Romántico Entre lo que fue y lo que pudo ser

Tema en 'Novelas' iniciado por KingBishoujo, 27 Enero 2026.

Cargando...
  1.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    374
    Prólogo

    La primera vez que la vi

    Nunca pensé que un simple “¿te apetece venir con nosotros?” cambiaría tanto mi vida.
    Tenía quince años, esa edad rara en la que aún eres un niño para unas cosas y un adulto en potencia para otras. Mi mundo se limitaba a las mismas calles, las mismas caras y la rutina de siempre. Mi grupo de amigos era pequeño, cerrado, y yo estaba cómodo ahí.

    Por eso, cuando uno de ellos me dijo que solía salir con otra gente y que estaría bien que yo me uniera, lo primero que sentí fue rechazo. ¿Qué pintaba yo metiéndome en un grupo ya hecho, con bromas internas y códigos que yo no entendería? Imaginaba miradas raras, silencios incómodos, esa sensación de ser “el nuevo” que no soportaba.

    Pero mi amigo insistió. “No pierdes nada, Javi. Vente, son majos, te vas a reír”. Al final cedí. A veces uno acepta por no escuchar más, y eso fue lo que hice: aceptar.

    Recuerdo perfectamente aquella primera tarde. El sol caía despacio y yo iba de camino al parque donde me habían citado, con el estómago encogido y la cabeza llena de excusas por si me arrepentía a última hora. Pero cuando llegué, me recibieron con sonrisas. Un “hola” sincero, un hueco en el banco, una broma para romper el hielo. Y, contra todo pronóstico, me sentí bienvenido.

    Hablamos de tonterías, reímos de cosas sin importancia, y poco a poco mi incomodidad se fue diluyendo. Eran como yo: chavales de mi edad con ganas de pasar las tardes en cualquier esquina del mundo, con un paquete de pipas y mil historias que no llevaban a ningún sitio.

    No me di cuenta en aquel momento, pero esa decisión “la de aceptar aquella invitación” iba a marcarlo todo. Porque entre las risas, los juegos, las conversaciones sin trascendencia, había alguien allí que, sin buscarlo, iba a cambiar mi forma de sentir para siempre.

    Todavía no lo sabía, pero ese día fue el principio de la historia más larga y más intensa de mi vida: la de un amor que me acompañaría en silencio durante años, aunque ella nunca llegara a ni si quiera imaginar la cantidad de amor que sentía por ella.
     
    • Adorable Adorable x 1
  2. Threadmarks: Capítulo 1 Juventud ilusionada Recuerdo I – El grupo
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    405
    A los quince años todo parecía girar en torno a los mismos rostros, las mismas calles, las mismas rutinas. Yo solía salir con un par de amigos de siempre, los de la infancia, con quienes compartía videojuegos, caminatas sin rumbo y silencios cómodos. Mi vida social cabía en un círculo pequeño y previsible, y la verdad es que no me molestaba. Había una tranquilidad en lo conocido.

    Pero un día, uno de esos amigos me propuso algo distinto: “Oye, ¿te apetece venir con nosotros? Siempre salgo con el mismo grupo, estaría bien que conocieras a más gente”. Yo dudé. No era de lanzarme a lo desconocido. Me sentía torpe al entrar en ambientes nuevos, como si todos pudieran notar en mi cara que yo no pertenecía. Pero insistió, y al final acepté, casi más por no quedar como un aguafiestas que por verdadero entusiasmo.

    La primera vez que fui, me sorprendió la naturalidad con la que me recibieron. Ninguna mirada rara, ningún gesto de desconfianza. Era como si llevara tiempo allí, como si hubiera estado ausente solo unos días y por fin regresara. Eso me descolocó y a la vez me relajó. No esperaba ser aceptado tan rápido.

    El grupo era una mezcla de personalidades y voces que se superponían sin orden ni concierto. Había quien siempre llevaba la iniciativa, quien hacía de payaso, quien se limitaba a asentir, quien discutía por deporte. Éramos jóvenes, con energía de sobra, y cualquier excusa bastaba para reunirnos: un banco en el parque, un paseo hasta el supermercado, una tarde en la cancha aunque nadie jugara bien al baloncesto. No necesitábamos más que estar juntos y llenar el aire de ruido.

    Yo, que hasta entonces había vivido más en mi mundo que en el de los demás, empecé a disfrutar de esa sensación de pertenencia. Era nuevo, pero no sobraba. Podía reírme de las bromas, aportar alguna ocurrencia, sentir que mi voz no quedaba perdida en el vacío. Fue como descubrir un idioma que no sabía que entendía.

    Dentro de esa multitud de risas y voces, ella estaba. Una más, al menos al principio. No me fijé en ella con ninguna intención distinta, ni busqué nada especial. Para mí era solo parte del conjunto: una chica entre tantas, hablando, riendo, caminando con los demás. Pero había algo invisible que la diferenciaba, aunque aún no supiera ponerle nombre.

    Era como si, sin hacer nada en particular, destacara del resto.
     
  3. Threadmarks: Recuerdo II - Ella distinta
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    351
    Al principio no había nada evidente. Ella hablaba, reía y caminaba como el resto, sin hacer nada que llamara más la atención que los demás. Pero poco a poco, en medio del barullo, empecé a notar matices. Como cuando escuchas una canción y de pronto te fijas en un instrumento que siempre estuvo ahí, sonando bajito, pero nunca lo habías reconocido.

    Era distinta, aunque yo no supiera todavía explicarlo. Quizá era la manera en la que se expresaba. Mientras muchos buscaban encajar a toda costa, ella parecía no tener prisa por demostrar nada. Tenía un aire sereno, como si no necesitara seguir el ritmo que los demás marcaban. Había algo en su postura, en la forma de mirar, que transmitía seguridad. Y eso, a los quince años, era como encontrar un faro en mitad de un mar agitado.

    Me llamaba la atención que hablara con más madurez que el resto. Sus frases tenían un peso distinto, como si hubiera vivido un par de años más que todos nosotros. Cuando opinaba, no lo hacía para quedar bien ni para agradar: lo hacía con claridad, sin titubeos, dejando claro qué aceptaba y qué no. Y lo curioso era que no necesitaba imponerse para que se la escuchara. Era suficiente con la firmeza en su voz.

    Mientras otros intentaban ser graciosos o exageraban historias para ganar protagonismo, ella se mantenía fiel a sí misma. No se esforzaba por brillar, pero brillaba. No buscaba llamar la atención, pero mi mirada empezaba a detenerse en ella cada vez con más frecuencia.

    A veces, sin darme cuenta, me encontraba siguiéndole la conversación más que a nadie, incluso aunque no tuviera nada especial que contar. No era lo que decía, sino cómo lo decía. Como si entre todas esas voces juveniles, la suya tuviera un timbre más claro, más definido, imposible de ignorar.

    Fue entonces cuando algo dentro de mí empezó a cambiar. No me había dado cuenta aún de lo que estaba germinando, pero sí notaba una diferencia: mientras con los demás compartía risas, con ella compartía atención. Y eso, aunque parecía una sutileza, lo era todo.
     
