Self-insert Crónicas de Rapuma

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por rapuma, 28 Septiembre 2019.

  1.  
    rapuma

    rapuma Fanático

    Géminis
    Miembro desde:
    17 Marzo 2014
    Mensajes:
    1,484
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Crónicas de Rapuma
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    406
    Capítulo I: Un fanático del Rock.

    [​IMG]
    Así, de ese modo; con una sonrisa torcida y un ojo más abierto que el otro es como se me puede definir cuando estoy feliz (y tengo dos birras o más encima).

    No recuerdo mucho de esa noche. Febrero de este año, verano puro en Argentina y yo estaba en la costa trabajando de guardavidas. Bar Antares ( uno de los más caros de cerveza artesanal ), tuvimos día libre con mis dos compañeros (los de blanco a la izquierda) y fuimos a despejarnos al lugar. El de negro es un borrachín que andaba solo por ahí y accedimos que se siente con nosotros. Después de varias birras entre los cuatro descubrimos que era un fanático total de los Redondos (un grupo de música) y solo gritaba coros de las canciones, llamando la atención de todos que giraban a vernos.

    Nos sacamos una foto para el recuerdo e inmortalizar el momento con el fanático de los redonditos de Ricota y nos fuimos del bar cerca de las 19.50. En la costa y en verano atardece tarde, cerca de las 22.00. Volvimos caminando a nuestro hospedaje y nos tocan bocina por la calle, era el borrachín! subimos con él para que nos lleve a nuestra casa y nos terminó llevando a un camping donde había una fiesta. Nos invitó a comer (compró un choripan para cada uno) y saltamos toda la noche al ritmo de una especie de festival de música a pura cumbia, algo raro ya que el tipo era fanático de un grupo de rock puro.

    En Marzo, un día x, iba caminando del trabajo hacia el hospedaje y me vuelve a tocar bocina desde su vehículo. Lo saludo con la mano y se detiene. Me acerco hacia él.

    Fragmentos verídicos de la charla.

    —¿Qué onda? —le pregunto. —¿Todo bien?

    —¡Queeeeeee pasaaaa, papuuuuu! ¿Venís de la playa?

    —See. Estoy matado, ¿vos para dónde vas?

    —Para donde me lleve la vida mi hermano. ¡PARA DÓNDE ME LLEVE LA VIDA!

    Aceleró y me tuve que correr porque casi me pisa un pie. Esa vez fue la última vez que vi a "borrachín" (no me acuerdo de su nombre). Y siempre que veo un Antares o tomo una cerveza, brindo al cielo, por vos! Donde quieras que estés, fanático de los Redondos!
     
    Última edición: 28 Septiembre 2019
    • Gracioso Gracioso x 2
    • Ganador Ganador x 1
  2.  
    Gigavehl

    Gigavehl Orientador Crítico Aura Disciple

    Cáncer
    Miembro desde:
    15 Abril 2019
    Mensajes:
    735
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Ow, y yo creí que borrachín sería un buen acompañante del buen rapuma u.u

    ¡Me encantó! Me has recordado a otra anécdota de otro familiar que me platicó el amigo de un amigo de un familiar (si, fue una vuelta curiosa) el cual no es lo mismo, pero si similar a lo que me has narrado. Es triste que no recuerde quién fue exactamente como para preguntarle jaja.

    Saludos n.n/
     
    • Gracioso Gracioso x 2
  3.  
    rapuma

    rapuma Fanático

    Géminis
    Miembro desde:
    17 Marzo 2014
    Mensajes:
    1,484
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Crónicas de Rapuma
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    491
    Capítulo II: Esta mancha no se quita.

    [​IMG]
    Todo empezó con un viaje en kayak hacia las infames islas que enfrentan mi querida ciudad de Rosario. Llevamos disco (para hacer pollo al disco), cebolla, muchas patas muslos para comer, papas y un sinfín de comida necesaria para sobrevivir al menos tres noches.

    El trayecto era tranquilo, el Río estaba en calma y nada PARECÍA ir mal.

    Primer noche donde abrimos campamento lo dejamos abandonado porque fuimos a pescar al otro lado de la isla (cerca de 40 minutos caminando). En ese interin de tiempo el Río creció colosalmente por una lluvia en Brasil monstruosa y tuvimos que volver luego de casi dos horas de intentar pescar algo sin éxito para el día de mañana. Cuando llegamos a la base la comida HABÍA DESAPARECIDO. Y no había ningún Milhouse para culparlo. Los chanchos salvajes (que no son jabalíes) habían hecho su primer acto de salvajismo y nos comieron, literalmente, todos los viveres.

    Y todo parecía ir de Guatemala a GuatePEOR porque la corriente y la crecida abrupta nos había raptado también los kayaks para volver a cruzar a la ciudad. Así nos quedamos tres personas, sin comida, sin posibilidad de volver y obviamente sumamente ebrios porque el alcohol estaba intacto.

    Como Mauri (uno de los chicos) era el único que había llevado el móvil mandó mensajes a nuestro batallón para que nos traigan comida o, en el mejor de los casos, que vengan a rescatarnos. Lo peor es que a Mauri se le estaba muriendo el celular, la carga llegaba cada vez más rápido a su inminente final. Mandamos la ubicación (UNA QUE EL GPS ENVIÓ INCORRECTAMENTE PORQUE NOS METIMOS MUY ADENTRO DE LAS ISLAS) y esperamos rescate.

    En la segunda noche (todavía faltaba una más) entramos en crisis. Solo había alcohol y claro, mate. No había pan, no había comida chatarra, no había comida, no había NADA. En una de nuestras charlas dije que entregaría todo a ser posible de comer un poco de vaca.

    Extracto verídico de charla.

    —Boludo, no doy más. Tengo un hambre terrible, la puta madre.

    —Mal, yo también perrito. ¡Que chancho hijo de mil puta!

    Risas.

    —Sabes lo que daría por un poco de tira mar del plata o un chori, loco. Posta te digo.

    —¿Entregarías el ocote (cola)?

    —Máaa valehhh. Tengo un hambre loco.

    Y así pasamos, con sobresaltos y momentos extremos, dos noches más. Al tercer día, solo con el último termo de agua caliente para los últimos mates del día, Mauri prendió el móvil y envió otra ubicación a nuestros amigos para que nos busquen más cerca de la costa.

    Y con los últimos 3% del móvil captó esta foto mágica: un hombre que daría todo por un poco de carne vacuna. Ese hombre es... rapuma.

    Y sobrevivimos. Pero no puedo decir al precio de qué.
     
    • Gracioso Gracioso x 1
  4.  
    rapuma

    rapuma Fanático

    Géminis
    Miembro desde:
    17 Marzo 2014
    Mensajes:
    1,484
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Crónicas de Rapuma
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    762
    Capítulo III: Atardecer

    [​IMG]
    Cuando trabajo de guardavidas en la costa durante el verano argentino siempre se nos ocurren (a mí y al equipo humano que lo conforma) diversas ideas para pasar durante las noches. Muchas de ellas son fiestas, bares de copas, incluso salir a correr a la madrugada por razones que prefiero no divulgar (?). Pero la que más nos une, por lejos, es acampar cuando hay luna de sangre; esa luna llena gigante que sale del mar con forma de moneda de 2 pesos (o dos euros, que se asemejan). No sé, no encuentro un significado para decir el por qué de esa fascinación... simplemente digamos que nos unen las costumbres al aire libre y sobre todo, ver salir la luna con un fernet recién hecho y tocando la guitarra, más precisamente esta canción que voy a adjuntar acá abajo:


    Con estos chicos de la imagen, -empezando yo por la izquierda-, (y faltan unos cuantos más) compartí un año completo de mi vida en tres años durante 4 meses de verano. ¿Se perdieron? Nos conocimos el primer año en verano, cuando empezamos a trabajar juntos en diciembre, sin conocernos, sin saber nada unos del otro, solamente saber que nos unía a todos el mar por el mar, el compañerismo y el amor por la música. Somos guardavidas bien hippies y en estos tres veranos que transcurrieron puedo decir que los conozco más (y me conocen más) que cualquier otro amigo que tuve durante la infancia, hasta puedo decir que parece que nos conocemos de toda la vida, porque el vínculo compartido es tan intenso y fuerte que es para toda la vida, por más que ahora mismo esté en Europa y no creo volver al verano argentino para trabajar con ellos (se me pianta un lagrimón). Son esas almas que las conocemos de otra vida o de otras vidas; no tengo duda de eso; es tanta la calidad humana que hay en ellos que siempre me emociono al hablar de ellos con otra gente, que no entiende el significado. No entiende el significado de compartir cuatro meses de verano super intensos, donde el trabajo no siempre es fácil; donde uno sabe que cuando se mete al mar por un rescate no hace falta mirar para atrás que sabes que dos te siguen, desde otros puestos, desde casi 100 metros de distancia. No es fácil ver a la muerte, y tampoco intentar detenerla con RCP continuo cuando salís extenuado del agua. Con estos chicos lloré, reí y pensé mucho; aprendí y aprendieron de mí. Por eso el Ramiro que conoce la gente que me rodea siempre llevará un trocito de ellos: que me enseñaron a ser más humilde, a ser mas sencillo; a ser más humano. A reírme de todo y a disfrutar la vida, aunque sea una luna llena de sangre saliendo del mar... cosas que antes no les prestaba atención y que ahora, tres años después de compartir con ellos mi trabajo y pasión, me entrego totalmente siempre que tengo la oportunidad. Aunque ahora viva en ciudad, aunque ahora no pueda estar trabajando de lo que me fascina que es ser guardavidas de mar. No hay que olvidarse de donde uno vino y hacia donde irá; de las raíces, que a fin de cuentas es nuestra base desde siempre.

    Por eso hoy, un 14 de octubre de 2019, después de charlar con varios de ellos anunciando que no iba a ir al verano... brindo por ustedes. Para que sigan siendo felices, únicos, sencillos. Que no pierdan esa paz y esa luz que transmiten con cada charla, cada mate, cada risa, anécdota o chiste. Los extraño mucho, amigos.

    Y desde un sitio de internet, como es este, y al ser mis crónicas, no podía dejar pasar la oportunidad de mencionarlos, aunque en esta foto no estén todos pero se nota nuestra entrega al caminar diez putos kilóemtros con todo eso encima, llegar y armar las carpas a la luz de las linternas, armar la fogata, tocar la guitarra y no pensar en que al otro día trabajamos. Simplemente fluir, como el río, como el mar...

    Y como no podía faltar, la foto del otro día, el amanecer, muerto de frío, comiendo un pedazo de pan. Pero entero, alegre. Y obvio, pensando en que ese día tenía franco :)

    [​IMG]
     
    Última edición: 14 Octubre 2019

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso