Fantasía El Caballo Sin Cuerno

Tema en 'Relatos' iniciado por Dark RS, 9 Octubre 2018.

  1.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
    Miembro desde:
    20 Marzo 2012
    Mensajes:
    1,109
    Puntos en trofeos:
    401
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    El Caballo Sin Cuerno
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1355

    El Caballo Sin Cuerno



    Un par de niños, como de seis años, juegan cerca de un amplio potrero. Son idénticos, incluso llevan ropa igual, en lo único que se diferencian es que uno de ellos trae una venda que le cubre todo su antebrazo derecho.


    Un tercer niño se acerca a ellos, parece emocionado por alguna razón, es de mas o menos de la misma edad que los gemelos.

    —¿A que no saben qué me contó gran papa? —cuestiona el pequeño recién llegado.

    —¿Qué dijo tu abuelo? —preguntan los hermanos al mismo tiempo.

    —Me contó sobre los caballos sin cuernos, dice que son muy grandotes, y que son mágicos y que viven en la montañas —dice el niño asiendo ademanes con las manos mientras habla.

    —No mientas —dice uno de los gemelos.

    —Los caballos sin cuernos no existen —añade el otro.

    —¡Sí existen! Gran papa no miente.

    —No seas tan bebé, no te creas los cuentos.

    —¡Qué sí!

    —Mira —el de la venda voltea hacia el potrero, hace algunas señas para que alguien se acerque —. Preguntémosle a él.


    Un unicornio, de pelaje blanco y cuerno multicolor, se acerca a los niños desde el potrero, se asoma de entre los maderos del cerco para averiguar qué es lo que quieren los humanos.

    —Señor unicornio, ¿hay caballos que no tengan un cuerno? —pregunta uno de los gemelos.


    El equino asiente con la cabeza, luego señala hacia la derecha con su cuerno, todos voltean hacia ese sitio. Un caballo, con dos cuernos multicolores y pelaje café, se encuentra pastando justo en la dirección en que apunta el unicornio.


    El bicornio, al notar que lo observan detenidamente se comienza a sentir nervioso, observa en todas direcciones como buscando auxilio, al no ver otra salida comienza a retroceder lentamente hasta perderse de vista.

    —No decía eso —niega el gemelo —. Era que si hay caballos que no tengan cuernos en la cabeza —se pone la mano sobre la frente y levanta el dedo índice como imitando un cuerno sobre su cabeza.


    El unicornio niega de inmediato extrañado por la pregunta tan rara.

    —Lo que pasa es que él dice que existen los caballos sin cuernos —señala a su amigo.

    —Es que aún es un bebé —añade el otro.


    Los gemelos y el equino comienzan a reírse.

    —¡Ya verán!, traeré una imagen del caballo sin cuerno y se las restregaré en las caras, ¡a los tres! —el pequeño corre con los ojos humedecidos.


    En ese mismo momento, el pequeño corre hacia las montañas en busca del legendario caballo sin cuerno. Sin mas que un pequeño morral de cuero inicia su búsqueda sin decirle a nadie hacia donde se dirige.


    Las primeras horas no encuentra nada a parte de ardillas y pequeñas aves. Una vez que anochece comienza a sentir miedo, frío y hambre. Quiere regresar, pero no tiene idea de por dónde debe irse para volver a la aldea.


    Unos arbustos comienzan a moverse violentamente, el pequeño se acerca a ver de qué se trata, repentinamente una criatura, de dos metros de alto, con cuerpo y cabeza de león, alas de águila y cola de escorpión, sale de entre los arbustos haciendo que el niño caiga sentado por el susto. Luego salen otras siete criaturas muy parecidas, pero de un tamaño mucho menor. Los ocho corren y se pierden en la oscuridad del bosque.

    —Que susto me dieron esas manticoras —susurra aliviado de que no se tratara de animales peligrosos.


    Continúa caminando el resto de la noche. Encuentra basiliscos, serpientes, gatos monteses y grifos durante su recorrido, pero a parte de eso nada inusual o que no haya visto antes.


    Cansado de tanto caminar se sienta recostado contra un árbol, comienza a sollozar al sentirse perdido y derrotado, no sabe si logrará volver a casa y no pudo encontrar al caballo sin cuerno.

    —¿Qué ocurre, niño humano? —cuestiona una voz grave.


    El niño se levanta aterrado, no sabe de dónde provino la voz. Busca por todas partes pero no logra ver a nadie.

    —No quise asustarte —dice la voz —. Estoy aquí —una de las ramas del árbol se mueve mostrando que se trata de una mano de madera.

    —¿Quién eres? —cuestiona el menor pensando en salir corriendo.

    —Soy un treant —se presenta el ser árbol — ¿Por qué viniste solo al bosque?

    —Busco un caballo sin cuerno, ¿a visto alguno?

    —Mmmm. ¿Qué harías si lo encuentras?

    —Le tomaría una imagen para probar que gran papa decía la verdad al contarme sobre ellos.

    —Ya veo… Ve hacia la derecha —al ver que el niño voltea hacia su propia derecha se apresura a corregirse —, mi derecha. Hay un lago de agua cristalina, parece que necesitas un poco de agua.


    El niño humano va hacia el lago, al llegar nota que el lago está justo en la cima de la montaña. Casi de inmediato comienza a amanecer. Se acerca al agua y se agacha para beber un poco de agua, al terminar nota que hay algo a su lado.


    Un enorme equino de dos metros y medio de alto, sin cuerno en su frente, se encuentra bebiendo del lago, voltea a ver a humano.


    El niño retrocede para ver todo el cuerpo del enorme animal.

    —¡Eres tú! —grita entusiasmado.


    El humano saca un pergamino, lo coloca en el suelo, luego forma un rectángulo con los dedos como si buscara un buen ángulo.

    —Imagen —sin cambiar la posición de sus manos, las baja hacia el pergamino, en el cual aparece una imagen perfecta del caballo y el lago tras suyo, es tan realista que deja en vergüenza cualquier fotografía.


    El caballo sin cuerno se sorprende ante tal muestra de alegría por parte del humano miniatura. Se prepara para irse cuando ve que algo baja del cielo.


    Un pegaso aterriza frente al niño, un humano muy mayor lo viene montando. El anciano se baja, abraza al pequeño con fuerza.

    —Nos tenías preocupados —reprende el hombre a su nieto.

    —Lo siento, gran papa —se disculpa apenado y aliviado por verlo, cambia su expresión a una de felicidad —. Mira, encontré al caballo sin cuerno.


    El anciano ve al equino sin cornamenta.

    —Décadas sin verte, zerocornio —saluda el viejo feliz de volver a ver al legendario ser.



    El zerocornio asiente al reconocer al humano, aunque ha envejecido demasiado lo recuerda, su especie tiene una memoria extraordinaria. Un pequeño caballo sin cuerno se acerca al lago a beber agua.

    —¿Tu nieto? —pregunta mirando al potrillo. A lo que el zerocornio asiente —. Ya veo. Ya conoces al mío, espero no te causara problemas —el gran caballo niega.

    —Sabía que no mentías, gran papa, les dije a mis amigos que eran reales y tengo la imagen para probarlo.

    —Vamos a casa, pero antes —se acerca al zerocornio —. Te agradezco todo, dicen que ver un zerocornio da mucha suerte, y tuve una buena vida; una esposa amorosa, dos hijos de los que estoy orgulloso y cinco nietos que quiero con todo mi ser. Si te he vuelto a ver es porque tendré suerte mas allá de la muerte, eso me tranquiliza.


    El caballo sin cuerno asiente siguiéndole la corriente, no tiene ninguna clase de poder que brinde buena suerte, pero no quiere bajarle el buen ánimo al humano viejo que seguro se muere en pocos años. Los dos zerocornios se van del lugar a todo galope perdiéndose en el bosque.


    El niño rompe en dos la imagen, en cuanto lo hace se vuelven blancos los trozos de pergamino.

    —¿Por qué hiciste eso? —cuestiona el abuelo.

    —Verlos es suficiente —explica el niño —. No quiero que nadie los venga a molestar, es mejor que me digan mentiroso a ponerlos en peligro, ¿no crees, gran papa?

    —Eres muy maduro —observa en la dirección que se fueron los caballos —. Pero no era necesario, los zerocornios no se dejan ver por personas con malas intenciones o corazones oscuros, así que jamás son encontrados por alguien que los pueda lastimar o capturar.

    —¿Entonces lo rompí para nada?

    —Eso me temo —ríe en voz baja.

    —Qué mal.

    —Volvamos a casa, tus padres están muertos de preocupación.

    —Okeeeey.




    Nota del Autor: Para la actividad "La Caverna del Dragón".
     
    Última edición: 9 Octubre 2018
    • Adorable Adorable x 1
  2.  
    Rahzel

    Rahzel Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Aries
    Miembro desde:
    12 Mayo 2018
    Mensajes:
    413
    Puntos en trofeos:
    119
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    ¡Qué genial relato! Ojalá los animales tuvieran ese sexto sentido para no dejarse nunca atrapar por los humanos <3 me encantó la travesía del niño, para poder encontrar al caballo sin cuerno ¡Y la fotografía! Me encanta la magia para poder hacer un retrato <3 lo adoré.
    ¡Un abrazo!
     
    • Adorable Adorable x 1
  3.  
    medusgamerXD

    medusgamerXD Reina Chibi

    Tauro
    Miembro desde:
    11 Septiembre 2013
    Mensajes:
    72
    Puntos en trofeos:
    30
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Muy bien Dark, no podré ver un caballo sin llamarlo zerocornio.

    Fue bastante divertido imaginar un mundo donde lo que nosotros vemos normal es extraño e irreal y viceversa.

    El escrito fue incluso cómico visto desde la ironía, me encantó.
     
    • Me gusta Me gusta x 1
  4.  
    JeshuaMorbus

    JeshuaMorbus Crítico Lobo de Lucifer honorario

    Géminis
    Miembro desde:
    11 Octubre 2018
    Mensajes:
    101
    Puntos en trofeos:
    56
    Pluma de
    Escritor
    Primero de todo, alabar la subversión de expectativas cuando criaturas que en muchas leyendas son consideradas peligrosas, aquí son del montón y casi inofensivas, siendo lo común para nosotros, extraordinario para ellos. Es una buena idea y has jugado de forma interesante con ella.
    Por otro lado, la ejecución es plana. No ayuda que uses el tiempo presente en ello.
    En el realismo mágico es habitual que las cosas extraordinarias para nosotros sean brevemente descritas (o nada descritas en absoluto) porque son algo común para los protagonistas de las historias; mientras que cosas de lo más vulgar para el lector, son descritas con mimo, obsesión y precisión milimétrica; incluso si es algo tan vulgar como un simple caballo. Creo que es ahí donde deberías incidir: no te paraste a describir demasiado el pegaso; no te paraste a señalar gran cosa de las mantícoras; la "fotografía" fue algo de tres al cuarto...
    ...y si hubieras dedicado casi todo el tiempo que empleaste en el resto de la narración para describir algo tan simple como un caballo, esto te habría quedado más redondo. Porque, otra cosa no, esto tiene un aire muy similar al realismo mágico.

    Cambia tiempos verbales, construye párrafos más concisos (unifica temáticas de relato) y, en fin, sigue escribiendo.

    No te deseo suerte.
    Dale duro.
     
    • Me gusta Me gusta x 1

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso