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Fanfic - Sweet Christmas [CCS]

Tema en 'CLAMP' iniciado por LadyDaidouji, 28 Junio 2010.

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    LadyDaidouji

    LadyDaidouji Iniciado

    Tauro
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    Título:
    Fanfic - Sweet Christmas [CCS]
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    Sweet Christmas [CCS]

    Título: Sweet Christmas Parte 1
    Summary: Hace diez años, en una hermosa navidad, ellos se separaron. Ahora, en las mismas fiestas, vuelven a reencotrarse. ¿Se quedarán juntos esta vez?
    Pareja: Eriol Hiragizawa y Tomoyo Daidouji, con un poco de Sakura Kinomoto y Shaoran Li
    Clasificación: T-M
    Advertencias: Este es un oneshot dividido en dos partes, ya que me salió muy largo. La segunda parte contiene el lime/lemon, y estará ubicado en el blog Lemon's. En esta sección sólo traigo la primera parte que es semi-suave. Para continuar la historia y posees madurez necesaria, presiona y te llevará a la continuación. Clasificación T-M. T por la primera parte y M por la segunda parte. No tuvo beta.
    Género: Romance
    Cantidad de palabras: 6520

    Abría sus hermosos ojos amatistas de manera lenta. Trataba de ubicarse en el tiempo y en el espacio, deseaba no haber hecho lo que hizo, pero era lo mejor, para los dos. Sin embargo no podía evitar sentirse vacía y llena de dolor. A sus veinticinco años, era la mujer que todo hombre desearía. Alta, piel blanca como la nieve, cabello negro largo hasta la cintura en forma semi-ondulada y ojos color violeta. Se había graduado hace tres año de abogada.

    Había sorprendido a todos cuando dijo que esa era la carrera que seguiría. Y aunque su madre se lo pregunto una y otra vez, la joven respondía cada vez más segura, de haber elegido correctamente esa profesión. Y es que su familia y amigos habían pensado que seguiría diseño de modas o cinematografía, por lo que le gustaba estar detrás de la cámara y diseñar ropa. Sin embargo eso dejo de llamarle la atención cuando se graduó del instituto. O mejor dicho, cuando cierto chico de la cual estaba perdidamente enamorada, regresaba a su país de origen con otra.

    Aunque lo tomo de manera tranquila, en realidad estaba muriendo por dentro, ella sabia como controlar y manejar sus emociones; en verdad, eran muy pocas las personas que conocían el lado vulnerable de la joven abogada. Por no decir, que solo era su madre, Shaoran, su mejor amigo, Sakura, su prima–hermana—mejor amiga y su padrastro, ni siquiera Touya conocía aquel lado. Conocía el carácter sobre—protector de su primo y obviamente preferiría evitar cualquier tipo de problemas. Porque cuando se ciega, no hay poder humano ni no humano, que lo detenga.

    No supo en qué momento se había sentado en la cama. Tal vez el estar distraída divagando en el pasado, provocaba que realizara actos de manera inconsciente. Movió lentamente su cabeza en forma de negación, tendría que olvidarlo. Pero no podía, simplemente no podía.
    De repente le llegó un olor extremadamente delicioso, le pareció extraño, ya que en ese departamento solo vivía ella y su mascota, un pequeño beagle llamado Spinel. Y hasta donde sabía, los perros no cocinan. Confundida por tal olor, decidió salir de su habitación para ver quién era la persona que estaba o está - dependiendo del tiempo o de la situación -en la cocina.

    Solo dos personas ingresaban a su departamento, Sakura y su madre. Muy rara vez ingresaba Sonomi, porque no quería importunar a su hija – claro, lo que quiere decir, es que no quería encontrar a su hija en un acto sumamente delicado, por llamarlo asi – por ende, descarto la idea. De su prima esmeralda, no sabría que decir o pensar, pero hasta donde tenía conocimiento, ella estaba con Shaoran, su prometido.
    Suspiro. Se puso sus sandalias de casa y salía del cuarto con un babydoll color negro transparente, que apenas cubría sus curvas y llegaba hasta un poquito por debajo de su hermoso trasero. Mientras avanzaba, el olor incrementaba y no podía negar que de verdad era un olor delicioso. Al llegar a la cocina…

    —Buenos días, bella durmiente – le saludo su prima con una sonrisa.

    —Buenos días, pequeña esmeralda —contesto Tomoyo con una sonrisa sincera— ¿Qué haces aquí? —pregunto por curiosidad.

    —Vine a visitarte. Shaoran tenía que salir al aeropuerto a realizar unas diligencias. Asi que decidí venir a alimentar a tu bella mascota y a tu barriga también. Porque de seguro mueres de hambre, ¿verdad?

    Tomoyo no podía hacer más que sonreír ante la ocurrencia de su prima. Sin poder evitarlo, volvió a suspirar con melancolía, extrañaba a Eriol. Maldita sea la hora en que se enamoro de él, hace ya diez años atrás. Por su parte, la castaña no podía evitar sentirse un poco mal al ver a su adorable prima en ese estado, ella fue la única que supo de verdad sobre aquel sentimiento. Nadie le culpaba, como se dice: En el corazón, no se manda. Le gustaría que la señorita Daidouji fuese feliz, como lo es ella junto a su prometido.

    La joven abogada se había vuelto a perder en aquellos recuerdos, que sin darse cuenta le lastimaban, pero ¿Cómo no recordar si estaba a días de que llegase la navidad? Sería bueno explicar ciertas cosas, para que la puedan entender mejor.

    Tomoyo Daidouji era hija de una prestigiosa empresaria, Sonomi Daidouji y del famoso abogado, Hideki Daidouji. Había entrado a la escuela Tomoeda, junto con Sakura. Cuando tenía diez años, llego Shaoran, proveniente de China, si se quiere ser mas especifico, de Hong Kong. Él era tímido, pero enseguida se acoplo con las dos chicas. Aunque a veces a Sakura la hacía rabiar, solo para verle sonrojada. Irónico, ¿no?

    Dos años después llegaría Eriol Hiragizawa, proveniente de Inglaterra, para ser más exactos, de Londres. Casi inmediatamente, los cuatro se complementaron. Eran amigos inseparables, siempre estaban unidos, en las buenas y en las malas. Sin embargo cuando tuvo catorce años, a su padre le diagnosticaron problemas del corazón, pero cada día se debilitaba más, y por más que se hicieron esfuerzos por salvarle la vida, llego el momento que dijo adiós. Esa despedida tan amarga…

    Aún no podía superar la perdida de ese ser que lo amaba con toda su alma. Ella era la “princesa de papá”, como le decía cariñosamente su madre y su mismo padre. Todo tiene una razón de ser, y si ese era su destino, tendría que aceptarlo aunque le doliera. Eriol y los demás estaban juntos a ella, ayudándola a superar el dolor de la perdida. Como siempre, la amatista controlaba sus emociones, pero no lograba hacerlo frente a su prima. Ella era la única con quien se abría, y sobre todo, era la única que la podía ver llorar.

    Era curioso cómo fue que se pusieron sus sobrenombres. Un día de clases, a la última hora, de lo aburrida que estaba Sakura, había decidido abrir un libro, donde hablaba de las piedras preciosas y esas cosas. Cuando termino la hora, no se había percatado que ya todos, por no decir la mayoría, no se encontraban en el aula, quedando solo ella y su prima. Tomoyo ya tenía sus pertenencias en la mano y solo esperaba por la pequeña castañita recogiera las suyas. Nunca perdía su sonrisa. Sabía lo despistada que llegaba y parece que no iba a cambiar.

    En ese momento cayó en cuenta del libro que tenia abierto y le pregunto de que trataba, Sakura le comento que era sobre de piedras preciosas, era un libro interesante, especialmente porque se lo regalo su padre, de uno de los viajes que hizo. La amatista lo observo y luego observo los ojos de su prima. Intercalaba la mirada entre el libro y los ojos de ella.

    En un ademan de quitarle el libro, escucho a su prima decirle:

    —Eres esmeralda.

    Obviamente, Sakura no entendía el significado de aquello y Tomoyo se dio cuenta. Asi que prosiguió a explicarle:

    —Aquí, en esta figura es —señalando el libro, justo en una piedra preciosa color verde jade, que se llamaba esmeralda, —una piedra esmeralda. El color de la piedra se parece a los tuyos. Mira —inevitablemente, Sakura poso su vista en el libo y sonrió. Si, tenía razón la amatista.

    —Entonces, si yo soy esmeralda, tu eres amatista —ahora la confundida era Tomoyo— Mira la foto. Es una piedra amatista, es de color violeta, justo como los de tus ojos.

    Daidouji sonrió ante la explicación. Se observaron unos minutos, y luego estallaron en risas, apenas se le entendían que decían. Esmeraldas vs Amatistas. Y les gustaba aquello. Cuando salían de los pasillos del instituto y se dirigían hacia la puerta principal, se encontraron con Eriol y Shaoran, quienes al ver que no salían sus amigas, decidieron esperar, para acompañarlas a sus respectivas casas. Como buenos caballeros que eran.

    Al llegar hasta donde ellos, miro a su amigo Li, sin poder evitar su mirada, a Sakura le pareció adorable el color de sus ojos, recordó haberlo visto en algún lado y para cerciorase, saco el libro, donde minutos antes, habían visto la esmeralda y la amatista. Y ahí lo vio. La piedra ámbar. Veía a Shaoran y veía el libro, de nuevo. Sin poder evitar, miro a Eriol y observo que los ojos de él, en cambio se parecían a la piedra zafiro y por inercia, les dijo:

    —Tus ojos son como la piedra ámbar —señalando a Li, luego posaría su vista en Hiragizawa para decirle —en cambio los tuyos, son como la piedra zafiro.

    Desde ese entonces, no paraban de llamarse de aquella manera. En realidad, asi era todo el tiempo. A Eriol le decían Zafiro; Shaoran, Ambarino; Tomoyo, Amatista y Sakura, Esmeralda. De hecho, casi no se llamaban por sus nombres, sino por sus sobrenombres y a veces, los demás chicos del instituto no los entendía. Pensaban que hablaban en código o algo por el estilo.

    A los quince años, Shaoran no podía evitar sentir “algo más” por la castaña, mientras que Tomoyo, se daba cuenta de su atracción por el zafiro, sin embargo se percato que este estaba atraído por Akemi Yoshikawa, una hermosa jovencita de cabello negro y ojos color miel, además que se notaba que era buena persona y de noble corazón. Por ende, volvió a guardarse sus sentimientos, pero no podía mentirle a su prima. No dijo nada en ese momento. Dolía, y no podía hacer nada.

    Se acercaba navidad y año nuevo, por lo menos pasaría junto a su madre y la familia de Sakura, o al menos eso creía la amatista. Le gustaba esas fechas, sin embargo no podía ocultar cierta tristeza, de saberse no correspondida por el joven Hiragizawa. Y cuando llego el mes de Diciembre, fue testigo de la declaración de Shaoran hacia Sakura. Estaban felices. Ella le deseaba toda la felicidad y por lo menos, aquello la hacía sentir mejor. Pero no conto, con que a los dos días siguiente, estando reunidos los tres esperando a Eriol terminara de salir de los vestidores, se enterara de la noticia.

    —Chicos —llamaba un alegre Eriol.

    —¿Qué pasa, chinche? —le contesto su mejor amigo, Li. Asi era como le trataba, ya que a veces Eriol podía ser un poco insoportable con sus bromas, y estar prendido a lado de él fastidiándolo. Se percato de que no venia solo, sino acompañado por Akemi.

    —Les presento a mi novia… —solo basto esa palabra para que la amatista se derrumbara, emocionalmente hablando. Su corazón le costaba seguir latiendo con normalidad.

    Hizo un esfuerzo por disimular su dolor, pero su prima esmeralda se percato que estaba destruía.

    —Es mejor que me vaya. Tengo cosas que hacer en la casa —dijo Tomoyo, tratando de no quebrarse en ese momento. Inmediatamente emprendió camino hacia su hogar. Era más que obvio que no se despidió de nadie.

    En la noche, había ido Sakura a visitarla. La encontró dormida, o bueno, medio dormida. Parecía que recién se levantaba de una siesta después del almuerzo. En sus ojos, se veía tristeza y sufrimiento. Ella no resistía que su amor no fuese correspondido y era difícil superarlo. Kinomoto no espero más, y la abrazo. Le dio a entender que la apoyaba en las decisiones que tomara.

    —¿Por qué no se lo dijiste antes? —pregunto la princesa esmeralda. Un sobrenombre muy hermoso que le puso su novio.

    —No. Sakura, no quería perder su amistad y yo sabía que él estaba prendido por ella. Es mejor dejarlo ir y que fuese feliz, aunque a mí me rompa el alma.

    Nunca más toparon el tema. Cuando llegó Navidad, al siguiente año, la amatista fue invitada a la cena que prepararía el joven ambarino en su casa, y obviamente estaría Eriol con su novia. Tomoyo, prefirió hacerse la desentendida y guardar muy en el fondo sus sentimientos. Claro está, que ella lloraría en brazos de su prima, cuando estuviesen a solas.

    A los diecisiete años, y por terminar el instituto. Recibiría otra noticia.

    —Chicos, tengo que comunicarles algo —decía muy solemnemente Hiragizawa —después de que nos graduemos, me voy a Inglaterra con mi novia, voy a estudiar Ingeniería en marketing y Akemi estudiara cinematografía.

    Otro golpe para la joven amatista. No supo cómo se controlo, pero nadie noto como su corazón se rompía en mil pedazos, bueno, en realidad si lo notó la pareja de castaños. Pero prefirieron no decir nada y llevar la comida en paz. Fue en ese momento, que decidió no pensar más en él, dejarlo en el olvido.

    —¿Qué carrera vas a seguir, esmeralda? – le pregunto Eriol.

    —Licenciatura en diseño de modas – respondió con naturalidad, sorprendiendo a todos.

    —Amor. Sé que dibujas precioso, y me gustan tus diseños, pero pensé que eso lo haría amatista —contesto el ambarino, un poco confundido. Sakura sabía que Tomoyo desistiría, porque se lo había comentado aquella vez, hace dos meses atrás.

    —Y ¿Tu, ambarino? —Eriol seguía sin darse cuenta, que aquello destrozaba más a la señorita Daidouji.

    —Voy a seguir contaduría pública y auditoria.

    —¿Amatista? – respiro hondo ante esa pregunta, realizada por su amor imposible.

    —Derecho…

    Todos se sorprendieron, excepto esmeralda, ella ya sabía. Su prima se lo había dicho. Era mejor así. Ella quería seguir los pasos de su padre y por ende estudiaría esa profesión, más que nada porque creció en ese mundo y lo conocía. Diseñar ropa y el estar detrás de las cámaras, no era más que un pasatiempo. Lo que no contaría es que esmeraldas, seguiría la profesión que ella estaba dejando de un lado. Y se lo agradecía, de corazón, lo hacía.

