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Fanfic - Viaje al pasado

Tema en '–Abandonados' iniciado por Erazal, 25 Marzo 2007.

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  1.  
    Erazal

    Erazal Guest

    Título:
    Fanfic - Viaje al pasado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    20
     
    Palabras:
    4311
    Viaje al pasado

    Hola!!! Soy nueva en el foro, y pensé en publicar aquí mis fics. :noentiendo: Les dejo aquí la primera parte, y ustedes me dicen si lo continuo o no :silbar:


    CAPÍTULO 1:

    El grupo caminaba por un sendero montañoso, y como siempre, sus componentes estaban inmersos en su interminable búsqueda de los fragmentos de la joya y de Naraku.
    Inuyasha, como siempre, iba a la cabeza del grupo, siguiendo un rastro que le marcaba su olfato.
    No estaban muy animados.
    Llevaban días siguiendo una pista, y nada, no habían encontrado nada. Comenzaba a ser desesperante, ya que el viaje comenzaba a ser monótono y aburrido. Sólo unas oportunas peleas y algún que otro “siéntate” rompían con esta monotonía.
    Sin embargo, no lo pasaban muy mal. El simple hecho de estar todos juntos, haciendo lo mismo que habían hecho siempre, era sumamente agradable.
    Pronto llegaron junto a un riachuelo, y por petición de las chicas y del pequeño Shippo, se detuvieron a descansar.
    Inuyasha no había puesto reparos, y los demás lo miraron interrogantes.
    El muchacho sólo se encogió de hombros, soltó un “¡Keh!” y dijo:
    - De todas maneras ya está anocheciendo. Acamparemos aquí.
    Los demás enseguida volvieron a lo suyo. Encendieron una fogata en un claro y depositaron sus pertenencias en torno a ella.
    Los chicos estaban sentados al lado del fuego, charlando sobre la ruta a seguir en cuanto amaneciera, cuando la voz de Kagome reclamó su atención:
    - Nosotras vamos a bañarnos al riachuelo, nos llevamos a Shippo.
    A Miroku se le iluminó súbitamente el rostro.
    - Yo podría acompañaros, dos hermosas damas no pueden quedarse solas...
    Calló en cuanto percibió la mirada fulminante de Sango. Si las miradas matasen, ahora él estaría más que muerto.
    - Ni se te ocurra seguirnos o espiarnos, a no ser, claro, que quieras probar el sabor de mi boomerang.
    Miroku se quedó helado. A veces Sango daba verdadero miedo.
    - Mejor que no lo intentes, monje- dijo un aburrido hanyou.
    - Que os quede claro que eso vale para los dos- aseveró Kagome- Sí, también por ti, Inuyasha. No me mires así. Puedo decir “siéntate” todas las veces que quiera.
    Inuyasha se dio de bruces contra el suelo, y ahora parecía algo enfadado.
    - ¿Sabes, Kagome? Deberías tener más cuidado con lo que dices. Todavía no he hecho nada para que me sientes.
    Kagome se quedó momentáneamente estática. Normalmente, Inuyasha se liaba a gritos con ella después de haberlo sentado, y más si lo había hecho sin razón. Esta vez, sin embargo, había hablado con un deje de frialdad en su voz. Se recuperó en seguida, no obstante.
    - Esto ha sido solo una pequeña demostración de lo que os pasaría si os atrevéis a seguirnos- la muchacha habló con severidad, y su voz sonó amenazante. Cuando se volvió para hablar con Sango y Shippo, sin embargo, su voz sonó dulce- Bien, nos vamos. ¡Un baño relajante nos espera!
    Echaron a correr en dirección al riachuelo, y Shippo, antes de seguir a las muchachas, sacó la lengua con gesto burlón a los dos chicos.
    El efecto del hechizo ya había terminado, pero Inuyasha no intentó perseguir a Shippo para pegarle por su descaro. Se incorporó y comenzó a alejarse del claro.
    -¿Eh, adonde se supone que vas? Ya has oído lo que han dicho...- le reprochó Miroku, pero no pudo terminar.
    - No es eso, monje pervertido- cortó Inuyasha, visiblemente molesto- Yo no soy como tú.
    El monje levantó las manos en gesto de disculpa, y luego centró su atención en la fogata que se consumía lentamente frente a sus ojos.


    Inuyasha se alejó bastante del campamento, pero tuvo cuidado de no alejarse demasiado. Entre la espesura, pudo entrever como la última uña de sol se ocultaba en el horizonte. Esperó, sin muchos ánimos, apoyado en un árbol de corteza gruesa y seca, a que el sol desapareciera totalmente del firmamento. Fue entonces cuando su pelo plateado se volvió negro azabache; sus lindas orejas de perro desaparecieron, siendo reemplazadas por unas orejas humanas; sus garras desparecieron, y sus ojos ambarinos pasaron a ser oscuros.
    Levantó las manos y se las miró, con impotencia. Lanzó un suspiro resignado. Nadie sabía como odiaba las noches sin luna.
    Sus amigos no se habían dado cuenta de que esa noche no habría luna, puesto que desde hacía ya algunos días, el cielo había estado siempre muy encapotado, incluso esa noche.
    Alzó la mirada al cielo, para ver, que al igual que los demás días, un manto gris cubría el cielo nocturno sin piedad, impidiendo a sus ojos humanos ver mucho en medio de aquella oscuridad.
    Se sentó en el suelo y apoyó su espalda contra el tronco del árbol.
    No tenía ganas de regresar al campamento con sus amigos, no en esa forma, en la que se sentía tan vulnerable.
    Y menos aún esa noche, precisamente en ese lugar. Sentía que el corazón le hacía daño en el pecho, y sus lágrimas clamaban por salir y deslizarse, suaves y cálidas, por sus mejillas.
    “Malditos sentimientos humanos” maldijo interiormente, con frustración. En su forma hanyou no se habría sentido así, y podría ocultar mucho mejor sus sentimientos que en aquel cuerpo humano se dibujaban nítidamente, como si se tratase de un libro abierto.
    Pero tenía que contenerlos, impedir que sus lágrimas aflorasen. Al fin y al cabo, solo sería durante una noche.
    Haciendo de tripas corazón, se levantó, al principio vacilante, y se dirigió al campamento.



    Kagome y Sango charlaban tranquilamente, sentadas sobre una roca más o menos lisa que había en el riachuelo, mientras Shippo jugaba y chapoteaba, salpicando agua en todas direcciones. A las chicas no les importaba este hecho.
    La temperatura del agua era sumamente agradable, y darse un baño en ese remanso de aguas cristalinas era relajante y gratificante.
    Kagome sentía como el agua fluía a su alrededor, relajando y reparando su cuerpo y su alma de manera amable, curando con su pureza su maltrecho y adolorido cuerpo.
    Sango, a su lado, parecía estar pensando exactamente lo mismo, mientras dejaba escapar un suspiro de alivio y felicidad.
    - Que bien que hayamos encontrado este pequeño paraíso en medio del caos ¿cierto?- inquirió Sango, con los ojos cerrados, para abandonarse a un completo estado de calma y tranquilidad.
    - Sí, es una suerte- afirmó Kagome, no muy animada.
    Su amiga captó un deje de duda y tristeza en el rostro habitualmente alegre de Kagome. Se enderezó completamente y apoyó una mano en el hombro de su amiga, cariñosamente, dándole a entender que ella escucharía todos sus problemas y la ayudaría a solucionarlos si estaba al alcance de su mano, como buena amiga y compañera que era.
    - ¿Qué ocurre? Sabes que puedes confiar en mí- la animó.
    Kagome pareció dudar durante un momento, y Sango no le urgió. No quería presionarla.
    Finalmente, la muchacha del futuro comenzó a hablar, al principio insegura, pero adquiriendo confianza a medida que hablaba.
    - No se si te has dado cuenta... pero, ¿recuerdas cuando senté sin querer a Inuyasha?
    - ¿A cuál de las veces te refieres?- preguntó Sango inocentemente.
    Kagome agachó la cabeza ante esta pregunta, haciendo que varios mechones de cabello azabache ocultasen parcialmente su rostro. Parecía algo dolida, pero también parecía sentirse algo culpable.
    - Sé que soy estúpida porque hago las cosas sin pensar...-murmuró, apenas audiblemente, aún con la cabeza gacha. Se sentía realmente estúpida, además de culpable. El chico no había hecho nada, ¿por qué había tenido que sentarle? Además... la reacción de Inuyasha la dejó helada, haciendo que se incrementase su sentimiento de culpa, haciendo que apareciese una preocupación.
    - No me refería a eso- se apresuró en corregirse Sango, al ver la reacción de su amiga. No había dicho eso con tal intención.- Me refiero a que... Bueno, muchas veces se lo merece, y otras, sencillamente...¡Oye! No puedes pasarte toda la vida intentando controlarte al hablar, cualquiera puede cometer un error.
    Kagome alzó lentamente la cabeza, no muy convencida. No creía que lo que hacía tuviese excusa. Prefirió dejar sus sentimientos a un lado, y comentarle lo que tenía intención de explicarle, no otra cosa.
    - Bueno... Volviendo al tema de antes. Cuando senté a Inuyasha justo antes de venir al río... no gritó como lo hace siempre. ¿No... no notaste ese tono en su voz?- preguntó Kagome, temerosa.
    Sango la miró algo aturdida, y luego comprendió.
    - ¿A... a qué tono de voz te refieres?- preguntó cautelosamente. También ella lo había notado, pero no le había dado mayor importancia. En cambio, para su amiga, ese era un tema muy delicado.
    Kagome apartó la mirada, y de pronto parecía absorta en mirar su reflejo en el agua. Tragó saliva, una, dos, tres veces. Luego volvió a clavar su mirada en la de Sango.
    - Su voz sonó... fría- explicó. Su voz tembló ligeramente cuando pronunció la última palabra.
    Sango la miró apenada.
    - Quizás solo esté enfadado por algo- comentó, no muy convencida de sí misma.
    Kagome centró su mirada en el pequeño Shippo, que ahora intentaba pescar una carpa con sus manos desnudas.
    - ¿Tú crees? ¿No será más bien... qué al final ha elegido a Kikyo?- la muchacha retuvo las lágrimas que luchaban por salir, sin mucho éxito- Quizás piensa que soy tonta, y teniendo a una mujer como Kikyo...
    - ¡No digas estupideces!- cortó Sango, de pronto enfadada. Luego se calmó, y volvió a hablar, esta vez sin alzar la voz- Aunque no lo admita, se ve a la legua que te quiere. Como te he dicho antes, quizás haya algo que le molestó, o esta enfadado por alguna razón. ¡Sólo Kami sabe en que piensa ese cabezota!
    - Sí, puede que tengas razón. Pero... ¿y si no es así?- preguntó Kagome tristemente.
    - ¡Claro que es así! Anda, no le des más vueltas a este asunto, o te volverás loca intentando entenderle.
    - Gracias, Sango- dijo Kagome, algo más animada.
    - No hay nada que agradecer.- sonrió Sango.


    Miroku esperaba pacientemente el regreso de las chicas, con las manos alzadas ante el fuego, para entrar en calor.
    Escuchó unos pasos que se acercaban lentamente hacia él. Se giró en la dirección de la cual provenía el sonido y pudo ver como la figura de Inuyasha emergía de entre las sombras.
    El monje volvió a centrar su atención en el fuego en cuanto le reconoció, mucho más tranquilo.
    - Ah, Inuyasha, menos mal que eres tú. Las chicas y Shippo aún no han vuelto, y lo cierto es que comenzaba a preocuparme. ¿Por qué no vamos a asegurarnos de que están bien?
    - Ni lo pienses, monje- respondió la voz de Inuyasha desde su derecha.
    - Venga ya, solo será un momentito. No tienen porque darse cuenta...- giró la cabeza para mirar a su compañero, y se sorprendió un poco cuando lo vio- ¡Oh! Con que hoy hay luna nueva... No me había dado cuenta.
    Inuyasha se cruzó de brazos y maldijo en voz baja.
    - Ya, nadie se ha dado cuenta porque desde hace algunos días no se ve en que fase está la luna.
    Miroku alzó la mirada al cielo, y pudo comprobar que su amigo tenía razón.
    - Sí, es verdad. Hace algún tiempo ya que está así.
    Inuyasha no dijo nada. Miroku se le quedó mirando un rato, y una idea le vino a la cabeza. El rostro se le iluminó.
    Esa noche Inuyasha sería un humano, y por lo tanto no podría resistir la tentación ¿eh?
    Ya lo tenía todo planeado.
    Puso su voz más seria, y llamó la atención de su compañero.
    - Inuyasha- llamó.
    El muchacho se volvió hacia él, inquisitivamente.
    Miroku carraspeó varias veces, para darse un aire importante y de seriedad.
    - Mientras no estabas, me pareció escuchar algo en aquella dirección. Será mejor que vayamos a ver qué es, ¿no te parece?- dijo señalando un sendero oculto entre la espesura, desviado solo un poco más a la izquierda del que habían tomado las chicas y el pequeño kitsune.
    Inuyasha lo miró dubitativo. No sabía si creerle o no, pero tampoco sabría si era verdad a no ser que fuesen a ver. Como humano, sus sentidos se veían drásticamente reducidos.
    - ¿Estás seguro?- inquirió, no muy convencido.
    El monje pareció exageradamente dolido por su falta de confianza.
    - ¿Crees que mentiría con algo tan serio?- preguntó con incredulidad.
    Inuyasha le dirigió una mirada significativa.
    - Pues la verdad es que, tratándose de ti, me espero cualquier cosa...
    - ¡No puedo dar crédito a mis oídos!¿Dónde se ha visto que se desconfíe de su mejor amigo?- Miroku realmente estaba montando un espectáculo, y sus gestos eran algo exagerados, al igual que sus palabras.- Me decepcionas, Inuyasha...
    - Oh, está bien.- cedió.- Iremos a ver qué es, pero solo porque no soporto que te pongas tan pesado.
    El monje sonrió satisfecho, y le incitó para que se diera prisa en seguirlo. Inuyasha soltó un suspiro resignado, y se internó en la espesura justo detrás de Miroku.
    Ambos caminaron durante varios minutos por un sendero apenas visible a causa de la creciente oscuridad que se cernía sobre ellos y la abundante vegetación que crecía casi por todas partes. Mirara a donde mirara, Inuyasha solo podía ver árboles con tupidas ramas, que ayudaban a hacer aquel lugar mucho más oscuro y un tanto siniestro.
    De vez en cuando se topaban con alguna rama que sobresalía un poco del suelo, y varias veces estuvieron a punto de caer a causa de ellas.
    Miroku parecía saber perfectamente por donde iba, e Inuyasha le siguió sin preguntar.
    Pronto llegaron a una zona más despejada, pero que les permitía ocultarse de la vista de las criaturas que estuvieran a una cierta distancia. En ese lugar la visión mejoraba un poco, ya que los árboles se distanciaban más unos de otros y las amplias ramas ya no cubrían sus cabezas.
    Miroku pasó debajo de unas ramas algo bajas, llegando a un lugar que hubiese servido muy bien para observar sin que el enemigo se diese cuenta de la presencia de los espías.
    Enseguida Inuyasha comprobó que era exactamente para eso que Miroku quería llegar a ese lugar. Desde su escondite podía vislumbrarse a la perfección un pequeño remanso de aguas termales. Sin embargo, eso no era lo único que ofrecía aquella extraordinaria vista.
    “Casualmente”, Kagome, Sango y Shippo se encontraban bañándose en aquellas aguas termales.
    Inuyasha le dirigió una mirada asesina al monje.
    - ¿Con que escuchaste un ruido muy sospechoso en esta dirección, eh?- preguntó algo sarcástico, conteniendo las ganas de golpear al monje hasta reventar.
    Miroku ni siquiera volteó a verlo. Su mirada seguía fija en las muchachas que disfrutaban de un agradable baño, sin saber que eran espiadas por un monje pervertido.
    - Vamos, no me digas que no te tienta echar un vistazo- seguía sin apartar la vista de las muchachas, y su voz lo delataba. Estaba disfrutando de lo lindo.
    El muchacho de largos cabellos azabaches le dirigió un mirada cargada de desaprobación.
    - Yo no soy un pervertido- aseguró, girando la cabeza hacia otra dirección.
    - Bueno, tú te lo pierdes- dijo el monje, encogiéndose de hombros. Si Inuyasha no quería aprovechar la ocasión, él no le obligaría. Pero, desde luego, él no pensaba perder semejante oportunidad.
    Inuyasha volvió a girarse hacia el monje, y lo sujetó por el cuello de la túnica, tirándole hacia atrás.
    - ¡Eh! ¿Pero se puede saber qué haces?- inquirió el monje, entre sorprendido y molesto.
    - ¿No creerías en serio que iba a dejar que te aprovechases de ellas, no?- Inuyasha intentó parecer sorprendido- Por una vez, compórtate como un hombre.
    Miroku se libró de su agarre, dándole un empujón. Inuyasha cayó de espaldas sobre el pasto.
    - ¡Vamos, no seas aguafiestas!
    - ¡No grites, nos van a descubrir! ¡Vayámonos de aquí de una buena vez!
    - ¡No pienso dejar pasar una oportunidad como esta!
    - ¡Pues lo siento, pero no puedo permitir que te quedes aquí!
    - Bueno, ¡¿pero a ti que te importa?! No será acaso que... ¿te gusta la señorita Kagome?- ahora había un brillo de picardía en los ojos del monje.
    Inuyasha enrojeció hasta la raíz del cabello. Agradeció en silencio por que estuviese tan oscuro, para que el monje no se diese cuenta.
    - N-No... no es eso.- tartamudeó- ¿Cómo se te ocurre pensar eso?
    - Oh, por lo que veo, es eso- murmuró el monje para sí mismo, mientras asentía con la cabeza.
    - ¡Te he dicho que no es eso!- dijo tapándole apresuradamente la boca a Miroku, rojo y nervioso a más no poder.
    Miroku apartó su mano, y esbozó una sonrisa traviesa.
    - Por Buda... ¡Pero si te has puesto como un tomate!- exclamó, divertido.
    - Para nada...-intentó pararlo Inuyasha.
    - A Inuyasha le gusta le señorita Kagome, a Inuyasha le gusta la señorita Kagome...- empezó a canturrear, esquivando al mismo tiempo a un furioso y avergonzado Inuyasha.
    En un intento de esquivar un puñetazo directo a la cara por parte de Inuyasha, Miroku pisó la parte baja de su túnica, y cayó hacia atrás. Inuyasha, que en ese momento se disponía a pegarle otro puñetazo, perdió también el equilibrio, y ambos cayeron por una pendiente del terreno.
    Desgraciadamente para ellos, cayeron justo en frente de unas sorprendidas y furiosas Sango y Kagome.
    - ¡Par de pervertidos!- fue el grito enfurecido de una conocida voz femenina para ambos.
    A los dos se les heló la sangre en las venas, y al alzar la vista su temor no disminuyó.
    Las dos muchachas se hallaban ahora cubiertas por unas toallas, y se veían listas para cualquier cosa. No hacía falta ser adivino para saber que estaban furiosas.
    - Esto... podemos explicarlo- tartamudeó un nervioso y aterrorizado Miroku.




    CONTINUARÁ...

    Bueno, creo que para ser la primera parte, está bien de largo, no? :o :o Toy nerviosa, no sé si realmente está bueno. Pero eso me lo dirán ustedes, o al menos eso espero. Si recibo 5 post, pongo conti :angel5:
    Nos vemos!!!
     
  2.  
    la_mafia.sa

    la_mafia.sa Guest

    Título:
    Fanfic - Viaje al pasado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    20
     
    Palabras:
    34
    Re: Viaje al pasado

    holassssss
    me gusto mucho
    esta muy divertido y bueno
    pobre de miroku por pervetido le van a pegar
    y a inu tambiennn
    bueno pon conty pronto
    cuidate muchooo
    chaussss
     
  3.  
    Erazal

    Erazal Guest

    Título:
    Fanfic - Viaje al pasado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    20
     
    Palabras:
    3254
    Re: Viaje al pasado


    Como lo prometido es deuda, aquí traigo la conti. Gracias por vuestros post!!! Espero que os guste la conti.

    Desgraciadamente para ellos, cayeron justo en frente de unas sorprendidas y furiosas Sango y Kagome.
    - ¡Par de pervertidos!- fue el grito enfurecido de una conocida voz femenina para ambos.
    A los dos se les heló la sangre en las venas, y al alzar la vista su temor no disminuyó.
    Las dos muchachas se hallaban ahora cubiertas por unas toallas, y se veían listas para cualquier cosa. No hacía falta ser adivino para saber que estaban furiosas.
    - Esto... podemos explicarlo- tartamudeó un nervioso y aterrorizado Miroku.


    CAPÍTULO 2:


    -¿De veras? ¿Y cual es la explicación a todo esto, si puede saberse?- siseó Kagome.
    Ella y Sango los observaban con el entrecejo fruncido y los brazos cruzados, esperando una respuesta coherente. Se veían realmente enfadadas y dispuestas a cobrar su venganza.
    - Bueno... Pues veréis... En realidad es una historia muy larga de contar...- tanteó Miroku, mientras inventaba una historia a toda velocidad.
    A su lado, Inuyasha posaba su mirada en uno y otro, nervioso. Esta vez tendría que pagar los platos rotos junto a Miroku, y algo le decía que el castigo no iba a ser leve.
    Sango alzó una ceja. Conocía demasiado bien a Miroku como para no darse cuenta de que ese incidente no había sucedido por pura causalidad.
    - En serio, no os preocupéis. Podemos esperar toda la vida para que nos contéis que ha pasado.- ironizó la muchacha- Aunque creo saberlo perfectamente.
    Miroku comenzó a ponerse nervioso. ¿Y ahora qué les decía? Los nervios no le dejaban pensar con claridad, y estaba perdiendo un tiempo precioso.
    Shippo, que no se había movido de su sitio, los miraba divertido desde el agua. Sus labios se curvaban en una sonrisa traviesa y miraba el espectáculo ansioso. Por fin iba a cobrarse su venganza, aunque de manera indirecta, con esos dos muchachos.
    Estaba disfrutando mucho. No se podían ni imaginar como disfrutaba.
    Kirara se acercó a las muchachas, como queriendo protegerlas de los “pervertidos”. No le había gustado nada la actitud de Miroku e Inuyasha. Ahora Miroku no solo se propasaba con su amiga Sango, sino que también lo hacía con Kagome. Y para colmo, Inuyasha se había vuelto como el monje.
    Miroku decidió que ya era hora de decir algo, aunque fuese una gran tontería, ya que las muchachas estaban perdiendo la paciencia, y eso no era una buena señal.
    - Ejem...-carraspeó, con la intención de ganar tiempo para ordenar sus ideas.- Bueno, pues veréis...
    - Deja ya de repetir siempre la misma frase y explícanos todo de una buena vez- gruñó la caza demonios.
    - Esta bien, esta bien...- se disculpó Miroku, haciendo un gesto tranquilizador con las manos. No pretendía que se le echaran encima incluso antes de haber intentado arreglar la situación. Quería salvarse como fuera.- Como iba diciendo...
    - No, no ibas diciendo- lo interrumpió Kagome- No nos has contado nada.
    - Claro. Discúlpame. Aún no he empezado- se corrigió Miroku.- Pues yo estaba en el campamento, cerca de la fogata, cuando llegó Inuyasha de un paseo, según me dijo. Entonces me dijo que le había parecido oler un demonio en esta dirección y yo, creyendo que decía la verdad, le seguí hasta aquí. No imagináis mi sorpresa cuando vi lo que se traía entre manos realmente...
    Inuyasha se había quedado con la boca abierta. No salía de su asombro. ¿Tan mezquino podía llegar a ser ese monje...?
    - ¡Eso no es lo que pasó!- protestó.- ¡No cambies las cosas, Miroku!
    - No creo que tú no hayas puesto de tu parte...- argumentó Sango, desconfiada, mirando al monje.
    Miroku intentó poner una expresión inocente en su rostro, y se llevó una mano al corazón.
    - Por buda. Te aseguro que en esta ocasión yo no he tenido nada que ver- aseguró.
    Kagome apretó los puños con fuerza. No le gustaba que la espiaran cuando estaba bañándose, y el espía nunca salía impune.
    - Inuyasha...- murmuró entre dientes.
    Inuyasha se apresuró en ir hacia Kagome, intentado hacerla entrar en razón.
    - No, Kagome. Te prometo que no es así como ha pasado...- al ver que la muchacha no cambiaba de parecer el chico siguió intentándolo.- ¡Te lo juro! Créeme, Kagome. Nuca he intentado sobrepasarme contigo, y lo sabes.
    - Pues estás demostrando todo lo contrario- gruñó la sacerdotisa, como si fuera algo obvio.
    - Por favor, confía en mí. Te prometo que no he sido yo el que quería espiaros- Inuyasha ni siquiera intentó persuadirla mediante insultos esta vez. Sabía de sobra que eso solo lograría agravar más su situación. Y la cosa estaba que ardía.
    Kagome apretó aún más sus puños y tomó una gran cantidad de aire.
    - No, por favor Kagome, no digas la palabra... Te juro que yo no he sido...- rogó nervioso.
    Estaba asustado. Sabía que no podría detenerla. Y para colmo, él iba a recibir el castigo sin ser el culpable.
    Y Kagome no parecía estar dispuesta a creerle.
    - ¡INUYASHA SIÉNTATE!- gritó la muchacha a pleno pulmón.
    El chico sintió como una fuerza invisible tiraba de él con fuerza hacia el suelo, y no pudo hacer nada para luchar contra ella, como muchas otras veces.
    Cayó de cabeza al agua. Antes se había acercado mucho a Kagome, que por razones de intimidad se había quedado en el agua, y por eso ahora se encontraba sumergido y haciendo vanos esfuerzos por respirar.
    Esta vez le había dolido más que otras veces, y no solo físicamente.
    Sentía un dolor generalizado por todo el cuerpo, debido probablemente al fuerte impacto contra el suelo. A pesar de que había caído en el agua, el fondo del riachuelo tenía muchas variaciones: rocas, pequeñas elevaciones...
    Pronto se dio cuenta de que le faltaba el oxígeno, pero no podía hacer nada. El hechizo seguía activo, y por consiguiente, lo mantenía pegado al suelo.
    Sus pulmones no tardaron en exigirle el preciado aire y el muchacho notó que se ahogaba. Se revolvió desesperado, intentado salir del agua para poder respirar.
    Pero no podía hacer nada contra el hechizo del rosario.
    Siguió intentándolo en vano, con desesperación y angustia crecientes.
    No... No podía respirar... Se estaba ahogando...
    Nadie hacía nada por ayudarle... No quería morir... No, aún no...
    Abrió los ojos completamente en un acto de desesperación, intentando separarse del suelo ejerciendo fuerza contra este, como empujándolo para alejarlo de él...
    No veía nada. Todo estaba oscuro, porque, además de ser noche de luna nueva, estaba bajo el agua. La oscuridad...
    Volvió a cerrar los ojos. No ver luz lo angustiaba.
    Pataleó con desesperación, intentó quitarse el rosario, empujó con todas sus fuerzas contra el suelo, incluso intentó moverse del sitio en el que estaba...
    Nada de lo que hacía lo ayudaba, y esto solo lograba ponerlo más nervioso.
    Sintió unas ganas terribles de llorar. Y no solo de miedo o de angustia... sino también de rabia y de tristeza. Se sentía realmente dolido...
    ... Y traicionado.
    Lo estaba pasando fatal, sólo quería que esa tortura acabara de una vez, que todo aquello no fuese más que una simple y horrible pesadilla...
    “ Por favor... que esto pare... no quiero morir... por favor, chicos, ayudadme... no me hagáis esto, por favor... ¡Por favor!... ¡OS LO SUPLICO!...” pensó el muchacho desesperado, intentando que aquellas palabras de socorro saliesen de su boca y llegasen a los oídos de sus compañeros, pero se las tragaba el agua.
    Gimió, logrando solo que el agua inundase sus pulmones.
    Seguramente el tiempo que llevaba sumergido en el agua era poco, pero a él, que le faltaba el aire, le parecía que llevaba horas así.
    Y esto se lo habían hecho sus amigos...
    Cuando creía que ya estaba todo perdido, el hechizo del rosario cesó.
    El muchacho se impulsó con todas las fuerzas que le quedaban hacía la superficie, inhalando aire desesperadamente. El aire le quemaba en la garganta, pero él no podía dejar de respirar. El oxígeno le parecía ahora algo tan necesario...
    Tosió copiosamente, expulsando así el agua que había tragado sin querer y que le obstruía parte de las vías respiratorias. El corazón le hacía daño en el pecho, bombeaba sangre a gran velocidad para hacer llegar el oxígeno a todas las partes de su cuerpo.
    Tenía la vista desenfocada y le dolía la cabeza, seguramente por la falta de oxígeno que había sufrido.
    Miró a su alrededor, desorientado.
    Kagome había salido del agua y permanecía erguida junto a Sango, y ambas hablaban entre ellas. Al parecer aún seguían furiosas.
    Miroku no tardó en divisarlo, y le sonrió burlonamente, con un aire de suficiencia que hizo que Inuyasha se sintiera inmediatamente furioso.
    Escuchó una risa infantil que provenía desde justo detrás suya, como mucho unos centímetros más alejado de él. Miró en aquella dirección, sabiendo de antemano a quién iba a encontrar allí.
    El pequeño Shippo lo miraba con una sonrisa triunfante adornando su rostro.
    - Por fin Kagome te ha dado lo que te mereces, perro estúpido- graznó el demonio zorro, visiblemente contento- Le diré que vuelva a hacer lo mismo la próxima vez que me pegues o me quites la comida.
    Inuyasha le devolvió al pequeño una mirada vacía de cualquier emoción y ni siquiera le insultó, y esto preocupó a Shippo.
    - ¿Me estás escuchando, pervertido?- le provocó. Sabía que el chico perro respondería a sus provocaciones. Siempre lo hacía.
    Inuyasha reaccionó ante esto último. Todas las imágenes y los recuerdos de lo que había sufrido bajo el agua minutos antes asaltaron su mente, haciendo que su corazón se estremeciera de angustia, impotencia y tristeza.
    Sus amigos habrían dejado que se ahogara... Se habían olvidado de él. Y ahora, además, se burlaban de él.
    Se sentía tan mal... Su única familia le había traicionado...
    Sintió como el corazón le estallaba tal y como lo había hecho la esfera de los cuatro espíritus cuando Kagome le había acertado de lleno con una de sus flechas sagradas, rompiéndose en miles de pedazos.
    Y sintió miedo.
    Miedo de quedarse solo de nuevo, de ser traicionado por las personas que amaba nuevamente...
    Y por tercera vez en esa horrible noche, sintió ganas de llorar.
    Sus hombros se convulsionaron involuntariamente, e Inuyasha agachó rápidamente la cabeza, ocultando su rostro parcialmente con sus flequillos. Apretó los puños con fuerza.
    No, no iba a llorar.
    Shippo lo miró ahora con verdadera preocupación. Inuyasha... ¿Realmente Inuyasha estaba... realmente estaba llorando?
    - Inuyasha... ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien?- su voz delataba su preocupación, lo que llamó la atención del resto de sus compañeros.
    Kagome se acercó corriendo a Inuyasha en cuanto escuchó las últimas palabras de Shippo. Estaba preocupada por el muchacho. Ni siquiera se había enfadado...
    Miroku miró al muchacho, claramente arrepentido. Aunque nadie se dio cuenta de esto.
    Sango también se acercó a Inuyasha. Quizá se habían pasado un poco con el pobre muchacho, aunque se lo tenía bien merecido por haberlas espiado mientras se bañaban. Un momento... ¿Inuyasha las había espiado, y no Miroku? Había gato encerrado en ese asunto, estaba completamente segura. Se giró hacia el monje y al ver su expresión lo tuvo todo claro. Miroku había culpado a Inuyasha solo para librarse a sí mismo del castigo y de las represalias.
    Oh, no. Pobre Inuyasha...
    Tenía que decírselo a Kagome.
    Kagome se aproximó cautelosamente a Inuyasha, y apoyó una mano tímidamente sobre el hombro del muchacho.
    Inuyasha sintió una pequeña mano sobre su hombro, y supo inmediatamente que se trataba de Kagome. Se movió bruscamente, rompiendo el contacto con la chica. Ni siquiera levantó la vista para ver la reacción de ella.
    Kagome se entristeció ante la reacción de Inuyasha. Estaba dolido de verdad... Y ella había sido la culpable de todo.
    - Yo no he sido...- se escuchó de pronto la voz ronca del muchacho apenas audiblemente.
    Kagome dio un respingo. ¿Tan mal se sentía Inuyasha?
    Shippo miró a el medio demonio con pena. Probablemente habían herido sus sentimientos y su orgullo.
    - Yo no he sido- volvió a repetir, esta vez más fuerte.
    - Ya lo sé, Inuyasha- dijo de pronto Sango, sorprendiéndoles a todos menos a Inuyasha, que se hallaba demasiado absorto en sus sentimientos como para prestar mucha atención a lo que pasaba a su alrededor.
    - ¿Cómo?- preguntó Kagome, visiblemente sorprendida.
    Sango suspiró pesadamente. Se sentía culpable por la situación de Inuyasha.
    - Él no fue quien quiso espiarnos.
    Miroku pegó un bote. ¿Cómo se había dado cuenta? ¿Tan obvio era para ella?
    - ¿Cómo lo has sabido?- las palabras salieron de su boca sin pensar, pero no se arrepintió de decirlas. Se sentía realmente mal con su amigo. ¿Podría considerarse ahora su amigo...?
    Kagome miró atónita a Inuyasha. ¿Había vuelto a castigarlo sin razón? ¿Por qué no le había creído incluso cuando él se lo había jurado de corazón, cuando él le había suplicado que lo escuchase...?
    No le dio tiempo a reaccionar. A decir verdad, a nadie le dio tiempo a reaccionar.
    Inuyasha salió corriendo del claro hacia la espesura del bosque, sin mirar hacia atrás, sin decir una palabra, sin alzar la cabeza...
    Dejando detrás de sí un rastro de lágrimas amargas con olor a sal...

    CONTINUARÁ...

    Buff... Qué les pareció? Necesito vuestras opiniones... ^-^ Ya saben, si recibo post, pongo pronto la conti.
    Sayonara, cuidense!!
     
  4.  
    Star_Kagome_

    Star_Kagome_ Guest

    Título:
    Fanfic - Viaje al pasado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
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    20
     
    Palabras:
    41
    Re: Viaje al pasado

    Pon la conti pon farvo pobresito InuYasha, lo trataron muy mal, me hicieron sentirme triste por que muchas veces digo la verdad y m tratan de mentirosa y de culpable.

    kiss , pon la conti T.T
     
  5.  
    Erazal

    Erazal Guest

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    Fanfic - Viaje al pasado
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    Re: Viaje al pasado

    Ok... Supongo que lo seguiré ^.^ Gracias Jessy y Star_Kagome, me habeis subido el ánimo, yo que creía que a nadie le gustaba... Aquí va la conti, espero que os guste.

    CAPÍTULO 2: SEGUNDA PARTE.


    El grupo se quedó de piedra. Nunca habían visto a Inuyasha llorar tan abiertamente, y eso les provocó una sensación extraña. Quien les iba a decir que aquel terco, orgulloso y valiente medio demonio reaccionaría así... Si alguien les hubiese dicho que eso ocurriría, no le habrían creído. Pero ahora que lo habían visto con sus propios ojos...
    Esto les hizo sentirse inseguros. Siempre habían tenido a un Inuyasha imperturbable, que se mostraba fuerte en cualquier situación, que los sacaba de todos los apuros en los que se metían y que les ayudaba a superar sus problemas demostrando una gran fortaleza... Aquel Inuyasha que nunca mostraba sus verdaderos sentimientos ante sus enemigos, que incluso vencía sus propios miedos y no se rendía ante nada... Aquel que, finalmente, esa noche había sido incapaz de seguir manteniendo una fortaleza inexpugnable alrededor de su corazón y se había derrumbado.
    El viento meció suavemente las copas de los árboles más cercanos al claro y creó unas pequeñas ondas en la superficie limpia y cristalina del agua, que avanzaban hasta la orilla para morir en ella. Estaba refrescando, y el ambiente se humedecía por momentos, lo cual anunciaba la inminente lluvia.
    Esto, sin embargo, no les importó.
    No se habían movido de sus respectivos sitios desde que Inuyasha se alejó de ellos corriendo, sin tan siquiera atreverse a mirarlos. Había sido algo tan inesperado...
    Miroku se dejó caer sobre la hierba, muy cerca del agua. Puso su báculo sobre sus piernas cruzadas, y lo observó largo y tendido, todavía sorprendido por los recientes acontecimientos.
    - Esto... ¿Ha ocurrido de verdad?- musitó, anonadado.
    Sango clavó una mirada furiosa en el chico, pero este ni siquiera se percató. Estaba demasiado sorprendido.
    La caza demonios ni siquiera tenía ganas de gritarle a Miroku. Ella se había sorprendido tanto como los demás, pero ahora quienes más le preocupaban eran su amiga Kagome e Inuyasha. Sabía que primero tendría que hablar con Kagome, no quería ni imaginarse cómo reaccionaría el medio demonio si iban todos en su busca en aquel preciso momento. Desde luego, lo mejor sería que Kagome fuese a buscarle ella sola e intentase hablar con él.
    Con precaución, se acercó a Kagome, que se había quedado estática, con la mirada perdida en la dirección por la que había desaparecido Inuyasha. Sango levantó su mano, con la intención de llamar la atención de la sacerdotisa. Pero la dejó suspendida en el aire, sin atreverse a apoyarla sobre el hombro de su amiga.
    La caza demonios dudó un momento. Quizá no debería pedirle a Kagome que fuese a hablar con él tan pronto, quizá debería esperar un poco más, para dejarle asimilar todo lo que acababa de ocurrir...
    El viento arreció esta vez con algo más de fuerza, agitando sus vestimentas. Las nubes, de un color metálico, se cernían sobre ellos, amenazando con descargar su contenido sobre sus cabezas. Esto le hizo reaccionar.
    No. Tenían que moverse ya, por muy incómoda que fuese la situación. Si la tormenta estallaba, sería mucho más difícil buscar al muchacho. Además, sería muy precipitado para encontrar un refugio para pasar la noche.
    No tenía otra opción. Odiaba tener que ser la que metía prisa en las situaciones complicadas, pero si ella no lo hacía, nadie lo haría.
    Dejó escapar un suspiro resignado. Esta vez las cosas se habían complicado mucho por nada.
    Decidió darse unos segundos antes de llamar la atención de sus compañeros para explicarles todo lo que tendrían que hacer, y clavó su mirada en el agua.
    Un escalofrío recorrió su espalda.
    La imagen que le devolvió el agua cristalina le recordó su actual condición, haciendo que se percatase por primera vez de que comenzaba a tener frío. Seguía tal y como había salido del agua momentos antes, con tan solo una toalla blanca de algodón como prenda, anudada de manera que solo tapaba lo imprescindible. Darse cuenta de este pequeño detalle solo consiguió que un leve rubor adornase sus mejillas.
    ¡Por Kami! ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Qué vergüenza... Solo de pensar que se habían quedado así, ella y Kagome, durante tanto tiempo, delante de los chicos... ¡Casi sin nada encima, y delante de Miroku! Lo raro era que este no hubiese intentado aprovecharse de la situación, aunque claro, tal y como estaban las cosas, ni siquiera él se paraba a pensar en eso.
    Por una vez, había obrado como tenía que obrar en una situación, como cualquier persona normal en el mundo haría. Sango pensó que tendría que sentirse orgullosa por ello, pero enseguida recordó que precisamente era Miroku el causante de todo aquel embrollo.
    No. Decididamente, aquel monje se las arreglaba para que todo lo que hiciese le saliese mal. No daba pié con bola.
    Pero aún así, no podía evitar que sus sentimientos hacia él fuesen algo más que una simple amistad...
    Sango se abofeteó mentalmente. No debería estar pensando en eso en aquellos. Tendrían que ir en busca de Inuyasha.
    Sí, tendrían que ir enseguida si no querían que la tormenta les pillase sin haberles dado tiempo a encontrar un refugio para resguardarse.
    Pero antes que nada, ella y Kagome tendrían que ponerse algo decente.



    Inuyasha se escondió tras unos árboles, bastante lejos de sus compañeros. Ni él mismo podía creer lo que acababa de ocurrir. Comenzó a arrancar distraídamente la corteza del árbol sobre el que se había apoyado, mirando como esta se desprendía con el simple roce de sus dedos.
    No quería pensar en nada, y menos recordar lo que había pasado apenas unos momentos antes. Pero su cabeza se empeñaba en volver a mostrarle las imágenes, claramente nítidas, de todo lo que pasó bajo el agua, de las caras de sus amigos mirándole con lástima...
    Sin previo aviso, le pegó un fuerte puñetazo cargado de frustración al árbol. Varios trozos de corteza salieron despedidos en varias direcciones y algunas astillas se clavaron en el puño del muchacho. Sin embrago, éste no pareció percatarse del creciente dolor que se extendía por su mano. Incluso había olvidado su condición de humano. Lo único en lo que podía pensar era en que sus amigos casi le ahogan, y por una estupidez.
    - Maldita sea...-murmuró entre dientes, mientras ocultaba sus ojos tras su flequillo y apretaba con fuerza el puño, dejando las marcas de las uñas en la palma de la mano.
    Sus hombros se convulsionaron levemente y los ojos se le inundaron de lágrimas que clamaban por salir, y él apretó con aún más fuerza el puño.
    No. No volvería a llorar.
    Se dejó caer al suelo con un suspiro. Se recostó en el mismo árbol y cruzó los brazos delante de su pecho. Alzó la mirada al cielo, y a pesar de la oscuridad, podía verse que tenía los ojos brillantes.
    Le había dolido el comportamiento de sus amigos, eso no podía negarlo ni siquiera ante sí mismo. Y además, odiaba con todo su ser que le mirasen con lástima o pena. Ya había visto esos sentimientos reflejados en los ojos de la gente demasiadas veces cuando era pequeño, cuando había muerto su madre...
    Meneó con furia la cabeza.
    Lo que menos le hacía falta precisamente en esos momentos era recordar más momentos tristes de su vida. A pesar de hallarse en ese lugar, se había prohibido a sí mismo pensar en su infancia y en ella... A pesar de ser humano esa noche, en la que se le hacía más difícil controlar los impulsos de su corazón...
    ¡No! Decididamente, no debía pensar en eso. Además, se recordó a sí mismo, aquella noche ya había tenido su dosis de sufrimiento.
    Acercó sus rodillas a su cara, y rodeó sus piernas con sus brazos, como hacía cuando era pequeño y se sentía triste. No sabía por qué, pero eso le hacía sentirse mejor.
    El viento comenzó a soplar más fuerte que antes, y las ramas de los árboles comenzaron a agitarse, haciendo que el aire se impregnase con el olor de la floresta y llegase a los oídos del chico un sonido parecido a un arrullo.
    Inuyasha cerró los ojos para escuchar mejor el sonido enfurecido y dulce a la vez del viento entre los árboles, mientras su pelo azabache ondeaba levemente, al igual que su flequillo.
    Normalmente no se paraba a fijarse en ese tipo de cosas tan banales porque siempre estaba pensando en sus problemas. Era agradable dejarse llevar por una vez.
    Sabía que iba a llover por el color metálico de las nubes y el aire humedecido, pero eso no le importaba. En realidad, en aquellos momentos nada le importaba.
    Volvió a abrir los ojos muy lentamente, mientras comenzaban a caer finas gotas de agua del cielo.
    Soltó un bufido cuando sintió el agua caer sobre él, pero tampoco le preocupó mojarse. Bueno, no le importó mojarse ya que, en realidad, ya estaba completamente empapado. ¿Qué más daría un poco más de agua?
    Se recostó totalmente sobre el árbol, fijando después la mirada en el cielo. Algunos relámpagos cruzaban el firmamento, cual azogues de plata, y poco tiempo después se escuchaba su atronador sonido que retumbaba por todos los rincones del bosque. A Inuyasha no le asustaban los relámpagos ni un día tan tormentoso. ¿Cómo asustarle algo tan simple e infantil? Y estaba muy acostumbrado a luchar contra temibles demonios. Pero recordó que cuando era pequeño sí les temía, y siempre corría a refugiarse en los brazos de su madre y se aferraba con todas sus fuerzas a ella, mientras que ésta le acariciaba el pelo con ternura y una sonrisa divertida en los labios.
    Inuyasha sonrió tristemente. Pensar en su madre le hacía recordar cosas felices de su vida, pero también le hacía recordar lo mal que lo pasó cuando la perdió. Disimulaba ante sus amigos, como si el recuerdo de su pasado se hubiese borrado y no tuviese importancia para él, pero en realidad, seguía presente en su corazón y en sus sueños.
    Desde el día de la muerte de su madre, él había cambiado mucho. Había tenido que sobrevivir en un mundo que lo rechazaba, completamente solo. Desde luego, la suya no había sido una infancia feliz, pero el tiempo que pasó con su madre lo guardaría para siempre como un tesoro en su corazón.
    El muchacho cambió de postura, dejando las piernas extendidas y los brazos de nuevo cruzados sobre el pecho. Cerró los ojos y se concentró en el sonido de la lluvia, sintiendo el aire fresco golpeando en su cara. Se estaba tan bien así... sin tener que pensar en nada que le hiciese daño...
    Se puso alerta cuando escuchó el eco de unos pasos corriendo entre los árboles, acercándose a su escondite.
    “Maldición”pensó, poniéndose tenso. Se levantó apresuradamente y vigiló desde detrás del árbol el lugar de donde procedían los pasos apresurados.
    -¡Inuyasha!-gritó una voz femenina muy conocida para él, entre vacilante y preocupada.- ¿Dónde estás?
    “Kagome” pensó Inuyasha, sintiendo una garra de hielo oprimir su corazón. No estaba seguro de poder perdonarla, al menos no tan pronto. La herida era reciente, demasiado reciente y dolorosa. Necesitaba un tiempo para reflexionar, un tiempo para poder estar a solas antes de enfrentarse a sus amigos. No sabía si sería capaz de mirar a sus compañeros a la cara tan pronto, sin sentirse traicionado. No sabía si sería capaz de ver de nuevo sus miradas cargadas de lástima y culpabilidad...
    Kagome se paró para recuperar el aliento, muy cerca de donde estaba él, por lo que Inuyasha se escondió mejor. Siguió observándola desde detrás del árbol, pero con cuidado para que ella no se percatase de su presencia.
    Estaba completamente mojada, y su uniforme se pegaba a su cuerpo de manera que se podían apreciar mejor sus curvas. Respiraba con algo de dificultad tras la larga carrera, con una mano en el pecho, y tenía las mejillas levemente rosadas, lo que le hacía ver muy bella.
    Inuyasha no pudo evitar sonrojarse levemente ante aquella visión. Kagome tenía una belleza tan inocente y tan pura... “Tanto como su propia alma” pensó sin darse cuenta. En seguida se reprendió mentalmente. ¿Cómo era posible que se dejase llevar tan fácilmente por sus sentimientos? Además, justo después de lo que ella le había hecho...
    Su mirada se oscureció. Aún le parecía mentira que ella le hubiese hecho eso.
    -¡Inuyasha!- volvió a gritar Kagome, lo que trajo de vuelta a Inuyasha a la realidad. Volvió a concentrase en la muchacha, que se hallaba entre los árboles, bajo la lluvia, con la desesperación reflejada en su rostro. Su corazón comenzó a latir violentamente. Por un lado, tenía ganas de salir corriendo de allí, pero por el otro, tenía ganas de ir junto a ella y estrecharla entre sus brazos. Pero fue incapaz de hacer alguna de las dos cosas. Tan solo que se quedó quieto, en la misma posición que antes, sin quitarle los ojos de encima a la chica.
    Kagome seguía gritando su nombre al viento, mientras miraba en todas direcciones, esperando que él apareciese en cualquier momento. No le importaba el hecho de estar bajo la lluvia, aun a riesgo de enfermar; en aquel momento, solo le importaba el muchacho que había cautivado su corazón y al que le había hecho daño.
    - ¡Inuyasha!- volvió a gritar con desesperación. Luego se dejó caer de rodillas al suelo, derrotada. No lo encontraría. Más bien, él no le dejaría encontrarle, y era totalmente comprensible.
    Su ropa se ensució de barro, pero no le importó. Todo había sido por su culpa, y su mente se lo repetía incansablemente una y otra vez. Por Kami, ¡casi lo ahogaba! ¿Desde cuándo la gente normal ahogaba a sus seres queridos? Él siempre la protegía, y ella se lo pagaba ahogándolo, literalmente. Se sentía tan mal... ¿Podría perdonarla?
    Se llevó las manos a la cara, y comenzó a sollozar.
    Inuyasha se asustó al verla tan triste. Odiaba ver a las mujeres llorar, y más si esa mujer era Kagome. Tenía que ir junto a ella, protegerla.
    Se detuvo justo a tiempo. Si volvía con ellos tan pronto, no sería capaz de ocultar su propia tristeza y su dolor.
    Pero Kagome parecía tan arrepentida, tan indefensa, tan inocente...
    Un sollozo más fuerte llegó a sus oídos.
    ¿Qué hacía él allí, parado, sin ayudar a la mujer que amaba? Era cierto que ella le había herido, pero aún así... No era propio de él dejar a “su” Kagome así.
    Antes de darse cuenta, ya estaba arrodillado delante de Kagome, con sus brazos alrededor de su cuerpo, otorgándole protección.
    Ella le miró sorprendida e inmensamente aliviada a la vez, y luego correspondió a su abrazo, llorando en su pecho.
    Ya está, ya lo había hecho. Se había descubierto. ¿Qué le diría a Kagome? O mejor dicho, ¿qué le diría ella?



    Eso es todo por ahora. ¿Qué os ha parecido? ¿Vale la pena que lo continue, o ni siquiera me molesto? Está en vuestras manos que lo siga o no, así que si quereis que lo siga, solo dejadme un comentario (así sabré si alguien quiere seguir leyéndolo). Ciao, os cuidais!! Espero que nos leamos pronto :p y gracias de todo corazón a los que leen esta historia!!
     
  6.  
    Star_Kagome_

    Star_Kagome_ Guest

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    Fanfic - Viaje al pasado
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    Re: Viaje al pasado

    K Lindoooooooooooo oooooooooooo oooooooo Se salio k lidno abrazo, De InuYasha jujjuju ,^*_* m gusto mucho la verdad, m gusta muuuuchiiisiiiimo tu Fanfic la verdad, continualo pronto por favor por fvaor Onegaiii.
     
  7.  
    la_mafia.sa

    la_mafia.sa Guest

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    Fanfic - Viaje al pasado
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    Palabras:
    33
    Re: Viaje al pasado

    que buena te quedo
    escribes muy bien
    espero que inu perdone
    a sus amigos y que el monje
    pague por lo que hizo
    bueno pon conty pronto
    chaussss
     
  8.  
    Kagome-inuka

    Kagome-inuka Iniciado

    Leo
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    Re: Viaje al pasado

    Actualiza pronto este fic y el otro que tienes tambien los dos los has dejado muy emocionates en especial este,onegai pon la conti pronto luego el moderador los cierra y nunca me entero en que termina la historia, onegei ya quiero saber que le dice Inuyasha a Kagome.
     
  9.  
    kitas

    kitas Entuciasta

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    Re: Viaje al pasado

    oi
    soy nueva
    tu ff esta demas
    tu es k sabes se inuyasha perdona a Kagome pero yo quiero que le perdone ( pobresita ) y como esta un ambiente tan romantico podian decir que se aman
    pero coma ja dice tu es que sabes
    besos *.*
     
  10.  
    Rinali

    Rinali Iniciado

    Géminis
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    1
    Re: Viaje al pasado

    Porfa pon conty hoy porque me muero de ganas de saber lo que pasa, pobre inu lo icieron sufrir mucho espero que todo salga bien entre el y Kagome mientras tanto te doy por como has escrito hasta ahora jeji:saltarin::rey::guitarra:chibidadinunipolitytotretowiwuBRILLO
     
  11.  
    Erazal

    Erazal Guest

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    Palabras:
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    Re: Viaje al pasado

    Hola de nuevo! Gracias por vuestra paciencia y por vuestro apoyo! :) Aquí teneis la conti, y a ver si la espera a valido la pena. Gracias a todas!!

    CAPÍTULO 3: Confesiones.

    El silencio reinaba en aquel claro del bosque, y tan solo unos ahogados sollozos delataban que allí se encontraban dos personas. Si alguien se hubiese fijado bien, podría haber distinguido dos figuras abrazadas y arrodillas en el suelo, en medio de aquella inmensa oscuridad.
    La lluvia aún no cesaba, y plateados azogues luminosos surcaban el cielo constantemente. Los árboles se mecían con el viento y sus ramas crujían amenazadoramente. Sin embargo, esto no parecía importar a las dos personas que se hallaban arrodilladas en el suelo.
    Kagome seguía sollozando, pero ya no sabía si era de tristeza, de alegría o de puro nerviosismo. Se empeñaba en aferrar con fuerza el haori de Inuyasha, como si temiera que éste fuese a desvanecerse de un momento a otro.
    El muchacho, por su parte, se limitaba a acariciar torpemente los cabellos azabaches de la chica, sin moverse ni hacer el más mínimo ruido. No había intentado consolarla con palabras, solo había permanecido a su lado, dejándose abrazar por ella.
    Kagome no sabía qué hacer. El silencio resultaba un tanto incómodo, pero no sabía como empezar a hablar, y parecía que Inuyasha no estaba interesado en ser él quién iniciase una conversación. Normalmente hablaban sin tan siquiera plantearse qué iban a decirse, con total naturalidad, pero en aquellos momentos parecía que intentaban entablar una conversación con un completo desconocido. Y era una situación realmente incómoda.
    Kagome suspiró, pesarosa.
    Tenía que empezar por disculparse, y después sólo Dios sabía lo que pasaría. Respiró pausadamente durante unos minutos con el fin de ahogar sus propios sollozos, intentando al mismo tiempo organizar sus ideas.
    Inuyasha no hizo el menor gesto, ni reflejó ningún sentimiento en su rostro. Parecía ausente, y quizás fue eso lo que dio ánimos a Kagome para hablar.
    - Esto... Inuyasha, lo siento de veras- murmuró atropelladamente. Inuyasha pareció reaccionar ante la voz de Kagome, y clavó su mirada vacía de todo sentimiento en la de ella.
    Un escalofrío recorrió la espalda de Kagome. Esa mirada vacía, sin calidez, le hacía sentirse nerviosa y hacía que un miedo irracional recorriese todo su cuerpo. El rostro del muchacho era una máscara inexpresiva, ya no había un solo rastro de calidez en el fondo de sus ojos. La chica buceó con la mirada en los ojos ahora marrones de Inuyasha, buscando un rastro, por pequeño que fuese, de la habitual alegría y calidez que solían iluminarlos. Pero chocó contra una firme pared de hielo.
    Sintió que el corazón se le hacía pedazos, pero a pesar de eso se sobrepuso inmediatamente, con la firme promesa de reavivar la llama de los ojos del chico al que amaba. No pensaba rendirse tan fácilmente.
    - Siento mucho todo lo que ha pasado- dijo, temiendo que él no hubiese escuchado lo que le había dicho antes.- Sé que fui una idiota. Tendría que haberte creído, y no actuar de esa forma, así, sin más. Tendría que saber ya cómo es Miroku, y brindarte la confianza que te mereces.
    Inuyasha no dijo nada. Su cuerpo se tensó al escuchar las palabras de la joven, pero aparte de eso, no hizo ni un solo gesto.
    Kagome tembló casi imperceptiblemente entre sus brazos. Era extraño hablar con él sin que reaccionara ante nada de lo que ella le decía. Pero de repente, sin previo aviso, la voz ronca de él la sacó de sus pensamientos, sobresaltándola.
    - No tienes por qué preocuparte por eso- murmuró en su oído, haciendo que su aliento caliente chocara en la piel de la chica.- De todas formas, ya estoy acostumbrado.
    Kagome abrió los ojos de par en par. ¡No! No podía estar diciendo eso... No, él no...
    - ¡No, Inuyasha! No digas eso- chilló separándose de él, pero sin dejar de mirarle a los ojos en ningún momento.- En serio, yo no quise hacerte sentir así... ¡Maldita sea!- sollozó- Lo siento de veras, no sabes lo que daría por volver atrás y enmendar mi error. Tu siempre me proteges... No- se corrigió- Siempre nos proteges, a todos. Eres alguien muy especial para nosotros. Es más, unidos somos como una familia, y tu formas parte de ella. Si en algunas ocasiones te hacemos daño... créeme cuando te digo que no es a propósito.
    Inuyasha ladeó el rostro.
    - Yo creía que era así, como tú dices- dijo con calma, pero con la voz teñida de frialdad- Pero me parece que estaba equivocado...
    - ¡No!- cortó Kagome, cada vez más nerviosa- Eso no es cierto Inuyasha. Te queremos, todos te queremos. Eres parte de nosotros, de nuestras vidas.
    El muchacho esbozó una sonrisa cínica.
    - ¿Y tú?- preguntó de repente- ¿También soy alguien importante para ti?
    Kagome sintió como sus mejillas comenzaban a arder. Dios... La había cogido desprevenida... No se había esperado una pregunta así. Tragó con dificultad y cerró los ojos, incapaz de sostener la mirada intensa del chico. ¡Por Kami! ¡Claro que le quería! ¡Lo quería con locura!
    Volvió a abrir los ojos con lentitud, y comenzó a jugar con sus dedos, realmente nerviosa.
    - Claro que sí...- murmuró al fin, después de unos segundos que a Inuyasha se le hicieron eternos. – Eres mi mejor amigo, mi compañero. Siempre te preocupas por mí, y siempre estás a mi lado cuando te necesito. No dudes nunca que te quiero.
    Inuyasha suspiró, dolido y frustrado. ¿Sólo lo veía como un amigo? ¿Nada más? Cerró los ojos, sintiendo que su corazón quería salir de su pecho.
    - ¿Sólo eso?- preguntó sin querer. No había querido decirlo, pero las palabras escaparon de su boca sin que él pudiese hacer nada por evitarlo.
    Kagome lo miró sorprendida. ¿Qué quería decir con eso? ¿Acaso esperaba algo más de su parte? ¿No amaba él a Kikyo? Su corazón comenzó a latir con violencia. ¿Podría ser...?
    - ¿Y tú qué?- contraatacó.- ¿Qué sientes tú por nosotros? ¿Qué sientes por mí?
    Esta vez le tocó a Inuyasha ponerse nervioso. ¿Qué sentía él por ella? Ni siquiera él mismo estaba seguro... Era más que una simple amistad, de eso no cabía duda. Muchas veces había creído que era amor, pero... ¿en qué lugar dejaba entonces a Kikyo? No estaba seguro de sus sentimientos respecto a ambas. Kikyo había sido su antiguo amor, y sentía que de alguna manera tenía que serle fiel, pero por otra parte estaba Kagome, y sus sentimientos por ella se habían hecho cada vez más fuertes.
    - Ahora no estoy seguro de lo que siento por vosotros...- dijo sin embargo.- Antes creía que erais mi familia, pero ya no sé que pensar. No sé si lo sabes, Kagome, pero cuando estaba bajo el agua...- tragó con dificultad, sintiendo la angustia que volvía a embargar su alma con el simple recuerdo de lo sucedido- Creí que me ahogaba, y solo podía pensar en que eso me lo habíais hecho vosotros, mis amigos.
    Kagome contuvo el aliento. Su mente no podía asimilar lo que acababa de escuchar. ¡Diablos! Se sentía tan mezquina... No se había parado a pensar en lo que él había sufrido, en lo que él había sentido en aquellos momentos. Cerró los ojos para contener las lágrimas que comenzaban a agolparse en sus ojos castaños.
    - Oh... yo...- murmuró con un hilo de voz- No lo sabía... Lo siento Inuyasha, lo siento.
    La muchacha no pudo contener el impulso de abrazarlo. Quería que supiese que no lo había hecho a propósito, que lo sentía, y que nada podía hacerle sentirse más triste que el sufrimiento de él.
    Inuyasha abrió los ojos desmesuradamente. Sentía el pequeño y frágil cuerpo de ella aferrado al suyo, y esa sensación le hizo sentirse querido, necesitado. Correspondió a su abrazo de buena gana, sin pensárselo dos veces. Era cierto que se sentía inmensamente dolido, pero también era cierto que ahora ellos intentaban disculparse, Kagome lo intentaba, y lo que decía lo decía con el corazón. Quizás... quizás no se merecían su desconfianza. Al fin y al cabo, lo habían hecho sin querer, ¿no? Y al sentir a Kagome allí, abrazándolo, intentando por todos los medios recuperar su cariño... Sí, si le querían. Ella le quería, aunque solo como a un amigo, le quería.
    “Te queremos, todos te queremos. Eres parte de nosotros, de nuestras vidas”
    Eso había dicho ella. Lo apreciaban, tenía una familia. Nunca estaría solo, ya no. Siempre los tendría a ellos, a su nueva familia.
    Darse cuenta de esto lo reconfortó enormemente, y su corazón se hinchió de alegría.
    Apoyó su cabeza en el hombro de Kagome, y comenzó a llorar sobre él. No le importaba que ella le viese, lo único que quería era desahogarse.
    Kagome se sorprendió cuando sintió las lágrimas traspasar su uniforme, y más cuando escuchó los sollozos ahogados de él.
    - Kagome...-susurró de pronto él, en la misma posición, sin atreverse a mirarla- Gracias. Gracias por estar a mi lado. Gracias por quererme, por necesitar que esté junto a ti
    .La muchacha esbozó una sonrisa cálida, y lo abrazó con más fuerza.
    - No, Inuyasha- suspiró- Gracias a ti por existir.
    Las lágrimas del chico limpiaron la oscuridad de sus ojos, aquella que había sido la dueña de ellos durante ese tiempo, y la vida y la calidez volvieron a su mirada, a la vez que su alegría.


    CONTINUARÁ...

    Me dicen que les ha parecido, y muchas gracias otra vez por su paciencia!
    Cuidense mucho.
    :beso:
    Atte: Erazal

     
  12.  
    Hacky Sack

    Hacky Sack Usuario popular

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    Re: Viaje al pasado

    ¡Hola!!!
    Quiero decirte que encantó muhco el fanfic! Nunca habia leido algo asi...de veras! Casi me dieron ganas de llorar!! Que lindo. Pobre InuYasha, se lo que es sentirse sol@... Que bien que haya perdonado ( eso creo, y eso espero ) a Kagome y sus amigos. Y bien, ojalá que no tardes en continuar el fanfic, estuvo muy lindo.
    Cuidate mucho, espero que haigas pasado un buen dia, hasta luego
    saludos n.n
     
  13.  
    kaome2010

    kaome2010 Guest

    Título:
    Fanfic - Viaje al pasado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
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    20
     
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    Re: Viaje al pasado

    que lindo que es inuyasha por fin oigo que llora porque siempre es tan orgulloso que no lo hace jeje me gusto mucho la conti espero que le sigas y no te tardes :chau cuidate :besitos
    :kaome2010
     
  14.  
    leti

    leti Guest

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    Fanfic - Viaje al pasado
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    Re: Viaje al pasado

    Hola amiga, ¿te puedo llamar así?

    Bueno, acabo de leer tu oneshot y como me gustó mucho, decidí pasarme por este fic tuyo que vi, en realidad ya lo estaba leyendo, pero hubo alguna distracción y lo perdí. Cuando lo empecé a leer de nuevo vi que era el que ya estaba leyendo.

    Esta historia tuya también me ha gustado mucho. Oye pero qué onda con todos, se pusieron de acuerdo para hacer sentir mal a Inuyasha o qué les pasa. Y además el hanyou resultó demasiado sensible en su forma humana. Me alegra que para variar un poco, Kagome haga sentir mal a Inuyasha y no como siempre, al revés.

    Bueno, aquí estaré esperando a que pongas tu siguiente capítulo.

    Cuídate mucho y te mando un gran abrazo.
     
  15.  
    Erazal

    Erazal Guest

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    Fanfic - Viaje al pasado
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    Ciencia Ficción
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    Re: Viaje al pasado

    ¡Hola a todas!
    Antes que nada, decir que me paso por aquí para aclarar el motivo de mi tardanza y agradecer vuestra paciencia. Como ya dije anteriormente, estoy en el tramo final del curso, y precisamente por eso estoy más liada que nunca. Acabo de hacer el último examen esta misma mañana, pero aún tengo trabajos que hacer y ejercicios que entregar, así que no he tenido mucho tiempo para escribir ni lo tendré hasta que no finalice esta semana.
    Pero, como acabo de decir, tendré más tiempo libre a partir del viernes, y por lo tanto, ese mismo día tengo pensado ponerme a escribir la continuación de este fic.
    Hay que tener en cuenta también que los capítulos no los escribo a la ligera, y que necesito revisarlos una vez que los he escrito (corregir los errores ortográficos, cuidar la redacción...). De todas formas, espero poder publicarlo la semana que viene; me esforzaré para compensar el tiempo que habéis esperado.
    Por otra parte, me alegra que cada vez más gente se anime a leer esta historia. Normalmente, la gente prefiere leer historias que están escritas en "formato teatro o guión", por decirlo de alguna manera, y en cuanto ven tal cantidad de texto junto (como en el caso de mi fic), se desaniman y se ven incapaces de leerlo. Precisamente por eso me ha sorprendido muy gratamente que haya gente a la que le interese de todas maneras esta historia.
    Kerstin, me alegra de que te hayas animado a pasarte por aquí y echar un vistazo y, por supuesto, que te intereses por la historia. ¡Gracias por leer!
    perri2006, que alivio que comprendas mi situación, ¡y suerte con tus exámenes globales! No te preocupes por la conti, que ya está al caer.
    Leti (qué raro llamar a alguien por mi propio nombre), por supuesto que me puedes llamar así. Es más, para mí sería todo un placer poder contar contigo como amiga. Sí, sé que te pasaste por mi one-shot, y por lo que veo, fue de tu agrado. Por cierto, me pasé por la sección "sobre el arte de escribir", y leí los comentarios un poco por encima. Estoy de acuerdo con hacer críticas construtivas (que al fin y al cabo son eso, constructivas), y no me disgustaría en absoluto que se hiciesen de mis fics. Así que, ¡a criticar se ha dicho! Creo que es necesario aprender de los errores, y a veces es difícil descubrirlos por uno mismo.
    Bueno, creo que eso es todo por ahora.
    Os cuidais mucho, y nos leemos pronto, espero. ¡Besos!
    Atte: Erazal.
     
  16.  
    Erazal

    Erazal Guest

    Título:
    Fanfic - Viaje al pasado
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    Ciencia Ficción
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    20
     
    Palabras:
    3563
    Re: Viaje al pasado

    Hola! Muchísimas gracias a todas! También he de agradecer vuestra paciencia, que conmigo hay que tenerla. Aquí os traigo una parte del capítulo tres, que está resultando ser bastante más extenso que los dos anteriores, y ni siquiera lo he acabado aún, como ya comprobareis. Voy a seguir escribiéndolo, asi que la continuación estará, como muy tarde, en un par de días. También decir que he tardado tanto porque he actualizado otro fic mío, "Un nuevo enemigo", así que escribí bastante estos últimos días. Bueno, no me enrrollo más, os dejo leer la continuación.
    :)

