El día favorito de Sanji

Tema en 'One Piece' iniciado por Nami Roronoa, 26 Julio 2012.

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    Nami Roronoa

    Nami Roronoa The Gif Queen Game Master

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    Escritora
    Título:
    El día favorito de Sanji
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Comedia
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1549
    Realizado para la actividad "Piratas Escritores"... la verdad, no tengo ni idea de donde saqué este fic. Pero es con el que decido participar, y espero les guste.

    Título: El día favorito de Sanji
    Autora: Rocio (Nami Roronoa/Dawnangel14)

    Fandom: One Piece
    Personajes: Robin, Nami, Sanji
    Parejas:. Ninguna.
    Palabras: 1247
    Rating: T
    Summary: Finalmente, llegó San Valentín al Thousand Sunny... por desgracia para Nami.
    Advertencias: Situado tras el timeskip, pero no se preocupen, no hay spoilers. Podría considerarse leve shoujo ai hacia la mitad del fic, pero en realidad es una mentira así que...






    Cuando alguien convive a diario con personas como los Sombreros de Paja, muchas cosas inusuales dejan de parecer tan así. De hecho, lo raro era común a bordo del Sunny Go.

    Pero aún así, cuando Robin despertó y encontró a la única otra mujer de la tripulación espiando el exterior por el cerrojo de la puerta , supuso que debía hacer algo.

    —¿Nami-chan?

    La joven de cabellos anaranjados se llevó un dedo a los labios, silenciosamente comunicándole que guardara silencio. Robin obedeció, supuso que ella tenía sus razones, y lentamente caminó hasta la arqueóloga.

    —¿Sabes qué día es hoy?

    Robin la miró confundida -aunque, al poder controlar sus emociones a la perfección, la confusión no se reflejó en su rostro- y dirigió su mirada al calendario pegado contra una de las cuatro paredes.

    14 de Febrero. ¿Acaso era el cumpleaños de alguno de los tripulantes? ¿O una fecha importante? ¿El día que Luffy comenzó su viaje? O quizás...

    —San Valentín... —recordó la morena.

    —Exacto. El maldito San Valentín llegó.

    —¿Qué hay de malo con la fecha? ¿Un amor no correspondido?

    —No, no es eso —suspiró Nami—. Bueno, en parte sí... pero no de mi parte. Es Sanji-kun.

    Oh, debería haberlo imaginado. Supuso que si el cocinero las alababa y apreciaba cualquier día normal, ese día sería una fecha especial para él, una fecha para una declaración de amor. Pero a decir verdad, no sonaba muy diferente a cualquier otro día ahora, pues si había algo que esos dos años habían hecho fue intensificar el cariño que tenía hacia ellas.

    —¿Cuál es el problema, Nami-chan?

    —Tú no estabas hace dos años, fue... —Nami tomó aire para seguir, como si hablara de un recuerdo reprimido— fue terrible... antes de entrar al Grand Line, antes de que te unieras. San Valentín es sin duda su fecha favorita.

    —No creo que suene tan malo que le guste celebrar la fecha.

    —¿Celebrar la fecha? —resopló Nami, mirándola como si hubiese hecho un chiste malo—. Esta bien, no digas que no te lo advertí Robin. Vamos a desayunar.

    La navegante se puso de pie y se acercó a la puerta, esperándola mientras se cambiaba. Cuando su compañera terminó de alistarse, ambas salieron a la cubierta, la cual estaba desierta. No le pareció raro, ya que probablemente estaban todos desayunando, así que avanzaron sin más hacia la cocina.

    Fue en el momento que entraron al territorio del chef que Robin entendió todo.
    Había corazones rosados por doquier. Mirara a donde mirara, había corazones. En las paredes, en las sillas, incluso en el techo. Algunos decían "Nami" en brillantes letras color naranja, y otros decían "Robin" pero con letra púrpura. También había algunos cupidos por allí, e incluso le pareció ver un muérdago en la entrada que llevaba del comedor a la cocina, lo cual no tenía absolutamente ningún sentido. Pero nada de eso, ni el empapelado de corazones ni las otras decoraciones, se comparaba con la comida.

    Había bombones de chocolate para alimentar a un pequeño ejército. Probablemente hasta Luffy hubiese quedado satisfecho con las tres montañas de chocolate, todas aproximadamente hasta la altura de Robin. ¿Cuánto tiempo necesitó para preparar todo esto? Porque no se acababa allí, también había flores, de varios colores y tamaños, y waffles, y otras delicias que eran diez veces más apetitosas cuando él las preparaba.

    Y hablando del cocinero en cuestión, él emergió de la cocina mientras batía algo marrón en un gran cuenco... ¿acaso estaba preparando más chocolate?

    —¡Oh, las dos diosas han despertado de su bello sueño! —exclamó Sanji, evidentemente feliz ante la presencia de las mujeres—. ¿Cómo has dormido, Nami-swan, soñaste conmigo? Robin-chwan, ¡estás más radiante que nunca!

    —Gracias, Sanji —fue lo único que pudo decir ella.

    —¿Ves lo que te decía? —musitó Nami, luego agregó más fuerte—. Sanji, ¿dónde están los demás?

    —No quería que su hermoso día se arruinara con esos idiotas, así que les llevé su desayuno al cuarto de hombres y los encerré ahí —comentó como si fuese de lo más normal— ¿Chocolate, Nami-san?

    —Tal vez luego —se negó ella, luego agregó en un susurro que sólo ella oyó—. Sigueme la corriente y nos salvaremos —Nami fingió una tos y obtuvo la atención del cocinero—. ¿Sanji-kun?

    —¿Qué sucede, Nami-san? ¿Te sientes mal, te duele la garganta? ¡Ya mismo voy a buscar a la comida de emergencia, digo, a Chopper!

    —No, Sanji-kun, estoy bien... pero hay algo que debo decirte.

    —Claro, Nami-san, ¡lo que quieras!

    —Bueno, yo... —miró a Robin a los ojos— es decir, nosotras... bueno, lo que quiero decir es que Robin y yo... Robin y yo...

    —Somos pareja —completó la arqueóloga con calma.

    Un estruendo siguió a su declaración. Sanji había soltado el cuenco, y el chocolate se había derramado al piso. Aunque por su expresión, no parecía que se hubiese dado cuenta. Pero eso no era nada a comparación de la cara de Nami. Parecía perdida, como si no supiese como reaccionar. Aunque de algo estaba segura. Su amiga se había vuelto loca.

    —¡¿Qué rayos fue eso?! —exclamó Nami tan fuerte como pudo en un susurro, intentando que Sanji no las oyera.

    —Me pediste que siguiera la corriente. Eso fue lo que hice —contestó Robin con
    sencillez.

    —¡No somos lesbianas! —chilló Nami, milagrosamente no siendo oída—. ¡Iba a decir que nos sentíamos mal del estómago, nada más!

    —Oh... —comprendió ella— ya veo. Eso tendría más sentido.

    —No me digas —replicó, sarcástica.

    —Aunque míralo... creo que el problema fue resuelto.

    Sanji se había quedado duro, ni siquiera se había movido para levantar lo que se la cayó ante el shock de la noticia. Internamente, Nami se preguntó si no estaban siendo demasiado crueles con él, después de todo había cocinado para ellas, porque las quería... de una manera muy rara y especial, como un acosador quiere a su víctima, pero las quería.

    Sin embargo, cuando habló, sus palabras no fueron las que ellas esperaban.

    —Eso es... ¡eso es maravilloso!

    —¿Eh? —dijo Nami, atónita.

    —¡Oh, maravilloso, que expresen su amor en público sin problemas!
    ¡Simplemente fantástico! ¡No podía esperar menos de la valiente Nami-san y Robin-chan! —proclamó Sanji, danzando cómicamente entre ellas—. Oh, esperen, ¡pueden tener su primera cita ahora! Sí, yo les cocinaré, les prepararé sus platillos favoritos...

    —Vaya, eso no fue como lo planeamos —observó Robin con su usual calma, la cual estaba sacando de quicio a la otra mujer.

    —¡No teníamos un plan! —estalló Nami—. ¡Sanji-kun, escucha!

    —Sólo necesito unas pocas mandarinas de Nami-san... —se interrumpió a sí mismo al oír que lo llamaban— ¿Sí, Nami-swan?

    —No es verdad, Robin y yo... no somos pareja —soltó la última palabra con una mueca de disgusto, y fulminó a Robin con la mirada.

    —Esa no es manera de romper una relación, Nami-chan.

    —Lo que quiero decir, Sanji-kun... —prosiguió Nami, ignorando el comentario de la morena, pero fue interrumpida.

    —Oh ya veo, me jugaron una broma —Sanji soltó una pequeña risa—. Robin-chan, eres tan graciosa y hermosa como una diosa...

    —No. Quiero decir, sí. Perdona si te molestó, Sanji-kun.

    —¡Para nada! —rió el cocinero—. Fue divertido, Nami-san. Ahora, vamos a comer, antes de que se enfríen sus waffles.

    A regañadientes, Nami tomó asiento, inmediatamente seguida por Robin. Desde su asiento, pudo observar que estaba junto a unos platos la guitarra de Franky. Recordando esa ocasión hace dos años, se preguntó si Sanji nuevamente había preparado un número musical.

    Suspiró. El día más difícil del año recién acababa de comenzar.
     
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