Armario de enseres de gimnasia

Tema en 'Planta baja' iniciado por Yugen, 9 Abril 2020.

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    Yugen

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    Más similar a un pequeño almacén, en el armario de enseres se guardan todo tipo de material para las clases de gimnasia. Desde colchonetas, potros para saltar, cuerdas y balones.

    Es un lugar oculto, oscuro y privado. Perfecto para no ser visto.


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    Fuera: Gimnasio
     
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    Solía despistarse con asiduidad. Su cerebro simplemente se desconectaba, cortocircuitaba y todo lo que había en él simplemente desaparecía. Era un completo desastre para la inmensa mayoría de cosas.

    Sorprendentemente logró centrarse. Cuando eran niñas, Mimi solía ocultarse bajo la cama o dentro de un armario cuando la situación simplemente la superaba. Lo sabía de sobra, porque la conocía desde que era pequeña. No eran realmente amigas, porque Mimi... no lo veía así. La toleraba, a ratos la soportaba, pero la mayor parte del tiempo le era un completo y total incordio.

    Era una especie de mucama para ella. Poco más. No una amiga. Pero en el corazón de Aika los rencores no tenían cabida y cuando Mimi salió huyendo del pasillo supo que debía buscarla. No era la primera vez después de todo. Mimi solía huir cuando las cosas salían mal. Cuando el miedo la devoraba. Cuando el mundo le caía encima y el peso era demasiado difícil de soportar.

    Al abrir la puerta del almacén de gimnasia encontró una figura hecha un ovillo, con las rodillas abrazadas por los brazos y el rostro hundido entre estas. Sus hombros se convulsionaba cada tanto a consecuencia de los sollozos ahogados que, aunque Mimi hacía todo por no dejar salir, escapaban y hacían eco en las paredes cerradas.

    Aika sintió el corazón pesado. No le gustaba eso. No le gustaba esa situación. Ella era una persona alegre. Ese era su papel. Y no otro.

    Probablemente fuese Emily, esa chica simpática y alegre con la que Mimi parecía llevarse tan bien quien debería estar allí y no ella. Aunque, con sinceridad... aquella amistad tampoco era del todo recíproca.

    Qué curiosa y triste cadena de desplantes.

    Buscó la fuerza en su interior para sacar aquellas palabras. La voz le tembló ligeramente.

    —¿Mii-chan?

    —¡Déjame en paz!

    No esperaba otra cosa realmente. Una bofetada en forma del rugido de un león herido. Sin embargo, Aika no se fue. Cerró la puerta a su espalda y caminó hasta ella. Allí, tan vulnerable. La chica que se creía capaz de todo. Que se creía mejor que nadie. Rota por los recuerdos de su pasado.

    —Hey...

    —¡Vete!—chilló. Y se encogió más en sí misma como si quisiera desaparecer— ¡No quiero ver a nadie, no me mires! ¡Déjame sola!

    Aika ladeó la cabeza ligeramente hacia un costado y suspiró.

    —No te voy a dejar sola, no seas tonta.

    La voz de la siempre alegre y torpe Aika sonó diferente. Madura, seria por probablemente primera vez en toda su vida.

    Mimi siguió sollozando.

    —Oye, sé que—

    —¿Por qué?—la pregunta de Mimi la tomó por sorpresa. Ella había alzado el rostro lleno de lágrimas. Los ojos enrojecidos por el llanto, cabellos rubios se pegaban a sus mejillas enrojecidas. Sorbió por la nariz—. ¿Por qué Aika? Yo... yo solía amar la música. La amaba con toda la fuerza del alma. Pero... ¡desde la muerte de mamá todo es horrible!—gritó y se incorporó con dificultad—. Era ella la gran pianista. Fue ella quién me enseñó. Cuando mi padre se iba a su trabajo y nos dejaba, solo la tenía a ella. ¡Y desde que murió...! ¡Desde que...!

    No pudo seguir. Las palabras se le hacían un enorme nudo en la garganta.

    Repentinamente sintió un cuerpo cálido rodeándola. Calor. Calma. El latir de un corazón que no era el suyo. Aika la estaba abrazando. La chica que no debía tocarla, la eterna molestia... porque Mimi era muy superior a todo eso... la estaba abrazando.

    El corazón le dio un vuelco repentino en el pecho.

    —Lo sé—dijo con calma y madurez. Alguien debía mantener la temple por las dos—. Desde ese momento has estado sola.

    Cuando su madre murió, su padre no tardó en volver a casarse al poco tiempo con una mujer que Mimi no soportaba. Todo en ella gritaba lo muchísimo que le interesaba el dinero, las posesiones de la familia Honda, todo a lo que no podría acceder de otro modo; y no el amor de su padre. Ella lo sabía de sobra. Pero lo peor de todo era el hijo de aquella mujer. Su hermanastro. Ese maldito parásito usurpador que se lo había quitado todo.

    Quizás fue el estrés. La ansiedad. El día nefasto... y aquel enorme cóctel de emociones que llevaba la que la hizo estallar en el pasillo. No había podido contenerse.

    —Esa niña...—musitó ella con la voz ahogada— solo estaba tarareando una maldita canción.

    Aika no supo qué decir en ese momento. Ella no había visto a Watanabe correr. Solo la había visto a ella, en medio de un ataque de ansiedad, antes de salir huyendo.

    —¿Niña?—preguntó.

    Pero no hubo respuesta a aquella duda. Mimi se apretó más contra ella, como un animalito buscando calor.

    Su orgullo era férreo pero no había cabida para eso allí. No había orgullo alguno.

    —... Debería disculparme...

    "Mii-chan, deberías saber esto..."

    Su voz sonó nasal, diminuta. Pero aunque la única respuesta que recibió fue el silencio, Aika pareció sonreír y le acarició el cabello rubio con los dedos.


    "... No estás sola"
     
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista empedernido Dancing Queen #TeamWarzone

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    Alisha Welsh

    Mis distraídos pasos me acabaron llevando al pequeño almacén que había dentro del gimnasio, lugar donde guardaban cosas utilizadas para el deporte y que estaba lo suficientemente escondido para guardar otra clase de secretos también.

    No era la primera vez que acababa ahí, así que quizás por eso mis pies se dirigieron prácticamente solos hacia el lugar.

    Tuve bastante suerte, no parecía que hubiese nadie en ese instante ahí. La gente se había apelotonado en la cafetería y los pasillos, quizás incluso las clases, y no había nada más importante que la comida a esas horas, ¿verdad?

    Con una sonrisa satisfecha, me dejé caer sobre la colchoneta superior de las apiladas en una esquina, brazos a la nuca. Bostecé, y casi sin darme cuenta, las insistentes gotas del exterior volvieron a permitirme caer en lo brazos de Morfeo.

    Oh, sí, Morfeo, los únicos brazos a los que acudía solo para dormir. Mis favoritos, también, ya que estábamos.

    Yo la iba a llevar al club de fotografía pero ya dije que me había ido para abajo así que... ¿alguien para un polvo? :D (?)
     
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    Gigi Blanche

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    Bueno, la hora del receso por fin había llegado. Joey se desperezó con ganas junto al esperado sonido de la campana, y le echó un vistazo a la puerta del aula, perezoso; a pesar de haber estado ansiando ser libre, no tenía realmente mucha idea qué hacer. Se incorporó, pues, con el uniforme bastante seco, y arrastró los pies al pasillo.

    ¿Cómo acabó en el almacén del gimnasio? Una serie de razones, ciertamente. Primero se asomó a la cafetería, y aunque fuera una criatura social por naturaleza, ese día el lugar... estallaba. Mierda que había gente. Arrugó la nariz, suspirando, y se arrastró hasta el club de fotografía, pero no había nadie. Bostezó otra vez, notando cuán poca hambre sentía, y le restó importancia al almuerzo; tampoco andaba con mucho dinero encima, prefería ahorrar. Entonces se le encendió la lamparita y recordó que había invitado a Katrina a acompañarlo durante el receso. Bueno, siendo justos, las probabilidades de que le hiciera caso eran negativas, pero ¿qué perdía fijándose? Además, en el ridículamente improbable escenario de que aceptara, sería muy descortés de su parte no estar esperándola, ¿verdad?

    Así, pues, acabó arrastrándose hasta el gimnasio. Echó un vistazo a los alrededores, comprobando que no había nadie, y se coló dentro. De allí, abrió la puerta corrediza del almacén sin más. Identificar una silueta echada sobre las colchonetas le envió una chispa de satisfacción a lo largo del cuerpo, que rápidamente se extinguió al comprobar que no se trataba de Akaisa.

    Bueno, de todos modos ni loca se aparecería allí, ¿verdad?

    Soltó el aire por la nariz, cerrando la puerta detrás de sí, y se acercó a Alisha con las manos en los bolsillos. Sí que era perezosa la chica, mira que pasársela durmiendo.

    —Oooooye —la llamó, moviendo la colchoneta suavemente con la punta del zapato—. Tierra llamando a Ali-chan, ooooye.

    ¿Por qué la estaba despertando? No había razón, a decir verdad. Sólo estaba aburrido y, salvando las diferencias, Welsh siempre había sido buena compañía.

    bueno, qué más da, total ya estoy en el infierno
     
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista empedernido Dancing Queen #TeamWarzone

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    Alisha Welsh

    Apenas estaba consiguiendo entrar en el mundo de los sueños cuando escuché aquellos ruidos que me tensaron. ¿En serio mi suerte se iba a esfumar de aquella manera?

    Fruncí el ceño, sin abrir los ojos, al abrirse la puerta. Quizás, si no me movía mucho, podría pasar desapercibida y permitirme así seguir con mi tarea de descanso (¡porque venir a clase cansaba mucho!). No fue el caso, pues sentí después los pasos de alguien acercándose (¿solo una persona?) y no mucho después, la colchoneta dónde me encontraba, zarandeándose.

    Sin pensarlo demasiado, y movida por el enfado de haber sido molestada, extendí mi brazo de manera que pude agarrar la camisa de aquella persona con la mano, tirando de ella para, rápidamente, hacerle una llave que lo dejase debajo de mis piernas, con el brazo detrás de la espalda y, en definitiva, inmovilizado.

    —¿Qué...? —paré en seco lo que iba a ser un discurso nada agradable al fijarme mejor en quién tenía bajo mi agarre—. ¿Joey?

    ¡Sí, ese era Joey! Liberé el agarre de su brazo aun con la sorpresa plasmada en mi rostro, pero sin apartarme de encima suya.

    >>¿Qué haces aquí?

    Gabi, la que tiene que estudiar para estar tarde y prefiere sexrolear(?)
     
    Última edición: 29 Abril 2020
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