Presentando al personaje: Rafael, el profesor mago

Publicado por Lucius Belmonte en el blog La Biblioteca de don Lucius. Vistas: 161

Una vez más Lucius esta sentado al lado de un sillón vacío, esperando a alguien.

—Hoy tengo el gusto de presentar a un personaje de uno de los mundos de juegos de rol más famosos: Mundo de Tinieblas. Más concretamente, de aquellos con mayor potencial en cuanto a su poder: Los magos. Estos tipos son muy curiosos, porque el juego que protagonizan tiene el sistema de magia más creativo, sencillo y al mismo tiempo complejo que he visto. Damas, caballeros, rufianes y sinvergüenzas; camaradas: Con ustedes, Rafael el mago.

En la estancia entra un hombre joven, vestido con un abrigo azul con capucha, que de momento esta bajada, dejando ver un cabello corto y negro. Su aspecto es jovial, con una sonrisa agradable rodeada de una barba incipiente. Sus ojos están un poco desmejorados por unas leves ojeras, señal de que ha pasado muchas noches de desvelo.
—Buenos días, Rafael. Gracias por venir.

—De nada, creador. —dice Rafael mientras se sienta. Lucius junta las manos.

—Veamos: Profesor recién graduado, filósofo aficionado y mago del Culto Mercurial, una facción de los Adeptos Virtuales. ¿Se me olvidó algo?

—E iconoclasta, un poco al menos.

—¿Iconoclasta? Vaya, todo un objetivo. Pero creo que antes de eso hay que dejar en claro una cosa. Eres un mago, pero los magos que conozco andan en mundos de fantasía con túnicas y toda la cosa. Tu eres tienes pinta de tipo normalito.

—La apariencia no lo es todo, creador; aunque en este caso también es algo importante.

—Como que te acabas de contradecir ahí, Rafael. —Lucius lo señala mientras su expresion cambia a una de confusion. El profesor sonríe como si acabase de recibir la respuesta correcta de parte de un alumno.

—No tanto. Para que te hagas una idea, uno de los grupos de agentes de campo de la Unión Tecnocrática, nuestro mayor enemigo, es conocido como los Trajes Negros. Como los Men in Black, aunque los Adeptos los comparan más con el Agente Smith de Matrix. Eso les permite usar su magia mejor, sobre todo con cosas que parecen futuristas.

—Oh. Interesante. ¿Y en tu caso?

—En mi caso la cuestión magica es mas de palabras y equipo informático. Y escritura. Eso de las varitas magicas se las dejamos a la Orden de Hermes, nuestros queridos y muy soberbios compañeros.

—Oh. ¿Se puede hacer magia con una computadora?

—Para un cierto sentido de magia, si.

—¿Acabas de hacer una parafrasis de Terry Pratchett? — El profesor asiente—Creo que vendría bien que ahondaras un poco en eso

—Con gusto.

“Con lo del “un cierto sentido de magia” quise decir que la magia no implica solo varitas magicas y pociones hechas con ingredientes cuestionables. La magia es, ante todo, la capacidad de cambiar la realidad imponiendo la voluntad de un modo extraordinario. Puede ser la voluntad de Dios, de otro dios, o del propio mago. Artes marciales, meditacion, vudu, las misas del cristianismo; todo eso es magia. Con decirte que hay “magos” que lo que usan es aparatos de ciencia ficción de diversos estilos esteticos, como el steampunk. Y en mi bando hay unos cuantos Frankenstein ademas”.

—Momento. ¿Te refieres al golem de carne?

—También, pero ahí acabas de cometer un error: Frankenstein es el científico loco, no la criatura. Yo hablo del que se pone a dar gritos como un desquiciado cuando su creación empieza a moverse.

—Ah, perdón.

—No pasa nada.

“El caso es que magia es, como dije, simplemente la capacidad de algunos humanos de realizar lo extraordinario. Métodos hay varios; yo por ejemplo pertenezco al Culto Mercurial, mal que les pese a algunos, y se nos podría definir como hackers de la realidad. Para el Culto la información es poder en un sentido enteramente literal y mediante su manipulación, ocurren nuestros milagros y nuestros conjuros. Yo puedo notar pensamientos y emociones superficiales, y bueno, eso me ayuda mucho con mi trabajo”.

—Ah. ¿Con lo del profesorado? Madre mía. Yo no podría con eso. No tengo la paciencia para andar lidiando con muchachos.

—Es complicado, sí, pero es posible torearlos. No te imaginas lo patitiesos que se quedan cuando les pregunto “¿Por qué crees lo que crees?”. He conseguido interesarlos por la literatura contra todas las posibilidades. Y granjearme su respeto.

—Oh. No me digas que les lavaste el cerebro.

—Creador, por favor, yo no soy un nefando. Yo no caigo tan bajo como para hacer eso.
—Disculpa. ¿Y qué es eso que acabas de decir? ¿Nefando?

—Sí. Son lo peor de mi mundo, sin comparación. Y mira que en mi mundo existen vampiros, cambiaformas y hasta dioses. Son uno de los bandos de la Guerra de la Ascensión.

—Y el lore se complejiza aún más. ¿Qué guerra es esa?

—Perdón, a eso voy ahora.

“Ser mago no es todo conjuros y brillitos. Veras, ahora mismo estamos inmersos en lo que alguien desconocido para mi vino a llamar “La Guerra de la Ascensión”. Es la lucha por el control de lo que los humanos piensan, por el Consenso de la Realidad, pues este pensamiento en conjunto define lo que es fácil y difícil de hacer con magia. Como en toda guerra, hay bandos. Yo pertenezco al Concilio de las Nueve Tradiciones Místicas, conocidas como Las Tradiciones. Tenemos desde científicos locos a artistas marciales, pasando por creyentes paganos y monoteístas y hasta magos cuya metodología mágica se puede resumir de forma rápida y un tanto mala en “Sexo, alcohol y rock and roll”. Todos estamos unidos porque tenemos un enemigo en común: La Unión Tecnocrática. Son los magos que han impuesto todo el paradigma científico que el mundo vive hoy en día, con lo bueno y lo malo”.

—Pues perdona que te lo diga, pero en principio no suena tan mal.

—No suena mal hasta que te das cuenta que ellos han sido los responsables de borrar culturas enteras en un intento de unificación, entre otras lindezas. A Alan Turing, uno de nuestros magos más ilustres, lo mandaron a la tumba por resultar inconveniente y respondón.
—¿Turing? Espera. —Lucius alza una ceja— ¿El tipo que descifro el código de los mensajes secretos de los nazis? ¿Ese hombre no se quitó la vida mordiendo una manzana con cianuro?

—¿Qué tan seguro estas de eso?

—Estaba muy seguro hasta hace un momento, si te soy honesto.

—Bien. Ah, y también quieren acabar con todos los “Subversores de la Realidad”. Entiéndanse: Hadas, fantasmas, vampiros, cambiantes y todo lo que se te ocurra que no entre dentro de la categoría de “humano”, lo cual me trae pensamientos muy malos sobre el parecido de este fin con el liberalismo y lo que paso en Estados Unidos con la esclavitud. Ya sabes: Todos los seres humanos son creados iguales pero los negros muy humanos no parecen. Yo podría decir que un hombre lobo es un humano que da la casualidad tiene la capacidad de transformarse en una bestia, pero por lo demás hace lo mismo que yo: Piensa, razona, siente, necesita estar rodeado de otros humanos, etc. A la Tecnocracia esto no le es irrelevante: Lo que en verdad les importa es lo que son, no lo que hagan. Son Subversores de la Realidad, por lo tanto deben ser suprimidos o eliminados.
—Oh.

—¿Ya no suena tan bien, eh?

—Tienes un punto ahí. Supongo que tu bando es mejor entonces. ¿Oh me equivoco? —Lucius adopta una expresión de suspicacia, a lo que Rafael responde suspirando.

—Detecto un deje de cinismo en esa pregunta. Y haces bien. Esta guerra no es de buenos contra malos, somos grupos con distintas ideologías. Nada más, nada menos. Yo me gane un poco de enemistad con algunos magos por llamarlos fascistoides.

—¿Qué? ¿Hay fans del Adolfito y su banda de payasos en Las Tradiciones?

—No exactamente; dije fascistoides, no fascistas. Es parecido, pero no es la misma cosa. Para empezar, la causa que defiende el Concilio es interpretada por algunos como la vuelta a una suerte de Edad Dorada donde todo era perfecto, para ellos al menos. ¿Ya ves lo malo aquí, no?

—Oh, no. La vuelta a un pasado idealizado. Supongo que “alguien” se lo quitó también.

—Y supones bien. Para darles créditos, no se están inventando lo de la gloria pasada ni lo de la perdida a manos de alguien, pero aun así esa narrativa es muy peligrosa. En lo personal, se de la existencia de los otros tipos de seres, digámosles, mágicos; y creo que se puede llegar a un entendimiento con ellos en lugar de eliminarlos como busca la Tecnocracia, cosa que muchos de mis colegas también creen. Es uno de los motivos por los que continuo en las Tradiciones. Eso y que también no tienen problemas con renovar el mando. Además, creo que en lugar de regresar al pasado es necesario avanzar hacia una Nueva Edad Dorada, compartida para todos. Me gustaría que todos los seres humanos pudiesen experimentar las maravillas que la magia puede traer, sin inconvenientes ni peligros físicos, mentales, emocionales ni espirituales. Pero ahora tengo problemas más apremiantes.

—¿De qué se trata?

—Sospecho que hay un nefando regando ideas nocivas entre mis estudiantes.

—Me acabo de dar cuenta de que perdimos el hilo. Aun no me has dicho lo que es un nefando ni porque son tan peligrosos. Hablas de ellos como si fuesen terroristas ultra sanguinarios.

—No son terroristas, creador: Son algo peor.

—Oh.

—Mira: Piensa en el asesino en serie más enfermo y malévolo que puedas imaginar, da igual si es real o ficticio. ¿Ya? —Lucius asiente—. Ahora dale poderes mágicos.

—Si suena mal, sí.

—Esos son los peores enemigos de los magos. A tal punto que todos los demás bandos en La Guerra de la Ascensión dejan de lado sus diferencias y se unen si detectan a uno o a varios, sobre todo a varios; aunque segundos antes se estuviesen intentando matar a tiros o con algo peor. Así de malvados son.

—¿Y tú que tienes para oponerte a ellos?

—Mi fama y mis escritos.

—¿En serio? ¿Eres un escritor famoso?

—Más bien yo diría que soy lo que se podría considerar una “joven promesa” —Por la risa que sigue, es claro que lo que Rafael opina sobre ese título—Mis cuentos son medianamente conocidos, estoy “Bien Conectado” en Internet, como decimos entre los Adeptos y soy invitado habitual en un canal de Youtube sobre literatura. Y estoy trabajando en una novela en la que planeo meter lo mejor del ser humano que va a ser un buen obstáculo en su camino. Mi blog personal, mis cuentos y mis métodos para dar clases son mis métodos para hacer magia. Digamos que me gusta ser discreto.

—¿Sabes? Estaba esperando algo más espectacular. Algo así como duelos de magia, rayos saliendo de varitas y escobas volando.

—Hay que ser discreto con la magia, creador. No es lo mismo hacer magia coincidente que hacer magia vulgar.

—¿Y la diferencia entre los dos es que…?

—Magia vulgar es poner la mano frente a ti para que aparezca un cargador para tu pistola porque se te acabaron las balas. Magia coincidente es que, en la misma situación, te metas la mano en la chaqueta antes de hacerlo aparecer. La magia coincidente no parece magia, la vulgar sí.

—¿Y si no eres discreto que pasa?

—Entonces la Paradoja te agarra y te sacude. A la Realidad no le gusta que la cambien de esa manera tan descarada, así que decide que te mereces un bofetón en la cara por irrespetuoso. Puedes hasta volverte loco o desaparecer de la existencia, y eso siendo afortunado. En el peor de los casos, una entidad extremadamente poderosa puede ir a por ti o puedes quedar encerrado en un Reino de la Paradoja, que es como tu Infierno personal o algo así.

Las mayúsculas de cada palabra salieron de la boca de Rafael con si fuesen fantasmas.

—La magia es complicada ciertamente— termina por decir Lucius, después de unos segundos de pausa.
—Así es. Como dijo el tío Ben: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
—Pues solo me queda desearte suerte. —Lucius se pone de pie y ofrece su mano a Rafael, el cual corresponde el gesto con un apretón fuerte.
—Gracias, la voy a necesitar. Espero que nos podamos v
olver a ver.

Y con un gesto de la mano, Rafael abandonala habitación.
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