un lado con una fuerza irresistible.

    Trató de darle una orden a su Pokémon, pero la caída le cortó la respiración. El resplandor de la luna le permitía ver todo con claridad. Rodando cuesta abajo, ella había interceptado a Mewtwo, el cual trataba de zafarse desesperadamente para abalanzarse sobre él.

    La única razón por la cual aquel monstruo no lo había matado era por los reflejos de su compañera, y el hecho de que ambos eran capaces de contrarrestar la fuerza psíquica del otro. Mewtwo no estaba actuando de una forma natural. Parecía un monstruo feral, casi salvaje, lo que se contradecía con todo lo que le había contado el líder acerca de él.

    Sus manos se cerraron rápidamente sobre las pequeñas esferas en sus bolsillos. Mewtwo había ido directamente por él, el entrenador, lo que significaba que sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Sin embargo, acercarse demasiado a él sólo lograría que terminara dentro de una Ultraball.

    —¡Ven aquí, bastardo! — gritó con todas sus fuerzas, colocándose detrás de uno de los basureros que se encontraban desperdigados por toda la villa.

    El efecto fue inmediato. El rostro de Mewtwo se contorsionó con violencia, para acto seguido empujar a su Pokémon con una mano de tres dedos y lanzarse en línea recta hacia él. Ni siquiera trató de esquivar la esfera que chocó contra su cuerpo, pero sus movimientos eran tan rápidos que alcanzó a ver aquella mirada diábolica asomarse encima del basurero antes de transformarse en energía de color rojizo.

    Apenas alcanzó a darle un suspiro: la Ultraball ni siquiera se agitó una vez. Mewtwo reapareció con un chillido que agitó los árboles más cercanos, mandando a volar el basurero con una sacudida de su mano. Para el momento en que se encontró descubierto, su plan ya había funcionado.

    Una estrella llameante de cinco puntas chocó contra la espalda de la bestia, mandándole a volar por encima de él. Apuntándolo con su varita y plantada en posición de ataque, los ojos de su compañera ardían de odio.

    Podían hacerlo.

    Había agotado de forma rutinaria el stock de Ultraballs que llegaban todos los días a Snowbelle. Calculaba que tendría casi un centenar a estas alturas. Pero a pesar de eso, las esferas seguían quebrándose ante la voluntad de Mewtwo.

    Podía ser “increíblemente fuerte”, pero también era increíblemente predecible. ¿Qué estaba pasando? Los movimientos de su Pokémon acertaban uno tras otro, pues Mewtwo seguía empecinado en enfocarse en él y no en la verdadera amenaza.

    —Sigue atacando: ya no tiene escapatoria.

    Y en cada Ultraball menos, una Llamarada más impactaba contra su cuerpo. Sus movimientos eran cada vez más lentos. Sus chillidos eran cada vez más débiles, mientras retrocedía cada vez más hacia el interior de la gruta. Pero incluso así, acorralado y hasta el último aliento, Mewtwo se rehusó a ser capturado. Cubierto de quemaduras y completamente agotado de energía, la bestia cayó para no volver a levantarse.

    Una última Ultraball rebotó contra su cuerpo tumbado en el suelo.
    Pero ésta no pareció detectar ninguna criatura.



    [4/4]
    —No hubo nada que pudiéramos hacer, Arya: era él o nosotros. No te preocupes, hiciste un gran trabajo.

    Se mordió el labio con preocupación, mientras rociaba una Hiperpoción sobre su compañera para calmar el dolor de sus heridas. Existían sólo dos ocasiones por las cuales una Pokéball no capturaría a su objetivo. Una era si ese Pokémon ya tenía dueño. La segunda… si estaba muerto.

    No se sentía particularmente feliz por haber sido capaz de derrotar al Pokémon más fuerte de Kalos. Eso sólo probaba que su teoría era cierta: la líder de su equipo había alcanzado su máximo potencial como especie. Retrocedió hacia el exterior de la Cueva Desconocida, sin quitarle los ojos de encima a Mewtwo. Pero en el momento que uno de sus pies tocó el exterior, toda luz se desvaneció.

    “Oh sí, qué idea tan genial: ¡lo han matado! ¿Qué rayos vamos a hacer ahora?”

    Era como el Destello de un Pokémon, pero con oscuridad en lugar de luz. No podía ver nada, pues era como encontrarse en el vacío mismo. Y para empeorarlo, aquellas voces apenas podían oírse. Trató de forcejear y gritar, pero nada sucedió.

    “No me mires a mí, culpa a esa maldita Delphox.”

    “¿Me hiciste tomar la forma de esa humana para esto? Tenía un Absol: a estas alturas ya se debe haber percatado de lo que estaba pasando.”

    “No hay nada que podamos hacer: ambos sabíamos que eventualmente se convertiría en la presa. Aunque ya que está aquí, deberíamos darle al humano otra utilidad.”

    Estaban hablando de él. ¿De quién más sería, sino? Se sentía como si estuviera quedado atrapado dentro de una Zona Mágica de su compañera. Apenas alcanzó a sentir una brisa, y un escalofrío le corrió por el cuerpo al sentir como aquellas voces cuchicheaban junto a su oído.

    “Todos aman al nuevo Campeón de Kalos. El salvador de su amada región.”

    “Aquel que logró eliminar a la amenaza más fuerte. El Pokémon más odiado por la humanidad”.

    Había sido un accidente: nunca quiso acabar con su vida. ¡Sólo quería salvarlo!. Ojalá hubiera podido pensar eso. Pero en el fondo de su ser, no lograba apaciguar la profunda decepción de no poder tenerlo para su propio beneficio. Incluso antes de que su vecina lo convenciera, él ya se había decidido... Espera un segundo, ¿no acababa de decir-?

    “Quizás tú deberías conocer el infierno en el que se había convertido su vida. Después de todo, no resultaste ser un monstruo muy distinto a él. La única diferencia…

    ...es que él nunca lo hizo por poder.”
     
    Última edición: 23 Mayo 2019
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    Tengo la ligera sospecha de que esto será como tierra de osos, pero miles de veces mas jodido para el prota :x
     
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  3. Threadmarks: Capítulo 1: En la Oscuridad
     
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    Gen Bersérk


    Creyentes, tengan fe en el poder del Señor,
    pues su fuerza jamás nos abandonará.
    Danos el poder para vengar a nuestros seres queridos,
    de los monstruos que tratan de perturbar la paz.


    [​IMG]

    Capítulo 1
    : En la Oscuridad.



    [1/3]
    La oscuridad se hacía cada vez más profunda. Podía moverse, pero se sentía caer cada vez más en aquel vacío. Un mínimo destello se veía a lo lejos, cada vez más diminuto. Trató de gritar una vez más, pero intentarlo sólo ocasiono que su boca se llenara de… líquido. Se encontraba bajo el agua. Si no se movía, iba a terminar ahogado. Moviendo los brazos y piernas con desesperación, se impulsó hacia arriba, en dirección a la luz. La cabeza le dolía cada vez más a medida que pasaban los segundos, sumados a la desesperación de sentir que no iba a llegar a tiempo. Y finalmente, rompió la superficie del agua con su cabeza.

    La primera bocanada de aire se sintió como si su alma misma le estuviera volviendo al cuerpo. Cegado por la fuerte luz del Sol y con el corazón latiéndole con violencia en los oídos, nadó en dirección a las olas, buscando sujetarse de algo con desesperación. Su mano se cerró sobre una saliente de madera seca a la cual arrimó su cuerpo entero, para acto seguido elevarse sobre ella con una facilidad sorprendente. Quedó tumbado sobre la madera, tosiendo agua por todos lados y recuperando el ritmo cardíaco. Escuchó gritos, acompañados del retumbar de numerosas pisadas en la madera: imaginó que sería gente desconocida tratando de ayudarlo. Pero más de cinco minutos pasaron sin que nadie le preguntara si estaba bien.

    Se llevó una mano entumecida al pecho, revisando los latidos de su corazón: estaba helado y completamente empapado de pies a cabeza. Recostado en lo que parecía una especie de puente, se sujetó a uno de los barrotes para ponerse de pie: algo lo tiraba un poco hacia atrás, por lo que se apoyó sobre la barandilla para respirar.

    Tres dedos enormes y temblorosos se aferraban a la madera. Mewtwo le devolvía la mirada desde el agua. Su enorme cola violácea cambiaba completamente el centro de gravedad de su cuerpo, haciéndolo perder el equilibrio.

    —No puede ser...

    Se echó hacia atrás, incrédulo, sólo para tropezar con su propia cola y aterrizar en la madera de vuelta. No sólo se lastimó la espalda al caer estrepitosamente: también sintió una punzada en su larga cola al ser pisada accidentalmente. Era real. No estaba soñando. Hace tan solo unos segundos se encontraba luchando contra aquel en el que ahora se había convertido, y lo único que recordaba era un par de voces casi burlándose de él.

    Mewtwo era un Pokémon peligroso y temido, pero nunca habia descubierto el por qué, además de los rumores acerca de su poder extraordinario. Y sinceramente, no quería averiguarlo. Al frente suyo, alcanzaba a verse la entrada a una cueva, llena de escombros y guijarros producto de un derrumbe. Corrió torpemente sobre el puente hasta llegar al borde norte y giró hacia el sur sobre la costa hasta llegar a la entrada. Debía esconderse hasta que pudiera tranquilizarse y pensar con claridad: si algún entrenador lo atacaba en ese estado, el desenlace sería el mismo que en la Villa Pokémon.