  4.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    395
    Recuerdo III – El carácter firme

    Hubo una tarde en la que lo entendí de golpe. Estábamos todos en el mismo banco de siempre, las pipas circulando de mano en mano, las botellas de refresco a medio acabar en el suelo, y el sol cayendo lento, tiñendo el cielo de un naranja cálido. Era una de esas escenas que se repetían una y otra vez, idénticas en apariencia, pero que siempre escondían algo nuevo.

    Uno de los chicos del grupo, de esos que disfrutaban provocando risas a base de molestar, empezó a bromear con ella. No era nada grave, apenas un comentario tonto, pero tenía un filo escondido que buscaba incomodarla. Los demás rieron, quizá por inercia, quizá por costumbre. Yo también solía reír esas bromas, aunque después me parecieran insulsas.

    Pero ella no.

    No se encogió de hombros, no hizo como que no pasaba nada. Se giró despacio, con la calma de quien no tiene prisa en responder, y lo miró directamente a los ojos. La risa del grupo se fue apagando poco a poco, como si esa mirada hubiera bajado el volumen de todo alrededor.

    Con voz firme, sin elevarla ni un tono, le dijo algo que se me quedó grabado:
    —No me hace gracia. Y si quieres seguir con eso, busca a otro.

    No hubo gritos, ni insultos, ni necesidad de defenderse con excusas. Fue directo, claro, irrefutable. Y lo más sorprendente fue el efecto inmediato: él, que siempre tenía una respuesta rápida para todo, se quedó en silencio, encogió los hombros y cambió de tema.

    El resto del grupo intentó recuperar la conversación como si nada, pero para mí nada era igual. Esa escena me golpeó más que cualquier broma. No era la primera vez que veía a alguien plantar cara, pero en ella había algo distinto: la seguridad, la convicción tranquila, el no necesitar aplausos ni aliados para hacerse respetar.

    Me quedé mirándola, todavía con las palabras resonando en mi cabeza. En ese instante la vi distinta, poderosa a su manera. Fue como si de pronto hubiera visto una parte de ella que hasta entonces permanecía oculta, una fuerza que no necesitaba exhibirse porque simplemente estaba allí.

    Y entendí que lo que me atraía no era solo su madurez, sino ese carácter firme que se imponía sin imponerse. Una claridad que, a esa edad, era rara, casi imposible.
     
    Última edición: 27 Enero 2026
  5. Threadmarks: Recuerdo IV - Miradas y silencios
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    359
    Después de aquella tarde en el banco, ya no pude volver a verla igual. No fue un cambio brusco, más bien una transformación silenciosa que empezó a filtrarse en cada encuentro. En medio del bullicio del grupo, entre las bromas y las historias repetidas mil veces, me descubrí buscándola con la mirada.

    A veces me sorprendía contando cuántas veces sonreía en una tarde, o cuánto tardaba en volver de comprar algo en el kiosco. Si hablaba, mi atención se centraba en su voz, incluso aunque no tratara un tema que me interesara. Si callaba, me sorprendía mirándola de reojo, intentando descifrar en su silencio lo que pensaba.

    No era amor todavía, o al menos yo no lo llamaba así en ese momento. Era más bien una atracción invisible que me mantenía pendiente de ella sin que nadie lo notara. Mientras los demás reían, yo estaba atento a si ella también reía. Mientras alguien contaba una anécdota absurda, yo solo quería saber qué expresión pondría ella.

    Y lo curioso es que no necesitaba grandes gestos. Bastaba que se sentara cerca para que la tarde se volviera más liviana. Bastaba un cruce de miradas accidental para que me costara respirar un segundo. En esos silencios donde ninguno de los dos decía nada, yo sentía que pasaba algo. No podía ponerle nombre, pero lo sentía.

    Había días en que la observaba mientras hablaba con otros y me invadía un pequeño nudo en el pecho: la sensación de querer estar allí, en ese mismo lugar, formando parte de su atención. Otras veces, cuando se acercaba a mí por pura casualidad —para pedirme algo, para hacer un comentario al aire—, sentía que todo mi mundo se reducía a esa interacción mínima, como si el resto del grupo dejara de existir por un instante.

    Fue entonces cuando comprendí que la buscaba sin darme cuenta. Que, aunque fingiera ser uno más entre todos, mis ojos se desviaban siempre hacia ella. Era como un secreto que no podía contarle a nadie, ni siquiera a mí mismo en voz alta.

    Y en esos silencios compartidos, sin palabras, yo empezaba a descubrir que lo que sentía no era pasajero.
     
  6.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    391
    Recuerdo V – El descubrimiento

    El momento en que comprendí lo que sentía no llegó de golpe, como esas escenas de película donde todo encaja de repente. Fue más bien como un goteo constante: pequeñas señales que se iban acumulando, hasta que un día, sin querer, me vi ahogado por ellas.

    Recuerdo una tarde cualquiera. Estábamos de camino al supermercado, el grupo entero, ocupando la acera con nuestras voces altas y pasos desordenados. Ella caminaba unos metros más adelante, riendo de algo que yo no había escuchado. Y entonces me sorprendí observándola con una atención que iba más allá de lo normal: el movimiento de su pelo al girarse, la forma en que gesticulaba al hablar, incluso la manera en que sus zapatillas golpeaban el suelo con un ritmo casi despreocupado.

    Fue tan absurdo como revelador. ¿Desde cuándo me fijaba en esas cosas? ¿Desde cuándo me importaba si reía más o menos, si estaba cerca o lejos de mí?

    Al llegar a casa, me tiré en la cama y lo supe. No pude seguir engañándome. Me había enamorado.

    No era un enamoramiento superficial, de esos que se inflan rápido y desaparecen al primer viento en contra. Era distinto. No me gustaba solo por cómo se veía, sino por lo que transmitía: esa madurez que parecía sacada de alguien mayor, ese carácter que no se doblegaba, esa claridad en decir lo que pensaba. En ella no había disfraces. Y quizá por eso me atrapaba tanto.

    Pensé en lo injusto que era el corazón: había tanta gente alrededor, tantas voces, tantas sonrisas, y de todas, la mía había elegido fijarse en ella. Y no podía hacer nada para detenerlo.

    La certeza me asustó. Tener un “crush” pasajero era fácil, podías reírte de ello con los amigos, dejarlo atrás en unas semanas. Pero enamorarse era distinto. Enamorarse significaba arriesgarse, significaba admitir que esa persona tenía el poder de alegrar o arruinar tus días con un gesto.

    Me pregunté mil veces por qué tenía que ser ella. Y siempre volvía a la misma respuesta: porque era distinta. Porque, sin pretenderlo, me había mostrado una forma de ser que yo no había visto en nadie más.

    Esa noche, al cerrar los ojos, lo acepté por fin: estaba enamorado. Y aunque todavía no sabía qué hacer con ese sentimiento, ya era demasiado tarde para deshacerlo.
     
    Última edición: 27 Enero 2026
  7.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    444
    Recuerdo VI – El peluche

    Fue en uno de esos viajes rutinarios al supermercado, el tipo de salida que se repetía tantas veces que casi no tenía sentido recordarlas. El grupo solía entrar en tropel, algunos con monedas sueltas en los bolsillos, otros sin dinero pero con la esperanza de que alguien compartiera algo. Yo iba detrás, como siempre, dejando que las voces rebotaran en los pasillos y llenaran el aire.

    No esperaba nada distinto. Pero entonces lo vi.

