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Long-fic de Inuyasha - Fanfic - Pensé que era amor [Sesshome]

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por Kourei, 5 Abril 2010.

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    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
    Miembro desde:
    3 Abril 2009
    Mensajes:
    798
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Fanfic - Pensé que era amor [Sesshome]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    23
     
    Palabras:
    3382
    Jajajaja, tiempo sin pasar, que cosas xD A veces me pregunto si de verdad hay gente leyendo esta historia, el foro parece muerto xD

    Título: Pensé que era amor.

    Ranking: M (Lemon al Final)

    Advertencias: UA/Posible OoC/Re-edición/Prologo de Yashi-verde eliminado/Saltos temporales/Primera Persona.

    Pareja: SesshKag

    Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.

    Advertencias: A mediación de la historia hay un cambio de narrador a tercera persona. Ya les había avisado, así que luego no digan que no lo hice e.e

    O

    O

    Historias de un balcón

    Recostada sobre la mullida cama mantuve contra mi pecho a mi pequeña hija adoptiva, acariciando su cabello negro, tratando de desenredarlo con cuidado pues a pesar de ser casi liso por completo las puntas onduladas eran bastante rebeldes. Rin me miró, parecía estudiar mis gestos. Le dediqué una sonrisa sincera, después de todo ella no tenía la culpa de mi gran debate mental.

    Momentos antes, sin que nadie se diera cuenta había salido a dar una vuelta por los alrededores para pensar. Mi salida de esa casa debería ser inmediata, pero irme sin más causaría muchas sospechas sobre mi persona y podría conducir a una persecución. Sesshoumaru hasta ahora no había hecho nada por movilizarme, simplemente me dejaba hacer con Rin de un lado para otro y muy de vez en cuando me hablaba de planes a futuro dónde obtenía una cruel venganza sobre mi marido.

    Ni siquiera estaba segura de la persona que vi esa noche, pero seguía sin querer estar ahí. Todo era tan extraño, si de verdad quisiera hacerme algo yo no seguiría viva para contarlo, él tenía los medios, la oportunidad y el poder, podría deshacerse de mí con relativa facilidad. Comenzaba a sospechar que esos supuestos planes de arruinar a su hermano eran simples discursos para mantenerme convenientemente interesada en otros temas. Quizás queriendo distraerme para que no me percatara de su verdadero propósito al llevarme a su mansión. Eso era aún peor.

    Antes creía que a pesar de que no pudiera confiar en él por lo menos conocía sus intenciones, pero ahora no estaba segura. Si quería marcharme de este lugar sin recibir ninguna consecuencia era necesario observar toda la situación con detenimiento y paciencia para encontrar el momento indicado en que pudiera escapar. Y la clave estaba en el pasado, pero mis recuerdos sobre Kikyou son nimios, apenas sé que me daba clases de chino (de ahí que conociera un poco sobre el idioma) y modales básicos para destacar en alta sociedad, como si yo fuera una especie de princesa o heredera de un gran conglomerado.

    A pesar de los orígenes humildes de nuestra familia, su marido era de cuna noble ya que se había casado con un hombre de la nobleza o algo así y se hizo cargo de mí por algún tiempo. Lo único que estaba establecido hasta ahora es que ella era mi tía y en mi mente estaba grabada con claridad su apariencia.

    Seguir tratando de ordenarlo todo me hundía en un estupor bastante pesado por lo que me pareció una mejor elección entablar una plática con mi acompañante para despejarme.

    — ¿Segura de que pasó? —Cuestioné, refiriéndome a la anterior charla de mi condición en la mañana. Un beso que aconteció entre Sesshoumaru y yo, del cual no tenía mucha idea. Seguía sin creer que en medio de la inconsciencia haya sido capaz de hacer algo tan… No sabía que palabra podría describirlo. Era molesto ciertamente, pero también… Había un vago sentimiento cálido impregnado en mis labios…

    —Sí. —Repitió —Luego yo y nana Kaede nos hicimos cargo de bañarte, para bajar la temperatura. —Respondió con simpleza.

    —Me la he pasado tanto tiempo desmayada en esta casa que ni tiempo he dedicado a asearme. —Suspiré, sintiendo el cuerpo algo entumecido por el frío. Estiré el brazo y tomé una frazada para que nos cubriera a ambas. Ella se acurrucó más contra mi pecho, buscando calor y comodidad y yo la rodeé con un abrazo. —Me siento realmente sucia.

    Y no era solo en mi cuerpo físico. Estaba llena de basura mental.

    —Puedes tomar un baño, te pasaste la noche en el bosque. —Expresó sonriente, encrespando mis nervios. ¿Cómo lo sabía ella? Pensé que había sido discreta, seguramente a esta hora la mansión entera sabría de mi desaparición nocturna y eso no era nada bueno, no quería alertar al demonio. Me pregunto si ella habrá sido la primera en enterarse. —Te equivocas. —Mencionó de pronto, sorprendiéndome un momento, pero entendí que el escrutinio y la observación sobre mi persona eran precisamente para eso: adivinar en todo momento lo que pasaba por mi mente. Un don heredado del padre; bufé. —Papá se dio cuenta de que no estabas cuando vino a buscarte a mi cuarto.

    —Seguramente tendría algún plan de tortura en mi contra y al no verme se alarmó. —Bromeé, alzando una mano y haciendo un ademán de desdén sarcástico. —Claro, su conejillo de indias se escapa y él va a su captura.

    —En realidad…—Realizó una pausa, lo que me hizo mirarla. Había imaginado que sería por ponerle un poco de drama a su frase pero al notar unas finas lágrimas recorriendo sus ojos la atraje a mi pecho, tratando de calmarla. Había empezado a llorar.

    Era la primera vez que la veía de esa manera. No emitía sonidos ni se desgarraba la garganta gritando en un berrinche como cualquier niño. Sólo veía al vacío con esos ojos chocolates perdidos similares a los míos y más lágrimas brotando de sus cuencas desoladas. Gota tras gota se engrosaban, una tras otra sabían a amargura contenida. Pregunté hasta el cansancio que sucedía, si podía ayudarla pero ella no daba una respuesta, no reaccionaba.

    Pensé que quizás no se sentía con la suficiente confianza para contarme, aunque doliera un poco debía admitir que era muy pronto para pedirle explicaciones por todo o tal vez no quería deprimirme a mí también. Sea cuál sea el motivo yo misma empecé a llorar. Quizás fue la solidaridad o el hecho de sentirme igual a ella que me dejé embargar por los sentimientos, nublando mi razón. Sin pensar, sólo apreciar cada emoción; llorábamos al unísono sin desgarrarnos las cuerdas vocales, sin sonido, en silencio. En medio de la nada.

    —Ambas lloramos mucho hasta acabar dormidas… —Murmuré.

    Ella se removió entre mis brazos, prestándome atención, le regalé una sonrisa. — ¿No quieres bañarte conmigo? —Ofrecí, extendiendo mi mano que ella tomó con gusto.

    Pasamos al cuarto de baño, intentando eliminar ese demacrado rostro que cargábamos. En el espejo, sonreía a mi reflejo intentando alegrarme por verme tan mal después de llorar; pero los músculos faciales de inmediato se aflojaron, causando que cayera la absurda máscara y mis emociones me guiaran gustosas al profundo centro de la Tierra que no es nada parecido a lo que dicen.

    Me aseguré que el agua tuviera una temperatura agradable y procedía a desnudarme, Rin pronto hizo lo mismo. Entramos a la tina previamente preparada salpicando gotas y elevando burbujas. Parecía un juego, le tallé el cabello y con la espuma formaba peinados de lo más extravagantes; ¿Qué pensaría un verdadero estilista si veía algo como eso? Seguro me gritaría que era una aficionada de quinta.

    Rin se encargó de tallarnos a ambas, primero lavó su menudo cuerpo con el jabón aromático de durazno que tanto le gustaba y a mí me roció no sé qué fragancia, además de lavarme con una barra de flor de Sakura. No lo pude evitar, pero me dio mucha risa cuando ella se sonrojaba un poco por tallar mi cuerpo más desarrollado.

    —Nang, ¿por qué a las mujeres nos crecen? —Me dijo mientras continuaba con la labor, fue mi turno para sonrojarme un poco.

    —No lo sé, supongo que se necesitan para dar leche a los hijos. —Respondí deseando que no preguntara nada más indiscreto.

    — ¿Y el vello de las axilas? —Pero lamentablemente ella era demasiado curiosa. — ¿Y la cintura? ¿Y el pelo en…?

    — ¡Son cambios corporales que tú ya tendrás al crecer! —Grité abochornada, su mano apuntando en dirección a cada pregunta me advirtió del final de la última. Por suerte, me salvé de aquella última.

    — ¿Sabes? —Preguntó de pronto. Cambiando su semblante como hace unos momentos. —Me enteré de algo que no sé qué pensar. —Se acercó con cuidado, como si estuviera a punto de contarme un secreto. —Nang ¿te lo puedo contar?

    — ¿Pensabas que no te iba a escuchar? Claro que no, jamás había algo como eso. —Sonreí, otorgándole un poco más de confianza en sí misma. Me dio mucha ternura, creyendo que yo no le haría caso. Pero, cambiando el tema, pensé que debía ser aquello que causó que llorara hace un momento. —Escuché, sin querer… que papá había asesinado a una persona…

    OoOoO

    Mantuve el silencio unos momentos más, antes de atreverme a abrir la boca en espera de emitir una respuesta causando un movimiento torpe ya que de mis labios no emergieron sino sonidos tontos y balbuceos incomprensibles. No tenía idea de que debía hacer o decir ante la mueca triste de mi pequeña hija, ante la posibilidad de que su propio padre fuera alguien capaz de asesinar.

    Recordé entonces a Kikyou, las advertencias anteriores de InuYasha… ¿Estarían relacionadas? Quizás, pero ahora no importaba. Lo urgente era tranquilizar a Rin quien no era culpable de cualquier acción hecha o no del mayor de los Taishou. Armándome de valor intenté sonar convencida de mis propias mentiras. —Rin, sólo son palabras, seguro hay algún mal entendido… ¿dónde las escuchaste? —Inicié lentamente, con una sonrisa nerviosa mal disimulada en mi rostro.

    —Bueno, pasaba por el despacho de papá. —Explicó. —Pero no quise quedarme a escuchar más.

    —Debió ser alguien que estaba enojado con él, por eso dijo algo sin sentido ¿no lo crees? —Y sonreí de nuevo, ella correspondió. Tomó un puñado de espuma entre sus manos y luego lo arrojó al techo quedando adherida una gran parte que no tardó en escurrir sobre nosotras.

    —Tienes razón, él no es malo después de todo.

    Y la espuma que no quedó terminó de caer sobre mi rostro, impidiéndome hablar o probaría el sabor del jabón de durazno. Ambas reímos, iniciando una guerra de espuma que pronto terminó en el suelo, techo, paredes y por cada rincón del cuarto menos en nuestros cuerpos. Tanto Rin como yo teníamos muy mala puntería. Con nuestros movimientos el agua se desbordó un poco al salir. De verdad acabábamos de crear un desastre, sentía pena por la persona encargada de limpiarlo todo; tomé una toalla para secarme y ella me imitó, no lo pensé antes pero al parecer se había tomado la molestia de traernos ropas limpias al cuarto de baño.

    Eran dos kimonos preciosos, el de ella en tono naranja en tela a cuadros y algunas figuras del mismo color verde que el delgado y sencillo obi. Se recogió el cabello en una pequeña coleta a un lado y más de la mitad de su cabello quedó suelto; yo en cambio vestí uno sencillo en tono celeste con un obi y detalles en rojo, al igual que las sandalias que descubrí al retirar mi ropa.

    No tardamos mucho en vestirnos y salir, al mirar atrás quise huir inmediatamente, era como si presintiera un regaño por parte de la empleada ante el desorden. ¿No soy como una niña? Todavía temo a los regaños… Sonreí, tratando de concentrarme en el presente y usándolo a modo de escape, de aquellos que tanto me gustan, en el mundo interno de mis pensamientos; aquél dónde todas las situaciones inimaginables suceden y lo irreal domina. Viajo a mis tiempos de infancia.

    Todo con tal de no pensar en lo anteriormente dicho por Rin. Y es que…

    ¿Sesshoumaru, homicida?

    Lo creía, pero me negaba a aceptar que fuera verdad. Podría tener la mirada más cruel que la de un humano ordinario, quizás el cuerpo suficientemente fuerte para ahorcar y el porte de un maníaco bastante astuto. Tal vez hasta su carácter era el más sanguinario que yo he visto en mi vida, pero… Me froté las sienes con ambas manos, tantas evidencias me hacen pensar que sí era culpable. No sabía que creer, prefería soñar con que mis recuerdos confusos de esa noche lo estaban incriminando en algo de lo que no tenía culpa pero las posibilidades eran casi nulas.

    Dejé a la castaña en su cuarto y me decidí a salir, le prometí pasar más al rato porque quería salir a un festival: ahora sé el porqué de las yukatas. En un par de horas saldríamos de esta enorme mansión al mundo exterior, sentí como si tuviera la posibilidad de salir de una jaula. Y quizás así era. Como un lugar de costura, hay un hilo que me ata a este lugar.

    Necesitaba buscar a Sesshoumaru y aclarar de una vez por todas mis dudas, sobre todo por su hija. No me siento feliz de que ella esté tan preocupada, además yo misma me sentiría con más confianza. El problema era que, si resultaba ser verdad, me estaría exponiendo a un peligro mayor. No podría abandonar a Rin a su suerte, debía buscar el momento para escapar juntas.

    OoOoO

    La mujer de labios y ojos carmines continúo dando vueltas por la sala, indignada al tener que esperar por un hombre como aquél. Tenía su orgullo por encima de todo, por ello jamás profesaría los verdaderos motivos que la llevaban a actuar de ese modo, pretendiendo ser fría, distante, provocativa e indiferente. Solo quería intentar atraerlo.

    Un sirviente le indicó que pasara al cabo de media hora y suspiró involuntariamente aliviada. Sus caderas se contonearon en el traje de estilo chino con corte alto en los muslos, las cintas negras que entallaban su talle se ajustaban perfecto a su cintura, el corte típico con cuello alto lucía con ambos botones desabrochados dejando al descubierto su formado pecho. Ataviada en ese traje rojo, con detalles y cintas negras, entró la elegante y actual esposa del Inu no Taishou: Kagura Aihara.

    Gracias a un acuerdo matrimonial ambos estaban casados bajo términos estrictos: seis meses con los que por fin la gran fortuna de su padre pasaría a sus manos para ser administrada. Su mayor sueño después de desear verlo muerto.

    —Sesshoumaru…—Proclamó ella al ver que estaba mirando impasible varios documentos de suma importancia; frunció el ceño cuando no obtuvo respuesta. —Vine aquí por lo que hablamos esta mañana, pero ni con todo lo que te he dicho te dignas a hablarme…

    —No es necesario, el plazo término y pronto estaremos divorciados. —Golpeó la madera con las hojas para acomodarlas.

    — ¡Sesshoumaru! —Imitó el golpe al escritorio. — ¿¡Porque actúas tan insensible con todo!? —Sus ojos enardecieron con un fuego de rencor vívido, le molestaba su actitud en esta clase de situaciones.

    Sólo en esta clase de situaciones.

    Siempre vivió fascinada con su carácter reservado e indiferente, de aquellos ojos ámbar cargados de matices ocre y gris en una perfecta mezcla de individualidad. Lo admiraba y tenía el mismo miedo que respeto. Por eso cuando necesitó ayuda para obtener el control de la empresa de su padre de una maldita vez no dudó en pedírsela a él. Con un excelente acuerdo constatado en papeles plenamente legales, y el suficiente beneficio para su empresa que lo obligara a no rechazar.

    Estando empecinada en aquellos momentos su brazo fue tomado bruscamente por él, arrastrando al umbral de la puerta sin emitir palabra. Quería sacarla de su despacho y hablar en otra parte pues no era necesario que toda su servidumbre conociera cada rasgo de su vida con los gritos que proclamaba su futura ex-mujer. Siempre había sido así en cada discusión, el carácter y voluntad férrea de la pelinegra le resultaba intrigante, más por el hecho de que fuera a él a quien acudiera.

    Recordaba el día en que la vio por primera vez: elegante, impositiva y sobretodo, ella intentaba provocarlo. No negaba que le despertaba el interés y quizás aumentaba un poco su libido como cualquier hombre hecho de carne pero todo aquello se había esfumado esos últimos días; le resultaba obvia la razón.

    Tenía un nuevo juguete. Kagome Higurashi.

    La llevó a la parte alta de la mansión, una especie de azotea aparte, desconectada del otro lado de la casa donde estaba la terraza. Kagura reconoció que escogió un buen lugar para hablar con discreción, negándose a reconocer que su voz solía elevarse y causar disturbios en sus peleas verbales. Lo comprobó en la mañana cuando por coraje llegó a decir que su esposo era el culpable de la muerte de Kikyou en su cara, en su territorio, el despacho; aunque tampoco estaba segura de su inocencia al no conocer a detalle la historia. Se detuvieron y ella volvió a la realidad.

    —Has estado evitándome, al igual que a ella. —Proclamó Sesshoumaru. —Me has hecho imposible el divorcio.

    — ¿A tu nuevo juguete? —Respondió en tono sarcástico, obviando la segunda parte de su comentario. —Realmente esa niña no me molesta demasiado, si tomas en cuenta que te desafió y la sigues manteniendo aquí.

    —No tienes derecho a decir algo o demostrar tus celos, nuestro negocio terminó. —Ella frunció el ceño, abochornada de sus palabras. ¿Celosa? ¿De él? Quizás lo idealizó mucho todo ese tiempo. —El contrato decía que al término de los seis meses ambos firmamos el divorcio, tú tomarías el control de las empresas Aihara y me entregarías el diez por ciento de las acciones con futuros planes de la adquisición en recompensar por ayudarte a cobrar tu herencia.

    —El trato sigue en pie. —Protestó de inmediato. —Y jamás estaría celosa de alguien como ella, pero no entiendo tu ganancia en mantenerla aquí. —Esbozó una sonrisa, provocando cierto desconcierto en él. —Quizás sea que te has vuelto muy blando, si esa niña tuya la quiere como a su madre…—Sus ojos carmines brillaron ante el asomo de una frase ideal para fastidiarlo. —O tal vez… ¿te has enamorado de esa chiquilla?

    —Nunca me rebajaría a tanto. —Sentenció. La sonrisa de la pelinegra se amplió al notar como la mandíbula masculina crujía con cierta rabia.

    —No importa si lo estás o no. Aún tienes ése método para deshacerte de ella si te rechaza…

    —Maldita. —Profirió entre dientes. Sentía su sangre hervir de sólo recordar aquél hecho tan desagradable del pasado que era la única cosa que Kagura conocía bien; no soportaba la sola idea de perder la calma pero esta vez era necesario dejar a un lado la estúpida cordura.

    Alzó su mano hasta el delicado cuello femenino, buscando presionar lo suficiente para ahogarla sin asfixiarla del todo, sin embargo la mujer fue más rápida al actuar: cuando fue apresada por las fuertes manos elevó sus manos con asombrosa velocidad y luego los dejó caer en la unión de su brazo y antebrazo para hacerlo perder presión y doblarlos. Funcionó, inmediatamente el golpe en el área adversa a los codos debilitó la fuerza empleada de Sesshoumaru.

    —Técnica de autodefensa. —Exclamó con jadeos cuando se vio liberada. —Conozco tus actitudes más de lo que deseara.

    —Eso es lo que crees. —Gesticuló con una sonrisa perversa.

    Incluso antes de sentirlo llegar hasta ella, una pequeña punzada en su costado le hizo retroceder en un ángulo peligroso muy cercano a la orilla del segundo piso.

    La pelinegra sintió la gruesa barda entre sus manos, recorriéndola hasta no sentir nada. La presión del aire contra su espalda la hizo caer en cuenta de su situación crítica. Concentró su visión en la última persona que deseaba ver, moviendo sus labios para que él leyera aquellas palabras que siempre quiso decir más el orgullo se lo impedía.

    Fueron tres segundos. Kagura cayó al vacío.

    Y una persona observó todo desde la ventana de enfrente.

    OoOoO

    Notas de Kou: Lo siento por la tardanza, actualmente no tengo internet en casa y solo cuento con los datos el teléfono. Estoy haciendo circo maroma y teatro para publicar porque no hay cibers abiertos y esto lo escribí en la compu, pasé al teléfono y con mil procesos diabólicos lo estoy publicando pero hasta ahora en la compu de mi trabajo puedo hacerlo.
     
  2.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    3 Abril 2009
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    Título:
    Fanfic - Pensé que era amor [Sesshome]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    23
     
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    Título: Pensé que era amor.

    Ranking: M (Lemon al Final)

    Advertencias: UA/Posible OoC/Re-edición/Prologo de Yashi-verde eliminado/Saltos temporales/Primera Persona.

    Pareja: SesshKag

    Disclaimer: Todos los derechos de creación de InuYasha son de la maravillosa Rumiko Takahashi. Inu no me pertenece.

    O

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    En agónica.

    Me detuve unos momentos para calmar mi acelerada respiración, estaba realmente cansada. Había estado vagando sin rumbo durante un buen rato, intentado buscar al dueño de la casa para aclarar algunas de mis dudas sobre los rumores y tantear un poco el terreno. Tenía que ser discreta y acercarme poco a poco a las preguntas que me darían la respuesta que buscaba sin arriesgarme demasiado. No podía ir y cuestionar tan obviamente con un: "¡Hey Sesshoumaru, me dijeron que has matado a alguien! ¿Es verdad? Vamos, cuéntamelo todo…"

    Dios, me asesinaría de inmediato fuera o no el culpable. Sólo pensar en sus ojos siniestros demandando mi sangre como pago por el atrevimiento era lo suficientemente aterrador para pensarlo con cuidado…

    Quizás no se encontraba en la casa, pues no estaba por ninguna parte. A pesar de todos mis esfuerzos para encontrarle me resultó imposible ubicarlo en algún lugar. Suspiré con fuerza, sintiendo el arder mis pulmones por el esfuerzo de halar suficiente oxígeno, mi pecho se llenaba de una sensación bastante pesada. Odiaba por completo los deportes que involucraran dolor físico, y sobre todo, un gasto inútil de mi voluntad cuándo no conseguía nada, como ahora mismo.

    Normalmente no tendría la necesidad ni el gusto de querer enfrentarlo cara a cara, mucho menos porque solía aparecer como fantasma en los momentos más inoportunos, pero esta vez era diferente. Quizás no urgente (aún apreciaba lo suficiente mi vida para arrojarme a lo idiota como otros que conocía) pero la ansiedad me carcomía por dentro a cada segundo. Pensar que tanto yo como Rin estábamos en peligro me tenía al borde una crisis de nervios. En el fondo tenía la leve esperanza de que todo fueran dramatizaciones mías, ni siquiera estaba segura de que el hombre de mis recuerdos fuera él pero no podía confiarme.

    Miré alrededor, echando un último vistazo, esperanzada, y al no hallarle bufé frustrada. Tanto por nada, ahora tendría que regresar cansada a mí cuarto. Al buscar el camino de regreso me di cuenta de que había ido tan rápido y con la mente tan nublada que ni siquiera concebí como fue que encontré de nuevo el camino a ese cuarto que anteriormente fue del Inu no Taishou.

    ¿Cómo fue que yo hice eso?

    De alguna forma terminé de nuevo pasando por la ventana a la sección restringida del balcón desde otro lugar. Los caminos que conectaban la mansión me eran cada vez más misteriosos y aterradores, de verdad, si no aprendía pronto un día de éstos terminaría en un sótano oscuro del que nadie me pudiera rescatar.

    Me recargué sobre el barandal recordando aquella vez que sentí caerme de ese mismo sitio y las palabras de Rin volvieron a atacar mis pensamientos. Mi cara pasó del color de la blanca nieve, por causa del aire frío, a un profundo rojo como tomate, sentía como hervía tanto mi rostro que llegué a creer que la sangre se me desbordaba a través de la piel.

    Me prendí por la comparación tan ilógica, sin embargo nada de eso puede hacerme dejar de pensar en aquél momento.

    El sabor de un dulce y amargo beso que quedó impregnado en mis labios me recordaba algo, a la respuesta verdadera de todo lo que he intentado negar conscientemente, pero a la vez, era como si algo dentro de mí intentara esconder respuestas que no quiero encontrar. Algo oscuro, profundo y peligroso se enredaba con mi pasado perdido, y ese supuesto beso que di en medio de mis delirios estaba conectado de alguna manera extraña. Bajé la mirada en cuanto toqué ligeramente la curvatura de mis labios, delineando con las yemas aquella calidez que no se ha desprendido en ningún momento. Me sentía naturalmente nerviosa e incómoda, pero no era todo…

    Hay algo que olvidé, más allá de una muerte. Hay algo que me falta más allá de todo lo que puedo comprender de mi personalidad… Existe una parte de mí que necesito recuperar con una mayor necesidad que la de seguir intentado lleva una vida normal. Pero, mi propia consciencia se negaba a quererlo y lo evitaba, empezaba a creer que en el instante en el que todo estuviera unido dentro de mi cabeza me arrepentiría cruelmente.

    Antes

    Antes de conocer a InuYasha Taishou…

    Y después

    Después de alejarme de él…

    Las dos frases se apoderaron de mis cuestionamientos internos. Las claves selladas que aparecían eran cada vez más frecuentes y radicales, causándome una severa migraña. ¿Antes y después? Era algo que no coincidía. No había tenido nada que fuera igual o al menos levemente parecido en ambos momentos.

    Pude escuchar la voz de aquella persona repitiéndolo constantemente, sentir sus delicadas manos revolviendo mis cabellos oscuros, cantando para mí una melancólica canción. Cómo si me arrullara.

    No puedo ni suspirar en mi deseo de ser rescatada…

    Sólo contaba la cantidad de signos de la soledad que empecé a escribir

    —El beso… Mi primer beso…—Repetí frenéticamente antes de darme cuenta. Mi mano se movió sin mi consentimiento deletreando un nombre que me sorprendió demasiado, ni claro ni preciso, y simplemente inentendible hasta para mí misma.

    El contacto no era realmente importante, pero lo que sucedió antes sí. El beso era algo asociado con ello.

    Unos extraños sonidos me hicieron despertar a la realidad. Desconcertada giré mi cuerpo a la derecha y a la izquierda, buscando el origen de aquellos gritos tan agudos. Al poco tiempo descubrí un leve movimiento en la lejanía, parecían dos siluetas indefinidas. Me acerqué lo más que fue posible, aferrándome del barandal para no caer, desde mi posición observé como esas dos sombras en lo alto de lo que parecía ser otro fragmento del balcón de la mansión hablaban bastante acalorados. Parecía una fuerte discusión.

    Pero más pronto de lo que me imaginé subió el nivel del enfrentamiento y pasaron de ataques verbales a lo físico, abalanzándose uno sobre otro y recibiendo un movimiento violento como respuesta. A pesar de lo alto que se escuchaban sus voces no llegué a entender ninguna palabra. Se separaron y suspiré aliviada, necesitaba averiguar quién sería capaz de formar semejante escándalo en la residencia de alguien tan aterrador como…

    La mano grande y pesada de la sombra más cercana a la entrada se alzó en contra de la figura en el justo momento que cayó al vacío, interrumpiendo todo pensamiento en mí. La angustia amenazó con destrozarme mentalmente, incapaz de creer que podía ser cierto todo aquello que había visto. No estaba segura de que aquello hubiera sido intencional o una desagradable casualidad, pero aquella persona tan cercana a la barda perdió el equilibrio y su cuerpo se tambaleó al vacío.

    Bajo la luz tenue de la Luna vi por una fracción de segundo el delicado rostro de la señora de la casa mientras acompasaba sus labios para intentar que fueran leídos. Fugazmente pensé en la única frase que encajaría con esos sonidos, con su sonrisa, con sus ojos llenos de anhelo y comprensión.

    "—Te amo…"

    A la única persona que ella podría decirle tal cosa… Un destello de color plateado ondeando contra la luz de Luna llamó mi atención, no era el mismo tono gris oscuro que el de InuYasha, era algo más claro y luminoso, demasiado, al igual que… Sesshoumaru.

    No intenté quedarme a ver como su cuerpo se estrellaba contra el suelo. No pude pensar en nada más que mi propio deseo de salir corriendo de ese sitio y huir. Movilicé mis piernas lo más rápido que pude hasta llegar de vuelta a la ventana por la que entré y salir a dónde pudiera, a cualquier lugar que quedara muy lejos de esa terrible escena que despiadadamente se había quedado grabada en mis ojos.

    Sentí escocer la piel de mi rostro por culpa de las lágrimas que descendieron sobre mis mejillas, coloreadas por la sangre arremolinada en mis pómulos. Corrí todo lo pude sin detenerme a reflexionar en un camino, la carrera que había hecho se llevaba todas las fuerzas que aún poseía y más; estaba decidida a no volver jamás a ese sitio tan horrible, aprovechando las sombras de la noche sin importarme lo que podría pasar. Al diablo que fuera el maldito Sesshoumaru, si me perdía en un bosque e incomunicaba, ni siquiera él podría hallarme.

    Descubrir mi pasado no valía el riesgo de quedarme. No tenía ninguna preocupación, nada me ataba…

    —Rin…—Susurré incrédula.

    ¡Por Dios, ella también estaba en la casa con esa bestia!

    Me detuve de inmediato. Había escapado precipitadamente sin saber si de nuevo estaba exagerando o quizás confundía los hechos pasados por causa de mi temprana edad de aquél entonces. No, no podía estar exagerando, una persona había muerto frente a mis ojos. O quizás… de nuevo estaba en un error. Posiblemente el golpe en mi cabeza confundió las cosas. No puedo juzgarlo por imágenes confusas que no estaban del todo claras en cuestión de culpabilidad. Pero eran ellos dos, estaba segura.

    Halé mis cabellos con desesperación. No sabía en que confiar, no era capaz de creer en nada. Lo único seguro de todo esto era que Kagura había muerto, el responsable no me había visto en ningún momento y Rin seguía en esa casa. ¿Cómo pude haber sido tan idiota para olvidarla en medio de mi pánico? ¡Estuve a punto de abandonarla cobardemente!

    ¿Qué debía hacer? Si volvía por ella y me la llevaba sin explicaciones estaría secuestrándola, su padre probablemente movilizaría incluso al ejército para encontrarnos, por lo menos, conmigo tenía planes desconocidos que aún no quería revelar. Y ni hablar de ella, sería demasiado explicarle que su padre pudo haber asesinado a personas inocentes, pero era seguro que no la acompañaría sin hacer preguntas. Tampoco podría engañarla, sospecharía de inmediato. Lo peor era que, si ese hombre resultaba inocente, yo sería la que estaría cometiendo una estupidez.

    Me sentía al borde un colapso y la piel me empezaba a arder por el sobre esfuerzo y la sangre circulando a toda presión por mis venas. El cuerpo me temblaba al punto de la convulsión, pero eso ahora no importaba demasiado. Si moría este día sería lo mejor que me habría pasado en la vida. Sea la que sea, la decisión que tomara sería peligrosa.

    ¿Qué tiene el maldito destino en mí contra? Cada momento en que creo que las cosas están por acomodarse sucede de todo, no hay un instante de paz.

    —No puedo más, no quiero esto. ¡Necesito que se detenga!

    Aún si nunca encuentro lo que he perdido no quiero dañar a nadie más. No quiero que nadie salga herido, ¡no quiero ser herida de nuevo! Siento mis ojos arder al momento en que corrieron las lágrimas más ácidas que he sentido alguna vez. Mis párpados se hinchaban, quemaban, las orillas dónde estaban las pestañas estaban dolorosamente inflamadas. Me siento traicionada y no sé la razón; todo es tan frustrante con mis emociones y no puedo evitar la sensación de que reconocía todo.

    Los débiles pasos que se acercaban con cautela a mi espalda me alertaron de inmediato.

    — ¿Estás llorando? —Me cuestionó con una voz que no supe identificar.

    —No… No lo sé…—Balbuceé. Me llevé las manos al rostro para palparlo, tratando de sujetar entre mis dedos aquellas emociones amargas.

    Alcé mi vista para encontrar aquellos ojos de ámbar oscuro fijamente posados en los míos, esperando una respuesta sensata. Sí, la sensación impetuosa de saber la razón se apoderaba de mí hasta estrujarme el corazón. Me oprimí el pecho con la mano derecha, ignorando el hecho de quien estaba al frente resultaba ser… No quería ni pensarlo.

    Busqué que hacer. Podría tratar de poner cualquier excusa, pero no soy buena mentirosa. Y Sesshoumaru resultaba ser el mejor detector de mentiras humano que jamás haya visto en mi vida, de alguna manera tarde o temprano terminaría por adivinar que yo había visto algo que no debía.

    Si era sincera conmigo misma me consideraba una cobarde, desmayarme todo el tiempo en vez de enfrentar las situaciones con todo lo que tengo es una parte desagradable que actualmente forma parte de vida. Yo quise olvidar… Estaba segura, es por eso que me costaba tanto trabajo acceder a mis memorias pasadas.

    Tengo miedo de lo que pueda descubrir; sin embargo esta vez no me dejaría llevar. Estaba harta.

    Harta de mí, de él, de temer y sospechar de todo y de todos. Si ese hombre quisiera matarme ya lo hubiera hecho, me tenía viva por algo, y me oculta de la vista de todos en su propia casa. No podía vivir huyendo para siempre. Y para enfrentarlo debía volver a esa casa, con esa extraña familia. Con Rin.

    Mi decisión estaba tomada. Pase lo que pase, yo protegería a esa niña.

    Aun cando mi espíritu se ahoga

    Este mareo que me producen las mentiras

    Se me quita cuando las aparto de mí…

    —Te vi…—Comencé a decir. —Te vi en el balcón con ella…

    — ¿Estás celosa? —Inquirió algo divertido, mi gesto se descompuso.

    De todo lo que pude esperar jamás vi venir una respuesta tan distinta a sus cortantes monosílabos. ¿Qué demonios era lo que intentaba? Ni siquiera era su usual careta de hombre frío e indiferente. Estaba actuando extraño, demasiado. Algo andaba muy mal.

    —¿Qué pasó con Kagura? —Cuestioné.

    Consideré necesario apretar mis puños al máximo para controlar mis ataques de rabia. Sesshoumaru se burlaba de mí justo después de lanzar a una mujer a su muerte… Era tan cínico que tenía que tragarme la bilis para no arremeter contra él. Al verme sin una respuesta volvió a su faceta de ser inescrupuloso de mirada sombría.

    — ¿Qué viste?

    —Ella cayó…—No fui capaz de decir más. Sesshoumaru se acercó lo suficiente para tomarme de la barbilla y jalar con fuerza mi cara para afrontarle, quise negarme pero terminé cediendo a su natural brusquedad. Sus ojos brillaron peligrosos pero no iba a dejarme amedrentar. Si mostraba el menor atisbo de miedo podía derrumbarme, él intentaría controlarme. — ¿Piensas eliminarme también?

    —Ya te lo dije, ¿no es verdad? —Apretó su agarre un poco más, ensanchando una sonrisa macabra. No estaba segura de porque distinguí nostalgia y rabia contra sí mismo en el interior de sus ojos por un segundo. —Las cosas nunca son lo que parecen.

    —Quizás…—Desafié con la mirada. —Pero mientras no puedas demostrarme lo contrario no voy a creerte nada.

    Se inclinó un poco, forzando mi rostro a acercársele como si… fingiera que yo le daba un beso.

    — ¿Alguna última palabra? —Gruñó.

    —Primer beso…—Murmuré otra vez.

    No era consciente aún de que una tragedia mayor se había desatado desde mucho tiempo antes, y terminaría con varias de las cosas que más amaba.

    Por esos en quienes creo y el lugar que elegí

    Me hice una jaula en la que yo misma me encerré

    Ahora quiero salir y no hay escape

    OoOoO

    "—No quiero ver… No deseo ver. No voy a ver. Ahora ya no veo…—Recitó la pequeña niña antes de desmayarse. La violenta escena de la que fue única testigo la tenía abrumada. Un joven a su lado le acarició el cabello desconcertado por la actitud de ella; pero ambos estaban desolados, ya no importaba mantener una actitud fría ni distante si en realidad no había con quien necesitarla.

    Dices que así lo olvidarás ¿verdad Kagome? —Colocó su pequeña cabeza en su regazo, siendo la primera vez en su vida que podría considerarse amable de alguna manera. —Que con desearlo olvidarás todo esto…"

    Sólo alcanzó a dar media vuelta antes de detenerse y escucharla decir aquellas palabras otra vez.

    —No quiero ver… No deseo ver. No voy a ver. Ahora ya no veo…

    Se sintió incómodo con la idea insignificante de que ella lo olvidara todo hasta ahora, tal y como lo hizo antes. Era la segunda vez que la veía desmayarse de manera tan brusca antes de caer al sueño, pero afortunadamente llegó a tomarla antes que se golpeara. Kagome parecía dormir muy profundamente, ajena a tantas y tantas circunstancias que la llevaron de vuelta a la misma casa dónde la vio por última vez.

    Por un instante recordó ser aquél joven frívolo y distante que cargaba en brazos a una pequeña astuta que le robó un beso. Inconscientemente palpó su frente para revisar su temperatura; pero en cuánto se dio cuenta le soltó la cabeza y causó que descendiera de manera brusca.

    Porque ya no era aquél joven y ella no era la misma niña. —Dices que así lo olvidarás, ¿verdad Kagome?

    y termino perdida en un mundo de oscuridad…

    OoOoO

    Notas de Kou: A que me matan, seguro que esta vez me matan…

    Son las dos de la mañana, si ven horripilantes y monstruosas faltas de ortografía o frases absurdas y sin sentido en el texto favor de avisarme, repito, la madrugada no es mi hora más coherente xD Nuevamente, espero que no se tan confuso… ¡El siguiente se pone mejor! *Kou se ríe malvadamente* Dios, hasta yo estoy emocionada, empiezo a recordar porque me decidía es escribir sobre la pareja (?) –no es que no me guste, es que en aquél entonces todavía era un crack bastante raro xD-
     
  3.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    O

    O

    Tiro de gracia

    De sentimientos está compuesto el lenguaje del alma, pero a veces resulta tan misterioso que ni el mismo creador de un mensaje puede entenderse. Si esto es cierto, debe ser muy difícil de interpretar para el resto del mundo. Puedo saber que la tristeza causa mis lágrimas, que el dolor que invade mi cuerpo es el culpable de mis sollozos pero la elegía que clama el vacío de mi mente es aún un terreno inexplorable para mi propia consciencia.

    El fracaso que se proyecta desde ese sitio oscuro es como la premonición de un figurativo cadáver oculto en el closét. Y entre los trozos de alma consumidos por la vorágine en el suelo de una oscura habitación, se encuentran las palabras que me faltan para expresarlo todo… Son tan imposibles de alcanzar aún estirando al máximo mis manos, por culpa de barrotes; los mismos de mi jaula.

    En el instante en que decidí abrir los ojos para escapar del sueño me descubrí, una vez más en esa extraña habitación sin conocimiento de mi estado actual. La cabeza me pesaba como si llevara una máscara de hierro y el mundo alrededor parecía no querer detenerse de ese giro impertinente que empeoraba mi estado. Tenía unas horribles ganas de vomitar hasta mi estómago.

    Todo lo que recordaba era haber sido elevada en brazos por un hombre que me susurraba suavemente una frase que no entendía, y aún así el miedo corrió por mis venas como si entendiera el significado, sin querer comprenderlo. Finalmente, entendía muchas cosas, mucho más que la primera vez, aquél peligrosos instinto que me advertía de no excavar en el pasado había tenido razón, nada de lo que había recordado era agradable. Y lo peor, cambiaría mi vida de ahora en adelante.

    — ¿En que estás pensando? —Escuché decir a una grave voz, lamentablemente, inconfundible para mí.

    Ladeé el rostro buscándolo por la habitación hasta que topé con su mirada dorada. Quizás yo estaba cayendo víctima de una terrible confusión, pero veía en sus ojos la expresión más extraordinaria que jamás le hubiera conocido: preocupación.

    Quizás lo era, pero en el fondo no quería admitirlo porque significaría más de lo que estaba dispuesta a aceptar, pero todo se desvaneció en cuanto su postura volvió a ser la careta de dureza y frialdad que siempre cargaba con él. Era tan íntimo con sus emociones que parecía como si no las tuviera. Lo vi suspirar mientras se separaba del marco de la puerta en la podía asegurar que quedaría marcada su figura de tantas veces que adoptaba esa postura.

    Si no hubiera sido por el estruendoso sonido de sus pasos al acercarse no lo hubiera notado. Tenía muchas cosas en que pensar y su presencia en al habitación solo empeoraba mi estado de ánimo.

    — ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? —Cuestionó con dureza, por un momento su pregunta sonó más como un reclamo.

    ¿La primera vez? Yo iba caminando por la calle a oscuras cuando me senté sobre su maletín y…

    No, esa no fue la primera vez.

    Un hombre que me llevaba años de ventaja se acercó a mí, sin expresión alguna. Tuve un poco de miedo al verlo pero pronto con la convivencia me pareció que esa barrera entre ambos disminuía… Me detuve hasta ahí. No me interesaba recordar ni reconocer una escena que se suponía ya no estaba en ningún apartado de mi mente.

    —Claro —Mentí. —Fue aquella penosa vez que…

    —Sabes que no es así. —Me interrumpió, aseverando inmediatamente la falsedad de mis palabras. Con cautela empezó acercándose al borde de mi cama, desconcertándome. Nunca antes había intentado un acercamiento tan directo que pudiera mal interpretarse. Sus intenciones eimpre habían sido las de intimidarme para obtener lo que deseaba, pero en esta ocasión había algo mjuy extraño. —Tan sólo eres una cobarde que huye de lo que le causa temor. —Replicó con frívolo veneno, pero su mirada se desviaba a la ventana, restándole cualquier respeto que pudiera tener por él.

    Antes de darme cuenta Sesshoumaru frunció el entrecejo, y su cuerpo fue descendiendo rápidamente sobre el mío, acomodandose lo suficiente para aprisionarme sin darme la menor oportunidad de escapar. Mi respiración se aceleró de golpe por el temor de sus acciones y sin desearlo mis mejillas se cubrieron del peor sonrojo que había tenido en mi vida.

    Él sonrió con sorna, estudiando curioso mis reacciones, parecía estar disfrutando tener el control total de la situación. — ¿Crees que… te-te tengo miedo? —Balbuceé, sin lograr el tono deseado.

    Bravo Kagome, bravo. No tienes miedo pero tartamudeas y estás temblando.

    No emitió ninguna palabra, y seguramente no me daría tampoco una razón. Me di cuenta de que sus ojos no me estaban mirando en ningún momento, permanecían recorriendo cada centímetro de la ventana como si buscaran algo en especial. Decidí guardame las quejas para otra ocasión y tratar de averiguar que era eso que tanto esperaba.

    Fueron unos cuántos segundos hasta que di con mi respuesta. Su semblante pasó a uno serio de inmediato y un sonido estruendoso como de cristales quebrándose rompió el silencio. Fue un silbido agudo, como el aire siendo atravesado a gran velocidad, que me obligó a curbrirme los oídos. Sesshoumaru me había sujetado rápidamente por las muñecas y adhirió su cuerpo al mío como una segunda piel, girándose con fuerza y cayendo ambos en el piso. Solté un quejido de dolor, sin entender nada, como siempre.

    Antes de atreverme a reclamarle lo tramposo, sucio, cobarde y cuanta grosería se me ocurriera por lo que acababa de hacer, me quedé paralizada, atragantándome con mi propia saliva. Lo que vi me dejó aterrada. Con mis ojos incrédulos revise el lugar, percatándome de que realmente había piezas de vidrio por todos lados.

    Uno de los muebles de madera estaban astillados, algo había atravesado la ventana volandola en miles de pedazos. Un pequeño hueco con un fondo que parecía brillar como plata llamó mi atención en medio de la conmoción. Un compacto pedazo que me hizo suponer inmediatamente que jamás comprendería mi presente sin recordar el pasado pues éstos estaban ampliamente relacionados.

    Ambos eran como un peligroso veneno que no se disuelve ni neutraliza. Y tenía que aprender a vivir con ellos si no deseaba terminar en un manicomio o quizás muerta.

    —¿Eso fue…?—Musité débilmente.

    —Un disparo.

    Mi cuerpo estaba temblando. La maldita información tardaba demasiado en ser procesada por mi cerebro. Aún con el peso de este hombre sobre mí estaba tan asustada que incluso sentí que lo agitaba conmigo en los fuertes temblores. Haber sido salvada por cuestión de instantes era tan terrorífico que ni siquiera me aliviaba el hecho de que ahora mi cuerpo era aplastado por la calidez y firmeza de Sesshoumaru.

    Quizás, eso era lo que en realidad me daba temor.

    Y por la siguiente mirada que me dio Sesshoumaru parecía que él ya lo había previsto.

    ¿La explicación? Indisponible.

    ¿El motivo? Desconocido.

    Pero nada parecía ser aceptable. ¿Porque no me quejaba y le gritaba que se quitara de encima? Tenía mucho miedo. Sentir su calor, la manera en sus fuertes brazos me rodeaban de la cintura sin soltarme ni un poco, su olor que inundaba mis fosas nasales, esa extraña sensación dulce y placentera que emanaba su piel y cubría la mía. Era extraño sentirme tan protegida con él a mi lado y eso me asustaba más que el bendito disparo. No sabía como reaccionar, deseaba que me soltara pero en el fondo no. Su peso impedía el incremento de mis temblores y sus ojos dorados me hacían perderme lejos de la realidad.

    La voz no me salía. Necesitaba entretenerme en algún pensamiento para dejar de mirarlo como si fuera alguna criatura divina y recordé la impresión que tuve antes cuando se me acercó de la única manera que jamás los había hecho en su vida. Sí, pensándolo con detenimiento...

    Todos los gestos que tuvo antes de tomar mi cuerpo y girar a salvo de esa manera tan impresionante me hacían creer que esperaba algo desde mucho antes de que sucediera; miradas de soslayo por la ventana, su figura cubriendo el total de la mía como en un acto parecido al de... Protegerme. ¿O era mi primer pensamiento, siendo que intentaba jugar conmigo?

    No, simplemente trataba de engañarme a mí misma.

    Sesshoumaru me había protegido.

    —Deja de temblar. —Fue la orden que me despertó a la realidad. Su cuerpo, rodeándome de un desconocido y asfixiante calor, deslizó sus brazos por todo mi talle, buscando controlarme. A pesar de estar teóricamente calamada su toque hacía que mis sentidos despertaran de otra manera, poniéndome nerviosa. Inconscientemente comparé la sensación de ser protegida con InuYasha cuando me abrazaba y, aunque esta no fuera mejor, había una diferencia.

    —S-Sesshoumaru— Balbuceé, insegura. —Tú, antes…

    Tenía el deseo de querer hacer esa pregunta, pero un miedo aun más intenso de la respuesta. Si fuera positiva, que me dijera que era real y gracias a él estaba a salvo de ese incidente, de ser así yo no sabría que creer. Si él decía que sí me sería absurdo ignorarlo, el hecho de que esa persona quizás no era como había pensado hasta ahora.

    —¿Importa? —Cuestionó, mirándome indiferente.

    Si acaso había algo más detrás de esa frase me era imposible notarlo. ¿Que pasaba alrededor? Los labios me temblaron, atorando las palabras en ellos. ¿Realmente tengo que decirlo? ¿Simplemente no podrías leerlo en mí y no forzarme a hablar? Negué lentamente. Repetirlo me haría sentir que tenía una especie de insana curiosidad por él.

    Fue leve, casi imperceptible pero un delirante matiz oscuro figuró, pasando entre los tonos dorados hasta perderse hundido en los lagos negros de sus pupilas. Sus orbes doradas brillaban como caramelo líquido. Antes lo había visto sorprenderse y creo que solo en una ocasión preocuparse por Rin, pero aquello que causaba en mí ser era nuevo. ¿Por qué el corazón se me retorcía como vil trapo, tratando de apartar el dolor? ¿Acaso la sangre que coloreaba mi rostro era tanta para hacerme sentir mareada?

    Esa mirada parecía una simple gota que caía sobre un charco causando que toda la superficie colapsara.

    Él ladeó el rostro, como si entendiera que algo que yo noté no debiera estar ahí. ¿Quizás su mirada? Le vi fruncir el ceño y suspirar resignado a algo desagradable. ¿Qué sería aquello que no le agradó? Su cuerpo pronto comenzó a elevarse y no pude evitar alegrarme porque se marchara ya. Aquella voz grave me hacía sentir inútil y con tremendas ganas de llorar sin control. ¿Que me pasaba? ¿La conmoción del momento? Sinceramente ni yo lo creo. Nunca antes las emociones parecían materializarse en mi garganta atrabancando palabras y dificultando mi respiración de ese modo. Con una angustia muy familiar.

    Entre suaves jadeos una pequeña y única lágrima se deslizó sobre mi mejilla, sabiendo que la respuesta estaba ahí, en medio de aquello que yo quería ignorar. Temblaron mis labios, moviéndose por voluntad propia dejando psar algunas palabras por mi garganta.

    —No lo digas así. Yo... —Fue lo único que pude replicar, dejándome sin la oportunidad cuando me tomó en brazos caminando hasta un pequeño cuarto de la habitación. El closét. Me gustaría saber que estuve a punto de decir, por más extraño que fuera, hablé por instinto sin saber exactamente el qué.

    "— ¿El closet? ¿Ahí me dejarás encerrada? Piensas abandonarme aquí porque odias tenerme cerca, ¿¡verdad!?"

    ¿Porque esa frase vino a mi mente? Yo no quiero recordarlo.

    Esta vez no fue una sino varias las lágrimas que cayeron filosas, lastimando e hinchando la piel por la que rodaban, que en vez de llevarse las penas las dejaban marcadas por cada centímetro recorrido. Sesshoumaru continuó indiferente conmigo en brazos. Pronto nos vimos frente a la puerta contigua y extendió los brazos para dejarme caer sin ningún titubeo o consideración.

    —Entra y no salgas.

    —P-Piensas abandonarme aquí porque odias tenerme cerca... ¿Verdad?—Hipeé, debía admitir lo nerviosa que estaba. Nuevamente era invadida por el llanto y la vergüenza a tal punto que no era capaz de razonar con claridad.

    —Sí.

    Dio media vuelta cerrando la puerta. Antes de saberlo ya estaba en el suelo, soportando la dolorosa palabra con más fuerza física que voluntad. ¿Tan insoportable era para él? Era comprensible, no causaba más que problemas y solía entrometerme en sus asuntos… pero… aún así…

    Lo más extraño era que me doliera tanto.

    OoOoO

    "Furioso como nunca, el ambarino soltó de golpe a la pequeña niña que cargaba como bulto en su espalda. La caída había sido suficientemente dolorosa para hacerla llorar con fuerza y terminar por acabar con su paciencia. Abrió la pequeña puerta lateral y señaló el interior.

    —Entra y no salgas.

    El fuerte ruido de sus gritos alertó a la hermosa pelinegra que se encontraba en la sala, tomando inmediatamente a la niña para verificarla.

    — ¿Te encuentras bien, Kagome? —Amablemente le ayudó a levantarse. —Tendrás que perdonarlo, él está muy nervioso y no puede controlarse como siempre. —Sesshoumaru le mandó una mirada fulminante que Kikyou correspondió.

    —Pero tía, yo sólo salí al jardín cuando ustedes conversaban...

    —Y eso fue cuando te ordené quedarte aquí. —Por sobre el hombro de la pelinegra pudo ver a la figura del hombre dándole la espalda. —Simplemente te encerraré en el closet porque molestas.

    — ¿El closet? —Gritó con más fuerza. —¿Ahí me dejarás encerrada? Piensas abandonarme aquí porque odias tenerme cerca, ¿¡verdad!? — Preguntó rompiendo en llanto. Siempre se preguntó porque su tío era tan indiferente y frío, a pesar de que siempre intentaba agradarle, él y su hermano menor no parecían soportarla.

    La pelinegra suspiró pesadamente, levantándose de su sitio para ir con el hombre impaciente de la puerta. Su tía no iba a hablar. Antes de despedirla pudo ver la melancolía en su rostro cuando ese hombre sin corazón decía:

    —Sí."

    OoOoO

    Notas de Kou: ¿Sabían que van un capítulo atrasados?
     
  4.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    O

    O

    El verdadero rostro de la tormenta

    OoOoO

    Las emociones no dejaban de desbordarse sin detenimientos, todos aquellos tormentos que se hallaban adormecidos en el interior de su mente habían despertado, y le era difícil mantenerlos detrás del límite. Las manos no dejaban de temblarle, conmocionada aún por tan fría respuesta de su parte. No podía creer que algo tan sencillo como esa una palabra fuera a derrumbarla emocionalmente, después de todo, a lo que más temía en este mundo era a él.

    Desde lo poco que recuerdo había sido una niña tranquila que solía defender a los demás. Mi madre solía decirle que en aquellos años que no recordaba era demasiado impulsiva y se alegraba con frecuencia de que dejara eso atrás. Jamás me había enfrentado a nadie en una manera que resultara demasiado grosera sin un buen motivo, sin embargo había demasiadas peleas en el historial de las que madre no sabía nada.

    Mi amor por InuYasha había cambiado todo.

    Soporté humillaciones, promesas sin valor y un sinfín de excusas vagas, poco creíbles o justificaciones estúpidas al intentar que el amor perdurara por sobre todo lo demás. Había adoptado una actitud algo pasiva respecto a defenderse a mí misma y me odiaba profundamente por no haberlo detenido desde el mismo momento en que inició. Me sentía tan culpable por no haberlo notado mucho antes, la melancolía de esa persona apreciada, y cuánto tenía que ocultar.

    Juntos pudimos haber hecho más. Si hubiera visto más allá de su dolor me habría percatado inmediatamente del comportamiento extraño de mi aún esposo. Si ella, esa Kagome, le hubiera preguntado habría obtenido la respuesta. Pero ella se dejó levar de un lado a otro hasta quedar atrapada en campo enemigo con su hermano, del que todavía desconfiaba. No había escogido anda por sí misma, todo se lo había impuesto.

    Era como si su vida dependiera de repetir los ciclos del tiempo, cada etapa que no había logrado cerrar pro sí misma tendría que aprenderla ahora por la fuerza. Primero InuYasha, ahora Sesshoumaru. Solo vio lo que hasta ahora había querido, una persona desagradable de la que tenía que alejarse, sus motivos, planes o aquello que ocultaba no le interesaban realmente, más allá del hecho de verse forzosamente involucrada a averiguarlo para escapar junto con Rin.

    Mi incapacidad me hizo ver frente a esas dos personas como una tonta. Habría sido demasiado doloroso en cualquier otro momento sentirse subestimada, pero abrigar constantemente ese error acumulado en su cuerpo e impidiéndole deshacerse de la sensación de fracaso la estaba matando lentamente en agonía. Estaba cansada, harta y a punto de asfixiarme.

    El hubiera no existe. Y necesitaba con urgencia tomar deciones para no volver a arrepentirme.

    —Maldición. —Susurré con los labios cubrí el rostro, tratando de detener el implacable llanto de mi interior. Sin darme cuenta las lágrimas cubrían todo mi rostro, dándome un aspecto bastante lamentable.

    Miré la puerta del closét, estaba cerrada. Me había encerrado por algún motivo, y estaba segura de que no era precisamente por que temiera que fuera a interferir. Había algo, mucho más de lo que siempre me había dejado ver hasta ahora, sus planes de venganza rídiculos, su deseo que me divorciara, las miradas que Kagura siempre me daba después de que conversara con él, la astuta manipulaciónd e una pequeña niña que me hizo quererla para atraparme junto a ella. Rin sabía más de lo que decía, ella era demasiado inteligente para poder ocultárselo. Y por alguna extraña razón decidió tomar su parte en aquella pantomima.

    Sabía que no era por maldad. Quizás fue que instintivamente percibió que ese hombre me necesitaba cerca, quizás alguna conversación llegó hasta sus oídos en alguna de sus tantas rondas solitarias en lso pasillos. Estaba segura que aunque ella no tenía en claro exactamente el por qué, lo suponía. La necesidad de ganar la atención y el afecto de su frívolo padre, además de mitigar su soledad le hicieron retenerme.

    Pero yo no era una niña a la que pudieran mantener incomunicada sin razón. Yo no era una persona de carácter sumiso o que no expresara lo que piensa sin importarle lo demás. Yo no era esa Kagome que estuvo viviendo en mi cuerpo por los últimos años y sin embargo me había convertido en ello.

    —Yo no soy tan buena niña como lo eres tú, Rin.

    Corrií inmediatamente contra la puerta, asombrándome el hecho de que ni siquiera estaba bien cerrada. Apenas di el primer golpe se abrió mientras la puerta se azotaba con fuerza contra la pared. Los marcos que la sostenían temblaron violentos, pero nada me importó, tenía un mal presentimeinto sobre todo. Sesshoumaru no era una persona afectuosa o protectora, mucho menos alguien a quién se le pudiera tomar por sorpresa con facilidad.

    El tiro había sido planeado para intimidarlo. Y que hubiera alguien con esa clase de juegos violentos solo podía señalar cuán peligroso era el individuo. Estaba preocupada. Si ese hombre obstinado había salido para enfrentar a esa clase de enemigo habría que ser idiota para no creer que lo haría cara a cara, directamente y sin tomar sus precauciones. No era impulsivo, como yo o como su hermano menor, pero era demasiado orgulloso para su propio bienestar, las peores caídas se daban por causa del orgullo. Si le subestimaba, si se sentía demasiado capaz y se llegaba a acercar de más…

    Si en realidad el objetivo no era él…

    Sus pasos se aceleraron, aumentando la presión en sus piernas. Se estaba agotadando de tanto correr por los interminables pasillos de la mansión sin saber a que rumbo pero si se rendía estaba segura que aquella horrible preocupación que oprimía su pecho no tendría piedad con ella. Corría sin saber por donde pasab dónde iba, solo me djeaba llevar por el isntinto. Normalmente estaría tan cansada que quizás hubiera pensando en rendirme pero hoy esa no era una opción.

    Podía ver la puerta de la entrada, de algún modo terminé bajando al primer piso y llegando a la sala donde se recibe a las visitas. Si había alguien atentando contra la vida de lso integrantes de esta casa seguramente se encontraba afuera, esperando por Sesshoumaru. No sabía si quería que ya hubiera escapado.

    Un choque demasiado brusco me hizo detenerme y caer con la msiam fuerza del rebote directo al suelo. La luz del Sol dio directo en mi cara, era tanta que me cegó por valiosos instantes en que intenté reconocer a la persona con al que había impactado.

    —¿Así que tú eres a quién he estado buscando?

    El tono burlón que desprendía su voz tan grave me causó escalofríos. Era un hombre, de bastante altura y cabello negro, que me extendía la mano. Sus ojos eran bastante expresivos, la apatía, el orgullo y la manera humillante en que fijaba su mirada me recordaba vagamente a algo de lo que no estaba segura que era. Me levanté lo más rápido que pude, retrocediendo dos pasos e ignorando su mano, presentía que no era buena idea aceptar su ayuda.

    — ¿Quien eres tú? —Pregunté de inmediato.

    —No creo que esos sean los modales con que debas tratar a alguien mayor que tú, joven niña. —Profirió con desden, sonriendo maliciosamente. —Ha pasado tanto tiempo que ya me has olvidado.

    Tenía un rostro hermoso, quizás un tanto afeminado debido al cabello largo y los rasgos tan afinados de su mandibula, sumado al aparente maquillaje de color morado que usaba sobre la línea de sus párpados. Su cabello negro como el carbón, tan oscuro por un segundo pensé que me mancharía si lo tocara. La piel era pálida como la nieve, sus ojos no parececían de un humano, brillaban friamente como gemas de color violeta hasta arder.

    Jamás había visto a un tipo tan extraño e intimidante como él. Sesshoumaru parecía frío y distante, quizás un poco cruel pero ese hombre tenía un aire de peligro que el rodeaba y causaba tal terror con su presencia al punto en que erizaba mi piel. Todo en esa persona gritaba que me alejara de ahí, que huyera de inmediato pero no pude resistir la curiosidad de quedarme y averguar que tramaba.

    Si él estaba involucrado con lo sucedido hace un rato, quedaba claro que solo estaba jugando por una razón mayor.

    —¿En verdad yo le conozco? —Cuestioné desconfiada de sus palabras. Él ensanchó su sonrisa, acercándose lentamente mientras yo retrocedía. Traté de aparentar seguridad, acomodé mi postura en un intento de no lucir como un animalito acorralado, pero seguía con el latente deseo de desvanecerme.

    —Realmente lo has olvidado. —Había un deje de decepción tanto en su rostro aparentemente herido como en su voz. —Yo era el mejor amigo de tu adorada Kikyou.

    Reaccioné ante la mención de mi tía.

    —¿Cómo has…?

    —Amigo no es la palabra correcta. —Interrumpió el hermano mayor. —Bastardo te queda mejor. —Sin darme cuenta Sesshoumaru había sido rápido localizándose entre yo y esa persona. Apenas podía verlo, pues me cubría con su enorme cuerpo, en medio de mi visión aturdida y límitada pude ver la sonrisa arrogante de aquél sujeto extendiéndose. La rabia circulaba por mis venas cada vez con mayor fuerza, no importaba que se dijera o el tema del que hablaramos, pareciera que él no perdería aquella actitud de superioridad.

    Desvié mi inspección a el heredero Taishou, percatándome de que por primera vez su rostro lucía frente a mí con una exprexión que distaba poco de la indiferencia, pero era un gran cambio considerando lo siempre inflexible de sus gestos. Parecía aturdido y realmente furioso, y realmente dispuesto a todo, algo de lo que yo temía. Lo que no estaba segura era si era por él o por mí.

    —Has tardado en venir Sesshoumaru.

    —Y tú no tendrías por que entrar. —Espetó con rudeza, su voz haciéndose resonar como un gigantesco eco entre las paredes de la habitación. —No tienes asuntos con nadie en este lugar.

    —¿De verdad? —La mano derecha de aquél hombre se escurrió entre sus ropas orientales, traía puesto un tradicional traje japonés del que sacó un objeto gris brillante. Mis ojos se abrieron impresionados, frente a nosotros ese ser respugnante paseaba con descaro una pistola, apuntándola directo a nuestro lugar.

    —Eso es…—Pronuncié angustiada. Él asintió.

    —¿Nunca habías visto un arma? —Negué, Sesshoumaru me cubrió más en el momento en que se mirilla se acercó a mí. —Ya veo. Entonces debiste asustarte cuando accioné el gatillo por accidente hace un rato. —Accidente, por supuesto. Ni siquiera él hacía el intento por que le creyera en lo más mínimo.

    Esa persona comenzó a rodearnos, como un cazador que acecha a su presa, ambos se retaban con la mirada a que alguno diera el primer movimiento en falso para provocar su caída. Fue demasiado rápido, demasiado pronto, no pude verlo venir. El pelinegro aprovechó un segundo de descuido en que yo tomé la manga del traje del dueño de la casa y lo distraje para escurrirse hasta mi sitio y apuntarme cons u arma por la nuca.

    —Kagome, no te asustes por favor —Dijo el imbécil que me estaba amenazando. Y lo peor, diciéndolo tan cinicamente me daban ganas de darle un puñetazo.

    El frío metal recorrió mi cuello hasta separarse en la parte baja de mi nuca, erizando todo a su paso. Miré a la persona frente a mí, si yo estaba atn molesta por su desvergüenza esperé que Sesshoumaru estuviera peor que yo, o que interviniera en algún momento pero no pareció moverse de su sitio.

    ¿Para que había sido tan cauteloso conmigo todo el tiempo si lo iba a dejar pasar como si nada? En esta situación de alguna manera parecía como si yo fuera el escudo.

    —¿Que no tema? —Pregunté histérica, mi voz salió sin pensarlo. Si hubiera sido la misma Kagome cautelosa de los últimos tiempos seguro estarúia a punto de decirme idiota por ser tan imprudente, pero el temor me hizo actuar sin pensar en las consecuencias. —¿¡Como quieres que lo haga si me apuntas con un arma? —Chillé. Espero que por lo menos mi voz aguda le haga doler la cabeza.

    —Realmente tengo la intención de dejarte ir. —Reclamó. —No tienes por qué asustarte. —Se burló, volviendo a recorrer sobre mi piel esa cosa.

    —Desde un principio estabas jugando ¿cierto? —Pronunció el señor dmeonio. Y fue cuando este hombre tomó parte en la conversación. ¿Jugando? ¿Tan malvado era que pretendía jugar con una pistola frente a dos personas indefensas?

    —Oh mi estimado Sesshoumaru, eres tan astuto. —Sonrió perversamente mientras ladeaba el rostro. —Fue inecesario que protegieras a la niña ya que ella es diferente de Kikyou.

    Sus palabras me alteraron.

    —¿De donde conoces a mi tía? —Cuestioné.

    —Fui muy cercano a ella. —Lo sentí retroceder, dejándome espacio para respirar un poco de alivio. —Y es por ello que también quiero serlo contigo. —A pesar de lo que esperaba el ambarino a mi lado permaneció indiferente ante la provocación. Me resultaba sumamente extraño que esa persona decidiera quedarse calalda ante un hombre tan peligroso, pero tarde revalore que lo mejor era no actuar imprudentemente. Aún así, no me convencía. Sesshoumaru, a pesar de sus intentos de cuidado conmigo, no parecía preocupado por que me fuera a herir de verdad. —Me agradó conocerte, eres físicamente igual a Kikyou. —¿Que era lo que este hombre decía? Tenía tantas dudas, tantas preguntas atoradas en la punta de la lengua pero ninguna quería salir. —Nunca me imaginé que Sesshoumaru te escondería en su propia casa.

    — ¿Tu me buscabas? —Temblaron mis labios al momento de preguntar. También estaba esa tenebrosa situación, lo que había dicho al inicio. Y la confirmación de todas mis supociones sobre los supuestos planes de venganza. ¿Un desconocido para mí que decía conocer a Kikyou quería conocerme? Su sonrisa se tornó demasiado turbia para mi gusto.

    — ¿Nunca te has preguntado porque viniste aquí así de simple? ¿Porque no sales?

    —Yo... No lo sé...

    —Bueno, te dejaré que lo pienses.

    —Largate para siempre, Naraku.

    No pude pensar en que en ningún momento Sesshoumaru intervinió en la conversación de forma importante, ni desmintió nada más que la relación de esa persona y mi tía. Mi mundo y mi cabeza giraba alrededor del apsado, de aquellos recuerdos que no quería tener pero eran demasiado importantes para ignorar.

    Dio media vuelta, sonriendo con esa sonrisa tan extraña; la mezcla de maldad, tristeza e inconformidad que mostraban sus ragos me hizo pensar que él tal vez… Naraku, él…

    Un fuerte palpitar de mi corazón detuvo todo pensamiento. Mi cuerpo violentó contra sí mismo al conectar mi mirada con el oro de esos ojos estremecedores. ¿Acaso destellaban? No, mirando con atención esa luz lucía neutra, identica al de la joyería del mismo recién púlida. Seca, sin emociones más allá de la superficial belleza.

    ¿Donde quedan tus emociones, Sesshoumaru?

    Me gustaría preguntartelo, aunque no me atrevo. Sé que están ahí, fui testigo por unos segundos de la cortina corrida que deja ver en lo profundo de ellos. ¿Qué es lo que les haces? ¿A dónde las llevas? ¿O es que las exterminas en cuanto nacen de tu pecho?

    Llevo una mano al mío, tratando de silenciar a mi corazón. Desborda tanto que entender lo que siento llevaría mi vida en analizar, tantas mezclas que se pierden y forman algo nuevo acometen de nuevo su ciclo al verte avanzar directo a la puerta de madera de alguna habitación lejana. ¿Cómo debo llamar al lugar que te diriges? Un hogar para ti no es, tampoco una casa. Quizás solo resulta ser una estancia.

    Y sin embargo eso no me importa ahora porque sólo deseo que no alcances esa perilla hasta que yo te pueda detener. Quiero gritarte, preguntarte y contarte tanto pero todo no avanza más allá del nudo en mi garganta. Mis primeras preguntas vuelven y quiero realmente que las respondas.

    ¿Dónde dejas las emociones?

    Dime, porque quiero esconderlas en el mismo lugar que tú.

    Extiendo mi brazo y por fin logro tomar el tuyo, suavemente, pero no pareces sorprenderte por mi contacto. Supongo que ya lo esperabas. Alzó un poco el rostro y sonrío antes de preguntar: — ¿Me dirás porque estoy aquí? —

    Este imponente hombre frente a mí bufó exasperado.

    De nuevo me ha ganado una extraña fuerza de mi ser que me impide hablar, y es precisamente lo que parece querer escuchar él. Imposible, sacudo levemente la cabeza retirando la idea de inmediato. Él no tiene modo de conocer mis pensamientos, pero luce realmente molesto por un motivo, para mí, desconocido.

    ¿Tan grave es, o es que odias tanto el verme?

    Clavó sus pupilas en las mías como puñaladas directas. Seguirle esa mirada me provocaba ardor y escozor molesto en los ojos. Di un golpe con el pie derecho en el suelo, esperando su respuesta y demostrando que no me dejaría amedrentar.

    —Cobarde. —Escuché decir como sentencia.

    —Dio media vuelta y marchó...—Comenté mientras mi voz sonaba burlona. Sí, lo he dicho y de hecho me encantaría que diera media vuelta y me enfrente. Sin embargo no sucederá. Lo ha hecho tantas veces que deseé ironizarlo esta vez. Y realmente mi simple comentario sólo nació para calmar el escalofrio repentino que entró a mi cuerpo, invadiendo hasta mi mente.

    ¿El miedo puede sentirse tan literalmente correr en vez de la sangre? ¿Pueden mis pupilas llegar al total colapso, punto muerto donde se destiñen del color? ¿Pueden los sentimientos acabar con este cuerpo, sólo por haber sido descubierta ante él?

    "Cobarde"

    Acababa de llamarme cobarde con tan justa razón que cambié en instantes el miedo por rabia pura.

    — ¿Como puede...? —Mordí mi labio inferior hasta realizar un pequeño corte. Ni mis pensamientos me dejarían terminar esa frase, resultado de otra duda sobresaliente entre las tantas sobre aquél arrogante. A veces aparentara saber cada pensamiento, pero sencillamente no lo creo con tal habilidad. ¿Seré tan predecible?

    Quisiera conocer la respuesta también.

    Sencillamente no sé a que temo, infundamentado y estúpido pero no puedo reunir el coraje de afrentarlo. No es terror por mi vida ya que creo entender que me necesita, tampoco es miedo de su persona porque de cierto modo he aprendido a vivir con ello. Y sumo los pocos recuerdos que se niegan a irse de mi mente sobre él. Finalmente me he dado cuenta que sus palabras no se tratan solamente de lo que compartimos en mi infancia, la verdadera razón de que me odie yace mucho más allá.

    ¿Entonces?

    Por ahora, con la pequeña visita "cordial" de aquél sujeto extraño y estas sensaciones bastan más que para este día, para el resto de mi vida.

    — ¡Nang! —Media sonrisa logró sacarme la dulce voz de esa niña, corriendo precipitadamente con una cara de preocupación que me hizo sentir culpable.

    Tomé su rostro y limpié los inicios de lágrimas mientras la empujaba levemente por los hombros. Creo que la llevaré a mi cuarto, donde descansaremos juntas, no sé si se ha dado cuenta pero ha sido bastante presión para mí y lo necesito con urgencia.

    Esta noche debe de terminar en este momento antes de que ocurra algo más.

    OoOoO

    Notas de Kou: Y ahora son tres capítulos atrasados xD
     
  5.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Fanfic - Pensé que era amor [Sesshome]
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    O

    O

    Detrás de escena

    El sonido de algo golpeando contra la dura madera del escritorio fue hueco, aunque no le importó tanto como exponer su desagrado. Descargar su ira contra objetos inanimados era lo mínimo que podía hacer para aminorar la creciente molestia que ponderaba en su semblante, necesitaba recuperarse antes de perder su porte habitualmente elegante y quedar en ridículo ante sí mismo. Si había algo que odiara completamente era el hecho de dejarse llevar por las situaciones y exhibir cualquier muestra de debilidad, sobre todo ante los acusadores ojos de su acompañante.

    InuYasha miraba con recelo cada uno de sus movimientos sin descuidar en ningún segundo la ubicación de aquellas carpetas que habían causado tal sonido. Si no fuera evidente el hecho de todo aquello lo había tomado desprevenido seguramente podría calmar su rabia con aquél idiota, hiriéndolo con comentarios sarcásticos sobre su estupidez crónica.

    Lo observó unos segundos antes de notar que a pesar de su innegable estado de alteración no parecía que fuera a moverse de su lugar, sosteniendo con fuerza el marco de la puerta de su despacho. No estaba de humor para soportarlo, así que decidió enfrentarlo, si dejaba que blasfemara a su alrededor cada una de las tonterías que tenía que decir no habría razón para que siguiera importunándolo.

    —¿No deberías estar junto a ella? —Preguntó, observando cuidadosamente su reacción. Quiso sonreír irónico al notar su tonta cara al nombrarla. Por supuesto, su medio hermano seguía siendo un inútil sin remedio, enamorado de aquella mocosa torpe. La idea de ellos juntos era grotesca. —No. —Negó con sarcasmo, el más joven cambió su postura a una defensiva. —Supongo que si aún tienes el tiempo suficiente para interrumpirme debe ser porque no tienes intenciones de verla.

    No hubo respuesta. Había estado ignorándolo a propósito desde que lo vio, Sesshoumaru suspiró frustrado sin dejar de lado la incomodidad del momento. Ya eran dos cosas que se habían salido de su control y eso comenzaba a fastidiarlo.

    Estudió cada mínimo gesto corporal, sin comprender del todo por qué se contenía tanto, InuYasha era un idiota impulsivo que actuaba sin pensar ni un segundo en las posibles consecuencias. Al verlo esa mañana, molestándolo desde tan temprano supuso que vendría a reclamar y posiblemente tendría que calmarlo con la fuerza física pero había estado inesperadamente tranquilo todo el tiempo que llevaban juntos.

    —Si tan preocupado estás deberías ir a cuidarla por tu cuenta. —Resopló molesto. —No me importa a lo que vienes, sólo lárgate. —Espetó indiferente, sin dignarse a mantenerle la mirada.

    —Sé que él ha venido. —Soltó directo, sin importarle poco la reacción del ambarino mayor prosiguió. —El maldito bastardo la ha encontrado y no dudes que buscará la forma de llevarla con él.

    —Lo sé. —Masculló entre dientes.

    La situación lentamente quería escaparse de entre sus manos y lo estaba logrando. El solo hecho de que Naraku se presentara en su casa preparado de ante mano con toda la información necesaria para sentirse con la autoridad para cuestionarlo era una maldita blasfemia a su astucia e inteligencia. No lo había anticipado, por lo menos jamás podría haberlo hecho de ese modo. Había esperado que rondara los alrededores pro algún tiempo, aquella basura insignificante no solía enfrentarse directamente con los asuntos molestos pero le había subestimado, al parecer estaba lo suficientemente desesperado para decidir ir de frente.

    Ambos sabían a la perfección de todo lo que era capaz, y mejor que nadie. Pero el simple hecho de sentirse siendo rebajado a la mera insinuación de tener que acatar sus órdenes era suficiente para ponerlo furioso. Alzó el rostro, clavando la furia de sus ojos fríos en esa mirada que no se amedrentaba para nada.

    Quizás antes, cuando apenas era un niño que recién lo conocía ese tipo de intimidantes servirían para que se alejase y pudiera seguir su vida en paz. Pero ahora, tratándose de este tema y sobre todo de ella, a InuYasha ni colocándole un arma en la sien sería capaz de atemorizarlo.

    Había estudiado por años la situación, había preparado todo lo necesario para controlar cualquier exabrupto de su hermano, cualquier pequeño desvío de su meta y las posibles consecuencias de sus métodos poco ortodoxos. Con el fin de lograr su objetivo había planeado minuciosamente cada detalle en su plan de negocios, vigilando todo desde las sombras. Aunque era reconocido por su frío temperamento y la inexpresividad de su rostro esos detalles solo eran parte la verdadera agresividad empresarial que gozaba llevar a cabo.

    Solía ser una persona controladora y manipuladora, no había nada que se moviera sin que él lo ordenara y sus exigencias solían cumplirse de inmediato. Al menos eso siempre había sido verdad hasta que llegó aquella niña débil e infantil que derribó cada una de sus expectativas. Por alguna extraña razón las cosas nunca surgían según lo previsto con esa mujer desagradable.

    Desde seguir con tanta facilidad a Rin a la casa y negarse al divorcio con el estúpido de su medio hermano a pesar de haberlo aceptado con anterioridad. Incluso le había visto aquella última noche junto a Kagura y gracias a ella y sus imprudencias el bastardo de Naraku había vuelto demasiado pronto para su gusto y sus planes. Por culpa de esa mocosa tenía que soportar los aislados casos de altanería y pequeñas acciones de rebelión por parte de aquellos que creía dominados bajo su yugo. Con su simple e ingenua manera de ser había logrado capturar en sus garras a las mismas personas que estuvieron involucradas en su captura sin saberlo.

    InuYasha con todo y sus arrebatos jamás se había salido de sus planes… Al menos, eso era hasta que se enamoró de ella.

    —Si lo sabes...—inició, asestando todo el veneno posible a esas palabras para que sintiera la rabia que le engullía por dentro. — ¿¡Porque rayos la dejas andar sola por donde quiera!?

    —Nunca sale de la casa. —Contestó impasible. —Y sabes que no importa, no puede herirla. La necesita. —Observó al otro hombre acercarse, tomándole por el cuello de la camisa siendo impulsivo como siempre. Finalmente su verdadero carácter estaba actuando y eso era algo con lo que podía lidiar mejor. — ¿No le dijiste que no regresarías, InuYasha? ¿Cuántas veces lo has hecho ya?

    —No frente a ella. —Y sus músculos faciales ensancharon una sonrisa cínica que de cierto modo hicieron sonreír también a su medio hermano. El brillo ámbar de esa mirada lo hizo sorprenderse un poco, pero igualmente un hombre como Sesshoumaru no se dejaría llevar tan sencillamente. Quizás, no era tan inepto como parecía. Esa actitud tan impulsiva y bestial era algo tan ridículo como estimulante. —Fue tu estúpida condición, ¿la recuerdas?

    —Claro. —Esta vez fue el mayor quien río sardónicamente. —Casi llorabas y rogabas frente a mí que no te la quitara. —Respondió con retorcida satisfacción.

    Demasiado pronto esa sonrisa fue borrada por un puñetazo del menor que no dejaba de sujetarlo. El impacto fue fuerte, obligándolo a ladear el rostro pero con todo su fría actitud y esa detestable sonrisa no se iban. Había una extraña complacencia en el hecho de haberla separado de su medio hermano que no podía explicarse con claridad. Siempre había sido su gusto personal atormentar al bastardo de la familia, pero esto era diferente y resultaba molesto que el asunto no fuera resuelto a cabalidad.

    Alzó sus manos, sujetándolo por las muñecas. Más que las estúpidas quejas del imbécil de su medio hermano tenía asuntos más urgentes por atender, empezando por callarlo. Sus ojos dorados se clavaron sin disimulo en los ojos de su contrincante intentando en vano intimidarlo, debería saber que era un idiota sin remedio al que no cualquiera podría poner nervioso. Y menos si el tema era sobre esa mocosa.

    InuYasha, aún sin satisfacer su furia que pedía molerlo a golpes y encargarse él mismo del problema, decidió ser prudente. Seguía siendo el mismo, no es que hubiera madurado ni nada, pero en su mente persistía el hecho de que si armaba un escándalo Kagome seguramente se enteraría de su estancia en el desagradable sitio.

    —Te recuerdo que lo hice por ti. Me obligaste a aceptar que tú te hicieras responsable de su seguridad. —Apretó el agarre de su cuello, pero su hermano no pareció reaccionar, solo el apenas perceptible color rojizo de su pálido rostro delataba sus dificultades para respirar correctamente. —Pero nunca me dijiste que la tendrías bajo tu techo y menos que la descuidarías tan estúpidamente.

    —No eres quien para decirme que hacer. —Indicó con tono cortante, no deseaba que aparte de los problemas ya ocurridos este día él causara uno mayor.

    —Olvidaba que soy un bastardo, ¿verdad? —Bromeó sin humor. Sesshoumaru alzó una ceja ante el repentino recordatorio a sí mismo.

    —Aún sin sangre de por medio seguiría odiando tu estupidez.

    InuYasha lo soltó de inmediato, al notar el color en su rostro. Si observaba con atención su rostro, Sesshoumaru podía reconocer un leve rubor que cubría sus mejillas. Río secamente, jamás habría esperado que el imbécil que llevaba la misma sangre que su padre se sentiría avergonzado por casi estrangularlo. Por un segundo le recordó a la chica que acogió en su casa para llevar a cabo sus planes, de cierta manera se parecían lo suficiente para ser igual de irritantes.

    Silenciosamente sus pies lo guiaron hasta la parte trasera de su escritorio, junto a la silla que en esos momentos necesitaba usar. Elegantemente dejó caer su cuerpo con un suspiro resignado antes de recobrar la compostura de hielo que le caracterizaba. Miró las carpetas esparcidas sobre su escritorio. Todas y cada una, con particularidad en aquella que de pronto llamó su atención por el contenido reciente que se esparcía.

    Llevó una mano a cogerla y sin ningún tipo de expresión miró detenidamente las fotos tan conocidas. Un archivo que parecía ser una versión oficial y la fotografía adjunta de la que fuera su esposa hasta hace poco. —Ahora que Naraku ha aparecido…—Intervino el menor, con su vista fija en la información. —Ella tendrá que enterarse, ¿no?

    —No tiene por qué saberlo.

    —Tarde o temprano lo hará. —Replicó el menor, incordiado ante su actitud.

    El ambarino mayor miraba con especial énfasis el segundo archivo: un acta de nacimiento y también la fotografía de la pequeña Rin. Todo el contenido fue entregado por el mismo InuYasha hace algún tiempo, por lo que no tenía caso esconderlo de su vista, sin embargo era completamente diferente a que requiera o simplemente deseara su presencia.

    —No por mí. —Fue la seca respuesta.

    —Tiene que saber, Kagome puede ser demasiado terca. —Sonrió de medio lado. —No descansará hasta saber que le ocultamos.

    —Es tu problema si le dices algo.

    No tenía las ganas de llevar más lejos ese asunto.

    —¡Papá!

    Cuando vio entrar a Rin a su despacho sin ninguna clase de decoro o llamar primero a la puerta supo que definitivamente tenía que volver a tomar el control de la situación. El primero en correr hacia ella fue InuYasha, alzándola en brazos. Si no lo conociera, el evitar que la pequeña se le acercara habría sido una especie de amenaza, sin embargo al menos era lo suficientemente prudente para conocer las consecuencias que le traería enfrentarse a él por esa niña. Incluso, por Kagome.

    Rin le murmuró algo al oído que no escuchó pero tampoco le importó mucho, si su hermano había salido corriendo sin importunarle más el mundo podría estarse acabando afuera y él le daría la bienvenida. No era que afectase mucho sus planes pues lo más seguro era que iría a buscar a la otra pelinegra y esta lo rechazaría de vuelta. Sonrió. El motivarla a ir contra InuYasha sólo fue una estrategia perfecta para obtener tiempo, de la cuál ella misma estaba dejando en el olvido.

    Antes la creía una llorona que no sería capaz de soportar ningún golpe fuerte como hasta ahora, sin embargo cuando la reencontró y poco a poco fue tratando con ella se dio cuenta de que aún podría guardar algunas sorpresas. Y a Sesshoumaru Taishou definitivamente no le gustaban las sorpresas.

    Deseaba a alguien a quien manipular fácilmente, para mantener la desesperante situación que se vendría bajo control. De hecho, para mantenerse él mismo bajo un estricto control. No era como el idiota de su medio hermano que se lanzaba ante la menor provocación, pero las cosas no eran tan sencillas como para tomarlas hechas como cualquier día común. Era hora de retomar sus planes. Y sobre todo, de impedir que la verdadera razón para mantenerla ahí llegara alguna vez hasta ella. Leyó el tercer archivo con mayor interés, el documento legitimo para establecer la disolución del vínculo matrimonial entre su medio hermano y la que ahora residía en su casa.

    OoOoO

    N/Kou: Hola fantasmas :3 Sé que me leen, no se hagan 7u7
     
  6.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    Advertencias: Cambios a tercera persona/La autora se tomó una pastilla de cursitolina en las notas (?)

    O

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    Danza de negro

    Oscuridad. Muerte, dolor, tristeza, sufrimiento, soledad, secretos; hay tantas cosas que se asocian las cortinas negras que velan mis recuerdos que cada punto solo es un número más por contar. Al final, todo se resume en que no quiero recordarlo, mi mente no para de repetir usando mi propia voz como un fuerte y desgarrador llanto cuan malo sería acceder a esa parte de mí misma que no debe volver.

    No recuerdo exactamente qué ha pasado, solo sé que llegué a salvo a mi habitación junto con la pequeña Rin y ambas caímos rendidas. Traté de abrir mis ojos pero fue en vano, por más que lo intentara el paisaje seguía siendo negro. No puedo mirar mi propio cuerpo, solo sentirlo, y el hecho de que todo aquello que me rodea ahora es turbio me hace sentir que estoy de nuevo dentro de un sueño.

    ¿Qué es lo quiero ocultar, qué es aquello que me asusta a tal grado que debo forzarme a olvidarlo? Presiento que, mucho más que resolver mi presente lo único que hará es ocasionar más dudas y conflictos sobre el pasado. Ver morir a Kikyou con mis propios ojos fue lo suficientemente traumático para archivarlo junto a ese otro secreto, y sin embargo a pesar de haber descubierto la tragedia de la que fui espectadora ese hecho se sigue negando a ceder. Aquello que no puede ser revelado, el pasado que aguarda tras mis propias defensas auto impuestas, la razón por la que todos me tratan como un ser casi inexistente que puede ser controlado con facilidad tal vez ni siquiera sea algo realmente cruel.

    Quizás, y solo quizás, empezaba a creer que en verdad todo esto se trataba de un engaño mental para procesar el hecho de que fui testigo de una muerte, que esa chica que estaba ahí viendo el cuerpo de la mujer que adoraba con toda mi alma y me crio por largos años como una madre no era yo. Si todo esto formaba parte de algún extraño mecanismo de defensa para asumir otra personalidad y escapar a la realidad para negarme que alguna vez eso sucediera.

    Si estaba en lo correcto, podría entender por qué me aterraba tanto. Sería como volver a mi yo original y admitir que eso fue real.

    Era frustrante.

    Por un lado, tenía miedo y por el otro… Ser yo era un asco total.

    Me casé demasiado joven con un imbécil indeciso que decía amarme, luego odiarme y corre a buscarme en un ciclo sin sentido, había caído de lleno en un supuesto plan de venganza cuyo único objetivo real era retenerme en una enorme mansión sin levantar sospechas y lo peor, vivía atrapada con el medio hermano de mi futuro ex esposo que para colmo era un cretino muy guapo y peligroso. Ignoré el hecho de haber pensado que ese viejo demonio era guapo. Odiaba admitirlo, pero Sesshoumaru tenía razón al llamarme cobarde. Escapar solo me había llevado a acorralarme a mí misma en un pozo profundo de desesperación.

    Miré alrededor, percibiendo una nimia y escasa luz de color rojizo y decidí caminar hasta ella, dispuesta a encontrar las respuestas que necesitaba. Esa valiosa información de la que temo, pero estoy cansada de ser menospreciada por el idiota que dice ser mi protector. Un presentimiento me dice que la distancia entre eso y yo se hace escasa. Frente a mí veo un lóbrego lugar que me llama a entrar. No es un sitio parecido a algún confinamiento de mi mente, es algo más como… un sitio en que he estado antes. Pero lo que veo no sé a ciencia cierta si son sueños o realidades que trascendieron en mi vida, dejando la marca que me atormenta en el pecho o una simple treta de mi cerebro.

    Mis manos se movieron pro sí mismas, tocando las sedas negras que cubrían las puertas como un velo y moviéndolas a la izquierda para descubrir mi paso. Me adentré.

    Estaba harta de no ser tratada como un ser humano, de tener que vivir tanteando el peligro a ciegas sin saber al menos por qué o a qué debía enfrentarme, incluso lo que se supone que debía evitar. El dueño de la casa era una amenaza de la que no podía estar segura si era conveniente permanecer a su lado o huir, independientemente de que me hubiera salvado y mostrado esa pizca de humanidad que siempre había estado buscando ver en él, no tenía confianza en que todo aquello no fuera parte de un teatro elaborado de ante mano para hacerme bajar la guardia.

    Podría haberlo planeado con…

    No, era imposible. Por lo menos Sesshoumaru me había mantenido con muchas comodidades en su casa, prisionera pero llena de lujos y compañía agradable. Ese hombre, aquél extraño que decía ser un amigo de la fallecida Kikyou era realmente tenebroso. Había en sus ojos violáceos un extraño resquemor al profundizar en su mirada, un anhelo inquietante y la eterna sensación de haberlo visto mucho antes. Su deseo desbordante e incapaz de cumplir transmitido en aquellos orbes oscuros emanaba la necesidad de destruirlo todo a su alrededor.

    "Si yo no soy feliz nadie lo será."

    Ese hombre parecía llevarlo escrito por toda la piel.

    No podía evitar sentir un poco de lástima hacia él. Realmente parecía aceptarme como la sobrina de Kikyou pero en esos ojos fríos un atisbo de esperanza también nació al verme. ¿Realmente habría conocido a mí tía? Y si era así, ¿cuál fue su relación? Estoy segura que es concerniente a todo aquello que estoy ocultando, por lo que he sido llamada cobarde y tratada como una tonta. No quiero seguir siendo una chica temerosa que se esconde detrás de un torpe trauma infantil, si había algo verdaderamente importante que saber de aquellos días, aún contra mi voluntad, sentía que debía recobrarlo.

    Estaba dispuesta a hacerlo. Pero pronto descubrí que mi cuerpo no me haría caso, se ha quedado paralizado en aquella habitación de luces infernales a la que entré momentos antes. El sueño es tan vívido que siento la inminente necesidad de llorar, tengo asco y ganas de salir corriendo al mismo tiempo. Súbitamente mi garganta se reseca y tengo el anhelo de desgarrar a gritos esa necesidad que se ha quedado atrapada al interior de mi cuello, pero al tocar con las puntas de mis dedos aquellos ojos que solo han causado lástima a los demás descubro que están secos.

    Ahora, lo recuerdo… En esos sueños nunca me permitía llorar.

    El cuarto comienza a llenarse de luces rojas, moradas y varios colores algo estridentes, la perfecta decoración de mal gusto de un negocio de los terrenos bajos. Mis oídos zumban dolorosamente por la intensidad del sonido que sale de la nada y aunque los cubro con fuerza no alivian mi incertidumbre, porque conozco y no quiero saber de estas melodías. Empiezo a recordar. Los ojos me calan por la intensidad del brillo que emite la atroz iluminación, me parecen de algo conocido.

    La escena empieza a iluminarse y poco a poco se va detallando más en mi mente. Hay personas, muchas personas. La gran mayoría son hombres mayores, grandes y corpulentos que rodean a pequeñas y bellas jovencitas que sonríen coquetas a esos depravados.

    ¿Un cabaret?

    Enormes paredes sin ventana ciernen un determinado espacio, demasiado pequeño para albergar a la cantidad de hombres y mujeres que cohabitan en extrañas maneras. Cortinas rojas marcan el camino hacia un gran escenario en el fondo, de donde los laterales salen mujer con atuendos poco recatados, el espacio vuelve a centellar con luces de colores y música estridente alrededor. Llevo una mano a mi pecho que palpita al ritmo, pero de malestar. Hay algo de esta escena que no me gusta nada y temo averiguarlo.

    —Kagome…—Hay una voz. Escucho el murmullo, pero no quiero responder… Cierro los ojos fuertemente, en espera de salir por fin de esta horrenda pesadilla que me trasboca la sangre fuera del cuerpo, violentando mi pulso.

    ¡Es un sueño, un maldito sueño! ¡Nadie puede estarme llamando en un sueño!

    —Kagome, amor…—La misma voz.

    Ese sonido me estremece y provoca que mis pies retrocedan inconscientemente, quiero huir pero también deseo saber quién me llama con un timbre tan dulcemente envenenado. Poco a poco puedo verlo todo, desde los ebrios que se jactan de las mujeres sobre ellos, llenándose de billetes por soportar a esos asquerosos, hasta ese rincón de la derecha donde un hermoso hombre de aspecto frío pero soberbio sonríe con gracia observando orgulloso todo su alrededor. Hay un espectáculo en curso. Una hermosa mujer de brillantes ojos color miel gana la atención de todos los animales en celo que respiran en la habitación.

    Los brillantes cabellos negros danzan de un lado a otro como fuego negro, embelesando al público con su belleza mientras una chiquilla aplaude con entusiasmo, sonriendo a la mujer. El hombre camina en sigilo alrededor de la niña de cabello ondulado, apartándola de la gente, tratando de no ocasionar escándalo. Una mano de él, blanca como nieve, se elevó hasta dar con la mejilla de aquella que rodeaba y acariciarla rudamente. —Kagome, mi joven niña…—La pequeña de cabellos castaños se encogió, acomodando y ocultando algunos mechones negros entre su flequillo. La sonrisa del hombre se desvaneció, elevando su otra mano y propinándole una fuerte cachetada. — ¡Te he dicho que nunca salgas! —Gritó con cólera, pero nadie en ese lugar les prestó atención. —Y mírame cuando te hablo. —Agregó cortante.

    Ella asintió.

    Me siento furiosa. Sé quién es ella, lo entiendo, pero mi pecho se parte de la rabia y el coraje al reconocerlo. Quisiera creer que es un sueño, pero esto pasó en algún momento, alguna maldita vez…

    —Quiero ayudarte. Pero no puedo. —Mencioné al aire, tratando de ignorar aquella lamentable escena. —Lo siento.

    Y sin más, borrando aquello frente a mis ojos con ambas manos como un pizarrón, todo desapareció. Solo quedaron las lágrimas que por fin pude expresar solamente en recuerdos.

    OoOoO

    De ese rostro perfilado descendieron gruesas lágrimas. Por inercia su mano se extendió hasta ellas pero se detuvo a milímetros de tocarla, conocedor de las severas consecuencias que recaerían en él si ella lo descubría. Por dentro sintió como si le hubieran dado un puñetazo en la boca del estómago. Quería tocarla pero no debía, esas insistentes ansias en sus manos se volvían como un escozor fuerte por no poder saciarse de su roce.

    El perfume se impregnó en su nariz, llenándolo de recuerdos. Aún añoraba cuando las noches a su lado se volvían inigualables, jactándose de llevar esa esencia siempre unida a la suya a cualquier lado que fuera, porque su aroma era interminable. —No sabes cuánto lamento haberte alejado de mí. —Sonrió con culpa, mientras acunaba las sábanas alrededor de ella y su pequeña acompañante.

    —InuYasha… —Murmuró ella entre sueños, arrancando una sonrisa por parte de ambos.

    —Me alegra saber que aún me llamas en sueños, Kagome. —Murmuró con rostro impasible, atormentando sentimientos en sus ojos que se morían por ser expresados. Los labios de ella se volvieron tentadores, pero una suave bofetada a su propia mejilla le recordó cuanto habían cambiado las cosas desde aquellos días.

    —Ni dormida ha dejado de llorar, ¿verdad? —Expresó una voz en el tono más bajo que consiguió. La pelinegra a su lado se removió un poco pero no despertó, logrando una sonrisa nerviosa en los dos trasnochadores. —Nang tiene el sueño muy pesado.

    —Si…—Respondió melancólico. Pero la expresión de sus ojos se transformó en algo indescifrable para la dulce castaña. —Dime Rin, ¿te agrada llamarla de esa manera? —La pequeña le miró algo confundida. —Me refiero a nang… —Con una dulce sonrisa en labios la cría le miro decidida.

    —Claro… —Asintió, orgullosa y con una mueca de superioridad que fastidió al adulto quien solo bufó molesto. — Después de todo, sé más de lo que mi papá piensa. Ella…—Murmuró despacio. —Ha sido más como una madre que…

    —Ya. —Le detuvo, revolviendo su cabello con cariño. —Lo entiendo, por supuesto que sabes mucho, mocosa que escucha detrás de las paredes. —Añadió bromista, pero tragó algo pesado, creyendo firmemente que la mirada dedicada que deseaba su muerte no era más que una de las malas enseñanzas de Sesshoumaru. Y a su mente vino una frase. —Las cosas no son como parecen… —Musitó. Es una frase que le gusta mucho decir al mayor. —A veces siento como ese engreído de cabello gris como anciano y ojos oxidados se burla de mí con esas sencillas palabras.

    —Le dices así cuando tú también eres de pelo gris y ojos oxidados. —Le recordó Rin, sonriendo malévolamente.

    — ¡Feh!, en realidad es igual lo que haga, él siempre estará un paso más allá de lo que yo crea o piense. —Llevó una mano a su mentón. —Exactamente como estamos ahora. —Su rostro se ladeó, buscando contacto con la niña. —Dime Rin, ¿crees que deba decirle todo?

    —Yo creo que ella debería decidirlo por sí misma… Después de todo…

    Y esta vez fue su rostro el que se transformó en algo imposible de leer a cabalidad. Dolor, sufrimiento y angustia mezclados con rabia y rencor en sus ojos de caramelo. Tristeza por algo que veía enterrarse más y más profundo en su corazón. InuYasha sonrió con culpa, recordando que a ella menos que a nadie debería preguntarle.

    —Perdóname Rin. —Susurró, sonriendo con culpa. La castaña le miró consternada y algo molesta de conocer muy bien esa expresión. —Pero yo de verdad no quiero que lo recuerde…

    OoOoO

    Notas de Kou: ¡Jajajaja, finalmente están al día! A que soy buena. les traje los dos capítulos... Eweee… Bien, por esta ocasión me tendrán que perdonar también la nota larga porque tengo muchas cosas que celebrar… ¡FINALMENTE alcanzamos el capítulo final de la publicación original! Creí que este día nunca llegaría *se limpia una lagrimita* Ya, no hay material para editar, de ahora en adelante todo será nuevo… Rashos xD He dejado muuuuchas pistas sueltas entre los monólogos y diálogos, son sencillos pero… ;)

    Todo está avanzando muy rápido ahora, y recuerden que falta aparecer Sesshoumaru con su plan de "ahora si te divorcias y te casas conmigo" jajaja… Debí haber hecho que Kagome dijera eso e.e

    Yo sé que muchas de nosotras queremos al Inu esposado a un bloque de cemento en una caja fuerte y hundido en el fondo del mar, pero la triste verdad es que… Al final él se queda con Kagome… Jaja, no, era broma, bajen esas hachas… No, Inu también tiene su parte en la historia al final, sino cuenten con que yo seré la primera en darle la patada xD Y… es más fácil de escribir que Sesshoumaru… ¡Ya, lo dije, me liberé! Inu es tan volátil y explosivo que es como otra chica para mí al escribir y sale natural xD Pero Sessh es un bloque de hielo sin corazón que no he logrado descongelar y… ¿les he dicho que en realidad es un robot sin emociones que nos dejaron los aliens para destruir a la humanidad desde dentro? Como si no fuéramos suficientes para hacerlo solitos xD

    Estoy muy emocionada, cualquier incongruencia les pido perdón porque, -me cito- las dos de la madrugada no es mi hora de la coherencia xD Estuve releyendo algunos cap pasados y… Dios, que mala soy :( Las escenas pudieron quedar mucho mejor, hay palabras mal escritas, raras, escenas demasiado cortas y cambios medio abruptos de acción… Se nota que edito de madrugada TwT No entiendo como no me dicen nada, tienen derecho a reclamar, si me dicen "en el párrafo tres, segunda línea la palabra tal está escrita tla" y etc, no me molesto, al contrario, hasta las abrazo –y las pruebo (?)- pero sé que no lo harán porque los fantasmas no comentan...
     
  7.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Fanfic - Pensé que era amor [Sesshome]
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    Hora del té

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    A la luz de la Luna se descubre muchas verdades y los recuerdos nos embriagan en sus dulces sentimientos, atrapándonos. Es cuando se vuelve difícil y en ocasiones hasta imposible no dejarse llevar, reconociendo que ya no son parte del presente. Entre más dulces son, en contraste a la realidad, más cruel es el precio a pagar por obtenerlos.

    Las pláticas solitarias con tu mente se vuelven la mejor forma de perderte en la soledad y la huella profunda en el corazón que dejan esas emociones de melancolía. Sentí que miles de lágrimas amargas descendieron sobre mis mejillas arremolinadas, la carrera que había hecho segundos atrás se llevó todas las fuerzas que aún poseía y más; definitivamente la tristeza es un motor bastante audaz para generar adrenalina.

    Cuando me levanté de la cama descubrí que estaba sola, aunque quedaban los resquicios de que alguien había cuidado de mí. Sentí los huesos crujir, mi cuerpo no asimilaba del todo que no importaba el costo, debía salir inmediatamente de esta casa por mi propio bienestar mental. No era la misma y repetitiva sensación de peligro del inicio, cuando temía cada paso que Sesshoumaru pudiera dar, era algo más profundo, algo relacionado a mis propios recuerdos de la niñez y tan solo quería un poco de aire fresco para despejarme.

    Estar dentro de la mansión solo me haría divagar o concentrarme en vigilar al Taishou mayor para tratar de prevenir cualquiera de sus movimientos y ahora no tenía tiempo para distraerme. Esta vez sí necesitaba respuestas, y aunque no quería todavía saber, me esforzaría al máximo para recordar. Y de este modo me resolví a salir para contemplar un poco de la visión irreal de la Luna. Salí del cuarto aprovechando las sombras de la noche y ahora me encontraba sentada en las raíces de un gran árbol, en un bosque anexado a los territorios de la mansión.

    Aquí respiraba un poco más tranquila. La vista era preciosa, la zona era conocida como el bosque sagrado debido al árbol que habitaba desde hace más de quinientos años. La verdadera ubicación del árbol estaba en terrenos del templo Higurashi de dónde yo provenía, el resto era propiedad privada de esa familia. Incluso poseían el camino que guiaba al lago de agua plateada que tengo al frente, una injusticia.

    Lo mejor sería no volver a tratar con un par de hermanos tan problemáticos y olvidar de una vez por todos los recuerdos vueltos a mí que tantas noches me provocaron pesadillas pero estaba decidida, no sería más una cobarde. Aquél terrible sueño con cortinas de burdel solo me mostraban la crueldad a la que me enfrentaba.

    No podía asegurarlo porque en realidad nunca vi su rostro dentro de aquél recuerdo, pero esa voz amanerada y el tono burlonamente cortés solo me recordaban a una persona que conozco. Estaba casi segura de que se tratara de él. Esta situación hacía causarme dolores de cabeza. Aunque fuera unos cuantos segundos me gustaría pedir un descanso del interminable ambiente de paranoia en el que se enfrascaba mi razonamiento. Lástima que no existieran los tiempos fuera en la realidad.

    O quizás… de nuevo estaba exagerando. Posiblemente el golpe en mi cabeza confundió las cosas. Nada es como aparenta, no puedo juzgar por imágenes confusas que aparecían tras una escena de lo más bizarra. Por eso mismo tenía que averiguar más y recuperar lo que perdí de memorias. Mi única solución a eso hasta ahora era forzarme o preguntarle al señor demonio, pero era seguro que me mandaría de vuelta a encerrarme al cuarto. Él no me necesitaba consciente, me quería obediente y eso jamás se lo permitiría.

    —Sesshoumaru…—Murmuré involuntariamente, pensando en él y negué de inmediato. No puedo creer que sonara tan… anhelante. Me obligué a pensar en otra cosa.

    Vuelvo al tema de Kikyou, que es aún peor. Sacudo la cabeza para apartar el tema. ¿Cuántas tonterías más caben en mi mente? Tal vez no tengo un límite, una de mis razones para decirlo es que incluso traía a aquél hombre tan peligroso a mis pensamientos junto a ella. Todas las cosas malas de mi vida estaban curiosamente relacionadas, Naraku a mi tía, ella misma a InuYasha y a su hermano. Me reprimí por traerlo de vuelta a la conversación mental.

    Sólo ese hombre podía hacerme pasar de un extremo a otro, de una especie de confianza que iba adquiriendo al convivir a su lado día a día y al segundo siguiente en un "odio profundo". Rin alguna vez me intentó insinuar que intentara algo con él, de inmediato me negué.

    Era curioso que Sesshoumaru había llegado a mi vida a una muy corta edad, antes de siquiera ser capaz de recordarlo bien. Ese hombre de ojos dorados que besé de niña era él, al menos eso es lo que creo. La duda me carcomía al no saber quién era quién, provocando que me sintiera todavía más ansiosa por encontrar respuestas certeras. Además jamás podría intentarlo aunque milagrosamente lo deseara, aún amaba a InuYasha.

    Era demasiado tonta porque seguía aferrada a ese falso cuento de un amor eterno, pero ate las nuevas dudas y cuestiones que surgieron entre nuestra relación me hacían querer saber que ocurrió realmente. Estoy segura que el día en que pueda resolver mi pasado más pronto que tarde debería llegar alguien que lo cambiara todo, desde mi perspectiva hasta la manera en que amo.

    Y definitivamente no sería Sesshoumaru.

    Ninguna historia se entreteje alrededor de nosotros, ni hay quien pueda cambiar nuestro destino escribiendo sobre ello. Decidí regresar, me hacía más daño estar afuera que adentro.

    OoOoO

    En cuanto entré los pequeños y cariñosos brazos de Rin me envolvieron, colgándose de mí durante todo el camino hasta la siguiente puerta que daba a la cocina. Parecía exageradamente animada y feliz, e incluso algo aliviada de verme completamente a salvo. Si no mal recordaba pude verla borrosamente en los pocos segundos en que abría los ojos en medio del delirio la fiebre. Le agradecía que me cuidara y ella sonrió, avisándome rápidamente que su padre quería verme en su despacho.

    No pude contener el gruñido de inconformidad. Empezaba a parecerme al malhumorado de mi futuro ex esposo, pero empezaba a entender porque ponía ese rostro desagradable en cuanto escuchaba hablar de él. La enemistad era cosa natural con el señor demonio.

    Toqué la puerta tres veces, pensando nuevamente en algún plan. Las únicas opciones que se me habían ocurrido hasta ahora eran las mismas, recordar o pedirle respuestas y al ritmo que iba seguramente sabría la verdad cuando fuera una mujer de ochenta años. Aparté esa imagen y me dispuse a entrar. Si quería conseguir algo, lo que fuera, no podía verme en una actitud dócil o amigable. Debía entrar como si estuviera resulta a obtener por cualquier medio su confesión del pasado, no estaba muy segura de cómo lograrlo pero traté de preparar mi postura.

    Hombros sueltos, el mentón ligeramente inclinado hacia arriba, mis labios fruncidos, una mirada desdeñosa y las manos sobre los bolsillos. Genial, era le versión femenina de InuYasha. Si el estúpido circo no le funcionaba a él yo bien podría despedirme de los resultados. Igual, nada perdía con probar y él ya me había visto entrar en tan ridícula pose. ¿Cómo soportaba él ser tan… él?

    Maldeciré su nombre hasta el fin de nuestro matrimonio, en serio. Dejando eso de lado, centré toda mi atención en observarlo, intentando averiguar sus razones para molestar tan tarde.

    —Sesshoumaru, estoy aquí.

    Lo vi alzar la vista de sus montones de papeles. Tragué la molestia de golpe, sintiendo el nudo alojarse en la garganta e incomodarme desde dentro, la hiel que había estado reteniendo todo este tiempo casi me hizo vomitar de golpe. Probablemente esta vez no fuera su culpa, pero los malditos acontecimientos me tenían tan histérica estos días, al borde del descontrol, que su sola presencia me hacía enojar. Aunque, quizás podría aprovecharlo.

    —Llegas tarde. —Acotó seco. —Toma asiento y espera en silencio, no tomará mucho. —Me extrañó la repentina amabilidad de su parte, pero asentí y seguí sus indicaciones, la curiosidad me había ganado. Una taza humeante y de olor amargo llamó mi atención, olvidándome por un momento de mis exigencias. Cuando notó mi insistencia en observar el contenido líquido me sonrió de medio lado y agregó: —Puedes tomarlo si quieres. Está intacto.

    —¿En serio?

    —Por supuesto —Exclamó sin verme. Estuve a punto de acercarme la taza a los labios sin pensar en las posibles consecuencias de su ofrecimiento cuando terminó de hablar. —Si te gusta el veneno…

    Vi su sonrisa triunfante cuando escupí el contenido. Pero no tardó demasiado en arrepentirse pues unas pequeñas gotas de ligero color verde cayeron sobre sus papeles. En cuanto a mí la palma entera estaba goteando, los dedos me ardieron por la irritación. No supe de dónde sacó una bebida con hielos, probablemente alcohol, y un contener metálico de éstos. El traspaso inmediato de la temperatura alta al frío en mi piel me hizo mascullar maldiciones por lo bajo, todas directas a él.

    —¿De verdad es…? —Cuestioné al aire, insegura.

    —¿En serio crees que podría tener una taza de veneno tan tranquilamente sobre mi escritorio?

    Lo creía, pero decidí guardarme el comentario para mí. Y maldito fuera el bastardo, que sonreía al notar mis malamente disimuladas expresiones de dolor; sí que estaba caliente, lo que sea que esa cosa fuera. Lo solté, soplando sobre la piel rojiza, volviéndolo a tomar por orgullo propio al verlo burlarse de mi poca tolerancia con esa mirada arrogante. Lo acerqué a mi nariz, aspirando cuidadosamente el fresco y cálido aroma, asombrándome de que no fuera nocivo; un olor tan exquisito y agradable que no tuve problema en respirar hasta sentirlo llenar mis fosas nasales. —Huele como las hojas del té verde… —Murmuré sin reclamos, olvidándome por completo que debía tratar al enemigo con crueldad.

    —No creo que un té pueda oler a otra cosa, tonta.

    Vaya, seguíamos con el tonito bromista. ¿Le habría pasado algo? Comenzaba a asustarme.

    —Bien —Espeté.

    —¿Bien, qué?

    —No es normal que trates de hacerme una broma y tú fuiste quién me llamó aquí. —Expresé con la voz hastiada. No había terminado de recuperarme del susto ni del resfriado y me urgía ir a dormir, no sin antes pedirle a Rin o Kaede que me dijeran de dónde podía sacar otro té. Dudé de cuán duro era mu tono de voz, cuando noté que el de ojos ambarinos seguía sin inmutarse como siempre, ni siquiera por mi reclamo. —Oye… —Acoté temerosa, con mi mente vagando en infinitas posibilidades. —¿Vas a morir? —Sesshoumaru me miró incrédulo por mi atrevimiento. —¿O quizás soy yo? ¿Rin? No, ella no… ¡Preferiría ser yo!

    —Este es nuestro contrato —Antes de permitirme seguir con mi improvisado drama colocó los papeles que antes leía sobre el escritorio.

    —¿Otra vez? —Bien, cada vez que recordaba cosas nuevas me iba haciendo un poco más atrevida o quizás el espíritu de InuYasha se apoderó de mí. ¿Alguien podía coserme la boca, por favor? —Quiero decir, creo que habíamos quedad que…

    —Esta vez es diferente. —Me interrumpió. —Léelo bien y fírmalo antes de mañana. Necesito entregarlo de inmediato.

    No presté mucha atención a sus siguientes palabras, una frase había captado toda mi curiosidad.

    —¿Todas las posesiones de Kagome Higurashi, heredera de Kikyou Taishou pasarán a nombre de…? —Hice una pausa—¿Qué clase de broma es esta…? —Mi estado de ánimo cambió de inmediato, la respiración se me hizo pesada y sentía que el fuego literalmente me corría en las venas. —¡¿Cuáles posesiones!? ¿¡Y por qué demonios todo irá a tu nombre!?

    Y definitivamente no sería Sesshoumaru.
     
  8.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    Disclaimer: Todos los derechos de creación son de la maravillosa Rumiko Takahashi. La letra le pertenece a la canción S.O.S. de los hermanos Tsukinami, concepto de Rejet.

    [Únicas realidades dictadas que no puedes

    analizar ni entender llegan sin pensar.

    Estás pidiendo ser encadenada a los desastres

    No importa a dónde vayas o quién lo causó

    "¿No hay un refugio para mí?"

    Preguntas. Si esto hace que tus ojos lloren,

    tú propósito, te lo diré]​

    O


    Cruel realidad

    La oficina se sumió en un profundo silencio que retorció el ambiente. Miré los malditos papeles una vez más, analizando detalle por detalle cada letra del documento, asegurándome de que fuera real su contenido. No podía entender las frases de tinta que me nombraban a mí como al titular de todo lo que una vez, en vida, poseyó la mujer de la que recuerdo poco o nada. La familia que, sin embargo, amaba. Quizás no era tan extraño, es decir, si ella no tuvo nadie a quién legar toda su fortuna no parecía tan imposible que la trasladara a la sobrina que cuidó pro algún tiempo como a su propia hija.

    Pero… ¿Por qué nunca me enteré de eso? Dudaba que mi madre quisiera ocultar algo como eso por mi propio bien, después de todo era una fortuna, a menos que detrás de este aparente regalo se ocultara algo mucho más oscuro y siniestro. Algo de lo que fuera necesario protegerme, y por lo cual jamás me dirían que existía. Y ese algo que desconozco era buscado de manera desesperada por Sesshoumaru Taishou.

    La venganza absurda que una vez me propuso no era su propósito, a través de la primera propuesta de matrimonio había buscado hacerse del poder financiero para manejar esos bienes. Recordaba con claridad los documentos de la primera alianza a la que me negué junto al divorcio, pero en aquél entonces creí que el acuerdo pre-matrimonial era simplemente para evitar que peleara por su riqueza. Y ahora, con absoluto descaro trataba de arrebatarme aquello cara a cara.

    El hombre frente a mí permaneció inexpresivo en su sitio, pero las emociones que se desbordaban en mi pecho fueron demasiadas para poderlas contener ante una situación tan descabellada. Las manos me temblaron sin control alguno, producto de la rabia, de la impotencia que emergía al sentirme atrapada en una red de trampas y engaños en la cual siempre estuve en el centro, desde el inicio y nunca supe nada.

    —Tienes que estarme jodiendo… —Mascullé con la voz trémula, cargada de ansiedad. Los deseos inexplicables de reírme a carcajadas fueron insoportables, terminé explotando en risas frente a su cara, con los ojos llorosos y levemente rojizos por la presión ocular. Mi mandíbula estaba tensa tan fuertemente cerrada que pude sentir como si fuera capaz de pulverizar mis dientes al rechinarlos. Quería hacerlo, estaba tentada a hacerlo. Destrozarlo todo, que aquello no fuera capaz de dañarme nunca más.

    La situación ya era insostenible. El hecho de no recordar nada porque yo misma me negué antes no justificaba que me hubiera tratado todo este tiempo como a una idiota, llevándome de un extremo a otro de la depresión y el odio a mí misma, haciéndome sentir culpable por cada mala decisión que tomaba y sobre todo por pensar que me victimizaba demasiado cuando en realidad todo estaba ocurriendo realmente ante mis espaldas. Lo que sospechaba era real, me habían engañado absurdamente para mantenerme en la mansión como cautiva, incluso se había atrevido a usar a la niña a la que yo llegué a adorar para retenerme.

    Y no solo él… Rin, quién siempre negaba mis palabras. Incluso InuYasha nunca tuvo el valor de decirme nada. Ver su rostro frío, ajeno a mi propia desdicha provocaba en mí el inminente impulso de rabia que me llevó a lanzarle los papeles a la cara, bufando furiosa contra su aparente indiferencia.

    —¡Deja de jugar conmigo, de una jodida vez! —Grité con todas mis fuerzas, con la voz aguda raspándome la garganta. —Todo este tiempo… ¡Todo este maldito tiempo has estado jugando con mi vida sin decirme nada! —La sarta de maldiciones que salieron de mis labios fue la primera vez en mi vida que injurié con tanto rencor. Estaba metida hasta el cuello en ese asunto sin poder evitarlo. Sin tener la opción. Jamás volvería a quedarme callada, sin hacer nada. —¡Estoy harta de tus secretos, de que me tomes por idiota! ¡Si de verdad quieres mi ayuda me vas a explicar todo en este momento o me largo! ¿Sabes qué? ¡De todos modos me voy a ir!

    —Cierra la boca de una maldita vez —Espetó serio, deteniéndome por instinto. Por un segundo creí que el desafío de mis palabras había resultado para obligarlo a hablar, pero esto iba mucho más allá de cualquiera de esas otras veces en que una especie de advertencia en él me pedía que me alejara. Aquellos orbes dorados lucían vacíos y descoloridos, cargados de una leve sensación de peligro que me erizó la piel. Sus ojos eran realmente atemorizantes, reflejaban instinto asesino, el mismo sentimiento que pude notar en medio de la locura de aquél llamado Naraku.

    Y quizás, esto era peor, pues era una persona que empezaba a ganarse mi confianza.

    —No te acerques —Repliqué sin pensarlo, al verlo alzarse de su silla tras el escritorio y dar un paso adelante. Pero ese oscuro dorado persiguió mis ojos negros, cielo e infierno se unieron en un encuentro tortuoso, y tuve que tragarme los llantos de agonía que desea soltar.

    Estaba rompiéndome los nervios, pero no me detendría. Desde que había descubierto que me era imposible escapar nada importaba, solo seguir adelante para intentar sobrevivir. Seguir ignorando las cosas a mí alrededor tarde o temprano acabarían con mi muerte a manos de alguno de esos dos demonios que provenían del pasado y no estaba dispuesta a ceder.

    —Últimamente haces demasiado berrinches innecesarios — Espetó con voz gutural, restándole importancia a mis palabras.

    Con su mano derecha se masajeó el rostro unos segundos. —Te estoy ofreciendo una oportunidad de unirte a mí finalmente en el gran proyecto que estoy preparando… ¿Y te atreves a despreciarlo? —Su mirada se volvió dura, completamente sombría a pesar de su exterior jactancioso. Ignoré el nerviosismo que invadía mi cuerpo, sosteniéndole la mirada todo el tiempo.

    —¡Ni siquiera sé lo que estás tramando! ¡Necesito saber qué diablos está pasando!

    Lo vi sonreír con cinismo, burlándose de mi miedo. Sesshoumaru se limitó a analizarme en silencio, haciéndome esperar por alguna reacción. A pesar de mi arrebato no podía olvidarme de que a sus ojos solo podría verme como una endeble mujercita a la que podría batir de un solo golpe en la mejilla en cualquier momento. Recordé a la señora Kagura y mi postura se volvió ofensiva.

    Por experiencia sabía que los hombres tendían a confiar en su superioridad física para detener a su enemigo, pero desconocía por completo a la persona frente a mí. Sentí como si volviera al inicio, cuando desconfiaba de todo. Hasta ahora sus métodos habían sido más inteligentes, más astutos y eso solo lo empeoraba, probablemente él no usaría la fuerza bruta para vencerme pero tenía los mismos sucios trucos con los que me había enjaulado antes. Me haría imposible llegar a la verdad por medios simples, estaba forzada a buscar otras opciones más inteligentes.

    —Harás lo que te ordene y ni una palabra más —me informó.

    —¡Me niego, no puedes ordenarme nada!

    —Como desees —Respondió, avanzando. Su vista estaba enajenada en aquella oscura flama de la chimenea, acercándose lentamente. No la había notado hasta ese instante. —Solo recuerda la pequeña condición que debes pagar para irte de este sitio. —Ante mi rostro sorprendido Sesshoumaru se acercó lo suficiente y tomó un libro de la repisa que estaba encima, dejándolo caer como si no importara a la consumación total de un fuego abrazador. —Tu vida me pertenece.

    Deseaba contestarle de regreso a gritos y negarme, pero mis labios temblaron al reconocer ese gesto velado como una sutil amenaza. La pétrea expresión en su cara fue como una revelación divina, supe entonces que de nada me serviría enfrentarlo en este momento, y mucho menos frente a frente. Bajé la mirada, intentando hacer parecer que me resignaba.

    —Yo no quiero… —Repetí, ahora como un balbuceo. No podía llevarle la contra, pero tampoco fingir la sumisión o lo haría sospechar. Tuve que morderme la lengua para no responder y tragarme el poco orgullo que me quedaba.

    Las cuencas lóbregas me miraron unos segundos antes de dirigir sus pasos a la salida. Revolvió su pelo canoso, ese brillante plata con el que podrían confundirlo por una persona mayor. Con cautela lo vi caminar hasta alcanzar la puerta, dándome a entender que la conversación terminaba.

    Solo hasta que dejé de oír sus pasos en la lejanía me permití soltar el peor llanto de frustración que había tenido en años. Pensé que cuando terminara definitivamente quién si iba a escucharme sería InuYasha

    OoOoO

    Notas de Kou: Lo sé, de nuevo corto y tardé mucho (aunque siento que este contiene mucha emoción) Mil disculpas, por más que intenté la escena no da para un largo mayor, y el tema del siguiente capítulo va a cambiar, por ahora Kagome se ha revelado definitivamente y está dispuesta a averiguar que sucede. El siguiente capítulo es más emocionante ¡InuYasha finalmente va a revelar sus motivos! Ya saben, ¿quién mejor que él que tiene la lengua tan floja? (?) Estamos entrando en la parte final, aunque no se preocupen, aún queda para que acabe.
     
  9.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Fanfic - Pensé que era amor [Sesshome]
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    Disclaimer: Todos los derechos de creación son de la maravillosa Rumiko Takahashi.

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    Creencias

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    El sonido de las manecillas del reloj me distrajo un momento, calando hondo en mi cabeza. Postrada en el suelo, con las manos sobre mis ojos rojos y llorosos, intentaba en vano detener el llanto. Los párpados se me estaban hinchando, y uno de los efectos secundarios que más detesto de llorar es esa sensación pesarosa de sueño que entra inmediatamente después de cortar el flujo de agua salada. Detesto con toda mi alma el estupor que me provoca.

    No me había movido de ese lugar desde que Sesshoumaru salió de la sala y me dejé derrumbar. No quería, pero necesitaba moverme con rapidez, aunque no tuviera idea de por dónde empezar. Lo más probable era que en ese momento el hermano mayor estuviera cubriendo sus huellas y ocultando cualquier pista que pudiera guiarme a mi objetivo. Mi plan inicial de fingir recordarlo todo había dado el resultado contrario y ahora mi única alternativa era probarlo en el ingenuo de InuYasha, esperaba que funcionara o retrasaría todo.

    Mi cuerpo seguía paralizado aunque mi mente trabajara en todas las posibilidades, no podía sentir ninguna de mis extremidades, en medio de tantos pensamientos estaba físicamente paralizada, dejando al martilleo constante del reloj penetrar con mayor fuerza y la posición de rodillas causarme una leve incomodidad. Respiré profundamente, tratando de suministrar oxígeno a mi cerebro entumecido por la barbaridad de sucesos. Este espiral de emociones cada vez resultaba peor.

    Un pequeño destello caló en mis ojos oscurecidos, causando que por reflejo me alejara bruscamente. La luz del día había pegado directamente en un espejo y su brillo me había enceguecido, a pesar del ardor, agradecí la ayuda divina. La imagen propia que me devolvía era tan pobre que sentí pena de mi misma. Mi cabello parecían jirones de tela roída y la piel expuesta se veía gris, mi rostro lucía más delgado y demacrado, los surcos de las líneas naturales eran más pronunciados y mis cuencas se veían hundidas. Parecía una pequeña niña, débil.

    Entendía bien porque los demás creían que podían pisotearme. Con la rabia que emergía por la revelación me negué a sentir culpa, dibujando una sonrisa retorcida tomé lo primero que encontré, descargando todo mi dolor contra ese espejo. Grité, lloré y destrocé lo más que me fue posible hasta el último pedazo, haciéndolo añicos en el suelo, no supe si alguien pudo verme ni me importó.

    Me levanté, mirando con desdén a aquella ilusión que quedó grabada en mi retina, a la imagen de esa niña que podía ver aún. Mis pasos resonaron con tanta fuerza que por un momento imaginé como se partiría el piso bajo mis tacones bajos, ignoré todo a mi alrededor, lo único que podía ver frente a mí era la puerta y me apresuré, al punto de empezar a correr sin percatarme de ello. No sabía a dónde iría o a dónde llegaría, solo quería encontrar al estúpido de mi próximamente ex marido y conseguir todas las respuestas.

    Jamás pasó por mi mente lo extraño de toda esa situación. Que fácilmente podría saber la verdad si recordaba realmente, estaba harta, verdaderamente harta y no podía dejar de repetirlo.

    Quizás fue el destino lo que guio mi camino, quizás simplemente fue una enorme coincidencia, pero en el instante en el que me di cuenta de a dónde había llegado y lo vi frente a mí, sonriéndome con culpa y melancolía entendía que uno de los momentos más importantes de mi vida había llegado y no podía dar marcha atrás. Era hora de enfrentarme a la realidad, defender mi vida y mi propia autonomía.

    —¡InuYasha! —Grité con todas mis fuerzas, llamando su atención.

    Parecía sorprenderle el hecho de encontrarlo en la cafetería a la que siempre nos reuníamos cuando aún éramos novios y él fingía quererme. El mismo lugar dónde nos habíamos conocido hace tan poco tiempo, pero que se me figuraba una eternidad. Muchas veces soñé con una situación parecida, dónde lo llamaba con amor por su nombre y me apresuraba en ir a su encuentro, mientras él me recibía en sus brazos con el mismo entusiasmo que yo, pero nada de eso se había dado nunca, él era demasiado orgulloso y tímido para hacer algo que pudiera avergonzarlo en público y yo no quería insistir.

    No me abalancé como lo había imaginado y él no me miró como alguna vez deseé. Simplemente lo miré con la mayor seriedad posible, caminando hacia adentro del sitio y lo vi seguirme por voluntad propia, lo único que pude agradecerle. Tomamos asiento en un lugar apartado, no habían muchos clientes pero de todos modos empezaba a cuestionarme si fue una buena idea iniciar nuestra plática en un sitio público, los temas que quería tratar podrían tornarse incómodos y él podría negarse a decírmelo si había la mínima posibilidad de que alguien externo se enterase, pero también pensé que era ahora o nunca. No había signos de molestia o resignación, sus rasgos mostraban genuina curiosidad y eso me indicaba que Sesshoumaru no lo había puesto al tanto de nuestra charla de la mañana. Aún estaba a tiempo de tomarlo por sorpresa.

    La mesera nos atendió enseguida, yo no pedí nada y no escuché lo que quería él. No tardó mucho en traernos los encargos. El escenario de un sueño se había transformado por completo en un encuentro bizarro, con los rostros tensos de ambos y la solitaria taza de café que solíamos pedir yaciendo al lado de él, a la espera de que alguien la pruebe, lo cual dudo que llegué a pasar.

    Quería romper el silencio pero no sabía por dónde empezar, si recordaba bien su carácter, buscar una frase directa que golpeé directamente era la opción para hacerlo estallar y que soltara respuestas sin medir sus palabras. Tomé aire y comencé.

    —Me engañaste —Lo vi escupir el trago de café. —Lo recuerdo todo. Nuestro matrimonio siempre fue una farsa, me has utilizado y quiero saber por qué —Agregué, pero tarde me di cuenta que eso se podía interpretar como que no estaba segura de sus razones, rápidamente me corregí. —No había necesidad, si me lo hubieran dicho… —Utilicé el mejor tono dramático que sabía, y mis ojos enrojecidos ayudaron a la expresión de pena que puse frente a él. InuYasha de inmediato bajo su mirada y sus facciones se tornaron culpables, la taza fue presionada entre sus manos y sus orbes doradas rehuyeron a los míos.

    —Así que ya lo sabes… —Mencionó apesumbrado, bajando sus hombros al mismo tiempo que soltó un suspiro. Al levantar su rostro pude ver el miedo reflejado en el tono dorado oscurecido de sus ocelos, incapaces de enfrentarme directamente, el pequeño temblor de su mandíbula fuertemente apretada, la mueca de culpabilidad en sus labios semi torcidos y las apenas visibles marcas de lágrimas que amenazaban con surcar por sus mejillas enrojecidas. No esperaba su reacción y por un segundo no supe que decir. —Sé que pedirte perdón nunca será suficiente, pero quiero que sepas que de verdad lo lamento Kagome. Yo solo…

    —¿Tú, qué? —Espeté, interrumpiéndolo. Me sentía herida y ridícula, no solo por compadecerlo, sino por desear desde el fondo de mi corazón aceptar sus disculpas y creer que eran sinceras. —Nada de lo que me has dicho hasta ahora era real —Reclamé, alzando la voz un segundo, para notar las miradas en nuestra dirección y bajar el tono. — ¿Esperas que te crea? ¿En serio? Podría haberte ahorrado todo el numerito de pretender conquistarme para que cediera todo el dinero que dice que tengo a tu hermano.

    —¡Espera! —Me interrumpió. —¿Sesshoumaru te ha pedido el dinero? —Cuestionó incrédulo, pero pretendí no entenderlo.

    —¿Ahora te harás el inocente? —Hice el ademán de levantarme de la silla, estaba dispuesta a mandar al diablo mi plan para no tener que soportar sus mentiras, pero su mano me detuvo.

    —Hablo en serio —Habló tranquilo, intentando en vano calmarme. Su voz ronca solo conseguía que me pusiera nerviosa y el sonrojo se extendiera por mis mejillas, lo odiaba, pero seguía pareciendo un hombre demasiado guapo. Si no fuera por mis sentimientos hacia él bien podría valerme un comino su físico. —¿Sesshoumaru te pidió el dinero? —Preguntó nuevamente, el aire de seriedad que expelía juntos a sus ojos sinceros me hicieron soltar la respuesta sin quererlo.

    —Sí.

    —Ese maldito… ¡Eso jamás fue parte del trato…!—Masculló entre dientes, me percaté de que no me lo decía a mí, sino que hablaba consigo mismo. En un descuido tomó mis manos, sosteniéndolas con fuerza sin llegar a lastimarme. —Escúchame Kagome, sé que esto te puede parecer increíble, pero de verdad no buscamos hacerte daño.

    —No te creo —Murmuré, intentando por todos los medios retirar su contacto en vano. —Te casaste conmigo sin amarme —Espeté con rencor, mirándolo fijamente. —Tu hermano ha llegado incluso a amenazarme —Y la ira que había acumulado salió conjunta, envenenando mis palabras, necesitaba reprocharle, decirle cuánto daño me habían hecho, quería que fuera incapaz de negarme la verdad de sus acciones y sin querer solté lo peor que pude haber dicho. —¡Vi como tiraba del balcón a la señora Kagura!

    De la impresión InuYasha había soltado mis manos, pero las ocupé rápidamente en taparme la boca, maldiciendo por haber revelado el secreto a la segunda peor persona a la que pude haberle dicho. Estudié su expresión pálida, sus orbes abiertos inhumanamente de la sorpresa, y en mi mente la posibilidad de que quizás, y solo quizás, InuYasha no me estuviera mintiendo y no supiera nada del tema comenzaba a formarse.

    —¿InuYasha…?

    —¿Es cierto? —Me cuestionó, viéndome suplicante. Parecía exigirme con la mirada que lo negara todo y admitiera que estaba bromeando. Se llevó las manos al rostro, jalando sin fuerza de su cabello, desesperado. Mi silencio había respondido por mí, pero había provocado que el hermano menor de ese hombre entrara en una fase de shock emocional. —Todo este tiempo… Yo…

    —Lo siento —Respondí, sintiéndome culpable. Él no lo sabía. —Lo siento…—Repetí, palmeando su hombro con cautela, no sabía exactamente qué estaba haciendo o que era lo que pretendía al intentar consolarlo, pero fue algo natural.

    Seguía sin poder entender como alguien que, a pesar de sus obvios desacuerdos y peleas continuas, no estaba enterado de nada. Podía ver el brillo de sus ojos dorados cuando hablaba de su hermano, de esa admiración oculta que se exteriorizaba como desagrado, InuYasha lo quería demasiado y en el fondo anhelaba ser como él. A Sesshoumaru no le desagradaba, al menos eso pensaba, pues lo que le era inservible terminaba lejos o muerto, como le había pasado a la señora Kagura…

    Ese pensamiento me hizo retirarme de inmediato, llamando la atención de aquél hombre. Observé sus ojos llorosos, la decepción que plasmaban me caló hondo en el corazón, pero no podía dejarme vencer. Había tenido un objetivo en mente y aunque se había desviado todo tenía que recuperar la razón principal.

    —¿Kagome?

    —Sé que no es el mejor momento pero…—Mordí mi labio inferior, buscando la mejor manera de expresar mi petición. Estaba destrozado y eso de alguna forma me era beneficioso. —necesito que me digas por qué hacen todo esto.

    InuYasha no notó que de forma indirecta acepté no saber mucho del tema, solo asintió. Si solo hubiera sabido lo equivocada que estaba y todo lo que estuve a punto de causar quizás me hubiera detenido, quizás hubiera buscado la forma de no herirlo jamás. Ahora tan solo recuerdo los golpes, las amenazas y el gran mal entendido que llegué a causar.

    OoOoO

    Notas de Kou: Ya ni siquiera me acordaba que lo publicaba por acá xD Me pregunto como aun siguen subiendo las lecturas, es increíble.
     
  10.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    AVISO: Habrá saltos de primera a tercera persona.

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    Entre recuerdos navegar

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    Respiré con profundidad, contando mentalmente hasta siete y exhalando siete más. Retuve y contuve la misma cantidad de segundos, era una técnica un poco extraña pero efectiva que me enseñaron hace mucho tiempo. Suspiré con nostalgia, una escena fugaz me hizo saber en ese momento que provenía del tiempo en que me fueron enseñadas las directrices de las sacerdotisas, aquél lejano momento en que mi abuelo creía con firmeza que heredaría el templo y lo mantendría funcional.

    Quizás en el fondo me arrepiento un poco de haber cortado de manera tan abrupta mi relación y todas sus esperanzas, pero, a diferencia de unos pocos meses atrás, estaba más decidida que nunca a escuchar. Quería, no, necesitaba saber que misterio envolvía los hilos de mi vida y me ataba a esa familia, a Kikyou, a Naraku. La verdad. Y, a pesar de todo lo que había pasado, entendía con cierta reticencia que este camino habría podido ser mi único medio para conocerla, aunque siga sin ser la mejor idea.

    Observé con curiosidad como la expresión preocupada de InuYasha se disolvía y una nueva de incomodidad se acentuaba en sus rasgos varoniles. Sus espesas cejas negras al fruncirse le dieron un aspecto más informal, y el brillo de sus ojos dorados mientras tomaba mis manos entre las suyas me hicieron sentir que lo que estaba a punto de revelar podría no ser nada agradable para mí. Si alguna vez lo conocí un mínimo de todo aquello de lo que creí, quién se llevaría la sorpresa y molestia sería yo misma.

    —Kagome… —murmuró con voz suave, muy por lo contrario a lo que podría esperar luego de haberle preguntado por el pasado tan tormentoso que compartíamos. Ignoré el sonido de su voz luego de ello, mirando a mí alrededor.

    Conocía muy bien ese café, pues fue el sitio donde nos conocimos, el lugar de nuestra primera cita y el testigo de nuestras tardes llenas de alegría y sonrisas sinceras, al menos por mí parte. La decoración rondaba entre el estilo moderno, con tonos metálicos en las paredes y cuadros de arte abstracto, pero las mesas eran de un color oscuro intenso, de madera pura, y los sillones individuales de cuero que rechinaban cada que ejercía un movimiento de caderas eran prácticamente de la misma tonalidad. Las mesas estaban dispuestas como en cualquier restaurante familiar, con la ligera diferencia de que daba cierto aire de tener más clase y las diversas plantas que nos cubrían de miradas extrañas dejaban mayor privacidad.

    Me concentré en las gotas de lluvia que ligeramente resbalaban por el cristal empañado a mi derecha. Alguien debía inmediatamente limpiar ese sitio, el polvo que guardaban las ventanas de aquél pequeño local ahora escurrían como lágrimas grises que me impedían ver en dirección a la avenida principal. Si me fijaba, la causa de mi molestia se deslizaba por fuera. En realidad, probablemente estaba exagerando, pues era una costumbre que al llover a veces escurriera el polvo de los techos y se arrastrara inadvertidamente por las ventanas. Solo quería pensar en algo que me distrajera de la realidad un momento antes de empezar.

    Iba a cambiar, lo presentía. Aquello que fuera a salir de sus labios iba a cambiar por completo mi visión del mundo, de la vida, y probablemente sobre el amor, más específicamente, aquello que le profesé desde el momento en que lo conocí y al día de hoy ya no sé si fue real. Sus manos sobre las mías, dando pequeñas caricias en círculos llamaron de nuevo mi atención. Sus ojos me observaron tristes, arrepentidos y aquello me provocó un vuelvo en el estómago, pero también la extraña sensación de que había algo que faltaba, algo que ya no estaba más.

    Devolví su agarre, entrelazando nuestros dedos llenos de sudor frío por los nervios y a causa del clima, disponiendo en mi rostro una ligera sonrisa. Haría una tregua temporal.

    —Necesito que me lo digas…

    Lo vi asentir y suspirar.

    OoOoOoO

    Las transitadas calles de Tokyo se veían algo desoladas con el clima de invierno. Con premura y fastidio, las manos del pelinegro se adentraron más en los bolsillos de su abrigo negro, tratando de encontrar el calor corporal que necesitaba. La mañana había sido especialmente cruda en aquella temporada, cubriendo de nieve las banquetas y las superficies que estuvieran a su alcance, enterrándolas en aquella arena blanca. Resopló molesto con la nada, refunfuñando en murmullos inentendibles sobre lo importante que eran sus propios asuntos, algo de prioridades y una chiquilla tonta a la que no tenía la gana de buscar.

    Su largo cabello negro estaba oculto en la espalda tras la ropa, y sobre su cabeza un pequeño gorro negro y simple se mojaba lentamente por la nieve que caía y se desintegraba sobre él. Algunos de los pocos transeúntes se dedicaban a darle miradas de reojo y a mascullar sobre su finta de mafioso, por el expresivo rostro malhumorado del menor de la familia Taishou. InuYasha era una persona alta, imponente, y sumando el hecho de que iba vestido por completo de negro, desde las botas hasta los lentes oscuros que nadie veía necesario que usara en época invernal. Era imposible para él no llamar la atención de nadie.

    Sin cautela rebuscó en el bolsillo derecho, no tenía intenciones de sacar su mano de aquél sitio, pero debía. Un papel completamente arrugado y casi deshecho por el agua nieve fue revisado minuciosamente al instante. En una sencilla hoja blanca de máquina estaba descrito a detalle las características de chica que él ya conocía. Pelinegra, estatura promedio, delgada, caucásica, aproximadamente rondaba los dieciséis años. La fotografía mostraba una versión bastante crecida de aquella niña tan simpática como gorrona que recordaba con una sonrisa, corriendo libremente por los pasillos de la mansión antes de ser reprimida por su hermano.

    Caminó, buscando la dirección que venía apuntada en la parte inferior izquierda con tinta roja, dato de último segundo, colocado por su amigo investigador. Un café. Según Miroku, ese era un sitio que ella frecuentaba. Inconscientemente su velocidad fue disminuyendo conforme se acercaba la calle señalada, no importaba lo que dijera Sesshoumaru, seguía pensando que era una muy mala idea.

    Antes de poder arrepentirse y dar media vuelta estaba frente a frente con aquella chiquilla de la fotografía adjunta, tomando tranquilamente una taza de algo humeante y viendo en su dirección. Sus hermosos ojos oscuros brillaron contra el reflejo de la luz amarillenta que iluminaba más atrás de ella y le sonrió, con la boca, la sonrisa llegó hasta sus ojos. InuYasha se quedó petrificado en su sitio, sin ser capaz de moverse para responder. La vio encogerse de hombros y lanzarle una expresión de incomodidad, desviando su atención de inmediato a su bebida con sus mejillas coloreadas de carmín.

    No podía hablar, un enjambre le revoloteaba en la boca del estómago y casi sentía que podría vomitar mariposas. Un extraño calor recorrió su cuerpo hasta ascender y expandirse por todo su rostro. Hace varios años le había impresionado su parecido con Kikyou e imaginaba que, al crecer, sería muy parecida a ella, pero el resultado lo había impresionado. Sí, Kagome se parecía demasiado, sin embargo…

    Sus piernas se movieron por su propia voluntad, entrando a aquel local en menos de dos minutos. No estaba pensando en nada cuando se presentó frente a ella, pidiendo disculpas muy a su manera por haberla ignorado antes. InuYasha no era la especie de hombre seductor de cuentos de hadas ni novelas románticas, en realidad era muy torpe socialmente y en especial con las mujeres. Tenía un modo brusco de hablar, soltaba las verdades sin anestesia previa y muchas veces no decía lo que realmente pensaba, pero extrañamente a aquella chica no pareció importarle. Le sonreía, y no dejaba de hacerlo aun cuando soltaba un comentario que no era del todo de su agrado o se quedaba mirándola más de lo debido sin responder. Aquella familiaridad que Kagome conseguía en él no había cambiado a pesar de los años.

    Se pasaron el resto de la tarde charlando y bromeando, al menos lo poco que la timidez y vergüenza le permitió a él. El papel de su mano terminó por desbaratarse y quedó olvidado en el rincón de su bolsillo.

    OoOoOoO

    No sabía si confiar en sus palabras, pero las mejillas completamente encendidas de InuYasha prácticamente eran una evidencia de que decía la verdad. Era casi imposible que él, precisamente él, se hubiera inventado una historia mínimamente cursi solo por decir lo que yo quería escuchar. No pude evitar un gesto de ternura, pero me obligué a recomponerme.

    —Así que… —empecé yo, intentando sonar casual. Ahí estaba frente a mí una de las preguntas que más me habían torturados en los últimos meses, si no estuviéramos sosteniéndonos las manos probablemente yo estaría disfrutando de las pequeñas partículas de tierra y el sabor a queratina de mis uñas. Me carcomía la curiosidad. —Yo… ¿de verdad…?

    Lo vi asentir incluso antes de terminar. No podía mirarme a los ojos por la vergüenza, no quería presionarlo, así que lo dejé continuar.

    OoOoOoO

    La leve brisa fresca de Enero fue como punzadas dolorosas en su rostro. Con la acalorada discusión había olvidado por completo protección para el clima, que aunque ligero, aún no era tiempo de pasearse con una simple playera gris de tela delgada y pantalones de mezclilla. Fría mezclilla que comenzaba a hacerlo temblar.

    InuYasha no era especialmente cuidadoso con los lugares en los que debía ser discreto, mucho menos lo sería en medio de la calle en una discusión telefónica con su medio hermano.

    —Entiende de una jodida vez Sesshoumaru…—aspiró aire antes de gritar. —¡Si, la estoy vigilado! —Hizo una pequeña pausa. —No, no ha firmado aun.

    Con un fuerte marcado de tecla cortó comunicación, justo a tiempo para evitar ser escuchado por la dulce pelinegra que lo había seguido al verlo salir de su departamento tan repentinamente.

    —¿InuYasha? —Cuestionó al verlo tan ofuscado. Sin decir nada el pelinegro la estrechó entre sus brazos, aspirando su aroma, descansando en el hueco de su cuello. Ella correspondió el abrazo sin preguntar más. —Vamos, te vas a resfriar…

    Lo guío adentro, notando que de tanto en tanto se tropezaba con los escalones. El joven se perdió en sus pensamientos. Desde la vez que se reencontraron en la cafetería habían iniciado una especie de amistad que más pronto que tarde se convirtió en algo formal. Aunque Kagome aún era demasiado joven y le llevaba ya varios años no tenía ningún familiar cercano al que rendirle cuentas, su familia había muerto un tiempo atrás y ahora habitaba en un modesto departamento de la ciudad. No sabía si era suerte o una desgracia.

    A veces se preguntaba si la madre de ella lo reconocería.

    Sabía qué hacía mal.

    Vivir entre mentiras había sido una de las cosas que más había detestado en su infancia, pero ahora era imposible escapar. No solo había inventado todo un pasado para la joven que con paciencia y amor le acompañaba, sino que se había atrevido a desafiar al mismísimo Sesshoumaru e ignorarlo exitosamente, al menos durante los pasados tres meses. Pero se estaba acercando. Por algún sinsentido había confiado en él para obtener la firma de Kagome Higurashi que pondría la fortuna de Kikyou en sus manos y no lograba entenderlo.

    Igual, no le importaba, gracias a ello pudo volver a encontrarla. El hecho de que ella tenía que formar sin percatarse de nada le daba la excusa perfecta para ganar tiempo en lo que se le ocurría algo.

    —InuYasha, me estás preocupando… —La oyó murmurar. Estaban frente al departamento de ella, con Kagome rebuscando sin cuidado las llaves en su chaqueta, intentando no sonar muy invasiva. Lamentaba eso, tener que ser a veces frío y distante por su propio bienestar.

    La miró, con las mejillas enrojecidas, con el mismo brillo que lo enamoró aquél día, y en un impulso supo que no podría seguir de ese modo.

    —Kagome —Pronunció, tragando saliva y esperando no arrepentirse después. Ella lo escuchó atenta. —Cásate conmigo…

    Ella se lanzó a sus brazos, emocionada, y aceptó sin pensar.

    OoOoOoO

    La información que acaba de recibir fue desconcertante. No podía hablar.

    —No encontré otra manera—le escuché explicar. —Pensé que, si nos casábamos encontraría alguna manera de obtener tu firma sin necesidad de decírtelo y así Sesshoumaru nos dejaría en paz. Pero me equivoqué, la única que tiene el poder para acceder a aquella fortuna eres tú y nadie más, así lo estipula el testamento.

    Afirmé con la cabeza, pensando detenidamente en cada frase.

    —Nos casamos por eso… —mascullé para mí misma, pero él me logró escuchar. —Por dinero. Por eso todo fue tan rápido y…

    —Kagome —Me detuvo, sosteniendo mis manos con mayor firmeza. —Aunque fuera uno de los motivos, yo de verdad… quería casarme contigo.

    Aparté las manos de inmediato, incrédula. Ver mi reflejo en sus ojos entornados por las lágrimas y el pesar me hizo darme cuenta de que estaba llorando. Cubrí mi rostro de inmediato, avergonzada por mi debilidad. Ahí estaba, la respuesta por lo que yo tanto había preguntado en noches de desvelo y no conseguía entender, el por qué nuestra relación pasó como un relámpago, porque seguía buscándome a pesar de verse incómodo a mi lado, el por qué me pidió separarnos.

    Me había buscado, me habían investigado. Sabían cada maldito detalle de mí aun antes de habernos reencontrado. Siempre me cuestioné para qué me pidió matrimonio si iba a abandonarme tan fácilmente por noches enteras y borracheras. La palabra culpa vino de inmediato, junto a otra de sus afirmaciones sobre ese podrido dinero. Nadie más que yo podía accesar.

    —No lo entiendo —mascullé como pude, tragándome las gotas saladas y lo que sea que se llame esa cosa asquerosa en mi nariz fue sorbida antes de siquiera saberlo. Él intentó retomar nuestro agarre pero lo impedí, dolida por la verdad. —Si solo yo tengo el poder, ¿por qué Sesshoumaru quiere mi firma…? —Una revelación apareció al pronunciar esas palabras. —¡Por eso quería que nos casáramos!

    —¡Yo tampoco lo entiendo, reacciona de una vez! —Gritó, golpeando la mesa, llamando finalmente la atención de varios clientes del lugar. —¡Maldita sea Kagome, no lo sé! ¡Supongo que tiene el modo, contactos o algo, él no actúa sin un plan!

    —¡No te atrevas a gritarme InuYasha! —reaccioné violentamente, imitando su movimiento y lanzando mi peor mirada mortal. —¡Todo esto es tu maldita culpa! ¡Podrían haberme dicho que necesitaba darles un dinero que no quiero para evitar que me persiga un psicótico y luego hubiera vuelto a mi vida normal!

    —¡¿Cómo diablos iba a saberlo!? —Me respondió. Un mesero se nos acercó, miedoso, pero la ira me enceguecía y lo ignoré groseramente. Intentó tomarle el hombro a InuYasha.

    —Eh, clientes…

    —¡El bastardo de Naraku no te hubiera dejado en paz! —apartó al pobre chico de un manotazo, causando que cayera al suelo, pero estaba demasiado molesta para obligarlo a pedir disculpas, y a decir verdad, poco me importaba pues trató de interrumpir. —¡Y no puedo llegar con una desconocida a decirle "me das todo tu dinero" como si fuera tan fácil, niña del demonio!

    —¡¿Y entonces tenías que engañarme, casarte conmigo y luego romperme el corazón!?

    —¡Kagome…!

    —¡No me vengas con esas idioteces, fuiste un bastardo cruel que jugó conmigo y luego me botó sin más!

    Estaba molesta, verdaderamente furiosa conmigo y con él. No sabía a quién odiaba más. Podía escuchar a los comensales acercándose, murmurando desaprobación y apoyo, al camarero que InuYasha había tirado pidiendo ayuda a gritos a cualquier persona que le apeteciera intervenir. Pude ver la expresión de sorpresa en ese idiota, pero él ya no pudo sostenerme la mirada.

    Respiré y exhalé, tratando de recuperar la calma interna, pero verlo de esa manera tan deprimente era tan fastidioso como chistoso. Acaba de sacar a gritos todo lo que siempre deseé decirle, lo que nunca me atrevía a expresar. Y tras desahogar las penas podía finalmente pensar fríamente con la cabeza, de pronto la verdad me cayó como un balde agua helada, golpeándome con violencia. InuYasha me amaba, me amaba de verdad.

    Yo seguía metida en todo eso mientras tuviera el dinero. Habíamos peleado como niños caprichosos enfrente de varias personas y al final no me había dicho mucho o nada de lo que necesitaba. ¿En qué se relacionaban Kikyou y Naraku conmigo y ese dinero?

    Sin poder evitarlo comencé a reír, a pesar de que todos me miraran como si estuviera loca. El pobre chico maltratado se acercó a nosotros con dos guardias de seguridad, por su logotipo eran privados, le sonreí. —La cuenta.

    Arrastré a mi marido a la salida.

    OoOoO

    —Oye —masculló InuYasha malhumorado. —Me vas a arrancar el brazo.

    Lo ignoré.

    Después de salir de aquella cafetería necesitaba refrescarme, salir a pasear, y aprovechando que estaba él a mi lado lo obligué a hacerme compañía.

    —Cierra la boca —le espeté. —Aún no hemos terminado.

    Era verdad. Con todo y lo que me había revelado el punto más importante seguía siendo un misterio para mí. Solo por las ganas de molestar me le colgué del brazo con mayor fuerza y lo vi gruñir sonrojado, aunque trataba de ocultarlo. Lo jalé un poco, haciéndolo pisar un charco hondo y me volvió a mirar como si quisiera matarme. La lluvia había terminado por suerte cuando salimos, pero la ciudad seguía mojada.

    —Kagome…—pronunció, dulce, tanto que creí que lo había imaginado. —Perdóname.

    —¿Por qué, específicamente, habiendo tanto que debo perdonarte? —cuestioné burlona, para aligerar la tensión. Si algo me había enseñado nuestra conversación es que lo conocía, más de lo que había creído, y aunque no hubiera sido del todo sincero, no estaba actuando por el puro placer de hacerme sufrir.

    —Por todo —resopló. —Por dejarte, por ocultarte la verdad. Por permitir que Sesshoumaru me convenciera y dejarte a su cuidado.

    Me detuve, haciéndolo trastabillar.

    —Espera —renegué incrédula, mirándolo para exigir una respuesta más concreta. —¿De qué estás hablando? —Lo vi suspirar.

    —Antes te dije que me casé contigo para que no te tuvieras que involucrar —asentí. —Pues, cuando estaba a punto de confesarte todo apareció Sesshoumaru para amenazarme —Intenté acercarme, pero esta vez fue él quien retrocedió un paso. —Me dijo que si no te dejaba de inmediato se encargaría de contártelo todo con lujo de detalles, y añadiendo de paso algunas mentiras para que me odiaras —Alzó la mirada, y supe que era real. De mi propia experiencia podía afirmarlo. —Después de eso comencé a beber y a alejarte, hasta que no pude más.

    —InuYasha…

    —Te mostré el divorcio para mantenerte a salvo y darme tiempo a resolverlo —río sin ganas, pasando sus manos por los cabellos y halando, frustrado. —Pero antes de poder evitarlo Sesshoumaru se tomó literalmente eso de tenerte "a su cuidado" y usó a Rin para conseguir que te quedaras en la mansión.

    Por eso fue tan insistente. Pero no importaba ahora, podía creerlo, que InuYasha solo quería ayudar, sin embargo mi confianza en él jamás sería de nuevo la misma. Me abstuve de decírselo, pues ahora en mi situación era importante tener un aliado, no estaba de acuerdo con los métodos de su hermano, quizás si lo convencía, juntos podríamos enfrentarlo.

    Tomé con cuidado mi oportunidad de obtener otra respuesta a una de mis dudas, la principal.

    —¿Cuál es la relación entre ese dinero y yo? ¿Por qué Naraku y Sesshoumaru lo ansían tanto?

    Lo vi dudar antes de atreverse a hablar, pero estaba segura que ya no me ocultaría nada. Estaba arrepentido de no haberme dicho, y si aún era la persona que yo creía conocer, había aprendido de ese error con creces.

    —Hubiera querido que nunca te enteraras, aunque no es más que una pequeña parte de la verdad…

    —Dilo ya —apuré. Pude notar como se aproximaba más relajado, y me revolvió el cabello con cariño, sonriendo ligeramente para tranquilizarme, pero la seriedad de sus ojos dorados me hizo preocupar.

    —Naraku quiere ese dinero porque en primer lugar era suyo. Kikyou lo robó.
     
  11.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    Final de un desastre

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    Se dice que las circunstancias que te llevan a un desastre determinado probablemente son consecuencia de tus propios actos. Yo no pienso eso, es cierto que hay muchas situaciones en las que, sin darnos cuenta, seguimos caminando bajo un camino que terminará al borde del abismo, sin embargo, a pesar de haber continuado ciegamente la ruta hasta que estamos a un paso del olvido, hay muchas otras de estas que suelen ser cuestiones de azar, probabilidad o legados familiares.

    Mi problema proviene de lo segundo, una razón de familia. Simplemente por nacer me vi obligada a cargar con los pendientes de mi tía y un par de extraños de los que todavía no me explico que hacen inmiscuidos en nuestros asuntos. Dentro de este complicado rompecabezas por descifrar, la pieza que correspondía con ellos, los hermanos Taishou seguía pérdida.

    ¿De verdad este era mi asunto? Las palabras de ese hombre con el que estaba casada solo confirmaban mis peores temores, yo estaba metida hasta el fondo y de la peor manera, como un blanco directo de dicho conflicto del que dependían muchas cosas. Me había vuelto el personaje principal de esta historia sin desearlo e incapaz de detenerlo.

    No pasaron ni un par de segundos cuando tuve la repentina sensación de caer al vacío, con los costados fríos como si el viento lacerara mi piel, esa asfixia que se anticipa al inminente peligro, el miedo escalando por cada uno de mis nervios, erizando mi cuerpo y las rodillas temblorosas que me llevaron a caer.

    Es entonces que yo me pregunto, ¿qué habré hecho para merecer tal destino incierto? En cuánto volvería a casa vería la forma de trasferir el dinero a una fundación que de verdad lo necesitara. Ni loca le entregaría la única cosa de la que pendía mi vida al demonio con el que cohabito. O lo hacía, el plan de mudarme lejos seguía en pie.

    Fue doloroso, pero los raspones me trajeron de vuelta a la realidad en poco tiempo, el suficiente para impedir que la mano de InuYasha intentara ayudarme. El necio insistió en sostenerme, tomándome por la cintura y forzándome a apoyarme en su pecho, pero no tenía la suficiente interés o ganas de apartarlo. Mi mente estaba más allá, en otro mundo, dónde analizaba las posibilidades futuras.

    Trastabillé hacia atrás cuando intenté dar un paso, pero pude detener mi caída aferrándome a las mangas de su chaqueta. Bien, no podía culparlo de todo a él (o sí) pero necesitaba espacio, así que lo volví a alejar, esta vez suavemente intentando que viera el cansancio de mis acciones para evitar que protestara, sorprendentemente funcionó.

    Robado.

    El maldito dinero que nos había llevado a todo esto fue robado.

    No podía creer lo que acababa de escuchar. De hecho, seguía sin creer la vida de fantasía que había llevado hasta ahora, ignorando las oscuras circunstancias que me rodeaban desde mi nacimiento, al lado de mi madre, creciendo junto a esas personas en algún momento, mientras un hombre increíblemente peligroso nos acechaba todo este tiempo.

    Oh, por Dios. Mi mente finalmente comenzaba a procesarlo. Y el dueño original es un lunático que no solo quiere sus malditos millones, sino también la venganza por su pérdida monetaria y el tiempo desperdiciado.

    «Muchas gracias tía Kikyou, no sabes lo feliz que estoy de que me escogieras para ser una cómplice de tu crimen, víctima de un chiflado, y la mascota favorita de estos hermanos.»

    El bufido que escapó de mis labios fue tan frustrante que hasta InuYasha, con su nula capacidad para observar las circunstancias que suelen rodearlo, pudo notarlo. Quizás mi evidente ceño fruncido y mis labios revelados en un gesto exasperado también le ayudaran, pero por ahora no me importaba. Finalmente estaba saliendo de mi embotamiento y necesitaba aprovechar el momento, porque probablemente no se repetiría. Era una vez en la vida InuYasha decidía actuar a la altura, y las siguientes conversaciones con él incluirían gruñidos, negaciones y un millón de «¡Feh!» como respuesta.

    —¿Qué has dicho? —cuestioné, consciente del leve tartamudeo de mi voz. Necesitaba oírlo de nuevo, asegurarme de que no era una estúpida broma sin gracia y tener el tiempo suficiente para procesarlo. —¡Repítelo! —exigí en un arranque de nervios involuntario, alzándome de puntitas para tomarlo por los hombros. De acuerdo, quizás me adelanté a mí misma decidiendo que aclararía lo que me fuera posible sin contar con mi exaltado estado de ánimo, pero enserio que tenía ganas de hacer eso, aunque luciera más ridícula que intimidante por la diferencia de alturas, no podía evitarlo.

    InuYasha suspiró, resignado. No creí que sería tan fácil.

    —No sirve de nada que quieras fingir no haberlo escuchado —respondió, tomándome sin rudeza de las manos y retirándolas. Que incluso él pudiera ser maduro a veces detuvo mis frenéticos pensamientos y lo vi voltear su rostro a un lado, avergonzado.

    Quizás las circunstancias no fueran las adecuadas, pero al ver su rostro de perfil pude darme cuenta que de verdad, InuYasha era muy guapo, y haber caído enamorada de él no era nada extraño. En su momento hubo detalles, él no era demasiado amoroso o afectivo, pero sus acciones siempre me hicieron sentir la sinceridad de sus emociones, y ahora que sabía la verdad, me di cuenta de que eso fue lo que me hizo caer en negación todo ese tiempo.

    Sin embargo, por otro lado… sí, él era terriblemente atractivo, pero… ya no hacía latir mi corazón de la misma forma que en el pasado.

    Antes, probablemente me hubiera sonrojado observando sus delineados rasgos, y ahora, sencillamente podía detenerme a contemplarlo como un extraño admira la belleza ajena. Era guapo, demasiado, pero ese cosquilleo que bullía en mi interior al estar a su lado no estaba más, ya no me sentía incómoda por la vergüenza o el temor de hacer algo raro o malo que lo pudiera alejar.

    Lo vi toser exageradamente, cubriéndose con la mano derecha, un gesto que hacía cuando estaba incómodo. Me había quedado demasiado tiempo observándolo.

    Ah, tenía que concentrarme en lo otro.

    —Entonces… —murmuré suavemente, tratando de sacarnos a ambos de ese extraño ambiente de tensión. —Me has dicho que Kikyou lo robó —él asintió. —¿Por qué lo hizo? ¿Cómo? Lo que me has dicho es importante, pero sigo sin entender porque fui escogida por mi tía de entre todas las personas…—Los ojos severos de aquél demonio que él llamaba hermano se cruzaron fugaces en mis recuerdos y una idea asaltó mi mente. —¿Es posible que no confiara en ustedes?

    Al terminar mi pregunta la expresión calmada de mi acompañante se trastornó en algo serio, inexpresivo y por un momento me asusté. Aquella aura de indiferencia fría lo hacía parecer tanto a su hermano que por un momento me vi frente a él en persona. Sus ojos dorados tratando de quebrarme con crudo rencor, sus labios fruncidos en una línea rígida, y la piel de su rostro más blanco de lo normal.

    —Nunca vuelvas a decir eso —exclamo, con tanta seriedad que llegué a desconocerlo.

    Ya muchas veces antes había notado como era capaz de cambiar de un segundo a otro, como la simple mención del tema de Kikyou trastornaba sus límites y desembocaba en una terrible atmosfera que lo absorbía todo y a todos.

    Esa mujer era un punto intocable. InuYasha tenía una debilidad de la que ahora era consciente y no estaba segura de querer utilizarlo.

    —Lo siento—su rostro se relajó de inmediato, y sus ojos dorados reflejaron culpa, como si apenas se percatara de lo que acababa de hacer. Estaba de acuerdo en que él podía ser un imbécil, que de hecho lo fue, pero no me veía capaz de hablar de algo sobre lo que desconocía. Con su reacción casi podría adivinar que hubo algo entre ellos, quizás una relación, no lo sabía, pero InuYasha la apreció a tal punto que solo mencionarla le causaba dolor. No pretendía seguir con esto, una conversación que siguiera hiriéndonos.

    Hice una pequeña reverencia para despedirme, pero antes de dar la media vuelta lo sentí tomar mi brazo para detenerme.

    —No, yo lo siento —le oí decir, asombrada. Pocas veces llegué a presenciar una disculpa de su parte aunque tuviera todos los motivos para hacerlo. —No es tu culpa—profirió despacio, indeciso. Este día estaba lleno de sorpresas. Me quedé ahí, esperando por una frase que nunca dijo, con la sensación de que quería decir algo que no deseaba admitir, pero contrario a lo que creí, me tomó suavemente de la muñeca y comenzó a caminar conmigo, por un rumbo desconocido. —Querías ir por tus cosas, ¿no? A eso iremos, de todos modos quiero hablar con Sesshoumaru.

    Sus palabras me hicieron reaccionar.

    —Oye, InuYasha…

    «No es normal que seas tan amable…»

    Lo pensé, pero no me atrevía a decirlo. Sus ojos curiosos me miraron, esbozando una leve sonrisa. Había algo extraño, algo que escapaba de mi conocimiento, pero no podía dejar de sentir que aquello que no podía ver estaba al frente, de manera clara.

    Era sobre nuestra relación.

    —Lo sé —masculló con una sonrisa dulce, de aquellas que antes me hubieran hecho derretirme, sin embargo, ahora solo podía mirarlo con nostalgia y un extraño sentimiento en mi pecho de pena. Él lo notó, sus facciones eran tan suaves y sus orbes tan oscuras que por primera vez me pareció ver a alguien que no conocía. Un adulto maduro, dispuesto a aceptar las consecuencias de sus acciones y seguir adelante.

    —¿Qué es lo que sabes? —cuestioné sin entender. Ese algo que yo no podía entender estaba entre nosotros, presente, y de alguna manera él lo sabía.

    —Tus ojos siempre fueron demasiado expresivos, tonta — Suspiró. Una de sus enormes manos me despeinó con gentileza, desconcertándome aún más. —¿Sabes? Pensé que era posible — Cuando ese rostro dulce y sereno se ensombreció entre las memorias del pasado sentí que debía dejarlo hablar. —Pensé que podría alejarte y ganar tiempo, en cuanto te pedí el divorcio fui a buscar a Naraku para acabar con esto, pero el maldito había escapado y Sesshoumaru aprovechó la oportunidad. Se suponía que ese bastardo no tenía ni idea de donde estabas, me encargué de ello, sin embargo el imbécil de mi hermano, creyéndose invencible, te puso en la mira al traerte a la mansión.

    —InuYasha…—murmuré. No lo llamaba, no lo estaba interrumpiendo. Simplemente quería que supiera que lo estaba escuchando. Nos detuvimos un momento, el ambiente helado de la tarde invernal ahora era como un recuerdo lejano. Esos ojos de los que una vez me enamoré me contemplaban tan llenos, tan culpables y colmados de sentimientos que me fue imposible apartar la vista.

    —Siempre me sonreías… pero ahora, tus ojos me miran… —hizo una pequeña pausa. —Diferente. —Sus grandes manos acunaron mis mejillas, entibiándolas con su calor, era un gesto demasiado íntimo pero a pesar de ello no lo detuve. De alguna manera, entendí que era el final. No hizo nada más durante algunos minutos, hasta que pareció darse cuenta de sus actos y se alejó, completamente sonrojado. —¡V-Vamos tonta!

    Sin quererlo empecé a reír. No sé por qué creí que diría algo distinto la primera vez.

    —De acuerdo idiota.

    No pude ver su expresión en todo el camino, pero era divertido oírlo bufar con cada uno de mis comentarios maliciosos. No estábamos en la mejor situación, no lo había olvidado, pero sabía que la situación que se aproximaba sería difícil y prefería estar animada para enfrentarlo.

    Me sentía más fuerte, más tranquila. Una gran parte de mí se había liberado. Había cerrado un ciclo, y estaba en camino de acabar con toda esta situación.

    «Ya no más, Sesshoumaru. No importa si lo recuerdo o no, se acabó.»
     
  12.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

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    Familia de extraños. Parte I.

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    El resto del trayecto de regreso a la mansión fue corto y silencioso, probablemente debido al hecho de estaba nerviosa y las bromas de InuYasha habían dejado de surtir efecto conforme avanzábamos. Mis manos se movían de un lado a otro ansiosas, retorciendo la tela de mi abrigo cada tanto, el clima finalmente había decidido darnos un respiro, sin embargo yo seguía sintiendo mi cuerpo frío.

    Si bien era cierto que estaba decidida a terminar con este asunto de una vez por todas no podía evitar imaginarme las mil y una consecuencias de mis actos.

    Por supuesto que pedir explicaciones era lo mínimo que haría para empezar y probablemente el estrés podría llevarme a hacer un enorme berrinche de proporciones épicas para desahogarme e incomodarle, sabía cuánto le molestaba eso, pero sabía bien que me vería ridícula aunque fuera una de las muchas cosas que tengo ganas de hacer.

    Y a partir de ahí empezaba mi problema. De ahí en más no tenía ni idea de cómo abordaría la situación, ni si sería capaz de sobrellevarlo de tal manera que conseguiría lo que buscaba. No podía olvidar que no estaba tratando con cualquier persona, sino el mismísimo Sesshoumaru Taishou, hábil experto en las artes de la manipulación.

    Entre decir que quería respuestas a verdaderamente obtenerlas había un larguísimo trecho y tenía miedo de no poder lograrlo al final.

    Yo podía ser bastante brava cuando me lo proponía, aunque hasta ahora el no haberlo demostrado me llena de vergüenza, pero aún así tenía que admitir que con solamente su fría y aterradora mirada bastaba para poner a cualquier persona a temblar.

    Ni que decir de cuando estaba molesto, con solo su presencia lograba intimidarte y obligarte a retroceder por instinto, definitivamente el reto al que me enfrentaba era demasiado difícil de superar, pero probablemente lo fuera mucho más obtener mis recuerdos de regreso, si con toda esta situación apenas y había soñado con algo de ese oscuro pasado, de un día para otro no vendrían mágicamente de nuevo.

    En medio de mi distracción me di cuenta de que no veía a InuYasha al lado mío. Miré de reojo a mi acompañante al percatarme de que me adelantaba varios centímetros en la marcha, mis pies habían disminuido el ritmo inconscientemente, y di unos pasos largos para retomarlo, alcanzándolo de inmediato.

    Pude divisar el enorme terreno en la lejanía, y una sensación parecida a la asfixia comenzó a anidar en mi pecho. No faltaba casi nada para el gran momento.

    Sabía que era normal tener miedo, no era solo la ferocidad y la autoridad que emanaba de ese hombre, sino los niveles a los que le había visto llegar, el solo recordar lo que pasó con la señora Kagura me hacía estremecer.

    Era peligroso y yo iba directo a entregar mi cabeza en bandeja de plata, pero era inevitable.

    Llegar a la entrada no nos costó demasiado, estaba inusualmente despejado, como si no hubiera vigilancia de ningún tipo y eso solo acrecentó mi malestar. Hasta ahora me daba cuenta de que nunca me fijé demasiado en si las puertas estaban resguardadas por guardias, cámaras o algo, o si solo era la servidumbre que estaba atenta a la puerta mientras nosotros permanecíamos ahí dentro.

    Probablemente por eso le fue tan sencillo entrar a Naraku y atacarnos con tanta facilidad, siempre estuvimos bajo un enorme riesgo y nunca me di cuenta de ello.

    Me sentía tan tonta.

    —¿Kagome? —llamó InuYasha, atrayendo mi atención con el tronar de sus dedos frente a mi rostro. Lo miré ceñuda por interrumpirme mientras analizaba las cosas pero él malinterpretó mi gesto. —Oye, si te sientes mal no es necesario esto, puedo simplemente entrar y…

    —No es necesario—repliqué, interrumpiendo antes de que terminara, elevando el tono de voz para darle mayor firmeza a mi respuesta y no permitirle que refutara mis palabras.

    —¿Segura?

    Por nada del mundo iba a acobardarme justamente ahí, enfrente de la puerta, aunque las ganas no me faltaran. Estaba bien temblar y sentir que en cualquier instante me desmayaría de los nervios, pero mientras eso no pasara aún, nadie podía detenerme en este momento.

    —Yo lo haré, InuYasha —sentencié seria, mirándole directo a los ojos.

    No se veía muy convencido pero asintió elevando los hombros como gesto afirmativo y abrió las puertas para nosotros.

    El silencio total fue lo único que nos recibió a ambos, extrañándonos.

    Todo estaba completamente desolado, como si no hubiera nadie desde hace algún tiempo. Esperaba que por lo menos con mi salida y el reciente incidente con ese hombre extraño al menos la servidumbre estuviera rondando alerta pero ni siquiera eso sucedía. Me preocupé de inmediato, si lo de aquél día se había vuelto a repetir mientras yo no estaba y Sesshoumaru o la pequeña estaban heridos…

    Rin era mi prioridad. En cambio el otro… era la persona más horrible del mundo, pero si estaba muerto no podía significar ninguna buena noticia. Y aun no soy lo suficientemente malvada para desearle o alegrarme por la desgracia de alguien más.

    Seguramente el profundo hueco que me aprisionaba el pecho en la certidumbre y desesperación era solo a causa de mi empatía natural por otro ser humano, no era particularmente por ese sujeto…

    Salí corriendo de inmediato a los cuartos sin decir nada, seguida por un descontrolado InuYasha que me gritaba insistente si había visto algo y qué era lo que me pasaba. No me detuve a contestarle porque para mi era más importante revisar si Rin estaba bien o si había rastros de algún atentado por la casa.

    Anduve por todos lados sin encontrar nada. En mi desaforado trayecto no me topé a nadie, el lugar estaba vacío, ni siquiera encontré a la señora Kaede que solía andar por esas horas arreglando los cuartos que nadie usaba, asustándome aún más. Ni siquiera había salido alguien a regañarme por el evidente escándalo que estaba formando.

    Azoté todas las puertas, busqué hasta en el último rincón de cada habitación creando un verdadero desastre, pero no había absolutamente nadie y todo se veía en perfecto orden.

    Cansada de tanto correr me detuve un segundo, justo en dirección al despacho de esa persona, y me decidí a cambiar de rumbo. Giré por el pasillo que me llevaba a la oficina de Sesshoumaru, estaba tan angustiada que ni siquiera sé por qué no se me había ocurrido antes revisar ahí o gritar el nombre de alguien por si estaban en una situación en la que no pudieran oírme con facilidad, pero luego negué de inmediato, si había peligro lo peor que podía hacer era llegar como una loca histérica a dónde sea que estuvieran justamente como estaba actuando ahora.

    Tragarme el nudo en mi garganta fue lo más doloroso que había hecho en mucho tiempo, sentía que en cualquier momento moriría del desconsuelo. Tenía muchas ganas de llorar pero lo aguanté lo mejor que pude, tenía que ser fuerte por si me encontraba en una situación riesgosa.

    No podía evitar sentirme culpable. Estúpido Sesshoumaru, estúpida Kikyou, estúpido InuYasha pero sobre todo mil veces más estúpida era yo por no haber actuado a tiempo. Hubiera detenido tanto si hubiera recordado antes, pude haber impedido que las cosas llegaran hasta este punto si no hubiera sido una cobarde llorona, claro que si alguno de lso imbéciles que conocía se hubiera dignado a decirme la verdad desde el principio hubiera sido el doble de fácil, pero aun así, si yo no hubiera…

    Ni siquiera me di cuenta cuando había entrado al despacho como alma que lleva el diablo, a punto de derrumbarme del estrés siendo contenida por la abrumadora imagen frente a mis ojos.

    El siempre correcto Sesshoumaru Taishou se había levantado de su escritorio sobresaltado por mis acciones y algo preocupado al verme llegar desarreglada, con la respiración acelerada, sin aliento y a punto de quebrar en llanto. Al menos sabía que no era un robot, podía ver que se había salido de su papel indiferente por unos segundos.

    —¿Qué demonios es todo este escándalo? —Cuestionó Sesshoumaru, cruzado de brazos y con el ceño ligeramente fruncido. Aquella frialdad característica en su voz me detuvo de lanzarme a abrazarlo por la efusividad del momento.

    Era la primera vez que estaba tan contenta de verle, sano y salvo, con su horrible gesto de superioridad y sus ojos despectivos, desdeñando mi apariencia y el enorme espectáculo que había provocado mis conclusiones precipitadas.

    No podía decir que su voz más intimidante y grosera me agradaba, pero por ahora sonaba como campanadas musicales. Esta aliviada, demasiado. Luego recordé todo lo que estúpidamente había hecho antes al asustarme y me dediqué a gritarle molesta todo lo que quería sin guardarme nada.

    —¡Eres un jodido imbécil! —fue lo primero que se me ocurrió soltar. Lo vi fruncir el ceño con indignación, pero no me importaba, no podía filtrar las palabras y mi mente estaba embotada por lo que creí real. Me dejé caer al suelo, exhausta emocionalmente y limpiando con fuerza mi rostro para no verme tan patética, desquitando mi vergüenza en forma de rabia absurda. ¡Era su culpa que pensara lo peor, la mansión estaba vacía! —¿¡A quién demonios se le ocurre dejar la casa sin vigilancia!? ¡Ni con todo el desastre que causé te dignaste a bajar y decirme simplemente que no había nadie! ¡Pensé que había pasado algo!

    Lo vi alzar una ceja, desconcertado por mi actitud antes de que fuéramos interrumpidos por su hermano menor.

    —¡Kagome! —mi nombre sonaba gracioso en los jadeos ahogados de mi futuro ex esposo que sin querer me hizo animarme un poco. Al parecer a alguien le faltaba condición física pues me había perdido de inmediato.

    Lo vi entrar despeinado, quizás en un estado físico peor que el mío. Por fin InuYasha me había alcanzado y parecía igual de confundido que su hermano con mis gritos sin sentido pero ni siquiera eso me detuvo. Se aproximó como pudo a mí, intentando abrazarme, pero lo aventaba con ambos brazos para que no se me acercara, completamente avergonzada por mi exagerado reclamo.

    Tal cual, había predicho bien lo de hacer un berrinche, pero no el modo en el que lo haría y que tan tonta me vería.

    Adiós a la dignidad frente al enemigo, pensé.

    —¡Son unos tontos! —grité nuevamente, apuñalando con el índice al pobre de InuYasha en el área de la clavícula pero no me detuve al ver sus gestos de dolor. También era culpable, no descifro aún de qué, pero lo era de seguro.

    —¡Oye, yo no tengo nada que ver con lo que hiciste! —me reclamó intentando defenderse en vano. No podía impedir que mis dedos llegaran a su cuerpo y le causaran daño.

    Solo un pequeño sonido extraño y desconcertante que fue apenas audible me hizo parar en seco para buscar su origen. Volteé, sin creer lo que veían mis ojos pues por una fracción de segundo fui testigo de una fugaz sonrisa en el rostro de piedra de Sesshoumaru. Se había reído, discreto y apenas visible, pero el muy bastardo se había reído.

    ¡Se estaba burlando de mí!

    —¿Y tú qué miras? —le respondí grosera. A la mierda los modales, con lo que había hecho podía tratarlo hasta como si fuera su jefa.

    Volvió a su inexpresividad habitual luego de dedicarme una mirada de hielo, pero no me respondió.

    —Oye, oye, calma…—exclamó mi víctima, InuYasha, tratando de estabilizar el ambiente. —No te olvides a lo que vinimos.

    —Cierto.

    Rin y respuestas.

    Dicho así sonaba como si quiera a la niña de adorno…

    —No es momento de distraerme —murmuré para mí misma.

    Como pude me levanté y arreglé lo mejor posible mi aspecto, tratando de recuperar algo de dignidad. Venía a obtener respuestas y a llevarme a Rin conmigo, pequeña a la que seguía sin ver todavía, pero saber que ese hombre estaba tan tranquilo en su casa trabajando me daba la seguridad de que estaba a salvo, y no me iría hasta obtenerlos a ambos.

    Avancé los pocos metros que nos separaban, pero él ni siquiera se dignó a mirarme, más en cambio intercambió una expresión indescifrable con su medio hermano, como si exigiera respuestas de mi comportamiento con esos gestos intimidantes.

    Me sentí completamente ignorada al ver que no le importaba mi presencia ahí, así que intenté enfrentarlo visualmente al interponerme justo enfrente, pero él simplemente desvió la mirada, caminó a un lado mío y se dispuso a ir a la puerta, dejándome fría unos segundos.

    De todas las reacciones que pude haber esperado, esa fue la única que no imaginé. Todavía podía esperar más amenazas de muerte y reclamos a que no dijera nada. Aunque, si lo pensaba un segundo era lógico, no era el tipo de persona que estaba dispuesta a entregar explicaciones de sus acciones a nadie, si no quería responder simplemente se iba como ahora, sin decir nada, si quería algo hacía hasta lo imposible por obtenerlo aunque la otra persona jamás entendiera sus complicados procesos. Era racional, pero yo no lo esperaba.

    —¡Oye, vuelve aquí! —escuché a InuYasha gritarle, haciéndome reaccionar. Fui detrás de él y lo tomé por el antebrazo, obligándolo a voltear con la inercia de mi precipitada carrera, más él tenía la fuerza suficiente para soltarse al segundo y mirar indiferente mis esfuerzos.

    —Necesito hablar contigo…—articulé seria, sin dejarme agobiar por el peso de sus ojos frívolos.

    —No tengo nada de qué hablar con alguien como tú. Puedes marcharte de esta casa y desaparecer de una vez.

    —No necesitas decírmelo…—mascullé al momento de retenerlo antes de que pudiera irse de nuevo, sosteniendo con todas mis fuerzas su camisa, pero a Sesshoumaru no le faltaba mucho para lograr lanzarme lejos. Era obvio que deseaba irme, pero no había reunido todo mi valor para ser echada a la primera oportunidad. Miré en dirección a mi acompañante en busca de ayuda, pero este no reaccionó de inmediato y caí de sentón al suelo. —Auch, ¡eso duele…!

    Oh, vaya. Cuando me mira desde su propia altura mientras yo permanezco en el piso luce verdaderamente aterrador. Con el brillo siniestro y opresivo de sus ojos dorados, su mandíbula tensa y los rasgos finos levemente hundidos por la desesperación. Se notaba que estaba haciendo un verdadero esfuerzo por maquillar toda emoción con el rostro de piedra que usualmente porta, pero esta vez le resultaba difícil.

    —No necesitas hacer estas tonterías infantiles InuYasha—masculló irritado cuando intentó acercarse a ayudarme. Luego me apuntó inesperadamente con su mano derecha. —Y tú…—vaciló un segundo. —Esto no nos llevará a nada. Asumo que sabes lo del dinero ahora, así que solo firma el contrato y ve con él, eso nos ahorrará molestias.

    Con elegancia dio la media vuelta dispuesto a marcharse, pero no lo permitiría. Él solo había dicho lo que quería decir y ya, sin darme tiempo a nada. Me costó mucho llegar a este momento, no lo dejaría tan fácil, ¡eso no era hablar! Y ni siquiera habíamos tocado el tema de Rin todavía, el que no lo hubiera mencionada me dio a entender que tampoco quería hablar de ello. No era ningún tonto, seguro sospechaba que yo no me iría sin la niña.

    Sin pensarlo me lancé a taclearlo por la espalda, pero mi peso y fuerza apenas lograron desestabilizarlo. Lo sujeté fuertemente del estómago con ambos brazos y colgué mis piernas alrededor de su cadera, abrazándome a su cuerpo lo más que pude, dispuesta a ser arrastrada a dónde fuera.

    —¡Tenemos que hablar! —jadeé por el esfuerzo.

    —Kagome, oye…—le escuché balbucear nervioso.

    —¡No te metas InuYasha! —bramé al verlo acercarse. Podía sentir la sangre bombeándome con furia por todos lados y el mismo ritmo frenético en el cuerpo de mi rehén. Aunque no podía ver el rostro de Sesshoumaru de cerca sabía que estaría furioso, que sus hermosos ojos se verían como fundición de acero caliente, desatando mil emociones que tenía ganas de contemplar. El aroma que emitía su pecho al recostar mi cabeza era cada vez más fuerte y de cierta forma me hacía sentir calor. —No pienso soltarte hasta que hablemos y luego ni tú ni yo tendremos que volvernos a ver las caras…—dije, con el poco aliento que me quedaba.

    No me contestaba, solo intentaba despegarme por todos los medios, pero en esa posición donde le era casi imposible lidiar conmigo. Podía ver el rostro incómodo del menor tras de mí, como si quisiera decirme algo, pero no se atreviera, causándome curiosidad unos segundos antes de sentir que estaba aflojando mi agarre.

    Fueron los quince minutos más largos de toda mi vida luchando por no soltarme hasta que en uno de mis arrebatos de fuerza aplasté mis senos contra su torso a tal punto que incluso a mí me dolió y Sesshoumaru gimió finalmente desesperado.

    —¡Esto es suficiente! ¡InuYasha, sabes que no tengo tiempo para esto, retírala! —bramó como orden, pero con mi cara enterrada en su pecho no podía ver que estaba pasando exactamente. Solo podía oír el sonido de las carcajadas del otro tonto y no entendía por qué. —¿¡Me estás escuchando!? ¡Deja de reír y quítamela de encima!

    Vaya, Sesshoumaru si que estaba explotando, literal. Podía sentir la sangre calentándole el cuerpo y subiendo la temperatura entre ambos, más no pensaba soltarme todavía. No pude evitar reírme también por que hubiera perdido la calma y porque sentía que mi victoria estaba finalmente cerca, al menos eso creí hasta que escuché al mentir de los Taishou decir algo que cambiaría toda mi percepción hasta ahora.

    —Sabes perfectamente lo que quiere y lo que yo vengo a exigir. Quizás tengas su custodia legal, pero Rin es mi hermana y voy a llevármela.

    La impresión fue tanta que me solté automáticamente. El rostro seco, ligeramente sonrojado de Sesshoumaru apenas y advertía algo, pero sus ojos inquietos y el imperceptible temblor de sus manos delataron lo desconcertado que se sentía.

    En menos de un instante ese hombre de hierro estaba abandonando la habitación, murmurando una última frase.

    —Haz lo que quieras…

    Notas de Kou: Y ahora si, estamos al día con fanfiction, wattpad y Ao3... publicar en tantos lados me va a venir matando xD
     

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