    Quitó las piedras de la entrada con apuro, sin percatarse de que muchas de ellas salían volando sin que él las llegara a tocar. E incluso a pesar de su aspecto humanoide, la flexibilidad de su nuevo cuerpo le permitió escabullirse dentro en el momento en que hubo un orificio lo suficientemente grande. Tropezando contra la montaña de tierra y piedras que había en el interior, se desplomó sobre la fría superficie de la cueva. Allí estaría a salvo.




    [2/3]
    Probó más de una docena de ideas para comprobar que se encontraba en un sueño, que todo era falso, desde pellizcarse hasta hundir la cabeza en agua helada: ninguna funcionó. Sus ojos se acostumbraron sorprendentemente rápido a la oscuridad, permitiéndole ver el interior de la gruta. Se trataba de una estancia sumamente pequeña, del tamaño de su habitación. Hacia el fondo de la misma, un lago subterráneo se extendía hasta más allá de su horizonte de visión. La cueva se encontraba en un estado deplorable.

    ¿Cómo lograría volver? Aquel lugar no se parecía a Kalos en absoluto, y la gente del puente, además de extranjeros, habían huido aterrados de él. Se apoyó contra la pared de roca viva, desesperanzado. Jamás debería haber ido a los Bosques Errantes. Si no fuera por Serena…

    No. Esa no era su vecina. La había escuchado claramente, a una de esas voces decírselo a la otra de una forma muy descarada. Lo habían tomado como un idiota. Pero incluso así, ¿qué podría hacer? Apoyó la cabeza contra las rocas hasta encontrar un lugar donde no se lastimase al apoyarse, y cerró los ojos. Si tan sólo fuera un sueño, se despertaría en el Centro Pokémon de Snowbelle. Y jamás se acercaría a aquella maldita Villa Pokémon…

    —¡Ack!

    Abrió los ojos inmediatamente. Algo se movía en el piso, arrastrándose de una forma asquerosa y tratando de escapar de su campo de visión al percatarse de que estaba despierto. Adormecido, trató de levantarse rápidamente, solo para tropezar inmediatamente y caer una vez más al piso. A través de la pequeña rendija de luz por la cual él había ingresado a la cueva, alcanzó a ver una figura rosada escaparse al exterior.

    Pensó que se había chocado contra su cola una vez más, pero no sentía ese extraño dolor al final de su espina dorsal. Observando con detenimiento el suelo, levantó un objeto bastante liviano, el cual apuntó contra la luz exterior. Era una manzana. Un Ditto le había llevado una manzana.

    No se sentía realmente hambriento, pero aun así la llevó al fondo de la cueva para lavarla. No era capaz de distinguir los colores en la oscuridad, pero a juzgar por la dureza de la piel, parecía una buena fruta. Le dio un mordisco, dubitativo, y su boca se llenó de un sabor dulce y un poco ácido. No era la manzana más deliciosa del mundo, pero para ser un regalo de un Pokémon desconocido era más que suficiente. ¿Y si le traían algo más?

    Caminó lentamente hacia la entrada (tenía que aprender a caminar con esa cola gigantesca urgentemente), apoyándose contra las paredes hasta llegar al montón de piedras. Si algo iba a ayudarlo a aprender a coordinar ese cuerpo, iba a ser un poco de esfuerzo. Se agachó, percatándose de que las articulaciones de sus rodillas se encontraban invertidas, y utilizó la cola para no caerse hacia atrás. Tomando una roca de aspecto pequeño, la lanzó al otro lado de la cueva. A pesar de no ser una tarea muy complicada, le tomó al menos un par de minutos hacerlo con la lentitud suficiente como para entender cómo debía moverse para no irse al piso.

    Tenía un largo trabajo por delante.




    [3/3]
    La entrada a la cueva parecía un espacio pequeño, sin embargo el derrumbe que había sufrido hacía su tarea mucho más complicada de lo que parecía: sin nada mejor que hacer, pasó la mayoría del día quitando rocas y removiendo escombros. Para el momento en que se dio por vencido, el hueco por el cual se había escabullido era lo suficientemente grande como para que cualquier Pokémon de tamaño mediano pudiera entrar, pero lo suficientemente alto como para que sea molesto de escalar desde afuera. Un entrenador tendría que ser sencillamente idiota para meterse de cabeza en una cueva desconocida, con peligro de derrumbe y sumamente estrecha. Agotado, tomó un poco más de agua y se sentó para descansar.

    Para el momento en el que se despertó, varias horas después, la imagen era increíble. Una pequeña montaña de alimentos se encontraba junto a sus pies, y no eran precisamente manzanas. Bayas de decenas de colores brillaban frente a sus ojos. Trozos de carne de aspecto extrañamente apetitoso descansaban encima de ellas, para no ensuciarse de tierra. Y numerosos objetos adornaban en semicírculo aquel festín para que las frutas no se esparcieran y pudieran apilarse unas encima de otras: desde vitaminas, piedras evolutivas e incluso objetos de curación para entrenadores. ¿De dónde diablos habían sacado tantas cosas?

