Cap 1
Publicado por HadaLoca en el blog El blog de HadaLoca. Vistas: 129
Se levanto. Ya era de mañana, afuera brillaba el Sol, pero, a pesar de ello, era un amanecer frio. Casi tan frio como él .
El sabor de la sangre de aquel humano que había bebido la noche anterior de aquel tipo flacucho fluía por sus venas, manteniéndole fuerte, pero... insatisfecho. Gruño y se saco un libro que había dejado anoche en la cómoda. Intento leer algo, tratar de no pensar en nada que no fuera ir a la Secundaria a dar clases, pero no pudo.
Recordaba el miedo que sus ojos hacían reflejar en los de él. Recordaba como gritaba, suplicando piedad. Y, también, como lo había matado, secándolo, saciando su sed de sangre.
¿Qué le pasaba? En otros tiempos, mucho tiempo atrás, se habría reído, habría disfrutado matando.
En otros tiempos. Ahora era un vampiro, uno de los Antiguos y uno de los más poderosos. , ahora tenía que tener ciudado , no con los humanos , claro ,sino con la tecnología . Huellas digitales y esas cosas.
Entonces lo invadió una furia inmensa , arrojando el libro , estrellándolo con la pared de su alcoba.
El enorme volumen se rompió en el piso .
Marcus gruño , algo arrepentido . Ese era de sus libros favoritos. Lo había comprado hacia unos meses y lo había terminado en tres días. Iba a tener que pasar por una librería , después del trabajo , a comprar otro similar.
Sin que se diera cuenta se fue olvidando de lo que había hecho a la noche.
Camino hasta el libro y lo levanto. Bien . No se había dañado tanto como el había creído , solo unas cuantas páginas. Acaricio la portada hecha en piel , que , hoy en día , no se podían conseguir tan fácil. Olio un poco el volumen y fue a darse una ducha.
Camino hasta dos puertas que separaban su habitación del cuarto de baño.
Era enorme, como el resto de su lujosa casa.
Cada habitación, cada marco de las múltiples pinturas que adornaban los pasillos, el granito de la cocina, los muebles caros y finos, las delicadas copas de vidrio, todo resumiéndose en una sola palabra: perfecto.
Era su casa, si. Pero no su hogar. En realidad después de cientos de años, decenas de amantes, numerosas personas, mortales o no, que decían ser sus “amigos”, nunca tuvo un hogar, ni amigos. Menos una familia “de verdad” como el solía llamar a las personas, las vivas, no malditos no muertos.
Los que eran felices de verdad, a pesar de que se quejaran, en ocasiones de su mala suerte.
¿Es que esos infelices no entendían, realmente, que la tortura, en realidad, no era la vida, sino, la no muerte?
Por lo menos, ellos tenían sueños, esperanzas, alegrías.
Resumiendo: tenían algo por lo que le daría su maldita inmortalidad: vida.
El baño estaba equipado con todo lo necesaria, como toda su morada, pero, tarde o temprano, tendría que dejar todo atrás.
Claro, seguiría trabajando como profesor, pero en otra ciudad, o, mejor aún, otro estado.
Una de las malditas desventajas de ser vampiro era que le gente notaba, maravillaba, que no envejecías, y eso, por supuesto, llamaba la atención.
Así que había que ser cauteloso, al menor signo de esta reacción, cambiabas de trabajo, de nombre y de ciudad.
Marcus, por lo menos, había usado 30 nombres y apellidos falsos desde que se mudo a Estados Unidos.
Se lavo los dientes. Sus afiliados colmillos aún se notaban.
Eso le daba un aspecto aterrador, a pesar de su atractivo rostro.
Miro el lavado doble y, por milésima maldita vez, se pregunto a si mismo porque mierda había comprado una casa con dos baños y cuatro dormitorios, si siempre estaba malditamente solo
No tuvo que volver a su habitación para darse cuenta de que le quedaba poco tiempo, aunque, después de todo, los vampiros saben más que nadie por mucho o poco que vale en tiempo.
Se ducho rápido y se miro en el espejo. Un “amigo” vampiro se lo había regalado para estrenar su casa, pero ese gesto le pareció, desde el momento, sospechoso.
Un vampiro sangre pura nunca regalaba algo a un convertido, a pesar de que solo fuera un simple espejo, sin esperar algo a cambio, a pesar de que ese convertido fuera un antiguo y uno de los más poderosos, además de sus poderes mágicos.
Y Marcus sabia que ese día llegaría.
Su rostro seguía igual que de costumbre, igual
Lo que hace siglos, ojos grises, plateados y fríos, cabello castaño oscuro.
Su sonrisa torcida ( que él , particularmente odiaba , pues , con la ayuda de sus colmillos , le daban un aspecto más aterrador) no se había visto , también , en siglos.
Y, probamente, pensó con amargura, no se vería nunca más.
Eso, por supuesto, se lo debía a su padre. Había hecho de toda su vida humana una tortura, lo había convertido en un acecino.
Su vida humana, también, había sido marcada, por lo sus innumerables asesinatos, todas de gente inocente.
Siempre había matado para divertirse, ahora, para sobrevivir.
Decidió no pensar más en ello y llegar rápido a su trabajo.
Se puso su traje oscuro y fue directo a su estudio.
Mientras caminaba por los pasillo, veía, sin poder evitarlo, grandes obras maestras de todos los tiempos. También había conocido a cada uno de esos pintores, vivos, hasta en persona.
Su estudio de trabajo, donde planeaba clases, corregía, estaba perfectamente ordenado (Marcus odiaba el desorden en todas sus formas).
Se sentó en el cómodo escritorio y saco un montón de hojas, también perfectamente ordenadas.
Trabajos prácticos con nota, en su mayoría.
Acostumbraba, no solo el primer día de clases, sino todo el resto del año escolar, a darles a sus alumnos, con todo lo que tenía.
Miro la hora y sal
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