1. This site uses cookies. By continuing to use this site, you are agreeing to our use of cookies. Learn More.
Descartar aviso
¡Hey, Invitado ya te vimos! Regístrate y comenta a tu autor favorito, muéstranos tus historias, participa en juegos, concursos y mucho más :)

Explícito Fanfic - Cielo Nocturno [Self-Insert-Long-fic/Experimento]

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por Melyen, 7 Septiembre 2017.

Cargando...
  1. Índice: Capítulo ocho: [Sin Número] El loco. Dirección incorrecta, impulsividad.
     
    Melyen

    Melyen Equipo administrativo Líder de Betas

    Leo
    Miembro desde:
    27 Agosto 2011
    Mensajes:
    916
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Fanfic - Cielo Nocturno [Self-Insert-Long-fic/Experimento]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Tragedia
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    5812
    Wikozaky ¡El doble post es lo de menos!
    Sé que quedaste, si la cuenta no me falla, en el capítulo cuatro, pero quiero agradecerte una vez más por usar tu tiempo en leer esta historia. Pero sobre todo por enredarte en ella, en sus personajes y hasta tomarles afecto. Estoy profundamente agradecida contigo.
    Hasta el momento, todos los personajes que he presentado parten de una persona real. Volkov y su familia, Adalet e Iris son dos de mis mejores amigas, Dhaval también es una persona sumamente cercana a mi persona. Incluso los padres de Crow aunque no he profundizado tanto en ellos, igualmente Nalini Király (madre de Chris y Nicole) y un personaje sin nombre del capítulo cinco. Así que como ves, el asunto no se limitó a Christopher y Nicole aunque solo ellos conservan los nombres originales. De hecho por estos personajes en su mayoría es que la historia tiene carácter autobiográfico.

    Me alegra mucho también ver que quoteas párrafos o frases que a mí misma, como escritora, me han encantado, conmovido o estremecido a la hora de ir construyendo esto, porque significa que he logrado mi cometido.
    Veo que, como a Lariebel, te gustó la escena final del capítulo en que Crow es obligada a volar. ¡Es bueno saber que hice un tan buen trabajo! Le tengo muchísimo apego a ese capítulo, como al anterior a esta actualización.

    Me disculpo por tanta palabrería, pero es que no podía venir a publicar sin decirte nada, sería descortés de mi parte.
    Puedes continuar tu lectura a tu ritmo. ♥

    Sin más, que añadir ahí, paso a etiquetar a mis dos lectoras silenciosas ♥ Lariebel y Kaladin. Las quiero, mis niñas.


    En el capítulo anterior dije que la actualización dependería respecto a cómo me sintiera con el resultado de algunas cosas de mi vida personal. Ese algo era el concurso para ingresar a una segunda carrera que no le había comentado a nadie.

    Vengo con este capítulo que no se separa de lo turbio del anterior, pero casi me siento realizada como persona, porque luego de que me aceptaran en la segunda carrera (que era mi primera opción inicial pero no se pudo por otras cuestiones) siento como si se hubiese llenado un vacío importante que tenía desde el terrible 2016. Mañana tendré mis primeros cursos de Diseño Plástico y estoy nerviosa.

    Vengo aquí luego del primer día de mi tercer año de universidad, luego de haber visto lo que será el primer curso de este año correspondiente a mi carrera de Psicología, luego de darme cuenta de que colapsaré con Bases Biológicas de la Conducta I, entre el laboratorio de Neuroanatomía y la parte teórica de Psicobiología; vengo aquí con algo de lo que carecí durante prácticamente todo el 2016: una terrible sed de conocimiento.
    Algún día quiero compartir con ustedes todo esto que estoy aprendiendo, el conocimiento que construí con años de esfuerzo e infinitas lecturas, el talento que perfeccionaré de ahora en adelante.

    El día en sí no sabría decir si fue bueno o malo, creo que fue bastante neutral. No lo sé. En algún punto, luego de que salí de Neuroanatomía, di con la persona que menos quería ver en mi maldito primer día y me jodió el humor porque trajo consigo toda una serie de pensamientos e imágenes mentales con las que no quería lidiar, pero bueno... qué se le va a hacer.
    En parte vine a publicar por fin (tenía el capítulo listo desde hace un par de días) por eso, para distraerme y no pensar tanto en eso que me da vueltas desde el final de semestre del año pasado.

    No sé cuándo volveré a actualizar, quizás luego de Semana Santa y después de eso es probable que no tenga tiempo para dedicarme a Cielo Nocturno, pero será por algo que vale la pena. Espero que para cuando regrese las dos lectoras que me han leído prácticamente desde que esto comenzó sigan queriendo dedicarle tiempo, igualmente mi nuevo lector.

    Hoy no tengo mayores aclaraciones, en realidad creo que solo tengo una.
    Hablé hace algunos capítulos respecto a que hay partes que son pura y meramente ficticias, otras que son híbridos de realidad y ficción. Quiero aclarar que estas ficciones o los híbridos son, por lo general, manifestaciones de mis miedos más profundos. Por lo general, si leen con cuidado, verán que estos siempre giran en torno a un núcleo: abandono. ¿Por qué? Porque soy una persona sumamente ansiosa, sobre todo socialmente hablando, y dependiente.

    Creo que ahora sí eso sería todo.
    Espero que les guste este capítulo. ♥ Sé que la historia avanza bastante lento, pero es porque así lo necesito, porque no quiero perder detalle alguno, porque en realidad esto viene siendo un gran y enorme símbolo. Estoy tejiendo un atrapasueños con tela de araña y plumas de cuervo, con la esperanza de que atrape mis pesadillas y el sol del amanecer las queme.
    Estoy buscando comprenderme a mí misma.

    Me disculpo por cualquier error, como siempre.


    En fin, ¿qué traigo para ustedes hoy?

    Seguimos con Mogwai, esta vez con May nothing but happiness come through your door.


    Y The Other Side de Ruelle.
    I don't wanna leave here without you. I don't wanna lose part of me.
    Will I recover that broken piece?
    Let it go an unleash all the feelings.
    [...]
    It hurts just the same and I can't tear myself away.


    Sin más que decir, nuevamente, ¡qué comience el octavo capítulo de Cielo Nocturno!

    .

    .

    .

    .

    .

    Capítulo ocho.















    Palabras sin sentido. No importaba. Notaba que se estaba perdiendo,
    perdiéndose en aquel grisáceo mundo aterrador, en aquellas brumas
    de sí misma cuya existencia jamás había sospechado hasta entonces.
    Stephen King. Cujo. Página 299.














    [Sin Número] El loco. Dirección incorrecta, impulsividad.


    El aullido del lobo me cala hasta el último de los huesos.
    Me odio, me odio tantísimo porque ese llamado todavía me estremece el corazón.
    Sus ojos amarillos me persiguen sin importar a dónde vaya, aunque el cobarde haya huido. Es mi demonio.


    Me hizo mierda. Me destrozó y convirtió en polvo cada pedazo que quedó en el suelo.
    Y aún así… si volviera, ¿qué haría?
    No lo sé.


    Oh Dios, ayúdame. Quien sea, ayúdeme por favor.

    Todavía lo amo.
    Pero a la vez lo aborrezco.
    Lo amo con cada maldito pedazo de este asqueroso corazón.


    Solo recordar su mirada me hace temblar y no quiero siquiera recordar su voz, pero es inevitable. Luego de la pesadilla que me hizo ver la constelación de la Hidra ya no soy capaz de borrar su voz de mi memoria.

    Sé que sigue teniendo poder sobre mí. Sigo a su merced. Podría hacer lo que quisiera conmigo aunque antes se llevara una paliza.

    No puedo creer lo patética que puedo ser.
    ¿Qué caso tiene seguir rechazando este desgraciado sentimiento que no desaparece?
    Fui suya desde el maldito momento en que regresó a mi vida y lo seré hasta que me muera. Hasta que me meta un tiro en la cabeza, me corte las malditas venas, me provoque una sobredosis, salte de un puente o frente al jodido tren.



    Mi mente está cubierta por una densa niebla. ¿Sigo viva?
    Ojalá que no, pero dudo tener esa suerte.

    Yo… ¿Por qué estoy pensando en Volkov?

    Siento el corazón latirme desbocado en el pecho, pero no es de miedo, aunque debería sentirlo.
    Sé lo que estoy sintiendo con tanta precisión que me resulta ridículo.
    Después de todo… solo Altan Volkov me descontrolaba el corazón de esta forma.


    Vuelven los ojos del lobo, del color del ámbar… pero esta vez tengo que levantar la mirada para encontrar la suya.
    Los ojos grandes y expresivos no cambian, a pesar de haber perdido sus características lobunas. Ahora el ámbar está mezclado con un tono verdoso.


    Quiero echar a correr pero no puedo. No encuentro la fuerza de voluntad para hacerlo.
    No quiero irme, porque he extrañado esa maldita mirada hipnotizante.


    Se acerca con el sigilo de un depredador y soy incapaz de siquiera dar un paso atrás.

    A pesar de su altura sigue teniendo el rostro de un adolescente. Recuerdo lo joven que era y se me cierra la garganta de donde amenaza brotar un sollozo.

    Aunque nunca lo vi en persona mi mente no pierde detalle alguno.
    Lleva una de esas jodidas camisas a cuadros que tanto me gustan.


    Mi autocontrol está en su límite. Deseo lanzarme encima de él y destrozarlo a golpes, deseo lanzarme a sus brazos y llorar como una niña, deseo apagar este maldito calor que empieza a recorrerme el cuerpo. Y muy en el fondo, deseo encerrarlo en una burbuja para evitar que alguien le haga daño y para evitar que se haga daño él mismo.

    Sufro porque huyó antes de que pudiese salvarlo, me odio por ello y lo odio a él. No pude salvar lo que tanto amaba.


    —Altan. —Logro llamarlo por su nombre en un susurro que suena ahogado.


    Ya está lo suficientemente cerca para que pueda tocarlo. La ira arremete, levanto la mano y cuando estoy por estamparla contra su mejilla, la detiene en el aire.
    Con un movimiento rápido me sostiene por el mentón con la otra mano.
    A pesar de la precisión de los detalles, su tacto se siente irreal, como una ilusión.



    —¿Por qué te esfuerzas tanto en odiarme, Melyen? —El sonido de su voz hace que me recorra un escalofrío y me detiene la respiración un momento.


    Intento deshacerme de su agarre, pero no lo logro. No aparta su vista de la mía. Ambos tonos de ámbar chocan y puedo sentir la electricidad aumentando.


    —Cobarde de mierda.


    —Vamos, Melyen, ¿cuál es tu maldito problema? —Acerca su rostro al mío, puedo sentir su respiración. Ahora habla a mi oído—. ¿Por qué no me superas de una puta vez?


    —No puedo. —Me sale un hilo de voz, seguido de una especie de sollozo—. Te amo, hijo de puta.


    —No —sentencia. Vuelvo a sentir su cálido aliento en mi oído. Me arde el cuerpo, siento el calor esparcirse, mezcla de ira y algo más. Las piernas apenas me sostienen—. Me deseas, Crow.


    Cuando se aparta de mi oído, en medio de nuestras miradas surge un chispazo de compresión. Sonríe con una inocencia de la que carece y es consciente de que estoy derritiéndome como la cera de una vela.


    —No. —En los ojos se le nota que quiere reír ante mi negación.


    —Te crees especial, ¿no es así? —Aprieta el agarre casi al punto de hacerme daño y me empuja contra la pared. Logra arrancarme un gemido que me hace sentir patética de nuevo—. Crees que eres mejor que los demás por negar tus propios deseos.


    —¿Por admitir que no siento ningún deseo por ti? —Lo reto y se me escapa una risa extraña—. Sí, me creo mejor.


    —¿Entonces por qué me miras así, cuervo?


    Veo mi reflejo en sus ojos. Suelta mi mentón por fin y me toma por el cabello, tirando hacia atrás.
    Esta vez me niego a darle lo que busca, aunque no tiene caso.



    —Porque me das asco, traidor de mierda. —La ira está hablando por mí, pero mi cuerpo es incapaz de recuperar su equilibrio. Vuelvo a reír.


    No habla más pero se le escapa una risa altanera.
    Pega su cuerpo al mío, y aunque su calidez es parecida a la de los rayos del sol a través de un vidrio, casi puedo sentir mi fuerza de voluntad caer a sus pies.


    Poder. ¿Solo eso querías? Sí. Claro que sí.
    Lo tienes. Joder, tienes absoluto poder sobre mí. Incluso en esta maldita niebla mental.


    Estampa sus labios contra los míos. Intento apartarlo en un último momento de lucidez, pero el desgraciado tiene razón. Lo deseo. Mi cuerpo lo pide a gritos, a él y a nadie más.

    Las lágrimas me resbalan por el rostro.

    Explora mi boca, posesivo.
    Siento cuando me suelta el cabello y me recorre el cuerpo con las manos. Su tacto es suave en comparación a su actitud. Conoce los lugares que me provocan escalofríos y tengo que hacer un esfuerzo extremo por guardar silencio. No soy capaz de siquiera intentar abrir los ojos.


    Se detiene de forma abrupta mientras sus manos se aferran a mi cintura con fuerza.
    Acomoda la cabeza en el espacio entre mi cuello y mi hombro, y su cabello me roza la piel. Su tacto se siente mucho más real ahora.


    Es entonces que caigo en cuenta cómo mi mente aturdida por la bruma ha girado la situación.
    Nuevamente ansiaba el toque mágico que detuviera mi tren de pensamientos y deseos estúpidos.


    Deslizo mis dedos entre su cabello antes de voltear mi rostro para alcanzar a darle un beso en la cabeza. Sigo sin atreverme a abrir los ojos pero sé que no lo necesito.


    —Dhaval. —Aumenta un poco la fuerza de su agarre en torno a mi cuerpo. Siento su respiración como hace unos momentos sentí la de Volkov, pero esta vez en mi cuello. Las lágrimas vuelven a fluir—. Gracias.









    Iris Arany Csonka

    Encendí un par de velas que había en la habitación, con ayuda de la tenue luz de la luna que se filtraba por las cortinas.

    Toda su ropa estaba empapada en sangre, a pesar de que me apresuré algo de ella se había transferido a la cama de Christopher.

    ¿Qué demonios había pasado?

    Tiré el montón de ropa al suelo, tuve que salir por una toalla húmeda para limpiar la sangre que tenía en el cuerpo. Me dediqué a vestirla con la mayor delicadeza que me fue posible y la cubrí con una manta.
    Comenzaba a recuperar algo de color, pero no supe si esa era solo mi idea, su tono normal de piel era de por sí muy claro.
    Se le veía incómoda, inquieta.

    Tomé la ropa sucia y fue entonces que reparé en su gabardina, que estaba hecha una desgracia como el resto de sus cosas. Dudé pero finalmente la tomé también. Tiraría todo eso. No tenía caso intentar lavarlo o repararlo.

    Salí de la habitación, cerrando la puerta con cuidado. Los tres estaban en torno a la mesa con la vela encendida en el centro, casi parecían integrantes de una secta.

    Fui consciente de que ahora mismo no estaba sintiendo la repulsión que, en circunstancias normales, me provocaba la sangre.

    Suspiré, salí a la terraza, tiré todo al bote de la basura y volví a entrar. Me lavé las manos y volteé para verlos por fin. Mi mirada chocó con la de Adalet, tenía los ojos vidriosos.


    —¿Van a decirme qué pasó? —No era capaz de llorar, no sabía ni siquiera qué debía sentir y la pregunta la hice con mayor brusquedad de la que planeaba.


    —Intentó deshacerse de sus alas —respondió mi mejor amiga.


    Noté que Dhaval, sin decir media palabra, se retiró al sofá, donde se recostó mirando hacia el respaldar de este, haciéndose lo más pequeño posible.

    Adalet mantuvo su vista clavada en él y Christopher se cubrió el rostro con las manos.


    —Volverán a surgir —dijo aunque no llegué a comprender hasta que continuó—. De forma igual de violenta que la primera vez.


    ¿Qué? ¿Pero quién le había dicho eso?

    Ío seguía plantado frente a la puerta cerrada, tan quieto que parecía una estatua. La cola le rodeaba el cuerpo.

    Abrí la boca pero lo que iba a decir fue cortado por un grito desgarrador que me provocó una sensación profunda de terror.
    Volví la vista a la habitación, donde el ruido era tal que todo parecía estar cayendo de su lugar. Cuando dirigí mi mirada hacia Adalet la vi cerrar los ojos con fuerza.


    —Han vuelto. —La escuché murmurar casi para sí misma.


    Cuando me di cuenta Christopher estaba haciendo a Ío a un lado, el animal le siseó.
    Abrió la puerta de golpe, los gritos volvieron y la sangre salpicó al guitarrista. En el rostro se le formó una expresión de genuino espanto.

    Dhaval se había adelantado con un sigilo exagerado y pronto estuvo casi junto al primo de Crow. La misma expresión se reflejó en él.

    Tomé la vela que estaba en la mesa y me acerqué para confirmar lo que ya sospechaba ante el comentario de Adalet.
    Melyen había explotado como una granada. Otra vez.


    Melyen "Crow" Király

    Desperté con una sensación de profunda tristeza pero de inmediato arremetió un terrible dolor que ya conocía. Eran las malditas alas que había intentado destrozar.

    Me levanté y el dolor me impidió dar más de un par de pasos antes de caer al suelo. Estaba mareada y pronto las lágrimas me corrieron por las mejillas. Era insoportable.
    Sentí la piel rasgarse y grité con una fuerza que desconocía que tenía. La calidez de la sangre se hizo presente una vez más.
    Con cada segundo que pasaba la piel cedía más y más, aumentando el dolor.

    Las extremidades que creí haber destruido habían vuelto a surgir, las sentía chocar contra los muebles y las paredes, las cosas caían de su lugar.
    La luz tenue de las velas desapareció, dejándome sola con el resplandor casi imperceptible de la luna.

    Abrieron la puerta, pude escuchar el lejano siseo de mi corrupto.

    El dolor no daba tregua. Sollozaba de forma incontrolable, sentía que no podía respirar.

    A través del cristal de las lágrimas y con ayuda de la luz de la vela que habían acercado distinguí tres siluetas: Christopher, Dhaval e Iris.

    Esta vez no tuve la suerte de perder el conocimiento. A pesar del dolor, las lágrimas y la mata de cabello negro que me cubría la vista, sabía por qué sus rostros reflejaban ese miedo.
    Extendidas a medias, las alas empapadas en sangre ocupaban casi todo el espacio disponible en la habitación, más grandes que nunca.


    —Adalet. —La susodicha se había acercado sin que nadie se percatara de ello y, desde atrás de los tres, me apuntaba con el arma—. Mátame.


    —No, maldita estúpida —respondió con la voz apagada por el llanto. Parecía estar debatiendo consigo misma—. Pero deberías preparar mejores excusas para despedazarte las alas, porque realmente haces que me den ganas de meterte un tiro.


    Christopher le arrebató el arma de las manos y ella, como si apenas se diese cuenta de lo que había hecho, cruzó los brazos sobre el pecho.

    El dolor se había vuelto palpitante, cálido, asqueroso.

    Intenté levantarme pero no lo logré, las alas se agitaron como acto reflejo, para darme balance. El dolor me recorrió como un relámpago y volví a gritar. Más cosas cayeron de su lugar a causa de la breve ventisca que había provocado y el hecho de que mis alas no tuviesen espacio en la habitación.
    Apenas podía mantenerme separada del suelo con los brazos.

    El miedo se acentuó en la mirada de cada uno, sin que fuesen capaces de hacer algo.
    Pude ver la silueta de Ío moverse tras ellos, como hecho de humo. Los ojos le centelleaban a la luz de la flama.
    Finalmente se acercó y rozó su cabeza contra la mía, ante el cálido tacto del felino las alas se plegaron despacio y dolorosamente.

    Un toque. Eso es todo. Siempre un toque.

    Me dejé caer el suelo boca abajo y el gran gato se acurrucó a mi lado, ronroneado. Por un momento sentí frío, pero pronto su calor corporal lo hizo retroceder.

    Alguien se acuclilló junto a mí. Estuve por hacerme a un lado, pero el miedo a que un relámpago de dolor se hiciera presente me lo impidió. Las lágrimas seguían empañándome la visión… y también mi estado mental.
    Noté los arañazos profundos en sus brazos.

    Dhaval.

    Extendí mi mano hacia él. Sabía que le había hecho daño.

    Cuando iba a abrir la boca para hablar, noté que me retiraba el cabello del rostro como había hecho una vez hace mucho tiempo.
    Sentí la profunda necesidad de llorar en sus brazos hasta desaparecer.

    Hidra, cuídame, por favor. Después de todo siempre actúas como un hermano mayor.

    Necesitaba pedirle perdón. Perdón por lastimarlo, por molestarlo, por arrastrarlo.

    Por existir. Me cago en la puta. No debería existir.


    —Perdón. —La voz me salió como un sollozo.


    Me abracé a Ío con fuerza y seguí llorando, esta vez en silencio, contra su pelaje.

    La espalda me palpitaba de dolor.

    Sentí el tacto tranquilo de Dhaval en mi cabeza.


    —No hagas que le haya disparado a un jodido agente de las FAL por nada. —Lo escuché decir.


    Deseaba escupir todo lo que había sentido en un lapso de tiempo que ahora no tenía claro, sin embargo, lo que salió de mi boca fue totalmente diferente porque esta vez su toque, en lugar de pausarme, me dio un empujón. Había visto demasiadas cosas que no debía.


    —Tú no tenías que venir con nosotras. —Tenía la garganta lastimada y la voz apenas salió, pero supe que él me había escuchado—. Lo que Adalet hizo fue una estupidez y tú aceptaste… porque estoy hecha de ansiedad y nada más. Porque exploté como una bomba y eso te da lástima. Porque si no cumplías mi capricho antes de que volviese a explotar, te sentirías culpable. La lástima es el único motivo que ha hecho que correspondas a cada una de las estupideces que hago.


    —Melyen, basta. —Quien me interrumpió fue Christopher que se había acercado a mí también, pero yo ya no podía parar.


    —Volví a explotar, Hidra —continué sin apartar la cabeza del pelaje cálido de Ío, su presencia de alguna forma hacía que el dolor diera tregua. Dhaval apartó la mano con que acababa de acariciarme como si le quemara—. Cumpliste mi capricho, puedes largarte sin sentir culpa.


    —Estás sobreanalizando todo —respondió por fin.


    —No.


    —Sí, Crow, es lo que haces todo el maldito tiempo.


    —No estoy sobreanalizando una mierda, Hidra. ¡Es lo que haces tú siempre! —La voz se me cortó un momento—. Todas esas cosas, todo lo que haces por otros… lo haces para sentirte mejor contigo mismo. No lo haces por nosotros. No lo haces por mí.


    Todo lo que le estaba diciendo era porque me dolía hasta el último centímetro del cuerpo, pero sobre todo porque mis emociones descarriladas estaban cansadas de ver en él un ser idealizado, cálido, amoroso y paciente, pero que era incapaz de quererme como yo deseaba.

    No. Como yo necesitaba.

    Había comenzado a reflejar lo que yo era en él, para poder arrancar las raíces que habían crecido a su alrededor.
    Quise creer, que como yo, era un maldito egoísta que solo buscaba el bien de otros para mantener su propia cordura.
    Y yo ya no soportaba más seguir esperando por una respuesta clara.

    Noté que Dhaval se apartó despacio y salió de la habitación.
    La siguiente en acercarse fue Adalet, quien parecía estar verdaderamente harta de todas las decisiones que yo había tomado desde que salí para volarme la maldita cabeza.


    —Deja de actuar como una hija de puta —dijo en un susurro—, cuando sabes bien que amas cada estúpido fragmento de Dhaval Krall.


    Me separó de Ío con el mayor tacto que le fue posible y me ayudó a levantarme.
    Las alas tocaban el suelo.

    Abrí la boca para hablar, pero la cerré de inmediato. No había pasado ni un minuto y ya me sentía culpable por lo que acababa de decir.


    —Las alas no deberían haber vuelto tan pronto. —Escuché a Christopher hablar atropelladamente mientras Adalet me ayudaba a salir de la habitación.


    —Y tampoco deberían haber surgido de forma tan agresiva la primera vez —añadió Iris—, pero desde ese momento las cosas no encajaron.


    —¿Qué dices? —La atajó él y continuó antes de que respondiera—. Las alas surgen así.


    —No. —Pude notar que le tembló la voz y respondió basada en lo que acababa de intuir—. Es… es por lo general un proceso completamente diferente a lo que han experimentado ustedes dos.


    Con la ayuda de Adalet, caminé hasta el baño, donde me dejó para dirigirse al comedor. Abrí el grifo porque sabía que allí el agua no se racionaba como en Claw of Shadow. Me enjuagué las manos durante un buen rato, media adormilada, hasta que no quedó casi ningún rastro de sangre en ellas, o eso creí.

    Joder, con la cantidad de sangre que perdí debería estar muerta hace rato.

    Me apoyé en el lavabo y suspiré.
    Estaba harta de estar cubierta de sangre y ser consciente de ello.

    Volví sobre mis pasos, fui a la habitación que había dejado hace poco más de una hora para internarme en el cafetal y regresé al baño con una nueva muda de ropa. La segunda de la noche.
    Supuse que alguno de ellos se había dado a la tarea de sacar algunas de nuestras pertenencias del auto.

    Actuaba muy despacio, como si me diera miedo dar un paso y caer por un acantilado. Me sentía mareada y el dolor seguía presente.
    Me detuve en el pasillo.
    Dhaval se había hecho pequeño en el sofá, mirando hacia el respaldo de este.

    Había sido una maldita estúpida, una niña insolente que luego del tiempo que teníamos de conocernos finalmente había hecho lo que él esperaba desde un inicio; decirle, en resumidas cuentas, que se fuese a la mierda.
    Recordé que parecía acostumbrado a que la gente se hartara de él, al punto de creer constantemente que era una molestia y me sentí más despreciable que nunca.
    La verdad es que yo podía ser una de las personas que más deseaban la compañía de Dhaval.

    Encendí una nueva vela y la coloqué en un pequeño estante del baño.
    Cerré de un portazo y lentamente me deshice de la ropa que, de nuevo, estaba ensangrentada. La lancé en un rincón.

    Abrí la llave de la ducha y me coloqué bajo el agua helada. Noté que esta se oscureció.
    Tomé una cantidad exagerada de shampoo y me dediqué a lavarme el cabello que se había transformado en una esponja de alambre.
    Me concentré tanto en ello con tal de no seguir pensando que perdí la noción del tiempo y cuando iba a dedicarme a lavar las plumas de mis nuevas extremidades aunque doliera, me di cuenta de que ya habían desaparecido. Tampoco me di cuenta hasta ese momento que había estado llorando.
    Me dediqué entonces a retirar la sangre del resto de mi cuerpo.
    El agua estaba helada, pero dadas las circunstancias era lo único que me mantenía despierta, o consciente.

    Cerré la llave. A tientas busqué una toalla en el mueble junto a la ducha y me envolví con ella cuando al fin la encontré.
    Empecé a vestirme con la misma lentitud con que me había desvestido. Gotas heladas me seguían cayendo del cabello aunque había intentado secarlo lo mejor posible.


    —Salir solo con esta maldita oscuridad es un suicidio. —Adalet estaba hablando. No le di importancia a su comentario, imaginé que hablaba de nuestra inminente huida.


    —No hay forma de movilizarse. Es una estupidez. —Christopher sonaba al borde de perder la paciencia—. Te volarán la cabeza en cuanto pongas un pie cerca de la Gran Área Metropolitana.



    Ese comentario me hizo consciente de lo que estaba pasando.


    —Creo que si no tuviese tendencias suicidas bastante evidentes Melyen no pensaría tanto en evitar que sostenga esa maldita arma. —Supe que su respuesta tenía cierta intención de chiste, pero había fracasado. Tuve certeza de lo que sucedía antes de que siguiera hablando—. Realmente no importa, quiero decir, al parecer ya molesté lo suficiente para que me lo dijeran en la cara.


    Escuché que abrían la puerta principal. Apenas estaba subiéndome los pantalones, maldita sea, y dudaba mucho poder correr siquiera.
    Terminé de vestirme lo más rápido que pude, pero el tiempo corría.


    —¡No puedes irte así! —chilló Iris. No hubo respuesta.


    —Déjenlo —sentenció mi primo. Escuché que movía una de las sillas, supuse que para sentarse.


    Abrí la puerta del baño de golpe. Me dolía cada maldito músculo del cuerpo e incluso los huesos. Salí por el pasillo a tropezones, pero sabía que no lograría mucho teniendo en cuenta lo débil que me sentía.
    Mis amigas intentaron detenerme, apenas podía ponerles algo de resistencia.
    Jugaría mi última carta.


    —¡Ío! —El grito me rasgó la garganta ya de por sí lastimada y se me empañó la vista por incontable vez en esa eterna noche.


    No hizo falta ninguna orden más, el corrupto sabía lo que necesitaba: detener a Dhaval Krall.

    Respondió con un potente rugido y salió de la habitación de Christopher a toda velocidad, nos esquivó y saltó los muebles con la agilidad propia de su especie.
    La rapidez de sus movimientos le daban la apariencia de una sombra… de un verdadero demonio. Después de todo eso era en lo que se había convertido.
    Las garras se le aferraron a la calzada para evitar que resbalara por el giro que había realizado bruscamente para darle alcance al muchacho.

    Un golpe sordo seguido de un grito y gruñidos me informaron que el felino había logrado su cometido.


    —¡Déjame, corrupto de mierda! —Debía estar intentando quitárselo de encima.


    Mis amigas me soltaron por fin y salí de la casa.

    Krall y mi corrupto forcejeaban entre sí, pero noté que el animal no intentaba hacerle daño, solo buscaba retenerlo con el peso de su cuerpo.

    Caminé hasta estar a un par de metros de ellos. Nuevamente nos bañaba la luz de la luna, o eso creí.


    —Suéltalo, Ío —dije casi en un susurro. La criatura se apartó, pero le bloqueó el camino a Dhaval. Estaba entre el corrupto y yo.


    Se levantó con cierta dificultad. Lanzó las pertenencias que cargaba al suelo y no se atrevió a mirarme.


    —A ver, Crow, decide. Quiero continuar mi camino hacia la mierda —escupió con evidente desdén. Tenía la respiración agitada y nuevos raspones.


    —Como si no estuvieras en la mierda desde antes.


    —Hablo en serio.


    —Perdóname —dije con un hilo de voz. Me miró por fin, con el ceño fruncido. Me palpitaban los músculos de la espalda—. Yo… yo a veces olvido que no eres como yo.


    —No somos dos partes de la misma personalidad. —Su respuesta me extrañó—. Algo de cierto puede haber en todo lo que dijiste.


    —No. —Los mareos que habían desaparecido al ducharme estaban regresando—. Porque entonces sí seríamos dos partes de la misma personalidad.


    —Está bien que no me quieras más aquí.


    Me daba la sensación de que estaba conteniendo las ganas de meterle un tiro al gato y decirme que me fuese a la puta mierda.
    Nunca lo había visto enojado… pero deseaba que lo estuviera, porque era mejor que esa extraña comprensión.


    —Dijiste que no era fácil deshacerse de ti. —El mundo me daba vueltas y sentía ganas de vomitar a pesar de tener el estómago vacío—. ¿Por qué ahora te largas tan fácil?


    —Es diferente.


    —No. Mientras yo sea lo suficientemente estúpida para seguir cometiendo estos errores nada es diferente.


    —Déjame largarme de una puta vez, Melyen. —Volvió a apartar la mirada mientras levantaba sus cosas. Sentí un vacío en el pecho, porque la forma en que evitaba mirarme me recordó a la pesadilla que tuve la madrugada en que le revelé mis alas a Chris.


    —No, porque yo sí soy una maldita egoísta. Porque si te vuelan la cabeza por traidor será mi culpa y acabaré por hundirme en la locura que ya de por sí he estado rozando, porque estoy malditamente aterrada. —Cometí entonces el tercer acto impulsivo de la serie de estupideces que estaba comenzando apenas. Las palabras me salieron en tropel de la boca y las náuseas aumentaron—. Porque te quiero aquí conmigo.


    Dio un paso atrás. El miedo que sentía no hizo más que aumentar. Al final se iría. Se iría aunque eso significara su muerte.
    Sin embargo, cedió. Dio un par de pasos al frente.


    —Suban al auto. —La voz de una de mis amigas nos detuvo en seco.


    —¿Qué?


    —¡Háganlo! —Era Adalet que junto con Iris y Christopher había empezado a meter cosas al maletero a toda prisa. Comida, lo poco que habían bajado, cosas de mi primo y solo ellos sabrían qué más.


    Estuve por abrir la boca para volver a hacer una pregunta, pero entonces reparé en lo que estaba sucediendo… me di cuenta del cambio de tonalidad en el cielo.
    El tiempo se nos había agotado.


    —¡Sube! —Dhaval se sobresaltó y acató la orden con una sumisión que le desconocía. Al igual que habían hecho mis amigos, lanzó sus cosas al maletero antes de subir—. ¡Ío, al auto!


    Christopher subió, iba a conducir. Iris subió como copiloto.

    Pronto el motor estaba encendido.

    El corrupto se acercó a mí, era consciente de mi estado. Caminó a mi paso hacia el auto y subió al maletero, donde se hizo lo más pequeño posible entre las cosas.
    Fue cuando vi bajo una de las mochilas algo que no sabía que estaba allí: otra de mis gabardinas.
    Era la gris. La saqué y me la coloqué lo más rápidamente que pude, de alguna ridícula forma me hacía sentir segura.

    Adalet fue la última en salir de la casa. Supe que estaba apagando las velas.

    Intenté subir a duras penas, con el mundo dándome vueltas, Dhaval extendió su mano y la tomé porque de otra forma no habría podido. Me haló hacia él. Me senté a su lado, sin darme cuenta de que no le había soltado la mano y que de hecho me aferraba a ella con fuerza. Fue Hidra quien deshizo el agarre.

    Sentí el peso de Adalet al sentarse a mi lado y escuché que cerró la puerta del auto.

    Chris se puso en marcha, nadie preguntó dónde iríamos. Ninguno quería saber la respuesta.

    Para cuando el cielo empezó a aclarar de forma más evidente yo finalmente había caído rendida aunque escuchaba el ronroneo lejano del motor.

    En alguna parte del cafetal, bajo el cielo amoratado, el cuchillo que había sostenido Adalet antes de encontrarme en el claro y abofetearme, brillaba en medio de la hojarasca, la tierra y la sangre.

    Ojalá hubiésemos sabido que salir de casa era tan mala idea como quedarse.
    Ojalá todos estuviésemos muertos.
    Ojalá este mundo nunca se hubiese echado a perder.
    Ojalá mi mente recuperara su dirección.
    Ojalá.
    Ojalá.
    Ojalá.
     
    • Ganador Ganador x 1
  2. Índice: Capítulo nueve: X La Rueda de la Fortuna. Acertijos. Sinsentidos. Aproximación de lo inevitable.
     
    Melyen

    Melyen Equipo administrativo Líder de Betas

    Leo
    Miembro desde:
    27 Agosto 2011
    Mensajes:
    916
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Fanfic - Cielo Nocturno [Self-Insert-Long-fic/Experimento]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Tragedia
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    4401
    Sé que va a llegar un punto en el que nadie va a leer esta historia, pero qué queda.

    Este capítulo es particularmente corto (tiene sentido, ya me estoy muriendo académicamente) pero creo que tendrá implicaciones interesantes.
    No sé cuándo volveré a actualizar, posiblemente en julio, lol. Esta vez no tengo aclaraciones que hacer.
    Como siempre, me disculpo por posibles errores.

    ¿Qué tenemos para hoy?

    La versión instrumental de O (Fly On) de Coldplay.


    Y, para casi el final del capítulo, un cover por Reoni ft. Nyami de Koukatsu (Original de MARETU con Hatsune Miku).
    Take care of those binded feelings and throw them where you must throw them.

    Ahora sí, ¡qué comience el capítulo!

    .

    .

    .

    .

    .

    Capítulo nueve.














    …al final, lo que empieza siendo una cosa termina siendo otra, significando algo totalmente o simplemente muriendo y desapareciendo.
    Víctor Hugo Acuña Ortega. Historia e Incertidumbre. Página 56.














    X La Rueda de la Fortuna. Acertijos. Sinsentidos. Aproximación de lo inevitable.


    Para cuando la luz del sol se alzó por encima de las montañas, estábamos llegando a uno de los recónditos hoteles diminutos que conocía mi primo debido a los conciertos. Lo reconocí.
    Dada la falta de tráfico y el hecho de que en sí el lugar no estaba lejos, llegamos bastante rápido a pesar del desastre que había causado la oscuridad.
    Quise creer que el lugar era lo bastante pequeño y poco importante como para mantenernos a salvo unos días. Ocultos como ratas. Al menos mientras planeábamos mejor qué hacer.

    Chris estacionó el auto en el pequeño espacio designado para ello. Con mucho trabajo allí apenas cabrían cinco vehículos.
    Bajó y habló con el encargado. No escuché su conversación, estaba aún adormecida y realmente no me sentía en condiciones para esforzarme en escuchar una charla ajena.

    Por un momento el señor pareció bastante escandalizado y fue cuando alcancé a escucharlo mejor. Tenía un acento marcado, sabía que pertenecía a alguna parte de Heritage, porque era ridículamente similar al de Volkov.
    No pude evitar fruncir el ceño, mucho menos después de la alucinación que había tenido con el lobo.


    —Vamos. —Dhaval habló mientras abría la puerta, atendiendo a una seña de mi primo.


    Bajé tras él y tuve la sensación de que iba a desplomarme en el suelo, pero mis piernas lograron sostenerme.


    —Podemos pasar aquí unos días —comentó Christopher.


    Noté que el encargado entraba a la que siempre supuse era una pequeña oficina, para volver con un par de llaves y entregárselas.


    —¿Pero cómo vamos a pagarlo? —Fue lo primero que atiné a decir.


    Hizo un gesto despreocupado con la mano que no hizo más que ponerme ansiosa.


    —¿Y el corrupto? —La que hizo la pregunta fue Adalet, que se abrazaba a sí misma debido al frío del ambiente.


    —Llegué a un acuerdo para que no comente nada —respondió Chris—. Le aseguré que no dará problemas de ningún tipo… porque no fue humano.


    Dudé un momento, pero al final confié en su palabra.

    Me entregó las llaves que estaban debidamente numeradas y regresó para comenzar a bajar las pocas cosas que habían logrado sacar de la casa a último momento.

    Escuché un sonido extraño que supe provenía de Ío.


    —Ven, gatito —dije y animal de inmediato bajó del auto, claramente nervioso—. ¡Rápido, vamos!


    Prácticamente pegado contra el suelo se acercó a mí y entró al pequeño edificio a toda velocidad.

    Escuché que el hombre con acento de Heritage cerraba la puerta de la oficina de golpe.

    Hice el intento de tomar algunas cosas para ayudarle a mis amigos, pero recibí la orden de que siguiera al corrupto y abriese las habitaciones.
    Así lo hice. Eran dos, una junto a la otra, pude ver que estaban conectadas por una puerta. Bastante modestas, cada una tenía una cama matrimonial y una individual, cubierta con sábanas delgadas. En los armarios pude ver algunas cobijas más gruesas.

    Ío se metió en el armario de una de las habitaciones, haciéndose lo más pequeño posible.

    Pronto mis amigos me dieron alcance, colocaron todo en el suelo y en parte de una de las camas grandes.
    Le regresé las llaves a Chris, quien las tomó y volvió a salir.


    —Iré a hablar con él de nuevo —dijo cuando estaba cerca de la puerta.


    Noté que mis amigas salieron tras él, probablemente para darle un vistazo rápido al lugar.


    —¿Vienes? —preguntó Iris antes de salir.


    —No —dije de inmediato—. No me siento muy bien aún.


    La escuché suspirar antes de seguir su camino.

    Me acerqué al armario en que estaba Ío, tomé una de las cobijas y me lancé en la cama matrimonial sin siquiera quitarme los zapatos o la gabardina. Me cubrí casi hasta la cabeza. Los ojos se me cerraban solos.

    Pude ver la silueta de Dhaval revolver entre las cosas. Imaginé que luego saldría también.

    En algún punto me quedé dormida, pero escuchaba la mayoría de lo que sucedía. Pude oír que alguien se acercó a la cama y luego salió, creo que estuvo a punto de cerrar la puerta pero en medio de mi sueño liviano le dije que no lo hiciera. Me ponía nerviosa dormir con la puerta cerrada de día.
    Escuché las voces lejanas de mis amigas y de Chris, también sentí el peso y el calor de Ío al acostarse junto a mí.

    Mi cuerpo adolorido fue finalmente vencido por el sueño y aunque primero no pude descansar profundamente, luego de que Ío subió a la cama, el ruido externo que me llegaba como de otro mundo, por fin se silenció.
    Dormí sin pesadillas. Nadé en la negrura.

    Horas más tarde seguí sin ánimos de salir de salir de la habitación y mucho menos de dejar a Ío solo.

    El atardecer apenas estaba comenzando, el sol empezaba a teñirse de anaranjado.

    Pude notar que Iris dormía profundamente en la cama matrimonial en la que aún había cosas.

    Me levanté e Ío me siguió, con sus pasos silenciosos. Me asomé por la puerta que conectaba ambas habitaciones, Dhaval también dormía. Volví a notar los rasguños en su piel.

    Lo herí con mis vidrios rotos.

    Sentí el cuerpo cálido de Ío pegarse al mío y volteé a verlo. Sus expresivos ojos estaban clavados en mí.


    —Anda, discúlpate con él por mí —murmuré sin saber realmente a qué me refería.


    El felino se acercó despacio a la cama donde dormía Krall, quien tenía la mano derecha al borde de esta. Se sentó y lo contempló un minuto, meneado ligeramente la cola, y finalmente frotó su hocico en la mano del muchacho.

    En medio de su sueño, la apartó, pero el animal insistió hasta que finalmente despertó y lo vio; esta vez la retiró de golpe.


    —Dice que lo siente —comenté haciendo que se sobresaltara y mirara hacia mí—. Bueno, que lo sentimos.


    Regresó su mirada a Ío y muy cautelosamente le acarició la cabeza. El corrupto comenzó a ronronear y apoyó la cabeza en el borde de la cama. Dhaval se enjuagó los ojos con la mano libre.
    Sonrió muy discretamente y no pude evitar hacer lo mismo aunque no estuviese mirándome.

    Alguna de todas las emociones que esa simple sonrisa acababa de despertar me dolió, me dolió de una forma absurdamente preciosa.
    Porque sí, el dolor también podía ser bello y, de hecho, tenía la capacidad de crear obras de arte como se asumía en los clichés más baratos sobre los artistas.
    Fue como si otra grieta se hubiese abierto y de ella fluyera algo que no lograba identificar pero que era asombrosamente cálido.

    Lo amo. No hay más remedio.
    Amo cada fragmento que conozco de él.
    Lo sabe, ¿cierto? Sí… creo que sí.


    El cariño se escurre a través de mis grietas como un denso y saturado óleo violáceo. No puedo detener la fuga y él solo intenta limpiar la pintura que comienza a mancharlo.

    Me quedé plantada en la puerta, sin ser capaz de decir nada más.

    Pude ver que Ío estaba por quedarse dormido en la posición tan incómoda en que se encontraba y Dhaval también.
    El gato me miró un momento y le hice un gesto con la cabeza; entonces subió a la cama y se acurrucó junto a mi amigo, quien lo miró extrañado pero no hizo un intento por apartarse.

    Sentí el profundo deseo de acurrucarme junto a ambos. El corazón se me descontroló en el pecho, pero mi lógica empezó a decirme a gritos que aquello era un disparate.
    Inhibí mi deseo a pesar de lo inestable que se encontraba mi mente aún.


    —Descansa —dije dirigiéndome a Dhaval.


    No respondió pero se acomodó para hacerle espacio a Ío.
    Nuevamente una sonrisa se asomó en mi rostro antes de que me dispusiera a salir y cerrar la puerta de conexión.
    Me detuve en medio de la habitación. Iris seguía durmiendo.

    Entre las maletas del suelo, estaban mis pertenencias.
    Cometí entonces una imprudencia. Me dispuse a registrar mis cosas hasta que di con mi celular.

    Quizás debería tirar esto por el inodoro.

    Me senté en el borde de la cama y observé el objeto durante un buen rato, sin siquiera desbloquearlo. Me limité a ver mi reflejo en él, por un momento me costó reconocerme. Las marcadas ojeras y el cabello desaliñado no ayudaban.

    Suspiré y finalmente me dispuse a desbloquear el aparato. La energía eléctrica había vuelto también y las conexiones funcionaban sin mayor problema.

    Las redes sociales me tentaron. Estaban cargadas de noticias relacionadas a la oscuridad.
    Seleccioné el buscador interno de una de ellas y mantuve el pulgar en el aire sin saber qué quería hacer realmente, hasta que una de mis malditas compulsiones me venció. Una “A” apareció en la barra de búsqueda y pronto el sistema completó el nombre de usuario de quien a estas alturas debía haber enterrado: Altan Volkov.
    La cuenta, como casi siempre, se mantenía privada.

    Deja de hacer esto, estúpida de mierda. Es enfermo, es asqueroso, es patético.
    No puedo detenerme hasta dar con algo. No puedo parar hasta hacerme daño.


    Recorrí toda una lista de usuarios relacionados a él. Cuentas privadas y públicas, fotos de mierda, estúpidas de pelo pintado y perforaciones, porros, licor. Una porquería tras otra.
    Llegué entonces a las cuentas más o menos prometedoras; las de los amigos fotógrafos o que se las daban de tales por su formación en Artes.
    Pronto choqué con los ojos ámbar del lobo y el mundo se me detuvo en seco.

    Una tras otra, las fotos no hacían más que recordarme lo que había perdido, lo que no había logrado alcanzar.
    El corazón se me encogía en el pecho con cada segundo que pasaba. La calidez del extraño pero hermoso dolor que había sentido al ver la sonrisa de Dhaval empezó a desaparecer y sentí la tristeza colarse como una ventisca fría.

    Encontré otra cuenta y en ella a la maldita usurpadora. A la segunda de hecho, ¿o era la tercera?
    La desgraciada foto me hacía daño, era como tomar un puñado de vidrios con las manos descubiertas, pero yo no podía quitarle los ojos de encima. No podía dejar de ver ese momento congelado, ese beso que pecaba de actuado y forzado, o eso quería creer.

    Esta muñeca tiene el pelo pintado.

    El pensamiento me hizo fruncir el ceño.
    Cerré todas las aplicaciones, dejé el celular a mi lado y me llevé las manos al rostro. Las lágrimas me quemaban tras los ojos.
    Me sentía mal, sí, me sentía terrible y tenía la garganta hecha un nudo pero había cumplido con mi ritual. La ansiedad, la sensación de peligro, de falta de información, de miedo a lo que no sabía… se había aplacado.

    Me enjuagué los ojos repetidas veces, casi al punto de hacerme daño.


    —Mel. —La voz de Adalet interrumpió mi acción y volteé a verla—. Chris quiere hablar con nosotros cuando todos despierten.


    —Está bien —murmuré sin voltear a verla. Sentí su peso al sentarse a mi lado—. Ada.


    —¿Qué pasa?


    —¿Cómo te sientes?


    —¿Y esa pregunta a qué viene? —De una forma casi ridícula fue como si la escuchara sonreír.


    —No lo sé —admití—. Me preocupas. Todos me preocupan.


    —Hablé con papá desde un teléfono público hace unas horas —dijo en un susurro—. Mamá estaba histérica… quería que volviéramos las tres.


    —Tu madre siempre ha sido muy buena con nosotras, solo está preocupada —comenté y noté que asentía.


    —Las quiere mucho.


    —¿Qué dijo tu padre?


    Sentí que tomaba suavemente mi mano y, como había hecho solo cuando guiaba el camino si estábamos en lugares concurridos y considerablemente ebrias, entrelazaba sus dedos con los míos. Su tacto era cálido en comparación al mío y asombrosamente delicado. Nuestras manos eran casi del mismo tamaño e igual de delgadas.

    Por un momento estuve por apartarme como había hecho Dhaval al despertar y ver a Ío, pero en su lugar sentí el color subir gradualmente a mi rostro.
    Adalet apretó un poco el agarre.


    —Me dijo que soy una cabezona de mucho cuidado pero que nos estará esperando en casa cuando hayamos arreglado las cosas. —En mi mente rebotó la pregunta de qué le habría contado exactamente a su padre. Permaneció unos segundos en silencio hasta que volvió a murmurar algo—. Lo lamento, por golpearte, por apuntarte con un arma… por todo.


    —Gracias —respondí con sinceridad.


    —¿Qué dices?


    —Siempre has estado para sacarme del fondo, desde aquella vez. —Me refería al octubre terrible. Levanté nuestras manos aún unidas y la miré por fin; las ondas naturales de su cabello negro estaban particularmente desordenadas. Me observaba confundida—. Hoy te agradezco por no haberme abandonado a mi suerte ni una sola vez.


    Parpadeó perpleja y en sus ojos pude ver un chispazo de alegría casi infantil. Su mirada oscura se humedeció.


    —Yo diría que esta vez Dhaval también hizo un buen trabajo —comentó entre risas.


    —Lo reconozco. —El sonrojo que había surgido producto del delicado tacto de mi amiga se acentuó—. Lamento las cosas espantosas que le dije.


    —Realmente no las dijiste de forma sincera. Sí las has pensado, porque no encuentras sentido en que invierta su tiempo en ti, pero ni siquiera la parte más ansiosa e inseguridad de tu personalidad es capaz de creerlas.


    —A veces quisiera creerlas.


    —Pero no puedes. —Deshizo el agarre de nuestras manos suavemente—. Está bien que no puedas creer eso. Es bueno que estés segura de que está contigo porque así lo desea y no por un dilema moral.


    —No es tan sencillo.


    —Sí lo es —dijo mientras me daba un pequeño empujón con su hombro—. Dhaval Krall te ha elegido a ti por encima de otras personas u otras cosas en varias oportunidades. No sé qué significará para él eso, pero sé que lo mínimo que implica es que te aprecia bastante.


    —Quisiera que él también tuviera esa certeza —añadí mientras tomaba el celular y lo metía en uno de los bolsillos de la gabardina; luego dirigí mi mirada al techo, del que colgaba una lámpara de luz amarillenta.


    —Ahora la tiene. —Se levantó de la cama y avanzó hacia la puerta—. Le dijiste por fin que lo quieres contigo, sin necesidad de estar borracha.


    Aparté la vista del techo para voltear a verla y me dedicó una sonrisa hermosa, tan dulce y preciosa como solo ella podía ser. Ese sencillo gesto me detuvo el corazón en el pecho y me devolvió algo de la calidez que acababa de perder producto de mi compulsión.

    El color subió a mis mejillas de nuevo.

    Iba a abrir la boca para hablar pero ella se llevó un dedo sobre los labios y señaló la puerta que unía las habitaciones. Escuché el murmullo de pasos.
    La mirada que le dediqué debió hacerle gracia porque tuvo que contener la risa. ¿Nos habría escuchado? Como si leyera mi mente, Adalet negó con la cabeza.

    Dhaval abrió la puerta y pude ver que Ío lo acompañaba, aunque tenía cara de pocos amigos, como cada vez que despertaba. Extendí mis brazos hacia el felino y noté que Dhaval daba un respingo. El corazón antes detenido de golpe, se puso en marcha a toda prisa, porque entendí que había creído que el gesto iba dirigido a él.
    Ío se apresuró y subió a la cama en la que estaba sentada, lo envolví con mis brazos como si fuese un gran peluche. Pronto el motor que era su ronroneo se puso en marcha.


    —Dhaval. —El aludido hizo un sonido para dar a entender que me había escuchado—. Chris quiere hablar con nosotros cuando Iris despierte.


    —Está bien —respondió de la misma forma en que yo lo había hecho minutos antes y permaneció de pie, sin saber muy bien qué hacer.


    Escuché una risa casi maliciosa. Regresé mi vista a Adalet y en sus ojos vi el brillo de una burla provocadora, retadora.


    —Ustedes son graciosos —dijo antes de alejarse por el pasillo, con su cascada de cabello negro como el carbón agitándose suavemente tras ella.


    Se me escapó un suspiro de hartazgo y me limité a continuar acariciando a mi gran gato. Noté que Iris se revolvió en la cama, creí que había despertado pero me equivoqué.

    De repente una hoja se interpuso entre mi rostro y mi corrupto. No logré distinguir las formas que tenía encima de primera entrada, ni siquiera pude separar los colores que veía, hasta que quien la extendía frente a mí la alejó un poco. Vi entonces los trazos fuertes y que se repetían uno sobre otro, creando una línea que parecía discontinua en algunos puntos. Vi los tonos rojizos y sumamente saturados, aparentando un cielo.
    Los trazos que vi primero formaban una silueta frente a aquellos colores brillantes que se degradaban de un azul oscuro.
    Reconocí el dibujo porque hace tiempo había recibido una foto. Me reconocí como no había hecho la primera vez que lo vi.

    ¿Por qué has traído esto? ¿Por qué lo tienes contigo aún?
    No. No me lo des. No sé cómo sentirme. Desde el principio fue esto lo que me confundió. No me lo des… pero lo quiero. Lo quiero porque es mío, ¿no es así? Siempre fue mío.
    No entiendo lo que sientes, explícame, habla conmigo. Es irónico, pero no entiendo de esta forma ,aunque es la única en la que me puedo expresar.


    Extendí mi mano temblorosa para tomarlo con una delicadeza exagerada y, casi como acto reflejo, aferré la hoja contra mi pecho aunque no con la fuerza suficiente para arrugarla permanentemente. No fui capaz de mirar a la persona a quien pertenecía originalmente, no podía mirar a Dhaval Krall en ese momento.


    —Muchas gracias. —La voz casi se me quedó atorada en la garganta.


    Me revolvió el cabello con delicadeza y luego deslizó su dedo a lo largo de un rizo, de una forma casi distraída, estirándolo como un resorte.
    No pude evitar seguir cada uno de los movimientos de sus manos.


    —Perdón —dijo de repente, sobresaltándome.


    —¿Qué?


    —Por tirar de tu cabello.


    —No me hiciste daño ni nada, está bien. —Me seguía negando a soltar la hoja que acababa de darme, ni siquiera para verla mejor.


    A mis oídos llegó un suspiro proveniente de él y pronto se alejó hacia la puerta. Quise decirle algo más, pero no podía ordenar las palabras… solo lo observé irse.

    Aparté la hoja de mi pecho para mirarla. El maldito idiota se tomaba el tiempo de hacer esas cosas para mí.

    Cuando Dhaval se había alejado lo suficiente, sentí que alguien se apoyaba en mis hombros. Estuve a punto de chillar a todo pulmón.


    —Es bonito. —Era la voz adormilada de Iris—. Este fue el primero que hizo para ti, ¿cierto? Creo que nos lo mostraste.


    —¡Estúpida, no me asustes así! —reclamé, volviendo a aplastar el dibujo contra mi cuerpo, como si no quisiera que nadie más lo viese. Estaba guardando mi tesoro con exagerado recelo.


    La escuché reír pero antes de que pudiese decirle algo más un grito agudo que supe pertenecía a Adalet, cortó todos mis pensamientos de golpe. Me levanté a toda prisa y corrí hacia el origen de ese espantoso sonido; Iris me seguía los pasos y pronto Ío nos rebasó, actuando en función de mi necesidad.

    El sonido que me llegó después fue el del rugido de mi corrupto y el batir poderoso de unas alas; Christopher. Luego otro grito, esta vez masculino.

    Cuando llegamos, pude ver a mis amigos inmovilizados por aquellos agentes especiales de las FAL, los de las gabardinas con el emblema extraño.
    El encargado del hotel con quien había hablado mi primo, conversaba con el que parecía líder del grupo armado.

    Christopher había sido noqueado, la sangre proveniente de alguna herida en su cabeza manchaba el suelo; a su lado yacía Ío, igualmente herido. Aún con el dibujo que acaba de darme Dhaval entre las manos, me arrodillé junto a ambos y sentí las lágrimas correrme por el rostro. No me atrevía a tocarlos por temor a hacerles más daño.

    ¿Y si están muertos?

    Fui capaz de notar sus débiles respiraciones.

    El grito que profirió Iris a mis espaldas me caló hasta el último de los huesos.
    Con el rabillo del ojo pude ver que la siguiente en ser inmovilizada fue ella, puso resistencia y sin demora alguna también fue dejada inconsciente. Adalet volvió a chillar y ahora Dhaval era quien intentaba deshacerse del agarre de los agentes con todas sus fuerzas. En medio del calor de mis lágrimas pude notar que se le marcaban las venas del cuello y los brazos.


    —¡Vete, Mel! —ordenó, claramente desesperado—. ¡Vuela!


    Pude ver que otro grupo de agentes me rodeaba, apuntándome con sus armas.

    Incapaz de hablar, negué con la cabeza. No podía, no hubiese podido ni aunque lo intentase. Las alas se negarían a salir, lo supe de inmediato. Además, no podía dejarlos, quién sabe qué harían con ellos.

    El siguiente movimiento que hice, aunque no fue suficientemente sospechoso para que abrieran fuego, sí lo fue para que un agente me derribara, aprisionando mi cuerpo contra el suelo. Se me escapó un quejido de dolor.
    El dibujo que sostenía entre mis manos fue a dar un par de metros más allá, extendí mi mano hacia él aunque sabía que era inútil.

    En minutos todo lo que alguna vez consideré parte de mi vida estaba siendo destrozado. La sangre de mi primo, lo más cercano a un hermano que tuve jamás, manchando aquel dibujo que era una de mis posesiones más preciadas, era la prueba máxima de que mi mundo estaba siendo desmembrado frente a mí… Tuve la certeza de que seguirían arrancándole pedazos hasta que fuese una masa irreconocible.

    El cristal de mis lágrimas empezó a distorsionarme la vista. Escuché pasos acercarse.


    —No debían recurrir a la violencia física de no ser necesario. —La recién llegada era una mujer y aunque no podía verle el rostro, reconocí su voz.


    C. Atratus puso demasiada resistencia, señorita Kwok —respondió uno de los agentes. El apellido me confirmó lo que ya sabía y la misma señorita Kwok pareció sorprenderse al reconocer a alguien en mi grupo de rechazados sociales.


    —Maldición —murmuró para sí misma—. Krall, ¿qué haces aquí?


    No hubo respuesta de su parte.
    Kwok no había reparado en mí todavía, pero pronto escuché sus pasos continuar hasta que pasó a mi lado. Se acuclilló unos metros más allá, tomó el dibujo del suelo y me miró por fin. La sorpresa se reflejó en sus ojos que acababan de tornarse vidriosos y pronto otra cosa pasó fugazmente por su rostro de piel trigueña: comprendió por qué él estaba allí.
    No tuvo que expresarlo en voz alta para que me diese cuenta; conocía los gestos de esa muchacha con precisión. Después de todo era mi amiga.


    —Movilicen a los sujetos C. Atratus, C. Corax, H. Rustica y compañía a la base Thánatos de las FAL —dijo mientras se incorporaba. Esta vez evitó mirarnos.


    —¡Aydan! —La voz de Dhaval hizo eco en el lugar—. ¿Qué pretendes?


    La aludida se rehusó a responder.
    Dobló con sumo cuidado la hoja que nos pertenecía y la guardó en uno de sus bolsillos. No supe si lo que había manchado levemente sus dedos era la sangre que se había impregnado a una parte del papel o el pigmento que se había desprendido de este.


    —Kwok. —Su apellido me salió como un sonido ahogado—. No dejes que maten a Ío.


    —¿Ío? —La sorpresa volvió a pasar por su mirada. Ella lo había conocido.


    —El demonio, quiero decir, el animal —añadió Dhaval corrigiéndose a sí mismo de una forma en que casi dio la sensación de que acababa de abofetearse mentalmente. Su respiración era irregular—, es su gato. Aydan, que no lo toquen.


    Tuve la sensación de que la morena había asentido muy levemente.

    Dhaval continuó resistiéndose y finalmente le dieron el golpe contundente para que se quedara quieto.
    Empecé a sollozar como una niña, tratando de quitarme al agente de encima en medio de maldiciones incomprensibles. Bajo la piel de mi espalda sentía como si una criatura se revolviera, furiosa e incapaz de liberarse.
    Sentí un pinchazo en el cuello y el mundo se oscureció, como si me hubiese envuelto en la oscuridad de mis propias alas.

    La caricia en la cabeza que recibí de alguien que no pude identificar, desentonó con aquella terrible escena.

    Me persiguieron los ojos oscuros de Aydan, junto al eco de su voz al preguntar si estaba en lo correcto al decir que me sentía atraída por nuestro amigo en común.

    La persona por la que sentía tanto odio hacia la muñeca era ella.

    Aydan Kwok, quien se refería a mí como su mejor amiga, ya no era solamente la persona que me había sacado directamente aquella información mediante un juego sucio, era la que acababa de enviarnos a una base militar que llevaba el nombre de muerte.
     
    • Ganador Ganador x 1

Comparte esta página