Historia larga Davison Greenwish

Tema en 'Novelas' iniciado por Kay Greenwish, 12 Enero 2018.

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  1. Threadmarks: Capítulo 1
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

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    Davison Greenwish
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    Misterio/Suspenso
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    “Algunas personas piensan que la verdad se puede ocultar con un poco de encubrimiento y decoración. Pero a medida que pasa el tiempo, lo que es verdad, es revelada, y lo que es falso, se desvanece de inmediato. ” —Ismail Haniyeh



    “Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.” ―Mark Twain





    Capítulo 1
    Davison Grenwish


    Las preguntas, «¿Qué está sucediendo afuera? ¿Y por qué habrá tanto ruido?» recorren repetidas veces mi mente, sin poder encontrar una respuesta inmediata. Estoy consciente. Aunque no puedo abrir los ojos, por eso no tengo ni idea de si lo que se escucha proviene de la calle o de adentro —quiero suponer que estoy bajo techo.

    Muevo los ojos en un intento fallido de abrir los parpados, pero mi garganta emula un ruido de fastidio.

    Estoy confundido. Me duele la cabeza.

    Tengo un terrible dolor de cabeza; el que aumenta con cada segundo que pasa. Sigo escuchando el odioso escándalo. ¡Qué molestia! Mi cabeza amenaza con estallar en cualquier momento si no hago algo al respecto, y aquel ruido no deja de escucharse. No sé muy bien lo que está ocurriendo, pero me siento como si estuviera sufriendo una resaca, lo que es extraño porque no recuerdo haber tomado tanto... un momento, me percato de que en realidad no recuerdo lo que me ocurrió. Ni siquiera sé dónde me encuentro. ¿Estoy siquiera vivo? ¿Respiro?

    Me tranquilizo un poco al moverme a un lado, para encontrar una mejor posición, porque mi lado izquierdo comenzaba a entumecerse; estoy acostado, en una cama, la que por cierto, con solo haber echo ese leve movimiento rechinó, ¿en dónde demonios estoy acostado? ¡¿En una tabla?!

    Continuo con los ojos cerrados y no porque no quiera abrirlos; es que estos me pesan tanto que hasta me atrevería a decir, sin estar exagerar, que están pegados con cemento. Y para acabarla de amolar, el dolor de cabeza no ayuda en nada que desee abrirlos. Sé que la tortura aumentará si a ellos entra luz, cualquier efímero rayo de luz. Déjenme dormir.

    No sé cuánto ha pasado hasta que el malestar de cabeza comienza a apaciguarse. Mis sentidos comienzan a despabilarse aclarando el alboroto que he estado escuchando con tanta insistencia. Apenas estaba familiarizándome con mi alrededor cuando me doy cuenta que lo que suena es una alarma, y no cualquier alarma. La alarma que ha estado sonando es una de incendio. No cabe duda, debo levantarme lo más rápido posible y salir porque probablemente la casa estaba siendo arrasada por llamas, y no es necesario suponerlo, mi corazón salta asustado al escuchar la fastidiosa y desesperante sirenas de los bomberos. Es peligroso. ¡La vivienda se está incendiando!

    Me incorporo para sentarme en el borde de la cama y con un gran esfuerzo por fin abro los ojos. Entretanto mi vista se va acostumbrando a la oscuridad de la habitación, me doy cuenta, mediante la luz de la luna que se escabullía por las cortinas de la ventana, que es de noche. Sin embargo, lo que más me turba es percatarme de la verdadera realidad...

    «¿Quién soy?»

    «¿Dónde estoy?»

    «¿Qué estuve haciendo antes de llegar aquí?»

    ...no recuerdo nada de mí; solo mi nombre.

    Entre la negrura de mi memoria solo me acuerdo de mi nombre.

    Me levanto mareado y sin entender lo que me sucede, camino hacia la puerta de la habitación con la intención de ir al baño y refrescarme un poco con agua. La puerta de la alcoba está abierta y al llegar a ella me detengo bajo el umbral al recordar que no sé dónde demonios está el cuarto de baño.

    Sigo ignorando la sirena de los bomberos y la alarma de incendio, ahora sumándose el bullicio del correr de las personas, las que me imagino desean salir a refugiarse del peligro. Todo aquello exteriorizando el peligro inminente mientras yo decido estar parado como el más grande idiota del mundo, intentando recordar en dónde está el baño.

    Entre mis confusos pensamientos escucho a alguien tocar con insistencia la puerta principal, luego escucho la voz de una mujer gritar:

    —¡Greenwish! ¿Estás allí, Greenwish? ¡Debemos salir de aquí!

    Como lo mencioné, no recuerdo como llegué aquí, ni dónde trabajo, quienes son mis amigos, mis familiares... ¡nada!, pero estoy seguro que mi nombre es: Davison Greenwish. Por lo que supongo, la persona detrás de la puerta y qué está llamándome, debe conocerme. Sin pensármelo dos veces, mis torpes pasos me llevan a la puerta principal, al abrirla me encuentro con una joven mujer afro-americana. Sus ojos grandes color marrón oscuro me miran con asombro al momento que su rostro, por escasos segundos, se torna desconcertado, parpadea un par de veces y finaliza con:

    —¿Por qué no sales? ¿No escuchas la alarma?

    Mi asombro no tiene precio. No puedo recordarla y con la boca abierta intento recordarla. De improvisto, me toma por el brazo y me hala hacia afuera.

    —¿Greenwish?

    «Yo soy Greenwish» pienso, «pero, quién eres tú.»

    —Yo soy... y tú... —Fue en vano, mi lengua parecía estar más enredada que los cables de los audífonos después de pasar todo un día en la bolsa de un pantalón.

    Estoy perplejo.

    Al ver que me resistí en salir, me suelta y alejándose a las escaleras, la escucho susurrar: «Salgamos de aquí»Y como si sus palabras, despierto de mi trance, cierro la puerta tras de mí y me apresuro a darle alcance.

    Ella vestía un pijama muy llamativo, y cuando me refiero a llamativo me refiero a la forma «sana» de la palabra. No estaba provocativa ni nada de eso. No era como si vistiera lencería —aunque ganas no me faltan de verla así pues a simple vista se nota que tiene un muy buen cuerpo—. ¡Era un pijama rosada con llamativas manchas que parecían nubes color rojo! No era el momento para que mi mente estuviera pensando en otras cosas. Su cabello desmarañado y rizado estaba a la altura de los hombros.

    —Disculpa —Intento llamar su atención con el mejor propósito, sin molestarla, pero parece que no le agradó la idea porque no me contestó nada.

    La sigo en silencio hasta las escaleras, yo hice lo mismo para no perderla de vista pues era lo último que deseaba hacer —después de todo era la única persona que parecía conocerme.

    Estamos en el tercer piso de un edificio de cinco.

    Una vez afuera, la policía nos escoltó hacia el otro lado de la calle, donde estaba una gasolinera, ahí estaba llena de personas. La calle había cerrado por lo que no había ningún automóvil circulando por esa zona, así que toda esa vía era para todos los peatones o más correcto decir, para los inquilinos del edificio que fue alojado. Todos se mantenían en expectación.

    —¿Sabes quién vive en ese apartamento? —pregunto, sin dejar de mirarla.

    —¿Cómo que quién vive ahí, obviamente tú? —Me mira confundida, quizá más confundida que yo—. ¿Qué tienes? ¿Por qué haces esas preguntas? ¿Por qué estas actuando tan raro?

    Oh, oh, parece que alguien tiene más dudad que yo.

    La noche es fresca, me percato de ese hecho al notar como ella se abraza en un intento de calmar los escalofríos. Aunque yo no siento que el clima fuera tan abrumador. Para mí, el tiempo era perfecto. Observo a mi alrededor dándome cuanta que en realidad el edificio del que salimos no era el que se estaba incendiando; era el de al lado. Uno parecido al nuestro; su gemelo. Mas fue recomendable para la seguridad de todos los inquilinos de ambos edificios, salir por si el fuego se esparcía al otro.

    Las alarmas del edificio —del mío— se habían activado cuando percibieron el alto dióxido de carbono que provenía del gemelo. Ahora teníamos que esperar a que los bomberos apagar las alarmas y dieran el anuncio de que ya era seguro para los residentes volver a dentro.

    —No estoy seguro —contesto al fin a las preguntas que me hizo—. Dime que eres mi novia —digo dibujando una sonrisa en el rostro, esperanzado a que su respuesta fuera positiva.

    —¿Eh? ¡Claro que no! —responde, sobresaltada—. ¿Por qué…? ¿Cómo…? ¿A qué vino esa pregunta?

    —Entonces... por qué fuiste hasta el apartamento a sacarme de ahí y ¿cómo sabes que me llamo Davison Greenwish?

    —Disculpa por ser una vecina considerada, como noté que no habías salido, te llamé para asegurarme de que salieras. Eso es todo. Pero... —guarda silencio por cortos segundos—. En verdad estás actuando raro.

    —¿Actuando raro? ¿A qué te refieres exactamente? ¿Así no suelo ser? —pregunto, ansioso de saber como actuaba Greenwish. Aal fina suspiro para terminar contándolo todo—. A decirte verdad, yo, no recuerdo como llegué allí, tan solo desperté con una terrible jaqueca, y sin recordar nada de mí. Solo mi nombre. Resumiendo la trama, no recuerdo quien soy.

    Al finalizar, percibo que ella dibuja media sonrisa, no sé cómo descifrar esa expresión, era de ¿burla? ¿Incredulidad? Si, tal vez era esto último. ¿Cuántas personas se encuentran que despiertan con perdida de memoria en sus propios hogares?

    —¿No recuerdas quién eres? —curiosea, incrédula.

    Ya, tal aclaración hizo que me avergonzara, así que acaricio mi cabeza por la parte de atrás para responder, apenado:

    —No. Sé que eso suena a algo sacado de una novela de ficción, lo-lo sé. Es extraño y-y algo fuera de lo ordinario, pero, solo recuerdo como me llamo. Solo sé que soy Davison Greenwish —Ella iba a decir algo, sin embargo, adivinando su posible pregunta, le respondo—. Sí, solo recuerdo mi nombre. ¿Por qué? No tengo ni idea...

    Me parece extraña la reacción de ella. Sus ojos no dejan de mirarme, sentí como su mirada llena de sorpresa se volvió a una llena de incredulidad.

    —No... ¿Estás bromeando, verdad?

    Niego, estoy hablando muy enserio. Probablemente lo más serio que he dicho… o eso es lo que creo.

    —¿Por eso actúas tan… diferente?

    —Ayúdame un poco, por favor. Dime, cómo actuaba y qué sabes de mi.

    —En realidad nada. No sé nada de ti. Es solo que tú siempre has sido callado, reservado, serio. Rara vez entablábamos una conversación y lo mucho nos saludábamos cuando nos veíamos y ya. Siempre creí que eras al frío y por eso se me hace raro que de la nada, —Sus ojos se posan a mi—, actúes así.

    Acaricio mi cuello. Esa información no me ayudó en nada.

    —¿Desde cuándo vivo ahí? —no tardo en preguntar. Ella pareció meditarlo un poco antes de contestar que por lo que sabe, un poco más de dos años.

    No evito sorprenderme al escuchar tal cantidad, ¿tres años viviendo en ese departamento, en aquel edificio? Eso era mucho tiempo.

    —¿Y no sabes nada de mi?

    —No. El que seamos vecinos no quiere decir que debe, o debemos, saber todo de uno del otro.

    —Sí, tienes razón. No sé en que estoy pensando— Y de verdad, no lo sabía, y mucho menos con el zumbar de mi cabeza, la luz de las sirenas comenzaba a molestarme—. ¿Por lo menos no sabes si tengo amigos o familiares?

    —Te lo digo, no sé mucho, pero tampoco vi que alguien te visitara, ni nada, por lo que me supongo… vives solo. Al principio, la primera vez que nos vimos, solo nos presentamos con nuestro nombre, te di la bienvenida y solo eso.

    —¿Me recuerdas el tuyo, por favor?

    —Tiffani, Tiffani Banks.

    Intento echar memoria. Si fue mi vecina por los últimos dos años debo recordarla algo de ella. Pero fue en vano, lo único que gané al intentarlo fue una leve migraña. Exhalo aire decepcionado.

    —¿De verdad no recuerdas quién eres? —pregunta Tiffani, con mirada preocupada.

    Yo solo niego con la cabeza. Intento decir algo, pero las palabras no me salen, como si mi garganta me hubiera traicionado, haciendo un extraño pacto de negarse a dar voz a los vocablos. Estaba impactado. Muevo las manos como un completo idiota de aquí a allá. Parecía un mudo que solo podía comunicarme con señas, aleteando las manos sin comunicarme con palabras. Puede notar que ella no me entendió porque ahora me observa con extrañeza. Arquea su fina ceja, niega con la cabeza y me indica:

    —Si en verdad no recuerdas, ¿por qué no buscas en tus pertenencias? Quizás al ver algo comiences a recordar.

    —Esa… esa es una excelente idea, Tiffani, y eso es lo que haré.

    Y entusiasmado iba a ir al apartamento cuando recuerdo que no puedo porque la autoridad todavía estaba, pero debo cargar con un celular, y como noté que llevaba ropa normal, todavía debo cargar con mis pertenecías.

    Esculco las bolsas de mis pantalones, en busca del celular y carteras, pero lo único que encontré fue el teléfono. Junto mis manos como quien estuviera listo para orar y mire con ojos suplicantes el smartphone; bien, debo de admitir lo ridículo que pude haberme visto, cosa que no volveré a hacer nunca en mi vida, lo juro por mi madre que no recuerdo, pero esperaba que éste no tuviera una contraseña porque si estaba asegurada con una, iba a ser lo peor. Me asunté al notar que requería una, no obstante, me tranquilizo al notar que con solo colocar mi huella digital se podía desbloquear el móvil.

    Así lo hice. Definitivamente, aquel móvil era de mi pertenencia. Comienzo a indagar y, me sorprendo de lo que descubro.


    Otra historia fuera de mi confort, en lo que se refiere a la forma de escribirla (un pequeño experimento para expandirme en otras narrativas). Esta es la primera historia que escribo en primera persona, contada en presente, por lo que si observaron o notaron algunos errores de narración, agradecería que me los hicieran notar. De esa forma lo corregiré y tendré en mente el consejo para próximos capítulos-. Agradezco su atención.
    P.D. No busco innovar o ser original. Solo deseo transmitir una historia que es inspirada en una real, con tintes ficticios.
     
    Última edición: 24 Marzo 2018
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    Yáahl

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    Hola, Varia. Bueno, vamos a ver qué con qué comienzo.

    Primero, te felicito por salirte de tu zona de confort, es algo que pocos hacemos.
    Realmente al ver el título de la historia no sabía qué esperar, excepto, claro, que sería el nombre de nuestro protagonista. Pero en cuanto a trama, estaba en blanco completamente así que cuando empecé a leer sobre el hecho de que no recordaba nada, no pude evitar pensar en un secuestro. (???) Pero ya luego vimos que este hombre simplemente se despierta preguntándose por el alboroto de afuera sin saber ni dónde diablos estaba durmiendo.

    Es un poco extraño, porque sigo sin saber qué esperar de esta historia, la verdad xD pero siento curiosidad por ver qué más nos presentarás. No le encuentro todavía el misterio o el suspenso, al menos no tan marcado como podrían haber estado, pero sí está ese sentimiento de extrañeza. Estamos tan confundidos como Davison o al menos yo lo estoy.

    En sí, la historia tiene pocos fallos, que por lo general son dedazos o errores que se te escapan por lo mismo de que no acostumbras a narrar en presente. Si no te molesta, te voy a marcar los que vi:


    Esta construcción me parece particularmente extraña. Imagino que era ha estado ocurriendo o ha estado o está ocurriendo.

    Estas nueve son porque nos vienes narrando en presente y de repente se te cuela un verbo en pasado. Es una de incendio, entretanto mi vista se va, que es de noche, no sé dónde demonios está...

    Aquí tenemos dos repeticiones que suenan un poco raras.

    En este caso la mayoría son dedazos. Como el mira tildado y el en serio junto.
    En el caso de alojado, tengo la sensación de que debería ser desalojado.
    A decir verdad en vez de a decirte verdad.
    Quien y como en estos casos serían preguntas indirectas, por lo que deberían tildarse. Ayúdame también se tilda.
    Mi cuando actúa como pronombre personal, mí.
    Y bueno, creo que lo otros son claro pero solo se te pasaron.


    Ahora, con las preguntas que planteas al final.

    No sé si fue un buen comienzo para la historia porque insisto en que yo no tengo muy claro lo que espero de ella o qué tipo de historia será, puede que sea que soy lenta para comprender x'D así que todavía no sabría decirte.
    Sin embargo, creo que empezamos con buen ritmo, no debería ser ni más impactante ni más rápido, al menos para mí. Fue un comienzo neutral, que nos presenta la situación, pudo ser más entretenido, quizás, pero a mí realmente me agrada el punto en el que está.
    Hubieron algunas cosillas que si me chocaron de primera entrada, la primera de ellas la narración en presente. Eso porque también sale de mi zona de confort, pero es una cuestión más de costumbre que de gusto en sí. También el ver la mezcla de tiempos, pero luego comprendí que era por la falta de costumbre al tipo de narración. Decidí seguir leyendo para ver cómo evolucionaba la historia y porque pocas veces puedo comenzar la lectura de algo de varios capítulos sin que ya lleve varios de adelanto.

    Bueno... creo que eso es todo. Saludos y espero el siguiente capítulo :3
     
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  3. Threadmarks: Capítulo 2
     
    Kay Greenwish

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    Gracias Yáahl por las correcciones.

    Capítulo 2
    ¿Quién soy yo?


    Probablemente solo sea mi imaginación pero, me parece que el ambiente se ha vuelto más frío. Mi cuerpo comienza a notarlo al estremecerse mientras un escalofrío se apodera de mí y recorre mi espina dorsal provocándome que desee abrazarme como lo había estado haciendo Tiffani, y ver si de esa forma puedo retener un poco tal estremecimiento. Las luces de los bomberos mezcladas con la de los policías, iluminan la calle mostrando como resultado, un hermoso panorama color escarlata y azul. A decir verdad, la noche sería perfecta si no fuera por la desafortunada y conveniente perdida de recuerdos.

    —¿Encontraste algo? —pregunta Tiffani. Ladea la cabeza intentando interpretar mi rostro. Y a mí que solo se me ocurre esbozar una mueca llena de nervios.

    —No, nada —respondo.

    Desvío la vista al celular. Estaba en la lista de contactos. Literalmente, no había muchos; no más de seis.

    —Entonces, si no es nada, ¿por qué pusiste esa cara de sorpresa? —pregunta.

    —Porque… aparentemente soy alguien muy asocial como para no tener a muchas personas agregadas —respondo en tono de broma.

    Pero hablando seriamente, era extraño que no tuviera tantos contactos. Además de que eso no ayudaba en nada, solo me hacía pensar que tal vez sea o, muy aburrido o, muy amargado por lo que he escuchado de Tiffani.

    Todos los contactos son de establecimientos de comida rápida, del desempleo y de la policía, pero fuera de eso, nada. Eso es muy extraño y me preocupa mucho más el pensar que tal vez he borrado a todas las personas. Pero ¿por qué? Sin embargo, no me rindo tan fácil y decido pasarme por la galería de fotos para ver si ahí puedo encontrar alguna foto de alguien que pueda refrescar mi memoria al verlo.

    Mas toda esperanza muere al abrir la aplicación y darme cuenta que, a pesar de que hay muchas fotos, ninguna es personal o de personas individuales; todas son de edificios, paisajes, letreros, estatuas, gentío. Suspiro decepcionado. ¿Cuál es la ventaja de esto? Indagar en el celular no ayuda en nada.

    Levanto la vista al percatarme que Tiffani me ha estado mirando con insistencia. Niego con la cabeza en modo de decirle que fue en vano indagar en él.

    Estoy confundido, estoy cansado, me siento con ganas de recostarme y de volver al apartamento. Necesito recordar quien era. Necesito saber quien soy: quién es Davison Greenwish.

    Los bomberos están por terminar su trabajo, me lo parece porque han extinguido casi todo el fuego del gemelo. El incendio no ha ido a mayores, por lo que escucho, así que supongo que muy pronto nos darán la alta y podremos volver a nuestros hogares.

    —Me supongo que debo tener un trabajo —digo mientras llamo la atención de Tiffani—. De casualidad, ¿sabes dónde trabajo? Si lo sabes, ¿podrías decírmelo?

    —Como te lo mencioné, no sé mucho de ti.

    Lo sabía. Sabía que respondería eso.

    Transcurre poco más de media hora para que, por fin, los bomberos nos digan a los inquilinos del edificio que no sufre daño alguno, que podemos regresar a nuestros apartamentos. Una noticia que no es muy buena para los que viven en el gemelo porque a ellos se les prohíbe pasar la noche allí, se les recomienda ir a otro lugar a pasar la noche.

    Mientras tanto, al igual que los inquilinos, comienzo a caminar hacia el edificio. Me sentía muy cansando. El hacer nada era muy agotador. Subo con pesadez las escaleras sin importarme que éstas estuvieran transitadas de los alquiladores que deseaban llegar cuanto antes a sus hogares. Algunos estaban de tan mal humor que maldecían por los aires, otros estaban enojados porque se les había obligado a los de este edificio a evacuar cuando el otro fue el que se incendió. Otros tanto, la mayoría diría yo, solo estaban cansados, por lo mismo no tenían fuerzas para decir nada.

    Me detengo cuatro escalones antes de llegar al tercer piso, tengo las manos en los bolsillos, no había tenido cuidado de subir las escaleras. Tiffani pasa por mi lado y una vez me adelanta, la sigo en silencio. Se detiene frente su puerta, yo le doy alcance y la rebaso para dirigirme a la mía. Le echo una última mirada y la observo bostezar, abriendo la puerta se dirige a mí por última vez.

    —Te deseo buena suerte en tu búsqueda de memoria —la escucho decir antes de entrar y cerrar la puerta.

    Sonrío como tonto. Yo también me lo deseaba.

    Una vez dentro de mi apartamento, lo primero que hago es encender la luz, le doy una escaneada al lugar; en realidad no era un sitio muy espacioso. Al lado izquierdo estaba la cocina/comedor. A mi lado derecho está la sala: tres sillones; uno grande y dos pequeños, acomodados con estrategia para aprovechar todo el espacio posible mientras que en medio está una mesita chaparra. Hay una televisión colgada de la pared. Al frente de la entrada, a tan solo diez pasos, se llega a la habitación, a mi habitación de dormir. A mano derecha está otra alcoba, y la izquierda el cuarto de baño.

    Era un lugar pequeño, diría claustrofóbico. Ingreso al cuarto principal donde me quito los zapatos. Ahora comprendo la razón del dolor de cuerpo que tengo. La cama no tiene ninguna clase de sabanas. No le doy importancia, así que me siento en la esquina de la cama y decido sacar de nuevo el celular. Lo observo con sumo cuidado como si estuviera esperando la llamada de alguien. Deseaba que quien fuera me conociera. Que alguien me ayudara, me orientara sobre cómo había llegado a este estado.

    Ya que había visto que no tenía muchos contactos, estaba vez decido ir al registro de llamadas con la esperanza de ver quien fue la última persona con la que tuve contacto. No obstante, me decepciono al ver que no tenía muchas llamadas, aunque debía ser evidente. La llamada más reciente había sido de la semana pasada. Sin embargo, lo que me extraña mucho es que el remitente no lo tenía registrado, osea no era de algún restaurante.

    No tardo en darme cuenta que en realidad todas las llamadas, a excepción de una que era de California, eran de Massachusetts. Marco a éstas, todas me llevan al buzón de voz. Me dirijo a la bandeja de mensajes para leer los mensajes que había. Tampoco era de los que mensajeaba mucho porque solo había tres mensajes y los tres eran de anuncios/alertas; el más viejo, era del mes pasado e informaba que se tuviera pendiente del huracán que se avecinaba.

    El otro mensaje describía una camioneta Nissan que había sido robada y que avisaran si la veían y demás. El más reciente, del día de ayer por la tarde, alertaba a los ciudadanos que tuvieran cuidado porque un prisionero de la Correctional Institution de Concord, MA había escapado, y que para saber más acerca del perfil de susodicho se visitara la página oficial y bla, bla, bla.

    Nada interesante.

    Me levanto y arrojo el celular sobre el colchón.

    Voy a la cocina para tomar un poco de agua y refrescar mi garganta seca. Bebo el agua mientras miro de reojo el lugar; una cocina pulcra, tan limpia que daba la sensación de que nadie la usaba o que por lo menos le daban muy poco uso. Así que no soy de los que cocinan, ¿eh? No debía ser una sorpresa, por algo los números guardados de los restaurantes. Dejo el vaso sobre la mesa y me acerco al refrigerador para inspeccionar su interior. No hay muchas cosas; solo un galón de leche —menos mal que no esta caducada—, rebanadas de pizza envueltas en papel aluminio, y un traste de lo que parecía contener comida china.

    Dibujo una sonrisa de regocijo al notar que en el estante de la puerta hay cinco latas de cerveza. Tomo una sin vacilar y al sentir el líquido frío resbalar por mi garganta al mismo tiempo que saboreo la exquisita espuma, mi cuerpo revive tal como si fuera una planta reseca que fue nutrida por agua después de mucho tiempo de no regarse, así me siento ahora con ese pequeño sorbo. Ya me hacía falta algo como esto.

    Observo la lata y doy otro segundo trago con el que casi me termino el liquido. Me siento mejor, ¡la cerveza puede levantar a un muerto! Cierro la puerta del refrigerador y me dispongo a abrir el congelador para llevarme con la nada grata sorpresa de que había muchas bolsas cubiertas por una fina capa de hielo llenas de desperdicios. ¡Oh man! ¿Acaso las guardo para comerlas algún día? Cierro la puerta ignorando lo que acabo de ver.

    Me dispongo a ver los rincones, estantes y muebles de la casa. Primero fui a la sala, meto las manos en las asas y entre las almohadas de los sillones y en cualquier lugar, pero no encuentro nada. Luego me paso a la cocina, abro todos las alacenas para enseguida, al no encontrar nada interesante más que trastes, me paso al baño, al final termino en mi habitación. Registro el buró que está al lado de la cama. En este, en el primer cajón, encuentro unas llaves, suponiendo que son de la casa y tal vez del automóvil, las dejo sobre el mueble. Paso al tocador, en donde encuentro una billetera. ¡Por fin me encuentro con algo que puede identificarme!

    Me siento en la cama para esculcar la cartera. No sabría cómo explicarlo pero comienzo a sentirme algo nervioso, le doy un sorbo a la tercera cerveza para darme un poco más de valor. En la billetera hay billetes. Saco estos para contarlos; un par de billetes de 100, cinco de 20 y dos más de 5. ¡Lotería! Uno de 2; el billete de la suerte. Mas lo que me interesa es encontrar algún documento o identificación, así que saco todas las tarjetas que hay.

    Hay un montón de ellas, aunque todas son de presentación, restaurantes, clínicas, mas ninguna era un ID o la licencia de conducir. Me extraño en gran manera. Lo que si había era una tarjeta de débito y crédito, sin embargo, no me servirían de nada porque no recuerdo las contraseñas. Ahora que pienso en eso, ¿cómo sobreviviré sin sacar dinero?

    Suspiro decepcionado.

    Una pregunta vino a mi mente, ¿por qué había dejado la cartera en un cajón? Me llevo la mano a la nariz y me la pellizco mientras intento encontrar una buena explicación. Tal vez solo le daba mucha importancia y no era nada relevante. Me echo sobre la cama y siento los resortes clavarse en mi espalda, ¿dónde se encontraban las cobijas? ¿En la lavandería? Observo la ventana, pensativo, como quien esperando que alguna paloma bajase del cielo y me dijera que camino debía tomar para poder llegar a mi destino.

    «¿Y en verdad quiero saber quién soy?»

    «¿Es necesario?» Una especie de escalofrío recorre mi cuerpo al preguntarse aquello.

    Es terrorífico despertarse y no acordarse de quién es. Dejando de lado si se tuvo una buena o mala vida, el simple hecho de no recordar quien eres, te dan ganas de saber sobre ti. De saber que estuviste haciendo. A qué te dedicas. En dónde vivías. Quién es tu familia...

    «¿Por qué perdí la memoria?»

    Cierro los ojos sintiendo un gran peso en ellos, estaba por perderme en el mundo de la inconsciencia cuando escucho la alarma del despertador. Refunfuño más que molesto de escuchar más ruido. Ya había escuchado muchas alarmas por ese día, déjenme respirar un poco. Me levanto como si fuera un muerto viviente, miro la hora del despertador. ¿Por qué no me extraña ver que eran las seis de la mañana? Lo apague. Si bien no me faltaron ganas de tomar un bate y romperlo hasta convertirlo en polvo. Me estiro un poco después de levantarme, estaba agotado, pero ahora tenía cosas primordiales como el darme una ducha. Quizá la tensión sobre mis hombros desaparezca.

    Me acerco al armario, que ahora que recuerdo no lo he inspeccionado, pero ¿qué puede haber de interesante en un closet lleno de ropa, zapatos y más ropa? Para mi sorpresa me encuentro con solo una muda de ropa, dentro no había nada más que eso.

    —¿Qué demonios...? ¿Cómo es que...? ¿Qué diantres está sucediendo aquí?

    A paso veloz me acerco a la puerta para mirar el exterior, mi corazón comienza a acelerarse, siento con claridad el golpeteo en mi pecho, ¿seguía en donde mismo, verdad? Ahora que lo pienso, ¿por qué el apartamento está tan vacío? ¿Por qué no había nada en las alacenas más que trastes? ¿El refrigerador sin comida? ¿Por qué los cajones del cuarto también se encuentran vacíos, ningún documento importante, hojas, cuadernos? ¿La cocina y el baño tan impecables? ¿La cama no tenía sabanas? ¿Por qué?

    Quiero una explicación.

    Una respuesta.

    Enciendo la tele y quedo atónito al descubrir que no se puede ver ningún canal. No tenía cable. ¿Por qué hay una tele pero no puedo verla? Mi respiración se vuelve pesada. Me detengo frente al baño y giro hacia la otra habitación, la que se ha mantenido cerrada. ¿Qué hay ahí adentro? Abro la puerta para encontrarme con una bolsa de plástico. Por lo demás, no hay nada. Acaricio mi frente para tranquilizarme, por unos momentos había perdido noción de todo. Observo la bolsa, ¿qué hay dentro? El sabor de mi boca se vuelve muy amargo. Me acerco.

    No sé porque pero no tengo el valor de abrirla. Vuelvo a la alcoba, tomo esa única muda e ingreso al cuarto de baño. Necesito tranquilizarme, estoy actuando paranoico. Intento no darle tantas vueltas al asunto. Por ahora solo deseo poder estar bajo el agua todo el día.

    Al terminar, salgo y me seco con la única toalla que había allí. Limpio el espejo empañado y me observo detenidamente. Soy blanco. Mi cabello es corto y rubio cenizo. Mis ojos son color verde claro. Vuelvo a limpiar el vapor para sonreírse al espejo, noto que mis dientes tienen un color, ¿amarillo? Parecían no tener esmalte, por lo menos están alineados, a excepción del colmillo derecho superior que sobresalta entre la alineación perfecta; la oveja negra de la familia.

    Mi rostro muestra algunas pecas, o manchas solares. En estos momentos tengo las mejillas rojas, suponiendo que se debe al calor que generó el agua caliente que usé al darme la ducha. Creo tener entre veinticinco y veintiocho años de edad. Diría que unos veinticinco, aunque no estoy seguro.

    Suspiro al momento de descansar las manos en la orilla del lavamanos. Estaba desilusionado de mí mismo, ¿cómo es posible que olvidé hasta mi edad? Ya no soy un estudiante. Vivo solo. Mi fisonomía es delgada, sí, al parecer no soy de los que se levantan todas la mañanas a correr, o siquiera ir al gimnasio a levantar unas cuantas pesas para «despertar» mi músculo en «reposo». Ni un solo músculo se asoma por mi delgado cuerpo. Pero eso sí, si no me cuido más, será inminente tener una barriga flácida.

