Personas reales El deseo. [Jared Leto, Ian Somerhalder]

Tema en 'Otros Fanfiction' iniciado por NanaDarki, 17 Mayo 2014.

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    NanaDarki

    NanaDarki Iniciado

    Capricornio
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    17 Mayo 2014
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    Escritor
    Título:
    El deseo. [Jared Leto, Ian Somerhalder]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    547
    Prólogo
    En el interior de una iglesia abandonada, reinaban las tinieblas, la humedad y el miedo. Una silueta femenina yacía tumbada sobre el suelo inmovilizada. Se trataba de una adolescente vestida con un elegante vestido de novia, su cabello largo estaba encrespado y arruinado debido a la humedad, sus facciones eran finas y delicadas, y con la piel de porcelana. Tenía la mirada perdida, vacía de emociones y una insignificante lágrima le recorría con delicadeza sus sonrojadas mejillas. Cerró los ojos haciendo mover sus largas y risadas pestañas.

    Había estado tumbada ahí durante mucho tiempo, tal vez años, pero no sabía porqué. Era consciente de la cantidad de tiempo que pasaba, de los días, de los meses, de los fríos y solitarios inviernos, de los calurosos y solitarios veranos, de todas las estaciones del año, pero ella seguía ahí, sin mover ningún músculo. Ella no estaba muerta, se decía cada segundo. La joven, abrió la boca y chilló con toda la fuerza que le quedaba. Había despertado.


    *****

    Abrí los ojos de golpe y apreté con fuerza los puños. A mi alrededor, las sombras de la clase comenzaron a tomar formas reconocibles a medida que los latidos de mi corazón iban ralentizando su ritmo. La única luz que alumbraba el aula era la de la gran pantalla que úsabamos para ver películas o documentales. Entonces me aseguré de que todo estaba como antes de dormirme. El profesor, los alumnos y la típica película de los 80 que solía poner cada viernes. Resoplé, no sabía como sentirme entonces; preocupada por los extraños sueños que tenía o preocupada por tener que sufrir el hartazgo durante una insoportable hora.

    —Eh —susurró una voz a mi lado. Parpadeé, confusa, y me volví hacia mi compañera de mesa, Azabina, que me observaba con una sonrisa divertida.

    —¿Qué? —inquirí en el mismo tono de voz.

    — ¿Has dormido lo bastante para madrugar esta noche? —respondió Azabina, esbozando una mueca socarrona.

    —¿Noche? —repetí, confundida.

    — Sí tía. Me prometiste que saldrías hoy conmigo de botellón. ¡Es viernes! —contestó cuchicheando.

    Exhalé con cierto agobio. No se me había pasado por la cabeza que le había prometido a Azabina acompañarla de botellón para desahogar sus ''penas'' por haber cortado con Louis, su ex.

    — Claro Azabina..

    —Helena, Azabina, ¿algo que queráis compartir con el resto de la clase sobre de cómo estáis prestando atención a la película? —preguntó mordazmente el profesor Karl.

    — Nada, profesor. Es interesante —mentí yo con calma. Karl asintió y prosiguió viendo la película como si esa interrupción nunca hubiese tenido lugar.

    Volví a concentrarme y reflexionar acerca de la serie de sueños que tenía constantemente sobre la novia adolescente. Por lo tanto, llegué a una conclusión, que aunque me resultó estúpida por unos segundos, la tomé en cuenta; recordé entonces que hacía una semana que visité a una misteriosa y ''loca'' vidente junto con Azabina. Resultó que por una extraña razón a la que desconocía, me concedió un deseo. Azabina y yo nos miramos con muecas de 'esta tía está pirada', y sin intención alguna de haberme creído todo lo que había contado pedí un deseo en voz alta con un tono burlón sarcástico.

    — ¡Deseo conocer a Jared Leto!

    Azabina y yo nos reímos y abandonamos la tienda de la vidente.
     
