Explícito Como Basura Reciclada (The Gray Garden)

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por Rutikina, 10 Noviembre 2019.

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    Rutikina

    Rutikina Juasjuasjuas!! Holi

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    Alfem a pesar de todo es un amor, aunque su problema con el masoquismo no es tanto como que le guste ser dominado (acepto que sea como fantasía sexual en jugueteo), es más bien que le gusta que cosas malas le pasen por que cree que se lo merece, espero que se allá notado eso durante lo que se lleva del relato, por eso, en termino de lo que conozco de masoquismo no llega más allá. De hecho en verdad no le gusta el dolor, pero la alta resistencia a este por lo que paso con Poemi al no sentirlo como que lo desespera un poco, es como la tipica "todo esta saliendo demasiado bien, algo malo va a pasar" así que le pasen cosas malas pero "pequeñas" lo tranquiliza de algún modo, o así lo estoy tratando de plantear.

    Digo trato por que muchas veces tengo planeado que suceda algo de alguna forma y cuando estoy escribiendo pasa de otra, por ejemplo, en la parte 17 en un inicio iban a entrar a ayudar a Rawberry, pero cuando al fin comenzaba a escribir un grito de no entrar se termino escribiendo.... estos sujetos se mandan solos.

    Pensar que con la pareja de Rawberry y Macarona tenia dos posibles caminos, uno es el que termine escribiendo, pero el otro, era uno muy distinto. Era un camino agridulce, donde Macarona decidía alejarse definitivamente de Rawberry por que no la entendía y la lastimaba, así que por su salud mental terminaba alejándose permanentemente de ella. Sinceramente estuve apunto de irme por ahí, ya que en la vida real, el tener que alejarte de personas que no te hacen bien es lo mejor... de hecho Rawberry iba hacer aun más psicopata... pero despues lo mande toda la idea a la basura y me dice; "Esta historia es un fanfiction y me encantaría ver a estas dos juntas", así que ahí están, su camino no será facil, pero con el cariño que se tienen lucharan para conseguirlo.

    Ya tengo más menos pensado el siguiente día y los sucesos importantes al menos del resto de la semana, ahora hay que escribirlo no más XD (como si fuera muy fácil hacerlo xD)

    Pensar que esos giros viene precisamente del universo mismo de Funamusea, como que combina todo su universo bastante sádico con imágenes lindas y adorables. Pensar que en un inicio quería hacer una historia family friendly, cuando todo lo que ha hecho este autor, exceptuando The Gray Garden es prácticamente +18. Por lo tome una buena decisión :)

    Pensar que esos dos son mis personajes favoritos, pero para entregarles esa atmósfera mítica tengo que solo permitirle aparecer en pantalla solo cuando sea necesario TT-TT pero bueno a veces se tienen que hacer sacrificios.

    Me alegra que te haya llamado la atención, y espero cumplir con las expectativas. Sigue al pendiente, aunque por lo que veo creo que esto lo tendré que subir un capitulo mensual.
     
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    ¿En esa parte no faltará algún signo que indique que hay dialogo? O tal vez se puede hacer así y la equivocada soy yo.
    Si, claro, y ellos son niños muy buenos, más aún bajo el mandado de Etihw.

    Ejem, primero, disculpa por venir recién ahora a leer el segundo capítulo, de verdad soy muy floja.

    Segundo, me va gustando, creo que hay varias cosas que se dejan sueltas por ahí con su toque de misterio que habrá que ir desentrañando, me gusta que mencionen las guerras antiguas que hubo, y aparte, que se mantengan los rasgos de que Kcalb y Etihw son capaces de tomar acciones realmente serias cómo era el caso de matarlo en el caso de que sea necesario. Si se me hizo raro y a la vez gracioso ver al Diablo negro en el karaoke XD Nunca me lo imaginé capaz de ello, no se si habrá parecido algo así en algún especial, pero bueno, estuvo curioso.

    Cuando lea los otros capítulos también te iré comentando sobre ellos.
     
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    Rutikina

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    Sí, tienes razón, gracias por mencionarlo, lo edite :3

    Son buenos y muy lindos.
    Y no te preocupes, comprendo perfectamente la flojera XD Aunque trata que no domine tu vida XD

    Yay me alegra que te este gustando :3
    Sobre lo de kcalb en el karaoke no es algo que saliera en algún comic o algo de Funa, mas sí el hecho que es débil al alcohol, entonces mi cabecita comenzo a pensar que si con alcohol en la sangre sería capaz de cantar en karaoke y me daba mucha risa la idea, y bueno, ahí esta XD

    Será interesante que comentaras en los demás comentarios. :3
     
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    Ay, no lo consideraría error ni nada, solo se me hace medio raro, y yo no soy la mejor poniendo puntuaciones y comas, pero en mi caso lo hubiera hecho así:
    "Las personas que escuchaban en secreto la salida de Alf y Kcalb no estaban cerca de ellos, sino lejos, en una habitación oscura. En ella una piedra blanca y dos siluetas resaltan en las sombras."
    Puede que este equivocada, pero lo dejare ahí si te interesa.

    Sospechaba que era ella por lo de la piedra blanca XD
    Creo que ahí faltó poner "... la habían descubierto, ¿pero como?, ella escondió..." Pues el "pero como" también es interrogante (Aunque ni yo se si en mi corrección esta bien puestas las comas y mayúsculas que no son mayúsculas)
    Ahhhhh, come dulces >w<

    Dios XD Este Kcalb esta muy bromista ¿Eh?
    Ese es el Kcalb que conozco.
    ¿Tal vez quedaría mejor "Detuvo" en vez de "Deteniendo"? Aunque esta bien de ambas formas, por lo que queda a tu gusto.
    Ohhhh, dios XD Muero de ternura, risa y fangirlismo al mismo tiempo, y al lado sel pobre Alf ;w; solo, solin, solito con su sufrimiento, aparte de tener que seguramente escuchar "peleas" caramelosas de "pareja"

    Me ha gustado el capitulo, y, ay, las interacciones entre Etihw y Kcalb dan vida XD, imaginarmelo todo sonrojadito, dios.
    ¿Yosafire abriendo una floreria? Pega mucho, en algún lugar debía dejar las mil docientas flores que se pueden recoger al largo del juego XD
    Por un momento pensé que seres malintencionados estaban observando a los chicos, y bueno, resultan ser igual de malintencionados, pero por lo menos no tratan de someter al Jardín gris (???)

    Eso sí, me confundí un poco con Yosa y Eti espiando, no sabía se estaban físicamente ahí o no, si se transportaron con la piedra rara esa de Eti o que onda, pero se entiende que espiaban y eso es lo que importa.

    Los chicos en una noche de sinceramiento y ellas ahí metiendo narices (?) XD

    No tengo mucho más que agregar, pues he reaccionado ya a muchas cosas en el spoiler ese, decir tan solo que entre citar los post y demás tenía que subir y bajar a cada rato y yo cómo "No veas los dibujos, no los veas" XD Pero tienen toda la pinta de estar buenisismos. Eso, comentaré el siguiente cuando lo lea, así que me veras de nuevo, obviamente, bye~
     
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    Hnnnnnn, sabía que eran ellos, necesito saber que pasa XD

    Diooos, bebé. La verdad es que no recuerdo bien en detalle la personalidad del tipo, ni actitudes exactas que tuvo con las protas, pero sí recuerdo que les molestaba mucho su presencia y motivos daba para ello, pero en cambio, con los demonios y no tan demonios "aliados" era igual de tachado, discriminado y explotado, pero vamos, que así le gusta hacer las cosas la autora. Siempre estuvo solo y siempre lo hicieron menos, es la verdad y me encanta el rumbo que toma la historia, con los arrepentimientos y soledad de nuestro protagonista, intentado vivir una nueva vida, pero aun anclado a los recuerdos de la antigua.

    Me encantó como presentaste a Poemi, para mi representante bien ese lado oscuro y turbio de las obras de la autora, después de haber mostrado tranquilidad, risas, sonrojos y paz, cómo corresponde (?) Que te cacheteen nomás con con impacto (?)

    Y eso, me gusto el capitulo XD Y hasta ahora no han sido muy largos, pero tampoco excesivamente cortos (AunqueParaAlguienAcostumbradoALeerCapitulosDeMasDe2000PalabrasPuedeQueSi) Lo que me ayuda mucho a mi, en lo personal, a seguir con la historia y me es bastante cómodo.

    Eso, no tengo más que agregar por ahora, el desarrollo de la relación entre Poemi y el Elf, para bien o para mal, es realmente curiosa y tengo ganas de leer más sobre esa Poemi de tres años más.
     
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    Rutikina

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    De hecho creo que tienes razón, se escucha mejor así. Gracias :3

    mmm... Buena pregunta, no sé si pueda contar como pregunta indirecta, tendría que preguntarle a alguien más, pero si me dí cuenta que a ese "como" le falta el acento, que en eso sí estoy segura que falla.

    El poder del alcohol querida, el poder del alcohol XD
    O al menos así lo justifico yo XP

    De hecho, vuelves a tener razón, en si, tengo un agrave problema con la utilización de tiempos verbales, pero estoy trabajando para mejorar en ello.

    Antes de nada, gracias por hacerme saber las fallas que encontraste, creo que tendré que volver a revisar el archivo original para ver que otra cosa puede haber y así actualizo todos los lados en los cuales subo el fanfic.

    Son un amor, los amo. Que Eti sea tan "agresiva-pasiva" me encanta XD da para tanto. Me encanta escribir cuando ellos interactúan.

    De hecho, cuando me planteé como serían las niñas de adultas, de inmediato me pregunte.... ¿A que cosa se podría dedicar Yosafire? Digo, no es muy estudiosa, le gusta hacer bromas, y es infantil. No me la imaginaba siendo un adulto responsable, pero tampoco como una vaga que no hace nada en la vida, lo cual me puso en un dilema que fue fácilmente solucionado con el hecho de que ella le fascinan las flores, entonces llego la iluminación, ella se dedicaría a vender y cultivar flores.
    Es un alivio sobre esos traviesos no tengan ningún plan maligno entre manos (?)

    Sobre la piedra blanca, cuando me la imagine, pensé que la usaban como micrófono escondido, algo así cuando utilizaron el poder de Eti para poder comunicarse con ella estando sellada.

    Esto me hizo recordar que tengo que colocar las imágenes entre spoilers... demonios, no quería hacerlo por que encuentro que se pierde el hilo de la lectura >~< (además que hace poco me volvi a leer las normas por que no me acordaba de algunas cosas) Tendré de darme el tiempo de hacerlo TT-TT
    Pero como consejo mientras no lo hago, usa dos pestañas, aunque igual voy hacerme el trabajo de hacer mi trabajo correspondiente.

    Respondo enseguida el otro comentario.

    De hecho tuve que verme algunos gameplays por que tampoco recordaba muy bien como era. XD Lo único que me acordaba es que el le gustaba a la prota, ella lo rechazaba por su mejor amiga y que por alguna razón lo recordaba como un cobarde, más que eso no tenia, ni recordaba la forma en que hablaba... aunque bueno, eso cambia mucho en esta obra ya que prácticamente es como si "fuera otra persona", pero bueno, así quedo nuestro prota.

    >w< De fangirl a fangirl, muchas gracias.

    Bueno, puedo decir que si te gustan los relatos de más de 2000 palabras, cuanto más pase el tiempo, más te va a gustar este texto.

    También como aclaración, le hechos sucedidos aquí pasaron hace cientos de años después del juego. Por que tanto tiempo... bueno, son ángeles y demonios, ¿acaso a ellos les importa el tiempo?
     
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    Mori

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    ¿Alguien me puede explicar cómo reír y llorar a la vez? Okey, no XD Me ha encantado esa interacción.
    El jardín: *Se arruina*
    Creo que la primera coma es algo innecesaria, las otras si parecen estar bien puestas.
    ¿Tal vez quedaría mejor "Si era un demonio, un ángel u otra cosa"? Lo dejo ahí por si te gusta.
    Ay, no ;w; Creo que debe ser un sentimiento bastante raro ese de volverte a encontrar con alguien después de mucho tiempo, más si le apreciabas y peor aun si no se ha tenido algún tipo de comunicación o noticia al respecto, el sentimiento de no saber cómo reaccionara o si sigues siendo igual de importante para él cómo lo es para ti.
    Siento que en esta la palabra duda y dudas están muy cercanas, lo que las hace un poco redundantes, que en mi caso personal me descoloca un poco. En estos casos es mejor buscar algún sinonimo, aunque claro, es un detalle solamente, no es que uno se vaya a morir por él XD.
    Lo complicado en este caso es que esta difícil encontrar un sinonimo por cual cambiar cualquiera de las dos dudas, la primera no puedes cambiarla por "Preguntas", pues la has usado hace poco y generaría el mismo problema, la segunda no queda bien con la palabra "Preguntas" Lo único que se me ocurre sería que en vez de "¿Alguna otra duda?" fuera "¿Alguna otra cosa?" Pero bueno, ni yo estoy segura, pero para que lo tengas en cuenta, no es necesario cambiarlo, porque es un detallito de nada, pero ahí te lo dejo por si encuentras algo más satisfactorio por ahí, aunque reitero por no se cuanta vez que no es tan necesario.
    Aquí ocurre lo mismo que lo anterior, con la parte de día en esta ocasión, iré directo a sugerirte otra frase por sí te gusta más, pues ya te hable de las palabras redundantes.
    ".... así de esplendoroso tendría que quedar al final del día.

    Una larga jornada comenzaba, pero mientras estaba sumido en sus pensamientos,..." Aunque, igualmente a lo anterior mencionado, es tu decisión si decides cambiar la palabra por esta versión, por otra que se te ocurra o simplemente dejarlo tal cual en ambos casos, y la decisión que tomes obviamente te la respeto, porque este fanfic es tu obra y tu decides que hacerle y que no. Eso sería todo :3
    Ahhhhhhh, pero que buen final XD. Me ha gustado mucho el capitulo, Alfem trabajando, Wodahs estando presente (malhumorado y serio, cómo siempre) y el final, pero es que me gustó bastante desde que aparecieron esos tres en el jardín.

    Y yo ya sospechaba que era Emalf, no se si medio me spoileé, medio que no, pero por alguna razón no me querías decir quien era cada vez que te preguntaba XD, y a pesar de eso la revelación me gustó bastante, y el encuentro, dios, que el primer fanfic que recuerdo haber leído de TGG era de esos dos XD

    Aunque no llegue a la parte de Wadanohara donde aparece el con sus compañeras, ni se si llegan a ser algo relevantes, pero bueno.

    Ha sido interesante y también sentí que fue un poco más largo, pero aun esta en mis parámetros de comodidad. No estoy segura de haber entendido completamente como se siente Alfem/Emalf respecto a este chico que no recuerdo su nombre, claramente le tiene aprecio o estima, pero no estoy segura si lo que le enojaba de verle era que se enfadaba consigo mismo o con el chico, tal vez ambas, ahí quedé media titubeante, pero imagino que va más con que se enfada consigo mismo, aparte que se debe sentir fatal con que lo vean cuando tiene el autoestima treinta metros bajo tierra.

    No tengo mucho más que agregar esta vez, aparte de que me imagino a Wodahs y Yosafire hablando alegremente (90% Yosa, 10% Wodahs) sobre plantas, flores, jardinería y demás XD

    Si hay personajes que espero ver interactuar entre ellos son a Ater con Grora y Grora con Wodahs, aparte de las chicas, claro.

    Por último, también noté que pusiste las imágenes seguramente en spoiler, se agradece eso :3

    Volveré, para comentar el siguiente capitulo y lo sabes, por lo que me despido... por ahora (?) XD
     
    Última edición: 6 Abril 2020
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    Enserio, espero que eso no pase XD

    mmm... tendría que investigar bien sobre eso, realmente tengo que estudiar semantica :P

    Te creo XD

    No sé pro que creo que fue un fanfic Love Boy XD
    No he podido encontrar algún fanfic donde esos dos interactúen y no sea un yaoi XD

    Tenían que tener un tema de conversación que rompiera el hielo, y eso fue lo único que se me ocurrió, tampoco no es como que Funamusea dibujara mucho sobre él, así que meter a wadanohara fue mi única opción.

    Solo espero que a partir de cierto capítulo no te sea incomodo leer u.u

    Sabes algo?
    Yo igual me los he imaginado hablando de flores y métodos de cuidados, pero en forma sería, tipo momentos de cultivos, trasplante de plantas, épocas de sembrado y cosas por el estilo que ni yo manejo XD
    Cuando los personajes saben más cosas que el mismo autor XD

    Era mi deber :3
     
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    Mori

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    Falta tilde.

    "¿Vez? No somos tan malos" Creo que iría mejor así

    "Si se volverían a ver"

    Esta agarrando un rumbo interesante, dejando ver cómo Vendetto aún le tiene bastante aprecio, pero parece que el que en realidad tenía problemas con esa amistad resulta ser Alf ¿Por haberlos dejado? Probablemente.

    Creo que va a ser bastante complicado cuando Alf le diga quién fue el causante de sus heridas, no quiero ni imaginarlo, pobre.

    Esta vez no tengo mucho que agregar, creo que Froze si se mantiene dentro de su personalidad, a las otras no las conozco, así que ahí no sabría.

    Nos leemos~
     
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    Rutikina

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    Como siempre, muchas gracias por mostrarme esas fallas ortográficas *-*

    Creo que se deberían resolver esas dudas en los siguientes caps, digo, eso creo.

    Ni te lo imaginas. (risa malvada de fondo)

    YES! esos esfuerzos dieron sus frutos, me refiero a Froze por su puesto, ya las otras fue un tanto complicado, digo, no aparecen mucho en wadanohara y solo aparecen como unos matones para quitarte tiempo. Son tan terciarios, que ni en el manga oficial salen XD
     
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  11. Threadmarks: Parte 18
     
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    Título:
    Como Basura Reciclada (The Gray Garden)
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    24
     
    Palabras:
    7615

    Ajetreo

    Una agradable brisa soplaba en una amplia pradera, moviendo la hierba que se extendía más allá de lo que se podía ver; un hermoso cielo azul se extiende por el firmamento, solo decorado por unas mullidas nubes blancas en el horizonte, permitiendo al sol iluminar a plenitud todo ese verde lugar. En el centro de aquel tranquilo sitio, un frondoso árbol se erguía en una pequeña colina, entregaba sombra a un pequeño grupo de personas que estaban charlando cómodamente sentados en una manta.

    Uno de los que estaba ahí era Alfem, estaba más feliz y relajado que nunca, este ambiente y compañía era mucho más de lo que podía pedir, realmente se sentía muy contento.

    No era algo extraño si le acompañaban; su señor Kcalb junto con la señora Etihw, que estaban abrazados muy dichosos, lo cual era algo que lo llenaba de seguridad; Chelan y Dialo, trajeron todo tipo de aperitivos deliciosos que decoraban la manta cuadrille; Macarona, esta hablaba sobre sucesos que le ocurrieron en la escuela, sobre lo que hacían los niños, y como eso le daba vida; por último Froze, que estaba a su lado, callada, solo observando con una pequeña mueca en su boca, que no se podía distinguir entre una expresión sería o una leve risa, pero al solo tenerla a su lado le daba tranquilidad.

    En eso, mientras conversaban y comían amenamente, Etihw, se sobresaltó como sí de repente hubiera recordado algo, y comenzaba a escarbar en la canasta donde habían traído las cosas. Se veía muy emocionada, buscaba y buscaba, como si la pequeña canastita fuera más grande de lo que parecía, entonces sus ojos se encendieron como estrellas al aparentemente hallar lo que buscaba. Entonces con ambas manos comenzaba a extraer del pequeño objeto, pilas y pilas de hojas blancas, las sacaba como si aquello fuera un sombrero mágico, ya que la cantidad de hojas era imposible, eran diez veces más grande que aquella cesta.

    Alfem, al ver esa cantidad absurda de papeles quedo frío, mientras todos los demás solo actuaban con total naturalidad, como si nada estuviera mal, cuando era todo lo contrario, esos papeles eran informes que él tenía que llenar y revisar, sintió como el pánico se apoderaba de él, mientras Etihw le extendió sus manos para entregarle un montón de papeles para que las tomase, todo con una gran sonrisa; él comenzaba a agarrar con las manos temblorosas y notoriamente preocupado, pero aun así le sonrió nerviosamente a Etihw.

    —Se que terminaras rápido, eres un buen chico —dijo la diosa muy tranquila, ignorando que esas palabras, en vez de darle ánimo y seguridad, solo se volvían cargas en los hombros de Alfem.

    Estaba contento con solo disfrutar de su compañía, ¿era necesario traer trabajo a este lugar? Alfem solo se ensimismó viendo los papeles que tenía en la mano. En eso Macarona también habló.

    —Así, también recuerda hacer el informe para el director, —agregó Macarona, uniéndose al equipo de explotación laboral— eres de mucho ayuda con la limpieza del colegio, pero tenemos que ser conscientes de cuáles son los cursos que no hacen la limpieza.

    —Recuerda que te comprometiste con ayudar en la venta —añadió Dialo mientras Chelan asentía—. Deberías de dejar de sobre recargarte de trabajo, no te hará nada bien.

    —Eso es verdad —añadió Macarona—, siempre tratas de hacerlo todo tu solo, no está nada en pedir ayuda, pero sabes, como te gusta darte trabajo, también hace la clase que me toca la próxima semana.

    —Oh, vaya, que buena idea —rio Etihw con un poco de malicia—, creo le pediré la Wodahs que te asigne más trabajo.

    —Tu magia de fuego me puede ser de mucha ayuda —agregó Dialo.

    De pronto, lo que comenzó como un pedido normal de tareas y una reprimenda, se convirtió de la nada en una tormenta de voces pidiendo cosas que debía hacer, tantas que no podía entender, era como un montón de ruido que lo hundía en ansiedad.

    Tratando de buscar ayuda, miró a su señor esperando que hiciera algo, pero solo se dedicaba a comer golosinas, ignorándolo, su mirada no lo podía alcanzar, su voz no salía, y el ruido que lo atormentaba aumentaba, entonces…

    —Ya paren de una vez —dijo Froze, con una calmada firmeza, rescatándolo de ese mar de quejas—, no ven que lo están presionando demasiado, es una persona que necesita apoyo, y con todo esto no están ayudando en nada —declaró mientras los veía de forma severa.

    Escucharla lo relajó.

    Ella siempre lo cuidaba de alguna forma, y el modo en que siempre parecía estar serena era algo que él admiraba, ya que, siendo un cobarde por naturaleza, sabía perfectamente que permanecer con una actitud estoica, incluso cuando estás en una situación complicada, es algo muy difícil de lograr, y eso es algo que él siente que jamás podrá hacer. Por eso y muchas otras cosas más que conoció en este corto periodo de tiempo conviviendo con ella, lo llenaba de fascinación por su persona.

    —Muchas gracias Froze —dijo Alfem, exhalando esas palabras desde lo más profundo de su ser, no solo por apoyarlo ahora, sino que por todo lo que ha hecho hasta el momento.

    Fácilmente se podía decir que Alfem amaba su señora Etihw y su señor Kcalb como sus benefactores, que se representaba como una gran lealtad por ellos, pero lo que sentía hacía Froze era algo distinto, fue quien se encargó de él desde el comienzo, tal vez, solo la asignaron a él porque ella era uno de los ángeles más confiables que había en ese mundo, y solamente era una tarea que debía cumplir, pero eso no le quita mérito a lo paciente y cálida que fue. Incluso ahora, no sabe cómo agradecerle a la señora Etihw por haberle asignado a tan maravillosa persona, nunca ha encontrado las palabras correctas para hacerlo, y siendo consciente de su poca inteligencia, es algo que lo ha frustrado demasiado por mucho tiempo.

    —Debes estar cansado —dijo Froze mirándolo a los ojos— ven, coloca tu cabeza aquí.

    Alfem se quedó pasmado, con gran intriga, donde Froze le estaba pidiendo que poyase su cabeza era un lugar, el cual debería estar reservado para una sola persona, para ESA persona, por lo cual vaciló ante la oferta de descansar en los muslos de ella, su petición era de ensueño, pero no podía ser real.

    —No seas terco.

    Habiendo dicho eso Froze tomó gentilmente a Alfem, e hizo que recostara su cabeza en su regazo, mientras ella le acariciaba el pelo.

    Esto debía ser el paraíso, por un momento sintió como si solo estuvieran ellos debajo del árbol; las voces de los demás ya no se escuchaban, y solo se oía la brisa pasar por la hierba junto con la respiración de Froze, la cual se fugaba por los cabellos de él y tocaban su cabeza. Esté era el mejor mimo que podía haber tenido en la vida.

    En ese momento, su vista se dirigió al horizonte, el cielo, de un momento a otro se había tornado naranja, no, no solo eso, una parte del cielo en frente de ellos se estaba llenando de estrellas o, mejor dicho, de soles, de enormes bolas de fuego que teñían el firmamento de cálidos colores rojizos a amarillos, era un cielo que jamás había visto en su vida, y de eso estaba seguro, era demasiado hermoso para olvidar algo así.

    Esto le llamó fuertemente la atención, se levantó lentamente del regazo de Froze, y comenzó a caminar ante este fenómeno. Era algo que solo afectó a la mitad del cielo, pero que al bajar la mirada pudo notar que esto transformó el lugar donde alguna vez hubo hierba verde, a un piso liso de color blanco, pero no solo era eso, el piso no era blanco por que reflejaba la luz, si no era porque este estaba produciendo luz, y esto lo desconcertaba. ¿Cómo era esto posible?, se preguntaba.

    Sin darse cuenta, estaba por cruzar la línea que se formaba entre la separación entre el pasto y aquel piso blanco, pero Froze le agarró del hombro y lo detuvo.

    —No debes ir ahí, no pertenecemos a ese lugar.

    —Solo… solo será un momento…

    Alfem ignoró la advertencia de Froze, pero no porque quisiera hacerlo, sino porque se sentía hechizado, su conciencia estaba difusa, como si fuera a traído a aquel lugar. Entonces movió su pie hacia adelante, cuando este tocó la plataforma luminiscente, ante él aparecieron dos siluetas que antes no estaban ahí, situadas una frente a la otra; una a la derecha y otra a la izquierda. La derecha se erguía imponente mientras que la otra yacía en el piso, herida, con grandes lanzas de luz atravesando su cuerpo.

    A pesar que era consciente de su amnesia parcial, esta escena le era completamente ajena, lo cual lo hacía aún más extraño, porque entre más observaba, más se llenaba de una inmensa nostalgia y tristeza. Todo lo que sentía era muy contradictorio, ¿cómo podía sentir nostalgia por algo que nunca había visto?, cosa que lo molestaba mucho, pero al mismo tiempo, sus sentimientos se sentían lejanos, como si se hubieran quedado al otro lado, junto al árbol y Froze.

    Mientras más veía este peculiar ambiente, le daba la impresión de que estuvieran conversando, o que estuvieran haciendo algo similar, venía a su mente, mas no podía escuchar nada, solo gobernaba el silencio, cosa que solo lo hechizaba más, siendo atraído por una morbosa curiosidad. Con su afán de estar más cerca, extendió su mano, pero al hacerlo un gran deseo de alcanzarlos y parar lo que iba a suceder lo invadió, y algo extraño pasó; sintió como si fuera tragado por la escena. Tras haber pestañado un par de veces, se percató que ya no estaba como observador, no, él ya no estaba a unos metros de ellos, él era uno de las dos siluetas, para ser exactos era la silueta que estaba en el piso, herida y sangrante.

    Alfem miró al frente y vio la otra silueta, un dolor incluso más grande que le generaban las lanzas vino a su corazón, lo destrozaba, le recordó mucho a lo que siente cada vez que recuerda a la joven demonio o sus antiguos camaradas, pero era distinto, se trataba de algo mucho más intenso, sensación que lo ahogaba y lo dejaba sin aliento.

    Quería gritar, quería moverse, pero no podía, ese cuerpo no le respondía, cosa que lo desesperaba, en eso, que quería deshacerse de todos esos sentimientos, la persona que estaba en frente comienza a acercarse, haciendo que otra sensación invadiera su cuerpo, estaba comenzando a caer. Pero todo se movía muy lento, y mientras la silueta que permanecía arriba mirándolo con desdén sonrió. La tristeza y la desesperación crecieron de manera exponencial, al mismo tiempo que entre más caía, más podía sentir como su propio enojo se acercaba, y todo se tornaba negro, hasta que finalmente se encontraba en medio del vacío. De alguna forma había vuelto a ser él.

    Mientras flotaba en la esa total oscuridad, una lagrima se derramaba en su mejilla, y una gran furia irracional vino a él, no quería llorar, todo esto que sentía era tan lejano que lo hacía sentir patético al ver si dedo humedecido por ese pequeño llano, pero también lo entendía, lo que había visto lo conmovía, y le era imposible ignorarlo. Entonces respira profundamente, tratando de calmarse, reafirmando el hecho que volvió a sí mismo por completo, y eso hizo que sintiera que sus pies tocaban una base, un lugar con césped, pero aún seguía todo en completa penumbra. Sabía que llegó a aquella pradera, pero no podía ver más allá de un metro de pasto oscurecido, entonces escuchó una voz.

    —Te dije que no fueras.

    Era Froze, con su típica voz severa, cosa que de la misma forma que lo tranquilizaba, lo colocaba nervioso, no le había hecho caso, y aunque ella no era muy estricta, ese tono de voz lo estremeció.

    —Lo siento, pero no se lo que me pasó, ¿ah? —dijo extrañado al girar y no verla, recibiéndolo el negro vacío, lo cual lo puso más nervioso.

    Miró a todos lados buscando a Froze, estaba seguro que la había escuchado detrás de él.

    —Ahora ya no hay marcha atrás.

    Escuchó nuevamente la voz de Froze detrás, pero nuevamente no estaba, acaso esta oscuridad le impedía verla.

    —Señorita Froze, ¿dónde está? —dijo al aire sin saber dónde dirigirse, aunque en cualquier situación algo así lo asustaría, pero como se trataba de Froze le permitía conservar la compostura—, no puedo verla.

    —Así que debo confirmar algo.

    Volvió a escucharla detrás de él, pero antes que pudiera girarse, una mano se posó en su hombro, y un sentimiento eléctrico se movió por toda su espalda. Esa mano era muy grande para ser la mano de Froze, además estaba vestida con un guante, un guante blanco, eso si lo hizo estremecer. Intentaba girarse, pero por lo congelado que estaba su cuerpo lo hacia de forma entre cortada, y para cuando pudo ver quien era realmente quien estaba detrás de él, vio algo absolutamente aterrador.

    —¿Hiciste el papeleo que te mandé?

    Era un Wodahs gigante que lo miraba de forma terrorífica, con una sed de sangre que hizo erizar todos sus pelos como si fuera un gato.

    —¡SÍ! ¡SÍ SEÑOR TERMINÉ TODO LO QUE ME PIDIÓ! —gritó Alfem parándose y tomando una postura firme en medio de una pequeña oficina, la cual estaba repleta de papeles, útiles de aseo y jardinería.

    Un gran dolor proveniente de su brazo derecho lo hizo retorcerse, moviendo su mano izquierda de forma involuntaria al origen del dolor, aquel dolor que le daba la bienvenida al mundo real. No debió moverse tan brusco, todo su brazo derecho aún estaba lesionado.

    Al parecer se había quedado dormido en la pequeña oficina donde estaba el papeleo para el inventario, que por el tema del festival había aumentado de forma extrañamente monstruosa, ya que no solo estaba lo del jardín, sino todo lo que conllevaba el castillo y biblioteca, pero aun así era raro que todo esto lo dejara exhausto, al parecer el arreglo que hizo la señora Etihw a su cuerpo le terminó afectando su gran resistencia, y en cuanto finalizó, cayo inconsciente en el escritorio.

    Aún estaba un tanto confundido, el sueño que tuvo fue muy raro, dejando en claro, que tener sueños ya era extraño, las pesadillas eran lo que predominaban sus noches. Esto debería hablarlo con Froze en cuanto tuviera tiempo.

    De repente, un color rojo tiñó su cara cuando recordó cierta parte de ese sueño, aunque siempre debía contarle a Froze todo con lujo de detalle si algo raro o poco común le pasaba, esto era algo que debía omitir por cualquier costo. Se convencía que solo era una anécdota tonta y sin importancia, que además de tornar todo en un ambiente muy incómodo, podía interferir con el diagnóstico final. En ese momento se alegró de tener a Macarona para este tipo de casos, aunque lo amenazó con liberar este tipo de información cuando él quería aprovecharse de sus subordinados, sabía que era la única persona en la que podía confiar en esta situación vergonzosa.

    Reponiéndose del impacto de su propia pena, sale al exterior y mira el cielo.

    —Por la mierda, ya es medio día… —gruñó para sí mismo al ver el sol en lo más alto— No me podré salir de esta tan fácilmente —replicó desordenándose el pelo con frustración.

    No importa cómo se le viere, esto retrasaba, no mejor dicho revolcaba su agenda, ahora sí en alguna noche quisiera salir y pasarla bien con el señor Kcalb, sería imposible, cosa que le molestaba, pero también, un poco del sentimiento que le generó aquel sueño se quedó con él, mas era algo que no podía encargarse ahora mismo, así que trató de ignorarlo.

    Sacó su teléfono y se dispuso a llamar. No sabe nada como ha funcionado todo durante el día, así que necesita ponerse al corriente, además justificar su ausencia, y la incorporación a sus funciones. La mañana ya había acabado, pero aún quedaban muchas cosas por hacer.

    El teléfono marcaba, mientras Alfem espera, alguien contesta.

    —¡Hola! ¡¿Qué tal?! —saludó con un tono de voz muy animado y jubiloso, escondiendo todo su nerviosismo por saber que tal vez su ausencia fuera notada.

    —¿Alf? ¡¿Dónde se supone que estás?! —grita la voz al otro lado del teléfono, era Macarona la cual se le escucha con un tono preocupado— No te presentaste hoy y tuve que organizar yo a los demás voluntarios… ah… al menos dime que estás bien.

    —Lo siento, lo siento, sí estoy bien, nada malo me paso… exceptuando el hecho que me quede dormido —rio al confesar su crimen.

    —Pero ¡¿dónde fue que pasaste la noche?! Pensé que te había pasado eso, pero cuando fui esta mañana a tu casa no estabas.

    —Bueno… si lo preguntas así… estoy en ¿la habitación de mantenimiento del castillo? —dijo dudoso ya que, aunque no sabía cómo reaccionaría ella al saber eso, sabría que no conservaría mucho la calma.

    Un pequeño silencio se produce en la llamada.

    —Aló, ¿Maca? —dijo preocupado por la falta de ruido del otro lado de la línea.

    Un suspiro cortó el silencio.

    —¿Te amaneciste haciendo ese tonto inventario? —se escuchó con cierto tono de fastidio, ella no podía creer que eso pasara, entendía que estuviera cansado, pero al menos que hubiera llegado a su casa a dormir— Al menos pedirás el día libre, ¿no?

    —¡Estás loca! ¡Wodahs me matará si hago eso! —El grito vino de lo más profundo de su alma— Ya me va a dar una reprimenda por no presentarme temprano, pero es mejor ayudar con lo que falta, además supongo que tú estás cubriendo mi parte en este momento.

    —¡Claro que no! —dijo tajante— Tú eres el que tiene más trabajo, realmente te colocas mucho peso, así que lo repartimos. Me sorprendió cuando leí todo lo que te habías asignado, deberías confiar más en los muchachos.

    —Ehhh… sí… —maldijo dentro de sí, era demasiado obvio que lo hizo por desconfianza y no por compañerismo— Entonces tendré que ir donde me tocaría estar ahora supongo, y decirle a quien me esté cubriendo que se puede retirar y que yo retomo.

    —Bueno… no… veras… —dijo evasiva, no quería hablar, ya que sabía cómo reaccionaría su compañero, pero era algo que no podía evitarse— Ah… Wodahs me dijo que cuando te encontrara, que te dijera que él te busca y que debes encontrarte con él lo antes posible.

    Al escuchar eso, Alfem se volvió piedra, ¿para qué lo quería?, lo enviaría a hacer más trabajo de oficina, cosa que lo fastidiaría, no quería hacer más toneladas de papeles, o por quedarse dormido ¿lo enviaría de nuevo a ser castigado al coliseo?; él estaba demasiado agotado para soportar eso otra vez.

    —¿Estás ahí? —preguntó Macarona— Mmm… no importa, de todas formas, como ahora sé que estás bien, no tengo nada más que decir, que tengas una buena tarde.

    —¡Espera! —gritó Alfem despertando de su shock— Te tengo que preguntar una última cosa.

    —¿Ah? Sí dime.

    —¿Has visto a la señorita Froze? —preguntó con una voz un tanto más sería.

    —¿Froze? Sí la vi, aunque un tanto ocupada, porque preguntas ¿paso algo? —un tono de incertidumbre se notaba en la voz de Macarona.

    —Nada grave… solo que tuve un sueño extraño y… necesito hablar con ella, me dejo un poco preocupado.

    —Sí la vuelvo a ver le digo, aunque deberías llamarla, si es por algo así no creo que allá mucho problema.

    —Lo haré y le preguntaré, bueno, te veo luego, si es que sobrevivo tras a ver a Wodahs —rio con amargura.

    —No seas exagerado —lo reprendió—, no es tan malo, está bien, nos vemos.

    —Nos vemos.

    El teléfono sonó indicando el término de la llamada.

    Un suspiro pesado es exhalado.

    —Estoy muerto… —dijo profetizando su destino para cuando vea al ángel jefe, el cual era más severo que su propio señor.

    No quería verlo, si fuera por él, lo estaría evitando todo el día, hasta que llegara el desafortunado momento en que se toparía con él, pero ahora el mismo tenía que ir a su encuentro. Lo peor de todo, es que no se demoró nada en encontrarlo en cuanto se dispuso a buscarlo, lo vio al pasear un poco por el castillo, eso hizo que sus pies se congelaran.

    —Oh vamos, mientras me mate rápido y sin dolor estaré bien —dijo hablando con sigo mismo, antes de acercarse al ángel del ojo parchado.

    Caminó llenándose de determinación para hablar con Wodahs, que daba instrucciones a otro ángel. Entonces cuando entró en su campo de visión, se dispuso a levantar la mano y saludar.

    —¡¿Qué onda Woda…?!

    —Así que te dignaste a venir por voluntad propia —interrumpió de forma seca el ángel jefe—, y yo pensaba que tendría que darte caza —sonrió macabramente.

    Ni siquiera le permitió saludarlo, esto era malo, ya que no sabía si estaba enojado o solo quería jugar con él de una forma muy cruel.

    —Lo lamento, en cuanto terminé el inventario y los informes no me di cuenta cuando me quedé dormido —dijo con una sonrisa tonta por los nervios.

    Wodahs solo lo miraba con desaprobación, lo que provocó que un mar de gotas de sudor bañaran el cuerpo de Alfem.

    En eso Wodahs, despidió de forma cortés al ángel que estaba junto a él, y se aproximó al nervioso demonio, el cual tiritaba de miedo.

    —Necesito que me hagas un favor, sí lo haces, haré vista gorda al hecho que te ausentaste toda la mañana —dijo Wodahs, estoico sin mayor expresión.

    Alfem se quedó congelado por la impresión tras escucharlo, esto era peor de lo que pensaba, ¿quería un favor? ¿Qué clase de tarea infernal lo obligaría hacer? Nada bueno podía salir de un trato con este sádico jefe.

    Wodahs puede aparentar ser amable y comprensivo, pero la realidad aparentaba ser muy distinta. Por alguna extraña razón, no escatimaba mucho esfuerzo en esconder actitudes maliciosas hacía Alfem, que pasaba desapercibida a los ojos de otros por su característica severidad.

    Alfem, no sabe por qué pasaba eso, pero cree que esa es su verdadera personalidad, cree que es como un desahogo por no hacerlo con los demás, al menos no tan abiertamente. Lo peor es que como no son tan cercanos para poder preguntarle, es probable que siempre se quede con la duda. Así que, aunque siempre él lo trate de forma casual y despreocupada, en verdad le tiene miedo, solo actúa de esa forma para poder hablar con más tranquilidad cuando está todo en orden. Por ello, este asunto no podía ser tan sencillo, y solo le quedaba atenerse a ello.

    —¿Me responderás o no? Supongo que prefieres la reprimenda —dijo Wodahs serio, pero en su última frase una mueca, muy leve se dibujó en su boca.

    —Solo di lo que tengo que hacer y lo haré… —respondió cansado, sin ánimos, sin ganas de luchar, dejando que todo su miedo fuera consumido por la frustración.

    —¿Estás bien? —preguntó Wodahs un tanto sorprendido por la reacción de Alfem, pensaba que terminaría con un ataque de pánico o que al menos se quejaría al respecto, esto le llamó un poco la atención.

    —¿Eh? —Una expresión extraña se dibujó en la cara de Alfem, ¿enserio él le estaba preguntando como estaba? No se lo podía creer— Eh… Si… digo… No es como que te importe mucho, ¿verdad?

    Esto si era raro, era normal para Wodahs que este sujeto se comportará de forma simplona, pero siempre que algo pasaba el comenzaba a tiritar como gelatina y le terminó agarrando un gusto por verlo de esa manera, pero ahora parecía tan cansado que ni eso podía hacer, cosa que lo comenzaba a inquietar. No es que se preocupara por él, pero le daría más trabajo sí algo llegara a salir mal por no estar en su cien por ciento.

    —¿Seguro que no te quieres tomar el día? —sugirió el ángel jefe sin mucha emoción.

    Otro con el mismo cuento, era lo que vino a la mente de Alfem, cuando era lo que menos necesitaba en este momento, cuando aún no se podía sacar esa sensación molesta que obtuvo cuándo despertó.

    —No, no me quiero tomar el día —dijo enojado—, solo dime de una puta vez lo que tengo que hacer, cuando estoy haciendo nada siento que mi maldita cabeza va a estallar, y solo me volveré loco sí hago de vago el resto del día.

    Wodahs se quedó estupefacto, y Alfem al verlo notó lo que acababa de decir.

    —¡Ah! ¡Yo… no quise…! —comenzaba a trastabillar nervioso mientras movía su mano buena de forma errática— Lo lamento, solo… que… en cualquier otro momento lo habría aceptado gustoso, es solo que hoy…

    —Entiendo… —dijo Wodahs muy sereno— Supongo que hasta tú tienes tu limite, te diré lo que debes hacer, aunque no te va a gustar.

    —Solo desembucha, cuanto antes comience antes se terminará…

    —Tienes que ir a dejar unos sacos de tierra de hoja a la florería del pueblo, y traer abono que ella te dará.

    La florería… aunque su dueña debe estar molesta por lo que pasó ayer y que en otra circunstancia la estaría evitando como la peste, no era tan malo, al menos tendría algo que hacer y algo más de que preocuparse, nunca pensó que llevarse mal con Yosafire le ayudaría en algo.

    —Podría ser peor, ¿algo más? —dijo con un poco más de vida en su voz.

    —Si, también quiero que le lleves unos retoños de arbustos que estarán al lado de la tierra, ella me dijo que se encargaría de plantarlas alrededor del pueblo, sí puedes ayúdala, es mejor que eso se haga hoy.

    —Pero ¿acaso no hay ya suficiente vegetación en el pueblo? —dijo despreocupado.

    Wodahs lo fulminó con la mirada.

    —¡Está bien! ¡Nunca está de más tener más verde! ¡La ayudaré, así que deja de matarme en tu mente, por favor!

    El ángel baja la intensidad de su mirada, para terminar de mirarlo con la indiferencia habitual.

    —No espero que comprendas lo valiosas que son, pero mientras no les hagas daño, nada malo te pasará.

    —Si… jeje… —rio nerviosamente— Por cierto, ¿Dónde se supone que están esos sacos?, solo vi una gran cantidad de bolsitas en la bodega.

    —Tienes razón, no están dentro del inventario, ya que es algo que surgió hoy en la madrugada —comenzó a narrar—. Pasa que cerca de la entrada de los bosques cercanos a la parte oriente del castillo, al parecer, un dueño anónimo de alguna tienda nocturna dejó una cantidad exagerada de tierra fértil tirada en un lugar visible. Al menos, quien fuere que lo hizo, se dignó a dejarla en sacos junto a una nota diciendo que lo dejaba como una donación de agradecimiento, aunque no tengo ni idea de que.

    —Que sujeto más extraño, y como no tenemos suficiente espacio quisiste deshacerte de eso, ¿no es cierto?

    —Estás en lo correcto, pero me hace falta abono y minerales para mi jardín, así que hice un trato con la florería.

    —Supongo que tienes razón… No me manejo en eso, pero entre ustedes se deben entender —dijo sin vacilar—. Si eso es todo mejor me voy a buscar la carreta, con un brazo menos no creo hacer eso sin su ayuda.

    —Aunque tuvieras los dos tendrías que usarlo de todas formas.

    Una cara de cansancio se hizo notar en Alfem, al recordar que no dijo la cantidad de sacos de tierra que había, eso significaba que era posible que no tuviera una cifra, por ende, no los había contado, y si no los había contado era una mala señal… Al menos estaba agradecido de tener algo que hacer.

    —Bueno, nos vemos Wodahs —se despidió Alfem dirigiéndose a la salida.

    —Nos vemos —respondió Wodahs yendo al sentido contrario.

    Alfem se fue derecho a buscar una carretilla que pudiera arrastrar con una mano. Estaba relativamente tranquilo, de alguna forma conversar sobre trabajo con Wodahs lo relajó un poco, aunque todavía se sentía extraño, de alguna forma cansado e irritable. No era algo como el hecho de no poder cumplir con sus responsabilidades pudiera provocar, no era del tipo responsable después de todo, y mucho menos esto sería por exceso de trabajo. Quiere suponer que solo fue por ese mal sueño que tuvo, pero aun así era raro, había tenido pesadillas mucho peores y se había recuperado de forma rápida. ¿Tal vez era un efecto secundario a la sanación lenta de su brazo? Le tendría que preguntar a su señora al respecto, pero antes tenía que hablar con Froze.

    —Definitivamente tengo que llamarla… —susurró mientras tomaba su teléfono y marcaba, resonando una rueda de madera a su paso.

    El tono suena por un breve momento y contestan.

    —Hola Froze —dijo tras escuchar un saludo del otro lado—, sé que estás ocupada, pero necesito conversar, ¿te puedo robar algo de tiempo?

    Alfem habló de forma precisa, no quería gastarle tiempo innecesario a aquella ángel, la cual le respondió positivamente.

    Él comenzó a contarle de forma resumida como se ha estado sintiendo desde que despertó y sobre que no se sentía bien sobre el sueño que tuvo, mientras Froze le hacía preguntas pertinentes para poder entender bien todo lo que le estaba pasando. Ella comprendía que no era una conversación que pudiera hacerse por teléfono y con tan poco tiempo, así que comenzaron a acordar cuando encontrarse.

    —Entonces te avisaré en cuanto termine el encargo que me pidieron —dijo Alfem—, hoy como no tendré mi turno habitual, así que sí logro liberarme antes te llamaré sin falta.

    —Está bien, pero avísame sí sucede cualquier cosa, ¿de acuerdo? —se escuchaba a una preocupada Froze al otro lado de la línea— De todos modos, ¿en dónde estarás?, preferiría tener a alguien acompañándote.

    —Preferiría que no, es molesto sentirme observado, pero verás… estaré en la florería del pueblo… —dijo con nerviosismo.

    —…Muy bien, eso me hará las cosas más fáciles.

    —Supongo que debe ser algo ¿bueno…? —dijo con incredulidad— ¿Aunque sabes como ella me trata?

    —Las chicas y Yosaf me contaron que eso mejoró la última vez que se vieron, así que confiaré en ustedes.

    Alfem suspira pesadamente.

    —Confiaré en tu criterio, la conoces mejor que yo —dijo con un leve tono de resignación entre mezclada con esperanza—, bueno, nos vemos luego, tengo que comenzar a cargar esta tierra de hoja.

    —Cuídate, y trata de no meterte en problemas de nuevo.

    —Tendré cuidado, bye.

    —Hasta luego.

    Al colgar el teléfono, miró de forma decidida la pila de dos metros de sacos de tierra de hoja, para voltear y mirar la carretilla que había traído; estaba obligado a hacer más de una vuelta, además que tenía que llevar una buena cantidad de retoños, que debían llegar a salvo a su destino, no eran simples sacos que podía tirar y apilar en la carretilla. Esto sería tranquilo, pero era posible que le consumiera mucho tiempo, solo esperaba no dejar nada para mañana si es que Froze se desocupaba antes.

    Así que ni corto ni perezoso comenzó a arribar los sacos, aquí agradecía que su fuerza fuera la misma, o si no, hubiera sido imposible hacer esto solo, aunque espera que su resistencia lo apoye esta vez.

    —Supongo que esto está bien para un primer viaje —declaró al ver la carreta repleta hasta más no poder.

    Primero iba a dejar la mayor cantidad de sacos que la carretilla pudiera llevar, para así no tener tantos sacos que traer en la segunda ida, y traer un par de retoños, era el plan perfecto y se sentía orgulloso de eso.

    El camino no era largo así que no se demoraría mucho al llegar a la aldea, y a pesar que no sentía que el cargamento estuviera pesado, se sentía muy cansado, cansado mentalmente. En todo el recorrido hasta ahí no pudo evitar que sentimientos extraños lo invadieran, una tristeza que no identificaba como suya apretaba su corazón, y era algo que se estaba volviendo insoportable.

    —¡Oye Emal… digo Alen! ¡Espera un momento!

    Un grito inesperado surgió de la nada y lo saco de su mal transe.

    Era una voz familiar, y por como lo llamó era obvio quien era, pero no quería lidiar con él, aunque una distracción no estaría mal, su sola presencia hacia surgir sus propios malos sentimientos, y eso tampoco era un buen cambio. Así que decidió ignorarlo y seguir su camino esperando que aquel que lo llamaba no siguiera insistiendo.

    —¡Oye idiota deja de fingir que no me escuchaste, Flame! —vociferaba Vendetto, al acercarse a la carreta que parecía que estaba a punto de romperse por el peso que llevaba.

    No podía deshacerse de él con solo dejarlo ser, de seguro lo molestaría hasta que él mismo cediera, así que apresuró lo inevitable y se detuvo. Además, sería muy vergonzoso que le siguiera todo el camino gritando nombres distintos porque no se acordaba de cómo se llamaba. Así que sí tanto se disponía a seguirle, ¿por qué no molestarlo un poco?

    —Hola, tiempo sin verte, mi querido esclavo —proclamó Alfem burlescamente, con una sonrisa maliciosa— ¡Oh! Por cierto, es ALFEM, A-L-F-E-M, Alfem, al menos recuerda el nombre ante quien perdiste una apuesta.

    —¡Hey! No es mi problema que no quieras que te llame como antes —se quejó una vez que lo alcanzó.

    —¿Entonces te puedo llamar Vereda? —sé burló— Que yo sepa tampoco estas usando tu nombre —mirándolo de manera inflexible, y si él recordaba su ridículo apodo, le exigiría lo mismo a su compañero.

    —¡Oh vamos man! No seas tan duro, antes no eras así, de hecho, en ese tiempo ¿te tomabas algo enserio?

    —¡Cuantas veces te tengo que decir que me dejes de comparar a como era antes! —gruño furioso— ¿Enserio eres tan idiota para no entender lo que es un trauma, imbécil?

    —¡Oye no me trates así! Solo vine a ver como estabas —dijo de manera defensiva—. Cuando te vi pasar tenías una cara tan demacrada que no pude simplemente evitarte, tampoco tenía muchas ganas de verte, sabía que me cobrarías la apuesta.

    —¿Tan mal me veo? —preguntó con incredulidad mientras tocaba su cara.

    —Broh, tienes unas ojeras putamente grandes, aunque es bueno que esas ridículas gafas los tapen un poco, pero de todas formas no es algo que uno pueda ignorar; te ves fatal.

    «Ojeras enormes», otra cosa rara a añadir a la lista. De buenas a primeras le costó creer lo que su amigo le dijo, pero al verse reflejado en un vidrio en la calle pudo notarlo, dos manchas negras estaban debajo de sus ojos, y esto no se justificaba solo por una mala noche de sueño, algo andaba más mal de lo que pensaba.

    —Enserio hermano, ¿estás en condiciones de trabajar? —dijo mirándolo de pies a cabeza, notando su postura, cara y su brazo inmovilizado.

    —Créeme, me sentiría peor si me dejaran sin hacer nada.

    El rostro de Vendetto se llenó de asombro, como de algo de pena.

    —Realmente has cambiado Emalf

    Un tono de melancolía se pudo sentir cuando dijo eso.

    —Aunque tienes razón, no es por lo que crees. De hecho, es…

    —¡Vendetto! Chico, no te desaparezcas, así como si nada —gritó una voz femenina cerca de los muchachos.

    —No nos hagas buscarte, al menos avísanos si vas a desaparecer —dijo otra voz femenina.

    Eran las amigas/socias de Vendetto; Ver y Laurentia, que tras caminando por la aldea y viendo que podían hacer, al parecer no notaron cuando este corrió o no escucharon siquiera cuando gritó.

    —¿Cómo demonios no escucharon todo el escándalo que hiciste? —susurró Alfem a su amigo.

    —Debieron estar muy concentradas cotizando por el lugar —le respondió.

    —¡Vaya! ¿Pero sí es tu amigo que te llevó intoxicado al hotel? —dijo Ver cuando notó a Alfem junto a Vendetto.

    —Perece demacrado, ¿se encuentra enfermo? —acotó Laurentia, provocando una sonrisa incomoda en Alfem.

    El de gafas se puso un tanto tenso, debía mejorar su manera de ocultar su estado físico, no quería que todos en el pueblo supieran que no estaba bien.

    —No… bueno… veré a mi medico cuando termine mis deberes, señoritas… —dijo Alfem mientras se esforzaba por recordar bien los nombres de las compañeras del sujeto que tenia al lado— Espero que me disculpen. ¿Cómo se llamaban? Creo que mi fatiga está afectando mi memoria.

    —No te preocupes, también iba a preguntarte lo mismo —rio Ver cautivada por la sinceridad ese pobre hombre— Mi nombre es Ver Million, pero llámame simplemente Ver, ella es Laurentia.

    —Un placer —dijo Laurentia, mientras hacia una pequeña reverencia de modo de saludo.

    —¡Oh! El placer es mío —dijo Alfem un tanto nervioso, dando leves inclinaciones para devolver el saludo cortés, aunque se terminó mareando un poco, lo que le provocó un leve dolor de cabeza—, me relaja un poco saber que no soy el único a quien se le olvido sus nombres, soy Alfem.

    —¡Ya lo recuerdo! ¡Alf! —Exclamó Ver, chocando uno de sus puños en forma de martillo con la palma de su otra mano— También, gracias por dejar a Vendetto en el alojamiento, habría sido un problema ir a buscarlo y eso me recuerda, ¿cuánto te debe?

    —¿Disculpa?

    La pregunta que hizo Ver fue un tanto repentina y fuera de lugar, así que miró a su amigo, se notaba que comenzaba a sudar.

    —Sobre la cuenta del bar, dudo que pudiera pagar en el estado en que quedo.

    —Eso, ¿realmente importa ahora? —dijo Alf un tanto extrañado, si Vendetto le debía algo, era cosa de ellos, Ver no se tenía que entrometer.

    —Pues si —afirmó Ver—. Veras, hicimos un fondo común para venir aquí, y soy la encargada de administrarlo, así que sí el te debe algo, es mi deber pagártelo y descontárselo, pero sí él no te debe nada, no habrá ningún problema.

    Esta mujer era avara, no sabía si decía esto por que realmente tenia la intención de pagarle si es que Vendetto le debía algo, o solo lo trataba de persuadir, de todas formas, la pregunta le había molestado.

    —Él no me debe nada —afirmó—, le dije que yo invitaba los tragos, así que así quedará, y quiero ser claro con esto, no me importa si tienen fondos comunes o algo por el estilo, pero mi amigo es lo suficientemente responsable para pagar por sus medios si debe algo, así que te agradecería que no te metieras donde no te han llamado.

    —No fue mi intención ofenderte…

    —Esta bien, no se como manejan las cosas, así que también me disculpo, me molestó, pero también estoy irritable por un dolor de cabeza, así que hagamos que esta conversación jamás pasó —dijo un tanto frío, aunque se notaba que trataba de calmarse.

    —Bueno colega, ¿dónde tienes que llevar todo esto? —dijo Vendetto alegre, y abrazando con un brazo a Alfem.

    —Bueno, ya que ahora eres mi esclavo, toma.

    Alfem, posicionó a su amigo donde él estaba.

    —Debó ir a la florería que está un poco más allá, y me hace falta mano de obra, así que te cobraré ahora nuestra apuesta.

    —¡¿Qué no te debía nada?! —gritó decepcionado e impresionado.

    —Nada de dinero, ahora jala —le ordenó y Vendetto comenzó a tirar— Señoritas, lo tomaré prestado el resto del día, si desean pueden seguir paseando.

    Ambas se miraron atónitas a lo sucedido, por un momento pensaron en él como una buena persona, pero no perdió la oportunidad para cobrarle la palabra.

    —No tenemos nada que hacer así que los acompañamos, ¿qué dices Laurentia? —preguntó Ver de forma alegre.

    —Me gustaría ver las flores que tiene que ofrecer —respondió sin mayor emoción.

    —Está decidido, los seguiremos.

    El trayecto no fue largo, aun así, se divirtieron conversando de cosas triviales, y una vez que lograron ver el local, un escalofrió recorrió todo el cuerpo de Alfem, haciendo que se viera evidentemente nervioso.

    —¿Estás bien? —preguntó Ver al notar el estado de Alfem.

    —¡¿Sí?! —exclamó al notar que le hablaban— Sí, estoy… bien… es solo que… espero que no esté enojada por lo del otro día —susurró al final.

    Mientras Ver quería indagar más al respecto, de la colorida florería salían dos personas; una llevaba un ramo de flores en los brazos, mientras la otra la despedía con una gran alegría, moviendo el brazo en son de despedida mientras la otra se alejaba. Toda esa alegría se convirtió en disgusto cuando vio al carrero y su compañía.

    Una clara disgustada Yosafire se acerca.

    —Así que ahora es cuando llegas y arruinas mi buen humor —dijo Yosaf con desdén.

    —Hola… ¿Qué… tal?… ¿Me estabas esperando? —saludó Alf todo nervioso, pero al mismo tiempo extrañado.

    —Sí… Wodahs me lo mencionó cuando conversábamos sobre la tierra de hoja —explicó con disgusto, también se sentía incómoda con esta situación.

    Aunque está sería una buena oportunidad para mejorar su relación, la incomodidad en el ambiente era palpable.

    —Entonces hagamos esto rápido, ¿dónde te dejo todo esto?

    —Solo déjalo ahí enfrente de la tienda, yo lo ordeno después.

    Tal afirmación perturbó al encargado del aseo.

    —¡¿Estás loca?! —gritó sin pensarlo demasiado.

    Yosafire lo miró de manera fulminante, se sentía como le deseaba la muerte por insultarla.

    —Digo… señorita Yosafire, —tosió y trató de reformular lo que había querido decir— ¿no sé da cuenta de lo peligroso y anti estético es lo que me pide? —dijo con el tono más formal que pudo, olvidándose así por un momento de todo su nerviosismo.

    —Por eso digo que lo haré yo —insistió tercamente.

    —No entiende —afirmó con firmeza—, no puedo solo dejarle aquí afuera todo este cargamento, además que es mucho, debo ir a buscar más, y entre que usted sola entra esta cantidad de tierra pueda que pierda más de un cliente. ¿Acaso quiere eso?

    Esto era problemático, aunque ella no quisiera admitirlo, ese desgraciado tenia un punto, no quería perder la racha que tenia hoy, pero aun así…

    —Sabes atrás de mi tienda esta mi vivero, como la entrada está en un recinto privado nadie vería que hubiera sacos ahí, pero mi problema es… —se detuvo antes de continuar.

    —¿Y el problema es?

    Era tan obvio cual era su problema, pero aun así Alfem le siguió el juego, era su forma de distraerse de su dolor de cabeza.

    —Que tienes que pasar por la florería para llegar ahí y no quiero que entres —dijo sin ningún tipo de arrepentimiento.

    Esta mujer sí que era terca, pero él en el camino, ya había pensado que así algo ocurriría.

    —¿Y qué pasaría si no soy yo el que entra? —dijo sin mayor energía, y un poco hastiado.

    —Entonces no habría problema, pero ¿quién sería? —preguntó mientras veía quienes lo acompañaban.

    —Este sujeto, se llama Vendetto —dijo mientras tomaba a su colega para acercarlo e introducirlo a la conversación—, él será quien llevará los sacos a donde indiques.

    —Espera, ¿Qué? —exclamó el aludido.

    —¡Oh! Un placer Vendetto, mi nombre es Yosafire, es un placer contar contigo —sonrió ignorando la clara cara de desaprobación a la propuesta—, y ¿quiénes son aquellas damas que están ahí atrás?

    —Ella son amigas suyas; son Ver Million y Laurentia, dijeron que querían ver lo que ofrecías.

    Ambas hicieron leves gestos de saludo, Laurentia neutral como siempre y Ver un poco extrañada con todo este asunto.

    El ambiente tenso se había dispersado, el cretino había traído una buena ofrenda; posibles clientas, y eso colocó de muy buen humor a la peliverde. Nunca pensó que aquel que le roba su tiempo con su amada Froze hubiera llegado a ser útil.

    —Es un placer, por favor entren —Yosaf invitó a todos a pasar—, tú, el rubio, te diré donde debes dejar la tierra.

    Vendetto miró con una mirada suplicante, como si estuviera gritando por clemencia a Alfem, el cual solo lo miraba diciendo que no podía negarse, y que estuviera feliz por pagar tan pronto su deuda con él, todo eso lo dijo solo con una sonrisa y el pulgar arriba. Así fue arrastrado Vendetto hacia adentro mientras cargaba su primer saco.

    Alfem solo lo despedía moviendo la mano mientras Vendetto desaparecía de su vista y las demás entraban de curiosas al local.

    —Bueno, será mejor que descargue un poco, así solo tiene que tomar y entrar —se dijo a sí mismo disponiéndose a bajar algunos sacos y colocándolos cerca de la puerta, aunque agradecía a Etihw por bendecirlo con la llegada de su colega, no se sentiría tranquilo haciendo nada, eso solo atraería malos pensamientos.

    Con la ayuda de Vendetto, las cosas fueron más rápidas de lo que pensaba Alfem, además que las idas y vueltas fueron más amenas. Las chicas se habían ido tras comprar unas flores para decorar su habitación, mientras el demonio rubio seguía ayudando a su amigo. A pesar que ya estaban en la última vuelta, no parecían cansados así que regresaban con el último cargamento de tierra que dejaron, y los retoños que no se pudieron traer antes.

    —Dejaré esto adentro, tu aprovecha de descargar todo —dijo Vendetto tomando unos sacos directo de la carretilla.

    —Si, si —respondió Alfem a lo animoso que estaba su amigo.

    En eso, que estaba bajando las últimas cosas, una presencia pesada se hizo notar.

    —Vaya… vaya… que tenemos aquí, creo que he encontrado mi juguete perdido.

    Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Alfem, que lo congeló, y lo llenó de terror, conocía esa voz, la conocía demasiado bien.





    Aviso desde ahora, me voy a desaparecer hasta Julio más menos, no lo voy a dejar tirado solo que me cuesta concentrarme en los estudios. Así que ¡nos vemos! igual trataré de pasearme por aquí de vez en cuando.
     
  12. Threadmarks: Parte 19
     
    Rutikina

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    Como Basura Reciclada (The Gray Garden)
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    Drama
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    Previamente en Como basura reciclada
    Alfem, tras ser vencido por el cansancio, se quedó dormido en una pequeña caseta cuando terminaba de revisar todo el papeleo que Wodahs le dejó como castigo, en ese momento tuvo un sueño extraño, que terminó de forma desagradable, persiguiéndole todo el día con una sensación de incomodidad y punzantes dolores de cabeza. Además, para no recibir un nuevo castigo por haberse quedado dormido y no ir a trabajar, tuvo que hacer un favor a Wodahs, que consistía de llevar un cargamento a Yosafire.

    En el camino se encontró con Vendetto y sus amigas, así que, aprovechándose del momento, Alfem le cobró la apuesta a su amigo para que este haga el trabajo pesado, lo que le facilitaba el encargo, y además le dio compañía que le permitió distraerse de su malestar todo el trayecto a la florería.

    Pasando la tarde en ello, Ver y Laurentia ya se habían retirado y el trabajo ya estaba casi terminado, cuando Alfem estando solo descargando el carro, mientras que Yosafire y Vendetto estaban dentro del local, escuchó una voz familiar que se hizo notar, la cual hizo estremecer todo su cuerpo, paralizando todos sus sentidos, llenándolo de temor, una voz que conocía demasiado bien…​

    · – ~~ · ``¨ * ¨´´ · ~~ – ·

    Reencuentro desagradable


    Ya era tarde en El Jardín Gris, en unas horas el sol comenzaría a ocultarse, pero por el momento el cielo aún lucía con un color azul.


    Una sonrisa juguetona resonaba en los oídos del pobre encargado del aseo, Alfem solo quería pensar que era una alucinación por su dolor de cabeza, pero su instinto le gritaba que era real, que debía de estar alerta, a pesar que todo su cuerpo comenzaba a fallarle.

    —Oh… Vamos querido, ¿no me vas a saludar? —dijo entre sonrisitas— o acaso ¿prefieres un cariñoso abrazo de mi parte?

    Un sonido de una pisada pasó como un rayo por la cabeza de Alfem.

    —¡ALEJATE DE MÍ! —gritó con mucha desesperación mientras tiritaba sosteniendo en sus brazos un saco de tierra, el cual dejó nerviosamente de nuevo en la carretilla— ¡No te acerques! Qu-Quédate donde estás… yo…

    Alfem se miraba las manos temblorosas, el miedo le nublaba el juicio, sus pensamientos eran difusos y caóticos, como si en su cabeza se hubiera desatado una tormenta. En su interior solo se hacía interrogantes al igual que se trataba de convencer que nada de esto estaba pasando, pero negarlo era inútil, desde que se encontró con ese gato, esto solo era cuestión de tiempo.

    Lo que más le frustraba era que no importó todas esas veces que lo ensayó mentalmente, cuantas pesadillas tuvo, o cuanto lo conversó con Froze, nada de eso funcionó en este momento. Tenia la leve esperanza que podía guardar medianamente la calma, pero no pudo, al escucharla, cada dolor, cada grito, cada horrible experiencia que vivió atacaron su mente sin piedad, ya que la presencia que se encontraba detrás de él solo representaba tormento y aflicción; no la quería cerca.

    —Vamos… No puedo mostrarte la dicha de verte sí me das la espalda —dijo calmadamente manteniendo la distancia.

    —Esto… Yo… No…

    Tenía que recobrar un poco la compostura, no podía quedarse pasmado toda la vida, o los esfuerzos de todo este tiempo hubieran sido en vano, pero ¿cómo? No estaba listo, no sabía cuáles eran sus verdaderas intenciones, aunque pudo notar que guardaba cierta distancia, como si supiera que no la soportaba, eso era extraño, ¿cómo lo sabía? Ella no era de las personas más consideradas con su prójimo, es mucho más probable que ella al saber que no podía mantenerse cuerdo al tenerla cerca le sacaría el mayor provecho para su propia satisfacción, pero eso no importaba en este momento, debía mantenerse enfocado.

    El sentimiento de que posiblemente le haría daño estaba demasiado presente, cosa que lo aterraba y lo aturdía, pero necesitaba llenarse de coraje, un poco del valor que veía en aquella persona que lo había atendido desde el momento en que llegó, debía hacer valer el esfuerzo que ella había puesto en él, se sentía en deuda, al igual que con todos sus otros nuevos amigos.

    Así que, con mucha fuerza de voluntad, con pequeños pasos, Alfem comenzaba a voltearse para ver de frente a quien lo atormentaba.

    —H-Hola Poemi, tanto tiempo sin verte… —dijo nervioso, con cierto tono de timidez, escondiendo lo mejor que pudo su pánico.

    Al girar pudo observar a la joven que vio crecer desde niña, aunque esto debería dar un sentimiento de cierta nostalgia, notar lo cambiada que lucía solo lo inquietaba más. La mirada depredadora que fue clavada en él, hacía que instintivamente evitara hacer contacto visual, además toda esa ropa estrafalaria de gala lo incomodaba, ¿qué pasaba con ese sombrero con tres puntas? Era innecesariamente grande, con alas casi del largo de sus brazos, y con una cabeza de alto, era demasiado, ¿estaba escondiendo deliberadamente sus cuernos? ¿Quería verse como una bruja? Todo esto solo traía más preguntas que solo incomodaban a Alfem que estaba dando todo para permanecer ahí sin salir huyendo.

    Poemi pudo notar fácilmente lo incomodo que él se sentía, lo cual disfrutó placenteramente, pero una vez que lo vio bien, una mueca de asombro se reflejó en su rostro, una un tanto difícil de leer, ya que no solo se le pudo ver una gran impresión en su mirada, sino que también una pisca de temor, que de inmediato se convirtió en unos maliciosos ojos juguetones.

    —¡Vaya! Los poderes de un dios realmente son asombrosos, ¿no es así, Emalf? —exclamó felizmente Poemi, con cierto toque de fascinación en su voz.

    Tal respuesta enérgica hizo retroceder un poco a Alfem.

    —¿A-A qué te refieres? —dudó— ¿Lo, lo dices por estas asombrosas gafas? Son un gran regalo de mi señora Etihw. —dijo con cierto orgullo, tocándose los lentes con los dedos, levantando estos un poco produciendo pequeños reflejos del sol—¿C-Cómo su piste que era trabajo de un dios? Realmente son asombrosas. ¿No lo crees? Jeje.

    Entre un nervioso y orgulloso Alfem, Poemi quedo impactada, eso la había tomado totalmente por sorpresa, nunca pensó que él haría una broma en este momento, era tan desconcertante que no pudo evitar echarse a reír.

    —JAJAJAJA. ¡Claro que no, tonto! ¡Quien pensaría que esas cosas serían creación de un dios? ¿Acaso no es obvio? ¡Tu cara! ¡Poemi está impresionada como te reconstruyeron el rostro! Jajajaja—Vociferó con mucha felicidad— Oh vaya, caí en una vieja costumbre, lo siento, supongo que te has convertido en todo un bufón estando aquí.

    —¿Eh?

    Aparte de la risa que Poemi se estaba conteniendo por lo ocurrido, para Alf, un silencio incómodo congeló un poco sus sentidos.

    —N-No entiendo a lo que te refieres —murmuró nervioso, sin tener realmente la intención de entender a lo que se refería.

    —Es que ¡sólo mírate! ¡Tu nariz, tus mejillas, hasta puedo ver que tienes todos tus dientes! —exclamó maravillada, aunque una duda vino a ella— Pero debo decir que tal vez, esta dios… ¿tiene alguna dificultad en reconstruir ojos? ¿Por eso usas gafas? ¿Tal vez ajustar la visión de un ojo al ya existente será complicado? Aunque puedo apreciar que solo se preocupó de lo importante, mantuvo tus orejas rasgadas, dudo que eso sea por falta de poder… ¿Tal vez tú mala visión también fue adrede? Tendré que anotar eso… Ahora quiero saber el estado del resto del cuerpo, que otros lugares reconstruyó o mantuvo… Lástima que no tenga mucho tiempo… ¡¿Qué más da?! No importa, sigue siendo un trabajo fascinante de observar a primera vista. Aunque también tendré que dejar una queja. ¿Por qué tienes el brazo inmovilizado? ¿Tú regeneración se vio a afectada al vivir aquí? O… ¿También es obra de ella? Sí es así… que envidia me dan esos poderes divinos. ¡Eso nunca lo logré hacer!

    Todo esto lo decía en un tono un tanto analítico, más que le estuviera hablando a Alfem, es como si se lo estuviera diciendo a sí misma, como si estuviera viendo algún tipo de muestra de laboratorio que debe ser examinada con rigurosidad.

    ¿De qué demonios está hablando? Era lo que pensaba Alfem al escucharla. En cierta medida, sabía exactamente a lo que se refería, pero no quería admitirlo, no quería procesar lo que escuchaba y perder la cordura, ella solo estaba jugando con él. Ella… Ella de alguna manera debía saber sobre la condición en la que estaba su memoria, no se lograba imaginar como se pudo haber llegado a enterar, pero no había otra razón para que le mintiera de esta forma… Solo le decía todo esto para hacerlo desesperar, estimulando su mente y crear recuerdos que jamás vivió… Las imágenes que venían a su cabeza no podían ser reales, ya que era más macabras que aquellas con las que convivía y atormentaban a diario. En definitiva, no quería creer lo que ella decía.

    —¡¿Qué MIERDA estás HABLANDO?! —explotó Alfem en desesperación— ¡¿Qué mi cara esta mejor de lo que recuerdas?! ¡POR SUPUESTO QUE ME DEBO VER MEJOR! ¡TENGO UNA MEJOR VIDA AQUÍ! ¡POR ESO…!

    —¿Realmente no lo entiendes? —sonrió con malicia— No recuerdo con claridad el día en que te cercene la mejilla, pero te puedo asegurar que estabas totalmente consciente, al igual que cuando hice el tratamiento para separar tu ojo de tu cuerpo.

    Imágenes, ruidos, sensaciones, vinieron como rayos, bastó menos de un segundo para que comenzara a temblar, tocándose inconscientemente el lugar donde debía haber una cuenca vacía, donde ahora estaba un globo ocular, tal contradicción le dolía de una forma familiar. Junto con otro recuerdo, él en frente un espejo, su mano ensangrentada, el de una melena rubia deteniéndole y una melena azabache sanándole.

    El dolor de la contradicción que negaba todo el sufrimiento que vivió, un dolor tan profundo que ya era parte de su ser, le desgarraba tanto que tuvo que negarse a sí mismo para dejar de sentir tal malestar.

    —Ese fue un gran experimento, aunque las primeras veces que te reventaba los ojos volvían a generarse, pero una vez que lo extraje creando el enlace, para después usarlo, nunca más volvió a crecer, eso fue un suceso muy curioso. Pasó lo mismo con algunas de tus garras.

    En la manera que se expresaba daba a entender que ella era consciente de cómo se estaba sintiendo Alfem, aunque este no dijera ni una sola palabra y tuviera la mirada oscurecida, con solo ver lo quieto que se encontraba, como notoriamente apretaba más y más sus puños, una sonrisa malintencionada fruncía.

    Su voz cada vez se volvía más molesta.

    —Son valiosos recuerdos que guardo dentro de mí, así que hacerse el tonto conmigo no te servirá de nada, sé que tú también los tienes, o ¿quieres que rememore los momentos más destacables? Eres un demonio fuerte, no es como que esos bellos momentos te hayan causado algún daño, ¿verdad? —dijo con una sonrisa de oreja a oreja— Supongo que te estás haciendo el interesante, pero solo te hace ver como un niño que quiere atención ¿sabes? Así que te daré en el gusto. ¿Te acuerdas de la silla?, ¿y quienes se sentaron en ella? Seguro que recuerdas al primero, ese sujeto que…

    Suficiente.

    —¿Podrías… callarte…? —interrumpió Alfem con una voz quebrantada.

    —¿Dijiste algo? No te pude oír bien.

    —Te dije que ¡TE CALLES MALDITA SEA! —explotó en ira y resentimiento— ¿Acaso no te das cuenta que no tengo ni la menor puta intención de escucharte? ¿Qué me arrancaste un ojo? ¡VAYA GRAN COSA! Te recuerdo que me arrancaste las alas, me cortaste mis cuernos, jugaste con mi cuerpo más de una vez. ¿Acaso hace mucha diferencia que me hubieras desfigurado? ¿Haría alguna diferencia que me hubieras hecho alguna otra cosa? ¡Fui un verdadero estúpido al pensar que me liberarías cuando pudieras ayudar al inútil de tu padre!

    Mientras gritaba con pequeñas lágrimas de un llanto contenido, Poemi frunció el ceño.

    —Recuerdo perfectamente cuántas veces me prometías una y otra vez mi libertad, lo repetías tanto como si tu propia vida dependiera de ello. ¡Pero vaya mentira de mierda! ¡¿Por qué llegue a pensar que te preocupabas por mí?! ¿Cómo llegué a pensar que te importaba en algo? Siquiera… ¿signifiqué algo para alguno de ustedes?

    Se afligía más con cada oración que exhortaba, retorciéndose lentamente en sí mismo, buscando un refugio que no encontraba. Mientras Poemi, con su sonrisa ya borrada, se cubrió su rostro con la enorme ala de su sombrero.

    —Emalf, ¿te puedo preguntar algo? —dijo Poemi de forma muy serena— Si enserio pensabas eso, si estabas convencido que te dije la verdad, entonces, ¿por qué no volviste en cuanto pudiste?

    —¿Eh?

    Desde la perspectiva de Alfem era una pregunta extraña, hasta fuera de lugar, aunque el tuviera cierta esperanza que lo extrañaban o le tenían algo de estima, eso no significaba que fuera a volver a ese horrible sitio, en donde conoció el verdadero tormento, donde nacieron las pesadillas que no lo dejan dormir, y en el lugar donde no tenía a nadie en quien confiar.

    —¿No es eso obvio? No soy tan imbécil —dijo un poco más calmado, aquella pregunta le había vuelto un poco la compostura.

    Ella lo miró y rio.

    —Vaya, por un momento pensé que lo eras. Después de lo que te hice. ¿Quién sería tan necio para creer que alguna vez fue querido? ¿Quién pensaría en tener algún sentimiento en un mero objeto? Después de todo si un juguete se rompe, solo debes remplazarlo. ¿No es así? Pensar lo contrario sería muy gracioso.

    Alfem solo podía apretar los dientes para contenerse ante la burla a sus ilusiones más hermosas, que, aunque eran una mentira fueron un buen escape ante su sufrimiento.

    —Sin embargo, tenías razón, yo te aprecio mucho Emalf —dijo con una tierna sonrisa.

    Escuchar esto solo hizo que todo el cuerpo de Alfem entrara en alerta, nada bueno podía venir de algo así.

    —¿Sabes algo? Tú eres irremplazable para mí. Realmente te aprecio mucho, también hay quienes te extrañan tanto como yo, así que por favor vuelve con nosotros.

    No se podía entender este increíble cambio de actitud, pero de algo si se estaba seguro, esto era repugnante, lo único que lograba cada vez que hablaba era tan solo generar odio y rechazo en el corazón de Alfem.

    —No eres un simple juguete, eres algo mucho más especial que eso, solo yo conozco tu verdadero potencial, solo yo conozco tu verdadero valor, así que no te hagas de rogar y vuelve. Realmente te extraño mucho.

    Esto parecía una broma de mal gusto, pero, aunque fuera verdad, y aun hubiera quien lo extrañara en su antiguo hogar, ya era demasiado tarde. Tal vez, si ella conociera lo que es la consideración y la empatía, su intento de traerlo de vuelta habría sido mejor, pero como parece que carece de ese conocimiento solo se dejó llevar por su lado más sádico, disfrutando de como sufría con los recuerdos que estimulaba, dejando desde un principio en evidencia sus intenciones de seguir lastimándolo.

    Así que ver tanta hipocresía y cinismo hizo crecer aún más el resentimiento de Alfem, uno solo comparable a la tristeza que le daba el saber que ya no tenía donde volver.

    —¡¿Pero qué cojones estás diciendo?! —replicó hastiado— ¿¡Quien se tragaría esa mierda?! ¡juegas conmigo, con mis emociones, con mis recuerdos como si fueran un pedazo de basura para decirme después que me valoras? ¿Qué soy especial? ¿Crees que con esa clase de cosas voy a ir saltando a tus pies? ¿Enserio? ¿Enserio pensaste eso? ¡¿Quién en su sano juicio lo haría?! Además, no crees que tampoco tiene sentido. ¿Quién le creería a la persona que le botó como un perro al borde de la muerte? ¿Podrías pensártelo dos veces antes de decir una idiotez así?

    —¿Botarte como un perro? ¿De qué hablas? Yo nunca me desharía de ti, como te dije eres demasiado valioso para hacer eso —dijo confiada con sinceridad.

    Pero no importaba lo que dijera, Alfem no la escucharía más, no importaba lo que ella pensara, ya era irrelevante para él. Era tanto su indiferencia que ya le había vuelto el dolor de cabeza que tuvo desde que despertó. Aun así, debía permanecer alerta, esta mujer era peligrosa, pero solo podía esperar a que alguien lo socorriera si intentaba algo.

    Este reencuentro, aunque corto, para lo único que sirvió fue para colocar la última piedra en la tumba de lo que alguna vez fue Emalf, cosa que dolía como nadie se podría imaginar.

    —Oh… que desilusión… veo que no me crees… —dijo con una cara llena de una gran hipocresía— Pero es verdad, por favor vuelve con nosotros, te voy a tratar bien. Ya encontré la forma para ayudar a mi papi, pero no puedo hacerlo sin ti.

    —Je —rio Alfem.

    —¿Qué es lo que es tan gracioso?

    —Hablas como si siquiera me importara en algo lo que dices —dijo confiado—. Ve y búscate a otro idiota que te ayude.

    —Ya lo intenté…

    —¿Qué?

    Una autentica pena o, mejor dicho, ¿decepción? se notaba en Poemi, esto solo le era un recuerdo de los tormentos de Alfem.

    —No importaba cuanto buscara, a cuantos sacrificara, ninguno podía ocupar tu lugar, todos y cada uno de ellos fallaba en lo esencial, nadie tenía la suficiente fuerza de voluntad. Nadie tenía tantas ganas de vivir como tú, que aun después de todos esos años aun quería seguir respirando. ¿Lo entiendes? No hay otro sujeto de pruebas mejor que tú, no hay gritos mejor que los tuyos, no hay nadie con esa resistencia obtenida por años y años de esfuerzo. Así que vuelve y terminemos lo que una vez empezamos.

    —Eres repugnante…

    —Jeje. No es como si fuera algo raro, después de todo somos demonios.

    —Que excusa más conveniente para poder ser una hija de puta —dijo un tanto para sí mismo, después de todo, al vivir aquí él aprendió que eso solo es un pretexto barato; el problema no era que ella fuera un demonio, sino que simplemente era estúpida.

    —Así que vuelve, nadie es como tú, tu sufrimiento, tu persistencia, tu evolución, ¡eres el conejillo de indias perfecto! ¡Tus ganas de vivir jamás se iban! Aunque había momentos en que parecía que desfallecías al final lograbas sobrevivir, ¡eso era lo más magnífico de todo! ¡Así que VEN! ¡VUELVE A MI LADO! ¡Si tan solo pudiera llevarte de vuelta por mí misma! ¡Pero vamos! ¡No está esa zorra aquí! ¡Ahora no hay nada que te pueda detener! Por favor, déjame escuchar tus gemidos una vez más.

    Al parecer ya no había razones para esconder sus verdaderas intenciones, era solo una manifestación de depravación, que solo perturbaba a Alfem, que ante tal espectáculo no sabía qué hacer, estaba alerta, pero ¿por qué simplemente no se lo llevaba a la fuerza? ¿Por qué estaba rogando de esta forma? Esto se preguntaba cuando de repente un grito interrumpió la situación.

    —¡PARA CON TODO ESTE SHOW, POEMI!

    Era Vendetto, tras escuchar el escándalo de afuera salió a mirar, pero al notar a su hermana se quedó escondido, no la había visto en mucho tiempo y se notaba algo cambiada, no quería que lo viera y que le reprochara lo mismo que su amigo, además que le daría una mejor perspectiva de todo este asunto; podría confirmar la historia de Emalf, no es que desconfiara de él, es solo que todo eso le pintaba mal rollo.

    —Herma… Tú qué… ¡TÚ! ¡¿Cómo osas interrumpir este bello momento?! —dijo furiosa.

    —¡¿Bello momento?! ¡¿Pero qué…?!

    —¡¿Por qué tienes que resolver tus problemas en frente de mi tienda?! —interrumpió Yosafire refiriéndose a Alfem, saliendo de la florería.

    —Chica no crees que no es el momento para… —trató de hablar Vendetto.

    —Nada de eso, no quiero que hagan otro agujero en frente de mi local, fue muy problemático la última vez, aunque todo ese alboroto me trajo clientes… pero no quiero más problemas. Así que tú, la del sombrero grande, ¿te puedes ir? —dijo Yosaf con desdén y muy molesta, realmente todo esto le parecía un completo fastidio, pero si algo le pasaba a ese sujeto, Froze se pondría triste, cosa que le incordiaba más.

    Alfem se veía sorprendido por la llegada de los dos, estaba tan inmerso en la situación que se había olvidado por completo de ellos, cosa que al verlos se sintió un poco más seguro.

    Mientras Poemi los miró atónita, sorprendida por quienes se presentaron, preguntándose porque de entre todos los que podrían venir a socorrerlo tenía que ser el ingrato de su hermano y además de ella, a quien no importaba los siglos que pasaran no la olvidaría jamás. A pesar de esto, debía pensar en algo rápido, no podía perder la compostura, entonces recordó lo que le contó su preciado gatito.

    —¡Oh! ¡Vaya! Así que tú eres la dulce florista que atendió a mi adorable Michi, te debo las gracias —dijo eso mientras se tomaba con ambas manos su vestido haciendo una pequeña reverencia—. No ha sido mi intención incordiarte, se nota que eres una dama muy gentil y con gran dedicación, eso lo sé al observar las hermosas masetas y flores que mi Michi trajo. Así que, por favor, deja llevármelo conmigo, vine aquí en primer lugar a comprarte flores, pero no puedo dejar pasar esta oportunidad.

    Alfem entro en pánico, no sabía sí Yosafire le facilitaría las cosas a esta maldita bruja, además que ella no mostraba mayor emoción, como que todo su enojo se disipó al escuchar. Él repetía muchas veces dentro de sí que Yosafire no permitiría que esa mujer se lo llevara, ¿verdad?

    —¿Eres la bruja de Michi? Es un gusto en conocerte, el hablaba maravillas de ti, y realmente me alegro que valores mis retoños, son mi orgullo. Además, no sabes lo feliz que estaría sí te llevaras lejos a este sujeto de aquí, así no tendría que verle la cara nunca más —dijo Yosafire muy tranquila, casi como un desahogo, clavándole la mirada a Alfem—. Pero sabes… no puedo ayudarte, no es como que lo pueda obligar o nada, y que este viviendo aquí o no, esa decisión no me incumbe y no me interesa, no quiero estar atada en ningún sentido a la vida de este incordio.

    —¿Entonces también te pondrás en mi camino…? —dijo desilusionada— Pensaba que me ayudarías… Esto si es una verdadera sorpresa. Al parecer cierto juguete es muy amistoso, mira todos los amigos que tienes aquí.

    El sarcasmo era notorio, ella trataba de esconder su risa con su escamada mano, ya que el asunto de que este juguete tuviera alguien que lo apreciara era risible, en su estado actual solo sería una carga para sus cercanos, así que los perdería eventualmente, lo abandonarían al ser una molestia.

    —No confundas las cosas, no soy amiga de este imbécil —reclamó con un tono de fastidio—. Solo te estoy diciendo que no es cosa mía que él se quede o se vaya, es libre de decidir.

    —Vaya… pero eso igual es ponerse en mi camino, ¿por qué está dedicada floricultora defiende a está cosa?

    —Ah… —suspiró Yosafire con pesadez— No me estás escuchando… También, podrías dejar de tratarlo como un objeto, se sabe que no es muy listo, de hecho, se le reconoce por ser un tarado, pero no le quita que siga siendo una persona, así que deja de hacer eso, es molesto.

    —Sí que eres considerada, eso sí no me lo esperaba, pero no puedo cumplir con esa petición, eso ya no puede contarse como una persona, además es mío y trataré mis pertenencias como a mí me parezca, es mí problema, así que yo te pediré que no te metas en eso.

    —Eres desagradable, ya entiendo porque el idiota no quiere ir contigo.

    —Poemi, enserio, no es agradable que trates así a mi amigo —agregó Vendetto.

    —No quiero oír nada de un hermano tan desconsiderado como tú, ni siquiera una mera carta o visita en tantos siglos. ¿Cómo quieres que te considere como mi hermano siquiera? Así que no te atrevas a dirigirme la palabra —gruñó con una mirada fiera a quien era su hermano, toda su templanza se había desvanecido y no se dio siquiera la molestia de esconder su disgusto.

    Después de ver a su hermano pasmado por la sorpresa, recuperó rápidamente la compostura para enfrentar a Alfem y Yosafire, con una evidente molestia.

    —Bueno, no tengo todo el tiempo del mundo y se está haciendo tarde, no quiero preocupar a mis pequeños…

    —¿¡Tienes hijos?! ¡¿Pero cómo?! ¡¿CON QUIEN?! —exclamó Vendetto interrumpiendo la serenidad de Poemi.

    —¡Mis familiares, estúpido! ¡¿No te dije que no me hablaras?! —gruño Poemi ante la conjetura sin sentido de aquel de quien ya no quería saber nada.

    —¡Estoy molesta! ¡Terminemos esto de una vez por todas!

    La bruja vestida de carmesí hizo aparecer una pequeña flama en su mano la cual se convirtió en un objeto puntiagudo plano de color rojo, un poco curvado con ranuras circulares, el cual al verlo Alfem y Vendetto quedaron congelados.

    —¿Eso es lo que creo que es? —preguntó Vendetto con incredulidad.

    ¿Eso era lo que pensaba que era? Por los años que habían pasado no estaba seguro del todo. Pero Alfem que también lo observaba a su lado, no quitaba los ojos de aquello que Poemi sostenía en sus garras.

    —¡Oye no te quedes ahí! ¡¿Es o no lo que pienso que es?! ¡Oye!

    Vendetto gritaba a Alfem para que reaccionara, pero este solo murmuraba algo inteligible, pero con solo un pequeño gesto supo cuál era su respuesta; Alfem se había llevado la mano a la cabeza, como buscando aquello que debía estar ahí, uno de sus cuernos, una parte de su ser que estaba perdida ahora estaba a solo unos metros de él.
     
    Última edición: 1 Septiembre 2020
  13. Threadmarks: Parte 20
     
    Rutikina

    Rutikina Juasjuasjuas!! Holi

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    Como Basura Reciclada (The Gray Garden)
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
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    Tornado de angustia


    Los demonios se quedaron congelados en medio de la poca transitada calle, el objeto revelado por la bruja de rojo no era un juguete, sino una parte de uno de los involucrados.

    La tención que ellos emitían era grande, tanto que desviaban un poco las miradas de los más curiosos, pero no iba más allá, entre tanta diversidad era obvio que habría riñas, mas, nadie quería verse involucrado en alguna de ellas y ser expulsados del lugar. Por lo tanto, mientras no hubiera algún tipo de desastre, nadie interferiría.

    —¡Poemi! ¡¿Qué significa esto?! —gritó Vendetto al confirmar sus sospechas al ver lo trastornado que quedo su amigo.

    —¡Oh! ¿Quieres saber? Está bien, te lo mostraré.

    —¡NI CREAS QUE TE DEJARÉ HACER ALGO CON MI CUERNO! —gritó Alfem inclinando su cuerpo, preparándose para atacar.

    —Como si pudieras hacer algo.

    Antes que sucediera cualquier cosa, Poemi hizo un veloz movimiento con su mano, y todos quedaron expectantes, nadie entendió que había hecho, o si había hecho algo en realidad.

    Tanto como el rubio y la peli verde comenzaron a mirar para todos lados, esperando algún tipo de gran explosión o ataque masivo, no sabían dónde mirar, pero no notaron que el cuerno que ella llevaba en la mano comenzaba gotear.

    Alfem que ya se estaba cansando de toda esa tensión y que estaba a punto de abalanzarse sobre ella, notó que su visión se tornó roja, cosa que lo desconcertó robándose toda su atención, pudo ver que su ropa se estaba manchando de rojo, y sintiendo un dolor punzante en la cabeza; en donde debería estar su cuerno estaba sangrando demasiado, y un debilitamiento general en todo su cuerpo le hizo caer sobre una de sus rodillas.

    —¡Broh! ¡¿Te encuentras bien?! —dijo Vendetto al notar que Alfem había caído al piso— Amigo… estás… ¿herido?… pero ¿cómo?

    Él simplemente miró a su hermana pidiéndole una respuesta.

    —Vaya, parece que habías olvidado esto. ¿No es así? —dijo Poemi de forma burlesca, dirigiéndose solo a Alfem, ignorando a su hermano.

    —Tú… —dijo Alfem con voz rasposa.

    Alfem apenas pudo decir algo por el aturdimiento que le daba la pérdida de sangre, pero eso no impidió mirar con ferocidad a su agresora.

    —Vaya, aun puedes mostrarme esos ojos, eso significa que aún te quedan energías.

    Poemi sin mayor esfuerzo, con la mano que sostenía el cuerno, le clavó la garra de su pulgar en la base sangrante, en la parte blanda central expuesta que tenía.

    En ese mismo instante Alfem se quejó del dolor llevando su mano al cuerno, el dolor era demasiado, era como sí sintiera que le partieran la cabeza a la mitad.

    —¡¿Estás bien?! —dijo Vendetto.

    —I-Idiota, me estás comenzando a preocupar… —dijo Yosafire.

    —¡Oh! ¡Por favor no seas dramático! No es como si fuera la primera vez que experimentas esto, deberías estar acostumbrado a estas alturas, solo recuerda… algo como… tus garras, no creo que te olvides de como gritabas cuando jugaba con ellas, o lo que les pasó a los pobres infelices que no toleraron el peso de ellas, aunque sería mejor decir… tu peso. A ellos sí los recuerdas, ¿verdad?

    Aunque con cada palabra que ella exhortaba solo hacía aumentar su resentimiento, lo último que dijo le congeló la sangre, era algo que no quería saber, sentía como si fuera algo peligroso, que si escuchaba un poco más estaría en peligro su actual felicidad.

    —Esos pobres ingenuos, pensaron que volverse poderosos de un día para otro sería fácil, eran unos idiotas que pensaron que con esas débiles almas y determinación obtendrían algo, bueno, sirvieron como alimento a la más fuerte. ¿Cierto Emalf? O… ¿te olvidaste de eso también? ¡El regalo que recibiste gracias a ellos! —dijo mientras presionaba con más fuerza su pulgar en el cuerno.

    Esas palabras fueron como una espada que desgarró una tela, una tela gruesa que evitaba que él viera todo lo que alguna vez fue testigo y víctima. Eso dolía más que la herida que tenia en la cabeza, la cual se arremolinaba con los viejos recuerdos olvidados.

    En un inicio lo negaba, deseaba fingir demencia y declarar que todo lo que le mostraba su memoria no eran más que alucinaciones creadas por el estrés, pesadillas ficticias nacidas de una deformación de su trauma, pero no, él sabía cual era la verdad, sabía que los múltiples cuerpos deformes que lo rodeaban no eran más que los restos de personas que alguna vez conoció, compañeros de filas que fueron engañados por Poemi, los cuales encontraron su fin por que su deseo de vivir no superó la insaciable voluntad de no morir que él poseía.

    El dolor que sintió en su cabeza ya no era importante, ahora sentía dolor en cada fibra de su ser, recordándole lo que había visto, lo que había vivido, lo que había sufrido, lo que había olvidado. Todo lo bañaba como agua sucia que se escurría desde la coronilla hasta la planta de sus pies, recordándole que las vidas de sus excamaradas aún estaban arraigadas en él.

    El demonio rubio, veía como la expresión y actitud de su amigo y colega cambiaron drásticamente, pasando a estar muy agresivo, lo cual lo mantenía atento por si debía detenerlo, a pasar a un estado lamentable, como si todo el miedo del mundo se lo hubiera tragado.

    —¡Poemi! ¡Basta! ¡Detén esto! ¿No estas satisfecha con haberle arruinado la vida? —dijo Vendetto sin tomar el valor para acercase a su amigo.

    El rostro de Vendetto claramente mostraba su disgusto, pero no podía esconder su angustia por toda esta extraña situación, tener por un lado a su amigo de años que cuyo cambio de personalidad le costaba creer, y por otro a su pequeña hermana que no vio en siglos, por lo cual no la vio crecer. Todo esto se sentía muy desagradable.

    —¿De qué hablas? ¿Arruinar su vida? —dijo Poemi con una risita un tanto infantil, le pareció graciosa la ignorancia de su hermano— Te equivocas, no lo arruiné, de hecho, hice todo lo contrario, el debería estar agradecido con lo que le hice y permanecer a mi lado como retribución.

    —Poemi, eso es…

    Vendetto quedó estupefacto ante tal respuesta. Esto era desconcertante, era normal que como demonios tuvieran un sentido de la moral ambiguo, la empatía es algo que pocas veces llegan a sentir por sus cercanos, pero esto carecía de sentido, una cosa era disfrutar del sufrimiento ajeno, y otro muy distinto negar una realidad palpable.

    Toda esta consternación que demostraba el hijo de su amado papá, molestó a la bruja demonio. Que este cínico venga a preocuparse ahora por un caso perdido, cuando nunca siquiera fue a ver como se encontraban en todos estos años, la volvía loca.

    Una mirada de desprecio fue dirigida hacía Vendetto.

    —Realmente no quiero hablar contigo, así que solo desaparece y muere en un lugar donde no pueda verte.

    Esas palabras de su hermana le habían dolido, su pequeña hermana lo había despreciado una vez más, pero no quería darse por vencido, quería al menos, si no podía tener el perdón de ella, una respuesta, y estar tranquilo de todas estas dudas que tenía en su mente.

    —Poemi, no seas así, por lo menos explícame todo esto para poder entenderte. Sabes que te aprecio hermanita.

    —Uh… No te creo, vil mentiroso, hermano de mala muerte —dijo con mirada fría— Pero sabes, porque soy muy buena, y por la relación que alguna vez tuvimos, te lo diré; rompí su límite de crecimiento para poder ayudar a nuestro padre.

    —Su ¿Qué? ¿Para qué?

    —Su límite de crecimiento, barrera de fortalecimiento, o nivel máximo; bueno, realmente se le puede llamar de muchas formas. No me sorprende que no sepas de esto, es algo que de alguna manera todos sabemos, pero que al mismo tiempo no estamos conscientes, pero al menos podrías quitar esa estúpida expresión de tu cara, me exasperas.

    Ni Vendetto ni Yosafire no entendieron ni la más mínima pisca de lo que acababa de decir, más allá de que Vendetto estaba haciendo una cara rara al no entender nada de lo que dijo su hermana.

    —Perdón… pero yo…

    —No lo tienes que decir, puedo notarlo… Trataré de ser breve, así que no me interrumpas: Todo ser viviente, no importa cuanto se esfuerce, no puede volverse infinitamente fuerte, siempre llegara a un punto donde no puede desarrollarse más, puede volverse un poco más fuerte de lo que ya es, pero jamás podrá traspasar el punto donde su naturaleza o individualidad lo retiene. Tomaré por ejemplo a los débiles humanos; no importa que tanto entrene un humano, lo ágil, atlético que se allá vuelto, para un humano es imposible hacer un salto de 50 metros de altura, y menos sobrevivir a ello. Pasa lo mismo con los demonios y ángeles, no importa que tanto nos fortalezcamos jamás seremos como un dios, ello esta fuera de nuestro limite. Es por eso que la mayoría somos sometidos por ellos, no importa que tanto nos esforcemos, no podemos igualarlos…

    La mirada de Poemi cambio a una de angustia y frustración.

    —Pero eso… en que…

    Vendetto seguía sin entenderlo del todo, aunque no tenía claro si su confusión radicaba en la explicación misma, o en todo lo que la rodeaba.

    —¿Aún no entiendes? Fui lo suficientemente clara.

    —¿Por qué le hiciste eso a él? —dijo Vendetto expresando una del millar de dudas que tenía en su interior.

    Poemi lo fulminó con la mirada, que le tuviera que dar explicaciones de sus actos a aquel que era su hermano, la irritaba. Si tan solo él hubiera venido una vez, al menos sabría porque ella hizo lo que hizo. Además, que la pregunta en sí, por alguna razón la incomodaba.

    —Realmente eres un imbécil —dijo disgustada—. Daré esta conversación como finalizada, no quiero más preguntas.

    —Pero.

    —¡Calla! —exclamó con voz firme, para luego respirar y exhalar— No quiero perder más tiempo contigo, debo atender otras cosas.

    La mirada de Poemi se fijó en el aturdido demonio que estaba enfrente de ella, y tras verlo en ese estado, junto con la preocupación de los otros dos, sonrió confiada.

    —Veo que no saben que hacer con él… No se preocupen, si me lo dejan a mí haré que reaccione, lo conozco mejor que ustedes dos.

    Ambos reaccionaron con recelo a lo que ella había dicho, de hecho, presentían que no tenía buenas intenciones, Vendetto al fin no lo pensó demasiado y se dispuso a ir a ver más de cerca a Alfem, pero Yosafire, lo detuvo sosteniendo un poco sus ropas; ella le tenía un poco de miedo, lo vio cuando perdió el juicio, y se puso violento, lo que menos quería que aventara al demonio subió hacía su florería y matara a sus preciosas hijas. Solo deseaba que ella ya estuviera aquí.

    —Los veo desconfiados, supongo que no son tan tontos como pensaba, pero tranquilos, yo no me moveré ni un ápice de donde me encuentro. Solo quédense ahí y vean como realizo mi magia… —dijo calmada, para después de dar un pequeño respiro, mostrar una mirada siniestra y llena de maldad— Eeemaalf, míraaa.

    En cuanto ella pronuncio su nombre con la voz más juguetona que pudo hacer, la vista nublada del pobre Alfem se dirigieron a ella, viendo como esta movía oscilante lo que él tomaba como una parte de su ser. Además de todo lo que sintió antes, ahora comenzaba a sumarse ese dolor fantasma en su cabeza llenándolo de la necesidad obsesiva de sentirse completo.

    —Dime, Emalf, ¿lo quieres?

    Sus ojos seguían aquello sin perderlo de vista, los pensamientos de que debía hacer cada segundo eran más difusos, de hecho, ya no escuchaba nada de lo que pasaba a su alrededor, y cada segundo que veía ese pequeño objeto era peor, como una forma de escape de su mente ante los atroces recuerdos que lo acosaron, provocando un adicción a este escape.

    ¿Dónde estoy? ¿Qué era eso? ¿Por qué lo necesitaba? ¿Por qué lo necesitaba? ¿Por qué lo necesitaba? Sus pensamientos no estaban claros, pero algo le decía que debía ir y tomarlo, como sí aquello resolviera el malestar que estaba sintiendo, eso le ayudaría, debía ir corriendo y tomarlo, mas, algo le decía que no debía, al ver su brazo inmovilizado lo detenía, como una advertencia de una voz cariñosa, la cual no podía reconocer.

    Se quedo inmóvil, con una actitud y expresión perdida, esa poca respuesta ante la provocación había incomodado a Poemi, parece que algo de lo que dijo le había afectado demasiado y ya no reaccionaba como estaba planeado, sí tan solo ella pudiera caminar hacia él, todo esto sería más fácil, por dentro maldecía a esa entrometida ángel de aquella vez, pero esto no era un problema, ella sabía cómo hacer que la montaña viniera hacia ella, solo necesitaba un poco más de estímulo.

    —Emaalf, ¡miiiraaaameee! —dijo con una voz infantil llena de malicia, haciendo que Alfem la mirara a la cara.

    Al mirar en dirección de donde provenía la voz, todos los pelos de su cuerpo se erizaron, cada músculo, cada nervio, cada fibra de su ser entró en estado de alerta, su corazón comenzó a bombear sangre por todo su cuerpo para que este estuviera preparado, pero solo provocó que se debilitara y mareara. La herida abierta drenaba todas las energías que su cuerpo quería entregarle. Esto solo beneficiaba a su aturdimiento, si su mente ya le estaba impidiendo recordar siquiera como hablar, la falta de sangre solo agudizaba este mal, más aún, ignorando todo, su cuerpo le gritaba incluso desde sus huesos que no sé relajara, debía estar alerta a cualquier costo, que atacara si era necesario para sobrevivir, mas, aun seguía esa voz, que no sabía que era, pero le decía que solo esperara.

    La contradicción que batallaba en su ser lo mareaba, no sabía que escuchar, no sabía a que atender. ¿Quién era aquella que estaba frente suyo? ¿Por qué tiritaba al tan solo verla? Pero, ¿por qué sentía que estaba seguro? Y… ¿Qué era lo que estaba pensando hace unos momentos atrás? Eso era lo de menos… ¡¿Qué demonios debía hacer ahora?!

    Sus pensamientos lo atormentaban, su existencia era una locura, todo su cuerpo dolía como si mil llagas se abrieran por dentro, junto con su cráneo, que sentía que se partiría en dos por la presión que ejercían sus pensamientos. Nada tenía sentido, solo quería que alguien lo ayudara a salir de ese infierno, si había alguien que le pidió que guardara la calma, que ese alguien viniera a rescatarlo, a consolarlo, a abrazarlo, pero ¡se estaba tardando demasiado! ¡Su único consuelo era aquello que estaba al frente suyo!

    Lo necesitaba, lo necesitaba, lo necesitaba; aquel pensamiento comenzaba a inundar toda su mente como si fuera un virus, sin dejar espacio a otras ideas, solo aquello lo ayudaría. Eso era él, y él era eso, un instinto primitivo le decía que eso no debía estar lejos, eso aún seguía estando con él, así que debía traerlo de vuelta; ese pensamiento lo poseía, acallando cualquier otra cosa que pasara por su mente.

    —Eso… lo necesito —dijo entre timidez y miedo, como un niño perdido, indicando con su dedo el objeto.

    Claramente no se encontraba en sus cabales, y Poemi pudo notarlo como todos, cosa que la frustró. Solo quería ver de nuevo esas reacciones que tanto la estimulaban, pero no importaba lo que dijera, no podría lograrlo. Al parecer esto era un tema sensible, más de lo que pensaba, como había respondido de una manera desafiante al enfrentarla, pensó que ver su antiguo cuerno solo lo animaría un poco. La idea era que él la atacara para obtenerlo, siendo ese el escenario ideal, pero si llegaba a ignorarlo, eso sería problemático y tendría que idear otra cosa para atraerlo, pero no estaba en sus planes la reacción que ahora estaba viendo, esto era… era mucho mejor.

    —¿Lo quieres? Entonces ven, tómalo, es todo tuyo.

    Extendió la mano, le ofrecía aquel cuerno carmesí, como vil dulce engaño.

    —Vamos, ven, no tengas miedo —dijo Poemi mientras sonreía.

    Alfem comenzó a dar pasos lentos y tímidos, como si estuviera hechizado, mientras Vendetto se quedaba quieto por no saber realmente que hacer, aun pensaba en lo que le había dicho su hermana, no podía entenderlo, y la relación con su amigo. Todos estos pensamientos le impidieron notar que Alfem estaba caminando en dirección a Poemi.

    —Oye. ¿Es bueno que él esté tan cerca de ella? —dijo Yosafire a Vendetto no alejándose mucho de su lugar dónde sentía que podía defender su hermosa florería.

    Vendetto quedo helado, ¿en qué momento él se movió? Esto era malo, muy malo.

    Alfem llegó al frente de Poemi, y temblorosamente comenzó a extender su mano hacia aquel objeto de su deseo. Todo su ser tiritaba en nervios, y al tomarlo, fue inevitable quedarse mirando como si no pudiera creer que realmente lo tuviera en su mano, las lágrimas brotaron, y llevándolo a su pecho en un gesto de abrazo comenzó a llorar.

    Eso ocurrió cuando Vendetto se dio cuenta de la distancia en que se encontraban ellos dos, pero en cuanto trató de acercase, Poemi con una sonrisa malévola, le reventó una pequeña bola de fuego en el rostro, haciéndolo caer, y antes que el ruido sordo llamara más la tención algo raro paso.

    —Que ingenuo —dijo Poemi, mientras hacía un chasquido con sus dedos.

    El pobre demonio que estaba llorando de felicidad por reencontrarse con aquella parte de él comenzó a retorcerse, un constante malestar lo hizo caer de rodillas, perdiendo la fuerza en todo su cuerpo a tal punto de dejar caer aquello que hace poco había recuperado. El dolor venia de su espalda, era algo que se ramificaba por cada nervio de su cuerpo, impidiéndole siquiera gritar de la agonía.

    Tal sufrimiento hace mucho que no lo sentía, era un dolor tan característico que no era algo que pudiera olvidar, aún en ese estado, no importaba cuanto tiempo hubiera vivido en paz, reconocería la parte más sensible de su cuerpo. Instintivamente comenzó a buscar a su alrededor la fuente de su mal, miraba y miraba, tratando de encontrar sus alas.

    —Vaya… no importa que tanto busques, están lejos aquí—dijo Poemi, al ver como Emalf buscaba algo con la mirada de forma desesperada.

    ¿Lejos? ¿Qué tan lejos? Fueron las primeras incógnitas que atravesaron su mente, pero sabía que era mentira, no estaban lejos, de alguna manera podía sentirlo, cosa que lo obsesionaba más, pero el dolor en todo su ser le impedía siquiera tomar el cuerno que había soltado. Con dificultad, extendió un poco la mano para volver a tomarlo, pero una mano roja lo levantó del piso primero, mostrando una mirada burlesca, disfrutando de la impotencia que sentía en ese momento.

    —No pensé que esto sería tan fácil —dijo Poemi—. Para serte sincera pensé que tendría que lidiar contigo estando enojado, pero que te convirtieras en un ser estúpido facilitó mucho las cosas.

    Ella se puso de rodillas ante a un Alfem mal herido, la poca gente que se había detenido a ver lo que estaba pasando comenzó a seguir su camino, aparentemente las cosas se habían calmado.

    —¡Hermana! —gritó Vendetto levantándose del piso.

    —No te acerques, si es que valoras en algo a esto —dijo mientras señalaba al pobre de Alfem en el piso paralizado por el dolor.

    Vendetto, junto a Yosafire se quedaron quietos mientras Poemi observaba lamiéndose los labios a Alfem, el tenerlo tan cerca la emocionaba de muchas formas.

    —¡Oh! Por fin… después de tanto tiempo, al fin vuelves a tu legitimo dueño —dijo Poemi mientras extendía sus garras para poder al fin llevarse a aquello, pero cuando solo la separaban unos pocos centímetros, unas estalactitas fueron clavadas desde todas direcciones en la posición en donde estaba, si no fuera que lo esquivó en el último momento hubiera sido atravesada sin piedad, pero lo que más lamentaba era el hecho que se había alejado de su objetivo.

    En eso el hielo se deshizo dejando al descubierto a aquello que deseaba por un segundo, ya que de inmediato su visión fue interferida por la odiosa presencia de cierta ángel que ya conocía.

    —Tú de nuevo… ¡¿Por qué siempre interfieres?!

    Froze, quien se estaba preparando para ir a la florería a encontrarse con Alfem y visitar a Yosafire, vino volando lo más rápido que pudo cuando recibió una extraña llamada de su amada. Al parecer ella había marcado, pero había dejado el teléfono escondido en su bolsillo para que Froze escuchara lo que estaba pasando, y se pusiera al tanto de lo que ocurría. Fue una fortuna que pudiera reconocer la voz de esa bruja, aunque eso le hizo perder la calma, no sabía si ella estaba tan loca para atacarlos a todos en ese momento, y al llegar se alegró que su miedo no se hiciera realidad.

    Ver que todo estaba en relativa calma demostraba que esa demonio no quería llamar la atención, pero verla tan cerca de Alfem la alteró un y no dudó en atacar. Sintió que si se hubiera demorado un poco más habría sido muy tarde. Alferm se veía herido, y quería asistirlo lo antes posible, pero ante ella no podía bajar la guardia, se alegro mucho al ver a Yosafire bien, eso le permitia mantenerse serena y la concentración.

    —¡¿Contéstame?! —gritó Poemi.

    —No tengo porque hacerlo —dijo Froze con su tono serio y sin mayor expresión, mas no desviaba la vista de ella—. Será mejor que te retires, sí es que no quieres llamar la atención de otros guardias.

    De un momento para otro la poca gente que pasaba e ignoraba lo que ocurría comenzó a detenerse y ver lo que estaba pasando. Al parecer el ataque de Froze no era algo que pudiera ignorarse, era parte de la seguridad, la gente la reconoció y una acción de ella llamaba más a atención que una pelea de extraños.

    Poemi se vio rodeada de miradas extrañas, la misión había fallado, pero no perdería la oportunidad de demostrar que aún tenía ventaja, ya que era dueña de parte de él.

    —Te sientes muy superior ¿no es así?, pero es una lástima que yo…

    Poemi no pudo terminar lo que iba a decir, ya que aquello de lo cual se confiaba, el símbolo indudable que demostraba que seguía siendo dueña de aquello que esa patética ángel intentaba proteger, ya no se encontraba en su mano, cosa que era imposible, solo hace un segundo lo sostenía. ¿Qué fue lo que ocurrió?

    —Así que esto está pegado a él. ¿Algún tipo de conexión espiritual-física? ¿Por eso no pude reconstruirlo? Que truco más peculiar.

    Un sudor frio bañó todo el cuerpo de Poemi al escuchar esa voz, y aún más cuando se dio cuenta que sostenía; Etihw, la diosa en persona se había presentado, inspeccionaba curiosa el cuerno de eso.

    —Dime niña, ¿cómo lo has hecho? Frenar la sanación de un dios no es poca cosa —dijo Etihw de forma amistosa, pero Poemi se alteró de igual forma.

    Ella guardó silencio, estaba atónita, no podía creer que ella vendría para ver este caso en particular. ¿Qué demonios había pasado para que él, siendo tan insignificante, llamara la atención de un dios? Esto se volvió insostenible, sabía que no podía hacer nada contra una deidad, incluso su padre sabía que era peligrosa, por eso hace años, cuando invadieron el lugar, él planeó aislarla para ganar tiempo… No quería estar más ahí, todo se había arruinado.

    —Eso es… algo muy complicado de explicar —dijo Poemi para tratar de librarse de la pregunta.

    —No hay problema, tengo mucho tiempo, de hecho, ¿quieres ir al palacio para conversar con bocadillos y té?

    —Debo declinar su invitación, hoy tengo planes, pero muchas gracias, si me disculpa, me retirare ahora —dijo volteando y salir huyendo de ahí, pero…

    —Si tienes planes no hay mucho que pueda hacer, pero déjame decirte algo antes que te vayas… —dijo Etihw, tomando un ligero respiro antes de continuar— Mi mundo con mucho esfuerzo logro la paz, y si alguien le quiere arrebatar la paz, aunque sea a un solo habitante, se vuelve mi problema… Dejando eso en claro, te deseo una buena estadía y los mejores deseos para que disfrutes de las fiestas.

    Eso era una amenaza, una clara amenaza de un dios claramente molesto, así que en silencio Poemi hizo una reverencia y se retiró del lugar.

    En cuento ella se fue, Froze se inclinó para asistir lo más rápido posible a Alfem que se encontraba en estado catatónico. Ella lo llamaba y llamaba hasta que él la reconoció.

    Verla fue como una luz en la oscuridad, una estela que espantaba sus pesadillas. Por un momento no creía que estaba realmente ahí, era demasiado hermoso para ser verdad, pero al tocar su rostro pudo notar que era real, la ayuda que tanto anhelaba había llegado. Su dolor, como su angustia seguían, así que explotaron en un llanto amargo, mientras la abrazaba encontrando refugio en su regazo.

    —Gracias… Gracias… Gracias por llegar —dijo con la garganta hecha un nido, no parando de llorar en ningún momento.

    Ella lo contuvo todo el tiempo, hasta que entre llanto terminó desmayado, dando finalizada esa tarde para él, mientras todos los presentes a su alrededor observaban la escena.
     
    Última edición: 10 Noviembre 2020
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    Inquieto


    Cansancio… eso era lo único que sentía, una fatiga que lo inundaba, tan solo existir le era agotador, pero ¿por qué? Debía haber una razón para ello, simplemente que se sintiera así no tenía sentido, pero pensar en ello solo lo debilitaba más, sentía que no tenía la energía para indagar en este hecho, realmente no importaba demasiado, mas, algo dentro de él le insistía que encontrase la respuesta.

    Pensaba y pensaba. ¿Por qué no quería hacer nada?...

    ¿Era siquiera relevante responder eso? Se volvía a preguntar, esquivando la pregunta como bebedor que evita el sol de la mañana.

    Es que… no se sentía del todo desagradable… Era como si se estuviera desvaneciendo mientras flotaba, era tan relajante y placentero que a ratos se perdía en esa viciosa sensación.

    ¡Pero no podía simplemente quedarse así!, tenía que hacer algo, ¿tenía… que hacer algo?

    Así estuvo un buen rato con aquella disputa donde reinaba la pereza, hasta que, la ida y venida de ideas le terminó por drenar demasiada energía, la discusión misma se volvió agotadora. Cansándose de su propia indecisión, tomó la determinación de que si realmente quería descansar debía hallar una respuesta.

    Así que, para terminar con este asunto, decidió hacer una pregunta distinta, necesitaba contexto, entonces se le vino a la mente de forma fugaz; “¿Qué fue lo que hice ayer?”

    Sin una espera ni respiro, los recuerdos del último día vinieron sin ningún tipo de misericordia. Como un verdugo silencioso, sin piedad le mostró lo que nunca pidió recordar, y que tan solo quería volver a olvidar. ¡Huir!, eso fue lo primero que pasó por su mente, debía huir lejos dejando atrás lo vivido y seguir como lo ha estado haciendo, pero en cuanto le dio la orden a sus brazos y pies, estos no se movieron, llenándolo de desesperación, intentaba una y otra vez de mover sus brazos y pies, sin embargo, fue inútil.

    Aun así, tomando breves descansos seguía intentando poder moverse, pero solo yacía en aquella posición, que ni siquiera podía identificar bien. ¿Tal vez estaba acostado? Eso era lo más razonable, mas, era irrelevante, y además que no explicaba porque sus brazos y pies no respondían. Ignorando todo seguía luchando, ya que, no solo significaba el poder recuperar la movilidad de su ser, sino también, de alguna forma de su pasado y su presente. Si lo lograba tendría más posibilidades de hacer algo, no sabía que, sin embargo, no podía quedarse como estaba, debía deshacerse de esos recuerdos insanos. ¡Maldito era aquel reencuentro! Si tan solo todo eso regresara a la nada… Debía moverse, debía correr e ir lejos, y dejar atrás todo lo que vivió.

    ¿Sabes que no puedes escapar del pasado? —dijo esa voz, la voz espectral que le hablaba desde la profunda oscuridad de su ser— Pensar que querías creer que fuiste el único afectado… ¡Qué ingenuo! ¡Patético! ¡JAJAJAJA!

    La risa maliciosa y burlesca se deleitaba en su angustia, pisó con desdén aquello que era su luz de esperanza, pero era su culpa, por tener ese sentimiento inútil, de lo contrario no tendría esta clase de problemas. Estaba bien que pretendiera o espirara a ser una buena persona, pero el atormentarse por no desearle mal a esa gente era algo irrisorio, algo que merecía ser foco de mofa.

    Él realmente deseó que nadie más hubiera sido presa de la locura de esa bruja, fue algo atroz, ¿qué había de malo en eso? ¿Por qué hubiera estado bien desear lo contrario?

    Mas ese era el problema, solo debía haberlo asumido, o al menos ignorado.

    Pero ¿cómo podía hacer eso? ¿Cómo se sentiría bien que ella lastimara a sus amigos?

    ¿Amigos? ¿Alguna vez, alguno de ellos fue realmente su amigo? El único que lo consideró como tal se fue y se olvidó de él. En cierta medida estaba solo, sobrevivía en ese ambiente como podía, no había vínculos cercanos, ni siquiera con su familia, así que desear tan fuertemente que ninguno de ellos fuera presa de algún mal no era algo lógico, aun con su nuevo sentido del bien y el mal. ¿Por qué tendría tanta importancia el bienestar de solo conocidos? No era bondad, no era nada de eso, el solo quería sentirse mejor pensando en sí mismo como una especie de mártir, alguien que se sacrificó para que otros no sufrieran, ignorando por completo quienes eran esos otros, no era más que autocomplacencia, una fantasía que le hacía pensar de alguna forma retorcida que era una buena persona, que lamentable.

    Una lamentable persona que se mantenía de pie con una lamentable mentira, que tan solo con revelar la verdad se derrumbaba como una torre de naipes, pero acaso se le podía culpar, él no tenía esas memorias, y sentía que debía rellenar su pasado con cualquier cosa, no importando si esto fuera una ilusión. En cambio, ahora, no había mucho que hacer, debía asumir que solo fue uno entre muchos otros, y nada de lo que piense o diga cambiara ese hecho, solo quedaba rendirse ante la realidad.

