Explícito A fantastic World

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 11 Octubre 2018.

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    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    127
    Puntos en trofeos:
    108
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    A fantastic World
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    385
    PROLOGO

    El mundo terrenal, un vasto y maravillo lugar lleno de grandes naciones, cada una con su cultura y características propias. Un lugar en el que humanos y seres mágicos deben convivir, ya sea por las buenas o por las malas.

    Han pasado tantos siglos desde la última gran guerra ¿Cuándo falta para que una nueva época de guerra florezca en este fantástico mundo? Solo los cielos los saben.

    Y por cielos me refiero a los seres que habitan en un mundo superior, lugar donde residen todos y cada uno de los dioses en los que los humanos creen. Cada cultura ha desarrollado una atracción y fidelidad a un dios en específico, despreciando casi con odio a las demás por motivos de fe.

    Los dioses, como gobernantes auténticos del mundo terrenal, habidos en conocer los destinos de todos y cada una de las personas que este mundo habitan y a su vez conocen el destino mismo del mundo, destino que han jurado salvaguardar en la mayor paz posible. ¿Han enviado a sus mensajeros para ayudar a los humanos? Eso solo significa que algo malo se avecina. Pero esta no es la historia de un grupo de dioses buscando ayudar al mundo, no, lo dioses no son tan bondadoso como se puede llegar a creer.

    Esta es la historia de un grupo de cinco humanos, cinco hermanos separados por funestos acontecimientos, vendidos como esclavos para afrontar diferentes destinos. Cuatro hombres, una mujer, separados por un tirano y sentenciados a vidas para las que no nacieron. Es aquí donde el destino, o los dioses, intervendrán para que las cosas sucedan a su voluntad.

    Uno de esos cinco buscará incesantemente a sus hermanos sin importar nada, hará todo lo que deba hacer, vencerá a cualquier persona, bestia o animal que se interponga en su camino. No sabe que el destino le tiene algo más grande reservado, algo tan grande que sería imposible imaginar, un largo camino deberá recorrer, un camino en el que recibirá la ayuda del cielo, ayuda encarnada en un ser.

    Es aquí donde comienza nuestra historia, será una gran y fiera aventura para todos, no salgáis a cabalgar tan campante por este mundo, la muerte y el dolor acechan en cada rincón, después de todo, este es un mundo fantástico.
     
  2. Threadmarks: Capítulo 1: El mercenario, parte 1
     
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
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    A fantastic World
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    5158
    Capítulo 1: El mercenario, parte 1
    1 de marzo, año 920 de la tercera era. Reino de Gale

    Es una fresca y cálida mañana en el mundo terrenal, el sol, rey de todo en el cielo, se eleva una vez más para iluminar la vida. Los bastos y extensos valles del Reino Gale parecen resplandecer en verde ante la luz del sol. Vamos a dirigirnos hacia una ciudad cercana donde un conflicto se está llevando acabo, el nombre de este poblado es Green Field, Es una no muy gran ciudad, la mayoría de las construcciones están hechas de madera, roca y paja, destacando únicamente el templo y el ayuntamiento, que son los únicos edificios que sobresalen de entre todas las pequeñas casas y edificios, todo esto es resguardado por una muralla de roca.

    – ¡Arqueros, arqueros, a las murallas! – Gritaba con fuerza y autoridad un soldado. El hombre corría a toda velocidad por la calle principal de la ciudad.

    No era un joven soldado, más bien era un veterano que posiblemente tenía un rango considerable. Ataviado con una cota de malla, grebas, escudo y espada, además de un casco pulido, lideraba a un grupo de guardias locales, carentes de cualquier equipo, salvo un casco y un chaleco de cuero, una espada de baja calidad, arco y unas pocas flechas en un carcaj. El grupo liderado por el viejo hombre llegó a la puerta principal de la ciudad, allí otros guardias hacían lo posible para tapear y obstruir dicha entrada, la cual, era golpeada una y otra vez desde el exterior.

    Jóvenes y viejos hacían todo lo posible para evitar que dicha puerta cayera. En los adarves de la muralla se ve a los arqueros haciendo todo lo posible por diezmar a los atacantes, hasta que alguno es alcanzado por una flecha o jabalina del exterior.

    – Comandante, comandante – Llamaba un herido hombre que se acercó al viejo – Son demasiados, no podremos contenerlos – Explicaba agotado mientras contenía la herida en su hombro, probablemente causada por una flecha – Son cerca de cien barbaros los que están allí afuera, comandante, nosotros apenas tenemos un puñado de cincuenta guardias locales, no somos rivales.

    – Tenemos que hacerlo, capitán. Esos barbaros no puede atravesar esas puertas o estaremos acabados antes del medio día – Respondió el viejo llevando al herido hasta una banca cercana – descansa, tomaré el mando por ahora. ¡Síganme! – Ordenó a quienes iban con él.

    A toda velocidad subieron por una escalara para llegar a la cima de la muralla, desde allí pudieron tener una buena vista de los causantes de tal alboroto. Un considerable grupo de hombres, que son alrededor de cien, hacen lo necesario para entrar a la ciudad. Ellos pugnaban con fuerza para derribar la puerta usando un ariete, los otros se mantenían en la distancia esperando poder entrar, debían cubrirse con sus escudos para evitar ser alcanzados por una flecha desde la muralla, así como también ellos tienen arqueros en sus filas, quienes se cubrían detrás de sus compañeros con escudo para cargar las flechas, salían de la cobertura y disparaban a los defensores de la muralla, logrando algunas bajas ocasionalmente.

    – ¡Arqueros, a los parapetos! – Ordenó el comandante empuñando su espada levantada – ¡Disparen a voluntad!

    A la orden del comandante los arqueros recién llegados soltaron una ráfaga de flechas sobre los atacantes, sin embargo, apenas causaron unas pocas bajas, la mayoría se cubrieron con los escudos.

    – ¡No dejen de disparar! – Insistió el hombre gruñendo frustrado al ver poco daño causado.

    Un joven soldado subió rápidamente hasta llegar a él, se notaba agotado, quizás por correr mucho o tratar de reforzar la puerta.

    – Comandante, la puerta no aguantará mucho más, los hombres hacen lo posible para mantener la posición. Es cuestión de tiempo para que cedan por completo ¿Qué debemos hacer? – Preguntó notándose asustado y desesperado.

    – Recobra el aliento y los pantalones, muchacho, esto aún no termina – Respondió de forma seria, manteniendo aun la calma – ¿Qué hay de los civiles?

    – Todos han sido llevados al templo, están atrincherados allí, como usted ordenó – Informó respirando un poco agitado, buscando recobrar el valor.

    – Bien, lleva a la mitad de todos los hombres a la plaza central, hagan barricadas con lo que puedan, en un momento los alcanzaremos, llevaremos la batalla allí – Ordenó el viejo hombre, mirando al muchacho.

    Este asintió y se propuso regresar con los demás, cosa que no lograría, pues una flecha lo alcanzó clavándose profundo en su cabeza, ante los ojos del comandante, quien no pudo hacer nada – ¡Hijos de puta! – Maldijo a los atacantes mirándolos con ojos cargados de ira – ¡Mantengan la posición tanto como les sea posible! – Ordenó a los arqueros.

    Tuvo que ser el quien llevara las ordenes a los hombres que estaban en la calle principal esperando la caída de la puerta – ¡Ustedes, conmigo! – Llamó a un grupo que de momento no hacía nada – ¡Mantengan la puerta cerrada tanto como puedan, no la dejen caer ante nada! – Se dirigió a los que tapeaban la entrada.

    Guió al primer grupo de regreso a la plaza central frente al templo del Dios Creador, donde normalmente estaría el mercado, ahora solo había puestos vacíos – Rápido, hagan barricadas y cierren las calles que llegan aquí, defenderemos esta zona tanto como podamos – Ordenó.

    Los hombres comenzaron a desarmar los puestos y apilarlos en las calles tratando de crear esas “barricadas”. El viejo comandante se tomó un momento para recobrar el aliento, los años pesaban sobre él y su condición física ya no rendía tanto como en sus mejores años. Miró el templo buscando esperanzas en el símbolo que este posee en su entrada

    – Por favor, dios de la creación, no nos abandones ahora, ayuda a nuestro gobernador para que traiga refuerzos antes que esos barbaros quemen todo y nos masacren. Te lo ruego, gran dios de la creación – Se tomó ese momento para arrodillarse y juntar sus manos elevando una oración a su dios.

    Dejamos el caos de esta ciudad y nos alejamos por la vereda principal, varios kilómetros hasta llegar a una pequeña aldea junto a un rio. Dicha población de bastante pequeña y se ve claramente que la principal fuente de trabajo es la pesca, carece de un medio de defensa o de construcciones grandes, pero es en una taberna de ese lugar donde cierta reunión ocurre.

    El lugar estaba concurrido, hombres y mujeres comían y bebían tranquilamente llenando las bancas y mesas del lugar. Un viejo y adinerado hombre hablaba con otro de no muy apacible apariencia.

    – Por favor, señor John, mientras más tiempo pase más civiles van a morir en Green Field, se lo suplico, lleve a sus tropas cuanto antes, y le prometo que todo el oro que prometí será suyo – Decía de forma suplicante el viejo hombre, aunque muy bien vestido, pues sus ropajes era de calidad así como las joyas que llevaba.

    Ese hombre con quien hablaba, John, es un sujeto con una apariencia intimidante, alto, cerca del 1.85, su cabello es oscuro y corto, algo despeinado, posee una larga y frondosa barba negra, así como un par de ojos en color café, no tiene la apariencia de un guerrero cualquiera, es más bien gordo, sin embargo se nota fornido. Viste una camisa manga larga negra de tela y unos pantalones cafés, así como botas de cuero, en su cintura lleva un grueso cinturón de cuero y de esta cuelga la funda de un hacha de mano.

    Detrás de este sujeto había un par de hombres que vestían de igual forma, aunque estos se veían más serios, portan lanzas y escudos redondos, son los guarda espaldas de ese barbudo hombre denominado John.

    – Eres un viejo bribón ¿te lo han dicho? – Rió John mientras comía un poco de carne y bebía una buena cerveza que escurría por su barba – Cuando me pediste venir aquí me dijiste que mis hombres tendrían tiempo para llegar a la ciudad y descansar un poco antes de la batalla, ahora me dices que la batalla ya comenzó y debemos marchar a toda velocidad para detenerlos. Eso no es muy justo, señor gobernador.

    – Le juro por dios que no tenía idea de eso, me acabo de enterar hoy al amanecer, los barbaros debieron apresurar sus planes al ver la oportunidad – Se excusó, y por su forma de rogar no parecía mentir – Le prometí 1,000 monedas de oro, le daré 1,250 si marcha contra ellos de inmediato.

    – Eso suena más interesante. Quizás arriesgue a mis hombres por ello, pero, puede que estén algo cansados, algunos morirán si los envió así – buscaba formas de meter más precio, John sabía que sus hombres podrían marchar sin problemas y luchar, solo quería sacarle más al gobernador.

    – pero… bueno, que tal 1,250 monedas de oro y… y 200 más de plata – El pobre viejo buscaba como podría pagar, tendría que echar mano incluso de sus ahorros personales.

    – ¡Eso suena mejor! – Dejó caer su tarro con fuerza en la mesa, articulando una enorme y victoriosa sonrisa – ¡Muchachos, prepárense para marchar! – Ordenó a los que estaban comiendo.

    Así es, todos los que estaban comiendo allí, hombres y mujeres, eran mercenarios y con la orden de John debían dejar su caliente comida y preparase para marchar.

    – Llama a los capitanes – Le dijo a uno de sus guardaespaldas mientras se levantaba de la mesa.

    – ¿A los cuatro, comandante? – Preguntó el escolta antes de salir.

    – Buena pregunta – Respondió pensativo – No, le advertí a Siara que si me faltaba al respeto tendría consecuencias – Se acarició la barba pensativo. En ese momento fijó la mirada en un joven de su compañía que terminaba de comer antes de salir con su compañero – Y ya sé cómo humillarla un poco, llama a los otros tres y no a ella – Fue su orden al tiempo que su escolta se retiraba – Oye, muchacho, ven.

    Aquel joven al que llamaba tendría, quizás, 26 años de edad, es alto, llegando al 1.85, su cabello es oscuro y largo, al llevarlo suelto es alborotado, sus cejas son pobladas y dan seriedad a su mirada, mirada de ojos grisáceos, posee una barba oscura corta pero muy poblada. Es de complexión delgada y fornida. Viste una camisa manga larga blanca, sobre la cual lleva un chaleco de cuero, un pantalón café y botas de piel, un cinturón de cuero del cual cuelgan dos hachas de mano.