    Cada navidad que pasaba, se mandaban saludos entre los amigos. Sin embargo la joven Daidouji, no pasaba de una tarjeta y la firma. Nada más. No quería escribirle, sabía que si lo hacía, le terminaría diciendo la verdad y mejor era evitar cualquier respuesta negativa.
    A los veinte años, su madre, Sonomi Daidouji, anunciaba su compromiso con el profesor Kinomoto. Muchos se sorprendieron, pero para Tomoyo, todo le daba igual. Solo se alegraba que su madre fuese feliz. La abrazo y le felicito.

    Después del compromiso, la joven heredera de la corporación, decidió irse a vivir sola a un pequeño departamento. La mudanza había tardado un mes, porque la amatista ya tenía su departamento en el centro de Tokyo, en uno de los elegantes edificios que le pertenecía a su familia. Asi que solo era el cambio de sus pertenencias y poner los muebles y los electrodomésticos. Sin embargo no tardaría en saber que su prima y Shaoran irían también, pero al departamento que queda en el piso segundo. El de ella queda en el tercero.

    Y es asi, como regresamos a la realidad. Tenía que ser sincera. No lo olvido nunca, no se lo sacaría de su mente ni de su corazón jamás. No se arrepentía de haber estudiado derecho, es más, iba muy bien con su carácter y personalidad, no se dejaría ver la cara de nadie. Como guardaba muy bien sus sentimientos, y no reflejaba emoción alguna, era más fácil tomar el caso y salir airosa. Se había graduado a los veintidós y con mejores notas, incluso, lo hizo teniendo trabajo.

    A los veintitrés, por regalo de cumpleaños, el ambarino le obsequio un pequeño cachorro beagle para que le hiciera compañía, de hecho, la primera en recibir un regalo de él, había sido su prometida, Sakura, cuando cumplieron su aniversario de novios, que era unos días antes del cumple de la amatista; esmeralda en cambio recibió un cachorro de raza Golden Retriever. Tomoyo, trabajaba para la compañía de su madre, ejerciendo su profesión, por ahora había solicitado un mes de vacaciones, y solo a ella se le ocurre pedirle ahora en diciembre. También poseía un buffet, que lo había puesto junto con una colega.

    —Tommy, es mejor que te sientes a desayunar —le decía tiernamente su prima. La adoraba por ser como era con ella.

    —Lo siento…

    —No te preocupes. Pero ya deberías de olvidarlo, amatista —aunque en el fondo, sabía que eso era imposible, además, Eriol regresaba a Tokyo y solo. Este era la oportunidad para ambos.

    —No puedo. Es muy difícil. Mejor alimentemos nuestras barrigas —trato de sonar animada pero no salió, su prima se dio cuenta, mas no objeto nada y simplemente se pusieron a desayunar.

    Sakura, se había graduado de Diseñadora de modas al mismo tiempo que su prima. Obtuvo las mejores calificaciones y algunos premios. Trabajaba para una pequeña boutique, en realidad, era su boutique que la había logrado poner con mucho esfuerzo, y con el patrocinio de la empresa de su novio. Mientras que Shaoran, trabajaba en la corporación Li, y para la fábrica de textiles como auditor. Aunque también ejercía el puesto de vice—presidente, en la corporación.

    Ambas estaban de vacaciones, y solían salir juntas, pero esta vez, esmeraldas había recibido la noticia del joven Hiragizawa que regresaba a Japón. Asi pues, se las ingenio para decirle a su novio que vaya por él, mientras ella estaría con Tomoyo. Ayudaría para que ambos digan por fin sus sentimientos. Porque de algo estaba segura, entre los dos, nunca había muerto la atracción que se tenían. Y si es posible indagar un poco más, del amor que se profesaban, pero por miedo, jamás lo hablaron.

    Mientras en aún desayunaban y conversaban de mil y un temas, en otra parte de la ciudad, para ser exactos, en el aeropuerto, se encontraba un joven de veinticinco años, de ojos color ámbar esperando y mirando la llegada del vuelo procedente de Inglaterra. No era que no quisiera verlo, pero era en estos momentos que preferiría estar en casa junto a su prometida, mimándola y que ella a su mismo tiempo, lo mime. Suspiro. Sabía que por ella haría lo que fuera. Sonrió al recordar, que exactamente hace dos meses le había propuesto matrimonio. Y es que la ecuación de:

    Sakura + matrimonio = Familia

    Simplemente la idea era genial. Ya se imaginaba a los hijos de ambos. Movió la cabeza negativamente, debería dejar de ver tanta película romántica con ella, pero no podía. Verle esos ojitos verdes y de cachorro, sabía que cedería y le cumpliría cada palabra de su promesa. Sonrió, de nuevo.

    Pasajeros del vuelo 502 procedente de Londres – Inglaterra, por la puerta A6.

    Se escucho por los parlantes. Él empezó a caminar hacia la puerta indicada. Después de tanto tiempo vería a su mejor amigo. Miraba de un lado a otro buscándolo, pero no lo encontraba, hasta que logro divisar a un hombre de veinticinco años, alto de pelo negro – azulado, ojos zafiro y con una sonrisa plantada en su cara.

    —Hasta que por fin llegas, chinche —le saludo el ambarino a su mejor amigo, dándole un abrazo.

    —Lo siento, el vuelo se retraso.

    —Vamos. Aunque no estoy seguro si…

    —Podrías llevarme al hotel. Voy a hospedarme ahí, hasta que sea el día la fiesta —No quiso decir: Hasta cuando sea la reunión y pueda verla a… ella.

    Llegaron en quince minutos al hotel. Quedaba cerca del aeropuerto y cerca del edificio donde vivía la amatista. El ambarino lo dejo ahí, ya instalado. No quiso ahondar en las profundidades ni saber los motivos que llevaron a su mejor amigo a regresar a Japón ni mucho menos le preguntaría la razón de volver solo. Sin embargo, podía ver en sus ojos, una tristeza profunda. Y es que en este tiempo, desde hace dos años, que Daidouji rompió todo contacto con él. Apenas le mandaba una tarjeta animada. Provocando que pasase las navidades totalmente solo.

    Mientras Shaoran se dirigía a ver a su prometida al departamento de su mejor amiga, el zafiro se dirigía al bar que tenía en la habitación, y se sirvió un vaso de whisky con hielo. A lo seco. Quería sentirse vivo. ¿Cómo es que no pudo ver a la mujer que dejaba?

    Cuando Hiragizawa se encontraba en el aeropuerto para regresar a Londres con Akemi, solo dos de sus tres amigos cercanos habían ido a despedirse. Tomoyo jamás apareció. Aquello le produjo un dolor en el pecho inexplicable, y aunque hubiese tomado el avión con aparente calma, en realidad no lo estaba y se preguntaba qué habría pasado para que ella, su mejor amiga, no haya ido a despedirlo. En esos momentos pensó que tal vez estuviese enojada con él, por alguna razón que desconociese.

    En Londres, todo iba de maravillas entre zafiro y su novia. Hasta que después de dos años de estar allá, Eriol se dio cuenta que su mejor amiga, lo evitaba a toda costa, mejor dicho, no respondía las cartas que le enviaba o cuando la llamaba. A duras penas si pasaban palabra por Messenger, por Facebook o Twitter y eso era si tenía suerte.

    Mientras tomaba un sorbo de la bebida, no podía evitar sentirse culpable. Nunca se dio cuenta de que la estaba lastimando, ¿Será que nunca la viste más que solo tú mejor amiga? Su conciencia tenía razón. Jamás la vio de otra manera. Tuvo que pasar aquello para darse cuenta, que a quien realmente amaba era a Tomoyo y no a Akemi. Sus palabras aun retumbaban en su cabeza:

    Eriol. Déjate de mentirte a ti mismo y a los demás. Tu no me amas, ni yo a ti. No niego que me ha gustado tu compañía y la he pasado de maravillas. Pero este sentimiento no es amor. Te aprecio, pero es hora que yo tome mi rumbo y tú el tuyo. Ve y conquista a Daidouji.

    Al principio se sorprendió de esa última frase, pero tenía razón. Se dio cuenta que los celos que tenía cuando se le acercaba algún chico e inclusive, los mismos que le hacían perder la poca cordura que tenia, cuando veía que su amatista estaba junto a Touya Kinomoto, hermano de su otra mejor amiga, Sakura. Ahí comprendió todo, tomo la decisión de viajar a Japón a hacer de todo, con tal de recuperarla. Sin embargo no conto, con que la empresa entraría en serios problemas y que estaría a punto de irse a la quiebra. Le costó tres años de sacarla del fondo.

    Al año de haber salvado su empresa, vino el fallecimiento de su padre y meses después, el de su madre. Esos seres, que le habían apoyado en todo. Que estaban ahí, cuando él trabajaba para la aerolínea y para su pequeña empresa. Había vivido demasiado, en tan poco tiempo, si tomamos en cuenta que apenas tiene veinticinco años.

    Se decía que nunca era tarde para hacer lo que deseaba hacer. Ahora era la oportunidad, de volver a conquistar a Tomoyo. Tal vez ahora, no te acobardes. Le dijo su queridísima – nótese sarcasmo – conciencia. Y si, lo iba hacer. Eso no había duda.

    Mientras en el departamento de la joven diseñadora, Sakura se encontraba arrimada en el pecho de su prometido. Se acariciaban sutilmente, hundidos en sus pensamientos. Sakura había dejado a su prima con Spinel y se dirigió a su apartamento a realizar algunas cosas.

    —¿Por qué no me dijiste que te hablabas con el chinche de Zafiro? —Aunque no quería demostrar celos, se le salía sin querer. A veces podía ser tan inseguro, cuando de Sakura se trataba.

    —Porque sabía ciertas cosas de él, que tal vez a ti no te hubiese gustado saber. Además…

    —O sea, que ni tú ni él confían en mí. Sakura, ¿De verdad tu me amas? Porque si no es asi…
    Y esmeralda lo callo con un beso tierno, dulce y seguro. Lo miro a los ojos y le dijo:

    —No es que no confiemos en ti. La razón principal es que si tú lo sabías, hubieses salido en su ayuda. Y no creo que él se sintiera a gusto con eso —Kinomoto pudo ver en su mirada una confusión, prosiguió —. Todo marchaba bien, hasta cuando tuvo veinte años. Akemi y él rompieron de manera amistosa. Luego, en ese mismo año, se entera que su empresa estaba a punto de terminar en quiebra. Asi que empezó a ver la manera de cómo sacarla de ahí, por lo que le costó tres años, mientras estudiaba y trabajaba, en levantarla de nuevo, aunque no lo hizo solo, tuvo ayuda. Un año después su padre fallece y en ese mismo año, meses después fallece su madre —agachando la mirada y un poco nostálgica, continuo —Por eso no te dijo nada. Sabía que tú irías a estar a su lado y no quería eso.

