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Long-fic Fanfic - Lazos de aura

Tema en 'Pokémon' iniciado por RyoKurogane, 1 Julio 2017.

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  1.  
    RyoKurogane

    RyoKurogane Iniciado

    Miembro desde:
    1 Julio 2017
    Mensajes:
    3
    Puntos en trofeos:
    3
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Fanfic - Lazos de aura
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    18633
    Muy buenas a todos, me adentro a un nuevo terreno en donde poder publicar mis fics, con el único objetivo de obtener más opiniones y criticas referente al mismo; si te animas a leerlo, te aseguro no te arrepentirás ;)

    ¡Aquí comenzamos con Lazos de Aura!

    Capítulo 1:
    Familia

    El silencio rondaba... lentamente mis ojos comenzaban a abrirse solo para observar la costumbre de todos los días dentro de aquella pequeña y acojedora casa, a lo que simplemente comienzo a levantarme luego de un largo bostezo ante la monotoneidad que el mismo día figuraba para mí en aquellos tiempos, a la par que me restregaba ojo derecho por la misma actitud somniolenta que aún permanecía.

    A partir de aquí comienza mi historia... es algo obvio de pensar en el momento en el que lees estas palabras, pero no está de más recalcarlas; aquí comenzaré una larga aventura llena de incontables sentimientos y experiencias que enmarcaron mi vida completamente, los cuales presentaré en este libro.

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    Dentro de los muchos sucesos que ocurrieron en mi vida, la pronta o supuesta pérdida de mis padres fue lo primero que me marcó... apenas a mis siete años, la imagen de mi hogar envuelto en llamas fue lo que puso un antes y un después a mi vida, luego de suponer que mis padres murieron en aquel incendio debido a que nunca más los volvimos a ver... mientras que yo, siendo un niño apenas, fui cuidado por una amiga de mi familia luego de aquello.

    El transcurso de mi vida durante mi niñez no es del todo importante para este libro en específico a decir verdad; fue dura y tal, pero gracias al cuidado de aquella mujer que siempre tendré en mi corazón fue que pude salir adelante, y afrontar el mundo como debe ser.

    Cuando cumplí los quince años pude tener un trabajo, era simple... pero me ayudaba a subsistir por mí mismo y tener algo con que llevar el pan al estómago sin necesidad de exigirle más a la persona que me cuidaba. Consistía en transportar las mercaderías a las casas o negocios que los necesitaban, el pueblo donde vivía no tenía muchas personas de mi edad que digamos, la mayoría eran ancianos que cuidaban a sus nietos que apenas tenían la edad que tuve yo cuando perdí a mis padres, ya que los suyos tenían que trabajar en una ciudad lejana para poder sustentar a toda su familia, por ende, yo era la opción perfecta para el trabajo; tenía la suficiente fuerza y era capaz de soportar las cajas que me entregaban y siempre las dejaba en cualquier lugar que me dijeran... y desde aquel día, mi vida comenzó a adoptar aquella rutina de manera indefinida...

    Hasta que aquellos sucesos empezaron a ocurrir.

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    Era otoño, ya había cumplido los veintidós años en aquel entonces, los cargamentos habían sido entregados, por lo que el día lo tenía libre. Desperté tarde, ya que no suelo o más bien no puedo dormir mucho ya que, si bien no son muchas las cosas que tengo que transportar ni muy pesadas como para no soportarlas, pero eso sí, algunas de ellas eran muy grandes y tenía que transportarlas por un largo recorrido y a veces eran muchos los viajes al mismo lugar por lo que obviamente tomaba bastante tiempo.

    Al despertar tenía la vista de todos los días, mi hogar no era un lujo... pero tampoco era algo que despreciar, era bastante acogedora y había suficiente espacio para todo lo necesario, no fue sino hasta los diecisiete, una vez en que me acostumbré del todo a mi trabajo, cuando decidí crear mi propio hogar, aunque claro... con un poco de ayuda.

    Todo lo que está dentro, desde la pequeña mesita para comer hasta la cocina y el baño fue gracias a varios días trabajando arduamente entre algunas personas del pueblo y yo. Se requirió bastante dinero, y tuve que juntarlo día a día antes de decidir construirla, ya que en el momento en que comencé a trabajar, sabía que tarde o temprano tendría que comenzar a subsistir por mí mismo...

    La casa en si la construyó un carpintero amigo de mi padre junto conmigo, su nombre era Yuta, un anciano un poco mayor que la mujer que me cuidó, cuyos años ya comenzaban a pesarles para ese entonces, pero al igual que la última, este mantenía bien cuidadas sus energías, moviéndose y teniendo una vida mucho más activa que el resto de las personas de su edad. Él fue la persona que me ayudó a ser fuerte a las adversidades que se me presentaron... si bien no fue la persona que me cuidó, fue lo más cercano a un "padre" luego de la muerte del mío... me enseñó lo básico en conducta, y me ayudó a crecer fuerte físicamente en los trabajos que él hacía, ya que en mis tiempos libres cuando niño, me gustaba jugar con él e intentar ayudarlo cuando el mismo hacía trabajos de carpintería, obviamente haciéndolo fatal en los primeros casos, sin embargo, con el pasar de los años, incluso me convertí en un buen ayudante cuando el mismo anciano me necesitaba para algunas tareas.

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    El día así transcurría, no tenía nada que hacer en mi casa así que decidí salir a recorrer un rato el pueblo, ya que me sentía con ganas de ir a visitar a más de alguien a quienes ya mencioné; me visto en unos minutos, para después simplemente tomar una fruta y llevármela a la boca antes de salir de mi casa.

    Comenzaba a recorrer las calles, y pasados unos minutos, Hina es la primera con la que me encuentro... era una mujer de unos sesenta y tantos que no los demostraba para nada, sin contar su cabello negro levemente encanecido y las marcas de arrugas que cada vez se iban notando más y más en su piel; era muy activa en su tienda y siempre la notaba con una actitud entusiasta y alegre. Generalmente la visito a ella en específico, al fin y al cabo, fue Hina la que me crio cuando mis padres murieron; trabajaba en una pequeña farmacia en el pueblo, no era la única, pero digamos que era la más "influyente" en él ya que, junto con mi madre, eran muy hábiles en la creación de medicamentos a base de hiervas que se conseguían en un bosque no muy lejano al pueblo. Al pasar los años, gracias a ella pude tener un techo en donde dormir; además de aprender y educarme de la manera correcta, y el resto de cosas que mis padres no alcanzaron a hacer conmigo.

    No fue sino hasta que tuve la edad para poder trabajar, cuando decidí empezar a juntar el dinero para poder vivir solo, porqué fue en esa época cuando el nieto de Hina nació y sabía que tarde o temprano los problemas iban a surgir, ya que era otra boca que alimentar y a Hina no le sobraban las mismas energías que en antaño, aunque ella nunca lo quisiera admitir.

    Una vez que ya pude mudarme a una casa propia, Hina era y sigue siendo una de las primeras personas junto con Yuta a las cuales ayudo en los momentos en los que no trabajo.

    Esperaba ver el mismo rostro afable de mi segunda madre; sin embargo, me extraño cuando en el momento en que la veo, la percibo un poco preocupada a la vez que caminaba de regreso a su tienda.

    — ¿Estás bien Hina?, ¿Qué ocurre?— pregunté preocupado, a lo que Hina se exalta levemente luego de escuchar mi voz, para después simplemente esbozar una pequeña y aún levemente lamentada sonrisa una vez que esta me reconoció, extrañándome nuevamente ante lo obvio.

    —Hola Ryo, es sólo que ocurrió un problema con los cargamentos—Me dijo, sorprendiéndome bastante— ahora acabo de volver del lugar en donde los dejan— me explicaba, a la vez que yo simplemente levantaba una ceja en son de no entender lo que ocurría.

    —Pero si ayer recuerdo habértelos traído...— respondí extrañado.

    —Al parecer se olvidaron de colocar mis medicamentos en el camión de carga en la capital, y no llegarán sino hasta la próxima semana ya que no hay más espacio en los camiones que los traen al pueblo— me dijo desilusionada— son cajas grandes y prácticamente hay que "reservar" el espacio en el camión cuando se necesitan—me recordó.

    —Ya veo— dije meditando, a la vez que llevaba mi mano hacia mi mentón en son de lo mismo.

    —"Ahora que lo pienso... ya me resultaba extraño que las cajas que le había traído a Hina fueran tan pocas y livianas"—pensaba a la vez que me enteraba de la situación.

    —Y entonces... ¿Quién está enfermo?— pregunté serio— ¡No me digas que anda otra de esas pestes!— la miré con los ojos en blanco muy preocupado, ya que no la pasé muy bien luego de enfermarme por una de aquellas en el pasado, y tener que pasar hambre por los cuidados que tenía que darme y por el costo de los medicamentos.

    —Relájate— me dijo sonriendo y colocándome una mano en la cabeza— no es nada de eso, además... de momento aún puedo usar las hiervas que saco del bosque, pero necesitaba unos antibióticos en específico— declaró Hina.

    —Ya veo...—dije un poco extrañado— pero... ¿Por qué no usas simplemente las hiervas?, sé que es más lento, pero es mejor que nada ¿No crees? — dije con total seguridad.

    —Es mi nieto Ryo... le estoy dando las hiervas, pero no me agrada en lo absoluto el tener que verlo con tanta temperatura, y que esta baje lentamente. Esperaba que llegaran los antibióticos, así al menos dejaría de tener esa condenada fiebre — dijo un poco fastidiada y preocupada.

    —Ay no...— dije poniéndome una mano en el rostro— Dios... ¡Sora!— dije fastidiado— ese niño no sabe que debe dejar de salir de su casa a hurtadillas por las noches y menos aún sin un abrigo, pensé que la última vez que se lo dije cuando me lo encontré le había quedado claro... además de que aún es un niño, quien sabe que le pasaría si sigue yendo hacia el bosque solo— pensaba en voz alta a la vez que me enojaba, y preocupaba por el nieto de Hina.

    —Bueno, ya lo reprendí por eso; pero no lo culpo del todo...—dijo desubicándome levemente— al fin y al cabo es el único momento en que podría ver un pokémon; pero es obvio el que nunca tiene éxito, por lo que sigue intentándolo al día siguiente...— dijo desanimada la mujer.

    Pasaron unos segundos luego de que Hina nombrara a aquellos seres, a lo que mi rostro se tornó a uno mucho más serio, mientras que yo comenzaba a cruzar mis brazos, suspirando levemente.

    —Tanto problema para conocer a esas criaturas— respondí fastidiado luego de aquello— él debe aprender que los humanos y los pokémon no coexisten por una razón, y no los culpo tampoco, digamos que nosotros no les hemos dado razones para lo contrario— declaré, a la vez que mantenía la seriedad en mi rostro.

    Era cierto... los pokémon en realidad no eran malos seres, más bien nosotros los convertimos en lo que eran en aquel entonces. Existieron personas (en grandes cantidades) que abusaron mucho de ellos, dejaron de tenerlos como amigos y empezaron a verlos como futuras fuentes de explotación; sus habilidades y poderes eran ideales para los trabajos duros, y fue tanto el abuso que se generó un odio entre los pokémon y los humanos, claro está que al final se prohibió el maltrato y abuso hacia estos seres, pero eso no detuvo nada, de hecho en los lugares más bajos de algunas ciudades se seguían y siguen explotando a los pokémon, y no solo en trabajo, sino que también en peleas clandestinas y otras cosas.

    —Tienes razón...— respondió Hina sin poder objetar.

    —Pero... volviendo al tema de los medicamentos— dije a la vez que comenzaba a mirar pensativo el camino de tierra que se encontraba al final del pueblo, el cual se dirigía hacia la capital.

    — ¡No!—gritó Hina, asustándome un poco por el sorpresivo cambio de actitud— ¡Es un viaje de un día, y es peligroso! — decretó dominante Hina, a la vez que me observaba preocupada y levemente enojada.

    —Vamos Hina— le dije colocando mi mano en su hombro— sabes que Sora lo necesita, además no es como si no pudiera, sabes que puedes confiar en mi— le sonreí— además...— inflé las mejillas ofendido, a la vez que miraba hacia otra dirección— ya no tengo diez años como para que me des ordenes— dije, desubicándola completamente.

    —¡Serás un!...— gritó enfurecida junto con un golpe en mi cabeza, a lo que sólo lanzo un pequeño y doloroso grito, debido a la fuerza con la que había recibido el golpe.

    —"¿¡Cómo puede tener tanta energía y fuerza!?"— pensaba a la vez que me restregaba la cabeza como respuesta al golpe.

    Pasaron los segundos... a la vez que Hina simplemente me observaba seria, ahora un poco más preocupada y triste ante la obvia situación.

    —Supongo que no podré detenerte...— me dijo disgustada— sólo... ten cuidado por favor— me dijo triste y seria a la vez.

    —No te preocupes — me levanté y la mire con decisión, junto con algunas lágrimas de dolor por el golpe antes recibido, mientras que Hina me miraba un poco fastidiada de que el niño que crio fuera tan infantil de vez en cuando — te traeré las medicinas y no me pasará nada, es una promesa... además, me das una razón para ir a la ciudad, he estado ahorrando un poco para poder comprar unas mantas mejores para mi cama, ya que las que tengo están un poco rotas y aquí en el pueblo no hay sabanas de mi tamaño— le dije sonriendo, a lo que Hina simplemente suspira, para después asentir con una pequeña sonrisa.

    Después de eso simplemente me despedí, fui a mi casa a por mis cosas junto con mi dinero, y tomé rumbo a la ciudad.

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    Ya al día siguiente estaba llegando a la ciudad, fue un poco complicado el recorrido debido a la noche a la intemperie, pero pude realizarlo sin problemas. Ya para ese entonces eran las una de la tarde, estaba entrando por las zonas más bajas de la capital, ya que era el único lugar donde podía costearme otra manta para mi cama, y ya después de eso tenía planeado recoger el cargamento que le había prometido a Hina el cual estaba más al centro de la susodicha ciudad.

    Estaba caminando en una feria ambulante, buscando una tienda que vendiera lo que buscaba, sin éxito... sin embargo, durante aquel caminar, las risas de un grupo de personas me distrae levemente. Empezaba a ignorarlos, sin embargos, cuando aquel reír se volvió más fuerte, la curiosidad me vence y decido echar un vistazo, me adentro en el gentío y encuentro a un hombre un poco más bajo que yo, levemente pasado de peso, pelo castaño y ojos verdes y un atuendo que intentaba aparentar clase y estilo, encima de una mesa junto con varios pequeños pokémon a un costado...

    Los estaba vendiendo.

    Cada pokémon tenía una correa especial que les daba un choque eléctrico cuando atacaban o intentaban alejarse del hombre, estaban callados con la mirada en blanco, mientras que un pokémon que estaba al frente de ellos bailaba por órdenes del hombre para atraer más público. El pokémon cumplía sin rechistar las órdenes del hombre, ya que aquellas correas se activaban también si el dueño de ellas así lo quisiese.

    Sin embargo... pocos segundos luego de que yo decidiera observar, de la nada el pokémon que bailaba cae, lo más probable por el agotamiento... a lo que solo miré con tristeza; no me sorprendía, varias veces me había pasado eso en los primeros años en los que aún no me acostumbraba a trabajar; pero lo que veo alrededor tampoco me sorprende... todos tenían una mirada de desinterés y aburrimiento por el pokémon que yacía en el suelo. El hombre antes mencionado, furioso y avergonzado ante aquello, se abalanza hacia el pokémon que estaba inconsciente, con unas claras intenciones de patearlo...

    Hubiera pasado, si uno de los pokémon que estaban atrás no se le interpone entre él y el que estaba tirado en el suelo.

    Al final el hombre se detuvo más avergonzado aún, ya que en su mente, uno de sus pokémon se había agotado en plena "función" y para agregar la cereza en el pastel otro se rebeló, dejándolo en una humillación aún peor.

    En ese instante me quedé estupefacto, no solo porque me sorprendí del valeroso acto del pokémon, sino también al pensar las obvias consecuencias que aquello podría traer para el mismo, sabiendo muy bien o más bien no queriendo saber lo que le podría pasar al pequeño pokémon luego de aquello...

    No sabía que me ocurría, siempre nunca estuve de acuerdo al trato que se les tenia a los pokémon, pero nunca estuve de frente a una de dichas situaciones, sin embargo... esa actitud, ese instinto de proteger a un ser querido, no podía si no sentirme preocupado por el pokémon; escuchaba a las personas hablar de él y decían su nombre...

    Era un Riolu.

    El hombre, enfurecido por el acto que el Riolu había hecho, empezó de nuevo con la postura para dar una patada aún más fuerte que la que le iba a dar al otro pokémon, en ese momento no sabía por qué, pero mis músculos no se movían... era como si la multitud y la actitud de todas las personas en general me detuvieran, sabía que al menos podía detener la patada de ese hombre sin problemas, incluso desde esa distancia, ya que tuve Yuta me ayudó a entrenarme bastante para resistir el día a día, haciendo bastantes ejercicios, a tal punto que mi velocidad era lo suficiente como para aquello, entonces... ¿Por qué?... ¿Por qué no quería ayudarlo?. No sabía que sentimiento me abordaba... era algo que nunca había experimentado, y desconocía su significado. Sólo alcanzo a ver al Riolu cerrar sus ojos, a la vez que apretaba sus dientes.

    Mientras que una lagrima salía de sus ojos...

    Esa lágrima... fue como un golpe directo a mi cara, quitó cualquier cosa que me estuviera reteniendo y, antes de que las personas se dieran cuenta, yo ya estaba agachado entre el Riolu y el hombre...

    Deteniendo la patada con mi antebrazo.

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    Reinaba el silencio... yo estaba agachado con los ojos cerrados apuntando hacia el suelo, aún analizando lo que acababa de cometer, mientras que la gente estaba atónita. Al parecer, nunca nadie había hecho un acto así, generalmente el golpe se da y todos ríen y abuchean al pokémon herido, pero este no fue el caso. A lo que el hombre sorpresivo comienza a murmurar malhumoradamente...

    —¡¿Qué demonios estás haciendo?!— dijo con una mirada que derrochaba odio— apártate... o...— iba a continuar hablando... mi voz y mi mirada chocando con la suya lo deja congelado de momento.

    —¿O qué?— Dije lentamente, a la vez que mi rostro y ojos demostraba una ira claramente apreciable, a tal grado que incluso la gente de mi alrededor sentían.

    Yo no soy una persona de muchas palabras cuando estoy enfadado, la gente me suele decir que se dan cuenta de mi enojo con solo mirarme, pero esto era distinto, "enfado" era una palabra que le quedaba pequeña a lo que sentía ahora hacia ese hombre.

    En el momento en que lo miré, las personas que estaban alrededor sintieron mi odio, por lo que se apartaron unos pasos instintivamente debido al mismo.

    —Vamos, vamos— me dijo con una sonrisa falsa y con gotas de sudor en su frente— son sólo pokémon— decretó.

    Hice oídos sordos al comentario y miré de reojo al Riolu que estaba atrás mío, el cual me miraba atónito al igual que los otros pokémon, aunque por un momento sentí una mirada de odio por parte del mismo... no lo entendía, pero preferí no tomarlo en cuenta en aquel momento.

    —Me llevaré a los pokémon— le dije al hombre a mi lado, exaltándolo tanto a él, como a los mismos pequeños seres a mi espalda.

    — ¡¿Qué?! ¡¿Tienes con que pagar cierto!— gritó aquel hombre, sin preocuparme en lo absoluto.

    —Dije que me los llevaré, no que te los compraré. No son tuyos, llevaré a estas criaturas a su hogar— dije, totalmente serio.

    Eso último descolocó más aún al hombre, a lo que alzó su mano para después sujetar con bastante fuerza mi brazo, entendiendo fácilmente a lo que quería llegar.

    —No dejaré que te los lleves...— empezó a decir el hombre, pero se detuvo al instante cuando sujeté su mano y le hice una llave tomando su brazo.

    La verdad es que nunca dejaré de alabar todas las cosas que Yuta me enseñó...

    El hombre abrió la boca sin poder emitir sonido por el dolor, las personas que estaban alrededor salieron hacia todas direcciones, asustadas de lo que acababa de hacer. Sólo era una llave simple, pero bastante dolorosa; la aprendí después de echar a patadas al ladrón que había mencionado antes para poder defenderme mejor en otra ocasión, esa llave me permitía incluso poder romper el brazo del atacante en el caso de que el enviara un golpe hacia mí, en aquella ocasión no había golpe, pero no me importaba, no se lo iba a romper... aunque tampoco le iba a dar un buen trato.

    —Escúchame— empezaba nuevamente a hablar, completamente indiferente mientras que el hombre aún no podía soltar el grito— me llevaré a estos pokémon y tú me ayudaras, se ve que no te falta la comida— le dije, mirando su estómago— debes tener dinero, una carreta no será problema para ti, compraras una y me la darás— le dije, sorprendiéndolo ante lo obvio.

    No me importaba aprovecharme del dinero del hombre, no podía transportar a todos los pokémon en brazos y era su culpa el tenerlos en esas condiciones, además, era lo menos que podía hacer por todo lo que les hizo pasar.

    El hombre empezó a formular una palabra, y cuando empecé a entender el significado de la primera silaba sabiendo que negaría, giré unos cuantos centímetros de mi brazo, lo que significó una agonía para el hombre.

    —Creo que sabes lo que pasará si escucho un "no"— le dije fríamente, a lo que el hombre me observó mientras tragaba un poco de baba, sabiendo que eso mismo estaba a punto de hacer segundos atrás.

    Solté un poco su brazo para que pudiera hablar con mayor libertad.

    —Está bien...— me dijo entre gemidos— pero todos menos a ese— sentenció el hombre a la vez que asentía en dirección al pokémon que aún era protegido por el pequeño Riolu, a lo que simplemente volví a torcer su brazo con fuerza.

    —A todos ellos—dije decisivo y sombríamente, a lo que el hombre casi al instante sacó su billetera con su brazo libre.

    Tomé el dinero y lo solté, a lo que el aún con dudas me observó en silencio, pero en el momento en el que volví a mirarlo, éste dirigió su vista hacia los pokémon y le saco rápidamente los collares, para después salir corriendo hacia la primera dirección que encontró.

    —Hmph — bufé y miré a los pokémon, a lo que ellos se sorprendieron y se juntaron todos con miedo, como si esperaran un golpe o algo así.

    —Oye, oye...— les dije, agachándome para estar a su misma altura— no se preocupen, no les haré daño— sonreí— es más, conozco un lugar tranquilo donde podría llevarlos y podrían convivir con otros pokémon; sin estos tratos...— declaré calmadamente.

    Mi plan era llevarlos al bosque que estaba cerca de mi pueblo, casi nadie iba ahí porque sabían que ese era territorio de los pokémon y preferían ahorrarse algún que otro problema. Era el lugar perfecto para ellos.

    No hubo gestos, solo había silencio hasta que al final asintieron, al fin y al cabo los humanos para los pokémon no eran de fiar, pero digamos que les di razones suficientes como para hacerlo al menos una vez.

    Me tranquilicé en saber que al menos confiarían en mí, después fijé mi atención al Riolu y al otro pokémon que todavía yacía en el suelo inconsciente; tenía que hacer algo con él, aunque me fijé un poco más y al parecer tenia rasgos un poco femeninos, era algo muy parecido a una conejita con pelaje marrón y de la cintura hacia abajo era algo como si fuera un pompón de lana blanca con patitas. Me acerqué con intención de levantarla, pero una pequeña patita negra me golpeó la mano.

    —¡Oye!— le grité con la mano hinchada— ¿Q-Qué te sucede? ¡Me dolió!— le dije con lágrimas de cocodrilo en mi cara, a lo que el Riolu sólo me miro fastidiado por mi infantil actitud.

    He de admitir que podía ser muy serio en algunos momentos, pero en la mayoría solía tener una actitud un poco infantil, solo un poquito.

    —Necesito levantarla— le dije al Riolu, ahora más serio— y así poder ir a comprar la carreta para poder transportarlos mejor— declaré.

    —No te atrevas a tocarla— el pokémon habló, a la vez que me observaba enfurecido.

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    Mientras que mis ojos quedaron como platos de grandes, a la vez que abría mi boca en su totalidad.

    —Eh... ¡¿Pu-pue-Puedes hablar!?— le pregunté en voz alta completamente anonadado, a la vez que de igual manera exaltaba y extrañaba al Riolu, ya que este pensaba que lo retaría o algo por el estilo.

    —"¡¿Cómo es posible que un pokémon hable?!"— pensaba en aquellos momentos, ya que en ese entonces, con lo poco que sabía de ellos, estaba convencido que a lo más lanzaban un gruñido o repetían un mismo nombre con el que los llamábamos. Pero no había duda, sus labios se movían y se escuchaba una voz.

    —Claro que sí imbécil...— me respondió el Riolu a la vez que me miraba fastidiado— ¡¿Qué acaso crees que soy un niño?!—volvió a dirigirme la palabra, completamente fastidiado.

    —Bueno... no pareces muy grande que digamos— inflé mis mejillas a la vez que miraba hacia otra dirección.

    —¡Serás un...!— me miró enfurecido, a la vez que apretaba su puño, con una fuerza bastante apreciable, a tal punto que incluso empezaba a emanar vapor del mismo.

    —¡Lo siento! ¡Lo siento!—grité arrepentido tapándome la cara con las dos manos— pero no la podemos dejar aquí, tenemos que llevarla hasta que encontremos una carreta, así que si no quieres que la lleve yo, entonces tú llévala— finalmente decreté, lo que sorpresivamente exalto al pequeño pokémon de patitas negras.

    —¡¿Q-Qué?!— sonrojado me gritó— Y-Yo no quiero llevarla... ¡Es sólo que no me traes confianza!— El Riolu finalmente me dijo, a la vez que miraba para otro lado.

    —Oh... ¡Así que ella te gusta!— lo miré con ojos de cristal— ¡Eres muy tierno~! — dije riendo con tono infantil.

    A la vez que recibía un golpe de lleno en mi cabeza.

    —¡Cállate!—el Riolu gritó fastidiado, a la vez que echaba humo de sus orejas.

    —"Dios... ¡¿Por qué todos los golpes que recibo tienen que ser en el mismo lugar?!"— pensaba entre cómicas lágrimas, a la vez que aparecía otro enorme chichón encima del que me había dejado Hina el día anterior.

    —¡Duele!— dije sobándome la cabeza— ¡Sólo dije la verdad! ¡Enano azul!— grité enojado con los ojos en blanco y ahora echando humo por las orejas de igual manera.

    —¡¿Cómo me llamaste?! ¡Humano sinvergüenza!— me gritó chocando su cabeza con la mía, mientras que el humo proveniente de nuestras orejas comenzaba a acumularse a nuestro alrededor.

    De un momento a otro, extrañamente la situación se vio interrumpida por unas pequeñas risas que se escuchaban al lado de nosotros, eran los otros pokémon, al parecer el Riolu se dio cuenta también de este detalle porque al mismo tiempo dijimos:

    —¡No se rían!— a lo que los pokémon salieron despavoridos para esconderse detrás de un poste, por el volumen en el que lo dijimos.

    Estábamos volviendo a nuestra pose de pelea mortal, a lo que me exalto cuando miré de momentos detrás del Riolu, y me percato de una vieja carreta con el letrero de "se vende", a lo que al instante mi actitud se torna a una mucho más seria, confundiendo al Riolu.

    — Escucha...— dije, cambiando totalmente mi actitud— dejémonos de esto, no tenemos mucho tiempo. Tenemos que ir hacia allá— le mencioné, señalándole la carreta, a lo que Riolu observó— dejándonos de bromas, si tu no quieres que la lleve yo entonces hazlo tú— decreté, mientras que el Riolu solo me miró, pensativo.

    Pasaron los segundos, hasta que finalmente el Riolu comenzó a dar señales de responder, luego de un avergonzado suspiro.

    —Está bien... lo haré— me dijo, a lo que yo suspiré aliviado.

    El Riolu tomó delicadamente a la pequeña pokémon en sus brazos y juntos con los otros pokémon fuimos a comprar la carreta; sin embargo, el precio era un poco mayor a la cantidad que me había dado el hombre antes, por lo que tuve que usar la mitad de mis ahorros...

    —"Maldito tacaño"— pensé mientras pagaba la carreta.

    Luego de eso subí a los pokémon a la carreta y empecé a moverla, no era tan difícil, de hecho pensaba que cuando terminara todo, sería de bastante utilidad para transportar los cargamentos en el pueblo. Los pokémon estaban extrañados y de echo se les podía ver un poco de rubor en las mejillas de la mayoría de ellos... nunca nadie los había transportado, generalmente era al revés y ahora les gustaba el trato.