    Última edición: 18 Mayo 2014
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    El deseo. [Jared Leto, Ian Somerhalder]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    671
    Capítulo I



    Los primeros rayos del sol se colaban por las cortinas y bufé sin fuerzas. Me sentía completamente mareada y cansada, no podía mover ni siquiera los brazos. Estaba súper agotada. Entonces me arrepentí por enésima vez de haber bebido tanto, no me creía capaz, pero lo hice. El ambiente juvenil y fiestero que poseía aquel maníaco botellón me motivó sin mas. Suspiré, era demasiado tarde para lamentaciones, debía de levantarme de la cama y olvidarme del desastre descontrol de la noche anterior. No volvería a cometer más ese tipo de error. Nunca más. «Y aunque Azabina me lo suplique de rodillas, no. No, no y no.» me negaba para mis adentros y me pasé las manos por la cara. Me senté en la cama cuidadosamente y traté de poner los pies en el suelo, pero una punzada de dolor me atravesó las neuronas y gemí exasperada impidiéndome ponerme de pie. Me llevé los dedos a la sien y traté de masajear creyendo así eliminar el dolor, pero aún así seguía doliéndome la cabeza y resoplé con enormes ganas de estrujar a Azabina y cortarla en pedazos.

    A quién se le ocurriría prometer algo así cuando no te agrada aquello, me pregunté. «A mí. Por supuesto que a mí.» Me incorporé de la cama y estiré los miembros para desentumecer los músculos, y me dirigí al cuarto de baño que estaba al lado de mi habitación soportando la tortura que sufrían las neuronas de mi cerebro. Y por supuesto, estaba cerrado.

    — ¡Maldita sea Charlie! Sal ya, joder.

    Llame con fuerza a la puerta intentándola abrir y le di un golpe con el pie izquierdo. Titubeante, la llave giró en la cerradura y el rostro ratonil de Charlie apareció en la rendija. Sus rubios cabellos goteaban y tenía un pegote de espuma en la nariz .

    — Estoy lavándome la cabeza.

    — Ya lo veo —gruñí, hostil—. Déjame pasar.

    Metí el pie entre la puerta y el quicio. Como yo era más fuerte que Charlie, no tenía ninguna oportunidad. Me colé en el baño.

    — Qué mala estás hoy conmigo —resopló Charlie.

    — Calla. No tienes nada ver con esto.

    Me acerqué al lavabo y abrí el grifo esperando con ansias el agua fría. Me mojé las manos y me lavé la cara sintiendo una gran relajación hasta que Charlie habló:

    — Mamá está enfadada porque has llegado tarde ayer, ¿no?

    — No tiene porqué estarlo. Soy mayor, tengo diecisiete años y soy responsable de mis actos —«Sobre todo responsable..» reflexioné por lo que dije y tuve la sensación de mentir—. En cambio, tú aún, renacuajo entrometiente, tienes diez años y deberías dejar a tu hermanita en paz.

    Y acto seguido, me sequé la cara con la toalla que estaba colgada y abandoné el cuarto de baño dándole un codazo a Charlie.


    *****

    Bajé las escaleras y caminé hasta la cocina.

    — Buenos días mamá —me acerqué a mi madre y le besé en la mejilla.

    — Buenos días cariño. ¿Tostadas con mantequilla? —me preguntó mi madre, mientras cogía las rebanadas de pan blanco.

    — Solo tostadas —contesté, sentándome en la silla del comedor. Encima del comedor había unos boletos, no los cogí solo pregunté:—. Mamá, ¿de qué son esos boletos?

    — Ah, me los dio la vecina. Dijo que si tenía hijos adolescentes podrían asistir si le apetecieran a ese concierto ya que sus dos hijas al parecer no pueden y no sabían qué hacer con ellos, entonces me los dio. Si te interesa pues..

    — ¿Qué cantante es o.. qué grupo?

    — No lo sé, hija. Míralo.

    Confusa, me levanté de la silla. Me acerqué a donde estaban los boletos y alargué el brazo derecho y los cogí. Casi, y se me olvidaba respirar. No me lo podía creer. Me dio un vuelco en el corazón y cogí una bocanada de aire llena de emoción. No podía ser, no me lo esperaba, creí que era imposible, pero aquel momento era real. Era real y lo sabía. Tenía en mis manos dos entradas para el concierto de Thirty Seconds To Mars.
     
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    Escritor
    Título:
    El deseo. [Jared Leto, Ian Somerhalder]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    1242
    Capítulo II

    — Mamá, necesito ir —dije sin mas, estupefacta y con un tono sorprendido lleno de fascinación—. El concierto será en Holanda. ¡Dios, mamá necesito ir!

    Las rebanadas de pan salieron volando del tostador con un chasquido, y yo me sobresalté. Mi madre las cogió con los extremos de los dedos y las puso en un plato. Ignorando mi cara teñida de una gran felicidad indescriptible, me dijo:

    — Me alegro que estés emocionada, pero el problema está en que este mes no tenemos bastante presupuesto para un avión, un hotel, y para contratar a un chófer o algún guardaespaldas —se me borró la felicidad del rostro en menos de un segundo al escuchar las palabras de mi madre—. No somos ricos.

    Entonces, la ira, la desesperanza y la decepción se apoderaron de mí.

    — Gracias Mamá. Entonces no sé para qué demonios los agarras de la vecina —estallé. Mi voz sonó ahogada y enfurecida—. Deberías de haberlo pensado antes de cogerlos, porque ahora no puedo explicarte de lo tanto desilusionada que me siento ahora.

    Lancé las entradas de mi grupo favorito al suelo y abandoné la cocina. Tropecé con Charlie en medio del pasillo y lo aparté con brusquedad ignorando sus quejas. Subí las escaleras y encaminé hasta mi habitación cerrando la puerta detrás de mi de un estruendoso portazo. «Qué asco de madre, qué asco de vida llevo.. joder. ¡Qué maldito asco! ¡Nada me sale bien, nada!»

    Necesitaba llorar y desahogarme, quería salir y correr para aliviar la angustia que se me estaba acumulando aquel día, pero aún tenía resaca y eso hacía mas que impedírmelo. Traté de calmarme. Y de pronto se me vino a la cabeza la imagen de la
    vidente. «Qué absurdo, ¡es imposible!» me dije, aunque cuando cogí los boletos por primera vez, lo pensé y tuve una pequeña esperanza, en cambio ahora, era en definitiva imposible. La amargura me invadió y comencé a llorar con desenfrenamiento.

    La novia adolescente había movido los brazos por primera vez después de tantos años. Elevó con suavidad su torso. No creyó capaz de poder apoderarse de nuevo de su cuerpo y sintió felicidad. Una nueva emoción llenó su corazón, ya no se sentía vacía de emociones. Ya no.
    *****

    Me restregué los ojos y me senté en la cama. Me había quedado completamente dormida y había tenido otro sueño misterioso. Esa vez, la novia adolescente se había movido y al parecer, había despertado sus emociones. Suspiré exhausta, y me dejé caer de nuevo sobre las sábanas, alargué el brazo en dirección hacia la mesita de noche que estaba situada al lado de la cama donde encima de ella estaba el despertador. Lo cogí, y marcaban las dos en punto. Me había quedado dormida durante tres horas. Perezosamente, me levanté de la cama, abandoné mi habitación y bajé las escaleras. Las voces de mi madre sonaban desde el salón hablando por teléfono, mientras Charlie se tapaba los oídos debido a que siempre tenía la manía de hablar muy fuerte y eso impedía ver la televisión a cualquiera que esté en el salón . Me entró una enorme sensación de hambre y mi barriga empezó a rugir como los leones. El hambre me guió hasta la cocina y por suerte, aún habían algunos bizcochos encima de la encimera.

    — ¡Vaya niñata que estás hecha! —reconocí esa femenina y aguda voz rápidamente, lo cual no me hizo falta ninguna volverme.

    — Buenas tardes a ti también, Lara.

