A oscuras.

Tema en 'Relatos' iniciado por Kiryuuin, 13 Junio 2012.

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    Kiryuuin

    Kiryuuin Hermandad Oscura

    Sagitario
    Miembro desde:
    4 Octubre 2011
    Mensajes:
    130
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    A oscuras.
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1595
    A oscuras


    Sentada en medio de su habitación, con los brazos cruzados y su rostro sonrojado, ella seguía recordando lo que había sucedido unos minutos atrás. No era lo que aparentaba ser desde un principio, ¿acaso ahora no podría dormir tranquila mientras él estuviera en la misma casa?
    ~~~ Flash Back ~~~
    —… no puede ser —decía pesadamente aquella joven en medio de la oscuridad. Pasó una de sus manos por la frente; realmente estaba cansada. Era la quinta vez en el día que se cortaba la luz. Habían llamado y reclamado, pero nadie aparecía para solucionar el problema.




    —Oye, Luna… —la llamaba una voz masculina desde el otro lado de la puerta—, ayúdanos a buscar las velas, ¿quieres?




    Su hermano mayor podía sonar intimidante, pero por dentro era más dulce que la miel.




    —Deben estar en el living —dijo mientras abría la puerta de su habitación—, aunque puede que…




    Se desconcertó al encontrar a su hermano junto a un muchacho allí. Claro, lo había olvidado: esa noche alguien iba a ir a casa, aunque nadie le había dicho quién. A fin de cuentas, nadie le decía nada por flojera.




    —Aunque puede que estén en el living —terminó de decir, mirándolos a ambos. No podía quedarse ahí sin hacer nada, no sería educado mientras haya un invitado en la casa—. Espera que busco mi celular y…




    —Ah… yo lo tengo —decía entre pequeñas risitas inocentes, mientras alzaba su mano enseñándole el teléfono.




    <<Éste es hombre muerto>>, pensaba la chica, mortificándolo con la mirada.




    ¿Qué él tenía su celular?, o más bien, ¿qué había estado haciendo? Su hermano conocía esa mirada; ya tenía previsto que al día siguiente o cuando ella tuviera la oportunidad, él pagaría.




    No podía hacer nada por el momento; mientras estuviera aquel amigo de su hermano ahí no le quedaba de otra más que guardarse las ganas de asesinarlo y parecer una chica buena.




    Suspiró sobándose los ojos y saludó al muchacho que los había estado observando desde que ella abrió la puerta.




    —Un gusto, señorita —dijo con un tono seductor, dándole un delicado beso y enamorando temporalmente a la joven.




    <<Es un ángel>>, pensaba la chica, un tanto apenada ante el muchacho.




    Era lo esperado. Con su hermano siempre siendo tan consentido, torpe y malcriado a pesar de su edad, un caballero como su amigo haría la diferencia.




    —Entonces —dijo el hermano mayor de la joven, llamando la atención de ambos—, ¿nos buscarás las velas?




    <<¿Y quiere que yo sola lo haga?>>, se preguntaba a sí misma con sarcasmo. Ahora le había cambiado la pregunta. Antes su hermano le había preguntado dónde estaban las velas, y ahora le preguntaba si ella iría a buscarlas. <<Bueno…, hermanos son hermanos.>>. —Bien, sólo necesito mi celular, si no te molesta —decía dirigiéndose únicamente a su hermanito mayor.




    Casi cortándole la mano, le arrebató el teléfono y caminó alumbrando el pasillo con la poca luz que tenían. Buscaron por la cocina, donde era más probable encontrar alguna velita que otra, por más pequeña que fuera; pero no, no había nada.




    Mientras tanto, Matías, el hermano mayor de la joven, salió a la calle para ver si era sólo en aquella cuadra donde se había cortado la luz o era un apagón. Pero…, ¿y su amigo, aquel ángel que conoció hace unos minutos? Lo había perdido de vista. Quizás estaba afuera en la calle, junto con su hermano; pero bueno, no tenía por qué pensar en eso…, ¿o sí?




    Ella seguía buscando. El sueño comenzaba a acompañarla poco a poco entre las penumbras de la casa. Bostezo tras bostezo, ella iba cayendo.




    <<¡Bueno, me cansé! Si no están en el living… ¡se la arreglarán solos! Yo me iré a dormir.>>, se decía a sí misma, caminando con la ayuda de sus manos como guía hacia el living. Era el último y único lugar donde podrían estar las bendecidas velas que no sabía cómo, cambiaban de lugar.




    <<¿Qué fue eso…?>>, se preguntó. Algo había oído, aunque de todas formas, entre tanto silencio, no sabía bien qué podía llegar a ser. Tampoco quería asustarse antes de tiempo y que terminara siendo un gatito saltando de techo en techo, o tal vez el viento; sería tonto e inútil de su parte.




    Giró e intentó encontrar a alguien en la oscuridad. No había que descartar posibilidades: su hermano mayor, con sus tonteras, podría estar jugándole una broma tratando de asustarla; o había alguien más en la casa, aunque podía ser su cachorro que supuestamente dormía en su cuarto; entre otras cosas… Aun así, no perdió la calma. Se volteó y siguió buscando entre los cajones.




    De repente, sintió como unas manos recorrían su cintura. Ahora sí no podía evitarlo, estaba aterrada. No supo más que hacer excepto por ver el reflejo del cristal que tenía enfrente. Con la ayuda de la luz de su amado teléfono celular, contempló el rostro de él.




    <<¡¿Pero qué…?!>>, no podía pensar; él no la dejaba. Sintió como la alzó entre sus brazos y la recostó suavemente sobre aquel sofá.—¡Ma-Matías…! —intentaba llamar a su hermano, pero su voz no salía.




    La acorraló con sus brazos, mirándola fijamente. ¿Qué debía hacer? O más bien, ¿qué le haría él, el supuesto ángel caballeroso?



    Apenas si podía distinguir su silueta encima de ella; no podría ver su rostro, la expresión de este. Quizás con solo verlo podía intentar adivinar si le haría algo malo, o… alguna travesura.




    <<¡¿Dónde está ese idiota?!>>




    —Matías está afuera, pero no te preocupes… —le dijo adivinando sus pensamientos, acercándose a su oído—, no te haré nada malo —susurró.




    Se acercó más y más, hasta que sintió como sus labios se fusionaban con los suyos, algo romántico e inesperado. Aún era una jovencita que recién entraba a la adolescencia con trece años, mientras que él era mayor por tres años.



    Suficiente; era suficiente para ella. Ese muchacho terminó siendo un pervertido; ingenioso, aunque no tanto. La había engañado desde un principio con su tonito seductor y tanta caballerosidad; aunque fue inevitable.



    ~~~ Fin Flash Back ~~~



    Le ardían las mejillas de tan sonrojada que estaba al recordar ese beso.




    —¿Recordando eso? —preguntó pícaramente una voz detrás de la puerta. Ocultó su rostro sonrojado entre su almohada; ya no lo soportaba.




    Saltó a su cama y se escondió entre las sábanas. Aunque… ¿para qué hizo eso? No la protegería ni nada un par de telas finas contra un muchacho. Qué niña…




    La puerta se abrió, o más bien, fue abierta por ese muchacho. Estremecida y con los nervios que la hacían temblar, sintió como alguien se sentaba a un lado de ella.




    <<Que tierna>>, pensaba el joven, mirando como las sábanas dibujaban su silueta tan femenina. —Perdona por lo de antes —dijo posando su mano sobre el brazo de ella—; seguramente te asusté —terminó, descubriéndola para ver sus dulces ojos.




    <<Ahora que lo veo…, es como el primer momento en que lo vi. Como si ahora fuera… ¿dulce?, y su mirada se siente tan profunda y protectora>>, pensaba ella. <<Pero, no lo sé; es como si tuviera dos personalidades. ¡Es muy confuso!>>, se quejaba, intentando comprenderlo a él y a sí misma. Tomó la pequeña almohada que tenía a un lado y la abrazó cerrando sus ojos.





    Sintió como el joven se levantaba de la cama, tranquilizándola por un instante, hasta que la luz de la pequeña velita que tenía en su habitación se apagó, dejándolos a oscuras. Las cálidas manos del muchacho tomaron sus mejillas, sintiendo el calor de éstas. Le dio un suave beso fugaz; aunque ella no se resistió, su cuerpo temblaba y él lo notó por su respiración entrecortada. No le hizo nada malo… Sólo estaba enamorado.




    —Dulces sueños… —susurró, cerrando la puerta detrás de sí.



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  1. HoneyLetters
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