Leyenda Urbana Cronicas de Slenderman

Tema en 'Otros Fanfiction' iniciado por Fersaw, 6 Febrero 2019.

  1.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    317
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Cronicas de Slenderman
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    158
    PROLOGO​

    Desapariciones misteriosas, avistamientos de un extraño ser en los bosques, personas que se sienten perseguidas en todo momentos, noches sin poder concebir el sueño ante la incertidumbre de los sonidos provenientes de cualquier lado, sombras que se pasean de un lado a otro, siluetas que parecen burlarse de ti.

    ¿Qué es eso? ¿Acaso es un hombre?... ¿Porque es tan alto? ¿Por qué viste un traje? ¿Por qué su piel es tan pálida? ¿Dónde están sus ojos? ¿Qué hay en su espalda? ¿Por qué me sigue a todos lados?

    La criatura misteriosa seguirá a todas sus víctimas hasta hacerlas caer en la desesperación.

    Nadie cree lo que dices, no puede existir una persona como él, nadie te está siguiendo, todo está en tu imaginación, ahora duérmete y deja de mirar al bosque.

    Todos los niños tratan de correr…Para él es parte de la diversión…Vestido con traje y corbata….Seguro todos moriremos.
     
    Última edición: 6 Febrero 2019
  2.  
    Fersaw

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    Título:
    Cronicas de Slenderman
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    2945
    Capítulo 1: Una llamada

    –911 ¿Cuál es su emergencia? –dijo la voz de una mujer.

    –¡hay…hay un h-hombre fuera de mi casa! –respondió la voz aterrorizada de otra mujer.

    –Entiendo. Por favor guarde la calma. ¿El hombre está armado? –cuestionó la operadora.

    –¡É-Él quiere a mi hija, ha venido a llevarse a mi hija! –la mujer estaba muy alterada y desesperada.

    –Señora por favor guarde la calma. Voy a enviar una patrulla de inmediato –aseguró la operadora notando que algo malo debía estar ocurriendo.

    ¡Él está… ha entrado en mi casa, está dentro, dios! ¡Por favor ayúdenme!

    ¿Quién ha entrado en su casa?

    El…el…el hombre delgado…–tras decir esto la comunicación se cortó.

    Todo lo antes escuchado no era más que una grabación que dos hombres escuchaban. Ambos se encontraban en el elegante y amplio estudio de una casa, propiedad de uno de esos hombres.

    –Cuando llegaron los policías a la escena la mujer estaba muerta –dijo uno de ellos, el que era de mayor edad y vestía uniforme de policía. De una edad cercana a los 40 años, cabello corte militar oscuro, ojos marrones, un bigote muy poblado, alto y de gran musculatura.

    –¿Cuál fue la causa de la muerte? –preguntó el otro hombre, al tiempo que leía unos documentos en una carpeta proporcionada por el policía.

    Aquel hombre, de una edad inferior al oficial, quizás 30 años aproximadamente. Cabello corto oscuro, cejas pobladas, ojos oscuros y con un serio mirar, barba ligera. Ataviado una gabardina negra, pantalones y zapatos oscuros, el típico atavió de un detective.

    –Suicidio, se colgó a la mitad de la sala con unos cables. Pero no encontramos rastro alguno de la niña que menciona. Tampoco había señales de lucha o que alguna puerta haya sido forzada, todo estaba en orden, como si la niña nunca hubiera estado y la mujer solo, deliberadamente, decidió suicidarse –respondió el viejo oficial suspirando con cierto pesar, y notándose un poco de tristeza en su expresión.

    –Algo más, lo que sea –el de la gabardina parecía muy decepcionado por la información, pues esperaba un poco más para poder trabajar.

    –Me temo que nada fuera de lo normal, algunos pequeños detalles algo extraños, pero cero indicios.

    –Entiendo. Lo siento Brian. Con esta información no puedo hacer nada –respondió él dejando la carpeta en el escritorio frente a él.

    –Lo sé, por eso, en este caso, quiero que vayas personalmente al lugar e investigues por tu cuenta. Tienes permiso de hacer lo que consideres necesario para recolectar pistas –ofreció Brian.

    –¿Estás seguro de eso? No soy miembro de la policía, soy un detective privado. ¿No tendré problemas por entrar en la escena de un crimen como este?

    –Eso no importa, aunque no hemos logrado resolver ningún caso similar, tu eres el que más pistas ha descubierto, eso solo con la información que te damos. Por eso, quiero que esta vez vayas personalmente. Me encargaré de todo el papeleo que se necesite para que puedas colaborar con nosotros.

    -Bueno, si es así no tengo problemas, iré esta tarde al lugar –aceptó el detective.

    –Sabía que aceptarías Frank, y te entiendo, estos caso no tienen ni pies ni cabeza. Es muy difícil, pero sé que tú podrás hacerlo –sonrió el oficial.

    –De cualquier forma, como en los casos anteriores, investigaré todo lo que pueda para saber que pudo ocurrir –se levantó de su silla y ofreció la mano a su amigo.

    –Gracias por tu ayuda, amigo –se puso de pie y correspondió al gesto del detective–. Espero tengas suerte en esta ocasión. Paso a retirarme.

    –Que tengas un buen día, Brian –se despidió y luego el oficial se retiró del lugar.

    Después de leer un poco más los documentos decidió que era hora de irse. Al salir tomó un maletin donde llevaría todo lo necesario. Aquel hombre vivía en una pequeña casa a la mitad de un suburbio de clase media, nada ostentoso, pero muy ameno el lugar. Subió a su vehículo, una camioneta blanca, y puso rumbo hacia la casa en la que ocurrieron los hechos.

    Era una casa común, situada en otro barrio de clase media, nada fuera de lo normal a simple vista, salvo las cintas policiales alrededor de la propiedad y la patrulla situada frente a la residencia donde un par de oficiales hacían guardia. Frank aparcó detrás de ellos, descendió de su vehículo y se acercó para hablar con los uniformados.

    –Cielos Frank, no pensé que vendrías, después de todo casi no tienes casos como este –comentó uno de los policías. Joven y notablemente alegre, de cabello castaño y ojos claros.

    –Yo también te extrañaba Dan –saludó Frank–. Tiempo sin vernos agente Harper –se refería al otro oficial, el cual era una mujer. Un poco más joven que Dan y bastante linda.

    Lo mismo digo- respondió ella con una sonrisa, que apareció de solo con ver al detective.

    –Es como esos otros casos en los que participé, pero ahora vengo en persona –dijo Frank al tiempo que se ponía unos guantes de látex.

    –Adelante, ya el jefe nos informó. Buena suerte amigo, estaremos aquí hasta las cinco de la tarde por si necesitas algo –respondió el policía.

    Asintió y se dirigió a la residencia. Al entrar Frank en la casa pudo notar algo al instante, había una especie de ambiente pesado acompañado de una extraña sensación de calor, algo por mucho desconcertante, pues se está en otoño y la región suele ser algo fría en estas épocas.

    –Cielos, algo extraño ocurrió aquí, me queda claro –comentó Frank intrigado y con un extraño presentimiento.

    Su investigación comenzó en el segundo piso, en las habitaciones. La habitación de la mujer no había nada destacable, incluso la cama estaba tendida. Pero, investigando a fondo, encontró una pistola calibre 9mm en uno de los tocadores, y estaba cargada.

    –A esta mujer le preocupaba la seguridad. Tengo entendido que su esposo las abandonó a ella y a su hija –comentó Frank hablando consigo mismo, al tiempo que tomaba nota en una libreta sacada del maletín. Acto seguido tomó una foto del arma sin moverla de su lugar y más fotos de la habitación.

    Se dirigió al baño. Había algo peculiar, la mujer tenía una gran cantidad de pastillas antidepresivas y para dormir. Sin embargo, lo más extraño era que el espejo estaba cubierto por cinta adhesiva de color negro, haciendo imposible el reflejo, Frank tomó nota y fotos.

    –Debo admitir que esto si extraño –se dijo Frank así mismo.

    Luego se dirigió hacia la habitación de la niña, como en la anterior, nada fuera de lo normal a simple vista, excepto que aquí no todo estaba en orden. La cama estaba desordenada, y justo a la mitad de la habitación había un oso de peluche tirado en el suelo como si nada. Frank tomó nota y fotos, luego se acercó al peluche. Al momento de tocarlo un terrible escalofrió recorrió su espalda, parecía haberse paralizado y su mirada se dirigió, como por instinto, al techo. Lo que allí vio lo dejo helado y extrañado al mismo tiempo, era una marca negra, una especia de símbolo, un circulo y una X sobre el mismo.