    Me di la vuelta, y la observé de los pies hasta la cabeza. Me acerqué al comedor, y me senté encima de este dejando el plato de bizcochos sobre mi regazo. Luego, la volví a observar. Su rostro relucía por el sarcasmo, y algunos rizos castaños rozaban sus mejillas. Siempre tuve celos de lo bonita que era Lara. No se parecía ni a mi padre, ni a mi madre, ni a Charlie y ni a mí. Y de nuevo me costaba otros cinco segundos dejar de observarla, de tratar de contar de lejos las pecas que cubrían sus pómulos y el puente de su redondeada nariz. Suspiré con abatimiento mientras me llevaba un trozo de bizcocho a la boca. ¿Por qué no podía parecerme a mi hermana mayor?
    Me dediqué entonces a calibrar cuál era su atractivo físico. ¿Qué nota tendría en una escala del uno al diez? «Cero.» ,pensó mi lado más… más Helena. Pero mi subconsciente me forzó a mirar de nuevo.

    No, definitivamente no tenía un cero. Si bien no era la chica más atractiva de la ciudad (ni mucho menos), también tenía que reconocer que no era precisamente lo que se dice fea. «Bueno, vale, aprobada con un cinco raspado.» pensé entonces. Pero tampoco en esa ocasión me sentí satisfecha con mi propio veredicto. Había algo en las formas que adquirían sus rizos despeinados, algo en su cuello fino e impoluto, algo en las pecas que sembraban parte de su rostro, algo en la sincera calidez de sus ojos… Algo que le hacía especial y diferente, no del montón. No, sin duda un cinco tampoco era su nota. «Vale, dejémoslo en un ocho.» decidí finalmente.

    — Está de mala educación sentarse encima de la mesa, hermanita —me dijo sacándome de mis análisis.

    Se acercó y se sentó encima del comedor.

    — Entonces vaya maleducadas estamos hechas —bromeé y reímos a la vez— ¿Quieres?

    Le ofrecí un bizcocho y ella lo aceptó gustosamente.

    Volví a contemplarla más de cerca, prestando aún más atención a cada detalle. El fino rubor de sus mejillas, la perfecta longitud de sus pestañas, la suave curva de su barbilla. Y comprendí. Se merecía un diez, porque era preciosa. Quizás a su manera, y tal vez hubiese que buscar mucho, pero si de algo estaba segura es de que esa belleza estaba ahí, innegable y eterna.

    — ¿Por qué has venido? ¿No tenías exámenes? —pregunté quitándome algunos trocitos de la boca con la manga de mi brazo.

    — Gracias a dios ya los terminé y los resultados son muy buenos —dijo orgullosa de sí misma—. Aunque no te creas, hermanita, la universidad no es tan fácil.

    — Ya.. Me puedo hacer la idea —murmuré.

    — ¿Y tú? —me preguntó.

    — No me ha quedado ninguna asignatura, y tengo todas en notables altos —le contesté, también orgullosa de mí misma— Supongo, que la inteligencia viene de familia.

    — Ya lo veo —rió, y se levantó del comedor de un salto y me miró con una sarcástica mirada tierna— Qué mayor estás y qué guapa. Ah, y se me olvidaba, estás entradas son valiosas y no se tiran al suelo.

    Sacó de sus bolsillos los boletos y suspiré sin ninguna esperanza bajándome del comedor.

    — ¿Y como piensas ir? —pregunté mientras devolvía los bizcochos encima de la encimera.

    — Cómo pensamos ir —me corrigió, y la miré asombrada con una ceja levantada—. Venga, no me mires así. Solo quiero pasar unas buenas vacaciones, y ya que tenemos estas entradas.. ¿porqué no aprovecharlas?

    — Pero mamá dice..

    — ¿Pero, no te acuerdas que tenemos familia en Holanda?. Encima famosa, por dios Helena. ¿Tienes la enfermedad del alzheimer o qué?

    Me quedé un instante pensativa, y me acordé:

    — ¿Los Somerhalder? Ya ni me acuerdo de cómo son.

    — Vale, pues ve preparando las maletas —me guiñó el ojo y salió triunfante de la cocina, dejándome con la esperanza y la duda ardiendo en mi corazón.


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    Última edición: 17 Mayo 2014
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    Muchas gracias. Con los líos de exámenes que tengo no me pilla ni casi la mitad del tiempo ponerme a escribir.
    Pero gracias de verdad, intentaré publicar más capítulos a menudo. :)
     

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