Narnia Donde no existe el Amanecer [Cronicas de Narnia]

Tema en 'Fanfics sobre Libros' iniciado por Chisei, 10 Marzo 2018.

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    Chisei

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    Escritora
    Título:
    Donde no existe el Amanecer [Cronicas de Narnia]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3153
    Aclaro que renuncio a los derechos del libro Crónicas de Narnia. Este OS es hecho para fans de la saga.

    Personajes: Aslan y Lucy
    Tipo: Oneshot


    Donde no existe el Amanecer

    .

    .

    Aun podía oír el zumbido del silencio golpeando duramente la ventana de su maltrecha habitación. En el letargo del tic tac del reloj se dio cuenta que las cosas no estaban sucediendo acuerdo a lo que alguna vez imaginó sino a las pesadillas que constantemente la enfermaban.
    De esos griteríos silenciosos que retumbaban en su conciencia como una locura insaciable. Donde quizás el mismo demonio arribaba para poseer un cuerpo humano y soltarlo a la demencia hasta consumir su vida durante un proceso sumamente doloroso.

    Ella temía esos momentos, y muy a su pesar estaba pasándole factura todas esas noches sin dormir.

    Lucy Pevensie. Ese era el nombre de la chiquilla que yacía tirada en cama en una posición fetal. A esas alturas del siglo XXI le costaba creer lo que estaba ocurriendo y por ende la presencia de aquella persona de aspecto tan pálido y lúgubre, tuvo la desdicha de cruzarse en su camino, o más bien ella tuvo la penosa desgracia de cruzar su sendero con la de ese ser sobrenatural.

    Un tropiezo en pleno sendero hacia el instituto.

    Un vistazo hacia atrás.

    Un mal clima en invierno.


    Y una caída por un barranco terminó con lo que pareció ser su vida perfecta dentro de sus límites económicos o más bien dentro de su vida cotidiana.

    —¿Sabes lo que pienso? —la voz taciturna preguntó cómo intentado intercambiar palabras con ella.

    Pero la jovencita negó con la cabeza sin mentir porque tampoco tenía ni la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo, pero a su vez se dio cuenta de que no la estaba viendo directamente, sino que permanecía en ese sillón de terciopelo como si el tiempo jamás hubiese trascurrido.

    Después de haberlo visto aquel día, ya no sabía qué cosa era cierta, especialmente en verlo en su forma humana.

    Lucy engulló la saliva. Todavía le dolía la cabeza y las manos, los arañazos en sus brazos le dio la certeza de que ese ser apuesto intentaba a toda costa de no dañarla con el roce de sus manos, pero resultó un intento fallido. Debido a que cada vez que intentaba gritar, él simplemente sacaba esas afiladas garras y los colmillos, una especie de gato gigante aunque muy claramente supo de que era un león.

    —Claro que no.

    Con miedo, ella respondió. Su cuerpo tiritaba de frio dentro de esa habitación cómodamente amoblada de la realeza. Por un momento pensó que se hallaba en una especie de castillo. Por un momento sintió un Deja Vu.

    —Tienes todo de ella pero tu mente sigue perdida. Quiero saber la razón o sea quizás de que el pasar de los siglos me ha jugado una mala pasada.

    Aslan, así se hizo llamar, se mantuvo sereno sin apartar la mirada sobre esa menuda muchacha. Estaba seguro que sus aromas eran iguales, idénticos y sus almas estaban regidas en el mismo nivel. Ella era Lucy, la misma niña que conoció muchos siglos atrás y que ahora, después de tanto tiempo, la reencarnación en esa jovencita ameritaba indagar muy en el fondo.

    El pobre ser añoraba volver a esos siglos en que estaba rodeado de sus amigos, seres amados. Pero lamentablemente el mundo cambio, y ahora se hallaba completamente solo.

    Tal vez eso era el precio de la inmortalidad.

    No vaciló, tampoco se consideraba una bestia malvada, por ello adoptó la forma humana. Se puso de pie para acercarse hacia la cama, se sentó sin temor y sujetó una de las manos pequeñas de la muchacha de cabello castaño rojizo, podía sentir que el estado emocional de ella lo iba a poner nervioso. Sus manos intentaron destruir ese manojo de nerviosismo que azotaba a la humana, necesitaba infundirle confianza y seguridad.

    Deseaba que ese brillo de aquella Lucy Pevensie se asomara en esos bellos ojos.

    Ella solo engulló la saliva al sentir la frialdad con la que Aslan la acariciaba, miró sus manos y sin percatarse elevó la mirada sobre su hombro. Él la estaba observando. Quiso llorar pues su miedo era profundo más cuando fue testigo de la manera brutal en que él había destrozado los cuerpos de unos excursionistas, los cuales por desgracia cayeron por accidente cerca de esa propiedad extraña.

    —¿No me crees acaso que soy la persona a la que alguna vez conociste y el cual te protegió? —inquirió muy serio.

    Lucy no tuvo fuerzas para hacer algo. Se quedó inmóvil a causa del cansancio por pasar días llorando. Él se levantó y caminó de nueva cuenta hacia un estante donde una pila de libros se mantenía ordenados.

    Era la novena vez que intentaba mostrarle todas las fotografías y evidencias.

    La joven Pevensie se volteó sobre la cama para mirar lo que hacia ese hombre de cabellos castaños y ojos ambarinos. No sabía si gritar otra vez o suplicar a que no la estrangulara.

    —La muerte es solo el comienzo —musitó sin perder esa expresión fría y seria a su vez que se acercaba a Lucy con un libro en mano.

    Aquel voluminoso texto comenzó a brillar como si se tratara de un espejo, era el medio en que Aslan podía verlo todo. No era un objeto mágico, para él simplemente era un aparato moderno o, como en ese siglo lo llamaban, un rastreador, el cual era bastante singular pues parecía contener un mecanismo no solo para inmiscuirse en todos los archivos del mundo, sino para ordenar lo que quería buscar.

    Y fue así como llegó al mundo y el país de Lucy. La Lucy del siglo XXI.

    —¿Planea deshacerse de mí, señor Aslan?—preguntó con miedo tras levantarse un poco de cama para arrinconarse a una esquina como si fuera un cachorro asustado.

    Tomó aire con suavidad. Aslan no sabía qué cosa hacer para que Lucy lo recordara. Tan solo había pasado unos cuantos siglos, y el hecho de la reencarnación de su querida protegida lo descontroló. No por el hecho de verla distinta, sino porque había perdido ese “brillo”

    Aslan pensó que su inmortalidad y la facultad de abrirse paso en el tiempo lograrían encontrar a la Lucy que estimaba. Después de aquel incidente, él no pudo quitarse la culpa por ello rompió todas las leyes del universo. Por ello provocó varias tangentes en la línea del tiempo.

    A veces no sabía si poseer poderes era algo tan beneficioso donde debía de ser testigo de las muertes de humanos que con el tiempo formó un lazo de amistad. Tristemente tuvo que aguantar la desdicha de vagar solo, seguramente el castigo de una entidad divina fue lo que lo llevó a permanecer en ese forma.

    Afortunadamente podía usar ilusiones de aspecto humano, pues seguramente la Lucy que se hallaba frente a sus ojos se iría a morir si viera como era su verdadera forma. Un león de tamaño diferente a las bestias que los demás verían, aunque su aspecto de salvaje cambió a uno monstruoso; nuevamente culpó a una entidad divina por su forma casi demoniaca.

    —Hace muchos años, tú viajaste a Narnia junto a tus hermanos. Lamentablemente en una de las aventuras que tuvimos, te hirieron con magia—Aslan miró el libro, y con sus dedos gordos intentó buscar la fecha de aquella tragedia—, y es seguro que tu alma sigue errante por alguna dimensión —fue lo único que dijo al acercarse a la muchacha—. Si pudiera buscar algún método…, claro que el libro puede servir en algunas ocasiones como un simulador.

    Entonces la miró como preguntándose cómo ella podía huir de su presencia, verlo como un demente y hasta temerle de esa manera cuando en aquellos siglos le era devota a su magnificencia.

    —Estimo que usted amaba a la chica que confunde conmigo —dijo con temor.

    Él la miró con expresión de seriedad, un vacío enorme surcó por el corazón de Aslan. No era posible que esa chica lo notara de manera obvia, nadie lo había hecho.

    Pero ella lo trataba como un ser irreconocible.

    Y eso le hería demasiado. Tal vez a eso se referían del dolor que el amor dejaba en su paso.

    — ¿Eso crees? —preguntó.

    Lucy cerró un poco sus ojos tratando de aguantar los llantos. Ese sujeto estaba perdido y aunque le negara que ella y la otra Lucy eran personas muy distintas, muy en el fondo sentía lástima por él.

    Era ese tipo de cariño que ella jamás experimentó. Únicamente sus libros eran testigos de todo aquel juego de sentimientos y emociones.

    —De haber sido la reencarnación de su Lucy, supongo que lo recordaría.

    —No se puede reencarnar en el mismo espacio y tiempo. Las almas o los espíritus no se dividen—replicó sin cambiar su aptitud.

    La miró de nuevo esperando que le dijera lo que pasaba por la mente. Cualquier cosa, cualquier indicio. Al caballero de traje sencillamente elegante le estaba exasperando esa situación, tantos años en espera y su única oportunidad era vulnerable.

    Y sinceramente él no quería llegar al extremo de profanar algo sagrado.

    —Tu ser resonaría con mi espíritu.

    — ¿Resonar? ¿Qué significa?

    Aslan dejó caer el libro sobre el suelo y a pasos lentos se acercó a la chica. Se sentó al filo de la cama y sin ejercer fuerza casi arrastró a la chica para que estuviera muy apegada a él.

    —Déjame probar algo y si no encuentro lo que esperaba, por mi honor, te dejaré libre y todo será como siempre fue en tu vida, Lucy.

    La aludida engulló la saliva. No era tan idiota. Sabía de antemano la compostura de un hombre, acerca de sus deseos.

    De algo le sirvió pasar tanto tiempo entre los libros.

    —Estoy demasiado nerviosa, yo jamás... —dijo avergonzada poniendo sus manos lastimadas sobre el pecho del ser—. Lo siento, tengo miedo—completó.

    —No romperé tu cuerpo —dijo él.

    Tal vez se ocultaba un caballero debajo de todo ese hombre serio y postura frívola, pero no estaba seguro si volver a su estado natural. Aslan mantenía la esperanza de contemplar por un corto tiempo a la chica, y evitar eliminar su forma de humano que se creó.

    Porque aún le crecía la duda si aceptar cambiar a esa muchacha en la Lucy que conoció. Esa Lucy que perdió hace siglos atrás.

    O simplemente arrancarle la garganta y devorar su carne para evitar que la Lucy de ese tiempo-espacio no volviera a existir.

    Sin doblegarse, se acercó mucho más solo para robarle un beso. El esfuerzo por intentar separarse de él quedó nulo, la frialdad de esos labios causó estragos en su estómago pero no iba a vomitar, salvo en engullir con fuerza a saliva de al criatura.

    Jamás había sido besada de esa manera. Suave, con cierto ápice de dolor, pero lo bastante agradable aunque en dos segundos sintió un mordisco suave y luego la lengua del ser probando su sangre.

    Lucy intentó no vomitar al sentir el sabor amargo, y ese olor nauseabundo como al de gato enfermo.

    El beso fue corto por supuesto pero un recargo de ternura y añoranza. La pena del ser no era notable en vista pero en cercanía se podía sentir. Lucy sabía que él buscaba con desesperación la jovencita que se encariñó salvajemente y que ahora la confundía aclamando que era su reencarnación.

    ¿Qué tan cruel podría ser el destino?

    ¿Y si ese destino era cierto? ¿A qué punto del infierno estaba marchando si terminaba siguiéndole la sensación?

    No estuvo jamás segura ni por asomo de que ese sujeto dijera la verdad, pero esos labios…, esa elegancia y cuidado le removió una extraña sensación muy en el fondo de su corazón. Ese rayo de precipitación bajó de un golpe hacia cada rincón de su ser, sus manos no duraron en acariciar torpemente la caballera del hombre, y éste con amabilidad la arrinconó poco a poco para quedar en una posición sugerente.

    —Señor Aslan—pronunció confundida entre gritar del miedo al ver esos ojos ambarinos o dejarse arrastrar al infierno.

    —Aún no encuentro lo que estoy buscando —dijo en tono apagado, casi ronco pero muy serio.

    Se acercó y lamió los labios. Ella podia ver un ligero cambio en el rostro del tipo, parecía como si progresivamente le saliera pelos en la cara.

    —Puedo llevarte conmigo, aunque eso implique alterar el curso del tiempo y espacio —ese susurro fue tan seductor que provocó que cada rincón de la chica se remeciera.

    ¡Y solo usó palabras!

    —¿No me matará? —titubeó en miedo, claramente no sabía qué cosa decir, el efecto del beso era superior, casi divino—. Señor Aslan.

    El hombre sonrió de medio lado acomodándola bajo su cuerpo. Ella estaba poseída por culpa de simples besos que no imaginó el cómo sería la reacción de Lucy cuando esa ilusión se esfumara para dar paso a su verdadera apariencia.

    Le dio vergüenza saber que en sus tiempos era admirado no solo por su sabiduría sino por la elegancia de ser el gran león que gobernaba Narnia. Y ahora, la realidad era una asquerosa criatura mal oliente.

    Sí. De alguna manera, los dioses lo maldijeron.

    —Solo déjate llevar, no intentes nada brusco o harás que te hiera severamente—mordisqueo los labios de la chica—. Recuerda quien soy, Lucy.

    Ella asintió con miedo, sabiendo que no tenía opciones pero comprendía muy bien que las cosas no iban a resultar para nada igual después de esos besos. Caricias que comenzaron a invadir el cuerpo de la chica, la piel de Aslan era fría y la de ella cálida, tan blanda y tierna que el ser de aspecto humano tuvo que refrenar su instinto para no romperle la ropa y por consiguiente tal vez no domar su lado animal.

    Quizás la pobre Lucy terminaría muerta.

    Los gemidos entre ellos no se hicieron esperar, especialmente por parte de Pevensie. Nunca antes había sido tocada de esa manera, ni besada, ni poseyendo esa oportunidad de acostarse con un ser extraño, bueno, tal vez nadie era tan demente de acostarse con un tipo como él, viviendo esa situación tan poco creíble después de que fue testigo de su lado animal cuando arrancó las cabezas de esas pobres y miserables personas.

    —Es demasiado para mí —musitó la chica

    —¿Temes caer ante mí? —volvió a morder los labios delgados de ella, él sabía que su parte animal entraba en un estado de apareamiento.

    —Temo que termine quitándome la vida o… —titubeó en un tono bastante suplicante.

    No. Lucy estaba asustada, y la mezcla de placer y miedo no era buena combinación.

    —Deberías saber que no tengo ninguna intensión de usar tu cuerpo para procrear —explicó sin detener las caricias pero sus ojos estaban enfocados en esos dulces orbes—, no puedo dejarte en cinta en tu primera vez, sería lo bastante cruel de mi parte además nacería un demonio, una especia de ser anormal. Ni siquiera si tuviera una amante la forzaría a algo en el que tampoco estoy interesado. Es insostenible. Morirás y serás maldita.

    Se alzó un poco para ver que Lucy se quedó sin la blusa, mostrando sus senos protegidos por un prudente brasier negro. Aslan se quedó contemplando la figura de la niña. Sí. A su lado figuraba como una pequeña, una cachorra asustadiza y que únicamente seguía sus movimientos por instinto a ser castigada por el amo.

    Y eso no era lo que él quería. Jamás había obligado a la Lucy que conoció siglos atrás, tampoco lo haría con la que poseía al frente, ni siquiera había pensado impurezas por ella. Porque en esos siglos la veía como una hija, su protegida y amada.

    —Sin embargo, llegará el momento que deba tener mi descendencia, pero para ese entonces espero que la Lucy a la que amo esté segura —empezó a decir, casi leyendo los pensamientos de la asustada muchacha, la cual no supo si agradecer el gesto o simplemente aterrarse más pues prácticamente la estaba condenando a vivir a su lado. Eso no era y no quería que se pareciera al cuento de la Bella y la Bestia—. Puedes pedirme todo lo que quieras—se levantó para sentarse sobre la cama. Hoy no le robaría la inocencia—. Complaceré tus pedidos.

    Y esa tal vez era su oportunidad de huir, de ir a casa, refugiarse entre los brazos de su hermana y olvidarse que alguna vez existió ese sujeto. Sin embargo, algo muy dentro, pero muy en el fondo, le nació la curiosidad de pensar bien las cosas y tal vez probar un poco más de la particularidad del sujeto.

    — Tengo hambre. Deseo comer algo —respondió muy tímida a su vez que se abotonaba la blusa.

    —Cenaremos en la sala. No te mantendré cautiva aquí.

    Lucy sonrió apenada, no por costumbre sino porque de verdad eso le nació del corazón. Estar dentro de esas cuatro paredes la estaba volviendo maniática y depresiva.

    —Es seguro que nunca me has visto comer, no te preocupes por mi dieta alimenticia —dijo en ese tono frio y serio—. No acostumbre comer carne humana, sabe a cerdo. Yo odio el cerno.

    —¿No eres un ser sobrenatural?

    Aslan enarcó una ceja al mismo tiempo que le pasó un vestido para que se cambiara esas fachas. Lucy no era su prisionera literalmente por eso no merecía estar vestida con harapos.

    —¿Qué cosas aprendes en este siglo?

    —Lo bastante para atestiguar que el mundo está más loco de lo que crees.

    Lucy sujetó la ropa y sonrió en decencia. Ese sujeto parecía ser tan infernal pero había algo de bondad en su interior. Un secreto. Un misterio que le estaba causando problemas desde hace unos días.

    —Si quiere puedo contárselo.

    —Me gustaría oírlo—se acercó hacia la puerta, le daría su espacio, quería comenzar todo desde cero para orientarla, no obligarla a recordar—. Será un agradable secreto entre nosotros.


    ***

    El tiempo es mesurado. La espera de saber noticias del futuro era una incierta, un infierno y la crudeza de esperar lo que parece imposible infunde de un terror en las víctimas que estaban a la espera.

    El comunicado local había tomado el caso muy enserio, demasiado. Jamás ocurrió ese tipo de incidentes pero a más de un oficial les preocupó que cosas así pasara en el futuro, por eso nunca cesaron en buscar pistas de aquel incidente.

    Hoy se cumplía cerca de dos meses desde la desaparición de la joven estudiante Lucy Pevensie de diecisiete años de edad. Su desaparición fue todo una problemática, sus últimos rastros acababan antes de llegar al bosque que toda persona en Londres y quizás el mundo temía ingresar. Tal vez en las profundidades, la desafortunada chica estaba muerta, el secreto de la vegetación apremiaba a que dentro del territorio tal vez existía una entrada al mismísimo infierno.

    Más cuando en esos momentos los oficiales forenses cargan partes de cuerpos humanos que habían desaparecido meses atrás.
     

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