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Fanfic - Refugio Peligroso

Tema en '–Abandonados' iniciado por Cyshara, 22 Mayo 2007.

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  1.  
    Cyshara

    Cyshara Usuario común

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    Refugio Peligroso

    Kagome Higurashi era una eficiente secretaria, con una vida normal. Se altera al entererarse que viene uno de los magnates de la Taisho International, a manejar esa sucursal. El era un dinamo, y Kagome se sorprendio cuando con el paso de tiempo le propuso matrimonio para escudarse. ¿Qué hara kagome con respecto a la propuesta de Inuyasha? ¿Es un refugio peligroso?
     
  2.  
    Jessy

    Jessy Fanático

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    Re: Refugio Peligroso

    me parece una muy buena idea
    cuentas con todo mi apoyo
    espeare ansiosa el primer capi
    me despido que estes bien
    nos vemos

    Jessy
     
  3.  
    _KanaË

    _KanaË Fanático

    Piscis
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    Re: Refugio Peligroso

    holas!!!!!
    mmm...suena realmente interesante tu idea!!!!!!
    mi quiere saber que sucedera con esta parejita
    nos vemos
    naty*miko
     
  4.  
    zaeta

    zaeta Usuario común

    Leo
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    Re: Refugio Peligroso

    Entonces?? Ke Estas Esperando!!! Jajajajaja
    Andale Cysharita Yo Se De Tus Talentos.... Ejem Para Escribir Claro Porke De Ahi Te Conosco Otros.... Para La Escuela Jajaja Os Espero No Haber Asustado Jajaja Ya Sabes Ke Juego Mucho
    Bien Cysha Nos Vemos A Ver Si Luego Me Animo Yo A Poner El "f.n.7c" Aki Sale? Bye!
    Atte. Zaeta
     
  5.  
    Cyshara

    Cyshara Usuario común

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    Fanfic - Refugio Peligroso
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    Re: Refugio Peligroso

    Hola... muchas gracias por su apoyo y pues aquí pongo el primer capitulo..


    REFUGIO PELIGROSO

    -Inuyasha Taisho llegará de Nueva York y asumirá el mando la próxima semana. Así que dentro de siete días estaré en Estados Unidos.

    Miroku Tatemaki comenzó a tararear “New York, New York” mientras revisaba los documentos que Kagome había colocado sobre el escritorio. Sin duda, estaba feliz, pero kagome se quedó de pie con un gesto de desaliento en la cara; la noticia temporalmente la perturbaba.

    Aunque desde hacía tiempo se rumoraba este cambio, ella jamás imaginó que sucediera. Por una parte, la oficina central de Taisho International se hallaba del otro lado del Atlántico y, por otra, Miroku no era la persona idónea para adaptarse a la agitada vida de Nueva York. Kagome siempre supuso que solo eran ilusiones de Miroku, y ahora se daba cuenta de su equivocación. Su tolerante jefe iba a marcharse en una semana, y ella no sabía que decirle.

    -Espero… espero que le vaya bien- sus buenos deseos parecían tibios en comparación con la euforia de Miroku, y en verdad ella necesitaba estar sola unos minutos para serenarse.

    -¡Si todo sale bien, jamás regresaré!-

    Habló de modo terminante y Kagome hizo un esfuerzo por sonreír. ¿Qué iba a hacer ella? Su cómodo empleo estaba apunto de derrumbarse y la muralla que había construido a su alrededor, ahora ya no parecía tan sólida. Era hora de tomar café y aprovecharía ese descanso para pensar.

    En su pequeña oficina puso a precolar el café y de pronto levantó los ojos para verse en el espejo suspendido sobre la mesita de roble en la que durante los dos últimos años había preparado el café para ella y su jefe. Miró sus hermosos ojos cafés pasmados por la incredulidad; su rostro oval de facciones elegantes demostraba su ansiedad.

    Miroku había llegado tarde esa mañana, algo bastante usual… acostumbraba presentarse a la hora que quería, y Kagome jamás se incomodaba. Ella misma manejaba a la perfección la oficina del gerente general; él solo tenía que llegar, deslizarse en el asiento y todo funcionaba a la perfección. Ella le adivinaba el pensamiento, entregándole los papeles en la mano antes que él los pidiera. Era una perfecta combinación de trabajo, solo había una condición… el nunca la obligaba a trabajar tiempo extra. A las cinco en punto, Kagome cerraba su escritorio para marcharse. Miroku Tatemaki jamás puso la menor objeción. ¿Estaría Inuyasha Taisho dispuesto a ayudarla en ese aspecto? Lo dudaba, y no estaba dispuesta a transigir.

    Era consiente de que la mayoría de las demás secretarias a menudo trabajaban horas extras, dependiendo de los caprichos de sus jefes, mientras que ella establecía sus propias reglas y su propio horario. De antemano sabía que su situación iba a cambiar en el momento en que el hijo del fundador de la gigantesca empresa se hiciera cargo de la oficina. Quizá la despediría.
    Kagome, casi ausente, se alisó el cabello lacio, de color negro azuloso, que le caía más abajo de los hombros, pero para trabajar lo trenzaba alrededor de la cabeza. Después de pintar sus delgados labios, regresó la bandeja a la oficina de Miroku. En esos momentos se sentía deprimida.

    -¿Cuándo llegará?- la desesperada pregunta no iba de acuerdo con la fría imagen que Kagome proyectaba, y de inmediato trató de disimular-Quiero decir, ¿llegará antes que usted se marche a Estados Unidos? Supongo que deseará familiarizarse con el trabajo-

    Si Inuyasha Taisho arribaba antes que Miroku se fuera, quizá las cosas se resolverían. Miroku podría explicarle la relación de trabajo que existía entre el él y su secretaria, aunque, sin duda alguna, se abstendría de explicarle sus propios horarios tan especiales y sus frecuentes escapadas para tomar su curso de golf.

    -Espero que no llegue hasta que me encuentre en medio del Atlántico- musitó Miroku, bebiendo su café -Inuyasha Taisho, mi querida kagome, es la fuente de energía, una dinamo, la autoridad y el poder en su forma más elemental. Nunca se da por vencido y soluciona todas las dificultades. Dios nos ayude si se presenta antes que me vaya… ¡me ocasionará una depresión nerviosa, y después presidirá de mi!-

    -Somos eficientes- afirmó Kagome, resentida, temblando ante la descripción de su futuro jefe. Miroku la miró con tristeza.

    -Usted es muy competente, Señorita Higurashi. Es la secretaria perfecta- la miró de arriba abajo-Más bien la mujer perfecta, aunque se lo comento cuando nuestra relación laboral está a punto de terminarse, por que consciente de que es una monja disfrazada-

    -¿Me aceptará mi nuevo jefe?- preguntó kagome, demasiado preocupada para bromear.

    -¿Acaso no la queremos todos?- Miroku rió al ver su rostro arrebolado y se dio por vencido. Era una muchacha dulce y hermosa, pero inabordable. Sus alientos por conquistarla en el pasado, solo lograron una mirada de asombro-Con franqueza, kagome, no creo que haga cambios en la oficina, incluso existe la posibilidad de que se marche en poco tiempo. Creo que es solo un capricho de su padre. En Nueva York lleva una vida muy agitada, y aquí se moriría de aburrimiento. Quizá está tan molesto con su cambio como lo está usted-

    -No estoy molesta- le aseguró ella de inmediato.

    -¿Sólo preocupada?- la miró de reojo-No soy el tonto que parezco. Sé que usted tiene problemas, aunque nunca hable de ellos-

    Kagome contestó con evasivas, ya que le molestaba hablar de su vida privada.

    -Usted es el mejor jefe que he tenido-

    -A los veinticuatro años no creo que haya tenido muchos jefes, por lo que no permitiré que su halago se me suba a la cabeza. Procure no angustiarse- añadió él-Manejará a Inuyasha Taisho tan bien como me manejó a mí, y si él la deja ir, eso significaría que no es tan apto como su padre. El viejo Taisho es un gran conocedor de la gente. Su hijo lo mira a uno como si pudiera perforar la mente con los ojos, de modo que probablemente de tal palo tal astilla. Sabrá valorarla-

    Si le comentaba eso para tranquilizarla, había fracasado por completo. Miroku Tatemaki no había descrito precisamente un cuadro de bondad humana, y dos semanas antes había ido a Nueva York para tener una entrevista con Inuyasha Taisho. Cuando regresó parecía nervioso, pero Kagome lo había atribuido al viaje tan largo. Ahora ella no sabía que hacer, ya que no deseaba trabajar con un hombre que pudiera perforarle la mente con la mirada. Odiaba a los hombres inflexibles, debido a una experiencia muy amarga.

    Al bajar del autobús y caminar por el tranquilo sendero hacia su cabaña, kagome no dejaba de meditar el problema. Hacía un frío tremendo e incluso era probable que nevara en la Navidad.

    Aceleró el paso, pues ya eran casi las cinco y media y Sango tendría que marcharse en una hora. Kagome abandonaba la oficina a las cinco en punto para llegar a su casa antes que Sango saliera, y en caso de que su horario de trabajo sufriera alguna alteración, tendría que buscar otro empleo. Sin embargo, obtener otro empleo con el mismo sueldo no iba a ser fácil, y su situación económica era bastante difícil.

    Kagome entró a la cabaña, su cálida atmósfera la envolvió y, al escuchar voces, su tristeza se mitigó un poco. Sango le hablaba a Kurumi con su acostumbrada velocidad y la niña trataba de entenderla. De la cocina salía un olor delicioso, y kagome sonrió consigo misma. Después de todo, vivían felices y nada iba a interferir.

    -¡Ya llegué!- Kagome puso su bolso sobre la mesa del vestíbulo y, cuando acababa de acomodar el abrigo en una silla, un pequeño bulto de energía se acercó a ella. Miroku le había dicho que Inuyasha Taisho era la fuente de energía… más en su propia casa había otra fuente de energía. Después de cargar a su hija de tres años, la joven volvió la cabeza hacia la puerta de la cocina en el momento en que aparecía su hermana, sonriente.

    -¡Bienvenida, bienvenida!- Sango agitó una cuchara de madera e hizo caravana-El té está en la tetera; la cena, en el horno- ambas miraron el reloj del comedor que marcaba exactamente las cinco y media.

    -Son las cinco y media- anunció la vocecita alegre de kurumi y todas rieron.