    Entre estanterías cargadas de galletas y montañas de bolsas de patatas fritas, en una esquina medio olvidada, había un peluche gigantesco. Era tan desproporcionado que parecía fuera de lugar, como si en vez de estar en venta lo hubieran dejado allí para decorar. Sus brazos eran enormes, sus orejas desmedidas, y ocupaba tanto espacio que casi parecía un personaje vivo observando el ir y venir de la gente.

    Me quedé quieto, clavado en el suelo. Los demás siguieron de largo, sin siquiera notarlo, pero para mí todo se volvió silencio. Porque lo primero que pensé fue en ella.

    No sé explicar por qué. Quizá porque aquel peluche descomunal me pareció tan ridículo y entrañable a la vez que pensé en cómo sonreiría ella al verlo. En cómo levantaría una ceja, como hacía siempre que algo la sorprendía, y después soltaría esa risa breve y clara que tanto me gustaba escuchar. En cómo, por un instante, podría ver en sus ojos algo parecido a la ternura.

    Sentí un calor extraño en el pecho. En ese mismo momento supe que lo quería. Que tenía que ser mío, no para mí, sino para ella. Como una promesa muda, un gesto que algún día acompañaría mis palabras, cuando al fin reuniera el valor para decir lo que llevaba guardado.

    Esa tarde no llevaba dinero suficiente, así que me marché con una punzada en el estómago, casi como si hubiera dejado un pedazo de mí mismo en aquel pasillo del supermercado. No dormí bien esa noche: me giraba una y otra vez en la cama, imaginando la escena en la que se lo entregaba, practicando en mi cabeza las palabras que nunca salían de mis labios.

    Al día siguiente volví. Con el poco dinero que había conseguido juntar, lo compré. La cajera me miró raro, como si se preguntara qué hacía un chico de mi edad con semejante monstruo de felpa, pero no me importó. Lo arrastré hasta casa con dificultad, luchando contra las miradas curiosas de los transeúntes.

    Cuando por fin crucé la puerta de mi habitación, lo dejé en la esquina de la cama. Y allí, inmenso y absurdo, se convirtió en mi secreto mejor guardado.
     
    Última edición: 27 Enero 2026
  8.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    444
    Recuerdo VII – Los pequeños gestos

    Hubo un día en el que el grupo entero parecía haberse esfumado. Cada uno tenía sus motivos para no salir: deberes atrasados, cansancio, excusas vagas. Yo, sin embargo, necesitaba aire. Ella también. Quizá fue casualidad, quizá destino, pero coincidimos en lo mismo: queríamos salir de casa, aunque no hubiera plan ni compañía.

    Nos escribimos sin demasiada formalidad. Al principio fue ese intercambio de dudas:
    —¿Vas a salir?

    —No lo sé, nadie quiere.

    —A mí me pasa igual…

    Y de pronto, como si la solución hubiera estado siempre ahí, dijimos casi al mismo tiempo:
    —Pues salgamos nosotros dos.

    Era lo mismo de siempre: caminar sin rumbo fijo, acabar en el supermercado, comprar cualquier tontería. Pero para mí no lo era. Para mí, ese “los dos solos” convertía la tarde en algo extraordinario.

    Recuerdo que el aire estaba más fresco de lo normal, como si el mundo quisiera acompañar nuestra pequeña aventura improvisada. Caminamos charlando de nada en particular: de profesores pesados, de canciones que sonaban en la radio, de cualquier cosa que llenara los silencios. Yo la escuchaba con una atención exagerada, como si cada palabra tuviera más importancia de la que realmente tenía.

    Al llegar al kiosco, saqué las pocas monedas que llevaba en el bolsillo. No era mucho, pero lo suficiente para arrancarle una sonrisa. Compré un par de chicles, uno de su sabor favorito —lo recordaba porque lo había mencionado de pasada días antes—, y se lo tendí como si fuera un tesoro. Ella se rió, medio sorprendida, y dijo algo como:
    —¿En serio me invitas a esto?


    —Claro —contesté, intentando sonar natural, aunque por dentro me temblaba todo—. No todos los días puedo invitarte a lo mejor del kiosco.

    Su sonrisa en ese instante valió más que cualquier banquete.

    Seguimos caminando y, con lo poco que me quedaba, compré una bolsa pequeña de caramelos para compartir. Le ofrecí el primero con un gesto torpe, y ella lo aceptó con la naturalidad más bonita del mundo. No necesitaba grandes regalos ni gestos espectaculares: bastaba con esas nimiedades para verla reír, para sentir que, aunque fuera solo por un rato, yo podía hacerla un poco más feliz.

    En ese paseo descubrí que la felicidad no estaba en lo grande, sino en lo mínimo. En un chicle, en un caramelo, en el roce de nuestras manos al pasarnos la bolsa. Cada detalle, por pequeño que fuera, tenía un valor inmenso porque era con ella.

    Y aunque nunca se lo dije, yo sabía que estaba dando todo lo que podía dar. Puede que fueran monedas sueltas, pero eran también mi forma de entregarle lo mejor de mí.
     
    Última edición: 27 Enero 2026
  9.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    272
    Recuerdo VIII – Con ella bastaba

    Con el paso del tiempo, mis sentimientos crecían en silencio, cada vez más grandes, cada vez más imposibles de ocultar. Pero también lo hacía mi miedo. Porque con cada risa compartida, con cada tarde en el parque o paseo hasta el supermercado, se reforzaba una certeza dolorosa: si algún día me confesaba y ella me decía que no, podía perderlo todo.

    No era solo el rechazo lo que me asustaba, sino la idea de que aquel “no” levantara un muro entre nosotros. Que ya no pudiera sentarme a su lado con naturalidad, que las conversaciones se volvieran incómodas, que esa complicidad sencilla desapareciera como si nunca hubiera existido. Y esa posibilidad me parecía insoportable.

    Así que callaba. Guardaba todo dentro, como un secreto demasiado frágil para exponerlo al aire. Y en ese silencio me fui convenciendo de algo que, aunque me dolía, también me daba paz: no necesitaba que fuera mía para ser feliz.

    Me bastaba con estar con ella. Con escuchar su voz aunque hablara de cosas sin importancia. Con verla sonreír aunque no fuera por mí. Con acompañarla en las tardes aburridas, en los paseos sin rumbo, en las bromas tontas del grupo. Cada instante a su lado, por pequeño que fuera, tenía un valor inmenso para mí.

    Tenía miedo, sí. Pero ese miedo nunca fue más fuerte que la dicha de compartir tiempo con ella. Aunque nunca se convirtiera en mi pareja, aunque mis sentimientos permanecieran escondidos, yo sabía que ya era afortunado por poder caminar a su lado.

    Y con eso, me repetía una y otra vez, yo era feliz.
     
    Última edición: 27 Enero 2026
  10. Threadmarks: Capítulo 2 - La confesión
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    530
    Recuerdo I - Intento de confesión

    Recuerdo I – El intento de confesión
    Llevaba semanas arrastrando un peso en el pecho. Cada vez que estábamos juntos, cada vez que nos reíamos en grupo o hablábamos de cualquier tontería, las palabras me subían hasta la garganta, pidiendo salir, y yo las volvía a tragar. Había noches en las que apenas lograba dormir: me giraba en la cama, repasando una y otra vez cómo sería si por fin me atreviera.

    A veces me levantaba, me ponía frente al espejo, y murmuraba frases que siempre me parecían ridículas. “Me gustas”. “Eres especial para mí”. “Quiero estar contigo”. Todas me sonaban falsas en mi boca, como si estuviera interpretando un papel que no me correspondía. Y aun así seguía repitiéndolas, porque tenía que encontrar la manera de soltarlo sin que pareciera un disparate.

    El grupo seguía quedando, como siempre. Yo asistía, sonreía, incluso participaba en las bromas, pero mi cabeza estaba en otro lado. Mientras todos hablaban de exámenes, de videojuegos, de planes para el fin de semana, mi mente solo repetía una frase como un eco interminable: tengo que decírselo.

    El peluche seguía en mi cuarto, en la esquina de la cama, como un recordatorio constante. A veces lo abrazaba más fuerte de lo normal, imaginando que en lugar de tela mullida era su cuerpo el que estaba entre mis brazos. Era mi ensayo privado, mi secreto más grande, y también la prueba silenciosa de que tarde o temprano iba a necesitar valor.

    Un día me dije que ya no podía esperar más. Tenía que hacerlo. Cogí el móvil y escribí el mensaje con los dedos temblando. Lo borré tres veces antes de atreverme a darle a enviar. Era sencillo, demasiado sencillo para lo monumental que me parecía a mí:

    —¿Te apetece quedar hoy? Tengo algo que quiero contarte.

    Los minutos hasta su respuesta fueron eternos. Cada vibración del teléfono hacía que mi corazón diera un salto. Cuando por fin llegó, me quedé paralizado:

    —Vale, pero no sé si voy a poder. Te aviso.

    Ese “vale” me bastó para ilusionarme. Me pasé toda la tarde repasando mentalmente la escena. Imaginaba el lugar, sus gestos, mis palabras torpes. Incluso saqué el peluche de la esquina y lo puse sobre la cama, mirándome como si fuera un cómplice silencioso en la misión más difícil de mi vida.

    Las horas pasaban y yo no dejaba de mirar el móvil. Cada vez que la pantalla se encendía, contenía la respiración. La luz del día fue apagándose poco a poco, y con la oscuridad llegó el mensaje que me partió en dos:

    —Lo siento, al final no voy a poder salir. Mejor otro día.

    Me quedé mirando esas palabras hasta que se emborronaron en mis ojos. Todo el valor que había reunido, toda la ilusión acumulada durante semanas, se desmoronó de golpe. Me dejé caer sobre la cama, con el peluche observándome desde la esquina. No tuve fuerzas ni para abrazarlo.

    Ese día comprendí que no sería fácil. Que incluso reunir valor podía no bastar. Y la pregunta me taladraba la cabeza: ¿seré capaz de decírselo alguna vez?
     
  11.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    579
    Días antes de mi confesión empecé a pensar algo que no conseguía sacar de mi cabeza, a veces me hablaba con una dulzura que me hacía creer que tal vez sentía algo. Pero luego, me trataba como siempre, sin una pizca de tensión, sin rastro de lo que yo interpretaba como señales. Y entonces dudaba: ¿y si solo era así con todo el mundo? ¿Y si mi corazón confundía amabilidad con cariño? La veía reír con otros, bromear con todos, y cada sonrisa suya era una pequeña punzada. Intentaba convencerme de que no debía leer entre líneas, que no debía imaginar gestos donde no los había, pero era imposible. Cuando uno está enamorado, el cerebro se vuelve cómplice del autoengaño. Cada vez que me tocaba el brazo para llamar mi atención, cada vez que me buscaba con la mirada, mi mente me gritaba que había algo allí. Y aun así, en el fondo, sabía que quizá todo era producto de mi ilusión, pero necesitaba sacarme eso de mi pecho que tanto me quemaba.

    Después de aquel intento fallido, el nudo en el pecho no solo no se deshizo: se hizo más grande. Las palabras seguían ahí, atrapadas, y cada día pesaban más. Era como llevar un secreto que me quemaba por dentro. No podía seguir postergándolo, porque el simple hecho de guardarlo ya me estaba destruyendo.

    Así que me prometí que la próxima oportunidad que tuviera, no la dejaría pasar. No importaba si la voz me temblaba, si me sonrojaba hasta las orejas, si las palabras salían torpes. Tenía que hacerlo.

    La ocasión llegó en el parque, donde tantas veces nos habíamos reunido con el grupo. Ella estaba ahí, riendo con los demás, como siempre. Yo intentaba seguir la conversación, pero apenas oía nada. Mi mente estaba enfocada solo en encontrar el momento.

    Y llegó cuando se levantó para ir al kiosco. Sin pensarlo, me ofrecí a acompañarla. El trayecto fue breve, pero para mí cada paso era un recordatorio de lo que estaba a punto de hacer. Hablamos de cosas sin importancia: exámenes, planes del fin de semana, bromas que no importaban. Yo asentía, con el estómago encogido y las manos sudorosas.

    Cuando nos detuvimos frente al semáforo, sentí que el mundo se me cerraba encima. El corazón me golpeaba con tanta fuerza que pensé que se me iba a escapar del pecho. Era ahora o nunca.

    Respiré hondo y, antes de que el miedo me atara de nuevo, lo solté:
    —Tengo que decirte algo.

    Ella se giró hacia mí, curiosa, con esa naturalidad suya que siempre me desarmaba. Ese simple gesto fue suficiente para que me temblaran las piernas.

    —Hace tiempo que… que me gustas —conseguí decir, atropellando las palabras—. No sé si lo sabías, pero ya no podía callármelo más.

    El mundo se detuvo. El ruido del tráfico, las voces lejanas del grupo, incluso el viento en las ramas de los árboles… todo desapareció. Solo existía ella, y el silencio que siguió a mi confesión.

    Me quedé esperando, con la garganta seca y el cuerpo entero en tensión. Parte de mí sentía un alivio inmenso: al fin lo había dicho, al fin mi secreto no era solo mío. Pero otra parte temblaba, porque en ese silencio se escondía la respuesta que podía romperme por dentro.

    La miré, buscando en sus ojos cualquier señal: sorpresa, incomodidad, ternura, lo que fuera. Pero lo único que encontré fue un instante eterno en el que el tiempo pareció no avanzar.
     
  12.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    403
    El silencio tras mis palabras fue insoportable. Sentí que pasaban minutos enteros, aunque seguramente solo fueron unos segundos. Ella me miraba, y yo buscaba en su rostro cualquier indicio, cualquier gesto que me dijera que había una posibilidad.

    Finalmente, bajó la mirada un instante, respiró hondo, y volvió a clavar sus ojos en los míos. Y entonces lo dijo, con una calma que me atravesó como un cuchillo:
    —No es que tengas nada malo… de verdad. Es solo que no te veo así.

    Cada palabra cayó como un peso sobre mi pecho. Apreté los puños en silencio, intentando mantenerme entero, pero sentí cómo el calor me subía a la cara.

    Ella siguió, como si quisiera que no quedara ninguna duda:
    —Lo siento mucho, pero sería injusto decirte otra cosa. No quiero hacerte daño, pero… no siento lo mismo.

    Me mordí el labio con fuerza, intentando esbozar una sonrisa que se notaba falsa incluso para mí.
    —Entiendo… —murmuré, aunque lo único que quería era que la tierra me tragara.

    Ella dio un paso hacia mí, con esa expresión de sinceridad absoluta que tanto la caracterizaba.
    —De verdad, eres una persona increíble. No pienses ni por un segundo que hay algo malo en ti. Es solo… que yo no lo siento de esa manera.

    Y ahí fue cuando me destrocé por dentro. No había rabia en su voz, no había frialdad. Al contrario: hablaba con cariño, con cuidado, como alguien que no quiere herir y aun así sabe que sus palabras lo harán. Esa dulzura lo hacía peor. Si me hubiera rechazado con dureza, tal vez habría podido odiarla, o al menos enfadarme. Pero ¿cómo enojarse con alguien que te decía que no, y al mismo tiempo lo hacía con tanto amor?

    Sentí un vacío enorme en el estómago, como si me hubieran arrancado algo vital. En mi cabeza bullían mil preguntas: ¿qué me falta?, ¿qué tendría que hacer para que sí me vieras así?, ¿algún día cambiará?. Pero ninguna salía de mi boca, porque sabía que no había respuestas que me aliviaran.

    Nos quedamos unos segundos en un silencio extraño. Yo intentando aparentar entereza, ella buscando mis ojos como si quisiera asegurarse de que lo había entendido. Al final, asentí con la cabeza, débilmente.

    El semáforo cambió de color, la gente a nuestro alrededor comenzó a caminar, la vida siguió su curso. Pero para mí, en ese instante, el mundo se había detenido.
     
  13.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    465
    El camino de regreso a casa fue un borrón. Las calles estaban llenas de ruido, de gente, de vida… pero para mí todo sonaba apagado, lejano, como si caminara bajo el agua. No recuerdo qué recorrido hice ni cuánto tardé. Solo recuerdo la sensación de vacío, como si algo me hubiera arrancado de raíz.

    Al llegar a mi cuarto, lo primero que vi fue al peluche. Estaba allí, gigante, ocupando media esquina de la cama, mirándome con esa expresión tierna e inmóvil que ahora me resultaba insoportable. Ese peluche no era un simple juguete: era la prueba de todo lo que había sentido, el testigo silencioso de mis noches abrazándolo como si fuera ella, el cómplice de mis planes de confesión. Y ahora… ahora era un recordatorio cruel de lo que nunca sería.

    El dolor se transformó en rabia. Lo agarré con ambas manos, lo alcé por encima de mi cabeza con la intención de lanzarlo contra el suelo, una y otra vez, hasta que no quedara nada de él. Quería destrozar ese símbolo, arrancar de raíz lo que me estaba consumiendo. Sentía los músculos tensos, los ojos ardiendo, la respiración entrecortada.

    Pero justo antes de hacerlo, me detuve. Lo miré. Esa cara inocente de tela, esas costuras firmes, esa suavidad que tantas veces me había dado consuelo… me paralizaron. No era culpa suya. No tenía la culpa de ser el reflejo de lo que yo había imaginado.

    Y entonces todo se rompió. Las fuerzas me abandonaron, dejé caer el peluche al suelo, y caí de rodillas junto a la cama. Lo abracé con desesperación, hundiendo el rostro en su tacto mullido, y las lágrimas comenzaron a brotar con violencia.

    Lloré como no lo había hecho en años. Lloré hasta que la garganta me ardió y apenas podía respirar. Cada sollozo era un golpe más en el pecho, un recordatorio de lo real que era ese dolor. Sabía que esa posibilidad existía, claro que lo sabía: siempre pensé que había un “no” esperando al final del camino. Pero una cosa es imaginarlo y otra es vivirlo. El rechazo no era una idea abstracta, era un hecho que me había atravesado el corazón.

    Entre sollozos, con la voz rota, me escuché murmurar:
    —No puedo… no puedo más…

    Me quedé allí, abrazado al peluche, hasta que las lágrimas me dejaron sin fuerzas. Fue en ese momento cuando comprendí que necesitaba alejarme. Alejarme de ella, del grupo, de todo. No sabía si sería algo temporal o definitivo, pero necesitaba espacio para poder respirar.

    Al día siguiente empecé a rechazar mensajes, a inventar excusas para no ir a las quedadas. Pasaba las tardes solo, caminando sin rumbo, intentando convencerme de que el dolor pasaría. Pero aunque el mundo seguía girando, para mí todo se había detenido en aquel “no”.
     
  14.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    969
    Pasaron semanas que parecían días vacíos y a la vez eternos. Me encerré en una especie de caparazón sin apenas pensarlo: evitaba las quedadas, contestaba con monosílabos los mensajes que no lograban que colapsara mi calma falsa, y me inventaba excusas para no coincidir con el grupo. Cada notificación del móvil me producía un sobresalto: podía ser ella, podía ser cualquier cosa que me recordara la confesión y el gesto amable con el que me había herido sin querer.

    Las tardes que antes cenaban de anécdotas y risas ahora se convertían en largas caminatas en las que no iba a ningún lado. Me perdía por calles que conocía de memoria, dejaba que el ritmo de mis pasos fijara el único pulso que aún sentía con claridad. Dormía mal, comía peor, y siempre había un rincón del cuarto que olía a vacío; el peluche, aún en su esquina, parecía un faro que marcaba los límites de algo que ya no podía tocar.

    Fue en uno de esos días grises, cuando menos lo esperaba, que me encontré con ella. No fue una quedada ni una llamada: simplemente la calle jugó a que nuestros caminos se cruzaran. La vi desde lejos: caminando con paso ligero, la chaqueta desordenada por el viento, el cabello ondeando como si viniera de otra estación. Por un segundo pensé en girar y huir —la cobardía todavía tenía presencia— pero algo en su manera de moverse me dejó inmóvil. Y entonces ella me vio.

    Corrió hacia mí con esa espontaneidad suya que tantas veces había disfrutado. Iba a darme uno de esos abrazos con los que nos saludábamos, pero al acercarse su sonrisa se desvaneció como si el aire hubiera cambiado. Sus ojos, que suelen ser tan seguros, se quedaron clavados en mi cara y por primera vez noté en ellos que temblaron. No fue un gesto de coquetería ni de reproche: era preocupación, y eso la transformaba.
    —¿Cómo estás? —preguntó, intentando sonar ligera, como si la pregunta fuera un trámite.
    Contesté con la voz áspera por la falta de uso: —Pues… tirando.

    Ella empezó a hablar de cualquier cosa para rellenar el silencio: chismes del grupo, una broma que había corrido por el chat, quién había suspendido qué examen. Intentaba recuperar el tono de siempre, pero la frase le saltaba en la garganta como a mí me habían saltado las palabras días atrás. Vi cómo una sonrisa forzada entraba y salía de su cara, cómo sus manos jugueteaban con la correa del bolso, cómo evitaba mirarme demasiado tiempo a los ojos.

    Poco a poco su velocidad de hablar se frenó. Sus párpados se humedecieron apenas, se tragó algo que parecía pesado, y por fin se plantó frente a mí con la cabeza un poco inclinada, como si estuviera leyendo el guion de algo que no quería interpretar pero que sabía necesario.
    —Mira —dijo, con la voz rota en la punta—. No quiero que esto acabe mal. No quiero que te alejes por algo que dije con la sinceridad de quien no quería engañar ni doler.

    Y ahí, en la vereda con gente que pasaba y sin más público que nosotros dos, ella dejó caer lo que había estado guardando:
    —Te quiero mucho. De verdad. Eres importante para mí, y me duele la idea de perderte. Pero no te veo como pareja. Lo siento.

    Sentí que una parte de mí se detenía y otra trataba de recomponerse. Pero lo que más me impactó no fue el rechazo en sí, que ya lo conocía; fue verla quebrarse al pronunciarlo. No porque antes no sintiera —sabía que también ella tenía sus cosas— sino porque siempre la había visto contener esa fisura, esa fragilidad. Verla así, con los ojos vidriosos y la voz temblorosa, me dio un golpe distinto: la certeza de que aquello no le había sido fácil y la prueba de que me valoraba lo suficiente como para afrontarlo conmigo.

    Ella respiró hondo y añadió, con una mezcla de miedo y sinceridad que me dejó sin palabras:
    —No quiero que desaparezcas de mi vida. Si quieres que nos distanciemos, lo entenderé, pero prefiero pedirte que te quedes. Solo si tú quieres, claro. Si estar cerca te hace daño, dímelo y me apartaré.

    Hubo un segundo en el que quise soltar todo: decirle que no podría estar cerca sin estar enamorado, que sus mensajes me herían y que quizás lo mejor fuera marcharme. Pero la rabia venía atada a algo más profundo: el conocimiento de cuánto me importaba su mirada, su risa, la seguridad con la que plantaba opiniones. Ella me estaba ofreciendo, con el corazón en la mano, la posibilidad de seguir compartiendo tardes, de seguir formando parte de su universo. Y, aunque el dolor seguía candente, esa oferta me pareció un gesto inmenso.

    Respiré, y por primera vez desde la confesión pude sonreír con ojos húmedos: reí y lloré a la vez, una mueca extraña que mezclaba alivio y pena. Le respondí con verdad, sin dramatismos ni coraza:
    —Quizá necesite estar un poco distante, quizá no sea el mismo durante un tiempo… pero no quiero que desaparezcas. Poco a poco volveré a ser yo. Gracias por venir, por decirlo.

    Ella dejó escapar un suspiro que se pareció a un llanto contenido, y una sonrisa quebrada apareció en su rostro. Nos quedamos allí unos minutos, sin saber muy bien qué hacer con la nueva normalidad que se abría entre los dos: una amistad reafirmada sobre cenizas recientes.
    Cuando nos despedimos, el abrazo quedó más largo de lo habitual, como si ninguno de los dos quisiera soltar la pertenencia que aún les quedaba. Caminé hasta casa con el pecho apretado, pero con algo que hasta entonces había parecido imposible: una pequeña luz de esperanza, tibia y vacilante, que me decía que quizá, con tiempo, el borde del dolor se aplanaría.
     
  15.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    371
    Días después, recibí un mensaje suyo:

    “Oye… ¿te apetece quedar esta tarde? Te invito a un helado.”

    Al principio pensé que era una broma, una forma sutil de tantear si seguía enfadado. Dudé en responder, pero algo en esas palabras me hizo sonreír. Helado gratis es helado gratis, pensé, y fue la primera vez en semanas que algo me sonó ligero, como tardé en contestar me escribió “helado de vainilla”, ahí jugó un poco conmigo sabiendo que era mi favorito, supongo que la excusa del helado era un pequeño impulso para verla.

    Nos vimos en una pequeña heladería donde solíamos pasar a comprar chucherías. Al principio el silencio pesaba como una piedra. Pedimos nuestros helados, y cuando fui a sacar el dinero, ella me detuvo con un gesto firme.

    —No —dijo sonriendo—. Hoy pago yo.

    Ese detalle, tan simple, me atravesó. No por el dinero, sino por lo que significaba: una forma de equilibrar las veces que yo le había invitado a cosas, una pequeña muestra de cuidado.

    Caminamos sin rumbo fijo, helado en mano, hablando de tonterías. Al principio con frases sueltas, luego con risas auténticas. No fue un reencuentro perfecto ni una reconciliación de película, pero fue humano, cálido. Al despedirnos, me abrazó y dijo con un hilo de voz:
    —Me alegra que hayas vuelto a mi vida.

    Y por primera vez, sus palabras no dolieron. Sonaban a paz, a un comienzo diferente, a la certeza de que incluso lo que no pudo ser podía dejar algo hermoso detrás.
    No pude evitar llorar como un niño pequeño: por no ser correspondido, por no haberme sentido así de querido nunca, por tanto dolor acumulado durante tanto tiempo. Ella no dijo nada. Solo se acercó despacio, me acarició la cabeza con ternura y me susurró unas palabras que nunca olvidaré:

    —Estaré aquí siempre… no como te gustaría, pero estaré.

    Su voz tembló un poco, como si también se rompiera al decirlo. Y en ese momento, en medio de la confusión, entendí que a veces el amor no desaparece; solo cambia de forma. Quizá no era el final que había imaginado, pero era uno en el que ambos seguíamos existiendo el uno en la vida del otro, aunque fuera desde lugares distintos.
     
  16.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    562
    Los días se transformaron en semanas, y las semanas en una rutina nueva, distinta. El dolor seguía allí, como una herida que aún no cicatrizaba del todo, pero poco a poco dejaba de sangrar con cada pensamiento. No era que me olvidara, porque sabía que eso era imposible; ella se había convertido en parte de mí de una forma que no se borra con facilidad. Pero aprendí a convivir con su recuerdo sin que me destruyera.

    Había tardes en que la tristeza regresaba con una fuerza que me doblaba el cuerpo. Eran esos momentos en que la veía en algún recuerdo del grupo, en una risa compartida, en una canción que sonaba como aquellas que escuchábamos juntos. Entonces la soledad se hacía más grande, y me costaba respirar. Pero, junto a esos días, empezaron a llegar otros: mañanas en que despertaba y sentía que todavía podía reír, que todavía podía salir a caminar y encontrar belleza en lo cotidiano. Esos destellos eran pequeños, pero se repetían, y empecé a darme cuenta de que la vida no se había detenido por completo.

    Me descubrí pensando en qué significaba realmente seguir adelante. No era traicionar lo que sentía por ella, ni fingir que no me dolía. Era, simplemente, aceptar que mi historia no terminaba allí. Que mi vida no podía quedarse atada para siempre a un capítulo inacabado. Tenía que seguir escribiendo, aunque las páginas estuvieran manchadas de lágrimas.

    La idea me asustaba, porque implicaba abrirme otra vez, dejar que alguien pudiera entrar. Sabía que mi llama estaba débil, que apenas brillaba después de todo lo que había pasado. Pero también entendí que una llama, aunque pequeña, sigue siendo fuego. Y que si un día alguien llegaba dispuesto a cuidarla, a protegerla del viento y a darle calor, yo no le negaría ese espacio. No me cerraría al amor, aunque me doliera haber sido rechazado una vez.

    Empecé a mirar alrededor con otra mirada. No porque quisiera reemplazarla —sabía que nadie podría ocupar ese lugar exacto—, sino porque entendí que no todo mi amor debía quedarse atrapado en un sueño imposible. Tenía mucho que dar, y tal vez alguien allá fuera estaría esperando a alguien que sintiera con la misma intensidad.

    Una noche, mientras abrazaba al peluche, sentí algo distinto. Durante semanas había sido un recordatorio cruel, un enemigo silencioso que me devolvía a lo que no sucedió. Pero en ese instante lo vi como otra cosa: como un símbolo de todo lo que era capaz de ofrecer. Ese peluche no representaba el fracaso, sino mi ternura, mi entrega, la fuerza con la que podía amar. Y comprendí que eso era valioso, aunque ella no lo hubiera querido.

    Me prometí a mí mismo que, cuando llegara alguien dispuesto a aceptar mi fuego, no dudaría. No me escondería detrás del miedo, no me limitaría a abrazar recuerdos. Porque si algo había aprendido en aquel proceso, era que el amor no se mide por el resultado, sino por la capacidad de sentirlo.

    Sí, aquel capítulo había terminado entre lágrimas, entre silencios incómodos y abrazos contenidos. Pero también me había dado algo inesperado: la certeza de que mi historia no terminaba allí. Que aún podía haber nuevos comienzos, nuevas risas, nuevos abrazos que no fueran imaginados.

    Y aunque todavía dolía, esa certeza me sostuvo. Porque mientras mi llama siguiera viva, aunque débil, el mundo todavía podía sorprenderme.
     
  17. Threadmarks: Capítulo 3 - El nuevo inicio
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    638
    Recuerdo I - El nuevo inicio

    El tiempo siguió su curso, lento y torpe, como si no supiera qué hacer conmigo.
    Hubo días en los que no sentía nada y otros en los que el recuerdo de su voz me atravesaba de nuevo. Pero, poco a poco, el vacío fue dejando espacio para otras cosas: pequeñas rutinas, conversaciones nuevas, risas que ya no dolían. No era felicidad, todavía no, pero sí un respiro.

    Y en medio de esa calma frágil, cuando menos lo esperaba, la vida volvió a sorprenderme.


    De repente, un día llegó una chica nueva al grupo.

    Era totalmente diferente a lo que había sido ella, pero tenía algo que atrapaba. Había una melancolía en su forma de reír, una mirada que escondía algo roto. Supongo que los rotos nos atraemos.

    Empezamos a hablar más en el grupo, luego a quedar a solas, sin buscarlo demasiado. Poco a poco, algo empezó a crecer entre nosotros. No sabría decir cuándo. Fue sutil, casi invisible, hasta que un día ocurrió algo que me detuvo en seco.

    Ella se me acercó, me entregó una carta doblada con cuidado y un dibujo, y se marchó corriendo, sin decir nada más. Me quedé inmóvil en el sitio, mirándola alejarse bajo la luz de las farolas.
    Pensé en abrir la carta allí mismo, pero ya era de noche, y la lluvia empezó a caer con esa insistencia que moja más el alma que la piel. La guardé en la chaqueta, temeroso de que el agua borrara sus palabras antes de leerlas.

    Cuando llegué a casa, me sequé como pude y, con las manos todavía temblorosas, deslicé el sobre y lo abrí. La letra era apresurada, llena de pequeños errores y tachones, pero cargada de una sinceridad que me desarmó. Decía así:

    De ****** para *****

    **** ya sé que sólo nos conocemos desde este año pero; porque no intentamos ser "novios" para quitarla de tu mente. Si quieres, claro, si no lo dejamos. Aunque no lo pareza me gustas un poco, me gustaría que dijeras que sí, por favor, aunque no te guste me gustaría intentarlo por lo menos, aunque yo sé que soy fea y no te gustaré, créeme a mí me han dado tantos palos como a ti y además los dos somos demonios, no nos pasará nada por intentarlo ¿Eh? ¿qué me dices?

    ¿Cuándo es tu cumpleaños? El mío el 27 de agosto.
    ¿Qué horóscopo eres? El mío es Virgo.

    ¿Lo que te gusta? A mí me gusta dibujar, la música de Haze, Porta también, un poquito la música oriental, etc.

    (Novios por carta) (Fuera de clases disimulamos un poco, nos podemos dar dibujos, cartas y si tú quieres nos damos la mano o nos damos un beso a escondidas, si tú quieres. Créeme, a mí me gustaría tener un novio por lo menos más de dos días).

    ¡¡Perdóname si no lo quieres hacer!!

    [​IMG]

    Me quedé mirándola un buen rato, sin saber si sonreír o llorar.
    Parecía una carta de amor adolescente, no porque fuera algo malo, sino por su intensidad, por la pureza de lo que decía.
    En otras cartas que me escribió hablaba de cosas y detalles de mí que ni yo mismo había notado.
    El dibujo no era una gran obra, pero me enterneció, podríamos llamarlo infantil, quizá. Pero tan puro, tan inocente, que no pude evitar sonreír mientras lo observaba.

    Por mi cabeza pasaron miles de pensamientos, un torbellino de “¿y si?” que no me dejaba dormir. Al final, decidí darle una oportunidad.

    Me pidió al final de la carta que le respondiera con otra, y así lo hice.

    Ya apenas recuerdo qué escribí, pero sé que fue sincero. Quizás, por primera vez en mucho tiempo, mi corazón se sintió preparado para intentarlo de nuevo.
     
    Última edición: 6 Febrero 2026 a las 8:52 AM
  18. Threadmarks: Recuerdo II - La felicidad
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    423
    La relación empezó sin hacer ruido, como empiezan las cosas que no saben que van a ser importantes. No hubo un gran anuncio ni un momento exacto en el que pudiera decir “aquí empezó todo”. Simplemente, un día ya estábamos más cerca. Otro día ya nos buscábamos. Y cuando quise darme cuenta, su nombre había empezado a ocupar un espacio que antes estaba vacío.

    Todo era intenso. No porque pasaran grandes cosas, sino porque todo se sentía grande. Un mensaje suyo me cambiaba el humor del día entero. Una tarde juntos valía más que cualquier plan que pudiera imaginar. Había una urgencia dulce en cada encuentro, como si el tiempo siempre fuera poco y el mundo pudiera descubrirnos en cualquier momento.

    Nos veíamos a escondidas, como si eso hiciera la felicidad más real. No porque hubiera nada prohibido entre nosotros, sino porque los padres, los horarios y las excusas formaban parte del ritual. Mentiras pequeñas, de esas que no nacen de la maldad sino del deseo de estar un rato más juntos. “Voy a casa de una amiga”, “llego un poco más tarde”, “solo damos una vuelta”. Y en realidad dábamos vueltas alrededor de nosotros mismos, intentando entender cómo algo tan sencillo podía sentirse tan bien.

    Había conflictos, claro. Tonterías, miradas mal interpretadas, silencios breves que pesaban más de lo necesario. Pero se resolvían rápido. Demasiado rápido, quizá. Bastaba con mirarnos, con hablar un poco, con prometer sin decirlo que no queríamos perder eso. Éramos buenos arreglando lo pequeño, porque lo grande aún no existía.

    Recuerdo caminar a su lado sintiendo que todo estaba en su sitio. No hacía falta hacer nada especial: sentarnos en un banco, compartir auriculares, hablar de cosas sin importancia. A veces no hablábamos. Y ese silencio no incomodaba; era un descanso. Yo, que siempre había sido un poco melancólico, me descubrí riendo más. Ella, que arrastraba sus propias sombras, parecía apoyarse en mí como si yo fuera un refugio improvisado.

    A veces la miraba y no podía evitar sonreír pensando lo feliz que me hacía sentir, esa alegría que da igual lo que estuviéramos haciendo, era nuestra felicidad.

    Había una sensación constante de estar construyendo algo, sin saber muy bien qué. No pensábamos en el futuro. No hablábamos de para siempre. Vivíamos en el ahora, convencidos de que con eso bastaba. Y durante un tiempo, bastó.

    Esa fue la felicidad: imperfecta, frágil, escondida entre horarios y mentiras blancas. Pero real. Tan real que aún hoy, al recordarla, duele y reconforta a la vez.
     
  19.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    520
    Al principio no lo llamé problema. Ni siquiera lo vi como algo malo.

    Eran detalles pequeños, casi imperceptibles, que se colaban entre los días buenos sin pedir permiso. Una frase dicha con menos cuidado del habitual. Un silencio que duraba un poco más de la cuenta. Un “estoy bien” que sonaba distinto, como si escondiera algo debajo.

    Seguíamos queriéndonos, de eso no tenía dudas. Pero el amor empezó a convivir con miedos nuevos, silenciosos, difíciles de señalar.

    El miedo a no estar a la altura.

    El miedo a cansar.

    El miedo a perder lo que apenas habíamos aprendido a cuidar.


    Yo empecé a pensar demasiado antes de hablar. A revisar mentalmente lo que iba a decir, como si cada palabra pudiera inclinar la balanza hacia un lado u otro. Ella, en cambio, a veces se cerraba en sí misma. No se enfadaba, no gritaba; simplemente se iba un poco, se recogía en un silencio que no sabía cómo atravesar sin invadirla.

    No discutíamos fuerte. Casi nunca. Y eso, con el tiempo, empezó a inquietarme.

    Cuando algo nos molestaba, lo minimizábamos. No pasa nada, da igual, olvídalo. Arreglábamos las cosas rápido, con besos, con abrazos, con promesas implícitas de que todo estaba bien. Y durante un rato lo estaba. Pero lo que no se decía no desaparecía: se quedaba esperando.

    Empezamos a necesitarnos demasiado.

    No de una forma evidente, sino sutil. Si uno tenía un mal día, el otro se sentía responsable de arreglarlo. Si uno se apagaba, el otro entraba en pánico. La idea de estar mal sin el otro cerca se volvía insoportable.

    Yo me descubrí pendiente del móvil más de lo que quería admitir. Esperando respuestas. Midiendo tiempos.

    Interpretando silencios.

    Ella, a su manera, también se apoyaba en mí como si yo fuera el único lugar seguro. Y eso, que al principio parecía una prueba de amor, empezó a sentirse como un peso compartido que ninguno sabía soltar.


    Había momentos buenos, claro. Muchos.

    Risas que seguían siendo sinceras. Planes improvisados que funcionaban. Besos que todavía tenían verdad. Pero incluso en esos instantes, a veces, aparecía una sombra: la sensación de que algo se estaba forzando un poco, de que ya no todo fluía como antes.

    A veces, cuando me quedaba solo, me invadía un cansancio extraño. No era cansancio de ella. Era cansancio de intentar ser siempre suficiente, de no fallar nunca, de estar a la altura de lo que creía que necesitaba de mí.

    Y aun así, cuando la veía, todo se calmaba. Su presencia seguía siendo refugio. Bastaba con mirarla para convencerme de que no pasaba nada, de que solo era una etapa, de que el amor también incluía dudas.

    Pero las grietas estaban ahí.

    No eran grandes. No hacían ruido.

    Eran pequeñas fisuras que crecían despacio bajo la superficie: inseguridades no habladas, dependencia disfrazada de cuidado, miedo a perder más que deseo de construir.

    Y como ocurre con todas las grietas pequeñas, nadie les presta atención cuando aparecen.

    Porque no rompen nada de inmediato.

    Porque todavía se puede seguir caminando sobre ellas.

    Hasta que un día, sin previo aviso, el suelo deja de ser firme.
     
  20.  
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    84
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    472
    No ocurrió de golpe.

    Nadie se despierta un día pensando “ya no sé estar sin ti”.

    Ocurre despacio, como se apagan las luces al anochecer, sin que nadie señale el momento exacto en el que deja de haber claridad.


    Empezamos a necesitar al otro para todo. Para sentirnos bien. Para calmarnos. Para sostener días que, a solas, se volvían demasiado pesados. Si uno estaba mal, el otro no podía estar bien. Si uno se rompía, el otro sentía que fallaba por no saber recomponerlo.

    Yo dejé de escucharme un poco.

    Mis emociones pasaron a segundo plano, porque lo importante era que ella estuviera bien. Si estaba triste, yo me esforzaba más. Si estaba distante, me acercaba. Si dudaba, yo intentaba ser firme por los dos.

    Confundí amar con no fallar nunca.


    Ella, a su manera, también se apoyó en mí más de lo que era justo. Yo me convertí en su refugio constante, en la voz que la tranquilizaba, en el lugar al que volver cuando todo pesaba demasiado. Y aunque al principio eso me hacía sentir importante, incluso necesario, con el tiempo empezó a doler.

    Había días en los que me sentía agotado sin saber por qué. No era cansancio físico. Era emocional. Era la sensación de tener que estar siempre disponible, siempre atento, siempre preparado para sostener algo que ya no sabía muy bien cómo sostener.

    Nos decíamos te quiero con sinceridad, pero también con miedo.

    Miedo a que dejar de decirlo lo hiciera desaparecer todo.

    Miedo a que el otro se viniera abajo si no estábamos ahí.

    Empezamos a confundir amor con presencia constante, con mensajes interminables, con explicaciones que no deberían ser necesarias. Si uno tardaba en contestar, el otro se inquietaba. Si uno necesitaba espacio, el otro lo vivía como rechazo.

    Y lo peor no era eso. Lo peor era que sabíamos que algo no iba bien, pero no sabíamos cómo cambiarlo sin rompernos.

    Había momentos de lucidez, instantes breves en los que alguno de los dos decía:
    — No deberíamos depender tanto el uno del otro.

    Y asentíamos. Prometíamos hacerlo mejor. Darnos espacio. Cuidarnos más.
    Pero al día siguiente volvíamos a lo mismo, porque separarnos daba miedo y porque estar juntos, aunque doliera, seguía siendo más fácil que enfrentarnos a nosotros mismos.

    Yo sentía que si me alejaba un poco, la perdía.

    Ella sentía que si no estaba a la altura, me fallaba.

    Y así, sin darnos cuenta, empezamos a atarnos con hilos cada vez más tensos.


    La dependencia no gritaba.

    No hacía escenas.

    No rompía cosas.

    Solo estaba ahí, silenciosa, robándonos aire poco a poco, disfrazada de amor, de cuidado, de necesidad mutua.

    Y aunque todavía nos queríamos, empezamos a hacerlo desde el miedo, no desde la libertad.

    Ese fue el principio del desgaste.

    No porque faltara amor, sino porque sobraba miedo a perderlo.
     
Cargando...

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso