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Fanfic - Peligro ➳ Seventeen

Tema en 'Personas Reales' iniciado por ArianaMonteroP, 21 Febrero 2017.

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    ArianaMonteroP

    ArianaMonteroP Si te beso hoy, loca por ti no estoy

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    22 Diciembre 2016
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    Escritora
    Título:
    Fanfic - Peligro ➳ Seventeen
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    120
    [​IMG]


    ☞Historia comenzada 08 de febrero del 2017.☜☞Historia finalizada el...☜

    ❝Tengo miedo, hyung.❞

    ----

    ✍Historia 100% original.
    ✍Todos los derechos reservados.
    ✍Capítulos medianamente cortos y/o largos.
    ✍Actualizaciones lentas.

    No se aceptan copias ni adaptaciones.
    De no pedir la autorización correspondiente, la persona será denunciada.

    ☢Advertencia☢

    ☕Historia de terror.
    ☕Acontecimientos paranormales.
    ☕Intento de asesinato.
    ☕Contenido religioso (no mucho, sólo mención de Dios por parte de los miembros).

    Si no te gustan las historias con este tipo de cosas te invito a que te retires.
    ✌El mundo no necesita comentarios idiotas de personas idiotas c:✌

    Historia publicada también en Wattpad
     
    Última edición: 22 Febrero 2017
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    ArianaMonteroP

    ArianaMonteroP Si te beso hoy, loca por ti no estoy

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    Horror
    Total de capítulos:
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    -Hyung...- la voz del menor se hizo presente en la habitación que compartían SeungCheol, JeongHan, Joshua y Jun.

    -¿Qué pasa, pequeño?- preguntó JeongHan algo adormilado, luego de haber despertado por el leve zarandeo de Chan.

    -Hay alguien en la casa.- vociferó mientras miraba hacía la puerta, en donde una joven observaba la escena con miedo, abrazada al marco de la puerta, dejando ver solamente medio cuerpo.

    -¿De qué hablas?- preguntó mientras se levantaba rápidamente de la cama y despertaba a su líder.

    -¿Qué pasa?- preguntó SeungCheol una vez que se despertó.

    -Channie dice que hay alguien en la casa.- contestó mientras veía al mayor del grupo repetir su acción.

    -¿Qué?- preguntó al mismo tiempo que se levantaba rápido e iba con camino hacía afuera de la habitación luego de haber tomado entre sus manos un bate, pasando por al lado de la joven para al segundo volver y mirar a sus menores.- Quédense aquí, no se muevan.- dijo mientras los señalaba y volvía a tomar rumbo hacía la sala. SeungCheol inspeccionó la vivienda de arriba a abajo en busca de personas, no encontrando a nadie. Volvió a la habitación:

    -No hay na- no pudo terminar su oración cuando de pronto sintió cómo era arrastrado hacía afuera por una fuerza que no entendía qué era, acorralándolo en la pared en frente de la habitación, lejos del suelo.

    -¡SeungCheol hyung!- el grito de JeongHan hizo que todo Seventeen despertara, preguntando qué era lo que sucedía, mientras el segundo mayor iba a tratar de ayudar al líder, pero no podía salir de la habitación por la misma fuerza extraña que tenía al mayor acorralado en la pared.

    Samay, por favor sálvalo!- el grito lleno de terror de parte del menor desconcertó a los mayores.

    -¿De qué estás hablando, Channie? ¡Este no es el momento para bromear!- habló Joshua con miedo y sorpresa en su voz, escondiendo el cuerpo del menor tras el suyo, tratando de protegerlo.

    Samay, por favor!- volvió a hablar el menor, tratando de salir desde la parte trasera del tercer mayor. Jun estaba a punto de hablar cuando algo atrajo su atención, desconcertando a todos: Un ruido parecido a un golpe seco, un gemido de dolor de parte de SeungCheol y JeongHan saliendo disparado hacía una de las camas más cercanas atrajo la atención de todos, viendo la escena estupefactos. El mayor pronto terminó en el suelo con una mano en su cuello y Vernon llegando corriendo a auxiliarlo mientras Jun iba a ver al segundo mayor.
    Una vez que se aseguraron de que sus mayores estaban bien, Joshua miró al menor de todos con el ceño levemente fruncido por la confusión.

    -Lee Chan, ¿de casualidad hay algo que nos quieras decir?. No lo sé, tal vez... ¿Qué fue lo qué pasó, quién es Samay?, como por ejemplo.- todos rápidamente posaron su vista en el menor, quien al sentirlas no pudo evitar removerse en su lugar incómodo.

    -Y-yo...- empezó sin saber qué decir o hacer, llevando su mirada al piso, de pronto sintiendo unas pequeñas manos tomar la suya. Miró de reojo a aquella joven antes de levantar la vista hacía sus mayores.- No sabría explicarlo. Es... complicado.- vociferó mientras se rascaba la nuca, volviendo su vista al suelo.

    -Channie.- empezó Jun luego de unos segundos, acercándose al menor mientras tomaba su mano derecha (al segundo de que la joven lo soltó luego de ver las intenciones del mayor) y sacaba la izquierda de la cabeza de él, para luego acurrucarlas en las propias.- ¿Quién es Samay?- preguntó con dulzura, mirándolo con ojos comprensivos y tiernos. El más joven bajó la cabeza antes de que una lágrima descendiera por su mejilla y volviera a hablar mirando a los ojos al mayor:

    -Una amiga.- dijo mientras sentía los brazos de Jun apretarlo en un abrazo reconfortante.
    -Pero no lo entiendo, ¿ella está aquí?- preguntó SeungKwan mirando al maknae de Seventeen, éste sólo asintió.- ¿Pero dónde?, no la veo...- vociferó, observando a su alrededor.
    -No la busque... No la encontrará.- se escuchó la voz del menor, la cual era amortiguada por el pecho de Jun.

    -¿De qué hablas, Channie? ¿No dijiste que estaba aquí?- habló ahora Vernon, mirando cómo éste asentía esta vez separándose del chino mayor.- No comprendo. Me estás confundiendo.- vociferó con el ceño levemente fruncido.

    -Ella está aquí, pero no la pueden ver.- dijo mirando al suelo.

    -Channie, por favor sé más esclarecido en tu respuesta.- le contestó JiHoon.

    -Ella... E-ella.- trató de decir, tragando con dificultad ante el nudo que se formó en su garganta.- murió un año antes de que audicionara para entrar a Pledis... en un accidente automovilístico.- sentenció mirando el piso, tratando de que las lágrimas no abandonaran sus ojos.

    Los rostros de todos denotaba una ligera combinación entre confusión, tristeza, sorpresa y miedo.

    -Por favor que alguien me diga que esto es una pesadilla.- habló Vernon luego de unos segundos en un susurro.

    Y todos desearon que aquello fuera sólo una pesadilla en verdad.
     
    Última edición: 21 Febrero 2017
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    -Bien, Channie.- empezó Joshua una vez que llegaron todos a la sala, sentándose en el suelo mientras el menor estaba sentado en el sofá. Jun estaba a punto de sentarse a su lado cuando la voz del maknae de Seventeen lo desconcertó y sorprendió:

    -¡No se siente ahí!- dijo casi en un grito mientras giraba un poco su cuerpo para así enfrentar a su mayor.

    -¿Por qué?- preguntó estupefacto por el repentino cambio de actitud.

    -Ahí está sentada Samay.- dijo bajando la cabeza por la repentina vergüenza de haber levantado su voz a uno de sus mayores. Miró en dirección hacía donde estaba sentada Samay al percatarse de que ésta se estaba yendo.- ¿A dónde vas?- le preguntó mientras veía cómo la chica se iba con dirección al segundo piso.

    -Esto es algo que deben hablar ustedes, yo no pertenezco a esta conversación. Iré a asegurarme de que sigan protegidos.- le contestó mientras le brindaba una sonrisa de medio lado y subía las escaleras, desapareciendo en ellas. Chan se sentó bien observando cómo sus mayores lo miraban como si estuviera loco.

    -Channie... ¿Podrías por favor aclarar nuestras dudad de una vez?. Cada segundo que pasa me desespera aún más porque ya no sé qué es verdad y qué es mentira.- habló SeungKwan con impaciencia en su voz, frunciendo levemente el ceño por la frustración.

    -¿Qué es lo que quieren saber?- preguntó luego de unos segundos.


    -Queremos que nos cuentes todo, desde el principio. Nos has ocultado mucho y no sabemos si por nuestro bien o por desconfianza, pero queremos saber todo.- habló SeungCheol en tono autoritario, con la seriedad impregnada en su rostro.


    Dino se encontraba junto a sus padres en el cementerio, frente al ataúd en donde el cuerpo de Samay estaba recostado, tratando de contener las lágrimas que minutos antes había podido detener, preguntándose mil veces en la cabezapor qué; ¿por qué tuvo que morir? ¿por qué de esta manera? ¿por qué su padre tuvo que ser así con ella?. No lo comprendía.

    Y es que desde que la madre de Samay murió por culpa del cáncer un año atrás, su padre lo único que ha hecho es beber y lamentarse, olvidando que tenía una hija a la cual debía educar. Aunque nadie nunca creyó que la depresión de aquel hombre hubiera llegado tan lejos como para querer suicidarse y llevarse la vida de su vástago consigo. Y él sólo puede sentir odio por aquel hombre, no conoce otro sentimiento que le pueda brindar.

    Esa noche simplemente no pudo dormir por culpa de los recuerdos que lo atormentaban, terminando por simplemente permanecer recostado en su cama mirando hacía el techo, dejando que aquellos sentimientos lo invadieran. Cansado a causa del sueño, decide que es mejor ir hacía la cocina por un vaso de agua, encendiendo la luz de su litera para poder ver el camino, asustándose en el momento, pues en su escritorio ve a Samay sentada observándolo. Sin poder creerlo refriega sus ojos un poco, viendo aún a la joven ahí. Un poco asustado, decide hablar:

    -¿S-Samay?- pregunta mientras intenta pasar saliva por el nudo que se formó en su garganta. La joven lo mira sorprendida, aguardando unos segundos antes de hablar:

    -¿Puedes verme?- le respondió aún con el desconcierto en su rostro, viendo a su mayor asentir.- Así que... tu tienes esos ojos.- volvió a hablar luego de unos segundos, dejando que una sonrisa de lado se le escapara.

    -¿Qué?- preguntó él sin entender, viendo cómo la joven se levantaba de un pequeño salto de su escritorio, para luego sentarse al borde de su cama.

    -Puedes verme.- afirmó, viendo cómo el ceño frente a ella se fruncía por la confusión.- los ojos humanos no pueden ver las almas, los pocos que sí pueden es porque delante de ellos murió otro humano y pudo presenciar, sin haberse dado cuenta, el abandono del alma. Es decir, pudieron ver cómo la esencia de una persona se desprendía de ellos, siendo liberados del cuerpo.-

    -Pero no lo comprendo, Samay: Yo nunca vi morir a nadie, ¿cómo es posible que te pueda ver?- preguntó aún desconcertado y confundido.

    -Porque tu no usas tus ojos humanos.- contestó. Antes de que el joven volviera a vociferar alguna palabra, Samay volvió a hablar:- Existen dos tipos de ojos: los humanos y los del alma. Son pocos los que pueden ver con el alma, tu eres uno de esos pocos. Los ojos del alma permiten ver más allá de lo visible, no sólo el alma de otra persona, sino también a los espíritus, los que nunca fueron humanos. También pueden comunicarse con esas almas, no sólo verbalmente, sino que también por sus pensamientos.- terminó de explicar.

    -Pero hay algo que no entiendo.- volvió a hablar luego de unos segundos en silencio.- ¿por qué estás aquí? ¿no deberías estar en algo así como el cielo o el infierno?- escuchó una ligera risa salir de la joven mientras la veía negar en un compás suave y lento.

    -Las almas tenemos algo así como leyes, ordenes que nos impusimos cuando aún estábamos vivos. ¿Recuerdas la promesa que nos hicimos el día del entierro de mi madre?- preguntó con una sonrisa melancólica. Él sabía lo que ella sintió y siente por la muerte de su madre.

    -Así es. "Prometo estar siempre contigo", esas fueron las palabras que nos dijimos.- contestó aún con el ceño fruncido por la confusión.

    -Esa es mi orden, mi ley: Permanecer a tu lado, protegerte.- vociferó mientras le regalaba una sonrisa llena de cariño y amor.

    -Ojalá pudiera abrazarte.- habló luego de un momento en silencio, dejando que una lágrima se le escapara.

    -Puedes hacerlo.- contestó mientras veía el ceño de él fruncirse, haciendo que sonriera con gracia para luego volver a hablar:- Las almas fuimos humanos antes, por lo que no somos espíritus puros. Significa que somos en parte sólidos; no podemos volar, atravesar cosas o personas, sólo podemos no ser visibles y audibles para los humanos. Por lo que puedes sentirme , abrazarme.- sentenció al mismo tiempo que a su mayor se le escapaba una sonrisa y una lágrima por la noticia, haciendo que ella también sonriera, dejándose abrazar por él.

    -No sabes cuánto necesité tu abrazo, tu cercanía... pensé que jamás iba a poder sentirte tan cerca nuevamente.- habló luego de que se separaron, acogiendo las manos contrarias en las suyas, para luego llevarlas cerca de sus labios y besarlas con delicadeza.


    -Así que...- empezó a hablar Vernon una vez que el menor terminó de relatar la parte de su historia que nunca les contó.

    -¿Ves con el alma?- siguió Hoshi, viendo a su menor asentir, sin poder asimilarlo aún.

    -Pero no entiendo, Channie: ¿Qué fue lo que me atacó?- preguntó ahora el líder ante la frustración y el terror de lo que le pasó minutos atrás.

    -Eso fue un Kaprak.- contestó mirándolo seriamente.

    -Un Ka-¿qué?- preguntó esta vez WonWoo.
     
    Última edición: 21 Febrero 2017
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    -Un Kaprak. Son espíritus puros.- explicó el menor mientras descansaba sus codos en sus rodillas, juntando sus manos mientras apoyaba su mentón en ellas y dirigía su mirada al suelo.

    -¿Es algo así como un ángel o un demonio?- preguntó ahora Jun un poco confundido.


    -No, no está ni cerca.- contestó Dino, enderezándose un poco antes de suspirar y levantarse, caminando hacía atrás del sofá para mirar a Samay sentada en el tercer escalón, esperando a que ella le de su aprobación para abrir la boca.


    -Puedes hacerlo.- escuchó su voz dentro de su cabeza, sonriendo de medio lado.


    -Gracias.- le contestó de la misma manera, esta vez girándose para encarar a sus mayores.- Existen dos tipos de Kaprak: los Torl y los Borl. Los Torl son los espíritus claros, los de luz, como quieran decirles. Ellos pueden habitar nuestro mundo, entrar y salir de él sin problema alguno. Son esos ángeles guardianes de los que todo el mundo habla, pero ni siquiera nos cuidan; ellos son buenos, pero no como para querer estar al pendiente de nosotros y salvarnos de todo. Si lo hacen es porque en el momento de que una desgracia estaba a punto de pasar, ellos estaban entrando a nuestro mundo, por lo que pudieron detenerlo antes de que sucediera. Los Borl en cambio, son espíritus malignos, peores que un demonio. Ellos tienen prohibido pisar nuestro mundo, pocos logran entrar y los que lo hacen... Digamos que no es nada agradable.- contestó tratando de encontrar las palabras adecuadas.- El que lo atacó fue un Borl. Ellos tienen la habilidad de transformarse en humanos, de ser visibles y pasar desapercibidos. Por eso es que pensé que entró alguien en la casa, ese Borl se hizo pasar por un humano. Lo que ellos quieren es el alma de un humano. No me malinterpreten: quieren el alma de un humano vivo, no de uno muerto como Samay, por ello es que se fueron tras de usted.- sentenció al fin, viendo los rostros entre sorprendidos, estupefactos y aterrados de los miembros.


    -¿Y Samay fue la que me salvó?- preguntó el líder luego de unos segundos.


    -En parte. Déjenme explicarles: Cuando un Borl entra a nuestro mundo, al instante se transforma en humano para pasar desapercibido, empieza a buscar un alma humana que emane amor por la vida, como lo es la suya, hyung. Una vez que la encuentra, cambian su forma humana a la verdadera y simplemente va por ella e intenta beber cada gota, secando el cuerpo para luego comerse lo que queda, tomando así su lugar como humano para cometer sus maldades, para hacer sufrir a los demás, llevándolos al borde de la locura y éstas personas quieran suicidarse, así ellos poder beber sus almas y dejar que el mundo crea que fue realmente suicidio. El problema de los Torl para detenerlos es que cuando un Borl tiene ya a su presa entre sus tentáculos, ellos ya no pueden hacer nada, porque si intervinieran, les darían acceso a los demonios para entrar al cuerpo de la gente. Si recuerdan algún caso de exorcismo, es porque un Torl intentó detener a un Borl, brindándole a los demonios el acceso de poseer el cuerpo.- terminó de explicar, viendo los rostros atentos de sus mayores, casi sin creerse la situación.


    Chan se dio la vuelta en su cama, palmeando la de al lado para abrazar a Samay. Una manía que tiene desde que ella murió es abrazar su alma mientras duerme para sentirla cerca, pero al no encontrarla abrió sus ojos son sorpresa y se levantó rápidamente, mirando hacía todos lados en busca de la joven, no encontrándola. Confundido decidió ir hacía la sala a su encuentro, localizándola en el sofá.


    -Samay ¿qué haces, qué ocurre?- preguntó algo somnoliento, acercándose a ella, sorprendiéndose al ver su rostro lleno de aflicción y terror.- ¿Qué es lo que está pasando?- preguntó mientras se sentaba a su lado, tratando de ver su rostro. Samay lo miró por unos segundos antes de que hablara al fin:


    -No están seguros. A partir de ahora no lo van a estar más, sus vidas correrán peligro... Y yo no podré protegerlos.- contestó mientras acogía las manos contrarias en las suyas, dejando que el miedo los invadiera.


    -¿De qué estás hablando?- preguntó frunciendo su ceño por la confusión.


    -Kaprak. Vienen por ustedes.- explicó mientras posaba su mano derecha en la mejilla de su mayor.- No sé exactamente por qué o qué quieren... Pero no podré protegerlos, sabes que está fuera de mi alcance.- vociferó mientras veía el pánico en los ojos del joven. Chan estaba a punto de hablar cuando un sonido lo distrajo, encontrando la silueta de un hombre en el marco de la cocina. Rápidamente se puso de pie.


    -Hay alguien en la casa.- dijo mientras tomaba camino hacía la habitación de sus mayores.


    -Espera, Channie, no vayas, no. ¡Chan, no!- escuchó las advertencias de Samay, sin hacerles caso en realidad.


    -¿Entonces eso significa que demonios entrarán en mí?- preguntó su líder luego de unos minutos. Dino respiró hondo mientras apoyaba sus manos en el respaldo del sofá.


    -No.- contestó viendo la cara de satisfacción de su mayor.- Me di cuenta de que un Torl apareció, por lo que le empecé a gritar a Samay para que te ayudara. Sabía que era casi inútil porque al ella no ser un espíritu puro no iba a poder contra el Borl... pero en lo único que pensé en ese momento fue en protegerlos: El Borl estuvo a punto de atraparlos a todos, estuvo por beberles el alma... Ni siquiera entiendo por qué Samay pudo golpear a ese Borl, haciendo que salga disparado a los brazos de Torl y éste lo aniquilara.- contestó mientras se daba la vuelta, encarando a su menor quién seguía sentada en la escalera, esta vez con su brazo izquierdo descansando en su rodilla izquierda extendida en los siguientes dos escalones, escondiendo su boca en su palma al estar ésta apoyada ahí, mirándolo con el ceño fruncido, casi enojada.


    -A mí ni me mires, yo no tengo idea de nada.- nuevamente la voz de Samay hizo eco en sus pensamientos, haciendo que suspirara por la molestia.


    -Dijiste que las almas no pueden batallar en contra de un Kaprak, pero pudiste golpear a un Borl y mandarlo volando hacía los brazos de un Torl. ¿Cómo es eso posible cuando supuestamente no puedes hacerles ningún daño?- ni siquiera se molestó en hablar telepáticamente con ella, ni siquiera se molestó en hacer que sus mayores estén ajenos a la conversación. Ni siquiera se molestó en camuflar su enojo mientras se acercaba a la joven con paso firme, plantándose frente a la joven.


    -No lo sé, Lee Chan, no tengo ni la más remota idea del por qué pude hacerlo, pero lo hice. En vez de reclamar podrías agradecer.- contestó mientras se levantaba de su lugar, enfrentando al joven frente suyo.


    -Claro que lo sabes, pero no quieres decirme y no sé por qué. Habla de una vez, yo sé perfectamente que lo sabes, pero debe ser algo demasiado horrible para que no quieras hablar.- vociferó levantando cada vez más la voz.


    -Yo no sé nada.- le dijo mirándolo con el ceño fruncido.


    -¡Claro que lo sabes!- el grito que el menor de Seventeen lanzó hizo a todos dar un respingo.- Por supuesto que lo sabes.-


    -No es verdad, no lo sé.-


    -¡Nuestras vidas corren peligro! ¡Podemos morir en cualquier momento por culpa de los Borl! ¡Deja de negarlo y confiesa lo que sabes!- volvió a gritar casi con desesperación, dejando que una lágrima de frustración cayera por su rostro. Samay estuvo en silencio unos segundos antes de decir alguna palabra:


    -Es que de verdad no lo sé. Tal vez... tal vez el Borl que vino era muy débil o simplemente tuvimos suerte, pero no sé cómo lo hice.- contestó mientras se abrazaba al cuerpo de su mayor, no siendo correspondida por el contrario por culpa de la desesperación y frustración que lo invadía. La sala repentinamente fue invadida por un silencio tenso, incómodo para todos.


    -Lo único que nos queda ahora es estar atentos y luchar con lo que venga.- le dijo sin hablar para que sus mayores no se enteraran, sintiendo a su menor asentir en su pecho.- Mejor vamos a dormir, ya es muy tarde.- vociferó sin mirarlos, empezando a subir las escaleras con las manos de Samay acogiendo su izquierda, caminando con destino a su habitación, dejando a todos atrás.


    Más de uno suspiró ante la frustración y el cansancio mental que tuvieron por culpa de toda aquella información recibida.


    -¿Qué haremos ahora?- preguntó JiHoon luego de unos momentos.


    -No lo sé. Creo que lo mejor es dejarlo todo en manos de Channie, él sabrá qué hacer, tiene más ventaja que nosotros en este caso.- contestó el líder, sintiéndose impotente ante lo que estaban viviendo.


    -Tengo miedo, hyung. Mucho miedo.- habló ahora JeongHan, atrayendo las miradas de todos.


    -Todos lo tenemos, hyung.- le reconfortó Joshua, acercándose a él mientras posaba su mano izquierda en la espalda del mayor.


    Todos asintieron ante el comentario del tercer mayor, empezando a prepararse mentalmente por lo que se avecinaba.


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    Última edición: 22 Febrero 2017
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    Samay observó a Dino durmiendo profundamente en su litera sentada en el escritorio de la habitación abrazando sus piernas. Vernon y SeungKwan entraron al rededor de unos treinta minutos en la habitación, cayendo profundamente dormidos apenas tocaron la cama. Suspiró profundamente antes de volver su vista hacía la ventana, observando las hojas del árbol que estaba cerca del ventanal moverse a un ritmo apaciguado por el escaso viento que acompañaba la oscura noche.

    Estaba recostada sobre la litera de al lado mirando a su mayor dormir plácidamente, dejando escapar más de una sonrisa cuando éste balbuceaba algo sin coherencia. De pronto sintió una presencia desconocida en la casa, levantándose enseguida para ir a investigar, llegando a la sala, encontrándose con una extraña figura.

    -Ha pasado tiempo.- la voz de aquella mujer la desconcertó, así que acercándose un poco, la reconoció.- Ven, toma asiento. Tenemos que hablar.- volvió a habar ante las nulas palabras de la joven, cambiando drásticamente su semblante a uno serio, viendo cómo la menor acataba su orden, aún sin hablar.- Hay algo que debes saber.- siguió, notando que tenía toda su atención puesta a ella.- Los Kaprak vienen por todos ellos. No sé por qué, aún no, pero van detrás de ellos... en especial tras SeungCheol. Él tiene el alma más madura y un gran amor hacía la vida en ella, pero eso no quita que no vendrán por el resto.- vociferó mirando su semblante sorprendido y estupefacto.- Ya debo irme, sabes que las almas no podemos habitar el mundo humano si no es para cumplir nuestras ordenes. Volveré cuando tenga más noticias.- sentenció mientras se levantaba del sofá para desaparecer al instante.


    -Mamá.- habló al fin Samay mientras se ponía de pie, sin poder llegar a terminar de formular la palabra cuando aquella alma desapareció de sala. Estuvo parada unos segundos antes de caer lentamente sentada en el sofá, con la aflicción dibujada en su rostro, respirando profundamente mientras cerraba sus ojos, tratando de mentalizarse lo escuchado hace unos momentos.

    -Samay, ¿qué haces, qué ocurre?- la voz de Dino la sacó de sus repentinos pensamientos.

    Volvió su vista a Chan cuando lo sintió removerse en su lugar, volviendo rápidamente a la litera de al lado antes de que su mayor la empezara a buscar y se despertara por el miedo de no encontrarla ahí, dejando que la abrazara para seguir durmiendo plácidamente, dedicándose a observar el rostro sereno que aportaba el joven, permitiéndose sonreír por cada rasgo nuevo encontrado en la cara contraria. Estuvo en esa posición hasta que amaneció, sintiendo el cuerpo a su lado removerse, empezando a abrir los ojos lentamente, dejando que su mayor la observara unos momentos con el rostro neutro, sin expresión. Se levantó luego de unos momentos, encaminándose al baño.

    -Channie...- escuchó la voz de Samay en sus pensamientos.

    -¿Qué?- preguntó sin interés de la misma manera.

    -Estás enojado conmigo ¿verdad?- pudo distinguir el tono de tristeza y angustia. Esperó unos segundos antes de suspirar pesadamente y responder:

    -Claro que no, sólo... Tengo miedo, Samay, nuestras vidas corren peligro y tal vez nuestra única salvación seas tú. No lo sé, pero presiento que tu nos salvarás.- sus manos descansaban en el lavamanos mientras veía su reflejo en el espejo frente a él con rostro serio, esperando paciente la respuesta de su menor. Suspiró al darse cuenta de que no recibiría respuesta, dejando que su cabeza colgara cuando la llevo hacía adelante mientras cerraba sus ojos en busca de algún argumento más lógico para la situación que estaban viviendo.

    -Pero eso no pasará, tu me protegerás ¿verdad?- preguntó luego esperar unos minutos antes de asimilar lo que Samay le había contado, viéndola negar.- ¿Por qué?- preguntó con el ceño levemente fruncido por la confusión.

    -Las almas, como ya te dije un año atrás, no somos puras porque antes fuimos humanas, por lo que no tengo la fuerza suficiente como para enfrentarme a un Kaprak. Está fuera de mi alcance.- al ver la confusión de su mayor, decidió ser más clara con su explicación:- Los Kaprak son mucho más peligrosos y poderosos que los ángeles y demonios. Un Kaprak es el producto de un ángel y un demonio, su cría básicamente. Verás: cuando las dos fuerzas se mezclan, sabes a lo que me refiero.- le dijo apuntándolo con el dedo antes de que abriera la boca sólo para molestarla diciendo que dijera que un ángel se enamora de un demonio, terminando por procrear a los Kaprak.-, en el Monte Chimborazo, cubierto por una bola de fuego y nieve empieza anacerun Kaprak. Ellos habitan ahí por cien años antes de que se decida su destino: Si aquella bola se vuelve completamente de fuego, se convertirá en Borl, pero si es lo contrario y la bola se vuelve completamente de nieve, será un Torl. El problema en todo esto, es que al ambos tener poder de ambas partes los hacen prácticamente indestructibles, sólo entre ellos pueden aniquilarse y las almas no alcanzamos ni un cuarto de sus poderes, por lo que no podré protegerte si vienen por ti, me destruirán.- sentenció mirándolo con la seriedad pintada en su rostro. Estuvieron cayados unos segundos antes de que la voz de Dino se hiciera presente en aquel lugar.


    -¿A qué te refieres con que te destruirán?- una leve risa abandonó los labios de la joven mientras negaba en un ritmo lento y apaciguado, dejando sus ojos cerrados antes de abrirlos y volverlo a mirar para así hablar:


    -Los Kaprak beben almas, no sólo las humanas. Aunque a ellos les gusta más el sabor de un alma viva no quita el hecho de que pueden beberme.- contestó restándole importancia al asunto. Lo que menos quería era preocupar a su mayor, pero debía de estar enterado de todos los males que podría correr. Dino suspiró con pesadez antes de inclinarse y tomar el alma de Samay entre sus brazos, acostándose en la cama y arrastrando a la menor con él.


    -Mejor vamos a dormir.- sentenció mientras escuchaba la risa ajena, pues sabía que Samay no duerme, pero él sí lo hacía y necesitaba sentirla para poder conciliar el sueño y asegurarse de no tener pesadillas.


    Volvió a levantar su cabeza para mirarse nuevamente en el espejo, esta vez con el cansancio y la frustración denotando en cada poro de su rostro. Abrió el agua del grifo sin dejar de mirar su reflejo, tomando una cantidad de agua entre sus manos antes de lanzarla en su rostro, repitiendo esta acción un par de veces, para luego apoyar sus manos nuevamente en el lavamanos sin aún levantar su vista, quedándose así unos segundos antes de volver a levantarla y mirar aún la aflicción y el nerviosismo en ella. Suspiró pesadamente antes de cerrar los ojos y disponerse a utilizar el baño.

    Ese día Seventeen tenía una presentación, pues aún estaban de promociones con BoomBoom y debían ir a grabar su show en Music Bank.
     
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    Fanfic - Peligro ➳ Seventeen
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    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    1069
    Dino se encontraba intranquilo, Seventeen estaba a punto de subir al escenario y la sola idea de saber que en cualquier momento algo les puede pasar a sus mayores lo aturde.
    Seventeen se encontraba en la sala de espera que KBS le había asignado, junto a NCT 127, a la espera de que su momento de subir al escenario llegara, dejando que alguna que otraestilistalos peinara, maquillara y arreglara sus prendas, dejándolas más pulcras de lo que ya estaban.
    -¿Pasa algo?- le preguntó una de las estilistas a Chan, captando su atención, pues había visto que éste estaba muy serio. Aunque lo viera siempre serio y no lo conociera lo suficiente como para tener aquel tipo de intimidad en el que podían contarse sus molestias y sus conflictos, se preocupaba por su menor. Sabía lo maduro que podía llegar a ser, lo reservado y lo serio también, pero eso no quitaba el hecho de su preocupación.
    -No, claro que no, Noona.- contestó el menor mientras le regalaba una sonrisa dulcemente forzada. La joven hizo una mueca con su labios, apretándolos, demostrando su desconformidad ante aquella respuesta. Se la espera, claro que sí, pero aún así no puede evitar sentirse impotente por la sola idea de no poder serle de ayuda o que él crea que no puede serle útil su apoyo. Aún así se permitió reprimir sus deseos de preguntar si estaba seguro de ello, por lo que decidió seguir con su trabajo.
    Luego de que aquella estilista se alejara del menor de Seventeen, Jun decidió acercarse al fin a encarar la actitud tan seria del maknae.
    -¿Qué sucede?- preguntó casi en un murmullo, lo suficiente mente bajo como para que sólo el más joven lo escuchara.
    -Tengo un presentimiento... y no es nada bueno.- contestó en el mismo tono, sin dejar de mirar el suelo, respirando hondo mientras le permitía a su cuerpo ir hacía adelante, posando ambos codos en sus rótulas mientras que usaba sus palmas para refregar su rostro al tiempo que soltaba todo el aire acumulado en sus pulmones, dejando descansar sus zarpas en la parte inferior de su faz.- Creo... que no deberíamos presentarnos.- vociferó luego de unos segundos, hablando en un tono lo suficientemente alto como para que alguien ajeno escuchara, sintiendo pronto la mirada de todos los presentes en la sala, las estilistas foráneas de aquella sala.- Cancelar... creo que es nuestra mejor decisión.- expresó sin aún levantar su vista del suelo, la sala pronto quedó ausente de sonidos, rostros confundidos, sorprendidos y estupefactos mirando el cabello del menor de Seventeen.
    -¿De qué hablas, Channie? ¿Por qué debemos cancelar?- preguntó ahora JeongHan, rompiendo aquel silencio tan engorroso.
    -No es preferible... que estemos aquí...- manifestó entrecortadamente, levantando su rostro para así clavar sus orbes en las ajenos, el segundo mayor entendiendo el mensaje, cosa que no pasó desapercibida por el líder de Seventeen.
    -Seventeen, es su turno.- antes de que palabras salieran de la boca de SeungCheol, la voz de una de las encargadas se hizo presente en aquel lugar. Todos se miraron con preocupación antes de depositar su vista en el cuerpo de su menor.
    -Vamos.- vociferó el líder con la seriedad impregnada en su rostro, sin apartar la mirada de su menor, siendo el primero en salir de la sala, siendo Chan el último, con la incertidumbre aún invadiéndolo.

    -¿Aún sigues con ese presentimiento?- le preguntó Jun mientras caminaba a su lado, subiendo al escenario, recibiendo como respuesta sólo un asentimiento de cabeza por parte de su menor.- ¿Pero qué es?- preguntó ya preocupado.
    -Creo que un Borl está aquí.- contestó aún intranquilo.
    Seventeen empezó su presentación, todos tratando de no demostrar su incertidumbre. Cuando llegó el solo de Vernon, JeongHan se acercó a él nuevamente:
    -¿Qué sucede, pequeño?, parece que ni siquiera intentas ocultar que algo te está incomodando...- vociferó en tono preocupado, demostrándola en su rostro.
    -Estoy nervioso, presiento que algo malo va a pasar en este mismo instante.- contestó en un susurro. JeongHan quiso preguntar, pero era momento de que su menor volviera al escenario.
    Dino repentinamente dejó de escuchar la música, sólo escuchaba los gritos de fondo. No se movía, no bailaba, sólo miraba hacía todos lados con el ceño fruncido, empezando a percibir un susurro un tanto macabro, todos deteniendo su baile para prestar su atención al menor. Pronto vio cómo JiHoon le dijo algo, no pudiendo escucharlo en realidad, rápidamente volteándose para mirar hacía todos lados aterrados, aquel susurro convirtiéndose raudamente en una risa macabra. Miró al suelo unos segundos, respirando por su fauces al no encontrar el aire por su nariz, girándose velozmente, viendo allí a Samay ingresando al escenario casi con desesperación.
    Un Borl, protege a tu líder, rápido!- escuchó su voz en sus pensamientos, no pudiendo dar menos de medio paso cuando apareció un tentáculo súbitamente con dirección hacía SeungCheol.
    -¡Cuidado, SeungCheol hyung!- ni siquiera pudo terminar de formular su advertencia cuando escuchó el grito de su mayor y éste se elevaba en el aire, asustando a los presentes que no entendían qué pasaba.- ¡No!- los gritos de todos camuflaron aquella palabra, aterrados por lo que estaban presenciando. Pronto cinco de los mayores del grupo eran zarandeados por los aires, gritando ayuda con desesperación.- ¡Samay, por favor!- Gritó encolerizado mientras con ambas manos tiraba de sus cabellos, mostrando sus ojos cristalinos por las lágrimas retenidas, observando la escena más que horrorizado.- ¡Has algo, no te quedes ahí, por favor!- gritó mucho más fuerte, permitiéndose caer de rodillas al suelo, recostando sus brazos en éste, aún sosteniendo sus mechones entre sus palmas, levantando su rostro ya cubierto de lágrimas cuando escuchó un ruido seco, presenciando nuevamente cómo su menor salvaba a sus amigos, éstos cayendo al suelo mientras otros de sus miembros los iba a auxiliar. Vio a Samay sobre la cabeza del Borl, mirándolo con el ceño levemente fruncido, denotando tristeza.
    -Cuídalos bien.- escuchó por última vez su voz antes de desaparecer de aquel lugar con el Borl, prácticamente ausentándose del lugar con una explosión, asustando más de la cuenta a todos. Abrió sus ojos lo más que pudo antes de asimilar lo que pasó.
    Samay se había sacrificado para salvarlos a ellos.
     
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    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    1237
    Samay tenía su frente apoyada en la puerta del baño de la casa con los ojos cerrados, esperando a que Chan saliera de una vez.
    -Samay.- escuchó una voz tras de sí, haciendo que la nombrada abriera los ojos de sopetón, esperando unos segundos antes de voltearse en dirección a aquella voz conocida para ella.
    -Madre.- susurró luego de unos segundos, sosteniendo la mirada en la contraria, ambas manteniendo su semblante serio.
    -Es hora de hablar.- soltó luego de unos segundos, esperando unos instantes hasta que vio a su hija asentir, comenzando a caminar hacía la habitación de la maknae line, sentándose en la cama que ocupaba de vez en cuando Samay, haciéndole señas a ésta para que tomara asiento a su lado, ella captando la indicación y acatándola, ambas en silencio por unos segundos.- Como sabes, los Borl vienen por ellos.- vociferó al fin, viendo a la menor asentir con su mirada posada en el suelo, escuchándola.- Pero hay muchas cosas que no sabes, y que para saberlas debes venir conmigo.-sentenció mientras volvía a ponerse de pie, siendo seguida por la más joven.
    -No entiendo... ¿A dóndd debo ir?- su madre la miró sin expresión alguna en su rostro. Algo andaba mal, lo sabía.
    -Vamos.- le contestó mientras le extendía la mano, ésta tomándola con inseguridad, sintiendo cómo todo a su alrededor se removía a una velocidad casi imperceptible, encontrándose en elMonte

    Chimborazo repentinamente.
    -¿Qué hacemos aquí?- preguntó viendo aquella bola de fuego y nueve, repentinamente ésta incrementando la velocidad en la que giraba, hasta que una destellante luz empezó a emanar desde el centro de ella, haciéndose cada vez más resplandeciente, empezando a cubrir cada vez más aquella bola hasta un ruido parecido al de una exploción se hizo presente, haciendo que Samay se cubriera los ojos con su brazo izquierdo, con ambas manos hechas puños, alejando luego su brazo mientras abría sus ojos lentamente, viendo a aquella bola convertirse en nieve completamente
    ,siguiendo girando, esta vez más lento hasta detenerse completamente, terminando por convertirse en un huevo cristalino.- Aún no entiendo qué es lo que hacemos aquí.- vociferó luego de haber presenciado aquello en silencio. Su madre, mirándola al fin luego de unos instantes, aún con esa mirada nula, habló:
    -Tu destino; eso es.- contestó mientras volvía su mirada hacía aquel huevo. Samay frunció su ceño ante la confusión, haciéndolo más pronunciado al escuchar la risa de su madre.-Aún no lo entiendes...- vociferó más para sí misma mientras bajaba la mirada al suelo, cerrando los ojos y negando con una sonrisa melancólica.
    -No, no lo hago. Deberías explicármelo para que así lo entienda.- contestó Samay, con la seriedad impregnada tanto en su voz como en su rostro.
    -Hace años, el día en el que naciste, algo pasó.- guardó silencio unos instantes, tratando de encontrar las palabras adecuadas.- Naciste muerta, sin alma... sin humanidad. Esa mañana, fue una que jamás podré olvidar...

    SunHee se encontraba en la sala de su casa tejiendo con una sonrisa adornando su rostro. Su esposo,ChoiJung, leyendo el diario mientras desayunaba con su mujer, mirándola de soslayo de vez en cuando, sonriendo cuando sus ojos se posaban en el vientre (ya bastante notorio) que ésta portaba.
    Han pasado cinco meses desde que la noticia de un bebé en espera los ha invadido y ellos no pueden sentirse más que bendecidos por ello.
    -ChoiJung.- el susodicho llevó su mirada hacía su esposa, cambiando su expresión de una despreocupada a preocupada por la mueca de dolor, preocupación y casi desesperación de parte de su esposa.- Llévame al hospital, ahora.- vociferó con las lágrimas ya derramadas por sus carrillos.
    ChoiJung ni siquiera preguntó qué era lo que estaba pasando, no fue necesario, la sangre entre sus piernas hablaba por sí sola. Tomó a SunHee en sus brazos y así la condujo hasta el automóvil con destinó al hospital más cercano que había, bajándola en brazos y entrando al establecimiento de la misma manera.
    -¡Por favor ayúdenos!- su gritó de desesperación llamó la atención de más de uno, haciendo que enfermeros llegaran rápidamente con una camilla.- Está embarazada de cinco meses y está perdiendo sangre.- explicó sin esperar pregunta alguna, empezando a caminar a paso apresurado junto a aquellos extraños.
    -Por favor aguarde aquí.- le dijo un médico que repentinamente apareció, entrando a una sala de partos.
    ChoiJung estaba caminando de un lado hacía el otro desesperado, nervioso por no obtener respuestas sobre el estado de SunHee y su bebé, sintiendo a su corazón salirse de su garganta cuando aquel médico salió al fin con una expresión entre seria y triste.
    -Pudimos salvar a su mujer.- habló una vez que llegó frente al hombre, sintiendo el alivio ajeno por la noticia escuchada.- Pero su hija...- siguió luego de unos segundos, viendo aquella sonrisa desaparecer.-... Lo lamento tanto, Señor.-y sólo eso bastó que escuchara para que ChoiJung empezara a llorar.
    SunHee despertó sin recordar dónde estaba, empezando a sentir su cabeza punsar del dolor, sintiéndose extrañamente vacía, encontrando a su esposo mirando hacía afuerda de la ventana con la mirada ida.
    -Cariño...- lo llamó con confusión por el estado en el que se encontraba.
    -SunHee...- habló luego de unos segundos en silencio.- Hay algo que debo decirte.- vociferó una vez se acercó a ella, sentándose en el borde de la camilla, acogiendo la mano contraria en las propias mientras las apretaba levemente.- Nuestra niña...- empezó sin saber exactamente qué palabras usar, tenía que saber controlar el tacto del golpe para que no sea tan certero y doloroso para el corazón de su esposa.- No la podremos ver crecer... Nunca.- sentenció al fin, sintiendo a su mujer tensarse, reteniendo las lágrimas, no queriendo creer la noticia que cayó en sus oídos. Por acto intuitivo la abrazó, queriendo transmitirle todo el cariño que le tenía, el apoyo y el amor.
    -¿Pu-pu-pu... Pu-puedo co-conocerla?- preguntó luego de unos eternos minutos en silencio, dejando que las lágrimas empaparan sus carrillos, mirando un punto fijo de la habitación.
    Luego de que ChoiJung hablara con una de las enfermeras, ésta trajo el cuerpo de la recién nacida en brazos, dejándola recostada en el pecho de su madre, ésta abrazando a la sin vida con todo el dolor que sentía.

    -Mi hija...- habló casi en un susurro, dejando escapar sollozos y suspiros de dolor, acurrucando a la bebé más en sus brazos, empezando a acunarla mientras tarareaba una canción de cuna, ChoiJung mirando la escena desde la puerta de la habitación,recargado en el marco de ésta.
    SunHee de pronto escuchó un ruido proveniente de aquel cuerpo sin vida; al mirarlo se dio cuenta de que su bebé estaba llorando.
    -Cielo... ¡Cielo, está viva!- habló casi en un grito, captando la atención de su esposo que miraba al suelo con depresión, levantando la mirada al escuchar aquel llanto.
    -¿Qué?- dijo sin creerlo, caminando hasta la camilla y confirmando el suceso.- No puede ser. Esto no puede ser real... Es un milagro, SunHee.- empezó con lágrimas en los ojos, saliendo de la habitación en busca de los doctores.
    -Mi pequeña, mi bebé, mi hija... Mi Samay querida.-
     
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    Todos los miembros llegaron a su casa exhaustos, todo lo ocurrido los han derrotado tanto física como psicológicamente. Algunos se desplomaron en el sofá de la sala, otros simplemente en el suelo... Pero Dino prefirió entrar a su habitación y lanzarse sobre su cama, deteniéndose a medio camino al visualizar una hoja doblada a la mitad en el medio de la cama de Samay. Curioso la tomó entre sus manos, dispuesto a leerla.


    -Entonces...- empezó Samay luego de que su madre le relatara aquel milagro que vivió junto a su padre, sin entender en realidad.

    -Aún no he terminado, cariño; ese es sólo el comienzo.- esclareció al notar la incertidumbre y confusión de la menor.- Jamás entendimos con tu padre cómo es que de un momento a otro reviviste, ni los más expertos lo entendieron.- dejó que una risa llena de emoción y nostalgia abandonara sus labios e invadiera cada parte de su cuerpo, envolviéndose ante las sensaciones que estaba experimentando en ese instante mientras cerraba sus ojos y negaba con su cabeza, ésta baja.- El día que dejé de vivir lo comprendí.- llevó su vista hacía aquel huevo antes de volverla a depositarla en Samay.- Algo extraño pasó: Una tormenta arrasó éste monte y uno de aquellos huevos en plena transformación fue llevado con aquel viento, terminando de alguna manera fusionándose con tu cuerpo sin vida, dándotela, volviéndose tu alma sin realmente serlo.- terminó mirando al suelo, sin poder ver realmente a los ojos a su hija. Samay permaneció en silencio por un buen rato antes de vociferar sus dudas:

    -¿Acaso me estás diciendo que soy un Kaprak?- su sorpresa no se hizo esperar ante el asentimiento de su madre, escuchando sus palabras antes de poder formular sílaba alguna:

    -En parte; eres mitad alma humana y mitad Kaprak, por eso es que pudiste derrotar a un Borl aquella vez.- Samay ya no sabía qué pensar. Por un lado estaba aterrada y confundida; ser mitad Kaprak significaba poder, pero también significaba que el bien y el mal habitaban dentro de ella, y tiene miedo de ser una amenaza para Seventeen, para Chan...

    Por otro lado se sentía feliz, pues piensa que así puede proteger a los chicos, pero la insertidumbre de saber que el mal también habitaba en ella y que podía ser una amenaza para ellos la carcomía lentamente.

    -Quiero volver al apartamento.- vociferó mirando sin expresión el suelo, apretando sus puños con pabor. SunHee simplemente acató a la perfección el pedido de su hija, dejándola en la casa de Seventeen sin ir con ella.

    Samay caminó de un lado al otro sin saber qué hacer realmente, tantan información recibida que no ha sido capaz de procesar del todo la ponía incómoda, nerviosa.

    Caminó hacía el escritorio de donde sacó un lápiz y un papel, empando a escribir en él para luego de haber terminado doblarlo y dejarlo posicionado en la cama que ella ocupaba, tomando camino hacía la puerta principal para llegar a la presentación en vivo de los chicos, antes de que un Borl volviera a aparecer.


    ...


    -Lo siento, Channie.- le dijo antes de golpear su mano contra la cabeza de aquella criatura, sobrepasando la membrana que separaba el núcleo molecular del exterior, causando así una explosión que acabó con el Borl... y con ella.



    Dino terminó de leer la carta, su expresión siendo neutra.

    -Oye, Channie...- escuchó la voz de JiHoon mientras el nombrado abría la puerta, acallando sus palabras al ver el estado en el que se encontraba su menor.- ¿Pasó algo?- al no recibir respuesta por parte del más joven de Seventeen, se empezó a preocupar.- Channie...- insistió.

    El menor lo miró antes de vociferar cualquier sílaba, aún con su semblante neutro:- Hay que estar alerta.-

    《Lo siento.

    Tal vez ésto sea lo único que pueda decirte.

    Y es que en verdad no sé qué decir ni qué hacer y mucho menos qué pensar al respecto.

    Hoy fui al Monte y me enteré de algunas cosas que...

    Lo siento, pero debo irme. Tal vez para tu bien, tal vez para protegerte realmente.

    Hay mal en mí, tengo miedo de hacerte algo, de lastimarte, de ser más amenaza para ti que protección.

    Pero no te dejaré sin protección, no quiero que nada malo te pase, que les pase.

    Le pedí a mi madre que Torls custodiaran la casa, no salgan, no por ahora, es peligroso, mucho más para los mayores, para SeungCheol...

    Adiós, Channie, por favor cuídate.》

     
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    ArianaMonteroP

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    La noticia rápidamente se promulgó, todo el mundo sabía sobre el extraño suceso en music bank. Pero la noticia que más revuelo empezó a hacer fue la de tres días después de lo acontecido: ¿Dónde ésta Seventeen?

    "Los Idols desaparecieron" "¿Dónde están Seventeen?" "Idols desaparecidos. ¿Ocultarán algo?", era lo que aparecía en las noticias, de lo único que se hablaba.Nadie sabe a dónde se fueron ni por qué, ni siquiera la misma empresa.

    Nadie comprendía nada, ni la banda misma, quienes ahora estaban encerrados en su casa sin comprender porqué los estaban buscando si ellos estaban ahí.

    JeongHan miraba por la ventana de su habitación cubierto por sus sábanas que lo resguardaban del frío invernal, observando cómo las personas pasaban por ahí, algunos tomados de la mano, otros jugando con la nieve y otros simplemente caminando solos. Suspiró con resignación; no podría salir aunque quisiera.


    Dino bajó las escaleras casi corriendo con Woozi prácticamente pisándole los talones.

    -Escúchenme bien.- habló llamando la atención de todos.- Nadie puede ni debe salir de aquí. Corremos peligro.- la seriedad que había en su rostro y en sus palabras preocupó a los mayores, empezando a cavilar lo peor.- A partir de ahora la casa está sellada; Nadie entra, nadie sale. Pronto Torls vendrán a resguardarla desde afuera y si todos aprecian su vida, ninguno va a salir de aquí. Por lo menos no hasta que yo se los diga.- ninguno se atrevió a contradecir a las palabras del menor de Seventeen, simplemente asintieron a sus palabras.

    -Channie, espera, necesitamos salir, necesitamos suministros.- habló el líder, captando la atención de todos.- comida, bebidas, pasta dental... recuerda que somos trece aquí, si nos quedamos mucho tiempo no nos va a alcanzar lo que ya tenemos, necesitamos ir a buscar más.- las palabras de SeungCheol hicieron a todos pensar. Era verdad. Aún así ninguno quiso contradecir al maknae; todos sabían que en la situación que están ahora sólo les queda confiar en él y hacer todo lo que les mande, como si realmente fuera el líder y no S.Coups.

    El maknae del grupo no supo qué contestar, por lo que decidió pensar unos segundos, acercándose luego con rapidez hacía la ventana más cercana, observando cómo aquellas criaturas que cuidarían su casa empezaban a aparecer al mismo tiempo que una extraña luz empezaba a rodear la casa por completo, suspiró con pesadez y resignación.

    -Ya es tarde, no podemos salir.- contestó sin mirar a sus mayores.- La casa ya fue sellada y los Torl ya han llegado. Si alguno sale lo más probable es que termine muerto.-

    -¿Y qué haremos ahora?- preguntó luego de un rato MingHao.- ¿Simplemente nos quedaremos en la casa sin hacer nada más?-

    -Es lo único que podemos hacer, MingHao.- contestó Hoshi, sentándose en el sofá principal de la sala al tiempo que dejaba salir un suspiro.

    Seventeen estaba resignado. No había nada que hacer. Los siguientes días los pasaron normales, tratando de hacer como si nada pasara, cuando en realidad se estaban desesperando.


    -¡Simplemente no salgan!- el grito del menor de Seventeen alteró al segundo mayor, poniéndolo en alerta de que algo malo estaba sucediendo o estaba por suceder.

    -¡No podemos seguir de ésta manera!- al escuchar las palabras de su líder se preocupó, por lo que, levantándose lo más rápido posible, fue directo hacía donde provenían los gritos.- ¡Pasaron casi dos meses desde que nos tuvimos que esconder! ¡Todo el mundo piensa que estamos desaparecidos cuando en realidad estamos frente a sus narices! ¡Nos están buscando por todo el maldito mundo y nosotros estamos encerrados!- las palabras del mayor del grupo hicieron eco en toda la casa. Jamás pensaron ver a SeungCheol tan alterado y enojado como en ese momento.- ¡Nos estamos quedando sin comida, Chan!- le recriminó al menor de todos.- ¡Y para peor no veo que estés haciendo nada para ayudarnos! ¡Lo único que haces es recordarnos a todos que no podemos abandonar la maldita casa porque podemos morir!- todo Seventeen miraba la escena con preocupación, pues nunca se imaginaron presenciar ésta actitud del mayor del grupo.- si quieres quedarte aquí encerrado y sin hacer nada, hazlo, pero yo sí buscaré una solución para éste problema. Empezando con salir de éste lugar.- caminó con destino a la puerta mientras el menor lo miraba de manera expectante, tratando de detener la locura que su mayor estaba intentando hacer.

    -¡SeungCheol hyung!- pero el mayor lo ignoró y siguió su andar hacía la puerta principal.- ¡Hyung deténgase, no está pensando con coherencia, por favor, es peligroso!- pero el mayor seguía ignorándolo.

    SeungCheol estaba segado por la culpa, el ego, la envidia, la preocupación, la desesperación y el resentimiento.

    Culpa por no poder hacer nada para proteger a sus menores del peligro que estaban viviendo y por ser una prácticamente una carga para ellos, ya que venían más que nada por él.

    Su ego estaba herido; el menor del grupo se comportaba como el líder, ocupaba su rol. Se sentía inútil, inservible, relevado de su cargo en Seventeen.

    Tenía envidia de Chan porque él era especial, porque él era su única salvación y tenían que hacer lo que él dijera o seria su perdición, del poder que llegó a obtener, que le dieron todos y del que ni siquiera es consiente que tiene.

    Estaba preocupado por la seguridad de sus menores, de que salieran con vida de ahí y de lo que pudiera pasar de ahora en adelante.

    Se estaba desesperando porque hace dos meses que estaban ahí encerrados y sus suministros se estaban agotando, porque hace dos meses que ya no es libre, porque hace dos meses que no ve la luz del sol directamente ni siente su calor. Porque desde hace dos meses que eran prisioneros en su propia casa.

    Y sentía un profundo resentimiento hacía Dino, porque pensaba que todo era su culpa, porque él sí podía sacarlos del infierno en el que se metieron, porque desde que él llegó al grupo la anomalía empezó a ser normal para Seventeen, porque si él nunca hubiera entrado a Seventeen ésto tal vez nunca les hubiera sucedido, porque Dino era especial y él... sólo era el líder. Pero ahora ya ni siquiera eso le quedaba.

    Abrió la puerta sin pudor, sintiendo pronto su cara quemarse y ver llamas por su alrededor. Sintió un tirón hacía adentro y escuchó la puerta cerrarse, luego todo fue silencio por unos segundos antes de escuchar la voz del menor del grupo:

    -Le dije que no saliera. Me lo hubiera esperado de cualquier miembro... menos de usted.- las palabras del maknae del grupo eran como veneno: tan frías, tan serias, tan crueles, tan molestas.

    -Todo ésto que está pasando es tu culpa... Todo.- el silencio reinó la sala de Seventeen. Nadie comprendía la actitud de su mayor, y sus palabras los dejaron más que helados que el hielo.

    Ahora sí que nada tenía sentido para ellos.
     
    Última edición: 23 Octubre 2017
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    Toda la sala estaba en silencio. Ninguno hablaba, ninguno se movía. Parecía como si ninguno respirara.

    SeungCheol aún no despertaba, JiHoon había terminado hace un momento de curar las heridas externas del mayor.

    -¿Cuánto tiempo crees que va a seguir inconsciente?- preguntó JeongHan a su maknae.

    -No lo sé.- miraba un punto fijo en el suelo, intentando no explotar a penas su líder despiertara. No le gustaba tener que portar una apariencia tan dura con sus mayores, tener aires de ser el líder cuando en realidad sólo quería protegerlos. Claro que no le gustaba, pero debía calar en la piel del papel para cuidar de cada uno.

    -¿Qué pasará a partir de ahora?- habló Vernon, rompiendo con aquel silencio tan pesado que se había formado en el ambiente.

    -No lo sé.- volvió a contestar. Una respuesta tan monótona que significaba tanto, que generaba tanto.

    -¿Qué haremos al respeto?- habló ahora MinGyu. Dino guardó silencio por unos instantes antes de volver a hablar. Un no lo sé volvió a abandonar sus labios, pero ésta vez más bajo, más doloroso, más roto. La sala volvió a quedar en silencio, aquella respuesta había sido más que suficiente para generar un tumulto de emociones en cada miembro.

    Todos prestaron atención al cuerpo del mayor una vez que éste se empezó a mover, terminando por despertarse desorientado.

    Ninguno habló, el mayor simplemente miraba a un punto fijo en el suelo, sin ser capaz de enfrentar a alguno de sus menores.

    -Por qué...- la voz de The8 rompió el silencio, se escuchaba rota, dolida... un murmullo que estremeció los corazones de todos, mucho más el de Su.Coups.

    -Por qué.- repitió el mayor en un tono bajo, sin lograr ser escuchado por sus menores.

    -Tu cara está quemada, tal vez quede cicatriz.- la voz prepotente del maknae retumbó en los oídos de todos.- espero que estés feliz, "hyung".- aquella última palabra salió con tanto odio que el líder de Seventeen no pudo evitar saborear el veneno que ésta contenía.- supongo a todos ya les quedó claro por qué no deben abandonar la vivienda.- ésta vez se dirigió a todos, recibiendo asentimientos de cabeza de parte del resto del grupo.- bien.- el menor abandonó la sala y se dirigió a su habitación, cerrando la puerta tras de sí. Caminó hasta la ventana y apoyó el brazo en la pared y la frente sobre el vidrio, acariciando su cabello mientras miraba con tristeza hacía afuera. Claro que no le gustaba la situación que estaban viviendo, pero debía hacer algo al respecto y aunque tampoco le gustó su propia manera de actuar en ese momento, no le quedó de otra que ser el malo de la historia.

    -¿Por qué tan triste?- una voz dulce que ya conocía llegó hasta su campo auditivo. Volteándose se encontró con la figura de noona. La estupefacción en las facciones del más joven hicieron a la mayor reír con suavidad y cariño. Lentamente se acercó hasta el menor y depositó una leve caricia en sus cabellos negros antes de volver a hablar:- pensé que... necesitarían mi ayuda ante la ausencia de Samai...- los ojos del maknae de Seventeen se abrieron como platos, la sorpresa y la confusión estaban impregnados en su rostro, no comprendía cómo es que ella sabía de la existencia de Samai, mucho menos cómo entró a la vivienda ilesa.- sé lo que te estás preguntando. Es larga la historia, pero aún tenemos tiempo para saberla toda, no es necesario ni relevante que te confiese todo ahora.- el rostro del pelinegro se volvió más suave, mostrando una faceta más neutral.

    -¿Cómo lograste entrar, noona?- preguntó luego de unos minutos que le parecieron eternos.

    -Puedes dejar de decirme así, estemos en confianza, Channie.-

    -Bien. ¿Cómo lograste entrar, SooAhn?- La castaña río un poco, con cariño y dulzura desprendiendo de su voz, empezó a hablar:




    SooAhn observó la casa meticulosamente, sabía que entrar ahí no era cosa fácil. Sí, ellos la conocían y sabían quién era, pero eso no justificaba que pudiera entrar así como así a la casa.

    "Nadie entra, nadie sale."

    Suspiró con frustración mientras intentaba planificar algo para entrar en el recinto sin ser vista por los Torl. Pero de pronto algo llamó su atención: en la ventana del primer piso se encontraba su menor y líder de Seventeen mirando hacía el exterior con total impotencia. Lo pensó unos segundos; no podía hacerle eso a quien siempre fue una persona tan buena y solidaria, siempre queriendo ayudar y encontrar una solución. Por otro lado, era el único que estaba cercano a ella en ese momento y si quería ayudar a todo el grupo, debía entrar primero a la casa ¿y qué mejor distracción que la rebeldía y desacuerdo de la situación en la que estaban involucrados de parte de uno de los miembros?. Debía pensar rápido, S.Coups se estaba retirando de la ventana.

    Sin convicción por sus actos, decidió cambiar la actitud pasiva que estaba teniendo el hombre de 23 años por una más agresiva y rebelde.

    Fue demasiado tarde, pues el menor ya se había retirado, o eso creyó hasta que escuchó los gritos prepotentes del líder de Seventeen, como también presenció la salida de éste, aprovechando la distracción que los Torl tuvieron para ingresar a la casa por la puerta trasera de ésta.



    -Pero no comprendo cómo entraste sin recibir daño alguno...-

    -Esa es historia para otro momento, ahora debemos concentrarnos en sacarlos de ésta situación sin que tengan tengan que preocuparse por los Borl.- la voz de aquella mujer era tan suave, dulce y hechizante que no pudo evitar confiar en ella. Asintiendo ante sus palabras, tomó asiento en su cama mientras que SooAhn lo hacía en su escritorio. No pudo evitar mirarla de pies a cabeza antes de voltear la vista avergonzado. No podía creer que haya tenido tal osadía de mirar de esa manera a su mayor, sintió que le faltó al respeto con ese simple acto. El silencio sólo ayudaba a que su mente le recriminar su atrevimiento.

    -¿Qué haremos?- preguntó después de unos segundos en los que el silencio eran atormentadamente engorrosos. La mayor lo miró un momento con su expresión facial totalmente sería antes de formar palabra alguna:

    -Nos enfrentaremos a los Borl.-
     

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