Drama Behind Us

Tema en 'Novelas' iniciado por Tarsis, 23 Febrero 2019.

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    Tarsis

    Tarsis Usuario VIP Escritora Modelo

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    Sipnosis


    Behind Us

    ¿Quién me devuelve la mirada en el espejo?

    ¿Alguna vez imaginaste, que te pararías frente al espejo y no reconocerías tu propio reflejo?

    ¿Alguna vez dudaste de tu propia existencia al darte cuenta que toda tu vida no era más que una mentira?

    Helena James tampoco. Pero cada vez que se miraba en el espejo, perdía un poco más de sí misma, hasta llegar el punto de preguntarse: ¿quién me devuelve la mirada en el espejo?

    En medio de todo ese caos, son unos extraños los que le ofrecen respuestas y no tiene más opción que alejarse y no mirar atrás o aceptar la verdad de ellos. Una verdad que parece ser sacada de un cuento de hadas.
     
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    Tarsis

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    First Change

    HELENA

    "Me falta tiempo para celebrar tus cabellos, uno por uno debo contarlos y alabarlos."

    Antonio Skármeta​

    Se llevó el vaso de agua a los labios, dejando que el líquido fresco se deslizara por su garganta. Bebió hasta la última gota sin respirar. Cerró la nevera y apagó la luz de la cocina antes de abandonarla y subir las escaleras directo a su habitación, dejándose caer sobre la cama como un peso muerto.

    Últimamente tenía insomnio. No le había comentado nada a sus padres porque pensaba que era algo pasajero, pero una noche se volvió una semana y las constantes ojeras bajo sus ojos eran la prueba de que luego de que sus ojos se abrían impulsados por su agitada mente le era imposible volverse a dormir.

    4:55 am. Las luces que formaban los números parecían reírse de ella.

    Ni siquiera se tomó la molestia de perder el tiempo intentándolo, ya su sueño era algo que daba por irrecuperable. Tomó la toalla y caminó por el pasillo en silencio hasta alcanzar el baño.

    Se desnudó con rapidez, abriendo el grifo para que el agua comenzara a calentarse. Sumergió la punta del pie para corroborar la temperatura, cuando fue de su agrado, se metió de lleno bajo la ducha.

    Suspiró con satisfacción. Un buen baño tibio siempre conseguía aliviarla. Cerró los ojos mientras sentía el agua caliente recorrer su espalda, acariciando su piel desnuda. Alcanzó el jabón y lo deslizó por su cuerpo sin salirse de la regadera en ningún momento. Una de las grandes ventajas de bañarse a esa hora, era que no había razón para apurarse.

    Frunció el ceño al ver el agua amarillenta deslizarse a través de ella. Se apartó y abrió las palmas atrapando el agua: completamente cristalina. Pero debajo de sus pies comenzaba a formarse un charco amarillo claro, que iba mezclandose con el agua completamente limpia hasta perderse. Parpadeó con sorpresa al ver que el origen de la tinta era su cabello. Cerró el grifo, apretando entre sus manos su largo cabello hasta quitar el exceso de agua; salió al espejo, acallando un grito ahogado con la mano. Se sostuvo sobre la fría cerámica para no caer.

    Helena James siempre había sido la rubia dorada de su universidad. Comparada asiduamente con una barbie por sus penetrantes ojos azules y su largo y lacio cabello dorado que caía en cascada tras su espalda. Rara vez lo recogía. Estaba sumamente orgullosa de el y no lo ocultaba.

    Aún no daba crédito a la imagen que le devolvía el espejo. Su cabello, del que siempre se había sentido tan orgullosa, era una cuerda de hilos que comenzaban a degradarse en las puntas hasta alcanzar unas raíces oscuras que jamás estuvieron ahí. Se inclinó sobre el espejo para examinar el inicio de su cabello, ¿castaño? Alcanzó el envase de champú en la ducha llevándoselo a la nariz para olerlo, derramando un poco de la crema espumosa blanca sobre la loza del lavamanos, corroborando que no estuviese adulterado por algún otro químico.

    Aquel color de cabello simplemente no tenía explicación. Sintió las lágrimas quemarle en los ojos con frustración, mientras se agarraba el cabello evitando que tocara su piel, como si fuese venenoso. Se lo enrolló en la toalla y volvió a su habitación.

    Quizás le habían jugado una broma de mal gusto de la que ella aún no se enteraba.

    Quizás.

    *-*

    Había salido de su casa con el ánimo por el piso luego de haber escuchado el grito amortiguado de su madre al ver su cabello. Parecía querer llorar mientras se lo acariciaba. Y sabía que en el fondo no le creían la explicación que les había dado. Y no los culpaba. "Solo me metí en la ducha y comenzó a caerse mi bonito color amarillo". Solo lo tomaron como una faceta de joven con problemas de identidad. Normal, pero triste para su pelo desde su punto de vista.

    Después de haber pasado al menos media hora pensando que hacer, se había dado por vencida. No había forma de ocultar eso, así que se vistió lo más rápido que pudo para estirarlo con el secador. No se veía mal, pero, estaba segura de que simplemente se pondría aún más oscuro y de su pelo rubio natural no quedaría más que un recuerdo.

    Se subió en el autobús que tomaba todos los días para la universidad. Abstraída en sus propios pensamientos, le llamó la atención las luces blancas y azules del cartel de Farmatodo y tuvo una última y desesperada idea.

    —¡En la parada! —gritó, haciéndose espacio entre la gente, pagar y bajarse del autobús. Entró al establecimiento directo a los estantes de tintes para el cabello, eligiendo el color que más se acercaba a su propio color natural.

    Salió con satisfacción con las bolsas mientras se devolvía a casa. Quien quiera que le haya gastado la broma, se iba a decepcionar mucho con el resultado.

    *-*

    Mantenía la tablet apoyada en su pecho mientras leía distraídamente Pride and Prejudice, por al menos... Centésima vez. Pero jamás se aburriría de un amor como el de Darcy y Elizabeth.

    La notificación en su teléfono la hizo estirar el brazo para alcanzarlo. Sonrió profundamente por primera vez en el día al leer las palabras allí escritas:

    "Te extrañé hoy. ¿Dónde te metiste?"

    Se apresuró a teclear la respuesta. Aunque esperó unos minutos para enviarlo y no parecer totalmente ansiosa y desesperada, aunque lo estuviese.

    "Sólo estuve en casa, me quedé dormida y decidí no ir."

    "Tendré que llamarte en las mañanas; no es lo mismo sin ti."

    Sintió como las mejillas le enrojecían aunque nadie pudiese verla. Se mordió el labio, pensando que responder. ¿Estaban aún en la delgada y frágil fase del coqueteo? Cada vez que él entraba en escena, se volvía un manojo de nervios. Ante todo la calma, Helena, se dijo a sí misma.

    "No tienes que preocuparte, mañana estaré ahí."

    "Te espero."

    Soltó la laptop, dejándola a un lado mientras abrazaba la almohada mientras reía y hablaba a la funda de flores coloridas.

    —Sí, yo también espero que me esperes —jugueteó hablando con voz ronca y seria. Dejó escapar el aire contenido en sus pulmones con felicidad.

    Después de todo, no había sido un día tan malo.
     
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    Ichiinou

    Ichiinou Maestre Comentarista destacado Crítico

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    Me ha gustado el inicio de esta historia. La había empezado a leer hace unos días y hoy tuve tiempo para ponerme al día. Me interesa saber realmente por qué el cabello de nuestra protagonista se tornó de otro color, porque nunca he escuchado de gente que pierda el tinte natural en un lavado. A menos que le tendiesen una broma, aunque no creo que fuese el caso.
    Por otra parte, ha sido muy cortito como para comentar mucho más, aunque es mono el romance que se trae con ese chico. Tengo ganas de leer más.
    Sigue escribiendo, Tarsis. :quis:
     
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    Tarsis

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    Blonde?

    HELENA

    “Es genial ser rubia. Con las bajas expectativas que es muy fácil de sorprender a la gente.”

    Pamela Anderson​

    Se cepilló los dientes por segunda vez, sonriéndole al espejo hasta quedar satisfecha. Trató de no darle mucha importancia al brillo de su recién pintado cabello y bajar corriendo las escaleras directo a la salida de su casa, después de haber gritado adiós detrás de sí, agarró su bolso y salió al fresco aire de la mañana. Se subió al autobús bostezando, había logrado dormir al menos cuatro horas esa noche. Veinte minutos después estaba caminando por la entrada rudimentaria de su universidad; ya estaba a la mitad de su carrera, se había acostumbrado al ruido de los estudiantes a todas horas, al sol dando directamente a los árboles y al césped descuidado.

    Alcanzó con rapidez el aula, dejándose caer en la silla, mientras saludaba a sus compañeros con una sonrisa y un educado: buenos días.

    —¿Qué te pasó ayer? —inquirió una morena que tomó asiento despreocupadamente a su lado.

    —Me sentía mal, Alejandra. Te lo dije por whatsapp —contestó, inclinando su cuerpo hacia el asiento de su amiga que enarcó una ceja hacia ella.

    —No sabía que uno se pintaba el pelo cuando se sentía mal —replicó, tomando uno de los dorados mechones de Helena entre sus dedos. La rubia suspiro, sabiendo que sería inútil negarlo. Eran amigas desde hace tanto que no podía recordar el inicio, si alguien podría ver fácilmente entre su cabello original y uno similar recientemente pintado, era Alejandra.

    —Fue una medida desesperada —admitió, dejando descansar su mentón sobre la palma de su mano sin saber por dónde comenzar a explicar algo que a ella misma le parecía de lo más absurdo.

    —Te estoy escuchando —presionó con impaciencia. La paciencia y la sutileza nunca habían sido las mayores cualidades de Alejandra, pero sí su incondicionalidad y discreción.

    —Sólo… me levanté y tenía teñido el pelo —soltó, sin encontrar un modo más adecuado de explicarlo. Alejandra dejó escapar una carcajada, divertida.

    —¿El hada del cabello te pintó el pelo de prácticamente tu mismo color? —Se burló.

    —No. —La cortó un poco irritada, ella tampoco entendía lo que había pasado—. Me levanté y cuando me vi en el espejo tenía el cabello MARRÓN —puntualizó—, como no sabía qué clase de brujería fue esa, simplemente fui a Farmatodo y compré un tinte rubio, así el que me haya jugado la broma, estará profundamente decepcionado.

    —Pero es raro, ¿cómo hacen una broma así? ¿Y quién pudo ser? —En respuesta Helena se encogió de hombros, entendía mucho menos que ella. Prometiendo dejar esa conversación para luego, se concentraron en el profesor que ya estaba frente al pizarrón comenzando a impartir la clase.

    Cuando por fin sus cuadernos se cerraron y sus lápices se detuvieron, fueron unas de las primeras en abandonar el aula. En el pasillo se separaron, agarrando direcciones contrarias cada una a sus respectivas clases, acordando verse en la hora libre de ambas. No había terminado de sacar sus cosas para la próxima clase cuando sintió el peso de una presencia sobre ella. Al subir los ojos se encontró de frente con sus orbes miel, pícaros y sonrientes, al igual que su sonrisa ladina.

    —Hola tú.

    —Hola tú. —Le devolvió la sonrisa. Simplemente no podía borrarla de su cara cuando Adan estaba alrededor. Alto, delgado, trigueño y con ojos tan claros como la miel derretida, cabello relativamente corto y castaño, personalidad encantadora y abierta, inteligente y aplicado, y muchas más cualidades como esas lo que lo convertían en el prospecto perfecto para cualquier mujer. Y Helena era la afortunada de tener sus atenciones.

    —¿Tienes los ojos… verdes? —Preguntó confuso, acercando su rostro más al de ella, haciéndola enrojecer hasta las raíces de su cabello. Ella parpadeó sorprendida y nerviosa.

    —No. Son azules —contestó lo obvio; sus ojos azul cielo siempre habían sido objeto de su atención.

    —Quizás cambian con tu humor, a veces me pasa —Se encogió de hombros mientras Helena sacaba su polvo para examinarse los ojos en el pequeño espejo. Sintió como todo el color huía de su rostro, reflejo de su propia consternación.

    —¿Descansaste ayer? —preguntó, mientras tomaba asiento a su lado y se fijaba nuevamente en su cara. Se inclinó hacia ella preocupado al notar su repentina palidez—. ¿Estás bien? ¿Helena? —insistió, ésta vez agarrándola por los hombros con delicadeza. El tacto tibio de su piel sobre la de ella la hizo volver en sí, le sonrió tranquilizadoramente, asintiendo.

    —Sí, gracias por preguntar. Tal vez hubiese descansado un poco más si alguien por allí no me hubiese estaba escribiendo tan tarde. Y tranquilo, sólo me sorprendió, jamás me habían dicho que tenía los ojos verdes…—admitió, pero restándole importancia.

    —Jamás te los había visto verdes, hasta hoy.

    El profesor les llamó la atención, haciendo que ambos voltearan hacia el frente. Pero la mente de Helena estaba a kilómetros de distancia de allí, ¿qué estaba pasando con ella? Primero su cabello y ahora sus ojos, ¿cómo una rubia natural simplemente dejaba de ser rubia? ¿Debería hablarlo con sus padres? ¿Ir al médico? Los números en la pizarra pasaban frente a sus ojos sin tener sentido alguno.

    Entendió con preocupación que, esto iba mucho más allá de una simple broma.


    ***
    Gracias Ichiinou por leer, espero te guste. :*
     
  5.  
    Anonimo CCS

    Anonimo CCS consecuencias de actuar sin pensar en el futuro Crítico

    Piscis
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    Antes que nada, me gusto como comenzó la historia, y por cómo va, quisiera saber cómo termina.

    Ahora si comenzando con la crítica.

    Hay un pequeño detalle en como narraste una acción de la chica, sito textual mente

    Comenzó así.

    Mantenía la Tablet apoyada en su pecho mientras leía distraídamente Pride and Prejudice, por al menos... Centésima vez. Pero jamás se aburriría de un amor como el de Darcy y Elizabeth.

    La notificación en su teléfono la hizo estirar el brazo para alcanzarlo. Sonrió profundamente por primera vez en el día al leer las palabras allí escritas

    y la terminas así.

    Soltó la laptop, dejándola a un lado mientras abrazaba la almohada mientras reía y hablaba a la funda de flores coloridas.

    Es un pequeño detalle, pero a mí me causo mucho ruido al leerlo.

    Por otro lado, el como trataste a la historia le da la intriga al lector de saber que le esta pasando a la chica.

    Por como tratas los cambios de la chica, e de pensar que estos cambios en ella sedan a la noche, en oras de madrugada o mientras esta dormida, lo que me causo ruido de es esta parte.

    Sito textual mente.

    Se cepilló los dientes por segunda vez, sonriéndole al espejo hasta quedar satisfecha.

    No sabía que uno se pintaba el pelo cuando se sentía mal —replicó, tomando uno de los dorados mechones de Helena entre sus dedos. La rubia suspiro, sabiendo que sería inútil negarlo. Eran amigas desde hace tanto que no podía recordar el inicio, si alguien podría ver fácilmente entre su cabello original y uno similar recientemente pintado, era Alejandra.

    ¿Tienes los ojos… verdes? —Preguntó confuso, acercando su rostro más al de ella, haciéndola enrojecer hasta las raíces de su cabello. Ella parpadeó sorprendida y nerviosa.

    No. Son azules —contestó lo obvio; sus ojos azul cielo siempre habían sido objeto de su atención.

    Aquí tengo mucho que decir.

    Primero: el cabello le cambio a la hora de la madrugada mas o menos, porque uno supone que se durmió viendo su cabello rubio y no se dio cuenta al despertarse por que era de madrugada todavía ok eso lo entiendo.

    Pero parece que el patrón en los cambios es a la ora de la madrugada, dicho esto.

    1 ¿Por qué no se dio cuenta mientras se miraba la sonrisa al espejo?

    2 ¿Por qué la amiga qué la conoce desde toda la vida no se dio cuenta? Si la conoce de toda la vida y se dio cuenta al toque de que tenia el cabello pintado.

    Nueva mente son pequeños detalles, pero a mi me causo mucho ruido, además si lo pensamos de manera mas argumentada sus padres ¿Por qué tampoco le dijeron nada sobre sus ojos?

    Dicho esto, me gustó mucho tu historia y quisiera verla terminada, e incluso si necesitas algo de ayuda en el desarrollo de los acontecimientos, me gustaría ayudarte ya que esa historia para mi tiene mucho que dar, ya que solo van 2 cap esperare con hacinas los demás.
     
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