    Algo más llama mi atención. Una pequeña y redonda cicatriz en mi pecho, exactamente a la altura del corazón. Toco la cicatriz con la yema de los dedos, y un sentimiento de añoranza crece en mi interior. La sensación de una marca que no debía olvidar. ¿Cómo me la hice? ¿Quién me la hizo? Me embargue otro sentimiento, uno que no se descifrar; una extraña vocecita dentro de mí me cuestiona: «¿De verdad quieres saberlo?»

    Vuelvo a mirar el espejo que se volvió a empañar, pero esta vez no lo limpio, al contrario, observo mi reflejo borroso. Aquel rostro confuso; así es como pienso que los demás me ven. Alguien difuso en la sociedad.

    Alguien que había perdido su identidad mucho antes de perder la memoria.

    Salgo del baño para vestirme en el cuarto.



    Fin del capítulo 2. Gracias por leer.

    Próximo capítulo: Querido Davison
     
    Última edición: 9 Febrero 2018
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    Marina

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    Awww, esta historia. Me pareció un buen comienzo. De hecho la intriga se apoderó de mí cuando leí que no recordaba nada de quién era el hombre, pero lo que más curioso que se me hizo, es que su nombre no se le borró de la mente. O sea, ¿perdió todos los recuerdos pero no el de su nombre? Simplemente el querer saber quién es y por qué perdió la memoria, pues me da la pauta para seguir con la historia.

    Yaahl te ha mostrado una serie de dedazos, pero aquí lo más sobresaliente es que, siendo una historia contada en presente, sigas mezclando los tiempos. Por lo regular utilizas el tiempo pasado cuando estás narrando. Te pondré algunos ejemplos.

    Todos los contactos son de establecimientos de comida rápida, del desempleo y de la policía, pero fuera de eso, nada. Eso es muy extraño y me preocupa mucho más el pensar que tal vez he borrado a todas las personas. Pero ¿por qué? Sin embargo, no me rindo tan fácil y decido pasarme por la galería de fotos para ver si ahí puedo encontrar alguna foto de alguien que pueda refrescar mi memoria al verlo.

    Mas toda esperanza muere al abrir la aplicación y darme cuenta que, a pesar de que hay muchas fotos, ninguna es personal o de personas individuales; todas son de edificios, paisajes, letreros, estatuas, gentío. Suspiro decepcionado. ¿Cuál es la ventaja de esto? Indagar en el celular no ayuda en nada.

    Los bomberos están por terminar su trabajo, me lo parece porque han extinguido casi todo el fuego del gemelo. El incendio no ha ido a mayores, por lo que escucho...

    Transcurre poco más de media hora para que, por fin, los bomberos nos digan a los inquilinos del edificio que no sufre daño alguno, que podemos regresar a nuestros apartamentos. Una noticia que no es muy buena para los que viven en el gemelo porque a ellos se les prohíbe pasar la noche allí, se les recomienda ir a otro lugar a pasar la noche.

    Y bueno, así así. Escribir en presente a mí en particular me parece difícil, porque la verdad que no recuerdo ya cómo se conjugan los verbos en este tiempo, así a la mejor yo estoy equivocada. Te felicito por intentarlo.
    Nos vemos por aquí. TAM
     
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  5. Threadmarks: Capítulo 3
     
    Kay Greenwish

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    Misterio/Suspenso
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    Capítulo 3
    Querido Davison

    No transcurre mucho tiempo cuando escucho movimiento desde el otro lado de la pared; del lado donde vive mi vecina, Tiffani. Los apartamentos, además de ser pequeños, de estar muy pegados, parecen que las paredes están echas de papel porque que literalmente puedo escuchar los movimientos de todos mis vecinos, como los que viven en el piso de arriba como los de los lados y sin duda, el vecino de abajo puede escucharme a mí.

    Y por esa nada de intimidad, me doy una idea de lo apresurada que está Tiffani pues camina de aquí allá con rapidez. Mi instinto me obliga a mirar el reloj para saber la hora que marca.

    Ni siquiera me da tiempo de ver la hora cuando escucho la puerta de ella abrirse y luego cerrarse. Me apresuro para darle alcance antes de que se vaya. Eso también ha sido por instinto, creo. Es que no deseo que se vaya sin antes despedirme. ¿Por qué? No lo sé.

    —Te has levantado temprano —digo asomándome y verla cerrar la puerta con llave—. ¿Piensas ir a trabajar?

    —Claro, de eso vivo —responde.

    «Sí, supongo» pienso, y guardando el por qué lo hacía.

    —¿Y tú, no irás a trabajar?

    —¿Yo? —Sonrío divertido pues me pareció chistoso su comentario—. No puedo, por evidentes razones.

    —Ah, es cierto, tu perdida de memoria.

    Dejo de sonreír al percatarme de la ironía de su comentario. Creo que está de más decirlo pero, tengo la sensación de que Tiffani no cree sobre mi falta de memoria. Creo que no la culpo.

    La observo detenidamente, no puedo dejar de admirarla. Me percato que la Tiffani que está frente a mí es una Tiffni mucho más guapa de lo que recuerdo, seguramente se debe a lo bien vestida que está. Usa un maquillaje que resalta más su rostro. El delineado negro en sus ojos los hacía lucir más grandes. Sus mejillas suavemente coloradas le dan un color muy bonito y, el lápiz labial rojo de sus labios los hacían verse todavía más irresistible. Además, me gustan sus grandes y redondas arracadas que hacen un buen conjunto con su cabello largo y lacio. Toda una elegante mujer. Mi vista está cautivada por tal belleza femenina, ahora recuerdo la razón por la que quería verla antes de que se fuera. Mi día debe comenzar bien.

    —Cuando pregunté si irías a trabajar lo hice porque me pareció algo extraño, ya sabes, no debiste descansar bien —continúo—, seguro que debajo de todo ese maquillaje hay un rostro cansado y con unas grandes ojeras que…

    Guardo silencio al ver su rostro de pocos amigos.

    —No creí que fueran un hombre con poco tacto —dice, hiriéndome sus palabras nuevamente.

    —Y yo no sabía que fueran tan buena para herir con tus palabras… el día apenas comienza y en estos dos minutos ya me has herido dos veces. ¡Dos veces!

    Intenta desviar la vista mientras noto que se aguanta una sonrisa. Se iba a reír pero no lo hizo, qué frustrante, ¡por nada!

    —Greenwish.

    —Banks.

    —No puedo faltar a trabajar, necesito el dinero —dice después de unos segundos en silencio. Aunque me parece que su tono de voz, está vez, fue más relajado.

    —Seguro que sí le explicas a tu jefe lo que sucedió te comprenda y te de el día libre.

    Ella me observa, ahora soy yo quien me siento observado por ella, haciéndome sentir intranquilo.

    —¿Sucede algo? —no me guardo la pregunta.

    —De verdad que es muy extraño verte actuar de esa forma. No eres el Greenwish que conozco.

    —¿Así? —Todo rastro de sonrisa desaparece—. ¿Crees que es mejor regresar a como era antes?

    —No lo sé, me parece que… ahora eres más expresivo que antes y… no sé —Me mira. Me pone nervioso—, me caes mejor. —La veo sonreír y aquella sonrisa me paraliza.

    Posteriormente, se despide y se marcha.

    Así que… ya está más que claro que era o, soy un amargado. «Aunque… el león no es como lo pintan» Vino a mi mente esa oración; no sé la razón y eso me molesta. Me frustra que vengan a mí pensamientos randoms; pensamientos que deben tener algún significado.

    Repaso con la vista la edificación y me doy cuenta que el edificio es muy viejo. Me da la impresión que en cualquier momento la estructura puede venirse abajo. ¿Cómo es posible que anoche los bomberos hayan dicho que estaba bien para vivir? Las paredes están sucias, el piso de madera está carcomido y la tierra acumulada en las orillas y esquinas gritan por si solas que el lugar es muy económico.

    Lo que me sorprende es que alguien como Tiffani esté viviendo en este lugar. No lo dudo de mí; yo soy simplemente un pobre diablo, ¿pero ella? Me encojo de hombros, que más da pensar en eso cuando tengo cosas más importantes en que meditar como el recuperar mi memoria. Doy la vuelta para volver a entrar al apartamento cuando me detengo de golpe bajo el umbral al sentir como un mareo se apodera de mí. Me agarro con firmeza de la pared e intento respirar lento y pausadamente.

    ¿Qué ha sido esto?

    Comienzo a sudar frío mientras un escalofrío recorre cada parte de mi cuerpo interno; y entonces ocurre, sin previo aviso me invade un terrible dolor de cabeza, como si todo el estrés se acumulara en mis cienes. Me tomo la cabeza con deseos de quitármela. Gimo de dolor. Era una migraña terrible e infernal. Aprieto la mandíbula al igual que los ojos al verse afectados por la luz. Me molesta la luz.

    Y entonces… recuerdo algo; un fragmento de un episodio que mi blanca memoria pretende recordar con esfuerzo. Es tan efímero pero muy vívido. Una calle concurrida. Sobre la banqueta, una mujer al lado de una niña; madre e hija, me imagino. Ambas están dándome la espalda. La madre tiene asida la mano de la pequeña mientras la volteaba a ver de vez en cuando con una sonrisa; la niña hace lo mismo, aferrándose todavía más a la mano protectora de su progenitora.

    Se giran para mirarme y… sus rostros son borrosos, las siluetas desaparecen, dejando paso a una melancolía que llena mi pecho y como acto involuntario me llevo la mano sobre él, como si de esta forma pudiera calmar el dolor generado. ¿Por qué? ¿Quiénes son ellas y por qué son el primer episodio de recuerdo?

    «¿De verdad quieres recordarlo?» Mi corazón da un brinco, pero está vez de desconcierto al seguir preguntándome aquello; una pregunta que brota desde lo más profundo de mí ser. Tengo la sensación de que estoy bien así, que no debo indagar, por algo estoy en este estado.

    Estoy turbado. Mareado. Indeciso. ¿Qué debo de hacer?

    Me recuesto en el sofá, espero a que la migraña desaparezca por completo, pero ésta no se va. No se quiere ir.

    —En serio, ¿qué debo hacer? —Lanzo en suspiro, acariciándome los ojos, la frente, el rostro, tallándome con frenesí éste último.

    Me pongo de pie, debo buscar algunas pastillas para alivianar el malestar, debo tener algunas. Busco en el baño, en el cuarto hasta en la cocina pero no encuentro ninguna clase de medicamento.

    —¡Vete al demonio, Davison! ¿En qué malditas condiciones vives? —Golpeo con fuerza una de las puertas de la alacena, arrepintiéndome de haberlo hecho por el ruido que ocasionó.

    Camino de la cocina a la sala; de la sala a la cocina como si fuera un león enjaulado. Solo quiero un poco de medicina. Me tranquilizo un poco al verme alterado. Estoy cansado, no he dormido y tampoco he comido nada. En esas condiciones cualquiera se puede perder la cabeza.

    —¡Vaya al carajo todo!

    Tomo las llaves y salgo del apartamento. No puedo solo quedarme en cerrado y ya, necesito salir a tomar aire. La casa solo me está enfermando, me hace sentir triste y solo. Además, quiero saber de mí, no me voy a quedar con los brazos cruzados, no es que no quiera, es que no puedo solo pasarlo por alto.

    Bajo a la entrada principal del edificio, me detengo en el paradero y noto los buzones. Busco el número del apartamento y, efectivamente, el nombre «Davison C. Greenwish» se lee sobre la placa de plástico bajo el correspondiente número del apartamento.

    Es un día cálido, doy un par de pasos mientras siento como el viento roza mi piel, refrescando un poco el ambiente. Echo una mirada alrededor. No tengo idea de adonde ir, que dirección o camino tomar. Veo a una señora pasar a un lado.

    —Disculpe —Me apresuro para llamar su atención. Ella detiene el paso y yo continúo—. Me podría decir ¿cuál es el nombre de esta ciudad?

    —Estamos en Haverhill.

    —¿Haverhill? Gracias y disculpe las molestias.

    La mujer sonríe para retomar su camino mientras yo vuelvo a analizar los alrededores. Necesito ir a una farmacia. Decido caminar tomando la derecha. A unos cuantos pasos me encuentro con un gran cruce, en el que circulan muchos carros. Me paro frente al paso de cebra y observo los vehículos pasar de aquí allá. No tengo ganas de cruzar al otro lado. No quiero alejarme tanto pues lo último que deseo es perderme por las calles de la ciudad.

    Indeciso de apretar el botón del semáforo o no, termino dando media vuelta dándome cuenta que detrás de mí hay una estatua de un hombre cabalgando en caballo y detrás de ésta, una tienda de convivencia, decido adentrarme para comprar algo para apaciguar el hambre. El único cajero me da los buenos días. Comienzo a echarle un ojos a los diferentes departamentos a ver qué cosa agrada a mi pupila.

    Agarro una barra de cereal, un pan dulce, café y una botella de Iced Tea. Camino al mostrador y dejo todo las cosas sobre él.

    —Ya tenía una semana que no pasaba por aquí, ¿está todo bien?

    Me sorprende escuchar al joven decirme eso. ¿Me conoce?

    —Sí, va todo bien —respondo, sin saber que más decir.

    No quiero sonar extraño al preguntarle si me conoce porque desconozco si fue una pregunta intencional o simplemente por cortesía. Tampoco quiero cometer el mismo error que cometí con Tiffani al contarle que perdí la memoria. No obstante, quiero saber que tanto sabe de mi persona. Carraspeo al momento que veo como escanea lo que voy a comprar.

    —¿Y a ti qué tal te va? —pregunto.

    —Mmm, bien, como siempre aquí estamos. ¿Ya consiguió trabajo?

    —No, estoy en eso todavía. No es muy fácil encontrar uno.

    Tengo el impulso de preguntarle un sinfín de cosas.

    —Es cierto, es un poco complicado, míreme a mí, aunque lo hago solo para pagar mis estudios. Son 6.57.

    Saco la billetera. Como en el lugar solo estábamos él y yo me tomo todo el tiempo. No quiero irme de ahí desaprovechando una oportunidad como esa, pero ¿qué hago?

    —¿Te comenté algo de lo que me sucedió?

    —No. ¿O se refiere a qué dejo su trabajo porque pensaba buscar otro mejor?

    —Es que ya no me sentía bien ahí —comienzo a decir, al azar. No quiero que la charla termine.

    —Está muy raro hoy.

    Me tenso por unos segundos. ¿Es tan obvio que estoy diferente?

    —Eso me han dicho —respondo, mostrando naturalidad—. Creo que las personas siempre cambian.

    —Se ve más relajado. No sé que problema haya tenido, y tampoco quiero entrometerme en su vida privada, pero si ese trabajo en el que estaba lo estaba cansando, es mejor que lo haya dejado.

    Leo el nombre del joven en el gafete que porta en el uniforme. Su nombre es Joe. Es un joven muy agradable, le calculo uno veinte o veintiún años de edad. Y por lo que puedo extraer de la conversación, suelo, o mejor dicho, solía pasar mucho por esta tienda después de presentarme al trabajo. Venden unos sándwich muy deliciosos.

    Me despido de Joe sin animarme a preguntar más y mucho menos al ver que más personas entran a comprar. Me quedo a un lado de la entrada, me como el pan y bebo el café. Noto que un carro se estaciona cerca de la zona y un hombre, con el uniforme de la tienda, sale del auto y camina hacia aquí.

    —Buen día, Greenwish —Me saluda, sorprendiéndome—. Los del PACS preguntan por ti. —me dijo.

    —¿Sabes dónde trabajaba? —pregunto al ganarme la intriga. Doy un paso porque temo que entre a la tienda.

    El hombre me mira, dibuja una sonrisa y luego suelta un:

    —¿De qué hablas? Si solías pasar con ellos todas las mañanas aquí. Todos los días que vienen siempre me preguntan por ti.

    Y con la rostro divertido entra a la tienda. No tardo en sacar el celular y googlear en la aplicación de mapa; PACS. Me sale solo un resultado. Sonrío, es aquí mismo en esta ciudad y debe tratarse del lugar donde trabajaba porque es el único resultado.

    PACS es el nombre de una empresa de construcción y servicio de albercas y patios, ubicada en la calle Downing Ave. Me guiaré del mapa para llegar, el que según dice llego si permanezco a mi derecha por toda la Winter, dar vuelta a la izquierda para tomar la Primerose y luego caminar todo recto hasta encontrar la calle que busco. No parece complicado.



    Fin del capítulo.
    Próximo capítulo: El trabajo de Greenwish
     
    Última edición: 10 Febrero 2018
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    Marina

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    Ammm, con que a Davison le gusta Tiffani, pero al parecer como que ella es muy fría con él, ya en los capítulos anteriores se menciona que ella no lo conoce mas que de saludo, un qué tal cada día, o cada vez que se ven, mas aquí en este capítulo él se está mostrando diferente con ella, cosa que la ha sorprendido. Me pregunto qué clase de hombre era él antes de perder la memoria. También me han intrigado esas dos mujercitas, madre y hija, al parecer. ¿Serán su esposa y su hija? Porque cuando tuvo esa visión momentánea de ella se sintió muy mal.

    Ahora quiero saber qué papel juegan ellas en la vida de Davison.
    Menciono también que las escenas de la tienda, lo que compró, los nombres de la calle... ¡aaay! ¡Qué nostalgia me hizo sentir! Porque me recordó mi casa en USA.

    Y bueno, pasando al tiempo, en este capítulo hubo menos saltos, sólo unos cuantos:

    Analizando esa parte, me di cuenta que también puedes utilizar el pretérito perfecto: [acción que ya pasó, pero que se realizó en un momento que todavía pertenece al presente], por ejemplo esa frase de Davison sonaría así: "Eso también ha sido por instinto, creo".

    (recuerdo)

    Aquí queda también el pretérito perfecto: "Qué ha sido eso".

    Como la palabra fragmento se escucha masculino, entonces sería vívido y se acentúa la primera i.

    Recuerda que aquí el protagonista es el narrador y como está narrando en presente, todo lo que vea, recuerde o haya pasado, debe contarlo en presente.

    Como que ese ERA no me queda muy claro a qué se refiere, si pretende hablar de sí mismo, o sea, ¿era él tan obvio? ¿O si el asunto de no parecer el mismo era tan obvio? En cualquiera de los casos, si se refiere a él, entonces queda mejor "soy" y si se refiere al asunto, la situación o algo más, entonces sería "es".

    Tal vez ahí suene mejor así: "y doy un paso, porque temo que entre a la tienda.

    Me parece que el esta en azul sobra, porque adelante aclaras que es ahí mismo, entonces tal vez quede mejor así: "está en la ciudad"

    Y... eso sería todo. Nos vemos en el siguiente. TAM

    PD: ahora iré a comer papitas fritas de la Dulcelan.... :)
     
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  7. Threadmarks: Capítulo 4
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

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    Capítulo 4
    El trabajo de Greenwish

    No tengo licencia de conducir, bueno, más correcto decir, no sé si tengo un carro o si quiera se manejar. Tal vez algunas de las llaves del llavero que encontré son de mi vehículo, aunque tampoco sé si tengo uno. Pero en fin, sigo caminando. Siento como mis piernas se vuelven más pesadas. Se vuelve más difícil mantener la respiración.

    El clima se vuelve más caluroso y mi piel comienza a resentir los rayos de sol.

    Me detengo para descansar. Me voy bajo la sombra de un árbol y me abanico con el cuello de la camisa como si de esta forma pudiera refrescarme. Observo el mapa del celular. Ya quiero llegar a mi destino ya. ¿Cuánto más tengo que caminar? Las instrucciones eran fáciles, pero nunca imaginé que el trayecto fuera tan largo. ¿Faltaba mucho? Miro hacia atrás para ver lo que he avanzado y pienso en rendirme, pero al mirar hacia adelante, alcanzo a ver la empresa de fideos. Estaba a la mitad del camino, sería tonto si me devuelvo.

    Doy un par de pasos más y dibujo una sonrisa al por fin distinguir las lapidas que se elevaban a lo alto. ¡Ya había llegado al cementerio! Sin embargo, la felicidad no me dura nada al no poder ver el final de éste.

    Suspiro agobiado y no me queda nada más que proseguir con la marcha.

    Si es que no llego a encontrar alguna mísera pista de mí juro que mando todo a la... ¡Oh! Por fin distingo el fin del cementerio, no obstante, lo que mis ojos admiran es el enorme árbol situado en la esquina de la cuadra, troto hacia allí deteniéndome bajo la sombra fresca del mismo. Echo un rápido vistazo a los lados mientras le doy el último trago al Iced Tea que compre, ¡menos mal que se me ocurrió comprar algo de beber o a esas alturas estaría deshidratado!

    En todo el trayecto seguía pensando en la mujer y en la niña. A pesar de que decidí no darle tantas vueltas, la realidad era diferente, había estado pensando en ellas. ¿Quiénes eran? ¿Qué relación tenían conmigo? No dejaba de darle vueltas; esforzándome en recordar algo más. Daba igual lo que fuera, pero que me ayudar a entender toda la escena. Pero lo único que llegaba a mí era un extraño sentimiento de amargura. Dolor. Sufrimiento. Respiro hondo para tranquilizarme puesto que pensar en eso provocaba que mi estómago se revolviera.

    Vuelvo a retomar el camino.

    La empresa no es muy grande. A decir verdad, pensé que la empresa sería un lugar enorme, imponente, pero no, es muy «humilde», creo que esa palabra la describiría mejor. Frente a la entrada hay un aparador que muestra diferentes tipos de los mosaicos que se utilizaban para las albercas. Paso de eso e ingreso al lugar. Si afuera me pareció nada impresionante, dentro tampoco hacia justicia; es simple y pequeño, hay solo un escritorio, por lo que pienso que solo hay una recepcionista que atienden. Y hablando de ella, la mujer se levanta de la silla al verme, sonríe y yo me acerco sonriendo también. Me saluda en un apretón de manos mientras yo hago lo mismo más por inercia que por otra cosa.

    A primera vista me parece una mujer muy agradable. Además, su reaccionar me da la sensación de que me conoce y se supone que yo también debía hacerlo.

    —Davison, ¿qué te trae por aquí? La verdad es que no pensé volver a verte. ¿Vienen a hablar con el patrón? Ahora mismo no se encuentra él, pero si está la patrona, ¿quieres pasar a verla?

    No supe como reaccionar ante aquellas las palabras. Todo va tan apresurado que no comprendo como debo reaccionar. Por mi parte, bajo la cabeza mientras me llevo la mano al rostro, lo hago no porque me sienta mal, sino porque quiero que ella se de cuenta que yo no estoy bien.

    —¿Qué sucede? —pregunta con tono preocupado y luego me invita a tomar asiento, pero niego—. Te traeré un poco de agua.

    —Estoy bien así… —digo rápidamente, no quiero que se vaya.

    Miro de reojo a su escritorio y a ella, busco cualquier cosa que pudiera indicarme el nombre de ella. No había nada. Quiero llamarla por su nombre. Comienzo a sentir miedo ante la realidad de mi situación porque no se como debo empezar una conversación con alguien que sabe quien soy. Y no era que anteriormente no pensara en eso, mas en estos momentos se presentaba el dilema de si la persona frente a mí es de confianza o no. Qué tan estrecha es mi relación con aquella mujer, el jefe, la jefa o con cualquier trabajador. ¿A quién debo contarle mis problemas?

    —Me ha ocurrido algo, anoche. —No supe como empezar por lo que suelto lo que pude—. Desperté en mi apartamento sin recordar nada de mí. Pare se perdí mi memoria.

    —Oh, santo —expresa ella. Su rostro me parece demostrar sorpresa, aunque en este punto ya no se que creer. Como no dice nada más, yo continuo.

    —Llegué hasta porque alguien me lo dijo. Y al ver que, aparentemente si trabajé, o trabajo aquí, me gustaría saber un poco de lo que saben de mí. Cualquier cosa que me pueda ayudar. ¿Saben la razón por la que dejé en trabajo?

    —Comprendo. Aunque creo que lo mejor sería que fueras con algún medico. Tal vez tu falta de memoria sea a causa de algo malo —Yo asiento para que comprendiera que la entendía. Se inclina un poco así mí y en voz baja me cuenta—. Nunca supe por qué tomaste esa decisión, recuerdo que cuando renunciaste el jefe estaba enfadado contigo porque no comprendía porque decidiste abandonar la empresa. Mencionaban por ahí que la empresa rival te ofreció mejor salario y te fuiste con ellos. También escuché que cuando el señor Chris se enteró que pensabas dejar el trabajo, te propuso que te pasaría más. Pero supongo que no aceptaste porque te fuiste.

    —¿Cuál es el nombre de aquella empresa?

    —P.O.O.L.S, queda en el estado de Maine.

    Dudo que trabaje en ese lugar. Si queda en otro estado lo más lógico es que me haya mudado a Maine. A pesar de todo, me pasaré a investigar de cualquier forma.

    —¿Algo más? —continúo—. ¿Algo personal que sepas de mí? ¿Ahora mismo cualquier cosa vele?

    Frunzo el ceño al ver la negativa de ella.

    —Eras literalmente un libro cerrado. No decías nada y cuando se te preguntaba algo relacionado contigo, no contestabas o simplemente ignorabas la pregunta. Eras muy apartado. Ibas a hacer tu trabajo y ya. —Noto que me observa, detenidamente—. Aunque ahora te vez mejor, sabes.

    Todos me han estado diciendo lo mismo. Mi curiosidad va en incremento cada vez que escucho eso.

    —¿A qué te refieres exactamente? —pregunto.

    —Hablo de tu expresión, te ves más relajado —Ella toma un montón de carpetas, acomoda el montón de hojas en ella—. Me gustaría decirte más, pero es lo único que sé. No sé si alguno de tus compañeros sepan más de ti. Pero si te aconsejaría que fueras al hospital.

    —¿Me puedes hacer un favor,…?

    —Faith —dice, leyendo mi mente.

    —¿Me puedes ayudar con algo, Faith? Me supongo que cuando firmé el contrato para trabajar aquí, debí llenar un formulario y en él, debí escribir el número de alguien para llamar por si me ocurría un accidente. ¿Podrías facilitarme ese número y el nombre de la persona, por favor?

    Era mi última carta. Si en verdad era una persona tan cerrada, era probable que mis compañeros me darían la misma respuesta que todas las personas con las que he hablado. Faith me mira por largos segundos, luego dirige la vista a sus lados, me da la impresión de que quería que nadie la viera. Yo hago lo mismo, miro al rededor, la oficina estaba sola. Ella asiente, guarda la carpeta y la observo dirigirse hacia una habitación contigua, me supongo que era el cuarto de papeleo.

    La espero sentado. Observando el despacho. Mientras los minutos pasan yo me pongo más nervioso. Me levanto de la silla y me estiro un poco. Indago por la sala viendo a mi alrededor; el lugar estaba repleto de fotografías de muchas albercas, patios y bardas. Una pizarra blanca en la que estaban escritos los nombres de varios trabajadores y el lugar a donde iban a ser asignados, supongo yo. Leo cada uno esperado recordar alguno de ellos. Salvador, Gerardo, Pablo, Zacarias, Issac, Clay... entre muchos otros, sin embargo, ninguno me era familiar.

    Estaba tan concentrado en lo que veía que me toma por sorpresa el abrir de una puerta. Rápidamente vuelvo al asiento, esperando que no se tratara de la jefa o alguien más. No quería tener que explicarle a alguien más mi situación, contarle lo sucedido a Faith me pareció muy difícil. Afortunadamente se trataba de ella, quien al acercarse a mí, me entrega un papel de hoja doblado.

    —Aquí tienes —me dice.

    —Gracias —le digo, muy agradecido. Ella solo asiente y me despido mientras toma asiento.

    Salgo del lugar, suspiro tranquilidad. Observo el número y el nombre del contacto. Se supone que esta persona debía conocerme. El nombre de mi contacto era Andrew Palermo.

    Podría decir que el ir aquí o hablar con Faith fue en vano, pero no fue del todo, si la persona que apunté me conocía, sería una pista muy importante. Observo detenidamente del estacionamiento y muy dentro de mí el sitio me parece familiar. Camino mientras saco el teléfono y marco el número.

    —Buenos días, ¿hablo con Andrew Palermo? —pregunto cuando me contestan.

    —Sí, habla él, ¿en qué puedo ayudarlo?

    —Hola. Soy yo, Davison Greenwish —le saludo animado.

    —Davison, Davison Greenwish… —Me da la impresión de que intenta recordar mi nombre, pero cuando continua me deja completamente anonadado—. Me puede recordar quien es usted, es que todos los años atiendo a mucha gente.

    Quede mudo. Estaba muy desilusionado, pensé, por un minuto que por fin había encontrado a alguien que podría ayudarme con mi perdida de memoria, a alguien de confianza pero, al final resulta que hablaba con otro desconocido; con alguien que no conocía al verdadero Greenwish.

    —¿Disculpe pero en qué trabaja usted? —pregunte con un poco de dificultad porque no quería saber la respuesta. No lo deseaba.

    —Soy el que hace los Income tax.

    El sabor de mi boca se vuelve amargo. Comprendí todo.

    —Gracias. Me equivoqué de número. No es nada —digo al final y cuelgo inmediatamente.

    No me habías sentido tan decepcionado como en ese momento. Me llevo la mano a la cara y la acaricio, deseoso de reír y llorar. Saber aquello no solo me desanimó, me hizo meditar en que tal vez, mi vida es una farsa.

    ¿Quién demonios soy yo?
     
  8. Threadmarks: Capítulo 5
     
    Kay Greenwish

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    Capítulo 5
    Nada es lo que parece


    No tengo idea de donde me encuentro en estos momentos. Una vez que salí de la Downing Ave caminé hacia ninguna parte. Sin embargo, tampoco me consideraría perdido porque me fijé bien en el entorno, señalamientos y casas para volver a la Downing Ave y regresar por el camino que había tomado. Por el momento simplemente estoy vagando con mi mente de la misma forma; en las nubes. Medito sobre lo ocurrido minutos antes. Levanto la vista de vez en cuando para apreciar el hermoso cielo despejado; no había nube sobre él y no evito relacionar esa vista idéntica a mi cabeza.

    A lo lejos algo llama mi atención, era el sonido de las voces de niños y el típico rechinar de los juegos infantiles, ¿tal vez son columpios? Sin darme cuenta mis piernas me llevan a un pequeño parque de juegos que esta situado en el centro de una colonia que parecía de acomodados. Digo que es de gente con dinero porque es completamente limpia, ordenada, parecía ser un lugar muy pacifico, y se nota que pocos automóviles frecuentan aquella zona.

    En pocas palabras, es la otra moneda de donde yo vivo.

    Me acerco al jardín; los pequeños se ven muy divertidos. Aprovechan los últimos días de las vacaciones de verano, ya que muy pronto entraran a la escuela. Por mi parte tomo asiento en una de las banca que adornaba el jardín situada bajo la enrome sombra de un árbol. Suspiro aliviado al por fin reposar un poco. Tengo bien merecido un corto descanso, he estado caminando toda la mañana. Apoyo la pierna derecha en la izquierda y luego expando los brazos en el respaldo de la banca y veo que no muy lejos de mí un padre juega al fútbol con su hijo pequeño mientras un Golden Retriever corre sin quitarle la vista a la pelota de goma, mueve la cola rápidamente demostrando estar ansioso por ser invitado al juego.

    Una extraña sensación de nostalgia se apodera de mí. Estar en este lugar; rodeado del chirrido de los juegos infantiles, la fresca brisa tocar mi rostro, el juguetear de los infantes, el dialogar de los padres que traen a divertir a su hijos; todo eso me recuerda algo. Frunzo el ceño. Ese cuadro me parece tan familiar.

    Debo relajarme, a eso vine aquí, a no pensar en nada. Disfruta el momento.

    Cierro los ojos y respiro el aire fresco. Inquieto miro el suelo. Quizás lo mejor será no esforzarme por saber quién soy o era. A lo mejor esta vida es alguna especie de segunda oportunidad. Me dieron una segunda oportunidad, de empezar de cero. No sé de donde saco eso, pero… pero, de todas formas no creo que sea correcto aferrarme a una vida que ya perdí.

    A pesar de saber eso continúo inquieto. Saco el celular, veo la hora, lo vuelvo a guardar para volver a hacer lo mismo. Lo observo como todo un bobo. Estoy esperando que en cualquier momento alguien me llame, aunque tampoco miento al decir que tengo ganas de marcarle a Tiffani. Llamarla solo para saber cómo se encuentra y qué esta haciendo.

    «Trabajando, genio»me respondo, «vamos, si deseas que te odie por interrumpirla, márcale, márcale.»

    Me llevo el celular a la frente y la acaricio con éste, ¿en qué estoy pensando? No era el momento para pensar en esas sandeces. Me levanto bostezando; me pegó un sueño estar ahí sentando sin hacer nada productivo que decido mejor no estorbar el cuadro bello de las familias divertirse. Antes de retirarme, me vuelvo para ver una última vez, posiblemente perdí algo similar.

    A pesar de la aparente tranquilidad, tenía otro sentimiento. Debo decir que aunque lo intenté, no pude relajarme completamente; estaba muy al tanto de lo que sucedía a mí alrededor y aunque aquel barrio parecía ser tranquilo, no puedo evitar pensar que en cualquier momento alguien llegaría por detrás para amenazarme por algo de dinero. Es extraño que tuviera esa sensación; eso hace que piense que tal vez toda mi vida había estado actuando algo paranoico; quien sabe, tal vez haya sufrido un atraco. Como sea, el barrio aparentaba ser pacífico pero tampoco deseaba comprobar si en verdad lo era.

    Al final regreso al edificio después de otra larga y pesada caminata. A esas alturas solo deseaba tomar agua, recostarme en el sillón y disfrutar del aire acondicionado. Subo por las escaleras como si fuera un muerto-viviente; las piernas me están matando. Detengo el paso al llegar a la puerta del apartamento, bostezo mientras adivino la llave de la cerradura; sé que alguna de las que están en el llavero abre la puerta. Al segundo intento fallido escucho la puerta vecina abrirse dejando verse ver a Tiffani.

    —Hola vecina, ¿cuanto tiempo, verdad? —digo.

    —¿Necesitas ayuda? —pregunta arqueando la ceja.

    Por mi parte sale una risotada de mi garganta a la vez que intento disimular lo más que obvio.

    —¿De qué hablas? Esto es pan comido —respondo—. Mira, ya la encontré —introduzco una que tomo al azar, suspiro al ver que la llave ingresa y abre la cerradura.

    —¿Qué tal te fue? ¿Pudiste averiguar algo? —Tiffani se recarga en la pared sin dejar de verme.

    —Desafortunadamente no, creí que ir donde trabajaba me ayudaría en algo, pero más que ayudarme, me nacieron más dudas.

    —Que mal.

    —Pero no hablemos de mi misteriosa vida, háblame de ti.

    —¿De mí?

    —Sí, ¿qué tal tu día? Que por cierto, pensé que a estas horas estarías todavía en el trabajo.

    —Mi jefe me echó.

    La miro sorprendido, no sabía que decir, a pesar de que la hayan echado ella me mira muy tranquila como si ese hecho no le afectara nada. Así no debería reaccionar una persona a la que acababan de despedir, a menos que el trabajo fuera tan malo como para desear ser despedido.

    —Digamos que solo por este día —concluye.

    —Te dieron el día libre —aclaro, debí imaginarme algo así ya me estaba preocupando por nada.

    Ahora veo que Tiffani puede ser muy desconsiderada y una chica muy mala a pesar de su apariencia de «yo no rompo ni un plato.»

    —Mi jefe es una persona muy flexible. Él escuchó sobre el pequeño incendio del edificio de al lado, así que me dijo que podía descalzar por hoy.

    —Oye, me preguntaba si quieres comer más al rato. Digo, ya sabes que no recuerdo mucho y no conozco esta zona por lo que no sé dónde hay algún buen restaurante, así que me preguntaba si podías acompañarme. Claro, si lo deseas y no estás ocupada.

    —¿Me estas invitando a salir? —pregunta arqueando la ceja, inquisitivamente—. No puedo, lo siento. Hoy unas amigas y yo planeamos salir a comer. El esposo de una de ellas inauguró un restaurante.

    —¿Amigas, eh? —pregunto con tono incrédulo para después agregar con son de sarcasmo—. ¿El esposo, eh? ¿No te da envidia? Qué triste es vivir soltera y sin compromiso, ¿verdad? Tener que ir con amigas para disfrutar del día.

    —A que te refieres con eso.

    —Bueno, ¿no tienes novio siquiera? Qué raro...

    —¿Te estás burlando de mí? Yo no necesito de un hombre para ser feliz.

    —Eso dices porque seguro que no le has dado oportunidad a alguien.

    —¿Y tú qué? También vives solo.

    —Te recuerdo que no tengo memorias de mi pasado, por lo que sí que puedo estar casado.

    Ella cruza los brazos y sin dejar de mirarme contesta.

    —Tienes razón, puedes estar casado. Yo no salgo con casados a menos que su mujer esté presente.

    ¡Al demonio, creo que he metido la pata! Intento rectificar lo dicho.

    —Pero es 'tal vez'. Mírame, ¿te parezco a alguien que esté casado? —No sé porque recordé a la mujer y la niña caminando por la calle—. Sí, tal vez tenga una novia pero, ¿casado? Vivo solo en un pequeño apartamento.

    Es cierto, vivo solo, me dieron ganas de llorar. Pero creo que soy de los tipos que han disfrutado ser libres, sin ninguna clase de ataduras como lo era el matrimonio.

    —Yo solo puedo ver a un hombre que no recuerda su pasado, y que además dice tener «amnesia.»

    El tono de voz en la última palabra me pareció sonar a desconfianza, quizá sospechaba que todo lo que decía era una farsa. Banks da media vuelta con la intención de entrar a su apartamento, y yo deseo detenerla, aclarar las cosas, disculparme por si la ofendí al decirle soltera o algo así, no quería dejarla que entrara y pensara de mí cosas horribles.

    —Oye, disculpa, creo que hablé de más...

    —Mañana —suelta—. Mañana te llevaré a un buen restaurante.

    Y sin dejar que diga nada cierra la puerta detrás de sí, dejándome allí sorprendido. Poco después proceso lo que me acababa de decir y mi sonrisa se amplía y comienzo a cantar con gran triunfo. Tengo una cita con mi vecina... Eso cuenta como una cita, ¿cierto? Que mi mujer; si es que estoy casado, me perdone por esa cita... aunque pensándolo bien, esa salida con ella no contaría como una infidelidad, ¿verdad? Si no recuerdo estar casado no vale como traición.

    Entre tantos pensamientos alegres entro al apartamento, tarareando una melodía.


    Abro los ojos al escuchar desde afuera el claxon de un carro sonar con desesperación como si su vida dependiera de apretar la bocina, me muevo en la cama maldiciendo a mis adentros. Me deslizo al borde con pesadez y me siento para mirar el reloj; son las 8:45 a.m. Bostezo al momento que me pongo de pie.

    Me doy una ducha.

    Con la toalla atada en la cintura busco algo que comer pero al abrir el refrigerado para encontrarlo vacío. Ya ayer por la noche lo había encontrado así, suspiro y cierro la puerta. Tomo el panfleto que estaba pegado con un imán en el refrigerador que anunciaba comida china. Pediré algo de ahí.

    Intento relajarme en el sillón, vería la tele para entretenerme un rato pero no hay. Vuelvo a suspirar. Observo una y otra vez la hora, ansío que llegue la hora en que Tiffani llegara del trabajo. Lo malo es que no sé cuándo es su salida.

    Suspiro por décima vez.

    «Tengo una vida muy pésima» me digo a mí mismo, «debería plantearme muy seriamente en hacer algo productivo o me pudriré esperando a que algo ocurra.» No dejo de darle vueltas al asunto. ¿Qué esperaba? Tengo esa sensación de que algo debe ocurrir, que debo espera por algo. Siento un hueco en mi estomago o mejor dicho en mi pecho. Algo me hace falta.

    Necesito ponerme a hacer algo para dejar de pensar en cosas innecesarias. Debo dejar de pensar en...

    Me pongo de pie y comienzo a dar vueltas en la pequeña sala. Miro la alfombra blanca, está sucia, necesita limpiarse, sí, necesita una limpieza. Me dirijo al baño y busco algún blanqueador o jabón. Entre vista y vista me asomo para ver la puerta cerrada del cuarto de enfrente. Era cierto, que recuerdo, en ella había bolsas. La curiosidad me invade e ingreso y comienzo a husmearlas pero solo encuentro sabanas, qué raro… efímeramente me recuerdo estar guardando cosas en ellas, ropa, trastes y demás. Frunzo el ceño extrañado, ¿por qué? Es como si estuviera mudándome y hubiera recogido todas mis pertenencias.

    Intento recordar más, pero es en vano. El tiempo transcurre y, expectante a la llegada de Tiffani, salgo a recibirla cuando la escucho.

    —¡Tiffani!

    —Hola, Greenwish —me saluda.

    —Deja de llamarme así, llámame Davison —le digo.

    —¿Ocurre algo? —pregunta. ¿Se daría cuenta de mi estado pensativo?

    —No, nada —respondo con una sonrisa—. Bueno… en realidad tengo una pregunta.

    —Te escucho.

    —¿Sabes de casualidad si estaba pensando en mudarme o algo?

    Pareció meditarlo un poco antes de responderme:

    —Creo que no. ¿Por qué?

    —Bueno, no te lo he dicho pero, en mi apartamento no hay muchas cosas; faltan trastes, el refrigerador está vacío, tampoco tengo ropa en el armario… así que pensé que quizás pensaba en mudarme.

    Tiffani mira el suelo como si intentara recordar algo.

    —Ahora que lo mencionas —dice—, creo que te vi un par de veces bajar con bolsas. Aunque nunca te pregunté nada y, tampoco mencionate nada. ¿Ya hablaste a la oficina? A lo mejor ellos sabes, después de todo si un inquilino se muda, ellos deben saberlo.

    La miro como si lo que acababa de decir fuera el descubrimiento del siglo.

    —Tienes razón, ¿cómo no pensé en eso, Tiffani? —respondo.

    —O algo mejor —continua, la miro—, ¿que tal si vas con las autoridades y les cuentas tu situación?

    —Eso sería lo más lógico, ¿verdad? —contesto riendo aunque en realidad fingía.

    Desde un principio lo más sensato era ir a la policía, sin embargo, algo muy dentro de mí me dice que no lo hiciera, que no debía acudir a ellos pasara lo que pasara. Es una sensación extraña y difícil de explicar. ¿Debía ir o seguir mis instintos? He ahí la cuestión.
     
    Última edición: 24 Julio 2018
  9. Threadmarks: Capítulo 6
     
    Kay Greenwish

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    Capítulo 6
    Primera Pista

    Lo más lógico es ir a la estación de policía y hablar con las autoridades sobre mi estado, pero, no, no, y definitivamente no. No quiero ir al departamento de policía. No me malinterpreten pero creo que ellos no me pueden ayudar. Aunque no tenía ni idea de cómo decírselo a Tiffani si el reflejo en sus ojos muestran las muchas ganas que tiene de que vaya, pero lo niego. Tal reacción hace que ella descanse las manos sobre las caderas, y sin dejar de mirarme cuestiona:

    —¿Entonces?

    —¿Entonces qué? —respondo con la misma pregunta.

    Su mirada hace que mi piel se enchine, pienso que quizá sospecha de mí o algo así, por lo menos me da esa impresión.

    —¿Por qué no quieres ir a la policía? No me digas que tienes miedo de ir.

    Trago saliva con dificultad tan rápido como le contesto algo, lo que fuera, tan solo era para que dejara de mirarme tan persistente.

    —No es que no quiera ir —dejo caer los hombro, me rindo—. Está bien, iré, iré. Aunque desde ahora te digo que ellos no me ayudarán con mucho.

    —¿Por qué dices eso si ni siquiera lo has intentado?

    —Dije que iré, e iré —miento—, soy hombre de palabra y si digo que voy a ir, voy a ir…

    —Ya esta bien —Me interrumpe, creo que le quedo claro—. Ya comprendí —Sus labios dibujan una sonrisa y yo sonrío al verla sonreír.

    —Pero antes de ir a cualquier otro lugar, ¿recuerdas la promesa?

    Tiffani comenzó a pensar como si recordara. ¿No se le había olvidado, cierto?

    —Ah, hablas de ir a llevarte a un restaurante.

    Asiento.

    —Claro que no la he olvidado. Yo no, ¿y tú?

    —Jajajaja, muy graciosa, señorita.

    —Voy a cambiarme, ahora regreso.

    Tiffany entra a su apartamento y yo me dispongo a bajar y esperarla a fuera. Me estiro un poco y luego saco mi celular para entretenerme un poco con él, viendo algunas noticias. Media hora después ella sale y yo solo la admiro, era muy bonita. Ella me gustaba. Estaba decepcionado de mí mismo por no haberme acercado a ella cuando tenía memoria. Me hubiera gustado mucho despertarme con amnesia y saber que ella era mi novia.

    —¿Qué tanto miras?

    —Nada —dijo casi girándome a otro lado, pero hacer eso solo me haría ver sospechoso—. Me gusta el color de tu camisa.

    —Gracias.

    —¿Cuál es tu auto? —preguntó acercándome a zancadas al estacionamiento.

    Me detengo al notar que ella no me sigue.

    —¿Y quien dice que nos vamos en carro? Nos iremos caminando.

    —¿Estás bromeando, verdad? —Espero que esté bromeando.

    No voy a mentir, que flojera irse caminado. No quiero hacer ejercicio. Mi vecina solo niega con la cabeza, dejo caer mis hombros, se le veía con ganas de caminar. Al parecer mi rostro dibujó una mueca de disgusto porque ella agrega:

    —A donde vamos no queda lejos, Greenwish.

    Bufo. ¿No quedaba lejos? Ya no confío mucho en ese palabra.

    —El restaurante está por la Winter Street. Es un bonito día para caminar, no está tan caliente ni húmedo. Además, a donde vamos tiene un pequeño estacionamiento que comparte con otra tienda de segunda mano, y siempre está lleno, no tiene caso llevar carro.

    Me acerco a ella y le digo que está bien. Comenzamos a caminar. Después de todo no estoy en posición de reclamar. Veo el lado positivo de eso, así tengo más tiempo de pasar con ella.

    —¿A ti te llegó un mensaje de la Correcional de Concord? —pregunta tal vez para romper el silencio.

    Asiento al recordar que leí el mensaje.

    —Que miedo que haya escapado un prófugo.

    —Sí, lo es. Pero seguro que la policía se encargará de eso, así que, no hay que preocuparnos. Pero hablando de eso —recordé algo—, ¿supieron quienes hicieron el incendio aquella noche?

    —Sí, fueron unos jóvenes de la High School. Según dicen que les dijeron a las autoridades que lo hicieron por una apuesta, ¿puedes creerlo?

    —Que bárbaros. Lo que hacen hoy día los jóvenes para demostrar ser el mejor, no piensan en sus consecuencias. Eso es muy peligroso.

    Estuvimos hablando un poco, más que nada yo preguntándole cómo iba con su trabajo. Unos minutos después llegamos al restaurante. Era un edificio lleno de ventanales, podía ver con gran detalle a los clientes que comían. Si que no dejaban nada a la imaginación. El nombre del lugar es: Seafood Restaurant. El olor que me llego a las fosas nasales cuando entramos fue el de pescado y mi estómago ruge demostrando lo hambriento que estoy.

    —Espero que no seas alérgico al pescado o a los mariscos —me dice Tiffani mientras nos dirigimos a la caja registradora.

    —No, no te preocupes no lo soy —respondo.

    Tomamos el pedido en la registradora, después de pagar nos disponemos a tomar asiento en la mesa de la esquina. Miro el lugar, era cómodo, ni muy pequeño ni muy grande. La mayoría de los clientes eran personas de edad avanzada.

    —¿No has pensado en la clase de amnesia que tienes? —pregunta Tiffani de la nada, haciendo que me sorprenda y le prestara atención.

    —No sabía que existieran varias amnesias. ¿Por qué lo dices?

    Ella saca su teléfono móvil del bolso y comienza a maniobrarlo, me entra la curiosidad de lo que está buscando.

    —Lo que te voy a decir es según lo que leí en Internet y según se clasifican por Etio-lógica —repite esa palabra cuidadosamente—. Anteriormente dijiste que no recordabas nada de nada después del día del incendio, ¿verdad?

    Yo solo asiento para que ella continúe con la explicación. No tenía nada que decir. Era interesante lo que decía.

    —Bien, puede que tengas amnesia global, que consiste en perder completamente la memoria tras un evento traumático.

    ¿Traumático? Tal vez sufrí algo así y mi cerebro se defendió desechando ese evento. Sin embargo, no creo que alguien se pueda mover después de perder la conciencia. Debo tomar en cuenta que desperté en la cama de mi apartamento, no en otro lugar, o en la calle. Y si es verdad que viví un episodio realmente traumático como para que se me borrara la memoria, no me gustaría volver a recordarlo por algo lo borré.

    —Aunque puede que se te hayan forzado a olvidar tus recuerdos —continúa Tiffani—, por lo que es posible que tengas amnesia post-hipnótica, que es cuando alguien mediante una hipnosis te hace olvidar.

    —Esa es una buena teoría —digo recargándome en el respaldo del asiento, poniéndome lo más cómodo posible. Me gustaba esa “perdida de memoria” si se le podía decir de esa forma, aunque había un pequeño inconveniente—. Si eso fue lo que me ocurrió, ¿quién me lo hizo? Debió ser una persona que tenga conocimiento de eso. ¿No sabes si esa tarde noche alguien entró conmigo a mi apartamento?

    —Sea si alguien o no entró, yo no lo supe.

    —¿Hay algo más sobre eso esas amnesias?

    —Encontré otro dato, te lo mostraré... solo dame un segundo —dice mientras manejaba la Tablet.

    En realidad me hacía muy feliz saber que Tifffani estaba preocupada por mí y, buscaba información sobre lo que me pudo suceder. Esa tarde no podía ser mejor.

    —Puede que tengas «Fuga Disociativa», la que se genera por estrés o trauma.

    Las “enfermedades” o lo que fueran tenían nombres muy raros, ya se me olvidaron aunque eso no quitaba que era interesante.

    —Aunque por supuesto que lo que te digo es sacado meramente de información de páginas de Internet. —finaliza—. Por lo que te sugiero que vayas a especialistas para que te ayude con eso. Hablo en serio, deberías ir con uno.

    Yo solo asiento y no pasara igual que con lo de la policía.

    Me recargo en la mesa pensativo, fuera cual fuera la causa de mi falta de memoria y la clase de amnesia que sufría, la primera sensación que sentí al despertar el día del incendio no fue pánico, tan solo estaba desorientado, cansado y la sensación de no tener ni idea absoluta de lo que sucedía en mi alrededor. Fue poco a poco que comencé a pensar y recordar cosas básicas de supervivencia. No tengo ni idea de cómo trabaja la amnesia, ni siquiera como trabaja la mente y el cuerpo en esas circunstancias, pero los recuerdos sólidos de mi pasado no llegaron a mí.

    Otra cosa, curiosa, eran mis gustos o disgustos que iban calcándose a la vez que pasaba el tiempo. Por ejemplo, cuando entré a este restaurante y al llegarme el olor a pescado, me invadió la sensación de que no hambre y mi boca se hacía agua. Tal vez, es solo una creencia, si fuera alérgico mi propia conciencia y cuerpo me lo advertirían.

    Creo que solo los recuerdos fueron borrados. Recuerdos que tal vez no debería recordar. No lo sé, pensar en eso esta haciéndome quitar el apetito.

    Dejamos el tema para otra ocasión. Nuestros platillos llegaron y Tiffani y yo empezamos a comer. Entre la comida charlamos más sobre algunas cosas; o mejor dicho, interrogarla a ella porque deseaba conocerla mejor. Al principio la noto bastante seria, como sin deseos de responder grandes cosas, limitándose a contestar «sí», «no» o una respuesta simple y sencilla.

    Poco a poco se abre completamente, y ahora tenemos una provechosa plática llena de momentos divertidos y risas. Ambos reímos mientras bebíamos de nuestra cerveza como si fuéramos adolescentes teniendo una cita. Me cuenta que ella vivía en el sur del país pero se había mudado hasta el noroeste del país por una propuesta de trabajo en una empresa de buena reputación.

    Desafortunadamente, a los cuatro año la empresa se fue a pique hasta que quedó en bancarrota y tuvieron que cerrarla, quedando muchos desempleados. Por varios días estuvo meditando en si volver con su familia al Sur, era lo más lógico. Pero le gustó vivir en ese lugar, así que al final optó empezar una nueva vida aquí. Tiffani era una mujer muy fuerte, cada vez que la conocía era más que la admiraba.

    Me alegra tanto de tenerla como vecina. Quizá si hubiera sido otra persona, no me habría ayudado como ella lo estaba haciendo y no estaría aquí. Estoy muy agradecido de que haya tomado la decisión de quedarse acá. No creo en el destino, ni en un Dios, pero hay ocasiones en que suceden algunas cosas que se me hace imposible no hacerme la pregunta de que aquello fuera obra del destino.

    El día lo disfruté mucho con el simplemente hecho de haber pasado largo tiempo al lado de una bella mujer como lo es Tiffani. Y entre más paso tiempo a su lado, más me intereso en ella. Al terminar de comer, salimos para volver. No quería que terminara. Quería que fuéramos a otro lado, tal vez a comer un helado o algo así. Lo que fuera, no quiero regresar a mi aburrida viva encerrado en aquel vacío apartamento.

    —¿No conoces alguna heladería? —pregunto.

    —Sí, pero están lejos.

    —Pues busquemos tu auto —Ella me mira y yo le regreso la mirada con una sonrisa—. Vamos, no puede decirme comida si no hay postre al final. ¿O tienes planes?

    Se que no los tiene.

    —Estoy libre.

    Estamos acercándonos al Dunkin' Donuts cuando a lo lejos veo a dos tipos caminando al hacia nosotros, no les pongo atención, pero era inevitable no dejar de mirar al hombre grande y ancho, parecía un jugador de fútbol Americano. Su físico no es en si lo que me da una sensación extraña. Me pongo nervioso. Mi respiración se hace pesada mientras un escalofrío invade mi cuerpo, y un sudor helado me recorre la espina dorsal.

    —¿Estás bien? Te vez pálido. ¿Te ha hecho daño la comida? —escucho la voz preocupada de Tiffani.

    No, no era eso. No era lo comida.

    «¡Voy a matarlo!» Se escapa a mi mente un estruendoso grito; ¿de quién? ¿Quién era el dueño de esa voz?

    Es un recuerdo; un lapso de memoria. Estaba forcejeando con una persona, no recuerdo su rostro. Estaba asustado, tenía miedo, mucho miedo. Yo había sacado una navaja de mi bolsillo para defenderme del agresor, para intimidarlo y entonces, aquella sombra saca un arma y me apunta y mientras mis ojos la miraban con asombro y preocupación, me disparó...

    Me tomo el pecho con fuerza al sentirlo como miles de brazas se acumulan en éste; el recuerdo fue tan vivido que siento el ardor de la bala atravesándome. Grito de dolencia al momento que me arrodillo al no poder contra tal dolor. Mi cuerpo recuerdo a la perfección como la bala me había perforado el pecho quemándome. Tiemblo de frío y entre la realidad y aquel tortuoso recuerdo escucho la tenue voz de Tiffani llamándome por mi nombre una y otra vez.

    —¡Llamaré a la ambulancia!

    —No, no es necesario —dije apenas escuchándome.

    Ella me ignora y saca su celular y yo la tomo de la muñeca para detenerla.

    —No es necesario —repito entre bocanadas de aire.

    —¿Estás mejor?

    Asiento porque no tengo el aire para contestarle. Enseguida me ayuda a levantarme para llevarme hacia una barda echa de piedras que esta cerca de la tienda de donas, me recargo en ella y respiro hondo y profundamente. Hubo silencio. Intento pensar en el recuerdo que había experimentado.

    —¿Quieres ir al hospital?

    Intento sonreír en un intento de demostrarle que estaba bien, que no era necesario, le respondo en tono bromista.

    —¿Y endeudarme por nada? Ni siquiera se si tengo seguro médico. ¿Y mis papeles? ¿Qué les voy a decir cuando me preguntes por ellos?

    —Aprovechas para decirles tu falta de memoria —dice mirándome con seriedad, no le pareció graciosa mi broma.

    —Estoy bien —susurro. No miento, comienzo a sentirme mucho mejor—. Es solo que tuve un recuerdo fugaz.

    —¿Un recuerdo? ¿De qué? ¿Ya recuerdas quién eres?

    Bajo la mirada apenado porque todavía no sabía ese dato, pero ya tengo una ubicación precisa de dónde podía comenzar la búsqueda de mí verdadero yo. Llevo mi mano al corazón y recordé aquella cicatriz.

    —Me dispararon —digo en voz baja.

    —¿Por qué? —Una lógica pregunta y qué yo mismo me hago.

    No me había gustado aquella sensación. Recordé el miedo que pasé aquella noche, la súplica que experimenté mientras estaba en la camilla de una ambulancia y los enfermeros me repetían una y otra vez que sobreviviría, que resistiera un poco, que faltaba poco para llegar al hospital y entonces una luz atraviesa lo que sigue y ya no tengo ni idea de lo sucedido; lo qué si sabía era que sí sobreviví porque estoy aquí.

    «¡Voy a matarte!» esas palabras están más vivas en mi mente.

    Era una amenaza.

    La amenaza de alguien.

    —¿Qué más recuerdas?

    —Que me dispararon en la ciudad de Lawrence. Nací y crecí en Lawrence. Supongo que mi familia vive allá y si voy a verlos, pueden ayudarme a recordar mi pasado.

    En esa ciudad es donde estaba el pequeño parque que visité con frecuencia. Estaba el punto en donde aquella mujer y niña caminaban hacia sabe dónde; eso me intriga mucho, ¿quiénes eran ellas? ¿Por qué permanecen en mis recuerdos, y al recordarlas, me dejan con una extraña sensación de vacío?

    Espero con toda mi alma que todas aquellas preguntas se respondan de una buena vez visitando mi ciudad natal.

    Tal vez ahí encuentre al verdadero Davison Greenwish.
     
  10. Threadmarks: Capítulo 7
     
    Kay Greenwish

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    Davison Greenwish
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Misterio/Suspenso
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    Palabras:
    3230
    Capítulo 7
    Ciudad de Lawrence



    Estoy realmente ansioso de ir a la ciudad de Lawrence. Tengo un enorme presentimiento de que cuando llegue allá podré recordar mi pasado. Es increíble que diga esto pero debido a los nervios combinados con el anhelo no pude pegar los ojos toda la noche, así que tengo las ojeras muy marcadas, pero eso es lo de menos.

    El día anterior, cuando Tiffani y yo regresamos al edificio, la convencí de que olvidara a la policía. Ella no pareció muy feliz por la idea pues insistía en que debía pedir su ayuda. Al final le propuse que primero iba a ir a Lawrence y si no recordaba nada, iría con las autoridades.

    Me levanto de la cama, tan solo dormí un par de horas. Comienzo a vestirme para salir mientras varias preguntas invaden mi mente. ¿Qué iba a pasar conmigo cuando supiera la verdad? No quiero inquietarme. Tomo café y cuando estoy por terminar mi segunda taza, escucho movimiento en el apartamento de mi vecina. Salgo rápidamente y toco su puerta. Es sábado por la mañana.

    —¿Qué sucede, Davison? —pregunta al verme un tanto extrañada.

    —Sabes —comienzo a reír nervioso—, no quiero incomodarte ni nada, pero ¿me harías el favor de dejarme en la estación de autobuses? Si no es molestia.

    —No, claro que no es una molestia… pero —Dudo de algo antes de continuar. Arqueo la ceja pensando que tal vez estaba ocupada por lo que me apresuro a decirle:

    —Si no puedes no hay problema. Preguntando se llega a roma.

    —No, no es eso. ¿Irás solo?

    Su pregunta me toma por sorpresa y no sé como responder a ella, así que solo asiento y ella continúa:

    —¿Te molestaría si te acompaño?

    —Para nada. Al contrario, lo agradecería —respondo realmente sorprendido. No me esperaba eso. Pero me alegro que se haya ofrecido porque no me sentía muy a gusto ir solo.

    —Bueno, dame un par de minutos e iré a cambiarme.

    No puedo evitar sonreír al momento que asiento.

    —Esperaré abajo, en el estacionamiento —le informo.

    Salgo del edificio y levanto la vista para mirar el cielo azul y luego dirijo la vista a las calles transitadas. Era muy temprano y la ciudad ya estaba en movimiento a pesar de ser sábado. Me alegra de saber que Tiffani me acompañará, ¿esto contará como una segunda cita? Cierro los ojos entusiasmado de lo que me esperaría en la ciudad que me vio crecer. ¿Qué cosas me esperan allá? ¿Qué descubriré?

    Unos veinte minutos después, Tiffani baja, la observo cuidadosamente para que no se diera cuenta. La verdad era muy bonita. Creo que me gusta y me gustaría que fuera más que una vecina. Nos encaminamos al automóvil de ella. Era un Nissan Sentra color negro. Nos subimos a él, me abrocho el cinturón de seguridad con una sonrisa

    —¿Y si vamos a comer algo primero? —propongo.

    —No me parece mala idea, ¿a dónde quieres ir?

    —A donde sea —Me da igual, en realidad. Solo quería llenas mi estómago vacío.

    —¿Estás ansioso? —pregunta mientras arrancaba el auto.

    —¿Es muy obvio? —En realidad estoy más emocionado de que ella me acompañara que el hecho de ir a Lawrence.

    —Sí, lo es. Se te nota en todo tu rostro. Me recuerdas a un niño en la mañana de navidad teniendo en sus manos el regalo, afanoso de abrirlo, pues hubo espero todo un año para conseguirlo.

    —Qué buena comparación. Perfecta para describirme en estos momento.

    —¿Qué crees que encontraras allí?

    —La verdad... creo.

    —¿Y qué harás una vez que sepas quién eres?

    —Excelente pregunta. Creo que retomaré mi vieja vida, sería lo más obvio, ¿no?… Todavía no estoy seguro —susurro lo último.

    —¿Vivirás en Lawrence?

    La observo, ¿estaba preocupada de que ya no sería más su vecino? ¿Eso es una buena señal?

    —No lo creo, por algo estoy viviendo aquí, ¿no?

    Fuimos a comer a un lugar de comida rápida. Después nos dirigimos a la ciudad de Lawrence. Mi nerviosismo aumenta poco a poco. Vuelvo a sentirme ansioso y con sentimientos encontrados. ¿Qué será de mi cuando sepa quién soy? ¿No soy feliz ahora? ¿Era feliz antes?

    En menos de treinta minutos llegamos a la ciudad, ingresamos por la ruta uno. Al entrar a la ciudad puedo observar las diferencias de la ciudad de Methuen a Lwrence; los carros aumentaron por la Durant Square la calle principar de esa ruta. El trafico era caótico y los transeúntes muy acelerados. Las calles, casas y edificios iban tornándose sucias, descuidadas y llenas de graffiti.

    El ruido de las bocinas, el motor de los carros y el murmullo de las personas incrementaba. Los habitantes caminaban por las calles, por lo que Tiffani se veía en la obligación de pasar con mucho cuidado, todo eso porque muchos vehículos estaban estacionados en las banquetas, impidiendo que el peatón pudiera caminar por donde deberían hacerlo. Me recargo el el sillón mientras suspiro. Era un caos.

    No cabe duda, el ambiente de esta ciudad es mucho muy diferente a la de Haverhill o Methuen. Al adentrarnos todavía más distingo adelante un parque. Dibujo una sonrisa al hacérseme familiar. Lo conozco. Se trata del «Parque de las Ardillas».

    —Davison, no saques así la cabeza —escucho a Tiffani.

    Fue un impulso y sin querer me asomé por la ventanilla, pero es inevitable no hacerlo porque cada una de las calles y avenidas iban surgiendo en mi mente, recordando poco a poco donde estaban las calles, lugares y algunos edificios. Quiero continuar viendo.

    —¿A dónde se supone que debemos ir? —pregunta Tiffani y yo iba a responderle, sin embargo siento como el auto se mueve hacía adelante con brusquedad, sosteniéndome el cinturón de seguridad para después escuchar un grito ahogado de la conductora.

    —¡Idiota! ¡Fíjense, imbécil!

    Y es que cuando llegamos al semáforo de la esquina de la calle Jackon St y Haverhill St, un carro se pasó la luz en roja, y ella tuvo que frenar para no estamparse con él y eso provocó que los carros de atrás hicieran lo mismo y le pitaran mientras gritaban cosas. Ella suspira.

    —¿Qué no ven que me iban a chocar? —dice en voz baja.

    —¡Da vuelta a la derecha, aquí! —alzo la voz, señalando la Haverhill St.

    Ella gira, esa calle no estaba tan transitada por lo que sería mejor para ella pues se le ve muy alterada. Esa ciudad era muy frenética, no obstante, ese ambiente me trae muchos recuerdos. Enseguida damos la vuelta a la izquierda por la Lawrence St y fuimos más despacio.

    —¿Estás más tranquila? —pregunto pero ella no contesta nada, por lo que puedo decir que no—. Oh, creo que es por aquí... Aquí está... da vuelta en la Common St. Aquí está la estación de autobuses.

    —¿Y a dónde vamos? —preguntó mientras seguía mis instrucciones.

    —Estaciónate por aquí.

    —¿¡En dónde, Davison!? No veo ningún espacio libre.

    —Bueno, yo solo decía.

    Estuvimos por varios minutos buscando por los alrededores un lugar para estacionarse. Al final, en una de esas vueltas vimos como un carro iba saliendo, Tiffani no duda en entrar ahí. Bajamos del automóvil y ambos suspiramos al pisar el suelo.

    —Haber si no se lo lleva una grúa —dijo ella al no estar muy segura de que se podía estacionar ahí—. Sí eso pasa tú pagaras la multa —me dice mientras me ve.

    Yo me rio ante su broma, espero que lo haya dicho en broma.

    —No te preocupes, no pasará nada.

    Ya más relajada continua:

    —Como vez, no soy un as manejando —sonríe.

    —Ellos son los que no saben manejar. Son unos locos al volante. Te estaré eternamente agradecido por esto, Tiffani, de verdad y no sabría cómo pagártelo, ni con todo el dinero del mundo podría pagarte este favor —le dijo con toda la sinceridad del mundo. No sabía como agradecerle su amabilidad.

    —Solo espero que el viaje valga la pena, y si no funciona, te sugiero, ¡no! Te exijo que vayas a la policía de aquí —Mira a su alrededor mientras yo hago lo mismo—. Entonces, ¿a dónde vamos?

    Apunto la calle del frente y le digo que por esa dirección se encuentra la calle a la que deseo ir. Así emprendemos caminata. Yo también espero que el gasto de gasolina valiera la pena. Pero creo que si lo hará porque poco a poco a mi mente llegaban recuerdos de cuando era un niño y adolescente, en la que me paseaba por estas mismas calles en las que ahora estaba pisando. Mis piernas, como si hubieran cobrado vida propia, son las que me guían. El murmullo de las personas, el rugir de los motores y hasta el aroma a contaminación y gas me son familiares. Todo. Mis pies me llevan hasta una calle que fue de mis primeros recuerdos... observo a mi alrededor, miro cada edificación con detalle.

    —Esta es la misma calle... por donde ellas caminaban —suelto en voz baja mientras recorro las mismas pisadas que ellas recorrieron. Me detengo hasta el punto en donde el fragmento de ese recuerdo llegó.

    —¿Ellas? —indaga Tiffani.

    Levanto la vista para ver que más adelante, en la esquina de la cuadra, hay un banco, y antes de éste hay una iglesia y una tienda de segunda mano. ¿A dónde iban ellas? ¿Al banco? ¿A la tienda? ¿Quizá a la iglesia? Desvío la vista a mi lado izquierdo, hay ahí una entrada hacia abajo, se tenía que bajar por cinco escalones para llegar a la puerta de ese local vacío. A mi derecha está una hilera de vehículos estacionados.

    —¿Recuerdas algo? —me pregunta mi compañera tal vez al verme pensativo—. ¿Quiénes eran ellas? ¿Recuerdas a alguien?

    No respondo a las preguntas de Tiffani porque todavía no sé quienes son ellas, me limito a volver a ver mi alrededor. Buscaba algo, sabía que algo faltaba en este cuadro mental. En este momento tengo la cabeza echa un desorden, tenía muchas ideas revueltas; muchos fragmentos perdidos. Poco después diviso a lo lejos un complejo de apartamentos, reconozco aquel edificio. Apunto dicho lugar.

    —Yo vivía en un apartamento de ese lugar que esta allá, ¿lo alcanzas a ver?

    Observo que ella dirige su vista al edifico para después posarla en mi persona.

    —¿Quieres que vayamos?

    Asiento. Claro que quería ir.

    —Tarde o temprano tengo que hacerlo —contesto mientras camino a esa dirección, ella me sigue.

    Al llegar nos quedamos frente al edificio, era muy viejo, entramos para darme cuenta que la fachada de afuera no se compara con la de adentro. El lugar es mucho peor. ¿Me quejé del edificio de Haverhill? Este es más viejo. Apestaba a tierra y humedad. Las paredes están manchadas con algo que espero sea agua. Subo las escaleras, que rechinas con cada paso que doy, casi amenazando de que en cualquier momento se caerían. Miro sobre mi hombro para ver a Tiffani detrás de mí, agarrándose del barandal.

    —Ten cuidado —digo—, ese barandal se ve más peligroso que las propias escaleras.

    —Lo más importante aquí es, ¿sabes a dónde vamos?

    —Al piso cinco. Mi apartamento está en ese piso, era el número 512.

    Al llegar al piso caminamos hasta el apartamento. Allí estaba, aquella puerta que rezaba el número 512. El que fue mi hogar, intento abrir la puerta pero obviamente esta cerrada.

    —No hagas eso —advierte Tiffani—, puede que alguien más viva aquí.

    —Tal vez —contesto demasiado tarde.

    Toco la puerta pero nadie parecía hacer ruido del otro lado. Vuelvo a tocar, esta vez un poco más fuerte, me sobe los nudillos porque me dolieron. Mas nadie responde. La puerta del vecino se abre, dejando ver a un señor de mediana edad, con cara de malhumorado. Nos ve pero no nos saludo ni nada. Cierra la puerta con llave y estaba apunto de irse cuando yo lo detengo.

    —Ah, disculpe, señor —Me mira arqueando la ceja, pero continúa sin decir nada—. ¿Usted sabe si hay alguien viviendo aquí?

    —No, nadie. Ese apartamento esta solo desde que estoy aquí, ¿por qué? ¿Piensas rentarlo?

    —¿Desde cuándo está viviendo aquí?

    —Desde el año pasado, ¿por qué?

    —Solo curiosidad. Gracias y disculpe las molestias.

    El hombre baja mientras Tiffani y yo nos miramos.

    —Pues no hay nadie viviendo aquí.

    —Es mejor —suelto al momento que tomo el picaporte y comienzo a moverlo con fuerza y brusquedad.

    —¿Qué estas haciendo? —dijo Tiffani poniendo sus manos sobre las mías para detenerme.

    —Lo que se ve, intento romper ésto, la puerta es vieja, seguro que con algo de fuerza se abrirá.

    —¿Estás loco? —retuvo un grito, miro a sus lados esperando que nadie los viera. Estaba nerviosa y por alguna razón yo estaba excitado.

    Tal vez sí estaba loco. Pero ya estaba allí, qué más daba intentar entrar. Al notar que no funcionaría mi plan, empiezo a golpear con fuerza la puerta con el hombro, tacleándola como si fuera algún jugador profesional de fútbol Americano. Tiffani intenta detenerme, pero yo no lo haría. ¡La maldita puerta es dura!

    —Ya déjalo… Davison... vayámonos de aquí.

    Entonces alcanzo a percibir el peculiar sonido de madera romperse. ¡Había roto la cerradura! Dirijo la vista a Tiffani quien me mira con rostro asombrado y yo a ella me supongo que de la misma forma. A la cerradura le di un pequeño estirón, provocando que se destrozara aún más y abriéndose la puerta completamente, miro por última vez a Tiffani mientras coloco mi dedo índice sobre mis labios.

    —Shhh, será nuestro secreto.

    —Nos arrestaran si se dan cuanta que invadimos propiedad privada —dice casi audible.

    Ambos hablábamos en voz baja como si fuéramos unos ladrones, teniendo miedo de que nos pillaran en medio acto vandálico… cosa que en realidad no está fuera de la realidad. ¡Nos convertimos en perpetradores de viviendas vacías!

    —¿No eras tú la que insistía en ir a la policía? —digo con son de burla, cosa que a ella no le pareció nada gracioso.

    El apartamento 512 está completamente vacío. Así que lo que dijo el anciano era real, nadie vivía ahí. No había nada en él; se habían llevado todas las cosas, tan solo quedaba un refrigerador lleno de polvo. Era una vivienda demasiado pequeña, claustrofóbica. Es mucho más pequeño que el apartamento donde vivo actualmente. Con solo pasar la vista de izquierda a derecha abarco todo el perímetro.

    A mi derecha está una diminuta cocina. Al frente está la habitación más grande, que vendría siendo ¿el comedor? ¿La sala? ¿O quizá ambas? Al lado derecho hay dos puertas; una, si no mal recuerdo, lleva a la única habitación y la otra al baño. El olor a polvo y a viejo se podía percibir con claridad, lo que evidenciaba que el lugar ha estado vacío por años. Me paro a mitad de la sala y la miro con diligencia. Aquí vivía: en un sitio para una persona. Comienzo a recordar más. Por allí, pegado a la ventana, había un sillón largo color rojo, al frente una mesa chaparra larga que siempre usaba como escabel. Dirijo la vista a la entrada principal. Llegaba de afuera, me echaba al sillón para descansar, subía los pies al «banquillo» improvisado, que regularmente se encontraba llena de platos, vasos y cubiertos.

    Posteriormente encendía la televisión y me relajaba viéndola. Era la rutina. Era lo que siempre hacía. Pero después, un buen día… de nuevo la terrible jaqueca vuelve a mí, el dolor es muy fuerte, me tomo la cabeza.

    «Davison.»

    ¿Qué sucedió ese día?

    «Davison… ¿estás bien?...»

    ¿Por qué no puedo recordarlo? Fue algo significativo, lo sé. ¿Qué fue?

    «… no te obligues a... »

    Logro escuchar tenuemente la voz de Tiffani llamándome, pero quiero recordar… debo recordar. Miro desconcertado de nuevo, todo, muevo los ojos en busca de algo que me ayude a recordar y mi vista se posa a la puerta que lleva al baño, camino tambaleante hacia allí, debo abrir la puerta e ingresar porque había... allí había... estiro el brazo para tomar el picaporte, pero me detengo a medias. Ya no puedo estirar más mi brazo porque mi cuerpo no reacciona, estoy paralizado. Escucho un molesto zumbido en mis oídos, tan molesto y agudo que me hace cerrar uno de mis ojo incontables veces.

    Ya no puedo escuchar nada. No puedo escuchar la voz de Tiffani y... lo único que percibo con tal claridad es el latir de mi corazón. Tengo pánico de abrir la puerta. Tengo miedo de ingresar y encontrarme con algo que no quiero ver. Con algo que anhelaba olvidar. ¿Qué es con lo que me encontraré detrás de esa puerta? ¿Por qué mi cuerpo ha reaccionado de esa forma?

    Con un tremendo esfuerzo doy un paso adelante y tomo con fuerza el picaporte como quien temiendo que este se me escapara, y por fin abro la puerta. El zumbido va disminuyendo poco a poco al escuchar con claridad el rechinar de la puerta. Doy otro paso. Ahora siento todo mi cuerpo más ligero. Observo la habitación del baño y me encuentro con la nada grata sorpresa de un lugar desocupado. ¿Qué había ahí?

    —¡Davison! —el grito de mi compañera hace que me estremezca en mi lugar.

    Me giro para encontrarme con una Tiffani pálida, mirándome con sus ojos marrones llenos de angustia y los que no dejaban de verme. Iba a decir algo pero no supe que decir. Ella me toma del brazo y me dice con voz ahogada e intentando guardar la compostura.

    —Déjalo ya, no te esfuerces demasiado. Creo que es suficiente...

    Por un momento no comprendía su preocupación hasta que me giro y veo mi reflejo en el espejo que estaba sobre la pared. Hasta entonces es que comienzo a sentir la cálida sangre fluir desde mi nariz hacia mi surco nasolabial y labio superior. Me llevo la mano a la altura de la nariz y empiezo a limpiarme la sangre que no parecía tener final, continuaba y continuaba, Tiffani me detiene y me entrega un pañuelo. La tomo y me limpio con ella la hemorragia nasal, pero la sangre siegue fluyendo, parecía que no tenía fin y que si no hacía algo al respecto me desangraría allí mismo.

    —Alza la cabeza y pellízcate el puente de la nariz... tal vez eso funcione —continua Tiffani indicándomelo en señas para que no perdiera detalle; casi temiendo de que no lo pudiera hacer porque no le había entendido a su instrucción oral. ¡Cosa que no hacía falta pues la comprendí a la perfección!

    —No, eso no, y tranquilízate que estaré bien —le digo para que se calmara porque se le veía muy intranquila. Me acercó al lavabo, abro la llave del agua y meto la nariz al choco de agua y comienzo a enjuagarme.

    —¿Eso va a fusionar?

    —Sí, lo hará... eso creo —El agua se teñía roja—. Ten a la mano el número de la ambulancia.

    Alcanzo a observar como ella saca el celular.

    —Espero, era broma, era broma —la detengo antes de que marcara—. Estaré bien, no te miento. Parece que me forcé mucho en recordar. Mira, estoy mejor, el agua está saliendo menos roja—. Dios me perdone por ser alguien tan sangrón.

    Tiffani suspira al no encontrarle lo gracioso al chiste.

    —¿Qué? Es un buen chiste, ¿no? A mi me dio risa.

    —Vas a venir matándome de un susto, Davison, primero entrar a un lugar, y luego tu hemorragia. ¿Por lo menos recordaste algo?

    Me inclino un poco para poder verla de reojo.

    —Podría decirse que sí.
     
  11. Threadmarks: Capítulo 8
     
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    2927
    Capítulo 8
    Una sorpresa inesperada



    Salimos del cuarto de baño y, al mirar la pura soledad que emanaba el apartamento, Tiffani y yo decidimos tomar asiento en el suelo. No nos importa que el piso de madera esté tan sucio y que tenga una gruesa capa de polvo. Bueno, a decir verdad, tampoco es que no hayamos sentamos en plena porquería; en realidad nos sentamos en unas garras que encontramos arrumbadas en una de las esquinas de la sala/comedor, las que tampoco están tan limpias. Estoy comenzando a divagar en muchas cosas, pensando en otras tantas, cosas de las que he recordado, a pesar de ello no me siento tan animado como lo pensé que estaría.

    —Es extraño —escucho a Tiffani, me giró un poco para observarla y tras suspirar con una sonrisa en su rostro, repite—: Es extraño que estemos tan tranquilos cuando estamos en un lugar ajeno y sin permiso—Dirige su miara a mí, tomándome con sorpresa—. ¿No te parece?

    A pesar de la seriedad, la noto algo calmada.

    —Ah bueno, si eso es lo que te preocupa podemos decir esto; si alguien entra o pregunta quiénes somos nosotros, tú puedes decir que eres una vendedora y que me estás enseñando el lugar para ver si lo rento o no. ¿Eh? ¿Qué te parece mi ideas?

    —¿Una vendedora que está sentada en el suelo con su cliente? Me agrada la idea. —Le da risa lo que dije, me alegro porque lo hice con esa intención—.A ti sí que te gusta dar excusas. Siempre quieres salirte con la tuya.

    —Las técnicas hacen al maestro.

    Ver a Tiffani en ese modo de relajo me da un poco de ilusión porque pienso que tal vez está disfrutando del momento. Y son esa clase de cosas que hacen que olvide por unos instante las penas que tengo respecto a mi identidad. Sin embargo, mi alma no puede estar realmente pacifica. La incertidumbre de que esa vida, esos momentos, se terminarán más temprano que tarde me invaden.

