Amor, peligroso amor.

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por D Fang, 31 Diciembre 2014.

  1.  
    D Fang

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    Escritor
    Título:
    Amor, peligroso amor.
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1679
    Bueno, una historia que vengo pensando desde hace mucho. Espero les guste.


    Capítulo I

    Aún lo recordaba, tan claro como la mismísima agua: la muerte de su mamá. Esa persona que pensó nunca se iría. Que siempre lo cuidaría. Hacía ya tiempo de eso, medio año tal vez. Y en su cabeza todavía estaba la imagen de ella en aquella cama vieja de hospital, aparentando que nada sucedía, que estaba a poco de que saliera de ahí. Salió, sí, como un cuerpo sin vida. También recordaba a esa señora, esa señora que recorría con frecuencia el pasillo del edificio donde se hallaba la habitación de su madre. Vestía toda de negro, de una forma muy elegante. El adolescente aún se preguntaba como es que los doctores o enfermeros no la volteaban a ver si era una mujer muy guapa. Luego estaba aquella chica, la chica que vio el último día que visitó a su mamá. Ella había visitado a su abuelo, o eso le contó, que estaba internado en el mismo cuarto que su madre. Recordaba sus últimas palabras antes de que él dejara la habitación: " va a morir". Lo dijo con tanta tranquilidad que le asustó. Al día siguiente, su madure falleció. Después de eso vino todo lo que viene con la muerte de un familiar, hasta llegar al famoso entierro. En el entierro le pareció ver a aquella guapa mujer de negro del hospital, pero al final dictó que no, había sido su imaginación.

    Después de eso, todo se volvió nada para él, poco le importaban las cosas y las personas. Se volvió un chico indiferente, descuidando la escuela y peleando siempre con su papá. Teniendo sueños extraños donde aquella mujer de negro se convertía en la chica del hospital y le decía que iba a morir. Siempre que lo soñaba despertaba bañado en sudor, con el corazón tremendamente acelerado y su pecho subiendo y bajando.

    Aquella mañana no fue la excepción, Xavier despertó de un salto al oír la alarma. Se frotó los ojos e imágenes de su sueño regresaron a su cabeza. Esa chica, de piel pálida y un cabello negro y lacio hasta los hombros, que le decía: "vas a morir".

    Se levantó con toda la calma de mundo, sabiendo que se le hacía tarde, y se empezó a preparar para salir a la escuela. Recogió su uniforme tirado por toda la recámara y se lo puso intentando alargar el momento de estar listo para salir. Cuando terminó de vestirse, salió al pasillo, bajo las escaleras y se dirigió a la sala. Recogió su mochila del sillón y alzó el dinero de la mesita que se encontraba de la sala. Hecho todo esto, salió de su casa maldiciendo ese nuevo día.

    Dirigió sus pasos a la parada del bus, se hallaba a diez minutos de ahí, mientras de su mochila sacaba su celular y audífonos para escuchar música en el trayecto a la escuela. Llegó a la parada, había unas cinco personas esperando, cuatro señores y una joven tal vez unos años mayores que él, tenía 15 Xavier. Le desagradó la forma en que los señores la veían, con deseo. Puede que él hiciese alguna mueca, pues la chica le dedicó una ligera sonrisa de diversión. Xavier la vio a los ojos para después evitar su sonrisa y fijarse si el bus tardaba mucho. Las mujeres no eran de su interés. El camión no tardó en llegar, todos ahí pelearon por subir primero menos él, que le daba igual ir de pie.

    Ya en el transporte público, dirigiéndose con retraso a la escuela, Xavier iba parado viendo la calle desde la ventana. En un semáforo el bus se paró y él escuchó sonar el timbre que avisaba que alguien quería bajar. No presentó atención. Las puertas se abrieron y al volver su vista a la puerta trasera alcanzó a ver una cabellera negra. Cuando su vista regresó a las calles, vio a la chica del hospital observarlo desde la acera mientras el camión avanzaba lentamente. Xavier no lo creía.

    Llegó tarde a la escuela, muy tarde. Le dejaron pasar a regañadientes mientras una maestra le decía que tenía serios problemas de conducta. Se dirigió a su salón, en el segundo piso, y entró sin decir palabra. No había ningún maestro, pues estaban esperando al siguiente. Se sentó en el lugar que siempre ocupaba, hasta el fondo en la esquina, junto a la ventana que da al patio. Nadie dijo nada, nadie notó que entró y si lo notaron les importa muy poco.

    Las clases pasaron, llegó su hora de descanso, que pasó sentado en un pasillo sin compañía, y de regreso al salón. Estaba en su última clase del día, historia. Impartida por una maestra ya grande y pequeña que no hacía otra cosa más que relatar los sucesos que en la historia del hombre han pasado. A Xavier antes le gustaba esa clase y ponía toda su atención en ella, ahora sólo se dedicaba a perder su vista en la ventana escuchando por momentos lo que la maestra explicaba, en ese momento era algo referente a la Primera Guerra Mundial. Mientras oía algo de los motivos, sus ojos se enfocaron en una persona que caminaba en el patio. Una chica. No alcanzaba a ver quién era, pero podía ver ese cabello negro brillar por el Sol.

    La chica se quedo parada a mitad del patio, mirando a los salones contrarios a los de él. Cuando sonó el timbre que marcaba el fin del día, Xavier apartó la mirada por un momento, al regresarla la chica ya no estaba.

    Ya de regresó a casa, acostumbraba regresar a pie para evitar a alguno de sus compañeros en el transporte, pensaba en la chica del hospital, que había visto esa mañana, mientras el calor del Sol sin compasión le caía en la espalda. No lo creía. Era imposible. El hospital donde su madre estuvo internada quedaba muy lejos de ahí, ¿cuál era la probabilidad de encontrarse con esa chica? ¿Cuál era la probabilidad de soñar con esa misma chica todas las noches y qué te diga que vas a morir? Eran imaginaciones suyas, pensó. Se dijo así mismo que buscaría una actividad que lo distrajera, que eso necesitaba.

    Así pasó su semana, viendo a la chica del hospital por todas partes, en la calle, en sus sueños, en locales, en el transporte, llegó incluso a verla en la escuela. Pensaba que había perdido la cordura. No lo había hablado con nadie, por supuesto, ya que no hablaba con nadie. Por alguna razón tenía miedo, no sabía de qué, si lo más probable es que la chica se hubiese mudado ahí. Esa chica traía el recuerdo de su madre y de ese depresivo hospital, no quería recordarlo. Aún así, intentaba evitarla. Fingía no verla y evitaba los lugares dónde la llagaba a ver.

    Así, pasadas dos semanas de constantes huidas y de asistir temprano a clase para no cruzarse con la chica, sus nervios estaban a tope. Dormía poco, pues sus sueños con ella se prolongaban más y más, ahora le hablaba pero nunca recordaba de qué. Sentía que la chica lo estaba cazando. Xavier era más irritante de lo usual y sus compañeros de clase lo veían con miedo y pena. Todos pensaban que el actuaba así por su madre, que estaba muy trastornado.

    Entonces pasó lo que el menos quería, intimó con esa chica. Una tarde de un viernes, Xavier había salido tarde de la escuela. El maestro de Matemáticas lo había mandado a dirección por problemas de actitud. Tuvo una larga charla con el director, era una persona muy accesible, y salió tarde. Mientras salía del edificio y caminaba distraído buscando sus audífonos en la mochila, tuvo un choque con otra persona y ambos se golpearon. Él se disculpó sin prestar atención mientras retomaba el camino con la mano rebuscando en la mochila, cuando una mano lo sujetó. Él sintió un escalofrío en la espalda. Giró sobre sí mismo con lentitud y al quedar cara a cara con la persona que empujó, contempló a esa chica que estuvo en el hospital el último día de vida de su madre y que lo acechaba en sueños. Ahogó un grito mientras ella lo veía divertida.

    —¿Estás bien? —le preguntó intentando no reír— Parece que viste un fantasma.

    Ella le sonrió mientras le soltaba la camisa.


    —Veo que no eres de muchas palabras... —continuó diciendo.

    Dicho lo último se dio la vuelta y se disponía a irse, cuando esta vez fue Xavier quien la detuvo. Le costaba creerlo, pero la chica era muy diferente a como su mente lo había imaginado. Parecía alegre y podría decirse que era bastante linda. No parecía querer hacerle daño o provocarle problemas. Tal vez todo sí habían sido inventos suyos.

    —Per-perdón —Dijo torpemente.

    Hacía tiempo que no hablaba en voz alta, por primera vez lo maldijo.

    —Perdón —Repitió más calmado mientras ella sonreía—, no te había visto.


    —Puedo notarlo —dijo divertida—. Soy Helena, puedes decirme Hela si quieres.

    Xavier asintió con la cabeza, estaba pensando que decir cuando Hela se le adelantó.

    —Tengo que irme, mi mamá me matará si llego tarde.

    —Ah, sí. Sí...

    La palabra "mamá" le traía varios recuerdos, entre ellos los de ella diciéndole en sueños que él va a morir.

    —Bye —fue lo último que dijo antes de caminar en dirección opuesta a él.

    Ya en su casa, Xavier pensaba en todo lo ocurrido. Ahora nuevas imágenes de Helena se formaban en su cabeza. Pensaba que tal vez era una chica dulce, simpática y amable, y que todos sus delirios eran eso, delirios. Se dio cuenta que siempre la había visto sola, cosa que le hizo deducir que no tenia novio. Después se maldijo por pensar eso. Aunque no podía negar que era muy bonita. Se dijo así mismo que si tenía la oportunidad le hablaría, pero sólo si se presentaba. No iría tras una chica, eran cosas que el no hacía.

    Esa noche, fue la primera noche que no soñó con Helena en mucho tiempo.
     

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