Long-fic de Inuyasha - "Tu y Yo"

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por Karmatica, 6 Enero 2010.

  1.  
    Karmatica

    Karmatica Iniciado

    Escorpión
    Miembro desde:
    5 Enero 2010
    Mensajes:
    11
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    "Tu y Yo"
    Total de capítulos:
    7
     
    Palabras:
    2397
    "Tu y Yo"

    Resumen: Diversos momentos en las vidas de Inuyasha y Kagome. Varios One-shots.

    Primer One-Shot: Patines Rotos ​

    — ¡Más rápido! ¡Más rápido!—gritaba Shippou con alegría.

    Los seis miembros de aquél peculiar grupo se encontraban andando por un camino desierto, a sus lados, inmensos árboles les daban refugio a pequeños e inofensivos youkais. Esos enclenques a los que Inuyasha podía derrotar con tan solo agitar a Colmillo de Acero.

    Los pájaros trinaban con alegría, las flores se abrían dejando ver finalmente la increíble belleza que poseían y el cielo estaba tranquilo, sin ningún atisbo de tormenta. El joven de cabello plateado caminaba lentamente con los brazos cruzados frente al pecho. Observaba irritado como la chica de cabellos negros y dulces ojos marrones pasaba velozmente frente suyo, con el enano pelirrojo entre sus brazos.

    — ¡Dejen de dar tantas vueltas! ¡Me desesperan!—exclamó con furia el hanyou. La muchacha se detuvo unos metros más adelante, se volteó y miró confundida a Inuyasha.

    — ¿Qué ocurre?—preguntaron Sango y Miroku al alcanzar a los otros tres. Se habían quedado rezagados debido a la velocidad de la muchachita y del enojado chico. Además, no podían montar en Kirara debido a una infección que tenía la gatita en sus piernas delanteras producto de unas hiedras venenosas.

    — ¡Estoy harto de verte con esas malditas cosas! ¡No podrías quitártelas un rato y andar como alguien normal!—exclamó Inuyasha, ignorando a los recién llegados y señalando acusadoramente a los patines que la colegiala llevaba puestos. Eran un hermoso par de patines blancos, con ruedas negras y cubiertos de tiernos dibujos de Hello Kitty.

    Hace dos días que Kagome había cumplido los diecisiete años y para celebrarlo habían realizado una reunión en la cabaña de la anciana Kaede. Sango había cocinado un delicioso pastel (ya que había aprendido ciertas recetas de Kaede), así como otros platos que tal vez no eran la gran cosa; pero seguro que para la chica del futuro significarían mucho. El monje Miroku y Shippou se habían encargado de la decoración, unas lámparas de colores rojo y azul y un cartel con el nombre de la chica y la edad que cumplía ese día. Inuyasha tan solo se había encargado de ir a la época de Kagome y así ayudarla a traer todos los regalos que sus amigos y familiares de la época moderna le habían brindado.

    Kagome al ver todas las molestias que sus amigos se habían tomado les había agradecido mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de emoción. Se pasaron toda la noche recordando los buenos momentos que habían vivido juntos en esos casi tres años. Cuando la medianoche se acercaba, le ordenaron a Shippou que fuera a dormir, y después de que el niño se marchara (no sin quejarse) empezaron a abrir los regalos. Había desde peluches y perfumes hasta diversas prendas de vestir, entre las cuales se encontraba un conjunto de sostén y pantaletas negras con encaje. Miroku las había observado fascinado y había soltado una de sus típicas frases (“Que buena delantera tiene usted, señorita Kagome”) y, como era de esperar, recibió una fuerte cachetada y un golpe en el estómago de parte de Sango e Inuyasha respectivamente.

    Y después de ese incidente llegaron…ELLOS. Desde el momento en que Kagome abrió dicha caja y sacó aquellos patines endemoniados había empezado la desgracia del hanyou.

    —Pues yo quiero andar con ellos puestos, ¿hay algún problema?—le preguntó la colegiala con una mirada furibunda, como retándolo a que se atreviera a responderle. No entendía a Inuyasha, últimamente se había mostrado muy resentido y silencioso con ella. Tenía que admitir que la situación la entristecía; pero tenía su orgullo al igual que el mitad bestia. No dejaría que la culpabilidad la invadiera, estaba totalmente segura de que la actitud del muchacho no era por su culpa.

    Inuyasha le dirigió una mirada rencorosa y se mordió la lengua para no hablar. Tenía tantas ganas de decirle lo mucho que extrañaba el que se montara en su espalda, su risa jovial cerca de su oído cuando decía algo que le había parecido gracioso, como se aferraba fuertemente a sus hombros y enrollaba sus piernas alrededor de su cintura cuando tenía miedo. ¡Simplemente odiaba el que Kagome no le prestara tanta atención como antes!

    —Ninguno, solo mantente alejada de mí. Ese estúpido ruido me está volviendo loco—murmuró rabioso mientras seguía el camino con aparente tranquilidad.

    — ¿Qué le habrá pasado a Inuyasha, su Excelencia?—preguntó bajito Sango—El nunca había tratado a Kagome de esa manera.

    —Debes estar muy ciega como para no notar lo mucho que se pelean esos dos Sango. Aunque tus ojos son tan bellos como dos luceros brillando en el hermoso cielo nocturno, que me atrevo a rechazar esa teoría. —dijo Miroku mientras se acercaba con lentitud a la exterminadora.

    —Ni se le ocurra—le dijo Sango mientras le lanzaba una mirada asesina. Estaba apretando fuertemente una de las manos de Miroku, la cual “casualmente” había encontrado en el sitio donde terminaba su espalda.—No me refería a eso, es solo que llevan con esta absurda pelea desde el cumpleaños de Kagome. A veces vuelven a la normalidad pero casi de inmediato parecen recordar que no se hablan y vuelve a reinar el silencio entre ellos. ¡Ya me están desesperando!

    —Tienes razón Sango. Todo esto es muy extraño, Inuyasha esta actuando más idiota que nunca—expresó el monje mientras se acariciaba la barbilla en actitud pensativa— ¿Crees que este planeando tu-ya-sabes-que?—le preguntó a la exterminadora con un brillo divertido en su mirada.

    —No lo creo su excelencia. Inuyasha no se atrevería a declarársele a Kagome, usted sabe como es con esas cosas. —murmuró la exterminadora mientras soltaba un suspiro desanimado.

    Nada le gustaría más que ver a su amiga alcanzar la felicidad junto a ese hanyou. Ella sabía perfectamente lo mucho que Kagome amaba al muchacho y lo mucho que había sufrido por dicho amor. A sus ojos, ellos hacían una hermosa pareja; un poco extraña pero aun así hermosa.

    —Kikyo ya se ha ido al infierno, ya casi descansa en paz ¿! Por qué demonios Inuyasha no se atreve a confesarle sus sentimientos a Kagome-chan?!—murmuró irritada Sango, siempre asegurándose de que el agudo oído del medio demonio no los lograra escuchar.

    La miko había decidido hace un año que el momento de retirarse al infierno había llegado, prácticamente le había ordenado a Inuyasha que dejara todo atrás y se fuera a pasar la eternidad junto a ella. No le había importado que la búsqueda de los fragmentos apenas comenzara ya que, según ella, Inuyasha debía regresar al lugar de donde había venido. El infierno, el lugar de donde los aldeanos decían que provenían todos los demonios u mitad demonios, un lugar donde el sufrimiento eterno era el pan de cada día y la recompensa para todos aquellos bastardos que destrozaban sus siembras y mataban sin piedad a sus amigos y familiares…era la muerte de su alma y de su cuerpo. Ya fuese en las hogueras o en cualquier otro método infernal diseñado para la tortura extrema.

    El lugar al que, según Kikyo, Inuyasha debía regresar.

    —No deberías tenerle ese resentimiento a la señorita Kikyo, Sango. Tú bien sabes que todo ese odio y rencor que tenía fue producto de una de las trampas de Naraku. Recuerda que ella sufrió tanto o más que nosotros. —dijo el monje con una mirada sombría—Además, cualquier pensamiento negativo hacia su persona podría hacer mas lento el proceso de purificación de su alma. —agregó el monje, refiriéndose al ritual de oraciones que llevaban realizando los miembros del grupo desde la muerte de la sacerdotisa. Según sus cálculos, unos meses más de oraciones y el alma de la señorita Kikyo sería liberada del infierno y descansaría en paz en el cielo.

    Lastimosamente, la miko había muerto hace un par de meses al ser traicionada por Naraku. Este le había prometido el alma de Inuyasha en el infierno, para que la acompañara por siempre, a cambio de que ella le entregara los pocos fragmentos que tenía en su poder. No obstante, en el último momento este la había atravesado el corazón con uno de sus tentáculos venenosos, provocando la pérdida inmediata de sus almas y su posterior desintegración y desaparición de este mundo.

    —Tiene razón su Excelencia. Es mejor olvidar eso. —contestó la muchacha, observando sus pies como si fueran la cosa más interesante del mundo mientras un ligero sonrojo aparecía en sus mejillas al notar la dulce mirada que Miroku le dirigía.

    De pronto, el tierno momento fue roto por una malhumorada voz— ¡Oigan! ¿! De que rayos están hablando!?—les gritó Inuyasha. Últimamente su humor había estado más volátil de lo usual.

    —Estábamos conversando sobre que clase de hierbas necesitaríamos para curar a Kirara, nada muy interesante—dijo con sencillez el monje antes de dirigirle una mirada curiosa a Kagome, la cual se encontraba cruzada de brazos y cuya energía espiritual se encontraba en un nivel inusualmente alto.

    A su lado, el pequeño Shippou le susurraba palabras tranquilizadoras a su amiga, pues lo que menos querían en ese momento era un estallido de poder espiritual de parte de la chica.

    — ¡Kagome-chan! ¿Qué te paso?—preguntó rápidamente Sango mientras iba a lado de su amiga.

    La chica solamente frunció en entrecejo y murmuró algo ininteligible. La exterminadora miró Shippou y este le contestó—Estaban discutiendo. Inuyasha estaba diciéndole que porque no se marchaba con su amado Kouga para ser felices por siempre en su mugrosa madriguera, también le estaba diciendo cosas como que ningún hombre en su sano juicio se fijaría en una chiquilla como ella y muchas cosas más que a Kagome no le gustaron para nada.—

    —Ya me lo imaginaba. Ese Inuyasha no puede permanecer ni un segundo con la boca cerrada. —masculló Sango soltando un bufido y parándose a un lado del monje Miroku.

    — ¿Cuándo dejará de comportarse como un niño?—preguntó suavemente el monje mientras movía suavemente la cabeza hacia los lados.

    — ¡Escuché eso!—grito el hanyou— ¡Keh! Idiotas—les dijo el muchacho antes de reiniciar la caminata.

    ¿Qué acaso esos dos no podían mantenerse alejados de SUS asuntos? No había podido escuchar muy bien lo que cuchicheaban hace un rato, sin embargo, sabía que trataba sobre Kagome y él. Un tema absolutamente tabú para el hanyou, ya que Kagome no debía enterarse de sus sentimientos hacia ella. Lo había aceptado como amigo; sin embargo ¿lo aceptaría como algo más? Él no quería correr dicho riesgo. Prefería continuar siendo su amigo y defensor que perder dicho privilegio por una estúpida confesión.

    Que conste que el no era un cobarde…solo estaba siendo precavido.

    Justo cuando había logrado relajarse un poco, un sonido infernal taladró sus sensibles orejas sin piedad. Irritado, se detuvo en seco y observó como Kagome se deslizaba con agilidad sobre sus patines, alejándose cada vez más de ellos sin dar siquiera una mirada atrás. El muchacho la observó vacilante, debatiendo si debía ordenarle que los esperase o si le dejaba seguir sola por su propia cuenta.

    Finalmente decidió dejarla seguir. Después de todo, nada peligroso podría ocurrirle a la miko pues ella se defendería con sus poderes espirituales, los que ya habían mejorado considerablemente.

    — ¿La dejas ir sola?—preguntó con asombro Shippou, mirando a Inuyasha con sus ojos verdes bien abiertos.

    — ¿Y si le ocurre algo? Tu bien sabes que muchos demonios abundan por estas tierras—murmuró Sango mientras observaba con cautela el punto verde con blanco en que se había convertido su amiga. Desde que había obtenido los patines, no había dejado de usarlos ni una sola vez. Según ella, le proporcionaban una grata sensación de libertad.

    — ¿No vas a ser un caballero Inuyasha? La señorita Kagome es una muchachita muy hermosa y bondadosa, si algún hombre de poco honor le hiciera algún mal; poco podríamos hacer nosotros para ayudarla a esta distancia que estamos—argumentó con sabiduría el monje, acariciándose pensativamente la barbilla. Un gesto que se había hecho muy usual en él.

    —Estas tierras no son tan peligrosas, no seas mentirosa Sango. Ningún youkai ha aparecido por ahora y si algún “hombre de poco honor” tratara de hacerle algo a Kagome, yo llegaría antes de que ese tipo pudiera tocar alguno de sus cabellos. —expresó Inuyasha con indiferencia, a pesar de que el gusanillo de la duda había empezado a hacer mella en él.— Kagome ha desarrollado sus poderes espirituales, ya debe saber defenderse ¿no?

    —Pero no los ha desarrollado por completo ¿Seguro que quieres dejarla sola a su suerte?—preguntó suavemente Sango mientras intercambiaba miradas cómplices con el monje—Ya esta muy lejos, casi ni puedo verla. —murmuró la chica observando por donde desaparecía su amiga.

    — ¡Que fastidiosos son!—gritó Inuyasha antes de emprender la carrera en busca de la miko del futuro. ¡Diablos! Sus queridos “amigos” no podían dejarlo en paz ni un segundo. ¿Por qué siempre tenían que perturbar su conciencia?

    —Les dije que funcionaria—susurró Miroku mientras chocaba las palmas con el zorrito y la hermosa exterminadora.

    Continara…
    Este es el unico que tiene dos partes. La segunda la subire este viernes o sabado.
    Estan basados en una tabla de livejournal.
    Bye!
     
  2.  
    Alainne

    Alainne Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    30 Agosto 2009
    Mensajes:
    92
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    Hola.Esta genial el one-shot y muy gracioso.Inuyasha dira lo que querra pero si es un poquito cobarde xD.Y esos 3 siempre conspirando contra el pobre Inu jajajaja.Una cuestion ¿Cuantos one-shots serian o eso es indefinido (vas añadiendo segun los hagas)?
    Me impresiono que Inu matase a Kikio,no me lo esperaba de el (tampoco es que me disguste,al contrario,me alegra,no la soporto).
    Bueno no tienes faltas de ortografia,esta muy bien narrado y me encanta.Sigue asi
    Conty pronto.
    Cuidate
    :rosa:
     
  3.  
    Karmatica

    Karmatica Iniciado

    Escorpión
    Miembro desde:
    5 Enero 2010
    Mensajes:
    11
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    "Tu y Yo"
    Total de capítulos:
    7
     
    Palabras:
    2266
    Re: "Tu y Yo"

    Gracias por el mensaje. Me alegro que te haya gustado. :)
    Son varios one-shots, creo que mas de diez. Este tiene una segunda parte, espero que tambien te guste. ^^
    Besos!

    Patines Rotos: Segunda Parte.
    —Les dije que funcionaria—susurró Miroku mientras chocaba las palmas con el zorrito y la hermosa exterminadora.

    -----------------
    Kagome se deslizaba con agilidad por el camino, alejándose cada vez más de sus amigos. La muchacha iba sonriente sin mirar atrás ni una sola vez, se sentía en el Paraíso con tantos pajarillos y mariposas revoloteando a su alrededor. Jamás había sentido tanta libertad en su corta vida, se sentía sin ataduras y capaz de realizar todo lo que se propusiera; incluso tentar la paciencia de Inuyasha.

    La chica frunció el entrecejo al recordar como el hanyou la había insultado y como había insinuado nuevamente que ningún ser en su sano juicio la querría como su mujer. Kagome disminuyó un poco la velocidad y la alegría que había sentido se esfumó como por arte de magia, sacó el frasco con los fragmentos de la perla y los observó con tristeza. Una vez que la joya fuera completada lo más seguro es que ella tendría que marcharse…para siempre.

    La muchacha inspiró profundamente, conteniendo las ganas de llorar que sentía.

    ¿Pero qué diablos le pasaba? ¡No debía sentirse triste! ¡Debería estar más bien alegre, pues pronto podría volver a su vida normal!

    —Una vida normal, con estudios normales, fiestas normales… Una vida normalmente aburrida. —murmuró Kagome mientras dejaba caer silenciosas lagrimas sobre el frasco, el cual había apretado con fuerza debido a la desesperación que oprimía su corazón.

    — ¡Kagome! ¡No te muevas, tonta!—escuchó una grave voz.

    La susodicha se estremeció de pies a cabeza y volteó con lentitud, encontrándose con la figura de su querido mitad-bestia cada vez más cerca de ella. Kagome rápidamente guardó el frasco dentro de sus ropas y empezó a patinar con toda la velocidad que tenía, sin fijarse que se había desviado de la ruta inicial, del camino liso y seguro había pasado a un terreno irregular y lleno de zanjas.

    ¡No quería estar con nadie en esos momentos! Necesitaba aunque fuese un momento a solas con sus sentimientos.

    — ¡Acaso estas loca! ¡Ese no es el camino, idiota!—volvió a gritar Inuyasha, cada vez más cerca de la colegiala. Le irritaba de sobremanera que ella lo ignorara, como tenia ganas de gritarle un par de verdades en toda su fea cara. Bueno, eso no era lo que sentía exactamente. Mas bien tenía deseos de averiguar la causa de sus lágrimas ya que a pesar de que en ningún momento de la persecución le había visto la cara, podía sentir a la perfección el olor salino de estas.

    — ¡Deja de seguirme!—gritó ella de vuelta. Cerró los ojos con fuerza esperando inútilmente que con eso el hanyou desapareciera, contó hasta tres y cuando abrió los ojos… ¡una enorme zanja estaba a pocos metros de ella!

    Kagome intentó virarse y así evitar el agujero; pero ya era muy tarde. Resbaló y trató de aferrarse a algo, sus delicadas manos lograron tomar unos cuantos hierbajos; pero estos fueron arrancados de inmediato. Trató de subir, enterrando sus uñas en la tierra y pataleando con fiereza y aún así todo su esfuerzo fue en vano.

    Inuyasha, al ver a la miko en peligro, se lanzó de inmediato a su rescate. Antes de que el cuerpo de Kagome pudiera tocar tierra, él la abrazó con firmeza y escondió la cabeza de la chica en su pecho, tratando de darle algo de protección. Su cuerpo rebotó contra las piedras y las espinas que había allí abajo y sintió como aquél aroma salino tan conocido volvía a estar presente en el aire. Tratando de calmar a la chica Inuyasha colocó su mano en su nuca y le brindó una suave caricia. A pesar del dolor que sentía en cada uno de sus huesos, su mayor interés siempre sería el bienestar de la sacerdotisa.

    Unos cuantos golpes más y finalmente habían llegado al final de aquél horrible recorrido. Rodaron un poco más, hasta detenerse por completo…totalmente inmóviles. Las ropas de Inuyasha lucían sucias y algo maltrechas, tenía varias cortadas en la cara y una que otra herida en sus orejas; pero aparte de todo aquello lucía en perfectas condiciones.

    Kagome había quedado encima del muchacho y a diferencia de este, no mostraba más que tres o cuatro cortadas en sus piernas. Ella abrió los ojos asustada y revisó de inmediato al muchacho, buscando alguna herida de gravedad.

    — ¿Kagome? ¿! Qué te pasa!?— Preguntó con alarma Inuyasha, una vez abrió los ojos, al ver a la miko al borde del llanto— ¿Estás herida?

    Kagome le sonrió con ternura al hanyou y se fue acercando con lentitud a su rostro, sin pensar en lo que hacia.

    ¿Cómo podía ser tan dulce y tierno y al mismo tiempo, orgulloso y terco? No tenía la menor idea, pero de lo que sí estaba segura es que lo amaba con toda su alma, a pesar de todos esos defectos que poseía.

    Inuyasha se sonrojó levemente al ver como la chica estaba cada vez más cerca de su rostro. Una vez que los suaves labios de Kagome se conectaron con los suyos, sintió como si el corazón se le fuese a salir del cuerpo y como si el oxígeno le faltara de repente. Se había besado muchas veces con Kykio durante su “noviazgo” sin embargo, ningún beso le había hecho sentir tantas emociones como el que estaba recibiendo en ese momento. Se había quedado paralizado y con los ojos abiertos como platos.

    Al no verse correspondida, Kagome se alejó con lentitud y miró a Inuyasha con vergüenza y… ¿tristeza?

    —Lo…lo siento. Yo no…yo no debí. —balbuceó la muchachita mientras trataba de levantarse, con el corazón hecho trizas. Su relación con Inuyasha seguro se había dañado para siempre.

    Inuyasha la seguía observando con asombro y al ver que la chica planeaba huir, rápidamente la sujetó de la muñeca y la acercó a su pecho. ¡No te vayas!—parecía estar diciéndole con la mirada.

    Kagome lo miro confundida y sonrojada hasta la raíz de sus cabellos, su respiración se había vuelto algo irregular al tener al hanyou tan cerca de ella, y relamió sus labios inconscientemente sin apartar la mirada de él. Inuyasha la sujetó suavemente por la nuca y la besó con suavidad, deslizando tiernamente su boca sobre los labios de la chica. Kagome le correspondió el beso con algo de torpeza y abrió sus labios con timidez, dejando libre la entrada a la lengua del joven.

