Explícito A fantastic World

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 11 Octubre 2018.

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    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    163
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    A fantastic World
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    422
    PROLOGO

    El mundo terrenal, un vasto y maravillo lugar lleno de grandes naciones, cada una con su cultura y características propias. Un lugar en el que humanos y seres mágicos conviven, ya sea por las buenas o por las malas. Del este al oeste y del sur al norte, no hay tierra en este bello mundo que no esté cubierta por la raza humana.

    Han pasado tantos siglos desde la última gran guerra, ¿cuanto falta para que una nueva época de guerra florezca en este fantástico mundo? Solo los cielos los saben.

    Y por cielos me refiero a los seres que habitan en un mundo superior, lugar donde residen todos y cada uno de los dioses en los que los humanos creen. Cada cultura ha desarrollado una atracción y fidelidad a un dios en específico, despreciando casi con odio a las demás por motivos de fe.

    Los dioses, como gobernantes auténticos del mundo terrenal, se han cansado ya de los constantes conflictos y guerras creadas por humanos, tanta masacre y crueldad ha terminado por molestar a todos y cada uno de los dioses de cada facción. Frustrados por las conducta y naturaleza humana, llena de violencia y maldad, han decidido que poner fin a esa especie.

    Aun con esta decisión, cabe la redención, redención que una facción de dioses está dispuesta a conceder a los humanos. Para ello enviaran seres desde el cielo para ayudarlos a encontrar esa redención que salvará la vida de su especie.

    Esta es la historia de un grupo de cinco humanos, cinco hermanos separados por funestos acontecimientos, vendidos como esclavos para afrontar diferentes destinos. Tres hombres, dos mujeres, separados por un tirano y sentenciados a vidas para las que no nacieron. Es aquí donde el destino, o los dioses, intervendrán para que las cosas sucedan a su voluntad.

    Uno de esos cinco, quien busca incesantemente a sus hermanos, vencerá a cualquier persona, bestia o animal que se interponga en su camino. No sabe que el destino le tiene algo más grande reservado, algo tan grande que sería imposible imaginar, un largo camino deberá recorrer, un camino en el que recibirá la ayuda del cielo.

    Es aquí donde comienza nuestra historia, será una gran y fiera aventura para todos, no salgáis a cabalgar tan campante por este mundo, la muerte y el dolor acechan en cada rincón, después de todo, este es un mundo fantástico.

    ADVERTENCIA, ESTE FIC CONTIENE: Violencia, gore, sexo explicito, abusos, lenguaje ofensivo, tortura y muerte de personajes
    Se recomienda discrecion
     
    Última edición: 5 Noviembre 2018
  2. Threadmarks: Capítulo 1: El mercenario, parte 1
     
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
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    Título:
    A fantastic World
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    5158
    Capítulo 1: El mercenario, parte 1
    1 de marzo, año 920 de la tercera era. Reino de Gale

    Es una fresca y cálida mañana en el mundo terrenal, el sol, rey de todo en el cielo, se eleva una vez más para iluminar la vida. Los bastos y extensos valles del Reino Gale parecen resplandecer en verde ante la luz del sol. Vamos a dirigirnos hacia una ciudad cercana donde un conflicto se está llevando acabo, el nombre de este poblado es Green Field, Es una no muy gran ciudad, la mayoría de las construcciones están hechas de madera, roca y paja, destacando únicamente el templo y el ayuntamiento, que son los únicos edificios que sobresalen de entre todas las pequeñas casas y edificios, todo esto es resguardado por una muralla de roca.

    – ¡Arqueros, arqueros, a las murallas! – Gritaba con fuerza y autoridad un soldado. El hombre corría a toda velocidad por la calle principal de la ciudad.

    No era un joven soldado, más bien era un veterano que posiblemente tenía un rango considerable. Ataviado con una cota de malla, grebas, escudo y espada, además de un casco pulido, lideraba a un grupo de guardias locales, carentes de cualquier equipo, salvo un casco y un chaleco de cuero, una espada de baja calidad, arco y unas pocas flechas en un carcaj. El grupo liderado por el viejo hombre llegó a la puerta principal de la ciudad, allí otros guardias hacían lo posible para tapear y obstruir dicha entrada, la cual, era golpeada una y otra vez desde el exterior.

    Jóvenes y viejos hacían todo lo posible para evitar que dicha puerta cayera. En los adarves de la muralla se ve a los arqueros haciendo todo lo posible por diezmar a los atacantes, hasta que alguno es alcanzado por una flecha o jabalina del exterior.

    – Comandante, comandante – Llamaba un herido hombre que se acercó al viejo – Son demasiados, no podremos contenerlos – Explicaba agotado mientras contenía la herida en su hombro, probablemente causada por una flecha – Son cerca de cien barbaros los que están allí afuera, comandante, nosotros apenas tenemos un puñado de cincuenta guardias locales, no somos rivales.

    – Tenemos que hacerlo, capitán. Esos barbaros no puede atravesar esas puertas o estaremos acabados antes del medio día – Respondió el viejo llevando al herido hasta una banca cercana – descansa, tomaré el mando por ahora. ¡Síganme! – Ordenó a quienes iban con él.

    A toda velocidad subieron por una escalara para llegar a la cima de la muralla, desde allí pudieron tener una buena vista de los causantes de tal alboroto. Un considerable grupo de hombres, que son alrededor de cien, hacen lo necesario para entrar a la ciudad. Ellos pugnaban con fuerza para derribar la puerta usando un ariete, los otros se mantenían en la distancia esperando poder entrar, debían cubrirse con sus escudos para evitar ser alcanzados por una flecha desde la muralla, así como también ellos tienen arqueros en sus filas, quienes se cubrían detrás de sus compañeros con escudo para cargar las flechas, salían de la cobertura y disparaban a los defensores de la muralla, logrando algunas bajas ocasionalmente.

    – ¡Arqueros, a los parapetos! – Ordenó el comandante empuñando su espada levantada – ¡Disparen a voluntad!

    A la orden del comandante los arqueros recién llegados soltaron una ráfaga de flechas sobre los atacantes, sin embargo, apenas causaron unas pocas bajas, la mayoría se cubrieron con los escudos.

    – ¡No dejen de disparar! – Insistió el hombre gruñendo frustrado al ver poco daño causado.

    Un joven soldado subió rápidamente hasta llegar a él, se notaba agotado, quizás por correr mucho o tratar de reforzar la puerta.

    – Comandante, la puerta no aguantará mucho más, los hombres hacen lo posible para mantener la posición. Es cuestión de tiempo para que cedan por completo ¿Qué debemos hacer? – Preguntó notándose asustado y desesperado.

    – Recobra el aliento y los pantalones, muchacho, esto aún no termina – Respondió de forma seria, manteniendo aun la calma – ¿Qué hay de los civiles?

    – Todos han sido llevados al templo, están atrincherados allí, como usted ordenó – Informó respirando un poco agitado, buscando recobrar el valor.

    – Bien, lleva a la mitad de todos los hombres a la plaza central, hagan barricadas con lo que puedan, en un momento los alcanzaremos, llevaremos la batalla allí – Ordenó el viejo hombre, mirando al muchacho.

    Este asintió y se propuso regresar con los demás, cosa que no lograría, pues una flecha lo alcanzó clavándose profundo en su cabeza, ante los ojos del comandante, quien no pudo hacer nada – ¡Hijos de puta! – Maldijo a los atacantes mirándolos con ojos cargados de ira – ¡Mantengan la posición tanto como les sea posible! – Ordenó a los arqueros.

    Tuvo que ser el quien llevara las ordenes a los hombres que estaban en la calle principal esperando la caída de la puerta – ¡Ustedes, conmigo! – Llamó a un grupo que de momento no hacía nada – ¡Mantengan la puerta cerrada tanto como puedan, no la dejen caer ante nada! – Se dirigió a los que tapeaban la entrada.

    Guió al primer grupo de regreso a la plaza central frente al templo del Dios Creador, donde normalmente estaría el mercado, ahora solo había puestos vacíos – Rápido, hagan barricadas y cierren las calles que llegan aquí, defenderemos esta zona tanto como podamos – Ordenó.

    Los hombres comenzaron a desarmar los puestos y apilarlos en las calles tratando de crear esas “barricadas”. El viejo comandante se tomó un momento para recobrar el aliento, los años pesaban sobre él y su condición física ya no rendía tanto como en sus mejores años. Miró el templo buscando esperanzas en el símbolo que este posee en su entrada

    – Por favor, dios de la creación, no nos abandones ahora, ayuda a nuestro gobernador para que traiga refuerzos antes que esos barbaros quemen todo y nos masacren. Te lo ruego, gran dios de la creación – Se tomó ese momento para arrodillarse y juntar sus manos elevando una oración a su dios.

    Dejamos el caos de esta ciudad y nos alejamos por la vereda principal, varios kilómetros hasta llegar a una pequeña aldea junto a un rio. Dicha población de bastante pequeña y se ve claramente que la principal fuente de trabajo es la pesca, carece de un medio de defensa o de construcciones grandes, pero es en una taberna de ese lugar donde cierta reunión ocurre.

    El lugar estaba concurrido, hombres y mujeres comían y bebían tranquilamente llenando las bancas y mesas del lugar. Un viejo y adinerado hombre hablaba con otro de no muy apacible apariencia.

    – Por favor, señor John, mientras más tiempo pase más civiles van a morir en Green Field, se lo suplico, lleve a sus tropas cuanto antes, y le prometo que todo el oro que prometí será suyo – Decía de forma suplicante el viejo hombre, aunque muy bien vestido, pues sus ropajes era de calidad así como las joyas que llevaba.

    Ese hombre con quien hablaba, John, es un sujeto con una apariencia intimidante, alto, cerca del 1.85, su cabello es oscuro y corto, algo despeinado, posee una larga y frondosa barba negra, así como un par de ojos en color café, no tiene la apariencia de un guerrero cualquiera, es más bien gordo, sin embargo se nota fornido. Viste una camisa manga larga negra de tela y unos pantalones cafés, así como botas de cuero, en su cintura lleva un grueso cinturón de cuero y de esta cuelga la funda de un hacha de mano.

    Detrás de este sujeto había un par de hombres que vestían de igual forma, aunque estos se veían más serios, portan lanzas y escudos redondos, son los guarda espaldas de ese barbudo hombre denominado John.

    – Eres un viejo bribón ¿te lo han dicho? – Rió John mientras comía un poco de carne y bebía una buena cerveza que escurría por su barba – Cuando me pediste venir aquí me dijiste que mis hombres tendrían tiempo para llegar a la ciudad y descansar un poco antes de la batalla, ahora me dices que la batalla ya comenzó y debemos marchar a toda velocidad para detenerlos. Eso no es muy justo, señor gobernador.

    – Le juro por dios que no tenía idea de eso, me acabo de enterar hoy al amanecer, los barbaros debieron apresurar sus planes al ver la oportunidad – Se excusó, y por su forma de rogar no parecía mentir – Le prometí 1,000 monedas de oro, le daré 1,250 si marcha contra ellos de inmediato.

    – Eso suena más interesante. Quizás arriesgue a mis hombres por ello, pero, puede que estén algo cansados, algunos morirán si los envió así – buscaba formas de meter más precio, John sabía que sus hombres podrían marchar sin problemas y luchar, solo quería sacarle más al gobernador.

    – pero… bueno, que tal 1,250 monedas de oro y… y 200 más de plata – El pobre viejo buscaba como podría pagar, tendría que echar mano incluso de sus ahorros personales.

    – ¡Eso suena mejor! – Dejó caer su tarro con fuerza en la mesa, articulando una enorme y victoriosa sonrisa – ¡Muchachos, prepárense para marchar! – Ordenó a los que estaban comiendo.

    Así es, todos los que estaban comiendo allí, hombres y mujeres, eran mercenarios y con la orden de John debían dejar su caliente comida y preparase para marchar.

    – Llama a los capitanes – Le dijo a uno de sus guardaespaldas mientras se levantaba de la mesa.

    – ¿A los cuatro, comandante? – Preguntó el escolta antes de salir.

    – Buena pregunta – Respondió pensativo – No, le advertí a Siara que si me faltaba al respeto tendría consecuencias – Se acarició la barba pensativo. En ese momento fijó la mirada en un joven de su compañía que terminaba de comer antes de salir con su compañero – Y ya sé cómo humillarla un poco, llama a los otros tres y no a ella – Fue su orden al tiempo que su escolta se retiraba – Oye, muchacho, ven.

    Aquel joven al que llamaba tendría, quizás, 26 años de edad, es alto, llegando al 1.85, su cabello es oscuro y largo, al llevarlo suelto es alborotado, sus cejas son pobladas y dan seriedad a su mirada, mirada de ojos grisáceos, posee una barba oscura corta pero muy poblada. Es de complexión delgada y fornida. Viste una camisa manga larga blanca, sobre la cual lleva un chaleco de cuero, un pantalón café y botas de piel, un cinturón de cuero del cual cuelgan dos hachas de mano.

    – Comándate – Respondió el joven con respeto a su líder.

    – Dijiste que esta seria tu ultima misión en mi compañía ¿Verdad? – Cuestionó John de forma seria.

    – Así es señor. Ha sido un honor servir por estos años en la prestigiosa Compañía de Mercenarios de John Butcher, pero debo encaminar mi viaje hacia el sur, usted sabe mejor que nadie mis motivos – Fue la respuesta, el joven poseía una voz gruesa y varonil, no obstante la suavizaba a la hora de hablar con un superior.

    – Es una linda forma de mandarnos al diablo, Vand – Rió John – Pero no importa, es normal que los mercenarios solo sirvan unos años y luego se retiren. El punto, también me dijiste que querías alguna clase de reconocimiento que te sirviera en un futuro para entrar en alguna otra compañía o el ejército ¿No?

    – Bueno, esperaba una especie de reconocimiento, siempre y cuando se me dé la oportunidad de ganármelo – Respondió el joven.

    – Pues es tu día de suerte – Buscó en su bolcillo y sacó una especie de broche en forma de hacha de carnicero – Un broche de capitán mercenario con mi sello, con esta baratija todas las compañías de mercenarios afiliadas al gremio de este reino, sabrán que serviste como capitán para mí, eso es un buen reconocimiento, podrás entrar en cualquier otra compañía, o el ejército o las mujeres se abrirán de piernas para ti – Rió y dio un gran trago a su cerveza.

    – Es un honor, comandante ¿Qué debo hacer para ganarlo? – No pudo evitar sonreír un poco mientras miraba el broche.

    – Sencillo, fungirás como capitán sustituto en el 3er batallón – Sonrió sabiendo bien como reaccionaria.

    – Es un honor para…. Espere ¿El 3er batallón? El batallón de la capitana Siara, no creo que ella vaya a estar de acuerdo con eso, las guerreras de ese batallón solo lo respetan a usted, si les doy ordenes terminaré con sus lanzas atravesándome – Alegó sorprendido.

    – ¿Le tienes miedo a una mujer? – Arqueo la ceja sonriendo, pues no sería él el único que le temiera esa mujer.

    – Ella no es cualquier mujer y usted lo sabe, comandante – Replicó suspirando.

    – Bueno, si quieres el broche eso debes hacer. Dirigirás el 3er batallón y atacaras primero – Se encogió de hombros el comandante.

    – Bien, bien, lo haré, o al menos lo intentaré – bufó y tomó el broche para luego salir del lugar.

    – Si no impone su voluntad terminará empalado por esa loca – Rió John terminado su cerveza.

    El joven Vand se dirigía hacia una de las casas de campaña donde estaría la mujer a quien debía comunicar su asignación como capitán sustituto. En la entrada de dicha casa de campaña había un par de mujeres conversando, y una de ellas vió al joven.

    – Vaya, vaya, el “Ternero” viene a visitar a sus compañeras – Rió esa mujer al verlo, pues lo conocía de bien.

    Xina – Suspiró rodando los ojos – No sabes cómo detesto que me llames “Ternero”, mi mote es “Bisonte blanco

    – Si supieras lo poco que me importa, Vand – Rió y se levantó para acercare – ¿Qué te trae por aquí? Tú no eres de este batallón. Eres uno de los escoltas del comandante, deberías estar con él.

    Xina, una mujer guerrera, una mercenaria, no es exactamente muy femenina, diría que no es nada femenina en su personalidad, aun así posee cierto atractivo bastante remarcable. Con una estatura de 1.75, una complexión delgada y atlética, sin perder su figura de mujer, su cabello es corto y rojo, perfectamente peinado hacia atrás, sus cejas son negras y delineadas, posee unas largas pestañas que adornan sus oscuros ojos. Viste una camisa sin mangas roja, bastante ajustada así como larga, de manera que, debajo del cinturón de cuero, parece que lleva falda, además de un pantalón café y botas de cuero.

    – Bueno, pues resulta que por orden del comandante soy capitán sustituto de este batallón – Mostró el broche que le dieron.

    Las mujeres que estaban allí se sorprendieron al ver y escuchar que ese muchacho seria el comandante, mujeres que por cierto son parecidas a Xina, mujeres guerreras y rudas, así como bellas la mayoría. Y digo la gran mayoría por que el batallón número 3 de esa compañía está formado en su mayor parte por mujeres.

    – Eso no le gustará a la capitana, se va a enfadar mucho – Comentó una de las guerreras allí.

    – Si, lo sé, y me serviría que me respaldaras, Xina – Dijo él sabiendo bien que las cosas no serían tan fáciles, y podría necesitar apoyo.

    – Bien, iré detrás de ti, si te arranca la cabeza buscaré un lindo lugar para enterrarte – Sonrió de forma socarrona mientras lo seguía.

    – Amo tu apoyo, que bueno que somos amigos – Dijo con sarcasmo mientras entraba en la tienda.

    Al entrar en dicha tienda, lo primero que pudo ver fue a esa mencionada capitana sentada en una gran silla, de madera, rodeada por sus allegadas y allegados, pues si, también hay hombres en este grupo aunque son pocos. Con la entrada de Vand, todas las miradas se dirigieron a él, la mujer que se encontraba en esa silla era, sin duda, intimidante a simple vista.

    Su piel es oscura pues ella viene de las Tierras Xande muy al este de este reino, su cabello es oscuro, largo y esponjado pareciendo la melena de un león, su complexión es delgada pero con músculos marcados, aun así aun conserva su forma femenina, ayuda a eso también los grandes senos que posee. Al levantarse se puede apreciar mejor su estatura, y por mucho que sorprenda, es verdad, ella mide 1.90. Poseedora de una mirada exótica gracias a sus brillantes ojos verde esmeralda junto con agraciado rostro. La intimidante mujer viste una falda hecha de piel de tigre, botas de piel, y un top, también de piel de tigre. Así como varias joyas propias de su cultura, todas hechas de oro, pendientes, collares, y pulseras.

    – ¿Qué tenemos aquí? – Sonrío arqueando la ceja – El joven Vand Gaztard ¿A qué vienes a mi tienda, muchacho? – Se cruzó de brazos.

    – Me temo que es algo que no le va agradar – Caminó entre los allí presentes hasta quedar frente a ella – Son órdenes del comandante. Seré el capitán sustituto de este batallón.

    Al decir eso todo se quedó en silencio un largo momento, y la sonrisa de la capitana Siara desapareció. Las guerreras se miraron entre sí sin entender a qué se refería. La capitana se acercó hasta encarar a Vand, buscaba intimidarlo, cosa que no lograría pues el chico se propuso que no fuera así, mirándola a los ojos con una seria mirada.

    – No tenemos por qué hacer un problema de esto, capitana. Solo será esta vez, hagamos nuestro trabajo y el día de mañana no me volverá a ver por aquí – Sugirió de forma seria Vand.

    – ¿Crees que estas al nivel para dirigir a estas guerreras? – Cuestionó frunciendo el ceño.

    – Estoy seguro que sí – Fue la respuesta del joven – Llevó varios años en esta compañía y siempre he mostrado mis capacidades en combate.

    Se miraron a los ojos el uno al otro, una buscando debilidad y el otro mostrando firmeza y autoridad – Bueno, muchacho, dejare que nos dirijas, veremos de que estas hecho, Bisonte Blanco – Esas frase sonó más bien como un reto. Sin decir más volvió a su silla.

    – No hay tiempo que perder – Dijo serio mientras se colocaba el broche en el chaleco – ¡Prepárense para la batalla! – Sonó más rudo, autoritario. Quieran o no, ordenes son órdenes y todas las guerreras y guerreros, incluida la capitana, acataron.

    Vand salió de la tienda y se dirigió a la suya para prepararse también. Normalmente fungía como guardaespaldas del comandante, así que tenía un pequeña tienda para él solo, allí tiene sus cosas, así como su mejor amigo y vehículo, un bello y exótico bisonte blanco de las Tierras Frías, estos fueron domesticados hace mucho tiempo y por sus dimensiones, así como su fortaleza física ante las altas o bajas temperaturas, los habitantes de dichas tierras aprendieron a cabalgarlos. Acarició suavemente el lomo de su cuadrúpedo amigo.

    – Es hora de levantarse, holgazán, vamos a luchar – Sonrió ante los leves bramidos de su bestia y se dirigió a su tienda donde se prepararía.

    Mientras se colocaba su armadura, que constaría de una cota de malla ajustada y sin mangas, sobre esta se colocó el cinturón donde cuelgan las hachas de mano, brazales y grebas de hierro, con interior de piel para resultar cómodas, se ató el cabello en una cola de caballo y se dirigió al estante en el que reposa su arma principal. Un hacha de guerra, que además de tener la cabeza de hacha, en la parte superior posee una punta afilada para fungir como lanza. El mango tiene una protección de hierro en la parte frontal para evitar ser partida en combate, así como para bloquear ataques.

    – ¿Esa es un hacha bisonte? – Se escuchó la voz de cierta mujer entrando en la celda. Era Xina, quien también portaba su armadura, un peto de acero, brazales, grebas y cota de malla debajo de todo. Lleva un escudo y una espada.

    – Así es, solo las fabrican en el lugar donde nací, y los Gaztard somos diestros en su uso – Dijo mientras la empuñaba y se dirigía a la salida – ¿Qué te trae aquí? Creí que estarías con tus compañeras.

    – Pues soy guardaespaldas del capitán del tercer batallón – Dijo siguiéndolo – En este caso tu eres el capitán, así que te cuidaré la espalda, Ternero – esbozó una sonrisa confiada y amigable.

    Ella montó su caballo y él su bisonte, sin más que decir marcharon y se incorporaron al resto de la compañía. La cual consta de cuatro batallones de cincuenta hombres cada uno. Al frente del primer batallón marcha John “Butcher” comandante de toda la compañía con sus veinte escoltas. La marcha duraría, aproximadamente, dos horas hasta que por fin llegaron a Green Field. Para este momento la puerta principal había caído y los barbaros se abrían paso por las calles, desde donde la compañía estaba se escuchaban los gritos y el caos.

    – Tercer y cuarto batallón – Llamó el comandante a los capitanes que estaban cerca de él – Avancen, cuarto batallón asegura la muralla, tercero acaba con los invasores.

    Vand y el otro capitán asintieron y regresaron con sus respectivos grupos. Sonaron los cuernos y se acercaron a la entrada donde desmontaron para ingresar a pie, pues las calles de la ciudad resultan estrellas para la caballería. Como el comandante lo ordenó, el cuarto batallón tomó la muralla y las torres, donde encontraron escasa resistencia bárbara. Por otro lado, Vand, junto con las guerreras del 3er batallón, avanzaron por la calle principal, no se apresuraron para evitar ponerse en riesgo, aunque en la distancia se escuchaban los gritos de la batalla en la plaza central.

    Al doblar en un esquina los divisaron, estaban luchando contra los pocos guardias que quedaban, las barricadas apenas lograban detenerlos, aunque aun así pugnaban con fiereza para atravesarlas – Bien, que comience la fiesta – Se dijo así mismo Vand empuñando su gran hacha bisonte – ¡lanceros al frente, prepárense para cargar! – Ordenó, y con esta orden las guerreras con lanza y escudo ovalado se formaron al frente en una fila cerrada, con el escudo en alto y su lanza a un lado.

    Dicha orden también llamó la atención de los barbaros en la retaguardia, quienes volvieron sus miradas hacia los mercenarios recién llegados, dejando de lado su ofensiva contra los guardias para enfocarse en el 3er batallón – ¡Carguen! – Exclamó el capitán sustituto.

    La primera fila de guerreras con lanza avanzaron a toda velocidad con sus afiladas lanzas al frente, detrás de estas corrieron los demás. Los barbaros no se quedaron sin hacer nada, decidieron hacer una contra carga, ellos con sus escudos redondos y sus lanzas también. El golpe fue brutal, los escudos chocaron creando un gran estruendo acompañado de los gritos de guerra y los de dolor, por un lado la poderosa y salvaje Siara, haciendo gala de una fuerza y habilidad temible, atravesó el escudo de uno de sus rivales y, en el mismo movimiento, lo atravesó por completo a él, da una patada en el escudo para sacar su lanza del perforado cuerpo, así se arroja sobre el bárbaro sorprendido más cercano, atravesándolo sin piedad por el pecho.

    Los lanceros abren la formación y los otros guerreros del 3er batallón llegan al frente. El primero es Vand, quien desvía un ataque de espada con su hacha, patea el abdomen del rival haciéndolo doblarse y allí lo remata con un hachazo descendente en el cráneo, causando un gran reguero de sangre y demás pedazos de humano.

    Xina batalla mano a mano con dos hombres, uno golpe su escudo con una patada, pero ella resiste y lo aleja derribándolo, el segundo cree que pueda atacarla por la espalda lanzando una estocada con su lanza, ella lo ve y la esquiva, girando ágilmente para cortar la punta de esa lanza, salta hacia él golpeándolo en el rostro con el borde de su escudo, destrozándole los dientes y llevándolo al suelo. El primero regresa su acometida, lanza un corte vertical, la mujer logra detenerlo con su escudo, lo levanta rápido para desviar la espada enemiga y abrir la defensa del agresor, allí arroja un corte horizontal en el abdomen del bárbaro, causando una herida profunda y mortal. Xina regresa su mirada al que tiró los dientes, y en el suelo simplemente lo apuñala en el cuello con su espada, antes de avanzar le corta el cuello al primero.

    El capitán sigue su lucha feroz. Un bárbaro con una lanza intenta una carga en su contra, corre con el escudo y lanza en alto, Vand lo espera con el hacha empuñada con ambas manos, cuando el lancero enemigo se acerca Vand salta rápidamente hacia un lado, el bárbaro intenta proteger su flanco expuesto con el escudo, pero el objetivo del capitán está más abajó, agachándose ágilmente agita con fuerza su arma y en un solo corte cercena la pierna derecha de su adversario, está apunto de ejecutarlo cuando otro lo ataca por la espalda con una estocada de espada, el capitán logró verlo en el último momento esquivando, casi, el ataque, pues logró hacerle un corte superficial en el costado izquierdo.

    Ahora están cara a cara y Vand empuña su hacha bisonte con ambas manos. Su enemigo no es simple bárbaro mas, por el escudo adornado, el casco y la cota de malla – Así que tú eres el líder de esta horda ¿No? – Sonríe arrogante el Gaztard.

    – Así es, tú debes ser el líder de este grupo de mercenarios ¿No? – Responde con seriedad el capitán bárbaro.

    – Vand Gaztard – Arroja un golpe diagonal con el hacha, este impacta en el escudo del adversario haciéndolo retroceder – A tu servicio.

    El bárbaro no se impresiona, salta hacia su enemigo intentando una estocada certera, Vand retrocede evitándola, al instante sigue con un corte ascendente que Vand bloquea con el mango del hacha para luego patear el escudo de su enemigo haciéndolo retroceder otra vez – Vamos viejo, capitán contra capitán, dalo todo – Retó Vand de forma burlona.

    El Bisonte Blanco vuelve a intentar un golpe vertical hacia su rival, esta vez el capitán bárbaro se planta firme y bloquea el hacha precipitadamente logrando abrir la defensa del mercenario, arroja una feroz estocada, Vand logra reaccionar saltando hacia un lado y soltando su hacha, no sin llevarse otro corte en el mismo costado, para su suerte la cota de malla lo salvó de una herida peor. Rueda por el suelo para tomar distancia a su rival.

    – ¿Qué pasa muchacho? ¿Se te cayó algo? – Se burla el bárbaro, pateando el hacha bisonte alejándola de Vand.

    – No viejo, pero a ti pronto se te caerán las vísceras – Gruñó un poco molesto y adolorido por la herida en su costado. Toma sus dos hachas mano para continuar el combate

    El bárbaro golpea su escudo con su espada a menara de provocación, Vand agita sus hachas haciéndolas girar en sus manos. El Gaztard se acerca rápidamente golpeando con gran velocidad el escudo de su enemigo con sus hachas, este arroja un corte horizontal, Vand salta a un lado atacando por el flanco descubierto, cosa que no funciona pues el capitán reacciona arrojando su escudo de forma horizontal buscando golpear al mercenario, quien debe saltar hacia atrás para evitar ese golpe.

    Vand mira a su rival, será mejor intentar una nueva estrategia – Este sujeto es hábil y fuerte, no es como la otra bola de inútiles que componen esta horda – Se dijo así mismo.

    Entonces arroja una de sus hachas, el capitán reacciona cubriéndose para que el arma se clave en su escudo, Vand aprovecha esto y corre para retomar su hacha bisonte. El capitán lo ve y va tras él para evitarlo, el mercenario se arroja hacia el arma retomándola, rueda por el suelo y se incorpora, el bárbaro se lanza con un corte descendente, el mercenario responde bloqueando instantáneamente el ataque con el mango del hacha, allí patea con fuerza el escudo del bárbaro para alejarlo, aprovecha la distancia y arroja un feroz golpe descendente de hacha, impacta en el escudo enemigo haciéndolo retroceder, antes que el bárbaro logre reaccionar el mercenario vuelve con el mismo golpe aturdiéndolo y haciéndolo retroceder más, al tiempo que ese escudo comenzaba a ceder.

    – Aquí es acaba viejo – Sonríe Vand arrojando otro golpe con todas sus fuerzas, acompañado de un grito feroz, logra partir el escudo, dejando que el hacha destroce el brazo del capitán.

    Al segundo el mercenario usa la punta del hacha para clavarla en el cuello del bárbaro, con tal fuerza que no solo perforó el cuello si no que le rompió la tráquea, lo que daría como resultado una muerte terriblemente dolorosa y agónica. Vand se toma un momento para recuperar el aliento, fue un duelo difícil, por honor acaba con el sufrimiento de su rival, clavando la punta de su lanza en el corazón de su enemigo.

    Recupera el hacha que clavó en el escudo del enemigo y vuelve la mirada al campo de batalla. En ese momento otro bárbaro se acercó a toda velocidad con una maza como arma, Vand aseguro que con un corte horizontal podría detenerlo, no obstante, al arrojarlo el bárbaro se agachó en el último momento, golpeando fuertemente la pierna de Vand, justo por debajo de la rodilla, golpe que pudo haberle partido la pierna de no ser por las grebas de hierro que lo salvaron de una lesión grave.

    Aun así el golpe fue suficiente para hacerlo arrodillarse y soltar un alarido, quedando a merced del bárbaro que amenazaba con un nuevo golpe – ¡Capitán! – Gritó Xina al ver lo que ocurría, con gran habilidad arrojó su espada clavándola en el pecho del bárbaro.

    Vand suspiró aliviado al ser salvado por su compañera, pero el dolor aun no le permitía levantarse. Logró ver otro bárbaro mas que se acercó a toda velocidad con su espada en alto buscando dar un corte desentender en Vand. El mercenario debió reaccionar rápido, tomó una hacha de mano con la izquierda y con esta detuvo el corte de la espada, la desvió abriendo la defensa del enemigo y allí usó la punta del hacha bisonte, clavándola en el estómago del enemigo. Haciendo esfuerzo, y cojeando se levanta empujando al rival para sacarlo de su arma, estando en el suelo el bárbaro, Vand toma su hacha y la levanta en alto para dejarla caer y decapitarlo.

    Lo barbaros se van quedando atrás, aun con su salvajismo no son rivales para los mercenarios, y su moral se va exigiendo cada vez más, sobre todo cuando ven a la salvaje y poderosa guerrera Xande que lucha cual leona hambrienta en el frente ¿Qué clase de fuerza tiene esta mujer? Que aun cuando el enemigo se cubre con su escudo ella lo atraviesa con su lanza hasta clavarla en la carne enemiga. El terror invade a los barbaros al verla avanzar, cubierta de sangre, que hace relucir su oscura piel.

    Es así que lo barbaros fueron reducidos, cuando solo quedaban un par de decenas decidieron huir a través de un callejón cercano, para su mala suerte, al otro lado estaba el 4rto batallón esperándolos para acabarlos y dar por terminando esa batalla. Con las estadística siguientes: 3er batallón, 51 guerreros, bajas 8, heridos 12 vs Horda bárbara, 89 guerreros, bajas 89.

    – Bien hecho, capitán. Ganamos – Dijo Xina, quien ayudaba a Vand a caminar, pues ese dolor en la pierna no lo dejaba hacerlo.

    – Por favor, yo no hice nada, la guerreras lo hicieron todo, Siara debió matar a unos veinte ella sola – Suspiró adolorido y cojeando.

    – Aun así, tú fuiste el capitán y eso te da mérito. Bisonte Blanco – Sonrió de forma amable y respetuosa.
     
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    Capítulo 2: El mercenario, parte 2
    1 de marzo, año 920 de la tercera era. Reino de Gale

    Con la última arremetida por parte de los mercenarios los pocos sobrevivientes bárbaros no tuvieron mayor opción que rendirse ante sus adversarios y ser capturados. Sin duda los bárbaros eran intimidantes, pero al final no eran guerreros diestros ni entrenados, solo eran una parda de hombres de montaña de apariencia ruda y escasa habilidad, fue por esto que no fueron rival ante los experimentados y entrenados miembros de la compañía de John Butcher.

    Con la finalización del combate los civiles pudieron dejar su encierro y salir a las calles para comenzar las labores de limpieza, reparación y recuento de bajas por parte de los valientes guardias locales, que, a pesar de su escasa habilidad, experiencia y equipo, hicieron frente a los barbaros tanto como pudieron.

    Por órdenes del gobernador todos los miembros de la compañía de mercenarios serian hospedados en las posadas de la ciudad, todo lo que consumieran seria pagado por el gobernador. Es así que hubo mucha alegría y jubilo en la ciudad gracias a la victoria.

    En otra zona de la ciudad, en un sanatorio, el joven capitán-sustituto era atendido por los sanadores, dichos hombres y mujeres son magos que han desarrollado conocimientos y técnicas para sanar heridas o tratar enfermedades, aunque claro, en parte requieren de conocimientos de alquimia para dicha labor. Vand estaba recostado en una cama mientras una muy joven sanadora curaba su herida, la chica era linda pero denotaba demasiada inocencia, eso fue, posiblemente, lo que evitó ser presa de la mirada furtiva del mercenario.

    – Listo, señor – Dijo la sanadora mientras terminaba de vendar la pierna al mercenario – Por suerte ese golpe no lastimó el hueso. Con el ungüento que le apliqué dejará de sentir dolor en un par de días, aunque sería bueno que descansara – Sugirió mientras se levantaba y tomaba su equipo.

    – Si, si, lo de siempre – Respondió. Sin importar la recomendación de la joven, Vand se puso de pie y se levantó de la cama para recoger su equipo, el cual se había quitado.

    – Señor, debe descansar para sanar más rápido – Insistió la joven.

    – Eso haré, pero no en un sanatorio, odio estos lugares – Bufó mirándola de reojo – Buscaré una cálida habitación en una posada. Gracias y adiós – Aun cojeando salió del lugar llevándose sus cosas.

    Al salir del sanatorio se topó con el algarabío de los mercenarios, guardias y civiles que celebraran. Mostrando cero interés en ello se encaminó hacia la posada más cercana. A los pocos minutos cierta mujer se acercó por detrás de él dándole un golpe en el brazo, un golpe suave a manera de saludo.

    – Aquí estas, ternero – Llamó Xina, carente de su armadura y solo llevando su ropa común – te estaba buscando por todo el jodido pueblo.

    – Xina – Arqueo la ceja ofendido por el apodo que esa mujer le puso – Cuantas veces debo decirte que odio que…

    – Si, ya sé “No me digas ternero, mi mote es, Bisonte Blanco” – Imitó de forma burlona el serio semblante de Vand – Ya relájate, Vand, solo es un juego.

    – Si, lo que digas – Rodó los ojos y negó con la cabeza, aunque articuló una leve sonrisa. Sin decir más siguió su camino con su menguado caminar.

    – ¿Necesitas ayuda con eso? – Sugirió la mujer refiriéndose al equipo de Vand. Lo tomó para que él no caminara tan lento – Casi lo olvido, te estaba buscando para que vayamos a tomar unos tragos con las chicas, la capitana Siara está muy impresionada por tu desempeño, quiere que brindes con ella, y quien sabe, tal vez le sugiera al comandante que te haga capitán segundo del tercer batallón – Comentaba la mujer con una gran sonrisa.

    – Me temo que eso no se podrá, Xina. Mañana a primera hora me iré – Respondió de forma tajante. No es que fuera tan frio, si no que no sabía cómo decirle a su mejor amiga que se iría de la compañía.

    – Entonces era cierto – Se escuchó decir a Xina al tiempo que detenía su caminar y agachaba la mirada – Te iras de la compañía.

    – Xina – Suspiró Vand mirándola sobre el hombro – Tu y el comandante siempre supieron, mejor que nadie, que tarde o temprano me iría. Sabes bien cuál es la misión que tengo.

    La mujer solo sonrió y levantó la mirada – Es verdad, debes encontrar a tus hermanos, ese es tu sueño ¿Verdad?

    – Así es, es lo que más deseo en la vida – Sonrió aliviado al ver que ella lo tomaba a bien.

    – Bueno, si es que esta será tu última noche con nosotros, debe ser especial – Rápidamente le devolvió sus cosas – Conseguiré algunas cosas para hacerte una buena despedida, luego te busco en la habitación donde te hospedes – Sin más que decir salió corriendo.

    Vand quedó desconcertado al verla irse tan de repente, pero la conocía bien, supuso que compraría alcohol y comida. Siguió hasta encontrar una buena posada donde pasar esa noche, se encargó de llevar hasta allí a su fiel mascota, el bisonte blanco, extrañamente, llamado Holgazán. Subió a dicha habitación donde solo se recostó en la cama para descansar.

    Las horas pasaron y llegó la tarde, algo aburrido decidió que bajaría a la taberna a beber algo, solo para matar el tiempo, se puso de pie y justo en ese momento tocaron a su puerta – Adelante – Respondió él.

    – ¿Vand? – Llamó Xina entrando, llevaba consigo un botella y un par de copas, así como una capa que la cubría por completo.

    – Una triste botella – Sonrió al verla – ¿Eso es todo lo que conseguiste para mi “Despedida”? – Se cruzó de brazos y rió un poco.

    – Que exigente – Sonrió, aunque fue una sonrisa coqueta. Se acercó a una mesa y sirvió dos copas de ese vino – Estoy seguro que esto te gustará – Lo miro sobre su hombro y en ese momento dejó caer la capa.

    Se deslizó sobre su cuerpo mostrando su desnudez. La mujer se presentaba ante él casi sin nada de ropa, lo único que lleva puesto eran un par de medias negras.

    La blanca piel de Xina estaba descubierta ante los ojos del mercenario, quien al instante se asombró. La pelirroja, aun siendo una mujer guerrera es dueña de una belleza cautivadora, comenzando por su esbelto y definido cuerpo, notándose el abdomen y lo brazos marcados, posee la sensual figura de una mujer, con un par de pechos de tamaño moderado con lindos pezones rosas, los cuales por el frio o por la situación están duros.

    Con una sonrisa sensual, y notando como el hombre se paralizaba ante la sorpresa, se acercó a él con un coqueto caminar, hasta estar cara a cara, donde se puede denotar la diferencia de estatura, siendo ella un poco más baja. Le entregó la copa con el vino.

    – Veo que te gustó la sorpresa, Vand – Rió solo un poco mientras tomaba un poco de su copa.

    – ¿Qué pretendes? – Cuestionó, tratando con toda su voluntad de mirarla a los ojos, cosa que no lograba pues su mirada se plantaba en eso redondos pechos.

    – ¿Tu qué crees, tonto? Si te vas a ir debo despedirte como te mereces – Se acercó al cuello del mercenario para susurrar esas palabras, mientras que con su otra mano acariciaba le acariciaba el pecho.

    Vand dejó la copa en una mesa. Antes que el mercenario lograra hacer algo ella lo empujó y lo tiró a la cama, él trató de incorporarse pero la mujer no lo dejaría ir tan fácil, se montó sobre él a horcajadas.

    – Xina, espera, recuerda lo que prometimos la última vez que hicimos esto… – Alegó él sonriendo un poco nervioso, mientras se mordía el labio inferior y detallaba el bello cuerpo que sobre él estaba.

    – Ya lo sé, y no te preocupes no lo he olvidado – Llevó su dedo a los labios del mercenario para que no siguiera hablando – No te equivoques, tonto, esto no es por amor, es por placer – La sonrisa de la mujer se volvió más pervertida.

    Tomó el resto del vino que había en la copa, para luego acercarse a Vand y besarlo para compartir el embriagante líquido. Para este punto la voluntad de Vand por evitarlo e terminó, y abrazándola por la cintura correspondió al beso, además de tragar con gusto el vino que los labios de la pelirroja le ofrecían. Rápidamente dio vuelta quedando sobre ella, dejó de momento los labios de la mujer y bajó para repartir besos en el cuello, acción que hizo suspirar y sonreír a Xina, las manos del mercenario se adueñaron de los senos de la mujer masajeándolos suavemente, con sus dedos estimulo los pezones.

    – Solo puedo decir una cosa – Se separó un poco de ella, sin dejar la posición, para disfrutar de la erótica vista – Soy un maldito afortunado – Al instante se quitó la camisa.

    – Quizás la afortunada sea yo – Lambiéndose los labios la mujer disfrutó plenamente de la vista de ese rudo y fornido torso de hombre.

    Volvió contra ella entre besos, abrazos, caricias y una que otra mordida. Vand terminó de quitarse la ropa y comenzó el acto en sí. Xina abrió y levantó sus piernas lo suficiente para que él pudiera tomarla, aunque no se esperó la ruda penetración. En un solo empujo el miembro del mercenario se clavó en ella, sacándole un pequeño grito y tensando su cuerpo.

    – ¡Cielos! – Exclamó, sintiendo un poco de dolor por tal estocada – Vand, no tienes que ser tan rudo conmigo, no hay nada que probar.

    – Quizás así dejes de llamarme ternero – La tomó por la cintura, pasó su lengua lentamente jugando con uno de sus pezones.

    – Ti, típico orgullo masculino – Se mordió el labio y arqueo la espalda ante esa juguetona lengua – Bien, demuéstrame de que estas hecho, niño.

    Le mordió suavemente el pezón y comenzó a moverse dentro de ella. En principio era lento y profundo, aprovechándose del tamaño de su miembro le sacaba suspiros y jadeos en cada empuje, al tiempo que no separaba su boca de esas suaves tetas, intercalando entre cuál de ellas chupar. Xina jadeaba sonriendo mientras acariciaba el cabello y arañaba un poco la espalda del mercenario.

    Vand comenzó a aumentar la velocidad de sus movimientos, ella comenzó a sentirse presa de ese placer demostrándolo con sus gemidos, que aumentaban a la par que las embestidas del mercenario eran más rápidas.

    – ¿Qué pasa? ¿A caso lo estás disfrutando demasiado? – Cuestionó él mirándola de forma retadora sin detener sus movimientos – Al parecer hasta un “ternero” puede complacerte.

    – No, no es el momento para tus, tus burlas, Vand – Desvió la mirada, trataba de hablar y mirarlo, pero los gemidos que soltaba inconscientemente no la dejaban, además que la pervertida y furtiva mirada del mercenario sobre ella la hacían sonrojarse.

    Vand sabía que tenía el control de la situación, así que se aprovechó de eso para sacarle aún más suspiros, pues es lo que más disfrutaba escuchar. Levantó más las piernas de ella hasta su cintura para tener una mejor posición y lograr llegar más profundo. Xina, llenándose de esta nueva intensidad las enredó para aferrarse más a él. Acarició el rostro de Vand, sin embargo él tomó las muñecas y la aprisionó.

    – ¿Que, que haces? – Se sorprendió por el sometimiento.

    El Bisonte Blanco solo sonrió y su bombeo se tornó fuerte y rudo. Ella trató de zafarse del agarre de su compañero, no lo lograba pues él es más fuerte. Dicha situación los excitaba más a ambos. Pero el joven Bisonte no mantiene un ritmo constante, los sensuales sonidos de esa mujer lo enloquecen y animan, su velocidad y fuerza aumenta, cosa que solo la hace a ella disfrutar más, presa de ese placer los gemidos comenzaban a volverse gritos leves.

    – Vaya, la instructora se rinde ante el placer de su alumno, que situación tan más excitante – Rió al tiempo que lamia lentamente los labios de Xina.

    – Cállate – Alegó en medio de un grito de placer – Te, te he dicho que no digas eso mientras lo hacemos, solo me recuerdas que soy mayor que tú, idiota – Volteo el rostro para evitar la lasciva lengua de Vand.

    – Eso no tiene nada de malo, a mí siempre me han gustado las mujeres mayores – Besaba y pasaba su lengua por el cuello de Xina, haciéndola erizarse y temblar.

    – Ya deja de decir eso – Sus manos trataron de liberarse del agarre una vez más – Si, si vuelves a decir que soy mayor te voy a golpear, idiota – Parecía algo molesta ante esa charla, pero el enorme sonrojo que aparecía en sus mejillas decía lo contario.

    Vand solo sonrió y se dedicó a hacer aún mejor su trabajo de hombre. Dejando de lado la charla el lugar solo llenó de suspiros, gemidos, jadeos y gritos por parte de ambos. Los cuerpos de ambos comenzaron a transpirar, al tiempo que la luz del a luna entraba en la oscura habitación, haciéndolos brillar muy ligeramente.

    Ella veía a un joven y fuerte hombre tomándola con rudeza, pero a la vez con afecto, pues los labios de Vand solo se dedicaron a besar su dulce y suave piel. Él veía a una hermosa mujer con la que había compartido años y buenos momentos, mujer que siempre había respetado y apreciado, mujer que ahora se encuentra ante él entregada y presa de su placer.

    – Vand – Llamó ella con una voz suave. Miró al chico y articulando una sonrisa – Bésame, Bisonte Blanco.

    Se sorprendió un poco por la forma en que lo pidió, hasta el punto en que él se ruborizó. Soltó los brazos de ella y se acercó para fundir sus labios en un beso suave pero duradero, ella se aferró a él aún más, mientras que él la envolvía con sus fuertes brazos. Las lenguas de ambos comenzaron a jugar entre si durante ese beso que se prolongó. Las manos de cada uno se dedicaron a acariciar y disfrutar del cuerpo del otro, y con el pasar de los minutos el clímax mutuo se hizo inevitable.

    – Vand – jadeó con cierta desesperación Xina – No te, no te detengas ahora, cariño.

    – Estoy cerca, preciosa – suspiraba él también, forzándose para no menguar sus movimientos en este último momento.

    – Juntos, Vand, hagámoslo juntos – Sonrió y lo atrajo hacia sus pechos, donde lo abrazó con fuerza.

    Un gran gemido femenino junto a los jadeos y suspiros masculinos marcaron el final de ese acto.

    Ambos terminaron sin fuerzas. Él se removió de ella quedando boca arriba, Xina lo siguió y se acurrucó en el pecho de Vand, a lo que él respondió abrazándola.

    – Parece que has mejorado – Dijo ella acariciando el pecho del mercenario – He sido una buena instructora ¿No? – Rió un poco avergonzada.

    – Has sido la mejor, Xina, sin dudas – Respondió sonriendo y acariciando el cabello de ella.

    Los minutos pasaron en silencio y el sueño amenazó por vencerlos a ambos.

    – Es una pena que tengas que irte, te voy a extrañar mucho – Bostezó – Pero sé que encontrar a tus hermanos es lo que más deseas, y estoy de acuerdo con eso. Espero, poder conocerlos algún día.

    – No tienes que ver esto como un adiós. Sé que nos volveremos a ver algún día, no podría alejarme para siempre de mi mejor amiga – La miró solo para notar que ya se había dormido – Te vez linda así. Descansa, Xina.

    El Gaztard se dispuso a dormir también, pues debía salir temprano por la mañana para seguir su camino.

    2 de marzo, año 920 de la tercera era. Reino de Gale

    Son las primeras horas del día, el sol apenas comienza a asomarse por el horizonte. Para este momento Vand estaba tomando sus cosas de la habitación, estaba ya vestido y equipado. Desde la cama, Xina lo miraba con una nostálgica sonrisa. Cuanto había cambiado ese joven desde que lo conoció hacía ya diez años, cuando era solo un tonto muchacho de dieciséis años, ella en ese entonces tenía veintidós.

    – Ya es hora, debo partir – Dijo mirándola sobre su hombro.

    – Ven, acércate – Llamó ella sentándose al borde la cama, cubriendo su desnudez con la manta.

    Él se acercó a ella tranquilamente, al instante ella le robó un beso.

    – Xina – Se alejó un poco avergonzado – Habíamos acordado que solo habría besos durante el sexo.

    – Lo sé, pero es la última vez que te veré en quien sabe en cuentos años, solo los dioses saben con cuantas mujeres te acostaras – Rió por la reacción de él.

    – ¿Acaso estas celosa? – Dijo de forma soberbia.

    – Ya quisieras, eso fue para que me recuerdes, tonto. Puedes acostarte con todas las que quieras, aun así nada podrá cambiar que yo fui la primera mujer para ti – Sonrió de forma soberbia – Cuídate mucho, Vand y te deseo toda la suerte del mundo en tu viaje.

