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Long-fic Fanfic - Pokénronpa

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por GalladeLucario, 7 Octubre 2017.

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    GalladeLucario

    GalladeLucario Game Master Esbirro

    Capricornio
    Miembro desde:
    12 Julio 2012
    Mensajes:
    1,873
    Puntos en trofeos:
    471
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Fanfic - Pokénronpa
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    6322
    Título: Pokénronpa
    Fandom: Pokémon Rol Championship + Danganronpa
    Palabras: variables por capítulo.
    Personajes: Drake, Alpha, Ian, Emily, Dante, Lucas, Liza, Talía, Brendan, Effy, Hubert, Elisa, Steve, Ukita, Mimi, Chad, Monokuma.
    Summary: Los personajes de pokémon rol championship, en un mundo sin pokémon y con personalidades y "habilidades" quizá un tanto distintas, despiertan en un entorno que poco se parece al del rol del que salen... dirigidos por un oso diabólico, Monokuma, serán obligados a matarse entre ellos, en un juego de asesinato mutuo. ¿Quién logrará ganar este juego?
    Advertencias: En realidad, todos los personajes (salvo Monokuma) son del rol de pokémon, pero el entorno es totalmente Danganronpesco; por eso es que es un crossover, pese a que no incluya elementos propios del rol de Danganronpa, y solo de su fandom general.
    Quiero advertir que todos los personajes mantienen parte de su esencia original (o eso intento, al menos), pero no tienen por qué ser iguales a los del rol. Muchos son caricaturizaciones o exageraciones de partes de su personalidad, o incluso de la personalidad de su creador, en algunos casos. Los talentos, también, no tienen por qué ser necesariamente el que se esperaría del personaje; en muchos casos, el talento sale más del creador que del personaje, o es una suerte de caricaturización, también, de algo que rodea a personaje o creador. En todo caso, el OoC que pueda haber espero que me lo excusen y, con el tiempo, que vean por qué necesito hacerlo así.
    Dato extra: seguiré en este fic, del que subiré capítulos poco a poco, con mayor o menor frecuencia, pero poco a poco, una estructura bastante marcada; este capítulo no es más que el prólogo, por lo que no cuenta, pero a partir del siguiente, funcionará así: 3 capítulos de vida diaria (conversaciones y vida entre los personajes en la academia, así como contexto para el futuro caso) y 2 o 3 capítulos de vida mortal (de los cuales uno de investigación y 1-2 de clase de juicio). De esos 3 capítulos de vida diaria, haré dos para contar la historia y solo la historia, y uno más en el que incluiré los free-time events de los juegos en base a lo que me digáis en los comentarios, que servirán para añadir información a la lista de estudiantes y conocerlos un poco mejor. Me explico: tras el primer capítulo de vida diaria de cada caso, si comentan, podrán votar por un personaje (no vale votar al personaje que manejan ustedes mismos), y los tres personajes más votados saldrán en el siguiente capítulo (el segundo de vida diaria) en la parte de free-time event... que básicamente consistirá en que nuestro protagonista, Drake Orestes, charlará con esa persona para descubrir algo más sobre él, de forma medianamente ajena a la linealidad de la historia.

    De modo que funcionará así:
    - Capítulo de vida diaria.
    - Capítulo de free time event.
    - Capítulo de vida diaria.
    - Capítulo de investigación.
    - Capítulo de clase de juicio (tal vez dos).

    Y ese esquema se repetirá en cada caso del fic. En el caso de que no haya bastantes votos para determinar a 3 personas para el free-time event, la escogeré al azar, con los archiconocidos dados.
    Espero que os guste la idea y que la disfrutéis como yo, ¡esto está siendo mi entretenimiento en mis momentos aburridos de clase, al fin y al cabo! (?)

    Cito a los usuarios involucrados:
    Graecus
    Liza White
    Lucas Diamond
    Bruno EVF
    Nami Roronoa
    Nekita
    Fabian
    Noir
    Hey Miguel
    Amane
    EliLover
    Gold-Kun
    juanjomaster
    Steve Yops
    SweetSorrow

    PD: Este fic servirá para cumplir mi parte de Crossover de los retos de Gabi :v
    PD2: Esto no será más que el prólogo... por lo que lo principal que verán será presentación de personajes. El salseo empezará en el siguiente (?

    PRÓLOGO:

    Desperté, sumamente aturdido. Todo temblaba a mi alrededor, como si estuviese dentro de una noria o algo así. Estaba muy confundido, ¿dónde… dónde estaba?

    Cuando mis ojos pudieron acostumbrarse a la luz, vi que me encontraba sobre la mesa de una escuela, sobre un pupitre. ¿Era aquello, acaso, una clase? ¿Un aula?

    —Vaya, al menos despiertas —un chico estaba jugando a su Game Boy tranquilamente, más bien despatarrado en la silla, antes que sentado—. La cosa está caldeada. Yo que tú iría espabilándome, te va a costar acostumbrarte a esto.

    Miré a ambos lados. Había varias personas allí, como ¿quince? ¿Qué era todo eso?

    —Sin duda es confuso —a mi otro lado había una jovencita que llevaba una especie de capucha con ¿orejas de oso? ¿Qué clase de estilismo era ese? —. Aunque al menos no parece que nadie de los presentes esté herido; la situación podría ser peor.

    —Hey, yo no me he quejado: vuelvo a tener mi Game Boy operativa. Lástima que perdí el progreso guardado.

    La siguiente voz vino de atrás. Tuve que girarme a mirarle.

    —Uh —una chica con gorra blanca sobre su cabeza bostezó enérgicamente, y miró a ambos lados—. ¿Dónde estoy? ¿Qué es esto?

    —Otra que despierta —comentó el de la Game Boy—. Oye, ¿es que acaso no es incómodo dormir sobre una mesa.

    De pronto, un grito de alegría me sobresaltó.

    —¡Aún tengo comida, yuju! —había un chico de pequeño tamaño comiendo hasta la saciedad sobre su mesa, algo alejado de mí.

    Las distintas voces no paraban de acumularse.

    —Me pregunto cómo habremos llegado hasta aquí —esta vez era un tipo alto, de cabellos oscuros, el que hablaba, recto sobre su silla—. ¿Alguien recuerda algo?

    —Yo no recuerdo nada… —una jovencita con cabello de tono morado agachó la cabeza lentamente.

    —Tranquila, todo estará bien —sentado junto a ella, otro muchacho de cabellos oscuros la abrazaba por el hombro.

    ¿Qué era todo esto? ¿Quién era esa gente? ¿Dónde estaba…? No recordaba cómo había llegado allí, y, a juzgar por las reacciones del resto, nadie sabía lo propio. Pero era innegable que estábamos en una sala cerrada, en una especie de aula.

    Con los ojos dorados encendidos de ira, un joven trataba de tirar con todas sus fuerzas de la puerta.

    —¡No se abre! Maldita, ábrete, ¡ábrete!

    Sonreí ante la insistencia de aquel chico. ¡Vaya! Era realmente tozudo. Había empezado a patear ahora la puerta, con mucha insistencia. Como si fuese a lograr algo de esa manera. Con todo, sus ojos dorados mostraban un entusiasmo exagerado, y desde luego, no parecía dispuesto a rendirse.

    De pronto, noté una mano en mi hombro.

    —Xenodis es todo un luchador, ¿eh?

    Miré al joven que me hablaba. Llevaba un bufanda anudada en su cuello, tenía cejas cortas y cabello corto y de color marrón; sus ojos eran grandes, pero más grande era su sonrisa. Me miraba con gesto amigable, acercando una silla a mi mesa, para sentarse junto a mí.

    —Se ve que estás muy confuso, ¿eh? ¿Te pasa como los demás? ¿No recuerdas cómo llegaste aquí?

    Negué lentamente con la cabeza, y el chico se cruzó de brazos, pensativo, mientras se sentaba en la silla que había arrimado a mi mesa.

    —Ya veo… es una pena, pensaba que el Super Policía podría tener más información.

    Mis cejas se alzaron con estupor al escuchar aquellas palabras. ¿Por qué ese chico que no me conocía de nada sabía sobre mi talento? ¿Acaso él sabía quién soy?

    Sí, mi nombre es Drake, Drake Orestes, y muchos me han dado ese título… el Super Policía. Si soy sincero, nunca pensé en llegar siquiera a convertirme en policía, pero las circunstancias terminaron haciendo que acabase envuelto en el mundo de la investigación. Decían que tenía un talento excepcional para la labor, y es por eso que fui creciendo más y más en el mundillo, hasta que me convertí en la persona más joven con mi rango y, al mismo tiempo, la persona con más casos resueltos en mi arsenal. Lo cierto es que, bueno… creo que no es para tanto. De hecho, soy bastante despistado. Creo que, simplemente, tuve suerte; me considero una persona afortunada, desde luego. Porque no es que reúna las características necesarias para ser policía, precisamente, ¡otros lo harían mejor que yo, sin duda! Y sin embargo, es mi “talento”. Creo que es solo suerte, la verdad.

    Aunque pronto me daría cuenta de que no era ni la mitad de afortunado que aquel chico.

    —Oh, claro, debes estar aún más confuso, preguntándote por qué te conozco —acarició su nuca con la mano, en gesto despreocupado—. Solo fue casualidad, a decir verdad. Al parecer todos nosotros despertamos con un objeto nuestro entre las manos, solo una cosa, y… ha dado la casualidad de que yo tengo una revista. Si soy sincero, no sé por qué la tengo; todos los demás tienen algo suyo, ¿sabes?

    ¿Todos tenemos algo nuestro? ¿Solo una cosa? Me puse a buscar entre mis bolsillos, confuso. En el interior de mi chaqueta, en un bolsillo interno, me di cuenta de qué era lo que seguía estando en mi poder… ¡mi pistola! Intenté disimular mi impresión, fingir que no había notado nada raro. De todos modos, el único que me prestaba atención era el chico de la bufanda, y parecía estar demasiado ocupado en sonreír con despreocupación como para prestar atención a un detalle como aquel. Decidí ser yo el que alzase la voz.

    —¿Y qué conexión tiene esa revista con mi talento?

    El chico alzó un dedo, en gesto reflexivo.

    —Oh, abrí una página al azar, y coincidió que era una sección donde aparecen muchas fotografías e información sobre todos los presentes. ¡Qué casualidad, eh! —sonrió, mostrándome la revista—. Es una revista escolar, y en esta sección habla de nosotros, los “Ultimates”. ¡Estamos todos! Desde el Deportista hasta el Botánico, ¿sabes?

    Fruncí el ceño.

    —¿”Estamos”, dices? ¿De modo que tú también eres un Ultimate? —de hecho, según sus palabras, todos los chicos y chicas que estábamos en aquella aula debíamos serlo, ¿no? Qué extraño…

    El chico se sobresaltó.

    —Oh, sí, claro, yo también lo soy. Supongo que debería presentarme. ¡Mi nombre es Steve, Steve Stone! Y me llaman el Super Afortunado.

    —¿Super… Afortunado? —no parecía un talento muy corriente, desde luego.

    Sin necesidad de pedirle una explicación, Steve comenzó a hablar, alzando la palma de su mano con despreocupación. Se veía un chico muy… tranquilo y sosegado, de algún modo.

    —Suena extraño, ¿cierto? Mi talento es la suerte. Tal vez no suene tan impresionante como los talentos del resto de vosotros, chicos, pero bueno, ¡es mi talento! Me hice “conocido” cuando gané la lotería.

    —Oh, vaya —exclamé, sonriente—. Eso es impresionante, enhorabuena.

    —Sí, el premio era de dos millones.

    —¿Dos millones? ¡Madre mía, eso es muchísimo!

    Steve acarició su nuca otra vez, avergonzado.

    —Sí, bueno… gané el premio diez veces seguidas, así que eso suman veinte millones.

    Fue entonces cuando quedé callado, con la boca abierta.

    —¿¡D-Diez veces!? —¿quién quería un talento normal teniendo esa suerte? Veinte millones era muchísimo dinero, y si este chico tenía tanto, debía ser muy rico. No lo parecía, desde luego; su apariencia no era tan formal como para ser un multimillonario.

    —Bueno, suena impresionante, pero, en cierto modo, no deja de ser suerte, ¿no? No creo que tenga el mismo mérito que muchos de nosotros. Por ejemplo, el chico de la puerta… Alpha Xenodis.

    Sí, el de ojos dorados; aún seguía insistiendo en insistir, patear, empujar y golpear la puerta. Pero, tan pronto como oyó su nombre, se giró hacia nosotros.

    —¿¡Quién habla de mí!?

    —¡V-Vaya, qué oído tienes, Alpha! —exclamó Steve, sonriente, aparentemente sorprendido, pero siempre, siempre despreocupado—. Estaba diciendo que tu talento es admirable, mucho más que el mío. Es que Drake aún no se ha presentado, así que pensaba hacerle un resumen. Él es el Super Policía.

    Se preocupó de decirlo a un tono lo bastante elevado como para que todos los presentes se girasen a mirarme. Suspiré, algo avergonzado, y me levanté para presentarme debidamente al tal Alpha. Le ofrecí mi mano, y, cuando la apretó, con amplísima sonrisa, sentí que mis huesos crujían. ¡Q-Qué fuerza tenía!

    —¡Encantado, entonces, Drake! Soy Alpha Xenodis, el Super Deportista.

    —Alpha es una estrella en el mundo de los deportes —me di cuenta de que Steve me había seguido, y estaba a mi lado ojeando su revista. Y me percaté, al recordar aquella cosa, de que, en teoría, todos debíamos tener algún objeto personal, pero Alpha no parecía llevar nada encima. Mi vista dio un rápido vistazo al aula, y rápidamente localicé un bate de béisbol, colocado sobre un pupitre. Supongo que aquello era bastante normal para un Deportista, ¿no? —. Ha ganado todo tipo de competiciones: nado, lanzamiento de peso, fútbol, baloncesto, atletismo, escalada, ¡hasta patinaje artístico!

    ¿P-Patinaje artístico?

    —¡Wow! —exclamé, sorprendido—. Debes ser muy hábil para dominar todos esos deportes, cada uno con su propia técnica y estilo diferentes.

    —¿Técnica? —Alpha seguía sonriendo, llevando esta vez sus brazos tras su espalda—. ¿Qué técnica? ¡Mi única estrategia es la fuerza bruta! ¡Eso es lo único que necesito para ganar!

    … ¿cómo se supone que podía alguien triunfar en patinaje artístico usando la fuerza bruta?

    Pronto, el chico de la Gameboy emitió una risita, y Steve se giró hacia él.

    —¡Oh, claro, hablando de estrategia! Él es el Super Estratega, Drake —señaló al chico, que seguía sin apartar sus pies de la mesa y sin apartar tampoco su vista de la Game Boy. Tan solo levantó la mano para decir:

    —Ian Lockhardt, por aquí. La verdad, el planteamiento de Xenodis es interesante, pero aburrido. Si solo usas una estrategia en todo, terminas siendo predecible.

    Alpha mostró un enfado desproporcionado, apretando sus puños con fuerza.

    —¡Pues siempre he ganado usando esa estrategia!

    —Eso es porque no te has enfrentado a mí.

    Ante la escena, decidí dar un paso hacia atrás. Steve me imitó, y me dijo al oído:

    —Según la revista, Ian ha sido asesor de varios Gobiernos… y existen rumores de que ha ayudado también a bandas criminales. Es experto en trazar estrategias geniales sobre prácticamente cualquier ámbito, y por eso todo el mundo se pelea por sus servicios. De hecho, muchas veces ha llevado las estrategias de países u organizaciones enfrentadas sin que lo supiesen entre sí… y, al final, ha logrado conseguir un fin para el conflicto según sus preferencias.

    No pude evitar tragar saliva mientras observaba a aquel tipo tan desinteresado. No daba la sensación de ser alguien así, desde luego. Cuando miré sus ojos ágiles deslizando sobre la pantalla de la consola, un escalofrío recorrió mi cuerpo, incapaz de dejar de mirarle. Y Steve me sacó de aquel “trance” al golpearme el hombro otra vez.

    —Deberías seguir presentándote a todos —señaló al asiento solitario que había justo detrás de mí. Cuando me di la vuelta, había allí dos personas, un chico con una libreta y un bolígrafo en sus manos, y una chica con una baraja de cartas, que colocaba frente a ella lentamente—. Aunque estos dos parecen ocupados, ¿eh?

    Los miré. Uno de ellos llevaba gafas y un extraño gorro blanco de tela sobre su cabello, y escribía de forma descontrolada. La otra, sin embargo, tenía cabello largo y suelto, y un aire sereno y, de algún modo, siniestro en su sonrisa dulce.

    —Elisa Daroch y Brendan Ruby, según la revista… los Super Medium y Super Periodista. Supongo que Brendan debe estar entrevistándola. ¡Se dice que Elisa tiene poderes y puede hablar con los muertos! Ha logrado servir de intermediaria para entrevistas a personajes históricos famosos que murieron siglos atrás. Puede hablar con cualquier muerto siempre que tenga alguna pertenencia suya.

    ¿Y para qué necesita cartas de tarot, entonces? Supuse que simplemente, ese era el objeto que ella tenía en su poder.

    —Y respecto a Brendan… bueno, es un Ultimate por algo, ¿no? —siguió explicando Steve—. Sus artículos suelen ser tan buenos que los publican a nivel internacional. Es especialista en obtener exclusivas… y en revelar detalles íntimos de famosos. Supongo que es todo un stalker, en cierto modo.

    Si lo pones así, no suena precisamente agradable. Y, ahora que me fijaba, ninguno de los dos estaba hablando… Elisa simplemente colocaba cartas, y el otro escribía sin parar.

    —Oh, sí —intervino Steve, pensativo—. Ninguno de los dos habla mucho, creo. Brendan es, según la revista, un observador que no participa en su entorno, solo lo analiza y lo plasma en letras. ¡Caray, si este artículo sobre los Ultimates lo ha escrito él! No me había fijado.

    —¿Él lo ha escrito? —entonces él también debería conocer los detalles sobre el resto de Ultimates. Curioso.

    La voz infantil de una niña sonó entonces cerca de nosotros, un par de mesas más al fondo. Estaba sentada sobre la mesa de otro chico, el mismo que se quejó antes de la falta de comida.

    —¡Oh, eres un maleducado! —le espetó.

    —¿Sucede algo, Talía? —Steve se apresuró a acercarse, y le seguí con pasitos cortos. Los dos jóvenes que discutían tenían pequeña estatura y rostros infantiles. Uno de ellos tenía una gorra sobre su cabeza, esta del revés; y la chica, por su parte, llevaba dos coletas y un vestido azul con aspecto de ser bastante caro. ¿Seda, tal vez? En cualquier caso, ella estaba sollozando, y el otro, mientras, apartaba la mirada, con mofletes hinchados.

    —Idos todos. No quiero que nadie se acerque —espetó entonces, en un tono bajo y agresivo. Tenía migas de pan en su boca… ¿se había comido su objeto personal? ¿Era acaso un sándwich…?

    —Oh, wow, era cierto lo que decía el artículo —Steve volvió a hojear su revista—. Ukitashi, no viene ningún tipo de apellido. Él es el Super Comilón… un título que suena algo ridículo, pero que tiene mucho sentido. Ha ganado campeonatos mundiales de comida, y dicen que es capaz de devorar cinco kilos de carne en cinco minutos.

    —¿Qué? —¿un cuerpo tan pequeño puede tolerar tanta comida… y en tan poco tiempo? ¡I-Imposible!

    —Según el artículo de Brendan, es “un adicto a las bebidas energéticas”, y el hambre lo pone muy nervioso e irascible, pero la falta de cafeína hace que se ponga de muy mal humor, hasta el punto de que ha llegado a agredir a gente solo por no haber bebido refrescos.

    —V-Vaya —no parece una persona muy estable.

    —¡E-Eres muy malo! —la tal Talía, por su parte, solo sollozaba—. Yo solo… quería darte un abrazo.

    —¡Apártate, mocosa! ¡No quiero abrazos, quiero maldita Frizz!!

    —¡Eeek!

    Steve tuvo que intervenir, al ver que Talía se caía de espaldas, y logró evitarlo sujetándola por sus pequeños brazos. La niña, al verse salvada, perdió en un instante el rostro lloroso y abrazó fuertemente a Steve, ante lo cual él sonrió.

    —¡Aw, muchas gracias por salvarme! ¿Quiénes sois? ¿Queréis un abrazo~?

    Una gota de sudor frío recorrió mi rostro cuando noté que me abrazaba con fuerza. Desde luego, sus cambios de humor eran bastante marcados.

    —Somos Steve Stone y Drake Orestes, mucho gusto —presentó Steve, hablando en mi nombre.

    —Aw, ¡qué nombres tan adorables! Ay, dios mío, solo quiero estrujaros.

    Y volvió a abrazarme, esta vez con más fuerza que antes.

    —E-Ella es la Super Estrella Infantil… una presentadora y actriz en varios programas de niños que tiene una enorme popularidad entre el público infantil, y también entre varios adultos. Su comportamiento tierno y su dulzura han logrado encandilar los corazones de muchos infantes, que no dudan en seguirla todos los días en televisión.

    Cuando se separó de mí y nos miró con sus grandes ojos azules y sus mofletes redondeados, sentí una indescriptible paz. Podía entender por qué tenía éxito, desde luego; era realmente adorable. Sin duda, Super Estrella Infantil era un título que tenía sentido para ella.

    No pude contener el impulso de acariciarle el cabello, y ella pareció estremecerse. Pronto nos encontrábamos Steve y yo junto a un grupo de personas. Dos de ellos, un chico y una chica, estaban jugando al ajedrez… rápidamente deduje que uno de ellos debía haber tenido aquel pequeño tablero portátil como su objeto personal.

    La chica, con su capucha de oso, era la misma que habló al principio, que parecía haberse despreocupado de la extraña situación y pasaba el tiempo jugando al ajedrez con el de cabellos negros. Estábamos encerrados allí… y a ellos no parecía preocuparles, o al menos, no lo suficiente como para mostrarse alterados. Otros dos, sin embargo, miraban la escena con curiosidad, observando cada movimiento en el tablero. Pronto, el joven movió un alfil y dijo, con sonrisa triunfante:

    —Jaque mate.

    Steve puso una mano en mi hombro, sonriente, y me dijo al oído:

    —Es Hubert Mattsson… el Super Ajedrecista. ¡Una auténtica estrella! —Steve se agarraba a su revista con entusiasmo, como si sus líneas fuesen sumamente interesantes, casi como si su mundo entero estuviese ahí dentro, escrito. Como si fuese todo lo que necesitaba conocer—. ¡Ha ganado el torneo mundial de ajedrez múltiples veces consecutivas, y dicen que jamás ha perdido una partida! Ha ideado montones de estrategias únicas… y dicen que es capaz de ganar a sus rivales con los ojos vendados.

    Wow. Realmente debía tener muchísima habilidad… a mí casi me cuesta entender el funcionamiento de las piezas de ajedrez. ¿Cómo se llamaban, de hecho? ¿Castillos, ediles y yeguas? Uhm, creo que me he equivocado en alguna. La yegua era la que movía en forma de “U”, ¿cierto? Madre mía, si Hubert me escuchase, probablemente se desmayaría ante mi incompetencia. Aunque cierto era que parecía un joven muy tranquilo, siempre tan serio y sosegado.

    —¡Bien hecho, Mattsson! Brillante, no esperaba menos de ti.

    La chica con la capucha de orejas sonreía, sus cabellos marrones, casi anaranjados, debajo de esta. Tenía una expresión desafiante.

    —No te preocupes, me encargaré de derrotarte algún día. ¡Prometo ante todos los espectadores de esta partida que yo, Effy Joy, seré la primera en derrotar al gran Mattsson!

    Vaya, se había tomado la cosa en serio. Cuando hablaba tenía… algo, algo que hacía que mi corazón latiese fuerte. La contundencia y seguridad con la que decía sus palabras me llenaba, de alguna manera, como si despertase en mí una sensación muy positiva. Sin duda, tenía dotes de convicción.

    —Es la Super Política —me explicó Steve, en voz baja. ¡P-Política! Esos tipos son muy mentirosos, ¿no? Al menos eso he oído—. La gran Effy Joy, famosa por formar, con solo dieciocho años, un partido político que, en cuestión de meses, ganó miles de seguidores en el país. Ha ido creciendo a una velocidad impresionante, y todo es gracias a que Effy, su líder, tiene una capacidad de oratoria y convicción que excede cualquier expectativa. ¡Qué sorprendente, no crees!

    —Sí, es sorprendente —mi vista rápidamente se posó sobre el joven de gorra roja y la chica con gorra blanca, que miraban ilusionados a los contendientes de la partida—. ¿Quiénes son… ellos?

    Steve los analizó rápidamente.

    —Liza White y Lucas Diamond. Son la Super Criadora y el Super Botánico… ambos expertos en animales y plantas, respectivamente. Según la revista, son brillantes en su campo; Liza es una amante empedernida de los animales que adora de las especies exóticas y es capaz hasta de hablar con ellos, ¿no es sorprendente?

    —¿H-Habla con los animales? ¡Vaya! —es más que sorprendente. Que esa chica sea capaz de hablar con los animales parece… surrealista.

    —Luego está Lucas, amante de las plantas. Por lo que he leído, su objetivo y su sueño es que el mundo sea un lugar lleno de árboles, flores, arbustos, todo tipo de plantas. En todas partes.

    —¡P-Pero si eso fuese así, viviríamos en una selva!

    Steve asintió, despreocupado.

    —Mm-hm. Así es, de hecho; él vive en una selva, aislado de la ciudad. Odia las ciudades —¿q-qué dices? ¿Vive en mitad de la selva? Parece un tipo muy civilizado, no un… salvaje, o algo así. Como el chico este de aquel cuento… ¿cómo se llamaba? ¿Mewli? Sí, el de El Libro del Bosque. Estoy seguro de que se llamaba así, sí—. Pero bueno, tampoco es que sepa mucho más, ¡al fin y al cabo no los conozco, solo sé lo que viene en esta revista!

    Rápidamente, el grito de una chica llamó la atención de todos.

    —¡¡Socorro!! —era rubia, y golpeaba las ventanas, cerradas y tapiadas, que había en el aula donde nos encontrábamos. Vestía de forma bastante elegante, de negro, y con un gorro sobre su cabello—. ¡Soy una Honda! ¡Una maldita Honda! ¡Exijo que se me saque de este antro pordiosero y me alejen de estos vulgares pobres!

    —Contrólate, Honda —le dijo Ian Lockhart, aún pendiente de su Game Boy—. Ya hemos comprobado que no se puede salir de aquí… así que relájate. Deduzco que el que nos haya encerrado aparecerá pronto.

    —Indudablemente —intervino el ajedrecista, Hubert—. No creo que nos dejen aquí, a nuestra suerte, por mucho tiempo. Si de verdad hemos sido secuestrados, vendrán tarde o temprano, aunque sea para darnos comida.

    —¿¡Comida!? ¡Sí, comida, que venga ya ese imbécil! —exclamó, ilusionado, Ukitashi—. ¡N-Necesito comida, joder, comida! ¡Que traigan Frizz!, por favor!

    —¡Eso es! ¡Las bebidas energéticas activan el organismo y lo llenan de energía —Alpha Xenodis estaba bastante motivado, de repente—. ¡Pedid un pollo en salsa, también!

    ¡Pero si esto no es un restaurante!

    —Calma… —la voz suave y serena de uno de los pocos chicos cuyo nombre no conocía, que le pasaba el brazo por encima a otra joven, hizo, de alguna manera, que el silencio se hiciese. Y, de pronto, se sonrojó y apartó la mirada. La siguiente frase la dijo aún más suavemente, mientras que todos le mirábamos—. N-No hay de qué preocuparse. Dentro de poco a-alguien vendrá.

    —¿Cómo lo sabes, eh? ¡¿Es que eres adivino, o algo?! No soporto a los niñatos con aire misterioso —la tal Honda golpeaba la mesa con cada frase, alterada y con un tono que desprendía egolatría.

    —… —el joven de cabellos negros abrazó más a su acompañante, y, sin responder, movió sus ojillos de forma nerviosa de un lado a otro.

    Y el silencio se hizo de nuevo.

    —Hey, qué extraño —me dijo entonces Steve, mientras revisaba su revista. Me la mostró, señalando a una parte en concreto; la foto del joven de cabellos negros estaba allí, junto al nombre “Dante Miles”… pero no aparecía ningún tipo de descripción, ningún tipo de talento. Era como si el artículo estuviese incompleto—. Dante Miles… su talento no aparece aquí. ¿Por qué?

    —¿Qué hay de las otras dos? Son las únicas que faltan… —le dije, señalando a la rubia exigente y la tímida de ojos morados.

    —Oh, son Mimiko Honda, la Super Millonaria, y Emily Hodges, la Super Modelo.

    —Wow, qué talentos más… elegantes —esa era la única palabra que me salió, después de darle muchas vueltas.

    —Sí, supongo —Steve no parecía nada preocupado, no parecía tener intenciones de discutir sobre mi pésima forma de describir a la gente. Lo cual era una suerte para mí, a decir verdad. Suelo equivocarme a menudo, es por eso que no creo que “Super Policía” sea un buen talento para mí—. La familia Honda es la familia más rica del mundo, y Mimiko resulta ser la hija del cabeza de familia, y, por tanto, la heredera. No es que sea algo muy talentoso, porque, simplemente, ha nacido en una familia con dinero, y eso es todo.

    —Bueno, ¿no es eso precisamente lo que significa ser talentoso? Nacer con una cualidad que otros no tienen. En su caso, es el dinero —contraargumenté, algo inseguro.

    —Sí, buen punto —Steve sonreía, jovial—. Y luego está Emily Hodges, ¡la super modelo! Rompe corazones allá por donde pasa, y, pese a que sobre la pasarela muestra un desparpajo espectacular y su rostro aparece en múltiples medios televisivos y de comunicación en general, es una chica muy tímida que no acostumbra a hablar de su vida privada y que tartamudea en cuanto te diriges a ella personalmente. ¡Qué adorable! ¿No crees?

    … sí, sin duda parece tímida, todo el tiempo abrazada a Dante. Y no me cabe duda de que es guapa, muy guapa; el talento de Super Modelo le viene que ni pintado, ya lo creo. ¿Cuál sería su objeto personal? Ahora que lo pienso, no conocía el objeto de muchos de los presentes, solo el de algunos.

    —Y en fin, ¡parece que ya no queda nadie más!

    Noté entonces como si alguien tirase de mi pantalón. Al mirar hacia abajo, me encontré con la mirada rojiza de un muchacho que, sentado junto a una pared, me miraba inquisitivo.

    —¡Aaaah! —grité, asustado. Pero el chico, lentamente, llevó su mano a sus labios, y chistó. Luego comenzó a pintar con un pincel sobre la pared. Me di cuenta de que estaba dibujando mi rostro.

    —U-Uhm, ¿Steve? ¿Qu-Quién es este?

    —¡Ah, claro, ya decía yo que faltaba alguien! Este es… Chad Redflame. El Super Dibujante. P-Pero, ¿por qué pinta en la pared?

    —Pft —farfulló él—. Porque solo tengo un pincel y pinturas, hombre. No es justo, a aquel periodista le han dado un bolígrafo y un cuaderno. Yo no tengo ni un triste lienzo, ¡y necesito algo donde plasmar mi arte.

    —¿Cómo ha podido oírte, si estamos susurrando? —susurré yo también, aún más bajo. Chad, sin dejar de pintar, dijo:

    —Tengo muy afinados mis cinco sentidos. Los necesito para captar lo que veo. ¡Y yo siempre capto lo que veo con sumo detalle! —de pronto, empezó a pintar con más velocidad. Pronto se apartó para enseñarme el dibujo y, orgulloso, me dijo—. ¡Terminado! Estarás alucinando, ¿eh? He captado la esencia más realista de tu rostro, ¡hasta el más mínimo detalle!

    No cabía duda de que el dibujo estaba muy conseguido, pero… era más bien una caricatura de mi persona.

    —Uhm, creo que “realista” no es la palabra adecuada para describirlo. Aunque a mí no se me da muy bien eso, así que… —reconocí, con la mano en la nuca.

    —Tche —Chad se levantó y se encogió de hombros—. Así es la realidad tal y como yo la veo. Si la ves de otra forma debes ser aburrido. ¡Yo veo la realidad de forma distinta, no necesito usar los sentidos para observarla como todos los demás!

    … pero, ¿no dijo antes que usaba sus cinco sentidos?

    *ding, dong, bing, bong*

    De pronto, una especie de sirena sonó, y la pizarra dio media vuelta, como si fuese una especie de pared oculta, solo para mostrar el enorme monitor que había al otro lado.

    —Ejem, ejem… —la imagen se encendió entonces, y una especie de oso de peluche apareció en la pantalla, con una copa de vino en su mano. Tenía la mitad del cuerpo blanco y la otra mitad negra, y uno de sus ojos era una especie de extraño símbolo rojo. Su voz sonaba estridente, y, de algún modo, lograba ponerme los pelos de punta—. ¡Por favor, tomen asiento, si son tan amables! ¡Es hora de dar mi discurso inicial a mis nuevos alumnos!

    —¿Q-Qué demonios? —exclamó Mimiko, golpeando el pupitre—. ¿¡Nuevos alumnos!? ¿¡Qué es esta mierda!? ¡Solo quiero salir de aquí!

    —¡¡¿Dónde está la comida?!! —intervino Ukitashi.

    —… será mejor que, de momento, toméis asiento todos —comentó Ian, soltando su Game Boy sobre la mesa—. De lo contrario, no entenderemos nada de lo que está pasando.

    Con extrañeza, me dirigí de nuevo hacia mi pupitre, y Steve hizo lo propio. No obstante, había dos personas allí que insistían en no obedecer.

    —¡Y una mierda! —Mimi se levantó y, decidida, se acercó hacia la mesa del profesor, vacía en todo momento—. ¡No voy a obedecer a nadie, soy Mimiko Honda, y no tengo por qué hacer caso a lo que me diga un estúpido oso de felpa a través de un estúpido monitor!

    —¡Eso! —exclamó Alpha, aún tirando de la puerta. ¿Es que ese tipo no se rendía nunca?—. ¡Solo sácanos de aquí!

    Fue entonces cuando el oso mostró un extraño brillo en uno de sus ojos y, rápidamente, del techo surgieron unas enormes ametralladoras que dispararon a los pies de ambos jóvenes. El ruido de las balas resonó en toda la habitación. Mimiko, asustada, dio rápidos pasos hacia atrás, y Alpha hizo lo propio, sentándose en su silla.

    El silencio se extendió después de los disparos. Todos estábamos enmudecidos. Mimi, lentamente, tomó asiento, sin saber qué decir y con el rostro pálido. Las dos ametralladoras la apuntaban, pero, tan pronto como se sentó en la silla, volvieron a ocultarse en el techo.

    —Uff, menos mal que os sentáis… no me apetecía tener que usar mis métodos de persuasión, pero volveré a usarlos si es necesario. Upupupupu… —el oso hablaba, riéndose de forma siniestra—. ¡Ejem, ejem, ejeeeem! ¡Procedamos con el discurso de inauguración! Pero, hum… ¡será mejor si lo hago en persona, ¿no creéis?

    De pronto, el oso desapareció de la pantalla, y tras la mesa del director, una figura pequeña, blanca y negra, saltó como un rayo hasta colocarse sobre la misma.

    —¡Ta-daaaah!

    —¡Agh! ¿D-De donde ha salido ese muñeco? —exclamó Liza.

    —¡E-Es un oso de peluche de verdad, y habla y se mueve! Esto es… es… imposible —tartamudeaba Alpha.

    —Qué misterioso, ¿estará poseído, tal vez, por un espíritu? —sugirió Elisa.

    —¡No, no, no! —terminó gritando él, que agitaba sus manos mientras daba un saltito hasta colocarse frente al monitor—. ¡No soy un muñeco, y no estoy poseído! ¡Soy el director de esta academia, la Academia Extraescolar de Jóvenes Talentos! ¡Monokuma! Upupupuu…

    —¿Academia Extraescolar de Jóvenes Talentos? —inquirió Steve—. ¿Qué es eso?

    —Aw, suena a un sitio muy bonito, ¿no creéis? —comentó Talía… por alguna razón.

    —¡Ay, ay! —siguió hablando el tal Monokuma—. Ya veo que vuestros recuerdos están un peliiiiiin vagos. ¡Todos vosotros sois estudiantes que habéis venido a pasar el verano en esta Academia! ¡Somos expertos en potenciar al máximo los talentos de jóvenes promesas como vosotros! ¡Somos los mejores profesionales que podréis encontrar! Upupupu…

    ¿”Somos”? ¿Había alguien más, acaso…? Nah, seguramente estuviese pensándolo demasiado. Sería una forma de hablar.

    —No recuerdo haberme apuntado a ninguna academia —comentó Effy.

    —Yo tampoco —apuntó Hubert—. De haberlo hecho, me acordaría.

    —¡Acabo de decirlo, ay! —siguió Monokuma—. Vuestros recuerdos están un poco plof, eso es todo. ¡Pero os aseguro que sois mis queriiiiidos alumnos!

    —¡¿Cómo vamos a ser alumnos de un oso de peluche?! —bufó Ukitashi.

    —¡Te he dicho que no soy un oso de peluche, soy Monokuma! Geez, algunos sois muy complicados. ¡Esas cabezas vuestras son muy huecas!

    —¡¿A quién llamas cabezahueca, eh! —e-en ningún momento ha dicho tu nombre, Alpha, ¿por qué te das por aludido de esa forma?

    En cualquier caso, estaba de acuerdo en que todo era muy extraño. Quería preguntar, obtener información, pero Ian se adelantó a mis palabras. Aunque probablemente él haría la pregunta mejor que yo, en cualquier caso. Yo siempre termino estropeándolo todo, vaya. Soy un policía nefasto, por mucho que me llamen “Super Policía”.

    —¿Y qué debemos hacer en esta Academia? Intuyo que toda esta presentación, todo este decorado, las cámaras que nos observan —mi vista se enfocó entonces en las esquinas de la sala; ¡era cierto, había cámaras de vigilancia! Y yo sin darme cuenta…—, ese enorme monitor, las ametralladoras… sin duda, este lugar está diseñado para un propósito muy especial, ¿no es cierto?

    —Upupupupu, ¡brillante! ¡No esperaba menos del Super Estratega de Preparatoria! Pues sí, estáis aquí para participar en un proyecto de potenciación de talentos sin precedentes. ¡El “Proyecto Desesperación”!

    —¿Proyecto desesperación? —pregunté, alzando la voz ligeramente. Tenía un mal presentimiento.

    —Sí… —Monokuma, manos en la espalda, asentía con seriedad—. Es un proyecto en el que nosotros, los dirigentes de la academia, llevamos pensando por mucho tiempo. ¡Vamos a lograr que potenciéis vuestros talentos al someteros a una situación de desesperación total! ¿Y cómo será eso? ¡Sencillo! ¡Ah, tan sencillo como sumar y restar!

    —¡Eh, eso será sencillo para ti, rarito! —exclamó Alpha… de forma totalmente innecesaria, a decir verdad.

    —¡… vais a participar en un Juego de Asesinato Mutuo!

    —¿¡J-Juego de asesinato mutuo!? —repetí la frase, como intentando asimilar lo que nos estaba intentando decir. Luego, seguí escuchando su explicación.

    Supongo que una parte de mí deseaba que lo que había escuchado fuese falso, que no se tratase de algo tan macabro como parecía. Supongo que una parte de mí, simplemente, quería que todo fuese una broma.

    No tardaría en darme cuenta de que no lo era. No tardaría en descubrir que aquello era el infierno… que nos habían traído al mismísimo averno.

    La desesperación no había hecho más que empezar.

    Estudiantes: 16

    - Drake Orestes – Super Policía (VIVO)
    Objeto: Pistola
    Datos obtenidos: nuestro protagonista, y el proclamado Super Policía. En realidad, es un chico bastante despistado y olvidadizo que, según dice, logró ser policía de prestigio simplemente por tener suerte. Aun así, la experiencia como investigador es algo que ha adquirido, y, aunque no tenga demasiada atención por según qué detalles y no se le dé del todo bien memorizar nombres, intente hacer honor a su talento.

    - Steve Stone – Super Suertudo (VIVO)
    Objeto: Revista Ultimates.

    - Ian Lockhart – Super Estratega (VIVO)
    Objeto: Game Boy

    - Alpha Xenodis – Super Deportista (VIVO)
    Objeto: Bate de béisbol

    - Ukitashi – Super Comilón (VIVO)
    Objeto: Sándwiches

    - Talía Wells – Super Estrella Infantil (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Hubert Maddsson – Super Ajedrecista (VIVO)
    Objeto: tablero portátil

    - Effy Joy – Super Política (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Lucas Diamond – Super Botánico (VIVO)
    Objeto: ¿?

    - Liza White – Super Criadora (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Emily Hodges – Super Modelo (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Dante Miles – Super ¿? (VIVO)
    Objeto: ¿?

    - Chad Redflame – Super Dibujante (VIVO)
    Objeto: Pincel y pinturas

    - Brendan Ruby – Super Periodista (VIVO)
    Objeto: Cuaderno y bolígrafo

    - Elisa Daroch – Super Médium (VIVA)
    Objeto: Cartas de tarot

    - Mimiko Honda – Super Millonaria (VIVA)
    Objeto: ¿?
     
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    Graecus

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    GL mas fruto amo cada dia que pasa >:3 (?

    JODER lo que he flipado cuando he visto que Drake era el protagonista, no me lo esperaba para nada xD Aunque si, Drake tiene la personalidad distraída que predomina en los protas de Danganronpa, sobretodo el del segundo juego que se la pasa todo el juego diciendo "¿Huh?" (?

    Dios mio, es que no se podian sacar mejores personajes para este lore xD Thalía la super loli idol cute, Ukita y su explosiva personalidad, Mimi siendo Mimi (? Y Chad que al parecer los ve a todos con aspecto de caricatura, esos son sin duda mis favoritos xDD el problema es que aqui no hay plot twist, Ian sera el traidor sin dudarlo é.e (??

    Ya quiero ver a Liza soltando algun "Inesperado" o mas choques entre Alpha e Ian xDD Ahora los productores de Danganronpa seran los que empiecen a robarte ideas, no lo dudes (?

    Me ha encantado este escrito y lo he disfrutado mucho. Espero tengas el siguiente pronto ;u;<3
     
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    GalladeLucario

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    Fanfic - Pokénronpa
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    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    6012
    Capítulo 1 - Víctimas de la desesperación.
    Vida Diaria - 1


    La situación era… surrealista. El oso, el tal Monokuma, el que supuestamente era el director de esa “Academia de Verano para Jóvenes Talentos” nos… nos dijo que estábamos en un juego de asesinato mutuo. Sus palabras aún resonaban en mi mente como un eco profundo.

    —Estaréis aquí encerrados para siempre… salvo que os graduéis. ¡Oh, y graduarse es sencillo, claro que lo es! Solo necesitáis matar a uno de vuestros compañeros, ¡ya está! Si lo hacéis, si matáis a vuestro compañero, y no os descubren… ¡habréis ganado, y podréis salir de aquí! Una vez que se produzca un asesinato, todos empezaréis a investigar, porque, al cabo de un tiempo, ¡la clase de juicio comenzará! En la clase de juicio, tendréis que debatir quién de vosotros ha sido el culpable, ¡y votarle! Si acertáis, el culpable será ejecutado, y vuestra vida escolar podrá continuar plácidamente. ¡Oh, pero si falláis… todos salvo el culpable serán ejecutados, y el culpable será libre de marcharse de la academia! Upupupu…

    “Upupupu”. Su risa taladraba mi cerebro. “Upupupu”.

    Muchos entraron en pánico. Mimi comenzó a llorar desesperadamente, suplicando que la llevasen a su casa e insultándonos a todos, llamándonos cosas como “pobres repugnantes”, y eso es probablemente lo más suave que nos dijo. Talía comenzó a espachurrar a su oso de peluche, al que llamaba Teddy, el cual era, suponía yo, su objeto personal. Alpha continuó intentando abrir todas las ventanas y puertas del resto de la academia tan pronto como Monokuma nos dejó salir del aula, ansioso por encontrar una salida que claramente no existía… y Dante y Emily se apartaron, la segunda demasiado asustada como para relacionarse con los demás. Y Ukita, después de vociferar por toda la academia, se encerró a sí mismo en la gran cocina, gritando como un energúmeno “Frizz!, ¡tienen Frizz!!

    Había algunos que parecían demasiado despreocupados o centrados en otras cosas como para sufrir demasiado por la situación o darle importancia. Estaba Brendan, que espiaba desde las esquinas, silencioso, mientras nos miraba y escribía cosas en su libreta. Chad, que analizaba todas las paredes con rostro encendido, como si viese hojas en blanco ante él, dispuestas a ser pintadas. Lucas caminaba abstraído por el lugar, con una suerte de Tablet que tenía, y que deduje que era su objeto personal… y, por último, Steve, que seguía tan despreocupado como siempre, mirando con una sonrisa optimista y curiosa todas las zonas de la Academia que ahora podíamos explorar con libertad, feliz de descubrir cosas nuevas.

    Luego… estábamos los normales, los que nos preocupábamos por la situación lo suficiente como para estar desconcertados pero no tanto como para entrar en pánico: Liza, Elisa y yo. Pronto nos encontramos siguiendo el liderazgo las personas decididas y serenas, que decidieron tomar las riendas y empezar a seguir un plan lógico. Hablo de Ian, Hubert y Effy, por supuesto. En seguida acordaron, o más bien, ordenaron, que los que nos encontrábamos “estables” investigásemos distintas partes del lugar; y así, en grupos de dos, Ian y yo nos dirigimos a la zona norte de la enorme academia.

    —Oye, Ian —le dije, algo temeroso, mientras caminábamos por el pasillo. Ian parecía ocupado en mirar a ambos lados, donde se encontraban carteles con los nombres de todos los alumnos, así como imágenes pixeladas y bastante bien hechas de nuestras caras y cuerpos, como si fuesen avatares. Monokuma ya nos advirtió que tendríamos dormitorios personalizados; no me extrañaría que aquellos fuesen, precisamente, los dormitorios—. ¿Crees que todo eso del asesinato mutuo… de matarnos entre nosotros… va en serio?

    —Quién sabe —respondió él, de forma seca—. Lo único que sé es que en este lugar hay demasiada gente débil. Blancos fáciles si alguien se toma en serio esto, ¿no crees?

    —¿Huh? —de algún modo, el tono de Ian Lockhart me dio escalofríos—. ¿A-A qué te refieres?

    Él sonrió, y se cruzó de brazos mientras aún caminaba.

    —Imagina que alguien decide matar —explicó, con voz tranquila y siniestra, en cierto modo—. ¿Crees que personas débiles como Talía Wells, imbéciles como Xenodis o frágiles como Emily Hodges podrán ser capaces de defenderse? Son víctimas sencillas, vulnerables… si alguien decide matar, pensará que hay varios objetivos sencillos. Cuando los objetivos son sencillos, existe mayor probabilidad de que algo pase, de que la gente se atreva a intentar algo. Si todos fuésemos rivales duros, la cosa cambiaría.

    “Rivales”. Me perturbaba que Ian hiciese mención al resto como “rivales”. Casi parecía que se lo tomaba como un juego. Tragando saliva, dije, con el tono más alegre que pude:

    —P-Pero no hay manera de que algo así pase. ¡Nadie mataría a nadie! Es absurdo pensar eso, ¡no somos más que adolescentes! Cierto, no somos ordinarios, pero… no creo que haya aquí nadie capaz de algo así.

    Fue entonces cuando Ian sonrió, de una forma que no me agradó en absoluto. Pero una gran puerta negra obstruyó nuestro camino.

    —Parece que hay algo aquí —Ian miró hacia arriba—. Arriba pone “jardín interior”. Me pregunto…

    Pero, cuando fue a abrir, la puerta no reaccionó. Por más que tiraba de un lado o de otro, la puerta seguía sin moverse.

    —Parece estar bloqueada —dije, algo decepcionado.

    Pero entonces, oímos un “clic”. Lucas abrió la puerta desde dentro.

    —¡Oh, hola! —exclamó, con una sonrisa calmada en su rostro. Aún tenía la extraña Tablet en sus manos…—. ¡Habéis llegado justo a tiempo! Mirad lo que he encontrado.

    Dimos un par de pasos hacia delante, e Ian se detuvo antes para comprobar la puerta. En todo caso, mi vista quedó nublada por lo que pude ver frente a mí. Plantas enormes se extendían en aquel enormísimo espacio redondo. Miles de enredaderas trepaban por la zona, que estaba cubierta por un techo de cristal. Estuve a punto de tropezar, de hecho, en varias ocasiones, por culpa de las raíces de enredadera que había en el suelo.

    —¡Este jardín es fascinante! —Lucas no paraba de mirar su Tablet con una sonrisa, pero, al ver que Ian se acercaba, alzó la voz—. Huh, ¡cuidado! No pases por la derecha, no se ve porque está camuflado por la hierba, pero hay un gran charco de barro ahí. Pégate a la izquierda al entrar, podrías mancharte.

    Tras un suspiro, el Super Estratega obedeció, y caminó pegado a la izquierda, hasta adentrarse en el jardín. El color verde predominaba, era cierto, pero flores de múltiples gamas cromáticas daban toques de alegría aquí y allá. Y Lucas las admiraba, entusiasta. Luego, volvió la vista a su Tablet.

    —Son geniales, ¡aquí hay tantas plantas que mi corazón está a punto de salirse del pecho, ay!

    —Cierto, eres el Super Botánico, ¿no es así? —le pregunté, curioso.

    Él asintió, sonriente, pero aún demasiado ocupado con su Tablet.

    —Oye… ¿puedo preguntarte qué es eso? —le dije.

    —Oh, es mi Plantix2000. ¡La diseñé yo mismo! Este aparato me sirve para analizar los datos de las plantas, decirme sus características, sus necesidades, ¡es como un estetoscopio de plantas! ¡Como un catálogo de flores! ¡Como un diccionario de planta-humano/humano-planta! ¡Como…!

    —V-Vale, vale, lo he pillado —se emociona de verdad cuando habla de plantas…

    —¡De hecho, mira! ¡Esa pobre quercus ilex necesita agua! ¡¿Dónde está el sistema de riego aquí?! ¡Aaah, necesita beber, beber!

    Y correteó por toda la zona, nervioso.

    —S-será mejor que le dejemos —le dije a Ian, dándome la vuelta, y, sorpresivamente, me lo encontré agachado junto al charco de barro—. ¿Qué sucede?

    —Solo me preguntaba por qué motivo habrá tanto barro aquí.

    —Será por algún fallo en el sistema de riego, ¿no? Igual el agua entra por esa zona.

    Y entonces, de la nada, él apareció.

    —¡Yajuuu!

    —¡Aaah! —exclamé, sorprendido. Ian ni siquiera se inmutó.

    —Upupupu… ¡el sistema de riego está mal, sí señor! Hay una fuga de agua en esa zona, pero no os preocupéis, ¡lo arreglaré lo antes posibles! Mantenimiento Monokuma, las 24 horas, los 365 días del año, para servir a los Ultimates.

    —¡M-Maldito psicópata! —exclamé, aún conmocionado por el susto.

    —¿Y cómo funciona exactamente el sistema de riego?

    Ian seguía tremendamente calmado, tranquilo y extrañamente sosegado.

    —Oh, es bieeeeeen sencillo —dijo Monokuma, con los bracitos de dos colores a la espalda, en pose relajada—. El problema es que los controles están fuera, en la sala de mantenimiento que hay en la otra punta de la academia. Es un engorro, lo sé, ¡porque hay que atravesar tooooodo el pasillo para algo tan tonto como llegar a esa sala, pero esa es la estructura! Allí, hay una serie de botones que activan las distintas secciones de riego. Están programadas para suceder todas en un determinado momento previamente programado, a cada cuatro horas, ¡pero podéis modificarla cuanto queráis, upupupu! Este es vuestro hogar ahora, así que sed libres de mataaaar a todas las plantas ahogándolas en agua, si queréis. ¡Aunque eso no contará como víctima del juego, eh! Upupupupu…

    E-Estaba loco. Completamente loco.

    —¿No puedes desactivar el agua que cae en el lado derecho? El barro irá a más si sigue siendo regada periódicamente.

    Monokuma se encogió de hombros ante las palabras de Ian.

    —Nyeh… demasiado esfuerzo, upupu… cambiadlo vosotros si queréis.

    Y, de pronto, dobló una esquina y se perdió de vista.

    Luego, Ian miró al otro lado del lugar, que parecía más un invernadero que un jardín, y vio a Lucas correteando por allí. Abrió luego la puerta que había dejado tras de sí y frunció el ceño. Cuando salimos ambos, intentó abrirla nuevamente, por algún motivo… fue incapaz de hacerlo.

    —Ya veo —susurró.

    —¿Qué sucede? —inquirí, curioso.

    No hubo respuesta.


    Un tiempo más tarde nos encontrábamos reunidos con el resto de personas que habíamos explorado la academia a fondo en el comedor. El comedor era bastante amplio, y tenía exactamente dieciséis sillas, distribuidas alrededor de una mesa alargada y rectangular. Según nos dijo Monokuma, durante nuestra estancia en la academia, dispondremos de todo tipo de víveres que se irán reponiendo, así que no será un problema alimentarnos allí… si es que Ukitashi no acababa con todas las reservas, claro. Se le podía oír aún al otro lado de la puerta que comunicaba con la cocina, vecina al comedor.

    La cuestión era que empezamos a informarnos mutuamente sobre nuestros descubrimientos. Ian y yo explicamos nuestra experiencia con el jardín interior. Sosegadamente, Effy y Hubert escucharon, mientras que Elisa parecía meditar, con ojos cerrados, y Liza curioseaba, entretenida, las cartas de tarot que esta le había prestado. La Super Criadora no tardó en alzar la mirada cuando la Super Política habló.

    —Liza y yo hemos recorrido la zona oeste del pasillo. El pasillo parece tener forma de cruz, como dos líneas rectas perpendiculares… al norte está ese jardín del que habláis, y más al oeste, aún más allá que este comedor, hay una despensa enorme, llena de todo tipo de alimentos y otras cosas.

    —¡Mm-hm! —asintió, satisfecha, Liza. Parecía estar tapando con sus brazos la parte del estómago, como si quisiese ocultar algo. Bah, serían imaginaciones mías—. Yo estuve comprobando, ¡y hay verdaderamente de todo! Hasta cámaras desechables, cinta de celo, vendas o incluso ruedas de bicicleta. ¡Alucinante!

    —Además del almacén, estaban los baños, uno para chicos y otro para chicas. No había nada más interesante a ese lado del pasillo.

    —Nosotros intentamos explorar la parte sur —Elisa abrió los ojos de pronto, y comenzó a hablar repentinamente. He de decir que me asustó; tengo el corazón demasiado pequeño para ser el Super Policía¸ desde luego—. Solo encontramos una puerta, con el letrero “sala de mantenimiento” sobre ella… y dentro había varios fusibles y extraños botones.

    —Oh, justo Monokuma nos habló sobre eso cuando apareció de pronto en el jardín —intervine de pronto. Al mencionar a Monokuma, sentí como si la mirada de Effy fuese a fulminarme de pronto—. ¡A-Apareció sin más, lo prometo! Nos explicó que ahí están los controles para el sistema de riego del jardín.

    —… ya veo —habló Hubert, cruzado de brazos—. Es poco pragmático, supongo. Pero en fin; tras analizar esa pequeña sala, nos dirigimos a la parte este del pasillo. Allí encontramos a Alpha Xenodis, el Super Deportista, intentando abrir una enorme puerta roja de forma infructuosa; podría ser la puerta de entrada, o quizá otra cosa, pero en cualquier caso, no hay forma de abrirla. Además de eso, encontramos el aula donde nos despertamos y varias semejantes, todas ellas con la misma distribución… y, justo en frente, el gimnasio.

    —Interesante —habló Ian—. A juzgar por el jardín interior y su altura, esta academia debe tener más plantas. ¿Nadie ha dado con unas escaleras?

    El silencio se hizo entonces.

    —Extraño… —musitó Effy—. No parece haber escaleras, pero sí parece haber más plantas. Muy, muy curioso.

    —¿Q-Qué hay del resto de estudiantes? Ukita está en la cocina, Lucas en el jardín, Alpha en la zona este, pero, ¿y los demás?

    —Vi a Mimiko dirigirse a su dormitorio, y a Dante, Talía y Emily hacer lo mismo, en la sección norte —explicó Liza—. Y Chad estaba pintando en una pared de la zona oeste, entusiasmado. Pero ni idea de donde está el Suertudo, sin embargo.

    —E-Entonces, ¿dónde está Steve? —tuve un mal presentimiento entonces, un terrible presentimiento.

    Pero terminó tan pronto como el joven con bufanda al cuello cruzó la puerta, sonriente y despreocupado.

    —¡Vaya, justo llego y oigo mi nombre! Debe ser suerte, ¿eh?

    Era tan jovial, tan despreocupado… en cierto modo llegaba hasta a preocuparme. ¿Era normal estar así de relajado en una situación tan extraña como aquella?

    —Seguid, seguid a lo vuestro —nos dijo, moviendo las manos en gesto alentador—. Solo iba a la cocina a por…

    Y, tan pronto como abrió la puerta, un iracundo Ukitashi vociferó con fuerza.

    —¡Se ha acabado la Frizz!!

    Oímos entonces un ruido estridente, como un golpe, y Hubert, Liza y yo nos levantamos apresuradamente. Pudimos ver cómo Ukita había cargado contra Steve, y lo agarraba mientras lo sostenía, chocándolo contra el refrigerador y agarrándolo del cuello. La sala estaba llena de latas de Frizz! vacías, apiladas en la mesa, la encimera, por todas partes.

    Y Steve, como siempre, estaba tranquilo y despreocupado.

    —Oh, vaya —dijo, con algo de esfuerzo—. Qué desafortunado, ¿no? He entrado justo en uno de los ataques de rabia del Super Comilón.

    Ukita rugía como un verdadero maníaco. Sí que era cierto que la falta de cafeína le afectaba demasiado… pronto pareció apretar aún más el cuello de Steve, pero éste seguía sonriendo.

    —¡V-Vas a hacerle daño, Ukitashi! —intervino Liza, que dio un paso al frente, pero no se atrevió al dar más después de que Ukita le mirase desafiante. Pronto habíamos llamado la atención de Ian que se acercó para mirar la escena, y comentó:

    —Vaya, qué patético escenario. Parece que Steve Stone está a punto de ser estrangulado, y todos vamos a verlo —suspiró—. Esa no es la esencia del juego, ¿sabes, Ukita? La idea es que no lo descubramos; si lo vemos todos no tiene emoción.

    —No bromees con eso —espetó rápidamente Hubert.

    —Pero, ¿quién bromeaba?

    Nadie se atrevía acercarse demasiado, ya que Ukita parecía demasiado iracundo, y Steve comenzaba a ponerse morado mientras le apretaba más y más. Pero entonces, una voz dulce sonó.

    —¡Ya basta, jo!

    Talía Wells entró correteando en la cocina y abrazó fuertemente a Ukitashi. Éste soltó rápidamente a Steve, desconcertado.

    —¡D-Déjame! —le dijo, furioso—. ¡Suéltame!

    —N-No, no quiero. Solo necesitas alguien que te diga que todo va a estar bien, que no tienes que enfadarte, que pronto habrá más Frizz!, ¿verdad? Eso es todo lo que necesitas. Aw, cosita… n-no estés enfadado, ¿sí? —Talía sollozaba mientras estrujaba al Super Comilón, que quedó impactado e inmóvil.

    Por su parte, yo me acerqué a Steve y le dije:

    —¿E-Estás bien?

    Y él sonrió despreocupado.

    —¡Claro! Puedes estar tranquilo… sabes, puede que mi talento no suene como la gran cosa, pero mientras lo tenga, sé que puedo estar tranquilo. Mi Super Suerte me protege. Y confío plenamente en ella. Sabía que algo iba a suceder repentinamente, algo que inesperado que me salvase de la ira de Ukitashi. En eso consiste mi suerte —y rio suavemente, acariciándose la zona dolorida del cuello.

    ¿Así que ese es el motivo por el cual Steve siempre está tan tranquilo y despreocupado? Porque confía ciegamente en su suerte. Pero, pero… ¿hasta qué punto puede uno confiar en la suerte? ¿No es algo azaroso? ¿De verdad se puede estar tan plenamente seguro de que todo saldrá bien?

    La escena finalizó al final, y todos nos reunimos en el comedor para cenar… al menos para cenar lo poco que había dejado Ukita, claro. Al parecer, las reservas se repondrían por la noche, así que quedaba apañarnos con lo que nos sobró.

    Cuando, sentado en la mesa, observé a los presentes, pude notar en las caras de la mayoría que la situación los tenía completamente abatidos. El humor se había venido abajo rápidamente, y lo cierto era que no me extrañaba en absoluto. Steve era el único que parecía tener sus energías al 100%.

    —Bueno, ¿qué os ha parecido la academia? —dijo—. Es bonita, ¿verdad? Supongo que tengo suerte de haber sido secuestrado en un lugar tan lujoso, y no en una celda sucia y pequeña.

    —¿C-Cómo puedes decir que eso es suerte? —intervino Mimi, que seguía pálida y apretaba los dientes—. Debes ser un imbécil si crees que este lugar es lujoso. Bueno, no imbécil: debes ser pobre. Sabes qué, olvida lo que he dicho. S-Sois todos una panda de ineptos.

    —Aw, ¿Mimi quiere un abrazo para sentirse mejor? —dijo Talía, que se sentaba a su lado, mientras la rodeaba con un brazo por el hombro.

    —¡A-A-Apártate de mí, niña repelente!

    No pude evitar reír ante la escena, pero no era una risa sincera. No era una risa libre de preocupaciones, una risa tranquila, no. Era una risa que pugnaba por mantener mi cordura. Una risa que se apagó tan pronto como observé los rostros cabizbajos de la mayoría, ajenos a momentos tan banales y cotidianos como aquel.

    —Hey —terminó diciendo Lucas, que no paraba de toquetear su… ¿cómo se llamaba? ¿Hierbomatix1500? Algo así—. ¿Habéis visto ese enorme mapa que hay dibujado en el pasillo? Es un mapa de toda la Academia, y parece sacado de un anime por la forma en la que está pintado.

    —… he sido yo el que lo ha dibujado —habló Chad—. ¡Y no has visto algo más realista en tu vida! Ese mapa nos ayudará a orientarnos porque está plenamente basado en la realidad. ¡A escala 1-100!

    —Oh, wow —exclamó Lucas, alzando la mirada por un momento de su Plantamatix3000—. Has podido pintar un mapa en la pared sin una guía, solo observando la Academia. ¡No esperaba menos del Super Dibujante!

    Chad sonrió orgulloso ante el cumplido, y frotó la base de su nariz. Pero entonces, Alpha Xenodis aclaró su garganta de forma brusca, y, muy seriamente, dijo:

    —¿Puedo preguntarle algo muy importante a alguien de esta mesa?

    Todos nos miramos entre nosotros, y fue finalmente Effy Joy la que asintió. Y entonces, Alpha colocó ambas manos sobre la mesa, dejó caer su cuerpo sobre ella y lo inclinó hacia Emily Hodges, la Super Modelo, que estaba sentada junto a Dante, al otro lado.

    —¡¡Eres Emily Hodges, tíiiiiio!! —exclamó, con los ojos dorados brillando—. ¡Nunca pensé que conocería a una modelo tan guapa! ¿Ese es tu color de pelo natural? ¡¡Estarías genial si fueses rubia!! Creo recordar haber visto una foto tuya siendo rubia, ¿verdad? ¿Verdad?

    —E-Eh —tartamudeó ella—, no, verás, eso fue s-simplemente t-tinte.

    —¡Oh! —siguió Alpha—. Tinte, eh. ¡Deberías teñirte otra vez! ¡De rubia estarías muuuuy guapa, más aún! ¡Tú y yo podríamos tomar un café o algo uno de estos días, ¿qué te parece?! Ya que no hay rubias que valgan la pena aquí, ¡eres lo mejor que puedo encontrar!

    —Oh —dijo suavemente Talía, agachando la cabeza, decepcionada. Parecía triste por haber sido excluido del concepto “rubias que valgan la pena”.

    —¡Oye, impresentable, cómo te atreves! —exclamó la otra rubia, Mimiko Honda.

    Pero rápidamente, una voz suave, una frase corta. Suficiente para calmar todo el barullo que se había formado.

    —Emily está saliendo conmigo.

    —¿Eh? —Alpha quedó inmóvil mientras miraba a Dante—. ¿Contigo? Uh. U-Uh. ¿P-Por qué?

    —… ¿hace falta un por qué? —preguntó él, apartando la mirada.

    Así que ellos dos estaban juntos. La verdad, nunca lo había pensado, pero ahora que me paraba a analizarlo, sí, tenía sentido. De hecho era algo que debería haber supuesto antes. ¿Qué clase de Super Policía soy yo?

    —Hay algo que lleva tiempo inquietándome, Dante —habló Hubert, con voz serena y firme—. ¿Cuál es tu talento? Es el único que desconocemos.

    —…

    —¿Y bien? —la mirada incisiva de Hubert no dejaba respirar a Dante, pero este tardó en responder aún así.

    —… no lo recuerdo. Tal vez no tenga talento.

    —¿No lo recuerdas? —exclamó, sorprendido, Brendan, que escribía como loco sobre su libreta.

    Aquella, creo, fue la primera vez en todo el tiempo que llevábamos allí que lo veía hablar. Pero rápidamente agachó la cabeza al ver que todos le mirábamos, y siguió apuntando cosas en su cuaderno.

    La cena siguió así, mientras que todos intentábamos mantener un humor alto, de la mejor manera que podíamos. Hasta que…

    *ding, dong, bing, bong*

    Monokuma apareció en el gran monitor del comedor.

    —Ejem, ejem —dijo, con su copa de vino en la mano—. ¡Son oficialmente las 10 PM, por lo que a partir de ahora, es tiempo nocturno! En el tiempo nocturno, no podréis entrar al gimnasio, ni al comedor, así que por favor, amablemente dirigíos a los pasillos y aventuraros hacia vuestros dormitorios a dormir, o planead algún asesinato en las sombras de la noche… upupupu. No olvidéis que cada dormitorio tiene un pestillo que puede cerrar la puerta desde dentro. ¡Más os vale hacerlo, si no queréis acabar asesinadooos!

    Tras el anuncio, poco a poco nos fuimos dirigiendo todos hacia nuestros dormitorios. El dormitorio era bastante simple, con sábanas azules sobre la cama y tonos negros y grises en la decoración. Una mesilla de noche, un monitor y cámaras de vigilancia, un baño privado, armario lleno de uniformes idénticos a mi ropa actual y un escritorio.

    Me dejé caer sobre la cama, y fue entonces cuando me di cuenta de lo profundamente cansado que estaba en realidad. Había sido un día extraño, rarísimo, y no me quedaban apenas energías. Mis ojos se cerraron pesadamente…


    El sonido de golpes en la puerta me despertó.

    —¿Q-Quién es? —pregunté, aún adormilado, mientras frotaba mis ojos. Siguieron golpeando.

    Con lentitud, caminé hasta abrir la puerta, y un sonriente y madrugador Steve estaba allí, felizmente.

    —¡Drake, Drake, Drake! ¿Acaso no has oído el anuncio de la mañana? ¡Si ha sonado a todo volumen hace dos horas!

    —U-Uh. No he oído nada —cuando duermo suelo ser una verdadera marmota… despertarme antes de que cubra mis diez horas de sueño es una tarea muy complicada—. ¿Qué sucede, en todo caso?

    —¡Ah, lo que sucede! ¡Ven, ven, no puedes perdértelo! ¡Es alucinante!

    Y me agarró de la muñeca, tirando de mí. No tuve más remedio que, tras protestar inútilmente, correr arrastrado por el Suertudo hasta llegar al jardín interior. Y la escena que allí vi me dejó totalmente contrariado.

    —¿Qué pasa aquí…?

    Lucas estaba mirando hacia arriba, con su Plantox2050 en mano, sonriente, mientras gritaba:

    —¡Sigue así, Alpha, casi lo tienes! ¡Pero hey, hey, hey, no tires de esa Madreselva, que le haces daño! El Plantix2000 me dice que duele, ¿sabes?

    —¡Oye, si no tiro, ¿cómo se supone que debo agarrarme?!

    La voz de Alpha vino desde arriba, y mi cabeza se inclinó hacia esa dirección. Fue entonces cuando vi muchas, muchas más enredaderas o trepadoras por todas partes, con flores de distintos colores decorándolas. Eran como lianas que se deslizaban a uno y otro lado, y… Alpha estaba agarrándose a una de ellas, con su bate bajo la axila, subiendo y subiendo hasta alcanzar la altísima bóveda de cristal.

    —¡Se va a matar como se caiga! —exclamé, alterado, pero Steve ponía su mano en mi hombro, despreocupado.

    —¡Es el Super Deportista, Drake! No tienes que preocuparte por él, la escalada es uno de sus múltiples talentos. Además, ¡yo estoy presente, y verlo caer me causaría una terrible conmoción! No deseo en absoluto que eso suceda, así que… ¡estará bien!

    Huh… no sigo su lógica. Igual soy yo, que estoy especialmente lento por acabar de despertar.

    —¿Qué tiene eso que ver?

    Steve sonrió ampliamente.

    —¿Olvidas que soy el Super Suertudo? ¡Mientras yo esté aquí y anime a Alpha, no puede caerse… porque si yo apuesto porque conseguirá llegar hasta arriba y resulta fracasar, ¿no sería eso señal de mala suerte para mí?

    Ehm… supongo que es una forma un poco egoísta de enfocarlo, pero en fin, era mejor no replicar. En cualquier caso, otro de los presentes allí se encargó de hacer la pregunta que yo llevaba tiempo planteándome.

    —¿Y cuál es exactamente su objetivo? —miré entonces a Hubert, que fue el que preguntó. Estaba junto a Brendan (que apuntaba todo en su libreta y en silencio), Ukita (este bebiendo una lata de Frizz! mientras tenía otra vacía en su otra mano) y a Ian, todos ellos expectantes.

    —¡Oh, Alpha ha decidido que subirá hasta lo más alto, hasta el techo de cristal, y lo romperá con su bate! Así podrá salir y buscar ayuda.

    Lucas toqueteó, tras decir eso, algunas cosas en su Herbix2000, y luego dijo, en voz baja.

    —Bien, bien, la planta parece estar soportando el peso.

    Y justo entonces, Monokuma apareció.

    —¡Ay, ay, ay! ¡Pero qué hacéis…! Upupupupu… ¿en serio créeis que saldréis tan fácilmente? ¡Vuestros esfuerzos son inútiles! Tenéis que preocuparos de planear crímenes perfectos, ¡no de hacer estas cosas tan ridículas! Upupupu.

    Solo yo parecí fijarme en Monokuma; el resto estaba ignorándolo sin mayores problemas, centrándose en Alpha o en sus propias ocupaciones (como era el caso de Brendan, Lucas y Ukitashi).

    —¡He llegado, chicos! —gritó el Deportista, que pronto empezó a golpear con su bate el cristal, sin mayores resultados—. ¡Este cristal es duro como un muro!

    Monokuma pareció enfadarse: su rostro se encendió en rojo, como si fuese una persona furiosa, y agitó sus brazos alocadamente.

    —¡Ey, ignorar al director está muy feo, pero más feo aún es intentar romper el mobiliario de la Academia! ¡Eso va contra las reglas! ¡Te castigaré por ello!

    Monokuma saltó entonces, y comenzó a trepar de enredadera en enredadera, como si fuese un auténtico mono que iba de liana en liana. Rápidamente, a una velocidad surrealista, alcanzó a Alpha y, con afiladas uñas, cortó la parte superior de la liana. Pronto Alpha cayó, agarrado con fuerza a la planta, y se libró por poco de chocar contra el suelo. La enredadera tomó velocidad y se tambaleó por todo el lugar, hasta que Alpha acabó en lo alto de un gran árbol.

    Monokuma cayó entonces al suelo de manera elegante, y, cuando quise darme cuenta, había desaparecido.

    —¡A-Alpha! —grité, corriendo hacia el árbol.

    —¡Wow, Alpha, ¿estás bien?! —Steve me siguió, yendo en la misma dirección.

    —¡Hala, menudo porrazo! —Ukita se acercó, divertido, seguido de Ian.

    —… —Brendan, por su parte, seguía en su esquina, escribiendo en el cuaderno sin parar.

    Y fue Lucas el último en acercarse, extremadamente alarmado.

    —¡Oh, no! ¡Por favor, dime que estás bien! —cuando llegó al árbol, del cual estaba colgando el Deportista, magullado y mareado, Lucas se abrazó a la planta y no al humano—. Mi poooobre Quercus Alba, ese impacto debe haberte dolido. Hala, hala, ven que te mime, shh.

    Tras la pintoresca escena, logramos bajar a Alpha sumando los esfuerzos de varios de los presentes. Mientras lo bajábamos, Ian le ordenó a Brendan que fuese a buscar a los demás, y eso hizo, pese a que al principio quiso rechistar. Pronto todos nos hubimos reunido allí, y Alpha estaba bajado. El chico parecía molesto.

    —¡Ese Monokuma! ¡Estaba a punto de romper ese cristal!

    —Lo dudo, francamente —intervino Hubert, encogiéndose de hombros—. Le propinaste varios golpes y, aun así, no se inmutó; creo que el cristal está hecho a prueba de todo tipo de golpes. No parece ordinario. Pero lo relevante es… ¿viste algo al otro lado, más allá del cristal? ¿Viste el exterior?

    Alpha acarició su nuca.

    —Pfft, no pude ver nada, demonios. Estaba demasiado alto, y todo lo que veía era el cielo y un enorme techo, el techo de esta academia.

    —Vaya. Malas noticias —Effy frotaba su mentón, reflexivo.

    Fue entonces Steve el que dijo algo que debería haber preguntado yo, a decir verdad. Porque yo me había fijado, pero… lo cierto es que no lo pensé así en ningún momento. Debo ser una vergüenza como Super Policía.

    —Por cierto, ¿cómo es que hay tantas enredaderas ahora? Juraría haber visto menos ayer cuando me pasé por el jardín.

    Y Lucas, entusiasmado, dio un saltito y alzó la mano.

    —¡Yo tengo la respuesta, claro que sí! Estuve investigando un poco las plantas de la zona con mi Plantix2000, y bueno… resulta que estas “enredaderas” o Madreselva han sido modificadas genéticamente, y es fascinante, a decir verdad: si aumentas la cantidad de agua que les proporcionas, en seguida crecen entre 2 y 5 metros a cada tres horas; pero si les privas de agua, el efecto sucederá a la inversa, ¡la enredadera comenzará a menguar!

    —¿M-Menguar? ¿Eso es posible? —pregunté, desde mi más pura ignorancia.

    —Hmmm —Lucas parecía pensativo, mirando su Plantix2000… espera, no, creo que me he equivocado con el nombre. Bueno, como sea, el cacharro ese—. Eso pensé yo, que era ciertamente extraño, pero esos eran los datos que obtuve al analizarlas. Por eso decidí verificarlo, y aumenté la frecuencia de riego desde la sala de mantenimiento durante la noche. ¡Y esta mañana, ¡bum!!, habían crecido tanto como veis. Pero tranquilos, he cerrado el riego momentáneamente, para que vuelvan a su posición original.

    —Wow, suena muy interesante —Liza asintió.

    —¡Bien podría existir algo así con la comida! —Ukita tenía un extraño brillo entusiasta en sus ojos—. ¡Como que cuanto más comes, más comida surge de la nada!

    N-No sé qué tiene que ver eso con lo de la enredadera, pero supongo que no es cuestión de discutir.

    —¿Y h-has sido capaz de subir hasta allá arriba tú solo, Alpha? —Emily fue la que habló, con un tono de voz inseguro, siempre agarrada del brazo del silencioso Dante.

    —¡Claro que sí! ¡Estás impresionada, eh, no-rubia! Pero bueh, no fue tan difícil. A mitad de camino hay un saliente —Alpha señaló hacia arriba—. Solo tuve que llegar hasta allí usando una escalera de mano y, luego, comenzar a trepar desde allí.

    Hasta que Alpha no lo mencionó no me di cuenta; había una escalera de mano apoyada contra una pared, y llegaba justo hasta uno de aquellos salientes. Había cuatro, uno al norte, otro al sur (sobre la puerta de entrada), al este y al oeste. Supongo que estaban ahí para permitir el mantenimiento de las plantas o la recolección de frutos de los árboles más altos. Pero, ¡mira que no darme cuenta de la presencia de la escalera hasta ahora…!

    De pronto, el silencio se vio interrumpido por una canción estridente que empezó a sonar en mitad del lugar. La canción empezó a oírse a todo volumen, cantándola su vocalista con una voz aguda:

    I’M A BARBIE GIRL. IN A BARBIE WORLD.

    Todos empezamos a mirar en todas direcciones en busca del foco del ruido, aquella música acompañada de una vibración tan potente que retumbaba en mis oídos como un taladro.

    LIFE IN PLASTIC. IT’S FANTASTIC!

    Por algún motivo, enfoqué mi mirada en Talía; de algún modo, la canción me parecía apropiada para ella, ¿no? Era la más infantil y “mona”. Pero no… ella estaba buscando también el foco del ruido.

    —¡Hey, no pongáis esa música tan hortera aquí! —gritó Lucas, enfadado—. ¡Las plantas empiezan a sentir vergüenza ajena!

    YOU CAN BRUSH MY HAIR AND DRESS MY EV…

    De pronto, la música paró, y la vista de todos se enfocó en el lugar del que provino el “beep” que le puso fin. Mimi tenía un teléfono móvil bastante grande en sus manos. Al verse descubierta, su rostro se puso extremadamente rojo.

    —¿Q-Qué miráis, imbéciles? ¡E-E-Esto es… es…!

    El rostro de Effy cambió bruscamente, y se dirigió hacia ella.

    —¡Dame eso! ¿¡Tienes un teléfono móvil y no lo has dicho hasta ahora!?

    Mimi escondió el aparato detrás de su cuerpo.

    —¡O-Oye, lo que yo haga con mi vida privada no es asunto vuestro, p-pobres ig-ignorantes!

    Y, deslizándose tras ella, otro chico logró birlarle el móvil.

    —¡Aaaah! —gritó Mimiko—. ¡D-Dame eso, rarito!

    Chad analizaba el móvil de cerca, agachado en una esquina. Se lo llevó al oído, toquetó un par de botones y luego alzó la cabeza.

    —Vaya. No tiene aplicación de dibujo.

    … casi me pareció oír el sonido de los grillos.

    —¡Ese no es el punto ahora, Chad! —exclamé—. ¿P-Puedes llamar con ese teléfono? ¿¡Podemos pedir ayuda!?

    Mimi se retorcía mientras era agarrada por Hubert.

    —¡Déjame, maldito nerd! ¡Devolvedme mi móvil!

    —Señorita Honda, es por el bien de todos —Hubert pugnaba por no dejarla marchar.

    —Ay, ay, Mimiko, ¡solo necesitas un abrazo! —Talía la abrazó por el otro lado, creando un agarre aún más potente en lugar de aliviándola.

    —¡No quiero sucios abrazos, quiero mi jodido móvil!

    Tuvo que ser Steve el que agarró el móvil de las manos de un decepcionado Chad. A su alrededor, observando la gran pantalla táctil, nos conglomeramos varios de los presentes: Liza White, Elisa Daroch, Ian Lockhart y yo. Y los cuatro observamos con desesperanza cómo el móvil carecía de cobertura. Aun así, Steve marcó el número de emergencias y pulsó el botón de altavoz. Todo lo que oyó fue aquella voz aguda y macabra:

    —¡Te has equivocado de núuuumero! Upupupu….

    —D-Demonios —volvió a marcar, y, de nuevo, la voz sonó.

    —¡Te has equivocado de núuuumero! Upupupu…

    … no había forma. No teníamos forma de salir, de comunicarnos con el exterior, no teníamos opciones. No teníamos nada. Solo desesperación.

    ¿Estábamos, realmente, condenados a seguir dentro de aquel lúgubre lugar, de aquella Academia sin ningún contacto con el exterior? ¿De verdad no había ninguna forma de salir? ¿Quién nos había encerrado? ¿Por qué motivo?

    ¿De verdad tendríamos que… matarnos entre nosotros?

    Estudiantes: 16

    - Drake Orestes – Super Policía (VIVO)
    Objeto: Pistola
    Datos obtenidos: nuestro protagonista, y el proclamado Super Policía. En realidad, es un chico bastante despistado y olvidadizo que, según dice, logró ser policía de prestigio simplemente por tener suerte. Aun así, la experiencia como investigador es algo que ha adquirido, y, aunque no tenga demasiada atención por según qué detalles y no se le dé del todo bien memorizar nombres, intente hacer honor a su talento.

    - Steve Stone – Super Suertudo (VIVO)
    Objeto: Revista Ultimates.

    - Ian Lockhart – Super Estratega (VIVO)
    Objeto: Game Boy

    - Alpha Xenodis – Super Deportista (VIVO)
    Objeto: Bate de béisbol

    - Ukitashi – Super Comilón (VIVO)
    Objeto: Sándwiches

    - Talía Wells – Super Estrella Infantil (VIVA)
    Objeto: Teddy el oso

    - Hubert Maddsson – Super Ajedrecista (VIVO)
    Objeto: tablero portátil

    - Effy Joy – Super Política (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Lucas Diamond – Super Botánico (VIVO)
    Objeto: Plantix2000

    - Liza White – Super Criadora (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Emily Hodges – Super Modelo (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Dante Miles – Super ¿? (VIVO)
    Objeto: ¿?

    - Chad Redflame – Super Dibujante (VIVO)
    Objeto: Pincel y pinturas

    - Brendan Ruby – Super Periodista (VIVO)
    Objeto: Cuaderno y bolígrafo

    - Elisa Daroch – Super Médium (VIVA)
    Objeto: Cartas de tarot

    - Mimiko Honda – Super Millonaria (VIVA)
    Objeto: Teléfono móvil

    No os acostumbréis, es probable que tarde más en hacer el resto (?
    En cualquier caso, podéis votar para los free-time events del siguiente capítulo. ¡Solo comentad y decir un solo personaje (solo vale uno) que queráis que sea "entrevistado" por Drake! Los tres más votados saldrán y se ampliará información sobre ellos. Recordad que cualquiera puede morir... ¡no desaprovechéis esta oportunidad!
     
    Última edición: 8 Octubre 2017
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  4.  
    Graecus

    Graecus Sobreviví a la Boda Roja Game Master Esbirro

    Libra
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    De verdad que este fic se esta convirtiendo en lo mejor que he leido este año x'D

    Me apuesto lo que sea a que el jardín sera el escenario del primer crimen, esta obteniendo mucho protagonismo y ya hay detalles ocultos que seguramente se revelaran el dia del juicio e.e/

    Y lol, la canción del teléfono de Mimi simplemente me mató xD aunque yo también esperé que fuera el oso de Talía, no el movil de Mimi xDDD

    Pues yo voto por Liza, mas que nada porque por el momento se ha estado quedando atrás uwu9
     
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  5.  
    Lucas Diamond

    Lucas Diamond Rolero Esbirro

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    He de decir que el talento de Lucas no me hacía especial gracia, pero bueno, en la práctica lo veo mejor (?) Además le pega bastante, o eso creo.

    Hmm... Me gusta cómo va tomando forma el fic y el hecho de conocer ya a los personajes y tenerles cariño pues ayuda mucho xD Luego cuando se mueran va a ser más sad, but merecerá la pena xD Por otro lado estoy de acuerdo con Grae, hay muchos datos sobre el jardín que hacen que sospeche que será el lugar del crimen, pero no sabría decir si Lucas estará involucrado. No acabo de verlo.

    Y si mal no lo he entendido, una de las puertas solo se abre desde dentro, ¿o cómo va eso? (?

    En cuanto a los aspectos ténicos, solo tuviste un fallo ahí (o al menos que yo haya visto):

    Y siendo yo tengo que resaltártelo, obv.

    Aparte de eso, creo que está muy bien conseguido y se hace muy amena la lectura. Por lo que veo tiene pinta de que va a ser como el de AA, así que deduzco que estará bien. Solo espero que este no lo abandones. Ni el otro, claro (?

    En fin, mi voto va por Dante, que resulta muy misterioso el tipejo. Nada más que aportar.

    ¡Muy bien hecho, tate!

    Sigue así,

    Lucas Diamond~ <3
     
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  6.  
    GalladeLucario

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    Título:
    Fanfic - Pokénronpa
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    7411
    Bueno, tengo el capítulo hecho ya, y quiero escribir tanto como pueda ahora que tengo posibilidad de ello; es por eso que he elegido como personajes para los free-time esta vez a Liza, Dante (como ya habéis votado) y a Lucas; a este último lo he elegido porque, pese a que no ha habido nadie que lo votase formalmente en un comentario, Gold-kun fue el primero en decirme por privado que le gustaría que saliese, de modo que, por esta vez, lo voy a tomar como voto y hacer esos tres free-times

    Capítulo 1: Víctimas de la desesperación

    Vida Diaria 2

    Sí, Mimiko Honda, la Super Millonaria, tenía su teléfono móvil como objeto personal. Sin embargo, era imposible llamar utilizándolo, puesto que no había cobertura en el lugar, y, además de eso, las llamadas parecían estar redirigidas a un número que no paraba de repetir lo mismo de forma automática. Estaban redirigidas de manera que, llamásemos a quien llamásemos, siempre oíamos la voz de Monokuma, riéndose de nosotros. Disfrutando al ver cómo nuestra esperanza se desmoronaba.

    Pero, ¿por qué sonó entonces aquella música tan hortera y tan estridente? ¿Alguien había llamado a Mimiko? ¿Era siquiera posible? Comprobamos concienzudamente el registro de llamadas, pero no encontramos señales de ninguna llamada. Y Mimi insistía en que había sido todo causa de un error, que la música no era suya. Insistía en mentir descaradamente; aquel móvil vibraba con una intensidad exagerada, y sonaba tremendamente fuerte. Estaba claro que algo había sucedido.

    Al final, tras investigar a fondo el teléfono, decidimos que era inofensivo, y se lo devolvimos a su dueña.

    Y el día transcurrió de forma tranquila… mientras que algunos, como Alpha Xenodis o Steve Stone, seguían optimistas y tratando de buscar una salida, la mayoría nos habíamos rendido a la evidencia. No había forma de salir, no había nada que pudiésemos hacer.

    Algunos habían encontrado, incluso, algo bueno en toda aquella situación.

    —¡Al menos, aquí la comida y la Frizz! no tiene límites! —decía alegremente Ukitashi.

    —Si hay una salida, terminaré encontrándola… pero igualmente, no moriré aquí dentro, ¡porque tengo la suerte de mi lado! —sonreía siempe Steve.

    —Mientras Teddy esté conmigo, no me pasará nada, lo sé —Talía se aferraba a su oso de peluche con fuerza.

    Y, el que más me preocupaba, sin duda… era él. Porque parecía estar analizándolo todo, observando. Y sus comentarios eran… escalofriantes.

    —… la vida aquí es aburrida. Pero si el juego de asesinato mutuo comienza, tendremos una diversión —me comentó aquella tarde Ian, y no pude sino tragar saliva bruscamente, asustado. Su expresión era vacía; su sonrisa, siniestra—. Lástima que la gente débil haga que esa diversión sea menor. Todo sería más entretenido si todos fuesen fuertes.

    En cualquier caso, después del almuerzo, me dirigí a mi habitación. Tumbado en la cama, hurgué entre mis ropas y extraje mi pistola. ¿Por qué… seguía teniéndola? No la había usado mucho, pero desde luego, sabía manejarla. C-Cierto que mi puntería no es la gran cosa, ¡pero hey! Un policía no debe matar con la pistola; un policía debe usarla para neutralizar, no para matar. Esa es la regla de oro.

    Abrí el cargador y observé que había tres balas. Estaba cargada… no me había parado a comprobarlo hasta entonces. ¿Por qué Monokuma nos había privado de todas nuestras pertenencias pero nos había dejado un solo objeto a cada uno? ¿Tal vez quería… que los usásemos para matar?

    En cualquier caso, aburrido de estar tumbado, terminé por dar un salto de la cama, estiré mis brazos y me dirigí a mi puerta. Aún tenía algo de tiempo antes de que fuese de noche, ¿cierto? Podría aprovechar para charlar con alguien y… despejar un poco la mente.

    Free-time: Liza White

    Mientras caminaba por los pasillos, me encontré a Liza susurrando, frente al gran mapa que había pintado Chad en la pared. Cuando me acerqué a ella, pareció sobresaltarse. De nuevo volvía a notar cómo ocultaba algo entre sus ropas. ¿Qué escondía aquella chica?

    —Hey, Liza —le dije, alzando la mano, sonriente—. ¿Qué haces aquí?

    —Oh, hum, estaba comprobando el mapa de Chad. Me resulta extraño… definitivamente debe haber más de una planta, ¿no crees?

    —¿Sí? ¿Por qué crees eso? ¿Es por la altura del jardín interior?

    Liza negó con la cabeza.

    —No es solo eso. Es porque, bueno, se supone que esto es una escuela de verano, ¿no? Y si es una academia con instalaciones tan grandes, ¿no es extraño que haya solo un par de aulas, un gimnasio y un jardín? Debería haber una sala de música, una sala de ordenadores, más aulas… no sé, cosas típicas de una academia.

    Ese era un buen punto, qué duda cabe. De pronto, vi cómo sus ojos se iluminaban.

    —¿C-Crees que habrá alguna granja o algo con animales? ¡S-Si es una academia de verano, es posible! En muchos sitios se hacen excursiones para llevar a los alumnos a granjas-escuelas.

    ¿Está diciendo que la academia es una granja-escuela? V-Vaya.

    —Claro —le dije, acariciando mi nuca—, eres la Super Criadora, ¿no?

    Ella asintió, feliz, y dio una palmada, como si hubiese recordado algo de pronto. Lo cierto es que me sobresaltó un poco.

    —¡Claro! ¡Puede que no haya granjas, pero sí que tengan un laboratorio! ¡¿¡Crees que tendrán ratitas!?!

    ¿L-Le gustan también las ratas? Creo que es una de las primeras chicas que conozco que se entusiasma tanto ante la idea de que pueda haber ratas en el lugar donde duerme día tras día.

    —¡O mejor aún! ¡¡Tal vez haya cucarachas en alguna parte!!

    ¿C-C-C-Cucarachas también?

    —¡Vamos, Drake! ¡Ayúdame a buscar cucarachas! Se esconden en cualquier rincón, y son escurridizas, pero puede que encontremos sus huevos, al menos. ¡Sígueme, vamos! ¿Sabes cómo es un huevo de cucaracha?

    —E-Eh, no sé si me apetece… —pero no pude evitar ser arrastrado por ella.

    Liza y yo pasamos un tiempo buscando huevos de cucaracha, mientras me explicaba con todo lujo de detalles la forma de reproducción de esos insectos. A-Al menos parece que nuestra relación había mejorado un poco.

    —Jo —suspiró—. No parece haber ninguna cucaracha. Ni siquiera una triste mosca.

    —Vaya, Liza… verdaderamente estoy sorprendido —confesé—. Pensaba que, como criadora, te gustaría más otro tipo de animales. Como caballos, cerdos y cosas así.

    —Bueno, soy la Super Criadora, no la Super Granjera —me dijo, algo molesta. T-Tal vez tenía razón—. He criado a todo tipo de animales, y los adoro a todos. De pequeña me crié en un zoo, ¿sabes?

    —Oh, ¿un zoo? ¡Adoro los zoos! ¿Tus padres eran los dueños o algo así?

    —No, mis padres eran los guardias del zoo, y vivíamos dentro del mismo. Nací y crecí rodeada de todo tipo de animales —sonrió, pero, en seguida, su expresión se tornó triste—. Pero no pude evitar sentir pena de todos mis amigos. Encerrados en jaulas y entre cristales, obligados a vivir como prisioneros, sin haberle hecho daño a nadie.

    La miré con algo de tristeza, y no pude evitar sentirme algo mal por haber hablado tan bien de aquellos sitios. En cierto modo, parecía que Liza los odiaba, y, al mismo tiempo, los amaba.

    —Sí, tienes razón —le dije, cabizbajo. Pronto ella volvió a sonreír.

    —¡Por eso, un día, los liberé a todos! —su sonrisa era grande—. ¡Y los elefantes, jirafas, focas, serpientes, rinocerontes, todos, pudieron ser libres y vagar por la ciudad, los bosques y por todo el mundo!

    —¿Q-Qué…? ¿¡Liberaste a todo el zoo!? ¿H-Hubo elefantes sueltos por tu ciudad? —lo decía con toda tranquilidad, con una amplia sonrisa.

    —¡Sí! Aw, eran tan monos, mis amigos… ellos solo querían ser libres. ¡Merecen esa posibilidad tanto como nosotros! ¿No crees?

    Medité un momento en silencio, y, luego, terminé asintiendo.

    —S-Supongo que tienes razón.

    La Super Criadora tenía un modo un poco particular de pensar, pero, ¿acaso no tenía parte de razón? Nos creemos superiores a los animales, y eso… es egoísta. Tal vez su filosofía de que todos los animales, incluidos humanos, dispongamos de la misma libertad no sea tan descabellada, después de todo.

    El nivel de amistad con Liza White sube a 1.

    De modo que llegó la hora de la cena. No pasó mucho tiempo después de que todos cenásemos cuando un anuncio apareció de pronto en el monitor:

    —¡Ejem, ejem! —Monokuma apareció en pantalla entonces—. ¡Alumnos de la Academia de Verano para Jóvenes Talentos¸ por favor, reuníos en el gimnasio! ¡El director tiene algo que comunicaros! ¡Asistid todos y todas, por favor! No me obliguéis a convenceros… upupupu.

    Al decir esa última frase, Mimiko y Alpha se levantaron prestos.

    —V-Voy a ir al gimnasio, ¡p-pero porque es el mejor lugar para mí, el Super Deportista, n-no porque ese oso me lo haya dicho!

    —Y-Y yo voy a ir allí también, porque… porque… —Mimi miraba en todas direcciones, como buscando una forma de excusar convincentemente su cobardía—. ¡B-Bueno, no tengo por qué daros explicaciones, voy y punto!

    Y ambos se marcharon. A decir verdad, no les culpaba: fueron testigos de lo que podía pasar si se desafiaba a Monokuma. Aquellas gigantes ametralladoras que surgieron del techo, apuntando al suelo… dispararon descontroladamente al suelo. Si quisiese, Monokuma podría hacer que perforasen a cualquiera de nosotros, nos convertiría en un colador. Si hubiese estado a punto de haber sido asesinado de esa forma, también tendría miedo. ¡Joder, lo tengo incluso ahora, y solo fui testigo de ese poder!

    —Será mejor que vayamos —dijo Effy, alzando la voz—. ¡Escuchadme bien! Estamos en una situación que es difícilmente comprensible para cualquiera de nosotros. Entiendo que estéis asustados, es normal; yo soy la primera que tiene miedo. ¡Pero no podemos sucumbir a la desesperación, chicos y chicas! Tenemos que mantenernos fuertes. Alguien debe estar controlando a Monokuma, controlando toda esta academia, ¿sí? Alguien es el causante de toda esta bizarra situación. Y quiere que dudemos los unos de los otros, que tengamos miedo y desconfiemos. Quiere separarnos. Pues bien, no dejemos que eso pase, ¡mantengámonos unidos contra la mente maestra detrás de todo esto!

    Todos comenzaron a susurrar, hipnotizados por las palabras de Effy. No me extrañaba que fuese la Super Política… su discurso motivador era sencillamente brillante, totalmente convincente. De algún modo, lograba llenar de esperanza nuestros corazones.

    —De momento, deberíamos obedecer —afirmó—. Por nuestra supervivencia… pero obedecer no significa rendirnos. ¡Vayamos todos al gimnasio, escuchemos a ese oso de pacotilla y luego, unidos, encontremos una solución entre todos! Seguro que la hay, y seguro que nosotros, los Ultimates, podemos llegar a ella —calló por un segundo, todas las miradas fijas en ella. Pronto comenzó a caminar—. Si estáis conmigo, seguidme. ¡Al gimnasio!

    Era capaz de movilizar a las masas, de eso no me cabía duda. Todos la siguieron, y yo me quedé atrás, simplemente por la impresión que provocó en mí su capacidad de oratoria, con los ojos abiertos y la mirada enfocada a ninguna parte, completamente abstraído. Fue la imagen de Ian caminando lentamente delante de mí lo que me hizo moverme, y me coloqué andando a su ritmo. El chico sonreía de manera extraña.

    —Supongo que ella es “fuerte”, según tu lógica, ¿no? —le dije, tratando de mantener una conversación sencilla y amable con él. Pero no. Con Ian Lockhart, eso no parecía ser posible.

    —Je. ¿Lo crees de verdad?

    —Hmmm. No se me ocurre alguien más fuerte que ella, la verdad. Es decidida, segura, con capacidad de convicción y opiniones firmes.

    —Bueno —susurró él, extrayendo la Game Boy de su bolsillo y comenzando a jugar mientras caminaba, distraído—. Eso es lo que tú crees. Y aunque tuvieses razón… a mí si se me ocurre alguien más fuerte que ella: yo.

    Y aceleró el ritmo, dejándome extrañado, con un sabor desagradable en la boca.


    Al entrar al gimnasio, vi a todo el mundo reunido ya sobre el estadio enorme que componía la sala, frente a un pequeño escenario donde una pequeña mesa de profesor servía como única decoración. Alpha tenía tres pelotas en sus manos, botándolas todas al unísono con una velocidad pasmosa.

    —¡Estate quieto ya! —le espetó Liza, dando un paso atrás—. ¡V-Vas a hacerle daño a alguien!

    Pero Alpha sonreía despreocupado.

    —¡No pasa nada, yo controlo! —Alpha se acarició el cabello, sin dejar de botar las tres pelotas con solo una mano. De verdad era sorprendente—. ¡Venga, unos pases mientras viene el oso diabólico! ¡Ajedrezo, pilla!

    De pronto, lanzó una pelota hacia Hubert, que parecía despistado, pero se movió ágilmente y paró el balón con ambas manos en un movimiento rápido, preciso y ágil.

    —Hmpf —dijo, dándole un par de botes a la pelota de baloncesto—. Es una actividad deportiva… pero lo mío es el ejercicio lógico.

    Steve se dio media vuelta y me vio allí entonces. Lo vi acercarse correteando hacia mí, y pronto tropezó de bruces en el suelo. No pude evitar reír: para ser el Super Suertudo, eso era muy mala suer…

    No pude terminar mi frase: había tropezado al mismo tiempo en que Hubert le devolvía la pelota a Xenodis, colocándose justo en el camino de su trayectoria. La pelota botó en el suelo, a centímetros de donde Steve había caído, y luego continuó alzándose en el aire, sin llegar a rozar a Steve, que, de no haberse tropezado, habría resultado golpeado por ella. En su lugar, dio en la cabeza de Ukita.

    —¡Auch! —el Frizz! que llevaba en las manos se derramó, y la ira pudo verse en el rostro del pequeño muchacho—. ¡Tened más cuidado! ¡Malditos…!

    Y entonces, la voz de Monokuma se oyó, y este apareció repentinamente sobre la mesa. Una enorme ruleta con un cuchillo como manecilla en el centro apareció también, sobre el escenario. Cada “casilla” de la ruleta tenía una de nuestras caras pixeladas.

    —¡Sileeeencio! El director ha llegado~.

    Y todos callaron entonces, soltando Alpha abruptamente todos los balones. Elisa fue la que alzó la voz, suavemente, pero de forma contundente.

    —¿Para qué nos llamabas?

    —Ay, ay, ¡en seguida voy a ello, pequeña Medium! Un poco de paciencia, upupupu —se aclaró la voz, y dio un saltito de emoción—. ¡Os he llamado para presentaros eeeeeel… tachán! —señaló a la ruleta con ambas patitas—. ¡Primer motivo!

    —¿Motivo? —pregunté, alzando una ceja en señal de confusión.

    —Explícate —exigió Hubert, de brazos cruzados.

    —¡No necesito motivos para dar abrazos! —Talía, sonriente, se aferró a quien tenía más cerca, que resultaba ser Steve. El chico sonreía.

    —Soy afortunado, ¿eh? —acarició su nuca con tranquilidad.

    Pese a que el “director” estaba hablando, había gente que parecía no prestar atención. Lucas seguía pendiente de su Plantox1500, supongo que revisando los datos de las plantas del jardín que había encontrado; desde que llegó al Jardín interior, no parecía interesarle otra cosa, mirando con ilusión cada una de las flores, arbustos y árboles que había allí. Ian seguía con su Game Boy, totalmente ajeno a su entorno, ¿o tal vez prestaba más atención de lo que parecía? Por su parte, también estaba el silencioso Brendan, siempre en una esquina, tomando notas de todo cuanto le rodeaba, y pareciendo más interesado en escribir todo lo que sucedía que en participar en ello.

    —Ejem, ejem —se aclaró de nuevo la voz el oso—. ¡Así es! Sabéis, he pensado que, aunque os diga que tenéis que mataros entre vosotros para graduaros y blablablá, toda esa moral y cosas raras de vosotros los humanos son taaaaan aburridas que quizá pasen días y días y días de aburrimiento absoluto para mí, sin que suceda ningún crimen… ¡es por eso que, para incentivar que el juego de asesinato mutuo comience, os voy a dar… ta-dah! ¡Un motivo!

    —Repito: explícate. ¿Qué es ese motivo? —insistió Hubert.

    —¡Upupupupu! ¡Aquí empieza lo divertido! El motivo es esta ruleta que veis aquí.

    —¿Una ruleta es el motivo para que nos matemos? —inquirió, confusa, Effy.

    —¡Así es! ¡El azar será vuestro motivo! Veréis, si nadie mata a nadie en dos días, ¡la ruleta se detendrá sobre uno de vosotros y ese será fulminado por las ametralladoras de la ciudad! Upupupu.

    —¿C-Cómo? —pregunté, alterado y confuso. Mi corazón latía con fuerza. Steve parecía estar a mi lado, y colocó su mano en mi hombro, llamando mi atención. Sonrió con fuerza, y, de algún modo, logró transmitirme ese optimismo que desprendía todo su cuerpo.

    —¡En el amanecer del tercer día —dijo Monokuma, alzando los brazos y hablando de forma misteriosa y siniestra—, la ruleta se parará, y tendréis una posibilidad entre dieciséis de ser asesinados! Si queréis evitar la posibilidad de ser el elegido, ¡matad vosotros antes, y nos olvidaremos de la ruleta! Podéis pensar que es una probabilidad muy baja, pero, ¿y si os toca? Upupupu… ¿resistiréis la desesperación y confiaréis en el destino? ¿O la angustia, el miedo y la tensión se apoderará de vosotros y mataréis antes de ser matados?

    Monokuma, tras eso, agarró la ruleta y la hizo girar, a tal velocidad que parecía que iba a salir disparada en cualquier momento.

    —¡No importa lo que hagáis, esta ruleta no se detendrá en ningún momento! ¡Solo lo hará en la mañana del tercer día… y será para señalar al asesinado! Upupupu…

    Y, tras eso, Monokuma se marchó, dejándonos a todos confusos.

    ¿Qué clase de motivo era ese? ¿De verdad pretendía Monokuma que asesinásemos por algo así? ¿Realmente nos mataría al llegar la cuenta atrás a su fin… si es que el cuchillo paraba en la imagen de uno de nosotros? No, no tenía sentido que por algo así matásemos. Al fin y al cabo, si alguno de nosotros iba a acabar muriendo por efecto del azar, ello siempre sería mejor que ser nosotros mismos los asesinos, ¿no? No nos mataríamos entre nosotros; el único asesino aquí era Monokuma.

    Steve se colocó entonces frente a mí, y dijo en voz alta:

    —¡Tranquilo, Drake! No nos pasará nada. Ese motivo no me afectará, y a ti tampoco. Porque, ya sabes: ¡soy el Super Suertudo! Mi suerte no dejará que yo sea el elegido, y dado que tú eres mi mejor amigo y tu muerte supondría algo negativo también para mí, ¡tú tampoco serás elegido por la ruleta! Porque yo… confío al cien por cien en mi suerte. Confío en que mi suerte me protegerá y me permitirá lograr lo que me proponga.

    Su sonrisa era tan inocente, tan sincera… realmente tenía una creencia ciega en su talento. Pero de todo lo que dije, una cosa impactó en mí con más fuerza que el resto: “mejor amigo”. ¿Y-Yo era su mejor amigo? Pero, ¿por qué? No había hecho gran cosa para merecerlo, después de todo…

    En fin, tras cuestionarnos unos a otros el tema de la ruleta, algunos asustados, otros aludiendo a lo estúpido del motivo, y Alpha, por supuesto, tratando infructuosamente de frenar el giro de esa ruleta por la fuerza, nos dirigimos en la tarde a descansar a nuestros dormitorios. ¿Qué podía hacer…? Aún quedaba tiempo hasta la noche.

    Free-time: Dante.

    Decidí caminar por los pasillos, solo para distraerme. Eran amplios y grandes, de eso no me cabía duda, pero, al mismo tiempo, uno se acostumbraba fácilmente a ellos y la Academia se le terminaba haciendo pequeña. Exploré un poco, y mis pasos me llevaron a entrar en una de las aulas, distinta a aquella en la que despertamos la primera vez. Allí vi a Dante, sentado, taciturno, reflexionando. Solo… sin Emily.

    —Oh, perdona, Dante —dije, algo nervioso. No era un chico de muchas palabras, y me intimidaba un poco, a decir verdad—. No quería molestar.

    —… —Dante se cruzó de brazos, aún sentado en la silla—. No te preocupes. No molestas.

    V-Vaya, parecía ser que el misterioso Ultimate estaba algo comunicativo ese día. Con lentitud, me acerqué a él, y pasé un tiempo charlando, o, al menos, intentándolo.

    —… ¿qué opinas de este motivo? ¿Qué crees que pretende la mente maestra detrás de todo esto?

    —Oh… esa es una buena pregunta. Pero, ¿podemos asegurar siquiera que haya una mente maestra en primer lugar? —pregunté, algo inseguro. Cierto, la maquinaria de la Academia y el propio Monokuma debían estar siendo controlados, pero, ¿no cabía la posibilidad de que tuviesen un funcionamiento automático?

    Dante quedó en silencio, apartando la mirada y enfocando al suelo. Como si estuviese reflexionando duramente sobre algo, pero fuese incapaz de entender él mismo en qué consistía su reflexión. Decidí cambiar de tema rápido.

    —Es extraño que no recuerdes tu talento, ¿cierto? Todos hemos perdido la memoria, es cierto, pero recordamos nuestros talentos —si es que lo mío puede considerarse talento, siendo tan poco talentoso como realmente soy. Probablemente, Hubert, Ian o Effy desempeñarían mejor que yo el título de “Super Policía” —. ¿Crees que tu especial amnesia es algo casual, o tiene algo que ver con lo que está pasando?

    —… no lo sé —Dante me miró por unos instantes, y luego desvió la mirada una vez más, enfocándola al suelo—. Mis recuerdos están bastante difusos en general.

    —¿Sí? ¿No recuerdas tu pasado? —el resto de alumnos recordábamos datos importantes de nuestro pasado: cómo nos dimos cuenta de nuestros talentos, quiénes eran nuestra familia, amigos… todas esas cosas las seguíamos recordando.

    —… sé que una vez tuve amigos. Muchos amigos. Y recuerdo que sucedió algo, algo que… algo que nos separó. Pero no lo recuerdo. Ni siquiera recuerdo a mis amigos, casi no recuerdo quién soy.

    “Algo”. Me pregunto qué será ese algo. Y me pregunto por qué Dante no puede recordarlo.

    —Entiendo —asentí—. De modo que quizá ambas cosas están conectadas, ¿no crees? No recuerdas tu talento porque no recuerdas tu pasado, y en tu pasado está cómo fuiste nombrado Ultimate. Si no recuerdas cómo conseguiste tu talento, no recordarás cuál es, ¿no?

    —… puede ser —volvió a mirarme por un instante, solo para apartar los ojos en otro suspiro—. Solo la recuerdo bien… a ella.

    —¿Ella? Hablas de… —solo puede referirse a una persona—. Hablas de Emily, ¿cierto? Sois pareja, si no me equivoco. ¿Eso significa que os conocíais de antes?

    —No lo recuerdo, y ella tampoco —aquella afirmación me sorprendió—. Lo único que recordamos es que nos queremos. Y recuerdo… sé… que debo protegerla.

    Su mirada, si bien no se enfocaba en mis ojos directamente, se veía decidida, segura de sí misma por primera vez. Y eso, en cierto modo, logró alegrarme.

    Decidí dejarle tranquilo en sus reflexiones, y volví a mi dormitorio hasta que fuese la hora de la cena. Al menos, Dante y yo nos hemos vuelto algo más cercanos, ¿no es así?

    El nivel de amistad con Dante Miles sube a 1

    Tras cenar todos juntos, con un ambiente un poco tenso, regresé a mi dormitorio, me dejé caer en la cama y… repentinamente, la imagen de aquel oso negro y blanco sobre mí me sobresaltó.

    —¡Uaaaaah! —exclamé, echándome hacia atrás rápidamente —. ¡M-Monokuma! ¿Qué haces aquí?

    —Upupupu… ¡tienes un corazón muy pequeño para ser el Super Policía —eso me suena de algo, como si alguien me lo hubiese dicho ya. ¿O ha sido solo un pensamiento mío? Bah, qué más da—. Vengo a traerte esto.

    Una especie de Tablet pequeña, más bien similar a un teléfono móvil grande, estaba en sus manos, ofreciéndomelo para que lo tomase. Lo cogí no sin desconfianza, y, tras pulsar la superficie táctil y ver que aparecía mi nombre y una pantalla de carga, pregunté:

    —¿Qué es esto?

    —¡Es tu iKuma, claro!

    —¿i-iKuma? ¿Qué se supone que es un iKuma?

    Monokuma dio un saltito hacia atrás, dando una voltereta en el aire y bajándose de mi cama.

    —¡Ahí aparecerán tus datos personales, los datos básicos de todos los alumnos, las reglas de esta escuela y mucho, mucho más! Será una herramienta muuuuy útil, ¡no la pierdas! El iKuma se irá actualizando conforme obtengas información nueva, no te preocupes por eso. ¡Tu mero día a día irá añadiendo nuevas páginas al iKuma, y, cuando suceda algún asesinato, será una herramienta extremadamente útil para todos!

    —¡No sucederá ningún asesinato! —dije, y me sorprendí a mí mismo al detectar cierta duda en mi tono de voz. Estaba dudando. Temía que pudiese llegar a suceder.

    Y Monokuma… simplemente se marchó, no sin antes reírse siniestramente. “Upupupu”. “Upupupu”.

    Decidí curiosear un poco la información del iKuma. Era cierto, todo lo que dijo Monokuma era cierto: había información de todos nosotros, ¡incluso aparecía en él la información que había obtenido tras hablar con Liza y Dante! Y luego, la sección de reglas… captó mi atención especialmente. La abrí y empecé a leerlas. Sin darme cuenta, lo estaba haciendo en voz alta:

    —Regla 1: durante el día, los alumnos podrán recorrer la Academia a su antojo, con escasas restricciones. En la noche, el acceso a determinados lugares quedará restringido.

    >> Regla 2: a las 8:00 AM sonará el anuncio escolar que dará comienzo al día oficialmente, y a las 10:00 PM sonará el anuncio escolar que dará paso al tiempo nocturno. No existen restricciones de sueño, cada alumno es libre de dormir o no dormir como lo estime conveniente.

    >> Regla 3: el Director de la academia y el resto de profesores no podrá interferir directamente con los alumnos; no podrá dañarlos físicamente o interferir en el desarrollo normal de sus actividades.

    >> Regla 4: los alumnos deberán asistir a las clases que el Director o profesores impongan de forma estrictamente puntual. Se permitirá un retraso máximo de 20 minutos, a partir del cual se considerará esta regla como incumplida.

    >> Regla 5: en caso de incumplimiento de una regla, las ametralladoras ejecutarán al infractor de la regla.

    >> Regla 6: únicamente quienes se gradúen podrán salir de la Academia. Quienes se gradúen no podrán volver a entrar, tendrán que dedicar su vida a cumplir con sus obligaciones como graduado o graduada en el exterior. El método de graduación se definirá en posteriores reglas.

    >> Regla 7: el desconocimiento de una regla no exime de su cumplimiento. El respeto a las reglas será estricto y deberá ser mantenido en todo caso, sin excepciones.

    >> Regla 8: el Director o los profesores pueden dar órdenes siempre dentro de los límites establecidos. Si no se cumple una orden válida, las ametralladoras dispararán al rebelde.

    >> Regla 9: los objetos personales pueden ser robados en cualquier momento por otro alumno, pero ningún alumno, bajo ningún concepto, podrá tener en su poder más de dos objetos personales.

    >> Regla 10: el Director podrá añadir nuevas reglas conforme estime conveniente, sin alterar reglas ya existentes.

    >> Regla 11: cuando un asesinato suceda, comenzará la investigación. Durante la investigación, cualquier sala de la Academia que hubiese estado disponible antes del crimen, independientemente de la hora, será abierta para facilitar la misma. Pasado el tiempo que el Director o los profesores consideren oportuno, la investigación finalizará y comenzará una clase de juicio.

    >> Regla 12: en la clase de juicio, todos votarán a un culpable. Si resulta ser el verdadero asesino, será ejecutado; si resulta no ser el verdadero asesino, todos salvo este serán ejecutados, y el asesino podrá graduarse.

    Cuando terminé de leer, fruncí el ceño. Tuve que leer las reglas de nuevo un par de veces, porque sentía que había ciertas cosas que no tenían sentido. Y una de ellas era la mención de “el Director y los profesores”. ¿Qué profesores…?

    Como fuese, el cansancio terminó apoderándose de mí, dejé el iKuma a un lado y mis ojos se fueron cerrando lentamente, envolviéndome en un profundo sueño.


    Esta vez, el anuncio de Monokuma sí que me despertó.

    *ding dong bing bong*

    —¡Ejem, ejem! —apareció en la pantalla, siempre con aquella copa de vino entre las manos. ¿Era acaso vino de verdad? ¿P-Podía un robot tomar vino? —. Son oficialmente las 8:00 AM. ¡Hora de levantarse! ¡Hoy es un graaaaan día para matar a tu compañero! Upupupu…

    “Upupupu”. La risa me taladraba la cabeza.

    Bostecé con energía, alcé los brazos y me dirigí al comedor. No podía quitarme de la mente ese “motivo” del que Monokuma nos habló ayer. Esa ruleta mortal. ¿Seguiría girando sin parar? ¿Sería verdad que no iba a parar hasta pasado mañana por la mañana? Faltaban dos días.

    El desayuno transcurrió con normalidad, pero no pude evitar fijarme en que el humor estaba algo más apagado que de costumbre. El tenso silencio crecía más y más. Y, finalmente, él logró romperlo, con su optimismo de siempre.

    —¡Wow, la comida aquí está muy buena! Supongo que es toda una suerte, ¿eh?

    El silencio siguió, todos ignorando las palabras de Steve. O, bueno, no ignorándolas. Simplemente, demasiado preocupados como para prestarle atención. Pero él… él siguió hablando.

    —¡Aunque bueno, no desacreditemos a los cocineros! Supongo que es toda una suerte que Hubert, Emily, Liza, Elisa, ¡y hasta Ukita!, sepan cocinar tan bien, ¿no?

    Silencio. Silencio, siempre roto por su optimismo.

    —Y también es una suerte que…

    Pero fue interrumpido por un cortante Dante.

    —… basta. No digas que esto es una suerte.

    —¿Huh? —preguntó Stone, extrañado.

    —Es una situación digna de exclusiva, pero no es nada agradable —mencionó Brendan de pronto, pero en seguida agachó su cabeza y siguió escribiendo descontroladamente.

    Effy suspiró.

    —Todos estamos asustados. Llevamos aquí algunos días y no parece que vayamos a encontrar una salida, de momento… pero tenemos que seguir unidos.

    —¡Eso, chicos! —Steve sonreía —. ¡Si seguimos unidos, la suerte nos sonreirá!

    —¡A la porra con tu suerte! —Dante dio un golpe en la mesa y se levantó de un plumazo. A su lado, Emily trataba de tirar de su brazo, preocupada e intentando calmarle —. No… no podéis esperar que confiemos en los demás, que estemos tranquilos, unidos. ¿Cómo sabéis que el motivo de Monokuma no funcionará? ¡Uno de nosotros morirá, y la víctima será elegida al azar! Todos tenemos las mismas posibilidades de morir, pero… si matamos a otro, nuestras posibilidades se reducirán a cero. ¿De verdad pensáis que ninguno de nosotros ha valorado la posibilidad de matar para salvarse? ¿En serio podéis confiar ciegamente en que nadie se ha planteado iniciar este juego de asesinato mutuo?

    Silencio, otra vez, pero esta vez, ni las palabras ni la sonrisa de Steve lo decoraron. Quise hablar, pero, ¿qué podría decir alguien como yo? No era nadie especial, no era convincente, solo… un chico policía que tenía más suerte que talento. Y ni siquiera mi suerte parecía ser tan grande como la de Steve.

    —Sí, D-Dante tiene razón —Mimi dio un golpe también sobre la mesa, levantándose —. No puedo confiar en vosotros, panda de pobres desconsiderados. ¿Qué clase de moral tenéis los obreros como vosotros, carentes de educación? ¡N-No lo sé, porque yo he recibido la más exquisita de todas, pero… n-no voy a averiguarlo aquí! ¡No volveré a acercarme a vosotros, porque… porque… no sé cuándo podréis matarme!

    El silencio se convirtió en miedo.

    —N-No seríais capaces de matarme, ¿verdad que no? —Talía se levantó de la silla, y, asustada, miró a todos, uno a uno.

    —¡Oh, vamos! —Alpha trataba de alzar su voz por encima del resto, pero el miedo era más fuerte —. ¿Qué clase de Ultimates sois vosotros? Sois una panda de cobardes.

    —Tú también tienes miedo —espetó Dante, mirando a los ojos a Alpha. Fue como si el deportista hubiese sido totalmente desarmado con esa mirada; su rostro palideció, y agachó la cabeza lentamente.

    —Creo que todos aquí lo tenemos —reconoció Hubert.

    —C-Chicos, ¡no podéis desanimaros así! Tenemos que estar unidos, como dice Effy —exclamó Steve—. ¡Pelearnos y desconfiar los unos de los otros no traerá nada bueno, solo le daremos a Monokuma lo que quiere!

    La situación se iba completamente de las manos.

    —¿Y qué sentido tiene confiar? —inquirió de pronto Liza—. S-Si no existe salida… si no hay forma de salir de aquí, ¿qué ganamos confiando los unos en los otros?

    —G-Ganamos paz —dije de forma entrecortada—. Y ganamos fuerza como grupo. Fuerza frente a la mente maestra, o… o frente al grupo que haya detrás de todo esto.

    —¿Eh? —exclamó de pronto Effy, alzando la mirada—. ¿Grupo?

    Todos me miraron. Aunque la duda no se había eliminado de los rostros de los Ultimates, al menos mi observación pareció distraerles del tema. Podría decir que era justo lo que planeaba y quedar como un héroe, pero lo cierto era que había sido pura casualidad. Suerte, de algún modo. No pensé que nadie me prestase atención, de hecho.

    —… ¿soy el único que ha recibido el iKuma? —pregunté, alzando mi aparato para que lo vieran. Todos rebuscaron entre sus cosas y mostraron un aparato similar, con diferentes patrones de colores, pero idéntico en lo demás.

    —Prefiero mi Plantix2000 a esta cosa —dijo Lucas, encogiéndose de hombros.

    —Tché, esto ni siquiera tiene WhatsApp —se quejó Mimi—. Aunque no es como si pudiese usarlo en mi móvil, tampoco.

    Guardé silencio por un momento.

    —He curioseado las reglas y… hay muchas cosas que me parecen extrañas —afirmé—. Pero lo que más me llama la atención es cómo Monokuma cita constantemente “el Director y los profesores” —recordé entonces la primera vez que hablamos con él—. De hecho, no es la única pista que apunta a más de una persona detrás de esto; cuando nos dio la bienvenida a la Academia y nos describió el juego de asesinato mutuo, Monokuma habló en plural. Existe la posibilidad de que no hablemos de una mente maestra, sino de… varias.

    Los susurros corrieron por la sala, murmurando unos con otros. Todos empezaron a discutir la posibilidad de que existiese una mente maestra o no, el motivo que pudiese tener, a discutir si existiría una, varias o ninguna persona detrás de todo esto. De alguna manera, les di algo de esperanza, la poca esperanza que necesitaban para no caer en la desesperación. Les di algo a lo que agarrarse: tener alguna pista de la que tirar ayudaba a no sentirse desesperado, angustiado, encerrado. A no tener miedo.

    Y así, el desayuno acabó mejor de lo que parecía, y luego vino el almuerzo, al que acudimos de forma fragmentada, tanda a tanda. Por mucho que hubiese logrado calmar el humor, era cuestión de tiempo que volviese a renacer la desconfianza… parecía que solo los extremadamente despreocupados (especialmente Lucas, Brendan y Steve), Effy y yo éramos los únicos que tolerábamos pasar mucho tiempo con el resto, estar en grupo, estar todos juntos sin desconfiar de los demás. El resto iba por libre, o se unían en grupos pequeños con aquellos que compartían sus pensamientos o les ofrecían protección: Emily con Dante, Ukita, Hubert y Alpha, y un largo etcétera.

    Finalmente, terminé por dirigirme a mi dormitorio. Estaba cansado, agotado, exhausto. Cansado de aquella Academia. Y lo peor era que no había hecho más que empezar.

    ¡Pero… no podía quedarme sin hacer nada todo el día! Podría aprovechar y hablar con alguien. Conocernos un poco mejor. En la confianza está la clave… para sobrevivir juntos.

    Free-time: Lucas

    Mis pasos me llevaron hasta el jardín interior; por supuesto, el Super Botánico era el que estaba allí, siempre con su cacharro cuyo nombre me resultaba imposible de recordar en mano, correteando de uno a otro lugar para investigar las plantas. Al notar mi presencia, me saludó jovialmente.

    —¡Hey, Drake! ¿Qué tal? —y rápidamente su atención volvió a centrarse en los árboles que le rodeaban.

    Bueno, ¿qué daño podía hacer hablar con él un rato, aunque fuese sobre plantas?

    —Hola, Lucas. Estoy bien, solo daba un paseo. Pasas mucho tiempo aquí —observé—. Supongo que no en vano eres el Super Botánico.

    Escuchar hablar de su talento hizo que sonriese y me prestase atención nuevamente

    —¡Ah, sí! Las plantas son mi vida. ¡Son la más bella manifestación de la naturaleza, al fin y al cabo!

    —Supongo que puedes tener razón. Pero hey, debes ser bueno también inventando máquinas, ¿no? Quiero decir, según recuerdo, ese… ehm… Plantix2000 tuyo lo inventaste tú mismo, ¿no? —estoy segurísimo de que lo he pronunciado mal.

    —¡Ya ves! —exclamó él, alegre—. No soy taaaan bueno, pero… el Plantix2000 era una necesidad para mí. ¡Me permite casi hablar con las plantas! Era lo que había estado soñando toda mi vida: averiguar cómo podían sentirse, entender cuáles eran sus necesidades, o qué tipo de cosas tenían que contar, o por qué hacían lo que hacían, o cómo sentían ellas la fotosíntesis, o…

    —¡V-Vale, vale, lo he entendido! —se emociona de verdad al hablar de plantas—. Se ve un invento tremendamente útil. Avanzado a su época, de algún modo. Pero me sorprende que lo hayas creado, no voy a mentirte.

    —¿Huh? ¿Por qué es eso? ¿T-Tan torpe me crees?

    ¡Caray, no es eso! Es solo que, si no recuerdo mal, en el artículo de los Ultimates de la revista de Steve decía que Lucas Diamond…

    —¿No vives solo en medio de una jungla? Se me hace raro que alguien como tú sea inventor. De hecho, con esa historia, pensaría más bien que eres… asalvajado. Y resultas ser todo lo contrario.

    Lucas comenzó a reír.

    —Bueno, es cierto que vivo aislado de las ciudades, ¡pero porque las ciudades son… son… agh! ¡Todas las ciudades deberían ser demolidas! Talan árboles solo para poder construir sus sucias, feas e inertes casas, esos urbanitas. ¡Matan a mis amigos! ¿Tienen una idea de lo que duele que te arranquen de raíz? —no creo que ningún humano pueda hacerse una idea de eso… porque no tenemos raíces.

    Pero entiendo el punto de Lucas, aunque…

    —Pero, para poder construir algo como ese Plantox2100, necesitas unas instalaciones. No creo que vivas en plena selva como tal… debes vivir en una suerte de laboratorio, ¿no?

    —Mm-hm. ¿Cuál es el punto?

    Ehm, ¿no es obvio?

    —Pues… un laboratorio en mitad de una jungla, ¿no es… “urbanita”? Quiero decir, se habrán talado árboles para hacer hueco a ese laboratorio?

    Lucas abrió mucho sus ojos. A juzgar por su expresión, estaba verdaderamente sorprendido, como si esa fuese la primera vez que se paraba a pensar en ello. Pronto su expresión cambió a algo similar a la incredulidad, luego pasó a una chispa de ira, y pronto a la tristeza. Y, cuando se hubo recompuesto, me miró, desvió la mirada y puso la palma de su mano en un árbol cercano.

    —¿E-Eh? ¿Q-Qué dices, Quercus? ¡Oh, que quieres que hablemos a solas, vale! L-Lo siento Drake, fue una charla interesante, pero, ¡ya la continuaremos otro día! —apartó la vista, como si estuviese aguantando sus ganas de llorar. ¿De verdad… no se había parado a pensar que ese laboratorio en el que vivía habría sido construido necesariamente eliminando flora de la zona para dejar sitio? A eso llamo yo ser despistado— O no —concluyó.

    E-En fin, supongo que puedo decir que Lucas y yo nos hemos vuelto algo más cercanos. O eso creo.

    El nivel de amistad con Lucas sube a 1.

    Y con eso, el día se acercó a su fin. La cena no fue muy distinta del almuerzo, y cada uno fue cenando al margen de los demás. Habíamos tardado tan poco en separarnos, fragmentarnos… a Monokuma solo le hizo falta una ruleta para lograrlo. Una ruleta y miedo. Desesperación.

    Me fui a la cama tan pronto como el anuncio que anunciaba el tiempo nocturno sonó. Y traté de dormir, con la imagen de la ruleta girando y girando en mi cabeza. Cuando amaneciese, solo quedaría un día. Un día para el terrible desenlace. Un día para tener una posibilidad de dieciséis de ser el asesinado… y quince de dieciséis de tener que soportar la muerte de un compañero.

    Fuese como fuese, habría muerte.

    - Drake Orestes – Super Policía (VIVO)
    Objeto: Pistola
    Datos obtenidos: nuestro protagonista, y el proclamado Super Policía. En realidad, es un chico bastante despistado y olvidadizo que, según dice, logró ser policía de prestigio simplemente por tener suerte. Aun así, la experiencia como investigador es algo que ha adquirido, y, aunque no tenga demasiada atención por según qué detalles y no se le dé del todo bien memorizar nombres, intente hacer honor a su talento.

    - Steve Stone – Super Suertudo (VIVO)
    Objeto: Revista Ultimates.

    - Ian Lockhart – Super Estratega (VIVO)
    Objeto: Game Boy

    - Alpha Xenodis – Super Deportista (VIVO)
    Objeto: Bate de béisbol

    - Ukitashi – Super Comilón (VIVO)
    Objeto: Sándwiches

    - Talía Wells – Super Estrella Infantil (VIVA)
    Objeto: Teddy el oso

    - Hubert Maddsson – Super Ajedrecista (VIVO)
    Objeto: tablero portátil

    - Effy Joy – Super Política (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Lucas Diamond – Super Botánico (VIVO)
    Objeto: Plantix2000
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Lucas desprecia las ciudades por considerar que su construcción implica necesariamente la muerte de muchas plantas, a las que considera amigas. Aun así, vive en un laboratorio en medio de una jungla, en solitario, y parecía no ser consciente de que su construcción en sí, probablemente, haya supuesto ya la muerte de muchos animales. Ha creado el Plantix2000 él solo, una máquina que permite "comunicarse" con las plantas: analizarlas, saber sus necesidades, etc.

    - Liza White – Super Criadora (VIVA)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: criada en un zoo, donde vivía con sus padres, cuidadores de éste, Liza pronto se hizo amiga de los animales y comenzó a amarlos, a todos y a cada uno de ellos, incluidos los insectos y otros bichos que puedan ser considerados asquerosos por la mayoría de la gente. Un buen día, Liza liberó a todos los animales simplemente porque quería que fuesen libres. Para ella, los animales son equivalentes a los humanos, y deberían de ser tratados prácticamente en igualdad de condiciones.

    - Emily Hodges – Super Modelo (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Dante Miles – Super ¿? (VIVO)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Dante no recuerda prácticamente nada sobre su pasado. Sabe que tenía amigos, pero no los recuerda; sabe que sucedió un evento importante en su vida, pero no recuerda qué fue; ni siquiera recuerda su talento ni cómo se dio cuenta de que lo tenía. Insiste en que, tal vez, no tenga ningún talento, para empezar. Lo único que recordaba con claridad al despertar era que amaba a Emily, y ese sentimiento parecía ser correspondido por ella.

    - Chad Redflame – Super Dibujante (VIVO)
    Objeto: Pincel y pinturas

    - Brendan Ruby – Super Periodista (VIVO)
    Objeto: Cuaderno y bolígrafo

    - Elisa Daroch – Super Médium (VIVA)
    Objeto: Cartas de tarot

    - Mimiko Honda – Super Millonaria (VIVA)
    Objeto: Teléfono móvil

    Reglas vigentes:

    >> Regla 1: durante el día, los alumnos podrán recorrer la Academia a su antojo, con escasas restricciones. En la noche, el acceso a determinados lugares quedará restringido.

    >> Regla 2: a las 8:00 AM sonará el anuncio escolar que dará comienzo al día oficialmente, y a las 10:00 PM sonará el anuncio escolar que dará paso al tiempo nocturno. No existen restricciones de sueño, cada alumno es libre de dormir o no dormir como lo estime conveniente.

    >> Regla 3: el Director de la academia y el resto de profesores no podrá interferir directamente con los alumnos; no podrá dañarlos físicamente o interferir en el desarrollo normal de sus actividades.

    >> Regla 4: los alumnos deberán asistir a las clases que el Director o profesores impongan de forma estrictamente puntual. Se permitirá un retraso máximo de 20 minutos, a partir del cual se considerará esta regla como incumplida.

    >> Regla 5: en caso de incumplimiento de una regla, las ametralladoras ejecutarán al infractor de la regla.

    >> Regla 6: únicamente quienes se gradúen podrán salir de la Academia. Quienes se gradúen no podrán volver a entrar, tendrán que dedicar su vida a cumplir con sus obligaciones como graduado o graduada en el exterior. El método de graduación se definirá en posteriores reglas.

    >> Regla 7: el desconocimiento de una regla no exime de su cumplimiento. El respeto a las reglas será estricto y deberá ser mantenido en todo caso, sin excepciones.

    >> Regla 8: el Director o los profesores pueden dar órdenes siempre dentro de los límites establecidos. Si no se cumple una orden válida, las ametralladoras dispararán al rebelde.

    >> Regla 9: los objetos personales pueden ser robados en cualquier momento por otro alumno, pero ningún alumno, bajo ningún concepto, podrá tener en su poder más de dos objetos personales.

    >> Regla 10: el Director podrá añadir nuevas reglas conforme estime conveniente, sin alterar reglas ya existentes.

    >> Regla 11: cuando un asesinato suceda, comenzará la investigación. Durante la investigación, cualquier sala de la Academia que hubiese estado disponible antes del crimen, independientemente de la hora, será abierta para facilitar la misma. Pasado el tiempo que el Director o los profesores consideren oportuno, la investigación finalizará y comenzará una clase de juicio.

    >> Regla 12: en la clase de juicio, todos votarán a un culpable. Si resulta ser el verdadero asesino, será ejecutado; si resulta no ser el verdadero asesino, todos salvo este serán ejecutados, y el asesino podrá graduarse.
     
    Última edición: 10 Octubre 2017
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  7.  
    Lucas Diamond

    Lucas Diamond Rolero Esbirro

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    Bueno bueno bueno, qué tenemos aquí... A Drake no se le da muy bien hacer amigos, por lo que veo (? Al menos con Lucas, con los otros dos pase.

    Hmm bueno, este capítulo ha estado muy bien, desde mi punto de vista. Me ha gustado mucho el detalle de la ruleta, la cual diría que no existe en los juegos/anime, sino que es invención tuya. Si es así, date por plagiado para la próxima (?) Creo que es un elemento que añade mucha tensión y realmente podía sentir esa angustia mientras lo leía. Gosh, me gusta cómo va tomando forma esta historia xDD Has sabido plasmarlo muy bien, sobre todo en el desayuno; parecía una verdadera situación de desesperanza.

    Por otro lado, es gracioso porque siempre me lo he imaginado como Gran Hermano x'DD Por ejemplo para el desayuno, lo imagino como cuando todos se levantan y no se aguantan, y están ahí callados... (? Supongo que esto se debe a Celia Ackerman, idk

    En cuanto a los personajes, cada uno ha tenido su punto. Liza ha sido genial xDD Te prometo que me he reído con lo de las cucarachas, rlly. Y realmente tiene sentido que así sea, como ella dice es criadora, no granjera. Con respecto a Dante... hm. Quizás esperaba un poco más, pero no en el mal sentido. Aún es un personaje que presenta muchos misterios y obviamente eso no es algo que me deje indiferente xD Quiero saber por qué no recuerda nada y sin embargo sabe que quiere a Emily (qué romántico, btw(?)). Mi voto solo ha conseguido que sienta más curiosidad aún. Por último, Lucas... uf, muy Lucas eso, si x'D Soy fan completamente de su reacción de sorpresa/incredulidad/ira/tristeza y de su "o no" final (? Puntazo Lucas, muy bien hecho.

    Ahora, en cuanto a aspectos técnicos (que sabes que me encantan(?)), ha estado bien, aunque te voy a dar un pequeño tirón de orejas. Al principio has tenido algún que otro fallo, te aconsejo que lo revises (más o menos hasta que llega la ruleta). Te muestro algunos; no sé si son fruto de la rapidez al escribir (lo cual es comprensible) o porque así lo ves bien, pero a mí hay algunas cosas que me chirrían. También te digo que los considero dentro de lo que cabe más subjetivos (no es que hayas escrito "hechar" o algo así, es principalmente puntuación):

    Por ejemplo, aquí usaría "desmoronaba", ya que estás narrando en pasado.

    Otro caso es este, donde creo que la puntuación es algo confusa. Esto siempre es algo subjetivo, por eso te digo que no sé si realmente es algo que se te ha pasado o que tú lo has querido hacer así a conciencia; en cualquier caso me resulta algo difícil de leer.


    De nuevo la coma me entorpece un poco ahí, aunque esta la puedo llegar a entender hasta un punto (? Yo mismo suelo poner muchas pausas, pero creo que aquí o bien encierras "un día" entre comas ("Por eso, un día,...") o me sobra xD Pero oye, cuestión de gustos supongo, ¿qué opinas de este?


    Casi que se reduce a eso lo que pueda reñirte(?, sumado a alguna repetición de palabras puntual. Es un capítulo largo, realmente la proporción de errores es mínima, por eso te los puedo marcar; así queda una historia mejor aún (si se puede).

    ¡Pero oye, no te quedes con lo malo! (?) Te repito una vez más, como te dije al principio, que el capítulo ha sido muy bueno. ¡Sigue así, tate! Yo te seguiré comentando siempre que pueda. Ya quiero leer la primera muerte ewe. Enhorabuena de nuevo.

    Te quiero,

    Lucas Diamond~ <3
     
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    Nami Roronoa

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    OMG, todavía no puedo creer lo que ven mis ojos aquí mismo. ¡Realmente has escrito esto! Y es… es… ¡es magnífico!

    Realmente este es un fanfic maravilloso, y no sólo porque amo muchísimo tanto al rol de Pokémon como a los juegos de Danganronpa, sino porque lo que has escrito aquí es realmente una obra de arte. Tus palabras cautivan al lector y lo hacen sumergirse en este siniestro mundo donde la esperanza se enfrenta a la desesperación. Realmente me sentí por momentos como si estuviese inmersa en uno de los juegos de DR, explorando la academia a través de los ojos de Drake. Esa es una sensación hermosa, y tienes mis respetos por haber logrado ese efecto; ¡realmente está muy bien escrita la historia!

    La trama es algo con lo que estamos familiarizados en el mundo de DR; un juego de asesinato mutuo, pero esta vez con los personajes del rol de Pokémon. Y debo decir que es algo que me llama mucho la atención, y que no puedo dejar de leer… ¡en especial porque me tiene muy atrapada la historia! Le das tu propio giro original a la trama con estos personajes tan carismáticos a los que les das vida con tus palabras, y con tus ideas originales (como el jardín interno y esa ruleta como motivo), y ya quiero ver como todo sigue a continuación…

    En cuanto a los personajes, me han gustado mucho los talentos que has escogido. Claro, creo que algunos todos nos los veíamos venir (como Mimi como Súper Millonaria, dado que es una Honda, o Lucas siendo Súper Botánico, dada su afición por los tipo planta en el rol), pero algunos me han tomado por sorpresa, y en el buen sentido; siento que lograste acomodar un talento interesante a la personalidad de cada uno, en cierta manera. Los talentos de Steve, Effy y Brendan fueron los que más me sorprendieron… pero en perspectiva, creo que todos se adecúan bien a ellos, en especial Brendan, la línea de que es casi como un stalker me hizo reír mucho XDD

    No tengo nada que remarcar en cuanto a lo técnico, porque Lucas ya se me adelantó (?) Pero sí quería destacar algo del prólogo que me llamó la atención:

    Me sorprendió mucho leer esa línea, dado que Effy es rubia xD

    El desarrollo de la trama me tiene muy intrigada… tengo mis teorías de quienes pueden ser asesino y quienes serán víctimas. Por ahora, tengo la sospecha de que la primera víctima será Steve o Lucas… no sé, algo de cómo se desarrolla la historia hasta ahora me hace creer que quizás será uno de ellos. Inclinándome más por Lucas (? O puede que Effy sea la primera en morir, ¿sabes? En Danganronpa V3 asesinan a uno de los personajes por su habilidad de mantener al grupo unido yque no sucumban ante la desesperación… a eso me recordó la escena antes de ir al gimnasio. Temo por mi niña (?) Aunque estoy casi segura de que será Lucas o Steve idk xD

    En fin, ¡esto fue muy entretenido de leer! ¡Estaré atenta a la continuación!
    Saludos <3

    Nami.
     
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    GalladeLucario

    GalladeLucario Game Master Esbirro

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    Título:
    Fanfic - Pokénronpa
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    3872
    Capítulo 1: Víctimas de la desesperación

    Vida Diaria 3

    Aquella mañana no pude despertar con el anuncio diario. Sinceramente, no lo oí. Hubiese jurado que, simplemente, no sonó, pero sabía que eso era imposible; Monokuma era estricto con las rutinas y las reglas, ya lo había demostrado.

    Bostecé enérgicamente, y me sorprendí hablando en alto, en la soledad de mi dormitorio.

    —¿Qué hora será? ¿Quedará desayuno?

    Torpemente me di una ducha que se prolongó más de lo debido. Me vestí con uno de los uniformes que teníamos, todos iguales, casi pareciendo confeccionados para nosotros, como si fuesen nuestras señas identificativas. Me aseguré de que mi cabello estaba bien peinado, pero pronto reparé en que era absurdo plantearse eso; no había quien dominase mi pelo, siempre acababa formando puntas en todas direcciones, mechones que bailaban libres en una y otra dirección. Por eso terminaba por dejarlo estar.

    Y así, avancé por el pasillo. Me asusté cuando vi en los relojes de la academia que ya eran más de la 1:00 PM. ¿¡Tanto había dormido!? Tan pronto como supe qué hora era, comencé a corretear, ¡pronto almorzaría más que desayunar!

    Pero choqué entonces con una pequeña joven sollozante, y casi me caigo hacia atrás cuando noté que se aferraba a mí, bañada en lágrimas.

    —¡Talía! —exclamé tan pronto como la identifiqué, confuso y algo incómodo ante la situación. Mi mano temblaba tras su espalda, a escasos centímetros de tocarla. No sabía muy bien qué hacer: ¿debía abrazarla, o…?—. ¿Qué sucede? ¿Ha pasado algo?

    —¿Tú has visto a Teddy? —me dijo, llorando, con tono suplicante, mientras se separaba ligeramente de mí y agarraba mis ropas, como si tirando de ellas fuese a conseguir arrancarme una confesión—. ¡T-Teddy ha desparecido! ¡Alguien lo ha secuestrado! Lo dejé en mi habitación, sobre la cama, y… de pronto no estaba ahí.

    La forma en la que la Super Estrella Infantil hablaba me resultaba tremendamente tierna. Ella en sí era tierna; casi como si cada poro de su cuerpo exhalase ternura. Sonreí, y le revolví el pelo sin darme cuenta. Ella era estudiante de instituto, como yo, ¿no? Tal vez tenía más edad de la que creía, y yo estaba tratándola como a toda una cría. Pero en fin, a ella no pareció importarle, solo me miraba con sus ojos azules, suplicándome una ayuda que, desgraciadamente, no podía darle.

    —Lo siento, Talía, no sé nada acerca del paradero de Teddy. Si lo veo, te avisaré, ¿vale?

    —¡Q-Quiero poner una denuncia! —de pronto, Wells se puso recta, alzando su cabeza. Con los ojos aún llenos de lágrimas, me señaló, acusadora—. Tú eres el Super Policía, ¿no es así? ¡Pues policea un poco! ¡Encuentra a Teddy!

    No pude evitar sonrojarme. Tal vez en parte por lo ridículo de la situación, y en parte porque estaba asumiendo que yo podría encontrar a su peluche. Pero era natural que asumiese eso, ¿no? Se supone que era el Super Policía. Nadie mejor que yo podría encontrar un objeto desaparecido.

    … o, al menos, esa es la teoría.

    La cuestión es que acabé desviándome de mi camino al comedor y, con el estómago vacío por la falta de desayuno, me dispuse a buscar a aquel osito de peluche. Si había desaparecido en aquella Academia y Talía no lo había perdido, solo podía significar que alguien lo había robado. La pregunta era, ¿quién? ¿Por qué motivo?

    No obstante, mi búsqueda por los distintos rincones no dio resultados. Cerca de la zona sur encontré a Ukita, que estaba curioseando la academia, algo malhumorado, con toneladas de comida entre las manos… probablemente necesitase algunos litros más de Frizz! para estabilizar su humor. En la zona este, di con Hubert e Ian, quienes examinaban aquella misteriosa puerta roja. Y, por supuesto, Lucas estaría ya en el jardín interior, como era de esperarse. Al parecer, todos los demás estaban reunidos en el comedor; el tiempo se pasó volando cuando busqué el peluche de Talía, y ya eran más de las 3:00 PM, así que no era de extrañar que el almuerzo estuviese llevándose a cabo, o incluso terminando. Y mi estómago rugió con fuerza al recordar que aún no había comido.

    Bueno… había alguien más que estaba fuera del comedor. Una chica con cabellos rubios y extremadamente repeinados, uniforme de seda negra de calidad y una boca bastante más malhablada de lo que cabría esperar dada su alta clase social. ¿Quién me iba a decir a mí que iba a recibir dos casos en un mismo día?

    —¡Ah, aquí estás, paleto! Tú eres el Super Policía, ¿no, Drake Apestes?

    —Eh, sí, soy el super Policía —… o eso dicen—, pero mi apellido es “Orestes”.

    —¡Como sea, Apestes! —vaya, parece que no lo había entendido. O no quería entenderlo, más bien—. ¡Tengo un caso gravísimo que necesito que resuelvas! ¡He perdido mi teléfono móvil!

    —¿Tu teléfono? ¿El de Barbie Girl?

    Noté cómo Mimiko palidecía por momentos, solo para luego cambiar el color de su rostro a un intenso rojo.

    —¡E-Eso era un virus o algo raro! L-La cuestión no es esa. ¡¿Acaso no estáis los policías para obedecer a los ricos?! —bueno, esa es una forma bastante… “corrupta” de enfocarlo, a decir verdad—. Pues ve y encuentra mi móvil.

    —Pero…

    —¡Vamos, vamos, es urgente! —parecía realmente apurada por recuperarlo.

    No terminaba de entenderlo. ¿Por qué tanta urgencia en recuperar ese cacharro? ¿No se suponía que no tenía cobertura y no podía utilizarse para casi nada? Ese móvil no era mucho más útil que un reloj en esas circunstancias. Bueno, un reloj con linterna. Pero poco más que eso. En todo caso, por algún motivo, deduje que no era buena idea preguntarle a Mimi acerca de aquellas “intimidades”, y sabía que no tenía sentido negarme; todo lo que lograría así sería irritarla, apremiarla a que me sermonease e insistiese, y, así, yo perdería más tiempo y mi estómago rugiría aún más fuerte. De modo que, con un hondo suspiro de resignación, pregunté:

    —¿Cuándo y dónde fue la última vez que lo viste?

    —¡Lo dejé en mi dormitorio antes del almuerzo! Fui algo antes que el resto, porque no quiero compartir mi espacio con potenciales asesinos pobres —¿era realmente necesario mencionar el adjetivo “pobres”? —, de modo que regresé a mi dormitorio antes que el resto, y… para entonces, ya no estaba.

    De modo que su móvil desapareció durante el almuerzo, y lo dejó en su dormitorio. Hmmm. Era curioso, cuanto menos. ¿Qué habría pasado con él? ¿Habría alguna relación entre el “secuestro” de Teddy y la desaparición del teléfono? Por algún motivo, no podía evitar tener la sensación de que algo raro sucedía.

    Y, así, acabé con dos “casos” a mi cargo. Prácticamente fui obligado a aceptar ambos, uno por los encantos de la pequeña Talía, y otro por las casi amenazas de Mimiko. Pero no logré resolver ninguno de los dos casos: miré en el jardín, en el gimnasio, las aulas, la sala de mantenimiento, los pasillos, el comedor, la cocina… no había rastro de ninguno de los dos objetos. Y eso me hizo sentir un escalofrío, porque, si no estaban en ninguno de los sitios comunes, eso quería decir que debían estar en algún lugar privado; en alguna habitación. Por lo tanto… ¿de verdad había un ladrón entre nosotros?

    Entre una cosa y otra, me di cuenta de que eran las 5:00 PM, y aún no había comido absolutamente nada. Hambriento, decidí tomarme una pausa de mi “investigación policial” y me dirigí a almorzar algo. O, bueno, siendo la hora que era, más bien a merendar.

    El comedor estaba vacío; la gente estaba ocupada en sus cosas, bien en sus dormitorios, bien por los pasillos o en otras zonas. Alpha estaría en el gimnasio, Lucas en el jardín, etc; lo típico, al fin y al cabo. De manera que tuve que ser yo mismo el que entrase en la amplia cocina para prepararme algo que comer. Claro que mis conocimientos culinarios no pasaban de la pasta y la tortilla, así que… eso hice. Tortilla. Cogí un par de huevos, los batí y los eché en la sartén. He de decir que no salió del todo bien, porque la tortilla se me rompió, salió deforme y extraña, además de algo quemada, pero, ¡oye!, al menos parecía comestible. De modo que, con el plato en la mano, volví al comedor, y me sobresalté al ver a alguien ahí. No me esperaba que Elisa Daroch estuviese en el lugar, aparentemente meditando.

    —Oh, Elisa, hola —le dije, acercándome a la mesa y sentándome frente a ella—. Iba a comer algo, hoy no he almorzado. ¿Qué haces tú por aquí?

    Ella seguía con los ojos cerrados, como si estuviese dormida. Corté la tortilla con el tenedor y me metí un trozo en la boca, y, cuando fui a tragar, Elisa abrió los ojos de forma repentina, y sentí como si la tortilla fuese a meterse en mis pulmones. Atragantado, tosí varias veces mientras golpeaba mi pecho con la mano. ¡Qué susto!

    —Tengo un plan —dijo, finalmente, con una sonrisa.

    Sequé las lágrimas que habían surgido en mis ojos por el esfuerzo de toser, y miré extrañado a la Super Medium. ¿Un plan?

    —¿Qué clase de plan?

    —Un plan para pedir ayuda.

    —¡Oh! —exclamé, sorprendido e interesado. Me dejé caer ligeramente sobre la mesa, solo para acercarme más a mi interlocutora—. ¿De qué se trata? —no podía ocultar la emoción que sentía.

    Pero, cuando oí cuál era su plan, la decepción se apoderó de mí. Porque me pareció algo tremendamente ridículo. Ni por un momento pensé que aquello pudiese funcionar.

    —Han cortado las comunicaciones con el exterior, de modo que no podemos hablar con nadie de fuera —explicó Elisa—, pero no pueden impedir que nos comuniquemos con el más allá. Haremos un rito de invocación de algún espíritu errante. Si logro comunicarme con él, podré pedirle que busque ayuda entre los vivos.

    ¿H-Hablaba en serio? Sí, era la Super Medium, pero, ¿era posible hablar con los muertos? En mi rostro podía apreciarse la incredulidad, pero, con todo, me esforcé por intentar sonar amable y cuestioné sus métodos e ideas de la forma más suave posible.

    —P-Pero, ¿cómo harías eso, si puede saberse?

    —Necesitaré un mínimo de cinco personas para el ritual —¿r-ritual? Pensar en aquello me daba escalofríos—. Debemos hacerlo cuanto antes, o, de lo contrario, habrá una persona en esta Academia que pueda preguntarle directamente a los muertos, en su propio mundo. El resultado es el mismo, al fin y al cabo; pero pretendo evitar víctimas.

    La médium era bastante inexpresiva, pero, esta vez, sentí que hablaba con convicción. Realmente quería salvarnos a todos, y esa era la mejor manera que tenía de hacerlo. Al día siguiente, por la mañana, la ruleta pararía, y uno de los dieciséis Ultimates sería asesinado por Monokuma. Era cierto que había prisa, que debíamos tratar de buscar una solución rápidamente, o… o sería demasiado tarde. Pero, ¿fantasmas? ¿Espíritus errantes? ¿Rituales? Oh, no, eso era demasiado esotérico para mí. Demasiado complicado para un chico tan simple y mediocre como yo.

    —¿Quieres ayudarme a pedir ayuda? —terminó preguntándome.

    —L-Lo siento, Elisa —dije, acariciando mi nuca, apurado—. P-Pero no creo que sea el indicado para algo así. Lo siento.

    Ella asintió con lentitud, se levantó y dio media vuelta.

    —No es problema. Quedan catorce personas a las que preguntar. Me bastará con que acepten al menos cuatro.

    Mientras se marchaba, la miré admirado. Se veía determinada a hacerlo. Esa convicción era su esperanza, después de todo. Y, por un momento, me di cuenta de que deseaba que saliese bien, pese a que no creía que fuese posible hablar con espíritus. Deseaba que mi racionalidad estuviese equivocada, que lo ilógico e incomprensible fuese real. Deseaba que algún espíritu nos ayudase.

    Pero terminé comiendo una tortilla de dos huevos, y eso es todo lo que hice. Nada más. Lo más productivo que hice en todo el día, en el último día antes de que la ruleta parase, fue comer una tortilla y buscar un móvil y un peluche perdidos sin éxito. Era un tipo patético, ¿cierto?

    Así, el anuncio del comienzo del tiempo nocturno retumbó en todos los pasillos, habitaciones y salas de la Academia. Intenté dormir, pero me rendí a los pocos minutos. Y no eran ni las 10:30 PM cuando me encontré caminando por los pasillos para despejarme.

    —¡Oh, Drake! —me saludó Steve, que se acercó corriendo hasta mí cuando me vio—. ¿Qué haces por aquí?

    Me pareció notar que estaba nervioso. Parecía estar tocando algo con su mano izquierda, que no extrajo en ningún momento de su bolsillo. Pero probablemente todo fuesen imaginaciones mías. Al fin y al cabo, por muy Super Policía que fuese, no era nada bueno para fijarme en los detalles.

    —Solo paseaba —dije, apartando la mirada. Me sentía extraño. Tenía una sensación rara en la boca; tal vez porque sabía que, en unas horas, alguno de mis compañeros moriría. O quizá yo mismo lo haría—. ¿Y tú?

    —Igual que tú —su sonrisa era imborrable, pero, ¿me estaba diciendo la verdad? Aunque su expresión se esforzaba por mantenerse estable, no podía evitar pensar que algo estaba fuera de lugar—. ¿No te has unido a la sesión?

    —¿Sesión? ¿Te refieres a lo de Elisa? —instintivamente, tragué saliva. Steve asintió—. No, eso de los fantasmas no va mucho conmigo.

    —Te entiendo, te entiendo. Yo tampoco, la verdad. Dicen que si ese tipo de cosas salen mal, pueden maldecirte. ¿Te imaginas? ¡Si me maldicen, perderé mi suerte! —¿eso era todo lo que le preocupaba? ¿Perder su suerte? A veces admiraba lo despreocupado que era Steve—. Pero bueno, muchos han aceptado. Elisa, Lucas, Liza, Ukita y Hubert son los que están haciendo la “sesión”… ¡esperemos que tengan suerte! —miró entonces al reloj que había colgado en los oscuros pasillos—. ¡B-Bueno, Drake, me marcho! Se va haciendo tarde, deberías irte a dormir ya.

    Asentí, silencioso y sonriente. Y vi cómo Steve se perdía en los pasillos, correteando más que andando.

    En mi camino de vuelta a mi habitación, me crucé con Ian, que solo me dirigió una mirada siniestra. No pude evitar tragar saliva. De algún modo, sus ojos me dieron miedo, su presencia en sí mi dio miedo. Y, cuando cerré la puerta de mi dormitorio detrás de mí, suspiré aliviado. Tenía una extraña sensación de peligro. Como si algo malo fuese a suceder. Y con eso en mente, me tumbé en la cama, deseando que todo fuese un mal sueño y, al despertar, estuviese fuera de esa Academia endemoniada.

    … pero no hubo suerte.

    *bing, bong, ding, dong*

    —¡Ejem, ejem! Son oficialmente las 8:00 AM. ¡Hora de levantarse! ¡Hoy es un graaaaan día para matar a tu compañero! Upupupu…

    El mismo anuncio de siempre. El mismo oso de siempre. La misma risa de siempre. Seguía en la Academia. Y había llegado el día en el que la ruleta dejaría de girar.

    Claro que no tenía ni idea de que la ruleta no tendría necesidad de señalar a nadie. Porque… porque…

    —¿Q-Qué es esto? —tan pronto como abrí la puerta de mi dormitorio vi a Hubert de pie, junto a un rastro de barro bastante extenso que había por todo el pasillo. El chico me miró seriamente al verme.

    —Estaba aquí cuando desperté. He comprobado que llega hasta el baño de los chicos… pero no he visto hasta dónde llega el otro extremo —me explicó Hubert, que miró hacia el norte.

    —Recuerdo que había barro en el jardín —dije, y tragué saliva con esfuerzo. Aquello no me gustaba. Aquello no me gustaba en absoluto—. Vayamos a mirar. Esto es extraño.

    Hubert Mattsson y yo nos dirigimos hacia el norte. La puerta del jardín interior interrumpía el rastro de barro, que parecía continuar en el interior. Lucas estaba fuera, golpeando de forma insistente la puerta.

    —¡Eh! ¡Eeeeeh! —gritaba mientras daba golpes, con su Plantux2100 en una de sus dos manos—. ¡Quienquiera que esté dentro, que me deje entrar! ¡Tengo que ver qué tal están las plantas!

    —¿Qué sucede, Lucas? —le pregunté cuando llegamos hasta él. El chico suspiró hondamente.

    —Alguien está dentro del jardín y no me deja entrar. La puerta no se abre desde fuera, pero siempre está abierta. Solo puede cerrarse y abrirse desde dentro, al fin y al cabo, ¡así que debe haber alguien dentro! Pero no me abre.

    Por un instante, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Me di cuenta de que estaba temblando. No podía ser; no, era imposible. No… no podía ser eso. No podía.

    —¡A-Ayudadme a tirar la puerta abajo! —dije, a voz en grito, mientras me preparaba para embestir. Lucas parecía no entender qué sucedía, pero Hubert asintió con decisión, y se preparó junto a mí. Entre ambos, cargamos contra la puerta, y ésta se abrió de golpe, descolgándose ligeramente.

    Lo que vimos al entrar al jardín… la escena que se dibujó ante nosotros… fue horripilante.


    Unas lianas, unas enredaderas, colgaban a pocos pasos de la entrada del jardín, y un oso de peluche estaba colgado por el cuello de una de ellas, simulando estar ahorcado. En el suelo, bocarriba, estaba la pequeña Talía, con sangre brotando de su cabeza. Su vestidito se teñía de rojo con el charco que brotaba de su frente.

    ¿Qué era eso? ¿E-Estaba muerta? ¿Talía Wells… había muerto?

    De pronto, la voz de Monokuma se hizo eco.

    —¡Pim, pom, pam, poooom! ¡Se ha descubierto un cadáver! ¡Se ha descubierto un cadáver! ¡Todo el mundo, reúnanse en el jardín interior! Tras un tiempo de investigación, comenzará la clase de juicio.

    N-No podía ser. No era posible. Talía… ¿había sido asesinada? ¿P-Por uno de nosotros? ¿Había comenzado el juego de asesinato mutuo? Instintivamente, di un paso hacia atrás, sin mediar palabra. No daba crédito de lo que estaba viendo, no lo asimilaba. Deseé, una vez más, que todo fuese un sueño; pero, una vez más, me di cuenta de que no lo era.

    Y, cuando por fin fue consciente de lo que había sucedido, el grito manó de mi garganta con fuerza.


    - Drake Orestes – Super Policía (VIVO)
    Objeto: Pistola
    Datos obtenidos: nuestro protagonista, y el proclamado Super Policía. En realidad, es un chico bastante despistado y olvidadizo que, según dice, logró ser policía de prestigio simplemente por tener suerte. Aun así, la experiencia como investigador es algo que ha adquirido, y, aunque no tenga demasiada atención por según qué detalles y no se le dé del todo bien memorizar nombres, intente hacer honor a su talento.

    - Steve Stone – Super Suertudo (VIVO)
    Objeto: Revista Ultimates.

    - Ian Lockhart – Super Estratega (VIVO)
    Objeto: Game Boy

    - Alpha Xenodis – Super Deportista (VIVO)
    Objeto: Bate de béisbol

    - Ukitashi – Super Comilón (VIVO)
    Objeto: Sándwiches

    - Talía Wells – Super Estrella Infantil (MUERTA)
    Objeto: Teddy el oso

    - Hubert Maddsson – Super Ajedrecista (VIVO)
    Objeto: tablero portátil

    - Effy Joy – Super Política (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Lucas Diamond – Super Botánico (VIVO)
    Objeto: Plantix2000
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Lucas desprecia las ciudades por considerar que su construcción implica necesariamente la muerte de muchas plantas, a las que considera amigas. Aun así, vive en un laboratorio en medio de una jungla, en solitario, y parecía no ser consciente de que su construcción en sí, probablemente, haya supuesto ya la muerte de muchos animales. Ha creado el Plantix2000 él solo, una máquina que permite "comunicarse" con las plantas: analizarlas, saber sus necesidades, etc.

    - Liza White – Super Criadora (VIVA)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: criada en un zoo, donde vivía con sus padres, cuidadores de éste, Liza pronto se hizo amiga de los animales y comenzó a amarlos, a todos y a cada uno de ellos, incluidos los insectos y otros bichos que puedan ser considerados asquerosos por la mayoría de la gente. Un buen día, Liza liberó a todos los animales simplemente porque quería que fuesen libres. Para ella, los animales son equivalentes a los humanos, y deberían de ser tratados prácticamente en igualdad de condiciones.

    - Emily Hodges – Super Modelo (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Dante Miles – Super ¿? (VIVO)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Dante no recuerda prácticamente nada sobre su pasado. Sabe que tenía amigos, pero no los recuerda; sabe que sucedió un evento importante en su vida, pero no recuerda qué fue; ni siquiera recuerda su talento ni cómo se dio cuenta de que lo tenía. Insiste en que, tal vez, no tenga ningún talento, para empezar. Lo único que recordaba con claridad al despertar era que amaba a Emily, y ese sentimiento parecía ser correspondido por ella.

    - Chad Redflame – Super Dibujante (VIVO)
    Objeto: Pincel y pinturas

    - Brendan Ruby – Super Periodista (VIVO)
    Objeto: Cuaderno y bolígrafo

    - Elisa Daroch – Super Médium (VIVA)
    Objeto: Cartas de tarot

    - Mimiko Honda – Super Millonaria (VIVA)
    Objeto: Teléfono móvil

    Reglas vigentes:

    >> Regla 1: durante el día, los alumnos podrán recorrer la Academia a su antojo, con escasas restricciones. En la noche, el acceso a determinados lugares quedará restringido.

    >> Regla 2: a las 8:00 AM sonará el anuncio escolar que dará comienzo al día oficialmente, y a las 10:00 PM sonará el anuncio escolar que dará paso al tiempo nocturno. No existen restricciones de sueño, cada alumno es libre de dormir o no dormir como lo estime conveniente.

    >> Regla 3: el Director de la academia y el resto de profesores no podrá interferir directamente con los alumnos; no podrá dañarlos físicamente o interferir en el desarrollo normal de sus actividades.

    >> Regla 4: los alumnos deberán asistir a las clases que el Director o profesores impongan de forma estrictamente puntual. Se permitirá un retraso máximo de 20 minutos, a partir del cual se considerará esta regla como incumplida.

    >> Regla 5: en caso de incumplimiento de una regla, las ametralladoras ejecutarán al infractor de la regla.

    >> Regla 6: únicamente quienes se gradúen podrán salir de la Academia. Quienes se gradúen no podrán volver a entrar, tendrán que dedicar su vida a cumplir con sus obligaciones como graduado o graduada en el exterior. El método de graduación se definirá en posteriores reglas.

    >> Regla 7: el desconocimiento de una regla no exime de su cumplimiento. El respeto a las reglas será estricto y deberá ser mantenido en todo caso, sin excepciones.

    >> Regla 8: el Director o los profesores pueden dar órdenes siempre dentro de los límites establecidos. Si no se cumple una orden válida, las ametralladoras dispararán al rebelde.

    >> Regla 9: los objetos personales pueden ser robados en cualquier momento por otro alumno, pero ningún alumno, bajo ningún concepto, podrá tener en su poder más de dos objetos personales.

    >> Regla 10: el Director podrá añadir nuevas reglas conforme estime conveniente, sin alterar reglas ya existentes.

    >> Regla 11: cuando un asesinato suceda, comenzará la investigación. Durante la investigación, cualquier sala de la Academia que hubiese estado disponible antes del crimen, independientemente de la hora, será abierta para facilitar la misma. Pasado el tiempo que el Director o los profesores consideren oportuno, la investigación finalizará y comenzará una clase de juicio.

    >> Regla 12: en la clase de juicio, todos votarán a un culpable. Si resulta ser el verdadero asesino, será ejecutado; si resulta no ser el verdadero asesino, todos salvo este serán ejecutados, y el asesino podrá graduarse.
     
    Última edición: 12 Octubre 2017
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    Graecus

    Graecus Sobreviví a la Boda Roja Game Master Esbirro

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    Talía noooo ;n;</3 ¿porque las super lolis de preparatoria nunca duran mucho en Danganronpa? :c (?

    No se si el plan de Elisa ayudara en algo en el juicio, aunque seguramente solo creará coartadas :c y como esto es Danganronpa, dado que ellos tienen coartada de haber estado toda la noche con Elisa, obviamente uno de ellos es el asesino D:< (??
     
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    Nami Roronoa

    Nami Roronoa The Gif Queen Game Master Esbirro

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    What? ¿Talía? ¡Esa sí que no me lo esperaba! :O

    Un capitulo fantástico, de principio a fin. Comienza como un día ordinario, aunque un poco extraño ya que Drake empieza a ver algunos misterios… me pregunto cuál será la verdad detrás de la desaparición del oso de Talía. Dado que reapareció en la escena del crimen, es evidente que lo averiguaremos durante la clase de juicio. Y la desaparición del móvil de Mimi… ¿cómo se conectará con esto? Al igual que a Drake, esto me da mala espina… i'm so fucking nervous right now (?

    Estaba convencida de que la escena del crimen iba a ser el jardín interno, al menos en eso acerté, pero por supuesto le erré a la víctima. Pero es que… ¡Talía! Ni me lo veía venir, honestamente. Creía que si le tocaba morir, ella por supuesto sería una víctima y no una asesina (please, esa niña es amor, no dañaría ni a una mosca <3), pero no esperaba que fuese la primera víctima… ¡fue realmente inesperado! Siempre me pone triste cuando matan a las lolis en DR, casi lloro con la muerte de Hiyoko en Danganronpa 2… al menos Himiko sobrevivió en V3, supongo, así que tenía esperanzas para Talía… ¡pero no hubo al esperanza, sólo desesperación! *inserte gif de Junko riendo aquí*(?

    Ahora que mencioné a Danganronpa V3, algo que me llamó la atención del capitulo… la sesión de espiritualismo (o como queráis llamarlo xD) de Elisa me recordó un poco a el ritual de Korekiyo en ese mismo juego apenas lo leí, y temí por unos momentos que la sesión de la súper medium tendría los mismos resultados que el ritual del juego… quizás esta fue otra razón por la que la muerte de Talía me tomó tan por sorpresa, idk xD

    Es curiosa la reacción de Steve… me pregunto a que se debía, es obvio que sabe algo más de la cuenta, pero me pregunto si estará relacionado con la muerte de Talía o será otra cosa. ¿Quizás tenga que ver con el celular de Mimi? Idk, idk… creo que todos acusaran a Lucas como el principal sospechoso por pasársela en ese jardín interno, pero dudo muchísimo que sea él el asesino… bueno, ya lo veremos cuando comience la clase de juicio. ¡No puedo esperar!

    Como dije, el capitulo fue fantástico. Amo tu forma de narrar y la manera en que describes todo desde la perspectiva de Drake. Destaco en particular que me pareció muy bien descripta la escena del crimen, y las sensaciones de Drake cuando él, Hubert y Lucas encuentran el cadáver.

    ¡Esperaré ansiosamente la continuación! ¡Bye-onara! (?
    Nami.
     
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    GalladeLucario

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    Género:
    Misterio/Suspenso
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    6947
    Capítulo 1: Víctimas de la desesperación

    Vida Mortal – Investigación

    Había sucedido. Aunque no quería asimilarlo, había sucedido. Hubert le tomó el pulso a Talía, y verificó que, en efecto, estaba muerta. No tardaron en llegar los demás, uno a uno. La desesperación fue creciendo más y más en aquel jardín.

    —¡A-Aaaaah! —gritó Mimiko Honda cuando entró al lugar, cubriéndose su boca con la mano, como reteniendo las náuseas.

    —¡Talía! —exclamó Ukitashi, con una mueca de horror.

    —¿Q-Qué ha sucedido? —inquirió Liza, expresión horrorizada en su semblante.

    —… ha empezado —susurró Dante, abrazando a Emily —. Justo como temía.

    —¿Estás insinuando que ha sido uno de nosotros? —cuestionó Effy.

    Los comentarios, discusiones, gritos y náuseas comenzaron a llenar la sala de un bullicio incesante. Mi mente estaba colapsada, saturada. Necesitaba un descanso para poder procesar todo aquello. Necesitaba que callasen. Tal vez por ese motivo volví a gritar. Y, cuando todos me miraban, dije, agachando la cabeza.

    —Calmémonos… no vamos a ganar nada discutiendo. Tenemos… tenemos que afrontar esto.

    De entre la muchedumbre, Ian dio algunos pasos, reflexivo, y se colocó junto al cadáver, agachándose para examinarlo.

    —En lugar de gritar y armar tanto revuelo, deberíamos empezar a investigar. Según las reglas, seremos ejecutados todos menos el culpable si no encontramos al asesino. Así que más vale empezar a buscar ya, rápido.

    Todos comenzaron a cuchichear. Fue Chad el que alzó la voz.

    —Hey. Pero… ¿realmente ha sido uno de nosotros el que lo ha hecho?

    Aparté la mirada. Yo tampoco quería creerlo, pero… todo apuntaba a ello. Entonces, por algún motivo, mis ojos enfocaron a Steve. Su expresión mostraba una sonrisilla nerviosa. ¿En serio sonreía incluso en ese momento? ¿De veras era capaz de ser tan despreocupado? Con todo, se le notaba algo tenso, no cabía duda.

    Hubert habló por encima del resto.

    —Determinaremos si de verdad ha sido uno de nosotros con la investigación. Todos deberíamos ayudar.

    —¡Hey, pero yo no tengo ni idea de investigar cosas! ¡Eso es de frikis! —vociferó un ruidoso Alpha.

    Elisa asintió con lentitud.

    —Puede que no tengamos experiencia, pero no tenemos otra alternativa. Ian tiene razón; si no investigamos, acabaremos todos muertos.

    Finalmente, fue Effy la que tomó las riendas, tras un rato de silencio.

    —Bien, dividámonos. Existe la posibilidad de que el asesino sea uno de nosotros, así que será conveniente que nadie se quede a solas. Iremos en grupos de dos. El asesino, de ser uno de nosotros, no se atreverá a hacerle nada a su acompañante, porque todos sabríamos que habrá sido él si los dos están solos. De manera que… yo iré con Elisa. Steve, ve con Ukitashi; Alpha, con Hubert. Mimiko, con Chad. Que vayan juntos Liza y Brendan, y por otro lado, Emily y Dante. Lucas, Ian y Drake, vosotros haréis el último grupo de tres —Effy miró en todas direcciones, analizando las miradas del resto. Nadie se atrevió a protestar; al parecer, la conmoción había servido para que nadie tuviese fuerzas para quejarse, para imponerse. Era más fácil que las personas fuertes como ella llevasen las riendas, al fin y al cabo. Asumir órdenes era más sencillo en situaciones como aquellas que llevar el liderazgo. Es una gran responsabilidad que nadie mejor que la Super Política puede desempeñar —. El jardín interior es grande, y, como escena del crimen, debería ser analizado en profundidad. Que varios grupos investiguen aquí. El resto, comprobaremos los demás lugares sospechosos.

    Así fue como nos dispersamos. En el jardín se quedó mi grupo, así como el compuesto por Hubert y Alpha y el de Mimiko con Chad. Y, con eso… la investigación comenzó.


    “C-Calma, Drake”, me dije a mí mismo. “Eres el Super Policía. Eres el que más debería saber sobre estas cosas”. De modo que me agaché junto a Ian, silencioso. Lo primero era el cuerpo…

    Talía yacía con los ojos cerrados, completamente inerte. La sangre chorreaba de su frente y encharcaba el suelo.

    —¿Has notado algo? —le pregunté a Ian, que seguía agachado junto a él. Detrás de mí notaba la presencia temblorosa de Lucas.

    —… el cuerpo no tiene nada reseñable, además del golpe en la cabeza. Pero el Informe de Monokuma #1 ya dice todo lo que hace falta saber —Ian alzó su iKuma, y eso me sobresaltó. Al abrir yo el mío, pude ver que, en efecto, había un documento nuevo con ese nombre.

    Leí el documento detenidamente. Contenía datos sobre Talía, y una especie de informe de autopsia. “Murió aproximadamente a las 11:30 PM, debido a un golpe contundente en la cabeza. Recibió el golpe por la parte frontal de su cabeza; no se apreciaron otras heridas externas. El cuerpo estaba bocarriba, tumbado cerca de la puerta de entrada del jardín interior”. Eso era todo lo que decía. Una hora del crimen aproximada y la causa de la muerte. Pero, ¿por qué no había arma del crimen? No parecía haber algo capaz de producir ese golpe cerca.

    Fue entonces cuando Ian se levantó y señaló al oso de peluche “ahorcado”.

    —Tiene sangre —dijo, secamente.

    —¡H-Hala! —exclamó Lucas, asombrado—. Es cierto.

    Era verdad, el peluche tenía algo de sangre. Con cuidado, me acerqué a él y lo descolgué, observándolo entre mis manos. Teddy, el oso… había desaparecido el día anterior. La propia Talía me lo dijo, de hecho. Me dijo que lo buscase, y no pude encontrarle. Y, ahora que lo tenía en mis manos… ¿no pesaba demasiado? Al analizarlo, me di cuenta de que el oso tenía una cremallera detrás. La abrí, y dentro encontré…

    —¡Tiene un ladrillo dentro!

    —¿Cómo? —exclamó Lucas, que se acercó, curioso, a inspeccionar el peluche—. ¡Es cierto! ¡Teddy tiene un ladrillo dentro! Es como una especie de mochila, más que un peluche.

    ¿De dónde había salido ese ladrillo? No recordaba que hubiese ninguno fácilmente obtenible en la academia, y estaba bastante seguro de ello. No presto mucha atención a ciertos detalles, pero después de pasar horas buscando el teléfono y el peluche el día anterior, podía afirmar con bastante fiabilidad que no era posible obtener ladrillos en ninguna parte. ¿Entonces? ¿Cómo llegó hasta allí?

    —Es bastante probable que sea el arma del crimen —sentenció Ian, serio. Asentí con lentitud.

    Sí. Tenía toda la pinta. Pobre Talía, asesinada por su propio osito de peluche.

    —Se ve que las enredaderas son fuertes —dije en voz alta, aunque era más bien una reflexión—. Soportan el peso de un ladrillo, al fin y al cabo.

    —¡Claro que lo son! —alzó la voz el Botánico—. También soportaron el peso de Alpha, ¿recuerdas? ¡Cuando tuvo su momento Tarzán y todo eso! Estas lianas son muy resistentes.

    —Oh, y recuerdo algo más sobre ellas —inquirió Ian—. ¿No dijiste que podían crecer y decrecer con facilidad?

    Lucas asintió.

    —Mm-hm. Son lianas de crecimiento rápido, unaenredadera Madreselva bastante particular. Puede crecer entre uno y dos metros en unas cuatro horas aproximadamente —consultaba entusiasmado su Plantuz2000 mientras hablaba—, siempre que se le proporcione la suficiente agua… y tiene el efecto inverso en caso de que se corte el riego.

    Llevé la mano a mi mentón, reflexivo. Luego, miré a mi alrededor. Las lianas parecían… algo más cortas que la última vez que entré al lugar. De hecho, la liana de la que colgaba Teddy era muy corta, colgaba la enredadera de una estructura de hierro finísima que había a pocos centímetros de ella, creada para servir de molde a su crecimiento.

    —Lucas, tú pasas mucho tiempo en el jardín, ¿verdad? —pregunté, aún reflexivo—. ¿Podrías decirme lo que hiciste ayer aquí? Cualquier dato podría servirnos.

    —Pues… estuve hasta las 8:00 PM, desde bien temprano en la mañana. A esa hora me fui a cenar y luego asistí a la sesión de espiritismo de Elisa —cierto, la sesión. Debería preguntarle luego a Elisa qué tal fue… incluso aunque hubiese tenido resultados, ¿de qué había servido? Había sucedido una muerte igual—. Dejé los controles de riego activados en la cantidad justa para que las lianas no creciesen más, pero eso lo hice el día anterior. Ayer no me pasé por los controles en todo el día.

    —Ya veo —debería recordar el testimonio de Lucas. Podría ser útil. Algo me decía que así era, aunque no supiese muy bien el qué—. De modo que el culpable usó el peluche de Talía en su contra para golpearla y acabar con su vida. Y la golpeó de frente… ¿huh? —al observar a Talía de cerca pude ver que en su mano izquierda llevaba un papel. Lo cogí, lo abrí y leí su contenido en voz alta—. “Tengo a tu querido amigo. Ven a buscarlo a las 11:30 al jardín interior o contaré a todos qué es lo que pretendías hacerle. Si te retrasas un solo minuto, será demasiado tarde”. No lleva ningún tipo de firma.

    —¿”Lo que pretendía hacerle”? —se preguntó Lucas, golpeándose la cabeza suavemente con el puño, como si quisiese pensar—. ¿A qué se referirá?

    —…. —Ian no mediaba palabra, solo miraba alrededor con interés.

    Esa nota parecía una carta de chantaje. ¿Q-Quién le habría mandado a Talía tal cosa? La hora coincidía con la de la muerte, así que… ¿pudo ser el propio asesino?

    —Sigamos investigando la zona. Puede haber más pistas alrededor.

    Caminé hacia la puerta de entrada, y estuve a punto de tropezar con las raíces de las lianas.

    —¡Demonios! Malditas raíces —susurré—. Son un peligro.

    —¡Eh, la culpa no es de ellas! Si eres torpe, es tu problema —me regañó Lucas, visiblemente molesto.

    Pero mi vista se fijó en la puerta. Hacía tiempo que sabía que tenía algún fallo, y, de hecho, Lucas lo dijo momentos antes de descubrir el cadáver.

    —Lucas, según tú, la puerta de entrada solo puede abrirse y cerrarse desde dentro, ¿cierto?

    Él asintió con lentitud.

    —Está rota, meh —dijo, frotándose el cabello con desdén—. Monokuma me dijo que lo arreglaría, ¡pero el muy vago no lo ha hecho aún!

    —Una puerta que solo puede abrirse y cerrarse desde dentro —susurró Ian—. Y la encontrasteis cerrada, ¿cierto?

    —Así es —respondí.

    —Extraño.

    Sí. Ciertamente extraño. Porque, si es así, este crimen se convierte en uno de los casos favoritos de cualquier amante de la novela negra: un misterio de habitación cerrada. ¿Cómo hizo el asesino para salir tras matar a Talía?

    Me asomé entonces al exterior, intentando encontrar alguna pista. Pero no vi nada especial… solo una escoba tirada en el suelo cerca de la puerta. Juraría que no estaba ahí los días anteriores, pero, ¿qué más daba? Una cosa así no podía tener relevancia en el caso. Con todo, me fijé que, en el mango, tenía una pequeña marca, como si algo la hubiese golpeado en ese punto. El plástico que lo envolvía estaba ligeramente raspado.

    Pero decidí volver a entrar y dejar de prestarle atención a un detalle tan banal. Y fue entonces cuando investigué aquello que nos trajo hasta la escena del crimen.

    —El rastro de barro es bastante largo. Pero no parece proceder del cuerpo; Talía está impoluta, al fin y al cabo —observé.

    —Debe de haberse producido por otro motivo, entonces —aclaró Ian.

    Lucas se había agachado cerca de una zona con hierba corta.

    —Esta hierba está aplastada —comentó, con los ojos llorosos—. P-Pobrecita… —oh, vamos, le da más pena la hierba que Talía, ¿o qué? —. ¿Huh? ¿Y esto?

    Me fijé entonces en lo que Lucas había sujetado. Había un pañuelo blanco de tela sobre la hierba. Lucas, como por instinto, lo agarró y se lo llevó a la nariz. Y, entonces, cayó al suelo de un plumazo, completamente inconsciente, en mitad de la zona enfangada, llenándose de barro.

    —¡Lucas! —grité, alarmado, y acudí a socorrerlo.

    Ian se acercó también, y le tomó el pulso.

    —Está bien. Solo se ha desmayado —observó—. ¿Es a causa de este pañuelo?

    —¿Un pañuelo que provoca desmayos solo con olerlo? —inquirí—. ¿Crees que pueda ser…?

    —Cloroformo —espetó Ian—. Tiene toda la pinta, desde luego.

    —Pero, ¿de dónde sale el cloroformo? No creo que haya en esta academia algo así. A no ser que esté en el almacén.

    —… no, allí no hay nada de eso —explicó Ian—. Lo sé porque he observado y memorizado todo el inventario.

    —¿T-Todo? —el almacén era realmente grande, era sorprendente que Ian hubiese memorizado todo su contenido.

    Supuse que lo había hecho en calidad de Super Estratega: uno debe saber qué herramientas hay a su alcance y al alcance de posibles adversarios si quería anticiparse a los movimientos rivales. Esa era la forma de pensar de los estrategas de verdad cuando están en una competición. Y, para Ian, el juego de asesinato mutuo era una competición.

    Tras inspeccionar toda la zona de la entrada, decidimos dejar a Lucas durmiendo tranquilamente y nos dirigimos a otras zonas del jardín. Encontramos, en la parte este, a Hubert… y a Alpha, trepando por una de las lianas.

    —¿Qué hace Alpha?

    —Trepa —dijo Hubert. Gracias, capitán obvio—. Cree que tal vez encuentre algo en los salientes. Este y el saliente sur son los únicos que no ha inspeccionado.

    Cierto, había salientes a varios metros de altura, uno al fondo, otro sobre la entrada, y otros dos, uno a cada lado. Pero, ¿qué relación podían tener con el caso? No parecía existir conexión.

    —¿No habría sido más sencillo coger la escalera de mano? Recuerdo que Alpha usó una la primera vez, según dijo él mismo.

    Hubert se encogió de hombros.

    —Díselo tú… yo me he rendido. No puedo pretender que alguien sin lógica razone conmigo. Es como intentar comerse a la reina con un peón.

    —¡Eh, pedorro serás tú, Ajenerd! —espetó desde arriba Alpha.

    … ¿pedorro?

    —… sigamos investigando —dijo Ian, que siguió caminando sin ni siquiera esperarme. Y yo, como si fuese su perrito, correteé detrás de él para seguirle el ritmo.

    Un grito desesperado al fondo del jardín captó nuestra atención. Mimiko fue quien gritó:

    —¡Noooooo!

    Nos aventuramos, corriendo en su dirección, y vimos una escena pintoresca; Chad estaba sentado contra la pared, pintando algo sobre una hoja de papel, mientras la Super Millonaria sollozaba agachada junto a algo.

    —¿Qué sucede? —pregunté, alarmado. Mimi tenía un aparato entre sus manos. Cuando lo miré de cerca, me di cuenta de que era su enorme y ruidoso teléfono móvil. El mismo que había desaparecido. Solo que… la pantalla estaba totalmente rota.

    —¿¡Que qué sucede!? ¡Te diré lo que sucede, Apestes! ¡Sucede que tu incompetencia policial ha hecho que mi móvil ahora esté roto! ¡¡Roto!! Si lo hubieses encontrado antes, ahora no estaría así, ¿sabes?

    Así que el móvil desaparecido estaba también en esa parte del jardín… pero mucho más alejado del cadáver. ¿Era casualidad? ¿Era posible que se diese tal coincidencia, acaso? ¿Quién había robado el teléfono y lo había dejado ahí? ¿Cómo se había roto de esa manera? Los pensamientos inundaron mi cabeza, y observé a Ian dirigirse hacia Chad. Instintivamente, le seguí, sin ni siquiera responder a Mimi. Pude oírla berreando detrás de mí, pero no le presté atención.

    —¿Crees que es buen momento para dibujar? —riñó Ian, severo. Pero Chad alzó la cabeza, con aires taciturnos y misteriosos.

    Observé la hoja en la que pintaba; parecía una página del cuaderno de Brendan. Wow, ¿esos dos eran amigos ahora, o algo?

    —¿Qué dibujas? —le pregunté, aunque al instante me pregunté por qué lo había hecho. Debería centrarme en la investigación.

    —Un mapa del jardín interior —infló sus mofletes, molesto—. Pensé que sería útil para el caso, pero si taaaan mal os parece, yo…

    Le interrumpí, moviendo mis manos en señal de disculpa.

    —¡No, no, no, no es eso! Termina el mapa, por favor. Nos será útil.

    —Hmpf —gruñó Ian, que dio media vuelta y emprendió su camino hacia el exterior.

    —Eh… creo que debería irme con él. No debemos estar solos, ya sabéis —me justifiqué, algo nervioso, y correteé detrás de él. A mis espaldas, oí la voz de Mimi:

    —¡Eso, huye, Drake Apestes, huye! ¡Mimiko Honda no perdonará esta ofensa, que lo sepas!

    Como fuese, logramos salir de allí. Algo confuso, le pregunté a Ian:

    —¿Y bien? ¿Qué hacemos ahora?

    —¿Y me lo preguntas tú? —espetó él, sacado su Game Boy y comenzando a jugar con ella, distraído—. Se supone que deberías ser el que me lidere a mí, y no a la inversa. Eres el Super Policía, al fin y al cabo. Este debería ser el momento en el que tu talento brille.

    Agaché la cabeza. En el fondo, tenía toda la razón. Pero yo… simplemente no creía que mi talento fuese merecido, a decir verdad. Sin embargo, cuando estuve a punto de sollozar, cuando comencé a notar esa sensación de inseguridad creciendo dentro de mí, recordé el rostro amable de Talía y sus abrazos. Y zarandeé mi cabeza.

    —Sigamos el rastro de barro —dije, con toda la decisión que pude—. Es un rastro recto y firme, y, según Hubert, llega hasta el baño de los chicos, ¿no? Pues veamos qué hay allí.

    De reojo, mientras me aventuraba a seguir el rastro de barro, vi cómo Ian alzaba la vista de su Game boy y sonreía ligeramente, solo para luego caminar detrás de mí.

    De modo que entramos al baño. El barro llegaba hasta la entrada, aunque el rastro era más tenue cuanto más se alejaba del jardín; era obvio que lo que fuese que había provocado esa suerte de camino de barro había comenzado su “viaje” en el jardín y había terminado allí, perdiendo el fango que llevaba impregnado conforma avanzaba.

    —¿Crees que habrá algo aquí? —preguntó Ian, cruzado de brazos, mientras miraba en ambas direcciones.

    Yo me encogí de hombros. El rastro acababa en mitad del baño. ¿Qué habría sido lo que había provocado ese recorrido? Caminé por la zona, pensativo, en busca de pistas que no parecían existir… y proferí un grito de sorpresa cuando me encontré con aquel chico.

    —…

    —¡B-Brendan! Agh, qué susto. Tú tan sigiloso como siempre, ¿eh?

    Brendan Ruby, el Super Periodista, quedó mirándome cara a cara, como si me analizase de arriba abajo. Comenzaba a sentirme incómodo.

    —Uh… —dije, acariciando mi nuca, incapaz de decir nada. Y Brendan tampoco decía nada, de hecho. Sus ojos, simplemente, bailaban sobre su cuaderno, en el cual anotaba cosas desesperadamente.

    Fue un instante después cuando Ian apareció, solo para quitarle de un plumazo el cuaderno al periodista. Cuando vio que le quitaban el cuaderno, su rostro palideció, y trató de arremeter contra Ian. Este, sin embargo, lo mantuvo a raya solo con una mano, mientras que con la otra, despreocupadamente, hojeaba las páginas.

    —Vaya, esto es interesante. Muy interesante. Nos será útil para el juicio.

    —¿Qué es lo que pone? —aunque me sentía un poco mal por Brendan, mi curiosidad era demasiado grande. Ese periodista, o más bien stalker, podría tener cosas útiles anotadas en ese cuaderno.

    —Mira, mira esto, son notas de los movimientos que hicimos todos ayer: “Ian y Hubert estuvieron juntos en la zona este; Ukita estuvo en la zona sur; Lucas estuvo en el jardín; Drake, Steve, Mimi y Talía estuvieron merodeando por toda la Academia. Chad estuvo pintando el aula A; Alpha entrenaba en el gimnasio; el resto estuvo en el comedor o en sus dormitorios. Brendan observó cómo Steve y Talía charlaban cerca de la zona este" —cerró de un plumazo el cuaderno, y me miró triunfante, ofreciéndomelo—. Estos registros serán útiles. Son los movimientos realizados por varios de los estudiantes ayer, antes de la hora de cenar. Quédatelos.

    —… son míos —protestó, hablando a bajo volumen, Brendan, que no paraba de pugnar por arrebatarme el cuaderno.

    Sin embargo, era información valiosa, así que lo abrí, arranqué la página que me interesaba, y se lo entregué otra vez. Al ver cómo arrancaba una hoja de aquella libreta pude notar cómo la expresión de Brendan se retorcía, casi como si le arrancase un dedo a él.

    —Oye, ¿dónde está Liza, por cierto? —preguntó Ian, indiferente—. Debía estar contigo, ¿no?

    Sin embargo, Brendan parecía en shock; parecía demasiado afectado por lo que acababa de pasar como para reaccionar. Ian dio varias palmadas frente a su rostro, como tratando de captar su atención, de hacerle volver; no hubo respuesta.

    —S-Supongo que se habrán dividido para explorar los dos baños. Debe estar en el baño de chicas.

    —Pff, supongo —afirmó Ian, dirigiéndose a la salida mientras extraía una vez más su Game Boy de los bolsillos—. Al final no encontramos gran cosa en este baño.

    Miré a Brendan antes de seguirle, algo preocupado. Le golpeé con suavidad la mejilla; sin respuesta, nuevamente. Solo parpadeaba y sudaba. No tuve más remedio que dejarle ahí, con sus… con sus… cosas.

    —¿Y bien, Super Policía? ¿Cuál es tu próximo objetivo? ¿Qué debemos hacer ahora?

    Medité por un momento, en los pasillos, mientras caminaba junto a Ian.

    —Quiero hablar con el resto, especialmente con Elisa, sobre la sesión de espiritismo de ayer. Y también me gustaría dirigirme a la sala de mantenimiento, para verificar una cosa.

    Ian asintió con lentitud. Luego, alzando la mirada de su Game Boy, me miró con una sonrisa ladina. Dijo, lentamente, como saboreando cada palabra:

    —¿Y qué hay de Steve? ¿No quieres hablar con él?

    No supe qué responder. Steve… él… se dirigió hacia el norte cuando lo vi por la noche, en la dirección en la que está el jardín interior. Recuerdo que me crucé con él y con Ian. Y lo cierto era que Steve se estaba comportando de forma extraña, como si supiese algo, como si tuviese prisa, como si estuviese preocupado. Él, el Super suertudo que no le teme a nada. Además, una de las pruebas apuntaba peligrosamente a Steve. Estaba claro que él debía saber algo, pero… ¿por qué Ian hablaba con esa sonrisa tan siniestra sobre el tema? ¿Por qué parecía que lo sabía todo? ¿Era esa una de sus estrategias?

    De un modo u otro, llegamos a la sala de mantenimiento, y allí nos encontramos con Elisa y Effy, que inspeccionaban la zona. Ian se apoyó, brazos cruzados, contra una pared, observando, sin participar en la investigación. Y yo, tembloroso por alguna razón, me dirigí a ellas.

    —¿Algo nuevo, chicas?

    Effy suspiró, apartando la mirada.

    —Nada especial. Aquí no hay gran cosa, solo botones y fusibles. Los que sirven para acceder al sistema de luces están bien protegidos, no pueden manipularse con facilidad. Y luego están esos de allí, que no sé para qué sirven. He llamado a Monokuma para que nos explique en qué consisten estos aparatos, pero no da señales. Supongo que no quiere ayudar en la investigación.

    Era cierto; no había más que algunos botones y poco más. Pero por fortuna, a mí sí que me había explicado su funcionalidad: eran los reguladores del sistema de riego del jardín interior… y parecía que el riego estaba cerrado. Hmmm. ¿Era eso relevante para el caso, de alguna manera?

    —Entiendo —dije, aunque estaba hablando conmigo mismo. Effy me miraba, molesta, como si quisiese saber qué era lo que estaba pensando. Fue entonces cuando recordé que debía hablar con la silenciosa Elisa, que meditaba con ojos cerrados. Al hablarle, me sobresaltó más ella y su repentina reacción, mirándome fijamente, que yo a ella con mi alto volumen al hablarle—. ¡Oh, cierto! Elisa, quería preguntarte, ¿qué tal fue la sesión ayer?

    Elisa frunció el ceño, molesta. Vaya, nunca la había visto reaccionar así…

    —Salió mal… pero no fue por mi culpa.

    —¿Huh? ¿De quién fue la culpa?

    —… Lucas. Iniciamos la sesión a las 9:00 PM en el comedor, y todo marchaba bien; el procedimiento para invocar a un espíritu errante es largo y requiere de muchísima concentración, pero ese chico… ¡agh! Aproximadamente a las 10:00 PM, cuando estaba a punto de atraer a algún alma descarriada, se marchó de la sala aludiendo urgente necesidad de ir al baño. Regresó a los cinco minutos, pero había roto la conexión. Aunque lo intenté, no hubo manera de volver a contactar, así que terminé por rendirme a las 12:00 PM.

    —¿S-Se tarda tanto en convocar a un espíritu? —Elisa casi me fulmina con la mirada.

    —Pueden tardarse incluso días. A veces, hasta semanas si el espíritu es muy reacio a comunicarse. Y es necesaria concentración absoluta —¿¡semanas!? ¿Había que estar semanas concentrado…? —. Por suerte, yo soy una experta, el tiempo medio que tardo en canalizar espíritus es cuarenta veces menor que el resto de médiums —cuarenta veces… no sabía si todo lo que decía era verdad, pero, de serlo, eso explicaría por qué motivo Elisa es la Super Médium —. Pero si un iluso adora-plantas arruina el vínculo, por muy buena que sea, no puedo conseguirlo.

    —E-Entiendo —la clave aquí era que las cinco personas que participaron en la sesión de espiritismo estuvieron en el comedor en ese tiempo, en definitiva, por varias horas. Y solo Lucas salió, durante un breve periodo de tiempo —. En fin. Creo que ya hemos recopilado mucha información. S-Solo necesito ordenarlo todo en mi cabeza —a decir verdad, tenía muchas dudas, y había muchas pruebas y testimonios que bailaban en mi cabeza, inconexos. Estaba asustado, porque no podía formarme una idea general, no podía averiguar quién era el asesino, quién había matado a Talía. Y, si yo, el Super Policía, no podía hacer eso, ¿qué otra cosa podría hacer? Era mi deber solucionar el caso, era mi deber salvarnos a todos —. Aunque me gustaría revisar el dormitorio de Talía antes de terminar la investigación.

    Fue entonces cuando Effy pareció recordar algo.

    —Oh, ahora que mencionas los dormitorios, hay algo extraño que me gustaría contarte. Es sobre anoche. Aunque no sé si puede tener relación con el caso…

    —Dilo, por favor —le pedí —. Cualquier cosa puede ser útil.

    Effy se cruzó de brazos.

    —Anoche, mientras intentaba dormir, oí, por un momento… a alguien cantar. No sé quién era, ni qué cantaba, porque sonaba lejos, pero pude escucharlo, y juraría que era una chica.

    ¿A-Alguien cantando en mitad de la noche? Ciertamente, el de Effy era un testimonio algo vago y aparentemente sin relación con el caso, pero, ¿quién sabe? Quizá sirviese de algo.

    Tras marchar de allí, nos dirigimos a la habitación de Talía, pero… de pronto descubrimos que estaba cerrada. Ian, que venía detrás de mí, trató de llamar a Monokuma.

    —Oye, Monokuma, abre esta puerta, ¿quieres? Necesitamos investigar.

    Pero no hubo respuesta. Al final, Ian suspiró, extrajo una gran llavede sus bolsillos y la introdujo en la puerta del dormitorio de Talía. Sorprendentemente, al girarla, la puerta se abrió.

    —¿De dónde has sacado esa…?

    Ian sonrió.

    —El almacén. Es una llave maestra… abre todos los dormitorios. La encontré mientras hacía inventario.

    No estaba del todo seguro de si era bueno o malo que alguien como el Super Estratega tuviese algo tan útil como una llave maestra, pero en esos momentos no tenía tiempo para pararme a pensar en ello.

    Entré al dormitorio de Talía, seguido por Ian, y comencé a inspeccionar todo con detalle. No había nada especial; de hecho, era prácticamente idéntico al mío, solo que el suyo estaba mucho, mucho más ordenado. Me acerqué a su escritorio, y abrí los cajones, pero los encontré vacíos. Allí no había nada… aparentemente.

    —Mira, Drake. Allí, en la esquina.

    Ian señaló a una pared, y, entonces… pude ver claramente un pequeño agujero en la misma, junto a un par de herramientas, tiradas en el suelo. Eran un martillo y un cincel. Había escombros en la zona, y cuando me acerqué al agujero, pude observar que la pared había sido levantada, mostrando los ladrillos que se escondían detrás. Pero allí, entre los ladrillos visibles… había uno que faltaba.

    —¿Qué es esto? ¿Por qué está agujereada la pared de Talía? —no lo entendía. Aquello escapaba completamente a mi entendimiento. Solo sirvió para nublar aún más la visión general del caso. Pero Ian, por su parte, parecía confiado, y sonreía no sin cierta arrogancia.

    Entonces, cuando menos lo esperaba, los monitores se encendieron, y Monokuma apareció, con su copa de vino.

    —No —susurré —. No aún, no.

    —Hum, me he cansado de esperar, ¿sabéis? —decía el oso, moviendo el vino en la copa —. Así que, ¡tenéis cinco minutos para dirigiros a la puerta roja del pasillo este! Allí tomaréis el ascensor a la clase del juicio. Rápido, rápido, no querréis desobedecer las órdenes de vuestro director, upupupu…

    Y la pantalla se acabó. Apreté el puño con fuerza.

    —Maldita sea, ¡aún no sé quién lo hizo! —me lamenté en voz alta.

    Ian, sin ningún tipo de compasión, me golpeó ligeramente con el pie.

    —Deja de quejarte y muévete. O las ametralladoras te perforarán.

    Al salir al pasillo norte, pude ver cómo todos los que estaban en el jardín caminaban en dirección a la zona este, nerviosos. Chad se detuvo al verme.

    —He terminado el boceto de la escena del crimen. Todo tuyo.

    Asentí, forzando una sonrisa. En el boceto, dibujado como si fuese el mapa de una casa de juguete más que un mapa realista (el estilo de Chad parecía ser siempre similar, al fin y al cabo), se podía apreciar perfectamente cómo había cuatro salientes, uno en cada punto cardinal del jardín; cómo la sala tenía forma redondeada, la puerta estaba al sur y el jardín tenía grandes árboles a izquierda y derecha, quedando la parte central algo más despejada de vegetación de gran tamaño. Incluso había pintado una versión caricaturesca en miniatura de Talía, tachada con una cruz, en el lugar donde se encontraba el cadáver. Sí, era un buen mapa, a su manera, pero, ¿era suficiente?

    Por otra parte, un apurado Lucas cubierto de barro llegó entonces, correteando.

    —Ay, ¡decidme que no llego tarde, decidme que no!

    —T-Tenemos cinco minutos —le dije, mientras observaba a Ian, con su tranquilidad característica, dirigiéndose junto a los demás —. Será mejor que nos demos prisa.

    —Ugh —Lucas se llevó la mano a la cabeza —. No sé qué me ha pasado. Ha sido como ¡plof! He caído redondo en cuanto he olisqueado ese pañuelo.

    —Sí, has estado un par de horas desmayado… el pañuelo parecía tener restos de cloroformo —expliqué —. Pero démonos prisa, si incumplimos la orden de Monokuma, no quiero ni imaginarme qué pasará.

    —¡¿V-Voy a tener que ir todo embarrado a la clase de juicio?! —se quejó el Botánico, pero no tuvo más remedio que hacerlo, y, así como estaba, cubierto de barro, se dirigió junto a mí a la puerta roja, que ahora estaba abierta, mostrando un gran ascensor que más bien parecía un montacargas tras de sí. No había tiempo para cambiarse, después de todo

    Con miedo, di varios pasos, los justos para meterme dentro del ascensor, y tragué saliva. Había varios botones, todos ellos apagados, y uno solo con iluminación, como si estuviese activo: un botón con forma de cabeza de oso de dos colores, blanco y negro.

    Tan pronto como Effy pulsó dicho botón, el ascensor empezó a descender con lentitud, y yo, temblando, cerré los ojos. Probablemente, todos nosotros teníamos muchísimo miedo en aquel momento. Estábamos a punto de comenzar la primera clase de juicio. El juicio para decidir quién de nosotros había caído en la desesperación, quién había matado a Talía Wells. Y yo aún no sabía quién había sido el culpable… ni siquiera había tenido tiempo de hablar con Steve.

    Talía, la Super Estrella Infantil, estaba muerta, convirtiéndose en la primera víctima del juego mortal en el que nos encontrábamos todos ahora. Era una chica inocente, ingenua y cariñosa. Aunque pudiese ser muy infantil, ella siempre se preocupaba por los demás, y solo quería que estuviésemos bien, solo quería abrazarnos para consolarnos. Y ahora, ella estaba muerta… y todo apuntaba a que uno de nosotros la había matado.

    Tenía que encontrar al asesino, no importaba cómo. Lo encontraría en la clase de juicio, costase lo que costase… por Talía. Por todos. Por sobrevivir.

    Reglas vigentes:

    >> Regla 1: durante el día, los alumnos podrán recorrer la Academia a su antojo, con escasas restricciones. En la noche, el acceso a determinados lugares quedará restringido.

    >> Regla 2: a las 8:00 AM sonará el anuncio escolar que dará comienzo al día oficialmente, y a las 10:00 PM sonará el anuncio escolar que dará paso al tiempo nocturno. No existen restricciones de sueño, cada alumno es libre de dormir o no dormir como lo estime conveniente.

    >> Regla 3: el Director de la academia y el resto de profesores no podrá interferir directamente con los alumnos; no podrá dañarlos físicamente o interferir en el desarrollo normal de sus actividades.

    >> Regla 4: los alumnos deberán asistir a las clases que el Director o profesores impongan de forma estrictamente puntual. Se permitirá un retraso máximo de 20 minutos, a partir del cual se considerará esta regla como incumplida.

    >> Regla 5: en caso de incumplimiento de una regla, las ametralladoras ejecutarán al infractor de la regla.

    >> Regla 6: únicamente quienes se gradúen podrán salir de la Academia. Quienes se gradúen no podrán volver a entrar, tendrán que dedicar su vida a cumplir con sus obligaciones como graduado o graduada en el exterior. El método de graduación se definirá en posteriores reglas.

    >> Regla 7: el desconocimiento de una regla no exime de su cumplimiento. El respeto a las reglas será estricto y deberá ser mantenido en todo caso, sin excepciones.

    >> Regla 8: el Director o los profesores pueden dar órdenes siempre dentro de los límites establecidos. Si no se cumple una orden válida, las ametralladoras dispararán al rebelde.

    >> Regla 9: los objetos personales pueden ser robados en cualquier momento por otro alumno, pero ningún alumno, bajo ningún concepto, podrá tener en su poder más de dos objetos personales.

    >> Regla 10: el Director podrá añadir nuevas reglas conforme estime conveniente, sin alterar reglas ya existentes.

    >> Regla 11: cuando un asesinato suceda, comenzará la investigación. Durante la investigación, cualquier sala de la Academia que hubiese estado disponible antes del crimen, independientemente de la hora, será abierta para facilitar la misma. Pasado el tiempo que el Director o los profesores consideren oportuno, la investigación finalizará y comenzará una clase de juicio.

    >> Regla 12: en la clase de juicio, todos votarán a un culpable. Si resulta ser el verdadero asesino, será ejecutado; si resulta no ser el verdadero asesino, todos salvo este serán ejecutados, y el asesino podrá graduarse.
    Estudiantes: 15
    - Drake Orestes – Super Policía (VIVO)
    Objeto: Pistola
    Datos obtenidos: nuestro protagonista, y el proclamado Super Policía. En realidad, es un chico bastante despistado y olvidadizo que, según dice, logró ser policía de prestigio simplemente por tener suerte. Aun así, la experiencia como investigador es algo que ha adquirido, y, aunque no tenga demasiada atención por según qué detalles y no se le dé del todo bien memorizar nombres, intente hacer honor a su talento.

    - Steve Stone – Super Suertudo (VIVO)
    Objeto: Revista Ultimates.

    - Ian Lockhart – Super Estratega (VIVO)
    Objeto: Game Boy

    - Alpha Xenodis – Super Deportista (VIVO)
    Objeto: Bate de béisbol

    - Ukitashi – Super Comilón (VIVO)
    Objeto: Sándwiches

    - Talía Wells – Super Estrella Infantil (MUERTA)
    Objeto: Teddy el oso

    - Hubert Maddsson – Super Ajedrecista (VIVO)
    Objeto: tablero portátil

    - Effy Joy – Super Política (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Lucas Diamond – Super Botánico (VIVO)
    Objeto: Plantix2000
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Lucas desprecia las ciudades por considerar que su construcción implica necesariamente la muerte de muchas plantas, a las que considera amigas. Aun así, vive en un laboratorio en medio de una jungla, en solitario, y parecía no ser consciente de que su construcción en sí, probablemente, haya supuesto ya la muerte de muchos animales. Ha creado el Plantix2000 él solo, una máquina que permite "comunicarse" con las plantas: analizarlas, saber sus necesidades, etc.

    - Liza White – Super Criadora (VIVA)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: criada en un zoo, donde vivía con sus padres, cuidadores de éste, Liza pronto se hizo amiga de los animales y comenzó a amarlos, a todos y a cada uno de ellos, incluidos los insectos y otros bichos que puedan ser considerados asquerosos por la mayoría de la gente. Un buen día, Liza liberó a todos los animales simplemente porque quería que fuesen libres. Para ella, los animales son equivalentes a los humanos, y deberían de ser tratados prácticamente en igualdad de condiciones.

    - Emily Hodges – Super Modelo (VIVA)
    Objeto: ¿?

    - Dante Miles – Super ¿? (VIVO)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Dante no recuerda prácticamente nada sobre su pasado. Sabe que tenía amigos, pero no los recuerda; sabe que sucedió un evento importante en su vida, pero no recuerda qué fue; ni siquiera recuerda su talento ni cómo se dio cuenta de que lo tenía. Insiste en que, tal vez, no tenga ningún talento, para empezar. Lo único que recordaba con claridad al despertar era que amaba a Emily, y ese sentimiento parecía ser correspondido por ella.

    - Chad Redflame – Super Dibujante (VIVO)
    Objeto: Pincel y pinturas

    - Brendan Ruby – Super Periodista (VIVO)
    Objeto: Cuaderno y bolígrafo

    - Elisa Daroch – Super Médium (VIVA)
    Objeto: Cartas de tarot

    - Mimiko Honda – Super Millonaria (VIVA)
    Objeto: Teléfono móvil
    Balas de la verdad:

    - Informe de Monokuma #1: la víctima es Talía Wells. Murió aproximadamente a las 11:30 PM, debido a un golpe contundente en la cabeza. Recibió el golpe por la parte frontal de su cabeza; no se apreciaron otras heridas externas. El cuerpo estaba bocarriba, tumbado cerca de la puerta de entrada del jardín interior.

    - Lianas de crecimiento rápido: las lianas del jardín interior crecen y decrecen a una gran velocidad; con fuentes de agua grandes, crecen un par de metros cada cuatro horas, aproximadamente. Sucederá lo inverso si se corta el riego de agua.

    - Riego apagado: los controles de riego se encontraban en la sala de mantenimiento, al sur. Al parecer, el riego estaba cortado, de manera que las plantas no estaban siendo regadas.

    - Testimonio de Lucas: Lucas estuvo en el jardín hasta las 8:00 PM del día anterior, hora tras la cual fue al comedor a cenar para posteriormente acudir a la sesión de invocación de Elisa Daroch. No manipuló los controles de riego en todo el tiempo.

    - Registros de Brendan: Brendan anotó los movimientos de todos los alumnos antes de la hora de cenar, aproximadamente a las 8:00 PM. Ian y Hubert estuvieron juntos en la zona este; Ukita estuvo en la zona sur; Lucas estuvo en el jardín; Drake, Steve, Mimi y Talía estuvieron merodeando por toda la Academia. Chad estuvo pintando el aula A; Alpha entrenaba en el gimnasio; el resto estuvo en el comedor o en sus dormitorios. Brendan observó cómo Steve y Talía charlaban cerca de la zona este.

    - Rastro de barro: un rastro de barro conecta el jardín interior con el baño de chicos. x

    - Teddy el oso: Teddy estaba ahorcado en una de las lianas, cerca del cadáver, manchado de sangre. Su interior resultaba ser hueco, y estaba vacío por dentro; únicamente había un ladrillo tras la cremallera.

    - Teléfono móvil roto: el teléfono de Mimi apareció, roto, cerca de la zona norte del jardín interior.

    - Escalera de mano: la escalera de mano utilizada para llegar a los salientes del jardín interior.

    - Boceto de la escena del crimen: el dibujo hecho por Chad muestra la escena del crimen, el jardín interior, desde perspectiva aérea. Hay árboles altos a izquierda y derecha, y lianas por toda la sala. El jardín tiene salientes a media altura, varios metros por encima del suelo, uno en cada punto cardinal. Solo existe una entrada, que se ubica en la zona sur; el cadáver se encontró cerca de la misma.

    - Raíces en el jardín: las raíces del jardín están cerca de la entrada, haciendo probable que alguien despistado tropiece con ellas.

    - Puerta del jardín: la puerta del jardín solo puede abrirse y cerrarse desde dentro; el pomo no funciona desde fuera, impidiendo que nadie pueda abrirla o cerrarla desde esa parte. Estaba cerrada cuando se encontró el cuerpo.

    - Escoba: había una escoba cerca de la entrada del jardín que no estaba antes ahí. Tiene una marca en el mango, como si algo la hubiese golpeado.

    - Pañuelo blanco: en la zona enfangada había un pañuelo blanco con restos de cloroformo.

    - Hierba aplastada: la hierba sobre el barro estaba revuelta y aplastada, como si algo grande hubiese caído sobre ella.

    - Testimonio de Effy: Effy creyó oír desde su dormitorio, sobre la hora de la muerte, el sonido de una canción en la lejanía, pero no pudo identificar ni a la cantante ni la canción; solo sabía que era una mujer.

    - Sesión de espiritismo: entre las 9:00 PM y las 12:00 PM, Lucas, Liza, Elisa, Hubert y Ukita estuvieron en la sesión de espiritismo. Lucas salió para ir al baño aproximadamente a las 10:00 PM, interrumpiendo la sesión.

    - Steve e Ian en los pasillos: Drake se cruzó con Steve e Ian por los pasillos sobre las 10:30 PM. Steve parecía dirigirse al norte, y llevaba algo en el bolsillo.

    - Llave maestra de Ian: Ian tiene una llave capaz de abrir todos los dormitorios. La obtuvo en el almacén cuando memorizaba todo su contenido.

    - Agujero en el dormitorio de Talía: en el dormitorio de Talía había un cincel, un martillo y un agujero en la pared. Alguien parecía haber retirado un ladrillo de allí.

    - Nota de chantaje: Talía llevaba en la mano una nota anónima cuando apareció muerta. Decía así: "Tengo a tu querido amigo. Ven a buscarlo a las 11:30 al jardín interior o contaré a todos qué es lo que pretendías hacerle. Si te retrasas un solo minuto, será demasiado tarde".
     
    Última edición: 13 Octubre 2017
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    Lucas Diamond

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    Oh yeah I like this.

    La música ha sido muy buena, por cierto xD Ambienta muy bien toda la investigación, hace la lectura mucho más amena de lo que ya es.

    Está genial el fic, en serio. Amo mucho cómo va el primer caso y aunque siento cierta pena por Talía, me gusta la acción. Creo que todo va a ser por culpa de Steve y que se va a marcar un Nagito, vas a ver. Es que lo estoy viendo venir; él robó los dos objetos seguro. Y es más, diría que metió el móvil dentro de Teddy para que las dos se enfrentasen y provocar salseo, pls. Sin embargo, no acabo de ver cómo pudo Talía morir ahí dentro... Es decir, tuvo que ocurrir algo con el riego automático y el crecimiento de las plantas, es la única forma de actuar sin estar dentro de la sala, pero entonces no entiendo por qué Talía cerraría la puerta al entrar o yo qué sé. Tampoco me explico el rastro de barro, supongo que el asesino fue al baño a lavarse (what?). Y muchísimo menos ya le encuentro sentido al pañuelo con cloroformo xD

    Estoy deseando ver la clase de juicio, va a estar muuuy curiosa. Steve va a dar por saco :3 Ahora mismo, salvo Mimi y un poco Lucas, NADIE me pega para ser el asesino. Absolutamente nadie xDD Y me niego a creer que es Lucas :< Él es buena gente, yk. Aunque que se duerma casualmente y no participe en la investigación es cuanto menos sospechoso (?) ¿Y si dejó ahí el pañuelo para el día siguiente no trabajar? :( Al menos tiene algo de coartada horaria, con la sesión de espiritismo...

    En fin, que omg. No tengo palabras (?) Estoy deseando leer el siguiente, felicidades, tate <3

    Sigue así,

    Lucas Diamond~ <3
     
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    Graecus

    Graecus Sobreviví a la Boda Roja Game Master Esbirro

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    Lo que no entiendo es el tema de la puerta. Si quedamos en que la puerta se abre desde adentro, entonces el asesino ya estaba dentro del jardín esperando a Talía, ¿no? Llega Talía, el asesino le abre la puerta y luego la mata, y como aun estan dentro del jardin el asesino tiene la via libre para abrir la puerta sin problemas y cerrarla con el cadaver de Talia del otro lado. Lo del rastro de barro me pone a pensar mucho: o es un rastro falso que lleva al baño de chicos para que los demas supongan que el asesino es un chico, o es que el asesino tuvo que arrastrar algo que lo incriminaba, y ese algo estaba lleno de barro. Obviamente la primera opción es mas probable xD

    Ni pinchi idea de quien sera el asesino :<
     
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    GalladeLucario

    GalladeLucario Game Master Esbirro

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    Varias cosas antes de empezar... primero, quiero avisar de que cambiaré lo dicho previamente sobre la duración de las clases de juicio. No durarán 1 o 2 capítulos... más bien, 2 en su mayoría y quizás 3 capítulos algunas de ellas.

    Pero, aclarado eso, es importante señalaros varias cosas sobre el funcionamiento de estas clases:

    - Añadiré temas musicales esporádicamente, en spoilers, de la saga Danganronpa para ambientar el momento. Sois libres de leer el fic con la música ambiente o no, claro.
    - Para acercar las clases de juicio a la saga original y para, de algún modo, hacerlo más participativo, haré algo similar a lo hecho en mi fic de Ace Attorney con los diferentes modos de juego; en lugar de narrarlo todo como una historia, podréis distinguir claramente las diferentes formas de juego, los distintos debates, que serán Non-stop debates, donde todos los alumnos empiezan a debatir sobre un tema y hay que encontrar una contradicción con una prueba o una frase con la que una prueba coincida; Rebuttal showdown, que es similar al non-stop debate, pero en este caso, sucede cuando un personaje interrumpe al protagonista para debatir solamente con él, en un cara a cara; Scrum Debates, que es una modalidad incluida en DRv3 en la que, cuando entre los alumnos hay discrepancia de opiniones, Monokuma los agrupa en dos grupos, cada uno defendiendo una opinión, y tienen que tratar de contraargumentarse mutuamente para ganar el debate; y el Closing Argument, que es cuando el protagonista reconstruye el caso por completo desde el principio para aclarar la verdad de una vez por todas. Todos estos "modos de juego" serán no narrados y ya, sino prácticamente reproducidos en el fic, para que parezca más interactivo.
    - Todas las balas de la verdad aparecerán en negrita... las balas de la verdad son las pruebas, claro. Tenéis un registro de estas al final de cada capítulo, así que podéis intentar adivinar dónde están las contradicciones vosotros mismos. Oh, y, a veces, Drake tendrá que mentir, usando una bala de la verdad como bala de la mentira... simplemente, esto implica que usará una prueba, pero dándole un significado distinto o contrario al verdadero.
    - En los debates, los puntos débiles, esto es, frases o fragmentos de frase que deban ser contradecidos o reafirmados, aparecerán en naranja o azul. El naranja indica que ese punto débil se puede refutar con una prueba que lo contradiga, y el azul indica que se puede usar una prueba para confirmar la teoría del personaje. Por supuesto, Drake lo hará todo por sí mismo en el fic, no es como si os estuviese pidiendo que lo hagáis vosotros (?), pero lo planteo más como en el juego para que sintáis más esa vibración de Danganronpa.

    Creo que eso es todo.
    ¡Class trial in session!

    Capítulo 1: Víctimas de la desesperación


    Vida Mortal, Clase de Juicio 1

    Allí estábamos… preparados para la clase de juicio. La sala donde nos encontrábamos era amplia, aparentemente ubicada muchas plantas bajo la Academia. Había múltiples atriles dispuestos en forma de círculo, y, fuera de estos, Monokuma se sentaba en una especie de trono. Sin embargo, junto al trono de Monokuma había otro similar, vacío.

    Todos nos colocamos en los atriles, ocupando quince de los dieciséis. En el que quedaba vacío había un cartel con la foto en blanco y negro de Talía, tachada con rotulador rojo, con un corazón roto pintado sobre ella.


    —¡De acuerdo! —empezó a hablar Monokuma—. Empecemos con una explicación básica de las clases de juicio. Durante esta clase, tendréis que discutir acerca de “quién-lo-hizo”, y señalar a uno de vosotros como el culpable. Si acertáis, el culpable será castigado. Pero si os equivocáis, todos salvo el culpable serán castigados. Ahora bien, ¡empecemos la clase de juicio sobre el asesinato de Talía Wells, la Super Estrella Infantil!

    Nadie habló. No sabíamos cómo empezar… podía notarse la tensión en el ambiente. Pero, al final, alguien decidió romper el silencio.

    —Creo que deberíamos comenzar por determinar qué fue el arma del crimen —dijo Effy, de brazos cruzados—. Sabemos que murió por un golpe contundente, pero, ¿qué lo provocó?

    —En la escena del crimen no se encontró nada capaz de provocar ese golpe, ¿no es así? —dijo Liza, encogiéndose de hombros—. Supongo que el asesino se lo llevaría de allí.

    —… no, el arma del crimen estaba allí —afirmó Ian, cubriendo con la palma de su mano la parte inferior de su rostro—. Solo que no era tan sencillo determinar que eso fuese el arma del crimen. ¿Cierto, Drake?

    Sí… Ian tenía razón. El arma del crimen no era otra cosa que…

    —El arma del crimen era Teddy, el oso de peluche de Talía.

    —¿¡Estás tomándome el pelo, Apestes!? —exclamó Mimi—. ¿Cómo va un oso de peluche a provocar la muerte de esa forma?

    —Talía era una persona débil, pero, ¿morir por un golpe con un oso de peluche? Eso es caricaturesco —mira quién fue a hablar de caricaturas, Chad.

    Negué con mi cabeza, en silencio. El oso de peluche tenía un truco.

    —¡Pero heeeey! —Lucas tenía el Plantix2000 en sus manos, y, con él en una de ellas, alzado junto a su cabeza, exclamó en voz alta—. ¡El oso de peluche tenía un ladrillo dentro! Digo yo que eso sí podría provocar la muerte, ¿no? ¿No?

    —¿T-Tenía un ladrillo dentro? —comentó Emily, afectada.

    —¿De dónde pudo salir un ladrillo? —inquirió, pensativo, Dante Miles.

    Esa… es una buena pregunta. Pero yo sé la respuesta.

    —En el dormitorio de Talía había algunas herramientas y un agujero en la pared. Alguien había sacado un ladrillo de allí. Creo que hablamos del mismo ladrillo que estaba dentro de Teddy.

    —¿Eh? —comentó, confusa, Elisa—. ¿Un agujero en el dormitorio de Talía? Pero eso, ¿qué sentido tiene? ¿Quién haría algo así?

    … los dormitorios están cerrados con llave. De manera que solo dos personas pudieron entrar al dormitorio de Talía; pero para hacer algo así, hace falta tiempo, bastante tiempo. Dudo que esa persona pudiese hacerlo. De manera que solo hay una opción.

    —Solo Talía Wells en persona pudo hacerlo. Ella abrió el agujero, sacó el ladrillo y lo introdujo dentro de Teddy. El por qué lo hizo… es algo que desconozco.

    Todos reaccionaron extrañados. Todos salvo Ian Lockhart, que me miraba con una sonrisa, y… Steve. Steve estaba extrañamente entristecido, preocupado. No estaba acostumbrado a verlo así, a verlo tan apagado. Él siempre sonreía con despreocupación.

    —Si la propia víctima preparó el arma del crimen, eso solo significa que alguien se aprovechó de ello en su contra —propuso Hubert, señalando al frente con dedo acusador—. Un movimiento calculado y estudiado por parte de nuestro asesino.

    —Talía perdió su peluche el día del crimen, desde el mediodía —afirmé, pensativo—. Así que el asesino debió tenerlo desde entonces. Y no fue lo único que desapareció…

    —¡Sí! —exclamó Mimiko—. ¡Mi teléfono también había desaparecido!

    Exacto, el teléfono de Mimi.

    —El teléfono roto apareció en la escena del crimen —comentó Alpha, con las dos manos en la nuca—. Una lástima, ya no podría volver a sonar esa preciosa canción. ¿Cómo era, Mimi? Cántamela, anda.

    —¡I-Idiota, eso era un virus, he dicho!

    Hmm… el teléfono y el peluche, ambas cosas desaparecieron. ¿Dónde pudieron estar todo el tiempo? ¿Quién los robó? ¿Y por qué?

    —Es inútil seguir enfocando el caso desde esa perspectiva —intervino Ian, aún reflexivo—. Poco importan los detalles circunstanciales o las intenciones de la víctima; lo único que nos salvará aquí es determinar quién es el asesino. Así que tenemos que explorar otras evidencias.

    —¿Otras evidencias? —susurró, en voz baja, Dante—. … ¿qué evidencia podría llevarnos hasta el asesino?

    Ian sonrió.



    Non-stop Debate!

    Si seguimos enfocándonos en los movimientos de la víctima, nunca llegaremos a encontrar al asesino —aseguró Ian.

    >> Debemos enfocarnos en otras evidencias.

    Hablas como si supieses qué evidencia revelará la verdad —observó Dante.

    ¡Hey, que el asesino levante la mano y punto! ¡Que sea un hombre, joder! —propuso Alpha, entusiasta.

    —… podría ser una mujer —intervino, sigiloso, Brendan.

    Pero en la escena del crimen no hay nada que apunte al asesino, ¿no? —se preguntó Elisa.

    Hey, ¿qué hay del rastro de barro? —propuso, entusiasmado, Ukita—. ¡Puede ser una pista interesante!

    El rastro, de hecho, es interesante —afirmó con una sonrisa ladina Ian.

    Tal vez el asesino pisó el barro y dejó ese rastro—comentó Emily.

    Qué asco, manchar de barro unos zapatos —espetó Mimi, asqueada.

    Pero no había necesidad de pasar por el barro para llegar al punto concreto donde sucedió el crimen —observó Lucas.

    Aun así, el barro debe significar algo —dijo Liza—. Pero, ¿qué?


    El rastro de barro es ciertamente particular, pero… ¿fue una persona la que lo dejó, caminando? Uhm.


    Si seguimos enfocándonos en los movimientos de la víctima, nunca llegaremos a encontrar al asesino.

    >> Debemos enfocarnos en otras evidencias.

    Hablas como si supieses qué evidencia revelará la verdad

    ¡Hey, que el asesino levante la mano y punto! ¡Que sea un hombre, joder!

    —… podría ser una mujer.

    Pero en la escena del crimen no hay nada que apunte al asesino, ¿no?

    Hey, ¿qué hay del rastro de barro? ¡Puede ser una pista interesante!

    El rastro, de hecho, es interesante.

    Tal vez el asesino pisó el barro y dejó ese rastro


    —¡No, eso es incorrecto! —exclamé, señalando a Emily.

    —¿H-Huh?

    —Recuerda el rastro, Emily… era eso, un rastro de barro. No eran huellas. Lo que fuese que salió del jardín no fue una persona, porque no caminó. Más bien parecía que alguien limpio arrastró fuera del jardín a lo que fuese que era lo que se manchó.

    —¿Puede ser que arrastrasen a la propia Talía, ya muerta? —sugirió Chad.

    —No, imposible, el cuerpo estaba perfectamente limpio.

    —¡Entonces ya lo tengo! —exclamó Liza—. ¡Al asesino se le cayó algún objeto encima del barro!

    Hmmm. Eso no tiene sentido. Si el asesino hubiese dejado caer algo sobre el barro, ¿lo habría sacado arrastrándolo? Tuvo que arrastrarlo porque pesaba demasiado como para cargarlo. Y no sé qué objeto puede ser tan grande como para eso, pero, a juzgar por la escena del crimen, creo que solo hay una opción.

    No obstante, antes de que pudiese decir nada, Hubert intervino.

    —La hierba estaba aplastada, como si algo muy grande y pesado hubiese caído sobre ella. Y no hay nada manchado en el lugar, así que, ¿y si fue el propio asesino el que cayó en el barro?

    ¿Era eso posible?

    —Eso no tendría sentido —intervino Effy, señalando, acusadora, a Hubert—. Si el asesino hubiese tropezado sobre el barro, no habría sido arrastrado, se habría levantado tranquilamente y se habría marchado.

    —Bien visto —concedió el ajedrecista—. Un buen jaque.

    Effy tenía razón. Pero el asunto seguía preocupándome: ¿qué fue lo que fue arrastrado? ¿Un objeto? No lo creo, no se me ocurre nada con tanta superficie como para aplastar la hierba así. ¿El asesino? La teoría de Effy desmiente esa posibilidad, y parece bastante coherente. ¿La víctima? No, estaba limpia, y no había forma de limpiarla sin dejar ninguna traza. Entonces… ¿qué pudo ser?

    ¡C-Claro! Ya lo tengo.

    —¡Fue una tercera persona! —dije, golpeando mi atril, con gesto de estupor. Esa era la única posibilidad que se me ocurría, pero no la entendía del todo—. Alguien que no es el asesino ni la víctima entró en el jardín y cayó sobre el barro.

    —¿Por qué caería nadie sobre el barro, eh, Apestes? —me preguntó, acusadora, Mimiko.

    —Las raíces del jardín hacen fácil que alguien despistado tropiece y caiga de bruces sobre el barro.

    Ian sonreía malévolamente. Moviendo ambas manos hacia los lados, en gesto abierto, mostró una expresión maniática que nunca antes había visto en él.

    —¡Bravo! ¡No en vano eres el Super Policía! Pero, Drake... tu teoría sigue sin tener sentido. ¿Por qué dejaría una tercera persona tal rastro? ¿Insinúas que alguien, puede que el asesino, lo sacó del jardín?

    —… es lo que parece más lógico, sí —¿qué hacía Ian? ¿Por qué tenía esa expresión? ¿Qué pretendía?—. Alguien entró en la sala, se tropezó y cayó en el barro. Y luego, otra persona, probablemente el asesino, fue quien lo sacó arrastr…

    Pero alguien me interrumpió.

    —¡Eso es incorrecto!

    ¿Huh? ¿S-Steve? El rostro de Steve se mostraba serio, preocupado. Me miraba con ojos suplicantes y aspecto tembloroso. ¿Q-Qué pasaba?

    —Oh, vamos, Drake… ¿no me digas que no has caído en algo tan simple? ¡Lo que propones es imposible!

    S-Steve, ¿por qué…?



    Rebuttal Showdown!

    ¡Eres el Super Policía, Drake! Tú mismo deberías de haberte dado cuenta del gran fallo que hay en tu lógica.

    >> ¡Es imposible que el asesino arrastrase a una persona fuera del jardín!

    >> Para empezar, porque la puerta cerrada era señal de que nadie pudo salir y dejar la puerta cerrada, ¿no?

    >> ¡La puerta solo funcionaba desde fuera!


    Pero todo esto pudo suceder antes del crimen. ¡Tal vez la puerta nunca se cerró en ese momento!

    >> En todo caso, el misterio de habitación cerrada concierne al momento del crimen, ¡y no podemos asegurar que los eventos del barro sucediesen después!


    Ah, pero es que eso no es todo, Drake. ¿No lo ves?

    >> Una persona no pudo dejar el rastro de barro, porque, sencillamente, no tiene sentido que fuese arrastrada.

    >> Te concedo el hecho de que pudo tropezarse con una raíz. Sin embargo, tras caerse sobre el barro…

    >> ¡Podría haberse levantado sin problemas e irse por su propio pie! ¡De ninguna manera pudo ser arrastrado!


    ¡Claro! Ahí está la clave. ¡Cortaré tu argumento con pruebas, Steve!

    —No… insisto en que fue una tercera persona la que cayó sobre el barro y que otro la arrastró hasta los baños. Incluso aunque hubiese querido levantarse y marcharse de allí, el que cayó sobre el barro no pudo hacerlo, ¡porque alguien preparó una trampa! ¡El pañuelo blanco!


    —¿El pañuelo…? —preguntó Steve, confuso.

    No sé qué demonios pasa con Steve, pero parece especialmente preocupado por algo. Y su reacción tan a la defensiva sobre una posible tercera persona en la escena del crimen no me gusta nada. Sin embargo, si consideramos la existencia de esta tercera persona, todo cobra sentido. Ese pañuelo, esa prueba extraña que no cuadraba, cobraba mucho sentido entonces.

    —Sí… el pañuelo tenía cloroformo, un producto capaz de dormir por varias horas a una persona.

    —Mm-hm —Lucas daba golpecitos en su cabeza con su puño—. Puedo corroborar eso. ¡Tiene un efecto tremendo! ¡Yo también caí sobre el barro, y mirad cómo estoy ahora! Hmpf.

    —Si alguien caía sobre el barro y ese pañuelo estaba colocado justo encima de la hierba… —comencé a explicar, pensativo—el que preparó la trampa solo tuvo que colocarlo en el sitio preciso donde caería la tercera persona para que, al chocar su cara contra el pañuelo, quedase completamente dormido.

    —Oh —exclamó Ukita, bebiendo Frizz! sin control—. Ya veo. ¡De ese modo, el asesino pudo arrastrar fuera a esa tercera persona sin que opusiese resistencia, creando el rastro de barro hasta el baño!

    —Así es —lo que no entiendo es por qué. Pero debe haber alguien en esta sala que sepa sobre ello. La víctima de esta trampa—. Y dado que no encontramos en la mañana a nadie en el baño de los chicos, eso quiere decir que la tercera persona se despertó y se marchó de allí, limpiándose el barro para que nadie lo sospechase. Apuesto a que la persona que sufrió este “accidente” quedó confusa al despertar en el baño. Puede que se asustase y se marchase. ¡Quienquiera que haya sido, que lo diga, por favor! Esa persona no puede ser el asesino, así que… estará libre de sospecha si lo revela.

    Vamos. Confía en mí. Sé que esa persona eres tú, porque estás actuando rato desde hace tiempo. Pero confía en mí. Sé que no eres el asesino, y con esta prueba, ¡tu nombre quedará limpio!

    —… está bien —murmuró Steve, con la mano en su pecho y rostro afligido—. Esa tercera persona soy yo.

    —¿Huh? ¿El suertudo? —exclamó, sorprendido, Ukita.

    —V-Vaya —Liza parecía confusa—. Pero, ¿tiene sentido que alguien con tanta suerte como Steve tropiece con una raíz?

    —Y, ¿por qué estabas allí, en primer lugar? —Hubert señaló con dedo acusador a Steve.

    —Yo… yo… me dirigí allí por la noche, es cierto, ¡pero Talía aún no había sido asesinada! —alegó Steve Stone—. Fui sobre las 10:30 para atender ciertos asuntos, y, nada más entrar, tropecé y caí de bruces sobre el fango. Entonces noté la suavidad de la tela en mi cara, porque mi rostro quedó justo a la altura de aquel pañuelo, y, al instante, me desmayé. Cuando desperté, estaba en el baño de chicos, embarrado… me quité la ropa, apurado, y me dirigí a mi cuarto para cambiarme. Quise volver al jardín, pero la puerta ya estaba cerrada.

    —¡¿C-Corriste desnudo por la Academia?! —exclamó, sonrojada, Mimi—. ¡D-Degenerado!

    —Tranquila… —Steve sonrió con debilidad. Debía suceder algo más. Su expresión no era normal—. Mi suerte me protege. No me crucé con nadie cuando regresé a mi cuarto semidesnudo, porque tuve suerte. Solo eso.

    Eso fue lo que pasó, ¿eh? ¿Y ya está? ¿Nada más? El motivo por el que Steve se dirigió al jardín… me escamaba. Tenía algo en los bolsillos, estoy seguro de ello, porque yo mismo me lo crucé antes del crimen. Y tenía prisa, mucha prisa. Steve nos oculta más cosas, lo sé. Es como si, de repente, tuviese… ¿miedo de su suerte?

    —Pero, ¿podemos asegurar que no sea el asesino?

    —¿Q-Qué?

    Ian había alzado la voz. Otra vez, su expresión maniática apareció en su rostro, con una mano en el cabello y la otra en la cintura. Hablaba con aires de superioridad evidentes, con una confianza enfermiza.

    —Hemos determinado que había una tercera persona en la escena, además de víctima y asesino. Y una de esas personas era Steve, el que cayó en la trampa del cloroformo preparada por el asesino. Esa es tu teoría, ¿correcto, Super Policía?

    Asentí, algo asustado. ¿Adónde quería llegar? Su sonrisa era siniestra…

    —Pero, ¿es eso correcto?



    Non-stop debate!

    El asesino, la víctima, la tercera persona… tres personas en la escena del crimen, ¿cierto? —inició Ian, confiado.

    >> Una de ellas colocó la trampa, y sabemos que Steve cayó en ella y quedó dormido, según su testimonio. La hora a la que sucedió... es solo su testimonio.

    Y luego alguien lo arrastró, aún inconsciente, hasta el baño —continuó Hubert.

    ¡Sí! El asesino tuvo que hacerlo —espetó Alpha.

    Pero… ¿y si el asesino no fue el que colocó la trampa? —Ian sonreía con malicia—. La trampa pudo ser colocada por la tercera persona y no por el asesino.

    ¿Entonces… insinúas que alguien más colocó la trampa para pillar al asesino? —inquirió Hubert.

    ¡Entonces, si fuese así, que diga quién ha sido el culpable de una vez! Estúpidos pobres —gruñó Mimi.

    No podemos descartar la posibilidad de que la trampa la pusiese la tercera persona, pero, si la tercera persona no pudo caer en la trampa… ¿quién en la ecuación sería Steve? —Ian seguía sonriente.

    ¡Ah, yo lo sé! Steve sería el asesino, ¿verdad que sí? —Lucas sonreía, orgulloso de su deducción.

    Exacto. Al fin y al cabo, no sabemos la hora en la que sucedió la trampa

    >> Oh, y, Drake —me dijo Ian, manos a ambos lados—. Si no viste a Steve salir del jardín antes de la hora del crimen, tu testimonio no servirá de nada. Lo siento mucho.

    ¡Entonces Steve es el asesino! —gruñó Liza.

    … lo vi hablar con Talía —afirmó Brendan—. Tal vez tenía motivos para… matarla…

    ¡N-No! —Steve parecía desesperado, mano en el pecho—. Os equivocáis…

    Por eso se lo ha callado hasta ahora… porque le haría sospechoso... —sentenció Emily, nerviosa.

    Estáis confundidos chicos —se defendió débilmente Steve—. Y-Yo no maté a Talía.


    ¿Q-Qué es esto? ¿Por qué Ian tiene tanto interés en acusar a Steve? Él no pudo hacerlo. Lo sé. ¡Estoy seguro de ello! Pero, ¿tengo alguna manera de demostrarlo? Es cierto que Steve parece ocultarnos algo, pero, ¿el asesino? No, sencillamente no pudo creerlo.

    ¡Tengo que lograr que dejen de sospechar de él! Incluso aunque tenga que mentir para ello. ¡Steve no es el culpable, y haré que lo vean, por las buenas o por las malas!


    El asesino, la víctima, la tercera persona… tres personas en la escena del crimen, ¿cierto?

    >> Una de ellas colocó la trampa, y sabemos que Steve cayó en ella y quedó dormido, según su testimonio.

    Y luego alguien lo arrastró, aún inconsciente, hasta el baño.

    ¡Sí! El asesino tuvo que hacerlo.

    Pero… ¿y si el asesino no fue el que colocó la trampa? La trampa pudo ser colocada por la tercera persona y no por el asesino.

    ¿Entonces… insinúas que alguien más colocó la trampa para pillar al asesino?

    ¡Entonces, si fuese así, que diga quién ha sido el culpable de una vez! Estúpidos pobres.

    No podemos descartar la posibilidad de que la trampa la pusiese la tercera persona, pero, si la tercera persona no pudo caer en la trampa… ¿quién en la ecuación sería Steve?

    ¡Ah, yo lo sé! Steve sería el asesino, ¿verdad que sí?

    Exacto, Steve podría ser el asesino. Al fin y al cabo, no sabemos la hora en la que sucedió la trampa…

    >> Oh, y, Drake. Si no viste a Steve salir del jardín antes de la hora del crimen, tu testimonio no servirá de nada. Lo siento mucho.


    —¡E-Exacto, así es!

    E-Expondré la verdad, ¡aunque sea a base de mentiras!

    —Ian, tal y como has dicho, yo vi a Steve salir del jardín… arrastrado por una tercera persona.


    —¿Q-Que lo viste? ¿Y por qué no lo dijiste antes? —Alpha parecía molesto.

    —D-Drake… —Steve, ¡hago esto por ti! Porque sé que tú no eres el asesino.

    Ian parecía estar disfrutando con todo esto. ¿Por qué lo hacía? ¿Qué sabía?

    —E-Estaba muy oscuro, así que no pude distinguirlo bien, pero, desde mi dormitorio, poco después de dirigirme a mi habitación, pasadas las 10:30 PM, pude ver por la mirilla que hay en las puertas a un cuerpo siendo arrastrado por otra persona. No sabía quiénes eran porque no los distinguí, pero, al darme cuenta de que era Steve, me callé para protegerlo. ¡Y ahora, justo esa información es la que servirá para eximirle de culpa!

    Apreté los dientes bajo los labios, deseando que nadie notase mi mentira. Solo Steve e Ian me miraban, el primero con ojos llorosos y el segundo con una sonrisa ladina.

    —Ya veo —dijo Ian—. Ya veo, sí. Veo hasta dónde estás dispuesto a llegar —cubrió todo su rostro con su mano, dejando solo al aire los ojos, mientras me miraba de forma extraña.

    —Bueno, yo fui al baño sobre las diez —habló Lucas—, y mínimo entonces no había nadie allí, duh.

    —Eso no aporta nada, Plantoide —espetó Chad.

    —Este debate no lleva a ninguna parte —intervino Hubert de pronto—. Debemos aclarar varias cosas para determinar quién fue el asesino. Lo primero es… ¿de dónde se sacó el cloroformo? No recuerdo que hubiese nada de eso en el almacén, ni mucho menos en otras partes de la academia. Y, si el asesino es realmente el que colocó la trampa, averiguar de dónde sacó el cloroformo puede llevarnos a su identidad, ¿no creéis?

    Su lógica, como de costumbre, era muy buena. Teníamos que aprovechar y tirar de los pocos hilos que teníamos, y el cloroformo podía ser un buen sitio del que comenzar a extraer información.

    —Si no estaba en ninguna parte de la academia —habló Elisa—, solo hay una posibilidad.

    Exacto. Solo una.

    —Los objetos personales, ¿cierto? —Elisa asintió para corroborar mi teoría.

    —¿I-Insinúas que uno de nuestros objetos personales es cloroformo? —Liza se retorcía solo de pensarlo—. ¿Quién puede tener algo así?

    Solo había algunas personas que aún no habían enseñado sus objetos personales… mi mirada se posó en Emily.

    —Emily, ¿cuál es tu objeto personal?

    La chica pareció sobresaltarse al dirigirme a ella. Temblorosa, extrajo de su bolsillo un pequeño estuchito y lo mostró; no era más que un kit de maquillaje.

    —E-Esto es lo que tenía al despertar en esta Academia. Nada más.

    —Oh, debes estar guapísima con un buen maquillaje, ¡si es que se puede estar más guapa, claro! —piropeó, sonriente, Alpha, que en seguida fue golpeado en la cabeza por Mimi, que estaba a su lado.

    —¡Cállate, idiota! —le espetó.

    Luego, mis ojos pasaron a Liza.

    —¿Y bien, Liza? ¿Y el tuyo?

    Liza se sobresaltó.

    —E-El mío, bueno… ¡n-no es el cloroformo, eso seguro! P-Pero no puedo enseñarlo, porque… ¡porque no lo tengo aquí!

    —Al menos podrías decir qué era —comentó Ukita, dando un sorbo más a su Frizz!

    —… vale, ¿Dante? ¿Effy? ¿Y los vuestros?

    —… me niego a hablar sobre mi objeto —respondió Dante, apartando la mirada y cruzándose de brazos.

    ¿Por qué eran tan tozudos? ¿Por qué no colaboraban?

    —... ¿qué hay del tuyo, Drake? —volvió a intervenir el misterioso Ultimate, mirándome severo—. ¿Cuál es el tuyo?

    Aquellas palabras me tomaron por sorpresa. Cierto, ellos no sabían que tengo una pistola, pero... ¿confiarían en mí si supiesen que he estado ocultando algo así?

    De pronto, una voz suave pero contundente sonó.

    —El cloroformo es el objeto de Effy —Brendan había hablado, solo para luego volver su mirada a su cuaderno. ¿Cuántas páginas le quedarían? Debía tenerlo casi terminado ya…

    —¿E-Eh? Tú… —Effy estaba visiblemente molesta—. ¡Eso es mentira!

    —No lo es —espetó Brendan—. Lo he visto en tus cosas mientras te... estudiaba —y por "estudiaba" quieres decir "espiaba", claro.

    —Effy, si Brendan está equivocado, muestra tu objeto para probarlo —sugirió Hubert—. De lo contrario, sospecharemos de ti.

    Effy guardó silencio entonces. Un tenso silencio que deseaba que desapareciese cuanto antes. Un silencio sepulcral, misterioso, horrible. Por suerte, la propia Super Política terminó por acabar con el silencio.

    —De acuerdo, lo admito. El cloroformo era mi objeto personal —alzó entonces un dedo, elevando su tono de voz hasta volverlo solemne—. ¡Pero mi cloroformo fue robado de mi dormitorio!

    ¿Otro robo? ¿Un tercer objeto personal fue robado?

    El oso de peluche, el móvil, el cloroformo. Los tres objetos fueron robados y llevados al jardín interior. Uno de ellos fue el arma del crimen, el otro sirvió como trampa para Steve, que sé que debe ser la tercera persona. Sé que era inocente, que él no tenía nada que ver. Lo veía en sus ojos. Y yo no era muy bueno para fijarme en algunos detalles, pero… ¡Steve era un amigo, y podía confiar en él! ¡Quería confiar en él!

    —¡Tú eres la asesina, entonces! —acusó Mimi—. No nos creeremos esa mentira del robo, ¡tú mataste a Talía!

    —Hmpf —Hubert meditaba en silencio—. Podría serlo.

    —Pero si lo fuese —sugirió Liza, pensativa—, debió robar el peluche de Talía, ¿no?

    —¡Exacto! ¡Y mi móvil! —espetó Mimiko—. ¡Ella es la causante de todo!

    —… —Effy guardaba silencio, cerrando los ojos y bajando la capucha con una mano hasta hacer que tapase parte de su rostro.

    El asesino tuvo que robar el peluche de Talía, el móvil de Mimi y el cloroformo de Effy. No sé el papel que tiene el teléfono en todo esto, pero mi intuición, si es que puedo confiar en ella, me dice que es importante, y que alguien lo llevó allí junto a todo lo demás. Pero, ¿pudo ser Effy la que hiciese todo eso? ¿Puedo ser ella la que hizo todo?

    —¿Effy robó el móvil, el peluche y usó el cloroformo…? No, no pudo ser así —dije, pensativo—. Una de las reglas dice que ningún alumno podrá tener más de dos objetos personales con él al mismo tiempo. De manera que esos tres objetos no pudieron estar en manos de la misma persona. Al menos dos personas fueron necesarias para usar todos ellos. Incluso aunque Effy tuviese algo que ver, no pudo hacerlo todo sola.

    —No fui yo —aseguró Effy, ojos cerrados.

    —¡Entonces fue Steve el que robó alguno de esos objetos! —espetó Alpha.

    —Lo dudo —afirmé. Estaba convencido de que Steve no había sido el culpable de nada de esto, pero no solo era una convicción. Tenía fundamentos para creerlo—. Si Steve hubiese tenido algo encima, estaría manchado de barro, probablemente… por no hablar de que no tuvo tiempo ni de entrar en el jardín, cuando ya cayó desmayado; él no pudo colocar el peluche o el teléfono donde fueron encontrados. Y no tiene sentido que él preparase la propia trampa en la que cayó, claro. Así que tampoco robó el cloroformo.

    —¿Y entonces, Apestes? ¿Quién robó mi móvil?

    —Tal vez lo hizo el asesino, fuese quien fuese —apuntó Ukitashi, apretando su lata de Frizz!.

    —No, el asesino pudo haber tenido algún objeto con él, pero… no podía llevar los tres.

    —¿Talía? —sugirió Liza—. Tal vez ella misma llevó a la escena del crimen el oso, puso la trampa o robó el teléfono.

    —A juzgar por la escena del crimen, diría que eso no es posible —aseguré, pensativo—. El teléfono se encontró bastante lejos del cuerpo, roto, y no veo la forma en que pudo encontrarse allí. Y ella misma me dijo que había perdido su peluche, y parecía muy apurada en encontrarlo. Y, ¿sobre el cloroformo? No veo el sentido que tendría para ella colocar una trampa así en primer lugar. Dudo que Talía fuese responsable de los robos.

    —¿¡Quién fue entonces, imbécil!? —me espetó, harta ya, Mimi.

    … yo mismo busqué en toda la Academia y no pude encontrar ni el oso, ni el cloroformo, ni el teléfono móvil. De manera que el único lugar en el que podían estar era en un dormitorio. Además, los tres objetos estuvieron todo el tiempo en el dormitorio de las víctimas, en un lugar cerrado al que solo ellas podían acceder. Ellas y alguien más.

    —Monokuma —le pregunté al oso—, confírmame una cosa; si uno de los objetos personales está en el dormitorio de una persona, ¿se considera eso estar en su poder?

    —¿Huh? —el oso parecía distraído, pero en seguida se incorporó y me respondió con su típica voz estridente—. ¡Oh, ya lo creo que se considera estar en su poder! El dormitorio de uno es su templo, al fin y al cabo.

    —De manera que no sería posible que tres objetos estuviesen en posesión directa o en el dormitorio de una sola persona, ¿verdad? —intenté seguir hilando.

    —¡Nope! ¡De ser así, las ametralladoras habrían volaaaado sus sesos por los aires! Upupupu.

    Como pensaba. Solo una persona, solo una, pudo haber cometido los robos. Pero sin embargo, una sola persona no pudo cometer los tres robos. ¿Adónde nos lleva todo esto?

    —… creo que hubo una cuarta persona en la escena del crimen.


    —¿¡Qué!? —exclamó Mimi, contrariada.

    —¿Cuatro? —preguntó Liza, ceño fruncido.

    —¡Qué demonios…! —profirió Ukita, escupiendo su bebida.

    Sí. Solo la presencia de una cuarta persona explicaría todo esto.

    —Solo existe una persona capaz de cometer estos robos, y esa persona es la única, además de los dueños de los objetos, capaz de entrar en sus dormitorios libremente y perpetrar el robo. Sin embargo, esta persona no podría tener los tres objetos en su poder por sí sola, así que solo pudo llevarse a cabo todo el plan con la cooperación de dos personas. Descartando a Steve y a Talía, todo esto solo se explica si consideramos la existencia de una cuarta persona.

    No sé si tú eres el asesino o nuestra cuarta persona, y no sé cuál es exactamente tu papel en todo esto… pero...

    ¡... solo puedes ser !

    Reglas vigentes:

    >> Regla 1: durante el día, los alumnos podrán recorrer la Academia a su antojo, con escasas restricciones. En la noche, el acceso a determinados lugares quedará restringido.

    >> Regla 2: a las 8:00 AM sonará el anuncio escolar que dará comienzo al día oficialmente, y a las 10:00 PM sonará el anuncio escolar que dará paso al tiempo nocturno. No existen restricciones de sueño, cada alumno es libre de dormir o no dormir como lo estime conveniente.

    >> Regla 3: el Director de la academia y el resto de profesores no podrá interferir directamente con los alumnos; no podrá dañarlos físicamente o interferir en el desarrollo normal de sus actividades.

    >> Regla 4: los alumnos deberán asistir a las clases que el Director o profesores impongan de forma estrictamente puntual. Se permitirá un retraso máximo de 20 minutos, a partir del cual se considerará esta regla como incumplida.

    >> Regla 5: en caso de incumplimiento de una regla, las ametralladoras ejecutarán al infractor de la regla.

    >> Regla 6: únicamente quienes se gradúen podrán salir de la Academia. Quienes se gradúen no podrán volver a entrar, tendrán que dedicar su vida a cumplir con sus obligaciones como graduado o graduada en el exterior. El método de graduación se definirá en posteriores reglas.

    >> Regla 7: el desconocimiento de una regla no exime de su cumplimiento. El respeto a las reglas será estricto y deberá ser mantenido en todo caso, sin excepciones.

    >> Regla 8: el Director o los profesores pueden dar órdenes siempre dentro de los límites establecidos. Si no se cumple una orden válida, las ametralladoras dispararán al rebelde.

    >> Regla 9: los objetos personales pueden ser robados en cualquier momento por otro alumno, pero ningún alumno, bajo ningún concepto, podrá tener en su poder más de dos objetos personales.

    >> Regla 10: el Director podrá añadir nuevas reglas conforme estime conveniente, sin alterar reglas ya existentes.

    >> Regla 11: cuando un asesinato suceda, comenzará la investigación. Durante la investigación, cualquier sala de la Academia que hubiese estado disponible antes del crimen, independientemente de la hora, será abierta para facilitar la misma. Pasado el tiempo que el Director o los profesores consideren oportuno, la investigación finalizará y comenzará una clase de juicio.

    >> Regla 12: en la clase de juicio, todos votarán a un culpable. Si resulta ser el verdadero asesino, será ejecutado; si resulta no ser el verdadero asesino, todos salvo este serán ejecutados, y el asesino podrá graduarse.
    Estudiantes: 15
    - Drake Orestes – Super Policía (VIVO)
    Objeto: Pistola
    Datos obtenidos: nuestro protagonista, y el proclamado Super Policía. En realidad, es un chico bastante despistado y olvidadizo que, según dice, logró ser policía de prestigio simplemente por tener suerte. Aun así, la experiencia como investigador es algo que ha adquirido, y, aunque no tenga demasiada atención por según qué detalles y no se le dé del todo bien memorizar nombres, intente hacer honor a su talento.

    - Steve Stone – Super Suertudo (VIVO)
    Objeto: Revista Ultimates.

    - Ian Lockhart – Super Estratega (VIVO)
    Objeto: Game Boy

    - Alpha Xenodis – Super Deportista (VIVO)
    Objeto: Bate de béisbol

    - Ukitashi – Super Comilón (VIVO)
    Objeto: Sándwiches

    - Talía Wells – Super Estrella Infantil (MUERTA)
    Objeto: Teddy el oso

    - Hubert Maddsson – Super Ajedrecista (VIVO)
    Objeto: tablero portátil

    - Effy Joy – Super Política (VIVA)
    Objeto: cloroformo

    - Lucas Diamond – Super Botánico (VIVO)
    Objeto: Plantix2000
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Lucas desprecia las ciudades por considerar que su construcción implica necesariamente la muerte de muchas plantas, a las que considera amigas. Aun así, vive en un laboratorio en medio de una jungla, en solitario, y parecía no ser consciente de que su construcción en sí, probablemente, haya supuesto ya la muerte de muchos animales. Ha creado el Plantix2000 él solo, una máquina que permite "comunicarse" con las plantas: analizarlas, saber sus necesidades, etc.

    - Liza White – Super Criadora (VIVA)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: criada en un zoo, donde vivía con sus padres, cuidadores de éste, Liza pronto se hizo amiga de los animales y comenzó a amarlos, a todos y a cada uno de ellos, incluidos los insectos y otros bichos que puedan ser considerados asquerosos por la mayoría de la gente. Un buen día, Liza liberó a todos los animales simplemente porque quería que fuesen libres. Para ella, los animales son equivalentes a los humanos, y deberían de ser tratados prácticamente en igualdad de condiciones.

    - Emily Hodges – Super Modelo (VIVA)
    Objeto: Kit de maquillaje

    - Dante Miles – Super ¿? (VIVO)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Dante no recuerda prácticamente nada sobre su pasado. Sabe que tenía amigos, pero no los recuerda; sabe que sucedió un evento importante en su vida, pero no recuerda qué fue; ni siquiera recuerda su talento ni cómo se dio cuenta de que lo tenía. Insiste en que, tal vez, no tenga ningún talento, para empezar. Lo único que recordaba con claridad al despertar era que amaba a Emily, y ese sentimiento parecía ser correspondido por ella.

    - Chad Redflame – Super Dibujante (VIVO)
    Objeto: Pincel y pinturas

    - Brendan Ruby – Super Periodista (VIVO)
    Objeto: Cuaderno y bolígrafo

    - Elisa Daroch – Super Médium (VIVA)
    Objeto: Cartas de tarot

    - Mimiko Honda – Super Millonaria (VIVA)
    Objeto: Teléfono móvil
    Balas de la verdad:

    - Informe de Monokuma #1: la víctima es Talía Wells. Murió aproximadamente a las 11:30 PM, debido a un golpe contundente en la cabeza. Recibió el golpe por la parte frontal de su cabeza; no se apreciaron otras heridas externas. El cuerpo estaba bocarriba, tumbado cerca de la puerta de entrada del jardín interior.

    - Lianas de crecimiento rápido: las lianas del jardín interior crecen y decrecen a una gran velocidad; con fuentes de agua grandes, crecen un par de metros cada cuatro horas, aproximadamente. Sucederá lo inverso si se corta el riego de agua.

    - Riego apagado: los controles de riego se encontraban en la sala de mantenimiento, al sur. Al parecer, el riego estaba cortado, de manera que las plantas no estaban siendo regadas.

    - Testimonio de Lucas: Lucas estuvo en el jardín hasta las 8:00 PM del día anterior, hora tras la cual fue al comedor a cenar para posteriormente acudir a la sesión de invocación de Elisa Daroch. No manipuló los controles de riego en todo el tiempo.

    - Registros de Brendan: Brendan anotó los movimientos de todos los alumnos antes de la hora de cenar, aproximadamente a las 8:00 PM. Ian y Hubert estuvieron juntos en la zona este; Ukita estuvo en la zona sur; Lucas estuvo en el jardín; Drake, Steve, Mimi y Talía estuvieron merodeando por toda la Academia. Chad estuvo pintando el aula A; Alpha entrenaba en el gimnasio; el resto estuvo en el comedor o en sus dormitorios. Brendan observó cómo Steve y Talía charlaban cerca de la zona este.

    - Rastro de barro: un rastro de barro conecta el jardín interior con el baño de chicos. x

    - Teddy el oso: Teddy estaba ahorcado en una de las lianas, cerca del cadáver, manchado de sangre. Su interior resultaba ser hueco, y estaba vacío por dentro; únicamente había un ladrillo tras la cremallera.

    - Teléfono móvil roto: el teléfono de Mimi apareció, roto, cerca de la zona norte del jardín interior.

    - Escalera de mano: la escalera de mano utilizada para llegar a los salientes del jardín interior.

    - Boceto de la escena del crimen: el dibujo hecho por Chad muestra la escena del crimen, el jardín interior, desde perspectiva aérea. Hay árboles altos a izquierda y derecha, y lianas por toda la sala. El jardín tiene salientes a media altura, varios metros por encima del suelo, uno en cada punto cardinal. Solo existe una entrada, que se ubica en la zona sur; el cadáver se encontró cerca de la misma.

    - Raíces en el jardín: las raíces del jardín están cerca de la entrada, haciendo probable que alguien despistado tropiece con ellas.

    - Puerta del jardín: la puerta del jardín solo puede abrirse y cerrarse desde dentro; el pomo no funciona desde fuera, impidiendo que nadie pueda abrirla o cerrarla desde esa parte. Estaba cerrada cuando se encontró el cuerpo.

    - Escoba: había una escoba cerca de la entrada del jardín que no estaba antes ahí. Tiene una marca en el mango, como si algo la hubiese golpeado.

    - Pañuelo blanco: en la zona enfangada había un pañuelo blanco con restos de cloroformo.

    - Hierba aplastada: la hierba sobre el barro estaba revuelta y aplastada, como si algo grande hubiese caído sobre ella.

    - Testimonio de Effy: Effy creyó oír desde su dormitorio, sobre la hora de la muerte, el sonido de una canción en la lejanía, pero no pudo identificar ni a la cantante ni la canción; solo sabía que era una mujer.

    - Sesión de espiritismo: entre las 9:00 PM y las 12:00 PM, Lucas, Liza, Elisa, Hubert y Ukita estuvieron en la sesión de espiritismo. Lucas salió para ir al baño aproximadamente a las 10:00 PM, interrumpiendo la sesión.

    - Steve e Ian en los pasillos: Drake se cruzó con Steve e Ian por los pasillos sobre las 10:30 PM. Steve parecía dirigirse al norte, y llevaba algo en el bolsillo.

    - Llave maestra de Ian: Ian tiene una llave capaz de abrir todos los dormitorios. La obtuvo en el almacén cuando memorizaba todo su contenido.

    - Agujero en el dormitorio de Talía: en el dormitorio de Talía había un cincel, un martillo y un agujero en la pared. Alguien parecía haber retirado un ladrillo de allí.

    - Nota de chantaje: Talía llevaba en la mano una nota anónima cuando apareció muerta. Decía así: "Tengo a tu querido amigo. Ven a buscarlo a las 11:30 al jardín interior o contaré a todos qué es lo que pretendías hacerle. Si te retrasas un solo minuto, será demasiado tarde".
     
    Última edición por un moderador: 14 Octubre 2017
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    Lucas Diamond

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    Diooos, se me ha hecho tremendamente corto, por qué eres así xDD MALO, AHORA NO.

    Uf estoy muy hype, rlly xD Me está recordando enormemente a AA y y y /u\ Es geniaaal genial genial, quiero leer el próximo capítulo ya. El cloroformo de Effy me resultó inesperado completamente, aunque me hizo mucha gracia la intervención de Brendan xDDD SEGURO QUE TODO ES POR CULPA DE TALÍA, RLLY. Es que es que idk, algo le salió mal, yo lo sigo diciendo. Ella quería matar, por eso necesitaba el oso. No sé, no sé, estoy muy rayado xD

    Lo amé, muy mucho, y espero que subas el siguiente capítulo mañana o o o si no >:( I need this.

    Muy bien hecho otra vez, tate. Enhorabuena; eres un grande.

    Sigue así,

    Lucas Diamond~ <3
     
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    Total de capítulos:
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    11863
    En este capítulo veremos un Scrum Debate de los que hablaba. Si no lo habéis visto nunca, os recomiendo ver este video para visualizar mejor qué será lo que pase:

    Hay pequeeeeños spoilers del caso 1 de DRv3, pero creo que nada demasiado importante.
    Dicho lo cual, sigamos con el juicio.

    Class Trial... Resume!

    Capítulo 1: Víctimas de la desesperación


    Vida Mortal, Clase de Juicio 2


    —¡Ian Lockhart! ¡Tú eres el único que pudo haber robado los objetos!

    El rostro de Ian permanecía invariable. Solo una sonrisa se dibujaba en él. Y sus ojos… estaban casi vacíos, como si hubiese en ellos un mar de oscuridad que los nublaba. En ese momento, Ian parecía completamente abstraído, pero bien sabía que estaba allí. Cuando volvió a hablar lo hizo a un alto volumen, gesticulando mucho más que de costumbre, con movimientos amplios.

    —¡Oh, así que soy yo el ladrón! ¡Brillante, brillante! Querido Drake, ¡el Super Policía! ¿Serías tan amable de explicarme por qué? ¿Cómo pude yo robar objetos que estaban bajo llave? —llevó Ian su mano derecha a su rostro, cubriéndolo todo con la palma de la misma, a excepción de sus ojos, que quedaban divididos por el dedo índice y mirándome, incisivos. La otra mano servía para sujetar el codo de la derecha, cerrada en forma de puño—. Porque tendrás pruebas para probarlo, ¿cierto? ¿Verdad, Super Policía?

    —¿Q-Qué le pasa a este tío? —se preguntó Chad—. Se comporta de repente como todo un villano de anime.

    —¡Desde el primer momento supe que estaba mal de la cabeza! —presumió Mimiko.

    … Ian Lockhart, ¿qué pretendes? ¿Cuál es tu estrategia?

    —La prueba es la llave maestra que tienes en tu poder —le dije, con dedo acusador—. Tú mismo me lo revelaste cuando entramos en el dormitorio de Talía. ¡Encontraste una llave en el almacén capaz de abrir las puertas de todas las habitaciones!

    —¿Existía tal cosa? —se preguntó Elisa, asombrada.

    —¡E-Ese pervertido, seguro que la quería para ver mi ropa interior! —exclamó Mimi, horrorizada y señalándolo con el dedo. Esa chica tenía un serio problema de egocentrismo.

    —Ah, qué inteligente observación —Ian llevaba ahora sus dos manos hacia ambos lados, con las palmas abiertas hacia arriba y una expresión vacía en su rostro—. Sí, ¡ciertamente pude hacerlo gracias a esa llave! Pero siempre hay un pero, ¿verdad? ¿Cuál es el pero?

    Sentía como si… como si Ian me estuviese guiando en el sentido en el que él deseaba. Como si me estuviese manipulando a su antojo. Pero tenía que hacerlo, ¡tenía que revelar la verdad! Porque se lo debía a Talía, ¡y porque todos teníamos que sobrevivir!

    —… pero puede que no estuvieses solo.

    —¿Huh? —dijo Lucas, golpeándose la cabeza—. ¿”Puede”?

    Sí… existen dos posibilidades, desde mi punto de vista.

    —Ian no podía tener en su poder tres objetos personales por culpa de las reglas, y sin embargo, es el único capaz de robarlos gracias a su llave maestra… así que existen dos posibilidades: o bien él robó dos de los objetos y Effy o Mimiko participaron en el crimen llevando el suyo propio, o… o Ian estuvo colaborando todo el tiempo con alguien más, y perpetraron los robos todos juntos.

    —¡Ah! —Mimiko pareció horrorizarse al sentir que la acusaban indirectamente, y rápidamente señaló a Hubert—. ¡I-Ian estuvo todo el tiempo con Hubert ayer! ¡Si colaboró con alguien, tuvo que ser él!

    Negué con la cabeza.

    —No, sería muy descarado realizar los robos a plena luz, con gente deambulando por la Academia… creo que se realizaron durante la mañana, durante el desayuno, cuando casi todos estuvieron allí reunidos.

    —Hubo muchos que no estaban en el desayuno —informó Hubert—, pero no hay duda de que Effy, Mimiko y yo sí asistimos.

    —¡Yo también asistí! —exclamó Liza, nerviosa—. Y Ukita, y Lucas, y mucha más gente.

    Medité en silencio.

    —El robo pudo realizarse antes del desayuno, de todas formas... no se requería mucho tiempo, solo entrar en los dormitorios, coger el objeto correspondiente y llevarlo al dormitorio del culpable —susurré, pensativo.

    —Pero Ian tiene su Game Boy, ¿no? —preguntó Effy, extrañada—. Combinando el objeto de nuestro misterioso cómplice y de Ian con los otros tres, eso suman cinco, y no puede haber más de…

    —¡Ya basta!

    La voz de Ian me sobresaltó. Había cortado de pronto el argumento de Effy, aún con su mirada completamente ida. ¿Por qué tanto interés en interrumpirla? Me di cuenta luego de que me estaba mirando.

    —Drake, Drake, Drake. Lo ves todo muy sencillo, ¿verdad?

    —¿Huh?

    —¿De qué me acusas, si puede saberse? ¿De ser el asesino o la cuarta persona en la escena del crimen? —inquirió, mano sobre su rostro.

    Yo asentí, inseguro. Ian me daba miedo, porque no podía saber en qué estaba pensando.

    —Sí —respondí al fin—. No puedo saber con exactitud aún cuál de los dos eres tú, ni por qué lo hiciste, pero no hay duda de que participaste en todo esto de algún modo.

    —¡Aaaah-jajajajaja! ¡Pero eso es imposible! Y te explicaré por qué…



    Rebuttal showdown!

    Verás, existe una posibilidad más…

    >> Ciertamente, soy el único capaz de entrar en las habitaciones, gracias a mi llave maestra.

    >> Pero, ¿es eso señal de que participé en la escena del crimen?

    >> Existe la posibilidad de que otra u otras personas me instasen a cometer el robo…

    >> … cogiese los objetos robados, los colocase en sus habitaciones…

    >> … y luego no interviniese en absoluto en la escena del crimen. Así, tu cuarta persona y tu asesino serían personas distintas a mí.


    Pero, ¿qué ganarías tú con todo eso?

    >> Eres el Super Estratega, ¡me niego a pensar que cederías a colaborar en un plan así sin participar en él ni sacar beneficio de ello!

    >> Además, ¿puedes probar que no interviniste en la escena del crimen?


    ¡Aaaah-jajajaja! ¿Pruebas? ¡Claro!

    >> Los Policías siempre necesitan pruebas. Pues verás…

    >> ¡Tengo pruebas! Yo no pude asistir a la escena del crimen esa noche.

    >> ¡Porque estuve todo el tiempo en mi dormitorio!


    Nada de eso, ¡cortaré tus mentiras de raíz, Ian Lockhart!


    —Eso es falso, ¡y yo soy la prueba viviente de ello! Ayer, por la noche, aproximadamente a las 10:30 PM, vi a Stevey también te vi a ti, Ian. ¡Estabas fuera de tu dormitorio, por lo que pudiste dirigirte sin problemas al jardín interior y participar, de un modo u otro, en lo que allí sucedió!

    —Oh, bonito testimonio —Ian aplaudía con lentitud y con una sonrisa enloquecida en su rostro—. Pero, ¿cuál de los dos es cierto? ¿El tuyo, o el mío? No hay forma de saberlo.

    Agh. ¿En serio se va a librar tan fácilmente? Sentí la rabia subiendo por mi garganta.

    —Drake es el que tiene razón —S-Steve…—. Yo también te vi, Ian. Somos dos contra uno —le señaló con entusiasmo y con gesto severo.

    E Ian… simplemente agachó la cabeza. Tras un hondo suspiro, terminó por encogerse de hombros. Cuando levantó la cabeza una vez más, la locura había desaparecido de sus ojos, y con una sonrisa decepcionada, dijo:

    —P-Parece que es inútil resistirse a ti, ¿eh, Drake? Sí, está bien. Lo confesaré.

    >> Yo maté a Talía Wells. No soy esa cuarta persona… soy el asesino.

    El silencio duró algunos segundos en la sala.

    —¿¡Tú eres el asesino!? —exclamó Alpha, sorprendido—. ¡Lo sabía, lo supe desde el primer momento en que te vi! ¡Tienes cara de loco, chaval!

    —I-Ian es el asesino… ¿de verdad es cierto? —Lucas reflexionaba en silencio.

    —¿P-Por qué? —preguntó Liza, golpeando la mesa.

    —¿Por qué, dices? —respondió Ian—. Porque quería salir de aquí, claro. Quería "graduarme". Y Talía era un blanco fácil… pensé que podría acabar con ella rápidamente, ocultar mi crimen y engañaros a todos para que votaseis por Steve. Sí, él solo era mi cabeza de turco.

    —Si tú eres el asesino, como dices, ¿quién es la cuarta persona de la que habla Drake? —preguntó Ukita, con rostro furioso, mientras apretaba una lata vacía—. ¿Existe siquiera esa persona?

    —Oh, claro que existe —respondió Ian, sonriendo alegremente—. Pero no revelaré su identidad. De poco sirve, ¿no? Esa persona me ayudó, es cierto, pero no fue quien mató a Talía, ni mucho menos. Yo fui el asesino.

    Hubert parecía meditativo, y, finalmente, negó con la cabeza en silencio y le señaló con el dedo.

    —No te creo. Tú no fuiste el asesino. Fuiste la cuarta persona.

    —¡Oh, vamos, cállate ya, friki! —espetó Mimi—. ¡Está confesando! Votémosle y acabemos con esto.

    —¿V-Votar? —dije en voz alta. ¿Estaba bien votar? ¿Era realmente Ian el asesino, o estaba tramando algo y nos estaba engañando?

    El debate siguió, cada uno expresando su opinión.

    —Si Ian afirma ser el asesino, debe serlo —comentó Elisa, con ojos cerrados—. No tiene sentido que mienta, él también morirá si le votamos. No ganaría nada confesando.

    —Pero, hum —Lucas golpeaba su cabeza, con el Plantox1800 en la otra mano—. Es extraño, ¿por qué confesar tan fácilmente?

    —S-Sí, esto no huele nada bien —dijo Emily.

    —¡Yo no he sido, eh! —exclamó Alpha, de pronto.

    —Bueh, votemos y ya —se encogió de hombros Chad—. Es el asesino, solo hay que verle la cara.

    —N-No —dije, en un susurro—. Puede ser que… sea la cuarta persona en realidad —miré el rostro de Ian. Estaba sonriendo, sonriendo de forma extraña.

    Pero entonces, antes de que pudiese continuar hablando, Monokuma intervino.

    —¡Vaya, vaya! ¡Ya veo que tenéis una discrepancia entre vosotros! Upupupu… ¡este parece el momento perfecto para probar mi maravillosa clase de juicio metamórfica!

    —¿”Clase de juicio metamórfica”? —repitió, extrañada, Effy.

    —¡Upupupu! —rio Monokuma—. ¡Hora de que debatáis cara a cara! Decidiremos quién tiene razón con un debate a la antigua usanza, ¡y yo seré el moderador! ¡Ah, estoy que tiemblo de la emoción!

    Fue entonces cuando Monokuma pulsó un botón en su sillón, y entonces nuestros atriles comenzaron a elevarse en el aire, con nosotros en ellos.

    —¡Uah! ¿¡Qué pasa aquí!? —grité.

    —… guau —¿¡qué clase de reacción era esa, Brendan!?

    Los atriles se elevaron en el aire, giraron y se colocaron en posición. Se formaron así dos filas, una frente a la otra, y Monokuma al fondo, entre ambas. A un lado, estaban Elisa, Effy, Brendan, Chad, Alpha, Mimiko, Ukitashi e Ian; al otro, el resto: Steve, Lucas, Hubert, Emily, Dante, Liza y yo mismo. Parece que Monokuma nos había dividido en base a nuestras opiniones.

    Teníamos que debatir entre nosotros sobre la culpabilidad de Ian, ¿eh? Detrás de Monokuma, una enorme pantalla apareció, y letras aparecieron escritas: “¿Cuál es el papel de Ian en este caso?”. Bajo las letras, aparecieron los iconos pixelados de cada uno de nosotros, divididos en dos bandos, cada uno con su rótulo: “es el asesino”, contra “es la cuarta persona”.

    —¡Adelante! —gritó Monokuma, entusiasmado—. ¡Que empiece la fiesta! ¡Es hora de debatiiiir! Los perdedores tendrán que aceptar la conclusión de los ganadores, ¡les guste o no! ¡Así que dad lo mejor de vosotros mismos!


    Scrum debate!

    Teníamos que ganar… si queríamos sobrevivir, teníamos que ganar. Ahora tenía más que claro que Ian estaba jugando con nosotros, que nos estaba mintiendo. Él no podía ser el asesino.

    Miré a mi grupo y asentí. ¡Teníamos que dar lo mejor de nosotros mismos en este debate!


    Ian ya ha confesado, tío, ¿no podemos saltarnos todo esto y solo votar? —comenzó Alpha, con toda tranquilidad.

    Pero, ¿está bien votar sin más? ¿Sin estar seguros? —replicó Emily, con voz temblorosa.

    ¡Bien dicho, Emily!


    Pero hay testimonios. Steve y Drake vieron que Ian merodeaba de noche, ¿no es así? —argumentó Effy.

    Steve, ¡vamos!

    Es cierto que lo vimos en la noche, ¡pero eso no significa necesariamente que fuese el asesino! —contraatacó Steve.


    Aun así, el imbécil de Ian tuvo que matar a Talía, y otro fue el que cargó con el inconsciente Steve, ¡Ian es demasiado enclenque para poder hacerlo él! —continuó Mimiko.

    Liza, ¿podrás…?

    Uhm, creo que ya se ha debatido que nadie tuvo que cargar a Steve, ¿no? Ian pudo arrastrarlo… —espetó Liza.


    —… ¿y si no existe siquiera esa cuarta persona? —propuso Brendan.

    Sé que Hubert podrá con esto.

    Ian por sí solo no pudo tener todos los objetos robados, ¡una cuarta persona tuvo que participar en el crimen necesariamente! —atacó Hubert, sin dudarlo.


    Ptché, como si eso fuese prueba de algo; la cuarta persona no pudo entrar al jardín, ¿recuerdas que la puerta no puede cerrarse desde fuera? —intervino Chad.

    D-Dante, se te ve convencido de lo que vas a decir… confío en ti.

    … buen punto. Pero, ¿no aplicaría esa lógica también al asesino? Sea Ian o no, tampoco podría cerrar la puerta al salir… —destacó Dante.


    ¡Entonces estamos en el punto de partida! Ni Ian ni nadie más pudo salir y cerrar la puerta.

    Steve, ¡ve de nuevo!

    ¡Justo por eso es pronto para votar! Estamos en el punto de partida, es pronto para decidir nada.


    Es absurdo que discutamos, ¡soy el asesino! El método con el que cometí mi crimen es indiferente —aludió, sonriente, el propio Ian.

    … de este me encargo yo.

    ¡No es en absoluto indiferente! Si averiguamos cuál fue el método usado, ¡verificaremos que no eres el asesino, estoy seguro! —sentencié.


    Y fue entonces cuando Monokuma gritó:

    —¡Se acabó!

    Las luces se apagaron de pronto. La pantalla se había apagado también. Todo estaba en la más absoluta oscuridad… y, de pronto, sonó una musiquita de victoria, y una luz azul se encendió en la pantalla. Nuestros avatares pixelados, los del equipo “es la cuarta persona” aparecieron, celebrando la victoria. Y las luces volvieron a la normalidad.

    —¡Gana el equipo azul! —dijo Monokuma, mientras nuestros atriles descendían lentamente para colocarse en la posición original—. De modo que queda determinado que Ian es la cuarta persona. Upupupu.

    —¿Y ahora qué, eh? —espetó Alpha, molesto por haber perdido—. Si Ian es de verdad la cuarta persona, ¿qué hacemos ahora?

    —… —Dante estaba callado, como de costumbre, pero parecía estar dándole vueltas a algo en su cabeza. Me fijé en que miraba a Ian, el cual seguía sonriendo de forma extraña. Y, al final, dijo—. En el debate ha surgido un tema interesante: el método que usó el asesino para entrar y salir dejando la puerta cerrada.

    Asentí. Sí. Era un buen hilo del que tirar, desde luego. ¿Cómo creó el asesino este misterio de habitación cerrada? Contra todo pronóstico, Steve intervino.

    —Yo tengo algo que decir al respecto —me miraba con decisión. Parece que, por fin, se había dignado a contarlo todo, a confiar en mí. Así que solo sonreí, tratando de darle ánimos—. Cuando entré al jardín, cerré la puerta detrás de mí. Pero me di cuenta de que no se había quedado del todo cerrada; al parecer, chocó contra algo. Me giré, al no escuchar el portazo, y fue entonces cuando me despisté y tropecé. El resto es historia.


    —¿Chocó con algo? —medité en silencio. Ian seguía sonriendo, como si lo supiese todo y solo estuviese jugando. Fue entonces cuando lo recordé—. Podría ser… ¡la escoba!

    —¿Una escoba? ¿¡Qué demonios tiene que ver una escoba en todo esto!? —Mimiko parecía irritada.

    —E-Encontré una escoba junto a la entrada, fuera del jardín —expliqué—. Al principio la ignoré, pensando que no tendría relación alguna con el caso, pero… tenía ligeras marcas en el mango. Puede ser que alguien la colocase tumbada en el suelo, para que hiciese de tope con la puerta del jardín e impedir que quedase cerrada, ¿no? Steve, ¿recuerdas ver la escoba que digo en el suelo?

    —¡S-Sí! —dijo él, golpeando la palma de una de sus manos con el puño de la otra—. ¡Es cierto! ¡Era una escoba lo que impidió que la puerta se cerrase! Cuando entré no le presté demasiada atención, pero ahora que lo mencionas, es verdad que estaba ahí.

    Así que la escoba jugaba un papel fundamental en todo esto. Cuando Steve entró, sobre las 10:30 PM, en el jardín, la escoba impidió que la puerta se cerrase, por lo que cualquiera podría haber entrado detrás de él y arrastrarlo fuera del jardín, incluso antes de que Talía entrase.

    —Quiero confirmar algo, antes de nada —dije, pensativo—. Elisa, Lucas, Liza, Hubert y Ukita, vosotros estuvisteis hasta las 12:00 en la sesión, ¿cierto? Al regresar a vuestros dormitorios, ¿había ya barro en el suelo?

    Elisa pareció meditar. Lucas también lo hizo, y Ukita también. Liza miraba a ambos lados, extrañada. Y fue Hubert el que habló.

    —Las luces estaban apagadas ayer, no funcionaban. No pudimos ver nada, así que no podría decirlo con exactitud; tuvimos que caminar guiándonos con las paredes hasta llegar a nuestros dormitorios.

    —¡Oh, eso fue por mi culpa! —gritó Monokuma—. Uno de vosotros me pidió amaaaablemente que mantuviese las luces apagadas todo el tiempo, upupupu.

    —¡Pero eso es interferir en el crimen, Monokuma! —le espeté—. ¡Va contra las reglas!

    —¡No, nada de eso! —gritó él, furioso—. Las luces no influyeron en ningún modo en el crimen. ¡Yo siempre, sieeeempre cumplo mis reglas! Solo acepté la petición de alguien amablemente, y apagué las luces después de las 11:30 PM hasta el amanecer. Upupupu…

    Así que alguien se aseguró de que no pudiese verse el rastro de barro hasta la mañana siguiente. Maldita sea… así no podemos determinar si Steve fue sacado de allí antes o después de que entrase Talía. P-Pero si mi teoría es correcta, tuvo que ser sacado antes de que Talía entrase. Porque…

    —Creo que, al igual que Steve, Talía dejó que la puerta se cerrase detrás de ella cuando entró, pero ella sí que tuvo éxito. Quienquiera que colocó la escoba para impedir que la puerta se cerrase solo quería poder entrar después de que lo hiciese Steve para arrastrarlo fuera del jardín, y luego le pidió a Monokuma que apagase las luces para que los de la sesión de espiritismo no viesen el rastro, y así camuflar el momento en el que se produjo. Si todos pensábamos que Steve estuvo allí cuando Talía entró, sería un sospechoso potencial, ¿cierto? —tomé aire—. Pero tuvo que quitar la escoba para cuando Talía entrase, una hora después que Steve, mientras este estaba dormido en el baño. Probablemente Talía sí notó el rastro de barro… pero tenía algo más importante que hacer: la habían citado a una hora muy concreta. Entró en el jardín y la puerta se cerró detrás de ella. Y en ese momento, fue asesinada.

    —Entonces, ¿cómo salió el asesino, si puede saberse? —preguntó Ian, malévolo.

    Solo hay una explicación al misterio de la habitación cerrada. Y debo darlo por verdadero si quiero progresar. Debo romper todos los esquemas y partir de esa base. No puedo tratar de buscar otra explicación solo porque la realidad me parece ilógica; debo afrontar la realidad, por extraña que parezca, y tratar de buscar un modo de cometer el crimen en esas circunstancias.

    —… parece que has llegado a la misma conclusión, ¿verdad, Drake? —me dijo Dante, con la mano sobre su frente, como si estuviese esforzándose por pensar.

    —¿Huh? —pregunté, sobresaltado.

    —… el asesino nunca llegó a entrar en la escena del crimen.

    —¿Cómo? ¿Insinúas que fue… el espíritu que trataba de convocar? —intervino Elisa, sorprendida.

    Así que Dante se ha dado cuenta también, ¿huh? Parece más inteligente de lo que aparenta. Habla tan poco que uno no sabe muy bien lo que está pensando, pero sin duda es muy ávido.

    —No, no se trata de ningún espíritu. El asesino tuvo que cometer su crimen sin entrar a la escena del crimen. El golpe debió suceder de forma automática, de alguna forma; sin necesidad de que nadie diese el golpe físicamente con sus propias manos, sin necesidad siquiera de estar presente. Pero algo se nos escapa.

    Steve parecía pensativo.

    —Aún hay más, Drake —dijo, al fin—. Verás… creo que tienes razón, al menos en lo que dijiste antes. Cuando hablasteis de la nota de Talía, me di cuenta. Ella recibió una nota muy similar a la mía.

    Mostró una nota que guardaba en los bolsillos, y la leyó en voz alta.

    —“Si no quieres que todos sepan lo que tu querida amiga pretendía hacer con su amiguito, ven a por él a las 10:30. Si te retrasas un solo minuto, contaré a todos la verdad”. Esta carta fue la que recibí. Estaba en mi dormitorio, junto a la puerta. Alguien debía haberla metido por debajo.

    —¡¿Cómo?! ¿Una nota similar a la de Talía? —exclamó Liza.

    —Me di cuenta al ver la nota de Talía de que… la letra de ambas notas no es la misma. A mí me citó alguien distinto de quien citó a Talía. Es por eso que creo que Drake tiene razón cuando hablaba de que Ian y otra persona estaban colaborando juntos —explicó Steve, con la mano en el pecho. De pronto pareció contener sus ganas de llorar—. Y creo que… creo que… alguien se aprovechó de mi suerte. Alguien usó mi suerte a su favor.

    Alguien usó… su suerte a su favor. El rostro de Ian me inquietaba. Observaba cada movimiento, sin dejar de sonreír. Pero no le dejaría seguir sonriendo más tiempo. Miré con decisión a Steve.

    —Una de vuestras cartas, la tuya o la de Talía, fue escrita por Ian. ¿Eso es lo que crees, Steve? Y quienquiera que escribió la segunda de las cartas sabía de la primera.

    —Sí, así es —explicó.

    —Pero, ¿qué es eso de lo que habla tu nota?

    Steve agachó la cabeza.

    —Talía… Talía vino a hablar conmigo ayer por la tarde, desesperada.

    —Oh, debe ser entonces cuando Brendan los vio, ¿no? —sugirió Lucas.

    Steve asintió.

    —Me contó todo. Me dijo que podía confiar en mí, pero yo creo que también estaba usándome. Usando mi suerte. Quería que la ayudase, para así verse beneficiada por mi suerte. Porque ella… había metido un ladrillo que extrajo de su dormitorio en su oso de peluche, y planeaba matar a alguien con él.

    —¿Qué? —exclamó Emily—. T-Talía… la dulce Talía, ¿q-quería matar a alguien?

    Sombrío, Steve asintió con suavidad.

    —Así es. Estaba llorando, desconsolada. Ahora no sé si lo hizo de verdad o estaba fingiendo, pero yo me compadecí de ella. Porque decía que alguien había robado su oso de peluche, y tenía miedo de que, si descubrían su plan, todos la odiásemos. Me dijo que se arrepentía muchísimo de haber planeado matar a alguien, y que no quería que los demás lo supiesen. Por eso me ofrecí también yo a buscar a su oso. Y de eso hablaban ambas cartas; del plan de Talía con Teddy. Pensaba usar a su “amiguito”, Teddy, para matar a alguien.

    El silencio sacudió la sala. Probablemente, ninguno de nosotros terminaba de creer aquello. O, más bien, no queríamos creerlo. Pensar a una chica tan dulce como Talía conspirando para matar a alguien era casi ridículo, pero, ¿no era muy posible? Al fin y al cabo, era la única que pudo haber cogido el ladrillo, Ian no habría podido sin ser descubierto, por el tiempo que se requería para extraerlo, y nadie más pudo entrar en su dormitorio. Sí, la verdad era difícil de creer, pero era la verdad. Y había que creerla.

    Talía pensaba asesinar a alguien, y alguien se adelantó a sus planes y la asesinó a ella.

    —… creo que Ian escribió la carta de Talía —intervino de pronto Dante—. Y lo hizo sin el conocimiento del asesino, con quien estaba compinchado, ¿me equivoco?

    Por primera vez en mucho tiempo, Ian pareció sorprendido.

    —Vaya —dijo, recuperando poco a poco su confianza—. Sorprendente, Dante. Esa es una deducción brillante. Pero, ¿por qué haría yo algo así?

    La suerte de Steve… Ian usó la suerte de Steve en su contra. Como aquella vez en que Steve se tropezó y logró evitar un balonazo en el gimnasio. Ian sabía que eso sucedería. Ian conocía el funcionamiento de su suerte. Y, si él escribió la carta de Talía, eso quiere decir que…

    —… ¡el asesino planeaba asesinar a Steve! —exclamé.

    —¿Cómo…? —dijo Effy, confusa, con rostro lleno de estupor.

    Pero era la posibilidad más viable.

    —Si Ian escribió la carta de Talía, eso quiere decir que la carta de Steve fue escrita por otra persona, nuestro asesino. Y si la cita con Steve era una hora antes que la de Talía, eso quiere decir que el asesino quiso matar a Steve. Pero su suerte le protegió; Steve se tropezó nada más entrar, y el cloroformo que otra persona había dejado preparado, anticipando lo que sucedería, hizo el resto. Luego, con el truco de la escoba logró dejar la puerta abierta, se coló en el jardín y arrastró a Steve fuera de allí. Tras eso, solo tuvo que citar a Talía una hora más tarde, y… así, ella cerró la puerta, creando la habitación cerrada, y cayó en el mecanismo del asesino. Todo fue manipulado… ¡por ti, Ian Lockhart! Colaboraste con el asesino, y usaste su plan en su contra, ¿cierto?

    Ian guardó silencio por un momento, agachando la cabeza. Cuando la alzó, estaba sonriendo amablemente.

    —Lo que decís es tan interesante… se podría escribir una novela de misterio con ello, ¿sabéis? Pero aún no se ha determinado cómo sucedió “automáticamente” el crimen. Y sin un crimen “automático”, como dices, Drake Orestes, toda tu teoría se tambalea, porque no habrás explicado la habitación cerrada.

    Cierto… tiene razón. Tengo que determinar cómo pudo suceder el crimen sin necesidad de que el asesino estuviese dentro. ¡Cueste lo que cueste!


    Si Ian no es el asesino —comenzó hablando Dante, reflexivo—, entonces alguien más debió planear todo esto.

    Probablemente colaborase con Ian para matarme —habló Steve, no sin cierta amargura en su tono—, pero este sabía que saldría mal. Mi suerte me protege.

    Aunque fuese cierto todo lo que decís, Talía fue la víctima, independientemente de todo lo demás —habló Ian, con tono frío—. Pero, ¿cómo la asesinaron?

    Tal vez toda la teoría de Drake es errónea, y el asesino sí que entró en el jardín… —susurró Emily.

    —Dante parecía callado, pensando en algo.

    No hay forma de demostrar cómo se cometió el crimen, ¿cierto? —dijo, desanimado, Ukitashi.

    No hay nada en la escena del crimen que sirva para cometer el crimen de forma automática —susurró Effy—. Es casi como si el asesino se hubiese desecho de la evidencia.

    ¿Lo veis? Es absurdo. Estáis luchando por nada —exclamó Ian, manos a ambos lados.


    A-Agh. ¡El asesino tuvo que aprovechar algo de la escena del crimen para cometer el crimen! Pero, ¿cómo? No había nada allí capaz de provocar esa contusión a Talía de forma automática, sin estar allí presente el agresor.

    Un momento. No había nada allí… ¿y si justo eso es la pista?


    Si Ian no es el asesino, entonces alguien más debió planear todo esto.

    Probablemente colaborase con Ian para matarme, pero este sabía que saldría mal. Mi suerte me protege.

    Aunque fuese cierto todo lo que decís, Talía fue la víctima, independientemente de todo lo demás. Pero, ¿cómo la asesinaron?

    Tal vez toda la teoría de Drake es errónea, y el asesino sí que entró en el jardín…

    —…

    No hay forma de demostrar cómo se cometió el crimen, ¿cierto?

    No hay nada en la escena del crimen que sirva para cometer el crimen de forma automática. Es casi como si el asesino se hubiese deshecho de la evidencia.


    —¡Estoy de acuerdo con eso, Effy! —exclamé. Había encontrado la clave, o eso creía—. Como dices… el asesino se ha deshecho de la evidencia. Por eso no podemos encontrar una forma en que el crimen sucediese, ¡porque ya no existen los medios que usó!

    —¿Huh? —dijo Lucas, golpeándose la cabeza con el puño, confuso—. ¿A qué te refieres?

    —… las lianas, Lucas. Los controles de riego estaban apagados cuando los revisamos —dije, reflexivo—. Si no recuerdo mal, Lucas, testificaste que tú no tocaste los controles, ¿verdad? El asesino pudo programarlos durante el día para que las enredaderas creciesen… ¡y por la noche desactivarlos para devolverlas a su posición original! ¿Notaste algo, Lucas? ¿Notaste algo cuando estabas en el jardín?

    —¿Eh? —se preguntó él, confuso—. Eh, uhm, no me fijé, la verdad. U-Un momento, tengo los registros de las Madreselva en mi Plantix2000. Puedo comprobarlo.

    Tenso, esperé a la respuesta de Lucas.

    —¡Sí! ¡Es cierto! —gritó—. Las enredaderas registraron una gran cantidad de agua que las hizo crecer, y luego decrecieron hasta su posición original.

    —Ahora que lo dices —intervino Steve, brazos cruzados—, creo recordar que había muchas más enredaderas cuando entré al jardín ayer por la noche que esta mañana. Aunque no pude fijarme demasiado, porque caí desmayado casi al instante con el cloroformo.

    ¡Tal y como pensaba!

    —Bah, ¿qué tienen que ver las lianas de crecimiento rápido con el crimen automático, si puede saberse? —inquirió Ian.

    —Tienen que ver muchísimo. Fueron las artífices de todo este crimen. ¡Son la perfecta forma de cometer este asesinato! Porque pueden ser manipuladas desde fuera del jardín, sin entrar en él. Uno puede alterar la escena del crimen sin llegar a tocarlo.

    Cogí entonces del mapa que pintó Chad y lo mostré a todos.

    —Fijaos. En el boceto de Chad se ve claramente la estructura del jardín; hay árboles altos a ambos lados, pero el trayecto norte-sur, de la entrada al fondo del jardín, está despejado de vegetación alta. ¿Recordáis cuando Alpha colgó de una liana, y recorrió un largo trayecto sujeto a esta? Creo que nuestro pequeño amiguito, Teddy, el arma del crimen… hizo algo parecido.

    Dante seguía reflexivo, y Hubert y Effy también se veían pensativos. El resto estaban sorprendidos, y cuchicheaban unos con otros.

    —Veámoslo así; el asesino colocó a Teddy en uno de los salientes, en el saliente del norte, a varios metros de distancia de la entrada. Con la ayuda de la escalera de mano, subió hasta allí; Alpha ya demostró que se podía llegar, ¿cierto?

    —¡Sin problemas! —el Super Deportista acariciaba la base de su nariz con orgullo.

    —Una vez estaba en el saliente, ató una liana a Teddy, que tenía el ladrillo dentro, y se aseguró de que, al caerse del saliente, la liana arrastrase a Teddy e hiciese un efecto péndulo: colgado de la enredadera, liana, Madreselva o como queráis llamarla, Teddy describiría una parábola… y acabaría golpeando en la cabeza a Talía en el final de su recorrido.

    —¡O-Oh! —exclamó Chad.

    —B-Brillante —susurró Liza.

    —Luego, al cerrar el riego de agua… la liana que sujetaba a Teddy se encogería, y parecería así que esta era muy corta. ¡Con un solo botón, el asesino podría eliminar la evidencia, sin siquiera entrar al jardín interior!

    Y, entonces, ella me interrumpió.

    —¡Eh, Apestes! —Mimi estaba aparentemente enfadada—. ¡Se acabó! ¡Lo que dices no tiene ningún sentido!

    —¿Huh? ¿P-Por qué?

    —¿Que por qué? Dios, ¡los pobres sois más estúpidos de lo que pensaba!




    No entraré en lo estúpidamente absurdo que es el plan que propones…

    >> … ¡pero es que, incluso aunque pudiese suceder como dices, es imposible que funcionase!

    >> ¡Talía no pudo morir de ese modo, es un disparate!


    M-Mimi, ¡deja de decir que es imposible y dame argumentos!

    >> El boceto de Chad muestra que el camino norte-sur estaba libre de árboles, ¡Teddy pudo seguir ese recorrido perfectamente sin ningún tipo de obstáculos, y golpear a Talía!


    ¡¿Quieres argumentos, niño pobre?!

    >> ¡Pues te los daré! ¡Ahora verás!

    >> Teddy no pudo moverse por sí mismo, ¿es que no lo ves?

    >> ¡Necesitaría un impulso para caer del saliente! ¡Y no había nada en la escena del crimen capaz de darle ese empujoncito, imbécil!


    ¡Ahí está! Mimi me ha dado la clave, ¡hora de cortar de raíz esta discusión!

    —¡Mimi, ahí está la clave! ¡La pista que nos faltaba!

    —¿Eh? ¿La pista?

    —¡Tu teléfono móvil, Mimi! —dije, bastante motivado—. Si lo recordáis, el teléfono de Mimi apareció roto justo bajo el saliente norte, ¿verdad? Creo que precisamente ese teléfono fue lo que el asesino usó para mover a Teddy.

    >> Vamos a verlo de la siguiente forma: el asesino colocó primero el teléfono móvil, colocado sobresaliendo ligeramente del saliente. Luego, colocó encima a Teddy, atado a la liana. En este escenario, si el teléfono de Mimi sonase, como lo hizo en el jardín aquella vez, cuando estábamos todos reunidos, ¡la vibración haría que el móvil se moviese y que eventualmente, tanto él como Teddy cayesen del saliente, activándose el mecanismo mortal! Eso explicaría también por qué la pantalla estaba rota cuando lo encontramos. ¡Se rompió al caerse!

    Solo el silencio siguió mis palabras. Decidí seguir explicándome; estaba demasiado cerca de la verdad como para rendirme ahora.

    —Con esto, ya sabemos el mecanismo que usó el asesino.

    —Pero —fue Effy la que habló—, ¿no sería imposible que el móvil sonase?

    No, no era imposible. Y ella misma debía saberlo.

    —Effy, ¿verdad que, según tu testimonio, tú oíste una canción durante la noche, cantada por una chica?

    —¡Oh! ¿Crees que…?

    —Así es —asentí—. Barbie Girl; el sonido de la alarma del móvil de Mimi, probablemente.

    —¡O-Os tengo dicho que fue un virus, n-no una maldita alarma!

    Hubo algo de silencio tras eso, y fue Ukita el que lo interrumpió esta vez, dando un bocado a una tableta de chocolate que había sacado de alguna parte.

    —Pero no tiene sentido; si esa es la alarma de Mimi, ¿no lo habría programado el asesino a las 10:30 PM para matar a Steve? ¿Por qué sonó a las 11:30 PM?

    Medité por un momento. Y, luego, miré a Mimi. Ella era la única que podría conocer la verdad.

    —Mimi, ¿tiene tu móvil, por casualidad, un fallo con la hora?

    —¿E-Eh? ¿C-Cómo lo sabes?

    Reflexioné en silencio, para luego hablar.

    —Cuando sonó en mitad del jardín interior, tras la escena de Alpha, serían aproximadamente las 12:00 AM, o así. Si, como creo, es una alarma lo que sonó, ¿por qué a esa hora? Mimi reaccionó como si no se esperase en absoluto que sonase... como si hubiese estado preparado para sonar antes, sobre las 11:00 AM. Pero dudo que sea para despertarse, el anuncio de Monokuma ya cumple esa función ¿Tal vez necesitabas recordar algo aproximadamente a las 11:00 AM por alguna razón, Mimi? ¿Algo importante?

    Mimi se descompuso, pude notarlo en su cara.

    —V-Vale, ¡dejad de mirarme así, paletos, sé que todos me admiráis, pero estáis logrando incomodarme! —gruñó ella—. Sí, sí, sí, ¡Apestes tiene razón! P-Por motivos que no pienso deciros, quería que mi móvil sonase a la 11:15 AM aproximadamente, así que puse la alarma a esa hora… ¡pero resulta que el endemoniado está adelantado en una hora¸ y no sé cómo demonios ajustarlo!

    Sonreí, triunfante, y miré a Ian. Luego, imité su gesto, llevando ambos brazos a ambos lados.


    —Ahí lo tienes, Ian: la explicación de lo que sucedió. Sabías lo del móvil de Mimi, ¿cierto? Te aseguraste de investigarlo cuando tú y el asesino fuisteis a robarlo, y sabías que estaba adelantado en una hora… pero él no. Sabías que sonaría a las 11:30 PM, y no a las 10:30, como pretendía el asesino al configurar aquella alarma. Convertiste la trampa mortal para Steve en una trampa mortal para Talía. Traicionaste al asesino.

    —¡Aaaah-jajajaja! —rio él, de nuevo con los ojos abstraídos, como perdidos—. Bravo, bravo. Pero aún te falta una pieza del puzle, querido Drake. Dices que yo manipulé las cosas, que me anticipé a la suerte de Steve y al fallo del teléfono de Mimi y logré así que Talía acabase asesinada en el lugar de Steve… todo eso es una posibilidad, pero, ¿a quién engañé? ¿Quién era mi cómplice? ¿Quién mató a Talía?

    El silencio, de nuevo. Más sordo que nunca. Más profundo que nunca.

    El asesino… tuvo que ser alguien que tuvo acceso a los controles de riego todo el día. Tuvo que ser alguien que pudo colocar toda esta trampa antes de que Steve entrase y después de que Lucas saliese del jardín. Las coartadas ya no son válidas si pensamos que el crimen fue automático; ahora, los que estuvieron en el jardín o pudieron llegar a él por la noche no son sospechosos… y lo es mucho más una única persona, la que más posibilidad tuvo de preparar todo esto según las pruebas que tenemos.

    Y esa persona… solo puede ser…

    —El asesino eres tú… Ukitashi.

    Mi dedo, acusador, señaló al chico, que escupió de sopetón toda la Frizz! que tenía en la boca y comenzó a toser.

    —¿C-Cómo? —respondió, alterado, respirando con dificultad—. ¿Yo? ¿¡Por qué insinúas que soy yo!?

    No lo he “insinuado”. Lo he afirmado. Pero en fin, el resultado es el mismo, supongo. Tras hacer mi acusación, todo el mundo comenzó a mirar al Super Comilón, que pronto comenzó a sudar a mares.

    —Según los registros de Brendan… estuviste toda la tarde rondando la zona sur, justo donde está la sala de mantenimiento. Eres el único que pudiste manipular los controles para que las plantas creciesen, o, al menos, habrías visto a quien lo hizo; y no declaraste haber visto a nadie, ¿cierto?

    —P-Pero… pero… —intentó quejarse, confuso.

    —… a las 8:00 PM, Lucas abandonó el jardín —Lucas daba golpecitos a su cabeza, aún confuso, mientras me escuchaba—. Y a las 9:00 PM empezó la sesión de espiritismo en la que participaste. Esa hora fue tiempo suficiente para preparar tu trampa, que solo requería de dirigirte a tu habitación, coger el teléfono de Mimi y a Teddy, subir por la escalera y colocar en el saliente norte tu trampa, ya con las enredaderas habiendo crecido al menos tres o cuatro metros.

    —E-Eso… eso es… —Ukita miraba en todas direcciones, confuso. Lo siento… de veras que lo siento, pero… tenemos que sobrevivir.

    Mi dedo se alzó de nuevo, volviendo a señalarle.

    —¡Y por la noche, Ian hizo el resto! ¿Cierto? Él fue el que apagó los grifos, tal y como ambos habíais acordado. Porque Ian te ayudó con este plan, ¿no es así? Solo con su llave maestra pudiste robar el peluche y el móvil. Ian tuvo que dejártela, y tuvo que saber del plan para ello.

    Hubert se cruzó de brazos.

    —¿Y bien, Ukitashi? —preguntó, mirada severa—. ¿Algo que alegar?

    —¿Tienes alguna protesta? —inquirió Effy.

    —¿P-Protestas…? ¡Claro que tengo protestas! ¡Tengo millones de protestas! —apretó su lata de Frizz! hasta dejarla totalmente aplastada, con una sola mano—. Lo que dices pudo ser realizado por cualquier otro… ¡s-solo te basas en suposiciones! ¡No tienes pruebas! ¡Cualquiera pudo haberlo hecho! ¡Hay muchos que son jodidamente sospechosos, como esa niña repelente o la política de las orejas de oso! ¡Y Lucas! ¡Lucas se ausentó de la sesión, pudo hacerlo!

    —¿¡A quién llamas repelente, saco de cafeína con patas!? —replicó Mimi, dándose por aludida.

    —Hey, solo fueron cinco minutos, y fue a las 10:00 PM —dijo Lucas, mofletes hinchados.

    Fue entonces cuando recordé lo que Effy estuvo a punto de decir, antes de que Ian la interrumpiese, poco tiempo atrás. Ella estuvo a punto de dar con la clave, e Ian se dio cuenta. Por eso la frenó.

    —Cierto —asentí—, hay algunos misterios, como el motivo por el que el cloroformo es el objeto personal de una Super Política, o por qué Mimi configuraba su alarma para antes de comer… pero son verdades triviales para este caso. Porque solo tú pudiste hacerlo. Solo tú podías, nadie más.

    —¡D-Demuestra eso, imbécil! ¡No puedes! ¡¡No puedes demostrarlo!!

    Ante sus palabras a un volumen cada vez más alto y su rostro cada vez más desencajado, estuve a punto de retroceder. Pero me agarré con fuerza al atril y tragué saliva.

    —Sí que puedo. Los objetos personales son la prueba… la Regla de Monokuma es la prueba —tomé aire—. ¡Eres el único que pudo tener el móvil y el peluche a la vez en su poder, porque eres el único que no tiene su objeto personal propio! Tu objeto eran sándwiches… y recuerdo cómo te los comiste nada más despertar en aquella aula, el primer día.

    >> Effy dio antes con la clave. Desaparecieron tres objetos, y sabemos que Ian se hizo en secreto con el cloroformo. Sin embargo, Ian tenía su Game Boy, la cual cuenta como un objeto; Ian ya tendría en su poder dos objetos. De manera que el cómplice de Ian, el asesino, tuvo que tener en su poder tanto el oso como el móvil. Pero, ¿cómo sería eso posible? El asesino tendría que tener su propio objeto personal… y las reglas no permiten tener tres objetos en el poder de uno.

    >> Por eso eres el único candidato, Ukitashi. Porque eres el único sin objeto personal. ¡Porque te lo comiste!

    —¿M-Me estás diciendo… que estás usando comida contra mí… c-como la prueba definitiva para acusarme de un asesinato? ¿¡Comida!?

    Asentí, algo inseguro.

    —T-Tú… ¡m-maldito policía! —miró entonces a su alrededor. Las miradas acusadoras, desconfiadas y/o aterradas del resto no sirvieron en absoluto para relajarle, y comenzó a vociferar—. ¡Eh, tenéis que creedme! ¡Y-Yo no lo hice! ¡I-Ian, lo hizo Ian! ¡Él tuvo que ser!

    Ian sonrió, solo para luego encogerse de hombros. Tras agachar la cabeza, susurré.

    —Está bien… revisemos una vez más el caso, desde el principio.

    >> ¡Esta es la verdad de este caso!


    Acto 1:

    Todo este caso comienza con Talía Wells, la víctima. Ella planeaba asesinar a alguien… y, por ello, tomó algunas herramientas, un martillo y un cincel, del almacén, y extrajo un ladrillo de la pared de su dormitorio. Lo escondió en el interior de su peluche, Teddy, y lo dejó en su dormitorio, dispuesta a usarlo como arma contundente. Talía estaba desesperada por salir de la Academia, muerta de miedo.

    Lo que no sabía era que, paralelamente, Ian y el culpable estaban planeando también un crimen… asesinar a Steve Stone. Ian conocía, de algún modo, las intenciones de Talía, y estaba dispuesto a usar su plan en su contra… utilizando a otro.

    Acto 2:

    Para llevar a cabo su plan, Ian y el culpable se despertaron en la mañana y comenzaron sus preparativos. Antes de asistir con los demás al desayuno, el culpable se dirigió al dormitorio de Talía y de Mimi, y robó de ambos lugares el oso de peluche y el teléfono móvil, respectivamente: las herramientas necesarias para el crimen; al ser el único alumno que no tenía objeto personal, propio, el culpable era el único capaz de cometer estos robos.

    Con discreción, el culpable le devolvió la llave maestra a Ian, pero no sabía que el Super Estratega pensaba usarla una vez más, para infiltrarse en el cuarto de Effy Joy y robar su cloroformo. Porque la estrategia de Ian no había terminado ahí. Él sabía que la suerte de Steve Stone era poderosa.

    Acto 3:

    Cuando desperté, me encontré con la víctima y con Mimiko, y ambas me solicitaron que buscase sus objetos robados. Tras buscar en todas partes, no pude encontrarlos, porque estaban en la habitación del culpable, que esperaba el momento justo para usarlos. Y por la tarde, el culpable se aseguró de permanecer todo el tiempo cerca de la zona sur para, así, poder manipular los controles de riego a su favor: necesitaba que las plantas creciesen. Si se mantenía cerca, podría vigilar que nadie se acercase y estropease sus planes. Por eso tuvo que quedarse en la zona.

    Mientras tanto, Talía se topó, en su búsqueda personal, con Steve, y le confesó su plan, desesperada y arrepentida… o eso era lo que ella quería hacerle creer, al menos. Conmovido, Steve decidió ayudarla; estoy bastante seguro de que Ian pudo oír esta conversación, pues andaba en la zona este junto a Hubert… justo el lugar donde Brendan vio que Steve y Talía charlaban. Y eso le sirvió como perfecta excusa para su plan.

    Acto 4

    Entre las 8:00 PM y las 9:00 PM, el culpable tuvo que darse prisa para colocar su trampa mortal. Entró al jardín interior con móvil y peluche, trepó por la escalera de mano y ató una liana, enredadera, madreselva o como queráis llamarla a Teddy, colocando el móvil debajo para que la vibración de la alarma activase el intrincado mecanismo natural. Claro que no había tenido en cuenta que el teléfono de Mimi estaba adelantado en una hora… por lo que su trampa se activaría a las 11:30, y no a las 10:30.

    Tras esto, el culpable solo tuvo que escribir la nota y pasarla por debajo de la puerta de Steve. Y, triunfante, se dirigió al comedor para cenar y unirse luego a la sesión de espiritismo; ¡la coartada perfecta! Pero mientras esto sucedía, a espaldas del asesino… Ian, que sabía del fallo del teléfono de Mimi y confiaba en la suerte de Steve, planeó una forma para que el asesinato del culpable tuviese éxito… incluso a costa de cambiar de víctima. Y escribió una segunda carta, la carta de Talía, además de colocar el pañuelo con cloroformo en la zona embarrada. Así fue como se activó la maquinaria de esta locura. Una maquinaria de traición y estrategia orquestada por Ian Lockhart.

    Acto 5

    Llegó la hora, y a las 10:30 PM, Steve se dirigió al lugar del crimen, tal y como había sido citado. En su camino, se topó conmigo, pero no le impedí continuar, y entró al jardín interior. Ian ya había preparado su medida de seguridad: una escoba servía como tope para que la puerta no se cerrase, y que así pudiese entrar incluso aunque Steve cerrase la puerta. Tal y como Ian había predicho, la suerte de Steve hizo que se tropezase con las raíces y cayese justo en el barro, oliendo el cloroformo y cayendo desplomado. Cualquiera habría pensado que el suertudo no podría tener tan mala suerte… pero, lejos de ser mala, todos estos “accidentes” le salvaron de su muerte y, además, le proporcionaron una coartada e información clave para este caso: su suerte funcionó mejor que nunca, e Ian la usó a su favor.

    Con Steve desmayado, Ian entró en el jardín, recolocó la escoba y arrastró al desmayado Steve hasta los baños, donde continuó durmiendo plácidamente. Luego llamó a Monokuma, y le pidió que apagase las luces a partir de media noche. El oso, deseando un juego de asesinato mutuo interesante, aceptó… y, así, el plan había terminado; pero Ian dejó atrás una única pista, el pañuelo blanco. Gracias a él, logramos descubrir la verdad detrás de sus mentiras.

    Sintiéndose triunfante, Ian se dirigió a la sala de mantenimiento y apagó el riego. En unas horas, las plantas decrecerían, y, con ello, la escena del crimen del culpable quedaría remodelada por completo, dificultándonos saber cómo lo hizo.

    Acto 6:

    Llegaron las 11:30 PM… y la víctima, Talía Wells, se acercó, siguiendo la nota que le había dejado Ian, al jardín. Al entrar, dejó que la puerta se cerrase, creando el escenario perfecto… y, entonces, la alarma del móvil de Mimi sonó con fuerza. Con la vibración, el móvil se cayó, y Teddy salió disparando, ejerciendo un efecto péndulo gracias a la diana. Apuesto a que Talía no tuvo tiempo ni de reaccionar: el oso la golpeó de lleno, y cayó muerta, de espaldas… pero Effy había sido capaz de escuchar, desde su dormitorio, la música de la canción “Barbie Girl”, la alarma de Mimiko.

    A una hora desconocida en la noche, Steve se levantó, confuso, lleno de barro y en el baño de los chicos. Sin saber qué había pasado, se asustó al creer que su suerte le había fallado de algún modo, se desvistió y huyó hasta su dormitorio sin ser visto.

    Acto 7:

    A las 12:00 PM, Hubert, Liza, Lucas, Elisa y el culpable salieron de la sesión de espiritismo y descubrieron que no había luz… todo gracias a Ian y Monokuma, claro. A ciegas, tuvieron que caminar pegados a las paredes para llegar a sus habitaciones, ignorando el rastro de barro.

    Fue a la mañana siguiente cuando Hubert, Lucas y yo notamos el rastro, y lo seguimos hasta el jardín. Para nuestra sorpresa, la puerta estaba cerrada, y solo podía cerrarse desde dentro. Entre Hubert y yo, logramos tumbarla, y… vimos el cadáver de Talía.


    Y el que perpetró todo este plan, manipulado desde las sombras por Ian Lockhart… solo pudiste ser tú: Ukitashi, el Super Comilón.


    Silencio. Solo silencio.

    —¡Vaya, vaya! —gritó Monokuma, estridentemente—. Así que ya habéis terminado, al parecer, ¿no?

    —N-No… p-por favor… —suplicó Ukitashi, con el rostro bañado en lágrimas.

    —¡Es hora de la votacióooon! —gritó.

    Mientras todos pulsábamos el botón que surgió en nuestros atriles, en el más absoluto silencio, Ukita solo sollozaba. Terminamos las votaciones, y Monokuma, que parecía estar disfrutando con la situación, alzó sus bracitos.

    —¡Bien! Veamos cuáles han sido los resultados… ¿habréis elegido la opción que acertada… o la mortalmente errónea? ¡Comprobémoslo!

    La pantalla que había tras él se alzó, y mostró una especie de ruleta. Las caras de todos los presentes estaban en cada uno de las casillas de la ruleta… y giró, y giró… era tan similar a la ruleta con la que comenzó todo esto… igual de mortal. Igual de fatídica.

    Finalmente, la aguja paró en el rostro de Ukita, y aparecieron al lado de cada una de las casillas el número de votos. Trece para Ukitashi, y dos para Ian. El elegido fue Ukita, y, con eso, una musiquilla de victoria llenó la sala.

    —¡Bravo! —gritó Monokuma—. ¡Habéis elegido bien! ¡El asesino de Talía Wells fue Ukitashi! Con la manipulación de Ian Lockhart, sí… ¡pero fue él el que colocó el mecanismo mortal, así que él es el culpable! Upupupupu…

    Agaché la cabeza, y cerré con fuerza los puños. Y Hubert, tras un hondo suspiro, preguntó:

    —¿Por qué, Ukita? ¿Por qué la mataste?

    Al principio, solo hubo sollozos. Pero luego, tras secar sus lágrimas, el Super Comilón comenzó a explicarse.

    —Todo fue… culpa suya —y señaló a Steve—. Cuando vi la ruleta de Monokuma, el motivo… al principio tuve miedo, pero me tranquilicé pensando que tendría suerte, ¡solo había 1/16 de ser el elegido! Pero entonces, Ian... cuando escuché a Steve...



    —¡Tranquilo, Drake! No nos pasará nada. Ese motivo no me afectará, y a ti tampoco. Porque, ya sabes: ¡soy el Super Suertudo! Mi suerte no dejará que yo sea el elegido, y dado que tú eres mi mejor amigo y tu muerte supondría algo negativo también para mí, ¡tú tampoco serás elegido por la ruleta! Porque yo… confío al cien por cien en mi suerte. Confío en que mi suerte me protegerá y me permitirá lograr lo que me proponga —recordé que dijo Steve en el gimnasio.

    —Escucha, ¿oyes lo que dice? Dice que su suerte le protege, y que ni a él ni a sus amigos les sucederá nada malo. Que no serán víctimas de la ruleta —
    le dijo Ian en secreto a Ukita en ese momento, pese a que no pude escucharlo entonces.


    Ian me metió miedo, me hizo creer en lo peligrosa que era su suerte... y la ruleta, ¡esa dichosa ruleta... entré en psicosis por culpa de la suerte de Steve y de la ruleta! decía Ukitashi—. Y yo comprobé que su suerte era muy real. Todos pudimos verlo en un par de ocasiones.

    >> Pero Ian… él seguía diciéndome cosas, una y otra vez. Como cuando nos peleamos en la cocina, Steve y yo; Ian me recordó eso:


    —¡Claro! Puedes estar tranquilo… sabes, puede que mi talento no suene como la gran cosa, pero mientras lo tenga, sé que puedo estar tranquilo. Mi Super Suerte me protege. Y confío plenamente en ella. Sabía que algo iba a suceder repentinamente, algo que inesperado que me salvase de la ira de Ukitashi. En eso consiste mi suerte —
    recordé esas palabras de Steve, después de que, en un ataque de ira, Ukitashi le agarrase del cuello.


    —Os peleasteis una vez, en la cocina, ¿no? ¿Y si te odia? ¿No sería una suerte para él que la ruleta acabase contigo? ¿Que fueses el elegido? Tus posibilidades de caer víctima del azar se elevan exponencialmente si dependen de Steve, ¿eres consciente de eso? —
    insistió, en otro momento, malévolo, Ian, hablándole a Ukita. Convenciéndole poco a poco de que la suerte de Steve era peligrosa. Alimentando la psicosis que empezó la ruleta.



    No paraba de decírmelo… aprovechaba cualquier oportunidad para recordarme que la suerte de Steve podía estar en mi contra sollozaba el Super Comilón—. Que, si me odiaba, la ruleta me elegiría a mí. Así que… decidí matarlo, matarlo para no ser yo el que muriese. E Ian se ofreció a ayudarme.

    Steve se llevó la mano a su pecho.

    —U-Ukita… y-yo no te odio. ¡Si hubieses muerto, para mí eso no habría sido suerte! ¡No quiero que nadie muera! ¡Ninguna muerte sería una suerte! —esgrimió, con ojos vidriosos.

    Effy estaba apretando los dientes.

    —La culpa no es tuya, Steve… ni tampoco tuya, Ukitashi —con ira, la política miró a Ian—. ¡Tú! ¡Tú eres el culpable de todo! ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?

    Caminó hasta él y lo sujetó por la camisa, alzándolo ligeramente. Ian, simplemente, sonreía.

    —¿Por qué, preguntas? —dijo, malévolamente—. Porque quería que el juego de asesinato empezase, ¿qué otra cosa podría ser? Y quería aprovechar para ver qué tan fuertes eran mis rivales. Para comprobar lo buenos o malos que sois en esta competición necesitaba que sucediese una muerte, necesitaba poneros a prueba en una clase de juicio, necesitaba que la competición empezase. Y Ukita y Talía eran débiles; candidatos perfectos para ser manipulados y que ellos iniciasen por mí el juego.

    —¿T-Talía? —tartamudeé—. ¿Tú…?

    Ian asintió, siendo soltado por Effy, mientras se sacudía la ropa.

    —Sí… fui yo el que convenció a Talía, antes incluso de convencer a Ukitashi, para que matase. Fue tremendamente sencillo. Solo tuve que hablarle un poco del mundo exterior, y decirle lo mismo que a Ukita: que Steve era poderoso, que su suerte era poderosa.

    —¿Talía iba a asesinar a Steve, también? —preguntó Hubert. Un asentimiento fue lo que obtuvo de parte de Ian.

    —Así es —el Estratega se encogió de hombros—. Pero sabía que acabaría arrepintiéndose. Era demasiado débil. Por eso decidí seguir convenciendo a Ukita. Pero el muy imbécil pensaba que podría crear un plan tan complicado para acabar con el Super Suertudo… no, no habría salido bien. Ukitashi no tuvo en cuenta el funcionamiento de la suerte de Steve. Por eso yo me anticipé a ella. Porque no podía dejar que su plan se desperdiciase alzó las manos, extendiéndolas a ambos lados, como triunfante—. Y, así, maté dos pájaros de un tiro. Nunca mejor dicho, ¿no? —comenzó a reír—. ¡Oh, vamos! Era todo una simple prueba, solo estaba viendo cuál era vuestro nivel! No pensaba morir aquí, desde luego… solo verificaba lo fuerte que podíais llegar a ser en momentos de tensión. ¿Creéis que dejé el pañuelo con cloroformo por un despiste? ¡Por favor, no! Tan solo era una pista… solo quería saber si erais capaces de conectar todos los hechos. ¡Y en este juicio se ha demostrado cuál es el nivel! Se ha visto quiénes son más fuertes y quiénes más débiles.

    Su sonrisa amable me daba asco. Tanto yo como la mayoría de los presentes teníamos ganas de pegarle, estaba convencido de ello. Él fue el verdadero culpable, después de todo. En la práctica, él fue la mente maestra que movió todos los hilos de este caso.

    Y, entonces, como un rayo, Alpha Xenodis saltó sobre él, lo tumbó en el suelo y, sentado sobre su abdomen, comenzó a pegarle puñetazos.

    —¡Alpha! ¡Para! —exclamé.

    —¡Idiota! —gritaba el deportista—. ¡Eres un completo idiota!

    Mientras era golpeado, Ian solo sonreía. Con ayuda de Hubert, Effy y Dante logramos pararlo y apartarlo. Pero el Estratega, con la cara llena de moratones y sangre cayendo de las comisuras, no perdía la sonrisa malévola.

    ¿Cómo había sido capaz de predecir y deducir con tanto detalle los movimientos de los demás, sus reacciones, sus objetos personales… incluso el azar? ¿Cómo podía ser tan calculador, manipulador, inteligente y observador? Desde luego, no era un Ultimate en vano. Era un estratega de verdad. Uno capaz de todo.

    —Bueno, bueno, bueeeeno —dijo Monokuma, cortando la tensión del ambiente, pero solo para empeorarla—. Creo que ya es hora del castiiiigo.

    —¡N-No, por favor! —imploró Ukita.

    —He preparado un castigo muy especial para Ukitashi, el Super Comilón. ¡Ahora… demos toooodo lo que tenemos, chicos!

    —¡Por favor, no!

    —¡No, Monokuma!

    —¡No lo hagas!

    Nuestras voces se alzaban, pisándose las unas a las otras. Perdí la cuenta de quiénes hablaban en qué momento. Lo último que vi fue a Monokuma con un mazo en la mano, golpeando un interruptor a la voz de:

    —¡Eeeeees la hora del castigo!

    Y, entonces, comenzó. En una pequeña pantallita bajo el interruptor apareció la figura pixelada de Ukitashi, y un Monokuma pixelado apareció, dejando latas de Frizz a su paso, que el Ukita pixelado iba recogiendo, siguiendo el camino que el oso marcaba para él. Sobre la escena, aparecían las palabras: “Ukitashi ha sido encontrado culpable. Comenzando el castigo”.


    En mitad del silencio de la sala, una garra mecánica apareció, y apresó por el cuello a Ukita. La garra, atada a una cadena enormemente larga, tiró de él hacia atrás, arrastrándolo por el suelo. Se perdió más allá de una puerta, y el resto corrimos tras él, solo para encontrar una bizarra escena ante nosotros: una enorme botella de cristal transparente de Frizz! se alzaba allí, y Ukita fue introducido dentro de ella. Golpeó el cristal, desesperado, pero no existía salida.

    Justo sobre él, tras la botella, un panel luminoso brilló, mostrando unas letras, como un rótulo para aquella siniestra y extraña ejecución: "Experimento casero; ejecución del Super Comilón".

    Entonces, una máquina apuntó dentro de la botella, y comenzó a expulsar a alta presión refresco de cola dentro de la botella. Ukita vio con amargura cómo el nivel del refresco subía rápidamente. La pistola cada vez disparaba cola con más fuerza, y, cuando Ukita tuvo que empezar a nadar por el elevado nivel que alcanzaba, trató de beberla para bajarlo, inútilmente. Tras un tiempo, dos enormes brazos robóticos sujetaron la botella por ambos lados, la elevaron y, con Ukita nadando dentro, empezaron a agitarla, taponando la boca de la botella con un dedo, a gran velocidad.

    Cuando terminaron de agitarla, pudimos ver a Ukita mareado y rodeado de gas, flotando. Abrió los ojos por un momento, solo para ver un gigantesco paquete con el letrero “Mentos” escrito en él. Las manos robóticas abrieron el paquete y dejaron caer varios caramelos gigantes dentro de la botella. Ukita gritó horrorizado, pero sus gritos no pudieron escucharse a través del cristal. Cuando los caramelos cayeron en el líquido, una tremenda explosión retumbó en toda la sala, y corrimos para ponernos a cubierto.

    Lo único que quedó de la botella fueron trozos de cristal, refresco Frizz! encharcando toda la sala y… sangre y restos del cuerpo de Ukitashi. Su gorra, ensangrentada y empapada, cayó a mis pies.


    Impactados ante la escena, no supimos qué decir. Lo que habíamos presenciado… no era humano. Aquello no podía haberlo hecho una persona normal. Aquello era obra de un monstruo, de un monstruo sádico que disfrutaba con nuestro sufrimiento.

    Esa fue la primera vez que la saboreamos. La primera de muchas veces en que saborearíamos la verdadera desesperación.

    Fin del capítulo 1.

    Reglas vigentes:

    >> Regla 1: durante el día, los alumnos podrán recorrer la Academia a su antojo, con escasas restricciones. En la noche, el acceso a determinados lugares quedará restringido.

    >> Regla 2: a las 8:00 AM sonará el anuncio escolar que dará comienzo al día oficialmente, y a las 10:00 PM sonará el anuncio escolar que dará paso al tiempo nocturno. No existen restricciones de sueño, cada alumno es libre de dormir o no dormir como lo estime conveniente.

    >> Regla 3: el Director de la academia y el resto de profesores no podrá interferir directamente con los alumnos; no podrá dañarlos físicamente o interferir en el desarrollo normal de sus actividades.

    >> Regla 4: los alumnos deberán asistir a las clases que el Director o profesores impongan de forma estrictamente puntual. Se permitirá un retraso máximo de 20 minutos, a partir del cual se considerará esta regla como incumplida.

    >> Regla 5: en caso de incumplimiento de una regla, las ametralladoras ejecutarán al infractor de la regla.

    >> Regla 6: únicamente quienes se gradúen podrán salir de la Academia. Quienes se gradúen no podrán volver a entrar, tendrán que dedicar su vida a cumplir con sus obligaciones como graduado o graduada en el exterior. El método de graduación se definirá en posteriores reglas.

    >> Regla 7: el desconocimiento de una regla no exime de su cumplimiento. El respeto a las reglas será estricto y deberá ser mantenido en todo caso, sin excepciones.

    >> Regla 8: el Director o los profesores pueden dar órdenes siempre dentro de los límites establecidos. Si no se cumple una orden válida, las ametralladoras dispararán al rebelde.

    >> Regla 9: los objetos personales pueden ser robados en cualquier momento por otro alumno, pero ningún alumno, bajo ningún concepto, podrá tener en su poder más de dos objetos personales.

    >> Regla 10: el Director podrá añadir nuevas reglas conforme estime conveniente, sin alterar reglas ya existentes.

    >> Regla 11: cuando un asesinato suceda, comenzará la investigación. Durante la investigación, cualquier sala de la Academia que hubiese estado disponible antes del crimen, independientemente de la hora, será abierta para facilitar la misma. Pasado el tiempo que el Director o los profesores consideren oportuno, la investigación finalizará y comenzará una clase de juicio.

    >> Regla 12: en la clase de juicio, todos votarán a un culpable. Si resulta ser el verdadero asesino, será ejecutado; si resulta no ser el verdadero asesino, todos salvo este serán ejecutados, y el asesino podrá graduarse.

    Estudiantes: 14
    - Drake Orestes – Super Policía (VIVO)
    Objeto: Pistola
    Datos obtenidos: nuestro protagonista, y el proclamado Super Policía. En realidad, es un chico bastante despistado y olvidadizo que, según dice, logró ser policía de prestigio simplemente por tener suerte. Aun así, la experiencia como investigador es algo que ha adquirido, y, aunque no tenga demasiada atención por según qué detalles y no se le dé del todo bien memorizar nombres, intente hacer honor a su talento.

    - Steve Stone – Super Suertudo (VIVO)
    Objeto: Revista Ultimates.

    - Ian Lockhart – Super Estratega (VIVO)
    Objeto: Game Boy

    - Alpha Xenodis – Super Deportista (VIVO)
    Objeto: Bate de béisbol

    - Ukitashi – Super Comilón (MUERTO)
    Objeto: Sándwiches

    - Talía Wells – Super Estrella Infantil (MUERTA)
    Objeto: Teddy el oso

    - Hubert Maddsson – Super Ajedrecista (VIVO)
    Objeto: tablero portátil

    - Effy Joy – Super Política (VIVA)
    Objeto: cloroformo

    - Lucas Diamond – Super Botánico (VIVO)
    Objeto: Plantix2000
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Lucas desprecia las ciudades por considerar que su construcción implica necesariamente la muerte de muchas plantas, a las que considera amigas. Aun así, vive en un laboratorio en medio de una jungla, en solitario, y parecía no ser consciente de que su construcción en sí, probablemente, haya supuesto ya la muerte de muchos animales. Ha creado el Plantix2000 él solo, una máquina que permite "comunicarse" con las plantas: analizarlas, saber sus necesidades, etc.

    - Liza White – Super Criadora (VIVA)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: criada en un zoo, donde vivía con sus padres, cuidadores de éste, Liza pronto se hizo amiga de los animales y comenzó a amarlos, a todos y a cada uno de ellos, incluidos los insectos y otros bichos que puedan ser considerados asquerosos por la mayoría de la gente. Un buen día, Liza liberó a todos los animales simplemente porque quería que fuesen libres. Para ella, los animales son equivalentes a los humanos, y deberían de ser tratados prácticamente en igualdad de condiciones.

    - Emily Hodges – Super Modelo (VIVA)
    Objeto: Kit de maquillaje

    - Dante Miles – Super ¿? (VIVO)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Dante no recuerda prácticamente nada sobre su pasado. Sabe que tenía amigos, pero no los recuerda; sabe que sucedió un evento importante en su vida, pero no recuerda qué fue; ni siquiera recuerda su talento ni cómo se dio cuenta de que lo tenía. Insiste en que, tal vez, no tenga ningún talento, para empezar. Lo único que recordaba con claridad al despertar era que amaba a Emily, y ese sentimiento parecía ser correspondido por ella.

    - Chad Redflame – Super Dibujante (VIVO)
    Objeto: Pincel y pinturas

    - Brendan Ruby – Super Periodista (VIVO)
    Objeto: Cuaderno y bolígrafo

    - Elisa Daroch – Super Médium (VIVA)
    Objeto: Cartas de tarot

    - Mimiko Honda – Super Millonaria (VIVA)
    Objeto: Teléfono móvil
    Balas de la verdad:

    - Informe de Monokuma #1: la víctima es Talía Wells. Murió aproximadamente a las 11:30 PM, debido a un golpe contundente en la cabeza. Recibió el golpe por la parte frontal de su cabeza; no se apreciaron otras heridas externas. El cuerpo estaba bocarriba, tumbado cerca de la puerta de entrada del jardín interior.

    - Lianas de crecimiento rápido: las lianas del jardín interior crecen y decrecen a una gran velocidad; con fuentes de agua grandes, crecen un par de metros cada cuatro horas, aproximadamente. Sucederá lo inverso si se corta el riego de agua.

    - Riego apagado: los controles de riego se encontraban en la sala de mantenimiento, al sur. Al parecer, el riego estaba cortado, de manera que las plantas no estaban siendo regadas.

    - Testimonio de Lucas: Lucas estuvo en el jardín hasta las 8:00 PM del día anterior, hora tras la cual fue al comedor a cenar para posteriormente acudir a la sesión de invocación de Elisa Daroch. No manipuló los controles de riego en todo el tiempo.

    - Registros de Brendan: Brendan anotó los movimientos de todos los alumnos antes de la hora de cenar, aproximadamente a las 8:00 PM. Ian y Hubert estuvieron juntos en la zona este; Ukita estuvo en la zona sur; Lucas estuvo en el jardín; Drake, Steve, Mimi y Talía estuvieron merodeando por toda la Academia. Chad estuvo pintando el aula A; Alpha entrenaba en el gimnasio; el resto estuvo en el comedor o en sus dormitorios. Brendan observó cómo Steve y Talía charlaban cerca de la zona este.

    - Rastro de barro: un rastro de barro conecta el jardín interior con el baño de chicos. x

    - Teddy el oso: Teddy estaba ahorcado en una de las lianas, cerca del cadáver, manchado de sangre. Su interior resultaba ser hueco, y estaba vacío por dentro; únicamente había un ladrillo tras la cremallera.

    - Teléfono móvil roto: el teléfono de Mimi apareció, roto, cerca de la zona norte del jardín interior.

    - Escalera de mano: la escalera de mano utilizada para llegar a los salientes del jardín interior.

    - Boceto de la escena del crimen: el dibujo hecho por Chad muestra la escena del crimen, el jardín interior, desde perspectiva aérea. Hay árboles altos a izquierda y derecha, y lianas por toda la sala. El jardín tiene salientes a media altura, varios metros por encima del suelo, uno en cada punto cardinal. Solo existe una entrada, que se ubica en la zona sur; el cadáver se encontró cerca de la misma.

    - Raíces en el jardín: las raíces del jardín están cerca de la entrada, haciendo probable que alguien despistado tropiece con ellas.

    - Puerta del jardín: la puerta del jardín solo puede abrirse y cerrarse desde dentro; el pomo no funciona desde fuera, impidiendo que nadie pueda abrirla o cerrarla desde esa parte. Estaba cerrada cuando se encontró el cuerpo.

    - Escoba: había una escoba cerca de la entrada del jardín que no estaba antes ahí. Tiene una marca en el mango, como si algo la hubiese golpeado.

    - Pañuelo blanco: en la zona enfangada había un pañuelo blanco con restos de cloroformo.

    - Hierba aplastada: la hierba sobre el barro estaba revuelta y aplastada, como si algo grande hubiese caído sobre ella.

    - Testimonio de Effy: Effy creyó oír desde su dormitorio, sobre la hora de la muerte, el sonido de una canción en la lejanía, pero no pudo identificar ni a la cantante ni la canción; solo sabía que era una mujer.

    - Sesión de espiritismo: entre las 9:00 PM y las 12:00 PM, Lucas, Liza, Elisa, Hubert y Ukita estuvieron en la sesión de espiritismo. Lucas salió para ir al baño aproximadamente a las 10:00 PM, interrumpiendo la sesión.

    - Steve e Ian en los pasillos: Drake se cruzó con Steve e Ian por los pasillos sobre las 10:30 PM. Steve parecía dirigirse al norte, y llevaba algo en el bolsillo.

    - Llave maestra de Ian: Ian tiene una llave capaz de abrir todos los dormitorios. La obtuvo en el almacén cuando memorizaba todo su contenido.

    - Agujero en el dormitorio de Talía: en el dormitorio de Talía había un cincel, un martillo y un agujero en la pared. Alguien parecía haber retirado un ladrillo de allí.

    - Nota de chantaje: Talía llevaba en la mano una nota anónima cuando apareció muerta. Decía así: "Tengo a tu querido amigo. Ven a buscarlo a las 11:30 al jardín interior o contaré a todos qué es lo que pretendías hacerle. Si te retrasas un solo minuto, será demasiado tarde".
     
    Última edición: 15 Octubre 2017
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    Lucas Diamond

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    Acerté, quiero mi premio :(

    Excelente capítulo, omg. Sublime. No me lo veía venir PARA NADA, absolutamente. Ha pasado muy desapercibido, y tbh, pensaba que iba a ser Mimi (? En cuanto a lo de Talía SABÍA que iba a hacer algo malo, no me fiaba de su fachada de niña Mary. Pero no, se tuvo que rajar la muy mujer :( Vaya.

    Qué más, qué más... Oh, sí. Ian es un capullo de los pies a la cabeza xD Me recuerda al tipo malo del tercer juego del que me contabas, y diría a Nagito si no fuera por el talento de Steve. Me ha dado tantísima pena el pobre Ukita... Madre mía, si es que estaba angustiado y todo xDD Lo de la ruleta y la suerte de Steve era un graaan motivo para el asesinato, I'm in love. Además, es que ahora todo parece tan coherente. La ruleta, el momento "Te miro y te golpeo" de Ukita y Steve, idk. Todo el caso se ve con sentido xD

    Y estoy MUY intrigado por esos dos votos hacia Ian. Comprendo que Ukita lo haya votado, pero alguien más lo ha debido hacer, y no sé si es algo que haya que pasar por alto xD


    También me ha hecho mucha gracia una cosa:

    "Lo que habíamos presenciado… no era humano. Aquello no podía haberlo hecho una persona normal. Aquello era obra de un monstruo, de un monstruo sádico que disfrutaba con nuestro sufrimiento."

    Hola, David, encantado (?) Tío, eres un puto psicópata. Con cariño y eso, ¿no? Pero a veces das miedito :(


    Hmmm, solo añadiré una falta que vi, y con esto ya termino:

    Creerme, infinitivo. Just that (?


    En fin, ha sido estupendo, y como hacía en AA, ahí llevas mi creativo. Te los has ganado todos y cada uno de ellos (y son muchos los que te he dado). Felicidades por esa cabecita, tate.

    Sigue así,

    Lucas Diamond~ <3
     
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    GalladeLucario

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    Puntos en trofeos:
    471
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Fanfic - Pokénronpa
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    8776

    Caminaba dando saltitos, tarareando una cancioncilla en su cabeza. El gran monitor estaba justo delante, con la pantalla encendida, y, debajo de él, todos los controles necesarios. Abrazó a Monokuma y a su hermano, tomó asiento frente a la pantalla y pulsó el botón del audio, llevando luego el micrófono a su boca.

    —¡Buenos díiiiiias! —dijo, alegremente.

    En la pantalla podía verse con claridad lo que sucedía justo debajo de donde estaba: unos veinte hombres y mujeres con bata blanca estaban atados el uno al lado del otro, sentados en sillas sobre una especie de cinta transportadora. Al oír su voz por los altavoces, fueron despertando poco a poco.

    —¿Q-Qué es esto? —habló la única que no tenía su boca amordazada también, pugnando inútilmente por librarse del agarre, mirando hacia arriba y observando en la enorme pantalla a quien le hablaba, con expresión de horror—. ¡T-Tú…! ¡¿Qué vas a hacernos?!

    Apretó a Monokuma y a su hermanito en su regazo. Con gran sonrisa, dijo:

    —¡Oh, no os preocupéis! Esto es solo un juego. Un juego de desesperación —agarró la manita de Monokuma e hizo que la moviese de un lado a otro, simulando que saludaba, al tiempo que decía, forzando la voz para que sonase estridente y aguda—. Upupupu… ¡¿verdad que estáis desesperados por libraros?! Owww, sería taaaaan horrible que la cinta empezase a moverse, ¿verdad? —luego, cogió la manita del hermano de Monokuma, e hizo lo propio, cambiando ahora la voz a un tono más grave—. ¡No podríais libraros de la muerte si lo hiciese! ¿Verdad que eso sería una tremenda desesperación? ¡Puhehehe!

    Los ojos de la que podía hablar se desencajaron, y su cabello rosado se agitó cuando hizo una mueca desesperada, agitando su cabeza. La “G” que llevaba, a modo de pin, en su bata blanca, se agitó también cuando trató de hacer que la silla se moviese.

    —¡No, por favor! ¡No lo hagas!


    —¡Ah, qué emocionante! —dijo, de nuevo con su voz normal, sin hablar fingiendo ser Monokuma o su hermano. El dedo se colocó sobre el botón rojo—. ¡Vamos a dar toooodo lo que tenemos! ¡Es la hora del castigo!

    Y lo pulsó. Ni el grito ahogado de “¡No, por favor!” ni nada más lograron hacer que se detuviese. Y la cinta transportadora comenzó a moverse a sus pies, arrastrándolo a ella y a todos sus compañeros, amordazados a las sillas.

    Una enorme compuerta se abrió al otro extremo, y, por más que lo intentaban, no lograban levantarse, retroceder o librarse de las mordazas; solo lograron caer al suelo, aún unidos a las sillas. Y cayeron, cayeron por el abismo que había al otro lado de la compuerta.

    De algún modo, la silla en la que ella, la del pin con forma de “G” y cabello rosáceo, se sentaba, quedó atorada a mitad de la caída, en una esquina… y, cuando enfocó los ojos rojizos hacia abajo, vio las enormes fauces metálicas que, como sierras, iban devorando la madera de la silla y las carnes de sus compañeros, uno a uno. La sangre y las tripas se iban salpicando a medida que los pocos restos que quedaban de sus cuerpos eran “tragados” por aquella abominación metálica.

    Y fue cuando escuchó un “crack” cuando se dio cuenta de que su escasa suerte no iba a durar demasiado. La silla no soportó más aquella conveniente postura, y una pata se fracturó. Ella cayó, desesperada, mientras enfocaba la mirada en la compuerta de arriba, que se iba cerrando con lentitud. Ni siquiera su grito de dolor pudo oírse al otro lado.

    Y, soltando a Monokuma y a su hermano, la persona que pulsó el botón se levantó, colocando el bote vacío de cloroformo sobre la mesa de controles, y se marchó tan alegre como había venido.


    Capítulo 2: Recuerdos de esperanza

    Vida Diaria 1.

    El silencio que se apoderó del ascensor cuando volvimos a montar en él se notaba pesado, cargado. Analicé los rostros de quienes estábamos allí… de los supervivientes a aquella clase de juicio. La imagen de Ukita explotando y volando por los aires junto a aquel refresco, su sangre y sus vísceras había logrado dejarnos muy afectados a casi todos. Solo una excepción existía: Ian Lockhart, que estaba en una esquina, sonriendo, apoyado contra la pared y de brazos cruzados.

    Monokuma nos había informado de que, al haber superado la primera clase de juicio, ahora tendríamos acceso a una nueva planta de la Academia. En el ascensor, ahora, el icono con forma de Monokuma dejó de estar iluminado y, en su lugar, los números 1 y 2 aparecieron así, siendo posible usar dicho ascensor para desplazarnos entre plantas de la Academia. Pero subimos hasta la primera planta, porque lo único que deseábamos era descansar en nuestras habitaciones, aislarnos un poco de todo aquello.

    Fue en mitad de la noche cuando llamaron a mi puerta.

    —¿Quién será a estas horas? —susurré, medio dormido. No había podido conciliar el sueño, porque los rostros de Talía y de Ukita inundaban mi mente… pero, con todo, estaba tan cansado que me costó levantarme de la cama y abrir la puerta.

    —¿Puedo pasar? Quiero hablar contigo —Hubert estaba delante de mí, con prominentes ojeras y cara de cansancio, cargando una enorme bolsa que parecía estar llena.

    Tras rascar mi cabeza, asentí, y el chico pasó al interior. Soltando la bolsa a un lado, se sentó en la silla y me miró seriamente:

    —He investigado, y parece ser que el jardín interior ha sido completamente limpiado —susurró Hubert, brazos cruzados, mientras yo me sentaba al borde de la cama para escucharlo—. Quienquiera que está detrás de este absurdo juego de asesinato mutuo tiene todo muy bien preparado… y dudo que esté solo. Como tú decías, es probable que sean un grupo, de alguna manera.

    Asentí.

    —Las reglas hablan de un Director, que es Monokuma, y de “profesores” —susurré—. Por eso me parece obvio que debe haber más de una persona detrás de todo.

    Hubert me miró de arriba abajo.

    —Has demostrado ser confiable en el juicio, y tus capacidades de deducción me parecen admirables. Por eso voy a confiar en ti —suspiró, mientras extendía las manos hacia el frente, haciendo que crujiesen—. Mañana quiero que un grupo de entre nosotros, aquellos a quienes he considerado más confiables, vayamos a la segunda planta a hacer un reconocimiento. Exploraremos posibles salidas, analizaremos los peligros de la zona, y prepararemos formas para evitar posibles desgracias —giró ahora su cuello con suavidad, con ojos cerrados, como descargando tensión—. Cuando acabemos con la segunda planta, haremos lo mismo con la primera.

    Quedé por un momento impactado. Lo cierto es que no entendía nada, tal vez porque era despistado, o tal vez porque estaba dormido. De modo que pregunté abiertamente:

    —Perdona, pero no te sigo. ¿Un grupo de personas confiables? ¿Reconocimiento? ¿Formas de evitar desgracias? —me sentí algo ridículo por no entender nada. El Super Ajedrecista debía pensar que era idiota por no ser capaz de seguir su lógica.

    Pero, lejos de reñirme o juzgarme, Hubert sonrió, aunque he de decir que lo hizo de forma un tanto amarga. Y comenzó a explicarme: metió sus manos en el saco y extrajo lo que parecía ser una pequeña cámara de video. Su bolsa parecía estar llena de ese tipo de cámaras.

    —Después de lo sucedido con Ukita y Talía —empezó a explicarme—, no pienso dejar que vuelva a suceder algo así. No puedo arriesgarme. La moral del grupo está demasiado afectada, y no voy a tolerar que Monokuma siga divirtiéndose con su sufrimiento. No voy a tolerar que Ian Lockhart siga manipulándonos —apretó los puños y los dientes, como si aquellas palabras las dijese con lo más profundo de su corazón, con todo su entusiasmo—. Por eso quiero tomar medidas. He encontrado estas cámaras de vigilancia en el almacén: hay decenas de ellas, suficientes para cubrir todas las salas de dos plantas de esta Academia. Mi plan es inspeccionar las nuevas salas a las que tengamos acceso y retirar los objetos no necesarios para la vida que puedan usarse para hacer daño… y dejar instaladas cámaras que registren cualquier tipo de movimiento extraño o agresión.

    Tragué saliva.

    —Pero… no van a volver a cometerse más asesinatos, ¿verdad? —dije, con voz temblorosa. El rostro severo y serio de Hubert, dañado por el cansancio pero, con todo, decidido, me intimidaba un poco. Estaba llenísimo de determinación, pero… al mismo tiempo, podía apreciar en él algo parecido al miedo—. Después de lo que ha sucedido, no creo que nadie vuelva a confiar en Ian. Y no creo que nadie vuelva a matar…

    —… No puedo estar convencido. Monokuma podría darnos otro motivo. El propio Ian podría cometer un crimen —susurró Hubert, siniestro, cubriendo sus ojos con una mano—. Hay factores de riesgo que quiero cortar de raíz. Y por eso creo que las cámaras de vigilancia serán de utilidad. Servirán para instar a que no se cometa otro asesinato… porque, de hacerse, el asesino sería grabado, y podríamos fácilmente votarle. Además, como te dije, pienso retirar todos los objetos que no sean necesarios para la vida cotidiana y supongan algún peligro.

    Hubert Maddsson estaba tomando la posición de líder, de algún modo. Antes era Effy la que ostentaba ese puesto, pero… tras el juicio y la revelación de su objeto personal como el cloroformo, era raro que la gente pudiese seguir confiando en ella. Pero el Ajedrecista estaba cumpliendo bien su papel: hablaba con tanta decisión que casi sentía admiración por él.

    —He requisado los objetos personales más peligrosos: Ian me ha entregado tanto la llave maestra como el cloroformo de Effy, y también he guardado a buen recaudo el bate de béisbol de Alpha. Del mismo modo, he tomado las herramientas y otros objetos peligrosos del Almacén y los he guardado también —¿h-había revisado todos los objetos del almacén? ¿Dónde podría guardar todas esas cosas, si podía saberse? Supuse que era mejor no preguntar; probablemente no me lo diría, por mera “seguridad” —. Pero, en tanto que no puedo evitar que en la cocina haya cuchillos o que alguien use cualquier otra cosa como objeto contundente, creí necesario usar las cámaras de vigilancia. Por eso vengo a ti.

    —¿Huh? ¿Por eso vienes? ¿Quieres mi ayuda?

    Asintió con lentitud.

    —Os he elegido a Steve, Dante, Emily, Lucas, Alpha, Liza y a ti como candidatos para ayudarme con estas medidas de seguridad. Alpha y Liza se encargarán de vigilar a Ian, que es el más peligroso de todos… y los demás iremos mañana a la segunda planta, como te dije, a iniciar mi plan —me miró con ceño fruncido, casi como si me estuviese exigiendo, más que pidiendo, ayuda—. El resto ya ha aceptado, así que me falta preguntártelo a ti: ¿colaborarás conmigo?

    Dubitativo, titubeé un poco antes de responder. Pero, finalmente, dije que sí. Por supuesto que quería estar seguro, ¡por supuesto que no quería que sucediesen más cosas como las de aquel fatídico día en el que el juego de asesinato mutuo comenzó! Pero yo confiaba en los demás. No en Ian, pero… tenía, de algún modo, fe en que Ian no mataría por su propia cuenta, y confiaba en que nadie más, después de ver la crudeza de nuestra nueva realidad, sería capaz de cometer un acto como el de Ukita. Que nadie más sería manipulado por Ian. Por eso, de algún modo, el plan de Hubert me resultaba amargo: porque implicaba desconfiar, en cierto modo, de nuestros amigos. Pero… al fin y al cabo solo se trataba de prevenir. Es por eso que acepté.

    Mientras Hubert se marchaba de mi dormitorio, fue hablando:

    —Bien, quedaremos mañana, tras el desayuno, en el ascensor —abrió la puerta, y me dirigió una última mirada, antes de irse—. Por cierto, Drake, he de preguntártelo… Dante y Liza no han querido decirme cuál es su objeto personal, pero me han prometido que no es peligroso. Sin embargo, tampoco sé cuál es el tuyo. No entraré en tu vida privada; eres libre de no revelarme de qué se trata si no quieres. Porque confío en ti. Solo quiero saber… ¿es tu objeto peligroso, Drake? De ser así, tendré que requisarlo. Espero que lo comprendas.

    Tragué saliva. Mi objeto… probablemente era lo más peligroso que hubiese en toda aquella academia. Porque yo tenía una pistola. Una maldita pistola. Sin embargo, y pese a que Hubert estaba confiando en mí, no me atreví a contarle la verdad. Porque, tal vez, tenía miedo de que la pistola pudiese ser usada por él… o, simplemente, me sentía más protegido sabiendo que estaba en mi poder.

    Así que le dije que no, que mi objeto no era peligroso, y se marchó. Fue entonces cuando me di cuenta de que, por mucho que quisiese creer lo contrario, yo tampoco me sentía seguro. Yo tampoco confiaba del todo en los demás.


    Monokuma dio al día siguiente su anuncio matutino, como si nada hubiese pasado, y me dirigí al comedor para desayunar, como de costumbre. El humor seguía estando tan apagado que prácticamente nadie habló en todo el tiempo. Cuando terminé, como había acordado con Hubert, me dirigí al ascensor. Lucas, Dante, Emily y el propio Hubert estaban allí ya, todos con rostros alicaídos. Al poco tiempo de yo llegar, prácticamente segundos después, apareció un alicaído Steve, y el jefe habló:

    —Bien, por fin estamos todos. Es hora de ver qué hay en la segunda planta.

    Me fijé en que llevaba en su mano derecha la bolsa con todas las cámaras, dispuesto a instalarlas en la segunda planta. El Super Ajedrecista parecía haberse tomado en serio aquello… y fue entonces, allí mismo, cuando me di cuenta de que había cuatro tipos de personas en una situación como la nuestra, y representantes de cada tipo se encontraban junto al ascensor en aquel momento.

    Estaban quienes, ante una situación traumática y desesperada como la nuestra, reaccionaban con exacerbado miedo y tensión, como Emily, o como Liza o… Steve. Todos ellos estaban asustados, entristecidos, y se les notaba perfectamente, pues no se esforzaban en ocultarlo. Luego estaban las personas como Dante, como Alpha, Mimi, Effy; aquellas que no trataban de mantener el ánimo alto o, al menos, de no mostrar al exterior su preocupación, por el bien de los demás o por orgullo propio, pero que no podían disimular que, en realidad, tenían tanto miedo como los primeros. Por supuesto, también estaban quienes eran… particulares. Ian, Chad, Lucas, Brendan y Elisa, por supuesto. Ellos… ellos se comportaban con normalidad, demasiado abstraídos en sus propios asuntos como para preocuparse por las muertes ajenas. Casi era como si el Plantix2000 de Lucas, las meditaciones de Elisa, las “investigaciones” de Brendan o los dibujos de Chad fuesen su vía de escape, aquello en lo que centrar todo su mundo para ignorar el resto. Salvo por Ian, claro, que… que verdaderamente parecía disfrutar del “juego”.

    Y por último, estaba Hubert. El que no se rendía ante el miedo, ante las situaciones de desesperación y que, antes bien, luchaba contra ellas, pugnaba por ponerles remedio. Yo quería ser como él. Quería ser de ese cuarto tipo, pero… los escalofríos que sentía al recordar el rostro inerte de Talía o la gorra de Ukita manchada de sangre me impedían mantener la calma.

    Con todo, subimos al ascensor, que ahora estaba abierto para nosotros, permitiéndonos el acceso tanto a la primera como a la segunda planta, y nos adentramos en los misterios que nos depararía aquella academia. Al salir del ascensor, Hubert nos entregó tres cámaras a cada uno. No pude evitar fijarme en que estaban sucias, llenas de polvo y musgo; estaba claro que no habían sido usadas en muchísimo tiempo, pero parecían ser un modelo muy novedoso, al mismo tiempo: tenían una especie de sensor, lente móvil y una especie de mango retráctil con una especie de ventosa que podía moverse con libertad para colocar la cámara donde uno desease. Me fijé en que se parecían bastante al modelo que Monokuma tenía instalado por toda la Academia. ¿Serían del mismo fabricante?

    —De acuerdo, instalemos las cámaras —anunció Hubert, asintiendo con rotundidad—. Debéis saber que estas cámaras funcionan con batería y pueden colocarse en casi cualquier lugar. La cámara reacciona al movimiento, de manera que solo grabará cuando note que algo en su campo de visión se está moviendo; eso nos permitirá no tener que estar cargando la batería constantemente, pues grabará solo cuando sea necesario —suspiró. En el fondo, a Hubert también debía resultarle pesada aquella situación. Por mucho que la afrontase, no era algo agradable para él tener que recurrir a aquello—. Creo que lo mejor será dividirnos e instalar las cámaras según consideremos oportuno. La idea es cubrir la zona totalmente, dejando la menor cantidad de ángulos muertos posibles y tratando de esconderlas lo máximo posible. Y no le diremos a nadie dónde están colocadas: solo diremos que están, pero no dónde.

    Fruncí el ceño, pero Dante se adelantó a mi pregunta.

    —¿… ni siquiera a nosotros mismos?

    Hubert negó con lentitud con la cabeza.

    —Ese es el motivo por el que quiero que nos separemos, precisamente: porque deberíamos saber únicamente sobre la sala en la que coloquemos las cámaras, no del resto. Aunque confíe en vosotros, nadie me asegura que un posible segundo motivo no incite a alguno a matar; de modo que, cuanta menos ventaja tenga, mejor.

    —N-Nosotros nunca mataríamos a nadie —susurró Emily, entristecida por su sospecha.

    Pero Hubert la ignoró, y comenzó a caminar. La segunda planta era un largo pasillo en L con varias salas a ambos lados, así que había bastantes lugares en los que colocar cámaras. Mientras andaba, el Ajedrecista habló en voz alta:

    —Repartíos como gustéis —susurró—, pero aseguraos de separaros. Yo me ocuparé de aquella habitación… de la piscina.

    Era cierto, en la parte de arriba de la gran puerta, un letrero indicaba que aquello era la piscina. ¡Qué maravilla, tendríamos piscina! Era una buena noticia, si es que podíamos considerar algo como eso en una situación así. Estando secuestrados como nos encontrábamos, en mitad de ese horrible juego de asesinato mutuo, cualquier pequeño haz de luz me parecía fascinante.

    —¡Oh, yo me pido ese lugar! —entusiasmado, Lucas correteó hasta una puerta en la que ponía “Laboratorio”, y la abrió con presteza, Plantix en mano, ajeno a lo demás. Sonreí; ese chico no tenía remedio.

    Luego, me di cuenta de que la pareja susurraba.

    —¿Estarás bien sola? —le preguntó Dante a Emily, que parecía incómoda, de algún modo.

    —T-Tranquilo, no pasará nada. Será solo unos momentos. ¿P-Puedo escoger la sala de música? —señaló con el dedo, mirándolo suplicante. Dante asintió, algo inseguro aún, y la chica de cabellos morados se marchó con paso indeciso.

    Solo quedamos en los pasillos Dante y yo, y el moreno se cruzó de brazos mientras contemplaba cómo su novia se alejaba. Algo tenso, decidí hacer un comentario inofensivo para romper un poco el hielo y aliviar tensiones, pero… supongo que no escogí las palabras adecuadas.

    —Vaya, te preocupas mucho por ella, ¿eh? ¡Debes de ser un poco celoso! No me extraña, ya que ella es muy guapa y encantadora.

    La mirada que me dirigió entonces Dante fue fulminante. Mi cuerpo se paralizó, mi piel se erizó y la saliva quedó atragantada en mi garganta. Era casi como si estuviese ejerciendo una especie de presión sobre mí, tan intensa que casi me faltaba el aire.

    —No entiendes nada —bufó, antes de alejarse de allí, y perderse al doblar la esquina.

    Suspiré, algo aliviado, cuando se fue. “¿Tan terrible es lo que dije?”, me pregunté a mí mismo mientras aliviaba la tensión de mis hombros con una mano. Luego, miré a ambos lados. Junto a la puerta roja del ascensor estaban, a mano izquierda, el laboratorio, y a la derecha, la sala de música. Más adelante estaba la piscina, justo en la esquina. Así que caminé y observé qué más nos deparaba aquella segunda planta. Pude comprobar que había tres puertas: una de frente, que tenía un letrero donde ponía “Sala de basuras”, y una a cada lado, la de la derecha con el rótulo “Lavandería”, y la de la izquierda teniendo un cartel con el título “Biblioteca”. Me di cuenta de que la puerta de la última sala estaba entreabierta, así que supuse que Dante se encargaría de esa zona… de modo que, con un suspiro, me dirigí a la lavandería. No sería muy emocionante, pero desde luego sonaba mejor que la sala de basuras.

    Y allí me encontré, pues: en un receptáculo pequeño, lleno de lavadoras, secadoras y zonas para tender ropa. No era demasiado grande, pero tal vez el poco espacio que había para personas, ocupado por electrodomésticos en su mayoría, hacían que pareciese más pequeño de lo que era. Había tenido que tocarme el sitio probablemente menos interesante de todos… aunque supuse que tendría tiempo más tarde de visitar la biblioteca, ¡e incluso la piscina!

    En cualquier caso, no era muy complicado colocar las cámaras ahí, en un lugar tan pequeño. Una de ellas la coloqué entre dos lavadoras, apuntando hacia la entrada y bastante oculta, y luego coloqué otras dos en las esquinas de la pared de entrada, de manera que cubriesen el ángulo de visión restante y apuntasen a la pared contraria. De ese modo, solo las esquinas del fondo quedarían como puntos ciegos, ¡pero no era un problema, porque, al haber secadoras en esa zona, ninguna persona podría siquiera colocarse allí, así que no tenía sentido cubrir esos puntos!

    Cuando hube terminado, desalentado por lo deprimente de mi tarea, salí al exterior, y pude observar a Hubert colocando una cámara justo frente a mí, en mitad del pasillo. Estaba serio y centrado en su tarea, pero pareció notar mi presencia, porque habló en seguida:

    —¿Ya has terminado? —de puntillas y sobre un taburete que deduje que habría sacado de la piscina, intentaba colocar una cámara junto a la del propio Monokuma—. Esta será la última cámara de la zona… en el pasillo es difícil esconderlas, así que así estará bien; lo importante es que cubran la zona, en cualquier caso. ¿Te aseguraste de que no haya puntos ciegos en esa lavandería?

    Tragué saliva, inconscientemente. Había puntos ciegos, pero era lo de menos, ¿no? No eran partes relevantes. Quizá… quizá por eso mentí.

    —Sí, claro. He cubierto toda la sala, no era muy difícil con tres cámaras.

    Hubert suspiró.

    —Bien —con lentitud, bajó del taburete. Vimos entonces aparecer a Dante y a Emily, cada uno desde un lugar diferente, pero casi al mismo tiempo—. Entonces está listo. ¿Habéis encontrado algún objeto peligroso e innecesario para la vida diaria allí? —inquirió, con la bolsa de cámaras vacía sobre los hombros.

    Emily negó con la cabeza.

    —N-No… a menos que alguien use algún instrumento de forma contundente, no. En la sala de música solo hay más que algunos violines, clarinetes, un piano, una guitarra, y cosas así. Ah, y una gran mesa de reproducción de música, como esas que usan los DJs para hacer música electrónica —sonrió al final de su frase. ¡Vaya! A Emily parecían gustarle los DJs más que los instrumentos comunes, nunca habría dicho que el tipo de música que le gustaba era la electrónica—. ¡Oh, y un par de pantallas con reproductores de video, también.

    Hubert asintió.

    —¿Dante? ¿Qué hay de la biblioteca? Has estado allí, ¿cierto?

    —… nada especial. Libros, estanterías. Poco más.

    —Ya veo. ¿Drake?

    —E-Era una lavandería, no es que hubiese demasiadas cosas peligrosas allí, la verdad —dije, llevando una mano a mi nuca—. Todo lo que hay son lavadoras, secadoras, y zonas para tender la ropa, nada más.

    —Perfecto —Hubert se cruzó de brazos. Pareció a punto de preguntar algo, y adiviné que iba a preguntar algo sobre Lucas. Pero no llegó a hacerlo, porque el chico abrió la puerta del laboratorio y nos llamó a voz en grito:

    —¡Heeeeey! ¡Venid, chicos, venid!

    Tras un suspiro de parte del líder, todos nos encaminamos a su llamada, y dimos un paso dentro del laboratorio, pero no más; Hubert nos detuvo, con su mano bloqueando el camino.

    —Esperad, no hagamos que las cámaras funcionen más de lo debido innecesariamente.

    Vaya… realmente se lo tomaba demasiado en serio. No pude evitar hacer una mueca de incredulidad ante su excesiva preocupación, pero, por suerte, creo que nadie lo notó.

    —¡Mirad! —dijo Lucas, que era el único que estaba deambulando libremente por el laboratorio, señalando una estantería llena de pequeños botes de productos químicos.

    El laboratorio era bastante grande, a decir verdad, y tenía múltiples mesas lisas y plateadas llenas de material típico de laboratorios, una impresionante cantidad de batas blancas de todos los tamaños colgadas en la pared de entrada y varias estanterías llenas de aquellos botes. Lucas extrajo dos de ellos con una sonrisa.

    —¡Mirad, mirad! Aquí hay montones de productos super extraños. ¡Nunca he visto cosas así! Este de aquí es un acelerante del crecimiento de las plantas, ¿creéis que las enredaderas del jardín habrán sido sometidas a este producto? ¡Y este, oh, este es genial! ¡Es un sustituto nutricional muy completo! Tiene prácticamente todo lo que necesita una persona, una planta o cualquier ser vivo en un día para que su cuerpo funcione, ¡es como sustituir la fotosíntesis o la digestión con una pastillita de nada! ¡Ah, y este, este es…!

    Hubert tuvo que interrumpirlo, avanzando hasta él y quitándole de las manos uno de los botes.

    —Estas cosas… ¿has mirado todo lo que hay por aquí? —analizaba el bote que le había quitado, pero no parecía comprender muy bien lo que ponía en él.

    Lucas asintió, orgulloso.

    —¡Mm-hm! ¡Todo, todo! Coloqué las cámaras en un instante y me puse luego a investigar. Todas las estanterías están prácticamente llenas, salvo por un peldaño en la zona de medicamentos. Me pregunto dónde estarán todos esos botes que faltan…

    —¿Hay venenos u otras sustancias peligrosas? —el rostro de Hubert se ensombreció.

    —Uhm… sí —Lucas golpeaba su cabeza suavemente con su puño. Luego señaló al armario del fondo—. Aquella estantería de allí está llena de tóxicos, desde venenos mortales hasta narcóticos, pasando por otro tipo de productos peligrosos. Pero hay antídotos para la mayoría por aquí —sonrió, despreocupado.

    Pero su sonrisa no tranquilizó en absoluto a Hubert, que se desplazó rápidamente a la estantería que le indicó Lucas, abrió la bolsa vacía y comenzó a introducir dentro todos los botes.

    —Con antídotos o no… es muy peligroso que haya venenos aquí. Me los llevaré todos.

    Lo observamos recogiendo todos aquellos productos con mirada seria y decidida… y, la verdad, no supe si sentir admiración o preocupación. Porque por un lado, parecía ser el más fuerte, el más decidido a protegernos, el más involucrado en salvarnos. Pero por otro, ¿no sería él el primero que tenía miedo? ¿El más preocupado de morir?

    Como fuese, unas horas después nos encontrábamos cenando en el comedor, junto con el resto de alumnos. Hubert había dicho que, en tanto que nos quedamos sin cámaras y había que ir al almacén a por más, dejaríamos la instalación en la sala de basuras y en la primera planta para el día siguiente. Había requisado, además, todo tipo de sustancia peligrosa, y las había guardado en alguna parte. Seguía intrigándome el sitio en el que las escondería, ¿sería en su dormitorio? ¿Cabrían allí tantas cosas como estaba recopilando por toda la academia?

    En cualquier caso, la cena fue algo tensa. Hubert anunció al resto de personas su plan de instalar cámaras mientras cenábamos, estando todos reunidos en la mesa, salvo por Ian y Alpha, que estaban en un rincón de la misma, apartados, el primero por su actitud tan peligrosa y el segundo por ser el principal encargado de vigilarlo. Al estratega, en cualquier caso, parecía divertirle, más que preocuparle, aquella situación. No faltaron quienes se quejaron por estar siendo sometidos a continua vigilancia sin su consentimiento, como Mimiko y Chad, pero, en general, nadie protestó demasiado, y los que lo hicieron fueron convencidos rápidamente. Ninguno de nosotros quería que se repitiese de nuevo el horror del día anterior.

    Y así, aunque algo tensa, la cena se desarrolló. Pero fue Ian el que, otra vez, interrumpió nuestra paz, desde su esquina, ignorando la letalidad de la mirada fulminante de Alpha Xenodis. Sus palabras, provocadoras, hicieron que todas nuestras miradas se enfocasen en Effy Joy.

    —Hey, ¿nadie se ha preguntado aún por qué la Super Política tiene Cloroformo como objeto personal? Solo es por sacar algún tema de conversación —sonreía, aparentemente con inocencia… aunque yo ya no me lo creía—. Vamos, Super Política, explícate. Explícanos por qué motivo la jefa de un partido en auge como el tuyo tendría cloroformo como seña identificativa de su talento.

    Effy guardó silencio, cabeza agachada. Su mirada parecía haberse oscurecido de pronto.

    —Oh, qué lástima. ¿Te da miedo hablar? —Ian insistía, volviéndose su tono cada vez más condescendiente. Evadió con un simple movimiento de cabeza un golpe que Alpha pretendió darle en la nuca para llamar su atención, y siguió su monólogo—. Si quieres yo te doy un empujoncito, venga —se cruzó de brazos, se echó hacia atrás y colocó una pierna sobre la otra, en gesto relajado—. Effy Joy no es la Super Política… bueno, en parte es algo parecido, pero, al mismo tiempo, bastante distinto, ¿no? Porque, ¿quién quiere democracia cuando dirige a un grupo de criminales que causa atentados, asesinatos y secuestros?

    Effy estaba apretando los puños con fuerza. Y nadie más era capaz de reaccionar ante aquellas duras palabras. Fue como si todos estuviésemos tratando de procesar aquella información, como si no quisiésemos creer a Ian pero, al mismo tiempo, todo tuviese más sentido así.

    —Cállate —susurró la que parecía no ser realmente Política—. No te atrevas a…

    —¿A qué? —dijo Ian, alzando sus manos a ambos lados. Su rostro aún estaba lleno de moratones e hinchado por la paliza que le dio Alpha el día anterior, pero parecía darle igual. No tenía miedo a ser golpeado de nuevo—. ¿A revelar la verdad sobre ti? ¿A revelar que en realidad eres…?

    —¡Que te calles, he dicho! —gritó ella, que se levantó de un salto y se dirigió, puño alzado, hacia Ian.

    Tuvo que ser Dante el que se levantó entonces en mitad de su camino hasta el estratega. Solo con colocarse en su camino, mirándola con severidad, la chica, se detuvo. Ni siquiera tuvo que tocarla; la sola mirada de Dante, seria y severa, bastó para calmarla. Effy apretaba los puños y los dientes cada vez con más fuerza, como impotente.

    —Pegándole no solucionas nada —susurró el misterioso Ultimate.

    Emily observaba la situación con rostro apenado. Temblándole la voz, se levantó y miró a ambos lados, como queriendo captar nuestra atención. Luego dijo, en voz alta, aunque temblorosa.

    —N-No podemos enfrentarnos entre nosotros. Ian n-no va a parar de provocarnos a todos, p-porque sencillamente así es como él se comporta. Effy, no puedes reaccionar así de violentamente… y el resto, no podemos simplemente desconfiar de Effy y mirarla con esa dureza sin oír una explicación de su boca.

    Al observar sus ojos morados, quedé completamente fascinado. Emily tenía algo, algo especial que cautivaba a todos. Si tan solo fuese algo menos tímida, estaba seguro de que conseguiría alentar a cualquier persona, de que sería una líder extraordinaria.

    —Así que, Effy, por favor —susurró la Super Modelo—, cuéntanos la verdad, ¿sí?

    Brendan, desde la otra esquina de la mesa, intervino entonces, sorprendiéndonos a todos. Rompiendo la magia del momento.

    —… es la Super Terrorista —dijo, mirando sus notas, como si estuviese leyendo lo que tenía apuntado. ¿Tenía esa información desde el principio? ¿C-Cómo podía saberlo? —. Yo fui el que se lo dije a Ian.

    —¿Super T-T-Terrorista? ¡¿Estás bromeando?! —Mimi la miró con rostro congestionado.

    —Guau —exclamó Chad—. ¡Me encanta la idea! Una terrorista con una capucha con orejas de oso, ¡impresionante! ¡Puedo hacer un cómic con alguien así como villana, quedaría muy realista! —… siempre que “realista” sea sinónimo de “caricaturesco”, claro.

    —¿E-Effy…? ¿Es eso verdad? —preguntó, en un susurro, Liza.

    —Sé sincera con nosotros, Effy. Ya teníamos bastantes dudas sobre ti por el cloroformo; no nos hagas sospechar más aún —el dedo acusador de Hubert la apuntó con dureza.

    Y la chica, poco a poco, se sentó, agachó la mirada, y comenzó a hablar.

    —Es cierto que dirijo un grupo político… pero no soy la Super Política; soy la Super Terrorista. Mi grupo político no es más que una fachada para ocultar nuestras verdaderas actividades. Yo soy la líder de un grupo terrorista que causa atentados y secuestros… y yo y mis miembros somos particularmente conocidos por utilizar cloroformo contra nuestras víctimas. Es nuestra “seña de identidad” como criminales; por eso es que lo tenía como objeto personal. Esa es la verdad.

    —¿P-Por qué? —pregunté, sorprendido ante la declaración—. ¿Qué es lo que tú y tu equipo… pretendéis conseguir así? ¿Por qué hacéis todo eso?

    Fue entonces cuando pude notar cómo los ojos de Effy se empañaban. Con dolor en la voz, respondió:

    —¿Crees que lo sé, Drake? No puedo recordarlo. No sé por qué causábamos esos atentados, no sé ni siquiera qué es lo que pretendíamos mi grupo y yo; lo he olvidado, he olvidado todo eso. Solo sé que es un hecho que yo soy la Super Terrorista. Pero, ¿cómo podría presentarme así ante vosotros? ¿De qué forma me miraríais si supieseis que estáis conviviendo en esta locura de juego de asesinato mutuo con una criminal como yo?

    —Effy… —suspiró Steve, que frunció el ceño—. Tranquila, Effy. Si todo lo que dices es cierto, entonces no tienes de qué preocuparte —y sonrió. El Super Suertudo volvió a sonreír, alegre, lleno de esa aura especial que solía desprender. Quería transmitirle tranquilidad a su compañera; lo hacía por ella, había vuelto a sonreír por ella—. Si has olvidado todo ese pasado, eso quiere decir que, aunque antes fueses peligrosa, ya no lo eres. Te hemos conocido como una política, una persona que se esfuerza por dirigirnos a todos y mantener nuestra moral fuerte, ¡una líder competente y capaz! El hecho de que en el pasado hayas hecho cosas malas no es motivo para desconfiar de ti ahora. La gente cambia… aunque sea por perder la memoria, pero cambia.

    No pude evitar derramar una lágrima, probablemente por la emoción. Me tomó por sorpresa que Steve reaccionase en ese momento con un discurso tan bonito como aquel, y supongo que el factor sorpresa influyó en mi emoción. Vi cómo Effy esbozaba lentamente una sonrisa tímida, apartando la mirada. Y, de reojo, observé a los demás, también sonriendo. Sí, la mayoría confiábamos en Effy.

    … o eso quería creer.

    —Con todo, no deja de ser un talento peligroso —intervino de pronto Hubert, levantándose de su asiento—. Comprenderás, Effy Joy, que tras esta revelación no puedo permitirme dejarte campar a tus anchas. Si desconfiamos de Ian por haber incitado a Ukitashi a cometer un crimen, debemos desconfiar de ti; no es nada personal —dio un golpe en la mesa—. A partir de mañana, me aseguraré de que estés sometida a vigilancia y de no dejarte sola… al menos hasta que pueda estar convencido de que no harás ningún daño, de que no continuarás el juego.

    —P-Pero Hubert… —intenté interrumpirle, pero sus palabras pisaron las mías.

    —Nada de peros. Podría recordar el pasado en cualquier momento, podría mentir, podría ser una amenaza, de algún modo. Y no pienso volver a ver cómo uno de mis compañeros es asesinado, así que no correré ni el más mínimo riesgo —antes de marcharse, dirigió una mirada a la generalidad de la mesa, solo para cruzarse de brazos y decir—. Y hasta aquí el día de hoy. Esperaré fuera del comedor a que todos os dirijáis a vuestros dormitorios. Se hace tarde.

    De modo que la tensión que Steve había logrado, de algún modo, cortar, volvió a surgir por “culpa” de Hubert. Creo que todos éramos conscientes de que lo hacía con buena intención, pero, ¿no exageraba demasiado…?

    En cualquier caso, no tardamos en oír el anuncio del tiempo nocturno de Monokuma, y, ya en mi dormitorio, me dejé caer sobre la cama pesadamente. Los párpados se me cerraron lentamente…

    … y un estruendo me despertó a la mañana siguiente, mucho más potente que cualquier otro anuncio que hubiese escuchado.

    *BING, BONG, DING, DON*

    —¡Agh! —grité, al dar un pequeño saltito en la cama, hacia atrás, por la impresión. Me había chocado contra la pared que tenía tras de mí.

    Mis ojos se enfocaron entonces en el monitor que había en mi dormitorio. Aquel anuncio mañanero tuvo mucho más volumen que el resto, sin duda. Y comprendí a qué se debió cuando vi aparecer a un Monokuma… algo diferente. Era un oso muy similar a él, pero, al mismo tiempo, no parecía ser él. Donde Monokuma tenía el cuerpo de color blanco, él lo tenía negro, y viceversa… y, además, su ojo rojo estaba en el otro lado, bocabajo, y era de color azul. La voz de aquel nuevo robot sonaba mucho más potente que la de Monokuma; igual que su anunció sonó con mucha más fuerza que los del oso original.

    —¡DESPERTAD, GANDULES! ¡Puhehehehe! ¡Ya son las 8:00 AM, así que moved vuestros culos gordos y flácidos! Ah, lo olvidaba: este es un comunicado muy importante del profesor y vicedirector Reversekuma: acudid de inmediato al gimnasio. Tengo una noticia de extremada importancia que daros. Esto es una jodida ORDEN, ¿queda claro? Acudid al gimnasio YA, en menos de diez minutos. Ya sabéis lo que pasa si desobedecéis órdenes, ¿no? ¡Puuuuhehehehe!

    Y la pantalla se apagó de pronto. ¿R-Reversekuma? ¿Vicedirector? ¿Q-Qué era todo eso? Estaba recién levantado, y mi mente no era capaz de procesar todo lo que había escuchado, pero algo me había quedado perfectamente claro: tenía que dirigirme al gimnasio de inmediato.

    Sin embargo, cuando fui a vestirme, noté algo extraño en mi muñeca derecha. Tenía una especie de brazalete adherido a esta, con una mitad de color blanco y la otra negra, y con el dibujo de los ojos de Monokuma y del tal Reversekuma, uno en cada lado. ¿Q-Qué era esa pulsera? Traté de quitármela, asustado, pero no fui capaz. Por más que tiraba, era incapaz de retirarla. Y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Mi intuición me dijo que aquel extraño brazalete tendría que ver con el anuncio que iban a darnos. Y la palabra motivo apareció en mi mente.

    Odiaba tener razón.

    —¡Puhehehehehe! ¡Bien, bien, así que ya estáis todos aquí!

    El nuevo oso comenzó su discurso en el gimnasio, apareciendo en “persona” ante nosotros (o, más bien, en “robot”) cuanto todos nos reunimos allí. Por fortuna, habíamos asistido todos, cada uno con una expresión diferente, la mayoría negativas, la mayoría de miedo o terror, de incredulidad, de desconcierto, incluso de indiferencia en algunos casos y… de emoción en el caso de Ian Lockhart. Pero sí, lo positivo era que todos habíamos acudido. Temía que alguien se retrasase; Reversekuma fui muy explícito al decir que aquel comunicado era una orden, y… según las reglas, incumplir órdenes del Director o de un profesor era como incumplir una regla. E incumplir una regla, bueno… supondría la transformación del infractor en un colador, básicamente.

    —Bien, bien, bien. Primero, me presento, imbéciles: ¡mi nombre es Reversekuma! Soy el hermano de Monokuma y el vicedirector de esta Academia, además de ser un profesor, por supuesto. Puhehehe. ¡El anormal de mi hermano estaba siendo demasiado benevolente con vosotros, dejándoos instalar todas esas cámaras y todas esas cosas! Así que le pedí que me dejase encargarme de vosotros por unos días… y aquí estoy.

    —Así que tenías razón, Drake —me dijo Steve al oído—. Eran más de uno.

    Asentí con lentitud.

    —Eso parece —dije—. Aunque, pese a ser dos robots diferentes, ¿no podrían estar manejados por la misma persona? —susurré, pensativo.

    En todo caso, Reversekuma siguió hablando, impidiendo finalizar nuestra conversación.

    —Os preguntaréis, vosotros que sois tan tontos y no os enteráis de nada, qué son esos brazaletes de última generación que tenéis todos en vuestras muñecas. ¡Puhehehehe! ¡Son brazaletes de la muerte!

    —¿D-De la muerte…? —susurró Emily, analizando el suyo.

    Era cierto: cuando miré a mi alrededor, me di cuenta de que todos y cada uno de los alumnos tenían un modelo idéntico en sus muñecas. ¿Cuándo nos los habían colocado? ¿Durante la noche, mientras dormíamos?

    —¡Así es, pequeña Emiliana Hodges!

    —¡E-Es Emily! —replicó ella.

    —¡A quién cojones le importa! —gritó Reversekuma, enfadado—. Bah, estúpida juventud de hoy en día, no respetan a sus profesores. ¡Escuchadme todos! Estos brazaletes son el motivo que hemos diseñado para vosotros, el segundo motivo. Puhehehe. ¡Y ha sido todo idea mía, puuuuhehehehe!

    Tragué saliva. El motivo. Lo sabía… tuve el presentimiento desde que me di cuenta de que tenía el brazalete. Mi mirada, rápidamente, buscó a Hubert. Estaba enfocando su vista al frente, tenso, sudando a mares. Aquello era lo que más le atemorizaba, el motivo. ¿Qué clase de incentivo habrían preparado esos osos psicópatas para nosotros ahora?

    Reversekuma dio entonces una palmada, y del techo cayó una especie de pergamino donde había un dibujo. En el dibujo aparecía un oso similar a Reversekuma con un brazalete como el nuestro; justo a su lado, aparecía el brazalete, enfocado desde muy cerca, con letras rojas escritas en él. Y, más abajo, aparecía el oso con el brazalete con los ojos en forma de cruz y tirado en el suelo.

    —Puhehehe —susurró Reversekuma—. Esos brazaletes que lleváis llevan incorporada una altísima tecnología. Todos tienen una pequeña aguja cargada de un veneno letal que se clavará en vuestra piel y os suministrará el citado veneno, acabando con vuestras vidas en un santiamén. Sin embargo, ¡y aquí es donde viene lo divertido!, no os administrará el veneno en cualquier momento, sino que solo lo hará si se cumple un requisito fundamental.

    Tragué saliva. ¿Un veneno letal? ¿Q-Qué era todo eso? ¿De qué estaba hablando? No tardaría en descubrirlo, pero, a decir verdad… tal vez hubiese sido mejor no haberlo descubierto.

    —Cada uno de los brazaletes de la muerte es único, ¿me oís, jóvenes ineptos? Si pulsáis un botón pequeñito que hay en el interior, aparecerán por unos segundos unas letras en la parte negra, explicando cuál es la acción prohibida de ese brazalete. ¡Y si el portador del brazalete comete dicha acción, zas! ¡Aguja, veneno, muerte! Así de simple, puhehehe.

    —¿Acción prohibida? —preguntó Mimiko—. ¿Qué se supone que es esa mier…? —mientras hablaba, la Super Millonaria pulsó el botón que Reversekuma le había indicado, y su rostro palideció.

    —¡Ah, parece que Mimi ya ha visto su acción prohibida! ¡Puhehehe! Todos deberíais mirarlas con detenimiento, ¡no querréis cometer el terrible error de cometer dicha acción y morir a lo tonto! Las acciones prohibidas tienen validez desde este momento, así que andaos con cuidado, puhehehe.

    Con pulso tembloroso, llevé mi dedo al botón del que hablaba el oso, y vi las letras que se iluminaron en el brazalete. Aquella era mi acción prohibida, al parecer: “entrar en una sala vacía”. D-De modo que… si entraba en una sala de la Academia en la que no había nadie, e-el veneno… ¿me mataría? ¿Así de simple? Y cada uno de nosotros tenía una acción prohibida distinta… aquello parecía un juego, un juego macabro y terrible. Aún peor que el juego que ya estábamos jugando, claro.

    —Podéis decirle a vuestros compañeros cuál es vuestra acción prohibida, o simplemente guardar el secreto —explicó el vicedirector, manitas sobre la nuca—. Eso ya depende de lo que confiéis en el prójimo, puhehehe.

    Ian alzó la mano entonces, y preguntó en voz alta, con una sonrisa en el rostro:

    —¿Qué sucede si alguien provoca que la acción prohibida de otro se produzca, y eso lo mata?

    —¿Huh? —dijo Reversekuma—. ¿A qué te refieres?

    Ian tapó su rostro con una mano, salvo por los ojos.

    —Supongamos que la acción prohibida de alguno de los presentes es “ser empujado”. Si yo me dirijo ahora hacia ese alguien y le empujo, y muere a causa del veneno¿contaría eso como un asesinato?

    Me sobresalté ante la pregunta, y, al parecer, no fui el único. ¿De verdad había dicho aquello? ¿Cómo podía ser tan… frío?

    —¡Puhehehehe! ¡Me congratula que me hagas esa pregunta! —Reversekuma comenzó a aplaudir sarcásticamente—. ¡Claro, claro que contaría como un asesinato! Apuntaré todo esto en las reglas, así que echadle un ojo a vuestros iKuma, malditos gandules. También he añadido algunos detalles que el vago de mi hermano no dejó bien pulidos... puhehehe. ¡Puhehehehe!

    Tras decir eso, Reversekuma se esfumó, y el silencio se apoderó del gimnasio. Solo la leve risa de Ian se oía en la siniestra quietud de la sala. Tal vez para Ian, aquello no era más que un excitante elemento nuevo al juego, que lo hacía más interesante aún, pero el resto sentíamos miedo.

    Mucho, mucho miedo.

    Reglas vigentes:

    >> Regla 1: durante el día, los alumnos podrán recorrer la Academia a su antojo, con escasas restricciones. En la noche, el acceso a determinados lugares quedará restringido.

    >> Regla 2: a las 8:00 AM sonará el anuncio escolar que dará comienzo al día oficialmente, y a las 10:00 PM sonará el anuncio escolar que dará paso al tiempo nocturno. No existen restricciones de sueño, cada alumno es libre de dormir o no dormir como lo estime conveniente.

    >> Regla 3: el Director de la academia y el resto de profesores no podrá interferir directamente con los alumnos; no podrá dañarlos físicamente o interferir en el desarrollo normal de sus actividades.

    >> Regla 4: los alumnos deberán asistir a las clases que el Director o profesores impongan de forma estrictamente puntual. Se permitirá un retraso máximo de 20 minutos, a partir del cual se considerará esta regla como incumplida.

    >> Regla 5: en caso de incumplimiento de una regla, las ametralladoras ejecutarán al infractor de la regla.

    >> Regla 6: únicamente quienes se gradúen podrán salir de la Academia. Quienes se gradúen no podrán volver a entrar, tendrán que dedicar su vida a cumplir con sus obligaciones como graduado o graduada en el exterior. El método de graduación se definirá en posteriores reglas.

    >> Regla 7: el desconocimiento de una regla no exime de su cumplimiento. El respeto a las reglas será estricto y deberá ser mantenido en todo caso, sin excepciones.

    >> Regla 8: el Director o los profesores pueden dar órdenes siempre dentro de los límites establecidos. Si no se cumple una orden válida, las ametralladoras dispararán al rebelde.

    >> Regla 9: los objetos personales pueden ser robados en cualquier momento por otro alumno, pero ningún alumno, bajo ningún concepto, podrá tener en su poder más de dos objetos personales.

    >> Regla 10: el Director podrá añadir nuevas reglas conforme estime conveniente, sin alterar reglas ya existentes.

    >> Regla 11: cuando un asesinato suceda, comenzará la investigación. Durante la investigación, cualquier sala de la Academia que hubiese estado disponible antes del crimen, independientemente de la hora, será abierta para facilitar la misma. Pasado el tiempo que el Director o los profesores consideren oportuno, la investigación finalizará y comenzará una clase de juicio.

    >> Regla 12: en la clase de juicio, todos votarán a un culpable. Si resulta ser el verdadero asesino, será ejecutado; si resulta no ser el verdadero asesino, todos salvo este serán ejecutados, y el asesino podrá graduarse.

    >> Regla 13: los brazaletes de la muerte, una vez colocados en las muñecas de los alumnos, no podrán ser retirados, y causarán la muerte de cualquier alumno que incumpla la acción prohibida en ellos descrita. La acción prohibida puede ser secreta o no, a juicio del alumno.

    >> Regla 14: si algún alumno lograse retirar un brazalete de la muerte de alguna forma, estaría incumpliendo una regla, por lo que sería castigado por las ametralladoras.

    >> Regla 15: una muerte de un alumno por culpa del veneno de los brazaletes daría inicio a una clase del juicio. Si fue otro alumno el que provocó que la víctima llevase a cabo la acción prohibida, conociese o no el contenido de su acción prohibida, sería considerado el culpable de asesinato. En caso de que la víctima muriese por su propia negligencia, se consideraría suicidio, por lo que en la clase de juicio habría que votar por la propia víctima para resultar victoriosos.

    >> Regla 16: las acciones prohibidas deben ser interpretadas de forma estrictamente literal.

    >> Regla 17: se dará el anuncio de descubrimiento del cadáver cuando tres o más personas encuentren a un estudiante muerto.

    >> Regla 18: de acuerdo con las reglas anteriores, se considerará culpable a efectos de una clase de juicio a todo aquel que provoque la muerte directa de otro. En caso de venenos, trampas y otro tipo de muertes indirectas, será considerado el culpable el que haya colocado el veneno, preparado la trampa o programado la vía que provoque la muerte del tercero, independientemente de que otras personas participen en el acto de otras formas.

    >> Regla 19: solo una persona puede ser considerada culpable de un asesinato. En caso de empate en votación en una clase de juicio entre dos alumnos, se considerará acertada la elección si uno de los dos es el culpable, y solo esa persona será ejecutada. No caben empates entre más de dos personas.
    Estudiantes: 14
    - Drake Orestes – Super Policía (VIVO)
    Objeto: Pistola
    Datos obtenidos: nuestro protagonista, y el proclamado Super Policía. En realidad, es un chico bastante despistado y olvidadizo que, según dice, logró ser policía de prestigio simplemente por tener suerte. Aun así, la experiencia como investigador es algo que ha adquirido, y, aunque no tenga demasiada atención por según qué detalles y no se le dé del todo bien memorizar nombres, intente hacer honor a su talento.
    Acción prohibida: entrar en una sala vacía.

    - Steve Stone – Super Suertudo (VIVO)
    Objeto: Revista Ultimates.
    Acción prohibida: ???


    - Ian Lockhart – Super Estratega (VIVO)
    Objeto: Game Boy
    Acción prohibida: ???

    - Alpha Xenodis – Super Deportista (VIVO)
    Objeto: Bate de béisbol
    Acción prohibida: ???

    - Ukitashi – Super Comilón (MUERTO)
    Objeto: Sándwiches

    - Talía Wells – Super Estrella Infantil (MUERTA)
    Objeto: Teddy el oso

    - Hubert Maddsson – Super Ajedrecista (VIVO)
    Objeto: tablero portátil
    Acción prohibida: ???

    - Effy Joy – Super Terrorista (VIVA)
    Objeto: cloroformo
    Acción prohibida: ???

    - Lucas Diamond – Super Botánico (VIVO)
    Objeto: Plantix2000
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Lucas desprecia las ciudades por considerar que su construcción implica necesariamente la muerte de muchas plantas, a las que considera amigas. Aun así, vive en un laboratorio en medio de una jungla, en solitario, y parecía no ser consciente de que su construcción en sí, probablemente, haya supuesto ya la muerte de muchos animales. Ha creado el Plantix2000 él solo, una máquina que permite "comunicarse" con las plantas: analizarlas, saber sus necesidades, etc.
    Acción prohibida: ???

    - Liza White – Super Criadora (VIVA)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: criada en un zoo, donde vivía con sus padres, cuidadores de éste, Liza pronto se hizo amiga de los animales y comenzó a amarlos, a todos y a cada uno de ellos, incluidos los insectos y otros bichos que puedan ser considerados asquerosos por la mayoría de la gente. Un buen día, Liza liberó a todos los animales simplemente porque quería que fuesen libres. Para ella, los animales son equivalentes a los humanos, y deberían de ser tratados prácticamente en igualdad de condiciones.
    Acción prohibida: ???

    - Emily Hodges – Super Modelo (VIVA)
    Objeto: Kit de maquillaje
    Acción prohibida: ???

    - Dante Miles – Super ¿? (VIVO)
    Objeto: ¿?
    Nivel de amistad: 1/3
    Datos obtenidos: Dante no recuerda prácticamente nada sobre su pasado. Sabe que tenía amigos, pero no los recuerda; sabe que sucedió un evento importante en su vida, pero no recuerda qué fue; ni siquiera recuerda su talento ni cómo se dio cuenta de que lo tenía. Insiste en que, tal vez, no tenga ningún talento, para empezar. Lo único que recordaba con claridad al despertar era que amaba a Emily, y ese sentimiento parecía ser correspondido por ella.
    Acción prohibida: ???

    - Chad Redflame – Super Dibujante (VIVO)
    Objeto: Pincel y pinturas
    Acción prohibida: ???

    - Brendan Ruby – Super Periodista (VIVO)
    Objeto: Cuaderno y bolígrafo
    Acción prohibida: ???

    - Elisa Daroch – Super Médium (VIVA)
    Objeto: Cartas de tarot
    Acción prohibida: ???

    - Mimiko Honda – Super Millonaria (VIVA)
    Objeto: Teléfono móvil
    Acción prohibida: ???
    Nota: Ya sabéis, en el próximo capítulo incluiré free-time events de tres personajes, así que podéis votar en los comentarios. ¡Es perfectamente válido repetir personajes! Pero recordad que, si sois los usuarios que manejan en el rol a uno de los personajes vivos, no podréis votar por el/la mismo/a
     
    Última edición: 18 Octubre 2017 a las 10:49 AM
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    Graecus

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    Aun no he leido todo el relato, pero me preocupa Hubert y su idea de requisar todas las cosas peligrosas del lugar. ¡Eso fue lo que hizo Togami en el SD2 antes de morir! ;n; aunque en este caso no habría plot twist, el asesino obvio de Hubert seria Chad e.e (??

    Sigo leyendo ;u;
     
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