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Fanfic - El adios

Tema en '–Abandonados' iniciado por LucyDei, 20 Mayo 2007.

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  1.  
    LucyDei

    LucyDei Usuario popular

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    El adios

    Hey konichiwa cemzoo... hace dias me pase por un ciber cerca del hotel donde me estoy quedando con mi familia aqui en mexico y andube bucando nuevo fics para leer y pues claro todos de inuyasha jejeje y adivinen que... encontre uno que es muy bueno me encantó!!!, Ahh y quiero aclarar que este Fic no es mio pertenece a Elena chan de España, este fic esta publicado en www.elportalfic.com/inuyasha y quiero agradecerle mucho el que me permitiera publicar su fic aqui en cemzoo espero que lo disfruten tanto como yo... ahh por cualquier cosa el correo de elena chan es este... elena_chan@ozu.es aqui esta el primer capitulo...

    El adiós

    Los personajes no me pertenecen y hago esto sin ánimo de lucro. Espero que les guste.

    Capítulo 1

    “ggg” mientras hablan
    ‘ggg’ lo que piensan

    Los rayos del sol despuntaban al amanecer. La claridad del día se iba haciendo cada vez más visible, de manera lenta y pausada. Los pájaros comenzaron su canto, y la vida volvía a despertar de ese instante de sueño y letargo en el que había caído en la noche. Una hoja mecida por la brisa fue a parar sobre un cabello plateado, cuyos mechones de pelo también se mecían al compás del viento.

    Aunque pareciera un día como otro cualquiera, conociendo un poco más la historia de las personas que se encontraban en ese momento en el claro del bosque en el que nos situamos ahora, sabríamos que era uno de esos días de los que hacen época. Frías gotas de sudor recorrían las mejillas de nuestro hanyou. El cansancio y la fatiga se dibujaban en su rostro y en su cuerpo. Toda una noche de lucha y aún no terminaban de despertar de esa terrible pesadilla. Colmillo perfora acero apuntando desafiante a su enemigo, mientras gotas de sangre caían lentamente de la hoja de forma periódica. Sin permitir un ápice de distracción, observó por el rabillo del ojo a sus compañeros acompañantes de ese largo viaje. Había sido una batalla muy dura y ellos habían sobrevivido bastante bien. Pero el cuerpo humano siempre ha sido más frágil, y estaba claro que con una sola embestida más, los dejaría en desventaja con respecto a Naraku. Pero no podían flaquear, no ahora que estaban tan cerca de su victoria. Intentó lanzar otra Herida del viento, pero uno de los tentáculos del cuerpo de su enemigo fue más rápido que su mandoble, obligándolo a detenerse en su faena y saltando alto y forzadamente para evitar ser golpeado. Sango, sin embargo, no corrió mejor suerte. Ella estaba distraída intentando ayudar a Miroku a levantarse y ponerse a cubierto. El monje, por su parte, tirado en el suelo cogiéndose, con una mano, aquella en la que tiene el vórtice, intentando soportar el veneno absorbido con los insectos del enemigo. Por eso no vio venir el golpe. Y allí quedaron los dos amantes, tirados uno a varios metros del otro, el Hueso Volador bastante lejos para su uso, y tanto la exterminadora como el joven monje sumidos en el estado de la inconsciencia.

    “Ja, ja, ja” rió Naraku “Inuyasha, acéptalo. Está claro que siempre estaréis muy por debajo de mi nivel. Jamás podréis vencerme” Pero apenas le dio tiempo a terminar esta frase cuando tuvo que apartarse rápidamente de una flecha purificadora lanzada por una de las más poderosas sacerdotisas. Inuyasha agradeció la ayuda, mirando esa imponente figura. Pantalones rojos como los suyos, tan anchos que apenas dibujaban una figura femenina. Un haori blanco que dejaba entrever un mínimo de curvas. Y el pelo largo y recogido, ondeando al viento. En una mano un arco recién utilizado, pero seguro de poderse usar de nuevo, y en el hombro varias flechas esperaban su oportunidad. Kykio era realmente hermosa aun con la palidez de su rostro. Pero aquello que lo enamorase 53 años atrás, se había desvanecido en ese cuerpo de barro y huesos. El medio demonio no pudo evitar dejar escapar un suspiro de resignación. Después dirigió su vista a otra imponente figura que se encontraba también a una cierta distancia de él a su derecha. La mirada desafiante, pero un color en sus mejillas le otorgaban una belleza inigualable. Esas largas piernas siempre a la vista, hoy envueltas en un pantalón bastante más ajustado. La camisa blanca del uniforme hoy sustituida por un top de lycra ajustado al cuerpo y que dejaba apreciar lo curvilíneo de su cuerpo. El pelo un tanto rizado, largo, por la cintura, suelto, mostrando todo su esplendor. Es curioso cómo había cambiado esa niña de 15 años, convirtiéndose ahora en toda una mujer dispuesta a la lucha cuerpo a cuerpo si aquello fuera necesario para defender lo que consideraba justo. Muchas veces Inuyasha no podía evitar preguntarse como fue que confundiera a Kagome con Kykio. Ahora una pequeña sonrisa algo triste se plasmaba en su rostro. De un tiempo a esta parte habían estado muy cerca, recorriendo los caminos en busca de Naraku. Pero, a la vez, habían estado más lejos que nunca. Y la echaba de menos.

    No quiso darse tiempo para las distracciones y centró toda su atención en ese personaje que tenía delante. Con sus orejas alcanzó a escuchar pequeños sollozos de Shippo que, junto a una herida Kirara, intentaban alejar los cuerpos de sus amigos a una zona menos peligrosa, pudiendo, así, sanar sus heridas.

    “Keh, Naraku. Esta vez no escaparás de mí. Tú tienes algo que yo quiero y no pienso irme sin ello”

    “Inuyasha, Inuyasha…siempre has sido demasiado impulsivo…Acaso es esto lo que quieres?” y mostró su palma abierta, dejando ver una pequeña esfera morada, con un tono negruzco, pero con su brillo característico. Una perla corrompida por la maldad que albergaba el corazón de su dueño. La perla que tantos problemas les había traído. No solo a ellos, sino a cientos de personas entre humanos, demonios y medio demonios. Pues todo lo que esa perla tocaba lo convertía en desgracia. La perla, al completo. La perla de las cuatro almas.

    “Sango estará contenta de saber que Kohaku por fin es libre de mi yugo” rió Naraku. Inuyasha no pudo por menos que gruñir. Si todos los fragmentos habían sido reunidos significaban dos cosas. La primera es que Koga debía estar herido, sino muerto, en alguna parte, debido a algún ataque por parte de su enemigo. De esta forma le habría arrebatado los dos fragmentos que poseía en cada una de sus piernas. La segunda…la terrible segunda opción es que el hermano menor de la exterminadora, Kohaku, estaba muerto. El fragmento es lo único que lo mantenía con vida. Si dicho fragmento ya formaba parte de la joya…No! No quería pensar en esa posibilidad. Primero tenía que derrotar a Naraku. Y en esos pensamientos estaba cuando vio caer a Kykio. Ella no había podido evitar el ataque de ese ser maligno delante de ellos, pues se había quedado sin flechas y, aunque fuera un cuerpo muerto en vida, el cansancio y la fatiga también se habían hecho presentes en ella ocasionando que sus movimientos fueran más lentos.

    “Kykio!!!” gritó Inuyasha, cortando en su camino varias de esas prolongaciones de Naraku. Sin embargo, fue detenido por una gran cantidad de veneno expulsado por el mismo, obligándolo a echar unos pasos hacia atrás. Con su haori rojo impregnado en su propia sangre y la de sus amigos, tapándose la nariz. No quería caer bajo los influjos del veneno. Una flecha purificadora libró el ambiente de dicho mal, atrayendo la atención de los presentes. Kagome quería hacerse notar, hacer saber que, aún a pesar de sus heridas, aún a pesar del dolor de su corazón, y aún a pesar del cansancio y sudor que bañaba su cuerpo, ella no se rendiría y seguiría luchando. Y tensando el arco dispuesta a usarlo de nuevo fue como la encontraron dos pares de ojos: de Inuyasha y de Naraku. Uno la miraba con ternura y devoción. El otro la miraba con maldad y odio.

    “Naraku!” gritó Kagome, la cuerda del arco completamente tensada “Pagarás por todo el daño que le has hecho a tanta gente!” Pero desapareció de la vista de ambos cuando una nueva cantidad de veneno fue expulsado por dicho ser, ensombreciendo el lugar. Inuyasha, incapaz de respirar, intentaba seguir con su oído los pasos del enemigo. Fue, prestando gran atención, cuando logró escuchar: “Por fin me desharé de ti, sacerdotisa” asustado de no llegar a tiempo de proteger a Kykio pegó un salto, saliendo de toda esa nube, cayendo justo al lado de Kykio, la tomó entre sus brazos y la posó varios metros más lejos, creyendo que había huido del ataque repentino. Rápidamente giró sobre sus propios talones, su espada puesta entre su cuerpo y el de Naraku, predispuesto para la lucha.

    Pero algo le preocupó.

    Desde que Naraku consiguiera desterrar su corazón de su cuerpo, había estado intentando matar a Kykio, acabando así con el último vestigio que lo pudiera relacionar con un ser con sentimientos. Cualquier sentimiento. Un mínimo sentimiento…Y sin embargo, no había síntoma alguno en su mirar que delatara su enfado por haber fallado en su ataque. Al contrario. Sonreía. Sonreía? Por qué?

    “Qué te hace tanta gracia maldita sea!” gritó Inuyasha exasperado. El no comprender la situación lo estaba poniendo de los nervios. Fue entonces cuando sus sentidos despertaron, el olor a sangre llegó a su nariz, un quejido ahogado pero inconfundible llegó a sus orejas, y la vista le mostró lo que de otra forma solo podía intuir.

    Kagome.

    Naraku no había intentado matar a Kykio. Naraku había intentado matar a Kagome.

    Y la pudo ver en la distancia. La flecha caída algunos metros más allá del cuerpo de la muchacha. Flecha con la que había conseguido atravesar el tentáculo que se dirigía a ella. Flecha impregnada en sangre de Naraku. Pero ella no había conseguido ser lo suficientemente rápida. Y gran parte de ese tentáculo atravesaba su bello cuerpo. Saliendo por su estómago.

    Herida…

    Herida de muerte…

    Para Inuyasha, ella calló al suelo lentamente. Los segundos se hicieron eternos. Pudo apreciar como cada cabello se movía hasta hacer contacto con su rostro en la caída. Pudo apreciar como sus dedos liberaban uno a uno el arco que aún mantenía sujeto, para dejarse caer en la hierba.

    Silencio…

    Sin saber muy bien como, apenas en un abrir y cerrar de ojos, él ya se encontraba a su lado. Su espada olvidada en un lateral del cuerpo de la chica, Kagome entre sus brazos, el miedo y la desesperación filtrándose en su cuerpo. En algún momento sus amigos habían despertado, pero ahogaron sus gritos de sorpresa ante lo sucedido, apenas pudiendo moverse.

    “Ka…Kagome?” intentó preguntar. Esto tenía que ser una pesadilla. Una terrible pesadillas.

    “I…Inu…uhh” se quejó la muchacha. El dolor recorriendo su cuerpo. Cada vez perdía más sensibilidad en sus brazos y piernas. Alzó una mano, con mucho trabajo, para acariciar su rostro, observando esos dorados ojos por última vez.

    “Schhh…No hace falta que hables. Tranquila, te vas a poner bien. Ya verás como te vas a poner bien” rogaba el hanyou, más convenciéndose a él mismo que a ella. Ambos sabían el final.

    “Inu…yasha” comenzó la muchacha en sus últimos suspiros. Cada vez se le hacía más difícil respirar. Su mano acariciando la mejilla del chico. “Yo…” gruesas lágrimas rodaron por las mejillas de ella.

    “No…no lo hagas” rogaba él. Ella se estaba despidiendo. Y el olor a muerte que la estaba rodeando no conseguía amenizar la situación. “Te vas a poner bien, ya verás como sí” decía el medio demonio, meciéndola entre sus brazos. En ese momento era ajeno de todas las miradas, Naraku olvidado, para él su mundo era solo ella.

    “Es…cucha. Aún” Tragó. Las palabras se le acumulaban y no quería marcharse sin decírselo. “Aun a pesar de todo…yo…te…te quie…” y dio su último suspiro. La mano posada en la mejilla del medio demonio que, de alguna manera, había estado calmando los peores temores de Inuyasha mediante su ligero tacto, fue cayendo poco a poco recorriendo esos centímetros que la separaban del suelo, esos finos dedos quedándose tan pálidos como su rostro. Bajando…cayendo…hasta tocar tierra. Sin sentido. Sin vida.

    Kagome…había muerto.


    Continuará…

    Una vez mas gracias a Elena chan por permitirme publicar su fic aqui n.n te lo agradesco mucho elena y espero que los demas disfruten tanto como yo de esta increible historia que me conmovio e hizo que sintiera miles de emociones mas... bye... por fa si quieren que lo continue posteen por fa


     
  2.  
    inu-irz92

    inu-irz92 Guest

    Re: El adios

    q kagome ha muerto???
    continualo!
    me dejas intrigada!
    bye
     
  3.  
    V_Raven

    V_Raven Guest

    Re: El adios

    Kagome muere...nooo,pone la conti pronto,no me dejes con la intriga
     
  4.  
    *mora_inu*

    *mora_inu* Guest

    Re: El adios

    no ahome no se puede morir :llorar: o si nose jej one conty pronto muchos bss *mora_inu*
     
  5.  
    LucyDei

    LucyDei Usuario popular

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    Re: El adios

    hey hola... que les parece el fic de elena chan... a mi en lo personal me facino... y como veo que postearon varios pondre la siguiente conti oki?
    pero posteen mucho jejeje...aki va la conti n.n

    “Es…cucha. Aún” Tragó. Las palabras se le acumulaban y no quería marcharse sin decírselo. “Aun a pesar de todo…yo…te…te quie…” y dio su último suspiro. La mano posada en la mejilla del medio demonio que, de alguna manera, había estado calmando los peores temores de Inuyasha mediante su ligero tacto, fue cayendo poco a poco recorriendo esos centímetros que la separaban del suelo, esos finos dedos quedándose tan pálidos como su rostro. Bajando…cayendo…hasta tocar tierra. Sin sentido. Sin vida.

    Kagome…había muerto.

    El adiós

    Los personajes no me pertenecen y hago esto sin ánimo de lucro. Espero que les guste.

    Capítulo 2

    “ggg” mientras hablan
    ‘ggg’ lo que piensan

    Todo en el bosque quedó en calma. Los pájaros habían dejado de piar, el viento había dejado de soplar, las ramas de los árboles permanecían en su posición, quietas, sin hacer el más mínimo sonido… hasta las respiraciones de nuestros protagonistas fueron silenciadas.

    “Ka…Kago…me?” preguntó Inuyasha afligido. Para él la muchacha estaba demasiado pálida, demasiado callada, demasiado quieta… Meció ese cuerpo aún caliente, lo cobijó en su regazo e intentó mediante su abrazo aportarle alguna parte de su vida, para hacer que esas pálidas mejillas recuperaran su color. Necesitaba volver a sentir las manos de ella en su rostro. Necesitaba volver a caer al suelo producto del conjuro de su collar, porque eso significaba que Kagome estaba lo suficientemente viva como para enfadarse.

    Pero nada ocurrió.

    Enterró su rostro en el cuello de la chica y lloró. Lloró dejando escapar su ira y su rabia. Lloró por todos esos momentos en los que la había hecho sufrir, ahora jamás podría decirle que lo sentía. Lloró por cada segundo vivido con ella. Lloró por el día que la conoció recordando como la había atacado queriendo quitarle la joya. Lloró porque, mucho tiempo después de ese día, había estado a punto de perderla de nuevo, cuando la secuestró Koga. Lloró por lo cerca que estuvo de la muerte cuando los 7 hermanos Shinishi casi acaban con su vida. Y lloró por ese momento, por ese instante. Porque sus dudas habían conseguido arrebatarle lo único que él quería. A la única persona que lo había amado y querido por lo que era. Un medio demonio aislado del mundo y odiado por todos, imperfecto, con inquietudes… y ella supo ver más allá de eso. Ella supo encontrar su corazón y cuidarlo, y mimarlo. Ella supo encontrar la perfección dentro de su imperfección. Ella lo amó, no como humano, no como demonio. Si como medio demonio. Ella lo amó por quien era. Ella amó a Inuyasha.

    “Ju, ju, ju” rio Naraku al ver la escena. Lo había logrado. Habían tenido que pasar mas de 50 años para hacerse con la perla y destruir a Kykio, pero ahora, por fin, su sueño se estaba cumpliendo. Había conseguido acabar con su obstáculo más persistente, Kagome. Sin ella Inuyasha estaba perdido. Y la otra sacerdotisa…bueno. Solo era cuestión de tiempo ahora que su cuerpo sin el corazón de Onigumo no tenía mayores dificultades. Giró su vista de esa escena tan asquerosamente tierna para él y centró toda su atención en la otra muchacha.

    Kykio estaba, simplemente, derrotada. La falta de almas con las que alimentar su cuerpo hacían de ella alguien inútil, sin poder moverse o defenderse. Hasta respirar le costaba trabajo. Y cuando vio que Naraku se lanzaba contra ella…supo que era su fin. Pero no le importó. Inuyasha se iría al infierno con ella ahora que su mayor rival había muerto. Una pizca de algún sentimiento indescifrable se dejó sentir en su cuerpo a ver al ser al que supuestamente amaba abrazado desconsoladamente al cuerpo de esa otra mujer. Pero no flaquearía en sus últimos instantes de vida.

    Miroku vio con temor la escena. Tanto él como Sango estaban muy malheridos como para acudir en la ayuda de Kykio. No es que tuvieran gran aprecio a la chica, pero Inuyasha no querría que algo malo le pasara si ellos podían evitarlo. Tampoco podía usar su vórtice porque aún no estaba recuperado del veneno absorbido antes. Su compañera se había vuelto a desmayar a causa de las heridas y ante la imagen de su apreciada amiga, que ya se había vuelto como su hermana, muerta entre los brazos de Inuyasha. Kirara era quien se encargaba de su cuidado. La gata, convertida en su forma de lucha, estaba atenta ante cualquier ataque. Siempre en guardia. El hueso volador también estaba lejos. Muy lejos. Shippo estaba a un lado suyo, llorando desconsoladamente, y asustado. Muy asustado.

    De repente, el aire cambió. El ambiente se enrareció.

    Naraku detuvo su ataque. ‘Eh? Qué demonios…?’ pero no tuvo tiempo de pensarlo cuando algo parecido a una garra cortó uno de sus brazos y le hizo varias marcas en la cara. Recuperado del golpe y cubierto de sangre miró hacia todas partes, encontrando a Kagome tumbada en el suelo, sola, tapada con el haori rojo de Inuyasha. La colmillo perforacero a un lado suyo. Cerca, muy cerca de ella, una figura alta y esbelta, cubierta de sangre, no solo suya, sino también de la muchacha y de él propia. Con los pantalones rojos manchados en barro, el haori inferior blanco también multicolor. Su pelo, antes plateado, ahora sucio y revuelto, los colmillos escapando por los bordes de sus labios, bastante más largos de lo normal. Los ojos, antes dulces y dorados, ahora rojos con las pupilas teñidas de azul y una mirada que aterraría hasta el más valiente, centrada en su presa. Las garras, largas y afiladas, haciendo crujir los nudillos. Su sangre transformada, sangre que pertenece a un youkai completo.

    “Vaya…que tenemos aquí? Estás dejando que tu sangre demoníaca te domine Inuyasha? Tanto querías a esa insignificante humana como para perder de esa manera la cabeza? Ju, ju, ju” se mofó Naraku. Sin embargo, la situación no era, desde luego, para reírse.

    “Tú la has matado” contestó nuestro protagonista simplemente “Ahora tú pagarás por ello”

    “No me puedes matar, acaso no lo recuerdas?” dijo Naraku convencido de su victoria. Su cuerpo era invencible, para acabar con él debían descubrir primero donde estaba su corazón, ahora oculto por él mismo, pues habían conseguido acabar con todos sus aliados.

