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Drama Fanfic - Alma Artificial

Tema en 'Originales' iniciado por Rodriguez Varia, 9 Abril 2016.

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  1. Índice: Capítulo 1
     
    Rodriguez Varia

    Rodriguez Varia Robot que aparenta humanidad

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    Fanfic - Alma Artificial
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    8
     
    Palabras:
    1656
    Título súper original :XD: Ya saben, soy buenísimo para ellos *modo sarcasmo*

    Esta historia está basada con los nombres de Esbozando lo Prohibido, no obstante no tiene nada que ver con la misma, es por decirlo así, una historia alterna al universo original de EloP.



    La Historia de Dos Robots

    Toda la nación estaba de luto; las noticias que pasaban en la televisión, en redes sociales de internet y los periódicos anunciaban una terrible noticia. Uno de los mejores científicos había muerto. Aquel gran hombre hizo que la humanidad siguiera creciendo tanto en robótica como en cualquier ámbito de la misma. Por esa misma razón, las personas lo apreciaban y le habían cogido con gran cariño. Ahora, cada alma de ese país lloraba por su muerte. Muchos lo hacían en silencio mientras que otros lo hacían en sollozo. Esos últimos eran quienes vivían en una ciudad especifica, la misma ciudad donde ese gran hombre vivió. El cementerio principal estaba completamente lleno de amigos, colegas y conocidos, una vez que el ataúd fue enterrado y sus lágrimas poco a poco cesaban fueron abandonando el cementerio.

    Un hombre, el mejor amigo del fallecido, se lamentaba al momento que miraba la lápida de cemento en la que rezaba el nombre de su amigo. Había luchado por más de veinte años con aquella enfermedad, sin embargo, todos sabían que tarde o temprano ésta le ganaría. Fue una lucha ardua y ahora podía descansar en paz. El amigo levantó su mirada para observar el cielo, después divisó a cada uno de los presentes que todavía estaban en el lugar para posteriormente ver a otros caminando hacia la salida, el optaría por hacer lo mismo. Al salir, se encontró con un hombre que vestía el peculiar uniforme de los trabajadores de correo, pero lo que le pareció muy extraño fue que llevaba un pequeño cartel que rezaba el nombre "Marino White".

    —Yo soy Marino White —se presentó—. ¿Puedo ayudarle en algo?

    —Mucho gusto señor. Soy de la agencia de correo y, me pidieron que le entregara esta carta al señor White —le mostró el sobre, la que sin dudarlo Marino tomó y le echó un vistazo para después volver a dirigir su atención al cartero quien continuó, quizás al ver su expresión de extrañeza en el rostro—. Solo me indicaron que le entregara la carta una vez que el entierro del señor Klaus Val terminara.

    White volvió la vista a la carta par ver el remitente, pero solo leyó su nombre así que no tardo en cuestionar:

    —¿Sabe de quién la escribió?

    —Sí, el señor Klaus Val.

    Al escuchar el nombre, White abrió los ojos de par en par, anonadado, volvió a mirar la carta al momento que asentía al cartero para indicarle que su trabajo había finalizado y podía retirarse. Una vez que se hubo retirado el trabajador, él se dirigió a su automóvil y subió dejo la carta sobre el asiento del copiloto, todo el camino que tardó en llegar a su casa estuvo mirando la carta. Klaus Val, se repetía el nombre. Deseaba leerla para saber lo que su viejo amigo le decía mediante la carta. Así era, aquella carta pertenecía a la persona a la que ahora la ciudad estaba de luto. Al llegar al complejo de apartamentos, en dónde vivía, se apresuró a subir las escaleras y cuando estuvo en la protección de su hogar, tomó asiento y abrió la carta, la nota escrita a mano por su amigo era corta pero concisa:


    Sé que mi muerte está muy próxima, ya siento cómo esta está muy cerca de mí.
    Amigo, quiero pedirte un gran favor. Quiero que te encargues y cuides de mi pequeño Andro; lo último que deseo es que se sienta solo.”


    Su sorpresa no cabía en si. ¿Andro? Había escuchado meses atrás aquel nombre. Era cierto, Val le había contado algo respecto a que por fin había creado un robot; un robot con la inteligencia artificial más avanzada que alguien había hecho. Val no tiene familia. Y debido a la dedicación que tenía a su trabajo nunca se dio la oportunidad de conocer a alguien así que nunca se casó; no tuvo hijos, ni ningún heredero. Mas eso nunca fue deprimente para él pues vivía rodeado de máquinas que lo hacían feliz. Por lo que escuchó de los abogados, todas las pertenencias de Val se irían al gobierno. Al igual que todas sus investigaciones se irían a otras instalaciones de investigación científica. En lo único que podía pensar era que no deseaba que Andro; esa autómata, pasara a esos científicos. Era lo más lógico porque ese “proyecto” fue siempre un secreto. Trabajo en esa idea en incógnito así que ninguna organización sabía de él.

    Meditó en eso. Era cierto que esas palabras eran la última voluntad de Klaus, pero, ¿era correcto llevarse un logro de tal magnitud a su hogar? Pensó en el gran avance que la humanidad tendría ante esa inteligencia artificial. Pero por algo Val le pidió específicamente que lo cuidara, tal vez no quería que nadie más lo tuviera. Ah, que más daba. ¿Por qué no? Haría la última voluntad de Val y se traería a ese pequeño robot a vivir con él, después de todo hacía falta un poco de compañía, que importaba que fuera de un androide. Después de todo, tampoco se había casado, así que vivía solo.

    Decidido a conocer a Andro, volvió a salir, bajó las escaleras, subió de nuevo a su automóvil y se dirigió dirección del hogar de su viejo amigo. Val vivía en una gran mansión que estaba sobre una colina; al hombre siempre le gustó vivir alejado de los demás pues como decía, necesitaba de paz y tranquilidad para concentrarse. White cruzó por una pendiente y al llegar observó la impetuosa casa, salió del auto y se encaminó a la entrada esperando a que no estuviera cerrada. Primero observó a su alrededor, después se detuvo al escuchar un extraño ruido, decidido a echar un vistazo a la parte trasera y se encontró con un pequeño patio de juego, enseguida vio una silueta ingresar a la casa. La puerta de atrás estaba completamente abierta. White pensó que debió tratarse del pequeño Andro, ¿quien más podía ser? Por lo que eligió entrar y antes de ingresar completamente echó un vistazo a la casa por dentro.

    —Hola —alzó la voz para hacerse escuchar—, voy a pasar.

    Volvió a escuchar un ruido procedente de una de las habitaciones más al fondo. Al adentrarse más, entró a la sala que estaba llena de mucha máquinas. Deslizó sus ojos a cada rincón hasta detenerse al ver a un jovencito arriba de un silla limpiando lo que parecía un robot de limpieza. El hombre parpadeó varias veces al verlo detenidamente, quedando mudo ante lo que vio. El pequeño se giró para ver al recién llegado. White no evitó sorprenderse aún más al verlo de rostro. Un niño de apariencia perfectamente humana lo observaba con cada uno de sus ojos de diferente color; uno era azul y el otro verde. La mitad de su cabello de igual manera, eran diferentes; la mitad rubio y el otro de un café claro.

    —Mi papá no se encuentra en este momento —dijo el pequeño con una voz tan parecida a la de cualquier niño de su edad. ¿Ese niño era Andro?

    Por un momento el señor White dudo en que ese niño fuera la dichosa y orgullosa creación de Val. Parpadeó un par de veces, cosa que obligó al niño a bajar de la silla y volver a repetir:

    —Me refiera al señor Klaus Val. Él no se encuentra ahora.

    El hombre salió de su embebecimiento y aún mirando con asombro al niño, preguntó:

    —Me imagino que tú debes ser Andro, ¿o me equivoco?

    El niño afirmó con la cabeza, sin embargo, su respuesta fue:

    —El señor de la casa no se encuentra en estos momentos, si desea hablar con él vuelva mañana, tal vez vuelva aquí.

    White se acercó a él para admirarlo más de cerca, no evitó dibujar una sonrisa la que desapareció al momento que cuestionó:

    —¿Hace cuánto que no ha venido?

    Andro pareció hacer cálculos, y después mirando al mayor, respondió:

    —Poco más de tres meses.

    —Ya veo —suspiró, el tiempo en que estuvo hospitalizado—. Sabes, creó que tu padre no volverá más —el pequeño lo miró detenidamente quizá esperando algo más—. Él, tu padre, ha muerto.

    Andro bajó la cabeza para después manifestar:

    —Entonces murió. Él decía mucho que los seré humanos morían, que era el destino de ellos. Algo normal.

    White colocó su mano sobre su labios, sí, definitivamente la reacción de un robot. No cabía duda, ese niño debía tratarse de Andro, miró a su alrededor para apreciar más mecanismos en las que posiblemente su amigo trabajaba. Algunos no están terminados.

    —¿Usted era amigo de mi padre? —la pregunta de Andro lo sacó de sus pensamientos y mirándolo le respondió:

    —Así es. ¿No te frustra estar aquí solo? —el niño tan solo lo miró—. Sabes, a petición de tu padre, quiere que te cuide de ahora en adelante.

    —¿Entonces de ahora en adelante nosotros viviremos con usted?

    —¿Nosotros? —le echó un vistazo a los robot limpiadores, domésticos, y a las demás máquinas de su alrededor—. Oh, ¿hablas de ellos? —Se inclinó de hombros—, ¿por qué no? Si caben en mi reducido departamento, puede que sí... aunque pensándolo bien no creo que todos quepan, ¿tienes alguno favorito? Podríamos empezar por ellos.

    El niño sonrió al momento que negaba con la cabeza, cosa que le extraño un poco al mayor.

    —No, no me refiero a ellos —dijo al final escaneando con la vista lo que el mayor había visto—. Esos son solo robots sin vida. Me refiero a mi hermano y a mí.

    —¿A tu hermano? ¿Tienes un hermano?

    —Sí, lo tengo.



    Eso es todo por hoy, gracias por leer :)
     
    Última edición: 12 Agosto 2017
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    Me gusto como va la historia, Aunque no se nada de Elop . Igual ¿ que extraño , en la carta del profesor Klaus Val no mencionaba que Andro tuviera un hermano ? supongo que explicaras la razón luego.

    un saludo :)
     
    Última edición: 10 Abril 2016
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  3. Índice: Capítulo 2
     
    Rodriguez Varia

    Rodriguez Varia Robot que aparenta humanidad

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    @mastermystery Muchas gracias por comentar y, no te preocupes que no conozcas EloP, no será necesario. Todo tiene explicación y esa duda se aclarará mientras avance la historia.


    Capítulo 2

    Marino quedo mudo ante la afirmación, no sabía que decir o cómo reaccionar, no sabía nada de eso. Val nunca le informó sobre otro. Aunque meditándolo mejor, quizás Andro se refería a alguien más como hermano. Para quitarse las dudas que su mente comenzó a formular, decidió finalmente preguntarle:

    —¿Dónde se encuentras tu hermano ahora, Andro?

    —Él ahora está en su habitación —giró su rostro dirección a un pasillo, el que probablemente guiaba a la recamara dicha—. Se rehúsa a salir de allí. Ni aunque yo se lo pida, sale. Dice que no se siente con ganas de nada. Le he dicho que dejara de comportarse así y abra la puerta, pero nada.

    —¿No se siente con ganas? ¿Dónde está exactamente el cuarto, puedes llevarme?

    Andro asintió al mismo tiempo que daba media vuelta y guiaba al mayor, quien no se hizo esperar y siguió al pequeño llevándolo más adentro de la casa al mismo tiempo que su vista se deleitaba de las cosas que adornaban el hogar. Poco después, Andro se detuvo al llegar a una puerta y apuntándola le advirtió:

    —No está abierta. La ha cerrado desde dentro.

    —¿La cerró? ¿Por qué? ¿Sabrás algo al respecto, Andro? —observó como negó con la cabeza y levantaba los brazos y se encogía de hombros para después de su boca salir los vocablos:

    —No lo sé.

    A Marino le pareció bastante extraño y aun más al dirigir su vista a la puerta y no escuchar sonido alguno procedente del otro lado de la puerta.

    —Si no me creé, intentarlo —habló el androide—, pero se lo digo yo, está cerrada. Él no quiere salir, ya se lo he pedido contables veces pero me responde con lo mismo.

    —¿Qué te dice?

    —Dice que quiere esperar a nuestro padre.

    White se acercó a la puerta y la tocó esperando alguna clase de respuesta, mas no lo hubo, desvió su vista al niño que se movía impaciente en su lugar, quien una vez divisó que era observado le sonrió.

    —¿Cuál es su nombre? —deseó saber White.

    —Ruber —respondió el joven.

    El hombre volvió a mirar la puerta mientras siente como Andro se aleja de allí, para ir a sabe donde. Volvió a tocarla. No sabía que existiera otro robot, por lo que recordaba la nota que había dejado Val había nombrado solo a Andro y no a un Ruber. Además, cuando hablaba sobre su Inteligencia Artificial, solo nombraba a una, no a dos, por lo que supuso que el otro hermano debía ser un robot más pequeño, algo menos profundo y que tal vez el mismo Andro había encerrado en esa habitación.

    —Ruber, ¿estáss allí? ¿Puedes salir un momento? Necesito hablar contigo sobre algo.

    Por unos segundos se sintió algo incómodo hablándole a una puerta pues no sabía con certeza si había alguien dentro que pudiera siquiera responderle. Suspiró dándose por vencido, tal vez no era nada, sin embargo fue su sorpresa al escuchar una voz desde dentro preguntar:

    —¿Quién es usted y qué hace aquí?

    —Ah —fue tan grande su sorpresa que no supo que responder inmediatamente y un silencio se produjo hasta que él mismo contestó: —Mi nombre es Marino White, soy un viejo amigo de Klaus Val.

    —¿Y qué esta haciendo aquí?

    —Bien, a petición de... —por un momento dudó cómo continuar, si padre, creador o simplemente Val, pero recordó que anteriormente Andro lo llamó “padre”, por lo que continuó:—. Por petición de tu padre, ahora yo seré quien se encargará de cuidarlos, a Andro y a ti, ¿puedes abrir la puerta?

    —¿Y dónde está él ahora? Él fue quien me dijo que estuviera aquí y no saliera hasta que llegara.

    —¿A qué te refieres? ¿Hace cuánto te dijo eso?

    —Poco más de tres meses.

    —¿Quieres decir antes de que se fuera? ¿Por qué te daría esa orden? —susurró, pero como debía imaginarlo, la persona del otro lado lo escuchó y respondió con un tono, que admirándolo le pareció, melancólico.

    —No lo sé. Él volverá, ¿verdad?

    —¿Podemos hablarlo afuera? Rostro a rostro, ¿te parece?

    —¿Por qué? Yo soy tan solo una máquina.

    Le sorprendió tal respuesta.

    —¡Ruber deja de payasear y sal ahora! —ordenó Andro sobresaltando a White pues no lo escuchó llegar.

    —Bueno, bueno —el hombre se giró para ver a Andro e indicándole con el dedo que guardara silencio, Andro volvió a dar media vuelta y salió disparado como bala y, Marino ignorando la actitud de él se volvió a dirigirse a la puerta, o mejor dicho a quien estaba del otro lado—. Ruber, quiero hablarlo cara a cara más que nada por educación, pero si quieres que lo diga aquí, lo haré. Él ya no volverá porque está muerto. Murió exactamente ayer.

    Hubo un largo silencio por lo que White se obligó a volver a tocar. Después escuchó pasos acercarse a la entrada, y enseguida escuchó la cerradura y posteriormente abrirse la puerta para que el nombrado Ruber saliera. El hombre no evitó abrir la boca sorprendido de ver a Ruber, era idéntico a Andro, parecían gemelos. Ambos eran un par de gotas idénticas. Entonces escuchó el correteó del otro, quien apresurado se acercó y deteniéndose a un lado del señor White dijo con tono que le pareció sorprendido.

    —Ah, ya has salido. Enhorabuena —se acercó analizándolo—. Increíble.

    —¿Es cierto que ha muerto? —preguntó Ruber con aparente mirada triste e ignorando completamente la mirada de su hermano—. Así que ya no volverá —susurró—. ¿Lo has escuchado Andro? Eso quiere decir que ya no volverá, que ya no lo volveremos a ver nunca más.

    Andro detuvo de mirarlo para contestarle:

    —Él decía constantemente que los seres humanos mueren, los que poseen vida real son los que mueren, es su destino, ¿qué se puede hacer con la ley de la vida que solo dejar que fluya?

    —Ruber, ¿estás triste por eso? —preguntó White muy interesado por la respuesta.

    Ruber levantó la vista y contestó:

    —Debería estarlo, ¿cierto? Es momento para poner este rostro, ¿verdad?

    Era un robot pero, con la apariencia que tenía White no pudo evitar no compadecerse ante el intento de poner poner un rostro melancólico, se inclinó y mirándolo a los ojos respondió:

    —Así es. Y lo estás haciendo bien —no sabía porque dio eso último pero imaginó que eran palabras que él estaba buscando por que la mirada que lo por extraño que pareciera le pareció que le agradeció.

    —Pero no hay nada como sentirlo real.

    White se levantó y miró detenidamente a Andro como a Ruber, ambos eran completamente diferentes, Klaus los hizo a postas, los típicos gemelos que eran completamente diferentes o ¿existía otra razón ante sus diferencias de raciocinio? Por ahora esa duda esperaría pues primero quería terminar con esto, llegar a su casa, ducharse y recostarse, después pensaría en que es lo que iba a hacer con ellos dos.

    Andro enseguida estira la camisa del mayor, quien lo mira y el jovencito sin despegar su vista a su hermano, dijo pausada y mecánicamente,

    —Ahora sí podemos irnos.

    Ruber levantó la vista para mirar al mayor y después pasarla a Andro.

    —¿Estás de acuerdo en ir con él?

    —No hay problema. Ya lo escuchaste, es un amigo de nuestro padre, ¿por qué no confiar en él?

    —No me refiero a eso.

    —¿Entonces a qué?

    —Seremos una carga para él. Independientemente si es un amigo o familiar, seremos una carga para él.



    —¿Quieres quedarte aquí? Quédate entonces —refutó Andro.

    Por unos instantes, aquella conversación a White le produjo un extraño sentimiento de cuidado y escalofrío. Estaban hablando como dos personas completamente normales, ¿en verdad se trataban de Inteligencia Artificial? Los dos platicaban, aunque algo automático y a la fuerza, parecía muy fluido contando con lo que en realidad eran.

    —¿Podemos irnos ahora? Yo me quiero ir de aquí —decía Andro.

    —¿Por qué te quieres ir de aquí? —preguntó White.

    —Porque estoy aburrido, por eso.

    —Bueno, bueno, si no tienen nada más pendiente, nos vamos. Tan solo recojan las cosas que quieran llevarse.

    De esa manera, los niños salieron disparados para hacer lo sugerido, White se encaminó a la entrada trasera, por donde había ingresado y vio el patio realmente seco. Luego de unos segundos, volvió a mirar la enorme mansión, observó detenidamente cada rincón que podía ver y su rostro se tornó serio al ver la gran e inmensa casa, no obstante en ella se podía sentir la soledad.

    Su viejo compañero de estudios vivió la mayoría de su vida encerrado en aquel lugar, solo y, apenas en año pasado fue que le dio la grata noticia de que por fin había conseguido su más preciado deseo. Desvió la vista a las dos pequeñas maquinas que se acercaban a él cada quien teniendo en su poder una pequeña mochila en donde supuso llevaban sus ropas. Le sonrió, sí, tal vez se trataban de máquinas, pero eran máquinas que con tanto esfuerzo Klaus les dio la vida, así que cuidaría de ellos de ahora en adelante.
     
    Última edición: 18 Julio 2016
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    Así que el profesor creo dos inteligencias artificiales , en estos casos siempre es interesante ver cuanto puede imitar al ser humano una inteligencias artificial . Veremos que nivel de similitud o diferencias tienen Andros y Ruber con los seres humanos .

    un saludo :)
     
    Última edición: 14 Abril 2016
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  5. Índice: Capítulo 3
     
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    Pido disculpas por el retraso. Fuerzas mayores que impidieron actualizar con rapidez :XD: Muchas gracias mastermyster por tu comentario, no sabes lo feliz que me hace.

    Capítulo 3

    Por fin llegaron al departamento, uno pequeño a decir verdad y por si fuera poco, en todo el transcurso White estuvo meditando más a fondo sobre el “cuidado” de ellos. ¿Cómo exactamente iba a hacer eso? ¿Tendría que hacer algo especial como limpiarlos o darles mantenimiento? Suspiró en tan solo pensar en eso. Segundos después de detenerse en el estacionamiento del complejo de apartamentos, se giró al sentir la mirada de Ruber quien se había sentado en el lado del copiloto.

    —Creo que si fue un error haber venir —comentó el joven.

    —No comprendo porque dices eso —cuestionó el hombre estirándose al momento que bostezaba—. Estoy agotado, he tenido un pésimo día —abrió la puerta del vehículo—. Vamos, adentro. Pasen, no sean tímidos.

    Los dos gemelos salieron del automóvil y bajando sus pocas cosas; Andro tenía una pequeña mochila en donde tenía mudas de ropa de su talla, por el contrario de Ruber quien no pareció tener nada porque no había llevado nada.

    —Bienvenidos a su nuevo hogar —dijo el mayor abriendo la puerta de su vivienda y prendiendo la luz del mismo.

    Andro no esperó ni un segundo e inmediatamente comenzó a recorrer los rincones del pequeño departamento mientras que Ruber se quedó cerca de la entrada solo mirando el interior sin hacer nada más.

    —¿Sucede algo, Ruber?

    Los dos eran idénticos pero Marino no tardo en diferenciarlos; ambos reaccionaban de diferente manera. Por ejemplo, no dudo que quien empezó a recorrer el departamento fue Andro, al parecer tenía la personalidad de alguien hiperactivo. Sin embargo, la respuesta del androide fue completamente diferente a la respuesta de la pregunta que le formuló.

    —Nuestro padre...

    A Marino le indagó lo que podría expresar, pero el joven no continuó la oración, simplemente pareció que miraba la nada. ¿Estaba meditando? ¿Pensando?

    —¿Qué sucedió con tu padre? —preguntó al final el hombre—. Soy un hombre de fiar, puedes confiar en mi.

    Ruber negó como si hubiera estado pensando en algo que al final optó no decir, enseguida se dirigió al adulto y su continuación fue:

    —Quiero pedirle un favor. Tenga mucha paciencia con Andro, él acaba de despertar. Es nuevo prácticamente, así que no sabe de algunas cosas o ignora otras. Y suele ser muy curioso, como lo puede ver.

    —¿Te preocupa eso? No será ningún problema, así que no te preocupes por eso.

    A pesar de que se mostró serio, lo dicho le pareció una sorpresa ya que no lo sabía, así que se podría decir que Ruber era el mayor de los dos. No estaba consciente si eso le ayudaría en algo, pero siempre era bueno saberlo. ¿Por esa razón Klaus le pidió que cuidara específicamente a Andro porque acababa de despertar? Aunque cuestionar eso le hizo tener más dudas que respuestas, no deseaba agobiarse con estás así que lo dejaría por ese día. Mañana sería otro día para preocuparse de ciertas cosas. Por ahora les enseñaría el departamento. Les presentó los lugares; la cocina, el baño (sin saber si en realidad lo utilizarían), la habitación de él, la sala y por supuesto, la alcoba que ellos ocuparían. Afortunadamente, el sitio tenía una habitación extra ya que originalmente era un lugar para una sola persona o para recién casados que en realidad solo permanecían muy poco; solo mientras encontraban una casa propia. En fin, el cuarto extra, aparte de estar llena de artilugios del trabajo de White, era el más grande, excelente para poder colocar una cama de dos pisos o dos separadas.

    No obstante, por esa noche los dos dormirían en la sala porque primero se tenía que remover y acomodar los archivos y cosas que estaban en esa habitación, aunque eso se haría para mañana. Por ahora era muy tarde y lo único que deseaba hacer White era darse una ducha y descansar. Por ello, una vez terminó de enseñarles los lugares, se metió al baño y al finalizar la ducha se dirigió a la cocina mientras escuchaba las voces que la televisión generaba, al parecer la habían encendido. Se calentó las sobras de la comida que había hecho ayer. Posteriormente, se encaminó a la sala donde los dos gemelos estaban viendo la televisión.

    —¿Qué ven? —preguntó el mayor al momento que tomaba asiento al lado de uno de los dos, el otro estaba sentado en el suelo atentamente viendo la caja.

    El programa estaba presentando un documental del universo. No era exactamente un programa que él frecuentaba, pero tampoco le desagradaba verlos.

    —El universo —respondió el que estaba a su lado; Ruber.


    —¡Es impresionante! —habló Andro—. No somos nada ante la inmensidad del universo. ¿Usted cree que se pueda terraformar la Luna? Mi padre constantemente decía que era posible, pero más fácil para los humanos terraformar Marte. Aunque decía que actualmente con la tecnología que se tiene aún era imposible… “y mucho menos ahora que él no está vivo” ¿Qué opina usted?

    —Ah, bueno —en realidad no había pensado; no era precisamente un tópico que frecuentaba en su vida diaria. Por ello no tenía una respuesta concreta así que sería completamente sincero—, la verdad no sabría que responder, nunca me lo he planteado —comenzó a comer intentando que los dos pares de ojos de ellos lo dejaran de mirar. Su deseo se cumplió cuando volvieron su vista a la televisión. Él suspiró en silencio.

    Creo que debería hablar de esto con alguien más” pensó poco después Marino sin dejar de ver a los hermanos sentados mirando la televisión. Arqueó la ceja, dudaba que los dos niños frente a él fueran auténticas máquinas. “Definitivamente debo aclarar toda duda.”

    Se levantó del sillón y tomando su teléfono celular se dirigió a la habitación para poder llamarle a una conocida que era amiga tanto de él como del difunto.

    —Buenas noches, Evel. Disculpa llamarte tan tarde.

    —Hola, Marino —escuchó la voz de la mujer desde el otro lado de la línea—. Mis más grandes condolencias, sé que Val era muy amigo tuyo.

    —Muchas gracias. Hoy se efectuó su funeral.

    —Me dolió no poder asistir, era un gran colega mio —la voz de ella se escuchó apagada, lamentando el no haber podido estar en el funeral de un viejo compañero, y todo porque estaba fuera del país debido a una conferencia a la que no pudo faltar.

    —No te preocupes. Disculpa que te he llamado así nada más.

    —¿De qué hablas? Es lo menos que puedo hacer, ¿se te ofrece algo? ¿Puedo hacer algo por ti?

    —Sí —Marino no sabía cómo comenzar con la explicación—. ¿Crees que es posible la fabricación de robot con apariencia similar a la nuestra?

    Evel se extrañó ante tal pregunta.

    —Claro, existen prototipos de muchos de ellos, ¿por qué?

    Marino lo sabía, ya había ido a una convención cuando Klaus lo invitó, y se sorprendió de ver a aquellas máquinas muy parecidas a unos. Sin embargo, hasta estas se diferenciaban cuando alguien se les acercaba. Mas su pregunta iba más allá que solo la apariencia de un ser humano.

    —¿Es posible qué tengan las características de un humano, también? Me refiero a que si los vez no sabrías si son robots o humanos. Ahora mismo tengo dos en mi casa.

    —¿A dos robots?

    —Más que “robot”, diría que son robots autónomos. Ambos hablan y se mueven con una fluidez alucinante. Y no solo eso, al parecer ambos pueden razonar por sí mismos, elegir sin que nadie les diga cómo ser. Expresarse, teniendo casi una personalidad sin órdenes de los humanos. En la última carta de Klaus me dijo que los cuidara.

    —¿Estás diciendo que ahora estás cuidando a dos robots que te hacen dudar si son realmente dos máquinas? —Marino pudo notar un poco de inseguridad o hasta incredulidad en la voz de Evel.

    —Así es. Necesitarías verlos por ti misma, Evel. En realidad dudo que sean robots.

    —No, no, no me malinterpretes, no lo dudo. Ahora que recuerdo Klaus había mencionado que estaba ocupado debido a algo que estaba creando; quizá fue ese autómata. No dudo que lo haya logrado, después de todo Val fue de las personas que deseaban estar adelantados. ¿Alguien más sabe de esto?

    —Que yo sepa no. A mí me dijo que lo había logrado.

    —¿De verdad? —se escuchó alegre—. Eso es impresionante, ¿ahora están en tu casa?

    —Así es, ¿podrías hacerme el favor de echarles un vistazo una vez que llegues a la ciudad?

    —¡Por supuesto! —Ahora Evel ansiaba verlos y ver por si misma si en verdad parecían tan humanos que hacían dudad a Marino. No dudaba que Val pudiera crear una robot perfecto, ¿pero a tal punto que Marino dudará de ellos?—. Llegaré para mañana pasado. Estaré dispuesta y en mi oficina desde las tres en adelante, ve a la hora que dispongas.

    —Muchas gracias, Evel y de nuevo disculpa las molestias.

    —No hay de qué. Nos vemos entonces, adiós.

    —Adiós.

    Marino observó su teléfono pensativo una vez terminó de hablar con Evel. Evel Knoop era una compañera de investigación en la robótica de Klaus y, fue gracias al último que él y ella se conocieron y aunque intercambiaron números de teléfono rara vez se comunicaban. Pero la intriga que tenía era la razón del por qué en la carta Val le habló solo sobre uno de ellos; de Andro, y no del otro, de Ruber. Su sangre de investigador no lo dejaba descansar y en su mente resonaba una y otra vez esa cuestión. Así era, Marino White era el jefe de la policía de esa ciudad.
     
    Última edición: 19 Julio 2016
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    mastermystery

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    Interesante la incredulidad de Evel ,aunque dos robots con total autonomía y indistinguibles de los humanos son muy difíciles de creer , curioso lo que dijo ruber que Andros por despertar hace poco tenga mas curiosidad , supongo que es como un niño pequeño que empieza a aprender y reconocer el mundo a su alrededor . Y estoy igual que Marino me pregunto ¿ por que Val solo menciono a Andros ? pero como pusiste la duda se despejara luego.

    Un saludo.
     
    Última edición: 18 Mayo 2016
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    Ichiinou

    Ichiinou Equipo administrativo Orientador Líder de críticos Radio FFL Crítico La Psicopáta Hada madrina

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    He de decir, que este long-fic me está agradando mucho. Ya de por sí, me suelen gustar los relatos de ciencia ficción y este me gusta sobremanera porque trata un tema bastante interesante, la inteligencia artificial y deduzco que irá un poco sobre la diferencia o las similitudes de estas con los humanos, a modo de historia, claro. xD
    Me intriga mucho el hecho de que solamente le pidiese cuidar a Andro y al otro, le dijese expresamente que se quedase en la habitación hasta que él viniese. ¿Quizás ambos robots no se lleven bien? ¿Quizás Ruber es peligroso? No sé, me parece raro. Aunque quizás le encargó a otro amigo cuidar del segundo robot, aunque me parece menos probable.
    Me gusta como estás llevando la historia en cuanto a acontecimientos y a desarrollo de personajes, además la narrativa está bastante bien. Solamente te recomiendo que repases, tienes bastantes dedazos y te falta alguna tilde. Nada grave, por supuesto, pero sí es mejor que repases antes de publicar, con más esmero.
    Quiero hacerte una pregunta, ¿por qué está tu relato en "literatura experimental"? Creo que bien podría ir en originales o en 'foro libre de fanfics', ya que no sé... ¿está basado en un universo que no es tuyo? Si es así, pues sería un fanfic, no un original. Si es completamente original, pues iría en la sección de originales, valga la redundancia.
    Y bueno, seguiré leyendo, me ha enganchado mucho esta historia. ¡Ánimo y sigue trabajando!
    ¡Un saludo! :)
     
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  8. Índice: Capítulo 4
     
    Rodriguez Varia

    Rodriguez Varia Robot que aparenta humanidad

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    @mastermystery Yo más bien diría que quien muestra más incredulidad es White, sigue dudando que los niños que están con él sean robot. Y sobre Evel, tienes razón, ella pudo mostrarse desconfiada pero al final emocionada al pensar que se logró algo muy grande.

    @Ichiinou Muchas gracias por tomar mi pedido. Me alegra que te haya gustado esta historia a la que en realidad no me toma mucho tiempo escribir. Me esforzaré más en el mantenimiento de la misma y en las faltas. Me gustaría responder a la pregunta: Verás, en realidad EloP es un universo creado por mi, este vendría siendo un “fic” pues esta y el “original” son historia que nada que ver. No estoy segura donde debería ir (no, en realidad sí, en originales) y estoy consciente que esta sección es para otra clase de escritos, pero no sé... quise publicarlo aquí (cosas raras que cruzan por mi mente).

    Agradezco mucho a las personas que pasan a leer esta fic, espero este capítulo sea de su agrado.

    Capítulo 4

    Muchos Meses Atrás

    Había despertado. Sus ojos de diferente color miraban lo que su campo de visión le permitía ver desde detrás de ese extraña cápsula en la que se mantenía. ¿Dónde se encontraba? No sabía nada. Movió los brazos y tocó el cristal transparente con su palma. Parpadeó varias veces sin saber porque lo había hecho. Y aunque no lo supiera, o mejor dicho no lo entendiera del todo, todas las extremidades de su cuerpo tenían cables que lo monitoreaban y que los mismos estaban conectados a unas computadoras en el exterior.

    Su mente estaba completamente vacía, sin embargo, poco a poco pudo reconocer las cosas que sus vista alcanzaba a ver. Por ejemplo, vio un escritorio y supo inmediatamente lo que era. Posteriormente, pasó su vista a una silla y aunque no sabía que existía, supo identificarla una vez la vio. Su mente lentamente procesaba lo que observaba llenándose de información gradualmente y guardándola para poder utilizarla en un futuro.

    Estaba programado para saberlo una vez que lo veía porque en realidad era una máquina. Sin embargo, las cosas que tenía programado solo eran las cosas materiales y en su defecto, cosas que el creador conocía.

    Sin pensárselo dos veces, aquel robot empujó el cristal y con ese ligero movimiento lo rompió y entonces el androide salió. Estaba solo, podía ver la soledad, debería a ver esperado a alguien o ver a alguien; tenía esa sensación, ¿pero a quien era? Se supone que cuando despertara debía estar alguien allí, no obstante, girara su cabeza a donde girara tan solo veía soledad y silencio. Había sido creado para algo.

    Caminó un poco en busca de aquella persona. Después de unos minutos vagando por la enorme mansión y recolectar más información; llegó hasta la puerta principal y abriéndola, salió hacia el mundo exterior. Caminó y caminó y siguió caminando hasta salir del terreno del hogar. Lo que él pudo notar era que era igual que dentro de la casa; solo había soledad. Tan solo visualizaba los árboles frondosos que se movían de aquí allá gracias al viento. Más adelante, por fin escuchó voces. Había llegado a un pequeño parque lleno de niños jugando. Se acercó a paso lento y comenzó a observarlos para minutos después empezar a imitar lo que los demás hacían. Si alguien se subía al columpio el hacia lo mismo. Si alguien se deslizaba por la resbaladilla, él lo imitándolos. Comenzó a aprender a comportarse como ellos.

    —¿Quieres jugar con nosotros? —un niño de aparentemente de su edad le preguntó.

    Él comprendió sus palabras, el idioma le era familiar, pero él todavía no podía expresarlas por lo que simplemente asintió, y el niño sonriente lo llevó con sus compañeros.

    —Miren, traje a un amigo —presentó el niño—. Ahora si podemos jugar. Tres contra tres. Él estará en nuestro equipo, ¿estás de acuerdo, Sebas?

    —Sí. ¿Cómo te llamas?

    Él abrió un poco la boca y comenzó a mover los labios intentando formular vocablos, pero aunque lo pudiera hacer no sabía que responder. ¿Un nombre? ¿El tenía un nombre? Si era así, ¿cómo se llamaba? No lo sabía.

    —¿Eh? —Sebastián se acercó haciendo un además de que no escuchaba nada suponiendo que el que moviera los labios era porque había dicho algo—. No te escuché, habla más fuerte.

    —Déjalo, quizás es tímido o mudo —mencionó el muchacho que lo había invitado.

    —Eso no importa, vamos a jugar de una vez —alzó la voz otro de los niños ya molesto pues deseaba empezar a jugar y patear traseros.

    Todos de acuerdo, se pusieron en sus respectivas posiciones y comenzaron a jugar al fútbol soccer. A él lo habían puesto como portero y viendo como los demás jugaban, cuando uno de los del equipo

    —Ah, ¿por qué no lo detuviste? —se quejó el nombrado Sebastián—. Sabes jugar ¿verdad? Es muy fácil ser portero, solo debes evitar que la pelota entre a la portería, no es nada del otro mundo.

    Evitar —fue su primera palabra.

    —Ajá, que no pase el balón de la portería. Detener la pelota.

    —¡Ya! Vamos a seguir jugando —dijo el niño que metió el primer gol—. Uno contra cero. Aprendan a vivir con eso.

    De esta manera, volvieron al juego, esta vez él intentando detener la pelota tal como observaba con el portero del enemigo, igualmente notaba la alegría en el rostro de sus compañeros cuando detenía un gol. El tiempo transcurrió y poco a poco el cielo fue tornándose naranja, indicando lo tarde que era. Los muchachos se despidieron con una sonrisa de satisfacción como con sudor y llenos de tierra.

    —¡Nos vemos mañana! ¿Okay?

    —¡Sí! ¡Hasta mañana!

    De esa manera cada quien se retiró a sus respectivos hogares a excepción de él. Él observó de nuevo el alrededor y aquel sitia que una vez estuvo lleno de risas de niños y ruidosos juegos rechinando, ahora estaba solitario. Otra vez se encontraba solo. Levantó la vista para ver en lo alto de la colina una pequeña parte de la mansión. También debería retirarse y regresar. Emprendió camino mas se detuvo al escuchar un raro sonido. Le entró curiosidad y prestó atención de lo que era, aquel sonido procedía de detrás de unos arbustos, se acercó a ellos y cruzándolos vio a una niña a escasos metros de distancia, arrodillada bajo el árbol más grande de aquel lugar. Ella escarbaba en la tierra con sus manos mientras se limpiaba las lágrimas que sus ojos dejaban salir incontrolablemente.

    Él se acercó, curioso, el ruido que había llamado su atención provenía de ella, de sus sollozos.

    —¿Qué... haces? —preguntó más curioso arrodillándose cerca de ella y junto al cuerpo inerte de un conejo de pelaje marrón.

    Observó al animal y sin esperar respuesta iba a tomarlo, para verlo e igualmente preguntar que era.

    —¡No lo toques! —gritó ella mirándolo con ojos irritados y él se detuvo alejando su mano del cuerpo.

    Hizo algo malo. Fue impertinente. Apretó el puño y agachó la cabeza para observar detenidamente el agujero ya avanzado que estaba haciendo ella. Los ojos de ella se entristecieron mientras volvía a su labor, se sintió terrible al haberle gritado.

    —Estoy excavando una tumba para mi mascota —su voz se quebró—, porque murió.

    ¿Murió?” No tenía conocimiento de aquella palabra.

    —¿Qué significa eso? —articuló.

    —Sí, eso significa que ya no tiene vida y que ahora ya no lo volveré a ver más.

    Él observó su reacción, cada vez que hablaba de eso más agua salia de sus ojos. ¿Era la reacción que se debía hacer cuando algo dejaba de tener vida? No lo comprendió pero llevó sus manos hacia el agujero y comenzó a ayudarla. Ella se sorprendió y un poquito más animada le explicó:

    —Ruber, es el nombre de mi mascota, y yo veníamos a este parque a jugar, específicamente en esta zona y por eso quise que su tumba fuese aquí, por eso estoy excavándola bajo este árbol. Por cierto, me llamo Eva, ¿cuál es tu nombre?

    Todos tenían un “nombre”. Los chicos con lo que estuvo jugando también se nombraban con uno, ella tenía uno y hasta la mascota, ¿por qué él no? ¿O en verdad lo tenía? ¿Cómo se llamaba?

    —No tengo uno.

    —¿No tienes? Es extraño, todos tiene uno, ¿no te gusta el tuyo? —preguntó al momento que colocaba con cuidado el cuerpo del conejo dentro del agujero que habían terminado—. Si no te gusta el tuyo —continuó ella terminando de enterrar a su mascota—, ¿puedo llamarte Ruber? Como apodo, si lo deseas.

    —Ruber. Es un bonito nombre.


    Y de esta forma, Ruber nació.

     
    Última edición: 23 Julio 2017
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    Interesante saber de donde saco su nombre Ruber y su primer contacto con el mundo exterior , aunque aun queda el misterio de ¿por que despertó sin nadie a su alrededor para recibirlo? . Me agrado este capitulo.

    ¡saludos! :)
     
    Última edición: 28 Mayo 2016
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  10. Índice: Capítulo 5
     
    Rodriguez Varia

    Rodriguez Varia Robot que aparenta humanidad

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    Capítulo 5


    —¿Te irás ahora? —preguntó Ruber cuando su nueva amiga Eva le informó que se retiraba.

    —Sí, es que si no me voy ahora, mis padres se preocuparan —informó mientras observaba el parque, vacio, estaba apunto de oscurecer—. Tú también deberías de irte o tus padres se preocuparan, pero nos veremos mañana, ¿sí? Claro, si tus padres te dejan venir. Espero que sí.

    Él asintió y como mero reflejo sonrió al ver que ella esbozó una calurosa sonrisa y dando media vuelta se alejaba. Por otra parte, Ruber se quedó meditando en aquella nueva palabra: Padres. ¿Padres? ¿Qué era un Padres?No los conocía. No sabía lo que eran. Pero supuso que debían ser alguien importante para que ella no quisiera preocuparlos.

    Posteriormente, se quedó allí, tal como se lo prometió, la esperó. Los niños junto con los padres se fueron retirando del parque. La noche cayó y las estrellas se levantaron en lo alto y Ruber se mantuvo de pie, con la vista fija al lugar dónde la vio desaparecer.

    Al día siguiente, Ruber observó como el pequeño parque volvía a cobrar vida, se encontró con los chicos que jugaban al fútbol soccer, a quienes acompañándolos por un rato hasta que se hubieron retirado al ser llamados por sus padres. Ya más por la tarde fue que la volvió a verla.

    —Hola, perdón por la tardanza —Eva se disculpó inmediatamente—. Tuve que insistir a mis padres que me dejaran venir, les dije que había prometido a un amigo volver. Me alegra que este aquí.

    —Llevas... ropa diferente —dijo él al verla detenidamente.

    —Sí, es lo normal —Ella se percató de la misma vestimenta de él, aunque por educación no dijo nada, al contrario, dio una vuelta completa como quien modelaba su vestimenta—. ¿Te gusta mi ropa? ¿Qué opinas de mi sombrero, es bonito verdad?

    Él asintió con una sonrisa en su rostro.

    —Me gusta… —apuntó la enorme flor sobre el sombrero.

    —¿La flor? Sí, lo sé. Me encantan las flores.

    Le gustaba su compañía. No hacían nada como jugar o subirse a los juegos al lado de ella. Lo único que hacían era platicar, o mejor dicho, ella contar pequeñas anécdotas y, él se limitaba a escucharla con mucha atención. Estaba aprendiendo mucho con ella. Aprendió de sus acciones y reacciones. Fue de esa manera que, una amistad nació entre ambos niños. Eva nunca preguntó por la familia de él, más que nada porque cuando lo hacia Ruber se quedaba callado. La pequeña llegó a pensar que quizá no se llevaba bien con ellos o tenía algunos problemas familiares. No deseó inmiscuirse.

    Dos días después, ella lo invitó a su casa para presentarle a sus padres, pues ellos deseaban conocerlo puesto que su hija había estado hablando mil maravillas de él.

    —¿Puedes venir a mi casa? —preguntó ella—. Me gustaría presentarte a mis padres, son buenas personas. ¿Puedes acompañarme?

    —Claro que sí.

    De esa manera fueron a la casa y jugaron en el patio. Los padres de Eva estaban muy felices de ver a su hija feliz jugando con un amigo. La hora de la comida llegó y todos se sentaron la mesa, Eva estaba muy contenta de poder invitar a un amigo a casa. Y también de ver a sus padres felices de eso. La madre de Eva sirvió la comida a todos. Comenzaron a comer a excepción de Ruber quien dirigía su vista inquisitivo a la comida, como esperando a que de ella saliera algo extraño, y después volvía a mirar a la familia. Parpadeó un par de veces, miró los cubiertos al lado del plato, los tomó para mirarlos inquisitivamente.

    —Es guisado, espero que te guste —aclaró la señora ante la mirada del niño.

    —Es que no se si pueda —admitió el niño.

    —Vamos, come, no seas tímido —la madre insistió con una amplia sonrisa en su rostro, malinterpretando las palabras de Ruber.

    Ruber observó por unos segundos el plato y después a la madre de Eva. Agarró el tenedor y poniendo un poco de sopa se la llevo a la boca, empezó a masticarla, no le sabía a nada. Era como si masticara aire o algo insípido, sin sabor, pero él no lo sabía.

    —¿Te ha gustado? —cuestionó la mujer con ojos grandes.

    Él simplemente seguía masticando, aparentando degustar la comida.

    —Querida, no le insistas —Se interpuso el padre—. No le obligues a comer, quizás ya comió en casa. Le hará daño si le fuerzas a comer.

    —Tienes razón querido —dijo la madre mirando al muchacho—, disculpa mi insistencia. Pero cuéntame, Ruber, dime, ¿tus padres saben que estas aquí?

    Ahora Ruber comprendía un poco más sobre lo que era un padre, al escuchar a Eva hablar de ellos. Eran personas mayores a quienes se les quería y le obedecían.

    —Yo… —el tenía en el sistema a alguien igual, a un padre, el tenía a un padre. La diferencia es que él no sabía dónde estaba ni tampoco porque no lo vio cuando despertó.

    —Obviamente lo saben, mamá —contestó Eva por él.

    —Yo tengo un padre —dijo Ruber, teniendo la atención de todos.

    —¿Y tu mami? —preguntó la señora. Se enterneció al ver como la mirada de Ruber se tornaba seria.

    —Yo… no tengo una —respondió.

    La madre de Eva cambió el tema al creer que algo le había sucedido a ella. No quiso entristecer al niño.


    Mientras tanto, el automóvil de Klaus Val se acercó a la mansión Val, estacionó su vehículo y al bajarse, se estiró un poco. Él estuvo fuera del país por toda una semana debido a una junta de científicos. Le habían pedido que fuera a dar discursos y que alentara a los jóvenes científicos. Entró a su casa. Hogar dulce hogar. Nunca le gustó viajar así que se sentía agotado y lo que deseaba era darse una larga y relajante ducha.

    —Bienvenido, señor Val —quien lo recibió fue la ama de llaves, un mujer mayor que le ayudaba con el quehacer de la casa, entre otras cosas, cuando él estaba de viaje—. ¿Qué tal le fue en su viaje?

    —Muy bien, Margarita. Estaré abajo.

    Antes que descansar y bañarse, lo primero que deseaba era bajar hacia su laboratorio y echarle un vistazo a su creación. Sin saber que se llevaría una de las peores sorpresas de su vida al descubrir que el robot no se encontraba en la cápsula. No evitó sorprenderse, con el corazón en la mano se apresuró a subir las escaleras con rapidez mientras sentía como un sentimiento, algo que nunca creyó experimentar, de impotencia y miedo lo consumía.

    Buscó a Margarita. La encontró casi saliendo de la mansión.

    —¿Le sucede algo señor? —se apresuró a cuestionar la mujer, preocupada, pensando que quizás necesitaba ayuda médica al verlo pálido—. ¿Llamó a una ambulancia?

    —¿Ha visto algo inusual en estos días? ¿Algún niño rondando por las cercanías?

    La mujer no evitó extrañarse ante la mirada de su jefe, sin embargo, pareció meditar en lo que le preguntó, al final le dijo que no había visto nada anormal. Klaus suspiró, eso no era bueno, el androide había despertado por si solo y había salido, estaba preocupado por lo que podía pasarle, o peor aún, que se dieran cuenta que el aparente “niño” era en realidad una máquina.

    —Si ve algo inusual o sospechoso hágamelo saber de inmediato. Cualquier cosa.

    —Por supuesto, señor.

    Val se dirigió afuera y observó todo el exterior que sus ojos podían distinguir. ¿Por dónde debía comenzar a buscar? ¿A dónde iría? No tenia ni idea si seguía en la propiedad o si se había alejado.También desconocía cuando fue que despertó, olvido verlo en la computadora con las prisas. Después de todo no estaba supuesto a despertarse tan pronto, debía esperar a su hermano. Tal vez el programa se había actualizado más rápido de lo que había estimado.

    Exhaló pesadamente.


    Caminó de nuevo hacia su automóvil y subió a él.

    No tenía otra opción, pasaría a la oficina de policía más cercana y preguntarles si habían visto a un niño de tales características.Si la policía lo encontró, y le preguntaran cómo se llamaba, dónde vivía o quienes eran sus padres, el androide no contestaría puesto que esas eran cosas que debía aprender una vez que despertara. Tampoco sabía con exactitud como reaccionaría el androide si otros intentaban detenerlo a la fuerza.

    Debía encontrarlo lo antes posible.
     
    Última edición: 29 Julio 2017
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    Bueno el misterio del por qué despertó Ruber solo ya fue revelado y pobre del señor Klaus que tuvo la desagradable sorpresa de volver a su casa y encontrar a su creación extraviada, también me gusta mucho la relación entre Ruber y Eva ,siendo ella la primera persona de la que aprendió sobre el comportamiento humano . Espero en los siguientes capítulos averiguar que paso con ella.

    ¡Saludos!
     
    Última edición: 24 Julio 2017
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  12. Índice: Capítulo 6
     
    Rodriguez Varia

    Rodriguez Varia Robot que aparenta humanidad

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    mastermystery Gracias por el apoyo a pesar de haber tardado tanto en actualizar la historia. Espero que la historia siga siendo de tu agrado; poco a poco las dudas se irán disipando. Un saludo.


    Capítulo 6

    Klaus informó a la policía sobre un niño perdido. Una vez le pidieron sus rasgos, él se los describió. No iba a ser difícil dar con él puesto un rasgo evidente era que tenía heterocromía. No había registro de que hayan reportado a un niño con esas características. No obstante, con más razón los oficiales se apresuraron a buscarlo.

    A pesar de que le aconsejaron a Klaus que no se preocupara y que regresara a su casa a esperar su llamada, el hombre no hizo caso a lo sugerido y, aparcó su vehículo frente a la entrada de su mansión. Bajó por del carro y comenzó a caminar por los alrededores, buscando por si solo al androide. Primero pasó por el parque, posteriormente pasó por las calles próximas, preguntando a los vecinos si lo habían visto. Tenía la esperanza de encontrarlo antes que los hombres de la ley.

    Kluas suspiró cansinamente al levantar la vista y ver lo tarde que era; el atardecer así lo indicaba. El día había concluido muy rápido. Se encaminó de nuevo al carro y, aunque no estuvo conforme con el resultado, sabía que mañana sería otro día.

    —Disculpe —dijo un hombre, acercándose al trajeado una vez subió al auto.


    —¿En qué puedo ayudarle? —preguntó Val mirando al hombre desde abajo.

    —Alguien me dijo que estaba buscando a un niño.

    —Así es —Aunque lo disimiló, sus ojos brillaron de emoción de escucharlo decir eso—. ¿Sabe algo?

    —Sí, lo vi estos pasados días jugando por el parque. La última vez que lo vi iba acompañado de una niña más o menos de su edad.

    —¿Hacía que dirección iban?


    —Por ésta de aquí—El hombre apuntó dicha dirección.

    Klaus bajó del vehículo sin dejar de mirar la calle. Agradeció al hombre por la información y se encaminó hacia el vecindario. No estaba seguro en que casa podía estar, así que tocó y preguntó a quienes vivían ahí si vieron al muchacho. Tocó en tres casas cuyo resultado fue negativo, mas la cuarta vivienda, la señora asintió al recordar a la niña; a Eva, era muy fácil reconocerla e igualmente a su peculiar nuevo amigo.

    Mientras tanto, en el hogar de Eva, los niños se encontraban viendo la televisión, entretenidos cuando el timbre de la casa sonó. Escucharon los pasos de la señora dirigirse a la puerta para después escucharla llamarlos:

    —Niños, ¿pueden venir aquí un momento?

    Ruber y Eva se miraron mutuamente. Se levantaron del sillón y haciendo caso a las palabras de la mujer se encaminaron, agarrados de la mano como ya lo hacían de costumbre; Eva se había encariñado mucho con él y él, también con ella por ser su primera amiga. Con curiosidad los dos se asomaron para mirar al moreno desde la puerta.

    Klaus, desde el otro lado de la puerta al ver a Ruber se asombró, intentó disimular aquel sentimiento con un rostro serio; era perfecto, mejor de lo que creyó. Tenía la perfecta apariencia de un niño humano. Kalus desvió la vista de los niños hacia la ama de casa. Su creación había sido todo un éxito.

    —¿Qué sucede, mami? —preguntó Eva mirando a los adultos.

    —Este señor busca a Ruber.

    “¿Ruber?” pensó Klaus pasando su vista y ver que él agarraba la mano de ella.

    —¿Es tu papi? —inquirió Eva mirando a su compañero.

    Ruber parpadeó un par de veces y sin dejar de mirar a Klasu. No contestó.

    —Me tenías preocupado —dijo Val. Extendió la mano hacia Ruber—. Vámonos, hijo. Te llevaré a casa.

    —Disculpe las molestias, señor…

    —Val.

    —Señor Val. Yo pregunté a su hijo si sabía que estaba aquí.

    —No. No lo sabía. Salió de casa sin mi consentimiento y, terminé llamando a la policía.

    —De verdad me disculpo —continuó la señora muy apenada, miró a su hija con un poco de severidad. Eva agachó su rostro avergonzada pues supo que había mentido, quería que Ruber se quedara a dormir.

    —Él no hizo nada raro, ¿verdad? —indagó Val.

    —Oh no, para nada. Ruber es un buen muchacho, se aportado muy bien —se colocó detrás de los niños, tomó de los hombros a Ruber y continuó con una sonrisa—. Usted tiene un niño maravilloso. Ha hecho muy feliz a mi hija.

    Klasu volvió a y esta vez Ruber la tomó. ¿Él era su padre tal como el señor y la señora lo eran de Eva? Sí, lo era. Lo reconoció facialmente pues estaba en sus datos; A ese hombre ya lo conocía, él era lo que Eva llamaba padre. Los dos se despidieron y se encaminaron hacia el auto del científico. En el transcurso, Klaus echó un vistazo a Ruber.

    —Escuché que te llamaron Ruber.

    Él asintió.

    —Así me llamo, Ruber.

    —No, tú te llamas Andro.

    Ruber alzó la vista para ver al hombre. Soltó su mano y contestó:

    —Se equivoca, mi nombre es Ruber, no Andro.

    —Tu nombre es Andro —repitió Val, molesto.

    —Ruber es mi nombre, así me llamó Eva, mi amiga. Yo soy Ruber, no Andro.

    Val se detuvo. Ruber hizo lo mismo. A Klaus le molestaba escucharlo decir eso. Su nombre debía ser Andro. Andro. Andro, no otro.

    —Escucha, Andro —se inclinó para estar a la altura de él—. Despertaste antes de lo previsto y, desafortunadamente has estado en contacto con otros y quizá estés confundido, pero, debes saber que tú no eres igual que esa niña o que cualquier otro niño. Me gustaría que no volvieras a verla.

    Klaus retomó el camino y Ruber se quedó parado por unos segundos antes de retomar el camino alcanzando a Klaus.

    —¿Por qué? ¿Por qué no puedo verla más? ¿Y por qué no soy igual a los demás?

    —Porque tú eres una máquina. Eres un robot con un alma artificial, programado para aprender la reacción de los humanos y comportarte como ellos. Aquellos sentimientos que puedas sentir solo serán un reflejo de los sentimientos que aprendiste de otros. No nacen por tu propia cuenta. Eva crecerá, pero tú te quedarás igual, con esa apariencia, por eso no quiero que ella se encariñe contigo y mucho menos que tu lo hagas con ella. Ahora, sube al auto, Andro.

    —¿Puede llamarle Ruber?

    Klaus frunció el ceño, en verdad le molestaba que menospreciara su nombre. Él debía ser Andro. Era Andro.

    —Sube, anda.

    —Puedo hacerle una pregunta, señor —cuestionó Ruber ya en el auto—. ¿Por qué nací? ¿Por qué estoy aquí?

    —Porque te creé con un propósito —respondió.

    —¿Cuál es? —preguntóRuber con un semblante serio.

    —Tú único propósito es...


    ***​


    No eran sueños porque no podía soñar. Eran recuerdos que se formaban de vez en cuando como sueños al cerrar los ojos. Tampoco podía, o mejor dicho, necesitaba dormir; la energía que necesitaba la sacaba del mismo sol, gracias a pequeñas celdas que convertían la luz en energía, funcionaban como los paneles solares y que además, éstos estaban estratégicamente distribuidas en su piel y uñas.Además de que podía almacenar energía hasta por un mes, si hipotéticamente, permanecía encerrado en un cuarto sin ninguna clase de luz.

    Daba la ilusión de que podía dormir simplemente porque así lo deseó Klaus. Sencillamente porque daba más la apariencia de un ser humano.

    Ruber se levantó del sillón donde había descansado. Buscó a Andro mas no lo encontró, así que lo llamó.

    —¡¿Andro?!

    —¡¿Qué?! —lo escuchó a lo lejos.

    —¡¿Dónde estás?!

    —¡Afuera, en el patio!

    —¿Qué haces? —preguntó mientras se dirigía al lugar a paso calmado.

    —Miro.

    —¿Qué miras?

    —A los animales.

    Ruber corrió a toda prisa al patio para efectivamente, ver a su hermano acuclillado, con un recipiente color blanco en su poder. Andro se giró y dibujó una sonrisa de oreja a oreja al ver a Ruber ahí. Despuéslevantó el recipiente y preguntó a su hermano:

    —¿Sabes lo que hay aquí dentro?

    Ruber se acercó e intentó arrebatarle aquel bote blanco.

    —Lo vas a matar —dijo lo obvio el mayor—. Necesita aire para respirar.

    El bote se movió frenéticamente. Lo que fuera que estuviera allí, deseaba salir. Andro no dejó que Ruber se lo quitara.

    —Debes hacerle un par de agujeros para que entre el aire.

    —Lo sé.

    —Iré por el señor Marino.

    —Él no está. Se fue.

    —¿A dónde?

    Andro se encogió de hombros.

    —A trabajar, supongo. Lo vi salir en la mañana, temprano. Una vez que me preguntó si estaba despierto me dijo que debía salir y, antes de abrir la puerta, se volvió de nuevo a mí y me preguntó: “¿Estarán bien sin mí por unas horas?” Yo le dije que sí. Y luego salió.

    Ruber se giró para volver a entrar a la casa y, poco antes de entrar vio algo que le sorprendió, abrió los ojos de par en par al ver una jaula de ave abierta, tirada a un lado de la puerta. Se giró lentamente para volver a dirigir la vista al bote blanco que se seguía movía en las manos de Andro. Rápido se dirigió de nuevo a él para quitarle de las manos sí o sí el recipiente.

    —Tienes que dármelo. Es la mascota de Marino, no puedes hacerle esto.

    A pesar de que se rehusó, Ruber por fin se lo quitó y abrió la tapa para dejar salir a un pajarito azul que cayó al suelo, imaginando que había pasado lo peor, pero luego, lo vio mover la cabecita. Lo tomó en sus manos con mucha delicadeza y lo llevó hasta su jaula, lo metió de nuevo allí.

    Lo último que quería era hacerlo enojar; y así lo hizo. Andro lo miró con un semblante serio, como quien asesinándolo con la mirada, sin embargo, terminó dibujando una sonrisa y posteriormente concluir con un:

    —Bueno.

    Ruber siguió con la vista a Andro hasta verlo desaparecer dentro del edificio.
     
    Última edición: 8 Agosto 2017
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    mastermystery

    mastermystery el enigmático

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    Pobre Ruben me dio mucha pena que Val lo alejara de Eva , aunque se entiende que lo hizo para no arriesgarse a que descubran que es un robot y por que como dijo el mismo Val ,Eva al final crecería y el seguiría viéndose igual , además alegaba que Ruben solo imita emociones humanas , pero si las imita y comprende ¿No podría llegar el a desarrollar emociones propias? . También Andro parece carecer de empatía o no comprender del todo el comportamiento humano, al casi matar ese pájaro, cosa que lo hace muy peligroso , esperare con emoción el siguiente capitulo.
     
    Última edición: 30 Julio 2017
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    Borealis Spiral

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    ¡Ay Dios mío! No sabes lo mucho que estoy amando esta historia. Me trae tantos recuerdos de Esbozando lo Prohibido :'D

    Ruber y Andro, dos entidades totalmente creadas a manos de Kalus Val (amo a ese hombre, tú lo sabes, por muy Gary Stu que creas que sea xD), que también muestran ser completamente diferentes uno de otro. También me ha gustado conocer un poco más de Marino White, quien sin duda ha mostrado ser un gran amigo del difunto Klaus al acoger a sus dos pequeños. Ahora, me pregunto si esto que pasó con Ruber de su despertar inesperado y antes de fecha y su relación con Eva tuvo que ver con el hecho de que Klaus le encargara a Marino sólo a Andro... No, espera, en este capítulo Klaus ha sido muy persistente con llamar a Ruber Andro, lo que significa que no reconoce el nombre de Ruber para él. ¿Podría ser que al decirle que cuidara a Andro, se refería exactamente a ambos? ¿Los consideraba una entidad única de algún modo? Porque si no, ¿cómo sería llamado Andro si Ruber era originalmente Andro?

    Dudas y más dudas. Esas no pueden faltar en tus escritos, ¿verdad? Pero está bien, sabes que aún así te quiero. Y nada, espero con ansias y paciencia el próximo capítulo a ver cómo avanza esto y si se desarrolla más el asunto con Andro quien sí, carece de empatía. Por cierto, cuida esos errores que te pasan; ya no tanto la ortografía, sino las frases inconclusas.

    Estas dos frases se te pasaron, mira, si hasta la segunda tiene el punto y todo pero sin concluir xD
    Y nada más, yo me despido y te cuidas.

    Hasta otra.
     
    Última edición: 7 Agosto 2017
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    Marina

    Marina Usuario VIP Usuario VIP

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    Hola, aquí para decirte que esta historia contada en esta perspectiva, me ha parecido no sólo interesante, sino tierna. Imaginarme a Ruber y Andro siendo niño se me hizo muy lindo.

    Es genial que aunque fueron fabricados por la misma mano, la del ingenioso Val, ambos niños son diferentes, como la noche del día. Me pareció un gran detalle que Ruber consiguiera su nombre de la fallecida mascota de Eva, asimismo me pareció muy dulce la relación que rápido se desarrolló entre Eva y Ruber y tampoco yo pude evitar recordar pasajes de EloP; muchos recuerdos y vaya, qué nostalgia sentí de pronto xD

    Ya existen varias incógnitas que están en el aire, como esa por ejemplo de por qué Val en su carta a Marino se refiere sólo a Andro: quizás sea como ha dicho Bore-chan y su creador se refiera a los dos como una única entidad y Val simplemente haya querido que ambos niños tuvieran el mismo nombre, pero como que no me parece lógico. Otra incógnita es la de por qué Klaus hizo una réplica del primer niño, ¿quizás vio una falla en Ruber cuando notó que este puede casi pensar por sí mismo, como si estuviera cobrando un grado de libre albedrío? Porque así me lo ha parecido al defender el niño su nombre y sobre todo, ese momento con el ave de Marino:

    Ruber mostró preocupación y ternura al tratar al animalito. Me pregunto también si Klaus los hizo así a propósito, tal vez experimentaba algo importante, pero el experimento quedó a medias porque murió. Por cierto, comienza muy triste esta historia. La muerte de Val no deja de lamentarse. Otra cosa, sé por lo que he leído que esta historia es muy independiente de EloP, así que supongo que Eva y Evel no son la misma :)

    Bueno, también supongo que poco a poco irá despejándose cualquier duda.
    Saludos. TQM
     
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  16. Índice: Capítulo 7
     
    Rodriguez Varia

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    Por compensación de que la semana pasada no actualicé debido a que estuve muy ocupado, les traigo un capítulo más extenso de lo normal, por lo que, espero lo disfruten. Pero antes:

    Mastermistery, gracias por comentar y, allí está la cuestión: ¿será posible que Ruber pueda expresar propios sentimientos o simplemente es un reflejo del humano? Y sobre Ruber, bueno, solo puedo decir que sí, si no se hace algo con él puede que resulte algo peligroso.

    Marina y Borealis, qué grata sorpresa verlas por aquí. No saben lo feliz que me sentí al leerlas. Me alegra que hayan preguntado todas esas cuestiones, cada una de ellas tiene una respuesta y, que más rápido de lo que creen serán respondidas. Solo quiero aclarar que, esta historia no tiene nada que ver con el universo de Esbozando lo Prohibido, por lo que si existen similitudes son solo coincidencias. Así que, Marina, aquí Evel y Eva son diferentes; Evel es una señora con ese nombre y Eva es una niña con ese nombre :SMILE1:


    Capítulo 7


    El avión de Evelina arribó poco después del medio día. Por fin había llegado a la ciudad después de ese largo viaje de negocio. Mientras bajaba del avión su mente vagaba al recordad la última conversación que tuvo con su viejo amigo, Marino. Estaba ansiosa de poder conocer a los dos androides que se alojaban en su hogar.

    Deseaba pasar primero a la casa de él antes de la suya para dejar, pero no podía hacer eso. Su vista posó a la bolsa que colgaba;antes que nada debía terminar un informe para pasárselo a su jefe y hasta entonces, no podía hacer nada. Tomó la maleta y salió a paso veloz del aeropuerto. Se sorprendió al casi llegar a la salida y ver a alguien allí, esperándola porque levantó la mano en son de saludo al divisarla.

    —Comandante, qué sorpresa —dijo ella, acortando distancia entre él y ella—. De verdad no esperaba verlo por aquí.



    —Cómo no iba a recibirte, Evel —El hombre de buen aspecto alargó la mano hacia la maleta que Evel tenía, ella se la dio—. Y por favor —continuó—, cuando estoy fuera de mi trabajo llamame por mi nombre.



    —Lo siento, Fabián. Pero en serio, ¿por qué estas aquí?



    Fabián Fumera era el comandante de la base militares de la ciudad y que por cierto estaba afiliado a la empresa en la que trabajaba Evelina, por eso la conocia. Era un hombre alto y de buena apariencia, y de buen nombre. Todo el mundo hablaba bien de él. Evelina y Fabián se habían conocido en una fiesta de negocios aun a pesar , desde aquel día, frecuentaban una que otra vez, especialmente él, quien insistía más en ir a beber o comer algo.

    —¿Cómo que por qué? Sabía que vendrías sola, y como te habías ido con un grupo, supuse que al llegar llamarías a un taxi, ¿cómo iba a permitir que subieras a uno? —Fabián la miró brevemente con seriedad al concluir—. ¿Por qué no me llamaste?

    —No quería ser una molestia —terminó diciendo.

    —Sabes que nunca lo es.

    Los dos salieron, y lo primero que sintió la mujer fue la fresca brisa. Que agusto era volver a su ciudad y sentir aquella fresquedad que carecia el lugar donde vicitó. Fumero guió a Evel al vehículo y una vez arriba del mismo, Fumero alcanzó a ver a su amiga pensativa y para romper el silencio, preguntó:

    —¿Viaje largo?

    —Ni que lo digas. Y mucho trabajo; todavía tengo que terminar algo.

    —Siento mucho tu perdida —dijo Fabían al pensar que su seriedad se debía a esa lamentable noticia—. Había escuchado que Klaus y tú eran amigos.

    —Sí, lo eramos. Últimamente no frecuentábamos mucho debido a nuestros trabajos. Precisamente, mañana tengo pensado ir a visitar a otro amigo.

    —¿Así? Oye, ¿te apetecería ir a comer algo? Debes tener hambre.

    —Agradezco la invitación, Fabián, pero como veras, acabo de llegar de un largo viaje y lo primero que deseo es darme una ducha y descansar un poco antes de terminar con un informe.

    —Claro, tienes razón.

    De esa manera la llevó a su casa. La ayudo y ella por fin pudo respirar con tranquilidad. Antes de entrar a la casa revisó el buzón, tomó todas las cartas que había dentro. Al salir de bañarse ojeó las cartas; vio cada sobre fugazmente, dejando uno a uno sobre la mesa al ver que solo se trataba de facturas o simplemente de propaganda, sin embargo, uno de ellos llamó completamente su atención. Era un sobre completamente banco, tan solo en medio del mismo estaba escrito su nombre “Evelina Knoop”, le dio la vuelta para ver que tampoco estaba escrito ni su dirección ni el nombre de quien se la envió.

    —¿De quien será? —se preguntó en voz alta.

    Más extrañada que nada, abrió el sobre y desdoblando la hoja, comenzó a leer solo para abrir los ojos llenos de incredulidad mientras inconscientemente su boca se abría ante lo que leí. Definitivamente debía comunicarse con Marino lo antes posible.

    Una vez de terminar de leer la carta ni tarda ni perezosa agarró su celular para marcar a susodicho.


    ***​


    Marino se encontraba en su trabajo, sentado frente al escritorio de su oficina, ojeando un par de informes de un caso. No obstante, su mente no estaba en el trabajo, estaba en los dos robots que tenía en casa. No estaba seguro si había sido lo más correcto haberlos dejado solos. Ahora estaba preocupado por no haber hecho lo correcto.

    Exhaló al momento que dejaba las hojas sobre el escritorio. Ya deseaba que su trabajo terminara. En eso, escuchó su celular sonar, se puso nervioso ante la repentina llamada pues no esperaba ninguna. Rápidamente sacó el teléfono y se extrañó aún más al ver el número; era desconocido. Descolgó.

    —Ah, hola —se escuchó la voz preocupada de una señora—. ¿Estoy hablando con el señor Marino White?

    —Así es, soy yo. ¿Sucede algo? —no evitó preguntar igualmente preocupado y, con voz seria con gran expectativa a lo que dijera.

    —No es nada grave, en realidad. Solo deseabacomunicarme con usted.

    —Perdone, ¿puedo saber con quién estoy hablando y de dónde me conoce?

    —Disculpe mis malos modales, no me presenté correctamente. Mi nombre es Margarita y era la asistente que iba a la mansión del señor Val. Le ayudaba con la limpieza y también a cuidar de sus cosas mientras iba de viaje.

    —Oh, ya veo —Marino se acomodó en el asiento un poco más tranquilo—. ¿Se puede saber a que se debe su llamado?

    —Quería preguntarle si usted recogió al muchacho… ¿a Andro?

    Marino, inconscientemente, se levantó del asiento, provocando que sus compañeros que estaban al rededor lo miraran con rareza. Y es que no pudo evitar no sorprenderse al escucharla, por lo que le respondió inmediatamente:

    —Así es, ahora está en mi casa.

    Marino pudo distingue un suspiro de tranquilidad desde el otro lado de la línea, y posteriormente escuchar a la señora continuar más calmada.

    —No sabe el peso que me quita de encima. Sé que Andro estará en buenas manos. Si el señor Val le dijo que lo cuidara es porque confiaba en usted. El ya me había mencionado que tenía pensado encargarselo a usted, y me dejo su número de teléfono por si ocurría algo.

    White se avergonzó de escucharla decir eso. No se consideraba el el mejor que dijeran.

    —Ah, una cosas más, señora —dijo Marino poco antes de que la mujer colgara—, ¿usted sabía lo de Andro? —inquirió.

    —Sí, lo sabía. Como le mencioné, trabajaba con el señor Val.

    —¿Y usted sabe que él... Andro es...? —No supo cómo preguntárselo, o si quiera si debía hacerlo.

    Sin embargo, no fue necesario que continuara porque la señora Margarita concluyó con un:

    —Sí, lo sé. Muy pocos, o mejor dicho, pensé que nadie lo sabía y que el señor solo me lo contó a mí. Pensé que era la única que lo sabía. Por eso me sorprendió mucho cuando el señor Val me dijo que usted iba a cuidarlo después de su muerte, que en paz descanse. Yo, en realidad, me propuse a cuidarlo, y se lo mencioné, pero... vera, tengo nietos y... pensé mucho en si iba a poder o no. Ya tengo mi edad, después de todo. No sabía sí iba a ser capaz...

    —La entiendo —No deseó que se explayara de algo que quizás le incomodaba—. Comprendo que cuidarlo es una responsabilidad enorme. Muchas gracias por hablar conmigo y hacerme saber ese dato.

    Los dos se despidieron.

    Colgó. Marino miró el aparato pensativo. Había sido una llamada inesperada.

    Al parecer Blanca era de las pocas personas que sabían lo de Andro, aunque se le hizo extraño que no mencionara a Ruber. Deseó preguntarle por este último, pero al final no se ánimo y terminó con esa incógnita en su mente; algún día llegaría la respuesta. Volvió a sentarse una vez regresó a la realidad y también porque se percató que algunos curiosos lo seguían mirando. Un poco más animado, estaba apunto de agarrar el informe que estaba leyendo para ponerse al día cuando volvió a recibir una llamada. Extrañado, de nuevo, descolgó solo para llevarse una nada grata voz disconforme:

    —¡Marino! —escuchó la voz alterada de Evelina—. ¿Dónde estás? Te he estado marcando y marcando pero la llamada no entraba.

    —Estaba atendiendo otra llamada —contestó en voz baja, sorprendido de recibir una llamada de Evel, ya que, desde que se intercambiaron los números, en contadas ocasiones era él quien la llamaba y solo por ocasiones “especiales” o urgentes; como lo había sido el día anterior para contarle lo de Ruber y Andro—. ¿Qué es lo que sucede, por qué te escucho tan alterada? —preguntó al final el hombre, alarmante ante el tono de voz de ella.

    —Necesito hablar contigo ahora. Es sobre algo de suma importancia.

    —¿De suma importancia? —Esa palabra no le gustó nada —. ¿De qué es? —preguntó mientras se levantaba para ir a un lugar más privado.

    —No por teléfono sino cara a cara —contestó.

    Aquella respuesta más que saciar su incertidumbre, la incrementó todavía más. ¿Qué tan importante era "eso" para llamarlo con esa urgencia además de no poder decirselo por teléfono?

    —¿Nos vemos en tu casa o en la mía? ¿O prefieres reunirnos en otro lugar?

    Evel meditó en la respuesta, aunque ya tenía pensado dónde deseaba reunirse, mas sus ansias de ir a la casa de Marino para conocer la creación de Klaus era tan grande que estaba apunto de decir que la esperara en su casa. No obstante, me mordió la lengua y al final contestó:

    —Me gustaría vernos en la casa de Klaus.

    Marino, por su parte, se asombró que la cita fuera en ese lugar, pero sin titubear estuvo de acuerdo. Se verían ahí a las cinco de la tarde y, aunque Evelina quería que fuera directo de su trabajo, Marino se negó porque primero quería pasar a ver a Ruber y a Andro para cerciorarse que todo estaba en orden.

    Al salir de su trabajo manejó hasta el departamento, se estacionó enfrente de éste y bajó para estirarse un poco. Tenía muchas cosas en mente, seguía preocupado por cómo estaban los niños, pero también intrigado de lo que quería hablar Evelina y por qué había elegido la casa de Val; se masajeó su cuello mientras caminaba a su hogar. Estaba cansado. Su vida, literalmente, había cambiado de la noche a la mañana.

    Se detuvo poco antes de llegar al ver a unos metros a uno de los gemelos. Él estaba allí, parado mientras observaba algún punto de enfrente. Marino se giró para ver lo que el joven observaba; era un enorme árbol que se situaba a un lado de los apartamentos. Después volvió su vista al gemelo para ser testigo de como su rostro reflejaba tranquilidad, seriedad y, hasta pudo distinguir un grado de ¿aislamiento, tristeza? Quizá no pero, así es como lo veía; era como si el jovencito estuviera apreciando o meditando en algo. Apreciando la belleza de la naturaleza como él en ese momento apreciaba la capacidad de aquel robot de plasmar emociones.

    —¿Ruber? —preguntó retomando de nuevo el paso para acercarse al joven—, ¿qué haces aquí afuera?

    El chico apuntó hacia el árbol y añadió:

    —Una ardilla. Quería acercarme a ella al verla perocorrió y subió al árbol.

    Marino dirigió al lugar señalado y luego volver la vista al muchacho.

    —¿Te gustan los animales?

    Él asintió.

    —¿Por qué te gustan? —preguntó.

    Intentó responder, mas sus labios se quedaron paralizados.

    —¿Por qué le gustan a usted? —le planteó.

    Y Marino no supo contestarle algo concreto: ¿nunca se lo había planteado en realidad? Le gustaban porque eran criaturas maravillosas, eran adorables, eran una buena compañía o… simplemente porque era parte natural del ser humano amar y protegerlos. No lo sabía con exactitud. Cuando joven tuvo varias mascotas; desde gatos, perros, conejos, y desde que tiene memoria siempre le gustaron; tal vez unos más que otros, pero siempre gustándole alguno.

    —¿Y tu hermano, dónde está? —intento cambiar el tema preguntándole otra cosa.

    —Adentro, en la cocina, creo—contestó levantando el rostro para ver al mayor.

    —Vamos adentro, Ruber. Quiero decirles algo a ti y a tu hermano.

    Él estiró la mano para que Ruber la tomara, la asió con fuerza y los dos comenzaron a subir por las escaleras. Entonces fue cuando, a mitad de camino, el joven se dirigió al mayor y rectificarle un error:

    —Por cierto, señor,no soy Ruber, soy Andro.

    Marino abrió los ojos de par en par ante la aclaración, quedó petrificado, por unos segundos había creído que se trataba de Ruber; el chico más tranquilo y sereno. Había jurado que se trataba de Ruber. Y como si Andro hubiera sospechado su aturdimiento, esbozó una sonrisa y soltándose se alejó del hombre.

    Andro corrió el tramo que le faltaba para llegar al alojamiento.

    —¡Ruber, ya llegó el señor Marino! —le escuchó gritar desde arriba.



    ¿Más incógnitas? No se preocupen que para el próximo capítulo se responderás varias de las dudas ya mencionadas. Así que, no se lo pierdan.


    Si has llegado hasta aquí, gracias por el apoyo.
     
    Última edición: 12 Agosto 2017
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    mastermystery

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    Sin duda nuevas incógnitas trae este capítulo, sobretodo el ¿Que había escrito en la carta que recibió Evel , para que quisiera comunicarse lo más pronto posible con Marino en persona? ¿Sera algo relacionado con Andro o Ruber? .También Andro pudo actuar como Ruber, logrando incluso que Marino lo confundiera con este, lo cual demuestra su gran habilidad para imitar emociones pese a su falta de empatía y lo hace mucho más peligroso de lo que ya es, esperare el siguiente capítulo con emoción y de nada por el apoyo, tu historia es interesante y se lo merece.


    ¡Saludos!
     
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    Reydelaperdicion

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    Hola. Encontré esta historia en la cima de la sección de originales y decidí pasarme a leerla. Cuando dijiste que se trataría de una historia alterna (o fanfic) de Esbozando lo prohibido, decidí que iba a leer dicha historia antes de pasarme a leer esta. Sin embargo, como tiene 35 capítulos y mi tiempo libre está pronto a terminar, no podría avanzar demasiado. Así que decidí que leería esta historia corta y luego (cuando esté de vacaciones) le daré un vistazo a EloP. Igualmente dijiste que no hace falta haber leído esa historia para comprender esta.

    Me está gustando mucho esta historia, a decir verdad, la disfruto demasiado. Me leí 7 capítulos en un solo día, y yo nunca leo tanto en tan poco tiempo. Está bien que los capítulos son algo cortos, pero aun así me encantan.

    Las personalidades de las "almas artificiales" son muy diferentes. Ruber, o el Andro sentimental, me parece un chico muy tierno, y por más que Klaus le diga que sus sentimientos son simples imitaciones, creo que eso no cambia el hecho de que sean reales. El pobre de seguro ha sufrido un poco por las palabras que Klaus le ha dicho, y por el propósito que debe cumplir (que me deja intrigado que es lo que podría ser). El Andro frío, o simplemente Andro, por su parte, hace lo mismo que su hermano. Imita lo que ve pero sin sentirlo en realidad. Y no me pareció muy agradable el hecho de que haya intentado matar al pájaro de Marino.

    Creo que la diferencia está en que Ruber vio por él mismo que es la muerte y como hace sentir a las personas (con el conejo de Eva), mientras que Andro solamente conoce el concepto de la muerte más no lo que es realmente y lo que causa en otros, y que al intentar matar al pájaro estaba experimentando para averiguarlo. Pero eso son teorías mías.

    Sí que tengo varios interrogantes:

    ¿Por qué Klaus no le dijo que había dos Andros? La carta decía "Quiero que te encargues y cuides de mi pequeño Andro; lo último que deseo es que se sienta solo". Pero menciona a un solo Andro, y no habría manera de que se sintiera solo puesto a que tenía a su hermano. Eso es algo que no me dejará dormir.

    ¿Cual será el propósito de la existencia del primer Andro? Además de que el hecho de que Klaus haya decidido crear a uno nuevo luego de que el primero se mostrara un poco rebelde.

    ¿Qué es lo que dice la carta de Klaus a Evelina, y por qué ella quiere reunirse con Marino? Tal vez Klaus le encomendó a ella cuidar de Ruber, y a Marino de Andro; y puede haber creído que Evel llegaría primero a su casa y se llevaría a Ruber, y por ende no sería necesario decirle a Marino sobre el otro androide.

    El caso es que eso me tendrá pensando hasta que reveles la verdad.

    He notado que hay veces en donde cometes errores de ortografía, o faltan tildes o algunas palabras están unidas. Eso es algo que puede pasarle a cualquiera. Sin embargo, hay partes en donde una oración queda incompleta o no se entiende bien que es lo que quieres expresar en ese párrafo.

    Más allá de eso, la historia me encanta. Estaré esperando la continuación de esta al igual que la de O.N.E. Melodías de la vida, aunque esta me agrada más. Saludos.
     
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  19. Índice: Capítulo 8
     
    Rodriguez Varia

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    Ayer pensaba subir este capítulo pero, al final me secuestraron y me llevaron a una fiesta y llegue a casa a las diez y me fui directo a la cama.


    Que sorpresa, Reydelaperdicion, muchas gracias por leer y comentar. Cada una de las dudas y preguntas que se han hecho serán respondidas poco a poco. Y bueno, sé que tengo varios errores porque, (perdón por las excusas) es una historia muy leve y simple a lo que se refiere narración y descripción pues un capítulo lo escribo en una tarde. Pero intentaré arreglar eso. Lo de las palabras unidad es, creo, problema del programa que utilizo para escribir pues al copiar para pegar aquí la mayoría de las palabras se unen y tengo que despegarlas una por una y, evidentemente, se me pasa una que otra.



    Capítulo 8

    —Ruber, ¿qué estas haciendo?

    Fue lo primero que preguntó Marino al entrar al apartamento y ver a Ruber arreglando la cocina.Por otro lado, Ruber dejó de hacer lo que estaba haciendo para mirar al mayor y con voz preocupada respondió:

    —Solo estaba limpiando, no quise importunar —contestó como si lo que acababa de hacer era algo malo.

    —No, claro que no —rectificó el mayor.

    Lo había preguntado más bien porque le sorprendió verlo ahí. Al ver que todo parecía estar bien, los reunió a los dos para hablar con ellos.

    —Quiero que conozcan a una amiga; también era amiga de su padre.

    Andro ladeó la cabeza para mirar detrás de Marino como buscando a esa amiga.

    —Ella no está aquí, por ahora —aclaró el hombre—. Quizá venga mañana o dentro de los días próximos.

    —¿A qué vendrá? —interrogó Andro.

    —A conocerlos. Le hablé de ustedes y ahora desea verlos.

    —¿Por qué? —preguntó Andro.

    —Bueno, porque ella es…

    —No —le interrumpió—, me refiero a por qué le habló de nosotros.

    —Creo que necesitaré de su ayuda...

    —Podemos sustentarnos solos —dijo Ruber rápidamente—. No necesitamos ayuda externa.

    Marino desvió la vista a su izquierda para mirar a Ruber y por ese momento Marino no supo que contestar. Permaneció mudo por unos segundos hasta que se dio cuenta que el par de ojos lo miraban fijamente, los niños a su frente deseaban una respuesta.

    —Lo sé —terminó contestando—. Pero… es de confianza. Es una vieja amiga y —tomó a cada uno de un hombro para concluir con un—, les prometo que no les va a pasar nada.

    —Pues yo no tengo ganas de verla —aclaró Andro dando media vuelta y alejarse de allí.

    —Yo, yo confió en usted y si usted confiá en ella entonces yo confiaré en ella.

    Ahora comenzó a dudar. ¿Había sido lo correcto haberle contado a Evelina sobre ellos? No, Evelina era de confianza. Por ahora no deseaba mortificarse por eso así que volvió sus pasos a la puerta para salir de ahí y dirigirse al hogar Val en donde Evelina lo estaba esperando y así fue, al subir por la colina alcanzó a ver a lo lejos un automóvil, imaginando que se trataba de ella.

    Al estacionar el suyo cerca, bajó para observar a una impacientada Evel frente a la entrada. Marino desvió su vista a la mansión y acercándose lentamente, preguntó:

    —¿Esperaste mucho?

    No obtuvo respuesta a su pregunta, por lo que él continuó:

    —No sé porque nos reunimos aquí. A estas alturas debe estar cerrada la casa.

    —Quiero enseñarte algo —dijo ella una vez lo tenía al frente. Le enseñó el sobre que solo decía su nombre. Marino se sorprendió al recordar el mismo sobre que le habían entregado el día del funeral. Miró a Evel con sorpresa para después volver a mirar el sobre, así lo hizo varias veces hasta que Evelina tomó la palabra mientras sacaba del sobre dos cartas, abrió una de ellas.

    —Son instrucciones que me dejó Klaus. Aquí hay un pequeño bosquejo de donde debería dirigirme —le mostró dicho mapa—. No hay más que eso. Quise reunirnos aquí para descubrir a donde me llevará ese lugar. Y no solo eso —continuó ella sacando de su bolsillo dos llaves—, dentro del sobre estaban estas lleves. Supongo que una de ellas debe ser la llave que abre la puerta principal.

    —¿Y la segunda?

    —Tal vez abre la puerta al lugar que apunta el mapa. Hay que entrar y averiguarlo.

    Evel estaba muy emocionada y, para que mentir, Marino también; los dos deseaban saber lo ese lugar escondía. Así que al introducir una de las llaves a la cerradura abrió la puerta. Los dos entraron a la vivienda y empezaron a guiarse por el pequeño croquis y una vez que llegar al lugar Evel se extraño al asomarse a la puerta y, no solo verla abierta, ver que la alcoba estaba vacía mientras que, Marino estaba extrañado al ver el lugar

    “Ruber estaba allí” pensó porque la sorpresa lo enmudeció.

    —Qué extraño —Evel miró pensativa el cuarto vacío—, no hay nada aquí —Volvió a dirigir su vista al mapa y luego a la segunda llave; estaba segura que había seguido correctamente las indicaciones.

    —Sí había algo aquí —por fin respondió Marino—. Aquí estaba encerrado Ruber, uno de los gemelos.

    —¿En cerradó? ¿Ruber? Entonces...

    Los dos se miraron. Ahora comprendían que Klaus quería que Andro se quedara con Marino mientras que Evel con Ruber.

    —Evel, sobre eso…

    —No te preocupes —interrumpió al saber lo que intentaba decir—, dices que son gemelos, ¿verdad? No los separaré. Estoy segura que los dos se necesitan mutuamente, sería una barbaridad separarlos —Una vez que la mujer notó la confusión dibujada en el rostro de su colega, continuó—. No estoy segura de si lo que pienso sea correcto, es solo una hipótesis, pero puede ser que, los dos necesitan estar juntos.

    Tal vez esa era razón por la que los dos eran tan diferentes; por esa complementación de la que hablaba su compañera.

    —Si es así, ¿por qué te pediría a ti cuidar uno de ellos y el otro a mí? —preguntó.

    —Es solo una hipótesis. No estoy segura de lo que Klaus pensaba o lo que deseaba hacer. Tal vez quería aligerar el peso de cuidar dos robots. Pero, aparentemente, hay algo más aquí, en esta casa.

    Evel se acercó a la puerta y vio la cerradura de la misma y la llave solo para darse cuenta que la llave en su posición no encajaba con la cerradura de esa puerta y eso solo indicaba una cosa.

    —Esta llave abre otra puerta.

    —¿Qué crees que abra?

    Evel sonrió al responder:

    —Hay que averiguarlo.

    De esa manera los dos comenzaron a indagar por la vivienda, abriendo toda puerta que estuviera cerrada, sin embargo, esas puertas no estaban cerradas con cerradura. Se tomaron su tiempo. Mientras hacian eso, Marino le preguntaba si no había problema en estar allí y si no era peligroso que alguien del gobierno viniera

    —Tengo entendido que Klaus dio una semana antes de que lean sus testamento después de su muerte y, que todo lo demás que estaba en la casa pasaría a los militares, eso me contó Fabián.

    —¿Fabián? ¿Quién es? —preguntó mientras abrían la puerta de lo que parecía llevaba al sótano. Los dos se habían reunido allí una vez terminaran de inspeccionar los dos pisos de la casa. El último lugar iban a verlos ambos, el sótano.

    —Es el comandante de la milicia. Al parecer toda la robótica pasaría a los investigadores militares para ver que pueden sacar de eso.

    —Oh, así que tienen un amigo de ese calibre, ¿eh?

    Ella rió divertida.

    —Sí, lo tengo.

    —Pero no pensé que Klaus terminaría dando sus investigaciones a los soldados.

    —Él nunca lo quiso —sinceró ella mientras bajaba detrás de Marino las escaleras—, pero el gobierno podría decirse que lo obligó a cerrar un contrato con ellos. Klaus nunca se especializó en crear robots militares pues rechazó ese tipo de creaciones a pesar de que éstos insistieran en que aportara para armas militares, sin embargo, para obtener los fondos del gobierno prometió que cuando él muriera, todas sus investigación se iría al centro de investigación de la milicia, pero con la condición de esperar una semana después de su muerte.

    —Así que todo eso te lo contó ese Fabián.

    Ella asintió y luego miró a su alrededor; habían llegado al laboratorio de Klaus. Había un montón de máquinas, computadoras, prototipos de robots. Buscaron al rededor del inmenso lugar hasta que se toparon con una pequeña caja fuerte. Sin duda, esa llave era para abrir ese candado. Evel introdujo la llave y éste se abrió y después abrió la puerta para encontrarse en su interior una USB.

    De nuevo, los dos se miraron como niños sorprendidos de haber descubierto aquella caja de galletas que su madre había escodido.

    —Ese margen de una semana era para que tú alcanzarás a descubrir esto —concluyó Marino.
     
  20.  
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    Hola. Tal parece ser que una de mis teorías dio en el clavo. Pero al responder esa pregunta, se me generó una nueva. ¿Por qué Klaus le daría a Evel la responsabilidad de cuidar de Ruber (el primer Andro), y por qué a Marino le dio al segundo Andro? Según entiendo, el primer Andro tenía un propósito, y cuando Klaus vio su comportamiento, fue ahí que creó al segundo, creyendo que el primero no podría cumplirlo.

    Ahora bien, ¿por qué entregarle uno a Evel, y otro a Marino? Tal vez el propósito de Andro sea cumplir en tareas de vigilancia y seguridad en la ciudad, y creyó que a Marino le vendría bien su ayuda. Mientras que Ruber podría ayudar a Evel en sus investigaciones. Esto es simplemente una teoría mía, pero vamos a ver como avanza.

    Aun estoy intrigado por conocer el propósito de la creación de Andro, y también por ver que es lo que habrá en esa memoria USB que han encontrado. Tal vez allí se revelen todas mis dudas.

    He notado algunos errores, pero son pocos, y desde mi notebook se me dificulta señalarlos. Además de que no son demasiado graves como para dificultar la lectura.

    Saludos.
     
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