Shinjuku Cheese [Pizzería]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 27 Mayo 2021.

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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

    Piscis
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    Cheese se encuentra ubicada cerca a la famosa estación de trenes en Shinjuku, en donde destaca su letrero brillante como pizzería, constando su interior de colores caoba en su arquitectura repleta de ventanas, varias mesas con la respectiva carta en donde se ofrece diversos sabores de pizza y bebidas que van desde malteadas, sodas, jugos naturales y cervezas; servilletas, salsas e iluminación restaurantera. Su punto de pago consta de la caja registradora y un contenedor pequeño de cristal repleto de mentas que se obsequian al pagar la cuenta.

    Barrio de Tokio: Shinjuku


    Cheese [Pizzería].png

    Ryu.png

    Edad: 20 años
    Utilidad en Cheese: Sirve las mesas, atiende los pedidos, designa los domicilios y a su vez atiende la caja registradora.
     
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    Insane

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    Un poco extraño si era el dejar la moto afuera, sin ninguna clase de seguro y que nadie pensara siquiera en robársela, pero por pura costumbre de mierda terminaba colocándole clave y todo a la jodida, de esos seguros que se aferraban al rin de la llanta, ¿y cómo no? Si aún estaba pagando el prestamo que había conseguido sacarme al tener un trabajo medianamente estable, aunque un pocos sí que la renta en este país de mierda era costosa. Dejé la mochila en el locker, sacando el termo de agua para dejarlo bajo la caja registradora, quitándome después la corbata maltrecha, la camisa escolar para reemplazarla con el uniforme rojo de la pizzeria.

    —¿Qué tal el día?

    —Una porquería —no determiné a Ryu con la mirada en lo que éste limpiaba las mesas, acabando de abrir la pizzería.

    Se acomodó las gafas desprobando mi puto vocabulario con la mirada plana, como si hubiese algo malo en ellos. Estos cabrones si que jodían con la misma mierda, una y otra vez, una y otra vez... Me relamí los labios acomodándome la gorra sobre la cabeza, aplastando de cierta forma el peinado que mantenía, pero ni modo con la basura que tocaba ponerse encima.

    —Recuerda que estás en el trabajo, Alek.

    —Lo sé, lo sé —repetí más para mí que para él, a fin de cuentas había sido el único que me había ofrecido el empleo luego de la entrevista ridícula, y no era un imbécil como para desaprovechar la oportunidad.

    Yáahl holabb
     
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    Zireael

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    Con todo podía decirse que el almuerzo fue bueno con ambos chicos a pesar de la relación tan extraña que parecían llevar, al menos Hal había aceptado el jugo al final y con eso me quedaba tranquila, no era mucho pero me servía para conectar y tan siquiera librarme un poquito de su cara de moco cuando lo viese otra vez por la escuela.

    A la tarde mi tía había pasado por mí, había dejado a Anne e Isaac, que ya se estaba sintiendo mejor, con mi tío en casa, que querían ver una película con su papá y no sé qué, pero ya que ella tenía que ir por mí aprovechó para desviarse a uno de los centros comerciales más cercanos, pasamos allí un rato y ya en la vuelta a casa se le ocurrió que pasáramos a comer algo aunque seguro tío Vic había dejado algo de cena preparada. No sé, para mí que seguro solo tenía ganas de comer fuera.

    Total que nos desviamos a Shinjuku, aparcamos por ahí y ya fuera del auto caminamos en dirección a la pizzería.

    —La vi el otro día que venía del trabajo, Jezzie, y qué sé yo me quedó la idea te lo prometo. El lugar no tenía mala pinta, a ver, no es que fuese algo del otro mundo pero el instinto me dice que puede estar bueno —comentó mientras abría la puerta, los ojos de la misma resina que los míos casi le chispeaban con emoción como si no hubiese comido pizza en su vida.

    —Pero me hubieras avisado antes, le decía a Laila o a Al que viniera con nosotros, seguro les caía bien —dije soltando un suspiro algo pesado—, pero bueno, confío en tu corazonada para elegir dónde comer, Nani.

    —Ya verás, cariño —soltó un poco al aire y me dedicó una sonrisa suave, enmarcada por el cabello castaño.

    Solté una risilla de nada y me encogí de hombros, caminando a su lado, todavía sin notar la presencia de Hal ni nada.


    lmao mátame, me olvidé de contestar esto y llevaba días pensando que me faltaba respuesta en algún lado pERO AQUÍ ESTOY

    Also te presento a Angelique Haumann, tía de Jez aka Nani (? otro ángel caído en la tierra i promise
     
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    Luego de tomar la orden de un grupo de chicos que aparentemente venían de una universidad de mierda cercana me puse a limpiar algunas mesas del fondo, rociando un spray para luego pasar el trapo húmedo apartando cualquier rastro del fastidioso polvo. Entre tanto, Ryu se recostó sobre la barra en lo que organizaba las mentas dentro del cristal, sintiendo su mirada encima a lo que capté el hecho de que habían llegado más clientes. Dejé los implementos ahí para sujetar la libreta, un boligrafo y el maldito menú que no se dignaban a ponerlo virtual con alguna mierda de código.

    Como si les costara mucho a los cabrones.