    —Y dime, ¿ahora qué vamos a hacer? —pregunta mientras se pone de pie y se sacude el polvo—. No encontramos nada aquí.

    La sigo al ponerme de pie.

    —Qué te parece esto. Vamos a dar una vuelta por la ciudad, conozco un gran y hermoso parque... nada qué ver con esta parte de la ciudad, es mucho más tranquilo y limpio y, después vamos a comer; conozco un excelente restaurante, ¿has probado la comida Mexicana? Es buenísima.

    Espero a que ella me responda, mi intención no es que se sienta incomoda, ni mucho menos, no obstante, no puedo evitar arquear la ceja al verla pensativa y ante aquella mirada me pongo algo nervioso, ¿por qué? No estoy seguro. Si no quiere ir con solo decírmelo bastaría.

    —¿Pasa algo? —termino por preguntar.

    —Sonaste como alguien que no tiene amnesia.

    —Es que recordé la ciudad. Es extraño explicarlo, pero, no sé, solo recordé eso —No sabía como decirle que solo recordé algunos lugares, sitios, casas, edificios pero ninguna persona ni nombres. Me preocupo que ella desconfíe de mí, qué crea que todo eso de la amnesia solo es algo para llegar a ella.

    Me preocupo. No deseaba pensar en eso, lo último que deseaba era apartarla de mi lado.

    —A demás de esos lugares, ¿recordaste algo más?

    Esa pregunta no me toma tan desapercibido y desconozco si es que ella se dio cuenta o realmente solo preguntaba por hacerlo, pero efectivamente, recordaba algo más...

    —La casa de mis padres —digo.

    Ella se sorprende.

    —¿De verdad? Eso es maravilloso, Davison, ¿por qué no vamos?

    Dudo en darle una respuesta inmediata aunque al final asiento estando de acuerdo, debía aprovechar. Eso sí, primero le digo mis condiciones, vamos a pasear al centro y luego nos dirigimos a casa de mis padres. Así hicimos, dimos una vuelta por el centro de la ciudad y la verdad es que estoy prestando la debida atención a lo que veía. Le estoy dando vueltas a lo de mis padres. ¿Qué pasaría? ¿Cómo reaccionarían? Me angustia no saber nada de la relación que tengo con ellos. ¿Se alegraran de verme? Intento centrarme en la cita con Tiffani, mas es inevitable pensar en obtener una respuesta a esas incógnitas. No obstante, lo que realmente me parece deprimente es no poder recordar sus rostros. No no saber si las personas que me abran sean ellos. No sabría qué decirles o cómo reaccionar.

    —No te ves muy bien —la voz de Tiffani me despierta, la miro y no pude mentirle, ni siquiera estoy seguro si podría hacerlo.

    —No me siento muy bien, la verdad —Era un cobarde, no quería continuar—. ¿Podemos irnos?

    —Claro. Podemos venir otro día.

    —Sí —respondo inaudible.

    Regresamos, pero antes, algo llama mi atención; una calle algo colorida y mis piernas comienzan a llevarme, Tiffani va detrás de mí, seguro que preguntándose qué es lo que hacía y es que, por aquí hay una pastelería Boricua cuyos pasteles me encantan. Sin dudarlo me dirijo ha ese lugar, me gustaría comprar uno, no perdería la oportunidad. Seguro que a Tiffani le fascinarán, son los mejores de la ciudad. Sonrío al ver el local, me acerco para entrar, no obstante, me hago a un lado al ver que la puerta se abre y sale una señora de raza blanca (lo menciono porque la mayaría de personas de Lawrence son de descendientes dominicanos, después los hindúes y el resto latinoamericanos, por lo que es muy raro ver a una persona caucásica.) Le sonrío cuando la mujer se gira a verme, tomándome por sorpresa una inesperada mujer mirándome con ojos grandes como si no pudiera creer lo que observaba.

    —Tú… —la escucho decir, anonadada mientras toda fracción de sonrisa en mi rostro desaparecía. Me quede anonadado al notar la turbación de ella, su rostro se volvió pálido, pálido que me preocupe por su salud.

    —¿S-se encuentra bien? —Me acercó para asistirla, ella retrocede provocando que yo no continuara.

    ¿Me conoce? ¿De dónde? Y luego de improvisto caer al suelo, desmayada. Mi reacción fue retroceder.

    —Alguien… —observo a mi alrededor, nervioso mientras veo como las personas se detienen y comienzan a murmurar, ¡dejen de hacerlo y hagan algo!—. ¡Llamen a una ambulancia! —alzo la voz, desesperado.

    La observo detenidamente. Estoy anonadado, confundido, presionado por el ambiente y la multitud, los susurros, la imprecación, el recuerdo de ella al verme...

    —¡Necesita atención medica! Ella necesita…

    —Ya han llamado a la ambulancia —escucho decir a alguien entre la multitud.

    Estoy perplejo, mirando a la nada cuando siento que Tiffani me toma del brazo.

    —Davison, ¿qué ocurrió, Davison?

    —Ella… ella es… —No dejo de ver el rostro ahora conocible de la señora.

    Escucho a lo lejos las sirenas de la ambulancia sin dejar de ver a la mujer que yace en el suelo. Aquella mujer que me dio la vida, mi madre. Tragó saliva.

    —Mamá, mamá, mamá —susurro al momento que comienzo a moverla deseoso de que abriera los ojos. De que me hablara para volver a escuchar su voz.

    —Davison, déjala, no la muevas —Tiffani me detiene al colocar su mano sobre la mía. La miro y ella me mira. Sé que no debo moverla pero…

    —Ella es mi madre, Tiffani, ella es mi madre —Es lo único que atino a decir en un susurro.

    —¿Tu madre? —me mira con sorpresa.

    Un simple viaje nos llevó a esas circunstancias. La ambulancia no tardó en llevársela al hospital, el que afortunadamente no retirado, y ahora me encuentro ahí, sintiéndome terriblemente mal, sin evitar echarme la culpa por lo que le sucedió a mi madre pues ante el impacto de verle su presión bajó considerablemente. Es irónico como de no recordarla minutos antes y temer de verla, ahora estoy ansioso por verla, de saber que no sufrió nada grave por la caída o por lo que fuera.

    —No te preocupes, estará bien —me alienta Tifanni, sonreí porque estaba muy agradecida con ella por tenerme paciencia, haberme llevado hasta el hospital y todavía acompañarme.

    —Claro, después de todo es mi madre, ella resiste lo que sea, como su hijo.

    Ha pasado un poco más de media hora desde que arribamos y fue entonces que una enfermera se acerca.

    —Davison Greenwish —me llama una enfermera y yo me pongo de pie—. Puede pasar a ver a su madre, lo guiaré hasta allá.

    Asiento y luego me dirijo a Tiffani.

    —Ve. —me dice en voz baja.

    —Acompáñame. —le susurro.

    —Hasta la habitación —me responde y yo se lo agradezco internamente.

    La enfermera nos guía hasta el curto de ella, una vez ahí, se parta y yo simplemente me quedo viendo la puerta, indeciso porque estoy muy nervioso. No sé por qué tengo la sensación de que tenía mucho tiempo sin verla. Ahora que lo pienso, ella luce un poco diferente de lo que la recuerdo; como si hubieran pasado muchos años desde la última vez en que nos vimos.

    Tampoco pretendía incomodarla pues el hecho de que cuando me vio haya gritado y posteriormente cayera desmayada no me indicaba que se «alegró» de verme, ¿o sí? Tal vez había sufrido un shock al verme. ¿Estaría bien que fuera a verla? ¿Y si lo último que desea es verme? ¿Ella pidió a la enfermera que pasara? Pensar en las respuestas hizo que me estremeciera.

    —Yo estaré aquí, esperando —dice mi vecina, siempre sabe como darme fuerzas.

    Debo ser fuerte. Trago saliva como vigésima vez y doy una paso e ingreso a la habitación. La cama de mi madre esta al lado de la ventana, la que se encuentra cerrada por una persianas, me acerco poco a poco, sin la intención de perturbarla.

    Mis manos sudan como si estuviera haciendo mucho calor. Estoy muy nervioso, y realmente no sé porque pero dicha sensación me recuerda a la primera vez que fui al dentista, miraba el consultorio con miedo mientras mi estómago se revolvía a cada segundo, con la vista fija a la puerta que llevaba al cuarto de tortura.

    Bien, lo admito, estoy comenzando a divagar, y tal vez no es la mejor manera de ilustrar mi estado actual, pero me siento algo similar. Me detengo en seco al distinguirla, sentada en la cama, apoyada en la almohada, se gira a donde estoy, quizá al sentirme cerca, sus ojos se agrandan y no dejan de mirarme, para volver a dibujar en su rostro incredulidad. Me dio la sensación de que volvería a desmayarse al notar que sus labios empiezan a temblar.

    —Tranquila... —dijo con el motivo de calmarla o mínimo no se altere.

    Mi pecho se oprime al verla, por algún motivo, no debería estar ahí.

    —Da-davison... —Se lleva la mano a la boca como quien queriendo retener un bramido.

    Doy un paso hacia adelante, acercándome más.

    —Sí —contesto más que como una afirmación como pregunta.

    —Hijo, ¿eres tú, hijo? —pregunta con los ojos cristalinos y con voz aguda como si intentara apaciguar su llanto, no puedo verla, no de esa forma.

    Ante la pregunta, desee contestarle; «Creo que sí» Ni idea de porque se me ocurrió esa oración, probablemente por autodefensa. Lo que hago es acercarme más a la cama.

    —Hola, ¿cómo te sientes? —respondo. Ella comienza a limpiarse algunas lágrimas y a mí se me hace un nudo en la garganta.

    —No puedo creerlo. Cuando te vi… pensé que… que tal vez te imaginé. ¿Eres de verdad? Ven, quiero tocarte —Me parece un poco extraña su petición pero me inclino un poco hacia ella, tomándome por sorpresa un abrazo de su parte—. Oh, hijo, Davison... me alegra tanto de verte. Me alegra mucho, mucho. ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo? ¿Por qué no mencionaste nada? ¿Por qué no nos llamaste? ¿Por qué…?

    Me dejo llevar por el abrazo, sintiéndome muy bien por su reacción, me alegra saber que era bienvenido. Aunque, para estar en el hospital tiene mucha fuerza, me está estrujando.

    —Mamá —susurro—, no puedo respirar, siento que mis pulmones saldrán volando.

    Ella me suelta, me toma desapercibido su asombro y luego ríe a mi comentario, supongo.

    —Sigues siendo el mismo, Davison, el que recuerdo —suelta y yo aqueo la ceja. En sus ojos puedo descifrar el gusto que siente de poder verme y yo también. Me siento como cuando era un niño y aunque un poco avergonzado.

    Estoy feliz y todo, aunque sigo preguntándome un montón de cosas. ¿Qué había pasado? Ella me nota algo distraído, porque me pregunta si me sucedía algo, yo le respondo que sí, que su desmayo me asustó, ella ladea la cabeza para terminar con su ya muy característica frase: «Eso no es todo, ¿verdad? Dime, algo te pasa, ¿verdad?» No puedo contra el instinto materno. Tomo asiento en la silla que está al lado de la cama.

    —Madre, escucha, en realidad no recuerdo lo que he hecho en todo este tiempo.

    —¿No tienes memorias? —frunce el ceño, sin comprender a lo que me refería.

    —Creo que tengo amnesia, y exceptuando algunas cosas y el hecho de recordarte cuando te vi, no recuerdo lo que he estado haciendo, ni mi pasado.

    —¿Ni siquiera recuerdas el incidente?

    «¿Incidente? ¿Cuál incidente?» pienso con la intención de preguntárselo, no obstante, no lo hice al notar que mi madre desvía la vista provocando que yo me girara para ver a la persona que había llegado. No puedo creer, casi siento que la barbilla golpeó el suelo, aquella persona era mi padre. Mi reacción es levantarme, ambos nos miramos y ninguno dijo nada. Estoy realmente incomodo. Él deja de mirarme para prestarle atención a mi madre, sorprendido o tal vez confundido, no supe como descifrar ese rostro, esos ojos.

    —Querido, mira, es Davison. Él está vivo —declara mi madre, muy feliz.

    Yo por mi parte despego la mirada de mi padre hacia mi madre y no evito dibujar una expresión de desasosiego al momento que intento comprender la última palabra que ella mencionó; «¿Vivo?» ¿A qué se refería con que aún seguía con vida? Vuelvo los ojos a mi padre al notar que se acerca a mi madre.

    —¿Cómo te sientes, cariño? —pregunta, ignorando olímpicamente la alegría de su mujer y no sé realmente como interpretar eso. ¿Qué estaba pasando?

    —Yo estoy muy bien, querido. Pero mira, es Davison. Solo me sorprendí un poco al ver a Davison en la pastelería y me desmaye, pero ahora estoy perfecta. La enfermera me dijo que me darán de alta pronto —Me mira regalándome una gran sonrisa, la que no dura nada volver la vista a mi padre y luego continuar—. Pero me preocupa él, me ha dicho que no recuerda nada. ¡Qué tiene amnesia!

    —O alguna clase de. —reitero.

    —¿Qué tiene amnesia, dice? —pregunta él volteándose para mirarme frente a frente.

    No sé porque tengo la ligera sensación de un rechazo de parte de él hacia mí. No sé si eso se deba a la desconfianza de mi situación o si en realidad soy o no su hijo «verdadero», no tengo idea y no quiero matarme en pensar de más. Lo que me esta preocupando mucho es esa «situación», ese «suceso» y cuánto tiempo hace que no nos vemos.

    —¿En verdad eres tú, Davison?

    —El mismo —respondo con media sonrisa y en tono más bien cuestionable.

    —¿Qué es exactamente lo que te pasó? ¿Me recuerdas no? A mí me encantaría saber qué es lo que has hecho todo este tiempo.

    Sonrío intentando evitar reír ante el comentario y es que a mí también me gustaría saber lo que estuve haciendo todo ese tiempo. Me dispongo a ponerlo al corriente; a ambos, aprovechando que están juntos.

    —En resumen, esto pasó; días pasados desperté en un apartamento sin recordar nada de mí. Ahora es que voy recordando poco a poco algunas cosas de mi pasado, y uno que otro leve recuerdo que se cuela por mi mente, pero nada más que eso. Aunque siento que he perdido completamente el recuerdo de un cierto tiempo, un lapso olvidado. Y por cierto —miro a mi madre—, mencionaste si no recordaba el incidente, ¿cuál incidente?

    —Hijo, —ella exhalo aire antes de continuar—. El verte aquí, es un milagro porque te dispararon directo al corazón… y moriste.

    Di un paso hacia atrás impactado, choque con una silla que estaba exactamente detrás de mí y observo a mis padres, anonadado, sin aliento puesto que estaba preparado para escuchar cualquier cosa, excepto que morí, me refiero, ya había recordado el doloroso disparo que me dieron. Recordé el sufrimiento de éste, pero... el que morí era algo increíble y poco realista. Mis labios dibujan por si solos una sonrisa sarcástica, vamos, mírenme ¿acaso parezco una persona que este muerta?

    —Debe ser una equivocación —suelto entre sonrisa—. Sí, recuerdo el disparo hasta tengo la marca en el pecho pero, ¿morir? ¿No creen que es exagerado?

    —No Davi, tu madre tiene razón. Tú moriste.

    —El solo recordarlo me duele —prosigue ella—, cuando nos llamaron y llegamos al hospital, los doctores nos dijeron que... que...

    —Nos entregaron tu cuerpo, nosotros fuimos a verificar si en verdad eras tú —continúa mi padre cuando mi madre no pudo hablar más—, y efectivamente, la persona que estaba sobre esa cama de hospital eras tú. Hicieron lo posible para ayudarte pero... los médicos dieron lo mejor de sí.

    No podía creerlo, comienzo a negarlo que fuera verdad. ¿Qué demonios sucedió? ¿Soy un fantasma o algo así? ¿Vine del infierno? ¡Es ridículo!

    —¿Cu-cuándo sucedió eso? —pregunto rechazando la idea de que en realidad sucedió eso, sin embargo, la respuesta que me dan es aún más sorpresiva.

    —De eso hace tres años —dicen ambos.

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