    -Estoy segura de que este ritual no es benéfico para ella- señaló kagome, divertida-Tal vez crecerá con la creencia de que algo de gran importancia debe ocurrir todos los días a las cinco y media-

    -Es cierto- dijo sango con firmeza, al tiempo que liberaba a kagome de su preciosa carga -Mami regresa a casa después de abandonar el gran mundo de los negocios-

    -Ojalá que las cosas continúen así- musitó kagome, siguiendo a su hermana hacia la cocina.

    -¿Problemas?-

    -Quizá- después de servirse una taza de té, kagome se sentó en una silla, con la niña sobre su regazo –Aún no puedo creerlo, pero Miroku consiguió su traslado. Inuyasha Taisho vendrá a sustituirlo… cuando menos por un tiempo-

    -¿El gran jefe aquí?- preguntó Sango, incrédula.

    -El hijo y heredero del fundador- Kagome levantó las cejas –Miroku cree que el viejo Taisho lo envía para curiosear-

    -¿Cuánto tiempo tenemos para alquilar una casa más barata?- preguntó sango riendo, mas la cara de kagome se ensombreció.

    -No se de que te ríes. Miroku le tiene pavor y asegura que Inuyasha Taisho taladra con los ojos-

    -Es un hombre duro- reflexionó sango mientras revisaba la comida.

    -Granítico, diría yo. Vendrá en una semana, y si no está de acuerdo con mi horario, de inmediato surgirían problemas. Quizá tendré que buscar otro empleo-

    -Mientras tanto, puedo comenzar a hacer las maletas- el ofrecimiento de sango ocasionó que su hermana la reprendiera con la mirada. Kagome consultó su reloj.

    -Comeremos tan pronto como todo esté listo-

    -Esta bien- Sango salió de prisa de la cocina y kagome se amarró un delantal en su esbelta cintura y prestó más atención a su hija.

    -¿Qué hiciste hoy, hijita?-

    -¡Todo!-

    Al mirar a la pequeña réplica de ella misma sonrió. Kurumi era una niña preciosa, con los ojos cafés iguales a los de su madre, su cabello también era negro, pero estaba arreglado en pequeños rizos alrededor de su carita. Por un segundo, kagome volvió a sentir el antiguo temor, una necesidad invencible de cargar a Kurumi y estrecharla con fuerza para protegerla. ¡Kurumi no se parecía a Bancotsu en lo absoluto!

    -Me dijiste que es de mala educación mirar a la gente con fijeza- declaró kurumi con cierta preocupación, y kagome le sonrió.

    -Es verdad, pero no te había visto en todo el día. Solo te contemplo-

    -¿Entonces, puedo acostarme tarde?-

    -Sí- kagome aceptó de inmediato, a sabiendas de que kurumi se acostaría a la hora de costumbre. Un día con sango era suficiente para agotar a cualquiera.

    -No veo que es lo que podría ocasionar problemas- comentó sango mientras comían-Estoy enterada de que el horario de trabajo es de nueve a cinco y media, pero tú llegas más temprano por la mañana para compensar la media hora de la tarde. Tal vez, podríamos ajustar nuestro propio horario, si ese tal Taisho se molestara, ¿no te parece?-

    -Ya hemos hablado de esto- kagome suspiro al tiempo que se inclinaba a recoger la cuchara de kurumi-Salgo a las cinco, llego aquí a las cinco y media y solo tienes una hora para arreglarte, comer e irte. No vas a dejar la escuela, sango. Si las cosas hubieran marchado bien, ya estarías ahora en la universidad-

    -Papá también quería que fueras a la universidad, pero tú lo decidiste un poco tarde- replicó sango y kagome levantó los hombros.

    -Las cosas no sucedieron así- kagome consultó su reloj-Vas a perder el autobús-

    -Kagome ¿podríamos…?-

    -¡Márchate!- kagome se levantó y tomó en brazos a kurumi. Con una mueca, su hermana se dirigió a la puerta.

    -¡Está bien!-

    Siempre estaban en broma. En una época las dos disfrutaron de una felicidad completa, nada parecía cambiar el maravilloso círculo familiar. Pero la tragedia llegó con inesperada velocidad, sus padres murieron en un accidente en la autopista, y ellas se quedaron abandonadas.
    Sango tenía entonces quince años y kagome veinte; los había cumplido el día anterior a la tragedia. Fue más fácil para Bancotsu Aikawa convencerla de que se casara con él, gracias a su enorme comprensión, su interés por el futuro de las dos, sus promesas de que Sango tendría con ellos un hogar y que asistiría a la universidad. Todo esto aunado a su atractiva presencia.
    Guapo, inteligente, cortés, parecía demasiado maravilloso para ser real. Gracias al testamento de su padre, Kagome y Sango tenían ahora un techo para guarecerse. A él nunca le había agradado Bancotsu, su oposición a que kagome se entrevistara con su pretendiente fue la única nube que ensombreció la relación con sus padres. Cuanta razón tenía su papá.
    Kagome trató de pensar en otra cosa. Muy pocas veces le daba vueltas al asunto, ya que estaba demasiado ocupada. Al principio, trabajar era una necesidad, una forma de recuperarse del horror en que se había convertido su matrimonio. Ahora era un hábito y una necesidad.

    Una vez que Kurumi se acostó, Kagome tomó asiento para descansar unos minutos, mas su mente de inmediato volvió al problema de su trabajo. Como secretaria del gerente general de una enorme firma internacional de productos electrónicos, tenía un trabajo seguro y bien pagado, al menos hasta ese momento. Las clases vespertinas de Sango continuarían hasta el próximo año. Sus últimos años en la escuela habían sido demasiado traumáticos, e hizo un gran esfuerzo para obtener buenas calificaciones. El año siguiente ingresaría a la universidad, cuando menos una de las dos haría realidad los deseos de sus padres, aunque con retraso. Sango era inteligente y merecía la oportunidad. Tenía talento para los idiomas. Kagome estaba orgullosa de ella y la protegería tanto como a Kurumi.
    ¿Y si Inuyasha Taisho le hiciera la vida imposible? Nunca lo había visto pero sí escuchado comentarios acerca de él. Al igual que su padre, era un genio para los negocios y áspero en sus relaciones personales. Los días de un jefe comprensivo se habían terminado. ¿Y si se fuera pronto? Era poco probable que planeara radicar definitivamente en Inglaterra. Miroku estaba impresionado con la vida que Inuyasha Taisho llevaba en Nueva York. “Mujeres atractivas y carros veloces”, había comentado con frivolidad y también con cierto dejo de envidia.

    En este sitio no tendría la oportunidad de divertirse… incluso un coche veloz no era adecuado. La posibilidad de que Taisho se quedara bastante tiempo parecía muy remota, e incluso era probable que anunciara su fecha de regreso el mismo día de su llegada. Este era un lugar muy pequeño, muy distinto a Londres, y una vez que se diera cuenta del trabajo de la oficina, quizá nombraría un sustituto. Si ella se portaba sumisa, la dejaría en paz, e incluso era probable que Miroku regresara, una vez que Taisho detectara la ineptitud de aquel para adaptarse al mundo de los negocios en Estados Unidos.
    Después de un suspiro, Kagome se puso de pie. Lavaría los trastos antes de darse un baño prolongado. Al ver el calendario de la cocina, hizo un esfuerzo por no marcar los días. Faltaba una semana y, como no podía hacer nada, su única alternativa era esperar. Le resultaba imposible dejar de pensar en Inuyasha Taisho.
     
  6.  
    _KanaË

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    Re: Refugio Peligroso

    holas!!!!!!!
    que bella conty!!!!!!!
    kagome piensa en inu que lindo!!!!
    muy lindo como escribes!!!!!
    nos vemos
    naty
     
  7.  
    Cyshara

    Cyshara Usuario común

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    Re: Refugio Peligroso

    La semana pasó volando. No había sido una buena semana para ninguno de los empleados, y kagome se censuraba que debido a su preocupación no había sido demasiado amable con Miroku. El había estado nervioso y ella no lo ayudó. Kagome trabajó en exceso toda la semana en un intento por ser más eficiente que de costumbre, hasta que Miroku llegó a la conclusión de que no era necesario que fuera Inuyasha Taisho. Sería suficiente que telefoneara a diario desde Nueva York, y que enviara por el fax algunas cartas.

    -Sinceramente, kagome, su eficiencia es tan grande y trabaja con tanta rapidez, que un gerente sale sobrando-

    -Yo soy sólo…-

    -¿Pretende ocasionarme usted misma un colapso nervioso? Tranquilícese. No va a comérsela. Quiero decir, alguien debe quererlo, aunque sea solo su madre-

    -¿Tiene mamá?- kagome se arreboló al comprender la absurda pregunta y miroku sonrió.

    -Bueno, es sólo un rumor. De alguna parte tuvo que haber venido-

    El lunes siguiente, kagome entró precipitadamente a las oficinas de Taisho International y tomó el ascensor. Eran las ocho y media de la mañana en punto; no había nadie en el edificio, con excepción del portero. Tenía tiempo suficiente para sacar la correspondencia, enfrascarse en su rutina y prepararse para enfrentar los problemas. Quizá su nuevo jefe llegaría tarde… después de todo, debía de haber arribado la noche anterior, si las suposiciones de Miroku eran correctas.

    Después de quitarse el abrigo, miró la correspondencia en su escritorio y se observó con sentido crítico en el espejo. Esta vez su arreglo era especial, con un traje gris y una blusa roja de corte impecable; su peinado era más austero que de costumbre. Ahora todo ese esfuerzo extra le parecía inútil, ya que quizá Taisho no se presentaría ese día.

    Caminó hacia la oficina del gerente para revisar que todo estuviera en orden, y el corazón le dio un vuelco al ver que una alta figura se levantaba del asiento y unos ojos ambarinos penetrantes la miraba, casi empujándola contra la puerta. Se sintió invadida de pánico y por un momento permaneció ahí con la boca seca, paralizada.

    Se trataba de un hombre agresivamente guapo, sin ningún rastro de indulgencia, ni de buen humor. Bronceado con ojos claros y ahora entrecerrados y apremiantes, y un cuerpo esbelto de casi un metro noventa de estatura, parecía albergar una gran hostilidad. Inuyasha Taisho parecía una estatua de piedra diseñada por un magnífico artista. Su aspecto no era humano. La forma en que la contemplaba hizo que kagome se sintiera insignificante, y el pánico se apoderó de ella.

    -¿Señorita Higurashi?- el se sentó en la orilla del escritorio, sin dejar de mirarla fijamente como si fuera propiedad de la compañía y el pudiera decidir cambiarla por un equipo en mejores condiciones. Miró el papel que tenía en la mano-Parece que su… antiguo jefe creyó necesario dejarme un breve informe sobre usted. Resulta interesante, ya que sus aptitudes son magníficas, su eficiencia no tiene tacha. La posdata es conmovedora- bajó la vista y mientras leía con voz alta las palabras de Miroku, su boca se retorció de manera irónica-“Ella sola es capaz de dirigir la oficina con serenidad y eficiencia. Sus problemas personales jamás interfieren con su trabajo. Le gusta que la traten con gentileza”-

    Kagome escuchaba aquella voz, una voz fuerte y seductora a pesar del menosprecio. El no dijo más, sólo esperaba que Kagome lograra controlar su respiración, su sonrojo y su asombro.

    -No… pues… no sé porqué… Miroku tiene un humorismo bastante extraño- comentó ella con poca convicción.

    -¿Miroku?- preguntó el con frialdad, sin duda molesto de que ella llamara su “antiguo jefe” por su nombre de pila –Espero que resista en Nueva York. Como usted parece hacerse cargo de todo aquí, el trabajo allá le resultará agobiante, e incluso podría exterminarlo-

    -Supongo, señor Taisho, que la intención de él era simplificarle las cosas. Tal vez le dejó todos los expedientes del personal… a la mano-

    -Sólo el suyo, señorita Higurashi. Parece que deseaba asegurarse que yo, al igual que él, continúe… dirigiéndola con amabilidad-

    Puso un gran énfasis en las dos últimas palabras y las mejillas arreboladas de kagome no sólo empeoraron la situación, sino que, además acentuaron el resentimiento de la mirada de ese hombre.

    -No necesito que me dirijan, señor Taisho- la furia comenzó a invadirla poco a poco. ¡Oh, conocía a los hombres como este!-Vine por la correspondencia. Generalmente, yo soy la única que se encuentra aquí a esta hora de la mañana. En el futuro, llamaré a la puerta-

    -Un golpecito será suficiente- él tomo asiento, arrojando el papel sobre el escritorio –Ya revisé mi correspondencia, señorita Higurashi. Por favor conteste estas cartas de acuerdo con las instrucciones escritas-

    -Muy bien, señor Taisho- la mano de kagome se acercó al papel escrito por su exjefe. Hubiera querido arrebatárselo y la mirada de él se detuvo en sus delgados dedos.

    -Me quedaré con este reporte, señorita Higurashi- el volvió la mirada con disgusto –Lo guardaré en el cajón de arriba para tenerlo a la mano. Debo estudiarlo con calma, sobre todo la posdata. Continuaré con los mismos procedimientos, hasta que elabore mi propio método de trabajo-

    Kagome lo vio indignada, mas él parecía dominarla con su gesto amenazador aunque estuviera sentado, y después de un suspiro de desesperación, ella salió de la oficina, llena de ira. Quizá no soportaría ni siquiera ese día. Si no necesitara tanto el dinero, sería un gran descanso que la despidieran, por que desde ahora imaginaba que no iba a levarse bien con Inuyasha Taisho. Aunque le desagradaba su dureza de granito, se negaba a tenerle miedo. ¡Jamás volvería a tenerle miedo a un hombre!

    Kagome terminó el trabajo con la velocidad acostumbrada y regresó a la oficina de su jefe; antes de entrar, dio el sugerido golpecito en la puerta. El hablaba por teléfono y le hizo un ademán de que se sentara; en su rostro aún parecía la dureza inflexible. Kagome tuvo la oportunidad de observarlo con disimulo. Tenía alrededor de 29 años; su cabello era muy oscuro; sus labios casi cincelados pero más sensuales que amargos, a pesar de su duro aspecto exterior, y esa apariencia de riqueza que no era posible fingir. Ella lo sabía de sobra… Bancotsu había hecho grandes esfuerzos por parecer un hombre de negocios próspero y fracasó miserablemente. En este hombre no había ninguna semejanza con Bancotsu.

    Kagome desvió la mirada al darse cuenta que la llamada telefónica había concluido y que él también la observaba fijamente.

    -¿Me encuentra peculiar, señorita Higurashi?- la voz era profunda, desconcertante, y kagome tuvo que hacer un esfuerzo por mantenerse serena.

    -Escuchaba su voz- improvisó –No es estadounidenese, ¿verdad, señor Taisho?-

    -¿La sorprende? No se por qué. La casa matriz está en los Estados Unidos, más yo soy inglés, al igual que mi padre, y mi madre es norteamericana. Me eduqué aquí. Mi padre desea dejar bien cimentadas sus raíces-

    -No me estoy entrometiendo. Sólo… era suposición-

    -Lo cual es muy natural. Como trabajamos juntos, tendremos que conocernos- se reclinó en la silla -¿Por qué llegó tan temprano?-

    Le disparó las palabras como balas y ella de inmediato se quedó rígida. Era preferible que afrontara de un vez la situación.

    -Siempre llego a las ocho y media por que tengo que irme a las cinco-

    -¿Tiene que irse? ¿Forma parte de la gentileza que exige de sus jefes?-

    -Es el arreglo que hice cuando comencé a trabajar aquí. Siempre me lo han cumplido-

    Su tono de voz no le hizo gracia su interlocutor, quien volvió a apuñalarla con la mirada.

    -Algunas veces trabajo tarde, señorita Higurashi. ¿Qué ocurrirá entonces?-

    -Si es miércoles, no me importa- la cara de ella palideció.

    -Ya veremos- descartó el tema para comenzar un dictado, pero cada vez que kagome levantaba los ojos, él la observaba con atención. Sin embargo, su voz profunda nunca titubeó, y era evidente que su mente estaba por completo en lo que hacía. Al mecanografiar las cartas, kagome se impresionó. ¿Cómo era posible que ese hombre pensara tantas cosas al mismo tiempo? Tuvo la impresión que las ondas telepáticas de Taisho estaban invadiendo la oficina de ella y con frecuencia miraba a la puerta. Al final del día estaba nerviosa.

    -Ya me marcho, señor Taisho- Kagome permaneció de pie un momento en la puerta de la oficina de su jefe, con el abrigo puesto, pero él apenas levantó la cabeza.

    -Está bien, señorita Higurashi. Buenas tardes-

    Su fría cordialidad era peor que una bofetada y ella sintió que su rostro se arrebolaba. La había mantenido con los nervios de punta todo el día, y ahora con toda tranquilidad aceptaba que se retirara, pero este no era el final. Lo sabía muy bien.

    Inuyasha Taisho se inclinó de nuevo sobre los papeles y, mientras ella lo miraba vacilante, él levantó la vista y en sus ojos apareció un brillo de incomodidad. Después de inclinar la cabeza, ella se marchó, comprendiendo que él había logrado dominarla con muy pocas palabras. Su intranquilidad duró todo el trayecto hacia su casa; su excesivo nerviosismo la hacía sentirse enferma.
     
  8.  
    Marinen Bell

    Marinen Bell Guest

    Re: Refugio Peligroso

    Me pareció interesante tu historia, en un principio no estaba muy segura de querer seguir leyendo pero tu forma de escribir me terminó de convencer, los diálogos se me hacen entretenidos ^^. Exageraste con la apariencia de Inuyasha, incluso lo creí Sesshomaru ToT, pero será genial ver como avanzará la relación entre él y Kagome.

    Muchos ánimos, yo le auguro un magnifico futuro =3, hasta el próximo capítulo, ya me tendrás aquí siguiendo tu fanfic.


    Saludos, Marinen.
     
  9.  
    Dark_Kittie

    Dark_Kittie Guest

    Re: Refugio Peligroso

    Hola!!!
    Pero q bien escribes!!!
    Me gusta mucho tu forma de redactar los ffs
    Concentrare mi atención en este ff^^
    Espero la próxima conti ansiosa...
    ¿Qué será lo que sucederá entre Kag y el ''señor Taisho''? jaja
    Espero ser bienvenida por aqui...
    Nos vemos^^


    Atte: Dark_Kittie n.n
     
  10.  
    Cyshara

    Cyshara Usuario común

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    Fanfic - Refugio Peligroso
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    Re: Refugio Peligroso

    -¿Cómo te fue?-

    Sango la miraba, ansiosa y Kagome hizo una cara de desaliento.

    -Creo que mal. Es una hombre terrible- habían omitido la rutina normal para recibirla y Kurumi la miraba con gran interés.

    -¿Cómo es su apariencia?- Sango deseaba saberlo y Kagome se sorprendió de recordarlo con tanta claridad.

    -Guapo, rico e inflexible… cruelmente inflexible- añadió casi con tono retador.

    -¡No vas a darte por vencida! ¿Me oyes, Kagome? Esos tiempos se acabaron-

    -Lo sé- reconoció kagome, cautelosa-Apresúrate. Llegarás tarde-

    -La clase se canceló el día de hoy. Recibí una llamada telefónica-

    -Gracias a dios- Kagome se desplomó en una silla –Estoy rendida-

    -¿Tienes la migraña?- preguntó sango con ansiedad, pero kagome negó con la cabeza y se sirvió una taza de té.

    -No. Solo me preocupe demasiado. Es absurdo. Después de todo, lo único que él hizo fue trabajar y no puso objeción cuando salí. Es que… Oh, no sé-

    En el fondo sí lo sabía, tenía miedo de la dureza de Inuyasha Taisho. Bancotsu era un tirano fanfarrón… después que ella se alejó, después de lo del divorcio, lo comprendió. Si ella se hubiera defendido, si no se hubiera acobardado, él jamás se habría atrevido a maltratarla de esa manera. Sin embargo, Inuyasha Taisho era un hombre duro por naturaleza, no un cretino que tratara de asustar a los demás, y cada señal dentro de ella se había encendido, cada mecanismo de defensa había estado alerta. De manera inconsciente se defendía de él, desde el instante en que lo conoció. Cuanto tiempo se quedaría él, era la pregunta que torturaba su mente cuando se acostó.

    Si no hubiera sido por la impresión que él le causó, Kagome habría estado fascinada de trabajar con su nuevo jefe. Taisho International era una empresa muy importante, con negocios en casi toda Europa, Estados Unidos y América del Sur. Sus productos y experiencia eran muy solicitados y esta sucursal en Inglaterra era muy pequeña comparada con la oficina matriz en Nueva York.

    Aun así, con la llegada de Inuyasha Taisho, un cambio muy sutil se advirtió en la empresa. Llamadas telefónicas de todo el mundo comenzaron a llegar, y la carga de trabajo de Kagome se duplicó. En una semana parecía haber desarrollado su eficiencia hasta el punto de una actividad frenética, y día a día ella delegaba más y más trabajo de rutina al de mecanografía. El se dio cuenta.


    El viernes, Kagome encontró a Inuyasha Taisho en la oficina; como de costumbre, había llegado antes que ella, y en vez de contestarle los buenos días con cortesía y frialdad al mismo tiempo, la miró pensativo.

    -Esto no puede continuar. Tiene demasiado trabajo y necesita un ayudante-

    -Creo que no lo…-

    -Deje de llevarme la contraria, señorita Higurashi- la apuñaló con la mirada-Usted y yo estamos conscientes que esta semana su trabajo ha aumentado de manera considerable. Necesita un asistente-

    Kagome no supo que contestarle. ¡Un asistente! ¿En donde colocaría a esta persona? Su propia oficina era pequeña y no le agradaba romper su aislamiento.

    -¿Pero… pero como? Quiero decir… otra secretaria no cabría en mi oficina, es tan pequeña…-

    -¿Por qué le asusta el cambio? Protege su nidito, ¿no es verdad?- la astuta evaluación de su estado de ánimo volvió a incomodarla –Usted es una persona muy independiente. Incluso yo me siento como un intruso cuando entro a sus dominios-

    -Yo puedo hacerme cargo de todo el trabajo- mencionó Kagome con fingida firmeza.

    -Oh, no, es imposible ¿Qué sugiere? ¿Entrar todos los días a las siete de la mañana? Hay un límite para trabajar. Me temo que el resto del mundo empieza a las nueve y termina a las cinco y media-

    Ahora lo comprendía todo. Una forma diplomática de deshacerse de ella. Aunque pareciera absurdo, la desilusionó.

    -Puede despedirme y contratara una secretaria que no esté sujeta aun horario- comentó, malhumorada, sin dejar de mirarlo. Las cejas oscuras de su jefe se levantaron con lentitud, sus labios se curvaron en un gesto divertido.

    -No sea tonta, señorita Higurashi. Vamos a dar un paseo-

    La mano con que sujetó el brazo de Kagome era tan fría como su voz, pero la joven caminó junto a él hacia el ascensor; mientras él apretaba el botón para subir al siguiente piso, ella aprovechó la oportunidad para verle el varonil perfil.

    -Aquí solo hay bodegas-

    Al escuchar las jadeantes palabras de Kagome, él se concretó a inclinar la cabeza y salió con ella del ascensor en el piso más alto del edificio, para entrar a un enorme salón.
    Kagome nunca había estado ahí. Cuando deseaba algo, uno de los empleados se lo entregaba en la oficina. El lugar estaba lleno de diferentes artículos de oficina; papel para escribir a máquina, papel para las procesadoras de palabras, cintas de máquina, discos, cajas y más cajas de equipo acumulado durante años; incluso algunas parecían pertenecer a la empresa propietaria del edifico antes que ellos.

    -Un espacio muy mal utilizado- la voz profunda de Inuyasha Taisho se escuchó en el enorme salón –Buena luz- hizo un ademán hacia las grandes ventanas en el techo.

    -¿Sugiere convertir esto en una oficina?-

    -En oficinas- se volvió a mirarle a los ojos y el negro cabello, y después detuvo la vista en los turgentes senos y las mejillas de ella se enrojecieron de inmediato.

    -Estuve ayer aquí por la noche, y tengo un plan. El lunes vendrá alguien a revisarlo y de inmediato comenzarán a remodelarlo. De este lugar haremos tres oficinas… la mía, la suya y la de su ayudante. Puede poner un anuncio en el periódico hoy mismo y entrevistar a las candidatas tan pronto como sea posible, a menos que haya alguien en las oficinas que usted desee promover-

    Había entrado de nuevo al ascensor antes que ella recobrara el juicio.

    -Yo… ¿Quiere insinuar que seré yo quien decida?-

    -Por supuesto- se apoyó en la pared del ascensor para dirigirle una mirada de curiosidad –Va a ser su asistente, no mía. Su oficina estará junto a la de usted, y si tengo suerte, la veré muy pocas veces. Ella le ayuda a usted con el trabajo, usted me ayuda a mí. El procedimiento normal-

    -Pero…- Kagome entró con su jefe a la oficina de éste. Decir que estaba sorprendida era una subestimación.

    -¿No se siente capaz de encargarse de esto, señorita Higurashi?-

    -¡Claro que sí!- exclamó kagome. La mirada burlona de él la hizo encolerizarse y a su vez lo miró con furia.

    -Entonces, encárguese de todo y déjeme en paz-

    En realidad era un hombre insoportable. Kagome salió de la oficina, y de inmediato reflexionó que una mente como la de él no era sincera. Sin duda buscaba algo.

    -¿De modo que te promovieron?- le preguntó sango esa noche después de que kagome le contó su ultimo problema.

    -No. No estoy segura de lo que ha sucedido. En la superficie todo está normal y tengo mucho trabajo, mas sospecho que las cosas no son como parecen, y que estoy parada en un terreno resbaladizo-

    -¿Supones que cuando entrenes a la nueva persona te despedirá?- preguntó sango con voz sombría, y kagome tuvo que aceptar que había pensado en esa posibilidad.

    -¿Quién será tu ayudante?-

    -Quizá Ayame, del equipo de mecanografía. Es eficiente. Me llevo bien con ella y si es necesario compartir mi oficina mientras terminan el nuevo lugar, cuando menos podré soportarlo. La entrevistaré el lunes. Voy a acostarme-

    No obstante que estaba terriblemente cansada, kagome tardó mucho en dormirse. Inuyasha Taisho y no obstante que no tenía evidencia alguna, ella imaginaba sus intenciones siniestras en todo lo que él hacía. Si era justo o no, parecía no importar. Era un hombre con una personalidad demasiado fuerte para creerle todo a pie juntillas.

    Ayame se puso feliz el lunes al enterarse de que la iban a poner a prueba para un nuevo puesto como ayudante de Kagome. Era una chica castaña, de apariencia totalmente opuesta a la de ella. Inuyasha Taisho levantó las cejas al mirar a kagome, una vez que ayame fue a darles la buena noticia a sus compañeros del piso de abajo.

    -¿Está segura de que sabe lo que hace señorita Higurashi?-

    Kagome se indignó al escuchar el comentario tan seco de su jefe.

    -Sí. Y Ayame también sabe lo que hace- contestó, rígida- Está acostumbrada a trabajar conmigo. Casi todo mi trabajo extra termina en su escritorio-

    -Parece un poco frívola- los labios de Taisho se torcieron, su mente sin duda persistía en el cabello corto y castaño de Ayame, su figura curvilínea y su rubor cuando lo conoció.

    -Pienso que estaba muerta de miedo- murmuró kagome con sarcasmo, sorprendiéndose a si misma –No tiene la oportunidad de conocer con frecuencia a gente muy importante-

    -Estoy seguro de que pronto cambiará de modales- murmuró él con sequedad
    -si no, yo la obligaré-

    -Sin duda- el teléfono de kagome comenzó a sonar y el de él también. El día había empezado con la precipitación normal y el comentario de Kagome quedó impune, más no paso inadvertido para ella el brillo de los ojos de su jefe. ¿Por qué se empeñaba en pelear con él? Después de todo, él no había hecho nada malo y se comportaba como era: un hombre duro, distante, demasiado poderoso y sardónico para ser humano. Se dio cuenta que ella jamás le había sonreído. Su único deseo era estar sola, y con gran determinación mantuvo firme en su decisión. ¿Cuántas veces le había sonreído a él? Ninguna e incluso su actitud hacia ella era de completo rechazo, y si se ablandaba era adoptar una actitud desdeñosa. La situación de su trabajo había empeorado desde el momento en que él llegó aquí. Estaba perturbada todo el tiempo.

    La falta de humanidad de su jefe se hizo más evidente al final del día. Ayame iba a empezar a la mañana siguiente y cuando se acercaban las cinco de la tarde, Kagome comprendió que Inuyasha Taisho tenía razón, necesitaba un asistente. La jornada había sido terrible para los dos. El teléfono de él estaba sonando y ella rezó para que nadie llamara al suyo. Mientras observaba el auricular, comenzó a guardar sus cosas.

    -Señorita Higurashi-
    Brincó al escuchar la voz de su jefe por el intercomunicador. ¿Y ahora qué? Después de tomar una respiración profunda, entró al despacho. Faltaban diez minutos para las cinco, y si se detenía un poco más perdería el autobús.

    -Tendrá que quedarse a trabajar. Me acaban de telefonear de París y necesito enviarles una carta en el correo de esta noche- buscaba papeles en su escritorio y, al levantar la mirada, se dio cuenta de que ella permanecía inmóvil.

    -La carta, señorita Higurashi- las oscuras cejas se levantaron con sorpresa –Vamos a hacerla. Debo enviarla esta noche-

    -Salgo a las cinco, señor Taisho- consultó su reloj-Ya se lo expliqué-

    -¡Me importa muy poco su explicación! Se trata de una emergencia- colocó las manos sobre la superficie de su escritorio, con el cuerpo inclinado hacia delante, y las mejillas de Kagome palidecieron. Odiaba las peleas-Trataré de reducir al máximo las veces que deba pedirle que se quede después de las cinco. ¡Sin embargo, en esta ocasión la necesito y se quedará!-

    -No puedo- lo miró de frente con sus ojos castaños, y los de él se ensombrecieron, amenazantes.

    -Deseo recordarle que trabaja para Taisho International y su principal deber es cumplir con la empresa. En Estados Unidos tendría que trabajar todo el día, ¡pero incluso aquí la compañía tiene prioridad sobre las veladas con el novio!-

    -No tiene prioridad sobre mi deber en casa- replicó ella con voz serena -No puedo tolerarlo-

    Sus manos temblaban, más él no se dio cuenta, por que las metió en los bolsillos de su traje. Jamás volvería a derrumbarse frente a un hombre. Mantuvo los labios en una línea recta; toda su actitud demostraba serenidad, aunque en realidad hacía un esfuerzo desesperado por no amedrentarse.

    -¿Deber en casa?- parecía asombrado y a punto de explotar. Se enderezó y su impresionante estatura pareció aún más amenazadora –Mañana puede venir a las nueve señorita Higurashi. Deje los platos en el fregadero hoy por la noche y lávelos por la mañana, ¿qué le parece?- le sugirió sarcástico- En cuanto a su novio, llámelo por teléfono y explíquele-

    -No tengo nada que explicar, señor Taisho, por que no voy a quedarme. Mi deber en casa es mi pequeña hija, y desde luego que no puedo dejarla en el fregadero hasta que me desocupe. Tiene 3 años y, después de las cinco y media, no tengo quien la cuide. Si no salgo a las cinco, pierdo el autobús. Independientemente de lo que usted decida hacer, voy a marcharme-

    Si no hubiera estado tan disgustada, se habría reído de la expresión atónita en esa cara tan dura. Aparentemente nadie antes se le había enfrentado. Kagome pensó que el sobresalto lo mataría, más él se recuperó en poco tiempo.

    Al ver que ella no llevaba argolla de matrimonio, la expresión de Taisho fue la misma que Kagome había visto muchas veces. Era una madre soltera, según todos, y los hombres le dirigían miradas especuladores. La de Inuyasha Taisho no era de especulación, sino de desprecio.
     
  11.  
    Dark_Kittie

    Dark_Kittie Guest

    Re: Refugio Peligroso

    Valla que buena conti!
    Espero q sigas asi!!!
    mmm valla q inu es muy severo u.u
    hasta hace q io me sienta chiquitita jaja
    JA! ahora sabe q kag no tiene novio xD
    u.u bueno...je....Espero la prox conti!!
    MUY ANSIOSA jeje....no tardes PORFAS!! :D
    Cuidate mucho, cuentas con mi apoyo
    Tauuuu

    Atte: Dark_Kittie n.n
     
  12.  
    aNgelux

    aNgelux Usuario popular

    Aries
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    Re: Refugio Peligroso

    olaaaaaaaaa ^^
    espero que sigas el ff, esta muy bueno!!
    no lo habia visto antes, perdon!
    pero esta muy bueno y inuyasha es muy cruel, como mirar con desprecio a una madre soltera que se cree!! :mad: uch! y kagome, espero que lo abofetee para que lo haga aterrizar!! espero la conty bye"
     
  13.  
    Disc Zu

    Disc Zu Usuario común

    Acuario
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    Re: Refugio Peligroso

    Este aja si... acabo de leer tu fic, me parecio interesante.

    Me agrada la forma de tu redaccion, y la situacion real en la que hubicas tu historia, sin embargo hay momentos en que tiende ser algo aburrido, y a InuYasha siento que esa personalidad es mas fria de lo normal XD

    Bueno espero que pronto lo continues.

    Cuidate.
     
  14.  
    Marinen Bell

    Marinen Bell Guest

    Re: Refugio Peligroso

    Estuvo entretenido. Aunque sigo pensando que este Inuyasha maneja una frivolidad que lo hace perecerse a Sesshomaru, lo cual no encaja mucho en el... esperamos que a medida que avancen los capítulos podamos saber el porqué.
    Me entristece que mi Bankotsu sea el malo y goce de tan baja reputación.
    Por otro lado tu Inuyasha es medio insufrible je, pero también es medio adorable, se preocupa por sus empleados (dígase Kagome) y no es el tirano que Kagome esperaba ver.
    Eso me hizo gracia.
    Esperaré a la próxima continuación, va muy bien, tu forma de escribir es agradable. Como un consejo te pido que pongas más atención a las mayúsculas en los nombre propios, sólo es un detalle que creo importante destacar, porque, repito, va muy bien el fanfic.

    Adiós :).
     
  15.  
    Cyshara

    Cyshara Usuario común

    Tauro
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    Re: Refugio Peligroso

    Ok... muchas gracias por sus posts y pondré más atención en las mayusculas, tienes mucha razón, y les doy gracias por seguir leyendo el fanfic... bueno aquí esta la conti...!!


    Al ver que ella no llevaba argolla de matrimonio, la expresión de Taisho fue la misma que Kagome había visto muchas veces. Era una madre soltera, según todos, y los hombres le dirigían miradas especuladores. La de Inuyasha Taisho no era de especulación, sino de desprecio.

    -Comprendo. En ese caso, no voy a detenerla, señorita Higurashi-

    Kagome salió de la oficina, pero la fría despedida de su jefe la perturbó más de lo que hubiese imaginado. Al marcharse escuchó que llamaba al equipo de mecanografía, preguntando por Ayame, y kagome en su interior se sentía una inútil. El se las había ingeniado para transmitirle su indignación sin palabras. Aquellos ojos ambarinos la hicieron sentirse una nulidad. Al llegar a su casa, trató de controlarse hasta que Sango se marchó y Kurumi se durmió, y entonces comenzó a llorar.

    Lloró de rabia, de resentimiento, y se sentía un absurdo sentimiento de humillación. Pudo haberse dejado la argolla matrimonial y evitado muchos problemas, pero después del divorcio era preciso que se lo quitara. Que el pensara lo que quisiera. Después de todo, ¿por qué tenía que importarle? El era sólo un extraño que se marcharía en corto tiempo.

    Lo que Inuyasha Taisho pensaba de ella era evidente. Durante el resto de la semana, se comportó con mayor cortesía que antes y, de ser posible, con mayor frialdad. Kagome sentía en la oficina un desprecio constante, y a veces levantaba los ojos para verle el ceño fruncido cuando se dirigía a ella, como si se tratara de elaborar un nuevo método para eliminarla. De manera deliberada, él hablaba con Ayame, quien ahora se encontraba en una oficina junto a la de Kagome. La forma en que evitaba tener contacto con kagome incluso ocasionó miradas especuladoras por parte de Ayame, quien no era una chica con gran capacidad intelectual.

    El viernes por la tarde, él entró a la oficina de kagome y permaneció ahí hasta que ella estaba a punto de gritar. La semana había sido terrible para ella debido a las modificaciones y sus nervios estaban más alterados que nunca. Ahora, su jefe deseaba intercambiar palabras tranquilas con ella.

    Controló su nerviosismo y lo enfrentó. ¿Qué era esto, iba a despedirla o a darle una clase de moral? Las dos posibilidades le daban pavor. Si no necesitara el empleo, ya se habría marchado; y si él le comentaba algo sobre su vida privada, iba a gritar o llorar, por que ya estaba harta de su actitud fría y humillante.

    Kagome abrió mucho los ojos, su rostro pálido tenía una apariencia juvenil y eso pareció molestarle. Después de contemplarla un momento, frunció el entrecejo; sin duda, planeaba como decirle lo peor.

    -Mañana iré a París- le informó de manera inesperada-Pasaré ahí la noche y regresaré en domingo en la mañana-

    Kagome guardó silencio y él le dirigió una mirada decidida.

    -Quiero que usted me acompañe, y no me diga que no puede, señorita Higurashi- la regañó-Es una reunión con los clientes de Medio Oriente. Necesito que vaya conmigo, ya que usted es una secretaria de primera categoría y conoce a la perfección el movimiento de la oficina. Si no puede conseguir a una persona que cuide a su niña, ¡la llevaremos con nosotros!-

    Kagome tomó asiento y lo miró; el desconcierto estaba escrito en su rostro, y él le correspondió la mirada. Su apariencia siempre era la de una mujer de gran eficiencia. Con su traje de color ciruela, su blusa blanca, su cabello trenzado enzima de la cabeza, era la imagen de la secretaria ideal. Excepto que ahora sus labios estaban un poco abiertos por la conmoción, y sus ojos, desorbitados.

    -¿Qué me contesta?- su voz era gresiva y kagome tragó saliva.

    -Está bien. Si… si quisiera proporcionarme los detalles-

    -¿Qué me contesta sobre la proposición que le hice de llevarnos a su niñita?-

    Kagome apartó la mirada; no soportaba ver aquellos ojos ambarinos tan penetrantes. Parecía tener muy pocas defensas contra él.

    -El fin de semana tengo quien la cuide. Aunque no me agrada dejarla, puedo salir sin dificultad alguna. Si en verdad me nesecita…-

    -Si no la necesitara, no le pediría que me acompañara- gruñó él. Consultó su reloj-Tengo que salir, haga una reservación para los dos en el primer vuelo que salga a París mañana por la mañana… primera clase- se volvió hacia a la puerta, aparentemente tan enfadado como si ella se hubiera negado a ir con él. ¿Acaso esperaba su negativa para despedirla de inmediato?-Necesitará ropa- miró el traje de Kagome.

    -Tengo ropa, señor Taisho- le informó, rígida.

    -Usted es la imagen de la propiedad, señorita Higurashi- murmuró, sarcástico
    -Sin embargo, París merece algo especial. Le daré un cheque-

    -¡Tengo ropa, señor Taisho!-insistió Kagome, indignada por el tono con que él le hablaba. La imagen de la propiedad en su apariencia, pero no en su vida privada… su voz mordaz se lo había insinuado-¡Le aseguro que París no se escandalizará!-

    Por un instante el entrecerró los ojos; había un dejo de admiración en el fondo de ellos, pero ella estaba segura de que él deseaba humillarla y sólo su gran control de sí mismo lo reprimía.

    -También necesitara un traje de noche- cuando ella hizo un seco movimiento de afirmación con la cabeza, el le lanzó una indirecta como despedida
    -Cambie su peinado, o pensarán que es mi ama de llaves-

    Si el procesador de palabras no hubiera sido tan pesado, kagome se lo habría arrojado a la cabeza. Ayame entraba en ese momento y captó la expresión en la cara de Kagome. Inuyasha Taisho casi la había atropellado al salir de la oficina.

    -¿Alguna riña?-

    -No-contestó, concisa-Mañana nos iremos a París-

    Ooh la la!-

    -¡Cállate!- bufó Kagome y Ayame de inmediato de puso a trabajar.



    Boquiabierta, Sango escuchó las últimas noticias de la oficina.

    -¿París? Es fantástico… ¿no crees?-

    -¡No!- Kagome había subido de prisa la escalera y ahora arrojaba su ropa sobre de la cama; su cuerpo temblaba de resentimiento -¡Lo odio! ¡Lo odio!- se volvió hacia Sango con ojos furiosos-Me dijo que mi apariencia es la de una ama de llaves. ¡Fue tanto como para decirme que me cortara el cabello!-

    -¡No podría ser tan insolente!-

    -Ese caradura se atreve a decir cualquier cosa, ¡y cree que soy madre soltera!-

    -Por supuesto que le aclaraste la situación, ¿no es verdad?-

    -No. ¿Por qué debía hacerlo?- Kagome levantó la cabeza con orgullo y Sango la observó sorprendida. Jamás había visto a su hermana tan hermosa y al mismo tiempo tan enfadada. Por lo general, Kagome era de carácter tranquilo.

    -Tranquilízate. Vamos a comer-

    -¡Me asfixiaría!-

    -Es preferible que te asfixies mientras estoy aquí para golpearte la espalda. No me gusta discutir. ¡Tengo una clase que atender!- abrió la puerta del dormitorio y se negó a salir hasta que Kagome bajó la escalera, aún a punto de estallar y con su orgullo profundamente herido.

    Cuando Sango se marchó, y Kurumi dormía, Kagome sacó del guardarropa algunos vestidos. Bancotsu le había comprado mucha ropa para asegurarse que la apariencia exterior de su esposa no traicionara la humillación que sufría en su vida privada. Ella había guardado la ropa. Era demasiado ahorrativa para deshacerse de un guardarropa tan caro y no obstante que nunca había tenidooportunidad de usarlo, con frecuencia sacaba los vestidos del ropero y los revisaba. Era apropiado que los usara cuando estuviera acompañada de otro hombre adusto y cruel.

    Se miró en el espejo y frunció el ceño. Su jefe no se parecía en lo absoluto a Bancotsu. Era injusto compararlos y, no obstante que no se sentía inclinada a ser justa con Inuyasha Taisho, debía admitir que era muy superior en todos sentidos a Bancotsu Aikawa. Era un hombre impresionante e implacable, pero jamás lastimaría físicamente a una mujer, aunque esa misma tarde había percibido su deseo de lastimarla de alguna manera.

    Hacía mucho frío afuera, por lo cual debía planear cuidadosamente su vestuario. Algo abrigador para viajar, algo elegante para el hotel, y un vestido de noche. No le tomó mucho tiempo decidir, más recordó con disgusto que debía tomar un autobús para ir a la oficina y encontrarse con el allí al día siguiente, muy temprano. El le había ofrecido dinero para ropa, hubiera sido mejor, y más humano que le ofreciera pagar un taxi.

    Mientras Kagome se lavaba el cabello, el teléfono sonó, y lo contestó de inmediato para que no despertara a Kurumi.

    -¿Señorita Higurashi?-

    La voz de Inuyasha Taisho se escuchó en la línea como un mal augurio y ella sujetó con fuerza el auricular

    -Sí-

    -Le llamé para informarle que pasaré por usted en la mañana. Hace un frío tremendo. Por favor esté lista.-

    -Gracias. Mi dirección es…-

    -Sé donde vive. En su expediente está su dirección… de ahí obtuve su número telefónico. Buenas noches, señorita Higurashi-

    Conciso hasta rayar en la grosería. Kagome no se explicaba por qué le había pedido que lo acompañara a París. No le agradaba dejar a Kurumi… estaban juntas tan poco tiempo… pero de esta manera podía asegurarse que no peligraba su trabajo. Después de secarse el cabello, se acostó. Afuera nevaba, lo cual no era sorprendente en esa época del año. Cuando menos, él iría por ella en un Mercedes.



    Aún estaba oscuro cuando Kagome terminó de arreglarse a la mañana siguiente. Sango se levantó de la cama para despedirse de ella, y le dirigió una mirada de admiración. Kagome llevaba puesto un traje con pantalón de color avena y botas a la rodilla, en ante de tono pálido. Su apariencia era muy distinguida. Aunque había peinado su cabello como de costumbre, esta vez la trenza negra le colgaba sobre la espalda, haciendo un fantástico contraste con el traje.

    -Chic, muy chic- observó Sango –Nunca te había visto ese traje-

    -Lo estoy estrenando- murmuró Kagome, irónica –El negocio que toda esta ropa supuestamente significaba para Bancotsu, fracasó antes de empezar-

    Había amargura en su voz al recordar las muchas formas en que su ex esposo la había utilizado, y el rostro de Sango se ensombreció.

    -¡Cerdo!- ésta era la única forma en la que sango siempre le había llamado a Bancotsu, y kagome se arrepintió de haberlo mencionado al ver la cara de su hermana. Sango también había sufrido.

    -¿Estás segura de que puedes arreglártelas sola?-

    -Por supuesto- Sango caminó hacia la ventana del dormitorio y vio que un coche se acercaba a la puerta –Creo que ya llegó. Ahora baja del coche. Supongo que su estatura es de tres metros. Su presencia es fantástica-

    -En él no hay nada fantástico- susurró Kagome, mientras se ponía sobre los hombros un chal rojo de lana y levantaba su pequeña maleta –Te llamaré tan pronto sepa en qué hotel vamos a hospedarnos, y si algo malo sucede…-

    -Nada malo sucederá- Sango la empujó hasta la puerta –Márchate. Tu jefe no va a tocar el timbre, está parado junto al coche, congelandose-

    -¡Hmm! Sin duda no cambiará aunque se congele- señalo Kagome con aspereza, pero ella al mismo tiempo se apresuró. Se puso su sombrero de fieltro del mismo color del traje, antes de dirigirse a la puerta.

    En su interior estaba nerviosa, ya que era la primera vez que salía del poblado desde que se había mudad ahí después del divorcio. Se sentía aterrada de dejar a Kurumi, y estaba temerosa de incursionar en algo desconocido para ella. Bancotsu Aikawa la había robado toda la confianza en ella misma, y su esfuerzo por recuperarla fue muy largo. Pero ahora, cuando se preparaba para viajar con ese hombre duro, inflexible, en una ciudad desconocida, dejando solas a Kurumi y a Sango, comprendió que todavía no ganaba la batalla.

    Inuyasha Taisho se enderezó cuando Kagome abrió la puerta. Vestía un traje oscuro y encima una fina chaqueta de piel de carnero, mas ella no tuvo a oportunidad de inspeccionarlo con más calma. El la observó con rapidez y en un segundo se dio cuenta de su apariencia. Abrió la puerta del coche y la ayudó a entrar, colocó su maleta en el asiento de atrás y kagome se sintió triturada por aquella mirada que la envolvía. Se mordió el labio cuando él se sentó junto a ella y encendió el motor del coche.

    -¿Se encuentra bien?- la tranquila pregunta de su jefe la sorprendió, y las miradas de ambos se encontraron.

    -Sí-

    -¿Logró conseguir una cuidadora para su niña?-

    -Mi hermana vive conmigo- Kagome no tenía deseos de hablar y en su interior se sentía enferma. El coche, a pesar de ser enorme, parecía enclaustrarla, acercarla a él, a su poderío masculino. El temor la invadió e hizo un esfuerzo por respirar profundo, por librarse de esa malsana tentación.

    -¿Le da miedo a volar?- la mirón de reojo y ella se enderezó.

    -No. Hace tiempo que no vuelo, pero lo hacía con frecuencia- cuando le era útil a Bancotsu.

    -Entonces, ¿por qué me… teme?-

    -Usted sabe que no-

    Kagome siempre estaba a la defensiva; su voz se hizo más aguda.

    -Sé que supuestamente debo pensarlo, pero algunas veces lo dudo-

    -No dude de mí, señor Taisho- le dijo Kagome, seca. Al darse cuenta de que él se endurecía, se arrepintió de su tono de voz. Después de todo, iba a estar con él un día y medio, por lo que era bastante insensato atacarlo –A veces… a veces tengo preocupaciones domésticas, eso es todo- concluyó.

    -Comprendo. ¿Qué edad tiene su hermana?- El parecía más tranquilo y ella respiró con alivio.

    -Diecinueve. Es muy responsable. Tuvo problemas en los últimos años de la escuela, y ahora toma clases vespertinas para mejorar sus calificaciones. Tiene facilidad para los idiomas. El año próximo ingresará a la universidad-

    -Ahora comprendo por qué debe salir de la oficina a las cinco. ¿Y que sucederá cuando su hermana entre a la universidad?-

    -Aún no he pensado en eso- confesó Kagome –Sin duda, se me ocurrirá algo-

    -¿Qué le ocurrió a sus padres?-

    -Murieron… en un accidente automovilístico. Mi hermana tenía quince años-

    -Entonces, ahora usted es el jefe de la familia-

    -Sí- Kagome guardó silencio, sin comprender por qué le había contado eso. Por lo menos ahora tenía algo a su favor: el sentimiento opresivo de peligro la había abandonado, él ya no parecía enclaustrarla. No estaba segura de cómo había sucedido… cuando no estaba enojado tenía una voz aterciopelada, como si perteneciera a otra persona distinta del hombre que ella conocía.

    Cuando estacionó el coche, el viento soplaba tan fuerte que el sombrero de kagome voló. El lo detuvo con su largo brazo y se lo entregó; divertido, vio la trenza negra sobre el chal rojo.

    -Yo llevaré su maleta. Usted detenga el sombrero- sugirió él con ironía y por un instante ella se sorprendió por el brillo de sus ojos.

    Sin embrago, no dispuso de tiempo para pensar en ello, ya que de inmediato abordaron el avión. Después de tomar una taza de té, ella cerró un momento los ojos mientras Inuyasha Taisho ordenaba un café negro y después de ponía a revisar papeles. No obstante que poco a poco logró relajarse, aún se sentía un poco aturdida. La tensión se había acumulado por dos semanas y era preciso descansar, pues la migraña podría atacarla en cualquier momento.

    Después de quitarse el sombrero, logró dormir por un rato, ignorando por completo aquellos ojos fríos, duros, que la contemplaban. Su apariencia era hermosa, con un aspecto inocente, casi trágica mientras descansaba apoyada en el asiento.

    Taisho contrajo los labios. Cuán engañosas eran las apariencias. Lo sabía por antiguas experiencias. Impaciente, desvió la cabeza para concentrarse en sus papeles. Se divertiría al ver la cara de Kouga Mitsuko cuando conociera a la señorita Higurashi. La hermosa mujer parecía indefensa. Aunque aquel hombre rebosara encanto, la actitud de ella seguiría siendo de hielo.
     
  16.  
    Dark_Kittie

    Dark_Kittie Guest

    Re: Refugio Peligroso

    Hola!!^^....Espero que estes bn
    Vaya amiga acabo de terminar de leer tu conti y...
    no paras de sorprenderme...me encanta...
    simplemente me encanta como escribes
    espero q sigas asi....la continuacion...
    estuvo super!!...ya quiero ver si inu se pone celoso xD
    jjeje continuale pronto amiga^^
    Cuidate...tauu

    Atte: Dark_Kittie n.n
     
  17.  
    Cyshara

    Cyshara Usuario común

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    Re: Refugio Peligroso

    El hotel era impresionante, y sin duda los empleados conocían a Inuyasha Taisho. Casi ausente, Kagome se dio cuenta de que a su jefe las cosas le resultaban muy fáciles. Ella no estaba acostumbrada a eso, sin embargo, había estado en hoteles como ese; hoteles fantásticos y demasiado caros, en los cuales Bancotsu no dejaba de beber, mientras sus dedos crueles se hundían en la carne de ella, a la vez que le murmuraban furiosos “¡Sonríe! ¡Sonríe! ¡Sonríe!”

    Con frecuencia Kagome había sido la fachada de Bancotsu cuando él luchaba a toda costa por proyectar una imagen de riqueza, una imagen para sacar a flote su empresa en bancarrota. Ella se arreglaba con elegancia y esmero y le sonreía a la gente, consciente de que, de no hacerlo, pagaría muy caras las consecuencias. Estaba acostumbrada a que las cosas salieran mal, a que se acumularan cuentas que su ex marido no podía pagar; y el siempre la culpaba a ella; incluso los camareros se daban cuenta de su ira. Era como si el tiempo retrocediera, con la diferencia de que Inuyasha Taisho las cosas marchaban bien. Su riqueza y su poder eran auténticos, su autoridad recibía atención inmediata.

    -¿Señorita Higurashi?-

    El la miraba con curiosidad, con las llaves en las manos, y Kagome regresó a la realidad siguiéndolo temblorosa hasta el ascensor.

    -¿Se siente bien?- le preguntó él. Las miradas de ambos coincidieron y Kagome apretó las manos al tiempo que le dirigía una fría sonrisa.

    -Perfectamente- la voz enérgica de ella ocasionó que su acompañante entrecerrara un poco los ojos.

    -Como aún es temprano, podemos desayunar. Puesto que tengo algunas cosas que hacer, ordené que llevaran a mi habitación un desayuno continental y también al suyo-

    -Gracias. No tomé nada antes de salir de mi casa-

    -Lo imaginé- se detuvo junto a la puerta y le entregó a Kagome su pequeña maleta –Tenemos una reunión a la hora del almuerzo, otra por la tarde, y por la noche un evento social. Por ahora, se encuentra libre, aunque preferiría que no abandonara el hotel. Tal vez necesite ponerme en contacto con usted-

    -Voy a sacar las cosas de mi maleta y descansar- Kagome entró a su habitación y de inmediato se dejó caer en la cama.

    Le costaba trabajo creer que la puerta estaba cerrada con una llave que estaba en su poder. Este viaje le había acarreado tantos recuerdos que casi podía ver a Bancotsu entrar, observar la crueldad en sus ojos, escucharlo culparla por su último fracaso. Se estremeció y comenzó a sacar sus pertenencias de la maleta. No tenía la seguridad de que ésta fuera una terapia o una tortura, pero sin duda, todo saldría bien en este viaje. La habitación de Inuyasha Taisho se hallaba frente a la de ella.

    Se miró en el espejo; en su rostro aparecía el asombro. ¿Qué era lo que pensaba? Inuyasha Taisho no la hacía sentirse segura, por el contrario. Desde su llegada, ella había estado más nerviosa que durante los dos últimos años.
    Kagome se puso un vestido de color café claro para el almuerzo, con zapatos del mismo tono y un grueso cinturón alrededor de su esbelta cintura. Después de pensarlo un poco, no cambió su peinado. Se maquilló con cuidado, y aplicó su perfume favorito.

    No estaba enterada de que ese día se efectuarían dos reuniones, pero por fortuna al último momento había puesto otro vestido en su maleta. Como ella había insistido con su jefe en que tenía suficiente ropa para ir a París, quizás él se hubiese sentido incómodo de ofrecerle en comprarle algunas. Tal vez no. Como su opinión sobre ella era evidente, probablemente especulaba sobre la forma en que había adquirido su ropa.

    Él tocó el timbre de la habitación y, cuando ella abrió la puerta, la miró con lentitud. Su mirada era más suave, y por un instante ella sintió una calidez desconocida, como si algo amable la hubiera tocado. Este sentimiento la paralizó, aunque él nunca sonrió.

    -Un jefe muy inoportuno- murmuró burlándose de sí mismo -Discúlpeme-

    El rostro de Kagome se arreboló y el esbozó una leve sonrisa.

    -Su apariencia mejora a cada momento. Vámonos antes que decida experimentar otro cambio impresionante ropa. ¿Lleva su libro de notas? Por supuesto-añadió irónico-No sé por que le hice tal pregunta. Supongo que ese bolso está lleno de artículos de oficina-

    -Un libro de notas y un lápiz- aclaró Kagome. Había algo en él que la tranquilizó, un cambio sutil en su comportamiento, una calidez que la hizo sentirse vulnerable. De pronto sintió por él algo que jamás había sentido por hombre alguno, y cuando Taisho le ofreció el brazo, ella experimentó un hormigueo en la piel.

    Comprendió el cambio de actitud de su jefe al ver a los invitados con los que iban a almorzar… todos hombres. El corazón le dio un brinco, y por un instante se quedó inmóvil. El recuerdo volvió a atormentarla.

    Se suponía que ella estaba ahí para hechizarlos. Esa era la razón por la que él la necesitaba. ¿Por qué nunca lo sospechó? Por eso le interesaba tanto que ella usara vestidos elegantes. La historia se repetía. La amabilidad con que la trató había sido deliberada. Desde luego que era más útil que Bancotsu… con más inteligencia, y al final no iba a darle de golpes. Kagome se sentía enferma.

    -Por dios, ¿qué le pasa?- musitó él al verla inmóvil -¿Cuántas veces tengo que preguntárselo para obligarla a que me conteste? Si está enferma, dígamelo y de inmediato la enviaré a su habitación puedo arreglármelas sin usted-

    -No estoy enferma- aseguró Kagome –No es necesario que se las arregle sin mí, señor Taisho. Estoy acostumbrada a este tipo de situaciones-

    -¿A estar con muchos hombres? Por favor, no me haga aclaraciones- la regañó; su calidez anterior desapareció de inmediato –Concrétese a cumplir con su cometido; después de todo, es parte de su trabajo-

    -Sí. Ahora lo comprendo- Kagome desvió el rostro cuando él la miró, disgustado. Taisho no tuvo oportunidad de hacer otro comentario, por que los invitados los esperaban; por lo menos dos de ellos miraban a Kagome con insistencia.

    Eran cuatro hombres, tres de ellos de Medio Oriente. El cuarto era francés, de mediana edad, bien parecido, y todos se levantaron cuando Inuyasha Taisho la tomó del brazo y la condujo al bar. Las presentaciones fueron cordiales y Kagome apenas tuvo tiempo de recordar los nombres antes de que él volviera la cabeza hacia ella.

    -Mi secretaria, señores-

    -¿Cómo se llama?- Kouga Kazuhiko la miró con ojos somnolientos, sensuales, e Inuyasha Taisho contestó:

    -Kagome-

    La joven no se sorprendió, ya que ellos debían llamarla por su nombre de pila y coquetearle. La obligación de ella era ingeniárselas para convencerlos de que firmaran un contrato. Estaba profundamente decepcionada de su jefe; jamás hubiera creído que él se prestara a esas cosas, aunque tal vez todos los hombres de negocios se comportaban de una manera similar.

    Cuando se sentaron a la mesa para almorzar, Kagome se hallaba junto a Inuyasha Taisho, y después de la sopa la conversación volvió a los negocios. Ella había preferido fijar la vista en los alimentos la mayor parte del tiempo, para restar importancia a las miradas que le dirigían. Fue un descanso oírlos mencionar cifras y productos.

    -¿Desea que tome algunas notas, señor Taisho?-

    -Cuando lo considere necesario, Kagome. Usted decide. Después arreglaremos algunas cosas- su voz parecía impaciente y sin duda ella había dicho algo erróneo, más sacó de su bolso la libreta de notas y el lápiz y se apoyo sobre la mesa.

    -¿Acostumbra esta maravillosa criatura a comportarse con tanta formalidad, o lo hace en beneficio nuestro?- preguntó Kouga –Llamarlo “señor Taisho” parece demasiado frío-

    Después de mirarlos, Inuyasha Taisho les contestó con voz de hielo:

    -Kagome es la secretaria perfecta. No puedo imaginarme que haría sin su ayuda-

    Ella se quedó rígida. A juzgar por la dureza de su voz, Inuyasha Taisho estaba enfadado, quizás esperaba más de ella que una simple formalidad.

    -Mi secretaria me llama chéri-

    -¿Y como lo llama su esposa?- preguntó Inuyasha con mordacidad, pero Kouga solo se encogió de hombros.

    -También me llama chéri. Soy atractivo para las mujeres-

    Kagome hizo un esfuerzo por sonreír y los ojos de Kouga parecían más seductores que nunca. Inuyasha manejaba los negocios a un ritmo tan acelerado que ella apenas tuvo tiempo de comer.
    Después del almuerzo, la reunión concluyó e hicieron arreglos para encontrarse a las cuatro y media. Kagome caminó hacia el ascensor, detrás de su jefe.

    -Ahora ordenaremos los papeles antes de que llegue la tarde- él se detuvo afuera de su propia habitación, y al ver que Kagome vacilaba, la vio con aire de desprecio.

    -No corre ningún peligro, señorita Higurashi- le lanzó la indirecta –Tengo una suite, dormitorio, baño y sala. Una chica con su habilidad no debería tener miedo. Se quedará en la sala. Volvamos a la formalidad. Se que la prefiere en lo que a mí respecta-

    Ella guardó silencio, y con un ademán él la invitó a entrar a su pequeña pero impresionante suite. ¡Había ido a trabajar! El actuaba como un dinamo y la mantuvo tan ocupada que no tuvo oportunidad de levantar cabeza.

    -Ya terminamos- Inuyasha consultó el reloj –Baje a las cuatro, yo estaré en el bar. Voy a enseñarle a donde iremos después-

    -Sí, señor Taisho- Kagome se sentía reprimida, sin saber con exactitud cuál era su función, y él la detuvo cuando ella estaba a punto de abandonar la suite.

    -¿Podría llamarme Inuyasha?- le preguntó con acritud –Creo que a su jefe anterior lo llamaba Miroku. Como Kazuhiko insiste en que lo llame Kouga, no me agrada parecer tan formal. Me siento como un padrastro de la época victoriana-

    -¿Quiere… usted que lo llame…?-

    -Inuyasha. Vamos, dígalo-

    -Está bien, Inuyasha- se ruborizó.

    -¡Ya está!- arrastró las palabras irónico –ES bastante fácil. No será necesario que me llame chéri-

    -¡Ni remotamente posible!- exclamó ella con aspereza y dio un portazo al salir.

    Kagome no sabía que hacer durante la reunión de la tarde. Parecía que su comportamiento durante el almuerzo había sido erróneo, más estaba segura de que cualquier cosa que hiciera, causaría el enfado de su jefe. Aunque no se explicaba el motivo. Quizás ella debía flirtear, pero no podía; incluso Bancotsu le había tachado de ser una mujerzuela frígida, inepta para responderle a un hombre. Sin duda, Inuyasha pensaba lo mismo.

    Le sorprendió encontrarlo bastante afable cuando bajó por la escalera a las cuatro. Después de pensarlo bastante, ella había decidido cambiarse el atuendo en vista de que había llevado suficiente ropa. Se puso un vestido rojo de punto. Quizás el pensaría que se estaba excediendo un poco, o que después de sus comentarios sobre la ropa, ella se comportaba de manera insolente. Si de todos modos iba a quedar mal, ¿para qué se mortificaba?

    -No nos quedaremos aquí. Supongo que prefiere tomar un té a una bebida en el bar, ¿no es verdad?-

    -Sí- ella se puso nerviosa por este cambio de actitud.

    -Sí, Inuyasha- insistió él en tanto la tomaba del brazo –Vamos a escoger una mesa antes de que lleguen los demás-

    Caminaron por la cafetería y él ordenó té para los dos.

    -Traiga unos emparedados para la mademoiselle- agregó antes de que se marchara el camarero -¿Ya telefoneó a su casa?-

    -Sí, esta mañana-

    Kagome miró alrededor del salón, incómoda por la forma en que él la veía. Este era el momento para preguntarle cómo quería que ella se comportara. El parecía haber superado su enfado y estar dispuesto a darle otra oportunidad. Debería preguntárselo en ese momento, pero por desgracia no se atrevió.

    -¿Ha vivido siempre en el mismo lugar?- el estudiaba su rostro, el bien proporcionado perfil, y cuando ella volvió la cara siguió mirándola.

    -No. Vivíamos en Hampshire, un poblado muy pequeño. Nos mudamos después…-

    Interrumpió la frase al darse cuenta de que había estado a punto de contarle lo del divorcio. Habría sido bastante espectacular que ella hubiera aprovechado las ventajas a su favor, pero lo único que deseaba en aquel momento era escapar, liberarse cuanto antes del temor, de la humillación. El pueblo donde habían vivido era demasiado pequeño como para que se escondiera… se preguntó si Bancotsu aún viviría en la misma casa, que entonces ni siquiera era capaz de sostener. El abogado de Kagome se había puesto furioso al enterarse de que ella se negaba a reclamar algo, lo único que buscaba era libertad y seguridad.

    -¿Después de que nació su bebé?- Inuyasha le frunció el ceño como si imaginara que ella había escapado llena de vergüenza.

    -No. Antes-

    -Debió de ser demasiado joven… ¿Acaso 21 años? Sin su disfraz de la oficina ahora mismo parece una jovencita. Da la apariencia de no ser capaz de sacar adelante esa carga-

    -¡Mi hija no es una carga!- de inmediato se puso a la defensiva, y él la miró, impaciente.

    -No me refería a su hija, sino a la carga de ser el jefe de la familia. Coma sus emparedados, Kagome. Quizá si me quedo callado, terminaremos el día sin problemas-

    -Disculpe. Soy un poco susceptible sobre ese asunto-

    El hizo un gesto afirmativo con la cabeza y comenzó a tomar su té; no volvió a dirigirle la palabra hasta que los otros llegaron.

    La reunión vespertina fue más formal; ocuparon un salón especial y en esta ocasión Inuyasha actuó con toda propiedad. Se encontraba ahí para obtener resultados y los esperaban. Elaboraron un proyecto, establecieron fechas, discutieron precios, y mientras se levantaban para salir, era innegable que él se había hecho cargo de la situación. Kagome se sorprendió al darse cuenta de que él los miraba a todos con cierta desesperación, con una actitud de “tómelo o déjelo”.

    -Dios mío, está cada vez peor – dijo con voz baja Kouga Kazuhiko cuando entraron al vestíbulo. Le tomó la mano a Kagome, metiéndola dentro de su brazo, y ella no se atrevió a protestar –Cuando me entrevisté con él en Nueva York era más o menos el mismo, pero sin esa frialdad. Quizás usted tiene la culpa, mi querida Kagome. En Estados Unidos su secretaria era muy condescendiente con él. Es probable que usted no satisfaga sus necesidades-

    -Trabajo para él-

    -La otra secretaria también, pero evidentemente le ofrecía algo más que sus habilidades en la oficina. Era muy… afable-

    La observó de reojo, con mirada abiertamente explícita, y Kagome, en su interior se sintió humillada. ¿Con cuánta frecuencia tendría que resistir esto? El enrojecimiento de sus mejillas parecía fascinar a Kouga.

    -Usted es un poco provocativa. Esta noche le daré la oportunidad de seducirme-

    Le dio un beso en la mano, y ella pudo observar la frialdad de los ojos ambarinos de Inuyasha, cuando se acercó a ellos.

    -En este momento termina su número, Kouga- dijo él, impacientemente
    -Kagome debe transcribir sus apuntes-

    -No es un número, Inuyasha. Kagome y yo estábamos planeando nuestra noche- sonrió, se marchó y lo mismo hizo Kagome. No podía calificar la expresión de Inuyasha Taisho, tal vez era de aprobación o de disgusto. De pronto, dejó de importarle.

    No obstante, cuando en la cena le asignaron un asiento junto a Inuyasha se sintió complacida, ya que le proporcionaba cierta seguridad, más no duró mucho tiempo. Tuvo que bailar con todos y cada uno de sus acompañantes, y se arrepintió de haberse puesto un vestido escotado de la espalda, ya que no pudo evitar que los dedos de dos de sus parejas le acariciaran la piel desnuda, primero el Romeo de Medio Oriente y después Kouga Kazuhiko. Trató de ignorar el detalle y siguió sonriendo, más en su interior se sentía enferma, experimentó una ira contenida ocasionada por el recuerdo de una pésima época de su vida. Casi parecía que estaba programada para adaptarse a este tipo de situación. Bancotsu la había entrenado bien.

    Cuando la velada terminó, no esperó a Inuyasha. Después de despedirse de prisa, abandonó sola el salón y al entrar a su habitación miró disgustada el vestido, con ojos brillantes de lágrimas contenidas.

    Un llamado a la puerta la sobresaltó; la ira y el temor la invadieron al pensar en la cara satisfecha de Kouga cuando ella abandonó la mesa. Y si fuera él… él llamado se repitió y después escuchó una voz:

    -¡Kagome!¡Déjeme entrar!-

    Cuando abrió la puerta, Inuyasha entró sin darle ninguna explicación y se volvió a mirarla, después de dar un portazo. Era evidente que ella lo había enfurecido.

    -¿Qué diablos se propone?- su mirada helada la perforó –Se supone que usted es mi secretaria, no una vampiresa. ¡Si hizo preparativos para recibir aquí a Kazuhiko más tarde, le aseguro…!-

    -¿Cómo se atreve?-Kagome lo vio como si fuese un loco –¿Soy responsable de la actitud de sus lascivos clientes? ¡Usted arregló esto! ¿Cuál fue mi error? ¿O acaso pretende algo de lo que no estoy enterada? ¿Quería que los golpeara con mi bolso de mano?-

    -Deseaba que usted se comportara de una forma decente. Nunca esperé que les diera la “bienvenida” a Kouga y su pandilla- alrededor de los varoniles labios había una delgada línea de coraje, y Kagome palideció al escuchar sus palabras –Usted representa un verdadero misterio, ¿no es verdad? Es una mujer fría y al mismo tiempo seductora cuando se lo propone. ¿Pretende continuar la fiesta aquí? Tienes una cama grande-

    Ella le dio una bofetada, los finos dedos dejaron impresos una marca roja a lo largo de la mejilla, y la cabeza de Inuyasha por un instante se movió hacia atrás. El entrecerró los ojos y se acercó a ella con furia en la cara mientras Kagome retrocedía, más el tocador la inmovilizó.

    -¡No me toque! ¡No me toque!- estaba pálida; sus ojos castaños, abiertos de par en par, llenos de terror.

    -No acostumbro golpear a las mujeres, señorita Higurashi- rechinó los dientes
    -Hay otros métodos de castigo-

    Era evidente a qué se refería, y ella se encogió.
     
  18.  
    Aome_Dany

    Aome_Dany Guest

    Re: Refugio Peligroso

    Konichiwa!! :saludar:

    wou buena conti!!!! :)

    Que le hara Inu??

    deja conti luego si... ToT

    y q Inu no sea tan frio...

    Hasta se parece a Sessho...

    bueno Sayonara!!!
     
  19.  
    aNgelux

    aNgelux Usuario popular

    Aries
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    Re: Refugio Peligroso

    k le ira a hacer a la pobre de kagome!! o.o
    quiero saber!!! >.<
    no tardes plisss que esta muy bueno
    seguninuyasha ahi otro medios..
    yo no los conosco, bueno solo uno pero el no es un desgenerado xD
    ya no demores bye!!
     
  20.  
    inu-irz92

    inu-irz92 Guest

    Re: Refugio Peligroso

    Hola!!
    tu fic es muy bueno!
    me has dejado mucha intriga! mala ToT
    espero q no le pase nada a kagome...
    weno, espero q lo continues pronto!!
    cuentas con mi apoyo!! ^*
    besos y cuidate!

    de tu amiga Sango-chan *sango y kirara* *kirara*
     
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