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Historia larga Fanfic - ¿Don o maldición?

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Sirio, 8 Marzo 2012.

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    Sirio

    Sirio Iniciado

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    Escritor
    Título:
    Fanfic - ¿Don o maldición?
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3317
    Prólogo.

    Resulta curioso lo mucho que puede cambiar la vida de una persona en un instante, que un individuo vea toda su existencia alterada por un punto de inflexión que ha tenido lugar en una pequeña secuencia de poderosos segundos. No es posible predecir hasta que punto las personas con capaces de superar estos cambios tan bruscos, de comprender que siguen siendo ellas mismas incluso cuando su contexto vital ya no lo es. Los cambios son naturales y forman parte de la vida, pero algunos resultan alegres mientras que otros son difíciles de asimilar.

    A pesar de tener nueve años, Alexia Jonson era una niña muy especial que ya poseía una gran comprensión del mundo y de la realidad, algo de lo que no muchos infantes podían presumir. Su padre, Roland Jonson, era el jefe de policía de la ciudad de Lamber y era muy conocido por haber resuelto los crímenes más cruentos y misteriosos de la región gracias a su gran capacidad deductiva, por lo que recibía todo tipo de encargos y peticiones de ayuda. Las ganancias le permitieron comprarle a su familia una lujosa mansión situada a las afueras de la ciudad y rodeada de extensos jardines donde la pequeña Alexia podía jugar respirando aire fresco.

    Pero es necesario explicar que no todas las visitas que Roland y su mujer, Marta Smith, que era dueña de una floristería situada en el centro de la ciudad, se debían al trabajo del cabeza de familia, sino a la niña nacida de su unión, y había una buena explicación para el interés que sentían las fuerzas de seguridad del país. ¿Qué pensarían si descubrieran que esa niña era capaz de completar puzzles de más de mil piezas con tan sólo un año de vida y sin ayuda de nadie? ¿Y si además supieran que había logrado inspeccionar los datos de las investigaciones de su padre para hallar a los culpables de sus crímenes cuando el propio inspector se había topado con un callejón sin salida? Alexia era lo que en el mundo de Tyrwod se denominaba daimon, una persona que había nacido con un don excepcional que superaba las capacidades humanas normales y que recibía el nombre de talento. Su talento particular, el que le había hecho ganar la atención de diferentes grupos de seguridad, era la intuición, una habilidad que le permitía ver los pequeños detalles que ninguna otra persona lograba descubrir y llegar rápidamente a brillantes conclusiones lógicas. La pequeña se divertía dejando pasmados a sus padres cuando completaba puzzles demasiados complicados o descubría al malo de las series de misterio, lo cual podía llegar a resultarle molesto al no dejarle disfrutar realmente del suspense. A pesar de todos los intentos de los agentes por convencer a Roland de que permitiera a su hija ayudarles, el inspector decidió cumplir antes con su papel de padre y declaró que Alexia no utilizaría su talento en el mundo laboral hasta que alcanzase la mayoría de edad. De modo que la joven tuvo una infancia medianamente común y corriente en medio de un agradable ambiente familiar.

    No obstante, en una cálida noche de verano, un mes después de su decimoprimer cumpleaños, la vida de Alexia dio un giro radical. El tranquilo sueño en el que se hallaba se vio interrumpido por la repentina entrada de su madre, cuyo rostro reflejaba miedo y dolor, en la habitación.
    — ¿Qué sucede, mamá? —Le preguntó con voz aguda, presintiendo que algo malo estaba a punto de ocurrir.
    —No hay tiempo para explicaciones—susurró la temerosa mujer mientras obligaba a su hija a levantarse y a abrigarse para después tomarla en brazos y salir corriendo de la habitación.

    Mientras recorrían los largos pasillos de la mansión, Alexia pudo ver a través de las ventanas el anaranjado color de un incendio que estaba eliminando el bello colorido de los jardines de la finca con gran voracidad.
    — ¡¿Dónde está papá?! —Exclamó al recordar que él no aparecía por ninguna parte.

    Acelerando el paso para evitar ser alcanzada por un extraño proyectil de fuego que atravesó el muro exterior y comenzó a convertir en cenizas todos los objetos decorativos del pasillo, Marta guardó silencio y continuó corriendo hasta un gran cuadro familiar, un tapiz tras el que se ocultaba un pasadizo oculto que conducía al exterior de la propiedad a través de un túnel artificial subterráneo.
    — ¡Escúchame bien, cariño! —Marta dejó a su hija en el suelo, a la entrada del pasadizo, y se agachó para poder mirarla a los ojos; aquellos ojos almendrados de color marrón que la pequeña había heredado—. ¡Podrás huir más rápidamente si vas sola, de modo que recorre el pasadizo sin volver la mirada!
    — ¡¿Y qué será de papá y de ti?! —Chilló Alexia, cuyo talento ya le estaba haciendo comprender el significado de las que serían las últimas palabras de su madre.
    — ¡Todo lo que tienes que saber es que siempre te querremos y te cuidaremos, sin importar lo que ocurra! —Replicó Marta antes de darle a su hija un empujón hacia el tenebroso túnel y bloqueando la entrada con el tapiz para que Alexia no pudiera volver al pasillo.

    La niña trató de empujar el tapiz para regresar a los brazos de su madre pero no logró moverlo ni un centímetro de su posición, por lo que se quedó apoyada en él mientras las lágrimas recorrían su infantil rostro. Finalmente se vio obligada a dejarse llevar por el miedo y echó a correr al sentir el intenso incendio que estaba destruyendo el pasillo y al oler el desagradable olor de la carne calcinándose. Prácticamente cegada por las lágrimas, recorrió a trompicones el largo pasadizo hasta la salida, una pequeña cueva situada en la base de una colina cercana a la finca de su familia. Al salir al ardiente aire de aquella noche de pesadilla, contempló el horrible espectáculo que era la reducción de lo que había sido su hogar durante once años a una montaña de escombros carbonizados y cenizas.
    “¡Madre! ¡Padre!” gritó mentalmente, pues parecía que había olvidado cómo hablar en voz alta.

    Y no volvió a percibir nada más durante muchas horas, inconsciente siquiera de las sirenas de los coches patrulla que se habían acercado a la zona de la catástrofe y de que alguien le estaba preguntando si estaba herida mientras le colocaba una manta sobre los hombros; no percibía nada de su entorno ni de sí misma. La mente, al igual que el cuerpo, tiene sus propios mecanismos de defensa; cuando se ve superada por la realidad, se bloquea y se encierra para evitar que la persona sufra los resultados de las experiencias traumáticas hasta que esté lista.

    Aquella fatídica noche de verano, la antigua vida de Alexia Jonson acabó convertida en cenizas ardientes. Sin embargo, las nuevas civilizaciones siempre se construyen sobre las ruinas de sus predecesoras, y de las cenizas siempre nace la nueva vida.


    — ¡Alexia!

    Veinte años después de aquel traumático suceso, la ya adulta Alexia Jonson abrió los ojos tras recibir la bronca de su compañero de trabajo por haber quedado atrapada en una de sus ensoñaciones en medio de la realización de sus deberes.
    — ¿He vuelto a entrar en estado catatónico? —Le preguntó a su apuesto compañero con una sonrisa de disculpa.

    Max Tanner, un agente de policía que su padre, Jim Tanner, el nuevo jefe de la comisaría de Lamber, había asignado como compañero de Alexia, resopló de irritación y volvió a consultar los documentos que tenía sobre su mesa, algo complicado por culpa de su tendencia a permitir que el desorden rigiera su vida.
    —Me gustaría que te concentrarás en evitar que el capullo de Tom Leahn logre escapar de las consecuencias de su crimen—dijo mientras rebuscaba entre la montaña de datos que era el expediente del supuesto criminal las anotaciones del último atentado contra la ley—. Asesinó a Carl Sweel, dejando sin recursos a una mujer demasiado debilitada por la quimioterapia como para trabajar y a dos niños pequeños. El juicio ha comenzado hace un cuarto de hora, tenemos muchas pruebas que le señalan como el culpable, pero él tiene una coartada sustentada por varios testigos, de modo que tenemos que encontrar alguna prueba lo bastante contundente como para desbaratar sus excusas.
    —Ya lo sé, Max, lo sé—replicó la mujer mientras se apartaba un mechón de pelo negro de la frente y se colocaba bien las gafas. Cerró con fuerza la carpeta en la que se encontraban los datos del caso y dijo—: No encontraremos nada que pueda ayudarnos a meter a esa rata entre rejas en estos documentos; se nos ha escapado algo fundamental.
    — ¿Está hablando tu talento? —Le preguntó su compañero con gran interés.