    Este, ni lento ni perezoso, se introdujo en la boca de la muchacha y recorrió esta con avidez. Más confiada, Kagome hizo lo mismo mientras exploraba con lentitud la boca de su amado; pero cuando el oxígeno empezó a escasear, ellos se separaron muy a su pesar.

    Ambos estaban sonrosados y algo agitados; pero aún así muy animados. Escucharon unos leves ruidos entre los arbustos pero no les tomaron importancia. Inuyasha le brindo una sonrisa ladeada a la chica, sujeto su cintura con firmeza y algo de posesión para posteriormente plantarle un delicado beso en los labios a la colegiala. Kagome abrió los ojos con asombro ¡aquél beso la había tomado desprevenida por completo!

    Una vez recuperada de la impresión la chica no tuvo reparos en corresponderle, solo que esta vez lo hizo con un poco más de pasión; enrollando sus brazos detrás de su cuello y pegándose un poco a él.

    — ¡Quiero ver! ¡Miroku suéltame!—chillaba el niñito— ¿!Qué esta pasando allí abajo?

    La pareja se separó con rapidez al detectar la presencia de los intrusos, la magia del momento sin duda alguna ya había desaparecido.

    — ¡Tenía razón, Sango!—exclamó el monje Miroku mientras salía detrás de un arbusto, tapándole los ojos a Shippou — ¡Sabia que dejándolos solos Inuyasha se atrevería a dar el gran paso!

    —Ciertamente su Excelencia, usted tenía toda la razón—respondió Sango mientras surgía de los arbustos—Pero sigo creyendo que espiarlos no fue una buena idea. —agregó nerviosamente al ver la mirada asesina que el mitad bestia le dirigía.

    Inuyasha se levantó con rapidez, alzando a su acompañante en el proceso para luego dejarla dócilmente en el suelo. Se arremangó las mangas de su haori y empezó a subir la zanja, mirando de manera amenazadora a Miroku mientras crujía sus nudillos.

    El pobre monje retrocedió aterrado.

    ¡Él no podía morir! ¡Aun había muchas bellas jóvenes que esperaban tener un hijo suyo!

    —No inicien ninguna pelea chicos. Recuerden que hay que buscar el remedio para Kirara y averiguar si aquellos rumores sobre los fragmentos son ciertos. —dijo Sango con un ligero rubor en sus mejillas. Miroku se encontraba tras ella, usándola como un escudo protector. Ella estaba dispuesta a dejarlo quedarse allí, siempre y cuando no le tocara más de lo necesario.

    Su sonrojo aumentó al recordar como había encontrado a sus amigos. ¡Aún no podía creer que estuvieran en una situación tan, tan…íntima! ¿Qué hubiera pasado si Miroku no hubiera interrumpido?

    Sango agitó su cabeza levemente, alejando aquellos extraños pensamientos. No quería volverse un Miroku por nada del mundo, imaginando perversiones a diestra y siniestra.

    El chico, al oír hablar de los fragmentos de la perla, le dio una irritada mirada al monje y se relajó un poco. Su energía no merecía ser desperdiciada en gusanos como ese.

    — ¡Keh! ¿Pues que esperan?—les dijo Inuyasha con esa arrogancia tan usual en él— ¡En marcha!

    Sango, Miroku y Shippou (este último aún quejándose) emprendieron el camino de inmediato. No obstante, se detuvieron al escuchar una voz muy familiar.

    — ¡Espérenme!—les gritaba Kagome, tratando de mantener el equilibrio—

    El mitad bestia de un enorme salto llegó a su lado y agarrando sus manos le ayudó a levantarse. La soltó y vio como la chica perdía el equilibrio al instante; antes de que tocara el suelo la volvió a sujetar por las manos y le dio una interrogante mirada.

    — ¿Qué rayos te pasa?—le pregunto él, de manera algo brusca.

    No olvidaba los besos que le había dado a la miko, ni tampoco se arrepentía de ellos. Es solo que él no era dado al romanticismo y prefería seguir siendo el mismo, sin cambios ni fingiendo actitudes que no eran suyas.

    —Intenta patinar con solo dos ruedas, en un pie y dime si no te llegas a caer. —le dijo ella con amargura, señalando sus pies.—Están totalmente arruinados.

    El pie derecho estaba cubierto solo por un sucio calcetín y el izquierdo aun poseía su correspondiente patín; pero a este solamente le quedaban las dos ruedas delanteras, el estampado estaba sucio y lleno de rasguños. El otro patín había perdido todas las ruedas y sus dibujos de Hello Kitty ahora parecían unas horripilantes calaveras.

    —Bueno, al menos el dibujo luce mejor. Esa gatita me enfermaba. —dijo planamente el chico.

    — ¿Bromeas, verdad?—preguntó ella con incredulidad.

    El mitad perro alzó una ceja y la miró con seriedad.

    —Bueno, supongo que ya no vale la pena usarlos. —suspiró ella mientras se quitaba el patín y lo arrojaba lejos.

    Inuyasha sonrió al ver como ella arrojaba los patines del demonio, deshaciéndose definitivamente de ellos.

    —Genial, ahora soy un desastre—dijo ella con una sonrisa avergonzada. Señalando sus arrugadas ropas, sus asquerosos calcetines y su desordenada cabellera, llena de de suciedad y ramitas.

    Tienes razón, luces como una pordiosera. Pero aún así, eres la más hermosa de las pordioseras.

    El chico gruñó y agito la cabeza. ¡No podía estar pensando en cosas tan cursis como esa!

    —Móntate—ordenó Inuyasha, dándole la espalda a la colegiala. Estaba seguro de que si la dejaba dar, aunque fuera un paso, terminaría tirada en el suelo.

    Kagome parpadeó sorprendida y se montó en el muchacho. Presionó sus manos en los firmes hombros y hundió su rostro entre sus cabellos plateados, inhalando profundamente su aroma. Casi al instante, sintió como el viento mecía con fuerza sus cabellos.

    Una vez que ambos jóvenes adelantaron un buen trecho a sus acompañantes. Inuyasha disminuyó la velocidad y caminó con tranquilidad, sin bajar a la miko del futuro de su espalda. Le gustaba tenerla allí, presionada contra su cuerpo y abrazada a su cuello.

    —Ya extrañaba estar así—murmuró Kagome en su oreja, ocasionándole escalofríos. La chica le dio un tierno beso en la mejilla y recostó su cabeza en uno de sus hombros, permaneciendo en silencio.

    —Yo ya te extrañaba a ti—susurró con ternura el hanyou.
    Fin del primer one-shot. :D
    La proxima semana subire el que sigue, si es que lo tengo listo a tiempo. -.-
     
  4.  
    Inu Girl

    Inu Girl Entusiasta

    Capricornio
    Miembro desde:
    11 Julio 2005
    Mensajes:
    138
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    AWWW que tierno!!! tu lo escribiste?!! esta increible!! me encanto... esta bien tierno, la forma en la que se besan, y luego Inuyasha bien orgulloso comportandose como en realidad es y dejandose de cursilerias y si, el no es asi... y Kagome lo ama como es, cierto?... esta hermoso!! me encanto tu one-shot, espero con ansias leer los demas, porque me gusto muchisimo este... es simple, pero tierno, y Miroku y sus planes jaja suerte que los dejo solos... ahhh y como quisiera ser yo Kagome para darle un beso en la mejilla!! ahhh mmm y bueno pasando a los detalles del fanfic, la redaccion esta impecable al igual que la ortografia!! te felicito compañera, escribes muy bien!! super mmm bueno, esperare hasta la proxima semana el sig. one-shot... porque son muy buenos!! ^^ sayonara prrrmiau
     
  5.  
    Sumi Chan

    Sumi Chan Usuario común

    Cáncer
    Miembro desde:
    11 Junio 2008
    Mensajes:
    379
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    Antes de todo, es mejor un fanfic que one-shot, así esta mucho mejor. me encanta que no cambies la actitud de los personajes tienes una gran potencial, ya que escribes muy bien y no tienes errores, solo tildes y ya. Kagome e Inuyasha, muy bonito lo que has hecho wiiipuyo tendré que esperarme en las contis,ah! se me olvidaba una recomendación, abajo dice eliminar pots si salen repetidos, para que no se ilusione el lector que habías puesto la continuación, créeme caí en la trampa. ._. ja, bueno hasta luego me gusta la forma en como narras, tendras mucho exito, siempre y cuando te acompañe la inspiración :)
     
  6.  
    Karmatica

    Karmatica Iniciado

    Escorpión
    Miembro desde:
    5 Enero 2010
    Mensajes:
    11
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    "Tu y Yo"
    Total de capítulos:
    7
     
    Palabras:
    2017
    Re: "Tu y Yo"

    Inu_girl: Gracias, intentare subir los one-shots lo mas rapido posible. :)
    Sumi: Siempre intento no salirme de las personalidades. Inuyasha sin su terquedad y celos, ya no seria Inuyasha. ^^
    Lamento el doble post, es que crei que el anterior no salia. ._. Gracias por el consejo. :D
    Espero conti de tu historia. ;)
    Cuentos de las Buenas Noches
    Caminó de manera sigilosa por el oscuro pasillo, intentando no pisar los juguetes que se encontraban esparcidos por el mismo. Abrió con lentitud la tercera puerta a la derecha y la cerró tratando de hacer el menor ruido posible. Una vez dentro de su habitación, soltó un profundo suspiro y relajó su semblante, mientras se deslizaba a lo largo de la puerta hasta quedar sentada en el suelo.

    —Estoy agotada—exclamó la mujer antes de arrojarse en la cama matrimonial, al lado de su marido.

    — ¿Dio mucho problema?—preguntó el hombre, mirándola compasivamente y atrayéndola a su lado para luego besar sus negros cabellos.

    —Ni que lo digas. Para ser tan pequeña tiene demasiada energía. —murmuró la mujer, acurrucándose en el pecho del chico y sonriendo complacida.

    —Bueno, es lo normal. Además, ¿de quien crees que lo heredó?—dijo de esa manera tan arrogante que lo caracterizaba.

    —No olvides que también heredó lo terco y testarudo. —molestó ella con un pícaro brillo en sus ojos marrones.

    Gateó en la cama y se recostó sobre su amado, relajándose al sentir como él la apretaba en sus protectores brazos.

    —Eres una debilucha ¿Qué podría haber heredado de ti?—dijo burlonamente el hombre, apretándola más contra si.

    — ¿El cerebro?—contraatacó ella—Mejor detente Inuyasha, a menos que desees que diga las palabras mágicas.

    El joven se estremeció y enmudeció. ¡Cómo odiaba cuando ella hacia eso!

    Soltó una risa burlona y la apretó aun más contra si, acariciando torpemente su cara y besando sus cabellos. Kagome soltó una risita al sentir su mano acariciando su cuello y la otra aferrándola con fuerza por la cintura. La muchacha volteó y deslizó sus dedos por los cabellos de Inuyasha, se acercó a su rostro y le brindó un dulce beso, el cual fue profundizado por el hanyou.