    –¿Frank? –dijo una voz.

    -¡Mierda! –gritó, puesto que la voz lo había asustado. A su vez hizo gritar a quien le había hablado.

    -L-lo siento, no quería asustarte –se disculpó la oficial de policías con quien antes había hablado.

    –Por todos los cielos, Amanda ¿Acaso quieres matarme de un infarto? –dijo Frank tratando de tranquilizarse.

    -Perdóname, solo quería saber si puedo ayudarte en algo –dijo ella un poco avergonzada– ¿Qué es eso en el techo?

    –Buena pregunta, lo mismo pensaba. No lo sé, pero hace unos segundos, justo antes que me asustaras, sentí un escalofrió poco antes de ver esa cosa –Frank tomó una foto.

    Mientras la agente Amanda buscaba pistas o algo que fuera relevante, Frank se dirigió a la mesa cerca de la pared, allí había varios dibujos, claramente hechos por la niña, todos eran coloridos, en principio Frank pensó que no eran relevantes, hasta que se topó con uno en especial. En el dibujo solo había color negro, y se mostraba un monigote delgado y sin un solo rasgo en su cara, ni ojos, ni nariz, ni boca. Esto le pareció extraño a Frank, y perturbador.

    –Frank, tienes que ver esto –llamó la oficial.

    Dentro del armario encontró algo, era un líquido en el suelo del rincón.

    –Eso no es sangre –dijo él.

    –Tampoco es agua –dijo ella.

    Frank con cuidado posó sus dedos sobre el líquido para después olerlo.

    -Esto es orina –dijo Frank sorprendido.

    -¿Orina? ¿Por qué hay orina en el armario de una niña? –cuestionó Amanda desconcertada.

    Él bajó a la primera planta para seguir su investigación. En el suelo de la sala, cerca donde debía estar el cuerpo colgado, el cual obviamente fue retirado para llevarlo a la morgue, Frank siguió buscando algo más, y no tardó en hallarlo. Debajo de uno de los sofás, y apenas visto por una pequeña esquina, estaba una hoja de papel. En ella se escribía, claramente a gran velocidad, posiblemente desesperación, lo siguiente: Por favor, salven a mi hija. El hombre delgado se la llevó.

    -¿Hombre delgado? – susurró Frank. Luego recordó que lo mencionaban en la grabación que Brian le había mostrado.

    –Frank –llamó Amanda acercándose–. ¿Qué es eso? –se refería a la nota–. ¿Quién es el hombre delgado?

    –Eso es lo que debo averiguar. Creo que podríamos tener un asesino o un secuestrador en este caso –Frank estaba muy confundido, su mente no lograba deducir absolutamente nada, solo pensaba en las posibilidades más viables, aunque no correspondían con lo que veía, no del todo.

    La investigación no paró. Ahora se fue al comedor, la mesa parecía haberse congelado en un momento, había galletas en un plato, incluso una estaba mordida, había un vaso medio lleno con café y varias hojas, eran recibos y cuentas. Debajo de todos los papeles había una libreta, al abrirla, tanto Frank como Amanda se cuestionaron lo que veían. Varias hojas llenas de aquel extraño símbolo, que se repetía una y otra vez y era dibujado con vehemencia.

    –¿Qué demonios es ese símbolo? Jamás lo había visto –dijo Frank frustrado.

    –Pensé que este caso era igual a los anteriores –comentó ella.

    –Pero en ningún otro vi este símbolo por ningún lado –respondió Frank, tomando fotos y notas.

    Ahora pasaron a la cocina. Como en las otras habitaciones, aparentaba no haber nada fuera de lo normal, pero en el refrigerador había muy poca comida, lo relevante era el teléfono y la contestadora.

    –Parece que tiene mensajes, escuchémoslos –dijo Frank.

    -Bárbara… (Estática)…Jessica… (Estática)…Bárbara… (Estática)….Estoy afuera –la voz era gutural y era difícil de comprender puesto que susurraba y había estática, esta llamada era de hace cinco días.

    -Bárbara, hola, sé que estas enferma pero deberías devolver la llamada, como sea, nos vemos después –dijo una voz femenina, posiblemente una amiga de la difunta.

    Disculpe señora O’Neill, pero su hija no ha asistido a clases en dos días y sus faltas no han sido justificadas, por favor venga pronto –dijo la voz de un hombre.

