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Fanfic - LOVE SIMETRÍxASIMETRIS (KIDxCHRONA)

Tema en 'Soul Eater' iniciado por catblack, 28 Marzo 2012.

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    catblack

    catblack Iniciado

    Tauro
    Miembro desde:
    28 Marzo 2012
    Mensajes:
    22
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Fanfic - LOVE SIMETRÍxASIMETRIS (KIDxCHRONA)
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    11832
    CAPÍTULO XII
    SOMOS LO QUE SOMOS, NO PIDAS PERDÓN,
    EL VIENTO SOPLA A TU FAVOR

    Parte 1

    Los monstruos estaban de fiesta, hasta que las hermanas Thompson aparecieron y les fueron disparando. Ofendidos rugían y se precipitaban hacia las responsables. Después de que Patty hubiese despertado a Liz, y claro, ésta le regañase por su poca delicadeza para hacerlo, se habían escabullido a la cochera para montar una moto de envíos y arrasar con la invasión. La mayor de las hermanas conducía y disparaba a cuanto demonio se le cruzara en el camino.
    -¡Ya no les tengo miedo criaturas estúpidas! ¡Vengan con Liz! ¡Les daré paella con plomo por haberme hecho pasar muy mala noche!
    Ya no consideraban aquella lucha con algo de tensión, todo se había vuelto divertido. Así eran las misiones para las dos rubias, sólo faltaba Kid para completar la fiesta. Liz usaba a Patty para disparar y llamar la atención de los kishins. Su plan consistía en concentrarlos dentro de la enorme bodega de despensa, encerrarlos y despertar a los clientes. Tenían que hacerlo rápido, temían por Kid y por Chrona. Ellas pensaban que tenían que encontrar primero a su técnico para apoyarle en su pelea, pero al tomar en cuenta la debilidad de la pelirrosa, dudaban.
    -One-chan. -comenzó Patty. -¿Qué haremos después? Chrona debe estar en problemas también.
    -Eso pensaba Patty. Pero Kid también debe necesitarnos.
    -Pero Chrona no tiene tiempo. Necesita llegar a Hiperbórea o si no...
    -Lo sé... Creo que... buscaremos a Chrona y la llevaremos con la Dama Proserpina, creo que Kid no nos perdonaría si algo llegase a pasarle... Además, creo que yo tampoco me lo haría.
    -One-chan, ¿También crees que Kid quiera...
    -¡Claro que sí! ¡Kid es un baka! ¡Es tan obvio!
    -Pero... pero ¿Qué pasó con Mirara? No se supone que... ¡A tu derecha!
    Un demonio había aparecido y Liz le dio un tiro con Patty. Rápido, el kisin se recuperó y las siguió. La hermana mayor aumentó la velocidad de la moto. Era ágil conduciendo, pese al lugar que era muy reducido.
    -No lo sé Patty, sólo sé que quiero ayudar a Chrona, porque es nuestra amiga y porque ella realmente ha hecho un milagro con Kid... ¡Un milagro! ¡El muy baka no se ha dado cuenta de ello!
    -¡Yo también quiero ayudar a Chrona, one-chan! ¡A Kid no debieron romperle el corazón así!
    -¡Patty! ¡Yo no creo que haya sido coincidencia que Mirara apareciera! ¡Algo me dice que ella ya sabía lo que iba a hacer! ¡Tengo aún la sospecha que si Kid no hubiese sido un genio... lo sé... es un genio-baka... pero un genio difícil de derrotar, algo muy malo hubiese ocurrido... muy malo! ¡Esa tal Mirara! ¡Sabía que tramaba algo! Aún tengo un mal presentimiento con ella.
    -¡One-chan, ya casi estamos cerca!
    Las hermanas Thompson divisaron la gran bodega abierta en el sótano. Dando un salto de acróbata, no sin antes colocar bien a Patty en su cinto, Liz abandonó la moto y se sujetó a una de las vigas del techo. Los entes la había seguido y cayeron en la trampa. Liz rápido cerró la puerta y junto con Patty, ya en su forma humana, comenzaron a colocar cosas para que los monstruos no la abrieran.
    -¡Bien hecho Patty! -festejó Liz.
    -Ahora tu también me debes una jirafa de felpa. -dijo Patty.
    -¿Qué? ¿Por qué?
    -Por qué te saque del embrollo hermanita.
    -¡Puedes chantajear a Kid pero no a mí, soy la mayor!
    De pronto más rugidos llegaron a sus oídos. No todas las criaturas habían sido encerradas. Liz y Patty sonrieron y corrieron en dirección a ellos.
    -Son sólo unos cuántos y no son reales. -dijo Liz. Años atrás había superado su miedo a los fantamas, ahora lo hacía con los monstruos de ficción.
    -¡Hi! -respondió Patty y se transformó en un arma de nuevo.
    -No demoraremos mucho. ¡Vamos a despertar a la gente!
    Liz activó todas las alarmas contra incendio y las personas fueron despertando. Los kishin comenzaron a desaparecer con un ¡pop! de humo, uno por uno. Tras despertar, la gente descubrió, con gran consternación, que todo el lugar era un desastre. Sus cosas y ellos mismos estaban cubiertos con algo vizcoso que apestaba, muchos tenían dolor de cabeza, como si se las hubiesen sacudido por varios minutos, y algunos tarareaban la canción del show de Killipo, la jirafa feliz.

    *******************
    *****************

    Los lobos de hielo tenían dos metros de altura, tres de espesor y uno de ancho. Eran criaturas con estructura afilada, las puntas de su pelo brillaban transparentes y sus ojos eran color rojo. A causa de la oscuridad, Excalibur había iluminado el paso con el filo de su cuerpo. Su luz blanquecina iluminaba también a los monstruos. Chrona estaba rodeaba y se encontraba a la defensiva. Trataba de escapar, tal como se lo había indicado su compañero, pero los animales eran demasiados. Por un momento, pensó que tendría éxito. Esquivaba, engañaba y llegó a dar más de dos certeros golpes con la espada para abrirse paso. Pese a la debilidad, Crona era muy ágil y saltaba lo suficiente para no salir dañada de los ataques. Sin embargo, sus energías se agotaban. Gran parte de su estabilidad era porque el alma de Kid, a través del abrigo, la protegía. Se aferraba a esa capa mágica y temía no por ella, sino por el shinigami, porque sentía que también él se debilitaba. El joven Death se enfretaba a una bruja muy poderosa.
    Chrona pensaba con cuidado qué debía hacer. Excalibur no la aprobaría. Pero tal vez no tendrían otra alternativa.
    -Excalibur. Lo siento. Tendré que arriesgarme.
    -Lady Chrona, si vuelve a usar ese hechizo puede que la perjudique...
    -Ya lo dijiste Excalibur, "puede".
    -No Lady Chrona, escuche, usar magia sin estar preparada... usted jamás ha realizado un hechizo...
    -Ya lo sentías Excalibur. Mi naturaleza está creciendo. Sabes que tal vez ya no haya nada que se pueda hacer por mí en Hiperbórea... Por favor, apóyame con esto... Yo... Yo... Yo quiero estar con Kid.
    Los lobos bucaban sujetar a la chica con el hocico. Chrona ya no huía. Los enfrentaba con valor y destreza. Excalibur no decía nada aún. Él estaba dispuesto a proteger a la joven, pero también conocía sus límites. -Mi Lady... -comenzó. -Estaré para servirle. Yo estaré para velar por su alma. -Chrona sonrió con ternura. -Gracias. Sir Excalibur. -Makenshi sujetó con más fuerza al arma y comenzó a murmurar los pocos conjuros que había aprendido tras años de observar a su madre. Las palabras dichas por su boca sonaban como una canción lúgubre, rasposa y siseante. Los lobos presintieron su intención. La bruja miraba a distancia lo que ocurría. -Sé lo que piensas. -dijo. -Pero es inútil. -Pronto silbó y los lobos atacaron otra vez.
    Chrona blandió la espada sin dejar de invocar los conjuros. La bruja del clima confiaba en que no lograría nada, pero la chica hizo gala de sus grandes habilidades como espadachín y convirtió a sus criaturas de hielo en trozos de cristal tras inmovilizarlos con su magia. Los poderes mágicos de Chrona se habían incrementado tras dejar de ser contenidos. La ojiazul sintió un gran alivio, fue como si una opresión en su pecho dejase de existir, sin embargo, no olvidaba quién había motivado su decisión: Kid. Lo único que quería era librarse de la bruja para ir con él.
    Excalibur entendió las razones de Chrona, por ello su sobría estructura adoptó una barroca. La hoja recta de acero se había hecho más delgada, la empuñadura también y se tornó violeta intenso. Detalles delicados y dorados coronaron el resto de la envergadura. La guarda de mano tomó la forma de un ala de ángel, el gavilán se decoró con líneas rectas y entre el puño y la vaina se hallaba una joya violeta, que era el ojo de Excalibur, abajo de la piedra se había formado algo parecido a un corazón, pero dividido por la mitad.
    La fuerza de la tormenta alimentaba a los lobos de hielo, mas Chrona los destruía y por ello se abría paso hacia la bruja. La responsable de aquella magia estaba confundida, había supuesto que Chrona no ejercería ningún poder. Sin más alternativas, la mujer decidió escapar, pero, la maken la alcanzó y la atravesó con la espada.
    -Lady Chrona. La bruja ha quedado fuera de combate, debemos retirarnos.
    -Regresa con Baba Yaga... -Chrona empezó a decirle a su enemiga. -Y dile... -por un momento se lo pensó, hasta que...
    Del cielo cayeron bolas de fuego que acabaron con el resto de las criaturas de hielo. Excalibur se transformó en un escudo para proteger a Chrona, pero luego decubrió que los ataques no se dirigían a ellos. La bruja enterró por la parte de atrás de la espadachín una estalatita que había logrado crear con su poder. La joven sintió dolor y gritó. Luego, la bruja la golpeó y trató de escapar, pero entonces, como si hubiesen salido de la misma tormenta, aparecieron diversos hombres armados que no tardaron en someterla.
    -Lady Chrona. No tema. Han llegado los refuerzos. -le dijo Excalibur. Chrona se arrancó la estalatita y vio con horror que la capa de sangre negra que cubriera su mano se movía como una mantarraya zarandeándose.
    -Sir Excalibur. -Una mujer que lucía armadura plateada se acercó a ellos, llevaba una gruesa capa color roja y un casco con forma de leona. -Hemos venido por ustedes. Su majestad Proserpina ha estado al tanto de la situación. ¿Dónde está el príncipe Aidas?
    -¿Príncipe Aidas? -Chrona sintió que hablaban de Kid.
    -Lady Cloris. El príncipe está en problemas... -Excalibur, ya en su forma antropomórfica, explicaba la gravedad de la situación, fue cuando Chrona sintió que sus fuerzas la abandonaban.
    -¡Por favor! ¡Kid está en problemas! ¡Ayúdenlo! -rogó la maken.
    -Es Lady Gorgon ¿Verdad? -Excalibur asintió. Cloris comenzó a acercarse a la joven, pero ella se hizo hacia atrás. Para asombro de la espadachín, la soldado le expresó. -También conozco su situación, Lady Gorgon. Sé lo de la sangre negra. No se preocupe, la atenderemos cuánto antes.

    **************
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    ************

    Cuando Chrona vio por primera vez con atención Death city, jamás había pensado que fuera tan hermosa y tan ambigua. Todo era ordenado y a la vez aparatoso; tenía torres alargadas y puntiagudas que hacían un llamativo contraste con otras que llevaban cúpulas redondas y anchas; sus calles estrechas eran casi interminables y sus plazas tenían rededores muy limitados a causa de que toda la ciudad no crecía de manera horizontal, sino vertical. Caminar por sus senderos era agotador, eran subidas o bajadas, pero cada paso siempre llevaba a algo inesperado, fuese la vista al amanecer, la puesta de sol o a un secreto mismo de la ciudad, como una antigüedad arquitectónica, alguna persona curiosa o alguna parte de uno mismo que aún no se conocía.
    Su estilo arquitéctonico, descubrió después, era uno llamado "gótico de ladrillo" y tenía parecido con las ciudades bálticas de Europa. Sus edificaciones habían sido diseñadas para que toda la ciudad sirviera como centro militar y administrativo del más allá. Death city, en medio del desierto, era contenedor de secretos lúgubres y mortales, pero también de momentos dichosos y pacíficos. El ambiente olía a fuego, ladrillo viejo, a café, chocolate y al alma de Shinigami-sama: narcisos y a ciprés. La claridad y el misterio se combinaban en perfecta armonía, era el lugar ideal para vivir y morir con tranquilidad, claro, siempre y cuando nadie interfiriera con ello. Chrona entristeció de manera profunda, presintió que tal vez eso ya no sería una posibilidad para ella.
    La espadachín demoníaca ya no sentía su cuerpo, ni su sangre, ni su dolor, sólo a su mente buscar algo bueno entre sus recuerdos, sólo así su vida habría tenido sentido. Sin embargo, todo eso perdió importancia cuando se dio cuenta que los ojos dorados de Kid la enfocaban, disipando la oscuridad que ya comenzaba a abrazarla. Su sonrisa sincera y amable la llamó y ya no quiso desaparecer. Él le tomó la mano, ella se lo agradeció, pese a lo corta que había sido su vida sintió que podía partir tranquilamente, sin embargo, tenía mucho miedo. Rogó no olvidar lo más bello que había experimentado, a todos sus amigos: Maka, Soul, Blak Star, Tsubaki, Mari-san, el profesor Stein, Spirit, Blair, Shinigami-sama, Liz, Patty, incluso al odioso de Ragnarok y al muy disciplinado doctor Junger Freuding, Excalibur, su nuevo amigo, y sobre todo... sobre todo a... Kid ocupó por completo la mayor parte de sus pensamientos, tal vez los últimos que tendría siendo ella... Su transformación estaba por completarse y sabía que ya no habría nada que pudiese hacerse. El joven shinigami la miraba sereno, ella sintió tristeza, sabía que él era un fantasma en su mente.
    -Pase lo que pase ¿recuerdas? -le dijo el shinigami.
    -¿Kid? pero... ¿Cómo...? -El joven la jaló hacia él y la abrazó.
    -No soy tan fuerte como desearía ser. -él empezó a decirle. -Pero tú... me ayudas a serlo. Es por eso que necesito que estés aquí. Por favor, quédate conmigo.
    Chrona se atrevió abrazarlo y lloró. -Kid... -susurró con dolor. -Yo... yo ya estoy contigo. No sé qué hora, conjuro o hecho hizo que sintiera lo que siento, pero yo ya estoy contigo. Todo lo que soy y seré te pertenece, por eso dejaré en tus manos... -Abrazó más fuerte la ilusión de Kid, la cual sentía tan real como si estuviese a su lado.
    Kid respondió a su brazo con la misma intensidad. -¿En mis manos? ¿Qué dejarás en mis manos?
    Chrona escondió la cabeza en su pecho. -Mi destino... Di las palabras... -le susurró la joven. -Di las palabras y mi alma será tuya. Ojalá... ojalá fuese real esto, hay tanto que quisiera decirte...
    Kid tomó su rostro entre sus manos y unió sus frentes mientras cerraba los ojos. Pensó que Kid era muy noble, así era como deseaba despedirse de su vida siendo sólo la Maken Gorgon, así era como al fin sentía el perdón de todos sus actos. Kid le besó la frente y luego sus labios...
    Creyó que eran sus cuerpos lo que se unían con aquel acto tan delicado y suave, era su primer beso, nunca había soñado que algo así fuese tan dulce y cálido, hasta que descubrió que en realidad eran sus almas las que se unían como dos llamas en un mismo pabilo. Jugaban como dos luciérnagas en la oscuridad, daban vueltas y vibraban, jamás había sido tan dichosa. Los dos se desvanecían con urgencia, existía una imperiosa necesidad de estar juntos y no separarse, pero algo podría pasar, ella lo sabía, ya que de ambas almas comenzaban a emanar una energía siniestra, en la suya, particularmente, podía sentir la agresividad aproximarse... Debía proteger a su amado, por ello fue cediendo su abrazo, pese a su deseo, no podía llevárselo consigo y tampoco dejar que él la retuviera... Sabía que existía algo por hacer...
    -Kid, te quiero... te quiero... pase lo que pase... -le susurró sobre sus labios. La llama se estaba haciendo una, pero Chrona fue quien se separó y cayó en la oscuridad.
    -¡Chrona! -la llamó Kid con angustia.
    En la oscuridad, Chrona viajaba como si fuese un satélite perdido en el espacio. No estaba segura a dónde se dirigía, pero una voz le decía que no temiera. Debía dejarse llevar por su intuición, era momento de escucharla. -Eres una bruja. -decía una voz en su cabeza. -No puedes seguir escapando de ello. -Chrona la reconoció como la propia, incluso la recordó con tristeza, era la sombra que solía hablarle cuando era niña. Cada vez que Medusa la dejaba sola en su celda, la sombra aparecía y le cuestionaba cosas que no quería reflexionar; escapaba y se colocaba en el señor-rincón; mas ahora ya no era una niña y eran años los transcurridos desde aquellos eventos. Necesitaba respuestas.
    -¿A dónde se supone que debo ir? ¿Quién soy? -le preguntó Chrona.
    -Soy una bruja... Soy una maken... soy un demonio... ¿Ahora por qué es tan importante para ti saberlo?
    Chrona no sabía qué responderle a su sombra. -Yo... sólo sé que necesito saberlo. -expresó.
    -¿Por qué? -la pelirrosa se sintió molesta. -Ahora recordaba de niña por qué le molestaba. ¿Ella necesitaba hacer preguntas y la sombra sólo le contestaría con más preguntas?¿De qué juego se trataba? No obstante, eso era lo indicado, así lo sintió. Chrona respondió. -Es importante saberlo porque si sé quién soy, sabré a dónde voy.
    -¿La respuesta, crees, qué cambiaría lo que sientes por él? -preguntó la voz. Chrona sintió una fuerte aprehensión, no quería olvidar a Kid ni lo que sentía por él.
    -Soy una bruja... Soy una maken... soy un demonio... ¿A dónde se supone que me llevará saber esto?
    -No es que sepas... Es lo que es... Así de simple... -La voz se desvaneció, dejando a la muchacha nuevamente en algo que podría ser la nada.
    -¡No es justo! -dijo Chrona. -¡Ahora que quiero que me preguntes, no lo vas a hacer? -Después se dio cuenta que no fue que la voz desapareciera, sino que había regresado a su origen: ella. -Soy una bruja... Soy una maken... soy un demonio... ¿A dónde se supone que me llevará saber esto?... Toda mi vida... toda mi vida estuve sin querer saber nada de nadie y me alejaba, sólo quería alejarme y destruir todo aquello que lo impidiera... Ahora que necesito saberlo estoy enfrentándome a algo que no entiendo: ¿Por qué temo?
    La oscuridad fue adentrándose a sus ojos como lágrimas retrocediendo y cuando la última gota penetró por sus cuencas, la claridad llegó.
    -¿Por qué temo? y ¿Por qué ya no quiero temer? -La imagen de Kid llegó a su mente. -Daría el mundo por estar contigo. -susurró. -¿De verdad? -Apareció esa otra voz suya. -¿De verdad? -preguntó de nuevo. Chrona no dudaba en afirmar, pero sí dudó que aquello fuese lo que debía hacer...
    Chrona regresó a través del tiempo, hacia su pasado. Vivió de nuevo sus recuerdos, empezando por los felices, aquello despertó en ella mucha nostalgia: eran los amaneceres y atardeceres en su amado y pequeño departamento, la salidas con Maka y el resto de sus amigos, los almuerzos con Black Star, el trabajo en el Shibusen como secretaria y docente, sus pequeños alumnos, sus libros, los sonetos de Shakespeare, los poemas de Lord Byron, de Dickinson, las obras de Goethe, las hermanas Brönte, los cuentos de Mary Shelley, de Edgar Allan Poe, Oscar Wilde... A Rachmaninoff vibrando en su pequeña sala mientras bebía chocolate oscuro con Ragnarok.
    Siempre había sido tímida, insegura y depresiva. Sin embargo, gracias a sus amigos, descubrió que tenía cualidades. Por ejemplo, cuando escribió por primera vez un poema, casi provocó que sus compañeros se suicidaran, su poema había sido tan deprimente que incluso Sid sensei lamentó que lo hubiesen revivido. Se sintió terrible, pero supo que era buena en expresar sus sentimientos con la escritura, fue así que Shinigami-sama le mostró lo que era la poesía, desde entonces fue incapaz de separarse de los libros, le ayudaron a entender cómo funcionaba el mundo, asimismo, leer sosegaba su mente y su alma.
    Shinigami-sama fue como un padre para ella. Él le había asignado al doctor Junger Freuding para que la ayudará con su depresión. No fue una tarea nada fácil, pero el psiquiatra era muy exigente con sus pacientes y no la dejó tranquila hasta que pudo hablar sobre sí misma, hacer cosas por su cuenta y a defenderse de Ragnarok cuando la molestaba. Los cambios eran recibidos con temor, pero ya no evitados, por ello aprendió a ser feliz. Tiempo después la tristeza regresó y jamás quiso comentarlo, fue por la partida de Kid. Le dolió saber que no lo encontraría de nuevo por allí. Un día soleado dejó de serlo cuando Maka le dijo que Kid se había ido. Supuso que no era importante, después de todo, no se hablaban mucho, casi nada, pero lamentaba no haberle dicho que lo admiraba. Cuando Shinigami-sama la contrató, tres años atrás, hablaba de Kid todo el tiempo con ella. Le comentaba sobre lo mucho que lo extrañaba y de lo orgulloso que estaba de él. Chrona se sentía feliz por ambos, mas no había imaginado nunca que aquel hermoso niño fuese a ser ese adulto que hiciera latir tan dementemente su corazón.
    Recordó algo más con cariño, una vez (hace un poco más de 8 años), habían hospitalizado a Maka, todos estaban reunidos para animarla, Kid, lo hizo a su manera, ordenando de forma alfabéticamente numérica todos los medicamentos que estaban en la habitación. Maka lo agradeció con una gota en la cabeza, nadie entendía esa excentricidad del joven shinigami, menos ella, pero después llegó a pensar que era bueno y ojalá pudiese tener una forma muy propia de demostrar cuándo alguien le importaba, así como él. Recibir una muestra de amistad y apoyo por parte del hijo de shinigami-sama era algo especial, al menos para ella, aunque Kid para dar atenciones jamás discriminaba. Quizás por ello le llamaba la atención. Quizás por ello lo admiraba tanto. Sin saberlo, Kid se había convertido en su amor platónico por un tiempo, hasta que fue haciéndose cada vez más segura de sí misma y con ello realista. Kid jamás pondría los ojos en ella y no tenía el por qué hacerlo. Tras graduarse de Shibusen y aceptar el trabajo de Shinigami-sama esa idea desapareció o eso había creído.
    Los buenos recuerdos con sus amigos y su vida en Death city se fueron y ella sabía la razón. Se acercaba a la etapa más oscura de esta, aquella compartida con Medusa, sin embargo, no era a ella a la que temía, era algo más...
    -¿Charly? ¿Eres tú? -preguntó confusa. Su alma sintió angustia y sus ojos azules adoptaron un color casi transparente. La memoria le mostraba aquellos recuerdos que el tiempo y el poder de Medusa le habían obligado a olvidar. Ahora, como monstruos que hubiesen invernado dentro de su subconsciente, estaban despertando para ir por ella.
    -¿Cómo pude olvidarlo? ¿Cómo pude olvidarlos? ¡Charly! ¿Cómo pude olvidarte?
    Medusa siempre la castigaba cuando fallaba una prueba. La torturaba enterrándole cosas en el cuerpo para que Ragnarok la siguiera lastimando. Luego la encerraba a solas con su arma, dentro de un cuarto oscuro. Duraba días sin comer o recibir atención médica para sus heridas. Sólo hubo alguien que se portó bien con ella y el resto de sus hermanos, ese fue Charly. Él, a escondidas de Medusa, le dejaba comida cuando nadie más merodeaba por los corredores. Si pudo mantener algo de cordura, durante aquellos años, fue por él... ¿Cómo había podido olvidarle?...
    -Charly, perdón... perdóname...
    -Chrona
    Duró años sin poder ver su rostro. Él le pasaba notas por debajo de la puerta y, por una pequeña entrada secreta en la pared, le dejaba la comida, así como libros para enseñarle a leer y a escribir, y medicamentos para tranquilizar su dolor.
    -Tienes que ser fuerte y hacer todo lo que Medusa-sensei te diga. -le decía el muchacho. -Verás que al hacerlo te harás un tecnical muy fuerte.
    -Pero... pero... No sé lidiar con eso... Ese dragón nunca me ha hecho nada, no quiere hacerlo. ¿Por qué tengo que hacerle daño yo?
    -Por qué si no lo haces Medusa lo hará. Creéme, los castigos empeorarán y serán peor que la muerte.
    -¡Sí, Chrona! ¡Empeorarán! -le regañaba el pequeño Ragnarok.
    -¿Por qué tengo que ser un técnical? ¡No quiero serlo! ¡Mejor que me mate!
    Ragnarok la golpeaba. -¡Que sea a ti, no a mí! -y volvía a molestarla.
    Chrona lloraba. -Pero... pero ¡Tengo miedo! ¡Tengo mucho miedo!
    -¡Sshhh! ¡Guarden silencio! -exigía Charly susurrándo. -Escucha Chrona. Todos estamos en el infierno. Pero si eres fuerte y obtienes poder, nadie te hará sentir miedo nunca más.
    -Pero no quiero hacerle daño a nadie. -insistía Chrona.
    -No tienes opción. -le respondió Charly. -Yo también tengo que matar para sobrevivir, pero yo algún día seré una Death Scythe invencible. Yo seré el arma del Dios-oscuro más poderoso de los nueve mundos y tú Chrona nos ayudarás.
    -¿Cómo voy a ayudarlos? No sé cómo hacerlo...
    -Lo sabrás, pero tienes que ser fuerte. Si obtienes poder, ya nada te dará miedo. Inténtalo. Haz lo que Medusa-sensei te dice y no habrá más dolor.
    Chrona no creía que fuese del todo verdad, pero le parecía grosero contradecirlo, después de todo era su único amigo en todo el mundo. Charly además les enseñaba cosas, incluso les traía revistas de viajes para que conocieran el mundo; El joven les narraba historias y les cantaba con su sosegante voz himnos religiosos. Descubrió que buscaba los templos porque también lo buscaba de manera inconsciente. Recordó la letra una de sus canciones y la repitió, era una canción muy dulce sobre...
    Los únicos momentos tranquilos para la pequeña espadachín y su arma, en medio de aquel infierno, fueron esos vividos con Charly... hasta que Medusa lo descubrió e hizo que Chrona lo matase.
    Conoció el rostro de Charly cuando le asesinó con Ragnarok. Era un niño más grande. Era rubio, de cabello largo, ojos verdes, muy delgado y de cara muy pálida. Él le había heridó para no permitir que Medusa le hiciese un daño más profundo. Pero no lo había entendido, sintió que la había traicionado y frustrada le atacó. -¡Perdóname! -Le había dicho cuando lo mató, él no le respondió, había caído inerte. A partir de allí, su vida se sumiría en la más absoluta oscuridad y la locura llegaría en forma de un tierno abrazo por parte de Medusa... -¿Ves, mi niña? No era tan difícil. -Años después, se repetiría el abrazo, pero Chrona perdería por completo el control de sí y la asesinaría.
    La joven maken también fue recordando a sus hermanos, aunque no fuesen hijos de Medusa. Esos niños, como Charly, habían sido abandonados o robados para servir de conejillos de indias para su madre. Ella los vio sufrir, los vio morir, incluso, ella misma los fue eliminando para devorar sus almas. Le dolía. Medusa la obligó a ser cruel con aquellos seres que comenzaba a querer; primero fue con una cría de conejo que le regalara en su cumpleaños, la cuidó, alimentó y mimó, y cuando fue el momento ideal, la obligó a matarla... Fue lo mismo con Charly, fue lo mismo con sus hermanos y Medusa quiso repetirlo en Shibusen.
    -¿Cómo pude olvidarlos a todos? ¡Charly! ¿Cómo pude olvidarte? ¡Perdónenme! ¡Perdónenme todos! -se repetía la joven mientras trataba de procesar la información. Sin embargo, algo pasó de inmediato por su cabeza, ella devoró las almas de sus hermanos, pero no la de Charly.
    Chrona abandonó aquellos recuerdos y fue adentrándose a un lugar más oscuro, allí sintió el alma de Ragnarok.
    -Ragnarok... -comenzó a decirle. -Debes resistir. No por mí, sino por ti.
    -Chrona. -contestó el arma. -Sólo hay una manera en que sobreviva. Tuviste todo este tiempo razón. Era momento de que cada quien tomara su camino, tú querías hacerlo desde que ese Kid-baka apareció...
    -¡Cállate, Ragnarok! ¡El baka eres tú! ¡Te necesito! ¡Te necesito aún!
    -No...
    -¡Sí! ¡Eres mi arma! ¡Y lo serás hasta que uno de los dos muera!
    -Entonces... -El alma del arma demoníaca se debilitaba. -Acaba con esto, tu poder, me está debilitando, me aplasta y ya no quedará nada. Si huyes moriré.
    Chrona se alejó de Ragnarok y buscó su propia alma. Pronto se vio frente a ella y se sorprendió. Su poder se incrementaba y no sólo era por esa parte de bruja, que era la que debilitaba a Ragnarok, sino también por la otra mitad, cuya identidad desconocía... Chrona se aproximó más, conforme se acercaba, el alma se hacia más pequeña, hasta llegar abarcar el espacio ahuecado entre sus palmas. La joven acunó la esfera, era como si la abrazara un fuego rebelde y transparente, el aura cambiaba de colores cálidos a fríos. Le pareció pequeña y delicada, pero a la vez fuerte y estridente, era hermosa y limpia, pero joven y vulnerable; no había creído que fuese así -¿Esta es mi alma? -.Se sintió conmovida y pudo lograr que tanto corazón como mente dijeran algo al mismo tiempo... -No te preocupes. Yo te cuidaré. Nadie te hará daño... Oh, Dios, no permitas que sesguen mi alma, hasta que esté lista. Todavía no. -Chrona recordó los ojos dorados de Kid y sintió como si estos la estuviesen mirando con atención; sabía que mientras la mirasen, ya no temería nunca más a nada, así que tomó su alma y la devoró; una energía escarlata emanó de ella y le salieron dos enormes alas de luz y fuego, su silueta fue desintegrándose como una rosa en medio de un incendio, la transformación ya estaba completa.

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    Una luz cálida la despertaba, era igual al rayo de sol que se filtraba hacia su habitación, dedujo que era medio día. En su departamentos, allá en Death city, tenía dos ventanas en su alcoba, una que daba al amanecer y otra al atardecer, su cuarto era la habitación más cálida, así que reconocía los humores del sol y de sus movimientos. Tras abrir mejor y con dificultad los ojos, recordó todo lo que había pasado y sintió nostalgia por aquel pequeño hogar suyo en el Barrio Gótico. Chrona también sentía un agudo y pesado dolor por todo su cuerpo, pero eso no impidió que lograra levantarse un poco sobre sus codos y pudiera observar en dónde estaba.
    Asombrada contempló la enorme cama con dosel en la que estaba acostada. Sus arcos eran altos y estaban envueltos con sedosas cortinas color crema, así como otras transparentes. En la habitación había flores de temporada, la habitación olía como si la primavera estuviera allí mismo. Había figurillas de oro con temas bucólicos y lámparas encendidas, estas contaban con tecnología a base de captación solar. El color crema y los caobas le daban un aspecto elegante, cálido y sofisticado, no obstante, pese a las maderas pesadas que rodeaban la habitación, esta se sentía fresca. Chrona miró el techo, este era oscuro y alto, con algunos grabados dorados. No se parecía a la habitación que le habían asignado en Executor, la mansión de Shinigami-sama y Kid, pero por el techo creyó que tenía una afinidad con ella, al observar mejor, descubrió que las figuras doradas eran campesinos que recolectaban la cosecha usando guadañas, pero de éstas salían siluetas de personas, similar a lo que llegaba a ocurrir a veces con Soul y Spirit-san... -¿Death Scythe? -. La joven fue levántandose poco a poco, al hacerlo se tambaleó pero pudo sostenerse con una silla estilo rococo que estaba a un lado de la cama. Ante la luz del día, que entraba por una gran ventana, pudo ver que sobre su brazo le habían colocado una especie de cataplasma adherible para que entrara el suero por sus venas. La medicina en Hiperbórea era de las más avanzadas, le intrigó saber cómo funcionaba aquello... Un ruido la quitó de sus pensamientos y de inmediato se percató que alguien había entrado, eran dos muchachas que portaban agua y flores para cambiar en los jarrones.
    -Señorita. Ha despertado. -le sonrió una jovencita que vestía una linda estola color crema tipo griego.
    -Le avisaré enseguida a la Reina y al príncipe. Se pondrán muy contentos. Déjeme ayudarle con eso antes. -respondió otra que vestía igual.
    Chrona no se resistió a la atención de la muchacha. Esta le quitó la cataplasma y le ayudó a acomodarse en la silla. La joven maken seguía débil y la cabeza le daba vueltas.
    -¿Hace cuánto he estado aquí?
    La segunda muchacha le respondió sin dejar de sonreír, mientras preparaba agua con esencias curativas para limpiarle el brazo. -Durmió 7 lunas con cielo estrellado sobre venus, señorita. -Chrona parpadeó confundida, ¿Qué acababa de decir? No entendió.
    -Yo les avisaré a sus majestades. -dijo la otra muchacha risueña después de arreglar los jarrones con flores.

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    Malóforos era un palacio estilo neo-clásico con estructuras elegantes, altas y blancas, estaba en la ciudad de Cabiria, capital de Anfictíone, muy cerca de la Costa azul de Kore, en Hiperbórea. Todo a su alrededor estaba rodeado de abundante flora y generosa fauna. Tanto el interior como al exterior eran reflejo del alma reflexiva, rica e intelectual de sus habitantes, sin embargo, también tenía unos toques exuberantes que representaban el amor y el respeto hacia la naturaleza salvaje; dominaba el orden y la claridad, y sólo en rincones muy íntimos y discretos se apreciaba lo lúdico y místico.
    La reina, Proserpina Eleusis, era la actual gobernante del país de Anfictíone. Había tomado el trono tras la transición de un mundo a otro de su progenitor, el rey y general Triptólemo Eleusis, hace ya más de siete décadas. La Dama Proserpina, como la conocían con cariño la mayoría, era una líder generosa y de mente práctica, era estricta con sus obligaciones, pero no carecía de sensibilidad. Era muy estimada dentro y fuera de Hiperbórea, muchas deidades y figuras importantes, ya fuesen inmortales o no, acudían a ella por su apoyo y consejo, porque además de ser la diosa del Renacimiento, también era una científica y médica muy competente. Ella ayudó a Shibusen en misiones contra la radiación de locura, asimismo compartió investigaciones sobre las armas demoníacas y ondas de resonancia del alma; además, toda su familia era incondicional aliada de Shinigami-sama; el mismo rey Triptólemo fue uno de los amigos más íntimos del Dios de la muerte.
    Anfictíone, políticamente, era el corazón de Hiperbórea; la ciudad era la encargada de producir y administrar la alimentación de los dioses, así como de regular la calidad de ésta mediante la manipulación del clima, las condiciones de la tierra, entre otras tácticas. Los Eleusis a su vez eran encargados de mantener, no sólo la productividad de la fauna y la flora en Hiperbórea, sino, de las regiones que ha nivel mundial estaban bajo el régimen de los olímpos, es decir, lo dioses de Occidente. Esta información es básica para conocer mejor los vínculos entre los dioses, pero lo que ha provocado recelos entre los olímpos ha sido la verdadera y más importante tarea ejecutada en Anfictíone: la recolección y administración de almas.
    Así como los alimentos, los Eleusis han tenido que laborar sobre las almas de todos los seres que fallecen, regresarlas a Hiperbórea, limpiarlas, es decir, hacer que olviden la vida que llevaron, y luego provocar su renacer a través de la reencarnación, para que el ciclo de la vida no se detenga. Los Eleusis son descendientes de Démeter y el Dios Hades. Su ascendencia puede explicar su amistad con el Dios de la muerte, Shinigami-sama, sin embargo son más razones los que los unen: el oficio de ambos a concebido su existencia para mantener el orden y el equilibrio cósmico. Anfictíone también es la puerta al Inframundo. Los recolectores de almas, conocidos como los Syllékti, son los encargados de llevar las almas de los fallecidos a Hiperbórea, y lo hacen con ayuda de los sesgadores, llamados skecher. A diferencia de los técnicos en Shibusen, su labor no es luchar contra demonios, brujas ni huevos de kishin, sólo es recolectar. Los Syllékti y los skecher, en lo mejor de lo posible, deben evitar los enfrentamientos para salvaguardar las almas. Más bien, son los técnicos de Shibusen quienes les brindan ayuda para poder realizar su trabajo.
    Las diferencias entre los skechers y las Death Schyte no son muchas pero sí muy remarcadas, sobre todo por los hiperbóreanos. Los primeros fueron creados por el Dios del inframundo Hades y la diosa Demeter usando partes de sus propias almas, estas fueron fundidas a distintos metales sagrados como el oro, la plata, el cobre, el mercurio, entre otros, para originar a un ser híbrido; luego, a manos del dios Efestos, fueron esculpidas como armas para servir al resto de los olímpos; Excalibur, por ejemplo, es una de sus creaciones. Los segundos fueron creación de la bruja Aracnophobia tras combinar el alma de una bruja, un arma demoníaca y el alma de un ser humano mortal, son una creación bastante joven para los inmortales. Los skechers no necesitan conseguir huevos de kishin ni el alma de una bruja, ellos ya nacen como armas del otro mundo y son asignados por la Dama Proserpina a un recolector o syllékti; pueden pelear y por ello se les enseñan formas alternas de combate, pero la forma de guadaña es obligatoria. Las Death Schyte de Shibusen, por el contrario, necesitan esforzarse, pero ellos tienen la opción de elegir a sus técnicos. Ahora, lo que ambos tienen en común es que sí necesitan ejecutar la resonancia de almas con sus compañeros para salir victoriosos en sus misiones.
    Cuando Death the Kid tuvo la edad para ser un Syllékti, contó con el apoyó de dos armas, ya que para todos los aristócratas esa era una regla de etiqueta, cuando ganó el título y decidió convertirse en agente de su padre para Shibusen, rechazó el ofrecimiento de Shinigami-sama como de la reina para asignarle un arma ya desarrollada, prefiriendo formarlas por sí mismo.
    Anfictíone era una región autónoma, contaba con sus propias leyes y estatutos, pese a que formaba parte de Hiperbórea y se consideraba región relevante de ésta. La razón se debía a que los Eleusis habían condicionado su trabajo a cambio de la libertad de ejercer como consideraran conveniente. Jamás en toda la historia de los olímpos hubo problemas al respecto, pero el supremo, el Dios Jeuz, en el pasado, le había propuesto a Triptólemo compartir la responsabilidad, sin embargo, el rey se negó y su hija continuaba con la misma postura.
    -Creo que por ello estamos atravesando por una severa crisis de confianza. No me sorprende que tu padre me pidiera mantener en secreto la presencia de tu amiga. -explicó la Dama Proserpina a Kid.
    El joven miró por el rabillo del ojo a la mujer que tomaba tranquilamente su taza de té, sentada muy gracialmente sobre uno de los blancos y sedosos sofás del salón. -Lamento que te hayamos involucrado en esto. -comenzó. -Esta situación parece irse de nuestras manos. Yo mismo lo reconozco. -Kid estaba situado frente a la gran ventana que se dirigía hacia el mar zafiro de la Costa de Kore, sus manos estaban dentro de los bolsillos de su pantalón oscuro. Lucía tranquilo, pero por dentro su alma se agitaba, igual a las olas que se estrellaban contra las rocas.
    -No tienes porque disculparte. -respondió la dama. -Me alegra mucho que me tomen en cuenta, sobre todo tú. Todo lo que tenga que ver contigo, con tu padre y Shibusen me incumbe. Todavía no he saldado la deuda que tengo con ustedes. De no ser por tu padre, Hermes se hubiese convertido en un Kishin y, entonces, sí que no estarías aquí para contarlo. Además, recuerda que nuestra familia ha sido aliada de Shinigami-sama hace ocho mil años, nos hemos apoyado mutuamente.
    Kid le sonrió con ternura, conmovido por lo dicho, mas no dejó de mirar al océano. -Me deben una larga explicación por lo que veo. ¿Cómo fue en realidad que te involucraste con Shichue?
    La dama dejó su taza sobre una mesita. -Tienes razón, creo que ya va siendo hora de que conozcas algunos detalles. Pero también, querido, debes de decirme... -la dama entonó molesta. -¿Qué relación tienes con la protegida de Shibusen? También me dijiste que era asistente de tu padre. ¿Qué tipo de asistente exactamente, eh? -esto último lo enfatizó con más molestia.
    Kid sonrió más, está vez con burla. -¿Celosa? -y miró hacia ella.
    -¡Siempre tan respondón! -a la dama se le notó una venita en la cabeza. -¿Estoy celosa? Sí, es una chica muy bonita, demasiado para su propio bien, ¡y por lo que veo también para el tuyo!
    Kid pudo haber reaccionado con indignación, pero en vez de eso, se rió. -¿Qué es tan gracioso? -preguntó la dama. -Lo digo en serio. -continuó la mujer. -Me debes una explicación sobre esa chica. Toleraré bajo mi techo que sea muy bonita, incluso, que sea una belleza exótica, pero no que te comportes como un corriente mortal por ella, eso es simplemente indignante en un Dios. Allí tienes a tu tío Apolo, hiendo de bar en bar, llorando a cuanta mortal le hubo conquistado. -Kid se dirigió a la dama y le tomó la mano de manera dramática.
    -¿Te consolaría saber que eres irremplazable para mí?
    -Esos encantos ya no funcionan conmigo. Me has roto el corazón tantas veces. malagradecido.
    Kid rió. -¿Crisis de confianza, eh?
    Excalibur estaba con ellos también tomándo el té. El arma tenía unas maneras muy finas y sofisticadas para hacerlo. Con discreción y elegancia, disfrutaba de la interacción entre Kid y la Dama Proserpina.
    -Disculpen la interrupción... El poder de Lady Chrona aumenta y me temo que ni el protector de almas podrá esconderla del instinto cazador de los Venantores, vuestro Supremo gobernante, Lord Jeuz, ya les dio permiso para deambular por los alrededores de Hiperbórea.
    -Tienes razón Excalibur. -dijo la dama ahora con preocupación. -Se me ocurre que tal vez no salga de Anfictíone hasta que termine de engrosar su protector de almas. No demoraré mucho, además, este es territorio autónomo, los Venantores necesitan de mi permiso para entrar, si es que no quieren que les declare la guerra.
    Céfiro y Cloris estaban sentados en el sofá a un lado de Sir Excalibur. Los dos eran las armas de la Dama Propserpina y también gozaban del té y los pastelillos.
    -Alteza... -habló Céfiro. Era un hombre apuesto de cabello azul y con lentes. Portaba un traje militar color índigo. Sus ojos, también del mismo tono, expresaban sensatez y tranquilidad. -Podemos intensificar la custodia con la excusa del atentado de las brujas. Nadie haría muchas preguntas sabiendo que el príncipe Aidas fue atacado por una, cerca de territorio hiperbóreo. Además los juegos para los Syllékti y los skechers también es un buen pretexto. La energía de los Conspergitur scuta esconderá el alma de todos los que estén dentro de Cabiria.
    Cloris, una bella muchacha de ojos verdes y cabello rojo, amarrado llamativamente con una cola de caballo, le respondió. -El supremo pensará que las brujas van por el Príncipe en específico. -Ella también vestía un traje militar, pero femenino y de color rojo; mientras Céfiro mostraba un aura tranquila, la de Cloris era más intensa, incluso su mirar era más penetrante.
    -Llamará más su atención sobre Anfictíone. -Cloris se quedó pensativa. -Podría valerse de la excusa de querer proteger al príncipe para interferir aquí.
    -Eso puedo usarlo a mi favor. -añadió Kid. -Tendré que acercarme a él para que no se dé cuenta de la presencia de Chrona y se matenga alejado de aquí... sobre todo que se mantenga alejado de Chrona. -Kid había dicho esto en voz muy baja.
    -¡Alteza! Disculpe. -entró la joven que encontrara a Chrona despierta. -La dama ha despertado ya.

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    Chrona se había concentrado en sentir el alma de Ragnarok dentro de su cuerpo, pero no estaba. Controlaba sus emociones para no tener un ataque de pánico y perder los estribos. Cuando se aventuró a tratar de sentirla en el exterior, descubrió asombrada que podía hacerlo. Ragnarok no estaba lejos de allí, pero ¿Dónde estaba? ¿Cómo estaba? Estaba vivo, pero... ¿Cómo?... La sierva, tras limpiarle el brazo dónde le adhirieran la cataplasma, había notado que algo le inquietaba. Preguntó al respecto, pero Chrona sólo agradeció y se limitó a preguntar por Kid y el resto de sus acompañantes.
    -¿Kid? ¡Claro! Disculpe, el príncipe Aidas. Él está en el salón atendiendo algunos deberes. Sir Excalibur está con él. En tanto, las señoritas Thompson están en el jardín.
    Chrona recordó cuando Kid y ella se reunieron. La mujer, de nombre Cloris, había sido muy amable, pero la pelirrosa se rehusó a partir hasta no ver a Kid. Cuando el sol llegó, ella lo contempló angustiada. Estaba mojada por la tormenta de nieve y se aferraba a la capa del shinigami. Minutos después divisó a la distancia cómo llegaban las hermanas Thompson; un hombre que usaba lentes las acompañaba y varios soldados, a su lado, custodiaban a otra bruja. Detrás de todos ellos estaba Kid. Contuvo las lágrimas, corrió hacia él y lo atrapó con su fuerte abrazo, él le atrapó de la misma manera.
    -Te lo dije. Buscaré la forma para estar contigo. No vuelvas a preocuparte. -Le susurró. Creyó sentir que le besaba la coronilla. Luego el shinigami la cargó y llegó con Cloris, para ese momento ella se debilitaba mortalmente.
    -¡Chrona! -quien había llegado fue Patty y atrás de ella estaba Liz. -¡Chrona! ¡Qué bueno que despiertas! -La rubia abrazó a la pelirrosa y ésta le respondió con ternura, aunque al principio no sabía como lidiar con tanta efusividad, no era como la de Maka. Patty casi la tiraba con la silla.
    Liz les sonreía y se unió a ellas, haciendo tambalear también el asiento. -Chicas... no sé... no sé... cómo lidiar todavía con tanto abrazo. -respondió Chrona y las hermanas, en lugar de aflojar su amarre, la estrecharon con más fuerza.
    -¡Esto es por preocuparnos! -respondió Liz.
    -Sí, Chrona-baka. -añadió Patty. -Estábamos muy preocupadas.
    La sierva las miró con ternura y su compañera había llegado a su lado risueña. Después de hacerles una reverenecia a Excalibur, Kid y a la Dama Proserpina, se retiraron con el rostro sonrojado y lleno de fascinación.
    -¡La señorita es una master de Shibusen!
    -¡Pero que bella es!
    -¿Serán así todas las técnicos de allá?

    En Rusia, Los Montes Urales...

    Black Star y Tsubaki se movían con sus compañeros por el Paso Dyatlov. Ángela y Kim eran quienes estaban a la cabeza para guiar, siendo brujas eran más suceptibles a sentir el aura de Baba Yaga. Mifune se hallaba a lado de Ángela, al igual que Jaqueline de su técnico.
    Los montes Urales eran la frontera natural entre Europa y Asia. En una localidad llamada Ekaterimbo vieron por última vez a dos personas con las características de Soul y Maka. Ox Ford y Harvard, junto con Kim y Jaqueline, habían interrogado a unos cuántos habitantes. Ox Ford y Kim eran los que hablaban ruso, así que podían darse a entender.
    -Oh, sí... -dijo un hombre de avanzada edad. -Eran una pareja inusual. Ella llegó feliz irradiando ternura y amor, pero cuando su pareja decía algo, al parecer equivocado, ella actuaba como una fiera.
    -Es cierto. Muy linda la chica, pero con un carácter de los mil diablos. -contestó otro señor de edad avanzada.
    Kim y Ox Ford asentían, sin duda se trataba de Maka.
    -Claro, eran una pareja peculiar, sin duda extranjeros. -decía una señora. -La chica parecía sufrir por su embarazo. Creo que su esposo no lo sabía. No culpo a la joven por su comportamiento, los maridos deben ser más atentos.
    Ox Ford pensó que no quería estar en los zapatos de Soul y a Harvard le pareció increíble que todos notaran el estado de Albarn menos ellos. Kim estuvo deacuerdo con la moción de la mujer. -Todos los hombres son unos despistados. -Jaqueline la apoyó. Casi se desataba un debate sobre feminismo y machismo entre ellos.
    -Sí. -dijo un hombre joven y de aspecto demacrado. -Los he visto. Les dije que no pasarán por ese lugar. -señaló la dirección. -El Paso Dyatlov. De por sí... más maldito no podía estar ahora que las brujas deambulan por la tierra buscando nuestras pobres almas. Es el fin... Es el fin del mundo que conocemos. Las filas de Shibusen se desmantelarán, ellas lo dicen y se sonríen.
    -No será así. -le respondió Ox Ford. -No déjaremos que eso pase.
    Después se retiraron y junto al resto del equipo se dirigieron al lugar...
    -¡Les aviso! -dijo el joven demacrado. -Las brujas se sonríen, habrá problemas... es allí dónde esperan una solución.
    Mifune, Tsubaki y el cuarteto, que interrogara a los pueblerinos, tomaron el asunto con seriedad, aquellas palabras les dieron mala espina. No fue lo mismo con Black Star y Ángela. -¡Bah! ¡Qué exagerado! -. Killik, Thunder y Fire se abstenían de expresar algo.
    Ya habían pasado tres días y sólo se habían topado con montes verdes, nieve y cielo azul, así como con bajas temperaturas que podían competir y ganar con las del desierto en donde estaba Death City. Llegaron a ver aves negras que graznaban horrible, las siguieron pensando que eran familiares de las brujas, pero cuando Black Star atrapó una, la observaron y dedujeron que era sólo fauna exótica del lugar. Ángela y Kim se turnaban para guiar al grupo, eran optimistas, sentían que estaban cerca de Baba Yaga.
    -Posiblemente estén usando un manto de invisibilidad. -comentó Kim.
    -No quieren esconderse de nosotros. -agregó Ángela. -Somos capaces de sentirlas. Más bien, creo que quieren sorprendernos.
    -O analizarnos.-intervino Mifune.
    Las dos brujas y el samurái discutían qué dirección y medidas tomar. Black Star, sentado sobre una roca, los miraba con atención. Una vez que se pusieron deacuerdo y les comunicaron al grupo lo que procedería, optaron por descansar unos minutos para recuperar energías. Habían evitado lo más posible detenerse. Black Star, durante aquellos leves momentos, dedicaba sus pensamientos a tres cosas: cómo rescatar a Soul y a Maka, convertir a Tsubaki en una Death Schyte y... Chrona... Suspiraba por ella, extrañaba su perfume suave y a la vez tan vivificador, así como el azul de sus ojos... ¿Qué tonalidades estarían adoptando en esos momentos? ¿Una azul intenso por su tristeza a causa de su ausencia? ¿De preocupación, azul relámpago? ¿Angustia, azul claro?... Soñaba con ella las pocas veces que podía dormir. Flotaba como un ánima hacia él, esparciendo el aroma de las rosas a su alrededor y lo abrazaba, él la sujetaba y comenzaban a unirse...
    -¿Star-kun? -Tsubaki lo había sacado de su ensoñación. -Perdón. -dijo tímida. -Pero, todos estamos decidiendo qué hacer, justo ahora se le acaba de ocurrir algo a Ángela.
    Black Star miró hacia dónde señalaba Tsubaki, el grupo formaba un círculo alrededor de la bruja más joven, quien, con los ojos cerrados, sostenía un péndulo que se movía de un lado a otro cada vez más rápido. Star se acercó a Kim y le preguntó en qué consistía aquel hechizo. Kim, con los brazos cruzados, le explicó.
    -Es un pequeño conjuro. Ángela hechizó el péndulo para que pudiese hallar más rápido la guarida de las brujas, dará con mayor precisión con la dirección, así ambas no gastaremos energías, siendo que las necesitaremos para combatir... Ángela es increíble, su aquelarre la consideraba la más débil, pero con el paso del tiempo se ha hecho fuerte y lo logró sola.
    El ninja asintió. -Sí, estoy orgulloso de ella. -expresó con una sonrisa. Kim le jaló del brazo y le señaló con la cabeza que fueran a otro lado para hablar.
    Muy apartados del resto, para que nadie les escuchara, Kim le habló con las manos en la cintura. -Ahora, se sincero conmigo Black Star. ¿Quieres a Chrona?
    Esa pregunta tan fuera de lugar no la esperaba el peliestrella. -¿De qué hablas?
    -Sólo responde. -insistió Kim. -¿Te interesó antes o después de que hubiesemos terminado?
    Black Star sonrió socarrón. -Yo insisto. ¿Quién te dijo eso?
    Kim no dejaba de mirarlo severa. -No importa quién me lo haya dicho...
    Star sonrió más y bufó. -Ya sé quién te lo dijo. Fue ese pelón-cuatro-ojos de Ox Ford, ¿Cuándo se hará hombre y dejará las niñerías de marica? ¡Se mete en la vida privada de otros porque no puede forjarse una propia!
    -Sólo responde. -insistió Kim. -Ella... ¿Te gustaba antes o después de que rompiéramos?
    -¡Esa pregunta es una tontería! -exclamó. -¿Cómo se te ocurre preguntar algo así cuando en cualquier momento el enemigo podría aparecer y aplastarnos?
    -Precisamente, quizás no sobrevivamos a la misión, ¡No seas tan idiota! -A Kim le brillaron los ojos como si estuviese a punto de llorar, pero valientemente se contenía. Estaba enfurecida. -Chrona te gustaba, incluso cuando ya saliamos ¿verdad? -enfatizó en la pregunta mirándole a los ojos. Black Star se los evitó.
    -Mentiré si te digo que no te guardo rencor. -siguió la de pelo rosa. -Pero de alguna manera siento que me lo merezco, yo tampoco he sido monedita de oro para ganarme el cielo. Pero tú, ¡Eres un canalla! ¡Un canalla! ¡No mereces ser un Dios!
    -¡Bien! ¡Lo siento! -comenzó Black Star crispado. -¿Qué puedo hacer para compensarlo? ¡Pensé que habíamos quedado bien! ¡Te quedaste con todo mi aguinaldo del año pasado! ¡Según tú, por los meses juntos, me exigiste una pensión compensatoria también!
    -¡No seas exagerado! -rugió Kim.
    -¿Exagerado? ¡Me hiciste firmar un acta prenovial! ¡"El trabajo será computado como contribución a las cargas y dará derecho a obtener una compensación"! ¿Qué demonios era eso? ¡Sólo estuvimos tres meses y medio!
    -Tú tuviste la culpa por no leer el contrato, además, ¡Sabía que me serías infiel! - Kim cruzó los brazos y lo miró de reojo. -Incluso, aún con el pensamiento, eso es una falta mortal y sí... lo sanciona la ley.
    -¡Bien! -Black Star estaba por perder los estribos. -Sí, te fui infiel. Ni que fuera tu perro faldero.
    -¡Ah! ¡Lo admites!
    -¡Sí! ¡Lo admito! ¿Sabes por qué? ¡Por que todas quieren con Black Star! jajajaja
    ¡¡KIM-CHOP!!
    La joven de cabello rosa lo miraba echa una furia. -¡Eres peor que un canalla!
    -Era broma. -susurró Black Star. Estaba en el suelo casi inconsciente. -No pensé que reaccionarías de manera tan violenta. Sí que debes de quererme aún.
    ¡¡KIM-CHOP!!
    ¡¡KIM-CHOP!!
    ¡¡KIM-CHOP!!
    Black Star parecía un monigote ya sin vida.
    -Pero lo de Chrona, ella... -continuó Kim.
    Black Star se sentó y se sobó el rostro. Luego, borrando toda expresión burlona, la miró con seriedad. -¡La quiero! -respondió secamente. -Jamás me he sentido así con nadie. -Kim notó en su voz un dejo de tristeza. -La quiero hasta doler. A veces quisiera... Quisiera sólo detener esto. -el ninja se apretó el pecho, dónde se situaba el corazón. -¿¡Contenta!? -la pregunta había sido formulada con disgusto. Sintió como si le hubiese revelado un punto débil y vital a un contrincante.
    Kim se había quedado sin habla, pero rápidamente disimuló su sorpresa, no le iba a dar a Black Star la satisfacción de saber que aquello le había dolido. -¡Eres un baka Black Star! Sí tanto la quieres ¿Por qué no se los ha dicho? Así no me hubieras hecho perder el tiempo a mí y a otras chicas.
    -¿Yo te hice perder el tiempo?... Tómalo como una retribución, tú me hiciste perder mucho dinero... ¡Y a ti te importa $·%&/"da lo que le diga a Chrona o no!
    -¡No te pedía saberlo sólo por mí sino por Tsubaki! -expresó con tristeza.
    -¿Qué demonios tiene que ver Tsubaki con todo esto? ¡No metas a mi arma en este lío!
    -Sí que estás imbécil... ¡Tsubaki te quiere!
    Black Star miró con los ojos muy abiertos a Kim, quien apretaba los puños y lo observaba con los ojos brillantes. La expresión del joven le pareció indescifrable, algo se develada para él, algo que no pareció concebir y a la vez sí, su universo cambiaba de pronto su rotación, o eso creía porque...
    -¡Por supuesto que me quiere! ¿Quién no me quiere? ¡Sí soy grandioso! -respondió con ese exceso de confianza que le caracterizaba. -¡Soy increíble! ¡Hasta tú todavía me quieres de regreso!, pero ¡Hey, i sorry baby, but you lost!... Mi bolsillo y yo estamos mejor sin ti... -expresó Star con una expresión arrogante. A Kim se le salió una enorme vena en la sien.
    ¡¡MAPACHE MEGA-CHOP!!
    Kim se enfureció y le dio otro golpe que mandó al ninja varios metros por delante de ella; éste ya parecía una fuente de sangre saltarina. La bruja se le acercó, lo agarró del cuello y lo zarandeó. -¡Ni loca vuelvo contigo o con tu bolsillo, el cual es demasiado pequeño para mí! -le rugió mostrándole los dientes hechos ya colmillos.
    -¡Huyamos! -gritó Ángela. -¡Tenemos que irnos de aquí, ahora!
    Kim y Black Star, con un ojo morado que le hacía parecer un mapache, se reunieron con el grupo.
    -¿Qué ha pasado? -demandó Black Star.
    Tsubaki lo miró preocupada. -¡Ángela ha sentido que las brujas se acercan!
    -¡Qué?
    Kim agrandó los ojos y reveló una expresión de pánico. -¡No puede ser! ¡Son demasiadas!
    -¿Qué tanto? -preguntó Ox Ford.
    Kim ya temblaba... -No puede ser... son... son... ¡Son centenas!
    -¡¿Centenas?! -exclamaron todos.

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    Los montes Urales habían sido elegidos para servir como campo de batalla de las brujas. Por el cielo, cientos de ellas se movilizaban en sus escobas, aspiradores, barriles y animales mágicos: dragones, caballos voladores y serpientes gigantes. El cielo ya resentía la bravura de su poder, se había nublado por completo y relámpagos de estridentes colores caían en picada lacerando la tierra y ensordeciendo el espacio. Eran dos bandos, la de Baba Yaga y Morgian. Sus generales se hallaban sobre sus respectivos familiares, es decir, sus animales más serviciales. La general de Morgian estaba sobre un dragón de dos cabezas, oscuro y con llameantes ojos rojos; la de Baba Yaga, sobre un gigante alado con aspecto de goblin, que rugía y estremecía la tierra. El bando de la reina más vieja se identificaba porque llevaban túnicas de color rojo, rosa, naranja y café; la de la más joven destacaba con colores fríos como el azul, el gris, el morado y el verde oscuro.
    Black Star y compañía se arrimó a una cima y observaron con asombro cómo se desataría aquella batalla. El cielo estaba cubierto por aquellos seres. Los dos banos formaban una nube ocultando el poco brillo que podría ya proporcionar el sol. El astro rey miraba con pesar aquel panoraba, su risa se convirtó en llanto, mientras era cubierto por nubes de tormenta.
    -¿Realmente será el fin? -expresó Ox Ford.
    -Algunos del pueblo ya lo sabían. Debimos escucharles. -añadió Harvard.
    -Este no es el fin. -siguió Black Star. -Es el comienzo. -Les dio la espalda y caminó hacia dónde debían acudir para salvar a Maka y a Soul. -¡Ángela! ¡Guíanos! ¡No podemos dejar al lado la misión!
    -¿Estás loco? -gritó Jaqueline. -¡Tal vez tendremos que atravesar ese campo de batalla!
    -¡Exacto! -rugió el ninja. -¡Lo vamos a hacer! Nuestra misión es antes que nada.
    -¡Black Star! -le llamó Mifune. -Precepto uno: escóndete en la obscuridad, contén tu respiración...
    Black Star lo observó y sonrió. -Usa el ninjutsu para infiltrarte en el campo enemigo y observar la situación, así podrás desarrollar las estrategias para un ataque por sorpresa o para una disensión interna... -Luego miró de nuevo a sus colegas y ellos entendieron, aquel momento era decisivo para su propia guerra. - ¡Ángela! -Black Star le llamó.
    La joven tomó el péndulo, lo puso en movimiento y cuando se paralizó, intensificando una dirección, ella señaló. -Efectivamente, debemos a travesar el campo de batalla.
    Todos se miraron y reunieron valor en las miradas de cada quien. Killik fue el primero en reunir a Thunder y a Fire para la batalla, la sexys afroamericanas se transformaron en guantes de acero y se colocaron mágicamente en las manos de su técnico. -¡Hagámoslo! -dijo y golpeó sus puños entre sí, sus armas se lo festejaron haciendo destellos.
    Black sonrió. Mifune también y les dijo. -Ángela y yo conocemos un camino que puede mantenernos al margen de esta guerra.
    -Muy bien. -dijo Black Star ampliando su sonrisa. -Veamos esta situación como una ventaja. Bruja que se nos cruce en el camino, nos la devoramos. Soul, Maka... Ya vamos por ustedes. -Todas las armas tomaron su posición y se colocaron en manos de sus respectivos técnicos.

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    Un rayo gigante cayó del cielo y partió la tierra en dos, fue así como se anunció la batalla entre la brujas. Los dos bandos se dirigieron uno contra el otro. Al chocar, las brujas comenzaron a pelear empleando sus hechizos más mortíferos. Muchas de ellas venían armadas con espadas, dagas, lanzas, guantes con navajas, entre otras cosas, incluso armas con forma de utensilios de cocina y de limpieza. Todas bailaban al son de una muerte que sólo les concernía a ellas. Al no ser suficientes las armas o la lucha cuerpo a cuerpo, algunas ya formulaban poderosos conjuros, invocando monstruos o espectros que devoraban o despedazaban a los que se colocaban frente a su camino. Había gritos de mujeres, sonidos de huesos rompiéndose y rasgaduras de piel y ropa. Algunos hechizos estallaban y bañaban el campo de batalla con polvos de colores vivos y estridentes. El cielo oscuro lloró lágrimas rojas y la tierra se tiñó de escarlata. Los montes Urales añadían un archivo más entre sus historias macabras, la gran batalla entre brujas sería la responsable de hacer que en los siguientes años crecieran rosas oscuras en ese lugar.
    El grupo de Black Star trató de no involucrarse en la batalla, pero fue imposible. Una decena de brujas ya les habían seguido el paso y tuvieron que enfrentarlas. Al salir de su sendero secreto, les hicieron frente, pronto se contagiaron por la locura de la guerra. Los técnicos de Shibusen lograron eliminar algunas, pero sus almas eran succionadas por una fuerza desconocida, estas desaparecían ante sus ojos y les resultó frustrante. Había sangre, magia, pero no almas... ni compasión... Toda la tarde, hasta entrada la noche, Black Star y su grupo tuvieron que luchar. El infierno los había atrapado antes de que pudiesen darse cuenta... Tras finalizar la batalla, las brujas desaparecieron entre risas y lamentos. La luna apareció y rió como una loca mientras escupía sangre. Las estrellas, al contrario, mitigaban su resplandor, como si declararan su pena hacia los caídos.
    Una bruja yacía escondida y herida en un cráter provocado por la batalla. Estaba junto a los cadáveres de varias de sus colegas. Ella, a diferencia de sus congéneres, no iba en busca de batalla contra las soldados de Morgian. Ella estaba observando al equipo que Shibusen, pero el ataque de la hija de la bruja Mabawa les había caído por sorpresa. Baba Yaga se organizó rápido y fue por ello que las contraatacó con su ejército. ¿Quién les había traicionado? se preguntó Gillian. Nadie conocía el paradero del castillo de Baba Yaga. Afortunadamente, la reina bruja había ganado esta batalla, obligó al ejército de Morgian a marcharse sin poder localizar el castillo...
    -¿Pero quién las había traicionado? ¿Quién? -comenzó a temer, ella tal vez ya era la principal sospechosa.
    Gillian se movió y sintió un gran escozor en la pierna que la hizo gritar, esta sangraba en abundancia, además, para rabia suya, también se la habían quemado y ¡envenenado!... Inspeccionó las partes más inmediatas de su cuerpo y descubrió los moretos negros y grotescos que iban creciendo... ¿Cómo es que había ocurrido? ¿Y sus compañeras? ¿Dónde estaban?... Menudo equipo le había tocado... -¡Cobardes! -gritó. Molesta, concluyó que tal vez moriría por una vil infección en las heridas o por el maldito veneno que ya corría por su cuerpo, mejor la hubiesen matado en acción.
    -¿Qué vamos hacer con ella Star-kun? -preguntó Tsubaki todavía en su forma de arma.
    Gillian miró que frente a ella estaba el sujeto que observara dentro del equipo de rescate de Shibusen. Se había equivocado, al menos no moriría por una infección en la sangre. Black Star, bañado en sangre, polvos de colores y tierra, la miraba con rabia y de un sólo jalón la sacó del cráter. La sacudió cual muñeca de trapo y la arrojó al suelo. Luego colocó su pie en la garganta de la bruja y fue aplastándola.
    -¡Black Star! ¡Ya basta! ¡Ya basta! -gritaba Tsubaki al borde de las lágrimas, aterrada sin poder saber qué hacer.
    -¡Maldita! -rugió Black Star y presionó más fuerte el pie sobre la garganta de la bruja. -¡Maldita tú y tu especie! -Luego, la soltó, pero sólo para volverla agarrar por el cuello y golpearla con el puño varias veces, no tardó nuevamente en arrojarla con violencia al otro lado del crater.
    -¡Black Star! -chilló Tsubaki. -¡No la mates! ¡Es una bruja de Baba Yaga! ¡Ella nos llevará con Soul y Maka! ¡No la mates!
    Black Star blandió a Tsubaki, que tenía forma de cuchilla, y le travesó el hombro a la bruja. Gillian gritó de dolor, su sangre salió a borbotones. El ninja, sin compasión, volvió a agarrarla por el cuello y la azotó varias veces contra el suelo, hasta que la bruja combinó sus gritos con los de su llanto.
    -¡Black Star! ¡Ya basta! ¡Ya basta! -seguía gritando Tsubaki ya con las lágrimas obstruyendo sus ojos.
    Cuando se detuvo, acercó el rostro de la bruja al suyo y la miró con un profundo odio. Los ojos del ninja dibujaban dos estrellas negras perfectamente marcadas. -¡Maldita! -le dijo con voz lúgubre. -¡Tus p**@% amigas mataron a dos de mis amigos!

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    Zhil'ye era el nombre del castillo de Baba Yaga y estaba intacto dentro de las profundidades del bosque. La morada tenía forma de una cabaña gigante y podía encogerse, según, a gusto de la reina bruja.
    Baba Yaga estaba contenta con su triunfo y pensó que Morgian tendría que esforzarse más. Sin embargo, la batalla le había provocado grandes bajas. Afortunadamente contaba con las almas de todas sus subordinadas, tanto de las vivas como de las muertas en combate, del mismo modo, de las brujas que pertenecieran a Morgian. Su sistema de extracción de almas había funcionado. El mecanismo había consistido en un conjuro que ella inventase a partir de su propia capacidad de transmutación; orgullosa se llevaría el secreto a la tumba, ya que no estaba dispuesta a dejar ni un truco más a merced de sus enemigos, tal y como había sucedido con sus siete hijas, las muy ingratas habían usado sus enseñanzas para ir en contra suya o para beneficiar a los olímpos. Baba Yaga había regresado para ganar, no para perder.
    Después de la transmutación de las almas, estas eran depositadas, como si fuesen garbanzos, adentro de un caldero gigante llamado Gorshók, a su vez, el caldero se mantenía encendido por la estufa Póvar, que era el corazón de Zhil'ye. Todo el castillo de Baba Yaga era un mecanismo complejo que funcionaba con magia, encantamientos y tecnología. El sistema trabajaba de esta manera: Todas las almas eran puestas allí para consumo de Baba Yaga, con cada alma que ella devoraba se hacía más poderosa y así era capaz, incluso, de transmitir parte de ese poder al resto de las brujas. Baba Yaga era en sí misma una fuente de energía casi inagotable, ya que mantenía viva la chispa de magia en cada una de sus súbditas. Sin embargo, la anciana se agotaba y era porque alguien más fuerte, sin saberlo, absorbía ese poder...
    -Chrona. -susurraba la bruja. -¿Cuándo fue que comenzó el caos sin mi permiso?
    Pasó a ideas más alegres. Sin que Morgian lo imaginara, su ejército le había servido de gran ayuda y no sólo lo decía por la gran cantidad de almas que le serviría de banquete, sino porque el escuadrón enviado por Shinigami-sama para rescatar a la técnico y a su guadaña, probablemente, ya estaba destruido.
    Las almas servidas en el caldero se dividía en tres porciones. La primera era para alimentar el poder de Baba Yaga, la segunda era usada como reserva energética y la tercera... sólo Baba Yaga lo sabía. No obstante, todas sus seguidoras le habían depositado su confianza y aunque esa energía fuese para conducirlas al infierno, de todas maneras, estaban dispuestas a seguirla; habían concordado que ya nada peor podría pasarles, muchas, a lo largo de las décadas, lo habían perdido todo y nadie había hecho algo para darle fin a tan fatídica situación. Nadie sabía con exactitud a qué se debió la desaparición de la reina bruja, algunas rumoraban que se debió a la tristeza, pues su hija favorita, la bruja Basiliska, había sido asesinada por un huevo de kishin muy poderoso frente a sus ojos. Su regreso fue una señal de esperanza, aunque no para todas, entre ellas, la misma Mabawa, quien más adelante fuese asesinada por su propia hija, Morgian. La poderosa bruja de un sólo ojo no había podido dar solución a la crisis y su hija, a ojos de la reina, parecía empeorarla en vez de mejorarla.
    Cuando Baba Yaga desapareció, la condición de las brujas empeoró. Tenían que buscar su propio alimento y cazar almas por sí mismas, provocando que Shibusen fuese tras ellas para eliminarlas, por esta razón fue disminuyendo mortalmente su número. Las brujas viejas eran casadas y sus almas devoradas por las guadañas demoníacas de Shibusen o por los humanos mortales que habían descubierto cómo alcanzar la inmortalidad; muchas provocaban su propia muerte al portarse agresivas, pero otras sencillamente no. También, al no haber fuente de poder que las mantuviera con la chispa de la magia viva, cada vez nacían brujas más débiles, algunas incluso sin ningún poder, otras sin la capacidad de concebir. Las mujeres nuevamente incurrían a devorar almas humanas o hacían pacto con demonios para no sucumbir. Algunas simpatizantes de Medusa opinaban que eso mismo había hecho ésta y que en realidad su hija era producto de algún tipo de pacto. Baba Yaga no se detenía a pensar sobre el tema, únicamente le interesaba su objetivo, éste no parecía claro para la mayoría de sus seguidoras, pero para ella sí y era más que suficiente.
    Ahora, tras la inesperada batalla que había ganado, lo único que no le daba buena espina era que dos de sus subordinadas habían desaparecido, eran Iris y la muchacha nueva, Gillian. Baba Yaga deducía quién pudo haberla traicionado. Inmediatamente había mandado a buscar sus cabezas. Con un sólo movimiento de su mano, frente a Gorshók, la reina bruja hizo que Zhil'ye se levantara, estirara sus dos enormes patas de gallina y se sacudiera como si fuese un cuerpo emplumado. Baba Yaga lo festejó con una estridente carcajada y el castillo brincó de emoción, chocando las dos patas con el sonidito pack... pack... Su saltarina marcha no tuvo más interrupción, salió corriendo del bosque como un ave incapaz de volar.

    En Shibusen, Death city, tocando el amanecer...

    En la Death-room, Shinigami-sama, Spirit y Stein estaban conversando sobre la guerra contra las brujas, cuando llegó Sid llevando el águila de Mifune. El ave portaba un mensaje en la pata derecha. Stein lo desató y leyó en voz alta. Fue así que conocieron la noticia sobre la batalla dada entre las brujas, la gravedad de las heridas de Harvard y la muerte de Killik, y de Mifune.

    Continuará...
     
    Última edición: 6 Abril 2018
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    catblack

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    Título:
    Fanfic - LOVE SIMETRÍxASIMETRIS (KIDxCHRONA)
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    7430
    Hola, muchas gracias por seguir esta historia, espero que vaya cubriendo las expectativas y no deje de entretenerles. Ya tenía mucho tiempo sin publicar nada sobre ella, pero nunca se pretendió abandonar el proyecto.

    La historia es una continuación ficticia del anime y sólo se han mezclado algunas cosas del manga, así como de elementos que son de creación propia. Los personajes principales, escenarios primarios e historia de origen no son míos, son del artista Atsushi Ōkubo. Sin más, nuevamente, muchas gracias, nos leemos pronto.


    CAPÍTULO XII
    SOMOS LO QUE SOMOS, NO PIDAS PERDÓN...
    EL VIENTO SOPLA A TU FAVOR...
    Parte 2

    Malóforos, Anfictíone...

    Era una mañana clara y cálida en las habitaciones de Chrona. Las siervas, de nombres Azucena y Lilis, reían y cantaban mientras le ayudaban a la pelirrosa a tomar un baño con esencias florales. Chrona estaba incómoda, le había dado mucha vergüenza que la vieran desnuda, pero las muchachas no notaban sus imperfecciones, por el contrario, le preguntaban curiosas qué hacía para tener la piel tan blanca y suave, asimismo si en Death city comía calorías, porque un poco más de dieta y estaría hasta los huesos... Chrona se sonrojaba, no sabía lidiar con preguntas así, no era delgada por gusto.
    Frente al amplio tocador, mientras le arreglaban el cabello, Chrona veía su reflejo. En efecto, era más delgada y sus ojos azules brillaban con tonalidades cambiantes, como cristales contra luz. Agradecía no haber perdido la memoria, ni sus sentimientos o el resto de su identidad; sin embargo, ya no era la misma, sus poderes de bruja se incrementaban sin control y esto le aterraba...
    —Le dejaré unos mechones más largos para que quede esta parte más simétrica y den el efecto de enmarcar su rostro. ¿Le parece? ¡Se verá todavía más linda!-dijo Lilis con una amplia sonrisa.
    —¿Eh? ¡Ah! ¡Claro! -respondió Chrona. -¿Simétricos? -preguntó muy curiosa, esa palabra siempre la asociaba con Kid.
    —¡Claro! Su majestad, la reina Proserpina, nos pidió que le hiciéramos resaltar sus bellos atributos, la simetría es importante para ella.
    —¡Ah! Eso... eso lo explica todo. -Chrona sonrió con ternura, ya sabía de dónde provenía la manía de Kid.
    El corte de pelo le trajo varios recuerdos. La primera vez que Maka y sensei Mari le cortaron el cabello, ella se comportó como una niña cobarde. Literalmente, la tuvieron que arrastrar hasta la silla y dejó sobre el piso marcas de sus uñas. Ragnarok no le ayudaba mucho, echaba porras a Maka y a Mari para que lo hicieran sin piedad. -¡Sí, corténle las orejas! -animaba su arma, mientras ella rogaba que la dejaran tranquila. Después, con gran esfuerzo, habían tenido que amarrarla a la silla para poder hacer su cambio de look.
    -—¡Chrona! ¡Déja de moverte! Si no sí te voy a cortar una oreja. -le decía Maka.
    -—¡¡¡Noooo!!! ¡No sé lidiar con esto!
    Maka apenas acercaba las tijeras cuando Chrona se movía como avispa esquivando matamoscas, de un lado a otro. -Maka, déjamelo a mí. -dijo al fin Mari-sensei. Cuando la maestra terminó de emparejarle el cabello, se vio al espejo y notó que no había sido tan malo, incluso Ragnarok le dijo un cumplido.
    -—¡Orále! ¿Eres Chrona-baka?
    La pelirrosa sonrió más con este recuerdo y a la vez entristeció, extrañaba mucho a sus amigos... -—Maka, Soul... ¿Cómo están? Qué Black Star ya esté con ustedes. -rogaba para sí.
    -—¿No le gusta la idea? -preguntó Lilis. Estaba muy atenta a las expresiones de la joven. -Puedo dejarlo todo parejo si así le gusta...
    -—¡No! ¡No! -corrigió Chrona. —Lo que pasa es que... recordé a alguien y me dio nostalgia.
    -—Volverá a ver a esa persona. La gente buena siempre se reencuentra, sobre todo si se estima.
    -—Eso espero. -dijo la pelirrosa. —Realmente eso espero.
    -—¡Verá que sí! Ya estamos por terminar. ¿Es a su novio a quién recuerda? -preguntó curiosa Lilis.
    Chrona se sonrojó. -¡No! ¡No! Recordaba a mis amigos en Death City.
    -—Ah. -Lilis sonrió más mostrando sus dientes blancos. —Sí que los volverá a ver. Mientras, puede hacerse de más amigos. En estos días celebraremos los juegos a Apotropeos, son para apartar el mal... ¿Le gusta el kotópoulo con papágia y piña? ¿La kéik gratinada con camembert y uvas?
    -—¿Eh? -Chrona no sabía de qué hablaba o ¿se había expresado muy rápido?
    -—Puede que encuentre novio durante las festividades. Habrá muchos deportistas guapos en Anfictíone. Cuando se terminan los torneos, se acostumbra dar un baile y el banquete...
    -—Yo... yo... yo no sé bailar...
    -—¿No? ¡No se preocupe! No habrá soltero en Cabiria que no quiera enseñarle después de verle.
    -—¿Quéeee?... No... no... no sé lidiar con los bailes ni... ni con los hombres que no conozco... —Chrona enrojeció como jitomate. Recordó cosas negativas en el baile de Halloween, del año pasado. Tuvo que esconderse porque una estampida de hombres la buscaban para sacarla a bailar, entre ellos, el padre de Maka, Spirit-san. Los sujetos andaban como camada detrás de un hueso y eso la asustó, sin contar que también se sintió incómoda por las miradas de odio que le dedicaran compañeras de trabajo y otras invitadas.
    -—¿Qué le ven?
    -—Sí. Sobre todo, con esa cosa que lleva en la espalda.
    -—¡Qué horror!
    Se escondía detrás de las plantas, las columnas de Shibusen, incluso, debajo de las mesas, hasta detrás de Shinigami-sama... -¿Eh? ¿Chrona-san, estás bien? —le preguntó paternalmente. No había podido faltar porque ella era una de las organizadoras, tenía que estar al tanto de todo, pero sin duda era algo que hubiese preferido evitar. Aquella vez, tampoco Ragnarok le ayudaba. Cuando al fin había logrado hallar un escondite, el arma, sólo para molestarla, daba aviso de su presencia a los demás.
    -—¡Aquí está! ¡Oigan! -entonces, sus dizque pretendientes iban nuevamente tras ella.
    Ragnarok siempre iba contra sus deseos, mas nunca contra sus necesidades, claro, eso era porque ambos compartían el mismo cuerpo.
    Chrona se sentía inferior siendo mujer. El mundo era más fácil de manejar siendo sólo la espadachín demoníaca. Además, el año antepasado, había aceptado la invitación de ese chico rubio, llamado Hero, y también había sido un desastre.
    Ella le hubo pisado los pies varias veces, pero Hero insistía en seguir bailando. Le sonreía, mas la maken lo sentía falso. Todo iba más o menos bien, hasta que él le insinuó algo sobre ir a la cama temprano y sintió su mano en su trasero. Chrona se asustó y Ragnarok reaccionó con violencia. El pequeño demonio salió de ella y rompió el bonito vestido blanco, con flores rosas, que le prestara Kim. Su arma le había propinado al chico un fuerte golpe sobre su perfecta mandíbula. Luego lo hizo caer sobre la mesa de banquetes. Hero se había enojado mucho y le llamó "bruja retardada", "fenómeno" y "monstruo". En instantes, Black Star apareció tras escucharlo y también le golpeó con fuerza. Se armó tremendo lío en la fiesta, por no decir una de las más grandes y épicas guerras de comida descritas jamás en Shibusen. Chrona, con el vestido desgarrado, huyó del lugar.
    -—¡Ah! ¡Nadie se mete con mi técnico, pervertido de mierda! ¡Ya verás!
    Ragnarok quería unirse a la batalla, mas se lo impidió. Le tuvo que mandar choques eléctricos para que volviera a su interior. Maka intentó encontrarla tras lo sucedido, pero se había ocultado con su protector de almas. El comentario del rubio le había dolido mucho, no había querido avergonzarlo, pese a lo que le hizo; desde entonces, evitaba tener contacto con citas, bailes y demás cosas que tuvieran que ver con hombres.
    —-No sé lidiar con esas cosas y no quiero hacerlo... ¡Ser mujer es horrible! ¡Siempre quieren algo de ti! ¡Siempre!
    Chrona no entendía cómo debía actuar una chica normal, pese a que Maka, Mari-sensei, Tsubaki y hasta Kim, la ex-novia de Black Star, le ayudaban. Podía aparentar ser una, usando aquellos bonitos vestidos que le regalaran, pero a veces sentía que jamás sería una realmente. Esa noche, anduvo deambulando por las calles de Death city hasta que el sol fue saliendo. Tras llegar a su departamento, se arrojó a la cama y lloró. Nunca se había sentido tan avergonzada.
    Azucena llegó tarareando una canción y llevaba vestidos de colores claros, así como accesorios en una canasta. Junto a ella venía una mujer más grande, con cara de seriedad, era un contraste raro, porque portaba una estola rosa intenso muy sofisticado, así como accesorios de muy buen gusto. —Lady Chrona, soy Gerbera, me haré cargo de usted durante su estadía. —le habló la señora que parecía una gendarme de la moda al estilo "no te lo pongas". —Le traje estos atuendos, es por cortesía de Su majestad, ¿Cuál elige? Si me lo pregunta... -Que más bien ya había tomado la decisión por ella. -creo que por la posición del sol y el fresco que se siente el día de hoy, le quedaría éste, también lo digo por la forma de su cuerpo. Pero antes, le colocaremos esto, porque, le digo, las reglas exigen que toda señorita casadera debe de usarlo. —Gerbera le mostró a la joven un corsé rosa con encajes, pero parecía más una jaula con listones. -Muy bien señorita. —indicó la gendarme. -Quítese la bata y dese vuelta. —A Chrona se le escurrió una gota en la sien, le pareció como si fuese un arresto.
    —Pero yo no busco casarme, ¿Es necesario esto? -Refiriéndose al corsé.
    Las mujeres asintieron. Gerbera de manera severa. Lilis y Azucena con una sonrisa. Chrona respiró hondo, se dio la vuelta y se quitó la bata. Las chicas, animadas, la rodearon para colocarle el corsé. Era momento de ser valiente. Era momento de lidiar con ser mujer.
    Pese a lo difícil que era convivir con Ragnarok, lo extrañaba mucho. Él siempre le había cuidado la espalda, claro, no sólo literalmente. Ragnarok era su couch de batallas, su compañero en las misiones, su cómplice en los problemas domésticos, su manager en la vida. Gran parte de lo que era, se lo debía a él. Sin su ayuda, simplemente, no estaría allí. Sólo le quedaba esperar que todo aquel cambio fuese para bien.

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    El comedor familiar contaba con una amplia ventana que daba hacia la entrada del sol, de esta manera los primeros rayos matutinos llegaban a esa estancia. Tenía una decoración neo-clásica con impresionantes elementos arquitectónicos, como todo el resto del palacio, asimismo se apreciaba la tapicería proveniente de Oriente Medio y los jarrones de exquisita elaboración. Los colores imperantes eran el azul cielo, el blanco y el dorado.
    La Dama Proserpina, sentada a la cabeza del comedor, escuchaba atentamente a las hermanas Thompson con asombro. Patty hacía gala de su capacidad narrativa para contar los hechos ocurridos en la posada con las brujas y los famosos kishin.
    -—Sí. -decía la rubia de inocentes ojos azules. -—Mojé a Liz con la regadera y fue así como la desperté, parecía un ogro enfurecido, como suele suceder cuando se levanta temprano. -A un lado de Patty había una enorme jirafa de peluche, envuelta en celofán con un moño de regalo, era una edición limitada de Killipo: la jirafa feliz; tal como se lo había prometido Kid, la menor de las Thompson.
    Liz estaba sonrojada por la vergüenza y molesta añadió. -—¡Se te olvidó decirle que también, después, yo ayudé a encerrar esas cosas para detenerlas! Y... yo no enfurezco porque me tenga que levantar temprano. -—La mayor no había recibido un peluche, pero sí unos nuevos aretes de oro con rubíes.
    Kid, Liz y Patty a veces solían pelear, pero la mayor parte del tiempo se la pasaban bien. Cuando las misiones salían perfectas, Kid las recompensaba comprándoles algunos lujos. Las chicas se desvivían por el chico-muerte cuando las consentía de se modo, mas no sólo por eso le admiraban. Para ellas, Kid era su apoyo emocional, su protector y su figura a seguir.
    Kid cortaba una manzana roja con un cuchillo mientras las escuchaba con una leve sonrisa. Sus armas sí que podían ser ocurrentes y discretas, claro, cuando se lo proponían. Hasta el momento, no habían hecho mención a Proserpina de temas pasados como el de Mirara o la propuesta del Supremo Jeuz. Pensaba hablar con ella y su padre de eso, después que todo se calmara un poco.
    Esa mañana, Liz y Patty lucían lindas y frescas, portaban los típicos vestidos que las chicas de alcurnia en Cabiria usaran para esa cálida temporada. Patty traía un vestido ligero tipo estola de color verde pistache y Liz uno de color amarillo claro. Complementaban sus atuendos con adornos hechos de flores naturales sobre sus cabellos. Pese a la diversidad de reglas sociales en Anfictíone, a las Thompson les gustaba ir, porque en Malóforos se desvivían por ellas. A Kid eso le daba mucha gracia y también le satisfacía, era como un padre viendo como sus dos pequeñas hijas se divertían en el castillo de las princesas. Cuando terminaba todo un ciclo de misiones, también las recompensaba llevándolas a Hiperbórea para que las consintieran. Todavía podía recordar la primera vez que las trajo. Las Thompson estaban anonadadas por el trato que recibían. Todos eran muy amables y atentos con ellas. Kid pensó ese día que Liz y Patty habían sufrido mucho en el pasado y que merecían ser felices. Él se encargaría de darles una vida digna. Cuando terminara de formarlas como armas demoníacas las dejaría vivir en Hiperbórea o dónde ellas quisieran. Jamás dejaría de proveerles y velaría por su bienestar para siempre.
    -—¡Por Júpiter! -dijo Proserpina. -Si que esas brujas son poderosas y ustedes enfrentaron sus hechizos con... no sé si llamarle valía o imprudencia... -—Patty rió y Liz se sintió avergonzada y halagada a la vez.
    -—Kid, debes cuidar más a tus armas, antes que eso, son señoritas de esta familia ¿Dónde está tu caballerosidad?
    Liz miró a Kid sonriente y con cara de "¿Ves?". Kid no se inmutó. -—Mis armas son muy competentes, sus habilidades superan a las de cualquier otro en Shibusen. Por eso las escogí.
    -—Jajajaja Eso sí. -—concordó Patty y saboreó la fruta de su plato. -—También fue porque te parecemos muy simétricas.
    Liz infló los cachetes disgustada. -Sí, eso que ni qué. No podías cumplir una misión si faltaba alguna de nosotras o te ponías loco.-Kid le dedicó una mirada asesina. Proserpina rió cubriéndose los labios. Sus movimientos eran naturales y muy elegantes. Ella vestía una bella estola blanca con encajes y pedrería dorada. Resaltaba en la mesa como la soberana que era.
    Excalibur también estaba en el comedor, degustando de su taza de té con bocadillos y tarareando su canción favorita, de vez en cuando sacando parte de la letra. A Kid le resultaba extraño la compañía de esta arma, por lo general era parlanchina hasta más no poder, pero en Hiperbórea se comportaba como todo un caballero inglés:
    Here we go again!!
    Excalibur
    Excalibuur
    From the united king
    Lalala...

    Azucena llegó con Chrona y la dejó en la entrada del comedor, después hizo una leve inclinación para retirarse. Chrona quiso despedirla de la misma forma, pero Gerbera le había dicho que eso no se hacía en determinados momentos. La llamativa mujer, como una severa instructora, le había dicho a qué grados inclinar la espalda para saludar y despedir, así como el "cuándo", el "dónde" y el "con quién". Chrona pensó asombrada que hasta en eso tenían sus observaciones. Tan sólo era de mañana y ya estaba agotada con tantas reglas que acatar.
    Chrona se apareció al grupo cuando hablaban sobre los juegos de Apotropeos, luego, este, en cuanto la percibió, guardó silencio. Exitosamente, la joven contuvo la manía de sujetarse el brazo para revelar su nerviosismo, tal como siempre lo ha hecho. Las hermanas Thompson la miraban maravilladas, sobre todo Patty, quien no era buena disimulando su exceso de entusiasmo.
    -—¡Wow! ¡Chrona, te ves como una princesa!
    -—Pareces la imagen de Dior para esta temporada ¡Estás como para la portada! -expresó admirada Liz.
    -—¡Oh, Lady Chrona! ¡Es usted toda una visión! -expresó Excalibur. -—Está más bella que un rosal en primavera... ¡Qué digo! Más bella que venus al atardecer.
    Chrona llevaba un vestido drapeado de tela georgette color rosa. El escote era de tirantes y la caída de las faldas delineaba gentilmente su delgada figura. Complementaba su fresco atuendo con unas sandalias doradas y los accesorios, por mandato de Gerbera, eran flores naturales a cada lado de su cabeza. Las flores se llamaban violas y hacían juego, ahora, con el color azul violáceo de sus ojos. Miró a todos los que estaban allí y sintió su sinceridad. También pudo sentir que no lucía como una tonta, pero el sonrojo de sus mejillas era evidente. Aún recordaba las palabras de Excalibur con respecto a Kid: él estaba enamorado de ella.
    La Dama Proserpina lucía orgullosa, eso era todo un mérito, así lo percibió cuando ella le dijo. -Todo lo que toco renace y tú mi niña eres uno de mis más relucientes logros. —Cuando ella miró a Kid, todos los demás habían desaparecido, sólo tenía ojos para el chico de traje formal y oscuro.
    Kid, en cuanto vio a Chrona, quedó anonadado. Sus ojos dorados se habían agrandado por segundos al mismo tiempo que se había quedado sin aliento. Le había parecido que tardó una eternidad en reaccionar, así que, lo más pronto, y sonriéndole, se levantó de su silla y se dirigió a ella.
    El tiempo pareció alentarse para la joven cuando vio que Kid se le acercaba con aquella sonrisa tan amable que ya muy bien conocía.
    Kid la miró conmovido. Le tomó la mano y se la besó. Fue imprudente, lo sabía, fue adrede; el beso en la mano es en realidad un roce de labios, muy leve sobre la piel, pero no había podido evitar tocarla, necesitaba sentirla, olerla, saborearla, los latidos de su corazón se lo exigían desbocadamente, amenazaban su vida con detenerse si no lo hacía.
    Chrona respiró profundo, igual contuvo el aliento, sentir sus labios hizo que se estremeciera y sintiera leves choques eléctricos... ¿Eso era correcto? ¿Qué significaba?... ¡Qué importaba!... Su cuerpo, su piel, su alma lo llamaban a gritos... ¿Acaso era capaz de percibirlo? ¡Qué vergüenza!
    Sus ojos se encontraron, ella había tenido que levantar la mirada, Kid a bajarla. —Buenos días Chrona ¿Cómo te sientes? —le dijo galantemente. A ella se le salió una idea y Kid se acercó más para escucharla. Estaban los dos a distancia considerable para que no los escucharan, pero no lejos de las miradas. Las chicas Thompson se sonrieron entre sí cómplices. Excalibur miraba a los jóvenes orgulloso. Proserpina, a su vez, veía a todos, pero su expresión no era de aprobación, sino de preocupación.
    -—Buenos días. Me siento extraña ¿Me veo así?
    Kid le sonrió con ternura, si Chrona hubiese podido escuchar sus pensamientos, se habría enterado que siempre le parecería hermosa. —-No te ves extraña. Excalibur tiene razón, eres toda una visión.
    Chrona sonrió. Kid le volvió a mostrar su amplia sonrisa. -—Sé de qué hablas, a veces he llegado a sentirme así. -—Chrona lo miró con sorpresa. Kid le ofreció el brazo para guiarla. Ella se enganchó a él. -Haré que desaparezca ese sentimiento incómodo, lo prometo. —-le dijo Kid.
    La condujo a su asiento, entre él y la Dama Proserpina, quien la miraba orgullosa, pero también con sospecha. Chrona lo percibió, no sólo la evaluaba, trataba de encontrarle algo, a lo mejor alguna imperfección o algún rasgo familiar, se fijaba demasiado en su rostro. Tímida la saludó.
    La anfitriona hizo su labor con mucha atención y amabilidad. Le preguntó sobre cómo había amanecido, si se sentía mejor, si continuaban los mareos y la debilidad; después daba consejos pertinentes que un médico haría, así como ofrecerle su completa disposición cuando lo necesitase.
    Chrona lo agradecía. Estaba sospechando que tal vez no le agradaba del todo a la reina por ser una bruja. Ya todos sabían que esa naturaleza suya era una bomba de tiempo. Patty, Liz, Excalibur y Kid actuaban como si aquello no existiera, por ello confió en la Dama Proserpina. Si algo comenzara a salir mal, la reina sería la primera en saberlo. Percibió que era una mujer muy inteligente, disciplinada, con mucho control de sí y acostumbrada a mandar. La admiró, pese a lo que ésta creía de ella. Además, era la mujer más hermosa que hubiese conocido.
    La Dama Proserpina no aparentaba su edad, 200 años. Bueno, ¿Qué Dios la aparentaba desde el punto de vista de los mortales? Un ser humano común la confundiría con una atractiva mujer que daba entre los 35 y 40... La reina tenía una piel blanca y lechosa, sus mejillas eran rosadas, sus labios eran finos y color rojo intenso; su cuerpo era esbelto y era alta, Kid la superaba unos centímetros. Toda su presencia detonaba alcurnia y elegancia. Chrona detectaba su fragancia suave y dulzona, en ella estaba la presencia de la violeta blanca y el heliotropo, así como de la lila, el alcatraz y el almizcle, su perfume era excitante, iba con su personalidad mística y acaramelada, asimismo, cuando se marchaba dejaba muy leves vestigios de ámbar y vainilla.
    Chrona se asombró por lo que descubría. Ahora que sus poderes habían despertado, sus sentidos se habían súper desarrollado. También había descubierto que era como un animal salvaje, porque percibía colores, sabores y olores que parecían inexistentes, del mismo modo, sonidos muy escondidos. Tuvo miedo de ello. Aunado al hecho de que soñaba con más frecuencia a su abuela y que ya empezaba a mover cosas con su mente...
    -—¿Estás bien querida? -—preguntó con dulzura la Dama cuando la joven perdió la noción de lo que hablaba el resto del grupo, hablaban nuevamente de los juegos que se festejarían y de... ¿jirafas?... esa era Patty.
    —-Perdón, me sentí un poco mareada... -respondió la pelirrosa. Se lo atribuyó al molesto corsé.
    Kid rápido se ofreció a llevarla al jardín para que tomara aire. Chrona se avergonzó, ya se estaba cansando de ese papel de damisela débil. Proserpina apremió la salida para que las hierbas de afuera, que eran curativas, le ayudarán a sentirse mejor.
    Algo que también destacaba físicamente de la reina del Renacimiento era su brillante cabello negro, cuya gruesa trenza siempre estaba sujetada con una tiara dorada simulando flores, muy al estilo romano. Chrona observó una vez más la preocupación en los ojos color oscuro de la reina... ¡Qué bonitos eran! y que tristeza que ella les inspirase temor. No sabía cómo actuaría Proserpina si ella llegaba a perder el control, pero intuía que definitamente su actitud no sería como la de Maka o la de Shinigami-sama.
    Proserpina era la madre de Death the Kid. El joven shinigami había heredado de ella su determinación y esa capacidad nata para liderar, así como su belleza y su amor por el equilibrio. No conocía la apariencia humana de Shinigami-sama, pero Kid no negaba ambas raíces. Tenía mucho del Dios de la muerte como de la Diosa del Renacimiento, eso significaba también que Kid contaría con una poderosa herencia, aunado a grandes responsabilidades, por no decir, abrumadoras. En caso de que sus progenitores pasasen al otro nivel de la existencia, él sería tanto el Dios de la Muerte como del Renacimiento... Su poder no tendría límites... Tuvo curiosidad por conocer la historia entre los padres de Kid, pero no era correcto ser impertinente, mejor ni preguntar. Sacudió la cabeza, no importaba cuánto la curiosidad la matase, no preguntaría.
    -—¿Mejor? -—preguntó Kid. Ambos ya estaban en uno de los jardines del palacio.
    —-Sí... ¿Cómo se conocieron tus padres? -—"¡¡¡Noooooo!!!... se supone que no preguntaría eso... ¡Qué tonta!.."
    Kid miró con atención a la muchacha. La pelirrosa se desconcertó, pero luego se tranquilizó cuando Kid le regresó nuevamente la mirada amable. -También Liz y Patty sintieron mucha curiosidad. Es más, no conozco a nadie que no lo haya sentido. Pero mis padres son muy reservados en cuanto a su historia. Con decirte que tampoco a mí me la habían querido narrar.
    -—¿Por qué? -—Ahora sí que Chrona estaba intrigada.
    El jardín en el que estaban despedía, efectivamente, las esencias curativas de las que hablaba Proserpina. Pertenecían a unas hiervas color morado y blanco que sólo crecían en Hiperbórea llamadas "Santas". Chrona sentía el aroma como alcanforado y eso la relajaba. Kid también se sintió más sosegado, pero no con menos deseos de llevarse a Chrona a un lugar más íntimo para robarle un beso y saborear su piel, pero tenía que controlar esa idea.
    -—La historia no es mencionada porque mi madre estaba casada con otro hombre, el Dios Hermes, amigo incluso de mi padre.
    -—¿Ah? -—Chrona se sorprendió. -Pensé que esos casos sólo se daban entre los mortales... perdón, no quise decir...
    -—Descuida, no pasa nada. Mi madre es muy exigente en cuanto a marcar las diferencias entre los mortales y los inmortales. Que su amabilidad no te confunda. Es muy estricta. Ella nunca se perdonó serle infiel a su esposo.
    -—Entiendo, por qué... es decir, por qué no quiere contarlo, sino quieres hacerlo tú...
    -—Yo no tengo problema con eso. Incluso Liz y Patty ya conocen la historia. Mi padre por respeto a mi madre y a Hermes no la menciona. Se miran como extraños. -Los dos observaron las hiervas sanadoras y también los conjuntos de flores que servían para reforzar el aroma y otorgar la belleza visual. Las flores bailaban por el viento como suaves olas de colores. -Mi madre no quiso renunciar a mí. Intentó hacerme pasar por el hijo de Hermes, él de buena gana lo aceptó, se sentía culpable por no haberle dado a mi madre la familia que ella deseaba. Pero, fue imposible no decirle la verdad a Shichue. Agradezco que, por ello, mi padre llegara a convivir conmigo cuando era un bebé... Se sabe muy poco de los shinigamis, mi padre, por ser el único, tampoco sabe cosas absolutas sobre su naturaleza, pero sí sabemos que cuando está por nacer un shinigami, es necesario que esté cerca de su progenitor, para que su alma se fortalezca y pueda sobrevivir, es como si el alma del hijo se nutriera de la del padre.
    -—¿Qué pasa si a un bebé shinigami se le separa de su padre?
    -—Muere. -respondió Kid. -Nací en Shibusen, mi madre tuvo que quedarse en Death City hasta que mi alma fue lo suficientemente fuerte para vivir por su cuenta. Después, mi padre aceptó que fuera educado como un olímpo en Hiperbórea. Fue así, hasta que a los cuatro años mis poderes comenzaron a emerger. Entonces, tuve que tener una educación especial, ya que no era del todo un olímpo.
    Chrona sintió algo de tristeza en él... -—¿Qué pasó después?
    Kid le sonrió. -Buenos años siguieron; pese al distanciamiento que mis padres biológicos tenían entre ellos, tuve una buena infancia. -La joven percibió sinceridad y nostalgia en la voz del joven shinigami. -Fui el niño más afortunado y mimado del mundo. -sonrió ahora con tristeza. -Hermes fue mi padre también. Me educó, me enseñó todo lo que amaba y valoraba, y por respeto a mi padre biológico jamás intentó que fuera en contra de mí, de lo que soy.
    -—Escuché decir a Shinigami-sama que el Dios Hermes era buena persona.
    -—Lo era. Hermes y Shichue siempre fueron mis figuras a seguir, pero creo que me parezco más a mi madre.
    -—Tú madre también parece ser muy buena persona, es fuerte y muy hermosa... cómo tú... ¡Etto! ¡Yo no quiero decir! ¡Bueno, sí eres como tu madre pero...!! -—Chrona se cubrió la cara para ocultar su sonroje. -—¡Qué pena! ¡No sé lidiar con las tonterías que digo!
    - —Jajajaja -Kid rió con el alma. Se acercó a Chrona y le fue descubriendo el rostro. Luego le levantó la barbilla con sus dedos índice y pulgar. Él se sintió más feliz por tocarla.
    -—Yo sí... y no creo que sean tonterías.

    **************
    Miraba como Kid había tomado el mentón de la joven bruja con ternura y se le estrujó el corazón. Tuvo miedo. Ella sabía lo que era perderse por alguien, así que no quería que su hijo sufriese lo mismo.
    -No es labor de los padres controlar la vida de sus hijos. -—le dijo Excalibur. -—Una forma de aprender de los errores es cometiéndolos.
    Proserpina miró al arma sagrada con enfado. Había levantado el ceño y ladeado un poco los labios, ese mismo gesto se lo había heredado a Kid cuando este demostraba arrogancia, autosuficiencia o hartazgo. Excalibur no se ofendió, era completo admirador de todas las faces de la Diosa.
    Después del desayuno, las hermanas Thompson habían decidido dar un paseo por los jardines y visitar a Cloris y Céfiro, los cuatro se llevaban bien. Ella en cambio, fue a su estudio para poder pensar y ver mejor el panorama. Había enviado a Kid y a Chrona intencionalmente allí para espiarlos, aunque fuese por unos momentos. Proserpina se reconocía, sin remordimiento, que entre sus defectos estaba la sobre protección, pero para desgracia suya, o no tanto, Kid siempre se le había revelado, incluso, desde bebé. Aidas era un hijo ordenado y respetuoso, pero cuando algo no le parecía, no había ley alguna que lo hiciera cambiar de parecer. Cuando quiso asignarle a sus armas, él se negó diciéndole que formaría las suyas, al final había tenido que aceptar a Liz y a Patty, las cuales no eran tan malas, incluso, ya las había acogido como sus protegidas y las quería. En esa ocasión no se sintió tan mal, a Shinigami-sama también le dijo lo mismo; pero ahora, en esos momentos, no sabía cómo sentirse, sólo sabía que estaba angustiada.
    -—Es comprensible su preocupación, Dama Proserpina. -—habló Excalibur. -—Pero el príncipe ya es un hombre y está incrementando su poder. Necesita vivir lo que necesita para cambiar.
    -—Lo sé. Pero no me resulta tan fácil siendo yo su médico y a la vez su madre. Mi hijo está infectado con esa... cosa negra... la misma que mató a Hermes poco a poco... Y para colmo, protege a la causante de aquel mal sin pensar en lo que le está afectando...
    -Escucho a la mujer que siente, en estos momentos, necesitamos a la mujer que piensa. -aclaró Excalibur.
    Proserpina dejó de observar la ventana. -—La chica no tiene la culpa. Lo sé. Soy injusta. No es contra ella. Pero quiero saber por qué... Sabes lo que le hace la sangre negra a los inmortales y a los mortales, no sólo los hunde en la oscuridad, los hunde en la locura y acorta su existencia. No pasan al siguiente nivel celestial, se quedan atrapados en la oscuridad. Así ya no hay posibilidad de volver al mundo ni formar parte del ciclo, no reencarnan. Hermes aún no tenía que haber hecho la transición...
    -—Pero la hizo...
    -—Mi hijo no tiene por qué hacerla.
    -—Mi Dama.Tenga más confianza en él. Ha hecho lo que ha podido, le toca a él hacer el resto.
    Proserpina tenía deseos de llorar, pero no lo hizo. Su mirada se mantuvo seca y sin brillar, incluso, no expresaba nada. -¿Qué bruja inventó esa arma infernal?
    -—Lo sabe. No se hiera más con ese nombre. Si desea hacer algo más por su hijo, ayude a la joven que él protege, ella es la clave de esa sangre. Parece ser que únicamente ella le está sobreviviendo con éxito. Hermes nunca fue el mismo después de lo sucedido, fue debilitándose, en cambio ella... Su poder va en aumento.
    -—Creo saber por qué es así y cuál es su conexión con el caso Mercurio. Casi tiene la edad de Aidas y mis estudios no concuerdan con lo que ustedes me informaron a través de su historial.
    -—¿Qué quiere decir?
    -—e han hecho muchas transferencias, sí... pero no le cambiaron de sangre. Ella nació con la sangre negra.
    -—Pero Lady Chrona tiene una alma híbrida.
    -—No la llamaría híbrida, sino un alma quimérica y es de nacimiento: parte bruja, parte dios, parte demonio, ésta última corresponde a Ragnarok, una de las nueve armas inmortales, la que hace como 100 años robaron en Shibusen y ni Shinigami-sama ni Hermes no pudieron recuperar.
    -—Mi Lady... ¿Está segura?
    Proserpina asintió. -Muy segura, tengo toda la información. El padre, según las pruebas, es un Dios oscuro y ella es la fuente de la sangre negra... Le aplicaban la plasmaféresis, el cual es un método que consiste en extraer completamente la sangre del cuerpo, esta se procesa de forma que los glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas se separen del plasma. Las células de la sangre se devuelven luego al paciente sin el plasma, el cual el organismo sustituye rápidamente. Es peligroso, pero se usa para tratar trastornos del sistema inmune, tales como Síndrome Polineuritis idiopática aguda, lupus eritematoso sistémico y púrpura trombocitopénica... -—Proserpina se sentía indignada tras conocer los experimentos realizados por Medusa. -Ragnarok fue una enfermedad para esta niña, pero por ella es que volvió a nacer. Fue fundido, hasta llegar al núcleo madre de su esencia, y colocado cuando comenzaba a formarse el embrión, no fue posterior a su nacimiento.
    -—¡Debe informárselo inmediatamente a Shinigama-sama! ¡Esto significa que todo lo que hemos deducido está mal! Baba Yaga no la quiere para entregársela al Demonio Samael...
    -—La quiere porque ella podría ser Samael.
    Tocaron a la puerta, era Lilis.
    -—Su majestad, acaba de llegar su prima, la reina Juno.
    -—Voy para allá. -respondió con frialdad Proserpina. -Justo lo que necesitaba.
    Lilis hizo su reverencia, asintió y se fue.
    Excalibur no podía ocultar su asombró por el descubrimiento de la reina. -—Un Dios oscuro es más antiguo que un demonio, o que nosotros, incluso él todavía puede estar entre los dioses y pasársela de lo lindo sin que nos demos cuenta. Puede dominar y engendrar demonios en esto instantes, actuar sobre vivos y muertos, inmortales y mortales. Esta hecho de las emociones de los seres vivos, se alimenta de ellos y es capaz de...
    -—Recuerdo las clases de teología, Excalibur. Los datos coinciden con la procedencia de un Dios oscuro, pero no se ha presentado uno de esa categoría en casi cien mil años, a menos que...
    Comentó Excalibur con asombro. -—También un Dios puede pasarse al lado de las tinieblas si su alma es corrompida. Justo lo que pasó con...
    -—Lo que pasó con Hermes. Él fue corrompido por Medusa... Entonces, las pruebas señalan que Chrona es hija de Hermes.
    -—Mi Dama, ¿Cree que por esto Morgian ha declarado la guerra a los dioses? Pronto llegará la luna roja. Las brujas se congregarán. Y ella tiene demasiada confianza.
    -—No lo sé Excalibur. Pero tal vez sí es el motivo por el cuál regresó Baba Yaga.

    *****************************
    ******************************************
    En la amplia e íntima sala de Malóforos se encontraba sentada, sobre uno de los elegantes y cómodos muebles, una hermosa dama. Era similar a Proserpina en cuanto a rasgos, la diferencia era que su cabello era rubio y sus ojos azules. Tenía puesto un elegante y cómodo vestido de viaje color verde esmeralda, con bordados que representaban a un pavoreal. Ambas eran primas por parte de sus madres y habían crecido juntas. Juno era la esposa del Supremo, el dios Jeuz, asimismo, era diosa de la maternidad, protectora de las mujeres, los compromisos y el Estado. Era alegre, pero a veces un tanto quejumbrosa.
    —-¡Pina! ¡Pinita! Te ves cansada.-—comentó Juno. -—Debes estar al tope de trabajo. Yo que tú me tomaría unas vitaminas extra para eliminar esas ojeras en los ojos. Pareciera que no tienes 200 sino... ¡Por Vesta! ¡400!
    Proserpina le sonrió, aunque una venita le salió en la frente. Odiaba sus comentarios, sobre todo, ese diminutivo de "Pinita", y Juno lo sabía. -En realidad, estoy mejor que nunca. -—La dama de ojos azules recibió el cordial saludo de su prima.
    —-Mi esposo me ha contado. -—Lilis les traía té verde con algunos bocadillos. Azucena estaba allí encendiendo unos bastones con cristales que servían para refrescar la temperatura. -¿Todo está bien? ¿Cómo está Aidas? ¿Necesitan ayuda?
    Proserpina negó. -Todo está bien. Aidas sólo llegó agotado. Afortunadamente no le ha sucedido nada grave.
    -—¡Tú hijo es increíble! ¡No por nada es el protegido favorito de mi Jeuz! ¡Es el más prometedor de todos nuestros jóvenes! No se esperaba menos de él. Con una bruja jamás se sabe, pero al parecer Aidas jamás decepcionará. ¿Qué sucedió con ese... ser?
    -—La atrapamos y está encerrada en Katastolí.
    -—¿Katastolí? ¡Debieron quemarla! ¿Por qué la dejarían viva? Sólo así se vence a esas nefastas criaturas. Perdona que te lo diga, sé que eres aliada de Shinigami-sama, y vaya que sí lo sé... -—Azucena y Lilis escucharon el comentario con molestia. -pero debería hacer mejor su trabajo, está dejando mucho que desear ¿De qué sirve capacitar a tanto técnico si son incapaces de detener a las brujas? ¿No se supone que eso incluso les beneficia? Esos horrendos seres se están multiplicando a más no poder como cucarachas, son similares a los humanos mortales, con sólo un momento de copula y ¡paf!, con eso tienen para que broten como margaritas en primavera. Les he dicho a Eros y a Cupido que sean más selectivos sobre a quienes juntan, me hacen trabajar de más.
    Lilis y Azucena torcieron la boca por el comentario, ellas eran humanas mortales. -—O las brujas son similares a su esposo, éste todo lo que toca se preña. -añadió la segunda y después rieron a escondidas.
    -—Chicas... —-Estás se paralizaron. La reina Juno no pareció haberlas escuchado, pero su señora sí. -—Traigan una jarra de jugo de cereza, el té verde no será suficiente. -Las jovencitas evitaron soltar una carcajada, la bebida era un relajante contra el estrés y las quejas.
    -Sin duda es diosa del matrimonio, se queja mucho. -—expresó Lilis a distancia.
    Proserpina parecía neutral a los comentarios de su prima. —-No es un trabajo fácil luchar contra una bruja y menos contra cientos, por no decir imposible. Pero no creo que las brujas se multipliquen, más bien, se están organizando, que es diferente. Siempre han sido seres desdeños, creo que se dieron cuenta que aquello representaba una desventaja.
    -—Mmm... Hablas como toda una experta, sí que debes entenderlas.
    Proserpina hizo a un lado la doble intención del mensaje. -—¿Cómo está Aileen?
    Juno suspiró. -—Insoportable. No deja de cantar, bailar y sonreír desde que se enteró que Aidas regresó. Está ansiosa por verlo.
    -—Es una chica muy dulce. Mándale mis saludos.
    -—Por supuesto, es más, traigo una invitación especial para Aidas y para ti. Eolo, como sabrás sin duda, hará cambios al tiempo después de los torneos, ¡era hora!, hace calor aquí, siempre es así, ese Eolo no tiene consideración de nadie. ¿Cuándo va a entender que no todos estamos de humor para su cambios de... humor? En fin, bueno... así que Aileen está preparando una pequeña fiesta para disfrutar los últimos días cálidos. -Juno dejó en manos de Proserpina la carta.
    -—¡Qué amable! Me temó que yo no podré asistir, todavía hay problemas con la recolección y los Syllékti me necesitan.
    -—¿Problemas?
    -—De orden administrativo. -Proserpina mintió. -Pero le diré a Aidas que se presente. Me está ayudando con las recolecciones, así que se merece un descanso, además, después de lo ocurrido con la bruja...
    -—¿Por qué un día no le dejas a él tus encargos y nos vamos a Moritasgus a darnos un baño de agua marina y esencias? Además, es muy competente por lo que he escuchado. Será un muy buen partido, debería pensar ya en comprometerse...
    Proserpina suspiró. -Me encantarían unas vacaciones. Pero resulta ser que el trabajo se ha juntado y es demasiado incluso para él...
    Juno puso los ojos en raya. -Todo es culpa de las brujas... Por cierto, no sé si te has enterado...
    -—¿De qué?
    -—Bueno, me enteré por Jeuz que las brujas de Baba Yaga y de esa tal Morgian entraron en combate, fue una masacre y lo extraño es que no hubo almas que recolectar...
    La noticia afectó a Proserpina. -¡Qué! ¿Cómo? ¿Dónde fue?
    Juno sintió la turbación de su prima. —En Rusia, en los Montes Urales.
    Proserpina se quedó pensando. -Ese territorio no corresponde a nuestra zona, pero... si hubo seres vivientes afectados debimos enterarnos antes. ¿Cómo que siendo una masacre no hubo almas que recolectar?
    -—No encontraron rastro de ellas. Como si ustedes hubiesen sido los que se encargaran de recogerlas.
    Proserpina la miró con advertencia. -—¡No fuimos nosotros! ¿Por qué el Supremo no nos dijo de inmediato?
    Juno mostró un poco de molestia. -—Creo que lo hará, pero busca el momento indicado...
    -—¿Momento indicado?
    -—Escúcha, yo sólo vengo a conversar, pero creo que eres tú la estresada aquí...
    -—Disculpa, tienes razón... Pero, ¿Tienes idea de lo que podría significar?
    -Por eso insisto, Shinigami-sama no está haciendo su trabajo correctamente, por ende, provoca que los demás fallemos. Jeuz también lo visitará, pero creo que querrá ver antes a Aidas.
    Proserpina la miró fijamente y Juno no pudo evitar sentir escalofríos. -—¿Para qué?
    -—Supongo que para hablar sobre las brujas y Shibusen. No exagero, esas criaturas despreciables sí se están multiplicando y yo no tengo nada que ver con eso, ni esa parejita de novios que les gusta acaramelar a cualquiera, o sea, tu sobrinito Eros y su amiguito Cupido.
    Después de tranquilizarse el ambiente, las dos mujeres se despidieron con sonrisas y besos en las mejillas.
    -—Me voy, Pinita. Quiero ayudar a Ayleen con su fiesta. No te preocupes, Jeuz sabe que esto no está en tus manos, no te recriminará nada, si no se los dijo fue por alguna buena razón. -—Juno partió tranquila, como una niña sonriente repitiendo
    —Adiosito, adiosito, adiosito, ¡mua! vales mil, beso, beso, beso... —pero Proserpina estaba ansiosa, incluso ya se tronaba los dedos, en efecto, ahora la estresada era ella y se sentía como si tuviera 400 años.
    -—Alteza, aquí está el jugo de cereza... ¡Altezaaa! —-Proserpina no tomó el vaso que le ofreciera, sino la jarra; el té verde no sería suficiente.

    ***************
    **************************
    *****************************
    Llegó la noche, con ella aparecieron las estrellas y la luna. Cabiria lucía distinta a Death City bajo el hechizo de la oscuridad. No perdía su claridad y parecía que todo misterio estaba develado, pero eso no significaba que no cautivara. Cabiria lucía, bajo el reflejo de la luna, como una pequeña niña durmiendo, sin secretos que ocultar. Todo era limpio y lúcido, pese a las sombras. El aire que circulaba por las calles y los jardines era de resignación ante la falta de suspenso, mas no de decepción, invitaba amar los tiempos de paz. Ese aire tal vez se debía a sus calles simétricamente ordenadas, a su floresta o, tal vez, porque, simplemente, la luna adoptaba otra cara cuando miraba a Anfictíone; muchas razones podían existir, pero mientras algunos desvelados trataban de decidirse por cuáles, el príncipe de esa región no daba cabida a otra cosa que no fuera estar con la bella joven que descansaba frente a él.
    Chrona lucía linda y sonriente mientras dormía. Kid también sonrió con ternura, era la primera vez que observaba que ella durmiera bien, sin temblores o pesadillas acosándola. Deseó con todo su ser poder reposar a su lado y proteger sus sueños. Trabajaría mucho en ello, incluso si eso significara alejarse. La sonrisa fue sustituida por una expresión de tristeza. Se acercó sigilosamente a Chrona, le acarició los sedosos cabellos rosa y le besó la frente. Separando sus labios ligeramente de su piel le susurró: perdóname.
    Luego, envuelto con su capa de sombra, dio la vuelta, se dirigió a la ventana y se marchó... El portillo se cerró, gracias a sus poderes como shinigami.
    Chrona sintió la brisa nocturna, pero la esencia de Kid perduró, por lo que no perturbó su sueño.

    Continuará...
     
  3.  
    catblack

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    Tauro
    Miembro desde:
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    Título:
    Fanfic - LOVE SIMETRÍxASIMETRIS (KIDxCHRONA)
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    10393
    La historia es una continuación ficticia del anime y sólo se han mezclado algunas cosas del manga, así como de elementos que son de creación propia. Los personajes principales, escenarios primarios e historia de origen no son míos, son del artista Atsushi Ōkubo. Sin más, muchas gracias, nos leemos.


    CAPÍTULO XIII

    Las lágrimas derramadas son amargas,
    pero más amargas son las que no se derraman (proverbio irlandés)
    Parte 1

    Rusia, Los Montes Urales

    Parecía que los ríos corrían con prisa. Desde las cimas de los montes, aquellos índigos caminos se deslizaban con entusiasmo hacia lo desconocido. Eran un contraste extraño con las lágrimas de Angela, las cuales caían suicidas por sus mejillas, pero con lentitud.
    Como si hubiese sido uno de aquellos ríos ignorantes de su trayecto, la joven bruja había sentido correr su vida; esta había sucedido de manera muy rápida y, para sorpresa suya, continuaba; ¿Cómo era eso posible con la muerte de Mifune? ¿Cómo era posible que ella siguiera con vida sin él? ¡Estaba furiosa! ¡La vida no era justa! ¿Por qué?
    Black Star la abrazó con fuerza. Dejó que ella llorara sobre su pecho. Tsubaki los miraba impotente. Sus ojos también reflejaban dolor. El joven leyó en su compañera que ella gustosa daría todo por evitarle a Angela su sufrimiento. Black Star se odiaba, se creía responsable, por ello no tenía derecho de llorarle a sus amigos.
    Los cuerpos de Mifune y Killik habían sido colocados dentro de ataúdes de madera. Angela las creó con su magia para que los protegieran bajo tierra, mientras el equipo de Shinigami-sama llegaba para regresarlos a Death city. Tsubaki había buscado flores para colocárselos, pero se sorprendió al notar que, además del campo de batalla, a nivel periférico, la flora como la fauna habían muerto. El panorama lucía gris y oscuro. Parecía como si un fuerte incendio hubiese sido el responsable. Tsubaki llamó a Black Star. El ninja, asombrado, observó el paisaje. Cuando se acercó a un árbol, descubrió que había rastros de magia.
    -—Succionaron las almas de todo lo vivo aquí. -—dijo Black Star.
    -—Tenemos que avisarle a Shinigami-sama. -urgió Tsubaki. -—Esto no es algo que hayamos visto antes.
    -—¿Dónde está esa maldita? -—preguntó Black Star andando.
    Tsubaki se interpuso en su camino. -Ya le hiciste demasiado daño. Una bruja muerta no sirve de nada.
    -—Tampoco una que no canta. -—sentenció el ninja con una sonrisa maligna.
    -—¡Black Star! -—Tsubaki estaba preocupada por la actitud de su técnico. Jamás lo había visto así. -—¡Detente, por favor! Si alguien la va a interrogar, deja que sean Kim u Ox Ford, ellos tienen más experiencia con prisioneros.
    Angela se despidió de Mifune con un beso en la frente. -—Gracias por todo y... perdóname. -—La joven colocó las cajas que contenían sus espadas samuráis a cada lado de su cuerpo, estaban envueltas con sus tiras amarillas que decían "keep out"; también, puso uno de los ojos de su sombrero de bruja, con forma de sapo, y un dulce, de aquellos que solía dar a los niños y a ella siendo más pequeña; esto, de alguna manera, le hacía sentir que no se separaba de él.
    -—Vendrán por ti y yo regresaré. Volveremos a casa y te dejaré descansar en nuestro jardín, bajo el cerezo que plantámos, como tanto te gustaba. Lo prometo.
    Thunder y Fire también se despedían de su técnico. Fire estaba incorporado con la mirada baja. No dejaba que nadie le viese llorar. Thunder asumía la misma actitud. La bella afroamericana ocultaba los ojos sin emitir ningún susurro.
    Jaqueline les acompañaba. Ella oraba. No se consideraba muy religiosa, era más del tipo racional, sin embargo, su familia sí lo era y por ello sabía qué rezos emplear para este tipo de situaciones. Le costaba creer que que no vería más a sensei Mifune ni a Killik y sintió que debían abortar la misión.
    A unos metros de ellos, dentro de una casa de campaña, Kim trataba de curar las heridas de Harvard con sus poderes mágicos; sin embargo, por alguna razón que desconocía, no obtenía el resultado que deseaba. Ox Ford los observaba impotente. Harvard, pese a que sus heridas mejoraban, su alma se extinguía. Kim exclamó un grito desesperado.
    -—¡No entiendo! ¿Qué pasa?
    Ox Ford se acercó a ella y observó a Harvard. Su compañero tenía los ojos muy abiertos, sudaba mucho y respiraba agitadamente. Le pareció tan extraño que no usara sus lentes oscuros, era como si soñara una pesadilla con los ojos abiertos.
    -—Debe ser algún veneno de las brujas. -—opinó Ox Ford.
    -—No, es algo más... Puedo sentirlo. -—le respondía Kim perdiendo las esperanzas. —-Pero no sé qué es.
    -—No es un veneno. Es un conjuro. -—dijo derepente la bruja que tenían prisionera. Gillian estaba tras una cortina, atada y sentada sobre el suelo. No había visto los intentos de Kim por salvar a su amigo, pero podía imaginarlo con sólo escuchar sus quejas. Ox Ford, pese a que Kim le decía que no se le acercara, corrió la cortina y se le dirigió.
    -—Tú debes saber algo al respecto. -—le dijo sin emoción alguna. Kim los observaba muy atenta. -Dime, ¿Qué clase de conjuro? -Ox Ford se acercaba más a la bruja.
    La pelirrosa sintió aprehensión. -—Ten cuidado. No hay que confiar en ella.
    Gillian tenía la cabeza baja y su cabello azul le cubría los ojos. Estaba muy débil. Ox Ford la observó. La piel de la bruja se tornaba más oscura y mostraba grotescas ámpulas. El joven, sin que Kim pudiera preverlo, colocó su mano sobre la frente de la mujer. Gillian no hizo ademán por detenerlo, ni siquiera se asombró por la repentina cercanía del técnico.
    -—Tienes fiebre y está muy alta. -—Ox Ford se dirigió a Kim. -—¿Ya le dieron antibiótico?
    A Kim no le gustó que derepente a su colega le interesara el bienestar de ese ser. -Sí, pero tampoco parece reaccionar.
    -Debemos mantenerla con vida. —-dijo Ox Ford con sequedad.
    -Dénme... -Gillian los miró. -Que ella me curé y... y... yo curaré a su amigo. No tengo mucho tiempo... moriré...
    Kim la miró con odio. -No le creas Ox Ford. Todas mienten.
    Gillian miró también con odio a Kim. Era la primera vez desde que la trajera Black Star que se veía viva. -"Todas mienten"...
    -—expresó haciéndole burla a su voz. -—Si mi percepción no falla, tú tampoco has de ser alguien muy honesta, ¿no es así, bruja?... Odio a los técnicos de Shibusen, pero odio más a las brujas que juzgan a otras, sobre todo, sí tienen más cola que les pisen, tú sí que tienes una muy larga.
    Kim iba a replicar, pero Ox Ford la contuvo. El joven lo pensaba con cuidado. -Kim, debemos hacerlo. -concluyó. -Llama a Black Star.
    -—¡Qué! ¡Estás loco! -exclamó la muchacha. -—Tú no conoces a las de su clase. Algo intentará y no será bueno.
    -¡No hay tiempo! -—Gillian comenzó a vomitar sangre. -—Tú amigo no está mejor, ambos moriremos... Además, querrán saber cómo llegar a Baba Yaga, antes de que sea... sea... tarde... para... esa tal Maka y... ese... Soul...
    -—Llama a Black Star. -insistió Ox Ford a Kim.
    Kim habló con Tsubaki y Black Star. El ninja estaba en total desacuerdo y su compañera dudaba. No accedieron a la petición de Gillian hasta que Angela y, para asombro de todos, Fire, habían hablado y le habían pedido a Kim que curase al enemigo.
    -—Yo lo haría. -explicó Angela. -Pero yo no tengo el poder de curar ni de revivir a los muertos. No todas las brujas nacemos con los siete dones.
    -—¿Por qué no la curaron antes.—replicó Thunder.
    Kim le respondió de mala gana. —Le dimos medicamento y sí la atendí. Pero... no es un tipo de magia que yo conozca.
    Gillian intervino. -Sólo haz lo que te diga... haz lo que te diga y tu amigo se salvará también...
    Kim miró con miedo a Black Star. El ninja entendía por qué ella dudaba, así que, sereno y con gran seguridad, le pidió que ayudara a Gillian.
    Kim siguió las indicaciones de la bruja. Gillian, pese a su mala condición, era una excelente tutora. Con calma y claridad le indicó a Kim cómo nivelar su poder mágico y qué palabras decir para lograr el efecto deseado, asimismo, Gillian había ordenado a Angela que preparara una poción. La bruja más joven no estaba tampoco muy segura de confiar en el enemigo, mas la tranquilidad de Black Star y la urgencia por ayudar a Harvard le ayudaban a seguir las órdenes.
    —Te estoy observando, maldita. Sí intentas algo te partiré en dos. —le amenazó el ninja a la bruja azul.
    Gillian no le respondió. Tsubaki estaba cada vez más preocupada por la actitud de su técnico. Ox Ford también había notado la conducta de Black Star y le prometió a la muchacha de cabellos negros que lo vigilaría.
    —Si eres tan poderosa... —le decía Kim a Gillian. —¿Por qué no te curaste tu sola desde antes?
    Gillian se dio cuenta de la antipatía de Kim hacia ella y deducía el motivo. —Ese tal Ox Ford parece ir tras tus huesos y a ti no te molesta eso del todo ¿Pregúntale a él? Parece ser que es él más observador de todos ustedes. Si no hubiesen intentado a travesar aquel campo de batalla, no estaría en estas condiciones.
    -—Pudiste ser sensata y no seguirnos.
    —-¿Y lograr que llegaran a Baba Yaga? Baba Yaga no hubiese tolerado que los subestimase ni mucho menos que fallase. Le temo más a ella que a ese ninja de cabello raro.
    -—¿Sí teníamos oportunidad de llegar hasta Maka y Soul, entonces?
    -—¿Por qué aceptaste una misión, si tenías dudas de completarla? La que tiene problemas de sensatez eres tú.
    -—¡No te tomes tanta confianza conmigo! ¡Tú y yo no somos iguales!
    -—Jajajaja ¿No?... -—Gillian miró fijamente a Kim y ésta le sostuvo la mirada. -—Pertenecemos al mismo Aquelarre. Tienes razón en algo, pude ser más sensata y no seguirlos, pero sí puedo tutearte porque no somos tan diferentes. Ambas abandonamos nuestros respectivos aquelarres. Sólo que tú elegiste la paz de Shinigami-sama y yo la algarabía de Baba Yaga-sama.
    -—¿Por qué dejaste el Aquelarre?
    Gillian sonrió. —-Mabawa no estaba resolviendo nada. Shibusen nos cazaba por presión de los olímpos. Todas tenemos miedo.
    —Ustedes lo provocan. -—inquirió Kim.
    —No... -—se defendió Gillian. -—Nadie sabe quién provocó realmente a quién. Morgana tomó el poder para acabar con esto. Pero yo no estoy deacuerdo con sus ideas.
    -—¿Y qué es lo que planea Morgian? Ustedes, Baba Yaga y Morgian son la misma porquería. Nada bueno sale de ustedes.
    -—Tienes mucho rencor hacia las de tu propia calaña. Adivino porque...
    -—¡No! ¡No tienes idea!
    -—Claro que sí! Pertenecemos al mismo Aquelarre... Adivino, te hacíamos "sentir menos"...
    -—¿Sentir menos?
    -—Tu única maldita habilidad es la de curar y revivir muertos, no eres capaz de controlar los otros seis dones... pero eres patética por otra razón...
    -—"Sentir menos" es muy poco, ustedes intentaron matarme por ser "patética".
    -—¿No sabes nada, verdad?
    -—¿Qué se supone qué debo saber?
    -—El por qué eres patética... No eres patética porque no sepas usar el resto de los dones... Ninguna bruja los domina del todo, sólo las más fuertes... -—Gillian se sentía peor. -—Eres patética porque eres poderosa con tu habilidad... muy poderosa y no lo sabes, o peor, no lo quieres saber...
    Kim rió sarcástica. -—Es mentira. Desde que recuerdo, me perseguían. Si no fuese porque escape no estaría viva. ¿Pero a ti que te importa?
    -—Sí que eres patética. Entre brujas no nos dañábamos, entre brujas no nos odiábamos, entre brujas no nos eliminábamos... Sólo entre las más fuertes actuaban así... Es algo natural entre nosotras... algo así como para preservar el equilibrio, es así porque sí. No puede haber más brujas poderosas, a lo sumo, tres... El triunvirato... que se disolvió por culpa de Shinigami-sama y los olímpos...
    -—¿De qué hablas?
    -—¡Maldición! ¿Dónde está esa otra maldita mocosa traidora? ¡Necesito esa pócima, ya! -—Gillian vomitó sangre y restos del veneno que se solidificaba dentro de ella.
    -—¡Déjate de tonterías! ¡Habla! -—Kim le golpeó la espalda para evitar que se ahogara con su propio vómito.
    -—Para mantener el equilibrio, la naturaleza hizo que sólo entre las brujas más poderosas haya ese deseo inherente de destrucción, pero sólo entre ellas... Si te querían muerta, no era porque eras débil, sino porque eres muy poderosa... Mabawa, si hubiese sabido de ti, te hubiera obligado a competir por tu vida... Tal y como lo hizo con mi otra hermana y conmigo. Ella no permitía que hubiese más brujas que superaran su poder o las de sus hijas... Ese odio que te nace, no lo puedes evitar, odias porque temes ser superada... es cuestión de supervivencia... cuestión de supervivencia...
    Kim entendió qué información relevante había llegado a sus oídos. No podía asegurar si aquel conocimiento era bueno o malo. Sospechó que podría tratarse de alguna mentira para manipularla. Sin embargo, esa explicación justificaban muchos males de su infancia.
    -—¿Supervivencia? No tiene sentido lo que dices.
    -—¡Estúpida! ¡Algo ha estado pasando en el mundo!... Las almas se agotan... la vida se seca... La energía se esfuma... Shibusen caza demonios porque devoran el alimento de los dioses, no porque peligre el equilibrio...
    -—¿Ustedes son demonios?
    -—¡No somos demonios! Pero no tenemos más remedio que actuar como tales... La vida se seca como nuestros vientres, la magia no corre por nuestro cuerpo como antes... Pero Baba Yaga-sama ha llegado para poner fin a eso... Estás con el bando equivocado.
    -—¡Kim! -La pelirrosa vio que Jaqueline había entrado a la tienda de campaña. Ella también había escuchado la conversación.

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    Cuando Angela terminó la poción y Kim de emitir los conjuros, Gillian la bebió y... Eructó con fuerza... Eso había sonado asqueroso. Además, también había despedido un aroma muy desagradable. Black Star y el resto habían tenido que salir de la tienda de campaña, para no soportar el hedor y esperar a que se disipara. Después, fueron notando que la bruja se curaba con rapidez. Las ámpulas asquerosas se encogían y Gillian se veía cada vez más fuerte.
    Sin perder tiempo, pero aún con algunos indicios de debilidad, Gillian se acercó a Harvard y fue curándolo.
    Black Star y el resto del grupo estaban a su lado y preparados para acabarla si hacía algo mal contra su compañero. El ninja observaba con mucha atención a Gillian. Tsubaki sabía que se sentía un tanto frustrado, porque no parecía que sus amenazas surtieran efecto sobre la bruja. Gillian había colocado sus manos sobre el pecho de Harvard. El muchacho no había dejado de tener la misma expresión de horror. Angela y Kim estaban muy intrigadas. Tenían mucho tiempo sin observar a una bruja más poderosa que ellas realizando un hechizo de ese nivel. Jaqueline, por su parte, estaba preocupada y miraba más a su técnico. La conversación que habían tenido ambas brujas le había dejado una muy mala sensación. Desde aquel momento, notaba a la pelirrosa rara. Ox Ford tenía todos sus sentidos puestos en cada uno de sus compañeros. También había notado las actitudes raras de Kim y Black Star.
    Ox Ford y el resto todavía no habían decidido exactamente qué hacer, pero ya tomaban en cuenta que la bruja debía ser llevada inmediatamente con Shinigami-sama. Al igual que Jaqueline, Ox Ford pensaba que la misión había fracasado y que estaban más lejos de salvar a Soul como a Maka. Necesitaban otra estrategia. Esperaba que Black Star y Kim no respondieran de manera distinta a lo que ellos opinaban. Por otra parte, tenía esperanzas con su amigo Harvard. Su intuición, que era la primera vez que le hacía caso, le decía que todo iba a salir bien. Pese a que Kim le había advertido sobre Gillian, él, por alguna extraña sensación, sentía que podía confiar en ella... sólo por esta ocasión y no por el hecho de que también le parecía "algo atractiva". Quizás opinaba así porque, cuando una de las secuaces de Morgian (la había reconocido por la capa) les iba a destruir, ella se había interpuesto y los tele transportó a un lugar seguro... ¿Por qué había hecho eso? Ox Ford se sintió confundido. ¿Acaso todo este suceso del envenenamiento de Harvard estaba planeado para engañarlos?... Se lo comunicó a Black Star y éste pensó que tenía un buen pretexto para acabar con aquella mujer, era cuestión de tiempo para que la verdad saliera a flote.
    Gillian susurró unos conjuros. Luego, tomó a Harvard por la mandíbula, lo obligó abrir la boca y lo besó. Black Star, Ox Ford y el resto del equipo les miraron con horror. Black Star se iba a interponer, pero Kim y Angela le detuvieron.
    -—No hay peligro, déjala hacerlo. -—le ordenó Kim al peliestrella.
    —¡Pero qué rayos! -Black Star observaba que el beso se profundizaba y Harvard parecía convulsionar más.
    —-Star-kun. Confía en nosotras. Lo que sucede es normal. -—le aseguró Angela.
    Black Star miró a Ox Ford. El muchacho de lentes tampoco estaba seguro de cómo interpretarlo. Únicamente les quedaba confiar.
    Cuando Gillian dejó de besar a Harvard, este dejó de sacudirse. Rápidamente, Angela se le acercó a la bruja y le dio una bolsa, dónde vomitó sangre y una sustancia verdosa. Kim se acercó a Harvard y fue atendiéndolo como una experta doctora.
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    El fuego reciente de una hoguera crepitaba. La luna sonreía con esa expresión mortal que todos conocían, mientras contemplaba como el sol partía. La noche había alcanzado al equipo Spartoi en los Montes Urales.
    Gillian lucía mejor, como una paciente que se reponía de viruela y con algo de comezón, la pobre no se podía rascar. Tras terminar de curar a Harvard, Black Star y Ox Ford la ataron de nuevo y la dejaron en un rincón de la tienda de campaña. Esta vez, el ninja y su colega no fueron rudos en su trato. Harvard había despertado y se encontraba repuesto. Sin embargo, por seguridad, habían decidido que Harvard dormiría en la tienda de campaña que correspondiera a las chicas. Gillian era vigilada cada determinado tiempo por un integrante diferente de los Spartoi. Ella no volvió a dirigirle la palabra a nadie, ni siquiera cuando le dejaron algo de cenar. La bruja estaba agotada, no quería saber nada. Pensaba que Baba Yaga ya la consideraría una traidora y quizás buscaba su cabeza. Antes de morir, quería limpiar su nombre. Creía en Baba Yaga, en su poder y en su milagro, pero...
    Gillian suspiró con tristeza. No sabía qué hacer para cambiar su situación, sí seguir creyendo o dejar que el destino la condujera a lo desconocido... ¿Por qué se aferró a la vida? ¿No era mejor que muriera para no traicionar, ahora sí, a Baba Yaga-sama?... La llevarían a Shibusen y allí la interrogarían. Quisiera o no, terminaría diciendo algo... Sólo el Dios de la Muerte se comparaba en poder con su señora. Tal vez no se rendía porque quería hacer algo por sus compañeras... Deseaba llorar, mas no lo hacía, lo había jurado desde que mataran a su hermana. Pero, si ella no lloraba por su destino, ¿Quién lo haría? Sintió un agujero frío en su pecho.
    -—¿Por qué no pudiste revivir a nuestros amigos? -Gillian miró a su emisor.
    Ox Ford estaba a unos metros de ella. La luz de la luna se filtraba por la entrada de la tienda, estaba abierta para que el resto también vigilara a la bruja.
    Gillian bufó. -—"Dales la mano y se tomarán el brazo". ¿No fue suficiente con salvar a tu amigo? —Ox Ford no pareció molestarse.
    -—Me gustaría que me lo explicaras. -dijo de manera educada el técnico. -—Por favor. —-Gillian sintió raro que fuera amable con ella. Pero no lo daría a conocer.
    -—Ya se lo explique a esas chicas brujas. El arma transmutadora de Baba Yaga tiene las almas de tus amigos. Necesito tenerlas aquí para revivir sus cuerpos. Ella ya está muy lejos de aquí.
    -—¿Sabes cómo funciona?
    Gillian entonó molesta su voz. -—¿Por qué no esperas a Shibusen? De todas maneras me matarán si digo o no algo.
    -—Siento molestarte. -expresó Ox Ford siendo educado, para molestia de la bruja.
    -—¡Deja de disculparte! ¡Ahhh! ¡Sacas de quicio! ¡Con razón esa tal Kim no te hace caso!
    El comentario sí pareció afectar a Ox Ford, pero se contuvo. Gillian lo notó y se festejó en silencio haber hallado su punto débil. -—A nosotras las brujas no nos gustan los hombres de carácter débil. —-comenzó. —-Es más, para nosotras no es del todo útil ningún tipo de hombre. Bueno, sólo sirven para una cosa.
    -—¿Cuál? -—preguntó Ox Ford con "científica" curiosidad.
    Gillian carcajeó de manera cínica, el muchacho parecía inocente, pero no tanto. -—¿De verás quieres saberlo? Antes... Dime, técnico de Shibusen... ¿Sigues siendo... virgen?
    -—¡Queeeeé! —-La piel de Ox Ford se puso roja a más no poder. -¿De qué... de qué hablas?
    -—¡Vaya! Con que sigues siendo virgen, eso lo explica todo... jajajajaja ¡Virgen! ¡Virgen! ¡Virgen! Jajajaja
    —¡Eso no te importa, bruja tonta!
    -—¿De qué se ríen sin mi permiso? -De pronto, alguien les había interrumpido. Black Star había entrado a la tienda de campaña. Tsubaki no estaba con él, pero llevaba una daga en su cinto. Ox Ford miró el arma y sintió escalofríos. Black Star sonrió cínico y...
    -—Yo les daré de qué reír. ¿Por qué una bruja no puede ser guapa e inteligente? Porque sería como yo jajajajaja.
    A Gillian se le escurrió una gotita. -—¡Qué pésimo chiste! -—luego bufó.
    -—Tú no decías tampoco nada gracioso, bruja. -—respondió el ninja.
    -—No, pero tu amigo sí. -Gillian señaló a Ox Ford y el color rojo volvió violentamente a sus mejillas.
    -—¡Basta ya, bruja... tonta! -—Exclamó indignado Ox Ford.
    Black Star se cruzó de brazos. -—Pues, eso no es un chiste, es una tragedia. No tienes derecho a burlarte de eso.
    -—¡Cállate Star-baka! -—Exclamó indignado Ox Ford.
    Gillian los fulminó con la mirada. -¿En qué se parecen los dinosaurios a los técnicos inteligentes? En que los dos se extinguieron hace mucho.
    Black Star rió. -—¿Por qué las brujas no llegan a la luna en su escoba? Porque todavía no terminan de barrer la tierra.
    Gillian le respondió. -—¿Cuánto tarda un técnico de Shibusen en cambiar un rollo de papel higiénico? No lo sabemos... Nunca ha pasado.
    Black Star sonrió. ¿En qué se diferencia un ET de una bruja? El ET por lo menos intenta venir en son de paz.
    Gillian contestó. -¿Por qué los técnicos de Shibusen no cogen la enfermedad de las vacas locas? Porque esta enfermedad afecta el cerebro.
    Black Star siguió. -—¿Cuál es el mes en que las brujas fastidian menos? Febrero, porque sólo tiene 28 días.
    Gillian... -—¿Por qué los técnicos tienen la conciencia limpia? Porque no la han usado nunca.
    Black Star... -—¿Cuál es el peor enemigo de una bruja? El espejo.
    Gillian... -—¿En qué se parecen los técnicos de Shibusen, los olímpos y los humanos a los caracoles? ¡En que son rastreros, babosos y, encima, se creen que la casa es suya!
    Black Star... -—¿Por que las brujas se ponen medias? ¡Porque sólo saben meter la pata!
    Comenzó entre la bruja y el técnico una guerra de chistes sin sentido. Ox Ford les miraba para entender cómo habían llegado a tan penosa situación, hasta que nuevamente se habían metido con el tema del principio.
    -—¡Ya les dije que no soy vírgen! ¡Y sí lo soy, qué les importa! ¡No tiene nada de malo esperar a la chica adecuada!
    -—Bien, cómo sea. -—dijo Black Star. -—Pasemos a cosas importantes. Escucha bruja, no lamentó lo que te hice, pero sí agradezco que hayas salvado a mi amigo, por eso te ofrezco lo siguiente...
    Tsubaki, al escuchar gritos, fue a verificar qué pasaba. Miró molesta a Black Star, éste le había prometido que no interrogaría a la bruja. Ella se acercó con la excusa de haber escuchado gritar a la prisionera.
    -—No fui yo. -—se quejó Gillian. -—Fue el virgen acá.
    -—¡Qué no soy virgen! -le riñó Ox Ford. -¡Tampoco grito como bruja!
    -—¡Las brujas no gritamos! ¡Nosotras hacemos gritar!
    Black Star tomó las riendas de la conversación. -—¿Cómo ahora? Eso sí que me consta. -—Gillian lo miró con atención.
    -—¡Al grano! ¿Qué quieres, asesino?
    Tsubaki miró con reproche a su técnico. -—Sí, ¿Qué estás haciendo, Black Star? -—El peliestrella sonrió.
    -—Escucha, bruja, te ofrezco el siguiente negocio. Tú sabes si lo aceptas o no. Llévame con tu famosa Baba Yaga-sama y yo te protegeré de quién quiera hacerte daño, incluso de Shibusen.

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    Norte de Hiperbórea, Katastolí

    Sólo se podía llegar por mar a la prisión más alejada y fortificada del mundo, Katastolí. La cárcel era un país formado por diversos conjuntos de montañas. Los edificios estaban construidos como si fuesen gigantescas estalagmitas de hielo y roca, incluso se confundían con las montañas. Estaban esparcidas de manera irregular y la nieve las ocultaba. Reinaba alrededor el frío y la oscuridad.
    Death de Kid llegó a las costas en bote. No venía compañado de Liz ni Patty, sino de dos ex colegas de nombres Agatone y Aglaia; los tres se habían conocido cuando Kid fue un Syllékti y ellos skechers. El trío venía cubierto con capas muy gruesas, hechas de cabello de animales de fuego. Death the Kid estaba cubierto con una bromosa capa negra, el de sus colegas era café, como correspondiera a los militares de Anfictíone para camuflajearse. El frío al norte de Hiperbórea era mortal para la mayoría de los seres vivos, siendo ellos dioses o semidioses tenían más ventaja para aguantar las bajas temperaturas.
    Cuando Kid pasó a ser agente de Shibusen, Agatone y Aglaia formaron parte del fuerte de seguridad de Anfictíone, los Conspergitur scuta. La relación con sus ex camaradas era más formal que en Shibusen, pero no carente de empatía. Kid todavía mantenía contacto con algunos de ellos. Frecuentaba más a Agatone y a Aglaia cuando regresaba a Hiperbórea. Agatone era un muchacho enorme, rubio, de ojos verdes y semblante gentil; como skechers, se transformaba en distintas armas de combate militar. Aglaia era también rubia, de cabello corto al estilo militar, ojos cafés y sonrisa astuta, ella podía ser tanto técnico como arma. Los dos conocían a Kid desde que era niño, es más, a la edad de nueve años había sido su líder.
    Cuando arribaron a las costas, todavía tardaron en llegar al Tártaro, la alcaldía de Katastolí. El Supremo sabía que Kid visitaba la cárcel, pero lo que no sabía es que el joven Death se saltaría algunos protocolos, para interrogar con más libertad a las brujas que lo habían atacado. Ese día, sólo el alcalde, el dios Zarek, sabía de su visita y nadie más tendría que enterarse. Kid y su grupo fueron recibidos por Odell, su asistente personal, y los hizo pasar por unos túneles secretos.
    Kid estaba alerta. Odell le explicaba ciertas situaciones que le parecían extrañas.
    -—Los "huevo de kishin" han ido en aumento. Es como si los humanos y demás seres con inteligencia optaran por la locura. El mundo es un recipiente donde las alimañas más venenosas están atrapadas y se devoran entre sí. ¿Con qué fin? No lo entiendo.
    -—Lo sé. -—le respondió Kid. -—El trabajo aumentó desde la liberación de Asura.
    -—No diría eso. -—respondió Odell. —-El Supremo y el Consejo lo dicen. Pero mi maestro y yo sabemos que este problema tiene años.
    -—¿Años?
    -—Sí. Muchos dioses se han corrompido, por alguna u otra razón. La diosa Selene, por ejemplo, la luna que antes viera por la seguridad del mundo, contra las fuerzas oscuras, cayó. Ella ha ayudado a expandir la locura por todo el mundo.
    -—Eso fue hace mucho tiempo. Selene está hecha de cristal y roca ahora. -—dijo Kid.
    -—Sí, pero no es menos peligrosa. Su sonrisa no los recuerda cada noche. Cuando ella está en face llena, nos multiplica el trabajo.
    -—¿Han tenido problemas con Asura? -—interrogó Kid.
    -—No, por el momento no. Irónicamente, la cárcel hecha de sangre negra y el alma de shinigami-sama lo han mantenido dormido. La dama Proserpina diseñó la jaula, con la red de anti vibración de ondas de locura, con inteligencia. Nada parece perturbarlo. Como un feto en el vientre de su madre. -—Odell trataba de no sonar impertinente. -—Lord Shinigami debió confiar en nosotros. No es un reclamo. Entendemos la situación. Pero, el mundo es muy grande y nadie puede solo con él. En el Tártaro apoyamos a Lord Shinigami, me atrevería a hablar también por mi maestro, incluso, lo haríamos sin preguntar.
    -—Se lo agradezco. -—respondió Kid.
    -—Mantenga los ojos muy abiertos Lord Aidas. Esta conversación, jamás ocurrió, pero usted ya sabe cómo pensamos. Nosotros conocemos cuan importante a sido la tarea de Shibusen. Otros también y por ello se sienten amenazados.
    -—¿Quiénes se sienten amenazados por Shibusen?
    -—Los enemigos con antifaz de amigos abundan en Hiperbórea.Tenga cuidado, Lord Aidas.
    Siguieron andando por horas, hasta que el Tártaro les abrió sus puertas subterráneas.
    La vida bajo tierra era más oscura de lo que recordaba. En toda su vida, era la tercera vez que visitaba directamente el Tártaro. Sus compañeros también se sentían agotados, pero en ellos era más evidente. No obstante, mantenían el buen humor hablando de temas triviales, como la pesca, los torneos que se perderían y sobre asuntos amorosos... Celoso como un hermano mayor, pero también feliz, se había enterado que Agatone estaba enamorado de una de sus armas... de Liz...
    -—Cobarde. -—se quejaba Aglaia con su grave voz. -—Lo que pasa es que no quieres enfrentar la furia de su Alteza. Te hará morusa, si intentas coquetearle.
    —-También eso. No me atrevó a pedirle una cita. Tampoco ella parece tener un carácter dócil.
    -—En eso tienes razón. —Le interrumpió Kid. -—Es una chica de armas tomar.
    -—Aidas... es decir, Alteza. —se sorprendió el muchachote.
    -—¿Qué te dije de las formalidades? Sólo úsalas cuando estemos frente al resto de la Orden.
    Aglaia suspiró cansada. -—Kid. Yo no dejaría que fuera a buscar a mi compañera. Es un despistado que a veces suele perder la cabeza.
    -—¡Aglaia! Kid, no es lo que piensa ella. Yo respeto mucho a Liz. La admiro. No le faltaría.
    Kid le sonrió. -Regresando a Anfictíone hablamos, pero primero tienes que ir con Liz. Es mi protegida, pero no por ello la obligaré a hacer algo que no quiera.
    -—Sí, lo entiendo... ¿Ir primero con Liz?... -—Agatone sonó asustado. Aglaia rió a carcajadas.
    -—¡Kid! Pero, ¿qué le digo a Liz?
    El shinigami se alzó de hombros. -—Eres un joven muy cultivado e inteligente, ya se te ocurrirá algo. Si algo valora Liz es a la gente ocurrente.
    -—¿Aglaia?... ¿Tú eres mujer, cierto? -preguntó Agatone.
    -—¿Apenas te das cuenta? Antes de ver a Liz, mejor hazte un examen de la vista. No sea que la vayas a confundir.
    -—¡No! ¡No quise ser grosero! ¡Rayos!... Sólo quería pedirte un consejo... No sé tratar con mujeres bajo otras circunstancias.
    Entrando al Tártaro. Kid recordó ahora a Chrona. En Hiperbórea su perfume de rosas era más poderoso y seductor, lo abrumaba. También su recuerdo era más nítido. Dejarse llevar por ella era como arrojarse en caída libre hacia lo desconocido... La amaba...
    Después de pasear por los jardines de Malóforos y visitar a Ragnarok, la llevó a conocer el palacio, fue así que llegaron al salón de baile. Este era amplísimo, de color blanco, con acabados dorados y flores frescas decorando los pilares y las amplias ventanas. La luz del sol descansaba sobre sus espejos, su lustroso piso y los elegantes candelabros de cristal que colgaban desde los techos. En sus bóvedas había pinturas de paisajes paradisíacos, con ángeles y nubes aterrizando sobre ellos. No recibiría bailes en sociedad por un tiempo, pero se encontraba esperándolos con alegría. Era una habitación que irradiaba soledad y a su vez tranquilidad.
    -—No, está bien. -le dijo la pelirrosa. -No sé bailar ¡No sé lidiar con eso! ¡Además no hay músicaaa!
    -—El baile es la música hecha visible.- le dijo tras tomarla de la mano y jalarla hacia él. -Y... vamos a cambiar unas cuantas frases. Cada vez que quieras decir "no sé lidiar con esto", en lugar de eso, dí "sé lidiar con esto".
    -Muy bien... Sé... sé lidiar con estooo...
    Kid la arrastró hacia él otra vez y la tomó de la cintura, obligandola a disminuir más la frontera que existía entre sus cuerpos. La ropa era lo único que los separaba, pero eso a él no le impidió sentir su ligereza ni sus temblores. Se imaginó sentir su cuerpo desnudo bajo él, cubrirla con su calor y calmar sus miedos con besos. -—Todo está bien. -—le dijo. -—Sí tropiezas, no caerás, aquí estoy para sostenerte. -—Chrona estaba muy sonrojada, pero valientemente le había mirado a los ojos. -—¿Y si te piso? —le preguntó con miedo. Kid rió. -—Pisáme todo lo que quieras. Bailaré contigo aún cuando me quede sin pies. -Él le sonrió, ella despertaba muchas cosas en su corazón, entre ellas, ternura. -—Eso no tiene sentido. ¿Cómo bailarás sin pies? -—le respondió Chrona. Ella no se había dado cuenta, pero Kid ya la movía a su son de vals. -No se trata de bailar por bailar. -él le respondió. -—¿Entonces de qué? -—preguntó curiosa la joven.
    Kid amplió su sonrisa y aceleró el paso. Chrona se sorprendió por la agilidad que él tenía para guiarla, hacerle dar vueltas y sostenerla sin que se sintiera débil. -Se trata... -—intentó responderle el shinigami. -—De pasarla bien con alguien. Compartir el movimiento, el suelo, el aire... la alegría... De eso se trata. -Chrona mostró tristeza.
    —No lo sabía. -—dijo. -—Había quienes me invitaban a bailar. Pero me escondía.
    -—No te sientas mal por eso. -—Le dio otra vuelta a Chrona y la hizo reír, y con agilidad la regresó a sus brazos. -—No sabías que podías compartir con alguien un momento así. Ahora ya lo sabes. "Hay un poco de locura en el baile, que hace a todo el mundo mucho bien", lo dijo un tal Edwin Denby.
    Chrona lo miró con asombro. -—¿Crees que la locura es buena?
    A Kid también le sorprendió escucharlo. Lo pensó unos segundos y, después, aumentó la velocidad de sus pasos sin soltar a Chrona, quien ya había entendido que tenía que sentirse ligera para seguir el ritmo que él le marcaba. Eso le satisfacía, sabía que ella confiaba en él.
    -—Sí. -respondió. Tenía deseos de expresarle toda una enumeración de motivos. Pero... se quedaba sin aliento y tal vez la joven no le creyese en ese momento.
    -—¿Cómo puede ser?
    Kid quiso responderle "Por qué de no ser por la locura, no estaría enamorado de ti, y, por lo tanto, no sería tan feliz cómo ahora"... Pero lo pensó mejor, era un insulto, ¿Acaso amarla era una locura? Su sano juicio le decía que sí, incluso, le recordaba que lo que sentía no era real, el encantamiento tarde o temprano finalizaría. Sintió dolor en su pecho.
    -Sí. —-repitió, ahora con firmeza. -—Puede ser, porque, "Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por el alma ¿Qué valdría la vida?"... Lo dijo Jacinto Benavente. -—fue lo único que se le ocurrió responder.
    Ambos se detuvieron. Chrona lo miraba indescifrablemente. Kid sintió su confusión y trató de disiparla, observándola primero, sin embargo, al mirarla más de lo que correspondiera, leyó su alma y pudo ver...
    Por años, algo hermoso se ocultaba en su interior; como un árbol de frutos clandestinos creciendo bajo las sombras; "ese algo" se había hecho de una belleza y un valor únicos. Todo este tiempo había sido alimentado de amistad, bondad, sinceridad y templanza. Era el tesoro y el secreto más querido de Chrona. Lo más asombroso era que él había provocado que naciera en su alma... Lo que escondía Chrona, era amor... Chrona había sentido todo este tiempo amor por él.
    Kid abrió los ojos con asombro. Había quedado pasmado. La joven entendió que la había descubierto. Avergonzada, desvío su mirada y se dispuso a correr. Pero él la sujetó de la muñeca.
    Chrona no quería mirarle. Estaba muy sonrojada. —-No tiene lógica tu respuesta en la vida real. Es... es falsa... Los poetas nunca dicen la verdad. -—refiriéndose al tema anterior, para evitar que le preguntara sobre lo que había visto en ella.
    -—Pero veo que tiene mucho sentido para ti. -—le respondió. -Increíblemente, también para mí. No la soltó. La acercó más a él y le tomó de la cintura. Nunca se había aferrado a nadie como lo hacía con ella.
    Chrona se resistió, quería irse, fue como si toda la verdad que los hubiese perseguido desde Death city los hubiese alcanzado; él leyó en sus ojos, ahora claros como un cielo despejado, que ya no podían evitarla. Ella se sintió avergonzada, el beso en su mano y las palabras compartidas no debieron suceder. ¿Qué habían estado haciendo? ¡Eso no era un juego! Kid lo sabía también, pero él ya no quería huir ni prolongar el sufrimiento. Tomó el rostro de Chrona con delicadeza y la obligó a mirarle a los ojos. Percibió que ella halló en su mirada serenidad, era justo lo que quería transmitirle. Le sonrió con gentileza.
    -—¿Por qué no me hablaste de lo que sentías antes? Cuando eramos más jóvenes, tú...
    Chrona se sonrojó más, quería llorar, como si la hubiese pillado en algo indebido. -Me daba vergüenza... Es que... es que tampoco sabía qué era... sólo sabía que se sentía muy bien, muy cálido... me daba miedo que me odiaras.
    —-¿Por qué pensaste eso?
    -—Eres el hijo de Shinigami-sama y yo... Medusa era mi madre. Tú la odiabas.
    -—Eso era antes. Era a ella a la que no perdonaba. Tú no tenías nada que ver con eso.
    -—Para mí siempre fuiste perfecto, todo lo que yo jamás sería, por eso te admiraba. ¿Cómo alguien como yo aspiraría a ser tu amiga, después de haber querido destruir todo lo que amabas?
    -—Pero no lo hiciste. ¿Cuándo fue que comenzaste a sentir... eso por mí?
    -—Fue cuando hiciste la fiesta en Executor y me invitaste por primera vez. Notaste que estaba muy nerviosa y tú te acercaste con una sonrisa y me dijiste que podía acoplarme a mi ritmo, que nadie escaparía de mí... Tú no lo hiciste nunca. Jamás me había sentido así... tan segura de mí... Siempre que tenía dudas, te recordaba y mis miedos se iban.
    Kid estaba asombrado por la confesión. Todo este tiempo ella había estado enamorada de él. No estaba seguro de cuál hubiese sido su reacción. Mas, no dudaba en considerarlo e incluso de obsesionarse con ello. Lamentó mucho, por primera vez en su vida, haber perdido el tiempo en no verla, en dedicarle más saludos, palabras o atenciones. Él también la buscaba, él también no estaba seguro de por qué alguien como ella le cautivaba, tuvieron que pasar años para entenderlo.
    Chrona quería evitarle la mirada. —-Era mejor que no lo supieras. Ni siquiera sabías si era mujer u hombre en aquel entonces. Eso era muy gracioso. Y Ragnarok... Él siempre fue muy celoso. Además, las demás chicas decían que era grotesca. Tenían razón.
    -—¡Eso es una vil mentira! ¡Jamás fuiste así! ¡Jamás! -—Kid había mostrado mucha molestia.
    Ella intentó safarse, pero Kid no la soltó. Chrona lo miró más confundida. Kid no estaba seguro de qué decir o hacer, sólo sabía que no quería que ella se alejara. Chrona le amaba, le amaba desde hace mucho tiempo. Tenía qué hacer algo, decir algo, pero ¿Qué?
    Kid fue acercando su rostro. Chrona tembló y le dijo -—No hagas algo de lo que te arrepientas, por favor...
    Kid se sentía triunfar, sus labios estaban más cerca. -—Ya me arrepentí lo suficiente. Debí hacer esto, hace ocho años.
    Tuvo miedo al principio, siempre sucedía algo cada vez que intentaban acercarse: Ragnarok, Black Star, la cordura... mas, ya no soportaba no formar parte de ella. Pronto, Kid llegó a dónde deseaba. Atrapó con un beso los labios de Chrona. Eran suaves, cálidos y dulces; carnosos y anhelantes de él. Imaginaba su tacto, moría por sentirlo y ahora lo acababa. Chrona se estremecía en sus brazos, como una rosa sacudida por la brisa. La abrazó, aspiró su dulce perfume y fue profundizando su unión. Kid supo que la amaba... la amaba... y sólo ella podía terminar la tormenta desatada en su alma. Mientras la besaba, el placer se enraizaba como bugamvilia por todo su cuerpo; muerte y vida bailaban al compás de su corazón; la locura azoraba toda lucidez y el deseo se acunaba en sus entrañas.
    Cuando se separaron, para tomar aire, por un momento creyeron no reconocerse. Estaban sonrojados y extasiados. Kid había vuelto a besarla, ahora con más urgencia. Chrona cerró sus ojos una vez más y rodeó su cuello con sus brazos. Ese gesto lo llenó de dicha. Sus respiraciones se aceleraban. Sus almas aspiraban escapar de sus cuerpos y formar una sola llama. Kid tuvo que romper con el beso, de lo contrario, terminaría por arrancarle el vestido y hacerle el amor allí mismo. Sintió la debilidad de Chrona y la sostuvo.
    Ella lo miró. Sus ojos ahora habían adoptado un hermoso color violeta. Sus mejillas estaban rojas, pero no tanto como sus delineados y carnosos labios. Kid los rozó con su boca y ella le besó con dulzura. Bailaron nuevamente, esta vez, como si fuese una pieza romántica. Él susurraba una canción, mientras la guiaba. Chrona sonreía y lloraba al mismo tiempo. Kid sintió sus lágrimas. -—Chrona. -—le dijo. La muchacha no le miró, se aferró a su abrazo. -—Chrona. -—la obligó a mirarle. -No quería herirte...
    -No lo hiciste. -le dijo. —Es que nunca me había sentido así, este sentimiento es complicado, es tan caótico y tan excéntrico; duele que lo conozcas y a la vez... da paz que ya no tenga que esconderlo. No sé lidi... —la muchacha se detuvo, quería decir lo que había prometido, pero le costaba trabajo.
    —¿Cómo se lidia con la felicidad cuando es mucha?
    —Yo tampoco lo sé muy bien. —le respondió y volvió a besarla, esta vez con más delicadeza. —Aprenderemos juntos. Aprenderemos juntos, sobre la marcha. Tus sentimientos son ahora los míos.
    Los siguientes días fueron cortos, pero muy divertidos. No habían podido dejar de buscarse las miradas o de acariciarse los meñiques a escondidas; se habían vuelto adictos a los juegos de guiños y coqueteos, aunque tenían que ser discretos. Kid había notado que su madre los vigilaba como si fuesen niños, eso le daba risa, pero a Chrona la ponía nerviosa, aún podía observar la duda y el miedo en ella.
    Él también sentía miedo y confusión. Se suponía que un shinigami sólo podía enamorarse una vez en la vida. ¿Qué era, entonces, esto qué sentía? Su razón le respondía que era producto de la sangre negra. Pese a que había recibido atención inmediata, la invasión era irreversible. La sangre negra afectaba la percepción de la realidad, alteraba las emociones y provocaba que el alma fuese incapaz de reencarnar. Esto último sólo sucedía en casos extremos, cuando la infección estaba demasiado avanzada; si tomaba malas decisiones, nada garantizaría que no fuese así a futuro.
    Entendía porque sus padres estaban preocupados, él también lo estaba. Incluso, podría estar cayendo en una trampa gracias a esta enfermedad. Mas, no podía dejar que el miedo lo dominase, necesitaba estar sereno, precisamente, para cavilar sobre lo que pasaba y percibir mejor los hechos. Únicamente, sus sentimientos por Chrona hacían que perdiera la cordura, pero ahora, con la confesión de la joven, comenzaba a aclararse todo. Lo que había sentido por Mirara ya no le preocupaba en absoluto, sólo tenía sentido el "aquí y el ahora". Chrona era su presente y su futuro... La amaba... saber que ella sentía lo mismo, lo hacía sentir el ser más feliz del planeta.
    En la penúltima noche que la vio, la acompañó a su alcoba para despedirse. Gerbera los miraba con desaprobación, pero a él no le importaba. Gracias a la intervención de Azucena y Lilis, que habían tirado algo dentro de la habitación, la distrajeron y fue cuando pudo robarle un beso en los labios. Chrona había quedado sorprendida.
    Alcanzó a susurrarle con una sonrisa. -Te veré en el baile. Cuando terminen los juegos. -y volvió a besarla. Amaba el contacto de su boca. Desapareció como un fantasma a ojos de Gerbera, haciendo un ¡puf!, cuando los hubo pillado.
    -—¡Ah! ¡El príncipe! ¡Hablaré con la reina al respecto! ¡Esa conducta no es aprobatoria! -se quejó.
    Kid estaba furioso consigo mismo. Nunca antes había roto una promesa, ¿Por qué tenía que hacerlo justo ahora? Se despidió de Chrona como un cobarde.
    "Chrona lucía linda y sonriente mientras dormía. Kid también sonrió con ternura, era la primera vez que observaba que ella durmiera bien, sin temblores o pesadillas acosándola. Deseó con todo su ser poder reposar a su lado y proteger sus sueños. Trabajaría mucho en ello, incluso si eso significara alejarse..."
    Sin embargo, tenía que ser así. No permitiría que nadie dañara a su padre, ni a su madre, ni a los países que ellos protegían, ni mucho menos que dañaran a Chrona. Algo pasaba frente a sus narices y ellos no eran capaces de percibirlo. Tenía que interrogar a las brujas, necesitaba tener la completa versión de los hechos, antes de actuar. En cuanto a Chrona, para él no había marcha atrás. La protegería y estaría a su lado, aunque el hechizo acabase, él no podría dejarla sola. Su madre lo sabía.
    —-¡Gerbera te vio besarla! y no sólo ella, Lilis y Azucena también. Liz y Patty podrán encubrirte, pero a mí no me haces tonta, Kid.
    El shinigami no decía nada. Siempre era mejor que su madre terminara de hablar para que se desahogara, tuviese razón o no. Luego, tras escucharla, él decidiría qué decir y hacer. En este caso, sí se sentía culpable, pero no iba a cambiar de parecer.
    -Lo que sientes, lo que percibes, lo que te llama la atención puede ser que no sea real. Chrona no tiene culpa de quién es ni de lo que hace, no es conciente de ello. Pero tú sí. Se irresponsable contigo mismo si mi preocupación no te conmueve, pero entonces, no le rompas el corazón a esa joven.
    Kid la miró. Proserpina asintió. -—¿No te habías puesto a pensar en ello? Tu enamoramiento puede ser una ilusión, pero el de ella, no. Cuando se pase el efecto en ti, ¿Cómo crees que lo tome? ¿Así como te rompieron el corazón, se lo romperás a ella? Entre los mortales eso puede ser un juego muy didáctico, aprenden a conocer el dolor que producen las emociones, por ello se vuelven más sensatos; pueden volver a enamorarse, si así lo quieren. Lo que compensa su mortalidad es el olvido. En nosotros los inmortales y los semidioses no es tan sencillo. Ella no es mortal, lo sabes.
    Kid cerró los ojos con culpabilidad. El dolor en el pecho creció. Dolía justo en la herida que le había hecho Chrona, cuando ocurrió esa noche de locura, bajo la lluvia... La recordó... Estaba seguro que se dejaría matar por ella, otra vez.
    -—¿Lo sabes? -insistió su madre. -—Si no actúas por empatía, actúa por prudencia. Tu padre y yo no te hemos educado para que seas irresponsable y cruel.
    Kid no estaba molesto con su madre, sino consigo mismo. Era la primera vez que Proserpina lo dejaba sin argumentos razonables. —-No puedo alejarme como tú sugieres. -—le respondió. -—No puedo regresar a Shibusen y dejar a Chrona contigo, menos después de lo que has señalado. -dijo tajantemente.
    -—¿Qué se supone qué harás, entonces?
    -—Dije que me haré cargo de Chrona y lo haré.
    -—¿Cómo se supone que harás eso? -—preguntó molesta.
    Kid suspiró y miró el techo de su habitación. No sabía qué responder. Antes, todas las respuestas lógicas acudían a su cabeza sin ningún problema, para sacarlo de aprietos, ahora eso no sucedía. Sólo sabía que algo distinto regía sus acciones. ¿Era acaso la locura? ¡La sangre negra? ¿O algo más?... La amaba... No se sentía dueño de su voluntad en absoluto. Caminaba por un valle oscuro con la vista borrosa.
    -—¿Una causa lleva a la otra? -preguntó Kid. Proserpina no le entendió. -Mi palabra forma parte de mi alma. -—comenzó. —Lo que corre por mis venas no tiene porque afectar mi promesa. Me haré cargo de Chrona, porque así, hace mucho tiempo, lo decidí.
    Proserpina conocía el significado de esas palabras. Eran las mismas que le dijera Shinigami-sama cuando ella le rogó que dejara a Hermes, cuando creyeron que ya no podrían salvarle. Como siempre, entendió que no lo convencería de hacer lo que ella deseaba. Kid se le acercó, la abrazó y le besó la frente.
    —No te prometo que todo saldrá bien. Esto está fuera de mi poder. Pero sí te prometo que tu hijo no hará nada que vaya en contra de quién es, le has enseñado muchas cosas buenas, eso jamás lo olvidará... Te amo, amo a padre, amo a Liz, a Patty, a mis dos hogares... Y amo a Chrona, pese a la ilusión, mi corazón lo siente real y eso no lo puedo ignorar. Ella ya forma parte de mí y haré lo que mi naturaleza me dicte.
    —No lo entiendes.—riñó Proserpina y se deshizo de su abrazo. —No se trata de seguir con tus valores, es del peligro que corres. La sangre negra es también una bomba de tiempo en tu cuerpo. Podrías transformarte en un Dios oscuro como Hermes. Lo sabes.
    Kid ya no estaba alterado, le sonreía con ternura y serenidad. Tenía que conservar la ecuanimidad, era su labor. —Sí, sí se trata de eso, mi vida depende de qué tan coherente soy conmigo mismo. Debo tener cuidado con mis decisiones y con los demás. Por ello no puedo dejar a Chrona. No como sugieres.
    —Chrona es un peligro para ti. Estás atrapado por su poder, pero eso no lo puedes ver.
    —Ella me ama. Lo vi en su alma. Ese amor también la puede herir. Soy responsable de él... No es un sentimiento fugaz, se ha fortalecido, pese al tiempo y la distancia. Nunca lo supe. Ella no era capaz de reconocerlo, sólo lo atesoraba, era su secreto más profundo. De haberlo sabido antes...
    Proserpina estaba confundida. -¿Ella ya te amaba? ¿Incluso antes de todo esto?
    —Así es. No se trata de mí solamente. Ese amor... no puedo permitir que sea destruido. Ese amor la ennoblece a ella y me ennoblece a mí.
    —Eso no puede ser. -reiteró Proserpina. -Kid, las brujas no pueden amar. Reitero, lo que sientes y crees percibir es producto de la sangre negra.
    —Un shinigami puede amar sólo una vez en la vida, pero amo a Chrona... Lo que soy o estaré destinado a ser, depende de ella. Lo mismo le sucede, su destino depende de mí. No puedo fallarle.

    El Tártaro estaba cerca. Odell los condujo por diversos escalones y elevadores para llevarlos con su maestro. Frente a una de las entradas principales, un bulldog gigante, de tres cabezas y de color negro, les recibió con feroces ladridos. Los compañeros de Kid mostraron cierta tensión, porque el animal se portaba agresivo, pero no tardaron en tranquilizarse al observar que el animal únicamente se mostraba sumiso frente a Kid, todavía el shinigami se le había acercado para que este le lamiera cariñosamente la mano.
    —¿Cómo estás Cerberus 01? ¿Ha pasado tiempo, no? -el perro se giró para que le rascara la panza. Kid lo hizo y el animal sacudía la patita trasera con gracia, ya no se veía tan feroz.
    —Ha sido un buen guardián. Aunque sospecho que aún extraña a su señor padre. —le dijo Odell.
    Kid sonrió y continuó su marcha. Los caminos largos permiten que la mente se abra a los recuerdos del pasado y a las expectativas del futuro. El shinigami sentía por el pasado añoranza y pesar, y por el futuro ansiedad y esperanza. Se entremezclaban los recuerdos con Chrona con algunos que explicaban su visita a ese lugar.
    Chrona reposaba en su pecho mientras él leía en voz alta algunos poemas. Estaban bajo la sombra de un árbol, aquel día había algo de sol. Kid pensó sobre qué efímeros eran los buenos momentos... Horas después, la luz que les iluminaba, durante el atardecer, se filtraría también por las ventanas del salón de Malóforos, donde un espía de su madre les informara sobre los planes del Supremo... Proserpina, Cloris y Céfiro se mostraban alarmados por la noticia.
    —¡Quemarán a las brujas! -dijo el espía.
    —¿Cuándo? -preguntó Kid.
    —Lo más pronto. -respondió el hombre cubierto con vendajes color verde con café. Sus ojos eran amarillos y llevaba joyas en cuello y brazos. Parecía una extravagante momia, pero pertenecía a uno de los mejores clanes de ninja del mundo, además trabajaba exclusivamente para los Eleusys y los señores del Tártaro.
    —Su tío, Lord Zarek, sólo le dará tres días para que pueda ir a interrogarlas de nuevo. El Supremo ha ordenado la ejecución masiva de todas las prisioneras enemigas. -añadió el shinobi.
    -—¿Tres días? -—preguntó Proserpina. -—Es ridículo, es lo que tarda un viajero en llegar allá.
    Cloris habló. -—Alteza. Eso debe ser verificado. Las brujas son prisioneras de Anfictíone. El Supremo no puede dictaminar sentencia. Ellas no están sujetas a su ley, hasta que sean juzgadas por nuestra real corte.
    Propserpina asintió. —-Me temo que nuestro Supremo ha decidido ignorar nuestras leyes. Hay que reclamar. Si permitimos esta falta de respeto, daremos señal de debilidad. Céfiro...
    El hombre hizo una inclinación y salió del salón.
    -—Céfiro mandara aviso a reunión. Esto no puede tolerarse. ¿En qué está pensando Jeuz? -—exclamó Proserpina.
    Kid también se preparaba para partir. Proserpina lo detiene. -—¿A dónde crees que vas?
    Su hijo le sonrió. -—Si parto solo en Belcebú lograré llegar antes. -le respondió. -—Podría llegar en un día si nada me detiene. Usaré la transmutación y algunos túneles de Aeolos.
    -—No irás a ninguna parte. -—ordenó la reina. -Todavía estás en observación. La sangre negra es inestable en tu cuerpo y no has hecho mucho para favorecer tu salud. -—Kid sabía que lo decía por Chrona. Recordó como ella le miraba sonriente, con su vestido blanco con encajes.
    -—Estoy repuesto. Estuve trabajando en las recolecciones. Sigo siendo muy eficaz. Un viaje al norte no me hará daño.
    -—¡Qué bonito! Rechazas la invitación de tu tía Juno a su fiesta, pero estás listo y puesto para ir a Katastolí.
    -—Sabes que algunas de mis preferencias son algo extravagantes. Además, prefiero la compañía del tío Zarek. -—respondió de broma.
    Proserpina se estaba molestando más. -¡Sí que me doy cuenta de tus extravagancias! ¡Déjenos! -ordenó la reina a Cloris y al ninja.
    —-Quemarán a las brujas. -—comenzó a decir Kid. -—Todavía no he terminado de interrogarlas. Ellas saben más de lo que imaginámos. Saben por qué Baba Yaga regresó y lo que busca de Chrona. También dónde podemos encontrarla, salvaríamos a Soul y a Maka.
    Proserpina lo entendió. -—Posiblemente tus amigos ya estén muertos. Baba Yaga no toma prisioneros.
    -—Maka está embarazada, hay posibilidad, la reina bruja jamás acabaría con una vida que recién emerge, es su única ley.
    -—A menos que represente una amenaza para ella.
    -—A Baba Yaga le conviene mantenerlos con vida. La amenaza será real si algo les sucede. -sentenció Kid.
    Kid hizo lo que consideraba correcto. Partió a Katastolí, pero no solo. Su madre se había empeñado en que le acompañasen sus ex colegas. No fue difícil hacer el viaje como planeaba. Transformados en armas, su compañeros viajaron por aire con él y luego por mar. Llegaron a tiempo.
    El frío y la oscuridad le hicieron recordar a Chrona. Recordó sus besos y su blanca piel, se estremeció tras comprobar lo suave que era. Bajo el árbol se había atrevido a pasar su mano por debajo de su falda y acariciar sus piernas. Chrona había temblando un poco, pero estaba dispuesta a dejarlo continuar.
    -—Partiré en unas horas. -—les había dicho a Liz y a Patty.
    -—Perfecto -expresó Patty . -—¿A dónde vamos?
    -—¿Tenía que ser ahora? Nos vamos a perder los juegos de mañana. -—se quejó Liz.
    -—¡Y el baile! -añadió Patty.
    -—No me acompañarán esta vez. -—les dijo Kid. Las Thompson lo miraron sorprendidas.
    -—¿Por qué? -preguntaron al mismo tiempo.
    -Iré a Katastolí. Quemarán a las brujas que intentaron secuestrar a Chrona.
    -—Pero... eso no lo pueden hacer. Son prisioneras de aquí. -señaló Liz. -—¿O tu madre dio la orden?
    Patty también se mostró consternada. -¿Qué todavía queman brujas? Pensé que eso sólo era en Salem, en la edad media.
    -—No. -aclaró Kid y no sólo por la imprecisión histórica de Patty. -—Harán la purificación de forma masiva. Es por orden del Supremo.
    -—¿Puedes hacer algo? -—preguntó Liz. Kid notó que había indignación en su voz. -No hay nada que se pueda hacer contra una orden de Jeuz. Incluso, está rompiendo con muchas reglas establecidas con Anfictíone y Katastolí. El Consejo se ha reunido para protestar al respecto.
    -—¿Shinigami-sama no puede hacer nada? -—preguntó Patty.
    -—No. Es neutral en esto. Lo que quiero pedirles es lo siguiente...
    Por el momento, Chrona estaba a salvo. Nadie en Hiperbórea sabía de ella. A menos que las brujas hubiesen dicho algo a militares del Supremo, entonces, sí que estarían en problemas. Jeuz era capaz de invadir Anfictíone sólo para apresarla, sobre todo, si descubría que era nieta de Baba Yaga. Liz y Patty entendieron la gravedad de la situación, por lo que no tardaron en saber qué hacer en caso de que el Supremo ordenara interferir en su país.
    -—Cuenta con eso Kid. -—le dijo Liz.
    -—Sí. Cuidaremos de Chrona y Ragnarok por ti. -añadió Patty con una gran sonrisa.
    -—Bien. -—dijo Kid. -—No intenten pelear contra los militares de Jeuz. Regresarán a Shibusen y entregarán esto a mi padre. -Le dio a Liz la carta.
    -—¿Kid? -—preguntó Patty. -—¿Verdad que tú y Chrona ya son novios?
    -—¡Ahhh! ¡Patty! -—se quejó Liz.
    -—Es que One-chan y yo apostamos a que ya lo eran. Yo dije que sí y ella dijo que aún están en eso... Pero, ¿verdad que ya lo son?
    -—¡Siempre tan chismosa! -—gruñó la mayor de las Thompson.
    Kid miró a las hermanas. —-Liz. —-dijo con seriedad. -Págale a Patty.
    -—¿Quéeee? ¡Entonces, perdí!
    -—Jajajaja... -—Festejaba Patty dando saltos. -—Te lo dije! ¡Te lo dije!
    Liz lucía asombrada. -—Pero... pero... ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿En qué momento? ¡Kid, esto lo tienes que aclarar!
    -—¡Se buena perdedora y paga! -—exigió su hermana menor.
    Kid cerró los ojos por un momento y otra vez recordó. "Su sonrisa fue sustituida por una expresión de tristeza. Se acercó sigilosamente a Chrona, le acarició los sedosos cabellos rosa y le besó la frente. Separando sus labios ligeramente de su piel le susurró: perdóname." Colocó su mano sobre su pecho. Justo sobre la herida. Su dolor aumentaba, a veces era leve, otras no. Era incapaz de entender qué significaban esos cambios. Proserpina tenía razón, no estaba repuesto, mas no podía dejarle a otros su misión.
    Zarek era el señor del Tártaro y gobernante de Katastolí. Era un hombre alto e intimidante. Una gran y espesa barba negra cubría la mayor parte de su rostro, no obstante, resaltaba la palidez de su piel como la profundidad de sus grandes ojos negros; estas eran características de los Eleusys. Zarek era primo de Proserpina, sus padres habían sido hermanos. Kid le tenía estima, pese a que era un tipo callado y serio, jamás había sido amable con otras deidades, más era un hombre justo, a su parecer. Kid era amable, pero tampoco era muy afectuoso con sus parientes en Hiperbórea, muchos no merecían tantas consideraciones.
    Zarek lo recibió en su salón personal, a diferencia de la cualquier deidad, era una estancia sobría y lúgubre, parecía más una amplia celda. Sólo había unos cuantos muebles rústicos, archiveros y su pesado escritorio de hierro con forma de huesos humanos.
    -—No tienes tiempo. -—le dijo Zarek a su sobrino. Lo que a Kid le gustaba de su tío es que era un hombre directo.
    -—¿Dónde están? -preguntó el shinigami.
    Zarek llamó a Odell y le ordenó que lo guiase. -—Termina tu interrogatorio. Ven de inmediato a mi oficina después. Hay algo de lo que debemos hablar. -—a voz del dios era fría e imperiosa.
    Odell guió a Kid hacia las brujas. Le siguieron Agatone y Aglaia.

    Continuará...
     
    Última edición: 17 Abril 2018 a las 8:44 PM

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