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Fanfic - [Rol de Pokémon] El Club de los que no quieren a Haxorus

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Bruno EVF, 20 Octubre 2014.

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    Bruno EVF

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    Fanfic - [Rol de Pokémon] El Club de los que no quieren a Haxorus
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    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    10
     
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    Notas previas

    *Si bien la historia toma como base el universo de Pokémon, no aparecerán en la misma los personajes (hay dos excepciones) y/o escenarios de los videojuegos ni del anime.

    *Está basada en Pokémon Rol Championship, juego de rol abierto en este mismo foro. La región donde la trama se desarrolla lleva el nombre de Galeia. Ésta y sus escenarios son invención de @GalladeLucario

    *Los personajes son invenciones de sus respectivos jugadores.

    *Ahora bien, esta historia nace a raíz de una pequeña broma surgida entre los que participamos en Pokémon Rol Championship: dentro del rol, los jugadores se vuelven más fuertes a través de un sistema de puntos (que permite evolucionar a sus pokémon, hacerlos más fuertes, etcétera); asimismo, es posible capturar en este juego al pokémon Haxorus. A través de una función denominada "Centro de Adopción", se puede dejar en adopción al pokémon a cambio de una cuantiosa suma de puntos, de modo que muchos jugadores (me incluyo) capturaron a susodicho dragón sólo para obtener puntos y otros beneficios que suponían deshacerse de él, por eso el título de éste fic xD.

    _______________________________________________________________________

    EL CLUB DE LOS QUE NO QUIEREN A HAXORUS


    Capítulo 1: Retorno

    Un avión proveniente de Hoenn rompía las blancas nubes. Pequeñas gotas de agua se adherían al vidrio de las ventanillas, pero perecían en vapor cuando el aeroplano se exponía al calor matutino del sol, que refulgía en lo alto del cielo. En sus acogedores interiores, pokémon y seres humanos viajaban en relativa armonía, interrumpida esta por Pachirisu hiperactivo que se negaba a permanecer en su asiento. Corría a lo largo del pasillo central, ignorando las advertencias de su entrenador, e invitaba a los demás pasajeros a jugar con él. El que se negaba recibía una descarga eléctrica.

    Fue así como terminó saltando en la cabeza de un joven a cuyo lado se sentaba un imponente Blaziken. El chico estaba tan concentrado mirando por su ventanilla, que el repentino peso sobre sus oscuros cabellos lo asustó sobremanera, al punto de que el dormido pokémon de fuego se despertó con el mismo sobresalto, prodcuto de la exclamación que había proferido. El inicial de Hoenn clavó una mirada asesina en Pachirisu. Intimidado, el electrizante roedor se escondió en un bolso que, seguro era, no pertenecía a su entrenador.

    —Eso fue excesivo, "Fósforo" —recriminó el chico de la ventanilla—. Además, llevas durmiendo desde que despegamos, era hora de que abrieras los ojos.

    Fósforo, que así era el mote de aquel Blaziken, clavó una mirada seria en los ojos de su entrenador, pero esta vez más suavizada a causa del respeto que le tenía. Sin embargo, eso no le impidió darle la espalda mientras se cruzaba de brazos, visiblemente molesto por la interrupción del sueño. Su entrenador se limitó a reír.

    —Cuando lleguemos a Galeia, no habrá tiempo para el sueño —le dijo, posando una mano sobre el hombro del tipo fuego/lucha—, ya que… Bueno… No hemos podido entrenar mucho en Hoenn…

    Blaziken no emitió ninguna respuesta… De cierta forma, a él también le dolía un poco el recuerdo de por qué tuvieron que marcharse un año de la región de Galeia… La imagen de su entrenador envuelto en una sombra de terrible angustia, la desesperación…

    —Ya quedó atrás —dijo el chico, adivinando sus evocaciones—. Él está bien, podrá seguir adelante por sus propios medios…

    Aquello conmovió ligeramente a Fósforo, aunque su rostro no lo reflejara… Se volteó con intención de hacer alguna acotación, pera esta vez le tocó a él encontrarse con la espalda de su compañero… El joven había vuelto a su tarea de mirar por la ventanilla, ansioso, el mundo bañado por el sol. De apreciar la perspectiva del retornar a la vida en la región de Galeia; con sus rutas, los pueblos, las ciudades y las aventuras que se vieron forzados a dejar atrás por azares de la desgracia. Sabiendo que ahora su entrenador estaba inundado en recuerdos, Fósforo intentó conciliar nuevamente el sueño. Antes de inclinar la cabeza sobre su pecho emplumado, lo miró de reojo una última vez. A través del reflejo que ofrecía el vidrio de la ventanilla, se encontró con la melancolía de sus ojos.



    Señores pasajeros: les comunicamos que en minutos aterrizaremos en Ciudad Lienzo. Hagan el favor de permanecer en sus asientos con los cinturones abrochados. Quienes viajen con pokémon fuera de sus pokébolas, deberán adoptar las correspondientes medidas de seguridad. Muchas gracias.


    La voz femenina que les hablaba a través de los altoparlantes se desvaneció en un chasquido áspero, que marcaba el final de la comunicación radial. Al instante se encendió la señal que indicaba la obligación de colocar los cinturones de seguridad. Una chica de cabellos azules pasó cerca de Fósforo y su entrenador para retirar a su Pachirisu del bolso donde se había escondido, y ocupó su asiento entre atropelladas disculpas.

    El joven, sin embargo, no la oyó. Con el cinturón debidamente colocado, miraba ansioso por la ventanilla. Sus manos temblaban de la emoción mientras apreciaba la gran nube blanca que se extendía fantasmalmente debajo del cuerpo del avión. De a ratos se abrían grietas en la formación nubosa que dejaban entrever fragmentos de tierras verdes, oscurecidas por una sombra infinita que era herida por los rayos de sol que se abrían paso. No obstante, la celeridad con la que se cerraban estas grietas le impedía distinguir los edificios de Ciudad Lienzo.

    —¿Tú qué piensas, Fósforo? —dijo entonces— ¿Estarán Hubert, Effy y todos los demás en Lienzo? ¿Alguno habrá ganado la Liga?

    Su Blaziken respondió con un gruñido, sin alterar la posición del sueño. El chico lo miró por sobre su hombro, sonriente, pero inmediatamente clavó la vista, por enésima vez, en el exterior… Sus ganas de volver a ver la región de Galeia eran inmensas.

    —Si alguno de ellos es el campeón, entrenaremos mucho para desafiarlo y ser los nuevos vencedores —sonrió—. Es una promesa.

    Fue entonces cuando el momento del descenso dio inicio. Con una pequeña inclinación en dirección a la tierra, el avión se adentró en el corazón de la nube que lo cubría todo… La ventanilla mostraba ahora una infinitud de color blanquecino, manchada por sendos grises. Gotas de una lluvia que flotaba en la cavidad de algodón se adhirieron a la ventanilla, escurriéndose hasta perderse de vista. Turbulencias. Ansiedad. Sacudidas. Pokémon algo asustados…

    Ciudad Lienzo se materializó ante sus ojos…

    El joven no pudo reprimir una sonora exclamación de júbilo.

    —¡Auch!

    Sintió una aguda dolencia en la coronilla. Cuando se giró, notó que Fósforo lo miraba enojado, con las garras cerradas en un puño. El pokémon había perdido la paciencia una vez más y le había propinado un coscorrón que se escuchó por toda la cabina. No le gustaba que lo despertaran.

    —Lamento eso —se disculpó su entrenador riendo, aunque con algunas lágrimas de dolor en las cuencas—. Eché de menos tanto este lugar que la emoción de tenerlo ante mí otra vez… Bueno, me superó…

    Volvió su mirada hacia Ciudad Lienzo, empequeñecida por la distancia. A primera vista le pareció que no mostraba cambios notorios desde la última ocasión que estuvo allí. Los edificios y las calles conservaban ese purísimo color blanco que otorgaba a la ciudad el aspecto de un lienzo que esperaba ser pintado por un gigante. Un lugar de extremada belleza que inspiraba creatividad. Sin embargo, cuanto más se acercaba el avión, más notaba la ligera suciedad en las zonas adyacentes al aeropuerto; además de calles cubiertas de polvo, edificios que presentaban cierta asimetría y pinceladas carmesíes por doquier. Incluso tuvo la oportunidad de reparar en las instalaciones del aeropuerto, cuando el aeroplano las rodeó para realizar un aterrizaje perfecto. Era un edificio de considerable tamaño, compuesto por tres terminales, eso lo recordaba bien.

    Pero en las tres secciones se estaban realizando obras de construcción. Enormes carteles rezaban: "Remodelación y ampliación. Por una Ciudad Lienzo más acogedora"

    —Se ve que ha habido mucha movida por aquí…

    Blaziken volvió a responder con un gruñido, y el avión finalizó su aterrizaje. Las señales lumínicas que solicitaban el ajuste de los cinturones, se apagagaron. Pokémon y personas pasaron junto a ellos. Fósforo y su entrenador esperaron a que el gentío se retirase. Cuando el último pasajero los dejó atrás, tomaron sus cosas y abandonaron el avión con los corazones galopando de alegría en sus pechos.

    La región de Galeia los recibía de nuevo ¡Por fin!
     
    Última edición: 31 Octubre 2014
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    Capítulo 2: Ira

    Con la despedida de las azafatas haciendo dulce eco en sus oídos, se adentraron en el límpido túnel que, movido por un sistema mecánico, conectó el avión con las instalaciones aeroportuarias. Unos pokémon rezagados iban delante de ellos, asustados por el ensordecedor estallido que provocaban los martillazos de la obra de construcción. Podían escucharse las voces ásperas que escupían órdenes desde las diversas zonas donde se llevaba a cabo la remodelación del Aeropuerto Interregional de Ciudad Lienzo, al tiempo que el aire era atravesado por la música de maquinarias pesadas. El joven recién pudo divisar a los obreros cuando el túnel desembocó en algún punto de la primera planta.

    Hombres de aspecto hosco, desaliñados. Muchos de ellos se encontraban trabajabando en torno a un agujero de diámetro estremecedor, que se abría por encima de las cabezas de los pasajeros… Se trataba de lo que alguna vez fue el segundo piso de la terminal central… El joven entrenador frunció el ceño e intercambió una mirada con Fósforo.

    —Es raro, ¿no te parece? —Blaziken mostró su acuerdo con un movimiento de cabeza— ¿Por qué habrá sido necesario cambiar ese piso entero? ¿Por qué no hicieron lo mismo con este?

    Lo invadía la extraña sensación de que aquello no había sido desmontado sólo por la acción humana. Además, notó las grietas que recorrían las paredes como relámpagos, torpemente camufladas por capas de engrudo a las que sólo le hacía falta una capa de pintura para pasar desapercibidas. Por su parte, una decena de trabajadores pendían del cielorraso, balanceándose en unos precarios arneses. El joven y su Blaziken alcanzaron a ver un cielo blanco, antes de que uno de los obreros cubriera aquel agujero del techo con una chapa metálica. La vista de la bóveda celeste los motivó para apresurar la salida… Pero antes debían retirar sus pertenencias.

    Acompañados por el fragor de los taladros y por los martillazos que sonaban como disparos, el entrenador abandonó el primer piso. Tomó una escalera mecánica que conducía al nivel inferior, seguido por su pokémon inicial; pronto llegaron a la Zona de Arribos, lugar donde les sería devuelto el equipaje.


    No fue tarea sencilla recuperar la mochila roja. Contenía gran cantidad de regalos que el joven ansiaba entregar a los amigos que volvería a ver. Mas, fue inevitable que el bulto sobrepasara las dimensiones reglamentarias, por lo que se había visto en la obligación de despacharla ante la mirada reprobatoria de Fósforo. Pero para cuando llegaron a la planta baja, se encontraron con una muralla de humanos y pokémon en torno a la cinta móvil donde el equipaje sería descargado. Ni siquiera la altura de Blaziken pudo sobrepasarla, ya que las espaldas de un Torterra y de un Electivire le cortaban el paso. Su entrenador intentó atravesar el gentío, aunque desistió al sentir el crujir de sus costillas.

    La mochila fue recuperada a la media hora, cuando ya no quedaba nadie presente. Apareció solitaria en la cinta negra, con las costuras a punto de reventar. Su portador se le colgó al hombro. Soportaba el peso sin dificultades.

    Sólo les quedaba la puerta de salida. Iluminada por el sol, la calle parecía suplicar por el contacto de sus pies. Pokémon y entrenador intercambiaron sonrisas.

    —¡Vamos, Fósforo!



    La emoción les hizo abrir la puerta de una patada (casi mataron de un infarto al anciano que pasaba cerca) y saltar los diez escalones que conducían a la misma. El entrenador aterrizó ágilmente sobre la vereda, profiriendo una exclamación de euforia.

    Hacía mucho calor… Y silencio en iguales cantidades. Cerró los ojos. Inspiró una gran bocanada de aire para saborear otra vez, después de mucho tiempo, el aire de Galeia… Polvo se adhirió a las profundidades de su garganta.

    El ataque de tos fue tan fuerte como la risa burlona de Fósforo.

    —¡No es divertido! —le espetó su entrenador con la voz seca— ¿No lo sientes tú también? ¡El aire sabe a ceniza! ¡Agh…!

    La tos le hizo doblarse hasta quedar apoyado sobre las rodillas. Entonces descubrió que la suciedad que había notado desde el avión era, por mucho, más grave vista de cerca: las calles de Ciudad Lienzo ya no eran blancas. La cantidad de polvo era peor de lo que imaginó. Se adhería a la vida de la ciudad, oscureciendo la pureza del blanco en escalas de grises. En algunos puntos era el polvo de color negro, y se concentraba sobre todo alrededor de los edificios que presentaban irregularidades en su construcción. Invadía el aire, invisible.

    —¿Qué significará todo esto? —se preguntó observando las huellas que dejaba al caminar. Blaziken se encogió de hombros— A lo mejor entró en erupción el Volcán Barniz. Como sea… —no quería que esos detalles rompieran la magia de haber vuelto a su segundo hogar— Tenemos que hacer algo antes de retomar nuestro viaje por Galeia.

    Sacó una pokébola de su cinturón. La preparó en su mano. Por las dudas, preguntó a un transeúnte silencioso y de expresión ausente, dónde quedaba el Centro Pokémon. Por toda respuesta, recibió una mirada que no supo describir.



    La hipótesis de la erupción se desmoronaba con cada paso que daban. No había señales certeras de que la supuesta ceniza hubiera caído sobre la ciudad de forma copiosa, como lluvia. Invadía las zonas de Lienzo en partes desiguales. Por otro lado, apenas se encontraron con familias u otros entrenadores en el trayecto que decidieron tomar para llegar al lugar donde se adoptaban pokémon...

    El joven entrenador tenía el recuerdo de una Ciudad Lienzo más dinámica y colorida... Características que parecían haberse perdido.

    El Centro de Adopción Pokémon no era la excepción a esta circunstancia. Se alzaba en un terreno de verde césped, conectado a la calle por un largo camino de adoquines color arena. Conservaba una forma pareja y de delicia arquitectónica, pero a Fósforo y su entrenador les pareció que se había empequeñecido, por no hablar del aura triste que parecía escapar por las ventanas abiertas. Anteriormente se solían ver pokémon jugando en los patios de lugar, pero sólo avistaron una pequeña grúa donde antes se divertían aquellos que habían sido puestos en adopción.

    La campanilla sonó cuando abrieron la puerta.

    —Ya va… —dijo una voz desde la trastienda.

    El chico y su pokémon esperaron frente al mostrador. Si bien el Centro de Adopción había reducido sus dimensiones hasta quedar irreconocible, presentaba todavía su aspecto limpio y ordenado. No estaban más las dispensadoras de golosinas ni las pequeñas estantería en las que se vendían juguetes para los pokémon bebé, pero sí las decenas cuadros que pendían de las paredes.

    El joven conocía tan bien esos lienzos que ya había materializado las imágenes en su cabeza antes de mirarlas: escenas felices donde un señor de espeso bigote jugaba con sus pokémon. Charizard, Sylveon, Dratini, Magmortar, un largo etcétera. Cubrían la totalidad de las paredes. Repasó cada uno de los cuadros, hasta que notó el hueco detrás del mostrador. Faltaba uno…

    Era raro, muy raro… ¿Por qué se había deshecho del retrato de Haxorus?

    —Perdón por hacerlos esperar, señores…

    El joven y Fósforo se voltearon. El hombre que aparecía en las pinturas les observaba desde el otro lado del mostrador. Era de una contextura más bien rechoncha, conservaba su bigote espeso y el rubor en las mejillas, pero los miraba con un abatimiento inquietante. Vestía una camisa de mangas cortas, color magenta, mientras que la melena enrulada se le escurría por los bordes de la boina marrón.

    Tuvieron que contener la respiración: inclusive aquél hombre se había vuelto asimétrico. El joven apartó rápidamente la vista del muñón que el adoptador tenía a la altura del codo. Si éste se percató, lo disimuló, porque inició la conversación con la pregunta de rutina:

    —¿Vienes a poner un pokémon en adopción o a comprar mis productos?

    —Lo primero —respondió el joven.

    —¿Ya has venido aquí alguna vez?

    —En dos ocasiones.

    —Lo cual significa que ésta sería la última adopción que te permitiría, dado que cada entrenador puede poner en adopción hasta tres pokémon. Por otro lado, por aquí debe estar tu expediente —con la mano que le quedaba, señaló una estantería detrás de él— ¿Cómo te llamas?

    —Chad, señor. Chad Redflame.

    Los pequeños ojos del hombre se clavaron en los suyos. Acto seguido los posó en Fósforo, quien respondió cruzando los brazos y alzando el mentón. Chad notó que volvían a fijarse en su persona, como si lo estuvieran estudiando. No sabía por qué, pero sintió que estaban tratando de reconocerlo. Fue un instante realmente incómodo.

    —Aguárdame un momento…

    El señor de los colosales bigotes se dirigió a la estantería rebosante de carpetas archivadoras, que había ordenado alfabéticamente. Con su única mano retiró unas tres hojas del sector “R”. Chad advirtió que le faltaban dos dedos.

    —Por lo que veo, llevas un año sin pasarte por aquí —comentó el adoptador con voz cansada—. Es llamativo, dado que los jóvenes de hoy en día agotan sus tres adopciones antes de los seis meses.

    —Es que un pequeño incidente me obligó a residir en la región de Hoenn todo ese tiempo.

    —Ya veo —asintió el señor. Entonces hojeó la primera hoja de las que tenía enfrente—. Sí, este eres tú: Chad Redflame, diecisiete años actualmente, tu pokémon inicial es ese espléndido Blaziken que me mira con altanería —Fósforo se limitó a gruñir como confirmación.

    El hombre, entonces, se concentró en la segunda página de su manojo… Allí donde registró el primer pokémon que Chad Redflame puso en adopción…

    Los pequeños ojos se engrandecieron por la sorpresa. La tercera página acentuó la expresión del estropeado hombre. Al joven se le erizaron los cabellos de la nuca cuando su gélida voz inundó la habitación con ira contenida:

    —Pusiste en adopción dos Haxorus, ¿no es así?

    Chad dudó unos momentos antes de responder:

    —Así es… ¿Por qué?

    Fue una mala idea rebatir… La mano mutilada del dueño del Centro golpeó el mostrador con furia. Fósforo, alarmado por la violenta e inesperada acción, se colocó frente a su entrenador.

    El hombre los miraba con los ojos ahora desorbitados, temblando, espuma en la boca. Sin previo aviso, lágrimas abundantes empezaron a escurrirse por las mejillas de su fisonomía desfigurada por la cólera.

    —Tu culpa, tu culpa, TU CULPA, tu culpa, TU CULPA, TU CULPA, tu culpa, tu culpaaaaaa, tuuuuu culpa, culpa TUYA, tu culpa, tu culpa ¡ASQUEROSO miembro del CLUB!

    Entonces, el trágico comienzo. Fuera de sí, el dueño del Centro de Adopción Pokémon, que parecía otro y no el que jugaba feliz con los pokémon de las pinturas, se agachó unos segundos para extraer, de la parte inferior del mostrador, una escopeta de largo cañón. Al joven entrenador se le congeló la sangre en las venas cuando la boca negra del arma se dirigió a su cabeza. Pero Fósforo no estaba dispuesto a dejar que lo lastimaran: se abalanzó a toda velocidad contra ese ser desquiciado.

    La detonación retumbó en las paredes. Sangre salpicó el rostro de Chad.
     
    Última edición: 23 Octubre 2014
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    Capítulo 3: Muchedumbre

    Blaziken se derrumbó en silencio.

    La bala hambrienta, solitaria, mortal, rompió el aire en el momento en que el mejor amigo de Chad saltaba para alcanzar con sus garras al hombre armado. Ni los reflejos del bien entrenado inicial de Hoenn pudieron evitar que ésta penetrara sus carnes por la zona inferior del tórax, a la altura del diafragma. El proyectil estalló dentro del cuerpo delpokémon, rompiendo varios órganos internos y salpicando sangre por todos lados. Los ojos de Fósforo se apagaron.

    Su cabeza se estrelló contra el borde del mostrador, después contra la fría piedra del suelo… Ahí se quedó... Convertido en un cuerpo inerte y sin vida que se desangraba. Chad pudo ver sus ojos, aun cuando su amigo quedó tendido boca abajo;un hilo de sangre proveniente de las entrañas heridas se acercó sinuosamente hasta él, como una serpiente preparada para devorarlo…

    —No, no, no, no, no, no…

    No podía ser verdad…

    Su pantalón y las mangas de la chaqueta bebieron la sangre de Fósforo. El suelo no tardaría mucho en quedar ahogado por la misma. La mandíbula de Chad temblaba de pánico. Se incorporó rápidamente para rescatar el cuerpo de su amigo de toda la vida, pero el hombre detrás del mostrador lo paralizó al apuntarle nuevamente con la escopeta. La más macabra de las sonrisas iluminaba su rostro regordete.

    —SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ, SÍ —reía— ¡Uno menos!

    Preparó la segunda bala… Quizás por la tristeza de haber perdido para siempre a su primer pokémon, tal vez por miedo o resignación, Chad Redflame no se movió. Permaneció de pie sobre la sangre de Blaziken. Cerró los ojos, listo para morir.

    Otro estallido. La bala rozó el lóbulo de su oreja derecha, quemándola; reventó sobre los goznes de la puerta de salida. Un rugido hizo vibrar las ventanas y de pronto todo se convirtió en una confusión de alaridos.

    Abrió los ojos. Un Arcanine estaba clavando su Colmillo Ígneo sobre la escopeta del hombre bigotudo, que profería insultos contra el pokémon.

    —¡Émber! —exclamó Chad, y entonces pudo corroborar que otra de sus pokébolas se había vaciado.Su arcano amigo había decidido salir a rescatarlo, y en aquel momento su mandíbula poderosa desintegró la escopeta.

    —¡Todos ustedes deben morir! —repetía el hombre, propinando puñetazos al pokémon— ¡Los mataré con la mano que me queda!

    Pero ya no podría hacerlo: Émber hundió los dientes en el brazo sano del adoptador. Chad se estremeció al escuchar el estallido de los huesos; ese brazo acababa de quedarse inútil. El desgarrador grito del hombre llamó la atención de los pocos transeúntes que había en las calles.

    También gritando de desesperación, Chad abandonó la mochila roja y arrastró el cuerpo de Fósforo hasta el exterior. Justo en ese momento, Émber y el asesino llevaban el combate cuerpo a cuerpo al otro lado del mostrador. Escuchar cómo chapoteaban sobre la sangre de Blaziken le generó unas nauseas terribles.

    —¡Auxilio! ¡SOCORRO! —gritaba con lágrimas en los ojos, sin dejar de arrastrar el cuerpo— ¡Un hombre loco acaba de matar a mi pokémon!

    Atravesó todo el camino de adoquines hasta quedar en medio de la calle. Unas pocas personas que caminaban cerca, se quedaron pasmadas ante la visión del chico desesperado que cargaba a rastras un Blaziken con el estómago abierto. Pero más impresionante era avistar las llamaradas que se derramaban desde las ventanas del Centro de AdopciónPokémon.

    —¿Qué está pasando?

    —¡Esto es terrible!

    —Horribles recuerdos.

    —¿Siguen con vida esos dragones?

    —No puede ser…

    Arcanine atravesó lo que quedaba de la puerta y corrió a salvaguardar a su entrenador; la cabeza le sangraba a causa de los golpes, aunque la sustancia roja que le goteaba de las mandíbulas no parecía pertenecerle. Poco a poco, otras personas, acompañadas de sus pokémon, se congregaron en la calle, lo que traía cierta sensación de seguridad a Chad.

    —Fósforo —sollozó al mirar los ojos ausentes de su pokémon y la horrible herida de bala— ¿Por qué, Fósforo?

    Dejó escapar unas lágrimas ante le indecisión de los peatones.

    —HAHAHAHAHAHA ¡LOS TENEMOS!

    Todo se giraron: El adoptador salía rengueando de su negocio ahora destruido, con la sonrisa pegada el rostro a pesar de las quemaduras y su brazo hecho jirones a causa de las mordidas. Al ver a Chad y sus pokémon rodeados por una decena de personas, soltó una carcajada repulsiva al cielo. El entrenador tragó saliva.

    —¡Tú y los tuyos me arruinaron! — vociferó el adoptador. Intentó levantar su brazo para apuntarlo con un dedo acusador, pero le fue imposible— ¡Y mira cómo me has dejado ahora! ¡Nos devastaron, NOS DEVASTARON A TODOS!

    —¡¿Y yo qué te hice, bastardo?! —respondió Chad a viva voz. No era de soltar insultos, pero aquel hombre comenzaba a inspirarle furia.

    El hombre de los bigotes volvió a soltar su risa ante los asustados ciudadanos.

    —¿Tanto seso te falta en la cabeza? ¡Formas parte del CLUB!

    Chad no entendía a qué se refería con “Club”, ni le interesaba ponerse al tanto.

    —¿Es del Club? —preguntó una madre a sus espaldas.

    De pronto se desplegó un murmullo generalizado entre los presentes, mientras el adoptador los miraba con aires de triunfo.

    —¡Es cierto! ¡Éstos son Chad Redflame y Fósforo! —comentó con voz baja un adolescente desconocido.

    —¡Por Arceus!

    —Y tienes la osadía de caminar tan tranquilamente por nuestras calles —musitó una anciana, que de pronto se puso a llorar—, ¿es que no te bastó con todo lo que provocaste?

    —Deberíamos lincharlos aquí mismo —sugirió un hombre mayor. A Chad se le congeló la sangre.

    —¡Estás loco! —espetó una chica que parecía ser entrenadora— ¡Cuánto extremista! Son como ese horrible adoptador… Lo que tenemos que hacer es traer al Comisario.

    —¡Nada de eso! ¡Cuánto menos miembros del Club vivan enGaleia, mayor será nuestra paz! ¡Tenemos que matarlos!

    —La venganza nunca es buena, mata el alma y la…

    —¡Cállate!

    Las frases, todas inquietantes, flotaban en el aire como una bandada de aves desorientadas chocando entre ellas. Chad sintió que alguien le daba leves puntapiés en la espalda. Otros le tiraban del pelo cuando Arcanine no los miraba, concentrado éste en mostrar los dientes a los peatones más extremistas. Paulatinamente, los ojos de todos comenzaron a llenarse de odio y las leves agresiones aumentaron.

    —¡Dulce reacción popular! — reía el hombre del Centro de Adopción, cada vez más cerca— ¡Por mí que lo maten! ¡Pero si quieren que se lo lleve el Comisario, me da igual! ¡No quiero volver a verl…! ¡EH! ¡AGÁRRENLO!

    Demasiado tarde. Chad se alejó a toda velocidad por el centro de la calle. Mientras todos se concentraban en murmurar la posibilidad de matarlo o entregarlo al Comisario, había regresado a Arcanine a su pokébola. Curiosamente, pudo hacer lo mismo con Fósforo. Hasta entonces no se había preguntado cómo reaccionaban las pokébolas con un pokémon muerto, puesto que jamás se había visto en una situación, pero la suya absorbió a Blaziken sin problemas.

    Corrió como alma perseguida por las peores pesadillas. Sentía la estampida de humanos y pokémon a su espalda. Eludió desesperadamente Rayos Hielo, Truenos y Llamaradas. Para colmo, se activaron las sirenas de unos carros de policía que se acercaban peligrosamente ¿La oficial Jenny detendría los disturbios, o lo arrestaría a él por razones desconocidas? ¿O, quizás, vendría el Comisario en persona?

    No comprendía qué estaba pasando… No, para nada… Al parecer todos en Ciudad Lienzo sabían quién era él. Algo extraño, por el hecho de que había estado un año fuera de Galeia y no tuvo oportunidad de participar en alguno de los torneos de su Campeonato. Nadie podría reconocerlo de esa forma… Es más, nadie podría odiarlo de la nada… ¿Qué ocurría? ¿Por qué la ceniza? ¿La forma de los edificios? ¿El hoyo del aeropuerto? ¿Qué tenía que ver Haxorus?

    De pronto, al doblar le esquina, fue empujado por un cuerpo de color verdoso. Aterrizó de rostro en un callejón oculto en sombras. El mismo ser de antes lo levantó por la solapaba de la chaqueta para arrastrarlo hacia la profundidad del callejón. Chad estaba a punto de protestar, pero un dedo humano se posó sobre sus labios, pidiendo amablemente silencio…

    La multitud de Ciudad Lienzo pasó junto a la entrada del callejón. Algunos cantaban consignas en contra una organización que, si mal no oyó, se denominaba “El Club de los que no quieren a Haxorus”. Otros reclamaban muerte y cadena perpetua a partes iguales.

    Al perderse la voz del último manifestante, la luz de una linterna rompió la penumbra que lo rodeaba. El haz lumínico reveló ante Chad un rostro de expresión tranquila, ojos marrones, párpados caídos y desordenados cabellos de color oscuro. Detrás de él, un Serperior y un Lucariovariocolor le observaban detenidamente. Chad los reconoció y ellos a él. A pesar de delicada situación por la que estaba pasando, se permitió sonreír.

    —¡Gracias por salvarme la vida, Hubert!

    El muchacho le devolvió la sonrisa. Obviando la suciedad de sus ropas, a Chad le pareció que su viejo amigo no había cambiado nada. Se lo veía sano, enérgico, aunque ligeramente más tenaz que de costumbre. Inmediatamente, la sonrisa se borró del rostro de Hubert. Miró con seriedad a Chad.

    —¿Por qué has vuelto? —preguntó, con genuina extrañeza.

    A Chad le pregunta le pareció curiosa.

    —¿Cómo que por qué? —alzó las cejas— ¡Porque extrañaba Galeia y quería volver a verlos!

    Esta vez le tocó a Hubert alzar las cejas.

    —Mira, no quiero creer que estás loco, ¿pero en serio viniste hasta aquí pensando que todo estaría como siempre?

    —No te entiendo —ahora todo volvía a estar confuso para Chad— ¿Me perdí de algo?

    Aquello parecía un ping-pong de preguntas sin respuestas.

    —¿Me estás diciendo que los noticieros de Hoenn no hablaron del asunto?

    —¡¿Qué asunto!? —Chad comenzaba a exaperarse— En serio, Hubert: me gustaría que me digas qué está pasando en esta ciudad. Están todos enloquecidos y me acusan de pertenecer a un “Club” o algo así ¡Les parece motivo suficiente para matarme a mí y a…! —entonces recordó— ¡Por Arceus! ¡Fósforo!

    Lanzó la pokébola de su inicial al aire. El luchador de fuego cayó al suelo con un sonido sordo. Había dejado de sangrar…

    —Qué horror… —musitó Hubert, sintiendo que se le escapaba el aire de los pulmones.

    —Lo mataron en el Centro de Adopción —contó Chad con una sombra en los ojos, acariciando las plumas de su pokémon—. El tipo que atendía nos disparó en cuanto supo que habíamos dejado unos Haxorus en adopción.

    Hubo un momento de silencio. Afuera, se escuchaba la ira popular.




    Lucario se aproximó a Fósforo. Chad vio cómo acercaba una de sus patas al corazón del inicial de Hoenn, con los ojos cerrados, tal vez buscando su aura. Al cabo de un rato, comunicó algo a su entrenador mediante la mirada. Hubert asintió.

    —Fósforo está vivo —informó, y a Chad le dio un vuelco el corazón—. Pero ha perdido mucha sangre y apenas se nota su respiración...

    —¡Tenemos que llevarlo a un Centro Pokémon! —exclamó Chad, abrazando a Blaziken.

    —Eso es imposible…

    —¡¿Pero por qué?! ¡Está a punto de morir!

    —Tú y yo nos convertimos en criminales hace un año, Chad —le dijo Hubert con una sonrisa triste—. Somos las celebridades más oscuras de Galeia. Lo que pasó en la calle nos puede pasar en el Centro Pokémon… Todos nos quieren atrapar, sobre todo ese nuevo Comisario que todavía no se dignó a mostrar la cara…

    >>Me apena mucho decirte esto: no podremos irnos de este callejón hasta que caiga la noche… Si nos dejamos ver, nos apresarán o, en el peor de los casos, seremos linchados… Lo lamento…

    Se produjo otro silencio incómodo. Chad miró el cielo. Unas gotas finísimas de llovizna impactaron contra su frente, y se mezclaron con las lágrimas que luchaba por retener… El pulso de Fósforo se detenía poco a poco, y mucho faltaba para la salida de la luna.

    Ya no había esperanza para su amigo de fuego.
     
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    EliLover

    EliLover Cosa biodegradable.

    Virgo
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    Esto se esta poniendo intenso, intentaron matar al pobre pokémon y yo que creí que no le llego a nadie la bala y el criador moriría por culpa de Fósforo.
    Noté que escribiste dos palabras juntas las cuales claramente no van juntas, pero fuera de eso nada más.

    Espero que para el próximo capitulo todo mejore y estén todos bien, ahora que leo esto me siento culpable ya que yo done un Haxorus. También me imagino que Hubert vive en un campamento de vagabundo xD con otros donadores de este dragón.

    sin más que decir lo corto hasta aquí.


    Besos y te cuidas, eh?
     
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    Kurone

    Kurone Taeko|| Tsundere Lover ||Rolera|| Otaku Moeshit♥

    Piscis
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    *Llega corriendo a lomos de su Luxray*

    Bueno, ahora comento yo :'D

    ¡Bruno, no me puedo creer lo bueno que se está poniendo esto! *-* Todo tiene un ritmo tan trepidante y una historia tan oscura de trasfondo que muero de amor. ¡Y que decir de tu modo de narrar! :'D

    Estoy deseando leer el próximo capítulo cuanto antes. Me preocupa un poco Fósforo, ¿qué hará Chad si muere su amigo de toda la vida? No me lo puedo ni imaginar... pobre Blaziken y pobre Chad... </3

    Ahora bien, lo que ha escrito Eli arriba, lo de que Hubert está viviendo como un vagabundo con otros miembros del Club, yo también lo creo... con su propia guarida, compartiendo la lucha por la supervivencia al más puro estilo "Walking Dead" xDD

    Ahora me alegro de no haber puesto a ningún Haxorus en adopción :'DD
     
    Última edición: 26 Octubre 2014
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    Hey Miguel

    Hey Miguel Sobrevivió al Arceus Emo Game Master Minato Namikaze

    Aries
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    Me encanta este fic, la narración fluye perfectamente, tu amplio vocabulario hace de la lectura una experiencia agradable. Algunos errores menores que, seguramente fueron hechos nada mas por el apuro al escribir ( suele pasar cuando uno escribe al estar inspirado ) Es una trama oscura, densa y atrapante, deja a uno espectante de lo que sucedera en el siguiente capitulo.

    No bromeo al decir que antes de leerlo cuando supe que ya habia sido publicado y ya salieron 3 capitulos, senti ansiedad cuando me dijeron que prepare pañuelos. No estuvieron muy lejos de la verdad jajaja. Se me desgarra el alma al leer por lo que está pasando el pobre Chad, tienes facilidad de manipular las emociones de la gente e.e

    Esto tiene pinta de que va ser una de esas historias que desbordan epicidad. Se va volver famosa muy rapido, lo aseguro.

    ¡Sigue asi, o mejor dicho, se cada vez mejor!
     
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    Bruno EVF

    Bruno EVF Equipo administrativo

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    Fanfic - [Rol de Pokémon] El Club de los que no quieren a Haxorus
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    ¡Gracias a todos por sus comentarios, me hacen muy feliz :'D! Si se encuentran con otros errores de ahora en adelante, me encantaría que me los citen, para así poder corregirlos (por muy pequeños que sean).

    Sin más, ¡adelante con el cuarto capítulo! ¡Disfruten!

    _______________________________________________________________________


    Capítulo 4: Policía

    Reinó el fúnebre mutismo del desaliento, hasta que la nube que cubría los cielos se ennegreció como una página blanca consumida por el fuego y derramó, con estrépito ensordecedor, lluvia sobre los tejados y el asfalto. El agua se deshacía en las sólidas superficies con una orquesta de estallidos acuosos que, sin embargo, no lograban acallar la enfurecida voz colectiva de Ciudad Lienzo. Se elevó el olor de la sangre junto con el perfume de la basura. Frente a la entrada del callejón circulaban rostros desencajados por el resentimiento, que no reparaban en la penumbra que refugiaba a los dos miembros del Club. Miraban hacia el frente sin verlo.

    Poco le importaba: Fósforo, moribundo en sus brazos, era el centro de su pensamiento. Sin dejar de estrujar el cuerpo por los hombros, apoyó la frente en la mejilla de Blaziken. No había sido lo suficientemente fuerte como para contener las lágrimas que acabaron perdiéndose en la oscuridad.

    —Mejor será que lo dejes reposando en el suelo —la voz de Hubert se impuso por sobre el fragor del cielo—. Abrazarlo sólo empeorará su estado.

    Al ser consciente del barro que los rodeaba, de la basura con sus putrefactas esencias y de la insalubridad generalizada del sitio, Chad sintió animadversión...

    ¿Quién se había creído Hubert para decidir cómo convenía tratar al futuro cadáver? ¿Qué lo autorizaba a dictar cuándo era el mejor momento de ir al Centro Pokémon? ¿Con qué derecho se despreocupaba así de la vida de Fósforo? ¡¿Por qué tenía que estar pasando por esto?!

    —¡Hey! ¿Qué vas a hacer?

    El joven entrenador de Hoenn desoyó. Había pasado uno de los brazos de Blaziken por sobre sus hombros para poder incorporarlo junto con él. La cabeza del pokémon pendió como muerta junto a su oído, pero Chad logró detectar, en medio de la tormenta, los estertores ardientes pero escasos que manaban de la garganta de Fósforo. Aquello le dio impulso. Dejó rezagado a Hubert, rumbo a la salida del callejón. Éste pidió que se detuviera, pero Chad estaba demasiado resuelto en alcanzar el Centro Pokémon, inconsciente de lo peligrosa que era su osadía.

    Cuando estuvo a pocos metros de desafiar a la ciudad con su presencia odiada, el entrenador de Serperior logró aferrarle por la cintura. Tenía mucha fuerza. Chad tuvo dificultades para avanzar. Es más, no lograba hacerlo.

    —¡Me da igual si me matan! —exclamó Redflame. Intentó zafarse sin éxito—, ¡No permitiré que Fósforo muera!

    —¡Guarda silencio!

    Se vieron envueltos en un forcejeo cuya intensidad iba en aumento. Hubert procuraba evitar, hasta las últimas consecuencias, que el otro asomara la cabeza fuera del callejón, mientras que Redflame se sacudía para liberarse de aquellas manos que lo retenían como zarpas de águila, pero teniendo cuidado de que el cuerpo de Fósforo no se escapara de su agarre. Ninguno de los contrincantes cedía pero, en un momento dado, la mano fugaz de Hubert aferró a Blaziken por el plumaje albino de la cabeza. El tirón separó el cuerpo inerte del seguro agarre de su entrenador

    —¡No! —exclamó un horrorizado Chad al sentir que el cuerpo caía. Si Fósforo sufría otro golpe en la cabeza, moriría antes de tiempo.

    No sintió su cráneo resquebrajándose contra el suelo, por lo que comprendió que Lucario o Serperior habían evitado que Fósforo saliera más lastimado de la situación…

    Hubert aprovechó la distracción para reducirlo contra una pared.

    —¿Por qué haces esto? —se quejó el joven Redflame. La piedra del muro era demasiado fría.

    —Lo lamento —Hubert se disculpó en un tono sereno—. Presta atención...

    Una sirena policial se acababa de sumar a la voz de los transeúntes de Ciudad Lienzo, y parecía dirigirse directamente hacia ellos. Cuando Chad quiso darse cuenta, la moto azul conducida por la oficial Jenny se detuvo justo frente sus ojos, en la vereda…
    Todos contuvieron la respiración. La luz intermitente, roja y azul de la motocicleta giraba fantasmal, pero no reveló por completo sus figuras.

    La oficial Jenny apagó la sirena. Un suspiro largo, profundo y pesado escapó de su pecho. No había prestado atención al callejón que se abría a su derecha. Ella también tenía la mirada perdida.

    —Por Arceus —susurró Chad al percatarse de unos inquietantes detalles— ¿Qué…?

    La tela del uniforme de Jenny se abría en numerosas rasgaduras, tan grandes que la agente parecía estar más desnuda que vestida. Tenía que adoptar posiciones incómodas para evitar que quedaran al descubierto las partes más ilustres de su cuerpo. No había señales de su gorra de policía, por lo que la lluvia escurría libremente por los cabellos que ahora le cubrían los ojos. También había perdido los zapatos: tenía los pies sangrantes. Lo más terrible de ver fueron los grandes moretones de su cuerpo, y las magulladuras hechas por una caída en moto.

    —No puedo creerlo —musitó Hubert— La han linchado.

    Anegada por la lluvia, vencida, la oficial Jenny tomó la radio que pendía de lo que quedaba de su cinturón. La resonancia de las aguas no impidió captar fragmentos de la airosa conversación que mantenía con alguien cuyo nombre no llegaron a escuchar. La agente estaba tan alterada que le era imposible hablar sin levantar la voz… Lloraba.

    —¡Le estoy tratando de explicar…! ¡No, escúcheme usted, Gobernador! Pero… ¡Pero continúa en Ciudad Lienzo! ¡Yo lo sé, no pudo haber escapado! ¡Si desconocía su condición como crimin…! ¿Que pudieron acudir en su ayuda los demás miembros del Club? ¿Atenea? ¡Atenea lleva tiempo sin aparecer! ¿Có… Cómo? ¡La Serpiente huyó, nosotros lo vimos! —se pasó las manos por las heridas, temblando de impotencia y de frío— Intentaron lincharme… A mí… ¡Son todos unos IMBÉCILES! ¡UNOS INFELICES! Me atacaron, señor Gobernador, las personas a las que protejo me atacaron… Me acusan de incompetente. Me duele el cuerpo —reprimió un gemido—. Me duele el alma, me lastima que ya no confíen en mí, Gobernador… ¡Mi vida y la de mis hermanas ha caído en picada desde que llegó el nuevo Comisario! —en este punto su voz se volvió rabiosa— ¡¿Quién es ese Comisario?! ¡Ni siquiera conocemos su cara! ¡Sólo por haber arrestado a un puñado de miembros del Club lo consideran apto para tan importante puesto!... ¿Qué? ¿Cómo? ¡Yo también podría haber atrapado a Chad Redflame, pero los idiotas de los ciudadanos, en lugar de ayudarme, me golpean!... ¡¿Qué dice?! ¡¿Cómo que “soy fácil de esquivar”?! ¡VETE A LA MIERDA!

    La desazón congestionaba el semblante de la oficial Jenny cuando activó el motor de su vehículo. El alarido de la sirena se desvaneció en la distancia.



    —¿Qué está pasando, Hubert? —inquirió Chad acompañando al otro entrenador hacia la profundidad del callejón— Tú debes saberlo, tienes una respuesta para todo —agregó— ¿Quiénes son Atenea y la Serpiente? ¿Y el Comisario? Nadie lo conoce, pero está en boca de todos y al parecer logró arrestar a uno miembros del Club de los que no quieren a Haxorus… Pero, ¿qué demonios es ese Club? ¿Por qué sus miembros son perseguidos? ¡¿Cuál fue nuestro crimen?!

    —Tenemos que ocuparnos de Fósforo primero —dijo Hubert con voz tranquila.

    Chad se detuvo.

    —¿Cómo? —preguntó, escéptico— No podemos ir al Centro Pokémon —una sombra de tristeza nubló sus ojos—. Hasta a mí se me han ido las ganas de intentarlo, viendo cómo dejaron a la pobre agente Jenny.

    —De igual manera te habría pasado a tí, y de seguro estaríamos llorando la pérdida de Fósforo —respondió Hubert—. Pero en este callejón cuento con un pokémon que lo puede dejar fuera de peligro.

    El corazón l dio un vuelco.

    —¡¿De verdad?! —Chad sintió el calor volviendo a su alma— ¡¿Quién?!

    —Saluda a Spritzee.

    El destello rojizo de un pokémon saliendo de su esférico iluminó a todos los presentes, en un breve segundo que le bastó a Chad para percatarse de que se habían detenido junto al cuerpo tendido de Fósforo, a quien rodeaban Lucario y Serperior. La luz surgida de la pokébola de Hubert adquirió la forma de un pequeño ser alado, de nariz prominente, piececitos danzarines y ojos grandes que devoraban el mundo con curiosidad. La penumbra volvió a engullirlos, pero Chad podía sentir el batir de unas alas. Un agradable aroma dulzón lo invadió todo.

    —¿Y ese pokémon? —quiso saber.

    —Es de tipo hada, lo atrapé en el Claro de los Sueños —explicó Hubert—. Su habilidad es Alma Cura, aunque sólo la activa en combate. Sin embargo, conoce un movimiento que ayudará a la recuperación de Fósforo sin necesidad de estar en uno… —el chico llamó la atención del hada con un breve chocar de sus palmas— Spritzee, ¿podrías usar Aromaterapia en el pokémon de mi estimado amigo?

    El rápido aleteo se hizo oír luego de que la voz aguda del Spritzee respondiera con alegría a la petición de su entrenador. Otro silencio se produjo un algún punto frente a Chad, allí donde se encontraba el cuerpo de Fósforo; de pronto, sentía que se podía volver a creer en la salvación, sensación intensificada cuando el brillo verde esmeralda encandiló sus ojos. Tuvo que cubrirse con una mano, la luz fue en un principio muy intensa, aunque luego se bajó su intensidad. Finalmente logró ver el pokémon de Hubert, un extraño ser rosado al que no recordaba haber visto, que reposaba con los ojos cerrados sobre la herida de Fósforo. Un aura curativa rodeaba a ambos, dibujando las sombras de todos los presentes contra las paredes.

    —Pero… ¿Aromaterapia no servía para cambios de estado?

    —Eso es verdad —admitió Hubert, encogiéndose de hombros—, pero el desangramiento también puede ser considerado como un problema de estado. Era muy común en los pokémon que participaron en las guerras de antaño, según leí en mis libros. Por eso, los ejércitos contaban con grandes regimientos de pokémon que sabían Deseo, Aromaterapia y Pulso Cura.

    —¿Entonces…? —Chad no sabía si reír o llorar de alegría.

    —Sí —Hubert asintió—. Fósforo no morirá, pero estará incapacitado para combatir hasta que regresemos a la “Guarida”.

    Lo atravesaron las ganas de gritar su euforia, pero no era el momento: Hubert se había quitado la camisa que llevaba puesta, quedando solo en musculosa, y cubrió con ella el cuerpo de Spritzee. Extendió una mano hacia Chad.

    —Préstame tu chaqueta, debemos cubrir el cuerpo —indicó—. De lo contrario, la luz de la Aromaterapia delatará nuestra posición.

    —¡Tienes razón! —respondió Chad. Había recuperado la decisión en su voz.

    Su chaqueta sirvió para cubrir la zona del torso de Blaziken. Serperior se encargó de ocultar la zona de las piernas con su cuerpo. Lucario hizo lo propio con la cabeza de Fósforo. No lograron interceptar toda la luz, pero al menos ésta ahora no los delataría

    —Gracias, compañeros —decía Hubert a sus pokémon, con una sonrisa en el rostro.

    Chad se quedó mirándolo. Una expresión de seriedad marcaba su fisonomía, así como la indagación resplandecía en sus pupilas…

    —Cuéntame todo lo que ha pasado durante mi ausencia…

    Hubert guardó silencio por un instante.

    —Sí, te debo una explicación… —dijo, suspirando—. Lo difícil es encontrar por dónde comenzar.

    —¿Qué tienen que ver los Haxorus? Todo lo que me ha ocurrido hoy… La agresión del adoptador; el disparo; la locura de los ciudadanos… Todo empieza y termina con los Haxorus.

    —Los Haxorus fueron el principio —Hubert se sentó de piernas cruzadas contra una pared—, pero no serán el final de todo este embrollo.

    Chad alzó una ceja.

    —¿Y eso qué significa?

    —Chad… —Hubert parecía estar buscando las palabras adecuadas— Lo primero que debes saber es que los Haxorus se extinguieron… Y que un tercio de la población de Galeia ha muerto.
     
    Última edición: 28 Octubre 2014
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    Sí, ¡lo sabía! ¡Fósforo se salvará! Dios bendiga a Spritzee :'D

    Sí, es mi primera vez comentando propiamente el fic, aunque ya te hacías una idea de mis opiniones por lo que te comentaba personalmente… ¡lo adoro cada vez más y más! Realmente, la historia me tiene atrapada de principio a fin, y realmente son pocas las historias que logran tener ese efecto en mí, al punto de que estoy al borde de mi asiento cada vez que leo lo que sucede en el transcurso de la hipnótica trama.

    La Oficial Jenny D: Pobrecilla, ¿cómo no sentir lástima por ella? Lo peor es que es bastante realista; cuando hay una turba enojada, se la agarran con cualquiera levemente onvolucrado, y siempre se le echa la culpa a los agentes de la ley por alguna razón… me hace acordar a Argentina y los saqueos XD

    Las pequeñas insinuaciones que dejas implicadas acerca del misterioso Comisario me llenan de intriga; no puedo esperar a saber más sobre él. También me intriga Atenea (Serpiente asumo que es Hubert, aunque técnicamente también puede ser Kim que también tiene un Serperior pero me da la impresión de que es él XD), tengo mis sospechas sobre quien puede ser ella pero me las guardaré por el momento :3 Supongo que Hubert lo explicará en el próximo capitulo… ay, ¡no puedo esperar!

    Como siempre, tu estilo de escribir es pulcro y excelente, muy bien narrado, con un estilo que da placer de leer. No estaría exagerando al decir que es uno de los mejores fanfics de pokémon que he leído en mi vida (del rol ciertamente el mejor, dado que es el único hasta ahora XDD). Sobre errores, lo único que he detectado es el siguiente errorcillo de dedo:

    Supongo que no necesita explicación XD Es un dedazo, le pasa a cualquiera cuando se está muy metido en la escritura (Dios sabe que a mí me ha pasado mil veces) :3 Creo que no hay nada más, o al menos que yo haya detectado no hay, estaba muy sumida en la lectura XD

    Sin más, me despido, esperaré al próximo capitulo con ansias :)
    Nami.
     
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    EliLover

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    Sigue en pie mi teoría de que Hubert vive con vagabundos y ahora Chad igual xD

    Wiii~ salvaron a Fósforo yo sabia que todo saldria bien para el.
    Aunque siento lastima por Jenny, no me sorprendería que luego lincharan a Joy diciendo que ella ayudo a los pokémon de los miembros del club (?


    Me encanta a donde va esto, pero odio la intriga, espero que todo se resuelva en el próximo capitulo o me molestare mucho.

    Sin más que decir lo corto hasta aquí.



    Besos y te cuidas, eh?
     
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    Bruno EVF

    Bruno EVF Equipo administrativo

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    ¡Buenas, hermos@s! Nuevamente les estoy tremendamente agradecido por sus bonitos comentario (tanto por aquí como los dados personalmente), me encanta ver cómo la historia los tiene enganchados. Procuraré con todas mis fuerzas no defraudarlos y mantener un buen nivel hasta el punto final de este fanfiction rolero :D.

    Sin más, ¿listos para el quinto capítulo? Antes quisiera enseñarles el genial dibujo que @Hey Miguel hizo. Con ustedes, ¡Hubert "vagabundo" (?) ! ¡Muchas gracias por esto, Miguel, es maravilloso *-* !

    [​IMG]

    Sin más, llegó el momento de saber qué sucedió en Galeia ¡Disfruten!

    ___________________________________________________________________________

    Capítulo 5: Haxorus (parte 1)

    Tan espeluznante frase inundó sus oídos con la fuerza de un martillazo. Como asustada por el recuerdo que escondía la revelación de la extinción de los Haxorus, la lluvia cesó de manera abrupta, y todo cuanto se oyó fueron goteras solitarias resonando suaves bajo la amenazante nube negra que sumía la ciudad en sombras. La movilización de la gente en la calle se había detenido. Volvía a sentirse una triste calma en Ciudad Lienzo. Chad se preguntó si un silencio parecido se habría sentido con la muerte de… ¿Cuántas personas constituían un tercio de Galeia?

    —No estoy exagerando —replicó Hubert cuando el entrenador le hubo cuestionado la posibilidad de que una tragedia de tal nivel hubiera ocurrido—. Un año bastó para que Galeia quedara reducida a escombro y cenizas; en ese suspiro del tiempo perecieron muchas, muchísimas personas —se cruzó de brazos, mordiéndose el labio inferior—. Lo que me llama la atención es el hecho de que en Hoenn no supieran nada de lo ocurrido… —hizo una pausa, con los ojos perdidos en el pasado— Fue una catástrofe de proporciones que no tienen nombre, mis palabras no alcanzarán para ilustrar todo el horror que se vivió aquí.

    >>Y además sigue viniendo gente a la región, como si nada hubiera ocurrido. Te he visto salir del Aeropuerto Interregional junto con otros recién llegados ¿A qué vendrán esos otros? Todos los encantos de Galeia desaparecieron en las garras de los dragones.

    Hubert cerró los ojos como siempre hacía cada vez que necesitaba ordenar las especulaciones amontonadas en su cabeza. Chad no supo qué decir, ni si todo cuanto había mencionado su amigo ameritaba una respuesta, por lo que se prefirió concentrarse en la luz que Serperior y Lucario intentaban bloquear. Al parecer, a Spritzee le iba a llevar bastante tiempo curar un cuerpo tan grande como el de su Blaziken.

    Así que los Haxorus habían desaparecido de la faz de la tierra y un tercio de las personas que vivían en Galeia murieron... Sintió un ligero mareo al imaginar todos esos cuerpos sin vida amontonados, a los cuales estuvo a punto de sumarse Fósforo. De pronto recordó a los demás entrenadores: a Effy, a Dante, a Liza, a Brendan…

    —Pero, pero… ¿Y los demás? —preguntó por fin, alarmado.

    —Casi todos están bien…

    —¿”Casi”? —saboreó la palabra como si fuese veneno.

    Hubert asintió luego de abrir los ojos. Se sentó de piernas cruzadas apoyando la espalda contra la fría pared. También se distrajo con la luz que se desprendía el movimiento curativo de su Spritzee, antes de continuar hablando:

    —Al parecer Dante murió en la Masacre de Lienzo —Chad se quedó boquiabierto—. Sí, puse la misma cara cuando me lo dijeron… Estaba con Emily en el momento de recibir la noticia… Su llanto todavía me atormenta —su mirada se ensombreció—. Sin embargo, guarda la esperanza de que se haya tratado de una información errónea. A mí también me gustaría pensar lo mismo, pero no me queda más remedio que considerar a Dante como un desaparecido, ya que no he visto su cuerpo… Soñar no cuesta nada —sacudió la cabeza para espantar fantasmas que habitaban sus recuerdos—. Otro del que no tengo noticias es Alpha. La última vez que lo vieron estaba en la frontera de la región, rodeado por Haxorus famélicos que devoraron despiadadamente a varios de sus pokémon; según he sabido, su novia logró sacarlo vivo de la región, pero no entero… Actualmente vive en Kalos, pero no respondió ninguna de las cartas que le enviamos.

    Chad tragó saliva...

    —Y los demás están bien —agregó Hubert, en tono neutral—, aunque como habrás oído, el Comisario capturó a algunos… No podemos estar seguros de que el trato que les están dando sea mejor que el de las calles.

    Su interlocutor dejó escapar un suspiro. Claramente, prefería no hablar de asunto, pero no podía dejar desinformado a Chad al estar éste también involucrado. Carraspeó un poco para darse tiempo de ordenar el discurso que se formaba en su mente.

    —Creo que todo sigue confuso para ti —reconoció—. Comenzaré desde el principio.

    —Te escucho —invitó Chad, un poco impaciente pero con los destinos de Dante y Alpha haciendo ecos en su cabeza.



    —Como bien dijiste, la raíz de nuestro problema fueron los Haxorus. Recordarás bien nuestras visitas a la Torre de los Dragones, donde estos vivían, por lo general, metiéndose en problemas con los demás pokémon que habitaban allí, tan apáticos como fuertes eran.

    —Sí —Chad sonrió con desconsuelo al evocar aquellos días en los que vivían tan tranquilos, entrenando—. Nos gustaba entrenarlos.

    —Lejos quedó ese ayer… —hablaba con calma, despacio, pero se podía percibir que el tema afectaba a Hubert—. Hay noches en las que sueño que Dialga nos ayuda, llevándonos al pasado para darnos el lujo de evitar el desastre.

    —¿Y cuál fue ese desastre?

    —La codicia de las personas —sentenció Hubert.

    Chad frunció el ceño.

    —¿Dices que la codicia… —tragó saliva— mató a un tercio de la población?

    El entrenador del Spritzee que curaba a Fósforo asintió.

    —Sí, y comenzó con la expansión de un rumor, hace tiempo ya: el rumor de que un chico llamado Ian había encontrado un Haxorus salvaje y recibió gran suma de dinero por él cuando fue a dejarlo en adopción.

    —Ciertamente el mecanismo del Centro de Adopción era extraño —comentó Chad, pensativo—. Te daban dinero por dejar un pokémon. Parecía más una venta que un acto de consideración hacia aquellos a los que ya no podías mantener en tu equipo.

    —Antes de que te sientas culpable, debo aclararte que tú no podrías ser considerado codicioso por esa razón: los dos Haxorus que alguna vez tuviste en tu equipo ya no podían permanecer contigo (si me acuerdo que necesitabas luchadores más defensivos), pero los dejaste ahí como un acto de bondad, a la espera de que otro entrenador los adoptara para que siguieran haciéndose fuertes al lado de un amigo.

    —Sí —de pronto Chad sintió que le formaba otro nudo en la garganta: si los Haxorus se habían extinguido, eso solo podía significar que los que fueron suyos estaban muertos. Pero contuvo la pena— ¿Y entonces, qué sucedió después del rumor?

    —Al principio, poca cosa. El Centro de Adopción Pokémon no era demasiado conocido por aquel entonces, sólo habíamos pasado por allí los que aspirábamos a ganar el Campeonato de Galeia, como Ukita, Elisa, Emily, Brendan y un largo etcétera. Por eso el rumor fue tomado con indiferencia.

    >>Pero luego de que varios de nuestros amigos (y tú) hubieron dejado Haxorus en adopción, se despertó un interés generalizado en el asunto. Debes recordar bien, Chad, cómo comenzó a llenarse la Torre de los Dragones de gente apresurada por tener Haxorus. Cómo nos pareció grato ver a tantos individuos dispuestos a entrenarlos y darles el hogar que nosotros no supimos ofrecerles…

    >>Nuestra apreciación estuvo muy alejada de la realidad: los dragones se convirtieron en mercancía, en negocio. El grueso del pueblo ansiaba obtener dinero fácil a costa de los Haxorus, que poco a poco fueron ocupando todas las jaulas del Centro de Adopción, llegando a haber centenares de ellos… Algunos ni siquiera habían sido capturados por entrenadores interesados en hacerse Maestros Pokémon, sino por personas sin oficio ni interés en la Liga. Mientras todos se llenaban los bolsillos, los Haxorus eran abandonados en masa.

    >>La masacre comenzó pocos días después de tu regreso a Hoenn. Tuvo su foco en esta misma ciudad… Para sorpresa de toda la región, los Haxorus, tal vez sintiéndose humillados, se rebelaron contra la humanidad.

    >>Los que se encontraban presos del Centro de Adopción rompieron las jaulas y atacaron al adoptador, quien se salvó de milagro gracias a la oportuna presencia de la oficial Jenny en el lugar. Sin embargo, los pokémon de la agente murieron, pero le dieron tiempo de escapar junto con el adoptador, a quien le habían arrancado el brazo a mordiscos. El Centro de Adopción ardió en llamas y la mitad de su estructura se derrumbó, junto con todas sus pertenencias.

    >>Acto seguido, los dragones atacaron directamente a los habitantes de Ciudad Lienzo. Rayos, Llamaradas, golpes de acero, furias draconianas. Las personas fenecían de mil maneras horrendas, con tanta violencia que muchos fragmentos de cuerpo pudieron hallarse en las zonas aledañas. Todavía sigo encontrando piezas podridas de lo que alguna vez fue una persona, Chad. Es perturbador y asqueroso a partes iguales.

    —¡Entonces! —intervino Chad, asustado por lo que oía— ¿Las pinceladas carmesíes que hay por toda la ciudad…?

    —Sangre seca —confirmó Hubert, pesaroso—. Los Haxorus parecían divertirse. Tomaban cuerpos al azar y los reventaban contra los edificios —Chad se estremeció, pero Hubert continuó—. Habrás notado que muchos edificios están como deformados. Eso se debe a que las autoridades del Gobernador los reconstruyeron de una forma que me pareció excesivamente apresurada. Ciudad Lienzo ya no es la misma.

    “Eso explica la extraña construcción del aeropuerto”, pensó Chad. La duda no tardó en asaltarlo: ¿Por qué habían colocado un cartel que indicaba que se trababa de una “ampliación y remodelación”, y no “reconstrucción”? Pero la pregunta que hizo fue otra.

    —¿Y qué hay de la ceniza presente en el aire?

    —Los Haxorus provocaron la erupción del Volcán Barniz. La ciudad que lleva el mismo nombre ahora es un risco de lava sólida. Pero no perdamos el hilo:

    >>Los dragones abandonaron Ciudad Lienzo cuando la policía llegó, no armada con pokémon, sino con armas de fuego. Varios fueron alcanzados por las balas, pero los que quedaron vivos (que no eran pocos) se dirigieron a la Torre de los Dragones para reunirse con sus hermanos. En el camino siguieron generando destrucción, la cual cesó cuando llegaron a la torre. Por unos días, creímos que la matanza había terminado allí, pero una semana después, unos mil Haxorus salieron de aquella construcción, como agua rebalsando de un vaso demasiado lleno. Iniciaron un proceso de destrucción y asesinato que duró otra semana más. Pokémon y personas murieron a partes iguales; devorados, quemados, despedazados… El Bosque Pincel desapareció, el Lago Helado está seco, todas las ciudades, salvo Témpera, fueron destruidas y en un par todavía no iniciaron la reconstrucción.

    Era demasiado horrible como para ser cierto, ¿de verdad había pasado todo eso en apenas un año de ausencia? Chad se había quedado sin habla, estupefacto.

    —A las autoridades de la región no les quedó más remedio que autorizar el uso de armas de fuego, ya que luchar con pokémon se había vuelto inútil —continuó manteniendo su tono neutral—. El día final de La Destrucción, hubo un masivo operativo policial que cubrió cada centímetro de la región, incluso participaron los ciudadanos. Llenaron de agujeros a los Haxorus, hasta que ya no quedó ninguno en pie —hizo una pausa—; y, por precaución, sacrificaron a los Awex y Fraxure que vivían tranquilos en la Torre, ajenos a lo que pasaba en la tierra.

    —¿Y tú dónde te encontrabas cuando sucedió el ataque de los Haxorus?

    —En Ciudad Barniz. Uno de esos fatídicos días leía a la sombra de un árbol en la plaza construida cerca del Centro Pokémon. Como siempre, Serperior y Maractus me acompañaban bajo el sol. El segundo tocaba sus maracas a cierta distancia de nosotros, bailando como siempre le gustaba hacerlo… Pero repentinamente, una sombra irregular entorpeció mi lectura y, al levantar la mirada, vi a los Haxorus cortando cabezas —en este punto del relato, la respiración de Hubert se agitó un poco—. Al principio no pude moverme por la impresión. No reaccioné cuando las calles se tiñeron de rojo, ni con las explosiones, ni con los escombros que iban a parar a mis pies. Sentía la parálisis miedo…

    >>Sólo lo hice cuando logré divisar a Maractus. Saludaba alegremente desde las zarpas de uno de los dragones —Hubert apretó los labios. Chad le notó los ojos vidriosos— Ni cuando lo descuartizaron dejó de sonreír...
     
    Última edición: 29 Octubre 2014
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    Gold-Kun

    Gold-Kun Filósofo de las referencias

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    Bueno mi turno de comentar. Siendo sincero esperaba la aparición de Alpha para hacerlo.

    Ahora tomando errores te calco este nada más:

    "—Los Haxorus provocaron la erupción del Volcán Barniz. La ciudad que lleva el mismo nombre ahora es un risco de lava sólida"

    Acá pones que los Haxorus lo provocaron, pero luego pasa esto:

    "—¿Y tú dónde te encontrabas cuando sucedió el ataque de los Haxorus?

    —En Ciudad Barniz."

    Sí mientras eso pasaba supongo que la explosión tuvo que haber sido en esos mismos tiempos.

    Ya pasando a la historia: Como te he dicho varias veces eres macabro viejo. Pero lo macabro hace este gran fic adictivo y te deja con una incógnita que hasta ahora yo no había experimentado. Ademas mataste a Dante, él pobre no había hecho nada :c Y casi matas a mi Alpha, curioso porque pudo haber sacado a su Rayquaza y barrer todo con un poderoso Hiperrayo xD. Pero en general fue un gran capitulo. Espero el siguiente :'D

    Gold.
     
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    Ya veo, gracias por el apunte. Como apelación diré que la erupción del Volcán Barniz no se dio apenas comenzó la masacre. Ésta tuvo su origen en Ciudad Lienzo y se expandió al resto de la región, de modo que fue provocaba en los días subsiguientes. Igual, si lo tengo que explicar fuera de la historia, es porque no hice bien la narración xD ¡Agradezco tu comentario, gracias por leer!
     
    Última edición: 29 Octubre 2014
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    Antes que nada... no logro ver la foto, espere mucho para ver ese dibujo.
    Me gustan las historias de este estilo, pero me tomara tiempo recuperarme de lo cruel que eres, más que con otros libros.
    Me siento especial, mi nombre aparece en tu fic, espero que la niña no hubiera muerto en la masacre, me basto y sobro con lo de Dante y Alpha. No merecian morir, Alpha era algo torpe pero no por eso malo y Dante era una buena persona.
    Creo que llorare por lo de Maractus, solo él podia sonreir al ser cruelmente descuartizado. En eso si te pasaste un poco de cruel.

    Sin más que decir lo corto hasta aquí.

    Eli.
     
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    Nami Roronoa

    Nami Roronoa The Gif Queen Game Master

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    Quiero que sepas que me salieron lágrimas cuando leí la línea final sobre la muerte de Maractus. Ojalá lo dijera en broma. Fue en serio.

    Ok, este capitulo fue sumamente informativo… es ese capitulo donde no sucede mucho, pero te pegan con un montón de información y finalmente puedes parar y decir "ah, esto es lo que estaba pasando", pero necesitas frenar, darte un momento, y procesarlo todo. Bueno, así lo sentí yo. Pero fue una buena sensación. Sentí que la trama estaba avanzando a un ritmo prudente, no se sintió nada apurada, y eso siempre es algo bueno que debe hacerse notar.

    Personalmente, no creo que Dante esté muerto. Si algo aprendí de ver tantas series, es que no se puede decir con certeza que alguien está muerto hasta no ver el cadáver, y a veces incluso entonces… así que seguiré con la certeza de que Dante se encuentra con vida y escondido en alguna parte de Galeia. Alpha y Destiny han escapado juntos, tragicomicshipping <3 Creí que Alpha sería de los que están tras de rejas, me alegra ver que por lo menos huyó a Kalos y sobrevivió :'D

    No hay mucho error que mencionar, como de costumbre tu modo de escribir es atrapante e impoluto, lo único que me llamó un poco la atención fue aquello que Gold ya te ha marcado, pero con tu aclaración ya fue comprendido lo que querías decir XD Oh, y creo que es un momento pusiste "Awex" en vez de "Axew"… uno de los pocos pokémon de las nuevas generaciones que conozco con certeza, gracias a los condenados Haxorus XDD

    ¡No puedo esperar al próximo capitulo! Quiero ya ver al resto de los personajes, sé que los manejarás de maravilla y ansío verlos en la historia… ojalá aparezca alguno más en el próximo capitulo ^.^ Hasta la próxima…
    Nami.
     
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    Bruno EVF

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    Ante los avisos de que no se podía ver el dibujo de Miguel, he resubido la imagen desde otro servidor. Espero que ahora sí se pueda apreciar... Y agrego: puede que haya más de estos :D

    [​IMG]
     
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    Fanfic - [Rol de Pokémon] El Club de los que no quieren a Haxorus
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    2706
    Capítulo 6: Haxorus (parte 2)

    —Hubert…

    Éste levantó una mano para pedir que no lo interrumpiera. Chad calló para darle tiempo de recuperarse; en realidad, a él también le vinieron bien aquellos segundos para llorar en su interior la desaparición física de Maractus. Recordaba muy bien al particular pokémon, un cactus psicodélico que siempre llevaba encima unas maracas cuya procedencia solía quitarle el sueño a su entrenador. Era parte de su naturaleza condimentar cualquier momento de la vida en Galeia con su música y su alegría. Si por algo podía ser reconocido además de sus instrumentos musicales, era por el hecho de que no existía el rencor en su corazón: halagaba con bailes graciosos a cualquier ser que conociera, ya fuera amigo, enemigo o alguien neutral. Ni siquiera los Haxorus fueron la excepción. Pero imaginar la sonrisa en medio del estrago que hicieron a su espinoso cuerpo era, sin otra palabra que lo describiera mejor, macabro.

    Antes de continuar, Hubert se enjugó con rapidez las lágrimas que purgaban por recorrer sus mejillas.

    —Sentí que quería hacerle lo mismo a esos Haxorus —reconoció con un suspiro—. Pero evité convertirme en un asesino; yo no soy así. Por lo que me contenté con despertar el miedo en sus ojos sangrientos. Mis pokémon y yo vengamos con brutalidad a Maractus. En menos de media hora, habíamos debilitado unos cincuenta dragones, que jamás volvieron a levantarse. Quedaban muchos en pie, no obstante, pues se expandían como un virus a lo largo y ancho de Galeia, y ninguna zona se veía librada de la constancia de sus presencias. Varios de esos Haxorus, al saber que era peligroso enfrentarnos, huyeron hacia la zona del Volcán Barniz. Con intenciones de eliminarme, usaron Terremoto para provocar la erupción más fuerte de la historia: desde la ciudad se podía ver cómo la lava emergía a borbotones, en un chorro de varios metros de altura. Una nube de ceniza lo cubrió todo mientras la lava avanzaba con velocidad vertiginosa. Esfuerzo inútil: Logramos evacuar a los sobrevivientes hacia una zona segura, pero nunca recuperamos los cuerpos —Hubert volvió a apretar con desolación los labios—. Maractus no pudo tener el entierro que merecía. Ni sus maracas nos quedaron.

    Tomó una larga bocanada de aire. A Chad le hubiera gustado aclararle que no hacía falta recordar aquellos momentos tan terribles para mantenerlo informado, pero la curiosidad era más fuerte.

    —El rumbo de mi huida fue incierto tras alejarme del magma —continuó Hubert, serio—. Regresé a todos mis pokémon a sus pokébolas ya que no quería volver a perder a nadie. Además, el miedo me embargaba como si de moho se tratase. Los Haxorus asediaban desde los cuatro puntos cardinales, pero por obra y gracia de Arceus, no enfocaron su rabia en mí cuando escapé de Barniz. Para colmo de males, fui consciente de que, hasta ese momento, no me había topado con ningún rostro conocido, y eso que habían pasado horas desde que les hicimos frente… Sabía que los demás entrenadores se encontraban en otros puntos de la región, pero no en qué situación estaban. Me asaltó la horrible sensación de que iban a morir pronto si es que ya no habían pasado a mejor vida… Y con un dolor terrible en el corazón se dibujó en mi mente el rostro de Effy —al mencionar el nombre de la chica, Hubert se sonrió—. No dudé en sacar a Pidgeot para llegar lo más rápido posible a Ciudad Témpera, su hogar natal. Me preparé mentalmente para encontrarme con sus ruinas.

    >>Pero topé con un escenario inverso: ruina estaban hechos los Haxorus que habían tomado el atrevimiento de asaltar aquel punto de la región... Ciudad Témpera no presentaba señal alguna de muerte o destrucción. En sus esquinas y techumbres se apilaban dragones debilitados e inmóviles. Logré ver muchos que rugían al cielo, aunque caían inconscientes al instante... Hielo, magia feérica y ataques de tipo dragón era cuanto veía rompiendo el aire, pero no lograba ubicar a ningún entrenador dirigiendo esos ataques que daban en el blanco. Sólo cuando me bajé de Pidgeot noté cientos de rostros horrorizados mirando desde las ventanas intactas: todos los habitantes se habían refugiado para ponerse a salvo de los dragones… Todos exceptuando a una persona, a la que reconocí cuando me acerqué al edificio del Centro Pokémon esquivando Haxorus.

    >>Allí estaba Effy, en lo más alto, con un brillo tan inolvidable como tenaz en la mirada. La camisa blanca desabrochada ondeaba al viento, el sol hacía irradiar su blanca piel y sus cabellos. Parecía una divinidad caída del cielo.

    >>Ella sola y sus pokémon le hacían frente a la marejada de Haxorus salvajes, destacando su Dragonite con armadura, Florges, el impenetrable Steelix y Blastoise. Siguiendo órdenes que su entrenadora repartía en tono énergico, el equipo de Effy los hizo retroceder con suma facilidad… Fue algo realmente heroico, Chad —Hubert refería con entusiasmo esta parte del relato—. La Ciudad no sufrió rasguños gracias a ella. Desde entonces es conocida como “Atenea”, diosa de la guerra y de la estrategia.

    Chad dejó escapar un silbido producto de la impresión, sintiéndose a su vez contento de que algo grato hubiera ocurrido entre tantas noticias horrendas. Entonces volvió a tomar la palabra.

    —Hablando de Atenea, ¿sabes quién es la “Serpiente”?

    Hubert se volvió a sonreír.

    —La Serpiente soy yo —confesó.

    —¿Eh? —Chad mostró cierta sorpresa, pero en el fondo se lo había imaginado— ¿Y por qué precisamente te reconocen así?

    —En las calles dicen de mí que soy astuto y sigiloso. Que nadie repara en mi presencia hasta que es demasiado tarde. Como podemos deducir de la conversación que mantuvo la agente Jenny, están sospechando en Lienzo, cosa que les preocupa porque saben que no me encontrarán de tan silencioso que soy; para cuando adviertan que estamos en este callejón, ya nos habremos marchado —Hubert miró el cielo. Brillaban los últimos vestigios del sol—. Empecé a ser conocido como la Serpiente después de la “fundación” del Club —hizo una pequeña mueca—. Envidio a Ukita, a Ian y a Effy, pues a ellos los apodaron con nombres de dioses griegos.

    —¿Ian y Ukita?

    —Claro. A uno le dicen “Dionisio” por su adicción a la Frizz!, mientras que el otro es reconocido como “Ares”, el dios de la violencia, mote que el pueblo le puso después de que un policía lo llamara “Iván” por error.

    Y por primera vez en el día, Chad y Hubert se permitieron reír juntos. Por alguna razón, Redflame tuvo la sensación de que no volvería a soltar una carcajada por tiempo indeterminado. Disfrutó aquella como si fuera la última.

    —Continúa —invitó tras recuperar el aliento.

    Hubert volvió a carraspear para ordenar su discurso mentalmente.

    —Pese a que no parecía necesitar ayuda, me sumé a la contienda de Effy contra los Haxorus. La sonrisa que se le escapó al verme también fue inolvidable. Pero en fin, la cuestión está en que, gracias que luchamos codo a codo contra la invasión, se aceleró el final de la batalla de aquel día. Como me había ocurrido en Barniz, los dragones escaparon al ver que no podían ganarnos, y no se atrevieron a acercarse a la ciudad el resto de la semana que duró su rebelión contra la humanidad. Apenas me cercioré de que Ciudad Témpera no corría peligro, caí desmayado…

    >>Desperté en lo que era la habitación de Effy en el Centro Pokémon. Dormí por cinco días, según me dijo la enfermera, y recién abrí los ojos la noche anterior a la extinción definitiva de los Haxorus. Effy no estaba conmigo, pero me había dejado una nota en la que me avisaba que iba a buscar a los demás entrenadores. Por muy consciente que fui de que los Haxorus seguían generando estragos al otro lado de los edificios de Témpera, no tuve miedo de que muriera en el camino. Ella era Atenea: las diosas son inmortales.

    Hizo otra pausa

    >>Entonces la enfermera Joy me contó lo impensado: la policía llegó apenas erradicamos a los Haxorus, y mató a balazos a los montones que se encontraban debilitados por doquier… A pesar de las protestas de la enfermera, la agente Jenny de Témpera le dijo que seguía órdenes del nuevo Gobernador.

    —¡Espera! —Chad levantó una mano con el ceño fruncido— ¿Me estás diciendo que hubo un cambio de poder político en medio del caos?

    —Tal y como escuchaste —respondió Hubert, mirándolo fijamente—. Al anterior Gobernador lo desintegraron hasta dejarlo hecho una masa roja informe —se estremeció—. Sus funcionarios corrieron la misma suerte y entonces Galeia se encontró con que no tenía un Gobernador que pudiera dirigir las riendas que permitirían detener la furia de los Haxorus.

    >>Fue entonces cuando un hombre apellidado Honda se apoderó del Sillón de Gobierno, en plena masacre, cuando nadie miraba.

    —Creo saber quién —intervino Redflame de pronto—. Ideó un producto especial para las batallas pokémon, a cuya presentación invitó a los campeones de las regiones y a los líderes de gimnasios del mundo. Mi padre negó la invitación.

    Hubert asintió.

    —Yo conozco a su hija, se llama Mimi…. Pero a lo que iba: éste señor Honda, con la idea de perpetuarse en el poder, comenzó un mega-operativo para exterminar a los Haxorus. Los ciudadanos estaban tan aterrorizados por el accionar de los dragones, que semejante propuesta les pareció una idea fabulosa, hasta algunos colaboraron… Así, el último Haxorus murió baleado donde comenzó todo: Ciudad Lienzo.

    El silencio llegó como el balazo final… Todavía quedaba mucho por preguntar y por decir, pero los distrajo la resonancia suave de un rápido aletear. Chad notó cómo sobre la cabeza de Hubert se posaba aquel pokémon que jamás había visto, Spritzee era su nombre si la memoria no lo engañaba. Con la mirada acostumbrada a la oscuridad, distinguió los enormes ojos del pokémon clavados en los suyos… La miró en silencio. Toda la información proporcionada por Hubert le impidió darse cuenta de lo que aquello significaba, hasta que sintió perfectamente un gruñido lastimero.

    —¿Fó…Fósforo?

    No lo veía. Como la noche comenzaba a extender sus brazos sobre Ciudad Lienzo, la negrura total lo cubría todo. Sin embargo, a sus espaldas, la linterna de Hubert abrió una herida de luz a las sombras, iluminando a Serperior y Lucario, quienes se hicieron a un lado...