    Siguieron besándose con lentitud hasta que…

    — ¡Mamá! ¡Mamá!—escucharon un ensordecedor grito acompañado de llanto, proveniente del pasillo.

    Oyeron como pasos se acercaban y como, segundos después, unos fuertes golpes sacudieron la puerta.

    —Yo voy—dijo Inuyasha, resignado.

    —Te deseo suerte—le dijo Kagome, dándole una sonrisa y mirándole con ojos soñolientos. Parpadeaba con frecuencia, lo cual demostraba que hacia de todo para mantenerse despierta.

    — ¡Keh! Volveré pronto. Descansa—le deseó el hombre, levantándose de la cama y abriendo la puerta con algo de desgano.

    A penas la abrió, una pequeña se precipitó como una bala hacia él. Al ver a la niña, todo rastro de cansancio despareció y solo tuvo ojos para ella, deseando desparecer esas horrendas lagrimas de su rostro.

    — ¡Papi! Mamá…me dejo… sola.—gimoteó la niñita mientras se abrazaba a la pierna de su padre y llenaba su pantalón de amargas lagrimas.

    El chico la alzó en brazos y ella tan solo recostó la cabeza en su hombro, apretando la tela de su haori con fuerza y sollozando con suavidad contra ella. Inuyasha se dirigió sin decir palabra hacia su habitación, abrió la puerta y entró a un mundo lleno de color.

    Las paredes en tonos pasteles le dieron la bienvenida, algunos muñecos de felpa estaba regados por el piso y la pequeña cama estaba pegada a la pared. La frazada estaba desarreglada y la almohada tirada en un rincón de la habitación.

    A pesar de que la habitación se encontraba a oscuras, él podía notar todos esos detalles sin tener que forzar su vista. No obstante, su hija tenía ciertos problemas para percibir todos esos detalles, a pesar de su sangre de hanyou.

    Inuyasha la acostó en la cama y la cubrió con la cobija.

    —Ahora a dormir—ordenó el chico, mirándola seriamente.

    — ¡No! —gritó con amargura, haciendo pucheritos y agitando la frazada.

    — ¡A dormir he dicho!—gritó también el muchacho mientras se llevaba una mano a la frente. Amaba a su hija…pero no tenía paciencia para los niños y más a tan altas horas de la noche.

    — ¡No! ¡Cuando cierre los ojos tú te irás y algún demonio me comerá!—expresó sus temores con aflicción. Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas y empezó a hipar, mientras sus hombros comenzaban a temblar.

    Al ver próximo el inicio del llanto, el mitad bestia la abrazó fuertemente y le acarició la cabeza.

    ¡Por Kami! ¡Cuánto le dolía verla sufrir de esa manera!

    — ¿Le temes a eso?—preguntó.

    Al sentir como ella movía la cabeza afirmativamente, continuó hablando— ¡Keh! No te preocupes, Izayoi. Eres una niña muy fuerte, estoy seguro de que tú patearías sus traseros en un dos por tres.

    —No entiendes papá. Ellos son fuertes y grandes y… y yo…soy pequeña y no tengo poderes—admitió frustrada—Ellos me van…a matar…no quiero estar sola. No me gustan…los demonios malos.

    —Debes vencer tu temor. Si no lo haces ahora, no podrás hacerlo nunca. Si te lo propones podrás vencerlo; pero si te rindes al primer intento solo demostrarías debilidad y cobardía. Tú no eres así, eres muy fuerte y luchadora. ¡Demuéstralo!—le dijo Inuyasha con seriedad.

    Sabía que sus palabras eran un poco extremas para una infante de tan solo 6 años; pero no quería que su hija sufriera lo mismo que él. No quería que fuera pisoteada y menospreciada solo por ser diferente, ella necesitaba valor para defenderse cuando creciese.

    —No sé—murmuró ella, bajando la mirada y jugando con sus dedos. Bueno, al menos había dejado de llorar.

    El muchacho suspiró y se llevo una mano a la frente. Sería más difícil hacerla entrar en razón de lo que creía.

    —Mira, ¿Qué te parece si te cuento un cuento?—preguntó el hanyou con una leve sonrisa en su cara.

    — ¡Sí!—gritó ella con emoción, mirando a su padre y dando brinquitos en la cama.

    El chico de ojos dorados frunció el ceño y tragó. ¡Diablos, ahora que rayos le podría contar!

    —Bueno…—inició mientras se rascaba la cabeza—había una vez, un hanyou que tenía una hermosa y cariñosa madre, un hermano estúpido y prepotente y un padre muerto. El hanyou nunca conoció a su padre; pero siempre lo admiró y deseó ser como él. La gente de los poblados lo detestaba, pues no era ni humano ni demonio. No pertenecía a ninguno de los dos bandos y la única que parecía tenerle aprecio era su madre, una bella princesa con un corazón de oro.

    El chico tomó aire y prosiguió—Aunque no tenía amigos él era feliz con ella, la protegía e intentaba complacerla en lo que podía. Sin embargo, el pequeño hanyou quedó solo en este mundo al momento en que unos horripilantes youkai atacaron su aldea y mataron a todos…incluyendo a su madre.

    Inuyasha alzó la mirada y la observó con seriedad. Esperaba no haber causado un impacto tan grande con sus palabras y haberle producido alguna especie de “trauma infantil” o algo por el estilo.

    —No es un cuento muy feliz—susurró la niña, mirando con ojos tristes al hombre— ¿Qué le paso al hanyou? ¿Cómo se llamaba?

    —Se llamaba eee…!Hobo!—contestó apresuradamente Inuyasha—Bueno, desde que su mamá murió, Hobo vagó solo por el mundo. Tuvo que aprender a valerse por sí mismo y empezó a odiar a los humanos, pues la gente de la aldea había prácticamente entregado a su madre a las garras de esos demonios. Deseó ser más fuerte, practicaba y practicaba; pero aún así los demonios lo seguían atemorizando un poco.

    — ¿Cómo Hobo planeaba ser más fuerte que un demonio si no se atrevía ni a acercárseles?—preguntó Izayoi.

    —Tenía miedo. Miedo de ser pisoteado, humillado y burlado…y de terminar como la única persona que de verdad lo había amado—contestó el hanyou, con la mirada perdida en un punto incierto de la habitación.

    — ¿Toda la vida de Hobo fue triste? ¿Qué le paso?—preguntó preocupada la niña, arrancándole una fugaz sonrisa a su padre. Ella al igual que su madre, poseía un corazón puro e inocente.

    — ¡Keh! Claro que no. Luego de eso, creció y se hizo cada vez más grande, fuerte y apuesto.—contestó el muchacho con una arrogante sonrisa—Conoció a su primer amor, una sacerdotisa y también a su peor enemigo; un hombre envidioso de su felicidad, malvado y repugnante que se convirtió en un demonio para separarlos y así quedarse con la mujer.

    — ¿Su plan funcionó?—preguntó afligida.

    —Lamentablemente sí. —Contestó él con las manos en puño—Ambos terminaron separados y odiándose. Pasaron muchos años más y el hanyou aún estaba lleno de rencor. No confiaba en nadie y detestaba con toda su alma la debilidad que poseía gracias a su condición. Su rostro lucía pacifico, como si en vez de estar sellado en un enorme árbol solo se encontrase tomando una siesta; pero por dentro él se encontraba herido y enojado.

    —Pobre Hobo—se lamentó Izayoi, llevándose la manta a la boca.

    —Cincuenta años después, Hobo conoció a una mujer muy extraña. Vestía ropa rara y tenía un humor de perros, además era una sacerdotisa. Al principio la odió por parecerse tanto a su antiguo amor; pero fue gracias a ella que la luz volvió a iluminar su vida. Ella le ayudó a confiar en sí mismo, a desistir en ese estúpido deseo que tenía de ser un demonio completo, le ayudó a confiar en los demás y a derrotar, junto a sus nuevos amigos, a aquél horrendo demonio que ya tantas desgracias había provocado.

    —Esa mujer tan extraña le brindó su amor y también una hermosa hija. Así fue como Hobo vivió feliz por siempre. ¿Contenta?—terminó el con una sonrisa ladeada, esperando las palabras de la pequeña.

    —Me alegra que Hobo fuera feliz y de que hubiera conocido a esa mujer— ¿Cómo le hizo?

    — ¿Cómo le hizo para qué?—preguntó Inuyasha, moviendo sus orejitas suavemente.

    —Para vencer sus temores—admitió.

    —Luchó contra ellos y no dejo que lo dominaran. Insistió e insistió y al final los venció. —contestó Inuyasha, acariciando los negros y sedosos cabellos de su niña.

    —No olvides que la mujer también ayudó mucho a Hobo. —agregó ella, mirándole con sus soñolientos ojos dorados—Papi, ¿crees que también tendré a mi príncipe azul?

    —Hobo tenía una princesa. Yo espero tener un príncipe que me ayude a vencer los míos. —dijo ella mientras bostezaba y restregaba sus ojos.

    — ¡Keh! Por supuesto que lo tendrás. Pero espero que sea en unos 50 o 100 años más. —dijo Inuyasha con un leve frunce en sus labios

    —Eso si ¡no quiero ningún lobo sarnoso en esta casa!—dijo él, parado en el umbral de la puerta.

    —Buenas noches papi—contestó la chica con una sonrisa en sus labios. ¡A veces su papito podía ser tan ocurrente!

    —Buenas noches, Izayoi—susurró Inuyasha antes de salir, cerrando la puerta con suavidad y sonriendo a la bella luna que se observaba por las ventanas de su cabaña.

    N/A
    Recuerden que ninguno de los capítulos están relacionados entre si, menos el anterior. Todos son diferentes. :)
     
  7.  
    Alainne

    Alainne Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    30 Agosto 2009
    Mensajes:
    92
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    Hola.Creo que soy la primera.Bueno este one-shot me encanto al igual que el anterior. xD le toco a Inu calmar a su hija, y estoy completamente segura que la historia era la suya (no la de Hobo xD). Bueno pon el siguiente pronto, lo espero.
    Cuidate.
    :rosa:
     
  8.  
    Sumi Chan

    Sumi Chan Usuario común

    Cáncer
    Miembro desde:
    11 Junio 2008
    Mensajes:
    379
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    Bueno, me gusto la forma de narracion, las expresiones de la niña fueron muy MUY agradables, me gusto como manejaste la tranquilidad y terquedad de Inuyasha. Estuvo muy bien en no desviarte pero si dar una gran leccion. Eso me fasino. También tuviste algunas desviaciones pero quedo bien. Lo ultimo me hizo reir, sobre el lobo. Eso me recordo a Inuyasha Genial.:P y te quiero por que pusiste el nombre de Izayoi, grato nombre, la madre de Inu. Ay se te olvido borrar el spot... Otra vez. Revisa cada vez que pongas continuación si no pusiste eso por que para mi opinon es incomodo :o aun asi me gusto:).
     
  9.  
    hime sakura

    hime sakura Entusiasta

    Acuario
    Miembro desde:
    25 Diciembre 2009
    Mensajes:
    60
    Re: "Tu y Yo"

    doble post de nuevo vdd n.nU
    hehe a todos nos pasa a mi me pasa seguido esta cochina computadora hace q haga doble post >.<
    pero bueno al tema
    me re encanto! desde el principio el imaginarme a inu y kag como dos esposos awww me hace ilusionarme tanto XD bueno y tambien la historia obvio! inuyasha mentiroso! era su historia hahaha pero q mentiroso con su hija despues va a llegar con un novio lobo XD
    me encanto tmb esa parte "no quiero ningun lobo sarnoso" hahaha me recorde de el lindo de kouga y como encelaba a mi querido inu jiji bueno q lindo tu one shot! espero leer el que sigue
    matta ne!
     
  10.  
    Karmatica

    Karmatica Iniciado

    Escorpión
    Miembro desde:
    5 Enero 2010
    Mensajes:
    11
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    "Tu y Yo"
    Total de capítulos:
    7
     
    Palabras:
    1596
    Re: "Tu y Yo"

    Lamento la demora.
    Sumi-chan: Para mi el doble post también es incomodo, en la pagina me sale solamente un post por capitulo y no dos. O.o Tratare de mantenerme lo mas canon posible, no te preocupes. ;)
    Sorry por no dejar respuesta en tu historia, es que he estado un poco desaparecida de la sección de fanfics los ultimos dias. :(
    Hime Sakura: xD Yo tambien me imagine a Inuyasha super celoso por que su chiquita saliera con un hijo de Kouga. Seria una escena digna de ver. :)
    Seph (¿puedo llamarte asi?): Gracias por tu apoyo, espero que te guste el nuevo capitulo. ^^

    Hamaca​

    Extraños cánticos sobre niños recién nacidos y reyes magos que iban a un lejano lugar llamado Belén traladaban las orejas del muchacho. La casa de Kagome estaba llena de desconocidos que, según ella, eran sus primos, tíos y sobrinos. Un árbol lleno de bolas y luces de colores se hallaba en una esquina, debajo de él se amontonaban varios regalos y su cima estaba coronada por una estrella. La señora Higurashi se había esmerado en adornar su hogar para recibir a la familia, cantar villancicos y celebrar aquella fecha tan especial.

    — ¿Qué es lo que celebramos?—preguntó Inuyasha con confusión, mirando intrigado las guirnaldas que colgaban de las ventanas y el radio del que salían aquellas raras tonadas.

    Los familiares de la sacerdotisa lo miraron incrédulos y los niños soltaron leves carcajadas, ¿Cómo aquel chico no sabía de qué trataba la Navidad?

    —Estamos celebrando el Nacimiento de nuestro Salvador, Inuyasha. —le contestó la madre de Kagome con una sonrisa maternal.

    Inuyasha asintió, aún sin entender nada. ¿Quién era ese Salvador? ¿Qué había hecho para que hubiera un día en su honor?

    Se sentía incomodo en aquel lugar. Las primas de Kagome lo miraban de manera…extraña, intentando que se parara bajo el marco de las puertas; donde unas ramitas de muérdago colgaban. Los tíos cuarentones lo agarraban por los hombres y le mascullaban, con un leve aroma a licor, lo mal que se veía llevar el cabello largo siendo un hombre y las múltiples torturas que sufriría si le pusiera un dedo encima a su sobrina. Los chiquillos lo seguían de aquí para allá, pidiendo ver su espada o que al menos les dejara tocar sus colmillos; parecidos a los de un vampiro.
    Para colmo, Kagome había estado hablando con sus parientes y ayudando a su madre en la cocina; y no había tenido tiempo para darle siquiera una mirada. Esto había hecho enojar mucho al mitad bestia, quien decidió sentarse en el comedor hasta que sirvieran el festín.

    La chica también lucía incómoda; corriendo de un lado al otro para atender a todos los invitados y tratando de que la conversación fluyera con ellos. Sus primas habían preferido evitarla al ver que no conocía nada sobre las últimas tendencias y que se negaba a confesarles el nombre del galán que la acompañaba.
    En esos momentos, ella ayudaba a su madre en la cocina. El pavo, el jamón, los turrones y el té debían quedar perfectos; sin embargo, eso era algo difícil considerando la distracción de Kagome.

    —No luce muy divertido—comentó la señora mientras hervía el agua.

    —No esta acostumbrado, eso es todo. —contestó Kagome, deteniendo el trabajo y dándole un vistazo al irritado chico—Él cree que la Navidad gira en torno a los regalos, la deliciosa comida y pasarla bien con los amigos. Creo que no he logrado explicarle bien las cosas.

    —Es comprensible, proviene de otra época. —murmuró su madre, sacando el pavo del horno.

    —Esta incómodo, ¿no crees?—pregunto Kagome, echándole nerviosas miradas al reloj y botando el pie contra el suelo.

    La señora sólo la miro sonriente y suspiró. El interés de su hija por el joven era más que evidente y la necesidad de salir huyendo de la fiesta estaba latente en el aire. Había visto como Kagome no lograba integrarse a las charlas de sus primos; ella era indiferente a las frivolidades en las que pensaban y no estaba interesada en el tema. Desde que había atravesado el pozo, era como si perteneciera a la otra época pues pasaba más tiempo en ella que en la propia; y mientras eso la hiciera feliz su madre evitaría que aquello cambiase.

    —Ya puedes irte—dijo como si nada, limpiándose las manos con un trapo.

    — ¿Estás segura? ¿Y los postres y el té?—preguntó Kagome con incredulidad; pero con un brillo ansioso en los ojos—¿No necesitas ayuda?

    —Claro que no—contestó la mujer—Ya casi todo esta listo, tengo las cosas bajo control y falta poco para la medianoche. No te preocupes, yo explicare tu ausencia.

    — ¡Gracias, mamá!—agradeció, abrazándola con fuerza—Te veré mañana.
    Y con esas palabras salió de la cocina, recogió un fardo de colores y una diminuta caja. Trotó hasta el hanyou y sin previo aviso lo jalo, guiándolo hasta la salida.

    — ¿!Qué diablos te pasa!?—cuestionó Inuyasha al verse arrastrado hasta la salida, esquivando a la gente y evitando pisar a los infantes— ¿Y la comida?

    Kagome ignoró sus replicas y lo obligó a saltar por el pozo, aún agarrándolo de la mano. Una vez fuera, el chico la ayudó a salir para luego seguir con el recorrido hacia un lugar desconocido. Se habían alejado mucho de la aldea de Kaede e Inuyasha ya se había resignado a dejar que ella señalara el rumbo. Corrieron cuesta arriba, esquivando rocas y matorrales, hasta llegar a la cima de una colina.

    Una vez allí, Kagome lo soltó y extendió la tela de colores por el suelo. Al verse liberado, Inuyasha sintió un vacío en el pecho y tuvo el deseo de volver a atrapar su mano entre las suyas. Intrigado, el chico vió como ella sujetaba la manta roja, azul y verde a dos sauces y luego se sentaba sobre ella.
    Aprecio como su pecho subía y bajaba, debido a la agitación y apartó su vista turbado ante el rumbo de sus pensamientos. Se sentó en una esquina y observó el oscuro cielo plagado de estrellas, ignorando la mirada fija de la sacerdotisa en su nuca. Seguía sintiéndose confundido por la repentina huida; pero prefería no hablar del tema. Se sentía mejor en su época y no entre tantos parientes raros.

    —Inuyasha, ven a sentarse conmigo por favor—pidió ella, palpando el lugar a su lado y dándole una de esas sonrisas a las que le era imposible resistirse.

    Resignado, el joven se levantó de su lugar y se sentó a su lado. Su cercanía le resultaba algo incómoda y placentera a la vez, lo ponía nervioso y eso era algo que Inuyasha detestaba con toda el alma.
    Desde allí, podían ver parte de la aldea y varios arboles llenos de frutos jugosos. Se podría decir que era una linda vista.
    — ¿Para qué me arrastraste aquí?—preguntó irritado y balanceándose—¿Para qué trajiste esta manta?

    Ella le frunció el ceño un momento al ver interrumpido su conteo mental, si no se equivocaba faltaban segundos para la medianoche.
    —No es una manta, es una hamaca. —explicó ella más relajada—Y te traje para darte esto.

    Acto seguido, Kagome sacó la caja de sus bolsillos y se la extendió al chico con nerviosismo. Sus manos temblaban levemente y esperaba, expectante, alguna reacción ante el presente.
    Inuyasha solamente miró la caja sorprendido, pues a lo largo de su vida no había recibido muchos regalos. Rasgó el papel dorado con sus garras y abrió el empaque, encontrándose con una foto enmarcada de la muchacha de negros cabellos y él; la foto había sido tomada hace unos meses en una tienda de disfraces en el centro de Tokio. Kagome vestía de ángel con corto vestido, alas y tiara mientras lo abrazaba divertida por la espalda; el vestía, irónicamente, de perro, llevando un collar y un ridículo traje moteado.

    —Gracias—masculló sonrojado, ya que no estaba acostumbrado a agradecer nada.

    Posó su mirada en la adolescente que retorcía sus manos en el regazo y lo observaba con un gran sonrojo invadiendo su rostro. Cohibida, Kagome acercó su rostro al suyo y le plantó un beso en sus labios; apenas un piquito pero aún así un beso.

    —Feliz Navidad, Inuyasha—murmuró sonriente y apoyándose en su brazo. Se había debatido semanas sobre si era lo adecuado o no demostrarle sus sentimientos al hanyou y al final se había decidido a mostrar lo que escondía su corazón al chico.

    Aquella fecha tan especial era el momento indicado para demostrar el amor que sentía por todos los que la rodeaban. Pues el amor era el motor que impulsaba sus vidas y les daba fuerzas para seguir su lucha contra Naraku, siempre unidos contra la adversidad.

    Inuyasha pasó un brazo por sus hombros y, con nerviosismo, le dió un beso en la cabeza; sintiéndose reconfortado por la tranquilidad del ambiente.

    Feliz Navidad, Kagome”
    N/A
    Solo espero no haber cometido doble post esta vez. ._.
     
  11.  
    hime sakura

    hime sakura Entusiasta

    Acuario
    Miembro desde:
    25 Diciembre 2009
    Mensajes:
    60
    Re: "Tu y Yo"

    XD ntp a tooodos nos pasa me encanto super lindo precioso
    hermoso bello! XD
    ya mucho va bueno al tema
    aww q lindo la mami de kagomeee tan cmprensiivaa o.O
    inuyasha bobo! le hubiera correspondido con un beso tmb no en la frentooota XD
    pero q lindos mi parejita favorita ademas de li y sakurita jiji bueno estuvo super lindo
    ya te habia dicho que me encanta como redactas? no? bueno ya te lo dije jiji
    espero lo que sigue ciao ciao!
     
  12.  
    Sumi Chan

    Sumi Chan Usuario común

    Cáncer
    Miembro desde:
    11 Junio 2008
    Mensajes:
    379
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    Me sorprendiste O.O por fin arreglaste el post :ANYWORD: que bien ahora se vera mucho mejor. ¿Sabías que me gusto lo de inuyasha? lastima que no encontraste la imagen o la foto, pero estuvo genial la parte de como describir lo del regalo y eso... Aunqe me hubiese gustado más ver la confuncion de inuyasha y como se sentía realmente. pero em fasino un 10 jajajajaja xD
     
  13.  
    Inu Girl

    Inu Girl Entusiasta

    Capricornio
    Miembro desde:
    11 Julio 2005
    Mensajes:
    138
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    Awwww con un beso de regreso hubiera quedado perfecto, pero de todas formas quedo muuuy bien!!! wiii ^^ jeje esta bello bello, me gusto mucho... espero continues el sig. one-shot porque te estan quedando hermosos!!! Ahhh eso de la hamaca fue tan tierno, y el one-shot anterior también estuvo bien lindo... cuando Inu le cuenta su historia a su hija!! awww Inu si sería un buen padre!! XD ahhh yo quiero un esposo asi T.T jaja pero bueno... sigue asi super, sayonara prrrmiau
     
  14.  
    Kagome Cullen

    Kagome Cullen Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    28 Abril 2009
    Mensajes:
    94
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    ¡Pronto!¡Pronto! Conti xD Jajajaja me encanta (como siempre Inuyasha no entiende nada de esta epoca xD) Gracias a Dios todos son InuxKag o cosas así xP esk hay algunos k no aguanto xp bueno lo k seaaaaa....este ultimo tubo un poco de OoC? (era así?)
     
  15.  
    Karmatica

    Karmatica Iniciado

    Escorpión
    Miembro desde:
    5 Enero 2010
    Mensajes:
    11
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    "Tu y Yo"
    Total de capítulos:
    7
     
    Palabras:
    1823
    Re: "Tu y Yo"

    Hola de nuevo. Lamento la demora; pero es que últimamente he estado muy mal con la inspiración. Para no subir la continuacion en el proximo mes, creo que lo mejor es subir este one-shot que tengo desde hace varios meses.
    Disculpen el OoC que puede haber (pues se que hay una buena cantidad de eso).
    Gracias por su apoyo. :corazón:

    Amigo Imaginario

    Ahí estaba ella, con su negra cabellera suelta y sus ojos marrones con aquél brillo que tanto los caracterizaban. Llevaba puestos unos pantalones vaqueros y una simple camiseta rosa, acompañados de unas sandalias negras. Jugaba tranquila sin percibir la mirada dorada de cierto muchacho sobre ella.


    Apoyado en el alfeizar de la ventana, Inuyasha Taisho tenía una excelente visión del patio delantero de los Higurashi, sus vecinos. Con sus ojos dorados observaba fascinado como aquella chica se trepaba a los árboles con tal de hacer reír a su hermano, un pequeño de no mas de cuatro años llamado Souta. Inuyasha suspiró aburrido, volteó y paseó la mirada por su habitación. Esta se encontraba totalmente desordenada; sus cuadernos escolares estaban tirados por el suelo con muchas hojas sueltas y unas envolturas de chocolate, acompañadas de unos cartones de leche y una caja de galletas, se acumulaban en su mesita de noche.


    Volvió su mirada a la ventana y observó como una joven mujer se acercaba a los niños. Al verla venir, la chica de ojos marrones bajó del árbol y se dirigió hacia ella. Desde su posición, Inuyasha pudo ver como aquella mujer parecía estar pidiéndole algo a la muchacha mientras que esta fruncía el ceño y miraba disimuladamente hacia su casa. Intrigado, vio como ella asentía con la cabeza y salía corriendo.


    Inuyasha se alejó de la ventana, sorteó algunas de las cajas que se encontraban en el suelo y salió de su habitación. Normalmente, esta siempre estaba ordenada pero al estar sus padres de viaje no había quien pudiera ordenarle limpiarla. La única persona que se encontraba con él era Sesshoumaru; pero bien sabía Inuyasha que a su hermano mayor le daba igual todo lo que le pasaba.


    El chico frunció el entrecejo al escuchar el timbre de la casa, arrastrando los pies se dirigió a la habitación de su hermano y lo encontró igual que siempre; con el cabello plateado perfectamente peinado y la fina nariz enterrada en sus libros.


    —Idiota, hay alguien afuera. Ve a abrir. —le dijo con una sonrisa burlona en el rostro.


    Sesshoumaru alzó la mirada de sus libros y lo observó de manera inexpresiva— Eres un estúpido, aún me pregunto cuando dejarás esas ridículas actitudes infantiles. —le dijo antes de volver a enterrar la nariz en los libros, ignorando el timbre que había vuelto a sonar insistente.


    Inuyasha lo miró enrabiado. ¿! Quién diablos se creía el idiota de su hermano!? Era más que obvio que él ya no era un chiquillo, ¡él ya era todo un hombre!
    Sesshoumaru, hastiado, se levantó de su escritorio y fue a abrir la puerta. Con tanto barullo jamás podría concentrarse. Pasó a un lado de su hermano y empezó a bajar las escaleras con lentitud.


    — ¡Para tu información, soy mil veces más hombre que tu Sesshoumaru!—le gritó Inuyasha cuando el otro muchacho ya había bajado hasta la sala.


    —Como digas—dijo el otro.


    Inuyasha ya le iba a replicar; pero ninguna palabra salió de su boca al ver a la misma chica que había estado observando hace unos momentos, entrando a la casa.


    —Buenos días Sesshoumaru. Mi madre me envió a pedirte azúcar ¿tienes un poco?—preguntó la chica, con las mejillas ligeramente sonrojadas y una pequeña taza de azúcar en sus manos.


    —Pasa—fue lo único que le contestó Sesshoumaru antes de dirigirse a la cocina en total silencio.


    —De acuerdo—susurró Kagome, entrando después de él. Sin pena alguna esta vez, ella se acostó encima de uno de los blancos sillones que allí se encontraban.


    Ella se encontraba totalmente relajada en aquel cómodo sillón, paseó su mirada por los hermosos diseños florales del techo y luego, involuntariamente, la dirigió hacia las escaleras. Allí, justo cuando su mirada achocolatada se encontró con otra dorada toda relajación se esfumó.


    —Ehhhh… ¿hola?—fue lo único que pudo decir Inuyasha. La chica lo miró con el ceño fruncido y la cara roja de ira.


    — ¿Qué quieres?—le preguntó ella, se levantó del sillón y cruzó los brazos con fastidio.


    —Hablar contigo, ¿que más voy a querer tonta? ¿Qué demonios te pasa? Hace como un mes que no me diriges la palabra. —le contestó Inuyasha, bajando las escaleras con rapidez y sentándose a su lado.


    Kagome solo lo miró de reojo y se apartó de él— Tengo mis razones—susurró.


    — ¡No seas idiota! ¡Yo no te hecho nada!—le gritó con furia el chico de ojos dorados. Ya lo había empezado a frustrar la manera en que su amiga lo ignoraba.


    — ¿! Nada!? ¡Inuyasha, me dejaste abandonada casi todo el bendito mes! ¡No me hablabas, no jugabas conmigo y ni siquiera te me acercabas en los recreos o me visitabas en casa!—le gritó con enojo la muchacha mientras unas pequeñas lagrimas (no sabría decir si de rabia o de tristeza) se acumulaban en sus ojos marrones—


    —Deja de llorar—le dijo Inuyasha mientras miraba hacia otra parte. Odiaba ver a las mujeres llorar


    —¡No estoy llorando!—grito mientras enjugaba sus lagrimas con el dorso de su mano.


    —No pude verte en todo este mes porque estuve con Kikyo. Lo siento—murmuró Inuyasha con un ligero rubor en sus mejillas. Ignorando olímpicamente lo que había gritado Kagome.


    Kikyo Dojou era una de las compañeras de clases de Inuyasha. Lo único que Kagome sabía acerca de ella era que tenía una belleza muy particular y una personalidad misteriosa y algo reservada, que por lo visto había logrado atraer a su amigo de ojos dorados. El cual decía que la muchacha de fríos ojos marrones era muy diferente a como la describía el resto de la gente.


    — ¿Siguen juntos?—preguntó Kagome en un susurro.


    —No. Rompí con ella hace una semana. —le contestó con sencillez el otro chico.


    —Lo siento mucho—murmuró Kagome.


    — ¡Keh! No importa. —le contestó él con indiferencia.


    Kagome solo sonrió levemente. Ella sabía que Inuyasha solo estaba actuando, escondiendo lo que sentía en realidad detrás de una máscara de indiferencia. Aunque sabía que su amigo debía estar triste por la ruptura, Kagome no podía evitar sentir un calorcito en su interior, se sentía feliz y al mismo tiempo miserable por la tristeza que sentía Inuyasha.


    Todos aquellos pequeños cambios en su forma de pensar, día a día la confundían aún más. Había descubierto que algunos de los juegos que le encantaban en el pasado, de repente le parecían algo tontos e infantiles y que ciertas cosas que antes le daban igual ahora la fascinaban cada vez más. Lo mismo había ocurrido con sus sentimientos hacia aquél chico al que conocía desde la más tierna infancia, el cariño que sentía por él se había vuelto más profundo y había empezado a ansiar, más que nunca, los abrazos que el chico le brindaba de vez en cuando. Aun así, desconocía completamente si Inuyasha sentía lo mismo que ella.


    Ya no era una niñita; pero tampoco era una adulta.


    Ambos se miraron un rato en completo silencio hasta que la imponente figura de Sesshoumaru entró al salón con la pequeña taza llena de azúcar. El chico se lo entregó a Kagome y sin decir palabra alguna se fue a su habitación. El silencio se prolongó un poco más hasta que Kagome se levantó del sillón y se acercó despacio a Inuyasha.


    —Lo siento. No debí haberme enojado por esa tontería. —le dijo Kagome con una avergonzada sonrisa. Estaba dejando su orgullo a un lado para poder volver a disfrutar de la cálida compañía de Inuyasha.


    —Tranquila, ya no importa—fue lo único que contestó el susodicho.


    — ¿Amigos de nuevo?—le preguntó Kagome con duda, ofreciéndole su blanca y suave mano.


    — ¡Keh! Como sea—dijo Inuyasha, desviando la mirada hacia otro lado. A veces, tanta amabilidad de parte de Kagome llegaba a incomodarlo.


    —Bueno, tengo que irme. Tal vez no te vea tan a menudo ahora. —le comentó Kagome, con una hermosa sonrisa en su cara, mientras se levantaba del sofá y se dirigía con paso ligero hacia la puerta. Se le había ocurrido una simple idea en aquel tiempo que había pasado junto al joven. Una idea que tal vez la ayudaría a responder el dilema que se formaba en su corazón.


    — ¿Por qué no?—le preguntó con rapidez Inuyasha. Él no estaba dispuesto a soportar semejante cosa, casi un mes con ella ignorándole le había supuesto una tortura. No sabía si soportaría otro mes sin llegar a destrozar la casa de la furia que sentía o si en el proceso terminaría asesinando a Sesshoumaru (lo cual, para ser honestos, le daba igual. De todas formas, la vida sin Sesshoumaru sería mucho mejor)


    —Es que yo tengo…este…un…novio. —murmuró Kagome, sus mejillas estaban totalmente rojas y estaba enredando un mechón de cabello en su dedo. Un gesto que solía hacer cuando estaba mintiendo. Sentia un poco de vergüenza por estar diciendo semejante cosa, después de todo, su propia madre le había dicho que aun estaba muy pequeña para tener novio. Le había dicho que lo ideal seria esperar a que creciera un poco mas.—Tengo que volver a casa. Te veo más tarde. —dijo Kagome antes de salir corriendo velozmente hacia su templo. No tenía ganas de ver como la furia de Inuyasha estallaba.


    El chico se había quedado congelado en el sillón mientras que en su mente se repetía sin cesar aquella simple pero realmente odiosa palabra: novio. De solo pensar en que Kagome, la dulce Kagome, estuviera de novia con un tipo al que ni siquiera conocía le hacía hervir la sangre. El chico se levantó, con las manos cerradas en puño, el ceño profundamente fruncido y rechinando con fuerza los dientes...


    Por lo largo que es...continuara! xD
    El segundo two-shot.


    Sus criticas serán aceptadas con gusto. :)
     
  16.  
    Alainne

    Alainne Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    30 Agosto 2009
    Mensajes:
    92
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    Hola.Que tal estas?.Me encanto; Tiene 2 partes o lo entendi mal?. Ese Inu que esta celoso ( se cree que nadie se da cuenta,se descubre el solito es un orgulloso ). Que fuerte que Kag le haya mentido para darle celos xD ( supongo que es para eso).
    Cuidate y conty pronto
    Bye
    :rosa:
     
  17.  
    Inu Girl

    Inu Girl Entusiasta

    Capricornio
    Miembro desde:
    11 Julio 2005
    Mensajes:
    138
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    Awww que bonito!! aunque me quede con una duda... ¿cuantos años tienen Kagome e Inuyasha, si Souta tiene 4? mmm deberian de tener 9 o 10? Bueno, eso es solo una duda que ojala me contestes porque a partir de sus edad se pueden detallar muchas cosas conforme al comportamiento XD pero fuera de ahi, esta bien tierno :wtf: jeje me gusto mucho!!! muak bsos!! sayonara prrrmiau super
     
  18.  
    Sumi Chan

    Sumi Chan Usuario común

    Cáncer
    Miembro desde:
    11 Junio 2008
    Mensajes:
    379
    Pluma de
    Escritora
    Re: "Tu y Yo"

    WOu me gusto pero un consejo¿Que edad tiene Inuyash? parecieran niños como de cuarto grado, si es así, esta bien. adenmás se que cometiste OoC pero esta bien no les arruinaste la personalidad, aun que Sesshomaru xD me dio risa, ya me lo imagino leyendo libros. Gusta, espero que le continues ya que la trama esta muy hermsa y también me gustaria saber el gran lio que se vera a Kagome por mentirle a inuyasha.
     
  19.  
    Karmatica

    Karmatica Iniciado

    Escorpión
    Miembro desde:
    5 Enero 2010
    Mensajes:
    11
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    "Tu y Yo"
    Total de capítulos:
    7
     
    Palabras:
    1854
    Re: "Tu y Yo"

    Lamento muchisimo la demora. Se que no tengo perdon, pero una serie de problemas me impidieron subir la continuacion. Espero me perdonen. :(
    Efectivamente, Inuyasha y Kagome son niños como de cuarto/quinto grado. Les agradezco por sus comentarios y espero no volver a decepcionarlos.

    Continuación de Amigo Imaginario

    ¿! Por qué demonios no se lo había dicho antes!? Se suponía que eran los "mejores amigos", ¿Cómo era posible que Kagome le hubiese ocultado la existencia de ese novio? ¡De solo mencionar la dichosa palabrita aumentaban cada vez mas los deseos de encontrarse con ese tipo y romperle su maldita cara!

    El joven atravesó con rapidez la acera por la que unas pocas personas transitaban y subió con rapidez las innumerables escaleras del templo vecino. Una vez llegó a la cima atravesó con rapidez el patio, rodeado de arboles de sakura y con muchos juguetes desperdigados por el suelo.

    Irritado, tocó la puerta con más fuerza de la necesaria y esperó con los brazos cruzados a que le abrieran. Pasados un par de segundos, la puerta fue abierta por una cansada, pero aún así sonriente, señora Higurashi.

    —Mami, quiero jugar—decía el pequeño Souta mientras reía colgado de la pierna de su madre.

    —Mas tarde jugaremos Souta, ahora mamá esta muy ocupada—contestó la señora mientras le acariciaba la cabecita a su hijo. —Hola Inuyasha, es una sorpresa verte por aquí. Hace mucho que no venías, ¿buscas a Kagome?—le preguntó la señora con una gran sonrisa en su delicado rostro.

    — ¿Puede Kagome venir aquí afuera? Tengo que hablar con ella. —preguntó rápidamente Inuyasha. Hubiera sido un poco más caballeroso, de no ser por la urgencia que sentía de ver a la chica en ese momento.

    —Por supuesto ¿Podrías cuidar un rato a Souta mientras voy a buscarla?—le preguntó la mujer.

    —De acuerdo—contestó velozmente el muchacho.

    Al escuchar sus palabras, el pequeño Souta se soltó de inmediato de la pierna de su madre y corrió hacia el chico de ojos dorados. —Inuyasa, ¿para que bucas a mi hermana?—le pregunto el niñito.

    —Para hablar con ella—le contestó el chico.

    — ¿Por qué?—

    —Porque dijo algo que me hizo enojar—

    — ¿Por qué?—

    —Porque fue algo sumamente estúpido—le contestó el chico de nuevo. Olvidando que no debía decir semejantes palabrotas frente al niño.

    — ¿Por qué?—

    —Porque ella es una tonta—

    — ¿Por qué?—le volvió a preguntar con una risita.

    —No sé, debe ser algo de nacimiento—

    — ¿Por qué?—

    —Oye Souta, ¿Por qué no mejor cierras la boca?—preguntó un hastiado Inuyasha. Aquél enano lo estaba desesperando con sus preguntas.

    — ¡Porque no quiero!—exclamó el niñito antes de soltar una fuerte risa y salir corriendo hacia uno de los inmensos arboles que allí se encontraban. Inuyasha solo observó como el niño escalaba rápidamente uno de los árboles. Ese pequeño demonio siempre lograba desconcertarlo con sus acciones.

    — ¡Souta! ¡Baja de ahí ahora mismo!—gritó Kagome mientras corría hacia el árbol al que su hermano se había trepado. ¿Cuándo había salido de la casa?

    Al verla venir Souta brincó del árbol, sin embargo, antes de que llegara a tocar el suelo Kagome logró atraparlo. Tropezó con una roca y cayó de espaldas en el suelo. Definitivamente, los hermanos menores eran un terrible dolor de cabeza.

    — ¡Auch! Eres un loco suicida Souta—exclamó Kagome mientras se sentaba en el duro suelo y se sobaba la espalda.

    — ¿Estás bien hermana?—preguntó el pequeñín con preocupación. Su carita, antes risueña, se había ensombrecido ante la posibilidad de haber lastimado a su adorada hermana con sus juegos.

    —No te preocupes. Ve con tus juguetes—le contestó Kagome mientras se levantaba. Fingió una sonrisa para poder tranquilizar al infante, y cuando vio que este se alejaba más relajado, la mueca de dolor se volvió a instalar en su rostro.

    — ¿Estás bien Kagome?—le preguntó con una leve preocupación Inuyasha. El chico poso una mano sobre su hombro y le dio una suave caricia en la espalda.

    —Sí, solo fue un tonto golpe—le respondió Kagome con un leve rubor en sus mejillas. — ¿Para qué me buscabas?—le preguntó esta vez.

    Al escuchar a Kagome, Inuyasha recordó las razones de su enojo. Su rostro mutó nuevamente a la ira y sus ojos adquirieron un peligroso brillo anaranjado. —Hablábamos sobre tu "noviecito" hace un rato. —le dijo de forma mordaz, casi escupiendo dicha palabra.

    Kagome lo miró con confusión y alzó una ceja, interrogante. De pronto, al ver como las facciones de Inuyasha se endurecían un poco más, pareció recordar. — ¡Ah, te refieres a eso! Creo que no deberías preocuparte por esas tonterías Inuyasha. Además, es mi asunto— exclamó ella con rapidez, enrollando un mechón de cabello en su dedo y bajando la mirada al piso.

    — ¿Cómo se llama?—le preguntó Inuyasha, ignorando las palabras de la chica. — ¿! No será el idiota de Kouga verdad!?—le gritó.

    A pesar de estar en grados totalmente distintos, ambos conocían a los respectivos amigos o enemigos de cada uno. Más de una chica de la clase de Kagome, se sentía levemente atraída hacia Inuyasha, lo mismo que ciertos chicos de la clase del muchacho (entre ellos el dichoso Kouga) se sentían felices cerca de Kagome. Se podría decir que todos aquellos chicos y chicas empezaban a sentir las típicas mariposas en el estómago que se presentaban en la adolescencia. Los abrazos, los besos en la mejilla y los regalos anónimos (desde el típico corazón de chocolate hasta el inusual poema romántico) no se hacían esperar.

    — ¿Kouga? — Preguntó Kagome—Él y yo somos solo amigos, Inuyasha—le contestó alzando la mirada y chocando con los enojados ojos del otro chico.

    — ¡Ja! Si como no Kagome. ¡Ese tipo se la pasa gritando a los cuatro vientos que eres su novia!—le gritó con las mejillas rojas por el esfuerzo— ¡Es un completo estúpido! ¡No se porque no me dejas quitarle la patética sonrisa de su rostro con un buen puñetazo!

    Kagome lo miró con confusión y pensó que su broma ya se estaba pasando de la raya. Se suponía que Inuyasha debía molestarse tan solo un poco; pero era obvio que él estaba mucho más que molesto.

    Era hora de ponerle fin a su plan.

    Al escuchar los gritos, Souta había dejado sus juguetes a un lado y se había acercado disimuladamente a ambos jóvenes. Al llegar a su lado, Souta se abrazó a una de las piernas de su hermana y preguntó, inocentemente. —Inuyasa ¿estas celoso?—

    Las mejillas de Inuyasha se volvieron aún más rojas y un tic se empezó a formar en su ceja derecha— ¡Por supuesto que no, enano del demonio!—le gritó al niño que se había escondido detrás de su hermana con una traviesa sonrisa en su adorable rostro.

    — ¡No le grites a Souta!—gritó Kagome. Ese enano podía ser muy fastidioso; pero aun así era su hermano, por lo cual lo protegería de todo y de todos si fuera necesario— ¡Y tú deja de decir tonterías!—regañó al chiquillo mientras le daba un leve golpe en la cabeza.

