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One-shot Fanfic - Falling Into Infinity [Rangiku//Gin] [Fansub]

Tema en 'Bleach' iniciado por Kyouko Kiryuu, 12 Junio 2016.

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  1.  
    Kyouko Kiryuu

    Kyouko Kiryuu Adicto

    Sagitario
    Miembro desde:
    27 Noviembre 2008
    Mensajes:
    1,618
    Puntos en trofeos:
    371
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Fanfic - Falling Into Infinity [Rangiku//Gin] [Fansub]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2613
    [​IMG]
    Título:
    Autor y link de éste:

    Capítulos:
    Uno [Finalizado]
    Fandom: Bleach. [Rangiku/Gin]
    Géneros: Romance/Angst.
    Resumen: Le toma seis días recordarla. Rangiku encuentra a Gin vivo y renacido en el mundo de los vivos.
    Colaboradores:
    Proyecto traído y solicitado por: @Kyland

    Traductores
    :
    @Atl.
    @Minaki Kaeden

    Correctores.
    @Minaki Kaeden
    @Kyouko Kiryuu.
    @Pire

    Edición de la imagen:
    @Melody cleary

    Falling Into Infinity

    -1

    El primer día, lo primero que notó de ella fueron sus ojos.

    Bueno... eso no era del todo cierto. Él mueve sus ojos para observar su cara, mientras que ella se dirige hacia el mostrador, sus brazos cargados de tantas bolsas de compras que prácticamente las está arrastrando por el suelo de madera pulido. Finalmente llega al mostrador y deja lo que llevaba, con el más largo y exagerado suspiro que él haya oído, antes de colapsar en un banco y dejar caer su cabeza junto a sus brazos sobre la pulcra repisa.

    Él debería estar irritado por su dramatismo; por esta mujer que atravesó las puertas de su cafetería y todavía no se había dignado a mirarlo, pero se encontraba inexplicablemente fascinado por ella. De alguna manera el aire alrededor de él se llegaba a sentir más limpio y vigorizante que antes; como si algo en el mundo hubiera cambiado y se hubiese acomodado en su lugar. Ella es como oro sólido, resplandeciente en una habitación gris. La sonrisa aparece con facilidad.

    —¿Cómo puedo ayudarla, señorita?

    Ella se despabila como si su voz fuera un despertador y se endereza, las afiladas facciones de su cara dejaron el confort de sus brazos para ponerse a su nivel. Su largo cabello rubio vuela hacia un lado y al mismo tiempo en que de forma distraída se pregunta si se va a caer de su banco o algo, piensa que su cabello se ve mejor de esa manera. ¿Mejor que qué? No puedo decirlo. Pero se ve lindo, es todo lo que sabe.

    Sus ojos tienen un azul metálico. Lo sabe porque lo miran fijamente, son grandes y resplandecientes; por un momento se encuentra incómodo, piensa que está a punto de llorar. No lo hace. Le toma un momento componerse, quita esa extraña expresión de su cara y dice:

    —Un Latte de Avellana, por favor. —Pero él vio a través de eso.

    Esos ojos, aúllan, gritan, están llenos de tristeza, de algún profundo dolor que no puede tocar, sentir o comprender. Parecen extraños en ella, a pesar de que él sabe que la ha visto antes. No van con ella. Tiene una terrible sensación de que hay cabos sueltos, cosas sin resolver entre ellos y no sabe qué es.

    Pero ahora a ella le da una tentativa y cautelosa sonrisa, él se le ha quedado mirando fijamente. Le regresa la sonrisa, inclinando su cabeza hacia ella, asintiendo, antes de darle la espalda e ir a preparar su orden. Su mirada lo quema todo el tiempo.

    -1

    Han pasado horas desde que la mujer se terminó su café en silencio. No se ha movido ni un centímetro, pero parece entretenida en su celular; él da una rápida mirada sobre su hombro y ve una pantalla negra. Ella sólo está ahí sentada, de frente se encontraban los fríos restos del late de avellana, mientras lo observa atender a los otros clientes y cobrar.

    Distraídamente él se pregunta qué está haciendo. ¿Está esperando a alguien? ¿La habían dejado plantada? En seguida desecha ese pensamiento; nadie está lo suficientemente loco para dejarla plantada. La vuelve a mirar y hay un pequeño destello en sus ojos, antes de que apresuradamente mueva su rubia cabellera y se quede su taza de café vacía mirando fijamente. Parece que no quisiera irse, que podría estar sentada en ese lugar. Él piensa que sabe cómo es sentirse así.

    Está a punto de preguntarle si quiere otra cosa cuando su teléfono vibra, deja salir un pequeño grito por la repentina interrupción. Él se ríe sin poder contenerse, ella lo mira con indignación, su cara se suaviza por un momento mientras vuelve a mirar su teléfono; piensa que lo más probable es para esconder su vergüenza más que otra cosa.

    Lo que sea que haya dicho el mensaje que recibió, la hizo levantarse tan rápido como pudo.

    —¿Cuánto le debo por el latte? —le pregunta, sus manos buscan en su bolsa por el dinero mientras saca un puño de notas.

    —Yo invito. —No sabe que lo hizo decir eso, se siente tan sorprendido por dentro como ella por fuera. Lo mira, luego una sonrisa aparece en sus labios; una real y genuina, no la sonrisa nerviosa que le mostró antes y él piensa, ésa, ésa es.

    Ella le da las gracias, él le devuelve la sonrisa con una suya, después se da la vuelta y pone el latte en su cuenta.


    No la ve poner cuatro veces lo que valía el café en el jarrón de las propinas antes de decirle adiós y salir rápidamente.


    Él gasta los veinte minutos que le sobran de su descanso mirando absorto el espacio donde estaba, el que ahora pareciera estar vacío en su ausencia.

    -2

    Al día siguiente se sorprende cuando la ve llegar y se ofrece a invitarle un café.

    —No tiene que hacer eso señorita. —Sonríe, no como lo hace a los demás clientes, ella entrecierra sus ojos un poco. Él se pregunta si lo está imitando.

    —Me invitaste un café ayer cuando viste que estaba muy apurada, ¿entonces qué quieres que te invite? —Se sienta en el mismo lugar que el día anterior y él casi tiene ganas de reír. Es obstinada; de alguna manera lo sabía desde el instante que entró al café ayer. Le levanta una ceja perfectamente depilada—. ¿Y bien?

    Él sigue sonriendo, algo que parece ponerla feliz y triste al mismo tiempo, y educadamente rechaza su oferta otra vez.

    —No me debe nada, señorita —dice—. Pero aprecio el gesto.

    Lo mira a los ojos por unos segundos, como si estuviera desafiándolo, antes de recurrir a métodos más sutiles.

    —Está bien —suspira dramáticamente, poniendo su rostro sobre sus brazos, sus blancos codos apuntando hacia el mostrador—. Tendré que comprar dos y esperar que uno de ellos no se enfríe.

    Al final, se bebe el café. No porque el late de canela lo traiga loco o porque esté preocupado por satisfacer la deuda que la mujer piensa que le debe, sino porque su atrevida y obstinada amabilidad era mucho mejor que la interminable tristeza que vio en ella ayer.

    -3

    El tercer día, la ve sentada en su lugar de costumbre incluso antes de él haber llegado al trabajo. La ve a través del cristal mientras camina por las ajetreadas calles de la ciudad hacia las puertas de la cafetería, su espalda da hacia su dirección y su cabeza por momentos se mueve hacia la dirección donde está el reloj de la pared. De pronto, se pregunta si lo está esperando a él. ¿Y si sí lo hace, cuánto tiempo ha estado sentada ahí?, pero descarta la idea antes de que pueda formarse por completo.

    —Nos vemos de nuevo, señorita —lo dice cerca de su oreja y antes de que ella tenga oportunidad de voltear a verlo, pasa rápidamente junto a ella y entra al cuarto de empleados.

    —No es "señorita"—le dice simplemente cuando regresa a su lugar detrás del mostrador unos minutos después, su abrigo y billetera ahora guardados en el cuarto de empleados—. Haces que me sienta más vieja.

    —Perdón, señorita —dice, y de alguna manera sabe que ella ve a través de su cortesía fingida y que en cierta manera quiere verla nerviosa. Sabe que lo conoce —. ¿Cómo debería llamarla?

    —Me llamo Matsumoto Rangiku —le dice mientras lo mira por un momento y sonríe irónicamente, casi como si esperase alguna clase de reacción de parte de él —. ¿Y tú? —le dice su nombre y ella lo mira, detenidamente, y se pregunta qué es lo que ve en él, antes de preguntarle qué ordenará.

    —Hmmm —musita y revisa la lista de bebidas que está en la pared encima de su cabeza. Nunca ha comprado la misma bebida dos veces, se da cuenta, y se encuentra intrigado por qué va a pedir esta vez—. Creo que pediré un café negro. Sí. Café negro. Sin azúcar ni nada.

    —En seguida, Ran-chan —le sonríe, el nombre sale de su boca tan fácil como el agua en un río, y no sabe porque antes pensó que podría haber sido otro.

    Por las próximas horas ella bebe su café en silencio, a veces platica con él un poco antes de volver al agradable silencio. Se sentía diferente a comparación de ayer, cuando actuaba más o menos como una niña malcriada que no paraba de entretenerlo. Piensa que tal vez la interminable tristeza que tenía los dos días anteriores la ha absorbido; pero luego se detiene a verla y ella también lo mira con curiosidad.
    Abstraída, no agobiada. Parece pensativa, reflexiva más que cualquier otra cosa, y es un rasgo que no hubiera necesariamente asociado con ella la primera vez, pero que al mismo tiempo parece ser lo apropiado para ella.
    Lo mira un poco más mientras trabaja.

    Él también la mira.

    - 4

    El cuarto día, casi de la nada, ella le pregunta si le gustan los nísperos.

    —¿Nísperos? —pregunta, sin estar seguro de que había escuchado bien.

    —Nísperos —le asegura, sus cejas se levantan como si esperara impaciente por una respuesta, como si no fuera extraña la pregunta—, nísperos secos ¿te gustan?

    —Nunca los he probado —contesta, y desea haber dado una respuesta diferente cuando la ve cabizbaja, con sus ojos azules viendo su cappuccino, unos segundos después lo vuelve a mirar con su suave y conocida sonrisa que hace que algo dentro de él se mueva.

    —Te encantan. Quiero decir —sacude un poco su cabeza, corrigiendo su pequeño desliz—. Creo que te van a encantar.

    - 5

    —¡Pruébalos! —le dice en el quinto día, dándole una bolsa de papel café y sacando una muy grande, arrugada y naranja pasa de la bolsa, dándole un mordisco.
    Él le sonríe nerviosamente desde su lado del mostrador.

    —¿Qué es eso?

    Lo mira de manera incrédula, ni siquiera molestándose en tragarse lo que tiene en la boca antes de gritar.

    —¡Nísperos secos! Una cosa es no haberlos probado nunca, ¡pero no me creo que ni siquiera sepas cómo son! ¿¡Nunca has visto uno!?

    —¿Debo haber visto uno? —dice mientras ríe levemente. Un par de clientes se voltean hacia ellos debido al escándalo de Rangiku, pero se da cuenta de que no le importa.

    —¡Claro que no! Solo eres ¡japonés, eso es todo! —ella bufa, y él se encanta con el hecho de que sea capaz de utilizar sarcasmo. De verdad no se lo esperaba. Finalmente se traga lo que tenía en la boca y extiende la bolsa hacia él.

    —¡Vamos! ¡Prueba uno!

    Y él no tiene el corazón parea decirle que comer alimentos que no sean de la tienda no está permitido, y que si quiere comerse sus nísperos secos deberá hacerlo afuera. Porque, que regla tan estúpida, y porque ella parece brillar de alegría. Y realmente es más para el placer de ella que para su beneficio cuando introduce su mano en la bolsa y saca uno de esos supuestos nísperos secos.

    —Pero dime cómo saben, Ran-chan.

    Ella le regala una sonrisa enorme.

    —No podría decirte. Ni siquiera yo lo sé. No es como cualquier otra fruta que alguna vez hayas probado, y te va a encantar —y con esa sólida afirmación, lo muerde.

    Rangiku tiene razón. No es como cualquier fruta que alguna vez haya probado, pero en el mejor de los sentidos. Se ve como una naranja combinada con una pasa y sabe tan ácido como una manzana, y tal dulce como una ciruela con la textura de mermelada. No lo sabe realmente. Pero instantáneamente se convierte lo mejor que ha probado en su vida.

    Cree por un segundo que lo había probado antes. No lo recuerda bien, pero sabe que conoce el sabor; mira su rostro de nuevo, y experimento el momento una y otra vez. La explosión de color en su boca y el cegador brillo de su sonrisa, mientras ella lo comparte con él. Le sonríe, y de alguna manera, no sabe cómo, pero parece una niña. Se ve como una pequeña niña con una sonrisa demasiado grande para su rostro y una risa muy escandalosa para su delgado y desnutrido cuerpo.

    Pero pestañea, y la Rangiku que conoce desde hace solamente cinco días lo mira expectante, y deja de ser una pequeña niña, su sonrisa es perfecta y está definitivamente crecida.

    —¿Y bien? —dice impacientemente, y su entusiasmo es contagioso y él quiere agarrarlo, atarlo alrededor de ellos y flotar lejos con ella—. ¿Qué dices?

    Él le responde devorándose todo el níspero en dos grandes mordiscos, e introduce la mano de nuevo para tomar otro.

    - 6

    En el sexto día, lo encuentra sentado en el banco al lado de su puesto usual. Se desliza a su asiento antes de voltearse a mirarlo con interés, un tono juguetón en su voz está presente.

    —¿Acaso nunca tienes un día libre?

    Él la mira de vuelta, y siente que es la sonrisa más genuina que alguna vez ha usado, como si pudiera desgarrar su rostro de pura emoción.

    —Este es mi día libre —responde casualmente. Y antes de que ella pudiera abrir la boca y preguntase temblorosamente por qué estaba allí (¿por ella?), la mira a los ojos—. Te conozco, ¿no es así?

    Ella lo observa fijamente. Mira directamente sus ojos color azul océano y la expresión de su rostro es tan profunda, tan dolorosamente hermosa, que quiere detener el tiempo y memorizar su rostro porque parecía tan raro verla sin habla. La tristeza que alguna vez vio en ella ya no está. No estaba simplemente escondida o nublada por otras emociones más fuertes; se había ido completamente y sabía que él había logrado eso por ella.

    Y se da cuenta que no necesita su respuesta. La manera en que lo mira, como si la última pieza de su rompecabezas por fin cayó en su lugar, es todo lo que necesita. No sabe cómo, o cuándo, pero la conoce desde toda la vida y hasta más. Esto lo sabe de manera innata e instintiva. No necesita una explicación de su parte, o del universo, o de cualquier otra poderosa entidad que finalmente se la devolvió. No la recuerda desde antes del momento en el que arrasó por la puerta y por su vida hace seis días, pero siente que su propia alma la conoce, como si fueran más allá de la vida y la muerte y solo existieran juntos. Como si hubiese un hueco en su vida del que no se había dado cuenta hasta que ella llegó a rellenarlo. Como si el mundo por fin volviera a la normalidad después de un mal que él no había visto nunca.

    Ella toma las manos de él en las suyas propias y entrelaza sus dedos con los suyos.

    —Me conoces —susurra—. Y yo te conozco.

    Y fue suficiente. Estaban cayendo en el abismo de lo infinito, pero eso ya no le importaba.
     
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  2.  
    Minaki Kaeden

    Minaki Kaeden Procastination Queen

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    No puedo, no puedo. ¡Los feels! Qué orgullo haber formado parte de esto, y me encanta la idea de que fue traducido para que mucha más gente pueda disfrutar de este maravilloso escrito que me hizo llorar como una bebé. Sí pues, soy llorona, ya.

    ¡Gracias a todos!
     
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