    Alexia le guiñó un ojo y le pidió a Sandra, una empleada asignada para ayudar a la pareja en todo lo que pudiera en todos sus casos, que le llevara la información sobre los antecedentes penales de Tom Leahn.
    — ¿No deberías concentrarte en el caso actual? —Le preguntó la secretaria, entregándole una carpeta de los casos ya archivados.
    —Se supone que debería estar haciéndolo, pero tengo la sensación de que la clave para acabar con la coartada del asesino se encuentra en estos registros—declaró Alexia, abriendo la carpeta y examinando los contenidos rápidamente. Sus ojos se movían de un lado a otro de las hojas a una velocidad vertiginosa—. Aquí dice que cometió dos robos en dos bancos; uno en esta misma ciudad y otro en Jille.
    —Fueron sus primeros delitos y no tienen nada que ver con este caso de asesinato—refunfuñó Max.

    Guiada por su talento Alexia ignoró las pullas de su compañero y le pidió a Sandra que pusiera las grabaciones de las cámaras de seguridad de ambos bancos en los dos monitores que poseía el habitáculo.
    —Detesto cuando te dejas llevar por tu intuición y no me explicas nada—le reprochó Max a su amiga mientras la secretaria colocaba los discos de las grabaciones en los monitores y tecleaba para que éstos mostraran las imágenes captadas por las cámaras—; me hace pensar que yo no sirvo para nada.
    —No digas estupideces—le recriminó Alexia, cuyos ojos estaban fijos en las pantallas, que mostraban a un Tom Leahn más joven entrando a saco en los dos bancos y amenazando a los trabajadores y a los clientes. Tras cinco minutos en silencio, juntó las palmas de las manos y se tocó los labios con la punta de los dedos, señal de que había descubierto algo extraño y de que estaba llegando a una conclusión—. ¡Lo tengo! ¡Ya sé cómo logró ese malvado cometer el crimen y tener tantos testigos viéndolo a la hora en que éste tuvo lugar!
    — ¡No nos dejes en ascuas! —Le exigió Max, ansioso por descubrir lo mismo que Alexia había logrado—. ¡Cuéntanoslo!
    — ¡Os lo explicaré en el juzgado! —Replicó su compañera, incorporándose y sosteniendo la carpeta con los antecedentes de Tom Leahn bajo el brazo—. ¡Sandra, tú toma las grabaciones y ven con nosotros! ¡Max, espero que te hayas acordado de ponerle gasolina a tu coche!
    — ¡Eso sólo ocurrió una vez! —Exclamó el agente con gran indignación mientras la secretaria tomaba las grabaciones y les acompañaba hacia el garaje.



    —Es cierto que el arma homicida que acabó con la vida del señor Sweel tenía las huellas de mi cliente impresas en la empuñadura y que hallaron cabellos suyos en el taxi que la víctima conducía, pero ya he demostrado que Tom Leahn se encontraba con un grupo de amigos en el local Blue Drink en el momento del crimen, que tuvo lugar el 20 de junio a las 22:15 pm—expuso el abogado defensor del acusado ante toda la sala—. Incluso varias personas de los presentes pudieron verle emborrachándose con ellos. Podemos concluir que el verdadero asesino trató de inculpar a mi cliente dejando todas aquellas pistas falsas en la escena del crimen.

    Hubo murmullos de asentimiento en medio de la multitud que había acudido para presenciar el juicio, pues lo que había contado el abogado era cierto. La esposa del difunto, que trataba de no tener un ataque por culpa de su enfermedad en aquellos momentos, y su abogado intercambiaron una mirada de preocupación al comprender que las cosas no les iban bien.
    — ¿Tiene la acusación algo que añadir? —Le preguntó el juez al abogado, que se incorporó y respondió con un triste pero rotundo “no”. Alzó el martillo—. En ese caso, decreto que se retiren todos los…
    — ¡Un momento!

    Todas las miradas se dirigieron a la entrada de la sala, por la que Alexia y sus compañeros acababan de hacer aparición bastante desarreglados por las prisas.
    — ¿Puede saberse a qué viene esta irrupción tan maleducada, señorita Jonson? —Preguntó el juez, que ya había visto sus dictados interrumpidos por la daimon.
    —Lo lamento mucho, señoría—jadeó la mujer mientras se aproximaba al estrado junto con sus compañeros—, pero antes de que dicte sentencia, me gustaría que viera estas grabaciones—señaló los discos que Sandra llevaba en las manos. Tienen una gran relevancia en el caso.
    — ¡Protesto, señoría! —Intervino el abogado del culpable.
    — ¡No hay motivo! —Replicó el abogado de la acusación.
    —Hágalo—el juez le concedió permiso a Alexia para que expusiera su aportación.