    —Pelo si no son tonterías. Mamá dijo que tenía que cuidate mucho Kagome. Ella dijo que tú eres muy linda y que pol eso muchos niños van a querer estar cerquita tuyo. —dijo el niño mientras la miraba con seriedad. —Inuyasa, ¿tú tas celoso?—le volvió a preguntar el infante al ver como ambos jóvenes se había quedado mudos al escucharlo decir semejantes cosas.

    Inuyasha solo bajo la mirada al suelo y apretó sus puños con más fuerza, al punto que se empezó a hacer daño. ¿Estaba celoso?

    Ni él mismo lo sabía con certeza. Aceptaba que su amiga era una chica muy linda; pero algo muy diferente era admitirlo en público o decírselo a la chica en cuestión. La conocía desde que ambos andaban en pañales y no podía evitar sentir aquella necesidad de protegerla y darle cariño, como si de una hermanita se tratara. Por lo tanto, cada vez que algún muchacho se le acercaba no podía evitar pensar que este lo hacia con malas intenciones, tratando de aprovecharse de la ingenuidad de Kagome.

    No obstante, el mismo no podía evitar sentir últimamente la necesidad de estar cerca de ella y perderse en sus ojos marrones. También sabía que a medida que crecieran dicha necesidad se iba a volver cada vez más fuerte, hasta que no la podría soportar.

    El único chico en el que podría confiar para cuidar a Kagome era Miroku, su mejor amigo (Souta no contaba como chico, él solo era un pequeño dolor de cabeza sin utilidad alguna). Desde que había visto como el maldito de Kouga se acercaba en los recesos a su amiga, de forma "disimulada", un intenso rencor nació en su interior. Detestaba con toda su alma ver como ella se sonrojaba cuando Kouga se acercaba y le regalaba chocolates o cualquier otra cosa cursi que se encontrara, y como él sonreía con suficiencia al ver que había logrado su objetivo.

    ¡Y aún así la ingenua de Kagome seguía diciendo que solo eran amigos! ¡Maldita sea, le estaba coqueteando! ¿! Cómo podía ser TAN ciega!?

    ¡Joder! Lo admitía, estaba celoso. ¿Y qué?

    —Inuyasha—lo sacó Kagome de sus pensamientos—No tienes porque enojarte. Jamás existió novio alguno, todo fue una simple broma. —le dijo la chica con una leve sonrisa.

    —O sea que Inuyasa taba celoso de alguien que no existe. ¡De un chico imaginario!—exclamó Souta antes de empezar a reír.

    —Lo siento—le dijo Kagome a Inuyasha, algo nerviosa e ignorando los comentarios de Souta.

    El chico tenía la mandíbula desencajada y las mejillas teñidas de un rojo escarlata. Cerró y abrió la boca, tratando de decir algo que le ayudara a recuperar un poco de su dignidad. Aunque para ser sinceros no sabía qué diablos le podría ayudar.

    ¿! Se había enojado y preocupado tanto por alguien que siquiera existía!?

    Le dirigió una mirada a la nerviosa Kagome y sin decir palabra se alejó lentamente del lugar escuchando como la muchacha trataba de callar a su hermano. El cual cantaba sin parar una fastidiosa tonadilla.

    —Inu y Kagome sentados en un árbol. Se quieren, se aman, se besan y se abrachan. —cantaba el infante ignorando la furibunda mirada de Kagome.

    Tal vez mañana vendría a darle su merecido. Después de que toda la ira, desconcierto y vergüenza que sentía se le pasaran.
     
  20.  
    Karmatica

    Karmatica Iniciado

    Escorpión
    Miembro desde:
    5 Enero 2010
    Mensajes:
    11
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    "Tu y Yo"
    Total de capítulos:
    7
     
    Palabras:
    1304
    Re: "Tu y Yo"

    Tambien les traigo otro capitulo que logre escribir en mi tiempo libre.

    Cometa sin Hilo
    El parque Mikomi bullía de actividad, a pesar de que el anochecer se aproximaba ya. Las madres se reunían en corrillos a chismear, presumían a su prole como aun trofeo y les echaban un ojo cada cierto tiempo. Los niños corrían y gritaban, escondiéndose tras los altos arbustos cuadrados, trepándose en los juegos de barras y columpiándose como monos; y bailaban deleitados entre los pétalos que caían de los arboles de sakura.

    —No te alejes mucho, Souta.—le dijo una joven a su hermano. Observó el reloj de su muñeca y musitó—Tenemos una hora antes de volver al templo.

    —Ya lo sé, Kagome. No me trates como a un niño. —se quejó el muchacho al ver como su hermana le revolvía los cabellos. Se apartó de ella y, con un papalote rojo entre las manos, se dirigió al amplio campo verde.

    Kagome simplemente soltó una risilla al ver como el chico se alejaba a trompicones, totalmente sonrojado y avergonzado. Aquél chiquillo que se aferraba a sus faldas aterrado y le pedía dormir en su habitación, había sido reemplazado por un adolescente alto y valiente; pero con una vena infantil que nadie le podría arrebatar. Caminó con lentitud y se sentó en una de las bancas de piedra, admirando el panorama y alegrándose por respirar algo de aire puro y no el smog que abundaba en cada rincón del Tokyo actual. Una ráfaga de aire helado arremetió contra ella, haciendo que se encogiera en su asiento y frotara sus brazos a pesar del abrigo que llevaba puesto. Últimamente el clima andaba como loco, cambiando cada segundo; la semana pasada un calor abrasador había reinado y ahora en las calles se sentía un frío que calaba el esqueleto.

    En momentos como ese añoraba más que nunca el Sengoku; con sus verdes praderas, altísimas montañas y aguas cristalinas. Lo sencilla que era la vida y la cercana relación que los aldeanos mantenían con la naturaleza, era algo simplemente admirable. ¿Seguiría todo igual por allá?

    —¡Miren lo qué mamá me compró!—gritó una niñita cerca de Kagome. Sus amigos la rodearon con rapidez, ansiosos porque les prestara el juguete.

    Intrigada, la chica se acercó con lentitud a los niños, observando cómo hablaban excitados por el juego. Sonrió melancólica al ver el diminuto boomerang que la nena tenía en las manos; era marrón y con una cinta rosa atada a él, hecho evidentemente de plástico. Junto al monumental hiraikotsu de Sango, aquel juguetito podía considerarse basura. Observando detenidamente los rasgos de la mocosa, le surgió la loca idea de que podría ser la reencarnación de su querida amiga.

    Los chicos se alejaron de la niñita, rodeándola y murmurando cosas entre ellos. La chica se chupó un dedo e, inocentemente, comprobó el viento; se acomodó y sujetó el juguete con fuerza. Kagome reconoció en ella el brillo decisivo, que antaño había observado en los ojos de Sango, y observó como la mocosa lanzaba el boomerang con agilidad, hacia el cielo. La figura pequeña y débil creció, convirtiéndose en la de una joven mujer y ,en vez de atravesar las ramas de un árbol, el hiraikotsu perforó limpiamente los cuerpos de cientos de demonios.

    —¡Desapareció!—gimió un chico al ver como el aparato se perdía entre las hojas rosadas.—¿Creen que volverá?

    Kagome agitó la cabeza, tratando de alejar aquella visión que la había asaltado repentinamente. No le hacía bien recordar y muchas veces prefería olvidar, cuatro años habían pasado ya desde la última vez que los había visto y cada día los extrañaba más y más. Ya había supuesto demasiado dolor el separarse por tres largos años, para que justamente el tan anhelado reencuentro no hubiese durado más que un par de meses.

    — ¡Por supuesto que volverá!—respondió la pequeña con un brillo orgulloso en sus ojos marrones.

    Pasaron unos instantes, en los que los demás infantes comenzaron a burlarse, alegando que nunca vería su "traste" regresar. De pronto, un extraño sonido los interrumpió, demostrando que el aparato había vuelto a las manos de su dueña; tal y como un perro siempre regresaba con sus legítimos amos. Kagome solo sonrió al ver la dicha de la niña, alejándose a paso lento del lugar.

    Meditabunda, se llevo una pálida mano a la barbilla; extrañada por el giro tan raro que había tomado su mente hace un rato. Hace tres noches que había dejado de pensar en sus amigos; pero parecía que su intento no iba a funcionar, por mucho que ella estuviera empeñada en borrar sus memorias…para eliminar aquella opresión que sentía en su corazón. Sin darse cuenta, había llegado junto a Souta, el cual volaba su cometa ajeno a las preocupaciones de su hermana.

    El chico mordía sus labios mientras desenrollaba y estiraba la cometa, tratando de elevarla hasta el infinito. Kagome alzó el rostro y observó como un punto rojo se elevaba sobre sus cabezas, se maravilló de lo lejos que estaba de ellos, de lo inmune que parecía a las preocupaciones humanas. Su mirada recorrió el cielo lleno de nubes grises, para luego volver a posar su atención en la cometa. Una pizca de tristeza apareció en su mirada al ver el hilo que la unía a Tierra, que le impedía elevarse como seguro era su deseo y obtener la libertad.

    Souta la ignoró y siguió desenrollando el hilo, hasta que finalmente el papalote alcanzó su punto máximo. Una sonrisa orgullosa apareció en el rostro del joven, el cual manejó el papalote con destreza, sintiéndose el rey del mundo por unos instantes…hasta que una ráfaga helada, más violenta que las anteriores, rompió el débil hilillo con que lo manejaba.

    —¡Demonios! ¡Se rompió!—se quejó frustrado, señalando acusador la mancha roja que se alejaba poco a poco de su campo de visión.

    Kagome sólo sonrió, sintiéndose de cierta forma, algo bizarra, identificada con aquel trozo de papel. Era algo tan extraño que no se podía explicar con palabras. La cometa había dejado una parte importante de ella en la tierra, ahora se conducía a voluntad del viento sin un rumbo fijo; sin nada que perseguir. Ella también había perdido algo importante en el pasado, había abandonado parte de su corazón junto a sus amigos y…su amado Inuyasha. Un leve suspiro escapó de sus labios al recordar al hanyou, al recordar sus peleas, buenos momentos e histerias. Aunque la magia del pozo parecía haberse apagado completamente, Kagome aun tenía la esperanza de que volviera a funcionar tarde o temprano; que algún día al descender por él las luces violetas aparecieran y, al alzar la mirada, un cielo azul y el trinar de las aves le dieran la bienvenida.

    —No te preocupes. Te compraré una nueva.— reconfortó a su hermano, ofreciéndole una radiante sonrisa que hace mucho Souta no veía.

    Tarde o temprano, el pozo reviviría, de eso estaba segura. Volverían a encontrarse, esta vez para amarse, para permanecer juntos por la eternidad… porque el hilo del destino los mantendría unidos.

    "Yo nací para conocer a Kagome…y ella nació para conocerme"—Inuyasha.
     

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso