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Historia larga Fanfic - Buscando a una Princesa

Tema en 'Novelas' iniciado por Borealis Spiral, 28 Octubre 2014.

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  1. Índice: Prólogo
     
    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    Fanfic - Buscando a una Princesa
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    Fantasía
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    Y se me volvió a convencer para publicar esto. Bueno, una secuela que prometí hacerme a mí misma, je. A parte de fantasía (lo que no es mucha porque no se me da y no me gusta tanto), es romance (ese espero sí sea suficiente xD) y drama (de ese habrá vasto). Espero lo disfruten y aunque es un long fic, no será muy largo... o eso creo.

    Advertencias: Saga de Un Cuento de Hadas Desesperado y Rescatando a un corazón

    Buscando a una Princesa

    Prólogo

    Una oportunidad no tomada en el momento puede volver a repetirse en otro tiempo bajo circunstancias diferentes, sí; pero el resultado nunca será el mismo.


    La mujer tarareaba feliz, danzando de aquí para allá de manera improvisada, haciendo que su larga, lacia y brillante melena negra se meciera con gracia y elegancia en sincronía con su paso. La habitación en la que se movía era amplia, de un color naranja chillón, con luces amarillas brillantes colocadas por todo el rededor, iluminándola con potencia. No había ni un solo mueble en la estancia, únicamente estaba una fuente en el centro por la que bajaba una copiosa cascada desde su cúspide, cayendo en la base honda y aunque era mucha el agua que terminaba por caer, la fuente nunca se llenaba y la cascada jamás se agotaba.

    La mujer dejó de tararear y bailar para colocarse fuente a la fuente, tocando el líquido transparente que hacía su recorrido hacia abajo. El acto hizo que el agua cumpliera el fin de una pantalla cuando imágenes del pasado se mostraron. Imágenes en las que la protagonista era una joven rubia de expresivos ojos celestes y piel de porcelana. Había sido un período muy tenso ese en el que esa joven había estado en aquel mundo. Por un momento pensó que todo acabaría para ella al ser la representación antropomorfa de ese universo. Eso no era bueno, por ello debía hacer algo para no verse amenazada nuevamente.

    Sonrió al sentir la presencia de la persona que acababa de aparecer en la habitación y a quien le daba la espalda. Se volvió para enfocar sus plateados ojos desprovistos de pupilas en el hombre que ocultaba su rostro con el gorro de la capucha negra que vestía y que contrastaba completamente con la iluminación del lugar y su propio vestido que era blanco.

    —¿Me llamabas? —inquirió él con voz grave e impersonal.

    —Ajá —respondió ella retornando su visión al agua y congelarla cuando una imagen del hombre se presentó, quedando estática—. He estado pensando y creo que es hora de acabar con la maldición.

    —¿Es eso posible?

    —Sí, la misma maldición lo permite. Deberás ir al otro mundo, al real, y buscar a la que será la princesa permanente, ¿comprendes? —Se volvió para mirarlo.

    —Afirmativo —él no movió ni un músculo y su timbre no cambió.

    —Te llevarás al príncipe. Él te ayudará a encontrarla, pero hay un límite de tiempo; no podemos estar mucho tiempo sin ambos, así que dense prisa.

    —Entendido. ¿Algo más?

    —Si fracasan no podrán volver a intentarlo hasta que el círculo inicie y acabe de nuevo.

    —Me aseguraré de que tengamos éxito.

    —Bien, por ahora es todo. Cuanto estén listos, vuelves y te doy más detalles. Confío en ti, no lo olvides.

    Él asintió y sin más que agregar, desapareció de su vista en un pestañeo. Ella volvió a dirigir su atención a la fuente para tocarla de nuevo y hacer que el agua y las imágenes continuaran su trayecto. Era verdad lo que le dijo, confiaba en él y estaba segura de que cumpliría su misión al pie de la letra, tal y como lo había hecho siempre. No por nada lo había encomendado como el encargado de la maldición. Por un momento entrecerró los ojos con recelo al ver a la rubia en la pantalla líquida antes de negar con la cabeza, sonriente. No, no había manera de que él la traicionara.

    Por ahora es todo. Gracias por leer.
     
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    Marina

    Marina Adicto Comentarista Top Usuario VIP

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    Qué monito... que diga, qué bonito prólogo. Me gustó mucho imaginar a esa dama entre ese gran colorido, danzar y cantar de aquí para allá y luego, la descripción de esa fuente, que como la esfera de Tare... ¿A que ese hombre encapuchado es él? No necesito leer su nombre para saberlo :), bueno, ¿qué decía? Ah, sí, que el líquido de esa fuente es como la esfera de él, por ahí se puede ver lo que se quiera ver y ¿qué es lo que esta mujer veía ahí, por el final pude captar que la chica de cabellos dorados y orbes celestes es nada más y nada menos que Mina, ¿a que sí?

    Un buen comienzo. Ya quiero ver como Tare, junto con Kadin, pues la dama le dijo que el príncipe debía acompañarlo y que otro príncipe puede ser sino Kadin, llegan al mundo real, al que supongo es el de Mina.

    Estoy deseando leer el primer capítulo. ¿Mina y Tare volverán a verse? ¿Sigue Tare enamorado de Mina? ¿Qué sentirán cuando se vean? ¿Palomitas en el estómago? ¿nerviosismo? ¿Emoción? ¿Todo eso y más? Y el título... me causa intriga. ¿Quién será ahora la princesa?

    Ya, tráenos el que sigue... bueno, no, cuando quieras, pero no te tardes.

    TKM
     
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    Shassel

    Shassel Usuario común

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    :D Nyaaaa, no puedo creer que la continuación ya este iniciando. :') Tus historias siempre me llenan de tantas emociones.
    No sé porqué pero este intro me esta dando un mal presentimiento. No, no seré negativa, debo pensar positivo.
    Tare??? Eres tú?
    La maldición, pero... wuaaa, definitivamente debo saber el resto.
    La primera parte de la saga me dejó tan triste, y la segunda despertó muchas esperanzas. Ahh, la ternura de corazón era tan hermosa. :3 Como se lo extraña, pero bueno, al final todo salió bien :) Eso creo XD.
    Mil gracias por traer esta tercera parte :). Nos alegras el corazón Borealis. Y gracias también por invitarme, siempre es un gusto poder leerte.
    No olvides avisarme de la continuación :). Saludos.
     
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  4. Índice: Reencuentro inesperado
     
    Borealis Spiral

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    @Marina ¡Master, qué lindo tenerte por aquí también! Gracias por tu comentario, el que me dice que es más que obvio ya sabes qué, pero igual, aquí se ve si sí o si no. Eso sí, estoy disfrutando bastante escribir esta historia; le tenía una ganas xD Gracias de nuevo. Te amu.
    @Shassel ¡Gracias por ser fiel a esta saga! Lo aprecio mucho. A ver qué tal te resulta esta e insisto que me tienen muy intrigadas esos malos presentimientos tuyos. A ver si un día te animas a decírmelos :P Lindo tu comentario y pues gracias otra vez por tu apoyo.

    A los demás que se han pasado a leer, gracias. Aviso que los capítulos estarán algo extensos o.o y no sé por qué me salieron así, pero bueno. Aquí el primero. ¡Disfruten!

    Reencuentro inesperado

    El ansiado verano había llegado hacía un par de semanas atrás y como era de esperarse, la actividad, algarabía y su calor característicos inundó las calles de la ciudad. Los estudiantes se mostraban entusiasmados de haber finalizado las clases y prueba de ello era que ahora aprovechaban sus vacaciones haciendo planes para ir de paseo, de picnics, viajes a la playa y demás. Entre las actividades que también se dejaban para el verano eran algunas relacionadas con equipos deportivos de diversas instituciones escolares, y era en una secundaria que precisamente uno de estos eventos se llevaba a cabo. El lugar, más específicamente hablando en la zona de las canchas, estaba abarrotado de personas; tanto de los jóvenes participantes, como de sus amigos, compañeros y familiares que estaban allí para apoyarlos. Era la final del campeonato interescolar a nivel secundaria de voleibol, tanto el femenil como el varonil.

    Haciéndose paso por entre la gente antes de que iniciara el partido se hallaba Ruth, buscando a su hermano Todd, que era uno de los integrantes del equipo varonil que representaría su escuela. Todd había llegado allí temprano ante las órdenes del entrenador, así que ella arribó mucho después, por lo que no tenía idea de dónde estaba. Quería que la viera para que supiera que había ido a darle su apoyo moral. Llegó a la cancha que sería utilizada ese día y en donde había varios jugadores practicando, más no ubicó a su hermano. Estaba tan ensimismada en su búsqueda que no notó que uno de los muchachos perdía el control del balón al golpearlo muy fuerte, logrando que se dirigiera a ella.

    —¡Cuidado!

    El grito la alertó y fue entonces que vio que la pelota la golpearía sin consideración, por lo que se encogió de hombros cerrando los ojos, en espera de un impacto que nunca llegó. Abrió los ojos con sorpresa para detallar la espalda adornada de la rubia coleta alta de quien era su mejor amiga y siempre salvadora, Mina, que había llegado a tiempo para desviar la trayectoria del balón con su puño, así que la esfera voló en otra dirección, siendo su objetivo otro espectador.

    —¡Rayos! —vociferó Mina tomando a Ruth por los hombros colocándose tras ella, haciendo que caminara—. Actúa natural y no sabrán que fuimos nosotros. Culparán a los que están entrenando.

    —Pero Mina, sí fue nuestra culpa.

    —No tienen por qué enterarse. Finjamos que nadie vio nada.

    —Al menos deberías disculparte, ¿sabes?

    —Ay Ruth, no empieces —rogó Mina con fastidio—. No merezco que me regañes después de haberte salvado. No es justo. ¿Ves por qué es malo vivir en un mundo de fantasías todo el tiempo? Hace que te distraigas.

    —No estaba fantaseando, Mina —Ruth rio ligeramente por el comentario de su amiga—. Buscaba a Todd, ¿lo has visto?

    —No, pero te ayudaré a encontrarlo.

    Las dos amigas volvieron sus pasos a las canchas y después de varios minutos transcurridos, al fin lograron distinguir al chico de trece años, quien era pelirrojo igual que su hermana, con la diferencia de que él tenía algunas pecas en el puente de la nariz. Se acercaron a él ganándose su atención.

    —¡Ruth! ¡Mina! —gritó feliz y sonriente corriendo hacia ellas para mirarlas con ojos brillantes—. ¡Qué bueno que vinieron!

    —Sabes que no nos lo perderíamos. Es una lástima que nuestros padres estén ocupados en el trabajo.

    —Y de hecho nosotras también deberíamos estar trabajando —intervino Mina mirando al adolescente con intensidad—. Así que más te vale que muestres un buen juego, ¿oíste?

    —Lo haré —aseguró Todd con confianza—. He mejorado mucho.

    —¿En serio? —Mina sonrió con malicia—. ¿Entonces que te parece un uno contra uno conmigo?

    —¿Eh? —El chico retrocedió un par de pasos, nervioso al saber que Mina era una máquina imparable en cuanto a deportes se refería—. Yo, bueno, verás, eh... —comenzó a sudar.

    —No hay tiempo para eso, Mina. Está por comenzar el partido —dijo Ruth y Todd la miró agradecido de que lo ayudara, hasta que la escuchó continuar—. Cuando termine puedes ir a casa y practicar con él cuanto lo desees.

    Mina le dedicó una mirada victoriosa a Todd antes de retirarse con su amiga, dejándolo solo, temblando por dentro y estando seguro de que iba a sufrir mucho cuando ese día llegara. Si Mina era aterradora como entrenadora, como rival debía ser... Ni pensarlo mejor.

    —Eres muy mala con él, Mina —la reprendió la pelirroja dirigiéndose a sus asientos, aunque sin ocultar una pizca risueña.

    —¿Tú crees? No es a propósito. Me gustaría verlo llegar lejos con su voleibol. Me recuerda a mí en mis inicios como béisbolista, supongo. Creo que...

    —¡Te encontré, corazón mío!

    Una alegre voz la interrumpió antes de sentir que unos fuertes brazos la rodeaban por detrás y un firme cuerpo se pegaba al suyo, en tanto el personaje se tomaba la libertad de colocar su barbilla sobre su hombro. Mina puso los ojos en blanco mientras sentía que un tic se apoderaba de su ojo izquierdo.

    —Helio, también pudiste venir. ¡Qué bueno! —saludó Ruth al recién llegado, sonriente.

    —¡Helio! —explotó Mina intentando despegarse de él—. ¿Cuántas veces te he dicho que no hagas esto? ¿No habíamos quedado claros en cuanto a las muestras de afecto en esta amistad? Espacio personal, ¿recuerdas? ¡Suelta, suelta!

    Más de a fuerzas que de ganas, Helio liberó a su ángel con un puchero de disconformidad.

    —¡Cielos! No tienes remedio —lo regañó la rubia mirándolo con el ceño fruncido, estirando sus músculos al sentirlos de pronto engarrotados por el abrazo de oso.

    —Pensé que estabas en el trabajo —habló ahora Ruth al recordar que el hombre trabajaba en un lavado de autos.

    —Tengo turno en la tarde toda esta semana —informó él, amable—. ¿Iban a sus lugares? ¿Puedo sentarme con ustedes?

    —Claro —aceptó la pelirroja sin problemas.

    Mina suspiró con cansancio prematuro. Ella quería ver el partido completamente concentrada en él, pero con Helio y sus múltiples atenciones para con ella allí, iba a ser imposible. Apreciaba mucho al castaño y era un buen amigo, pero a veces era sofocante. Una de dos: o se conseguía ella un novio o le conseguía a él una novia. Con eso, los tres fueron a buscar un lugar entre la zona designada para los espectadores antes de que el partido comenzara. Encontraron un espacio disponible en el que cabrían perfectamente sin necesidad de siquiera rozarse entre ellos, pero como era de esperarse de Helio que amaba el contacto físico con Mina, se sentó de tal manera que su brazo y el de ella casi se fusionaron. La rubia sintió que ahora el tic se apoderaba de su ceja y se deslizó un poco más hacia la derecha, donde estaba Ruth, para despegarse de él. Helio hizo lo mismo para quedar pegado con ella nuevamente.

    —Helio —lo nombró completamente disgustada y a modo de advertencia.

    —¿Dime? —cuestionó él haciéndose el inocente.

    —O te haces para allá o Ruth y yo nos vamos y te quedas solo.

    Helio se movió otra vez para dejar el pequeño espacio que debía separarlos, bastante renuente y con expresión de derrota. Ruth lo miró unos momentos y luego se acercó a su amiga, susurrándole en el oído:

    —¿Por qué siempre lo rechazas así?

    —Él tiene la culpa —contestó cruzándose de brazos, susurrando también—. Se pone muy pesado.

    —¿Qué tiene de malo que quiera estar contigo?

    —Que abusa. Además, nos vemos muy a menudo, no tiene por qué exagerar. Es bueno ser expresivo, pero él se pasa.

    —Ya, pero... —Ruth vio que los jugadores tomaban sus puestos dispuestos a dar inicio—. Luego hablamos.

    Mina asintió enfocándose de lleno en el juego, el que resultó bastante interesante. El equipo contrario a Todd arrancó bien e hizo cinco puntos a favor contra uno de manera rápida, dando quizás una temprana idea de cómo terminaría el asunto, pero Todd y sus compañeros no se desesperaron, sino que se mantuvieron concentrados y pronto pudieron hacer el empate con nueve puntos. A partir de allí, el resultado se vio realmente justo y aunque los dos se esforzaron al máximo, al final el contrincante del equipo de Todd resultó vencedor cuando hicieron una picada que no pudieron detener, concluyendo el partido. Los victoriosos fueron recibidos con vítores y aplausos, mientras que los perdedores fueron llenados de palabras de consuelo. Ruth se acercó a su hermano junto con los otros dos, dispuestos a animarlo.

    —Creí que había entrenado lo suficiente, pero parece que no fue tanto como pensé —dijo el muchacho con desconsuelo en su voz, a punto de quebrársele, mirando el suelo.

    —Un segundo lugar no es tan malo —intentó alentar Helio.

    —Pero no es el primero —arguyó Todd sintiéndose en verdad un fracasado.

    —Puede ser, pero en tanto hayas puesto tus mayores energías no puede decirse que perdiste del todo —habló ahora Mina poniendo las manos en la cadera—.Y de hecho, pude darme cuenta que no mentías hace rato. En verdad mejoraste mucho y te felicito por eso y por dar todo de ti.

    —¿En serio? —Todd la miró con brillantes ojos a causa de las lágrimas retenidas, esperanzado.

    —Por supuesto. Si sigues de ese modo llegarás lejos, así que no te deprimas. ¿Está claro? —lo apuntó con el dedo en tono demandante.

    —¡Sí, señora! —Todd hizo un saludo militar a la que era su entrenadora y su ejemplo a seguir en deportes.

    —Bien. Helio, ¿traes dinero? —Mina desvió su visión del adolescente para enfocarla en su amigo.

    —¿Eh? —parpadeó confundido—. Sí, ¿por qué?

    —Perfecto —la rubia volvió a mirar al pelirrojo—. Allí lo tienes. Podemos ir a algún lugar a festejar tu buena participación.

    —¡Mina! —Ruth la miró con el ceño fruncido, inconforme—. No pongas a disposición tuya los bienes ajenos.

    —Pero a Helio no le molesta, ¿cierto?

    —Bueno... —el aludido se rascó la mejilla.

    —¡Todd, Todd! —un par de sus compañeros se acercaron a él—. El equipo irá a comer por allí, ya le pedimos permiso a nuestros padres. ¿Quieres venir?

    —¿Puedo? —Miró a su hermana, ilusionado.

    —Está bien, pero no llegues tarde, ¿de acuerdo?

    El chico asintió y despidiéndose del trío, se alejó de allí con sus amigos.

    —Qué mal —se quejó Mina—. Allá va mi oportunidad de almorzar gratis.

    Ruth negó con la cabeza; su amiga era simplemente imposible. Iba a decir algo acerca de que se costeara ella misma sus alimentos, cuando Helio tomó la palabra.

    —Aún puedo invitarlas a las dos.

    —Acepto —accedió la rubia sin pensárselo dos veces.

    —No quiero causarte problemas —se resistió Ruth, un poco avergonzada de estar envuelta en todo eso gracias a su amiga.

    —No los causas. Vamos.

    Los tres se encaminaron a un establecimiento de comida rápida que se hallaba por el barrio y ordenaron cada quien lo que deseó, siendo la porción de Mina la de mayor cantidad pues estaba hambrienta. Se sumieron en un agradable entorno donde conversaron de temas varios y al terminar, se dirigieron ahora a una pastelería para comprarse un postre ante los antojos de la joven de mirada azul. Nuevamente corrió a cuenta de Helio y con su pedazo de tarta y pastel, Ruth y Mina fueron a sentarse en una de las mesas que el mismo negocio ofrecía, ya sin la compañía del hombre, pues tenía un par de diligencias que debía hacer antes de ir a trabajar, por lo que tuvo que dejarlas.

    —¡Está tan rico! —se deleitó Mina en saborear su pastel—. Y está más bueno todavía porque no lo pagué yo.

    —¿Por qué de pronto me pareció que te oíste como Odín? —indagó Ruth casualmente logrando que su compañera se atragantara con el pedazo que tenía en la boca, por lo que tuvo que darle golpecitos en la espalda mientras Mina misma se golpeaba el pecho para calmarse.

    —¿Qué te he hecho para que me insultes así, Ruth? —quiso saber la víctima entre tosidos, ofendida.

    —Ser cruel, eso has hecho —Ruth la miró frunciendo el entrecejo y la otra le devolvió la mirada confundida—. Te aprovechas mucho de los sentimientos de Helio.

    —Aprovechar es un término muy fuerte. Digamos que simplemente sé tomar las oportunidades que se me presentan. Yo no lo obligué a que nos pagara esto; lo hizo porque quiso.

    —De cualquier manera, no puedo entenderlo. Él se porta tan bien contigo, te da lo mejor que tiene, te demuestra lo mucho que le importas y no haces más que rechazarlo. ¿Cómo puedes hacerlo? Es un encanto contigo; te trata como si fueras...

    —Una princesa —la interrumpió Mina fastidiada de esa conversación que surgía entre las dos cada vez con más frecuencia—. Supongo que ese es el problema, que no soy una princesa y por ende, no necesito de un príncipe.

    —¿Por qué te niegas en querer novio?

    —No, Ruth, no estoy diciendo que no necesitaré un hombre en algún momento de mi vida. Estoy diciendo que no necesito de un príncipe. Yo no soy como tú que espera encontrar al chico perfecto que se desviva por mí, me atienda las veinticuatro horas y me tenga como el centro de su mundo. Claro, querré a alguien que me quiera y me apapache cuando sea necesario, pero no que me asfixie de amor. Además, me faltan muchos años para comenzar a preocuparme por esas cosas; mejor aprovecho mi soltería.

    Ruth suspiró dándose por vencida con su amiga. Mina era una de las personas más testarudas que conocía y sabía que nada la hacía cambiar de opinión una vez se le metía algo en la cabeza; de allí que dejara el tema para después. Estaba segura de que el día que Mina se enamorara, iba a aferrarse a ese amor con dientes y uñas; tan solo esperaba que eso sucediera antes de envejecer. Las dos terminaron sus postres y anduvieron vagando por la calle sin mucho que hacer y sin ganas por parte de Mina de regresar a casa. No obstante, la pelirroja tuvo que irse al poco rato para asegurarse de que Todd llegara a casa y darle una explicación a sus padres.

    Viéndose sola, Mina decidió ir a un centro de juegos unos instantes antes de que le diera hambre otra vez y decidiera regresar a casa, donde su madre la esperaba con la comida lista. En esa ocasión no esperó a que su padre arribara para comer en familia como era la costumbre, sino que se sirvió un par de platos bien llenos. Terminó y lavó lo que había utilizado para después ir a darse una ducha y luego encerrarse en su habitación, donde se la pasó frente a la computadora viendo las novedades en la página social en la que estaba inscrita. Dado que la mayoría de sus contactos, que eran compañeros de la universidad, ahora gozaban de más tiempo libre, tenía alertas de ellos con más frecuencia y podía pasársela horas atendiendo todas, como ese día que se le anocheció. Mas su navegación por la red no concluyó, sino que abusó un poco más para ver vídeos de entretenimiento.

    Ya entraba la madrugada cuando se dio cuenta de la hora y decidió que era tiempo de meterse a la cama o la mañana siguiente no querría levantarse para ir a trabajar. Apagó el computador y antes de ir a soñar, salió del cuarto para ir a la cocina y comer otro ligero aperitivo, pues su estómago estaba resintiendo las energías gastadas en ver y leer. Sin embargo, a medio pasillo plagado de las tinieblas de la noche, se detuvo alertada al escuchar ruidos raros. ¿Qué diantres era eso?, se preguntó con extrañeza encendiendo la luz. Los ruidos se repitieron y los identificó como el rechinido de madera al ser pisada, pero lo que la perturbó en mayor medida fue que los sonidos provenían de arriba de su cabeza, o sea del ático, siendo acompañados por lo que parecían murmullos distorsionados.

    Los nervios la atacaron al recordar que una vez, en un libro que tuvo que leer para hacer una tarea, se hablaba de que vagabundos habían aparecido en el ático de la protagonista, viéndose esclavizada a mantenerlos el resto de su vida o si no, la matarían a ella y a su familia. ¿Qué posibilidades había de que eso le ocurriera a ella teniendo en cuenta sus antecedentes fantasiosos? Sacudió la cabeza para borrar semejantes estupideces. Por eso odiaba leer libros; no hacían más que envenenar la mente. Pensó un momento qué hacer. Lo más sensato era pedir ayuda, pero a veces ella no se guiaba por la sensatez; además, siempre había sido un persona valiente e independiente, por lo que decidió enfrentarse a lo que fuera o quienes fueran que estuvieran escondiéndose en su ático.

    Abrió el armario de los artículos de limpieza y sacó una escoba, la que sabiendo usar bien, podía funcionar como un buen arma a la hora de defenderse. Se acercó a la puerta-escalera empotrada en le techo de la casa y la que permitía el acceso al ático. Sujetó el cordón que permitía bajarla y tragó duro antes de halarlo, haciendo que la puerta-escalera descendiera súbitamente ante el peso de un cuerpo que cayó con un sonido sordo en la base de esta, dándose de lleno en el suelo. Mina reprimió un grito de sorpresa y susto, pero le propinó un golpe al intruso en la espalda, sacándole un gemido de dolor.

    —¡Espere, espere, señorita! Permítame explicarle.

    El hombre suplicó al momento de sentarse en el suelo, dándole la cara a Mina y extendiendo sus brazos frente a sí en modo de escudo al ver que ella iba a asestarle otro golpe; sin embargo, la rubia se detuvo cuando consiguió distinguir el atractivo rostro del joven castaño que la miraba con sus penetrantes y hermosos ojos verdes llenos de miedo, y que vestía de una manera elegante, estilo de la nobleza antigua. Abrió los ojos sorprendida.

    —Kadin.

    El nombre no salió de su boca a pesar de que la abrió con la intención de hablar, sino que una voz masculina, profunda, serena y que había soñado muchas veces, lo pronunció. Mina tembló al reconocer la voz, sintiendo que el pulso le aceleraba a mil por hora, y una emoción indescriptible la sacudió cuando comenzó a alzar su visión hacia la persona que bajaba las escaleras para salir de las sombras de ático y ser iluminado por la luz artificial de la bombilla. Detalló los zapatos poulaines, la túnica de pantalón color azul eléctrico que era adornada por un cinturón de lino negro y la capucha más oscura que la noche cuyo gorro impedía una vista completa del rostro del individuo. Pero eso fue solo hasta que él lo bajó, dejando al descubierto su tez tostada, su cabello negro como el ónix y sus ojos cual rubíes que chocaron con los zafiros de ella, quedando atrapados en una lucha de sentimientos encontrados.

    —¿Mina? —preguntó finalmente él, visiblemente sorprendido.

    —Tare —ella logró articular con dificultad ante el nudo que se le formó en la garganta por el impacto de verlo allí.

    ¿A quizás no fue tan inesperado? o.ô ¡Yey! Mi personaje favorito a escena... de nuevo xD
     
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    Marina

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    Oh, Mina, Ruth, Todd, Kadin y Tare, de nuevo a escena... Y Helio sigue enamorado de Mina y Odin mencionado de pasadita, jaja fue divertido leer como le cayó a ella que Ruth la comparara, o casi comparara con Odin, pero mira, si vemos bien la personalidad de Mina, que sabe aprovechar todas las oportunidades, es igual que Odin, vaya, no me había fijado en eso, pero sí, Mina es el lado femenino de Odin.

    Ay, qué manera de aparecer, en el ático de Mina, supongo que así debía ser porque el libro todavía está en poder de Mina y pienso que salieron del libro, el que ha de estar bien guardadito en el ático, donde Mina lo debió de guardar después de su aventura de fantasía xD Emm, puras divagaciones mías, pero de algún lugar debieron salir xD Pobre Kadin, le tocó recibir el maltrato de la escoba, pero supongo que ahí el único que la recuerda es Tare, sería lo más lógico, de esta manera Kadin puede contraer matrimonio con otra princesa... y con otra, y con otra, y con otra... ¡qué pesado! Qué bueno eso de buscar una princesa que permanezca para siempre en el mundo de Tare y conocer a la chica que esté dispuesta a ser la princesa en ese mundo para siempre, sí que me intriga, pues no creo que sea Mina, ella ya volvió a reafirmar que no es una princesa... o sea que jamás se sentirá como una princesa.

    Tare, tan seguro, tan así como es el. Me encantó el encuentro. Muchos sentimientos reprimidos, ¿los hablarán entre ellos? Buen capítulo. Espero el que sigue.

    TKM

    PD: Casi olvidaba mencionar esa escena del balón que estuvo a punto de golpear a Ruth, quien de nuevo fue salvada por su mejor amiga. Buena estrategia la de la rubia para retirarse del atacado por el balón, xD Sí, pues, ni más ni menos que como Odin.
     
    Última edición: 31 Octubre 2014
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    Shassel

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    Wiii, nuevo capítulo, sí!!!!!!!!!!!!!!
    Lo sabía, sabía que esto ocurriría, por eso no lo quise decir :')
    Tare, volviste... pero, y Helio? Nooooooooooo, es que... no me malinterpretes, amo a Tare, y sé que es el primer amor de Mina, pero... Helio también es mi personaje favorito y se ve que aún ama tanto a Mina :'( Buuu, y ahora que ocurrira con él, con Tare, con Mina??
    :O Esa Mina, pobre Helio, opino como Ruth, eso es un abuso :O, no esta bien jugar así con los sentimientos de un chico tan dulce como Helio. !Mala Mina, mala!
    No estoy muy de acuerdo con la manera como la trata, y lo raro es que también la entiendo, al igual que ella, no me suelen gustar los chicos demasiado empalagosos, o bueno, supongo que eso también depende del cariño que sientas por el chico. no ?
    No puedo creer que aún no ame a Helio, que triste. :'(
    XD jajaja, la imaginación de Mina es increíble, vagabundo, oh, dios, que miedito, por eso no tenemos ático en mi casa.
    No, no, estoy hecha un mar de confusiones, Tare... Helio, no sé a quién apoyar, ambos merecen ser felices, pero a _Tare lo enviaron para traer a la princesa. Oh, que está pasando???
    No sé si sobreviviré hasta la continuación aún así, mi querida Borealis, esperaré pacientemente la continuación :)
    Saludos :)
     
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  7. Índice: Desenterrando recuerdos
     
    Borealis Spiral

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    @Marina ¡Gracias por leer y comentar, Master! Te digo que eso de que Mina es el lado femenino de Odín no lo había pensado para nada xD Fue ingenioso. En cuanto a tus divagaciones, no estás errada en absoluto ;) Y sí, Tare es tan como es él y aquí te darás cuenta de eso. Y bueno, para saber cómo se desarrolla esto hay que leer, así que hazlo xD Te amo.
    @Shassel ¡Gracias por tu apoyo y comentario! Sabes que lo aprecio y Mina puede ser mala porque es un poco egoísta, pero tampoco es que sea tan cruel. A mí tampoco me gustan los empalagos xD Y bueno, sabía más o menos que las cosas se complicarían desde el momento que hice historia del corazón porque esta la pensé primero o.o Pero bueno, insisto que espero te guste y gracias otra vez.

    A los demás que se han pasado por aquí a leer, ¡gracias por su apoyo, vale oro! Y a ustedes que les dejo el siguiente capítulo. ¡Disfruten!

    Desenterrando recuerdos

    Los dos se vieron inmersos en la mirada del otro, incapaz de apartarla, como si se hubiesen fundido para forma una misma gema, mientras intentaban relajar las diversas sensaciones que los embargaron, tales como el asombro, la confusión y la dicha. Mina sintió que sus manos sudaban sin reparo, humedeciendo el palo de la escoa y tuvo que aferrarlo con fuerza para que no se le resbalara, percibiendo el latir desenfrenado de su corazón dentro en su pecho. Y aunque algo parecido ocurría con Tare, otro sentimiento eclipsó los demás, haciéndolo fruncir el ceño, preocupado. ¿Por qué estaba Mina allí? No, la pregunta correcta era, ¿por que Kadin y él habían arribado precisamente allí? No pudo evitar pensar que lo que creyó iba a ser una misión más, ahora se transformaría en una complicada, desesperada y dolorosa odisea. Vio que Mina abría la boca para decir algo, pero se abstuvo de hacerlo al escuchar ruidos provenientes de una de las habitaciones.

    —Demonios —masculló la rubia por lo bajo y sin decir más, tomó a Tare y Kadin, quien ya se había levantado, de la capucha y el saco respectivamente, para hacer que se movieran.

    —¿Qué pasa? —inquirió Kadin curioso viéndose arrastrado por la joven.

    —Shh —lo siseó ella abriendo la puerta del armario de los artículos de limpieza y como pudo, porque no era muy grande y estaba bastante ocupado, los escondió allí, dejándolos en una posición tremendamente incómoda, antes de encerrarlos advirtiéndoles—: No hagan ruido, no respiren siquiera o me meterán en problemas.

    Mina vio que la puerta de la habitación de sus padres se abría para que de ella emergiera su madre, quien la miraba con molestia evidente.

    —¿Qué esas haciendo, Mina? ¿Tienes idea de la hora que es? —A pesar de que habló en voz queda, la irritación fue penetrante.

    —No podía dormir y se me ocurrió hacer un poco de limpieza en el ático. Es un desastre, ¿sabes? —contestó un poco nerviosa. No era tan buena mintiendo y esperaba que su madre no lo notara.

    —¿En medio de la noche? —La mujer alzó una ceja, en parte escéptica y en parte creyéndole ante la evidencia que conformaban la escoba en la mano de su hija y la puerta del ático abierta.

    —Quién entiende a los padres. Si los hijos no hacemos limpieza nos regañan, y cuando decidimos hacerla también nos regañan. Decídanse.

    —Mina —La mujer alzó un poco más la voz, exasperada ante el razonamiento de su hija—. Para todo hay un tiempo y la noche se hizo para dormir. Tu padre está hecho una fiera. Sabes que se levanta temprano para trabajar y lo despertaste con tus ruidos. Deja eso y vete a dormir, ¿sí?

    —Está bien, está bien —Mina subió la escalera del ático—. Listo, ¿ves? Vete tranquila a calmar a tu marido.

    Su madre suspiró agotada, dispuesta a volver a su estancia. Cuando lo hizo, la universitaria se apresuró a abrir el armario donde estaban los varones y al hacerlo, dada la presión en la que se hallaban, salieron disparados hacia adelante, casi dando de lleno al suelo de no ser porque Kadin encontró el equilibrio necesario y ella alcanzó a sostener a Tare para que no se fuera de bruces. Los que no corrieron con la misma suerte fueron algunos artículos, como un trapeador y una cubeta, que terminaron impactándose en el suelo, haciendo un ensordecedor estruendo que pareció más fuerte de lo que era dada la quietud del momento. Mina se cubrió las orejas y cerró los ojos con ansiedad; la iban a matar, la iban a matar. Echó una rápida mirada a la puerta del cuarto de sus padres, temerosa de que se abriera, los dos aparecieran, vieran a Tare y Kadin y los corrieran a los tres de la casa. Afortunadamente eso no pasó. Soltó el aire que había estado conteniendo inconscientemente, aliviada, y luego miró a Tare con reproche, quien alzó una ceja.

    —No pesarás culparme a mí, ¿cierto? —intentó adivinar, incrédulo.

    —¿A quién más si no? —cuestionó ella arreglando el desastre lo más silenciosamente posible.

    —A ti misma. Recibir a los invitados encerrándolos en un armario es un inhumano.

    —¿Qué esperabas que hiciera? ¿Dejar que mis padres me vieran con ustedes dos? Olvídalo. Me desheredan, me echan de patitas a la calle.

    —Tal vez te lo merezcas —concedió el moreno cruzándose de brazos—. Ahora entiendo por qué tu actitud para con la madrastra era tan insolente. Ni a tu propia madre pareces respetar.

    —Le hablo con mucha confianza, que es diferente. Pero claro, ¿cómo ibas a entenderlo si te diriges a todos con formalismos anticuados y estúpidas jerarquías?

    —Las jerarquías estipulan un orden. ¿Y qué hay de malo con los formalismos? Son elegantes.

    —Son aburridos, justo como tú.

    —Mejor que ser un desastre ambulante... y mediocre además.

    —¿Sigues con lo de mediocre? —Mina terminó con el armario mirándolo con un ligero disgusto, aunque con una chispa divertida al recordar buenos momentos.

    —Chicos —intervino Kadin por primera vez en todo el rato.

    —¿Qué? —respondieron los dos debatientes mirándolo con el ceño fruncido, haciendo que el príncipe se encogiera de hombros, asustado por interrumpirlos.

    —Lo lamento, Kadin —se disculpó Tare calmándose, arrepentido de dejarlo de lado.

    Sin embargo, había sido un día por demás estresante con todo eso de los preparativos para ir al mundo real a encontrar a la princesa que remplazaría a la original para siempre. Tuvo que poner a Kadin al tanto de todo y hablarle de la maldición para obtener su ayuda. Y ahora que finalmente estaban allí para cumplir su cometido, se encontraban con Mina, ¡con Mina! Pensar en lo que eso repercutiría en su objetivo y en él mismo le provocó un malestar enorme y lo asaltaron las ganas de llorar, pero se tragó sus sentimientos, dispuesto a cumplir su comisión sin distracciones.

    —Parece que ustedes dos se conocen —siguió diciendo Kadin alternando miradas de uno al otro.

    La fémina frunció el ceño, extrañada por su comentario, pero antes de decir algo al respecto, recordó que Tare borraba la memoria de todos en el cuento cada que este acababa, por lo que tenía sentido que no la recordara.

    —Mina fue una de las varias víctimas de la maldición que se vieron forzadas a cumplir el papel de princesa —informó el pelinegro con voz neutra—. De hecho, fue la última.

    —Oh, ya veo —comprendió Kadin y miró a la rubia con pesar—. Lamento mucho no acordarme de ti.

    —No te preocupes, en serio —Mina movió su mano frente a sí en un ademán de desechar el tema, luego miró al que había sido su prospecto mágico personal—. Vamos al sótano. Quiero que me cuentes qué hacen aquí y no quiero arriesgarme a que alguno de mis padres los vea. No bajamos allí a menos que sea para lavar la ropa, así que es parcialmente seguro. Sirve que duermen.

    Tare asintió no dispuesto a discutir, entendiendo que la situación en la que estaba Mina era comprometedora y no quería ocasionarle más problemas de los que ya le habían dado. Bajaron al sótano y a pesar de que encendieron la luz, no dejó de reflejar un ambiente gris debido a las paredes de concreto, además de mostrar algunas manchas de humedad, por lo que un aroma a, esta mezclada con detergente y suavizante se percibía en el lugar.

    —Oscuro y deprimente. Tal como te gusta, Tare —comentó Mina con sorna.

    —Muy amable, gracias —Él rodó los ojos y ella sonrió.

    —De acuerdo, cuéntamelo todo. ¿Qué hacen aquí? —demandó por demás interesada.

    —Buscamos a una princesa permanente para romper la maldición —explicó el encapuchado yendo a un extremo del sótano.

    —¿Se puede hacer eso?

    —Aparentemente sí —Tare se dirigió al otro extremo—. Hay un par de oraciones en la maldición que lo permiten. “El amor al noble le hará retornar” y “El propósito inicial, cualquier barrera destrozará”.

    —¿Qué significan esas frases?

    —El significado inmediato de ambas está relacionado con lo que las princesas sustitutas deben hacer dentro del cuento para regresar a casa —continuó él con la explicación y con su caminata de un lado a otro—. No obstante, también quieren decir que la maldición puede ser rota. El propósito inicial del cuento siempre ha sido que cada uno de sus personajes viva dentro de él, sin modificaciones de ningún tipo en cada momento. Lo del amor al noble nos dice cómo encontrar a la que será la princesa definitiva.

    —Y por eso estoy aquí —Kadin se señaló—. Tare dice que la joven de la que me enamore y que corresponda mis sentimientos será la princesa adecuada.

    —Creo entender eso —Mina se llevó una mano al mentón, intentando procesar la información que acababa de recibir—. Eso significa que los cuentos son los portales que conectan los dos mundos, ¿cierto? Su medio para llegar al mundo real.

    —Correcto —asintió Tare sin detenerse.

    —¿Por qué salieron del mío, entonces? ¿Acaso es en realidad el único que existe?

    —No, es verdad que no hay muchos, pero sí hay más —rectificó el de mirada roja.

    —¿Podrías dejar de hacer eso? Me estás mareando —pidió ella fastidiada de verlo ir y venir, pero él la ignoró, por lo que bufó con resignación—. Bueno, si hay otros libros de esos, ¿por qué salieron del mío? ¿Fue una coincidencia?

    —En absoluto —Tare se detuvo finalmente, mirándolos con intensidad—. En realidad, sé a quién buscamos aunque no la conozco.

    —¿A quién? —Tanto Mina como Kadin preguntaron, pues el príncipe no sabía eso.

    —La descendiente de la princesa original.

    —¿Qué? —Volvieron a exclamar al unísono, sorprendidos, y luego la joven siguió—: ¿Cómo así? ¿Por qué?

    —¿Recuerdas que te dije que la maldición fue provocada porque la princesa no quiso continuar con su papel?

    —Sí —“¿Cómo olvidarlo?”, pensó la rubia con amargura. “Por su culpa mi vida amorosa es un asco”.

    —Al rechazar su papel, ya no hubo lugar para ella en el cuento, por lo que fue desterrada a este mundo, entrelazándolos, creando la maldición —Tare se sentó cruzando las piernas, apoyando la espalda en una de las paredes—. Honestamente no habría imaginado jamás que la ciudad donde inició su vida como exiliada y en donde se estableció fuera la tuya, Mina.

    —Pareces decepcionado —le hizo saber ella, triste.

    —Más bien inquieto —confesó tamborileando sus dedos unos contra otros.

    —Pues yo estoy feliz de conocer a Mina... otra vez —se sinceró Kadin, sonriente—. Estoy seguro de que nos será de mucha ayuda.

    —Tengo la impresión de que el señor “sigue las reglas al pie de la letra” no opina lo mismo —mencionó ella señalándolo, y luego vio que Kadin bostezaba, cansado—. Creo que ha sido un día difícil para todos. Les traeré unas mantas y colchas para que puedan dormir. Esperen un momento.

    La rubia subió las escaleras dejando al dúo solo, y sin borrar su sonrisa, Kadin habló:

    —Es muy atenta, ¿no te parece? ¿No crees que es una buena candidata para ser la princesa?

    —Definitivamente no —replicó su compañero, tajante.

    —¿Por qué no?

    —Es problemática, no sabe seguir órdenes, no puede quedarse quieta en su sitio, es rebelde, respondona y demasiado impulsiva. Es lo opuesto a la princesa que necesitamos, así que no y punto final.

    Kadin parpadeó asombrado de la descripción que Tare dio de Mina, pero no pudo comentar nada porque ella regresó con un montón de sábanas y cobertores en sus brazos, complicándole la tarea de bajar las gradas, por lo que presuroso, el castaño fue en su ayuda. Los dos doblaron un par de gruesos cobertores y los colocaron en el suelo a manera de colchón para que el príncipe se echara sobre estos.

    —Puede ser incómodo, pero es lo único que tengo —indicó ella al imaginarse lo duro que debía estar el suelo.

    —No te preocupes, está bien. Dormir así es nuevo para mí, así que lo tomaré como una aventura —le aseguró Kadin sin dejar de sonreír.

    —Sí que eres optimista. Deberías aprender algo de él, Tare —Mina lo miró, aunque él mantuvo su vista al frente y sin moverse—. Vamos, ayúdame a hacer tu cama.

    —Estoy bien así, gracias.

    —¿Piensas dormir en esa posición? ¿Cómo puedes? —La joven hizo un mohín de sorpresa mezclada con desasosiego de tan solo pensarlo.

    —Estoy acostumbrado. No te inquietes y ve a dormir.

    —Muy bien, pero no me eches la culpa si no logras conciliar el sueño. No estamos en tu mundo, ¿sabes? Aquí sí envejeces si no descansas bien, así que no te quejes si te arrugas como una pasa en tiempo récord.

    Tare sonrió de medio lado ante el comentario y después de eso, Mina se despidió de ellos deseándoles buenas noches, para finalmente desaparecer de su presencia apagando la luz. Viéndose rodeado por su fiel y discreta compañera, la oscuridad, Tare pudo cambiar la expresión en su rostro a una que dejara al descubierto todo aquello que brotaba en su interior como corrientes rápidas y acaudaladas que buscaban una vía por la cual desembocar. La sorpresa de ver a Mina nuevamente había sido sublime, mas la felicidad que acompañó a esta fue indescriptible. Su amor por ella seguía intacto, anidado fervientemente en su interior, tatuado en su corazón al rojo vivo, y prueba de ello habían sido los enormes deseos que casi lo dominaban para abrazarla con ternura y besarla con pasión. Por supuesto, había hecho gala de su buen auto-control poniéndolo al límite.

    No podía dejarse distraer, tenía una misión que cumplir y era importante; la vida de un mundo estaba en juego, de nuevo. Lo mataba pensar que la dejaría otra vez después de haberla visto tan llena de vida y hermosa, tal como la guardaba en sus memorias, pero no podía hacer nada, salvo quizás, guardar la distancia para evitar la desgracia de que la partida fuera fulminante. Además, no quería ser una curva en la línea recta que ahora debía ser la vida de ella. Ya había tenido que pasar por una situación desesperante y lastimosa al transportarse al cuento; lo más seguro era que Mina deseara borrar de su mente ese episodio tan deprimente. Que tuviera el libro en el ático le daba soporte a su razonamiento, ya que indicaba lo poco o nada que ella quería ver con él.

    —Tare —la voz de Kadin lo sobresaltó y agradeció que su amigo no pudiera verlo—. ¿Estás dormido?

    —No. ¿Qué pasa? —controló su voz para que no lo traicionara dado el nudo que tenía en la garganta.

    —Quería hacerte una pregunta, pero puede parecerte tonta.

    —Hazla.

    —¿Mina se enamoró de mí? —Tare pudo distinguir un deje de aflicción en el timbre del príncipe.

    —No exactamente. Terminó el cuento por terminarlo, sin sentimientos románticos hacia ti de por medio.

    —Ya veo, me alegro —Kadin soltó un suspiro de alivio—. Me atormentaba pensar que tal vez había sufrido mucho por mi causa. Ya sabes, por amar a alguien de quien serás arrebatado, que no te recordará y que jamás volverás a ver. Aunque supongo que no debo preocuparme mucho. A puesto a que ella tiene un novio que la quiere mucho, ¿verdad?

    —Probablemente.

    —Bueno, era todo. Buenas noches.

    —Descansa.

    Volvieron a sumirse en la quietud de la noche, logrando que el mago se torturara más con sus pensamientos. Esa era un posibilidad que debía admitirse a sí mismo por mucho que quisiera ponerle barreras a la hora de emerger de su subconsciente. Mina podía tener novio y si era así, no la culpaba. Después de todo, él la había hecho sufrir demasiado al no aceptar sus sentimientos por ella antes de que el tiempo se les acabara. Estaba convencido de que existía alguien que supo aprovechar el amor que la rubia le brindó a él y que terminó por rechazar. También debía tener en cuenta que ante lo dañada que debió salir del cuento, no sería extraño que buscara consuelo en otro amor. Además, había pasado un año desde entonces; un año que para Tare no era más que un parpadeo dada a su eternidad, pero que para Mina podía significar mucho más. Sí, en un año podían pasar muchas cosas en ese mundo. Meditar aquello lo convenció de que era mejor para todos si se mantenía alejado de ella lo más que pudiera.

    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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    Marina

    Marina Adicto Comentarista Top Usuario VIP

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    Qué linda continuación. Tuvo de todo este capítulo. Primero, el que se miraran de esa manera, como si se fusionaran con sus miradas, dominando el impulso de correr uno en brazos del otro. Luego, esa escena del armario, jajaja. Qué pilla es Mina, cómo supo responderle a su mamá, quien se sentía sumamente mortificada por tanto ruido, pues su marido estaba que trillaba de ira por no poder descansar (se me hace muy, pero muy familiar tal escena, ¿por qué será xD), y como después Tare la recriminó diciéndole que ya comprendía por qué razón había sido tan grosera con su madrastra, jijiji, y a continuación todo ese intercambio de palabras entre ellos: fue muy entretenido leer su diálogo.

    Pero Kadin, ay, Dios, me causó una ternura muy curiosa, digo, su personaje es muy bonito. El príncipe demuestra una humildad tan poco usual dentro de la realeza. Mira que preocuparse de tal manera por Mina, de que si ella se enamoró de él cuando estuvo en su mundo, pues de haberlo hecho, él pensó lo mucho que debió sufrir al dejarlo... qué bueno que no sabe que Mina sí sufrió mucho, pero por Tare. Además esa aceptación de dormir en el suelo tomándolo como una aventura para que Mina no se sienta tan mal por no poder ofrecerles sendos colchones para su comodidad. Te digo, creo que Kadin me encantará aquí xD Ya de hecho me encantaba allá, pero aquí se reafirma su encantamiento a mi persona, jajaja.

    Tare, sí que sigues teniendo un enorme control sobre tus emociones. Sigue así y te quedarás absolutamente solo... pero es lo que te gusta, ¿no?

    Comienza este cuento y ya es muy hermoso. Gracias por compartirlo con los que te leemos xD TKM
     
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    Shassel

    Shassel Usuario común

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    :O Pero. pero..
    Qué ha pasado aquí? Tare, como puedes, no!! :( Y yo que empezaba a emocionarme. No, no debo ser negativa.
    XD, sencillamente, amé el inició. Pobre Mina, siempre termina en las situaciones más locas, jejeje, una vida muy divertida si me preguntan. Wuaaa, casi la atrapan. XD, aunque me pareció chistoso que dijera que la echarían a la calle junto a Tare y Kadín. No me imagino que pasaría si mis padres me atrapasen en tales circunstancias O.O
    Wuaaa, no sé porqué, yo quería que fuera algo más romántico, como se me olvido la mente super racional de Tare y su fuerte sentido del deber.. :/ y pensar que eso lo hará mantenerse alejado de Mina. Tare, malo, malo.
    XD pero Kadin fue todo un encanto, preocupado por Mina y sus posibles sentimientos. :) Me preocupaba que la recordara XD, se me olvidó que Tare siempre borraba los recuerdos :p
    Buuu, lloraré ahora, Mina lo ama, Tara la ama y piensa mantenerse a raya. :/ Y por otro lado, que pasará con Helio. No puedo evitar querer que los tres estén con la persona que aman. Lo sé, a veces digo locuras.
    :) Gracias como siempre por el lindo capítulo Borealis, nunca me cansaré de leerte, :) sabes como mantenerme atrapada.
    Saludos.
     
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  10. Índice: Una mañana diferente
     
    Borealis Spiral

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    @Marina Lo sé, Master, Kadin es un amor, a mí me encanta *u* Aunque siempre preferiré a los serios (? La escena con la madre xD Ya ves que la vida cotidiana puede inspirarte más de lo que uno cree xD Gracias por leer y comentar, sabes que lo aprecio :3
    @Shassel ¡Gracias por tu apoyo! Lo aprecio. Ya lo creo que la vida de Mina es divertida, jejeje. Es su culpa por nadar de curiosa xD Y sí, Tare es un cabeza dura adicto al trabajo ¬¬ Necesita vacaciones xD Helio ya saldrá... a su debido momento. Gracias otra vez por leer.

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco mucho, valen oro. Me parece que esta historia va a ser un poco más larga que las anteriores porque estaré enfocándome en... siete personajes y cada uno tiene su pedacito que contar, además de las situaciones que vivirá, pero, tampoco es eterna, sí que no desesperen. Sin más que agregar, dejo el capítulo. ¡Disfruten!

    Una mañana diferente

    La alarma del celular resonó por toda la habitación, indicándole a Mina que era hora de levantarse para realizar las actividades del día. Refunfuñó entre dientes, maldiciendo el aparato al tiempo que lo tomaba para desactivar la irritante alarma. Soltó una exclamación de agotamiento sin dignarse levantar. No había dormido absolutamente nada, sino que se la pasó dando vueltas en su cama como demente lo que restó de la noche, y ahora las consecuencias se dejaban ver. Tenía toneladas de pereza sobre ella, cantidad enorme de sueño y deseos inmensos de no salir de la cama. Lo peor era saber que no podía darse el lujo de quedarse en casa, y no era precisamente porque la preocupara el hecho de tener que ir a trabajar; no, había decidido que ese día tampoco iría. Lo que la privaba de disfrutar más tiempo de desidia era la misma fuente que le había robado el sueño; a saber, los dos hombres que dormían en su sótano.

    No podía creerlo; simplemente su mente era incapaz de asimilar que los tuviera en su casa, bajo el mismo techo. Le resultaba increíble saber que tenía a Tare a tan corto alcance cuando había sido ayer mismo que parecía estar fuera de cualquiera de sus posibilidades. Ahora podía verlo todo lo que quisiera, olerlo, tocarlo, sentirlo. Era como si fuera otro de los incontables sueños que su mente había maquinado, ansiosa por deleitar y saciar sus sentidos de él. Pero en esta ocasión era real, o eso esperaba ella. Tal vez por eso no había querido dormir; quizás una parte de ella tuviera miedo de que se tratara de otra fantasía de su mente y si dormía, todo volvería a la normalidad, haciendo que Tare se esfumara.

    Lanzó otra queja levantándose al fin. Si era un sueño o no ya lo descubriría; ahora debía hacer una llamada. Tomó su celular otra vez y marcó un número en tanto hurgaba en su armario para buscar algo que ponerse. Respondieron del otro lado de la línea.

    —Buenos días, Mina —la saludó Ruth, cortés—. ¿Necesitas algo, Mina?

    —Lo que pasa es que no podré ir a trabajar hoy, Ruth, lo siento —informó mientras se ponía unos jeans color beige.

    —¿Por qué no? —La pelirroja se extrañó muchísimo, pues Mina casi nunca faltaba a los trabajos que conseguían a pesar de su naturaleza quejumbrosa y ligeramente holgazana en cuanto a este tipo de asuntos. Después de todo, le gustaba estar activa.

    —Es complicado. Tengo que atender a unas visitas que llegaron ayer de improvisto —comentó terminando de vestirse colocándose sus converses.

    —¿Parientes tuyos?

    —No en realidad. Mis padres no los conocen siquiera.

    —¿Qué? ¿Y están quedándose contigo? ¿En qué lío te has metido esta vez, Mina? —Ruth se oyó tanto preocupada como condescendiente e incluso compasiva. La rubia rio con nerviosismo.

    —Te digo que es complicado. Digamos que perdí una apuesta, ¿sí?

    —Muy bien —concedió su amiga a manera de suspiro sabiendo que siempre que le decía eso era porque no le hablaría más del asunto, así que no insistió—. Todd puede cubrirte hoy para que me ayude con las dos casas a las que iríamos, pero espero que mañana vengas, Mina. No podré encargarme de todo el trabajo yo sola en lo que se quedan tus visitas aquí.

    —Descuida, me las arreglaré para ajustar mi horario. Gracias por entenderlo. Eres la mejor y lo sabes.

    —A ver cuánto me dura el título. Ten cuidado en lo que hagas, ¿de acuerdo?

    —Claro, adiós y gracias otra vez.

    Mina colgó guardándose el celular en uno de los bolsillos traseros del pantalón, y en el otro se guardó la billetera. En verdad no podía darse el lujo de faltar tanto al trabajo; estaba bastante justa de presupuesto si no contaba sus ahorros, y le daba la sensación de que los días que vendrían lo estaría mucho más. Se arregló el cabello atándolo en su típica coleta alta y después salió de la habitación agradeciendo que su madre no se levantara hasta más tarde. No quería un sermón de su parte por lo de anoche apenas comenzando la mañana. Se dirigió al sótano bajando las escaleras con cuidado, y al llegar a medias, se detuvo cuando tuvo un ángulo completo de los dos visitantes; sonrió. No había sido un sueño después de todo.

    Kadin dormía plácidamente sobre la cama improvisada, roncando muy ligeramente; parecía ser que sí estaba muy cansado. En cambio, Tare mantenía su posición, apoyado en el muro, con las piernas cruzadas y los brazos de igual manera, cruzados sobre el pecho. También parecía dormir porque tenía los ojos cerrados y una expresión de paz adornaba sus facciones. Mina se vio inmersa en su tarea de contemplarlo. No había cambiando nada, aunque no debía sorprenderse si no envejecía. Se refería más bien a que seguía siendo igual de aburrido y amargado; de eso pudo darse cuenta la noche anterior gracias a las palabras que intercambiaron. ¡Ni siquiera se había tomado la molestia de decirle que le alegraba verla o que la había echado de menos! En verdad era un desconsiderado adicto al deber que no pensaba en nada más.

    —Es de mala educación mirar a alguien tan fijamente cuando duerme.

    Al escucharlo, no pudo evitar saltar en su sitio al verse tan ensimismada en sus pensamientos, exaltada. Vio que él abría sus rojizos orbes para enfocarlos en ella. Allí iba otra cosa que no cambiaba; los sustos de muerte que le daba.

    —¿De qué te quejas? —Mina terminó de bajar los peldaños—. Ni siquiera estabas dormido.

    —Aun así, es grosero mirar a alguien tan indiscretamente por mucho tiempo —Tare se puso de pie.

    —¿Por qué? Hasta donde sé la vista es libre.

    —Y debes aprender a discernir cuándo puede resultar incómoda.

    —Pero a ti no te incomodó —Mina sonrió con picardía encogiéndose de hombros—. De lo contrario no te habrías hecho el dormido.

    Tare se ruborizó y se colocó el gorro de la capucha dándole la espalda, en un intento por ocultar su bochorno, ofuscado.

    —No seas ridícula.

    —Oh, te has sonrojado. Significa tengo razón, ¿cierto?

    —No molestes.

    Y habría continuado atosigándolo como tanto amaba hacerlo de no ser porque Kadin comenzó a moverse en su lugar, abriendo los ojos poco a poco, despertando. Se alzó velozmente cuando notó a sus compañeros.

    —Ya están levantados. Lamento mi tardanza —se disculpó avergonzado, esperando que no pensaran que era un ocioso.

    —No te preocupes, Kadin, comprendo que necesitabas recuperar energías —lo tranquilizó Tare—. Y en verdad espero que estén renovadas porque tenemos trabajo que hacer. No podemos desperdiciar un solo minuto.

    Kadin asintió y Mina los miró confundida.

    —Aguarden un momento. ¿Por qué la prisa? ¿No pueden tomarse unos días de relajación? A ti te hacen falta con urgencia, Tare.

    —No, no podemos perder tiempo —aclaró moviendo su cabeza hacia donde estaba ella, mirándola, o eso supuso ya que el gorro tapaba sus ojos—. Tenemos un límite.

    —¿Por qué?

    —El cuento no puede quedarse mucho tiempo sin Kadin y yo. Si con la ausencia de la princesa se ve sumergido en el caos, con la nuestra terminará por desvanecerse en un santiamén. Debemos encontrar a la princesa lo antes posible y regresar.

    —¿Cómo piensan conseguirlo? —Mina alzó una ceja, escéptica—. Hay miles de mujeres jóvenes en la ciudad como para buscar a una en concreto y sin saber siquiera cómo es. ¿Qué pasa si no lo logran antes de que se les agote el tiempo?

    —Volvemos al cuento y continuamos con la maldición hasta que alguien vuelva a transportarse a él y termine el círculo una vez más. Entonces podremos regresar e intentarlo de nuevo. No obstante, mis planes son terminar con todo de una vez por todas.

    —Lo dices con mucha confianza para tratarse de algo tan colosal. ¿Piensas usar tu magia para ayudarte? Siempre te ha sacado de problemas.

    —No —Tare negó con la cabeza—. Mis habilidades no funcionan en este mundo porque la magia no existe. La única capacidad que tengo es la de regresar al cuento utilizando un poco de mi sangre como llave para abrir el portal, no más.

    —Vaya, vaya —La joven sonrió burlona—. Mi hada padrino se ha quedado sin sus poderes. Eso suena prometedor.

    —Es mago —la corrigió él con disgusto al escuchar la risa divertida de Kadin por el apelativo.

    —Querrás decir ex-hada padrino —lo provocó ella.

    —Es mago y sin el ex.

    —¿Por qué conservar el título si no tienes tu magia en este momento?

    —Es algo temporal; tarde o temprano mis habilidades volverán, cuando regresemos al cuento. Además, la función de un mago no se limita a usar magia y lo sabes. Debo asegurarme de que encontremos a la princesa y de que Kadin se encuentre bien.

    —Ah, es verdad —Mina asintió, divertida—. Olvidaba que también la haces de niñera.

    —Es guardián.

    —Prefiero hada padrino —se metió Kadin igual de entretenido y Mina soltó una risa, encantada.

    —Ustedes son imposibles —se lamentó el pelinegro quitándose el gorro de la capa para pasarse una mano por el cabello, revolviéndolo, incrédulo de que Mina pudiera corromper a su amigo tan fácilmente.

    —Oh, vamos, lo hacemos para que rías un poco —le dijo Mina al verlo tan irritado—. Apuesto a que Kadin nunca te ha visto sonreír.

    El aludido negó con la cabeza dándole razón y Tare suspiró.

    —Es una pena, pero no estamos aquí de vacaciones.

    —Muy bien, muy bien —Mina se cruzó de brazos—. No estás aquí para pasarla bien un rato, pero estás en mi mundo y sus reglas difieren a las del tuyo. Además, no sabes cómo moverte en la ciudad, no tienes dinero para nada y no cuentas con el apoyo de tu magia. ¿Sabes lo que eso significa?

    Tare tragó duro al imaginarse la respuesta en tanto la chica sonreía con autosuficiencia al señalarse a sí misma.

    —Significa que estás bajo mi merced. Eso quiere decir que seré yo quien cumpla el papel de hada madrina de ustedes dos en lo que duren aquí, por lo que deberán hacer lo que yo considere lo mejor para ambos.

    —Si querías que entrara en pánico, lo has conseguido. ¿Satisfecha? —confesó Tare con alteración.

    —Por favor, no tienes que hacer un melodrama de todo. Descuida, les ayudaré a encontrar a su princesa yendo a sitios que son populares entre la juventud femenina, aunque debemos hacer un itinerario. No puedo estar faltando al trabajo por su causa todo el tiempo.

    —Suena interesante —comentó Kadin, emocionado—. Me gusta la idea.

    —A mí no —se sinceró el moreno con inquietud alarmante. ¿Cómo se suponía que se mantendría alejado de Mina con su persona sobre ellos todo el tiempo? No sabía por cuánto más podía fiarse de su autodominio antes de explotar. Pero comprendía que no era cuestión de gustos, sino del deber.

    —¿Verdad que no es fácil adaptarse a un nuevo estilo de vida de la noche a la mañana? —indagó ella sabiendo del tema.

    —Aunque no lo sea, haré un mejor trabajo que el que hiciste tú.

    —¿Quieres apostar?

    No pudieron establecer si habría apuesta o no porque la perilla de la puerta que daba acceso al sótano se escuchó, y haciendo gala de sus años de ejercicio como jugadora de béisbol, la rubia subió las escaleras batiendo su propio récord, llegando justo en el momento en que el ala de madera se abría por completo, dejando ver a su madre.

    —¿A dónde vas, mamá? —inquirió con los nervios de punta obstaculizándole el descenso, mirando las cobijas que llevaba en sus brazos, siendo obvio que planeaba lavarlas. ¡Bonito día había elegido para hacerlo!

    —A lavar esto, así que déjame pasar.

    Se movió un poco hacia la izquierda para hacerse paso, pero su hija la bloqueó.

    —No, no, no. Yo las lavo por ti, no te preocupes. ¿Para qué estoy, si no? Dámelas —Mina le arrebató las cubiertas—. Anda, regresa a... a hacer lo que sea que vayas a hacer o estuvieras haciendo o lo que sea.

    —Estás muy hacendosa estos días, ¿por qué será? ¿Qué hiciste? ¿Qué quieres? —La mujer la miró con sospecha.

    —Qué cruel. Que esté siendo amable con mi madre no significa que quiera algo a cambio o que haya hecho algo malo.

    —Es que me parece raro, es todo. En fin, me haré el desayuno. ¿Te preparo algo?

    —No, yo comeré afuera, eh... Tengo trabajo.

    —Está bien.

    Su madre se alejó y Mina cerró la puerta, suspirando. Eso había estado peligrosamente cerca. Se dio la vuelta para bajar, cuando escuchó que su madre volvía.

    —¡Hey! —exclamó la mujer, desconcertada, al intentar abrirla la puerta y Mina se lo impidió cerrándola del otro lado poniendo todas sus fuerzas—. ¿Qué pasa, Mina?

    —Nada, todo está perfecto. ¿Qué quieres?

    —Simplemente decirte que les eches un poco de vinagre. ¿Estás bien?

    —Sí, yo les echo. ¿Es todo?

    —Sí.

    La joven escuchó los pasos de su progenitora retirarse al fin y lanzó otros suspiro de alivio. Tenían que salir de allí o el suspenso la comería viva. Ahora sí descendió las gradas rápidamente, antes de que a su madre se le ocurriera regresar, y dada la velocidad, las cobijas se desacomodaron en sus brazos y algunas de sus extremidades arrastraron. Fue precisamente al pisar una de estas, faltándole algunos peldaños, que perdió el equilibrio y se dispuso caer. Gritó tomada por sorpresa mandando a volar por los aires las cobijas y habría dado de lleno al suelo con semejante golpe de no ser porque, al percibir lo que pasaría y antes de que su mente pensara bien las consecuencias, Tare se movió de su sitio para atraparla en sus brazos. Las telas cayeron sobre ellos, cubriéndolos.

    —En verdad eres un desastre. ¿Cómo piensas cumplir tu papel de hada madrina si no puedes cuidar de ti misma? —regañó él sin soltarla.

    —¡Qué fastidio! Había olvidado que te quejas por todo. Eso es algo que definitivamente no extrañaba —replicó a su vez la rubia, disfrutando el contacto.

    —¿Quieres hablar de cosas que no extrañamos?

    —¿Como tu pesimismo constante?

    —O tu irresponsabilidad.

    —O tu poca flexibilidad.

    —Tu desobediencia.

    —Tu amargura sin límites.

    —Tu... —Tare se mordió la lengua para no decir “ausencia”.

    Mina sonrió al verse vencedora en el intercambio de opiniones, mirándolo con intensidad y él se perdió en esos celestes que día con día añoró volver a ver. El ambiente entre los dos se llenó de sentimientos reprimidos dentro de ese espacio tan íntimo que les daba el mantenerse bajo las cobijas, otorgándoles privacidad, y Tare se preguntó qué tan dañino sería sucumbir a la tentación al menos un momento. No había ojos indiscretos mirándolos, estaban escondidos del mundo; si la besaba como deseaba, nadie se daría cuenta. Inconscientemente afianzó el agarre sobre Mina, pegándola más a él y comenzó a acercar su rostro al de ella, notando ningún tipo de rechazo de su parte; al contrario, notó que ella cerraba los ojos, aguardando el roce. ¿Por qué lo esperaba? ¿A caso en realidad no había encontrado ya una pareja? Decidió escatimar en detalles y cuando su aliento se mezcló con el de ella, ¡zas! Se hizo la luz. Lo que los cubría voló de sobre ellos, por lo que él se separó de la chica con prontitud y miró a Kadin, quien lucía mortificado.

    —¿Están bien? De pronto dejaron de hablar y me preocupé —explicó y Tare agradeció que fuera tan despistado—. ¿Te hiciste daño en algún lado, Mina?

    —No —contestó con decepción, pensando que si se hubiera hecho una herida, no habría sido tan dolorosa como la que su corazón experimentaba en ese instante—. Vámonos de aquí; es demasiado arriesgado. Mi madre puede volver cuando menos lo esperemos.

    —No tan deprisa —la detuvo Tare al ver que se dirigía a la puerta que estaba en el mismo sótano y que daba al exterior. Ella lo miró inquisidora y ligeramente molesta por lo de hacía un rato, alzando un ceja. Él apuntó las sábanas en el suelo—. Le dijiste a tu madre que lavarías eso y vas a cumplirle.

    —¿Qué? ¿Lo dices en serio? Ella puede descubrirnos si pasamos más tiempo aquí ¿y eso es lo que te preocupa?

    —El deber no puede dejarse de lado y mucho menos cuando has dado tu palabra.

    —No puedo creerlo, en serio no has cambiado nada. No tienes remedio.

    Tare se cruzó de brazos mirándola con seriedad y Mina supo que no podría escabullirse de esa tarea, por lo que no tuvo más opción que cumplirla. Era en serio, ¡Tare era un estirado!

    Por ahora es todo. Gracias por leer ^u^
     
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    Shassel

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    :) Como siempre es un placer venir corriendo una vez que publicas un nuevo capítulo mi querida Borealis.

    :) Ahh, pobre Mina, en verdad que todo deber un poco difícil para ella, primero fue separada abruptamente de su primer amor y ahora, cuando por fin lo tiene frente a ella, todo parece un sueño. :)
    No puedo evitar sentir un poco de envidia sana por Mina, a pesar de todo, siempre ve el modo de mantenerse firme ante situaciones un tanto extrañas, el hecho de proclamarse como la hada madrina de Tare y Kadín me pareció tan simpático, Tare no puede negarse, como sobrevivirán sin Mina. XD, algo me dice que el siguiente capítulo promete mucho :3
    :O Asdksdsf, Oh Mina,de un susto pasa a otro y otro y otro, XD, Dios yo no creo poder mantener mi temple si mi madre estuviese yendo a encontrarme en una situación como la de Mina, no le gusta que le mienta, rasgo que adquirí de ella. Pero sí me mataría, tiene una mente muy fantasiosa a veces :/.
    Nooooo, no, no!!! Tan cerca.. Kadín y su malvada ingenuidad, akasnsdfdhus, no pudo darles tan solo un minutito más, eso bastaba :'(.
    Wuaaa, ya quiero leer el siguiente capítulo. Quién sera la misteriosa princesa, sigue intrigandome el modo en l que Tare la encontrara sin magia XD, además, a que lugares piensa llevarlos Mina?

    Mil gracias por la actualización Borealis, como siempre fue un gusto leerte.
    Saludos.
     
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    Marina

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    Mina, pero sí que te tardaste en levantarte. Yo que tú, hubiera ido corriendo a ver si todo era un sueño o no, así tal y como andabas, en pijama. Auch, Tare la sorprendió mirándolo de esa manera tan penetrante, pero la comprendo, estaba muy emocionada al darse cuenta que es verdad, que Tare está ahí, con ella... bueno, decir que está con ella es mucho. El guardián de Kadin tiene en mente cumplir con su comisión cueste lo que cueste, así sea volver a perder a Mina.

    Wiii, qué lindo momento cuando Mina tropezó con las sábanas y cayó justamente en los brazos de Tare, quien como el caballero que es, corrió para impedir que su rubia diera contra el suelo. Y ese instante bajo las mantas... beso, yo sí esperaba ese beso y vaya, ahí está nuestro querido Kadin con su inocente intervención, impidiendo a raya que se diera ese esperado beso. Sentí la mortificación de Mina y por cierto, me encanta sobremanera ese intercambio de palabras entre ambos. Mina y Tare sí que se conocen muy bien.

    Bueno, yo apoyo a Tare en hacer cumplir con su palabra a Mina. Ella debe lavar esas sábanas, sí que sí.

    Lindo capítulo, espero el que sigue. TKM
     
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  13. Índice: Adaptándose al mundo
     
    Borealis Spiral

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    Título:
    Fanfic - Buscando a una Princesa
    Clasificación:
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    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    20
     
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    2467
    @Shassel ¡Gracias por tu animador comentario! Sí, eso es lo bueno que tiene Mina, es muy luchona y fuerte. A ninguna madre le gusta que le mintamos, jajaja, las herimos cuando lo hacemos, así que es mejor no hacerlo. En cuanto a las demás interrogantes, ya se sabrán, aunque no en este capítulo. Gracias de nuevo.
    @Marina ¡Master, gracias por pasar a leer y comentar! El preferido de Mina es su cama, por eso tardó tanto en levantarse xD y sí Tare es muy terco con su misión ¬¬ A mí también me gustan los intercambios de palabras entre ellos, es algo que los distingue xD Y pues, a seguir leyendo.

    A los demás que se pasan a leer ¡gracias, lo aprecio! Aquí dejo el siguiente capítulo que, bueno, es más ligero y quizás aburrido, pero tampoco lo considero tan relleno... ¿o quizás sí? xD Hm, no sé. ¡Disfruten!

    Adaptándose al mundo

    El trío salió de la casa dispuestos a hacer... ¿qué? Tare no estaba seguro; lo único que supo fue que se vio siguiendo a Mina junto con Kadin en tanto ella hablaba y hablaba. Honestamente, no le prestó atención, sino que se concentró en observar su alrededor. Parecía que Mina no vivía en un vecindario muy inquieto. Había gente caminando por la calle, paseando a sus mascotas y hasta se encontraron con varios que iban montados sobre una tabla con ruedas y bicicletas. Fuera de aquellos objetos que le eran desconocidos, Tare pensó que no había mucha diferencia de su mundo; las personas se mantenían ocupadas en sus respectivas diligencias y continuaban su vida normal. No lo sorprendía, pero tampoco era lo que había imaginado ver, mas tampoco sabía con exactitud qué esperar. Lo único que sí notó fueron las constantes miradas que los peatones les lanzaron a él y a Kadin al verlos, y Mina también se percató de ellas.

    —Creo que ya sé lo que haremos primero —comentó deteniéndose y Tare al fin la escuchó, imitándola al igual que Kadin—. Hay que conseguirles ropa nueva.

    —¿Qué hay de malo con nuestra vestimenta? —inquirió Kadin mirándose extrañado.

    —Parece que llamamos mucho la atención —notificó el pelinegro.

    —Así es. Su atuendo no encaja con la época. Hay que modernizarlos un poco o todos creerán que hacen cosplay.

    —¿Cosplay? —preguntaron los dos.

    —Que se disfrazan. Tú, Kadin, pareces que harás de héroe proveniente de la nobleza en una obra de teatro basada en la era medieval y tú, Tare... Bueno, tú tendrías el papel de villano con esas fachas tan oscuras.

    —¿Y cómo nos vestiremos ahora? —quiso saber el “héroe”, curioso.

    —Algo más a la moda.

    —¿Y cuál es la moda? —cuestionó ahora el “villano”, teniendo un muy mal presentimiento.

    —Bueno, es... más o menos así.

    Mina señaló a un par de jóvenes que caminaban hacia ellos del otro lado de la acera. Usaban playeras muy holgadas que mostraban dibujos espeluznantes como el de una calavera en fuego y lo que parecía ser la marca de una mano ensangrentada; los pantalones los llevaban caídos hasta casi la mitad de las nalgas dejando al descubierto sus bóxers. Kadin puso una cara de completo espanto en tanto Tare fruncía la boca, descontento, para luego mirar a la rubia y declarar:

    —No me convence.

    —No te preocupes que a mí tampoco. Descuiden, los llevaré a un lugar decente y me aseguraré de que los vistan bien.

    —Según recuerdo, no tenías buen gusto para la ropa —comentó Tare caminando nuevamente cuando ella retomó el paso.

    —Hablaba de ropa y estilo femenino. Estoy segura de que lo que pueda aconsejarles será mejor a como vestían esos tipos.

    —Cierto —concordó.

    —Oye, Mina —la llamó Kadin para ganar su atención—. Aquí la pobreza es muy aguda, ¿cierto?

    —¿Eh? Pues sí hay pobreza, como en cualquier lugar, pero no diría que es tan mala. ¿Por qué lo dices?

    —Es que mira a esas pobres señoritas. Apenas les alcanza para comprar algo con qué cubrirse.

    Kadin señaló a un grupo de adolescentes que transitaban por una calle perpendicular a la suya y que vestían ligeramente con shorts cortos, minifaldas y camisetas de tirantes o simples tops debido el calor del día. Mina tuvo que hacer un supremo esfuerzo por no reventar a carcajadas por el comentario, y que el castaño en verdad sintiera lástima por ellas hacía todo más divertido.

    —No, Kadin —corrigió ella sonriente y procurando no reír—. Así se visten la mayoría de las chicas aquí. Es normal.

    —Oh, ya veo. Es extraño, no deja de parecerme triste —Kadin la miró—. Tú no pareces disfrutar de esa moda.

    —Sí, bueno —Mina alzó la barbilla orgullosa de sí misma por su vestimenta cómoda y práctica—. Es que soy alguien muy modesta.

    —No siempre se nota —murmuró Tare entre dientes.

    —¿Has dicho algo? —Mina lo miró con intriga y él simplemente negó con la cabeza—. Vamos, no perdamos tiempo que estamos por llegar.

    Arribaron a una tienda que vendía ropa exclusivamente para hombres y una de las dependientas se acercó a ellos con una sonrisa.

    —Buenos días. Díganme, ¿en qué puedo servirles?

    —Me gustaría un atuendo completo para estos dos —le informó Mina señalándolos.

    —Seguro que sí. ¿Alguna idea de cómo quieren lucir o algún gusto en particular?

    —No realmente —Los miró unos instantes, pensativa, y luego apuntó a Kadin—. A él le quedan bien los colores claros y la ropa elegante. ¿Podría conseguirle algo así?

    —No hay problema —la mujer de edad madura lo miró también, imaginando qué podría quedarle bien—. Creo que ya sé qué puede favorecerle.

    La empleada buscó entre la sección de pantalones de traje y escogió uno gris claro junto con el chaleco a juego, luego fue a la sección de camisetas de vestir formales y tomó una color lila tenue e incluso se tomó la molestia de escogerle unos zapatos apropiados. Se acercó a ellos nuevamente y le tendió las prendas al castaño.

    —Creo que esto te quedará espléndidamente y resaltará tus ojos verdes. Vamos, ve a probártelos. Sígueme y te muestro los vestidores.

    —Gracias, es muy amable.

    Kadin acató lo ordenado y fue a probarse lo que habían conseguido para él. La dependienta regresó al poco rato, lista para atender al otro hombre.

    —Muy bien, ¿ahora qué podemos hacer por usted, joven? —indagó con cortesía mirando al moreno.

    —Creo que a él le quedaría un estilo más casual —mencionó Mina entrelazando su brazo con el de él—. Y parece preferir los colores oscuros.

    —Eso veo, aunque los colores claros le irían mejor por su tono de piel. De cualquier manera, el azul rey le queda bien, hace juego con esos pupilentes rojos que trae y que asustan un poco. Aguarden un momento que ya les traigo algo.

    La mujer volvió a retirarse y Tare alzó una ceja, confundido.

    —¿Pupilentes?

    —Sí, en este mundo no hay gente que tenga los ojos rojos a menos que sean albinos y también son raros los casos —manifestó la rubia apoyando su cabeza en el hombro masculino—. Puedes colorearlos con lentes de contacto especiales, pero no dejan de ser falsos. Lo auténtico es mejor.

    Tare tan solo hizo un monosílabo en señal de estar escuchándola, consciente del calor y peso de ella en su costado, sin deseos reales de alejarse. La mujer regresó con algunas prendas más y el calzado adecuado. Se los entregó a Tare y le dijo que esperaba que le gustara y que fuera a probárselo también. Mina se quedó sola en lo que los hombres terminaban de cambiarse, y la que los atendió comenzó a hacerle plática en cuanto a lo bien acompañada que estaba con esos dos; ella no pudo más que sonreír. Y entonces Kadin hizo su aparición, luciendo el atavío nuevo y todas las mujeres que estaban en la tienda quedaron sorprendidas, pues se veía extremadamente bien. La propia Mina quedó asombrada de verlo, y es que era verdad que Kadin era un hombre muy atractivo. Después de todo, era el príncipe de un cuento de hadas.

    —Se ve divino —elogió la empleada orgullosa de su trabajo.

    —Es verdad. Te ves muy guapo, Kadin —estuvo de acuerdo Mina.

    —Gracias y de hecho me gusta —confesó moviendo sus extremidades para asegurarse de que todo encajara bien—. ¿Dónde está Tare?

    —Se está cambiado, ya vuelve.

    Y los dos esperaron a que el otro hiciera acto de presencia, mas pareció tomarse su tiempo, pues no se dignaba salir. La joven se cansó de esperar y pidiendo que le mostraran dónde estaban los vestidores, fue a tocarle a ese lento para que saliera ya.

    —Tare —lo llamó estando frente a la puerta del pequeño cubículo—. ¿Por qué tardas tanto? ¿No te quedó la ropa?

    —...Supongo.

    —¿Cómo que supones? A ver, sal.

    —Es que no me siento cómodo —admitió con un ligero toque de vergüenza.

    —¿Por qué no? A ver, no creo que estés tan mal. Anda, sal.

    No hubo necesidad de hacerse del rogar porque la puerta se abrió, permitiendo una visión completa del pelinegro. Mina había estado lista para burlarse de él en caso de que se presentara la oportunidad ante su renuencia de salir. No obstante, se vio con la boca abierta y sin aliento al descubrir que se veía muy apuesto con su nuevo look. Vestía unos vaqueros azules que hacían juego con la camiseta tipo panadero de algodón y de manga corta que era del mismo color en un tono más oscuro. Las dos prendas se ajustaban moderadamente a su cuerpo y era precisamente eso lo que incomodaba al hombre, pues su túnica era muy suelta. Y la mirada tan brillante y misteriosa que Mina le dedicó lo abochornó todavía más. Kadin y la dependienta se acercaron también.

    —¡Oh, Tare! Te ves bien —lo halagó su amigo, sonriente.

    —Es cierto, me alegro que le quede todo —comentó la mujer—. ¿Sería todo lo que querrían?

    —Mina —la nombró Tare al ver que no se movía.

    —¿Eh? —la rubia salió de su ensoñación y miró a la empleada, sonrojada—. Disculpe, ¿podría ponerme un par de vestuarios más para cada estilo, por favor?

    La mujer asintió y fue a conseguir lo que le pidieron. Mina se masajeó el cuello de pronto cansada; allí iba una buena parte de sus ahorros, los que curiosamente nunca usaba para disfrutarlos ella. Aunque la verdad no había estado tan mal, pensó al dirigir nuevamente su atención en Tare, quien escuchaba el parloteo de Kadin en cuanto a su nuevo atuendo. La nueva ropa le quedaba maravillosamente y por un momento se vio tentada a lanzársele encima y darle el beso que él no quiso darle en casa. ¡Qué demonios! Si quería devorarlo a besos. Y lo sabía, estaba saliéndose de carácter con esas cursilerías, pero no podía evitarlo. Tenía muchas emociones dentro de ella y si no las sacaba de alguna forma iba a volverse loca. Vio que el sujeto en cuestión tomaba su capucha para colocársela.

    —Alto allí —lo detuvo sujetando la prenda por el gorro—. No puedes ponerte esto. Arruinarás el encanto del estilo.

    —Pero me gusta mi capa. Me siento mejor si la tengo puesta.

    —Te digo que no puedes —Mina la estiró para quitársela.

    —Espera, Mina —Tare también la haló para liberarla de ella—. Vas a romperla.

    Dicho y hecho; el sonido de la tela al desgarrarse inundó la tienda y fue entonces que ella soltó la capa. Tare se la quitó de tenerla medio puesta, la miró y descubrió que parte del gorro se desprendía casi por la mitad de la costura del resto de la capa. Miró a Mina con irritación.

    —¿Ves lo que hiciste? ¿Estás feliz ahora?

    —Hey, tranquilo, que tiene solución. Dámela y yo te la coso. Verás que quedará como nueva.

    Tare suspiró derrotado y fastidiado antes de dársela.

    —Si tanto te preocupa aún podemos encontrar un suéter ligero con gorro —dijo ella doblando la capa para colgarla en su brazo.

    —No, déjalo así.

    Esperaron un momento más hasta que la vendedora tuvo listos los encargos, e incluso fue tan amable de poner las ropas que los dos llevaban puesta en una bolsa aparte y viéndose bien servidos, los tres salieron de la tienda; los varones llevando la bolsa de su respectivo vestuario. En eso, lo que pareció un fuerte rugido se dejó oír.

    —¿Qué ha sido eso? —preguntó Kadin alarmado, mirando a su alrededor.

    —Lo siento —se disculpó ella, roja como un tomate tocándose el estómago—. La bestia parece tener hambre.

    —Sigues con tu apetito voraz, ¿eh? —dijo Tare sonriendo ligeramente.

    —No es mi culpa. Ir de compras requiere más energías de lo que piensas. Vamos, los llevaré a comer algo.

    Los dos siguieron a su guía y después de un rato de caminar, llegaron a un restaurante de comida rápida. La rubia no se partió la cabeza pensando si les gustaría o no, o preguntándoles qué se les antojaba, por lo que pidió tres combos iguales. Además, no podía derrochar el dinero tan a la ligera y ese restaurante era lo suficientemente económico. Su orden estuvo lista algunos minutos después y fueron a sentarse en una de las mesas que el establecimiento tenía. Mina comenzó a desenvolver sus alimentos dispuesta a degustarlos cuando notó que sus acompañantes no hacían ademán de hacer lo mismo, sino que miraban fijamente la comida.

    —¿Qué pasa ahora? —quiso saber, extrañada.

    —Am, Mina —Kadin señaló su combo—. ¿Dónde están los cubiertos para comer esto?

    —¿Cubiertos? —Mina suspiró. ¿Por qué tenían que lidiar con gente elegante?—. Este tipo de comida no se come con cubiertos; se usan las manos. Así.

    Mina tomó su hamburguesa y se la llevó a la boca dándole una mordisco. Kadin la observó fascinado y la imitó, pero como la agarró mal, gran parte de su contenido cayó a la mesa. Mino rio divertida cuando el castaño comenzó a rellenarla otra vez, haciendo pucheros de asco al sentir la mostaza y grasa en sus dedos. Tare miró todo en silencio, de pronto sin apetito. ¿Y se suponía que estaban en un mundo más avanzado y civilizado? Sin embargo, terminó uniéndose a sus compañeros en su tarea de engullir. Estaban por terminar cuando Mina decidió hablar del tema de interés de Tare.

    —Creo que acabando de almorzar podremos ir a un par de lugares a empezar a buscar a la princesa esta.

    —Me parece bien —coincidió el pelinegro.

    —¿Y cómo sabrán que es ella cuando la encuentren?

    —Ya te lo dijimos. Kadin se enamorará de ella y ella de él.

    —¿Amor a primera vista? —Mina alzó una ceja, escéptica.

    —Como en la mayoría de los cuentos —asintió Tare.

    —De acuerdo. Si ya terminaron podemos irnos.

    Los hombres se levantaron presurosos y después de limpiar su mesa, salieron del negocio, dispuestos a iniciar su labor.

    En el próximo capítulo inicia la búsqueda. Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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    Marina

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    Qué divertido. No me parece que sea un capítulo de relleno, para nada, porque ellos debían cambiar su ropa, aunque de todos modos, eso del cosplay está tan de moda que supongo que no se veían tan raros... raras para kadin esas chicas que no les alcanzó para comprar ropa que las cubriera por completo, jajajaja, eso sí me partió de risa. Ay no, Kadin y su tierna inocencia me parecen cada vez más lindos. Creo que en esta historia, Kadin será mi personaje favorito y Tare... bien, Tare es Tare. Por un momento me los imaginé vestidos como los chicos esos de la calle, con esos pantalones caidos y las playeras llamativas, pero después mi imaginación fue reemplazada cuando noté lo geniales que quedaron en sus nuevas ropas, ay, Mina, sí que pudo dominar sus locos impulsos de comerse a besos a Tare, ese sí que fue un momento difícil para ella y después de eso, no faltó la melodía de metralleta que tocó su estómago xD Tare no olvidó esa característica de ella. Nuestros queridos personajes de cuento ya saben un poco más lo que es el mundo real, menos mal que pudieron comerse esas hamburguesas.

    Ahora espero con ansia el comienzo de esa búsqueda. De veras, estoy ansiosa por conocer a la nueva princesa... o bueno, más que nada estoy ansiosa por ver como Kadin la reconoce. Eso del amor a primera vista deberé funcionar para ellos xD Porque esa nueva princesa deberá sentir lo mismo por Kadin, supongo.

    Ay algo que me deja por el momento inquieta. Creo recordar que Tare y Kadin podrán volver a su mundo con la ayuda de la capa de él... Si la capa se daña, ¿qué pasaría?

    Sin más. TKM
     
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    Shassel

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    XD Tarde, pero aquí estoy.
    :'D No puedo parar de reír, XD se me hace tan tierna la imagen de Tare frente a la hamburguesa. Y Kadin, pobres, la comida de nuestros días no debió darles una buena impresión.
    *O* Esa Mina es una suertuda, custodiada por dos chicos apuestos y caballerosos. Aunque bueno, al principio hubiesen parecido que acababan de salir de una feria medieval. :D Aun así, Mina me parece una persona muy generosa, gastar sus ahorritos para comprarles ropa a los chicos, eso ser una buena amiga.
    :') Creo que seguiré emocionándome cada ves que narras los sentimientos de ella por Tare, mi afecto por Helio vuelve a atacar.
    :O Ahora sí que quiero ver como actúa Tare cuando Mina los lleve a... Dios, quiero saber a donde los lleva XD. Ese será sin duda un capítulo que no me puedo perder.
    Como siempre un gusto leerte. Mil gracias por siempre tomarte la molestia de avisarme, no sabes como lo aprecio :)
    Saludos.
     
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  16. Índice: Manos a la obra
     
    Borealis Spiral

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    @Marina ¡Gracias por comentar, Master! Lo sé, Kadin es un amor *u* A mí también me está gustando bastante, jejeje. No, imagínate que vistieran así, ¡qué orror! (Sí, sin h porque debe ser algo muy feo). Matralleta, jaja, es verdad, aunque yo insisto que es un león o algo así xD Pues para ver quién es la princesa te invito a seguir leyendo. Te quiero.
    @Shassel Es verdad, hasta yo querría estar en el lugar de Mina con esos dos... Bueno, no xD Demasiados problemas para mi gusto. No sé qué esperas de los lugares a los que los lleve, pero espero no decepcionarte, aunque siento que sí lo haré jejje. Igual, me dices si es así o no y pues a leer se ha dicho. ¡Gracias por tu apoyo, me anima mucho!

    A los demás que se pasan a leer, ¡gracias! Los aprecio mucho. Sin más, dejo el siguiente capítulo a ustedes. ¡Disfruten!

    Manos a la obra

    Los tres arribaron a un enrome y hermoso parque, siendo esa época del año en la que mejor le iba, obteniendo muchas ganancias, pues la gente iba allí casi todos los días. Las personas disfrutaban de una buena comida al aire libre, cocinándola en las parrillas que el lugar rentaba, tomaban asiento en las largas mesas de madera que también podían ser arrendadas con anticipación ya que a veces era mucha la demanda. Aquellos que preferían traer todos los alimentos hechos, buscaban un lugar adecuado para sentarse en el verde pasto, bajo la sombra de uno de los innumerables árboles que habitaban la zona, o cerca del gran lago para deleitarse en la vista del mismo y de los patos que nadan libres en él, siendo alimentados por los mismos visitantes. Había otra buena parte del terreno que estaba pavimentada o con tierra, donde se encontraban las canchas de tenis, baloncesto y voleibol, listas para ser usadas por los amadores del deporte. Incluso los pequeños niños tenían su área llena de columpios y demás juegos por el estilo.

    Como Mina había asegurado, muchos grupos de jóvenes, entre los que abundaban las del género femenino, podían apreciarse esparcidos por el lugar.

    —Aquí estamos. ¿Qué harán ahora? —indagó Mina extrañada por cómo funcionaría todo ese asunto.

    —No podemos simplemente acercarnos y mirar a cada una esperando que alguna sea la adecuada —comunicó Tare mirando la gente—. De allí que Kadin intente hablar con cada una de ella de manera breve y en tono amigable.

    —¿Con todas? ¿Y crees que pueda conseguirlo? Que un desconocido te hable así como así es bastante sospechoso.

    —Habrá que intentarlo. Kadin, por favor, haz lo tuyo. Nos mantendremos cerca en caso de que necesites ayuda.

    El castaño asintió y se encaminó a uno de los grupos, dispuesto a entablar una conversación amistosa, teniendo a Tare y Mina a una prudente distancia. La rubia notó con sorpresa que Kadin no tenía problemas para desenvolverse, hablando con seguridad y confianza en sí mismo, tratándolos como si fueran conocidos de toda la vida. De hecho, las chicas y sus acompañantes varones lo consideraron lo suficientemente agradable como para continuar con la charla y ofrecerle un poco de comida y asiento, los que el príncipe tuvo que rechazar anunciando que ya había comido.

    —Vaya, en verdad está haciéndolo —comentó Mina con asombro. Ni ella, que tampoco tenía problemas conversando con la gente, pensaba tener éxito si lo intentaba.

    —Es su don —aceptó Tare cruzándose de brazos—. Ser social se le da bien.

    —Nada comparado contigo, ¿cierto? Fácilmente podríamos estar acompañándolo en lugar de estar aburriéndonos aquí.

    —Si quieres irte, adelante. No tienes por qué quedarte desperdiciando tu día de esta forma. Puedes ir a donde te apetezca en tanto terminamos aquí, que puede ir para largo.

    —Tienes razón, no tengo por qué quedarme —concordó Mina entrelazando su brazo con el de él otra vez, mirándolo—. Pero si aburrirme es el precio por estar contigo, entonces está bien. Puedo soportarlo.

    Sus palabras calaron hondo en Tare y movieron cantidad inimaginable de sentimientos y pensamientos dentro de él, dificultándole las cosas mucho más, y al querer mirarla fugazmente, viéndose sus intenciones hechas pedazos cuando sus rubíes quedaron atrapados en los celestes de ella, todo empeoró. Tragó duro. Esto ya estaba saliéndose de las manos, reconoció cuando la misma fuerza que esa mañana lo había obligado a casi besarla en el sótano, volvió a apoderarse de él y lo hizo inclinarse con la intención de unir sus labios con los de ella en otro intento. Y lo habría conseguido de no ser porque una extraña melodía emergió de quién sabe dónde, aunque parecía estar muy cerca. Escuchó que Mina maldecía con irritación y en voz baja.

    —¿Qué eso eso? —cuestionó Tare mirando a todos lados, intentando figurar de dónde salía la canción.

    —Tecnología —respondió Mina tomando el celular de su bolsa trasera—. No te preocupes, es una de las tantas maneras que usamos aquí para comunicarnos. Ya te lo explicaré —Se llevó el aparato a la oreja—. ¿Diga?

    —¿Dónde estás, Mina?

    La voz de Helio la congeló y una repentina inquietud le hizo un nudo en el estómago. Por estar distraída no había visto el nombre en la pantalla. Vio que Tare la miraba con curiosidad.

    —Ah, pues, afuera —le dijo a Helio, nerviosa, alejándose no tan disimuladamente del pelinegro para que no escuchara la conversación.

    —Ya, yo entiendo eso. Fui a donde estarían trabajando hoy, y Ruth me dijo que no habías ido porque debías atender a unas visitas. Pensaba invitarte a comer. ¿Por qué no vienen contigo y comemos todos juntos?

    —¡No! —casi gritó—. Quiero decir, no se puede. Ya hicimos un plan para hacer turismo y esta gente es muy delicada con eso de no cumplir lo planeado, créeme —En eso definitivamente no mentía.

    —Ya veo, pero me gustaría conocer a tus amigos, así que dime dónde están y yo iré.

    —¡Tampoco! —volvió a casi gritar—. Digo, no se sienten cómodos con gente que no conocen. Aquí hay alguien realmente antisocial —En eso tampoco mentía.

    —Oh, qué pena —El tono de Helio se escuchó verdaderamente triste, pero luego cambió a uno más animado—. ¿Podemos almorzar juntos mañana, entonces?

    —Ya hice planes con mis visitas. Es natural que los próximos días vaya a estar ocupada con ellos. ¿No puedes dejarme tranquila en lo que estén aquí? No morirás si lo haces, ¿sabes?

    —Yo siento que sí —dijo con honestidad, herido por la simple idea—. Verte cada día es como el aire que respiro. Sin ti me asfixio.

    —Tú me asfixias a mí —le susurró ella con desgana.

    —Es tu culpa por se tan linda —confesó risueño.

    —Mira, tengo que colgarte o esta gente se me impacientará —le dijo al ver que Kadin terminaba de hablar con el primer grupo y se acercaba a Tare, quien parecía dispuesto a continuar con o sin ella—. Te dejo.

    —Espera, Mina...

    No esperó, le colgó terminando la llamada. No es que quisiera ser tan grosera con él, pero tenía cosas más importantes en mente como para tener que preocuparse por sus pesadeces. Una de esas cosas, y que para ella encabezaba la lista, era el hecho de que Helio no podía verla estando con Tare. Si eso pasaba, las cosas se complicarían muchísimo, estaba segura. Podría haber malentendidos siendo Helio tan meloso y siendo Tare tan cabezota. Lo que menos deseaba en ese momento era que Tare pensara que tenía pareja o incluso un pretendiente. Además, quería disfrutar el mayor tiempo posible con él; lo había echado muchísimo de menos durante ese año. A Helio lo veía todos los días, por lo que de él tenía suficiente y hasta sobraba. Se dirigió a donde Tare estaba, descubriendo que Kadin no había perdido tiempo y se había acercado a otro grupo lozano.

    —Es raro verte hablar con un objeto —comentó Tare sin despegar su atención de su amigo.

    —Supongo que puedes decir que fue igual de raro para mí hablar con animales. Por cierto, no le diste ni un respiro, ¿eh? —Mina señaló a Kadin.

    —Es en serio cuando digo que quiero acabar con todo esto —replicó él a su vez con un ligero tono de frialdad.

    —¿Tan pronto y ya nostálgico? —Tare no contestó—. De verdad, ¿qué extrañas tanto que ya quieres volver? ¿Por qué el afán?

    Tare no dijo nada nuevamente y Mina frunció el ceño, ligeramente deprimida y dolida. ¿Es que quería alejarse de ella tan rápido? Lo miró intentando percibir algo en su expresión que defiriera del estoicismo y la seriedad de siempre, más no vio nada. Estaba segura de que muchas inquietudes lo mortificaban y ella quería que se desahogara, esperaba al menos aligerarle un poco la carga si se abría con ella; estaba dispuesta a escucharlo. Pensaba que si seguía aguantando tantas cosas sin exteriorizarlas un mínimo iba a enfermarse. Por eso había escogido ese lugar que era tan alegre y animado, para que se relajara un poco, disfrutara del ambiente y el paisaje. ¡Pero claro! Tare era un testarudo que no se dejaba ayudar en nada. Por eso era tan amargado e iba a envejecer velozmente.

    Continuaron buscando en aquel parque varias horas y cuando la tarde entró de lleno, Kadin había hecho un montón de nuevos amigos, pero no dio con la joven a quien buscaban, por lo que se fueron de allí. Luego se encaminaron a un restaurante económico para alimentarse, y cuando terminaron de engullir sus nutrientes, ya más caída la tarde, Mina los llevó al otro sitio que había pensado. En contrate con el lugar anterior que se hallaba al aire libre, este era techado, y aunque también era vívido y ruidoso, difería bastante al anterior porque ese sitio era un club muy popular entre la juventud, por lo que la música a todo volumen, el baile, las bebidas y comidas imperaban en su totalidad. Apenas habían entrado y a Tare ya le dolía la cabeza de tanto escándalo. Ahora entendía por qué Mina era como era. La pregunta consistía en si la persona a la que buscaban solía frecuentar esa clase de sitios.

    —¿Creen que esté aquí? —preguntó Kadin alzando la voz por entre todo el ruido, también extrañado por el lugar.

    —No lo sé —respondió Mina levantando la voz de igual forma—. Si se crió en mi siglo debe gustarle esto.

    —Entonces habrá que apresurar el paso —dijo Tare casi gritando—. Entre más pronto salgamos de aquí, mejor.

    El trío se adentró más en el local, que era iluminado por luces de diversos colores y que parpadeaban encendiéndose y apagándose con frecuencia, como si fueran flashes; nada mejor para sufrir un ataque epiléptico. Lo peor, según Tare, era que la música ni siquiera era algo que pudiera disfrutarse como la era la de la orquesta, sino que eran puros sonidos ensordecedores sin elegancia. Definitivamente iba a sufrir en esa misión. Continuaron caminando, estando dispuestos a buscar una mesa libre, teniendo a Kadin por delante abriéndose paso por entre la multitud de cuerpos aglomerados, así que fue inevitable que uno de esos cuerpos lo empujara bruscamente, por lo que al moverse, él mismo chocó con una joven que llevaba una bebida en su mano, ocasionando que el recipiente se moviera y vaciara su contenido en ambos.

    —¡Grandísimo torpe! —chilló la joven mujer viendo su vestido manchado, antes de dirigir sus iracundos ojos a los arrepentidos de Kadin—. ¿Por qué no te fijas por dónde vas, idiota?

    —Lo lamento mucho, señorita —se disculpó el príncipe, apacible.

    —¿Lo lamentas? ¿Qué ganas con lamentarlo? ¡Mira! Has arruinado mi vestido. Y justamente tenía que usar el blanco este día. ¡Agh! Odio estos lugares llenos de tontos.

    —Si los odias tanto, ¿por qué estás aquí, Ana? —Mina llegó a la escena del crimen con Tare tras ella.

    —¡Mina! —La pelinegra se sorprendió de verla—. Yo debería preguntarte eso. Tú no acostumbras estos clubes.

    —Asuntos de fuerza mayor, pero eso lo de menos.

    —¿Es amiga tuya, Mina? —inquirió Kadin mirando a la rubia—. ¿Podrías decirle que en verdad lamento lo ocurrido? ¿Que no era mi intención ensuciarla y volcar su bebida?

    —Sí, sí, lo que digas —Anahí movió la mano para hacer de lado el tema del accidente y se enfocó completamente en Mina, mirándola con un brillo de ilusión—. Si estás aquí significa que Helio también está aquí, ¿cierto?

    —Claro que no. ¿Por qué tendría que estarlo? —Mina se hizo la desentendida, intentando ocultar la ansiedad que sintió en su cuerpo por el hecho de que lo nombrara frente a Tare.

    —¿Cómo que por qué? —Anahí frunció el ceño, molesta—. Eres una desconsiderada al hacérmelo repetir todo el tiempo. El simple hecho de que Helio esté...

    Mina evitó que soltara algo que no debía al propinarle un fuerte pisotón en el pie, siendo ambos calzados por unas ligeras zapatillas abiertas que los ventilaban, por lo que el golpe dolió muchísimo más. Anahí gritó abiertamente y sin disimulo, ganándose la atención de los que los rodeaban, quienes miraron la escena divertidos.

    —¡Pedazo de...! —Sus reproches fueron acallados por la mano de su atacante, quien se volvió a mirar a Tare y Kadin con una sonrisa inocente.

    —Ya vuelvo, no se muevan de aquí, ¿sí?

    Y dejándolos por demás confundidos y atemorizados, Mina se alejó arrastrando con ella a la otra mujer, la que forcejeó con energías intentando liberarse, e incluso la pellizcó y la arañó para que la soltara. Sin embargo, Mina no lo hizo sino hasta que llegaron a uno de los lugares más apartados del club.

    —¡Bestia, salvaje, animal! ¡Bruta! —bramó Anahí todos sus disgustos—. ¿Por qué me tratas tan mal si ya no te he hecho nada! No me dejabas respirar, ¡casi me ahogo! ¿Intentas deshacerte de mí o qué?

    —¡Maldita sea, cierra el pico, Ana! —la silenció Mina hastiada de sus quejas, a pesar de que ahora sí que tenía motivos para hacerlas—. No tengo tiempo para perderlo contigo, así que solo escucha. No quiero que menciones a Helio en ningún momento cuando esté con los dos con los que me viste.

    —¿Qué? ¿Y yo por qué iba a hacerte caso? No eres nadie para decirme qué hacer o no. Yo puedo hablar con quien se me dé la gana y sobre el tema que yo quiera, así que... Espera. ¿Por qué me pides eso tan de repente? ¿Acaso estás enamorada de uno de ellos y no quieres que sepa que Helio quiere algo contigo?

    Mina miró a su acompañante, tomada con la guarida baja. ¿De dónde había sacado eso si apenas le había hecho una simple petición? ¿Tan evidente era? ¿O Anahí comenzaba a volverse más suspicaz?

    —¡Es eso! —dijo Anahí al ver la expresión de Mina—. Bueno, no te culparía. No están nada mal tus amigos.

    —Suficiente, tan solo haz lo que te digo.

    —Ya te dije que no me des órdenes. Además, no es como si fuera a verlos muy a menudo o como si me interesara entablar una conversación con ellos, así que pierde cuidado.

    —No entiendes. Necesito que me hagas un gran, un enorme favor. Necesito que mantengas ocupado a Helio por unos días.

    —¿Qué? —volvió a chillar a todo pulmón, incrédula—. ¿Cómo te atreves a pedirme eso otra vez después de todo lo que ha pasado? ¡Estás loca! Ya te había dicho que no quería nada que ver con él.

    —¿Ah, sí? —Mina alzó una ceja, incrédula—. ¿Por qué esperabas verlo aquí, entonces? ¿Por qué lo acosas todo el tiempo en su trabajo?

    —¡No es acoso! Es una coincidencia que lleve a lavar mi auto cada semana al lugar en el que trabaja.

    —Claro, y también es coincidencia que “por error” siempre compres más comida de la que necesitas y se la des a él, ¿cierto?

    —¿Y tú cómo diantres sabes eso? ¿Estás espiándome? —Anahí enrojeció de ira y vergüenza.

    —Por favor, Ana. Eres la única que sigue obsesionada con Helio a pesar de... bueno, ya sabes, todo el tema conmigo.

    —¡Olvídalo! Eres en verdad un monstruo. No pienso ser tu juguete otra vez. Además, no tienes idea de la densidad de nuestros encuentros, es casi insoportable. No hay duda, él me odia.

    —No te odia, simplemente es... ¿precavido?

    Lo que nadie sabía era que Helio había tenido un fuerte impacto en la vida de Anahí, pues desde que terminaron, si es que alguna vez tuvieron una especie de relación, la joven había abandonado sus insistentes intentos por engatusar a un hombre y hacerlo su novio. De hecho, logró entender que su actitud la hacía poco atrayente a pesar de que fuera bonita en apariencia, y ahora luchaba por ser un poco más amable, aunque su fuerte carácter siempre parecía vencer. Hasta había hecho las pases con Mina y la perdonó por engañarla con respecto a los sentimientos de Helio. A él también lo había perdonado y había decidido no acercarse más a él, pero como en la mayoría de las veces, el corazón triunfó sobre la razón y no pudo mantenerse alejada, intentando demostrarle con pequeños detalles que seguía importándole, que continuaba queriéndole, que se esforzaba por cambiar por él. ¿Pero de qué servía? ¿Por qué iba a valer la pena su empeño si él no se fijaba en nada ni nadie que no fuera Mina?

    —Ana... —Mina la nombró al ver que su semblante decaía, pero calló cuando la otra levantó la mano frente a sí, indicándole que guardara silencio. Anahí alzó el rostro con confianza y altivez.

    —No es no, Mina. Si quieres ser egoísta, bien, pero no me involucres a mí que nada tengo que ver con esto y que no me lo merezco. Tampoco creo que Helio se merezca que lo desplantes de tu vida sin una explicación o sin dar batalla. Espero que te vaya bien en todo lo que hagas. Adiós.

    —No, espera, Ana. ¡Anahí!

    La pelinegra la ignoró por completo dejándola sola y con su problema sin resolver. Lanzó una exclamación de irritación al aire. Creyó que Anahí estaría dispuesta a ayudarla si con eso tenía más oportunidad de estar con Helio sin verse afectada por la culpabilidad. No contó con que tuviera tanto orgullo y dignidad. Antes nunca los tuvo, ¿por qué ahora sí? Se dirigió a donde había dejado a Kadin y Tare para continuar con su trabajo antes de que al moreno le diera un ataque de nervios. Todavía había otro dilema por resolver, pero de ese se encargaría cuando terminaran allí.

    Jojojo, un personaje más a la lista y falta uno. Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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  17.  
    Marina

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    Tauro
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    Mina, pero qué egoísta ha sido, digo, involucrar a Ana en su plan de que Tare y Helio no se vean, o que Helio ceje en su empeño de verla a ella. Ay, me da cosa Helio, no es justo que Mina lo trate como lo trata. Helio es un lindo chico que le habla bien bonito, mira que decirle que la asfixia porque es su culpa por ser tan bonita, jajaja, ay Helio, tan lindo. Ni hablar de sus buenas intenciones par estar con los amigos de Mina.

    Y ahora que Ana se ha negado a ayudarla, ¿qué hará? Encomio el intento de Ana de querer cambiar, sí se vale por amor xD Pero bueno, me encantó esa personalidad de Kadin de socializar, wow, no le resulta para nada difícil hacer amigos y en el parque terminó por conseguir un montón, pero de la princesa nada, lo que es lógico, ya se veía venir que no sería fácil encontrarla y al igual que Tare y Kadin, dudo que la encuentre en ese pub tan ruidoso. Pobres visitantes, a lo que tienen qué enfrentarse para conseguir su objetivo, pero Mina tiene razón en una cosa, ella también tuvo que asimilar muchas cosas desconocidas para ella en el mundo de Tare, así que están a mano xD

    Ah, sí, sé cual personaje falta... ¿será por casualidad Odin?

    Wow, si es él, ¿qué hará Mina? Contratar sus servicios para que les ayude a encontrar a la princesa? ¿Y si así es? ¿Cuánto le costará a Mina? ups, ya estoy pensando de más, así que por el momento me despido, hasta la otra. Otro lindo capítulo, espero el que sigue.

    TKM
     
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    Shassel

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    :D Wiii, no me has decepcionado para nada mi querida Borealis, de hecho he quedado más que encantada. :)
    Fue más o menos como imagine que sería, XD, /aunque pensé que primero irían al club juvenil XD/ Imaginarme al pobre Tare sufriendo por lo estruendoso de la música fue tan épico XD, sonaba como mi madre cuando llegué a la adolescencia y escuchó mis recién adquiridos discos de música. aunque me hubiera gustado que bailase aunque sea un ratito XD, aunque conociendo su actitud dudo que sea posible.
    O.O No puedo creer que Kadin fuese tan bueno socializando en una época como la nuestra, no sé si sea solo yo pero, si veo a alguien que me viene a hablar de la nada, mínimo le tiro un zapato y salgo corriendo XD.
    :O Algo me decía que si iban a una disco, mínimo tenía que aparecer Anahí XD, fue tan gracioso volver a saber de ella, aunque no me imaginaba que hubiese cambiado tanto, y por Helio justamente????!!!! Luego de todo lo que ocurrió me imaginaba lo contrario y... bueno, me alegra que todo haya resultado bien, o al menos en parte para Anahí, con quien, extrañamente, concuerdo en este capítulo. Como puede ser Mina tan cruel con ella y con Helio al hacer semejante propuesta?! Creo que no defenderé a Mina en este capítulo. Es que en serio, amo el personaje de Helio y no me gustaría verlo sufrir más.
    Así que, aún perpleja por el cambio, manita arriba para Anahí y sus palabras. XD
    Como siempre mil gracias por avisarme siempre de las actualizaciones y tenerme en cuenta al inicio de los capítulos. :) No sabes como me alegras el día cuando actualizas.
    Saludos y hasta la próxima.
     
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  19. Índice: Momentos desesperados, medidas desesperadas
     
    Borealis Spiral

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    @Marina Master, para qué te digo que no si sí; Mina puede ser muy egoísta cuando se lo propone, es... algo que caracteriza al personaje, de hecho; en mi mente siempre ha sido así; necesita que le den una lección, ¿no? xD Honestamente, Anahí no estaba en los planes iniciales para esta historia, pero meh, al final decidí meterla un poco, jeje. Correcto, ese es el otro personaje que falta, el verdugo de cierta rubia xD ¡Gracias por tu apoyo! TKM
    @Shassel Gracias por tu lindo comentario, siempre me anima. xD Lo sé, pobre de Tare y tienes razón, su carácter no lo deja disfrutar ni un buen baile (está igual que yo o.o), jejeje y creo que en cuanto a lo de socializar depende del lugar; donde vivo ahora la mayoría son muy abiertos a entablar conversaciones. Y bueno, espero que la historia siga gustándote porque lamentablemente tú sabes que a mí me gusta martirizar a mis personajes, así que... :rolleyes: ¡Gracias por tu apoyo!

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco mucho; valoro que lo hagan. Y a ustedes el siguiente capítulo. ¡Disfruten!

    Momentos desesperados, medidas desesperadas

    El resto de lo que quedó de la tarde y pequeña parte de la noche, se la mantuvieron concentrados en Kadin, quien cumplió con su labor de manera excelente de ir a entablar plática con las jóvenes que veía. Unas hasta lo invitaron a bailar, y aunque no aceptó todas las propuestas, de algunas sí, ya que la curiosidad de ver tan extraños movimientos que en su mundo no se practicaban, lo llevó a experimentarlos él mismo. Mientras tanto, Tare y Mina se quedaron aplastados en su sitio, observando a los demás divertirse, así que ella se quejó un par de veces y hasta se atrevió a decirle a Tare que la sacara a bailar un rato. Naturalmente, él se negó rotundamente y no sirvió que ella intentara arrastrarlo consigo a la pista de baile, pues el moreno se aferró con su vida a la mesa que estaba atornillada al suelo, por lo que ninguno de los dos se movió pese a los jalones de la rubia. Y es que Tare no quería hacer el ridículo, mas consideró sus esfuerzos por evitarlo un fracaso total, al ver que muchos clientes y empleados los miraban entretenidos dado el papelito que montaron con el forcejeo.

    Mina no tuvo más opción que resignarse a matar el tiempo protestando en mayor medida. Después intentó entablar conversación con su compañero, pero el alto volumen de la música y la gente al hablar no los dejaba oírse mutuamente, pues estaban sentados uno frente al otro. No obstante, ella tomó eso como la excusa perfecta para dejar su asiento y tomar el que estaba a un lado de Tare, pegándose mucho a él, poniendo el pretexto de que así sería más fácil hablar sin quedar afónicos en el intento. Por supuesto, a Tare aquella situación se le antojó una tortura y se mantuvo tenso todo el tiempo, procurando ignorar por cualquier medio posible, el contacto que la piel de la chica hacía con la suya y que lo estremecía sin medida, volviéndose casi imposible controlar los espasmos, siendo estos su vivo deseo de tomarla en brazos y fundirse en un beso con ella.

    Afortunadamente se vio capaz de dominarse a sí mismo, y después de lo que le pareció un calvario de los peores, decidió que Kadin había hecho suficiente por ese día, a pesar de que no encontraron a quien buscaban. De esa manera, los tres salieron del club al sereno de la noche, siendo la humedad más intensa ahora que el sol no reinaba en el cielo para absorberla. Tare se sintió más tranquilo sin el estridente ruido que provocó que sus oídos zumbaran fuertemente. Incluso Mina se vio más relajada y su mente pudo cavilar un poco mejor las cosas, así que la cuestión primordial del momento taladró su cabeza, angustiándola un poco. ¿Dónde iban a quedarse esos dos?

    Su casa quedaba descartada al instante. La situación de esa mañana con su madre había sido demasiado peligrosa, y no creía ser capaz de soportar tanta tensión si se quedaban en su sótano lo que fuera que duraran allí, así que definitivamente no. ¿En casa de Ruth? Sacudió la cabeza. Sus padres no la dejarían aceptar a dos desconocidos, siendo varones además; no importaba si eran muy amigos suyos. Dalia era otra opción, pero su novio era demasiado celoso. Mireya y sus amigas eran unas devora hombres, así que también era un enorme negativo. Lo mejor era que se quedaran con algún chico, pero no tenía una estrecha relación o una amistad tal cual con alguno que no fuera Helio, y él también quedaba fuera. Mike podía ser otro, pero vivía muy, muy lejos y prefería un lugar más accesible para ir y venir con facilidad.

    Gruñó con frustración. ¿En verdad no tenía a nadie que pudiera sacarla de su dilema? Un rostro risueño, aunque con un toque de altanería cruzó su mente, provocándole indigestión de tan solo imaginarlo. ¿Él? ¿Por qué de todas las personas posibles siempre terminaba dependiendo tan absurdamente de él? Suspiró derrotada y abatida. No había más que hacer; el asunto era crítico y necesitaba tomar medidas ya, sin importar que estas fueran por demás desesperadas.

    —Muy bien, síganme —les pidió a los dos, comenzando a caminar—. Les conseguiré un lugar en el que puedan quedarse estos días. Mi casa no es segura y no puedo arriesgarme.

    —¿Dónde nos quedaremos? —quiso saber Kadin, incauto—. ¿En casa de algún amigo tuyo?

    —No exactamente, pero espero que los acepte y estén lo suficientemente cómodos.

    —Si no es amigo, ¿qué es? —cuestionó ahora Tare, de pronto de mal humor.

    —Es un... extorsionista —respondió ella en un tono que denotó no quería más preguntas al respecto.

    Ellos se sintieron inquietos, pero respetaron su deseo de mantenerse en silencio al ver que ella se sumergió en sus pensamientos. Llegaron a una zona de complejos cuyos edificios no eran más de dos pisos de alto, pero que se extendían a varios metros a la redonda. Mina se había vuelto cliente habitual de él, ya que lo rentaba regularmente, simplemente para hacerle pasar un rato complicado a manera de venganza por todo lo que la hacía pasar, aunque claro, ella no salía tan bien librada a la hora del pago, pero la satisfacción de verlo en dificultades nadie se la quitaba. De allí que hubiese conseguido su dirección, mas era la primera vez que iba a buscarlo directamente a su residencia y se hallaba un poco nerviosa. Esperaba que estuviera en casa y la atendiera, pues en serio le urgía un lugar para que Tare y Kadin durmieran.

    —Quédense aquí en lo que voy a hablar con él —dijo a los hombres. No quería que la vieran ser timada por ese bribón; sería humillante.

    —¿No necesitas apoyo? —indagó Kadin, preocupado.

    —No, sé cómo tratarlo. Ya vuelvo.

    Caminó buscando el número que creía era el correcto, pues no lo recordaba con exactitud. Menos mal que sí estaba segura de que el número de su complejo quedaba en el primer piso, ya que no tendría que perder tiempo subiendo y bajando escaleras. Cuando encontró el que pensaba era el número correcto, se colocó frente a la puerta y tocó el timbre que sonó muy fuerte, rogando que sí fuera allí donde viviera. No esperó mucho porque la puerta se abrió dejando al descubierto a un hombre joven, delgado, alto, de cabello negro, que vestía como si estuviera listo para salir a una reunión formal a pesar de ser ya noche, y cuyos chispeantes ojos áureos la miraban con asombro mezclado con deleite, en tanto le mostraba una sonrisa amplia, confianzuda y que enchinaba la piel.

    —¡Oh, Mina! —exclamó Odín, encantado y con su usual entonadita—. Qué grata sorpresa encontrarte por aquí, aunque no creo que pueda llamársele coincidencia al hecho de que estés justo frente a mi puerta, ¿o sí?

    —Apuesta a que no —Mina lo miró con los ojos entrecerrados, perturbada por su aparente emoción de verla—. Necesito un favor.

    —Sabes que no hago favores —replicó a su vez sin dejar su sonrisa, apoyando su costado en el umbral de la puerta y colocando las manos en los bolsillos, tomando una posición despreocupada.

    —Y tú sabes a lo que me refiero.

    —Te escucho.

    —Necesito un lugar en el que un par de amigos puedan quedarse a dormir algunos días, y lo necesito ya.

    Odín enarcó una ceja al escucharla. Solo con ella pasaba de ser extorsionista, a ser amigo rentado, y ahora a agente de bienes raíces. Sonrió más si era posible.

    —Vaya, puede ser realmente complicado encontrar a alguien que acepte acoger a unos extraños, ¿sabes? Y más a estas horas. Están por ser las diez.

    —Lo entiendo y la cuestión es que necesito que el lugar esté relativamente cerca de mi casa, por lo que pensé en tu apartamento.

    —¿Disculpa? —Ahora alzó las dos cejas, tomado fuera de lugar. ¿Pasaban apenas unos segundos y ya era gerente de hotel?

    —Vamos, voy a pagarte, ¿cierto? ¿Cuál es el problema?

    —No, si no digo que haya problema —aceptó retomando su carácter risueño—. De pronto me ha causado curiosidad. Lo que me pides es más bien algo que un buen amigo puede hacer por ti y gratis. ¿Por qué no le pides ayuda a tu novio?

    —Helio no es mi novio, te lo he dicho cientos de veces —corrigió ella, disgustada de que siempre los relacionara de esa forma.

    —Muy bien —concedió él, condescendiente—. ¿Por qué no le pides ayuda a tu no novio?

    La rubia abrió la boca sin saber realmente qué decir y el negociante notó su turbación.

    —Uy —Odín alargó la palabra en tono cantarín y acusador—. Me huele a traición. ¿Vorágines en el crucero del romance?

    —Ya basta. No tengo por qué darte explicaciones de nada. No es tu asunto —reclamó ella ruborizándose por verse descubierta otra vez. ¿Tan transparente era? La risa de él la irritó todavía más, dándole a su rostro un tono de rojo más intenso.

    —Descuida, tampoco es algo que me interese. Puedo ofrecer mi espacio para tus amigos sin inconveniente, pero el precio aumenta considerablemente.

    —Como si no supiera que ibas a aprovecharte de eso. A ver, ¿cuál es el costo?

    Mina se cruzó de brazos esperando lo inevitable, estando preparada para lo que fuera, o eso pensó ella, pues cuando la mirada de él brilló misteriosamente y con complacencia aterradora, un sudor frío le recorrió la espalda y tragó duro. La sonrisa de Odín se ensanchó y en tono jovial soltó:

    —Tu colección de tarjetas de béisbol.

    —¡Qué! —gritó por demás tomada con la guardia baja, estupefacta—. ¿Estás loco? He invertido mi vida en ellas; mucho tiempo, energías, ¡dinero! Algunas son verdadera reliquias; valen oro.

    —Precisamente por eso sacaré una buena ganancia cuando las revenda en internet. ¿Tienes idea de cuánto puede subir su precio en subastas? El doble.

    —Olvídalo si crees que voy a hacer que te enriquezcas a costa mi esfuerzo, chantajista desalmado.

    —En ese caso, pasa una gloriosa velada —se despidió tomando el picaporte de la puerta para cerrarla.

    —¡Espera!

    Mina puso su pie entre el umbral y el ala de madera, para evitar que la cerrara en sus narices. Lo miró con todo el coraje del mundo sintiéndose vilmente usurpada, humillada y derrotada, pues no podía rechazar esa oferta, simplemente no podía. Se tragó su bilis procurando no llorar frente a él ante la impotencia que la embargó, y contestó con voz cargada de resentimiento y ronca por aguantar tantos sentimientos:

    —Tú ganas. Trato hecho.

    —Gracias por tu preferencia y como siempre, ha sido un placer hacer negocios contigo —le dijo Odín con autosuficiencia, abriendo la puerta completamente, ganándose una mirada iracunda por parte de ella—. ¿Vienen tus amigos contigo? Si es así, anda, ve por ellos. No los prives de su provisional morada. No sería apropiado y mucho menos inteligente teniendo en cuenta cuánto pagarás. Vamos, sirve que hago el contrato.

    Mina le lanzó una última mirada fulminante antes de darse la vuelta y dirigirse a donde había dejado a Tare y Kadin esperando, diciéndoles que ya tenía un lugar para que pudieran descansar, así que los tres entraron al hogar del cineasta. Mina nunca había estado allí, así que le hizo un poco de ilusión o curiosidad saber cómo era. El complejo no era grande, en realidad. Justo al entrar, a mano derecha, estaba la sala bien amueblada con tres sillones de diferente tamaño, una mesa en el centro, un mueble donde estaba un estéreo, un reproductor de DVD y libros. En una de las paredes colgaba una pantalla plasma de alta definición rodeada por cuatro bocinas de sonido, de igual forma incrustadas en la pared y solo había una ventana que daba al exterior. La cocina estaba a la izquierda de la puerta principal, con los muebles y equipo respectivos. Después había un pequeño pasillo al fondo, que conducía a dos puertas; una quedando paralela a la entrada y la otra escondida un poco más a la derecha, ambas cerradas. Era todo.

    Lo que sí detallaron los tres fue la pulcritud en toda la superficie, y lo bien iluminado que estaba por los focos del techo y las diversas lámparas, siendo de luz blanca todos. Parecía ser que a Odín le gustaba la luz y la claridad. El propietario salió de la puerta que quedaba equidistante a la principal, evidenciando así que esa era su habitación, y teniendo en su poder el contrato, se acercó al trío, ofreciendo una sonrisa amistosa a los que serían sus inquilinos.

    —Ustedes deben ser con quienes tendré que convivir a partir de hoy. Mucho gusto, soy Odín, estoy a su completo servicio y espero que su estadía aquí sea formidable.

    —Gracias —respondió el príncipe igual de cortés que él—. Mi nombre es Kadin y él es Tare.

    —Reitero, un gusto. Mina, ¿podrías firmar el contrato, por favor? Me gustaría cerrar el acuerdo cuanto antes.

    —Claro —Mina tomó los papales y la pluma que le ofrecía para hacerlo.

    —¿Acuerdo? —Tare alzó una ceja, inquisidor.

    —Así es —respondió Odín firmando también en cuanto Mina terminó—. Creí que Mina les había informado que permitiría su estancia aquí a cambio de algo.

    —No, no lo comentó —Tare miró a la rubia con el ceño fruncido, en desacuerdo, y ella tan solo se encogió de hombros.

    —Oh, ustedes no tienen de qué preocuparse, no tendrán que darme nada —explicó el de orbes dorados—. Eso ya ha quedado arreglado. Tampoco deben preocuparse por el límite de tiempo; momentáneamente es indefinido, así que por favor, siéntase en su casa. Son libres de usar lo que sea que necesiten. El baño, que también es el cuarto de lavandería, es este de aquí —Señaló la puerta que estaba a un lado de la de su recámara—. Simplemente les pido respeten mi privacidad y no irrumpan en mi habitación bajo ningún concepto sin mi autorización.

    —Pierde cuidado. No contemplamos pasar mucho tiempo aquí. Tan solo queríamos un lugar para llegar a dormir —informó Tare, sereno.

    —Comprendo. Sin embargo, tendrán que perdonarme por lo de esta noche. No cuento con colchones o colchonetas extras, así que alguien tendrá que dormir en el sillón grande y alguien más en el suelo en lo que consigo algo más adecuado.

    —Tampoco es necesario —volvió a hablar el moreno—. El sillón es perfecto para Kadin y yo puedo dormir en el suelo sin dificultad. Con un par de mantas más y listo.

    —De acuerdo, como deseen.

    —Am, disculpa, ¿Odín, cierto? —Kadin lo nombró dudoso y él asintió entregándole toda su atención. El castaño apuntó la gran televisión—. ¿Por qué tienes un cuadro oscuro aquí?

    —¿Perdón? —Odín se limpió una oreja con el meñique en vano intento de sacar lo que fuera que estuviera obstruyendo su sentido del oído, pues no creía haber escuchado la pregunta bien.

    —Este cuadro negro no se ve bien aquí —siguió diciendo el príncipe, convencido de lo que hablaba—. Deberías cambiarlo por otro con algún paisaje. Sería más alegre.

    Odín no pudo evitar mirar a Mina parpadeando repetidas veces, por demás confundido y con cierto recelo. ¿Con qué clase de extrañas personas mantenía relación? En tanto, la joven no hizo más que golpearse la frente con la mano, negando con la cabeza y enrojeciendo de vergüenza ajena.

    —¿Amish? —se preguntó Odín ladeando la cabeza, enfocando a Kadin unos instantes antes de volverse a mirar a Mina—. ¿Menonitas?

    —¡Qué va! —negó ella—. Digamos que vienen de una tierra, muy, muy lejana.

    —Ya veo. En fin, recuerden que están en su casa. Si me disculpan, me retiro; tengo trabajo que terminar. Con su permiso —Odín se dirigió a sus aposentos, pero antes de desaparecer tras la puerta, se volvió a mirar a la rubia—. Ah, por cierto, el inmueble tal cual junto con el mobiliario no son parte del trato, por lo que cualquier daño a ambos será pagado por separado.

    —¡Qué! ¿Tengo que darte tanto y para que no cubras eso? —se exasperó ella, molesta.

    —Es tu culpa —Odín la miró con diversión—. Esa costumbre tuya de no leer el contrato antes de firmarlo es muy mala. Bueno, que todos tengan dulces sueños.

    Y con eso, se encerró en su cubículo, dejando a Mina por demás disconforme y airada. No cabía duda de que ese tipo era un miserable, aprovechado y convenenciero. ¡Era odioso!

    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
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    Marina

    Marina Adicto Comentarista Top Usuario VIP

    Tauro
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    Wooow, pero qué capítulo tan emocionante. Bah, Tare es un amargado, mira que no quiso bailar con Mina con tal de no hacer el ridículo, jajaja, eso significa que Kadin lo hizo bien y bonito, hay, me encanta este maravilloso príncipe que siendo todo un caballero, no le tenga miedo a experimentar con cosas nuevos... ¡muchos puntos más para él! xD

    Por otro lado, Mina sí que se vio en una gran encrucijada a la hora de elegir dónde pasarían la noche sus visitas, jojo, me encantó toda esa lista mental de amigos y que descartó por X y Y motivos y oh, oh, en cuanto vi que se le terminaron sus posibles candidatos, pensé en él, oh, sí, el más "odioso" de tus personajes, más que la madrastra y hermanastras, ok, no, pero sí que es un ventajista aprovechado, mira que quitarle la colección de tarjetas de Beis a Mina para permitirle a sus amigos quedarse en su casa, y ni siquiera le va a ofrecer un cuarto, no, sino el suelo y un sillón-sofá-loquesea.

    ¡Y todavía aparte se atreve a decirle que si rompen algo ella lo pagará! Mina, pero ¿por qué tienes qué hacer negocios con ese sinvergüenza? Sí pues, porque no hay de otra, pero ah, la descripción que hiciste de ese perverso me gustó mucho. Debe tener una debilidad, ¿cuál será? Mira que voy a agradecer si un día se encuentra quién de verdad le de en la horma de su zapato, yo creí que era Mina, pero él todavía se aprovecha más de ella, aunque lo comprendo, negocios sobre todo xD

    Jajaja, ¿menonitas? Ese comentario de Kadin sobre ese cuadro feo sí que fue divertido. Ya quiero que vea televisión, jajaja, verá la cantidad de cosas que se ven en ese cuadro feo xDDD

    Y bueno, me despido con la imagen de Kadin y Tare mirando la tele... quién sabe, quizás un anuncio donde sale una hermosa modelo semi desnuda o quizás desnuda anunciando un producto de belleza... o un programa como las mil maneras de morir... o crímenes millonarios, o mujeres asesinas... The Walking Dead, ¿te imaginas? Quizás Jurasic Park... Alien, depredador, jajaja, *Plan mental de los rostros de Tare y Kadin*

    Ay, pobrecitos xD

    TKM
     
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