    – Comándate – Respondió el joven con respeto a su líder.

    – Dijiste que esta seria tu ultima misión en mi compañía ¿Verdad? – Cuestionó John de forma seria.

    – Así es señor. Ha sido un honor servir por estos años en la prestigiosa Compañía de Mercenarios de John Butcher, pero debo encaminar mi viaje hacia el sur, usted sabe mejor que nadie mis motivos – Fue la respuesta, el joven poseía una voz gruesa y varonil, no obstante la suavizaba a la hora de hablar con un superior.

    – Es una linda forma de mandarnos al diablo, Vand – Rió John – Pero no importa, es normal que los mercenarios solo sirvan unos años y luego se retiren. El punto, también me dijiste que querías alguna clase de reconocimiento que te sirviera en un futuro para entrar en alguna otra compañía o el ejército ¿No?

    – Bueno, esperaba una especie de reconocimiento, siempre y cuando se me dé la oportunidad de ganármelo – Respondió el joven.

    – Pues es tu día de suerte – Buscó en su bolcillo y sacó una especie de broche en forma de hacha de carnicero – Un broche de capitán mercenario con mi sello, con esta baratija todas las compañías de mercenarios afiliadas al gremio de este reino, sabrán que serviste como capitán para mí, eso es un buen reconocimiento, podrás entrar en cualquier otra compañía, o el ejército o las mujeres se abrirán de piernas para ti – Rió y dio un gran trago a su cerveza.

    – Es un honor, comandante ¿Qué debo hacer para ganarlo? – No pudo evitar sonreír un poco mientras miraba el broche.

    – Sencillo, fungirás como capitán sustituto en el 3er batallón – Sonrió sabiendo bien como reaccionaria.

    – Es un honor para…. Espere ¿El 3er batallón? El batallón de la capitana Siara, no creo que ella vaya a estar de acuerdo con eso, las guerreras de ese batallón solo lo respetan a usted, si les doy ordenes terminaré con sus lanzas atravesándome – Alegó sorprendido.

    – ¿Le tienes miedo a una mujer? – Arqueo la ceja sonriendo, pues no sería él el único que le temiera esa mujer.

    – Ella no es cualquier mujer y usted lo sabe, comandante – Replicó suspirando.

    – Bueno, si quieres el broche eso debes hacer. Dirigirás el 3er batallón y atacaras primero – Se encogió de hombros el comandante.

    – Bien, bien, lo haré, o al menos lo intentaré – bufó y tomó el broche para luego salir del lugar.

    – Si no impone su voluntad terminará empalado por esa loca – Rió John terminado su cerveza.

    El joven Vand se dirigía hacia una de las casas de campaña donde estaría la mujer a quien debía comunicar su asignación como capitán sustituto. En la entrada de dicha casa de campaña había un par de mujeres conversando, y una de ellas vió al joven.

    – Vaya, vaya, el “Ternero” viene a visitar a sus compañeras – Rió esa mujer al verlo, pues lo conocía de bien.

    Xina – Suspiró rodando los ojos – No sabes cómo detesto que me llames “Ternero”, mi mote es “Bisonte blanco

    – Si supieras lo poco que me importa, Vand – Rió y se levantó para acercare – ¿Qué te trae por aquí? Tú no eres de este batallón. Eres uno de los escoltas del comandante, deberías estar con él.

    Xina, una mujer guerrera, una mercenaria, no es exactamente muy femenina, diría que no es nada femenina en su personalidad, aun así posee cierto atractivo bastante remarcable. Con una estatura de 1.75, una complexión delgada y atlética, sin perder su figura de mujer, su cabello es corto y rojo, perfectamente peinado hacia atrás, sus cejas son negras y delineadas, posee unas largas pestañas que adornan sus oscuros ojos. Viste una camisa sin mangas roja, bastante ajustada así como larga, de manera que, debajo del cinturón de cuero, parece que lleva falda, además de un pantalón café y botas de cuero.

    – Bueno, pues resulta que por orden del comandante soy capitán sustituto de este batallón – Mostró el broche que le dieron.