    Blaziken, tendido en el suelo, le dirigió una mirada débil pero cargada de fuego. Cubrían el cuerpo del pokémon tanto su chaqueta como la camisa de Hubert, dejando al descubierto sólo lo que era la zona del estómago. Ahora no mostraba ninguna abertura cruenta.

    —Bla…zi…ken… —gruñó Fósforo, levantando una mano con dificultad como si quisiera alcanzar a su entrenador. A Redflame le temblaron los labios. Una vez se fundieron en un abrazo, Hubert apagó la linterna por precaución y susurró un “Buen trabajo” al oído de Spritzee.

    No se supo por cuánto tiempo Fósforo y su entrenador descargaron toda la tensión emocional que habían sufrido, pero una luna rodeada de estrellas levitaba en el cielo para cuando hubieron terminado... Por su parte, Hubert se preguntaba interiormente cuándo fue la última vez que se encontró con un cielo así de despejado… Se concentró en la estrella más brillante, preguntándose si acaso era el alma de Dante queriendo iluminarles el camino… Sacudió la cabeza: él estaba desaparecido, no muerto… Al menos, eso esperaba…

    —Será mejor que descanses aquí dentro —decía Chad dando golpecitos a la pokébola de Fósforo—. No me mires con esa cara ¡Si ni siquiera te puedes levantar! Hubert te ayudará a recuperar las energías pronto.

    —Dalo por hecho, Fósforo —secundó el otro entrenador.

    El inicial de Hoenn volvió a gruñir, a saber si fue por resignación o aceptación. Chad hizo que el esférico lo absorbiera mientras una sonrisa pendía de su rostro. Ésta se esfumó cuando recordó la conversación que había mantenido con Hubert. Quedaba un pregunta más por hacer:

    —¿Qué es “El Club de los que no quieren a Haxorus”?



    —Esperaba que te concentraras en ese punto. Prosigo —Hubert se desperezó en su sitio, somnoliento—:

    >>Una vez que se hubo acabado con todos los Haxorus, recolectado los escombros y enterrado los cadáveres (los que estaban más o menos íntegros), el Gobierno empezó a buscar culpables… Lo cual era gracioso, si tenemos en cuenta que el propio ser humano tuvo la culpa de haber humillado de esa forma a los Haxorus, al punto de enfurecerlos —rió con amargura—. Pero Honda había logrado una buena imagen como Gobernador gracias a su accionar tan drástico en contra de los dragones, y no estaba dispuesto a perder popularidad bajo ninguna circunstancia…

    >>Más o menos dos meses después de que hubo muerto el último Haxorus, echó la culpa de la destrucción de Galeia a los primeros entrenadores que los habíamos puesto en adopción.

    —No puedes estar hablando en serio, Hubert —atajó Chad, incrédulo.

    —Ya te aclaré que no hay exageración —replicó el interpelado—. Ian, Ukita, Elisa, Emily, Brendan, Rojo, Mitsuki, Mizuki, Kim, Effy y yo fuimos acusados de “iniciar el proceso que provocó la furia de los Haxorus; ergo, responsables por todo lo que sufrió Galeia”. Honda prometió dejarnos tras las rejas. Uno pensaba que saltaba a la vista su intención de quedar como el justiciero que no era, pero los ciudadanos no se habían recuperado del horror como para sentarse a sospechar.

    —¡Inaudito!

    —Los medios de comunicación no nos ayudaron en lo más mínimo —prosiguió Hubert, negando con la cabeza—. Empezaron a inventar mil mentiras sobre nosotros, hasta convertirnos en demonios. Inculcaron odio y nos vimos obligados a abandonar nuestras vidas normales, para llevar una rutina de fugitivos de la justicia popular e institucional —tomó aire para poder seguir hablando:—. Nosotros dejamos Haxorus en adopción porque no podíamos tenerlos con nosotros, pero la gente prefirió creer que fue porque no los queríamos, y que contagiamos esa falta de amor a los demás… Por eso nos bautizaron como “El Club de los que no quieren a Haxorus”.

    —¿Pero a ti y a Effy por qué los persiguen? —preguntó Chad— Que yo sepa, no dejaron Haxorus en adopción.

    —No, pero intercambiamos un par en la GTS. Para el Gobernador y Galeia en general, daba lo mismo.

    —Y por tus palabras, puedo sobreentender que están todos juntos en una “Guarida”

    —Sí —asintió Hubert—. Me reuní con Effy días después del Mega-operativo Anti-Haxorus, en una Ciudad Óleo hecha polvo. Con ella iba Emily, muerta de miedo y preguntándome si había visto a Dante pero sin obtener, de mí parte, la respuesta deseada. Peinamos toda la región con el fin de encontrarlo a él y también al resto de nuestros amigos, mientras los ciudadanos lloraban a sus muertos y el Gobierno ordenaba la reconstrucción. De lo de Dante y Alpha nos enteramos en Ciudad Aerosol: al escuchar que preguntábamos sobre ellos, unas amables personas se acercaron a nosotros para ponernos al tanto de lo que les había pasado, dando el sentido pésame… —el joven miró a Chad a los ojos— Menos mal que no estuviste ahí Chad: el que vio la reacción de Emily ya no fue el mismo, y ella obviamente no es la persona dulce y viva que solía ser.

    >>Días después ubicamos a Ian durmiendo en la Caverna Témpera. Rojo, Mizuki y Mitsuki no tardaron en sumarse al grupo. Los encontramos en el Gran Parque Gioconda que ahora es negro de tanto fuego. Casualmente por allí estaba Elisa, que defendió el parque como pudo. Por suerte ni ella ni los demás estaban lastimados. Dimos con Brendan en Acrílica y con Kim en los terrenos del Bosque Pincel. Fue increíble que todos salieran ilesos. Finalmente hallamos a Ukita intentando capturar Gible.

    —¿Y ahora dónde están todos?

    —Rojo, Kim y Mizuki en la cárcel, condenados a cadena perpetua gracias al Comisario. Los demás, escondidos en la Cueva Secreta de la Ruta 306 —mencionó Hubert con cautela, como si pensara que alguien los estaba escuchando— ¿Altaria sigue contigo?

    —Sí.

    —Bien —volvió a colocarse la camisa mientras tendía a Chad su chaqueta. Regresó a sus pokémon a sus pokébolas y señaló el firmamento—. La noche es nuestra. Nos vamos.

    >>Por cierto… —agregó entonces, con una sonrisa irónica— Bienvenido al Club .

    [​IMG]
    (Cortesía de @Noir )
     
    Última edición: 31 Octubre 2014
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    Creo que ire a comprar helado para seguir leyendo tu historia.

    Si combatimos nuevamente y usas a Maractus llorare a mares por tu crueldad.

    Lo unico que me alegra del capitulo es saber que la mayoria esta bien y me hizo demaciada gracia lo de Ian. A él nunca le gusto ser llamado así xD

    El padre de Mimi nos quiere en la prisión, eso le añade emoción a la trama y más si te pones a pensar en lo que hubiera pasado si Mimi hubiera sido parte del club, eso estaria interesante en todos los sentidos. Pero buano, ella no es una de nosotros(?)


    Sin más que añadir lo corto hasta aqui, pero comentare que eras más cruel que él autor de "El libro sin nombre"



    Eli.
     
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    Ahora te comento yo... ¿Sabes? tengo un problema grave a la hora de comentar, y más cuando hay tantas cosas que decir y tan pocas palabras para expresarlas... un capítulo muy esclarecedor, Bruno, tanto o más que el anterior. Suponía que Atenea era Effy desde la primera vez que lo leí, y creía que a Hubert le llamaban ''Serpiente'' por Serperior, no sólo por su sigilo y tenacidad xD Ukita como el dios del vino x'DDD Me hizo gracia eso, aunque no he leído mucho de Ukita, sé que tiene una curiosa adicción al Frizz! :3

    Bueno... ¿qué más...?

    ¡Oh! Hacer a Moura Honda el Gobernador de la región fue algo que en absoluto me esperaba. Pensé que si Mimi ya se consideraba una princesa siendo la hija del director de una multinacional, su ego estaría por los cielos siendo hija del Gobernador xD

    Este momento...

    >>Allí estaba Effy, en lo más alto, con un brillo tan inolvidable como tenaz en la mirada. La camisa blanca desabrochada ondeaba al viento, el sol hacía irradiar su blanca piel y sus cabellos. Parecía una divinidad caída del cielo.

    Relatado por Hubert y bien bonito, ''GoodairShipping'' plz. Eso es amor <3

    Me imagino a Emily destrozada por la pérdida de Dante, llorando por todo... y me parte el alma. Dante debe de estar vivo, debe de estar vivo... debe de estarlo... sí, sí...*lo repite como un mantra con los dedos cruzados*

    Y creo que me dejo muchas cosas, pero no tengo más tiempo. Si tuviste algún error yo no lo noté, estaba demasiado sumergida en la historia. Cada vez amo más este fic <33

    *Se sienta a esperar con impaciencia el 7*

    PD: De nuevo, gracias por usar mi edición <3
     
    Última edición: 31 Octubre 2014
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  19.  
    Hey Miguel

    Hey Miguel Sobrevivió al Arceus Emo Game Master Minato Namikaze

    Aries
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    Los últimos dos capítulos me parecieron de lo más explicativos e interesantes, revelando tanto que hasta ahora había sido un misterio ( más allá de que algunas cosas ya nos la figurábamos, eran solo las suposiciones de cada uno ) y nuevamente hiciste de un capítulo meramente explicativo, algo emocionante, que puede deberse también a la densa trama que lleva la historia.

    No hay nada que reclamarte, la narración ( lo hemos dicho una y mil veces ) es buenísima, hay cosas que se te dan muy bien. Describes muy bien las escenas y sentimientos, es un deleite para la lectura. No me voy a cansar de decirte que como escritor, tenés futuro.

    Me gusta como introdujiste a los roleros a la historia, cada uno de una forma única y usaste complementos extra como el padre de Mimi. Que Effy sea Atenea es super épico, que Hubert tenga un sobre-nombre como "La serpiente" también es muy genial, lo de Ian y Ukita es... gracioso xD. Toda la historia desprende genialidad.

    Otro detalle, siguen habiendo pequeñísimas faltas... osea, no se ni si decirle faltas, pero uno se sumerge tanto en la lectura que pasan por alto.

    Por cierto, no se ve la edición de Noir, al menos yo no la puedo ver D:

    ¡Sigues mejorando a un ritmo impresionante!
     
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  20.  
    Bruno EVF

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    ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS :') ! Como ya dije varias veces, me alegra ver lo mucho que les gusta, tanto como yo disfruto escribiendo este fic. Reconozco que los últimos dos capítulos han sido meramente informativos, pero era necesario tirar toda esta información para que no se quedaran perdidos con las futuras entregas. Prometo que cada una de ellas será mucho mejor que la anterior, además de que la trama volverá a su cauce de acción, de desarrollo y cosas locas (?).

    Ahora bien, dado que la imagen aportada por Noir no se podía ver (gracias por avisar), se las vuelvo a colocar mediante el servidor donde subí el dibujo de Miguel.

    [​IMG]

    ¡TÁ-CHAAAAANN! ¡Gracias nuevamente, @Noir

    ¡Saludos, mis queridos! El sábado o el domingo saldrá el "Capítulo 7: Club" ¡Los espero :D!


    _________________________________________

    BONUS CONTENT: Los tres Dioses de "El Club de los que no quieren a Haxorus"

    *"Ares"
    Ian
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    *"Atenea" Effy (*):
    [​IMG]


    *"Dionisio" Ukitashi (*):
    [​IMG]

    (*) Imágenes retocadas :p
     
    Última edición: 1 Noviembre 2014
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