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One-shot Fanfic - ¡Sorpresa! [Ace Attorney]

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por Liza White, 14 Abril 2018 a las 3:00 PM.

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    Liza White

    Liza White SHSL Bad Luck | Artist | Satella Loli ♥ Lia ♥

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    Título:
    Fanfic - ¡Sorpresa! [Ace Attorney]
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    Para todas las edades
    Género:
    Amistad
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2881
    Lucas Diamond ¡Feliz cumpleaños! <3 Espero que te guste /u\

    ¡Sorpresa!

    Phoenix cerró la puerta del bufete Wright and Co con un suspiro que denotaba cansancio, y se dirigió hacia el aparcamiento donde su coche le esperaba para regresar a casa, tras lo que le había parecido una eternidad. Ya era una mala pata que hubiese tenido que trabajar el día de su cumpleaños, como para encima tener un gran número de encargos, visitas y papeleo que no le dejaron ni cinco minutos en libertad. Parecía que se había encontrado con todo el trabajo que usualmente tendría en tres meses, ¿¡acaso el mundo se había alineado en su contra aquel día!?

    Sin embargo, el pensar que muy pronto llegaría a su hogar y se recostaría en el sofá hasta quedarse dormido lo reconfortaba. Aún así, en su cabeza no dejaba de resonar la idea de llamar a Maya. Por alguna razón se había tomado el día libre, dejándole a él solo todo el trabajo. Pero lejos de estar molesto (que al principio lo estaba), sentía la necesidad de charlar con alguien cercano antes de irse a dormir. Al menos se permitiría aguantar un poco más despierto; en el fondo, las ocurrencias de aquella jovencita le sacaban más de una sonrisa. Al menos así, su cumpleaños no acabaría siendo tan solitario.

    Pero aquello sería demasiado bueno para ser cierto, y la sombra de un hombre robusto y de aire despistado le llamó la atención mientras aparcaba en frente de su casa. El hombre en cuestión se había colocado justo frente a la puerta que daba al bloque de pisos donde se encontraba su apartamento, y no parecía ser posible adentrarse sin tener que pasar por él. Lo peor es que parecía estar buscándolo con la mirada, puesto que no dejaba de mirar a ambos lados de la calle con demasiado ímpetu. ¿Y todavía no se había fijado en su coche? Típico de...

    —¡I-Inspector Gumshoe! —ahogó una exclamación el joven abogado, en el momento en el que el hombre notó su presencia. Salió de su coche con un aura derrotada, intentando fingir que le apetecía conversar cuando lo cierto era que deseaba echar a correr hacia su casa. El nombrado caminó algo más rápido de lo usual hacia él, alzando una mano en el aire mientras le saludaba.

    —¡Buenas noches, amigo! ¿Cómo tú por aquí? —exclamó, pasando el brazo por su hombro mientras le obligaba a girar, dándole así la espalda al bloque de pisos. El hombre parecía tenso.

    —Eh... aquí es donde vivo, ya lo sabe —respondió, ciertamente consternado.

    —Ah, sí, claro... —abatido, se llevó la mano tras la nuca, soltando una sonrisilla nerviosa que no le inspiraba ninguna confianza a Phoenix. Aunque para qué mentirnos: nunca lo hacía. Viendo que por aquella vía acabaría pronto la conversación, alzó la cabeza hacia el cielo nocturno y pronto volvió a intentarlo de nuevo—. Parece que se ha quedado una buena noche, ¿eh, amigo? ¿Le gustan las estrellas? A mí me gustan más las de mar, al menos se ven mejor.

    —Esto... Sí, supongo que sí me gustan —farfulló el joven, sin entender cómo había llegado a entablar una conversación tan absurda con aquel tipo. Trató de girar su cuello y observar por encima del hombro de Gumshoe su tan deseada entrada hacia el piso, y casi sintió una lagrimita de impotencia al haber sido detenido tan cerca de su objetivo. Con un ademán sutil trató de deshacerse del agarre al que estaba sujeto, excusándome con la mayor calma posible—. Bueno, si me disculpa me gustaría regresar a casa. Tengo que ir preparando la cena y...

    —¡Definitivamente no puede hacer eso! —exclamó, volviendo a girar al abogado con un brusco movimiento, como si estuviese ocultando algo tras de sí. Con un muy mal disimulado gesto revisó la hora, visiblemente ansioso, y volvió a dirigirse a Phoenix mientras trataba de inventarse alguna excusa—. Me temo que tiene denegado el acceso a este bloque de apartamentos indefinidamente, amigo. Se ha registrado una alta cantidad de... esto... Termitas. ¡Como lo oye, termitas! Termitas asesinas, ya sabe, esos bichos asquerosos que se comen la piel y son un peligro para la población.

    —Gumshoe, las termitas comen madera, no son pirañas —respondió Phoenix casi sin fuerzas, sorprendido ante tanta insistencia. Al parecer estaba ocultando algo, la mirada furtiva y aquellos ademanes nerviosos siempre le delataban. Pero si estaba ocultando algo de verdad.. ¿¡a quién demonios se le había ocurrido dejar a este tipo a cargo!?

    —¡Ah, claro, ya decía yo! No eran termitas, sino pirañas. Es que como se dice parecido, ya sabe —rio el inspector, tan despreocupado como siempre. Ajeno al tremendo equívoco que acababa de cometer. Phoenix tuvo que contenerse para no soltar un "¡Protesto!" a viva voz. ¡Pero no estaba en el tribunal!

    —Las pirañas no pueden vivir fuera del agua, son peces. Y definitivamente no suenan parecido... —y al ver que el hombre agachaba la cabeza haciendo un pequeño mohín, aprovechó la oportunidad para apartarse, agachándose en el momento exacto para liberarse del agarre. Pero como sabía que el hombre volvería a apresarlo, rápidamente intentó pensar en algo—. ¡Olvidé que dejé la vitrocerámica encendida, debo comprobar que no haya ocurrido nada! ¡Es cuestión de vida o muerte!

    Y echó a correr hacia la puerta ante la sorpresa de Gumshoe, quien intentó detenerle a voces pero no fue capaz de seguirle porque... ¡Porque tenía que llamar a los bomberos, qué demonios! Seguro que si lo hacía al día siguiente saldría en las noticias como el salvador del día al prevenir un incendio, y con ello ganaría fama y por qué no, ¡quizás hasta le daban un aumento por su buena acción! Y la verdad es que le vendría muy bien uno...

    Ya se le estaban acabando los cacahuetes, a decir verdad.


    ***

    El ascensor estaba ocupado y no parecía tener intención de bajar. Genial. Simplemente genial.

    Y ahí estaba él, Phoenix Wright, el gran abogado subiendo siete pisos por las interminables escaleras casi sin aliento. Maldijo para sus adentros a todos los vecinos que parecían haberse puesto de acuerdo en usar el ascensor por tanto tiempo. ¿Qué se supone que estaban cargando? ¿Una habitación entera? Pero ver la señal que indicaba que ya iba por el sexto piso le devolvió un poco la esperanza. Parecía haber cierto ajetreo en el piso al que se dirigía.

    Llegó finalmente frente a la puerta de su apartamento, y aquel aparente ruido cesó misteriosamente. Aquello le crispó un poco al abogado, a decir verdad. Había estado metido en tantas escenas de crímenes y sabía tanto del tema que cualquier factor extraño de su entorno le hacia ponerse a la defensiva. Contuvo el aliento mientras giraba las llaves sobre la cerradura, y se adentró en la estancia lentamente, sumergiéndose en la oscuridad del hogar que le daba la bienvenida. Intentó buscar el interruptor a tientas, cerrando la puerta tras de sí, y fue entonces cuando escuchó un gran estruendo en la sala de estar que hizo que su corazón se detuviese por un segundo. Rápidamente encendió las luces y echó a correr hacia el lugar, con un paraguas en mano por si necesitaba defenderse. ¡Era lo primero que se le cruzó por el camino!

    —¿¡Quién está ahí!? —exclamó, abriendo con fuerza la puerta de la estancia mientras sentía su respiración sofocada.

    Pero ante su sorpresa no fue necesario buscar el interruptor, puesto que al poner un pie en la estancia estas se encendieron automáticamente, y una imagen que nunca se hubiese esperado se presentó ante sus ojos: una multitud de siluetas familiares se encontraban allí presentes, algunas con papeles de regalo en las manos, otras con banderillas y globos sin colgar aún... Y lo más llamativo: una joven a la que conocía muy bien enredada bajo un montón de cintas y envolturas de bolitas de plástico, mientras una niña más pequeña intentaba sacarla de aquella enredadera como podía.

    —¡Oh, Nick, ya llegaste! Esto... ¡Sorpresa! —canturreó Maya Fey, logrando ponerse en pie mientras se quitaba los restos con ayuda de su prima Pearl. La médium rápidamente se recompuso del improvisto y correteó hacia el joven, juntando ambas manos con una gran sonrisa en sus labios—. ¿Qué? ¿Ha sido tan sorpresivo que te ha comido la lengua el gato?

    —¿Qué... Qué es esto, Maya? —balbuceó el abogado como pudo, intentando recomponerse del shock. Llevó una mano a su cabellera mientras daba un rápido repaso a los allí presentes, sintiéndose como un niño en el día de Navidad.

    Podía ver a Lotta Hart tratando de quitar como podía un trozo de cinta adhesiva del mantel, pero de la fuerza acabó llevándose todo el trozo de papel con ella. Disimuló, llevándose el trozo tras la espalda, y le sonrió tan tranquila. También estaba la pequeña Pearly, cargando con varios globos entre sus brazos, y su viejo amigo Larry no tardó en acercarse a darle una palmada en la espalda a modo de saludo. Le sorprendió ver al juez también allí, tomando un trozo de algún aperitivo mientras lo degustaba como si se tratase de un manjar (suponía que se había colado por las buenas en la fiesta), y... espera un momento, ¿¡por qué estaba la señora Oldbag allí!? Sin embargo, no pudo evitar sonreír divertido al ver que se encontraba acosando a alguien a quien conocía muy bien: Edgeworth también estaba allí. Y eso significaba mucho para él.

    —¿Qué esperabas, que hiciese como si no supiese que era tu cumple? ¡No podía permitir que no lo celebrases, Nick, así que traje aquí a todos para hacerte una fiesta sorpresa! —exclamó Maya, entusiasmada como ella sola. Antes de que pudiese reaccionar, tomó su mano ante su sorpresa y lo guió hacia el interior de la estancia, invitándole a que no se quedase fuera por más tiempo—. ¡Vamos, entra! Lo cierto es que íbamos algo cortos de tiempo y tuvimos que pedirle ayuda al señor Gumshoe para que te distrajese un poco...

    >>Qué raro, ¿dónde se habrá metido?

    No quiero ni pensarlo... —pensó Phoenix, sintiendo cierta culpabilidad repentina. Solo esperaba que no la liase demasiado por su culpa.

    —¡Hombre, joio, al fin te apareces! Nos has tenío a tos con los chismes estos de asquí para allá, asínque más te vale que comas un poco de mi tarta casera como agradecimiento —exclamó una voz al acercarse hacia él, y no le fue difícil distinguir que se trataba de Lotta, quien traía una tarta con un aspecto... uhm, extraño para él. Estaba algo seca y podía verse la base debido a que tenía varios agujeros. ¿Y eso...?—. Ah, sí, esto ha sio culpa del pajarraco aquel, la chiquilla hasta que no consiguió traerlo no se quedó tranquila.

    Y en efecto, al fijarse mejor pudo ver cómo aquel loro rojo que ya conocía se encontraba posada sobre su preciado sillón, clavando sus garras en la tela. Casi sintió que le desgarraban a él y a su bolsillo.

    —¡Polly también quería venir a verte, Nick! Vamos, Polly, ¡saluda a tu amiguito!

    —¡Hola, hola! ¡Cuack! —graznó el ave, siguiendo el pedido de Maya. Phoenix sonrió levemente, y alzó una mano ante su particular invitada.

    —Hola, Polly. ¿Qué tal?

    —¡Venga Polly, dile lo que te he enseñado!

    —¡Hola, hola! Nick se meaba en la cama hasta los 15 años. ¡Cuack!

    La médium rápidamente agitó sus brazos ante el ave, contrariada, gritando un "¡eso no!" una y otra vez, pero ya era demasiado tarde. Todos en la sala parecieron divertirse con la escena, pero Phoenix solo quería desaparecer después de eso. ¡No podría mirar a su rival Edgeworth a la cara nunca más, qué vergüenza!

    —Jijiji, sois tan lindos vosotros dos —canturreó la pequeña Pearly a su lado, mirándoles con ternura, a lo que volvió a sentir enrojecidas sus mejillas. ¿Por qué una niña lograba ponerle tan nervioso cada vez que hablaba?—. Maya, la mística, ha estado muy preocupada por hacerte todo esto. ¡Como ves, eres muy importante para ella! Qué envidia me dais...

    Pero por suerte, la intervención de Larry a su lado logró calmar sus nervios.

    —¡Venga, Phoenix, ve de una vez a cortar la tarta, que me muero de hambre! ¡Y a Edgy también parece que le suenan las tripas desde hace un rato!

    —¿Qué? —intervino entonces el fiscal, sorprendido, mientras desviaba la mirada con un ligero rubor al que Phoenix no pudo evitar divertirle. Al menos no era el único avergonzado allí—. Deja de decir estupideces y ten cuidado por donde vas, tienes los cordones desatados.

    —¡Ayyy, mi Edgy bonito! ¡Eres tan lindo que esta viejecita va a sufrir un paro por tu culpa! —exclamó la señora Oldbag a su lado. Empezó a enrollarse contando todo tipo de historias de su juventud como si no hubiese un mañana y... Pobre Edgy, la que le había caído.

    Pero el dato que el fiscal había soltado era bastante importante, y antes de que alguien más se diese cuenta, el muchacho acabó tropezándose con los cordones justo cuando pasaba por donde se encontraba Lotta, logrando desequilibrarla con él y tirando consigo la tarta al suelo. Todos lanzaron una exclamación ante aquello, pero Phoenix no pudo evitar llorar de alegría por dentro: ¡por un momento sintió que se intoxicaría con ella!

    —¡Mira la que has liao, desastroso! ¡Ahora te la vas a comer del suelo como que me llamo Lotta Hart!

    "Si algo huele mal, pregunta a Larry y él lo sabrá". El dicho volvía a confirmarse.

    Pero ahí no quedaba la cosa. Entre el griterío que acabó armándose, no lograron escuchar la sirena de los bomberos que se acercaba peligrosamente al lugar. Por ello, las caras de desconcierto al ver entrar a Gumshoe con varios hombres y una manguera entre sus manos fue descomunal. La situación cada vez se volvía más y más bizarra.

    —¡Ya estamos aquí! Este señor nos ha avisado de que había fuego en su casa, ¿es cierto?

    —Esto... Lo lamentamos, pero creo que nuestro amigo se ha... —intentó excusarse Phoenix con evidente nerviosismo, pero antes de que pudiese decir algo más, Maya acabó exclamando algo a su lado.

    —¡Kyah, la cena! ¡Todavía estaba puesta en el horno!

    Y al final los bomberos sí que tuvieron que apagar algo, al menos. La cena acabó chamuscada, el postre inservible y la buena de Polly se encargó de reventar todos los globos que se encontraba por su camino. Y así, la pobre fiesta sorpresa que Maya había organizado con tanto ahínco acabó siendo un desastre. Mientras todos salían del apartamento para dejar que los bomberos hiciesen su trabajo, Maya sintió una mano agitar su cabello con suavidad, y alzó el rostro sin ganas.

    —¿Nick?

    —Muchas gracias por el esfuerzo, Maya. La intención es lo que cuenta, y créeme que lo necesitaba —le sonrió el joven con sinceridad, dirigiendo la mirada ahora a todos los presentes. Pocas oportunidades tenían de reunirse todos, y se alegraba de haberlo hecho al menos aquel día.

    —Pero todo salió mal, yo no... —suspiró, derrotada. Sin embargo, la sonrisa de Nick le hizo sentir algo mejor, y decidió que no se rendiría hasta el final. Dio una palmada y todos los presentes dirigieron su atención hacia ella—. ¡Decidido, iremos a cenar algo fuera para celebrar el cumpleaños de Nick! ¡Que invite el señor Gumshoe!

    —¿Q-Qué? Pero si no tengo ni para... —intentó salir de paso el detective, pero ya era demasiado tarde.

    —¡Que buena idea, venga! —exclamó Pearly, siguiendo el paso de la parejita con notoria felicidad.

    —Bueno, por qué no...

    Y tras la confirmación de Edgeworth, todos se pusieron en camino hacia el restaurante más cercano, sin hacer caso de los sollozos del pobre Gumshoe.

    Phoenix detuvo su paso un instante al sentir que alguien le rozaba el hombro de repente. Dejó que el grupo se adelantase un poco, y buscó con la mirada hacia sus alrededores, intrigado. Aquella sensación en el pecho... La conocía. Sabía que ella estaba cerca. Cerró los ojos, relajado, y sonrió, demostrando la felicidad que sentía en aquel momento.

    —Feliz cumpleaños, Phoenix.

    —Gracias, Mia... Ojalá pudieses estar aquí con nosotros.

    —Siempre estoy a vuestro lado, ya lo sabes. No puedo permitir que hagas ningún desastre por ahí tú solo —la voz risueña de la mujer pareció resonar de alguna forma cerca de él, y casi pudo ver su silueta al cerrar los ojos, al menos por un instante. Rio, divertido.

    —Vaya, qué fe tienes en mí, jefa.

    Mia Fey también rio. Sin embargo, supo que no podría quedarse mucho más así; Maya le estaba llamando al otro lado de la acera.

    —Vamos, mi hermanita te está esperando. No querrás hacerla esperar, ¿no es así?

    Y el joven asintió, sin borrar su sonrisa del rostro. Comenzó a caminar en su dirección, tras despedirse por el momento de su jefa, mas escuchó un susurro más provenir de ella antes de desaparecer por completo. Aquello le hizo sentir mejor, y con algo más de ánimos se reencontró con el grupo que le esperaba. Maya le agarró del brazo y tiró de él, mas se dejó llevar sin oponer resistencia.

    Lo cierto era que, con o sin sus cosas, no deseaba estar en ningún otro lugar en aquel mismo instante.

    "Estoy orgullosa de ti, recuérdalo, Phoenix".
     
    Última edición: 14 Abril 2018 a las 4:43 PM
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    Lucas Diamond

    Lucas Diamond Rolero

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    Omg ;____; jo, I'm sensitive, ok? :(

    Owns, muchas gracias por el regalo, en serio <3 Me ha hecho mucha ilusión leerlo, ay. Me siento como un padre orgulloso al ver que te manejas ya en el fandom mejor que yo (???

    El relato ha sido súper tierno, rlly. Es muy en la línea de maya, preparando una fiesta sorpresa que sale fatal luego xDDD Pero siempre con una sonrisa, intentando animar a Phoenix. Y él siempre amargado (???

    JAJAJA Y LOTTA, ME MEO. Cuando la empecé a leer dije "esta señora es Lotta, no puede ser otra" xDDDDD

    Tantos personajes y los manejas a todos tan bien <3 ¡Estupendo relato, Andy!

    Btw, me descojoné con los cacahuetes de Gumshoe xDDDDD Tan real, HA SIDO LO MEJOR. Y POLLY, POLLY TAMBIÉN. Y Y Y LA PEQUEÑA PERLA Y SU SHIPPEO Y TODO.

    En fin, como ya te he dicho, una historia excelente :D Muchas gracias por tomarte las molestias en estas fechas en que tenemos tanto trabajo :c

    Te quiero mucho, Andy <3

    Sigue así,

    Lucas Diamond~ <3
     
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