    Las mujeres que estaban allí se sorprendieron al ver y escuchar que ese muchacho seria el comandante, mujeres que por cierto son parecidas a Xina, mujeres guerreras y rudas, así como bellas la mayoría. Y digo la gran mayoría por que el batallón número 3 de esa compañía está formado en su mayor parte por mujeres.

    – Eso no le gustará a la capitana, se va a enfadar mucho – Comentó una de las guerreras allí.

    – Si, lo sé, y me serviría que me respaldaras, Xina – Dijo él sabiendo bien que las cosas no serían tan fáciles, y podría necesitar apoyo.

    – Bien, iré detrás de ti, si te arranca la cabeza buscaré un lindo lugar para enterrarte – Sonrió de forma socarrona mientras lo seguía.

    – Amo tu apoyo, que bueno que somos amigos – Dijo con sarcasmo mientras entraba en la tienda.

    Al entrar en dicha tienda, lo primero que pudo ver fue a esa mencionada capitana sentada en una gran silla, de madera, rodeada por sus allegadas y allegados, pues si, también hay hombres en este grupo aunque son pocos. Con la entrada de Vand, todas las miradas se dirigieron a él, la mujer que se encontraba en esa silla era, sin duda, intimidante a simple vista.

    Su piel es oscura pues ella viene de las Tierras Xande muy al este de este reino, su cabello es oscuro, largo y esponjado pareciendo la melena de un león, su complexión es delgada pero con músculos marcados, aun así aun conserva su forma femenina, ayuda a eso también los grandes senos que posee. Al levantarse se puede apreciar mejor su estatura, y por mucho que sorprenda, es verdad, ella mide 1.90. Poseedora de una mirada exótica gracias a sus brillantes ojos verde esmeralda junto con agraciado rostro. La intimidante mujer viste una falda hecha de piel de tigre, botas de piel, y un top, también de piel de tigre. Así como varias joyas propias de su cultura, todas hechas de oro, pendientes, collares, y pulseras.

    – ¿Qué tenemos aquí? – Sonrío arqueando la ceja – El joven Vand Gaztard ¿A qué vienes a mi tienda, muchacho? – Se cruzó de brazos.

    – Me temo que es algo que no le va agradar – Caminó entre los allí presentes hasta quedar frente a ella – Son órdenes del comandante. Seré el capitán sustituto de este batallón.

    Al decir eso todo se quedó en silencio un largo momento, y la sonrisa de la capitana Siara desapareció. Las guerreras se miraron entre sí sin entender a qué se refería. La capitana se acercó hasta encarar a Vand, buscaba intimidarlo, cosa que no lograría pues el chico se propuso que no fuera así, mirándola a los ojos con una seria mirada.

    – No tenemos por qué hacer un problema de esto, capitana. Solo será esta vez, hagamos nuestro trabajo y el día de mañana no me volverá a ver por aquí – Sugirió de forma seria Vand.

    – ¿Crees que estas al nivel para dirigir a estas guerreras? – Cuestionó frunciendo el ceño.

    – Estoy seguro que sí – Fue la respuesta del joven – Llevó varios años en esta compañía y siempre he mostrado mis capacidades en combate.

    Se miraron a los ojos el uno al otro, una buscando debilidad y el otro mostrando firmeza y autoridad – Bueno, muchacho, dejare que nos dirijas, veremos de que estas hecho, Bisonte Blanco – Esas frase sonó más bien como un reto. Sin decir más volvió a su silla.

    – No hay tiempo que perder – Dijo serio mientras se colocaba el broche en el chaleco – ¡Prepárense para la batalla! – Sonó más rudo, autoritario. Quieran o no, ordenes son órdenes y todas las guerreras y guerreros, incluida la capitana, acataron.

    Vand salió de la tienda y se dirigió a la suya para prepararse también. Normalmente fungía como guardaespaldas del comandante, así que tenía un pequeña tienda para él solo, allí tiene sus cosas, así como su mejor amigo y vehículo, un bello y exótico bisonte blanco de las Tierras Frías, estos fueron domesticados hace mucho tiempo y por sus dimensiones, así como su fortaleza física ante las altas o bajas temperaturas, los habitantes de dichas tierras aprendieron a cabalgarlos. Acarició suavemente el lomo de su cuadrúpedo amigo.

    – Es hora de levantarse, holgazán, vamos a luchar – Sonrió ante los leves bramidos de su bestia y se dirigió a su tienda donde se prepararía.

    Mientras se colocaba su armadura, que constaría de una cota de malla ajustada y sin mangas, sobre esta se colocó el cinturón donde cuelgan las hachas de mano, brazales y grebas de hierro, con interior de piel para resultar cómodas, se ató el cabello en una cola de caballo y se dirigió al estante en el que reposa su arma principal. Un hacha de guerra, que además de tener la cabeza de hacha, en la parte superior posee una punta afilada para fungir como lanza. El mango tiene una protección de hierro en la parte frontal para evitar ser partida en combate, así como para bloquear ataques.

    – ¿Esa es un hacha bisonte? – Se escuchó la voz de cierta mujer entrando en la celda. Era Xina, quien también portaba su armadura, un peto de acero, brazales, grebas y cota de malla debajo de todo. Lleva un escudo y una espada.

    – Así es, solo las fabrican en el lugar donde nací, y los Gaztard somos diestros en su uso – Dijo mientras la empuñaba y se dirigía a la salida – ¿Qué te trae aquí? Creí que estarías con tus compañeras.

    – Pues soy guardaespaldas del capitán del tercer batallón – Dijo siguiéndolo – En este caso tu eres el capitán, así que te cuidaré la espalda, Ternero – esbozó una sonrisa confiada y amigable.

    Ella montó su caballo y él su bisonte, sin más que decir marcharon y se incorporaron al resto de la compañía. La cual consta de cuatro batallones de cincuenta hombres cada uno. Al frente del primer batallón marcha John “Butcher” comandante de toda la compañía con sus veinte escoltas. La marcha duraría, aproximadamente, dos horas hasta que por fin llegaron a Green Field. Para este momento la puerta principal había caído y los barbaros se abrían paso por las calles, desde donde la compañía estaba se escuchaban los gritos y el caos.

    – Tercer y cuarto batallón – Llamó el comandante a los capitanes que estaban cerca de él – Avancen, cuarto batallón asegura la muralla, tercero acaba con los invasores.

    Vand y el otro capitán asintieron y regresaron con sus respectivos grupos. Sonaron los cuernos y se acercaron a la entrada donde desmontaron para ingresar a pie, pues las calles de la ciudad resultan estrellas para la caballería. Como el comandante lo ordenó, el cuarto batallón tomó la muralla y las torres, donde encontraron escasa resistencia bárbara. Por otro lado, Vand, junto con las guerreras del 3er batallón, avanzaron por la calle principal, no se apresuraron para evitar ponerse en riesgo, aunque en la distancia se escuchaban los gritos de la batalla en la plaza central.

    Al doblar en un esquina los divisaron, estaban luchando contra los pocos guardias que quedaban, las barricadas apenas lograban detenerlos, aunque aun así pugnaban con fiereza para atravesarlas – Bien, que comience la fiesta – Se dijo así mismo Vand empuñando su gran hacha bisonte – ¡lanceros al frente, prepárense para cargar! – Ordenó, y con esta orden las guerreras con lanza y escudo ovalado se formaron al frente en una fila cerrada, con el escudo en alto y su lanza a un lado.

    Dicha orden también llamó la atención de los barbaros en la retaguardia, quienes volvieron sus miradas hacia los mercenarios recién llegados, dejando de lado su ofensiva contra los guardias para enfocarse en el 3er batallón – ¡Carguen! – Exclamó el capitán sustituto.

    La primera fila de guerreras con lanza avanzaron a toda velocidad con sus afiladas lanzas al frente, detrás de estas corrieron los demás. Los barbaros no se quedaron sin hacer nada, decidieron hacer una contra carga, ellos con sus escudos redondos y sus lanzas también. El golpe fue brutal, los escudos chocaron creando un gran estruendo acompañado de los gritos de guerra y los de dolor, por un lado la poderosa y salvaje Siara, haciendo gala de una fuerza y habilidad temible, atravesó el escudo de uno de sus rivales y, en el mismo movimiento, lo atravesó por completo a él, da una patada en el escudo para sacar su lanza del perforado cuerpo, así se arroja sobre el bárbaro sorprendido más cercano, atravesándolo sin piedad por el pecho.

    Los lanceros abren la formación y los otros guerreros del 3er batallón llegan al frente. El primero es Vand, quien desvía un ataque de espada con su hacha, patea el abdomen del rival haciéndolo doblarse y allí lo remata con un hachazo descendente en el cráneo, causando un gran reguero de sangre y demás pedazos de humano.

    Xina batalla mano a mano con dos hombres, uno golpe su escudo con una patada, pero ella resiste y lo aleja derribándolo, el segundo cree que pueda atacarla por la espalda lanzando una estocada con su lanza, ella lo ve y la esquiva, girando ágilmente para cortar la punta de esa lanza, salta hacia él golpeándolo en el rostro con el borde de su escudo, destrozándole los dientes y llevándolo al suelo. El primero regresa su acometida, lanza un corte vertical, la mujer logra detenerlo con su escudo, lo levanta rápido para desviar la espada enemiga y abrir la defensa del agresor, allí arroja un corte horizontal en el abdomen del bárbaro, causando una herida profunda y mortal. Xina regresa su mirada al que tiró los dientes, y en el suelo simplemente lo apuñala en el cuello con su espada, antes de avanzar le corta el cuello al primero.

    El capitán sigue su lucha feroz. Un bárbaro con una lanza intenta una carga en su contra, corre con el escudo y lanza en alto, Vand lo espera con el hacha empuñada con ambas manos, cuando el lancero enemigo se acerca Vand salta rápidamente hacia un lado, el bárbaro intenta proteger su flanco expuesto con el escudo, pero el objetivo del capitán está más abajó, agachándose ágilmente agita con fuerza su arma y en un solo corte cercena la pierna derecha de su adversario, está apunto de ejecutarlo cuando otro lo ataca por la espalda con una estocada de espada, el capitán logró verlo en el último momento esquivando, casi, el ataque, pues logró hacerle un corte superficial en el costado izquierdo.

    Ahora están cara a cara y Vand empuña su hacha bisonte con ambas manos. Su enemigo no es simple bárbaro mas, por el escudo adornado, el casco y la cota de malla – Así que tú eres el líder de esta horda ¿No? – Sonríe arrogante el Gaztard.

    – Así es, tú debes ser el líder de este grupo de mercenarios ¿No? – Responde con seriedad el capitán bárbaro.

    – Vand Gaztard – Arroja un golpe diagonal con el hacha, este impacta en el escudo del adversario haciéndolo retroceder – A tu servicio.

    El bárbaro no se impresiona, salta hacia su enemigo intentando una estocada certera, Vand retrocede evitándola, al instante sigue con un corte ascendente que Vand bloquea con el mango del hacha para luego patear el escudo de su enemigo haciéndolo retroceder otra vez – Vamos viejo, capitán contra capitán, dalo todo – Retó Vand de forma burlona.

    El Bisonte Blanco vuelve a intentar un golpe vertical hacia su rival, esta vez el capitán bárbaro se planta firme y bloquea el hacha precipitadamente logrando abrir la defensa del mercenario, arroja una feroz estocada, Vand logra reaccionar saltando hacia un lado y soltando su hacha, no sin llevarse otro corte en el mismo costado, para su suerte la cota de malla lo salvó de una herida peor. Rueda por el suelo para tomar distancia a su rival.

    – ¿Qué pasa muchacho? ¿Se te cayó algo? – Se burla el bárbaro, pateando el hacha bisonte alejándola de Vand.

    – No viejo, pero a ti pronto se te caerán las vísceras – Gruñó un poco molesto y adolorido por la herida en su costado. Toma sus dos hachas mano para continuar el combate

    El bárbaro golpea su escudo con su espada a menara de provocación, Vand agita sus hachas haciéndolas girar en sus manos. El Gaztard se acerca rápidamente golpeando con gran velocidad el escudo de su enemigo con sus hachas, este arroja un corte horizontal, Vand salta a un lado atacando por el flanco descubierto, cosa que no funciona pues el capitán reacciona arrojando su escudo de forma horizontal buscando golpear al mercenario, quien debe saltar hacia atrás para evitar ese golpe.

    Vand mira a su rival, será mejor intentar una nueva estrategia – Este sujeto es hábil y fuerte, no es como la otra bola de inútiles que componen esta horda – Se dijo así mismo.

    Entonces arroja una de sus hachas, el capitán reacciona cubriéndose para que el arma se clave en su escudo, Vand aprovecha esto y corre para retomar su hacha bisonte. El capitán lo ve y va tras él para evitarlo, el mercenario se arroja hacia el arma retomándola, rueda por el suelo y se incorpora, el bárbaro se lanza con un corte descendente, el mercenario responde bloqueando instantáneamente el ataque con el mango del hacha, allí patea con fuerza el escudo del bárbaro para alejarlo, aprovecha la distancia y arroja un feroz golpe descendente de hacha, impacta en el escudo enemigo haciéndolo retroceder, antes que el bárbaro logre reaccionar el mercenario vuelve con el mismo golpe aturdiéndolo y haciéndolo retroceder más, al tiempo que ese escudo comenzaba a ceder.

    – Aquí es acaba viejo – Sonríe Vand arrojando otro golpe con todas sus fuerzas, acompañado de un grito feroz, logra partir el escudo, dejando que el hacha destroce el brazo del capitán.

    Al segundo el mercenario usa la punta del hacha para clavarla en el cuello del bárbaro, con tal fuerza que no solo perforó el cuello si no que le rompió la tráquea, lo que daría como resultado una muerte terriblemente dolorosa y agónica. Vand se toma un momento para recuperar el aliento, fue un duelo difícil, por honor acaba con el sufrimiento de su rival, clavando la punta de su lanza en el corazón de su enemigo.

    Recupera el hacha que clavó en el escudo del enemigo y vuelve la mirada al campo de batalla. En ese momento otro bárbaro se acercó a toda velocidad con una maza como arma, Vand aseguro que con un corte horizontal podría detenerlo, no obstante, al arrojarlo el bárbaro se agachó en el último momento, golpeando fuertemente la pierna de Vand, justo por debajo de la rodilla, golpe que pudo haberle partido la pierna de no ser por las grebas de hierro que lo salvaron de una lesión grave.

    Aun así el golpe fue suficiente para hacerlo arrodillarse y soltar un alarido, quedando a merced del bárbaro que amenazaba con un nuevo golpe – ¡Capitán! – Gritó Xina al ver lo que ocurría, con gran habilidad arrojó su espada clavándola en el pecho del bárbaro.

    Vand suspiró aliviado al ser salvado por su compañera, pero el dolor aun no le permitía levantarse. Logró ver otro bárbaro mas que se acercó a toda velocidad con su espada en alto buscando dar un corte desentender en Vand. El mercenario debió reaccionar rápido, tomó una hacha de mano con la izquierda y con esta detuvo el corte de la espada, la desvió abriendo la defensa del enemigo y allí usó la punta del hacha bisonte, clavándola en el estómago del enemigo. Haciendo esfuerzo, y cojeando se levanta empujando al rival para sacarlo de su arma, estando en el suelo el bárbaro, Vand toma su hacha y la levanta en alto para dejarla caer y decapitarlo.

    Lo barbaros se van quedando atrás, aun con su salvajismo no son rivales para los mercenarios, y su moral se va exigiendo cada vez más, sobre todo cuando ven a la salvaje y poderosa guerrera Xande que lucha cual leona hambrienta en el frente ¿Qué clase de fuerza tiene esta mujer? Que aun cuando el enemigo se cubre con su escudo ella lo atraviesa con su lanza hasta clavarla en la carne enemiga. El terror invade a los barbaros al verla avanzar, cubierta de sangre, que hace relucir su oscura piel.

    Es así que lo barbaros fueron reducidos, cuando solo quedaban un par de decenas decidieron huir a través de un callejón cercano, para su mala suerte, al otro lado estaba el 4rto batallón esperándolos para acabarlos y dar por terminando esa batalla. Con las estadística siguientes: 3er batallón, 51 guerreros, bajas 8, heridos 12 vs Horda bárbara, 89 guerreros, bajas 89.

    – Bien hecho, capitán. Ganamos – Dijo Xina, quien ayudaba a Vand a caminar, pues ese dolor en la pierna no lo dejaba hacerlo.

    – Por favor, yo no hice nada, la guerreras lo hicieron todo, Siara debió matar a unos veinte ella sola – Suspiró adolorido y cojeando.

    – Aun así, tú fuiste el capitán y eso te da mérito. Bisonte Blanco – Sonrió de forma amable y respetuosa.
     
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