    Solo sonrió ante lo que ella decía, ocultando el sonrojo en sus mejillas – Tu también cuídate Xina, y mejora para que algún día puedas ser la capitana del 3er batallón, aunque tengas que pasar por encima de Siara.

    Sin más que decir, ambos se dieron un fuerte y afectuoso abrazo, para que luego el mercenario saliera del lugar con su equipaje. Encontró a su fiel mascota y vehículo, recostado en la entrada.

    – Ya es hora de despertar, Holgazán. Debemos irnos – Llamó suavemente mientras acariciaba el lomo del animal para que este despertara.

    Mientras montaba el equipaje sobre su mascota, alguien se acercó por detrás de él – Sabia que te encontraría aquí a esta hora, Vand – Dijo la voz de un hombre. El joven mercenario volvió la mirada para ver quién era.

    – ¿Comandante? – Cuestionó al ver a John Butcher allí – ¿No es muy temprano para que usted esté despierto?

    – No todos los días debo despedirme de uno de mis mejores hombres – Rió él acercándose – Quería darte eso – Le arrojó una pequeña bolsa, en la cual había monedas de plata.

    – No se preocupe comandante, el administrador de la compañía ya me pagó y me dio una liquidación – Alegó buscando devolverle la bolsa.

    – Ya lo sé, Bisonte Blanco. Esto es un bono que te doy a título personal, por tu lealtad y desempeño como mi escolta y como mi mejor alumno – Sonrió para él, una sonrisa llena de orgullo y aprecio.

    – Vamos, no es que yo haya sido un buen alumno, es que tuve un gran maestro – Respondió el joven guardado el dinero.

    – Si, eso es verdad – Rió con orgullo – Aun así. Es una pena que tengas que irte, tenías un gran futuro en esta compañía, pensaba en darte el mando del 2do batallón en unos meses. Pero decidiste irte a buscar a tus hermanos – Agachó la mirada.

    – Comandante… Señor, John, usted sabe que es lo que más deseo en…. – Trato de explicar, pensado que el hombre estaba algo decepcionado o molesto.

    – Y estoy orgulloso por eso – Respondió interrumpiendo la explicación del Gaztard – Para un guerrero como tú, ser mercenario es poca cosa, aun eres joven y tienes un mundo lleno de oportunidades, me alegra que no te conformes con lo que tienes – Se acercó a él y colocó su mano sobre el hombro Vand – De todos los tontos a los que he entrenado y me han servido como escoltas tu eres el mejor.

    – Me honra con sus palabras com…. Maestro – Sonrió sintiendo el honor de esas palabras, no cualquiera se ganaba tales elogios por parte del mismo John Butcher.

    – Te deseo la mejor de las suertes, Vand Gaztard, que los dioses ponga de su lado para ayudarte a encontrar a tus hermanos. Me gustaría conocer a todos los hermanos Gaztard algún día.

    – Le prometo que cuando estemos juntos lo visitaré, maestro – Sonrió y estrecho la mano de John.

    – Si algún día necesitas la ayuda de John Butcher y su compañía, no dudes en buscarnos, aquí tienes buenos amigos, muchacho – Correspondió al gesto del joven, para luego abrazarlo – No olvides nunca todo lo que yo y Xina te enseñamos, así ningún idiota se meterá contigo.

    – Estoy de acuerdo con eso – Sonrió con nostalgia solo de recordar las clases que recibió de este hombre y aquella mujer.

    Sin más que decir montó si equipaje sobre Holgazán y luego se subió a su lomo, se despidió de su maestro y emprendió el camino. Es pues que el joven Vand Gaztard emprende su viaje hacia el sur, actualmente se encuentra en el Reino de Gale¸ su objetivo es llegar a otra nación llamada Reino de Orzos para lo cual debe emprender una marcha de cientos de kilómetros, pero el mercenarios está decidido a ello, tiene dinero, sus armas y sobre todo a su fiel y querido bisonte blanco, Holgazán ¿Qué más puede necesitar?

    6 de marzo, año 920 de la tercera era. Reino de Gale.

    Nos encontramos en una bella pradera, los árboles y vegetación alta son escasos, solo se puede ver el pasto que crece en kilómetros, piedras enormes y pequeñas inundan el lugar también, los únicos atisbos de árboles se encuentran en el bosque que en el horizonte se vislumbra. Es por esta zona que nos encontramos con el joven mercenario Vand, cabalga a paso lento sobre lomos de su mascota mientras mira un mapa. Viste de igual forma salvo que agregó una capa a su atavío.

    – Bien, estamos cerca del Bosque Green, eso significa que si sigo viajando hacia el sur por un día más, llegaré a la ciudad amurallada de Londein, capital del Reino de Gale, desde allí puedo tomar las carreteras empedradas que me llevaran, más o menos en ocho o diez días, hasta la frontera con el reino de Orzos, al llegar… – Arqueo la ceja detallando algo en el mapa – Pues al llegar tendré que conseguir otro jodido mapa – Guardó el que tenía en sus manos y miró al cielo – Ya está por anochecer, hoy descansaremos aquí, Holgazán.

    A los pocos minutos se acomodaron en el lugar donde descansarían, Holgazán se tomó este momento para pastar a gusto, hay pasto suficiente para saciarse. Vand tendió en el pasto una manta y usaría un saco como almohada, además de tomar una hogaza pequeña para comer.

    – El camino no es tan claro, la única pista que tengo para encontrarlos es dar con la compañía de esclavistas que de los llevaron. Según lo que mi maestro me dijo, ellos siempre guardan registro de a quién y a donde venden cada esclavo, deben tener información sobre mis hermanos – Suspiró recostándose y mirando al cielo – Ya han pasado diez años ¿Qué habrán hecho con ellos? ¿Cómo se verán ahora? – titubeo y apretó la mandíbula – ¿Estarán aún con vida? Me da terror pensar que pudieran haber muerto, son la única familia que me queda, sin ellos el apellido Gaztard, el recuerdo de nuestro padre y madre y lo que hicieron para salvarnos se perderá.

    Su mascota se acercó a él lamiendo un poco su rostro – Lo sé amigo – Sonrió y acarició la cabeza de Holgazán – En el fondo de mi corazón sé que ellos están vivos. Mamá siempre dijo que nosotros nunca nos separaríamos, mientras los cinco hermanos Gaztard estén juntos nada malo podrá pasar. Pero, pero han pasado diez años desde que nos separaron – Sintió un nudo en la garganta.

    El bisonte se hecho a su lado para estar cerca de su amo y dormir – ¿Me pregunto si es raro que pueda entender lo que intentas expresar sin hacer un solo ruido o solo es mi mente que interpreta erróneamente tus acciones? – Rió dejando de lado sus preocupaciones. El bisonte solo mugió levemente y cerró los ojos – Lo sé, estas cansando.

    Antes de hacerlo Vand miró al cielo para apreciar las hermosas estrellas y la imponente luna que reinan en el cielo. Todo parecía tan calmo en esos momentos. Sus ojos amenazaban con cerrarse, sin embargo, algo en el firmamento llamó su atención.

    – ¿Qué es eso? – Se levantó para ver mejor, incluso se frotó los ojos para asegurarse que no fuera una visión o algo así.

    En el cielo una luz se movía, no solo eso, parecía precipitarse a tierra a gran velocidad. Vand se puso de pie sorprendido – ¿A caso es una estrella que se está cayendo? Eso, eso es imposible, las estrellas no se caen – Sea lo que sea esa luz se acercaba más y más. Pasó a gran velocidad cerca de Vand, creando una gran ventisca fría que hizo volar la manta del mercenario así como despertar al bisonte. Luego se estrelló en medio de aquel bosque en la distancia

    El mercenario no daba crédito a lo que con sus propios ojo vió – ¿Eso era una estrella? La luz era blanca y no emitía ningún tipo de calor. Holgazán, ponte en pie amigo, debemos saber que era esa cosa – Ordenó llenándose de una gran curiosidad.

    Tan rápido como pudo se montó sobre su fiel mascota y emprendieron una carreta hacia el bosque donde cayó esa gran luz. Sin embargo, Holgazán es una animal muy resistente a los cambios de temperatura, así como adaptado a cargas pesadas y caminar grandes distancias sin agotarse, pero carece de una gran velocidad. Tardó un poco en llegar hasta el inició del bosque, para ese momento la luz del objeto que había caído se había extinguido, se pudo ver la forma en la que destrozó los arboles a su paso.

    Bajó de holgazán y tomó sus dos hachas de mano y se adentró en el bosque, siguiendo la estela de árboles dañados y derribados que esa cosa había dejado. De la nada se escuchó un gritó, el grito de una mujer.

    – Parece una chica – Se dijo así mismo – Muchas historias de terror empiezan así – Pensó un poco nervioso, pero el grito se escuchó una vez más.

    – ¡Auxilio, ayuda! – Gritaba la voz de una mujer, parecía joven por el tono.

    Sorprendido, pero decidido, apresuró su paso hasta dónde provenía el grito. Salió de entre unos arbustos para vislumbrar la siguiente escena: en medio de ese lugar, lo que sea que había caído, desintegró los arboles cercanos y las rocas, cubriendo el lugar con arenas blancas, desde allí ya todo se tornaba raro. En ese lugar había una mujer de piel blanca quien era atacada y sometida de forma vil por un par de sátiros que buscaban tomarla por la fuerza. La chica, que estaba completamente desnuda, gritaba y lloraba desesperada tratando de zafarse de ese par de lascivas criaturas.

    Vand estaba desconcertado ante lo que veía, reaccionó rápidamente y arrojó una de sus hachas dándole justo en un cuerno a uno de ellos, cuerno que partió en dos. Los dos sátiros reaccionaron al ver al hombre, soltaron a la chica y retrocedieron de forma amenazante gruñendo y mostrando los dientes.

    – ¡Lárguense! – ordenó preparándose a luchar con su otra hacha.

    Estos no estaban dispuestos a dejar ir a su presa, se mantuvieron firmas hasta que oyeron el bravo bramido de un bisonte que se precipitó por un lado y con gran fuerza embistió a uno de los sátiros arrojándolo varios metros dentro del bosque, ante eso, el otro no tuvo más opción que escapar a toda velocidad.

    – Sátiros, que seres más repugnantes – Se dijo así mismo Vand mientras retomaba su arma.

    Luego volvió la mirada a la chica. Ella estaba sentada en el suelo llorando mientras cubría su rostro con sus manos. Su piel es muy blanca y con la luz de la luna parece brillar un poco, sus cabellos son del mismo color, blancos y muy largos, aparenta ser joven y no muy alta. Su bello y esbelto cuerpo era fácil de apreciar por su carencia de ropaje.

    Vand se acercó lentamente, la chica seguía llorando, un llanto que parecería el de una niña asustada, y es que su encuentro con los sátiros la había aterrado. El mercenario se quitó la capa para cubrirla – Oye, niña, tranquila ya estas a salvo – Suavizó su voz para que se sintiera más segura.

    – ¿Qué eran esa, esas horribles cosas? – Preguntó con una muy tierna y dulce voz – Trataron de tocarme y llevarme, fue aterrador.

    – Eran sátiros, seres del bosque, son criaturas asquerosas y lascivas, es una suerte que te encontré, niña – Explicó, a pesar de que él no es precisamente una persona piadosa y compresible, la chica le causaba cierta compasión.

    – No, no soy una niña – Entonces levantó su mirada revelando su rostro y sus ojos ante Vand.

    Poseía la belleza de una doncella y un par de ojos azules que brillan cual zafiros, no era una niña claramente, aun así, hay cierta inocencia en su semblante. La mirada del mercenario se perdió en esos preciosos ojos sin darse cuenta.

    – ¿Por qué me miras así? – Alegó cubriéndose con la capa sintiéndose un poco incómodo por el mirar de Vand.

    – Lo siento – Reaccionó y desvió la mirada. Recordó el motivo por que había llegado a ese lugar – ¿Tu viste la estrella que cayó del cielo? Estoy seguro que cayó aquí, pero no veo más que arena.

    – ¿Una estrella? – Preguntó ella mientras se levantaba y buscaba algo entre las arenas – Eso no fue una estrella, fui yo.

    – No, claro que fue… – La miró arqueando la ceja – ¿Qué dijiste? ¿Tú caíste del cielo?

    – Así es – Sonrió al encontrar lo que buscaba. Entre las arenas había un libro grande y algo viejo – Disculpa ¿No tendrás un poco de ropa que me sirva? Al parecer mi vestido no resistió el viaje – Lo miró con una leve sonrisa y un poco de vergüenza. Para su suerte la capa de Vand la cubría por completo del cuello hasta los pies.

    – Oye, niña… –

    – No soy una niña – Espetó ofendida – Soy una mujer, tengo 21 años.

    – Bueno – Rodó los ojos – Regresando al tema, quiero saber qué fue lo que cayó del cielo, debe ser una clase de tesoro, y lo quiero.

    – Ya te dije, tonto, fui yo, y no es la forma de decirlo, pero sí, soy un tesoro, no por nada soy una de las Ángeles de la Piedad más bellas – Sonrió de forma orgullosa y se acomodó el cabello detrás de su oreja – ¿A que sí?

    – ¿Dijiste ángel? – Se cruzó de brazos y la miró incrédulo, ignorando eso último que ella dijo, comenzaba a pensar que era alguna clase de loca que solo quería burlarse de él.

    – Así es – Hizo una leve reverencia – Es un honor conocer a un humano, mi nombre es Helena, mimbro honorifico de la orden de los Ángeles de la Piedad. Soy experta en curación, lectura mágica, interpretación de los sentimientos, visualización y lectura de aura, también… – Ella parecía estar presentándose aunque las cosas que decía jamás Vand las había oído.

    – Ya, ya basta de tonterías – Espetó comenzando a molestarse, pues pesaba que se burlaba de él – Eres una clase de bruja o hechicera de una de esas raras ordenes o sectas de fanáticos ¿Verdad? Si no me vas a decir donde está lo que cayó del cielo…

    – ¡Ya te dije que yo fui quien cayó del cielo, soy un ángel enviada por los dioses de la Facción Blanca! – Exclamó molesta por tener que repetirlo una vez más.

    – Sabes que, sea lo que sea que cayó del cielo no me importa, no voy a discutir contigo toda la noche – Se dio por vencido – Me largo, dame mi capa.

    – ¿Qué? Espera, sabes que estoy desnuda – retrocedió un poco nerviosa y sonrojada – ¿Acaso así es como los humanos tratan a las mujeres? – Lo miró con ojos fingiendo tristeza.

    – Oye, yo también la necesito señorita “ángel” – Se acercó a ella – Porque no usas tu alas imaginarias y te vas volando de aquí – Se burló de ella.

    – ¿Alas imaginarias? – Miró sobre su hombro – Espera. Ya entiendo, no crees que sea un ángel por que no puede ver mis alas ¿Verdad? – Él no estaba dispuesto a seguir escuchándola, solo quería recuperar su capa. Entonces ella se lo demostró. En una de sus manos tenía un anillo de oro, al quitárselo, aparecieron.

    Vand se sorprendió y cayó al suelo asombrado – Son, son alas, alas de verdad – Se frotó los ojos pesando que era una ilusión.

    – Lo vez, humano tonto, soy un ángel de verdad, este anillo me lo dieron antes de venir a este mundo, sirve para ocultar nuestras alas – La chica tenía en su espalda un par de bellas alas blancas de un considerable tamaño. Helena debió quitare la capa para no romperla y usó sus alas para cubrir su cuerpo.

    – Esto es imposible, los, los ángeles son un mito, son solo leyendas – Se puso de pie atónito ante lo que miraba.

    – Pues no, somos reales… Hmmm, podrías darte vuelta – Pidió con un rubor en sus mejillas. Vand lo hizo aun sin dar crédito a lo que vió. Ella se colocó el anillo y desapareció sus alas, para luego volver a cubrirse con la capa – Listo.

    – Si, si eres un ángel real ¿A qué has venido a este mundo? – Cuestionó mirándola de pies a cabeza.

    – Los dioses de la facción blanca me enviaron a este mundo con una misión. Debo encontrar a un humano y guiarlo para convertirse en el próximo Regente Legendario – Explicó mientras tomaba su libro y se acercaba a él.

    – ¿Qué es un regente legendario? – Preguntó con cierta curiosidad.

    – Un regente legendario es una persona que se alza cada cierto tiempo para crear un reino o imperio que dure miles de años y que marque la historia de este mundo. El último regente fue Aurelio Dacito, fundó el Imperio de Civis hace 900 años, Aurelio creó su imperio al detener el avance de las legiones de elfos que buscaban dominar al mundo. Una gran guerra está por iniciar en esta época, por eso los dioses de la facción blanca necesitan que un nuevo regente legendario se alce y detenga la guerra.

    El Gaztard miró a Holgazán, quien le miró también como si ambos estuvieran confundidos por lo que ella explicó – Bien… Hmmm, ¿y como encontraras a ese, ese sujeto que será el regente legendario? – Preguntó

    – Para eso es este libro – Sonrió mostrándoselo – En él están todas las profecías e información del pasado que pueden servir para guiarlo, estoy casi segura que es un hombre.

    – ¿Y sabes su nombre? – Miró el libro. Arqueo la ceja al notar que todas las hojas estaban en blanco – Aquí no hay nada.

    – Es que los humanos comunes no pueden ver las letras mágicas, una hechicera o un mago podría – Lo hojeo hasta llegar a la primera, donde se pudo ver que habían arrancado varias hojas – Este es mi mayor problema, antes de ser enviada aquí un ángel de la Facción Roja intentó robarme el libro, y terminó por arrancar las primeras páginas que tenían la información de esa persona – Suspiró – No tengo idea de quién puede ser.

    – Entonces están en problemas, en este mundo ha millones de personas, si no sabes siquiera su nombre jamás lo encontraras – Le dio la espalda y se dispuso a subir a su bisonte.

    – Lo sé, pero si no cumplo esta misión jamás podré volver a mi mundo, estaré atrapada aquí para siempre – Se acercó y tomó el brazo de Vand suavemente – ¿Podría acompañarte a donde sea que te dirijas? Con el pasar de los días debe aparecer más información que me ayude a encontrarlo y, bueno, ya viste lo que me pasó, no quiero deambular sola en un mundo que no conozco – Pidió haciendo que sus ojos brillaran un poco, quizás apropósito para convencerlo.

    Vand la miró y arqueo la ceja, aunque no lo admitiera eso lindos ojos hacían mella en su frialdad. Suspiró y miró a Holgazán, quien solo mugió – Él dice que está bien, que le agradas. Además disfruta de la compañía femenina – Sonrió y subió al bisonte, para luego ayudarla a ella a subir también.

    – Que curioso – Subió con cuidado para que la capa no revelara su desnudez – Una de mis superiores dijo que el hombre a quien busco también disfruta de las mujeres, aunque no estoy segura a que se refería – Comentó pensativa.

    Vand la miró sobre su hombro arqueando la ceja – Ya estoy más convencido que realmente eres un ángel.

    – Dejando eso de lado, podrías ayudarme a conseguir algo de ropa, es la primera vez que alguien me, me ve desnuda – Dijo con vergüenza aferrándose a la capa.
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    Lamento la longitud del cap, no supe en que punto cortarlo, pero bueno. Espero os haya gustado y nos vemos.
     
    Última edición: 29 Octubre 2018
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    Arec

    Arec Crítico

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    ¡Hola!

    Será una historia bastante larga, al parecer. Me intriga conocer más sobre la familia Gaztard, saber cuántos hombres y mujeres había, ¿por qué quedó él separado de ellos? ¿Están los otros juntos? ¿Cómo es que se unió a los mercenarios de John Butcher? ¿Cómo era de joven? ¿Cómo se hizo de Holgazán? Ay, son demasiadas incógnitas, ¡espero que poco a poco se vayan desvelando!
    También me interesa saber más sobre los mercenarios de John Butcher, en especial, quizá un reencuentro en un futuro con Xina -1313(?)-, espero que no la reencuentre cuando ella ya esté muerta... o que sus hermanos lo estén cuando los encuentre... uff, aún así, promete demasiado. En especial, con la adherencia de la chica ángel, por un momento pensé que iba a convertirse en una historia de aliens medievales en ese momento (aunque oye, no suena tan mal la idea(?)).

    En fin, espero mucho de esta historia, tienes potencial, me habría gustado hacer más comentarios con respecto, pero sinceramente, olvidé muchos cuando llegué al final. De igual forma, tomé algunas notas sobre algunos detalles que noté, de modo que puedas mejorar tu expresión, tu gramática y tu ortografía. Claro, desde mi punto de vista, es una crítica que bien puede ser ignorada o implementada, pero no lo hago con afán de ofender ni mucho menos, sé que es un gran esfuerzo escribir una historia tan larga, pero ¿qué mejor que hacerlo de la manera correcta? Debo admitir que yo también he aprendido bastantes detallitos con esto, así que espero no sea una molestia para ti.
    Esperaré realmente los capítulos que continúen, y no dudes en publicar en mi perfil cuando haya continuación o algo, para no perderme!


    Como comenté anteriormente, en el momento que leía, había muchos comentarios que quería hacer con respecto a la historia, pero sinceramente, al llegar al final se me olvidaron la mayor parte, jeje (?), pero bueno, creo que de ahí vendría lo primero.
    Yo creo que hacer capítulos un poco más cortos sería idóneo, al fin y al cabo, como lector, ¿cómo reacciona uno ante tantas sensaciones que el mismo escrito provoca? Fácilmente puedo decir que la segunda parte me provocó intriga, emoción, risa y... e.e, fue tonto de mi parte no haber visto el tag +18 y el "Explícito" jamás pensé se refiriera a eso, así que me tomó por sorpresa, no podría decir que mala sorpresa, igual, jajajaja. Sin embargo, en Da Rules, la regla 21d dice que debe haber algún mensaje de advertencia al inicio de la historia, en el menciones el tipo de temas explícitos que se tratarán, así que te sugeriría que revisaras eso.

    Para las sugerencias de correcciones, lo desglosaré por capítulos, de modo que sea más ordenado y fácil:

    Prólogo:
    El prólogo considero que está perfecto, da la información necesaria sobre lo que tratará la novela, te pone en sintonía dándote a grandes rasgos lo que acontece. También hace un enfoque a groso modo sobre los protagonistas. Me agrada.

    Hay una observación, sin embargo, que me gustaría mencionar. En el segundo párrafo, utilizas una interrogación, sin colocar coma antes de este, y con mayúscula después del signo de apertura:

    El "cuándo", creo que debería ser un "cuánto", según el sentido de la oración, aunque claro, esto seguramente es un error de dedo como personalmente me ha ocurrido muchas veces. Sin embargo, he de remarcar que antes de un signo de interrogación de apertura, siempre y cuando la pregunta está en medio de la oración, se utiliza coma como finalización del primer enunciado, y se comienza con minúscula, a menos que haya un punto en vez de una coma. Esta regla gramatical tiene algunas excepciones: no se utiliza coma cuando le precede la conjunción "pero", "y", "o".

    De modo que la forma correcta de escribirlo sería:

    Han pasado tantos siglos desde la última gran guerra, ¿cuánto...

    Esto se repite un varias veces en el las dos partes del Capítulo I, cuando John le dice al gobernador que es un viejo bribón, cuando Vand se dirige al comandante para ganar el broche, y a un par de diálogos también. No quiero ahondar mucho más en esto, tampoco quiero parecer cansino y creo que aclaré el punto, hehe.

    Capítulo 1 parte 1:
    Aquí es mucho más extenso, no sé cómo no parecer pesado en este punto, así que lo siento por parecerlo, no es la intención.

    Existen dos palabras: basto y vasto.
    Basto: En simples palabras, esto es un garrote, podría ser considerada un arma. Es el mismo que aparece en la baraja española.
    Vasto: Algo muy extenso, muy amplio.
    En este caso, la palabra correcta que debías emplear, era vasto.

    Considero esto un simple error de dedo, pero después de la coma, la siguiente palabra va en minúsculas, a menos que sea un nombre propio.

    No tengo conocimiento de lo que significa la palabra tapear, yo creo que quisiste decir tapiar, que es sinónimo de obstruir y similares. En todo caso, tapiar y obstruir no tienen mucho sentido yendo juntos si significan lo mismo, sería como decir "está muy gélido y frío", cuando ambos significan lo mismo.

    Considero que ese "barbaros" también fue un pequeño error de dedo, pues en otras partes lo tildaste bien.
    Hay una cosa, sin embargo, que me gustaría recalcar aquí, y es la puntuación de los diálogos: el guión largo va pegado al diálogo al inicio, después del diálogo lleva un espacio y la palabra que lo prosigue, debe estar pegada al mismo. Si la palabra es un verbo dicendi, un verbo que se refiere a alguna forma de hablar, entonces esta va en minúsculas, poniendo el signo de puntuación al final del guión largo. En caso de que la palabra no sea un verbo dicendi, entonces inicia con mayúscula, respetando los signos de puntuación. Es un poco complicado explicarlo en su totalidad, te aconsejo busques un poco al respecto, igual, te dejaré un ejemplo:

    "—Comandante, comandante —llamaba un herido hombre que se acercó al viejo—, son demasiados, no podemos contenerlos —explicaba agotado, mientras contenía la herida en su hombro, probablemente causada por una flecha—. Son cerca de cien bárbaros los que están allí afuera, comandante, nosotros apenas tenemos un puñado de cincuenta guardias locales, no somos rivales."

    Ambos, llamaba y explicaba son verbos dicendi, verbos que utilizas para "hablar a alguien", por lo tanto, si te das cuenta, inician con minúscula, mientras que la coma y el punto terminan hasta el final del guión largo de la acotación.
    Este es una opinión aún más personal, pero no me gusta que haya más de una acotación en mis diálogos, claro que es posible, en lo personal es por una cuestión de preferencias. De igual forma, podrías meterle injundia a los diálogos de los personajes sin tener que acotar, usando exclamaciones, puntos suspensivos, etc.

    Esto no es una corrección, sino un comentario. Me parece bastante curioso este acto, me hace pensar en que, inclusive alguien de tan alto rango, no pudo mantener su cabeza fría ante tan desdichada situación. Me pongo en sus zapatos y sólo puedo imaginarme lo derrotado que debe de sentirse un líder para mostrar su debilidad ante los demás guerreros y pueblerinos. Me parece algo mal visto que lo haya hecho, pero hay de personas a personas. Curioso.

    En este caso, tras el cambio de la escena, creo hubiese estado mejor añadir un espacio extra entre cada párrafo, para que se vea que hay un cambio notorio.

    La palabra correcta es guardaespaldas.
    Hay otra cosa que me gustaría aclarar aquí, es sobre el tiempo en el que narras:
    Estás narrando todo en pretérito/pretérito imperfecto, sin embargo, colocas algunos verbos en presente para describir algunas cosas. Yo creo que usar siempre el tiempo de escritura es más llevadero y confunde menos al lector. En lo personal, me cansaba un poco las escenas de acción porque también están narradas en presente. Aunque comprendo, quizá la acción se vea mejor narrada en el momento, como si estuviese sucediendo, aunque en lo personal, prefiero todo en el mismo tiempo, como ya mencioné, creo que es un buen ejercicio hacerlo.

    "Rio" es una palabra monosílaba, compuesta por una vocal cerrada (i, o) y seguida por una vocal abierta (a, e, u), cuando estas van juntas una tras otra (sin importar el orden, mientras sean diferentes) y la sílaba tónica NO está en la vocal cerrada, entonces no se acentúa. De modo que "rió" en realidad se escribe "rio".

    El qué/que se acentúa cuando se trata de una interrogación o una exclamación. En este caso, se trata de una exclamación, por ende, debe ir acentuada. "Qué bueno que somos amigos."

    Nuevamente, otro "error de dedo", este debería estar en presente.

    En lo personal, yo creo que se leería mejor "duró", que es el pretérito de durar, siento que le daría un mejor toque al "durarían", aunque, si estoy leyendo mal el contexto en el que dijiste la oración, ignórame.

    Aquí otro error de dedo que me causó un poco de gracia cuando me sacó de lo inmerso que estaba en la lectura, jaja. Creo quisiste decir "estrechas".


    Según entendí, Gaztard es el apellido. ¿Por qué colocaste el artículo "el" antes de colocar Gaztard, en casi todas las ocasiones? Entiendo que fuese el diálogo de un personaje, que lo llame así para molestarlo, como "Ternero", pero siendo narración, creo que el artículo está de sobra, o al menos así yo lo veo.

    En estos últimos puntos sólo remarqué con negritas algunos errores de dedo y falta de tildes, no quiero sonar repetitivo ni cansino.
    La parte también en la que mencionas las descripciones de los personajes, yo creo que sería mejor que colocaras la unidad de medida de las alturas. En vez de poner "1.85" a secas, poner "1.85 m" o "un metro con ochenta y cinco centímetros", o algo similar. Creo se vería mejor.

    Capítulo 1 Parte 2:
    En la segunda parte los errores son meramente gramaticales y ortográficos. Así que optaré por simplemente remarcarlos, a menos que sea necesario comentar algo al respecto. De este modo, es menos pesado.

    En esta parte, el verbo correcto es "lamer".

    En este caso, "acaso" es una palabra solamente, se escribe todo junto.

    Ves/vez son palabras distintas, ambas tienen significados diferentes:
    Vez: Proviene para nombrar una cantidad, mejor dicho, la cantidad de veces que se hace algo. Una vez, dos veces, tres veces.
    Ves: Lo que observas, algo que miras, algo que ves.

    Los puntos suspensivos son tres. En este caso utilizaste cuatro, además, maestro no iría con mayúscula, ya que es un nombre propio: "com... maestro".

    Aquí el "qué" es un interrogante, por lo tanto, debe llevar acento.

    En este caso, el "qué" es exclamativo, por ende, se acentúa también. Además, "a sí mismo", es la forma correcta de escribir la oración, pues se está hablando a él mismo.
    Asimismo/Así mismo: Significa también o además, cualquiera de las dos formas significan esto.

    Con esto doy por finalizados mis consejos/correcciones. De verdad, espero que no te moleste y que continúes con otros proyectos. Si gustas que siga leyendo más adelante (quieras o no que haga críticas al respecto), invítame, que con gusto lo leeré.

    ¡Saludos y que tengas un excelente día!
     
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    Antes que nada, gracias por el comentario.

    La verdad no se que decir, estoy muy halagado por el tiempo que te tomaste para leer, corregir y escribir todo el comentario, así como el hecho que la historia te agrada.

    Gracias por las sugerencias y las correcciones de mis horrores ortográficos (A vece parece que masacro el español) pero bueno. Como siempre trataré de integrar todas esa sugerencias a mi forma de escribir, ya que hay mucho que mejorar. Mi mayor problema son los errores de dedo y las malas correcciones del word, luego las reglas gramaticales que no conozco así como mi pésima interpretación de las palabras, pero como dije, iré mejorando constantemente os lo garantizo. Podría hablar mucho sobre los errores, pero me prolongaría demasiado, de cualquier forma en todas las correcciones tienes razón. Lo siguiente va mas referido a las primeras preguntas y comentarios que haces.

    Primero que nada, te recomiendo vuelvas a leer el prologo pues lo actualicé. Allí tendrás un par de respuestas. Luego preguntas varias cosas referentes al pasado y presente, claramente no puedo responderlas ahora, no obstante una de mis convicciones al escribir una historia es nunca dejar cabos sueltos, con el pasar de los caps todas las preguntas que planteas se irán respondiendo, solo hay que tener paciencia. El siguiente cap estará cargado de información relevante a futuro, y también marcará la dirección que tomaran los primeros caps de la historia, con el simple titulo se darán un idea.

    Por cierto, pensé que llamaría la atención el temor que Siara causaba en algunos (Aquí entre nos, solo como un dato curioso, Siara es la guerrera mas fuerte de toda la compañía de mercenarios, y la mayoría de los hombres le temen)

    Sobre la longitud de los caps, si, la verdad incluso para mi fueron demasiado largos, el problema es que no supe en que momento cortarlos, bien pudo hacer tres caps (Ademas la escena de sexo fue casi improvisada) Lo normal es que tengan una longitud de entre 3500 y 4000 palabras.

    Con respecto a las etiquetas, pensé que bastaría con poner "Explicito" "Mayores de 16" ademas en las etiquetas se explica "+18" y "Sexo explicito" Pero soy alguien que evita los problemas, agregaré una advertencia en el prologo, solo por seguridad.

    Finalmente, me agrada leer los comentarios/sugerencias, son muy útiles para ver mir errores o a clarar detalles/Dudas, siempre me tomo un tiempo para leer todos los comentarios y responderlos (Entre mas largos sean los comentarios son mejores :D) Si estas de acuerdo, bueno básicamente lo pediste, os haré una notificación cuando publique las continuación de este proyecto (Admito, no es mi proyecto principal, pero por nada lo voy dejar, los siguientes caps están bien planeados) Un pequeño detalle, es muy común, en mis historias, remarcar palabras en negritas, todas son nombres de personas, ciudades etc, pero si las remarco es por que serán relevantes a corto o largo plazo, para que lo tengas en cuenta.

    Creo que eso es todo, nos vemos en el siguiente cap y, una vez mas, gracias por el comentario.
     
