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  2. ¡Importante!


    Recuerda que categorizar bien tu historia es muy importante. Para esto, debes utilizar alguno de los prefijos disponibles junto al título de tu historia antes de ser publicada.

    Estos prefijos indican la extensión aproximada del relato y así obtendrá lectores más específicos.

    La indicación sobre cómo utilizarla es la siguiente:

    • Nanorrelato para historias de 20 palabras o menos.
    • Microrrelato para historias de entre 21 a 100 palabras.
    • Drabble para historias de entre 101 a 500 palabras.
    • One-shot para historias de un solo capítulo, mayores a 500 palabras
    • Two-shot para historias de dos capítulos.
    • Long-fic para historias de más de dos capítulos

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Fanfic - Tal vez [iCarly]

Tema en 'Fanfics sobre Series de TV y Cine' iniciado por Nienor, 24 Julio 2010.

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  1.  
    Nienor

    Nienor Entusiasta

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    Fanfic - Tal vez [iCarly]
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    Tal vez [iCarly]

    Para el concurso 'Melodía del corazón'. Todo sea para hacer a tres personas felices.

    Título: Tal vez.
    Summary: Repítelo. Tal vez así logres creerlo.
    Pareja: Seddie [SamxFreddie], ligero Felanie.
    Clasificación: K+.
    Advertencias: Posibles errores, sin betear.
    Género: Fluff, Angst.
    Cantidad de palabras: 1384

    Tal vez

    Era lo más extraño y escalofriante que habías decidido hacer en mucho tiempo; o al menos eso sostuvo Gibby al enterarse, mientras te deseaba suerte con aspecto de lúgubre compasión. Sí, las pruebas de lo peligroso que podía resultar continuar yacían obvias en el dolor punzante de tu brazo izquierdo; pero, la mínima sugerencia de abandonar te provocaba nauseas.

    O, quizá tu madre está en lo correcto y posees una subrepticia vocación de mártir. Después de todo, los años no mienten y ningún otro soportó antes el mal trato de esa chica; dignidad o no, existe un límite sobre el cual un hombre puede caminar y la rubia ya había destruido esa línea divisoria hace mucho. Es mínima, casi nula, tu capacidad de negarle algo.

    Sin embargo, sabes que las cosas buenas nunca llegan fácilmente y el riesgo no se compara a la mediocre satisfacción que sentirías al encontrarse rodeado de lo que cualquiera desearía para sí. Pensarlo te irrita y escucharlo te enfurece hasta la pérdida de cortesía ¿Qué pueden entender ellos sobre perfección, lazos y deseos?
    ¿Cómo podrían juzgarlos sin caer en el error del observador curioso que no comprende los sentimientos ajenos?

    Tal vez estés demente, pero eres feliz y el resto puede irse al diablo; en ocasiones te crees incapaz de complacerla, mas ahora estás casi convencido de que –no siendo perfecto– puedes lograr hacerla reír. Claro, escucha las advertencias a desgana y con falsa cortesía. Ella puede lastimarte, muy cierto; es muchísimo más fuerte que tú, totalmente en lo correcto. Su pequeña mano puede, sin mayor esfuerzo, destrozar una pared maciza.

    Y comprendes perfectamente la diferencia entre muros de concreto e ilusiones de adolescente enamorado.

    “Tal vez, será, que esta historia ya tiene final
    no sé porque hoy te siento tan distante de mí”


    Vamos, Benson. Repítelo. Señala como mantra una y mil veces que esa muchacha es lo mejor que te ha ocurrido y que no piensas dejar que su relación termine. Haz caso omiso de la compasiva mirada de Carly o las frases conciliadoras de Spencer, susurrando que esto no es lo mejor y continuar con la mentira sólo traerá más problemas.

    Te toma por demente. No puedes más que enfadarte y rodear el asunto con diligente precaución.

    —¿De qué hablas? —sostienes, apenas presentir el rumbo de la conversación—. No está sucediendo nada, Spencer. Probablemente, son sólo ideas de Carly.

    Son el uno para el otro, seguro. Tu mejor amiga puede advertirte continuamente de lo contrario, divisarte conmiserativa, incluso pedirte –desecha en lágrimas, por extraño que parezca– dejarla ayudarte. Es ella la que se equivoca, es ella quien está ciega y niega la luz; después de todo, te supones más listo que ella. Dilo de nuevo y así, probablemente, tu paso logre aminorar y la ansiedad en tu pecho se quite.

    Camina, frunciendo el ceño y ahoga la expresión de desasosiego. En tu pequeño mundo no existen motivos para tenerlo y te resulta inexplicable la pena recurrente en la lánguida mirada de los Shay, seguida de una misericordia que no pretendes aceptar.

    Aceptar significaría arrepentirte de tu posición y estrellarte contra el mármol. Concibes al instante las consecuencias de retractarte y no lo harás.

    “Y a pesar que lo intento de nuevo.
    Tal vez llegué tarde, ya no hay nada que hacer
    y no puedo creer que el tiempo que hemos tenido tal vez se nos gastó.”


    —Tenemos que hablar.

    Ella espera, sola e impaciente, bebiendo un licuado con apremiante incomodidad. No te atreves a ingresar y darle el beso en la mejilla correspondiente; tratas de imaginar una sonrisa en su semblante o algún signo que sugiera que desea verte. Por lógica y en consecuencia, siendo tu novia debería aguardar ensoñada a tu llegada; y, si no lo está, sostendrás que es Sam de quién se trata y que en su presencia nada es como ‘debería’.

    Eso es, debe ser eso. Es probable considerar un mal día en clases o el insoportable compromiso de su madre enfadándola. Sí, quizá sólo desea descargar ante ti su frustración y el lugar vacío le cae como anillo al dedo; aunque, este tipo de charlas suelen tomar lugar en tu apartamento o en el de Carly.

    Boberías, puras estupideces. Samantha Puckett no está atada a ese tipo de detalles.

    Vira, sus chispeantes ojos azules se posan en ti por un instante debido al ruido acostumbrado que provocas al ingresar. No suelta un comentario burlón, no pica tu brazo o alguna otra parte expuesta de tu piel; incluso la media sonrisa agria a tu dirección se te antoja extraña. Cansancio, supones.

    —Hey, Sam.

    “Tal vez fui yo que no te dio una noche entera
    tal vez nunca te he dado lo que tú esperabas
    y no estaba cuando me necesitabas.”


    Busca sus ojos, encuentra la fatiga inexistente y podrás estar tranquilo. Tu saludo es correspondido por una ligera, casi imperceptible, inclinación de cabeza y un puño tensándose en la mesa. Angustia, pesadez; notas un viso de acidez en sus labios quietos. Arrugas el entrecejo, como advertencia, a modo de comunicar tu aprehensión; aun estando molesta, no suele mostrarse inamovible y guarda siempre una sonrisa amplia para ti, precedida de una mofa a tu modo de vestir o a tu aspecto presente.

    ¿Seguirás insistiendo en que todo está bien? Su voz suelta tu nombre, lamentándolo. Evita enfrentarte y se pierde en el mostrador del lugar, alegando que necesita toda tu atención y no volverá a repetir esto. Asiente; trata de aminorar la tensión en el lugar, en el semblante de Sam y el vistazo sospechoso de T-Bo al advertir la posición. Despierta, no seas necio. Seattle entero puede verlo a la perfección.

    Sin embargo, hace falta algo más que valor y aguda observación para leer por debajo de la abrasiva personalidad y dar cuenta que la exótica belleza que ella posee se presenta ajena. Ignoras cómo es que el rubor artificial rosa pálido llegó a sus mejillas, resulta foráneo el temblor incesante e su voz argentina al hablar. Cierto, dentro de lo más impredecible, jamás vaticinaste sollozos ahogados alertar al viento.

    —¿Sam? —musitas, el discurso anterior no escuchado. Ella vuelve la vista hacia ti, furiosa, y rechaza la mano que pretende alcanzarla. Grita, reprimes un suspiro aliviado. Pero, el contenido de su réplica te aturde.

    —¡No, Freddie! ¡Ya basta! —¿Freddie? Extraño, reflexionas confuso; es inusual escuchar tu nombre acostumbrado en estas circunstancias.. El dueño del sitio apaga por completo la suave música de salón, los compulsivos sollozos de la rubia le impiden formular oraciones completas y tus inútiles intentos por serenarla lo agravian. ‘Estoy harta’ gimotea, y entiende perfectamente por lo que estás pasando, pero se rehúsa a continuar degradándose así.

    Tal vez reniegas procesar el peso de la pérdida compartida que ella proclama, y es tangible el susurro inaudible que murmura ‘es verdad’.

    “Tal vez no te escuché, tal vez me descuidé
    Tal vez se me olvidó que yo te amaba.“


    Estás ciego, Fredward. Rompes su corazón, sí; no obstante, te resistes a reconocer el pulsante nudo en tu garganta o un tremor que no se desvanece en tus brazos y tus párpados. Eres estúpido y mucho. No es únicamente femenina la voz alzada en la conversación, y no eres tú solamente quien pronuncia Sam.

    Recuerda las voces extintas de lamentos y el tétrico vestido negro de Carly ante tus ojos aterrados.

    —Detente… —suplica ella—. Lastimas a Carly, a Spencer, a mí y a mi familia entera. —tomas aliento, dispuesto a refutar lo ilógico en tal afirmación. Su toque alcanza tus hombros, te encuentras pulverizado bajo las cristalinas pupilas añil.

    —Dime Sam —arguye. No puedes, intenta, asesina por ello y jamás lo conseguirás; la palabra muere al encontrarse con el mundo real, asesinada por las lágrimas impropias—. Llámame Sam —reitera, sonando menos firme e hipando lastimera, al borde de perder el equilibrio.

    Blasfema, atrévete a señalar que existe algo de Sam en la dulzura común de ella.

    “Tal vez me sorprendió la vida por la espalda
    y tiré, y tiré, y se rompió la cuerda “


    Resucita del infierno, grita de una vez por todas. Balbucea excusas sin que las entiendas ahora y recóbrate por fin. Mira aquellos ojos y atrévete a negarlo.

    —Melanie —perturba tus oídos y el sonoro llanto que ella esperaba. Pide por silencio cuánto desees. ‘Melanie no existe’. Pero, Sam no se detendrá. Melanie no existe, el supuesto dolor calcinando tu médula espinal es ilusorio. Es Samantha Puckett la que oye tu siseo aterrorizado y es la mejor amiga de Carly Shay quien recita de nuevo la oración, estremeciéndose bajo la fuerza de los gemidos.

    Aferrarte a la sanidad te atemoriza, aunque pretender que los meses anteriores no cuentan también mata poco a poco. Implora porque la razón esté contigo, conjura al olvido y entierra los recuerdos bajo las risas de chiquillos de secundaria. No evoques la sangre, los alaridos, la sonrisilla agonizante.

    Es imposible. Melanie ya no existe, esta es Sam. Melanie ya no existe, esta es Sam…

    “Tal vez nunca entendí lo que eras para mí
    Tal vez yo nunca supe a quien amaba
    Tal vez…”
     
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    Alyss Alice No Akuma

    Alyss Alice No Akuma Ritornata

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    Escritora
    Re: Tal vez [iCarly]

    waa aunke fredi i carly ia se dieron un beso siempre me a gustado mas , k se kede con sam, jeje oi decidi ver ff de algo k no fuera naruto.. i waa m encuentro con algo asi,, deberia aserlo mas segido.. me encanto tu narracion
    genial ningun oOc, i creo k la ortografiia sta bn
    sin mas m marcho chaoo
     
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