    Pero incluso ante los ojos de aquella espectacular bienvenida… no había ningún Pokémon a la vista. Estirándose, tomó una baya. Probablemente los Pokémon también estaban aterrorizados de él, al igual que la gente que había huido en el puente. Era mucho más jugosa que la manzana de ayer. Ojalá pudiera convencer a alguno de ellos de quedarse con él: era bastante solitario estar escondido ahí dentro. Debía encontrar una forma de cocinar esa carne y calentarse. La próxima vez, no dudaría en decírselos, en especial si volvía a ver al Ditto que se le había acercado por primera vez. ¿Pero cómo diablos iba a encender un fuego ahí adentro?

    Necesitaría madera, o leña, o carbón… y algo con que encenderlo, pero incluso aunque contara con los materiales, jamás había hecho un fuego por su cuenta. Desde el primer día había contado con su Fennekin para encargarse de ello. No había pasado ni un día, y ya extrañaba tener a Arya a su lado. Estaba seguro de que ella siempre haría compañía, ya fuera humano, Pokémon o un maldito extraterrestre.

    Se levantó con un poco más de gracilidad que el día anterior, tratando de desperezarse y para combatir un poco el frío. Ya un poco más acostumbrado a su cola, empezaba a notar los beneficios que le otorgaba tener una. No sólo lo ayudaba a mantener el equilibrio, sino que podría actuar perfectamente como una tercera pierna, ayudándolo a volver a poner los pies en la tierra en caso de que perdiera estabilidad. La punta de la misma era extrañamente gruesa en comparación con el resto, por lo que pensó que podría usarla como última medida para derribar a sus oponentes si necesitaba escapar.

    Tenía que probarlo para asegurarse. Colocándose en posición, giró rápidamente sobre su eje, dejando que el resto de su cuerpo fuera arrastrado por el envión. Un golpe sordo le indicó que había tenido éxito, pero el tintineo de la montaña de víveres volando en todas direcciones le hizo maldecir en voz alta.

    —¿Has oído algo?

    La voz lo dejó helado. Se agachó en sus cuatro patas instintivamente, mientras observaba horrorizado como la pequeña entrada de luz era obstaculizada por una cabeza, que miraba al interior con curiosidad. Sin mover ni un músculo, cerró los ojos, esperando que aquel entrenador no lo viera.

    —No lo sé, amigo: me parece que son puras patrañas.

    —Tú no estabas allí cuando llegaron al Centro Pokémon: estaban pálidos del terror. Puede que no esté aquí dentro, pero estoy seguro que Mewtwo ha vuelto a Kanto.

    Estaba en Kanto. Sólo había escuchado un poco de esa región, pero no tenía idea de qué tan lejos se encontraba de Kalos. Ya no podía seguir conteniendo la respiración. ¿Qué diablos haría si decidían entrar? Y en el último segundo, sintió cómo la luz volvía a iluminarle el rostro.

    —Incluso aunque estuviera ahí, uno tendría que estar loco para entrar a la Cueva Celeste. Oí que la gente que entra aquí jamás regresa a la ciudad.

    —¡Y y-yo escuché que Mewtwo se come a los humanos! En serio, vámonos de aquí: no creo que hayan bloqueado la entrada por diversión exactamente.

    El dúo comenzó a alejarse, permitiéndole respirar con tranquilidad una vez más. No estaba a salvo ahí adentro. Lo único que necesitaba era un entrenador lo suficientemente valiente como para no creerse las patrañas y los rumores de la gente, y él sería historia. Aunque también podría dejarse capturar y estaría a salvo, ¿verdad?

    Su combate contra el verdadero Mewtwo aún estaba en su mente. ¿Por qué no se había dejado capturar, estando tan herido? Quizás temía ser capturado y utilizado. ¿Y si a lo mejor no era capaz de ser capturado? Su experiencia como entrenador le había dicho que continuara atacando y lanzando Ultraballs. Pero quizás Mewtwo no estaba rompiendo las esferas por voluntad propia. A lo mejor sí lo había matado a sangre fría… y ese era su castigo.

    Apesadumbrado, miró hacia el interior de la cueva: qué desastre había ocasionado. Se pasó casi quince minutos juntando cada baya, cada diminuta pastilla de vitamina de vuelta en su frasco, deprimido y sin saber realmente qué hacer. Al parecer el antiguo Mewtwo provenía de Kanto, pero Wulfric jamás se lo había dicho. ¿Desde aquí había huido? ¿De verdad la gente de este lugar lo odiaba tanto?

    La respuesta no se hizo esperar: una terrible explosión se sintió en las afueras de la Cueva Celeste. La obstrucción de la entrada voló en todas direcciones, arrojando trozos de piedras por doquier y levantando una polvareda que no le dejaba ver a su enemigo. Lo único que alcanzó a notar fue un calor impresionante, mientras la nube de tierra se teñía de un color rojo anaranjado.

    Una sola frase anuló todos sus pensamientos. Y no era precisamente su voz la que sentía en el interior de su cabeza, sino la del Pokémon que lo apuntaba directamente a los ojos con una extraña varita de madera. Una criatura horriblemente familiar.

    “Por fin te encuentro, monstruo. Es hora de que mueras de una vez.”
     
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    Hay wey, ¿ahora lo anda cazando su propio pokemon? Me lleva la...
     
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  5. Threadmarks: Capítulo 2: Plegaria
     
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    Gen Bersérk


    Al final de nuestro largo camino,
    Sólo nos espera nuestro Señor.
    En el nombre del Padre y del Hijo,
    harán caer la luz del Juicio Final.



    [​IMG]

    Capítulo 2
    : Plegaria.



    [1/2]
    No tuvo tiempo a decir ni una palabra. Apenas alcanzó a alzar ambas manos en señal de alto antes de que una Llamarada impactara contra él con una fuerza demencial. Sus pies se despegaron del suelo de la cueva para aterrizar en el pequeño lago a sus espaldas.

    El dolor de las quemaduras se aplacaron rápidamente gracias al contacto con agua helada, pero la adrenalina que corría por su cuerpo en esos momentos hacía que el dolor fuera nulo. ¿Cómo? ¿Cómo lo había encontrado? ¿Qué diablos hacía Arya en Kanto? Trató de nadar hacia la superficie, pero sus brazos no le respondieron. Lentamente, se sintió elevarse en el agua hasta quedar flotando a un palmo de la misma.

    Los ojos de su Delphox brillaban con un odio profundo. La misma mirada de odio que le había dirigido a Mewtwo en la Villa Pokémon, luego de que éste tratara de atacarlo. Sujetando su varita con la misma determinación, ni un ápice de duda en sus extremidades mientras se acercaba lentamente, pateando el ocasional objeto en medio de su camino. Sólo había sentido sus pensamientos al comienzo, pero esta vez abrió las fauces. Los extraños sonidos que siempre había escuchado en su compañera durante sus años de aventuras cobraron sentido en su cabeza: seguramente existía algo en los cerebros de los Pokémon que le permitían entenderse entre sí, pero estaba demasiado aterrado para dejarse sorprender por el hecho de que era capaz de entender sus palabras.

    —¿Sabes quién soy, verdad? —comentó en voz baja. Esforzándose por tomar aire, no contestó, y eso solo logró que la fuerza psíquica mediante la cual lo sujetaba lo aplastara con más presión—. ¡Contesta!

    Tosió un poco de agua. La cueva brillaba con la fuerza de una docena de llamas de Fuego Fatuo, las mismas que había utilizado en los Bosques Errantes. Era él quién le había enseñado a usar ese truco para iluminar el camino, debido a la persistencia de las llamas azuladas. No había duda de ello. Se trataba de su Pokémon. Lo único que salió de su boca fue su nombre, “Arya”. Y la única respuesta fue otra Llamarada que explotó contra su cuerpo.

    —No te atrevas a usar el nombre que mi Maestro me dio, ¡bicho inmundo! —espetó, mientras su cuerpo ardía de dolor, ahora sin poder tocar la helada oscuridad bajo sus pies—. Di tus últimas palabras, cobarde; y que nuestro Creador se apiade de tu alma.

    Era el fin. Inesperado. Violento. Aterrador. Su Delphox siempre había sido un Pokémon bastante noble: estaba seguro de que una Llamarada enfocada directamente a su cabeza alcanzaría para reventársela como si se tratara de la calabaza de un espantapájaros. Ojalá le hubiera dado tiempo al menos para saber que se trataba de él, o siquiera de explicarle por qué lo estaba matando.

    No quería morir. Pero si hubiera tenido la posibilidad de elegir como irse, una muerte piadosa a manos de su Pokémon más querido probablemente hubiera sido una de las mejores alternativas. Era un pensamiento tan melodramático que le dio risa de sólo pensarlo. ¿Realmente ese iba a ser lo último en lo que pensaría antes de abandonar este mundo?

    Sonrió con tristeza, mirándola directamente a los ojos. Estaba tan orgulloso de su compañera. No solamente una, sino dos veces, había jugado con uno de los Pokémon más poderosos del mundo como si se tratara de un muñeco de trapo. Ojalá pudiera saber lo espantosamente genial que se veía en ese momento.

    Cuídate mucho, chica.”
    Cerró los ojos. Cómo había quemado esas asquerosas telarañas del Gimnasio de Viola como un Fennekin. Su espectacular desempeño como un Braixen frente al Sylveon de Valerie, y su aplastante victoria contra el Gardevoir de Diantha. No había hecho más que acumular victorias bajo su cuidado, con una mezcla férrea de obediencia y tenacidad que no pudo replicar en ninguno de los otros miembros de su equipo. Ya no había nada más que él pudiera darle para mejorar sus capacidades. Y esto era el adiós.

    “…”

    No sintió el calor, no sintió la luz de ningún movimiento. ¿Seguía vivo, o el ataque había sido tan sorpresivo que…? Alzó la cabeza, para encontrarse a Arya todavía parada frente a él. Su expresión se había relajado un poco, pero la atadura psíquica seguía más fuerte que nunca.

    —¿Cuál es mi nombre?

    —Arya.

    Su Delphox dio un par de pasos hacia adelante, sin bajar la guardia. Ladeó un poco la cabeza, frunciendo el ceño. Las llamas de Fuego Fatuo se acercaron a un movimiento de su varita, rodeándolo completamente.

    —¿Sabes por qué estoy aquí?

    —No—respondió con sinceridad—. Arya, no sé q-

    Trató de deslizar un par de palabras más en su respuesta, pero su voz se convirtió en un aullido de dolor al sentir cómo su cuerpo se aplastaba aún más. Su compañera estaba tan cerca de él que podía sentir su respiración. Apuntó con su varita hacia su garganta, clavándosela con fuerza.

    —¿Sabes por qué mi Entrenador me dio este nombre?

    —Porque significa “noble diosa” en…

    —¿Cuándo conocí a mi Maestro por primera vez?— lo interrumpió automáticamente.

    —El Profesor Sycam…

    Con cada respuesta, sus ataduras se aflojaban un poco. Sus pies tocaron la superficie del lago, aliviando un poco el dolor de sus quemaduras.

    —¿Cuál era el Pokémon más fuerte de la chica que lo seguía a todas partes?

    —Un Absol. Ella también tenía una meg-

    —¿Qué hacía todas las mañanas durante sus últimos días en la Ciudad Helada?

    —Compraba todas las Ultraballs que llegaban a primera hora. Antes de que abriera la tienda.

    —Qué…

    Arya retrocedió un par de pasos. Y por primera vez desde que la había visto evolucionar en un Delphox, el brazo con el que sujetaba la varita comenzó a temblar. Ella también pareció percatarse de ello, porque tuvo que reafirmar su pulso con la otra mano. Bajó la mirada, un tanto abochornada. Y con un hilo de voz, formuló la última pregunta:

    —¿Qué le hice a m-mi Maestro, cuando decidió recostarse b-bajo la sombra de los arces en la Ciudad d-de las Hadas?

    —Le pintaste la cara… con tinta permanente.

    “Y no tienes la menor idea lo que me costó quitármela, chica.”



    [2/2]
    Entre el centenar de objetos sueltos que había esparcidos en la Cueva Celeste, había varios frascos de plástico con picos rociadores descartables. Diversos líquidos de colores descansaban en su interior, de los cuales él recordaba haber utilizado casi todos. Amarillos para el envenenamiento, rojizos para combatir el frío, y azules para las quemaduras.

    —¿Te había dicho alguna vez lo aterradora que te ves cuando estás enojada?

    Sin decir una palabra, su Delphox rociaba diligentemente el Antiquemar en su cuerpo. Parecía demasiado preocupada para seguir una conversación. El líquido le escocía como mil demonios, pero hizo lo que pudo para aguantárselo. Aún tenía demasiadas preguntas en su mente.

    —¿Cómo supiste dónde estaba? —preguntó, aunque sólo recibió silencio a modo de respuesta—. Arya, ¿qué te pasa? ¡Chica!

    Su compañera levantó la vista: parecía a punto de echarse a llorar. Para tranquilizarla un poco, le dio un par de palmadas en la cabeza. Su nuevo cuerpo hacía que fuera más alto que ella. Estaba tan alterada que apenas podía hablar.

    —¿Cómo es que… cómo…?

    —Eso es lo que quisiera saber yo. ¿Qué pasó exactamente en la Villa Pokémon? Matamos a Mewtwo, pero luego todo se volvió blanco, y de repente aparecí aquí. ¿Cómo me encontraste tan rápido? ¿Y por qué tratabas de matarme?

    Arya no respondió inmediatamente. Sus palabras parecieron dejarla más confundida que nunca. Dejando caer el líquido para quemaduras, se colocó de espaldas a él, en dirección al agua.

    —Te vi morir al frente de mí, Maestro Kalm. Mewtwo… te atacó antes de que tuviéramos una oportunidad de reaccionar. No fui lo suficientemente rápida. No pude salvar a mi Entrenador. Lo perseguimos durante días hasta llegar aquí. Pero ahora tú… quizás debería irme.

    Su historia no tenía ni pies ni cabeza. Mewtwo no lo había matado, ¿de qué estaba hablando? ¿Qué persecución, qué muerte? ¿Qué diablos estaba pasando? Se llevó una mano a la cabeza, más perdido que antes. Y al levantar la mirada, su Delphox tenía más de la mitad de cuerpo en el agua.