    “Keh” sonrió Inuyasha. Una sonrisa peligrosa. “Eres patético” y en un abrir y cerrar de ojos se lanzó contra el ser quien, sin tener tiempo para responder, se vio cortado en miles de trozos desperdigados. Fue un corte rápido y sencillo, imprevisto para el enemigo. Pero la cosa no acababa ahí. Esforzó al máximo su sentido del olfato hasta que localizó esa otra parte de Naraku con la que debía acabar. Y se lanzó a correr entre los árboles en una carrera desesperada, a una cueva que había no muy lejos de allí. El destrozo había sido tan grande, que Naraku no pudo recomponerse. Solo envolvió su cabeza en una barrera protectora y se lanzó tras Inuyasha. Pero acababa de llegar cuando vio que el muchacho de cabellos plateados destrozaba con sus garras el pequeño cuerpo del bebe. Un grito ensordecedor se dejó oír aquella mañana en el bosque. Incluso a varios metros de distancia.

    Se había librado a la tierra de un terrible mal.

    Naraku acababa de morir.

    Aún transformado en demonio completo, deshizo sus pasos lentamente. Encontró que todos sus compañeros, incluida Kykio, se habían acercado a Kagome. Pero no les dio tiempo a más. Pegó un brinco, interponiéndose entre el cuerpo de la muchacha y el resto.

    “Grrrr” gruñía peligrosamente.

    “Inuyasha, ya todo está bien. Tenemos que darle sepultura a la señorita Kagome” rogó Miroku temiendo que les atacara a ellos también.

    “Inu…yasha?” preguntó Shippo mientras se le escapaban las lágrimas. Se encontraba entre los brazos de Sango, ambos subidos en Kirara.

    “GRRrrrr!!!” volvió a gruñir, esta vez con más fuerza.

    “Cuidado, no os acerquéis u os atacará” advirtió Kykio serenamente y sin un ápice de temor o compasión.

    Nuestro protagonista, cuando vio que no tenían intenciones de acercarse a ellos, se puso de rodillas al lado del cuerpo de la joven. Acercó su rostro al de ella y abrió la boca.

    Por un momento todos contuvieron la respiración, temerosos de que fuera a dañarla.

    Pero les sorprendió. Aún a pesar de seguir estando dominado por su sangre demoníaca, él simplemente se acercó a ella, abrió la boca y…

    …la lamió.

    Lamió los restos de sangre que habían brotado de los labios de Kagome. Luego lamió sus labios, su nariz, sus ojos. La lamió con ternura, cosa que era muy curiosa teniendo en cuenta que sus ojos nunca perdieron ese color rojo fuego. Después la olió profundamente…dejando escapar un pequeño sollozo. La alzó en sus brazos y empezó a caminar con el cuerpo inerte de Kagome. Alejándose hacia el río.



    Continuará…

    si quieren que lo continue por fa tienen que postear mas personas sii??? n.n porfis vale la pena leer este fic
     
  6.  
    Marinen Bell

    Marinen Bell Guest

    Re: El adios

    ¡OmG!, este fanfic es adictivo, ni si quiera me di cuenta cuando acabe de leerlo. Tiene inyectado tanta emoción que siempre mantuve un algo en la garganta a la espera de más @.@, cuando la InuYasha la comenzó a lamer ¡creí desfallecer!, fue tan tierno. Por favor, no quiero presionarte, ¡pero actualiza pronto! Hace rato y no leía nada que no fuera un AU de esta serie.

    Att: Marinen Bell
     
  7.  
    孫 kecy

    孫 kecy Entuciasta

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    Re: El adios

    ToT pobre ahome...pobre inuToT
    esta muy tierno pon el siguiente
    esta genial
    nos vemos hasta luego ;)
     
  8.  
    inu-irz92

    inu-irz92 Guest

    Re: El adios

    ToT

    pobre inuyasha.. ToT
    me ha gustado mucho el fic! espero q lo continues. y dile a tu amiga q ya tiene una admiradora ^^P
    jiji..

    si quieres puedes leer mis fics!

    cuidate y no tardes en continuarlaa pliss!! :llorar:
     
  9.  
    LucyDei

    LucyDei Usuario popular

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    Fanfic - El adios
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    Re: El adios

    Por un momento todos contuvieron la respiración, temerosos de que fuera a dañarla.

    Pero les sorprendió. Aún a pesar de seguir estando dominado por su sangre demoniaca, él simplemente se acercó a ella, abrió la boca y…

    …la lamió.

    Lamió los restos de sangre que habían brotado de los labios de Kagome. Luego lamió sus labios, su nariz, sus ojos. La lamió con ternura, cosa que era muy curiosa teniendo en cuenta que sus ojos nunca perdieron ese color rojo fuego. Después la olió profundamente…dejando escapar un pequeño sollozo. La alzó en sus brazos y empezó a caminar con el cuerpo inerte de Kagome. Alejándose hacia el río.




    El adiós

    Los personajes no me pertenecen y hago esto sin ánimo de lucro. Espero que les guste.

    Capítulo 3

    “ggg” mientras hablan
    ‘ggg’ lo que piensan
    Kkk flashback
    XXX cambio de escena
    Apenas fueron unos cuantos metros. Llevó el cuerpo inerte de Kagome entre sus brazos, sin mirar atrás. Sin detenerse siquiera a observar a sus amigos, que lo seguían en la distancia. Sin ver el rostro serio de Kikyo.

    Las aguas estaban tranquilas y cristalinas. La corriente fluía armoniosamente, despejando cualquier duda, cualquier inquietud… En otras circunstancias el paisaje hubiera sido digno de admiración y contemplación. Pero no en esta.

    A escasos centímetros de la orilla, Inuyasha detuvo su pausado andar y se arrodilló en el suelo, posando el preciado tesoro que llevaba en sus brazos sobre la hierba, con mucho cuidado, igual que si estuviera tratando con porcelana, temiendo romperla. Arrodillado a un lado de ella miró su hermoso rostro, ahora pálido y corrompido por la sangre y las últimas lágrimas que escaparon de sus ojos. Acercó su garra para apartar un mechón rebelde del flequillo que caía sobre sus ojos. Aquellos ojos siempre tan vivaces, ahora cerrados…para siempre. Él se sintió contemplarla por horas… esperando… rogando…pidiendo porque un ápice de vida se colara por los poros de su tersa piel. Pero no siempre se cumplen nuestros deseos… y Kagome no despertaba. Nuestro medio demonio, ahora un demonio completo, no había recuperado su propia conciencia. Sin embargo, su comportamiento no era el violento que siempre había tenido en esta forma, sino que sus movimientos eran armoniosos, dóciles y llenos de ternura. Abrió el haori que cubría el cuerpo femenino, desvelando el trozo aún persistente de un enemigo ya olvidado. Con sumo cuidado desprendió ese tentáculo de Kagome, acusándolo mentalmente por atreverse tan siquiera a rozarle, y lo lanzó al agua para que la corriente lo arrastrara río abajo. La herida cada vez sangraba menos puesto que la circulación se estaba deteniendo. Aún así, acercó su lengua al estómago de ella y, con mucho mimo, levantó la blusa ensangrentada descubriendo el blanco vientre de Kagome. Empezó a lamerla, probando la sangre reseca de ella, curando esa herida que, con su simple vista, le producía un dolor en el corazón que era incapaz de aguantar. Lamió cada centímetro de su piel, con las propiedades curativas de su saliva, pensando que, quizá, si la curaba de ese mal, ella volvería a la vida.

    Poco a poco, esos ojos aún rojizos y de pupilas azuladas, fueron adquiriendo su primitivo color dorado. Las garras que vestían sus manos fueron disminuyendo en tamaño, y los colmillos dejaron de ser tan notorios. Todo esto siguió ocurriendo mientras, con su lengua, seguía recorriendo ese estómago herido hasta que no quedó centímetro de piel que limpiar.

    Ya, recompuesto y vuelto a su estado de medio demonio, se acercó al río, siempre manteniendo un ojo en el cuerpo de la chica. Olió a sus amigos tras unos matorrales y pudo decir que ellos le estaban espiando desde la distancia. Pero no se dignó a mirarles. Ellos estaban asustados. Le dio igual. Todo su mundo era Kagome. Su Kagome.

    Sacó de su bolsillo un pañuelo y lo acercó a su nariz. Aún tenía su aroma. Ahora le parecía curioso cómo se había olvidado de devolvérselo, y recordó el momento en el que ella se lo había dado.

    Inuyasha estaba sentado bajo un árbol descansando. Acababan de pelear contra un demonio con forma de gusano gigante que había resultado ser más difícil de detener de lo que parecía en un principio.

    Aspiró profundamente y descubrió un olor a flores de cerezo que se acercaba rápidamente a donde él se encontraba. El indiscutible aroma de Kagome. Abrió un ojo y la vio andando hacia él, mostrando esas largas piernas bajo su falda de uniforme.

    Ella se agachó frente a él, obligándole a abrir sus dorados orbes para mirarla. Sin decir una sola palabra, tomó uno de los brazos. Subió la manga del haori rojo hasta su hombro y dejó a la vista un gran corte que atravesaba la muñeca del medio demonio de lado a lado. Sacó un pañuelo rosado del bolsillo de su falda y envolvió el miembro con mucho cuidado, intentando rozarle lo menos posible. Inuyasha observó detenidamente todo el proceso de curación, sin poder evitar sorprenderse por todo el cariño que desprendía en ese momento la joven frente a él. Cuando hubo terminado, ella le miró, por primera vez, descubriendo su mirada posada en ella y le sonrió. Esto provocó un sonrojo en Inuyasha que no pudo evitar, así que para quitarle importancia y que no notara ese cambio de color en su cara, soltó un sonoro “keh!” y miró hacia otro lado. Kagome siguió sonriendo mientras se levantaba y se marchaba. Inuyasha volvió a desviar la vista hacia ella, viéndola alejarse. Acercó la muñeca a su nariz y olió ese aroma a mujer que desprendía la prenda. Ese aroma a flor de cerezo de Kagome.

    No se lo había devuelto entonces y lo agradecía. Sentía que aquello quedaba tan lejano…

    Mojó el pañuelo en el agua cristalina y volvió con él hasta donde se encontraba su compañera de aventuras. La tomó entre sus brazos y pasó el pañuelo por la herida, ya bastante curada, manchando la prenda de las últimas gotas de sangre que aún se desprendían del cuerpo de la joven.

    “Si tan solo las cosas hubieran sido de otro modo…” la susurró al oído mientras la volvía a cubrir con sus ropas. Acomodó la cabeza de la chica en su brazo mientras que con una de sus manos acariciaba la fría mejilla. No pudo evitar dejar escapar un par de lágrimas al ver la expresión reflejada en el rostro de la joven. “Lo que daría por volver a ver tu sonrisa…”

    XXXXXXXXX

    “Crees que deberíamos acercarnos?” preguntó Sango en voz baja al hombre al lado suyo.

    “La verdad creo que no, necesitan este momento de intimidad que no han tenido desde hace mucho tiempo” contestó Miroku mirando de reojo a la mujer de rostro pálido al lado suyo, Kikyo.

    “Pero…Inuyasha no tiene la espada, podría hacerle daño!” dijo asustada la caza demonios.

    “No, mira…ya ha vuelto en sí” entonces se fijó que silenciosas lágrimas escaparon de los ojos de la chica y se acercó regalándole un abrazo protector “Siento lo de Kohaku”

    “Es…es que…Naraku se ha llevado la vida de tantas personas a las que…quiero” comentó la muchacha entre sollozos “Yo quería…liberar a mi hermano y no lo he conseguido. Encima se ha llevado también a Kagome” y no pudo seguir hablando porque la tristeza venció en su estado de ánimo.

    Shippo estaba a un lado de la pareja dormido entre el pelaje de Kirara. El pobre kitsune había llorado hasta el cansancio.

    Kikyo observaba impasible la escena a su lado y la que tenía frente a ella, fijada su vista en la zona dentro del haori blanco de Inuyasha ‘Qué pensará hacer con ello?’ pensó. Después llevó su mano a su pecho. ‘No se si alguien lo ha visto…pero no creo que pueda ocultarlo mucho tiempo’.

    XXXXXXXXX
    Inuyasha seguía en su tarea de caricias y mimos sin inmutarse de varios pares de ojos que lo observaban. Sin inmutarse de esos ojos marrones de la mujer que, una vez, ocupó su corazón.

    “Parece mentira como empezó todo, verdad Kagome? Éramos felices a nuestro modo. Yo te dije que no te volvería a dejar para correr detrás de Kikyo…

    Y no me creíste.

    Porque siempre me has conocido mejor que lo que me conozco yo mismo” limpió violentamente una de las lágrimas que resbalaba por su mejilla.

    “Aún recuerdo como cambiaron nuestras vidas, y todo por ese estúpido lobo…”

    Era un día soleado de primavera. Después de la batalla en el monte Hakurei y todos los problemas que tuvieron después buscando el último trozo de la perla en el valle donde estaba enterrado el padre de Inuyasha, decidieron tomarse varios días de descanso en la aldea de Kaede. Así pudieron observar el crecimiento de las flores y disfrutar de ese esplendoroso sol que lucía alto en el firmamento. Además, Kagome tenía varios de esos estúpidos (según Inuyasha) exámenes a los que (según ella) no podía faltar, y llevaba en su época toda una semana. Esto ponía a prueba los nervios del medio demonio que había pasado los últimos días con un humor de perros (nunca mejor dicho) soltando demasiado seguido sus famosos “keh” a diestro y siniestro.

    “Maldita Kagome, me dijo cinco días. Solo cinco días. Ya es la tarde del quinto día y aún no ha regresado” refunfuñaba en lo alto de las ramas de uno de los árboles limítrofes de la aldea. Tanto Miroku como Sango, Shippo y Kirara le habían gritado de una forma u otra durante todos esos días, hartos de sus malas caras y de sus gestos de enfurruñamiento, por lo que le habían enviado lejos de ellos para poder pasar unas vacaciones tranquilas.

    La pierna del medio demonio no dejaba de moverse de arriba abajo, arriba y abajo, arriba y abajo… en un gesto de nerviosismo y desesperación. Sus tiernas orejas moviéndose en todas direcciones, atentas a cualquier atisbo de la llegada de Kagome a través del pozo devorahuesos. Pero ella no llegaba.

    El sol ya se estaba ocultando en el horizonte cuando su inconfundible aroma chocó con sus sentidos, poniéndolo alerta y llenándolo de alegría y regocijo por dentro (aunque él nunca lo admitiría ante sus amigos)

    Pegó un brinco cayendo limpiamente, en un movimiento altamente estudiado, y echó a correr en la dirección en la que sabía que encontraría a la chica sin darse cuenta que sus compañeros de viaje habían visto el movimiento del medio demonio desde la puerta de la cabaña de Kaede.

    “Kagome debe haber vuelto” aseguró Sango. Y ella tomó a Shippo en brazos y echó a andar siguiendo el camino por el que había desaparecido Inuyasha. Miroku también comenzó la caminata tras sonreír a Kirara para asegurarse que los seguía. Pero entonces su vista pervertida se posó en el redondeado y llamativo trasero de Sango y sus manos actuaron solas, acariciando dicha zona prohibida.

    De pronto varios pájaros alzaron el vuelo huyendo de ese sonoro Plaf! que retumbó por todo el bosque.

    Kagome había llegado hacía apenas unos minutos y le estaba costando mucho subir por las lianas del pozo debido a la pesadez de su mochila. Agotada y cansada de tanto esfuerzo, se tumbó en el césped, cuando consiguió salir y tomar aire fresco, dejando que sus pulmones se impregnaran de ese aroma a húmedo y a limpio. Sin embargo, no previó ese repentino viento que se formó tan inesperadamente, y sentándose en el sitio, se tapó los ojos evitando, así, que las partículas de tierra y polvo levantadas por las inesperadas ráfagas de aire, se metieran en sus vistosos ojos marrones.

    Cuando notó que las cosas habían vuelto a la calma apartó las manos de la cara, justo en el momento en el que notó como unos fuertes brazos la rodeaban, cobijándola en un cálido abrazo lleno de ternura y calor. ‘Inuyasha?’pensó. Ella se dejó hacer por tan solo unos segundos, hasta que cayó en la cuenta de quien era el ser que la tenía asida de una forma tan protectora.

    “Mi amada Kagome, hace mucho que no te veía. Pasaba cerca de aquí y he notado de repente tu aroma así que he venido a verte”

    “Koga…jejeje” rió nerviosamente “Eres muy amable” dijo desembarazándose, intentando evitar malentendidos.

    “Toma, he recogido esta flor para ti. Se que te gustan” y tendió una mano hacia el frente mostrando una hermosa flor de color lila, pequeña, con los pétalos largos y redondeados. Dicho gesto llegó hasta lo más profundo d el corazón de la chica.

    “Koga…es preciosa, no tenías por qué” y tomó la flor entre sus manos. Sin embargo, no fue lo suficientemente rápida, encontrándose que las manos de Koga habían apresado las suyas y que la cara del demonio, que estaba arrodillado frente a ella, se encontraba demasiado cerca de su propio rostro.

    “Suéltala maldito lobo!” un grito estridente se dejó oír en el bosque. Esto hizo que los dos muchachos se levantaran mirando hacia todos lados, descubriendo unos muy enfadados ojos dorados mirando al otro demonio con cara de odio. Kagome solo pudo pensar ‘Ya se van a pelear otra vez’

    “Y quién te crees que eres tú para ordenarme nada, chucho? Esta es mi mujer!”y pasó un brazo por detrás de los hombros de ella, acercándola a su cuerpo. Kagome, que no se esperaba este movimiento, solo pudo musitar “Ehm…Koga…podrías soltarme?”pero ella en ese momento no era escuchada, más bien estaba siendo completamente ignorada.

    “No te atrevas a tocarla! Ella no es tu mujer!” gritó Inuyasha. Estaba rabioso. Furioso. Pero quién se había creído este para poner un dedo encima a Kagome?

    “Koga!” “Koga!” los gritos de los compañeros de Koga, que venían corriendo tras él, le advirtieron de que estaban cerca de donde él se encontraba. Así que volvió su vista hacia la joven olvidando al hanyou delante de él y dijo “Kagome, me tengo que ir para seguir buscando a Naraku y poder vengar a mis compañeros, pero te prometo que pronto volveremos a vernos” y en un movimiento repentino, bajó su rostro hasta posar los labios sobre los de la chica.

    Y la besó.

    Kagome, que no se lo esperaba, no fue capaz de reaccionar. Solo se quedó ahí, quieta, dejándose besar, pero sin corresponder al gesto.

    Inuyasha no estaba mejor. Sus músculos, de repente, no le respondían. Solo se repetía una frase en su cabeza. Koga está besando a Kagome…Koga está besando a Kagome… KOGA está BESANDO a KAGOME…KOGA ESTÁ BESANDO A KAGOME!!!!! Pero cuando fue a echar mano a su espada y enfrentar a ese endemoniado lobo, él ya se había ido gritando, desde lejos, su típica frase, “Cuida bien a mi mujer chucho estúpido!”

    Humo salía de la cabeza del medio demonio. Se acercó a ella totalmente enfadado y le gritó “A qué ha venido eso???”

    “Yo…”

    “Cómo es que has besado a Koga??? Acaso te gusta???”

    “Inuyasha, no le he besado, me ha besado a mí vale?” dijo, no pudo evitar sonrojarse ante el recuerdo.

    “Sí, claro. No veo que te hayas apartado” bufó Inuyasha. El color rojizo en las mejillas de la muchacha no ayudaba mucho a calmar su humor.

    “Mira, me ha pillado por sorpresa”

    “Vaya, seguro” dijo irónicamente. “A ver si vas a sentir algo por ese lobo”

    Una sonrisa traviesa se dibujó en el rostro de Kagome. “No estés celoso Inuyasha, no deberías. Yo estoy contigo, recuerdas?”

    “Y QUIÉN ESTÁ CELOSO!!!” gritó furioso. “Keh!” dijo mientras se cruzaba de brazos y miraba para otro lado.

    Kagome suspiró. A veces era, simplemente, inútil tratar de hacer a Inuyasha entender. Así que se quedó callada. Lo que no esperó fue el comentario final del chico. “Seguro que si yo no hubiera llegado le hubieras dejado que te hiciera suya”

    Cómo? Kagome no se podía creer lo que acaba de escuchar. Pero qué se pensaba que Inuyasha que ella era? Volvió a dibujar una enorme sonrisa en sus labios y dijo “Inuyasha” con un tono tan melodioso que captó la atención del medio demonio. Este torció el gesto solo un poco para verla…solo un poco… pero pronto se arrepintió de ello.

    “Se puede saber que demonios dices??? Pero quién te crees que soy yo??? Oye que tu cuando estás con Kikyo no te digo nada sabes??? Y acaso no estoy contigo??? Eres un baka!!!!! Baka! Baka! Baka! Baka! Al suelo!!!!” y el conjuro hizo su efecto, el collar situado alrededor del cuerpo del hanyou brilló en la oscuridad de la recién llegada noche, mandando al cuerpo de Inuyasha a estamparse contra la hierba, creando un sonido tan fuerte, que hasta el búho de turno echó a volar, asustado, para alejarse del lugar. “Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!! Al suelo!!!!”

    Inuyasha estaba ya como quince metros bajo tierra, su espalda haciendo sonoros crack! por cada una de las veces que el conjuro hacía efecto. Por la de veces que lo había sentado y teniendo en cuenta su rápida recuperación, Inuyasha predijo que no podría moverse en una semana.

    Cuando Kagome se hubo desahogado lo suficiente, tomó su pesada mochila que había estado descansando a un lado del pozo, se la echó al hombro bufando palabras ininteligibles y saltó de nuevo dentro de la construcción de mandera, volviendo a su época.

    Tras unos arbustos salieron Miroku y compañía y se acercaron al agujero por el que había desaparecido Inuyasha. Se asomaron al borde, descubriendo al medio demonio tendido boca abajo y sin mover ni un solo músculo.

    “Te lo tienes merecido por bocazas” fue Shippo el que hizo tal sentencia.

    Desde abajo apenas llegó en un susurro “Maldita Kagome…”


    Continuará…


    ahi esta la conti, jeje lamento el retraso, lo que paso es que cuando iba a poner la conti, la compu no leyo mi memoria y tuve que esperarme a llegar a mi casa, luego mi compu agarra un virus y me quede atascada jjej gomen sigan posteando, y una vez mas gracias a elena_chan
     
  10.  
    Marinen Bell

    Marinen Bell Guest

    Re: El adios

    Fue un buen capítulo, pero me dejó igual, yo esperaba magia por todos lados y el alma de Kagome volviendo a su cuerpo. Está bien no precisamente eso pero si una pequeña esperanza por ahí asomada, aunque con lo que pensó (o dijo) Kikyo intuyo que algo bueno va a pasar. Inmundo Naraku, ójala y se retuerza en un averno de hielo por miserable y gañán.
    En realidad, con los recuerdos de InuYasha y demás, sólo comprobamos la teoría de que es un imprudente sin remedio y que se va a terminar dañando la cabeza (más de lo que la tiene) con tantos osuwaris... lo usual.
    Pero, viéndolo bien descubrir la primicia de los poderes sanadores de su saliva :rolleyes: fue algo nuevo. De todas formas ya no me hagan caso xD, el capítulo aunque no salió como planeé estuvo bonito. Síguelo pronto y ten paciencia, que ya verás como poco a poco van llegando a comentar.
     
  11.  
    lostsoul_nic

    lostsoul_nic Guest

    Re: El adios

    Hola lei el fic y me gusto muchisimo, espero la conti pronto te apoyo con el fic, y espero algo porque pobre Inu Yasha esta sufriendo mucho no se puede morir Kagome ToT noOOO!!!! ToT ToT
     
  12.  
    Princess Lin

    Princess Lin Guest

    Re: El adios

    HOLA
    YA ME LEÍ EL CAPI Y ME GUSTO MUCHO, POBRE INU SUFRE MUCHO... SNIFF SNIFF, ESO DE PROPIEDADES CURATIVAS EN SU SALIVA ESTÁ GENIAL... ESPERO PRONTO LA CONTI
     
  13.  
    :Princessa:

    :Princessa: Guest

    Re: El adios

    wenas !!
    acabo de leer tu fic y me a gustado mucho
    aunk me da muxa lastima
    pero confio enk revivas a kagome o k no muera
    xfaaaaaa :( :llorar:
    bye!!
     
  14.  
    LucyDei

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    Re: El adios

    hola!!! aqui vengo con la conti!!! espero que les agrade y que sigan posteando:::

    Tras unos arbustos salieron Miroku y compañía y se acercaron al agujero por el que había desaparecido Inuyasha. Se asomaron al borde, descubriendo al medio demonio tendido boca abajo y sin mover ni un solo músculo.

    “Te lo tienes merecido por bocazas” fue Shippo el que hizo tal sentencia.

    Desde abajo apenas llegó en un susurro “Maldita Kagome…”

    El adiós

    Los personajes no me pertenecen y hago esto sin ánimo de lucro. Espero que les guste.

    Capítulo 4

    “ggg” mientras hablan
    ‘ggg’ lo que piensan
    Kkk flashback
    XXX cambio de escena
    “Sabes? Realmente me enfadaste aquella vez. Mi espalda estuvo hecha trizas por días. Pero era un tonto orgulloso que no podía aceptar que estaba celoso.

    Y lo estaba Kagome. Mucho” Inuyasha seguía manteniendo el cuerpo inerte de la joven entre sus brazos. No lo había soltado ni un minuto desde que empezara su relato.

    Él iba acariciando su largo cabello color azabache, jugando con los rizos rebeldes que se formaban en su flequillo. Sus ojos estaban enfocados exclusivamente en ese rostro pálido. De pronto observó una pequeña mota de tierra posada en las mejillas y la apartó de un manotazo, sin llegar a tocar o dañar la blanca piel, enfadado. No permitiría que nada ni nadie ensuciasen su cuerpo o su nombre. Volvió su vista a esos ojos que nunca más volverían a abrirse. Después miró al cielo dejando escapar un triste suspiro. ‘Cuánto daría por volver a oírte decir mi nombre, como aquella vez’

    XXXXXXXX

    Miroku estaba apoyado en un árbol cercano abrazando a una desconsolada Sango. Ellos, desde su posición, podían escuchar perfectamente todo lo que el medio demonio susurraba en el oído de Kagome. Sin embargo, sus vistas estaban perdidas en la gata y el pequeño zorrito a uno de sus lados.

    XXXXXXXX

    Kykio seguía en el mismo sitio, de pie tras unos matorrales. Cerca y a la vez lejos de todos. Había pasado ya varios días con todos ellos antes de la lucha contra Naraku, pero no había llegado a integrarse. Se sentía un tanto extraña. Ellos no eran sus amigos y la miraban con… recelo? Pero nunca dijo nada. Tampoco lo diría ahora. Sabía que acercarse al hanyou en estas condiciones era un acto inútil pues los sentidos de Inuyasha solo estaban centrados en una persona y nada ni nadie podría romper ese momento mágico que estaba sucediendo entre él y su reencarnación, su reencarnación muerta.
    XXXXXXXX
    Volvió sus ojos a ella para continuar con sus palabras. De esa forma liberaba su corazón de ese tremendo dolor, o al menos eso es lo que intentaba. Aunque sabía que esa herida nunca sanaría. Y que lo perseguiría por siempre, en todas sus vidas.

    “Tardé varios días en ir a buscarte, y lo peor de todo es que te encontré con él cuando lo hice”

    Hacía ya cuatro días que Kagome había regresado a su época. Inuyasha estaba que se subía por las paredes. Sango y Miroku habían decidido recorrer algunos pueblos vecinos con la excusa de investigar sobre posibles noticias del nuevo paradero de Naraku, o quizá de algún nuevo trozo de la perla. En realidad se marchaban para no escuchar las continuas quejas de un ser de pelo plateado.

    “Keh! Maldita Kagome” repetía una y otra vez. Shippo estaba empezando a tener un severo dolor de cabeza. Kaede solo sonreía.

    “Ya van cuatro días. CUATRO!” seguía murmurando para sí mismo “Estúpida Kagome y estúpido Koga. Todo es culpa de ese estúpido lobo. Y de la estúpida de Kagome por dejarse besar” Sentado con sus manos dentro de las mangas del haori, con las piernas cruzadas, maldecía una y otra vez a los cuatro vientos los sucesos acaecidos unos días antes.

    De pronto se levantó y sin decir nada a nadie, salió de la cabaña. Shippo lo vio marcharse. ‘A dónde irá?’ se preguntó. Pero no le dio más vueltas, se apoyó sobre una de las esquinas y se quedó dormido, el dolor de cabeza aún persistiendo.

    Inuyasha llegó hasta el pozo devorahuesos. Se arrodilló en uno de los lados, apoyando sus brazos en cruz sobre la madera. Así estuvo por largo tiempo, mirando hacia el interior, esperando y deseando porque una muchachita venida del futuro, volviera de nuevo a su vida. Recordó el día que la había visto llorar cuando el monje aquel que era del clan de las arañas lo hirió casi de muerte.

    Y sonrió.

    Entonces le vino a la mente la imagen de Koga besando a Kagome. Y esa escena se repetía una y otra vez en su mente. Sacudió la cabeza para expulsar esos sentimientos que le provocaban un pequeño pellizco en su corazón, en su orgullo, y en sus celos.

    ‘Kagome es solo mía’ pensó. Y de repente abrió los ojos como platos. De dónde demonios había salido ese pensamiento? Cierto es que la quería. Aunque Kykio siempre estuviera presente en él, había cogido cariño a esa jovencita de minifalda. Aunque, para su desgracia, hacía ya días que había dejado de usar esas prendas para ponerse unos pantalones con un tejido de la época, ajustados al cuerpo.

    ‘Me encantaría poder acariciar sus piernas’

    Ahí estaba otra vez. Desde cuándo tenía esa clase de pensamientos? ‘Obviamente tengo que alejarme de Miroku un tiempo. Me estoy volviendo igual de pervertido que él’

    Suspiró.

    La tarde caía y otro día se iba en la época del Sengoku.

    Y Kagome no volvía.

    Echó un vistazo a su alrededor, comprobando que estaba completamente solo. Cuando se hubo cerciorado, se giró mirando al pozo y, decidido a encarar cualquier cosa, incluso a una furiosa Kagome, saltó al interior.

    XXXXXXXX

    Kagome estaba en su casa estudiando para unos exámenes que tenía en los próximos días. Desde que regresó, apenas tuvo tiempo de pensar en el enfado con Inuyasha. Cierto es que lo extrañaba, pero tenía tantas cosas en la mente, que no se dio cuenta del paso de los días, ni de los cuatro amaneceres y atardeceres de ausencia.

    Toc! Toc! Toc!

    “Quién es?” preguntó la muchacha.

    “Hija, tienes una visita” contestó la madre tras la puerta.

    “Gracias mamá, en seguida bajo” contestó Kagome, dando solución a otro problema de matemáticas.

    Feliz por haber terminado gran parte de sus tareas, bajó a recibir a la persona que había ido buscando su compañía. Fue grande su sorpresa cuando encontró a ese ser tomando un te y hablando de las típicas cosas encantadas de las que conversaba su abuelo.

    “Hojo?” preguntó sorprendida. Desde luego este chico era muy persistente con ella. Tenía que admitirse a sí misma que el muchacho tenía un buen porte. Además de guapo y muy cariñoso.

    Pero…

    Tenía ese aire de…sosería? que no la convencía lo más mínimo.

    Ella le saludó muy cordialmente y le invitó a subir a su habitación. Así podrían hablar tranquilamente sin tener que escuchar una y otra vez las dichosas historias de su abuelo.

    “Dime Hojo, que te trae por aquí?” preguntó la joven una vez hubo cerrada la puerta de su cuarto. Le tendió su cama, a modo de asiento, mientras ella se apoyó en la silla de su escritorio.

    “Pues verás, te he traído estas plantas medicinales. Van muy bien contra cualquier tipo de enfermedad”

    “Gracias” contestó, una enorme gota resbalando nerviosamente por la cabeza mientras tomaba las plantas de sus manos y las colocaba en la mesita de noche, al lado del reloj despertador.

    “De nada. Últimamente no faltas ni un día así que supongo estarás mejor.

    Y me alegro.

    Pero eso te ayudará a que sigas así de sana. Mas vale prevenir que curar, no?” dijo pasándose una mano por su nuca.

    Ella simplemente sonrió ante el gesto. Al fin y al cabo el chico tenía razón. Y tenía que agradecer ese interés que sentía por su persona. Nunca antes nadie, quizá salvo Inuyasha, se había preocupado tanto de su bienestar. Muchas veces, cuando el corazón le dolía pensando en Inuyasha junto a Kykio, solía preguntarse por qué no era capaz de enamorarse de este chico. Además, ahora que estaban a punto de llegar las vacaciones de verano y que estaban en el último año de preparatoria, podían vestir a su gusto. Y no era capaz de negar lo increíblemente guapo que se veía en esos vaqueros. Pero la razón no manda en temas de amores, verdad?

    “Qué tal llevas los exámenes?”preguntó Hojo, intentando comenzar una conversación. Después de todo, ella se había quedado muy callada, y el silencio se hacía un tanto incómodo.

    “Pues bueno, no me quejo. Aunque matemáticas… reconozco que me cuesta bastante. He faltado a muchas clases y no entiendo la mayoría de las cosas” contestó dejando escapar un suspiro de resignación.

    “Si quieres te puedo echar una mano”

    “De verdad?” preguntó extasiada, irradiando felicidad por cada uno de sus poros.

    “Sí, a ver, vamos a ver en qué tienes problemas…” y así arrimó una silla que le trajo la chica de la habitación de su hermano Sota al escritorio de Kagome. Estuvieron durante varias horas repasando los ejercicios, explicándole temas de matrices y determinantes, echaron algunas risas sobre sus compañeros y profesores…

    Y pasaron una velada muy agradable.

    Cuando terminaron con la tarea, Kagome estuvo hablando sin parar de experiencias que había vivido en la época de las guerras civiles. Claro que todo ello lo excusaba dentro de historias que se había imaginado para escribir novelas. También le contó sobre sus sueños de ser escritora algún día, sobre las cosas que le gustaría hacer, sitios a los que le gustaría ir…

    Por alguna extraña razón se sentía bien contar todas estas cosas. Cosas que jamás le había comentado a nadie. Ni siquiera a Inuyasha.

    Hojo la admiraba embobado. La forma en que se movían sus labios al hablar. Seguía detenidamente los gestos de sus manos, que siempre acompañaban a las palabras. Vio como un mechón rebelde cayó sobre su cara, y gozó del instante en el que ella lo puso tras la oreja.

    Y de repente la besó.

    Kagome no supo que pasó hasta que notó unos labios cálidos posándose sobre los suyos. Y, sin saber por qué, correspondió al beso. Ese beso cálido y lleno de ternura…

    Ella no era consciente de unos brillantes ojos dorados que observaban desde la rama de un árbol, la más cerca de su ventana.

    Tampoco fue consciente del puñetazo que le propinó Inuyasha al tronco en el que se apoyaba.

    Y no notó el momento en el que las últimas hebras de pelo plateado se dejaban ver, describiendo el camino por el que volvía su dueño.

    Volviendo al pozo devorahuesos.


    Continuará…


    holaaaa de nuevo chicos y chicas, aqui ya puse la cointi espero que me apoyen n.n.. gracias elena chan
     
  15.  
    lostsoul_nic

    lostsoul_nic Guest

    Re: El adios

    Hola, que triste Inu los vió,ToT y Kagome ni cuenta se dió, pobre debió sufrir pero en parte se lo merece, espero la conti con ansias, bueno me voy y estuvo muy bueno el cap, me gusta mucho el fic
    Besos y saludos
    Ehhh primeras en postear :D
     
  16.  
    Marinen Bell

    Marinen Bell Guest

    Re: El adios

    O.o, ¿en serio todo eso pasó?, ¡pues me parece magnífico! No mentiste cuando dijiste que cosas más interesantes iban a ocurrir en esta continuación. Ah, yo adoro al Inuyasha sobre protector de elena-chan ;3; pero me alegra que aparezca Houyo, que haya besado a Kagome y desde luego ¡que ella le haya correspondido!
    Claro, Kagome siempre será de Inuyasha, pero me entra un fresquito por dentro cuando lo imagino muriéndose de celos porque teme que ella consiga en otra persona lo que él no ha querido darle. Lástima que lo recuerde en esos momentos. Pero como bien dijo fue "un tonto orgulloso que no podía aceptar que estaba celoso".
    Esta historia es muy tierna Clara Luz, no dejes de actualizarla, todas queremos saber si Kagome tendrá salvación desde luego...

    Cuídate mucho, te saluda, Marinen Bell.
     
  17.  
    lostsoul_nic

    lostsoul_nic Guest

    Re: El adios

    Hola Clara Luz y la conti ToT, yo ya la quiero ver a mi me encanta el fic ya no me dejes con la duda ToT, ya quiero ver que paso y si Kagome muere????? no!!!!!!

    Besos y saludos
     
  18.  
    Princess Lin

    Princess Lin Guest

    Re: El adios

    Me gustó mucho el capi, pobre Inu, vió a Kagome en esa situación y lo peor ella ni en cuenta... Espero la conti pronto.
     
  19.  
    LucyDei

    LucyDei Usuario popular

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    Re: El adios

    y sin mas espera aqui la conti gracias por su apoyo n.n

    Y de repente la besó.

    Kagome no supo que pasó hasta que notó unos labios cálidos posándose sobre los suyos. Y, sin saber por qué, correspondió al beso. Ese beso cálido y lleno de ternura…

    Ella no era consciente de unos brillantes ojos dorados que observaban desde la rama de un árbol, la más cerca de su ventana.

    Tampoco fue consciente del puñetazo que le propinó Inuyasha al tronco en el que se apoyaba.

    Y no notó el momento en el que las últimas hebras de pelo plateado se dejaban ver, describiendo el camino por el que volvía su dueño.

    Volviendo al pozo devorahuesos.

    El adiós

    Los personajes no me pertenecen y hago esto sin ánimo de lucro. Espero que les guste.

    Capítulo 5

    “ggg” mientras hablan
    ‘ggg’ lo que piensan
    Kkk flashback
    XXX cambio de escena
    Kagome seguía en el quinto cielo, saboreando esos labios que acariciaban su boca con ternura. Ansiando ese calor que emanaban de ellos, y en un momento que se detuvo a coger aire, pues se estaba quedando sin aliento, una palabra salió en forma de susurro de sus labios.

    “Inuyasha…”

    El beso se detuvo y Hojo se apartó, mirándola embelesado. Sus mejillas, de un color carmín, le daban un cierto aire cómico. Ella permanecía con los ojos cerrados cuando escuchó la voz de alguien.

    “Qué dijiste Kagome?”

    Esa voz? Abrió lentamente los ojos…primero uno…luego el otro. Sabía a quien se encontraría, e interiormente rogaba porque todo haya sido un sueño y nada más. Pero cuando pudo enfocar su vista, se encontró con esos ojos castaños del muchacho, que la miraban con cierta alegría y timidez.

    Cómo había podido confundir a Hojo con Inuyasha?

    Era extraño, porque ella sabía que era Hojo el que había iniciado el beso. Simplemente se dejó llevar por sus sentimientos, y de repente el mundo desapareció para ella, y en su mente se imaginó que esa boca que buscaba desesperadamente la suya no era otra que la del medio demonio. Queriéndola… amándola.

    “Nada” contestó ella avergonzada. Interiormente suspiró aliviada.

    Hojo volvió a agacharse y repetir el proceso… pero esta vez ella le detuvo en su intento.

    “Lo siento, yo… estoy con alguien. Lo siento” bajó la cabeza intentando no encontrarse con esa mirada inquieta. Qué mas podía decirle? Esperó durante unos instantes que le parecieron eternos, con sus manos juntas en su regazo, un pie golpeando constantemente el suelo, en un gesto de nerviosismo… Hojo solo la miraba intentando procesar lo que acababa de pasar. En un momento estaba feliz…y al otro sus sueños habían sido tirados por la borda. Pero no podía culpar a esta chica. Al fin y al cabo había sido él el que había realizado ese gesto tan osado.

    “Disculpa Kagome, no quise incomodarte. Mañana nos vemos en la escuela, de acuerdo? Hasta mañana” y sin dejar que ella contestara a su saludo, salió rápidamente por la puerta de la habitación de la chica. Lo último que la joven vio de él fue su espalda.

    ‘Hojo, perdóname’ pidió mentalmente. Dicho esto, recogió los libros que habían sido esparcidos por toda la mesa, intentando poner un poco de orden dentro de ese caos. Cuando hubo finalizado, se asomó a la ventana y miró la luna. Dentro de poco sería luna nueva.

    “Inuyasha…”

    “Estaba enfadado Kagome, muy enfadado. Yo recién descubriendo mis sentimientos por ti, y tú con otro. Bueno, ya sabes que yo siempre me hago ideas precipitadas de las cosas” se detuvo un instante aguantando un sollozo repentino que amenazaba con escaparse. Cerró los ojos fuertemente en señal de protesta y llevó el cuerpo de la muchacha más cerca del suyo.

    Lo más cerca posible.

    Y apoyó la mejilla de ella contra la suya, enredó su mano en el cabello de la chica, se posicionó en la curva del cuello y dejó que un par de lágrimas que no pudo retener, bajaran por su rostro.

    En esta posición, siguió hablando al oído de ella, susurrando de vez en cuando su nombre…

    Inuyasha salió del pozo, ya en su época. Shippo le esperaba hablando con Kirara sobre temas triviales, cuando escuchó unos murmullos salir de la estructura de madera. De pronto el cabello plateado de Inuyasha se hizo visible, brillando con la luz de la luna.

    “Inuyasha! Así que yo estaba en lo cierto. Dónde está Kagome?” preguntó el pequeño zorrito inocentemente.

    “Keh! Ella no vendrá hoy”

    “Pero…” no pudo terminar la frase. El hanyou ya había salido corriendo a subirse a la rama más alta del árbol en el que había sido sellado por Kykio. Se quedó allí toda la noche contemplando la luna.

    ‘Pronto será luna nueva’ pensó y un nombre se hizo paso al exterior a través de sus labios. “Kagome…”

    “Lo más frustrante fue ver que no volvías. Estuve pensando durante la semana siguiente que estabas con él. Y yo solo quería partirle la cara…”

    “Inuyasha, por qué no vas a recoger a Kagome? Hace un par de días ya que volvimos y no te he visto moverte. Si no nos damos prisa perderemos la pista de Naraku. No creo que se quede mucho tiempo en las montañas del norte. Y tenemos que comprobar si ese rumor es cierto” habló Miroku a Inuyasha. Más bien a su espalda.

    Hacía una semana desde que había ido a buscarla y la había encontrado con el humano aquel. Apenas habló con nadie desde entonces y todos estaban un poco preocupados. Cierto es que ellos se peleaban muy seguido, pero no de esta forma. El hanyou solo respondió con uno de sus famosísimos “Keh!”

    “Inuyasha!” gritó Shippo a la vez que de un salto llegaba hasta el hombro derecho de este, sujetándose con fuerza al haori rojo. “Ve a por Kagome de una vez”

    Él solo lo cogió por la cola y lo lanzó a los brazos de Sango. Luego se levantó y se marchó sin decir una palabra a nadie. Varios pares de ojos seguían mirando la puerta de la cabaña totalmente sorprendidos.

    “Pero qué le pasa?” preguntó la cazadora de demonios.

    “Kagome y él debieron tener una discusión muy fuerte. Hace como una semana que fue a buscarla y volvió sin ella e incluso más enfadado” contestó Kaede sin mirarla, calentando al fuego un poco de sopa a modo de cena.

    “Pero es raro, normalmente la señorita Kagome siempre vuelve antes, nunca les había visto así” comentó Miroku. Todos asintieron.

    XXXXXXXX
    A unos pocos kilómetros de donde se encontraba Inuyasha con el cuerpo de Kagome, podemos encontrar tres figuras que caminaban en dicha dirección. Más concretamente, hacia el claro en el que había tenido lugar la batalla contra Naraku.

    Sesshomaru iba a la cabeza, andando despreocupadamente, con ese aire altanero que lo caracteriza. Jaken iba algunos metros más atrás, caminando delante del monstruo que los acompañaba, con las riendas de Ah Un en una de sus manos. Rin iba subido en el bicho de dos cabezas.

    Todos iban callados menos la niña, que iba felizmente cantando algo que escuchó a los niños de un pueblo por el que pasaron hacía unos días. En realidad solo se había acercado ella para buscar algo de pan. Una de esas ocasiones en las que el sirviente Jaken se había tenido que quedar a cuidar de la chica, por orden del youkai, mientras éste iba a investigar alguna pista hallada de Naraku.

    Aiiro ni chirabaru nanatsu no hoshi yo
    Sorezore ni ima omoi wa tsunori
    Uchikudakarete ai o sakenda

    Nigedasu koto mo dekizu ni
    Yume ni sugaritsuku
    Ikasamana hibi nado ni wa mou makenai…”


    De repente Sesshomaru hizo una pausa en su caminar, causando que sus acompañantes también se detuvieran.

    “Rin!” llamó el demonio de pelo plateado, y la niña calló.

    “Qué ocurre señor Sesshomaru?” se atrevió a preguntar el demonio verde, soltando las riendas de Ah Un, pero siempre llevando la vara de Testas consigo.

    Pero no recibió ninguna respuesta. Su señor simplemente se quedó viendo el horizonte por unos instantes, como escuchando u oliendo en la lejanía. Así que solo pudieron detenerse y esperar. De pronto, y sin previo aviso, escucharon un seguro “Naraku” de los labios del líder. Y entonces emprendió su marcha de nuevo, sin mirar atrás siquiera.

    “Ah!!! Señor Sesshomaru, espere a Jaken!!!” pidió el demonio verde que echó unos pasos hacia atrás para tomar entre sus manos, de nuevo, las riendas del animal y seguirlo, mientras que Rin volvió a iniciar su canción…

    XXXXXXXX

    Inuyasha llegó de nuevo al pozo asegurándose a cada momento de que no le seguían. Entonces se apoyó con la espalda en el borde, sentándose en la hierba que nacía cerca de la madera, y miró la luna, dándose cuenta de que al día siguiente sería luna nueva. Así estuvo por varios minutos hasta que escuchó unos ruidos que provenían de los árboles cercanos. Oteó el aire con su nariz, pensando que quizá fueran sus amigos que habían ido a espiarle, como siempre. Pero no, era un olor diferente, un olor a … demonio.

    “Estupendo, me servirá de distracción” dijo en voz alta mientras hacía crujir sus garras, poniéndose en posición de defensa. De entre los matorrales apareció un bicho enorme, con forma de gusano, con unos ojos redondos y muy grandes ocupando casi todo su frente. De donde se supone que debería estar la boca, le salían unos pelos largos y negros también, contrastando con el color de la piel que era de un tono rojizo.

    “Keh! Menudo bicho de pacotilla, tú no me durarás ni dos minutos” dijo muy seguro el medio demonio, lanzándose en un gran salto, con la palma de su mano completamente abierta, el brazo estirado, y una muy conocida frase “Garras despedaza almas!” Sin embargo, aunque el bicho era muy grande, era rápido. Inuyasha se había confiado bastante pensando en lo inútil que sería esa cosa, y no vio venir uno de esos pelos que se posó en su hombro, antes de ser despedazado en mil pedazos. Cayó justo detrás de la criatura, mientras trozos de la carne se esparcían por todos lados, y de repente notó un intenso dolor, llevando la mano al foco del mismo. Se quitó la parte del haori que cubría su hombro y se encontró con una marca de color rojo fuego que recorría toda la zona, desde la omoplato hasta el inicio del pecho, haciendo la curva del hombro derecho.

    Aunque le dolía, no quiso darle mayor importancia, y ya liberado de sus tensiones, saltó a través del pozo, para traer a Kagome de vuelta, aunque fuera a rastras.

    Cuando llegó a la habitación de la chica la encontró sentada sobre su escritorio, escribiendo en un cuaderno esos garabatos, que a él le parecían más bien conjuros.

    Entró a través de la ventana, la cual siempre estaba abierta para él. “Kagome” dijo totalmente serio y sin emoción alguna. “Tenemos que irnos, tenemos pistas de Naraku y…” pero cuando se quiso dar cuenta unos brazos femeninos le rodeaban completamente, el cabello azabache haciéndole cosquillas en su barbilla, y un olor a flores de cerezo tropezó en su nariz.

    “Inuyasha! Qué bien, pensaba que no vendrías!” dijo la joven casi con lágrimas en los ojos.

    “Yo…esto…yo” el gesto le había sorprendido tanto que no era capaz de reaccionar. Entonces ella despegó su rostro de su pecho y sus ojos se encontraron. Miró detenidamente la cara de la muchacha. Esos bellos ojos castaños posados en los suyos, su nariz respingona, invitando a posar un tierno beso en ella, sus labios carnosos, llamándolo con desesperación y deseo… Fue entonces que recordó el grandioso éxito (es irónico por supuesto) de la chica con el asqueroso lobo y el estúpido humano. Se separó de ella bruscamente y cambió su gesto a uno de enfado.

    “Tenemos que irnos, hemos localizado a Naraku en las montañas del norte”

    “Pero no puedo, pasado mañana tengo mi último examen”

    “No importa, esto es más importante”

    Kagome se estaba empezando a enfadar. “Perdona, pero mi vida aquí también es importante!” dijo casi gritando. “He trabajado mucho y no pienso tirar mis esfuerzos por la borda. Solo te pido hasta pasado mañana”

    “Keh!” se cruzó de brazos y miró a la pared “He dicho que no, nos vamos ahora y no hay más que hablar”

    “Inuyasha…” amenazó la chica con voz de o cambias tu actitud o digo la famosa palabra.

    “Ya, lo que pasa es que tu te quieres quedar con el humano ese”

    Ese comentario la descolocó por completo. De repente, y todavía asimilando lo que acababa de decir, lo vio darse la vuelta y dispuesto a marcharse. Pero cuando ya tenía un pie puesto en el alféizar de la ventana se detuvo al oír su voz.

    “Lo viste” no era una pregunta, era una afirmación.

    “Keh! Pues claro que lo vi. Vine a por ti y te encontré con el humano ese, pero no te molestes, partiremos sin ti”

    “Espera Inuyasha” le detuvo poniendo una mano en su hombro para evitar que se fuera, pero no esperó que él se dejara caer al suelo en un gesto de dolor, pegando un grito muy agudo, y llevando una de sus garras a donde ella había posado, hacía tan solo unos segundos, su mano de mujer.. Esto la asustó. “Qué…qué te pasa?” No le dio tiempo a responder, pues se agachó a su lado y le quitó la ropa que cubría la zona en donde le había tocado. “Dios mío” gritó, llevándose las manos a la boca, evitando gritar.

    “No es…nada” contestó el muchacho intentando levantarse. Pero volvió a caer de bruces. Cada vez se sentía peor.

    “Pero…cómo que no es nada??? No vas a moverte de aquí. Espera” e imponiéndose a la actitud distante del hanyou, lo ayudó a levantarse y lo tumbó en la cama. “Quédate aquí y no te muevas” entonces salió corriendo de la habitación en busca de su madre y del botiquín. La marca que tenía Inuyasha no le gustaba nada en absoluto. Parecía una especie de quemadura, pero tenía que ser algo más que eso porque empezaba a coger un tono verdoso.

