Tragedia El chico fosforo

Tema en 'Relatos' iniciado por DoctorSpring, 2 Agosto 2017.

  1.  
    DoctorSpring

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    268
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    Escritor
    Título:
    El chico fosforo
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Tragedia
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1357
    Este es un relato para la actividad "¡Agosto te desafia!", para ser exactos el desafio de escribir algo relacionado con el significado de tu nombre, no especificaban cual a si que termine por elegir mi segundo nombre. "Ignacio". Aunque la etimologia no se conoce con exactitud la que mas me gusta es que viene del latín "Ignatius" y este de "ignis"(fuego) y no, no estoy copiando esto de la wikipedia, yo soy una persona culta, si.., bueno basta de charla, disfruten el relato

    L
    a chica de cabello castaño suspira al ver el café donde sería la reunión y revisa su celular para no equivocarse. Efectivamente, era el Jane´s café en la esquina de la calle tal, tal y tal.

    Volvió a guardarlo en su bolso de cuero negro, al cerrar el broche se secó las manos en la falda del vestido que había elegido esa noche—el más discreto que encontró en el closet de su madre—y camino hacia el lugar de reunión.

    El café era una pobre imitación de los que se encuentran en París. La casa estaba pintada de color amarillo, estaba rodeada de una barda baja de ladrillos y en el frente de la puerta había dos mesas con dos sillas en cada una. La de la izquierda—convenientemente pensó la muchacha mientras rodaba los ojos y se ponía una mano en el pecho—se encontraba vacía y la de la derecha “fuera de servicio”.

    Ubicó una silla, se sentó y recargó en el respaldo. Saco su celular y releyó el mensaje por décima vez.

    Eres una chica linda, te he visto desde lejos. Me gustaría acercarme más a ti y conocerte. Se todo sobre ti, tus conversaciones, tus amigas, tus intereses amorosos y tu “ocupación”.

    Por más que lo quería evitar, Verónica sentía un escalofrió cada vez que leía la palabra “ocupación”.

    Nos vemos en el Jane´s café en la calle *****, se encuentra en la colonia **** y el número es **.

    Este miércoles a las 12:00 Am

    Saludos, Ignatius.

    Después de leer el mensaje por primera vez, la chica se paró de la cama. Estuvo un rato divagando sobre quien podría saber de su “ocupación” y se pasó la noche del lunes y la madrugada de martes en vela. También pensó en el hecho de que el mensaje, a pesar de ser un vulgar chat de “Whatsapp”, las palabras parecían salidas de una carta en la época donde las mujeres usaban faldas más pesadas que ellas mismas.

    El día siguiente, saliendo de la preparatoria con sombras naturales en sus ojos y su alma bastante pesada, en vez de irse a dormir como cualquiera en su situación haría, decidió pasar por el café donde tuvo las mismas impresiones que ya habíamos narrado.

    Con excepción a lo de la mesa clausurada.

    Un portazo la sacó de su ensoñación, tomo aire y aclaro la garganta para pedir su orden, pero en vez del camarero que esperaba, un joven caucásico con traje caminó lentamente a la silla contigua con una sonrisa de vendedor.

    —Buenos días señorita

    —Buenos días—dijo y volteó la cabeza a la puerta de donde había salido ese hombre—esperaba pedir algo antes.

    —Solo tengo agua con hielo—dijo el hombre decepcionado consigo mismo.

    —Me gustaría—dijo la joven y a continuación sonrió de forma tímida.

    El hombre exclamó un ruido de incredulidad

    —No hagas esa sonrisa de niña de casa que no te queda querida.

    Ella se quedó como si le hubieran lanzado una bofetada con la fuerza de mil trenes y estuvo embobada mientras el señor Igniatus iba por un par de vasos para los dos. Cuando escucho la voz de este, parpadeo y tomo el vaso de agua que le ofrecía el extraño, el tintineo de los cubos de hielo la despertó y por una razón intento beberse todo el vaso de un solo trago. Al final acabo tosiendo.

    — ¡Ey tranquila nena, no te pases!—dijo mientras le limpiaba el bordillo de la boca con una servilleta.

    —Gracias, ¿tienes fiebre?

    Igniatus la miro de forma inquisitiva.

    —No, nada—dijo mientras secaba el agua que había quedado en la mesa.

    El hombre se sentó, chasqueo la lengua y una llama empezó a florecer, con los dos dedos meñiques agarro un cigarro del bolsillo del frac y lo prendió. Le dio una calada y Verónica vio el humo hipnotizada. Es como si el humo fuera lo único que la sorprendiera, más que el hecho de que ese tipo había sacado fuego de su boca.

    Sonrió y la chica sintió unas ganas increíbles de sonreír de vuelta pero se fueron cuando sintió el tacto cálido de la mano de Igniatus.

    —Bueno, ahora hablemos de tu ocupación.

    —Solo lo hacía durante la secundaria y...

    — ¿Sabes a lo que me refiero? Eres lista—dijo mientras jugueteaba con el hielo de su vaso.

    La muchacha en un acto reflejo cruzo los brazos sobre su busto haciendo reír al estimado. Pasaron unos minutos durante los cuales el único ruido era el de los sapos al croar y el de los autos lejanos.

    Verónica aprovecho esos momentos para recordar sus épocas en la secundaria, hace 4 años, aun ni ella misma sabía como había logrado terminarla al primer intento y sin ningún reporte.

    Al final bajo los brazos y el señor aprovecho para poner el dedo índice en la zona de su pezón derecho, aunque tres capas de ropa lo hayan distanciado de un contacto directo, eso no le hacía sentir menos incomoda. Tampoco podía hacer que lo retirara, sentía un calor reconfortante al contacto.

    Imagino sentir ese mismo contacto pero completamente desnuda, sería como estar en el cielo—o en el infierno— sería…

    En ese momento Verónica aparto de un manotazo el dedo del extraño demonio e hizo un ademan de pararse, Ignatius la agarro de la mano antes de que pudiera hacerlo y la sentó de nuevo a la fuerza.

    —No hemos hablado de mi propuesta—dijo el demonio sonriendo—me conocen por varios nombres pero el más común y el que puedes pronunciar seria “el chico fosforo” y como todo fosforo su objetivo es prenderse, para prenderme algunos ocupan una lija o gasolina los impacientes.

    «Tú podrías ser ambas, te ofrezco pagar el triple de lo que te pagaban antaño mientras me calientes como es debido»

    La chica se quedó hipnotizada, un sudor pegajoso cubría su frente y ella sospechaba que no solo era por los nervios. Ignatius estaba expeliendo bastante calor, ya eran las 1 de la mañana pero se sentía más calor que plena tarde de verano.

    La muchacha se puso la mano en el pecho, como las mujeres decían “¿yo?· y una parte de ella se sentía alagada por haber sido elegida para dicho propósito, se secó las manos en la falda como lo había hecho al llegar y se puso en pie.

    —Está bien—dijo Verónica para empezar a seguir a su nuevo empleador.

    El demonio sonrió mientras se perdían en la noche.

    ***
    Unos policías se encontraban caminando sobre un puente, buscando algo en particular y al fin lo encontraron. Una mujer anciana vestida de forma andrajosa flotando boca abajo en un rio, ahogada.

    El mayor de los dos suspiró y empezó a buscar algo en su chaqueta mientras le comentaba al menor las desventuras de la mujer, ahora ya fallecida.

    —Verónica Alicia González, cuando tenía 18 años empezó a consumir drogas y perdió el camino, sus familiares terminaron abandonándola y el resto es historia, lastima, un futuro perdido más.

    —Vaya…

    —Sí.., decía algo sobre un hombre caliente o algo así, lo más probable es que fuera el novio que la desvió. Ya sabes cómo es la juventud, antes y ahora.

    —Lo dices como si fuera más viejo que tú..

    Después de un silencio los dos hombres empezaron a reír, con el menor ruido posible para no molestar a los muertos.

    — ¿Quieres un cigarro?—Dijo el mayor mientras sostenía una cajetilla con la mano izquierda y un cigarrillo en la boca.

    El joven asintió mientras al tiempo sostenía el cigarrillo que le ofrecía el policía mayor.

    Los dos chasquearon la lengua al mismo tiempo.
     
    Última edición: 2 Agosto 2017

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