    —¿¡Qué estás haciendo!? ¡Sal de ahí! —gritó, pero no obtuvo respuesta—. ¡Arya, ven aquí! Te… ¡te lo ordeno! —gritó con desesperación.

    Milagrosamente, se detuvo. Y lentamente, empezó a caminar de vuelta a la orilla. Estaba furioso consigo mismo. ¿Por qué rayos tenía que ser tan dramática? ¡Su Pokémon había salido exactamente igual que él!

    —Yo… dejé que murieras. Y luego traté de matarte. ¡Mi propio Entrenador! ¡Aquel que me cuidó desde que era una cría, que me tr-!

    —¡Cálmate! —gritó, sacudiéndola de los hombros—. ¿No lo ves? No es normal, nada de esto es normal: ¡alguien está jugando con nosotros! Mewtwo no me mató, y tú tampoco lo hiciste. Sigo aquí, y si aún crees que estoy tratando de engañarte, puedo seguir respondiendo cada una de tus preguntas hasta que descubramos qué rayos pasó y cómo puedo recuperar mi cuerpo, ¿entendido? ¿¡Entendido, sí o no!?

    La estaba retando como un padre luego de que su hija cruzara la calle sin mirar para los lados. Enojado, pero a la vez aliviado de tenerla al lado otra vez. Muda de la impresión, sólo alcanzó a asentir con la cabeza.

    —No me interesa que pienses que eres una traidora por tratar de matarme, o que te sientas culpable por haberme dejado morir, o todas esas tonterías que estás diciendo. Viniste hasta aquí, y eso es lo que importa. Mírate, estás empapada. Sécate.

    —Lo siento… —susurró, acercando las llamas de Fuego Fatuo a su falda.

    —Necesito que seas firme. Eres mi Pokémon más fuerte, y no tengo idea de cómo usar los poderes de este cuerpo.

    —Tienes razón… sí. ¡Tienes razón! —se reafirmó a sí misma, apretando los puños—. Podría enseñarte cómo rezar, pero antes que nada...

    Corrió con premura hacia la entrada, levantando polvo por todos lados a su paso. Tenía que hacer de esta cueva un lugar aceptable si iban a quedarse allí de ahora en adelante. Y pensar que había tardado todo un día en quitar un puñado de piedras, sólo para que ella las hiciera estallar en un instante.

    —Diles que está vivo. Y junta a los que puedas.

    "¿Qué? ¿No vas a dejarme verlo?"

    —No. Haz lo que te ordeno.

    Sus voces apenas alcanzaban a oírse. Pensándolo bien, ella había dicho que “lo habían estado persiguiendo”. Corrió a las afueras de la cueva, pero para cuando se asomó al exterior, el repentino cambio de iluminación sólo le permitió ver una criatura alejándose por los aires.

    —¿Quién era ese?

    —Devin— respondió, empujándolo dentro de la cueva con premura—. No deberías salir hasta que sepas defenderte.

    —¿Por qué no me dijiste que estaba ahí afuera? —protestó éste, decepcionado.

    —Hemos estado persiguiendo a un Mewtwo asesino durante semanas, Maestro Kalm. Un monstruo que resultaste ser tú. Él sólo pensaría que estoy loca y trataría de matarte, y tú siempre nos ordenaste no hacernos daño entre nosotros.

    Convocando un par de llamas nuevamente, apartó con una sacudida de su varita el desastre de piedras, comida y objetos curativos a un lado. Lo único que quedó en medio de la sala fue una manzana, muy similar a aquella que le había regalado el Ditto: probablemente era del mismo árbol.

    —Nosotros los Pokémon tenemos dos formas de usar nuestros poderes. Ataques físicos —explicó, dando un zarpazo al aire—, y Artes, lo que ustedes humanos llaman “Ataques Especiales”. Las Artes son la manifestación de nuestra fuerza interna, en forma del elemento que late en nuestro interior. Que en el caso de los Delphox es…

    —Fuego y Psíquico.

    —Algunos Pokémon se especializan en su fuerza física, y otros en el manejo de Artes. Algunos pueden realizar ambos, y algunos no pueden usar Artes en absoluto. Con suficiente aprendizaje, ciertos Pokémon pueden aprender ataques especiales fuera de sus elementos, pero con una menor potencia que aquellos que lo llevan en su interior.

    ¿Para qué le estaba explicando todo eso? Ya lo sabía, era las bases del Entrenamiento Pokémon. “Los ataques de Fuego eran más potentes si los realiza un Pokémon de Fuego” y todo eso. Estaba a punto de interrumpirla, pero ella se le adelantó.

    —Sin embargo, existe una excepción a la regla. Es el caso de las Artes Psíquicas y las Artes Siniestras. Por alguna razón, estas dependen… de nuestra devoción u odio a Nuestro Creador.

    Las voces rezaban por un deseo, imposible de cumplirse.

    Su compañera rezaba por una venganza, en el nombre de su Entrenador.

    Y una manzana se mantenía inmóvil en el piso, esperando su plegaria.

     
    Última edición: 26 Mayo 2019
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  6.  
    La loca de los Gatos

    La loca de los Gatos Maldito calor...

    Aries
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    ¡Uhm! Me encanta este "take", me hace recordar un poco al acto de rezar en el videojuego de Earthbound cuando los protas ya no tienen otra cosa que hacer mas que esperar que ocurra un milagro. Entonces, básicamente los pokemon psíquicos y siniestros son como sacerdotes.
     
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  7.  
    Maze

    Maze Usuario común

    Aries
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    Me tomó menos de lo que esperaba ponerme al corriente con tres caps. En cuanto a mi opinión... normalmente en este momento estaría haciendo chistes idiotas, pero sumado a que mi cabeza es una especie de pasta en este momento, prefiero hablar de lo que he podido notar.

    Primero, y relativo a los primeros dos capítulos, es que se nota un claro upgrade en la narración. En lugar del "claro y al punto" que caracteriza al resto de tus escritos hasta ahora, este se siente más pausado. No diría que dramático, y ciertamente no introspectivo, sino que... se toma su tiempo para respirar, para asimilar la situación que rodea al... tal vez no sea realmente adecuado llamarlo héroe. Y me pareció muy acertado llevarlo así porque, aún si sabemos qué le ocurre a Kalm prácticamente desde el principio, el resto es llevado de forma natural, explorando lo que no sabemos como lectores a partir de lo que él no sabe como víctima de las circunatancias. Este nuevo ritmo me desconcertó al principio porque no parecía que os leyera a vos, o al menos, no a la misma vos que había leído hasta ahora. Y este nuevo matiz en lo que leo hace que quiera leer más de esto y ver qué clase de efectos puedes provocar de esta manera.

    Btw, me gustó el detalle de que el banner se vaya descubriendo poco a poco. Eso significa que serán... ¿siete capítulos? Sylveon, yanmega, cresselia... no sé si lo sean. Also, lo de la orilla me recuerda vagamente a un absol.

    Ah, y el guiño de "chica" a Detective Pekachu me gustó. Actually me agradan datos dos como entrenador y pokémon principal.

    En cuanto a la trama, me causó sentimientos encontrados. Los primeros capítulos me provocaron cierta sensación de familiaridad, y no respecto a Tierra de Osos o Detective Pekachu precisamente con esta cuestión de impersonar humanos o pokémon. Pero en una mirada más profunda, las direcciones son prácticamente opuestas así que el resultado final es más bien refrescante. Para el capítulo 2 ya se empiezan a ver trazos de cómo será la relación entre Kalm y la apu-arya, además de que la narración va recuperando ese matiz conciso... y las implicaciones ominosas a la vuelta de cada esquina. ¿Quiénes pusieron a Kalm en el lugar de Mewtwo? ¿Con qué objeto? ¿Por qué no podía ser capturado? ¿Qué hay detrás de esas versiones distintas del suceso? Uno puede aventurar que las respuestas a estas preguntas no serán particularmente agradables. Mención especial al concepto de artes psíquicas y artes siniestras. Aún estoy tratando de entender por qué funcionan así, pero si la devoción al creador fortalece las psíquicas, desde una perspectiva... algo más mundana, hace sentido que el desprecio (es decir, el ateísmo en cierto modo) sea inmune en consecuencia).

    Por ahora me gusta, y está interesante, en buena parte porque no estoy seguro de qué esperar. De todos modos, estaré dando vueltas por aquí.

    Bring your storm, my Lord.
     
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  8.  
    Edmund Daltonic

    Edmund Daltonic J

    Leo
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    Normalmente me tomo el tiempo para darle una merecida review a las historias que me llaman la atención y terminan por gustarme. Pero en esta ocasión voy a inaugurar mi regreso por estos lares haciendo un breve comentario (sólo del prólogo, que es lo que he leído).
    Me gusta la narrativa. Sutil y directa al grano, una muestra de que no siempre es necesario ahondar demasiado en la descripción, cuando simples palabras o diálogos son más que suficientes para hacerte una idea de lo que sucede.
    Ahora, respecto al "gancho" de la historia... creo que cualquiera que le dedique unos cuantos minutos para pasar de los primeros párrafos se encontrará con una propuesta interesante que merece su tiempo. Y hablando de ello, creo que haré lo mismo para dejarte otro comentario una vez concluya con los capítulos escritos hasta ahora.
    ¡Ciao! Y que siempre mejores.
     
  9.  
    Kuroneko

    Kuroneko Iniciado

    Cáncer
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    NOOOOOO no puede quedar asi ojala que sigas escribiendo porque esta super quiero saber que van a hacer y esta todo muy misterioso y ahora me dejas con las ganas

    Perdon no soy de dejar comentarios tan largos pero este fict esta super
     
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