Fantasía Crónicas del Valle Bahaltra

Tema en 'Relatos' iniciado por Dark RS, 3 Diciembre 2018.

  1.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
    Miembro desde:
    20 Marzo 2012
    Mensajes:
    1,190
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Crónicas del Valle Bahaltra
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    1838
    Saludos a todo aquel que lea esto. Utilizaré este tema para publicar una serie de escritos que comparten un mundo en común, en un lugar específico; el Valle de Bahaltra.

    El primer escrito fue hecho para la actividad 30 días de escritura: Gritos.
    Personaje: Alguien extremadamente tímido
    Palabra: Negligente
    Género: Épico





    El Cíclope del Monte Relámpago



    El grupo de mercenarios, los Lobos de Fuego, tomaron una misión de alto rango. Ya sea por insistencia de su líder o la confianza general de sus miembros, pero nadie objetó en ir a una misión tan peligrosa; Cazar al Cíclope del Monte Relámpago. Ya muchos otros lo han intentado, y todos han fracasado catastróficamente. Los pocos que han sobrevivido al encuentro contra este monstruo, dicen que se trata de un ser invencible que posee una fuerza más allá de lo imaginable.


    Los cíclopes suelen ser bestias destructivas que atacan aldeas y carruajes por diversión, por lo que es muy común encontrar misiones en las que se pide sean exterminados. Pero este en particular es el más grande de los cíclopes de los que se tenga registro. El cíclope del Monte Relámpago ataca grandes ciudades y castillos, y tiene la urgencia de aplastar caravanas, como una persona siente la urgencia de pisar una cucaracha que se atraviesa en su camino.


    El equipo de ataque de los Lobos de Fuego está compuestos por seis miembros principales. Una arquera elfa, que también sabe usar magia de fuego, de nombre Makko. Un ogro de dos metros y medio de altura, que se especializa en cercano, su nombre es Ragnor. El tercer miembro es un mago humano, que utiliza magia de invocación, al cual apodan Bestia. Una maga humana que utiliza magia de tierra, cuyo nombre es Al. Un sanador de raza draconiana, de nombre Caliz. Y, finalmente, el líder del grupo de mercenarios; un monje humano, que se especializa en hechizar sus puños para hacer más potentes sus golpes, lo apodan Ax, debido a un hacha que siempre trae en su espalda, pero que casi nunca usa.


    Encontrar al cíclope no fue un problema, ya que lo divisaron casi desde dos kilómetros antes de llegar al Monte Relámpago. Ya sabían que intentar tomar a la bestia por sorpresa sería inútil, ya que hay demasiados espacios abiertos, y los cíclopes tienen tan buena visión lejana que en cualquier momento los vería llegar.


    Una vez ante tal monstruosidad, notan que los rumores de este ser no eran falsos. Mide casi veinte metros de altura, sus garras son tan grandes como árboles, su enorme ojo rojo los mira fijamente. Este ser usa una falda hecha con piel de mastodontes gigas, la especie de paquidermo más grande del mundo.


    El primer movimiento del cíclope es intentar pisarlos, pero todos se dispersan y le hacen difícil la tarea de poder acertarle a uno. La estrategia que emplean es sencilla; lo atacan sin tregua durante varias horas. Caliz, como draconiano, tiene una enorme cantidad de energía mágica, lo que le permite estar curando a sus aliados y lanzar hechizos que los haga recobrar sus energías.


    Ragnor y Ax atacan sin piedad los dedos y el talón del cíclope, Makko dispara flechas lo más alto que puede, pero apenas si quedan incrustadas en los pectorales del titánico enemigo. Bestia se la pasa invocando bestias reptilianas, de las cuales, la mayoría sucumbe ante los pisotones del ser de un ojo, el resto escapa debido a los temblores y al aterrador tamaño de su oponente. Al se mantiene alejada, oculta entre los robles petrificados que componen el bosque alrededor de la zona de combate, creando estacas de tierra que lastiman los pies del ser cuando las pisa.


    Caída la noche, desde hace ya varias horas, notan como el cíclope comienza a volverse más lento. Pero también ellos están en su límite, Caliz ya agotó toda su energía mágica, así como todas las pociones que la recuperan, que traían entre las provisiones. Ragnor está seriamente herido, debido a un puñetazo que el monstruo dio antes, y no puede luchar más, necesita descansar y se muere por comer algo de carne.


    Ax da la última orden, para un último ataque. En caso de no resultar, se retirarán lo más lejos posible. Bestia invoca una parvada de cuervos negros, lo que consume su última reserva de piedras de invocación. Las aves picotean en el ojo al enorme ser, haciendo que se distraiga por unos momentos. La tierra bajo el líder de los mercenarios comienza a elevarse a enorme velocidad, poco antes de llegar a los quince metros de altura, el humano salta, siendo impulsado por la tierra elevada. Sus puños comienzan a soltar humo negro. Golpea justo en el ojo monstruo, explosiones se crean en el momento que los puños del humano lo tocan. Esto hace que el cíclope pierda el equilibrio y caiga de espaldas, siendo empalado por cientos de robles petrificados.


    La criatura no muere de inmediato, su cuerpo está tan lastimado, y se siente tan cansado, que es incapaz de zafarse de los árboles, y le toma varias horas perecer. Durante toda la madrugada, sus gritos y gemidos hacen eco por todo el valle de Bahaltra, dándole escalofríos a todos los que lo escuchan. Para cuando el sol comienza a asomarse por el horizonte, el cíclope exhala su último aliento y por fin descansa.


    El resto del equipo de los Lobos de Fuego arriban, para encargarse del cadáver. Estos, que son de diversas razas, son los encargados de sacarle todo el provecho posible a la presa del grupo de ataque, para luego vender todo en los poblados del valle. Piel, huesos, uñas, dientes, la falda, carne y sangre, todo en un cíclope tiene un gran valor en los mercados. Desafortunadamente, tardarán días en terminar de procesar el cuerpo del gigantesco monstruo de un ojo.


    Al descansa a la sombra de un gran árbol, alejada de todos los demás, necesita reponerse, tanto física como mentalmente. Ax se acerca a ella, esta se cubre el rostro usando un escudo, como si intentara que este no la vea.

    —Fue una gran lucha, ¿no? —cuestiona el líder, sentándose a su lado. Pero ella no contesta nada, ni mueve un solo músculo —. Dime algo —pide un tanto frustrado por lo tímida que es ella.


    Permanecen en silencio durante varios minutos. La maga siente el corazón acelerado, no está segura si aún puede hablar o ya perdió la oportunidad de hacerlo. Ax sonríe, encuentra adorable esa parte de la chica. Aunque le gustaría que socializara aunque fuera un poco.

    —Supuse me hablarías más cuando nos casáramos —menciona, mirando el horizonte.


    Al se sonroja por completo, se cubre la cabeza usando su capa de maga. Se quita el guante de su mano derecha, se queda mirando un anillo de plata que trae puesto en su dedo anular, el cual recibió durante la ceremonia de matrimonio.

    —Y sí que costó que le respondieras a la sacerdotisa si querías casarte conmigo —sonríe alegre al recordarlo —. Ayudó que te cubrieras la cabeza con el velo, pero igual hablaste muy quedito. Aunque me gusta esa voz dulce y baja que tienes. Como un susurro que me arrulla.


    La maga de tierra quiere decir algo, pero no puede. Las palabras están ahí, pero no se atreven a salir. Coloca la mano sobre el suelo, le gustaría tomar la mano de Ax, pero no logra conseguir el valor para hacerlo. De repente, siente una vibración del subsuelo, su habilidad como maga de tierra le ayuda a sentirlas con mayor claridad. Se quita la capa de sobre su cabeza, usa un hechizo que produce que el trozo de tierra sobre el que está su esposo salga volando.


    Desde aquí, todo transcurre en cámara lenta. El monje ve como se aleja de su adorable esposa, no entiende lo que ocurre. La maga tiene lágrimas de alivio en sus ojos, y una sonrisa, Ax está lo bastante lejos ya y no corre peligro.

    —¡Ax, te amo! —grita Al con todas sus fuerzas, un instante antes de que algo salga de bajo de la tierra y la devore de un solo mordisco.


    Han transcurrido ya seis meses desde la muerte de Al. Ax despierta sudando frío, por soñar con ese instante, por escuchar esa dulce voz que se despide para siempre. No es la primera vez que sueña con ese recuerdo, ni la primera que grita el nombre de su amada al hacerlo.

    —¿Otra vez la pesadilla? —cuestiona Makko, que descansaba a su lado, hasta que el grito la despertó.

    —Sí —contesta simplemente.


    El humano se siente culpable, no solo por no haber podido salvar a su esposa, sino por haber caído en la tentación de estar con alguien más. Su tristeza lo llevó a los brazos de su compañera mercenaria, no está seguro si buscaba a alguien que lo amara o solo que alguien lo acompañara, pero sucedió tan naturalmente que no parecía malo.

    —No podías hacer nada por ella —le dice la elfa, abrazándolo y recostándose cariñosamente en su pecho —. No estábamos listos para una segunda bestia gigante. No habían reportes de un gusano de roca gigante que habitara en Monte Relámpago.

    —Fui negligente, debí saber que los temblores y la muerte del cíclope atraerían a otras bestias.

    —No había forma de saberlo —repite, así como lo ha hecho tantas noches antes—. Al menos pudimos matarlo y recuperar su cuerpo.

    —Ella siempre dijo que fuera como fuera, quería volver a casa y descansar cerca de la tumba de su madre —mira hacia el techo de su habitación.

    —Los chicos están intranquilos —menciona ella —. Lo iba a comentar en la mañana, pero ya que estamos despiertos. Sé que ganamos una fortuna con las partes del cíclope y el gusano, más la recompensa, pero muchos quieren salir a cazar más bestias. Ragnor y Caliz están muy inquietos, y Bestia quiere probar sus nuevas piedras de invocación. Sin mencionar que casi no salgo de aquí, no es que me esté quejando, pero ya necesito un cambio de ambiente —se separa de él.

    —No sé... —murmura, temiendo que todos sus amigos mueran por su culpa, al igual que su amada.

    —¡Al no querría esto! —grita desesperada por hacer que Ax reaccione, se pone en pie y lo señala con su índice — ¡Este no es el Ax del que ella se enamoró! Es cierto que no hablaba con nadie más que contigo, y que no sé lo que sentía en realidad, pero estoy segura que no estaría feliz con el hombre en el que te volviste. ¡Así que a partir de mañana te ejercitarás como antes, practicarás tus golpes como antes y en unos días iremos a la ciudad a conseguir una buena misión!

    —Eres muy ruidosa —comenta él, sonriendo —. Pero tienes razón. Dile a los chicos que en una semana saldremos a buscar una misión digna de los Lobos de Fuego.


    Y así continuaron, las aventuras de este grupo de mercenarios. Si alguna misión parece imposible, ellos la tomarán con gusto, para demostrar que son los mejores.
     
    Última edición: 6 Diciembre 2018
    • Ganador Ganador x 1
  2.  
    Dark RS

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    Crónicas del Valle Bahaltra
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    1201

    La Hada Que Desea Ser Aventurera




    —¡Me llamo Paricia Trini Boll Ortre, y seré una gran aventurera! —se escucha, a penas, decir a una hada que entra repentinamente al ayuntamiento de Villa Garza, localizada al sur del Valle Bahaltra.


    Únicamente un gato le presta atención, e intenta atacarla. Por su pequeño tamaño y las alas, la confunde con un ave. El felino la corretea por unas dos cuadras, hasta que Paricia entra en la taberna. Donde el gato decide que la dejará ir, la última vez que ingresó ahí, lo sacaron a punta de escoba.


    Una vez se ve a salvo, y al notar que hay muchas más personas en este lugar, se sacude su armadura de cuero, y se acomoda la falda del mismo material. Se aclara la garganta.

    —¡Me llamo Paricia Trini Boll Ortre, y seré una gran aventurera! —repite la hada, sacando pecho de orgullo.


    Un elfo la escucha, pero decide ignorarla. Su voz es tan baja que se pierde entre las conversaciones de los que descansan y beben alegremente.

    —¡Que me llamo Paricia Trini Boll Ortre! —grita con todas sus fuerzas, esta vez tampoco nadie le hace caso.


    Paricia se acerca a un ogro, que conversa con un humano y un draconiano. Ella se coloca justo frente al rostro del alto y musculoso ser. Lo saluda con la mano y le sonríe.

    —Por eso no me gusta Villa Garza —comenta el ogro —, los insectos aquí son enormes, luminosos, alegres y molestos.

    —Creo que es un hada —le hace ver el humano, que viste una gabardina roja, llena de bolsillos.

    —¡Lo soy! —grita la de alas para que le presten atención.

    —¿Un hada? —cuestiona el ogro, prestando mejor atención al ser luminoso — ¿Qué hace un hada tan lejos del Lago Ópalo? ¿Seguro no es una cucaracha brillante?

    —¡Qué cruel! —reclama la alada, golpeando la nariz del ogro, pero éste no siente los golpecitos en lo absoluto.

    —¿Qué busca un hada de Lago Ópalo en Villa Garza? —cuestiona el draconiano. Es un ser de piel escamosa, pero apariencia humana, los iris de sus ojos tienen la forma de un trébol de cuatro hojas.

    —Primero, no soy “un hada”, me llamo Paricia Trini Boll Ortre —saca pecho al momento de decir su nombre —. Y seré la más grande aventurera de todos los tiempos.

    —Supongo dices “grande” en sentido figurado, insecto —se burla el ogro.

    —¡Deja de ser cruel! —reclama, volviendo a golpearlo en la nariz, y nuevamente, el ogro no siente ni cosquillas.

    —¿Un hada aventurera? —pregunta el humano, ligeramente interesado en el asunto.

    —Je, je, sabía que alguien sabría apreciar mis esfuerzos —dice, notoriamente orgullosa.

    —Toma, pulga —ofrece el ogro, un dedal lleno de cerveza —. Solo cuenta tu historia, se nota que lo harás sin importar lo que digamos, así que hazlo de una vez.

    —No lo llames mi historia, como si fuera charla de taberna —reclama, sentándose en la mesa, y bebiendo del dedal.

    —Literalmente es charla de taberna —señala el de piel de escamas.


    La hada se termina su bebida, y se le sube rápidamente. El rostro se le pone colorado y su brillo se atenúa levemente.

    —Primero que nadash —se tambalea —. Me shamo Paririricia Trinini Booll Ortre, vengosh de allá, este... ¿Qué decía? Este jugo eshtá mu bueno —cae de espaldas, desmayada. Su brillo desaparece.

    —Parece que la cucaracha no sabe beber —comenta el ogro, antes de soltar la risa.

    —Acabo de recordar que las hadas solo beben jugos naturales, no soportan el alcohol en lo absoluto —añade el humano, dando una sonrisa divertida.

    —Buen momento para recordarlo —comenta el draconiano, frunciendo el ceño.

    —Oh, vamos, fue divertido —dice el humano, soportando la risa. Desde que le sirvieron el dedal de cerveza lo recordó, pero decidió que sería más divertido ver qué ocurría.


    Un par de horas más tarde, ya con la noche caída, Paricia despierta. La cabeza le da vueltas, está más pálida que un papel y siente un asco como jamás en la vida lo había sentido.

    —¿Qué pasó? —pregunta la alada, recuperando un poco de su brillo, pero en verde.

    —El jugo estaba malo —informa el de escamas. El humano y el ogro vuelven a reírse.

    —Con razón tengo ganas de... —va hacia el dedal, y comienza a vomitar en este.

    —Es un clásico —comenta el humano, limpiándose una lágrima.

    —Nos ibas a contar por qué viniste a esta villa, que está tan lejos de tu hogar —le recuerda el draconiano.

    —Cierto —se recupera en un instante, su brillo regresa a la normalidad —. Me llamo....

    —Ya lo has dicho como mil veces —interrumpe el ogro —. Te llamas Patricia Trinidad Boleada Ortencia.

    —¡Ese no es mi nombre! —reclama la alada, pateando la nariz del musculoso.

    —Ya cuenta y no jodas —reprende el ogro.

    —B-bueno... —se aclara la garganta —. Hace un par de años, al Lago Ópalo, llegaron un par de aventureros. Ambos humanos, un monje y una maga de tierra. La chica no decía nada, y parecía que le daba vergüenza estar a la vista, era rara. El humano era todo lo contrario. El asunto está en que en ese tiempo, una hidra eléctrica se había adueñado del lago y comenzó a destruir todas nuestras casas. Bueno, destruía los árboles, creo que ni notaba que estábamos ahí.

    —¿Una hidra eléctrica? ¿Hace un par de años? —repite el humano, que le suena de algo.

    —Sí, sí, sí —asiente varias veces con la cabeza —. Fueron semanas aterradoras y preocupantes para las hadas —suspira —. El asunto aquí, es que esos aventureros derrotaron solos a esa enorme bestia y nos salvaron. El rey hada les dio bendiciones mágicas, que aumentaron el poder de controlar la tierra de la humana, y aumentaron la fuerza física del humano. Se les dio el título de héroes de las hadas.

    —¿Héroes de las hadas? —se pregunta el de gabardina roja. El título también se le hace familiar.

    —¿Eso qué tiene que ver con que estés aquí? —pregunta el ogro, impaciente porque termine de una vez de contar la historia.

    —Que busco al grupo de mercenarios al que pertenecían esos héroes, para pedirles que me permitan unirme —saca pecho orgullosa —. Yo, Paricia Trini Boll Ortre, busco unirme a los Lobos de Fuego.

    —Sí, buena suerte —le dice el ogro —. Pregunta en la Casa de los Susurros. Ahí venden esa clase de información.

    —Gracias, cara de rana —se despide la hada. Sale volando de la taberna, en busca del lugar que le indicó el ogro.

    —Así que ignoraremos el echo de que hablaba de Al y Ax, y que somos miembros de los Lobos de Fuego —señala el de piel escamosa.

    —No aceptaremos a un hada debilucha en nuestro grupo —se cruza de brazos el ogro.

    —Y se notaba que piensa que es capaz de hacer más de lo que en realidad puede —termina el humano, estando de acuerdo —. Igual nos vamos en unas horas y no la volveremos a ver.


    Paricia, con una sonrisa en su rostro, y entusiasmo en su alma, continúa con la búsqueda de los Lobos de Fuego, sin saber que los encontró y la engañaron para que se alejara.




    Para la actividad 30 días de escritura: Héroes
    Personaje: Hada
    Palabra: Pálida
    Género: Comedia
     
    Última edición: 6 Diciembre 2018
  3.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Título:
    Crónicas del Valle Bahaltra
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    1896

    Rancho Ann



    En un pequeño rancho, que se encuentra cerca de Ciudad Fanto, un demonio ha estado matando a los animales y destruyendo los cultivos, al punto de dejarlos al borde de la ruina. El dueño del rancho, un campesino que ha criado a sus dos hijas desde la muerte de su esposa, se encuentra desesperado. No tiene como mantener a su familia, su rancho está por desaparecer, y los aventureros se niegan a tomar el encargo, de destruir al demonio, por lo bajo del pago.


    Un día, el demonio tiene el descaro de atacar durante el día, el campesino y su hija mayor intentan alejarlo, pero no son lo bastante fuertes. El demonio, es de rango D, es tan fuerte como un aventurero promedio, pero usa magia de fuego, lo que lo hace un peligro mayor. De alas negras, agujeradas, con las que, de alguna forma, puede volar, largos brazos de dos metros de largo, cuerpo negro escamoso con lunares rojos en los muslos, cabeza de serpiente, pero con orejas largas y puntiagudas, similares a las de los elfos. Tiene una cola corta, en cuyo final hay un aguijón venenoso.


    El campesino lucha usando una pala, golpea al demonio, pero los golpes rebotan en su dura piel. Su hija mayor, que es usuaria de magia de tierra, arroja estacas de tierra hacia la negra criatura, pero, los ataques, igualmente, solo rebotan en su piel.


    Un monje, humano, llega golpeando al demonio justo en la cabeza, en cuanto sus puños impactan contra la criatura, se produce una explosión que lo manda a volar contra un árbol. El demonio se quita el árbol de encima, y lo arroja contra el monje. Un ogro se atraviesa, deteniendo el árbol, que por suerte no era muy grueso. El monje corre, se impulsa saltando por sobre el cuerpo del ogro, hasta llegar a los cinco metros de altura, cayendo sobre el ser de piel negra. Los golpea en los oídos, dejándolo desorientado, luego lo golpea en la nuca, haciendo que caiga al suelo. El monje se baja del demonio.


    Un segundo humano, de gabardina roja, con múltiples bolsillos, arroja un cristal blanco al aire. El cristal brilla, del brillo surge un ser pequeño, blanco, de alas como de ave, rostro humanoide, patas como de felino, y presenta una aureola sobre la cabeza. Se trata de una especie de ángel de rango D. Este ángel comienza a cantar, su voz es horrible, todos se ven obligados a cubrirse los oídos. La cabeza del demonio explota, y el ángel desaparece, dejando atrás el cristal del que fue invocado, pero luce oscurecido.


    El campesino se acerca a los que derrotaron al demonio. Clava la pala en el suelo, y se deja caer de rodillas, y comienza a agradecer a los aventureros.

    —No tiene que hacer esto —le dice el monje —. Por favor, pónganse en pie.

    —No tengo mucho, pero les daré lo que quieran —informa el campesino, con los ojos llorosos.

    —Bueno, la pelea nos dio hambre —dice el ogro, sobándose la barriga.

    —Por supuesto, les haré un banquete, coman hasta saciarse —dice el hombre, poniéndose en pie.

    —Escuché que el queso de aquí es muy bueno —comenta el de gabardina roja.

    —Claro, claro, lo que gusten. Lo tendremos listo enseguida —promete el hombre, poniéndose en pie, corre hacia la casa.

    —No coman mucho —pide el monje —. Este demonio dejó este lugar en muy mal estado —comenta, viendo alrededor —. Les tomará mucho reponerse por completo.

    —No, Ax, no —ruega el ogro —. Quiero comer mucha carne, mucha, mucha carne.

    —Yo quiero queso, mucho, mucho queso —añade el invocador de gabardina roja —. Hagamos lo siguiente —señala hacia el demonio —; paguemos la comida dejando partes del demonio para que las vendan.

    —Literalmente su cadáver es nuestra ganancia —le hace ver el monje.

    —Lo sé, lo sé, pero escucha, si les dejamos las membranas de las alas y las costillas del demonio, podrán comprar más semillas, abono y quizás una o dos vacas.

    —Suena justo por un festín —menciona el ogro, muriéndose de hambre.

    —Solo las alas alcanzan para un festín de cien personas en el mejor hostal de Ciudad Fanto —señala Ax, frunciendo el ceño.

    —Pero, su aguijón vale cinco veces lo que la costillas —informa el invocador —. Entre el aguijón, la sangre, los órganos, su carne, el resto de huesos, los colmillos y la cola, tenemos más que suficiente como para no tener que trabajar más por dos meses.

    —Bien, les dejaremos las alas completas y las costillas —acepta el monje —. Pero si los recolectores tienen quejas, tú se los explicarás.

    —¡Victoria, tu nombre es Bestia! —presume el de gabardina roja, celebrando que ganó la discusión con su líder.

    —¡Carne, carne, carne! —canta el ogro.

    —Ragnor, Bestia, no pierdan el tiempo y vayan por los recolectores, quiero que el demonio haya sido procesado para cuando terminemos de comer.

    —¡De inmediato! —exclama el ogro, corriendo de inmediato.

    —Oye, nos dijeron a ambos —reprende el de gabardina roja, corriendo tras el ogro.


    Ax los ve alejarse, hasta que se pierden de vista, luego voltea a ver al demonio.

    —Tu padre no parece ser un mago de tierra, ¿heredaste tu magia elemental de tu madre? —cuestiona él, dirigiéndose a la hija del dueño de la granja, la cual no se ha movido desde que llegaron los aventureros — Veo que no hablas mucho.



    Se voltea hacia la chica. Ella tiene los ojos cubiertos por mechones de su cabello negro, tiene la mirada hacia abajo.

    —¿No quieres hablar conmigo? —se acerca a ella, le ve mejor el rostro — Eres bastante linda, ¿lo sabías?


    La joven se cubre el rostro por la vergüenza, luego sale corriendo hacia su casa, tropieza, y se vuelve a levantar como si nada, para volver a correr.


    Durante el banquete prometido, la el campesino conversa con los aventureros, mientras que sus hijas se dedican a servir la comida y a rellenar los vasos de los invitados. La menor de las hijas, es adolescente, de dieciséis años de edad, la mayor, la que luchó al lado de su padre, tiene veinticinco años.

    —¿La vida de aventureros es divertida? —cuestiona la menor.

    —Sal, por favor —reprende su padre.

    —No importa. Es bueno que los jóvenes pregunten —permite Bestia, a la vez que devora un gran trozo de queso.

    —Solo que no somos aventureros —niega Ragnor, chupándose los dedos, que tiene llenos de grasa de carne de cabra —. Somos mercenarios.

    —¿Mercenarios? —cuestiona, en voz muy baja la mayor.

    —No tenemos mucho para pagarles —menciona el campesino, preocupado al escuchar que son mercenarios, ya que estos suelen cobrar demasiado a la hora de realizar un trabajo.

    —No se preocupe —niega Ax —. Con la comida nos damos por pagos.

    —¿En serio? —pregunta nervioso.

    —Sí —insiste el líder mercenario —. Por cierto, y disculpe la pregunta; ¿su esposa es maga de tierra?

    —Mi esposa fue maga de tierra, sí —responde un poco triste el hombre —. Fue aventurera, una de las mejores de Ciudad Fanto. Temo decir que dejó todo al conocerme. Solo era un campesino de cuarta, pero ella me ayudó a moldear mi tierra. Y el rancho lleva su nombre; Rancho Ann.

    —Vi a su hija lanzando ataques contra ese demonio lagarto, tiene un control natural con la magia de tierra, con entrenamiento sería una gran aventurera, o incluso mercenaria —propone Ax, sonriéndole a la chica tímida, esta se sonroja y huye del lugar.

    —Deberá perdonar a Al, es un poco tímida —se disculpa el hombre.

    —Dígame, señor, ¿qué opinaría de permitirle a su hija unirse a nuestro grupo?

    —No me opongo —confiesa el campesino, bebiendo un poco de licor —. Es la mayor, y quisiera que viera un poco el mundo. No logro ni que me acompañe al pueblo. No habla mucho, hay veces que se queda de pie, en silencio, como si fuera un mueble. Pero al final, depende de ella si lo hace o no.


    Al, la hija mayor del campesino, se encuentra sentada al lado de una gran lápida de granito, donde está inscrito el nombre su madre, así como la fecha de nacimiento y la de su muerte.

    —Ma, un hombre me habló hoy, no me dio miedo, era algo distinto a lo que siento cuando algún extraño me habla —le confiesa a la tumba de su madre —. No sé qué sea... Mi corazón late rápido, siento una sensación rara en mi estómago. Es un mercenario un tanto atemorizante, no sé.... —se sonroja y se cubre el rostro con ambas manos.

    —¿Puedo? —cuestiona Ax, de pie al lado de la joven.


    Al es incapaz de seguir hablando, se levanta y se aleja. El monje, observa la tumba, no le dedica una plegaria, por no ser la clase de monje religioso, sino la clase de monje que lucha cuerpo a cuerpo. Tampoco es muy fanático del más allá; los demonios y ángeles causan demasiados problemas.

    —Venía a proponerle a su hija, la mayor, no la menor —hablándole a la lápida —, que se una a mi grupo de mercenarios. Ya sé que es muy peligroso, lo sé. Pero, ella parece ser muy capaz, con algo de entrenamiento, podría ser maga del grupo de ataque. Le prometo enseñarle todo lo que sé, cuidarla y respetarla hasta que la muerte nos separa.

    —¡No lo hagas sonar como voto matrimonial! —reclama Al, apenas alzando un poco la voz.

    —Y yo que pensaba que eras muda —le sonríe.

    —Ya ves que no —frunce un poco el ceño.

    —Luces hermosa estando enojada —alaga él.

    —¿Me coqueteas? —pregunta, en voz muy baja.

    —Sí, pero igual le coqueteo a cualquiera, así que no lo tomes en cuenta para darme tu decisión. Si quieres ser mercenaria, contéstame antes del anochecer, si no contestas para entonces, sabré la repuesta.


    Llega el anochecer, ya el cuerpo del demonio fue procesado, y sus partes fueron empaquetadas por el equipo de recolectores, que es un equipo, de no combatientes, del mismo grupo de mercenarios. Ax, Ragnor y Bestia, aguardan a las afueras del rancho.

    —No creo que venga —hace ver el ogro, rascándose una axila.

    —Concuerdo con Ragnor —interviene el invocador —. El tiempo límite era hasta el anochecer, y ya anocheció hace unos minutos. Lo siento, Ax, pero no creo que venga.

    —Y es una pena, por que parecías doncella enamorada con esa chica —se ríe el ogro —. Nunca te había visto así.

    —Debo coincidir —añade el de gabardina roja —. No creí que el rudo Ax pudiera embobarse con una campesina.

    —Solo caminen —ordena el monje.

    —Sí, sí, sí —acepta el invocador.

    —Creo que no habrá quien le dé besitos a Ax, buahahaha —se burla, antes de salir corriendo.


    El monje ve a sus aliados alejarse. Se cruza de brazos, y sonríe ampliamente.

    —Me alegra que decidieras venir —se voltea, ve a Al, cargando un bolso de piel de borrego —. Si alguna vez quieres salirte, solo dilo y personalmente te acompañaré de vuelta aquí —ella asiente tímidamente —. Vamos, Al, nos espera un largo camino, y entrenaremos muy duro para que mejores como maga de tierra —ella asiente levemente —. ¿Lo hace por tu madre? ¿Quieres saber cómo se siente la vida de un mercenario, por ser tan parecida a la de un aventurero?

    —Sí —susurra, muy quedito.

    —Entonces, apurémonos para reunirnos con el resto.


    Caminan juntos, hasta alcanzar al resto de los mercenarios.





    Para la actividad 30 Días de Escritura: Oportunidad.
    Personaje: Campesino
    Palabra: Lunares
    Género: Aventura
     

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