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Fanfic - Ven [Digimon]

Tema en 'Digimon' iniciado por Nienor, 28 Mayo 2010.

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    Nienor

    Nienor Entusiasta

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    Fanfic - Ven [Digimon]
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    1
     
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    Ven [Digimon]

    Y aquí vuelvo yo, ¿Por qué sigo poniendo esto? Hecho bajo los influjos de canción.

    Título: Ven.
    Summary: ¿Querías romper mi corazón? Pues bien, ya lo hiciste.
    Pareja: Taito (TaichixYamato o TaixMatt, según el doblaje). Ligero YamatoxOC
    Clasificación: T, creo.
    Advertencias: Shonenai. Algo de rudeza verbal. No beteado y sin sentido.
    Género: Angst, Romance.
    Cantidad de palabras: 622.

    Ven

    —Taichi, por favor…

    La súplica jamás sería escuchada, trozos de madera gimiendo en el piso y el eco de las imperiosas patadas que el deportista trataba de ahogar; aquellos bruscos movimientos eran la firme respuesta a la única frase que el rubio había tratado de hacerle entender. El cuarto, ya un desastre, guardaba en pinturas intangibles tantas memorias que su violenta tristeza no dejaba de tocarle.

    Los ojos azules se encontraban anegados en lágrimas, tenía miedo de ser odiado y de perder a su mejor amigo en el enredo de mentiras que los atrapó en los últimos meses. Había cometido un error y se atenía a las consecuencias, mas existía un límite sobre lo que Tai podría soportar… y era este.

    —Tai, basta. —encontró su voz en medio del desastre, para evitar que su amigo se hiciese daño en su demencia—. Esto no es…

    —¡Cállate, maldita sea! ¡Cállate! —bramó el castaño aproximándose y arrojándolo contra el muro más cercano —. Lo tenías bien planeado ¿No? —reprimió un gemido, incapaz de hablar—. Claro, debe haber sido bastante divertido jugar con este imbécil al que prometiste amar; seguro, tu novio también lo encontró hilarante. ¡¿No es así, Yama?!—. Sacudidas, las manos de Taichi aprisionaron sus hombros con la sola intención de obtener lo que deseaba: una confirmación o la negación de la negra pesadilla.

    —Taichi, yo no quería… —balbuceó—. Lo último que quería es lastimarte…

    —¡Qué lástima! ¿Crees que soy idiota? ¡Ríete, hazlo ahora que puedes! Así podré tener una razón para vengarme —Matt lo observo, mudo y atónito; aunque, sabía bien que su lazo había sido quemado y devorado en ese mismo momento—. ¿No querías herirme, todavía me aprecias? ¡Eres …!

    —¡Es la verdad! —casi sollozó ¿Por qué estaba llorando? Aquel desprecio se lo tenía bien merecido—. Si no, no estaría aquí contigo. Si no…

    Meses de llamadas por teléfono, correo interminable y redes invisibles; le había jurado volver, pues –en teoría –sólo hacía esto para complacer a su padre. En teoría, lo suyo habría de romper las barreras que los suyos se empeñaron en crear. Sin embargo, el curso de las horas pudo más; y la intención de decírselo no era suficiente.

    Dudaba seriamente, pero…

    —N-no —mordió su labio inferior al notar que Taichi eligió detenerse: la respiración descontrolada. No estaba en condición de pedirlo; mas de lo contrario, quizá marcharse le sería imposible—, Tai, no me odies…

    El martillo cayó, destruyendo el último espejo de fe que guardaba para ese encuentro. Yagami lo observó incrédulo, posicionándose para golpearlo y arrepintiéndose un segundo después; ese amor que el castaño le profesaba le impedía dañarlo. Yamato trató de seguir, iluso.

    Mas, su sentido común lo instó a tomar la oportunidad de retirarse. Se negaba a recordar la última frase que su antiguo mejor amigo le dedicase; evitó tropezar con los retazos yaciendo bajo sus pies. La mirada acusadora de Hikari en su retirada rompió con su silencio, sumiéndole en una turbia sensación de ahogo.

    ¿Querías romper mi corazón? Pues bien, ya lo hiciste.

    —‘Matto —susurró una voz a su lado en el auto, negó con la cabeza ahogando el llanto. No permitió que lo confortasen, aunque el continuar lamentándose por lo sucedido era una soberana estupidez. Su acompañante reprimió el gentil abrazo de consuelo siguiente, cumpliendo su petición de ‘dejarlo pensar’

    Reconoció el camino a casa de su padre, la expresión de Taichi grabada en su garganta. Ahogó ecos de sollozos bajo sus febriles manos de pianista. Sabía que este encuentro lo destruiría, pero no bastaría una edad del mundo para evitar tales efectos.

    ‘Lo siento’, repitió fundiéndose en el lugar ocupado. El retrato de días dichosos olvidado en el sencillo apartamento de los Yagami.
     
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