    —Sonríe.

    Me tensé ligeramente ante el susurro, bufando por la nariz a lo que suavicé ligeramente mis facciones, denotando el cabello blanco. La estúpida parecía adorar quemarse la fibra capilar con tintes de mierda. Fue entonces que al llegar hasta ella y la mujer que la acompañaba identifiqué a la chica del almuerzo que había conocido justo por Kathe.

    La del jugo de manzana.

    —Buenas tardes —murmuré haciendo entrega del menú, clavándole los ojos a la mujer adulta evitando a consciencia el ver a la otra chica porque bueno, me había avergonzado como un estúpido por un puto jugo al ser un maldito muerto de hambre y el pudor simplemente no se me pasaba—. El día de hoy tenemos 2x1 en limonadas si se consume en el sitio. Tenemos natural, coco, hierbabuena y mango. En cuanto decidan que pedir les tomo el pedido.

    Fue entonces que regrese hacia la caja, viendo a mi jefe acomodarse las gafas sin dejar de verme.

    —Te dije que sonrieras.

    —Lo intento mierda, lo intento —siseé sintiendo el calor en mi rostro.

    Bienvenida tía de Jez <33
     
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    Zireael

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    En el breve rato en que nos atendían le conté a Nani por encima que había almorzado con una compañera de clase y su amigo o bueno algo así, que me habían asignado para darle un tour por la escuela a ella pero por el plan del postre de cumpleaños lo tuve que aplazar. Me escuchó con la atención estúpida de siempre, como si fuera algo importantísimo.

    —¿Y te gustó pasar el rato con ellos? —preguntó suavemente en neerlandés, acomodando el bolso a su lado en el asiento.

    Asentí sin pensarlo un segundo, a pesar de que había habido tensión entre ellos la verdad es que no había sido tampoco nada del otro mundo.

    —El chico es... Ya sabes, así como Al —respondí en el mismo idioma.

    —¿Tiene mala cara todo el tiempo?

    —Ajá, pero me aceptó un jugo de manzana. —Me acomodó en el asiento un poco mejor y subí una pierna, pasando la pantorrilla bajo el muslo—. Y me puso contenta que lo hiciera, creí que lo iba a rechazar.

    Había estado por seguir hablando cuando se acercaron a dejarnos los menús, el chico no habló especialmente fuerte pero para la gracia acababa de estar hablando de él así que reconocí su voz un poco al vuelo a pesar de que no lo demostré. Evitó mirarme adrede supuse, quién sabe, el caso es que habló mirando a Nani todo el rato y ella le sonrió sin más, amable.

    —Muchas gracias —dijo antes de que el muchacho se retirara y yo volqué la atención en el menú.

    —Es ese muchacho —comenté leyendo por encima.

    —¿De verdad? Qué coincidencia. Espero que no le incomode mucho tener que atendernos.

    Nos llevó un rato, pero al final nos decidimos así que mi tía llamó de nuevo al chico y cuando estuvo allí dejó el menú a un lado para encontrar sus ojos, sonreírle de nuevo y comenzar a hablar.

    —A ver, una pizza mediana de pepperoni. Para tomar... mango estaría bien, ¿y qué querías tú, Jezzie?

    —Hierbabuena, por favor —añadí y aproveché para intentar buscar la mirada del muchacho, ya sabía que era material difícil, pero intenté brindarle una sonrisa como para decirle que se podía estar tranquilo o lo que fuese—. Gracias, Hal.

    Igual estaba metiendo la pata, ni idea, pero bueno tonta había sido toda la vida y no había nada que hacerle. Al menos esperaba que entendiera que de verdad no quería ser un incordio ni nada.
     
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    Insane

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    Entre lo que las clientas decidían por comer me pasé de la cocina hasta la mesa repleta de idiotas con la pizza familiar sobre la bandeja. La dejé ahí repitiendo los pasos para ir ahora por las bebidas de mierda, dejando entonces de cinco a seis sodas. Eran tan imbéciles que prefería tomar esa mierda que nisiquiera estaba en descuento, pero bueno, la gente con plata hacía lo que le daba la gana. Se pusieron ruidosos entre ellos a lo que me acomodé la gorra sobre la cabeza para largarme antes de que me metieran en su bola, regresando hasta la caja registradora para ponerme a leer los pedidos que estaba escribiendo Ryu en notas adhesivas.

    —Hoy tenemos varias entregas.

    —Ajá, eso veo —murmuré colocándome a armar las cajas de pizza—. ¿El domiciliario viene hoy?

    —Sí, su turno comienza dentro de quince minutos —lo vi dirigir su mirada a la mesa de las mujeres—. ¿La conoces? No es común que mires solo a una persona cuando hablas.

    Chasqueé la lengua, porque qué putas le importaba si conocía o no a la idiota esa.

    —No es mi amiga.

    —Nunca dije que lo fuera.

    Fruncí el ceño ligeramente hasta que con la cabeza señaló hacia la misma mesa, y casi que me obligué por un carajo a no responderle con una puta piedra en la mano, haciendo mi trabajo al dirigirme hacia ellas, y de nuevo, evitando a la albina del instituto un poco porque me había vuelto un inseguro de mierda, de esos que les hacen un favor y no saben cómo putas comportarse sin seguir ladrando al no creer un culo sobre la gente que hacía cosas sin esperar una retribución a cambio, o burlarse con sus amigas o lo que fuera.

    Seguí el movimiento de las manos de la mujer adulta para recoger su menú, usándolo como apoyo para la libreta en lo que presionaba el boligrafo, tomando nota con una parsimonia impropia al ser un jodido ansioso. Pestañeé con lentitud en cuanto le preguntó a la chica qué tomaría, prendando mis orbes carmín del papel en cuanto recibí su orden. La sentí buscarme de igual forma, como una jodida liebre curiosa, estaba por retirarme hasta que recibí las gracias en conjunto del apellido que me cargaba.

    Solo estaba haciendo mi trabajo, ¿qué coño me agradecía?

    Me mordí la puta lengua para evitar no sé, que las estúpidas cejas se me juntaran como si estuviese furioso o que el calor me quemara la cabeza al sentirme tremendamente estúpido, todavía por un puto jugo de manzana; evité sus pupilas de adrede en lo que me giraba luego de asentir apenas con la cabeza como quien da a entender que escuchó, largándome hacia la cocina para entregarle la órden al encargado de prepararlas en lo que otro trabajador se encargaba de las bebidas. Me recosté en el mesón para esperar las limonadas, y en lo que esperaba la puerta se abrió tras de mí.

    —No sonreíste.

    Puta vida.

    —Que lo estoy intentando, maldición —siseé sujetando la parte plana de la gorra para bajarla hasta cubrirme los ojos.
     
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    Zireael

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    No que esperara que me mirara, este chico era todavía más resistente que los cara de moco a los que ya venía un poco más acostumbrada, ni idea de por qué realmente. Es decir, había algo rarísimo en rechazar al mundo de forma tan abierta y que ni se dijera de haber terminado trabajando en servicio al cliente, aunque bueno, eran los trabajos que le tocaban a los adolescentes que necesitaban o querían el dinero, no que tuviese mucha opción.

    Aún así que me jodía el poquito orgullo que tenía, digamos que lo único que se me daba bien era acercarme a las personas y que este me la pusiera tan difícil empezaba a ser frustrante. ¡Ni que tuviera monos en la cara! Pero bueno, tampoco lo iba a forzar a nada, solo quería que se sintiera cómodo como menos, sobre todo si Katherin era mi compañera de clase y todo el asunto.

    Apoyé el codo en la mesa, para usar mi mano de soporte para la cara y noté a Nani repasándome con la vista.

    —Se ve que diste con un hueso duro de roer, Jezzie, ¿no crees? —preguntó con cierta diversión en la voz.

    Solté el aire por la nariz con cierta fuerza y me retiré algunos mechones desordenados del flequillo con la mano, como quien no quiere la cosa.

    —Ya, pero ni que hubiese hecho algo raro.

    —¿Quizás está avergonzado? Por lo del jugo o por ver a una compañera de escuela en su lugar de trabajo, no sé.

    Ladeé la cabeza allí sobre mi mano, porque ya estaba visto que era bien tonta cuando me daba la gana, y nunca se me cruzó por la cabeza que pudiera sentir alguna clase de vergüenza por lo primero. Giré un poco el rostro, apenas para ubicar la silueta del muchacho y luego regresar la atención a mi tía.

    —Supongo que podría ser, sí.

    alek hijo, me lo pones muy difícil que lo sepas (???
     
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    Insane

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    No hubiese notado nunca el fastidio en la estúpida esa por andar esquivanco cualquier tipo de contacto visual, porque no me lo hubiese esperado jamás. Es decire, ¿qué de bueno tenía querer hacer una ceña cordial con un imbécil como yo? Pfff, como si valiese la pena siquiera intentarlo. Salí de la cocina con un trapo sobre el hombro para dirigirme al grupo de decerebrados, limpiando el desorden que habían hecho en lo que éstos imbéciles se levantaban a pagar la cuenta. Subí las servilletas usadas en la bandeja para tirarlas luego por el bote de basura, volviendo dentro de la cocina en lo que sonaba una pequeña campana que indicaba que la siguiente orden estaba lista.

    —Dos limonadas, mango y hierbabueno, pizza mediana de peperoni —murmuré cuidadoso de no equivocarme porque que putería estar desperdiciando comida que no me comería y aún así el maldito de mi jefe me cobraría si se entregaba mal la orden—. Todo bien —comenté hacia el cocinero el cual asintió con la cabeza.

    Me dirigí con las dos bandejas hacia la mesa de las mujeres. Posicioné la pizza en el centro de la madera, buscando los ojos de la mujer adulta para dejar la limonada de mango frente a ella, y luego dejar la de hierbabuena con la otra tipeja sin determinarla, de nuevo.

    —Que lo disfruten.

    Me retiré mordiendo el interior de mi mejilla en lo que Ryu se acomodaba las gafas, haciendome sentir las orejas calientes.

    —No digas una mier... no digas nada —atajé refiriéndome al comentario de porquería sobre la sonrisa inexistente que por mucho que me jodiera no me salía.

    —Te ves más incómodo que de costumbre, Alek —cerró la caja registradora en lo que se abría la puerta principal, entrando el domiciliario a lo que creí que se callaría, pero continuó agregando—: Como si tuvieses vergüenza por algo.

    Rezongué. Un puto jugo, si le devolvía el favor de la bebida de seguro sentiría que ya no le debía una mierda de caridad a la liebre ésta, todo por Katherin forzarme a sujetar algo que en otras condiciones hubiese volteado la cara para rechazarlo. Había sido raro, la gente no era así de buena por la vida, así que no me comía el cuento todavía, de seguro estaría cagándose de la risa mañana en el instituto con sus amigas.

    —No es nada —susurré endureciendo las facciones en lo que comenzaba a entregarle las cajas vacías al domiciliario para que se dirigiera con éstas a la cocina.

    Solo era que comieran, pagaran y se largaran.

    Mira nada más sus pensamientos irracionales. Alek stoppppp (?)
     
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    Zireael

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    La cuestión me quedó dando dando vueltas en la cabeza, en gran parte porque tampoco había mucho que hacerle si el otro sentía vergüenza por algo tan sencillo con haber aceptado un jugo de una compañera de escuela. Encima seguía sin saber que tanto él como Katherin ponían en duda la transparencia de mis acciones, cuando era más inofensiva que un genuino conejo. Bastaba verme la cara, luego las cosas que hacía, como decirle a Dunn en toda la cara que se tomara unos días de la escuela porque se veía cansadísimo.

    Pero bueno, no era adivina, no veía hilos y solo seguía fluyendo.

    En lo que llegaba la orden habíamos seguido hablando, al parecer Anne iba a tener una presentación de una obra de teatro en la escuela y quería que todos fuéramos, pero era seguro que me chocara con las clases así que vería de hacer malabares para poder ir. ¿Cómo iba yo a decirle que no a la chiquilla? No me daba el corazón.

    La comida no tardó mucho en llegar, nada fuera de lo normal quería decir, de nuevo nada de contacto visual y empecé a preguntarme seriamente si tanto la había cagado con una acción en apariencia inocente y transparente. Ya de plano me empezó a pesar haberlo hecho tener que aceptarme el jugo, no sé, quería meter la cabeza en un agujero. Eran pocas las veces que sentía eso, pero pasaba cuando alguien rechazaba con tanta fuerza lo que hacía por todo el mundo.

    —Gracias, cariño —dijo Nani para él, sin siquiera detenerse a pensar en que andaba encajándole apelativos cariñosos a alguien así por la gracia, justo como hacía yo.

    Esta vez ya de plano no hice por dónde interactuar, me había retraído como idiota, así que me limité a esperar a que se retirara para volver la atención a la comida y tal. La verdad parecía que las dos teníamos bastante hambre, la pizza desapareció y las bebidas igual, y al menos podía darle la razón a Nani, había estado bueno.

    Cuando ya Nani se levantó con intenciones de retirarse, me excusé para ir al baño y ella siguió hasta la caja, mientras buscaba la cartera en el bolso posó la atención en Aleksander aunque no lo miró, como si hubiese atajado en el aire que si lo hacía el otro rehuiría el gesto. Su voz sonó tranquila como siempre, dulce incluso, pero no trastabilló un segundo a pesar de que el acento se le coló en la voz sin tregua.

    —Me dice mi sobrina que vas a su escuela —comentó todavía con el brazo zambullido en el bolso, poco o nada le importó si le causaba más vergüenza. Digamos que Nani tenía bastante más carácter que yo—. No seas muy duro con ella, ¿quieres? Ya bastante mal la pasó hace años, los primeros meses en Japón, que no la dejaban quieta por el cabello.

    Abrió los ojos un poco más al dar con la cartera por fin, para sacar la tarjeta.

    —Y porque vive haciendo de todo por los demás, a veces la agarran de piñata de la fiesta.

    Salí del baño apenas unos segundos después de que ella terminara la frase, me acerqué acomodando los paletones de la falda y de nuevo, solo me callé. Era especialmente buena para callarme después de todo, al menos cuando entendía el mensaje.


    tremenda F
     
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    Insane

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    ¿Cariño había dicho? Entrelacé el resto de cajas que aún estaba sin armar, juntando los dobleces para lograr su forma con la mala cara de costumbre. Ni mi madre me decía así para que ésta aparecida abriera la boca con aquel apelativo cariñoso, me había tocado los huevos. Pestañeé como un imbécil, sin poder volver a mirar a la mujer adulta en lo que ellas terminaban de comer, porque era un tremendo idiota que en realidad las palabras afectivas me sabían a mierda, porque vamos, volver costumbre algo como eso debía ser estúpido. Me puse a juntar los recibos que se habían pagado con tarjeta para graparlos en lo que el cabello blanco se meneó en dirección al baño.

    Bueno, la idiota ya había acabado.

    Ryu hizo sonar la caja registradora en lo que informaba la totalidad de la cuenta, y yo me cocí la boca porque no tenía nada que decirle a ella, sin embargo empezó a soltar palabras de mierda sobre el instituto, tensándome ligeramente en lo que evitaba mirarla ahora como animal regañado, asintiendo apenas tras el golpe de pie de mi jefe por debajo del mesón.

    Ya bastante mal la pasó hace años, los primeros meses en Japón que no la dejaban quieta por el cabello.

    ¿Y a mí que putas me importaba si a la estúpida ésta todo Dios le había hecho bullyng por algo tan ridículo como el cabello? Había que ser imbécil para acomplejarse o si quiera dejársela montar por otros desadaptados, yo de ella hubiese cogido a esas perras del pelo.

    Ryu entregó el datáfono para pasar la tarjeta de la mujer, pasándola con simpleza sin meter las narices, con lo callado que era este idiota no me extrañaba, aunque para fastidiarme si que tenía lengua el cabrón.

    Y porque vive haciendo de todo por los demás, a veces la agarran de piñata de la fiesta.

    Sentí la garganta algo seca, un poco porque me daba putería el que esa estúpida dejase que la cogieran como tal. ¿No tenía amigos o qué para que la defendieran almenos? Me recordaba a... Kathe. Como una idiota tratando de hacerse amigas que a la final mal hablaban de ella a sus espaldas tachándola de puta solo porque los cabrones le tenían ganas, haciéndola retraerse en acercarse a otras de su mismo género, quedándose conmigo pese a ser un maldito mal hablado del carajo, pero según ella era mejor la sinceridad por dura que fuese a la hipocresía que ellas le ofrecían a diario. Además, yo le tenía aprecio a la estúpida de Manson, sino fuese por ella estaría más solo que quién sabe qué.

    Aunque nunca se lo fuese a decir.

    La noté acercarse por el rabillo del ojo, a lo que volví a sentir un poco más fuerte el golpe bajo el mesón en lo que Ryu regresaba la tarjeta enconjunto al recibo de pago. Chasqueé la lengua abriendo el contenedor de golosinas. De por sí era uno para cada cliente, pero de idiota saqué tres, uno se lo pasé a la mujer y los otros dos los deslicé frente a Jez, buscando ahora sí su mirada con mis rubís.

    —Luego te regreso el favor del jugo —murmuré con la intención de que solo ella escuchara, porque por la puta mierda, mi cara estaba ardiendo como un demonio bajo la gorra—. Boba.

    Me di vuelta hacia la cocina sin realmente tener que hacer algo ahí dentro, como una puta rata escondiéndose luego de robar un trozo de queso.

    Ryu le sonrió con amabilidad a ambas, murmurando:

    —Discúlpenlo —acomodó sus gafas sobre el puente de la nariz—. El chico tiene una vida compleja, y la hace más difícil al no dejar a nadie acercarse —miró ahora a Jez tras los lentes—, parece que hiciste algo bueno por él, y ahora se está torturando por regresar el favor, solo tenle paciencia —acentuó la sonrisa amable—. Vuelvan pronto, gracias por su compra.

    MICORAZÓNDIOSITO
    Aquí termino con Alek <3
     
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    Zireael

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    A Nani bastante poco le interesaba si el otro estaba pensando que no tenía razón para estarle soltando todo eso, tampoco saber que estaba diciéndole a un adolescente que no era nada suyo qué hacer o qué no. Podía parecer entrometida hasta decir basta, por supuesto, pero que metiera la cuchara era porque estaba preocupada y en parte quizás también porque el otro la estaba poniendo de los nervios con tantos rodeos. No había cómo culparla, claro, estaba acostumbrada a personalidades muchísimo más dóciles.

    No dijo el resto porque tampoco era una confesión ahí de mis trapos, podría haber añadido que me habían dejado tranquila desde que Altan cerró a golpes a unos de los que me molestaban y todo el resto, claro. Es decir, bastante obvio era que yo no me defendía por mí misma, solo dejaba todo correr porque el conflicto me ponía fatal y de solo pensar en armar una bronca me entraba una ansiedad horrible.

    Odiaba ser un incordio.

    ¿Que si Nani se dio cuenta de las patadas del jefe? Quién sabe, pero si fue el caso obvio no dijo nada.

    Total que al regresar ella ya estaba haciendo el pago y Hal nos acercó los dulces, uno a ella, dos a mí y encontró mis ojos por mí. De nuevo, era tonta para lo que quería al parecer, porque imaginé que mi tía le habría dicho algo para semejante cosa, que mira que estaba abochornado al punto de la desgracia el pobre diablo. El idiota salió huyendo a la cocina y solté el aire por la nariz, porque ni me había dejado responderle, a lo que me fui encima del bolso de Nani para buscar el bloc de notas que siempre cargaba allí y un bolígrafo.

    Mi tía se quedó observando mientras me veía escribir con una cuota de fuerza añadida bastante visible, con los dulces presionados en la mano derecha. Hasta fruncí el ceño sin darme cuenta.

    —No pasa nada —dijo Nani ante la disculpa del chico de la caja—. Gracias por el servicio.

    Terminé de escribir, regresé todo al bolso ajeno luego de arrancar la pequeña hoja y la doble en cuatro partes, antes de extendérsela al muchacho de la caja en un movimiento rápido.

    —Dáselo a Hal, por favor. Gracias por todo —dije suavizando la voz a conciencia, para luego retirarme junto a mi tía por fin sin esperar demasiada respuesta.

    No era un favor, estúpido, era un simple regalo. Los regalos no se regresan.

    Lo había escrito un poco a las prisas, pero mi caligrafía se entendía de todas formas.


    y aquí cierro con jez uwu
     
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    Las vacaciones en mi hogar habían sido por demás, agradables. Volver a ver a mamá siempre era un impulso de energía para regresar a este país con las pilas puestas, el buen humor de siempre y demás. Claro, evitando en gran medida cruzar palabra con mi padre, mi hermano solía ocuparse más de él pese a que era con quién más chocaba cuando estábamos en casa. Como fuese, regresamos antes de lo previsto por negocios familiares por los cuales no podíamos permanecer más allá y nos enviaron en un vuelo comercial de un momento a otro, parte de mis cosas se habían quedado y llegarían luego, al menos había alcanzado a guardar en la mochila de mano el detalle que le había compraro a Kurosawa dias atrás, y también el presente para sus padres.

    Me la había pasado mensajeando con ella, en ocasiones le compartía reels graciosos por instagram o le respondía estados de whatsapp. Zeld decía que parecía idiota, y qué más daba. Como fuese, también estuve al pendiente de Gen, me había mandado algunas fotos del primer día de la salida escolar, se veía como un lugar bastante turístico, me comentó sobre sus compañeras de habitación y que estarían designando lugares de trabajo diarios.

    En parte me arrepentí de no haber ido, se escuchaba divertido y diferente a lo que acostumbraba.

    Al llegar a Japón dejé las maletas en el pasillo, me eché a dormir y ya al día siguiente, como a las cuatro y media de la tarde le escribí a Kurosawa:

    Pensé que llegaría faltando un día para clases pero terminé llegando cinco días antes. Y estaba pensando en ti, ¿quieres salir a comer pizza? En shinjuku hay una que es muy rica, ya he ido varias veces con mi hermano. También estaba viendo que había en el cine para ir juntos pero las películas no se ven muy buenas. Aunque no te había preguntado, ¿si puedes hoy?

    Me duché en lo que esperaba su respuesta, dejando luego la toalla sobre la puerta de la habitación para ponerme a buscar en el armario qué ropa usar, esperando en realidad que dijese que sí, vistiéndome. Cuando el móvil vibró sobre la mesa de noche, leyendo el sí regresé mi vista al espejo, peinándome y echándome perfume después. Bajé las escaleras, jugué con los perros un rato y salí como cuarenta minutos después con las llaves en la mano, para irme en un taxi.



    Al llegar al lugar eché un vistazo por la calle, el sol comenzaba a disiparse con suavidad entre las pocas nubes, el verano se sentía a flor de piel por lo que me aireé el pecho con la propia camiseta, en la otra mano sostenía una bolsa, esperando a Kurosawa afuera.

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    Zireael

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    Las vacaciones eran... complicadas, no había otra manera de describirlo. Ayudaba a mis padres en la tienda y en los entremedios, sin permiso de nadie, revivíamos el luto de Kaoru todos a tiempos y maneras distintas, pero ninguno lo mencionaba más de una o dos veces. Mamá hablaba menos cada vez conforme la fecha se acercaba, inevitable, hasta que el treinta de agosto llegaba y guardaba un silencio absoluto todo el día. A mí me llegaba la imagen mental de mí misma, siendo una niña, convenciéndola de dejarse peinar.

    Agosto era un mes de mierda y luego seguía septiembre, el cumpleaños al que mi hermano no había llegado.

    Cuando tenía tiempo libre respondía los mensajes de Zoldryck y quisiera o no, de alguna forma me alegraban un poco el día, me sentía menos sola al menos. No sabía si pedirle... Era demasiado, ¿verdad? La duda existía dentro de mí, porque seguía sintiendo que no era lo que este muchacho necesitaba ni merecía y por ello, de alguna manera, seguía sin dejarlo entrar por completo a pesar de todo. A pesar de lo que había pasado en su casa, del pastel de cumpleaños y los mensajes.

    No quería hacerle daño a este chico, pero parecía ineludible.

    Todavía le daba vueltas a eso cuando me llegó un nuevo mensaje en la tarde, cuando iba saliendo de la tienda para ir a casa a descansar y preparar la comida de la noche. El timing era casi tragicómico, pero no había mucho que hacerle. No contesté de inmediato, en el camino a casa me quedé pensando y al final, en un impulso de vulnerabilidad o estupidez, vete a saber, elegí ceder. Puede que no fuese todo tan trágico como a mí me lo parecía y que la compañía me viniera bien.

    Me alegra que llegaras bien
    Sí, claro. Me pasas el nombre del lugar? O la ubicación?
    Quizás tarde un poco en llegar, haré algo de comer rápido para mis padres y salgo
    Dame unos cuarenta minutos, una hora como mucho


    Dicho y hecho, llegué, preparé la cena, le dejé una nota a mis padres y me vestí con otra ropa, para cambiar los jeans y la camiseta con la que había trabajado por la mañana. La ducha que me di fue rápida y agradecí haberme arreglado el cabello por la noche, así que sencillamente fui acomodándome las ondas mientras caminaba para ir a la estación de tren. ¿Estaba bien? No tenía la menor idea, pero quizás, de nuevo, no fuese tan complicado como yo lo pensaba.

