Historia larga Aquel

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Gabrieluchini, 8 Diciembre 2014.

  1.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

    Leo
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    Una auténtica historia de amor.
    Más que real... Sobrenatural





    ''la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo''...







    "Soy yo quien te hago lejos cuando estàs tan cerca.

    Y te hago ajeno cuando eres yo.

    Aunque te conozco dudo, y me sorprende tu presncia aunque eres lo màs real que conozco.

    entonces calmo; pero no del todo porque sigo pensando en que mis dudas tambièn formen parte de ti.

    Y es por eso que escribo, pienso, oro, hablo, canto, lloro, rio, callo...

    Para expresar la verdad.

    Tù eres la verdad!

    Lo màs real, lo màs hermoso, lo absoluto.

    Eres todo.

    Eres yo.

    Eres la fuente de vida."
     

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  2.  
    Nozomi Uchiha

    Nozomi Uchiha Entusiasta

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    Es hermoso, y espero una rápida continuación ¿Eh?
    Ps ¿Y mis modales? ¡Hola! Un gusto, soy Nozomi *Estrecho tu mano* Es un placer conocerte a vos y a tu historia xD.
    Bueno, fíjate que has puesto la tilde al revés. Y no hace falta que utilices tanto espació entre un renglón y otro. ¿La imagen la has diseñado tú o la has sacado de algún lado?
    Bueno, nos veremos.
    Nozomi
     
  3.  
    Nopal

    Nopal Usuario VIP

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    Y es que eso pasa mucho con teclados que no son tuyos, ése que has puesto es el acento grave, ¿curioso no? Dudo que haya sido intencional, por lo que, busca bien en tu teclado el correspondiente, ¿es esto un tipo de prólogo?

    Lo que me ha dado más pauta ha sido lo que pones luego del título, ya que, si leo lo otro sin este mismo, pues carece de mucho sentido, no me anima del todo a querer leer así haya sido lindo. Le ha faltado, a mi parecer, fuerza.

    Saludos.
     
  4.  
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
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    Pues en mi más humilde opinión, le falto más explicación. Tal vez escribir una pequeña reseña de lo que se trataría la historia o escribir más extenso la introducción. Debes aclarar si esa fracción es un prólogo, un pensamiento o qué.

    Concuerdo con Kai, debido a que no se explica con más detalle y aunque son bonito tus oraciones, deja mucho que desear. El lector se queda con muchas, pero muchas preguntas y la principal ¿De qué va esto? Sí, de un amor, ¿pero y qué más? Es cierto que prefiero leer capítulos cortos, pero no algo tan corto.
    Ah, por cierto, cuidado con los dedazos, leí un calmo en vez de clamo, a mi parecer, es inconcebible leer esos errorcitos en un escrito pequeñito.

    Bueno, creo que eso sería todo de mi parte. Nos estamos leyendo.
     
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  5.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

    Leo
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    Gracias por leer, y esperar, y leer, y esperar. En fin, gracias. Tenía muchísimo tiempo sin publicar, pero aquí estoy nuevamente. Sí, posiblemente todos tengan razón con sus correcciones. Es que al publicar, y escribir soy un poco -mucho- espontanea -loca- y eso siempre me ha traído problemas. Aquí va el Prologo. Espero les guste ;)
     
    Última edición: 31 Julio 2015
  6.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    "Verdaderamente tu eres un Dios misterioso"

    Isaías 45,15


    AQUEL

    Mas que real... Sobrenatural

    TEMA: Ilumina/Marcos Barrientos.


    2013

    3 Mayo

    1:51 pm



    “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo''...


    PROLOGO

    ESTO TENIA QUE SER UN SUEÑO.


    Me rasque mi ojo derecho.

    Esto apestaba.

    Tal vez era yo. Me había bañado antes de venir? Me había bañado en esta semana? Cuando fue la última vez que me bañé?

    Sentí la almohadilla del asiento frio de cuero gris resbalar bajo mi cabeza.

    Alguien a mi lado dijo algo, pero no me moleste en escuchar. No lo conocía.

    Eche un vistazo rápido a mi alrededor. Conocía a alguien de los que estaban aquí?

    Suspire.

    Tenía hambre. Eso creo. No estaba seguro. No estaba seguro de nada.

    Mire hacia el ataúd marrón frente a mí. El olor a flores muertas de las coronas hacia que me picara la nariz. Me rasque la nariz. Estornude.

    Otra vez alguien a mi lado dijo algo. Volví a ignorarlo.

    Tenía frio. Por favor, cuando se terminaba esto?

    Y con esto me refería a todo. Me sentía el único punto muerto de un planeta que continuaba girando sin mí.

    Volví a sentir la almohadilla de cuero frio bajo mi cabeza.

    Alguien se coloco frente a mis ojos y comenzó a hablarme. Una mujer. Tenía el maquillaje corrido y una frente grande. Su aliento olía a café. No la conocía. Tampoco entendí lo que dijo así que no respondí. Me sacudió el hombro con delicadeza, o eso creo.


    - Quieres que lo haga yo? - entendí que dijo.


    Pienso que le dije que sí, no lo sé, porque luego se fue. Bien.

    Mi vista fue a dar nuevamente al ataúd marrón. Parecía una de esas pesadillas en donde no sabes que hacer para poder salir. De ese tipo de pesadillas en donde ni siquiera sabes que estás sonando.

    El olor fuerte a cigarrillo me llamo la atención y gire a ver hacia el otro lado como otra mujer peleaba con Jon mientras este se acercaba a hacerse lado en el asiento frio junto a mí. A él si lo conocía. Se gritaban fuertemente, pero no me importaba nada, así que deje de prestarles atención.

    Al rato todos se pusieron de pie y cubrieron la urna, así que ya no podía ver nada más que los traseros de la gente. Menos Jon, que se quedo fumando a mi lado.


    - Esto es una porquería, hermano - dijo antes de echar las cenizas del cigarrillo al suelo. Tenia razón - Lo sabes - echo otra calada - Aun me tienes a mí.


    En eso se equivocaba. El no lo sabía, pero ya no había nadie en mi. Nada. Yo era solo una cascara vacía, así que él estaba tan solo como todos pensaban que yo estaba ahora.

    Me levante y me fui caminando hacia los cuartos de la funeraria. Tan fríos y grises como todo lo demás. Me tire en el colchón. Todo se escuchaba con mejor acústica desde aquí. Maldición.

    Suspire, y cerré los ojos.


    - Dijo pues Marta a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano; bien estoy persuadida de que ahora mismo te concederá Dios cualquier cosa que pidieres - recitaba alguien al otro lado de la habitación con voz fúnebre. Sin emoción. O así lo percibía yo. Deje de escuchar por un momento en que me llamo la atención el sonido del aire acondicionado. Un “buuu” sostenido. Bostece. Tenía hambre - Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: quien cree en mi aunque hubiere muerto vivirá.


    Interesante.

    Ahora ella se encontraba con su apreciado Jesús. Del que tantas veces hablaba y nunca había visto. Problema resuelto, seguramente ya lo vio.

    Su sueño hecho realidad.

    Envidiaba su forma de creer en Dios. Parecía una buena forma de vivir. Menos miserable. Sin miedo. O eso era lo que ella me transmitía siempre. Ya no sentiría eso mas. De que valía seguir hablando de el ahora? No era mas fácil acabar con todo ya?

    Me di la vuelta en el colchón frio y duro.

    Escuche que alguien abrió la puerta de la habitación, la cerro y se volvió a ir.

    Las sabanas olían a polvo.

    Me volví a girar hasta quedar boca arriba, otra vez.

    Yo no debería estar aquí. Ella ... ella tampoco. Ella menos que nadie.

    Porque no solo la enterraban y ya? Cuál era el empeño en postergar lo inevitable. No sería menos doloroso? A algunas de esas personas rodeando su tumba les importaba? La conocían, al menos?

    No, claro que no. De otra forma pensarían igual que yo. O no. Yo no sabía que me importaba tanto hasta hoy. Irónico. Estúpido. Tenía 22 anos recién cumplidos y me sentía tan acabado como cualquier anciano de 100. Sentía que hasta el último segundo que había pasado lo había desperdiciado. Arrogante estúpido. Nino malcriado.

    Sentí las lagrimas bajando por mi cara hasta mojar el cabello. Una gota se me metió en la oreja. Las manos me temblaban a cada lado de mi cuerpo sobre el colchón. No paraban. Jure frente al techo blanco que veía no volver a llorar jamás.

    Cerré los ojos, nuevamente. Di un suspiro hondo.

    Pase un largo rato escuchando los murmullos y llantos falsos en la habitación de al lado. Lo siguiente que vi fue una camilla. Me subí a ella y me cubrieron con una manta blanca. Yo estaba muerto. Monstruos querían atacarme.

    Espera un momento... Monstruos? No sonaba con monstruos desde que tenía doce años. En fin, no podían tocarme. No vi mas nada. Comenzaron a empujar la camilla. Alguien. No sé quién. Dejaron de empujarla. Me puse de pie, me quite la manta. Estaba frente a una colina. Una escalera rustica colgaba de la colina frente a mí. Hecha de lianas y peldaños de madera. Comencé a subirla.

    Quien subía una escalera colgante de una colina?

    Esto tenía que ser un sueno. Esta vez sí era un sueño.

    Cuando llegue a la cima había alguien esperándome.

    Me dio la mano, y me ayudo a subir.
     
  7.  
    Gabrieluchini

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    Dijo un niño: “Dios, habla conmigo”.

    Y entonces una alondra del campo canto,

    pero el niño no la escucho.

    El niño exclamo: “Dios, háblame!”

    Y un trueno resonó por todo el cielo,

    pero el niño no lo escucho.

    El niño miro a su alrededor y dijo: “Dios, déjame mirarte”.

    Y una estrella se ilumino, radiante,

    pero el niño no se dio cuenta.

    Y el niño grito de nuevo: “Dios, muéstrame un milagro”.

    Y una vida nació de un huevo, pero el niño no lo noto.

    Llorando desesperadamente, dijo: “Tócame, Dios, para saber que estas conmigo”.

    Dios se inclino y toco al niño. Pero el se sacudió la mariposa.


    Dios, ¿eres real? (La culpa es de la vaca - fragmento) 5/11/2000


    COMO SI LE IMPORTARA.


    - Lo siento, David, pero no.



    ¿De verdad dijo eso?

    No le creí.

    Seria mas sencillo, mas fácil, menos cruel y definitivamente mucho menos hipócrita decir solamente no, pero en eso consistía este mundo de porquería: Lastima. De eso ya yo tenia bastante.

    Solté de golpe todo el aire que contuve estúpidamente esperanzado por una buena respuesta.

    "Una buena respuesta"

    Seh, claro.

    Bass -Dueño de un local de comida en la feria de la universidad estatal, es decir, mi jefe- continuaba mirando mi patético rostro debatido como si se tratara de la cara de uno de esos asquerosos vikingos de la calle. Sucios, bañados de un hedor del otro mundo. Pudriéndose sin mas que hacer. Tal vez así me veía, en realidad. Un reflejo de mi descomposición interior.

    Asintió como dándome la razón en no se que cosa, palmeo el mostrador de donde se apoyaba, y siguió acomodando las bebidas de la nevera.

    Bueno, al menos se puede decir que lo intente.

    Llevaba tres semanas planeando el modo en que le pediría a Bass un aumento de... Tenia una duda ¿A un pago menor de 1.000 es permitido llamarle "sueldo"?

    Como sea. De todas maneras no funciono.

    Y no porque Bass no pudiese hacerlo, el dinero lo tenia, yo sabia eso, supongo que se debía a que no parecía muy justo subirle el sueldo a alguien que se la pasaba de 6:00 am a 1:00 pm sentado en un banco de plástico parándose únicamente para ir al baño y sacarle las bebidas a los clientes de la nevera. El resto de cosas podía realizarlas sentado. El local no era mas grande que la habitación donde dormía ahora.

    También estaba el hecho de que a este local casi nadie venia. No a esta hora, al menos.

    Se te hacia un poco extraño al principio, ya que los demás locales que quedaban junto al nuestro les llovían los clientes.

    Tampoco es que me quejaba. Los demás locales siempre olían a frituras, cebolla y salsas viejas que quedaban regadas por el piso.

    En el nuestro no, ya que no vendíamos desayunos, ni ninguna otra cosa que nos obligara a terminar el día laboral sudados, cansados y llenos de olores desagradables. Solo bebidas y golosinas... hasta la 1:00 pm. Después de eso, el negocio le quedaba a Bass, y bueno, poda decirse que hacía diez veces en un día de lo que yo hacia en una semana, con la venta de alcohol y una que otra cosa bajo cuerda.

    Suspire hastiado de mi mala suerte.

    Claro, todo cambiara si yo le dijera a Bass que trabajara para el en el nocturno, y entonces... No. Y no me pregunten el estúpido por que. Simplemente no me sentía bien vendiéndola y distribuyéndola a otros.

    Es decir, tampoco cargaba alguna ridícula aureola sobre mi cabeza. Mi vida era un asco, pero no fue así todo el tiempo. El recuerdo de mi ya casi extinto pasado hacia algo de conciencia en mi cabeza. Algo. Impidiendo que me echara a perder mucho mas. Y de todos modos ya me había negado a hundirme mas en el barro, así que debía asumir que 1000 seria todo lo que recibirá de Bass por ahora.

    Otro suspiro quejumbroso.

    Aunque eso a duras penas me alcanzara para... nada.

    Cada semana veía como se evaporara el dinero de mis manos como humo.

    Sentía los billetes entre mis dedos, lo que lo hacia real, pero sabia que no me pertenecían porque ya tenia donde pagarlos.

    Miserable vida.

    Hasta a veces se me hacia casi imposible embriagarme con ganas, porque no tenia ni para una botella barata de aguardiente.

    Por suerte no me preocupaban los desayunos.

    Un gasto menos.

    Pride Screen, mi atractiva y afortunadamente manipulable novia, se encargaba de eso siempre.

    Algo que conservaba de ese casi extinto pasado. Ella fue la ganadora de un concurso de belleza en la universidad porque estudiaba artes escénicas en la facultad de al lado. Nos conocimos en uno de los certámenes en los que el equipo de atletismo estuvo de cortejo. De ahí en adelante me acosté un par de veces con ella, y no me pregunten como llegamos a ser pareja. Fue muy confuso.

    Mi estómago reacciono urgente ante el recuerdo del desayuno. Ok, de Pride.

    Pfff, eso sonó aun mas aprovechado.


    - Salgo! - le grite a la silueta de Bass apoyada sobre una chica al otro lado del mostrador.


    Otra de sus victimas, seguramente. No entendía como conseguía cada día otra chica tonta con quien acostarse. Nunca repetía una, de verdad. Y una tras otra era mas ingenua ¿Las buscaría por catalogo?

    Bass me hizo señas con la mano para que me fuera sin quitar los ojos del pecho de la chica. Eso hice.

    Saque de el paquete que guardaba en el bolsillo de mi pantalón un cigarrillo, lo encendí, y le eche una calada larga.

    Aquí iba otro asqueroso día.


    La universidad estatal nunca fue mi lugar favorito en el mundo, pero no era desagradable tampoco. Se podía decir que ya estaba acostumbrado. Aquí tenia algo así como un trabajo, gente que mas o menos trataba, algo así como una novia, fue aquí donde probé por primera vez un porro de marihuana, y ah, si, mas o menos estudiaba. A veces. No mucho.

    Pasaba mas tiempo aquí que en la cueva del terror que una vez compartí con mi madre muerta hace un año. Imposible permanecer mucho tiempo allá, y ni hablar de llamarle a aquella cosa casa, ni mucho menos hogar.

    Yo había tenido un hogar antes, y sabia lo que significaba. Por eso nada de lo que ahora vivía podía llamarse semejante a eso.


    - Lovy! - gritaron a mis espaldas, mientras atravesaba los jardines principales de la facultad.


    Cerré los ojos con fuerza.

    Por favor, ¿por que tenia que llamarme así?

    Me di vuelta a presenciar como Pride corría sonriente hacia mi.

    Su cabello imposiblemente rubio, su ropa rosada, sus piernas largas saliendo de esa diminuta minifalda que se le adhería como una segunda piel. Sexy, sin duda. Eso, si no la escuchabas hablar.

    Me detuve a esperarla, al no tener como salir corriendo sin herir sus sentimientos. No es que eso me importara, pero no me favorecía tampoco.

    Juro que si no fuese tan estúpida (además de convenientemente sexy) la hubiese dejado por otra hace años.

    Se me tiro encima. Sus labios pegajosos de brillo sobre los míos.


    - Lovy, lovy, lovy! -gritaba en mi oído, con sus brazos al rededor de mi cuello.

    - Hola, Nena - conseguí decir - ¿Podrías dejar de gritar en mi oído? Me estas haciendo daño, bebe.


    Rio tontamente, como si no le estuviese hablando en serio.

    Levábamos dos meses de noviazgo, entonces ella cursaba "Lengua extranjera" y descubrió - para beneficio de su desarrollo mental - que LOVE significaba AMOR en ingles. Luego, uno de sus estúpidos parásitos que ella llamaba amigas le insinuó la odiosa idea de que LOVY sonaría mas romántico, y para mi desgracia, ella estuvo de acuerdo.


    - Perdón - se aparto entre risitas - ¿Que haces, Lovy?


    Tengo hambre y vine a que me pagaras el desayuno.


    - Pensaba en ti, bebe. Así que vine a ver como estabas.


    Me enseño todos sus dientes en la sonrisa mas grande que recuerdo haber visto.



    - ¿No deberías estar en clase? - dije, interrumpiendo así cualquier pensamiento cursi que pasara por su cabeza.

    - Si - contesto acariciando mechones de su cabello liso que le resbalaban por los pechos - Es solo que iba camino a buscarte para desayunar juntos.


    BINGO!


    - ¿De verdad? Bueno, ¿y que esperamos?


    Sonrió ampliamente, antes de lanzarse a mi cuello de nuevo.


    No es que no me agradara pasar el tiempo con Pride -las noches sobre todo eran bastante interesantes-, se debía mas al tiempo que NO pasaba con ella, que era casi nunca. Cosa que lo hacía asfixiante. Y no porque yo no hiciera hasta lo imposible por escaparme y conseguir un poco de vida social, pero ahí estaban nuevamente sus amigas (ESPIAS) escondidas en todos lados. A la orden de Pride, por supuesto.

    Eso me dificultaba la hazaña.



    - Espera aquí, Lovy. Iré a saludar y regreso.


    Traducción: Come solo, y aguarda como un idiota hasta que se me pegue la gana de volver.

    Nos encontramos en la cafetera cuando eso. Por lo menos ya había pagado por nuestra comida. Tome el pedido doble, y ahora debía esperar a que se desocupara una mesa. Cosa que no era tan fácil como se puede leer.

    CHICK -a diferencia de los locales donde yo trabajaba- era la típica cafetera sofisticada que siempre estaba repleta de personas arrogantes y donde yo nunca lograría comer por mi cuenta. Mucho menos sin el aumento de Bass.

    Contaba con suerte hoy. Dos sujetos se levantaron justo al tiempo en que yo tomaba los sándwich.

    Le eche una ojeada a donde se fu Pride. Ella consiguió lugar entre dos chicas operadas de maquillaje exagerado. Siempre me pregunte el por que de las capas y capas de productos coloridos y escandalosos que algunas chicas usaban. ¿Es que nadie se había atrevido nunca a decirles lo extrañas que se veían? ¿Pensarían ellas que no era cierto? ¿Se atrevería algún hombre a decírselos alguna vez?

    Como sea, yo no seria el primer idiota.

    Mire a Pride.

    Parecían bastante entretenidas, así que esto iba para largo.

    Me comería su sándwich. De todas formas creo que ella estaba a dieta, o algo así.


    - Disculpa, ¿la estas usando?


    Levante la mirada de la comida, para encontrarme con unos ojos amarillos escondidos detrás de una maraña de cabello ondulado de mujer que pedían mi atención. Era anaranjado, y me encandilaba con el sol.

    ¿Y esta de donde había salido?


    - ¿Uh? - alcance a decir mientras tragaba.

    - Que si la estas usando.

    - ¿A quien?

    - La silla - señalo con su mano el asiento que quedaba vacio frente a mi - ¿La estas usando?


    Ya era la tercera vez que lo preguntaba. Debería estar creyendo que era un retrasado, o algo así.

    Un hombre de piel oscura y una chica con un peinado raro sentados en la mesa de al lado miraban en mi dirección. Amigos suyos supuse.


    - No. Tómala, si quieres.

    - Gracias - sonrió mas por cortesía que por otra cosa. Reconocía la falsedad en los gestos de las personas. Yo practicaba muchos de ellos.


    Me quede mirando como se alejaba con mi silla.

    Que idiota, ni siquiera le ofrecí ayudarla a llevarla. Bueno, parecía valerse por si misma, y yo no tenia muchas ganas de pararme tampoco. Un punto para la revolución femenina, y esas cosas.

    Fue a sentarse con sus dos amigos en la mesa de al lado. Luego el olor a pavo y tres salsas del sándwich de Pride capturaron mi atención, así que me dispuse a seguir comiendo.


    ATLETISMO no era una carrera universitaria muy difícil en la facultad de humanidades. No para mi, al menos. Eso hizo que el resto del día no fuese tan malo.

    Eso si no contamos el hecho de que se me había prohibido nuevamente concursar en otra carrera maratónica. Todo por el asqueroso promedio de porquería. Otra prueba de mi desgracia. Y si no tenia el chance de concursar, ¿para que demonios entrenar? Y no es que no me gustara, el atletismo era prácticamente todo lo que me quedaba, mi pasión, mi propósito de pararme cada bendita mañana, pero mi bajo rendimiento académico me estaba pudriendo la existencia. Todo se iba en pique simplemente porque ahora no valía nada. Así que me salte unas clases para distraerme y beber un rato.

    De todos modos, Fol -el entrenador- me había citado para mañana a primera hora en su oficina y algo me decía que preferiblemente me preparaba psicológicamente para lo que tendría que decirme.

    Todos sabíamos que el entrenador era un hombre de mas acción que palabras, así que si me cito a “hablar” solo podía tratarse de que algo no iba bien. Aunque eso ya yo lo sabia.

    Le entregue las llaves del negocio a Bass, y acompañe a Pride hasta la línea de taxis después de bebernos una Pampero entre los dos y haberla sudado con electro house en medio de las rumbas que se hacían en el estacionamiento por las noches.

    Nada mal.


    - ¿Seguro que no quieres que me quede? -se enrolló con ambos brazos de mi cuerpo. Arrastraba las palabras por el nivel de ebriedad y sus pestanas largas se agitaban con coquetería. A pesar de lo borracha que estaba, ella sabia lo mucho que me gustaba que hiciera eso para mi.

    - Conoces a los chicos, nena - la tome de la cintura - Dirán cosas que no te gustan y querrás irte luego, de todas maneras.


    Hizo un mohín.


    - Tienes razón - sonrió peligrosamente, metiendo los dedos por el borde de mi pantalón - ¿Y si vienes conmigo, campeón?


    Me gustaba el rumbo de esto.


    - ¿A donde? - sonreí con ella.

    - Ah, no lo se - se mojo provocativamente los labios- A un hotel por ejemplo.