    Caminaban lentamente, cogidos de la mano. No hablaban, pero tampoco les hacía falta hacerlo. Había sido todo tan confuso... De repente, una oleada de sentimientos les había invadido, llegando hasta el punto de desbordarse en sus interiores. Habían confesado cosas que no se habrían atrevido a exteriorizar en cualquier otro momento, y había sido todo tan repentino y tan irreal que no podían creer que hubiese sucedido de verdad.
    La lluvia comenzaba a remitir, pero el cielo seguía de un color metálico y olía a tierra mojada en el bosque. De vez en cuando se escuchaba el canto lejano de algún pájaro y el susurro provocado por el suave viento que se colaba entre los árboles. Algunas gotas de agua caían de vez en cuando sobre ellos, sin que esto les importase.
    Kagome apretó levemente la mano del chico con la suya propia, en un gesto involuntario, a lo que él la miró interrogante. La muchacha sintió como sus propias mejillas se encendían y el corazón latía más rápido en su pecho. No lo había hecho a propósito... Estaba pensando en todo lo sucedido y su cuerpo reaccionó así al recordar la tristeza del chico.
    - ¿Qué ocurre?- inquirió él, deteniendo su marcha y mirándola a los ojos, lo que hizo que Kagome se pusiera aún más nerviosa. Sus ojos habitualmente dorados eran oscuros aquella noche, pero aun así su mirada era profunda y le hacía creer que era capaz de indagar en su alma, desvelando todos sus secretos, incluso los más profundos. Le devolvió la mirada durante unos eternos segundos en los que le pareció quedar hipnotizaba... Por sus ojos, su cercanía, el calor que emanaba su piel... Bajó la mirada, avergonzada.
    - ¿De verdad creías que no nos importabas?- le respondió con otra pregunta. No paraba de darle vueltas a eso. Él siempre aparentaba indiferencia ante los sentimientos, y por eso nunca sabía con certeza que era lo que realmente sentía o cómo le afectaba el comportamiento de sus amigos.
    Él dejó escapar un suspiro y se pasó una mano por el cabello, un poco nervioso.
    - No es algo fácil de explicar, Kagome...- fue su escueta respuesta.
    El muchacho hizo un ademán de seguir caminando, pero ella lo retuvo tomándole con fuerza del brazo, muy seria. Su mirada era decidida y su gesto advertía que no iba a quedarse tranquila hasta que no lo supiese todo.
    - Inténtalo- le propuso, sin soltar su brazo en ningún momento, como si temiera que él se fuese de su lado.
    Inuyasha se volvió lentamente hacia ella, resignado, y suspiró nuevamente, intranquilo.
    No le hacía gracia tener que contar sus recuerdos y sentimientos, pero Kagome parecía realmente preocupada. Por otra parte, tampoco tenía nada que perder y ella parecía dispuesta a escucharlo.
    - Está bien- aceptó, aunque no muy convencido. La muchacha aflojó el agarre y él aprovechó para dirigirse a unas pequeñas rocas que se hallaban no muy lejos de los bordes del sendero de tierra. Ella lo siguió sin hacer más preguntas y se sentó junto a él en una de las rocas, que podrían rondar el metro tanto de altura como de anchura.
    Permanecieron en silencio durante unos minutos mientras que él organizaba sus pensamientos, y sólo se escuchaban los ruidos que emitían algunos animales y el constante arrullo del viento. Kagome lo miraba fijamente, esperando que él comenzase a hablar. Se mordió el labio inferior y se revolvió ligeramente. Ella también estaba muy nerviosa, Inuyasha iba a confesarle algo muy importante, y lo sabía. El chico nunca les había contado sus temores o preocupaciones, y aquella noche estaba dispuesto a hacerlo, estaba dispuesto a abrirle su corazón. Aferró el borde de su falda con sus manos para calmar sus nervios. Tenía tantas ganas de saber más sobre la vida del chico al que amaba... Ganas de saber cuales eran sus pensamientos, sus sentimientos, sus temores...
    Él carraspeó ligeramente, más que para llamar la atención de la chica o aclarar su garganta era para tratar de tranquilizarse en la medida de lo posible.
    Kagome dejó de moverse y centró toda su atención en el chico, que evitaba mirarla directamente a los ojos. Inuyasha cogió a Tessaiga y comenzó a juguetear con ella nerviosamente, haciéndola girar entre sus manos o recorriendo con sus dedos la funda que cubría su filo. Kagome se sorprendió ligeramente ante sus acciones. Nunca lo había visto tan nervioso.
    - Desde que nací- comenzó titubeante, después de tragar saliva- he sido repudiado tanto por los humanos como por los demonios. Yo no entendía por qué se reían o se alejaban de mí, y me sentía confuso ante esa actitud. Sin embargo, no me importaba mucho porque siempre tenía a mi madre a mi lado.- hizo una pausa, lo que hizo adivinar a Kagome que lo que seguía era doloroso para él. El muchacho apretó con fuerza un puño y siguió hablando- Pero una noche, los habitantes de la aldea más cercana a nuestra casa se presentaron ante nosotros de improvisto. Recuerdo que eran todos hombres y sostenían en sus manos antorchas encendidas. Mi madre y yo estábamos durmiendo, pero el relincho de los caballos y los gritos de los hombres pusieron a mi madre en guardia, y en un susurro me ordenó que me escondiera y que cuando ella me hiciese una señal saliese por la puerta trasera que daba al bosque.
    Kagome lo miraba con los ojos abiertos de par en par. No podía creer lo que estaba escuchando... ¡Simplemente no podía! ¿Cómo podían llegar a se tan crueles a veces los humanos? El muchacho no se dio cuenta de que la sorpresa y el horror se dibujaban en el rostro de la sacerdotisa, y siguió contando todos los recuerdos que le llegaban a la mente con total nitidez.
    - Mi madre salió de la choza en la que vivíamos, dispuesta a enfrentar ella sola a aquellos hombres.- continuó con un hilo de voz. Dejó de jugar con la espada y a medida que los recuerdos lo embargaban, su mente viajó hasta ese momento tan doloroso, como si lo estuviese viviendo de nuevo. Seguía hablando, pero su mente no estaba pendiente de la conversación. Volvió a sentirse aquel niño asustado, escondido en la oscuridad de la choza de madera, observando la silueta recortada entre las sombras de su madre.



    El niño aferraba fuertemente una manta oscura con sus pequeñas manos, escondido en lo más profundo de la pequeña choza. Temblaba como una hoja, pero no por temor a lo que pudiera pasarle a él, si no por lo que pudieran hacerle a su madre. Sus orejitas se movían inquietas, intentando captar cualquier sonido sospechoso, pero solo lograba escuchar el relincho de los caballos y las voces de los hombres que hablaban entre ellos. Mirara donde mirara el pequeño, todo era oscuridad, pero por suerte sabía orientarse perfectamente ya que se trataba de su casa, lo que suponía que le daba algo de ventaja con respecto a los extraños que se hallaban fuera. La casa constaba de una sola pieza no muy amplia, pero lo suficientemente grande como para que convivieran en ella dos personas. En esa única habitación él y su madre comían, dormían y se entretenían los días de lluvia cantando canciones y contando fantásticas historias sobre un poderoso demonio llamado Inu no Taisho. La madera con la que estaban construidas las paredes estaba algo carcomida por el paso del tiempo, pero al menos les proporcionaba intimidad y protección. Ese era su hogar, y a él le gustaría seguir viviendo como lo había hecho hasta ahora. En esa casa, viviendo una vida tranquila con su madre.
    Con el corazón en un puño e incapaz de permanecer quieto por el miedo que lo atenazaba, se deslizó sigiloso como un gato en la oscuridad de la habitación hasta el marco de la puerta de entrada de su hogar, obteniendo una vista del cielo nocturno y estrellado de fuera, pero sin ninguna suave brisa que refrescara esa noche.
    Lo que vio le heló la sangre en las venas, su respiración se cortó durante una breve fracción de tiempo y su corazón le hizo daño en el pecho.
    Su madre, una mujer joven y hermosa de cabellos azabaches, estaba de pié a tan solo unos pasos de la entrada de la casa, y alrededor de ella se apostaban algunos hombres que reconoció como los habitantes de la aldea cercana. El niño no fue capaz de contar cuantos habían, pero supo a pesar de su corta edad que eran demasiados.
    El pequeño Inuyasha apretó con sus manitas el marco de la puerta, asustado. Su corazón latía desbocado en su pecho y las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos dorados.
    Estuvo a punto de gritar para decirle a su madre que volviese al interior de la casa, pero se contuvo justo a tiempo, tapando su boca con una de sus manos. No, no podía hacer ruido. Su madre le había dicho que se escondiera y eso iba a hacer.
    - ¿Dónde está el demonio?- exigió saber una voz ronca.
    Inuyasha volvió a fijar su atención en la escena que se desarrollaba ante sus ojos. Había hablado el hombre que estaba más cerca de su madre, justo en frente de ella, y que parecía ser aquel que lideraba a los demás. Se trataba de un simple campesino, pero era conocido en la aldea por su mal carácter y su incondicional odio hacia los demonios. Era un hombre de mediana estatura, algo escuálido y de piel tostada por las horas de trabajo bajo el implacable sol. Podría rondar los cuarenta años, aunque era difícil adivinarlo. Al igual que todos los hombres que lo acompañaban, vestía un kimono corto y algo remendado, su rostro estaba surcado de cicatrices y sus ojos negros como el carbón refulgían con un extraño brillo ante la luz de las antorchas. Tenía una nariz aguileña, el pelo negro como el ala de un cuervo recogido en una cola y los labios apretados fuertemente, en un gesto de impaciencia.
    - ¿Dónde está el demonio?- repitió, entrecerrando los ojos con furia.
    La madre de Inuyasha retrocedió un paso, pero alzó el rostro, orgullosa e imperturbable.
    - ¿A qué demonio se refiere usted?- preguntó con fría cortesía.- Que yo sepa, aquí no hay ningún demonio.
    El hombre hizo una mueca, pero luego comenzó a reír. Era una risa sarcástica, fría.
    - Es cierto- coincidió- No es ni siquiera un demonio, solo un patético medio demonio.
    La mujer se abalanzó sobre el hombre, pero antes de que pudiera llegar a tocarlo, dos pares de brazos la retuvieron con fuerza. Se trataban de dos aldeanos que, al ver las intenciones de la mujer, habían decido actuar para proteger a su jefe.
    Inuyasha tuvo que contenerse para no ir hasta donde estaban esos hombres y defender a su madre. Se mordió el labio inferior con tanta fuerza que éste comenzó a sangrar. “No”, se repitió una vez más, “mamá dijo que tenía que permanecer oculto, y eso haré. Si veo que le hacen algo la ayudaré, no importa lo que ella me diga”, se prometió.
    - Bastardo- escupió la mujer sin preocuparse por contener su ira.
    El hombre se encogió de hombros, una sonrisa hipócrita se dibujó en su rostro.
    - Aquí yo no soy el bastardo, sino esa cosa que tienes por hijo- dijo con veneno.
    Izayoi se revolvió furiosa entre los brazos de los dos aldeanos que la mantenían sujeta, clavando su mirada ahora llena de furia en la del hombre que tenía frente a ella.
    El niño se quedó paralizado. No entendía por qué aquellos hombres decían esas cosas, él no les había hecho nada. ¿Y por qué le llamaban medio demonio? Él no sabía lo que era eso, pero al parecer no era algo bueno. Decidió escuchar más atentamente la conversación de los adultos, pero en tensión a la vez, listo para entrar en acción en cualquier momento.
    - Sé razonable, mujer- siguió aquel hombre, al cual parecía no importarle los insultos e improperios que salían a borbotones de los labios de la mujer.- Deshazte de esa carga. Nadie te juzgará, entendemos que fuiste manipulada por ese demonio...
    - ¡Inu no Taisho no me obligó a nada!- bramó ella, encolerizada.- ¡Me casé con él por voluntad propia, porque le quería! ¡Y no vuelvas a decir que mi hijo es una carga, porque es lo más preciado que tengo en el mundo! ¡Antes muerta que abandonarlo a su suerte!
    Los rostros de todos los aldeanos se consternaron con sorpresa ante la revelación de la mujer. Para ellos el hecho de amar a un demonio era imposible e imperdonable. Pronto se hicieron escuchar los gritos que pedían la muerte de la mujer, pero el hombre que ejercía como jefe de aquel numeroso grupo alzó una mano con firmeza, haciéndolos callar a todos en el acto.
    - No seas tozuda- dijo volviéndose de nuevo a la mujer, con inusual tranquilidad.- No te preocupes por ese pequeño detalle, podemos decir que sí te obligó y nadie te reprochará nada. Además,- añadió, mirándola de arriba abajo con un brillo de lujuria en sus ojos negros- sería un pena tener que matarte, un desperdicio más bien...
    Izayoi lo miró incrédula, sin poder creer lo que oía. No solo le pedían que abandonase a su hijo, sino que admitían que le daban la oportunidad de salir con vida solo porque resultaba ser una tentación para los hombres. ¡Se atrevían a pensar que sería capaz de rehacer su vida incluso después de haber abandonado a su pequeño! La rabia la inundó, la rabia de una madre que está dispuesta a defender a su hijo con uñas y dientes si es necesario. Desde su posición hizo una tentativa de darle una patada al hombre en el estómago, pero le resultó imposible.
    - ¡No!-chilló, sin dejar de revolverse desesperadamente, tratando inútilmente de librase de los brazos que la aprisionaban.- ¡Nunca abandonaré a mi hijo, nunca! ¡Y tampoco negaré el amor que tuve por Inu no Taisho! ¿Me oís?
    El jefe hizo otra mueca. Parecía que comenzaba a perder la paciencia.
    - Eso que tu llamas hijo no es más que un monstruo, no vale la pena morir por eso. ¡Ja! No es ni demonio, ni humano. Aunque permanezca con vida, va a ser una vida sin sentido. Nadie le querrá a su lado y todos tratarán de matarlo. ¿No crees que es mejor ahorrarle todo ese sufrimiento matándolo ahora?
    Inuyasha, en su escondite, abrió los ojos desmesuradamente. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus suaves mejillas lentamente y tuvo que reprimir un sollozo. Ahora lo entendía. Todos le odiaban por ser un medio demonio, por eso siempre huían de él. Y por su culpa ahora atacaban también a su madre. Se dejó caer al suelo sin hacer ningún ruido, mientras que en su interior se libraba una batalla. Su madre era la única persona que le quería y había estado a su lado, y ahora por su culpa, por haberla retenido a su lado, querían hacerle daño. Se llevó ambas manos al rostro, derrotado. No quería que le hiciesen nada a su madre, y a la vez se sentía mezquino por ser lo que era.
    - ¡¿Cómo te atreves siquiera a proponerme semejante atrocidad?!- chilló la mujer, fuera de sí- ¡Por el amor de Dios, es mi hijo!
    Los movimientos de la mujer se volvieron tan bruscos y desesperados que en un momento consiguió liberarse de los brazos de los dos aldeanos, y aprovechó la confusión de todo el grupo para acercarse corriendo al jefe y propinarle un fuerte puñetazo en la mandíbula que le hizo caer al suelo, aturdido.
    Satisfecha, Izayoi corrió en dirección a su choza, donde permanecía oculto su hijo. No le resultó difícil puesto que los hombres estaban aún sorprendidos y trataban de ayudar a su jefe, y ninguno de ellos se preocupó por la mujer que había escapado.
    Nada más atravesar la puerta se encontró al pequeño encogido sobre sí mismo, con la espalda pegada a la pared. Sus manitas ocultaban su rostro y su cuerpo se convulsionaba levemente a causa de su llanto silencioso.

    CONTINUARÁ...


    ¿Qué? Dije que no estaba completo, pero me daba cosa tardar más en actualizar, suficiente tiempo habeis esperado ya. De todas formas, como ya dije arriba, la continuación va a estar muy pronto.
    Me decís que os ha parecido y qué debería mejorar (en cuanto a escritura o historia).
    Un besote y un fuerte abrazo a todas!!
    :beso:
    Atte: Erazal
     
  17.  
    Erazal

    Erazal Guest

    Título:
    Fanfic - Viaje al pasado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    20
     
    Palabras:
    5195
    Re: Viaje al pasado

    Gracias belaki-chan e inu-irz92! Me vais a sacar los colores, gracias por leer el fic! Aquí teneis la conti, creo que esta vez no he tardado mucho (a pesar de que tuve que sacar tiempo de donde no lo tenía para poder escribir). Espero que la disfruteis!

    CAPÍTULO 3: Segunda parte.
    A la mujer se le encogió el corazón con dolor ante esta imagen. Se llevó una mano temblorosa al pecho, en la zona donde se encontraba su corazón. Ver a su hijo en ese estado le causaba un profundo dolor, y maldijo interiormente a aquellos aldeanos. Inuyasha lo había escuchado todo... Ahora no podría decirle que los demás no lo repudiaban porque él sabía la razón de que todos lo rechazaban, y esta era su condición de medio demonio. Izayoi meneó la cabeza, enviando aquellos pensamientos al fondo de su mente. No podía perder el tiempo pensando en esas cosas porque si no sacaba a su hijo de ahí lo matarían.
    - Vamos pequeño- lo llamó con voz dulce mientras le tendía una temblorosa mano.- Tenemos que escapar de aquí rápido.
    El niño dirigió lentamente su carita inundada por las lágrimas hacia ella y asintió levemente. Tomó su mano sin dudar, e Izayoi corrió con él hasta la puerta trasera de la choza. Le costó un poco llegar hasta ella debido a la oscuridad en la que estaban sumidos, pero parecía que por el momento los aldeanos estaban más ocupados en ver qué le pasaba a su jefe y no les seguían. “Mucho mejor así”, pensó la mujer. Forcejeó unos angustiosos instantes con la improvisada cerradura que mantenía la puerta cerrada, mientras Inuyasha se aferraba a su kimono, asustado y confundido, y finalmente consiguió abrirla.
    Tuvo que contener un grito en cuanto sus ojos se adaptaron a la luz y consiguió ver lo que les aguardaba en el exterior de su casa. En un acto instintivo, ocultó a su hijo detrás de su propio cuerpo mientras retrocedía un paso. Abrió sus ojos marrones desmesuradamente, aterrorizada y asustada. Inuyasha se aferró con fuerza a ella, comenzando a sollozar silenciosamente una vez más.
    Toda la extensión de tierras que era visible ante sus ojos estaba plagada de aldeanos con antorchas en sus manos, listos para atacar en cuanto se diese la orden. Sus rostros tenían una expresión amenazante y parecían dispuestos a todo.
    Izayoi recorrió con la mirada cada palmo de tierra buscando una posible salida, alguna zona obviada por la vigilancia de aquellos hombres. Nada. No había forma de escapar. Se le encogió el corazón dolorosamente y sintió sus ojos arder cuando acudieron las lágrimas a ellos. No quería que le arrebatasen a su hijo... ¡No podría soportar verlo morir!
    - Mamá...-gimió el pequeño, temblando como una hoja y con la voz entrecortada por el llanto.- Mamá tengo miedo...
    La mujer no encontró palabras de consuelo que tranquilizasen su alma y la de su propio hijo. Retrocedió otro paso, sin apartar la mirada de aquellos hombres. Había un gran contraste entre el negro cielo y las ardientes y luminosas llamas de las antorchas, una visión que sólo conseguía darle un toque macabro a la situación. Se oyó el ruido de unos pasos, amortiguado por el murmullo de voces y el crepitar de las llamas, que se acercaban con exasperante lentitud y se hacían más audibles a cada instante.
    De pronto, Izayoi sintió que su hijo era apartado de ella de forma brusca y, asustada y sorprendida, se giró hacia atrás para ver entre la oscuridad de la casa al jefe de aquel extraño grupo con su hijo entre sus brazos.
    El corazón le dio un vuelco.
    - ¡No!- chilló, aterrorizada.
    El hombre dibujó una sonrisa sádica en su demacrado rostro, dejando ver algunas piezas dentales completamente destrozadas por el puñetazo que había recibido tan solo unos momentos antes. Sus ojos brillaban con locura y rabia en medio de la oscuridad, por lo que la mujer no pudo evitar asustarse aún más. El pequeño Inuyasha forcejeaba entre sus brazos desesperadamente mientras lanzaba miradas suplicantes a su aterrorizada madre. El hombre tenía su brazo alrededor del cuello del niño, dispuesto a estrangularlo.
    - No, no lo haga- suplicó Izayoi, temblando de pies a cabeza. Tuvo que sujetarse al marco de la puerta para evitar caer al suelo cuando sus piernas comenzaron a flaquearle. La sangre se le heló en las venas y la más absoluta desesperación se adueñó completamente de su ser. Sintió incluso unas terribles arcadas, producto del propio miedo que la consumía.- Por favor... Déjelo, es solo un niño... Por favor... Devuélvamelo...- las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas sin que ella pudiese hacer nada por evitarlo, estaba demasiado asustada.
    El hombre comenzó a reír a carcajadas, como si disfrutase del sufrimiento de la mujer y del pequeño medio demonio. Era una risa fría y desprovista de alegría, incluso tenebrosa, que hizo que todos los presentes se estremecieran. Su brazo se cerró con más fuerza alrededor del níveo cuello del niño, haciendo que escapara un gemido de dolor de la boca del pequeño al instante.
    - No...- Volvió a suplicar la mujer al borde de la desesperación. Su rostro había perdido todo el color y ahora tenía un aire de enferma que resultaba acorde a su sufrimiento.
    El hombre avanzó unos pasos hacia ella, sin aflojar en ningún momento el agarre que mantenía al niño prisionero. Se paró justo en frente de ella y clavó su mirada en los ojos inundados de lágrimas de Izayoi. Ella tembló al percibir la locura brillando en los ojos negros del hombre con más claridad, pero no se movió ni un ápice.
    - ¿Por qué habría de hacerlo?- preguntó, arrastrando las palabras al hablar.
    Izayoi tragó saliva, intentando serenarse.
    - Porque él no ha hecho nada malo- declaró firmemente.
    El hombre se encogió de hombros, como si el hecho de que el niño fuese inocente no tuviese relevancia. Dio media vuelta y se dirigió a la puerta, llevándose al atemorizado niño consigo. Izayoi intentó detenerlo, pero los hombres que seguían fielmente a su jefe le impidieron el paso.
    - ¡No! ¿A dónde se lo lleva?- gimió la mujer, mientras hacía vanos esfuerzos por librarse de las manos que la retenían e ir junto a su hijo.
    - Quiero que todos vean el final de esta amenaza- respondió sin mirarla. Y sin decir nada más, salió al exterior de la choza.
    Izayoi no iba a permitir que matasen a su pequeño. ¡Antes tendrían que pasar por encima de su cadáver! Asestó furiosos puñetazos y patadas a diestro y siniestro, provocando la confusión del grupo que la mantenía prisionera. Aprovechando la confusión que ella misma había creado, se dirigió rauda hasta la salida de la casa. Los hombres esta vez no se preocuparon por volver a retenerla, sino que salieron con paso tranquilo al exterior para presenciar el dantesco espectáculo.
    El jefe estaba de pie en medio de un círculo formado por los aldeanos, los cuales aguardaban expectantes. El niño hacía grandes esfuerzos por respirar, y su mirada pareció iluminarse levemente cuando se topó con la de su madre en medio de aquella multitud de desconocidos.
    - Esta noche terminaremos de una vez por todas con esta amenaza- vociferó, mientras recorría todos los rostros de los presentes con una mirada cargada de orgullo y satisfacción, pero que no ocultaba un deje de locura.- Acabaremos de una vez por todas con la vida de este pequeño y sucio híbrido.
    Los hombres corearon un grito de euforia al escuchar aquellas palabras. El híbrido no les había hecho nada, pero confiaban ciegamente en las palabras de su líder.
    - ¡Deténganse!- suplicó nuevamente la mujer, al borde de la desesperación.
    Nadie pareció oírla, sólo su hijo, que la miraba suplicante, con sus ojos dorados bañados en lágrimas.
    Uno de los aldeanos se acercó a su jefe con una cuerda en la mano y, entre los dos, ataron con ella las pequeñas manos de Inuyasha a la espalda. El jefe cogió un extremo de la cuerda y levantó al pequeño en vilo, para que todos pudiesen verlo con claridad.
    - ¡Ha llegado la hora de que exhale su último aliento!- bramó con siniestro placer.
    La multitud lanzó gritos de aprobación y siguió a su líder cuando éste se encaminó con paso decidido a un río que discurría a pocos metros de la linde del bosque. Era de cauce profundo y sus aguas negras por la falta de luz solar fluían salvajes río abajo.
    La mujer se abrió paso como pudo entre la masa de gente que se dirigía al río y tras una loca carrera en la que tuvo que sortear a aquellos que intentaron detenerla consiguió llegar junto al jefe. El susodicho ya se encontraba en la orilla del río, y todas las miradas estaban puestas sobre el niño que se encontraba suspendido a escasos centímetros de la superficie del agua. Sin previo aviso, el jefe bajó el brazo con el que sostenía al híbrido. Inuyasha desapareció de la vista de los presentes al quedar sumergido en las turbulentas aguas.
    - ¡No!- sollozó la mujer, mientras se llevaba ambas manos a la boca.
    Inuyasha comenzó a patalear furiosamente debajo del agua al sentir la necesidad de respirar con urgencia, cuando sus pulmones se vieron privados del preciado oxígeno. Consiguió salir a la superficie y tomar una bocanada de aire, pero inmediatamente dos manos lo empujaron hacia el agua, sumergiéndole enteramente una vez más. Intentó librarse de la presión que ejercían las manos sobre él, pero al estar sujeto a la cuerda y soportando las furiosas corrientes de agua se le hacía prácticamente imposible. Abrió los ojos al máximo, angustiado ante la idea de que iba morir allí, ahogado. Pataleó con renovadas energías pero sin obtener ningún resultado. Su mente comenzó a nublarse poco a poco, no podría hacer nada por permanecer consciente mucho más tiempo.
    Gimió sorprendido cuando sintió que era tirado a la superficie y comenzó a toser en cuanto hubo respirado una bocanada de aire. Sintió como unos brazos lo rodeaban y lo estrechaban contra un cuerpo de mujer. Abrió los ojos lentamente y vio el rostro de su madre a escasos centímetros del suyo. Parecía muy asustada y aliviada al mismo tiempo. Rodeó con sus bracitos a su madre y apoyó la cabeza en su hombro, aún confundido por lo rápido que todo había sucedido.
    El jefe se encontraba no muy lejos de ellos, tirado cuan largo era en la hierba. Con dificultad logró sentarse, ayudado por un par de aldeanos que lo miraban con preocupación, y dirigió al niño que se hallaba observándolo una mirada de profundo odio.
    - ¡Maldita mujer!- escupió, intentando ponerse en pie.
    Izayoi reaccionó al escuchar la voz del hombre y se puso en pie rápidamente, tomando a su hijo en brazos. Sin dudarlo un segundo se lanzó al agua ante las miradas sorprendidas de todos.
    - ¡Que no escapen!- ordenó el jefe aún desde el suelo, furioso porque había estado muy cerca de matar al híbrido pero la mujer se lo había impedido una vez más con uno de sus golpes.
    Los hombres corrieron hasta el río, pero ninguno se atrevió a meterse en él. Vieron impotentes como la mujer salía del agua, en la orilla opuesta, con el híbrido entre sus brazos. Izayoi se volvió hacia ellos y les dirigió una mirada triunfante. Después, ella y su hijo desaparecieron entre el denso follaje.
    Todos quedaron en silencio, pero inmediatamente se pusieron en marcha, dispuestos a atraparlos, costase lo que costase. Muchos montaron sus caballos y galoparon velozmente hasta el puente más cercano, seguidos de cerca por aquellos que corrían puesto que no tenían cabalgaduras. No tardaron apenas unos minutos en llegar hasta un sólido puente de madera que atravesaba el río y tras cruzarlo, se internaron en el bosque tan silenciosamente como les fue posible. Los que no tenían caballos se internaron aún más en la espesura, ocultándose de vez en cuando tras un árbol o en un matorral. El líder, que se vio incapaz de contener su rabia, se adelantó a todos ellos, corriendo como una gacela. Tuvo mucho cuidado de no tropezar con las raíces que sobresalían del suelo y de esquivar a tiempo cualquier obstáculo que se le pusiera por delante. Tras varios minutos de carrera llegó a un pastizal que se encontraba en medio del bosque, iluminado por la luz plateada de la luna llena, y pudo entrever una silueta femenina que corría entre unos árboles cercanos.
    Una sonrisa siniestra cruzó su rostro. Se ocultó entre la alta hierba, esperando a que la mujer pasase a su lado. No tuvo que esperar mucho ya que enseguida escuchó una respiración entrecortada y el sonido de la tela que se enredaba entre los arbustos. Se levantó y la vio justo en frente suyo. La mujer profirió un grito de sorpresa, pero no tuvo tiempo de escapar porque el hombre se apresuró a aferrarle con fuerza su muñeca derecha.
    - Ya te tengo- dijo con burla.
    La mujer lo miró aterrorizada y él rió al sentirse victorioso. Pero su risa se congeló cuando descubrió que el híbrido no estaba con la mujer. Su expresión cambió radicalmente a una de profundo odio y sus ojos negros como el carbón refulgieron en la oscuridad con furia. Zarandeó a la mujer, incapaz de contenerse.
    - ¿Dónde está el híbrido?- preguntó,- ¿Dónde lo has escondido, mujer del demonio?
    Izayoi tragó saliva mientras sentía que el mareo ocasionado por los movimientos bruscos del hombre remitía.
    - Lejos de los infelices que pretenden matarlo- respondió débilmente.
    El hombre la lanzó al suelo sin miramientos y dejó escapar un alarido de rabia. Inuyasha vio con horror desde la rama de un árbol que su madre era incapaz de volver a levantarse y que el hombre había sacado un cuchillo de una de las aberturas de sus pantalones, y ahora se acercaba peligrosamente a ella.
    - No, por favor...- sollozó el niño, aferrándose con fuerza al tronco del árbol.- Mamá sal de ahí... No dejes que te mate...
    Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando vio el cuchillo penetrar en el vientre de su madre y ésta aulló de dolor. El hombre extrajo el cuchillo del cuerpo de ella y desapareció en la oscuridad del bosque, dejándola gravemente herida en el suelo. El niño saltó inmediatamente del árbol y corrió hasta su madre.
    - ¡Mamá! ¡Mamá!- gritaba desesperado con lágrimas corriendo por sus suaves mejillas.
    Se dejó caer al lado de la mujer, y ésta giró su cabeza débilmente hacia él. La mujer estaba mortalmente pálida y sus ojos comenzaban a perder el brillo que caracterizaba su mirada.
    - Inu... Yasha...- susurró llevando una de sus manos al rostro del niño y secando con sus dedos las lágrimas que salían de sus grandes ojos dorados.
    - Mamá no te vayas... Quiero que te quedes conmigo... – dijo el pequeño estallando en llanto.
    Izayoi dibujó una sonrisa tierna en su rostro y acarició la cara de su hijo, sintiendo que la vida se escapaba gota a gota de su cuerpo.
    - No llores hijo mío, yo siempre estaré contigo aunque tú no me puedas ver- murmuró, sintiendo sus propias lágrimas deslizarse por sus pálidas mejillas. Gimió de dolor, pero se concentró en su hijo que la miraba destrozado. Tenían que despedirse ya, sabía que no le quedaba mucho tiempo.- Inuyasha... Prométeme que serás una buena persona y que harás todo lo posible por vivir, aunque los demás no siempre te aprecien.
    - Mamá... No, por favor no te vayas...- sollozó el niño, adivinando que su madre se estaba despidiendo de él.
    - Prométemelo- pidió Izayoi, sintiendo como su vista comenzaba a nublarse.
    El niño solo asintió levemente, incapaz de articular palabra.
    - Nunca te avergüences de ser lo que eres, porque eres el mejor hijo que pude haber tenido y me siento muy orgullosa de ti.- susurró. Otro gemido de dolor se escapó de sus labios y esta vez sintió que la llama de la vida se extinguía con rapidez en su interior.- Inuyasha... Te quiero mucho, hijo mío. No lo olvides nunca.
    - Yo también te quiero mucho mamá...-respondió el niño.- Por eso no quiero que te vallas...
    - Yo tampoco quiero alejarme de ti, pero la muerte es algo inevitable y nos llega a todos, tarde o temprano. Cuídate y mantente alejado de esos hombres. Ahora tienes que escapar muy lejos de aquí y no volver. Busca a alguien que cuide de ti y que te quiera, ¿vale?- tras estas palabras, la mujer comenzó a cerrar los párpados. Inuyasha la agitó levemente con sus manitas, llorando.
    - Mamá, mamá...
    Izayoi abrió una vez más los ojos para volver a ver a su hijo por última vez. Se fijó en cada pequeño detalle de su rostro y en cada gesto del niño, como si quisiera guardar en su mente el recuerdo de ese rostro inocente e infantil.
    - Adiós, Inuyasha... Te quiero mucho, hijo mío...- dijo con esfuerzo. Volvió a cerrar los ojos, esta vez para no volver a abrirlos nunca más, y exhaló su último suspiro.
    Inuyasha sintió que su alma se le caía a los pies. La agitó nuevamente, pero esta vez no obtuvo respuesta. Temeroso, pegó su cabeza al pecho de la mujer, temblando.
    Se dejó caer al suelo al comprobar que su corazón había dejado de latir y comenzó a temblar y a llorar sin control. No podía ser cierto... Su madre había muerto, y ya nunca volvería a abrir sus ojos marrones y llenos de ternura, no volvería a cantarle a la hora de dormir, no volvería a abrazarle y a llenarle de besos y caricias maternales...
    El niño abrazó el cuerpo de la mujer y lloró largamente en su pecho, destrozado por dentro. Gritó a los cuatro vientos el nombre de su madre, obteniendo siempre el frío silencio como respuesta a sus lamentos.
    Pasó toda la noche abrazado al cuerpo de su madre, pero cuando los primeros rayos despuntaron al alba, escuchó un ruido de voces masculinas que se acercaban a donde ellos se encontraban. Se abofeteó mentalmente al recordar la advertencia de su madre, y volvió a mirarla, con el corazón encogido de dolor, pensando que ya no volvería a verla nunca más. Se inclinó hacia ella y depositó un tierno beso en su pálida y fría mejilla.
    - Adiós, mamá. Te quiero mucho, nunca te olvidaré.- le susurró al oído. Se separó de ella y corrió hasta internarse en el bosque.



    - Tenía apenas seis años cuando ocurrió- terminó Inuyasha, saliendo de su ensoñación. Tragó saliva y se pasó una mano por el cabello, algo turbado por los recuerdos. Esta vez dirigió la mirada hacia Kagome, que lo miraba boquiabierta y pálida.
    La joven sacerdotisa abrió y cerró la boca, como si quisiese decir algo pero la voz no quisiese salir de su garganta. Cerró los ojos con dolor, y cuando volvió a abrirlos los fijó en el muchacho que se encontraba a su lado.
    - Yo... Oh, lo siento...- murmuró nerviosamente- No tenía ni idea... Debió ser muy duro para ti. No deja de sorprenderme la maldad de los hombres- dijo, algo frustrada- Son capaces de destrozar vidas con la excusa del temor a algo distinto a ellos.- Volvió a clavar su mirada castaña cargada de preocupación en él- Ahora entiendo tu desconfianza hacia los humanos.
    Inuyasha dejó escapar un suspiro y se revolvió algo incómodo.
    - No es que desconfíe de los humanos- aclaró, intentando explicarse- Sino que no confío en sus promesas de fidelidad.
    Kagome asintió, cabizbaja.
    - Entiendo.
    El muchacho se puso en pie, incómodo. No le agradaba contar todo sobre él, aunque con Kagome fuese diferente. Había guardado muy celosamente todos y cada uno de sus sentimientos en lo más profundo de su ser desde que se sintió amenazado por ser lo que era, y no estaba acostumbrado a compartirlos con nadie.
    - ¿Y qué hiciste después?- preguntó Kagome de pronto. Inuyasha se volvió hacia ella, sorprendido por su preocupación.
    - Caminé mucho tiempo sin un rumbo fijo, evitando encontrarme con demonios o humanos y entrenándome al mismo tiempo para poder defenderme por mí mismo- explicó, mientras se dirigía a paso lento hacia el camino. Kagome no tardó en reunirse con él para caminar a su lado, queriendo saber más sobre su vida, algo que siempre había sido un completo misterio para ella.- No me quedaba otra alternativa. Tanto los demonios como los humanos me repudiaban, ¿qué otra cosa podía hacer? Tampoco tenía familia, a excepción de Sesshomaru- gruñó al recordar a su medio hermano- Pero tú ya sabes cómo es, aunque le hubiese pedido ayuda no habría hecho nada por mí. Por eso tuve que aprender a valerme por mí mismo. Al principio fue duro, pero me acabé acostumbrando.
    Kagome se aferró a su brazo, transmitiéndole apoyo y cariño a través de ese contacto.
    - Tuviste una infancia muy dura- dijo tristemente, con la mirada perdida.- No sé lo que hubiera hecho si todo lo que has vivido me hubiese tocado a mí hacerlo, no sé si hubiese sobrevivido como has hecho tú.- admitió.
    Él no dijo nada, y Kagome pensó que lo mejor sería no hacer más preguntas por aquella noche, bastantes recuerdos dolorosos le había hecho recordar ya. No sabía qué hacer para animarlo, y ahora entendía su reacción después de que ella lo hubiese casi ahogado sin ningún motivo. Inuyasha lo había pasado muy mal a lo largo de su vida, y por eso no era de extrañar su actitud recelosa hacia los humanos.
    Siguieron caminando lentamente, como si deseasen que el paseo no acabase nunca. Permanecieron todo el tiempo en silencio, Inuyasha sumido de nuevo en sus oscuros recuerdos y Kagome asimilando lo que él acababa de contarle. Aún así, disfrutaban de la cercanía del otro, del roce de sus cuerpos, del calor que emanaban los mismos...
    Pero para desgracia de ambos no tardaron mucho en llegar cerca del pequeño campamento que habían establecido para pasar aquella noche. Kagome no detuvo su marcha hasta que Inuyasha aflojó su abrazo y se quedó atrás. Ella se volvió hacia él, confundida.
    - Keh, esta noche preferiría no dormir con ellos- explicó, mirando en otra dirección.
    - ¿Estás seguro?- inquirió la joven, preocupada.
    El muchacho, al ver su expresión tierna y de preocupación, no pudo evitar esbozar una leve sonrisa para tranquilizarla.
    - Sí, creo que es mejor así. Aún no estoy preparado para enfrentarme a ellos y tengo muchas cosas que pensar- aclaró.
    - Entiendo- asintió ella. Se acercó a él y para su sorpresa, lo abrazó.- Quiero que sepas que estamos contigo, y perdónanos por lo de esta noche... No pretendíamos herirte.
    Inuyasha correspondió a su abrazo y acarició con ternura sus cabellos negros.
    - Lo sé- contestó simplemente.
    Kagome sintió como si le quitaran un peso de encima. Le aliviaba enormemente saber que él aún confiaba en ella. Se separó lentamente de él, lamentando tener que alejarse de su lado, extrañando ya su presencia.
    - Buenas noches- en un acto que tomó por sorpresa al muchacho, se puso de puntillas y le dio un pequeño beso en la mejilla. Inuyasha se sonrojó furiosamente, y agradeció interiormente que estuviese todo tan oscuro.
    - Bu... buenas noches, Kagome- dicho esto, se alejó rápidamente de allí, dejando atrás a una sonriente Kagome.
    Se subió a la rama de un árbol, no muy lejos del improvisado campamento. Como humano era más vulnerable que nunca, y eso era algo que sabía perfectamente, así que prefería no arriesgarse. Su corazón latía desenfrenadamente en su pecho y no podía sacar de su mente a Kagome. Se llevó una mano a la mejilla en la que ella le había besado y sonrió estúpidamente. Permaneció así unos minutos, en los que su cabeza no dejaba de mostrarle imágenes de la sonriente joven, hasta se dio cuenta de lo tonto que parecía haciendo eso. Meneó la cabeza, intentado sacar el recuerdo de la muchacha de sus pensamientos. No sirvió de nada.
    Resignándose a su suerte, se recostó contra el tronco y cerró los ojos, intentado conciliar el sueño. Tras abofetearse mentalmente incontables veces por no dejar de pensar en cierta chica del futuro, calló en los brazos de Morfeo.


    CONTINUARÁ...


    CONTINUARÁ...

    Espero que el tiempo que habéis esperado haya valido la pena, me decís qué es lo que pensáis y qué es lo que debería mejorar.
    Un saludo.
    Atte: Erazal.
     
  18.  
    leti

    leti Guest

    Título:
    Fanfic - Viaje al pasado
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    20
     
    Palabras:
    117
    Re: Viaje al pasado

    [FONT=&quot]¡Qué capítulo! Me dejaste impactada con esos recuerdos de la infancia de Inuyasha. Pobre. La verdad es que siempre me he imaginado que una vida así es la que le había tocado vivir, pero tú lo narras magistralmente. Me gusta mucho. Kagome debe estar de piedra al escuchar como le fue en la vida a su adorado hanyou. Muero por saber qué habrá pasado, qué le dirá Izayoi a su hijo, quien era ignorante de todo. Vas súper bien amiga. Échale muchas ganas al próximo capítulo por que te está quedando de lujo. Yo estaré apoyándote como siempre. Te mando un gran abrazo.[/FONT]
     
  19.  
    Kagome-inuka

    Kagome-inuka Iniciado

    Leo
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    Pluma de
    Escritora
    Re: Viaje al pasado

    Estuvo lindisimo, hermosisimo,te juró que estuve apuntó de llorar la infancia del pobre Inu fue tan triste,la manera en que lo narraste simplemente fue increible, adoro este y todos tus fics conti pronto onegai!!
     
  20.  
    Tirabuzones

    Tirabuzones Usuario popular

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    128
    Pluma de
    Escritora
    Re: Viaje al pasado

    Hola, acabo de leer una
    continuación que me
    salté y me encantó, la
    verdad es que no había
    dado respuesta de lo que
    opinaba de los dos y me
    acabo de dar cuenta.

    Pobre Inuyasha... si que
    ha sufrido... me da más
    pena... Y pobre Izayoi...

    La verdad es que Kagome
    se pasó, peor ella no lo sabía...

    Todo es culpa de Sesshomaru,
    si no rechazara a su medio hermano,
    Inuyasha hubiera sido feliz.
    Es que, jeje, hay que hecharle
    las culpas a alguien jeje.

    Espero pornto la próxima continuación.

    Adiós, hasta la siguiente continuación,
    estoy deseando leerla.

    atte: perri2006
     
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