    Conseguí los medicamentos y pude comprar una manta usada pero en buen estado, eso sí, debido al tacaño de aquel hombre, sólo pude comprarme una pequeña, sin embargo, era mejor que nada, y en ese momento tenía el presentimiento de que tendría que usarla después...

    Y no me equivoqué, anochecía a la vez que estábamos ya a las afueras de la ciudad camino al pueblo; hacía frío y los pokémon lo notaban. No era mi primera noche helada, y tampoco creía que lo fuera para ellos, pero aun así se les veía tiritando de manera brusca, incluso el Riolu, que no quería demostrar nada y menos ante mí, se le veía un poco tiritón... a lo que sólo suspiré a la vez que me quedé pensando por unos momentos que hacer...

    —Bueno...— detuve finalmente la carreta— descansaremos aquí— dije, sorprendiendo a los pokémon— voy a ir a buscar leña, ustedes quédense aquí, no me iré lejos. Cualquier cosa los escucharé— declaré, a lo que luego me marché tranquilamente del lugar.

    .

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    El silencio dominó el sector en donde se encontraban los pequeños pokémon, ninguno sabía cómo reaccionar o que pensar, excepto Riolu... él seguía con la misma actitud, al parecer por alguna razón el confiar en un humano era algo netamente imposible para él, y estaba firme a su modo de pensar; sin embargo, su pensamiento se vio interrumpido por los movimientos de la cabeza de la pequeña pokémon en sus piernas; ya no estaba inconsciente, sino más bien dormida... gozando de un descanso que hacía mucho tiempo no tenía...

    Al parecer ella, por su linda apariencia, era la más explotada por el hombre que los vendía, y lo más probable es que fuera por ello el que él se hubiese negado a liberarla desde un principio.

    La pequeña pokémon estaba cómoda en las piernitas del Riolu... a lo que él sólo la miraba con una leve sonrisa enmarcada en su rostro...

    Pasaron los segundos, hasta que el sonido de varias pisadas acercándose exaltan a los pokémon, asustándose levemente ante la señal de peligro; sin embargo se calman cuando me ven a mi apareciendo con un pequeño montículo de leña arriba de mis brazos.

    —Había un árbol caído— dije sonriendo— por lo que tendremos harta leña para esta noche— dije enérgico mientras que los pokémon afirmaban moviendo la cabeza con una leve sonrisa, excepto el Riolu que sólo miró para otro lado, aunque sin poder negar una obvia felicidad al haber estado sintiendo los pequeños temblores que daba la pokémon aún dormida, sabiendo que el fuego la iba a calentar.

    Encendí una fogata a lo que todos disfrutamos aliviados del dulce calor que nos dio... vi que todos estaban bien hasta que me fijé un poco más de cerca en algunos de ellos.

    Estaban heridos...

    No eran heridas graves, pero necesitaban atención. Pensé un poco hasta que recordé que prácticamente tenía una farmacia entera en la carreta. Pensaba pagárselo después a Hina cuando llegásemos al pueblo, además no le tomaría muchas cosas, solo necesitaba vendas y algún que otro antiséptico por lo que, sin pensármelo dos veces, saqué los materiales necesarios y empecé a tratar a los pokémon que, aún extrañados, aceptaron; incluso traté a la que reposaba aún dormida en las piernas del Riolu, que era la que estaba más herida, y cierto "enano de patas negras" no se opuso; aquello me alegró levemente, no sabía por qué, pero me sentía alegre de que el Riolu de a poco me aceptara, al igual que los otros pokémon.

    Al final todos los pequeños seres cayeron rendidos al suelo... acurrucándose unos con otros. El trato era prácticamente esplendido para ellos y estaban cansados con una fogata al lado... que más podían pedir para poder tener al fin unas horas de descanso. Yo, antes de empezar a cerrar los ojos me percaté de que uno no estaba con el grupo, a lo que me exalto para después notar lo evidente.

    El Riolu se había ido.

    Me preocupé, me levanté con cuidado para no molestar a los otros que dormían para ver un poco más la zona pero no faltó mucho para que me diera cuenta de que el pequeño pokémon azul estaba apoyado en una de las ruedas de la carreta, mirando las estrellas y tiritando de frio.

    Me acerqué lentamente para que no se percatara de que estaba ahí, no quería molestarlo pero... a quien quería engañar, sentía curiosidad, estaba ocultándome detrás de la carreta hasta que el Riolu hablo:

    —En tus sueños podrás ocultar tu aura de mí— dijo en voz baja pero audible el Riolu, sorprendiéndome bastante, a lo que caigo al suelo por el susto que me dio.

    —L-Lo siento— dije, un poco incómodo de que me haya notado— no quería ser intruso— admití con vergüenza—¿Eh?... espera, ¿Aura?— pregunté confundido.

    —No te importa— sentenció enojado el pokémon—¿Qué quieres?— dijo, sin importarle lo que yo había dicho antes.

    —Bueno... hace frio y se está muy calientito cerca de la fogata— contesté a lo que el Riolu miró para otro lado molesto, entendiendo la indirecta.

    —No me interesa— dijo el pokémon.

    —Vamos... no seas tan gruñón— le dije riendo, fastidiando al Riolu.

    —!Que no!— me gritó fastidiado, a lo que mi actitud y sonrisa cambiaron a lo opuesto.

    —Hmph... como quieras— miré para otro lado un poco molesto— tampoco te estoy obligando— declaré, ahora un poco triste.

    El Riolu estaba confundido, no me quedaba la más mínima duda. El pequeño pokémon no sabía cómo actuar, aunque no lo quisiera admitir se sentía agradecido por la actitud que yo tenía con él y sus amigos, pero su orgullo lo detenía... los otros pokémon, aunque fueron maltratados por algunos humanos, aun así parecían aceptarme de mejor manera que el Riolu, pero en aquel momento no creía que fuera lo mejor el preguntarle por su pasado, y menos ante la brusca reacción por parte de él luego de sugerirle el venir conmigo a la fogata.

    Sin embargo... no tenía el corazón tan frío como para dejar las cosas así.

    —Toma esto— yo le dije alzando mi mano hacia él, a la vez que sostenía con la misma la manta que había comprado — ¡y ni se te ocurra negarte!— decreté, a la vez que lo miraba con unos ojos enojados, a lo que el Riolu, con una cara levemente intimidada, asintió— no puedo obligarte a que vayas, pero tampoco quiero que uno de ustedes se enferme...— declaré mucho más serio y preocupado que antes.

    El Riolu simplemente me miró sorprendido, con una cara de agradecimiento tal que nadie podría negar...

    —Al fin y al cabo si uno de ustedes se enferma tendré que usar los remedios de Hina y no quiero que me dé una paliza después— dije con los cachetes inflados, adoptando una actitud completamente fastidiada e infantil.

    Fue ahí cuando la cara de agradecimiento de Riolu se partió a la mitad por una estupefacta y fastidiada.

    —¡No entiendo como alguien que puede ser tan serio y preocupado, de repente se convierta en un tarado!—el Riolu dijo, dando varios golpes cómicos con la manta enrollada a mi cara, los cuales recibía con facilidad— ¡Que pasó con esa pequeña admiración que te tenía, maldición!—volvía a decir el Riolu, completamente encabronado.

    El Riolu continuaba con sus golpes; sin embargo, de repente el grito del Riolu se detuvo por un sonido proveniente de su estómago, avergonzándolo levemente, a la vez que yo empezaba a soltar leves carcajadas luego de notar lo obvio.

    —Tal parece que los gruñones también comen— dije mientras reía, avergonzando al Riolu el cual me miraba sonrojado y fastidiado.

    —No te incumbe, tonto— dijo el Riolu, yendo de nuevo hacia la rueda de la carreta; sin embargo, el sonido de su estómago nuevamente lo traiciona, a lo que yo volvía a lanzar otra carcajada, mientras que él, prácticamente en un pestañeo, se alejó lo más rápido y se instaló en la rueda con la manta en sus manos, avergonzado.

    En ese momento... bueno, no era tan cruel como para no admitir que me daba un poco de lastima el verlo así, aunque supiera que es por orgullo. No tenía mucha comida porqué el dinero no me alcanzaba, y sólo tenía un chocolate que había traído del pueblo pensando que el viaje seria corto, simplemente para tener alguna golosina para soportar el viaje, al fin y al cabo el chocolate en mi pueblo era barato ya que se producía y en grandes cantidades por lo que no me molesté en traer uno para alegrar el día con su sabor.

    Bueno... no era la primera vez que soportaba unos días sin comer y no me preocupaba, así que no me importó darle a los pokémon un trozo del dulce a cada uno luego de vendar sus heridas, pero claro... el Riolu no tuvo nada porque simplemente seguía en la dichosa rueda evitándome.

    —Toma...— dije luego mostrándole el trozo de chocolate— y no te hagas el orgulloso, no te alimentara mucho pero sí lo suficiente hasta que lleguemos al pueblo— intenté decir lo más amable posible.

    El Riolu no dijo nada, estaba absorto en el delicioso dulce; tenía orgullo, pero al parecer su hambre era más grande y aceptó el pedazo comiéndolo con alegría.

    Sólo sonreí satisfecho, mientras que el Riolu miraba hacia otra dirección con sus mejillas infladas por la comida, fastidiado y sonrojado.

    —Bueno... espero que duermas bien— me despedí con intención de volver a la fogata.

    —Oye...— dijo el Riolu.

    —¿Sí?— respondí.

    El Riolu solamente miró nuevamente hacia otra dirección, fastidiado y un poco avergonzado de que tuviera que decirle semejante palabra a un humano.

    — Gracias...— El pokémon dijo finalmente, asombrándome por completo luego de aquello.

    Esa última palaba me descolocó completamente. No sabía que le ocurría y no me gustaban las divagaciones, así que con una cara enojada me acerqué al Riolu y me senté frente a él.

    —A ver...— le dije hartado— me apesta tanta negatividad tuya y de repente me agradeces, ¡¿Qué demonios te ocurre?!, ¡¿Por qué el orgullo?! — le dije totalmente fastidiado.

    —¿Crees que te lo diré?— respondió el Riolu, fastidiándome aún más.

    —¡Eres un...!— exclamé apretando mi puño, con intenciones de comenzar otra pelea; sin embargo, mi actitud agresiva cambia por completo, en el momento en el que veo una pequeña lágrima saliendo de uno de los ojos del Riolu, preocupándome de igual manera... Iba a preguntarle... pero no tardó mucho en comenzar a hablar.

    —Te envidio...— El Riolu me dijo, tapándose lentamente la cara con sus brazos.

    —¡¿Eh?!— le dije sorprendido— ¿Por qué dices eso? Bueno, sé que soy muy bien parecido... pero tampoco como para que sientas envidia de mi— dije riéndome, pero me quedé callado cuando el Riolu gira su rostro hacia mí, sólo para observarme enojado por la estupidez que acababa de decir en ese momento tan serio por el Riolu.

    Tengo que admitir que yo era demasiado idiota en algunos momentos...

    —Lo siento...— le dije triste, bastante arrepentido de mis palabras— fue estúpido de mi parte, lo admito, pero ¿Por qué envidia? — volví a preguntar, esta vez tomando una actitud más seria y responsable.

    Pasaron varios segundos de silencio luego de aquello, a lo que el Riolu, ya decidido a decirme, solo lanza un acongojado suspiro, para después finalmente sincerarse...

    —Porque pudiste proteger a mis amigos...— el pokémon dijo, triste— mientras que yo simplemente pude usar mi cuerpo como escudo— apretó sus puños— soy demasiado débil... no pude protegerlos... no pude protegerla y tú sí, un humano...— reconoció el pequeño pokémon, únicamente para comenzar a abrazar sus piernas, a la vez que ocultaba sus llorosos ojos en sus rodillas, a la vez que la pena lo abordaba por lo inútil que se sintió en aquel momento.

    El Riolu se quedó llorando por unos segundos, pero el silencio en el ambiente se interrumpió con un golpe que impactó de lleno en su cabeza.

    —¡¿Por qué hiciste eso?!— el Riolu me gritó adolorido; sin embargo, se quedó callado cuando, al dirigirme nuevamente la mirada, este me vio completamente serio.

    —¿Qué diablos me estás diciendo?, ¿Cómo puedes pensar eso de ti?, sí... quizás no tengas suficiente fuerza como para haber detenido a ese sinvergüenza, pero eso no define si eres débil o no— yo decía en una seria y a la vez preocupada actitud.

    El Riolu simplemente me observaba en silencio, con sus ojos completamente abiertos.

    —Tuviste el valor para estar dispuesto a recibir el golpe que iba a recibir tu amiga,¡¿Y aun así dices que eres débil?! Ese valor que demostraste antes fue algo que nunca había visto en otra persona, no te menosprecies a ese punto, tú vales mucho más...—declaré nuevamente.

    El pequeño pokémon no se esperaba esa última frase, a lo que sólo pudo cerrar sus ojos para después soltar todas las lágrimas posibles en aquel momento...

    —Sé que puedes sentir impotencia, pero eso sólo debe impulsarte a fortalecerte más...— le dije colocando mi mano en su hombro, a lo que él solo me miró con sorpresa, a la vez que levemente comenzaba a distinguir una leve sonrisa apareciendo en su rostro.

    Sin embargo... aquel momento fue cortado bruscamente luego de sentir varios gritos provenientes de la fogata.

    .

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    Tanto yo como el Riolu nos asustamos y preocupamos al instante a lo que, sin pensarlo dos veces, nos levantamos y salimos corriendo en dirección hacia donde estaban los pokémon.

    Para observar como ninguno de ellos se encontraba al lado de la fogata, a lo que ambos comenzábamos a observar preocupados a nuestro alrededor...

    —¡Atrás de ti!— el Riolu me gritó completamente exaltado, sin embargo, no alcancé a reaccionar, a lo que como respuesta recibo un golpe directo a mi estómago, a la vez que caía sentado al suelo, completamente ahogado ante el fuerte ataque.

    —¡Agh!, ¡¿Qué diablos?!...— dije apenas, a la vez que observaba nuevamente a mi alrededor, sólo para ver a dos tipos gigantes y corpulentos junto a uno de baja estatura mirándonos con una sonrisa en la cara a la vez que todos los pokémon se encontraban a sus espaldas, todos sujetados nuevamente con una correa eléctrica.