    En otro momento no haría falta decir nada mas. Ella conocía mi respuesta automática a esa pregunta, pero justamente hoy necesitaba estar solo para lo que pensaba hacer.


    - Hoy no, nena - la bese - Te espero mañana, ¿esta bien?


    Hizo un sexy puchero.


    - Ok - concedió quejumbrosa - Pero cometes un error, Lovy.

    - Lo se, nena.


    Luego de ver a Pride vomitar en el jardín antes de subirse al taxi e irse a casa, me fui de regreso a al facultad.

    Mire el cielo sin estrellas de ida a las escaleras del segundo piso donde me estarían esperando Jon - lo mas parecido a una familia que me quedaba - y Steve, Matt, Jake y Dominic, los otros antisociales que de un tiempo para acá se convirtieron en mi triste compañía.

    La universidad se ponía un poco sola cerca de esa hora. Mire el reloj, 9:19 pm. Temprano.

    Lance por el aire la lata de cerveza que recientemente había vaciado, para encestarla en un bote de basura a mas de dos metros de donde pasaba. Cayo obediente dentro del cesto. Sonreí satisfecho y nostálgico. Aun tenia el don.

    Una sombra sobresaliendo de la pared me hizo dar un brinco de susto, al pasar la ultima esquina que daba hacia la facultad. No la había notado, y por un momento pensé que era uno de esos polis que se quedaban rondando algunos sectores.

    Al acercarme note que se trataba de una chica. Bajita, de cabello liso y oscuro, se encontraba de pie junto a las escaleras. Aparentemente sola. Raro. A menos que se estuviese prostituyendo -y su atuendo no lo parecía- una mujer nunca estaba sola en medio de nada sin hacer nada.

    Sospechoso.


    - ¿Tienes un momento? - sonrió cuando le pase por un lado - Quisiera hablar contigo. No te quitare mucho tiempo.


    Cuando me di cuenta me había detenido sin saber por que, la detalle por precaución: Jeans, camisa blanca, cabello suelto, umm... algo bonita.

    Fue ahí cuando vi lo que sostenía en una de sus manos.

    Ya va, ¿eso era una biblia?

    Pero qu...


    - ¿Sabes? - continuo la chica - En estos tiempos tan locos siempre esta bien saber que Dios te ama. Yo vengo hoy a hablarte de Jesús.

    - ¿Quien? - demande mas que sorprendido.

    - Jesús - respondió ella con total naturalidad - El hijo de Dios.



    ¿Que cosa? Déjame ver si entendí.

    Una mujer aparentemente inofensiva me espanta oculta detrás de una pared en medio de la oscuridad, a esta hora ¿y esperaba a que me quedara a hablar con ella... de Jesús?

    Si. Ella tenia razón. Estos tiempos eran muy locos.

    Me quede mirándola un rato, no se cuanto, antes de contestar:


    - Yo... tengo que irme - me hice a un lado y comencé a avanzar - Estoy apurado. Disculpa.

    - Espera! - dijo, mientras la dejaba atrás.

    - No puedo, lo siento.


    La deje atrás.

    Bien. Este instante podía guardarse dentro de los momentos raros de mi vida.

    Pero, ¿que hacia una persona de esas oculta en la oscuridad?

    Me gire para verificar que siguiera ahí, y no se esfumara como en "2012", o algo así. No, ella continuaba en el mismo lugar. Peor, me observaba irme como... como si fuese familiar suyo, como si yo le importara. Fue casi imposible que no me recordara a ella.

    Por poco me doy con el pasamanos de la escalera por no mirar al frente.

    Su voz se repitió en mi cabeza por un momento. Era bueno en estos tiempos saber que Dios te amaba. No tenia argumentos para refutar eso. Seguro. Era bueno saberlo. La pregunta correcta seria “¿Como saberlo?”

    Sacudí la cabeza como si con eso se olvidara todo, y seguí avanzando hasta el segundo piso.
     
  8.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

    Leo
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    DE SU LADO.


    - Dijiste que necesitabas el dinero, ¿no es así?

    - Claro que lo dije, pero...

    - Sólo es un susto, muchacho, no tiene porque morir nadie si todo sale bien - colocó ambas manos sobre mis hombros, con sus ojos rojos fijos en mí - Además, ni siquiera lo conoces.


    Un tenso silencio se instaló entre los chicos.


    - ¿Hace eso alguna diferencia? - comenzaba a creer que era el único que seguía lo suficientemente sobrio en esta reunión - Estoy aquí porque creí que me ayudaría un poco de dinero, no vine por una excusa obvia para ir a la cárcel.


    Dominic sacudió la cabeza, en tanto reía con la risa facil de quien está muy drogado.


    - Al parecer alguien no se ha desarrollado aún - soltó sarcástico un tipo que no conocía, cruzando los brazos sobre su pecho con orgullo - Ya déjalo, Bahd. Es obvio que este tipo no tiene bolas para esto.

    - Porque tu sabes mucho de bolas, ¿verdad Tony? - replicó Jon, sarcástico.

    - ¿Qué? ¿Las quieres ver?

    - Ya, ya, muchachos - Bahd movió sus manos como si estuviese aplacando el fuego - Mis bestias no se muerden entre si, ¿entendieron? -Todos se les quedaron mirando. Previniendo la pelea. Los ojos del tal Tony eran fervientemente mortales. Directamente hacia Jon. Ambos se retaban, igual a dos gallos de pelea - Deja de meterte en cada maldita cosa, Tony. Pareces una mugrosa vieja de pueblo. Y tu cállate la boca, Jon - Bahd clavó sus ojos en mí - Escucha Infelis...

    - Espera - interrumpió Jon. Y a Bahd casi se le salen los ojos al verlo - ¿Por qué no dejas a David con el negocio de Bass, te parece? Yo me encargo de esto - le sonrió indulgente- Sabes que es lo mío.


    Jake, un viejo amigo de Jony y en teoría quien lo metió en todo el mundo ganster, asintió de último recostado de un banco en la pared como dándole la razón.

    También Steve a un lado de Jake.


    Pude ver las ganas de Bahd por replicarle que se callase nuevamente, pero al ver el apoyo de los demás se tomó el tiempo para pensarlo.


    - Como sea - bufó al rato.


    Fué a apoyarse de la escalera. Aspiró con rudeza, y levantó un dedo hacia mí.


    - No quiero que digas luego que no traté de ayudarte, ¿de acuerdo?


    ¿Ayudarme? Este tipo de verdad estaba mal. Imaginé que guardaba relación con la cantidad de coca que circulaba en este momento por su sistema.

    Sólo yo pude escuchar a Jon soltar despacio el aire de sus pulmones. Parecía menos tenso ahora.

    Todos le temían a Bahd, y lo que este pudiese hacer. Para mí era sólo el típico lider que se auto-elige en el grupito mafioso al que Jon pertenecía desde que entramos a la universidad.

    No supe si el estaba al tanto de lo que eran desde el principio. Para todos los demás, ellos no tenían nombres ni pertenecían a nada. Digamos que eran de esa clase de personas -hombres o mujeres- que entraban con superioridad a los lugares importantes, conocían gente, movían contactos, y cada quien sacaba conclusiones de quienes eran, sin estar seguros. Yo sólo sabía quienes eran, y a la vez no. En estas cosas estaba bien perder la memoria de vez en cuando en algunas cosas.


    Me desperté sobresaltado. Las 6:00 am mostraban los numeros rojos del despertador barato que estaba sobre el buró junto al colchón. Me froté la cara con ambas manos. No había podido olvidar la petición matona de Bahd en la reunión a la que me llevó Jon ayer por la noche. Se supone que había ido por una estúpida ayuda de porquería. La verdad es que estaba a punto de que me cortaran los servicios públicos por falta de dinero, y me pareció bien ponerme a la orden de Bahd para un trabajo.

    Claro, al parecer no alcancé a explicarme bien sobre “qué tipo de trabajo”, ya que amenazar a alguien de muerte, o “darle un susto” como el sutilmente lo había sugerido no sería algo que quisiera agregar a mi asqueroso curriculo vitae.

    Y no voy a decir que Jon me invitó amablemente.

    Sus palabras exactas a mi insoportable insistencia por que me llevara a ver a Bahd mas bien fueron algo como: “De acuerdo, bruto, mejor métete una bala en tu ridícula cabeza y así podré decir que tuviste el valor de suicidarte como todos los demás idiotas. No es una estúpida monja caritativa, David, tampoco es un banco. ¿Conoces esa razón por la que no te metes con la gente importante? Gente como Bahd son esa razón”

    Y una vez más - como en toda mi asquerosa vida - Jon logró sacarme de ésta, también. Y no es que eso fuese un alivio tampoco. Me preocupé un poco por Jon al principio luego de salir hacia el estacionamiento de la facultad. Su imbécil respuesta fue sonreír de camino a su carro y dijo:


    - Ya cambia esa cara, David. No es como si fuera la primera vez.


    Entonces quise golpearlo. Ese descerebrado idiota no tenía un estúpido remedio.

    Jony yo nos conocimos desde la primaria. Viva a tres cuadras de mi casa, y cargaba siempre las rodillas sucias igual que yo. La primera vez que lo vi se escondía en la escalera de la escuela, para ver por debajo de las faldas de las niñas. Desde ese momento supe que compartiríamos muchas cosas en nuestra vida. Era más que un amigo para mí. El era mi familia. Se suponía que deberíamos cuidarnos las espaldas mutuamente y eso. Sentía como, a diferencia de Jon, yo no había cumplido nunca con mi parte.

    Deje la colcha vieja, que era donde dormía la mayora de las veces y me dispuse a comenzar otro día.

    Le había metido mano al carburador de mi hermosa Halcon al llegar ayer tarde en la noche y no la había terminado aún. Así que me esperaría en la casa por un cambio de aceite y mientras tanto, Jon pasaría a recogerme. Aunque fue más temprano de lo que esperaba. El estridente sonido de la corneta de su carro me saco a medio vestir del baño.


    - ¡Ya, ya, ahí voy! - grité al tercer cornetaso, mientras recogía mis cosas.


    Pase como un rallo por la puerta principal, tire mi cuaderno siempre en blanco junto con la camisa que me faltaba por colocar y mi gorra vinotinto por la ventana de atrás del aveo amarrillo tostado antes de sentarme de copiloto.


    - Quisieras evitar la parte en la que me gritas desde adentro de tu casa? - se quejo - Me hace sentir como si viniese a recoger a una novia pobre, o algo así. Es algo incomodo.


    Me eche a reír, mientras tiraba de mis brazos a través de las mangas de la camisa que terminaba de ponerme.

    Deje al descubierto mi buen formado abdomen.

    - Al menos tu pareja seria excitantemente sexy - me señalé.

    - No todo se trata del físico, ok? - bromeo Jony con voz femenina. Sacudió la cabeza con falso drama - ¡Tengo sentimientos! Ese siempre ha sido nuestro problema, y por eso terminamos.


    Solté otra carcajada.

    Jony estaba tan echado a perder como yo.

    Me puse a revisar las botellas de smirnoff que estaban tiradas a mis pies con la vaga esperanza de encontrar una sin destapar cuando mis ojos se fueron hacia la Glock que guardaba a un lado de la palanca de cambios, y todo el humor se fue.


    - Jon - carraspee - Sobre lo que le dijiste hacer a Bahd anoche...

    - ¡Otra vez! Ya déjalo, hermano - hizo la cabeza hacia atrás con fastidio - Te dije que no siguieras con lo misma basura. Deje a mi madre dormida en casa.

    - Es en serio, Jon. Deja de portarte como si esto fuera un estúpido juego. Se supone que eso, bueno, lo que harás... es algo malo.

    - ¿Malo? - se carcajeó - ¿Qué? ¿Volviste a ver “Todopoderoso”? ¿Qué pasa, David? Estoy seguro de que me iré al infierno por hacer cosas peores - giró la cabeza hacia mi sin parar de reír - Deja esa basura, hermano - golpeó mi brazo en plan de juego - Igual esta vez no iré yo. Bahd decidió al final que me necesitaba para otra cosa.


    Sentía la necesidad de refutarle, pero me quede callado.

    Tal vez tenía razón, y me había pasado de estúpido.

    De todas formas, Jon parecía saber mejor lo que hacía que yo.


    - Además - sonrió con aires de suficiencia - Nunca me ha gustado la universidad, pero eso no quiere decir que quiera cambiarla por unas vacaciones en la cárcel.


    Lo mire divertido, poniéndome un cigarrillo en la boca.


    - ¿Qué tienes en contra de hacer nuevos amigos en otros lugares? - dije.


    Jon también era otro orgulloso miembro de la Universidad Estatal: Ciencias Políticas. Desde hace cuatro años, y aun en el segundo semestre. No me pregunten por qué. No me metía en todos sus asuntos. No tenía remedio. Eso si lo sabía. Otra cosa en común.

    La verdad es que nos parecíamos en muchas cosas. Ambas madres nos criaron sin ayuda de los bastardos que más o menos colaboraron en nuestro nacimiento, pero que nunca hicieron acto de presencia más que el de eyacular en el momento exacto. Ni siquiera los apellidos. Y no es que nos hiciera falta a ninguno de los dos. Por mi parte cuanto menos supiera de él mejor. Por otro lado, me alegraba. Mi madre no se merecía una carga de basura extra sobre sus hombros. Conmigo había tenido suficiente. Supongo que era el mismo caso para Jon. Aunque en su versión, el bastardo tenía dinero y estaba en un buen puesto según su madre le había informado. Creo que aun les enviaba una miseria de dinero cuando le daba la gana, o algo así. Dejó a su mama embarazada nuevamente antes de largarse, y eso le di otro dolor de cabeza a ella -al que le puso Amanda-, llevándola a la depresión por tener que criar a dos niños ella sola. Pienso que por eso seguía enviando las limosnas. Al menos tenía un cargo de conciencia, o eso parecía. Mientras que a Jony, su hermanita siempre había significado una prueba de que Dios si lo quería. Bien por él. Yo debía ser algo así como un programa piloto de Dios que salió mal, y del que nunca más se ocupó.

    Jamás estuve más seguro de algo, como de que Dios se había olvidado completamente de mí.


    - ¡No, no, no, David! - Fol se colocó de pie frente a su escritorio, con ambas manos sobre la mesa - Dime cuántas veces más voy a tener que justificarte.

    - Entrenador...

    - Doce - silbó furioso - Doce, David, ¿en menos de tres meses?! ¿Sabes por qué las disciplinas son parte del atletismo, ah, David? ¿Esa palabra te dice algo?

    - Escuche...

    - ¿Que me dices de Dedicación? - su cara comenzaba a ponerse roja de rabia - ¿Responsabilidad? ¿Nada?

    - Entrenador...

    - Dime. ¿Realmente quieres esto, muchacho?

    - Si - me puse de pie - Claro que si, señor.

    Soltó una risotada amarga.

    - ¿De verdad? - chillo burlón - No me parece.

    - Yo... yo soy bueno en esto, y lo sabe.

    - ¡Lo sé! Eso es lo peor - le dio un manotazo a su escritorio - Pero David... tu comportamiento, bueno... estas acabando con lo que por tanto tiempo yo se que te has esforzado en construir - Inspiró profundo para calmarse - Necesito que seas el mismo de antes, ¿de acuerdo? No este tipo vago que no me da la impresión de querer pertenecer al equipo.


    Resoplé sentándome nuevamente como respuesta a su ya muy repetido discurso.

    Lo vi ponerse más enojado después de eso.


    -Yo se que eres bueno, David, y sé que te han pasado cosas malas, hijo - se acerco a mí y sacudió mis hombros - Pero esta carrera se trata de esfuerzo, preparación, trabajo. ¡El atletismo es considerado el conjunto de deportes más importantes del mundo!


    Como si yo no supiera eso.


    - Y tú no te lo estas tomando en serio.


    ¡¿Que yo qué?!


    - Estoy pasando por un momento difícil, Entrenador, eso es diferente.

    - Un momento difícil que te ha llevado ya casi dos años - masculló perdiendo la paciencia - Sin contar que estamos a unos pasos de los regionales, y las eliminatorias para los talentos mientras que tu pasas más tiempo bebiendo afuera de la cancha que entrenando dentro - sus dientes se cerraron con fuerza, como si se obligara a callarse - Esto tiene que parar.


    Dígamelo a mí.

    Todo es muy fácil de decir cuando no eres tu quien tiene el agua hasta el cuello. Cuando las personas te critican y te dicen que debes cambiar, mientras tú sigues tirado en el hueco sin saber cómo salir y nadie que te ayude.


    - De no ser así... - continuó al rato, quitando las manos del escritorio - No sé si puedas ir al campeonato - suspiró - O volver a enviarte algún día a un campeonato - me miró fijo - A cualquier campeonato.


    Sentí ganas de vomitar.

    ¿Me estaba echando del equipo?

    Fol negó con la cabeza, al tiempo que chasqueaba la lengua con frustración.


    - Será mejor para todos que te tomes un tiempo, David - dejó de verme, tal vez para no mirar como mi cara mostraba la agonía interna- Tal vez así puedas entrar en razón, otra vez.


    Claro, seguro eso me ayudaría mucho. ¿Cómo es que no lo pensé? La mejor manera para recuperarme de mi asquerosa vida es que alguien que me viera moribundo en el sucio piso de la realidad que vivía me lanzara una patada brutal que me enterrara en la porquería de cemento para morir ahí como un imbécil.

    ¡Que idea tan brillante!

    ¡Como si tuviese un botón en mi cuerpo que dijese “Reiniciar”, y listo!

    ¿Por qué no se me ocurrió antes?

    Excelente.

    ¿Había dicho que a Dios no le importaba? Era mucho más sádico que eso. El me odiaba.

    Tire la puerta al salir de la oficina del entrenador.

    El deporte era mi vida, o lo poco que me quedaba de ella. Fol lo sabía. Cada estúpida persona en el mundo estaba al corriente con eso. ¿Ahora, ni eso me quedaba? Me sentí mareado. Todo esto era mi culpa. Sabía que esto pasaría. Sabía que de ahora en adelante mi vida se acabaría poco a poco. Ese era el precio. El precio por ser un mal hijo. Por no atenderla. Por abandonarla aquel día, cada día. Dios me castigaba porque tal vez ella habría estado mejor sin mí. Sana. Viva. Quizás una profesional exitosa. Si yo no hubiese venido a maldecir su vida. A echarlo todo a perder.


    Lance un grito de frustración cuando llegue a los jardines, clavándole un puñetazo a la pared. Unos chicos se apartaron de mí, como si hubiesen visto a un perro rabioso. Tal vez eso vieron.

    ¿Puedo saber que fue eso tan malo que cometí en esta vida de porquera?¿ Nacer?

    Deseaba morirme, entonces.



    - ¡Y ahí está! - Jon estiró ambos brazos en mi dirección. Una botella de ron guindando de una de sus manos.


    Se encontraba con Steve, Matt, Dominic, y otros chicos que no conocía, detrás de los locales de comida rápida. La bati-cueva.


    - Hermano, ¿dónde estabas? - me sonrió, hasta que se dio cuenta de que no andaba de humor - Y que es esa cara de ogro que traes, ¿qué te pasó?


    Se comieron lo que quedaba de mi pobre esperanza, así que soy un podrido zombie sin alma.

    Tire el cuaderno al piso sin responder.


    - ¿Adivina a quien no le dieron, y quedo picado? - soltó Matt divertido.


    Jon comenzó a caminar hacia mí, riendo como todos los demás.


    - No preguntes - le gruñí - Te ira mejor si no lo haces.


    Alzó ambas manos en defensa.


    - Oye, solo preguntaba - miro por detrás de mi - Guarda las energías para cuando Pride te encuentre. Esta echa una furia porque no ha sabido nada de ti desde ayer.



    Bufé con desagrado agarrando el Cacique de la mano de Jon y tirándome al piso.

    Justo ahora lo que menos me importaba eran Pride y sus arranques lunáticos.

    Si me la encontraba lo más seguro es que la cortara de ipso facto. ¿Qué más da? Me iría muriendo en días poco a poco.


    - Suficiente de conversaciones estúpidas - hablo Steve, extendiéndome la mano para que fumara de su cigarrillo. Lo agradecí - Hablemos de los gramos que se perdieron. Le pertenecen a Laus, así que se trata de algo serio.


    Dos de los chicos que no conocía lo fulminaron con la mirada.


    - ¿Qué? - Steve se recostó de la pared muy cómodo - Sospecho que fue Willi el que los cogió. Lo oí diciendo algo cuando se subió a la camioneta esa noche.

    - También oí algo - intervino un tipo blanco de tatuajes.


    No sabía de qué demonios hablaban, y no me importaba tampoco. Así que me dedique a fumar y beber.


    - ¡Problema resuelto, entonces! - Jon alzo las manos al aire - ¿No es maravillosa la comunicación grupal?

    - No hay que decirle a Bahd, todavía - intervino rápidamente otro, que parecía nervioso - Si no fue Willi quien lo robó, Bahd nos lo hará pagar a todos.


    Me obstiné de la mala compañía.


    - Me largo - gruñí lanzando la colilla del cigarrillo, en tanto le echaba un último chupito a la botella, agarraba mi cuaderno, y me ponía de pie.


    Me fui dando zancadas hacia la salida al otro lado de donde nos encontramos.


    Jon no dijo nada mas, ni me impidió que saliera huyendo.

    Nuestro pacto coincidía en apoyarnos, no en controlar la vida del otro como una fastidiosa niñera. El comprendió que quería estar solo.

    Pase los jardines, el estacionamiento, las aulas que quedaban al fondo en donde se veían parejas aprovechando la conveniente soledad.

    Camine, camine, camine y camine.

    Jamás me detuve a pensar en cuanto terreno abarcaba la universidad, o sencillamente tampoco le di importancia.

    En eso consistía mi vida: En no vivirla.

    Al final me tire sobre la maleza que se extendía hasta arriba como no lo había visto en ningún otro lugar. Seguro que nadie se había pasado por aquí antes. Toda esta vegetación llena de bichos y de culebras. Tal vez correría con la suerte de que me mordiera una. No me extrañaría. Cosas así solían pasarme últimamente. ¿Por qué no ahora? Me convenía. Posiblemente esa sería la razón por la que no pasaría. Como cuando quise alistarme en el servicio militar y me lo impidieron por ser hijo único. Como cuando el montón de traidores que decían ser mis amigos de atletismo me dieron la patada que me faltaba para hundirme más profundo. O la noche pasada cuando me robaron el miserable salario que Bass me pagó. La respuesta del entrenador, la soledad que se había convertido en mi detestable compañía luego de la muerte de mi madre... y claro, la muerte de mi madre.

    Pobre mujer. Tanto amor y fe, y al final no le sirvió de nada.

    ¿Cómo es posible que después de que te sucedan las cosas es que consigues entender lo sencillas que eran? Irónico porque, ¿de qué diablos te servía saberlo después? Tal vez pudiese escribir un libro algún día, o le pediría a alguien que lo hiciera. Posiblemente lo creerían insólito e irreal y lo venderían como una historia fantástica y dramática "basada en la vida real", en vez del crudo documental que realmente era.

    Suspire agotado.

    ¿En esto se había convertido mi vida?

    Entonces como medida desesperada imagine a Dios viéndome en este instante. Cosa estúpida, realmente. Estaba seguro de que él no tenía ni idea de quién era yo.


    - ¿Que quieres de mi?- musité, quitándome la gorra y enterrando la cabeza en las manos.


    Me vinieron ganas de llorar. Apreté los dientes con rabia negándome a seguir siendo débil. No lloraría. Las lágrimas no servían de nada. En vez de eso comprendí que ya mi vida no sería la de antes nunca más.

    Saque el paquete de cigarrillos, el encendedor, golpee la caja, salió uno y lo encendí.

    Continuaría destruyéndome cada vez más, hasta que mi cuerpo estuviese a la par de mi alma: Muerto.

    No me quedaba de otra, debía seguir existiendo. Porque para colmo de males, despertaba cada mañana.

    Pero si Dios me odiaba tanto, entonces parecía de idiota estar de su lado.


    - No importa - musité, como si el pudiese escucharme - De todas formas, ya no creo que ni siquiera existas.


    Saque el iPhone robado que Jon me obsequió en navidad.

    Esperaba no arrepentirme de esto luego, mientras marcaba el número de Bahd y escuchaba cada tono.


    - ¿Quien habla? - se oyó amargado.


    - Escucha Bahd, soy David, el infeliz.


    - ¿David?


    - Mira, tenias razón - trague saliva - Sin excusas, estoy listo. Tú mandas. Acepto el trabajo.
     
  9.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

    Leo
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    ¿Por qué somos más adeptos a creer la mentira que la verdad?

    ¿Por qué somos más sensibles al deseo que a la felicidad?

    ¿Por qué creemos que las riñas solucionan más cosas que el amor?

    ¿Por qué nos seduce más lo prohibido que lo permitido?

    Antítesis. Sábado 22/02/14




    LLANTO DESCONSOLADO.




    - Bien, repasemos - escuché a través del móvil como Bahd aspiraba por la nariz de forma brusca - Pasas las dos cuadras. Al final...

    - Una casa amarilla de rejas blancas -respondí con fastidio por tercera vez- Salto hacia adentro. Subo el arbusto que queda al este. Me dejo caer por las ramas que dan hasta la ventana, y entro en la casa.

    - Sí, sí, como sea, sólo haz lo que te pedí - interrumpió desinteresado - Sólo eso, ¿ok? Nada de ponerte estúpidamente creativo. Me orino en las personas creativas - y colgó.


    Me encontraba a cuatro calles de la casa del decano usando unos pantalones deportivos y un suéter con capucha azul marino. Jake estaba a regañadientes conmigo, porque Bahd lo envió a “vigilar que todo saliera positivo”

    Para él, pensé. Nos hallábamos escondidos detrás de una camioneta de una Hillus del año y aparentemente de agencia estacionada frente a una vivienda enorme. Todas las casas de este lugar tenían el mismo aspecto. Guardaba relación con que era una de las localidades más acaudaladas del estado. Irónico, puesto que el servicio de vigilancia no parecía tan eficiente para la zona en la que estaba. Por ejemplo, no debería ser tan sencillo que dos sujetos -con apariencia de no vivir aquí, cabe destacar- les fuera fácil entrar pasada las 2:00 am, sin identificarse siquiera.

    Eso sin decir que Jake le mantuvo la mirada fija al sujeto de vigilancia al pasar. Sudé frío en ese momento.


    - Has lo tuyo, muchacho - Jake palmeó mi espalda - Estaré aquí si me necesitas, ¿de acuerdo?


    Quise responderle en tono sarcástico “Seh, claro” En vez de eso, asentí con la cabeza.

    Mi misión, ya que decidí aceptarla, era entrar en la casa del decano, burlar la seguridad siguiendo los pasos que me dio Bahd para no ser visto ni detectado por las cámaras de vigilancia, robar algunas cosas de interés (eso lo agregué yo) dar un tiro al aire sin el silenciador, y salir nuevamente de la casa.

    No sé por qué a Bahd le interesaba amenazar al decano, pero no lo pregunté tampoco.

    Sonaba sencillo. No lo era. Sentía las piernas de mantequilla, mientras caminaba rápidamente por las calles hacia la casa. El corazón me latía tan fuerte, que la noche no parecía tan silenciosa. En cualquier momento vomitaría. Eso seguro.

    Típico de mí. Decidía estupideces en mis arranques de ira, y luego quería salir corriendo como un gato cobarde. ¿Por qué no simplemente me desahogaba con la almohada, o rompía algunas cosas como la gente normal? No, yo tenía que llamar a Bahd y convertirme en sicario.

    Estupendo. No. Estúpido sonaba mucho mejor.

    Después de esto trabajar en el nocturno iba a ser una ridícula tarde en el preescolar.

    Unos cuantos gemidos quejumbrosos interrumpieron el que siguiera drenando mi frustración existencial.

    Bueno, pensé al comienzo que se trataban de gemidos, luego escuché con mayor atención y noté que era llanto lo que oía. Alguien lloraba en una casa... bueno, el problema surgía en describir la humilde morada.

    Podría decir que era una mansión como las otras, que tenía tres pisos. Atractiva, de eso no había duda. Pero me quedaría corto, porque existían muchísimas casas con esas descripciones y no tendrían, en realidad, ningún parecido con esta casa. Esta tenía que ser la casa del decano. Es decir, por todos lados tenía escrito que ahí vivía alguien fuera de todo lo común. No sé comparaba a nada que hubiese visto antes.

    Llegué hasta el centro de un espacio de arena que pegaba de las paredes de la entrada. El terreno terminaba en una curva, donde los árboles tapaban la fachada de la mansión proporcionando cierta intimidad hacia adentro. Igual a las casas de los políticos. Por favor, ¿es que no se daban cuenta de que eso era todo lo opuesto a pasar desapercibidos? Como sea. El llorisqueo continuaba. Cada vez más cerca. Reconocí que provenía de una mujer. Me hizo recordar a mi madre. Fue hace más de dos años, pero aun así lo recordaba. Con nitidez. No creo que lo olvidaría nunca. Algunos días que llegaba tarde a la casa, cuando aún era un miserable inmaduro, ella me esperaba despierta y comenzaba a sermonearme sobre mis responsabilidades y las horas que escogía para regresar. Yo le gritaba un repertorio de esas idioteces que se suelen decir cuando no se sabe nada de la vida. Ella subía hasta su cuarto con la misma fortaleza que siempre la caracterizó hasta el final, pero al pasar frente a su habitación, cuando al fin yo decidía irme a dormir, podía escuchar sus casi silenciosos sollozos. La puerta entre abierta. La veía darse la vuelta del otro lado del colchón y continuar llorando. Nunca se preocupó en notar si yo la escuchaba. Ella sólo lloraba hasta quedarse dormida. Y el remordimiento se me iba al cerrar los ojos. Que idiota fui. Todavía recordaba su espalda temblando por causa del llanto silencioso.

    Un gato me pasó como una bala por un lado, regresándome al presente. Más o menos. Me preguntaba como carriso haría para entrar y salir de aquella casa.

    Los pasos que Bahd amablemente me proporcionó para entrar como un ladrón e intimidar al sujeto al que duras penas había visto en dos ocasiones, parecían inútiles en este momento en que me iba acercando y los nervios me controlaban.

    Al alzar la vista, noté el plateado revestimiento de los grandes ventanales que cubrían la casa. Tragué grueso. El liso del las paredes de piedra gris se destacaban contra el negro del cielo, como agua. Me imposibilitaba subir por ahí hasta la ventana. Imposible de escalar. La puerta principal eran rejas, más sencillo que todo lo demás, pero seguramente tendría alambrado eléctrico, o qué sé yo qué cosa más que me haría quedar frito como una rata en el enchufe. Busqué el bendito árbol de afuera por donde se suponía que subiría. No lo vi, o ya no estaba. Oh. Perfecto. Me fui medio agachado por los mini muros que sostenían algunas de las rejas, hasta el frente de la mansión para buscar otra posible entrada suicida. Conté uno, tres, seis cámaras de seguridad ¡Ja! Esto se ponía cada vez mejor.

    Otra vez ese llanto que aumentaba de volumen.

    Me di la vuelta a ver quién no paraba de chillar y... una chica se encontraba tirada junto al portón desde la parte de adentro de la casa. Sí. De la casa del decano.

    Me detuve en el acto que la vi, y me escondí detrás de la pared.

    ¿Saben qué? Olvídenlo. Renuncio a ser un hampón. Soy estúpido, pero sé reconocer cuando algo sencillamente no es mi vocación. Con un demonio, este no era mi día.

    Asome un poco la cabeza sobresaliendo de la pared, como había visto que hacían los policías en las películas. Bajé la guardia un poco cuando me di cuenta de que me daba la espalda. No me veía. Volví a esconderme. Debía irme. Me asomé, de nuevo. Seguía sin verme. La conocía, pero no podía recordar de donde. Peor. Me oculté. Y ahora, ¿qué se supone que estoy haciendo?

    Volví a asomarme. La detallé. Parecía venir de alguna parte, porque llevaba un vestido blanco y elegante y aún cargaba unas sandalias altas medio puestas en sus pies. Una se le salía por el talón como si estuviese a medio quitar, sujeta sólo por una pequeña correa. Lo extraño era que a pesar de su atuendo elegante la chica estaba tirada en el piso, aparentemente sin hacer nada más. Le di mi atención. Su labio sangraba y seguía llorando como una Magdalena.

    Suspiré indignado.

    Alguien la había golpeado. Estaba seguro. Reconocería un puñetazo de un hombre en el rostro frágil de una mujer a kilómetros. Lo había visto muchas veces en el de mi madre. Me conmovió. No, era mórbida curiosidad.

    ¿De dónde la conocía?...

    Saqué medio cuerpo hacia afuera, nunca sin dejar la opción de salir disparado si ella volteaba. Ahora, podía ver algo mejor su rostro. Aunque podía ser que me reconociera. Me escondí. Fue ahí cuando, extrañamente mi mente reconoció su rostro.

    ¿En serio?

    Siempre guardaba los rostros de las personas. Lamentablemente. No todas la personas eran buenas para recordarlas. Pero a ésta la recordaba. Su look era diferente. Pienso que es porque esa vez la vi por corto tiempo en la Universidad. Un día normal en “Chick”, la cafetería. Una maraña de cabello rizado de mujer pidiéndome la silla de mi mesa. ¿Quién lo diría? La hija del decano? Familiar suyo, evidentemente. Volví a mirar. Sí, sin duda, era ella. Ahora sus ojos amarillos estaban sumergidos en lágrimas y su cabello menos naranja y más rojizo por la oscuridad de la noche, se recogía hacia atrás como si fuese un peinado antiguo, o no sé qué. Los labios muy rojos.

    La vi levantar un cristal del suelo. La curiosidad me empujó a seguir viéndola. Parecía vidrio lo que sostenía. Apuntó las venas alojadas en su muñeca con la intención de perforarse y lloró aún más desconsolada.

    Maldición, ¿es en serio?

    Comencé a mirar hacia los lados con desesperación. Definitivamente este no era mi día. Volví la vista hacia ella. Empezaba a rasguñarse la piel, mientras seguía gimoteando. Reprimí el deseo de gritarle “Hey, ¿estás loca?” O de salir corriendo, en vez de todo eso miré a los lados en busca de qué cosa hacer.

    ¿No pudo haber escogido otra noche para suicidarse? No, mejor. ¿No pude escoger otra noche para estrenarme como sicario?

    Me pasé las manos con desesperación por la cara. Maldita sea, si entraba a la casa también me culparían de homicidio. Que basura estaba diciendo? Si tan solo me encontraban aquí parado, o descubrían de alguna manera que había venido justamente esta noche, iban a culparme de homicidio!

    Me deje caer al suelo recostado de la pared.

    Ok, ok, deja tu estúpida paranoia y cálmate. Respira. Piensa.

    Volví a mirarla. Seguía en lo suyo, pero no hacía mucho ahínco en sus rasguños. No hacía mucho esfuerzo por cortarse. Eso me daba chance.

    Pensé en llamar a alguien de su casa. Al instante quise patearme yo mismo. A ver, ¿que les diría? Ah, sí: Buenas noches, fui enviado a matar al decano en este fresco miércoles de verano y vi que su hija se intentaba suicidar así que como soy un buen samaritano...

    Aunque si yo podía escuchar sus lloriqueos escandalosos, ¿como es que de su casa no salía nadie a socorrerla? ¿O los de seguridad, o quien sea?

    Seguí mirándola como zoquete sin saber qué hacer. ¡Piensa, idiota!

    Era obvio que ella no deseaba hacerse daño, pero no se necesitaba ser muy inteligente para saber que lo lograría si alguien no la paraba pronto. Muy pronto. Pero no había nadie. Solamente ella en... ahí tirada, y...

    Del mismo modo idiota en que se hacen las peores cosas, sin pensarlo tome una piedra del suelo me puse de pie de un salto y la lance hacia directo hacia el bombillo que precariamente la alumbraba a espalda suya. La chica se sobresalto con la explosión, soltó un gritito, dio un brinco y se acerco mas hasta la reja del portón a un lado de donde yo me escondía. Me pegue como un chicle a la pared. Podía escuchar su respiración acelerada como si la hiciese yo mismo. Bueno, la mía no era menos lenta. Me quede inmóvil.


    - David - sisearon en la penumbra por el cruzar de la calle.


    Gire mi cabeza en dirección a la voz, y me odie en ese instante porque el sonido de mi pantalón con la pared puso en descubierto mi ubicación.

    La vi girar el rostro y observarme largo rato, pero ya yo corría dos calles abajo.




    - Eres un sucio idiota de porquería. Eso fue lo más retrasado que has podido hacer, David. ¿Sabes qué? A partir de ahora tomare el 20% de mi asqueroso sueldo y lo guardare para tus malditos gastos funerales. Nunca se sabe cuando te vuelvan a entrar las ganas de ir y hacerte el matón una noche de estas - escupió al suelo con rabia - Imbécil.

    - ¿Tienes síndrome pre menstrual? - me detuve para gritarle - No sé qué te dijeron, pero no me hace falta un padre, Jon, y si algún día sádico necesitara uno tu serias a quien nunca llamaría - lo empuje - ¿Tu vienes a darme clases de moral? ¿Tu? ¿El “Jony presidio”?

    - ¿Te parece chistoso, Estúpido?! - me regresó el golpe con más fuerza - ¿Sabes que te pasaría si esa chica llama a la policía? Te ponen los podridos ganchos, David. ¿Y sabes que mas? No vuelves a ver la ridícula luz del sol. ¿Y sabes que te harán cuando estés solito en prisión, Princesita? Te matan - soltó una carcajada llena de cólera - Claro. Eso después de hacerte su zorra. No vas a volver a sentarte cómodamente nunca más después de eso.



    Hoy tampoco entramos a clases. Jake enloqueció anoche cuando salimos huyendo, y llamo a Bahd quien nos mando a sus discípulos de barrio para que vinieran a apoyarnos por si empeoraban las cosas. Unos tipos gordos vestidos de negro, con cadenas y armados hasta los dientes. Parecían haber salido de un video de reggueton. Entre ellos venia Jon, encajaba tan bien con los demás como una rubia rica en el Bronx.

    Por supuesto Bahd jamás se entero de lo que paso en realidad. Ni yo se lo diría, tampoco. El solo pensó lo que Jake se había imaginado cuando escucho el bombillo romperse y a la chica gritar: que me habían descubierto, y que todo el alboroto se debió a eso. Y yo lo deje creerlo.

    A Jony si le conté con detalles. Pero comenzaba a arrepentirme.


    - ¡Por favor! - alce ambos brazos con énfasis - Ya cállate, Jon. Cometí un estúpido error,¿ ok? No soy el estupendo terror de la calle como tú, ¿está bien? - lo rete - ¿Eso querías oír? ¿Y ahora qué? ¿Me darás consejos de capo mafioso?

    - Vete al infierno, David, no peleare contigo hoy.


    La gente comenzó a mirar en nuestra dirección. Chismosos de porquería.


    - ¿De verdad? - gruñí sarcástico - ¿No valgo tu profesionalismo antisocial?

    - Eres un imbécil, David, trato de cuidarte, ¿entiendes?!

    - ¿Quien te lo pidió? NO ERES MI MADRE!

    - ¡Pero si la única familia que te queda después de que la dejaste morir, grandísimo Idiota!


    Lo tome por la camisa, y lo aparte de un puñetazo. Por suerte no había mucha gente, y los que ya se reunían al rededor no estaban lo suficientemente cerca para mancharse con la sangre que salió chorreando de su nariz. Jon gruño endemoniado y continuo la pelea devolviéndome el puñetazo, y viceversa. Los nudillos me ardían como si los hubiese metido al fuego, pero eso no me importo.

    Me detuve al rato a ver como Jon se colocaba en guardia. Tire una mesa que estaba llena de volantes informativos para nerds, hacia donde él estaba. Jon ni siquiera pestañeó. Me veía agitado. Con rabia.

    Algo hizo “Clic” en mi cabeza y vi que la única persona que me quedaba me veía con rabia. Las ganas de golpearlo me dejaron de golpe. Como si me hubiesen pasado un suiche.

    Me limpie la sangre de la quijada, en tanto respiraba entrecortado igual que el. Pelear con Jony parecía ser lo más estúpido que se me pudo ocurrir hacer. Jon sintió el cambio de ánimo y bajo los brazos en rendición. Se veía cansado, también. La sangre salía por su nariz como un grifo. Lo empuje cuando pase por su lado. Me sostuvo el brazo para continuar la pelea, pero lo sacudí con desgano para zafarme, y comencé a alejarme.

    Pude escuchar como el público se retiraba decepcionado. Al diablo, con todos.


    - ¡Púdrete, David!- me escupió desde lejos.


    Lo escuche patear algo más.

    Me puse un cigarrillo en la boca, en tanto lo encendía. Mis manos temblaban mientras sostenía el encendedor.


    - En eso estoy - musite para mí.
     
  10.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    CON NADA.



    - Buenos días.

    - Buenos días - mascullé con todo el fastidio acumulado en medio día.


    Y pensar que aún faltaban quince minutos para que diera la 1:00 pm.


    - Umm... ¿qué precio tiene ese paquete de dulces del fondo? - preguntó una nerda rara, después de pararse alrededor de veinte minutos frente al local antes de decidir que pediría.

    - 50.

    - Umm... ¿y el que está a un lado de ese?


    Me gire a mirar de mala gana lo que ella apuntaba.

    Estaría ciega?


    - Es el mismo - respondí, absurdamente sorprendido de su estupidez.


    Por piedad !cómprenle unos lentes!

    La chica nerd esperaba más explicación.


    - ¿Y bien? - insistió - ¿Qué precio tiene?


    Reprimí el impulso de burlarme, en vez de eso suspiré.

    Supongo que el horrendo sombrero que llevaba le impedía la entrada de oxigeno al cerebro. ¿Lo habría sacado de algún basurero? ¿Habría muerto algún animal deforme para que ella lo usara?


    - 50, también - bufé, exasperado.


    Bass carraspeó detrás de mí en reprimenda por mi mal comportamiento con la cliente Claro, que la chica tonta, no lo notó. Se frotó la frente mientras otra vez pensaba... o eso parecía estar haciendo. Lo dudaba.

    Esperando...

    Casi llego a un coma por aburrimiento. Suficiente.


    - Vuelvo ahora, Bass - dije obstinado, levantándome de la silla para ir a cualquier otro lugar.

    - Espera, Guapo, ¿me darías un agua mineral primero? - agregó alguien más en el mostrador.


    A un lado de la nerd de sombrero espantoso, una chica sonriente se apoyaba de la barra del local, mirándome con grandes ojos curiosos de cachorro.


    - ¿Guapo? - salió sin pensar de mi boca.

    - ¿Disculpa? - las facciones de la chica sonriente se arrugaron confundida por mi reacción a su cumplido.


    Yo también lo estaba. Me sentí un soberano idiota.


    - Ahm... ¿Qué fue lo que pediste?


    Esperen, ¿yo titubeé? Esto era incómodo.


    - Un agua, por favor.


    Se vea tan... confiada. Segura. Sentí un ramalazo de envidia por eso. Le di el agua mineral, y me pago por la bebida. La detalle mientras se distraía mirando no se qué. Llevaba una camisa blanca deportiva y pantalones camuflajeados. Una gorra negra hacia atrás que sostenía su cabello largo, liso y negro oscuro. Tenía estilo. Bonita. Pero no era eso lo que me atraía de ella. La verdad el problema estaría en describir con palabras de que se trataba, porque ni yo mismo daba con el origen de esa atmosfera atrayente que ella portaba. Sentí que la conocía de alguna parte. Se giro a verme, y me sonrió. No la sonrisa tonta y nerviosa acompañada de risitas que usaban las mujeres conmigo. No, ella no estaba coqueteándome. Me sonreía con atención. Agradecimiento. ¿Qué me agradecía?

    Creí que la nerd se había marchado, puesto que no la escuché más. Caí en cuenta de que seguía ahí cuando la escuche gritar:

    - ¡Ruth!


    Echo a correr como loca hacia una chica que caminaba absorta del mundo del otro lado de los quioscos. Esta se giro al escuchar su nombre. Entonces perdí todo el color de cara al ver quién era. Me erguí por precaución, o por nerviosismo mejor dicho.


    - Es ella - musitó Bass a mi espalda, haciendo eco de mis pensamientos

    y dándome el susto de mi vida - Me entere de lo que hiciste la otra noche - rió bajo - Estas loco, muchacho.


    Bass, aunque lo dijo a media voz, no supo disimularlo frente a la chica que continuaba bebiendo su agua mineral frente al local.

    Esta alcanzo a escucharlo y giro a ver a la hija del decano. Aquella que seguía del otro lado de los quioscos con su amiga nerd rara, como si el hecho de caminar con sus tacones por el mismo suelo que nosotros fuera a ensuciarla.


    - ¿De que estás hablando? - intente inútilmente hacerme el desentendido, muerto de miedo.


    Me puse peor cuando gire a verla nuevamente y vi que la pelirroja tenía sus ojos puestos en mí. Maldición. Repentinamente sentí el hierro frio de las esposas en mis muñecas. No la necesitaba al otro lado de los quioscos, sino al otro lado del estacionamiento más lejano.

    La imagen de hace dos noches desgraciadamente regreso a mi mente: Ella lloriqueando con sus rulos rojos echados hacia atrás. Ojos húmedos y ensangrentados. Jugaba a matarse. Todo el show se me quedo grabado como un mal tatuaje de feria pueblerina.


    - Está bien si quieres hacer como que nada paso - continuo Bass entre risitas. Echando leña al fuego - Es cosa de novatos, Novato - me golpeo la espalda como un padre orgulloso - Tranquilo. A todos nos pasa a la primera.



    No llegue a entender si fue lo que dijo, la forma en que lo dijo, o como lo dijo, pero sentí una punzada fría en el pecho cuando lo dijo.

    La chica del agua mineral se fue luego de musitar otro “gracias”. Lo agradecí. Estaba condenadamente nervioso como para tener testigos.

    Volví a mirar a la hija del decano. Seria mirándome. Estaba seguro de que el corazón me explotaría contra las costillas. Maldición, iré a prisión. Iré a prisión. ¡Iré a prisión!


    - Deja de mirarla! - gruñó Bass, dándome por la cabeza - Vas a delatarte, estúpido. Vete - me empujo hacia la puerta de atrás - Yo te cubro lo que falta - me hizo señas con la mano para que me alejara - Vamos, vete, ¡vete!


    Salí medio disparado hacia el estacionamiento. Aturdido.

    Irónico. Jamás la había visto en mi vida, y ahora desde el desastroso intento de asustar a su padre y presenciar su deprimente intento de suicidio en mi patético primer acto legal de vandalismo no dejaba de verla en todos lados.

    Ahora huía igual que un criminal, sin serlo. No todavía, por supuesto. Quien sabe cuando me atacara otro arranque de inconsciente deseo psicópata de acabar con mi vida, como dijo Jony. Sonreí internamente al reconocer que el tenia razón. Algo me peso como un yunque en el pecho cuando recordé que ni eso me quedaba. No tenía amigos, ni familia, ni dinero, ni deporte...Nada.

    Dios.

    No. No había Dios. Al menos no para mí. No podía existir. Sería mejor que no existiera, porque de lo contrario dolería más. Se vería mucho peor. Si existía entonces significaba que no era como yo siempre había creído. Lo que decía mi madre todo el tiempo. Lo que te dan a ver las películas de Semana Santa, o los domingos en la iglesia. Imposible. ¿Como podía existir, si nunca estuvo ahí para mí? Y si estaba, ¿por qué me odiaba tanto?



    Mi móvil sonó. Ya me encontraba fumándome un cigarro por las piedras cuando eso. Iba por el tercero. Cerré los ojos cuando escuche el tema de “Chino y Nacho”, porque sabía a qué contacto pertenecía ese tono. No atendí. Sonó otras tres veces. La canción completa. Pride cuando quería podía ser muy intensa. Seguí sin atender. Le diría que olvide el móvil en la casa, pondría ojitos, y ella me creería. Fácil. Fue ahí cuando caí en cuenta de que nada me sujetaba a este mundo vacio. Ya ni siquiera la más o menos cosas agradables que recibía de Pride. El sexo con ella era bueno, pero ya no salía a buscarla como antes. El cigarro me elevaba por momentos, me brindaba una salida rápida, pero nada más. Pronto regresaría. Y no encontraría nada.

    La VIDA. Eche la cabeza hacia atrás mientras botaba el humo por mi boca. Mi vida, al menos, era un soberano asco. ¿Para los demás tendría el mismo sentido? Porque yo deseaba quedarme quieto en algún lugar viendo que todo pasara, y morir allí sin más. Dormir y no despertar. ¿Por eso la niña rica del decano se intentaba quitar la vida? Lo pensé un rato. Muy extremista, si me lo preguntaban. Algo dramático, también. Mire el cigarro que se consumía en mis dedos. Yo no hacia algo muy diferente, tampoco. Más lento tal vez, menos doloroso... Quizás.

    Mi madre habría enloquecido si yo hubiese fumado cuando ella vivía. Casi sonreí por pensarlo. Ella lo desaprobaría. Por supuesto. Pero, ¿qué me quedaba? ¿Deshacerme de lo unico que me relajaba, que me brindaba un escape de toda esta basura? ¿Para quedarme con qué? ¿Con nada?

    Aspire lo último con necesidad, dejando solo una columna de ceniza que no duro mucho en caer, y lo lance al suelo.

    Mire el humo que se elevaba desde el piso, y el otro saliendo de mi boca.

    La colilla cayó sobre un papel medio arrugado y sucio, tirado en el piso.

    No sé por qué le preste atención al papel, pero vi que entre la suciedad podían leerse algunas letras. Las únicas que habían escritas. Me dio escalofríos ver lo que decía.

    En letras gruesas, negras, y escritas a computadora estaba muy legible un “AQUI ESTOY” a pesar de los manchones de tierra. Me acerque para recogerlo. Lo gire. No decía nada más. Voltee hacia ambos lados de donde me encontraba. No había nadie más cerca de mí. Me quede un buen rato sin saber que pensar con el papel aun en la mano.

    Esto estaba raro. Tenía todos los cabellos de la nuca erizados, y los vellos del brazo también. ¿Qué era todo esto?

    La voz de mi madre una vez mas resonó en mi cabeza: “Dios prometió estar con nosotros todos los días. Él lo prometió. Él lo cumplirá”

    Suspire. Mujer ingenua. Hasta ahora no lo sabía, claro, porque era un niño, tenia imaginación, fe, y toda esa basura que te ensenan para desilusionarte más a medida que creces. De acuerdo, el hecho de que prácticamente toda mi vida la pase al lado de una esa mujer literalmente maltratada por la vida puede que influyera en mi percepción de ese entonces. Pero eso no cambiaba nada. Solo ahora podía darme cuenta de que ella necesitaba creer en alguien que la acompañaba y cuidaba. Para mí siempre fue solo ella. Y para ella ... bueno, yo nunca estuve cuando me necesito.

    Suspire nuevamente con pesar, tirando el papel al piso.
     
  11.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    "Caminando, recorría las calles por la mañana.

    Mirando el asfalto y mis pies al caminar, mientras el fuego de desesperación me quemaba de adentro hacia afuera, sin que nadie pudiera percatarse del daño que me hacía.

    Mientras tú, con tu gran poder, tratabas de buscarme y anunciarme que estabas allí conmigo.

    Hacías ruido, y te manifestabas tan real como todo lo demás para captar mi atención, para que supiera que te importaba y que sabías por lo que estaba pasando. Sin embargo, no podía dejar de sentirme así; y quería salir de este cuerpo que actuaba sin mi consentimiento y que no hacía caso cuando pedía no sentir eso.

    Deseaba salir, llegar a tu lado, y desde tu perspectiva de amor al igual que tú saber la solución y así comprenderlo todo.

    De nuevo, supe que estaba aquí así como en un principio, pero confiaba en tu visión, en tu perspectiva. Calmada continúe caminando hacia mi destino, pero ya el dolor no me llenaba sino ahora estaba llena de esperanza. Estaba llena de ti."

    Caminando 14/12/12




    BUEN PUNTO.



    - Muy bien - Jon me señaló con una mano - Dilo.

    Reflexioné un momento.

    - ¿Qué cosa?

    Jony sonrió tranquilamente, sentándose en el borde de mi buró con los brazos cruzados sobre el pecho.

    - Que eres un idiota, y que me necesitas más que al agua.

    Resoplé.

    - Cállate - le lancé un zapato.

    Jony se echó a reír devolviéndome el golpe.


    La noche anterior al llegar a la casa, confundido, deprimido, desolado, podrido, descubrí a Jon recostado de la entrada. Lo cierto es que no me sorprendió. El lo había dicho, era mi única familia, y yo lo necesitaba, pero no haríamos una escena homosexual abrazándonos con nostalgia y diciéndonos cuanto lo sentíamos. En vez de eso, hicimos lo acostumbrado: me señaló las dos cajas de Ron que traía y mencionó las de Whisky que dejó dentro del carro, yo le pasé por al lado y dejé la puerta abierta para que el entrara sin decirle que lo hiciera. Casi era un ritual.

    Durante la segunda botella de no se cuál toda nuestra hombría se había esfumado, y nos reíamos como dos colegialas ebrias.


    Se quedó mirando la pared por un rato con el ceño fruncido.

    - ¿Qué? - espeté.

    - Bass me dijo que tomaras el nocturno.

    Me encogí de hombros.

    - Necesito el dinero - respondí - Sabes que no tengo una estúpida cuenta de ahorros, o algo que me mantenga.

    - ¿Qué hay de Pride? - agitó las manos borracho - Si eso no es una cuenta de ahorros, hermano...

    Resoplé.

    - No creo que sea tan tonta como para aguantarme por mucho tiempo más.

    - O tú a ella - repuso riendo.

    - Es lo mismo - me empiné la botella.

    Jony hizo una mueca de desinterés.

    - Como sea. Ya le sacaste todo lo que pudiste - sonrió sádico - Te digo, debe ser muy buena en el sexo, tu sabes, de lo contrario la habrías despedido sutilmente a la semana.

    Puse los ojos en blanco.

    - Déjame ver si aún recuerdo el protocolo - Carraspeó - “Eres maravillosa, bebe. Y por eso entendí que lo mejor sería ser sincero contigo” - se puso una mano en el pecho con teatralidad - “No te merezco. Así que decidí dejarte ir, para que seas libre de conseguir a alguien que si te haga feliz”

    Ambos soltamos diferentes carcajadas escandalosas.

    - Eres un cretino - dije, quitándome las lágrimas de risa que había botado.

    Jony siguió riendo.

    Me encogí de hombros.

    - Da igual - me puse serio, otra vez - De todas formas se que el nocturno me ayudará en muchos aspectos.

    Jon me miró raro.

    - ¿Esto no es sólo por Fol, verdad?

    - Fol me botó del equipo - gruñí ebrio - Ya se dio cuenta de que no valgo la pena, y decidió sacar la basura, eso es todo.

    Jon me lanzó el reloj de mesa, casi tan rápido que no me pude dar cuenta. Tal vez se debía a mi sugerente estado de borrachera que mis reflejos estaban ... mis reflejos no estaban, punto.

    - ¡Pero, ¿qué demonios te pasa?! - Me puse de pie desconcertado. El reloj fue a parar en mi estómago. Casi me saca todo el aire. - ¡¿Te drogaste?!

    - ¡¿QUIERES DEJAR DE CHILLAR COMO MUJERCITA?!

    - ¡¿Qué?! ¡Es la asquerosa verdad!

    Necesitaba regresar al equipo. No me mal interpreten, los odiaba, a todos. Adems Fol se había comportado como un bastardo al decirme que nos dieramos un tiempo. Eso sí que sonaba gay. Pero el atletismo formaba parte de mi vida. Y no podría prepararme sin entrar al equipo de atletismo. Sin eso me sentía más vacio de lo que realmente estaba, cosa que ya era decir bastante.

    Todo eso me estaba matando totalmente. Sabía que Fol no me aceptaría porque sí, pero Jon se ofreció a ayudarme no sabía cómo, sabiendo que me la debía, y así podría reivindicarse conmigo. Por supuesto, eso no fue lo que dijo, sino que al salir del equipo me había vuelto más obstinado, y que lo hacía por un mundo libre de idiotas depresivos como yo. Igual se lo agradecí.

    - ¡Por favor! - bufó - ¡Sabes que eres un monstruo en los 3000 metros de steepleache, y en las carreras rápidas! - escupió entre enojado y divertido - Deja el lloriqueo afeminado. Hablaré con Fol mañana. Cuando este sobrio. - me dio un empujón amistoso - Le diré que ahora soy tu representante, y que te pondrás al día con las clases.

    Me eché a reír. Ya ni sabía el por qué.

    -Aceptará, ya verás. ¿Crees que te dejará ir así, si más? - me miró con franqueza - Eres su amante preferida, no una prostituta ocasional. Lo más probable es que quisiera darte una lección. Eso es todo.

    - ¿Me llamaste prostituta?

    - Sabes que lo eres - Jon soltó una carcajada. Luego me arrancó la botella y bebió - Y no has respondido a mi pregunta.

    Eché la cabeza hacia atrás. Todo el cuarto comenzaba a moverse de repente.

    - ¿De qué demonios hablas, Jony.

    - ¡Del nocturno! - gritó, levantándose del buró - Entiendo que toda tu vida sea una carga de porquería, pero no te irás al nocturno sólo porque ya no entrenas con el estúpido de Fol por las noches.

    Hundí las palmas de mis manos en mi cara. Me escocían los ojos.

    - Necesito el dinero, ya te dije.

    Resopló.

    - ¿A quién quieres engañar, David? - puso los ojos en dos ranuras ebrias - Yo sé que te pasa, y te digo que te quedes tranquilo, hermano. Deja que la chica que viste en la casa del decano se vaya al infierno, y tú sigue con tu vida. No pudo reconocerte, estaba muy oscuro esa noche.

    - No lo sé - di un suspiro - Puede ser.

    - Escucha, Dave, das lástima, y estoy lo tolerantemente borracho para conducir, así que me voy - se acercó a mí y me entregó la botella luego de escurrirla hasta dejarla vacía - Olvida a la chica, ¿está bien? - palmeó mi hombro - Haz como si no pasara nada. Créeme, es lo mejor.

    Buen punto. ¿Cómo se supone que haría eso? Porque no era como si pudieras suprimir recuerdos incómodos como aguantas las ganas de ir al baño. Eso nadie te lo enseña. Eso es inevitable. Y no es que tampoco lo quisiera. Estaría agradecido ahora de que me lo enseñaran. Al menos empezar con los desastres que vinieron luego de la muerte de mi madre. Ese sería un buen comienzo. Yo no sabía nada sobre que hacer con los malos recuerdos. Había aprendido a vivir con ellos.


    Al día siguiente, casi a la misma hora, mis manos subían y bajaban por el muslo de Pride mientras la besaba. Esta vez si había entrado a clases pero al salir de la primera hora Pride, su escote y sus jeans benditamente ajustados me interceptaron entre los baños y el pasillo. Lo que pasó después fue muy rápido. La excitación circulando al 180 por ciento por mi sistema hacía que todo lo recordara muy borroso. Llegamos a mi moto, nos manoseamos hasta entrar a su apartamento de residencia, y aquí nos encontrábamos desde hace unas horas. La noche se cargaba de sudor. Esto era lo que necesitaba. Otro instante para perderme del mundo. Escapar.

    Miré el reloj en el móvil a las 9:12 pm. Pride me atrajo hacia ella nuevamente, pero ya era hora de irme. Cerró los ojos y de pronto sus labios me besaban diferente. PELIGRO. Me aparté.

    - ¿David? - musitó dulcemente.

    ¿Escuche bien? ¿Me llamó David? ¿Nada de apodos cursis y vomitivos?

    Mala señal.

    - ¿Uhum?

    - Te amo - soltó muy seria.

    Uy, esto no era bueno.

    Esperó a que dijera algo más, pero no lo hice. Dejé de respirar, mientras me apartaba por completo. ¿Por qué siempre debíamos llegar a esto? Toda la noche se echó a perder sólo con eso. Su respiración, por el contrario, era jadeante, sus ojos de par en par, su mirada dulce, sus manos y cuerpo temblorosos, y todo su ser atento, como si en vez de haberla evadido y rechazado luego de tener sexo con ella, le hubiese confesado una trillada declaratoria babosa y romántica. Muy mal utilizada últimamente, cabía destacar. Todo por culpa de Twiligth, Cincuenta Sombras y toda esa porquería irreal que les vendían a las chicas ahora, donde no importaba la naturaleza del protagonista o que tan enfermo podía estar, ellos “cambiaban” al caer rendidos como imbéciles antes las chicas por amor. Pfff ... Luego tenían el descaro de echarnos la culpa a nosotros del embarazo adolescente.

    Al rato, Pride pareció comprender mi incomodidad.

    - Lo siento - se echó a reír, mientras se acurrucaba cómodamente en mi pecho - Soy una sentimental. No me prestes atención, Lovy.

    Seguí sin decir nada.

    En el fondo sentía pena por ella, pero no podía ofrecer nada más. En realidad, no tenía nada para ofrecer.

    Nadie dijo nada más por el tiempo en que salimos de la cama y nos vestíamos. No había nada que decir. Y aprovechando el mutismo, mi mente se fue volando hacia el papel que encontré ayer extrañamente en el suelo como si el mensaje fuese para mí. “AQUI ESTOY” Por favor, ¿dejaría de darme vueltas la cabeza por esa estupidez?

    - Nena.

    Pride se giró a verme.

    - ¿Si?

    Dudé por medio segundo.

    - ¿Tú crees... crees que Dios existe?

    La pregunta parecía sorprenderle. Lo supe por la cara que puso.

    - Ehm... Sí. Claro. Claro, que sí - Lo pensó. Sonrió después de un rato - ¿Lo dices por algo en particular?

    Error.

    Casi pude ver como se imaginaba que le pediría matrimonio.

    Ok, esto de ponerme religioso con Pride no fue buena idea.

    - No, es sólo que nunca te lo había preguntado antes, y... Mejor olvídalo, ¿ok?

    Ella asintió a lo que sea que pasaba por su cabeza, y se acercó a darme un beso tierno.

    - Es muy lindo que lo preguntaras, Lovy.

    Me arrepentí en el instante por abrir mi bocota.

    Ok, tal vez Dios si existiera. Sólo se trataba de que no le importaba, porque mucha gente era feliz, ¿cierto? Así que el mal trato era personal. Entonces lo que me quedaba en duda era su comportamiento. ¿Por qué me ignoraba? O, ¿por qué me sentía de ese modo? Estaba cansado de vivir así todo el tiempo, cada día. Sabía que era un bastardo algunas veces, pero ¿no todo el mundo lo era? ¿Qué me hacía diferente a ellos?

    O tal vez todo esto lo imaginaba. Una medida loca. Otro escape. Delirio

    Al final, todo lo que vivías, era todo lo que había.
     
  12.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

    Leo
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    DONDE VACIAR MI VIDA



    - “No te estoy pidiendo que construyas una pirámide, David, sólo que pases por casa de Mónica y le digas que venga a recoger esos catálogos, es todo. Podrás hacerlo antes de irte a la universidad

    A ese recuerdo le seguía una versión idiota de mí mismo tomando las llaves de la moto colgadas en la pared, cerraba la puerta de la casa sin responderle a mi madre, y me iba como el mocoso malcriado que era en ese entonces.

    Siempre era el mismo recuerdo cada vez que pasaba cerca de la casa de la tal Mónica. Por eso evitaba hacerlo lo más que pudiese. La verdad nunca la conocí, pero sabía donde vivía porque mi madre me había indicado la dirección antes. No estaba al corriente de si allí aún vivía alguien llamada Mónica, pero jamás olvidaría ese lugar. Irónico. Sólo porque aquel día ignoré la última voluntad de mi madre y no decidí pasar como mi ella me pidió. De haber sabido lo arrepentido que estaría siempre de no ir ese día...

    Sacudí la cabeza, mientras me alejaba trotando más velozmente de aquella casa del terror.

    Como prometió Jon aquella noche medio borracho, consiguió hablar con Fol y negociar mi reintegro al equipo. ¿Cómo lo logro? Era un misterio para mí. Aunque tampoco me interesaba. El simple hecho de estar de regreso en el equipo de atletismo era suficiente. Pero eso no era todo. ¡Había más! Para eso debía recuperar un promedio académico decente, y estar en forma para las actividades deportivas, nuevamente. Entonces, decidí aprovechar la segunda oportunidad, aunque igual no sabía si funcionaría. No tenía idea de cómo se suponía que mi vida mejoraría. Es decir, cuando iba a los entrenamientos dos veces a la semana al mediodía sin mucha presión, era mucho mejor. Escogía la hora del almuerzo porque no había nadie en el gimnasio y me evitaba verles las caras al montón de basura del equipo. Ahora que se suponía que me la tenía que pasar metido ahí igual que antes ... Sonaba muy tóxico a mi parecer. No sabía en qué demonios pensaba Jony al aceptar las estúpidas condiciones de Fol. En mi opinión apestaban. Al igual que yo ahora. Sucedía que después que te hundías hasta el fondo en el barro, se te hacía muy difícil quitarte el sucio de la noche a la mañana. Les hablaba la fastidiosa voz de la experiencia.



    Me dispuse a comenzar con los trotes dos veces por día. Hoy era el segundo intento. Un paseo, o eso me parecía recordar. Cuando noté como me faltaba el aire antes de terminar la segunda vuelta a la manzana, entendí para mi desgracia lo mucho que había cambiado todo.

    Me detuve a respirar jadeante. Sediento. No bebería mucha agua, al menos el conocimiento me había quedado y sabía que eso empeoraría las cosas si quería continuar trotando por más rato sin caer al suelo desmayado como una palomita.

    Me ahogué con mi propia saliva y mi tos sonó tan áspera como la de cualquier fumador. Hice una mueca de disgusto. Mi rendimiento daba asco, y no me había dado cuenta antes. Me pasé las manos por el cabello empapado de sudor pensando en qué demonios me había pasado, y en cuándo me volví tan inservible. No podía volver al atletismo no sólo porque no tenía buenas notas y era un vagote sino porque recién me di cuenta de que ... de que había perdido la disciplina deportiva. Maldita sea, Fol tenía razón al echarme. Más bien había esperado mucho tiempo. Por suerte no era un ebrio barrigón, al menos me conservaba. Di una patada al suelo y mis batatas se movieron como gelatina sin cuajar. Ok, no tan conservado. Me sequé el sudor de los ojos. Seguía jadeando como un asmático. Esto no funcionaría. No tenía idea de que se suponía que iba a hacer ahora.

    Me apoyé de las rodillas, escuchando mi estúpida respiración entrecortada por el cansancio y la falta de oxígeno a mis pulmones. Qué asco. No era ni la sombra del que una vez fui.

    Me levanté resignado para dar la vuelta a la casa, cuando una publicidad gigantesca de una valla corto mi hilo de pensamiento.

    Estaba justo frente a mí cuando me incorporé. Como si hubiese aparecido allí de repente. ¿Yo la había visto antes? No lo recordaba así. Colocada estratégicamente junto a un semáforo para que los autos pudiesen verla y que yo comenzara a asustarme.

    Esto tenía que ser una broma.

    La publicidad pertenecía a una clínica privada, pero no fue eso lo que más se notaba en aquella gigantesca valla. Las palabras “ SIGUE ADELANTE. YO TE AYUDARÉ ” aparecían sombreadas y escandalosas, ocupando la mayor parte del espacio.

    Igual al papel del otro día se me erizaron todos los vellos de los brazos. Sonaba loco, pero era lo más parecido a una punta que Dios me lanzaba directamente a mí.

    Nota oficial. No volvería a fumarme otro porro en la vida.

    Miré hacia los lados nervioso, como si de repente se aparecería de la nada “Morgan Freeman” a decirme que era Dios y que tendría que construir un arca. No sucedió, por supuesto. Así que luego de dejar de actuar como si me estuviesen persiguiendo en medio de la calle, le hice caso a la valla oportuna, me coloqué los auriculares y continué con la loca idea de Jony y el capricho del entrenador.

    Tal vez la valla tenía razón. Momento ... ¿Dije “la valla” como si fuese una persona?

    Tardé un semestre completo buscando mi pensum, viendo que materias tenía pendientes, haciendo cola en control de estudios hasta que les diera la gana de atender mi caso ... en general, para cuando pude regresar al equipo precariamente me di cuenta de que sería mas difícil de lo que había dicho Jon y hasta ahora comprobaba.


    - ¡¿Probabilidades?! - escupí obstinado, al ver las asignaturas pendientes - ¿Para qué basura se supone que me servirán las probabilidades en la pista?

    - ¿Y yo que sé? - Jony dijo - Tú sólo ocúpate de complacer a Fol a tiempo para los olímpicos regionales y ya. No preguntes.


    No me acostumbraba a esto. ¿Lo estaba antes? ¿Alguien lo hacía? Definitivamente la vagancia fue nociva para mi salud mental. Ahora no sólo debía pasar tiempo de oro de cabeza en la miserable biblioteca sin aprender ni medio, sino que llegaba soberanamente exprimido a la casa después de los entrenamientos en el gimnasio cada estúpido día.


    - Agarra esto, David - Fol le aumentó a la pesa 2kg - Y vuelve a ser hombre.


    ¿A quién engañaba? No soporté el peso. El sonido seco y metálico de las esferas golpeando el suelo del gimnasio se sintieron como un puñetazo desagradable en el estómago. Gruñí descontrolado. Increíble. Antes de comenzar a fumar levantaba las barras con tanta facilidad que se veía arrogante. Ahora me desbarataba como una barajita por menos de 4. Dejemos claros que la halterofilia no era mi fuerte pero nunca había sido tan flácido en mi vida.

    Salí de la maquina y me puse a repetir los estiramientos principales de las muñecas por la presión que había hecho con las pesas. 20 seg en cada uno de los sentidos. Me sentía un asqueroso novato estúpido. Stanley y Michael, dos de los chicos del equipo de atletismo, uno en la barra olímpica y el otro en los anillos se quedaron viendo como peleaba con la pesa y ésta me ganaba por mucho. Eso me puso peor. Tal vez se preguntaban el por qué seguía pujando mi ridícula permanencia en el grupo si no tenía lo suficiente para continuar. Hipócritas. Y pensar que pude confiar en esas basuras. Claro, no es como si me hubiese quedado otra opción en ese momento. Para un atleta, tu equipo significaba la familia que te acompañaba durante la mayoría del día, todos los días. Compartías con ellos tu sed de triunfo, y aprendías a confiar en ellos hasta el punto de descansar tu peso, tu alimentación, y el tiempo valioso de sueño en todos ellos. Cuando te dabas cuenta de que en el peor momento de tu vida ellos sólo te daban la espalda y comenzaban a señalarte como brujas chismosas, te enterabas de la peor forma que no existía la amistad en esta vida de porquería, y que el que menos pensabas te daría una dolorosa puñalada en la espalda cuando estuvieses casi en el suelo.


    A la semana también descubrí, sin sorpresa alguna, que la mayoría de las asignaturas que eché de lado me prelaban las más importantes. Oh, Genial. Más desdicha. Me tocaría salir de esas primero. Pero como aún no comenzaba de lleno aprovechaba el tiempo para sacar algo de dinero toda la tarde en el negocio de Bass. Bass me concedió el nocturno y llegamos a el acuerdo de dejarme exprimir por él de 6:00 pm a 2:00 am. Por supuesto que eso me daba así como ingresos, más cansancio, y menos tiempo para descansar. Nada podía ser perfecto. Lo bueno era que podía usarlo de excusa para sacudirme a Pride, cuando se ponía en “modo intensa” Últimamente desde nuestra conversación acerca de Dios ella estuvo más atenta y cariñosa, que en el lenguaje de las mujeres sólo puede significar soborno y coacción. Ah, sí. También había mencionado unas dos veces en nuestras conversaciones la palabra prohibida: Compromiso. A eso cualquiera en mi posición le sacaría el cuerpo en cualquier oportunidad.


    - ¿Qué? - medio dije con la boca llena.

    - Te ves como el asco - me pareció notar entre la oscuridad como Jony me veía igual a un perro abombado en la carretera - Te están acabando, amigo. Estoy seguro de que si sigues así morirás en cualquier momento mientras duermes - ladeó la cabeza confundido - Si es que duermes. ¿Deberías hacerlo? Olvidé si Fol me dijo si debías hacerlo.

    - ¡Claro que tengo que dormir! Sigo siendo un ser humano, bruto. Explotado, pero un ser humano - le eché otro mordisco al pan - Deberías verme recién levantado, entonces - tragué - Me veo igual a los de The walking dead

    Jony asintió. - Me gusta esa serie.

    Arqueé una ceja.

    Jony se carcajeó con escándalo, y le echó un trago a su cerveza. Presumiendo de que él sí podía hacerlo. Otra de las geniales reglas de Fol: No podía consumir alcohol. No se trataba de una regla nueva, yo lo tenía prohibido anteriormente, sólo que desde hace casi un año pensaba que no tendría nada de malo fumar o beber un poco como Jon lo hacía. Ok, no era un poco, pero eso parecía ayudarme a superar algunas cosas.

    Además fue Jony el único que estuvo allí cuando mi madre falleció y Jony no era simplemente Jony, adicional te venia un paquete de vicios, descontrol y buenas fiestas. O simplemente me portaba como el típico idiota seguidor del grupo. Sonaba lógico. El fin es que lo hice, y ahora no sería tan sencillo pararlo. O acabarlo. A decir verdad, justo ahora me hacía falta fumarme un marboro rojo. Porque a pesar de que para un ser humano común estas serian horas en las que estarían literalmente inconsciente en el quinto sueno, yo continuaba comiendo desesperado después de un día supremamente agotador y estresante. Sumado a eso, los entrenamientos, las odiosas clases, toda la estúpida tarde en el negocio atendiendo a borrachos, y sin poder beber una miserable gota de alcohol promovían mi hambre a necesidades en situación de calle.

    Comía a oscuras. Otro signo de que estaba parando en loco. Cerrar los ojos o abrirlos, en este momento en mi habitación, no haría ninguna diferencia aunque te ibas acostumbrando a ver entre las sombras. Pero es que si la luz me pegaba en la cara, me haría chillar como a un vampiro por causa de la vista cansada, así que prefería desayunar sin nada de luz - digo desayunaba porque eran las cuatro de la madrugada - para descansar dos horas cuando a Jon se le pegara la gana de irse, y comenzar otro día.

    Si, así de retorcidas estaban las cosas ahora.


    - Te conseguí un cupo en un curso para nerds sin vida social - Jony bostezo - Comienzas mañana - Encendió el móvil y miro el reloj - Hoy. A las 7:10 am.

    No tuve tiempo de reflexionar. El sueño o el cansancio no me dejaron. Me atragantanté con el último pedazo de pan.

    ¡Por favor! Lo único que pedía era un poco de oxígeno, paz interior, y dormir con las comodidades necesarias. No era mucho. Pero, claro. Algo me decía que no sería así.

    - ¿Qué? ¿Por qué me miras así? - chilló Jon. Escuché que se derramaba algo de cerveza en el piso al mover las manos con énfasis - ¿Acaso yo soy el que quiere ser el niño estrella del ridículo grupo de los doy-brinquitos de la universidad? Eres tú el que necesita aprobar Progresiones, Trigonometría, y no sé qué de Logan.

    - Logaritmos.

    - Sí, eso - continuó - Y todo en menos de un año para que Fol te acepte en los Olímpicos. ¿No quieres hacerlo? ¡Bien! A la basura todo. No lo hagas. ¿A mí qué? Yo sólo te digo que no lo lograrás si no ves uno de esos infelices cursos de nerds.

    Me molestó tanto que me recordó a esas idas al colegio por la mañana cuando eres un niño, y no te queda de otra que refunfuñar camino a la escuelita.

    - ¿Y cuándo se supone que iré? - mascullé - ¿En las horas en que me dan ganas de ir al baño? ¿No te has dado cuenta de que vendí mi alma? ¡No tengo tiempo para nada, Jon! ¡¿Y tú me inscribes en esa porquería de curso?!

    - ¡¿Vas a comenzar a quejarte otra vez como niñita?! - protestó - Terminarás en tres semanas, sólo dura eso. Además, lo pagaré de mi bolsillo. ¿Qué más quieres? ¿Petróleo?

    Me tiré con fastidio sobre el colchón, tapándome la cara con los brazos.

    Maravilloso. Otra cosa más donde vaciar mi vida.

    - A veces eres tan malditamente insoportable - gruñí.


    La mañana siguiente se sintió como si fuese el minuto siguiente. Además llovía. Y no una llovizna, no, sino ese tipo de lluvia que si no es estrictamente necesario salir sería mejor no hacerlo. Por supuesto, yo no optaba por esa opción. La caminata hasta la Universidad fue muy corta -más si las hacías trotando -, pero también te ayudaba el que los días lluviosos la gente siempre llegaba mas tarde. Yo no, claro. Puntual, como un novio feo y enamorado, llegue a las 7:10 am al aula que Jon me escribió por mensaje a las 6:40 am que debía estar. Tormentoso. Tenía sueño hasta lo impensable, y los pantalones mojados hasta la rodilla. Había trotado una hora antes por órdenes de Fol, hoy me tocaba entrenar después de clases y antes de empezar el nocturno.

    ¡Gracias, Jon!

    ¿De qué demonios servía madrugar cada día, si lo más probable es que me durmiera antes de que siquiera pudiese entender algo? Justo ahora me encontraba en modo neutro y, ¿conocen esa sensación de que están a punto de hacer algo que no deberían hacer? Yo no, pero estaba por experimentarla.

    Llegué al estúpido salón. Abrí confiado la puerta del aula, y como había pensado nadie había llegado aún. Entonces todo pasó muy rápido:

    Comencé a quitarme la chaqueta empapada de lluvia, una sombra moviéndose al final del aula me hizo desviar la vista hacia allá, ella levantó la mirada y puso cara de asombro asustándome con su reacción, sentí que me clavaron en el suelo, tragué grueso y pensé: Definitivamente estaba caminando contra la corriente.
     
  13.  
    Gabrieluchini

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    “Quisiera irme a algún lugar.

    Donde las cosas fueran fáciles.

    Donde un pincel en mi mano trazara líneas curvas y hermosas en el lienzo de la vida.

    Donde yo fuera artista.

    Y los colores hermosos, llenos de vida y luz opacaran los malos ratos y las incomodidades.

    Tener en mis manos el poder de cambiarlo todo, y por única vez hacerlo todo a mi conveniencia.

    Ser egoísta por un día, una hora, un minuto.

    Azul, Rosado, Morado, y ¿por qué no? Negro, también.

    Porque el Negro realza, limita, resalta.

    Pero no de fondo, sino en el contorno.

    Ah, si la vida fuese un trozo de papel.

    Un lienzo, quizá.

    Y yo pudiese tener el control.

    Aunque fuese por un momento...

    Sería tan fácil... “


    Colores 14/09/13



    NO ERA TAN INCÓMODO.



    - Lo siento, me equivoqué - alcancé a decir con nerviosismo, antes de dar media vuelta.

    Las manos empezaron a sudarme, a pesar de que hacía un frío del otro mundo.

    ¡¿Qué demonios hacía esta aquí?! Sirenas de policía comenzaron a hacer eco en mi descontrolada cabeza. Me fui hacia la puerta. Estaba a tiempo de salir corriendo.

    - ¿Fling? - interpeló con curiosidad la hija del decano al fondo del aula.

    Me detuve en seco.

    - ¿Cómo? - demandé presuroso, tratando de ver en qué parte me había perdido. Ella me veía con curiosidad.

    - ¿Eres David Fling, verdad? - insistió, pestañándome.

    No paraba de secarme el sudor de las manos continuamente con el pantalón, entre tanto ponía gran empeño en comprender cómo es que ella sabía mi nombre.

    - ¿Qué... quieres decir? ¿Por qu... Co... Cómo lo sabes?

    No logré realizar movimiento alguno. Había visto en un programa de televisión que ese comportamiento inmóvil era una reacción automática de mi organismo a la supervivencia. Trataba de pasar desapercibido ante el enemigo. En mi caso, más precisamente me quedé parado en la puerta, esperando a que una falla en las placas tectónicas de la tierra abriera un agujero lo suficientemente grande para desaparecerme de aquel lugar. Mejor desaparecer que ir a la cárcel. ¡Maldición! Ella me descubrió. Vino a buscarme. Me iré a la cárcel, Por Dios, ¡¡¡me iré a la cárcel!!!

    - Es que sólo tengo cuatro estudiantes en mi nómina y tú eres el único hombre - explicó con naturalidad. Miró hacia la lluvia por la puerta que continuaba abierta atrás de mí. Las gotas repiqueteando afuera del aula - La verdad me sorprende que alguien lograra llegar con el clima que impera. Creí que no llegaría nadie aparte de mí.

    La pelirroja tuvo que haber notado que algo raro me ocurría, pero no lo dio a entender. ¿Era por eso que sabía mi nombre? Entonces, ¿no me había reconocido?

    Sentí como mis pulmones me obligaban a respirar de nuevo. Sólo una cosa paso por mi cabeza después de semejante golpe emocional: Jamás le volvería a hacer caso a Bahd en ninguna estúpida cosa. ¡En nada!

    Fue ahí cuando caí en algo más.

    - Espera... ¿tu nómina? - enfaticé, esperando haber escuchado mal - ¿Tuya?

    - Uh... sí - titubeó desconcertada por mi ignorancia - Eso es porque voy a ser tu tutora - me ofreció su mano - Mi nombre es Ruth Caress.

    Fui hacia ella aún medio en shock y le estreché la mano.

    - David.

    - Sí, lo sé - respondió directa, señalando la nómina que tenía sobre su mesa - ¿Te parece bien si adelantamos algo hoy? Estoy segura de que nadie más llegara con el cielo rompiéndose en pedazos, y no quisiera perder el viaje.

    No pude evitar relajarme un poco. Aunque en el fondo sabía que ella podía estar fácilmente fingiendo - las mujeres eran muy buenas en eso - pero casi me sentía mareado de alivio.

    Ella al mal interpretar mi expresión, continuó:

    - Sólo si quieres - arrugó la frente - No es como si te estuviese obligando, o así.

    Me estremecí mirando sus grandes ojos amarillos.

    ¿Por qué rayos me estremecí? Le eché la culpa al frío. Tenía el cerebro frito ahora, así que nada de lo que saliera de mi podía contarse como lógico o racional. Ni siquiera podía creer el que ya no iría a la cárcel. Por ahora. Tal vez. Eso creía.

    - Eh... sí, está bien - La voz me sonó un poco tosca, pero igual me di a entender.

    Sentarme tan naturalmente al lado de la chica a la que venía huyendo desde hace seis semanas delataba mi estupidez. Y estaba absolutamente seguro de que a ella no le pasaba por alto mi incomodidad. ¿Me estaría poniendo a prueba?

    - David Fling - repitió, memorizando, quizás, mi nombre para luego hacer formal la denuncia. Diablos - ¿Quieres que comencemos con lo básico, o nos vamos directamente hacia la resolución trigonométrica de la ecuación? - me miró, como si debiera saber de qué carrizo hablaba - Yo te proporcionaría la tangente y el coseno de los ángulos notables, y tú te encargaras de darme las variables de las transformaciones, ¿te parece?

    ¿El qué de que cosa? Fui sólo yo, o esta chica comenzó a hablar en arameo?

    Me perdí en el segundo después de que empezó.

    - Eh... - me pregunté avergonzado como sería la mejor manera de decirlo - Yo... - meneé la cabeza - Yo no...

    - Ok - dijo, cortando mi balbuceo - Comenzaremos desde el inicio, entonces.

    Suspiró y sus pechos subieron y bajaron provocativos. Encerrados en ese suéter azul de botones. No eran tan grandes, pero sus labios... bueno sus labios eran gruesos, rojos y... su perfume...

    - Comenzaremos con el seno, que será igual a “- A” - explicaba ella, sacándome de a donde sea que me estaba yendo en mi pensamiento erótico, mientras escribía con sus uñas rojas - Lo que no entiendas, al instante, lo preguntas, ¿de acuerdo? - otra vez sus ojos amarillos - No quiero tener que volver a repetir algo que se supone que habías entendido ya, ¿está bien?

    Asentí más porque me encontraba... distraído que por estar de acuerdo.

    Ahora me parecía atractiva la chica que podía denunciarme y privarme de libertad por unos buenos años. No fue difícil dirigir esa información. Esto tenía un nombre: Masoquismo. Por lo menos, ya no era tan incómodo.


    Luego de terminar las clases de Trigonometría con la hija del decano, y de que parara el diluvio, me fui directo al gimnasio para ser explotado por Fol hasta las 3:00 pm. No tenía ánimos de ver a los hipócritas de atletismo en el comedor deportivo, así que buscaría a Pride para almorzar luego de darme una ducha. La despachaba. Me iba a las otras clases regulares. Respiraba. Y entraba a trabajar con Bass hasta las 2:00 am atendiendo borrachos necios. Bien.

    Seguía sin poder creer lo bien parado que había salido de todo.

    ¿Cómo fue que había salido ileso de toda esta cosa? Casi no podía dormir por las noches pensando en las miles de maneras en que podía ser arrestado -como en Cops- y ahora estaba caminando libre por el campus universitario, al igual que Heidy en la pradera.

    Esto entraría al record. Bailé sobre una hoja filosa, mientras me burle de la muerte. ¿Quién lo diría? Apostaba a que nadie me creía capaz. Para ser verdaderamente honestos, ni siquiera yo lo creí. Usé toda mi fuerza de voluntad para no fumarme un cigarrillo ahí mismo. La verdad lo merecía.

    Al pasar por el estacionamiento, vi un grupo grande de personas reunidas alrededor de un baile, con electro-música, o eso parecía. Sonaba divertido, el bajo retumbando por todo el campus, eso, pero no podía detenerme. No tenía tiempo. Alguien más apurado que yo, tropezó conmigo al pasar por un lado. Venía desde atrás.

    - Lo siento, Guapo - dijo cuando pasó por mi lado.

    Me quedé mirándola sorprendido. Me sonreía la misma chica segura de sí misma, que tanto me había llamado la atención un día en el negocio. La del agua mineral y el pantalón camuflajeado. Le devolví la sonrisa sin pensarlo. Lucía diferente esta vez. Usaba los mismos pantalones, pero cargaba un montón de cosas locas encima: Un collar de plumas, escarcha, un sombrero de arlequín... Desapareció entre la gente aglomerada en un círculo, y una música más estruendosa comenzó a sonar. Teatro de calle, seguramente. Todos reían. Aplaudían al ritmo de la música. Cualquier cosa podías ver en la universidad.

    Lástima que no tenía vida social, porque se veía divertido.


    Para finalizar mi día, el tema de Oscarcito sonó nuevamente, mientras esperaba que atendiera el imbécil de Jony de regreso a la casa de madrugada. Había descargado una ridícula aplicación en su teléfono que permitía escuchar un tema en vez de los tonos comunes que se oyen cuando estás llamando a alguien.

    Media hora que había llegado a la casa y seguía sin contestar. La contestadora me respondió por quinta vez. Genial.

    Todo el día botado, desastroso, sólo porque perdí el estúpido tiempo en la porquería de curso que no entendí, que me quitó tiempo valioso en el gimnasio, que hizo que a Pride le contaran que me habían visto encerrado con una pelirroja en un salón del primer piso, que me arruinó el almuerzo, que me hizo ir furioso a las otras clases regulares y tampoco entender nada, para atender a borrachos hasta las 2:00 am. Pero justo cuando necesito comunicarme con Jon para decirle que dejaría el estúpido curso... No atiende. ¡Perfecto! Quien sabe entre las piernas de que mujer estaría, ahora.

    Toda la frustración y enojo contra Jony se esfumó, al momento en que escuché un vidrio de la ventana romperse en la parte de abajo. Sumado al cansancio que tenía por haberme levantado temprano y a que no había cenado, la idea de que entraran matones a la casa me revolvía el estómago.

    Guardé el teléfono en mi bolsillo. Miré el reloj. 3:48 am Casi me sorprendí encontrar la barra que estaba junto a la ventana con la que entrenaba flexiones, levantada en mi mano derecha. La había tomado para defenderme sin pensarlo, como un acto de puro reflejo. Salí del cuarto. Se escuchaban ruidos secos en la sala. Alguien había entrado. Fui bajando las escaleras con lentitud. Subí la barra sobre mi hombro a la altura de mi cabeza, como si esta fuese un bate de beisbol y me preparara para batear. Exhalé un suspiro, para calmar mi estado alerta. La verdad es que ir hasta allí me parecía una idea aterradora, y necesitaba estar sereno. No porque fuesen a robarme, era más por si la hija del decano pudo reconocerme y habían enviado a un matón a asustarme también. Ojo por ojo. Al llegar al descanso de la escalera pude ver los pedazos de vidrio regados por el piso de la sala a un lado de la puerta de la entrada. La ventana rota y una mesita volteada sobre el suelo. Señales de que alguien había entrado a la fuerza. Sostuve mejor la barra sobre mi hombro. Cambié mi peso de un lado a otro. Listo para cualquier cosa. De pronto tuve la impresión de que me observaban. Miré en varias direcciones, pero todo estaba oscuro. En apariencia sólo muebles de la casa. Sin embargo, pude distinguir una sombra sentada en uno de ellos. Me envaré precavido, asustado, hasta que las luces de un auto que paso por afuera iluminó precariamente el rostro del intruso.

    Boté todo el aire acumulado en mis pulmones de un sólo golpe.

    - Maldita sea, Jon. Eres un idiota. ¿Tienes idea del susto de madre que me has dado? - bajé la barra a medida que me acercaba - Estoy medio dormido. No he comido. Pudiste haber...

    Entonces, más cerca, pude ver que se sostenía con ambas manos el costado, respiraba con dificultad, y su sangre empapaba la camisa y se escapaba por entre los dedos.

    - ¿Jony? - tiré la barra al piso, y me acerqué más a él.

    Tenía los ojos cerrados, y mala cara. Hacía presión con las manos para evitar el sangrado. Aguantaba el dolor.

    ¿Qué le había pasado? ¿Dónde se había herido así? No sabía por qué el nombre de Bahd se me venía a la mente. Me hirvió la sangre.

    - Esto fue por Bahd, ¿cierto? - Gruñí. Jon se me quedó viendo sin decir palabra. Puse cara de disgusto - Eres un idiota. No sé en qué diablos estabas pensando, Jon, pero pudiste haber muerto como un perro.

    Me miró de una forma que me hizo comprender que esa no era la prioridad ahora.

    Inhaló con fuerza, haciendo esfuerzo para hablar.


    - Imbécil. Rápido. Llama…


    Lo hice callar con un ademán de impaciencia, mientras me alejaba de él. Se quedó mirándome entre furioso y confundido. Lo conocía lo suficiente, como para saber que si tenía ánimos de insultarme entonces no estaba tan grave.

    - Ahora te aguantas, gánster - le espeté - Recogeré todo el desastre que hiciste y luego llamaré a emergencias.
     
  14.  
    Gabrieluchini

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    ME VOY. ES TODO.


    Nuevamente me coloqué boca abajo en el colchón. Sostuve con mayor presión la almohada sobre mi cabeza. Cubriendo especialmente mis oídos del insoportable ruido repetitivo.

    - Por lo que más quieras, ya cállate, Jon - gruñí, y medio supliqué intentando cerrar los ojos en paz.

    Como no dormía en la misma habitación que Jony desde que jugábamos a los Power Rangers y nos quedábamos a dormir en su casa, no sabía nada de las asquerosas pesadillas gánster y escandalosas de las que sufría dicho amigo mío. Supuse que se debía al “dinamismo” de lo que vivía durante sus días. Saqué esa brillante conclusión por los gritos de horror seguido de balbuceos como: “cállate ... no quieres ... tiro en la cabeza”.

    Luego de que me tomé el morboso tiempo para acomodar detalle por detalle el escenario vandálico que se le ocurrió hacer al romper el vidrio de la sala para entrar a pedirme ayuda, lo llevé a emergencias y le sacaron una bala calibre 45 ACP. Pero eso no fue lo más loco, sino que el hospital llamara a la policía y ésta nos retuviera bajo vigilancia por el resto de la porquería de noche mientras hacían averiguaciones del origen de la estúpida bala que recibió el imbécil de Jon. Al parecer la historia que Jony les contó sobre que fue un accidente de idiotas sin oficio que nos pasó, mientras intentábamos grabar un ridículo blooper para guindarlo luego en YouTube no fue tan convincente. Imagino que todo el teatro se nos cayó cuando la policía nos pidió el arma 9mm para verificar el calibre, y no supimos que responderle. Así que aparte, Jon me pidió que hiciera unas cuantas llamadas a unos cuantos tipos raros que ni siquiera le había escuchado mencionar algún día, y estos llegaron al hospital donde estábamos para maquillar lo sospechoso del asunto.

    Sí, eso también lo podía hacer el grupito guetto de Jon.

    Cuando al fin nos dejaron ir a las 12:00 m del día del siguiente, le propuse que se quedara en la casa conmigo antes de que a su madre le diera otra pre-clancia al verlo herido. Sí, era un idiota pero también mi amigo, no tenía otra opción. Era eso o ... bueno, sí habían más opciones, pero resumamos que yo también era otro idiota y punto.

    Acordamos que llamaría a su madre para decirle que se quedaría por asuntos de la universidad, y que ella se lo creería. O eso decidimos pensar. Su hermanita Amanda era la niña de 12 años más suspicaz que conocía, y su madre era muy sumisa, calmada, pero era una madre y eso dotaba a las mujeres de un sexto sentido raro y superdesarrollado. Como Scarlett Johanson en “Lucy” aunque menos sexy. No sabía porque la gente pensaba que las madres se comían todos los cuentos que les metían los hijos sólo porque ellas fingían eso. No importaba cuanto Jon se esforzara en disimular, su mamá estaba muy lejos de ser una idiota. Ella tenía que saber de dónde salía el abundante dinero de la colegiatura de su hija pequeña, y para el mercado de cada semana, sino es que hasta más.

    A todas estas, no me molestaba el vocabulario malandroso de Jony. Si lo hacía en la mañana. Pero, ¿a las 3:40 am? Por favor, ¡llevaba media hora de sueño nada más! Y según las porquerías de estudios se había demostrado que el sueño podía mejorar el rendimiento deportivo, y se suponía que debería hacerlo durante unas buenas 10 horas cada podrida noche para permitir suficiente tiempo y que mis músculos se recuperaran.

    ¡Ja!

    Era todo lo que le podía decir a eso.

    Dado que el inútil de Jon se dejó meter una bala por estar saqueando una tienda de electrodomésticos (o eso fue lo que dijo), lo dejé medio acomodado en la que era mi habitación de niño mientras iba a la estúpida universidad. Todo esto se estaba poniendo muy heavy. Sentía como si me estuviesen jalando hacia lo imposible con una cuerda que estaba a punto de romperse. Si no tomaba el control de todo este circo de vida que estaba pasando un buen día iba a explotar con toda esta basura y posiblemente moriría de un infarto. Y eso que me tomé el tiempo para pensar con seriedad porque se supone que morir sería malo ¿Morir? Una oferta algo tentadora ¿De un infarto? Umm... un poco dramático y doloroso pero rápido, eso sí. Válido. Sin embargo, por muy extraño que pudiese parecerme, la muerte ya no sonaba como una prioridad absoluta en este momento. Es que sería algo así como trabajar en vano. Es decir, me estaba sudando la gota gorda con las asquerosas clases y los entrenamientos para estar de nuevo en forma para las carreras de atletismo, y eso. Simplemente la vida no apestaba tanto, ahora.

    Cuando pisé territorio universitario llevaba cuarenta minutos tarde al curso de la hija del decano. Aunque manejara a una velocidad decente no lograría reponer el tiempo perdido. No se le podía pedir mucho a mi Halcon del 2015 después del traumático maltrato que el idiota de Jony le había dado una tarde que fue en ella a comprar cervezas. Borracho luego de salir de la licorería ya antes de volver a la casa a traérmela se puso a hacerle caso a otros borrachos en peor estado que él y la usó como Croos en una competencia de locos por un terreno sucio y desnivelado que le desgastó dolorosamente los pistones al motor. Cierto, más idiota fui yo al dejar que se la llevara. Un error que no volvería a ocurrir, seguro. Luego de caerme a golpes con Jony, me di cuenta que el repuesto de un motor Suzuki no era tan fácil de encontrar, así que lloré, me resigné y evitaba golpearla más de lo que estaba, desde entonces. Mi pobre bebe ya había pasado por suficiente.

    De camino a la universidad pensé en lo que estaba a punto de realizar. Sabía que había dicho que abandonaría el curso con total seguridad, y eso, pero me detuve a pensar en que posiblemente sería contraproducente en este momento, y que después de tanto nadar no me iba a ahogar en la orilla. Eso decía mi madre. Al final no lo pensé mucho y entre a la facultad. A grandes zancadas logré llegar al primer piso. Sentí una asquerosa brisa fría que me erizó los vellos como si estuviera ridículamente nervioso, impidiendo que abriera la puerta del aula. Eso me llamó la atención. Esta vez no llovía ¿Por qué entonces el estúpido escalofrió? Ok, esto no me gustaba. Respiré profundo no sé cuantas veces. Cerré mis ojos tan fuerte, que al abrirlos tuve que cerrarlos de nuevo a causa del resplandor. Esto era ridículo ¿Por qué diablos me ponía nervioso ver a la hija del decano si habíamos quedado en mi mente en que no me denunciaría? O eso creía. Claro que no me denunciaría. Porque ni siquiera me reconoció, ¿verdad? Sabía la estúpida respuesta a mi nerviosismo. No sabía para que me lo estaba preguntando.

    Abrí la puerta. Ella ya había comenzado la clase. Obstaculizaba el paso al aula de espaldas a la puerta. No me quejaba. Su cuerpo estaba muy bien proporcionado, y venía equipada con una interesante retaguardia. Esta vez usaba unos jeans deliciosamente ajustados, una camisa semi transparente, pero no como la usaría Pride, sino con otra prenda más corta de fondo que lastimosamente no dejaba ver nada. Su cabello rojo elevado en una cola de caballo. Tacones. Uff... me mataban las mujeres en tacones. Se giró a verme cuando la mirada de las tres chicas que escuchaban su clase se fueron hacia mí.

    - Sr. Fling - saludó con aires de reproche.

    La miré a los ojos ¿Eso que se le escapó por un momento en la esquina de sus labios fue una sonrisa?

    - Lamento decirle que ya no puede...

    - ¿Puedo hablar contigo? - La corté impaciente. Bajé un tono la voz - ¿A solas?

    Las miradas de las chicas regresaron a la hija del decano, pero con un brillo en los ojos que sólo nacía del chisme. A las mujeres les entretenía todo lo que tuviera aires de novela. Para ellas una película rosa les proporcionaba la misma satisfacción mórbida que a nosotros una porno. Esta vez fue la pelirroja la que parecía nerviosa. La delataban sus mejillas rojas y pecosas.

    - No veo sobre que tengamos que hablar a solas, Sr. Fling.

    Nuevamente todas las miradas vinieron hacia mí. Ok, lo haría más sencillo, entonces.

    - Bien - dije presagiando lo que vendría a continuación - Me voy. Eso es todo.

    Fue fácil. Me di la vuelta parta irme.

    - ¿Disculpa? - exclamó molesta a mi espalda.

    Me giré, de nuevo. Ella me veía con el ceño fruncido ¿Y ahora que quería? ¿Un ridículo memo por escrito?

    - No tiene que ver contigo, bom-bóm - sacudí la cabeza - Es obvio que estoy perdiendo mi tiempo. No entiendo nada de lo que sale por tu linda boquita.

    - ¿Mi qué? - advirtió ofendida.

    ¿Cuál era su problema? Dije que era linda su boquita ¿Qué diablos fue lo que le molesto de eso?

    Dos de las tres chicas rieron. La tercera no, ella me veía molesta. Podría decirse que hasta con odio, no lo sabía bien. Di por hecho que se trataba de una de las secuaces de Pride. Así que tal vez ella fue la que regó el chisme...

    - Sr. Fling - repuso la pelirroja roja de ira. Señaló con autoridad detrás de mí - Será mejor que...

    - Está bien, está bien - refuté alzando las manos en defensa - No te quito más la atención de tu clase - parecía que echaría humo por los ojos - Adiós, o como sea.

    Cerré la puerta del aula, y me prometí por lo más sagrado que no regresaría.

    Luego de la muerte de mi madre prefería evitar más cosas desagradables. Todos felices. Mucho mejor para mi salud. Un esfuerzo en vano, la verdad. Ya que gracias a la misma pelirroja en cuestión y a su recién identificada estudiante-arpía-amiga chismosa de Pride no tenía el almuerzo asegurado, así que luego de un par de horas estuve rodeado de una partida de hipócritas que desagradablemente llenaban el comedor del gimnasio de atletismo ¿Qué más le podía pedir a la vida?

    Hacía mucho tiempo desde que desayunaba frutas, verduras y granos. Sin embargo no tanto, teniendo en cuenta que conservaba mi six pack a pesar de la comida chatarra y los viernes de fondo blanco en el bar. Ni hablar del tiempo que hacía que no pisaba este nido de ratas.

    Aun con mi franelilla y las odiosas licras, Al principio no fue más que comer mientras fingía que todos los demás no existían. Concentrarme en la comida luego de que fui por la bandeja. Buscar un sitio apartado para comer, y salir después de almorzar. No parecía tan difícil. No tenía que serlo. Entonces todo se pudrió cuando perdí el foco por un rato y mire alrededor, notando que algunos me observaban. Todos retiraron la vista de mi menos Brenn, el de halterofilia, que se quedo mirándome con insistencia. Idiota. Su mirada era casi imnótica. Trago el alimento sin quitar sus ojos de mi. Lo que me faltaba. Le sostuve la mirada un rato esperando lo que haría a continuación. Siguió sin hacer nada. Me obstine.

    - Tengo novia, imbécil - grazne retirándole la vista, mientras hurgaba distraídamente en los granos.

    Tenía que enfocarme en algo para no partirle la cara. Cuando volví a verlo Brenn tenía una sonrisa estúpida en sus labios. Me hirvió la sangre.

    - Tu te lo pierdes - levanto una ceja - Pensaba invitarte a salir esta noche.

    ¿Pero que le pasaba a este imbécil? Me vio comiendo en el comedor y ¿qué? ¿Pensó que ya todos éramos amiguitos lindos? ¿Se habría fumado un porro piche? ¿Qué podrida cosa le hizo pensar que yo quería bromear con él, o con alguien de este asqueroso lugar?

    Respiré hondo. Vacié el tarro con jugo, pensando que una pelea en el comedor solo me complicaría más las estúpidas cosas.

    - No salgo con idiotas - escupí entre dientes.

    Brenn tomo una pieza de pan y la puso en su boca aun sonriente.

    Este chico buscaba problemas.

    Entonces pude darme cuenta de la mirada de todos en el gimnasio puesta en nosotros dos. Maldita sea. Volvía a ser el centro de atención.

    Acomodé los recipientes vacios en la bandeja, siempre pensando en lo que me había costado volver a estar aquí y en lo que romperle los dientes al estúpido de Brenn en el comedor me ensuciaría todo. Así que me dispuse a largarme a entrenar.

    - Es bueno que regresaras, David - dijo Brenn con melocería, cuando estaba por levantarme. Me le quedé viendo. Se quedé en silencio un instante, luego continuó - Ahora el equipo volverá a ser el mismo.

    Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo, para mirarnos con curiosidad.

    Seguido de un coro de susurros y negaciones de cabeza. Esto era el colmo.

    Me levanté sin hacer mucho teatro. Las manos me temblaban de ira, él tenía que haber visto eso. Esto de ser el chisme de moda ya me estaba cansando, y la ridícula actitud tipo “Baney” de todos me hacia pensar dos veces en si regresar al equipo de verdad sería una buena idea.

    Lo miré con franquesa, antes de hablar.

    - Escucha, niño. Regresé por mí, no por ti - dije con desdén - Mucho menos por el aquelarre que tú llamas equipo, ¿entendiste?

    Ya no había murmullos. Alguien podía toser en este momento, y perfectamente se podría haber escuchado por todo el espacio como un eco.

    Brenn me miraba perplejo. La sonrisita tonta se había ido de su cara.

    - Y esto no volvera a ser lo mismo nunca más - repuse - Al menos no por mí. Así que sigan ustedes con sus porquerías y dejame en paz, de una maldita vez.

    En realidad no había logrado colocar ambos pies sobre el pórtico, cuando todos en el comedor retomaron sus conversaciones en el tono escandaloso y normal.

    Mi mano se detuvo en el cerrojo. Le fruncí el ceño a la puerta. Lo sabía. Conocía las consecuencias de intentar regresar a las carreras, pero no parecían tan relevantes hasta ahora. No importaba cuanto te prepararas y como se podia ver en tu mente. Siempre sería más doloroso cuando los vieras a los ojos.
     
  15.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

    Leo
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    “¿Y si me quedo quieta?

    ¿Notarán que sigo aquí?

    Porque no siento la diferencia.

    ¿Qué hago aquí?

    ¿Qué estoy haciendo?

    El mundo gira, y no importa que tantos pasos dé, siento que continuo en el mismo lugar.

    No quiero morir.

    Sé que está mal.

    Y no estoy sola. Él está aquí.

    Pero nada cambia.

    Todo sigue igual.

    Como un carrucel.

    Siempre en el mismo lugar, sin importar cuanto me mueva.

    Debo escapar.

    Debo salir de aquí.

    Debo cambiar.

    Por mí, para Dios.

    Necesito encontrar la salida, y luego escapar.

    ¿Y si me quedo quieta?

    Todo sería igual.”



    Carrucel 14/09/2013


    SIN PODER CREERLO.



    - ¿No me dijiste ayer que habías dejado el curso? - demandó Jony frotándose los ojos en medio de un bostezo, bajando peresosamente las escaleras - Es horrible como todo el ruido que haces aquí se escucha desde la habitación Oye, ¿Te molestaría hacerme el desyuno?

    - Sí, me molestaría - respondí sin interés.


    No estaba despierto del todo, seguía soñoliento mientras me desplazaba de la cocina al comedor con mi improvisado desayuno.

    Había quedado en llegar al gimnacio desde hace media hora (cosa que no estaba haciendo) así que no me preocupé mucho por comer ordenadamente.


    - Lo sé - Jony empezó a darse vuelta de regreso a la habitación aún en ropa interior. Se detuvo ante el primer escalón, y se giró hacia mí - ¿Y qué cosa es lo que harás, entonces, tan temprano?

    - Son las 7:40 am.

    La mirada que me dio decía más de lo que quería decir. - Sí, y eso para ti es como la una de la madrugada.

    Puse los ojos en blanco.

    El que Jon se escondiera de su madre en la casa, comenzaba a fastidiar.

    De haber vivido con él perpetuamente, lo más probable sería que la herida de bala se la habría hecho yo.


    - Fol nos pidió que estuviesemos temprano en la arena - grazné comiendo tan rápido que no estaba conciente de lo que me metía a la boca - Dice que comenzaremos una rutina nueva.


    Devoré el último trozo de alimento que quedaba en mi plato, lancé la taza sucia a la cocina y caminé hacia la puerta mientras tragaba.

    Jon examinó medio dormido mi recorrido hacia la salida.


    - De verdad, ¿no me harás el desayuno?



    Cuando llegué a la universidad ya no estaba el rayo de luz tenue de la mañana, en vez de eso el sol te castigaba con la ola de calor de que ya no era tan temprano.

    Andrew, Joe y Daniel ya se encontraban sentados en el sendero de entrenamiento cuando llegué. Ellos dentro del equipo, al igual que yo, pertenecían al grupo de corredores.

    Me vieron acercarme, y como ya se hacía costumbre, desviaron la mirada rápidamente.

    También noté que se encontraba el entrenador, y... Entonces, no creí dirigirme al lugar correcto, cuando a un lado de Fol se encontraba toda la altitud de uno de los corredores más importantes de todos los tiempos.

    Conocía perfectamente quién era, oh, por supuesto que lo sabía, pero no concilié siquiera el poder verlo algún día en toda mi vida.

    Recordé la primera vez que supe de él, cuando lo vi en una revista de deportes de esas que venían en el periodico que compraba mamá cada mañana. Se encontraba en el campus de entrenamiento del equipo de campo en las colinas del Monte Kenya. Rodeado de personas que lo admiraban como si fuese la panacea. El número 185 en su pecho. Su cara reflejaba la satisfacción de hacer lo que lo más lo apacionaba.

    ¿Se suponía que debía asimilar que ahora él sería nuestro tutor para los olímpicos?

    ¿Jugaban morbosamente conmigo, o estaría soñando?

    Me sentí como en uno de esos reencuentros familiares de Sábado Sensacional, en donde la gente llora y se abrazan estúpidamente.

    ¡Se trataba de James Spitz, por Dios Santo!

    Uno de los jovenes promesas de su tiempo, y el único que hacía que los corredores de 10km en 28:05 o corredores de 3:59 la milla se consideraran unos mediocres resagados.

    Sentí que quería llorar.


    - ¡David! - me llamó Fol, asiendome señas para que me acercara a él - Acércate. Quiero que conozcas a alguien.


    No había terminado de decirlo cuando ya me encontraba frente a los dos.


    - ¿”El hombre del aire”, en serio? - solté sin poder creerlo.


    - David encontro el amor de su vida - a Daniel le costó mucho esfuerzo terminar de hablar antes de reir a carcajadas.


    Apenas noté a todos los demás, mis sentidos sólo se enfocaban en el maestro Spitz.

    Andrew también se echó a reir burlonamente.


    - Sabía que enloqueserías - dijo Fol con orgullo.

    - Así me dicen desde el 2008 - James arrastró las palabras lentamente con suficiencia. No se veía sobervio si eras James Spitz - ¿Qu mas sabes de mi?

    - Eres especialista en pruebas de velocidad y salto de longitud.


    James asintió.


    - Ganaste 18 medallas, 14 de oro, durante tu carrera en los campeonatos del mundo de Atletismo entre Pekin 2008 y Londres 2012 - continúe emocionado - Tus padres son kenianos, pero naciste en Estados Unidos. Aprendiste español en 19...


    - Suficiente, muchacho - Fol me jalo de un brazo - Comienzas a asustarlo. A todos.


    Aparentemente satisfecho de mi repertorio, James soltó una carcajada al igual que los demás.


    - Estoy seguro de que estos serán los mas increíbles entrenamientos - Andrew dijo maravillado, sacudiendo la cabeza.


    Joe abrió su boca como si fuese a agregar algo más, pero la cerró y asintió enérgico.

    Aunque no quisiera, yo estaba totalmente de acuerdo con ellos.



    James alzo una ceja medio interesada, como respuesta a lo que Andrew había dicho.


    - Yo no estaría tan seguro – concluyó.


    Al rato comprendimos el porqué de la amenaza en su mirada.


    - Acomoda la postura - gruñó como un soldado golpeando con una vara delgada de bambú la espalda de Daniel, cuando estábamos en posición para correr - Mejora el equilibrio, y se te hará más fácil la salida.



    Recién habíamos terminado el calentamiento. Casi 6km sobre el terreno. Ahora venia el real entrenamiento.


    - Cuando la fuerza de base está en su apogeo - cerré los ojos al sentir la vara golpeándome en el abdomen - se puede mantener la ventaja adicional.


    Fol llegó de no sé dónde, y se quedo mirándonos por un momento. Después se echo a reír sin parar.


    - Un corredor en Europa puede ganar el doble de lo que sus mentes ingenuas podrían ni siquiera pensar en gastar - enderezo las manos de Joe, sobre la pista - Que eso les sirva de motivación, cuando sientan que ya no pueden mas. Esto es 75 por ciento mental y 25 por ciento físico - azoto a Andrew en ambas batatas - No hay milla que no podamos alcanzar.


    Luego de eso, durante 12 km alternamos entre 2 minutos de carrera rápida, a velocidad de carrera rápida o mas, no me di cuenta, y un minuto de carrera suave.


    Al terminar todos quedamos tendidos en el polvo, como tiras de cuero crudo al sol.

    Daniel fue el primero en recuperarse y levantarse hasta la mesa de hidratación. Trajo un embase de agua para cada uno de regreso.

    Cuando extendió uno de los embases de agua frente a mí, alce la vista y asentí con la cabeza en agradecimiento.

    El asintió también seriamente, después bajo su mirada y la concentro en la hierba que había frente a él.


    Algo me decía que me portaba como un bastardo, pero aun no alcanzaba a perdonarlos. No podía.

    De todas formas, ellos ni siquiera sabían lo que yo sentía.

    Para ellos todo seguía siendo igual, como había dicho Brenn en el desayuno.

    No podía perdonarlos, porque ellos ni siquiera sabían que tenían que pedirme perdón.


    - Lo siento, hermano - dijo Daniel, seguido de mi pensamiento. Como si lo hubiese escuchado. Su mirada ya no estaba en la hierba, sino en mi - Es solo que... - levanto ambas manos hacia su cabeza con desesperación - no... no sabíamos que decirte, o... - bajo las manos como dándose por vencido - Perdón - frunció el ceno - Perdón por dejarte solo con toda esa basura, hermano.


    Daniel se detuvo para ver que diría. O tal vez porque noto como deje de beber agua en el acto en que comenzó a hablarme, y el color se escapaba de mi rostro.

    No alcance a ver a los otros dos, pero podría apostar a que estaban al tanto de todo.

    Dudo que pudiese entender alguien lo que estaba sintiendo en ese instante, a menos que les hubieran leído la mente en algún momento.

    Así me sentía.

    Esto era aterrador.

    Ya no quería mas pruebas.

    Okey. Si existes, Dios. Sólo, ¿no sigas haciendo estas cosas, está bien?

    Trague grueso.

    Esto me había tomado por sorpresa.

    Mire al cielo, fruncí el ceño y los labios.

    Luchaba contra las lágrimas.

    Sacudí la cabeza como para despejar la mente, y me coloque de pie.

    Me alejé de la arena.

    No tenía nada para decir, ahora.





    - Argh! - clave los puños en la mesa de la biblioteca, haciendo que los demás dejaran lo que sea que estuviesen estudiando para verme.


    Increíble lo concentrados que todos estaban. Chismosos.

    De verdad quería hacerlo todo bien. Ya saben, ser todo lo opuesto a lo que venía siendo. De verdad quería. Lo intentaba. Estudiar, ser responsable, y eso.

    No sé si esa era mi facultad más hábil.

    No servía para ser el chico malo, o el bueno, sino para... bueno... ser yo.

    ¡Dios! ¿Acaso no se puede estar en el medio?

    Aunque en ocasiones, como esta, por ejemplo, se me dificultaba tremendamente no sacar un arma y amenazar a los sádicos que se hacían llamar docentes, a ver si paraban su acto mórbido de buscar constantemente la forma de hacernos sentir escorias en medio de sus stand up comedí que llamaban clases.

    Ni siquiera con la hija del decano conseguí dirigir algo.

    La única clase de trigonometría que había visto, y no recuerdo otra cosa más que la forma sexy en la que apretaba los labios cuando revisaba la porquería de mis ejercicios.

    Su cabello rojo en ondas, y esas mejillas encendidas cuando se enojo por interrumpir su clase.

    Sonreí.

    Ahora repasaba para el examen de Lógica. El que será mañana, y del cual no entendía nada.

    Deje de sonreír.

    Ya perdí la cuenta del estúpido e innecesario tiempo invertido en... ¿qué? ¿ver y ver cosas raras sin pasar la primera hoja?

    ¿A esto le llamaron lógica? ¿Quién le puso ese nombre, un sarcástico miserable?

    Me vendría mejor ganarme el salario que Bass me daba por trabajar en el diurno y quedarme en el nocturno, también.

    Esto me estaba arrancando las sobras que me quedaban de vida.

    Eso sin contar que me dolía cada fibra y músculo desde el cabello, hasta lo impensable.

    Cerré el libro de un golpe, y empecé a recoger mis cosas.


    - ¡Ey! - protestó una chica que hasta ahora caí en cuenta que estaba sentada a mi lado - No es necesaria la agresión.


    Dejé lo que hacía para verla.

    Era la misma chica del teatro de calle.

    Al parecer la había asustado con mi arrebato violento.


    - Disculpa - solté sorprendido de que precisamente la encontrara a ella. Era la primera vez que le hablaba.


    Me sonrió, aunque mi cara debía estarle diciendo claramente como estaba echando chispas por dentro. Raro.


    - No importa - repuso amable. Desvió la mirada hacia mi libro. Luego a mí, otra vez - ¿Todo bien con eso?


    Parecía sincera. No coqueteaba, ni se acomodó el brasier mientras hablaba. No se peinó el cabello, ni soltó risitas tontas de insinuación. Sólo me veía con ojos llenos de genuino apoyo.

    Eso me hizo sentirme a gusto.


    - ¿Tú sabes algo de esto? - la miré entre incrédulo e intrigado.


    La chica caviló un poco.


    - Umm... podría ser - sonrió nuevamente - Todo depende.


    Lo sabía. Me cobraría.


    - ¿De qué?


    - De que tengas un momento - volvió a sonreír.


    Me di cuenta de que sonreír era algo que hacía con frecuencia.
     
  16.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

    Leo
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    Muchas veces las cosas que pasamos por alto

    son aquellas que hemos estado buscando.


    La mariposa perdida (La culpa es de la vaca - fragmento) Agosto 2003.



    ME DIERON GANAS DE SALIR CORRIENDO.



    - De una cantidad de núcleos radioactivos para los que el número medio de...

    - ¡Tres más! - gritó un tipo obeso por encima de la barra, mientras golpeaba la mesa con el dinero de tres cervezas.


    Miré a mi acompañante con un gesto de disculpa, aunque todo fuese culpa de ella.

    Fue ella la que se ofreció a ayudarme en la biblioteca y a continuar ayudándome mientras atendía el negocio.

    Claro que me pareció muy raro, y le respondí: - ¿Por qué?

    - Porque puedo - repuso ella, sonriendo y hundiéndose de hombros - Y de todas maneras debo quedarme hasta tarde en la universidad.


    Yo lo necesitaba, así que pensé: ¿Qué demonios?Aceptaré su extrañamente amigable oferta. Pero cabe destacar que fue ella quien se ofreció. Además, si alguien me hubiese dicho en la mañana que acabaría la noche estudiando química con una chica rara que había visto al menos tres veces en mi vida en el negocio de Bass... Esperen un momento, ese tipo de cosas locas sí me sucedían a mí.

    Pues resultaba que me encontraba precisamente en ese lugar. La chica se llamaba Holy, o eso dijo.

    Parecía buena gente, y eso. Demasiado buena gente para ser de este planeta, mejor dicho. Pero ahora todo se había complicado. Como siempre. No estaba prestándole atención, así que estaba frito para el examen de mañana. Ella evidentemente perdía su tiempo conmigo, y los clientes me estaban estresando.

    No necesitaba un tutor. Necesitaba otra vida, o un milagro que venía a ser lo mismo.

    ¿Cómo es que no pude darme cuenta de eso antes?


    Dejé el cuaderno con mala gana a un lado, me levanté hacia la nevera, y le pasé las tres botellas al sujeto. Este se fue bailando como un payaso ebrio hasta perderse entre el estacionamiento plagado de cuerpos contorsionándose al ritmo del vallenato, bajo una luz intermitente que salía de varias camionetas.

    Regresé robótico de cansancio hasta la silla que acomodamos frente a la suya. Me tiré en ella bruscamente, inhalé por la nariz con fatiga y boté todo el aire por la boca de golpe.

    No me gustaba hacer esto, pero...


    -Tienes que irte - dije aún con los ojos cerrados - Gracias por quedarte hasta esta hora ayudándome, pero es inútil - suspiré - Ya no creo que pueda más.


    Abrí los ojos con recelo para esperar la reacción que tendría la invitada. La acababa de conocer, y no llegaba a comprender qué se suponía que ganaría ella con todo esto. Le quité importancia, en el instante en que pensé en que tal vez buscaba algo de popularidad, que la gente la viera conmigo ¿Qué sé yo?

    Para mi total sorpresa, vi como esta se levantaba naturalmente. Sin una pizca de decepción en toda su expresión, y un genuino - Ok - seguido de una sonrisa sin rastros de hipocresía.

    Absolutamente condescendiente.

    Eso resultaba suficiente para que la extraña amabilidad de ella me quitara un poco el sueño.

    ¿Por qué parecía tan no normal?

    Es decir, ¿sería extraterrestre?

    Porque una mujer común no era. Yo crecí al lado de una mujer. Conocía las actitudes de las mujeres, y ella era una especie que jamás había conocido. Jamás había vista nada parecido.

    Le dio la vuelta a mi silla, yo me le quedé viendo con no sé qué cara de confusión en tanto ella me decía adiós, salía del negocio... y, de repente me enteraba de que ya la conocía.

    ¿Cómo es que no la reconocí?

    Era la lunática que se me apareció en una esquina de la facultad, en la oscuridad la noche el día que me reuní con los chicos para verme con Bahd. La que salió de la nada como “Annabelle, la muñeca de El Conjuro” Eso sin mencionar que llevaba una biblia, ¿ok? Lo que lo hacía más al estilo de la saga de “Sobrenatural”

    Me levanté para verla marcharse.

    Sí, claro que era ella.

    La primera vez que la vi no llevaba los pantalones camuflajeados, al igual que no los cargaba hoy. Tal vez por eso no hice la asociación hasta ahora.

    Eso me asusto más.

    Entonces, ¡era más rara de lo que yo pensaba!

    ¿Y si desaparecía ante mis ojos, y luego nadie me creería?

    Y no digo que se fuera y no la viera más, quiero decir que la chica caminara entre la oscuridad de la noche y que de pronto... puff!


    - En serio - susurré como si me estuviese dirigiendo a Dios - No me digas que ella es un ángel místico que enviaste a ayudarme, o algo así. Cuando te pedí que me ayudaras no me refería precisamente a esto. Si lo es, que no desaparezca, por favor. Nadie lo creería.



    Y no lo hizo.

    Respiré aliviado.

    ¿Qué más daba?

    Me obligué a callarme, y prometí que sería mucho más específico al pedirle cosas a Dios, por si acaso.



    - Cualquiera diría que vienes de un velorio, Pride - le reproché cansado de que esto se repitiera siempre que a ella le venían con un chisme.


    Tenía que admitir que no me lo esperaba. Al menos no hoy, ni por esa razón. Pero esto evidentemente se estaba saliendo de control.

    Y sí, cierto, no es que Pride fuese precisamente la chica más sutil y madura. Pero, ¿guindarse a llorar como una magdalena afuera del aula donde veía lógica? ¿Precisamente ahí? ¿Sacarme a mitad del examen (en donde solo había colocado mi nombre y la fecha, pero eso no venía al caso), y hacer un show tipo “¿Quien tiene la razón?” Con el escándalo y el maquillaje corrido... Esto era el “hasta aquí” de la cuaimatizacion.

    ¿Y luego preguntaban por qué huíamos de los compromisos y las relaciones?


    - ¡100 metros planos, Pride! No estamos hablando de “la ere” Es por eso que ya casi no me vez, porque estoy EN. TRE. NAN. DO. ¿Entiendes eso?

    - ¡No es cierto! - chillo escandalosa para la audiencia que salía del aula, y pasaba por los pasillos - Estás evitándome siempre, ¡solo porque te revuelcas con esa pelirroja barata! - las lágrimas no paraban de salir por sus ojos con teatralidad. Esta chica llegaría lejos - Michelle me dijo que...

    - ¡Michell es una chismosa! - me obstiné - ¡Todas tus amigas lo son!


    Bien, no tenía idea de quien rayos era la tal Michelle, y es cierto que me pude haber guardado eso. Quiero decir, era bastante evidente. Al menos sirvió para que Pride parara de chillar.

    Me miro con los ojos en dos ranuras.


    - Entonces, ¡¿no lo niegas?! - me latigueó en pecho con sus dedos - ¡NO LO NIEGAS! - Se quedo viéndome - No puedo creerlo, David - meneo la cabeza - Yo... yo no me merezco esto.


    Miré al cielo sin poder creérmelo.


    - Oh, ¡vamos! - refunfuñé. Me dieron ganas de salir corriendo.


    No daba crédito de hasta donde las mujeres se inventaban las cosas. Tal vez por eso les gustaban tanto las novelas. Aunque pensándolo bien, era Pride la que hablaba... si, si se lo daba.

    Lo más desagradable es que seguramente si de verdad estuviese saliendo con las dos, no me descubrirían. Y eso era muy triste.


    - Disculpen - la profesora de Lógica puyo a Pride con una de sus uñas - Estoy en medio de un...


    - ¿Ves esto, David? - Pride señalo su cuerpo, ignorando la intervención de la profesora, y seguido de unos cuantos silbidos de aprobación - Puedo conseguir quien yo quiera, cuando quiera - dijo como un mafioso - Estoy cansada de tener que andar arrastrándome detrás de las sobras que me tiras. ¡Tú te lo pierdes!


    La verdad es que Pride gritando de esa manera, con eso de la amenaza y lo mal pintada que estaba parecía un poco psicópata. Era increíble que no me diera cuenta hasta ahora.

    Por otro lado, esta sería la primera vez que hacia un show tan de bajo presupuesto. Y no me extrañaba, porque no había mucho en nuestra relación que pudiera provocar este tipo de emociones insanas.

    O de cualquier tipo de emociones.


    - Escucha, Pride...


    - Bachiller, les pido que..


    - ¡No! Escúchame tu a mí, David - chillo exultante, con expresión triunfal - Nadie, me hace esto a mí. Nadie - se acercó a mi cara - Vendrás a mí de rodillas, y te echaré como un perro, ya verás.



    Se marcho desdeñosa y enojada. Sus tacones hicieron eco entre los silbidos y los murmullos de quienes ya se habían aglomerado al rededor.

    Una salida teatral, al estilo Pride. De haber sabido como todos se quedaron viéndola, se habría regocijado aun mas su actriz interna. Posiblemente ella lo esperaba. Aun así se veía bien su cabello rubio de espaldas mientras caminaba.

    Si, fue un poco infantil, pero así era Pride, y yo no saldría corriendo a buscarla. Ella volvía. Siempre lo hacía. Un poco raro, puesto que ella tenía razón. Pride era la chica más sexy de la facultad, todos querían con ella y yo era... bueno: yo.

    Podía decirse que conseguía lo que buscaba con las mujeres. Siempre. Pero Pride era diferente. Estaba seguro de que nadie me habría soportado lo que ella a mí. Incluso cuando todos me despreciaron por hundirme en la miseria luego de la muerte de mi madre, ella continuo a mi lado.

    Sentí lastima por ella, pero si no la buscaría por interés, mucho menos por lastima.


    La duda por lo que recién me había escupido Pride con resentimiento hizo que mi viaje a través del gentío y de los gritos de la profesora amargada hasta las escaleras se hiciese borroso.

    Ya no había remedio con mi examen de lógica. Ni con ningún otro, si continuaba de este modo. Pero algo me taladraba de todo lo que Pride dijo: La pelirroja. La hija del decano.

    No tenía tiempo para el ridículo curso, pero necesitaba ayuda con las porquerías de exámenes, y algo me decía que ella podría ayudarme.

    Esa mañana que estuve escuchándola en trigonometría, la única clase, no logre comprenderlo todo, pero su modo de explicarme lo que no entendí fue muy paciente.

    Eso me recordó a la chica misteriosa de anoche: Holy. Ella también hizo lo que pudo, pero ya no tenía como localizarla. Debí pedirle el número. Tal vez si le pedía a Dios que la enviara de nuevo... No. Aun seguía pensando en que podía ser alguna criatura paranormal, y eso me ponía los pelos de punta.

    Bajé las escaleras de dos en dos hacia la planta baja, gracias al entrenamiento. Poco a poco dejaba de fumar, aunque la ansiedad continuaba ponzoñandome. Fol tampoco me permitía beber alcohol o comerme una buena pizza dos quesos de cena, así que me encontraba en mejor forma. Una cosa positiva, al menos.

    Al desviar la mirada hacia el estacionamiento, casi chistosamente mis ojos se toparon con la hija del decano saliendo de su Hillus. Las esquinas de mis labios se curvaron solos hacia arriba.

    Ok, esto de hablar con Dios empezaba a gustarme.


    Según el programa debía estar en media hora en el gimnasio, o James me doblaría las 20 vueltas en 42 km/h. Era James, y aun seguía emocionado de que fuese nuestro tutor. Además, esto no me llevaría mucho tiempo.

    Solo esperaba a que Pride no estuviese vigilándome ahora.
     
  17.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

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    “Existen tantos sentimientos en este mundo!

    Sentimientos que tú has creado.

    Y más que sentimientos, pasiones, que hacen que la existencia sea tan feliz.

    Esas pasiones te mueven y motivan a casi todas las cosas, y lo mejor, es que hacen ver las cosas tan fáciles de hacer y lograr.

    Pero, aunque esas pasiones dependan de circunstancias en esta vida, sigue existiendo el motor más grande de todos esos sentimientos; del cual sin este, los demás no existirían, o simplemente no tendrían sentido...”


    Declaración de amor (fragmento) 17/12/11



    ¿CóMO SE HABIAN VUELTO LAS COSAS DE ESTE MODO?



    Eché a correr hacia el estacionamiento. Casi en el acto estuve cerca de ella.

    No parecía saber que estaba a su espalda, porque seguía sacando carpetas de adentro de su camioneta como si nada. Llevaba un vestidito negro. Algo holgado para mi gusto. Pero estas piernas que salían...

    Recogió otras cosas más antes de darse la vuelta. Dio un saltito acompañado de un grito ahogado, las carpetas fueron a dar al piso, y me clavó sus ojos amarillos muy abiertos y asustados.


    - Ay, por Dios - se agarró el pecho, jadeando como si acabara de correr un maratón - Pensé que venían a robarme - ladeó la cabeza -No vas a robarme, ¿o si?



    Me agaché gustosamente a recoger las carpetas junto a sus lindas piernas.


    - ¡No! - la miré con falsa ofensa, mientras me levantaba - ¿Sin cubrirme la cara? - meneé la cabeza, mientras chasqueaba con la lengua - ¿Qué tipo de delincuente crees que soy?

    - ¿Qué quiere, Sr. Fling? - canturreó molesta, quitándome las carpetas.

    - Oye, cálmate.


    Me miró con sus ojos amarillos, protegidos por dos hermosas pestanas largas. La molestia que había en ellos era evidente. Cerró la camioneta con el típico “Bip-bip” de la alarma, y echó a andar dejándome atrás. Por poco tiempo.


    - Escucha, Bom-bom, sé que...

    - Ruth - se apuró a decir.

    - ¿Uh?

    - Mi nombre es Ruth, Sr. Fling, no “bom-bom” - puso cara de asco al final.

    - Ok. Ruth - concedí indulgente.

    - Mejor.

    - Ya sé que...

    - Sr. Fling - se detuvo al salir del estacionamiento. Me detuve con ella - Ahora, como vez, estoy algo ocupada - reacomodó las carpetas sobre sus brazos con la gracia y refinamiento propio de las féminas - Con lo que sea que no tenga que ver contigo.


    Auch.

    ¿Y ahora que le picó a la pelirroja?


    - ¡Yo sólo quiero reiniciar mis clases! - repliqué, con un gesto de incredulidad.


    ¿Qué tan dificil podria se eso?

    Vi como la ira se iba de su rostro con la misma rapidez que los tequeños en un cumpleaños. Pero, a diferencia de estos, había algo que lo remplazaba: la sorpresa.


    - Imposible - meneó la cabeza, sacando algunos rizos de su cabello recogido - Si abandonaste el curso, no puedes regresar. Mucho menos después de tu cordial despedida - alzó una ceja - No te culpo. No todos somos personas responsables y ubicadas.


    Ah. Estaba molesta por sabotearle aquella clase.


    - Oh, vamos, Bom... Ruth. Yo sólo...

    - Que tenga buen día, Sr. Fling - y en un gesto sexy de mujer, se ocupó de hacer sonar sus tacones, mientras la veía irse.


    Uff... Ese vestido le quedaba maravillosamente al caminar.



    - ¡David! - grité, sin poder esconder una sonrisita tonta.

    Ella se detuvo, y se giró a mirarme sin comprender.

    - Mi nombre es David, Ruth, no Sr. Fling - imité su gesto de asco.

    Intentó no reírse antes de darse vuelta. De verdad lo intentó.



    Mientras aminoraba la velocidad de la motocicleta al llegar a la casa y de ese modo poder descansar al fin del sinuoso camino particular que me había trazado cada día, noté que alguien me obstaculizaba el paso a la entrada.

    En realidad, “algo” seria mejor decir.

    A menos que Tony se hubiese ganado la loteria hoy, o alguien me hubiese obsequiado un Mercedes y lo estacionara frente a la casa, alguien más se encontraba adentro.

    Suspiré cansado. Me cortaria un testiculo si no se trataba de Bahd, o de uno de los chicos.

    Jon no traia mujeres a la casa, ni a la suya, ni a ninguna otra. En ocaciones, ni se molestaba en conducir a ningún lado y resolvia en su propio carro. Eso sin contar que nunca le vi salir con la dueña de un Mercedes.

    Si, esto tenia que ser el idiota de Bahd. Otra vez. Desgraciadamente.

    Por lo menos Jon ya estaba casi recuperado. No se iba a su casa aún, porque creo que se acostumbró a beber todo lo que su sistema soportara de alchol sin tener que rendirle cuentas a nadie. Pero esto no me gustaba. La cueva del terror no era mi hogar, y de seguro no habia nada que respetar ahi, sin embargo no queria las visitas mafiosas en la madrugada.

    No tenia que ver con los chicos. No estaba enfurecido con todos ellos. Steve no me había hecho nada. Ni Matt. Con Matt todo estaba bien. De hecho, no se sabía cuando podía necesitarlos. Incluso ese Mercedes podría venirme muy bien, un día de estos.

    Pero se suponia que me portaba bien ahora, estaba haciendo las pases con Dios, la vida, o eso queria, no lo se. Asi que mientras menos gansters rondando, mejor. Con Jon metido en la casa era suficiente.


    Deje la motocicleta tumbada en la acera, y me encaminé hacia la entrada. La puerta estaba abierta.

    Rolé los ojos con fastidio. Jony siempre dejaba la puerta abierta, como si la casa fuese un bar, o viviesemos en Disney. En cuatro zancadas ya estuve en la entrada. No queria portarme como un chismoso cualquiera, pero no me dejaron alternativa ya que al llegar a la puerta reconoci la voz del mismo Bahd hablandole a Jon. No me habia equivocado, si se trataba de él.

    ¿Qué pudo ser tan urgente para hacer movilizar a Bahd hasta cualquier lugar?

    Pude seguir adelante. Pude solamente regresar a mi moto, darle unas vueltas a la urbanizacion y dejar que ellos resolvieran sus rollos. Pero algo en la voz de Bahd me decia que me quedara.

    No estaba de mas saber de que hablaban sin interrumpirlos.

    De cualquier forma esta era mi casa, ¿no?


    - ...diferente. No intentes engañarme.

    - Sabes que no tengo esa confiansa con él - dijo Jon con voz aspera - A duras penas le he hablado un par de veces, y ya.


    Le temblaba la voz, aunque no sabia si estaba enfadado o asustado.

    Se me cerraron las manos en dos puños. Me acerqué hasta llegar a una de las ventanas de la izquierda, para verlos. ¡A la basura, si se daban cuenta!

    Fue cuando vi que me equivoqué. No solo estaban Bahd y Jon. Dos gorilones altos escoltaban a Bahd. A uno lo habia visto esa noche en la reunion del tercer piso, la noche que conoci a la chica rara.

    Estaban todos de pie: Bahd y sus dos matones a espaldas a la puerta, Jon a un lado suyo, recostado de la pared de la sala.


    - Bueno, pues entonces deberias hacer un esfuerzo por reconciliarte con la familia, ¿me entiendes? - solto Bahd rotundamente - Piensa que...

    - No puedo hacer eso - lo interrumpio Jon, todavia nervioso - No sé... No me intereza hacer las pases. El no es ...

    - ¿Piensas que me importa un demonio lo que a ti te interece? - Bahd rolo los ojos de forma dramatica - ¡No seas idiota! - Uno de los matones solto una risita estupida. - Esa son las reglas - Bahd hundio uno de sus dedos en la herida de bala de Jon. Este cerro los ojos con fuerza - Simplemente no se puede arreglar esto por mi cuenta esta vez, y tu eres el que él quiere para ese trabajo, asi que haras lo que te diga, ¿entendiste? - quito el dedo de la herida - Trata de ser menos heroe esta vez.



    Pobre Jony. La gente siempre se aprobechaba de su idiotez para podrirle mas la vida.

    Dejé de escuchar escondido y me uni a la fiesta. Al entrar, todos se detuvieron en seco.


    - David - la voz de Bahd no contenia ninguna emocion - ¿Como esta tu vida, muchacho?


    Jon parecia aun mas asustado, y los escoltas cuadraron sus hombros a la orden de Bahd.

    Dios, ¿como se habían vuelto las cosas de este modo? Vaya dia el de hoy.


    - Deberia estar ocupado cenandome un buen pan relleno para luego dormir como un bendito, y en su lugar estoy hablando contigo.


    Bahd alzo una ceja ante eso.

    - Entonces me voy, verdad? - dijo con voz sombría.


    Hice un gesto de desinterés.

    Jon abrió la boca y volvió a cerrarla, mientras Bahd salía sin decir más nada con sus matones-escoltas.

    Si, claro que les haría caso como un idiota.

    Mire a Bahd y a sus sicarios irse. Se sentía bien sacar la basura de tu casa.


    ¿Por qué se había alterado tanto Jony? Sus nerviosas emociones aun seguían cerca de la superficie.

    Es decir, ¿el ya tenía que estar acostumbrado a esto, no? Las visitas, la incertidumbre, las amenazas. Muy pocas veces lo había visto de esa manera. Nunca nadie sabe que esta haciendo algo malo hasta que se encuentra hasta el cuello embarrado de estiércol sin poder respirar. Pero llegaba un momento en el que soportabas el hedor y te acostumbrabas al peso extra.


    - Vaya, maravilloso - medio gruñí, trancando la puerta - Justo lo que esperaba encontrar al llegar a casa.


    Escuche a Jony dar una bocanada de aire, mientras se arrastraba a la cocina sin hablar. Entendí que forzaba su comportamiento para controlarse de nuevo.

    Fruncí el ceño con disgusto.

    Aun si yo lograba desintoxicarme de tanta porquería, ¿Jony estaría a tiempo de reivindicarse conmigo?
     
  18.  
    Gabrieluchini

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    COMENZABA A IMPORTARME



    - Vamos, David. No es una sorpresa.

    - Pues yo estoy sorprendido - respondí entre carcajadas.


    Pride me enviaba un mensaje. Un mensaje que solo yo podía comprender. Lo que significaba que ella esperaba que yo pudiera escucharlo.

    Claro, ¿cómo no iba a hacerlo?

    ¿Como decirlo? Nos encontrábamos en la Universidad, ¿está bien? Eso, para el que no lo supiera aun, era lo más parecido a un pueblo pequeño. Y ya saben lo que dicen de los pueblos pequeños.

    Pride lo sabía.

    A los dos días de haberme cortado, ya me enteraba por Dominic - que se encargaba de la distribución y abastecimiento de todo lo que el negocio de Bass necesitase (Todo) - del nuevo chisme: Pride decidió botarme por Richard “el bailarín”.


    - No quisiera ser yo quien te diga esto, hermano, pero tu chica está demasiado buena como para estar sola mucho tiempo - Dominic escudriñó las hileras de botellas que bajaba del camión, y me las pasaba - Ni te imaginas cuantos te samureaban la carne, mientras tu comías.

    - Tu encabezabas la lista, seguro - sonreí.

    Resoplo eufórico, mientras me pasaba otro lote. - ¿Yo? Por favor. Estuve con ella varias veces cuando aún estaba contigo.

    Me eche a reír.

    - Pues del que creí que jamás me cuidaría seria del bailarín - admití - Es ridículo que este saliendo delante de todos con ese tipo y diciendo que es la razón por la que me dejo.

    - ¿Es un orgullo de perro herido lo que escucho allá? - grito Bass desde la barra del negocio, con una gran sonrisa burlona - Se hombre y reconoce que ya no enterraras otro hueso en esa parcela, mi amigo.

    Dominic se echo a reír con escándalo mientras seguía bajando la mercancía.


    No me gustaba hablar de nadie, sin embargo esta ocasión en serio lo ameritaba.

    Es decir, el tipo estaba de moda en la universidad porque hacia esos bailes callejeros al estilo de Step Up, y eso. Las chicas sudaban y se les alborotaban las hormonas cuando el hombre les pasaba por una lado, en fin, cubría todas las cualidades que de seguro Pride estaría buscando para vengarse de mí, pero por mi madre que ese tipo era Gay.

    Y no se trataba de ninguna ridícula especulación sin base. Una vez me fui a fumar un cigarrillo fuera del radar de alguien que viniese a pedirme uno, me quise meter en uno de los cubículos de planta baja, y fue cundo lo vi en una posición comprometedora con uno de los profesores del quinto semestre. Eso sin mencionar lo que estaba haciendo con su boca. Intentaron disimular cuando entre por equivocación, pero entre hombres sabíamos que no hablaríamos de estas cosas con otros. O al menos no yo.

    Por esa razón me sorprendía la habilidad de Pride. Ese era un mensaje claro.

    Ahora salía con el tipo, para que solamente yo supiera que no se acostaba con nadie, pero todos los demás creyesen que me había botado, y así quedar bien con su círculo social, y seguidores.

    Lista. Debía admitirlo. No era su estilo.

    Era increíble lo que te hacia hacer la desesperación. O la sed de venganza. En las mujeres eso era muy común. Ellas eran especialistas en eso. Tal vez se trataría de los consejos de su cofradía que se les proporcionaba a lo largo de su vida, y que compartían entre ellas por siempre cada vez que se iban en grupos al baño.



    - Pues no creo que sea tan inofensivo si tiene a ese cuerpecito rubio para cuando él quiera - Dominic se encogió de hombros, divertido - Lo siento, es la verdad.

    - No veo que esperas conseguir - agrego Bass, cruzándose de brazos frente al mostrador - Era su chica, y ahora esperas que acepte tan fácil a que otro se la está...

    - Ustedes no entienden, y es ridículo que yo se los explique- dije, saliendo del negocio - Son las 5:30 pm - mire a Bass - Vuelvo en media hora.



    Bass gesticulo con las manos para que me fuera, en tanto se echaba a reír con Dominic.

    Ellos cayeron en el cebo. Suponían que estaba celoso, y yo no les llevaría la contraria.

    Además me estaba enterando de la cruda realidad que se había filtrado en todo esto: El que Pride me cortara, o incluso si salía con cualquier hombre, estaba dejando de importarme en lo absoluto.



    - Tampoco me gusta estar recibiendo órdenes de nadie - admitió Jony, durante la cena -. Pero no tengo ideas mejores. ¿Las tienes tú?

    - ¿Te refieres a otros modos de ganarse la vida sin tener que arriesgar tu pellejo, ni andar de lame botas de un tipo loco? Sí, yo las tengo. ¿Quieres que te hable de ellas?


    Jon me enseño el dedo medio, y siguió comiendo.

    Ya tenía una barba de barios días, y no recordaba la última vez que lo vi usando pantalones en la casa. Se veía como un vago sucio. Nada que no fuese ya.



    - No es por toda esa porquería de anoche, Jony, me refiero a que deberías aprovechar tu vida en cosas útiles que puedan ayudar a tu familia, y no hundirte más.

    - ¿Como tú? - me escupió molesto.

    Touche.

    - No. Precisamente no como yo.


    Era cierto, no parecía justo que yo le estuviese dando clases de moral a Jon, pero ahora que me había dado cuenta de que estuve a punto de desaparecer por completo con la salida del equipo, mi novia me había cortado, y casi me envían a la carcel por idiota, se me ocurrió la grandiosa idea de aconsejar a la única persona relativamente importante que me quedaba.

    Se sentía extraño, pero la vida comenzaba a importarme. Si, de verdad se sentía extraño.


    Jon suspiro, y saco las manos del plato para mirarme seriamente.

    - Disculpame, hermano - dijo con voz cansina, sacudiendo la cabeza - Toda esta basura es... complicada, ¿ok? Mejor hablemos de otra cosa - sonrió, y siguió comiendo más relajado - Escuché que Pride anda por ahí besuqueándose con el bailarín de las camisas pegadas.

    Me levanté para llevar el plato al fregadero. - Si, así de loco esta el mundo.

    -Y nosotros nos limitamos a estar aqui sentados, mientras toda la diversión esta allá afuera - Jony estiró las piernas y hablo con languidez, paseando la mirada por el comedor - Creo que me voy mañana. Mamá debe extrañar que le coma la comida, y le lleve los problemas a la casa.

    Me eche a reír.

    - Deberías - lo señalé - Te has convertido en una amenaza seria a la hora de traer mujeres a dormir aquí.

    - Si estas preocupado porque soy peligroso para ti, ya entiendo porque te boto Pride por el bailarín - se acerco hacia mí, y me palmeó la espalda.

    Lo empujé aun riendo, y él se fue hacia la escalera arrastrando los pies debido al sueño.


    - Piensa en lo que te dije, Jony - insistí. El se dio la vuelta antes de subir - Tu madre lo merece. Merece que la cuides.


    Nuevamente, no como yo. Jony me miro con gesto pensativo, se encorvo de hombros, y su boca compuso la forma de una sonrisa triste.


    - Lo sé - fue lo que dijo.



    Una capa de ceniza y carbón sobre la pista de correr del campus. ¡Estaba tan excitado de entrenar con James! Solo a él se le pudo ocurrir semejante genialidad para el entrenamiento de la maratón a la que el mismo nos inscribió.

    Aunque había sido seleccionado para los 100 metros planos, y a Joe y a Andrew para la carrera con obstáculos, a todos se nos obligo a participar en las eliminatorias académicas de la Adidas Running Day: Latinoamerica. No iríamos a la Maratón Internacional de la ciudad de Fukuoka, ni nada. Daniel era el atleta de resistencia, por ende, el de la maratón. Si a alguien le convenía ir a Japón el primer domingo de Diciembre era a él, pero todos participábamos en las eliminatorias, como parte del entrenamiento que Fol nos daba.

    Una hora y media cada día por 18 semanas. Otra idea del maestro James. Y yo encantado.

    Lo sé, era un enfermo.

    La posición de salida era libre y cada quien adoptaba la que mas creía que le favorecía.



    - Por Dios - murmuro Daniel nervioso viendo hacia las gradas, deteniendo sus estiramientos - Esos son...

    - La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo - intervine al llegar junto a ellos.


    Me miraron sorprendidos de que les conversara sobre cualquier cosa. Era algo que había venido evitando desde que Daniel se había disculpado conmigo en el terreno. No sé por qué lo había hecho. Solo lo hice.


    - Por Dios - repitió Daniel aun más nervioso, agitando las manos para desentumecerlas. No dejaba de ver a la nueva audiencia acomodada en las gradas - ¿Que hacen en el entrenamiento? Nunca están durante el entrenamiento.

    - Presión. Intimidación - canturreó Andrew, sacudiendo el cuerpo entero entre saltos como parte del calentamiento - Esperan que nos pongamos nerviosos, con ellos viéndonos como a caballos de centro hípico.

    Daniel lo pensó por un minuto, como evaluando que en el ya había dado efecto.

    - No quisiera agregar más a esto, muchachos - Joe dijo - Pero ese que está a un lado suyo es...

    - El decano - volví a intervenir.

    Como si no lo supiera.

    - Eso es correcto - concluyo Joe.


    Un frio me recorrió la columna cuando lo vi abrir su saco caro y acomodarse en las gradas, mientras hablaba con otro hombre a un lado suyo. El decano era un tipo alto, moreno, y de unos treinta y dele. “Dinero y Poder” le brillaba desde la frente, hasta los zapatos caros. Por su contextura debió haber sido algo del ejército, o algo así.

    Se me revolvió el estomago al pensar en que estuve a punto de disparar un arma dentro de su casa, como un mafioso. ¿De verdad habría podido hacer eso? Ya no lo creía tanto.


    - Pues yo digo que le mostremos de que estamos hechos - dije adoptando mi posición de salida con las manos apoyadas sobre la pista.

    Los tres me miraron extrañados

    - ¿No fue a eso a lo que vinimos? - presione - No se ustedes, pero yo estoy aquí para correr.


    Sea por el tono de voz que use, o por mi disposición a ignorar al publico sentado en las gradas, fueron colocándose mi lado en posición de salida sin decir nada más.

    Por un momento me pareció algo incomodo ver como en ese instante yo volvía a ser su líder.


    - Disculpen, Atletas - sonó una voz familiar a nuestras espaldas - ¿Podrían venir un momento conmigo? No les tomara mucho tiempo, y será algo que les convendrá mucho, se los aseguro.


    Sonreí al reconocer aquella voz familiar. Sí, claro que ella estaría aquí también.

    Los cuatro nos levantamos para verla de pie, allí parada frente a nosotros con sus hermosas piernas de diosa, y un vestido lila esta vez.

    Parecía increíble como ahora se me aparecía hasta en la sopa.


    - Gracias - dijo la pelirroja, ligeramente sorprendida al verme. Supo disimularlo muy rápido - ¿Quisieran seguirme, por favor?
     
  19.  
    Gabrieluchini

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    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    34
     
    Palabras:
    1916
    ...Fue tan hermoso cuando aquella mañana, mi razón le confesó a mi corazón que te amaba, y me sorprendí de lo real y absoluta de esa verdad. Desde entonces, se que aunque las demás pasiones existan, vengan y vallan, ese sentimiento de amor que tu creas en mi, sigue presente y vigente siempre. Gracias por amarme y por hacerlo primero!

    Declaración de amor (fragmento)

    ME GUSTÓ.

    - La dirección de escuela les patrocinara los certificados a cada atleta, desde ahora, durante, y al culminar la competencia - decía la pelirroja desde un pódium, examinándonos con su mirada de superioridad - Además, se les garantizara el exceso al programa de atletas de las olimpiadas estadales, y nacionales, como representantes becados de nuestra institución.

    La pequeña reunión a las que nos convocó la hija del decano era para informarnos sobre los beneficios de nuestro desempeño como grupo deportivo de La Universidad Estatal. No solo para la carrera, sino para la marcha, el lanzamiento, el salto, y las combinadas también. Ella estaba al frente de La Dirección de Escuela de nuestra facultad, así que era la encargada del área de becas, en nuestro caso deportivas.

    Al menos eso me aliviaba un poco con los gastos. Esa sí que fue una muy buena noticia. Me prometí ir a la iglesia el domingo, para agradecerle a Dios la movida. Está bien, no iría a la iglesia, pero si le agradecía el favor, seguro.

    Lo que más me agrado de todo, fue que los agudos ojos amarillos de la pelirroja estuvieron estudiando mi rostro con mas interés que a los otros, en más de una ocasión durante su discurso. Un poco acostumbrado al escrutinio femenino, pero esta vez me gusto. Ella me gustaba. Cuando acabo el anuncio, todos parecían emocionados con lo que se les prometía a cada estudiante de deporte. Sin duda alguna, el decanato patrocinaba todo esto como otra táctica motivacional para que nosotros le diésemos suficiente propaganda política a su mandato, y el poder cobrar con intereses todo lo que invertía en nosotros, tiempo después. No había nada de buenas acciones de parte de esa gente. Eso lo sabía por Tony, que al parecer los conocía mejor que yo. Todo el que se relaciona con Bahd, nunca tiene las manos limpias, me había dicho un día.

    Noté antes de irme a calentar, que la hija del decano se apartaba del grupo de evaluadores de pruebas atléticas, que la sostenían, bajando del pódium y mezclándose entre la gente que parloteaba en el gimnasio. Al rato, pude escuchar cada paso de sus tacones caminando hacia mí, en tanto me hallaba de espaldas al bullicio.

    - Sr. Fling - dijo en un tono de voz cantarín y a la vez amenazador.

    Me di la vuelta para encararla. Definitivamente este vestido lila me gustaba más que el otro. Se le veía mas ajustado, y aunque sus pechos se encontraban cubiertos la tela los abrazaba y los hacía resaltar. Por Dios, esta mujer era sexy. Entonces caí en cuenta de que me llamaba por mi apellido, nuevamente.

    - Creí que habríamos quedado claros sobre ese punto, Bombón.

    Sus malos humos comenzaban a asomarse en su rostro pecoso, cuando entonces comprendió lo que le decía. Asintió comprensiva. - Ok. David.

    Me gusto como pronuncio mi nombre.

    - Ruth - Sonreí para ella. Puso mala cara al principio, pero luego sus labios se curvaron un poco hacia arriba. - Directora de Escuela, eh? - silbé con asombro - Debes estar muy bien enchufada - No conseguía como explicarle de que forma me entere sobre quien era su padre - ¿Tienes contactos, o algo así?

    - Algo así - respondió tajante.

    Esta era la actitud que había tenido conmigo siempre. No muy rebosante de emociones, ni explicaciones. Todo profesionalismo. Eso me puso incomodo.

    ¿Tanto me molestaba la indiferencia de una desconocida?

    - Un corredor - se rio de mi, pero no me importó porque me encanto su risa. Era mejor que su antipatía, al menos - Ya veo por qué tan desesperado por el curso. No lograba entenderlo antes. Aunque... - su sonrisa se desvaneció en el acto.

    - ¿Qué?

    - Nada - respondió mas seria.

    Como si se auto castigara por recién reírse. Me perturbó.

    - Tímida - solté burlón. Incitándola a que olvidara lo que sea que la incomodaba - ¿Quién lo diría?

    Me echo una mirada asesina. Funcionó. - Solo que me sorprende algo que seas un corredor - se limito a decir, ahora molesta. Dudó medio segundo para continuar. - Con esa espalda.

    Ya va. ¿Eso fue un piropo? Le arqueé una ceja. Desconcertado y divertido a la vez. Esto era una sorpresa.

    - ¿Qué tiene mi espalda? - no pude esconder la sonrisa.

    Ella se sonrojó, y eso hizo que sorprendentemente se viera más hermosa. Y así, con esa simple acción, quede aun más aturdido. Las mujeres y sus trucos.

    - Es que... - alzó la cara con orgullo, tratando de disimular su timidez - creí que el biotipo de un corredor seria menos... eh... voluminoso. - concluyo acalorada - Más delgado. Pareces más un nadador.

    Ya no era capaz de mirarme a los ojos, y yo estaba cada vez mas emocionado. ¿Ella había dicho que yo era voluminoso? Me encantaba este juego, y ni siquiera había caído en cómo llegamos hasta aquí.

    - Si, es verdad que hay atletas de cualquier prueba de fondo que son muy delgados. Pero eso depende del biotipo de cada uno - respondí confiado, cruzando los brazos. Orgulloso de mi voluminosidad - De niño fui nadador. A los 8. Resulta que era bueno en ambos, y me decidí por la carrera a los 15.

    Dirigió una veloz mirada a todo mi cuerpo. Algo tímida y respetuosa, pero eso no evitó que me encantara. Me abstuve de pavonearme como un macho en celo, y golpear mi pectoral con los puños cerrados como king kong. Pero si saqué el pecho, y cuadre los hombros y brazos. La pelirroja sacudió la cabeza evasivamente, aun con las mejillas rojas.

    - Los chicos y la velocidad - cito en un suspiro, como una verdad absoluta.

    Hice un gesto con la cara, como dándole la razón. En aquel momento, no se me ocurrió que estábamos en el gimnasio, que ella era la hija del decano, que me tocaba entrenar antes de que diesen las 6:00 pm, ni ninguna otra porquería. En aquel momento todo había sido retirado a un lado. Alguien me golpeo por detrás. Casi pude escuchar el “Pop” de mi burbuja rompiéndose.

    - Todo bien ahora, ¿eh? - pregunto Fol, reuniéndose a nosotros - Te lo dije, hijo, si lo das todo por esto, la vida te lo retribuye.

    Puse los ojos en blanco. Fol y sus malos discursos. El entrenador era un tipo serio y concentrado en lo que hacía, pero ver como las autoridades máximas de la universidad apoyaban sus planes lo hacía portarse como un niño el día de su cumpleaños. Ruth sonrió con decencia hacia él. En modo protocolo, nuevamente.

    - Bueno - me miró ella, y su tono volvía a ser tan apático como antes - Estaré esperándote para reiniciar el curso mañana, si eso quieres.

    ¿El curso? ¿Reiniciar?

    - ¿Qué? - inquirí despistado.

    Entonces, ¿Si me ayudaría con el curso? ¿Cuando acordamos eso? ¿No estábamos hablando de mi voluminosidad? Fol parecía más confundido que yo, pero no le dio tanta importancia. Cuando me dispuse a buscar más información, el teléfono móvil que ella tenía en su mano comenzó a sonar. Nos hizo una seña de disculpa, y atendió la llamada.

    - ¿Un curso? - Fol asintió para sí - Bien pensado, muchacho.

    Mientras la pelirroja hablaba por el móvil, escribió en un papel, me lo entrego, y se fue hacia donde se encontraban los demás reunidos, otra vez. El Decano se hizo cargo de su hija y ella permitió que la condujera hacia la salida del gimnasio. Al cabo de un momento, me dejé caer en una de las sillas cerca de las gradas, mientras todos revoloteaban a mitad de camino entre el grupo administrativo de deporte y las pistas de entrenamiento, conmocionados por las noticias. Imagine que con todo este alboroto, James y Fol pospondrían el entrenamiento para otro día.

    - 10:00 am. Aula 203 - leí en el papel que la pelirroja me entregó. Sonreí. Esto se iba a poner bueno.

    Siguiendo el ritual que venía haciendo en estos días, salí del gimnasio a los quioscos para almorzar una pizza. Ya comenzaba a quemar más calorías que cuando inicie mi renacimiento deportivo, así que podía tragarme lo que quisiera, siempre y cuando lo gastara los siguientes días entrenando. Ese ritual, por cierto, comenzaba a gustarme más desde que fue desapareciendo la incómoda tos del fumador con los ejercicios y las prohibiciones del entrenador. Ya casi no fumaba. La caja de Marlboro que tenía desde hace una semana continuaba casi entera. Escucharme toser al igual que lo hacia mi madre, significaba un recordatorio desagradable de que la muerte te alaba hacia tu destino, y odiaba eso. Angustiante.

    Cuando pase cerca de los ecologistas que vendían artesanía por los límites de los edificios de la facultad, a unos pasos de la laguna artificial de la Universidad, volví a ver a un grupo de gente que aplaudía divertida al rededor de unos artistas callejeros. Música, esta vez Rap, salía del círculo donde los bailarines presentaban su show para el público. Teatro de calle. Recordé que había visto a Hoy en uno de esos grupos. Tal vez ella estaría con ellos, y así tendría la oportunidad de agradecerle por ayudarme aquella noche. También lo hacía para quitarme esa idea loca de la cabeza de que ella era un ángel místico, o que se yo. No es mi culpa. Fui criado por “Ghost, la sombra del amor” y “El toque de un ángel” “Hechiceras”, también serviría, pero vi solo la primera temporada. Un secreto que me llevaría a la tumba.

    La música salía con más fuerza de adentro del círculo de gente, a medida que me acercaba. Deje atrás los quioscos, y con ellos mis ganas de comer, para ir pasando por entre la gente que se aglomeraba para ver. Lo que sea que hacia el grupo de Holy tenía que ser muy bueno, porque mucha gente se aglomeraba para ver. Todos estábamos muy apretados, pero extrañamente no me importo. Comencé a ver entre los montones de cabezas buscando aquella pequeñita de cabello negro. Por los pantalones camuflaje dos ni me molestaba en buscar. Todos los del grupo de teatro tenían uno igual.

    El lugar comenzó a parecer distinto, a mis ojos. Comencé a sentir una atmosfera extraña que no conseguía explicarme. De repente me sentí como si necesitara estar ahí. Y entonces pasó. Comencé a vibrar. Como si alguien hubiera agarrado mi cuerpo y comenzado a sacudirlo desde adentro. Al igual que un espasmo muscular. Cuando dejas un brazo o una pierna en una mala posición, y comienzan a temblar tus músculos. Como cuando sientes frio. Pero estábamos todos en el patio, bajo el sol, y ciertamente no sentía frio. ¿Qué se supone que me estaba pasando? No obstante, la manera en que me hacía sentir el estar aquí, me obligaba a quedarme. Las luces se hicieron demasiado fuertes, los sonidos más sordos.

    Eso aun no estaba muy claro. Conseguí colearme hasta estar de primero, y unos actores del grupo de Holy con vestuarios callejera-urbana salieron a escena. El primero, comenzó la obra con un rap improvisado...
     
    Última edición: 27 Octubre 2015
  20.  
    Gabrieluchini

    Gabrieluchini porque voy renovandome día con día...

    Leo
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    Buenas casi tardes ;)
    Para mayor disfrute del nuevo Capítulo les dejo adjunto un archivo mp4 que contiene la obra que David vio.
     
    Última edición: 30 Octubre 2015

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