    –Bárbara, amiga, hace tiempo que no nos juntamos, deberíamos ir al parque para que las niñas jueguen. Cuando puedas háblame, ¿sí? –dijo otra voz femenina.

    -Bárbara… (Estática)…Jessica… (Estática)…Bárbara… (Estática)….Estoy dentro… (Grito femenino y llanto de una niña) –justo la misma voz de la primera llamada, y en el momento que se escucha el grito y el llanto termina la grabación.

    La policía y el detective estaban impactados, y algo perturbados.

    –Esa última llamada fue después de que ella llamara al 911 –dijo Frank con los ojos muy abiertos al comparar las horas.

    –Dios mío –dijo ella dando un gran suspiro, su respiración se había agitado un poco –. Necesito aire.

    –Y-yo igual –después de tomar fotos a la cocina. Y tomar las grabaciones de la contestadora, salieron los dos. No lo habían notado, pero desde que comenzaron a escuchar las grabaciones el ambiente se había vuelto aún más pesado y les dificultó un poco respirar.

    Ambos salieron al patio trasero. Ella solo quería tomar aire fresco, puesto que el ambiente dentro de la residencia era muy pesado. Por otro lado, él quería seguir investigando. El patio estaba casi vacío, excepto por un viejo árbol y un columpio. Frank se acercó al árbol. No había nada fuera de lo normal en él viejo árbol, no obstante, si algo en el suelo cerca del mismo. Una hoja de papel arrancada de una libreta vieja, en ella, solo se escribía la palabra “No” una y otra vez con una especie de carboncillo o crayón negro.

    –Por dios, esto se está poniendo tétrico. Debe ser una especie de asesino en serie medio chiflado –dijo Frank al tomar la foto.

    –Santo cielo Frank, ahora me estoy asustando –dijo Amanda un poco nerviosa al ver la hoja.

    –Esto es algo increíble Amanda, podría ser una asesino en serie y estos dibujos, quizás el símbolo y las llamadas también, podrían ser parte de su firma. Es aterrador, peligros, aunque también algo emocionante -dijo Frank deduciendo, y creyendo que por fin conectaba las pistas.

    –¿Qué hacen aquí? –cuestionó alguien más. Era Dan quien se acercó a ellos.

    –Parece que Frank tiene un buen caso en sus manos –comentó Amanda.

    –¿En serio? ¡Wow! bien por ti amigo –alagó el policía.

    –Sí, pero aun necesito más información –dijo Frank tomando nota con cuidando y la guardó en una bolsa de plástico que luego selló.

    –¿Por qué no hablas con los vecinos? Puede que sepan algo –sugirió el policía.

    –Es buena idea –respondió el detective.

    –¿Puedo acompañarte? –sugirió la policía.

    –Claro, vamos los tres. Si esto es un buen caso quiero ser parte también, podría darme un ascenso –agregó Dan sonriendo despreocupado.

    Los tres fueron a la casa de al lado. Tocaron a la puerta y una mujer respondió, era algo mayor, parecía amable.

    –Buenos días. ¿Puedo ayudarlos en algo oficiales? –dijo con amabilidad.

    –Buenos días. Soy el agente Dan Brown, ella es mi compañera, la agente Amanda Harper, y él es el detective Frank Wagner…–pero fue interrumpido por Frank.

    –Disculpe, ¿esa cámara de allí, es real o es para amedrentar? –cuestionó el detective.

    –Claro que es real detective.

    –¿Vio la grabación de anoche? –preguntó Frank.

    –Lo lamento, recién llegue con mi marido en la mañana, salimos de viaje y me enteré que la vecina, bueno, falleció, así que no he revisado los videos –respondió la mujer.

    –¿Podría mostrárnoslos? –preguntó Dan.

    –Claro, pasen por favor.

    La señora guió a los tres a una habitación donde estaban las pantallas de las cámaras, eran solo cuatro, pero a Frank solo le importaba la cámara número dos, la que estaba en la puerta principal y con su ángulo podía verse también la entrada de la casa de Bárbara.

    –La llamada a 911 fue recibida a las 23:51, la llamada en la contestadora fue recibida justo a las 23:52, fue en ese lapso de tiempo que algo ocurrió con la señora O’Neill –explicó Frank.

    –Solo es un minuto ¿Qué pudo ocurrir? –cuestionó incrédulo Dan.

    –Eso es lo que debemos averiguar –respondió Frank.

    Situando la cámara minutos antes, no había nada extraño, hasta que de repente, alrededor de cinco minutos antes de la llamada, la casa de Bárbara se quedó sin energía eléctrica dejando todo en penumbra, por suerte había luna llena y ella ayudaba a iluminar el patio frontal. La grabación comenzó a distorsionarse entra más se acercaba a la hora de la llamada, la típica estática y congelación momentánea de la imagen.

    Los policías y el detective se comenzaban a ponerse nerviosos conforme avanzaba el video, hasta que llegó la hora de la llamada y eso apareció. De pie, frente a una de las ventanas frontales, un hombre delgado muy alto, vestía un traje negro, pero no se podía ver su rostro, el ángulo de la cámara no lo permitía. Después de una distorsión se ve la puerta de la casa abierta justo cuando llega la hora de la segunda llamada. Tras esto no hay nada más, nunca se ve al hombre salir, a los pocos minutos llegan los policías, pero no encuentran nada, solo el cadáver de Bárbara.

    –¿Quién era ese sujeto? –dijo Dan muy confundido.

    –Dios mío –alegó Amanda.

    –El hombre delgado –fue lo único que dijo Frank..

    Los tres se despidieron de la señora, Frank llevó consigo la grabación y la guardó en su maletín.

    –Y bien, ¿qué tenemos detective? –preguntó Dan entrando en su patrulla.

    –Algo muy extraño Dan, algo muy extraño –Frank estaba muy pensativo.

    –Bueno, debemos seguir vigilando la residencia un par de horas más, espero tengas suerte con tu investigación Frank, si necesitas ayuda solo llama al viejo Dan –se despidió.

    –Nos vemos luego Frank –se despidió Amanda con una sonrisa.

    Frank por otro lado regresó a su vehículo y repasó sus notas. Tomó su teléfono he hizo una llamada.

    –Brian.

    ¿Frank? ¿Pasa algo amigo?

    –Sí, vine a la residencia O’Neill y me encontré con cosas muy extrañas ¿Crees que podemos reunirnos?

    Claro, estoy en la jefatura ahora mismo, ven.

    Perfecto, voy para allá, nos vemos en un rato –terminó la llamada.

    Frank siguió pensando por un momento, sin llegar a nada, volvió la mirada a la propiedad, pero no lograba articular una hipótesis, tan solo tenía la idea de un asesino serial, pero, ni siquiera había un homicidio.

    –Hombre delgado… ¿Quién eres? –se cuestionó así mismo al tiempo que encendía el vehículo y se dirigía hacia la jefatura de policías.
     
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    Aries
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    Título:
    Cronicas de Slenderman
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    2395
    Capítulo 2: El símbolo

    Minutos más tarde y con el sol cerca del ocaso Frank arribó a la jefatura de policías, una vez allí se dirigió hacia la oficina de Brian, quien es el comandante de la policía.

    –Frank, llegaste rápido –dijo Brian indicando a Frank que tomara asiento– Dime, ¿encontraste algo interesante?

    –Diría que mucho. Hay indicios de que Bárbara estaba siendo acosada o algo así. Por este motivo no salía de su casa, donde permanecía con su hija. Aunado a esto encontré un arma cerca de su cama.

    –Es interesante, ¿porque Bárbara tendría un arma? –se cuestionó Brian así mismo.

    –¿La conocías? –preguntó Frank notando el tono de familiaridad con el que se Brian refería a la víctima.

    –¿Acaso tu no? –devolvió la pregunta con algo de desconcierto.

    –¿Debería? –Frank arqueó una ceja pensando en porque debía conocer a Bárbara.

    –Frank, Bárbara era una detective como tú. No solo eso, ella realizaba, junto con un grupo de detectives, las investigaciones que posteriormente te enviábamos a ti.

    –Cielos, nunca lo supe. ¿Ya hicieron la autopsia?

    –Claro, ¿qué quieres saber?

    –En su baño encontré gran cantidad de antidepresivos y pastillas para dormir, ¿era fármaco dependiente?

    –Bueno, según sus exámenes médicos anteriores, no, pero extraoficialmente, solo porque la conocía bien, tenía entendido que desde que su marido la dejó, ya hace unos meses, se volvió depresiva, sin embargo no hay nada acerca de pastillas para dormir.

    Frank solo llevó su mano a la barbilla para tratar de razonar, pero una vez mas no surgió nada.

    –¿Crees que pueda revisar su oficina? –preguntó Frank.

    –Sabía que dirías algo así –Brian sacó de uno de sus cajones una llave y se la entregó– En la última planta, oficina 3A.

    Frank fue hacia allá, entró sin problemas. La oficina no era nada fuera de lo normal, era pequeña, con un escritorio, una computadora, un archivero y una ventana. Tomó asiento en el escritorio para buscar algo relevante. En principio no encontró nada que sirviera. Entonces lo vió, el ultimo cajón del escritorio tenía un pequeño candado. Por suerte Frank tiene ciertas habilidades extras, sacó de su mochila un par de alambres y con ellos abrió el candado.

    Dentro no había nada interesante, solo hojas blancas, bolígrafos, clips, pero, escondido debajo de las hojas había algo. Era un folder negro, con la etiqueta “Secreto” bastante interesante perteneciendo a una detective. Sacó su contenido. Eran 5 fotos y una pequeña libreta de apuntes. Las fotos eran raras, un árbol, una pared, un techo, una mesa y una puerta, sin más.

    -¿Por qué tomaría fotos de esto? –Frank no les dio importancia y las dejo sobre el escritorio.

    Destino o suerte, quien sabe, pero las fotos se cayeron porque no estaban bien puestas. Revelaron que detrás de una, había unas anotaciones hechas con lápiz. Esto lo vio Frank y las recogió para apreciar lo escrito.

    No importa como lo haga, aun editando la foto con otros métodos, simplemente cuando las imprimo el símbolo desaparece

    Los ojos de Frank reflejaron el asombro dentro de sí. ¿El símbolo desaparece? ¿Sera el símbolo que encontró en casa de Bárbara?

    Sin pensarlo encendió el ordenador. No demoró en encontrar las fotos que estaban impresas, pero tampoco en la computadora se podía ver el símbolo que mencionaba la anotación. Pensó una vez más, y entonces decidió abrir la libreta de notas.

    Algo extraño. Cuando encendí mi ordenador esta mañana algo pasó con las fotos de ese extraño símbolo, como si alguien las hubiera editado, el símbolo había desapareció, por suerte aun están en mi cámara”

    Seguido a la nota vio lo que ya sospechaba, en la hoja estaba dicho símbolo dibujado, indicando que era este el que había desaparecido

    –Cielos, es el mismo símbolo. ¿Dice que cuando lo imprime desaparece?

    Lleno de curiosidad e incertidumbre extrajo la memoria de su cámara para exportar los archivos al ordenador de Bárbara. Una vez hecho esto procedió a imprimir la foto del techo. Conforme la hoja salía la tensión se incrementaba ¿Qué pasa si no aparece el símbolo? ¿Qué clase de símbolo es ese? ¿Quizás se la cámara, la impresora o el ordenador tienen algún problema? Al poco tiempo la foto estaba lista, solo debía dar la vuelta para verlo. Cuando la vio, era cierto, el símbolo simplemente no aparecía, como si nunca hubiera estado allí. Un escalofrió recorrió la espalda del detective.

    Para elevar la tensión de Frank la pantalla del ordenador comenzó a fallar, emitiendo el ruido típico de los errores del sistema, parpadeando, mostrando códigos extraños en la pantalla negra. Línea tras línea de códigos que Frank simplemente no lograba comprender para terminar todo con una pantalla en azul sin una sola letra. No hacía más que mirar incrédulo lo que pasaba, su corazón estaba acelerado, trataba de convencerse así mismo que simplemente el equipo estaba dañado y había sido una cruel coincidencia. Solo tomó sus cosas, llevó consigo la libreta de notas y se fue.

    Su salida fue tan rápida que ni siquiera Brian notó cuando salió, a los pocos minutos estaba en su camioneta con dirección a su domicilio. Durante el camino, Frank logró tranquilizarse y estaba convencido que fue algo en el equipo, sin embargo aún no podía dejar de pensar en las fotos y ese símbolo. Aparcó en su entrada, y antes de bajar tomó la libreta de notas una vez más buscando algo relevante.

    Hoy llevé el dibujo que encontré en la casa de los Davidson. El sujeto con el que hablé, que se hace llamar Escritor de Sombras, es muy extraño, pero parece entender esta clase de cosas, me dijo que conservaría el dibujo y que cuando supiera exactamente su significado me llamaría

    –¿Un dibujo? ¿Escritor de Sombras? ¿Los Davidson? Maldita sea, esto se pone cada vez más extraño –algo frustrado arrojo la libreta al asiento del copiloto. Dio un gran suspiro para luego relajarse un poco–. Bien. Si no me equivoco, los Davidson fueron uno de los casos que ella me envió, pero, tampoco pudimos resolverlo, al final concluimos en que todos desaparecieron sin más, dejamos el caso. Menciona un dibujo, será como esa hoja que encontré en el árbol de la casa de Bárbara, aunque no era un dibujo, solo era una nota con la palabra “No” una y otra vez. Debería indagar un poco más.

    Bajó de su vehículo con todo lo que tenía. Al entrar lo primero que hizo fue deshacerse de su gabardina y dejarla en un perchero, se dirigió a la cocina para preparar un bocadillo rápido, tras esto fue a su habitación donde encendió su ordenador. Lo primero fue importar las fotos desde su cámara, pero no las imprimiría, sabía que posiblemente otra vez no apareciera el dichoso símbolo. Lo que quería era indagar en la web. Puesto que trabaja constantemente con la policía tiene acceso a la base de datos de la misma. Allí comenzó.

    –Bien, quizás si es un homicida, o un secuestrador o lo que sea, puede que haya algo en la base de datos de la policía. Bárbara menciona a un hombre delgado, debe ser su descripción.

    Lugo de tal vez una o dos horas viendo expedientes de criminales Frank cayó en cuenta de su error.

    –¡Que estupidez! Solo a mí se me ocurre buscar a un criminal bajo la premisa de que es delgado. Tal vez en internet encuentre algo en una página de noticias o algo así.

    Y una vez más la búsqueda no tuvo fruto alguno. Frank estaba a punto de darse por vencido, cuando de la nada una opción de búsqueda llamo a su atención.

    –“Aquel al que aparenta ser un hombre delgado…”– decía la página.

    Era una de esas páginas dedicadas a las leyendas urbanas, en principio pensó que era un error acceder a ella, pero una publicación llamó una vez más a su atención.

    –“Slenderman” Si mi ingles no falla, “Slender” es delgado y “man” es hombre –¿será posible que sean lo mismo de lo que hablan?

    No perdía nada con ver lo que contenía la publicación, así que hizo clic en el hipervínculo. Convencido de que eran dos cosas diferentes, puesto que el buscaba a un criminal y esta paginas era de leyendas urbanas, solo entró por curiosidad y para constatar su razón. Vaya error, sus ojos amenazaron con salir de sus cuencas por la forma tan abrupta en la que estos se abrieron, su boca se abrió automáticamente ante tal impresión, y su garganta no fue capaz de pronunciar ninguna sola palabra durante unos segundos, su cuerpo parecía paralizado.

    -No…no…T-tiene q-que ser una broma –fue lo único que dijo casi como un susurro.

    La primera imagen con el título era lo único necesario para dejar frio a Frank. Era una foto donde se aprecia a un hombre muy alto y delgado, vestido con un traje negro, en la foto dicho hombre se encuentra escondido entre unos árboles en un bosque, esto solo trajo a su mente aquel fragmento de video en el que pudo apreciar a un hombre de iguales características en el jardín de la casa de Bárbara, pocos minutos antes de lo que ocurrió.

    –“Es una criatura que aparenta ser un hombre delgado y alto, su origen es desconocido pero sabe que asecha a sus víctimas…” A la mierda. Su puta madre seguirá leyendo esto. Soy detective, no Van Hellsing –fue lo único que dijo Frank.

    No quería más, esto era suficiente, al menos por hoy, sin seguir leyendo lo que decía la página cerró la ventana y apagó el ordenador. Quería olvidar todo lo que vio en ese día y se fue a duchar. Puesto que la noche ya había caído encendió las luces de su casa. Había vivido solo por al menos nueve años, y era la primera vez que se sentía un poco nervioso. Pero era un hombre serio, así que para olvidar lo que había visto decidió ir a la sala de su casa y sentarse en un sofá para leer un buen libro, su pasatiempo favorito.

    Por suerte se perdió en la lectura al poco tiempo, logrando matar al menos dos horas de esta forma. Bajo la luz de una lámpara de pie, Frank se sentía muy tranquilo, puesto que su mente no estaba para nada en lo que había visto a lo largo de todo el día, si no en la lectura. Hasta que algo perturbó su paz, fue una sombra que pasó rápidamente por la ventana de esa habitación, no obstante, por culpa de las cortinas Frank no pudo ver que era lo que por allí se paseó.

    –Dios mío –susurró Frank saliendo abruptamente de su concentración.

    Entonces la sombra apareció otra vez, pero esta vez se quedó en un solo lugar, justo a la mitad de la ventana, como si tratara de observar el interior, por suerte las cortinas evitan que se vea, ya sea de adentró así a fuera como viceversa. Su corazón se aceleró de repente, comenzó a sentir calor y sudar frio. La sombra comenzó a golpear la ventana ligeramente. Frank se puso de pie y comenzó a alejarse para rápidamente ir a la cocina y tomar un chuchillo afilado.

    –Maldita sea. Soy un jodido detective con cinco años de experiencia, he participado en caso de homicidios y secuestros, y ahora tengo miedo de una estupidez que leí en internet…Doy vergüenza.

    Aun con estas palabras Frank no fue capaz de soltar el cuchillo. Regresó a la sala, pero la sombra ya no estaba.

    –Sera. No puede ser ¿Lo habré imaginado? –se cuestionó así mismo, realmente preocupado de que su propia mente le haya hecho algo así.

    Alguien tocó el timbre. La tensión regresó y con más fuerza, Frank temblaba ligeramente. Fue al pasillo que daba a la puerta principal, una vez más sonó el timbre. Los ojos del detective estaban sobre la puerta, con la mano derecha se aferraba al cuchillo al tiempo que con paso lento se acercaba a la puerta.

    Llegó entonces el tercer sonido del timbre, Frank solo sentía su sudor helado cruzar por su cara, y su corazón a todo lo que daba, cuando su mano se posó sobre el picaporte dio un gran suspiro y se preparó mentalmente para lo que estuviera allí, abrió rápido.

    –Buenas noches –no era nadie más que Amanda.

    –¡Por dios! –fue lo único que dijo Frank soltando el cuchillo, al tiempo que su cuerpo perdía toda la tensión y se llevaba ambas manos al cabello– Amanda, vas a causarme un infarto.

    –¿De qué hablas? y ¿Por qué tenías un cuchillo? –cuestionó la oficial, bastante confundida.

    Amanda ya no tenía el uniforme de la policía. Ahora vestía una blusa negra de manga corta con la palabra “Rock” en llamas, algo ajustada destacando su cuerpo muy atractivo, llevaba unos pantalones de mezclilla, también ligeramente ajustados, finalmente tenis negros. Su cabello pelirrojo estaba atado en una cola de caballo, la chica de bello rostro y ojos verdes a penas y utilizaba maquillaje, tan solo una sombra en los ojos y un brillo labial, si bien las uñas de sus manos eran ligeramente largas no tenían esmalte ni nada por el estilo.

    –Lo siento, es que estoy un poco nervioso. ¿Puedo ayudarte en algo? –Frank recupero su estado normal y se tranquilizó.

    –Bueno, me dijiste que me enseñarías a hacer el papeleo sobre los casos de homicidio y también como se redacta un informe –la chica, porque es joven, se mostraba un poco avergonzada, pues ella debía saber esa clase de cosas.

    –Vaya, me queda claro que eres una novata en el departamento –esto lo dijo con un tono ligeramente burlón– Pasa.

    –Gracias. Pero no soy una novata, ya tengo dos semanas en la policia.

    –Si pero tienes 24 años, acabas de salir de la academia, eres una novata. Pero está bien, dije que te ayudaría y eso haré. Por cierto, porque estabas espiando por mi ventana y golpeaste ¿no era más fácil solo tocar el timbre? –dijo Frank mientras recogía el cuchillo.

    –¿De qué hablas Frank? Ni me acerque a tu ventana, solo llegue y toque el timbre –respondió la chica mientras se dirigía a la cocina.

    Una vez más Frank quedo helado ¿Si no fue ella quien pudo ser?

    –La silueta, no parecía de mujer, era alto….y delgado –Frank estaba helado al recordar bien la silueta de que vio en la ventana.
     

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