    Apenas unos minutos después llegó Kagome toda acalorada, tirando de su madre, y ambas le quitaron al muchacho la parte de arriba de su vestimenta, para poder observar mejor.

    “Qué crees que pueda ser mamá?”

    “Pues parece una quemadura Kagome, pero no lo es. Tiene que ser algo más, aunque no soy una experta. Necesitaría la ayuda de un especialista.”

    “No…nece…sito…” insitió el hanyou levantándose. Pero unas finas manos se lo impidieron, volviendo a tumbarle con mucha ternura.

    “Inuyasha, qué te atacó?” preguntó angustiada la joven. A través de su tacto notó como aumentaba la temperatura corporal del chico de forma peligrosa. Y lo peor era que no sabía qué es exactamente lo que le pasaba.

    Mediante gestos y palabras sueltas consiguió explicar al animal con el que se había peleado. Kagome acudió corriendo a su estantería a coger un libro de youkais. Desde que iba a la época del Sengoku, se había hecho con todo tipo de información acerca de las leyendas de demonios de entonces. Y ahora tenía una amplia biblioteca. Recorrió con rapidez las páginas, intentando buscar algo que se compaginara con la descripción. Y cuando su desesperación alcanzaba el límite, detuvo su búsqueda, sintiéndose exitosa.

    “Éste?” preguntó, enseñando la imagen que había descubierto. Inuyasha abrió un ojo con dificultad, el dolor se estaba extendiendo por su cuerpo a velocidades muy altas. “Sí” pudo contestar antes de caer en la inconsciencia.

    Kagome no se dejó llevar por el pánico y leyó en voz alta lo que ponía.

    “Fokutoro, especie de gusano gigante con bigotes venenosos. Esos bigotes, en contacto con la piel, dejaban una marca en la zona infectada. El veneno que desprendía a través de ellos era muy potente provocando náuseas, estados febriles, dolor generalizado e incluso pérdida del conocimiento. Si no se trataba a tiempo podría causar la muerte. Esto no lo notaría la víctima hasta por lo menos media hora después…” avanzó unas cuantas páginas más hasta que lo encontró. “…se dice que la gente de la época intentaba vencer este veneno preparando un brebaje de…”y echó una ojeada a los ingredientes. Por suerte disponía de todos ellos, ya que se había traído varias hierbas medicinales que eran casi imposibles de encontrar. “Mamá, me voy a preparar…”

    “Trae hija, lo haré yo. Tú quédate con él”

    “Pero…”

    “Si despierta será mejor que te encuentre a ti, además, así ayudarás a que se recupere más rápido. Yo prepararé esto, no te preocupes. Mandaré a Sota con una palangana con agua para que intentes bajarle la fiebre, te parece?” dijo ofreciéndole una sonrisa sincera.

    “Está bien” se rindió Kagome, y llevó la silla de su escritorio hasta situarla a la vera de la cama en la que se encontraba Inuyasha. Este movimiento fue aprovechado por su madre para salir de la habitación. La chica tomó una de sus garras entre sus manos y una lágrimas escapó por su mejilla cuando vio su rostro, en el que estaba plasmado la imagen del dolor. “Vas a estar bien…” susurró.
    XXXXXXXX

    “Así que Inuyasha finalmente ha ido a buscar a Kagome” dijo Sango mirando hacia el interior del pozo.

    “Eso parece, pero antes de marcharse se entretuvo con algo” contestó Miroku recogiendo un pedazo de carne del gusano.

    “Bueno, pues no podemos hacer nada hasta que regresen, será mejor que nos vayamos a dormir” Sango empezó a caminar en dirección a la aldea con Shippo subido en uno de sus hombros. Pasó al lado del monje tranquilamente…

    …hasta que notó una mano en su trasero.

    Plafff!!!!

    “Nunca aprenderá” se dijo Shippo cuando volvían a emprender él y la chica el camino a la aldea.

    Miroku estaba detrás, medio enterrado en el suelo, con una enorme marca de mano en su mejilla.

    XXXXXXXX

    Toc! Toc! “Hermanita, puedo pasar?”

    “Sí Sota, pasa” contestó Kagome secándose las lágrimas que recorrían su cara a la vez que un niño pequeño aparecía tras la puerta. Él acercó la palangana con agua fría que le había entregado su madre, y la dejó en manos de la muchacha. Lo puso en la mesita de noche que tenía al lado de la cama y mojó un trapo que colgaba de uno de los laterales. Escurrió los restos de agua sobrante y lo puso en la frente del hanyou, que se movía inquieto desde hace un buen rato.

    “Inu-no-niichan” dijo Sota más para sí que para el resto de los presentes. Luego se giró hacia su hermana, que se había vuelto a sentar en la silla que antes ocupaba. “Se va a poner bien?”

    Kagome dibujó su mejor sonrisa, para no preocuparle “Pues claro, es Inuyasha. Su cuerpo de medio demonio es mucho más fuerte que el nuestro. No te preocupes, ya verás como mañana estará mejor. Ahora vete a dormir, que te tienes que levantar temprano para ir a la escuela”

    Sota, más calmado por las palabras de la chica, abandonó la habitación cerrando la puerta tras de sí. Entonces Kagome pudo dejar esa sonrisa falsa que había puesto delante del niño, cubriendo su rostro con una expresión de miedo e incertidumbre. Volvió a tomar su mano.

    “Inuyasha, tienes que recuperarte…

    …por mí”

    Y así estuvo, con la garra del muchacho firmemente asida, por más de media hora hasta que su madre entró a la habitación con el líquido que actuaría como medicina y un ungüento que también aconsejaba el libro usar. Ambas curaron a Inuyasha en silencio. Inuyasha tragó casi forzadamente. Kagome dudaba de que en ese momento el fuera consciente de lo que estaba sucediendo. Le untaron la crema en el hombro y se lo vendaron, dejando actuar sobre la herida. Luego las dos se le quedaron viendo durante unos instantes.

    “Ahora solo nos queda esperar” comentó la madre de Kagome. Intentó reconfortarla posando una de sus manos sobre la de su hija.

    “Gracias mamá, puedes ir a acostarte. Si hay algún cambio te avisaré”

    Madre e hija se dieron un beso de buenas noches y después la señora abandonó la habitación, dejando a la muchacha sentada de nuevo en la silla. Ella se acercó un poco al rostro del medio demonio y estuvo observándole por horas.

    A eso de las tres de la madrugada la inquietud de Inuyasha cesó, cosa que tranquilizó de alguna manera a Kagome. Esta apartó un mechó rebelde de eso precioso pelo plateado, y estuvo acariciando la mejilla del chico, rogando porque despertara.

    Poco tiempo después cayó profundamente dormida.

    XXXXXXXX

    “Koga, qué tal te encuentras?” el líder de los lobos y su manda habían vuelto a su guarida.

    “Y cómo quieres que me encuentre??? Auch!” se quejó el demonio.

    Naraku le había cogido imprevisto y, aunque Koga se defendió bastante bien de sus ataques, finalmente fue alcanzado. Después de todo, el poder que este había adquirido mientras estaba escondido en el monte Hakureizan fue enorme, y por mucha velocidad que tuviera el lobo en las piernas, apenas aguantó unos minutos en pie.

    Derrotado e inconsciente, Naraku le arrebató los fragmentos de la joya de las cuatro almas, y se marchó sonriendo maliciosamente, dejando a un Koga tendido en el suelo, muy mal herido.

    Así fue como lo encontraron Hakkaku y Ginta, un tiempo después. Ellos habían intentado seguirle el paso, pero su líder era simplemente muy rápido. Como estaban cerca de su guarida, decidieron llevarlo para allá y curarle esas horribles heridas.

    Lo que no previeron es que se despertaría de tan mal humor después de su inconsciencia.

    “Dónde está ese maldito de Naraku?” preguntó muy enfadado. Sus compañeros se miraron entre sí con temor. “Decidme!” exigió.

    “Pues…Naraku ha sido derrotado…por Inuyasha” contestó Ginta finalmente. Sin embargo no quiso terminar la frase, temía lo que su camarada pudiera hacer cuando se enterara.

    “Ese maldito chucho!!!” gritó Koga, aún más enfadado. “Tengo que ir a verle, seguro que ha puesto en peligro la vida de Kagome”

    “Pero Koga, tú no puedes moverte” dijo Hakkaku, intentando sacarle de su terquedad. “Además,…necesitas descansar…”

    Koga los miró indeciso…

    … y en seguida notó que algo le ocultaban. Se sentó nuevamente, dejando descansar sus piernas sobre las rocas, y fulminándolos con la mirada dijo: “Está bien, si no me lo decías ahora os las veréis conmigo”

    “Decir qué? No hay nada que decir…jejeje…verdad Ginta?”

    “No…cla…claro que no…” ambos se pasaban sus manos por sus nucas, intentando parecer casuales.

    Pum! Pam! Sendos chichones aparecieron en las cabezas de ambos que, agachados para poder curar a Koga, estaban a su completa disponibilidad. “Quiero saber qué es lo que pasa y quiero saberlo ahora. Porque tengo que ir frente al chucho ese y recuperar a mi mujer!”

    Ginta suspiró. “Me temo que eso no va a ser posible Koga?”
    “Y por qué no?” preguntó sin comprender.
    Ambos lobos se miraron, derrotados, y fue Hakkaku quien respondió.
    “Porque…la señorita Kagome…está muerta”
    Continuará…

    jejeje gracias a todos y perdonen la tardanza n.n espero que sigan posteando gracias de nuevo a elena chan por su grandioso fic
     
  20.  
    Marinen Bell

    Marinen Bell Guest

    Re: El adios

    Ha estado buena, de verás que sí. ¿Por qué el protagonista nunca puede esperar a que la muchacha rechace al otro sujeto?, pobre Houjo se ha de sentir muy mal. Para rematar aparece el gusano ese, vaya enredo.
    Por mi parte yo espero ansiosa, sea cual sea, la reacción de Kouga no va ser buena y yo no me la quiero perder. Vuelvo y repito, pobre InuYasha.
    Continualo pronto, allí quedo colgando la aparición de Sesshomaru y yo quiero saber que va a pasar.

    Saludos.
     
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