    Shaoran simplemente la abrazo, aún más de lo que sus brazos le permitieran.

    —¿Él mismo te lo dijo? —pregunto de manera calmada.

    —Sí y no. La ruptura de ellos dos, me lo dijo la misma Akemi. Ella sabía de los sentimientos de Amatista. De Zafiro, tenía una ligera sospecha y se percato que solo tuvo miedo al rechazo y por eso se hizo novio de ella. Por lo otro, Eriol me lo dijo, para ver si le ayudaba. Pero no quería que tú intervinieses. No quería deberte más de lo que ya estaba haciendo. Se quedo solo, y asi estuvo todo este tiempo. A eso, súmale que Tommy no lo ayudo mucho, cuando dejo de hablar con él, hace ya dos años atrás. Había roto toda conexión por todos los medios. Pero algo no cuadra.

    El ambarino pensó lo mismo, pero no diría nada. De un momento a otro, se le vino una idea descabellada y asi se lo hizo saber a su amada princesa. Solo era de esperar. Contaban con tres días para el veinticuatro de Diciembre. Lo suficiente, para hacer que ese par de testarudos hablen de una buena vez. Al principio Sakura se mostro reacia, pero si provenía de su querido novio, entonces no habría problema. O eso creía.
    De un movimiento rápido, agarro a su novia de la cintura para llevársela al cuarto, y mimarse mutuamente por un buen rato. Más tarde se encargaría de trazar un buen plan para la noche del veinticuatro.

    Por otro lado, en el departamento la joven abogada, se encontraba un cachorro – porque para ella, Spinel aun era un cachorrito, aunque ya no lo fuese – jugueteando cariñosamente en brazos de su dueña. Pero no podía decirse lo mismo de ella. Su mirada pérdida en algún punto fijo, y su corazón latiendo lo más normal posible, tratando de aferrarse a la idea que esa navidad, sería como las pasadas. Sin Eriol a su lado.

    Al fin y al cabo ella eligió ese destino. Ya era tarde para arrepentimientos. Y por último, estaba en diciembre, época navideña donde la “paz”, el “amor” – nótese ironía — estaba presente y lo mejor era pasarla bien, aunque por dentro no lo estuviese. Lo hacía por su prima, por su madre, por las personas que la rodean, pero nunca lo hacía por ella misma.

    Suspiro. Se levanto para arreglar su departamento, aunque en realidad no lo necesitaba, ya que de por si ella era ordenada. Necesitaba distraer su mente y obviamente no iba a empezar a tomar para ahogar sus penas y angustias, no era de esa clase de persona. Sin embargo, cambio de idea y se dirigió al bar que tenía, saco una copa y se sirvió un poco de vino tinto. De seguro esa bebida le calmaría los nervios que tenia.

    Si de verdad amas. Déjalo ir, entonces. Eso es el verdadero amor, ver la felicidad del otro, aunque no se con uno.

    Y eso fue lo que hizo. Ya no era tiempo para arreglar lo que no tenia solución. Sabía que faltaba apenas tres días y no podía dejar de sentir una sensación extraña. Ahora que se ponía a pensar había notado a su prima de manera extraña, como si le ocultase algo. Movió la cabeza negativamente, a lo mejor y era solo imaginaciones suyas. Definitivamente, sobrecargar su cuerpo y su mente con tanto trabajo, le estaba empezando a pasar factura. Suspiro. Asi era casi todos los días.

    Mientras que en el hotel, en una habitación se encontraba Eriol Hiragizawa, quien se había acabado tres botellas de whisky “Chivas Regal”. Raro en él, pues no era una persona de tomar por tomar y menos por una mujer. Sabes que no es cualquier mujer. Es Tomoyo, tu Amatista. En fin, solo quedaba tres días y la vería de nuevo. Sin saber cómo, se quedo dormido en un sofá cercano. No tenía ganas de caminar hasta la cama, mejor dicho, no podía caminar hasta la cama. Estaba totalmente borracho.

    La noche antes del veinticuatro, Shaoran estaba en un bar cercano con Eriol. Este se rehusaba a tomar alguna bebida alcohólica y el ambarino no entendía muy bien la razón. Digamos que el Zafiro no deseaba contarle lo que había hecho dos días atrás en su habitación. Sin embargo, en su corazón estallaba a gritos decirle que no quería seguir sufriendo como lo estaba haciendo, ni continuar fingiendo “estar bien”, cuando no lo está.

    —Me tome tres botellas de whisky, Li —el ambarino se sorprendió de que lo haya llamado por su apellido. No por su nombre o sobrenombre. Soltando de una buena vez todo.

    —Eriol. Escúchame amigo…

    —No quiero oír nada —lo corto de manera brusca. Estaba dolido. Muy dolido —con lo que vi, me basta y me sobra.