    ¿No crees que estás muy tranquilo? —dijo la voz, ya con una figura más reconocible, pero aun medio escondida en las sombras.

    Él no respondió, sabía que aquello solo quería perjudicarlo, era la malicia con la que tenía que lidiar toda su vida, escucharlo más solo lo cansaría, y no tenía ganas de pelear, ya no más.

    Bueno es cosa tuya si quieres ser consumido.

    En ese momento pudo notarlo, la razón por la cual no podía mover sus brazos y piernas; de la oscuridad que reinaba pudo ver donde estaba; era un mar de cuerpos que se retorcían y se movían como una masa de gusanos, lo tenían sujeto de brazos y piernas con manos que salían debajo de él. Aquello lo estaba succionando, entre más manos aparecían más lo llevaban hacia abajo.

    Con fuerza intentaba zafarse, eran muchos, la masa de cuerpos destrozados bañados en todos sus fluidos internos lo deseaba, no lo dejaría escapar, ahora que los había recordado no había vuelta atrás.

    —¡Oye! ¡Ayúdame! —gritó al espectro que lo miraba desde la oscuridad.

    ¿Por qué debería? Si tú te vas yo permaneceré. Además, ¿no eras tú el que no quería lastimarlos? Ahora hazles un favor y desaparece.

    —¡No! ¡Yo! —gritó mientras veía como sus pies ya estaban completamente tragados por aquella masa.

    Segundo a segundo era succionado, haciendo aún más difícil él luchar, la cantidad de cuerpos que se retorcían en sus extremidades para detenerlas no paraban de llegar, era solo cuestión de tiempo que lo terminarían llevando hasta el fondo.

    Se devorado por quienes consumimos, esa será la mejor forma de expiar ese pecado —dijo de forma petulante y cínica— Desaparece, así no tendré ningún obstáculo para tomarla.

    Aquellas palabras lo llenaron de repudio, un asco tan grande que ni todas esas manos y cuerpos que bailaban alrededor de él hubieran podido generar.

    Su respiración era entrecortada, el peso que ejercía el ser aplastado hasta el torso era cada vez más fuerte. El haberse distraído con lo que escuchaba, lo había dejado en desventaja.

    Será fácil, todo gracias a la confianza que has trabajado todo este tiempo, tomar ventaja de tu “condición” será muy divertido.

    Repulsivo, indigesto, desagradable, asqueroso, vomitivo, inmundo, pestilente, repugnante. ¡Eso era lo que representaba! Nada en ese mundo era más hórrido que lo que estaba enfrente suyo. Si en este momento, el hecho de ser engullido por la culpa también lo hiciera desaparecer a aquel por completo, no dudaría dos veces y se sumergiría con gusto, pero nada lo garantizaba, no podía dejarse vencer por nada, su mayor enemigo estaba ahí mismo, no importa sí estaba hundido hasta el cuello, tenía que hacer lo necesario para permanecer.

    Espero que lo disfrutes, bye —dijo mientras se volteaba y hacía un gesto de despedida.

    Entonces se comenzó a escuchar una cosa desagradable, sonidos de mordiscos, carne siendo roída y tragada, inundaron aquel espacio negro. Las manos que se suponían que lo llevarían a la profunda desesperación fueron cortadas y amputadas con fuerza con sus dientes, aquel que estaba siendo arrastrado por la masa, ahora había liberado sus brazos, con ellos, tomaba los “orígenes” de aquellas manos, las separaba con tanta fuerza que era como si fueran rasgadas de la masa, la cual parecía un solo ser, y los ingería por completo. La misma que lo trataba de engullir era devorada sin piedad.

    Gritos de clamor se esparcían como una plaga con cada extremidad arrancada y origen consumido. Si eso lo quería devorar, él debía hacerlo primero, no debía dudar, no importaba si alguna vez fueron personas, todo lo que estaba aquí eran residuos de lo que no se terminó de fundir en su momento; debía ignorar que cada vez que enterraba sus dientes venían a su mente los últimos instantes de sufrimiento y desesperación de ellos, pero una vez que pasaban por su garganta ya todo se calmaba, volviendo lo que fue a la nada.

    ¡Vaya! ¡Pudiste hacerlo! Felicidades, ahora tenemos un par de cargas menos en la cabeza, jejeje… —dijo nervioso el espectro.

    Cuando se halló libre, se puso en pie sin mayor esfuerzo, la masa ahora huía de él y le abría espacio en ese lugar. Ya nada lo detenía, pero lo que ahora estaba en su cabeza no era más el querer escapar, sino, un deseo de seguir devorando, cuando un origen se fundía por completo con él, desaparecía también un peso en su mente, ellos eran en parte la causa de su fatiga, y el hacerlos desaparecer significaba que no debía luchar por permanecer cuerdo. Pero no podía dejarse llevar, tenía que resolver otro problema más importante que tenía adelante.

    Con paso firme fue a donde estaba su espectro, entonces con toda la fuerza posible y antes que aquello volviera a hablar lo agarró de la mandíbula, incrustándole sus garras en la cara. No lo quería escuchar, solo decía cosas que ya sabía, pero que no quería admitir. Aborrecía a aquella sombra representativa de su antiguo ser, siempre que podía lo acosaba en todo momento, puede que en otra oportunidad él lo trataría de evitar, pero la repulsión que sentía solo se calmaría con una confrontación directa, eso no era él.

    —No pienses en que seré destruido por aquellos que ya no existen, eso no son más que sobras, si quiero sobrevivir no puedo dejarme vencer por algo así. Tú mismo lo dijiste, a ellos ya los consumimos una vez, ¿qué me detendría ahora?

    En cuanto la sombra quiso hablar, su agarré se fortaleció, haciendo sangrar en donde estaban enterradas sus garras, y además que le impedía siquiera liberar aire de su boca.

    —Te detesto, te desprecio más que a nadie, ya no tienes el control, soy alguien distinto, no me puedo dejar influenciar ni por ti ni por nadie. Sí me dejara doblegar por basura como tú o eso, no sería digno a quien sirvo ahora.

    ¡Vaya, que leal! No sabía que podía ser tan noble.

    —¡Cállate!

    Su furia incrementaba junto a su frustración, no importaba que tan fuerte lo agarrara, aquello no se silenciaba.

    Tú me miras así, pero sabes que no puedes deshacerte de mí, soy tú, ¿lo recuerdas? Además, sí ellos y yo somos solo basura, ¿qué eres tú que estás formado por nosotros?

    Solo la ira lo poseía, quería reventarle la cabeza y ver como se esfumaba para siempre. ¡¿Por qué simplemente no podía desaparecer?! Lo odiaba, lo odiaba, lo odiaba, pero en cuanto tomó la determinación de hacer estallar su cabeza con su agarre, simplemente su garra lo atravesó como si fuera agua, aprovechando así el espectro para tomar distancia.

    Es posible que te sea fácil lidiar con los muertos, pero ¿cómo será contra un vivo con nuestra misma determinación?

    “¿Qué? ¿Qué fue lo que…?” No pudo procesar ese pensamiento y antes de siquiera darle forma, su suelo ya no estaba, y una caída indeterminada comenzaba.

    Pudo ver un gran sol al final del precipicio, uno que, de apoco, iluminaba la caída; era majestuoso, pero desagradable, y lo peor, es que iba directo hacía aquella esfera con muchos rayos brillantes. Aun cuando entendía que, si terminaba cayendo sería calcinado por el radiante astro, no tenía fuerzas para sentir desesperación ante eso, ya no quería hacer nada, simplemente respiró profundo y se resignó.

    Entonces cuando ya no veía otro destino, un millar de enredaderas con grandes espinas comenzaron a tapar el sol hasta que ya no se veía más. En ese punto, una gran rosa morada floreció de las espinas, una flor que le puso todos sus pelos de punta, más antes que pudiera reaccionar del todo, finalmente cayo en picada en ella, bañando todo en un líquido de color morado.

    Al abrir los ojos se encontraba agitado y desorientado, movía su vista para todos lados para entender donde se encontraba. Lo primero era que estaba en una habitación familiar, no era su cuarto, pero era un lugar que conocía, se encontraba en una de las salas de urgencias que estaban en el castillo. Por la tenue luz que se filtraba por las cortinas, era fácil deducir que era de noche.

    Se encontraba en un lugar seguro, un suspiro de alivio se le escapó al denotar su realidad, aquel sueño fue pesado, aun después de despertar lo tenía claro en su cabeza, entonces cuando intentó mover su mano para quitarse el sudor de la frente, no pudo hacerlo. El pánico lo invadió de inmediato, ¿seguía soñando?, pero en cuanto se levantó un poco lo entendió; estaba sujetado a la cama con amarres de seguridad, tanto en sus brazos, pies y torso. Debieron haberlo hecho para que no se callera o se hiriera por algún sueño violento.

    No era la primera vez que empleaban estos amarres en él, pero hace mucho que no las necesitaba, por lo cual ya no estaba muy acostumbrado a usarlos, así que más allá de una incómoda sensación de aprehensión, no había nada de qué preocuparse, no era algo normal, pero sí algo posible; estaba en la realidad.

    Una vez que ya había aclarado su mente, pudo tomar más atención a dos bultitos peludos a sus pies; uno blanco y uno negro. Por la poca luz, en un principio le costó distinguir que eran, pero fue fácil cuando el bultillo negro comenzó a moverse y a estirarse como solo los gatos lo hacen, dirigiéndose posteriormente hacia él, maullándole, para después bajar de la camilla a la altura de su torso.

    Al caer en el piso, aquella gatita tomo forma humanoide, era una chica de pelo largo y blanco, con orejas de gato color negra, dos pares de alas de murciélago y dos colas también negras. Vestía un uniforme gris de falda con pliegues, con corbata y pantis rojas al igual que sus ojos. La chica con rostro dulce comenzó a mirarlo fijamente.

    —¿Te despertaste? —preguntó con inocencia la chica.

    —¿Ater eras…? —dijo un tanto confundido, pero agitó su cabeza para tratar de tomar atención— P-perdona… siempre pensé que él gato negro era Arbus.

    —No, el gato blanco es Arbus.

    Hubo un pequeño silencio, ya que ninguno sabía muy bien que decir, uno por el aturdimiento del despertar y la otra por despistada.

    —Te mueves mucho.

    —¿Qué? —preguntó un tanto desconcertado. ¿A qué venia eso?

    —Te mueves mucho, y no dejas dormir —añadió Ater—. Arbus no ha despertado, pero me has despertado muchas veces.

    —Lo siento… No era mi intención… —dijo cabizbajo y ojos cansados, los cuales no podía ocultar ya que no tenía sus gafas.

    Una expresión de preocupación se mostró en la inocente Ater.

    —¿Estás bien?

    —¿Eh? ¿Por qué lo preguntas?

    —Te vez peor que cuando terminas de jugar con nosotras —dijo recordando lo maltrecho que quedaba, todo adolorido y ensangrentado, pero siempre mostrando una sonrisa de satisfacción, muy contrastante con su aspecto actual.

    Más allá de las ojeras, y su pelo despeinado, algo en su ser se le veía mal, como cuando ves a alguien que se le está escapando la vida como la arena entre los dedos.

    —Solo… me siento agotado —dijo volviéndose a acostar por completo en la cama—. Por cierto, ¿qué las animó hacerme compañía? No es muy común por parte de ustedes merodear por estos lugares.

    —Órdenes del señor Kcalb —dijo mientras inflaba el pecho y se tomaba ambas manos desde la espalda como niña buena.

    —¡Pff!

    Tal declaración solo provocó que a Alfem se le escapara una risa contenida, que ellas estuvieran siguiendo bien una orden de su señor era un tanto risorio, en especial para él, que de vez en cuando escuchaba las quejas de su señor Kcalb sobre esas dos.

    —¡No te rías! —bufó Ater.

    —jejeje. Digamos que te creeré. Jejeje.

    Ater lo miró molesta, inflando levemente sus mejillas, ella también estaba preocupada, y él se ríe de ella, que mal agradecido.

    —Al menos ahora te ves mejor —dijo ya más tranquila—. ¿Cuándo podremos volver a jugar?

    Aquella idea hizo que un pequeño brillo de emoción apareciera en los ojos de Alfem, pero este rápidamente se esfumó.

    —Perdona, pero no creo que pueda aún, ya me ausentado mucho por… cosas que han pasado… pero en cuanto tenga un día libre podría jugar con ustedes sin ningún problema —dijo con una sonrisa, aunque parecía un poco amarga con toda su cara de cansado.

    —Mmm… Entonces no tendremos que esperar mucho —dijo satisfecha.

    —¿Eh?

    Otra vez ella dijo algo que lo dejó fuera de lugar, pero solo movió levemente su cabeza y respiró, realmente estaba muy cansado para pensar en ello.

    —Me alegra que estés bien. Después de dormir iré con Arbus a dar el reporte, así que trata de no moverte mucho —dijo entre queja y demanda.

    Tras decir esto, tras posar sus manos en la camilla tomo rápidamente forma de gato, acomodándose en el estómago de Alfem.

    —Sí llego a tener pesadillas no puedo asegurar nada. “En especial sí te duermes en mi boca del estómago” —pensó tras sentir la leve presión que le daba la felina al respirar.

    “Entonces, te ayudaré con eso”, escuchó que dijo una voz femenina en su cabeza, mientras los ojos de la felina lo miraban fijamente, para que al instante después su conciencia se fuera a negro.
     
  15. Threadmarks: Parte 22
     
    Rutikina

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    Como Basura Reciclada (The Gray Garden)
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    Soportes

    Una vez que fue sumergido en una espesa y profunda oscuridad… abrió sus ojos de inmediato.

    Había despertado, se sentía algo desorientado, seguía estando cansado y con el cuerpo pesado, aunque le costó un poco, no le tomó mucho tiempo para aclarar su mente y observar su entorno. Pudo notar que aún seguía en la sala de emergencia, aun atado, y la luz del sol que se filtraba por las cortinas… ¿Era de día?

    Lo tomó por sorpresa, sentía que no había pasado ni un segundo desde que cerró los ojos, aun así, era obvio que el tiempo había pasado.

    ¿Había dormido? Eso era intrigante, muy interesante; pudo dormir sin tener ninguna pesadilla o sueño extravagante. Era tan extraño como relajante, dormir en paz era algo que ya había olvidado. Ater debió hacer algo, o eso creía, no estaba muy seguro, al menos debía preguntarle en cuanto la viera, debía hacerlo.

    Mientras se perdía en sus pensamientos la puerta se abrió dejando pasar a una ángel vestida de gris; era Alela Grora, la ángel de pelo gris oscuro y de ojo parchado. Alfem apenas se percata de su presencia cuando ella se para en frente de su cama.

    —¡Hola chico! ¿Dormiste bien? Parece que ya te calmas, mejor, eso significa menos trabajo para mí.

    Esa actitud entre despreocupada y responsable, era algo un tanto desconcertante para Alfem, pero al menos no era un enigma como Wodahs, quien uno nunca sabía lo que estaba pensando, Grora al menos era más directa.

    —Vamos, no te quedes callo, di algo, o me vas a colocar nerviosa, al menos ¿sabes cómo te llamas o quién soy?

    —Sí… sí, lo lamento, sé quién eres, perdón por no saludar… Aun debo estar dormido… —dijo con voz cansada y retraída, no se había percatado que se le había quedado viendo en silencio por unos segundos, no era el momento para hacer algo así, según el protocolo debía demostrar que un estaba cuerdo, era la rutina— Mejor te respondo… Eres Grora, una ángel bajo las órdenes de mi señora Etihw y mi señor Kcalb, y yo… soy Alfem… alguien que solo trae problemas, un estorbo.

    Grora se quedó muda, solo con lo primero pudo comprobar que estaba bien, lo último fue muy innecesario, realmente tenían que hacer algo con su autoestima.

    —Por cierto, ¿qué hora es? Puedo ver que ya amaneció, pero… —dijo mientras movía sus manos acentuando sus ataduras.

    —Viendo que ya estas mejor le diré a alguien que te quite las amarras.

    —¿Y por qué no lo puedes hacer tú? —dijo un tanto desanimado, solo quería salir de la camilla.

    Ella solo lo miró con una sonrisa un tanto tonta.

    —Nah, ese no es mi trabajo.

    No puede ser… ella estaba ahí mismo, con solo soltarle una mano bastaría… ¿por qué no lo hace? Era lo que pensaba Alfem, estaba cansado, hastiado y con ese dolor de cabeza regresando, quería gritarle, pero no debía dejarse llevar por ese sentimiento.

    —¡Así! No te preocupes por la hora, aun no pasamos medio día, todavía es algo temprano —dijo rápidamente al recordar que no había respondido la pregunta.

    Oh no, otra vez no… Aunque no sea medio día, aun significaba que había pasado tiempo desde que comenzaron todas las actividades…

    —Macarona está haciendo mi parte, ¿verdad? —suspiró cansado— Ella solo vino como apoyo…

    —Supongo, igual tendrías que preguntarle al ángel jefe.

    Como si pronunciarlo fuera un hechizo, se creó un pequeño silencio incómodo.

    —No… mejor la llamo directamente —dijo desviando la mirada, por él lo evitaría toda la vida.

    —Bueno, mi trabajo aquí a terminado. Le diré a alguien que te desate, y cuando estés listo ve al salón gris, ellos te esperan y quieren hablar contigo. Nos vemos, no te metas en tantos problemas.

    —Okay, nos vemos lue- ah… —suspiró cansado, ella se había id, dejándolo con la mano alzada.

    Estando solo, no podía sentirse tranquilo, aun estando atado a la cama sentía que agotaba sus energías, se sentía cansado, y además estaban esos sueños…

    Gracias al encuentro con Poemi, recordó… oh, que no recordó… un millar de imágenes y sensaciones desagradables, que carga más pesada volvió a tener, pero lo importante que entre eso que quería volver a olvidar, había un vínculo con estas pesadillas… No era algo que entendiera del todo, tal vez si se esforzaba lo haría, pero no quería… por eso tenía que conversarlo con sus señores en cuanto pudiera, si esto fuera peligroso, ellos debían saberlo y tal vez encontrarían la respuesta.

    En poco tiempo, alguien vino y quitó los amarres, le entregó sus pertenencias, pocas, pero entre ellas sus valiosas gafas, no se había dado cuenta que no las llevaba puestas, agradece no haberse topado con algún espejo, aunque sabe que no se quitara los ojos… es solo que mirarse es… muy incómodo.

    Mientras lo desamarraba y él alistaba para salir, quien le estaba ayudando, le contó lo estresante que se volvió todo cuando lo trajeron de urgencia. Un demonio desconocido fue quien lo trajo a cuestas, y cuando vino con él, había llegado gritando que quería una camilla, como si estas faltaran, aquí nunca faltan, siempre está vacío. Si no fuera por Froze, lo habrían puesto en una para dejarlo tranquilo. Eso no era todo, una vez que acostaron a Alfem, comenzó a convulsionar, si no fuera por Etihw, todo hubiera sido un caos, por eso los amarres, fue algo problemático, pero no era primera vez que le pasaba algo similar.

    Otra vez había sido una carga, esto no lo animaba, pero aun así le agradeció por contarle lo que ocurrió, y se dispuso ir al encuentro con sus señores.

    Mientras caminaba llamó a Macarona, pero esta no contestó, debió estar muy atareada… pero al menos le dejo un mensaje, diciéndole que ya estaba bien.


    No se demoró mucho al llegar a la gran puerta del salón, una vez cruzó el lumbral vio la mesa flotante con los dos soberanos, entonces al estar a cierta distancia, se inclina y saluda con mucha caballerosidad.

    —Saludos mi señora y mi señor, Grora me informó que debía venir en cuanto pudiera ante ustedes —dijo mientras tenía una mano en el corazón.

    —Vamos Alf no tienes que ser tan solemne, o al menos cuando estamos los tres solos —dijo alegremente Etihw, mientras le indicaba con las manos que levantara la cabeza.

    Mientras Kcalb solo lo miraba con una cara indescifrable, callado como siempre, se le quedo viendo fijamente.

    —Mi señora, me disculpo por lo que pasó ayer… no sé qué decir… —dijo apenado, todo aquello era realmente penoso, en especial si supo que su señora Etihw tuvo que intervenir.

    —Oh vamos…

    Etihw al ver lo mal que estaba Alfem, lo primero que hizo fue bajar y darle un caluroso abrazo, ese “niño”, aunque pudiera permanecer fuerte todo el tiempo, todo lo que estaba pasando no era algo que cualquiera pudiera resistir, así que darle un sostén emocional era lo mejor que podía entregarle por el momento.

    —Tranquilo Alf, no tienes que estar así, yo estoy aquí para protegerlos a todos en el jardín gris, y eso te incluye a ti, así que no te sientas mal si tengo que salir a protegerte aun cuando eres un niño grande.

    —Jejeje. Usted siempre me trata como un infante… pero supongo que a sus ojos… ¿debo serlo? —dijo cabizbajo, para después mirarla con ojos vidriosos— Muchas gracias, yo realmente no sabía… que pasaría si no me...

    —¿Recuerdas algo?

    —Nada claro… Más allá de… de… —Su voz se comenzaba a quebrar, y su respiración se volvía dificultosa— Yo… creo que escuché en un momento su voz, cuando yo estaba… escuché su voz y la de la señorita Froze… pero…

    Comenzó a tiritar, su rostro se veía desgastado, esa simple pregunta le hizo recordar lo que vio en ese momento, aunque no provocaba el trauma inicial, sin embargo, ¿quién podría aguantar algo así?

    Etihw lo notó, realmente no quería imaginarse lo que él habría vivido, pero no lo necesitaba, no dudó ni un segundo en abrazarlo aún más calurosamente, apoyándolo a la altura de su pecho, mientras le acariciaba la cabeza delicadamente. Alfem podía escuchar los relajantes latidos de su señora, cuando esta le da un poco de espacio.

    —¡¿Sabes?! Tengo algo que quiero darte, así que te pediré que cierres los ojos.

    —¿Eh?

    Lo había tomado por sorpresa, pero de inmediato obedientemente cerro los ojos, no sabía que esperar, podía escuchar como su señora Etihw se movía por el sonido del rose de la tela, pero no se podía imaginar ni un poco lo que iba a suceder.

    —Qué raro…

    —¿Ya puedo abrir los ojos?

    —No, no… aun no.

    No es que estuviera pasando mucho tiempo, es solo que los segundos parecían infinitos ante la expectación.

    —Ya está, ahora puedes abrirlos.

    En cuanto escuchó la señal abrió sus ojos de inmediato, y lo primero que vio fue un retrato de una persona que llevaba unas gafas gigantes que le escondían unos incrédulos ojos, esto lo estremeció levemente, no entendía que era, hasta que con su mano se dio cuenta que era su propio reflejo; era un espejo sostenido por su señora, y también pudo ver, el regalo que ella había creado.

    Solo tuvo que levantar un poco la vista para notarlo, parecía una ilusión cruel, parecía como si una imagen que asumía imposible estaba al frente de él, pero en cuanto poso sus manos sobre ellos cayó ante la verdad, no eran una ilusión, no eran una mentira, sus cuernos, sus dos cuernos, no solo el que pudieron haber recuperado ayer, estaban ambos, ya había asumido que esto jamás ocurriría, pero realmente ocurrió.

    Sin darse cuenta comenzó a sollozar e hipar.

    —Dime, ¿qué tal te vez ahora? —dijo Etihw saliendo detrás del espejo que sostenía, pero quedando conmovida al verlo.

    Estaba llorando, lágrimas y mocos corrían como ríos, un llanto ahogado con una sonrisa quebradiza, no podía ser detenido, no importaba lo mucho que el intentase secar con sus manos, aun seguían cayendo al suelo.

    En eso baja Kcalb para tocarle la espalda.

    —Respira chico, lo hiciste bien.

    —Co-Como… ¿Como es que es, es posible? Yo… Yo… —dijo gimoteando mientras aun se trataba de secar sus ojos.

    —Veras…

    Etihw dudó en dar una respuesta, ya que no sabía si sería prudente traer más el tema.

    —¿S-Se los quitaron… a ella…? ¿No solo… quería torturarme con uno… sino que tenía los dos? —dijo algo ahogado, pero su enojo le hizo recuperar un poco el aliento.

    —Bueno, solo tenía uno, así ese fue el que recuperamos —dijo poco preocupada.

    Solo uno… ¿solo uno? Pero él… ella, su señora… le dio ambos…

    —Entonces… No entiendo mi señora…

    —Sinceramente, no lo sé, la idea era darte el que teníamos a mano, pero al querer cuando chequeé al cual pertenecía, no te que uno lo podía arreglar sin tener el cuerno que tenía en la mano, no sentí la misma resistencia que sentí en su momento. Tampoco entiendo mucho lo que sucedió.

    —¡¿Enserio?! ¡Eso es… ¡Eso es genial!

    —Aun así, es raro… No te alegres tanto chico.

    —Entiendo por qué lo dices Kcalb, esa chica, Poemi, hablo de muchas cosas intrigantes, pero entre todo lo que ocurrió, como daño a Alf sin tocarlo, ni siquiera se le acercó.

    —¿Fue cuando me dijiste que lo derribo?

    —Precisamente… Tengo una idea, pero… Alf, creo que esta pregunta no te será muy agradable… pero necesitamos saberlo, ¿la podrías responder?

    —Lo que sea por ustedes.

    —La forma en la que ella te lastimo con tu cuerno… ¿Hubo otras ocasiones similares en el pasado? Cuando tú estás…

    Sabía que debía preguntar para resolver la incógnita, pero aun así estaba dudosa en decirlo.

    —¿Cuándo me lastimo…? Mis cuernos… mis dedos… alas…

    La respiración de Alfem se aceleró, su mente se hizo un pequeño nudo de distintos momentos, sus ojos no parecían enforcar nada, pero un abrazo de Eti lo hizo volver rápidamente, ella lo miro de forma culposa, tal vez aún era muy pronto.

    —Lo lamento Alf, no debí…

    —¡No! ¡No mi señora! —dijo agitando la cabeza y manos en formas de negación— Usted… Usted no se debe disculpar por nada, yo… yo debo acostumbrarme, y si quieren información es lo mínimo que puedo hacer por ustedes…

    Kcalb lo miró con los ojos entre cerrados, estaba preocupado, ¿Cuánto podría soportar antes de volver a quebrarse? No quería que eso pasase, pero evadirlo no lo ayudaría en nada, si pasaba algo, al menos estarían ellos.

    —Perdonen sí a veces me detengo, recordar… da mucho miedo… ni siquiera entiendo mucho, cuando ella, no… de hecho cuando cualquier cosa interactuaba con… una parte de mi… no importando que tan separado, lo sentía… lo sentía como si aún estuviera donde debía… No sé si me hago entender… Es… doloroso… Más cuando me lastimaban desde dentro …

    Volvió a temblar, todos los dolores vinieron como un choque, tan solo el querer pensar algo de su pasado le hacía recordar exactamente el dolor que sintió en esos momentos, cosa que antes no pasaba, y todo gracias por haberse encontrado con esa bruja, al menos deseaba no volverla ver nunca más. Al pensar un poco más, que, si tuviera que contar su historia como lo hizo con Vendetto, en su estado actual, le sería imposible.

    —No… te sobre esfuerces muchacho —dijo Kcalb con voz severa, pero con cierto tono quebrantado.

    —Estoy bien… puedo con esto. No es algo del todo raro… Ella… lo ha hecho muchas veces… Ayer… no solo usó mi cuerno… usó mis alas que no estaban ahí… ¿Por qué no necesita que este cerca para lastimarme? ¡Esto no es como lo que me contaron sobre el dolor fantasma! Aun las siento en mi espalda, aún están ahí, pero no las puedo tocar, me duele…

    Nuevamente lagrimas salieron de sus ojos, solo quería descansar, salir de todo esto, escapar de todo era tan tentador.

    —Respira, no te puedo prometer que lo resolveremos de inmediato, pero lo haremos, ya no tendrás que sufrir por esto nunca más —dijo Etihw mientras lo miraba con firmeza.

    —Es que hay muchas cosas que no entiendo, no entiendo nada. ¿Por qué tengo que ser yo? No sé qué intenta, se que esto ayudaba de alguna forma retorcida a Ivlis, pero ¿por qué tuvo que sacrificar a tantos? ¿Por qué debo vivir con este resentimiento…?

    —¿Es sobre los sacrificios que ella mencionó? ¿Eso cómo se vincula a…?

    La respuesta no era difícil de hallar, al menos para Alfem, él sabía de forma inconsciente como todo esto se hilaba, y ya no debía correr más.

    —Las vidas de ellos…

    Debía ser fuerte y asumir de forma consciente todo lo que en fondo sabía.

    —Ella hacia que otros me devoraran, para después yo devorarlos a ellos…

    —Ahora yo no… —susurró Etihw.

    —Ahora entiendo lo que hacía —aclaró Kcalb—, una magia muy interesante la verdad, he visto cosas similares en el pasado, pero nunca aplicado de esta forma.

    —Yo aun sigo sin entender Kcalb.

    —Chico, ya no te sobre esfuerces en pensar, solo dedícate a corregir si me equivoco, ¿entiendes?

    Alfem solo pudo asentir con la cabeza.

    —Ella cuando separaba alguna extremidad, hacia que aun estuviera vinculado a él, como cuando vinculas tu magia a un objeto para que este funcione, pero por lo que veo, esto fue más allá que eso… Posiblemente el alma, o la esencia completa seguían unidas.

    —Creo que eso tendría sentido si lo explicas de esa forma, pero ¿a que se refiere Alf con… devorar?

    —Es simple, absorber a algo a partir de una pieza más pequeña requiere menos esfuerzo que hacerlo con el cuerpo entero, como cuando usas una pajilla, pero supongo que les salió mal y terminaron siendo absorbidos en vez de absorber. —dijo mientras se le escapaba una sonrisa maléfica.

    —Kcalb…

    El peliblanco carraspeo y siguió.

    —Lo siento, pero antes de seguir, chico, ¿has tenido visiones extrañas o recuerdos que no son tuyos?

    —¿Ah?

    Su señor había dado en el clavo, el tan solo pensar en ello lo mareaba más.

    —S-Sí… Conozco a personas que jamás he visto, y sentimientos que nunca he sentido… Como los sueños que he tenido últimamente…

    Kcalb se coloca en alerta, si sus suposiciones estaban correctas…

    —Esto es muy malo… —dijo enojado.

    —¡Kcalb! ¿Qué pasa ahora?

    —Te explico luego. Chico, ¿cuándo comenzaron?

    —No hace mucho, la noche anterior a encontrarme con Poemi fue el primero, y hoy tuve el segundo…

    —¿Te has sentido cansado últimamente?

    —Sí, pero ¿no es por mi brazo roto? Aunque eso no explica mis dolores de cabeza…

    Kcalb, guardó silencio un momento, debía tomar aliento para decir esto.

    —No, tu brazo no debería provocarte cansancio, ni menos dolores de cabeza… Creo que esa bruja te lo ha vuelto hacer, me refiero a lo de la pajilla, esos sueños no deben ser tuyos chico.

    —Entonces… ¡¿De quién?! ¿Tendré que… volver a pasar por eso…?

    Kcalb respiró profundo, esto era más delicado de lo que pensaba, debía configurar rápido un plan de acción, si esto solo era un problema de Alfem, se solucionaría de forma calmada, no tendrían apuros, pero si esto terminaba involucrando a todos, no podía darse el lujo de perder el tiempo. La vez anterior por que él respondió muy tarde hubo daños en todos lados en el jardín, esta vez no dejaría que su indulgencia afectara a otros.

    —Tranquilo chico —dijo mientas apoyaba ambos brazos en sus hombros, y colocaba su cara a la altura de la suya—, primero que todo, noté que ya te sacaron el cabestrillo, pero por lo que sé tu brazo no debe estar bien, Etihw debe sanarte. Segundo, debemos averiguar a quien le pertenecen esas visiones, y dependiendo de eso veremos que debemos hacer. Así que dinos, según lo que recuerdas ¿conoces al sujeto?

    —Yo…


    Mientras que Alfem estaba junto a los soberanos, en los pasillos del castillo Froze y Wodahs caminaban mientras conversaban.

    —¿Entonces los casos problemáticos han bajado? —preguntó Wodahs sin mayor expresión mientras escuchaba el reporte de Froze.

    —Sí, creo que el acto de presencia de Etihw se esparció muy rápido entre los visitantes, creo que nadie quiere poner de malas a un dios —respondió Froze con un semblante serio.

    —Ya veo, creo que ella tiene más presencia que mi hermano, ya que no hubo mayor repercusión cuando él lo hizo—dijo escapándole una pequeña curva en la comisura de su boca, aunque solo unos atrevidos pensarían que era una sonrisa.

    —No lo creo, es solo que esta vez no fue un habitante el cual fue reprendido, supongo que ahora pensarán que los problemas internos lo resolverán Kcalb y los externos Etihw. Si lo piensas, no estaría mal que así fuera.

    —Creo que eso no estaría mal, pero sería problemático.

    —¿En qué sentido?

    —En que, si ellos siguen interfiriendo en problemas menores, otro diablo podría ver eso como una oportunidad y atacar, o solo crear caos por mera diversión, y no quiero pensar si algún dios tomó la invitación que les otorgo Etihw, y se llegara a sentir ofendido por… alguna razón que solo ellos pueden entender.

    —Tienes razón… —suspiró preocupada— Es mejor que sigamos encargándonos de los casos pequeños, aunque aislarlos por completo tampoco será bueno, sí hay algo importante tendremos que hacer que hagan acto de presencia.

    —Eso se tendrá que ver en el momento.

    Así caminaron hasta llegar cerca de la gran puerta que indicaba el salón gris, y un suspiro fue exhalado por Froze.

    —Te ves preocupada, ¿ocurre algo?

    —Es solo el caso de Alfem, me dijeron que despertó y que lo llamaron, pero más de eso no sé.

    —Ya está allá dentro, debe estar con ellos en este momento. Solo espero que ya no se meta en más problemas, el apego que están sintiendo esos dos ya es molesto.

    —¿Eh?

    Ese comentario era algo raro, pero Froze descartó de inmediato la idea de posibles celos, Wodahs era muy apegado a los dos soberanos, pero no era alguien a quien uno viera sintiendo esa clase de emociones, lo más probable era que si Alfem hiciera algo malo, ellos no podrían comportarse a la altura.

    —No creo que Alfem sea peligroso, por el tiempo que lleva aquí, puedo decir que es genuinamente tonto, no es alguien de quien desconfíe.

    —¡¿Mmh?! —Wodahs la miró un tanto sorprendido— Sí tú lo dices, pero no dejes que tu juicio se nuble por el apego, él esta bajo tu responsabilidad.

    —Lo sé, pero creo que puedes confiar en mí, ya que era de quienes más lo odiaba.

    —Mmm…

    Cuando la puerta ya estaba lo suficientemente cerca, Froze, se dio cuenta de algo muy banal, Alfem estaba adentro conversando con ellos, recordando como lo trataban, y en el estado en el cual se debería encontrar, tal vez darles más privacidad sería lo mejor.

    —¿No crees que tal vez…?

    Wodahs, sin dejarla terminar su pregunta abre la puerta, haciendo que el rechinar de las bisagras anunciara su entrada de forma anticipada, haciendo que aquellos que estaban sumidos en una profunda conversación miraran a la entrada.

    —He llegado y he traído a Froze conmigo— anunció Wodahs.

    Mientras ingresaba Froze lo primero que notó fueron las cornamentas reparadas, y sus ojos levemente hinchados y rojos. Se sintió extrañamente aliviada, por qué intuía que una carga menos había en él. Pero algo la distrajo levemente de su observación, sintió como algo peludo le rozó la pierna, pero cuando se percató solo vio como unas colas familiares se escondía detrás de unas de las decoraciones del lugar.

    —Han llegado en el momento preciso —dijo Etihw con una sonrisa.

    Kcalb y Alfem no dijeron nada, pero este último se volteó y trató de secarse como pudo algunas lágrimas que aún mojaban su rostro, no le importaba que tal vez todos los presentes lo hubieran visto en peores momentos, pero era inevitable sentir algo de vergüenza.

    —¿Ha ocurrido algo más durante la mañana? —dijo Kcalb.

    —Solo incidentes menores, nada muy relevante. Los pleitos han descendido con el pasar del tiempo, expulsar a los problemáticos, y tú muestra en escena ese día hermano, han ayudado bastante.

    —Comprendo…

    —Bueno, antes de ir a asuntos generales quiero que tomemos atención al asunto de Alf, ya que, si nuestras conclusiones están correctas el diablo Ivlis está involucrado, y si eso es así, aún debe tener resentimiento por lo que pasó años atrás.

    —No puedo creer que alguien guarde resentimiento por tanto tiempo, y por algo que él tuvo la culpa —dijo Froze refiriéndose al tema.

    —Oh querida, tal vez no sea el tipo de persona que te encontrarías todo el tiempo, pero es más común de lo que crees.

    —Ese bastardo si se atreve hacer algo de nuevo. Yo… —dijo Kcalb con ira contenida, apretando sus puños y erizándose un poco el pelo.

    —Tranquilízate hermano, aún no ha pasado nada, y ¿recuerdas que fuiste gravemente herido cuando se enfrentaron?

    Kcalb solo lo miró con enojo por recordarle eso, pero sabía que eso no volvería a pasar, las fuerzas de ambos eran distintas, después de todo, él absorbió la mayor parte de su fuerza, aunque sí pasaba el peor de los casos, tal vez, solo tal vez, tendría un poco más de trabajo.

    —Kcalb no te enojes, por eso mismo estamos haciendo esto —dijo la diosa—. Como es probable que Alfem sea su objetivo le hice esto.

    Etihw hizo aparecer en sus manos un collar pequeño, con juegos de piedras blancas y negra, y un pequeño arete con una piedra negra.

    —Toma Alf, son para ti.

    Las manos de Alf comenzaron a tiritar de la emoción, sus ojos centellaban de la felicidad.

    —¿Para mí? Son hermosos

    La alegría que sentía era indescriptible, para él eran un tesoro más que fue recibido por parte de su señora, algo que atesoraría hasta el día de su muerte.

    —Ven, déjame colocártelos.

    Etihw sujeto el collar y la posicionó en el cuello de Alf, después, tomo el arete y sosteniéndolo con su palma de la mano derecha, la llevo a la oreja izquierda de Alf, pero al mismo tiempo, también lo hizo con su otra mano, aunque esta estaba vacía.

    Alfem no entendió la acción de su señora, además no estaba sintiendo la punzada que debería en su oreja, ya no tenía perforaciones en donde colocar ese arete, a pesar de eso, no le tomó importancia, sí ella estaba haciendo algo raro, no era algo que a él le preocupara.

    —Listo —dijo Etihw alejando sus manos y tomando de vuelta el espejo—. Mírate, ¿no te vez bello?

    Al mirarse no solo notó que el arete ya estaba puesto en el lóbulo de su oreja, sino que sus orejas que estaban rasgadas estaban como nuevas. Ahora no solo volvía a tener sus cuernos, sino que recuperaba la forma de sus orejas, él jamás pensó en pedirle a su señora que las arreglara, ya que, para él, el tener esas marcas en su cuerpo era como un castigo merecedor por las fechorías pasadas, eran recuerdos de lo que no debe volver hacer, pero si ella misma los quitó, tomará aquel arete como recordatorio de cómo se debe seguir comportando.

    —Me alegra que te allá gustado el cambio, estaba pensando hace mucho en ayudarte con eso, pero como no me lo pedías, ahora solo tomé la oportunidad —dijo sonriente.

    Él no había dicho nada, pero lo entendió al volverse a mirar al espejo, él estaba sonriendo de forma sincera y sin dase cuenta se estaba tocando las orejas y el arete como si las tuviera acariciando. No importa que tan importante crea que son las marcas que tiene en su cuerpo, no verlas más, es algo que lo coloca feliz, aunque él no lo entiende del todo, solo se deja llevar por ese sentimiento.

    —Muchas gracias, de nuevo mi señora… digo… señorita Etihw, gracias.

    —No hay de que —dijo Etihw de forma calurosa, para cambiar levemente su semblante a algo más estricto—. Ahora escucha atentamente, estos regalos son para tu protección, nos avisará cuando estés en peligro, sí te pasa algo, podremos ir más rápido a ayudarte.

    —¡Sorprendente! Siempre me pregunto por qué se toman tantas molestias.

    —Eso mismo me pregunto yo —dijo de forma seca el ángel jefe—. ¿No cree que es demasiado favoritismo? No es el único en este mundo con problemas.

    No importaba que tan duras eran las palabras de Wodahs, él tenía razón, aunque la guerra sucedió hace centenas, aun había individuos que sufrían las consecuencias de sobrevivir, o del ataque de Ivlis, no eran muchos, pero el trato especial que le daban a Alfem, no, a un ex invasor, era demasiado.

    Los demás no dijeron nada, entre que los había tomado por sorpresa y que otros le daban la razón, así que él mismo decidió romper el silencio, empezando con un suspiro.

    —Se que usted, Etihw, los ama a todos por igual, pero ¿no cree que se está preocupando demasiado por alguien que solo conoce por un par de años?

    —Bueno… No puedo negar tus palabras Wodahs… y aunque se pueda interpretar como favoritismo, tengo mis razones, al menos por mi lado —dijo mientras miraba de reojo a cierto diablo a su lado, haciendo que a este le den unos leves escalofríos—. Esto no es solo por protección, sino también como vigilancia, aunque no creo que Alf nos llegue a traicionar, pero si llegase a pasar, lo sabremos. Por lo que nos contó sobre Ivlis, es alguien que podría intentar algo y creo que ahora tenemos una idea de lo que podría pasar, así que necesitamos estar alerta, y Alf, es parte esencial para evitar cualquier cosa.

    —¿Tienen una idea? ¿Es algo vago, o hay indicios de algo más concreto? —dijo el ángel jefe.

    —Por lo que nos ha contado Alf puede ser que se viene algo, ya que tenemos una idea de lo que están planeando.

    —¿Por eso me mandaron a llamar? —dijo Froze al notar donde iba la conversación— ¿Podría estar relacionado con algún sueño de Alfem? Me iba a juntar antes con él por aquella razón.

    —Perspicaz como siempre Froze. Así que tengo que hablar con ustedes dos para ver que haremos, así que querido Alf, tengo que pedir que te retires por ahora.

    Eso último lo descolocó, pero era entendible, no era de su gusto que dudaran de su lealtad, pero no podían correr riesgos, y eso, en vez de hacer que él se alejara, solo hacía que los admirara más, no eran idiotas que se llevaran por sentimentalismos cuando llegaba la hora, y sentía un orgullo un tanto extraño porque lo aislaran de esta conversación.

    —¡Comprendo mi señora! —dijo mientras hacia una reverencia ante su diosa y mostraba una sonrisa de oreja a oreja, los demás no entendían del todo— Me retiró, nos vemos mi señor, Wodahs y señorita Froze.

    —También, aprovecha de descansar, hoy tienes el día libre.

    —¿Otro más? —refunfuño Wodahs.

    —¡¿Enserio?!

    —Así que ve, descansa, nosotros nos encargaremos de lo demás.

    —¡Muchas gracias!

    Así se retiró del salón gris, con una sonrisa en la boca, pero en el momento en que cerró la puerta calló en algo muy importante, que haría en todo el día, si no hacía nada de seguro el malestar volvería y se volvería insoportable, eso era un gran problema.

    —Te vez preocupado, Al.

    —Al, preocupado te vez.

    Dos voces se hicieron presentes, dos felinas se pararon en frente de él mirándolo con ansias.

    —Ahora puedes jugar con nosotras, ¿verdad? —dijeron al unisonó.

     
    Última edición: 18 Febrero 2021
  16. Threadmarks: parte 23
     
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    Felinas traviesas


    Aún recordaba cuando las gatas de su señor lo invitaron a jugar por primera vez. Ese día, para Alfem, fue una suma de momentos extraños.

    Cuando él no tenía mayores recuerdos y se comportaba como un niño pequeño, siempre veía un par de gatas cerca de él, una negra y otra blanca. Un día se acercó para saludarlas y acariciarlas, aunque al principio se veían indecisas, no tomó mucho tiempo para que la gata blanca caminara hacía él, frotó su cara con su pierna, en ese momento Alf se alegró, y comenzó para lo que él pensaba que era una bonita amistad.

    Cuando el tiempo pasó, y el habiendo recuperado lo que llamamos ego, las gatas hicieron algo que lo sorprendió, le comenzaron a hablar. Para él eran solo animales, así que se congeló un momento cuando ocurrió, se estaban comunicando con él, aunque ellas solo maullaban, escuchaba claramente sus voces femeninas directamente en su cabeza.

    Entre susto, asombro y desconfianza recibió un dulce saludo de las felinas, no sabía qué hacer, pero gracias al tiempo que compartió con ellas, llegó rápidamente a la conclusión que eran inofensivas, si no le habían hecho daño antes, ¿por qué lo harían ahora?, así que se relajó.

    Las gatitas le contaron que estaban aburridas, y no tenían con quien jugar, así que Alf no dudó ni un segundo en ofrecerse para ser su compañero de juegos cuando tuviera algún momento libre, pero lo realmente extraño comenzó cuando ellas se pusieron nerviosas, y terminaron mencionando a su amo.

    —¡Creo que nos hemos olvidado de algo importante! —dijo, aparentemente, la gatita negra.

    —¿Tú crees que es algo tan importante? —respondió la blanca.

    —¡Sí, sí! ¡Sí jugamos y se entera, nos castigará Arbus!

    —¡Sí, sí! ¡Pero Ater! ¡Sí le decimos, nos castigará igualmente!

    —¿Arbus… Ater? ¿Así se llaman? —interrumpió Alfem el diálogo de esas dos, girando su cabeza en duda mientras se encontraba en cuclillas para disminuir la distancia.

    Ambas gatas lo miraron de inmediato con ojos brillantes, provocando sudor en el observado.

    —Si él se lo dice, no nos reprenderá.

    —No nos reprenderá si él se lo dice.

    —Avisa al señor Kcalb que jugaras con nosotras, así no nos castigará— dijeron al unísono.

    “¿Castigar? ¿De que hablaban estas dos?”; Alfem solo se sentía confundido con toda esta plática.

    —¿Eh? Bien, le pediré permiso… ¡Un momento! ¡¿Mi señor Kcalb es su dueño?!

    Ambas gatas asintieron al mismo tiempo, y colocaron una cara de duda.

    —¿Al… no lo sabía?

    —¿No lo sabía Al?

    —No… No lo sabía, nunca me imaginé que él fuera un hombre de mascotas —dijo, aunque al instante se imaginó a su señor sentado en un sillón con sus dos gatas en las manos.

    La manera en que hablaban le llamó la atención, pero eso, aunque lo encontró un tanto escabroso, también sentía que les daba cierta ternura a los animalitos.

    —Entonces… ¿Quieren que le pida permiso para que pueda jugar con ustedes?

    —¡Sí! ¡Te lo pedimos! —dijeron ambas.

    —Está bien, supongo que sería de mala educación seguir jugando con gatos ajenos sin permiso del dueño.

    Aunque esa fue su conclusión, no podía pensar que era raro, más allá que las gatas hablaran, tal vez no lo hacían antes porque eran tímidas, pero ¿por qué esta vez dijeron que debía avisar? Tampoco es como que le haya dado tantas vueltas al asunto, lo otro raro fue cuando se encontró con su señor.

    —¡¿Me estás diciendo que quieres jugar con esas dos?! —dijo Kcalb al escuchar la petición de Alfem— ¿Estás seguro de eso?

    Etihw que estaba presente, observaba en silencio mientras esbozaba una pequeña risa por la expresión de Kcalb.

    —Sí, ¿por qué no? Aunque ya he jugado antes con ellas, es primera vez que me hablan, y dicen que debo pedir permiso, además, me acabo de enterar que usted es su amo.

    —Amo… —dijo cansado, sería tan fácil sí realmente ellas respondieran como debían ante eso.

    —¿Pasa algo mi señor?

    —¿Qué piensas de ellas?

    —¿Disculpe?

    —¿Qué piensas de ellas? Me dices que has jugado con ellas.

    —mmm… Son muy tiernas, siempre me acompañaban cuando estaba merodeando solo, me agrada mucho su compañía, aunque son un poco inquietas es agradable descansar con ellas mientras ronronean.

    “¿Ronronean?”; Kcalb, se había preguntado por qué alguien tan enclenque estaría tan tranquilo por el hecho de tener que jugar con ellas, pero ese comentario le aclaró esa duda. Esas problemáticas eran difíciles de controlar, pero si alguien las pudiera mantener ocupadas, o cansarlas un poco, le sacaría un peso de encima… Aunque, una pequeña pisca de culpa se asomaba por la decisión que iba a tomar, debía intentarlo, dentro de él rogaba para que no se convirtiera en un mero sacrificio.

    —¿Qué tipo de armas sabes usar?

    —¿Disculpe? ¿Por qué…?

    —No me hagas repetir la pregunta —dijo con severidad.

    —Okey, okey… Perdone, le respondo… —dijo volteando la mirada al piso, pensativo— No soy experto en ningún arma en específico, se lo básico de sables y dagas, aunque antiguamente usaba un cuchillo táctico.

    —Ya veo.

    Kcalb se quedó en silencio, y cerró los ojos pensativo, ni Eti y Alf dilucidaban lo que estaba en su cabeza.

    Entonces repentinamente aparecieron dos armas en frente de Alfem; una especie de cimitarra un tanto corta, con una guarda tanto funcional como ornamental, y una gran cuchilla cuyo único filo lucía un hermoso acero damasco. Eran dos armas preciosas, hacían juego con sus decoraciones blancas, negras y grises.

    —Tómalas, son tuyas.

    —¡¿Para mí?! —dijo embobado por aquel tremendo regalo que estaba recibiendo, nunca había tenido un arma especial para él, ya no tenía que sentir envidia de la lanza que poseía su amigo.

    —Pensé que no eras bueno creando cosas —dijo Etihw mirando de una forma un tanto acusadora al diablo—, y no tan solo eso, también tienes buen gusto.

    —C-Cállate, obviamente tengo buen gusto —dijo sonrojado.

    —Pero mi señor, ¿por qué me da esto ahora?

    —Ya lo sabrás, y no hagas más preguntas, me duele la cabeza.

    —Está bien… No preguntaré más… —dijo con pequeñas lagrimillas y juntando los dedos índices como idiota.

    No hubo mayor conversación después de eso, pero Alfem no se movía y solo se quedó pensativo y avergonzado en el lugar.

    —¿No te vas a ir?

    —¿Mande?

    Kcalb lo miró severamente y un tanto irritado, haciendo chillar al pobre demonio temeroso.

    —¿No tenías que ir a encontrarte con esas dos?

    —¡Tiene razón! ¡Nos vemos! ¡Muchas gracias por su regalo mi señor Kcalb!

    En eso se fue del salón, Kcalb solo suspiró de cansancio y Etihw se reía.

    —Pareces algo cansado, pero estabas tan bien hace un rato.

    Kcalb solo guardó silencio.

    —No te preocupes, si pasa algo muy malo yo me encargo.

    Alfem una vez que salió del castillo emocionado, no sabía que hacer, tenía el permiso, pero no acordó encontrarse con ellas en ningún lado, entonces cuando estaba perdido en su duda, sintió una mirada detrás de él. La gatita negra, lo miraba sentada en uno de los bordes del jardín a las afueras del castillo, que deja como un pequeño mirador.

    —Sígueme.

    Escuchó y la gatita saltó.

    Alfem corrió y vio a la gatita abajo, para un mortal, la caída hubiera sido demasiado, pero él ni lo pensó y solo se tiró tras ella.

    Mientras la seguía, más y más se adentraban en los bosques, el incauto demonio, lo único que tenía en mente era no perder a la gata de vista, pero una vez que llegaron a un claro, una parvada de aves lo hizo admirar el paisaje, así que cuando trató de volver a ver al gato negro, este ya no estaba.

    —Ater… ¿Arbus? ¿Cuál era cuál? —dijo para sí mismo, perdido en medio de la nada.

    —Muchas gracias por aceptar, Al.

    —Al, te agradecemos por aceptar.

    Esas eran las voces que estaba buscando, eran inconfundibles, mas una vez que se dio vuelta, se paralizó, no había dos gatitas ahí, bueno, sí, pero lo único que esas dos chicas tenían de las gatas con las cuales pasaba el tiempo, eran las orejas y sus peculiares dos colas, sin embargo, esas cuatro alas como murciélago, los tridentes que cada una sostenía, una peli negra de pelo corto, y otra peli blanca de pelo largo, además que parecían algún tipo de colegialas, lo saco de onda, esta debía ser su forma humanoide.

    El tener dos formas para muchos animales mágicos no era una sorpresa, solo que Alfem, no sabía la razón por qué sentía como un sudor frío corría por su espalda… Ah… Ahora lo recordaba, a ellas ya las conocía, una imagen fugas de cuando interrumpieron el traslado del ejército para la invasión, y después cuando vio destrozado a su bestia de la oscuridad tras convocarlo, viendo como ellas habían llegado bañadas en sus entrañas.

    En ese tiempo eran enemigos, debía calmarse ahora eran aliados, no debía tener miedo, ¿verdad…?

    —H-Hola, no tiene que agradecer… Saben se ven lindas así…

    Ellas guardaban silencio y lo miraban fijamente, como viendo a una presa.

    —Eh… Bueno… ¿Qué se supone que vamos a jugar? —preguntó preocupado, algo le decía que nada bueno iba a suceder.

    —Si te mueres pierdes.

    —A eso vamos a jugar.

    —El señor Kcalb te pasó un juguete.

    —Debes usarlo o perderás.

    —Entretengámonos todos juntos.

    —Y así…

    —¡Solo matemos el aburrimiento! —dijeron al mismo tiempo antes de atacar.

    Así fue la primera vez que “jugaba” con ellas, y desde ahí, estar en su actual circunstancia, no le es tan raro.

     
  17. Threadmarks: Parte 24
     
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    Jugando con gatos


    Así fue la primera vez que “jugó” con ellas, y desde ese día, participar en aquellos juegos se convirtió en entrenamiento rutinario.

    Esquivar, saltar, atacar, defender; era algo que tuvo que perfeccionar a pulso para mantenerse en una sola pieza mientras esas dos se divertían con él. A pesar de ser un juego para ellas, lo que ellas llamaban “autocontrol” era solo el intento vano de no matarlo de inmediato, y esto en un comienzo, solo lo hacían por miedo a las represalias que sufrirían. Aunque también, entre más pasaba el tiempo, ese sentimiento fue mutando de forma paulatina, tan lenta que ni ellas se habían dado cuenta de que realmente sentían preocupación por aquel que las acompañaba, así que, no había mucha diferencia en el trato que le daban.

    Al inicio fue caótico, había muchas cosas que lo tomaron por sorpresa, pasar de dormir bajo la sombra de un árbol a una batalla casi real, realmente lo había dejado con las defensas bajas. A pesar que él tuviera algo de experiencia, no le era suficiente para adaptarse de forma rápida a esta situación, más de una vez maldijo como usaba su tiempo cuando era Emalf; ir al karaoke, pasear, descansar, o pasar el rato con alguna chica, además, que su trabajo como subordinado de Ivlis, en su mayoría, era de recadero, niñero, o alguna cosa menor, por eso no le sorprende que fuera tan débil, el combate no fue su fuerte ni en aquella época.

    Aunque se sintió muy frustrado las primeras veces que barrieron el piso con él, con el pasar de los encuentros, notó que su velocidad de adaptación era rápida, cada vez se le hacía más fácil dar pelea, esto lo asombraba, creía que conocía sus limitaciones, pero el cambio fue tan drástico que, hasta él, pudo notar en el cuarto encuentro que las cosas se sentían muy distintas, tal vez la razón de esto sea… por… No, él realmente no quería dar ningún crédito a aquella horrible experiencia. Simplemente lo ignoró, el hecho de poder detener el actual ataque de Arbus con su cuchilla, mientras agitaba su espada para desviar la estocada de Ater, pasó hacer algo común.

    Los regalos de su señor le otorgaron la ayuda necesaria para seguirles el ritmo, aunque aprender a ocuparlas por mero instinto fue algo difícil, pero muy útil, con solo sus maltratadas garras no hubiera podido hacer nada, ahora sentía que su deuda aumentaba, dando como resultado que aumentara su lealtad.

    A pesar de que ahora ya está acostumbrado, de hecho, le agrada “entrenar” con ellas, aún recuerda cuando casi se jura a sí mismo que no volvería a atender a su petición, pero en ese momento se le vino a la mente algo fundamental, la razón primordial del por qué estaba ahí, y como si fuera una voz del mismo inframundo se dijo a sí mismo: “¿Qué pasaría si me vinieran a buscar?”. Todos los pelos de su cuerpo se erizaron en ese momento. Él era débil, tal vez podría huir de Poemi, pero que pasaría si hubieran encontrado a Rieta, la más cercana a Ivlis y la más poderosa a su cargo, o talvez alguien peor. Las felinas no eran más fuertes que ella… Sí algo así pasara, no podría hacer nada, sería un estorbo. Entonces pensó, que tal vez mejoraría al aceptar jugar con ellas, pero nunca pensó que su crecimiento fuera tan acelerado.

    Así que, por eso el saltar esquivando la envestida de Ater, para después, apoyarse en el tridente que evitó, dándose impulso, preparando así la patada que golpearía a Arbus que trataba de emboscarlo, era una de las cosas que se terminó acostumbrando. El pensamiento de actuar rápido fue algo que terminó desarrollando en cada sesión, pero a su pesar, no fue el único que aprendía con el pasar del tiempo.

    Las gatas, al comienzo eran muy brutas, así que eran fáciles de leer, pero con el tiempo, él ya no podía valerse de eso para esquivar algunos de sus ataques. El ser muy coordinadas en todo momento las marcaba como raras, mas, esta misma característica les daba una ventaja como un dúo formidable, en batalla eran como un solo ser, cosa que era temible, porque clavar el tridente en el suelo, fingiendo errar un golpe, haciendo que Alfem saltara, dejándolo vulnerable para la metralla de piedras que provoco Arbus al sacar su arma atascada, estorbando la visión de Alfem, para así ser presa fácil a la emboscada de Ater, la cual lo bateó a un lado mandándolo a volar, eran de las cosas que le eran imposibles evitar.

    Por ese tipo de cosas el siempre salía más lastimado que las otras dos, aunque estas, tampoco salían ilesas, la diferencia de daño era significativa, pero eso no importaba mucho, su regeneración a heridas graves era rápida, y también su resistencia era alta. Lo malo, que su regeneración terminaba dependiendo de su fatiga, además que la sanación se volvía más lenta en cuanto la herida se volviera más pequeña o menos grave, esto lo llenaba de pequeños cortes que al final, aquella amiga terminaba sanando.

    Las cosas en un momento se volvieron muy problemáticas, tanto que recordó que podía convocar familiares para asistirlo, aunque eso… solo trajo resultados lamentables. Cada uno de sus familiares fueron destrozados o devorados por las dos gatitas con las cuales luchaba, a acepción de uno, al cual tuvo que aprender a invocar en momentos adecuados para que no terminara como los demás.

    Eso era algo que tenía que siempre recordar, en especial cuando lo agarraban de la pierna, y lo lanzaban a los aires, aprovechándose de su incapacidad de volar. Las gatas eran buenas acróbatas aéreas, con esos dos pares de alas era difícil predecir por donde atacarían, para ellas cambiar de dirección era un juego de niños, así que cuando Ater la da un golpe desde arriba, solo pudo cubrirse de pura suerte, pero esto solo lo enviaba a ser empalado al arma de Arbus que esperaba abajo, en ese instante debía llamar rápido a su Familiar de la flama¹; un murciélago bicolor, el cual era el remplazo del que las chicas destrozaron en la invasión, aunque este era más bonito, tenía un par de alas extra. Él no lo quería para el combate, era débil, solo volvió a capturar uno por la nostalgia, casi como una mascota, pero al menos ahora le serviría para prevenir caídas y volar un poco.

    Con esta tercera herramienta, pudo evitar ciertos ataques de las felinas, pero esto no duraba mucho, era cosa de tiempo para que ellas atacaran directamente al pobre murciélago, obligando a Alfem cancelar la invocación mientras el aterrizaba de forma segura. Las gatas, ya se habían preparado cada una para capturar al murciélago, pero como si fuera un error en su coordinación, terminaron chocando con sus cabezas cuando el familiar desapareció, cosa que las fastidió. Sus ataques aumentaron su frecuencia por la frustración, el ritmo de metal contra metal hacía eco en aquella pradera.

    Cada vez era más difícil para él seguirles el ritmo, debía tomar distancia para al menos poder respirar, pero no podía, y todo se volvió peor cuando en vez de solo usar sus armas, comenzaron a usar magia, en específico magia de ilusión, que le creaba sonidos y sensaciones que no eran reales para despistarlo, y asestarle los verdaderos impactos.

    Un golpe bien dado en la cien fue suficiente para que perdiera el control de su cuerpo por un momento, para que comenzara un castigo sin una pisca de clemencia, incluso respirar ya se volvía un desafío en cada golpe o corte que recibía.

    Esto estaba mal, había perdido el ritmo de la pelea, y ahora no podía retomarlo, esto era malo… Todo esto no lo mataría, pero sí lo dejaría en reposo por los días que quedaban en el festival, eso no era algo prudente teniendo en consideración la carga de trabajo y… la presencia de ella… Tenía que retomar el ritmo, pero con aquel rodillazo en la cara que solo lo aturdía más, pensar ya era dificultoso. Aun así, no importaba como, tenía, debía tomar el control… pero ¿cómo?

    No era más fuerte que ellas, se consideraba débil, siempre había pensado así, solo por ser un poco más fuerte que la mayoría terminó cubriendo el puesto que dejó vacío su viejo amigo. Era deprimente, esta línea de pensamiento solo lo hacía hundirse más, comenzaba a pensar que tal vez este dolor lo merecía. Su mente poco clara por la inclemencia de las gatas, no le hacía más que traer pensamientos autodestructivos; esto era su castigo, fue uno de los responsables de la invasión, tal vez se mereció el ser tratado como “juguete” y ser llevado a la locura. Después de todo, esto ocurrió por su propia debilidad, por no ser más que un enclenque flojo y perezoso.

    No tenía sentido luchar, no tenía sentido tratar de hacer algo, sería mejor que fuera consumido por aquella oscuridad que lo acosa cada día, cada momento de su vida, rendirse sería la mejor elección.

    ¡Esa no es una opción!

    Escuchó claramente algo que gritaba en su interior, algo que ardía dentro de él, era aquello que lo mantuvo vivo durante tanto tiempo, su propio instinto de supervivencia le gritaba que debía encontrar la forma de salir de esta situación. No importaba si lo merecía o no, tenía que salir de eso, pero ¿qué podía hacer? ¿De dónde sacaría más poder?

    En cuanto se hizo esa pregunta, miles de imágenes vinieron a él, cosas que no conocía aparecían en frente, vivencias que nunca había vivido, recuerdos que no le pertenecían, esto… esto ya lo había experimentado, pero no recuerda con certeza donde, pero eso no importaba, entre tantas imágenes algo debía encontrar, pero ¿qué? Eso solo lo supo cuando lo vio, una imagen se quedó grabada en él.

    Un rayo majestuoso, el pensar en eso, un gran calor lo inundaba desde dentro, la forma de canalizar su fuerza de tal forma de crear una lanza que sería capaz de atravesar el caparazón más duro, pero aquello en esta circunstancia no le serviría; se necesitaba tiempo para canalizarlo, y eso era algo que no tenía, pero se le ocurrió otra cosa, hacerlo más pequeño, y en mayor cantidad, no sería un ataque poderoso, pero si le serviría para cambiar las cosas y alejar aquello que lo acosaba.

    Entonces cientos de rayos salieron como proyectiles en todas direcciones desde el cuerpo de Alfem, el cual se encontraba en el aire, ya que había sido enviado a volar por Arbus, y tanto ella como Ater, al ver aquello no tuvieron otra opción que tomar distancia, y cubrirse girando sus tridentes. Un calor inmenso y sofocante venía de aquel demonio, algo les hacía temblar de forma inconsciente, ellas no estaban preparadas para lo que se veía venir.

    Con su fuerza no era suficiente, tenía que tener más, tenía que encargarse de aquello que lo castigaba. Más y más, ese era su deseo, y entre más lo invocaba, más era el calor que en el crecía, era un fuego que le daba vida, sentía que todo su cuerpo estaba encendido, ahora era su turno de atacar, tenía en su vista a sus oponentes, debía ser rápido, tenía que ser implacable.

    Ater al sentirse ahogada por la ansiedad que le entregaba aquella atmosfera, se lanzó al ataque sin pensar en nada más.

    —¡Ater! ¡No!

    Ater fue en envestida directa, trató de usar un encanto como distractor, pero esto no funcionó. Su arma, que iba directamente al corazón de su presa, fue esquivada con gracia mientras le era devuelto un puñetazo en la cara, incrementado por la propia fuerza de su impulso, lo cual, la hizo volar por los aires, creando una polvorera donde caía.

    Esto se sentía bien, muy bien, todo ese poder corría por todo su ser, aquellos gritos en su mente eran consumidos por el fuego de su espíritu, ahora podía devolverles el favor a sus agresores con facilidad.

    Se había encargado de una, solo quedaba la otra.

    Desapareciendo rápidamente en una lengua de fuego, a tal velocidad que Arbus no supo reaccionar, hasta que sintió un agarre en su pelo, que venía de su espalda. De pronto, fue azotada contra el piso con tal fuerza, que un gran cráter se hizo presente al momento del impacto, y más polvo se creaba cuando repetidas veces el acto se volvía a efectuar, llenando su rostro de sangre.

    —¡Suelta a Arbus!

    Un gritó roto venía de una furiosa y en sangrentada Ater, que iba a gran velocidad y ferocidad.

    El receptor escuchando, tiró con desdén el cuerpo de la gata de pelo negro y alas blancas, mientras conservaba una sonrisa macabra en su rostro, y tomando el tridente blanco del piso, golpea en el aire a la gata que lo embestía, lanzándola lejos otra vez.

    Esta, al aterrizar en una gran roca, trató de levantarse, pero notó de inmediato que, entre medio de la cortina de humo, apareció aquel demonio que se había lanzado tras ella, esta vez, él no se había quedado quieto, y con el arma de su hermana trató de herirla, pero ella con su propio tridente negro, lo logró bloquear, creando una lucha de fuerza para ver si ella logra resistir su empuje.

    Por su lado, él, embriagado con ese poder, solo quiere desencadenarlo por completo, consumir por completo su origen; si para eso tenía que matar a quien tenía al frente suyo, no dudaría en bañarse con sus entrañas.

    Matar, asesinar, ejecutar, aniquilar; él sin lugar a dudas, la mataría, mataría a Ater…

    —Espera… ¿Qué?

    Susurró para sí mismo, ¿mataría a Ater? ¿Quién era la persona que estaba adelante suyo? Las respuestas a sus preguntas se desvelarían cuando fue capaz de ver quien era a quien tenía arrinconada y ensangrentada, en ese momento aflojo su ataque.

    —Ater, yo-

    Antes que pudiera decir algo más, un golpe le es propiciado en su cabeza de forma rápida, haciendo que todo su entorno se volviera negro.

    Le costó abrir los ojos, los sentía pesados, pero no podía ignorar el pequeño sollozo que escuchaba cerca de él.

    —Esto no puede estar pasando…

    —Seremos selladas en el inframundo de por vida…

    —Esto es una desgracia… —dijeron al unísono.

    Tuvo que pestañar un par de veces para aclarar su vista, y notar a Arbus y Ater sentadas en seiza, con las cabezas mirando para abajo, mientras murmuraban sus lamentos.

    —Hola… chicas… ¿Están… bien…? —dijo un tanto débil por estar recuperando la conciencia.

    Ambas levantaron sus miradas mostrando la sangrante cara de Arbus, y el machucado rostro de Ater, más aún la sonrisa que mostraron al verlo despierto era hermosa.

    —¡Está vivo! —gritó Ater.

    —¡No se murió! —gritó Arbus.

    —¡Estamos a salvo! —dijeron juntas.

    —Vivo pero un poco adolorido, auch.

    Se quejo al intentar sentarse y darse cuenta que tenía clavado en su torso un tridente negro, se les quedo mirando, preguntándose como llego eso ahí, y porque seguía ahí. El rostro de Ater, gimoteo un poco, al notar la cara de incredulidad de Alf.

    —¡Lo siento! —aulló con pena— Cu-cuando me di cuenta de todo, estabas en el piso, sin moverte, siendo atravesado, no sabía que hacer…

    —Cuando llegué vi a Ater llorando ante tu cadáver, y solo me pude unir al llanto, ya que no había forma que el señor Kcalb no se enterara.

    Los lagrimosos ojos rojos de ambas se veían como zafiros, pero no era momento de apreciar tal cosa.

    —Tran… Tranquilas chicas… No soy un cadáver, estoy vivo, solo… solo sáquenme esta cosa, no me puedo sanar si esto sigue ahí.

    —¡Enseguida! —dijo Ater mientras se ponía en pie para sacar su arma de ahí.

    —Sabíamos que, si uno es atravesado por algo, es mejor dejarlo hasta que alguien lo atienda —dijo Arbus.

    —Normalmente es así, pero conmigo no funciona… solo me perjudica.

    En eso aquel largo instrumento de guerra sale de su cuerpo, haciendo que salpique sangre por todas partes, haciendo gemir al afectado.

    —Vez, por eso te dije que es mejor no sacarla.

    —Y yo te insisto es mejor así —dijo Alfem mientras se hizo un ovillo por el dolor.

    En eso el gorgoteo sanguinolento comenzó a ser más y más pequeño, hasta que solo la sangre perdida era la que cubría su piel.

    —El agujero desapareció —dijo con asombro Ater.

    —Se los dije, este cuerpo es más duro de destruir de lo que creen… —dijo mientras se sentaba y se sostenía de una de sus rodillas— Ustedes… ¿Ustedes están bien?

    Ambas gatas asintieron al mismo tiempo.

    —Un poco adoloridas —inició Ater.

    —Y algo maltrechas —continuó Arbus.

    —Pero felices.

    —¡Esa fue una gran sesión de juego!

    —Solamente eso en donde casi te mueres fue malo.

    —Sí eso pasara sería malo para nosotras.

    —Por favor.

    —Te lo pedimos.

    —Qué esté sea nuestro secreto.

    —No se lo cuentes al señor Kcalb.

    —¡Te lo imploramos! —finalizaron las dos al mismo tiempo.

    Alfem comenzó a reír nerviosamente, como les iba a negar eso si le suplicaban de esa forma, además, lo ensangrentada que estaba Arbus lo preocupaba. ¿Eso lo había hecho él? Un gran sentimiento de culpa le comía el pecho, si podía guardar todo esto como secreto lo haría… aunque sabía que debía contárselo a la señorita Froze cuando llegara su momento.

    —Está bien, no se lo diré a mi señor, se los prometo.

    —¡Muchas gracias!

    —¡Te debemos una!

    —No me deben nada… además yo… también fui duro con ustedes…

    —¡Eso es verdad!

    —Realmente diste miedo, deberías ser así para otras ocasiones, esto se tiene que volver a repetir.

    Esto era entre cómico e incómodo, realmente no las entendía, pero si dentro de él existía tal poder, tenía que aprender a usarlo, algo bueno tenía que sacar de… evitó ese pensamiento de la forma más veloz posible, sí podía ser más fuerte podría ser útil para cualquier eventualidad para sus señores y los habitantes del jardín.

    —Nosotras nos iremos a descansar.

    —¿Nos acompañas?

    —No lo creo, me quedaré aquí un poco, la luz del sol me hace bien.

    —Está bien.

    —Nos vemos.

    Así en un abrir y cerrar de ojos ambas chicas ya no estaban, y Alf se quedó solo en aquel prado destrozado por las grietas, y cráteres que estaban por todo el lugar.

    —Esto se siente bien, después de todo.

    Suspiró mientras cerraba los ojos, estaba tranquilo y en armonía, su dolor de cabeza se había ido por completo.




    ¹En la traducción en español fue nombrado “Familiar llama” al familiar múrcielo de Emalf (Familiar Flame/炎の使い魔), pero soy latina, y al escuchar eso lo único que se me viene a la mente es un animal peludo que se encuentra en el Altiplano andino, no me juzguen.

     
    Última edición: 7 Abril 2021 a las 7:17 PM
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