    Me bajé en la estación más cercana al lugar que me indicó él y eché a andar. Lo vi en la calle, lo que me arrancó una pequeña sonrisa contra mi voluntad y me acerqué despacio.

    —Zold —lo llamé con suavidad y aunque trastabillé un momento, acabé estirando los brazos en su dirección, en una invitación clara a un abrazo. Ni reparé en que tenía una bolsa consigo—. Bienvenido de nuevo.

    la máquina de chambeo no soportó, pero aquí estoy :D

    edito porque me olvidé el outfit porque mi cerebro no da para tanto multitask
     
    Última edición: 22 Mayo 2026 a las 8:12 PM
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    Insane

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    Me terminé distrayendo con el pasar de los autos, no quería entrar hasta que ella llegara, me parecía descortés así que aguardé ahí de pie, tampoco demoró tanto como lo creí así que cuando me llamó me tomó ligeramente por sorpresa; mis pupilas miel trastabillaron al escuchar su voz, giré apenas el cuello y denoté las prendas que traía puestas. Una falda con vuelo y una blusa verde sencilla, el tono oscuro de sus hebras resaltaba sobre la tonalidad clara de su atuendo.

    La sonrisa se me reflejó en automático.

    ¿Cómo era que decía mi hermano?

    "Te idiotizas al verla."
    Estiró sus brazos por lo que con la mano que me aireaba antes me abrí un campo ligero en su cintura para completar el saludo, besando su mejilla.

    —Gracias, me hace feliz verte de nuevo, Kurosawa —murmuré en lo que disipaba el contacto, extendiéndole la bolsa que traía en la derecha en lo que le mostraba los dientes en una sonrisa, con las mejillas teñidas como era costumbre—. Cuando estaba de paseo vi esto, espero te guste... también compré un detalle para tus padres, ojalá sea de su agrado.

    Las palabras surgieron un poco más rápido de lo que hubiese querido, por lo que solté una carcajada, rascándome la nuca al recordar que mi madre me había ayudado a elegir el detalle para ella, al acompañarme al centro comercial, me pidió que la mostrara una foto para ver qué tono decirle a la chica que nos atendía y bueno, ambos coincidimos que el naranja por sus ojos se vería bastante lindo. Ya con respecto al otro presente, lo había elegido al pasar por una de las tiendas más populares de café en el aeropuerto, y pensé en por qué no enviarles una bolsita con Kurosawa para que degustaran.

    —Lo siento, estoy algo nervioso —a veces me pasaba de sincero—. Entremos, hace mucho calor fuera. ¿Y qué tal estás? ¿Has pasado unas vacaciones agradable? —pregunté en lo que abría la puerta para que ella pasara primero, sintiendo el aire acondicionado a todo dar, a lo que solté el aire por la nariz con alivio.

    En casa solía tener el aire generalmente prendido, y más en verano. Además los perros sufrían bastante en esta época del año, por lo que procurabamos pasearlos o muy temprano o ya en la noche, y mantenerlos frescos dentro, por el pelaje que tenían.

    Regalito para Shio:
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    Detalle para los padres de Shio:
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    Zireael

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    Tampoco se me podía pedir fuerza de voluntad cuando este muchacho sonreía así cada vez que me miraba, ¿verdad? Puede que fuese necio de mi parte... Estaba acostumbrada a aquellos que se resistían, a los que amar requería cierta cuota de forcejeo y jerarquías. No podía decirse que hubiese amado a Altan y por ello envidiaba lo que tenía con Hiradaira, pero incluso a Hiroki... Digamos que había tenido que domarlo. Con Zoldryck eso no hacía falta.


    Hasta la fecha no tenía idea lo que era un amor suave.

    Porque me lo habían arrebatado antes de poder averiguarlo.

    Recibí el saludo con el beso en la mejilla y le eché los brazos encima, estrechándolo con cierta firmeza. La calidez de su cuerpo me resultó familiar y creí reconocer lo que empezaba a identificar como su aroma. Sonreí al escucharlo hablarme e hice un sonido afirmativo, cosa de nada. Me separé de él con cuidado y retrocedí, tomando la bolsa que me extendía, la que no había notado antes. La acepté con cierta sorpresa en el rostro y al final mis facciones se suavizaron en una sonrisa.

    —Gracias. Lo abriré cuando estemos adentro —dije con suavidad—. Y gracias por pensar en algo para mis padres también. Es muy dulce de tu parte.

    Me reí por lo bajo al oírlo decir que estaba algo nervioso y elegí no darle importancia, para ver si eso lo relajaba, y acepté entrar.

    —Estoy bien. Sobre las vacaciones, pues no hay mucho que reportar, lo que ya sabes. Ayudando a mis padres en la tienda. —Fui respondiendo mientras pasaba y lo esperé para elegir una mesa una vez dentro de la pizzería. El aire acondicionado me refrescó de inmediato—. ¿Tú? Digo, ¿no estás muy cansado por el viaje de regreso?

    Fui caminando por el lugar, hasta que me decanté por una de las mesas cercanas a la ventana donde se podía ver a las personas por la calle, el atardecer y demás. Estaba acostumbrada al ajetreo de la ciudad. Además, por las vacaciones había muchísima gente aprovechando el tiempo. Como fuese, me senté y le indiqué que se sentara a mi lado, prefería eso que tenerlo al frente, a mi saber se sentía más cercano. Siquiera me detuve a mirar el menú, de inmediato me puse a esculcar la bolsa y extraje el vestido, estirándolo con cuidado. El color me hizo sonreír ligeramente y las palabras de Cayden, cuando me llevó a elegir el vestido de la mascarada, hicieron eco en mi cabeza.

    Aniki pensaría lo mismo.
    ¿El qué?
    Que me quedaría perfecto.

    El pensamiento fue amargo, lo sentí atravesarme el pecho y la ausencia de mi hermano, con la fecha de su muerte encima, me quiso aplastar. Pensé que aunque quisiera no podía presentarle a Zoldryck ni me molestaría por estar recibiendo regalos de un muchacho. No dejé ver nada de eso, atraje la prenda al pecho y luego la regresé con cuidado a la bolsa, para extraer el paquete de café.

    —Seguro que a papá le gusta mucho —dije junto a una risa ligera—. Para el desayuno.

    La devolverlo a la bolsa giré el rostro para mirarlo y le dediqué una sonrisa.

    —El vestido está hermoso, gracias, pero tendremos que salir de nuevo para ponérmelo, ¿no crees?
     
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    Insane

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    Sus palabras como de costumbre terminaron relajándome, por lo que al elegir mesa me sentía un poquito más tranquilo; como fuese, empezó a contarme que sus vacaciones habían girado entorno a la rutina habitual con sus padres y la tienda, me preguntó entonces por las mías y sino estaba cansado de tanto trajín, y la verdad es que un poco sí, los aeropuertos de por sí eran agotadores, las escalas y horas de espera en sillas poco cómodas, aunque estaba más acostumbrado de lo que quisiera, y con mi hermano pues no era todo tan aburrido.

    —Algo —respondí—, pero con Zeld no faltan las risas entre tanto desplazamiento, y dormí bastante en el avión, y otras horas más al llegar a la casa. Lo que sí, viajar con los perros es... difícil, no podía evitar pensar que la estuviesen pasando mal en la parte de la carga, como son tan grandes no los dejan ir con nosotros en los asientos, pero todo salió bien así que... ¿vengo renovado? Creo —nos sentamos en unas de las mesas disponibles próxima a una de las ventanas, que para mi sorpresa ya habían varias ocupadas, parecía que más de uno pensó en una cita en la pizzeria porque eran de por sí parejas.

    Me senté a su lado como me lo indicó, me quité la camiseta ancha de botones negra y me quedé con la blanca de fondo, la acomodé en el respaldar de la silla. La había elegido por cómo se veía el contraste pero la verdad es que no veía el momento de quedarme solo con la de abajo, así me sentía más libre.

    Sujeté una de las cartas que uno de los meseros nos proporcionó en lo que aprovechaba a darnos la bienvenida y se retiraba a atender otra de las mesas que parecía que iban a pedir, como fuese, me entretuve con el cartón hasta que escuché el sonar de la bolsa, giré el cuello para mirarla con algo de curiosidad por saber si era o no de su agrado el gusto de mi madre y el mío. La sonrisa suave que le surcó los labios me hizo entender que si le gustó, o bueno, yo me estaba convenciendo de eso en este momento, porque hubo un espacio en silencio que no quise irrumpir.

    Abrazó la tela del vestido contra su pecho por unos segundos y lo guardó de regreso, mirando ahora el café.

    —Me cuentas que dice, suele ser bastante negro, para que le adviertas —murmuré risueño.

    Sus ojos dieron con los míos y me agradeció por el vestido, suavicé mis facciones y cuando dijo que tendríamos que salir de nuevo para colocárselo asentí como dos o tres veces de seguido, negando con la cabeza luego en lo que me reír por la obviedad de mi reacción.

    >>Sí, claro. Y aprovecho y miro mi armario a ver si tengo algo a juego —la verdad es que si tenía, varias camisetas naranjas porque era de mis colores preferidos.

    La imagen mental apareció sola y me hizo sonreír como idiota apenas un segundo después de hablar. Porque claro, ahora mi cabeza estaba demasiado ocupada imaginando una salida con ella usando el vestido y yo intentando verme mínimamente decente al lado suyo. Y eso era peligroso. Peligroso porque cada vez que me imaginaba algo relacionado con ella terminaba distrayéndome, o hablando de más.

    Bajé la vista a la carta fingiendo concentración absoluta en las pizzas, aunque llevaba como tres minutos leyendo la misma parte del menú sin procesar una sola palabra. Había demasiadas cosas pasando al mismo tiempo: el ruido suave del local, el olor a masa recién horneada, la música italiana bajita sonando desde algún rincón y ella sentada tan cerca que podía percibir el perfume dulce que llevaba.

    Era ridículo lo consciente que me volvía de todo cuando estaba con ella.

    —Aunque… —levanté apenas el índice, como si fuese a decir algo importantísimo— también puede salir terriblemente mal y termine pareciendo un cono de tránsito.
     
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