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  6. Threadmarks: Capítulo 3: La soldado parte 1
     
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    A fantastic World
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
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    Palabras:
    3802
    Capítulo 3: La soldado parte 1
    7 de marzo, año 920 de la tercera era. Imperio Civis

    Ha Civirall, la ciudad inconquistable. Que tan grandes son tus murallas que nunca nada ni nadie ha logrado escalarlas, cuan fuerte es tu ejército que no nunca nadie te ha conquistado, que tan rica es tu fortuna que los edificios son gigantes y se erigen con los más lujosos y majestuoso materiales del mundo. Solo tú, Civirall, la ciudad inconquistable, eres capaz de tan perfecta y majestuosa imagen.

    Civirall, la gran urbe que funge como capital del poderoso y formidable Imperio Civis. Es la ciudad más grande de todo el mundo, en ella habitan, aproximadamente, medio millón de personas, resguardadas por la segunda muralla más grande del mundo. Es sin dudas una maravilla en toda su expresión. Erigir una metrópolis de estas características tomó ochocientos años, además de decenas de guerras y conflictos. Entre las grandes maravillas de la ciudad, monumentos, edificios públicos y zonas de recreo existe una zona que destaca por su gran esplendor, aún más que la ciudad.

    Hablamos de la Ciudadela Imperial, hogar y sede del gobierno. Es una gran zona, resguardada por su propia muralla, esta, de dimensiones similares a la que rodea la ciudad. Dentro se encuentran muchos y diversos edificios gubernamentales entre los cuales podemos destacar: el palacio de justicia, el senado, la torre de investigación mágica y el palacio del emperador, así como otros de menor importancia que los antes mencionados.

    Nos acercamos al palacio del emperador, justo en los grandes y bellos jardines, es allí donde nos topamos con una interesante escena. Un hombre y una mujer, ambos jóvenes, están enfrascados en un combate, el cual claramente es un entrenamiento, esto por el uso de espadas de madera.

    A simple vista ella podría parecer una doncella. Dueña de una belleza sin igual. Su cabello es un tanto corto, peinado perfectamente hacia atrás, dejando solo un par de mechones sobre su frente, sus cejas están perfectamente delineadas y son oscuras como su cabello, sus bellos ojos son de un atípico color grisáceo, sus labios son rosados, su rostro es una auténtica obra de arte. Mide 1.75 metros aproximadamente, su figura es delgada y atlética, esto se nota en su firme postura. Estas características, propias de una doncella, desentonan con su atavió, viste una camisa sin mangas en color blanco, un pantalón oscuro y botas de cuero, lleva un cinturón de cuero. La edad de esta joven es de veinte años.

    Frente a ella, emulando a un adversario, está un joven hombre. Con una complexión fornida y estatura de 1.80 metros. Su cabello es castaño y lo lleva muy corto, sus ojos son de color azul dándole una apariencia atractiva ante los ojos de las mujeres. Viste una camisa sin mangas en color blanca, pantalón oscuro y botas de cuero, además de un cinturón. Él tiene veintidós años de edad.

    Ambos muestran una gran habilidad con sus armas, ambos usan réplicas de madera de una espada recta típica del imperio Civis. Se ven algo agitados y agotados, es obvio que llevan ya un largo rato practicando.

    –¿Listo para perder, Marcus? –preguntó la chica con una sonrisa soberbia mientras mantenía su guardia y rodeaba lentamente a su rival.

    –Justo iba a preguntarte lo mismo, Nadia. Estoy a un punto de ganar esta ronda –respondió sonriendo confiado, sin perderla un solo momento de vista.

    –Ambos lo estamos, tonto. Punto final, veamos quien es mejor –sentenció y se lanzó contra él.

    Nadie arremetió con una certera estocada directa al pecho del chico. Marcus usó su arma para desviar la de ella, lo que a su vez ella aprovechó para acercarse y empujarlo, ganando distancia. La chica ataca con varios golpes que él puede bloquear, no obstante se ve superado por la velocidad e insistencia de ella obligándolo a retroceder en cada bloqueo.

    –¿Qué pasa? –rio ella al verlo retroceder –. ¿Acaso soy demasiado rápida?

    –No deberías alardear, linda. Esto aún no termina –respondió sonriendo igual.

    Esperó el momento y contraatacó desviando la espada de la chica, se acercó empujándola también. La chica cayó por la fuerza de su rival, sin embargo, rodó ágilmente tomando distancia e incorporándose. Pero Marcus se acercó velozmente arrojando un fuerte golpe horizontal, Nadia saltó a un lado evitándolo y contraatacó por el costado, el chico apenas logró evitar el ataque agachándose y se alejó para recuperar su guardia.

    Se encararon. Los dos son muy iguales en habilidad, lo que no tiene uno lo posee el otro, de forma que aun así las circunstancias se equilibran, ella es rápida, pero él es fuerte, deben buscar debilidades para lograr vencer a su rival.

    Es Marcus quien retoma la ofensiva, se acerca atacando con cortes certeros, Nadia no puede fiarse del bloqueo pues la fuerza de él rompería su defensa, así que hace gala de su agilidad para esquivar los ataques. Ve su oportunidad y la provecha pateando el abdomen de su rival para alejarlo y ser ella quien ataque. Agita su arma con gran velocidad buscando golpearlo, pero él es capaz, por muy poco, de bloquear sus ataques.

    Bloquea y abre la defensa de la chica, tiene su oportunidad para un ataque directo. Ella usa una patada para desviar la mano del chico. Antes que este reaccione arroja otra patada al abdomen, pero Marcus se lo esperaba así que atrapa su tobillo con su otra mano, la suelta de forma brusca haciéndola girar y quedar de espaldas, la toma por detrás colocando su arma en el cuello de ella.

    –Gané –le susurra de forma victoriosa

    –Vale, tú ganas esta vez… tonto –suspiró sonriendo y soltando su arma.

    –Has mejorado bastante en estos meses, Nadia –dijo él soltándola de su agarre y tomándose un respiro –. Tienes mejor aguante que yo.

    –Bueno, que puedo decir, no tengo nada mejor que hacer en este lugar que entrenar todos los días –dejó de lado el entrenamiento, buscó una ánfora con agua, sirviendo un vaso para ella y otro para él –. Después de todo por fin me aceptaron como auxiliar de mando.

    –Como asistente, querrás decir –tomó el vaso y dio un gran trago –. No creo que una asistente tenga que ser una experta en combate, tu trabajo es ayudar a un general en todo, ya sabes, llevar sus cosas, leer sus cartas y…

    –Tú lo dijiste, idiota –se cruzó de brazos arqueando la ceja, notándose ofendida –. Debo ayudarlo en todo, si necesita una guardaespaldas espero estar a la altura.

    –Todos los generales tienen una escolta de cincuenta Guardias Preta, dudo que necesite a una auxiliar diestra en combate…

    –¡Bueno, ya! Deja de burlarte, sabes que a las mujeres no nos aceptan en el ejército, qué más quisiera yo que ser soldado. Debo conformarme con ser la “asistente” de un general –bufó haciendo una linda rabieta.

    –Tienes razón, es una verdadera pena que no permitan a las mujeres entrar al ejercito –sonrió y se acercó abrazándola con cariño. Creando un raro silencio que duró unos segundos.

    –Oye, Marcus ¿Qué pasa? –alegó ella un poco extrañada por el su abrazo, además que un leve sonrojo apareció en su mejillas. Sin embargo correspondió al gesto.

    –Me iré por un tiempo, Nadia –dijo suspirando –. No sabía cómo decírtelo.

    –¿Te iras? –cuestionó sorprendida –¿A dónde?

    –Comenzaré mi instrucción para ser comandante, así que seré enviado a la ciudad Marte, estaré allí un año –en su tono de voz se notaba que no deseaba irse, al menos no tanto tiempo.

    –Ya, ya veo –suspiró ella también, al tiempo que lo abrazaba más fuerte –-. Nunca te has ido tanto tiempo. Este lugar será muy aburrido sin ti.

    –Te voy a extrañar mucho, Nadia, eres mi mejor amiga desde que te conozco –agregó él comenzando a dudar, pero esto por un motivo oculto.

    –Oye, Marcus –llamó ella mirándolo a los ojos –. No digas tonterías, esta es tu oportunidad de ser aún más importante, serás comandante, con la edad que tienes llegaras a general antes que nadie y será por tus propios méritos. Ese siempre ha sido tu sueño ¿No? Que la gente de reconozca por tu logros y no por tu familia –a pesar que, en el fondo, desearía que él no se fuera, sabía que era lo mejor para la carrera militar de Marcus, así como para cumplir su sueño.

    –Sí, eso es verdad –esa chica sabía perfectamente cómo animarlo –. Le prometí a mi madre que sería el mejor general para servir y proteger al imperio, y a mi hermano.

    –Así se habla –sonrió ella –, quita esa cara larga y vamos a dar un paseo por la ciudadela para que despejes tus pensamientos –sugirió Nadia –. Siempre te ha gustado caminar por la muralla interior.

    Lo tomó de la mano antes que objetara algo. ¿Qué hombre puede resistirse a las lindas palabras de una mujer como ella?, pues Marcus no. Con una gran sonrisa la siguió, si tenía que irse por tanto tiempo aprovecharía sus últimos momentos con ella.

    Ambos jóvenes subieron a la muralla interior, esa que resguarda la ciudadela imperial. Con una altura de treinta metros, aunado al hecho que la ciudadela está erigida sobre una gran loma, los anchos adarves de dicha muralla ofrecen una impresionante vista de la gran ciudad de Civirall. Desde las torres seria aún más impresionante, pero ellos deseaban caminar. Aprovecharon el momento para conversar de esa gran amistad que ellos tenían.

    Marcus había nacido en el seno de la familia más importante de todo el imperio, la familia Heracles, su padre lleva el nombre de Mario y es el actual emperador de Civis. El joven Marcus es el segundo hijo del emperador y, por lo tanto, príncipe de Civis. No obstante, a pesar de eso, él siempre ha deseado ganarse su propia fama mediante sus propios actos, así que apenas tuvo la edad suficiente, dieciséis años, se enlistó en el ejército, algo que ningún príncipe jamás había hecho. En poco tiempo demostró que no era un príncipe cualquiera, posee una gran habilidad para el combate y más aún para la estrategia.

    Por otro lado tenemos a Nadia. Ella no nació en el imperio Civis, llegó aquí aproximadamente hace diez años, era una niña en aquel entonces. Llegó en una caravana de esclavistas y estuvo muy cerca de ser vendida a algún hombre perverso que la hubiera martirizado, para su suerte, fue un noble, adinerado y famoso hombre quien la compró, y a los pocos meses la hizo ciudadana de Civis para luego adoptarla como su hija, dándole entonces su apellido Espion. Desde su adolescencia se vio atraída por la vida militar y esas costumbres, esto porque su padre adoptivo es un general, quien, ante la insistencia de su querida hijastra terminó por entrenarla cual si fuera una soldado. Para su pesar las mujeres no son admitidas en el ejército de esta nación. Cabe mencionar el anterior apellido al que ella respondían años antes de su llegada, ella usaba el apellido Gaztard.

    Nadia y Marcus se conocieron desde que ella fue adoptada, esto porque el padrastro de ella y el padre de él son primos hermanos. Y desde entonces ambos forjaron una gran y bella amistad, amistad que uno de ellos desearía fuera algo más cercano.

    Siguieron su largo paseo por la muralla interior hablando sobre los mejores momentos que pasaron juntos cuando eran niños y adolescentes. A los pocos minutos tuvieron una gran vista del palacio, donde reside el emperador.

    –Marcus –llamó ella caminando a su lado –. ¿Cómo sigue tu padre?

    El joven solo suspiró con cierto pesar ante la pregunta de su amiga.

    –Mal –respondió agachando la mirada –, no ha mejorado nada durante estas últimas semanas, de hecho, cada vez está peor… creo que no, no aguantará más tiempo –un atisbo de tristeza se vislumbró en la cara del príncipe.

    –Lo, lo siento, no lo sabía –sintió un poco de pena al haberlo entristecido.

    El se acercó al parapeto de la muralla para ver mejor la ciudad y sentir la suave brisa.

    –Mi padre lleva meses con ese padecimiento. Nadie sabe que enfermedad es, ni como curarla. Incluso los mejores sanadores del imperio no han logrado curarlo. Ya él mismo lo ha dicho, su muerte está cerca –agachó la mirada apretando los puños.

    –Marcus –dijo ella con una suave voz. Se aproximó a él colocando su mano sobre su hombro para apoyarlo –. Es algo que tiene que pasar, al menos se irá sabiendo que hizo un gran trabajo como emperador, y que crió a dos grandes hombres para seguir su legado.

    –Sí –sonrió un poco –, hizo un gran trabajo como emperador, pero hizo un mejor trabajo como padre. Espero ser tan bueno como él, en ese segundo aspecto.

    –Claro que lo serás, tonto. Estoy segura que pronto encontraras a una chica con la que puedas casarte y tener muchos hijos –animó sonriendo, una sonrisa que siempre anima a Marcus.

    –Nadia –musitó mirándola. Como adora verla sonreír, para él no hay nada más hermoso que esa sonrisa –. Yo debo decirte algo antes de irme, es algo que he sentido desde hace mucho tiempo –el joven comenzó a sentirse nervioso, sabía que lo que diría era un gran riesgo, podría ser lo mejor o lo peor de su vida –. Tú, tú me…

    Pero el destino es inoportuno. Las grandes trompetas de la ciudadela sonaron con fuerza, resonando casi en toda la ciudad. Estas se usan para avisar de la llegada de personas importantes, pero, cuando son tocadas con esa fuerza e ímpetu, solo significan una cosa.

    –No puede ser –alegó el joven Marcus sorprendido, olvidando por completo lo que iba a revelar –, mi hermano regresó.

    –¿El príncipe Octavio? –cuestionó ella con la misma impresión.

    Los dos comenzaron a correr por la muralla buscando una zona que les permitiera ver las grandes puertas de la ciudadela. Los primero que verían era la atípica escolta que el príncipe, y heredero, usa para su seguridad. Lo normal, para la familia real y los generales de más alto rango, es ser escoltados por los legendarios y afamados Guardias Preta, la elite de la elite de Civis, veteranos expertos en combate y leales hasta la muerte. No obstante, el príncipe heredero prefiere la escolta de los Caballeros Ónix, así como la de un par de consejeros muy cercanos a él. En esta ocasión el príncipe heredero llegaba a la ciudadela con una escolta de doscientos Caballeros Ónix.

    –Cada vez trae consigo a más de esos caballeros –comentó Nadia extrañada.

    –Sí, mi hermano y su desconfianza. La última vez que lo vi dijo que no confiaba en los guardias Preta para su seguridad, así que decidió reclutar Ónix. Hay una gran diferencia entre esos fanáticos y la elite de los Preta.

    –¿Fanáticos? –cuestionó ella.

    –Los Caballeros Ónix fueron instituidos para proteger los templos y centros religiosos del imperio, aunque son entrenados como soldados se inician como monjes –explicó él –. Pero bueno, mi hermano también se volvió un fanático religioso, supongo que por eso confía más en ellos. Como sea, debo hablar con él, lleva ya medio año fuera de casa y no está al tanto del estado de nuestro padre, él se enfermó pocos días después que mi hermano se fuera.

    –Sí, lo entiendo. Yo debo volver a casa para ayudar a mi padre –alegó, no sin antes tomar la mano de Marcus –. ¿Podré verte antes que te vayas mañana?

    Cuan hermosos eran esos ojos que con solo verlos le derritieron el corazón al príncipe.

    –¿Que, qué tal si, si nos vemos en la noche, y salimos por la ciudad? –sugirió y, cual si fuera un adolecente, un leve rubor enmarcó sus mejillas.

    –Me parece perfecto –sonrió ella. Entonces lo abrazó con gran cariño al tiempo que besaba su mejilla.

    –Casi lo olvido –dijo él suavemente, mientras disfrutaba de ese cariñoso abrazo –, tu cumpleaños es en un mes, puesto que no podré estar aquí decidí darte un regalo adelantado, lo llevaran a tu casa por la tarde, estoy seguro que te gustará.

    –Marcus, no debiste molestarte…–alegó sonriendo.

    –Es lo menos que te mereces. Estoy seguro que te encantará solo al verlo –insistió.

    Sin más que decir ambos debieron separarse por el momento, él debía hablar con su hermano y ella volver a su hogar para ayudar a su padrastro.

    Nadia vivé fuera de la ciudadela imperial, eso es obvio, aunque siendo su padre un general adinerado tiene el lujo de vivir en la zona más rica, donde hay grandes y lujosas villas. Esa zona está muy cerca de la ciudadela así que supone un viaje corto hasta allí.

    Lo primero que notó fue la presencia de los guardaespaldas de su padrastro, los llamados guardias Preta, quienes hacían guardia en la entrada de lugar, su presencia solo significa una cosa, que su padre debe ir a algún lugar. Ella los conoce, llevan varios años al servicio de su señor, así que de forma amigable los saludó y ellos a ella, siempre llamándola por el su apellido de adopción.

    Entró en la gran casa, la cual rebosa en lujos, alfombras, obras de arte, bellos relieves en las paredes así como una gran limpieza.

    –¿Padre? –llamó caminando por los pasillos buscando a ese hombre –¿papá, estas aquí? –revisó varias habitaciones.

    –En mi habitación –se escuchó en la planta superior la voz de un hombre.

    Subió las escaleras y avanzó hasta la habitación principal, donde entró. Allí estaba ese hombre a quien apreciaba tanto como si fuera su verdadero padre. Su nombre es Lucio Espion, de cincuenta años de edad. De complexión delgada y una estatura de 1.75 metros, su cabello es muy corto en color castaño, sus ojos azules y una larga barba que porta con orgullo. El hombre parecía prepararse para ir a algún lugar, viste una camisa sin mangas roja, un pantalón blanco, botas de piel y una toga roja con diseños en dorado.

    –¿Vas a salir a algún lugar, papá? –preguntó ella con curiosidad, sentándose en la cama.

    –Así es, hija. Tendré una reunión con miembros del consejo y del senado –respondió mientras se colocaba unos brazales de acero, por gusto, no por otra cosa –. Es probable que llegue tarde por la noche, así que no me esperes despierta.

    –Sí, está bien. Yo también saldré, por la noche, iré con Marcus a la ciudad, él se irá mañana a su entrenamiento, así que quiero despedirlo –avisó ella.

    –Me parece bien –sonrió y la miró sobre su hombro de forma picara –. Ese muchacho parece disfrutar mucho de tu compañía, siempre están juntos.

    –Claro, es mi mejor amigo –respondió despreocupada.

    –¿No será que él te gusta, o tu a él? –rio un poco por lo inocente que podría llegar a ser en esos aspectos.

    –Papá, por favor, si yo le gustará el me lo diría, y aunque es muy guapo y amable, yo solo lo veo como un amigo –alegó un tanto sonrojada por su pregunta.

    –Bueno, bueno, ya habrá tiempo para que medites eso –se acercó para darle un tierno beso en la frente –. Ya me voy, nos vemos luego, hija.

    –Cuídate, papá –sonrió ella abrazándolo antes que se fuera.

    El hombre se retiró con la mayor parte de sus guardaespaldas, dejando siempre unos cuantos para resguardar su hogar. Así las horas pasaron durante ese día, la joven Nadia no tenía nada mejor que hacer salvo leer los cientos de libros que su padre posee en su biblioteca personal. Esto hasta que llegó la tarde y una entrega a su puerta.

    –Señorita, Espion, un hombre tiene una entrega para usted, dice que es de parte del príncipe Marcus –dijo un guardaespaldas que llegó hasta la biblioteca.

    –Sí. Llévenlo a mi habitación, por favor –ordenó de forma amable.

    El hombre asintió y llevaron la entrega a dicha habitación. Minutos después ella fue a ver que era ese regalo que su amigo le había dado. Solo al abrir la puerta pudo verlo y su sorpresa no pudo ser mayor.

    –Marcus, eres el mejor –se dijo así misma mientras una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro.

    El regalo era una armadura y equipo, hechas específicamente para ella, adaptadas al cuerpo de una mujer para brindarle seguridad y movilidad en combate. Una cota de malla, un peto de acero, hombreras, brazales, guantes de cuero, cinturón, grebas largas de acero, un casco con cresta, una capa roja, espada, daga y escudo. Todo hecho de la mejor calidad, hecho por los mejores herreros de la ciudad. Además que la armadura tenía una aleación especial que la hace un tanto más ligera para brindarle mejor velocidad.

    Pasó un largo rato mirándola, admirándola sintiéndose una verdadera soldado. Ella siempre quiso poder portar el uniforme militar de Civis, sin embargo, nadie jamás había hecho una versión para mujer, las pocas mujeres que ingresaban al ejército, como auxiliares o asistentes de algún general, se limitaban a usar solo dagas y nada de proteccion. Ella intentó usar armadura alguna vez, pero eran de hombre, terminaban siendo pesadas y estorbosas.

    –Cielos, creo que es el mejor regalo que me han hecho. Marcus eres el mejor amigo de todos –se decía una y otra vez, con gran emoción.

    Deseaba tanto probársela, pero se acercaba la hora de su cita ya aún no se había preparado. Primero escogió un vestido y accesorio luego se fue a duchar. Salió ya iniciado el ocaso. Mientras se vestía se acercó a una mesa de noche en la que siempre deja su objeto más preciado, aunque es un collar, nunca lo usa por temor a perderlo.

    No importa cuando años pasen, con solo verlo cientos de recuerdos llegan a su mente. Lo tomó, es un collar de cuerda que lleva como dije una placa de metal en forma de cabeza de bisonte, en ella se grabaron cinco nombres, cinco personas emparentadas por un mismo apellido.

    –Ya han pasado diez años –suspiró acariciando ese collar –. Desearía tanto volver a verlos, hermanos, pero es imposible, lo sé. Solo espero que me miren con amor desde el otro mundo y que los dioses castiguen a ese desgraciado que los asesinó –apretó con fuerza el collar, recordando con odio a quien destrozó su familia –. Papá espero no me odies por llamar así a otro hombre, pero, el señor Lucio ha sido muy bueno y afectuoso conmigo, casi como tú lo fuiste. Él me ve como su hija, y, y lo quiero como a un padre, casi tanto como a te quise a ti. Si hago mal espero puedas perdonarme desde el otro mundo –besó el collar antes de dejarlo en su mesa otra vez –. Los amo, mamá, papá, hermanos. Jamás los olvidaré.

    Sintió un nudo en la garganta y las lágrimas estuvieron cerca de salir una vez más, como siempre que recuerda su familia. Hizo un gran esfuerzo para dejar de lado esos sentimientos y terminar de vestirse.
     
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    Arec

    Arec Crítico

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    ¡Hola!

    Primero que nada, gracias por invitarme a continuar con la lectura, y disculpa por haber estado tan colgado, pero ando con algunos problemitas de hardware y bueno... pero al fin, me di el tiempo de leer el capítulo y debo admitir que es genial, me ha encantado.

    Al principio pensé que Marcus era el hermano de Vand, pero fue sorprendente ver que en realidad, es ella la hermana de él, sinceramente no me lo esperaba; por fortuna no quedó como esclava o hubiese acabado todo peor...
    Pero me causa curiosidad, ¿sabes? El hecho de que, en esos tiempos, la mujer sea oprimida y los hombres tengan que salir a buscar su futuro a otras tierras, me causa mucha fascinación la aventura, aunque a la vez un cierto deje de tristeza, pues al parecer, todos tienen que aplazar su amor para ir por sus sueños. Te hace pensar, muchas veces, qué es lo correcto... si seguir tus sueños, o simplemente caer rendido ante la magia de Cupido.

    Siento que el hermano de Marcus, Octavio, será muy arrogante... ya de por sí es desconfiado. Me hace recordar un poco a la época de las cruzadas templarias, el típico problema de mezclar religión con política... -sigh-. En fin, tocará esperar cómo evoluciona todo entre Marcus y Octavio.

    Por otra parte, el regalo de Marcus me pareció un gesto súper dulce... aunque después me partió el corazón ver a Nadia recordando a su familia, ¿qué pasará cuando se encuentre con Vand? Sinceramente, el cómo vayas a realizar esa interacción, el cómo acomodes todos tus afiches para que se encuentren de una forma coherente y nada forzada, tendrá un gran impacto en la trama, sea para bien o para mal. Te aconsejo que te lo tomes con calma y lo analices bien; aunque igual, no olvides tu propio objetivo sólo por cumplir los caprichos de los lectores. ¡Ánimo con eso, que lo esperaré con ansias!

    Cambiando un poco de tema, he visto que implementaste bastante bien las correcciones que te sugerí, me alegra en demasía. Voy a tener el descaro de hacerte algunas cuántas observaciones sobre este capítulo, espero que no te moleste, recuerda que esto es sólo mi opinión.

    Creo que quisiste decir "A Civirall", que significa algo como "Yendo a Civarall"; quizá me confundí, pero el "Ha" es una conjugación del verbo haber. No me da muy bien el cerebro ahorita para explicarme, pero si logro hacerme a entender, te lo diré más tarde.

    En esta parte, son todas exclamaciones, por ende, deben ir acentuadas gráficamente: "Qué tan grandes son tus murallas que nunca nada ni nadie ha logrado escalarlas, cuán fuerte es tu ejército que nunca nadie te ha conquistado, qué tan rica es tu fortuna que los edificios son gigantes..."

    Esto no está mal. Yo creo, sin embargo, que pudiste simplificar esta descripción diciendo que él portaba el mismo uniforme/equipamiento/vestimenta/atavío que ella.

    Un error inocente, cambiaste la letra y le diste un sentido totalmente distinto a la oración.

    Esto es algo que noté a lo largo del capítulo. Es verdad que mejoraste bastante los diálogos, pero el guión largo que cierra la acotación, debe ir pegada a esta:
    "—¿Qué pasa? —rio ella al verlo retroceder—. ¿Acaso soy demasiado rápida?"

    Esta parte es un poco complicada de entender. El verbo con el que comienzas la acotación, no es dicendi. De modo que debes iniciarlo con mayúscula y terminar el diálogo anterior con punto. OJO: hay más de estos verbos en el escrito, pero en esos lo aplicaste correctamente porque interrumpías la oración simplemente. En este caso estás finalizando la oración antes de acotar, por eso debes finalizar con puntos:
    "—Bueno, qué puedo decir, no tengo nada mejor que hacer en este lugar que entrenar todos los días. —Dejó de lado el entrenamiento, buscó una ánfora con agua, sirviendo un vaso para ella y otro para él—. Después de todo, por fin me aceptaron como auxiliar de mando." (Si necesitas alguna explicación más amplia sobre esto, mi perfil está abierto.

    En este caso, también acotas con un verbo no dicendi, pero aquí no finalizaste la oración, sólo la interrumpiste, así que está bien. Sólo lo cité para que lo tomes como referencia.

    Te faltó la acentuación: ejército.

    En este caso, es requerida una coma antes del signo de interrogación de apertura:
    "Ese siempre ha sido tu sueño, ¿no? Que la gente te reconozca por tus logros y no por tu familia"

    Aquí me parece un poco redundante, ¿no crees que sería mejor si omitieses "propia"?

    Estas, al ser interrogativas, necesitan acentuarse. En esta última cita, la palabra se escribe "adolescente".

    Aquí pusiste un acento de más.

    Y eso es todo, creo. Me ha agradado bastante el capítulo, espero que sigas publicándolo y mejorando tu escritura. Noté también que acortaste un poco la longitud, me parece más cómodo así. Pero vamos, que nuevamente te digo, es opinión personal.

    ¡Saludos, excelente día!
    Y ya sabes, no dudes en pasarte por mi perfil cuando salga el próximo capítulo (aunque igual estoy siguiendo el tema, hehe).
     
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    Aries
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    Gracias por el comentario.

    Me halaga que la historia guste y agrade.

    Sin dudad este fue un capitulo bastante relajado, el cual presenta a un personajes importantes, como una de las hermanas de Vand, así como a los hermanos Heracles, quienes, a simple vista parecen personajes mas, pero os prometo que serán muy importantes.

    La verdad, a lo largo de la historia, se presentaran situaciones y contextos que recordaran momentos o hechos históricos, mas o menos XD. Un detalle interesante es que todas las facciones (Naciones, Reinos, Imperios) que aparezcan en esta obra están inspirados en reino, imperios o culturas reales. Será un reto adivinar cual es cual: ¿El imperio Civis, en que cultura creéis o pensáis que está inspirado?

    Me encargue de disminuir la longitud del cap, la igual que la lectura, escribir uno muy largo es tedioso y da mayor cabida a errores.

    Sobre el momento cuspide, cuando los hermanos se reencuentren, bueno eso, como tu lo dices será crucial, no obstante aun hay un largo trecho de aquí hasta ese momento.

    Como ultimo detalle, a diferencia de este cap, el cual solo presenta información y personajes relevantes, el próximo presentará situaciones, mas personajes y acciones que serán MUY importantes para la historia, y sin dudas sorprenderán. Os lo garantizo.

    Sobre la ortografía. Vamos mejorando constantemente, cada vez un poco mejor. Gracias por las observaciones.

    Nos vemos en el siguiente cap.
     
    Última edición: 11 Noviembre 2018
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    Fersaw

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    Aries
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    3495
    Capítulo 4: La soldado parte 2

    7 de marzo, año 920 de la tercera era. Imperio Civis

    El ocaso se ve en el horizonte, pronto el sol dará paso a la luna en el inmenso cielo. Desde el palacio del emperador, en un gran balcón se ve a una mujer apreciar el hermoso atardecer, con una apacible mirada y leve sonrisa, al tiempo que el viento agita sus rojos y largos cabellos.

    Está divina mujer posee una larga y sedosa cabellera roja, una figura delgada y alta, llegando a 1.80 metros de estatura. Sus ojos son de un raro color rojo, atípico en cualquier lugar del mundo, su piel es muy blanca y su rostro es una obra de arte, pues fácilmente, podría ser la mujer más hermosa del imperio, a pesar de ya no ser una jovencita pues esta dama posee treinta y dos años de edad. Su cuerpo es cubierto por un largo y elegante vestido rojo sin mangas.

    Mientras la mujer disfrutaba del ambiente alguien entró en esa amplia y lujosa habitación. Era un hombre. Sin dudas su estatura lo hace alguien intimidante, con 1.90 metros, así como una complexión delgada pero atlética. Su cabello es corto en color oscuro, aunado a su poblada barba. Sus serios ojos oscuros se posan al instante sobre la mujer en el balcón.

    –Mi señor, Octavio –musitó la mujer mirándole sobre su hombro con una leve sonrisa.

    –Cuantas veces debo repetirlo, Artemisa –dijo con una seria mirada mientras se acercaba a ella–. No quiero que me llames así, tú eres la única que puede llamarme por mi nombre.

    –Lo, lo siento, Octavio –se sonrojó ligeramente y se acercó a él–. A veces lo olvido.

    El hombre se colocó frente a ella con sus intimidantes ojos y fría expresión. La mujer solo agacha la mirada, no porque le tema, más bien es porque no puede verlo a los ojos sin que sus mejillas se ruboricen más aun cuando está tan próximo a ella.

    –Supongo que deseas descansar. Esta noche será muy agitada y… –antes que pudiera seguir hablando, el príncipe heredero la tomó por la cintura para asirla a él.

    –No pudo descansar si no es a tu lado –susurró él con una voz suave y seductora, al tiempo que se acercaba a su oído.

    –Oc, Octavio –la dama se mordiendo su labio y erizándose.

    –Te deseo, Artemisa –susurró mientras acariciaba su cintura y besaba su cuello lentamente.

    –Yo, yo también –suspiró llevando sus manos a la espalda del hombre, acariciándolo–. Pero hacerlo ahora podría agotarlo. Necesita estar descansado y listo para esta noche.

    –Prefiero tomarte antes que descansar, así mis deseos por superar esta noche serán mayores –su besos avanzaron buscando los suaves y dulces labios de la pelirroja. Logrando besarla y demostrar lo deseoso que está por poseerla.

    Ella no hace nada para evitarlo, todo lo contrario, se aferra a él rodeando su cuello con sus brazos para atraerlo más a sus labios y disfrutar por más. Incluso fue él quien debió terminar el beso, ante los suspiros de ella que deseaban un poco más. Lo miraba con hermoso rubor en las mejillas y los labios húmedos.

    –No pareces estar en contra, ¿verdad? –sonrió llevando sus manos a la cintura de ella.

    –Jamás me negaría a ti –respondió acurrucándose en el pecho de ese hombre–. Tú eres el hombre que amo.

    –Y tú, la mujer que yo amo –agregó acariciando su cabello–. No perdamos más el tiempo.

    Artemisa asintió y se encaminó a la cama. Estando allí miró sobre su hombro a Octavio, regalándole una sonrisa coqueta, para luego dejar caer su vestido, revelando su agraciada figura. El príncipe la miraba detallando cada centímetro de esa suave y blanca piel. Ella sabía perfectamente como excitar a su amante, se inclinó mientras se quitaba las bragas y se deshacía de su calzado. Octavio la vió con lujuria, notando sus glúteos por la posición. Artemisa se incorporó una vez más para quitarse la última prenda que quedaba sobre su cuerpo, el sostén. Una vez sin este giró para estar de frente a su amante. Los senos de esa mujer eran exuberantes, redondos y con unos pezones rosas que despiertan cierto deseo en cualquier hombre.

    –¿Crees que aún me veo bien, Octavio? –lo miró con una sonrisa coqueta mientras se acomodaba el cabello para cautivarlo.

    –Quiero verlas –dijo al instante. Sin especificar que, causando extrañes en la mujer–. Tus alas. Quiero ver tus alas otra vez.

    Ella sonrió y entonces se quitó el anillo dorado que siempre lleva en su dedo anular, y aparecieron. Esta mujer no era humana, era una ángel de la facción roja, por eso sus alas son de color rojo. Pero ella no tiene dos alas, tiene seis, esto porque esta mujer no es una simple ángel.

    Arcángel –dijo Octavio mirando las alas, sonriendo enamorado y endiosado con ella–. Las ocultas tanto que a veces olvido lo que eres.

    –Lo hago para evitar que me descubran, además, cuando estamos en la cama son algo estorbosas –sonrió ella jugando con su cabello por la forma en la que Octavio miraba su alas.

    El hombre se acercó a ella hasta poder acariciar sus suaves alas, pues él sentía cierta atracción por ellas. De igual forma, ella acarició el rostro de su amante con una de sus alas.

    –Bueno, ya puedes ocultarlas –sonrió por la caricia. Acto seguido ella se puso el anillo una vez más para que sus alas desaparecieran. Y al momento Octavio la empujó a la cama suavemente.

    El príncipe se subió a la cama con buscando sus labios, los cuales besó apasionadamente, un beso que demostraba deseo y lujuria a la vez. Y la arcángel no demostraba sentimientos diferentes, los besos de su hombre la fascinaban, correspondió, quizás, con más avidez que él.

    Las manos del humano recorrieron lenta y suavemente la cintura de Artemisa. Subieron hasta llegar a sus grandes y suaves pechos. Los apretó y con sus dedos juagaba y estimulaba sus rosados y pezones, que no tardaron en endurecerse ante las caricias de su amante.

    –Octavio –musitó entre suspiros, dejando los labios de ese hombre para respiras–. Siempre, siempre haces que mis pezones se pongan así.

    Sin decir nada, solo con una sonrisa de lado, el príncipe bajó su cabeza hasta atrapar uno en su boca y chuparlo. Artemisa suspiró más y arqueó su espalda al sentir esa lengua, haciéndola sonreír de placer. Tardó un largo rato saboreando los senos de su mujer, dando besos, lamidas y estrujándolo con suavidad. Ella solo disfrutaba de ese embeleso que Octavio sentía por sus tetas, que no era algo nuevo.

    –Siempre haces lo mismo, no puedes evitar chuparlos –sonrió la arcángel con un leve sonrojo mientras se mordía el labio inferior y acariciaba el cabello de su hombre.

    –Sabes que no puedo –respondió con una sonrisa lasciva. Los soltó y se deshizo de la poca ropa que tenía. Lo cual era una camisa negra manga larga y un pantalón oscuro.

    La tomó de las piernas y la jaló algo brusco, buscando colocarse entre sus muslos, la posición idónea para dar comienzo al sexo. Se acercó y su rostro besándola con deseo, al mismo tiempo la penetró. Fue algo rudo, sacándole un quejido y haciéndola arquear la espalda. Pero sus labios seguían asidos a los del hombre a pesar de ese coito.

    Ella se aferró a él disfrutando de sus labios, él la tomó del a cintura y comenzó a penetrarla, al principio lento y profundo, haciéndola suspirar contra sus labios. A los poco segundos su movimientos fue aumentando, cada vez más rápido y más fuerte. Los suspiros dieron paso a los gemidos. Tuvo que soltar los labios del príncipe para poder respirar y expresar su placer mediante eróticos sonidos. Sonidos que solo animaban más a Octavio quien siguió con su boca besando el cuello de su mujer.

    –Octavio, Octavio –repetía con una enorme sonrisa propiciada por el placer que sentía en cada arremetida.

    –Artemisa, Artemisa –decía el príncipe entre suspiros y besos repartidos en el cuello de la arcángel.

    En un movimiento fugaz sacó su miembro de su húmeda intimidad, la tomó con cierta fuerza y la volteó. Colocándola boca abajo, Artemisa le miró sobre el hombro extrañada por tal acción. Para luego sentir como era tomada en un solo movimiento que la llenó. Liberó un leve grito de placer.

    –Que rudo, mi amor –dijo ella, pudo parecer una embestida tosca, pero a ella le encantó.

    El humano sonrió con satisfacción al oírla, dando comienzo a movimientos más fuerte y rápidos en contra de su amante. Los gemidos resonaban en toda la habitación, la mujer apretaba sus manos en las sabanas mientras su sonrisa se volvía más lujuriosa. El vaivén del príncipe liberaba en el entorno el excitante sonido provocado por el choque de sus pieles.

    –No, no te detengas, mi amor, Octavio… Te amo, te amo –decía extasiada la arcángel, buscando con su mano el rostro de su hombre para acariciarlo.

    –Y yo te amo a ti, mi pervertida arcángel –se aferró a ella apretando sus tetas, siendo un poco más rudo en su bombeo–. Mi emperatriz.

    Buscó los labios de esa mujer forjando un beso lujurioso en el que las lenguas de ambos se frotaban entre sí cual si fuera un duelo. Los minutos volaron mientras la pareja de amantes se sumergían más en la excitación y pasión. Ella estaba ahora sobre él dirigiendo los movimientos, lo cuales seguían siendo toscos.

    –¡Estoy, estoy cerca mi amor! –jadeaba con una sonrisa depravada.

    El príncipe la jaló hacia él abrazándola y tomándola por los glúteos, daría lo último que tenía en esos últimos segundos. Penetrándola con fuerza y velocidad para llegar a su clímax también. La mujer dio un leve gritó de placer y él hombre un gran suspiro, lo que indicaba un orgasmo mutuo. Sus cuerpos se tensaron y se aferraron al otro por varios segundos. Para luego ceder agotados.

    –Otra vez –sonrió ella con un rubor en sus mejillas mientras miraba a su amante y besaba su pecho–. Terminaste dentro de mi otra vez.

    –Sí, lo siento. No pude evitarlo –Respondió un poco apenado por eso.

    –Tranquilo, mi amor. No me molesta que lo hagas –se acurrucó en su pecho sin borrar esa sonrisa–. Pero no creas que es tan fácil embarazar a una arcángel.

    –Lo sé, ya me lo has dicho antes. Pero no me molestará intentarlo todas la veces que sean necesarias hasta lograrlo –acarició ese suave y hermoso cabello rojo–. Es más, si no tuviera que cumplir mi misión hoy, pasaría toda la noche encerrado aquí contigo.

    –Que insaciable eres, Octavio –rio ella colocándose sobre él de forma que sus pechos se frotaban contra el de él, esto para provocarlo.

    Pero tiempo era lo que no tenían. En ese momento alguien tocó a su puerta.

    –Mi señor, he vuelto, ya está todo listo para esta noche –dijo una voz que ellos conocían bien.

    –Parece que terminó su misión, y es hora de la mía –sonrió el príncipe. Salió de la cama para ponerse su pantalón, mientras artemisa se cubría con las mantas–. Adelante, Darzos.

    El hombre pasó a la habitación. Era un intimidante soldado Ónix. Con una estatura de 1.90 metros, una y complexión atlética. Su cabello es rojo y largo, atado en una coleta, sus ojos son del mismo color, características que le dan cierto parecido con Artemisa. Viste una armadura que consta de: Peto, hombreras, brazales, guanteletes, muleras y grebas, además de una larga capa negra y un cinturón del cual cuelga una sable con una hoja larga.

    Este hombre, Darzos, vio a Artemisa en la cama y se sonrojó un poco. Para luego mirar a su señor.

    –¿Y bien? –cuestionó el príncipe mientras se colocaba toda su ropa.

    –Mi señor. Registré personalmente toda la sede de investigación mágica, el gran almacén de alquimia y la biblioteca imperial. No encontré a nadie ni nada que comprobara nuestras sospechas acerca del a investigación de la enfermedad del emperador. Aun así, escuché de dos jóvenes alquimista que investigaban algo, por seguridad, he enviado a uno cuantos Ónix a capturarlos.

    –¿Entonces me aseguras que nadie sabrá acerca de cómo se enfermó el emperador? –arqueó la ceja el príncipe un tanto dudoso.

    –Lo garantizo, mi señor –respondió con seguridad.

    –Mi hermanito es muy bueno para encontrar entrometidos y acabar con ellos, Octavio. Confía en él –agregó Artemisa, sonriendo desde la cama.

    –Bien, algo menos de lo que ocuparnos –se alistó, llevando consigo una espada y una daga en su cinturón–. ¿Y los traidores?

    –En este momento he enviado un batallón de Ónix para arrestarlos, así como tengo a otro en la plaza de la ciudadela esperando la señal. Y un tercero disperso en todo el palacio. Es el momento, mi señor.

    –Bien. Es hora de tomar la corona. Lo que será el primer paso en este plan –dijo con seriedad dirigiéndose a la puerta. No sin antes mirar a su mujer–. Mantén la cama caliente, Artemisa, cuando vuelva te acostaras con un emperador.

    A pesar de lo soberbio que podía sonar eso, Octavio lo dijo con una mirada fría y voz seria. Artemisa sonrió y asintió. El príncipe salió de la habitación seguido por Darzos. Fuera había un gran grupo de soldados Ónix esperándolo. Estos soldados se caracterizan por usar armaduras completamente negras, con ropas negras debajo y máscaras también. Sus cascos no poseen crestas como las de los Preta, si no que llevan una corona de laurel en la frente de la máscara. Es por el uso único del color negro que los llaman Ónix.

    La noche ya había caído y la joven Nadie estaba ya lista para salir a su cita con Marcus. Vestía un bello vestido sin mangas en color azul celeste, unas sandalias negras y unos pocos accesorios. Ella es de esa clase de mujeres que necesitan muy poco para verse hermosas.

    –Creo que me veo bien –se dijo así misma mirándose en un espejo–. Ahora que recuerdo, este vestido también me lo regaló Marcus en mi cumpleaños pasado, estoy seguro que le gustará verme con él. Debo decir que tiene muy buen gusto para sus regalos –miró la armadura con una enorme sonrisa.

    En eso uno de sus guardias tocó a su puerta.

    –Señorita Nadia, tiene vistas. Un joven desea hablar con usted, su nombre es Teodosio. ¿Lo dejamos pasar?

    –¿Teo, que hace aquí a estas horas? –se preguntó así misma extrañada–. Si, está bien, que pase.

    A los pocos minutos los guardias escoltaron al joven antes mencionado a la habitación de Nadia. Era un chico de veinte años de edad, 1.65 metros de estatura, bastante delgado, cabello oscuro largo, ojos verdes y piel morena. Viste una túnica roja y botas negras, lleva una especia de mochila en su espalda. A simple vista es más que obvio que no es un guerrero ni nada por el estilo.

    –Nadia, que bueno que estas aquí. Necesito que me digas donde está tu padre de inmediato –alegó el chico, quien parecía estar bastante apresurado y nervioso, además de agotado, quizás había corrido para llegar allí.

    –Teo, tranquilo, relájate un momento. Mi padre está en una reunión, volverá tarde –explicó ella sonriendo. Teo era un buen amigo de ella, no era alto miedoso y es muy tímido, pero también muy inteligente.

    –Dime donde –alegó al instante–. Nadia, no tienes idea lo que descubrí es algo muy delicado y él me pidió que cuando terminara mi investigación se lo comunicará tan pronto sin importar donde estuviera.

    –¿Qué investigación puede ser tan importante? –preguntó con cierta curiosidad.

    –… no creo que sea bueno que los sepas, es algo muy delicado –sonrió algo nervioso al ver que ella se le acercaba.

    –Vamos, mi padre siempre me confía todo, seguro que terminará por decírmelo también –insistió la chica.

    –…Bueno, ya que insistes. Pero prométeme que no hablaras de esto con nadie –suspiró vencido y convencido por los lindos ojos de Nadia–. Tu padre me encargó estudiar un muy pequeño frasco que se encontró en la habitación del emperador días después que este cayera misteriosamente enfermo. Al principio parecía que estaba vacío, pero después de analizarlo logré encontrar una sustancia desconocida y muy extraña, a pesar de no poder identificarla ni clasificarla era obvio que había sido creada mediante alquimia, copie su estructura, tarde semanas en hacerlo, pero al final pude recrearla para ver sus efectos, así que la apliqué un rata de mi laboratorio. El resultado fue que la rata se enfermó al día siguiente, los mismos síntomas que el emperador.

    Nadia estaba sorprendida, en síntesis lo que Teodosio decía, era que habían encontrado un frasco con una sustancia usada para enfermar al emperador. Alguien había enfermado apropósito al emperador. ¿Quién sería capaz de eso? ¿Y por qué? Esas respuestas el serian dadas por el joven mago al instante.

    –Eso es solo el principio. Cuando estaba a mitad de mi investigación, mi compañera, Rea, llegó con una muestra encontrada en la habitación de lady Artemisa, la asistente del príncipe, obviamente no me fije en eso. Pero cuando terminé mi investigación y comparé la sustancia que sinteticé con la encontrada en la habitación de artemisa, eran la misma –el rostro sorprendido y nervioso del chico reflejaba perfectamente lo que su investigación apuntaba.

    –¡No puede ser! Entonces. ¿Lady Artemisa fue quien enfermó al emperador? –cuestionó con la misma sorpresa mirando al Teo, quien solo asintió–. Esto es muy importante, debes infórmale a mi padre de inmediato… cielos, no tengo idea de donde sea su reunión –en eso recordó su cita–. ¡Pero voy a reunirme con Marcus en un rato, el también debe saberlo!

    –Nadia, otra cosa –dijo el chico llamando su atención–. Algo malo puede pasar, antes de venir aquí pude ver caballeros Ónix entrando a mi laboratorio y a la biblioteca, a apenas los vi salí corriendo hacia mi casa, y en la entrada vi a otro grupo de ellos, me están buscando.

    –Tranquilo, esos imbéciles no vendrán aquí. Vamos a salir y encontraremos a mi padre, esto es algo que debe saberse cuanto antes –dijo ella sonriendo para relajar al nervioso chico.

    Mientras tanto, en una zona un poco alejada de ese lugar nos encontramos con el señor Lucio. Él, junto con otros importantes miembros de la nobleza, del ejército y otras ramas del gobierno llevarían a cabo una reunión secreta en un templo en honor al Dios Rey del Cielo, dios principal del imperio Civis.

    Estaban todos dentro, conversando un tema muy importante. El príncipe heredero, Octavio y sobre todo, ese par de personas que nunca se separan de él, el capitán de su escolta, Darzos, y su asistente personal, Artemisa. Entre todas sus alegaciones, si en algo estaban de acuerdo, era en que ese chico no debía, bajo ninguna circunstancia, llegar al trono.

    –Esa mujer, Artemisa, es más que obvio que ha envenenado y manipulado la mente del príncipe Octavio. A tal punto, que es imposible hacerlo recapacitar, si él sube al trono hará a esa mujer su emperatriz y es igual de obvio que no debemos permitir tal cosa –expresó un viejo hombre vestido con una toga, él es el líder de la fe al dios Rey del Cielo.

    –Estamos de acuerdo en que esa mujer es un problema ¿eliminarla podría ser una solución viable? –sugirió un militar veterano, quizás un general.

    –Podríamos eliminarla a ella y Darzos, luego el príncipe sube al trono y nos elimina a nosotros –Sugirió Lucio–. También tenemos que seguir nuestra investigación acerca de quien es esa mujer y de donde ha venido, al parecer los Ónix mantienen eso bajo secreto.

    –Dejando eso de lado, que sí, es verdad, al parecer hay un gran aprecio, si no es que relación íntima, entre el príncipe heredero y lady Artemisa. De una u otra, el príncipe no debe llegar al trono, sea cual sea su acompaña, ha demostrado ser demasiado insensible ante la situaciones diplomáticas internas y externas, ha demostrado no confiar en los guardias Preta, lo cual, en lo personal, es una gran ofensa a una tradición militar, y ha demostrado ser un fanático religioso, y, sin ofender, eso no es idóneo para alguien que estará a la cabeza del gobierno del imperio más grande del mundo –expresó un hombre, que claramente era un guardia Preta, posiblemente un capitán.

    –Estoy de acuerdo en ese punto –intervino el mismo líder de la iglesia del imperio–. Entiendo perfectamente eso, este es el imperio más grande del mundo. Debemos aceptar todas las religiones que traigan a nuestras tierras, es cuestión de respeto, y, un fanático como emperador podría no aceptar algo como eso, error que su abuelo cometió y por lo cual casi inicia una guerra.

    –¿Entonces la solución más viable es eliminar al príncipe heredero? –cuestionó Lucio mirando a sus compañeros.

    Todos a su vez se miraron entre sí, la consideración era la misma para todos y la respuesta fue asentir entre ellos de forma afirmativa. Ellos desean eliminar a Octavio para evitar que suba al trono.
     
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