    Mientras Sandra colocaba las grabaciones en unos ordenadores que algunos guardias habían transportado hasta la sala, Alexia se puso firme ante todos los presentes y comenzó su discurso:
    —Como todos saben, la noche del 20 de junio, exactamente a las 22:15 pm, el señor Sweel, que se encontraba realizando su rutina como taxista, fue brutalmente asesinado con una navaja cuya empuñadura tenía las huellas del acusado, Tom Leahn, quien se encontraba en aquellos momentos en un bar de copas con su grupo de amigos, por lo que resultaba imposible que el asesino y él fueran la misma persona. La única posibilidad sería que alguien cometiera el crimen y tratara de tenderle una trampa al acusado para desviar la atención.
    —Eso ya lo sabemos—intervino el juez, que no comprendía a dónde pretendía llegar la investigadora.
    — ¿Esa es realmente la única posibilidad? —Alexia continuó su exposición, encontrándose en su elemento—. ¿No podría ser que el acusado tenga la capacidad de estar en dos lugares al mismo tiempo?
    —Eso es ridículo.

    Era la primera vez que el acusado hablaba en el juicio. Miraba tan fijamente a la mujer que parecía que esperaba que cayera muerta ante todo el mundo.
    —No lo es en absoluto, señor Leahn, y aquí traigo la prueba—replicó Alexia con una sonrisita de superioridad, indicándole a Sandra que pusiera en marcha las grabaciones de los dos atracos—. Los primeros actos delictivos del acusado fueron estos dos atracos ocurridos en dos bancos situados en dos ciudades lejanas.
    — ¡Eso no tiene ninguna relevancia en este caso! —Exclamó el abogado defensor.
    — ¿Eso cree?

    Alexia se aproximó a los ordenadores y trasteó hasta ampliar las imágenes lo suficiente como para que el juez y las dos partes litigantes pudieran verlas. Alzó las manos y señaló una serie de números que indicaban las fechas de los eventos.
    —Si se fijan bien, verán que los dos atracos tuvieron lugar el 5 de febrero del año pasado y a las 11:45 am—se explicó al comprobar que nadie veía nada extraño en las grabaciones—. Mismo día y misma hora. Parece que el señor Leahn no es un humano normal, sino un daimon con el talento de la replicación. En otras palabras, mientras el verdadero Tom Leahn asesinaba a Carl Sweel, su copia le aseguraba una buena coartada saliendo de copas con sus amigos y asegurándose de que todo el mundo le viera.

    El acusado perdió cualquier posibilidad de defenderse frente a aquellos argumentos cuando, presa del miedo y la ira, se abalanzó sobre Alexia y trató de matarla. Sin embargo, se vio interceptado por Max y los demás policías y pronto quedó reducido y encadenado. Todas aquellas evidencias llevaron a que el juez declarara que Tom Leahn era culpable de todos los cargos y pagara con cadena perpetua en la prisión de Hiron.
    —Tus padres estarían muy orgullosos—le comentó Jim Tanner, el hombre que la había acogido tras la muerte de sus padres y le había dado un puesto de trabajo, quien había presenciado el juicio desde un rincón.
    —Eso espero—susurró Alexia con una sonrisa mientras les estrechaba las manos a la viuda y su abogado. “Espero que me estén viendo desde donde sea que estén.”
     
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    Sheccid

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    Oh, Sirio, hermoso.
    Te digo que siempre te ganas mis halagos. No encontré faltas de ortografía, la secuencia esta muy bien y la historia atrapante.
    Obviamente espero una continuación, algo que complique mas las cosas y quisiera saber porque incendiaron la casa de Alexia ¿quien fue tan perverso para hacer una cosa asi?¿habrá romance entre Alexia y su compañero?
    A pesar de que no es de misterio me mantienes en suspenso.
     
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    Kohome

    Kohome Orientador Editor Gráfico Radio FFL Líder de Radio Equipo Creativo Liebe - Mapu♥ Comentarista destacado Cosita♥

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    Hola. Perdóna la gran demora. Ando un poco ocupada con escritos y eso...

    Buena idea la tuya. Suena muy interesante y atrapante que la joven sea una "daimon" y que tenga el talento de la intuición.

    Es bueno que lo use para el bien de los demás y no para lo contrario, sería desastrozo de ser así.

    En fin, me parece que tu idea tendrá una excelente trama.

    Avísame cuando esté la conti. Y perdóna el comentario corto, se me fueron las ideas -.-'

    ¡Hasta la conti!
     
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    Shani
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    Escritora
    Me encanta la historia. Es muy original y tu narración es excelente. Me gusto desde el principio y ¡quiero mas! ¿Vas a continuarla?
     
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