    —¿Qué viste? —pregunto Li con curiosidad.

    —Hace dos días salí a comprar los regalos para el veinticuatro. Y ¿adivina con quien me encontré?

    —¿Con quién? —le siguió el juego a su mejor amigo.

    —Nada más y nada menos que a Tomoyo Daidouji, en brazos de Touya Kinomoto… — definitivamente, estaba dolido. Alzo la mano, llamando la atención del mesero —Tráigame un whisky.

    —No empezaras a tomar —le dijo Li, intuyendo lo que le pasaría por la cabeza de Zafiro —además, no olvides que esos dos son primos, y Touya está con Kaho.

    Los minutos pasaban, y entre ambos había un silencio, ni cómodo, ni incomodo. Simplemente silencio. Shaoran sabia de esa salida, porque su prometida le había dicho. La razón por la cual esmeralda no iría con ella, se debía a que tenia que ir a la boutique a realizar unos trabajos y a verificar ciertas cuentas, Shaoran por su lado, tampoco la podría llevar, ya que tenía que revisar ciertos balances de la compañía. Asi que no quedaba de otra. Sería Touya.

    Kaho estaría con Sakura y por lo visto no se desocuparían tan temprano. Tomoyo no podía esperar, ya que era la encargada de dirigir la cena del veinticuatro y además de que tenía que comprar los regalos y dejar la ropa lista, la misma que usaría para la cena y tal vez en fin de año. Por eso, le pidió el favor a su primo Touya.

    Eriol también había salido a comprar los regalos y a ver si compraba una corbata nueva para su terno. En verdad se debatía si ir con terno – eso incluye corbata y pañuelo — o simplemente, ponerse un traje con una camisa. Y fue cuando los vio. Sintió mucho dolor, pero sobre todo, tristeza. La he perdido. Si tan solo no hubiese dudado en aquel entonces, diez años atrás, tal vez…

    No valía la pena pensar en “¿Qué hubiese pasado si…?” Ya lo hecho, hecho esta. Nadie podía cambiar aquello.

    Su mejor amigo lo despertó de aquel pensamiento, cuando sintió que se le estaba cogiendo el vaso con whisky. Lo había pedido, no precisamente para brindar por otros, sino para tomar y sentir como el líquido le fuese quemando la garganta tratando de aliviar el dolor.

    —Si no lo intentas, no lo sabrás, chinche —esas fueron las palabras de Shaoran. Las últimas de la noche.

    El sol había entrado sin pedir permiso al dueño de aquella habitación. Le daba luz directamente en el rostro y eso le fastidiaba. ¡Y de qué manera! Despertarla, cuando estaba muy acurrucada en medio de sus sabanas de seda y en los brazos de Morfeo, en el quinto sueño de la medianoche. Inevitablemente, todo lo bueno tiene su fin y el astro rey no estaba dispuesto a tolerar que la joven abogada siguiera acostada, ¿será que tenia celos? Nah, son tonterías. O imaginaciones. Depende de cómo se lo mire.

    Muy a su pesar, se levanto. Hoy es veinticuatro. Otro año… sin él, pensó Tomoyo. Se levanto por el simple hecho de que ya se había comprometido a ir a cenar a casa de su madre, no iba hacer un desplante, no asistiendo. Le dolía tener que pensar en él, su mejor amigo. Le dolía el haberse alejado de todo lo relacionado con él, pero era lo mejor. Por su salud emocional y mental, había sido la mejor decisión, aunque Sakura, Shaoran, Fujitaka y la misma Sonomi, no compartieran ese criterio.

    Se preparo un desayuno rápido. Dejo arreglado su cuarto, aunque no era mucho a decir verdad, solo la cama y ciertas cositas, nada más. Sin darse cuenta, poso sus hermosos ojos amatista en una foto, donde salían los cuatro. Todos sonriendo. Era de la época del instituto. Increíble como conservaba aquello. ¿Masoquista? No, simplemente era una mujer enamorada y que por más que hiciere todo lo posible, y hasta lo imposible, jamás lo olvidaría. Por eso, no le contesto ninguna carta. Por eso, jamás le paso palabra, más que las necesarias. Y es por eso, que dos años atrás, corto toda relación o contacto con él.

    Suspiro. Se apresuro en hacer todos los quehaceres, y en dejar listo los regalos que daría esa noche. Aunque no era una persona que se olvidase de las cosas, si era de aquellas que le gustaba estar siempre bien prevenida. Uno nunca sabe lo que puede pasar, la vida tiene muchas sorpresas. Ese era su lema, y hasta ahora le ha ido muy bien.

    Como todos los años, ella iría junto a su futuro cuñado – asi le decía de cariño a Shaoran – y con esmeralda. También iban Spinel y Kero, debido a que la casa de Sonomi, aun seguía siendo la mansión, tendrían todo el espacio disponible para jugar, cosa que no podían hacerlo en los departamentos. Además que a su madre le gustaba tener a los dos cachorritos junto a ella.

    Mientras la amatista se arreglaba en su departamento, en la habitación de un hotel, se encontraba cierto Zafiro bebiendo un vaso de Whisky, otra vez, desde que llegara a Japón. Fue como si no hubiese aprendido la lección de haberse tomado tres botellas y luego haber amanecido con tremendo dolor de cabeza. Sin embargo, era lo único que podía calmar sus nervios, su tristeza y su dolor. Después de tanto tiempo, regresaba. Y todo, para luchar por el amor de la joven Daidouji.

    No supieron en qué momento se hizo las seis de la tarde. Pero si no se arreglaban, no llegarían a tiempo. Bueno, Eriol podía llegar tarde y argumentar que no se recordaba el camino hacia la mansión, bien sabia que ese argumento no le salvaba para nada. Tomoyo había dejado las instrucciones de la cena el día anterior. Sabía que solo irían: Ieran Li- madre de Shaoran-, ambarino, esmeralda, Fujitaka -su padrastro-, ella y obviamente su madre, Sonomi.

    De pequeña le habían enseñado a sumar, restar, multiplicar y dividir. Si sabía que solo iban a estar seis personas, ¿Por qué hicieron comida para diez? ¿Por qué contaron una persona más? Hasta donde tenía conocimiento, Touya y Kaho irían a la mansión el veinticinco, o sea, en navidad. Noche buena la pasaría con los suegros de él. Solo dirigió la cena, como se lo pidió su madre. Ante nuevas ideas que asaltaba su mente, opto por no darle tanta importancia y continuar con su arreglo. Siempre ella, viéndose elegante asi
    vistiera unos sencillos jeans, tenis y una camiseta de tiritas.

    Amatista. Shaoran y yo no podremos llevarte. Nos dirigimos en estos momentos al aeropuerto a recibir a la señora Ieran. Llegaremos como en una hora. Discúlpanos.

    Era un mensaje de su prima. Suspiro nuevamente. Lo comprendía. Ellos habían decidido dar el siguiente paso y era de esperarse que en navidad y año nuevo, la pasaran con la señora Ieran, sea en Japón o en China, y si era en este último, lo hacía en compañía de la familia Li, o sea, las hermanas de Shaoran y su prima Meiling. Cogió sus cosas personales y las guardo en su bolso.

    — Spinel —llamo a su cachorro. Este inmediatamente llego hasta donde su ama, moviendo el rabito. Sabía que lo llevaba para la mansión y estaba contento.

    Cerró el departamento y se dirigió hacia su auto junto con el perrito. Manejaba con la vista fija en el camino, pero su mente estaba sumida en recuerdos, vivos recuerdos de su adolescencia y de su primer amor. No es que se haya cerrado en cuestiones sentimentales o sexuales. Había tenido una decena de amantes, y ninguno le llenaba. No eran como él. Simplemente se acostaba para satisfacer sus necesidades, más ninguno podía hacerle sentir como lo hacía Zafiro. Como una princesa. Asi era el trato de él para con ella. Y aunque nunca hizo el amor con él, ni siquiera perdió la virginidad con él, sino con un compañero de Universidad, ella podía sentir en el fondo de su corazón, que si hubiese sido Eriol quien le acariciase, besase, hiciera suya, el cantar sería otro.

    Delante de ella se mostraba la imponente mansión Daidouji. El hogar donde nació, creció y estuvo viviendo hasta cuando se graduó del instituto. No es que no le gustase estar junto a madre y su padrastro, pero sabía que ellos necesitarían de mucha privacidad y sobre todo, ella necesitaba estar sola. Aunque a veces, almorzaba con su madre, y los fines de semana los visitaba. Ese era su rutina. Antes de egresar como abogada, su vida era estudios, trabajo, y de vez en cuando un encuentro con algún amante que tuviese en ese momento. Decidió dejar de pensar. No deseaba preocupar a sus seres queridos en una fecha tan importante como era esta.

    Siete en punto. Sonrió. Nunca perdió su estilo y jamás dejo de ser puntual. Muy al contrario de su prima, quien siempre llegaba tarde a todo sitio. Lo bueno de su noviazgo con cierto ambarino, es que este le enseño a ser un poco, solo un poquito más puntual. Entro con elegancia, como solía ser cuando llegaba a un lugar.

    —Buenas noches madre, padre —saludo a cada uno con su respectivo beso.

    —En unos minutos llegan Sakura, Shaoran y Ieran —le informo su madre. Pero esta no le diría que también iría Eriol. Sería una sorpresa enorme. Amatista simplemente asintió y se quedo conversando.

    Al cabo de media hora, llego su prima con su prometido y su suegra, también Kero, el cachorro de Sakura. Ella tenía suerte, pero no la envidiaba. Al contrario, estaba muy contenta de que fuese feliz. Si tan solo ella… Movió la cabeza con sutileza, negando cualquier tipo de pensamiento. Ocho en punto, y ya estaban en la mesa del comedor sirviéndose la cena. El silencio reinaba, cada quien estaba sumido en sus pensamientos. Esmeralda alzo la vista encontrándose con la de su tía Sonomi. Ambas pensaron lo mismo. ¿Eriol no vendrá?

    —Buenas noches. Disculpen el atraso —esa voz… ella la conocía tan bien. No podía ser él, ¿o sí?

    Tomoyo alzo su mirada y se topo con la de…

    Zafiro vs Amatista

    —Eriol
     
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