    —Mierda...— comenzaba a dar señales de levantarme, sólo para recibir una patada nuevamente de lleno a mi estómago, dejándome aún más ahogado de lo que ya estaba de por sí.

    —¡Eres un desgraciado!— se abalanzó el Riolu hacia el hombre que tenía a los pokémon, solamente para ser atrapado y sujetado con bastante facilidad por el otro matón que lo acompañaba.

    —¡Suéltame bastardo!— el Riolu gritaba con fuerza, pero sin respuesta.

    —Ahora ya no eres tan fuerte... ¿Cierto?— Comenzaba a decirme el pequeño hombre mientras reía satisfactoriamente, a la vez que yo apenas si era consciente de sus palabras, luego de las consecuencias de haber recibido aquellos golpes.

    Era inútil... esos tipos eran fuertes, y mi cuerpo apenas respondía.

    —Jefe, ¿Qué hacemos con este?— uno de los matones dijo, a la vez que señalaba al Riolu que aun luchaba para soltarse de los brazos de aquel hombre, sin éxito.

    —Creo que hay un pozo cerca de aquí ¿No?, ese pokémon no me sirve en lo más mínimo, no sabe escuchar órdenes. Por mí mejor que se deshagan de él— declaró sin la más mínima gota de dolor o cualquier otro sentimiento.

    Esas palabras abrieron mis ojos por completo, y despertaron en el Riolu otra vez el temor; no podía permitir que lo mataran. Tenía que pensar... en ese momento creía poder mover mi cuerpo, pero si recibía de nuevo una de esas patadas, la conciencia sería lo siguiente en perder a parte del aire.

    —"¿Podría rodar?" — Pensaba a la vez que analizaba la situación—"Está bien, eso funcionaría para evitar el primer golpe, pero... ¿Luego que?" — seguía imbuido en mis pensamientos, sabiendo que no podía enfrentarlos en mi estado actual, en ese momento intentaba buscar algo para poder emparejar las cosas, a lo que comienzo a sentir el pequeño calor de la más factible solución...

    La fogata.

    No había tiempo para dudar, a lo que en el instante en el que lo pienso, comienzo a rodar rápidamente en dirección a la fogata, exaltando a los tres hombres, a lo que rápidamente tomé uno de los palos que estaban quemados y para después lanzarlo directamente hacia la cara del que tenía sujetado al Riolu, soltando al pequeño pokémon en el acto.

    — ¡Agh! — gritó uno de los guardaespaldas del pequeño hombre al cual había arrojado el palo quemado— ¡Eres un hijo de...!— dijo enfurecido una vez que se sacaba todas las brasas de su ahora chamuscada cara sacando un arma de uno de sus bolsillos apuntando hacia mí, antes de que pudiera reaccionar de alguna forma.

    Me quedé congelado, eso no lo podía evadir... y estaba en la mira.

    —Ey, ey... tranquilo hermano— dijo el otro hombre corpulento— no tenemos que llegar a tanto— reconoció a la vez que simplemente intentaba tranquilizar a su furioso hermano.

    —Tiene razón— dijo el pequeño hombre— además... ya tengo lo que quería— dijo mirando a los pokémon, pero mucho más a la amiga del Riolu.

    —¡¿Crees que me importa?!— dijo el hombre con el arma, a punto de jalar el gatillo...

    Sabía lo que iba a ocurrir, a esa distancia cualquiera podía tener un tiro excelente hacia el corazón; era tarde y ya nada podía hacer... solo esperar la muerte, a la vez que cerraba mis ojos en señal de lo mismo.

    — "Mamá... papá... perdónenme"— pensé, a la vez que una lagrima comenzaba a recorrer mi mejilla.

    Sólo alcancé a escuchar el disparo; no sentía nada... a lo que abrí levemente mis ojos, únicamente para para ver como el cuerpo del Riolu se encontraba en frente de mí, habiendo saltado a la vez que le daba la espalda al atacante, chocando su mirada con su ceño fruncido, para después notar como la cerraba luego de recibir el disparo.

    Nunca olvidaré su rostro en ese momento; su dolor y su decisión en el momento en el que entró la bala en su cuerpo, el cual al ser demasiado pequeño y delgado, lo atravesó para después impactar en mi hombro izquierdo.

    Con un ruido sordo se escuchó caer el cuerpo del pequeño pokémon... no sabía cómo actuar, solo me quedé mirando hacia el vacío; incliné la cabeza solo para ver el cuerpo del pokémon en un pequeño charco de sangre... sus amigos gritaron horrorizados a lo que casi al instante caigo al suelo de rodillas. Su acto me impactó demasiado, nunca nadie se había sacrificado de esa manera por mí, y del ser que menos lo esperaba lo vi... mis pensamientos se nublaron y no podía reaccionar ante nada, sólo podía ver al Riolu en el suelo... a lo que me fijé en el cuerpo de éste con más precisión, con la esperanza de alguna señal de vida, cuando lo vi... un diminuto movimiento en su pecho y hombros, movimiento el cual no fue percibido por los otros hombres, pero si para mí.

    Él aun respiraba... a lo que después de ver eso, me dejo caer al suelo, fingiendo el estar muerto...

    No servía de nada preocuparse por él en ese momento, no mientras ellos estuvieran ahí, tenía que aparentar que habían acabado con nosotros.

    Y funcionó...

    Mientras fingía mi muerte escuchaba al hermano del asesino gritándole a este último, sólo hablaban... mientras que yo lo único que deseaba era que estos se fueran lo más rápido posible, sabía que... mientras más tiempo pasase... el Riolu podría terminar muerto tarde o temprano por la hemorragia.

    Al cabo de 2 minutos más o menos, escuché sus pasos alejándose del lugar.

    Abrí los ojos bruscamente luego de aquello, a lo que me levanto adolorido, para después levantar al Riolu con mi brazo derecho.

    A pesar de que la herida de mi brazo izquierdo no era peligrosa, dolía una inmensidad; sin embargo, el dolor era acompañado de un enorme alivio, ya que prefería tener la bala dentro de mí que en el Riolu.

    Intentaba hacer las cosas lo más rápido y cuidadosamente posible con el pequeño pokémon... lo llevé al carro el cual ignoraron por completo las otras personas, lo limpié y le revisé la herida. Estaba muy cerca del corazón, y sin lugar a dudas había perforado un pulmón...

    Hay cosas que durante mi vida he estado muy agradecido... con Hina y Yuta por cuidar de mí durante mi niñez por ejemplo, pero en aquel momento sólo estaba agradecido por dos cosas: el que Hina me haya enseñado a curar heridas menores, y que esa bala no se hubiera quedado en el pulmón del Riolu.

    Observé atento por si seguía saliendo sangre, a lo que la suerte no pudo haberle sonreído más al pequeño pokémon, como para que una bala pase cerca de tu corazón, que no le dé y que más encima no allá roto ninguna arteria... pero aún no estaba a salvo, tuve que usar muchos medicamentos y vendas para al menos dejarlo limpio y a salvo de cualquier tipo de infección, y por el tamaño de la herida, daba por hecho de que estaría dormido por bastante tiempo...

    Necesitaba ir a mi hogar, el Riolu tenía que estar en reposo ya que cualquier movimiento habría la herida, así que no podía llevarlo en la carreta sin más, por lo que me hice un nudo en el cuello con la manta que compré en la ciudad y creé un especie de canguro, depositando ahí al Riolu, que estaba tranquilo respirando levemente.

    —Resiste Riolu...— le dije mientras lo cargaba y tiraba de la carreta con el brazo bueno al mismo tiempo —sé que puedes soportar esto...— admití entre quejas, ante lo difícil que me era el soportar el peso de las medicinas en la carreta, únicamente con un brazo.

    Viajamos durante toda la noche, era medio día cuando llegamos al pueblo, pero no alcancé a poner un pie dentro de este cuando apareció Hina con una cara enojada y preocupada, a lo que cambia a una completamente horrorizada por el estado en el que estaba llegando. Le conté lo sucedido y su mirada quedo absorta cuando miró al Riolu.

    —Tiene un pulmón perforado... limpié su herida pero no sé qué más hacer— dije preocupado e impotente, a la vez que Hina observaba y escuchaba atenta.

    —Vamos a tu casa, creo que tengo lo necesario en la carreta, tenemos mucho que hacer—dijo Hina, decidida, a lo que asiento para después caminar de la manera más rápida pero a la vez lo más cuidadosamente posible hacia mi hogar.

    .

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    Simplemente me concentraba de llevar con cuidado al Riolu en mis brazos a la vez que, a pesar de habernos tardado solo unos minutos, fácilmente pensé que más de una hora había transcurrido, mientras que constantemente me daba cuenta de los pequeños temblores que el pequeño pokémon daba debido a la condición que el mismo se encontraba.

    Una vez que llegamos a mi hogar, al instante Hina comenzó a sacar varios utensilios, a la vez que comenzaba a darme cuenta de que no eran simples antibióticos los que había pedido en aquellas mercaderías que había transportado. El Riolu reposaba en mi cama, a la vez que Hina comenzaba la operación, no sin antes darme instrucciones para dejar limpio y lo más preparado posible mi hombro para después sacar la bala, a la vez que esta continuaba viendo las cosas necesarias para el Riolu, ya que obviamente debido a su condición este requería una atención inmediata...

    Sus manos eran temblorosas, en más de una ocasión tuve que ayudarla a insertar un pequeño tuvo (con la mano de mi brazo bueno) en la herida del pecho del Riolu, a la vez que un poco de sangre comenzaba a drenarse del mismo... quedándonos estáticos por unos minutos, mientras que Hina me iba pidiendo diversos instrumentos junto con otras medicinas que de igual manera se encontraban en las cajas que trajimos.

    Finalmente... la operación no duró más de tres horas a lo que, una vez finalizado, me extraño al ver completamente perpleja a Hina, la cual simplemente empezaba a guardar sus cosas, mientras que esta no despegaba sus ojos del pokémon que ahora se encontraba recostado y vendado en mi cama, aún inconsciente.

    —¿Qué ocurre?— pregunté extrañado a la vez que me dirigía a Hina.

    —No sé qué es lo que ocurre Ryo...— empezó a hablar finalmente Hina, sin apartar la mirada del Riolu— antes estaba dando por hecho el que el Riolu tendría que estar con el tubo en su pecho por una semana como mínimo— declaró la anciana, a la vez que yo me sorprendía levemente— esa clase de heridas no se recuperan tan rápido, además... por lo que me contaste, no sé cómo es que siquiera el pokémon siga vivo luego de recibir esa bala a tan corta distancia, independiente que no hubiera tocado su corazón, su cuerpo es muy pequeño y con el simple impacto de una bala a esa distancia su muerte sería inevitable— la anciana reconoció fríamente, a la vez que yo levantaba una ceja en razón de lo obvio.

    —Supongo que el cuerpo de los pokémon actúa de manera completamente distinta al nuestro; sólo la resistencia física podría ser una razón para que haya sobrevivido, pero tampoco estoy segura...— siguió pensativa, a lo que de un momento a otro se gira hacia mí, asustándome levemente por lo mismo.

    —Bueno... ya tendremos tiempo para hablar de su herida después, ahora que está a salvo tenemos que preocuparnos de otra herida— sentenció Hina a la vez que observaba la herida en mi brazo.

    Hina primeramente usó anestesia para tratar la herida en mi brazo... y es por eso que nunca lograré entender cómo fue posible el que fuera tan tortuoso para mí en el momento en el que esta comenzó a escudriñar con unas pequeñas pinzas metálicas en mi herida la cual, una vez limpiada, era fácilmente apreciable la bala en su interior.

    —Deja de ser tan llorón, ni siquiera te duele— refunfuñó Hina a la vez de un momento a otro saca la bala lentamente de mi cuerpo, no sin antes tiritar y fallar varias veces debido a lo mismo en el intento.

    Está bien... no fue tortuoso, pero debo admitir que fue bastante desagradable el "sentir" que alguien escudriña en tu hombro con unas pinzas, a pesar de tener toda aquella zona "dormida".

    Después de la "tranquila" operación, Hina vendó mi hombro ya limpio, para después tomar sus cosas y ayudarla a llevarlas a su hogar... a lo que no pasaron muchos minutos cuando volví nuevamente a mi casa, a la vez que Takeru seguía reposando en donde lo habíamos dejado.

    Encendí la chimenea, para después sentarme al frente de la misma luego de aquello.

    Simplemente quedé absorto en las llamas, cuando de repente se me vinieron todos los recuerdos del día pasado, primero a los pokémon siendo abusados y ridiculizados por aquel hombre; cuando intente detenerlo pero un sentimiento me detuvo... aun pensaba en ello, todavía no lograba entender por qué una parte de mí no quería ayudarlos, pero lo pase por alto, porque sabía que cualquier sentimiento era mal infundado, no me arrepentía de haber detenido la patada de aquel hombre en la ciudad...

    Miré al Riolu luego de aquello, el cual aún yacía acostado en la cama durmiendo plácidamente... realmente en aquel entonces no sabía cómo se lo iba a tomar cuando despertara y le dijera lo ocurrido, por lo que intenté simplemente desviar mis pensamientos, sabiendo que de nada serviría preocuparme o lamentarme por lo sucedido.

    No podía hacer mucho en ese momento a lo que, luego de unos minutos reposando aún frente a las llamas de la chimenea, se me ocurre una idea para así poder distraerme por unos momentos, por lo que me levanto para después comenzar a irme de mi casa...

    Con destino a la biblioteca de mi pueblo.

    No era cualquier libro el que quería leer... quería conocer más acerca de "aquel" tema, y a pesar de que la biblioteca de nuestro pueblo no era muy grande ni tenia todos los libros del mundo, si tenía el que necesitaba, a lo que una vez que llego a la ya mencionada biblioteca y encuentro el libro deseado, lo pido, únicamente para notar como el hombre que atendía el lugar me observó extrañado, ya que muy pocas veces había visto a alguien interesarse por aquel libro, a lo que simplemente ignoro su reacción para después dirigirme nuevamente hacia mi hogar.

    Nada había cambiado; el fuego seguía encendido y cierto pokémon que ahora roncaba suavemente seguía acostado, por lo que me volví a sentar al lado de la chimenea y comencé a leer el dichoso libro.

    Siendo este una especie de "enciclopedia" acerca de los pokémon; un libro bastante antiguo, desde mucho antes que yo naciera...

    Necesitaba saber un poco más acerca de ellos para poder entenderlos mejor; ni siquiera sabía sus nombres, supe el del Riolu simplemente porque escuché a otras personas decirlo; traté de aprender la mayor cantidad de nombres que podía, y después busqué rápidamente entre las hojas hasta dar finalmente con la página en la que se mencionaba a los Riolu... para después quedar absorto en toda la información que tenía el libro acerca de ellos. Supe que los Riolu, o más bien su raza, vivían más o menos lo mismo que los humanos, también aprendí algunas de sus habilidades, pero hubo algo que no pude comprender, habían cosas que no calzaban... como por ejemplo: Él hablaba... pero en el libro explicaba que era meramente imposible en los Riolu, apenas su evolución era capaz de comunicarse, pero únicamente por telepatía; no eran capases de comunicarse de la misma manera en la que los humanos lo hacíamos. Pero entonces... ¿Por qué?, no tenía ningún sentido... aquel Riolu definitivamente decía palabras por su boca, pero luego de meditar por unos segundos, creí entender lo que ocurría...

    Él era capaz de comunicarse por telepatía... y en el momento en el que lo hacía, movía sus labios a la par con lo que comunicaba, lo que creaba la ilusión de poder hablar como cualquier otro. En aquel entonces supuse que lo terminó haciendo debido al continuo contacto, aunque de mala manera, con los humanos; era lo único que lo explicaba, porque no había manera de que ese pokémon lograra modular y emitir a la vez sonidos de su boca.

    Solo era una falsa ilusión...

    Después de haber hecho aquel descubrimiento que me tenía perplejo desde que escuché al pokémon hablar, mi mirada quedó absorta en la palabra que había leído antes y estaba enmarcada en negrita en el libro:

    "Evolución".

    Evolución... esa palabra me intrigaba; aquel libro explicaba que el pokémon, cuando evolucionaba, su forma física cambiaba completamente y sus habilidades junto con su fuerza aumentaban considerablemente, había imágenes de los Riolu en el libro, pero no de un Lucario, al parecer era muy difícil verlos según decía el texto, pero no supe la real razón... hasta que leí un poco más debajo de aquella descripción de los Lucario...

    "Los Riolu evolucionan cuando siente una gran amistad hacia su entrenador", al parecer sólo era cuando sentía eso hacia un humano en específico, no se explicaba por qué no podía ser hacia otro ser, como por ejemplo otro pokémon, porqué se notaba que tenía fuertes sentimientos hacia los otros que lo acompañaban cuando era esclavo de aquel hombre.

    Eso explicaba mucho... el Riolu, a pesar de no haber evolucionado a un Lucario, era capaz de comunicarse por telepatía en si ya que tenía la experiencia, pero le faltaba esa amistad tan inexistente hacia los humanos, por lo que la razón de que ya no hubiera fotos de Lucario se debía porque era prácticamente imposible que eso ocurriera en aquellos tiempos.

    Luego de leer aquello simplemente apreté los puños con fuerza, recordando y odiando la actitud de todas las personas que me encontré en la parte baja de la capital.

    No me extrañaba que ya no hubiera más Lucario...

    Mis pensamientos me dejaron estático por unos segundos, sin embargo, estos se vieron sorpresivamente interrumpidos por un nuevo sonido que comenzó de un momento a otro a emerger en el lugar, a lo que me exalto aún más cuando noto que el Riolu comenzaba a emitir pequeños quejidos, dándome a entender que estaba a punto de despertar.

    Mientras él recuperaba la conciencia, comencé a acercarme lentamente hacia donde este reposaba, a tal punto que mi rostro finalmente quedó a unos pocos centímetros del suyo. Sentía demasiada curiosidad en ese momento, y quería preguntarle algo... a lo que cuando finalmente nuestras narices estuvieron a apenas centímetros de distancia, el Riolu abrió sus ojos.

    —¿Qué edad tienes? — le pregunté con total normalidad, a lo que el Riolu abrió completamente sus ojos, totalmente asustado ante la aparición tan repentina que tenía delante del mismo.

    —¡Aaaaaaah!— solo un largo y fuerte grito se escuchó en las cercanías de mi hogar, a la vez que un fuerte golpe lo acompañó luego de unos segundos...

    .

    .

    .

    .

    —Ay, ay, ay... ¿Por qué siempre en la cabeza?...— dije débilmente, a la vez que ya se me hacía costumbre el sobarme la cabeza por todos los golpes que recibía en dicha zona...

    —¡¿Qué crees que haces tarado!— Me gritó el Riolu con sus ojos completamente encabronados— ¡Respeta mi espacio personal, degenerado!— volvió a decir, completamente avergonzado y fastidiado.

    —Oye, oye... no te hagas una idea errónea— le dije, a la vez que ahora también lo miraba levemente fastidiado— solo te hice una pregunta— declaré nuevamente, dejando en silencio al Riolu, mientras que este simplemente inflaba levemente sus mejillas luego de aquello.

    —Tsch... tengo dieciséis...— admitió el pequeño pokémon luego de unos segundos, a la vez que observaba hacia otra dirección, levemente avergonzado; sin embargo, no pasaron muchos segundos hasta que este comenzó a notar lo evidente a su alrededor— espera un momento...— El Riolu se miró el pecho vendado— ¿Dónde estoy?, ¡¿Qué ocurrió?!— empezaba a decir, comenzando de a poco a hiperventilarse— ¿¡Qué les pasó a los demás!?—preguntó finalmente, completamente exaltado y preocupado, a la vez que se giraba hacia mí... a lo que me quedo en silencio por unos segundos, sin saber si decírselo o no, pero no pudiendo evitarlo de igual manera...

    —Se los llevaron...— declaré finalmente... dejando al Riolu completamente atónito.

    —¿Se... los... llevaron?— el Riolu preguntó lo obvio en voz baja, a la vez que sus ojos estaban completamente abiertos, con su vista apuntado hacia el vacío....

    —Sí...— asentí, a lo que casi al instante me exalto cuando el Riolu se abalanzó hacia mí poco después de dicho aquello, agarrándome de mi camisa... sin oponerme ante aquel trato, mientras que este me miraba completamente enfurecido, a la vez que unas pequeñas lágrimas comenzaban a emerger de sus rojos ojos.

    —¡¿Por qué no los salvaste?!— el Riolu preguntó en gritos, a la vez que las lágrimas no paraban de salir de sus ojos— ¡Tú eres fuerte! ¡Podías vencerlos! — declaraba el pequeño pokémon, a la vez que mi silencio fue mi única respuesta de momento.

    —Hice lo que pude, pero solo pude salvarte a ti...— dije finalmente luego de varios segundos de silencio, dejando completamente pasmado al pequeño Riolu, a lo que este simplemente vuelve a dirigirme una mirada de rabia y odio.

    —¡Mientes!—me gritó— ¡Eres un mentiroso!— me gritó más fuerte— ¡Tú pudiste salvarlos y no lo hiciste!— dijo nuevamente en voz alta, pero a un volumen mucho más bajo, a la vez que bajaba lentamente su cabeza, junto con sus pequeñas orejas...— le prometí que no le pasaría nada malo de nuevo...— dijo ahora en un triste susurro, recordando y refiriéndose a su amiga...

    —¡Entonces cumple tu promesa!— Ahora era yo el que lo exaltaba, a la vez que le gritaba completamente enojado y fastidiado de su actitud, a lo que lo separo de mí para después de varios empujones sacarlo de la casa— ¡Si tanto quieres salvarla, entonces nadie te retiene!— le grité nuevamente, conmocionando al Riolu de igual manera— ¡Adelante, vuelve a esa ciudad y muere en el intento si quieres!... ¡No me importa!— sentencié en otro aún más fuerte grito, a la vez que cerraba la puerta de mi casa con un fuerte golpe.

    El Riolu nuevamente no sabía que decir... mientras que unos sentimientos de abandono y soledad comenzaron a abordarlo, empezando a sentirse mal luego de cómo lo traté, a lo que simplemente negó con su cabeza, volviendo a adoptar los mismos sentimientos de odio y rencor hacia los humanos, incluyéndome...

    —¡Bien!— El Riolu gritó, aún enojado— no necesito la ayuda de un humano para salvar a mis amigos— dijo ahora levemente más triste que enojado, a la vez que se daba la vuelta para después retirarse lentamente de mi casa, debido a la herida que aún tenía en su pecho...

    Sé que estaba siendo demasiado brusco con el Riolu; no lo culpaba por sentirse así, de hecho estaba considerando ayudarlo poder ir a por los pokémon que se había llevado el sinvergüenza, pero para eso sabía que el pokémon tendría que dejar su orgullo atrás primero y aceptar la ayuda de un humano; sin embargo, escuchando lo que dijo al final... sabía que aún no estaba listo para llegar a eso...

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    Después de que lo eché de la casa, el silencio que existió luego de cerrar la puerta fue roto segundos después luego de escuchar los pasos del Riolu alejándose.

    Igual he de admitir que él no era el único orgulloso en aquella situación... pero al final ninguno quería reconocerlo; sin embargo, cuando finalmente se dejaron de escuchar sus pasos, salí de la casa para comenzar a seguirle el rastro, ya que al fin y al cabo el pequeño pokémon aún estaba muy malherido y no iba a durar mucho tiempo ahí afuera él solo, pero tampoco quería que me detectara por mi aura, por lo que guardé mis distancias de igual manera.

    Seguí su rastro por unos minutos, hasta que finalmente me percaté de que el muy obstinado estaba yendo por el camino que llevaba a la capital; estaba firme en su decisión de ir a buscar a sus amigos, incluso en aquella condición...

    En aquel momento no sabía por qué no lo detenía, pero he de admitir que en parte quería saber hasta qué punto podría soportar su valor para seguir adelante.

    El Riolu finalmente salió del pueblo, ya era de noche entonces, y no pasaron ni dos minutos cuando de un momento a otro el pokémon fue emboscado por una jauría de Poochyena salvajes, que casi siempre rondan por las afueras del pueblo durante la noche, pero no se atrevían a entrar por la gente y la iluminación de las casas.

    El Riolu miró asustado a sus acechantes, a la vez que estos comenzaban a rodearlo, a lo que él adoptó al instante una pose de pelea; sin embargo, la herida en su torso se abrió un poco en respuesta, lo que provocó que el Riolu se contrajera por el dolor, dándole la oportunidad a uno de los pokémon que lo acechaban para dar el primer golpe, a lo que este salta...

    Para después... de un momento a otro, el Poochyena intenta detenerse en el aire, a lo que sin poder hacerlo simplemente se arrastra en el suelo una vez aterrizado en él, ya que no quería enfrentarse ahora al ser que se encontraba delante del mismo...

    Mi cuerpo apareció de entre las sombras... caminando lentamente durante el ataque del Poochyena, a la vez que me interponía entre su ataque y el pequeño pokémon. El Riolu simplemente fruncía el ceño, a la vez que bufaba fastidiado al ver que lo había salvado, mientras que el Poochyena atacante terminó a pocos centímetros de mis pies, completamente asustado ante mi presencia.

    —Oigan...— digo en forma calmada pero sombría, erizando el pelaje de los Poochyena ante mis palabras— salgan de aquí...— decreté, fríamente.

    Los pokémon, totalmente asustados, arrancaron casi al instante luego de escuchar aquello... a la vez que el Riolu me observaba ahora completamente anonadado, no porque los pokémon huyeran, sino porque se percató de mi aura cuando los amenacé...

    Fue como si por un momento una onda emergiera de mi cuerpo, y esta transmitiera mis sentimientos a quienes tocara.

    De alguna forma, el Riolu observó que yo podía controlar mi aura en algunos niveles.

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    Luego de que todos los Poochyena se retiraran, un incómodo silencio volvió a nacer entre el Riolu y yo, a lo que simplemente le dirijo la mirada, para notar su rostro levemente apenado.

    —Oye...— rompió finalmente el silencio el Riolu, algo avergonzado.

    —Hmph...— inflé las mejillas, sonrojado— no te estaba siguiendo, solo se me habían caído unos medicamentos cuando llegué al pueblo— declaré a la vez que observaba hacia otra dirección, mientras que el Riolu me observaba con una cara totalmente fastidiada, al no creer ninguna de mis palabras.

    Bueno, digamos que yo también mentía pésimamente...

    —Bueno... ya encontré lo que buscaba— dije ahora serio, exaltando al Riolu— me devuelvo a mi casa...— declaré fríamente.

    Le di la espalda al Riolu, para después comenzar a alejarme de él... y a pesar de que no quería hacerlo, mi cuerpo ya se mandaba sólo ara aquel entonces.

    Y no me iba a detener si no lo escuchaba primero...

    —¡Espera!— el Riolu gritó, a lo que me detuve al instante, pero aún dándole la espalda, para después exaltarme levemente al escuchar como el Riolu empezaba a correr hacia mí, arrodillarse cuando el mismo estuvo a unos dos pasos de mis pies, y golpear fuerte su cabeza contra el suelo debido a por ir en contra de su orgullo...

    —No... no puedo protegerlos, no así— el Riolu empezó a decir...tartamudeando — necesito tu...— se quedó callado... le costaba decir esas últimas palabras.

    —¡Necesito tu ayuda, maldita sea!— declaró finalmente en un grito el pequeño pokémon— ¡Reconozco tu fuerza y sé que no eres como los otros humanos que conocí!— gritó nuevamente, a la vez que simplemente me sorprendía ante aquello— ¡Sé que no me lo merezco, pero aun así...!— se detuvo nuevamente, a la vez que incluso de su pequeña cabeza comenzaba a emerger un poco de sangre por la misma fuerza que ejercía este contra el suelo..

    —¡Ayúdame a ser más fuerte y salvar a mis amigos!— sentenció finalmente el pokémon, mientras se escuchaba el crujido de sus dientes, a la vez que las lágrimas que ahora comenzaban a recorrer las mejillas de aquel pokémon empezaban a mezclarse con los manchones de sangre en la tierra.

    Sólo después de aquel momento me di la vuelta, para ver que el que el Riolu seguía en la misma posición...

    —Oye...—le dije ahora un poco más comprensivo, a la vez que colocaba una mano en su hombro— no soy un entrenador ni nada por el estilo, pero he aprendido algunas cosas a lo largo de mis años, y también he de admitir que el estilo de vida que tengo me dio esta fuerza, pero solamente eso, si quieres aprender supongo que tendrás que hacer lo mismo que yo....—le expliqué.

    —No me importa, lo haré si con eso aprendo— el Riolu dijo, a la vez que levantaba un poco su cabeza del suelo

    —Ah... ¡Y otra cosa!— grité encabronado, cambiando por completo mi seria actitud, a la vez que le daba un pequeño golpe en su cabeza — ¡No creas que eres el único que quiere ir a buscarlos estúpido!— dije fastidiado, a lo que el Riolu simplemente me observó, ya no tanto extrañado, a la vez que se acariciaba su cabeza debido al pequeño golpe, mientras que en su rostro se enmarcaba una pequeña y delicada sonrisa ante las palabras que acababa de decir.

    —Está bien...— dijo el pokémon, sonriendo de lado.

    —Muy bien... volvamos a casa— dije firme, con una sonrisa de igual manera.

    "Casa"... esa palabra le sorprendía al Riolu; luego de pasar toda una vida siendo aprisionado y algunas veces torturado, no sabía cómo era posible que hubiera encontrado un humano que le dijera algo semejante. No entendía bien sus sentimientos... al parecer, aunque no lo quisiera admitir, empezaba a sentir algo cercano al aprecio hacia mí, pero incluso todo esto no era suficiente para sacar todo el odio y rencor que sentía por mi especie; sin embargo, al menos era un comienzo para el...

    —Oye...— empezaba a hablarme el Riolu, a la vez que él y yo caminábamos hacia la casa.

    —¿Si?— pregunté como respuesta.

    —¿Cómo hiciste eso de antes?— preguntó con curiosidad el pokémon, a la vez que yo levantaba una ceja en son de no entender.

    —¿Ah? ¿Qué cosa?— pregunté nuevamente, extrañado.

    —Hace un momento, cuando me iban a atacar...—el Riolu dijo nervioso, pero curioso de todas maneras por mi respuesta.

    —Ah... te referías a eso... en realidad me sale natural, pero no lo sé Riolu— respondí con normalidad.

    Eso último dejó en blanco al pokémon por unos segundos, casi petrificado, con una mezcla entre enojo y asombro; nunca... repito, nunca... un humano lo había llamado por ese nombre o por cualquier otro, y en aquel entonces era la primera vez que ocurría; sin embargo, algo lo molestaba por alguna razón...

    —Serás un...— refunfuñó un poco fastidiado y levemente sonrojado el pokémon.

    —¿Qué?— pregunté extrañado, sin entender su reacción.

    —No es mi nombre...— me dijo, sorprendiéndome.

    —¿Ah? y entonces... ¿Cómo te llamas?— pregunté curioso, a lo que asusto levemente al Riolu luego de decir aquello.

    Después de esa pregunta, el pokémon simplemente miró triste hacia otra dirección, a lo que me acerqué para ver su rostro, sólo para darme cuenta de la antes mencionada tristeza.

    —¿No me lo quieres decir?— pregunté desanimado, pensando que era aquello lo que evitaba que el Riolu hablase.

    —No es eso...— El Riolu me dijo finalmente— nadie nunca me dio un nombre...— reconoció, entrecerrando sus ojos, a lo que yo solo reaccioné desanimado y triste.

    —Oye...— empezaba nuevamente a hablar, mientras que él intentaba evitar el que una pequeña lagrima saliera de uno de sus ojos— sé que todavía no confías en mi... pero eso no significa que no te pueda ayudar— decreté, a lo que me detengo para después sentarme frente al pokémon, el cual de igual manera había dejado de caminar— pero si quieres que te ayude, debemos ser más sinceros el uno con el otro— afirmé con una pequeña sonrisa.

    Después de escuchar aquellas palabras, el Riolu simplemente asintió, sin negarse a conversar conmigo, para después sentarse en el suelo delante de mí.

    —Riolu... es un nombre que ustedes los humanos nos pusieron para identificarnos, pero nosotros tenemos nuestros propios nombres, y no eran todos iguales para cada uno, era a como lo hacen ustedes cuando se nombran entre sí— me dijo serio el pokémon.

    —¿Y entonces...?— pregunté.

    —Los padres son los que nombran a sus hijos....—dijo triste, a la vez que bajaba la mirada ante lo obvio.

    Ya sabía en qué iba a terminar lo siguiente que diría.

    —Mis padres murieron cuando aún estaba en un huevo; los humanos lo hicieron... me robaron y mis padres por defenderme terminaron siendo asesinados, esto lo supe gracias a que algunos de mis amigos estaban presentes cuando todo ocurrió— reveló costosamente el pequeño Riolu, a la vez que yo escuchaba cabizbajo, triste por aquel acontecimiento.

    Era lo más común que hacían las personas que esclavizaban a los pokémon... les mostraban a los más pequeños lo que ocurriría si desobedecían sus órdenes.

    El Riolu en ese momento fue abordado por todos esos sentimientos, a lo que solamente se tapó su cara con sus pequeñas manos negras por la pena que sentía...

    —Entiendo...—dije triste una vez que el pokémon terminó de contar su historia— sé que no puedo ponerme en tu lugar y decir que sé lo que sientes...— comenté— pero yo también soy huérfano— declaré, a la vez que aquello último sorprendió al Riolu— aunque al menos pude estar con ellos unos años, sé que el amor que un padre siente por su hijo es muy grande, y estoy seguro de que así fue en tu caso también... no tengo duda de ello. Así que lo único que nos queda ahora es luchar con todas nuestras fuerzas para que las enseñanzas y sacrificios que hicieron por nosotros no sean en vano— le dije, a la vez que me levantaba, para después alzarle mi mano con intenciones de ayudarlo a levantarse también.

    El Riolu se quedó mirando mi mano extendida por unos momentos a lo que, pasados unos segundos, la sujetó con fuerza asintiendo... mientras intentaba ser fuerte ante la situación, a la vez que varios pensamientos recorrían por su cabeza...

    Y quizás... solo una vez... la idea de confiar en un humano comenzaba a cruzar por su mente de igual manera.

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    Cuando nos levantamos, continuamos con nuestro andar, a lo que yo simplemente me mantenía pensativo en un tema en específico, a lo que el Riolu se daba cuenta de ello, pero no decía nada al respecto, únicamente sentía curiosidad ante mi actitud, a lo que mi voz no tardó mucho en volver a hacerse presente.

    —Entonces...— comencé a hablar, con una sonrisa macabra— eso significa que necesitas un nombre... — comenté finalmente, a lo que el pokémon gira su rostro completamente anonadado hacia mí ante mi indirecta.

    —¡¿Eh?!— me miró sonrojado— ¡Ni siquiera lo pienses!— el pequeño Riolu me gritó.

    —Vamos...—le dije, empujándolo levemente— necesitas un nombre, y también es triste el que no tengas ninguno—comenté sobándome la cabeza un poco avergonzado.

    —¡Te dije que no!— dijo el pokemón sin nombre.

    —¡Está bien, decidido!— grité, después de pensarlo un poco— ¡A partir de hoy te llamare Takeru!— grité enérgico.

    —¡¿Qué?!— El pokémon, digo, Takeru gritó— ¡Estás loco!— sentenció, sin querer admitir que le gustaba el nombre, a la vez que mostraba un pequeño rubor en sus mejillas.

    —¡Muy bien Takeru!—seguí gritando— ¡Me llamo Ryo, un gusto conocerte!— declaré dándole varios golpecitos amistosos en su cabeza.

    Takeru no dijo nada ante lo último... solo sonrió por lo bajo, ya que nunca le había dicho mi nombre antes tampoco.

    —Tsch...— El Riolu dijo fastidiado sin querer mostrar una sonrisa— sí que eres fastidioso— dijo nuevamente, a lo que yo comencé a reír alegre mientras él sonreía un poco como respuesta de igual manera.

    —Pero bueno, tampoco nos relajemos mucho — declaré serio— mañana vuelven las mercaderías al pueblo y ahora que tenemos la carreta podemos transportar muchas más en menos tiempo, pero esa la usaré yo, si quieres ser más fuerte primero tienes que, obviamente, aumentar tu fuerza y para eso tendrás que cargar las cajas de igual manera a como lo hice yo— dije decisivo.

    —¡SÍ!—respondió con la misma energía Takeru.

    Luego de unos minutos caminando, finalmente llegamos a la casa; Takeru estaba cansado, pero antes de cualquier cosa le limpié la pequeña herida que se había hecho en la cabeza cuando se golpeó contra el suelo, a lo que este simplemente aceptó el trato levemente sonrojado... luego de aquello le dije que podía dormir en mi cama si quería y el pequeño pokémon empezó a negarse porque solo había una y no quería que yo durmiera en el suelo, pero al final lo convencí diciéndole que era mejor que él durmiera en la cama porque sus heridas eran más graves que las mías, además de que aún tenía cosas que hacer afuera. Takeru, al ver que no serviría de nada el negarse, asintió para después acostarse y arroparse en las sabanas de mi cama, a lo que una vez dentro simplemente lo observé, a la vez que lanzaba leves carcajadas, mientras que Takeru simplemente se sonrojó... a la vez que, debido a su orgullo, simplemente se fastidiaba al estar tan cómodo y no poder negarlo de igual manera, a lo que después de ver su reacción simplemente comienzo a retirarme de la casa.

    —¡Que descanses!— dije antes de cerrar la puerta, fastidiando y avergonzando a mas no poder al pokémon por lo obvio.

    Takeru no dijo nada cuando me fui de la casa, estaba demasiado impactado por todos los tratos que recibió de mí, empezaba a sentirse agradecido, algo que nunca había sentido antes... tenía a sus amigos claro, pero siempre se había sentido solo hasta hoy...

    Siguió pensando, pero la cama era cómoda, y con la chimenea encendida era imposible el no quedarse dormido luego de unos segundos...

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    Una vez que salí de mi casa, me dispuse a construir una nueva cama; no quería molestar a Takeru, pero en realidad mi herida me molestaba bastante y no podría conciliar el sueño en el suelo, así que corté un árbol del bosque cercano, para luego convertirlo en una cama, no sin antes fallar unas cinco veces en el intento; Yuta me enseñó, claro, pero aun así no era mi mejor área. Seguí intentando cortar los pequeños trozos de madera de manera correcta, hasta que por fin pude tener una forma lo bastante decente (sin ánimos de alardear...), aunque claro solo había creado una cama pequeña para Takeru, ya que en mi casa no había tanto espacio que digamos como para una segunda cama de mi tamaño por lo que, satisfecho con mi trabajo, entro el marco de la cama, a la vez que ya empezaba a sentir las consecuencias de no haber dormido la noche anterior, pero sabiendo a pesar de todo que aún quedaba trabajo por hacer; guardé la madera que no ocupé para usarla después si es que la necesitaba y volví a salir a comprar un pequeño colchón para la nueva "adquisición" de la casa, a lo que luego de hacerlo, comenzaba a dudar sobre si me dolía más la herida en mi hombro o la deuda de cargas que tendría con el vendedor de colchones luego de aquella compra, ya que por supuesto solo pude pagar una pequeña parte del antes mencionado colchón.

    Me fui a mi casa después de aquello... instalé todo en silencio, usando además la manta que compré en la ciudad, la cual era perfecta para la nueva cama de Takeru.

    Una vez hecho todo, empecé a acercarme al pokémon para después hablarle despacio con el objetivo de poder despertarlo y dejarlo en su nueva cama, a lo que este no respondió, a la vez que una pequeña burbuja emergía de su nariz por lo cómodo y a gusto que estaba...

    Simplemente lo miré cabizbajo, al no poder oponerme al buen trato que estaba recibiendo en ese momento el pequeño pokémon.

    Solamente bufé... sin poder oponerme a la obvia ternura que reflejaba Takeru en aquel momento.

    —"¡¿Por qué Hina me tiene que pegar su corazón de abuela?!"— pensaba cabizbajo y a la vez encabronado, mientras me instalaba en la pequeña cama de Takeru en posición fetal prácticamente aplastado; inflando mis mejillas por lo pequeña que era, aunque al menos la herida de mi brazo no me dolía al estar en reposo sobre el pequeño colchón, y a pesar de lo incomodo que podía ser, me quedé dormido en pocos segundos... a lo que, luego de que mis leves ronquidos comenzaran a escucharse por lo antes mencionado, cierto pokémon comenzó a reír por lo bajo... a la vez que empezaba a estirarse en lo que para él era una cama gigante, para después volver a dormir con una sonrisa en su rostro al notar claramente mi indulgencia.

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    Las horas pasaron, hasta que nuevamente el sol volvía a emerger en el horizonte, comenzando así un nuevo día en el pueblo.

    Takeru fue el primero en abrir sus ojos, a la vez que bostezaba y se estiraba, dándose cuenta al instante que su herida se encontraba mucho mejor luego de no sentir casi ninguna molestia luego de aquellos movimientos. Se sintió en paz por unos segundos, sin embargo, unos ronquidos provenientes a sus pies lo hicieron fruncir el ceño, a la vez que comenzaba a fastidiarse levemente ante el obvio origen de los mismos.

    Yo, a diferencia de Takeru, estaba totalmente dormido, con las piernas afuera de la pequeña cama y con una burbuja saliendo de la nariz del tamaño de mi misma cabeza. Takeru simplemente se bajó cuidadosamente de la cama, para después caminar y quedar en frente de mí.

    —¡Despierta!— gritó Takeru en mi oreja— ¡Tenemos mucho que hacer hoy!— sentenció a viva voz, a lo que yo simplemente desperté bruscamente, asustándome y dándome un buen golpe en la cabeza con la pared que tenía atrás mío debido al "buen" despertar que recibí en aquel momento...

    —Estoy despierto...estoy despierto— dije entre leves susurros, aún somnoliento a pesar de todo... sobándome la cabeza y extrañando de igual manera a Takeru por no haber mostrado señales de enfado ante su grito.

    En ese momento, Takeru fijó su mirada en la pequeña cama que había construido, estaba muy bien hecha y se notaba que me había costado hacerla, a lo que el pokémon solo sonrío...

    —Bien... vamos— dije ahora un poco más despierto, sin parar de sobarme la cabeza— pero antes desayunemos— declaré ahora girándome hacia el pokémon.

    No tenía mucho dinero... pero al menos lo suficiente, a lo que luego de levantarme, saqué un pedazo de pan y puse dos vasos con leche blanca en la mesa, además de colocar dos tazones con cereal de trigo en la misma.

    Nos sentamos ambos en un lado de la mesa, a lo que me exalto y a la vez me fastidio levemente al notar cierto rostro de desagrado por parte de Takeru.

    —Vamos...— le dije fastidiado— no es mucho, pero es lo único que hay...— le dije nuevamente, a la vez que me sentía un poco triste— si quieres tener energías para lo que se te viene hoy, es mejor que desayunes— declaré ahora un poco más serio, para después comenzar a desayunar.

    —Está bien...— Takeru dijo decisivo, a la vez que cambiaba su rostro por uno más decisivo de igual manera.

    A pesar de todo, igual me lamentaba un poco por no tener nada más que comer... para ese entonces ya había pasado bastante tiempo desde que dejé de hacerlo, pero ahora que tenía a alguien a mi lado lado, me sentía un poco avergonzado al no tener algo más "delicioso" para el pequeño pokémon.

    —¿Oye... y cómo está tu herida?— le pregunté a Takeru preocupándome, pero también para quitar el silencio incomodo que había en la casa pasado los minutos luego de que ambos comenzáramos a desayunar.

    —La verdad, es que ya no me duele...— dijo extrañado el Riolu a la vez que me observaba, para después tomar un poco de leche.

    —¿Eh?— dije más extrañado aún— dudo mucho que un pulmón perforado no te duela— dije ahora entre leves carcajadas, pensando que Takeru mentía simplemente para hacerse el fuerte.

    —¡Pero si no estoy mintiendo!— dijo ahora fastidiado, a lo que yo lo comencé a observar con más detalle, fijándome a su vez en su respiración.

    Era normal, ni siquiera se contraía un poco cuando inhalaba o exhalaba...

    "¿Qué diablos?"— pensé mientras me acercaba al pokémon— espera un momento...— dije seriamente, a la vez que comenzaba a darle pequeños golpecitos con mi dedo en donde estaba su herida aún vendada— ¿Te duele?— le pregunté, a lo que Takeru simplemente negó con la cabeza.

    Luego de esa respuesta, simplemente comencé a sacarle las vendas... para ver que la herida prácticamente ya no estaba una vez que se las saqué; era increíble, en aquel momento había olvidado por completo esa información que aparecía en el libro, el cual explicaba que las heridas físicas de los pokémon se curaban de una forma mucho más rápida que a los humanos, pero nunca pensé que fuera a tal nivel...

    —Bueno...—dije alegre— esto hará las cosas mucho más fáciles ahora— sonreí triunfal— podrás dar el cien por ciento de ti para los trabajos de hoy, ya estaba empezando a considerar el no involucrarte hasta que la herida sanara, pero por lo que veo solo necesitabas de una buena siesta en mi colchón para reponerte por completo— comencé a reír, avergonzando levemente a Takeru, el cual obviamente sabía que había dormido en mi cama solamente porque yo no me opuse, y además no quería admitir que había dormido cómodamente...

    Una vez que terminamos de desayunar, tomé la carreta y nos dirigimos hacia el sector donde llegaban los cargamentos, Takeru sabía que eran muchas cajas pero cuando las vio casi pareció que sus ojos se iban a salir de sus cuencas, ya que nunca imaginó que fueran tantas.

    —Oye...— Takeru empezaba a decirme aún pasmado, a la vez que no apartaba su mirada del montículo de cajas— ¿Cuánto tiempo tardas en llevarlas todas?— preguntó el pokémon, refiriéndose a las mismas.

    —Mmm... a ver...— dije pensando— más o menos tres días— declaré serio a la vez que con normalidad.

    —¡¿Eh?!— Takeru gritó — ¡¿Tanto tiempo te demoras?! — el pokémon preguntó asustado.

    —Tsch... ¿Esperabas que fuera fácil?— dije, avergonzándolo por lo mismo.

    —N-No es eso— dijo el Riolu, mirando al suelo— es que no sé cuánto tiempo tengan ellos...— Takeru reconoció preocupado, a la vez que aún seguía pensando en sus amigos...

    Me quedé en silencio luego de aquello, a la vez que me giraba hacia el Riolu en son de lo mismo, simplemente para exaltarlo cuando comienzo a lanzar una pequeña risa...

    —No te preocupes... — le dije poniendo mi mano en su cabeza, a la vez que la sacudía levemente— tengo una idea, pero por mientras te pondré al tanto de cómo funciona todo esto, ¿Vale? — pregunté con una sonrisa— además, tu llevarás algunas para entrenar, con la carreta será mucho más rápido, lo más probable es que las terminemos hoy— dije seguro de mis palabras, refiriéndome a las mercaderías.

    —De acuerdo— dijo ahora más calmado el pokémon, a la vez que sonreía levemente.

    Después de eso fuimos recorriendo casa por casa dejando las mercaderías, yo llevaba las que más podía encima de la carreta mientras que Takeru llevaba una caja pesada para empezar, caminábamos lento por lo mismo, pero no lo culpaba, ya que era la primera vez que lo hacía y sabía que le costaba, sin embargo este no se rendía; les presenté a todos los del pueblo, los cuales lo observaban emocionados ya que nunca habían visto a un pokémon, o hacía mucho que no lo hacían, mientras que Takeru se ruborizaba por toda la atención que recibía de los mismos, intentando ocultarlo fallidamente en su serio rostro a pesar de todo. Luego, cuando habíamos hecho todas las entregas del pueblo, aún faltaba un último lugar, el cual era el que estaba más alejado, cuyas cajas eran las más grandes y en el caso de ahora, eran también las más pesadas.

    —Oye...— le dije, pensando— creo que será mejor que yo lleve estas en la carreta— admití preocupado al pensar en el peso de aquellas mercaderías.

    El Riolu simplemente me observó, pensando en lo que yo le había dicho, a lo que después comenzó a tomar una de las cajas que había que transportar, notando su obvio peso y tamaño.

    —¡No!— me gritó decisivo a la vez que cargaba la pesada carga— no lograré nada si ando con delicadeces— volvió a decir en un tono más bajo y esforzado, a la vez que comenzaba a caminar.

    —Oye...— volví a decir pasado unos segundos, viendo como el Riolu caminaba— es hacia el otro lado— señalé entre carcajadas preocupadas, a lo que el Riolu casi se cae con caja y todo por la vergüenza ante lo obvio...

    —¡De acuerdo! — gritó nuevamente, dándose la vuelta inmediatamente luego de mis palabras, sin querer chocar su mirada con la mía por lo avergonzado que se sintió, mientras que yo seguía riéndome por lo bajo.

    En aquel momento no estaba seguro si Takeru sería capaz de poder llevar todas las cajas, eran muchas y él nunca lo había hecho, pero no lo iba a detener, quería saber hasta qué punto podría llegar su fuerza de voluntad, y... en un lugar dentro de mí, tenía fe en que lo podría lograr.

    Takeru, con mucha dificultad, me acompañaba a la casa lejana del pueblo, a lo que pasado casi una hora, logramos finalmente llegar a nuestro destino, a lo que un anciano empezó a salir de su hogar luego de escuchar nuestras pisadas acercándose.

    —¡Vaya! si es Ryo— dijo sonriendo el anciano una vez que este nos vio— y... ¿Qué tenemos aquí?— dijo mirando a Takeru— ¿Es un pokémon?— preguntó curioso el dueño del negocio.

    —Sí — respondí sonriendo— se llama Takeru, es un amigo que vivirá conmigo una temporada, y me está ayudando con el trabajo— comenté a la vez que colocaba mi mano atrás de mi cabeza.


    Takeru, dejando la caja donde correspondía, cansado, escuchaba lo que hablaba con el anciano... a la vez que este se sorprendía un poco al escuchar que me había referido hacia él como un amigo.

    —¡Qué bien!— dijo el anciano— por mí ningún problema, ¿Pero crees que podrá traer mis cajas?, soy viejo pero no tonto, son bien pesadas...— mencionó preocupado.

    Takeru y yo nos miramos luego de aquello, era como si el Riolu también quisiera saber mi respuesta...

    —Sí — afirmé, sorprendiendo al Riolu— ya verás que te las trae todas— dije con una sonrisa a la vez que Takeru simplemente abría un poco más sus ojos ante aquello, mientras que yo empezaba a caminar hacia la carreta.

    —Oye Takeru— lo llamé segundos después, pidiéndole que se acercara.

    —¿Sí?— preguntó.

    —Tengo que hacer algunas cosas en el pueblo, así que te dejo a cargo el cargamento, faltan cinco cajas, haz caso omiso a lo que dije, si te cansas simplemente espérame o ve para la casa, ¿Está bien? — pregunté luego de explicar.

    Takeru simplemente pensó aquellas palabras por unos segundos, para después dirigirme la mirada nuevamente con decisión.

    —¡De acuerdo!— dijo decidido el Riolu.

    —¡Muy bien! ¡Nos vemos!— grité enérgico, a lo que salgo corriendo a gran velocidad hacia el pueblo, mientras que el dueño del lugar y Takeru me miraban con un leve toque de vergüenza ajena debido a mi acelerada actitud.

    —Es todo un caso tu amigo ¿Eh?— dijo el hombre a Takeru, a la vez que el mismo lanzaba unas cuantas carcajadas.

    —Tsch... no es mi amigo— dijo el pokémon, a la vez que miraba hacia otro lado sin querer admitir nada, a lo que el anciano simplemente comienza a reír nuevamente luego de escuchar aquello, fastidiando levemente a Takeru.

    —Ya dije antes que soy viejo pero no tonto— sentenció el hombre, volviendo a su casa— suerte con las cajas— dijo entrando a su morada y despidiéndose, a la vez que cerraba despacio la puerta de la misma.

    —Hmph...— refunfuñó de nuevo Takeru, empezando a ir hacia el pueblo para buscar las mercaderías restantes.

    —"¿Ryo me considera como su amigo?..." —pensaba el pokémon mientras iba caminando lentamente hacia el pueblo.

    Pero... ¿Sentía lo mismo hacia mí?, ¿Me consideraba también...su amigo?, aquellas dudas cruzaban una y otra vez por su mente... era cierto que era el primer humano en el que empezaba a confiar, pero aún no le tenía tanto afecto como para aceptarlo, y menos para considerarlo su amigo...

    .

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    .

    Luego de dejar a Takeru con las últimas entregas, planeaba hacerle una sorpresa, siendo esta la razón del por qué quería separarme rápidamente del mismo, siendo dicha sorpresa el construirle un pequeño makiwara con la madera que me sobró cuando construí su cama, para ayudarlo a entrenar... sin embargo, sabía que no podía hacerlo solo, por lo que fui a pedirle ayuda a Yuta, a lo que luego de unos minutos caminando hacia su hogar, llego finalmente para encontrarlo sentado cómodamente en una silla a las afueras de la misma, simplemente observando a su alrededor.

    —Hola Ryo— Yuta me saludó amablemente en el momento en el que me ve.

    —Hola Yuta— saludé sonriendo— lamento lo apresurado... pero necesito pedirte un favor— declaré tímidamente.

    —Dime pues, ¿Qué necesitas?— preguntó curioso el anciano, sin negarse a ayudarme.

    —¿Sabes crear un makiwara?— pregunté como respuesta, a lo que Yuta se tomó unos segundos para pensar luego de escucharme.

    —Pues... hace tiempo que no hago uno, pero si tienes madera suficiente creo que podría con uno de los planos viejos que tengo guardados— declaró finalmente, a la vez que sonreía.

    —De acuerdo, creo tener lo suficiente— le dije a Yuta, a lo que se levantó luego de escuchar aquello y nos dirigimos hacia mi casa luego de que el mismo sacara de su casa el plano que antes mencionó.

    Después de unas dos horas aproximadamente, Yuta me ayudó a crear no solo uno, sino dos makiwaras; la madera alcanzo justo para uno de mi tamaño y otro más pequeño para Takeru, a lo que una vez terminados, ambos sonreíamos satisfechos ante el trabajo.

    —¡Muchas gracias!— le agradecí a la vez que le sonreía, mientras que seguía viendo de cerca los nuevos makiwaras.

    —No te preocupes— dijo con una sonrisa Yuta— ahora, si me disculpas, volveré a mis aposentos— se despidió riendo, para después retirarse lentamente del lugar.

    Después de terminar los makiwaras y despedirme de Yuta, fui a comprar algunos alimentos que comenzaban a faltar en la casa, y ahora que tenía la carreta, pude hacer los encargos mucho más rápido y por ende la paga la obtuve antes también; compré más pan y cereales, junto con algunos chocolates para Takeru que, luego de ver su reacción en el momento en el que le di un pequeño pedazo del dulce, sabía que le gustaba y mucho.

    Fue en el momento en el que vi el chocolate, cuando me acorde de él... habían pasado varias horas desde que lo había dejado con los cargamentos, por lo que me fui a mi casa, dejé la comida y fui hacia donde estaban las cajas que faltaban por entregar.

    No había ninguna.

    —¿Eh?— me asombré; no me podía creer que Takeru fue capaz de llevarlas todas, pero sabía que aún no terminaba porque si no, me habría buscado o estaría en la casa... así que fui en su búsqueda luego de suponerlo, yendo hacia el hogar donde se suponía debía dejar los cargamentos.

    Miraba en el camino de tierra a la vez que observaba las pequeñas marcas de las patitas de Takeru, estaban muy marcadas e incluso se veía un pequeño tinte rojo en ellas, por lo que al instante comencé a preocuparme; no sabía el porqué de la situación hasta que me percaté de un pequeño punto en la distancia...

    Con tres cajas encima de él.

    —"Ay...no"—pensé mientras los puntos se conectaban, Takeru estuvo trayendo más de una caja a la ves todo ese tiempo, cosa que ni yo hacía porque además de que una sola caja fuera de por sí muy pesada, también era peligroso, como fracturas o cosas de esa índole; no era mortal pero significaban días de descanso, cosa que no podía tener mucho.

    Me acerqué un poco más, a la vez que intentaba evitar el que me viera; no es que no quisiera ayudarlo... pero de igual manera era fácil de apreciar el orgullo del pokémon en aquella situación.

    Él quería hacerlo solo.

    Me acerqué más, temiendo de que se percatara por mi aura, pero al parecer no lo notaba... quizás porque estaba demasiado cansado como para fijarse en otra cosa que no fuera el camino. Notaba sus pequeños brazos y patas con tintes rojos, y no solo en las manos o en los pies, sino también en las rodillas y en sus codos. Se había caído en más de una ocasión, a lo que mientras lo seguía observando sin saber qué hacer, volvió a terminar en el suelo a la vez que las cajas caían estrepitosamente al lado suyo, pero no se levantó; estaba inerte, tendido en el barro.

    —Maldición...— dijo Takeru en un débil intento de gritar sin resultado— mi cuerpo ya no me responde— dijo en un volumen aún más bajo— tengo que hacerlo... él dijo que... podría— terminó de hablar, a la vez que salían algunas lágrimas de sus ojos, para luego finalmente desmayarse.

    Esas últimas palabras entraron en mí como si de una estaca se tratase, primero pensaba que lo estaba haciendo para ser más fuerte, pero luego de escucharlo sabía la verdadera razón:

    Lo hacía por que dije que él podría hacerlo.

    No pude evitar soltar una lagrima, la condición en la que estaba... y todo era por mi culpa, sentía demasiado odio hacia mí en ese momento; comenzó a llover y de un segundo a otro estaba al lado de Takeru... estaba completamente inconsciente, a la vez que su cuerpo tiritaba por la fatiga.

    Estaba enfurecido... a lo que até con una cuerda que había en una de las cajas a cada una de las mismas y las tomé juntas con el brazo derecho. Estaban pesadas, pero la ira me ayudaba; después tomé a Takeru con el brazo izquierdo, tapándolo con la chaqueta que llevaba puesta; dejé las cajas con su dueño, no sin antes percatarme de cómo todas las demás cajas tenían manchones rojos por la sangre del pokémon, a lo que no hice más que apretar los dientes, para después correr lo más rápido posible hacia la casa.

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    Era de noche, la lluvia se intensifico y por suerte al día siguiente no llegarían más cargamentos. Acosté a Takeru en su cama y limpié sus heridas para después vendarlas; sin embargo, aún continuaba inconsciente... no sabía qué hacer o más bien no sabía que sentir. Me odiaba demasiado en esos momentos, nunca antes me había preocupado más que de mí en aquellos trabajos, si algo me pasaba por tener que soportar las cargas lo sobrellevaba y seguía adelante, pero ver a Takeru haciéndolo y de una manera aún más dura a como fueron mis primeros días en el trabajo me hizo pensar que él sólo había salido de una esclavitud para entrar a otra.

    Eso colmó mi cabeza, golpeé el suelo astillando levemente la madera a la vez que volvían a salir lágrimas de mis ojos; no soportaba esa impotencia, ese dolor... era la primera vez que sentía eso hacia alguien. Inevitablemente me había encariñado con el pokémon, aunque este no quisiera sentir lo mismo, pero la ira y el dolor me confirmaron lo que sentía.

    —Takeru...— le dije serio con tristeza— ¡Te prometo que rescataremos a tus amigos!...— prometí en un susurro con intención de ser grito, solamente para mirarlo aún en el mismo estado inconsciente, solo que esta vez dejando de tiritar.

    No podía hacer nada, me quedé observándolo un rato para luego ir a acostarme a dormir, sin éxito. logré conciliar el sueño luego de unas dos horas luego de haber estado un rato mirando el techo escuchando la lluvia resonar, sin dejar de pensar en el pokémon.

    .

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    Era nuevamente de día, me desperté y todo seguía igual; Takeru seguía donde lo había dejado, me empecé a preocupar de que no se hubiera levantado, pero lo que vi me tranquilizo un poco más: estaba durmiendo de lado plácidamente, incluso se escuchaban pequeños ronquidos provenientes del mismo... y sin ánimos de despertarlo me levanté y fui a conseguirme un poco de mantequilla en el pequeño mercado del pueblo. Era algo que no compraba muy a menudo porque era muy caro, pero quería darle algo a Takeru para darle más sabor a su pan y alegrarle un poco más el día, o más bien era para quitar, aunque fuera un poco, la culpa que sentía. Compré lo que pude, y corrí a mi casa, no sin antes quedar todo empapado por la lluvia que aún estaba presente.

    Llegué luego de darme cerca de veinte duchas por el agua, puse a secar mi ropa al lado de la chimenea y volví a ver a Takeru... parecía que iba a despertar en cualquier momento, así que me dispuse a preparar el desayuno; tosté el pan en la chimenea y calenté un poco de leche, a lo que luego la mezclé con un pedazo de chocolate para darle el sabor, y puse la mantequilla en un plato en el centro de la mesa; pasados unos segundos saqué el pan tostado para colocarlo en el mismo lugar, junto con un tazón de cereales para cada uno. Cuando estoy terminando de colocar todo en su lugar, un nuevo sentimiento se me vino a la mente: era la primera vez que lo hacía... nunca antes o muy pocas veces me había sentado a comer en una mesa, claro... cuando vivía con Hina obviamente sí, pero desde que vivía solo en esta casa generalmente comía mientras trabajaba o cuando caminaba por el pueblo, hacía mucho que no había experimentado aquello...

    Este ambiente de estar en familia.

    Dios... era un sentimentalista en aquel entonces; pero sabía los sentimientos que Takeru tenía hacia los humanos... y lamentaba el pensar que nunca podría borrar todo lo que le hicieron, pero he de admitir que una parte de mi quería verlo como familia.

    Una parte de mi lo apreciaba...

    Sin embargo, el pensamiento se interrumpió por un bostezo seguido por una larga estirada...

    —¿Qué es ese olor?— dijo al aire débilmente Takeru.

    —¡Por fin despiertas!— dije sonriendo, mientras Takeru no sabía que hacia ahí, pensando en qué era lo último que recordaba.

    —Ya veo...—dijo triste, una vez que recordó lo sucedido— al final no pude...—afirmó bajando la mirada, desanimado.

    —Oye, oye...— dije, dándole golpecitos en el hombro— tampoco fue correcto de mi parte dejar que lo hicieras todo tú solo— afirmé, tomando su atención— ni yo hubiera sido capaz de hacer siquiera un solo viaje con tres cajas encima en mi primer día trabajando, y tu hiciste casi dos— sonreí a lo que él respondió con una leve sonrisa.

    —Gracias...— contestó observándome con una pequeña sonrisa de igual manera, dejándome completamente pasmado, como si aquellas palabras me hubieran atravesado el corazón por la misma culpa que tenía guardada...

    —¡No! — grité casi al instante luego de aquellas palabras, sorprendiendo a Takeru — no tienes nada por qué agradecer de lo que hice...— dije a la vez que bajaba la mirada, completamente triste a la vez que no podía evitar el derramar una lágrima— fue mi culpa el que tú terminaras así— dije entre tartamudeos— ¡Perdón!— pedí finalmente, chocando mi cabeza contra el suelo, exaltando nuevamente a Takeru por dentro, mientras que por fuera simplemente mantenía una calmada actitud...

    —Dios...— empezó a decir Takeru, levantándose de la cama— de verdad eres un tarado— empezó a reír, a la vez que ponía una de sus manos en mi hombro— no te eches toda la culpa, yo fui el estúpido que se echó tres cajas encima— respondió con una sonrisa, a lo que yo solo solté una apenada y pequeña carcajada ante lo obvio.

    Después de que me volviera a levantar la nariz del Riolu comenzó a moverse bruscamente, mientras que su estómago empezaba a gruñir en respuesta, a la vez que yo me reí por lo bajo ante lo obvio, mientras que Takeru simplemente se ruborizaba fastidiado por lo mismo.

    —Parece que te diste cuenta del pan tostado— dije riendo.

    —Hmph— refunfuñó el pokémon con sus mejillas infladas y sonrojadas.

    —Ven, preparé el desayuno— dije alegre, desanimando levemente al pokémon, el cual pensaba que iba a comer de nuevo lo mismo de la otra vez, pero no pudo estar más equivocado cuando queda completamente anonadado en el momento en el que ve las cosas en la mesa.

    —¿Y... qué te parece?— le pregunté sonriendo, a la vez que me sentaba, mientras que Takeru aún estaba mirando la leche con chocolate y el pan tostado acompañado de la mantequilla— pienso que te lo mereces por el trabajo duro que hiciste ayer...— volví a decir, a lo que el pokémon solo se sentó, aún en silencio...

    No dijo nada, pero se le notaba triste; untó un poco de mantequilla en su pan, tomó un poco de leche y le dio un mordisco al antes mencionado pan con la mantequilla derretida en él, pero no partió el pedazo, solo se quedó así... sujetándolo mientras lo mordía a medias, a lo que me exalto cuando noto que este comenzó a llorar bruscamente, incluso mojando el pan; sin embargo, yo no quería decir nada, haciéndome una idea de lo que ocurría...

    —Está delicioso — Takeru dijo, llorando con el pan aún en la boca— nunca me habían tratado así — dijo entristeciéndome— generalmente... cuando no hacía bien mi trabajo pasaba lo contrario— comentó... rompiendo en más lagrimas— nunca había probado la mantequilla...— mencionó finalmente entre sollozos.

    —Bueno... no te acostumbres mucho— dije un poco avergonzado, pero a la vez riendo levemente— esto es todo lo que pude comprar por el momento, y no digas que hiciste mal tu trabajo... por una razón te la compré— le dije sorprendiéndolo— no sigas pensando que aun vives de la misma forma que antes, ya no eres el esclavo de ese hombre, eres Takeru, un pokémon que quiere salvar a sus amigos, ¿Recuerdas? — afirmé con decisión.

    —Serás un...— empezó a decir Takeru, ya sacando el pedazo de pan con los dientes y comiéndolo con ánimo— ¿Por qué tienes que parecer como un tarado y después hablar totalmente maduro?— sentenció, a la vez que comenzaba a reír.

    —Oye...— dije con un poco apenado, ya que no podía desmentir eso mientras que el pokémon comenzaba a reír ahora con más entusiasmo, a lo que también comencé a hacerlo.

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    Solo se escuchaban risas en la casa... a pesar del mal tiempo, se estaba cómodo en ese espacio, era alegre y acogedor; Takeru sentía por primera vez, algo que nunca pensó tener o experimentar...

    Se sentía en familia.

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    Muy bien chicas y chicos... finalmente este es el fin del primer cap xD, agradezco mucho si es que llegaste hasta este punto... no soy tan tonto como para saber que el fic es bastante largo en comparación a lo normal, por lo que agradezco mucho el que hayas gastado de tu tiempo en leer mi escrito ^^

    Ahora... pongámos "serios"...
    La historia ya está hecha, son un total de tres libros de unos 6 a 9 capítulos cada uno, y esa recién es la primera trilogía xD. Espero contar con su apoyo, ya van varios foros en las que he publicado y he obtenido un sin fin de experiencia y concejos, espero que esta página no sea la excepción ^-^

    ¡Nos vemos en el siguiente capítulo! (Proximo domigo)
     
    Última edición: 1 Julio 2017
  2.  
    JoJoBaoh

    JoJoBaoh Beta-reader

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    Muy Buenas, pasé a leer tu trabajo y cabe destacar que estoy muy satisfecho con la historia que has desarrollado, pero antes de entrar a detalles de la historia, tengo que hablar del apartado técnico.

    -Hay ciertos momentos en donde abusas de la conunción "Y", aunque esto es más personal que nada cabe aclarar, ya que hay momentos donde no se ocupa en su totalidad, sé que es difícil a veces no usarlo, es cuestión de práctica constante para evitar el abuso de esta mágica conjunción.

    -Después de puntoa suspensivos va mayúsculas, al igual que después de un guion

    -Error de ¿Orden? Es en la escena donde Hina golpea a Ryo, los puntos suspensivos deberían estar dentro de los signos de exclamación.

    - En la escena donde "le gana la curiosidad" a Ryo, repites "sin embargo" cambia una de ellas por: no obstante, a pesar de que/de ello, aunque, etc.

    -En las preguntas internas de Ryo, en una de ellas colocas un punto después del signo de interrogación, cuestión de quitarlo.

    -Después de la escena donde Riolu se molesta por el cambio drástico de actitud de Ryo, repites varias veces el nombre de la criatura, sería conveniente reducir el uso del nombre.

    - Tienes pequeñas faltas de ortografía que si prefiero citar, pero como ando en el celular, lo haré después, nada queda de aviso por el momento.

    Ya dicho eso queda decir que en sí no tienes problenas de redacción, bsstante fluida para mi gusto y son mínimo los errores ortográficos.

    Terminado el apartado técnico paso a la de la historia.

    La trama tiene en claro cuál es el objetivo, además del comportamiento de tus protagonistas, hay un "backstory" que realmente intriga, obviamente es el por qué los Pokémon y los humanos no conviven como solían hacerlo, pero mencionaste que este es un trabajo bastante largo que ya tienes avanzado, será cuestión de saber que procede.

    Fuera de ello, es lo que más me interesó, porque fue algo fuera de lo normal, ya que en sí gran parte del capítulo fue enfocado en la relación de los protagonistas, que sí me gusto cabe aclarar, pero no tengo nada más que resaltar por ahora ya que solo es el primer episodio.

    Ya sin nada más que decir, que pases buen día
     
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  3.  
    RyoKurogane

    RyoKurogane Iniciado

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    Hola JoJoBaoh, primero que nada déjame darte las gracias por haber leído y comentado el primer cap de mi fic, la verdad... nunca esperé que alguien comentara mi trabajo en esta página, por la gran cantidad de palabras que tenía un solo cap de por sí jajaja, pero bueno, déjame decirte de primeras a cuentas que agradezco tu tiempo invertido en mi historia, pero... debo decirte que no seguiré actualizando en esta página... más que nada por el mismo largo de los caps, y que por lo visto hay muy pocos lectores que se encuentran dispuestos a leer tanto como tú u-u (eres el primer comentario en cuatro meses xD), sin embargo, eso no cambia el hecho de que me fuera útil tu opinión :3, ya me encuentro bastante avanzado eso sí, y me enorgullezco de admitir que los errores que mencionaste ya están mucho mejor corregidos (no en su totalidad... pero es una mejora considerable).

    Mi historia la estoy publicando actualmente en otras páginas donde las opiniónes han sido más abundantes, esto último no es condición u obligación ni mucho menos, puedes hacer lo que estimes conveniente, pero no perderé la oportunidad de quizás tener otro nuevo lector, así que, si tienes ánimos de continuar la historia, te dejo el link de mi perfil en wattpad, espero contar contigo pero, como ya dije, no estás obligado a nada.

    ¡Muchas gracias nuevamente! y que tengas un excelente día! ^-^

     
    Última edición por un moderador: 13 Noviembre 2017 a las 1:40 PM

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